Evolución y características de la población del núcleo fundacional de Las Palmas de Gran Canaria a la luz de las fuentes demográficas y bibliográficas
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EVOLUCIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA POBLACIÓN DEL NÚCLEO FUNDACIONAL DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. UNA INTERPRETACIÓN A LA LUZ DE LAS FUENTES DEMOGRÁFICAS Y BIBLIOGRÁFICAS. Introducción.- El conocimiento de la evolución y características de una población determinada, en un período histórico concreto, requiere del acopio de un gran número de fuentes, fuentes que proceden de la investigación histórica en el caso de la etapa preestadística y de la compilación de los datos que proporcionan los procedimientos estadísticos que se inauguran en España a mediados del siglo XIX, con la publicación del primer censo moderno en 1857 y con la creación del Registro Civil en 1870. En el caso que nos ocupa, el del núcleo fundacional de Las Palmas de Gran Canaria, las dificultades para aproximarnos convenientemente a la primera etapa, la comprendida entre los siglos XV al XIX, derivan de la información que brindan los historiadores. Esta información guarda una estrecha relación con los recuentos, de muy diversa procedencia, que han podido descubrir y recopilar a partir de su trabajo en archivos de distinto tipo y gracias a la labor meticulosa de cálculo con que complementan normalmente aquella tarea. Una síntesis muy apropiada de las fuentes demográficas para el estudio de la población canaria en la etapa preestadística nos la ofrece el profesor Macías Hernández en el cuadro siguiente1: Años Vecinos/Habitantes Nombre del vecindario, recuento o censo 1515 V Vecindario del Obispo Arce 1585 V Vecindario de Tomás López 159? V Licenciado Valcárcel 1629 V Vecindario del Obispo Murga 1676-78-88 V y H Matrículas del Obispo García Jiménez 1706 V Vecindario del Santo Oficio 1728 V y H Recuento sinodal 1733 H Recuento del Obispo Cárdenas 1733 V Vecindario del Obispo Cárdenas 1742-47 V y H Recuento del Obispo Guillén 1757 V y H Recuento de Medinilla 1769 H Censo de Aranda 1776 H Recuento del Marqués de Tabalosos 1779 H Recuento de Hermosilla 1787 H Censo de Floridablanca 1802 H Censo de Escolar y Serrano 1835 H Recuento de Francisco Mª. de León y Suárez de la Guardia 1 MACÍAS HERNÁNDEZ, A. (1988): “Fuentes y principales problemas metodológicos de la demografía histórica de Canarias” en Anuario de Estudios Atlánticos nº 34. Pág. 139. Madrid.
Además del citado profesor, otros historiadores de la Edad Moderna en Canarias han escrito distintos artículos en los que han estimado la población de este período y han despreciado algunos recuentos por considerarlos inexactos2. Entre los investigadores que ofrecen información detallada con respecto a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria se encuentran, entre otros, los profesores Millares Torres, Lobo Cabrera, Anaya Hernández, Sánchez Falcón, Sánchez Herrero, Arbelo Curbelo, Díaz Hernández, Martín Ruiz, etc. Ellos, además de valerse de los vecindarios que aparecen compilados en el cuadro, han establecido las cifras a partir de la consulta de otros documentos, de recuentos como el de J. Núñez de la Peña para 1689, de Informes del Santo Oficio de Canarias a la Suprema de Madrid y, sobre todo, de los libros de bautismos, matrimonios y defunciones de la primitiva parroquia de la ciudad, la parroquia del Sagrario que se convierte en 1492 en la de San Agustín de Las Palmas. A mediados del siglo XIX, poco antes de inaugurarse etapa estadística, se segregan de San Agustín de Las Palmas las parroquias de San Bernardo (1849), San Francisco (1840) y Santo Domingo (1841), en lo que concierne a la población del área comprendida dentro del núcleo fundacional, barrios de Vegueta y Triana. Ahora bien, estas fuentes no sólo han permitido establecer el volumen demográfico aproximado de Las Palmas de Gran Canaria a lo largo de este período sino que también informan adecuadamente de las características de esta población y de su devenir. La importancia de los estudios de demografía histórica desarrollados radica fundamentalmente en esta vertiente, es decir, en la capacidad que han demostrado nuestros historiadores para hacernos comprender el funcionamiento de una sociedad urbana a partir de sus protagonistas, sus pobladores. Por último, en lo que respecta a la etapa estadística, a las dificultades inherentes a las fuentes de este tipo, se suma la que consideramos más importante en este caso, la de falta de información con respecto a los distintos subsistemas urbanos. El importante crecimiento que afecta a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria desde fines del siglo XIX hace difícil deslindar la dinámica demográfica del área fundacional de la que afecta al resto de sus barrios. Contamos con muy poca información desagregada a nivel de distritos y secciones censales y ello limita el conocimiento de las variaciones que afectan al centro histórico en el último siglo y medio de su historia y de las peculiaridades que lo individualizan en el conjunto urbano3. 1. La evolución de la población desde la fundación de la Ciudad hasta mediados del siglo XIX y sus factores.- Se ha aceptado, por parte de distintos historiadores, que la población de Las Palmas de Gran Canaria a principios del siglo XVI podía estar formada por unos 1.000 – 2.000 habitantes4. Por su parte, la cifra estimada para mediados del siglo XIX está en torno a las 15.000 personas5, es decir, en tres siglos y medio de evolución, la población 2 Es el caso de la cifra que ofrece Pedro Agustín del Castillo para la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en el año de 1686 (7.225 habitantes) y que, a juicio de los profesores Martín Ruiz y Lobo Cabrera, es excesiva. 3 A través de los Nomenclátores es posible conocer el volumen de población de esta zona urbana, sin embargo, la evolución de la natalidad, de la mortalidad, de la mortalidad infantil o la propia estructura demográfica no aparecen individualizadas para dicho sector. 4 Según datos del Vecindario del Obispo Arce, la población en 1515 era de 1.500 almas. Según datos de Lobo Cabrera y Rivero Suárez, en 1525 el número de habitantes de la Ciudad era de 2.000 (LOBO CABRERA, M. y RIVERO SUÁREZ, B. (1991): “Los primeros pobladores de Las Palmas de Gran Canaria” en pág. 29 del Anuario de Estudios Atlánticos, nº 37. Pág. 17-132. Madrid.). 5 Según datos del Censo de Población de 1857, Las Palmas de Gran Canaria tenía 14.308 habitantes.
se multiplicó, aproximadamente, por diez. En el mismo período, el vecindario de la isla de Gran Canaria creció a un ritmo ligeramente superior, a consecuencia de la paulatina colonización de las tierras y de la expansión del hábitat, no obstante, en los primeros años el balance es favorable a la población urbana. El gráfico número 1, que acompaña estas líneas, dibuja esta tendencia ascendente, aunque el ritmo a lo largo de estos años no es constante. Gráfico 1. Evolución demo g ráfica de Las Palmas de Gran Canaria en la etapa preestadística 0 5000 10000 15000 20000 25000 1515 1540 1570 1600 1630 1660 1690 1720 1742 1770 1800 1830 El crecimiento sostenido se ve afectado por etapas de recesión, de entre las que resulta más significativa la de la segunda década del siglo XIX. Si dispusiéramos de una información detallada para todo este período advertiríamos, probablemente, que el número de años aciagos es muy superior6. El avance en el crecimiento lo determinan los elevados índices de natalidad, que rozan los valores de la fecundidad biológica, como corresponde a las sociedades en un estadio de evolución propio del régimen demográfico antiguo. Hay también, un segundo factor positivo en cuanto al crecimiento, si bien, no deriva de la propia vitalidad demográfica. Nos referimos a los agregados foráneos que van conformando la sociedad urbana. El vecindario no sólo se incrementa gracias a su propia capacidad de reproducción, sino también, a consecuencia de la atracción inmigratoria que ejerce la Ciudad y que tiene un papel definitivo. La inmigración, además de contribuir al crecimiento, favorece la conformación de una sociedad heterogénea desde el punto de vista de los orígenes y que, desde nuestra perspectiva, podría ser caracterizada de mestiza. Las causas que determinan la pérdida de efectivos están relacionadas, por una parte, con la mortalidad, un factor endógeno que conviene caracterizar más detenidamente y, por otra parte, con circunstancias exógenas como las de la emigración a Ultramar o la de las levas periódicas por razones de Estado. Estas últimas merman 6 Al distanciarse mucho los años de los recuentos, pierden significación las etapas de máximo crecimiento y las de recesión, por ello, la línea media tan sólo es representativa de la evolución a largo plazo.
