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Por mí. Estos son mis textos: si no le gusta, tengo otros, pero no en este trabajo

Benítez Cosano, Andrés

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Por mí Estos son mis textos: si no le gusta, tengo otros, pero no en este trabajo Trabajo de Fin de Grado Escrito por: Andrés Benítez Cosano Tutora: Isabel Clúa Ginés Facultad de Comunicación – Grado en Periodismo Curso 2021/22 2 A todas las personas que, aunque solo fuera una vez, me animaron a escribir. A quienes me leyeron y me leen. A quienes me escuchan, y a quienes me inspiraron y me inspiran. A Bubú, Julio Ariza e Isabel Clúa, tres grandes maestros. A mis padres, por crearme. Y a mí, por construirme. «Algunos pájaros no pueden ser enjaulados. Sus plumas son demasiado hermosas, y cuando se van volando se alegra esta parte de ti que siempre supo que era un pecado enjaularlos. Aun así, el lugar donde tú sigues viviendo resulta más gris y vacío cuando ya no están». –Ellis Boyd “Red” Redding «Empeñarse en morir o empeñarse en vivir». –Andy Dufresne «El amor es lo único que somos capaces de percibir que trasciende las dimensiones del tiempo y del espacio». –Doctora Amelia Brand «La ley de Murphy no significa que vaya a pasar algo malo, sino que si algo puede pasar, pasará». –Cooper «Tercera ley de Newton: hay que dejar algo atrás». –Cooper «Si estoy solo, tú me acoges, eres mi fiel compañía, me hablas sincera y me esperas cuando empieza el día. Mi guía, mi faro de Alejandría; si me ves perdido, te miro y elimino la tristeza en un suspiro». –Ignacio Fornés Olmo “Nach” «Why am I so differently wired? Am I a martian? What kind of twisted experiment am I involved in? ‘Cause I don't belong in this world». –Marshall Mathers III “Eminem” «Qué cosa tan extraña es el hombre: nacer no pide, vivir no sabe y morir no quiere». –Facundo Cabral «Los que expiran pero siguen inspirando son los que se niegan a caer en el olvido». – Juan Ignacio “Juaninacka” Guerrero «La muerte es segura, la vida, no». –Alonzo 3 ÍNDICE ÍNDICE .......................................................................................................... 3 INTRODUCCIÓN ............................................................................................... 4 PENSAMIENTOS ............................................................................................... 5 1. Vida .................................................................................................... 5 2. Silencio................................................................................................ 7 3. Paz ..................................................................................................... 8 4. Amor ................................................................................................... 9 5. Propósito ............................................................................................ 11 6. Felicidad ............................................................................................ 13 7. Escritura ............................................................................................ 15 PROBLEMAS ................................................................................................. 21 8. Ego ................................................................................................... 21 9. Atelofobia ........................................................................................... 23 10. Dolor ................................................................................................. 25 PECADOS ..................................................................................................... 29 11. Suicidio .............................................................................................. 29 12. Inmisericorde ...................................................................................... 30 13. Muerte ............................................................................................... 31 MEMORIA .................................................................................................... 33 ANEXO I ...................................................................................................... 44 4 INTRODUCCIÓN —Bueno, el caso es que se aproxima la fecha de entrega del primer borrador y no sé qué escribir –confesé resignado–. Y es algo que no me pasa todos los meses, pero últimamente tengo un bloqueo espantoso, Jorge. Pero espantoso de veras. Y ya he cobrado el adelanto. —Oye, ¿y si escribes algo sobre la guerra? Ya sabes, como parece que hay conflicto allá por… —No, no. No quiero volver a meterme en ese charco, Jorge –le corté en seco–. Necesito un descanso de eso, ¿sabes? Necesito algo fresco, renovador, que me anime a volver a escribir con ilusión. —Quizás podrías entonces pensar en una historia de amor y esperanza enmarcada en una guerra. Podría ser un filón, ¿no? —Eso es un puto cliché de manual, Jorge. No te ofendas, pero estoy cansado de esas mierdas de “Míster Wonderful” en la que una buena actitud y el poder del amor hacen que los dos protagonistas terminen juntos al final de la guerra. En realidad, estoy cansado de todo. —Joder, tío… ¿y entonces qué cojones quieres escribir? —¿No te enteras, Jorge? ¡Eso es precisamente lo que no sé! ¡Que estoy bloqueado, coño! —Vale, vale, no te pongas así –me mostró las dos manos alzadas en señal de apaciguamiento–. ¿Y qué puedes hacer para salir de este bloqueo, tío? —Pues eso tampoco lo sé. Y te mentiría si no he pensado ya cientos de opciones. Que si irme solo al piso de la playa, que si leer a los clásicos, que si sacrificar a una cabra… ni puta idea. —Bueno, vale, pues… ¿y si escribes sobre la primera palabra que se te pase por la cabeza? —¿Y eso no sería un poco caótico? Es decir: imagínate que pienso primero en la palabra cojín y luego en la palabra yuxtapuesto; un poco absurdo, ¿no? —¿Y son esas las palabras en las que realmente estás pensando? —No. —Pues dime cuáles son. 5 PENSAMIENTOS 1. Vida Las estadísticas dicen que pasamos un tercio de nuestra vida, o casi, durmiendo. Haciendo cuentas rápidas, las personas (corrientes) duermen entre seis y ocho horas diarias. El día tiene veinticuatro horas, así que, como mínimo, dormimos un cuarto de nuestra vida; como máximo, un tercio. Todo esto de forma aproximada. Esto quiere decir que, si vivimos noventa años, dormiremos un mínimo de veintidós. Pero, ¿por qué hablo de cuánto dormimos? Aunque quizás no lo pueda parecer, dormir es un sacrificio. Al menos, para el más hedonista de los humanos. Se deja de lado la posibilidad de obtener placer para, simplemente, descansar. No obstante, si a una persona le dices que perderá unos veintipico años de su vida durmiendo, podría plantearse si descansar tanto tiempo es la mejor opción. Por otro lado, lo que para algunos puede ser un sacrificio, para otros puede ser también la salvación. Para mí, al menos, sí lo fue. Después de cerrar ciclo en el colegio de toda la vida cuando terminé la enseñanza obligatoria, el destino me deparaba un centro muy distinto al anterior para cursar los dos años de bachiller. Barrio nuevo, ambiente nuevo, personas nuevas. Y tanta diferencia, unida a varios factores más, me llevó a conocer de primera mano la ansiedad y la depresión. Me golpearon de lleno, como un gélido alud, un jueves 15 de diciembre de 2016. Podría no parecerlo, pero el sacrificio de emplear mi tiempo durmiendo, en vez de hacer tareas o cualquier otra cosa, me ayudó a salvarme. Día tras día, consumido por la ansiedad, llegaba a mi casa, comía, y me dormía. En muchas ocasiones, lloraba antes de lograr cerrar los ojos. Los pensamientos se me agolpaban, y el miedo hacía presa de mí: una voz interior me susurraba con lengua viperina que el día siguiente las crisis serían peores que las del día anterior, que temblaría más, que sudaría más y que el pavor y el descontrol irían en aumento. Y seguí durmiendo. Lo hacía para contrarrestar la debilidad con la que regresaba a casa. Ni siquiera lograba llegar a la noche de una pieza; a eso de las dos o las tres de la tarde ya estaba extenuado. El único remedio era dormir; así descansaría tanto el cuerpo, agotado tras tantos temblores, sudores, contracciones y golpes para apaciguar la ansiedad, como la mente, abarrotada de pensamientos punzantes e inmundos que contaminaban cada uno de mis días. Sin haber pasado esas largas tardes en la cama, probablemente el resultado habría sido muy distinto. Y es que, en la vida, a pesar de que es corta, a veces hay que saber hacer uso de un pensamiento a largo plazo. No sé cuánto tiempo pasé en la cama durante aquella nefasta época, pero fue una inversión que está dando su rendimiento desde entonces. Ahora ya no me siento tan solo; me 6 he cruzado con personas que comprenden cómo soy y manifiestan, de vez en cuando, el valor que tengo para ellas, y no necesito quedarme tanto en la cama. Ahora, por fin, he dejado de tener frío por dentro. Todo gracias a que durante un tiempo decidí dormir para recuperar la energía que hoy invierto en intentar ser feliz. 