scieee Open visual document viewer

La escena tragicómica

Usandizaga Calparsoro, Miguel M.

Full text

LA ESCENA TRAGICÓMICA Miguel Usandizaga Cuando el homb e jo en que e a en onces el homb e incapaz de econoce se «maya » que hoy esc ibe es o dedicó su esis doc o al «a su majes ad, el ol ido» (como Lich enbe g) y «a i, hipóc i a lec o , mi semejan e, mi he mano» (como Baudelai e), desde luego, no e a since o. Aquel homb e jo en es aba en el ondo con encido -aunque su o gullo le obligase a ocul a lo- de que su esis iba a ene una epe cusión inol idable. No e a since o ... , pe o ace aba en la dedica o ia. Tan sólo el ol ido y al ez algún o o hipóc i a doc o ando que siemp e nega ía habe le echado un is azo ue on los des ina a ios de la esis de aquel jo en que ampoco e a since o -y ambién ace aba- cuando cali icaba su abajo de é/é oge ele poussie e (como Duchamp).' Aquella esis e a, a sus casi ein e años de edad, un es upendo c iade o de pol o. Pe o su au o -yo mismo- seguía su iendo más mal que bien el ol ido de aquel lib o que le cos ó an- o abajo. (Mucho más ecien emen e he descubie o el po qué de ese ol ido; ol e é sob e esa cues ión.) El caso es que le dejé un ejempla de la esis a Rica d Sal a , a quien acababan de p esen a me, y después de bas an e iempo de a epen imien o (<<mi a que e es pelma, mi a que o za le a una pe sona que sabes que es á muy ocupada a dedica le su iempo a algo que en ein e años no ... »), Sal a me llamó pa a hace me la asomb osa y amabilísima p opues a de publi- ca las pa es de aquella esis que se ocupaban de his o ia del espacio escénico. Todo es o sucedía en los úl imos días an es del p incipio de la gue a -del bomba deo, po deci lo con la i i ada p ecisión de Ra ael Sánchez Fe losio- de I ak, y yo es aba ancamen e desanimado po el es ado del mundo. Empecé a hojea mi esis pensando no que «lo bueno, si b e e, dos eces bueno», sino, más bien, que, si encon aba algún agmen o no excesi amen e inin eligible, al ez alguien se pod ía anima a lee lo. Al opeza con la ase: « ... nos queda emos pa alizados po la deslumb an e obscenidad del pode , espe ando que no nos descub a y sin iéndonos a la ez supe i ien es, ehenes y cómplices», no é que así e a exac amen e cómo me sen ía, a pesa del iempo ans- cu ido desde que lo había esc i o, y pensé que aquel e a un buen inal pa a el agmen o a publica . Fo ocopié el capí ulo que me pa eció que enía un inal adecuado al iempo ac ual, y se lo di a un amigo. Lo empezó a lee delan e de mí y, un minu o más a de, me dijo: «Homb e, em- piezas diciendo que "despe digadas po el mundo, en muchas ciudades, i ían las pe sonas a las que Hend ik había conside ado ... ": no se en iende nada, end ás que esc ibi una in oducción ... » ¿Esc ibi ? ¿O a ez? ¿Más? Bueno, enga, ahí a, una in oducción con encional pa a es os casos, soco ida, del géne o «quien esc ibió es o ya no es ... » (po cie o, lo de habla de uno mismo en e ce a pe sona es 167 inaguan able, he dejado de hace lo no sé cuando). Pe o eco dé que ese ecu so ambién lo había usado en la p opia esis, ya lo ci a é más adelan e, después de -si me lo pe mi en- alguna e iexión o consejo pa a hipóc i as lec o es, mis semejan es, mis he manos meno es. Las esis doc o ales son lib os que ienen al menos dos peculia idades cu iosas: o) Se esc iben «sin que e », po obligación. ale la pena, al espec o, lo que cuen a Fe nando Sa a e de la suya en su au obiog a ía. b) No se esc iben pa a explica algo, sino pa a demos a que se ha sido capaz de esc ibi los. y, pa a acaba