Books in the catholic world during the Early Modern Period [...] : Reseñas bibliográficas
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369 Reseñas bibliográficas Cuadernos de Historia Moderna 2015, 40, 339-398 Este volumen colectivo dirigido por Natalia Maillard Álvarez proporciona un conjunto bastante interesante e innovador de estudios que fueron previamente presentados y discutidos en un encuentro de trabajo en el Instituto Universitario Europeo, en 2013. La organización temática parte de la premisa expresa de que no sólo la Iglesia católica no quedó al margen de los usos del libro, como fue responsable por la llegada de la imprenta y, sobre todo, de la cultura escrita a muchas regiones del globo o a grupos católicos aislados, como sucedió en Inglaterra durante el periodo isabelino. Es decir, pretende abrir nuevas perspectivas sobre los itinerarios, redes y mecanismos de circulación del libro (en latín o en lenguas vulgares, en su versión original o traducida), así como sobre su control y recepción en distintas comunidades católicas, entre los siglos XV y XVIII. Por otro lado, a pesar de limitarse al ámbito católico, los estudios no inciden apenas sobre los textos religiosos, sino que abordan cualquier tipo de libro producido, distribuido o leído en dichas comunidades –dentro de una óptica transnacional– durante la Edad Moderna. Se toman así en consideración un amplio abanico de perspectivas y de ámbitos de análisis, tanto desde el punto de vista cronológico como temático, cuya vinculación no es otra que la relación entre catolicismo y libros. Se trata, por tanto, de una obra ambiciosa en lo que al ámbito territorial se refiere, pues contempla la circulación del libro por varias regiones de Europa, pero también por Asia y América. A su vez, recurre a perspectivas y formas de análisis complementarios, que, unidos por un Maillard álvarez, Natalia (ed.), Books in the catholic world during the Early Modern Period, Leiden-Boston, Brill, 2014, 240 págs., ISBN: 978-9004-2628-98. mismo hilo conductor, permiten acabar con algunos lugares comunes acerca de los usos de la imprenta y de la cultura escrita y, en particular, sobre la pretendida decadencia de algunos centros y el aislamiento cultural de otros, sobre todo durante el siglo XVII. Así lo pone de manifiesto de forma ejemplar Stijn Van Rossem en “The Verdussens & the International Trade in Catholic Books (Antwerp, Seventeenth Century)” (pp. 1-50), por medio de un estudio innovador y de gran alcance, en el que muestra cómo el mercado de libros de Amberes no entró propiamente en decadencia en la segunda mitad del siglo XVII, sino que se transformó y adaptó a los nuevos tiempos, ya que la crisis no fue apenas local, sino que afectó a muchas otras áreas de Europa. En efecto, al centrarse en el estudio de caso de la familia Verdussen, usando sus listas de débitos, ha puesto de relieve cómo las sucesivas generaciones de esta familia supieron pasar de vendedores de libros en el mercado local a convertirse en una firma especializada en un enorme volumen de material destinado a la contrarreforma en España y Portugal; países que, a pesar de la crisis, aún estaban en expansión, gracias a sus territorios ultramarinos. Aporta así nuevos elementos sobre la importancia de las redes de circulación de libros, en especial dentro de la Europa católica, pero también entre ésta y Nueva España, a través de Sevilla y del puerto de Cádiz. Y aunque este mercado específico necesite de nuevas investigaciones, los datos que el estudio presenta muestran cómo esta familia de impresores, que entró en el negocio librero después de 1585, participó del espíritu de renovación y afirmación católicas, en
370 Reseñas bibliográficas Cuadernos de Historia Moderna 2015, 40, 339-398 lectores de libros italianos en Sevilla y México tenían un perfil común. Compara así tipologías de libros y de lectores en ambas ciudades y examina el impacto que la cultura italiana pudo tener en sus lecturas, entre 1560 y 1630. En su análisis, no deja de considerar los efectos que tuvo la centralización de todo el comercio con el Nuevo Mundo en Sevilla, a partir de 1503, contribuyendo a aumentar el número de familias italianas de comerciantes de libros, impresores y vendedores presentes en España y, sobre todo, en Sevilla. Como se sabe, los libros eran un poderoso instrumento de occidentalización del Nuevo Mundo, intensamente utilizado en la evangelización de los indígenas. Por ello, fue significativa la producción (muchas veces en imprentas locales) de catecismos, glosarios y tratados de gramática en lenguas americanas. En el siglo XVI, la producción literaria en Nueva