Sobre el tiempo y la condición humana: reflexiones de un pequeño antropólogo
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SOBRE EL TIEMPO Y LA CONDICIÓN HUMANA: REFLEXIONES DE UN PEQUEÑO ANTROPÓLOGO Por ALFREDO JIMÉNEZ NÚÑEZ Fuera silbaba un viento tan frío que sus silbos traspasaban corno agujas de hielo las hojas de lo s árboles y hacían tiritar sus ramas. Dentro, envueltos en una tibia penumbra, do s ancianos contemplaban ensimismados el chisporroteo de lo s troncos lamidos por el fuego. De vez en cuando, se le escapaba a uno de ellos una frase que quedaba flotando en el aire, o era subrayada por el otro con una breve apostilla. "Las cosas ya no son como antes", musitó el más viejo. Y remachó su compañero: "Los jóvenes ya no son lo que eran. No sé adónde vamos a llegar". Una bocanada de aire frío se coló de repente y hasta el fuego pareció temblar. Los dos ancianos volvieron la cabeza hacia la entrada y vieron a un mocetón que se acercó con paso cansado y las manos ensangrentadas. "Ya hemos terminado, abuelo'', dijo el jo ven. "Tendremos carne y grasa para muchos días". De una estrecha galería salió otro hombre de mediana edad con las manos y el pecho manchados de pintura. "También yo he terminado por hoy'', dijo el hechicero. "Veo que las tres jabalinas que clavé en el bisonte han hecho su efecto". * * * El tiempo crea situaciones que escapan al control humano, corno la que me trae hoy aquí (tiempo y espacio) sin merecerlo
12 ALFREDO JIMÉNEZ NÚÑEZ ni esperarlo. Mi elección como miembro de esta Real Academia ocurrió en la primavera de 1984. Por diversas circunstancias, tardé años en leer mi discurso de ingreso. Varios compañeros elegidos entre tanto se adelantaron y marchaban delante de mí en la lista de académicos a quienes corresponde abrir por antigüedad un nuevo curso. ¡Bien me lo tenía yo ganado por mi morosidad! Pero lo más lamentable es que dos de estos compañeros se anticiparon también en el tránsito de este mundo al otro. Alberto Díaz Tejera y Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate nos dejaron intempestivamente, fuera de tiempo, y así hoy me veo ante ustedes cuando no lo esperaba. Las circunstancias de tiempo han hecho también que mi discurso coincida con un año muy singular por razones varias. La más importante es que el nuevo curso es parte de un año solar en el que se ha cumplido el 250 aniversario de la fundación de la Academia. Es, asimismo, el año en que el Excmo. Ayuntamiento ha honrado a nuestra institución con la Medalla de Oro de la Ciudad. Y ya en el puro terreno personal, me corresponde abrir un curso a pocos días de haber iniciado mi primer año jubilar tras una vida de docencia plena en la Universidad de Sevilla. Los solemnes actos de la primavera pasada fueron ocasión para que la Academia, por boca de nuestro Director, reiterase su fidelidad a la tradición y se comprometiera con la sociedad a ser sensible a los problemas y retos del presente y del futuro inmediato. Comparto plenamente este doble objetivo y así quiero manifestarlo con este modesto ensayo. * * * Don Santiago Ramón y Cajal escribió una obra titulada El mundo visto a los ochenta años. No quiero correr riesgos y esperar tanto, por lo que aprovecho las coincidencias para reflexionar sobre el tiempo y la condición humana desde mis setenta años recién cumplidos. Si el gigante Azorín se calificó en sus "confesiones" como "un pequeño filósofo", con más razón hago yo mis reflexiones desde la posición de un pequeño antropólogo. * * * Nunca he compartido la creencia popular de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Estoy más de acuerdo con un pensa-
SOBRE a TIEMPO Y LA CONDICIÓN HUMAN A: REFIEXJONES DE UN PEQUEÑO ANTROPÓLOGO 13 miento de Quevedo, que leí hace muchos años no recuerdo dónde: "Quien afinna que cualquier tiempo pasado fue mejor está condenando el futuro sin conocerlo". La humanidad, contra todo principio de consuelo y supervivencia, ha idealizado el tiempo que fue para lamentarse del presente. ¿Dónde estaríamos hoy si las cosas hubieran empeorado de manera constante? Y, sin em - bargo, nuestros días están llenos de males y amenazas que parecen confirmar más que nunca el dicho popular. La Historia, con su relación de hechos del pasado -y la Antropología como ciencia de la cultura o ciencia del comportamiento del hombre en sociedad-, me servirán