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«E así salió de su palaçio, é se puso en la plaza mayor…». Narrativas en disputa para una escenografía política del combate urbano (Medina del Campo, 1441)

Víctor Muñoz Gómez; Departamento de Historia Medieval. UNED

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Revista del Departamento de Historia Medieval de la UNED”> <meta name=

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139 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E ASÍ SALIÓ DE SU PALAÇIO, É SE PUSO EN LA PLAZA MAYOR…». NARRATIVAS EN DISPUTA PARA UNA ESCENOGRAFÍA POLÍTICA DEL COMBATE URBANO (MEDINA DEL CAMPO, 1441) «E ASÍ SALIÓ DE SU PALAÇIO, É SE PUSO EN LA PLAZA MAYOR…». CONTESTED NARRATIVES FOR A POLITICAL STAGING OF URBAN COMBAT (MEDINA DEL CAMPO, 1441) Víctor Muñoz Gómez1 Recepción: 2024/06/02 · Comunicación de observaciones de evaluadores: 2024/07/17 · Aceptación: 2024/07/19 DOI: https://doi.org/10.5944/etfiii.38.2025.41598 Resumen2 La relación entre espacio urbano y violencia armada fue objeto de un tratamiento específico en la producción cronística castellana del final de la Edad Media a la hora de integrarla en el imaginario del orden y el conflicto políticos. En este trabajo se propone analizar el combate urbano ocurrido en Medina del Campo el 28 de junio de 1441, en el contexto del conflictivo reinado de Juan II de Castilla. Como veremos, el reflejo de la realidad del enfrentamiento bélico y la escenificación simbólica, incluso la ritualización, de la legitimidad o ilegitimidad del recurso a la fuerza subyacen a la forma y el contenido de relatos en disputa. Palabras clave Comunicación política; conflicto; guerra; combate urbano; crónicas; Castilla. 1. IATEXT. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. C.e.: victor[email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6680-4103 2. Este trabajo es resultado del proyecto de investigación «Más allá de la palabra.Comunicacióny discurso políticos en la Castilla Trastámara (1367-1504) / Beyond the word. Political Communication and Discourse in Trastámara Castile (1367-1504) (PID2021-125571NB-I00, financiado por MCIN/AEI /10.13039/501100011033 / FEDER, UE «Una manera de hacer Europa». 140 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd Abstract Late medieval Castilian chronicles paid close attention to the relationship between urban spaces and armed violence, weaving these elements into the worldview of political order and conflict. The aim of this study is to examine the urban conflict that took place in Medina del Campo on June 28, 1441, in the context of the turbulent reign of John II of Castile. We will analyse how the reflection of the reality of war and the symbolic staging, or ritualization of the use of violence, be it legitimate or not, shapes the form and content of contested narratives. Keywords Political Communication; Conflict; War; Urban Combat; Chronicles; Castile. 141 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» 1. INTRODUCCIÓN El notable desarrollo del estudio de la violencia armada y la guerra en la Castilla del final de la Edad Media durante las últimas décadas, en la misma línea al operado para otros espacios ibéricos y del conjunto del Occidente latino, ha permitido aproximarnos a los diferentes perfiles de su despliegue y las respectivas significaciones, a menudo políticas, de las formas del combate3. En este sentido, tomando en consideración las manifestaciones tácticas de la acción armada medieval en su relación con su dimensión espacial, junto a las mucho mejor conocidas operaciones de cabalgada y saqueo, asedios y batallas, el combate urbano progresivamente ha ido recibiendo una mayor atención historiográfica, destacando entre otros elementos su carácter particularmente cruento4. Ya refiriéndose a contextos de enfrentamiento contra enemigos no castellanos —musulmanes o cristianos—, en los relativos a conflictos civiles en el seno de la monarquía castellana o a formas de «guerra privada» o entre bandos —en ámbitos regionales o locales, implicando a agentes señoriales-aristocráticos y elites ciudadanas—, ya desarrollado de forma específica, ya vinculado a otras operaciones militares de asalto a plazas o batallas, el combate urbano se encontraba entre las prácticas más usuales de la violencia armada y la guerra durante el Medievo. Más aún, los estudios más recientes al respecto están señalando la especificidad del uso táctico de hombres y armas que implicaba y la singularidad que el espacio urbano ejercía a la hora de condicionar la relevancia y resolución de los enfrentamientos5. 3. Para una visión panorámica actualizada, entre otros, Bachrach, Bernard s., Bachrach, David s.: Warfare in medieval Europe, c. 400-c. 1453. Oxon-Nueva york, Routledge, 2017; Contamine, Philippe y Guyotjeannin (ed.): La guerre, la violence et les gens au Moyen Âge. 2 vols. París, éditions du CTHs, 1996; DeVries, Kelly (ed.): Medieval Warfare 1300-1450. Farnham, Ashgate Publishing, 2010; Etxeberria Gallastegi, Ekaitz: Fazer la guerra. Estrategia y táctica militar en la Castilla del siglo XV. Madrid, Consejo superior de Investigaciones Científicas, 2022; García Fitz, Francisco: «‘Las guerras de cada día’ en la Castilla del siglo XIV», Edad Media. Revista de Historia, 8 (2007), pp. 145-181; García Fitz, Francisco: «Usos de la guerra y organización militar en la Castilla del siglo XIV», Memoria y civilización. Anuario de Historia, 22 (2019), pp. 117-142; García Fitz, Francisco y Gouveia Monteiro, João (eds.), War in the Iberian Peninsula, 700-1600. London, Routledge, 2018; Keen, Maurice (ed.): Medieval Warfare. A History. Oxford, Oxford University Press, 1999; Martín Vera Manuel Ángel: Los orígenes del ejército moderno en el reino de Castilla, siglos XIV-XV. Madrid, Ministerio de Defensa, secretaría General Técnica, 2022; O’Donnell y Duque de Estrada, Hugo José (dir.), Ladero Quesada, Miguel Ángel (coord.), Historia militar de España. Tomo II. Edad Media. Madrid, Ministerio de Defensa, secretaría General Técnica, 2018; Rodríguez Casillas, Carlos J.: A fuego e sangre: La guerra entre Isabel la Católica y Doña Juana en Extremadura. Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2013; Rodríguez Casillas, Carlos J.: La ley de las armas. La guerra en el marco de la Extremadura del periodo Trastámara (1369-1504). Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2023; settia, Aldo: Rapine, assedi, battaglie. La guerra nel Medioevo. Roma-Bari, Editori Laterza, 2002. 4. Raynaud, Christiane (ed.): Villes en guerre, XIVe-XVe siècles. Aix-en-Provence, Presses universitaires de Provences, 2008; settia, Aldo: Rapine..., pp. 63-67, 244-255; McGlynn, sean: A hierro y fuego. Las atrocidades de la guerra en la Edad Media. Madrid, Crítica, 2009 (1ª ed. en inglés, 2008), pp. 252-302. 5. Entre otros, Etxeberria Gallastegi, Ekaitz: «Guerras privadas y linajes urbanos: violencia banderiza en el Bilbao bajomedieval», Roda da Fortuna, Número Extraordinario 1-1 (Actas del II Congreso Internacional de Jóvenes Medievalistas Ciudad de Cáceres) (2015), pp. 79-87; Etxeberria Gallastegi, Ekaitz: «La ciudad medieval como campo de batalla: el combate urbano en la Guerra de sucesión Castellana (1475-1479)», Clío & Crímen: Revista del Centro de Historia del Crimen de Durango, 12 (2015), pp. 277-288; Etxeberria Gallastegi, Ekaitz: «Urban warfare in 15th-century Castile», E-Strategica: Revista de la AIHM (siglos IV-XVI), 3 (2019), pp. 125-144; Etxeberria Gallastegi, Ekaitz: Fazer la guerra…, pp. 147-157; Martín Vera Manuel Ángel: «El combate urbano en la Baja Edad Media: el duque de Medina sidonia contra el marqués de Cádiz por el dominio de sevilla», Roda da Fortuna, Número Extraordinario 1-1 (Actas del II Congreso Internacional de 142 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd En cualquier caso, no es el único aspecto a tener en cuenta. En efecto, en los territorios de la Corona de Castilla durante el final de la Edad Media, el combate en medios urbanos estuvo sujeto a significaciones de notable contenido político, por una parte; por la otra, a su connotación particularmente violenta en relación con el desorden político y social que afectaba a dicho ámbito urbano6. En ambos casos, es notable observar cómo el choque armado dentro de poblado fue objeto de un tratamiento particularizado dentro de las fuentes narrativas que atendieron a situaciones de conflicto en el ámbito de la monarquía castellana, muy destacadamente aquellas de naturaleza cronística. Así, podemos señalar algunos ejemplos entre otros posibles. El género cronístico integró de forma destacada determinados choques entre comitivas armadas reunidas en torno a ciudades bajo el mandato regio o ante la celebración de determinados actos de carácter político-institucional a causa de enfrentamientos particulares entre caballeros allí presentes y sus respectivos parientes y allegados. Es el caso del enfrentamiento entre las compañías de Sancho, conde de Alburquerque, y las del infante heredero don Juan por una disputa relativa a su aposentamiento en el barrio de San Esteban de la ciudad de Burgos durante febrero de 1374, cuando Enrique II decidió reunir sus huestes para hacer frente a un eventual ataque inglés liderado por el duque de Lancaster. Tal enfrentamiento se saldó con la muerte accidental del primero al no ser reconocido en el combate mientras trataba de mediar entre los hombres enfrentado7. Otro tanto se puede decir del que implicó a las casas de Diego Sarmiento y Rodrigo de Perea en Guadalajara el 19 junio de 1408, saldado con varios muertos y heridos Jóvenes Medievalistas Ciudad de Cáceres) (2015), pp. 53-77; Martín Vera Manuel Ángel: Los orígenes…, cap. 6.2; Martín Vera Manuel Ángel: «El combate en población en la Castilla bajomedieval», Revista de Historia Militar, 133 (2023), pp. 127-162; Rodríguez Casillas, Carlos J.: ««y corrió la sangre por las calles» Ciudad y guerra urbana a finales del siglo XV: el caso de Extremadura», Roda da Fortuna, Número Extraordinario 1-1 (Actas del II Congreso Internacional de Jóvenes Medievalistas Ciudad de Cáceres) (2015), pp. 33-52. 6. A las referencias citadas en las notas previas, podemos añadir algunas más, a título ilustrativo y relativas a esa relación entre orden político urbano y su ruptura mediante el uso de las armas, tales como Asenjo González, María y zorzi, Andrea, «Facciones, linajes y conflictos urbanos en la Europa bajomedieval. Modelos y análisis a partir de Castilla y Toscana», Hispania. Revista española de Historia, 250 (2015), pp. 331-364; zorzi, Andrea: «La cultura della vendetta nel conflitto politico in età comunale», en Delle Donne, Roberto y zorzi, Andrea (ed.): Le storie e la memoria. In onore di Arnold Esch. Florencia, Firenze University Press, 2002, pp. 135-170; Monsalvo Antón, José María: Violence between Factions in Medieval salamanca. some Problems of Interpretation», Imago Temporis. Medum Aevum, III (2009), pp. 139-170; Pereyra, Osvaldo Víctor: «Elementos para el análisis de la articulación territorial y violencia inter-linajísticas en los espacios septentrionales del Reino de Castilla (siglos XIV-XVI)», Clío & Crímen: Revista del Centro de Historia del Crimen de Durango, 16 (2019), pp. 69-82; solórzano Telechea, Jesús Á.: «Violencia y conflictividad política en el siglo XV: el delito al servicio de la élite en las Cuatro Villas de la Costa de la Mar», Anuario de Estudios Medievales, 35/1 (2005), pp. 159-184; o, por su carácter de síntesis actualizada, López Gómez, óscar: «La paz en las ciudades de Castilla (siglos XIV y XV)», Edad Media. Revista de Historia, 11 (202310), pp. 123-149; Jara Fuente, José Antonio: «El conflicto en la ciudad: violencia política en la Castilla urbana del siglo XV», en López Ojeda, Esther (ed.), La violencia en la sociedad medieval. XXIX Semana de Estudios Medievales, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 2019, pp. 85-115. 