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«Cuatro varas de sangre». Patria, comunidad política y creación de identidad colectiva en el Aragón de los siglos XVI y XVII

Gascón Pérez, J.

Abstract

Diversas fuentes aragonesas de época moderna mencionan la idea de patria, entendida como lugar de nacimiento, pero también como comunidad política. En el segundo caso, la noción está ligada a la existencia de un ordenamiento jurídico y un sistema institucional propios, así como a referentes simbólicos como las «cuatro varas de sangre» representadas en el escudo del reino de Aragón. Estas construcciones culturales se enmarcan en el proceso de definición de una identidad colectiva aragonesa, asunto que será objeto de análisis en el presente artículo. Para ello se atenderá a los contenidos con que trató de perfilarse dicha identidad, a los promotores de su elaboración, a los mecanismos de creación y difusión que utilizaron y a la extensión que sus formulaciones alcanzaron en la población. Y también se subrayará que el esfuerzo por definir tal identidad cultural se produjo de forma simultánea a la inclusión del reino de Aragón en una unidad política de dimensiones universales, en la que se estaban produciendo fenómenos similares. De hecho, se procurará establecer comparaciones con otros casos, como el navarro o el catalán, con los que la identidad aragonesa compartió referentes históricos e ideológicos. Diverse Early Modern Aragonese sources allude to the idea of “homeland”, both as a place of birth and a political community. In this second case, the concept is tied to the existence of legal and institutional systems, and to symbolic referents like the “four rods of blood” represented in the coat of arms of the Kingdom of Aragon. These cultural constructions are part of the process of defining an Aragonese collective identity, which this paper will analyse. For this purpose, we shall examine the contents used to shape this identity, the people who contributed to its elaboration, the mechanisms of its creation and dissemination, and the extent to which these formulations reached the general population. Also emphasised is the extent to which the effort that went into defining such a cultural identity was simultaneous to the Kingdom of Aragon''s inclusion within a political unit of universal dimensions where similar phenomena were taking place. Indeed, we seek to establish comparisons with other instances, such as the Navarrese or Catalan cases, with which the Aragonese identity shared historical and ideological referents. Gascón Pérez, J.

Full text

Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781 ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 Copyright: © 2020 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC-BY 4.0) «Cuatro varas de sangre». Patria, comunidad política y creación de identidad colectiva en el Aragón de los siglos XVI y XVII* Jesús Gascón Pérez1 Universidad de Zaragoza [email protected] RESUMEN: Diversas fuentes aragonesas de época moderna mencionan la idea de patria, entendida como lugar de nacimiento, pero también como comunidad política. En el segundo caso, la noción está ligada a la existencia de un ordenamiento jurídico y un sistema institucional propios, así como a referentes simbólicos como las «cuatro varas de sangre» representadas en el escudo del reino de Aragón. Estas construcciones culturales se enmarcan en el proceso de definición de una identidad colectiva aragonesa, asunto que será objeto de análisis en el presente artículo. Para ello se atenderá a los contenidos con que trató de perfilarse dicha identidad, a los promotores de su elaboración, a los mecanismos de creación y difusión que utilizaron y a la extensión que sus formulaciones alcanzaron en la población. Y también se subrayará que el esfuerzo por definir tal identidad cultural se produjo de forma simultánea a la inclusión del reino de Aragón en una unidad política de dimensiones universales, en la que se estaban produciendo fenómenos similares. De hecho, se procurará establecer comparaciones con otros casos, como el navarro o el catalán, con los que la identidad aragonesa compartió referentes históricos e ideológicos. Palabras clave: Edad Moderna; pensamiento político; patria; comunidad política; identidad colectiva; Aragón. * Este trabajo ha sido realizado con ayuda del Grupo de Investigación de Referencia «Blancas», financiado por el Gobierno de Aragón con fondos FEDER (ref. H01_17R). Siglas utilizadas para denominar el archivo consultado: AGS, Archivo General de Simancas, Simancas, Valladolid. 1 ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-0665-8626. 04_GASCON PEREZ.indd 753 15/12/20 10:35 754 JESÚS GASCÓN PÉREZ Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 “Four rods of blood”. Homeland, political community and the creation of collective identity in sixteenth and seventeenth century Aragon ABSTRACT: Diverse Early Modern Aragonese sources allude to the idea of “homeland”, both as a place of birth and a political community. In this second case, the concept is tied to the existence of legal and institutional systems, and to symbolic referents like the “ four rods of blood” represented in the coat of arms of the Kingdom of Aragon. These cultural constructions are part of the process of defining an Aragonese collective identity, which this paper will analyse. For this purpose, we shall examine the contents used to shape this identity, the people who contributed to its elaboration, the mechanisms of its creation and dissemination, and the extent to which these formulations reached the general population. Also emphasised is the extent to which the effort that went into defining such a cultural identity was simultaneous to the Kingdom of Aragon’s inclusion within a political unit of universal dimensions where similar phenomena were taking place. Indeed, we seek to establish comparisons with other instances, such as the Navarrese or Catalan cases, with which the Aragonese identity shared historical and ideological referents. Key words: Early Modern Age; political thought; homeland; political community; collective identity; Aragon. CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO/CITATION: Gascón Pérez, Jesús, «“Cuatro varas de sangre”. Patria, comunidad política y creación de identidad colectiva en el Aragón de los siglos XVI y XVII», Hispania, 80/266 (Madrid, 2020): xxx-xxx. https://doi.org/10.3989/ hispania.2020.020. Mirad que nuestros trofeos son cuatro varas de sangre (y de sangre han de ser siempre, aunque las vidas se acaben), cuatro cabezas de reyes y una gran cruz de Sobrarbe en campo azul y amarillo, y otra cruz blanca se añade: reliquias de los pasados de presentes ejemplares, que engendran tibios deseos en los fieles y leales2. Esta descripción en verso del escudo del reino de Aragón fue compuesta en el transcurso de la rebelión de 1591 contra Felipe II, y formó parte de uno de los pasquines que circularon durante este conflicto para llamar a la población a 2 «A los diecisiete judicantes», en GASCÓN PÉREZ, 2003: 88, v. 111-122. 