considerablemente la capacidad de crecimiento de la población al hurtarle los efectivos más jóvenes, los más capaces y al desequilibrar su estructura por sexos. En relación con la mortalidad, conviene destacar que la de carácter ordinario es elevada. Se dan, como corresponde al nivel de desarrollo de esta época, unos altos índices de defunción de la población de menor edad. En general, además, hay una mayor indefensión ante la muerte, los medios técnicos, sanitarios, la alimentación y la higiene son deficientes y todo ello contribuye a que la esperanza de vida sea corta. Estos índices, sin embargo, se ven compensados sobradamente con la alta natalidad, por lo que las tasas de crecimiento son positivas. Por otra parte, las cifras de defunciones sufren, periódicamente, un notable incremento a causa de la llamada mortalidad extraordinaria o catastrófica. Los brotes epidémicos y las crisis de subsistencia ocasionan centenares de óbitos en muy poco tiempo, generalmente en períodos correspondientes a una o dos estaciones. Esta dinámica, propia de las sociedades preindustriales, ha sido muy bien caracterizada por los historiadores. Por ello, a modo de ejemplo, se pueden mencionar las epidemias causadas por la peste, por la viruela, por la fiebre amarilla, por el cólera morbo asiático, etc. Estos brotes, con ser extraordinariamente mortíferos y afectar, por lo general, además de a la población urbana, a la del conjunto de la isla, se considera que no alcanzaron la intensidad de los que azotaron en la misma época a la población europea7. Es probable que la menor virulencia de la mortalidad catastrófica se deba a nuestro carácter insular. Las epidemias las ocasionaba el contagio con algún apestado que llegaba por barco a la Ciudad y no se solían retroalimentar, pues la propia geografía insular actuaba de cordón sanitario. Finalmente, no hemos de olvidar que la dinámica demográfica estaba sujeta también a la disponibilidad alimentaria. Cuando se encadenaban varios años de malas cosechas se resentía la dieta, y los cuerpos, debilitados por una alimentación insuficiente, se volvían más proclives a la enfermedad. En consecuencia, se producía un mayor número de defunciones y, fundamentalmente, por parte de los más débiles, las personas de menores recursos y los más pequeños. En este primer balance entre factores de crecimiento y factores de decrecimiento, común a las sociedades del régimen demográfico antiguo, tan sólo hemos omitido las bajas a causa de la guerra. En este capítulo podríamos encuadrar las que produce la invasión de Van der Doez en 15998 y las indirectas, que ocasionan los reclutamientos forzosos y que aquí hemos preferido incluir en el apartado de emigración. 1.1. La población en los siglos XV – XVI.- Podríamos convenir que los primeros pobladores de la Ciudad9 fueron sus fundadores, los conquistadores que levantaron el campamento militar en la margen derecha del barranco Guiniguada, en un pequeño cerro, próximo a su desembocadura. A ellos se sumaron los que, una vez finalizada la Conquista se radicaron en ella, “cavalleros, escuderos e marineros” y todos los que comenzaron a llegar, atraídos por la idea de medrar y hallar mejor fortuna... de forma que se pueden distinguir cuatro grupos de pobladores en relación con su origen: indígenas, europeos, africanos y criollos. Estos 7 Así lo indicaba el profesor don Juan Francisco Martín Ruiz en su Tesis Doctoral. 8 El intento de invasión de Las Palmas por Francis Drake en 1595 se saldó sin víctimas para la Ciudad y con el abandono de la operación por parte del Almirante inglés, que no pudo doblegar las defensas y desembarcar. 9 No nos referimos al territorio en que se asienta la Ciudad que, lógicamente, estuvo ocupado por población prehispánica.
últimos, nacidos en el solar de la nueva urbe, se diferencian en función de su condición de libres y esclavos, o de su legitimidad10. El número de aborígenes en la población urbana de principios del siglo XVI se ha estimado que no llegaba a alcanzar a una cuarta parte del total11 y entre ellos se encontraban algunos naturales de Tenerife que habían sido deportados a Gran Canaria por Fernández de Lugo. El grueso del vecindario lo formaban castellanos (andaluces, extremeños, castellanos, vascos y gallegos). Portugueses, flamencos y franceses también tenían una cierta representación, aunque el grupo extranjero más numeroso era el de genoveses. Finalmente, también residían en la Ciudad algunos africanos, guineanos y berberiscos, por lo general, como esclavos. Este crisol de procedencias en que se convirtió el enclave geográfico de Las Palmas de Gran Canaria se estructuró socialmente como lo hacían las ciudades coloniales. Como esta urbe fue sede, desde el principio, de las principales instituciones y tribunales del Archipiélago, atrajo a doctores, licenciados y bachilleres que actuaron como gobernadores, nombrados por la Corona, y como sus representantes para administrar justicia y organizar la vida municipal. Con ellos compartían tareas de gobierno los regidores y alcaldes, reclutados entre letrados, conquistadores y ricos mercaderes. Por otra parte, junto a los gobernadores y demás munícipes estaban los obispos y miembros del cabildo catedral, oriundos de la Península en estos primeros años, particularmente de Andalucía y, además, se creó el tribunal de la Inquisición y la Audiencia, con sus jueces de apelación. Esta afluencia de hombres de letras y de armas hizo que se creara en la Ciudad toda una infraestructura de la cual se ocupaban los distintos pobladores. Se multiplicaron los oficios y la artesanía. A modo de ejemplo, están inscritos en el primer libro de bautismo de la parroquia del Sagrario, albañiles, canteros, pedreros, caleros, tejeros, carpinteros y calafates; carreteros y almocrebes; molineros y bizcocheros; carniceros; confiteros; tintoreros, calceteros, sastres, borceguineros y tundidores; curtidores y zurradores; zapateros y guanteros; albarderos y silleros; cerrajeros, caldereros, cuchilleros y herreros; orfebres y plateros; olleros, candeleros, jaboneros y toneleros; violero; maestres... Junto a ellos, en relación con el comercio, figuran los mercaderes, pequeños comerciantes y prestamistas y todos los trabajadores vinculados a la actividad portuaria: marineros, maestres de navío, pescadores... Además, las nuevas actividades hicieron necesaria a la vez la presencia de hortelanos, labradores y oficiales implicados en la fabricación de azúcares y en otras tareas agrícolas y ganaderas y, finalmente, ayudaban y prestaban su servicio en todas estas labores los criados y esclavos12. Esta nómina de profesiones da una idea clara del dinamismo del vecindario. El papel directivo que se le confiere a la Ciudad y la intensidad de la inmigración en estos primeros años determinan un incesante crecimiento. Si se considera que, unos años antes de la invasión de Van der Doez, el volumen demográfico alcanzó los 3.600 habitantes13, podemos concluir que, desde sus orígenes hasta aquel triste suceso, la 10LOBO CABRERA, M. y RIVERO SUÁREZ, B. (1991): Op. cit. Pág. 23. 11 Como bien ha indicado doña Emilia Sánchez Falcón “hacer un estudio demográfico de los tiempos inmediatamente posteriores a la conquista es casi imposible”. 12 Lobo y Rivero, Op. cit. 13 Esta cifra, referida a 1590, la da ARBELO CURBELO, A. en “La evolución de la población de la isla de Gran Canaria del siglo XVI al XX y sus circunstancias” en pág. 422 del Anuario de Estudios Atlánticos, nº 33. Pág. 417-451. Se basa este autor en la información de M. SANTIAGO: “Compendio anónimo de la historia de Canarias, compuesto en el primer cuarto del siglo XVIII” (Apéndice 97). Revista El Museo Canario, número 8: 60-108, 1936, Las Palmas de Gran Canaria.