7. López de Ayala, Pero: Crónicas de los reyes de Castilla Don Pedro, Don Enrique II, Don Juan I, Don Enrique III. 2 vols. (Jerónimo zurita enmiendas, Eugenio de Llaguno Amírola correcciones y notas). Madrid, Imprenta de don Antonio de sancha, 1779-1780, Crónica de Enrique II, Año 1374, Cap. IV. Por motivos de accesibilidad, se remite a las ediciones clásicas y a los capítulos correspondientes de los textos cronísticos citados en este trabajo, señalándose en caso de ser preciso las ediciones críticas más modernas correspondientes. 143 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» por cada parte y que estuvo a punto de degenerar en un combate abierto entre algunos de los principales señores del reino —el almirante Alfonso Enríquez y el conde de Trastámara, del lado de Diego Pérez Sarmiento; el maestre Lorenzo Suárez de Figueroa, del otro—, estando asentada en esta villa la Corte en un contexto de paulatino deterioro de las relaciones entre los entonces corregentes del reino, la reina madre Catalina de Lancaster y el infante Fernando «el de Antequera»8. En ambos casos, estos hechos se plantean como casuales y desgraciados, conectándose, si no en sentido causal, sí como antecedentes de posteriores acontecimientos políticos conflictivos de mayor envergadura: la sucesión del conde Sancho por su heredera Leonor de Alburquerque, con la posterior gestión de su tutela, herencia y matrimonio, el primero; el estallido del enfrentamiento por el control de la regencia saldado con el triunfo del infante Fernando, en el segundo 9 . Mucho mejor conocidos, sin duda, y objeto de gran atención por los principales autores cronísticos desde el final del siglo XIV al final del siglo XV, fueron los enfrentamientos entre las facciones urbanas capitaneadas por los Guzmán y los Ponce de León en Sevilla. Quizás fue por su continuidad, desde los primeros choques durante el reinado de Enrique III en 1390-1394 y 1398-1402 hasta la abierta guerra que terminó afectando al conjunto del reino de Sevilla entre 1471 y 1474, pasando por las luchas acaecidas entre 1416-142010, amén de las que se entrelazaron con la pugna a mayor escala en el conjunto de Castilla entre la facción de Álvaro de Luna y la de los «infantes de Aragón. Quizás se debió al impacto que los episodios de violenta lucha entre las murallas y calles de la mayor ciudad del territorio de la monarquía provocaron en los entornos regios. De un modo u otro, el testimonio de los combates urbanos sevillanos y de la conflictividad político-social a la que remitían fue capaz de integrarse con personalidad propia como parte relevante en el conjunto del relato histórico del siglo XV castellano recogido en la cronística real 11 . 8. García, Michel (ed.): Crónica del Rey Juan II de Castilla. minoría y primeros años de reinado (1406-1420). 2 vols. salamanca, Ediciones Universidad de salamanca, 2018, Cap. 110 (Año 1408), pp. 328-332; García de santa María, Álvar: Crónica de Juan II de Castilla (Juan de Mata Carriazo y Arroquia, edición). Madrid, Real Academia de la Historia, 1982, Cap. 110. 9. Carceller Cerviño, Mª del Pilar, Villarroel González, óscar: Catalina de Lancaster. Una reina y el poder. Madrid, sílex Ediciones, 2021, pp185-209; Muñoz Gómez, Víctor: ««La señora mejor heredada que se fallaba en España». patrimonio y transmisión del señorío de Leonor, condesa de Alburquerque, a fines del siglo XIV», en García Fernández, Manuel (coord.), En la Europa medieval: mujeres con historia, mujeres de leyenda: siglos XIII-XVI, sevilla, Editorial Universidad de sevilla, 2019, pp. 187-206; Muñoz Gómez, Víctor: Fernando «el de Antequera» y Leonor de Alburquerque (1374-1435). sevilla, Editorial Universidad de sevilla-Ateneo de sevilla, 2016, pp. 91-94; Muñoz Gómez, Víctor: El poder señorial de Fernando «el de Antequera» y los de su casa. Señorío, redes clientelares y sociedad feudal en Castilla durante la Baja Edad Media. Madrid, Consejo superior de Investigaciones Científicas, 2018, pp. 254-256; Torres Fontes, Juan: «La regencia de Don Fernando de Antequera», Anuario de Estudios Medievales, 1 (1964), pp. 375-429, en concreto, 388-409; Villarroel González, óscar: «El alejamiento del poder de Catalina de Lancáster en 1408 la propaganda del infante Fernando», en Díaz sánchez, Pilar, Franco Rubio, Gloria, Fuente Pérez, M.ª Jesús (eds.), Impulsando la historia desde la historia de las mujeres, Huelva: Universidad de Huelva, 2012, p. 377-387. 10. García, Michel (ed.): Crónica del Rey Juan II…, Caps. 409-416, pp.846-861 [Año 1416], Caps. 417-419, 421-422, pp.863-868, 872-874 [Año 1417], Caps. 427-428, pp.881-82 [Año 1418]. 11. La bibliografía disponible es abundantísima. Para un acercamiento actualizado, amén de una atención específica a las dinámicas bélicas de guerra urbana en estos contextos, Carriazo Rubio, Juan Luis: La Casa de Arcos entre Sevilla y la frontera de Granada. sevilla, Universidad de sevilla, 2003, pp. 46-69, 91-104, 127-149, 285-289, 299-389; Ladero Quesada, Miguel Ángel: Guzmán. La casa ducal de Medina Sidonia en Sevilla y su reino, 1282-1521. Madrid, Editorial Dykinson, 2015, 144 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd Las impresiones de violencia y particular ruptura del orden, ligadas a la extensión de combates urbanos que adquieren protagonismo en las narraciones cronísticas son, al fin, igualmente localizables en otros episodios, como algunos igualmente bien conocidos durante el reinado de Juan II de Castilla. Podemos mencionar aquellos de la revuelta anticonversa en Toledo encabezada por Pedro Sarmiento durante 1449, cuyo desarrollo y reacción a ella ofreció muestras ilustrativas de este tipo de acciones armadas12, todo ello enmarcado alrededor de componentes de levantamiento popular, de una parte, y de oposición a la privanza de Álvaro de Luna13. Pero también, entre otros, los relativos a la prisión de este último por orden del rey y su última resistencia en las casas en las cuales se aposentó en la ciudad de Burgos hasta la madrugada del 4 de abril de 1453 a partir de las versiones en cierto modo contrapuestas de Gonzalo Chacón y sus continuadores, de un lado, y de la compilación publicada por Galíndez de Carvajal, del otro14. No está fuera de lugar recordar que el espacio urbano ocupó un lugar especialmente destacado a la hora de simbolizar y hacer pública la narración y representación de la autoridad y la legitimidad política —también del conflicto en torno a ellas— en la monarquía castellana tardomedieval 15 . Todo el sentido pp. 99-102, 181-192; Martín Vera, Manuel Ángel: «El combate urbano...»; Carriazo Rubio, Juan Luis: «La guerra ¿privada? De los bandos sevillanos en 1471-1474», en Exteberria Gallastegi, Ekaitz, Fernández de Larrea Rojas, Jon Andoni (eds.), La guerra privada en la Edad Media: las coronas de Castilla y Aragón (siglos XIV-XV), zaragoza, Prensas de la Universidad de zaragoza, 2021, pp. 143-182. 12. Carrillo de Huete, Pedro: Crónica del Halconero de Juan II (Juan de Mata Carriazo, edición y estudio; Rafael Beltrán, estudio preliminar). Granada, Universidad de Granada-Marcial Pons-Universidad de sevilla, 2006, Cap. CCCLXXII, pp. 511-512, Caps. CCCLXXIV, CCCLXXV-CCCLXXVI, CCCLXXIX, pp.516-527, 531-532 (en adelante, CH); Pérez de Guzmán, Fernán: Crónica del Señor Rey Don Juan, segundo de este nombre en Castilla y en León (Lorenzo Galíndez de Carvajal, compilador), Valencia, Imprenta de Benito Monfort, 1779, Año 1449, Cap. II, IV-X. [en adelante, CJII]; Carriazo, Juan de Mata (ed.): Crónica de don Álvaro de Luna, condestable de Castilla, maestre de Santiago. Madrid, Espasa Calpe, 1940, Tits. LXXIX-LXXXIII (en adelante, CAdL). 13. sobre la revuelta de Toledo de 1449 y la posterior de 1467, entre otros, López Gómez, óscar: ««La çibdad está escandalizada». Protestas sociales y lucha de facciones en la Toledo bajomedieval», Studia historica. Historia medieval, 34 (2016), pp. 243-269; López Gómez, óscar: «La revuelta de 1449 en Toledo. Historiografía y estado de la cuestión», E-Humanista/Conversos, 9 (2021), pp. 253-283; López Gómez, óscar: «La violencia de la comunidad. Movilizaciones colectivas, luchas antiseñoriales y control del territorio en la sublevación de Toledo de 1449», Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval, 24 (2023), pp. 117–150; Round, Nicholas G., «La rebelión toledana de 1449. Aspectos ideológicos.», Archivum: Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, 16 (1966), pp. 385-446. 14. CJII, Año 1452, Cap. I; CAdL, Tits. CXX-CXXIII; Calderón Ortega, José Manuel: Álvaro de Luna: riqueza y poder en la Castilla del siglo XV. Madrid, Dykinson s.L., 1998, pp. 90-97; Round, Nicholas G.: The greatest man uncrowned. A study if the fall of don Alvaro de Luna. Londres, Tamesis Books, 1986, pp. 67-87. 15. Carzolio, M.ª Inés, Muñoz Gómez, Víctor: «El discurso político en los cuerpos complejos de la monarquía castellana (s. XIII-XVIII). Narrativas de poder, comunicación y negociación», Trabajos y Comunicaciones, 52 (2021), e136. https://doi.org/10.24215/23468971e136; Foronda, François, Carrasco Manchado, Ana Isabel (dirs.): El contrato político en la Corona de Castilla. Cultura y sociedad políticas entre los siglos X y XVI. Madrid, Dykinson, 2008; Jara Fuente, José Antonio (ed.): Discurso político y relaciones de poder: ciudad, nobleza y monarquía en la Baja Edad Media. Madrid, Dykinson, 2017; Millán da Costa, Adelaide, Jara Fuente, José Antonio (eds.): Conflicto político: lucha y cooperación. Ciudad y nobleza en Portugal y Castilla en la Baja Edad Media. Lisboa, Instituto de Estudos Medievais, 2017; Monsalvo Antón, José Mª.: «El conflicto «nobleza frente a monarquía» en el contexto de las transformaciones del estado en la Castilla Trastámara. Reflexiones críticas», en Jara Fuente, José Antonio (ed.), Discurso político y relaciones de poder: ciudad, nobleza y monarquía en la Baja Edad Media, Madrid, Dykinson, 2017: 89-287; Monsalvo Antón, José M.ª (ed.): Élites, conflictos y discursos políticos en las ciudades bajomedievales de la Península Ibérica. Salamanca, Universidad de salamanca, 2019; Monsalvo Antón, José M.ª: La construcción del poder real en la Monarquía castellana (siglos XI-XV). Madrid, Marcial Pons Historia, 2019; Nieto soria, José Manuel (ed.): Orígenes de la monarquía hispánica: propaganda y legitimación, ca. 145 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» tiene que la cronística regia otorgara un lugar señero a estos acontecimientos y escenarios del enfrentamiento entre facciones, la desobediencia o rebeldía contra el rey o la afirmación de la superior dignidad monárquica, dentro de la propia lógica de centralidad de la Corona y las personas a ella vinculadas en el relato de la Historia del reino propio de estas producciones historiográficas. También lo tiene en la medida en que dichas narraciones actuaban como un vehículo privilegiado para promover los principios y dinámicas del discurso y el diálogo político entre los diferentes agentes de la sociedad política de la monarquía castellana, basado en palabras e imágenes ligadas a personajes, hechos, objetos y lugares de un pasado más o menos próximo o remoto, pero sin duda referencial16. Teniendo todo esto en cuenta, estudiar la relación entre conflicto político, orden monárquico, violencia armada en el medio urbano y narrativa en la Castilla del final de la Edad Media invita a que, en las siguientes páginas, proponga aproximarnos de manera monográfica a un episodio de especial significación. Me estoy refiriendo al asalto y el combate producido en las calles de Medina del Campo el 28 de junio de 1441 entre las tropas atacantes de la liga aristocrática comandada por los principales parientes del rey —notoriamente, Juan de Aragón, rey de Navarra, y el infante Enrique de Aragón, maestre de Santiago—, y los defensores de la facción liderada por el condestable Álvaro de Luna en torno a la persona del monarca Juan II. Este extraordinario enfrentamiento, breve pero de enorme tensión y repercusión inmediata, concluyó con un hecho no menos remarcable todavía como fue la captura de la persona del rey en manos de sus hasta entonces oponentes tras la huida de su privado y el posterior sometimiento de éste a la voluntad de aquéllos en lo relativo al gobierno de Castilla. El objetivo de este trabajo es profundizar en los 1400-1520, Madrid: Dykinson, 1999; Nieto soria, José Manuel (ed.): La monarquía como conflicto en la Corona castellanoleonesa (c. 1230-1504). Madrid, sílex s.L., 2006; Nieto soria, José Manuel (ed.): El conflicto en escenas. La pugna política como representación en la Castilla Bajomedieval. Madrid, sílex s.L., 2010; Nieto soria, José Manuel: Las crisis Trastámara en Castilla. El pacto como representación, Madrid, sílex Ediciones, 2021; Nieto soria, José Manuel, Villarroel González, óscar (eds.): Comunicación y conflicto en la cultura política peninsular: (siglos XIII al XV), Madrid, sílex, 2018; Pereyra, O. Víctor, sanmartín Barros, Israel: «El discurso político en los cuerpos complejos de la monarquía castellana (s. XIII-XVIII)», Trabajos y Comunicaciones, 52 (2020), e120, https://doi.org/10.24215/23468971e120. 