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Aspectos contrastantes en la tradición sobre L. Licinio Lúculo

Ballesteros Pastor, Luis

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Aspectos contrastantes en la tradición sobre L. Licinio Lúculo* Luis BALLESTEROS PASTOR Universidad de Sevilla SUMMARY The ancient sources give us two contrasting views about L. Lucullus: on one side, a honourable soldier and politician, and, on the other side, a corrupt wea]thy man. Both images deal with the political struggle iii the Late Republie. Difusa en la marafia de intereses que confluían al final de la Repúbli - ca, la imagenque las fuentes antiguas noshan legado de L. Licinio Lúcu - lo (cos. 74 a.C.) es contradictoria. Así, durante sus campañas en Oriente, éste se esforzará por aparecer como un general experto, imitador como tantos de Alejandro. Pero paralelamente, Lúculo nos es presentado a su regreso a Roma como un ser corrompido por el «lujo asiático», como el introductor de la rpv~4, la molicie, en teoría ajena a la sobriedad del espíritu romano, y a la que no pocos achacaron los males de la Repúbli - ca. Tanto una imagen como otra obedecerían a la propaganda de los dis - tintos núcleos de poder de este momento, cuyo rastro se puede percibir de manera implícita, y en ciertos casos explícita, en las distintas tradicio - neshistoriográficas sobre nuestro personaje. Es obligado comenzarpor Plutarco, como el autor quemás se desta - ca en recoger los aspectospositivos. Sabido es que éste sentía una espe - cial inclinación por Lúculo,benefactor de Queronea, que le erigió una estatua junto a la de Dioniso, en agradecimiento por haber levantado un * Este artículo ha sido elaboradodentro del Grupo de investigación H0M0441 dclii PAl. de la Junta de Andalucía. Gerión. o.« 17, 1999. Servicio de Publicaciones, Universidad Complulense. Madrid. 332 Luis Ballesteros Pastor castigo impuesto por Sila De este modo, Plutarco no sólo escoge para buena parte de su Vila los pasajesmás apropiados al retrato glorioso de su héroe, queaparece como imitador de Alejandro y paradigma de las virtu - des helénicas 2, sino que además se hace eco de una serie de noticias abiertamente falsas, que tienden másque nada a justificar su campaña en Armenia, en persecución del derrotado Mitrídates, que eclipsé sus éxitos anteriores, y que sería su decisión más controvertida, motivo de fuertes críticas en Roma ~. Plutarco nos habla así de la presencia, varios años antes, de armenios mandados por Tigranes junto alas tropas de Mitrídates que asediaban Cícico ‘t y, ya en territorio póntico, nana cómo el general justifica su tácticapor el peligro que podría suponeruna alianza pónticoarmenia, impulsada por la compasiónque en Tigranes pudiera despertar la desdicha de Mitrídates, a la sazón padre de su esposa Cleopatra ~. Pero en realidadTigranes nunca antes había ayudado explícitamente al rey pónti - co, y es más, lo confinada durante veintemeses cuando, tras ser denota - do, buscó refugio en Armenia 6 Plutarco nos refiere ambas noticias mediantepalabras puestas en estilo directo en boca de Lúculo, por lo que podría estar copiando a un testigo ocular de la campaña7. PIu.Cim.1-2. Parai. Geiger, «Plutarch’s Paralelí Lives: theChoiceofHeroes»,Her - mes, 109, 1981, 85-104, p. 87, la elección de Lúculo para una de las Vidas se debió a la admiración de Plutarco hacia el benefactor de su ciudad natal. Peroconsideramos que la importancia de