04_GASCON PEREZ.indd 754 15/12/20 10:35 «CUATRO VARAS DE SANGRE». PATRIA, COMUNIDAD POLÍTICA Y CREACIÓN… 755 Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 defender los fueros del reino de las agresiones a las cuales, a juicio de sus autores, se estaban viendo sometidos por la Corona en su intento de capturar y castigar al fugitivo Antonio Pérez. En dichos pasquines es posible encontrar de modo reiterado apelaciones a «que por la patria / es bien que cada uno muera»3, elogios «porque / defendisteis vuestra patria»4, así como censuras a quienes «hacéis traición a la patria»5 y, en menor medida, se pueden hallar también alusiones a la «nación aragonesa»6, circunstancia que es posible constatar igualmente en las páginas que los cronistas coetáneos dedicaron a tan grave conflicto. Así, por citar solo un par de ejemplos, el padre Diego Murillo se refiere en varias ocasiones a la «nacion Aragonesa» y aprovecha el apartado que dedica al Justicia de Aragón para subrayar que esta institución es «en quien mas resplandece la gloria del govierno de nuestra nacion»7, y el canónigo Vicencio Blasco de Lanuza asevera con contundencia que «no me acuerdo de nacion del mundo, que aya tenido mayor fidelidad a sus Reyes, que la de Aragon»8. Dado que en otras ocasiones ya he acometido el análisis del levantamiento de 15919, del discurso político a él subyacente10, del uso de los pasquines para difundirlo11 o del papel de los cronistas aragoneses como agentes ideológicos12, el presente trabajo tiene como objetivo indagar acerca del proceso de construcción de la comunidad política aragonesa y de sus señas de identidad en la época moderna, fenómenos ambos bien consolidados a la altura de 1591, como puede inferirse de la existencia del escudo heráldico descrito en las estrofas citadas. No en vano, sin duda es esta una de las construcciones culturales más representativas de una comunidad política, dada su fuerza simbólica, de la cual se sirvió el anónimo poeta cuando calificó como «trofeos» y «reliquias» las cuatro piezas que la componen y cuando aludió a los «tibios deseos» que provocan «en los fieles y leales». Naturalmente, la constatación de estos usos del término nación, lo mismo que otros frecuentemente utilizados en pasquines y crónicas, como patria, libertades, leyes y fueros, no debe llevar a una lectura ingenua que incurra en 3 «Pues la Suma Omnipotencia…», en GASCÓN PÉREZ, 2003: 99, v. 97-98. 4 «¡Ilustrísimos varones…», en GASCÓN PÉREZ, 2003: 37, v. 41-42. 5 «¡Oh, gran reino de Aragón…», en GASCÓN PÉREZ, 2003: 43, v. 80. 6 Así aparece mencionada, por ejemplo, en dos ocasiones en el «Pasquín del Infierno. Diálogo de lo sucedido en Zaragoza a 24 de mayo de 1591», en GASCÓN PÉREZ, 2003: 63, v. 47 y 64, v. 71. 7 MURILLO, 1616, tratado II: 39. 8 BLASCO DE LANUZA, 1622, t. II: 324. 9 Para ello, remito a GASCÓN PÉREZ, 2010. 10 En los últimos años he abordado su análisis en GASCÓN PÉREZ, 2016; 2017; 2018a. 11 Sobre la literatura subversiva producida durante la rebelión, véase GASCÓN PÉREZ, 2003. 12 GASCÓN PÉREZ, 2007; 2013a; 2018b; 2018c. 04_GASCON PEREZ.indd 755 15/12/20 10:35 756 JESÚS GASCÓN PÉREZ Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 el anacronismo de considerar que aquellos autores los entendieron del mismo modo que en la Edad Contemporánea. Al fin y al cabo, como ya advirtió Bernard Guenée: Quant au mot nation, ne nous laissons pas égarer par les sens qu’il a pu prendre depuis le xviiie siècle et qui sont à l’origine de tant de malentendus. Pendant le Moyen Age, le mot nation n’a qu’un sens, celui que connaissait Isidore de Séville, fidèle écho des définitions antiques: conformément à l’étymologie (natio, nascere), natio, comme gens, désigne un groupe d’hommes ayant une origine commune, multitudo ab uno principio orta13. Y con respecto al término patria, Miguel Ángel Ladero Quesada ha recordado que en época medieval … hacía referencia más bien a la tierra en que se asentaba histórica o tradicionalmente una sociedad —es la tierra de los antepasados—, de modo que formaba parte de su conciencia de identidad; es más, el término patria, de origen romano, fue recuperado más bien por los humanistas del siglo xv, mientras que en la Edad Media era frecuente emplear como sinónimo el de tierra14. Ahora bien, continuando con su análisis, el mismo Ladero Quesada subraya que entre los siglos xiii y xv los conceptos nación, patria y Estado «fueron adquiriendo perfiles relativamente nuevos y, desde luego, más nítidos»15, idea que es abonada, en especial para el segundo de dichos conceptos, por el historiador del derecho José Manuel Pérez Prendes, a cuyo entender alcanzó a tener un carácter jurídico en el Liber iudiciorum visigótico, aunque luego dicho carácter se perdió. De este modo, la idea de patria pervivió hasta el siglo xiii como un mero referente geográfico y, solo durante la Edad Moderna, conoció una maduración política por la influencia del humanismo italiano y por el alumbramiento del Estado supranacional que conocemos como Monarquía Hispánica16. En su análisis, Pérez Prendes constata una evolución paralela para el término nación, perceptible en la definición que de él ofrece Sebastián de Covarrubias como «Reyno, o Provincia estendida, como la nacion Española»17, si bien considera que solo alcanzó a referirse a «un ente político inmaterial y vertebrado conceptualmente como común a todos sus integrantes» cuando era utilizado por observadores extranjeros a esa nación española, a la que tendían a identificar con la organización política que servía de base a la Monarquía 13 GUENÉE, 1967: 19. Entre otros autores, reitera esta advertencia HIREL-WOUTS, 2008: 29, n. 1. 14 LADERO QUESADA, 2005: 33. 15 LADERO QUESADA, 2005: 34. 16 PÉREZ PRENDES MUÑOZ-ARRACO, 2005. 17 COVARRUBIAS, 1611: 560. 04_GASCON PEREZ.indd 756 15/12/20 10:35 «CUATRO VARAS DE SANGRE». PATRIA, COMUNIDAD POLÍTICA Y CREACIÓN… 757 Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 Hispánica18. Por añadidura, esta circunstancia constituye, a su modo de ver, una diferencia sustancial con la idea de patria, que en las obras de varios juristas del siglo xvi aparece situada «como “pathos”, en el corazón del Estado»19. No obstante, esta distinción contrasta con los resultados de buen número de investigaciones que desde hace décadas han abonado la idea de que en el interior de la Monarquía Hispánica existió un sentimiento español en la Edad Moderna. No en vano, los estudios seminales de José Antonio Maravall ya le permitieron asentar que «no había Estado moderno sin una comunidad política, con sentimiento de tal, que apoyara en su base a aquél», pese a que en dichas comunidades, a diferencia de las naciones «excluyentes» constituidas a partir de fines del siglo xviii, coexistieron distintos planos superponibles que hicieron de ellas entidades ineludiblemente