de marco para plantear interrogantes y buscar algunas claves. La antropología estudia de manera directa, o por medio de testimonios arqueológicos e históricos, sociedades de cualquier tiempo; las analiza en su contexto y trata de encontrar por medio de la comparación lo que es universal por ser humano. De sde esta perspectiva, ¿es nuestro tiempo mejor o peor que otros? ¿Cuáles son los problemas más graves que nos acosan? ¿Qué hay de esencialmente nuevo o distinto, y qué es parte de una tradición tan vieja como la propia humanidad? ¿Avanzamos o retrocedemos? ¿O, acaso, nos movemos cíclicamente, repitiendo una y otra vez el pasado, según creían los mayas y otros pueblos antiguos? * * * Los grandes males de hoy son evidentes: la droga, el sida, el fanatismo religioso, la violencia, la destrucción del medio ambiente, los movimientos migratorios de quienes huyen de lo malo conocido para caer casi siempre en lo peor. Son problemas que afectan a toda la humanidad. Hay otros males, no menos graves, que no son universales aunque los sufren grandes sectores de la población mundial, a veces países enteros, como ocurre con el hambre y la sed, la falta de educación, la carencia de un trabajo digno ... Todos estas lacras se manifiestan de modos diversos, casi siempre en compañía. La violencia puede tener la forma de guerra entre países o etnias, puede obedecer a prejuicios raciales, a fanatismo religioso, o ser algo tan personal como el maltrato a la mujer. La palabra droga ha dejado de ser, como decía el di ccionario, "Nombre genérico de ciertos productos naturales que se
14 ALFREDO JIMÉNEZ NÚÑEZ emplean en medicina", significado que todavía conserva en inglés. Hoy es producto que crea adicción y rebaja a la pers ona a los niveles de máxima degradación. La cocaína es la droga por excelencia, "emblemática'', que dirían los cursis. Por siglos, sin embargo, las hojas de coca que mastican lo s indios de los Andes han tenido una aplicación ritual, y le sirven al campesino para mitigar el hambre y aumentar la resistencia física ante el trabajo. No buscan estos indios el placer, sino arrancar a cada jornada unas horas más de labor que luego pagan con unos años de vida, o muerte anticipada. Nuestro tiempo está también marcado por avances tecnológicos que pueden aplicarse para la paz o la guerra, para matar o curar. Pero lo más característico es la velocidad de los cambios. La humanidad tardó cientos de miles de años en alcanzar la Revolución Neolítica (agricultura y domesticación); muy pocos miles de años más en conocer la Revolución Urbana (aparición de las ciudades); y no hace aún tres siglos que se inició la Re vo lución Industrial. En mi libro de Física de cuarto curso de aquel bachillerato de siete años, había un párrafo dedicado a la bomba atómica, que acababa de caer so bre dos ciudades japonesa s. Desde entonces, mi generación ha conocido la era atómica, la era espacial, la revolución de la comunicación electrónica, y la realidad virtual o la virtud de ver lo que no existe. Este proceso de cambio cultural, vertiginosamente acelerado, es una de las claves para la interpretación de nuestro pr esente y una base para la reflexión. No son novedad en la historia de la humanidad los males que he mencionado: droga, epidemias, violencia y guerra, destrucción de la naturaleza, movimientos migratorios ... Menos novedoso que ninguno de ellos es el "s exo'', palabra breve tras la que se esconde sólo una parte de algo muy complejo. Pero el progreso en las comunicaciones, en el envío y recepción de los mensajes, en el desarrollo de las técnicas publicitarias, han creado combinaciones monstruosas y han dado a estos males dimensión planetaria. La droga es objeto de un comercio inédito: el narcotráfico, del que viven regiones y países que no renunciarán por la s buenas al negocio. Por la droga se mata y se muere, se corrompe la