de edondea el asun o, y cohe en emen e con las peculia idades ci adas, son los únicos lib os de lec u a obliga o ia pa a alguien: el su ido di ec o de la esis y los abnegados miemb os del ibunal.2 El lenguaje adminis a i o, que siemp e es muy e elado ; u iliza la ó mula: «puede p ocede - se a la lec u a de la esis». No dice «léase» (Daniel Pennac ha ad e ido con oda la azón que el e bo lee es uno de los que no se pueden usa en i-mpe a i o), ni siquie a « ecomiendo que se lea». Simplemen e: «puede p ocede se a la lec u a». Los miemb os de los ibunales de esis son como los ca ado es de los i anos. De los i a- nos ano éxicos, conc e amen e. Deben p oba que no es á en enenada una comida que nadie a a come . Si en pa a demos a que se puede p ocede a la lec u a de una esis sin me ma ap eciable en la salud. Lógicamen e no se les p egun a su opinión sob e lo que han leído. No es án pa a eso, eso no impo a. Sólo se les pide que ce i iquen que se puede lee .Y cuando se eúnen an es del ac o público de la «lec u a» de la esis, se cuen an sus imp esiones: «chico, pues yo c eí que no pasaba de la página doscien os, se me empezó a nubla la is a ... »; «calla, calla, que yo iba po la página ca o ce y es aba como el lec o de un lib o de una no ela de Ma in Amis, me dio una meningi is». Todo eso es muy g acioso: como odas las ocasiones en las que, al llega a lo que se había c eído que se ía la edad adul a, uno descub e que simplemen e no exis e al cosa: Azna y Bush e a ándose en la o icina de su papá poniendo los pies encima de la mesa ... , o el pob e James Fo es al, sec e a io de Es ado pa a la Ma ina USA. que se suicidó po que eía po la en ana cómo enían los usos. Todo eso es muy isible, muy cómico y, a la ez, comple amen e, is e y sinies amen e ágico. Como -sal ando odas las dis ancias que quie an pone se- las esis doc o ales: pa a odos los demás son «o a» esis más, y pa a el doc o ando la p ime a y la única, «su» esis, la de «su» ida. Eugenio T ías me comen ó en una ocasión una ase de Schopenhaue que no he podido encon a y que no sé si ecue do exac amen e, pe o que me pa eciÓ muy suge en e: «La ida humana, conside ada momen o a momen o, es una comedia, pe o omada en su conjun o, es una agedia». Nunca sé si e a al como la acabo de ci a de mala memo ia, o así: «La ida humana, conside ada momen o a momen o, es una agedia, pe o omada en su conjun o, es una comedia». Las dos e siones me pa ecen e osímiles. Ahí sí que, además de ace a ; me di cuen a de que ace aba, y me aleg o de habe lo sabido. Esc ibí que la mía e a, «más que una esis "sob e" los géne os d amá icos y li e a ios, una esis "de géne o":"Dícese de las ob as que ep esen an escenas de cos umb es o de la ida común". 168 C eo, a pesa de odo, habe man enido una cie a lucidez ace ca del des ino úl imo de es e abajo.» E ec i amen e, aquella esis cumplió su obje i o p incipal. Aunque ue un e o -debo econoce lo- el í ulo que le puse.Y sólo lo no é cuando ya e a i emediable. Lo más azonable que he llegado a con es a cuando me han hecho la única p egun a que suele hace se a los doc o es -«¿y de qué iba u esis?