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Abstract

La infección respiratoria es una patología muy prevalente en nuestra sociedad, sobre todo en los ancianos. Este trabajo pretende analizar diferentes facetas clínicas, etiológicas, estadísticas, poblacionales y de tratamiento, comparando diferentes subgrupos poblacionales, que comparten el diagnóstico de infección respiratoria, como: presencia o no de demencia, institucionalización o vivienda habitual en domicilio o una comparativa entre dos grupos similares con una diferencia en el tiempo de 20 años. Se extraen algunas conclusiones relevantes como la no diferencia significativa entre la mortalidad en pacientes con infección respiratoria con y sin demencia ni institucionalizados o con vivienda habitual domicilio y la brusca reducción de la mortalidad entre los ancianos con neumonía en los últimos 20 años. Se analiza la adecuación a las guías de buena práctica clínica y se extraen conclusiones para la mejora en la calidad y en la atención al paciente anciano con infección respiratoria. Bonafonte Marteles, José Luis; Miguelena Bobadilla, José María

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E EL L A AN NC CI IA AN NO O C CO ON N I IN NF FE EC CC CI IÓ ÓN N R RE ES SP PI IR RA AT TO OR RI IA A, , U UN NA A G GR RA AV VE E P PA AT TO OL LO OG GÍ ÍA A D DE E A AY YE ER R Y Y D DE E H HO OY Y Autor: José Luis Bonafonte Marteles Director: José Mª Miguelena Bobadilla Master introducción a la investigación en medicina El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 2 1. INTRODUCCIÓN: Las infecciones respiratorias en general, representan en nuestra sociedad aproximadamente el 30% de las infecciones atendidas en los servicios de urgencias, siendo las bronquitis agudas, la reagudización de la EPOC (que es la cuarta causa más frecuente de morbimortalidad en países desarrollados y es muy posible que aumente en la próxima década) y la neumonía adquirida en la comunidad (NAC) las más prevalentes. Por otra parte, la NAC constituye la infección más grave del parénquima pulmonar, siendo la primera causa de muerte por proceso infeccioso y la cuarta causa de mortalidad en los países industrializados. Se trata además de la causa más frecuente de sepsis en los servicios de urgencias (1) y se estima que en personas mayores de 75 años precisan ingreso hospitalario 11,6 de cada 1000 y entre pacientes residentes en instituciones cerradas 33 de cada 1000 (2), siendo el 70% de los ingresos por neumonía correspondientes a pacientes mayores de 65 años. Concretamente la neumonía, es una de las enfermedades infecciosas más frecuentes de nuestro entorno en las personas ancianas de la sociedad actual, con una incidencia en la población general de 3 a 5 casos cada 1000 habitantes por año y en la población anciana varía entre 20 y 30 casos por 1000 habitantes y año para la NAC (3) y un porcentaje mucho mayor para la neumonía nosocomial o neumonía asociada a los cuidados de la salud (NACS), término aprobado por las normativas de la “American Thoracic Society/Infectius Diseases Society of America” (ATS/IDSA) publicadas en el año 2007 (4) que clasifican como tal a las neumonías que cumplen uno de los siguientes criterios: estar residiendo en una institución tipo “nursing-home”, hospitalización de más de dos días en los 90 días previos, terapia endovenosa domiciliaria, diálisis en los últimos 30 días y/o heridas que requieren cuidado domiciliario. Este tipo de neumonías incluyen por lo general a pacientes muy ancianos que tienen factores de riesgo potenciales para microorganismos multirresistentes y que pueden incluir como veremos en nuestro estudio una población muy particular en cuanto a pronóstico o tratamiento. Estudios previos en USA (5,6) habían demostrado que los pacientes que cumplían estas características tenían una etiología microbiana y un pronóstico peor que los pacientes con NAC, pero estudios más recientes europeos (7) han demostrado que aunque el pronóstico es diferente, la etiología no es esencialmente distinta, por lo que actualmente se está reconsiderando la definición de NACS y los factores de riesgo que pueden conllevar a una etiología diferente. Si que es un hecho constatado que la neumonía por aspiración es el tipo más frecuente de neumonía en las personas institucionalizadas de edad avanzada. No es por ello una casualidad que uno de los padres de la medicina moderna como fue Sir William Osler denominara a la NAC “the old´s men friend” (8) En un estudio reciente publicado en Thorax (9) puede