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UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y DEL TRABAJO GRADO EN TRABAJO SOCIAL Trabajo Fin de Grado Cuidadores mayores en el barrio de San José (Zaragoza): análisis de la situación y propuesta de intervención. Alumno/a: Romea Martínez, Ana Cristina Director/a: Del Rincón Ruiz, Mª del Mar Zaragoza, 15 de junio de 2012
Agradecimientos: Me gustaría expresar en estas líneas mi agradecimiento a las personas que han estado a mi lado durante el desarrollo de esta investigación. A la directora del proyecto, Dña. Mª del Mar del Rincón Ruiz, quien ha estado pendiente de la evolución del mismo en todo momento, por su ayuda y sus consejos. Gracias por el tiempo invertido en el mismo, así como su dedicación y disposición durante la realización de la investigación. A todas las profesionales, trabajadoras sociales y enfermeras, que con su aportación han contribuido a enriquecer mi trabajo. A todos los cuidadores que amablemente accedieron a entrevistarse conmigo. Mi más sincero agradecimiento, porque sin vuestra colaboración, esta investigación no hubiera sido posible. A mi familia y amigos. Muchas gracias por haber estado siempre apoyándome incondicionalmente durante todo este tiempo. A todos, mil gracias.
1 ÍNDICE PÁGINA 1. Introducción. ……………………………………………………………………………………………….………. 3 1.1. Formulación del problema. ………………………………………………………………….. 4 1.2. Cuestiones e interrogantes que se plantean. ……………………………………….. 6 1.3. Finalidad y objetivos. ……………………………………………………………………………. 6 1.4. Marco conceptual. …………………………………………………………………………………… 8 1.5. Ámbito de la investigación. ………………………………………………………………….. 10 1.6. Metodología empleada. ………………………………………………………………………….. 11 1.7. Estructura del trabajo. ………………………………………………………………………….. 17 2. Marco teórico. ………………………………………………………………………………………………………… 19 2.1. Envejecimiento de la población. ……………………………………………………………. 19 2.2. Respuestas ante la nueva necesidad de cuidados. ……………………………… 24 2.3. Cuidados y cuidadores. ………………………………………………………………………….. 33 3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. ………………..…….. 45 3.1. Perfil del varón que ejerce como cuidador. …………………………………………. 48 3.2. Perfil de las personas que reciben cuidados. ………………………………………… 49 3.3. Tipo de ayuda que recibe el cuidador. …………………………………………………… 51 3.4. Tipo de cuidados que realizan los hombres. ………………………………………… 56 3.5. Circunstancias por las que asumen el rol de cuidadores. ……………………… 63 3.6. Motivaciones para ejercer como cuidadores. ………………………………………… 67 3.7. Repercusiones y satisfacción de los cuidadores. …………………………………… 71 3.8. Necesidades expresadas de los cuidadores. …………………………….………….. 77 3.9. Cuidados informales bajo el punto de vista profesional. ………..…………… 80 4. Conclusiones. ………………………………………………………………………………………………………… 88 5. Propuesta de intervención. …………………………………………………………………………………… 96 6. Bibliografía. …………………………………………………………………………………………………………… 101 ANEXOS
2 ÍNDICE DE ANEXOS PÁGINA ANEXO I. Glosario. …………………………………………………………………………………. I ANEXO II. Tablas de variables. ………………………………………………………....... 2 ANEXO III. Guión de las entrevistas. ………………………………………………………. LII ANEXO IV. Tablas de transcripciones de las entrevistas. …………………….. LVIII ÍNDICE DE TABLAS Y GRÁFICOS PÁGINA GRÁFICO 1. Esperanza de vida al nacimiento y a los 65 años. España, 1908-2006. 21 TABLA 1.1. Reformas en los modelos europeos de cuidados de larga duración. 29 TABLA 1.2. Reformas en los modelos europeos de cuidados de larga duración. (Continuación). 30 TABLA 2. Perfil cuidadores en España. 39 TABLA 3.1 Tabla de datos sobre los varones cuidadores mayores. 46 TABLA 3.2 Tabla de datos sobre los varones cuidadores mayores. (Continuación). 47
1. Introducción. 3 <<Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena. >> - Ingmar Bergman (1918-?) Cineasta sueco. - 1. INTRODUCCIÓN. La población anciana está aumentando al tiempo que la sociedad española experimenta profundos cambios (transformación social del rol de las mujeres, envejecimiento de la población y cambios en los modelos familiares), implicando nuevos retos en la atención a este colectivo, marcado especialmente por el crecimiento en número de personas en situación de dependencia. Esta realidad da lugar a un aumento en la demanda de servicios de todo tipo, especialmente sociales y sanitarios, que deben ser cubiertos desde una perspectiva multidisciplinar. Según del Rincón y Sanz (2010) con la aprobación de la “Ley de la Dependencia” (Ley 39/2006) en España, y su puesta en marcha en el año 2008, se inicia un proceso de transformación fundamental en el modelo tradicional de atención y cuidados, al reconocerse como derecho subjetivo la necesidad de cuidados. Sin embargo, los datos actuales muestran un escaso desarrollo de la cartera de servicios frente a las prestaciones económicas; la carga de la atención y la responsabilidad del cuidado continúan recayendo fundamentalmente en las familias. Por otra parte, un número creciente de personas mayores (generalmente cónyuges) están ejerciendo de cuidadores, proporcionando atención a sus familiares dependientes y asumiendo en solitario tareas que implican costes y consecuencias personales importantes. Y en esta situación surge un nuevo colectivo o grupo de cuidadores mayores, los varones, que recientemente se están incorporando a la actividad de proporcionar cuidados.
1. Introducción. 4 Por todo ello surge la conveniencia de investigar y profundizar en esta realidad social, poco estudiada hasta la actualidad en nuestra Comunidad Autónoma, de manera que puedan detectarse las necesidades de estos cuidadores mayores, y realizar en su caso, una propuesta de intervención. Para el trabajo de campo se contará con los datos obtenidos a través de una extensa revisión bibliográfica, así como con la información extraída de diversas entrevistas a cuidadores mayores varones y a profesionales en contacto con las personas que prestan cuidados informales. 1.1. Formulación del problema. Cuando se habla de población mayor de 65 años se tiende a pensar en ciertos estereotipos asociados a la vejez, la mayoría de los cuales sitúan a los mayores como receptores de ayuda y atención familiar. Sin embargo, lo cierto es que un número creciente de mayores se encuentran ejerciendo de cuidadores informales dentro de su entorno, desempeñando de manera cotidiana esta tarea de provisión de asistencia. La atención a las personas en situación de dependencia recae fundamentalmente en las mujeres, pudiendo decirse que la dispensación de cuidados por parte de los varones todavía no se ha generalizado. Según del Rincón (2005) al observar a los cuidadores mayores, se aprecia como la cifra de ambos sexos se aproxima, lo cual indica que hay un importante número de cuidadores varones de edad avanzada que están ejerciendo estas tareas. Todavía son un grupo minoritario dentro de los cuidadores, pero pese a esto, las proyecciones demográficas indican que aumentarán, debido al paulatino envejecimiento de la población producido por una longevidad creciente, el aumento de esperanza de vida en salud y la supervivencia a
1. Introducción. 5 edades avanzadas, que entre otras consecuencias, conlleva el incremento de personas en situación de dependencia, y por tanto en la demanda de cuidado. Además, el análisis que Larrañaga (2005) realiza sobre la familia actual, destaca una serie de factores que apuntan a que cada vez más, los hombres deberán asumir más labores de cuidados a personas dependientes, dado que la capacidad de la familia postmoderna para proveer de cuidados parece estar en entredicho. Dichos factores serían el aumento de la población anciana, las transformaciones en el modelo familiar y el escaso desarrollo de las políticas dirigidas a complementar los cuidados informales. De ellos se sabe muy poco: la escasa información sobre las necesidades específicas de los varones mayores cuidadores, está impidiendo que se tomen medidas concretas y adecuadas a sus circunstancias; se podría hablar de la invisibilidad de los hombres en el sector de los cuidados, y teniendo en cuenta que su número va en aumento, convendría investigar para conocer cómo es su situación real. Asimismo, no se pueden obviar las consecuencias que conllevan las tareas de atención sobre los cuidadores informales, cuyos efectos negativos sobre la salud y el bienestar psicosocial de los individuos, se acrecientan con la edad. Esto provoca que en ocasiones se dé lugar a situaciones en las que estos mayores se encuentren ejerciendo labores de cuidado cuando deberían estar siendo cuidados. Así pues, suponen un colectivo de gran interés, tanto desde el punto de vista del estudio sociológico, como de la intervención social.
1. Introducción. 6 1.2. Cuestiones e interrogantes que se plantean. ¿Quiénes son los varones mayores que ejercen como cuidadores? ¿En qué circunstancias asumen las tareas de cuidados? Es decir, se trata de identificar el perfil de estas personas, así como los factores que han dado lugar a que se encuentren ejerciendo esas funciones. ¿Qué vínculo mantienen con la persona cuidada? ¿Qué tipo de atención prestan? ¿Con que frecuencia e intensidad? Estas preguntas buscan indagar sobre el tipo de cuidados que proveen los mayores cuidadores. ¿Cuál es su principal motivación? ¿Situarse como personas cuidadoras ha supuesto algún cambio en los roles que tradicionalmente ejercían? Y si es así, ¿cómo lo han asumido? Además, interesa conocer los posibles efectos sobre su salud, y sobre todo ¿qué tipo de necesidades concretas refiere este grupo de mayores cuidadores? 1.3. Finalidad y objetivos. Esta investigación trata de conocer y comprender un fenómeno social, que en este caso sería la situación de las personas mayores varones, que ejercen de cuidadores principales de otras personas mayores dependientes. Una vez estudiada la situación y habiendo detectado las posibles necesidades de los cuidadores mayores, se realizará una propuesta de intervención, con la intención de mejorar la calidad de vida de los cuidadores, lo que a su vez repercutirá positivamente en las personas receptoras de cuidados; por lo tanto este trabajo tiene una importante finalidad aplicada.
1. Introducción. 7 Con el fin de analizar el objeto de estudio de esta investigación, se han propuesto los siguientes objetivos: A. Conocer la situación de los cuidadores mayores (varones) que cuidan a otros mayores. A.1. Analizar el perfil predominante de los cuidadores mayores. A.2. Conocer las circunstancias por las que asumieron las tareas de cuidado. A.3. Establecer el perfil de las personas a quienes cuidan. A.4. Estudiar las características de los cuidados que están ofreciendo. A.5. Comprender las motivaciones para el cuidado que tienen los cuidadores de personas de 65 y más años. A.6. Indagar en las repercusiones físicas, psíquicas, familiares y sociales que el acto de cuidar tiene sobre los cuidadores de este tipo de personas. A.7. Identificar las necesidades del cuidador en el ámbito del cuidado a otros mayores. B. Realizar una propuesta de intervención encaminada a mejorar la situación de los cuidadores mayores, a partir de las necesidades que se detecten.
1. Introducción. 14 parezca necesario, establecer un estilo propio y personal de conversación”. (Corbetta, 2003:376). Para esta investigación se han efectuado diez entrevistas a cuidadores varones, siete de ellos mayores de 65 años, y tres de entre 60 y 65 años. El contacto con estos entrevistados ha sido propiciado por trabajadoras sociales del Centro de Salud José R. Muñoz Fernández (Sagasta), del Centro Municipal de Servicios Sociales San José, y del Hogar y Centro de día San José, todos ellos ubicados en Zaragoza. Durante el análisis se han reproducido fragmentos de estas entrevistas. Para garantizar el anonimato de los entrevistados, se les ha asignado un número según el orden temporal en el que se llevaron a cabo las entrevistas, de la siguiente manera: Entrevistado X. En el Anexo IV se pueden consultar unas tablas que resumen y ordenan el contenido de las entrevistas. Se consiguieron algunas entrevistas mediante la técnica de “la bola de nieve”: los primeros entrevistados ayudaron a localizar a otros candidatos, ya que conocían a otras personas en su misma situación de cuidadores. Esta técnica estaba indicada en este caso porque el grupo a investigar es minoritario y se encuentra disperso, lo que dificulta su localización. El objetivo de estas entrevistas ha sido recabar datos sobre: El perfil concreto de estos varones cuidadores. Datos acerca las personas a las que están cuidando. Si recibían ayuda o no y en qué términos. Tipos de cuidados que están proporcionando. Las circunstancias en las que asumieron estas tareas. Motivaciones del cuidador. Repercusión y satisfacción en el cuidado. Necesidades expresadas por el cuidador.
