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In memoriam Manuel Bueno Sánchez

Bueno Lozano, Gloria; Bueno Lozano, Manuel; Bueno Lozano, Antonio Luis; Bueno Lozano, Olga; Bueno Lozano, Mercedes

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Bueno Lozano, Gloria; Bueno Lozano, Manuel; Bueno Lozano, Antonio Luis; Bueno Lozano, Mercedes; Bueno Lozano, Olga

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canarias pediátrica septiembre - diciembre 2016 157 Artículos especiales Nunca imaginé que tuviera que escribir algún día estas palabras de homenaje a nuestro querido padre y no puedo contener las lágrimas. Casi todas ellas son de tristeza por la separación, pero otras muchas son de emoción por las maravillosas muestras de afecto y respeto a su memoria que nos han llegado desde los distintos ámbitos de la geografía española. Es para mí un honor plasmar este agradecimiento a través de esta revista porque, como ya él mismo reconoció en vida, su estancia en Tenerife entre los años 1971 y 1976 fue un periodo profesional y familiar especialmente feliz. Manuel Bueno, mi padre, nació en Jaén en el año 1933 y falleció en Zaragoza el 11 de junio, diez días antes de cumplir los 83 años de edad. Fue el mayor de 7 hermanos y desde su más temprana infancia mostró su intención de seguir los pasos de mi abuelo, Manuel Bueno Fajardo también pediatra y al que admiraba profundamente. Estudió en la Facultad de Medicina de Granada (1950-1956) y fue entonces cuando conoció a nuestra madre Mercedes la cual, a su vez realizaba los estudios en la Escuela de Magisterio. Muchas son las anécdotas de esta época, como aquella en la que presumía de haber sido campeón universitario de tenis de mesa durante dos años consecutivos, mérito que siempre atribuyó sabiamente a su compañero de equipo y gran amigo Sergio Garcia Merlo, mi padrino. Fueron años de mucho estudio, de amistad entrañable y de empezar a forjar un futuro. Es por ello que, tras finalizar la licenciatura de Medicina, entró a formar parte del equipo del profesor D. Antonio Galdó Villegas en Granada donde compartió experiencias inolvidables con el que siempre consideró su “hermano mayor”, el profesor D. Manuel Cruz Hernández, estrecha relación que ha sido mantenida aún en la distancia y hasta su muerte. Completó su formación en la Clínica Pediátrica Universitaria Gaslini de la Universidad de Génova (Italia). De su estancia allí, siempre guardó documentos gráficos que incluía en sus lecciones de Pediatría. A su vuelta a España, obtuvo el título de Puericultor del Estado y tomó posesión de su plaza en Basauri (Vizcaya) donde nacimos sus tres primeros hijos. Allí conoció a otro gran compañero y amigo con el que compartió la ilusión de llegar algún día a formar parte de la Universidad española. Me refiero al profesor D. Manuel Hernández Rodríguez al que ha profesado un cariño entrañable ya que, por aquél entonces, ambas familias tenían hijos de la misma edad. Su carrera docente se inició en el curso académico 1964-1965 al incorporarse a la Universidad de Navarra como Profesor Adjunto y Director del Departamento de Pediatría de la Clínica Universitaria. En esa época ya habíamos nacido los seis hijos y siempre lo recordaremos estudiando en su pequeño despacho y amando su profesión. Tal era su entusiasmo por lo que hacía, que al final consiguió sin quererlo, que todos sus hijos hayamos sido médicos. Llega la etapa de las oposiciones, de las famosas “trincas”, y del profesor D. Manuel Suárez Perdiguero que toma la decisión de adoptarlo entre sus discípulos para apoyarlo en la carrera universitaria. De esa etapa recuerdo maletas cargadas de libros y diapositivas que iban y venían, numerosas historias de tribunales y de brillantes opositores, todas ellas contadas con ese “gracejo andaluz” que le caracterizaba y con nombres propios que luego han engalanado la historia de la Pediatría española. Fruto de estas oposiciones obtuvo la plaza de Profesor Agregado y se trasladó a la Universidad de La Laguna en el curso académico 1971-1972. Es en Tenerife donde, con hijos ya más mayores, mis padres disfrutan del cariño y la cercanía de sus nuevas amistades tinerfeñas y a las que no voy a nombrar por temor a olvidar a alguno. Su trabajo le seguía haciendo tan feliz que las