plurales20. Precisamente basándose en los trabajos de Maravall, el hispanista alemán Horst Pietschmann21 destaca que, entre finales de la Edad Media y comienzos del siglo xvi, en Castilla y en Cataluña se produjo un deslizamiento desde la noción de nación como mero lugar de origen hacia la idea de «comunidades en torno a las cuales se va formando un sentimiento político»22, y que dicho deslizamiento se vio reforzado por la difusión paralela de una remozada idea de patria, por la existencia de un derecho cívico que puede ilustrarse con la expresión «ser natural del reino», y por la consideración del estatus de extranjero o la institucionalización de procesos de naturalización23. El mismo Pietschmann ha advertido en otro lugar que esta evolución convivió con el uso habitual del plural para referirse a estados y naciones, de modo que «el único concepto que en aquel entonces se utiliza en singular es el de la monarquía»24, lo cual explica que, desde el punto de vista del arraigo territorial de estas ideas, hasta el siglo xviii perviviera la situación heredada de la Edad Media, que Ladero Quesada describió en los siguientes términos: Los sentimientos y referencias a patria o tierra, el vínculo político de «naturaleza», se ceñían, desde el punto de vista político, al interior de cada reino: Portugal, Castilla… y, en el caso de la Corona de Aragón, a cada uno de sus componentes, puesto que catalanes, aragoneses y valencianos eran recíprocamente «extranjeros» en el lenguaje de la época25. 18 PÉREZ PRENDES MUÑOZ-ARRACO, 2005: 97. 19 PÉREZ PRENDES MUÑOZ-ARRACO, 2005: 105. 20 MARAVALL, 2013: 10. Diversos autores han llegado a conclusiones similares analizando fuentes diversas. Entre ellos, los que siguen: DOMÍNGUEZ ORTIZ, 2000. ÁLVAREZ JUNCO, 2004. PALACIO ATARD, 2005. FERNÁNDEZ ALBALADEJO, 2007. GARCÍA CÁRCEL, 2011. 21 PIETSCHMANN, 1992: 91. 22 MARAVALL, 1986, vol. I: 469. 23 PIETSCHMANN, 1992: 91. 24 PIETSCHMANN, 2003: 22. 25 LADERO QUESADA, 2005: 47. 04_GASCON PEREZ.indd 757 15/12/20 10:35 758 JESÚS GASCÓN PÉREZ Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 En este contexto, Pietschmann considera adecuado el término identidad protonacional acuñado por Maravall, aunque solo para el caso de la Corona de Castilla, pero no para la de Aragón o la Monarquía Hispánica, por su condición de estructuras políticas compuestas. Con la advertencia, eso sí, de que dicha identidad «se limita a un grupo reducido de la población, letrado y con educación literaria»26. Además, este hispanista alemán subraya la dificultad que supuso el engarce de las identidades regionales, de origen medieval —incluida la castellana, como se revela en el caso de las Comunidades—, con el desarrollo progresivo de una agresiva conciencia nacional española-imperial, una «noción ofensiva de nación», promovida desde la corte y acentuada por la «hispanización» personal de Carlos I27. Una idea que le lleva a proponer la hipótesis, que ilustra con el análisis del movimiento comunero, de la pervivencia de un patriotismo regional de corte defensivo que en determinadas circunstancias ayudó a capitalizar las resistencias a los proyectos imperiales, pero cuya importancia fue decreciendo de modo simultáneo al progresivo afianzamiento de la citada conciencia española-imperial, en ocasiones de modo violento, como ocurrió con la derrota de las Comunidades28. Desde un punto de partida distinto, puesto que rechaza el concepto protonacional por su fondo determinista y propone como alternativa el de patriotismo étnico por su vínculo con la gens, linaje o nación29, José Álvarez Junco ofrece una imagen mucho menos polarizada de los distintos sentimientos identitarios rastreables dentro de la Monarquía Hispánica a lo largo de la Edad Moderna. No obstante, tras recordar el papel de autores visigodos como san Isidoro de Sevilla en la incorporación de un sentido étnico al geográfico que originalmente poseía el término latino Hispania30 y subrayar la importancia de los éxitos militares de los Reyes Católicos en el «surgimiento de una identidad colectiva que pronto habría de llamarse nacional»31, el mismo Álvarez Junco apunta que dicha identificación entre triunfos e idea de España encontró más dificultades en el reinado de su nieto Carlos, pues a su origen flamenco se sumó el diseño y ejecución de un proyecto imperial que dejaba en una posición claramente subordinada a los reinos medievales que componían sus dominios. Esta circunstancia comenzó a variar a partir de mediados del siglo xvi, momento a partir del cual, tras el acceso de Felipe II al trono, y por espacio de una centuria, «los intelectuales del momento tendieron, en efecto, a fundir las glorias de la monarquía Habsburgo con los episodios legendarios atribuidos 26 PIETSCHMANN, 1992: 94. 27 PIETSCHMANN, 1992: 101. 28 PIETSCHMANN, 1992: 104. 29 ÁLVAREZ JUNCO, 2004: 31-62. 30 ÁLVAREZ JUNCO, 2004: 37. 31 ÁLVAREZ JUNCO, 2004: 49. 04_GASCON PEREZ.indd 758 15/12/20 10:35 «CUATRO VARAS DE SANGRE». PATRIA, COMUNIDAD POLÍTICA Y CREACIÓN… 759 Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 desde hacía tanto tiempo a Hispania»32. De este modo, concluye, «la monarquía de los Habsburgo se iba definiendo como monarquía limitada; el adjetivo que la distinguía era, eso sí, el de española o hispánica»33. En cualquier caso, el mismo autor constata que este proceso de definición no resultó sencillo, debido a la compleja estructura interna de una Monarquía conformada por un elevado número de territorios muy diversos entre sí, en los cuales a menudo se habían desarrollado sentimientos identitarios propios, una situación que no resultaba excepcional en el contexto europeo de la Edad Moderna y que entrañaba la dificultad de incardinar todos esos sentimientos en una única identidad. Por ello, añade: La aparición de un sentimiento de cohesión entre los individuos que convivían bajo aquella autoridad suprema se habría visto, pues, lastrada, —o incluso imposibilitada— por la persistencia de identidades relacionadas con los antiguos reinos medievales o unidades más pequeñas todavía —comarcas, valles, municipios—, basadas en la lealtad a instituciones y costumbres locales, probablemente sentidas como más propias y auténticas que cualquier unidad territorial amplia34. A la vista de lo dicho hasta aquí, no está de más recordar la gran cantidad de estudios que desde la década de 1950 y hasta comienzos del siglo xxi se han dedicado a las «naciones antes del nacionalismo» y a las «naciones sin nacionalismo», que Xavier Torres Sans ha cifrado en varios centenares, computando solo los procedentes de la historiografía medievalista y modernista35. En conjunto, apunta Torres Sans, esta nutrida bibliografía ha servido para reinterpretar los influyentes trabajos de Ernest Gellner y Eric Hobsbawm, cuya penetrante crítica de los paradigmas romántico-organicista (o esencialista) y social-agregativo aplicados al estudio de las naciones y el nacionalismo sigue siendo valiosa, pero cuya insistencia en negar la existencia de naciones e identidades nacionales con anterioridad a la época contemporánea, por cuanto consideran que «és el nacionalisme (o els nacionalistes) allò que fabrica o crea aquesta peculiar convicció o fins i tot il·lusió òptica que anomenem, convencionalment, “nació” o “identitat nacional”», merece matizaciones36. En suma, a juicio de dicho autor, las nuevas perspectivas adoptadas en los estudios más recientes llevan a concluir que «les nacions no sols no són completament modernes, sinó que poden arribar a ser, a més, molt antigues, o presentar, almenys, una 32 ÁLVAREZ JUNCO, 2004: 54. 