1. Introducción. 15 A lo largo de las entrevistas se ha considerado necesario introducir alguna pequeña modificación en el guión, concretamente, se comenzó realizando un pequeño test para medir la carga del cuidado (el test de Zarit), pero se ha observado que ese instrumento no aportaba buena información, y por tanto se decidió eliminarlo de las entrevistas. Puesto que toda investigación cualitativa debe diseñarse bajo un planteamiento de flexibilidad, se ha podido realizar esta alteración o cambio (Valles, 1997). Por otro lado para los propósitos de esta investigación, ha sido interesante conocer el punto de vista de distintas profesionales que trabajan en el ámbito de la dependencia; son observadoras privilegiadas. “Entrevista a observadores privilegiados: (…) podemos decidir entrevistar a personas no en calidad de parte del fenómeno estudiado, sino en cuanto a conocedores y expertos de este fenómeno, del cual tienen una visión directa y profunda que les coloca en una posición privilegiada de observación. Por este motivo les llamamos <<observadores privilegiados>>”. (Corbetta, 2003:382). En este caso, se ha realizado un cuestionario breve, cuyo guión puede consultarse en el Anexo III, a seis profesionales: la trabajadora social y una enfermera del Centro de Salud José R. Muñoz Fernández (Sagasta); la trabajadora social del Hogar y Centro de día San José; dos trabajadoras sociales del Centro Municipal de Servicios Sociales San José; y una trabajadora social del Centro de Salud San José Norte y Centro. Con la intención de garantizar el anonimato de las profesionales, se ha asignado un número que corresponde con el orden en el que se recibieron las respuestas: Profesional X. Las transcripciones de estas entrevistas se pueden consultar en el Anexo IV.
1. Introducción. 16 Este cuestionario se ha enviado por correo electrónico, adjuntando una carta explicativa de los fines de la investigación, lo cual sigue algunas de las recomendaciones de Babbie (2000), sobre facilitar la remisión de las respuestas en este tipo de forma de recogida de datos. Se ha elegido esta técnica pues citarse en persona con las profesionales resulta complicado debido al escaso tiempo del que disponen. Siguiendo las indicaciones de Corbetta (2003), sobre el material obtenido tanto de la revisión bibliográfica como de las entrevistas, se ha realizado un análisis de contenido, de tipo cualitativo. El análisis se ha centrado en los sujetos de la investigación, observando sus principales características. Asimismo, la presentación de los resultados se ha realizado de la siguiente manera: “Se produce según una perspectiva narrativa, en el sentido de que se desarrolla a través de relatos de episodios, descripción de casos, a menudo utilizando las mismas palabras de los entrevistados para no alterar el material recogido y transmitir al lector la inmediatez de las situaciones estudiadas. La forma estándar de proceder en la presentación de los resultados es la siguiente: se desarrolla un razonamiento, y para apoyarlo y explicarlo se reproduce un fragmento de entrevista”. (Corbetta, 2003:391). A partir del análisis del contenido, se han podido establecer una serie de generalizaciones, que han dado lugar a las conclusiones y a la propuesta de intervención que incluye este trabajo de investigación. El sistema de citas empleado corresponde con la normativa APA, es decir, el estándar adoptado por la Asociación Estadounidense de Psicología, siguiendo las directrices metodológicas recomendadas para elaborar esta investigación.
1. Introducción. 17 1.8. Estructura del trabajo. Este trabajo se compone de varias partes. En primer lugar aparece la introducción y la metodología. En este apartado se formula el problema de investigación, se plantean las cuestiones y los interrogantes que se quieren esclarecer y se delimita el objeto de estudio. Además se formulan los objetivos y se describen las principales variables que se pretenden observar. La metodología describe el proceso que se ha seguido para desarrollar esta investigación social, así como las principales técnicas que se han empleado para la recogida y análisis de la información. En segundo lugar se encuentra el marco teórico que fundamenta la investigación. Los temas que incluye hacen referencia al envejecimiento de la población mundial y las respuestas que se han ido produciendo ante la nueva necesidad de cuidados (destacando la aprobación y puesta en marcha de la Ley de la Dependencia en España). También contiene un apartado sobre la situación de los cuidadores en España, las diferencias de género a la hora de proveer cuidados y finaliza con algunos datos sobre los cuidadores mayores. El siguiente capítulo se corresponde con el análisis de la información. Primero se establece el perfil de los cuidadores mayores, así como el de las personas en situación de dependencia a las que están cuidando. Se explica el tipo de ayuda que reciben (si es el caso), y el tipo de cuidados que estos cuidadores mayores varones, están proporcionando. Asimismo, incluye una descripción de las circunstancias en las que estos cuidadores comenzaron a cuidar, las motivaciones para proporcionar esos cuidados a esas personas, sus repercusiones y la satisfacción que pueden obtener cuidando, además de las necesidades expresadas por estos cuidadores.
1. Introducción. 18 Este análisis finaliza recogiendo las opiniones de distintas profesionales en contacto con estos mayores cuidadores, en relación a su percepción sobre este colectivo, las necesidades que ellas han podido detectar y las propuestas de intervención que formularían. El siguiente apartado está formado por las conclusiones a las que ha dado lugar el análisis. En ellas se recogen las principales generalizaciones que se han podido obtener, sintetizando los principales puntos de la presente investigación. Por último, se ha realizado una propuesta de intervención, basada en las necesidades que los propios entrevistados han manifestado, en las opiniones de las profesionales consultadas, así como de algunos autores que han escrito sobre este tema. Esta propuesta está fundamentalmente formulada bajo la perspectiva que aporta el Trabajo Social.
2. Marco Teórico. 19 2. MARCO TEÓRICO. 2.1. Envejecimiento de la población. En la actualidad, el proceso de envejecimiento de la población es un fenómeno de alcance mundial y que afecta de forma particular a Europa y al resto de países industrializados. España no escapa a dicho proceso pues su demografía ha experimentado una importante transformación en las últimas décadas, lo cual ha conllevado una serie de profundos cambios, en las características y composición de su población. Según el Avance de Explotación del Padrón 2012 (INE), España continúa inmersa desde hace tiempo en ese proceso de envejecimiento: el 1 de enero de 2012 había 8.221.047 mayores, lo cual supone el 17,4% de la población total; en 1970 el número de personas mayores no superaba las 3.400.000. Este aumento se debe en gran parte a que el número octogenarios ha crecido, tomando un protagonismo creciente en la sociedad, llegando a conformar el 5,1% de los españoles: a este fenómeno se le conoce como envejecimiento del envejecimiento. Algunos autores, como Rosa Gómez (2011) hablan de la “feminización de la vejez”. Pese a que nacen más hombres que mujeres, el número se iguala a partir de los 35-40 años, mientras que en la vejez, éstas superan notablemente en número a los varones. “La preponderancia relativa de las mujeres de edad madura y avanzada se ha convertido en un factor claro de feminización del conjunto social, hasta el punto de que muy pronto casi uno de cada diez ciudadanos españoles será una mujer de 65 o más años”. (Gómez, 2011:47).
2. Marco Teórico. 20 2.1.1. Aumento de la esperanza de vida La esperanza de vida es uno de los indicadores más representativos a la hora de reflejar cómo influyen y cuáles son las consecuencias de las políticas sanitarias, sociales y económicas de un país. Podría definirse como: “Un indicador sintético de la mortalidad muy utilizado que se obtiene a partir del cálculo de la tabla de mortalidad. Representa la edad media de fallecimiento al alcanzar una edad determinada para una generación de personas nacidas en un año determinado y sujeta a los riesgos de mortalidad experimentados por los individuos de cada edad a lo largo de ese mismo año. Los más utilizados son la esperanza de vida al nacimiento y a los 65 años”. (Gómez, 2011:78). Como se puede observar en los datos del Movimiento Natural de la Población e Indicadores Demográficos Básicos (INE) 4 la longevidad se ha incrementado de forma espectacular, pues en 1900 la esperanza de vida era de 34,8 años, y situándose en estos momentos en torno a los 81,87 años de media para ambos sexos. Siguiendo con los mismos datos, se puede observar como la esperanza de vida de las mujeres españolas es de 84,8 años, mientras que la de los varones se sitúa en los 78,8 años, siendo una de las tasas más altas de la Unión Europea. El siguiente gráfico muestra cómo ha ido creciendo la esperanza de vida en España durante el siglo XX, llegando a duplicarse, tal y como puede apreciarse. 4 Según datos de: INE (2012). Movimiento Natural de la Población e Indicadores Demográficos Básicos. Nota de prensa. On-line. [Última consulta: 21 de mayo de 2012] http://www.ine.es/prensa/np697.pdf
2. Marco Teórico. 21 GRÁFICO 1. Esperanza de vida al nacimiento y a los 65 años. España, 1908-2006. Fuente: Gómez, 2011:63. Para Abellán y Esparza (2011), sin duda, uno de los factores claves en el aumento de la esperanza de vida, ha sido el notable descenso de la mortalidad infantil, que se ha visto favorecido por unas mejores condiciones de vida, avances médicos y por la cobertura sanitaria de la asistencia en el parto. Los patrones de mortalidad han variado también en otros sentidos, el 83,5% de todos los fallecidos en España son personas mayores de 65 años5. Abellán y Esparza (2011:3) sostienen que sigue existiendo “un declive de la mortalidad a edades altas, lo que provoca una mayor supervivencia de los mayores y un envejecimiento de los ya viejos”. Esto se aprecia al observar la morbilidad hospitalaria (altas); los mayores suponen el 39,2% de todos los 5 Según los datos que Abellán y Esparza (2011) extraen del Avance de Explotación del Padrón 2011 (INE).
