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Contribución a los maestros de obras guipuzcoanos del siglo XVIII

Tarifa Castilla, María Josefa; Azanza López, José Javier

Abstract

El siglo XVIII es uno de los períodos más fructíferos de la arquitectura guipuzcoana, fruto de la labor de destacados maestros de obras, con nuestro trabajo hemos pretendido aportar algunos datos sobre su trayectoria profesional que ayuden a completar el panorama de la arquitectura barroca en Guipúzcoa. En este recorrido podemos apreciar una evolución, partiendo de la preeminencia de las fórmulas barrocas, hasta alcanzar un concepto más academicista de la arquitectura en el que predominan los valores del decoro, comodidad, simetría y firmeza. Tarifa Castilla, María Josefa; Azanza López, José Javier

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325 El siglo XVIII es uno de los períodos más fru c t í f e ros de la arquitectura guipuzcoana, fruto de la labor de desta - cados maestros de obras; con nuestro trabajo hemos pretendido aportar algunos datos sobre su trayectoria pro f e s i o - nal que ayuden a completar el panorama de la arquitectura barroca en Guipúzcoa. En este re c o rrido podemos apre - ciar una evolución, partiendo de la preeminencia de las fórmulas barrocas, hasta alcanzar un concepto más academi - cista de la arquitectura en el que predominan los valores del decoro, comodidad, simetría y firm e z a . Palabras Clave: Arquitectura barroca. Maestros de obras. Gipuzkoa. Martín de Zaldua. Sebastián de Lecuona. Los Ibero . XVIII. mendea Gipuzkoako arkitekturaren aldirik emankorrenetako bat dugu, hainbat obra-maisu gailenen lanare n ondorioz. Gure lan honen bidez, egile horien lanbide-jarduerari buruzko zenbait datu ekarri nahi izan dugu, Gipuzkoa - ko arkitura barro k o a ren ikuspegia osatzen lagungarri izan daitezen. Ibilbide honetan bilakaera bat hauteman ahal izan dugu, formula barrokoen nagusitasunetik abiatu eta arkitekturaren kontzeptu akademizistago batera iristeko, zeinean b e g i runea, erosotasuna, simetria eta sendotasuna bezalako balioak gailentzen dire n . Giltz-Hitzak: Arkitektura barrokoa. Obra-maisu. Gipuzkoa. Martín de Zaldua. Sebastián de Lecuona. Ibero familia. Le XVIIIe siècle est l’une des périodes les plus fructueuses de l’arc h i t e c t u re de Guipuzcoa, fruit du travail d’émi - nents maîtres d’oeuvres; nous avons voulu apport e r, avec notre travail, quelques données sur leur trajectoire pro f e s - sionnelle qui aideront à compléter le panorama de l’arc h i t e c t u re baroque en Guipúzcoa. Dans ce parcours, nous pou - vons apprécier une évolution, en partant de la primauté des formules baroques jusqu’à atteindre un concept plus “aca - démiste” de l’arc h i t e c t u re dans lequel prédominent les valeurs du decorum, de la commodité, de la symétrie et de la f e rm e t é . Mots Clés: Arq u i t e c t u re barroque. Maîtres d’oeuvres. Gipuzkoa. Martín de Zaldua. Sebastián de Lecuona. Los I b e ro . Contribución a los maestros de obras guipuzcoanos del siglo XVIII (Contribution to the 18th century Gipuzkoan master b u i l d e r s ) Tarifa Castilla, María Josefa Azanza López, José Javier U n i v. de Navarr a Dpto. de Historia del Art e Campus Universitario 31080 Iru ñ e a BIBLID [1137-4403 (2000), 19; 325-337] O n d a r e. 19, 2000, 325-337 326 N u e s t ro estudio pretende ser una pequeña aportación -con nuevos datos o ampliación de algunos ya conocidosa los maestros de obras guipuzcoanos activos en el siglo XVIII, cuya trayectoria ha sido brillantemente trazada en publicaciones anteriore s 1 ; es el caso de M a rtín de Zaldúa, Sebastián de Lecuona, los Ibero o los maestros del último cuarto de