Ecología política y mediación periodística.Dialéctica de la política informativa ante el cambio climático
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10 | issn 1696-2079 Ecología política y mediación periodística Dialéctica de la política informativa ante el cambio climático DOI Francisco siErra caBaLLEro Hace unos años, antes de la Cumbre de Río, con autoridades públicas y movimientos sociales del Estado de Sao Paulo preocupados por la contaminación de su principal vía fluvial en el Estado y proyectos en la vereda del Río San Francisco y la Amazonía que marcaron la política de aceleración del crecimiento (pac) en Brasil, tuve a bien introducir el problema del medio ambiente a través de provocativo discurso sobre el marco conceptual que sostiene habitualmente estos debates. Reproduzco aquí la introducción a mi discurso: Nós, os porcos, os animais, os roedores marxistas. Nós, os vagabundos sem cabeça, nem raciocínio, só corpos desejantes, multidoes perigosas, loucos que querem comer, dormir, desejar, cumprir com sua condiçao de porco… só animais, gente sem coraçao em espírito, malandros, ou talvez os novos metecos e escravos… Isso somos nós… os homens e mulheres de milho que só pensam no milho. Gente vulgar que quer Desenvolvimento Sustentável, Consumir e Viver, gozar a paz, trabalho e liberdade… Porcos que só pensam en comer, viver, transar e reproducir… Gente bruta que nao entende a Malthuse nao deixam jamais de serem porcos como pensa Merkel e os terroristas e assassinos dos porcos que dominan o planeta e comem elegantemente em restaurantes da Quinta Avenida, gente do muro de Wall Street que, por mais que ignorem, tem um serio problema: o nos dao de comer ou seremos bestas, antropófagos de quem nao nos deixan viver em paz como porcos… Como fazer isto sem a rebeliao na granja?... Desculpem se parece que minhas palavras sao erráticas, mas quero e preciso falar desde
rEdEs.com no 13 | 11 a podridao de uma Europa ruim e um mundo favela que se constrói sobre o sofrimento das multidoes. La cuestión que planteara radicalmente en el foro es, como puede colegir el lector, evidente: no es posible Ecología alguna sin Política. El concepto de ‘desarrollo humano’ no consiste únicamente en el desarrollo sostenible de los recursos, sino que introduce un planteamiento integral para un desarrollo completo de los seres humanos y de las instituciones sociales y su entorno. El respeto a los derechos humanos y la participación efectiva de las personas en la vida social y política son ingredientes fundamentales en el contexto institucional del desarrollo humano, como también una visión ecológicamente referenciada. Una va ligada a la otra. No es posible la separación salvo con graves consecuencias, a todos los efectos. Sin entrar a discutir las teorías del postdesarrollo o nuevos conceptos como Buen Vivir –que están en la base de utopías para una función equilibrada de la Comunicación y el Medio Ambiente Social y Natural y de las que ya nos hemos ocupado en otros escritos, como la Revista Chasqui–, parece conveniente reivindicar que no hay naturaleza sin política, ni política transformadora sin asumir la condición finita de los limitados recursos de nuestro entorno, por más que en el Capitalismo Cognitivo hablemos de una economía de la abundancia. Ciertamente, la revolución digital introduce un nuevo marco para la ciencia, la tecnología y el desarrollo económico y social. En un contexto de rápidas transformaciones, las tecnologías de la información y de la comunicación son identificadas como la solución o respuesta a los problemas derivados del proceso de globalización. Ahora bien, si –como decía Marx– un pensamiento crítico no pretende dar respuestas sino cuestionar las preguntas, la cuestión hoy día es discutir desde dónde formulamos el papel actual de las tic en la teoría y en la práctica social, así como la comunicación en la llamada ‘era de la economía verde’. Tal tarea se nos antoja urgente. Actualmente nos encontramos rodeados de un entorno tecnológico en el hogar, en el trabajo, en el espacio educativo y en el espacio social que plantea serias dudas sobre la sostenibilidad ecológica. Pero, más allá de ello, la saturación informativa es un problema de intoxicación física y espiritual que ha dado lugar a debates sobre la llamada ‘infoxicación’. No viene al caso abordar aquí cuestiones relativas al impacto y efecto de los medios en la vida social, pero sí al menos disputar el sentido del cono-