2. Marco Teórico. 22 ingresos6, representando estancias más altas si se comparan con el resto de grupos de edad. 2.1.2. Incremento de las enfermedades degenerativas. Para Arriba y Moreno (2009) el envejecimiento de la población genera una amplia variedad de demandas en el cuidado, es decir, la proliferación de enfermedades mentales como el Alzheimer y otra serie de enfermedades crónicas y degenerativas, provoca que la sociedad haya prestado anteción a un problema que puede llegar a afectar a cualquiera y que por tanto, ha producido la incorporación en la agenda política de todo aquello que guarda relación directa con las situaciones de dependencia. O dicho de otro modo, el estudio de Abellán y Esparza (2011) corrobora que la mortalidad en España está condicionada por las principales causas de muerte entre los mayores, produciéndose un cambio interesante, dado que las enfermedades degenerativas llegan a sustituir ya a otras históricamente más importantes. “La principal causa de muerte entre los mayores está relacionada con enfermedades del aparato circulatorio (…) El cáncer es la segunda causa de muerte (…). En tercer lugar, a distancia, se encuentran las muertes por enfermedades respiratorias” (Abellán y Esparza, 2011:3-4). Ambos autores coinciden en destacar el importante aumento de la mortalidad provocado por enfermedades mentales y nerviosas, así como el del crecimiento de la tasa de discapacidad, “a los 80 años, más de la mitad de los españoles tiene problemas para realizar actividades de la vida cotidiana” (Abellán y Esparza, 2011:4), es decir, el envejecimiento suele conllevar situaciones de dependencia que requieren que esas personas reciban una serie de cuidados. 6 Según datos de: INE (2009). Encuesta de movilidad hospitalaria. Año 2007. Nota de prensa. On-line. [Última consulta: 21 de mayo de 2012] http://www.ine.es/prensa/np537.pdf
2. Marco Teórico. 23 2.1.3. Consecuencias del envejecimiento. Aunque en muchas ocasiones se tiende a pensar en el envejecimiento en términos negativos, no se debe olvidar que gracias al esfuerzo humano, hoy en día podemos vivir más y mejor. Según el Libro Blanco de la Dependencia, el envejecimiento “constituye una de las transformaciones sociales más importantes producidas en el último tercio del pasado siglo” (Rodríguez, 2005:30). Las instituciones sociales y políticas han comenzado a ajustar algunas de sus actuaciones a la nueva realidad demográfica, la cual demanda constantemente una mayor protección y apoyo social, aumento de servicios especializados y una concienciación generalizada de la realidad de las personas que se encuentran en situación de dependencia. Al revisar la distinta documentación relativa al envejecimiento, se puede observar cómo todos los expertos coinciden en señalar que la prioridad de las sociedades actuales debería ser “cubrir las necesidades de cuidados y atención a las personas dependientes, cuyo número, como ya se ha visto, se está viendo enormemente incrementado como consecuencia del aumento de la población de avanzada edad” (Rodríguez, 2005). Y como se verá en el siguiente epígrafe, el envejecimiento que se está produciendo, tiene lugar al mismo tiempo que la denominada “crisis de los sistemas de apoyo informal” que tradicionalmente habían respondido ante estas necesidades. En el año 1995, del Rincón destacaba las siguientes consecuencias de los procesos de envejecimiento: “La incorporación creciente de la mujer a la actividad laboral, la elevada movilidad geográfica, la concentración de la población en hábitats urbanos, el limitado número de hijos por pareja, la atomización de las unidades familiares y su dispersión espacial, los cambios en los valores y en los modelos de responsabilidad
2. Marco Teórico. 30 TABLA 1.2. Reformas en los modelos europeos de cuidados de larga duración. (Continuación). REFORMAS 2000- 2010 Modelo anglosajón (Reino Unido, Irlanda) Modelo continental (Alemania, Francia, Austria, Holanda, Luxemburgo y Bélgica) Modelo nórdico (Suecia, Finlandia y Dinamarca) Modelo mediterráneo (España, Italia y Portugal) Principios orientadores. Consumerismo, individualización del riesgo. Refamiliarización y mercantilización. Universalización, familiarización y mercantilización dual. Universalismo, familiarización y mercantilización. Accesibilidad. Preferencia personas en grave dependencia sin recursos. Universal. Universal. Transición hacia cobertura universal. Prestaciones. Preferencias prestaciones monetarias y presupuesto personal. Preferencia prestaciones monetarias y programas conciliación. Servicios: crecimiento prestaciones monetarias y presupuesto personal. Preferencia prestaciones monetarias; servicios sociales municipales y regionales. Provisión. Privada mercantil. Privada: mercantil; tercer sector en declive. Pública con crecimiento sector mercantil. Mixta: provisión tercer sector y crecimiento sector mercantil. Financiación. Mixta: pública y copago. Mixta: impuestos, cotizaciones y copago. Pública y copago. Mixta: impuestos y copago. También cotizaciones. Gobernanza. Fragmentación institucional y regulación central. Regulación central y gestión regional con financiación compartida. Regulación central y gestión municipal. Fragmentación con tendencia a sistematización. Fuente: Rodríguez, C. (2011). 2.2.3. La Ley de la Dependencia en España. Anttonen (2005), en su trabajo “Hacia un mayor cuidado público: cambios en las relaciones y las políticas públicas de cuidado a las personas dependientes”, viene a explicar el cambio que los distintos sistemas de bienestar europeos están introduciendo en sus políticas sociales, dada la creciente preocupación por el futuro del cuidado a las personas en situación de dependencia.
2. Marco Teórico. 31 Como esta autora señala, los modelos tradicionales de cuidados informales se han ido transformando debido a cambios económicos y sociales significativos, y con el tiempo el cuidado se ha convertido en un asunto público. “El cuidado es una cuestión de política social que levanta pasiones morales y políticas.” (Anttonen, 2005:10). La aprobación en España de la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, conocida como Ley de la Dependencia, ha marcado un hito en lo referente a la provisión de cuidados. Ha sido la respuesta española ante la llamada “crisis del cuidado informal.” Esta ley, en su preámbulo, reconoce la inviabilidad del modelo tradicional de cuidados en España, y aboga por poner en marcha un sistema de servicios (Sistema de Atención a la Dependencia), frente a las prestaciones económicas. Pero lo cierto es que la práctica está reforzando el cuidado familiar. Los datos ofrecidos por el SAAD-IMSERSO (Servicio de Estadísticas de la Subdirección General Adjunta de Valoración, Calidad y Evaluación), a 1 de mayo de 2012, vienen a corroborar esta situación: de las 946.075 prestaciones reconocidas, 428.899 corresponden a prestaciones económicas a cuidados familiares. Barbadillo y Gómez (2010), también destacaron esta misma situación al estudiar los datos del SAAD-IMSERO, a 1 de septiembre de 2010: “Como se puede apreciar, prácticamente la mitad de las intervenciones se concretan en prestaciones económicas por cuidados familiares. Y ello ocurre aún a pesar de que la Ley establece que los servicios han de tener carácter prioritario, produciéndose así una clara desviación respecto de las previsiones del legislador. Esta desviación se concreta en la continuidad de la realización de las tareas de cuidado por parte de las mujeres de la familia, que ya
2. Marco Teórico. 32 tradicionalmente eran las encargadas de las mismas, pero que ahora reciben una ayuda económica y son incluidas en la Seguridad Social.” (Barbadillo y Gómez, 2010:7). Por otro lado, se observa que de las 176.529 8 personas sujetas al convenio especial de cuidadores no profesionales de personas en situación de dependencia, 163.534 son mujeres, frente a 12.995 hombres, lo que demuestra la prevalencia del cuidado informal femenino. Además, si se considera la edad, se observa el envejecimiento de estos cuidadores, pues 39.292 son mayores de 60 años, lo que supone el grupo de edad más numeroso. Los datos 9 para la Comunidad Autónoma de Aragón corroboran esta situación. De las 22.548 prestaciones reconocidas, 14.544 son prestaciones económicas a cuidados familiares; es llamativo que no se haya concedido ninguna prestación de prevención de dependencia y promoción de autonomía personal, ninguna de teleasistencia y una única prestación de ayuda a domicilio. Del Rincón y Sanz (2010) destacaban lo siguiente en sus conclusiones: “Se trata de un problema generalizado en todo el territorio nacional y, posiblemente, inevitable en los comienzos de un proceso que sólo podrá ser valorado en sus justos términos en el largo plazo: el predominio absoluto de las prestaciones económicas sobre los servicios y, en particular, de las prestaciones económicas por los cuidados en el entorno familiar, está perpetuando el modelo tradicional de atención y cuidados. Modelo tradicional pervertido ahora por esa prestación económica tan aparentemente satisfactoria 8 Datos recogidos a 30 de abril de 2012, por el SAAD-IMSERSO (Servicio de Estadísticas de la Subdirección General Adjunta de Valoración, Calidad y Evaluación). 9 Extraídos de la misma fuente que la anterior: SAAD-IMSERSO (Servicio de Estadísticas de la Subdirección General Adjunta de Valoración, Calidad y Evaluación). Situación a 1 de mayo de 2012.
2. Marco Teórico. 33 tanto para las familias, y más en época de crisis, como para las administraciones públicas, especialmente en momentos de recorte de los recursos públicos.” (del Rincón y Sanz, 2010:38). De esta manera se perpetúa el rol de las mujeres como cuidadoras, pese a que la ley había previsto que la figura del cuidador/a familiar se hubiera ido convirtiendo en un hecho residual, y sin dar solución real al problema de partida que suponía la “crisis” de los cuidados informales. 2.3. Cuidados y cuidadores. 2.3.1. Perfil tradicional de los cuidadores en España. El art. 2.5. de la Ley de la Dependencia (39/2006), define el cuidado no profesional como “la atención prestada a personas en situación de dependencia en su domicilio, por personas de la familia o de su entorno, no vinculadas a un servicio de atención profesionalizada”. Según el Libro Blanco de la Dependencia, el cuidado informal es: “En su nivel más general y propio, el que se presta por parientes, amigos o vecinos. Este conjunto difuso de redes suele caracterizarse por su reducido tamaño, por existir afectividad en la relación y por realizar el cuidado no de manera ocasional, sino mediante un compromiso de cierta permanencia o duración. Sin embargo, por extensión, el término se aplica también a otros agentes de intervención, como pueden ser las asociaciones de ayuda mutua y el voluntariado.” (Rodríguez, 2005:173).
2. Marco Teórico. 34 Tal y como se ha señalado, el modelo de atención a las personas que requieren cuidados en España, corresponde a un modelo familista, (tradicional, mediterráneo y católico), fuertemente ligado a los cuidados informales. Según Jurado y Naldini (2007), pese a la relevancia de estos modelos familistas en los países del sur de Europa, las políticas sociales no han apoyado a las familias. Del Rincón y Sanz, en su material inédito preparado para el Máster de Gerontología (de la Universidad de Zaragoza), caracterizan este modelo de la siguiente manera: La inmensa mayoría de las personas que necesitan cuidados los reciben a través del sistema informal de atención. La responsabilidad de la atención a personas dependientes recae en la familia, mientras que los servicios de atención formal tienen un carácter subsidiario, predominando los cuidados familiares. Este cuidado familiar recae fundamentalmente en las mujeres, que están responsabilizadas socialmente a proveerlo en base a la división tradicional de los roles de género. Por este motivo el cuidado tiende a asociarse como una responsabilidad de mujeres. Se caracteriza por su invisibilidad y el escaso reconocimiento social a estas labores. Las principales motivaciones para ejercer como cuidadores informales están relacionadas con el altruismo y al responsabilidad moral. Por cuidador informal, en esta investigación, se entiende como la persona principal (a veces única), la cual es responsable de proporcionar ayuda, de manera continuada, a un familiar que necesita asistencia, bien por enfermedad, o bien por discapacidad, sin recibir remuneración. Lo cierto es que cuando se habla de este tipo de cuidadores, se observa como el peso suele recaer sobre las mujeres. Siguiendo a del Rincón (2009),
2. Marco Teórico. 35 el apoyo informal representa la fuente fundamental de atención y ayuda más frecuente entre personas mayores dependientes no institucionalizadas. La familia suele ser la principal fuente de cuidados y en su seno casi siempre existe un cuidador principal sobre quien recae la carga de la atención; este cuidador principal habitualmente es mujer (cónyuge, hija o nuera) por lo que la conclusión inequívoca que se puede extraer de la información disponible que el cuidado informal es suministrado en su mayor parte por mujeres, pudiendo establecerse la siguiente ecuación: Asistencia informal = asistencia familiar = asistencia prestada por mujeres. Armstrong y Kits (2001), cuando tratan de responder a la pregunta “¿quién es proveedor de cuidados?”, rotundamente afirman que son las mujeres, bien como hijas, madres, compañeras, amigas o incluso voluntarias. Al igual que muchos otros autores, sitúan a las mujeres como la principal fuente de provisión de cuidados, y subrayan, sin retribuir. A partir del informe del IMSERSO (2005) se puede decir que el perfil predominante de los cuidadores en España corresponde a una mujer de unos 53 años, casada, con estudios primarios y cuya actividad principal ha sido siempre la de realizar tareas del hogar y con escasa participación en el mercado de trabajo. Es decir, son mujeres que continúan representando el rol tradicional femenino como proveedoras de cuidados y afecto dentro de los modelos tradicionales de familia. A diferencia de otros países europeos, España aún destaca por el predominio de este perfil del cuidador, no observado grandes cambios en su composición desde los años noventa. Según Tobío (2010): “Tanto la primera Encuesta de Apoyo Informal a Mayores de 1993 (Inserso, 1995) como las más recientes coinciden en señalar a la hija como el pilar del cuidado. Por ejemplo, según la Encuesta de
2. Marco Teórico. 36 Condiciones de Vida de las Personas Mayores de 2006 (Abellán et al., 2007), es la cuidadora principal en el 39% de las tareas de cuidado. Le sigue la pareja en un 22%, a más distancia aparece el hijo, la empleada de hogar y el resto de las categorías (amistades, vecindario, voluntariado) apenas llega al 10%”. Con todo, los datos indican10 que se está produciendo una diversificación del perfil de los cuidadores, de entre los que están aumentando las mujeres ocupadas y el número de varones jubilados o pensionistas. Esto se puede ver representado en la tabla 2, que se incorpora al finalizar este epígrafe. La mayoría de los cuidadores presta la ayuda en solitario, es decir, sin apoyo formal o informal de otras personas o instituciones. Según el informe del IMSERSO (2005), aunque la red de apoyos formales se ha ido ampliando en los últimos tiempos, las mujeres continúan atendiendo principalmente a los dependientes, cubriendo en muchos casos necesidades que sin su labor de cuidadoras, no se verían atendidas. Crespo y López (2008), en su artículo “Cuidadores y cuidadoras: el efecto de género en el cuidado no profesional de los mayores”, abren una serie de interrogantes realmente interesantes ante esta cuestión, tratando de dilucidar si el cuidado es un asunto exclusivamente femenino, o si por el contrario, existen hombres participando activamente como cuidadores. Según Tobío (2010) los hombres están comenzando a implicarse más activamente en lo que respecta al cuidado infantil, pero todavía es menor en la vejez. Para esta autora, los motivos de esta escasa presencia de varones son diversos, pero destaca: 10 IMSERSO/Gfk-Emer (2004): Encuesta de Apoyo Informal a los mayores en España.
