scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Los medios humanos y la sociología de la construcción en la antigüedad

Caballos Rufino, Antonio F.

Full text

Am p a r o G r a c ia n i (e d .) La t é c n ic a d e la ARQUITECTURA la ANTIGÜEDAD UNIVERSIDAD D SEVILLA Secretariado de Publicaciones AMPARO GRACIANI (Ed.) LA TÉCNICA DE LA Arquitectura en la ANTIGÜEDAD SECRETARIADO DE PUBLICACIONES U N IV E R S ID A D E> SEV IL LA Sevilla 2011 Serie: Arquitectura Núm.: 17 Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación, sin permiso escrito del Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. COMITÉ EDITORIAL Antonio Caballos Rufino (Director del Secretariado de Publicaciones) Carmen Barroso Castro Jaime Domínguez Abascal José Luis Escacena Carrasco Enrique Figueroa Clemente Ma Pilar Malet Maenner Inés Ma Martín Lacave Antonio Merchán Álvarez Carmen de Mora Valcárcel Ma del Carmen Osuna Fernández Juan José Sendra Salas Ia edición: 1998 Ia reimpresión: 1999 2a edición: 2011 Motivo de la cubierta: Vespasicmo inspeccionando las obras del Coliseo (detalle). © UNIVERSIDAD DE SEVILLA SECRETARIADO DE PUBLICACIONES 1998 Porvenir, 27 - Tlf. 95 448 74 47 - 51 - Fax 95 448 74 43 Correo electrónico: [email protected] Web: http://www.publius.us.es © AMPARO GRACIANI GARCÍA (Ed.) 1998 Impreso en papel ecológico ISBN: 978-84-472-1286-6 DEPÓSITO LEGAL: S. 1.609-2011 IMPRIME: IMPRENTA KADMOS - SALAMANCA IMPRESO EN ESPAÑA PRÓLOGO .............................................................................................. 11 PRIMER BLOQUE: LOS MEDIOS LAS FUENTES PARA EL CONOCIMIENTO DE LA CONSTRUC CIÓN EN LA ANTIGÜEDAD Antonio José Albardonedo Freiré .................................................................... 17 LOS MEDIOS HUMANOS Y LA SOCIOLOGÍA DE LA CONS TRUCCIÓN Antonio Caballos Rufino.................................................................................... 37 LA PIEDRA COMO MATERIAL DE CONSTRUCCIÓN EN LA ANTIGÜEDAD María Isabel Carretero León............................................................................. 57 LA ARCILLA COMO MATERIAL I)E CONSTRUCCIÓN EN LA ANTIGÜEDAD Vicente Flores A les............................................................................................. 69 LOS MORTEROS EN LA ANTIGÜEDAD Javier Alejandre Sánchez................................................................................... 79 LA ECONOMÍA DE LA CONSTRUCCIÓN EN LA ANTIGÜEDAD José Antonio Solís Burgos................................................................................. 97 LA REPRESENTACIÓN GRÁFICA ARQUITECTÓNICA EN LA ANTIGÜEDAD José Antonio Ruiz de la Rosa............................................................................ 107 LOS EQUIPOS DE OBRA Y MEDIOS AUXILIARES EN LA AN TIGÜEDAD Amparo Graciani García.................................................................................... 117 SEGUNDO BLOQUE: LA EJECUCIÓN LA CIMENTACIÓN EN LA ANTIGÜEDAD Enrique Herrero G il............................................................................................ 139 LA FÁBRICA EN LA ANTIGÜEDAD José María Calama Rodríguez.......................................................................... 153 SISTEMAS DE CUBIERTA EN LA ANTIGÜEDAD Amparo Graciani García.................................................................................... 167 LOS REVESTIMIENTOS EN LA ANTIGÜEDAD María Dolores Robador González................................................................... 193 LAS INSTALACIONES EN LA EDIFICACIÓN DURANTE LA ANTIGÜEDAD Amparo Graciani G arcía................................................................................... 211 ANEXO GRÁFICO ............................................................................... 