Los artefactos líticos preeuropeos de Canarias: marco sistémico de análisis y proyecto de aplicación
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SEPARATA DEL LIBRO HOMENAJE A CELSO MARTÍN DE GUZMÁN UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA EXCMO. AYUNTAMIENTO DE LA CIUDAD DE GALDAR DIRECCIÓN GENERAL DE PATRIMONIO HISTÓRICO Las Palmas de Gran Canaria, 1997
LOS ARTEFACTOS LÍTICOS PREEUROPEOS DE CANARIAS: MARCO SISTÉMICO DE ANÁLISIS Y PROYECTO DE APLICACIÓN Pablo Atoche Peña* José Martín Culebras* * Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
*Es mucho más satisfactorio no pensar jamás en buscar la verdad que buscarla sin método; pues es segurísimo que esos estudios desordenados y esas meditaciones oscuras enturbian la luz natural y ciegan el ingenio.» Rene Descartes: Reglas para la Dirección del Espíritu; regla IV. I. INTRODUCCIÓN Desde que iniciamos nuestros trabajos arqueológicos en Lanzarote, hace ahora casi dos décadas, pudimos constatar las enormes deficiencias que presentaba el conocimiento del poblamiento prenormando de la isla, en especial en lo que se refiere a aspectos fundamentales que hacían inviable cualquier interpretación científica de dicha realidad. Esa situación nos indujo a iniciar, a partir de la década de los años ochenta, un programa integral de investigación que se ha concretado, a su vez, en varios proyectos específicos que se han orientado a la resolución de aspectos parciales del problema mediante el planteamiento de hipótesis y tesis que nos permitiesen un conocimiento más exacto del pasado insular. En esa línea de actuación se inserta el estudio de los artefactos Uticos preeuropeos de Lanzarote, un proyecto de investigación íntimamente vinculado al programa inicialmente diseñado y que pretendía, en un primer momento, un conocimiento específico de la realidad tecnológica aborigen, pero que, con el paso del tiempo y el progresivo desarrollo del programa, nos ha dirigido hacia la resolución de otras cuestiones que afectan directamente a las bases metodológicas sobre las que se debe asentar toda labor científica. Es por ello que nuestra inicial y principal preocupación se ha dirigido precisamente a la revisión y la crítica sistemática de los modelos de interpretación utilizados para el análisis de este tipo de elementos materiales. 81
PABLO ATOCHE PEÑA - JOSÉ MARTÍN CULEBRAS En definitiva, hemos llegado a la conclusión de que no podíamos seguir miméticamente los procedimientos al uso en el ámbito de la Arqueología tradicional y que, por tanto, era preciso conjugar unas bases metodológicas e interpretativas globales que sirvieran de marco a nuestro estudio en particular, pero que fuesen a su vez susceptibles de aplicación a cualquier área geográfica y momento cronológico. Evidentemente, nuestros planteamientos no surgen de la nada, toda vez que existen para este tipo de trabajos interesantes y positivos estudios que pueden servir de base sobre la cual sustentarlos. En ese sentido, las líneas de investigación desarrolladas por Assumpció Vila y sus colaboradores constituyen, a nuestro juicio, un ejemplo acertado, aunque con las lógicas matizaciones que se imponen a su aplicación en el caso de Canarias. Este trabajo, además de ir dirigido a reconocer la valía científica del desaparecido Celso Martín de Guzmán, también intenta seguir sus pasos, al menos en algunas de las cuestiones que a nivel de método planteó en su momento. Evidentemente, el limitado espacio de una publicación de este tipo sólo nos permite mostrar sucintamente los principios en los que se sustenta la labor que venimos desarrollando; por tanto, no es nuestra intención especificar de manera puntual cuáles son los procedimientos analíticos que estamos utilizando. Sin embargo, queremos aprovechar esta introducción para exponer algunas cuestiones generales que subyacen en nuestros planteamientos. Así, entendemos que la población preeuropea objeto de nuestro estudio generó unos comportamientos culturales complejos que, si bien no podemos conocer enteramente a través del registro arqueológico, sí podemos encarar mediante la utilización de unos modelos interpretativos adecuados, aunque nunca cerrados a cualquier modificación posterior motivada por los avances sucesivos que genere la investigación. Por tanto, partimos de la definición del ecotipo cultural para, a continuación, caracterizar cada uno de los subsistemas culturales que integraron el todo. De esta postura se deduce claramente que el trabajo que desarrollamos sólo puede culminarse mediante la participación interdisciplinar de especialistas de muy diversa índole en un trabajo plenamente articulado. Por otro lado, en ese modelo cultural es preciso tener en cuenta, sobre todo a partir de la reciente constatación de la presencia en Canarias de elementos culturales y materiales vinculados al mundo antiguo del Mediterráneo occidental, una serie de parámetros que introducen distorsiones o modificaciones sustanciales en los esquemas que tradicionalmente han servido para explicar el ambiente y la evolución de la cultura indígena, hasta el punto de estimar que es preferible hablar de poblaciones protohistóricas (o netamente incluidas en la Historia Antigua del Mediterráneo central) y no prehistóricas como ha sido corriente hasta la actualidad. II. LOS DATOS ETNOHISTÓRICOS Los artefactos líticos fabricados por los primitivos habitantes del Archipiélago Canario, al igual que otros muchos elementos de su universo material o mental, 82
LOS ARTEFACTOS LÍTICOS PREEUROPEOS DE CANARIAS... han sido objeto de un tratamiento sesgado por la investigación, plagado de tópicos, comparaciones con realidades geo-cronológicas muy alejadas del ámbito insular y, en fin, una asombrosa falta de método, circunstancias que han lastrado el devenir de la investigación, propiciando un panorama incompleto y falseado. En este sentido, ya las fuentes etnohistóricas nos ofrecen, para la cuestión que nos ocupa, un limitado conjunto de datos que proporcionan una información de escasa utilidad caracterizada por los equívocos, el calco continuado de referencias entre autores y la extrapolación de las mismas de unas islas a otras sin tener en cuenta la singularidad de la realidad cultural de cada una de ellas (vid. MARTÍN, J., en prensa). Hechos tales como la generalización del término tahona a todo el archipiélago, lo limitado de la lista de utilidades de los objetos descritos o la corrupción de los vocablos aborígenes, entre otros, son una consecuencia directa del enmarañamiento producido por estos autores. Así, entre los cronistas y eruditos presentes en Canarias en el momento de la conquista o, más frecuentemente, con posterioridad a ella, no encontramos personajes con el espíritu de Fr. Juan de Torquemada o Fr. Jerónimo Mendieta, dos clérigos cuya obra ha servido de apoyo a la reconstrucción de técnicas de talla por presión desarrolladas por los aborígenes prehispánicos de Guatemala (vid. p.e. CRABTREE, D. E., 1968; CLARK, J. E., 1982). Por el contrario, la crónica de la conquista normanda, Le Canarien, se preocupa más por la defensa de los derechos de sus autores sobre las tierras adquiridas, o por vender la imagen de éstas como algo deseable de cara a las coronas europeas, de cuyo apoyo dependían, que de caracterizar culturalmente a los nuevos subditos. Obras posteriores como las de Andrés Bernáldez, López de Ulloa, Antonio Sedeño, Tomás A. Marín y Cubas, Fr. Juan de Abreu y Galindo, etc..., aportan poco o nada a nuestro conocimiento de las particularidades tecnológicas, la funcionalidad o las materias primas trabajadas por las primeras poblaciones del Archipiélago. Esta circunstancia no debe extrañarnos si tenemos en cuenta que en su gran mayoría escriben «de oídas» sobre esta cuestión, bien porque aún estando cronológicamente cercanos a estas comunidades no parecen haber dedicado sus esfuerzos a describir con rigurosidad esos u otros aspectos y se limitaron a la reproducción de datos aportados por otros autores, o bien porque elaboran sus trabajos en época muy tardía y no pudieron contar con otra fuente de información que las afirmaciones de sus predecesores. Sin embargo, de entre todos ellos cabe destacar a tres: el dominico Fr. Alonso de Espinosa, el ingeniero cremonés Leonardo Torriani y el licenciado Pedro Gómez Escudero. El primero, motivado por su afán de descubrir los milagros protagonizados por la imagen de la Virgen de Candelaria, lleva a cabo una labor de revisión de los documentos existentes en su tiempo, así como la tradición oral y la memoria de los descendientes de los guanches que se opusieron a la conquista castellana. No sabemos qué nivel de aculturación habían sufrido esas gentes, ni qué grado de ajuste con la realidad preeuropea podrían tener los contenidos ofrecidos al fraile; lo cierto es que su actividad informativa nos provee del primer 83
PABLO ATOCHE PEÑA - JOSÉ MARTÍN CULEBRAS vocablo indígena, una descripción clara de una materia prima concreta y la única referencia tecnológica de fabricación de utillaje cuasi contemporánea de los hechos potencialmente real con que contamos: «(...) tomó una tahona, que es una piedra prieta y lisa como azabache, que, herida una con otra, se hace en rajas v queda con filo como de navaja, con que se sangran y sajan...» (ESPINOSA, Fr. A., 1980: 52). En este caso, se establece una clara diferencia entre la piedra a la que denomina tahona (muy probablemente obsidiana) y la raja, lasca obtenida mediante percusión directa de la materia. Este autor no cae en la tentación de denominar a ese vidrio volcánico como pedernal, tal y como hicieron otros eruditos contemporáneos, al tiempo que parece conocer mínimamente el proceso que describe, y es que no debemos olvidar que Espinosa vivió siete años en Guatemala, donde accedió al sacerdocio entre los círculos dominicos impregnados por el ejemplo lascasiano; el mismo lugar en el que los ya citados Torquemada y Mendieta describen la fabricación de láminas prismáticas de obsidiana por los denominados navajeros. Por su parte, Leonardo Torriani asigna a unos útiles, labrados en piedras muv duras, realizados en Gran Canaria el nombre de lausas o tanas, elementos que debió conocer de primera mano pues afirma que eran aún de uso corriente entre los campesinos de su tiempo a modo de navajas de afeitar (TORRIANI, L., 1988: 101). El hecho de que incurra en contradicción a la hora de expresar la denominación exacta de dichas piezas no es extraño, ya que el conocimiento que este autor pudo adquirir de ese fenómeno parece haber sido limitadísimo. Por lo demás, tanto si realmente existió una diferenciación terminológica entre los aborígenes de las islas de Gran Canaria y Tenerife con respecto a una misma realidad material, como si el posible equívoco se debe exclusivamente a una mala transcripción de las fuentes (orales o escritas) utilizadas por el ingeniero italiano, ello no es, en cualquier caso, algo relevante y no presenta interés alguno de cara a la cuestión que nos ocupa. Por fin, Pedro Gómez Escudero es quien hace referencia a «(...) piedras de pedernal blanco del que tienen a el poniente unos riscos a la parte de La Cáete (...)» (MORALES PADRÓN, F., 1993: 437), lo que parece ser una alusión al material silíceo presente en el noroeste de Gran Canaria. Dejando a un lado las afirmaciones y los autores resaltados, las crónicas y fuentes etnohistóricas poco o nada más pueden ofrecernos de cara al objeto de nuestro estudio y, en cualquier caso, cuanto nos legan debe ser tomado con cautela. De hecho, sus aportaciones están en la génesis de una concepción de este tipo de piezas como una realidad monolítica, es decir, invariable durante el transcurso de los siglos, confusa y paupérrima, una dura carga que condicionó notablemente posteriores investigaciones. Así pues, estudiosos como José de Viera y Clavijo o Sabino Berthelot repiten, cuando no acrecientan, tan turbio panorama al aceptar sin crítica este tipo de fuentes. Otros, como Rene Verneau, que tienen en sus manos elementos arqueológicos, no se resisten a dotarlos de significado a través de la consulta de las fuen84
LOS ARTEFACTOS LÍTICOS PREEUROPEOS DE CANARIAS... tes etnohistóricas, con lo que la confusión se torna, sin duda sin pretenderlo, en falacia histórica. Con todo, y sin olvidar que estos investigadores utilizaron los instrumentos de análisis que tenían a su alcance, y que eran perfectamente válidos entre la intelectualidad de su tiempo, es evidente que no podemos exigir a sus protagonistas que estuviesen por encima de las posibilidades de su época. En cualquier caso, esta circunstancia no modifica el resultado final aludido ni su enorme carga de cara al futuro de la investigación. Por tanto, de esa guisa llegan los conocimientos sobre los conjuntos Uticos del pasado preeuropeo canario hasta la presente centuria, en la que la investigación avanzará de forma notabilísima a nivel internacional. Sin embargo, nuestro archipiélago seguirá sumido en un mare magnum de suposiciones y clichés. Sólo a partir de los años cuarenta, autores como Luis Diego Cuscoy y muchos otros, en trabajos aún cercanos en el tiempo, llevan a cabo un intento serio de superar la impotencia científica que aquejaba a la arqueología insular mediante la superposición a los conjuntos Uticos canarios de las listas tipológicas confeccionadas para caracterizar la realidad prehistórica de zonas alejadas étnica, cultural, geográfica o cronológicamente, cual si de una plantilla se tratase. Se escogen para ello el Neolítico de tradición Capsiense o las tipologías francesas (con algún aderezo hispano, como los llamados picos asturienses). Como es fácil de suponer, los complejos industriales de Canarias no tenían obligación alguna de acomodarse a unos esquemas que nada tenían que ver con las condiciones que caracterizaron su génesis y desarrollo, por lo que el dictamen oficial impuso a estas producciones un