16. Acerca de cronística, construcción de discurso y diálogo político en Castilla al final de la Edad Media, muy vinculado, a su vez, al creciente protagonismo monárquico en la elaboración y difusión de la producción historiográfica acorde a sus intereses, entre otros, Corral sánchez, Nuria: «Comunicación, discursos y contestación política en la Castilla tardomedieval», Territorio Sociedad y Poder, 15 (2020), pp. 47-65; Corral sánchez, Nuria: Discursos contra los nobles en la Castilla bajomedieval. salamanca, Universidad de salamanca, 2021, pp. 69-97; Fernández-Ordóñez, Inés (coord.), Alfonso X el Sabio y las Crónicas de España. Valladolid, Universidad de Valladolid, 2001; Funes, Leonardo: «De Alfonso el sabio al Canciller Ayala: variaciones del relato histórico (Conclusiones del seminario dictado en la Universidad de Buenos Aires, agosto-noviembre de 2002)», Memorabilia. Boletín de Literatura Sapiencial, 7 (2003). http://parnaseo.uv.es/ memorabilia/memorabilia7/funes/funes._not.htm; Gómez Redondo, Fernando: Historia de la prosa medieval castellana. II. (4 vols.). Madrid, Cátedra, 1998-2007; Gómez Redondo, Fernando: Historia de la prosa de los Reyes Católicos: el umbral del Renacimiento (2 vols.). Madrid, Cátedra, 2012; Kagan, Richard, Los cronistas y la Corona. La política de la historia de España en las Edades Media y Moderna. Madrid, Marcial Pons, 2010; Léroy, Béatrice: L’historien et son roi. Essai sur les chroniques castillanes, XIV-XVe siècles. Madrid, Casa de Velázquez, 2013; Tate, Robert B., Ensayos sobre la historiografía peninsular del siglo XV. Madrid, Gredos, 1970; Valdaliso Casanova, Covadonga: «Discursos de legitimación de legitimación de la dinastía Trastámara (1366-1388)», en sabate, Flocel, Pedrol, Maite (coords.), Ruptura i legitimació dinàstica a l’Edat Mitjana, Lleida, Pagès Editors, Lleida, 2015, pp. 127-142; Ward, Aengus (ed.): Teoría y práctica de la historiografía medieval ibérica. Birmingham, Birmingham University Press, 2000. 146 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd acontecimientos ocurridos en dicho combate urbano y en la valoración realizada de los mismos, de sus protagonistas y comportamientos militares y de los propios espacios urbanos. Así, trataré de demostrar que, convertidos todos ellos no sólo en trama, personajes y escenario de un hecho de armas sino también de una suerte de «representación política», las diferentes elaboraciones narrativas de este episodio que así lo manifiestan permiten igualmente incidir en la simbología y significación política que, por parte de agentes diferentes y en momentos históricos distintos, pretendieron otorgarse al combate de Medina del Campo, a la captura de Juan II por sus primos y a la propia función de la violencia armada en el orden político de la monarquía castellana. 2. LOS ACONTECIMIENTOS Antes de entrar en el análisis de los textos historiográficos y del dispositivo en ellos desplegados para ilustrar la lógica del enfrentamiento urbano ocurrido en Medina del Campo en junio de 1441, es de interés presentar los acontecimientos que condujeron al mismo. Habiendo su narración sido objeto de atención de manera pormenorizada con anterioridad, baste aquí remitir a ellos para aquellos lectores que precisen de un desarrollo de los acontecimientos más extenso17. Tras la derrota de los «infantes de Aragón» en la guerra de 1429-1432, el condestable Álvaro de Luna controló el gobierno de Castilla de forma incontestada hasta 1437. A partir de ese año, se inició una ruptura entre el privado del rey y algunos de los principales grandes del reino, el adelantado mayor de León Pedro Manrique y el almirante Fadrique Enríquez, pariente del rey. La situación de enfrentamiento fue haciéndose más ostensible para 1439, con la unión de un buen número de señores y prelados a los rebeldes frente al condestable y la extensión del levantamiento. Mientras, en marzo de ese año se habían concretado los esponsales del príncipe Enrique con la infanta Blanca de Navarra y, ante el recrudecimiento de las hostilidades, el rey Juan II y el condestable demandaron la ayuda del rey de Navarra, quien retornaba a Castilla en abril de 1439 acompañado de su hermano, el infante Enrique de Aragón. Desgraciadamente para los intereses de Álvaro de Luna, Enrique de Aragón se unió pronto a los rebeldes y, pese a los intentos de negociación desarrollados entre mayo y junio —destacadamente, a través del conocido «seguro de Tordesillas»—, el enconamiento entre el bando del condestable y sus contrarios y el riesgo de la ruptura armada alcanzó su máximo durante los meses siguientes. En octubre, Juan de Aragón, rey de Navarra, se había 17. Entre otras alternativas, pueden ser especialmente ilustrativas las de Calderón Ortega, José Manuel: Álvaro de Luna…, pp. 46-58; Porras Arboledas, Pedro A.: Juan II. Palencia, Diputación de Palencia-La Olmeda, 1995, pp. 201227. Ambas se sustentan, prioritariamente, en el hilo conductor de las crónicas del reinado de Juan II, las cuales serán tratadas con detalle en el siguiente apartado, junto con aportes documentales. 147 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» unido también a los rebeldes contra el condestable, entre los que se contaban prácticamente todas las grandes casas aristocráticas del reino salvo los Álvarez de Toledo18. A finales de noviembre esta facción logró imponer en su negociación con el rey y Álvaro de Luna en el «acuerdo de Castronuño» el alejamiento del condestable y un acuerdo para la restitución de los señoríos de los infantes de Aragón que se les habían confiscado en 1430, conforme también con el respeto o la compensación para aquellos señores que habían sido beneficiados con el reparto de aquel patrimonio tras la derrota de los infantes de Aragón. Es bien conocido que este acuerdo no derivó en una pacificación de los bandos. Muy al contrario, Álvaro de Luna siguió apoyándose en la distancia sobre la presencia en el Consejo Real y en la corte de las personas del arzobispo de Sevilla Gutierre de Toledo, el conde de Alba Fernando Álvarez de Toledo, el obispo de Segovia Lope de Barrientos, el contador Alonso Pérez de Vivero y otros personajes como el doctor Periáñez. En enero de 1440 el rey Juan II abandonó la corte, aposentada en Madrigal, acompañado por el príncipe Enrique y los partidarios del condestable. En los meses siguientes, el monarca trató de afianzarse contra la liga aristocrática en tierras de Ávila y Salamanca, con la expectativa de que el condestable reuniera suficientes apoyos en su favor pero fue con resultados infructuosos. La solidez de la posición de la facción en la que ahora descollaban como sus líderes particularmente el rey de Navarra, su hermano el maestre de Santiago y el almirante Alfonso Enríquez, los principales parientes del rey, acabó desembocando entre junio y septiembre en una resolución desfavorable para Juan II y su privado: en Valladolid se ratificó el destierro de la corte de Álvaro de Luna y de sus partidarios, mientras que el príncipe Enrique se había unido a los rebeldes y, el 15 de septiembre, se celebraron sus bodas con la infanta Blanca de Navarra. En cualquier caso, la oposición de Juan II y el condestable a someterse al bando aragonesista se mantuvo. El 20 de diciembre de 1440, el rey reiteraba su perdón al condestable y le otorgó el permiso para retornar a la Corte. La liga aristocrática se movilizó, declarando el rey de Navarra, el infante Enrique y otros caballeros, por carta al rey, nada menos que enviaban desafío al condestable en nombre de la reina María y del príncipe Enrique, como «…enemigo, disipador y destruidor del Reyno…» y denunciando su «…tiránica y dura gobernación...» (CJII, Año 1440, Cap. XXIII). La escalada del enfrentamiento fue en aumento. Ante la entrada del infante Enrique de Aragón en Toledo, al inicio de enero de 1441 Juan II abandonó la corte acompañado de su hijo el príncipe de Asturias, dispuesto a expulsar de dicha ciudad al maestre de Santiago y a reunir a todos sus partidarios lunistas. Mientras el rey se hacía fuerte en Ávila, instaba a los rebeldes a disolver sus tropas 18. Además de los mencionados hasta aquí, los condes de Haro, Benavente, Ledesma, Medinaceli, Valencia y Castro, el merino mayor de Asturias Pedro de Quiñones, el mayordomo mayor del rey Ruy Díaz de Mendoza, el repostero mayo Pedro sarmiento, el señor de Hita íñigo López de Mendoza, Pedro López de Ayala, señor de Fuensalida o Juan de Tovar, señor de Berlanga, entre otros. 154 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd de la figura de Juan II de Castilla, como veremos, fue objeto de claro respeto en los episodios que se repasarán, al tiempo que la imagen de los parientes reales aragoneses enfrentados con él se manejó con notable delicadeza, muy en especial por lo que tocaba a la de Juan de Aragón, rey de Navarra, desde 1458 rey de Aragón, padre del Rey Católico. Más conflictiva y abierta a la crítica fue la caracterización, de una narración a otra, del personaje del privado Álvaro de Luna, particularmente en Galíndez de Carvajal. Por lo que toca a las versiones de las jornadas que culminaron en el encuentro armado del 28 de junio de 1441 aportadas por Alfonso de Palencia y el autor del relato centrado en Álvaro de Luna, ambas ayudan a incorporar datos que complementarían la lectura y análisis de los textos referidos más arriba. En cualquier caso, estas narraciones confrontan entre sí radicalmente por lo que toca a sus respectivas orientaciones discursivas. En efecto, la intencionalidad política de Alfonso de Palencia ya ha sido puesta de manifiesto, claramente enfrentada a la facción realista en torno a Enrique IV en los últimos años de su reinado y en claro apoyo al bando isabelino en el contexto de la guerra civil castellana iniciada tras la muerte de este monarca30. De hecho, los dos primeros libros de la Década I de su Gesta hispaniensia… se dedicaron a dibujar el personaje del futuro soberano durante el reinado de su padre Juan II, cuando todavía era príncipe de Asturias. En ellos es destacable la abierta hostilidad hacia el condestable Álvaro de Luna, que contrasta con la apreciación positiva de la majestad real de Juan II. El príncipe Enrique, al menos hasta 1441, es presentado en alianza y bajo la influencia de su madre, la reina María de Aragón, y por tanto enfrentado a Álvaro de Luna, cuya persona, acción de gobierno y mediatización del monarca son ilustradas con términos como los de «tirano» (tyrannus), «tiranía», «apetito tiránico» (more tyrannico), o «yugo humillante» (o «carga vergonzosa que le afectaba»: turpe illud onus afficeretur) (GH, Liber I, Cap. V, VII, IX, X, Liber II, Cap. II, III, VI y, muy particularmente, VII). La popularización de tal caracterización del privado como tirano vino construyéndose progresivamente a lo largo del propio reinado de Juan II, azuzada por el entorno aragonesista, hasta quedar integrada en los entornos cortesanos castellanos de forma explícita desde el estallido de los conflictos abiertos contra Álvaro de Luna Studia Historica. Historia Medieval, 33 (2015), pp. 97-117; Corral sánchez, Nuria: «(A)gentes del saber al servicio del poder? El papel político de Lorenzo Galíndez de Carvajal (1472-1527)», Dirāsāt Hispānicas, 9 (2023), pp. 31-50; Garcia, Michel, «La crónica castellana en el siglo XV», en Lucía Megías, José Manuel, Gracia Alonso, Paloma, Martín Daza, Carmen (eds.), Actas II Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval (Segovia, del 5 al 19 de Octubre de 1987), Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá de Henares, 1992, Vol. I, pp. 53-70, en particular pp. 53-57; Gómez Redondo, Fernando: Historia de la prosa de los Reyes Católicos…, Vol. 1, pp. 39 y ss.; López Nevot, José Antonio: «Los trabajos perdidos: el proyecto recopilador de Lorenzo Galíndez de Carvajal», Anuario de Historia del Derecho Español, 80 (2010), pp. 325-346, en concreto pp. 341-342; soto Vázquez, José, Pérez Parejo, Ramón: «Testimonios inéditos y perdidos del doctor Galíndez de Carvajal», Lemir, 13 (2009), pp. 33-41; Tate, Robert B.: «El Cronista real castellano durante el siglo XV», en Homenaje a Pedro Sáinz Rodríguez, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1986, Vol. 3, pp. 659-668. 