Lúculo en la escena política romana de fines de la República está fuera de duda. 2 S.C.R. Swain, «Hellenic Culture and Ihe Roman Heroes of Plutarch», JHS, líO, 1990, 126-145, pi43 y SS.; íd., «Plutarch’s Characterization of Lucullus’>, RhMus, 135, 1992, 307-3 16; L. Ballesteros Pastor, «L. Licinio Lúculo: episodios de imitatioAlexan - drí», Ha bis, 29, 1998, 77-85. ~ D.C.36.2.l; Plu.Luc.24.3: Cic.Pcmp.9.23. T.W. Hillard, «Plutarch’s Late-Republi - can Lives: Between the Lines», Antichion, 21, 1987, 19-48, p. 37 y ss.; A.C. Keaveney, Lucullus. A L,fe, Londres-Nueva York 1992, p. III y ss.; L. Ballesteros Pastor, Mitrída - íes Eupdtor rey del Ponto, Granada 1996, pp. 258 y ss., pp. 459 y Ss. Sobre estas cam - pañas, cf. ibid. pp. 217 y ss. PIu.Luc.9.4; L. Ballesteros Pastor, op. cii., p. 222 n.22. Plu.Luc. 14.4-6. 6 App.Mith.82; Plu.Luc.19l; Memn.31, 38.IJ; cf L. Ballesteros Pastor, «Observa - ciones sobre la biografía de Mitrídates Eupátor en el Epítome de Justino», !-Iabis, 27, 1996, 73-82, Pp. 79-O; íd., op. cit., PP. 422-3. Ambos pasajes quizás provengan de un mismo autor, pues citan juntos a «medos y armenios». Se duda de la existencia de unas memorias del propio Lúculo: véase R. Syme, Sallusí. Berkeley 1964, p. 206; T.W. Hillard, art. cit., p. 39. y se tiende a valorar la obra de Arquias, que lo acompafló en Oriente (ibid. PP. 37 y ss.). C.RB. Pelling, «Plutarch’s Adaptation of his source-material’>. JHS. 100, ¡980, 127-140, Pp. 127 y ss., considera característico de Plutarco el comprimir o desplazar en el tiempo los acontecimientos, aun - que aquí consideramosquehabríauna intencionalidad concreta. Aspectos contrastantes en la tradición sobre L Licinio Lúculo 333 Plutarco establece implícitamente una relación causa-efectoentre la guerra en Armenia y la embajada de Apio ClaudioPulcher (cuñado de Lúculo) ante Tigranes, para solicitar la entrega del huido Mitrídates. Pero en modo alguno se concreta una hostilidad del rey armenio hacia el lega - do, que en cambio se nos muestra en una actitud amenazante, al plantear un ultimátum que, seguramente, no estaba entre las instrucciones recibidas de su general ~. Esto quizás nos podría explicar el error de Plutarco, que sitúa la reconciliación de los reyes armenio y póntico justo después de esta embajada9, y justifica la invasión de Armenia por las tropas romanas como un movimiento preventivo ante la noticia de una inminente invasión de la provincia de Asia por Tigranes lO, Pero no poseemos noticia alguna de que dicha invasión se estuviera ni siquiera planteando: la llegada de los roma - nos cogió por sorpresa al rey armenio ~, y su reconciliación con Mitrídates no tuvo lugar hasta después de la caída de Tigranocerta,muchos meses des - pués de esta entrevista 12 También se pretendióresponsabilizar del fracaso de Lúculo a las tro - pas que, sin obedecer a su general, propiciaron la reacción de un enemi - go que parecía estar a punto de ser totalmente sometido. En tal sentido iría una visión distorsionada del papel de 1’. Clodio Pulcher, protagonista de turbulentos episodios que tendrían lugar poco después en Roma, que aparece en nuestros relatos como el verdaderoagente de las desdichas de Lúculo. Cuando la ciudad de Nísibis acaba de ser capturada, la trayecto - ria de la guerra sufre un cambio que parece repentino: Clodio incita a la tropa al motín contra su general. Pero Plutarco exagera la capacidad de actuación que aquél, un miembro del consilium de