doble sambenito: el de la pobreza y el del atipismo. El primero es, cuanto menos, discutible por lo subjetivo del juicio (¿pobre o rico con respecto a qué?), mientras que el segundo debe ser tenido por falso si aceptamos que, por principio, los artefactos canarios en piedra no tienen por qué parecerse a ningún otro, al menos a nivel tipológico. Esta situación seguirá teniendo plena vigencia hasta principios de los años ochenta ya que si bien desde la creación, casi una década antes, del Departamento de Prehistoria de ia Universidad de La Laguna se puede observar una cierta inflexión en el quehacer arqueológico del Archipiélago, esta circunstancia no había mejorado en absoluto el estudio de los elementos que nos ocupan. A la vista de todo ello, debemos cuestionarnos qué propició semejante situación y podríamos hallar numerosas respuestas sin intentar juzgar el fenómeno, sino tan sólo constatar una realidad con la crudeza que posea, pero bajo todas ellas subvacerá una falla estructural de capital importancia: la falta de unos objetivos de estudio adecuadamente definidos y de una metodología de análisis convenientemente estructurada que permita cubrirlos de manera satisfactoria. Y es que el método (se entienda como se entienda) lo es todo en ciencia, es el marco en el que la realidad (caos y desorden en apariencia) muestra su construcción interna, su verdad. Sólo a través del método accederemos a un conocimiento ordenado y profundo de cuanto nos rodea con garantías de atisbar su esencia. Por otro lado, el método debe tender a la globalidad y a la universalidad, a ser una 85
PABLO ATOCHE PEÑA - JOSÉ MARTÍN CULEBRAS quaesíio infinita, un ofjicium absolutum, es decir, un entorno que afecte a los elementos del todo con independencia del tiempo y el espacio; de no ser así, el sistema queda reducido a mero localismo anecdótico. La falta de hipótesis de partida y de una estructura de procedimiento sólida imposibilita la aparición de «certezas», que permitan a la investigación alejarse de la simple emisión de posibilidades, potencialidades y elucubraciones más o menos felices pero carentes de todo fundamento. «Y conocer, en última instancia, no es otra cosa que comprender y explicar. Y para comprender y explicar los hechos y los objetos que generan hechos, o funciones, o relaciones (a partir del residuo material arqueológico) es imprescindible un modelo, abstracto, teórico, artificial, que rinda cuenta de todos los hechos empíricos considerados y que posibilite su lectura estructural, su traducción al lenguaje de la ciencia» (MARTÍN DE GUZMÁN, C, 1988: 31). III. HACIA UN PROCEDIMIENTO ANALÍTICO GLOBAL Nuestro objetivo final debe ser conseguir la aprehensión del mayor volumen de información que proporcione este tipo de artefactos y ponerlo en relación, a su vez, con el resto de los elementos que constituyen la realidad histórico-cultural de los sitios en estudio. Las conclusiones resultantes deben contrastarse con las obtenidas en otros yacimientos del área, con objeto de interpretar las claves del quehacer cotidiano de esas primitivas poblaciones y su evolución a lo largo de los siglos. Para ello debemos enlazar y ordenar unas pautas de análisis coherentes, razón por la cual podemos hacer concesiones a un cierto pragmatismo (entendido como la adaptación a los medios de estudio con que podemos contar en el momento de realizar nuestro trabajo), pero nunca al eclecticismo acrítico, es decir, a la amalgama aleatoria y subjetiva de aquellos aspectos metodológicos que se acomoden a nuestras capacidades o nuestros intereses en detrimento de la homogeneidad del conjunto y de los resultados. Por otro lado, nuestra meta debe ser a su vez la totalidad. Afirmaba Hegel que lo real, lo verdadero, es el Todo y que dicha realidad es dinámica, al estar regida y movida por la contradicción, internamente relacionada y constituida como oposición de contrarios; no entraremos aquí a discutir la concepción dialéctica de la realidad en este autor, pero su cita no se debe en modo alguno al azar. Lo real, desde el punto de vista de un yacimiento arqueológico, es la totalidad del registro material presente y la información que nos ofrecen los conjuntos en estudio; por esta razón, si de nuestro trabajo pretenden inferirse «certezas», y no elucubraciones gratuitas, nuestra labor debe tener como fin la integridad del registro. Con todo, nuestras «certezas» deben ser concebidas como aquellas hipótesis que han superado la contrastación con los datos ofrecidos por la experiencia, es decir, en nuestro caso, el proceso de excavación arqueológica y los programas experimentales desarrollados paralelamente; por tanto, se darán por válidas, que no verdaderas, mientras superen el criterio de falsación, o lo que es lo mismo, mientras no se demuestre que son 86
LOS ARTEFACTOS LÍTICOS PREEUROPEOS DE CANARIAS... I I O 5 cm. FlG. 2.—Industrias líticas de Lanzarote. 93
PABLO ATOCHE PEÑA - JOSÉ MARTÍN CULEBRAS 3. La constatación de sus potencialidades tecnológicas.—Este procedimiento se relaciona estrechamente con los dos anteriores y con el que le sucede. Una vez que conocemos la materia y la respuesta que ésta presenta ante determinados estímulos físicos, podemos proceder a inferir los procesos tecnológicos que admite. Para ello nada mejor que el desarrollo de un programa experimental que recoja el mayor número posible de materias y variables técnicas acompañadas con una exhaustiva recogida de datos. Quizás podría obviarse este desarrollo empírico y tratar de obtener resultados a través de la deducción de posibilidades que ofrece el análisis geofísico; sin embargo, creemos que este tipo de conclusiones no pasarían de ser hipótesis cuya validez sólo podría aceptarse provisionalmente como plausible, mientras que la experimentación permite contar con datos reales que, sin ser concluyentes, sí son más adecuados de cara al proceso de trabajo. En este nivel, los resultados obtenidos nos proporcionarán un esquema de potencialidades tecnológicas, referente necesario a la hora de enfrentarnos al análisis del material arqueológico, en el que el dibujo de los artefactos juega un papel de primera magnitud, siempre y cuando permita reflejar lo más exactamente posible la realidad física y técnica del objeto, sin falsear la textura del material o emplear convencionalismos que no responden a la realidad arqueológica (vid. figs. 1 y 2). 4. El estudio de los procedimientos técnicos desarrollados.