30. Gómez Redondo, Fernando: Historia de la prosa medieval castellana, IV…, pp. 3487-3515; Montero Málaga, Alicia: «Dos cronistas para un reinado: Alonso de Palencia y Diego Enríquez del Castillo», Estudios Medievales Hispánicos, 2 (2013), pp. 107-128». 155 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» en 1449 que acabarían desembocando en su ejecución31. La profundización en este aserto durante la época de Enrique IV y de los Reyes Católicos queda bien manifestada en la obra de Alfonso de Palencia, como decíamos y ya otros autores han señalado32. En cualquier caso, conviene insistir en ese influjo aragonesista en el conjunto de la elaboración cronística, ya que Palencia también puso el acento, al tratar el reinado de Juan II, en el enfrentamiento entre los parientes reales y los nobles coaligados frente al condestable, más que contra un rey sometido a éste. Como podremos observar, para el episodio del combate de Medina del Campo, nuestro autor insistió, dentro del bando enfrentado a Juan II y su privado, en el protagonismo de la reina María y del infante Enrique, cuidándose de referir singularmente a Juan de Aragón, rey de Navarra. Este es un hecho fácilmente comprensible habida cuenta de su protagonismo en los acontecimientos, por su condición de padre del rey Fernando el Católico y en atención a una memoria dignificada de la rama dinástica aragonesa de los Trastámara; factor, a su vez, a tener en cuenta en la elaboración de Galíndez de Carvajal, como ya se apuntó. Por fin, la redacción del segundo de estos dos últimos relatos se mueve entre la elaboración cronística particular y una suerte de biografía caballeresca de tintes heroicos, centrada en el elogio de las virtudes del condestable Álvaro de Luna. Elaborada a partir de 1453 tras la ejecución de Álvaro de Luna, en un lapso de tiempo más o menos largo hasta su impresión por primera vez en torno a 1545, con la participación de un segundo autor además de Gonzalo Chacón, acaso ligada a la reivindicación no sólo de la memoria sino también de los títulos, señoríos y derechos ganados por el condestable en vida y que reclamaban para sí sus descendientes, la Crónica de don Álvaro de Luna servía a la reivindicación del personaje tras su caída en desgracia. Por ello, el texto insistirá en la altura de sus cualidades físicas, intelectuales y morales, también militares, pero, sobre todo, en su inquebrantable vínculo de lealtad y servicio al rey Juan II33. En ese sentido, el texto toma distancia respecto a Pedro Carrillo de Huete al dibujar la relación entre el monarca y su privado concentrada sobre todo en la acción positiva y admirable de Álvaro de Luna. Sin duda, también confronta de forma clara con Alfonso de Palencia y Galíndez de Carvajal, vista la 31. Nieto soria, José Manuel: «Álvaro de Luna tirano. Opinión pública y conflicto político en la Castilla del siglo XV», Imago Temporis. Medium Aevum, XI (2017), pp. 488-507; Rucquoi, Adeline: «Privauté, Fortune et politique: la chute d’Álvaro de Luna», en Hirschbiegel, Jan, Paravicini, Werner (dir.), Der Fall des Günstlings. Hofparteien in Europa vom 13. bis zum 17. Jahrhundert (Neuburg am Donau, 21-24 September 2002), Ostfidenr, Jan Thorbecke Verlag, 2004, pp. 287-310. 32. Rábade Obradó, María del Pilar: «Más que afectos en las Décadas de Alonso de Palencia», e-Spania, 27 (2017), https://doi.org/10.4000/e-spania.26624. 33. Carriazo, Juan de Mata (ed.): Crónica de don Álvaro de Luna…, pp. XIII-XLVII; García-Antezana, Jorge: «Un aspecto estilístico de la oración concesiva de la crónica de Don Álvaro de Luna», Boletín de la Real Academia Española, 47 (1967), pp. 499-509; Gómez Redondo, Fernando: Historia de la prosa medieval castellana, IV. El reinado de Enrique IV: el final de la Edad Media. Conclusiones. Guía de Lectura. Apéndice. Índices. Madrid, Cátedra, 2007, pp. 3557 y ss.; González Delgado, Ramiro: «Tradición clásica y doble autoría en la Crónica de don Álvaro de Luna», Bulletin Hispanique, 114 (2012), pp. 839-852; Montero Garrido, Cruz: La historia, creación literaria. El ejemplo del Cuatrocientos. Madrid, Fundación Ramón Menéndez Pidal, 1994-1995, pp. 79-97; Montiel Roig, Gonzalo: «Los móviles de la redacción en la Crónica de don Álvaro de Luna»,Revista de literatura medieval, 9 (1997): pp. 173-196. 156 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd postura cuando menos crítica adoptada por éstos hacia el condestable. Todo ello nos aporta una necesaria base de contraste interpretativo frente a los otros tres textos a estudiar. En cualquier caso, tampoco debemos olvidar que la Crónica de don Álvaro de Luna, por momentos, deriva hacia los tópicos de la ficción caballeresca, motivo por el cual la veracidad de los hechos ligados a la intervención de Álvaro de Luna durante la jornada de Medina del Campo que hallamos en su biografía deba ser considerada con cautela34. En síntesis, manejaremos dos relatos que se sirvieron de un acceso más directo a las informaciones relativas a los acontecimientos de mayo y junio de 1441, el de Carrillo de Huete y el compendio de Galíndez de Carvajal. Mientras, Alfonso de Palencia y los cronistas de Álvaro de Luna permiten integrar matizaciones en la información al respecto de estos hechos. Sin embargo, una lectura conjunta de todos los textos interesa en tanto permite alumbrar tales hechos desde las diferentes posturas historiográficas para una acción militar con enorme resonancia política como fue el apresamiento del monarca y el cambio de régimen dominante en la corte que se articularon en Castilla desde mediados del siglo XV hasta las décadas centrales del siglo XVI. Todos los autores afrontaron una problemática nuclear en el desenvolvimiento político de la Castilla del final de la Edad Media como era la relación entre la persona del rey, el favorito regio y los grandes del reino —particularmente la elite señorial formada por los parientes reales —para el ejercicio de la autoridad y el gobierno de la monarquía35. Ya se ha señalado cómo lo hicieron desde distintas posiciones, incluso diametralmente opuestas, en las cuales se profundizará más adelante. En este sentido, tal ejercicio nos permite una reconstrucción e interpretación del combate de Medina del Campo como parte de las diferentes interpretaciones historiográficas del faccionalismo aristocrático durante el reinado de Juan II, atendiéndose para ello a diferentes factores: cronística regia frente a cronística particular, lecturas contemporáneas de los acontecimientos y reelaboraciones a posteriori durante las décadas siguientes, la evolución del discurso monárquico castellano ante los desafíos de la conciliación en su narrativa del papel de la privanza en el gobierno regio y de la influencia Trastámara aragonesa en la memoria de la monarquía, ineludibles tras la victoria de Isabel y Fernando en 1479-1480. 34. Gómez Redondo, Fernando: Historia de la prosa medieval castellana, III…, pp. 2918 y ss.; Martín Montero, José Julio: «El condestable Miguel Lucas en su Crónica», Revista de Filología Española, 91/1 (2011), pp. 129-158, en concreto pp. 135-143, para una comparación de tal orientación hacia motivos y formas del género de ficción caballeresca castellana del siglo XV en su comparación con El Victorial o con los Hechos de Miguel Lucas. 35. Carceller Cerviño, Pilar. «Álvaro de Luna, Juan Pacheco y Beltrán de la Cueva: un estudio comparativo del privado regio a fines de la Edad Media», En la España medieval, 32 (2009), pp. 85-112; Foronda, François: La ‘privanza’ ou le régime de la faveur. Autorité monarchique et puissance aristocratique en Castille (XIIIe-XVe siècle). París: Université Paris I Panthéon-sorbonne, 2003; Foronda, François: «La privanza, entre monarquía y nobleza», en Nieto soria, José Manuel (ed.), La monarquía como conflicto en la Corona castellano-leonesa (c. 1230-1504), Madrid, sílex, 2006, pp. 73-132; Foronda, François, Privauté, gouvernement et souveraineté. Castille, XIIIe-XIVe siècle. Madrid, Casa de Velázquez, 2020. 157 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» 4. LOS PROTAGONISTAS: TROPAS ENFRENTADAS Y CAPITANES Un primer elemento que corresponde ya atender es el de las fuerzas en pugna y sus líderes. Las referencias al respecto resultan variables de un relato a otro pero permiten dimensionar la magnitud del hecho de armas y también la significación otorgada en cada uno de ellos a los personajes implicados en él. Así, disponemos de informaciones mucho más precisas acerca de las tropas reunidas por Juan II y por el condestable Álvaro de Luna que las que corresponden a las del bando rebelde. Los datos relativos a las acciones sucedidas durante los meses de mayo y junio de 1441 reflejan que, pese a la tendencia a la concentración de hombres por ambos bandos, fue la liga aragonesista la que logró reunir progresivamente en torno a Medina del Campo una fuerza ostensiblemente mayor que la de sus oponentes, capaz de sitiar cada vez más eficazmente la villa y aislar al rey Juan II y a su condestable respecto a sus líneas de suministros. Para mayor claridad, se presentan los datos numéricos de tropas recopilados en nuestras fuentes en la Tabla 1. Así, se puede concluir que para los momentos centrales del combate de Medina del Campo, las tropas reales reunían, en el mejor de los casos, unos 3.000 hombres montados. Mientras, los atacantes de la liga contaban con una apreciable ventaja numérica, doblando prácticamente en número a los sitiados. Más allá de que los sitiadores no contaran con artillería o máquinas de asedio para expugnar Medina del Campo, esa debilidad podía soslayarse a partir de su capacidad para sostener el bloqueo de la villa hasta su eventual rendición. Por lo que respecta a los personajes que ejercieron funciones de mando en cada uno de los bandos, es cierto que contamos con una lista más o menos extensa para cada facción a partir de los relatos cronísticos sobre las acciones militares de 1441. La función fundamental de tal mención, como es bien conocido, no era otra que significar la importancia de estos individuos dentro de la narración historiográfica y delimitar de cara a los lectores su vinculación, a juicio de cada autor, con fidelidades políticas en disputa: de servicio o deslealtad al rey, condicionadas a su vez por la amistad o la enemistad hacia el privado del monarca, Álvaro de Luna. En cualquier caso, centrémonos aquí no en repasar a todos ellos sino exclusivamente a aquellos que ejercieron liderazgo en el cerco de Medina del Campo y en el posterior combate del 28 de junio (Tabla 2) . tabla 1 158 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd Bando real-lunista Ávila, 12 de mayo de 1441. 