España se incrementaría al tiempo que crecía la demanda de libros (sobre todo en español, aunque también en italiano, más incluso que en lenguas indígenas). Idalia García Aguilar, en “Before we are condemned: inquisitorial fears and private libraries of New Spain” (pp. 171189), aprovecha el hecho de que México haya sido uno de los pocos tribunales inquisitoriales que ha conservado sus archivos y que, por tanto, disponga de una abundante y detallada documentación, con múltiples ramificaciones a explorar. Se trata de un estudio sugerente en el que se muestra la existencia de un importante mercado librero, a pesar de haber sido fuertemente silenciado, incluso para la historia. Cerrando esta perspectiva “global”, Adrien Delmas, en “Artem Quaevis terra alit: Books in the cape colony during the seventeenth and eighteenth centuries” el que los libros impresos desempeñaron un papel esencial, sobre todo por medio de la producción de nuevos textos litúrgicos armonizados, de un amplio abanico de escritos devocionales destinados a extensas masas de lectores/oyentes, de catecismos y libros escolares (la mayoría de ellos, en latín y en español). En una perspectiva transatlántica se sitúan asimismo otros estudios. En particular, el de Pedro Rueda Ramírez, “The globalization of the European book market: Diego Crance’s Catalogus Librorum (Seville, 1680) and the sale of books in New Spain” (pp. 51-69), que viene a subrayar la importancia y los varios significados del catálogo que analiza, no sólo por ser el primero de libros a la venta en Sevilla (y en Andalucía), sino por ser también el primero que se elaboró en Europa para la venta de libros en México y porque permite poner de relieve las redes de relaciones que Diego Crance (que cruzó el Atlántico varias veces) estableció con varias personalidades influyentes en México. Aunque es conocido el papel fundamental que los vendedores de libros de Sevilla desempeñaron en el comercio con América, no se conocen catálogos anteriores a 1680, lo que hace de este documento una fuente privilegiada a la hora de entender, dentro de este periodo, el tipo de libros que allí se enviaban. Por su parte, el estudio de Natalia Maillard Álvarez, “Italian literature in the Hispanic world during the Early Modern Period (Seville and Mexico City)” (pp. 115-144), centrado en la influencia italiana en el mundo hispánico y en el ámbito transatlántico, recurre a varios inventarios que le permiten adoptar una perspectiva global y comparada a la hora de analizar patrones de lectura hasta ahora observados sobre todo a escala local, con el fin de entender en qué medida los
371 Reseñas bibliográficas Cuadernos de Historia Moderna 2015, 40, 339-398 ticipaban del mismo sistema universitario y se veían afectados por movimientos de reforma religiosa. Considerando que Europa occidental tuvo obras comunes, se ha procurado en este estudio salir de la tradicional perspectiva nacionalista, proponiendo una aproximación al tema más amplia, en la que se participa de estos factores que no son sino expresión de una realidad más vasta, en la que las barreras lingüísticas y políticas no eran el elemento que prevalecía. Desde el punto de vista del autor, el análisis de la recepción de los escritos espirituales en Castilla, Cataluña, Aragón y Valencia durante las primeras décadas del siglo XVI, muestra cómo escritos elaborados o impresos a finales del siglo XV convivieron con muchos textos producidos y transmitidos a los largo de la Edad Media. No será sino la avalancha de nuevos títulos que se produce en el siglo XVI, la mayoría de los cuales en español, la que introducirá un cambio cultural significativo y nuevas corrientes de espiritualidad vinculadas a nuevos estilos de escritura y a una mayor afirmación de los nuevos autores (p. 111). Por su parte, el interesante estudio de Blanca Lindorfer se centra en las colecciones de los libros de aristócratas austriacos del siglo XVII y, en concreto, en la presencia de la literatura española en estas bibliotecas. Sobre todo, de sus grandes autores, como Cervantes, Lope o Calderón, pero también de obras de naturaleza religiosas llevadas por viajeros, estudiantes, poetas, nobles, diplomáticos, traductores y editores. Muestra así el esfuerzo que la aristocracia hizo a la hora de establecer sus impresionantes bibliotecas y, más importante, el interés de los modernos nobles por aumentar sus colecciones con literatura extranjera, especialmente española, en un tiempo en (pp. 191-214), muestra que la ausencia de imprenta en la colonia de Cabo no significó la ausencia de libros entre 1652 y 1795. Su estudio viene a dar una idea general de la disponibilidad