la centuria, en un período de transición y adaptación de las soluciones barrocas a las neoclásicas. MARTÍN DE ZALDÚA Y SEBASTIÁN DE LECUONA A comienzos de siglo, el 27-4-1700 los patronos de la iglesia parroquial de B e a s a i n c o nt r a t a ron con los maestros canteros Esteban de Abaría y Juan de Carrera la elaboración de las bóvedas y coro de la parroquia conforme a la traza de Martín de Zaldúa, en un plazo de dos años y por 1.500 reales. Durante el período de ejecución las bóvedas hicieron vicio, de manera que Zaldúa pro p o rcionó a los maestros otra nueva planta para corregir los defectos. A pesar de todo, tras la visita del veedor Juan Antonio de San Juan, en 1727 se mandó desde el Obispado demoler el coro y bóvedas ante la mala situación en que se encontraban, y que los here d e ros de los canteros lo reedificasen a su costa porque Abaría y Carrera “lo hiciero n sin arte y faltando a lo capitulado”; pero éstos se negaron a aceptar cualquier re s p o n s a b i l idad, aduciendo que los maestros ejecutaron la fábrica siguiendo fielmente la segunda de las trazas que les entregó Zaldúa. Para evitar pleitos, en 1729 se llegaba a un acuerdo entre ambas partes, compro m etiéndose los here d e ros a desmontar y reedificar el coro a su costa, y las bóvedas a pago. P e ro salió a la causa Francisco de Urruzuno, maestro albañil de Azpeitia, diciendo que él había visto la traza que hizo Juan Antonio de San Juan según la cual se habían de hacer las bóvedas de la iglesia, y él ofreció en 1730 una nueva traza de las bóvedas (Fig. 1) y notable rebaja en la reedificación de las mismas. Otros maestros pre s e n t a ron posturas más favorables, como los hermanos Larrañaga, pero finalmente la obra salió a remate a candela, siendo adjudicada a Juan de Guesalaga, carpintero vecino de la villa de To l o s a 2 . Otra de las noticias está relacionada con el memorial testamentario redactado el 7-121733 en Ermua por el maestro de obras Sebastián de Lecuona 3 . Por el mismo sabemos que destinaba a su cuñado José de Zuaznábar “los libros de su estudio y demas papeles que conduzen al ministerio de la arquitectura, así los que se hallan en la villa de Ermua como los del Colegio de la Compañía de Jesús”, a excepción de “los libros intitulados Thomás de To s - c a ”, que junto con un vestido negro se los dejaba a su sobrino José de Lecuona. Pero lo que aquí nos interesa es una de las cláusulas que recoge cierta cantidad que se le adeudaba al m a e s t ro por su labor como tracista en la Real Colegiata de Roncesvalles: “Item, en los cano - nigos de Roncesballes, ciento y diez y seis reales y quartillo de plata corriente por cuenta ajustada y firmada por el dicho Sevastian en veinte y uno de marzo de mil setezientos y tre i n - ta y dos, y mas lo que fuere el trabajo que tubo en reconozer las casas arruinadas por in - zendio, tomar sus medidas y trazar para re d i f i c a r l a s ” 4 . En efecto, según hacía constar el CaTarifa Castilla, María Josefa; Azanza López, José Javier O n d a re. 19, 2000, 325-337 1. Baste citar como ejemplo las magníficas monografías de M . I . A S T I A Z A R Á I N s o b re Martín de Zaldúa, Sebastián de Lecuona, José de Lizardi, los Ibero o los Carre r a . 2. Archivo Diocesano de Pamplona (ADP). Ollo. C/1.539Nº 1. 3. Tanto el memorial testamentario de diciembre de 1733, como el testamento definitivo de febre ro de 1734 han sido transcritos por M . I . A S T I A Z A R Á I N , A rquitectos guipuzcoanos del siglo XVIII. Martín de Zaldúa, José de Lizardi, Sebastián de Lecuona, San Sebastián, Diputación Foral de Guipúzcoa, 1988, pp. 403-407. 4. ADP. Villava. C/2.112Nº 13. 