SOBRE EL TIE MPO Y LA CO:-ID ICI ÓN HUMANA: REFlEXIONES DE UN PEQUEÑO ANTROPÓLOGO 15 política y la justicia, se desordenan las fuerzas del orden. Por la droga crece la delinc1,1encia, barrios y ciudades se convierten en espacios de muerte. Entre la droga y el sexo no hay más que un paso, que se da en una u otra dirección, o en viaje continuo de ida y vuelta. Sexo y sida progresan (es un decir) de la mano. De los monos de Africa, el sida pasó a los seres humanos, pero el mundo desa rrollado no se enteró de momento porque todos los infectados eran negros. La promiscuidad y el turismo sexual desde los países ricos han llevado el sida del negro al blanco, del pobre al rico, del adul to insaciable a la cria tu ra que sale a la luz a través de un útero infectado. Sexo y droga están en la base de otro tráfico (la prostitución), que tampoco es nuevo, pero nunca estuvo tan extendido y organizado. La vieja "trata de blancas" abarca hoy, s in distinción de colores, a mulatas, negras y amarillas haciendo cierto, al parecer, que el sexo, como el amor, es ciego. Después de todo, y como una perversión del lenguaje, "hacer el amor" ha ve nido a significar sólo una y la misma cosa. ¿Quie re esto decir que la madre Teresa de Calcuta no hizo nunca el amor. .. ? Y el círculo vicioso del sexo y de la droga se cierra con otros dos com pañeros de viaje hacia la muerte: la emigración forzosa y la violencia de las mafias. An te este panorama tenebroso es humano agarrarse al dicho de que "Cualquier tiempo pasado fue mejor", y dejarse llevar por una resignación inoperante. Otra forma de reaccionar, no pocas veces bien intencionada, tampoco sirve de mucho pues acu de a los efectos y no a las causas. O busca el éxito político inmediato o el aca ll ar la conciencia para no perder el sueño. * * * ¿Qué dice la antropología de todo esto? Nada que sea un ju icio de valor, pues la antropología es ciencia social y no moral. Ta mpoco soy yo juez de nada ni de nadie, pero la ob servaci ón del comportamiento huma no en el tiempo y en el es pacio permite descubrir las notas más universales de la cultura, cuya definición más breve desde la antropología es la de "conducta aprendida". Es decir, todas las formas del comportamiento humano que no se heredan por vía genética sino que se aprenden en el se no
16 ALFREDO JIMÉNEZ NÚÑEZ de la sociedad, desde el idioma, que llamamos materno, hasta los va lores y creencias pasando por los hábitos o lo s gustos en el comer, en el vestir, o en el jugar.. . La antropología no sepa ra, aunque distingue, la dimensión biológica del hombre y su condición de ser creador y transmisor de cultura. Esto hace al hombre diferente y superior a todos los demás animales, cualidad que constituye la mayor de las responsabilidades para un ser que sin prescindir de sus instintos es capaz de someterlos, desviarlos, y hasta sublimarlos si así lo pretende. La antropología ayuda a desmontar tópicos y prejuicios, a destacar lo que une a todas las sociedades por encima de la diversidad cultural. Esta diversidad es, precisamente, la gran prueba de que la cultura no es producto de lo s instintos sino de una inteligencia que encuentra soluciones diferentes a unos mismos desafios. Distinguir entre biología y cultura, entre instinto y capacidad para optar, enseñar y aprender, permite desmentir sobre bases científicas dos de los más graves y viejos problemas de la humanidad, y causa de otros muchos: el racismo y la guerra. La raza no es más que una variante superficial de la especie, nunc _a más superficial que cuando se establece por un criterio tan débil como el color de la piel. La raza es un criterio zoológico que en los seres humanos só lo tiene el valor (o la miseria) que le presta cada sociedad. El prejuicio racial es exclusivo de nuestra especie, y como tal prejuicio puede superarse si no lo impiden otros intereses. La agresividad es parte de nuestra naturaleza, como lo es de nuestros parientes zoológicos más próximos, el chimpancé y el gorila. Compartimos con ellos un cierto dominio instintivo del macho sobre la hembra, pero es exclusivo del ser humano la capacidad de controlar la agresividad e, incluso, de sustituir el dominio instintivo del hombre sobre la mujer por el amor y la cooperación, dos sentimientos que son parte de la cultura y base de la sociabilidad humana. Sin embargo, el hombre ha creado la guerra, que es la forma más organizada de la violencia fisica, un fenómeno tan antiguo y universal que fácilmente lleva a la equivocada conclusión de que es inevitable porque es parte de nuestra naturaleza. La humanidad de la guerra, valga la paradoja, la
