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La inclinación de ciertas economías por implementar políticas proteccionistas en el plano del comercio internacional ha suscitado controversias en la comunidad internacional con ocasión de las posibles consecuencias sobre la coyuntura económica global. En este contexto, Estados Unidos y China han sido los protagonistas de los recientes desencuentros económicos que han derivado en el actual conflicto comercial. Ambas potencias están asistiendo a un enfrentamiento motivado, de una parte, por la existencia de una pronunciada relación de interdependencia comercial entre sus economías, y de otra, por la disputa protagonizada por el control de la hegemonía mundial tras las recientes aspiraciones de China hacia la expansión internacional. Esta situación amenaza con debilitar las cadenas de suministro globales, y aumentar la desconfianza en las instituciones que han impulsado la integración comercial bajo la protección de la OMC durante el siglo pasado. El estudio de este trabajo hace balance del desarrollo del conflicto, analizando las causas y consecuencias económicas que atiende la relación sino-estadounidense, destacando la necesidad de frenar el curso de los acontecimientos y fomentar la apertura del comercio como sistema que favorece las relaciones entre países en un contexto marcado por la globalización y la cooperación internacional.<br /><br /> Santamarina Martínez, Ana; Pardos Martínez, Eva María

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Trabajo Fin de Grado Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China: contexto, causas y consecuencias económicas del actual conflicto comercial US-China trade relationship: context and economic causes and consequences of the current trade conflict Autor Ana Santamarina Martínez Director Eva María Pardos Martínez Facultad de Economía y Empresa 2020 2 Resumen La inclinación de ciertas economías por implementar políticas proteccionistas en el plano del comercio internacional ha suscitado controversias en la comunidad internacional con ocasión de las posibles consecuencias sobre la coyuntura económica global. En este contexto, Estados Unidos y China han sido los protagonistas de los recientes desencuentros económicos que han derivado en el actual conflicto comercial. Ambas potencias están asistiendo a un enfrentamiento motivado, de una parte, por la existencia de una pronunciada relación de interdependencia comercial entre sus economías, y de otra, por la disputa protagonizada por el control de la hegemonía mundial tras las recientes aspiraciones de China hacia la expansión internacional. Esta situación amenaza con debilitar las cadenas de suministro globales, y aumentar la desconfianza en las instituciones que han impulsado la integración comercial bajo la protección de la OMC durante el siglo pasado. El estudio de este trabajo hace balance del desarrollo del conflicto, analizando las causas y consecuencias económicas que atiende la relación sinoestadounidense, destacando la necesidad de frenar el curso de los acontecimientos y fomentar la apertura del comercio como sistema que favorece las relaciones entre países en un contexto marcado por la globalización y la cooperación internacional. Palabras clave: Estados Unidos, China, conflicto comercial, cooperación internacional, comercio internacional, interdependencia comercial, proteccionismo, barreras comerciales. Abstract The inclination of certain economies to implement protectionist measures in the area of international trade has caused controversy in the international community regarding the possible consequences on the global economic situation. In this context, the United States and China have become the main players of the recent economic disagreements that have led to the current trade conflict. Both world powers are attending a confrontation caused, on the one hand, by the existence of a strong relationship of trade interdependence between their economies, and on the other, by the fight for global hegemony following China's recent ambitions for international growth. This situation threatens to weaken global supply chains and increase distrust in the institutions that have driven trade 3 integration under the protection of the WTO over the past century. This study explains the development of the trade conflict, analyzing the causes and economic consequences of the China-US relationship, highlighting the importance of slowing down the course of events and promote trade openness as a system that encourages relations between countries in a context determined by globalization and international cooperation. Key words: United States, China, trade conflict, international cooperation, international trade, trade interdependence, protectionism, trade tariffs. 4 ÍNDICE I. Introducción 5 II. Papel creciente de China en la economía mundial 7 1. Evolución del crecimiento económico chino entre 1978 y 2019 7 2. Nuevos proyectos desarrollados por China 12 2.1 Made in China 2025 13 2.2 La Nueva Ruta de la Seda 16 III. El proteccionismo estadounidense. Make America Great Again 22 1. Marco histórico de la política comercial de Estados Unidos 22 2. La vuelta al proteccionismo. Principales cambios de la política económica de Trump 23 3. Contexto económico actual de Estados Unidos 25 IV. Las relaciones comerciales entre China y Estados Unidos 29 1. La interdependencia comercial. El déficit de la balanza comercial de Estados Unidos con China 29 V. Las tensiones comerciales en la relación sino-estadounidense desde 2018 35 1. La “guerra comercial”. La evolución de la imposición de tarifas arancelarias 36 1.1 Las consecuencias de la “guerra comercial” 37 2. Las tensiones comerciales como inicio de la nueva lucha de poder hegemónico 39 2.1 El control del sector tecnológico 40 2.1.1 Caso particular: Huawei 42 VI. Conclusiones 45 VII. Bibliografía y referencias documentales 48 5 I. Introducción Los recientes acontecimientos de carácter comercial entre Estados Unidos y China a partir de 2018 han ocasionado una gran repercusión a nivel internacional por las consecuencias económicas que pueden suscitar a escala global. El siguiente trabajo pretende realizar un estudio acerca de la evolución en la relación sinoestadounidense durante las últimas décadas; más concretamente, de acuerdo con las actuaciones abordadas en el marco de sus políticas comerciales. Asimismo, para comprender la situación actual que atraviesan estos dos países, se persigue identificar las principales causas del conflicto comercial. Para ello, el propósito de este trabajo es contextualizar aquellas circunstancias que han contribuido a desarrollar este proceso, a saber, de un lado, la creación de una relación marcada por la elevada interdependencia comercial entre ambos países y, del otro, sus principales aspiraciones económicas a nivel nacional e internacional, fruto de la introducción de las nuevas tecnologías y la globalización. El actual modelo de comercio internacional se caracteriza por contribuir a desarrollar un intercambio comercial entre países a nivel mundial que conduce necesariamente a un aumento de las relaciones de interdependencia comercial. Este escenario encuentra su origen en las decisiones que adoptaron las potencias económicas mundiales del siglo pasado, con vistas a iniciar una nueva etapa de crecimiento económico, promoviendo la apertura