327 bildo de la Colegiata en carta escrita al Marqués de Grimaldo, el 18-10-1724 se produjo en Roncesvalles un voraz incendio que arrasó “la mayor parte de las habitaciones y oficinas de esta yglesia, y su hospital general con muchos bienes y alajas della, y de sus capitulare s ” 5 . En concreto, habían quedado reducidas a cenizas once casas de canónigos y racioneros, el refectorio y dormitorio de la comunidad, la sala capitular, secretaría y antesala del coro, y parte de la torre campanario; tan sólo se salvaron la iglesia, el hospital, cinco casas de canónigos y la casa prioral 6 . La re c o n s t rucción de los edificios arruinados fue estimada por maest ros peritos en 330.889 reales de plata doble, cantidad sumamente elevada que llevó a la Colegiata a solicitar la generosidad de Felipe V. En su misiva dirigida el 22-7-1727 al Regente del Consejo de Navarra, el monarca aplicaba al re p a ro de la ruina el importe del subsidio y excusado que pagaban el prior y cabildo de Roncesvalles, indicando que “no se exija ni per - ziba, la fabrica de la dicha casa de Roncesvalles, por una y otra grazia más caudal que el p reciso para la obra, sacándola al pregón y rematándola en el mejor postor, con vuestra yn - terbencion y aport a c i o n ”. Años más tarde dieron principio las obras, que debido a su magnitud y a la escasez de recursos económicos de la Colegiata se extenderán durante buena parte del siglo XVIII; la documentación silencia el nombre del tracista y de los maestros y oficiales que interv i n i e ron en la fábrica, pero a partir del testamento de Lecuona podemos concluir Contribución a los maestros de obras guipuzcoanos del siglo XVIII O n d a r e. 19, 2000, 325-337 5. Archivo General de Navarra (AGN). Clero Regular. Órdenes Monásticas. Real Colegiata de Roncesvalles. Nº 643. Año 1725. C a r ta escrita al Exmo. Señor Marqués de Grimaldo, por el M.Y. Cabildo de Roncesvalles, a resulta de el in - cendio acaecido en ella. 6. J . I B A R R A , Historia de Roncesvalles, Pamplona, Ta l l e res Tipográficos “La acción Social”, 1935, p. 738. Fig. 1. Francisco de Urruzuno. Traza para la parroquia de Beasain. 328 que la re c o n s t rucción de las dependencias afectadas se llevó a cabo siguiendo su pro y e ct o 7 . IGNACIO Y FRANCISCO DE IBERO En 1705 cayó un rayo sobre la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de S e g u r a 8 , quemando el chapitel que la adornaba; en 1731 quedaba también destrozada una de las cuatro pirámides que coronaban la torre a consecuencia de una centella 9 . Tras conseguir la correspondiente licencia, el 14-1-1732 el patronato de la parroquia concertó la obra de la aguja de la torre y demás re p a ros de cantería con el maestro de Beasain Domingo Bern a rdo de Abaría, cuya pericia en semejantes fábricas había quedado demostrada en la recién ejecutada torre de la parroquia de San Martín de Ataun 1 0 ; Abaría debía seguir la traza p ro p o rcionada por el cantero aparejador de Loyola Ignacio de Ibero. En las condiciones del contrato se estipulaba que Abaría tenía que realizar las obras “ c o n f o rme arte y quitando el caracol de la entrada, el chapitel le cubrira con piedra machenbranada, en lugar de tejado que trae la traza, y ademas ara quatro piramides nuevas de mas lucimiento y costo”, entre otras reparaciones, todo ello en el plazo de tres años, y pudiendo re a p rovechar la piedra del despojo; su precio estimado era de 25.000 re a l e s . En septiembre de 1733 la fábrica era revisada por José Antonio de Iparr a g u i rre, maest ro arquitecto y tallista vecino de la villa, quien aseguraba que “los tres piramides que estan concluidos no estan conforme demuestra la traza, pues segun ella devian ponerse los pe - destales dellos sobre