Lúculo, pudo haber Plu.Luc.21; Memn.31J; SaIl.Hist.fr 4.57-58M. Cf.E. Rawson, «The Eastern Clien - telae of Clodius and the Claudil»,Historia, 22, 1973, 219-139, p. 231; AN. Sherwin - White, RomanForeign Policy in the East 133 R.C. to A.D. 1, Londres, 1984, p. 174; L. Ballesteros Pastor, op. ch., pp. 238 y ss.; A.C. Keaveney, op. cit, p. 108. Tigranes, des - crito por Plutarco como monarca bárbaro y tiránico, estaría molesto por la libertad de palabra del romano: véase L. Pulci Doria, «Plutarco e Tigrane II 0iXfl~X~v», AFLN, 16, 1973fl4, 37-67, especialmente pp. 47-8. Plu.Luc.22.2; cf. B.C. McGing, «The Date of Ihe Outbreak of Ihe First Mithridatic War», Phoenix, 38, 1984, 12-lS, p. 13; id., The Foreign Policy of Mithridates VI Lupa - tor King of Pontus. Mnemosyne, supl.89, Leiden, 1986, Pp. 152-3; L. Ballesteros Pastor, op. ch., PP. 247-8 O Plu.Luc.23.7. Plu.Luc.25.l-2; App.Mith.84. 2 App.Mith.85; Memn.38.1J; cf L. Ballesteros Pastor, op. cit, pp. 247-8; B.C. McGing, «The Date ...», p. 13. La embajadatendría lugar posiblemente en el invierno del 71/70 a.C, Tigranocerta cae el 6 de octubre del 69 a.C. (Plu. Luc. 27.7). 334 Luis Ballesteros Pastor tenidosobre los soldados. Clodio difícilmente se habría dirigido a las tro - pas en un discurso abierto, puesto que podría haber sido arrestado y eje - cutado, o perseguido según la Lex Cornelia de rnaiestate 13, Como nos relata el propio Plutarco, los soldados ya estaban antes descontentos, des - pués de la batalla junto al río Arsanias (cuyo desenlace no debió ser tan victorioso como se nos quiere hacer creer 14), cuando ya se tendría noti - cia del contraataque de Mitrídates y las primeras denotas en el Ponto 15 En particular, habrían sido las dos legiones que llegaron a Asia en el 86, durante la Primera Guerra Mitridática, bajo el mando de L. Valerio Flaco, las que más se señalaron en su insubordinación,pero éstas habían cum - plido ya su periodo de servicio y Lúculo había sido relevado oficialmen - te del mando; sin embargo, ciertos autoresparecen dar la sensación de que la negativa de estos hombres a seguir a su general no estaba del todo justificada 6, En este mismo sentido, el retrato negativo que las fuentes ‘~ Plu. Luc. 34; D.C.36.14.4; Liv.Per99; D. Mulroy, «TheEarly Career of P. Clodius Puicher: A Re-examination of the Charges of Mutiny and Sacrilege», TAPhA, lIS, 1988, 155-178, PP. 162 y Ss.; W.J. Tatum, «Lucullus and Clodius at Nisibis (Plutarch, Lucullus 33-34)», Athenaeum, 69, 1992, 569-579. “ H. Manandian, Tigrane ¡leí Ronze, Lisboa, 1963, PP. 140 y ss.; L. Ballesteros Pas - tor, op. ch., p. 250. En verdad, Lúculo hubo de cambiar sus planes de tomar Artaxata (antigua capital armenia), y los reyes enemigos no sufrieron una derrota que les impidie - rala posterior reacción. La descripciónplutarquca de las protestas de la tropa, gritando en sus tiendas por la noche, pudo derivar de Livio (cf4O.36.4): véase W. Rutz, «Seditio - num procellae. Livianisches in der Darstellung der Meuterei von Opis bei Curtius Rufus», en E. Lefébvre; E. Olshausen (eds.), Livius, Werk und Rezeption. Festschr:ft E. Burck zum 80. Geburtstag, Munich, 1983, 399-409, p. 401.Esta situación tensa es la que nos confirma la hipótesis sobre el final del poema de Arquias en la toma de Tigranocer - ta: Th. Reinach, Mithridate Eupator roi de Pon!, París, 1890. p. 427; P.P Rizzo, Lefonti perla sioriadella conquista pompeiana della Siria. Kokalos supl.2, Palermo. 