2. Marco Teórico. 37 La preferencia de los mayores por ser cuidados por mujeres. La justificación social que excusa a los hombres de realizar estas tareas. Los hombres suelen excusarse de la provisión de cuidados, refugiándose en el argumento de que ellos realizan un trabajo remunerado fuera del hogar. Los varones argumentan no poseer las habilidades suficientes para cuidar (que suelen resumirse en paciencia y capacidad de empatizar con la persona cuidada). De este modo los prejuicios han etiquetado tradicionalmente a las mujeres como las mejores o más adecuadas para cuidar, estereotipo que se sigue manteniendo hoy en día, pese a que las mujeres han entrado de lleno en el mundo laboral. Ello conlleva dificultades a la hora de compatibilizar ambas tareas y por tanto da lugar a que se hable de “la crisis del apoyo informal”. Para Rodríguez (2006:19-20) se está produciendo un “debilitamiento progresivo de la tradicional red informal de apoyo aportada por la familia en general y las mujeres de manera muy particular”. Algunos de los motivos que enuncia la autora son datos puramente objetivos como el envejecimiento provocado por el aumento de esperanza de vida en salud, y la caída de la fecundidad. También enumera las posibles consecuencias de esta evolución en la familia: aumentará el número de personas que vivan solas, además, estas personas mayores al no haber tenido hijos/as, (o al residir en distintas áreas geográficas, tendencia que cada vez cobra más fuerza en nuestra sociedad), no tendrán la posibilidad de que ser atendidas por ellos. Por otro lado, Rodríguez (2006:20), destaca los cambios culturales y de valores, es decir, “la transformación profunda de la posición social de las mujeres y, por ende, de su rol dentro y fuera de la familia”.
2. Marco Teórico. 38 O dicho de otro modo, tal y como Rodríguez (2006) concluye: “Como conclusión de este apartado, resulta fácil colegir la dificultad, si no la imposibilidad, de que las familias puedan mantener en el futuro su apoyo a las personas con dependencias, al menos en cuanto atañe a la intensidad de la atención que prestan en la actualidad.” (Rodríguez, 2006:21).
2. Marco Teórico. 39 TABLA 2. Perfil cuidadores en España (*). Cuidadores/as (A)** Población 2004 (B)*** Diferencia (A-B) GÉNERO Hombre 16,4 49,1 -32,7 Mujer 83,6 50,9 32,7 EDAD Menos de 20 años 1,2 4,9 -3,7 De 20 a 29 3,6 18,3 -14,7 De 30 a 39 11,9 20 -8,1 De 40 a 49 23,8 16,9 6,9 De 50 a 59 28,7 13,9 14,8 De 60 a 69 15,9 11,8 4,1 Más de 69 años 14,9 14,2 0,7 Edad media 52,9 46,2 0,7 ESTADO CIVIL Soltero/a 14,8 30,1 -15,3 Casado/a 76,2 58,3 17,9 Viudo/a 5,1 8,1 -3 Separado/a 2,1 2,2 -0,1 Divorciado/a 1,5 1,3 0,2 No consta 0,3 NIVEL DE ESTUDIOS Sin estudios + Analfabetos 17,1 15,9 1,2 Primarios 43 23,3 19,7 Segundo Grado 32,6 46,8 -14,2 Tercer Grado 7,0 14,0 -7 No sabe 0,3 SITUACIÓN LABORAL OCUPADO 26,0 48,7 -22,7 NO OCUPADO 73,1 51,3 21,8 Jubilado/pensionista 20,2 21,1 -0,9 Parado habiendo trabajado 7,0 6,4 0,6 Parado buscando primer empleo 0,3 1,5 -1,2 Tareas del hogar 44,2 14,5 29,7 Estudiante 1,4 6,2 -4,8 No contesta 0,9 (*) Fuente: IMSERSO/GFK (2005:17). (Esta tabla puede encontrarse en esa cita. Los asteriscos siguientes aparecen así en el original). (**) Fuente: IMSERO/Gfk-Emer (2004): Encuesta de Apoyo Informal a los mayores en España. (***) Fuente: INE (2004): Censo de Población y Viviendas 2001.
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 46 TABLA 3.1. Tabla de datos sobre los varones cuidadores mayores. Entrevistado 1 Entrevistado 2 Entrevistado 3 Entrevistado 4 Entrevistado 5 Edad del entrevistado. 80 años 81 años 61 62 82 Edad de la persona a la que cuida. 76 años 77 años 83 85 el padre y 82 la madre. 85 Relación con la persona a la que cuida. Esposa Esposa Madre Padre y Madre. Hermano Situación de dependencia (enfermedad). Alzheimer al 80%. Movilidad del 20% Depresión endógena. Cáncer de pecho, en estado de metástasis. Columna desviada. Sin visión en ojo izquierdo. Azúcar, colesterol, hipertensión. Invalidez total. Padre espondilitis: movilidad reducida y Madre Alzheimer. Párkinson y demencia mixta. Tiempo desde que empezó a cuidar 12 o 14 años. 14 meses muy enferma. 30 años desde que le diagnosticaron el cáncer. No lo recuerda. Más de 11 años 11 meses 10 años y anteriormente más Circunstancias de asunción de los cuidados. Ha sido progresivo. Sobrevenido. Viven los dos juntos. No planeado. Comenzó cuidando a su padre. Desde que le diagnosticaron Alzheimer a su madre. El hermano tenia buena salud hasta los 75 años. Derechos generados por la persona a la que cuida. Por la dependencia le pagan una mensualidad. Por la discapacidad una tarjeta. No han solicitado nada. Están reconociendo la dependencia No les han contestado todavía. Están incluidos en la ley de Dependencia pero aun no han recibido nada. Aún no han recibido nada. Le retenían menos en la pensión por enfermedad. Cuida en solitario o con ayuda. Ayuda de profesional y familiar esporádico. Fue por las circunstancias. Solo, pero con ayuda esporádica de su hija. Ayuda de profesional. Ayuda profesional y familiar. (Supervisor de cuidados). Está en residencia y familia lo visita todos los días. Tareas de cuidados Todas las tareas. Todas pero no necesita cuidados personales Ha dejado de realizar tareas de cuidado personal. Tareas de gestión y supervisión. Alimentación y compañía. Motivación para ejercer como cuidador. Ha sido por necesidad. Porque es su esposa. Por obligación moral. El amor y el cariño hacia su esposa. La convivencia de 45 años juntos. Considera a su madre lo más importante. Es imprescindible, para el algo cultural. Es su hermano. Repercusiones de los Está en un estrés continuo. El nerviosismo y estrés Al no trabajar, no trae dinero. Ninguno, al contrario. Ninguna, todo bien.
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 47 cuidados. psicológico. Sale menos con amigos. Con su padre sí sufrió ansiedad. Satisfacción en los cuidados. Sí, pero le gustaría hacer más por ella. Se sentía realizado, aunque apenado y obligado moralmente. Se siente feliz. Está feliz por ver contentas a las personas que cuida. Se siente realizado y admirado. Necesidades expresadas Buscar una residencia para los dos. Encontrar un piso mejor, sin escaleras y adaptado. Una persona fija que descargase la responsabilidad Más ayuda a los familiares. Tener persona interna en el hogar. Recibir más dinero para pagar la residencia. TABLA 3.2. Tabla de datos sobre los varones cuidadores mayores (Continuación). Entrevistado 6 Entrevistado 7 Entrevistado 8 Entrevistado 9 Entrevistado 10 Edad del entrevistado. 60 77 78 66 79 Edad de la persona a la que cuida. 85 80 75 esposa y 88 A. 63 82 Relación con la persona a la que cuida. Madre Esposa Esposa y la asistenta de hogar. Esposa Esposa Situación de dependencia (enfermedad). Demencia senil. Operación de cadera y médula ósea. Las 2 Alzheimer y la esposa soriasis. Alzheimer, y cáncer de pecho. Alzheimer. Tiempo desde que empezó a cuidar 5 años. 1 año y medio. 10 años. 2 años y medio. Desde el 2007. Circunstancias de asunción de los cuidados. Su deterioro mental y físico fue en aumento. Porque no podía ella, fue repentino Desde que se dio cuenta de que les fallaba la memoria. Paulatinamente la familia observó el deterioro. Porque empeoró el Alzheimer. Derechos generados por la persona a la que cuida. No ha sido valorada ni han recibido nada. Económicamente hasta el 2013 no van a recibir nada, pero tienen una asistenta en el hogar 4 horas a la semana. A la señora que vive con ellos le han concedido una residencia. Calculan que unos 300€ mensuales, pero todavía no han comenzado a percibirla. Si, 3er Grado de dependencia y le dan 400€ mensuales. Cuida en solitario o con ayuda. Profesional mientras trabaja y turnos con el hermano. Profesional de un ayuntamiento gratis 4h semanales y particular 2h. y los hijos esporádicamente. Profesional 6h diarias, asociación de Alzheimer 2h e hijos apoyo económico. En solitario y esporádicamente su hijo pequeño. En solitario, antes la familia. Tareas de cuidados Realiza todas excepto la ducha. Tareas de gestión y supervisión, así Todas las tareas. Todas las tareas. Todas las tareas.
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 48 como de limpieza y cocina. Motivación para ejercer como cuidador. Necesita ayuda y es su obligación. Porque no le queda más remedio. Porque no tiene dinero para pagar una residencia. Por el cariño que le tiene. Por amor, por el deber con gusto y cariño. Repercusiones de los cuidados. Abandonar un poco la familia debido a la necesitad del cuidado. Nada, alguna vez los riñones y poco más. Cambio de carácter: Más comprensión con los enfermos. Bien, ninguna. Ha cambiado el modo de vida. Satisfacción en los cuidados. No, nada de nada. No. Si, se siente realizado por poder ayudar. Contento porque lo hace por cariño. Satisfacción al verla contenta y feliz. Necesidades expresadas Residencia de ancianos y apoyo familiar. No necesitan nada. Internarlos en una residencia. Poder pagar a profesional de confianza. Atención de centro especializado. 3.1. Perfil del varón que ejerce como cuidador. Como se puede apreciar la tabla 3, siete de los diez entrevistados se encuentran en la llamada 4ª edad. Son personas que han asumido el rol de cuidadores a edades avanzadas, incluso aquellos que llevan mucho tiempo ejerciendo de cuidadores. Tal es el caso del Entrevistado 1, que según él, llevaba unos 12 o 14 años cuidando; actualmente tiene 80 años, es decir, comenzó a realizar estas tareas cuando ya tenía más de 66 años. A excepción de uno de estos cuidadores (el Entrevistado 5, que cuidaba a su hermano), el resto estaban cuidando a sus esposas y conviviendo con ellas. Estas parejas eran prácticamente octogenarias y residían solas en su domicilio. Este hecho es muy importante, porque al vivir en el mismo hogar se intensifican los cuidados, de manera que estos tienen lugar las veinticuatro horas del día, de manera cotidiana. El Entrevistado 1 nos hablaba del tiempo que dedicaba a los cuidados:
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 49 “Todos los días, todos los días, no tengo prácticamente descanso. Hay días que termino desahuciado, porque además ha sido siempre muy movida y tiene chispazos de rebeldía.” Tres de los entrevistados (los números 3, 4 y 6), tenían una edad comprendida entre los 60 y los 65 años, y se caracterizaban por estar cuidando a sus ascendientes (generalmente la madre). El Entrevistado 3 sí convivía con su madre, y por tanto la intensidad del cuidado era mayor; sin embargo, los otros dos no convivían con su familiar, aunque la vivencia de la carga del cuidado difiere: el Entrevistado 6 se manifestaba insatisfecho, pero seguramente fuese debido a que era el único de todos los entrevistados que estaba en activo, teniendo que compaginar su trabajo, las responsabilidades con su propia familia, y el cuidado de su madre; el Entrevistado 4 se mostraba satisfecho. Entre los cuidadores más mayores, destaca su mala situación de salud, algunos incluso aquejados de algunas enfermedades graves, que en el mejor de los casos, deberían estar siendo ellos los que estuviesen recibiendo cuidados. Además, dos de los entrevistados estaban ciudadano a dos personas a la vez: el Entrevistado 4 a su padre y a su madre y el Entrevistado 8, a su esposa y a la asistenta interna que había permanecido con ellos una vez jubilada. 3.2. Perfil de las personas que reciben cuidados. A excepción del Entrevistado 4, que cuidaba a su padre y madre, y del Entrevistado 5, que cuidaba a su hermano, el resto de las personas a las que estaban atendiendo estos varones cuidadores, era mujeres. Además, se podría considerar que todas ellas son octogenarias.