la primera ilada que lleva a modo de talus o vertiente de las agujas y estan los piramides de distinta figura que la que demuestra la traza”, a lo que añadió que “ l o que ha travajado asta este dia ba segun arte aunque no va arreglado a la dicha traza”. Las obras avanzaban con suma lentitud, de manera que en 1735 volvieron a ser reconocidas por Ignacio de Ibero y José Zuaznábar, maestro cantero vecino de Oyarzun; ambos indicaban que el chapitel de la torre “hasta aora esta en siete hileras, y que esta viciado y ha hecho sen - timiento [...] y esta incapaz la obra de poder mantener la demas obra de piedra que se le ha de hechar para su conclusion, y que las piedras que havian de ser del grosor de veinte on - zas estavan reducidas a diez, y siempre que no se acavase conforme la traza demoliendo lo hecho, quedara imperfecto y sin firm e z a ”. El 11 de octubre de 1735 Juan de Larrea y Ferm í n de Acha, maestros cantero y albañil, declaraban haber examinado la obra realizada por Abaría en Segura, y a la vista de sus defectos consideraban necesario derribar lo realizado y volverlo a constru i r. Tras estas declaraciones la sentencia mandó a Abaría derruir la obra dejando la parte vieja de la torre; con anterioridad a la demolición, Ignacio de Ibero y Juan de E rdocia tasaron lo elaborado hasta el momento en 12.028 re a l e s . Así las cosas, Abaría acusó a Ignacio de Ibero de que la obra se tuvo que demoler porque la traza que le había dado no era conforme al arte, pero Ibero se defendió diciendo que Tarifa Castilla, María Josefa; Azanza López, José Javier O n d a re. 19, 2000, 325-337 7. Nuestro agradecimiento a D. Emilio Linzoáin, canónigo de Roncesvalles, por su colaboración en la búsqueda de d o c u m e n t o s . 8. Sobre la historia de la iglesia parroquial de Segura, consúltese F . E L E J A L D E y J . E R E N C H U N , S e g u r a, San Sebastián, Caja de Ahorros Municipal, 1974, pp. 53-58. 9 . El proceso de ejecución de la torre y aguja de Segura es recogido por M . I . ASTIAZARÁIN ,Arquitectos guipuzcoanos del siglo XVIII. Francisco de Ibero. Ignacio de Ibero, San Sebastián, Diputación Foral de Guipúzcoa, 1990, pp. 153-55. 10. M . I . A S T I A Z A R Á I N , “La construcción de la torre de la iglesia de San Martín de Ataun”, A rtes Plásticas y Monumen - t a l e s, 5, Eusko Ikaskuntza, pp. 249-69. 329 el maestro no había seguido su traza, ya que había disminuído el grosor de la piedra, por lo que fue necesario tirar todo; solicitaba Ibero además que se copiase la traza del chapitel de la torre de Mallavia en Vizcaya, diseñada por Sebastián de Lecuona, “con su talus en la cor - nisa, sus quatro piramides, su bola para la c ruz, toda la dicha aguja y su cuerpo de piedra a renisca labrada a picon y bujard e a d a ”, para compararla con la de Segura; la traza fue copiada por Juan Martín de Lizurume, maestro c a n t e ro natural de Villabona (Fig. 2). Por su p a rte, la traza que dio Ignacio de Ibero para la c o n s t rucción de la aguja de la torre de Segura fue copiada por José de Iparr a g u i rre el 21-41736 (Fig. 3). Sin embargo, tras cotejar la planta y alzado de la aguja de Mallavia con los de la aguja contenciosa de Segura, Abaría conContribución a los maestros de obras guipuzcoanos del siglo XVIII O n d a r e. 19, 2000, 325-337 Fig. 2. Juan Martín de Lizurume. Traza del chapitel de la torre de Mallavia. Fig. 3. José de Iparr a g u i rre. Traza del chapitel de la torre de Segura. 