7 2. Silencio El roce de mis pies con las sábanas, el retumbar de mi bostezo. Un quejido lastimoso al abandonar la cálida cama, el crujir de mis huesos. Maldiciones y juramentos interrumpidos por el rumor de la ropa cayendo al suelo. El gorgoteo del agua por el caño, la aparatosa caída de una percha tras un corto vuelo. Abrir la puerta, sorber el zumo, el esprint de mi gaznate antes de posar el vaso vacío en el lavabo. Cepillar los dientes en un ejercicio continuo de fricción arrítmico y poco disimulado. Bostezar de nuevo, tomar las nerviosas llaves y abrir con dos chasquidos la cerradura. Entrar en un ascensor que se despereza, tras un ósculo maternal cargado de dulzura. El subir y bajar del ascensor y su polea, el diario estruendo del cristal en el portal. Caminar hasta llegar a la parada, el neumático martilleo de una obra matinal. Conversaciones ajenas, y conversaciones propias con la conciencia de uno. Los frenos del autobús, el chillido del lector, el rugido de un motor del que sale humo. La sacudida contenida de las ventanas, una música que se escucha demasiado alta. El lamento de cada mañana, un gruñido de resignación cuando algo a alguien falta. El a que indica la siguiente parada, el casual roce de abrigos desconocidos. Las hojas secas que pisan unos pies con prisa, un minutero que cuenta el tiempo perdido. 8 3. Paz Otoño Caen las hojas, alfombra ocre de otoño, sonrío al cielo e invierno Lluvia en invierno, alguien a quien abrazar, paz en un sofá 9 4. Amor Me tendiste tu hermosa y dulce mano A y me diste las llaves de tu casa, B me hiciste navegar el mar de tu alma, C me convertí en creyente de tus piernas, D me enamoré de una doncella roja E y me quedé embrujado por un beso. F Y quizás la culpa fue de ese beso, F quizás fue la finura de tu mano, A o la pasión tuya, candente y roja, E la que trajo a tu cuerpo mi nueva casa, B hizo que temblaran mis pobres piernas, D y sacudió con energía mi alma C Y aunque luego el precio lo pagó tu alma, C fui preso voluntario de tu beso, F las cadenas se unieron a mis piernas D y un frío letal y agrio hirió mi mano, A hasta que la oscuridad llegó a casa B y brotó, vestida de seda y roja. E La alegría antes del caos fue roja, E un perfecto alimento para mi alma, C sonreía antes de volver a casa, B soñaba siempre con su último beso, F con la suave ternura de su mano, A con las sinuosas curvas en sus piernas. D Ver su caminar y admirar sus piernas, D esbeltas y sobre una alfombra roja, E deseando tomarla de la mano A 16 – Y en todas, ¿no? Quiero decir, una musa es alguien que te inspira. Supongo que a Tyson le inspiró Ali, aunque sería extraño que le llamara su musa. A Kobe Bryant le inspiró claramente Michael Jordan, y a Kanye West le inspiró Michael Jackson. Todos podemos fijarnos en alguien para hacer nuestro trabajo mejor o más bello. Respondiendo a su pregunta, sí; alguna musa ha habido y, además, lo ha sabido. Pero es un asunto privado. – Entiendo, entiendo. ¿Su primer libro? – Pues alguno infantil que ni recordaré. Pero la primera lectura de la que tengo conciencia fue una revista de diseño de interiores que había en la consulta de mi madre. Era realmente interesante, aunque pueda no parecerlo. Si hablamos de estricta literatura, apostaría por El príncipe de Maquiavelo. Mi padre me introdujo a la literatura política, y no me arrepiento de que lo hiciera. – ¿Es más interesante que la ciencia ficción o la lírica? – Es distinta. Cualquier cosa que se lea, si es con la mentalidad adecuada, puede ayudar a comprender mejor el mundo. Pero, normalmente, la literatura política se centra en eso y no tiene uno que andar descifrando mensajes. – ¿Y por qué no escribe usted literatura política? – Porque, aunque lea ese género de vez en cuando, no tengo ni puta idea de la política real actual, para serle sincero. Me puedo permitir el lujo de no preocuparme demasiado por eso si sigue habiendo gente a la que le interesa lo que escribo. Pero no dejaré de leer sobre ella. – ¿La honestidad es importante para escribir? – Depende de para qué, ¿no? ¿De qué sirve la honestidad en un libro de ciencia ficción? Más bien de poco, creo yo. En mi opinión, priman la veracidad y la capacidad de que quien te lea se pueda ver reflejado en el texto. Obviamente no se puede pensar siempre en el lector cuando se escribe, pero si el lector encuentra familiaridad en el texto, le resultará una lectura algo más cómoda y apetecible. – Entonces, ¿mienten los escritores? – Mire, mienten hasta quienes escriben biografías. La cuestión es que unas cosas pretenden ser verdad, y otras, no. Es cuestión de qué quiera creerse el lector. Es un juego en el que entra el escritor: te pone un caramelo delante que cada uno elige si coger de forma libre. También le digo, que es mucho más sencillo leer algo sabiendo que es falso o ficticio, o con ningún compromiso con la realidad, que leer algo que pretende ser cierto y en realidad no lo es. – ¿Cree que el trabajo de escritor se extinguirá en un futuro? ¿Qué los robots harán literatura? 17 – Verá, hay una teoría de no me acuerdo quién que me traslada a eso. Viene a decir que, si contara con tiempo infinito para aporrear teclas de una máquina de escribir, un mono podría escribir El Quijote, casi seguramente. ¿Lo haría a la primera? No lo creo. ¿Y a la segunda? Improbable. El caso con los robots se me antoja similar. Podrían copiar técnicas gracias a algoritmos avanzados, supongo, y la estadística te diría que, con el tiempo, podrían hacer cosas decentes. Pero carecen de nuestra sensibilidad. Sin la visión humana, sin nuestros sentimientos, nuestras debilidades, nuestras experiencias… solo sería un mono aporreando teclas. Aquello que nos impulsa a escribir, lo que nos remueve el estómago, eso no lo puede replicar un robot con un programa instalado. El día que eso suceda, me pegaré un tiro. – Pero hay personas que no tienen esa sensibilidad, por muy humanas que sean, ¿no? – Por eso no todo el mundo puede ser escritor. 18 ESCENA 2: Conversación Fui, como todos los primeros jueves de cada mes, al café de una de las calles que desembocan en la Plaza Mayor; allí me estaría esperando mi gran amigo Julio. Hace cuatro años ya que comenzamos con esta tradición, y rara es la ocasión en la que uno de los dos falta a la cita. Según mis apuntes tan solo tres días, por culpa de enfermedad de uno u otro, la reunión no se pudo celebrar. Como no está a demasiada distancia de mi casa, me permito el lujo de salir con algo de tiempo. Mientras paseo, escucho música y contemplo mi alrededor distraídamente, mientras consumo tranquilamente uno o dos cigarros entre mis labios. — ¡Querido amigo! ¡Casi no te reconozco con la barba afeitada! –le saludé–. — ¿Qué tal estás, macho? ¿Tan mal como siempre? –nunca se olvida de recordarme que es más alto cuando me saluda, pero siempre lo hace con jovialidad–. — Eso es, Julio; ni más ni menos. — Vamos, hombre, no será para tanto –manoteó suavemente–. — ¿Te acuerdas de que te dije que me harían una entrevista, verdad? — Sí, es verdad. Para aquella página web sobre cultura, ¿no? ¿Cómo fue? — Es justamente lo que te voy a contar –le dije, sonriendo–, pero antes necesito un café. Pedimos cada uno nuestras consumiciones habituales a Óscar, un camarero pequeño, pálido y calvo, con una voz extrañamente dulce, que nadie imaginaría por su apariencia. — Bueno, cuéntame. ¿Fue muy trágica la entrevista? –dijo mientras cogía su manchado–. — Pues lo peor de todo es que no estuvo demasiado mal. Me preguntaron las chorradas típicas: cómo empecé a escribir, quiénes me inspiran, cuál fue el primer libro que leí, a qué escritores actuales leo con asiduidad, si he tenido alguna musa… — Entonces, ¿qué es lo que fue mal? –dio un sorbo después de la pregunta–. — No tuvieron la decencia de preguntarme por qué escribo. El muy imbécil tuvo la brillante idea de interesarse por cómo empecé a escribir, pero no quiso averiguar el por qué. — ¿Y tú no se lo contaste? — ¿Querrías saber si tengo un grano en el culo si no me lo has preguntado? –di una pequeña palmada en la mesa que hizo que se derramara algo de mi café, que todavía no había probado–. — No, ciertamente no querría saberlo. — Pues eso, Julio. ¿Para qué coño se lo iba yo a decir? Además, pasas algo muy importante por alto: soy un puto escritor. Una persona que escribe cosas por algún motivo. ¿Creerá el muy mastuerzo que escribo tan solo para ganar dinero? Joder, macho. Mira que era una preguntita fácil que le daba para sacar un titular o un jodido destacado. Pues nada. 19 — ¿Por qué te cabrea tanto, si se puede saber? — Me alegra que lo preguntes, amigo –hice una pausa para dar el primer sorbo a mi bebida, que se había enfriado considerablemente–. Bien, tú eres profesor, ¿cierto? — Lo sabes de sobra. Profesor de historia en secundaria. — ¿Y por qué decidiste serlo? — Creo que es una labor importante; más bien, crucial. Enseñar a los jóvenes el pasado y a que apliquen un enfoque crítico a su presente y a lo que ocurra en el futuro. Te diría que merece la pena que me esfuerce por ellos. — Bien. ¿Te ha costado mucho pensar en la respuesta? No, ¿verdad? — No, la verdad es que no. — ¿Y te preguntan mucho que por qué eres profesor? — A menudo. Sobre todo cuando alguien no me conoce. — ¿Por qué crees que te lo preguntan? — ¿Porque es un trabajo jodido? — Puede ser, pero creo que hay otra razón más allá de esa. Es porque es tremendamente vocacional. ¿Crees que cualquiera que quisiera ser escritor podría serlo? — ¿Tú crees que no? — Efectivamente, Julio, yo creo que no. De la misma forma que creo que no todo el mundo podría o sabría ejercer la docencia aunque quisiera. A la capacidad hay que sumarle la voluntad. Creo que es lo que no entiendes. ¿Cómo no me puede preguntar por qué tengo yo la voluntad de dejarme los cuernos para escribir algo que valore un grupo muy reducido de personas? –bebí después de quedarme casi sin saliva–. — Te lee bastante gente, no uses la falsa modestia. — Somos, en esta pelota que gira alrededor de una gran bombilla, más de siete mil millones de personas. Me doy con un canto en los dientes si me leen setecientas mil. Eso viene a ser un gran total del cero coma cero uno por ciento. ¿No debería haberse preguntado el gilipollas que me entrevistó que por qué escribo entonces? — Supongo que lo pasaría por alto. De todos modos, piensa que es como si te leyera la ciudad de Sevilla entera. Eso… está bien. — Vale, es una perspectiva curiosa. Pero bueno, te lo voy a contar a ti, porque me sale de los huevos y porque estoy enrabietado todavía. Llevo cabreado con ese imbécil desde el domingo, y no le voy a escribir al que lleve esa publicación porque no me da la gana; quien lea la entrevista ya sabrá que falta la pregunta más importante. — Me parece bien. Además, creo que nunca te lo había preguntado yo tampoco. — Es verdad, Julio. Joder, no me hagas plantearme si estás a su altura. 