227 LOS MEDIOS HUMANOS Y LA SOCIOLOGÍA DE LA CONSTRUCCIÓN EN LA ANTIGÜEDAD Antonio Caballos Rufino Dr. en Historia Antigua Dpto. de Historia Antigua Universidad de Sevilla Si el estudio de la construcción en Roma y el análisis de la obra arquitec tónica, en su doble faceta estilística y técnica, han alcanzado un amplio desa rrollo y los conocimientos logrados son muy amplios, no sucede lo mismo en el caso del estudio del papel social de los arquitectos y de la arquitectura corno profesión. Aquí sucede, como para otros muchos temas de la Historia de Roma, que nuestras inquietudes por conocer sobrepasan con mucho las posibilidades de conocimiento que se derivan de las fuentes disponibles. En la mayoría de los casos lo que nos queda de la Antigüedad es un frío caparazón inerte y unas teorizaciones a modo de especulaciones filosóficas. Sobre el primero aplica mos unas concepciones estéticas e ideológicas que nos hacen valorar las rui nas del pasado como algo “bello”, tomándolas así como modelo. Por las se gundas, y porque han sido los valores ideales los que han atraído nuestra atención y nuestro interés, en muchas ocasiones nos pasa desapercibido lo que hay de histórico debajo, ésto es, la vinculación a una sociedad viva. Son muchas las dificultades para identificar al autor detrás de la obra arquitectónica, y para averiguar así su personalidad e intenciones. Incluso, en muchas ocasiones, con lo que nos encontramos no es sólo con la pobreza do cumental, sino asimismo con la falta de adecuación e incluso disparidad entre las informaciones textuales y los restos materiales. Si la epigrafía, al igual que lo ha hecho para otros tantos ámbitos, podría aparecer como una vía útil de indagación, la realidad se encarga de desmentir en gran medida esta posibili dad. Las fuentes epigráficas son numéricamente escasas, muy breves por lo general, y nos impiden averiguar otros datos que no sean un origen y unas relaciones familiares. Formación, inquietudes y motivaciones de la obra ar quitectónica, así como las condiciones en que se ejecutó ésta siguen permane 37 Antonio Caballos Rufino ciendo habitualmente en la oscuridad. En la mayoría de los casos ni siquiera es posible establecer la vinculación entre quien aparece mencionado en las ins cripciones como arquitecto y alguna obra arquitectónica concreta. Por su par te, la propia obra arquitectónica habitualmente nos suele proporcionar pocos datos operativos de la personalidad de su autor. El paso del tiempo y la pérdida de su antigua funcionalidad nos privan del contexto vital que, en base a una funcionalidad concreta, justificó la erección de una obra determinada. Por ello la vía de indagar en la propia obra arquitectónica hasta averiguar las caracte rísticas de su autor no ha dejado de ofrecer la mayoría de las veces16 resultados asimismo muy pobres. Pero aún nos quedan las fuentes documentales. Cuando los textos son amplios, y éste es el caso paradigmático de Vitrubio, y de ello parecería que estamos en situación de poder establecer las condiciones en que el arquitecto desarrolló social y técnicamente su función, nos encontramos con una obra en gran medida filosófica y alejada de la realidad cotidiana. Marcus Vitrubius Pollio, posible acompañante de Julio César en sus viajes a la Galia y a Hispania, a quien éste encargó la construcción de máquinas de guerra, compuso el De Architectura en diez libros en época de Augusto. Si bien por entonces la obra no alcanzó mucha repercusión, llegó a triunfar sin discusión durante el Renacimiento, cuando adquirió un gran predicamento y sus planteamientos técnicos fueron seguidos como doctrina indiscutida. Se ha hecho famosa, has ta adquirir los caracteres de norma deontológica para la profesión de arquitec to, la trilogía de virtudes que, según Vitrubio, debe adornar a todo arquitecto: studium doctrinae (conocimientos técnicos), arsfabrícele (experiencia prácti ca) y pudor (cualidades morales). Sin embargo, en muchos casos, por tratarse de un latín muy oscuro, nos encontramos con interpretaciones libres de su obra y, por ello, ante una mala comprensión de su significado, siendo muchos de sus planteamientos no otra cosa sino lugares comunes, como la epigrafía se encarga de demostrar17. Pero vayamos directamente al texto de Vitrubio, y concretamente a De Architectura 1,1 como paradigma de las concepciones que subyacen en su obra: 16. Salvo contadas aunque notables excepciones, cf, e.g., R. Amy y P. Gros, La maison Carree de Nîmes, París 1979. 17. CILXII, 722. 