33 ÁLVAREZ JUNCO, 2004: 56. 34 ÁLVAREZ JUNCO, 2004: 75. 35 Tras un primer recuento, que cifró el número de títulos en no menos de 250, según TORRES SANS, 2001: 23, un análisis ampliado de la historiografía sobre el tema permitió al mismo autor elevar la cantidad hasta cerca de 400, en TORRES SANS, 2008: 25-68. 36 TORRES SANS, 2001: 23-26. 04_GASCON PEREZ.indd 759 15/12/20 10:35 760 JESÚS GASCÓN PÉREZ Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 extraordinària flexibilitat o capacitat d’adaptació no sols a través del temps, sinó també enmig dels canvis socials més radicals»37. Para el caso aragonés38, se debe advertir que en las últimas décadas ha sido objeto de atención por diversos autores, procedentes de ámbitos académicos también diversos. En concreto, las primeras obras de relevancia surgieron en las décadas de 1970 y 1980, durante las cuales, en palabras de Pietschmann, en toda España «se dejó sentir la tendencia a enfatizar la especificidad cultural de las regiones»39. Así, en 1973 el historiador del derecho Jesús Lalinde Abadía, siempre interesado por la identidad foral aragonesa, dedicó específicamente un artículo a analizar el paso del reino de Aragón de la nacionalidad a la regionalidad en el proceso de configuración de la Monarquía Hispánica, y tres años después publicó el primer análisis sistemático de la evolución histórica de la foralidad aragonesa40. Por su parte, en 1976 el lingüista Manuel Alvar publicó un ensayo que tituló Aragón: literatura y ser histórico, con el que pretendía «comprender la personalidad de Aragón a través de su literatura y, desde ésta, dar sentido a determinadas parcelas de la literatura española», entre ellas el Renacimiento y el Siglo de Oro41. Un año más tarde, los modernistas Gregorio Colás Latorre y José Antonio Salas Auséns incluyeron en su Aragón bajo los Austrias un epígrafe dedicado a «la crisis de la conciencia aragonesa» en los siglos xvi y xvii42, sobre cuyo alcance y limitaciones ya he llamado la atención en otro lugar43. Y ese mismo año otro historiador del derecho, Jesús Delgado Echeverría, editó un volumen en el que, a semejanza de lo que pretendió en su día Joaquín Costa, confesaba su intención de «servir al pueblo aragonés un instrumento de conocimiento de su Derecho, para que, como protagonista del mismo, tome en sus manos su futuro»44. Por su parte, en 1981, el medievalista Luis González Antón analizó el alumbramiento de la conciencia nacional aragonesa en tiempos de Jaime I, concluyendo que en el transcurso de los conflictos registrados durante el reinado de dicho monarca «la época, por un lado, y, por otro, la aristocracia, prácticamente en solitario, han hecho posible el nacimiento de una conciencia aragonesa cuyos perfiles se irán aclarando después a través de la maduración de las instituciones políticas propias»45. Avanzada la década de 1980, el antropólogo 37 TORRES SANS, 2001: 31. 38 A este respecto, véase la opinión de HIREL-WOUTS, 2008: 30, que lamenta la falta de atención prestada al estudio de la identidad aragonesa y se limita a mencionar varios estudios de José Ángel Sesma Muñoz. 39 PIETSCHMANN, 1992: 85-86. 40 LALINDE ABADÍA, 1973; 1976. 41 ALVAR, 1976: 13. 42 COLÁS LATORRE y SALAS AUSÉNS, 1977: 155-164. 43 GASCÓN PÉREZ, 2018c: 87-89. 44 DELGADO ECHEVERRÍA, 1977: 5. 45 GONZÁLEZ ANTÓN, 1981: 594. 04_GASCON PEREZ.indd 760 15/12/20 10:35 «CUATRO VARAS DE SANGRE». PATRIA, COMUNIDAD POLÍTICA Y CREACIÓN… 761 Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 Carmelo Lisón Tolosana se interesó por la obra del cronista del siglo xv Gauberto Fabricio de Vagad, en cuanto «constructor de la conciencia regional, y por consiguiente, arquitecto de una parcela de la historia de Aragón»46. Ya en 1991, se celebró en Zaragoza un Simposio-Jornadas-Congreso sobre «el ser aragonés», con participación, junto al citado Lisón Tolosana, de historiadores, historiadores del arte e historiadores del derecho que trataron de definir, desde sus respectivos campos de investigación, el asunto propuesto para vertebrar el evento47. Nuevamente desde el ámbito de la antropología, en la década de 1990 hicieron sendas aportaciones valiosas José Bada y Gaspar Mairal, centrándose el primero en la relación entre prácticas simbólicas y vida cotidiana, y destacando el segundo el desequilibrio entre dos vertientes identitarias, una «vivencial y fuerte» y otra «ideológica y débil», que, a su juicio, vertebran la identidad de los aragoneses48. Y por lo que respecta a los historiadores, su interés por la identidad aragonesa se ha reavivado entre finales de la década de 1980 y la primera década del siglo xxi, con trabajos debidos a José Ángel Sesma Muñoz, Xavier Gil Pujol, Jesús Gascón Pérez, Antonio Peiró Arroyo, Encarna Jarque Martínez y José Antonio Salas Auséns49, entre los autores españoles, o a Sophie Hirel-Wouts, Fausto Garasa y Paloma Bravo50, entre los franceses. Finalmente, a los estudios históricos cabe sumar los análisis realizados de modo paralelo desde la historia del derecho, entre otros por José María Pérez Collados o Jesús Morales Arrizabalaga51, o desde la historia de la literatura por Antonio Pérez Lasheras52. Valorando las contribuciones de estos autores en conjunto, no parece posible albergar dudas sobre su acuerdo en cuanto a la existencia, en las épocas medieval y moderna y, en concreto, desde el siglo xiii en adelante, de un sentimiento identitario aragonés. Las discrepancias surgen, quizá de modo inevitable, cuando se trata de precisar hasta qué punto este sentimiento era compartido por el conjunto de la población, asunto cuya valoración debe realizarse siempre con cautela. Sin embargo, la extensión que pudo alcanzar esta construcción teórica dentro de la sociedad de su tiempo es un factor decisivo para poder comprender, a su vez, los límites de dicha comunidad, y no puede desgajarse de otras cuestiones vitales, como son los rasgos que caracterizan al grupo definido como aragonés, quiénes fueron los agentes que contribuyeron a perfilar su 46 LISÓN TOLOSANA, 1984: 133. 47 UBIETO ARTETA, 1992. 48 BADA, 1995. MAIRAL BUIL, 1996. 49 SESMA MUÑOZ, 1987; 1988; 2003. GIL PUJOL, 1997; 2001a; 2001b; 2004. PEIRÓ ARROYO, 2005. GASCÓN PÉREZ, 1999; 2007. JARQUE MARTÍNEZ y SALAS AUSÉNS, 2008. 50 HIREL-WOUTS, 2008. GARASA, 2008; 2010. BRAVO, 2016. 51 PÉREZ COLLADOS, 1993. MORALES ARRIZABALAGA, 2007; 2009. 