>>- ha sido: «e a una esis sob e la di icul ad de esc ibi una esis» ... ; una espues a a odas luces insu icien e que a as a no malmen e a o a p egun a que ab e el suelo bajo mis pies: «¿y cómo se i ulaba?» (mu mullo inaudible): « ... Ia escena agicómica ... » Silencio. Mien as iba esc ibiendo es o, c eo habe descubie o po qué se sigLe odo ese ex año i ual con las esis. Muchas eces había pensado que a lo mejo debe ía se obliga o io esc ibi no una, sino dos esis, y que debe ía alo a se solamen e la segunda. Po que esa segunda se ía sin ninguna duda mucho más azonable y legible que la p ime a. Po que, la e dad, lee se la p ime a es como come se la piel de un plá ano. Pe o la na u aleza es más sabia oda ía: simple- men e deja que las «p ime as» esis desapa ezcan en los a chi os de las biblio ecas.Y po eso mismo p ocu an los biblio eca ios pone an as objeciones a que se consul en las esis: pa a p o- ege a la humanidad de su lec u a. Pe o si us edes se empeñan, po mí ... Yo ya les he ad e ido. Ahí an dos agmen os de mi esis. Espe o que el p ime o pe mi a en ende algo del segundo. Muchas g acias po su pacien- cia.Y, si les in e esan, engo más cosas así en casa ... 1. La memo ia nos pe mi e conse a el pasado, pe o nunca como una o alidad ce ada y comple a, sino sólo agmen a iamen e. Lo que podamos eco da se án siemp e e azos, ilumi- naciones suel as que, po mo i os que desconocemos, no se han bo ado como la mayo ía de los sucesos y pensamien os que pudié amos, quizás, habe gua dado. Eso quie e deci que cual- quie in en o po comple a la memo ia, po hace encaja sus pedazos, supone una cons uc- ción nue a, que no es ealizada nunca po la misma pe sona que en su día ¡-ecogió y apa ó del ol ido aquellas ideas. Es inú il -y lo sé po que lo he in en ado- p e ende con inua aquella e lexión. Más ale deja lo que se ecue da en su ine i able agmen a iedad y no, como decía Elías Cane i, << o u a ; eja o ex o siona el ecue do, ni ampoco expone lo a la acción de alicien es bien calculados»]. Si an es as conside aciones como jus i icación de algunos pasos y sal os que aho a ya no podemos llega a en ende ; y que, sin emba go, conse amos en su si- uación o iginal. No enemos más emedio que con inua andando al aque, has a que -si hay sue e- encon emos algún pecio que pueda esul a alioso, conocido. Y quede cons ancia de nues o ag adecimien o a Ra ael Sánchez Fe losio po habe dado nomb e a los obje os que amos a e ol e ; a los es igios que a a emo e es a in es igación: pecios. Sucede pu a y sencillamen e que me sien o como el desquiciado au o de un lib o que c eo habe leído y que se i ula F ag- men os de Apocalipsis: 169 Lle o bas an es días de bandazo en bandazo. explo ando mi mundo y Sin encon a nada i me en que a en"a el ancla. Vacío. lo que se dice acío. no lo es oy. Sino poblado de es os de o os iajes. us ados en buena pa e, e dade os nau agios. Pasan igu as como an asmas. y se me escu en SI qUie o aSi ias. así son de Inconscien es. NI nomb e les puedo da . Son. Sin emba go. mi ma ena.la única. O con ella o con nada. Las iejas de mi ie a, en o os i empos. ob aban. con e azos. man as mul icolo es que llaman (a ope/ os. como ejidas de ha apos que e an. Eso, ha apos. es lo mío. ha apos que ue on elas sun uosas y b i" Il a n es. asgadas aho a y has a pod idas an es de alcanza o ma. Cue l gan o se amon onan, SI es án Ine es; y si las mue e un ien o y las alumbl "a una luz. ellas solas se o ganizan en g upos capl"ichosos. ue a de cualquie lógi ca y cualqulel" azón. Aho a mismo las eo. algunas de ellas. cal " as y cue pos al" ldados. como un capi el omániCO. unas nances aquí. allá una pie na. en e un o so e udo y un bl"azo a mado: unos OJos es úpidos y g andes. la espalda y las cade as de una mUje desnuda. una mano gl" gan e con una bomba encendida. la o e de una Iglesia. Esa bomba. y la o e ... Empiezo a eco da .' Aquí hay o o es o, o o papel.Vamos a p oba o a ez. Edip ei, de Só ocles. P oducció de Max