población de Las Palmas de Gran Canaria vivió una importante etapa de expansión. Esta etapa tan sólo fue interrumpida por dos contagios epidémicos de peste14, el primero en 1520, cuando fue suprimida la mancebía municipal, como expiación por la epidemia existente en ese momento, y otro, una década después. Hubo también, a finales de siglo, una epidemia de tabardillo (1584)15. Además, es probable que se produjeran otros brotes así como algunas crisis de subsistencia que hicieran mella en la evolución demográfica. Es posible que todas ellas hayan quedado ocultas por el brillo de la prosperidad urbana de este siglo y por la carencia de fuentes que trajo consigo el saqueo de la población por la invasión pirática y por el incendio de los archivos de las Casas Consistoriales en 1842. En cualquier caso, la evolución positiva se trunca a finales de siglo y da comienzo una etapa en que distintos acontecimientos frenan el crecimiento sostenido del período anterior. 1.2. La población en el siglo XVII.- Para el inicio del siglo XVII, concretamente para 1601, el informe que el Inquisidor envía a la Suprema da como cifra de habitantes la de 600 vecinos, que totalizarían unas 2.700 – 3.000 almas. Los restantes recuentos están referidos a la segunda mitad del siglo y son, sucintamente, los del llamado Documento Base por el profesor Sánchez Herrero, es decir, los censos realizados por el obispo de Canarias Bartolomé García Ximénez entre 1676 y 1688. En la primera fecha, el vecindario alcanzaba las 5.224 almas y las 6.114 en la segunda16. Como puede apreciarse, el crecimiento es mucho más lento que en el siglo anterior. El asalto pirático de 1599, con su estela de saqueos, incendios y devastaciones, dejó tan maltrecha a la Ciudad que se requirió en su restablecimiento del esfuerzo mancomunado de una buena parte del siglo XVII17. Otro acontecimiento funesto afecta a los primeros años del siglo, nos referimos a la epidemia de peste que, en la isla, según los testimonios del informe inquisitorial, se inició el 15 de julio de 160118. En estas circunstancias, la medida más eficaz para evitar el contagio era, sin duda, el establecimiento de cordones sanitarios, por ello, en Las Palmas de Gran Canaria el mercader flamenco Daniel Bandama alude en su testamento al cierre de los caminos en 1602. Por otra parte, ya en diciembre de 1600, con ocasión de las enfermedades que precedieron a la epidemia, los regidores de la Ciudad solicitaron una procesión con el Cristo de la Veracruz para remediar las desgracias del momento y, casi un año después, el racionero Segura solicitó que, por haber retornado la enfermedad, se organizara una procesión con los santos abogados de la peste, San Roque y San Sebastián. Se habilitaron como iglesias encargadas de la epidemia las ermitas de la Veracruz y de San Roque19. 14 Los profesores ANAYA HERNÁNDEZ, L. A. y ARROYO DORESTE, A., en un artículo sobre “La peste de 1601-1606 en las islas Canarias” en Revista de Historia de Canarias, tomo XXXVIII, 19841986, publicada por la Universidad de La Laguna, indican tan sólo aquellos dos contagios en Gran Canaria, cuando señalan además, para el siglo XVI, una serie de ellos en las islas occidentales, particularmente, en Tenerife, y también en Lanzarote y Fuerteventura. 15 La referencia a dicha epidemia la hemos tomado del anexo de BETHENCOURT MASSIEU, A (Coord.) (1995): Historia de Canarias. Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria. 16 SÁNCHEZ HERRERO, J. (1975): “La población de las islas Canarias en la segunda mitad del siglo XVII (1676 a 1688) (anexo)” en Anuario de Estudios Atlánticos, nº 21. Pág. 237-415. 17 LOBO CABRERA, M. y DÍAZ HERNÁNDEZ, R. (1984): “La población esclava de Las Palmas durante el siglo XVII” en pág. 187 del Anuario de Estudios Atlánticos nº 30. Pág. 157 a 316. 18 ANAYA HERNÁNDEZ, L. A. y ARROYO DORESTE, A. Op. cit. Pág. 178. 19 Ibídem. Pág. 185.
En el orden económico la situación no podía ser más desoladora. Si tomamos como argumento aspectos tales como: el hundimiento del monocultivo de la caña azucarera a fines del siglo XVI, las interrupciones de la actividad comercial por razones de inseguridad en las rutas marítimas y, por último, todo lo concerniente a la pérdida de peso político, militar, económico y administrativo, veremos porqué Las Palmas de Gran Canaria siente extinguir parte de su antiguo esplendor al trasladarse algunas de estas funciones a las ciudades de Tenerife20. De hecho, la Ciudad tiene, en 1676, menos población que La Laguna y que La Orotava. Su importancia se vio reducida “porque la isla de que es capital no puede competir en riqueza y población con su vecina y rival la de Tenerife, enriquecida y superpoblada a la sombra de la producción agrícola, en particular sus afamados vinos, base de su activo comercio con el extranjero y con América, cada día más próspero”21. Entre los acontecimientos aciagos que reducen el crecimiento demográfico en este período podemos señalar también: la plaga de langosta de los años 1645 y 1646, que contribuyó a la reducción de la cosecha y, consecuentemente, a propiciar el hambre; las levas para las campañas militares de 1662 y de 1669; la obligación de embarcar un determinado número de familias por tonelaje de mercancías exportadas hacia el Nuevo Mundo, que se impone desde 1678; las plagas de langosta berberisca que azotaron la isla en 1676 y 1680; las sequías de 1684 y 168922; las levas hacia las Indias, Cataluña, Flandes y Extremadura. Para las Indias en el año 1680 salieron de Canarias 1.000 hombres y, particularmente, de Gran Canaria, 321; en 1684 para Flandes no se dice número, y en los años de 1698 y 1699 un total de otros 1.000 hombres; la epidemia de viruela del año 169423; etc. Los factores negativos se suceden a un ritmo tal que la población evoluciona muy lentamente, a pesar de que los índices de natalidad son muy elevados a lo largo de todo el siglo y, sobre todo, en su segunda mitad. No hemos de olvidar que en los alumbramientos supone una importante contribución la natalidad de ilegítimos y la de población esclava. La primera se incrementa notablemente a medida que avanza el siglo, lo que guarda una estrecha relación, probablemente, con la creación de la Cuna en 164624. Con respecto a la población esclava, su número también aumenta de forma significativa en este siglo de evolución, tanto por su natalidad como por la llegada de nuevos agregados. Sin embargo, el balance de conjunto sigue siendo negativo. La sucesión de momentos críticos y de efímeras etapas de prosperidad es una constante de todo el siglo XVII. Desde el punto de vista de la composición social, las características mencionadas para el siglo XVI siguen teniendo una completa validez en este período. Esta jerarquización determina una incipiente segregación urbana. “Los potentados viven de las propiedades que les tocaron en el reparto de tierras y aguas a los conquistadores, y al querer edificar sus casonas y palacios, desplazan buena parte de la población menestral y artesana, que abandona las humildes viviendas del casco urbano y se traslada a la extremidad occidental del barrio de Vegueta, donde forma los núcleos de San José, San Roque y San Juan. Lo mismo ocurre en el barrio de Triana, que entonces era lo principal del comercio y pesquería, en el que sobre las praderas de la montaña de San Francisco 20 LOBO CABRERA, M. y DÍAZ HERNÁNDEZ, R. (1984): Op. cit. Pág. 188. 21 RUMEU DE ARMAS, A. (1991): Piraterías y ataques navales contra las Islas Canarias. Pág. 168169 del tomo III. Gobierno de Canarias. Cabildo Insular de Gran Canaria, Cabildo Insular de Tenerife. Ed. facsímil. 22 LOBO CABRERA, M. y DÍAZ HERNÁNDEZ, R. (1984): Op. cit. Pág. 211. 23 ARBELO CURBELO, A.: Op. cit. Pág. 425. 24 LOBO CABRERA, M. y SEDILES GARCÍA, Mª. J. (1988): “Expósitos e ilegítimos en Las Palmas en el siglo XVII” en el pág. 156 del Anuario de Estudios Atlánticos, nº 34. Pág. 159-203.