—Desconocemos el nivel tecnológico inicial de los grupos que pueblan cada una de las Islas Canarias. Es muy posible que éstos conociesen desde antiguo la tecnología metálica o bien simplemente el uso de objetos realizados en este tipo de material. Debemos tener presente que en el Maghreb protohistórico se encuentran varios focos metalúrgicos; uno de ellos localizado en la zona occidental del actual Marruecos, en el que se evidencian elementos que nos hablan de algún tipo de relación de origen con el Bronce Inicial y Medio de la Península Ibérica. Otro, autóctono al parecer, está vinculado a la explotación de cobres y a la adquisición de bronces foráneos en el área mauritana hasta que se produce la introducción del hierro. La fundación de colonias fenicias como Lixus o Cartago y su posterior expansión introdujeron a su vez novedades culturales en toda la zona nortea frica na. No sería por tanto absurdo pensar que los grupos humanos que estudiamos podían conocer en sus lugares de origen el uso del metal desde antiguo, una circunstancia que pudo afectar principalmente al abandono o la reducción a un estadio residual de la tecnología de talla de la piedra, aunque no tanto al pulimento, necesario aún durante mucho tiempo para la confección de buen número de artefactos. Por esa razón hemos de contar con que en el archipiélago pudieron producirse procesos forzados de reinvención o rejuvenecimiento de las técnicas de talla, necesarias para poder sacar partido al material lítico ante la falta de afloramientos metálicos, lo que podría explicar un escaso refinamiento en este tipo de trabajos. A partir de esta hipótesis, sería necesario rastrear la evolución de las técnicas de transformación y de los productos obtenidos a través de ellas. 94
LOS ARTEFACTOS LÍTICOS PREEUROPEOS DE CANARIAS... Así pues, nuestro análisis debe plantearse sincrónica y diacrónicamente, es decir, buscando la caracterización técnica de los conjuntos en un mismo período y su modificación en las distintas etapas del pasado insular. Para ello es imprescindible contar con secuencias estratigraficas y dataciones absolutas que se acerquen en lo posible a los dos extremos de la secuencia cronológica: la génesis del poblamiento y el colapso del mundo aborigen. El estudio de los productos y los desechos de talla y de los objetos pulimentados, con el concurso de las conclusiones aportadas por la experimentación, nos permitirán vislumbrar las estrategias desarrolladas para la formalización de todo tipo de objetos. Estableceremos así la posible puesta en práctica de la talla por percusión directa en sus múltiples variantes, la percusión indirecta, la presión y el pulimento (con todas sus características y procedimientos distintivos). Los productos derivados de la talla de la materia prima, presenten o no retoque, pueden ser caracterizados a través del análisis morfotécnico propuesto por Georges Laplace y su entorno a través de distintos trabajos y por medio del denominado Sistema Lógico Analítico desarrollado por Carbonell, Mora y Guilbaud (vid. bibliografía). El marco de la Tipología Analítica y Estructural (TAE) fue definido por Laplace en sus rasgos principales en 1974, proporcionando las claves esenciales de la propuesta analítica, la cual fue perfilada en trabajos posteriores en los que participó un reducido grupo de investigadores afines. La Tipología Analítica aparece como reacción frente a los estudios tradicionales, en los que el empirismo y la subjetividad regían la distinción de tipos en los conjuntos Uticos. Se trata de un método enfocado al análisis de los artefactos líticos tallados que presentan retoque, ya que Laplace continúa la concepción clásica, según la cual los productos de lascado en bruto sólo pueden considerarse como desechos de talla o soportes para la posterior fabricación de útiles. El análisis laplaciano parte del conocimiento de la técnica de talla que se ha utilizado en la fabricación de la pieza en estudio para, a continuación, orientarla, medirla y examinar sus características morfotécnicas. Posteriormente, ésta es encuadrada en una categoría métrica a través de los módulos de alargamiento y de aplanamiento. El siguiente paso es la caracterización del retoque por medio de una serie de criterios tales como su orientación, localización y forma. Según las características morfotécnicas presentes, el artefacto podrá ser inscrito en un orden basado en el tipo de retoque predominante (abrupto, sobreelevado...). Los órdenes se componen de grupos (puntas, truncaduras, foliáceos...), que contienen a su vez las clases (p.e. punta de dorso con retoque marginal...) formadas por tipos primarios (p.e. PD12, punta de doble dorso marginal). Cada uno de estos estadios clasificatorios, que van de lo general a lo particular, reciben el nombre de Temas. La reducción de las características morfotécnicas de la pieza a una serie de siglas preestablecidas permite enunciarlas conjuntamente, configurando la denominada fórmula analítica. A partir de este momento se desarrolla el análisis de la estructura mediante el tratamiento estadístico de los datos. 95
PABLO ATOCHE PEÑA - JOSÉ MARTÍN CULEBRAS El análisis de las piezas desprovistas de retoque puede realizarse sin salir del ámbito de la TAE, gracias al trabajo de Assumpció Vila i Mitjá, quien propone una serie de pautas para caracterizar los bordes de las mismas basadas en criterios compatibles con los utilizados para las piezas retocadas, de tal manera que el tratamiento de los datos pueda englobar a la totalidad de los productos de talla (VILA, A., 1986). Sin embargo, toda una serie de artefactos.ligados a las labores de talla quedaban soslayados: los núcleos (sin los cuales no era posible emitir conclusiones tecnológicas) y los artefactos confeccionados sobre canto. En el primer caso, Laplace se limita a proponer una lista formal (tipológica) sin detenerse en su examen, mientras que para el segundo no propone absolutamente nada. Este tipo de piezas pueden estudiarse según los postulados del Sistema Lógico Analítico (SLA) de Carbonell, Mora y Guilbaud, un modelo que parte de la Tipología Analítica pero centra su interés en aquellas parcelas del registro no afectadas por el trabajo de Laplace, adquiriendo por ello características propias. Los citados autores diferencian la materia prima en bruto, a la que denominan bases o bases naturales, los núcleos y útiles sobre canto (o bases negativas de primera generación —BN1G—), los productos de talla no retocados (o bases positivas de primera generación —BPJG—) para los que proponen igualmente sus propias pautas de análisis, los productos retocados (o bases negativas de segunda generación —BN2G—) para cuyo análisis remiten a los trabajos de Laplace, y los desechos producidos por el retoque (o bases positivas de segunda generación —BP2G—). La compatibilidad entre ambos métodos no es total, pero desarrollan sus pautas según principios similares. Por otro lado, al no contar en el ámbito de la TAE con modelos para el estudio de núcleos y artefactos sobre canto, nuestra única opción de cara a la coherencia del proceso analítico es la adopción de aquellas propuestas de procedimiento, presentes en el campo del SLA, que afectan a este tipo de piezas. Sin embargo, en caso de aparecer iniciativas en este sentido en el seno del entorno laplaciano, que posean el mismo nivel de eficacia que el logrado por el Sistema Lógico Analítico, tendríamos que plantearnos su acogida por el bien de la homogeneidad del conjunto. Creemos que el método laplaciano de análisis morfotécnico y sus sucesivas revisiones, sin ser la panacea, es el único que en la actualidad nos permite acercarnos a casi cualquier conjunto industrial, independientemente del lugar o la época en que fue confeccionado. Por el contrario, los listados tipológicos tradicionales estaban realizados sobre la realidad de un lugar y un momento histórico concreto, por lo que su utilización en el archipiélago sólo nos conduciría hacia el ya citado «atipismo» de las industrias líticas canarias. Con todo, hemos de ser conscientes de que el sistema laplaciano presenta fallas y limitaciones. Así, el análisis estructural en la TAE plantea el establecimiento 'de relaciones entre los elementos del conjunto, pero sin tener en cuenta el resto del registro arqueológico vinculado a él. Por otro lado, el tratamiento estadístico propuesto nos permite descubrir anomalías a nivel del dato numérico, que pueden además ser magnifi96