R einha d al R oyal Thea e Co en Ga den de Lond es, el 191 l. 170 CAPíTOL 15 DE LA ESCENA TRAGICÓMICA. BARCELO~.JA. Upc. P. 10 1-1 19 2. Max Reinha d , del « ealismo imp esionis a» al «g an ea o del mundo» Despe digadas po el mundo, en muchas ciudades, i ían las pe sonas a las que Hend ik había conside ado amigas. A algunas les iba bien. Al Maes o, po ejemplo, que no enía mo i o alguno de queja. Una ama mundial como la suya no se apagaba, podía es a segu o de pasa el es o de sus días en palacios con muebles ba ocos y gobelinos o en los apa amen os p incipescos de los mejo es ho eles in e nacionales. ¿Que no le dejaban di igi en Be lín po se judío? Bueno, es deci ; peo pa a los be lineses. El Maes o mo ía majes uosamen e la lengua en la boca, p o es aba disgus ado un pa de días y inalmen e se decía que si los be lineses que ían hace solos su ea o, ep esen a «ese Hó gen» sus comedias an e su Füh e ; él, el Maes o, enía que esceni ica es a empo ada una g an ope e a en Pa ís, dos comedias de Shakespea e en Roma y una especie de au o sac amen al en Lon- d es. Además, enía que hace una gi a po Holanda y Escandina ia con In iga y amo de Schille y El mu ciélago de S auss, y en p ima e a enía que es a en Hollywood pa a cumpli un g an con a o cinema og á ico.s (Sob e la publicación de Me s o: En 1966, y a pesa de un p ólogo añadido po la edi o ial que a i maba que los pe sonajes de la no ela e an imagina ios, una demanda de un al Pe e Go ski (hijo adop i o del allecido ac o Gus a G ündgens y he ede o suyo, que log ó con en- ce a un ibunal alemán -y más a de al T ibunal Cons i ucional de la RFA-- de que el p o a- gonis a de la no ela de Mann, llamado Hend ik Hó gen, no sólo no e a un pe sonaje de icción, sino que además e a, p ecisamen e, su pad e adop i o, y que p esen a lo como colabo ado de los nazis e a mancha su hon a y su ecue do) lle ó a la p ohibición de la p ime a edición alemana « ede al» (de 1965, edi ada en la DDR en 1956) de esa no ela de Klaus Mann. Has a 1980 no se edi ó legalmen e la no ela en la RFA, de o ma que la publicación de Me s o ha p oducido el más epulsi o escándalo edi o ial de la his o ia de la RFA. Un escándalo que lle ó al suicidio a Klaus Mann, que esc ibía, en 1949, nue e días an es de mo i , a un di ec o de Be lín «Occiden al» que había ehusado publica su no ela: «No sé lo que me decepciona más: si la bajeza de sus con icciones o la ingenuidad con que us ed las con iesa. G ündgens iene éxi o: ¿Po qué iba us ed a edi a un lib o que pa ece di igido con a él? ¡No hay que a iesga se! ¡Siemp e con el pode ! ¡Hay que nada a a o de la co ien e! Ya se sabe dónde puede conduci lo con a io: a uno de aquellos campos de concen ación, de los cuales después se p e ende no habe sabido nada ... » (ci ado po Be hold Spangenbe g en el p ólogo a Klaus MANN, op. ci ., 16). El suicidio lib ó a Mann de la pe spec i a de con inua siendo pe seguido po habe publicado un lib o con a el nazismo, .. , has a 1980. El pe sonaje del «maes o» de la no ela, del que Klaus Mann habla con dis an e esen imien o, pa ece mismamen e Max Reinha d .) Cuando el jo en Max Reinha d en ó a abaja como ac o en el p ime Be line Deu sche Thea e , que di igía O o B ahm, se encon ó con «dos en es cul u ales ue iemen e en en a- dos».6 Po un lado, el ea o condicionado po la pues a en escena del his o icismo del siglo XIX, pa a el que se ía de modelo el abajo del duque Geo g on Meiningen. «La idelidad his ó ica has a el úl imo de alle del cuad o escénico, de los igu ines, de los acceso