1963, pil. Ésta señalada el cúlmen de la gloria de Lúculo; Plutarco le dedica más de tres capítulos (26-29.2), y cita a tres autoridades (28.7): Antioco de Ascalón,Estrabón y Livio. La toma de Nísibis está muy resumida (Luc.32.4), y difiere respecto Dión (36.7). que la describe como un ataque por sorpresa más que un asalto a la fuerza. Pero,según Cicerón, eí poema de Arquias abarcaba Mirhridaíicum belluni totum (Arch.9.2 1). por lo que esta fase nega - tiva habría quedado silenciada. ‘5 Tal es el orden que establece Dión (36.8-14) y que se contradice con Plutarco: cf. D. Mulroy, arr dr. p. 163 n. II. ~ Plu.Luc.35.3; Liv.Per9S: Lucullum (...) seditio militum tenuit, quia sequl nolebant. Para comparar las diferentes versiones véase PP. Rizzo, op. uit., PP. 42-3: segúnDión, Lúculo no queda abandonar cl mando en contra de las órdenes recibidas (36.2.1-2; cf? Salí. Hisí. fr. 4.71M); cf. L. Ballesteros Pastor, op. cii., pp. 258 y ss. Además, es cieno que el periodo de servicio de las tropasexpiraba en el 66 (App. Mirh. 5!; Plu. SuIl. 20.1: Liv.Per.82; Memn.24.IJ); R. Smith, «Pompeius’ Conducí in 80 and 77 B.C.», Phoenix. 14, ¡960, 1-13. p. 12. Aspectos contrastantes en la tradición sobre L. Licinio Lúculo 335 nos hacen de C. Flavio Fimbria tendería entre otras cosas a demostrar cómo incitó a la indisciplina a estas dos legiones que actuaron bajo su mando en la Primera GuerraMitridática, y hacerlo así responsable indi - recto de las humillacionesque estos soldadoshicieron pasar a Lúculo 17• Pero además de justificar sus decisionesmáscontrovertidas, la tradi - ción favorable a Lúculo seleccionapasajesque ensalzan a éste y eclipsan (cuando no denostan) a algunos de sus allegados, y dejan traslucir así la pugnaexistente. El caso másnotorio y comentado seña el de Pompeyo, cuya rivalidad conLúculo es presentada como algo que venía desde tiem - po atrás, pero que no debió en realidad haberse dado antes del año 66 a.C. en que se vota la La Man ilia IB L. Licinio Murena, tras la toma de Amiso, reclamé que el gramático Tiranión le fuera entregado como escla - vo, y después lo liberé. Lúculo le reprendió por su actitud,que rebajaba la dignidad de personaje tan señalado, al que Murena habría quitado la libertadque tenía por nacimiento. Pero Plutarco indica ademásque no seña esta la única acción deshonrosa de Murena en esta guerra, en con - traste con la nobleza de su general j~. M. Cota, colega de Lúculo en el consulado,aparece no sólo como un ambicioso que reclama, igual que éste, que se le asigne una provincia en Oriente para lucharcontra Mitrídates 20, sino también como un inexperto en el campo militar. Reciénllegado al escenario de la guerra, se refugia [7 Con ello se trataría de solapar la actuación sin incidentes de estas tropas en Asia bajo las órdenes de L. Licinio Murena y E Servilio Isáurico, y también del propio Pom - peyo, que las realistó (D.C. 36.14.3). E Frañer, «Remarques autour dii vocabulaire du pouvoir personnel dans les Vies Paralléles de Plutarque», Kiema, 18, 1993,49-66, p. 61, señala cómo los fimbrianos, cuando entran a lasórdenes de Lúculo, tendrán, según Plu - tarco, «por vez primera» la experiencia de unapxaw y ñycpcíiv <Luc.7.2). La situación de Fimbria y la de Lúculo serán similares, cuando suplican a las tropas que sigan con ellos (cf. Plu. Luc. 35.3-6; App. Mhh. 59). ~ TI’. Hilíman, «The Alleged inimicitiae between Pompeius and Lucullus», CF, 86, 1991, 315-318. ~ Luc. 19.7. Estafrasefinal de Plutarco