que había de libros en Ciudad del Cabo antes de la llegada de los ingleses, mostrando cómo, a pesar de carecer de imprentas, hubo al menos circulación de libros y de la cultura escrita europea. Los estudios más centrados en el contexto europeo son los de Rafael M. Pérez García, “Communitas Christiana. The sources of Christian tradition in the construction of Early Castilian spiritual literatures, ca. 1400-1540” (pp. 72-113) y Bianca Lindorfer, “Aristocratic book consumption in the Seventeeth Century: Austrian, aristocratic book collectors and the role of noble networks in the circulation of books from Spain to Austria” (pp. 145-169). El primero nos ofrece una perspectiva bastante diferente de las anteriores, orientada a examinar la circulación de textos y las lecturas de obras de espiritualidad en el siglo XVI. Este autor también ha querido romper algunos tópicos que existen a este respecto, buscando superar “perspectivas románticas” y poner de relieve la importancia de abandonar una visión –más corriente de lo que científicamente cabría aceptar– que sitúa en el siglo XVI el inicio del misticismo. A tal efecto, retrocede hasta los autores medievales y considera su presencia y su duradera influencia, mostrando una realidad que no encaja en esa visión. Trata así de demostrar la necesidad de adoptar una perspectiva histórica que observe la tardía Edad Media y al primer siglo XVI como una amplia comunidad cultural de la que los cristianos europeos formaban parte porque compartían una misma Iglesia y una mismas órdenes religiosas, tenían parecidas estructuras legales, par-
372 Reseñas bibliográficas Cuadernos de Historia Moderna 2015, 40, 339-398 ticularmente importante. Se pretende así confirmar que las diferencias en los usos del libro y en las prácticas de lectura entre las tierras católicas y las protestantes no fueron, como ya han apuntado algunos estudios (por ejemplo, de Sara T. Nalle) tan relevantes como se podría pensar. El volumen cierra con una útil bibliografía sistematizada y con un índice de nombres (pp. 235-240). Maria de Lurdes C. fernandes Universidade do Porto Traducción: Federico Palomo el que las bibliotecas, al igual que las pinacotecas y las cámaras de curiosidades, formaban parte del programa de autorrepresentación de la moderna aristocracia. Los distintos estudios ponen de manifiesto la existencia, en los siglos XVI y XVII, de lecturas comunes (o, al menos, la circulación y uso de las mismas obras) en grupos muy distantes, tanto cronológica, como social y geográficamente. El resultado es tanto más interesante cuanto, a pesar del esfuerzo postridentino por homogeneizar los textos litúrgicos en el mundo católico (incluida la Biblia a través de la versión de la Vulgata), el impacto de la producción y circulación de textos impresos fue creciente y parMartínez ruiz, Enrique, Policías y proscritos: Estado, militarismo y seguridad en la España borbónica (1700-1870), Madrid, Actas, 2014, 830 págs., ISBN: 9788497-3914-29. Enrique Martínez Ruiz, catedrático de Historia Moderna de la Universidad Complutense de Madrid y autor de cerca de trescientos trabajos directa o indirectamente relacionados con la Historia Militar, nos brinda la oportunidad de aproximarnos a una cuestión escasamente tratada historiográficamente: la organización y cometidos de las fuerzas de orden público españolas durante el siglo xviii y los dos primeros tercios del xix. No es la primera vez que el profesor Martínez Ruiz se adentra en este campo. Ya lo había hecho en su primer libro (Creación de la Guardia Civil, Madrid: Editora Nacional, 1976), obra que durante cuarenta años ha sido referencia obligada para cuantos se aproximaban al tema. Y ahora, cuando por imperativos de la edad se ve obligado a abandonar las aulas y tras dedicar a este tema numerosos artículos, lo vuelve a retomar a manera de recapitulación y de forma mucho más amplia, cronológica y temáticamente. Magníficamente editado en tapa dura, aunque con algunas erratas tipográficas que afean el texto, Policías y proscritos tiene dos partes bien diferenciadas, pero complementarias entre sí y ambas sustentadas en un excelente aparato crítico. La primera (pp. 21-513) es un exhaustivo y detallado análisis de la conflictividad social durante el siglo XVIII y de las desperdigadas fuerzas, la mayoría de ellas de raigambre o de carácter militar –“mosaico de instituciones de pequeña entidad”, las llama el autor (p. 18)–, a las que se encomendó el cometido de velar por la seguridad de los campos, fronteras y ciudades españolas en esa época. Y la segunda, aborda los planes (pp. 514-616) y soluciones, prácticamente centradas en el proce-