y liberalización económica comercial. Como consecuencia, se ha experimentado un incremento de los flujos comerciales y financieros entre países. Estos vínculos se han ido materializando a través de acuerdos multilaterales y preferenciales de libre comercio que contribuyen a la eliminación de importantes barreras al comercio y propician el crecimiento del comercio mundial. Una de las relaciones comerciales más importantes y que comporta mayores repercusiones en el resto del mundo es la existente entre Estados Unidos y China. Estos dos países son considerados actualmente referentes en el mundo contemporáneo como las mayores potencias de Occidente y Oriente. En consecuencia, la trascendencia de las actuaciones que ambas potencias protagonizan en el escenario internacional se justifica en el alcance que tienen para el resto de las economías. Por ello, el estudio del conflicto comercial acontecido entre Estados Unidos 6 y China trata de abordar las causas y las consecuencias que pueden desencadenar en el comercio internacional. Igualmente, la importancia de este estudio se centra en señalar los cambios comerciales e institucionales que se han suscitado durante los últimos años con motivo de las recientes posturas escépticas por parte de algunas economías hacia una comunidad internacional con tendencia hacia la expansión de mercados. De esta manera, se está asistiendo a un retroceso sobre las bases del libre comercio, tales como el multilateralismo y la cooperación internacional, comenzando a dar mayor protagonismo a un sistema comercial apoyado en el proteccionismo. La inclinación hacia los acuerdos comerciales bilaterales en un contexto altamente globalizado y con la presencia de cadenas de producción distribuidas por todo el mundo, no solo pueden ocasionar perjuicios para las partes involucradas, sino que deterioran las relaciones comerciales consolidadas con otras economías, causando desequilibrios en la actual red de intercambio comercial. En conclusión, los nuevos cambios que la comunidad internacional está atravesando de acuerdo con el conflicto comercial entre Estados Unidos y China, y que amenaza con desvirtuar el modo en que tienen lugar los intercambios comerciales, serán objeto de estudio con la intención de ilustrar los posibles resultados que arrojan estas nuevas circunstancias sobre el crecimiento económico internacional y los efectos sobre una sociedad globalizada. A continuación, se exponen los principales puntos del trabajo: En el primer apartado, se hace alusión a una breve introducción del trabajo. En el segundo apartado, se describe la importancia del crecimiento económico de China, destacando el papel protagonista que ha desarrollado durante las últimas décadas. El tercer apartado, trata de realizar un recorrido por la política comercial de EE. UU. desde mediados del siglo XX hasta la actualidad con motivo del regreso del proteccionismo. En el cuarto apartado, se analizan las causas que han conllevado al actual enfrentamiento comercial, especialmente, en relación con la interdependencia comercial. En el quinto apartado, se desarrolla detenidamente el conflicto desarrollado en la relación sinoestadounidense y las consecuencias económicas derivadas del mismo. Por último, en el sexto apartado, se concluyen las principales ideas y resultados abordados en el trabajo. 7 II. Papel creciente de China en la economía mundial 1. Evolución del crecimiento económico chino entre 1978 y 2019 Tras el inicio de las reformas de 1978, China ha ido adquiriendo un papel protagonista cada vez mayor en el escenario internacional hasta llegar a convertirse en la segunda potencia en términos económicos, únicamente por detrás de EE. UU.. Los logros de China en los últimos años son reflejo de una ambición por adquirir un nuevo rol en la comunidad internacional a través de un modelo económico centrado en el consumo doméstico y los servicios, con la intención de reducir su dependencia de las economías avanzadas y prosperar en sus aspiraciones por el liderazgo mundial tecnológico. Para llegar a entender la actual coyuntura económica china, es necesario hacer un recorrido sobre la evolución de su economía durante las últimas décadas. Una etapa marcada por numerosos cambios y reformas económicas en la estructura interna del país que, acompañada de una apertura hacia al exterior, han permitido a China alcanzar la mayor tasa de crecimiento económico del último medio siglo. Durante gran parte del siglo XX, China estuvo sumida en la pobreza, cerrada al comercio exterior y con una economía de autoabastecimiento, principalmente agraria y rural, perfilando una época alejada de los principales acontecimientos y desarrollos económicos del momento. Sin embargo, desde 1978, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, el gobierno chino emprendió una transformación gradual mediante el establecimiento de reformas económicas, abordando una transición que se extendería durante 40 años y trató de adaptar el proceso de reformas a la situación contemporánea de China (ADP, 2018). Este proceso fue permitiendo progresivamente instaurar la liberalización del comercio en China, y con ello, el impulso del crecimiento económico y modificación de sus relaciones con el exterior. Debido a los cambios en su estructura de mercado, y tras un largo proceso de reformas, permitieron que China iniciara su apertura hacia el exterior tras adherirse a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, después de 30 años de aislamiento efectivo en la economía mundial (Salvador, 2008). 8 De esta manera, se unió al marco legal del sistema de comercio mundial, abriéndole definitivamente las puertas a la globalización; impulsando una política de estímulo para que sus empresas salieran a los mercados internacionales y, en consecuencia, ayudara a incrementar su capacidad productiva y crecimiento económico. Desde entonces, el crecimiento económico se ha orientado a una estrategia basada en las exportaciones e inversiones, dedicando más de un 40% de su PIB a la inversión. De este modo, se tradujo en una etapa marcada por obtener una tasa media anual de crecimiento del 10%, llegando a alcanzar su mejor resultado en 2007 con 14,231% del PIB. A través del gráfico 1 se puede observar un crecimiento gradual del PIB de China, que va aumentando a medida que se implementan las condiciones de su nuevo modelo económico. Por ello, el PIB que comenzó en 1978 con un importe de 149.541 mil millones, en 2018 es de 13.608 billones de dólares. A partir de 2003, el PIB empezó a experimentar una velocidad de crecimiento vertiginosa, cambiando la configuración de los sectores económicos de entonces, dando cada vez más, mayor peso al sector servicios, que en 2018 contribuyó al PIB en un 52,2% y, al sector industrial con un 40,7%, mientras que el primario solo lo hizo en un 7,2% (ICEX, 2020). Gráfico 1 Evolución del PIB de China (1978-2017) Fuente: UNCTAD Con tal cantidad de recursos, China ha sabido aprovechar la oportunidad de comerciar en el exterior a través de las exportaciones. Sus principales socios comerciales son EE. UU., al cual destinó en 2018 del 19,2% de las exportaciones chinas, seguido de la UE-28 con un 16,5% y un 12,1% para Hong Kong (Alfaraz, 2020). Según datos de la OMC, China se ha transformado en una de las economías punteras y, en el mayor exportador de bienes del mundo desde 2008, logrando alcanzar