es realmentemisteriosa, puestoque nada indi - ca que las relaciones entre Lúculo y Murena hubieran sido malas. En ella se basa Hillard, arr dr, Pp. 43 y ss., para negar la colaboración de ambos Licinii, que trató de señalar F. Coarelli, «Alessandro, i Licinii e Lanuvio», en L’art decoratif a Rome á la fin de la Repu - blique e! au début du principa!, Roma, 1981, 229-284, Pp. 253 y ss. Hillard aduce la ausencia en Plutarco de alabanzasexpresas a Murena, pero éste volvió como miembro de la comisión encargada de organizar la nueva provincia de Bitinia-Ponto. El hermano de Lúculo estaba entre sus miembros, y por tanto no debía ser hostil a éste (Cic.Au. 13.6); cf. D. Magie, Ronzan Rule in Asia Minor, Princeton, 1950, vIl, p. 1219 n.56. Lúculo apoya - ría a Murena en las elecciones consulares para el 62 (Cic.Mur37 y 69). 20 Plu.Luc.6.5. 336 Luis Balleste ros Pastor en Calcedón,que es cercada por Mitrídates, y su flota es derrotada: la sensación que los relatos antiguos nos ofrecen es la de una impericia que obliga a Lúculo a cambiar su planteamiento de la campaña y lo hace apa - recer como el providencial salvador de sus compatriotas 21, El asedio y toma de Heraclea Póntica por parte de Cota, uno de los sucesosmás rele - vantes por su duración (dos años) y por la indudable importancia de esta ciudad, no apareceprácticamente mencionado en los relatos conservados, salvo el de Memnón, cuyaobra trata de la historia de ésta su ciudad natal. Podemos hallamos ante la ocultación de un episodio particularmente nefasto en esta campaña, no sólo desde el punto de vista militar, sino tam - bién por la penosa actuación del procónsul, cuyos expolios fueron denun - ciados ante Roma por los heracleotas, hasta el punto de hacerle perder su rango senatorial22 Pero Apiano va aúnmás allá, al adjudicar directamen - te a Lúculo la toma de Heraclea, con lo que se arrebata a Cota su más resonante victoria en la guerra23 El propio Cota consiguiórecibir para sí elcognornen «Póntico», en detrimento de su antiguo colega, que, cierta - mente, había hecho más méritos que él 24, Porello es de resaltar también queLúculo,que promovió un proceso contra aquél, hiciera rememorar en un epígrafe el rescate de los sitiados en Calcedón 25, Nos hallamos, pues, ante la posibilidad de que ciertos relatos sobre esta guerra hayan selec - cionado fundamentalmente los aspectos que exaltan a Lúculo, o que el autor o autores de algunos de ellos se hayan limitado a narrar las hazañas de éste, silenciando a otros protagonistas. 21 App.Mi!h.7 1; Plu.Luc. 8.2; Sall.Hist.fr.4.69. 13M; Liv.Per.93; Oros.Hisr6.2. 13: Eutr. 6.6.2; Ascon.Pis. p. SC. Hillard, art ch., p. 44, observó aquí una distorsión de Plu - tarco en favor de Lúculo, frente a la versión de Apiano, que no atribuye el fracaso de Cota a su ansia de gloria, sino a su inexperiencia militar. Para nosotros, son dos caras de la misma moneda: Gota habría ocupado cargos militares con anterioridad, y si se sentía incapaz, deberíahaberse abstenido de intervenir. 22 Memn.39J; D.C.36.40.4; M. Alexander, Trials in tite Late Ronzan Republic, Toron - lo, 1990, p. 70. 23 App.Mith. 82. Plutarco omite cualquier referencia. Apiano (Mith. 112) señala a Gota entre los denotados por Mitrídates, frente a Lúculo y Pompeyo que habrían salido victoriosos. Sobre la visión favorable a Lúculo en Apiano, véase B.C. McGing, «Appian’s ‘Mithridateios’», ANRW II, 34.1, 1992, 496-522, p. 516. 