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 50 Otro dato en común que poseían estas mujeres, era el alto grado de dependencia que presentaban. La enfermedad más común que padecían estaba relacionada con Alzheimer (presente en siete de los casos), seguido por problemas de movilidad; en cualquier caso, todas estas dolencias eran de carácter degenerativo y generalmente respondían a un cuadro de pluripatología. El Entrevistado 1 describía así el estado de salud de su esposa: “Mi esposa está con Alzheimer, al 80%. Ella en realidad está normal, en cuanto a que reconoce a las personas, pero que al momento ya no se acuerda. (…) Luego tiene una movilidad de un 20% y tengo que llevarla de un sitio para otro, y pesa 80 y tantos kilos, y yo no puedo. Además tiene una depresión endógena desde 12 o 14 años y ha llevado un tratamiento que lo ha llevado bastante bien.” De estas personas, siete de ellas han sido valoradas y reconocidas como dependientes, dos de ellas están esperando la resolución; sólo cuatro están recibiendo una prestación económica y tan sólo una cuenta con una profesional que les proporciona la administración durante dos días a la semana, dos horas cada día. Resulta llamativo que alguno de los entrevistados no tuviesen la percepción de que el reconocimiento de la situación de dependencia, fuese un derecho subjetivo. Por ejemplo, el Entrevistado 6 contaba: “La verdad es que no hemos solicitado nada, pues nosotros aún tenemos posibilidad de atenderla, mientras podamos atenderla, no vamos a pedir nada.” En definitiva, la cobertura que el sistema de cuidados formales ofrece a estas personas dependientes es muy escasa, y por tanto, la atención informal que reciben por parte de los entrevistados, es fundamental para ellas.
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 51 3. 3. Tipo de ayuda que recibe el cuidador. A lo largo de las entrevistas se preguntó a los cuidadores si recibían algún tipo de ayuda o si por el contrario, cuidaban en solitario. En general la mayoría de los entrevistados coincidían al señalar que contaban con alguna clase de apoyo, siendo el de tipo profesional al que más acudían, seguido del familiar. En el estudio llevado a cabo por Sugiura et. al. (2009), corroboran este hecho, pues según estos autores, los maridos cuidadores utilizan los servicios de cuidado en el hogar dos veces más a menudo que las mujeres. Continúan explicando que esta estrategia de búsqueda de apoyo, les ayuda a afrontar las tareas de cuidado y además, evita en mayor medida la aparición de signos de depresión. En cuanto al cuidado profesional (o personal remunerado), la mayoría de los entrevistados relataba que contaban con ayuda de algunas personas, quienes pasaban unas horas al día realizando tareas del hogar y de cuidado, y a las cuales pagaban por realizar esas labores. En general, se podría decir que el perfil de estos profesionales corresponde a mujeres, inmigrantes y que están prestando el servicio de manera privada, o dicho de otro modo, a la mayoría de las personas dependientes la administración no les había concedido este tipo de prestación. El Entrevistado 1 tenía contratada a “una chica que viene 2 horas diarias, de lunes a viernes”: “Ella hace lo que en realidad hacen la mayoría de las mujeres y sobre todo atender a mi mujer, le tengo dicho <<lo primero ella>>. Pues ella la ducha, la limpia, la asea… y luego hace la cama, limpia los dormitorios, planchar… y si se deja alguna cosa, pues para el día siguiente. (…) El gobierno de la casa mientras yo no estoy, lo hace
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 52 ella. Todo lo que haga está bien hecho, porque es una chica que es muy fiable.” En el caso del Entrevistado 7, también cuenta con ayuda de dos profesionales que colaboran en el cuidado de su mujer y de la casa, una de ellas está contratada de manera privada, y la otra, forma parte del servicio que les proporciona el Ayuntamiento de Zaragoza: “La del ayuntamiento que viene dos días a la semana gratis y también una particular que pago yo. Vienen dos horas cada vez que les toca. La una viene el martes y el viernes y la otra viene el jueves. (…) Cuando vienen ellas lo hacen todo menos guisar. Y lo hacen todo, la limpieza, la cama, el baño… y cuando no vienen lo hago yo.” Como ya se ha dicho, estas cuidadoras profesionales suelen ser inmigrantes. Según datos del resumen del trabajo de Moreno y Bruquetas (2011:2), “las trabajadoras extranjeras (en gran medida latinoamericanas) han pasado a ocupar entre la mitad y dos terceras partes del empleo regular de este sector. En el caso de las cuidadoras de mayores, el 40% son extranjeras y representan hasta el 80% de las cuidadoras en régimen interno.” Además, este tipo de cuidado que proporcionan, está generalmente bien valorado por los entrevistados, frente al que proveen las españolas, así el Entrevistado 1 relataba: “Estoy muy contento porque todas las que han venido son muy majas. Todas ecuatorianas, las dos veces que he tenido españolas, de pena. Sabes que pasa, que son más dulces, y para manejar a un anciano, mejor.” Por otro lado, la mayoría de estos cuidadores contaba con el apoyo de algún familiar, aunque de manera esporádica y puntual. Esta ayuda suele ser proporcionada por los hijos e hijas de los entrevistados, y en algunos
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 53 casos, también por hermanos. Normalmente se traduce en la realización de tareas concretas, aunque a veces, también a modo de soporte económico. El Entrevistado 2 cuenta el tipo de ayuda que le brinda su hija: “Mi hija E. viene cuando puede, no viene todos los días, pero cuando puede la moza. Pues ella hacía la limpieza de la casa, que igual me decía, <<te voy a lavar esto, o te voy a fregar esto>>. Hoy ha estado, y me ha planchado dos pantalones.” El Entrevistado 6, que cuida a su madre, cuenta cómo se turna con su hermano y con una profesional que tienen contratada: “Por las mañanas viene una mujer mientras trabajo. Después de trabajar, realizo las compras necesarias y acudo a su casa. Estoy acompañándola y preparo la cena. Se la doy y espero la llegada de mi hermano que duerme con ella. Esto me ocupa de 6 a 10 de la noche. Los fines de semana me alterno con mi hermano.” El Entrevistado 8 relataba cómo la situación familiar y laboral de sus hijos, les impedía pasar más rato con ellos (con el entrevistado y su madre dependiente), y que en cambio, colaboraban económicamente: “No pueden venir mucho, de visita sí, pero porque tienen familias, trabajo, el negocio…, y dos viven fuera. (…) Mis hijos, me ayudan entre todos económicamente, todos aportan y me dan algo para pagar a la mujer que viene 6 horas.” Los principales motivos que argumentaban los entrevistados para la escasa involucración de la familia en el cuidado, estaban relacionados con las cargas familiares que sus hijos o hijas pudieran tener. Por ejemplo, el Entrevistado 7 comentaba que pese a tener cinco hijos, no pasaban mucho tiempo ayudándoles, pues estaban todos casados:
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 54 “Mis hijos vienen de vez en cuando y me hacen alguna cosa, se suben a los altos, colocan alguna cosa… pero poco porque están casados y tienen familias. El que más el pequeño, viene para la compra grande, que nos la trae porque pesa.” Tan sólo uno de los entrevistados, el Entrevistado 5, tenía a su familiar, en este caso hermano, en una residencia. Contaba como durante muchos años, mientras su hermano podía estar solo en casa, él pasaba todos los días a cuidarle, pero que llegó un momento en el que lo mejor para su hermano, era la residencia. “Me turno con un hermano, y un sobrino también ahora, pero en otros tiempos he ido yo solo, no le hemos dejado de la mano. Vamos todos los días a darle la comida, al medio día; vamos todos los días, yo voy 3 días, mi hermano 3 días y mi sobrino pues 1 o 2 días a la semana. (…) Cuando mi hermano estaba en casa, yo estaba siempre encima de él, iba a llevarle la correspondencia, a estar pendiente de todas las cosas…” Según Velkoff y Lawson (1998), una de las razones para el bajo nivel de institucionalización es que tradicionalmente, los miembros de la familia proveen cuidado a la gente mayor que no es capaz de cuidarse por sí misma, y que por tanto no tienen esa necesidad. Aunque como veremos a lo largo de otro punto de este análisis, destaca el hecho de que muchos de los cuidadores identifiquen una residencia como la mejor opción para ellos y para las personas a las que están cuidando. Llama la atención que ninguno de los familiares de los entrevistados acudiese a centros de día u otro tipo de servicio especializado. En todo caso, todos los entrevistados coinciden en señalar de gran utilidad el apoyo que reciben, lo valoran especialmente, sobre todo el familiar. Por
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 55 ejemplo el Entrevistado 7, que cuenta con apoyo de dos empleadas y también de sus hijos (aunque esporádicamente) comentaba: “Sí, sí, sí. Si las valoramos, sí, porque nosotros prácticamente no podemos hacer nada; mira que ahora nos tenemos que poner los calcetines el uno al otro. Y de los hijos, claro que también.” Además, el Entrevistado 6 al preguntarle por cómo valoraba la ayuda en los cuidados, destacaba lo siguiente: “Es muy importante, pues de esta manera descanso. La presión psicológica es extrema.” Pese a la satisfacción general con este tipo de ayuda, cabe nombrar las quejas que algunos entrevistados manifestaban al referirse a los cuidadores profesionales. Esto puede ser debido a que al haber aumentado tanto la demanda en los últimos años de este tipo de servicios, estos empleos se hayan cubierto por personas sin cualificación específica, dando paso al intrusismo profesional, e incluso, tal y como cuenta el Entrevistado 9, a grupos criminales organizados: “Nos recomendaron una chica11, para que limpiara al piso un par de veces por semana, una hora por la tarde, dos veces a la semana. Y un día que nos fuimos a comer con la familia, le dije a mi mujer “espera, que te voy a poner los pendientes que te regalé.” Y fui a la caja en la que estaban, y ni estaban los pendientes, ni el anillo, ni nada… yo calculo que se me llevó más de un millón de pesetas. (…) La policía nos dijo que será muy difícil recuperar, porque se lo pasan y aunque sea, venden una pieza ahora, luego otra… y están muy organizados.” 11 Se la recomendaron de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer (AFEDAZ).
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 62 muestran demasiado interés y en general, renuncian a este tipo de actividades, en ocasiones no les compensa el esfuerzo que tienen que realizar al desplazarse; así nos lo cuenta el Entrevistado 9: “Vamos juntos a todos lados, pero que le digo yo que vayamos al “Pepe Garcés” (es un polideportivo municipal), que hay agua caliente, la bicicleta, pero que no quiere desde que se puso así ya… pues nada.” Al preguntar a estos varones sobre cómo han ido aprendiendo a realizar estas tareas, cuentan que se han fijado en cómo lo hacían sus esposas (en el caso de los matrimonios) o bien siguiendo las instrucciones de éstas. En otros casos parece que la intuición es la que más les ha guiado en su aprendizaje. El Entrevistado 2 considera que está satisfecho con sus logros culinarios: “cocina ella a veces, aunque yo ya he aprendido bastante.” El Entrevistado 3 aprendió mediante la observación a cocinar los alimentos apropiados para su madre, afectada de diabetes: “Yo le hago todo de comer. Me he ido fijando siempre de ella y he aprendido a las comidas que le tengo que dar según tenga el azúcar ese día.” Algunos entrevistados contaban a modo de anécdota, como cuidador y cuidado se procuraban ayuda el uno al otro, por ejemplo para vestirse o cortarse las uñas de los pies, cocinar… El Entrevistado 7 explicaba lo siguiente: “Nosotros cocinamos a medias. Ésta se sienta ahí en una silla de la cocina y me dice lo que tengo que hacer, si subo el fuego, si bajo el fuego… pelar patatas… (…) Y para ponernos los calcetines también a medias, porque desde que me operaron no me puedo agachar bien. Ahí en la cama ella me pone los calcetines y luego al revés.”