SOBRE EL TIEMPO Y LA COND I CIÓN HUMANA: REFLEXIONES DE UN PEQUEÑ O ANTROPÓLOGO 1 7 demue st ra su perfección como institución para matar a Jo s miembros de nuestra propia especie, monstruosidad que no practica ningún otro animal. El ser humano ha logrado tanto poder de destrucción como para exterminar la especie y, de camino, llevarse este mundo por delante. ¿Y por qué no intentar lo co ntrario? D es pués de todo, sería más fácil y más barato poner Ja cultura al servicio de Ja paz y de la s mejores tendencias de Ja co ndición humana. El ob st ác ulo está en Ja ambición de dominio, en la codicia de Jos que se enriquecen con el tráfico de armas o el control de Jos recursos de países falsamente descolonizado s. Y a propósito: Ja civilización es sólo un nivel más complejo de la cultura, manifestado especialmente en la tecnología. Se puede ser "civilizado" y "bárbaro" al mis mo tiempo, como las civilizaciones de Oriente y Occidente lo han demostrado en el siglo XX con la violencia y Ja crueldad de sus guerras, persecuciones y exterminios. * * * Hasta aquí, unas reflexiones acerca de males que todos conocemos y en parte sufrimos. ¿Qué más no s pue de decir Ja antropología so bre el ti empo presente? ¿Cuáles son las últim as causas de estas lacras? La primera observación, la más evidente, es que nunca ha sido tan grande la de sigualdad entre Jos seres humanos. Peor todavía, nunca los más desgraciados han sido tan conscientes, por comparación, de lo bien que viven otros. Esto se llama en antropología "privación relativa'', de tal modo que aún teniendo más que ayer, uno se siente ho y más pobre y desgraciado. Ya no tiene sentido hablar del Tercer Mundo, pues la gran cuestión no es Ja confrontacíón entre do s mundo s, con un tercero como talón de fondo y víctima inocente. Superada la guerra fría, no hay má s que dos, aunque existen grados dentro de cada uno: el mundo de los que tienen y el mundo de los que no tienen. Y hablo de alimento, salud, educación, libertad, paz, trabajo, ocio ... Y, una vez más, de Jo contrario: hambre y sed, mortalidad infantil, enfermedades endémicas, analfabetismo, opresión política, guerra y terrorismo, esclavitud, desempleo o trabajo en condiciones inhumanas. Esta es la trágica realidad de nuestra sociedad planetaria. Hay un mundo de abundancia y bienestar (con quistes punzan-
18 ALFREDO J!MÉNEZ NÚÑEZ tes), y un mundo donde se concentran miserias que vemos a diario en el televisor. En este mW1do, situado mayormente en el sur de la Tierra, en el trasero del mapamundi, se dan elocuentes coincidencias. De allí vienen la droga, el emigrante desesperado, el hombre y la mujer de color que fastidian y hasta repugnan a muchos, por más que todos condenemos de palabra el racismo. En ese mundo, hasta lo s niños trabajan como esclavos para mayor beneficio de las multinacionales. Es en gran parte el mundo que el Norte colonizó y que ahora nos invade como W1 castigo por pecados históricos. El mundo rico, gobernado por la economía, ha logrado que la guerra (patrimonio miserable que siempre fue de toda la humanidad) quede ahora del otro lado, sobre todo en el continente africano. La excepción relativa son algunas regiones intermedias por su geografía y descoyuntadas por la cultura; es decir, por la lengua y la religión. Hablo, claro está, de los Balcanes y del Cercano Oriente. Los males de ese otro mundo son tantos y tan sangrantes que no encuentro una palabra justa que lo identifique con propiedad. En realidad, es un inframundo según la concepción que muchas culturas han tenido del Universo; un lugar tenebroso que desde nuestra propia cosmología podríamos definir como un infi erno en la Tierra. Cualquier política internacional y cualquiera de los muchos programas que pretendan soluciones para el inframundo se enfrentan a algo tan terrible y cierto como la injustic ia social. Hay recursos y medios técnicos para superar la desigualdad, pero la técnica puede poco cuando tropieza con lo peor de la condición humana. La codicia, la ambición de poder, la complicidad con los poderosos del inframundo mantienen y agrandan día a día las diferencias entre "ellos" y "nosotros". En este pozo de intereses siniestros hay complicidades tan escandalosas como las de instituciones bancarias que funcionan en las mismas ciudades que son sedes de organismos internacionales dedicados al socorro o al olimpismo. * * * ¿Y qué decir de nuestro propio mundo? ¿Qué nos pasa? ¿Por qué nos quejamos si tenemos más que nunca, aunque mal repartido? ¿Por qué tanta frustración, tanta ansiedad, tanto estrés?