38 “Es la Arquitectura una ciencia que debe ir acompañada de otros muchos conocimientos y estudios, merced a los cuales juzga de las obras de todas las artes que con ella se relacionan. Esta ciencia se adquiere por la prácti ca y por la teoría. La práctica es una continua y repetida aplicación del uso en la ejecución de proyectos propuestos, realizada con las manos sobre la materia, corres pondiente a lo que se desea formar. La teoría, en cambio, es la que puede explicar y demostrar, de acuerdo con las leyes de la proporción y del razo namiento, la perfección de las obras ejecutadas. Por tanto, los arquitectos que sin teoría, y sólo con la práctica, se han dedicado a la construcción, no han podido conseguir labrarse crédito al guno con sus obras, como tampoco lograron otra cosa que una sombra, no la realidad, los que se apoyaron sólo en la teoría. ... es preciso tener talento y afición al estudio; puesto que ni el talento sin el estudio, ni el estudio sin el talento, pueden formar un buen arquitecto. Debe, pues, éste estudiar Gramática; tener aptitudes para el Dibujo; cono cer la Geometría; no estar ayuno de óptica; ser instruido en Aritmética y versado en Historia; haber oído con aprovechamiento a los filósofos; te ner conocimientos de Música; no ignorar la Medicina; unir los conoci mientos de la Jurisprudencia a los de la Astrología y movimientos de los astros...”. El caso de Vitrubio es uno de esos, no por recogidos en la documenta ción literaria, menos excepcionales, de quienes han saltado de la lexvij, la techné, la tecnología, la aplicación práctica, que es el dominio propio y natural de la architectura, a la £7UGTrj|ir|, la episteme, la ciencia, los planteamientos y tratados teóricos, el conocimiento científico en suma. La «Arquitectura» de la que en su obra se habla es una disciplina especulativa, alejada de las contin gencias cotidianas de esta actividad eminentemente práctica. Tal es el retrato que nos da Vitrubio, en el que demasiadas veces nos hemos detenido, por comodidad y aparente claridad, a la hora de trazar el perfil de la arquitectura y, en general, de los arquitectos en época romana. Pero este retrato vitrubiano es más un ejercicio teórico, trazado sobre todo a partir de los autores griegos, de lo que éstos entendían debía ser el arquitecto verda deramente digno de este nombre. Ahora bien, la situación en Grecia difería, en lo que a la consideración de la disciplina y a la posición social del arquitecto se Los Medios Humanos y la Sociología de la Construcción 39 Antonio Caballos Rufino refería, significativamente de la de época romana, sobre todo conforme vamos avanzando en el Imperio. El mismo Vitrubio deja clara esta estirpe griega de su pensamiento, resultado de una revisión de tratados helenos y no de un aná lisis sociológico de la posición del arquitecto en la vida romana. Así, en la lista de quienes elaboraron tratados de arquitectura, ya desaparecidos en su tiempo, y en los que él se inspiró, casi todos, bien por la información contenida en el mismo Vitrubio, o por el análisis onomástico, se nos revelan como de origen griego. Ello no es sino un reflejo de la situación de privilegio de los arquitec tos griegos, a quienes se acogía con honores y recompensas como sólo los griegos han sabido prodigar a los artistas de talento, en contraste con la mayo ría de sus homónimos romanos. La profesión de arquitecto de ninguna manera alcanzó en época clásica la estandarización funcional de hoy en día, donde a una formación similar, fijada legalmente y garantizada mediante la correspondiente titulación públi ca, se suman la protección jurídica en el ejercicio de la profesión, reservada en exclusiva a los arquitectos y la protección contra el intrusismo. Todo ello des emboca, tanto en una situación estatutaria relativamente homogénea, como en una imagen social coherente del colectivo de arquitectos. Por el contrario en Roma el sustantivo “arquitecto” resulta un término genérico y multiforme. La ambigüedad, la hetereogeneidad funcional y la evolución experimentada como consecuencia del paso del tiempo son los rasgos que lo caracterizan concep tualmente. La palabra latina architectus, del griego 'ApxtxeVccov, y éste, a su vez, compuesto de ap%co y tÓktcov, tiene el significado de “aquél que manda a los obreros ”, o más precisamente, siguiendo la etimología, a los carpinteros, dado que éste era el material habitual de la estructura de las edificaciones más anti guas. Con el tiempo, y así también en la antigua Roma, el término acabó de signando a quien, habiendo concebido y trazado o no personalmente el mode lo y los planos, dirigía a los obreros durante la ejecución de los trabajos de construcción. Es, ante todo, un técnico, y su actividad se circunscribe operati vamente al ámbito de la construcción. Así, Quintiliano decía que “el arquitec to se extiende a todo lo que entra en la composición de un edificio”1*. 