24 Memn.39.lJ; J. Linderski, «A Missing Ponticus», AJAH, 12, 1987, [1995], 148166; cf. R.F. Thomas, «L. Lucullus’ Triumphal Agnomen», AJAH, 2, 1977, 172. 25 dL 12 p.196 xxi. Los hermanos L. y M. Lúculo promovieron acusaciones contra Gota a su regreso a Roma: Ps.Ascon.p.222 Stangl; D. David; M. Dondin, «DionCassius XXXVI, 41, 1-2. Conduites symboliques et comportementsexemplaires de Lucullus, Acilius Glabrio et Papirius Garbo (78 et 67 ev. J.-C.)”, MEFRA, 92, 1980, 199-213, Pp. 205 y Aspectos conf rastantes en la tradición sobre L. Licinio Lúculo 337 La rivalidadentre los Servilii y los Luculli venía ya desde finales del siglo 1126. Ello ayudaría a comprender que tanto P. Servilio Vatia Isáurico como Lúculo pugnasen por exaltar sus méritos respectivos. Así, ambos se quisieron atribuir el haber sido los primeros romanos en cruzar el Tauro, cordilleraque, con el río Halis, había señalado en el siglo II a.C. el límite de la tierra conocida para los romanos, y, más allá, entre «barbarie» y «civilización»27 Es significativo que un mismo autor (Livio) se haga eco de las pretensiones de ambos, y que Plutarco se esfuerce una vez más en atribuir a Lúculo otra primicia 28, Este autor presenta a Lúculo como el vencedorefectivo de Tigranes, y, por tanto,como el primero en extender los dominios romanos hasta límitesmíticos: el Caspio y el MarArábigo 29, en clara rivalidad con Pompeyo, que no sólo se atribuía la conquista de estos mismos territorios, sino que pretendía haber llegado al Caspio mismo, y haber conquistado Asia en su totalidad 30, Lúculo por tanto aparece como un pionero,pero no sólo en cuanto a los territorios conquistados II, Senos presenta así como el primerromano en ver camellos y en dar a conocer las cerezas. Peroestas primicias serán 26 D. Epstein, Personal Enenzity in Ronzan Politics 218-43 B.C., Londres-Nueva York, 1987, p. 115; David y Dondin, art. ch., pp. 206-7; A.C. Keaveney, op. ch., pp. 45; cf? Cic.Prou.22. 27 M. Sordi, «II confine del Tauro e dell’Ha¡is e il sacrificio en Ilio»; en Politica e religione nelprimo scontro IraRoma e l’Oriente, CISA 8, Milán 1982, 136-149, Pp. 137 y Ss.; cf. y. Manfredi, «II confine del Tauro e la marcia di Vulsone>’, ibid., 150-158. 28 Pest.Breu.12.2: Seruilius (...) uiam per Taurunz montenz primus insthuit..., 14.1: Per confinia Anneniarunz prinzum sub Lucio Lucullo Romana trans Taurunz arma trans - missa sun!; Eutr.6.3; Pluco mp.Cinz.-Luc.3.l .El caso de Servilio ha sido además cuestio - nado: véase P.T. Keyser, «Salhust, Dioskorides and the Sites of Ihe Korkyros Captured by 1’. Servilius Vatia>’, Historia 46, 1997, 64-77. Las campafias contra los piratas de éste y de L. Licinio Murena(padre) son minimizadas por Apiano (Mith.93). 29 Luc.26.4, 36.5-6; comp.Cim.-Luc.3.2. Plutarco habla en este último pasaje del «Mar Rojo», pero éste término desginaba el Golfo Pérsico, o el Océano Indico mismo, cf. Curt.3.2.9; 4.7.18; etc.; vid. LA. García Moreno; EJ. Gómez Espelosin. Relatos de viajes en la Iheratura griega antigua, Madrid, 1996, p. 140. El Cáucaso era una frontera mítica: y. D. Braund, «The Caucasian Frontier: Myth, Exploration and the Dynamics of lmperialism», en P. Ereeman; O. Kennedy (eds.), Tite Defence of tite Ronzan Fas!, Oxford 1986, 3 1-49. 30 Amm.23.5.16; Plin.NH 6.19.51. Plutarco (Pomp.36. 1,38.3) especificaque se reti - ró antes; cf. M. Chaumoní, «L’expedition de Pompée le Grand en Arménie et au Caucase (66-65 ay. J.