ios, pe o ambién de la conducción del ac o e an ahí los p ecep os más impo an es. Lo que pa a la pin u a de aquel 171 iempo signi icaban Maka , Kaulbach o Pilo y, eso ealizaban los Meininge , y siguiéndoles a ellos, la mayo ía de los Ho hea e de Eu opa, con su ep esen ación con imágenes ealis as". un libe alismo eñido de indi idualismo". [que] de i aba el his o icismo hacia un pa io ismo pa- é ico".» «El segundo en e con el que se encon ó el jo en Reinha d e a el de un na u alismo adical". [como el que p ac icaba] el p ime S anisla ski. En el ea o na u alis a, como el de An oine en la pa isiense "Théa e lib e", como en el de O o B ahm en la "Be line F eie Bühne" y en el "Be line Deu sche Thea e ", se e lejaban no sólo los mo imien os sociales que eme - gían con ue za en aquel momen o, los lados en sob a de la op imen e indus ialización, ligada con el enómeno oda ía no con olado de la G oszs ad y sus p oblemas del p ole a iado, sino que ambién e a un e lejo del acen uado y ma e ialis a posi i ismo de la época, y su psicologis- mo. Lle a el ambien e (milieu) y la he encia con idelidad na u alis a, casi o og á icamen e na u alis a, al escena io, sin deja e "en un ozo de ida como a a és de una en ana", eso le pa ecía al ea o na u alis a la me a más al a.>? Reinha d eaccionó an e esa si uación dejando de lado an o al his o icismo como al mo i- mien o de eacción en e al ea o adicional que suponía el na u alismo adical, «que se encon aba en un callejón sin salida».8 Jun o a o o ac o del g upo de B ahm, Jose Kainz, «el p ime pione o de ea o imp esionis a», que «ponía en escena epen inamen e al homb e "mode no", ne ioso y sensible; cómo en a izaba el habla y la lle aba a lo a , la ans o maba en música, cómo ompía el cliché de los papeles his ó icos y dejaba asluci lo pu amen e humano de la lgu a".»,9 Reinha d emp endió el p ime gi o cope nicano de su ob a: el paso «de lo es á ico na u alis a a la imp esión dinámica».'o A pa i de esos inicios en e los años I 894 Y 1900, la ob a de Reinha d puede conside- a se o ganizada po la e olución a lo la go de es concepciones escénicas di e enciadas: I . La escenog a ía imp esionis a En 1905 Reinha d puso en escena el Sueño de una noche de e ano empleando un ecu so mecánico de in ención japonesa y que Ka l Lau enschlage había empleado po p ime a ez en 1896: el escena io gi a o io." Ese mecanismo le pe mi ió acele a al máximo los cambios de escena, incluso pudiendo log a una especie de « undido» de las escenas sucesi as: «Lo luc uan- e de la ida, el "e e no lui " de lo que se ans o ma de ins an e en ins an e, la ansmu ación cons an e podía así mos a se óp icamen e, y pe mi ía posibilidades de juego dinámico imp e- sionis a que la igidez de la caja óp ica había hecho imposibles has a en onces.»12 Pe o Reinha d no se quedó anclado en ese su p ime éxi o de esonancia mundial. «Po que si Reinha d enía una i ud especial, ésa e a sin duda su eclec icismo.»'3 Reinha d que ía deja «lo me amen e ilus a i o hacia una -como él la lIamaba- "signi icación esencial" del espacio». Reinha d que ía hace del cuad o escénico un espacio i al que no pod ía p oduci un e ec o es á ico, sino dinámico, y que no «es» sino que «sucede».'4 172 ------------------------ 2. La escenog a ía de masas Reinha d esceni icó Edipo ey po p ime a ez en 1910 en el an i ea o de la Neue Münch- ne Musikhalle, con una capacidad pa a es mil pe sonas. Él mismo explicó algunos de los c i e ios cen ales de aquella pues a: «Lo esencial de la coincidencia en e el ea o an iguo y el