observarse que los grandes aumentos en la incidencia de la neumonía empiezan a partir de los 70 años y aumentan sobre todo a partir de los 80 y 90 años, (edad media de los El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 3 pacientes incluidos en nuestro estudio), esto ha motivado la diferenciación entre anciano y muy anciano, hablando algunos autores incluso de neumonía en el paciente muy anciano o “viejo-viejo” (por encima de 85 años). Se puede pensar razonablemente, que la edad de 65 años como punto de corte para referirse a la neumonía en el anciano que se venía utilizando hasta no hace mucho tiempo es puramente artificial. En realidad el riesgo de adquirir neumonía o cualquier infección respiratoria depende no solo de la edad si no también de las comorbilidades de los pacientes (Sliedrecht e al (9b), en una población de más de 85 años, encontraron un riesgo tres veces superior de sufrir una NAC en los pacientes con EPOC que en aquellos que no tenían esta enfermedad de base) y de otros factores de riesgo como el consumo de alcohol (que favorece la aspiración de secreciones orofaríngeas y de microorganismos anaerobios) y de tabaco entre otros, que analizaremos más adelante en nuestro estudio. En cuanto al pronóstico, queda claro que es mucho más importante la existencia de comorbilidades que la edad en si, como se demuestra en un trabajo de Kaplan (10) donde la comorbilidad hepática y la residencia en una institución como un asilo eran factores más importantes relacionados con el pronóstico que la edad por si misma, alcanzando índices de mortalidad a corto plazo del 26,6% en pacientes mayores de 65 años con NACS y del 7,2% en pacientes con NAC, y a largo plazo del 43,8% y 14,6% respectivamente (11) y no siendo significativa la diferencia en cuanto a la mortalidad de pacientes con comorbilidad demencia tras haber ajustado el resto de factores influyentes (12). Cabe reseñar que la franja de edad mayores de 65 años quedaría muy ajustada a la baja en nuestro perfil de pacientes. DIAGNOSTICO Y PRESENTACIONES CLÍNICAS. La anamnesis y la exploración física son fundamentales en el diagnóstico de cualquier patología respiratoria. El grupo de enfermedades infecciosas que hemos incluido en nuestro trabajo (infección respiratoria de vías bajas y vías altas, EPOC reagudizado, broncoaspiración y neumonía) tienen en común varios signos y síntomas que nos pueden hacer dudar a la hora de llegar a un diagnóstico específico, aunque también presentan características diferenciales que hacen a cada patología una entidad nosológica propia. La infección respiratoria de vías altas es poco frecuente en la vejez. Puede cursar con mucosidad y dificultad respiratoria nasal, tos y en algunos casos fiebre y afecta a todo o parte del aparato respiratorio alto: nariz, oídos, faringe y tráquea. La infección respiratoria de vías bajas, en cambio, es por prevalencia la más importante. Su frecuencia en la edad adulta es mayor conforme esta población va envejeciendo. Se caracteriza por la presencia de tos, esputos, fiebre, leucocitosis con desviación izquierda y en la auscultación pulmonar puede haber ruidos agregados patológicos con repercusión o no de los niveles de saturación de oxígeno basales. En una población envejecida, estos síntomas pueden no coexistir o aparecer atenuados, siendo por ello más difícil y tardío su diagnóstico. En muchas ocasiones, la frontera entre infección respiratoria de vías bajas y El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 4 neumonía es muy débil por lo que la existencia o no de condensación pulmonar en la radiología nos da la clave. La reagudización de la EPOC debe sospecharse en todo paciente con un diagnóstico de EPOC o antecedentes de bronquitis crónica (tos productiva durante dos meses al año durante dos años seguidos o más) en el que aparezca un cambio en la disnea, tos y/o expectoración basales más allá de la variabilidad diaria. La agudización se considera grave en sujetos con disnea intensa, cianosis intensa, respiración paradójica, utilización de la musculatura accesoria, obnubilación u otros síntomas neurológicos, aleteo palmar, insuficiencia cardíaca, taquipnea > 30 rpm, taquicardia > 110 lpm o saturación de O2 inferior a 90% a pesar del tratamiento y/o existencia de comorbilidad importante. En cuanto a las manifestaciones clínicas de la neumonía son muy variadas (fiebre, tos, expectoración, dolor de tipo pleurítico, disnea, alteración de la consciencia,...) La neumonía se define clínicamente como la presencia de uno o más de los