aparece el denominado “Risco de San Francisco”, y como prolongación de éste el barrio de San Lázaro. Por esta época ya tiene Triana más habitantes que Vegueta, y en su creciente evolución va dejando atrás lo que fue el primitivo núcleo de la Ciudad”25 1.3. La evolución del setecientos.- En el tránsito de los siglos XVII al XVIII, la ciudad se va restableciendo lentamente del efecto deprimente que las continuas levas, la fuerte emigración y la epidemia de 1694 habían causado en la población de fines del seiscientos. Sin embargo, esta lenta recuperación se ve afectada por la llegada de numerosos pobres y mendigos procedentes de las islas de Lanzarote y Fuerteventura26. A modo de ejemplo, en 1683, Fuerteventura prácticamente se quedó desierta, sus habitantes fueron evacuados a Gran Canaria y en agosto, las autoridades de esta isla decidieron reenviar a todo aquel que encontraban sin medios de sustentos27. Es probable que esta circunstancia se repitiera varios años después, porque en 1703-1704, Gran Canaria se vio afectada por una intensa hambruna que incrementó notablemente el número de defunciones en el hospital y en los conventos de la Ciudad. Esta dinámica persiste a lo largo de todo el siglo, si bien, en la década de los años setenta, Carlos III dio libertad definitiva de comercio entre España y América y ello originó una cierta prosperidad en el archipiélago y, sobre todo, en sus principales puertos28. Son seis los registros demográficos con que contamos en este siglo: para el año 1735, el padrón del Obispo Dávila; para 1739, el padrón de Pedro Agustín del Castillo; para 1742, el padrón del obispo Guillén; para 1755, el compendio de ciudades, villas, lugares, aldeas y otras poblaciones de la Chancillería de Granada; para 1769, el cómputo del conde de Aranda, y para 1787, el del marqués de Floridablanca. 0 2.000 4.000 6.000 8.000 10.000 12.000 1686 1700 1714 1728 1742 1756 1770 1784 Gráfico 2. Evolución del número de almas según vecindarios (1686-1787) 25 SÁNCHEZ FALCÓN, E. (1964): “Evolución demográfica de Las Palmas” en pág. 352 del Anuario de Estudios Atlánticos, nº 10. Pág. 299-414. Madrid. 26 Ibídem. Pág. 353 27 SÁNCHEZ HERRERO, J. (1975): Op. cit. Pág. 259. 28 Nos referimos a la orden de 28 de octubre de 1776, según datos de SÁNCHEZ FALCÓN, E. (1964): Op. cit. Pág. 355.
En la primera fecha señalada, las Constituciones sinodales del Obispo Pedro Manuel Dávila y Cárdenas, publicadas en Madrid en 1737, indican que la población de la Ciudad había alcanzado en 1735 los 1.894 vecinos. Si tenemos en cuenta que, en 1686, vivían en ella 1.700 vecinos, puede confirmarse la lenta evolución de este período, con un incremento de unas 825 personas29 en casi cincuenta años. Sin embargo, en la segunda mitad del setecientos, el incremento es más intenso, como puede apreciarse en el gráfico precedente. Según datos del Censo de Floridablanca se alcanzaron los 10.318 habitantes en 1787, lo que representa un incremento de más de 3.000 personas, respecto a los datos de 1686, que ofrece Miguel Santiago en sus comentarios a la obra de Pedro Agustín del Castillo, es decir, de 2,3 % anual. La efímera prosperidad de las décadas de los años setenta y ochenta, se ve interrumpida, de nuevo, por otras calamidades, como la plaga de langosta berberisca de 1779 y la epidemia de viruela de 178030. No obstante, las circunstancias aciagas, como se ha indicado anteriormente, se repiten persistentemente en toda esta etapa. Una vez erradicada la peste, las epidemias de viruela (1709, 1758-59, 1799), las de sarampión y gripe (1741, 1764, 1768-69) y otras más exóticas como las de paludismo, hacen mella en el crecimiento demográfico. A ello debemos sumar la incidencia de las malas cosechas y de la penuria de la población rural. Los motines campesinos son una constante en el setecientos canario, lo que pone de manifiesto las difíciles condiciones de vida. El déficit alimentario en las zonas rurales moviliza a la población, que acude a la Ciudad en busca de trabajo, de caridad o de beneficencia. Otros muchos emigran al continente americano ya que se suceden las autorizaciones para el viaje de familias canarias a lo largo de todo el siglo31. Desde el punto de vista de la composición de la población, la información de los recuentos de Aranda y de Floridablanca nos permite apreciar el profundo desequilibrio que la caracteriza, fundamentalmente, desde el punto de vista de la estructura por sexos. 0 200 400 600 800 1000 1200 >7 7-16 16-25 25-40 40-50 >50 Gráfico 3. Estructura de la población de Las Palmas de Gran Canaria en 1769 H M 29 Hemos establecido la equivalencia de 4,25 almas por cada vecino. 30 SÁNCHEZ FALCÓN, E. (1964): Op. cit, Pág. 355. 31 En el setecientos parecen tener una menor incidencia las levas, sin embargo, en la tardía fecha de 1778 se practica una para reclutar soldados para la Luisiana.