un resultado 9 muy positivo en su balanza de cuenta corriente que le ha servido para transferir grandes cantidades de capitales al exterior, y para poseer las mayores reservas de divisas del mundo. Un ejemplo de ello es la compra de bonos del Tesoro de Estados Unidos, que ha convertido a China en su principal fuente de financiación, compuesta por un 5% de la deuda nacional de aquel país en 2019. Gráfico 2 Bonos de EE. UU. en propiedad de China en billones ($) Fuente: US Department of the Treasury Además, gracias a su fortalecimiento económico, China ha incrementado su influencia internacional en la economía y el comercio. Según un informe publicado por el Banco de España, el peso promedio en el PIB mundial por parte de China pasaría de 7,9% en 2001, a aportar un 15,9% en 2012, y, por último, a un 18,8% en 2018, ubicada en el segundo puesto mundial en la aportación al PIB, consagrándose como el motor del crecimiento económico global (Bing, Roth y Santabárbara, 2020). Asimismo, muestra una importante contribución al crecimiento económico global, que ha rebasado 1 punto porcentual (pp), en promedio anual, desde 2001 (véase gráfico 3), período en el que el PIB mundial ha crecido un 3,8% en media anual. 16 De hecho, aunque el MIC 2025 permitiera incorporar grandes avances tecnológicos, hay expertos que afirman que las empresas chinas no están suficientemente preparadas para abordar una transformación tecnológica tan profunda y solo un pequeño conjunto de éstas será capaz de adaptarse a los nuevos cambios y expandirse en las nuevas condiciones a nivel intencional (IS&DP, 2018). Por otro lado, como todo plan que conlleva estrategias expansionistas y de dominio, ha protagonizado una oleada de reacciones por parte de la comunidad internacional, y en particular, de la UE y EE. UU.. Mientras la UE manifiesta que el plan es una regresión en la toma de decisiones “top-down”, EE. UU. propone que la iniciativa, respaldada por los recursos del gobierno, viene a modificar y configurar una ventaja comparativa en los diferentes sectores de la industria a escala global (IS&DP, 2018). En este sentido, se han elevado las preocupaciones internacionales por la gran intromisión del gobierno chino en el Plan, quien está apoyando financieramente a las empresas locales en su búsqueda de investigación y desarrollo, mientras las empresas extranjeras ven como pierden competitividad y oportunidades de mercado en la industria china. 2.3 La Nueva Ruta de la Seda Durante las últimas décadas, en un afán por convertirse en la primera potencia mundial en términos geoeconómicos y comerciales, China ha ido trazando un conjunto de iniciativas estratégicas desarrolladas en diversos proyectos de diferente naturaleza (económica, comercial, tecnológica…), todos ellos, encaminados al crecimiento de un país que avanza hacia una economía moderna. El objetivo del presidente Xi Jinping es la ampliación de sus horizontes comerciales a través de la creación de nuevas alianzas con socios estratégicos caracterizados por poseer una gran influencia en los diversos sectores en que se compone el crecimiento económico y desarrollo tecnológico. Más concretamente, desde un punto de vista comercial, pretende hacer del fortalecimiento de esas relaciones una estrategia de mayor integración entre los países, y aprovecharla para generar su propia influencia en el panorama internacional y, así, posicionarse al mismo nivel que los países más desarrollados (Parra, 2017). Con este propósito, el gobierno chino presentó en 2013 la mayor iniciativa geoeconómica a nivel mundial hasta el momento, que tiene el nombre de One Belt, One Road (OBOR, 17 en inglés) o, también llamado, “Un cinturón, una ruta”, que alude a la antigua Ruta de la Seda y contemplado dentro del XIII Plan Quinquenal (2016-2020). Detrás de este ambicioso proyecto, se plantea el impulso de dos redes de conectividad, una terrestre y otra marítima, entre Asia, Europa y África, a través de la creación de infraestructuras que reduzcan las barreras económicas entre Oriente y Occidente y, permitan a China ampliar su área de conexiones con el resto de las naciones (Parra, 2017). En consecuencia, el OBOR se constituye como un gran desafío en el progreso y desarrollo de infraestructuras, que abre camino a nuevos potenciales mercados mediante modernas rutas de comercio. Así pues, impulsará la modificación del panorama de implicación económica entre países, ocasionando diferentes oportunidades de negocio para aquellas compañías que tengan ambiciones de extender y diversificar su misión estratégica internacional. En este proyecto, el principio de cooperación se constituye como un factor de vital importancia a través del cual poder canalizar sus esfuerzos en materia política, económica y comercial, con motivo de ampliar su dominio a escala global. A esta iniciativa se han unido alrededor de 64 países, entre ellos potencias mundiales como Alemania o España, si bien EE. UU. se ha mantenido al margen por considerar que el proyecto supone una amenaza para su hegemonía mundial e ir en contra de sus propios intereses político-económicos (Parra, 2017). Actualmente, el conjunto de economías involucradas representa el 35% del PIB mundial y el 43% del comercio mundial de mercancías (Villanueva y Rodríguez, 2019). A rasgos generales, la ruta terrestre se desarrolla a través de seis corredores económicos principales que pretenden conectar China con Europa, el Sudeste Asiático, el Golfo Pérsico y el Mediterráneo. Por otro lado, la red marítima tratará de juntar los puertos chinos con los de Europa a través del mar del sur de China, la zona meridional del Pacífico y el Índico (García, 2018). Con la construcción de estas infraestructuras, como puertos y otras obras costeras, se persigue modernizar las conexiones comerciales existentes y ampliar las vías de entrada de los productos chinos, a la vez que se mantienen las rutas de abastecimiento de recursos energéticos y de materias primas. 18 La viabilidad de esta iniciativa encuentra su razón de ser en la mayor dotación de cantidad y calidad de infraestructuras y logística de transporte terrestre, ferroviario, energético y de telecomunicaciones, que ayudará también a promover de una manera más eficiente la búsqueda de dicha integración, factor clave del plan (García, 2018). Pero el OBOR no se limita únicamente al desarrollo de las infraestructuras, sino que, asimismo, abarca otro tipo de sectores, como el turismo, que a raíz de las oportunidades que brinda la ampliación de las rutas terrestres y marítimas, incorporará un gran crecimiento de la emisión de turistas. La previsión de unos resultados favorables para el turismo se sustenta principalmente en dos motivos: la disponibilidad de mejores vías de comunicación y conexión, y el aumento de la capacidad económica de la clase media china en crecimiento. Para 2030 se espera que la clase media se acerque al 35% de la población mundial (Parra, 2017). Aparte de la expansión internacional, otro gran propósito que pretende dar cumplimiento el OBOR para la nación de China es el desarrollo interno de aquellas regiones del país menos favorecidas económicamente. Ya que, si bien China es considerada una gran potencia comercial, continúan existiendo grandes desequilibrios económicos dentro de la población debido al alto grado de pobreza al que se enfrenta el país en ciertas zonas (García, 2018). Se busca