400 hombres de armas y 500 jinetes36 Frente a Medina del Campo, 21 de mayo de 1441. ≤ 1.300 hombres de armas y jinetes37 Medina del Campo, 28 de mayo de 1441. 1.400-1.500 a caballo38. Medina del Campo, 8 de junio de 144139. 2.5003.100 hombres de armas y jinetes. Número indefinido de peones40. Lombardas y armas de asedio. 28 de junio de 1441. 800 a 1.000 hombres de armas41. Liga aragonesista Fontiveros, principios de abril de 1441. 1.200 hombres de armas y jinetes42. Martín Muñoz, 27 de mayo de 1441. 1.700 hombres de armas y jinetes. Frente a Medina del Campo, 2 de junio de 1441. 2.300-2.900 hombres de armas y jinetes43. Sin referencias a la presencia de artillería. Frente a Medina el 28 de junio de 1441 4.000- ≥5.600 hombres de armas y jinetes44. Número indefinido de peones45. tabla 2 36. según Huete, 600 hombres de armas y 300 jinetes según Galíndez de Carvajal: CH, Cap. CCCVI; CJII, Año, 1441, Cap. XVI 37. CH, Cap. CCCVII; CJII, Año 1441, Cap. XVII. 38. Carrillo de Huete los sitúa en unos 1.400 hombres de armas y jinetes, reduciéndolos a en torno a 1.300 para el 2 de junio (CH, Cap. CCCXIII y CCCXIV). Galíndez de Carvajal recoge para alrededor del 28 de mayo, la cifra de 1.500 «de á caballo» (CJII, Año 1441, Cap. XXI). 39. El condestable, el arzobispo Juan de Cerezuela y el maestre Gutierre de sotomayor llegaron con otros 1.600 hombres de armas y jinetes (CH, Cap. CCCVII; CJII, Año 1441, Cap. XVII). 40. Al menos, 50 ballesteros a caballo, 300 ballesteros a pie y peones con escudos. éstos, además de la mención a la disposición de lombardas y armas de asedio, son reflejados ante la resistencia de Remon Despres y Fernando de Rojas, hijo del conde de Castro, en el recinto interior de la Mota con unos 250 hombres (CH, Cap. CCCVII). Que su número debía ser mayor queda evidenciado en la medida en que Per Álvarez Osorio, que había acompañado al rey hasta Cantalapiedra y luego a Medina y Olmedo, para los primeros días de junio estaba asentado en Villavieja, cerca de Tordesillas, y pudo meter en esa villa de 300 a 800 peones y entre 300 y 400 hombres de armas cuando el príncipe Enrique intentó hacerse con ella (CH, Caps CCCVI, CCCX, CCCXV; CJII, Año 1441, Cap. XVI, XIX, XXIV). Quizás Álvaro de Luna pudo aportar más infantería, si bien esto es dudoso, habida cuenta de la necesidad de realizar una marcha rápida. 41. Tropas efectivas que reaccionaron organizadamente al ataque (CH, Cap. CCCXVII, CJII, Año 1441, Cap. XXVIII). 42. CJII, Año 1441, Cap. XV. 43. Galíndez de Carvajal habla de 2.300 hombres de armas y jinetes (CJII, Año, 1441, Caps. XXI-XXIII). Los números referidos por Carrillo de Huete son más confusos, citando 1.600 hombres de armas y jinetes para el 27 de mayo entre las tropas de los coaligados y, para el 2 de junio, hablar de que «E por semejante, las cibdades e villas que por ellos estauan. Los quales venían con 1.300 hombresde armas e ginetes», lo cual permite interpretar quizás de 2.600 a 2.900 a caballo (CH, Caps. CCCXIII y CCCXIV). 44. si Alfonso de Palencia llega a hablar de unos 4.000 caballos (GH, Liber I, Cap. III), los efectivos que protagonizaron el asalto a la villa al amanecer del 28 de junio superaban los 5.000, según Galíndez de Carvajal (1441, Cap. XXVIII, pp. 586): 600 hombres de armas que protagonizaron el primer ataque, liderados por Álvaro de Bracamonte y Fernando Rejón, caballeros medinenses de la casa del rey de Navarra; el resto junto a Juan y Enrique de Aragón, que protagonizaron un segundo ataque en otro punto de las murallas (CJII, Año 1441, Cap. XXVIII). Dentro de estas fuerzas hay que considerar también los hombres que seguían a la reina María de Aragón, esposa del monarca Juan II, y al príncipe Enrique, más otros 200 de caballo aportados por Pedro de Quiñones (CJII, Año 1441, Cap. XXIII). 45. Existen menciones tangenciales a su presencia (Décadas, 15a-15b, pp. 11; Paz y Meliá, T. I, p. 23). 159 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» Bando real-lunista46 Liga aragonesista47. El rey Juan II. Fernando Álvarez de Toledo, conde de Alba*. Rodrigo de Villandrando, conde de Ribadeo*. Gonzalo de Guzmán, señor de Torija*. Diego Fernández de Baena, señor de Cabra*. Juan de Silva, alférez mayor del rey*48. Per Álvarez Osorio**49. Gutierre de Toledo, arzobispo de Sevilla***. Lope de Barrientos, obispo de Segovia***50. El condestable Álvaro de Luna. Juan de Cerezuela, arzobispo de Toledo y hermano de Álvaro de Luna. Juan Carrillo de Toledo, adelantado de Carzorla. Gutierre de Sotomayor, maestre de Alcántara. Juan de Aragón, rey de Navarra. Enrique de Aragón, maestre de Santiago. Fadrique Enríquez, almirante mayor de Castilla. Alfonso Pimentel, conde de Benavente. Pedro de Quiñones, merino mayor de Asturias. Pedro Stúñiga, conde de Ledesma. Diego Gómez de Sandoval, conde de Castro. Pedro de Acuña, conde de Valencia. Juan Ramírez de Guzmán, comendador mayor de Calatrava. Enrique Enríquez, hermano del almirante, el señor de Tovar y Astudillo. «é otros muchos Caballeros é hombres de estado.» María de Aragón, reina de Castilla*. Leonor de Aragón, reina de Portugal*. Enrique de Castilla, príncipe de Asturias*51. De la parte del bando real, los textos ponen el acento en torno al protagonismo fundamental de dos personajes, el propio rey Juan II y su privado Álvaro de Luna. El resto de personajes nombrados son resaltados en las diferentes crónicas como ligados y subordinados, por vínculos de fidelidad y de parentesco, a uno u otro 46. CH, Cap. CCCVIII, CCCXVII; CJII, Año 1441, Cap. XVII. CH, Caps. XIV y XVII; CJII, Año 1441, Caps. XXIII y XXVIII. se excusan las referencias a capitanes que dirigieron o participaron en diversas salidas y escaramuzas de ambos bandos, al no entenderse su mando como autónomo (CH, Caps. CCCXIV-XVI; GH, Liber I, Cap. III; CJII, Año 1441, Caps. XXIII, XXV). Para un listado más exhaustivos de todos los presentes junto al rey el 28 de junio, ver nota 64. 47. CJII, Año 1441, Caps. XX-XXVIII. Otros caballeros, como Rodrigo Manrique, comendador de segura, que es citado en la expedición que en febrero de 1441 se dirigió a enfrentar al condestable y los suyos, no vuelven a ser mencionado expresamente (CJII, Año 1441, Cap. VII; CH, Cap. CCLXXXIX). 48. Los cinco personajes son mencionados en la medida en que Alfonso de Palencia los elogia especialmente, destacándolos en las acciones del sitio dentro de la hueste regia. Además, también cita especialmente al arzobispo Gutierre de Toledo al frente del consejo del rey (GH, Liber I, Cap. III). 49. Per Álvarez Osorio es mencionado dentro de la hueste real que entró en Medina del Campo, si bien, durante el mes de junio, todo apunta a que operaba al mando de tropas fuera de la villa, para mantener las líneas de comunicación de los sitiados con el exterior (CH, Cap. CCCXV, CJII, Año 1441, Cap. XXIV). 50. Ambos prelados, referidos con tres asteriscos, son mencionados específicamente como negociadores frente a los representantes de la liga, no como capitanes de armas. 51. Ninguno de estos tres miembros del linaje regio aparece en acciones de combate durante el sitio, si bien sí dentro de las negociaciones que se produjeron durante él. El príncipe de Asturias intervino militarmente, eso sí, en el intento infructuoso de ocupar por sorpresa Tordesillas el 11 de junio (CH, Cap. CCCXV, CJII, Año 1441, Cap. XXIV). 160 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd personaje. Mientras, por lo que toca al liderazgo de la liga, sí es necesario realizar algunas algunas precisiones más. Así, el listado de los grandes participantes en el combate de Medina se basa fundamentalmente en el aportado por Galíndez de Carvajal, extenso y ordenado según su prelación por dignidad, título y señoríos. Esto mostraría al lector una suerte de conglomerado de huestes encabezadas por sus propios señores, progresivamente reunidas durante las semanas de junio en que iba madurando el sitio. No obstante, de cara al lector, el cronista se esforzaba por evidenciar cómo estos señores bien podían figurar una representación del reino52. En cualquier caso, es ilustrativa la jerarquía manejada habitualmente por Galíndez de Carvajal al referirlos: «el Rey de Navarra… y el Infante é todos los otros Caballeros» (CJII, Año 1441, Cap. XXVIII). Si bien de ella no es fácil extraer ninguna precisión respecto a las funciones de liderazgo y mando ejercidas por cada cual, parece claro que era el rey de Navarra quien ostentaba una clara primacía en la liga, secundado por su hermano y hermanas; por más que las reinas María y Leonor técnicamente no pertenecieran a la liga, no se puede dejar de lado su intervención en los sucesos previos desde 1439 ni su implicación en los propios acontecimientos durante el sitio y el día del combate, como ocurre igualmente al hablar de la implicación del príncipe Enrique. No obstante, sobre ese liderazgo de la liga aragonesista, resulta interesante subrayar que, años después de los hechos, Alfonso de Palencia nunca nombró al rey de Navarra en tal posición. De hecho, no llegó a mencionarlo de forma individual en toda su narración, prefiriendo ilustrar la acción de los grandes como en defensa de la reina María y el príncipe Enrique frente a la influencia de Álvaro de Luna sobre el rey 53 . Esto acaso se pueda interpretar como un recurso para diluir, dentro de su relato historiográfico, el protagonismo de Juan de Aragón en un episodio polémico por todo lo que tenía de acción violenta contra el monarca castellano y que Pedro Carrillo de Huete había calificado inopinadamente como «entrada por fuerça» y «apoderamiento» del rey (CH, Cap. CCCXVII). A su vez, es significativo mostrar que Juan y Enrique de Aragón se vieron continuamente secundados en las acciones militares que concluyeron en Medina del Campo tanto por su pariente el almirante Fadrique Enríquez como por Alfonso Pimentel, conde de Benavente, primo, a su vez, del anterior54. Los cuatro se veían 52. Además de a Pedro de Quiñones, merino mayor de Asturias, como uno de los primeros refuerzos para el cerco, nombra, en orden de dignidad y acompañando en el asalto al rey de Navarra, primero de la lista, a: el infante Enrique, el almirante de Castilla, los condes de Ledesma, de Benavente, de Castro, de Valencia, el comendador mayor de Calatrava, el citado merino mayor de Asturias, Enrique Enríquez, hermano del almirante, el señor de Tovar y Astudillo y un retórico «é otros muchos Caballeros é hombres de estado.» (CJII, Año 1441, Cap. XXVIII). 53. «… magnatibus autem qui reginam ac filium Henricum prosequebantur uisum est rei summam consistere in coartatione regis, cuiús mens fixa semper in Aluari amore persistebat» (GH, Liber I, Cap. III, 13b-14a). La referencia a una «confederación» recogida en la traducción de Paz y Meliá no se corresponde con el texto latino editado y traducido por Tate y Lawrence («Igitur Regina atque germani fratres filisque Henricus et almirantus […] et multi alii potentes uiri cum exercitu ualido, Nonis Maiis anni millesimi CCC XL primi prope Metine muros secundum fluuii çapardielis palustrem ripam in pratis proximis castrametati sunt…»). 54. Entre el resto de caballeros, Pedro de Quiñones es el único atendido en las fuentes como más pronta y expresamente implicado en el cerco (CJII, Año 1441, Cap. XXIII). 161 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» unidos por una intensa comunidad de intereses y vínculos de parentesco que se anudaba a través del nexo mutuo con los Enríquez, parientes reales también, lo cual ayuda a explicar así mismo el especial protagonismo en los hechos del almirante55. 