SOBRE a TIE MPO Y LA CONDIC I ÓN HUMANA: REFLEXIONES DE UN PEQ UF ilO ANTROPÓLOGO 19 ¿Por qué la creciente evasión por el camino de la droga? ¿De qué se huye? ¿Por qué se emborrachan los jóvenes en la calle y marcan las esquinas sobre las marcas de orina de los perro s? ¿Por qué tanta violencia en la casa, la escuela, la calle? ¿Por qué tanta corrupción en las democracias viejas y en las jóvenes? Desde hace unos años hay en España libertad de expresión, libertad para el matrimonio civil o religioso, para la separación o el divorcio, para formar y deshacer parejas de hecho. Ya no pesan sobre las relaciones sexuales entre adultos más límites morales que los que acepte libremente cada individuo. Y, sin embargo, ¿por qué el fracaso de tantos matrimonios que un día lo fueron por lo civil o también por lo religioso? ¿Por qué la inestabilidad de tantas parejas de hecho nacidas, hay que su poner, de la libertad y pleno consentimiento? ¿Por qué el maltrato de tantas compañeras sentimentales, con frecuencia hasta quitarles la vida? ¿Por qué tantos abusos y aberraciones sexuales, cuyas víctimas principales son niños y bebés? ¿Por qué son maltratados tantos niños por quienes son o hacen de padres? Algo está fallando. No entro a calificar en ningún sentido las nuevas libertade s, pero su aceptación no impide que nos preguntemos si hay que hacer algo más de lo que se ha hecho hasta ahora. En el ámbito de la familia, por ejemplo, muchos ya no pueden echar la culpa al matrimonio obligatorio, a la unión indisoluble, a la represión sexual, a los hijos no deseados. Y, sin embargo ... * * * Hay algo en la cultura que constituye su esencia por encima de la diversidad y de los cambios en el tiempo. La cultura es tecnología, economía, política, lengua ... Es también, y so bre todo, sistema de valores. Es decir, opciones al máximo nivel que ordenadas jerárquicamente guían al individuo y a la sociedad en los momentos cruciales de la vida. Los valores -que pueden tener su base en las creencias religiosas, pero no todos son valores religiosos-nos indican el camino ideal y nos orientan a la hora de la s grandes decisiones. El sistema de valores lo configura cada sociedad de manera lenta y sutil, y los cambios apenas los percibe un individuo o una generación. En ocasiones, este sistema se
26 ALFREDO JlMÉNEZ NÚÑEZ un pasado bárbaro que hay que desterrar, si acaso, conservar como caparazones de cuerpos sin vida. * * * Llegado a este punto en la redacción de mi discurso, tuve la sensación de haberme dejado ganar por la opinión de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero algo me hizo reaccionar. Me acordé de repente de un artículo que publiqué en la prensa de Sevilla hace exactamente diecisiete años con ocasión del nac imiento de mi primer nieto. ¡Ya tenía un final para mi discurso! Pero veinticuatro horas después de haber concluido la redaeción - siempre el tiempo marcando nuestras vidas- , el terror tronchaba algo más que las torres gemelas de Nueva York. Volví a reflexionar sobre las miserias de la condición humana, sobre la violencia, el fanatismo asesino, la s matanzas dentro de nuestra especie . . . A pesar de todo, decidí no tocar ni una línea de mi texto, pues como dijo Pascal, "El corazón tiene razones que la razón no entiende". Sólo añado algunos párrafos del artículo que escribí cuando era más joven y más cuerdo: "Pasan los años y de pronto uno se da cuenta de que por mucho