gestionar uno de los problemas sociales más importantes que afronta China en la actualidad, especialmente en las zonas del noreste y suroeste del país, las cuales siguen siendo principalmente provincias rurales, y que contrastan con las grandes ciudades urbanas (Parra, 2017). Algunos indicadores, como el PIB per cápita, reflejan las diferencias que todavía permanecen en China en comparación con los países desarrollados. De hecho, en 2018, el nivel de vida de China reflejado en datos, fue de 9770 dólares, situando al país en el puesto número 73 del ranking, lo que se corresponde con una baja calidad de vida respecto al resto del mundo (Banco Mundial, 2018). En este sentido, el gobierno chino ha querido fomentar la revitalización económica interna de la población, y muchas áreas geográficas han visto en el proyecto nacional una oportunidad para obtener un presupuesto barato que garantice el apoyo necesario en sus planes de modernización de infraestructuras. A su vez, se muestra una clara tendencia de China por modificar su modelo de producción manufacturera de baja calidad por una reestructuración interna donde prime la innovación y la tecnología. 19 De hecho, la visión a largo plazo del gigante asiático con esta iniciativa es estrechar las relaciones comerciales con sus países vecinos, con el fin de que las empresas chinas se aseguren un mayor acceso a nuevos mercados en los que competir y contribuir al desarrollo de la industria china. Por tanto, el OBOR se constituye como una estrategia de carácter global y genérico que trata de adaptarse de forma constante a las necesidades del momento y de las venideras, a la vez que, aglutina a un conjunto de diversos mercados, planes e inversiones de una evidente inclinación tanto económica como geoestratégica. Para dar inicio a un proyecto de esta magnitud se requiere de una enorme cantidad de inversión de capital y respaldo institucional. China ha necesitado de la participación de instituciones financieras internacionales y nacionales que den apoyo de la financiación y la gobernanza como parte de su plan de convertirse en una potencia económica global (García, 2018). Cuenta con un gran entramado de instrumentos de financiación, entre los que destacan los fondos de inversión, tales como el Fondo de la Ruta de la Seda, que cuenta con 40.000 millones de dólares (García, 2018); el Nuevo Banco de Desarrollo creado junto con los países BRICS; el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, en inglés), que respalda la mayor parte del proyecto y es liderado por China; los grandes bancos nacionales chinos, así como otros bancos multilaterales, concretamente, el Banco Asiático de Desarrollo y el Banco Mundial (Parra, 2017). Todas las sociedades bancarias tienen la función de inyectar los recursos necesarios para sacar adelante el proyecto mediante préstamos, avales que legitimen las actuaciones de las empresas chinas o inversiones de capital. La finalidad del gobierno chino con la creación de un conjunto de instituciones internacionales viene a solucionar la carencia de un número suficiente de organismos representativos en la esfera internacional de instituciones financieras, como lo es el Fondo Monetario Internacional. También participan y colaboran instituciones bancarias de tipo privado y otras agencias públicas para dar servicio al desarrollo de alianzas entre empresas nacionales y extranjeras en las diversas operaciones de que se compone el OBOR (García, 2018). 20 Todas las inversiones y creaciones de instituciones financieras que sostienen el OBOR, lo convierten en la más ambiciosa iniciativa de carácter económico desde el Plan Marshall. Uno de los aspectos positivos de participar en este megaproyecto para otras economías se centra en la posibilidad de obtener a corto plazo flujos de IED, lo cual, puede atraer a potenciales aliados que aúnan sus intereses por una apuesta en común mediante fusiones y acuerdos de empresas. De hecho, estos flujos en 2017 alcanzaron un valor de 33.000 millones de dólares, según Thomson Reuters (García, 2018). Otro punto que destacar sobre la buena acogida de la iniciativa coincide con la salida de EE. UU. del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, en inglés). Tras años de configuración como un punto clave de influencia americana sobre el continente asiático, el acuerdo empieza a cuestionarse y reducir sus expectativas como una iniciativa próspera en un momento de cambios de naturaleza política basado en un sistema de líneas proteccionistas, por parte de la Administración de Trump. En este contexto, China ha sabido aprovechar la situación para vender el potencial de su proyecto de forma más efectiva, y ganarse la confianza de aquellos países que empiezan a poner en entredicho las acciones de EE. UU., algunas de ellas, encaminadas a la consecuente guerra comercial ya mencionada anteriormente. Es por lo que, múltiples países en vías de desarrollo han manifestado su apoyo hacia la cooperación expresada por China, en parte, gracias a su discurso de liderazgo inclusivo; se muestra más alentador que la escasa propuesta política americana hacia Asia que, confecciona un entorno donde las aspiraciones de estos países, a escala internacional, pueden verse frustradas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, si bien la cooperación entre países es un pilar fundamental del OBOR, el proyecto no deja de dar prioridad estratégica a los intereses de China, ya que, por encima de todo, el objetivo del plan es mejorar la situación económica del país. Este posicionamiento geopolítico y social no ha sido bien visto por Occidente, quien, a pesar de mostrar una buena disposición a las propuestas del gobierno chino, recela de las posibles intenciones que se encuentren ocultas detrás de estas, y que pudieran comportar un verdadero desafío de lucha de poder. Por otro lado, también se critica la iniciativa desde un punto de vista liberal, por no ajustarse a los cánones del libre mercado y favorecer mediante ayudas públicas a las 21 instituciones y empresas chinas. La adopción de estas medidas tiene un impacto desfavorable para el resto de las empresas internacionales que hacen frente a la competencia en los mismos mercados, encontrándose en una situación de desigualdad de oportunidades. Y es que las empresas extranjeras se ven con más dificultades para acceder a la bolsa de licitación de proyectos del OBOR, ya que el 89% de los mismos, esto es, la gran mayoría, están a cargo de las firmas chinas (García, 2018). 