5. EL ASALTO A MEDINA DEL CAMPO: ¿COMBATE URBANO O RITUAL POLÍTICO? Una serie de reflexiones pueden ser realizas a la luz del análisis de las informaciones que nuestras fuentes aportan acerca de las acciones armadas, ya repasadas, que desembocaron en el combate urbano y la captura de Juan II de Castilla a manos de sus primos y sus nobles aliados en Medina del Campo el 28 de junio de 1441. Primeramente, que la jornada de Medina fue la conclusión de una campaña militar que se había extendido desde final de enero a final de junio de ese año por amplios espacios entre el Duero y el Tajo, a caballo de las sierras del Sistema Central. En segundo lugar, que el combate urbano de Medina fue el resultado conclusivo de una serie de operaciones de asedio y bloqueo a este núcleo urbano, consecuencia a su vez del éxito de un asalto por sorpresa. En tercer lugar, que el desenlace de este enfrentamiento fue, a primera vista, rápido y poco cruento. Repasemos cada una de estas impresiones. Por lo que toca a la evolución de la campaña, ésta había seguido un tenor positivo para las fuerzas reales y de Álvaro de Luna hasta mayo. En el área toledana y Extremadura, el condestable y sus fieles —su hermano el arzobispo de Toledo, el adelantado de Cazorla y el maestre de Alcántara —habían prevalecido con fuerzas superiores y dispuestas en una posición central en torno a sus propios señoríos en Escalona, Casarrubios y Maqueda, proyectándose sobre Madrid y amenazando al infante Enrique de Aragón en la ciudad de Toledo. Sus principales oponentes, el infante Enrique, Íñigo López de Mendoza y Alfonso Enríquez, actuando por separado desde posiciones exteriores en Guadalajara, la propia Toledo y la región extremeña al dispositivo defensivo de Álvaro de Luna, habían fracasado a la hora de reunir fuerzas, fueron derrotados y tuvieron que pasar a la defensiva, demandando ayuda desde la Meseta Norte ante la superioridad de sus oponentes. La situación había sido de menor agresividad en la zona entre Ávila y Arévalo, con los ejércitos de Juan II y de la liga aragonesista vigilantes, empeñados sólo en acciones menores y acaso expectantes a los acontecimientos que se desarrollaban al sur, previendo una posible negociación política entre las partes. 55. sobre las alianzas entre los infantes de Aragón, los Enríquez y los Pimentel, Beceiro Pita, Isabel: El condado de Benavente en el siglo XV. salamanca, Centro de Estudios Beneventanos Ledo del Pozo, 1998. Calderón Ortega, José Manuel: El almirantazgo de Castilla. Historia de una institución conflictiva (1250-1560). Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2003; Martínez sopena, Pascual: El estado señorial de Medina de Rioseco bajo el Almirante Alfonso Enríquez (1389-1430). Valladolid, Universidad de Valladolid, 1977; Muñoz Gómez; Víctor, El poder señorial…; Vicens Vives, Jaume: Juan II de Aragón (198-1479). Barcelona, Editorial Teide, 1953. 162 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd Todo se truncó para el bando real-lunista cuando el monarca optó por actuar en solitario para tomar Medina del Campo y Olmedo y golpear en el núcleo de los señoríos de su primo Juan de Aragón, aprovechando el desplazamiento de tropas de la liga al rescate del infante Enrique. La acción descoordinada del rey, sin contar con el eventual apoyo por parte de su privado desde el sur, llevó a que Juan II se pusiera en marcha desde Ávila el 12 de mayo, el viernes 19 se presentara en Medina del Campo y sólo hubiera garantizado para el 23 y 24 de mayo el control pleno sobre esta villa y sobre Olmedo 56 . Para ese momento, sus enemigos estaban en movimiento: el 27 tenía al rey de Navarra, el almirante Alfonso Enríquez y el conde de Benavente a dos leguas de Medina del Campo con una fuerza superior a la suya, la cual se había incrementado todavía más cuando el 2 de junio se presentaron los coaligados ante las murallas de Medina, después de haberse unido a ellos también el infante Enrique (CJII, Año 1441, Caps. XXI, XXIII)57. Sin duda se había tratado de un hábil movimiento del bando aragonesista, quedando atrás en Maqueda el infante Enrique para encubrir el desplazamiento del resto de las tropas hacia el norte y evitar la persecución de Álvaro de Luna, logrando después unirse rápidamente a esta fuerza para bloquear al rey Juan II. Cerrando este aspecto y pasando al segundo punto, ciertamente, la reacción del condestable fue rápida y en cuestión de días había logrado reforzar al monarca sitiado con una hueste muy destacable. No obstante, parece que el tiempo jugaba a favor de los aragonesistas: su capacidad para concentrar tropas, lograr una amplia superioridad numérica y cortar las comunicaciones de los sitiados era, ya vimos, muy superior. Mientras, Juan II tenía que divertir esfuerzos para mantener las líneas de abastecimiento con las posiciones principales que le eran fieles en el entorno más próximo. Esto lo ilustra muy bien no sólo el intento del príncipe Enrique de ocupar Tordesillas sino la noticia previa sobre que «… Per Álvarez Osorio estaua en Villavieja, media legua de Tordesillas, e don Fadrique, almirante de Castilla, su tío, quería yr a pelear con él…» (CH, Cap. CCCXV; CJII, Año 1441, Cap. XXIV). Así, la resolución del cerco podía pasar por diferentes alternativas pero, avanzado junio, salvo que los sitiados lograran forzar una batalla campal fuera de los muros —cosa que los sitiadores estaban presumiblemente evitando a base de, entre otros 56. Esta idea se sostiene sobre la data de la carta del conde de Castro a su hijo Fernando de Castro en relación a cómo actuar sobre su resistencia al rey en la Mota, enviada desde segovia con fecha de 21 de mayo, y el resto de referencias temporales a días de la semana aportadas por Carrillo de Huete para los movimientos de Juan II desde su salida de Ávila el 12 de mayo, contrastadas sobre el calendario del año de 1441: el rey estaba presente en Cantalapiedra un jueves (18 de mayo), partiendo la noche de ese jueves para llegar a medina «a vna ora de sol salido» a Medina del Campo (ya viernes 19 de mayo), el siguiente martes abandonada la Mota a las tropas reales (23 de mayo) y el miércoles siguiente entrevistándose Juan II con Leonor de Aragón y entrando en Olmedo (24 de mayo) (CH, Cap. CCCVI-CCCXII; Cañas Gálvez, Francisco de Paula: El itinerario de la corte de Juan II de Castilla (1418-1454). Madrid, sílex, 2007, p. 352). 57. No recoge este matiz Carrillo de Huete, situando al infante Enrique siempre acompañando a sus aliados desde el inicio de su marcha al norte desde Maqueda (CH, Caps. CCCXIII-CCCXIV). Lo planteado por las fuentes de Galíndez de Carvajal es mucho más plausible, a mi juicio, visto el curso de los acontecimientos. 163 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» medios, extender las negociaciones con los defensores el 16 y el 21 de junio—, la situación parecía decantarse a favor de la liga aristocrática. Precisamente, las opciones para el desenlace de un asedio podían ser diversas. Ninguna de las cuatro crónicas menciona que los sitiadores dispusieran de artillería ni máquinas de asedio: o no contaban con ellas o se prefirió evitar el uso de medios tan manifiestamente ofensivos contra el rey. Recordemos que, en su marcha sobre Medina, el rey de Navarra y sus aliados enviaron mensaje al rey castellano manifestándole, entre otras cosas, para justificar el encaminarse con tal reunión de gente armada ante el monarca, que lo hacían «persiguiendo ellos los fechos del condestable, asy cómo a su señoría e vien de sus rreynos cunple…» (CH, Cap. CCCCXIII), «…que pues su propósito dellos era de servir a Su Alteza, é si al dicho Condestable perseguían era por la deliberación de su persona» (CJII, Año 1441, Cap. XXI)58. Dentro de esta lógica, aunque no faltaran las escaramuzas entre sitiadores y sitiados, acaso los atacantes entendieran que podían mantener su discurso de que no estaban violentando de forma directa a la persona regia mientras no iniciaran una expugnación de la villa. Así, se mantuvieron sitiándola hasta su caída por otros medios mientras las gentes de Juan II y el condestable iban viendo cómo su posición se debilitaba paulatinamente. Entonces, entre las opciones posibles, entrega negociada o asalto por sorpresa con posible resistencia y combate urbano, los aragonesistas optaron por la segunda, eso sí, recurriendo al engaño. Ambas eran perfectamente plausibles dentro de la lógica del cerco y el asedio en la época, incluidas las argucias manejadas por los seguidores del rey de Navarra59. Sea como fuera, es plausible que la preparación de una acción armada sorpresiva para lograr rendir Medina y capturar al rey fuera barajada y planificada cuidadosamente por los jefes de la liga a lo largo de junio, al menos como una alternativa mientras se estrechaba el cerco y las negociaciones se alargaban. En último término, el éxito en el asalto colocó en ventaja manifiesta a unos atacantes contra los que los defensores sólo pudieron ofrecer, aparentemente, una débil resistencia. Ya pasando al tercer punto, una primera lectura de las informaciones narrativas acerca del episodio del 28 de junio de 1441 podría fácilmente concluir en que el triunfo de los rebeldes y la captura del rey Juan II se concretaron tras un combate breve y poco cruento. Esto habría venido motivado, a su vez, por varios factores. Por un lado, el efecto de sorpresa entre los defensores ocasionado por la audaz entrada protagonizada por los sitiadores, al amanecer, a través de los muros de Medina del Campo. Por el otro, y directamente relacionado con el hecho anterior, la falta de ánimo y acuerdo entre las tropas reales para resistir el ataque 58. Carrillo de Huete menciona que tal misiva se envió en forma de carta; la versión de Galíndez de Carvajal menciona que «vino un Faraute al Rey… con el qual le embiaron decir…». 59. sobre los pormenores de las acciones de asedio y asalto, ver nota 23; Etxeberria Gallastegi, Ekaitz: Fazer la guerra…., pp. 195-214; settia, Aldo: Rapine..., pp. 244-255. 170 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd particulares del rey fueron respetados, era perceptible a los lectores que tampoco habrían tenido límites los alcances de otras violencias en una jornada en que se consumó cómo sus parientes y los grandes del reino «…asy se apoderaron del Rey…» (CH, Cap. CCCXVII)68. 5.2. EL RITUAL POLÍTICO No encontramos, pues, ante una presentación del combate urbano en los textos cronísticos relativos a la jornada de Medina del Campo del 28 de junio de 1441 en que su desenvolvimiento como acción armada es más aludido que narrado. Evocada, que no contada, la violencia inherente a un episodio de estas características queda diluida ante los ojos del lector entre movimientos más propios de un desfile y actitudes modélicas de personajes de una representación: los desplazamiento por las calles de Medina de las comitivas armadas a caballo de Juan II de Castilla, su privado Álvaro de Luna y los cabecillas de la liga aragonesista que apenas se acometen, la entereza del monarca castellano al frente de sus fieles, el arrojo y fidelidad a su señor —o la negligencia y deslealtad hacia aquél, según la versión del relato —del condestable reaccionando al asalto, la presencia sin acción en mitad de la lucha a su alrededor de los infantes de Aragón y los grandes del reino. Hace algunos años, François Foronda dedicó un valioso trabajo caracterizando las diferentes formas de apoderamiento de la persona regia por parte de la aristocracia del reino en la Castilla del final de la Edad Media. Si el ejercicio de la fuerza era inherente a estos procedimientos, el gesto y el lenguaje sirvieron para ritualizar, pautar y posibilitar la legitimación de esta forma de acción política69. ¿Las narraciones historiográficas del asalto y combate de Medina del Campo se adaptaron a las normas de este tipo de ejercicios de representación simbólica de las relaciones del poder político en el orden monárquico castellano? ¿Cómo se llevaron a término tales operaciones? Más aún, ¿cómo se concilió violencia con mantenimiento/restauración del orden político legítimo? Este asunto no afectaba a los biógrafos de Álvaro de Luna, que coincidían con Pedro Carrillo en que los episodios de Medina del Campo no tuvieron otro objeto que buscar la muerte o la captura del rey70. Para Alfonso de 68. sobre el impacto del saqueo asociado a la acción bélica en el Occidente medieval, Arias Guillén, Fernando: «II Late Middle Ages (14th to 15th Centuries)», en García Fitz, Francisco, Gouveia Monteiro, João (eds.): War in the Iberian Peninsula…, pp. 103-105; García Fitz, Francisco, Gouveia Monteiro, João (eds.): War in the Iberian Peninsula…, pp. 103-105; Keen, Maurice (ed.): Medieval Warfare…, pp. 260-268; McGlynn, sean: A hierro y fuego…, pp. 252-302; García Fitz, «’Las guerras de cada día’»…; settia Aldo: Rapine…, pp. 56-75. 