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 63 También el Entrevistado 8, operado recientemente tenía problemas para efectuar algunos movimientos, y necesitaba esa ayuda puntual de su mujer. “Como yo ahora no puedo agacharme porque tengo una bolsa aquí atada a la pierna, ella me tiene que cortar las uñas de los pies. Y luego yo se las corto a ella.” El capítulo “<<Yo soy los ojos y ella los brazos>>: cambios en los roles de género en la vejez avanzada”, escrito por Gail Wilson, e incluido en el texto de Arber y Ginn (1996), viene a ilustrar la realidad de parejas como las de estos entrevistados, en las que a partir de determinadas edades y a causa de algunas de sus enfermedades, deberán establecer un nuevo tipo de relación en la que tendrán que complementarse para poder realizar algunas tareas, que por sí solos no podrían llevar a cabo. 3.5. Circunstancias por las que asumen el rol de cuidadores. A lo largo del ciclo vital, las personas pueden ejercer como cuidadores en varios momentos, por ejemplo durante la infancia de los hijos o de los nietos, así como también durante la vejez o situaciones de dependencia de un familiar o persona cercana. Pese a que el cuidado entre humanos es algo natural y cotidiano, los hombres entrevistados no identificaban en sus vidas ninguna experiencia previa como cuidadores. El Entrevistado 1 contaba: “¿Yo? No, nunca había ejercido como cuidador, la casa la llevaba siempre mi mujer, y lo primero, porque yo estaba siempre de viaje. Ella los hijos y la casa, yo el trabajo de fuera.”
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 64 El Entrevistado 4, que está asistiendo a un curso sobre cuidadores y es más joven que la media de entrevistados, sí que ha aprendido a identificar los distintos momentos en los que ha sido cuidador para alguien: “No aunque es muy relativo porque a lo mejor es que no lo he pensado nunca pero puede ser que sí lo haya sido toda la vida. (…) A mi hermano, que siempre ha ido en silla de ruedas, y también de mis hijas cuando eran pequeñas. (…) Estoy en el programa ese de cuidadores, y además, por circunstancias de la vida llevo 3 años en terapias y la verdad es que pienso que he madurado bastante y ahora me doy más cuenta de todo eso.” Esta falta de conciencia e implicación en los cuidados, en parte puede deberse a que tradicionalmente el cuidado ha sido asociado a la identidad de género. Según Tobío (2012:6), “en una argumentación circular se ha dado por supuesto que las cuidadoras lo son por ser mujeres, al tiempo que son mujeres porque cuidan. La masculinidad, por el contrario, se construye como la negación de la feminidad (…): no ser, no actuar como las mujeres y, por tanto, no cuidar.” Según la misma autora, las mujeres tuvieron que luchar para abrirse camino en el mundo laboral fuera de sus hogares, mientras que a los hombres, que están comenzado a incorporarse a la tarea de los cuidados informales, se les está animando a asumir responsabilidades también en el ámbito de privado de sus casas, “donde sin duda les esperan muchas sorpresas agradables” (Tobío, 2012:6). La asunción de los cuidados para los entrevistados ha sido generalmente algo progresivo, debido al tipo de enfermedades degenerativas que padecen sus familiares (se observa un gran número de casos de Alzheimer y enfermedades que afectan paulatinamente a la movilidad). Este hecho ha propiciado que hayan podio ir asumiendo las implicaciones que derivan de este
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 65 tipo de dolencias, así como el aprendizaje de las nuevas tareas que debían realizar. El Entrevistado 1 observa dos momentos en la enfermedad de su mujer (Alzheimer), cuando todavía ella tenía cierta autonomía, y cuando su estado de salud la limitó enormemente: “Esto ha sido progresivo, yo siempre he tenido la autonomía de salir de casa por las mañanas, porque mi mujer estaba en condiciones de valerse por sí misma. Pero luego ya cuando empezaba peor, no.” En el caso del Entrevistado 7, fue algo repentino por una operación que sufrió su esposa, y cuenta su experiencia de la siguiente manera: “Porque no podía ella, no podía y tenía que ayudarle yo. Y al principio la impotencia de verse que no podía y yo que tenía que aprender y hacerlo todo yo. Fue repentino desde que la operaron y hasta ahora, cada vez puedo menos yo y menos ella.” Además, la decisión de comenzar a cuidar no responde a ningún tipo de acto planeado previamente, ni a una solicitud o demanda concreta de la persona en situación de dependencia. El Entrevistado 10 contaba: “No había sido planificado, ni lo habría pensado nunca, pero es una decisión que yo mismo tuve que tomar cuando vi que enfermaba. Y ella tampoco querría que hubiera sido otra persona.” También el Entrevistado 6 en cierto modo sí era consciente de que su madre iba a necesitar recibir cuidados, pero confesaba no estar preparado para la situación que más tarde le sobrevino:
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 66 “No estaba planificado, había pensado que alguna vez acabaría cuidando pero no hasta ese extremo. La decisión se tomo debido a las circunstancias de soledad de mi madre.” Sin duda, la respuesta más llamativa, y casi frecuente que daban los entrevistados cuando se les preguntaba por la cuestión de la planificación de los cuidados, era que ellos jamás se lo habrían imaginado, pues siempre habían desempeñado roles fuera del hogar. El Entrevistado 8 contó una imagen típica de su vida cotidiana antes de empezar a ser cuidador: “¿Yo planificado? Nunca. Yo soy el hombre que en casa como un Faquir (refiriéndose a un Rajá), o sea todos me servían. (…) Llegaba a mi casa y me traían las zapatillas al sofá y yo a ver la tele, o me iba al fútbol o me bajaba al bar a echar la partidica de guiñote; y a mesa puesta siempre, puntual a mi hora. Ni entendía de cocinas, ni de lavadoras, ni de nada del hogar (…) Fíjate con la A. que estaba de sirvienta, mi mujer y mis hijas, de trabajar nada.” En los momentos previos a la entrevista, el Entrevistado 1 comentaba que a su parecer, el tema de la investigación le parecía novedoso, porque según él, en sus tiempos, ver a un hombre cuidando a su mujer hubiera sido impensable. También el Entrevistado 9 respondía siguiendo la misma línea: “¿Yo? ¿El niño mimado de la casa? Nunca. Empecé yo porque mis hijos no pueden venir ninguno y la cuido yo porque soy el que está en casa. Nunca lo había pensado.” O dicho de otro modo, sus respuestas encajan con lo que Constanza Tobío (2012) viene a decir en su trabajo, y es que ciertamente existen hombres que cuidan, pero todavía queda mucho para que estos igualen en número a las mujeres, y para que suceda, es necesario que se derriben obstáculos, algunos tan arraigados como los roles tradicionalmente atribuidos a cada género.
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 67 3.6. Motivación para ejercer como cuidadores. En este apartado se han podido localizar un conjunto de respuestas más heterogéneas que en los anteriores, pues no existe un único motivo por el que las personas comienzan a realizar las labores de cuidado, y mucho menos por el que las continúan llevando a cabo. Según la sección de “Preguntas y respuestas sobre cuidadores” que aparece en el Portal de Mayores12, son varios los motivos por los que se cuida a una persona mayor: “la mayoría de las personas que cuidan a sus familiares están de acuerdo en que se trata de un deber moral que no debe ser eludido y que existe una responsabilidad social y familiar, unas normas sociales, que deben ser respetadas. Sin embargo, no es ésta la única razón que puede llevar a las personas a cuidar a sus familiares.” Siguiendo los puntos que plantean en la web, y a tenor de las respuestas de los entrevistados, se pueden destacar los siguientes motivos: Por motivación altruista, es decir, los cuidadores no necesitan recibir nada a cambio, realizan las actividades con esmero y complacencia, aún a costa de sus propios intereses o bienestar. Este es el caso del Entrevistado 9: “La cuido porque llevamos 45 años juntos, si no fuera por cariño de qué ibas a cuidar a nadie, ni por dinero ni por nada más. Si ella se encuentra bien, yo también, aunque me canse.” Por reciprocidad, o dicho de otro modo, ellos sintieron que esa persona realizó esas tareas antes por él y ahora deben corresponder. Es el caso de hijos cuidando a sus madres, como el del Entrevistado 3: 12 Aparecen en una sección interactiva en la que mediante links, se van accediendo a las diferentes secciones de la página web. La dirección completa es la siguiente: http://www.imsersomayores.csic.es/documentacion/especiales/cuidadores/pyr/index.html
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 68 “Es mi madre, mi amiga, mi compañera y podemos hablar de lo que sea, hablando serio o gastando bromas, ir a tomar un refresco y como amigos. Y ella me cuidó siempre a mí.” Por gratitud y estima, o dicho en otras palabras, por amor y cariño. Esto suele verse reflejado en los maridos que cuidan de sus esposas, tal y como contaba el Entrevistado 2. “El amor que le tienes a la esposa, que es natural, la convivencia de 45 años juntos más 7 años festejando.” Para evitar la censura social, puesto que en muchos casos, la presión del entorno obliga a tomar esta opción, aunque pudieran existir otras alternativas, como le ocurrió al Entrevistado 6, que a pesar de gozar de una posición económica desahogada, expresaba lo siguiente: “La principal es que es mi madre y necesita ayuda. La seguiré cuidando porque es mi obligación. En mi familia siempre se ha hecho así, mi hermano soltero y tías no entenderían que fuera de otra manera y delegásemos en otra persona el cuidado de mi madre.” Por motivos religiosos, son personas practicantes, con fuertes convicciones y que participan de alguna manera en sus parroquias, identificando la fe y el servicio a Dios, con la preocupación y atención al prójimo. El Entrevistado 5, es un ejemplo claro: “Hombre pues porque es mi hermano, pero si hubiera que hacerlo por otro que no fuera mi hermano lo haría igual. Y lo sigo cuidando por lo mismo: por agradecerle la fe.” Por motivos económicos, que aunque no aparecen reflejados en la lista que ofrece el Portal de Mayores, sí se alude a ello en la entrevista 8, y
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 69 se dejaba traslucir en otras, en las que la falta de recursos obligaba a recurrir a los cuidados informales: “Pues porque no puedo pagarme una residencia, sencillamente, porque he mirado en muchos lados y con lo que ganamos no puedo y ahora voy a poner en venta el piso y si lo vendo nos vamos a una residencia.” Por razones culturales, tal y como menciona el Entrevistado 4: “Porque es imprescindible cuidarlos, para mí en principio es algo cultural, en mi casa vi eso con mis abuelos, y en casa de mi madre mi bisabuela.” Dentro de los motivos culturales también se puede distinguir entre: o Familismo, en el que se observan fuertes sentimientos de lealtad entre los miembros de la familia, como el Entrevistado 10: “Porque es mi esposa y la persona que más quiero, junto a mi hijo y nietas y la seguiré cuidando porque es mi deber, así debe ser; lo hago con gusto y mucho cariño. Mi vida, ahora mismo, es ella.” o Personalismo, pues creen que nadie va a atender tan bien a sus familiares como ellos mismos; así se manifestaba el Entrevistado 7: “Porque no me queda más remedio… ¿Qué hago? ¿La dejo sola? ¿La dejo a cargo de otra persona que no la atienda bien?.”
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 70 Cuando se les preguntó a los entrevistados por las perspectivas de futuro como cuidadores, en concreto, cómo se veían a sí mismos en unos años realizando esas labores, se podrían diferenciar dos tipos de respuestas. Por un lado algunos entrevistados se muestran más optimistas y positivos a la hora de pensar en el futuro. Coincide con que forman parte del grupo de los más jóvenes de la muestra, y que están cuidando a sus ascendientes, pues biológicamente, parece ser más natural que a ciertas edades los padres requieran cuidados y que los hijos se los procuren. El Entrevistado 3 afirmaba: “Pues yo creo que igual porque yo la paciencia no la pierdo con mi madre, contento, feliz, yo me organizo… Me veo igual.” También el Entrevistado 4 respondía en la misma línea: “Me veo más implicado porque van a tener más necesidades, que cuando las tengan se buscará la solución que mejor nos parezca, pero animado y no me quita el sueño.” Las perspectivas más negativas las aportaban el grupo de cuidadores de mayor edad, posiblemente porque son conscientes de que pronto ellos van a necesitar ser cuidados (algunos ya estarían en posición de recibir ellos las atenciones) y que anímicamente sienten que se encuentran en el final de su ciclo vital, como el Entrevistado 7, que decía que en poco tiempo se reuniría con su amigo fallecido. El Entrevistado 1 relataba así su futuro: “Yo el futuro lo veo negro. Estoy mirando una residencia para irnos los dos, porque el día que mi mujer no pueda andar, pues yo me voy con ella. Aunque yo soy muy optimista, soy realista, a veces se me cae el alma a los pies, pero me levanto, porque si encima me caigo yo, pues imagínate.”
