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Francisco Erice, En defensa de la razón. Contribución a la crítica del posmodernismo. Madrid: Akal, 2020, 583 págs.

Garces Gonzalez, Jorge

Abstract

Francisco Erice propone en su obra En defensa de la razón. Contribución a la crítica del posmodernismo (Madrid: Akal, 2020) recuperar una perspectiva racionalista, crítica y materialista en el análisis de los procesos históricos que permita elaborar “una crítica teórica y –por qué no decirlo– política, de la respuesta posmoderna a la crisis del marxismo y –en el campo historiográfico– de la Historia social” (p. 25). Frente a la creciente proliferación de tendencias posmodernas surgidas en el ámbito académico –de las que identifica como sus rasgos fundamentales el relativismo extremo, el escepticismo acerca de la inteligibilidad del proceso histórico, la crítica radical de la idea ilustrada de razón y de la noción de progreso– y a sus consecuencias políticas, económicas y socioculturales, Erice, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Oviedo y miembro de la Sección de Historia de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), pone en valor la relevancia de las herencias ilustradas del marxismo en una obra, la suya, preocupada por recuperar una cierta idea de verdad objetiva capaz de fundamentar la inteligibilidad y racionalidad de los procesos históricos y basada en la posibilidad de una totalidad histórica desprendida de lastres mecanicistas o reduccionistas. ... Garces Gonzalez, Jorge

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Historiografías, 20 (Julio-Diciembre, 2020): pp. 129-133. ISSN 2174-4289 129 Francisco Erice, En defensa de la razón. Contribución a la crítica del posmodernismo. Madrid: Akal, 2020, 583 págs. Francisco Erice propone en su obra En defensa de la razón. Contribución a la crítica del posmodernismo (Madrid: Akal, 2020) recuperar una perspectiva racionalista, crítica y materialista en el análisis de los procesos históricos que permita elaborar “una crítica teórica y –por qué no decirlo– política, de la respuesta posmoderna a la crisis del marxismo y –en el campo historiográfico– de la Historia social” (p. 25). Frente a la creciente proliferación de tendencias posmodernas surgidas en el ámbito académico –de las que identifica como sus rasgos fundamentales el relativismo extremo, el escepticismo acerca de la inteligibilidad del proceso histórico, la crítica radical de la idea ilustrada de razón y de la noción de progreso– y a sus consecuencias políticas, económicas y socioculturales, Erice, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Oviedo y miembro de la Sección de Historia de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), pone en valor la relevancia de las herencias ilustradas del marxismo en una obra, la suya, preocupada por recuperar una cierta idea de verdad objetiva capaz de fundamentar la inteligibilidad y racionalidad de los procesos históricos y basada en la posibilidad de una totalidad histórica desprendida de lastres mecanicistas o reduccionistas. Erice, que como historiador marxista reconoce que un planteamiento como el que desarrolla en el libro requiere ciertas consideraciones previas, dedica parte de la Introducción de la obra –cuyo subtítulo es un guiño a Karl Marx– a especificar qué entiende por “materialismo”, por “racionalidad” y por “crítica” para, posteriormente, proponer un conjunto de “consideraciones tácticas” para la reconstrucción del materialismo histórico en nuestro siglo. Su objetivo último es impedir la pérdida completa de la vieja tradición crítica del marxismo reflexionando –y esta idea es capital en su texto– sobre cuestiones que no afectan únicamente al mundo académico, sino que conectan sus propuestas con la realidad política que vivimos en la actualidad. La voluntad de Erice radica en un marxismo entendido en su dimensión dual como teoría y praxis y en un ámbito doble, tanto intelectual como político; el pensamiento crítico opuesto al dogmatismo y a la simplificación de la complejidad de la realidad no basta por sí solo si permanece aislado en el plano académico. Especialmente relevante es la conceptualización de la racionalidad defendida en la obra. Contrario a la lectura instrumental de la razón planteada por Theodor Adorno y Max Horkheimer –razón como dominación– tampoco adopta una posición habermasiana por la cual la razón sería el pivote central de una supuesta armonía social y del ejercicio del diálogo. Erice apuesta, por el contrario, por una defensa de la razón entendida tanto como instrumento de conocimiento del mundo como fuente o método de la acción política alejada de la apelación constante a la emotividad –apoyándose en Eric J. Hobsbawm, referencia recurrente en su obra, Erice aboga por sustituir la emoción de izquierdas por la razón de izquierdas–, de ahí que la genealogía trazada atraviese todo el siglo XX, partiendo desde Friedrich Nietzsche hasta llegar a Chantal Mouffe. Historiografías, 20 (Julio-Diciembre, 2020): pp. 129-133. ISSN 2174-4289 130 La Primera Parte de En defensa de la razón –de un total de tres– está conformada por los primeros cinco capítulos, dedicados al “retroceso del marxismo y el auge del posmodernismo”. Erice documenta una regresión en la investigación histórica ocasionada por el abandono de los modelos y métodos interpretativos de la historia social, acompañada