-C.)», QC, 6, 1984, 17-94, pp. 54 y ss. Sobre el Indico, véase Plu.Ponzp.38.2-3; sobre «toda Asia’>, Flor.Epit. 1.40.31; cf.D.S.40.4.Apiano (Mith. 117-8) es más exacto sobre la extensión de las conquistas de Pompeyo. “ G. Zecchini, «Sallustio, Lucullo e i tre schiavi di C. Giulio Cesare (due nouve frammenti delle Historiaelfl», Lazonzus, 54, 1995, 592-607, p. 594. 338 Luis Ballesteros Pastor igualmente discutidas: los camellos, como apunta el propio Plutarco, habían sido vistos anteriormente, y otro tanto se nos cuenta respecto a las cerezas 32• Este aspecto también podía ser interpretado como un caso de úfip¿g, al haber sobrepasado los limites establecidos por los dioses ‘k Ciertamente, Lúculo aparece como el heraldoque anuncia a Roma dos males endémicosque padecerá durante el Imperio: la interminable lucha contra los partos, y la relajación de las tropas de la frontera oriental. Las victorias de Lúculo, y las riquezas que le reportaron, serían, en opinión de Plutarco, las queimpulsaríandespués la expedición pártica de Craso, de nefasto desenlace ~, que marca el comienzo de una tortuosarelación entre Roma y una de sus mayores pesadillas. Pero el peor de los factores negativos que Lúculo aporta a Roma cuando regresa, sería, en opinión de algunos, la introducción de la rpv«»j, el gusto por el lujo, que iba aparejado a la corrupción de las cos - tumbres consideradas tradicionales.Lúculo cambiará aparentemente de actitud: se construirá grandes mansiones, vestirá ricos ropajes, y efectua - rá grandes dispendios en magníficas fiestas ~Sus detractores aprove - charon para recriminarle su conducta como impropia de un romano. Pero Lúculo seguía una serie de costumbres introducidas bastante tiempo atrás, por lo que estas críticas se deberían a unamanipulacióninteresada 32 Sobre los camellos, vid. SalI.uist.3.42M apud Plu.Luc.ll.6; Amm.23.6.56 (ya habían sido vistos en la batalla de Magnesia: Liv.37.40.12). Sobre las cerezas: Atben.2.SOf-5 la; Plin.NH 15.30.102; TertApol. 11.8; Amm.22.8. 16; Isid. 17.7.16. Lúculo fue atacado con flechas queardían gracias a una especie de asfalto: Plin.NH 2.108.235; Sall.Hisrfr.4.ótM; D.C .Epit.Xiph.36. lb. ~‘ M. Sordi, art. ch., 138-9 (sobre el Tauro); cf.Tert.loc. cir; Plu.Luc.34.3 (relación de cerezas y camellos con la luxuria). ~ Plu.Luc.36.7, Cras.16.2; cf. Cic.Dom.23.60; Y. Chapot, Lafrontiére de lEufra - te de Pompée á la con qué!e arabe, París, 1907, p. 157 n.2; A. La Penna, Sallustio e la rivoluzione romana, Milán, 1968, Pp. 291 y ss.; Th. Liebmann-Frankfort, Lafrontiére orientale dans la poli¡ique ex¡érieure de la République romazne depuis le ¡rujié d’A - paméejusq’á las con quétes asiatiques de Pompée (¡89/8-63), Bruselas, 1969, pp. 315 y 55. ~ Vell.2.33.4; Plin.NH 9.80.170; Nic.Dam.fr.77 a-bJ apud Athen. 6.274 e-f=12.543a. En general, Plu.Luc.38 y ss., Mor.204b; Hor.Ep. 1.6.40-46. Lúculo no relacionó esta afi - ción por los banquetescon Dioniso, aunque se le asociócon éste y pudo estar implícita (Plu.Cinz.2.2, 3.2; cf. en sentido peyorativo TertApoL 11.8). Sobre sus mansiones, véase Y. Jolivet, «Xerxes Togatus: Lucullus en Campanie», MEFRA, 99, 1987, p. 875-904. Plu - tarco asigna ahora a Lúculo los términos propios de un bárbaro: véase A.G. Nikolaidis, «‘EXXsvtKóq-43apI~aplKó;. Plutarch on Greek and Barbariancharacteristics», WS, 20, (1986), 229-244, Pp. 237-8, aunque no deja de reconocer su filohelenismo: cf. A. Ward - man, op. cit., Pp. 134 y 218. Su casa aparece como un punto de encuentro de los intelec - tuales