69. Foronda, François: «s’emparer du roi. Un rituel d’intégration politique dans la Castille trastamare», en Foronda, François, Nieto soria, José Manuel, Genet, Jean-Philippe (dirs.), Coups d’Etat à la fin du Moyen Âge? Aux fondements du pouvoir politique en Europe occidentale, Madrid, Casa de Velázquez, 2005, pp. 213-329. 70. «… yo he firme fianza en Dios, que assi como vos libró del fecho de Medina del Campo, adonde, segund discen, mas de dos mill lanzas non miraban á otro, salvo solo á vos, por vos matar, ó por vos prender…», planteaba 171 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» Palencia bastó insistir en los mismos argumentos manejados por la facción aragonesista desde el inicio de la Década I al historiar el reinado de Juan II: actuar contra el privado, no buscar la opresión del rey y expresarlo de forma pública rindiéndole homenaje y obediencia tras completarse la victoria en las calles de la villa (GH, Lib. I, Cap. III). Fue Lorenzo Galíndez de Carvajal quien desarrolló el relato del Halconero, incorporando informaciones de fuentes diferentes y con una lógica discursiva distinta, todo ello para exponer cómo se materializó la rendición del monarca y los actos de homenaje y obediencia con los que se pretendió escenificar tal apoderamiento en manos de los infantes de Aragón y los grandes. Recuperando el momento en que Álvaro de Luna emprendió la retirada y Juan II, apostado en el acceso a la Rúa desde la plaza mayor, tuvo conocimiento de que el rey de Navarra, el almirante Enríquez y el conde de Ledesma estaban en la plazuela de San Juan, coinciden Carrillo de Huete y Galíndez de Carvajal en que fue el arzobispo Gutierre de Toledo quien aconsejó al rey llamar a conversar al almirante y empezar a negociar la entrega. Así, dirigiéndose el arzobispo a parlamentar, se iniciaron los actos de pleitesía al rey por parte de los vencedores de la jornada. Primero fue Fadrique Enríquez y luego Pedro de Stúñiga quienes se presentaron ante Juan II para besar las manos al rey y después retornar con el rey de Navarra. Sigue el ejecutado por García de Padilla junto con otros caballeros de la compañía que encabezaba, con la rendición de sus armas ante el rey, en un acto que requiere una atención más específica. Al fin, informados por el almirante y concordados, el rey de Navarra, el infante Enrique de Aragón y todos los grandes que iban con ellos se presentaron ante el rey: Juan de Aragón hizo acatamiento, recibiendo la paz de Juan II; el resto, besaron la mano del rey. Reunida esta comitiva, juntos retornaron hasta las puertas de los palacios en la plaza, no quedando los infantes de Aragón ni los grandes allí aposentados sino que «…desde allí tomaron su licencia y se volvieron al Real…». Acto seguido, acudieron las reinas María y Leonor, junto con el príncipe Enrique, con quienes conversó el rey por una hora en el portal de la iglesia de San Antolín, en la misma plaza, negociando los últimos términos del acuerdo entre Juan II y los coaligados. El ritual concluye con el aposentamiento de las dos reinas de Castilla y Portugal y del príncipe en los palacios junto al rey según Galíndez de Carvajal, además de la publicación de la expulsión de la corte del condestable Álvaro de Luna y los oficiales del rey por él puestos, notablemente Gutierre de Toledo, su sobrino el conde de Alba y el obispo de Segovia, Lope de Barrientos. La versión de estos actos por Pero Carrillo de Huete difiere ostensiblemente en diversos puntos, en apariencia anecdóticos pero que modifican el significado de la acción ritual (CH, Cap. CCCXVII, CJII, Año 1441, XXVIII). Álvaro de Luna mientras negociaba dentro de su posada en Burgos poco antes de ser apresado en 1453, recordando su intervención en servicio del rey en 1441(CAdL, Tit. CXXII). 172 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd Así, podemos reconocer un orden ceremonial dentro de esta secuencia para la entrega/apoderamiento de Juan II que Galíndez de Carvajal desarrolla con detalle: negociación, reunión de los coaligados con el rey y sumisión a éste, recepción y acogida/integración de aquellos por parte del monarca. Repasémoslo. Para empezar, la negociación inicial para la «rendición» a los vencedores, comenzada desde la parte real por su representante, el arzobispo de Sevilla Gutierre de Toledo, y realizada en la plaza de San Juan, donde se encontraba quien, por prelación aristocrática, encabezaba, al menos simbólicamente, la liga: el rey de Navarra. No se le dedica mucha más atención. Posteriormente, la sucesión de actos de pleitesía al monarca castellano por parte de quienes, hasta ese momento, más allá del discurso que hubieran esgrimido para ello, habían levantado las armas frente al rey. Esta parte de la secuencia siempre se desarrolló al inicio de la Rúa, donde aguardaba Juan II, recibiendo sucesivamente a los llegados del bando aragonesista para «…hacer reverencia…grande acatamiento…» y besar la mano del rey, además de alguna otra acción más concreta. En esta parte de la secuencia, en efecto, el movimiento en el espacio y la demostración de su posicionamiento frente a la figura de autoridad del monarca corresponde a los coaligados. Primero al propio negociador de esa facción, el almirante Enríquez; luego, a ciertos sujetos que, hallándose en el momento más próximos a la acción, podían representar simbólicamente al conjunto de su partido en relación con su implicación en los hechos de armas del día: uno de los grandes del reino, el conde de Ledesma, y uno de los capitanes de las compañías de hombres de armas que había participado en el combate, García de Padilla, secundado por algunos de sus compañeros, que incluyó la deposición de sus lanzas frente al rey. Finalmente, al conjunto los miembros de la liga presentes en Medina, en orden jerárquico («el Rey de Navarra, y el Infante é todos los otros principales Caballeros que con ellos venían»), ya no en una delegación sino en un acto de público reconocimiento colectivo de la sumisión a la superior majestad del monarca. La última parte de esta entrega ceremonial corresponde a la escenificación de la recepción por el rey de los coaligados a su merced y servicio. Esta se mostraba con el retorno de Juan II desde la Rúa al otro extremo de la plaza, en el que «…fueron todos con el Rey hasta la puerta de su palacio» (CJII, Año 1441, XXVIII). Es importante tener en cuenta que el relato de Galíndez de Carvajal introduce acciones que llevaban a término no sólo las tres fases de negociación, reunión e integración sino que también reafirmaban la dignidad, autoridad y libertad de acción del monarca frente a quienes, realmente, lo habían vencido y capturado. No podía haber lugar para eventuales lecturas del texto que dieran pie a interpretar en otro sentido la prisión o el sometimiento de Juan II a los parientes reales y los grandes del reino, incluyéndose aquí la salida de todos estos de la villa para regresar a su campamento tras la finalización del acto frente a los palacios de la plaza. Más ilustrativa de ello, si cabe, es la propia pleitesía de los caballeros encabezados por García de Padilla. Éste, mandando varias compañías junto con Juan Hurtado de 173 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» Mendoza, hijo del montero mayor Diego Hurtado, y mosén Juan de Torquemada, fue llamado por el rey a través de un trompeta. Entonces, acompañado por otros seis u ocho caballeros, García de Padilla «…vino luego ante él […] y echaron las lanzas en tierra y besáronle las manos, é mandóles que se juntasen con él é asi lo hicieron» (CJII, Año 1441, XXVIII). De nuevo, el movimiento al llamado del rey, del vasallo hacia el señor natural, la reafirmación del sometimiento pacífico a su autoridad a través de la entrega de las armas ofensivas y la escenificación de la reincorporación al servicio regio al mandar que se unan estos caballeros a su hueste. Va más allá esta escena, pues ha de contrastarse también el aspecto de los actores: los caballeros, montados, completamente equipados con armas defensivas y ofensivas de combate, aunque de nuevo se evoca más que se describe; Juan II, cierto, a caballo y armado también pero en modo bien diferente. Así, al inicio de la jornada, el monarca había salido del palacio a la plaza para reunir a su gente de esta guisa: «… armóse de unas hojas é arnes de piernas é un baston en la mano, é cavalgó encima de un troton, é un page en pos dél que le llevaba el adarga é la lanza é la celada. E mandó a Juan de Silva su Alférez, que sacase su pendon real…». (CJII, Año 1441, XXVIII)71. Seguía del mismo atuendo al final de la acción armada, acompañado por el pendón y con el bastón en la mano al encontrar a García de Padilla (CH, Cap. CCCXVII). Esto es, protegido de armadura pero sin acomodarse por completo el resto de defensas —celada y escudo —ni las armas ofensivas, sólo provisto del bastón, como símbolo del mando 72 . Tampoco la montura elegida, ese trotón, fue el caballo pesado de batalla, el corcel, más apto para el manejo de las armas en combate cerrado, sino otra, ciertamente de porte y calidad para cabalgar pero más ligera 73 . Un lector de la época podría reconocer adecuadamente este atuendo como menos apto para empeñarse directamente en el combate que 71. seguía del mismo atuendo al recibir final de la acción armada, acompañado por el pendón y con el bastón en la mano al encontrar a García de Padilla (CH, Cap. CCCXVII). 72. La consulta en el Corpus Diacrónico del Español (CORDE) arroja 201 casos en 75 documentos para un rango cronológico entre 1200 y 1525 para los términos «bastón», «baston», «vastón», «vaston» en obras de naturaleza historiográfica, biografías caballerescas, relatos de ficción y poesía. Entre esos documentos, dos usos del bastón son particularmente interesantes, documentados, salvo excepción, en obras redactadas desde los inicios del siglo XV. Por un lado, su manejo como símbolo del mando militar, incluso su manejo efectivo para la dirección y la organización de tropas por individuos montados a caballos. Así aparece en diversas crónicas desde la Crónica de veinte Reyes hasta las Bienandanzas y Fortunas de Lope García de salazar o los Hechos del maestre de Alcántara don Alonso de Monroy, pero también en la Historia de la Linda Melosina, el Tirante el Blanco o novelas de caballerías como el Amadís de Gaula o el Lisuarte. Por el otro, su manejo en términos «arbitrales», por parte de una autoridad en la corte (rey o príncipe), pero también en contextos específicos de juegos caballerescos de torneo, justa, paso de armas y otros similares. Es el caso de las Bienandanzas y Fortunas del Amadís, el Oliveros, de La Crónica de Adramón pero también de la Cárcel de Amor, Diego de san Pedro, o de una de las composiciones poéticas de Boscán. En estos contextos de la literatura caballeresca, transmitido también a la narración histórica, es particularmente significativa la expresión «echar el bastón», como forma explícita o evocación de la intermediación entre dos contendientes en disputa. (Real Academia Española: Banco de datos (Corde) [en línea]. Corpus diacrónico del español. http://www.rae.es [18/04/2024]). Ambos sentidos, entiendo, conviven en la imagen construida por nuestros cronistas para la presencia de Juan II durante el combate de Medina del Campo. 