330 testó que ambas eran de formación diversa, dado que la primera “sube en forma piramidal y recta linea desde el chaflan que cubre la cornisa asta su remate, pero la de la parroquial de Segura sube en linea curba y forma de Escorial desde el extremo de la cornisa asta el re m a - te, en lo que consiste la imperfezion de esta obra y que nunca podra ser permanente si se executase conforme della” 1 1 . Nuevos informes de Ignacio de Ibero, en esta ocasión en compañía de José de Lizardi, tendrán lugar en 1737, re a f i rmándose ambos en la corrección de la traza entregada por el maestro de Loyola, que no había sido seguida por Abaría. Finalmente las obras de la torre quedaron paralizadas por falta de medios económicos, de manera que en 1739 Ignacio y Gregorio de Aguirre b u r ralde procedían a colocar una linterna provisional con estructura de carpintería para alojar en ella las campanas 1 2 . El 3-2-1757 Ignacio de Ibero firmaba en Loyola un presupuesto para ejecutar las obras del nuevo cru c e ro y cabecera de la iglesia parroquial de A s t e a s u, “según traza que he dis - puesto con dos ideas de sacristia”. El presupuesto del cru c e ro alcanzaba los 76.639 re a l e s ; en cuanto a las dos posibles opciones de sacristía, Ibero estimaba la primera de ellas en 8.020 reales, en tanto que la segunda, más cara, quedaba valorada en 11.386 re a l e s 1 3 . Una vez demostró la parroquia que poseía los caudales necesarios para proceder a su ejecución, la licencia de obras se concedió el 19-6-1758. A su conclusión, la fábrica fue reconocida por M a rtín de Carre r a 1 4 . Centrándonos en la figura de Francisco de Ibero, una de sus intervenciones tuvo lugar en A l z o, donde en 1731 salía a subasta la construcción de una nueva torre en su iglesia parroquial de Santa María (Fig. 4); el mejor postor fue Manuel de Gorostidi, vecino de la villa de Amasa, quien sin embargo no acudió a dar fianzas, y además algunos patronos aseguraron que “no hera de oficio cantero ”. Finalmente, las obras fueron contratadas el 14 de febre ro por los maestros Juan y Andrés de Beracochea. A partir de estos momentos se suceden diversas modificaciones re s p e c t o al proyecto inicial; así, en 1734 los canteros Mart í n de Pagola y Alonso de Eizmendi dictaminaban la sustitución de la piedra arenisca que se había empleado hasta la primera cornisa por piedra caliza, dado que tras examinar las canteras de are n i s c a de la villa “no han encontrado en todas ellas piedra de probecho que sirva para la execucion y perm a - nencia de dicha obra, por tener dicha piedra mez - cla de salitre y otros defectos muy perjudiciales”. De igual forma, las condiciones establecían que el tejado debía hacerse con teja, pero los patro n o s a d v i rt i e ron que la villa era zona de fuertes temporales y vientos que seguramente se lo llevarían; en Tarifa Castilla, María Josefa; Azanza López, José Javier O n d a re. 19, 2000, 325-337 11. ADP. Ollo. C/1.557Nº 1. 12. M . I . A S T I A Z A R Á I N , A rquitectos guipuzcoanos del siglo XVIII. Francisco de Ibero . . ., p. 155. 13. ADP. Almándoz. C/1.963Nº 33. 14. H . U S A B I A G A , El valle de Aiztondo: Asteasu, Irura, Anoeta, Aduna, Alkiza, Larraul, Cizúrkil, Ern i a l d e, San Sebastián, Caja de Ahorros Municipal, 1974, p. 57. Fig. 4. Parroquia de Santa María de Alzo. Torre. 331 consecuencia, en 1741 se solicitaba nueva traza para el tejado a Ignacio de Aramburu, mae s t r o cantero vecino de Alegría, el cual expresó la conveniencia de ejecutar el remate de la t o r re con piedra labrada. Si bien los maestros se habían comprometido a construir la torre en el plazo de tres años, pasados más de once tan sólo habían fabricado la mitad; por ello en 1744 se mandó tasar la obra realizada hasta entonces, que fue estimada en 3.768 reales por Ignacio de Aramburu . A partir de estos momentos continuó al frente de las mismas Andrés de Beracochea; a su m u e rte las obras se