52 PÉREZ LASHERAS, 2003. 04_GASCON PEREZ.indd 761 15/12/20 10:35 768 JESÚS GASCÓN PÉREZ Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 1247, constituye sin duda el primer hito importante en el diseño de un sistema de gobierno común, superador de los ordenamientos de carácter local y cuyas piezas principales fueron las Cortes y la Diputación, pero, sobre todo, el Justicia de Aragón, calificado por Blasco de Lanuza como «el sagrado, y seguro de nuestro govierno, y el fundamento, y uasis de todas nuestras libertades, y privilegios»79. El origen de Cortes y Justicia está bien documentado en el siglo xiii, mientras que el de la Diputación se data en el xiv, si bien las tres instituciones alcanzaron su configuración definitiva en el tránsito de la Baja Edad Media a la Edad Moderna y pervivieron sin apenas modificaciones hasta comienzos del siglo xviii, configurando, junto a las instituciones locales, un complejo entramado institucional que se complicó aún más con la incorporación del reino a la Monarquía Hispánica80, lo que a menudo produjo conflictos jurisdiccionales, en los que la Corte del Justicia tuvo un papel central. Para lo que aquí interesa, lo cierto es que, en palabras de Garasa, «la emergencia y afianzamiento de las instituciones mencionadas favorecieron una paulatina conceptualización política del espacio aragonés a la vez que se llevaba a cabo una territorialización jurídica»81, en un proceso cuyas líneas maestras describió José Ángel Sesma Muñoz en los siguientes términos: La conciencia nacional, como señala A. Tenenti, no se tradujo en una representación política adecuada al menos hasta el siglo xviii. Pero mucho antes, quizá desde el trescientos, la delimitación del espacio territorial y el establecimiento de unos órganos de gobierno centrales, impulsaron a la población, a la masa social, a participar con idea de colectividad en asuntos de interés general, aunque siguiera ligada a sus realidades locales inmediatas. Posiblemente, esta integración sea a lo largo de los siglos xiv y xv muy imperfecta, más puesta en la teoría y en las expresiones de las clases dirigentes, que en la intervención auténtica de la población; no obstante, el mero hecho de servir de justificación y de que las minorías basen su razón de ser en la búsqueda del bien común, la defensa de todos los habitantes y la protección de la identidad conjunta, eleva al grupo anónimo a categoría de protagonista, a la espera de una participación directa y decisiva82. A la paulatina identificación de la población con este sistema foral pudieron ayudar las «leyes suaves, y muy favorables a la libertad y conservacion del Reyno», según expresión ya citada de Fray Diego Murillo83. Una valoración que debe tomarse con cautela, pues no hay que olvidar que estamos hablando de una sociedad de Antiguo Régimen y, por tanto, inspirada por los 79 BLASCO DE LANUZA, 1622, t. II: 274. 80 Un análisis de conjunto del complejo sistema institucional aragonés en la época moderna, en GASCÓN PÉREZ, 2013b. 81 GARASA, 2008: 75. 82 SESMA MUÑOZ, 1987: 262-263. 83 MURILLO, 1616, tratado II: 36. 04_GASCON PEREZ.indd 768 15/12/20 10:35 «CUATRO VARAS DE SANGRE». PATRIA, COMUNIDAD POLÍTICA Y CREACIÓN… 769 Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 principios del feudalismo tardío, la desigualdad jurídica y la representación corporativa. Y también hay que tener en cuenta el contexto en que Murillo y el resto de cronistas escribieron tan encendidos elogios, destinados a vindicar la foralidad aragonesa tras el grave conflicto de 1591. Sin embargo, no es menos cierto, como se ha hecho notar tanto desde la historia del derecho como desde otros ámbitos, que el sistema judicial aragonés aseguraba a buena parte de la población unas garantías procesales desconocidas en otros territorios, reflejadas en la prohibición de la tortura judicial y en procesos forales como la Manifestación y la Firma de derecho, que protegían las personas y los bienes de los reos durante la instrucción de sus causas. A este respecto, bueno será recordar que a comienzos del siglo xvii el cronista castellano Luis Cabrera de Córdoba emitió una opinión favorable a los principios que sustentaban el sistema foral aragonés, y en especial a los dos procesos citados, a la vez que se quejaba … porque parece á algunos que hacer la justicia es hacerla presto, y por esto suelen decir mal de las leyes de Aragon, especialmente los ministros del Rey extranjeros, porque dan cierto término para cada cosa y les parece tienen atadas las manos con alguna sujecion, sin considerar se hace presto lo que se hace bien, y que estos presidios evitan la injusticia de su precipitacion y cólera, enfermedad que pedia remedio y le pide en algunos reinos para asegurar de la molestia de los jueces absolutos y resolutos y privados y principal en agravio de la razon, alma de las leyes84. También se debería tener en cuenta, según ha sugerido Fausto Garasa85, el papel movilizador de los conflictos jurisdiccionales, que, como queda dicho, fueron numerosos a partir de la segunda mitad del siglo xv, momento en que comenzó a registrarse un gradual incremento de la tendencia de los monarcas a reforzar su poder y se produjo la creación del Santo Oficio, cuya pauta procesal chocaba frontalmente con los principios que inspiraban la foralidad aragonesa y cuya utilización por los reyes como brazo político lo convirtió en «un primer aparato centralista, no tanto con la idea de la unificación peninsular o de España, sino en cuanto al poder del rey, del soberano»86. De ahí que a partir de su introducción se produjesen constantes enfrentamientos con las instituciones regnícolas, que bien pudieron reforzar el sentimiento identitario aragonés, permitiendo incluso movilizar a la población en 1591 con apelaciones a la defensa de la patria y de los fueros y con invectivas contra la Inquisición. En dicha movilización resultó fundamental la utilización de pasquines, compuestos, como explicó el conde de Aranda, protagonista principal del conflicto, para 84 CABRERA DE CÓRDOBA, 1877, vol. III: 539. 85 GARASA, 2008: 76-81. 86 SESMA MUÑOZ, 1989: 669. 