20 — Eso depende más de tu juicio que del mío, amigo. No puedo hacer mucho. — Tienes toda la razón. Bueno, pues te lo contaré, pero te aviso: vamos a estar aquí un buen rato. 21 PROBLEMAS 8. Ego —¿Qué tripa se te ha roto ahora? ¿Qué quieres? —Quiero ser inmortal. —Pero no puedes, no digas bobadas. —¿Qué me lo impide? —Pues no sé, ¿la lógica? ¿La ley natural? —Eso es una mierda. —Sí, bueno. Algunos, precisamente, lo consideran el elemento que le da sentido a la vida, pero eso es otro asunto. ¿Por qué querrías serlo? —La verdadera pregunta es por qué nadie querría serlo. —Sería muy aburrido, ¿no? —¿Ser inmortal? —Claro. Imagínate: podrías… no sé, hacer muchas cosas. Demasiadas cosas. —¿A qué te refieres? —Verás, los límites a veces tienen su sentido. —Los límites limitan, y las restricciones me agobian, ya lo sabes. —¡Pero la vida está llena de restricciones! ¡Y las asumimos como normales, y vivimos gracias a ellas y a pesar de ellas! No seas ignorante, anda; acabarías siendo un miserable. —Bueno, en realidad no acabaría porque sería inmortal, ¿no? Pero, ¿por qué sería un miserable? —Piénsalo: tener tiempo infinito quizás te llevaría a conocer todo –si alcanzas la capacidad para ello, que lo dudo– y a probar todo. —Ya, ¿y? ¿Qué quieres decir? —Que eso le quitaría el misterio a la vida. Imagínate que estás delante de tres puertas: tras una de ellas hay una habitación vacía, tras otra hay una maleta con un millón de euros y tras otra hay una piruleta. Si pudieras ver a través de cada una de las puertas, no tendría sentido el juego, 22 ¿no? Es como apostar a un combate de boxeo amañado, o ir a un examen con una chuleta con las respuestas. Le quita la emoción, te privas del subidón de conseguir algo de forma limpia. —¿Estás diciendo que es más importante el camino que la meta? —Sí, probablemente esté diciendo eso. Pero, dime, ¿por qué quieres ser inmortal? —Por dos razones, bueno, tres: quiero trascender al tiempo, quiero vivir muchas cosas y, además, no quiero morir. —Bueno, vamos por partes. Para la primera no hace falta ser inmortal. Para la siguiente, con ser rico te valdría. Y, para la última, me temo que no hay solución. Solo hay tres cosas seguras en esta vida: la muerte, los impuestos y… —Espera, espera, espera. ¿Por qué dices que para trascender al tiempo no hace falta ser inmortal? —No en el sentido estricto del concepto, al menos. Te basta con dejar huella, con influir en la vida de alguien, aunque tan solo sea una persona. ¿No has escuchado nunca la frase de “Solo muere quien se olvida”? Eso viene a decir que mientras alguien te tenga presente, no hace falta que tú lo estés para seguir viviendo en cierto modo. No es una vida corpórea, pero el concepto que alguien tenía de ti seguirá existiendo. Tú permanecerás como idea o como ideal si te aplicas lo suficiente en vida, si consigues inspirar a alguien, darle un buen consejo que le cambie la vida, abrirle la mente, reconfortar su corazón en un momento de dolor… Las posibilidades de que nos recuerden son grandes aunque nosotros seamos seres pequeños. —Y… —¿Y cómo hacer para que no te olviden? —Sí. —Pues depende; ¿cómo quieres te recuerden? Ten en cuenta que a Hitler y Stalin los recuerda mucha gente pero no es precisamente porque fueran unos santurrones. —Cierto. —No querrás ser como ellos, ¿no? —No, no, descuida. —¿Seguro? No hagas ninguna locura para que te recuerden, ¿eh? —Que no, imbécil. 23 9. Atelofobia – Oye, papá, ¿cómo sé si yo valgo? – ¿A qué te refieres, hijo? – Pues, es que en clase todo el mundo tiene algo… no sé. Ana es muy buena en ciencias, a Carlos se le dan bien todos los deportes, Sergio es el favorito de los profesores… y yo estoy ahí, como en el medio de todo, ¿sabes? – Ajá. Como que no sobresales, ¿no? – Más o menos… no sé, es que no soy el mejor en nada. ¿Cómo sé si valgo entonces? – Pues lo vamos a averiguar. ¿Intentas ser buen compañero? – Sí, lo intento. – Eso está bien; no dejes de intentarlo nunca. Bueno, ¿y ayudas a los demás? – Sí, me gusta ayudar siempre que puedo. – ¿Y no crees entonces que tengas valor? Eres buen compañero y ayudas cuando puedes, esto está bastante bien, ¿no? – Ya, pero… – Pero eso no hay manera de compararlo con el resto de la clase, ¿no? – Sí, es eso. – ¿Te hemos dicho alguna vez tu madre y yo que las comparaciones son odiosas? – Sí, puede ser. ¿Por qué? – Porque son una forma peligrosa de distorsionar la realidad. Mira, un ejemplo, que además te ocurrió el año pasado. ¿Te acuerdas del concurso de dibujo para la semana cultural? – Claro, yo participé. – Y no solo participaste, hijo, ¡quedaste segundo! Por lo que se comentó en el grupo de WhatsApp de los padres, se mandaron muchos dibujos al concurso. – ¿Y? – Voy, voy. En clase seréis unos veinticinco, ¿no? – Sí. – Y tenéis cuatro grupos por curso, ¿no? – Sí, el “A”, el “B”, el “C” y el “D”. – Entonces sois unos cien alumnos en el curso. Ponte que participaran tres cuartas partes de todo el curso; eso son unos setenta y cinco concursantes, ¿cierto? – Sí. 24 – Y tú quedaste segundo de esos setenta y cinco, estoy seguro de que lo recuerdas. – Lo recuerdo, sí. – ¿Y qué te dice eso? – Que no gané el concurso. – No, bueno, sí, tienes razón: no ganaste el concurso. Pero al mismo tiempo no la tienes. Al menos, no del todo, porque ves el vaso más vacío que lleno, cuando en este caso no debería ser así. ¿Cuántas personas te superaron en el concurso? – Una: Virginia, que es una crack dibujando. – Es verdad, su dibujo era muy bueno. Pero, ¿a cuántas personas superaste tú? ¿No te das cuenta? Que no ganaras o no quedaras en la primera posición no significa que no lo hicieras genial; por eso las comparaciones son odiosas. La comparación es lo que no te deja ver tu valor: si te centras más en los demás que en ti mismo, ¿cómo vas a saber lo que vales? – ¿Y cómo hago para cambiar eso? – Mira, tapa el Sol con un dedo. ¿Puedes? – Sí, a ver, espera que lo haga. Ya está. – Entonces, has dejado de ver el Sol, ¿no? – Sí, porque está tapado. – Genial. ¿Significa, al estar tapado el Sol por tu dedo, que este no exista? – No. O sea, yo sé que está ahí detrás. – Genial, eso es justo lo que quería oír. – ¿A qué te refieres? – A que sabes que está ahí a pesar de que no lo puedas ver. Y no te estoy hablando de nada abstracto como un dios, algo en lo que tengas que creer con fe ciega y no sea demostrable. Es algo que se sabe que está. Y, cuando algo lo tapa, tú no dejas de saber que está, ¿cierto? – Ummm… sí, supongo. – Pues eso mismo es lo que pasa con nuestro valor: aunque haya un dedo que nos tape nuestro valor, que podría ser tanto propio como uno ajeno, este no va a cambiar o a desaparecer. Y eso es lo que te pasa con el concurso de dibujo. Tú mismo te tapas el Sol con el dedo, hijo. Tu valor es el Sol, y tu dedo es la inseguridad que te da el no ganar; te impide ver que lo hiciste bien, aunque realmente tú sabes, cuando lo piensas, que no tiene sentido decir que el Sol no existe porque un dedo lo esté tapando. 25 10. Dolor ¿Qué es mejor: causarlo o recibirlo? Mi relación con el boxeo es bastante extraña. Nadie apostaría por que un chico del mejor barrio de la capital fuera a entrenar a un gimnasio de las afueras, pero ya llevo ocho años, y no pienso dejarlo. En mi casa nunca se vieron deportes de contacto en la televisión; solo se admitían tenis, fútbol, billar o automovilismo. Y los ídolos en mi casa siempre fueron empresarios como Bill Gates, Steve Jobs, Amancio Ortega o Juan Roig. Visionarios, personas de negocios que no se ensuciaban mucho las manos, trabajan en oficinas y daban órdenes a empleados probablemente más inteligentes o capaces que ellos mismos. Pero tras un tiempo en el gimnasio, aprendí a apreciar a los trabajadores; a los currantes, a los que sudan para conseguir lo que quieren, desde el que mejor golpeaba hasta el último en llegar, porque todos ponían el mismo empeño. Esa era la primera regla: el último en llegar tiene que esforzarse tanto como el más veterano, y este, a cambio, debe servir como un modelo ejemplar. Y todos tenían que recoger cualquier equipo que usaran. Nadie estaba por encima de nadie, y las faltas de respeto estaban prohibidas en cualquiera de sus formas. Con el tiempo, aprendí que hasta en la violencia hay honor y respeto entre quienes eligen cierto camino. Llegué al gimnasio, mejor dicho, me llevaron mis padres, a regañadientes. Me acosaban en el instituto, y nadie ofrecía soluciones. El acoso puede ocurrir en cualquier lugar, en cualquier colegio. Y también puede sufrirlo cualquiera; ir a un instituto privado no me hizo intocable, ojalá las cosas funcionaran así. Mis padres tampoco querían verse obligados a la deshonra de trasladarme de centro; al parecer, el prestigio que suponía estudiar allí valía más que mi integridad y los moratones que coleccionaba semanalmente. Por eso, y tras intentos infructuosos de resolver el problema de manera pacífica, cedieron y tomaron una determinación cuando terminó el curso. “Hijo, vas a tener que aprender a defenderte”, me dijo mi padre una tarde veraniega de sábado, resignado. “Hemos oído que hay un buen entrenador de boxeo en una gran nave a las afueras”, continuó mi madre. “Te llevaremos allí y te enseñarán durante el verano”, sentenció. Ni siquiera me dejaron elegir, pero, obviamente, era mejor que permanecer indiferentes. Aún recuerdo el primer día: el pavor, sentirme un forastero, como un refugiado que quiere dejar la guerra a su espalda. Acudía a un lugar que parecía duro y desafiante, pero bastante menos que aquel del que trataba de huir, aunque sabía que tendría que volver en apenas tres meses. Cuando bajé del coche y escuché los gritos retumbar a través de las puertas entreabiertas de la nave, me recorrió un escalofrío. Me sentía un chihuahua en una jaula de mastines: imposible 32 realidad. Los volverás a ver, ellos volverán a estar a tu lado. Siempre lo han estado, aunque tuvieran que marcharse antes o después. Y lo sabes. Sus enseñanzas, palabras y gestos permanecieron en ti, y vivieron vicariamente a través de tus manías, rutinas, decisiones y frases. Y tú, si tuviste la suerte de dejar huella en alguien, también lo harás. Si es que lo estás, vivirás a través de las personas que te rodean y que ahora te despiden con tanto cariño. Ellas harán que tú te quedes aquí un ratito más, aunque no sea del todo igual. Con tu talento y bondad, creo que alguna te hará hueco en su vida durante algún tiempo. Y, antes de terminar, lo más importante: te quiero. A veces te he tratado mal, he sido muy duro contigo o no he tenido la valentía para decirte la verdad, pero te quiero. Sabes que te quiero mucho. Nos veremos en las playas de Zihuatanejo. 