18 19 18. Or. inst. 11, 21. 19. Vitrubio 1,3; IX.8; Estrabón XII, p.575; XIV, p.563. 40 Los Medios Humanos y la Sociología de la Construcción geréis el fruto de sus trabajos, y el éxito de sus obras, que vosotros habréis dirigido bien, será vuestro elogio y se convertirá en vuestra recompensa más aduladora...»-12. La sociedad romana era una sociedad de contradicciones y en ésta la ambivalencia cobra carta de naturaleza, convirtiéndose en una de sus señas de identidad. La ideología romana, en relación con sus comportamientos socia les, no sólo no valora moralmente, sino que, por el contrario considera peyora tivamente y desprecia el trabajo asalariado, con lo que aplica este calificativo a todo el amplio y complejo mundo del artesanado. Hoy la noción de trabajo se ha convertido en un valor social universal, en un concepto filosófico, hasta el punto de que el desprecio antiguo por el trabajo, las declaraciones de desdén no disimulado por quienes trabajan con sus manos, o la exaltación de la ocio sidad como condición necesaria de una vida de hombre «liberal», digna de su calidad de hombre, son cosas que hoy nos resultan chocantes. No sólo era socialmente inferior el trabajador, sino que incluso se le tenía por alguien un tanto vil. Ya según Platón, con el impacto que su pensamiento habría de tener para el resto del mundo antiguo, la vida «virtuosa», la de un hombre de cali dad, ha de ser una vida «ociosa». Para Aristóteles, ni esclavos, ni campesinos, ni tenderos, pueden llevar una vida «dichosa», es decir, próspera y noble a la vez: sólo lo pueden quienes poseen los medios de organizar su existencia y proponerse una meta ideal. Sólo los hombres ociosos se hallan moralmente conformes con el ideal humano y merecen ser ciudadanos de pleno derecho: «La perfección del ciudadano no califica al hombre libre sin más ni más, sino sólo a aquél que se ve libre de las tareas necesarias a las que se dedi can siervos, artesanos y braceros; estos últimos no podran ser ciudadanos, si la constitución otorga los cargos públicos a la virtud y al mérito, ya que no es posible radicar la virtud si la vida que uno lleva es de obrero o bracero». En Roma sólo el otium es valorado y adecuado a la auténtica persona, más precisamente el otium cun dignitate ciceroniano, que permite disfrutar de los placeres espirituales, frente a la valoración negativa -el prefijo lo delatadel negotium, esto es, la dedicación a tareas más pragmáticas y utilitarias. Esta hostilidad de la aristocracia romana, generadora de las normas de comporta32 32. Variae VII,5. 47 Antonio Caballos Rufino miento (las mores), hacia el artesanado se manifiesta en el desprecio con el que se refiere a ellos y con quienes los compara: ...opifices el tabernarios aique illam otnnem faecem civitatum (“los arte sanos y los tenderos, y toda este hez de las ciudades”). Esta consideración contrasta con la imprescindible necesidad para la vida económica romana de la función del artesano, y el alto porcentaje de sus habi tantes, especialmente en los núcleos urbanos, dedicados a las actividades arte sanales. Nuestro concepto de artesano no tenía una estricta equivalencia en el mundo romano. Entre ellos no existía la diferencia, que nosotros entendemos como sustancial, entre el artesano, que aporta sólo su trabajo y su destreza en el desempeño de un oficio, y el artista, que aporta la creatividad de su arte. Si acudimos al vocabulario nos encontramos con la palabra latina “artifex”3\ que engloba ambos conceptos, utilizado para aquél que, por conocimientos y habilidad, domina un ars, bien sea éste de carácter intelectual, como la orato ria, o manual, como la albañilería. Entre los romanos eran considerados mercenarii no sólo los soldados, sino todos aquellos que alquilaban sus servicios y obtenían así un salario de su trabajo. De entre éstos, llamados opifices, obaerarii u operarii en general, los artífices son aquellos cuya actividad implica el ejercicio de las artes. Este tér mino se aplicaba, por lo tanto, a carpinteros, herreros, pero también a veces a los arquitectos, de acuerdo con su función concreta. Excluía sin embargo a quienes ejercían lo que hoy entendemos como profesiones más puramente li berales33 34 35, como las de médico, orador, profesor..., que, a pesar de producir honorarios, no podían ser objeto de un arrendamiento (opus quod locari non soled5). Entre estas últimas, también podía encontrarse la de arquitecto, si su función era no sólo organizativa en pequeña escala, sino dedicada a grandes obras y de carácter también teórico. 