LOS ARTEFACTOS UTICOS PREEUROPEOS DE CANARIAS... cadas artificialmente, pero nunca nos señala los porqués de las mismas, de ahí que limitarnos a efectuar pruebas comparativas no nos facilite explicaciones al comportamiento de esos conjuntos. Por otro lado, en la sucesión de grupos, clases y tipos primarios, encontramos aún demasiadas resonancias funcionales que sólo el análisis de huellas de uso podría confirmar. Esta sucesión termina siendo en el fondo una nueva lista tipológica que, si bien es más rigurosa que las tradicionales, adolece del mismo mal: no permite la incorporación de todos los instrumentos analizados. De hecho, las piezas no retocadas no pueden incluirse con normalidad en todos los grupos, clases y tipos primarios. Estos últimos, compuestos por multitud de tipos secundarios en los que tienen cabida los tipos clásicos, se presentan muy amplios y pueden aunar útiles que, aún participando de similares caracteres morfotéemeos, pudieron tener una funcionalidad diferenciada (lo que les haría distintos por definición) o pertenecer a realidades opuestas, con lo que se darían falsas imágenes de homogeneidad entre complejos industriales distintos. Además, piezas con caracteres morfotécnicos similares pueden ser inscritas en grupos diferentes del mismo orden, con el equívoco que ello comporta. ¿Invalida todo ello la analítica morfotécnica? En modo alguno. Ningún procedimiento es perfecto, pero el conocimiento de sus carencias ayuda a asegurar estrategias afines con que suplirlas, siempre y cuando no se pierda con ello la coherencia del conjunto. El material pulimentado se diferencia genéticamente del anterior por sufrir unos procesos técnicos distintos. Del desbastado de la masa original para conferirle un esbozo de su forma definitiva (una labor que suele realizarse mediante talla), se procede a homogeneizar la superficie mediante abrasión y a darle, si procede, la forma y el alisado final mediante un pulimento en detalle. El afilado, ranurado, acanalado y la perforación son procesos que pueden darse o no en todas las piezas con objeto de procurarles la forma definitiva. En el caso de Canarias podemos realizar una discriminación general en dos grandes grupos de piezas, según presenten una funcionalidad verosímil o no. Se trata de una función indicada por el contexto arqueológico y su relación con el resto del registro, la etnografía y la tradición; sin embargo, su funcionalidad real sólo podrá determinarse a través de los análisis de huellas de uso. En cada uno de los grupos anteriores encontramos una serie de subgrupos diferenciados igualmente por una funcionalidad verosímil concreta, en el caso de pertenecer al primer grupo, o bien por la forma que presentan, si no se les puede asignar una función probable. En cada subgrupo estarán encuadrados artefactos concretos definidos por sus caracteres geológicos, morfológicos, tecnológicos, métricos, decorativos, etc. Esta primera clasificación analítica de los artefactos pulimentados, al fundamentarse sobre criterios de posibilidad, debe ser entendida como una hipótesis de partida, ya que sólo al finalizar la cadena analítica será posible confirmarla o denegarla con la obtención de las ya comentadas «certezas». Si la hipótesis de partida se sostiene, el artefacto permanecerá en el subgrupo clasifica97
PABLO ATOCHE PEÑA - JOSÉ MARTÍN CULEBRAS torio en el que se le incluyó en un primer momento; en caso contrario el artefacto deberá ser incluido en otro subgrupo. Esta circunstancia hace que la estructura de clasificación sea flexible y se adapte a la realidad arqueológica, y no a nuestros presupuestos o preferencias. Así pues, este primer análisis morfométrico inicial estaría estructurado de la siguiente manera: Grupo A.—Artefactos con funcionalidad verosímil. Analizaremos sus características geológicas, peculiaridades tecnológicas, su forma, sus medidas (largo, ancho y espesor generales, y de la zona activa), la aparición de huellas macroscópicas de uso, decoraciones, etc., independientemente de la materia que trabajaron, que aún no la conocemos salvo que estemos en presencia de restos evidentes (por ejemplo, ante la existencia de restos de almagre en útiles destinados a la trituración de colorantes). 1. Elementos de molturación y trituración. 2. Recipientes de piedra. Junto a las variables señaladas determinaremos también su diámetro, su capacidad, su profundidad, el espesor de sus paredes o su relación con formas cerámicas conocidas. 3. Adornos personales. 4. Elementos de construcción. Se estimarán, además de lo dicho, posibles diferencias en el tratamiento ligadas a su disposición en el conjunto arquitectónico. 5. Percutores y cinceles confeccionados por pulimento, caracterizados por la presencia de conos de percusión y extracciones en uno o en sus dos extremos, respectivamente. 6. Hachas, mazas, azuelas y moldes. De todos es conocida la presencia de hachas de jadeita en las islas, que podrían no provenir de contextos insulares; sin embargo, que no hayan aparecido hasta el momento no invalida tal posibilidad y debemos incluir esta categoría aunque jamás se concrete. Lo mismo podríamos decir de los moldes para la fabricación de elementos metálicos; no se han recuperado, pero no es descartable su aparición, por lo que deben quedar convenientemente recogidos. Grupo B.—Anejados de funcionalidad menos evidente. En él incluimos los denominados bruñidores o alisadores, las placas (decoradas o no), los objetos de formas geométricas realizados sobre piroclastos compactados (en ocasiones definidos como tapas de vasos cerámicos cuando son circulares), esferoides pulimentados, representaciones antropomorfas, zoomorfas, fantásticas e irreconocibles cuya función exacta (¿artística, cultual, decorativa, de prestigio...?) se nos escapa, así como cualquier otro artefacto cuya funcionalidad suponga una incógnita o conlleve un nivel de dudas razonable. En todos ellos analizaremos las variables descritas anteriormente. Por fin, podría pensarse que los grabados, al ser artefactos realizados sobre piedra (en el sentido global expresado por Cordón Childe) deberían incluirse igual98