griegos (Plu.Luc.42.l-2). Aspecfos contrastan frs en la tradición sobre L. LicinioLúculo 339 de la realidad histórica 36, como lo prueba el hecho de que el momento de inicio de esta corrupción moral de la República varíe según los diferen - tes autores ~Con ello se intentaba por extensión el descrédito de un peculiar grupo de miembros de la aristocracia romana, a los que ge - néricamente se dio el nombre de piscinarii, en alusión a sus fastuosos viveros piscícolas, símbolo de su despreocupación por los asuntos públi - cos y por tanto de su degradación moral 38, Pero probablemente la opinión pública romana no sintiera un rechazo unánime hacia Lúculo, ahora vol - cado en su afición por la Filosofía 39; de hecho, hubo quienes aplaudieron que supiera retirarse a tiempo 40, Pero además, la rpv@4 habría sido un tema recurrente en la literatura sobre los periodos de crisis: como afirma Zecchini, «atribuir un fuerte significado moral alas consecuencias de una expedición militar en Oriente, o, más genéricamente, de un prolongado contacto de los romanos con el mundo oriental erapor otra parte un mot¡ - yo desarrollado en el curso del siglo II y convertido en tópico» 4~. 36 R. Syme, La Revolución Romana, Madrid, 1989, pp. 44 y Ss.; R. MacMullen, «Hellenizing the Romans», Historia, 40, 1991, 419-438, pp. 431 y Ss.: A.C. Keaveney, op. ci!., 155. Para G. Zecchini, La cultura storica di Ateneo, Milán, 1989, p. 119 n.231, esta datación de la llegada de la rpvc,b4 a Roma en el 66 habría partido de Nicolás de Damasco. ~‘ Para un repaso,véase G. Zecchini, art. cit., pp. 595 y ss. 38 J, van Ooteghem, «Piscinarii», LEC, 36 1968, 41-46; T. P. Hilíman, «When did LucullusRetire?»,Historia, 42, 1993,211-228, Pp. 226 y ss. Para una interpretación del término piscinae, cf. O. Chic García, La proyeccióneconómica de la Bética en el Impe - río Romano (Época Altoimperial), Sevilla, 1994, p. 40 nl. Quizás Salustio, en Cat. 20.11, esté aludiendo a Lúculo. Aunque no todas son referenciasnegativas: Vagón (RR 3.17.9) asoció a éste con Neptuno, divinidad con la que se relacionaron en esteperiodo algunas familias: véase T.P. Wiseman, «Legendary Genealogies in Late-Republican Rome», G&R, 2!, 1974, 153-164, Pp. 162 y ss. Sexto Pompeyo se hizo proclamar «Nuevo Neptuno» (D.C.48. 19.2, 48.31.5: App.B.C.5. 100; Plin.NH 9.22.6; HorÉpod.9.7; Porph.ad Hor.Epod.9.7), y Escipión Africano también se vinculó a este dios: vid. H.H. Scullad, Scipio Africanus. Soldierand Polifician, Londres, 1970, Pp. 52 y Ss. Un caso similar al de Lúculo estaría en los piscinarii de Q. Hortensio (cos. 63 a.C.) (Varr.RR 3.17.5). Sobre la amistad y colaboración política entre ambos, cf. ES. Groen, Tite Lun Generation of the Roman Republic, Berkeley, 1974, Pp. SOy ss. ~ N. Petrochilos, Romon Attitudes to tite Greeks, Atenas, 1974, Pp. 85-6. 40 Plu.Luc.1.4, 28.3-4. “ O. Zecchini, art. cit., 595. En general, vid. A.W. Lintott, «Imperial Expansion and Moral Decline in the Roman Republic», Historia, 21. 1972, 626-638; 0. Zecchini, «Cn. Manlio Vulsone e l’inizio della corruzione a Roma», Polifica e religione..., 159-178; N. Berti, «La decadenza morale di Roma e i virí antiqui: riflessioni su alcuni frammenti degli Annalidi L. CalpumioPisoncFrugi», Pronzefiteus, 15, 1989, 39-58 y 145-159, pp. 46y ss.; cf J.M. André, Lotium dans la ide morale et intellectuelle romaine, París, 1966, Pp. 49 y ss.; Cic.Mur.5. Sobre el motivo de la rpv.p4 como roma de los pueblos, vid. A. Paserini,