33 MEMORIA INTENCIÓN, PROCESO, PROBLEMAS Y CAMBIOS Intención El objetivo es que este trabajo (esta recopilación de textos) sea una radiografía del Andrés de 2022. Con esto, en el futuro, podré leer las entradas y ver si afrontaría cada tema de la misma forma, si mantengo mis ideas, si me siguen pareciendo buenas reflexiones o conversaciones o si ya no estaría de acuerdo… en definitiva, es un trabajo muy personal. En algunos textos puede ser menos aparente, porque use otros personajes que podrían parecer no tener relación conmigo o porque la unión entre texto y autor pueda no verse; pero yo sí la veo. En cada uno, elijo un enfoque, un personaje o un entorno porque significa algo para mí. Sin ir más lejos, el protagonista de Propósito está perdido porque no termina de tener claras sus metas, ni cómo conseguirlas; eso pretende ser un reflejo de mi situación actual. De esta forma, mi meta con este trabajo es que cualquiera que lo leyera no lo sintiera como un rosario de textos completamente egoístas o egocéntricos (aunque algunos tiendan a ello), sino como poemas, cartas, reflexiones o reflexiones que tratan de la vida y todo lo que esta significa. Algunos textos no llevan nombre, en otros se cuentan historias “corrientes” a través de personajes para que quien lo lea no se sienta excluido del proceso y pueda haber posibilidad de identificación. Con todo, es una recopilación basada en la sinceridad con mi persona, con mis pensamientos y mis ideas. En estos textos no miento, ya que son reflejo de mi visión de los distintos temas, de un modo y otro. Las situaciones que elijo, las posturas y enfoques, los temas y contextos, todo, es una muestra sincera de quién soy, y cómo, y quizás el por qué se pueda llegar a dilucidar tras leer tanto las obras como la memoria. Así, las posibilidades que me aporta la creación literaria en cuanto a variedad de estilos, formas y tonos, me llevan a configurar una gran unidad de sentido (el trabajo en sí), compuesta por varios fragmentos distintos entre sí (cada texto) pero con mi persona y mis circunstancias como denominador común. A pesar de que haya dos partes que, a primera vista, puedan parecer negativas o derrotistas (Problemas y Pecados), no lo son tanto. Es cierto que Pecados es la parte en la que niego mi propia redención, pero los otros dos capítulos están más cargados de optimismo y esperanza. Además, para ser justos, los tres textos de Pecados están escritos en 2022 pero hacen referencia a épocas pasadas, más dolorosas y en las que era otro Andrés el que 34 existía, si es que eso tiene sentido. Todo esto hace ver al lector que hay (y hubo) de todo en quien escribe: esperanza, alegría, optimismo, pasión, calma, y también dolor, depresión, angustia y miedo. En ese sentido, no creo que me diferencie mucho del resto de personas, pero sí intento diferenciarme en la forma de expresar todo ello (aunque no pueda evitar caer en algunos convencionalismos o clichés a lo largo de la obra). Proceso El proceso, debido a mi tendencia a retrasar las cosas y a ser perezoso, ha sido lento. Empecé más tarde de lo que debería, y eso me obligó a hacer cambios conforme avanzaba. A pesar de las distintas modificaciones que he realizado tanto en fondo como en forma, la esencia del trabajo es la misma, que es, al fin y al cabo, lo importante. El mensaje es el mismo y creo que la intención se mantiene. La primera parte del proceso, tras decidir hacer un trabajo creativo, fue decidir la temática. La opción que se me pasó por la cabeza antes de escoger la opción creativa fue una mezcla entre el periodismo y la escritura, intentando combinar noticias ficticias con relatos y diálogos. Cuando deseché esta opción, me centré en encontrar un tema para mi trabajo, y me encontré a mí. Al fin y al cabo, ¿qué mejor manera de terminar una etapa que escribiendo sobre uno mismo, para uno mismo y de uno mismo? Puede sonar egocéntrico pero, en cierto modo, creo que es un homenaje que me puedo hacer, y me debo hacer. Siento que me lo merezco, y que estaría dejando pasar una ocasión maravillosa si no lo hiciera. Además, amo la escritura, y qué mejor colofón para terminar el grado que una recopilación ordenada y más reglamentada de mis ideas. Tras decidir que yo sería el denominador común de los textos, debía decidir sobre qué escribiría. Desde el principio sabía que los dividiría en secciones o capítulos temáticos, por lo que debía decidir en qué grandes grupos querría clasificarlos. Como detalle sin importancia, me pareció curioso que todos los capítulos empezaran por la misma letra; un destello de inspiración me llevó a la letra pe. Así, surgieron las secciones de Pensamientos, Problemas y Pecados. Cada una es bastante obvia, pero se explicarán más adelante en sus apartados correspondientes. Tras definir las secciones, debía elegir de qué hablar en cada una. Además de los 13 textos que componen el trabajo final, había 7 más que fueron desechados por falta de tiempo y organización (por las que asumo toda la responsabilidad, obviamente). A pesar de esta reducción de contenido, no creo que se haya perjudicado la calidad. Estos 7 textos que no pasaron el corte final fueron: Especiales, Abuelo (del primer capítulo), Familia, Tormenta (del segundo capítulo), Frío, Soledad y XX (del último capítulo, que originalmente incluía 7 pecados). Problemas 35 En Vida me resultado complicar abordar un tema tan amplio, así que decidí hacer varias versiones de un tirón para ver las posibilidades que se me presentaban, y las líneas por las que me decantaba. Una vez que tuve cuatro o cinco opciones, las observaciones de la profesora me hicieron decantarme por la que está en el cuerpo del trabajo. La sextina es el texto en el que más problemas de composición he tenido. Es, sin duda, un subgénero que no manejaba (ni manejo todavía, ni de lejos), pero me atrajo su forma y complejidad cuando fue explicado en clase. Su carácter cambiante pero a la vez permanente (se mantienen las seis palabras a final de verso pero se altera su orden) me pareció similar al amor, por lo que decidí usar esa estructura para el texto de Amor. A pesar de que no fue un resultado perfecto, estoy contento con el resultado. Cambios Para varios textos hice múltiples versiones, como es el caso de Vida, Silencio, Paz, Escritura, Ego e Inmisericorde. Eso no solo exigía enfocar el tema elegido de nuevas formas, sino, a la postre, escoger qué versión sería la definitiva para el trabajo. En casos como Paz y Escritura, el hecho de que las alternativas se complementaran entre sí (en el primer caso por ser estaciones similares y en el segundo por ser conversaciones que se relacionaban entre sí) me hizo mantener más de un texto para un solo tema. De esta forma, no sigo la fórmula «1 tema = 1 texto» durante todo el trabajo, pero completo mejor algunos de ellos y doy más riqueza al conjunto general. En Amor, al ser el más complicado técnicamente, hice cambios constantes en los versos, intentando encontrar los ritmos menos discordantes. El método de recitar en lugar de contar sílabas era algo más intuitivo y menos matemático, pero me llevó a hacer algunas modificaciones a partir de la versión inicial, en la que los ritmos de los endecasílabos eran un completo caos. En Inmisericorde pude relajar la estructura, no hacerla tan rígida, gracias a las indicaciones de la tutora, que me sugirió que hubiera coherencia entre la laxitud de la métrica y de la rima. Eso me otorgó algo más de amplitud y, a la postre, creo que condujo a un mejor resultado final. En los demás textos, las correcciones fueron menores, de expresión y de coherencia con el tono general del texto. Cada uno de ellos fue revisado concienzudamente antes de terminar. INTRODUCCIÓN El trabajo ni siquiera empieza con el diálogo introductorio, sino con la recopilación de frases de la página 2. Recojo citas que he escuchado en canciones o en películas, que me acompañan 36 durante gran parte de mi tiempo. En ellas ya dejo entrever mis preocupaciones, mis gustos, mis sentimientos… si alguien tiene la suerte de saber de dónde vienen la mayoría de esas citas, podrá hacerse una idea más aproximada de quién soy a través de los siguientes textos, si lee la recopilación sin conocerme. Si alguien las lee y ya me conoce, será capaz de entenderme más y mejor. Es el primer indicativo de que