mode no lo eía yo en la posibilidad de in en a alcanza de nue o las dimensiones con las que los g andiosos e ec os del ea o de la an igüedad se elacionaban ... : da al ac o o a ez la an- siada posibilidad de es a en medio del público, libe ado de las ilusiones del deco ado. Así se p oduce un con ac o en e el público y el ac o que libe a e ec os anónimos, inimaginables. El espec ado es á mucho más ligado que nunca al acon ece de la ob a.»ls Hay aquí, aunque el a gumen o pueda pa ece el mismo, un cambio impo an e espec o del <aea o ín imo»: si bien Reinha d ambién quie e p opicia una elación muy es echa en e ac o es y público, y ambién quie e ompe el « ealismo» del deco ado, quie e p oduci esa eunión no educ i amen e, sino po exceso. No piensa en un espec ado aislado y abso o en la ob a, some ido al au o d amá ico, sino en un ea o de masas, en el que la masa sea el lími e compa ido po ac o es y espec ado es, en el que odos ellos se disol e ían. Esc ibe, sob e el e ec o de una ep esen ación así concebida de Edipo ey, el escenóg a o Al ed Rolle : « ... iaquella masa de espec ado es! ... Golpes de gong. Aho a un lejano b ama de oces humanas que se ace can. Cada ez más ce ca, g i os de miedo, cada ez más cla os y aho a en an co iendo po la pue a en en ada al emplo cien os de pe sonas, como lle adas po las u ias, an e ellas an o chas y se lanzan con a las escale as del emplo. O os cien as ellos, o o empujón más ... Has a en onces, sólo se ha p onunciado la palab a Edipo, pe o el pode del mo imien o de masas es an g ande que el co azón me golpea en la ga gan a y es oy ce ca de las lág imas ... »16 y el p opio Reinha d : «Masa en mo imien o en el espacio. Resol ía i acionales e ec os monu- men ales ... , pe o c ecía al mismo iempo ambién la exposición de los ac o es indi iduales, en e los que Moissi yWegene se al e naban como Edipo. El espacio gigan esco quedaba es uc u a- do po las masas; yen algunos momen os pa ecía como si los milla es de espec ado es es u ie- an incluidos en la acción.»I? El e ec o del cla oscu o -yen gene al, la iluminación- juega en esa escenog a ía un papel cen al: «de mane a que Dan on es aba en el ex emo del podio ue emen e iluminado, mien- as que la masa gigan esca a su al ededo se pe día en la semioscu idad y ciaba con ello la im- p esión de lo in ini o».18Tea o de lo sublime, pues. 19 En el esc i o de A nold Zweig i ulado «Thea e , Menge, Mensch» (<<Tea o, can idad, se humano»)20 pueden encon a se los pensamien os ec o es de oda esa pues a en escena, que es, si cabe habla así, adio ónica: «El que mi a es á solo con lo que e. En e él y el obje o se iende una elación ce ada y celosa. Aunque miles di ijan sus ojos en un espacio a una co ina ex endida donde es én y ges iculen Casand a y Mal olio: no es la masa la que e a Casand a o a Mal olio: miles, miles de soli a ios. El ojo aísla al homb e y excluye la pa icipación del p ójimo a aquello que se o ece a la mi ada, has a que no se ecu e a la comunicación e bal ... el ea o de los colo es y las luces, de los ges os y las ac i udes no c ea una masa, ni la ole a ... El que oye iene compañe os. En el oí no hay sólo la ansmisión de lo que se oye; la ampli ud del sonido, la empo alidad de su ápida di usión, la ácil supe ación de las di isiones espaciales p epa an el 173 con ac o en e los homb es. Sí, el oído es un ó gano c eado de mul i udes. Quien oye puede se consolado. Quien habla, habla a odos los p esen es al mismo iempo, nadie puede aisla a uno o muchos de la comunidad de los oyen es ... Pe o