criterios mayores (tos, expectoración, temperatura > 37,8ºC) o de dos criterios menores (dolor pleurítico, disnea, alteración del nivel de conciencia, hallazgos clínicos en la exploración compatibles con neumonía, cifra de leucocitos > 12.000/mm3) junto con la demostración radiológica de un infiltrado pulmonar de reciente aparición, que deberá ser controlado al menos una vez tras 4 semanas de tratamiento para constatar su desaparición y buena evolución. Por supuesto esta clínica se ve mitigada en mayor o menor medida en los ancianos, haciendo mucho más difícil la presencia de síntomas típicos como podemos observar en la [tabla Nº1]. Según diferentes guías consultadas, hasta un 30% - 50% de los pacientes pueden no tener fiebre (en nuestro estudio este porcentaje fue mucho mayor 67,5%) y hasta el 20% se presentan en la clínica sin fiebre ni dolor pleurítico ni tos, siendo por lo tanto la confusión o la descompensación de la comorbilidad de base la clave del diagnóstico. La ausencia de dolor pleurítico o la presencia de síndrome confusional o taquipnea tienen peor pronóstico asociando mayor mortalidad. Algunos autores (13) cuestionan la validez de la radiografía de tórax como la prueba diagnóstica final para establecer la presencia o ausencia de neumonía en pacientes con síntomas respiratorios agudos, y sugieren que la presencia de infiltrados pulmonares en la radiografía simple sólo es un marcador de gravedad del proceso y reflejo de la intensidad de la respuesta inflamatoria. Centrándonos en los ingresos por neumonía, algunos autores afirman que deben realizarse al menos dos hemocultivos y detección de antígenos de S. pneumoniae y L. pneumophila en orina. Si el paciente presenta derrame pleural de 1 cm o más en el decúbito lateral debe realizarse toracocentesis para analítica, pH, tinción de gram y cultivos. La muestra de esputo debería reservarse a pacientes con neumonía grave y aquellos que no responden al tratamiento en las primeras 48 horas. Los procesos invasivos son mucho más controvertidos en cuanto a su indicación, reservándose para casos puntuales y muy seleccionados (14). El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 5 Tabla Nº1. De “tratado de geriatría para residentes” SEGG (13b) ETIOLOGÍA MICROBIANA DE LA NAC Y LA NACS. Como ocurre en otros grupos de pacientes con neumonía, el diagnóstico etiológico en la neumonía del anciano se obtiene en menos del 50% de los casos, incluso cuando se aplican técnicas invasivas. La infección neumocócica es responsable del 50% de las neumonías adquiridas en la comunidad. En España, en dos recientes series publicadas (16,15) se diagnosticó en el 23% y 49% de los casos, mientras que los gérmenes gramnegativos causan más del 80% de las neumonías nosocomiales, siendo estos partícipes de tan solo el 15% de las NAC. Gramnegativos y anaerobios suelen ser los implicados en las neumonías por broncoaspiración. En cuanto a los pacientes que presentan EPOC como comorbilidad o una reagudización de la misma, suelen estar implicados en ésta H. influenzae, S pneumoniae y Legionella, siendo este último microorganismo más frecuente en pacientes con pluripatología, grandes fumadores o inmunodeprimidos. El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 6 No tenemos que olvidarnos de las neumonías por pseudomona, más frecuentes en pacientes con patología pulmonar estructural como las bronquiectasias o en pacientes portadores de sonda de alimentación. En general no existen grandes diferencias entre la etiología de la NAC en la edad senil y adulta, sin embargo en los estudios de la red CAPNETZ (17) se demuestra mayor incidencia de bacilos Gram negativos aunque cuando se examinan los factores de riesgo puede observarse que el estar en una institución tipo “nursing-home” es un factor de riesgo para este tipo de etiología. En los pacientes mayores de 85 años Fernández Sabé et al (16) encuentran más neumonías aspirativas y menos neumonías por Legionella pneumophila. En la red alemana CAPNETZ (17) se observa que en los pacientes de mayor edad hay más riego de bacilos Gram negativos y Pseudomona aeruginosa y que este riego está asociado a las comorbilidades y a la procedencia de un centro tipo “nursinghome”. Pese a todo existen diferentes opiniones según las guías o expertos que se consulten, sacando como conclusión de todos estos datos, que existe confusión en las definiciones de cuál es la edad de corte y cuales son los factores de riesgo reales para SARM y otros organismos multirresistentes. DIAGNÓSTICOS DIFERENCIALES. Hay