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Gracia Morales Ortiz. La voz en pie. Granada, Ediciones Dauro, 2014 [Reseña]

Gallego Cuiñas, Ana

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104 Reseñas ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 29/1-2 (2015) 101-110 Gracia Morales Ortiz. La voz en pie. Granada, Ediciones Dauro, 2014, 71 pp. ISBN: 978-84-15940-39-5. El último poemario de la dramaturga granadina Gracia Morales es, en primer lugar, un homenaje al oficio poético, es decir: la celebración del festina lente, del trabajo artesano, la exactitud del verbo, la multiplicidad unívoca del lenguaje, el gesto político, la (re)lectura descarnada de “lo real”, la vindicación de la función social de la literatura, y, sobre todo, el compromiso sostenido en el tiempo de una poeta aguerridacon la creación artística “armada”. En segundo lugar hay que señalar que La voz en pie materializa una de las mejores piezas de un proyecto poético excepcional, que despliega cuatro miradas (voces) sobre la sociedad ultracapitalista actual -y sus consabidos bemoles consumistas, individualistas e indolentesen forma microscópica, representada desde la contingencia de lo banal: y ya sabemos, como nos enseñó Borges, que en el punto mínimo se encuentra alephizado todo el universo. Algo parecido a lo que sucede en la primera escena de Esperando a Godot –y creo que en la poética de Gracia Morales hay mucho de Samuel Beckett–donde Estragon se descalza y sacude su zapato buscando en el suelo “por si ha caído algo” –esto es: lo banal llevado al paroxismo–para representar una escena cotidiana que cristaliza el dolor, la angustia y el fracaso del individuo moderno. No en vano Beckett escribió: “Fracasa para fracasar mejor”. Pero en Morales las piedras ya no están dentro del zapato y tampoco en el camino: las piedras están dentro. Porque, como el Pedro Páramo de Rulfo, la sociedad presente habría de desmoronarse en un “montón de piedras”, en un puñado de versos que Gracia Morales nos arroja -como piedrasa nuestra conciencia. La materia así pareciera sobreponerse al espíritu, pero más bien lo que evidencia esta obra de Gracia Morales es nuestra única certeza material: la del cuerpo –que se repite prácticamente en todos los poemas– desmoronado en lágrimas, sangre, rodillas, manos, rostros y vientre. Partes nimias, metonímicas, casi invisibles. El espíritu, sin embargo, no queda del “lado de allá”, en el “otro” costado, sino en el lado de acá: en la necesidad del poeta de hacer visible–legible– su inteligencia en la inteligencia del pueblo, en romper la “barrera secular”, como diría César Vallejo, entre espíritu y materia. Y es que Gracia Morales le da armas con su voz al lector para que actúe –hable– en el mundo que le circunda en aras de transformarlo, ya que la transcendencia que cobra su acción a través de la obra escapa a los límites y la finitud del tiempo humano. La consigna sería pues: “Mi reino es de este mundo, pero también del otro”, el contra-paradigma del verbo. Porque es ese verbo el arma más formidable que tiene el escritor. Del mismo modo que en la Biblia lo primero también fue el verbo, las voces de estos poemas de ecos vallejianos se crean cada amanecer, se ponen en pie llamando a la comunión universal de todos los hombres y al despertar de la conciencia. Es decir: cuando leemos este libro de Gracia Morales “nos” amanecemos en cada página. Reseñas 105 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 29/1-2 (2015) 101-110 Porque La voz en pie no solo es un poemario que destila una madurez, sabiduría y autenticidad incontestables, sino que nos aboca a una lectura insomne del mundo, a estar siempre despiertos para saber ver/leer los confusos signos de la vigilia. De ahí que se sucedan una y otra vez imágenes que aluden al espacio de lo íntimo, a la casa, al hogar, a la cama, al lugar que nos abriga cada mañana al despertar del sueño (el espacio de la ficción, “de puertas para adentro”, la salvación por la literatura) cuando nos damos cuenta de que esa “historia cóncava, indecible” que hemos soñado no es más que el resto “invisible” de la suma matemática del hombre: experiencia real, deseo, miedo e imaginación. ¿Y cómo verbalizar–hacer visible / legible– el resto de esa suma? ¿Cómo “puede alguien afirmar / que se mantiene vertical y útil, / con su nombre de cada día, / sus palabras, sus gestos, / puesto en pie sobre la tierra?”. Yo tengo clara la respuesta: escribiendo como lo hace Gracia Morales, practicando una hermenéutica del despertar que nos pone el espíritu en pie y nos rearma la voz. Ana Gallego Cuiñas [email protected] Universidad de Granada