encontraban todavía sin estimar, por lo que su causa la seguirá su hijo Francisco Plácido. La torre estaba finalizada para 1753, pero hasta 1759 no se procedió a su reconocimiento y tasación final, a cargo de Francisco de Ibero, “ m a e s t ro agrimensor y de obras del Real Colegio de Loyola”, nombrado por ambas partes, quien consideraba que “ d i - cha torre y campanario se hallan hechas y ejecutadas bien y conforme arte, y segun de - muestra la precitada traza”. Como antes se había tasado la torre hasta la primera corn i s a , I b e ro estimó la obra desde ahí hasta el remate en 13.904 re a l e s 1 5 . El 23-11-1755 los vecinos de A n o e t a c o n c e rt a ron con Juan Asensio de Ceberio, maest ro arquitecto y escultor vecino de la villa de Tolosa, la ejecución de dos retablos colaterales bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario y de San Sebastián, con la condición de que no excediese cada uno en más de 5.000 reales de vellón, deduciéndose de ellos la octava parte; Ceberio debía realizarlos siguiendo la traza dispuesta para ambos por Miguel de Irazusta, maestro ya difunto, la cual se ajustaba “al modelo de los colaterales que éste exe - cutó en su vida en la parroquial de la villa de Alquiza”. La tasación de dichos retablos tuvo lugar el 13 de marzo de 1759 a cargo de Domingo de Múgica y Francisco de Ibero, quienes en su informe hacían constar determinadas mejoras introducidas por el maestro, como la sustitución de las columnas estriadas por salomónicas; afirmaban ambos haber “visto y re c o n o - cido a toda su satisfacion y contentamiento los citados dos colaterales, y han hallado estar ejecutados segun dicha traza y modelo, y segun arte y con toda pefeccion, asi en la arq u i - tectura, ensemblaxe, como en follage, excepto los quatro ánxeles que se obligó a ejecutar di - cho Juan Asensio, los dos de Gracia y los otros dos, por la cantidad de ciento y cinquenta reales, que les parece estan algo pequeños y despro p o rcionados para las balutas sobre que estan puestos, cuias medidas no se expresan en la escritura, por cuia causa declaran am - bos maestros no ser de obligacion de dicho Juan Asensio de hazer otros. Que la manufactu - ra de dichos dos colaterales, incluso los dos angeles referidos, y dejando los otros graciosos, regulan, abaluan y tasan en diez mil y quinientos reales de vellon, adbirtiendo como adbier - ten que los diez mil de ellos hubieran costado en el caso que hubiese ejecutado Juan Asen - sio las quatro colunas de ambos colaterales, segun dicho modelo que demuestra astre a d a s , y que por averles parecido a los patronos de maior lucimento y adorno se hicieron salamoni - cas, [...] y que por su maior travajo que tienen de ser astreadas a salamonicas aplican los quinientos reales además de los dichos diez mil, con calidad de que dicho Juan Asensio a su costa haia de poner las visagras, cerraxas y llaves de las puertas de los sagrarios” 1 6 . El 20-4-1758 Francisco de Ibero reconoce, por mandato de María Ignacia del Corazón de María y Zabala, madre priora del convento de San Agustín de M e n d a r o, ocho casas que el convento poseía en distintas jurisdicciones (Elgoibar, Iciar, Azcoitia, valle de Mendaro), deContribución a los maestros de obras guipuzcoanos del siglo XVIII O n d a r e. 19, 2000, 325-337 15. ADP. Almándoz. C/ 1.967Nº 29. 16. ADP. Villava. C/2.183Nº 7. Actualmente se conservan en la parroquia dos retablos bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario y San Sebastián, pero ambos han visto modificada su configuración originaria. 