que viva ya no puede ser tanto como lo que ha vivido. ( ... ) Cuando uno acaba de iniciar esa etapa de la vida, y empieza a notar el sabor agridulce de la plena madurez -que está tan lejos de la juventud como de la ancianidad-, uno se vuelve de repen te ilusionado, comprometido, rebelde y combativo como si tuviera otra vez veinte años". "¿Qué ha pasado para que esta transformación íntima se produzca de la noche a la mañana? ( ... ) No hay nada de mágico ni extraordinario, sino que todo es obra de nuestra madre Naturaleza o del buen Padre Dios. Simplemente, he sido abuelo por primera vez. Y en el momento en que todos hemos corrido un puesto en el escalafón familiar, yo no me he sentido más viejo, sino todo lo contrario. Porque la vida vuelve a tener para mí significados de juventud; porque ahora me importa un mundo que no conoceré, pero que me ilusiona y me duele como si fuera mi mundo. Porque mi nieto Ignacio me ha dicho sin decírmelo - pues él y yo nos entendemos-que quiere vivir; que quiere descubrir lo s mil misterios de la vida y hasta tener el derecho de
SOBRE EL TIEMPO Y LA CONDICTÓN HUMANA: REFLEXIONES DE UN PEQUEÑO ANTROPÓLOGO 27 arrepentirse un día de haber venido a este mundo. Mi nieto me ha dicho a tr avés de unas ganas enormes de vivir, que él expresa cuando mama con ansias del peaho de su madre, que el mundo no está acabado ni acabándose; que eso es cosa de viejos egoístas que piensan que el mundo son ellos y termina con ellos; que él tiene una vida por delante y muchos caminos que desea explorar de la mano de los millones de niños que han nacido en los mismos días que él". "Y yo he tenido que decirle que sí, porque matar la ilusión de los que ahora nacen es peor que matarlos a ellos mismos. No le puedo prometer un mundo sin guerra, sin penas ni enfermedades. Pero al menos lucharé codo con codo con otros abuelos para que los niños como Nacho - lo s que tendrán quince años en el año 2000-vivan en un mundo organizado a escala humana sin renunciar a los cambios y progresos que el hombre produce con su inteligencia. Un mundo donde la droga ya no sea el arma cobarde y mortal que el hombre ha inventado contra el hombre; un mundo que esté servido por ordenadores, pero que no convierta a los hombres en robots". "Y en mi renacida ilusión yo siento ahora muchos deseos de juventud que no son imposibles ni costosos. Aunque no he visto nunca una ballena, quiero que mi nieto viva con la ilusión --como yo la he tenido-de ver un día una ballena de verdad, porque los hombres no las habrán exterminado para entonces. Y si puede y quiere ir a la luna, que vaya; pero que pueda también penetrar en el bosque y ver saltar a los cervatillos o trepar las ardíllas. Que cuando aparte los ojos del ordenador o del vídeo, pueda coger en sus manos un libro de cuentos, las viejas novelas de Julio Veme, las obras entrañables de Delibes o las buenas, aunque malsonantes, novelas de Cela, porque el libro no habrá sido sustituido por la electrónica. Quiero que pueda pasear por las calles y jugar con sus amigos en alguna plaza; quiero que pueda gozar de la hermosura del universo al contemplar las estrellas en una noche sin contaminación, o jugar con las conchas que ruedan en las arenas limpias de una playa". "Quiero que ciertos experimentos educativos no malogren ni anticipen lo que tiene su ritmo natural; que los frustrados, agrios y desilusionados no contagien su enfermedad -ta l vez involun-