que tener en cuenta que las patologías respiratorias pueden ser múltiples, y sus signos y síntomas no exclusivos de una sola, es más, varias de ellas suelen compartir algunos como la tos, esputos, o saturaciones de oxígeno bajas. (18) Habrá que hacer un diagnóstico diferencial y detallado con las siguientes patologías: Embolia o Infarto pulmonar Neoplasia pulmonar Bronquiolitis Sarcoidosis Neumonitis por hipersensibilidad Edema pulmonar Lesiones pulmonares secundarias a fármacos Neumonías de tipo viral, fúngicas y parasitarias Tuberculosis TRATAMIENTO DE LAS INFECCIONES RESPIRATORIAS Y EN CONCRETO DE LA NAC Y LA NACS. No existe en la bibliografía recomendaciones específicas para el tratamiento de las infecciones respiratorias en el anciano, tras revisar la guía de la Sociedad Española del Aparato Respiratorio y Cirugía Torácica (SEPAR) y la Infectious Diseases Society of America (19,20) se limitan a indicar cuales son los gérmenes más frecuentes en éstos y el tratamiento más sensible para ellos en cada caso. Tan solo las recientes normativas brasileñas para la NAC hacen mención concreta a este problema (21). En general se recomienda la asociación de un antibiótico beta-lactámico con un macrólido o bien una quinolona como levofloxacino o moxifloxacino en monoterapia. El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 7 Se han realizado diversos estudios en el marco de la neumonía adquirida en la comunidad. Ortiz-Ruiz (22) comparó de forma aleatorizada y a doble ciego ceftriaxona a ertapenem en pacientes con NAC con eficacia clínica similar en todas las clases de gravedad y en todas las franjas de edad. Posteriormente Woods et al (23) realizaron un estudio similar pero sólo en pacientes mayores de 65 años con una tendencia a una mayor eficacia clínica en los pacientes tratados con ertapenem. Finalmente un estudio en pacientes procedentes de “nursinghome” (24) y que comparó ertapenem con cefepime demostró una mejor eficacia del primero. En resumen, ertapenem, probablemente en combinación con un macrólido para cubrir Legionella pneumophila, es una opción eficaz para el tratamiento empírico de la neumonía adquirida en la comunidad en el paciente anciano y muy especialmente en el paciente que presenta sospecha de neumonía aspirativa y siempre que se haya descartado el riesgo potencial de infección por Pseudomona aeruginosa. En la guía Sandford de terapéutica antimicrobiana en su edición del 2011 (24b), nos ofrece como tratamiento de primera elección la ceftriaxona asociada a la azitromicina o el Ertapenem asociado a la azitromicina, y como tratamiento alternativo una quinolona respiratoria en monoterapia. Así mismo nos recuerda que la primera dosis de tratamiento debe administrase dentro de las 6 primeras horas de estancia en urgencias. Pero pese a estos estudios sigue existiendo controversia, y otras guías y autores recomiendan tratamientos completamente diferentes para abordar esta patología de forma empírica. En nuestro trabajo observaremos como el tratamiento administrado empíricamente difiere del recomendado como de primera elección en las guías, sin afectar para ello a la mortalidad tras ajustar las comorbilidades, lo que demostraría la gran variabilidad en las opciones terapéuticas que tenemos para tratar las infecciones respiratorias. Como apunte histórico cabe reseñar que en los últimos treinta años el avance antibiótico en general y en la patología infecciosa respiratoria en particular ha sido enorme. En un texto de A. Foz y L. Drobnic “Patología infecciosa básica” de 1981 (25) hace referencia al tratamiento de la neumonía bacteriana, y nos dice que éste consiste básicamente en la penicilina (penicilina G procaína 600.000 U cada 12 horas por vía intramuscular hasta 48 horas después de conseguir la apirexia) y en casos más graves (penicilina G sódica 2 millones cada 4 horas por vía I.V) y en casos de alergia a la penicilina se utilizará eritromicina 500 mg cada 6 horas o clindamicina 600 mg cada 6 horas. También en nuestro trabajo tendremos la oportunidad de ver la evolución del tratamiento antimicrobiano de las infecciones respiratorias en los últimos 20 años en el mismo servicio hospitalario y las repercusiones que ello ha podido tener. MEDIDAS PREVENTIVAS. Según la guía y protocolos de actuación de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) para la vacunación en adultos y mayores (25b), la inmunización antigripal en este grupo de edad y la aplicación de la vacuna antineumocócica ha demostrado efectividad en la prevención de las