educativas, asistenciales, sanitarias, etc.); la tarea de los reformadores urbanos, que atendían las peticiones de unos clientes que invirtieron sus cuantiosos capitales en la mejora de inmuebles... dejan una huella muy marcada en el núcleo fundacional y, particularmente, en las formas arquitectónicas de sus nuevos edificios. La prosperidad económica se traslada a la evolución demográfica y urbanística. Sin embargo, el crecimiento del vecindario, que desborda los antiguos límites, alcanza tasas de evolución mucho más destacadas en los nuevos barrios que, de forma espontánea, o gracias a los primeros proyectos de planeamiento54, adquirieron un gran dinamismo. En este sentido, el ritmo de incremento de los nuevos emplazamientos es muy superior al del antiguo casco urbano55 ya que crecen, fundamentalmente, por inmigración. La llegada de población desde otros puntos de la Isla y desde Lanzarote y Fuerteventura, a la búsqueda de un puesto de trabajo en los oficios que reclamaba la nueva especialización productiva (construcción, carboneo...) originaron un crecimiento de tipo hongo en las nuevas áreas de expansión (barrios de Puerto de la LuzIsleta, Santa Catalina, Arenales...). En consecuencia, el pulso demográfico del núcleo fundacional en esta etapa es menor. Ahora bien, esta circunstancia ha de ser interpretada como signo de una evolución más equilibrada. De hecho, la preocupación de la mayor parte de los médicos que atienden a la población en estos años y que analizan, debaten y tratan de aportar soluciones, con su trabajo y con su reflexión, a las cuestiones de salud pública56, se centra en las barriadas de nueva construcción o en las más antiguas que presentaban una escasa calidad urbanística, en las que se alojaba la población de menores recursos, los Riscos, el barrio marinero de San Cristóbal, San Lázaro y Mata, etc. En los estudios demográficos de Las Palmas, publicados por D. Luis Millares Cubas57, además de las causas de mortalidad de esos años, por meses, se recoge la cifra de decesos según barrios. Por su extraordinario valor, insertamos, como cuadro 1, una tabla sintética de la información que aporta en relación con las causas de defunción y, como cuadro 2, la referida a los distintos subsectores urbanos. En el primero, se puede apreciar que las infecciones originan la mayor mortandad y, particularmente, la tuberculosis y el sarampión. De aquélla, dice don Luis Millares en sus estadillos mensuales, “la tuberculosis, a la altura de siempre; pero hay que hacer constar que en esta época nos visitan los tuberculosos de todos los países, incluso los que por la gravedad y extensión de sus lesiones no debieran salir de su casa”. 54 En el año 1890, el Ayuntamiento de la Ciudad convocó un concurso nacional para la elaboración del primer Plan de Ordenación, dicho concurso se falló dos años más tarde a favor del presentado por D. Laureano Arroyo Velasco. Sin embargo, dicho plan no fue aprobado hasta 1900 y aún así con irregularidades que impidieron su puesta en ejecución. 55 En el trabajo de DOMÍNGUEZ MUJICA, J. y GIRONÉS MONTESDEOCA, N. (2001): “Un estudio de Geografía Histórica: la génesis del barrio de La Isleta” en Revista El Museo Canario nº LVI, pág. 233260, se calcula que la tasa media anual intercensal de crecimiento de dicho barrio fue de 11,06% entre 1874 y 1910, mientras que la del conjunto de la Ciudad fue de 4,67%. 56 Es muy intensa la producción científica y el propio compromiso social de una gran parte de los facultativos que viven en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en esta etapa. A modo de ejemplo podemos recordar a D. Domingo J. Navarro Pastrana, D. Gregorio Chil y Naranjo, a D. Andrés Navarro Torrens, a D. Luis Millares Cubas, a D. Domingo Déniz Grek, a D. Bartolomé Apolinario Macías, etc. 57 MILLARES CUBAS, L. (1899): “Estudios demográficos de Las Palmas” en Tomo VII, Cuaderno 2, de la Revista El Museo Canario, ídem, Tomo VII, Cuaderno 6, ídem, Tomo VII, Cuaderno 8, ídem, Tomo VII, Cuaderno 10 e ídem, Tomo VII, Cuaderno 12. En distintos tomos de los años de 1900 y 1901 sigue publicando dichos “Estudios”.
Cuadro 1. Causas de mortalidad a fines del siglo XIX 1899-1900 Porcentajes INFECCIONES 266 32,96 Difteria 8 0,99 Eclampsia 26 3,22 Erisipela 2 0,25 Estomatitis ulcerosa 2 0,25 Fiebre tifoidea 29 3,59 Gripe 14 1,73 Lepra 2 0,25 Malaria 1 0,12 Meningitis cerebro espinal 1 0,12 Paludismo 1 0,12 Reumatismo 2 0,25 Sarampión 33 4,09 Septicemia 9 1,12 Sífilis 5 0,62 Tosferina 7 0,87 Tuberculosis 93 11,52 Viruela 31 3,84 CIRCULACIÓN 53 6,57 Arterias 7 0,87 Corazón 45 5,58 DIGESTIVO 180 22,30 Estómago e intestinos 137 16,98 Peritonitis 7 0,87 Otros anexos 8 0,99 RESPIRATORIO 90 11,15 Bronquios 5 0,62 Pneumonía y broncopneumonía 72 8,92 Pleura 13 1,61 CEREBRO Y MÉDULA 66 8,18 MENINGES 19 2,35 MATRIZ 1 0,12 RIÑONES 16 1,98 ACCIDENTES 18 2,23 ATREPSIA 13 1,61 DIABETES 5 0,62 FALTA DE DESARROLLO 13 1,61 INANICIÓN 6 0,74 INTOXICACIÓN 2 0,25 NEOPLASMAS 16 1,98 RAQUITISMO 1 0,12 SENECTUD 2 0,25 SIN DIAGNÓSTICO 4 0,50 TOTAL GENERAL 807 100
En esta frase, revela la dimensión de la mortalidad que ocasiona una enfermedad que aún no se consigue combatir58 y a cuya propagación, según su testimonio, contribuye la llegada de turistas europeos que tratan de lograr una mejoría con el aire saludable de nuestra tierra. Del segundo, se hace eco cuando nos informa de los estragos que ocasiona en la población infantil. “Lo único digno de anotarse y con lápiz negro es la cifra de mortalidad correspondiente al sarampión y que recae como siempre en niños incapaces de defenderse, que no escriben en los periódicos ni hablan en las tribunas. Oh! Si se tratara del cólera ó de la peste, cómo gritaríamos y escribiríamos los mismos que con absoluta indiferencia contamos las defunciones de los niños por el sarampión!” También hay otra serie de párrafos dedicados a la responsabilidad que en las defunciones tiene la deficiente alimentación, particularmente, para la población infantil: “Dos casos de muerte por inanición en niños, vale decir, por hambre” “Ya resignados a soportar como inevitable la enterocolitis, que diezma á los pequeños alimentados impropiamente...” y la falta de higiene: “Estoy convencido de que estas muertes se deben á falta de cuidado en la cura de la herida sembilical, reducida al apósito primitivo de un pedazo de tela séptico impregnado en aceite muchas veces rancia. Con una cura antiséptica ó cuando menos con limpieza se conseguiría la reducción y hasta la desaparición de esta causa de muerte”. En síntesis, un panorama sanitario que dista mucho del de los contagios epidémicos pero que aún acusa grandes deficiencias. En cuanto a las diferencias que se aprecian según barrios, éstas se deben a las disparidades socio-económicas de la población que en ellos reside. Cuadro 2. Mortalidad según barrios (año de 1900) Barrios Nº de decesos Rehoyas 1 Barrancos 18 Marzagán 22 S. Cristóbal 31 Sta. Catalina 11 San Roque 28 San Bernardo 41 San Juan 37 San Lázaro y Mata 29 Tafira 46 San Nicolás 53 Vegueta 75 Arenales 140 Triana 79 San José 78 Hospitales 143 Puerto de la Luz 161 Autopsia de cadáveres de otros pueblos 13 San Francisco 13 Hoya de la Plata 3 58 Koch recibió el premio Nobel por su descubrimiento del bacilo que causaba dicha enfermedad en 1905; sin embargo, hasta la década de los años cuarenta no se descubrieron los fármacos antituberculosos que cambiaron radicalmente el pronóstico y la epidemiología.