en esa comunidad sólo i e el echazo y la esis encia. El oyen e sabe que no es á solo ... , pe o quie e pa ece lo ... El ecino, de cuya exis- encia es conscien e, le moles a ... Tole a sólo agamen e y enuemen e la comunidad con los o os ... Sí, oído, ú que das al homb e compañe os, no po eso le en iqueces ... le uel es li igado , i i ado y cau i o. No quie e el compañe o que le o eces. Su alma se ab e soli a ia a la ida ... El que e es á solo, el que oye quie e es a lo. Del espec ado no se llega a la masa.Y. mien as no se haya descubie o un ac o de cohesión, a la e lexión se le o ece sólo es a escapa o ia: que en el ea o la masa es una ilusión; que no exis e un público. Pa a el alma, de hecho, mil eces uno es siemp e igual a mil eces uno, y no a mil. .. El ambien e mismo, el as o espacio del ea o, necesi a a la masa ... Pe o el ea o no sabe c ea de los singula es la masa ... ¿Cómo nace de los indi iduos la mul i ud? .. El e ec o inmedia o del g an ambien e lo sien e sólo uno: el in é p e e. F en e a él es án sen ados, en la oscu idad, no los singula es, sino la masa, el público ... »21 Y la con- clusión, en el mismo ex o, p e isible y escalo ian e: «En es e pun o podemos deci lo que ex- p esa la aclamación de los aplausos: no un o o, no un «es o nos complace, po eso iene alo », sino: «es o nos ha ele ado, po an o, somos dignos, es o es -po es e momen o de edención y, si ué amos mejo es, pa a siemp e- nues o espí i u, nues o se . El espí i u de la poesía es dic a o ial, y ellos sien en esa supe io idad, la econocen, se sien en en su in imidad sus secua- ces».22 Cuando, en 1938, F i z Fuss ans o mó el G osses Schauspielhaus de Be lín, que Poelzig había p oyec ado pa a Reinha d en 1919,23 con i iéndolo en el Thea e des Volkes, no ob ó con a Poelzig o con a Reinha d . Simplemen e, les comple ó la «bá ba a monumen alidad» del ea o de masas que ellos habían soñado. 24 (Sob e el espacio de las masas: La obsesión nazi po el «espacio i al» es un ca ac e ís ico asgo pa anoico. Delimi a o undamen e el espacio, ap opia se de él. Sob e la a qui ec u a que esa ac i ud gene a, c GÜTTLER, op. ci ., 95. Gü le comen a el oye del Schille hea e e o ma- do en 1937-38 po Paul Baumga en en los siguien es é minos: «En ese oye el indi iduo debe sen i se pequeño e insigni ican e, sólo le queda la huída en la masa. Pe o la masa es o a que en Li mann, el a ibu o democ á ico se le ha qui ado, como al p opio ea o.Ya no es ampoco la masa que pensaban Poelzig y Reinha d . es la masa amed en ada, di igida y secues ada.» Gü le se equi oca: «Nunca Reich ue mejo pensado que cuando ehúsa in oca un desconocimien o o una ilusión de las masas pa a explica el ascismo, y cuando pide una explicación a pa i del deseo, en é minos de deseo: no, las masas no ue on engañadas, ellas desea on el ascismo en de e minado momen o, en de e minadas ci cuns ancias, y es o es lo que p ecisa explicación ... » (DELEUZE-GUATTARI25). Pa a la imagine ía de ese «espacio de masas» -y no sólo pa a eso: ambién po su búsqueda de esa explicación necesa ia y sis emá icamen e escamo eada po los «Wunde kinde » ace ca de la acep ación colec i a del nazismo que denunció el suicidio de Klaus Mann y que ambién denuncian, con la since idad de sus ecue dos de in ancia, Ch is a Wol y Thomas Be nha d - e Be na do BERTOLUCCI, /1 con o mis a, y Hans Jü gen SYDER- BERG. Hi le ; ein Film an Deu schland.) 