22 III. El proteccionismo estadounidense. Make America Great Again 1. Marco histórico de la política comercial de Estados Unidos. Tradicionalmente, durante la primera mitad del siglo XX, la política comercial de EE. UU. se caracterizó por defender el libre mercado dentro del país, y mantener un corte de carácter proteccionista en su política exterior, apoyada en políticas monetarias de tipo de cambio e industrial asentadas en el aislacionismo (Bacaria, 2016). Las relaciones comerciales que ha ido integrando EE. UU. en el marco internacional se configuraban, en su mayoría, como acuerdos bilaterales que ponían de manifiesto la necesidad de adoptar más acuerdos de libre comercio en una sociedad con tendencia hacia la globalización y la cooperación internacional. Pero, a pesar de conservar rasgos proteccionistas en su política, después de la Segunda Guerra Mundial, se inició una etapa encaminada hacia un régimen liberal de comercio con la creación y el impulso de regímenes multilaterales como el GATT y la OMC, así como la incorporación de políticas unilaterales. Sin embargo, la introducción de acuerdos preferenciales en EE. UU. es bastante reciente, y la mayoría de los acuerdos de libre comercio no fueron protagonistas hasta finales del siglo XX y principios del XXI, contando con tan solo un total de veinte, entre los que destaca el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, en inglés) en 1994, con sus socios Canadá y México (Bacaria, 2016). Gracias a los cambios institucionales que tuvieron lugar tras la Segunda Guerra Mundial, se creó un nuevo escenario económico liderado por EE. UU., convirtiéndose en la primera potencia económica y militar del mundo. Su dominio económico se consolidó debido a la consecución de una serie de acontecimientos económicos e institucionales: la imposición del dólar como moneda de intercambio mundial con el tratado de Bretton Woods, el traslado del principal centro financiero mundial a EE. UU., la creación del FMI y el Banco Mundial bajo el amparo estadounidense. Desde entonces, EE. UU. se ha caracterizado por ser uno de los países más industrializados del mundo, con una alta productividad y uso de tecnologías modernas basada en un sistema de economía de mercado. Además, ha reducido sus barreras comerciales y ha tratado de coordinarse con otros países en el nuevo sistema económico global, con una tasa de apertura en 2018 del 27,4%, cifra por encima de los últimos años. 23 Precisamente, gracias a la apertura de los mercados, EE. UU. y, principalmente los países de economías avanzadas, han llevado aparejado un mayor crecimiento económico a lo largo de la historia, destacando el papel fundamental de las relaciones comerciales internacionales. Esta nueva realidad ha ido aumentando en EE. UU., poco a poco, hasta que durante los gobiernos de George W. Bush Jr. (2001-2008) y Obama (2009-2016) se implementaron nuevos acuerdos impulsados como parte de este nuevo sistema económico comercial, caracterizados por tener una mayor presencia en la cooperación multilateral. Entre los acuerdos más destacados se encuentran las recientes iniciativas del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, en inglés) y Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, en inglés), negociado este último con la Unión Europea (Bacaria, 2016). A la luz de estos acontecimientos, Estados Unidos ha ido transformando su posición en el escenario internacional para ir adaptándose a un nuevo escenario protagonizado por una mayor competencia regulatoria internacional a través de la imposición de nuevos estándares de tipo comercial, con un mayor peso de las cadenas globales de valor. En consecuencia, las prácticas de negociaciones de libre comercio han configurado a EE. UU. en las dos últimas décadas como defensor del sistema internacional multilateral, adoptando la figura de actor central en los principales organismos económicos internacionales, que han permitido a su vez, transformar la gobernanza del comercio internacional. No obstante, la administración de Obama sería la última en apoyar el sistema económico multilateral a través de políticas aperturistas y liberales y la promoción de coaliciones internacionales en un contexto marcado por la crisis financiera de 2008 y la diplomacia como solución de conflictos. En efecto, a partir de finales de 2016, se dio paso a un sistema de gobierno defensor del proteccionismo caracterizado tomar una dirección muy diferente a la desarrollada por sus predecesores y con una política exterior que funciona bajo el eslogan de Make America Great Again. 2. La vuelta al proteccionismo. Principales cambios de la política económica de Trump El actual contexto económico de EE. UU., que se expondrá en el siguiente apartado, encuentra origen en la política económica y los principales cambios abordados por el 24 nuevo gobierno de Trump durante los últimos tres años y, que han ocasionado una gran repercusión en la coyuntura económica nacional e internacional. El presidente ha mantenido que su política exterior debe formarse de relaciones económicas e internacionales basadas en los intereses norteamericanos. Por ello, ha tratado de impulsar las negociaciones bilaterales que mayores beneficios pueden reportar para su país, sin que haya espacio para la cooperación internacional económica. De esta manera, haciendo uso de su condición de potencia mundial, se asegura que sus socios comerciales cumplirán con sus exigencias como requisito para acceder al mercado estadounidense. Entre los principales cambios abordados por la Administración de Trump se encuentran las modificaciones de acuerdos comerciales, como la renegociación del NAFTA y del Tratado de Libre Comercio con Corea, así como su retirada del TTP, comprometiendo las actuaciones abordadas por Obama, y priorizando los acuerdos comerciales bilaterales. Además, dentro de su agenda comercial, estableció que la reducción del déficit comercial de EE. UU. sería un objetivo central de su política comercial, que abordaría a través de un conjunto de medidas proteccionistas (entre ellas, las tarifas arancelarias). Pero, lejos de cumplirse, el déficit comercial se ha incrementado en los últimos años desde que Trump es presidente, pasando de un déficit comercial de 751.051 millones de dólares en 2016 a los 891.320 millones de dólares en 2018; el peor que atraviesa EE. UU. desde la crisis financiera de 2008 (OECE, 2019). Entre las actuaciones que EE. UU. ha impulsado para desarrollar su estrategia comercial, se encuentra la política de restricción de importaciones. El socio comercial más afectado en este sentido ha sido China, a quien impuso de manera unilateral unas tarifas arancelarias del 25% sobre una gran lista de productos chinos en 2018, dando comienzo a un tenso escenario comercial marcado por el conflicto arancelario. Sin embargo, EE. UU. no solo se centró en abordar su estrategia comercial sobre su relación comercial con China, sino que también aplicó aranceles a otros países, concretamente con un arancel adicional del 25 % en el acero y un 10% para el aluminio, con sus socios Canadá, México y la UE y que justifica por motivos de seguridad nacional. Esta situación ha provocado un gran descontento en la comunidad internacional, ya que muchos de los países que participan en las cadenas de suministros se han visto afectados 25 por los efectos en cadena, provocando efectos indirectos sobre las exportaciones de valor añadido de terceros países que comercian con países perjudicados por los aranceles estadounidenses. Según Coface, en el sector de manufacturas, un aumento de un punto porcentual en las barreras arancelarias de los EE. UU. a un país determinado da lugar a una disminución del 0.6% del valor añadido de las exportaciones del un país socio. Otro de los aspectos que han supuesto un cambio de estrategia política es la reforma fiscal adoptada por EE. UU., basada en una política expansionista de reducción generalizada de los impuestos en 2017, especialmente notoria para las empresas, que supuso una disminución del tipo de gravamen del 35% al 21% (OECE, 2019; Trujano y Acera, 2019). El objetivo de esta reforma es fomentar el crecimiento y la creación de empleo, además de la inversión, con el fin de frenar la deslocalización de las empresas