04_GASCON PEREZ.indd 769 15/12/20 10:35 770 JESÚS GASCÓN PÉREZ Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 «levantar el pueblo e los motines que succedieron»87. Y aunque no es posible precisar con cifras el alcance que tuvo esta campaña subversiva, … resultan interesantes los datos hallados sobre los mecanismos de difusión de los escritos, que sugieren que su mensaje no solo alcanzó a las minorías instruidas, sino que su auditorio potencial tuvo una extensión bastante mayor. Esto no significa, por supuesto, que los argumentos expuestos calasen en toda la sociedad aragonesa, ni mucho menos. Pero no parece aventurado pensar que quienes lanzaban invectivas contra el rey y sus ministros y proclamas en defensa de los fueros y libertades del reino esperaban que una parte de la población se mostrase sensible a ellas88. Llegamos así al cuarto elemento identitario, el cultural, quizá el que comporta un análisis más complejo, no solo por su propia naturaleza, sino porque en realidad permea los tres elementos considerados previamente. En conjunto, todos los autores consultados coinciden en reconocer la falta de una comunidad lingüística homogénea, rasgo resaltado por Antonio Pérez Lasheras cuando advierte que «la literatura aragonesa presenta, a lo largo del tiempo y en nuestros días, una realidad plurilingüe. […] el caso es que, desde los comienzos de la existencia de Aragón, la literatura se ha expresado en diversas lenguas y llama mucho la atención el hecho de que en ocasiones estas lenguas no tengan nada que ver con la lengua hablada habitualmente por los aragoneses»89. Lo cierto es que, de forma reiterada, la lengua ha sido considerada un rasgo identitario fundamental por los estudiosos de las naciones y del nacionalismo, si bien Bernard Guenée, que reproduce sendas frases de san Isidoro de Sevilla, según el cual «initio autem quot gentes, tot linguae fuerunt», y de Jacques Turgot, a cuyo parecer «une nation est un assemblage d’hommes qui parlent une même langue maternelle», no se muestra tan tajante y apunta que «des hommes peuvent conserver la mémoire de leur origine commune par leur histoire»90. De hecho, para el caso aragonés, la falta de una lengua común no parece haber sido un obstáculo que haya impedido la forja de un sentimiento identitario, según reconocen todos los investigadores que se han acercado a este asunto, quienes, por su parte, han tendido a focalizar su análisis en dos artefactos culturales principales, la literatura jurídica y, en la línea apuntada por Guenée, la historiografía, considerados ambos como manifestaciones de una ideología pactista. En cuanto al primer artefacto citado, es habitual recordar la frase que escribió Joaquín Costa en 1883, según la cual «Aragon no se define por la guerra: Aragon se define por el Derecho. Esta es su nota característica; éste es el 87 AGS, Estado, libro 37, f. 111r. 88 GASCÓN PÉREZ, 2003: XCV. 89 PÉREZ LASHERAS, 2003: 39. 90 GUENÉE, 1967: 19. 04_GASCON PEREZ.indd 770 15/12/20 10:35 «CUATRO VARAS DE SANGRE». PATRIA, COMUNIDAD POLÍTICA Y CREACIÓN… 771 Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 substratum útil de toda su historia, con que ha de contribuir á la constitucion definitiva y última de la nacionalidad»91. Una afirmación que, por otro lado, viene a confirmar la importancia que el derecho tiene en la definición de una comunidad política, que, entre otras cosas, precisa de leyes que determinen quiénes forman parte de ella y cómo deben comportarse, tanto en sus relaciones internas como con el mundo «extranjero». Dado que en el punto anterior ya se ha insistido de modo suficiente en la importancia del sistema foral aragonés como elemento definidor de identidad, aquí solo se va a subrayar que la producción jurídica que interesa para nuestro estudio no se ciñe de modo exclusivo a la compilación foral ya citada, que fue impresa, reeditada, ordenada y ampliada con los fueros promulgados en las Cortes celebradas entre los siglos xv y xvii, sino que en las sucesivas reimpresiones se añadieron otros instrumentos de derecho, como los actos de corte y las colecciones de observancias, que también fueron publicados conjuntamente con los fueros, lo mismo que varias piezas doctrinales, principalmente la Letra intimada que en 1435 dirigió el justicia Juan Ximénez Cerdán a su sucesor en el cargo, Martín Díez de Aux. De este modo, al tiempo que se fijaba el texto oficial de los fueros, las autoridades regnícolas fueron tejiendo a su alrededor un soporte ideológico pactista para facilitar la resistencia del sistema institucional aragonés frente a los proyectos absolutistas de la monarquía. Por lo que respecta a la historiografía, de modo reiterado se ha insistido en el papel de los cronistas aragoneses como agentes ideológicos al servicio del discurso pactista, con especial atención a los casos del anónimo autor de la Crónica de San Juan de la Peña, Gauberto Fabricio de Vagad y, ya en la Edad Moderna, Jerónimo de Blancas, de quienes se ha destacado su participación en la creación y difusión de un relato del pasado apoyado en mitos como el Fuero de Sobrarbe y el Juramento de los Aragoneses92. Para calibrar la importancia que este proyecto historiográfico tuvo para las autoridades regnícolas, bastará recordar aquí la creación del cargo oficial de cronista del reino, decisión aprobada en las Cortes de 1547 y que se hizo efectiva al año siguiente con el nombramiento de Jerónimo de Zurita, asunto del que en otro lugar he ofrecido la siguiente valoración: … la creación del cargo de cronista obedeció a un esfuerzo consciente de las élites del reino por dotarse de una nueva herramienta que ayudase a perfilar y conservar la identidad aragonesa, en un contexto en que esta corría el riesgo de quedar diluida entre los muchos «ríos» que confluían en el vasto «Mar» de la Monarquía Hispánica y, por añadidura, la extensión de la autoridad de la Corona parecía 91 COSTA, 1883: 41. 92 El estudio clásico a este respecto sigue siendo el de GIESEY, 1968, del que, lamentablemente, seguimos sin disponer de una buena traducción española. Dos análisis complementarios más recientes, en LISÓN TOLOSANA, 1984. HIREL-WOUTS, 2008. 04_GASCON PEREZ.indd 771 15/12/20 10:35 772 JESÚS GASCÓN PÉREZ Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 amenazar con desbordar de modo irreversible los límites que desde la Edad Media trataban de imponérserle mediante las instituciones regnícolas93. De todos modos, con ser importantes, la literatura jurídica y la historiografía no fueron los únicos artefactos culturales que contribuyeron a reafirmar la identidad aragonesa en las épocas medieval y moderna. Como se ha visto en la estrofa que abre este trabajo, el escudo heráldico fue una pieza capital en la identificación de esta comunidad política, y sobre su relevancia ha llamado la atención Alberto Montaner Frutos, quien ha establecido con casi total certeza el papel de Vagad en su configuración definitiva, al incluir el árbol de Sobrarbe «quizá por iniciativa propia, pero en todo caso, en consonancia con lo que era la opinión formada en los círculos pactistas coetáneos»94. Como explica dicho autor, la imagen que ocupa la portada de la Corónica de Vagad es la primera representación iconográfica del escudo del reino con una disposición en cuatro cuarteles, cuyo orden ha sido, precisamente, el escogido para diseñar el símbolo heráldico de la actual Comunidad Autónoma de Aragón. De hecho, pese a que entre los siglos xv y xviii llegaron a manejarse hasta siete modelos diferentes del emblema, lo cierto es que la versión utilizada por Vagad contiene un programa iconográfico que encaja bien con el proyecto de defensa del sistema político aragonés, tal y como expone Montaner Frutos en el siguiente pasaje: Estas armas cuarteladas pretenden