será un trabajo personal: no son frases sobre un tema determinado, que se circunscriban a un solo ámbito, sino que recogen un poco de mi totalidad. La introducción propiamente dicha es un metadiálogo: la conversación enmarca a un personaje que no sabe de qué escribir (no se nombra explícitamente, pero es sencillo deducir que se trata de mí), y busca ayuda en un amigo, Jorge (que no tiene correspondencia con ninguna persona de mi vida). El protagonista está sin ideas, y nada de lo que Jorge dice le parece bien. Por alguna razón u otra, ninguna propuesta le cuadra. No quiere escribir ni nada fantasioso y de color de rosa ni su contrapartida: textos tristes y depresivos. Al final, llega a una pequeña revelación: va a escribir sobre las palabras que rondan su mente a menudo, sobre las ideas, conceptos, abstracciones o circunstancias que no le abandonan, quiera él o no huir de ellas. Termina siendo, aunque en el texto no quede del todo reflejado, un ejercicio de asunción de responsabilidad por parte del escritor: sabe que existen esas preocupaciones en su interior, y decide sacarles provecho escribiendo sobre ellas, siendo honesto y enfrentándose a esas realidades, sin dejarlas pasar durante más tiempo. ESTRUCTURA Al tratarse de una recopilación de diversos textos de géneros distintos, veía lógico separarlos en partes, para que, a pesar de esa variedad, formaran parte de una unidad de sentido mayor que todas esas unidades. Ya que el enfoque general se centra en una esfera personal y reflexiva, consideré que la división según temas sería más adecuada que una según géneros. Me parece importante destacar que, aunque Andrés Benítez Cosano no sea el protagonista de todos los textos (no lo es de forma explícita en ninguno, de hecho), sí hay un trozo de Andrés Benítez Cosano en cada uno de ellos. Esa es, para mí, la esencia del trabajo: sin caer en el egocentrismo, poder hablar de mí a través de personajes imaginarios, en situaciones, algunas, también ficticias, y otras no tanto. Así, en cada capítulo dentro del trabajo, se tratan distintos temas y de diversas formas, pero subyace un común denominador, aquello que da nombre a los tres capítulos. La organización de los textos en capítulos me permite, además de una coherencia temática, el paso gradual de reflexiones más abstractas y neutrales a aspectos más dolorosos, de moral cuestionable o que no son tan agradables. Considerando que haber presentado los textos más dolorosos en el 37 primer capítulo habría sido chocante y quizás no se habrían entendido tanto, encuentro que esa progresión lógica hacia la oscuridad favorece la comprensión del conjunto. Pensamientos Aquí abordo temas más generales y abstractos, sobre todo a través de relatos de corte reflexivo. Esta estructura, la de un solo personaje vertiendo lo que piensa, me permite no desviarme mucho del tema, y también hace que la atención del lector se focalice más en lo que se habla, en vez de quién habla. De esta forma, esta sección es algo más superficial que personal; es menos íntima, trata los temas desde una esfera más amplia. Que la recopilación comience con un relato acerca de la vida me parecía oportuno. Escogí este formato inicial porque, al ser un monólogo, el tema sobresale entre todos los demás elementos. Es cierto que se tratan la ansiedad y la depresión, y he expresado anteriormente que esta sección no era tan personal ni tan íntima; esta es la excepción. Como apertura, es, en realidad, una llamada a la esperanza; el texto termina poniendo el valor el sacrificio de descansar y “dejarse vencer”, para acumular energías y vitalidad que serán aprovechadas en el futuro. No es, por tanto, un relato derrotista; si se analiza el texto como conjunto, anima a quien lo lee a observar con perspectiva los malos momentos, a usarlos como aprendizaje y etapas de crecimiento personal que harán, a quien lo consiga, valorar más y mejor los buenos momentos. Como pensamiento, se resume en que todo depende del punto de vista: es mucho más sencillo ver algo con perspectiva cuando se está lejos, y, en cierto modo, animo al lector a que así lo haga, pudiéndose llegando a identificar con las dificultades que se describen en el relato. Continuar tratando el silencio, y, tras él, la paz, me parece una progresión suave y lógica. El inicio habla de un sacrificio a través del descanso y del sueño, y el silencio es un elemento indispensable para hacer efectivo ese descanso y poder recargar las pilas. Para este tema tenía dos opciones, un poema de estructura bastante libre y un nuevo relato en forma de monólogo, algo humorístico y satírico. Viniendo de un comienzo serio y sirviendo como puente hacia una aproximación seria y recogida a la idea de paz, descarté el relato. Así, con la poesía consigo un efecto algo más evocador, menos directo pero igualmente (o incluso quizás más) efectivo. En esos 16 versos, sobre todo a través de los verbos, intento construir una sucesión de estímulos s La idea para Paz, cuando supe que quería escribir sobre ella (es algo que necesito y que busco constantemente), llegó al instante: la película El último samurái, su banda sonora y los jardines japoneses, con sus estanques y sus sakura. Esto, prácticamente sin pensarlo, me condujo a querer plasmarlo en un haiku. Su estructura breve, concisa y su origen oriental me parecían razones de sobra convincentes para no contemplar otras opciones. Al dar a todos los haikus 38 una referencia estacional, entendí una cosa tras la corrección de la profesora: el concepto o la idea de paz es amplio, además de subjetivo. Me propuse relacionar la paz con las cuatro estaciones del año y, tras examinar mis varios intentos, me di cuenta de que en los de verano y primavera no hablaba exactamente de paz. Era, eso sí, un sentimiento positivo y alegre, pero no se aproximaba tanto a la imagen de paz como los de otoño e invierno. Por esa razón, Paz se compone de dos haikus: uno otoñal y otro invernal. El amor me parece un fenómeno y un sentimiento bastante complejo (incluso cuando todas las circunstancias parecen favorables); es por eso que decidí emplear la sextina en este caso. Es una estructura que, hecha con toda la corrección técnica que requiere, me parece exquisita. Esa bella complicación (es el texto de mayor dificultad al que me he enfrentado, hasta la fecha) fue la que me animó a hacerlo así, y, dentro de mis posibilidades, intenté hacerle justicia a este tipo de composición poética. En Amor, a pesar de la evidente imperfección técnica, aprovecho las estrofas para sugerir un desarrollo dentro del propio sentimiento. Las dos primeras estrofas representan el enamoramiento, la pasión y la ilusión inherentes a los comienzos felices. La tercera y la cuarta ya narran un desvío hacia la oscuridad, hacia la parte amarga: cuando el amor se agota o se va extinguiendo poco a poco. La quinta estrofa pertenece al amor nostálgico; es aquel que, aunque continúa sintiendo, prefiere recordar el pasado con algo de ternura y cariño. La sexta trata la perdición, la derrota y la sumisión ante la tristeza, y los tres últimos versos concluyen con el paso definitivo hacia una nueva etapa, una exenta de fuerza y rota tras agotarse ese amor. Tras el amor, viene el propósito. Tener un propósito es algo que siempre me ha fascinado tanto como me ha preocupado. Las personas extremadamente vocacionales, como religiosos, militares o similares, parece que desde siempre estuvieron unidas a su destino (tanto profesional como filosófico y vital), pero a la gente normal, como yo, sin ese tipo de pulsiones, siempre le ha costado encontrar esa llamada, ese objetivo trascendental. El problema, dicho sea de paso, es que en muchas ocasiones (y por las condiciones de la sociedad en la que vivimos), ese propósito está directamente ligado a un puesto de trabajo. Eso es lo que me dificulta encontrarlo y perseguirlo, en un mundo de innumerables posibilidades como es este. Y eso, ni más ni menos, es lo que pretendo plasmar en Propósito. Una persona puede tener gustos, un sistema de valores y un trabajo, pero no saber si realmente está haciendo lo que quiere, o si va en la dirección correcta. Es cierto que la publicidad de las grandes empresas acostumbra a instalar ideas extremadamente soñadoras en nuestras cabezas que se suelen satisfacer con el consumo, pero mi intención va más allá; es algo más filosófica, más trascendental. Con todo, la conclusión es que en ocasiones el establecimiento de pequeñas metas diarias puede conducir, 39 a quien sea constante en ellas, al verdadero objetivo final. El protagonista, al igual que yo, se conforma con intentar ser mejor y disfrutar de la vida cuanto y cuando pueda. Aristóteles decía que mediante la práctica repetida de un acto, se adquiere la virtud. Pero no se puede practicar la felicidad constantemente para ser siempre feliz. Por eso, y, a pesar de las limitaciones de nuestra lengua, me parece crucial la diferencia entre estar feliz y ser feliz. No creo que sea posible ser feliz; para mí, eso implica un estado (irónicamente) más prolongado, más permanente. La ausencia de preocupaciones no basta para ser feliz, y, a mi juicio, la felicidad no es tan sencilla de alcanzar. Por eso, en Felicidad, reivindico la importancia de los pequeños detalles, los momentos fugaces. Al darle la forma de un día en la vida de una persona, intento hacer posible que el lector empatice con ella y sea capaz de identificar esos momentos en los que llega el subidón de serotonina (potente pero fugaz, no prolongado). De nuevo, al igual que en Vida y en Propósito, tiene gran importancia la perspectiva: el prisma desde el que uno (con más o menos libertad, porque todos estamos llenos de condicionantes y algún que otro prejuicio) mira a su alrededor. Por