12 | issn 1696-2079 f. sierra caballero cimiento comunicológico ante los retos de pervivencia del planeta Tierra. Ante los retos de la globalización neoliberal, cada día es más necesaria una visión generativa del conocimiento que multiplique su potencia y valor heurístico, poniendo en cuestión la finalidad y sentido de la mediación simbólica, la función misma de los medios de información y comunicación social en la actual crisis civilizatoria que vivimos con el cambio climático. Y es que la capacidad de creación y desarrollo de recursos informativos es uno de los vectores estratégicos definitorios de los perfiles y de la presencia de las diferentes culturas en el escenario de convergencia global. La economía política de la comunicación y la cultura ha cobrado, por lo mismo, una especial relevancia en disciplinas como la teoría económica, constituyendo –desde luego– una problemática emergente y decisiva para comprender las lógicas sociales de la ecología cultural contemporánea, si hemos de pensar el cambio social y necesario que es preceptivo para, desde el campo periodístico, informar para construir las bases de una nueva conciencia planetaria. A nuestro entender, este es un problema de fondo estratégico. Hemos arrasado de tal manera el universo natural y humano que caben serias dudas acerca de sobre qué ruinas vamos a construir lo destruido por el capitalismo salvaje, haciendo valer la crítica de Benjamin al tren de la historia en Angelus Novus. Más que nada porque hay realidades que no se pueden recuperar y sobre las que la agenda informativa y sus rutinas de cobertura constituyen una suerte de sección necrológica. Por ello, habría que comenzar a plantear, en otros términos, varias preguntas fundamentales. Una tiene que ver con los medios en sí y su función pública en la actual situación de crisis. Por mucho que se amplíe la oferta del número de canales y de contenidos informativos, el consumo no tiene elasticidad interminable y en modo alguno contribuye a reproducir y sostener las ecologías de vida (en un sentido cultural y biológico). A pesar de vivir existencias virtuales, hay un capital que no es acumulable ni reproducible: el tiempo. El consumo de medios de información es limitado y el plazo para contrarrestar el efecto invernadero, más bien corto. Por mucho que ampliemos la capacidad de acumulación compulsiva de imágenes y estemos en las redes sociales colonizando los tiempos biológicos de reproducción de la vida cotidiana (con filmes-negocio como el de Al Gore), no podemos seguir deglutiendo infinitamente esta cultura de la ‘iconofagia’, no podemos experimentar sin límites este canibalismo de signos, señales, contenidos y medios mientras asistimos impávidos a la destrucción de los ecosistemas ajenos a la propia problematización de la lógica dominante de acumulación capitalista de la información. Porque igualmente tiene un costo tóxico, genera toxicidad, contamina y es
rEdEs.com no 13 | 13 ECOLOGÍA POLÍTICA Y MEDIACIÓN PERIODÍSTICA DIALéCTICA DE LA POLÍTICA INfORMATIvA ANTE EL CAMbIO CLIMáTICO insostenible en el tiempo, en la vida en general. En el actual escenario de proliferación de redes, la Comunicación para el Desarrollo debería empezar a cuestionar este efecto contaminante, esta voluntad de acumulación, esta cultura de la modernidad y el progreso de la comunicación; criticando el principio modernista según el cual un mayor número de canales, más información, mayor velocidad y eficiencia del canal mejoran la calidad cultural y comunicativa para una vida mejor. Como la metáfora de Benjamin, la historia ha demostrado que, por más canales, redes, contenidos y acceso público que tenga la ciudadanía, hoy un estudiante o un ciudadano está peor informado que en los años 50, cuando solo había acceso a un canal de radio y a unos pocos periódicos (menos de una cuarta parte de los canales y de la cantidad de información de los que dispone actualmente la sociedad). Por lo tanto, la cantidad no es calidad. A partir de aquí podemos concluir como idea generadora la tesis que sostenemos desde hace tiempo, según la cual la Comunicación y el Desarrollo son hoy, antes que nada, un problema de la Ecología de la Comunicación. Esta disciplina se ha ignorado tradicionalmente en nuestras universidades, pero es necesario cultivar el estudio del ecosistema informativo, si hemos de pensar el papel de la comunicación en el sostenimiento y protección del medio ambiente natural. Qué cantidad y calidad de comunicación necesita una sociedad para el desarrollo armónico y equilibrado de la cultura es, pues, una cuestión de urgencia teórica y práctica. Seguir con la proliferación de millones de fotografías en la red, seguir devorando y acumulando imágenes e información, no tiene sentido si ello no conecta, reproduce y contribuye a la salud y bienestar social de un ecosistema natural no contaminado ni contaminante. Cuando hablamos de modernizar el periodismo, transformar el acceso, implantar telecentros