del descrédito del marxismo como uno de sus ejes vertebradores y que tiene su correlato político en la sustitución de la clase social por las identidades múltiples y fluidas y por la crisis de los grandes relatos en el plano historiográfico. Los años ochenta y noventa del siglo pasado vieron surgir en dicho ámbito “la evolución de historiadores o incluso corrientes formadas en la estela del marxismo (…) hacia posiciones posmodernas, eclécticas e incluso notoriamente antimarxistas” (p. 40), una evolución que facilitó el recurso a “personajes bastante más siniestros, irracionalistas y de estirpe política tan reaccionaria como Nietzsche, Heidegger o Carl Schmitt” (p. 14). Erice rastrea la influencia de los dos primeros en el seno del posmodernismo y los demás post-ismos que han aflorado: poestructuralismo, poscolonialismo, posmarxismo, posfuncionalismo, posesencialismo. Esta heterogeneidad de corrientes –pluralidad de -ismos– converge en una corriente de pensamiento posmoderno sin que sus principales figuras compartan un núcleo común definido. Ante la imposibilidad de ofrecer una definición clara y precisa del posmodernismo Erice propone una caracterización compleja que puede entenderse en diálogo crítico con la ofrecida por otros autores, como Terry Eagleton, David Harvey, Fredric Jameson, Perry Anderson, Gianni Vattimo, Jean-François Lyotard o Jürgen Habermas. Todos ellos están recogidos en la amplia bibliografía –casi sesenta páginas– que recoge el libro y que atestigua un conocimiento profundo de las principales críticas realizadas en las últimas décadas al fenómeno posmoderno. No obstante, no son las diferentes interpretaciones sobre la posmodernidad las que reciben la mirada escrutadora de Erice sino las figuras intelectuales que podemos identificar como sus representantes más destacados, sobre todo Gilles Deleuze, Félix Guattari, Jacques Derrida, Jacques Lacan, Hayden White, Michel Foucault, además de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, con Nietzsche y Heidegger como “predecesores reaccionarios” que centran buena parte de sus críticas. Es importante precisar que Francisco Erice no realiza una enmienda a la totalidad del pensamiento posmoderno pues salva, por ejemplo, su crítica a los planteamientos teleológicos o a la visión naíf del progreso, pero rechaza de manera vehemente numerosas características nucleares de su naturaleza, comenzado por la oscuridad –¿deliberada?– de la escritura de los autores más señeros de dichas corrientes. Más allá de lo relativo al estilo –que, por otro lado, no es casual ni inocente–, su crítica se focaliza en cuestiones de mayor calado. En este sentido, los elementos más significativos del pensamiento posmoderno caracterizado por el autor son los siguientes: una visión negativa y muy crítica de la razón ilustrada, la impugnación de la idea de totalidad histórica, el rechazo de la noción de progreso, el descrédito absoluto de las grandes narrativas o relatos históricos, su relativismo y tendencia a lo contingente y azaroso, la ausencia de verdades objetivas y la relevancia dada al lenguaje como elemento constructor de la propia realidad. Estas premisas fundamentales de las corrientes posmodernas conducen, según Erice, a un cierto irracionalismo que, entre otros efectos, conlleva de manera implícita la imposibilidad de una explicación racional de un mundo condenado a una fragmentariedad camuflada de pluralismo. Historiografías, 20 (Julio-Diciembre, 2020): pp. 129-133. ISSN 2174-4289 131 Frente a esto Erice plantea “la necesidad de buscar un significado o un orden en el decurso humano, que nos permita defender su inteligibilidad, por más que podamos aceptar un razonable rechazo del teleologismo” (p. 91). Así pues, Erice concede un valor positivo a algunas de las denuncias elaboradas por el posmodernismo sobre las carencias de las corrientes filosóficas tradicionales, pero argumenta que la crítica posmoderna a la racionalidad lleva aparejada una debilitación del pensamiento crítico a la hora de interpretar el mundo, que deja de ser explicado o comprendido racionalmente, con la consiguiente imposibilidad para actuar sobre él o plantear proyectos de futuro transformadores. El desprecio de la ideología frente al auge y predominio del discurso es otro de los temas tratados en la obra, un cambio que se traduce en el ámbito político actual en el desarrollo de populismos de izquierda fundamentados en la obra de Mouffe o Laclau y cuyas premisas teóricas remiten, según señala Erice, a una caricaturización de los postulados marxistas. La defensa realizada por Erice de la realidad como susceptible de ser entendida desde la razón, desde el carácter emancipador del pensamiento crítico a ella asociada, como método explicativo del mundo y construcción de proyectos políticos, parece contradecir la lógica del momento que vivimos, donde cada acontecimiento hace historia y la inmediatez devora el instante recién caduco en una apelación a la lágrima que pronto seca, en un gesto tan conmovedor como estéril. El marxismo para Erice no redujo la compleja realidad social a una visión limitada o estrecha de la lucha de clases entendida de manera esquemática o reduccionista; el economicismo como simplificación didáctica del marxismo no expresa, según el autor, la complejidad de un marxismo cuya idea de totalidad histórica es para Erice mucho más relevante que la creencia