estadounidense. Esta política contribuyó a reactivar el crecimiento del PIB en 2018 (2,9%), y obtener una inflación muy baja del 2%. De los datos aportados, se puede afirmar que dicha política expansionista favorece el crecimiento económico a corto plazo, encaminada a nuevas oportunidades de inversión rentables para las empresas. Pero que, sin embargo, puede tener efectos negativos en el largo plazo como consecuencia de la influencia de otros factores en la política fiscal, como el aumento desmesurado del gasto público, que puede conducir a un déficit fiscal y una mayor deuda. Finalmente, se puede afirmar que los últimos años de gobierno en EE. UU. han estado marcados por un retroceso del multilateralismo desarrollado por Obama, y una vuelta al unilateralismo de EE. UU.. Las acciones de protección del mercado nacional pueden funcionar a corto plazo, aumentando el crecimiento económico, pero las mismas no son sostenibles en el largo plazo, pudiendo frenar la expansión de la economía como consecuencia de los desequilibrios macroeconómicos internos y externos ocasionados por un sistema proteccionista. 3. Contexto económico actual de Estados Unidos Actualmente, EE. UU. se configura como la mayor economía del mundo, aunque en 2019 registró un crecimiento económico del 2,3%, considerablemente inferior al 2,9% del año 32 En 2018, el principal mercado al que se dirigieron las exportaciones chinas es el de EE. UU., que cuenta con una cuota de participación de socio del 19,23%, y entre los productos más demandados se encuentran los bienes de capital, maquinaria y bienes de consumo. Además, en cuanto a las importaciones, EE. UU. se sitúa en el quinto puesto, con un 7,3% de participación (WITS, 2018). Por otro lado, en los últimos años ha destacado el ascenso de China como destino de las exportaciones que realiza EE. UU. en el mundo, representando alrededor de un 7,2%, solo por detrás de la UE y Norteamérica (WITS, 2018). En definitiva, las relaciones comerciales entre EE. UU. y China en la actualidad advierten de lo importante que es cada país para el otro. En el gráfico 9 se refleja la notoria influencia de China en los intercambios comerciales de EE. UU.. Gráfico 9 Intercambios comerciales con los principales socios de EE. UU. (en miles de millones $) Fuente: US Census Bureau Según estudios del FMI, esta variación surgida en el saldo comercial bilateral encuentra su origen en las modificaciones concurridas en los costos comerciales, factores macroeconómicos y los cambios en la composición sectorial. Más concretamente, el gráfico 10, pretende analizar las contribuciones de las diferentes variables que han determinado los nuevos saldos comerciales bilaterales durante el período comprendido entre 1995 y 2015 (FMI, 2019). La evolución del producto bruto y el gasto bruto de un país son factores de carácter interno determinantes de la dimensión de impacto en el saldo comercial entre pares de países. De esta manera, atendiendo a este criterio, y haciendo análisis durante un período de 20 años, 33 una de las principales consecuencias que han afectado negativamente a descompensar su balanza comercial con China, ha sido precisamente el bajo crecimiento de su producto bruto en relación con el gasto. En otras palabras, un bajo ahorro, teniendo que aumentar las importaciones de bienes chinos. En cambio, para China, el crecimiento del producto fue superior al gasto durante este período, en parte, debido a la introducción de políticas de oferta apoyadas en la concesión de subvenciones a la producción y, en parte, por el muy elevado ahorro chino. Así pues, desde los inicios de esta relación, China ha presentado un superávit bilateral frente a EE. UU., en parte, gracias a su consolidada ventaja comparativa en bienes industriales como consecuencia de una etapa caracterizada por un alto ritmo de crecimiento económico y por su apertura al comercio exterior. A lo largo de este período, China ha ido intensificando su papel protagonista con una atractiva capacidad productiva, compitiendo con importantes economías avanzadas, hasta convertirse en el mayor exportador comercial, dominando prácticamente mercados de productos manufactureros chinos, como el estadounidense. Gráfico 10 34 Fuentes: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, base de datos sobre comercio en valor agregado, y cálculos del personal técnico del FMI. Por otro lado, el papel de especialización sectorial que ha mantenido EE. UU. con sus socios ha contribuido a variaciones con efectos positivos sobre su balanza comercial con China, lo que demuestra que, a pesar de encontrase en una situación de déficit comercial, su participación en las cadenas de suministro de valor es importante para el proceso de producción de posteriores exportaciones de productos. Respecto de los costos comerciales, hay que señalar que el aumento de la participación de las economías de mercados emergentes, a pesar de aumentar el comercio para el resto de países, también ha originado un incremento de los costos comerciales medios. Esto se debe a que los países con tasas de crecimiento rápido han impuesto aranceles más elevados a los de países desarrollados. En igualdad de condiciones, esta situación se deviene más atractiva entre pares de países, intensificando el comercio bilateral y contribuyendo, por ejemplo, a la ampliación del déficit de EE. UU.. A raíz de este marcado desequilibrio estadounidense, la estructura comercial entre ambos países ha generado una situación de constantes tensiones, por lo que, en 2016, con Trump como nuevo presidente de EE. UU., el gobierno decidió cambiar el escenario comercial internacional con sus socios. Tras reportar en 2017 un saldo comercial negativo por valor de 375.422,6 millones de dólares y con una participación china del 49,18% en el déficit total de Estados Unidos, se comenzaron a tomar medidas de carácter proteccionista a través de la imposición de aumentos arancelarios en un 25%, sobre algunos productos chinos, dando inicio a una guerra comercial entre EE. UU. y China. 35 V. Las tensiones comerciales en la relación sino-estadounidense desde 2018 Desde que China se convirtiera en miembro de la OMC en 2001, ha ido creando una red de relaciones bilaterales y multilaterales de naturaleza comercial con el resto de la comunidad internacional a través de un atractivo sistema de producción que le ha permitido expandir su imperio manufacturero más allá de sus fronteras. En este contexto de globalización y libre comercio, la nueva estructura que sostiene la cadena de valor se configura en una relación de dependencia comercial entre países que ha transformado el modo de comercialización de productos, garantizando la máxima calidad y eficiencia en cada una de las etapas de este nuevo sistema debido a la especialización sectorial. De este modo, los países, a través de sus empresas, han sabido aprovecharse de la introducción y uso de las ventajas comparativas que ofrecen terceros países con la intención de optimizar sus beneficios. En este sentido, cuando un acuerdo comercial se transforma en una estrecha relación de interdependencia comercial, existe el riesgo de convertirse en un vínculo de no retorno, donde el grado de implicación de cada una se vuelve imprescindible para la otra contraparte. De tal manera, que, si una de ellas se desvía del camino acordado, la otra parte se puede ver perjudicada. La cooperación