73. Morales Muñiz, Dolores Carmen: «El caballo en la Edad Media: un estado de la cuestión», en Homenaje al profesor Eloy Benito Ruano, Murcia, Editum, 2010, vol. 2, pp. 537-552; Roumier, Julia: «Caballos, hacaneas y jaeces: la distinción de una montura de prestigio en los Hechos del condestable don Miguel Lucas y otras fuentes de la Castilla medieval», Cuadernos del CEMYR, 31 (2023), pp. 307-325. 174 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd para, en cambio, destacar dentro de él, dirigirlo e, incluso, actuar como árbitro en una contienda asimilable a los juegos caballerescos de torneo 74 . No es descabellado, pues, interpretar estos recursos en esa clave, de elevación del monarca más allá del conflicto político y de sus violencias implícitas, libradas entre los contendientes siempre colocados bajo la mirada de justica de la figura del rey. Por su parte, Pedro Carrillo de Huete no presentó en su versión que el almirante besara la mano al rey pero, mucho más importante, tampoco menciona el acto de pleitesía general de los infantes de Aragón y los grandes o la escolta del rey hasta el palacio. También la forma de la rendición de armas por García de Padilla es diferente, pues si, en Galíndez de Carvajal, el rey ordenó a éste y a sus hombres que se unieran en su comitiva, Carrillo de Huete niega esta forma de integración de los rebeldes en tanto «…mandóles que ser volviesen a la su parte; e hiziéronlo asy». Peor, Galíndez habría revertido el sentido de la acción en favor de su discurso pues, para el Halconero, correspondió al rey el movimiento hacia la comitiva armada y no al revés, ya que «…como esforçado que él era, dexó su pendón e fuése para el García de Padilla con vn bastón en la mano». De hecho, completarían esa escenificación del apoderamiento y su imposición al monarca la recepción de las reinas de Castilla y Portugal y del príncipe, la conversación en el portal de San Antolín y el último aposentamiento en el palacio las dos mujeres con el rey pero no el príncipe (CH, Cap. CCCXVII) 75 . En este sentido, Pedro Carrillo no cerraría de modo tan evidente y espléndido el, si se quiere, retorno a la obediencia al rey de los rebeldes, insistiendo en la persistencia de la acción de fuerza en el apoderamiento y rebajando el respeto mostrado a la dignidad real por los aquéllos. Es más, ya vimos más atrás que, para alejarnos de duda, Carrillo de Huete concluyó taxativamente que lo que ocurrió el 28 de junio de 1441 fue el «apoderamiento» de la persona del rey, una acción de «fuerça» contra él por parte de sus parientes y demás señores coaligados. Así, a lo largo de los capítulos previos a los hechos, venía acumulando muestras de lo que habían hecho a Juan II sus primos junto con sus aliados, equiparadas a dicha «fuerça» Más todavía, exponentes bien claros de la ejecución última de esas violencias fueron las acusaciones del saqueo de la cámara y la capilla regias y, decretada por los vencedores a través de la intervención de la reina María y el príncipe Enrique, la expulsión de los oficiales de la casa del rey, «…así mayores como menores […] E asy quedó él solo…» (CH, Cap. CCCXVII). 74. Balestracci, Duccio: La festa in armi. Giostre, tornei i giochi del Medioevo. Roma-Bari, 2003, pp. 52-57; Murray, Alan V., Watts, Karen (eds.): The Medieval Tournament as Spectacle. Tourneys, Jousts and Pas d’ARmes, 1100-1600. Woosbridge, The Boydell Press, 2020; Nadot, sébastien: Le Spectacle des joutes. Sport et courtoisie à la fin du Moyen Âge. Rennes, 2012, pp. 110-114. No obstante, en manuales de esgrima de la época, como el famoso Flos duellatorum del italiano Fiore del Liberi, se mostraba cómo el bastón podía usarse como arma de combate (https://wiktenauer.com/ wiki/Fiore_de%27i_Liberi#Baton; consultado 06/05/2024). Los resultados obtenidos del CORDE también muestran el uso ofensivo de bastones largos y cortos. 75. En Galíndez de Carvajal, mucho más genérico, tras haber dejado en la puerta del palacio al rey dice: «E allí vinieron luego las Reynas de Castilla y de Portogal, é con ellas el Príncipe, é hablaron con el Rey gran pieza, é aposentáronse en el mesmo palacio» (CJII, Año 1441, XXVIII). 175 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» Al fin, en la reconstrucción ritualizada del sentido político de la jornada del 28 de junio entraban en conflicto las dos interpretaciones diferentes que circulaban acerca de los conflictos entre facciones cortesanas durante el reinado de Juan II: violencia de los rebeldes sobre su rey, legítima acción armada contra un enemigo del rey y del reino —el privado del monarca— y consiguiente restauración del orden. Por tanto, para sostener prioritariamente esta última opinión, la elaboración de Galíndez de Carvajal, varias décadas después que la de Carrillo de Huete e incorporando fuentes diferentes a las manejadas por éste, debió hacer un gran esfuerzo para escenificar de forma redonda y cerrada un ritual de apoderamiento basado en un indiscutible acatamiento de la superior dignidad y autoridad regia, el sometimiento a ella de los rebeldes y la reintegración a la compañía y el servicio del rey. Cualquier tipo de gesto interpretable como de apresamiento o forzamiento material o simbólico de la persona y espacio físico y político del rey fue eliminado o mitigado. En consecuencia, al menos para la memoria histórica que quiso verterse en la refundición cronística de la época de los Reyes Católicos, las tachas a la participación en el gobierno de la monarquía para los parientes reales aragoneses y los grandes castellanos aliados con ellos que se pudieran vincular con las violencias cometidas contra Juan II desde enero de 1441 hasta aquel día de 28 de junio quedaban, teóricamente, borradas. 6. CONCLUSIÓN A lo largo de estas páginas, hemos hecho un recorrido intensivo por el contexto, los acontecimientos políticos y militares y las fuentes narrativas relativas al sitio, asalto y combate urbano de Medina del Campo. En él, ha sido posible aproximarnos a las lógicas sociales de producción de los textos cronísticos que abordaron estos eventos, dentro de la inserción del reinado de Juan II de Castilla y la conflictividad por el gobierno del reino en proyectos particulares o de más amplio alcance sobre la narración de la Historia de la monarquía de Castilla y de determinados personajes centrales en ella. Se han analizado los aspectos más específicamente militares en torno a las diferentes fases del enfrentamiento, las fuerzas enfrentadas y los protagonistas de las tomas de decisiones y del combate. La lectura crítica a este respecto se ha extendido, al fin, a la comprensión de la narración de este episodio del combate urbano de Medina del Campo en torno a dos claves. Por un lado, la elusión de detalles relativos a los hechos de armas y a la violencia vinculada a este enfrentamiento que acabó con la huida de Álvaro de Luna y el apresamiento del rey por sus adversarios: los infantes de Aragón y sus aliados entre los grandes señores del reino. Por otro lado, la elaboración de dicho combate como una suerte de escenografía política, la cual confrontó, fundamentalmente, dos versiones historiográficas diferentes del «apoderamiento» del rey (y de la propia lectura del turbulento reinado de Juan II entre los siglos XV y XVI). Una, como denuncia de la agresión cometida contra su persona física y simbólica y su autoridad. Otra, como representación de un ritual 176 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd de «integración política» en el gobierno de la monarquía perfectamente cerrado y completado, en el cual el ejercicio de la fuerza se focalizaba sobre la figura del privado del monarca y se legitimaba, entonces, no sólo la acción violenta de los parientes del rey y grandes del reino sino también sus derechos a la participación en el gobierno de la monarquía. Valgan dos últimas reflexiones, a modo de conclusión. La primera tiene que ver con que el acercamiento que propuse al papel del enfrentamiento armado dentro de la narración cronística puede haber resultado, al fin, agridulce. Sin duda dependiente de la significación simbólica del conflicto político, la expectativa de encontrar cómo los detalles relativos a la lucha eran objeto de una atención manifiesta por parte de los autores de los textos, convirtiéndose en un elemento central de sus respectivas elaboraciones discursivas, quizás quede decepcionada. No es para menos cuando se descubre que, como ya se señaló, al menos en esta ocasión, los narradores prefirieron no abundar en los pormenores del combate. Sin embargo, esto no es extraño dentro de la producción literaria castellana del final de la Edad Media. En efecto, muy a menudo ésta respondía más al estereotipo que a la descripción fiel de la realidad. O, de forma más precisa, a la adecuación del relato a determinadas «unidades estructurales básicas —algo así como materiales de construcción literaria—», presentes tanto en las obras de materia no ficcional como en aquellas centradas en los géneros y temas de ficción. De este modo, la narración historiográfica participaba, también para el relato de la guerra y sus excesos, de normas, recursos, estilo y gusto enraizados en la herencia y práctica literaria, ayudando a conformar el imaginario bélico de las mujeres y hombres partícipes de la cultura escrita al final de la Edad Media76. Entonces, la narración de la jornada del 28 de junio de 1441 tampoco podía escapar a este marco de producción y comprensión del texto a la hora de construir memoria sobre el pasado (Figura 1). Una narrativa en la que el combate urbano y la vía de las armas, más allá de su brutalidad conocida, se integraban en el orden político del reino como mecanismo de intervención. Una narrativa, eso sí, en disputa. Bien lo expresaba Pedro Carrillo de Huete en su colofón al relato: «Este rrey de Nauarra e ynfante, e los otros de su opinión, el título que trayan era que estas cosas así fechas era seruicio del Rey, e pro e vien de sus rreynos. E los que con el Rey estauan dezían lo semejante, que estauan con su Rey e con su señor, cumpliendo sus mandamientos. Los que en estos fechos herraron, esta determinación quede para después a determinar de los vinientes, después de la vida deste que fizo esta ystoria; aunque lo vido e se acertó en todo, non era a él determinar. Vean e oyan lo suso escripto, e visto determine cada vno como le plazerá.» (CH, Cap. CCCXVII). ¿La vía de las armas, pues, como ilegítima y legítima? Así se preguntaba el autor, conduciendo e interrogando al lector contemporáneo; también al que retorna al texto medieval desde el presente. 76. Martín Romero, José Julio: La guerra en la literatura castellana del siglo XV. Londres, Department of Iberian and Latin American studies, Queen Mary and Westfield College, 2015, en particular pp. 84, 102. 177 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd «E Así sALIó DE sU PALAçIO, é sE PUsO EN LA PLAzA MAyOR…» FIgURA 1 178 VíCTOR MUñOz GóMEz ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE III hISTORIA MEdIEvAl 38 · 2025 · PP. 139–184 ISSN 0214-9745 · E-ISSN 2340-1362 UNEd REFERENCIAS FUENTES DOCUMENTALES Y LITERARIAS Continuación de la Crónica de España del arzobispo Don Rodrigo Jiménez de Rada por el obispo don Gonzalo de Hinojosa. Colección de Documentos para la Historia de España, Tomo 106. Madrid, Imprenta de José Perales y Martínez, 1893, pp. 1-141. Carriazo, Juan de Mata (ed.): Crónica de don Álvaro de Luna, condestable de Castilla, maestre de Santiago. Madrid, Espasa Calpe, 1940. 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