33. Cf Thesaurus Lingua Latinae, v.II, p.696, s.v artifex. 34. Cicerón, Pro Caec. 22; Séneca, De Benef. 111,22. 35. Digesto L,18.; XI,6; Séneca, Ep. 88,18; Digesto XIX,5. 48 Los Medios Humanos y la Sociología de la Construcción Los trabajadores manuales romanos, los fabri™, que, como hemos visto, ejercen actividades subordinadas desde el punto de vista romano36 37, se diferen cian sustancialmente de los actuales por varias características: a) En primer lugar los encontramos repartidos por toda la ciudad, sin formar aquellos núcleos de especialización que caracterizan las vi llas medievales o modernas. b) También hay una infinita especializacón que se manifiesta en una compleja terminología, derivada de su función concreta y no de una ordenada estructura profesional. c) En paralelo con su papel social subordinado, encontramos pocos casos de mujeres ejerciendo profesiones, a menos que se trate de una pocas actividades que se consideraban en la Antigüedad pro pias de aquéllas (oficios textiles: hilanderas, tejedoras y costure ras, peluqueras, matronas, nodrizas...). d) En muchos casos los procesos de producción y comercialización se concentran en la misma persona, lo que se manifiesta en el he cho de que la terminación -arias sirve para designar tanto al pro ductor como al comerciante. El grado de desarrollo económico y la organización de la producción hace que, en muchos casos, sean los mismos productores los que se encarguen directamente de la venta de sus manufacturas. Sólo por la organización en colectivos estos humildes artesanos po dían superar su condición individual, para ser tomados en consideración y ejercer así un papel, no únicamente asistencial, sino también político de primera magnitud, sobre todo a finales de la República, donde el apoyo de estas asociaciones o colegios era un instrumento significativo de poder. Los collegia fabrorum remontan su origen a los tiempos más antiguos, sien do atribuida su creación al propio rey Numa. En época imperial la tenden 36. Aunque éste comenzó sirviendo para describir a quienes trabjaban sobre material duro, acabó siendo tomando el mismo valor que artifes. 37. Leviores/mediores artes o leviora/minora studia. Cf Cicerón, Brut. 1,3; id., XVIII,70; De orat. 1,2,6,49; Caí. 1,14,50. 49 Antonio Caballos Rufino cia con relación a los colegios fue la de ampliar su reglamentación, para lograr así su control y su subordinación a los intereses del poder político. Los privilegios obtenidos por estos colegios dependían así de la significa ción que se les atribuyese y de su importancia económica y social. Pero esta reglamentación iría paulatinamente a desembocar asimismo en el es tablecimiento de tasas públicas, en forma de impuestos indirectos, los vectigalia artiumn, así como en una progresiva reglamentación profesional, que estipulaba los salarios e iría estandarizando y fijando las profesiones. Son la multiplicidad de situaciones en que se encontraban en Roma los artesanos, junto a la helereogeneidad de las fuentes de información y el contraste entre la valoración moral y la utilidad práctica, los que impiden la elaboración de un modelo homogéneo que valga para comprender al artesano tipo. El margen es demasiado amplio, tanto en los rendimientos entre distintos artesanos, incluso en los dedicados a un mismo oficio, en la tipología de oficios y dedicaciones, como en las condiciones y peculiari dades, variables de región a región y entre unas épocas y otras de la histo ria de Roma. El criterio multiestatutario de la sociedad romana incorpora un elemento añadido de variabilidad e interferencia a las ya de por sí hete rogéneas situaciones económicas y formas de vida de los artesanos. Por ello, la posición social de cada artesano depende primeramente de su posi ción jurídica, la de libre, liberto o esclavo. La ambivalencia e incluso confusión está a la orden del día, no sólo por el amplio contraste de situaciones personales entre unos artesanos y operarios y otros, sino por la distinta valoración que cada tarea merece, lo