eso, en este texto reivindico un prisma algo más simple, que, sin ser conformista, permite disfrutar de las cosas. Hago uso de hechos reales, que viví hace tiempo, porque me resultó más sencillo escribirlos con la intensidad que creía necesaria para que pudieran resultar creíbles y fuera posible que el lector se consiguiera identificar en ellos. Y, tras la felicidad, este capítulo cierra hablando de Escritura. Para mí, aparte de la música y el deporte, es un elemento indispensable en mi vida. Es cierto que no empecé a escribir a una temprana edad, y que tampoco exhibo una constancia ejemplar, pero no por ello es menos importante para mí. De hecho, además del descanso del que hablo en Vida, fue un factor que ayudó a salvarme la vida. Mi intención con este texto es algo egocéntrica, pero, supongo que hasta cierto punto, todas las personas que escriben pecan de ello. Pretendo diferenciarme, no necesariamente poniéndome por encima, pero estableciendo que hay una clara distinción entre quien tiene una sensibilidad de escritor y quien carece de ella. Es una especie de lente extra con la que ver el mundo, que no poseen todas las personas. Es por eso que decido acabar la primera parte de este tema con la frase “Por eso no todo el mundo puede ser escritor”, porque es algo que creo firmemente. Con la práctica, todo el mundo puede llegar a escribir bien, pero eso significa ser un buen escritor. Esa diferencia es la que me interesaba plasmar, y planteé una conversación entre un escritor y otra persona que no lo fuera, con el objetivo de que la diferencia entre ambos fuera patente. Al aludir en esa conversación a una entrevista, esta podía servir de prólogo o antesala a la conversación, y de esta forma hacer un conjunto más rico y completo. De todas formas, existe una similitud en el segundo diálogo, a pesar de que la principal motivación sea la de resaltar una diferencia, y es que el amigo del protagonista es 40 profesor. La docencia es una de las profesiones (sino la que más) más vocacionales, pero, a pesar de eso, no es comparable a la escritura. No por ello es menos importante, no obstante. Problemas En esta sección pinto los tonos grises; mientras que Pecados es la oscuridad absoluta y Pensamientos aborda reflexiones, este capítulo intermedio es ya una carretera en descenso. No es el golpe contra el suelo, pero es el comienzo de la caída. Es curioso que el capítulo anterior termine con Escritura, con cierta conceptualización de la Torre de Marfil del escritor, y este apartado comience con Ego. En esta ocasión, está más relacionado con el miedo, con la mortalidad y con el tiempo, aunque estos sean tres conceptos que son muy aplicables al escritor clásico. En el principio del texto, la frase “Quiero ser inmortal” realmente esconde la frase “No quiero morir”, que se dice más adelante. Esa especie de eufemismo se traslada durante toda la conversación, y acaba desembocando en la importancia de sentirse importante, de dejar un legado, de no haber pasado por la vida como el viento, que entra y sale y nadie se da cuenta. Realmente podría ser un diálogo entre mi parte más miedosa y aquella más racional, que pone orden y es capaz de ver con perspectiva las cosas, no haciendo un gran drama de la intrínseca mortalidad humana. El tono serio y más filosófico deja paso, en el final, a una reflexión algo humorística: a Hitler y a Stalin les recuerda mucha gente, pero quizás sea por los motivos adecuados, así que más bien valdría no ser recordado si eso condujera a estar al lado de semejantes elementos. Es una forma de quitarle hierro a un asunto verdaderamente trascendental; suavizar una situación complicada o elevada a través del humor, más o menos correcto, es algo que me gusta hacer a menudo. Atelofobia. Nunca he tenido mucha autoestima, y la atelofobia es el miedo a la imperfección (aunque no quede recogido el término en el DEL). El no sentirme “nadie” y, a la vez, ser más consciente de mis fallos que de mis virtudes, me animó a escribir sobre este fenómeno. Más que desde un prisma de madurez y conciencia adultos, me pareció adecuado enfocarlo desde la inocencia de la niñez. A través de una persona joven que no comprende del todo el mundo, quizás mi preocupación se entendiera mejor, porque la contrapartida, la figura paterna, sería la que explicara y pusiera sentido a todo. En cierto modo, me imagino en el niño, y también en el padre, ahora que entiendo un poco mejor la vida (a pesar de todo lo que me queda por experimentar y descubrir). Es una forma de mostrar piedad con mi yo del pasado, de decirle que no se preocupe por sentirse así, pero que debe dejar de tapar el Sol con su propio dedo. Para quien alguna vez se ha sentido así, creo que esta pieza puede resultar bastante útil. 41 El dolor es síntoma de que algo no funciona como debería. Si me duele el tobillo es porque quizás tenga un esguince y deba descansar, pero, ¿qué pasa cuando el dolor lo provoca otra persona, queriendo pero sin una motivación aparente? Dolor es hacer frente a esa cruel realidad de la que, en ocasiones, no se puede huir. Dolor es, también, el sacrificio que debe hacerse para lograr sobreponerse. Por eso, en Dolor quiero mostrar la cara amarga: alguien que recurre a una solución desesperada para salir de una situación bastante desagradable. Hago uso del deporte del boxeo (considerado por algunos, como yo, un noble arte) inspirado por el combate entre Saúl “el Canelo” Álvarez y Dmitry Bivol que se celebró el 7 de mayo de 2022. El combate me hizo reflexionar sobre el sacrificio, sobre la voluntad de encajar golpes y de infligir dolor. También sobre la consciencia que tiene quien se sube a un ring de que, casi con total seguridad, va a bajarse de él molido a palos; y, a pesar de eso, decide combatir. Establezco un contraste (apoyado por el cambio de puntos de vista, inspirado por el cuento de Pushkin, cuya técnica y ejecución me cautivaron) entre el chico, que quema su última nave, y el entrenador, que ha visto a todo tipo de personas acudir a su gimnasio e infligir dolor, por un sinfín de circunstancias. El hecho o la consecuencia es la misma, pero reducirlo todo a eso es demasiado simple; no solo somos dónde estamos, sino lo que nos ha hecho llegar hasta ese determinado lugar. Creo que esta frase resume el propósito del texto. Pecados En este último capítulo culmina la transición gradual desde lo más fantasioso, humorístico y abstracto hasta lo concreto y doloroso. Pretende ser la parte más oscura, en la que descargo mi peor parte, mis reflexiones sobre mi lado más desagradable, triste y oscuro. El primer pecado es el Suicidio. El filósofo estoico Séneca animaba a aceptar a la muerte, por ser inevitable, y a aprovechar el tiempo en vida. De hecho, en una carta a Lucilio declara lo siguiente: «No tiene importancia morir más pronto o más tarde; tiene importancia el morir bien o mal, mas el morir bien es huir del peligro de vivir mal». No obstante, Séneca también exponía circunstancias en las que el suicidio era considerado como un método defendible, siendo un “acto debido” (coherente, con una justificación razonable). Según la teoría estoica, las razones que justifican el suicido son las siguientes: por la patria o los amigos, por el deseo de evitar llevar a cabo actos vergonzosos o de decir cosas indecibles forzado por un tirano, porque una grave enfermedad hizo del cuerpo un instrumento inútil durante un largo tiempo, por la pobreza y por un estado de demencia o desvarío. Pero, en mi texto, no esgrimo ninguno de estos argumentos. Es más, no se muestra ninguna motivación para ello, de forma explícita. Pero, a través de los versos, creo que puede entreverse que el acto se lleva a cabo por desesperación. Por tristeza, 48 – ¡Yo, profe! – Entonces, decidme: ¿os habéis pasado algún mundo a la primera? ¡Qué digo un mundo, una sola fase! – Qué va, los koopas y las tortugas son muy pesadas. A mí me costó tela. – Pero no metiste la consola en un cajón y dejaste de jugar cuando no te salió, ¿verdad? – Claro, eso sería una tontería. ¿Para qué iba a querer el juego entonces? – Esa es justo la clave de todo esto: ¿para qué querríais aprender si no estáis dispuestos a convivir con el error? Una cosa no se entiende sin la otra. Error y aprendizaje van de la mano. – ¿Entonces tenemos que equivocarnos mucho, profe? – Eso es, Sara. Pero lo ideal es que, cuando os equivoquéis, sepáis por qué. Y ese es mi trabajo: daros las explicaciones y las guías para que reconozcáis errores y seáis capaces de subsanarlos por vosotros mismos. Así, llegará un momento en el que no me necesitéis, y podáis aprender por vosotros mismos. Eso, o que os haga falta un profesor que sepa más que yo. Pero bueno, no adelantemos acontecimientos. Esta pregunta ya es para cerrar esta charla: ¿por qué creéis que vuestros padres o abuelos saben más que vosotros? – Pues porque son más viejos. – Sí, son mayores que vosotros. Pero, ¿qué les da la edad? – ¿Dolores de espalda? – Aparte de eso, Marcos. – Pues… no sé, profe. ¿Canas? – Venga, chicos, ¿de qué estábamos hablando antes? – De equivocarse y eso. – Entonces, ¿qué ventaja pueden tener las personas mayores respecto a vosotros? – Aaaaah, ya, ya. Que se han podido equivocar más, ¿no? – Exacto. Hay una frase que dice que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Y explica justo eso. Cuanto más mayor eres, por regla general, más cosas has podido experimentar. Y, con ello, has podido cometer más errores. Con la actitud adecuada, más errores llevan a más sabiduría. Así que, chicos, os animo a que lo sigáis intentando siempre, a que no tengáis miedo al fallo. Tampoco os enamoréis con la idea de fallar, porque entonces no querréis acertar nunca; no os quiero decir que seas conformistas. Pero aprended que el fallo es la vía natural hacia el acierto, y, si usáis los fallos para ser mejores, os llevaréis muchas alegrías en el futuro, os lo prometo. ¡Fin de la clase! 