332 clarando que seis de ellas “necesitan de re p a ros precisos de obras de canteria y carpinte - r i a” y las otras dos debían ser reedificadas de nuevo por encontrarse en ruina. A continuación exponía detalladamente el coste de cada una de las casas, sumando en total 12.065 reales de vellón. Presentando este informe, la madre priora solicitó permiso para tomar dicha cantidad para edificar las mismas 1 7 . En 1746 don Ignacio de Arriola, natural de Pasajes de San Pedro, manifestó su intención de fundar en su localidad natal un convento de carmelitas descalzas, empleando en su ejecución los caudales amasados en Cuzco (Perú), donde había hecho carrera militar alcanzando el cargo de Mestre de Campo. Con tal fin enviaba a su primo don Andrés de Loyo, residente en Cádiz, un poder seguido de una Instrucción por los que le hacía entrega de 130.000 pesos, de los cuales 100.000 estaban destinados a la fundación del convento, la mitad para la fábrica conventual y la otra mitad para dotar siete monjas que compondrían la comunidad, además de una serie de objetos de plata como custodias, lámparas, blandones, a c h e r os, atriles, frontal y sitial. Antes de concederse la licencia, en 1760 se solicitó la traza c o n f o rme a la cual se iba a edificar el convento, y la curia de San Sebastián comisionó a Ignacio de Ibero para que se desplazase al lugar y reconociese el terreno; mas debido a su avanzada edad e imposibilitado en su ministerio, Ignacio delegó en su hijo Francisco. En su i n f o rme significaba en primer lugar que los planes y perfiles dispuestos para la constru c c i ó n del edificio conventual estaban firmados por Felipe Crame, ingeniero en jefe y comandante de la plaza de San Sebastián, quien había tomado parte también en el proceso de ejecución de la nueva iglesia parroquial de la localidad 1 8 . Tras indicar la distancia a la que quedaría el convento de la playa, calculaba que el coste de las distintas partes del mismo -iglesia, altares, oficinas, habitación del capellán, huerta y demás dependenciassumaban un total de 51.704 pesos. El propio Ibero debió de confeccionar también trazas para el convento, ya que más adelante se alude a “la declaracion jurada, planes y diseños echos por Francisco de Ibe - ro ” 1 9 . Sin embargo, no se obtuvo licencia para edificar el convento en Pasajes al existir un convento de carmelitas descalzas en San Sebastián ya desde 1663, y la fundación tuvo lugar finalmente en la localidad navarra de Lesaca, donde residía una sobrina de Arriola, conf o r me al proyecto del tracista descalzo fray José de San Juan de la Cru z . Una nueva intervención de Francisco de Ibero tuvo lugar en A n d o á i n, donde tras la const rucción de una iglesia parroquial de nueva planta 2 0 , en un lugar más cómodo que la anter i o r, esta última había quedado ubicada “en un barrio solitario distante y montuoso, que tal bez habra servido o a lo menos esta mui espuesta a servir de acojimiento de jentes de me - nos buena bida... y que se ha experimentado la extraccion de varias porciones de teja, pie - dra, losas de bastante estimacion y apreciable calidad”. Todos estos inconvenientes eran expuestos en 1781 por Fermín de Yp a r a g u i rre, maestro de obras vecino de Rentería, el cual mandó desmontar los tejados de la iglesia con todo su maderamen y colocar el material útil d e n t r o del pavimento del templo. Puesto que en la construcción de la nueva iglesia no se había empleado material alguno de la antigua, el perito opinaba “que lo que es para la fabrica de las casas del señor rector y sacristan, se puede desmontar la piedra sillar necesaria y sin Tarifa Castilla, María Josefa; Azanza López, José Javier O n d a re. 19, 2000, 325-337 17. ADP. Ollo. C/ 1.667 - Nº 11. 