LOS ARTEFACTOS LÍTICOS PREEUROPEOS DE CANARIAS... mente en nuestro análisis; sin embargo, son elementos que requieren procedimientos de análisis específicos, por cuanto en ellos la roca sólo es el soporte, mientras que lo realmente importante es su representación y el mensaje que pretenden expresar. En definitiva, su significación, su razón, parece independiente de la propia materia que los sustenta. En ese sentido, si extraemos los trazos que lo componen del panel en que se encuentran siguen teniendo sentido por sí mismos, mientras que en el resto de los artefactos descritos no ocurre así. 5. El análisis funcional.—Aunque puede considerarse uno de los descubrimientos analíticos más recientes en relación con las producciones líticas, es también uno de los que mayor empuje y mayor interés presentan. En la actualidad, su aportación más señalada ha sido la de permitir dotar de significación completa al artefacto lítico, reducido tradicionalmente al tipo y al papel de fósil director de períodos y «culturas». El estudio riguroso de las huellas macro y microscópicas provocadas en la superficie del artefacto por efecto del trabajo humano sobre distintas materias, se origina con los trabajos que el soviético S.A. Semenov lleva a cabo desde 1935, aunque la publicación de su obra en lengua inglesa no se produjo hasta casi treinta años después, suscitando rápidamente el interés de los investigadores occidentales. Desde la difusión de las teorías de Semenov hasta hoy se ha producido un salto cualitativo y cuantitativo en el panorama de la investigación tradicional, lo que ha propiciado igualmente la discusión y la aparición de modelos de procedimiento encontrados, como la conocida polémica entre los defensores de la utilización de altos y bajos aumentos en la observación microscópica de huellas. Antes de proceder a la observación de piezas arqueológicas, es necesario partir de las características ya conocidas a través de los pasos anteriores, es decir, sus claves geológicas y morfotécnicas. Además, es necesario tener un conocimiento previo del registro arqueológico al que se asocian y plantear un programa experimental que nos permita acercarnos al conocimiento de: A. Los factores de alteración no vinculados al uso. — Huellas macro y microscópicas producidas por el desarrollo de actividades tecnológicas (extracción, transporte, formalización, reavivado de filos, reforma ), estudiadas según los distintos procesos técnicos que pueden llevarse a cabo. — Huellas macro y microscópicas producidas por procesos postdeposicionales, tanto de origen natural (clima, condiciones del suelo, rodamiento...) como biológicos. - Huellas macro y microscópicas vinculadas al proceso de investigación científica: excavación, almacenamiento, lavado, manipulación, dibujo,...etc. 99
PABLO ATOCHE PEÑA-JOSÉ MARTÍN CULEBRAS B. Los factores de alteración vinculados al uso. Supone el estudio de los procesos de génesis, desarrollo, distribución, extensión e intensidad de las huellas de uso dependiendo de: — La materia sobre la que incide o que entra en contacto con la pieza durante su uso o de cualquier otro modo (p.e. a través del enmangue). — La cinemática. — Las características propias de la materia sobre la que se realizó el artefacto. — La forma de la parte activa del objeto. — La duración del trabajo. Nuestra experimentación nos proveerá de unos datos y una colección de referencia; sin embargo, de ellos no podemos inferir leyes universales. Que observemos algo controlando un reducido número de variables combinadas, a su vez, de forma limitada no significa que siempre deba ser así. De hecho, un repaso por la abundante bibliografía existente nos muestra que no hay unanimidad entre los investigadores que experimentan (sí la hay entre los que se limitan a seguir el método y las deducciones de otros), puesto que no todos observan las mismas cosas ni las describen e interpretan de igual forma. Por otro lado, aún no se ha propuesto ningún método de cuantificación y medición objetivos de las huellas de uso presentes en el utillaje observado. Teniendo esto presente, puede precederse al análisis macro y microscópico de los artefactos arqueológicos, combinando el uso de la lupa binocular, el microscopio metalográfico y el microscopio electrónico. Nuestro examen puede conducimos a nuevas hipótesis, referidas esta vez al uso de las piezas en el pasado. En la aparición de las huellas de uso son muchos y de muy distinta condición los factores que intervienen. No se dan los mismos en cada situación concreta y, aunque así fuese, las variaciones en su conjugación (aunque sean de grado) pueden provocar que los efectos no sean siempre iguales ni previsibles o puedan solaparse con otros. En el caso del material arqueológico desconocemos qué variables y condiciones actuaron en el momento de la formación de las huellas, cómo se ordenaron y qué factores pudieron distorsionar sus efectos; además, nuestra capacidad de observación, el modo en que se registraron y cuantificaron los datos y nuestra interpretación de los mismos no ayuda a aclarar el panorama. Como afirman Ingbar, Larson y Bradley {1989: 117-135) los conjuntos arqueológicos no son sistemas cerrados, ya que desconocemos las condiciones de partida; ante lo dicho, retrotraernos a las mismas sin tener en cuenta su aleatoriedad y establecer reglas generales en estas condiciones se hace, pues, difícil: «(,..) as functional analysis is an interpretative technique it is unsound to make detenninistic siatements» (GRACE, R., 1988: 68). En otros casos, nuestras hipótesis funcionales pueden reforzarse o comprobarse ante la presencia de residuos dejados por la materia trabajada, o bien por la vin100
LOS ARTEFACTOS LÍTICOS PREEUROPEOS DE CANARIAS... culación inequívoca de una pie/a a un elemento concreto (p.e. una punta de flecha clavada en hueso animal o humano), hechos que aportan datos evidentes acerca de su funcionalidad. Con todo, otro tipo de asociaciones a componentes del registro arqueológico y basadas sólo en su localización en el espacio, probablemente no nos conducirán al mismo tipo de conclusiones. Nuestras hipótesis funcionales supondrán, en el modelo de análisis que proponemos, la culminación del estudio del artefacto en sí mismo y darán paso al examen de las relaciones que éste establece con su entorno. 6. El análisis de las relaciones espaciales.