2. Silencio 49 Así no se puede trabajar, joder. Luego me preguntarán que por qué me distraigo tanto, y que si bla, bla, bla. Pero es que así es imposible. Por un lado, mi padre está apalancado en el salón, con la tele a todo carajo. Y no está viendo un programa silencioso, no: es Semana Santa con sus cornetas, sus capataces pegando voces y sus expertos exaltados comentando con sobrada pasión lo precioso que es cada paso y cada hermandad que muestran en la pantalla. Se oye por todo el pasillo y llega a la salita en la que yo estoy, incluso con las puertas cerradas, y es que mi padre está medio teniente ya. Eso para empezar. Mi hermano, por su parte, está de cháchara en nuestro cuarto por videollamada. Él al menos tiene los auriculares puestos, así que no oigo a la persona con la que habla, pero, aun así, le oigo a él. Y tiene una voz (parecida a la mía) difícil de ignorar; no es chillona ni cavernosa, pero es un timbre que no pasa desapercibido. Y no para de hablar. Ya van dos. Mi madre, bendita ella, tampoco se salva. Yo la quiero mucho, pero tiene cojones que se ponga a ver vídeos para aprender a tocar las castañuelas a estas horas; sin cascos y a todo volumen. Y, cuando termina el video, practica y lo vuelve a ver desde el principio. Un precioso bucle. Y ya son tres. Y yo estoy en la salita, intentando abstraerme de todo, con la puerta cerrada y los cascos puestos pero sin música sonando. Ya hay bastantes sonidos martilleando mi cráneo. Todo esto sin salir de mi casa. En el piso de arriba también contribuyen a esta deliciosa macedonia de sonidos a su manera. No sé por qué razón gustan de mover un par de sillas o sillones (desconozco la naturaleza exacta de las piezas de mobiliario que serán) de forma poco discreta. Lo hacen, invariablemente, cuando terminan de cenar, y luego se ponen a ver la tele y a discutir. Bonita rutina, ¿verdad? Pues están en plena faena, y a este paso se van a quedar sin suelo de tanto arrastrar muebles. También es cierto que hace un par de años el piso lo ocupaba una pareja de ancianos con costumbres bastante diferentes. El marido, por desgracia, apenas podía valerse por sí mismo, y tenía a la mujer desesperada. Vivían en el más religioso silencio la mayoría del tiempo, pero cuando la esposa perdía la paciencia, cualquier vecino podía oír su voz. Esos eran y son los vecinos de arriba. Pero agárrate con los de enfrente. Es una pareja relativamente joven con una niña chica, y de ella no es de quien me voy a quejar. Me quejo de ellos, y, seguramente, de él en la mayor parte. El día que se caiga el edificio a cachitos sabré que ha sido su culpa: el muy mastuerzo cierra con unos portazos que me sacuden el alma. No se corta ni con un cristal, el tío bruto, sea la hora que sea. Para portazo el que le daba yo en toda la jeta. Pero bueno, suficiente de mis bienamados vecinos. El edificio en el que vivo está situado encima de un par de bares y una plazoleta. En ella he jugado multitud de veces de pequeño, con mis amigos, con mi hermano, y con cualquier crío que se prestara; conforme pasó el tiempo, pasé de jugar ahí a ver a otros jugar. Y, cuando pasó 50 más tiempo, comencé a ver desde mi ventana cómo otras gentes se reunían en los aledaños de la plaza, pero no para jugar. Las juventudes comenzaban a aglomerarse para sentarse en los bancos a comer pipas y hablar, en el mejor de los casos. Cuando no, sus pasatiempos podían ir de escuchar música en un pequeño (pero sorprendentemente potente) altavoz de mano a fumar cachimba y a vociferar como becerros, pasando por marcarse ‘piques’ con las motillos y dar vueltas a la manzana o hacer el cabestro en los columpios para los niños de una de las mitades de la plaza. Cuando alguno de los cafres no se caía de un columpio y sus colegas se partían de risa a su costa, sonaban las mejores piezas de reggaetón a un volumen difícilmente soportable. Normalmente estas estampas se daban solo los fines de semana, pero, desafortunadamente, siempre hay alguien con demasiado tiempo libre como para apostarse debajo de mi casa y dar por culo. Y, ahora, paso a los bares. Habitualmente son tranquilos, con el clásico runrún de un negocio de sus características al que uno se acostumbra rápidamente. Además, son horas bastante específicas y no cierran demasiado tarde. Pero hay excepciones. Un par de días ha habido peleas debajo de los bares, formándose un gran tumulto alrededor de, normalmente, dos personas en estado de ebriedad y con pocos dedos de frente. El jaleo se suele disolver cuando alguna de las dos personas se marcha, y llega la policía. Otras ocasiones, los borrachos se dejan poseer por el espíritu de “Camarón” y cantan hasta que no pueden más. Si no le tuviera aprecio a mi vida, bajaría y les tiraría huevos a la cara y les patearía hasta mandarlos a casa. Pero eso no puede ser. Pero tampoco puede ser que haya tantas cosas que perturben mi silencio… ¿no? 3. Paz Ir con amigos A la playa en verano, Volver a reír Primavera azul Como el mar de tus ojos En que navego Sol amarillo Bajo el que bebo y río Con mis amigos Es frío invierno, Pero calor junto a ti No me va a faltar 51 Caen las hojas, Piso una alfombra marrón, Sonrío al cielo Caen las hojas En un otoño marrón, Camino solo Caen las hojas formando un ocre otoñal, camino solo Una hoja cae de un melancólico árbol hacia un suelo ocre 4. Ego — Dime una cosa: si dices que la vida te daña tanto, ¿por qué añades más peso a esa carga? — ¿Qué quieres decir? —Fumas y bebes en exceso, incluso con desdén por tu salud, diría yo. Parece que no te importen las consecuencias. —¿Consecuencias? ¿Una grave enfermedad? ¿Morir antes de tiempo? —Sí, en efecto. No creo que le estés haciendo ningún favor a tu cuerpo, y eso podría enterrarte más pronto que tarde. —Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver; no me acuerdo quién lo dijo, pero estoy bastante de acuerdo con esa idea. —¿Y mientras tanto te haces un daño irreparable? —Querido amigo mío, eso está muy lejos de dañarme, y más aún de ser irreparable. Es consuelo, es disfrutar de la solitud… es, para mí, vivir. —¿Vives, entonces, para sufrir? 52 —No, de ninguna manera. Pero, si sufro, haré mucho mejor mi trabajo. Y es ahí donde entran en juego mis herramientas para lidiar con mi sufrimiento y hacerlo productivo. La reparación no afectará a mi salud, sino a mi alma. —¿Qué quieres decir? —Cuando el sufrimiento llega, no puedo dejarlo pasar por mi lado, indolentemente. Tengo que agarrarlo con fuerza, impedir que se escape; tengo que unirlo a mí, buscar que me queme, que me hiera y me haga gritar. Para alguien como tú, el precio que paga mi cuerpo es demasiado alto; lo comprendo, no lo dudes. Pero, para una persona como yo, la recompensa va mucho más allá, querido amigo; con que alcanzaras a imaginar una ínfima porción de lo que siento cuando convierto el dolor en algo bello… —¿Y solo te mueve el dolor? ¿No es eso un poco triste? —Bueno, no puedo reprocharte que pienses así. Pero, ¿no sería mucho más triste que no me moviera nada? ¿Ni siquiera el dolor? ¿Qué clase de persona sería no fuera capaz de sacarle partido a sucesos desgraciados y dolorosos? —Alguien normal, quizás. —Y yo estoy muy lejos de ser normal. 5. Inmisericorde Inmisericorde, ese es el nombre del terror de la ciudad que por mor de sí mismo causa el caos y no tiene piedad de mujeres, hombres o niños; ninguno le da un ápice de lástima. Agujeros en sus cuerpos de bronce y sangre que es su pátina Lleva capucha para no ser reconocido y adora los días de lluvia, longeva es su legendaria vileza, causa daño con pistolas o gubias. Constante es su lucha con quienes no considera personas decentes; ante tramposos y corruptos es verdugo, siempre busca a delincuentes. Divide a familias, mutila y descuartiza a personas, es un terrorista. Droide diríase de él pues ni siente ni padece, del dolor absolutista, pero siembra la anarquía allá por donde pasa: avenidas, calles y plazas. 53 DIARIO DEL PROCESO 06/04/2022 Me obligo a escribir los martes y miércoles por las mañanas cuando no voy a clase. El primer borrador de Felicidad (que sustituye a “Personas especiales”) es un relato que aglutina dos días de mi vida en uno: el día en que el perro se subió al autobús y el día de la prueba y de los macarrones son días distintos. De hecho, hay al menos tres años entre esos días. Pero a uno lo recuerdo vivamente porque fue el lunes 4 de abril de 2022 (anteayer, para cuando estoy escribiendo esto) y al otro lo recuerdo con cariño porque era un suceso que me alegraba la mañana (el perro subió al autobús más de una vez, pero al hacerlo singular lo hago más especial). Esta sustitución se debe, precisamente, a que la experiencia de ese día reciente me animó a escribir sobre los pequeños detalles. No sé si lo he conseguido, pero esa era mi intención. Después de un fin de semana en el que apenas estudié para el parcial, lo conseguí sacar con buena nota. Me desperté contrariado el lunes porque madrugué para repasar antes del examen, pero la buena nota, unida a tener macarrones para comer ese día y la perspectiva de una tarde descansando y viendo películas me hizo darme cuenta de que realmente podía ser un buen día. Y, de hecho, lo fue. De esta forma me planteé que sucesos con tan poca apariencia de trascendentes realmente podían marcar la diferencia si se valoraban con cierta dosis de optimismo. O, al menos, desde un punto de vista más enfocado a la gratitud y al reconocimiento de esos granitos de arena que terminan formando un castillo de arena día tras otro. Sobre Inmisericorde: Inmisericorde es mi palabra favorita. Quizás