18. M . I . A S T I A Z A R Á I N , “Iglesia parroquial de Pasajes de San Pedro”, Boletín de Estudios Históricos sobre San Sebas - t i á n, nº 10, 1976, pp. 53-95. 19. ADP. Almándoz. C/1.988Nº 15. 20. Un completo estudio de la construcción de la iglesia parroquial de Andoáin es recogido por M . I . A S T I A Z A R Á I N , A r - quitectos guipuzcoanos del siglo XVIII. Francisco de Ibero . . ., pp. 225-44. 333 perjuicio del pavimento o canteria principal de la misma iglesia, asi de la torre como de la cir - c u n f e rencia de la puerta de ella, pues ambas son obras mas modernas, y en ambas piezas se halla piedra sillar no solamente la bastante para dichas casas, sino para vender siempre que la iglesia tenga compradore s ”. Consecuentemente, como la iglesia antigua no se usaba para ningún acto piadoso, “y está expuesta notoriamente a mil impiedades, urtos de mate - riales y caida de bobedas”, en 1781 se solicitó poder vender el material, además de usarlo para edificar las citadas casas rectoral y del sacristán. A la vista de lo anteriormente expuesto, este mismo año el vicario general Areizaga concedía licencia a los patronos para que a costa de sus rentas primiciales pudiesen demoler la iglesia antigua, teniendo cuidado en sacar primero los retablos o efigies de santos caso de que todavía permaneciese alguno en su interior, y procurando que mientras durase la demolición no se acercasen personas a ella. Al tiempo de iniciarse las obras de las casas del re ctor y sacristán, “los maestros que lo re g u l a ron delinearon sobradamente suntuosa la fabrica de dichas casas”, y por ello se llamó a Francisco de Ibero, “ m a e s t ro arquitecto de conocida y notoria pericia”, quien había facilitado la traza y condicionado de la nueva iglesia parro q u i a l y supervisado su construcción, para que teniendo en cuenta los materiales de la iglesia y casa rectoral viejas, y el sitio que habían de ocupar las nuevas que se querían fabricar, declarase el coste de ambas. En el mes de julio Ibero se llegaba hasta Andoáin para ver y tantear las dos casas que habían de ejecutarse en las cercanías de la nueva iglesia; tras efectuar el pertinente reconocimiento, redactaba un informe en el que significaba que tomando los materiales de piedra y maderamen que tenía la vieja iglesia, se podrían construir dos casas en el terreno contiguo a la nueva parroquia, desde el cru c e ro hacia la casa concejil, estimando su coste en 38.000 reales de vellón, 29.000 la casa del rector y 9.000 la del sacristán, obras “decentes, solidas y subsistentes, siendo to - das las esquinas, puertas y ventanas de piedra si - llar de dicha iglesia viexa, y el resto de las pare d e s de mamposteria de ella, de cal y canto, y re v o c a - das y lucidas por ambas caras interiores y exterio - re s ” , cubriéndolas con la teja de la vieja iglesia que se hallaba desmontada en el pavimento de ella. La sentencia definitiva ordenó la construcción de las casas conforme al dictamen de Francisco de Ibero 2 1 . El 18-4-1785 los patronos de la iglesia de B al i a r r a i n c o n t r a t a ron con Ramón de Ábalos, maestro a rquitecto vecino de la villa de Mondragón, la ejecución de una nueva sacristía y de un nuevo re t ablo mayor (Fig. 5), de acuerdo con la traza y condiciones pro p o rcionadas por el propio maestro. La c o n s t rucción de la primera resultaba impre s c i n d ible por la humedad que presentaba la existente, además de encontrarse sus paredes viciadas, por lo que para hacer la nueva había que desmontar la anterior y re a p rovechar los materiales en ella; por Contribución a los maestros de obras guipuzcoanos del siglo XVIII O n d a r e. 19, 2000, 325-337 21. ADP. Moreno. C/2.520Nº 17. Fig. 5. Iglesia parroquial de Baliarrain. Retablo m a y o r.