o construir tecnologías para la sociedad civil debemos comenzar planteando la pregunta esencial de para qué, con qué sentido, para qué cultura, qué tipo de modelo social queremos construir; en fin, qué ecología de la comunicación para qué ecologías de vida. Así, por ejemplo, podríamos empezar a pensar un problema vital de la comunicación y el desarrollo: la ‘excrecencia’, es decir, el agotamiento y consumo excesivo de recursos para la supervivencia del planeta y de la especie humana. Esto implica la necesidad de asumir lo que las teorías del decrecimiento denominan la ‘cultura de la sobriedad’: plantear la comunicación y el desarrollo desde las tesis postdesarrollistas que entienden que la visión cuantitativa de acumulación de medios, canales y crecimiento económico no contribuye a una cultura sostenible. De hecho, el propio concepto de ‘desarrollo sostenible’ es, desde una perspectiva crítica, cuestionable; más aún
14 | issn 1696-2079 f. sierra caballero después de Río20, al haberse convertido en un oxímoron que encubre las devastadoras relaciones de explotación capitalista más que contribuir realmente, de facto, a la sostenibilidad real de la vida en el planeta. En este sentido, habría que empezar a preguntarse qué entendemos por una comunicación sostenible y qué sería una comunicación para el desarrollo postcolonial que no atienda al principio de crecimiento y acumulación. Por ello, no es una cuestión marginal el reto de tratar de descolonizar nuestros imaginarios del cambio social, nuestros imaginarios de qué es ser moderno o qué es ser desarrollado. Descolonizar los imaginarios –hablando del contexto nacional– es discutir modelos desarrollistas que han prevalecido desde los años 80 a partir de la filosofía tina (There Is No Alternative) del neoliberalismo. En esta línea, y frente al problema de la ‘excrecencia’, deberíamos asumir radicalmente, en consecuencia, una visión postcolonial y postdesarrollista de la comunicación como disciplina, como teoría y como praxis de la transformación de nuestros entornos, si hemos de pensar el problema del medio ambiente más allá de la agenda periodística. Aquellas visiones –diríamos poco sistémicas y complejas–, que piensan que el problema del medio ambiente pasa por informar adecuadamente del cambio climático y la devastación del planeta, siguen ancladas en un paradigma informacional poco o nada articulado y, lo que es más grave, sin un ápice reflexivo sobre las propias mediaciones cognitivas y estructurales de la propia comunicación. Cuando reivindicamos una Ecología de la Comunicación, compartimos con De Sousa Santos la idea de que es necesaria una modernidad sensible, plural, que cuente con las historias de vida y las culturas locales y que abra el horizonte epistémico de la visión disciplinaria, compartimentada y monológica del enfoque cartesiano (o informacional, en nuestro caso) a un diálogo de saberes atento a los mundos de vida. Lo contrario es la visión modernista, pobre, de los dispositivos de realidad diseñados para desarrollar un tipo de gestión de tecnologías y la comunicación pública que es importado y que genera dependencia tecnológica y cultural, a la par que un derroche de energía, recursos y fuentes naturales dilapidadas por un escaso cabal entendimiento de las propias ecologías de vida. Por tanto, plantear el reto de la mediación informativa desde una crítica de la Ecología Política pasa por, al menos, nueve principios básicos para una rearticulación del clinamen y la sociabilidad de nuestras condiciones existenciales: • La información contra el cambio climático es un problema político y no periodístico. Es preciso articular, como hiciera el Foro Social Mundial
rEdEs.com no 13 | 15 ECOLOGÍA POLÍTICA Y MEDIACIÓN PERIODÍSTICA DIALéCTICA DE LA POLÍTICA INfORMATIvA ANTE EL CAMbIO CLIMáTICO (Fsm), un proceso global de lucha emancipatoria y, por ende, un periodismo militante para la protección de la Pachamama. Esto es, no hay proyecto ecológico sustentable y comunicación para el medio ambiente sin antagonismo. La Ecología Política no puede ser una suerte de flower power o, peor aún, como en Austria, el ascenso de nuevos fascismos con la excusa ecológica de la protección de la naturaleza y los entornos patrimoniales. Plantear toda crítica de la mediación periodística desde el problema ambiental pasa por el antagonismo contra la lógica del capital que captura la información, la vida social y, por supuesto, la naturaleza. Como irónicamente planteara el economista Galbraith, tratar de hacer comprender al capitalista la necesidad de redistribución de la renta es tanto como tratar de dialogar con un obispo sobre la teoría de la evolución. Por ello, no hay diálogo posible con el capital