lo sea porque en inglés, merciless, me gusta bastante cómo suena. O, a lo mejor, es por su sonoridad en español. Me parece contundente, aunque no lleve ninguna –p o –t, y la –r que lleva no es fuerte. Pero me parece una palabra con fuerza, que impone. Además, describe a una persona (o a un acto o actitud) que imponen: la carencia de misericordia. Es una tesitura seria, y me parece una palabra seria para describirla. Para rendir homenaje a esta palabra quería retratar a un personaje, y me planteé dos posibilidades: un poema o un relato. La primera prueba para el poema no me termina de convencer demasiado. Si una persona es inmisericorde significa que no se compadece de nadie. Eso lleva a pensar que no tiene ojos para los demás, por lo que será una persona egoísta y narcisista. Esto, unido a la 54 ausencia de empatía, conforma con casi total seguridad a una persona solitaria. Es bastante improbable que alguien egoísta, narcisista y sin empatía pueda relacionarse con otras personas. ¿Cómo pinto el retrato de una persona así? 21/04/2022 BREVE ESTUDIO DE PERSONAJES DE LA SERIE KIMETSU NO YAIBA, GUARDIANES DE LA NOCHE Tanjiro, el protagonista arquetípico Desde el principio de la serie Tanjiro tiene un solo objetivo: devolver la condición humana a su hermana. Para conseguir ese objetivo, busca entrar en el Cuerpo de Matademonios, entrena constantemente y muestra su habilidad en la Criba. Es tranquilo, noble, educado, simpático y siempre parece tomar la decisión correcta. No comete fallos o tomar decisiones equivocadas; sus ataques y decisiones suelen tener sentido y objetivos claros. Su finalidad le convierte en alguien protector y preocupado por su hermana, a la que tiene en gran valor. No obstante, ello no le hace menospreciar a los demás; tiene buenas palabras para todos. Sus dotes para el combate ya se demuestran en el primer capítulo, cuando casi acaba con un matademonios (que quería matar a su hermana) sin preparación alguna. Posee un gran olfato y un cráneo duro. Inosuke, el jabalí impulsivo Inosuke entra al Cuerpo en la Criba, pero sabe de él al encontrarse con un matademonios en su monte; mide sus fuerzas con él, y le gana, y toma su katana. Tiene una constante necesidad de demostrar su poder, enfrentándose a quien sea para reafirmarse. Es inseguro y valiente, pero impulsivo en muchas ocasiones; su necesidad de buscar validación a veces le pone en peligro por emprender acciones arriesgadas. A pesar de ello, tiene momentos de sensatez y es un combatiente fuerte. Su cabeza de jabalí le hace tener un sentido animal de localización. Además de su apariencia, sus dos katanas con hojas dentadas le confieren un aspecto aterrador. Zenitsu, el inseguro miedoso Zenitsu muestra un tipo de inseguridad distinto a la de Inosuke. Zenitsu no quiere morir, y teme que todo su entrenamiento con el abuelo no haya servido para nada. El entrenamiento, a veces traumático y marcado por los golpes y los intentos de abandono de Zenitsu, le hace un buen combatiente. Pero esa faceta de Zenitsu no sale a menudo, porque este se ve dominado por el miedo, que le paraliza y le impide muchas veces actuar y ponerse en marcha. A pesar de ello, cuando reflexiona, agradece a su maestro que no le diera por perdido: sabe que la testarudez del abuelo por entrenarle, aunque a base de golpes, le hace el eficaz guerrero que es. Pero su 55 inseguridad y su miedo a morir. Tiene un oído muy desarrollado y a pesar de que solo domina una ténica, la ejecuta con rapidez y contundencia. Se lamenta porque, a pesar de que gracias a su oído puede conocer qué piensan las personas, se han aprovechado de él varias veces. ¿Por qué funcionan bien juntos? La calma de Tanjiro contrasta con la impulsividad y la cabezonería de Inosuke. Él quiere probar siempre su fuerza para demostrar que es mejor que Tanjiro, cuando este no tiene la necesidad de alimentar su ego o probar su valía. Las constantes ocasiones en las que Inosuke quiere provocar a Tanjiro se ven correspondidas con su complacencia indiferente. No le dan importancia a las mismas cosas. Zenitsu protege la caja de Nezuko de Inosuke, mostrando su valía al salir de la casa de los tambores. Se interpone entre la caja e Inosuke sin saber realmente qué había dentro, sabiendo solo que era de vital importancia para Tanjiro; ahí demuestra su nobleza. Inosuke, por su parte, felicita a Tanjiro en el bosque de las arañas cuando las maniobras de Tanjiro surten efecto y les sacan de un aprieto; ahí se revela que, a pesar de su terquedad por alimentar su ego, tiene espacio para el reconocimiento ajeno (aunque no sea lo común). Cuando Inosuke y Tanjiro entran al bosque, dejan a Zenitsu atrás; este es el menos decidido, y su miedo le diferencia de los otros dos. Eso le hace plantearse si es valorado, si los otros son realmente sus compañeros. Su golondrina le anima a entrar y él se da cuenta de que parte del problema es suyo, por su miedo y su inseguridad antes de las batallas. Cuando se enfrenta al demonio araña, ejecuta la técnica en el último momento, tras ser presa del miedo. Sin embargo, Tanjiro e Inosuke no dudan contra demonios más poderosos e intimidatorios. Esos contrastes hacen que los tres funcionen bien como conjunto. 05/05/2022 ¿Qué somos sino las percepciones que otros tienen sobre nosotros mismos? 06/05/2022 Recibo archivo Corrección 1. 7/05/2022 Pelea de Canelo contra Bivol. Me inspira para escribir el texto de Dolor usando el boxeo como eje sobre el que gire el relato, apoyándolo en el acoso. 12/05/2022 56 Empiezo a revisar los fallos de Amor, la sextina. Con las indicaciones que me da la profesora, me doy cuenta de lo verdaderamente complicado que es escribir ciertas cosas con una buena técnica. Mis ritmos están desperdigados, mal organizados y hacen que, aunque todos los versos sean endecasílabos, no tengan demasiada cohesión entre sí. 14/05/2022 Escribo Muerte de un tirón, por la tarde. Estaba solo y era el momento perfecto para hacerlo. Me dejé llevar, y escribí una carta a mi yo futuro a punto de morir. Fue muy complicado imaginar qué me diría si estuviera allí, viéndome, pero creo que lo conseguí. Es un texto duro, pero sincero, directo y sin florituras. Me gusta porque me obliga a hablarme en la peor circunstancia que imagino. La muerte siempre ha sido un tema muy delicado para mí, y me ha provocado mucha angustia y ansiedad desde hace ya bastantes años. Por eso estoy especialmente orgulloso de haberme escrito esta carta. 16/05/2022 Me doy cuenta de que estoy a mediados de mayo y no tengo ni siquiera todos los primeros borradores de todos los textos que pretendía. Decido recortar el número de textos, pasando de 20 a 13. Aprovecho que el 13 es un número que siempre me ha gustado. Pido tutoría para el martes 17 para comentarle el cambio a la profesora y comentar correcciones de primeras versiones ya escritas y segundas opciones. 17/05/2022 Tutoría 2. Los haikus otoñales e invernales se aproximan más a dar una imagen de paz que los veraniegos o primaverales; en estos hay demasiado movimiento, alboroto y algarabía. Expresan más una felicidad en movimiento, la excitación (bien entendida) y emociones más vibrantes. El color marrón no es el más bonito, así que habrá que cambiarlo en los otoñales. Para jugar con la sextina, recitar los versos en alto, más que fijarse en la medida y ritmo de los versos. Intentar cogerle el feeling. Una vez decidida la idea de recortar de 20 a 13, los textos eliminados son los siguientes: 5Abuelo, 10-Soledad, 12-Familia, 13-Tormenta, 15-Maldad, 16-Tóxico y 17-Frío. No obstante, intentaré que los temas de los textos 10, 13 y 17 queden reflejados aunque sea brevemente en el 1-Vida. Lectura de Al lector de Baudelaire: tengo Las flores del mal y me sonaba el poema. 19/05/2022 57 Hago cambios en Inmisericorde. Intento buscar imágenes más gráficas y serias. Al contar con una métrica relajada, relajo también las rimas y eso me abre más posibilidades. 26/05/2022 Escribo alternativas para el texto Vida. Es un tema abordable desde enfoques muy distintos, y mis dos grandes opciones son o reflexión o diálogo. Las reflexiones son más personales, mientras que en los diálogos elegí partir de frases de mi rapero hispanohablante favorito para provocar un intercambio comunicativo de cierto corte reflexivo. En los diálogos, la posición de un maestro conduce el ritmo del diálogo. Incluyo la referencia a la música para reivindicar tanto la importancia de ella en mi vida como del género del rap en la sociedad, pues lo considero un instrumento para agitar conciencias y que anima a la reflexión. Todo ello de forma artística, con métricas cuidadas y que dejan muy buenas frases, lo que hace que admire mucho a algunos artistas de este género en particular. Con todo, mis últimos esfuerzos se han centrado en el texto Vida tras estar conforme con las últimas modificaciones que hice a Insmisericorde. 03/06/2022 Releyendo el trabajo entero, aunque queden opciones por elegir (de Vida) y muchas correcciones todavía por hacer, me voy dando cuenta de que ya toma forma. Y estoy contento con el resultado. 06/06/2022 Rehaciendo la estructura del trabajo, me doy cuenta de que en la sección de Problemas se ha quedado solo la conversación de Ego. Me planteo mover algunos textos de Pecados a Problemas, y también su el texto de Muerte debería quedarse en la sección Problemas o debería moverlo a otra. 14/06/2022 Ayer me tomé el día de descanso tras el examen de Códigos. Hoy dedicaré gran parte del día a terminar el trabajo o, al menos, a cerrar una versión casi definitiva. Termino de redactar la memoria y doy las últimas pinceladas a los ritmos de los versos en Amor. Además, debo elegir cuál de las dos opciones para Silencio elijo para ser la que presente en el trabajo.