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 71 Además el Entrevistado 8 comentaba que se encontraba en posición de ser él el receptor de los cuidados, pues su estado de salud no era bueno: “Pues con ganas de que me cuiden solo a mí, porque ahora me tienen que cuidar a mí, ese es el problema.” Otro grupo de entrevistados sin embargo, era reacio plantearse el futuro, ya que la mera mención de la pregunta, les causaba desasosiego y preferían pensar sólo en el día a día, como el Entrevistado 10: “El futuro es algo incierto, los dos somos personas mayores.” Es decir que las condiciones físicas, estado anímico y su carácter o personalidad, influyen notablemente en la forma que tienen de afrontar tanto su vida actual como cuidadores, como su visón de la situación en un futuro. 3.7. Repercusiones y satisfacción de los cuidadores. El hecho de cuidar puede implicar una serie de repercusiones en la vida de los cuidadores; se pueden traducir en términos de carga de cuidado o costes negativos, o bien en beneficios y satisfacción a la hora de realizar esa actividad. En el apartado de “Preguntas y respuestas sobre cuidadores” del Portal de Mayores, se enumeran una serie de consecuencias y repercusiones negativas que conllevan las tareas de cuidado en las personas que las llevan a cabo. Según esta web, las áreas que se ven afectadas con mayor frecuencia en la vida de los cuidadores o que más cambios sufren, coinciden en gran
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 78 Por otro lado los cuidadores demandaban una mejor adaptación de sus hogares a las nuevas circunstancias originadas por la situación de dependencia de su familiar. Hay que tener en cuenta que estas personas mayores, a menudo viven en edificios antiguos que presentan numerosas barreras arquitectónicas, como por ejemplo, escaleras, ascensores pequeños… que dificultan el acceso y salida del inmueble a personas con movilidad reducida. El Entrevistado 2, que vivía en un cuarto piso y sin posibilidad de instalar ningún tipo de elevador, comentaba: “Excepto por las escaleras mejor en casa que en ningún lado. (…) Lo malo es que ahora ya ni sale a la calle, porque tiene que ir parándose en cada descansillo, le resulta muy penoso y no compensa.” Otros entrevistados sin embargo, preferían que fuese una persona cualificada y de confianza, la que les sirviera de apoyo para hacer más llevadero su labor: “Que tuviera un poco más de apoyo, con alguna persona para tener un poco más de libertad, y no ir tan deprisa para fijarte más en las compras, etc. Desahogo en general.” (Entrevistado 3). El Entrevistado 4 era el que más necesidades expresaba, haciendo hincapié en las de tipo económico; su discurso era el siguiente: “Seguir igual, mientras siga así estoy pasando una de las etapas más felices de mi vida. Que les diesen dinero claro, pero vamos en principio están bien. El día que sea necesario una persona interna en el hogar, o algún centro de día.” Pese a haber formulado por separado la pregunta acerca de las necesidades de la persona en situación de dependencia y de las necesidades
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 79 de los propios cuidadores, algunos tendían a identificar unas con otras, es decir, no distinguían entre ambas necesidades. Por ejemplo, los entrevistados 1 y 10 lo contaban de la siguiente manera: “Yo, para mí quiero una residencia buena, bonita y barata, para no tener que dejarla y poder estar los dos juntos.” (Entrevistado 1) “Para mí no necesito nada, lo único que necesito es que ella esté bien.” (Entrevistado 10). En algunos casos los entrevistados deseaban más apoyo y comprensión por parte de sus familias, tal y como lo expresaba el Entrevistado 6. “Más apoyo y comprensión por parte de mi familia. (…) Bastaría con ponerse en la situación de cualquiera de los dos (cuidado y cuidador) e intentar comprenderlos.” Aunque la mayoría de los entrevistados ya cuentan con personas contratadas (o personal remunerado) para realizar tareas del hogar y de cuidados, muchos de ellos perciben esas horas de apoyo como insuficientes, y reclaman más ayudas por parte de las administraciones públicas, ya que ellos no pueden asumir más costes. “Lo mismo que ella, apoyo físico, una persona. Porque te diviertes cuando sales, pero siempre estas pensando en casa, y estás pensando todo el rato, <<¿Cómo estará? ¿Qué hará?>> (…) Sobre todo me gustaría que hubiera más ayuda a los familiares, que estudiasen el tema, más asistencia de un ATS para gente que no sabe poner bien la insulina…, para dar el alimento,… depende de cada circunstancia. Más apoyo para poder hacerlo todo con más tranquilidad.” (Entrevistado 3).
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 80 “Una persona que ayude a cuidar (…). Bajo mi punto de vista, las necesidades que puede haber en una casa, la administración las sabe perfectamente, sabe dónde viven y cómo son los cuidados y cuidadores; una persona mayor cuanto más tiempo este en su casa va a estar mejor, con lo cual distribuir la riqueza que tenemos para estas cosas.” (Entrevistado 4). Por último algunos de estos varones cuidadores, señalaban que sus necesidades se orientaban hacia el ocio y tiempo libre, pues echaban de menos algunas de las actividades que realizaban antes de asumir esta responsabilidad y para ello proponían ampliar el horario de las personas contratadas para cuidar de sus familiares, lo cual no podían hacer por las repercusiones económicas que supondría. “Nada, lo único que echo en falta es dar alguna vueltecica por ahí (…). Que tuvieran más ayuda ellos, compañía, a veces se queda corto el tiempo que ofrecen algunos trabajadores.” (Entrevistado 7). “Lo único que me gustaría poder pagar a alguna vecina o amiga de la infancia de mi mujer para que se fuera con ella a dar una vuelta y así poder tener un rato para mí.” (Entrevistado 9). 3. 9. Cuidados informales bajo el punto de vista profesional. Para completar el presente estudio sobre los cuidadores mayores en Zaragoza, se ha procedido a realizar una serie de entrevistas a distintos profesionales que trabajan en el ámbito de la dependencia, para conocer su punto de vista sobre los cuidadores varones, mayores de sesenta y cinco años.
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 81 Se ha contado con la colaboración de seis profesionales del área de la Salud y del Trabajo Social. En primer lugar, para conocer la percepción sobre el colectivo de mayores cuidadores, se les formuló la siguiente pregunta: ¿considera que el colectivo de varones mayores de 65 años, que ejercen como cuidadores de personas en situación de dependencia, está aumentando? ¿Qué podría suceder en el futuro en relación a este grupo de cuidadores? Todas estas profesionales están de acuerdo en afirmar que efectivamente, el número de cuidadores ha aumentando y lo seguirá haciendo en los próximos años. Aunque sí aprecian un incremento en la cantidad de hombres que proveen cuidados informales, constatan que todavía hay muchas más mujeres cuidadoras que varones. “Este grupo ha aumentado, pero no en proporción mayor que el grupo de cuidadoras femeninas. Al aumentar el número de personas dependientes mayores de 65 años, ha aumentado el número de cuidadores (sea hombre o mujer). Pero en la actualidad sigue siendo los cuidadores mayoritariamente población femenina. Sí que es cierto que anteriormente, cuando la persona dependiente de la pareja era la mujer, los cuidados principales recaían en las hijas y no en el cónyuge. Ahora como normalmente los/as hijos/as están trabajando o tienen hijos, es el cónyuge masculino quien se tiene que hacer cargo de los cuidados de la mujer y la casa. Por eso podemos encontrar más casos que antes, en los que es el cónyuge masculino el que lleva la principal carga de los cuidados. Este sector de cuidadores aumentara probablemente debido a la incorporación al mundo laboral de la mujer (hijas), y al cambio de
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 82 mentalidad de la sociedad, pero no alcanzará en número al sector femenino.” (Profesional 4). “En un futuro aumentará la demanda de trabajadores sociales y aumentarán las solicitudes de ayudas domiciliares.” (Profesional 2). Estas profesionales identifican que el sector de los cuidados informales, realizados tanto por hombres como por mujeres, está creciendo considerablemente, debido fundamentalmente a factores relacionados con el aumento de la esperanza de vida, así como por factores económicos. “Sí, este colectivo está aumentando en parte por el incremento de la esperanza de vida, y en parte por la situación económica actual, pues ahora los pacientes dependientes tienden a quedarse en casa y no ingresar en residencias.” (Profesional 2). “Creo que aumentarán debido al cambio progresivo de nuestra sociedad y ante situaciones de desempleo, falta de recursos, etc.” (Profesional 5). En segundo lugar las profesionales plantearon aquellas necesidades específicas detectadas en este tipo de cuidadores informales. De sus discursos se puede deducir la siguiente clasificación de necesidades: Apoyo para realizar las tareas domésticas y de cuidados personales. El análisis efectuado anteriormente en este mismo trabajo, sobre el tipo de actividades de cuidado que realizan los varones, viene a corroborar esta afirmación, puesto que la mayoría de ellos, contaban con apoyos para llevar a cabo estas tareas. Tanto la literatura existente, como las propias profesionales, sostienen que esto se debe a que tradicionalmente, este grupo de cuidadores masculinos, nunca habían adoptado el papel de cuidador o de gestionar la casa, ya que
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 83 anteriormente este tipo de labores, las realizaban las mujeres con las que convivían en el hogar. Las profesionales cuentan: “Solicitan información sobre servicios de ayuda a domicilio para limpieza y ayuda en la atención a la persona dependiente” (Profesional 1). “Desarrollar la higiene de la persona cuidada.” (Profesional 3). “Tareas domésticas y tareas de cuidado que principalmente realizaban las mujeres (o todavía realizan).” (Profesional 6). Programas de formación concreta que tengan en cuenta las peculiaridades de este colectivo, ya que los hombres parten con menos conocimientos previos en materia de cuidados personales y del hogar. Al mismo tiempo, requieren ayuda profesional para llegar a comprender, empatizar y mejorar la comunicación con las personas a las que están cuidando. “Necesidad de formación específica, en sentido amplio.” (Profesional 5). “Necesidad de apoyo en el cuidado para entender la conducta de la persona dependiente; un profesional, podría ayudarles.” (Profesional 3). Por último, estas profesionales destacan que los varones cuidadores necesitan un mayor acompañamiento emocional, por una lado para que sean capaces de asumir el duelo que provoca estas situaciones, y por otro, para facilitarles la adaptación que supone el cambio de roles.