se vuelve un elemento clave en los acuerdos comerciales que permite fortalecer las relaciones de interdependencias entre países. China ha penetrado en el mercado internacional en el escalafón más bajo de la cadena de valor. Debido a su producción de bajo coste, las empresas extranjeras se mostraron particularmente interesadas en hacer negocios con el gigante asiático, especialmente las estadounidenses, con quien ha desarrollado una gran relación de interdependencia comercial hasta convertirse en el principal socio comercial de China. Un aumento de las relaciones comerciales entre ambos estados ha derivado en un elevado déficit en la balanza por cuenta corriente de EE. UU. como consecuencia del aumento de las importaciones chinas hacia este país, llegando a situarse en 891.320 millones de dólares en 2018 (Banco Mundial). De este modo, se ha convertido en una situación que, siempre según el gobierno estadounidense, se considera insostenible para su economía, por cuanto existe un 36 significativo dominio del sector manufacturero chino en el mercado estadounidense basado en el alto grado de dependencia comercial. A partir de 2016, cuando Trump tomó la presidencia de EE. UU., las tensiones entre estos dos países se intensificaron hasta el punto de convertirse en una guerra económica comercial en 2018. Previamente, durante los años 2016 y 2017, el modus operandi asumido por EE. UU. y que Trump comenzó a imponer tras asumir el puesto de mando, fue el establecimiento de una serie de medidas aislacionistas que se concretaron en el 2017 con la salida de EE. UU. del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y la apertura de las renegociaciones del NAFTA (Tratado de Libre Comercio de Norteamérica) con México y Canadá. Según la política económica de Trump, el aumento de la producción doméstica del país puede contribuir a la reducción del déficit comercial a la vez que disminuyen las importaciones del exterior y se consume producto nacional. Por ello, en un impulso por fomentar el restablecimiento de la competitividad de la industria norteamericana, procedió a la imposición de sanciones a aquellas empresas estadounidenses que deslocalizaran sus plantas de producción en China mientras que beneficiaba a las que se instalaban en tierras americanas como método para impulsar la economía del país. 1. La “guerra comercial”. La evolución de la imposición de tarifas arancelarias A la luz de los acontecimientos, las tensiones y fricciones entre las dos grandes potencias fueron aumentando sustancialmente, haciendo cada vez más visible el inicio de una guerra comercial que se materializó en marzo de 2018 con la imposición de aranceles del 25% sobre ciertos productos chinos, como el aluminio o el acero (Cerutti et al.) De este modo, Trump anunció la implantación de un sistema arancelario restrictivo en los productos procedentes de esta nación hasta que el gobierno chino procediera a la paralización de los mecanismos de competencia desleal. En respuesta, China aplicó en abril un aumento de sus aranceles en un 25%, a diferencia del 7% que venía utilizando, sobre las importaciones de producción agroalimentaria procedentes de EE. UU. A esta réplica de China, EE. UU. volvió a arremeter con una nueva y adicional imposición de tarifas aduaneras en julio de 2018, pero esta vez sobre una amplia gama de productos 37 entre los que se incluyen algunos sectores claves como el aeroespacial, las TICs, robótica o maquinaria. En definitiva, el año 2018 se caracterizó por la implementación de un conjunto de rondas de aumentos arancelarios sobre las importaciones procedentes de los flujos comerciales de uno y otro país, afectando a diferentes sectores claves en la industria, alcanzando alrededor de un 45% de los bienes chinos y un 55% sobre los bienes estadounidenses (Banco de España, 2019). En diciembre de ese mismo año, con el fin de llegar a un acuerdo y no recrudecer la tensión comercial entre ambas potencias, tuvo lugar un período de tregua, que, sin embargo, terminó en mayo de 2019 con una nueva fase de aumentos de medidas arancelarias que afectaron tanto a los bienes gravados en 2018 como a otros bienes adicionales. En consecuencia, durante gran parte de 2019 se estimó un escenario del 71% de las importaciones de flujo recíproco afectadas por estas medidas. 1.1. Las consecuencias de la “guerra comercial” La guerra comercial acontecida entre EE. UU. y China ha comportado graves consecuencias de impacto económico a nivel global, generando una gran inestabilidad en el marco internacional de las relaciones comerciales con el regreso del proteccionismo. Tanto la OCDE como el FMI han advertido que un conflicto comercial de estas características entre dos grandes potencias mundiales puede ocasionar, atendiendo a las interdependencias existentes con el resto del mundo, una mayor injerencia en la económica global pudiendo originar una recesión a escala mundial. Estas incidencias se producen a través de diversos canales directos e indirectos, como los cambios en la demanda y los precios de los bienes, pudiendo afectar negativamente al consumo y la inversión, o el aumento en la incertidumbre, mermando la confianza de consumidores y empresas, erosionando de manera indirecta la inversión y el consumo, a la vez que aumenta la aversión al riesgo en el ámbito financiero (Banco de España, 2019). 38 Gráfico 11 Pronóstico de la pérdida del PIB mundial derivada de las controversias comerciales (miles de millones en $) Fuente: Fondo Monetario Internacional Según algunos estudios realizados, el aumento de las barreras arancelarias comportaría una reducción significativa de la actividad comercial en Estados Unidos, China y la zona euro, causando una caída del PIB mundial estimada en un 0,25 % en términos acumulados en el período 2019-2021, con descensos del PIB de Estados Unidos y China del 0,26% y el 0,38%, respectivamente; mientras que en el área del euro, el PIB disminuiría un 0,2 %, dando cuenta de su elevada apertura comercial, como causa de adopción de un papel vulnerable ante la bajada de la actividad global. El mayor impacto producido en la economía china queda reflejado en la mayor cantidad de importaciones perjudicadas en relación con su PIB respecto de EE. UU. Además, el año 2019 se ha traducido en una retracción del crecimiento de China con motivo de las tensiones comerciales con EE. UU., llegando a alcanzar un 6,1%, medio punto menos que en 2018, siendo el registro más bajo desde 1990. El consumo y la inversión se vieron afectadas de forma generalizada, la primera reduciéndose 1 pp, creciendo entonces al 8% en 2019 y creciendo la inversión privada a la mitad que en 2018 (pasando de un 8,9% al 4,7 %), y más concretamente, dentro del sector manufacturero, se mostró un ajuste más profundo, pasando de crecer a un 10,3% en 2018 al 2,8% en 2019 (Xia, 2020). En consecuencia, el desgaste de su relación con EE. UU. se ha convertido en la principal causa del actual escenario de la economía china, con motivo de ser su mayor socio comercial y principal destino de sus exportaciones. Y en este sentido, no solo ha impactado en la producción doméstica china, sino que también ha incidido en las cadenas 39 de suministro globales, con una disminución notoria de las exportaciones que realiza China al resto del mundo creciendo solo a un 0,5% en 2019 en relación con el 9,9% del 2018 (Xia, 2020). Después de casi