174 3. El «g an ea o del mundo» A pa i de 1920, Reinha d comenzó a abaja en la pues a en escena de o ma que és a desbo dase el ecin o del ea o, ex endiéndose a oda la ciudad. En los p ime os años ein e se dio, además, el pun o culminan e de la colabo ación en e Max Reinha 'd y Hugo on Ho - manns hal. 26 En aquel iempo, «Reinha d , que una ez quiso p oba que él ambién podía hace exp e- sionismo ... lo con i mó con unden emen e cuando él, el iejo maes o del imp esionismo, ans- o mó sencillamen e el exp esionismo en imp esionismo».27 Más aún que un eg eso a sus p opios inicios, lo que el ea o de Max Reinha d emp endió con la pues a en escena de je- de mann, de Ho manns hal, ue una uel a a los inicios del ea o, quiso un « enacimien o del ea o a pa i de la mímica» pe o, más aún, un « ea o ea al»,28 que u ilizase como su ma e ia p ima ya no la ealidad, como hab ía p e endido el na u alismo, sino el p opio ea o, que iba a insis i en econoce se en cie a medida au ónomo: «el mundo del ea o oma luz y ida del mundo eal, pe o iene su p opio eje, al ededo del cual gi a».2 9 Eso e a lo que había imp esio- nado de Reinha d a Jacques Copeau, que esc ibía: <<Su isión es mundialmen e álida. Su nom- b e despie a en noso os, más que ningún o o, la idea de un ea o e dade amen e sobe a- no ... »30 Lo que Reinha d pe seguía: «Bajo el signo de Moza ... [y en] el aleg e y pu o genio de Salz- bu go debían eje se la ópe a y el d ama, la comedia y el d ama can ado, la pieza popula y los an iguos mis e ios y ep esen aciones de Na idad, en una ciudad selec i a. y desplega aquella belleza pu a y espi i ual, a la que el ea o puede, en ci cuns ancias elices, ele a se».31 T a aba de con inua lo que conside aba << al ez la más genial de las ob as de Richa d Nagne », los «Fes s- piele» de Bay eu h,32 dándoles «nue os con enidos». Si en la ep esen ación de jede mann, en 1920, an e la ca ed al de Salzbu go, «los p egone- os desde los campana ios de las iglesias con i ie on a la en e a ciudad en un ea o i ual, y a sus isi an es en sus comulgan es ... , una usión de odas las a es de la mejo adición simbolis- a ... , in en o po e i i un d ama i ual pa a iempos mode nos ... , un e o no al «pu o ea o en el sen ido más a que ípico» (H. l. Plilikian), Ho manns hal eía la ob a como algo más que una alego ía de la ida: más bien una mezcla de ealidad y sueño»,33 ue con las ep esen aciones de la ob a de Ho manns hal inspi ada en Calde ón y i ulada Solzbu ge G osse Wel hea e como ese p oceso de e- ea alización ex ema del ea o alcanzó su máximo esplendo . En aquellas ep esen aciones de 1922 en la Kollegienki che de Salzbu go, en lo que ya había sido ins i ucio- nalizado como Salzbu ge Fes spiele, se p odujo lo que en opinión de Ho manns hal ue el momen o «más ue e» de odo el ea o de Reinha d : cuando la mue e descendía de una columna pa a i llamando, uno a uno, a odos los pe sonajes de su «g an ea o del mundm)34. Aquellas ep esen aciones ue on un «in en o po da un nue o con enido --en el que pudie a exp esa se el Zei geis - a aquella ma e ia adicional: el ea o del mundo, sob e el que los homb es ac úan an e Dios el juego de su ida».35 Y « ... ese "nue o con enido" se concen a en la igu a del mendigo, que ep esen a la ue za del p ole a iado, que amenaza al mundo del ey, del ico, de la belleza, del campesino y de la sabidu ía. La con e sión del mendigo en pun o cen al del d ama -que él, con la ue za de la sabidu ía, deje cae el hac~a ya le an ada- indica la 175 50. BAUDRILLARD. Op. ci ., p. 95. 51. HABERMAS, Jü gen. «His o ia y c í ica de la opinión pública. La ans o mación es uc u al de la ida pública». Ba celona: Gus a o Gili, 1981. P 190 182