que no depen de de la tipología de aquélla, sino de las dimensiones de la empresa. Denosta da la de aquellos que se dedican a una elaboración o comercio a pequeña esca la, envidiada de forma más o menos confesadle la posición alcanzada por aquellos que han obtenido elevados rendimientos de una actividad de gran calado. Estos últimos, sin embargo, no perderán nunca su condición de adve nedizos ni alcanzarán, por carencia de dignitas, la integración en la aristocra cia. Siempre, por debajo de estos grandes personajes y capitanes de empresa, que por la cualificación económica llegan a obtener un rango y estima social que por su función de otra manera les hubiera estado vedada, aparece una legión de pequeños artesanos sin nombre. Entre ellos las diferencias son nota38. Suetonio, Calig. 40. 50 Los Medios Humanos y la Sociología de la Construcción bles, dependiendo de su estatuto personal, de que sean autónomos o estén al servicio asalariado de otros. Pero en todo caso la posición de la mayoría podrá llegar a ser mejor que la de quienes desarrollan su vida en el campo o en torno a las tareas agrícolas. El proceso de monumentalización que, aunque con altibajos, caracte rizó como vimos gran parte de la etapa imperial, convirtió en endémico el problema de la búsqueda de mano de obra cualificada, especialmente en aquellas profesiones para lo que se requería una mayor especialización. Esta carencia se solucionó a partir de la puesta en marcha de diversos ex pedientes. En algunos casos podía acudirse a artesanos itinerantes, que ejer cían su oficio allí donde eran requeridos19, o bien, en el caso de aquellos que contaban con recursos y amplias cuadrillas de sirvientes, cabía formar a estos especialistas en la misma casa. Pero las anteriores son salidas cir cunstanciales, a las que sólo podía acudirse en escasas ocasiones o para obras muy concretas, debidas habitualmente a la iniciativa pública o impe rial. También muchas de las innovaciones técnicas incorporadas a la arqui tectura surgieron precisamente como necesidad de dar una respuesta a la falta de especialistas. Este es el caso de la sustitución de la técnica del opus quadratum, que exige artesanos muy preparados, por el opus cciementicum, o trabajo de manipostería, tarea asequible con una mínima pre paración a todos. Otra salida, más simple y socorrida, consistía en la división del traba jo especializado en un amplio conjunto de tareas o actividades más sim ples y parciales, que podían ser ejecutadas por una mano de obra menos cualificada, supervisadas todas ellas por un especialista, que va dando al efecto instrucciones concretas a cada trabajador. Precisamente es la cons trucción la rama laboral en el que este procedimiento se convirtió en el más usual, de lo que deriva la amplísima terminología de oficios que la documentación recoge, con escasos paralelos a lo largo de la historia. El 39. Incluso lo mismo se puede decir de los propios arquitectos, si atendemos a lo que respondió Trajano a Plinio el Joven, a la sazón gobernador en Bitinia, cuando éste le pidió al emperador que le enviase un arquitecto: "Es imposible que te falten arquitec tos. No hay provincia donde no se encuentren hombres especializados y hábiles, a menos que no estimes más rápido el que los envíe de Roma, mientras que habitual mente ellos nos suelen llegar de Grecia". 51 Antonio Caballos Rufino arquitecto se convierte así, la mayoría de los casos, fundamentalmente en un mero coordinador de todas estas actividades. Tanto por motivos ideológicos, que pretenden evitar cualquier altera ción en el equilibrio social, como por la existencia del trabajo servil y los bajos costes del trabajo asalariado (el artesanado es sólo rentable para aquél que lo dirige a gran escala), el recurso a la maquinaria, para lo que se hu biera podido acudir a los conocimientos científicos, que hubieran desem bocado en el surgimiento de útiles aplicaciones tecnológicas, se condideró no sólo superfluo, sino fuera de lugar. En muchas ocasiones fueron los mismos órganos de poder los que, no sólo no alentaron, sino impidieron el recurso a estas innovaciones tecnológicas. Las excusas para estas medidas no pueden ser más expresivas, como las aducidas por Vespasiano: sinerat se plebiculam pascere (“había que permitir alimentar a los inferiores”). El trabajo es el que asegura la paz social. Es el recurso único del porcentaje más significativo de la sociedad, por lo que era obligación del emperador el garantizar este recurso. 