tres años de enfrentamientos, EE. UU. y China firmaron la primera fase de un acuerdo comercial en enero de 2020, constituyendo un período de tregua temporal entre ambas potencias. Aunque esta pausa no soluciona todas las cuestiones comerciales enfrentadas entre China y EE. UU., el acuerdo consiste en el repliegue parcial de aranceles por parte de EE. UU., mientras China se comprometa a elevar el número de compras a los norteamericanos (Xia, 2020). Esencialmente, con este acuerdo se pretende enfrentar los efectos negativos ocasionados en la cadena de suministro global con motivo de la subida de las tarifas arancelarias para romper con la tendencia hacia las sanciones mutuas y restablecer cierta estabilización en el comercio mundial. Con todo ello, según estimaciones previas al estallido de la crisis del covid-19, se había previsto que, en relación con los datos concernientes a la segunda mitad del año 2020, la economía de las grandes potencias mundiales se desacelerase. EE. UU. crecerá un 1,8% y Europa lo hará a niveles de crecimiento más bajos, con un 1,2%, mientras que China se espera que continúe con su tendencia hacia la desaceleración gradual hasta alcanzar sus tasas de crecimiento potencial, con un 6,1 % para el 2020. En conclusión, tanto en el grupo de las economías avanzadas como en el de los mercados emergentes, la desaceleración en el crecimiento es generalizada. De hecho, las barreras comerciales han amplificado las desaceleraciones cíclicas y estructurales que ya estaban en marcha (Nabar M. et al., 2019). Sin embargo, a pesar de una trayectoria de crecimiento global en descenso, el pronóstico que sostiene el último informe WEO advierte de un moderado repunte en el crecimiento mundial respecto a 2019, y se espera que aumente de un 2,9 % a un 3,3%, gracias en parte, a una mejora en la demanda y la inversión internas. Pero señala que, estos resultados dependerán en todo caso de que no se produzca una nueva contienda de las tensiones comerciales entre EE. UU. y China (FMI, 2020). 2. Las tensiones comerciales como inicio de la nueva lucha de poder hegemónico En 2016, China alcanzó el segundo puesto en inversión a nivel mundial con un importe de 145.000 millones de euros al exterior, y a pesar de tener una tendencia gradual hacia 40 la desaceleración en el crecimiento económico, según apunta el FMI, es un país que va camino de convertirse en la primera potencia mundial para el 2030. Otros aspectos importantes en torno al gigante asiático tienen que ver con los nuevos proyectos que ha lanzado en los últimos años, como el plan “Made in China 2025” y la ambiciosa iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, cargados de material estratégico para incrementar su poder a nivel internacional. Estas aspiraciones chinas se han propagado a su vez en el sector de la tecnología, suponiendo riesgos para las cadenas mundiales de suministro. EE. UU. viene advirtiendo desde la Administración de Obama de la injerencia de las empresas chinas en la seguridad nacional del país por medio de prácticas desleales de comercio con fines de apropiación intelectual, que debilitan su economía interna. Para hacer frente a esta situación, en 2017 mandó realizar unas líneas de investigación sobre la posible violación de derechos de propiedad intelectual de EE. UU. ante la creciente preocupación de que China se convierta en el principal rival de competencia estratégica en materia de liderazgo mundial de la tecnología. En consecuencia, desde 2016, la política comercial abordada por EE. UU. se ha caracterizado por adoptar líneas proteccionistas bajo un sistema unilateral y aislacionista, con la intención de conservar su deteriorada hegemonía internacional con motivo del ascenso de China. En definitiva, las tensiones que han ocupado a EE. UU. y China durante los últimos años no han sido solo de carácter comercial, sino que también han tenido un impacto en el ámbito tecnológico con motivo de la mayor presencia de China en este sector. 2.1 El control del sector tecnológico En las últimas décadas, China ha experimentado un aumento de las inversiones de capital extranjero en un mercado atractivo con motivo de su elevado ritmo de crecimiento económico que, junto con la atracción de cadenas productivas globales, ha conseguido iniciar un nuevo desarrollo industrial orientado hacia la alta tecnología (Ugarteche et al., 2019). 41 Así pues, la importación de tecnología e ingeniería en zonas claves del territorio chino para ese desarrollo industrial ha posibilitado impulsar su trayectoria tecnológica. Una de las razones por las se ha expandido en este mercado es el incremento de inversiones en investigación y desarrollo. De hecho, en 2017, China destinó un 2,13% de su PIB en I+D, según los datos más recientes del Banco Mundial, convirtiéndose actualmente en una gran potencia en innovación tecnológica como parte fundamental de los objetivos de este país en el marco de su programa MIC 2025. En consecuencia, se ha posicionado a la altura de grandes competidores en el sector, como es el caso de Estados Unidos, que mantiene el primer puesto como líder en materia científico-tecnológico y aporta un 2,8 % de su PIB en esta materia (Banco Mundial, 2017). En este sentido, EE. UU. aún conserva una fuerte posición competitiva en el desarrollo tecnológico. Ahora bien, el reciente avance de China en este sector ha empezado a preocupar a EE. UU., poniendo en duda la obtención de los recursos necesarios para su planificación estratégica de innovación y propiedad intelectual. Por ello, durante el gobierno de Obama ya se comenzaron a tomar medidas contra las empresas chinas dedicadas al sector de las telecomunicaciones por vulneración de las cadenas de producción. EE. UU. ha pretendido asegurar que estas medidas son con motivo de proteger la seguridad nacional del país y, que de este modo, no se viera afectada por la injerencia continuada de las compañías chinas en este mercado. Además, estos enfrentamientos siempre se encauzaron a nivel diplomático, y a través de negociaciones multilaterales. Pero, con la llegada de Trump a la presidencia, se tomó una dirección de carácter unilateralista encaminada al hostigamiento y debilitamiento económico chino y bloqueo comercial. Esta dirección se plantea por las acusaciones realizadas por parte del gobierno estadounidense. De este modo, EE. UU. acusa al gobierno chino de financiar e invertir en I+D con motivo del Plan MIC 2025 en las empresas tecnológicas chinas a través de subsidios y subvenciones. Estas prácticas se consideran anticompetitivas e intensifican la desigualdad de condiciones para competir en los mercados frente a los chinos (Canosa & Fiore, 2019). Así pues, la intención de Trump de proteger la propiedad intelectual tecnológica se deviene como uno de los principales objetivos de su política, que justificaría la 48 VII. Bibliografía y referencias documentales - Alfaraz, Neus. (2020). Informe económico y comercial. China 2020. Oficina Económica y Comercial de España en Pekín. - Arcega, Eva. (2019). 50 preguntas para entender el Mercado chino. Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Cantón. ICEX. - Balderrama, R. (2018). El proyecto “Hecho en China 2025”: impulso del Estado hacia la transformación industrial con alcance global. Revista Harvard Review of Latin Amercia. Harvard University. 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