excursiones In Memoriam Al Profesor Manuel Bueno: mi maestro en la pediatría y en la vida Gloria Bueno 158 canarias pediátrica · vol. 40, nº3 Artículos especiales familiares proyectadas para el fin de semana empezaban o terminaban en el aparcamiento del Hospital Universitario de La Laguna donde siempre parecía tener algo que resolver. El “minutillo” se convertía a menudo en una hora para la desesperación de mi madre que esperaba en el coche entreteniéndonos a los seis. Todos sentimos tener que dejar Tenerife y supongo que el hecho de que el resto de la familia permaneciera en la península, tuvo mucho que ver a la hora de tomar la decisión. No obstante, nuestro padre no rechazó nunca las ocasiones brindadas por el profesor D. Eduardo Doménech Martínez y otros amigos para volver a visitar a su Tenerife querido. El pesar de la partida fue menor al sentirse acompañado en la nueva aventura por entrañables canarios como el profesor D. José Pérez González y amigos hechos en las islas como los profesores D. Julian Sanz Esponera y D. Antonio Seva Díaz. Mención aparte merece el profesor D. José Bueno Gómez, otro hermano y confidente en la vida y en la profesión, que lo acompañó desde Granada a Pamplona, luego Tenerife y, finalmente en Zaragoza hasta los últimos momentos de su vida. En enero de 1976 y ya como Catedrático de Universidad, nos trasladamos a Zaragoza, donde ejerció el cargo de Jefe del Departamento de Pediatría del Hospital Clínico Universitario “Lozano Blesa” hasta su jubilación en el año 2003. Allí ha sido donde instaló su residencia definitiva, sobre todo desde que falleció nuestra madre. A su muerte, se le ha destacado por su amplia trayectoria profesional: Catedrático, Pediatra, Presidente de diversas Sociedades Científicas y formador de una importante Escuela de Pediatría donde destacan 9 catedráticos y 15 profesores titulares. Tras su jubilación y en los días previos a su enfermedad, seguía con una actividad profesional frenética al frente de la Real Academia de Medicina de Zaragoza de la que se sentía muy orgulloso y en la que todavía le quedaban proyectos por cumplir que le llenaban de ilusión. Diez días antes de fallecer, ofreció su última conferencia que rezaba sobre la trilogía “Aceite, pan y vino” lo que venía a demostrar su gran interés por la nutrición iniciado ya en su época de Granada y que volvió a renacer cuando en Zaragoza se encontró con otros dos grandes amigos: los profesores D. Antonio Sarría Chueca y D. Francisco Grande Covián. Este interés culminó en diversas publicaciones y libros en los que colaboraron prestigiosos especialistas del país. Estos días se le ha recordado como coordinador en España del estudio sobre prevalencia de obesidad infantil PAIDOS 84 y se resaltaba que había conseguido una envidiable representación de las distintas áreas geográficas lo que atribuían a su gran capacidad de persuasión. Recientemente, me solicitaron una breve descripción de su carácter y lo único que se me ocurrió decir es que siempre lo consideré una persona con carisma y con gran sentido del humor. Por carisma se entiende el don natural que se posee para atraer a los demás por su presencia, su palabra o su personalidad y él, a mi forma de entender, cumplía estos requisitos. Ese carisma, unido a su gran sentido del humor y a su capacidad para combatir el desánimo, le permitió más de una vez, salir airoso de situaciones difíciles y afrontar las tristezas de la vida. De entre ellas, quiero resaltar la pérdida de nuestra madre a la que acompañó con total entrega y cariño durante su larga enfermedad. Cuando todo terminó, se convirtió en padre y madre para nosotros y siempre procuró que ni sus hijos ni sus nietos, olvidáramos la figura de nuestra madre. Ahora nos corresponde seguir su estela y emular sus múltiples facetas: Jiennense de pro, amante de su Andalucía natal, de su familia y amigos, Orador insaciable, Pediatra entregado, Maestro universitario y, sobre todo, Madridista hasta la médula. Don Manuel, papá, tal y como parafraseabas a Eurípides en tu último libro, “el hogar está en el corazón”. Y es por esto que siempre estarás con los que te queremos. No quiero finalizar con mis recuerdos sin volver a repetir en nombre de todos mis hermanos: GRACIAS POR TODO LO QUE NOS HAS DADO y DESCANSA EN PAZ.