52 TERMINOLOGÍA LATINA DE ACTIVIDADES ARTESANALES RELACIONADAS CON LA CONSTRUCCIÓN EN EL MUNDO ROMANO Agrimensor: agrimensor, topógrafo. Albarius: escayolista. Aquilex/Aquilegus: zahori, el que busca aguas subterráneas, o el técnico en su conducción. Arcuarius: constructor de bóvedas. Armariarius: fabricante de armarios. Artifejc: todo aquél que ejerce un ars (los conocimientos técnicos, experiencia y habilidad exigidos en el ejercicio de un oficio). Término de contenido muy am plio, por lo que, para lograr una mayor concreción, habitualmente se ve acompa ñada de un adjetivo (e.g., artifexafundamentis: especialista en la construcción de cimientos, o, más genéricamente operario de la construcción). Calcarius: calero, el especialista en la fabricación de cal. Caléis coctor: hornero. Clavarias: herrero especializado en la construcción de clavos. También comer ciante en éstos. Confector aeris: experto en cualquiera de las facetas de la metalurgia del bron ce. Dolabrarius: el que utiliza la dolabra (instrumento metálico con cabeza en for ma de hacha por un lado y pico o azadón por el otro) en los trabajos de la made ra. Exclussor: refinador de metales. Excussor: fundidor en un taller de herrería. Faber: aunque llegó a asimilarse a artifex, originariamente se refería a quien trabaja sobre material duro. Faber tignarius: el carpintero que construye entarimados, techumbres y otras estructuras de madera para la construcción. Servía también para designar en general a los obreros de la construcción. Ferrarius: herrero. Flator: fundidor (de metales). Gypsarius: trabajador del yeso. Lapidarius: artesano dedicado al trabajo de la piedra, en todas sus variedades (trabajo de extracción en la cantera, manufacturas en el taller, como las crustae para los revestimientos parietales, e incluso inscripciones, aunque habitualmen te para esta última función se suele utilizar el término lapicida). Limarius: limador, el que alisa las superficies metálicas con la lima o lija. Malliator: el artesano que utiliza como instrumento de trabajo el malleus o mar tillo. 53 Antonio Caballos Rufino • Marmorarius: artesano cuya funcionalidad es similar a la del anterior, pero, en su caso, especializado en la labra del mármol. El marmorarius signuarius es aquél que se dedica a la elaboración de signa, con lo que habitualmente se está designando a las imágenesreligiosas (imago suele referirse a los retratos de par ticulares o, también de miembros de la familia imperial). El statuarius es el que ejecuta estatuas en general. • Materarius: trabajador de la madera (en bruto). • Officinator: el que dirige una officina, término genérico para referirse al taller artesanal, y también, por extensión, a la cantera. • Parietarius: constructores de paredes, suele utilizarse como un equivalente a structor. • Pictor: pintor. • Plumbarius: habitualmente se utiliza este término para referirse al constructor de tuberías de plomo o, en su caso, el comerciante en éstas. • Polio: pulidor o lustrador (mango se utiliza para designar específicamente al pulidor de piedras preciosas). • Putiarius: pozero, constructor de pozos. • Quadrataríus: el que elabora bloques de mármol. En ocasiones marmolista en general o, incluso, el que fabrica epígrafes. • Serrarius: artesano especializado en el manejo de la sierra con la que cortar los bloques de piedra en la cantera, o bien placas más finas en los talleres. • Sessoriarius: constructor de asientos de madera. • Structor: albañil en general. • Subrutor: artesano especializado en demoliciones. • Tector: artesano dedicado a la ejecución de revestimientos parietales. El que enluce, enjalbega, revoca o reviste con argamasa. 