sin lucha por las ecologías de vida (de la naturaleza y del conjunto social). Tratar de convencer de la necesidad de una Ecología Política y una Política Ecológica al capital y a los propietarios de los medios es tratar de que confíen, cual obispos papistas, en la teoría de la evolución, con la evidente conciencia comprobada de que el capital es monoteísta y solo cree en un dios ($: God Save America). En este sentido, solo desde una crítica ‘rojiverde’ es posible rearticular espacios, como el fsm o la Cupula Dos Povos (Río de Janeiro), y una agenda y debate de la indignación planetaria para la construcción de un futuro común sustentable y, con tiempo, una cobertura y agenda informativa otra, a propósito de los retos mundiales que afectan al planeta y a la humanidad. • No hay protección medioambiental sin inclusión social ni comunicación sostenible sin politicidad y construcción de lo público y común. Cuando hablamos de los porcos o los vituperados beneficiarios del programa Bolsa Familia en la introducción a este editorial, cabe recordar que son más de 1300 millones de personas en el mundo las que viven con menos de 1,25 dólares al día. La politización del tema de la inclusión social en encuentros próximos, como Hábitat iii en Quito, pasa por vincular este problema humano, más allá del maltusianismo contemporáneo, con el reto de la protección de los ecosistemas. Especialmente cuando, como hoy, se evidencia que los porcos (o pigs) somos todos aquellos cercados por el muro de Wall Street que, al fin, por primera vez en la historia, tienen –tenemos– una conciencia global. Aquí y ahora, en Brasil, en España, Ecuador o China, con el 15M o en la Unión Europea con la lucha contra la pobreza, sabemos que las ecologías de vida están amenazadas por las transnacionales y la necropolítica que, además de instaurar
16 | issn 1696-2079 f. sierra caballero la administración farmacológica de las víctimas del neoliberalismo, arrasan con todo espacio habitable y común. Globalizar la insurgencia de un modo de vida insostenible, precario, terrorista y basado en el crimen y la depredación es, por tanto, una condición necesaria para una Ecología de la Comunicación y la Vida equilibrada. No es cierta la hipótesis tina (There Is No Alternative) de Margaret Thatcher. Hay alternativas inclusivas, progresistas, democráticas y cohesivas para la economía verde y el futuro del planeta. No es válida la idea de que la única salida posible a la crisis es una política de austeridad antidemocrática que venda la naturaleza al mejor postor. Y ello no solo por la evidente injusticia social, o por el modo criminal de imponer las líneas de salida a la crisis que empiezan por el relato periodístico de la catástrofe y terminan (en ficción y realidad) con la necropolítica, sino básicamente porque, en términos ecológicos, los retos civilizatorios son globales y atañen a todos; por lo que el problema medioambiental es igualmente un problema de justicia social, de equidad y búsqueda de equilibrios precarios en el entorno natural y la organización y reproducción de la estructura social. • El problema del Desarrollo y la Ecología es un problema de biopolítica. Como advierte la Royal Society, la población y el medioambiente no deben considerarse dos temas separados, tal y como habitualmente aparecen en los relatos noticiosos. En el monográfico que editamos en este número de Redes.Com tienen numerosos ejemplos de ello. Lo que nos sorprende es que la investigación a este respecto eluda esforzarse en una mayor criticidad sobre los evidentes nexos que existen entre consumo, cambio demográfico e impacto ambiental en la lógica disciplinaria de la vigilancia que rige la actual necropolítica. Una investigación sólidamente referenciada no puede permanecer ajena a la política de gestión de los cuerpos, recursos y vida en general. Ello, como apuntamos más arriba, exige un enfoque integral y una crítica del desarrollismo. En línea con los argumentos de Vandana Shiva, compartimos la idea de que la Comunicación y el Desarrollo son, cada vez más, problemas de lucha contra la biopiratería, contra la apropiación privada del código (no solo en internet, sino en cualquier sistema de información y vida). Si la información y el conocimiento están siendo cercados, expropiados y concentrados en pocas manos, plantear esto implica varias discusiones. Una de ellas es discutir el papel de la universidad y de la investigación en las luchas por la democratización cultural. ¿Qué función tenemos los cientistas sociales en este proceso de cambio social? Si decimos que, cada vez más, la inteligencia es colectiva y las multitudes son inteligentes porque actúan y cooperan en red, ¿qué papel tiene la investigación