sintetizar la historia del reino, según la versión legendaria difundida en la época, cargada de significado político. Los cuarteles aparecen así según su supuesto orden cronológico, que les es asignado por sus respectivas leyendas, las cuales responden a los cuatro momentos que se consideraban fundamentales en la historia del reino: el establecimiento de las «libertades aragonesas», la constitución de la monarquía en territorio pirenaico, la expansión al llano con la conquista de Huesca y la creación de la Corona, al unirse a los condados catalanes. Ninguna de ellas es anterior al siglo xv […]. Y sólo a finales del siglo xvi forman un conjunto homogéneo, con la adición de la leyenda de Guifredo el Velloso y del origen barcelonés de los palos. En realidad, la cronología es justamente la inversa de la representada por estos cuarteles y el origen de los mismos, ya analizado, nada tiene que ver con los tardíos relatos que pretenden justificarlos95. Para concluir este apartado, es preciso mencionar un último artefacto cultural promovido por la Diputación aragonesa, que en 1610 encargó la elaboración de un mapa del reino al cosmógrafo portugués Juan Bautista de Labaña. La empresa, que sufrió todo tipo de avatares, concluyó una década más tarde, con la publicación del mapa acompañado de una síntesis de la historia del reino 93 GASCÓN PÉREZ, 2018c: 92. Los términos entrecomillados proceden de uno de los paratextos que acompañan al volumen de Anales de LEONARDO DE ARGENSOLA, 1630. 94 MONTANER FRUTOS, 1995: 22. 95 MONTANER FRUTOS, 1995: 103. 04_GASCON PEREZ.indd 772 15/12/20 10:35 «CUATRO VARAS DE SANGRE». PATRIA, COMUNIDAD POLÍTICA Y CREACIÓN… 773 Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 compuesta por Lupercio de Argensola, cuyo texto se publicó también de forma exenta96. Una vez más, con la delimitación precisa del territorio que ocupaba Aragón y con la fijación de su pasado oficial, las autoridades y la élite aragonesas trataban de reafirmar el sentimiento identitario y de pertenencia a la comunidad política del reino, al tiempo que se reivindicaba la personalidad de esta dentro del conjunto de la Monarquía Hispánica. Llegados a este punto, convendrá advertir de nuevo que todos estos artefactos culturales fueron instrumentos necesarios en la creación y difusión del sentimiento identitario aragonés, y que la descripción inicial que aquí se ha ofrecido merecería un análisis más profundo. En cualquier caso, es preciso dedicar una mención a los agentes productores de dichos artefactos, que sin lugar a dudas deben buscarse entre las élites, tal y como sugieren, entre otros, González Antón y Garasa. No en vano, como se ha visto, tras la elaboración del corpus foral, lo mismo que tras la edición de las obras de los cronistas, del diseño del escudo del reino, de la creación del cargo de cronista de Aragón y de la elaboración de su mapa, se encuentran las autoridades aragonesas, acompañadas por lo general de una élite intelectual conformada, entre otros, por juristas, escritores, nobles y eclesiásticos. En suma, los happy few a los que Lisón Tolosana identificó, además, como los únicos destinatarios del discurso elaborado por Vagad a fines del siglo xv, ya que solo ellos «pueden ser los receptores auténticos del tono, calidad y filosofía política del mensaje»97. Sin embargo, a la hora de calibrar el grado de difusión alcanzado por los escritos, las imágenes y las leyes que simbolizan, para reafirmarla, la identidad aragonesa, el mismo autor sugiere una perspectiva más abierta, al recordar que «las diferencias entre cultura de élites y cultura popular son superficiales, temporales, reversibles»98. Cabría considerar, por tanto, al menos a una parte de esos happy few no solo como agentes productores de los artefactos identificados líneas atrás, sino también como posibles intermediarios entre ambos planos culturales, cuya función transmisora, en este caso, pudo haberse visto facilitada por el hecho, también apuntado por Lisón, de que «la identidad, la conciencia de grupo diferente parece inherente a la humanidad, culturalmente inherente, quiero decir»99. Por otro lado, no parece descabellado pensar que prácticas como la distribución de pasquines, la lectura en grupo o la predicación de sermones pudieron haber ayudado a la difusión del mensaje identitario, quizá recurriendo a versiones simplificadas, más asequibles para la mayoría no instruida de la población. Ahora bien, pese a todo, resulta imposible asegurar que un porcentaje elevado 96 LEONARDO DE ARGENSOLA, 1621. Sobre el mapa, véase HERNANDO RICA, 1996. 97 LISÓN TOLOSANA, 1984: 134. 98 LISÓN TOLOSANA, 1984: 135. 99 LISÓN TOLOSANA, 1984: 136. 04_GASCON PEREZ.indd 773 15/12/20 10:35 774 JESÚS GASCÓN PÉREZ Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 de aragoneses se identificase con dichas consignas. Del mismo modo, no es posible admitir que «la conciencia aragonesa había nacido de un pasado en común construido por todos los aragoneses»100. Al menos, esta afirmación merece dos matizaciones. Una de tipo historiográfico, pues, como queda apuntado, el pasado en común que prevalece a la hora de elaborar los discursos identitarios es una versión oficial, debidamente tamizada por el proyecto político diseñado por la élite aragonesa. Otra de corte cronológico, pues, como se ha dicho igualmente, sí hay una parte del pasado que puede estimular la conciencia de grupo: los conflictos reiterados que, al poner en cuestión alguno de los elementos identitarios, como puede ser el sistema foral, generan una movilización popular relevante101. En todo caso, como apuntó Xavier Torres Sans, para poder valorar ajustadamente la extensión social del sentimiento patriótico o nacional, sería preciso conocer previamente el grado de ajuste entre lo que denomina «el “país legal”, hecho de leyes e instituciones, y […] el “país real”, es decir, aquella multitud de campesinos, artesanos y pequeños comerciantes que constituían en todas partes el grueso de la población»102. Por añadidura, también se debe recordar que la oposición entre la identidad aragonesa aquí descrita y la identidad española aludida por Pietschmann y Álvarez Junco no fue la única que alimentó la definición de la comunidad política aragonesa. Como apuntó Lisón Tolosana, «los castellanos, franceses e italianos, en grado mayor, y los navarros y catalanes, en tono menor, agudizan con su presencia, fronteras y acciones, a lo largo de la historia, la vivencia de conciencia nacional aragonesa en ciertas capas de la población»103. Con respecto a los procesos de constitución de identidades desarrollados por otras comunidades políticas, como se ha visto, los castellanos vivieron una circunstancia similar a la aragonesa, y finalmente la identidad castellana fue derrotada por el avance del nacionalismo español-imperial104. En el caso navarro, la necesidad de reelaborar la propia identidad para explicar de modo adecuado el papel de Navarra dentro de la Monarquía Hispánica derivó en la reescritura de la conquista de 1512, que originó hasta tres versiones distintas del episodio, así como en la reformulación de los mitos de origen del reino, lo cual, dada la coincidencia con los que fundamentaban la creación de Aragón, alimentó una intensa polémica historiográfica que se prolongó durante todo el siglo xvii y en la que participaron cronistas aragoneses y navarros, pero 100 COLÁS LATORRE y SALAS AUSÉNS, 1977: 157. 