en la determinación entre superestructura e infraestructura. El caso de Antonio Gramsci sería, en este orden de cosas, paradigmático: junto a la caricaturización simplificadora del marxismo Erice señala la tergiversación y manipulación de la obra del pensador italiano para enfrentarla, precisamente, al propio marxismo. Sin adscribirse plenamente a la explicación luckasiana del asalto a la razón la relación entre irracionalismo y movimientos políticos reaccionarios es evidente en la obra. Pero quizá habría que matizar con mayor vehemencia que no toda crítica a la racionalidad ilustrada implicó una adhesión a los proyectos políticos reaccionarios. El caso de Walter Benjamin es paradigmático en este sentido. El alemán desarrolló en la primera mitad del siglo XX una dura crítica a la idea de razón –ejerciendo una notable influencia en Dialéctica de la Ilustración– y una revisión destructiva de la idea de progreso sin que Benjamin –que se suicidó en Portbou tratando de huir del nazismo– sucumbiera a la contrarrevolución. No obstante, también Benjamin –al que Erice trata en pocas ocasiones en su texto– es descartado en la reconstrucción del materialismo histórico en nuestro siglo ya que su marxismo heterodoxo –debido, entre otras cosas, a su conocimiento limitado de la obra de Marx– se ve lastrado por “sus concepciones mesiánicas y místicas”, que limitan “su posible influencia en una reconstrucción del materialismo histórico despojado de esta idea” (p. 399). En lo relativo a los cuatro capítulos que conforman la Segunda Parte de En defensa de la razón éstos incluyen un conjunto de “proyecciones historiográficas posmodernas” asociadas a los Cultural Studies, la historia ecológica, la historia del género y los nuevos sujetos y objetos históricos. La pérdida de la conciencia de clase Historiografías, 20 (Julio-Diciembre, 2020): pp. 129-133. ISSN 2174-4289 132 vinculada al retroceso del obrerismo industrial en una era de producción posfordista se vio acompañada del auge de otros movimientos sociales –principalmente el feminismo y el ecologismo–, que comenzaron a reflejar contradicciones que el marxismo parecía incapaz de explicar y que a Erice parecen preocupar especialmente por lo que contienen de esencialismo y casi idolatría hacia sus figuras más destacadas. Estas contradicciones señaladas por los nuevos movimientos sociales habrían sustituido los antiguos paradigmas sin aportar una mejor comprensión del mundo. En defensa de la razón no niega la importancia evidente de, por ejemplo, los mecanismos culturales a través de los cuales se construyen las diferencias de género, pero reivindica también la relevancia de las condiciones materiales. Documenta, en definitiva, una deriva culturalista dominada por la idea de reconocimiento frente a la redistribución, la identidad frente a la clase, un error tanto teórico como político de graves consecuencias en opinión de Erice. La tercera parte, con sus cinco capítulos, incluye algunas “propuestas para una reconstrucción” de la historia marxista. Frente a la fragmentación política actual de las luchas y los conflictos existentes y a la impotencia atestiguada para la unificación operativa que permita afrontarlos en el plano político, Erice piensa diez propuestas para la reactivación del marxismo –como teoría social y política sistemática– tendentes a recuperar una visión razonadamente totalizadora de la historia –que él entiende inseparable de la mejor tradición marxista–, rescatar una noción de causalidad no determinista de los procesos históricos, reivindicar el valor de la acción humana sin caer en subjetivismos fútiles e idealistas, así como la revitalización de la ideología sobre la preeminencia del lenguaje, la inteligibilidad de la historia, el rechazo del reduccionismo económico y la incorporación de la cultura al análisis histórico sin sucumbir en tentaciones culturalistas. Concluyo la presente reseña recomendando la lectura del libro de Francisco Erice En defensa de la razón. Contribución a la crítica del posmodernismo (Madrid: Akal, 2020), una obra que polemiza en el sentido más sugerente y atractivo del verbo y que tiene el valor no sólo de realizar una crítica a los postulados posmodernos sino de proponer vías de acceso para una posible reconstrucción del marxismo y la historia social. Un libro, en definitiva, que aboga por la reconstrucción del marxismo en función de las razones mismas por las que surgió y que vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de pensar la razón, el marxismo y las posibilidades de emancipación. Es, además, y no es cosa menor, una buena introducción a las revisiones realizadas por otros autores de las ideas posmodernas y a las figuras intelectuales que conforman su genealogía, y lo hace sin omitir un posicionamiento claro y honesto que puede conducir a debates y desacuerdos, a estimular la reflexión crítica en cualquier caso. Jorge Garcés González Universidad de Zaragoza jgarce[email protected] Fecha de recepción: 17 de noviembre de 2020 Fecha de aceptación: 9 de diciembre de 2020 Historiografías, 20 (Julio-Diciembre, 2020): pp. 129-133. ISSN 2174-4289 133 Publicación: 31 de diciembre de 2020 Para citar este artículo: Jorge Garcés González, “Francisco Erice, En defensa de la razón. Contribución a la crítica del posmodernismo. Madrid: Akal, 2020, 583 págs.”, Historiografías, 20 (julio-diciembre, 2020), pp. 129-133.