Las cifras más elevadas, en términos absolutos, corresponden al Puerto de La Luz y Arenales59, las barriadas de nueva creación que respondían al carácter de arrabales. Vegueta y Triana, sin embargo, registraban un volumen de defunciones inferior, proporcionalmente, a la dimensión de su vecindario. Llama la atención el caso de Triana, puesto que en esta época, se incrementa, considerablemente, la fabricación de inmuebles y la progresión de su vecindario por antiguas huertas. No cabe otra explicación que la de la mejor situación económica de sus habitantes para interpretar este menor número de óbitos. Por tanto, cabe concluir que la regresión de las tasas de mortalidad, a que apuntan estas cifras, se produce, anticipadamente, en el núcleo fundacional de la Ciudad. En cuanto al comportamiento de la natalidad, aunque no disponemos de estudios que segreguen los barrios fundacionales del resto de la población, estimamos que las tasas se debieron mantener, como en el conjunto, anormalmente altas, hasta mediados del siglo XX. En el municipio, las medias quinquenales fueron siempre superiores al 25 por mil, cifra que queda muy por encima de la que caracterizaba a otras regiones españolas60 en ese período. Las Palmas de Gran Canaria ofrecía un comportamiento natalista tradicional que revelaba unas características sociales poco evolucionadas y no demasiado diferentes de las del campo61. Sin embargo, el estudio de la natalidad, teniendo en cuenta los datos de las parroquias del núcleo fundacional, también arroja alguna luz sobre las posibles diferencias que estos sectores urbanos pudieron presentar. Siguiendo la información que brinda el profesor Juan Francisco Martín Ruiz en su obra Dinámica y estructura de la población de las Canarias Orientales (siglos XIX y XX)62, en la década de los años veinte, se registran en el libro de bautismos de la Parroquia de La Luz casi tantos nacimientos como, en su conjunto, en los de las parroquias de San Agustín, Santo Domingo, San Bernardo y San Francisco, parroquias que tenían bajo su jurisdicción la feligresía de los barrios de Vegueta, de Triana y del vecindario aledaño63. Si la población del conjunto urbano de que hablamos era más numerosa, ello pone de manifiesto su menor índice de reproducción. En consecuencia, las tasas de natalidad de Vegueta y Triana probablemente estaban unas décimas por debajo de las de la Ciudad, es decir, estos barrios tenían un comportamiento demográfico más evolucionado gracias a que sus habitantes contaban con un nivel socio-cultural más alto. Esto nos hace presuponer que los barrios fundacionales se anticiparon, por tanto, a la trayectoria general o, lo que es lo mismo, que iniciaron antes la transición demográfica. 2.2. La población, desde la Primera Guerra Mundial hasta 1960.- Se inició este período con una cierta crisis demográfica a consecuencia del efecto que tuvo en el comercio exterior de Canarias la Primera Guerra Mundial. El bloqueo de la navegación, y el cese de la exportación agrícola paralizaron el Puerto de la Luz, e incidieron fuertemente en la economía de toda la isla. Sin embargo, Las 59 Excluimos las defunciones de hospitales ya que pueden corresponder a personas de cualquier origen y lugar de residencia. 60 BURRIEL DE ORUETA, E. (1975): “Evolución moderna de la población de Canarias” en pág. 167168 de Estudios Geográficos, número 138-139, pág. 157-197. Madrid. 61 BURRIEL DE ORUETA, E. y MARTÍN RUIZ, J. F. (1980): Op. cit. Pág. 442. 62 MARTÍN RUIZ, J. F. (1985): Op. cit. Pág. 663-668. 63 A modo de ejemplo, en la parroquia de La Luz figuran inscritos 1.047 bautismos en ese año, y en las otras cuatro, 1.493.
Palmas de Gran Canaria no dejó de aumentar su población, aunque a un ritmo menor. Los saldos vegetativos compensaron una emigración que, en la Ciudad, no alcanzó las dimensiones de las zonas rurales de la provincia64. También influyó la mortalidad ocasionada por la epidemia de gripe de 19181920 que, lejos de ser una epidemia local, fue el resultado de la llegada a la Ciudad de una pandemia que se denominó gripe española y que se cobró unos 20 o 25 millones de vidas en todo el mundo. Dicha enfermedad fue importada por los reclutas que, una vez incorporados a filas, fueron destinados a la Ciudad, de forma que un primer foco de contagio fue el del cuartel de San Francisco. También se sabe, por un telegrama enviado por su capitán a la empresa consignataria, que el trasatlántico Infanta Isabel llegó en el mes de septiembre, al iniciarse la epidemia, con algunos afectados. Ahora bien, lo más importante fue el avance considerable del contagio, lo que obligó al Consistorio a adoptar medidas sanitarias de carácter extraordinario, entre las que estuvo la habilitación del Lazareto de Gando, para aislar y atender a los enfermos65. Por otra parte, a lo largo de esta dilatada etapa, se registraron también tasas de menor crecimiento en los años de la Guerra Civil y, sobre todo, en la postguerra. Por eso, en conjunto, el crecimiento demográfico fue menor. Sin embargo, se siguió incrementando la población urbana, a consecuencia del propio saldo vegetativo y por la inmigración procedente del medio rural. En este período se densifica notablemente el caserío, ganan mayor altura los inmuebles que se edifican o reedifican66 y desaparecen casi todos los vestigios agrícolas en el área correspondiente a los barrios de Vegueta y Triana, en el primer caso, en el extremo meridional, en las proximidades de la Plaza de Santo Domingo, calle de Los Reyes y Plaza de Santa Isabel y, en el segundo, en el occidental, en el sector más próximo a la Avenida, calle denominada posteriormente de Galán y García Hernández, y renombrada luego como General Franco, hoy Primero de mayo. La parálisis del mercado de la vivienda67 y las dificultades para acceder a las ya construidas, en esos años de penuria de la década de los cuarenta y cincuenta, contribuyeron a un mayor hacinamiento de la población urbana. Se multiplicaron las edificaciones en azoteas, se ocuparon los sótanos y se mantuvieron algunos corrales de vecinos que aquí denominamos portones. Probablemente, hacia 1960-1970, el barrio de Vegueta alcanzó su máxima ocupación demográfica. Concretamente, en 1960 su población superó los ocho mil habitantes (8.299). La evolución del barrio de Triana es muy parecida hasta ese momento. Sin embargo, sigue creciendo unos años después gracias a la construcción de inmuebles de gran altura, en los terraplenes de las antiguas fincas del occidente del barrio, gracias a la renovación con edificios altos de la propia calle de Triana y de las anejas y, fundamentalmente, por la expansión oriental que supone la edificación de solares en CIDELMAR, en los terrenos que se ganaron al mar. En cuanto a los factores de evolución, la mortalidad, que continuó su descenso imparable, todavía registró índices superiores a los actualmente admisibles, sobre todo, la infantil. Hasta 1938 esta última osciló entre un 150 y un 200 por 1.000 y, hasta 1943, se mantuvo por encima de 100 por 1.000. Por ello, en la década de los años cuarenta, la esperanza de vida al nacer era de 40,7 años para el hombre y de 44,2 años para la 64 Ibídem. Pág. 435. 65 De ésta y otras noticias acerca de la evolución de la enfermedad y de las medidas adoptadas, se conserva una abundante documentación en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, procedente del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. 66 Nos referimos a los edificios de tres y cuatro plantas, sin ascensor, que se encuentran en algunas de sus calles. 67 La política de autarquía limita extraordinariamente la importación de materiales de construcción.