101 En relación con este punto, ya en GASCÓN PÉREZ, 1999 llamé la atención sobre la importancia que para el desarrollo del constitucionalismo aragonés tuvieron la configuración de un corpus foral bien establecido, la elaboración de una ideología pactista y la sucesión de conflictos jurisdiccionales en los siglos XV y XVI. 102 TORRES SANS, 2008: 22. 103 LISÓN TOLOSANA, 1984: 135. 104 PIETSCHMANN, 1992. 04_GASCON PEREZ.indd 774 15/12/20 10:35 «CUATRO VARAS DE SANGRE». PATRIA, COMUNIDAD POLÍTICA Y CREACIÓN… 775 Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 también guipuzcoanos, castellanos y franceses105. Igualmente, los relatos de origen catalanes fueron reformulados por la misma razón que los navarros, a la vez que se producía un debate historiográfico con cronistas castellanos y aragoneses a propósito del uso del término España106. En el caso de los Países Bajos, el conflicto con la monarquía provocó el intento de forjar una identidad nacional holandesa que reforzase la unidad de las provincias sublevadas, pero también se registró el proyecto de crear una identidad nacional flamenca que abarcase las Diecisiete Provincias, que contó con la aprobación del gobierno Habsburgo pero que fracasó por el escaso tiempo que esta unidad política tuvo vida conjunta107. En último término, todos los casos citados confirman la idea expuesta por María José Rodríguez Salgado, según la cual «la guerra y la confrontación con “otros” fueron factores claves en la evolución del patriotismo»108. Sin duda, un estudio más profundo del caso aragonés debería atender a este aspecto, pues sin duda ayudaría a contextualizar mejor el proceso de formación de la conciencia nacional, aunque sin olvidar el carácter no excluyente de los sentimientos de identidad generados en la época moderna, en especial en la Europa meridional, donde la existencia de estructuras plurinacionales ayuda a comprender la convivencia de identidades múltiples y no contradictorias109. Igualmente, se debería incidir en el análisis detenido del discurso identitario compuesto por los cronistas aragoneses, considerando, al menos, cuatro aspectos mencionados por José Ángel Sesma Muñoz, quien, a partir de una enumeración tomada de Boyd Schafer, alude a la indiferencia u hostilidad para los de otras naciones, al amor y orgullo por lo que atañe a esa comunidad de sentimientos e intereses, al pleno convencimiento de tener un pasado común y a la idea de futuro para su nación110. Por supuesto, sería deseable avanzar hasta donde sea posible en el camino indicado por Xavier Torres Sans hacia la identificación de los países legal y real, como forma de aquilatar mejor el grado de identificación de la población con una teorización claramente vinculada a una élite. En cualquier caso, por lo expuesto en las páginas precedentes, parece claro que el proceso de creación de una identidad colectiva en Aragón responde a un patrón compartido con otros procesos similares registrados a lo largo de las épocas medieval y moderna, tanto por lo que respecta a sus fundamentos teóricos como a sus elementos constituyentes, a sus agentes productores o a su grado de difusión en un 105 Sobre el primer asunto, FLORISTÁN IMÍZCOZ, 2000. Al respecto del segundo, FLORISTÁN IMÍZCOZ, 1998; 2004; 2007. LEONÉ, 2004. OSTOLAZA, 2005-2006. 106 VILLANUEVA, 1994. DURAN, 2001. 107 FAGEL, 2004. 108 RODRÍGUEZ SALGADO, 1996: 54. 109 Apunta esta idea TALLON, 2007: xvii. 110 SESMA MUÑOZ, 1987: 248. 04_GASCON PEREZ.indd 775 15/12/20 10:35 776 JESÚS GASCÓN PÉREZ Hispania, 2020, vol. LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 contexto en el que los conflictos jurisdiccionales se multiplicaron, provocando la rebelión de 1591. En este sentido, no resulta extraña la floración de pasquines que se produjo durante el conflicto, en uno de los cuales se sintetizaban del siguiente modo los motivos que lo habían generado: Cuando las leyes tuercen y aquellos a quien nuestra patria tiene por padres suelen ser malos padrastros y prevaricadores dellas, es tiempo de resoluciones temerarias, no dando lugar a que la malicia, con fines interesados, sea el precio de nuestras sagradas leyes111. A la vista de los términos empleados en este fragmento, identificables también en otros pasquines, no resulta extraño que, como ya se ha dicho, fray Diego Murillo pudiese advertir que «los Aragoneses aman y zelan mas la observancia de sus leyes y fueros, que todas las otras naciones»112. Misión del historiador es comprobar hasta dónde resulta cierta semejante afirmación sin perder de vista, como ha advertido Tamar Herzog, que en la Edad Moderna una comunidad política «était construite de manière continue par une multiplicité d’agents, chacun travaillant à défendre ses propres intérêts. Les structures d’État créaient ou, du moins, légitimaient les privilèges et les devoirs mis en question. Cependant, leur négociation, conservation, signification et application reposaient sur l’interaction sociale et les rencontres au quotidien entre des individus et des groupes ayant des intérêts similaires ou opposés»113. Sirvan las líneas precedentes como primer esbozo de una tarea tan compleja. Bibliografía Alvar, Manuel, Aragón: literatura y ser histórico, Zaragoza, Pórtico, 1976. Álvarez Junco, José, Mater dolorosa. La idea de España en el siglo xix, Madrid, Taurus, 2004 [ed. original de 2001]. Appiah, Kwame Anthony, Las mentiras que nos unen. Repensar la identidad. 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LXXX, n.º 266, septiembre-diciembre, págs. 753-781, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2020.020 Bravo, Paloma, «Identité et identification: discours identitaire et rhétorique patriotique dans les textes de la révolte aragonaise de 1591», Textes & Contextes, 11 (2016) [en línea], disponible en http://preo.u-bourgogne.fr/textesetcontextes/index. php?id=897 [consultado el 14/04/2019]. Cabrera de Córdoba, Luis, Historia de Felipe II, Rey de España, Madrid, Imprenta, Estereotipia y Galvanoplastia de Aribau, 1877, 3 vols. [reedición, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1998, 4 vols.]. Carrasco Urgoiti, María Soledad, El problema morisco en Aragón al comienzo del reinado de Felipe II. Estudio y apéndices documentales, Chapel Hill, University of North Carolina, 1969 [reedición, Teruel, Centro de Estudios Mudéjares, 2010]. Colás Latorre, Gregorio y Salas Auséns, José Antonio, Aragón bajo los Austrias, Zaragoza, Librería General, 1977. 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