54 Los Medios Humanos y la Sociología de la Construcción BIBLIOGRAFÍA • Architecture et société en Italie centro-méridionale aux deux derniers siècles de la République (Coll. Latomus 156), Bruselas 1978. • “Architectus”, Dizionario Epigrafico di Antichità Romane, di E. de Ruggie ro, Roma 1961 (reed. de la ed. orig., Roma 1895), pp. 643-647. • BLANC, N.: “Les stucaleurs romains: témoignages littéraires, épigraphiques et juridiques”, MEFRA 95, 1983, pp. 859-907. • BLÜMNER, H.: Technologie und Terminologie der Gewerbe und Küsnste bei Griechen und Römern, Leipzig 1879. • CAILLEMER, E., s.v.:”Architectus”, en Ch. Daremberg y Ed. Saglio (eds.), Dicionnaire des Antiquités Grécques et Romaines, Graz 1969, T.I, pp.374382, (reimpr. de la ed. orig., Paris 1877). • CAILLEMER, E. (Grecia) y HUMBERT, G. (Roma), s.v.: “Artifices”, en Ch. Daremberg y Ed. Saglio (eds.), Dicionnaire des Antiquités Grécques et Romaines, Graz 1969, T.I, pp.441-449, (reimpr. de la ed. orig., Paris 1877). • CALABI LIMENTANI, I.: Studi sulla società romana. Il lavoro artistico, Milán Varese, 1958. • CARCOPINO, J.: “Commerciants et travailleurs manuels”, en La vie quoti dienne à Rome à l’apogée de l’Empire, Paris 1977, pp.205-217. • CHRISTES, J.: Bildung und Gesellschaft.: die Einschätzung der Bildung und Ihrer Vermittler in der griechisch-römischen Antike, Darmstadt 1975. • ROBERTIS, F. de: Lavoro e Lavoratori nel mondo romano, Bari 1963. • ED. FRÉZOULS: “Les noms de métiers dans l’épigraphie de la Gaule et de la Germanie romaine”, Ktema 16, 1991, pp.33-72. • GARNSEY, P.(ed.): Non-slave labour in thè graeco-roman World, Cambrid ge Philological Society, Supp. VI, Cambridge 1980. • GIARDINA, A.: “Lavoro e storia sociale: antagonismi e alleanza dalPellenismo al tardoantico”, Opus 1, 1982, pp. 115-146. • GIMENO PASCUAL, H.'.Artesanos y técnicos en la Epigrafía de Hispania, Barcelona, Universidad Autónoma (Faventia Monografías 8), 1988. • GROS, R: Aurea Templa. Recherches sur l’architecture religieuse de Rome à l’époque d ’Auguste, Roma 1976. • GROS, P.: Les premières générations d ’architectes hellénistiques à Rome, en Mélanges Heurgon I, Roma, 1976, pp. 393 ss. • GROS, R: “Statut social et rôle culturel des architectes (Période Hellénisti que et Augustéenne)”, Architecture et Société. De l’Archaïsme Grec à la fin de la République Romaine. Actes du Colloque international organisé par le Centre national de la recherche scientifique et l’Ecole française de Rome (Rome 2-4 décembre 1980), Paris y Roma, Coll, de l’École française de Rome 66, 1983, pp. 425-452. • HENGSTL, J.: Private Arbeitsverhältnisse freier Personen in den hellenis tischen Papyri bis Diokletian, Bonn 1972. 55 Antonio Caballos Rufino • JACQUEMIN, A.: “Arkhitekton - Ergolabos/Ergonès”, Ktema 15, 1990, pp. 81-88. • LÉVY, E.: “L’artisan dans la Politique d’Aristote”, Ktema 4, 1979, pp. 3146. • LÉVY, E.: “La dénomination de l’artisan chez Platon et Aristote”, Ktema 16, 1991, pp. 7-18. • MOREL, J.-P.: “Das Handwerk in augusteischer Zeit”, en W.D. Heilmeyer (ed.), Kaiser Augustus und die verlorene Republik, Berlin 1988, pp. 81-92. • MOREL, J.-P.: “El artesano”, en A. Giardina (ed.), El hombre romano, Ma drid 1991, pp. 257-288. • NEUMANN, G.: “Zur Bildung der lateinischen Handwer-kerbezeichnungen”, Das Handwerk in vorund frühgeschichtlicher Zeit, Teil 1 (Abhandl. der Akad. der Wiss. in Götingen, phi 1.- hist. K. 3, F. II, 122), Göttingen 1981, pp. 133140. • MOSSÉ, G.L.: El trabajo en Grecia y Roma, Madrid 1980. • PALLOTINO, M.: “Art, artisanat, travail en Etrurie”, Ktema A, 1979, pp. 2729. • PAVIS d'ESCURAC, H.: “Dénominations des organisations artisanales dans l’Occident romain”, Ktema 15, 1990, pp. 109-120. • PETRIKOV1TS, H. V.: “Die Spezialisierung des römischen Handwerks”, Das Handwerk in vorund frühgeschichtlicher Zeil, Teil I (Abhandl. der Akad. der Wiss. in Götingen, phil.- hist. K. 3, F. II, 122), Göttingen 1981, pp.63132. • SANTERO SANTURINO, J.M.: Asociaciones Populäres en Hispania Romana, Sevilla 1978. • SIEBERT, G.: “Signatures d’artistes, d’artisans et de fabricants dans l’Antiquité classique”, Ktema 3, 1978, pp. 111-131. • SODINI, J.P: “L’artisanat urbain à l’époque plaéochrétienne (IV°-VIIe s.)”, Ktema 4, 1979, pp. 71-119. • STROBEL, K.: “Handwerk im Heer - Handwerk im zivilen Sektor. Neue Zeugnisse zu Berufsbezeichnungen und zur Verknüpfung zweier sozialer und wirtschaftlicher Sektoren mit einem Anhang zum neuen Pridianum aus Vindolanda”, Ktema 16, 1991, pp. 19-32. • TORELLI, M.: “Industria estrattiva, lavoro artigianala, interessi economici: qualche appunto”, MAAR 36, 1980, pp. 313 ss. • TRAINA, G.: La tecnica in Grecia e a Roma, Bari 1994. • “Trabajo’ y descanso”, en P. Veyne, “El Imperio romano”, de Ph. Ariès y G. Duby (dirs.), Historia de la vida privada. I: Del Imperio romano al ano mil, Madrid 1987, pp. 123-141. • ZIMMER, G.: Römische Berufsdarstellungen, Berlin, 1982. 56