mujer68. En los años cincuenta, la creación del Seguro Obligatorio de Enfermedad y de los centros maternales y pediátricos, junto a la introducción de nuevos fármacos, especialmente los antibacterianos, influyeron en la disminución de la mortalidad. Las sulfamidas fueron las primeras, en 1932, posteriormente la penicilina y la estreptomicina, ya en la década de los años cuarenta69. También tuvo un papel decisivo la mejora de las infraestructuras, aunque las del núcleo fundacional, gozaban de mejor estado que las del resto de la Ciudad. La natalidad, por su parte, siguió siendo elevada; un rasgo distintivo de la población española y, particularmente, de la canaria, en esa época. 2.3. La evolución demográfica en los últimos cuarenta años de historia.- Los años sesenta constituyeron para la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria el punto de partida de una nueva etapa demográfica, caracterizada por un ritmo de crecimiento muy vigoroso, derivado de una alta natalidad y de un balance migratorio de signo positivo, como resultado de la aparición del turismo y del desarrollo de los servicios70. También influyó el dinamismo de otras actividades tradicionales, como la pesca y el tráfico portuario y, sobre todo, la intensa concentración de funciones en la capital. Este auge económico coincide con una fuerte crisis en el campo insular, la cual provocó una auténtica oleada inmigratoria sobre Las Palmas de Gran Canaria71. La intensidad de este proceso fue tal que la Ciudad se vio desbordada, lo que unido a una ineficiente planificación, ocasionó un deterioro en la urbanización y en la propia convivencia ciudadana72. Se abrió un período de máxima expansión poblacional hasta mediados de los años setenta, en que se invierte esta tendencia y se desarrolla una etapa de letargo demográfico, prácticamente hasta nuestros días73. El barrio de Vegueta, en los primeros años de este período, ya acusa la estabilización demográfica. Su población crece ligeramente, lo que contrasta con los índices tan elevados que alcanza el conjunto de la Ciudad. Sus características urbanísticas, es decir, el número de sus inmuebles y su tipología, así como la colmatación de su entramado urbano, no admiten otro tipo de dinámica. El predominio de viviendas unifamiliares o plurifamiliares de una o dos plantas, conlleva un menor número de personas por parcela edificada y una densidad neta inferior a la media. Es cierto que la edificación avanza inexorablemente en esta etapa, pero este avance tan sólo afecta a terrenos limítrofes del barrio que habían quedado extramuros, nos referimos, particularmente, a la urbanización contigua de la antigua Vega de San José, donde se construyó en esta etapa el polígono de viviendas de San Cristóbal. El caso de Triana, como ya indicábamos, es diferente. Los nuevos edificios, que se levantan en los solares que se crean, gracias al relleno del litoral, y la reedificación de 68 BETANCOR GÓMEZ, Mª. J. y MARSET CAMPOS, P. (1995): “Evolución de la mortalidad en la infancia en Las Palmas de Gran Canaria (1954-1963)” en pág. 178-179 del Anuario de Estudios Atlánticos, nº 41. Madrid. 69 Ibídem, pág. 180. 70 SOBRAL GARCÍA, S. (1993): Op. cit. Pág. 9. 71 BURRIEL DE ORUETA, E. y MARTÍN RUIZ, J.F. (1980): Op. cit. Pág. 436. 72 El estudio de este fenómeno fue abordado magistralmente por D. Ramón Díaz Hernández en su tesis doctoral, publicada en 1980 por el Centro de Investigación Económica y Social de la Caja Insular de Ahorros de Canarias. 73 Las cifras de los sucesivos Censos y Padrones, realizados entre 1975 y 2001, registran una población de en torno a los 350.000 – 360.000 habitantes.
antiguas casas con inmuebles de mayor altura, propician la expansión demográfica de este barrio en los sesenta y setenta. Sin embargo, la dinámica demográfica aúna estos dos barrios y los diferencia claramente del conjunto urbano. Se caracterizan por unos menores niveles de inmigración y por unos índices de mortalidad y de natalidad inferiores74 en esta primera etapa. Con posterioridad, el proceso de envejecimiento probablemente ha contribuido a una ligera recuperación de la tasa bruta de mortalidad. A partir de los años setenta, Vegueta, primeramente, y de forma mucho más reciente Triana, presentan ciertos signos de decadencia, comunes a todos los centros históricos, como son: la pérdida progresiva de población y un índice de envejecimiento muy importante, fenómenos que están relacionados con las características de la vivienda y con la falta de dinamismo funcional que registran estos sectores de la ciudad. Así, Vegueta perdió el 22% de sus habitantes entre 1960 y 1989 y el número de personas mayores de 64 años suponía en esa última fecha una proporción de más del doble de la alcanzada en el conjunto urbano75. En la actualidad76, este vaciado poblacional alcanza límites preocupantes en este barrio, donde la sustitución de funciones en los inmuebles y los niveles de desocupación son muy altos. Su población total era de 4.913 habitantes en 1996. En Triana, sin embargo, la ligera reducción de su población obedece al menor número de miembros que componen las unidades familiares ya que muchas de las antiguas viviendas se encuentran habitadas y mantienen esta condición. En 1996 se cifraba su vecindario en 9.617 personas. Es común a ambos sectores, la intensidad del envejecimiento demográfico. A la tendencia natural que ocasiona la reducción de la natalidad, se suma, en estos casos, la falta de reemplazo habitacional. Los jóvenes no se suelen quedar en estos barrios y la inmigración es poco significativa. Sin embargo, no se advierte, como es frecuente en muchos centros históricos, una sustitución social. No se aprecia la degradación que va unida a la aparición de clases de poco nivel cultural y socioeconómico, e incluso, en algunos casos, de grupos insolventes y marginales que pasan a instalarse en las viviendas viejas y deshabitadas, ya que Vegueta y Triana siguen constituyendo, hoy por hoy, barrios de clase social media-alta77. El elevado precio del suelo en Triana y las estrictas medidas de conservación de inmuebles en Vegueta, son algunos de los factores que impiden, precisamente, esta sustitución social. Tampoco se ha producido un proceso de “gentrificación”78, como sucede en otras áreas de la propia Ciudad, o en los cascos de otras importantes ciudades españolas, que se han visto así revitalizados. A continuación, se presenta un análisis más detallado de las características de atonía demográfica que hoy lo definen. 74 No podemos afirmar esta última circunstancia rotundamente, pero todos los indicadores que hemos utilizado parecen demostrarlo. 75 SOBRAL GARCÍA, S. (1993): Op. cit. Pág. 8. 76 Los últimos datos, desagregados por barrios, proceden de la Encuesta de Población de Canarias de 1996. 77 Ibídem. 78 Entendemos por tal, el proceso de retorno de grupos sociales, con elevado poder adquisitivo, a zonas urbanas que habían alcanzado un cierto deterioro. El atractivo de los valores patrimoniales, de las calles peatonales, de la menor densidad de edificación, etc. han servido para favorecer el establecimiento de determinados profesionales en los antiguos cascos urbanos de muchas ciudades europeas.