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 84 “A nivel emocional estos cuidadores, aunque tienden siempre a mantener un espacio propio para ellos, le suele costar más admitir a la enfermedad de su familiar o mujer, por dos motivos: - Por el mismo proceso de duelo del cambio y la enfermedad de su pareja. - Porque implica un cambio de rol, y asumir funciones que anteriormente no realizaban (cuidados de la casa, cuidados del familiar), de manera que necesitan un apoyo emocional hasta que asimilan el proceso de enfermedad de su mujer y reubicación de roles.” (Profesional 4). “No están acostumbrados a ser cuidadores. Debido a las características sociales de este país en la generación de los cuidadores actuales, estos han pasado de “ser cuidados” por sus esposas a ser cuidadores. No se adaptan a esta situación, por lo que supone una mayor carga socio-sanitaria y aumentará la carga social.” (Profesional 2). “Reconocimiento. En cuanto a la tarea y a que ha sido algo tradicionalmente delegado a la población femenina.” (Profesional 5). En tercer lugar las profesionales realizaron una serie de propuestas de intervención, que bajo su punto de vista, convendría poner en marcha para mejorar la calidad de vida de los cuidadores, y como consecuencia, también la de las personas a las que atienden. Nuevamente, se puede establecer una clasificación: Fomentar la educación en igualdad. Es fundamental que desde edades tempranas se fomente este aspecto, para lograr que en el futuro, la sociedad en su conjunto, tenga las habilidades necesarias para afrontar
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 85 las fuerte demanda de cuidados informales que se prevén en los próximos años; todo ello, bajo un marco de corresponsabilidad en el hogar. “Hay que añadir desde edades tempranas a nivel educacional, cultural y social, la igualdad de responsabilidades en la implicación en el cuidado.” (Profesional 3). “Propuesta a nivel educacional, desde el sistema educativo en la igualdad corresponsabilidad doméstica y laboral.” (Profesional 6). Exigir unos servicios públicos de calidad. Estas profesionales consideran necesario que la administración pública ponga en marcha una serie de medidas concretas, asegurando además la financiación de las mismas. Las personas mayores constituyen un sector de población débil, económicamente hablando, por lo que los poderes públicos deben protegerlos. Las profesionales consultadas, planteaban lo siguiente: “Sería necesario reformar la Ley de Dependencia en el aspecto de apoyo y asesoramiento al cuidador.” (Profesional 5). “Poner en marcha el servicio de ayuda a domicilio de dependencia y lograr un aumento de la capacidad de asumir usuarios y horas del servicio de ayuda a domicilio municipal.” (Profesional 6). Planificar servicios de formación y orientación específicos para este colectivo de cuidadores. “De todas formas para los cuidadores masculinos mayores de 65 años (y todos en general) que inician el proceso de cuidar sería la siguiente intervención:
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 86 - Formación sobre el proceso de la enfermedad de su familiar y cuidados de la misma - Formación sobre las tareas de la casa (limpieza, cocina, adaptación del hogar), concretamente para el cuidador masculino que anteriormente no han realizado estas funciones. - Información y apoyo en la solicitud de los recursos existentes públicos y privados (SAD, centro de día, comida a domicilio, Teleasistencia, etc.).” (Profesional 4). Crear grupos de autoayuda que cubran las necesidades emocionales de los hombres que cuidan. Casi todas las profesionales consultadas, coinciden al proponer esta medida de intervención. “Realización de grupos de educación para la salud de cuidadores de personas dependientes. Formación de grupos de autoayuda para cuidadores.” (Profesional 3). “Apoyo emocional al cuidador (los cuidadores masculinos tiende a no hablar de la situación que viven y necesitan un vía de escape).” (Profesional 4). “Trabajo en grupo y creación de grupos de autoapoyo.” (Profesional 5). Por último, y dado que un objetivo de este trabajo consiste en elaborar una propuesta de intervención, interesaba saber si actualmente existen algún tipo de programas o medidas concretas que actúen sobre las necesidades de estos varones cuidadores. Las profesionales no conocían ningún proyecto
3. Varones mayores cuidando a mayores. Análisis de la situación. 87 específico que se esté llevando a cabo para este colectivo, pero sí los programas para cuidadores (de ambos sexos), “Cuidarte” y “Cuida-relax”. “Programa especifico sólo para varones mayores, no. Sí los recursos a disposición de todos los cuidadores. En el caso de apoyo emocional CUIDARTE. Dentro de nada se iniciará CUIDARELAX.” (Profesional 4). “Para varones no conozco ningún programa ni medida específica, los que existen tipo Cuidarte y Cuida-relax, son para mujeres y hombres.” (Profesional 3).
4. Conclusiones. 94 ven que su familiar está bien atendido, y destacan algunos beneficios que explican haber obtenido; en concreto se refieren a los siguientes aspectos: Cuidar les hace sentirse más útiles. Sienten satisfacción al saber que alguien les necesita y que ellos pueden ayudar. Cuidar supone un medio para que las personas puedan sentirse realizadas y contentas consigo mismas. A menudo, aprender las nuevas tareas que implica el cuidado también supone una fuente de autoestima. Las necesidades expresadas por los cuidadores, tanto para sus familiares como para ellos mismos, podrían categorizarse en las siguientes: La mitad de los cuidadores manifiestan que la mejor opción sería poder optar a una plaza en un centro residencial, tanto para las personas en situación de dependencia, como en algunos casos, para ambos miembros de la pareja. En este tipo de casos coincide que la persona que recibe cuidado tiene un estado de salud muy delicado. En aquellas situaciones en las que la salud de la persona que está siendo cuidada todavía es buena, los cuidadores identificaban como su mayor necesidad poder contar con más recursos públicos, bien económicos o bien materiales, para poder contar durante más horas con una persona que les ayudase a realizar las tareas de cuidados. El hecho de que la persona dependiente pueda mantenerse en el propio domicilio está vinculado a la buena salud del cuidador.
4. Conclusiones. 95 Generalmente la demanda de poder disponer de más cuidadores informales responde a la necesidad de que la persona en situación de dependencia pueda estar mejor atendida, así como a la carencia de ocio y tiempo libre que los cuidadores acusan. Las respuestas que las profesionales consultadas proporcionaron, han sido útiles para elaborar las propuestas de intervención que finalizan esta investigación. Asimismo, estas profesionales han detectado un “bloqueo” en la aplicación de la Ley de la Dependencia, lo cual sumando a los costes sociales que la actual crisis económica se está cobrando, está siendo fuente de un aumento de las desigualdades sociales, en lo que a cuidados se refiere. Existe una clara diferencia de acceso al tipo de servicios de cuidados a los que las personas en situación de dependencia pueden optar, puesto que hay escasa dotación de recursos públicos y por tanto, deben acudir al mercado privado, que como ya se ha visto, está marcado por la baja cualificación de los profesionales. De esta manera, se encarece el coste del cuidado profesional de calidad, introduciendo una brecha social en el acceso a los mismos. Por otro lado, estas profesionales detectan un aumento sustancial en el número de cuidadores informales de uno y otro sexo, produciéndose una paradoja entre lo que Ley de la Dependencia propone, es decir, el incremento de los cuidados formales, y lo que en la práctica está sucediendo. La paulatina incorporación del hombre a estas tareas y a las dificultades que algunos presentan para llevarlas a cabo, unida a la realidad de los cuidados informales y su creciente importancia en nuestras sociedades, hace inevitable plantearse una serie de intervenciones concretas que ayuden a mejorar la situación de estos mayores cuidadores, así como destacar la importancia de continuar investigando en esta línea.
5. Propuesta de intervención. 96 5. PROPUESTA DE INTERVENCIÓN. Ya en el año 1999, cuando Braudy y Orpett en su trabajo pionero titulado “Husbands and sons in the United States and Japan: cultural expectations and caregiving experiences”, al estudiar la situación de los hombres cuidadores, afirmaban que: “Los programas necesarios y las políticas no han de ser desarrollados a partir de las nociones abstractas de los roles tradicionales y estereotipos culturales, sino más bien a partir de las propias experiencias de los cuidadores activos. Al proveer cuidados, estos hombres rompen con los estereotipos culturales y los modelos de género de la sociedad, pero en el proceso de hacerlo, aumentan el rango de las opciones de cuidados, reinterpretando y reconstruyendo así las normas culturales.13” (Braudy y Orpett, 1999:264-265). Partiendo de esa premisa, así como de las necesidades detectadas a lo largo de toda la investigación, sumadas a las expresadas por las profesionales consultadas, se pueden elaborar una serie propuestas de intervención concretas, algunas de las cuales podrían ser abordadas desde la perspectiva del Trabajo Social. Diseñar grupos de apoyo y de counselling 14 , así como talleres especialmente dirigidos a mayores varones cuidadores, que atiendan sus demandas específicas. Por esta línea de trabajo se decantan la mayoría de las profesionales entrevistadas durante esta investigación, así como los autores Martínez y Crespo (2009). Fruto de la 13 Texto original en inglés. Traducción propia. 14 El counselling o asesoramiento psicológico consiste en apoyar a un cliente que está atravesando por un momento de crisis, mediante de la relación de ayuda que mantiene con el profesional.
5. Propuesta de intervención. 97 combinación de todas esas ideas, surge la siguiente propuesta de acciones concretas: a) Formación específica sobre las enfermedades de las personas a las que cuidan y sus procesos. Con esta medida se pretende lograr que los cuidadores puedan asimilar adecuadamente el proceso de duelo que conlleva este tipo de dolencias, tanto para ellos como para las personas a las que están cuidando. b) Formación en tareas del hogar y de cuidados personales. Para la gran mayoría de estos varones cuidadores es la primera vez que deben enfrentarse a la experiencia de cuidar a una persona y/o de mantener un hogar, y por tanto, deben aprender toda una serie de tareas nuevas para ellos, además de tener que asimilar el cambio de roles que ello supone. Por este motivo este tipo de talleres formativos serían muy apropiados para este colectivo de cuidadores. c) Talleres de control del estrés, siendo especialmente indicados aquellos que proporcionan habilidades de control de la respiración. d) Fomentar el uso y la creación de suficientes recursos denominados de “respiro” para favorecer que los cuidadores dispongan del tiempo libre necesario. e) Talleres de comunicación asertiva, con el objetivo de que los cuidadores adquieran herramientas para relacionarse con las personas a las que cuidan de manera adecuada; esto incluye tratar con amabilidad y paciencia, así como aprender a decir “no” en algunas situaciones. f) Entrenamiento en habilidades de solución de conflictos y control de pensamiento, con la finalidad de conseguir que estos cuidadores
5. Propuesta de intervención. 98 adquieran la destreza suficiente para enfrentarse a los problemas que puedan surgir mientras ejercen como cuidadores. g) Talleres de mejora de la autoestima, para evitar que los cuidadores puedan caer en situaciones de depresión, estrés, sentimientos de soledad o culpabilidad. Fomentar la educación en igualdad y bajo los principios de corresponsabilidad, llevando a cabo programas concretos a edades tempranas desde los centros educativos, consiguiendo difuminar los roles de género que tradicionalmente atribuyen a la mujer la función de provisión de cuidados. De esta manera, la sociedad estaría más formada y preparada para los nuevos retos en cuestiones de cuidados que depara el futuro, en los que se prevé que los hombres deban asumir un mayor número de responsabilidades. Aunque estos hombres cuidadores actualmente representan una minoría, se prevé que su número e importancia irá en aumento, convendría establecer un sistema de indicadores que permitan detectar posibles situaciones de riesgo. Este procedimiento debería efectuarse tanto desde el sistema sanitario como desde el sistema de servicios sociales. Crear programas de mantenimiento de la salud de estos cuidadores sería imprescindible, pues su estado físico determina el tipo y la calidad de los cuidados que pueden proporcionar, así como su estado anímico general. Desarrollo de un sistema público de cuidados de calidad y accesible para todas las personas en situación de dependencia, pues se ha detectado que todavía la mayoría de ayudas públicas, en el mejor de los casos, se están efectuando en forma monetaria, es decir, fomentando el
5. Propuesta de intervención. 99 cuidado informal en detrimento del cuidado formal por el que la misma Ley de la Dependencia aboga. Además, son muchos los y las profesionales que están denunciando la paralización de la Ley de la Dependencia15, y por tanto, es crucial que se dote de recursos para no dejar desprotegido a uno de los colectivos más débiles de nuestra sociedad. Todas estas propuestas deberían ponerse en práctica teniendo en cuenta las pautas principales que Martínez y Crespo (2006) proponen: Procurar que cualquier programa que se oferte no se convierta en un factor estresor más para el cuidador. Para evitar esto se debe tener en cuenta que la duración de estas medidas debe tener una duración breve, que no suponga un desplazamiento largo para el cuidador y que presente unos horarios flexibles. Personalizar al máximo los programas y recursos, adaptándolos a las circunstancias, necesidades y preferencias de cada cuidador. Conviene recordar que una de las funciones de este tipo de medidas es la de acompañar a los cuidadores, por lo tanto, es imprescindible que se sientan escuchados y atendidos en todo momento. Para finalizar, y a modo de resumen, conviene citar a Koopmanschap (2003) y su recomendación a las administraciones: “Nuestra recomendación para las autoridades por lo tanto, sería la siguiente: si usted quiere depender de la asistencia informal como un insumo importante en el cuidado de la salud en el largo plazo, 15 Según una noticia publicada en el “El País”, el 17 de mayo de 2012 y titulada “El freno a los dependientes leves no ha servido para atender a los graves”.
5. Propuesta de intervención. 100 debe mantener una estrecha vigilancia sobre la carga subjetiva de los cuidadores informales, tratar de identificar a los cuidadores en riesgo y ofrecerles un apoyo hecho a medida y/o servicios de cuidados temporales, es decir, de acuerdo a sus preferencias y necesidades.16” (Koopmanschap, 2003:317). 16 Texto original en inglés. Traducción propia.
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