—Una cuidadosa excavación del yacimiento, que respete tanto la distribución vertical de los artefactos como su localización horizontal y recoja con rigor los datos de ambas, nos permitirá crear una representación gráfica del emplazamiento de los mismos tras su abandono y el influjo de unos procesos postdeposicionales que no conocemos. El acercamiento a estos últimos puede realizarse a través de distintos medios de análisis y con la puesta en práctica de programas experimentales diseñados a tal efecto. En síntesis, podemos decir que pueden aparecer concentraciones de artefactos en áreas concretas del asentamiento. En ellas se podrán dar a su vez distintas densidades de objetos por unidad de espacio. El estudio de las relaciones espaciales a nivel de concentraciones y de objetos puede permitirnos un primer dato de cara al establecimiento de áreas de trabajo de la piedra en un momento determinado, su jerarquización y su variación a lo largo del tiempo, así como diferencias sincrónicas y diacrónicas en la intensidad de la ocupación de distintas parcelas del lugar de asentamiento. Asimismo, la distribución y el carácter individualizado o solapado de las actividades evidenciadas pueden remitirnos a aspectos organizativos y sociales de las comunidades que las desarrollaron, la densidad de las mismas y el grado de permanencia en el lugar. Para ello se hace imprescindible que las relaciones que se establezcan a nivel espacial no se limiten al conjunto Utico sino que, por el contrario, mantengan una estrecha conexión con las concentraciones que muestre el resto del registro arqueológico. Por otro lado, un estudio de este tipo puede favorecer la práctica de los remontados, es decir, la unión del mayor número posible de productos de talla procedentes de un mismo núcleo hasta obtener en lo posible la forma original del soporte inicial. Evidentemente, estas prácticas suponen también un apoyo a los análisis del alcance de los procesos postdeposicionales. Este acercamiento a los efectos de la acción del hombre en su entorno se puede completar con los pasos siguientes. 7. El análisis de las relaciones con el medio y de las estrategias de aprovisionamiento.—Al inicio de este proceso caracterizamos la o las materias que componían el conjunto a estudiar. Sin embargo, si profundizamos en sus aspectos compositivos podremos alcanzar nuevas perspectivas de conocimiento. 101
PABLO ATOCHE PEÑA - JOSÉ MARTÍN CULEBRAS Existen distintos métodos para estudiar la composición de las rocas y ninguno de ellos es exclusivo de la arqueología; por el contrario, la mayoría han sido utilizados con anterioridad por otras disciplinas de las que han sido tomadas. El arqueólogo les proporciona una visión diferente, una nueva línea de interpretación de los datos derivados del examen que resulta de la existencia de unos objetivos específicos de su campo de estudio. Con todo, cabe destacar que aunque el profesional de la arqueología puede llegar a realizar por sí mismo este tipo de análisis cuando conoce la técnica y cuenta con el utillaje adecuado, esta circunstancia no es imprescindible; así la cooperación interdisciplinar se torna en algo ineludible. La clasificación tradicional de los métodos de análisis compositivo contempla tres grandes grupos: el de aquellos basados en la observación y registro de sus componentes minerales, las técnicas de análisis geoquímico (o de elementos-traza) y aquellos no encuadrables en los anteriores. Entre los primeros, unos esperan distinguir la roca a través de la observación macroscópica, clasificando las distintas variedades según las diferencias de color y textura visibles a ojo desnudo; otros, por el contrario buscan el reconocimiento de la naturaleza de los cristales minerales que componen la roca por medio de la microscopía de luz transmitida. Los segundos aspiran a clasificar las diferencias en el seno de un mismo tipo de roca analizando la composición química de las mismas, es decir, estableciendo la presencia y el número de elementos químicos específicos con el concurso de medios técnicos muy sofisticados. A. Análisis basados en la observación macroscópica o en la determinación microscópica de los componentes minerales de la roca. A. 1. La comparación macroscópica. Es quizás el método más sencillo, barato e impreciso de determinación del origen de una muestra de roca. Se trata de observar a ojo desnudo los rasgos externos del material en estudio: su color, su brillo, su textura, su transparencia, etc., y establecer clasificaciones según las diferencias o similitudes observadas. Es uno de los métodos de estudio y clasificación de la materia prima que primero vieron la luz. De hecho, la diferenciación de las rocas por su textura o su color ha sido el medio más utilizado a la hora de ordenar un conjunto lítico; se ha hablado así de «sílex de grano grueso», «sílex melado», etc. Esta modalidad analítica puede servir como primer paso en el proceso de caracterización de la realidad material de un yacimiento, pero en ningún caso puede ser tomada como la única factible, ni siquiera la más adecuada, dado que en la descripción de los rasgos definitorios de cada muestra interviene de modo decisivo el criterio subjetivo de cada autor. Además, la determinación visual nunca podrá alcanzar el mismo nivel de concreción y detalle sobre la estructura compositiva de la roca que los métodos que comentaremos a continuación, por más que en determinados 102
LOS ARTEFACTOS LÍTICOS PREEUROPEOS DE CANARIAS... estratigráfico. De este modo alcanzaremos a comprender en su plenitud las características socio-económicas y las claves culturales del grupo en estudio, algo que no puede establecerse únicamente a través del análisis lítico. Esta circunstancia obliga a que el estudio de los artefactos Uticos sea, no sólo coherente en sí mismo, sino también con el resto del estudio arqueológico; si queremos que responda a la globalidad ya aludida no puede ser un capítulo con entidad propia pero sin relación con el resto en el marco de un estudio supuestamente global, ni un estudio completamente descontextualizado. Por esta razón, la labor de síntesis total se muestra imprescindible para lograr emitir un modelo teórico que explique el desarrollo diacrónico y sincrónico de la ocupación humana del sitio en estudio. Pero no podemos quedarnos en la caracterización del asentamiento, por completa que esta sea. La referencia a la unidad geográfica máxima con la que puede estar relacionado (la isla, en el caso de Canarias) debe ser constante, ya que sólo así podremos insertar al grupo en estudio en el marco de la comunidad cultural a la que pertenece y darle plenitud a su caracterización. Lógicamente esta última cuestión dependerá del grado de conocimiento alcanzado en otros asentamientos de cronología similar en el resto del territorio insular y del nivel de comunicación alcanzado por los investigadores. IV. PROYECTO DE APLICACIÓN Este análisis sistémico de los artefactos líticos se concibe, como hemos dicho, como un modelo a comprobar, en lo posible, en una realidad arqueológica concreta, y para ello hemos escogido la isla de Lanzarote. El estudio del pasado prehispánico de dicha isla ha sido abordado bajo los más variados criterios, acordes en cada momento con la mentalidad o los planteamientos metodológicos vigentes. Las crónicas de la conquista normanda o las obras de estudiosos posteriores recogen los primeros datos y han sido el punto de partida del que arrancaron los trabajos posteriores, incluidos algunos de los más recientes. A partir del último tercio del siglo XIX, la investigación sobre los antiguos majos estuvo determinada por el desarrollo de trabajos que intentaron armonizar la información proporcionada por las fuentes y la realidad presentada por los sucesivos, aunque escasos, hallazgos arqueológicos que se iban produciendo. Esta situación explica la reiteración de viejas hipótesis referidas al poblamiento de la isla, o la adjudicación a los aborígenes de un ambiente cultural basado en la asimilación de datos conocidos para otras partes del Archipiélago (CHIL, G., 1876; BERTHELOT, S., 1978; VERNEAU, R., 1981; JIMÉNEZ, S., 1946 a y b; SERRA, E., 1962). Como resultado, la investigación se encontró en una situación de bloqueo de la que sólo era posible salir mediante el empleo de nuevos procedimientos metodológicos orientados al trabajo de campo, con la finalidad de confirmar o desechar la 109