2.4. La población del núcleo fundacional79 de Las Palmas de Gran Canaria en el tránsito de los siglos XX-XXI.- ¿Cuáles son hoy las peculiaridades demográficas que se advierten en el antiguo núcleo fundacional? Desde el punto de vista biodemográfico, destaca, en primer lugar, una estructura más envejecida y, en consecuencia, más feminizada, en relación con la que presenta la población del conjunto de la Ciudad. El índice de masculinidad de Las Palmas de Gran Canaria es de 96.8 hombres por cada 100 mujeres; esta cifra de partida, que implica un predominio de la población femenina, como corresponde a un municipio urbano consolidado, desciende hasta la de 87.1 en los barrios de Vegueta y Triana. Por tanto, la tendencia de conjunto se extrema, en este caso. Ello deriva de la estructura por grupos de edad. El análisis comparativo entre las características de la población municipal y la de estos dos subsectores nos permite apreciar importantes diferencias. El grupo de población infantil y juvenil es bastante más reducido en los barrios del núcleo fundacional. A la inversa, el grupo de población anciana es mucho más numeroso, como refleja el gráfico 5. De ahí que la proporción de viudas/os en la distribución según estado civil sea también más alta en ellos. Es decir, en dos barrios en los que la proporción de población anciana es muy alta, se da una mayor feminización, por la mayor esperanza de vida de la mujer, y una mayor proporción de personas que viven solas, en función de los nuevos hábitos de convivencia. Gráfico 5. Estructura por grupos de edad de la población 0.00 10.00 20.00 30.00 40.00 50.00 0-19 20-44 45-64 >65 Barrios de Vegueta y Triana Las Palmas de Gran Canaria También conviene caracterizar este conjunto demográfico en relación con el nivel de instrucción y de la formación educativa en curso, indicadores que tienen una importancia extraordinaria. Nos permiten apreciar aspectos cualitativos de enorme trascendencia con respecto a las mentalidades, la cultura, la actitud ante la vida y, sobre todo, con respecto a las potencialidades y fortalezas de este grupo humano. 79 En el análisis de las características actuales de la población del núcleo fundacional nos hemos circunscrito a los barrios de Vegueta y Triana.
Desde el punto de vista de los estudios realizados por la población, la información de que disponemos nos indica unas profundas disparidades entre los barrios del núcleo fundacional y el conjunto de la Ciudad. Las diferencias son tan acentuadas en cuanto a los niveles de formación, que parece tratarse de dos poblaciones diferentes. Es más, tan sólo el barrio de Canalejas, prolongación natural de Triana, presenta un nivel de cualificación tan importante como éstos. En Vegueta y Triana, la proporción de población con estudios universitarios alcanza un 27.11 por ciento y, por oposición, la población analfabeta apenas representa una centésima parte. También es reducida la proporción de personas que han realizado estudios de primaria, mientras que los que han cursado Educación Secundaria y Enseñanzas Especiales superan el 50 por ciento. En cuanto a los estudios en curso, la escasa proporción de población joven, en el casco antiguo, hace que sea menor el número de alumnos de enseñanza infantil, primaria y secundaria. Por oposición, de nuevo, la población que cursa estudios universitarios alcanza a un 35 por ciento de los estudiantes de dicha zona, una cifra que deja muy lejos el 18 por ciento, que es el número de los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria que están en estas mismas circunstancias. Cuadro 3. Nivel de estudios de la población en tantos por cien Analfabetos Sin estudios Ed. Inf. y Primaria Ed. Secundaria Ens. Univ. Las Palmas de G.C. 3.65 14.55 22.41 49.49 9.90 Núcleo fundacional 1.05 9.10 9.89 52.85 27.11 Cuadro 4. Estudios en curso en tantos por cien Ed. Infantil Ed. Primaria Ed. Sec. y Ens. Esp. Ens. Univ. No clasif. Las Palmas de G.C. 8.42 25.10 48.04 18.33 0.11 Núcleo fundacional 6.91 18.48 39.63 34.91 0.07 Otro aspecto demográfico de importancia definitiva es el que relaciona la población con la actividad, la ocupación y la especialización profesional80. En Vegueta y Triana, aunque la población activa tiene una proporción casi equivalente a la del conjunto urbano, las diferencias son apreciables en cuanto a la ocupación. La cifra de trabajadores es altísima con respecto a la de Las Palmas de Gran Canaria y, aún más, con respecto a la de Canarias. Los ocupados de Vegueta y Triana representan un 83 por ciento de la población activa de dichos barrios frente a un 71 por ciento en el caso de la Ciudad. No hay otra explicación que la de una mayor cohesión social y una mayor capacidad económica por parte de aquel grupo humano. Es decir, la vulnerabilidad ante las situaciones de desempleo, eventualidad, etc. es mucho menor. Otros signos de cualificación socio-laboral son los del menor número de mujeres clasificadas en el capítulo de labores del hogar y los de la mayor proporción de estudiantes y, todo ello, pese a tratarse de una población más envejecida. La elevada participación de las mujeres en el mercado laboral es un signo indiscutible de un mayor 80 Aunque los datos de actividad y ocupación que deben ser utilizados deben provenir de la Encuesta de Población Activa, en este caso hemos empleado los de la Encuesta de Población de Canarias, 1996, que son los que se nos proporcionan a este nivel de desagregación geográfica.
nivel de desarrollo. En consecuencia, hemos de interpretar estos indicadores como evidencia de un vecindario de elevada posición socioeconómica. Cuadro 5. Actividad y ocupación en tantos por cien Activos Ocupados Parados que buscan un primer empleo Parados que han trabajado antes Inactivos Las Palmas de Gran Canaria 52.68 71.31 8.64 20.05 47.32 Núcleo fundacional 51.92 83.01 5.09 11.90 48.08 Cuadro 6. Categorías de la población inactiva en tantos por cien Jubilados y asimilados Estudiantes Labores del Hogar Población contada aparte Las Palmas de Gran Canaria 32.60 26.87 39.37 1.17 Núcleo fundacional 33.17 34.71 31.29 0.84 Esta característica se demuestra también si atendemos a las profesiones declaradas por la población activa. En Vegueta y Triana, de cada tres trabajadores, dos están agrupados en las categorías profesionales 1, 2 y 3, las correspondientes a directores, gerentes, profesionales liberales, técnicos cualificados, etc. mientras que en el conjunto de la Ciudad tan sólo uno, de cada tres, forma parte de este grupo. Por oposición, en las categorías que aglutinan a trabajadores sin cualificación, peones, eventuales, etc. hay uno de cada cuatro trabajadores, en el conjunto de la Ciudad, frente a uno por cada quince, en el núcleo fundacional. Todo ello se relaciona, a su vez, con una estructura socioprofesional en la que el peso de los empresarios es mucho mayor en Vegueta y Triana que en la capital grancanaria, y mucho menor, el de los trabajadores eventuales. Cuadro 7. Situación profesional en tantos por cien Empresarios Empleados fijos Empleados eventuales Otros Las Palmas de Gran Canaria 10.5 57.2 29.2 3.1 Núcleo fundacional 16.6 62.1 17 4.3 Estos signos de evolución y de elevada posición socioeconómica de su vecindario, se ven corroborados con la información relativa a la superficie de la vivienda y al número de miembros que cohabitan en ella. La mayor proporción de los inmuebles de gran tamaño y la elevada participación de los que cuentan con menos de tres ocupantes, dan una idea definitiva acerca de las pautas de convivencia en los barrios fundacionales. Sin embargo, se atisban ya signos de que el núcleo antiguo de Las Palmas de Gran Canaria languidece demográficamente y, con ello, su futuro. A modo de ejemplo, entre las entidades de Vegueta y Triana hay considerables diferencias. Los indicadores del primer barrio acusan un menor dinamismo y un mayor índice de envejecimiento. Además, el número de inmuebles desocupados aumenta paulatinamente, mientras que las actividades económicas no consiguen impulsar el vecindario. No hemos de olvidar que el bien más preciado de cualquier entidad urbana es el de su población, de ahí que