PABLO ATOCHE PEÑA - JOSÉ MARTÍN CULEBRAS fiabilidad de las fuentes etnohistóricas, hecho que no comenzará a producirse hasta la década de los años setenta del presente siglo (Dúo, I., 1974, 1976, 1977, 1988 y 1990; MARTÍN, D., el alii, 1982; GARRALDA, M. D., 1985; BALBÍN, R. et alii, 1987; ATOCHE, P. et alii, 1989). No obstante, la visión que transmiten las ci.tadas fuentes ha tenido una gran incidencia en la investigación más reciente, confiriendo al pasado insular un desarrollo fuertemente marcado por una conceptuali/ación estrictamente lineal y monocíclica de la cultura aborigen. Esta visión, aún defendida por algunos, considera que a lo largo de los casi dos milenios que abarcó la ocupación preeuropea de la isla no se produjo ningún proceso de transformación cultural. Por tanto, la consulta acrítica de los textos que narran la conquista y de las obras posteriores ha proporcionado resultados muy pobres y escasamente clarificadores a la hora de aproximarnos al exacto conocimiento del mundo indígena. Los más recientes trabajos arqueológicos demuestran, en el plano diacrónico, variaciones cualitativas y cuantitativas en el registro material (ATOCHE, P. el alii, 1989; ATOCHE, P, 1992), en la composición y estructura de la cabana ganadera (MARTÍN, M. et alii, 1989) y en el modelo de ocupación del territorio (ATOCHE, P, 1992-93). Pero también han puesto en evidencia el hecho de que a partir de ahora la investigación habrá de tener en cuenta los contactos que, al menos desde el siglo I a.C./ siglo I d.C. se establecen entre la población indígena y las gentes romanizadas del Mediterráneo occidental (ATOCHE, P. el alii, 1995). La consideración de este factor viene, por tanto, a romper con el ancestral aislamiento que han venido sufriendo las investigaciones arqueológicas en Canarias, en general, y nos permitirá explicar con mayor precisión el origen de muchos de los aspectos que definen la cultura aborigen. Por tanto, el desarrollo que presenta en la actualidad la investigación arqueológica en Lanzarote precisa, para un futuro inmediato, un incremento cualitativo de la información procedente de trabajos de campo, tarea necesaria tanto de cara a la programación de futuras actuaciones como desde el punto de vista del análisis territorial o de la protección patrimonial. En este sentido, ya contamos con la Carta Arqueológica de Lanzarote (ATOCHE, P, 1996), que nos está permitiendo programar un plan de intervención arqueológica que responde a una clara definición y planificación de la metodología y los objetivos que se pretenden conseguir y, consecuentemente, de cara a dar respuesta a hipótesis concretas referidas a un más amplio conocimiento de la secuencia crono-estratigráfica, el número de asentamientos y su distribución espacial, la amplitud de las unidades habitacionales, la organización interna y externa, etc... Con esos antecedentes se plantea un proyecto de investigación global de la realidad preeuropea de la isla que con el título de «Bioarqueología de las poblaciones aborígenes de Lanzarote» (ATOCHE, P y RODRÍGUEZ, C., en prensa), aglutina a especialistas de los más diversos campos y se convierte en el marco ideal para encauzar un estudio de los artefactos líticos como el que hemos descrito: relacionado con la totalidad del registro a nuestro alcance. Conociendo en buena medi110
LOS ARTEFACTOS UTICOS PREEUROPEOS DE CANARIAS... da el registro arqueológico existente y contando, además, con una secuencia estratigráfica clara, amplia y convenientemente comprobada y calibrada por las dataciones absolutas, nos es posible establecer hipótesis de partida y aplicar nuestro modelo sistémico a la realidad aborigen de la isla, con objeto de confirmarlas o rechazarlas y lograr avances en la investigación prehistórica insular. BIBLIOGRAFÍA ABREL1 Y GALINDO, J.: 1977 Historia de la conquista de las siete islas de Canaria. S/ C. de Tenerife. AlRVAUX, J.: 1983-84 Méthodologie systématique en Typologie Analytique. Diaieknké. Cahiers de Typologie Analytíque: 1-21. — 1987 Les potencialités morphologiques. Sistemes d'análisi en Prehistoria: 90-97. G i roña. ALONSO OTERO, F. et alii: 1980 Prácticas de Geografía Física. Oikos Tau, Barcelona. ÁLVAREZ DELGADO, J.: 1945 Jabona. Notas lingüísticas. Revista de Historia, XI: 202-209. La Laguna. AMICK, D. S. y MAULDIN, R. P. (Ed.).: 1989 Experiments in lithic technology. B.A.R. I.S. 528. Oxford. ARCO AGLTLAR, M. C. y NAVARRO MEDEROS, J. F.: 1988 Los aborígenes. S/C. de Tenerife. ASARO, F. el alii: 1978 High-precision chemical characterization of major obsidian sources in Guatemala. American Antiquitv, 43 (3): 436-443. Washington D.C. ATOCHE PEÑA, P: 1992 Análisis morfométrico y funcional de los recipientes cerámicos de los primitivos habitantes de Lanzarote. Investigaciones Arqueológicas en Canarias, 3: 39-81. S/C de Tenerife. - 1992-93 El poblamiento prehistórico de Lanzarote. Aproximación a .un modelo insular de ocupación del territorio. Tahona, VIII: 77-92. La Laguna. — 1996: Aproximación al estado actual del Patrimonio Arqueológico de Lanzarote: La Carta Arqueológica. Tahona, IX: 9-44. La Laguna. ATOCHE, R; RODRÍGUEZ, M. D. y RAMÍREZ, M. A.: 1989a El yacimiento arqueológico de «El Bebedero» (Teguise, Lanzarote). Resultados de la primera campaña de excavaciones. Madrid. ATOCHE, P.; RODRÍGUEZ, M. D. y RAMÍREZ, M. A.: 1989b Trabajos arqueológicos en la cueva de Quiquirá (La Orotava, Tenerife). S/C. de Tenerife. ATOCHE, P.; PAZ, J. A.; RAMÍREZ, M. A. y ORTIZ, M. E.: 1995 Evidencias arqueológicas del mundo romano en Lanzarote (Islas Canarias). Arrecife. ATOCHE, P. y RODRÍGUEZ, C.: En prensa El provecto «Bioarqueología de las poblaciones aborígenes de Lanzarote» (Islas Canarias): un modelo interdisciplinar de análisis de un medio insular. Segundo Congreso Internacional de Estudios sobre Momias. 1995. Cartagena de Indias (Colombia). 111
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