infecciones respiratorias en general. El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 8 FÁRMACOS DE USO FRECUENTE Y RIESGO DE NEUMONÍA. Fármacos de uso muy frecuente pueden contribuir a incrementar el riesgo y la gravedad de las infecciones respiratorias en este grupo de pacientes, y por consiguiente, debemos valorar su prescripción sopesando riesgos y beneficios, más aún en una población pluripatológica, envejecida y polimedicada como es la de nuestro estudio. Corticoesteroides inhalados: A pesar de los efectos beneficiosos, ampliamente demostrados atribuidos a este tipo de fármacos en los pacientes con EPOC, los resultados del estudio TORCH (Towards a Revolution in COPD Health) (26) sugieren que los pacientes tratados con esta medicación presenta un mayor riesgo de sufrir neumonía. Sliedrecht et al (27), en una población de más de 85 años como la nuestra, encontraron un riesgo tres veces superior de sufrir una NAC en los pacientes con EPOC que en aquellos que no tenían esta enfermedad de base. Pese a que la asociación entre corticoides inhalados y comorbilidad neumonía se ha observado en otros dos estudios (28, 29), todos ellos presentan la limitación de la falta de confirmación radiológica de la presencia de la neumonía. Antiácidos e inhibidores de la bomba de protones (IBP): Como hemos comentado previamente, la aspiración es un fenómeno frecuente en sujetos normales, pero sobretodo en ancianos y más si presentan comorbilidades de tipo neurológico. Para que se desarrolle una neumonía por aspiración de material orofaríngeo se requiere una alteración de los mecanismos de defensa y/o la aspiración de un inóculo bacteriano suficientemente grande o virulento. Uno de los grupos de fármacos que más se prescriben son los IBP para procurar la protección gástrica frente a diversas agresiones. La supresión del ácido gástrico anula el efecto protector que éste tiene al inhibir la colonización bacteriana del estómago. Por consiguiente, el incremento del pH gástrico facilita la presencia de patógenos que potencialmente pueden ser aspirados y eventualmente ocasionar una infección del tracto respiratorio inferior. ESCALAS EN LAS NEUMONÍAS. La clínica diaria nos muestra como parte de los pacientes hospitalizados por infecciones respiratorias podrían beneficiarse de un tratamiento domiciliario. Para decidir de forma objetiva y para estimar el pronóstico y gravedad de las neumonías, existen una serie de escalas que pasamos brevemente a comentar. El Pneumonia Severity Index (PSI) desarrollado por Fine (30) [Tabla 2] es la escala pronóstica más avalada y de mayor difusión. Esta escala valora 20 variables demográficas, clínicas y analíticas, fácilmente obtenibles en el ámbito hospitalario, para predecir la mortalidad a los 30 días. Como consecuencia de su aplicación se ha planteado una serie de carencias de esta escala, algunas de las cuales tienen mayor importancia en la neumonía del anciano, que es sobre la que hemos referido nuestro estudio. Así, se considera que otorga una ponderación excesiva a la edad, parámetro que como hemos comentado previamente no es directamente proporcional ni a la gravedad ni a la incidencia de esta enfermedad. El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 9 En Europa, la British Thoracic Society (31) ha desarrollado la escala CURB-65 asignando un punto a la alteración de cada uno de los siguientes parámetros: “Confussion” alteración del nivel de consciencia o desorientación. “Urea” por encima de 20 mg/dL “Respiratory frecuency” más de 30 respiraciones por minuto. “Blood pressure” tensión arterial sistólica por debajo de 90 mmHg Y una versión más simple que ignora la Urea (CRB-65) que no requiere la realización de analítica. En términos generales se considera que la escala de Fine ayuda a identificar los casos de neumonías leves, y la escala CURB-65 reconoce más fácilmente los casos de neumonía grave y sería la más adecuada, de aplicar alguna escala, para nuestros pacientes geriátricos. Tabla 2. De Tratado de Geriatría para residentes SEGG. (31b) 2. OBJETIVOS: Como a todo profesional que se dedica a la medicina, se plantean a diario dudas sobre si las actuaciones que llevamos a cabo en nuestros pacientes con infección respiratoria son las correctas, si existe alguna diferencia entre los diferentes grupos poblacionales que tratamos (atendiendo a su origen, comorbilidades, etc) o si a lo largo de los años, los avances que tan El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 16 En cuanto a los valores que tras compararlos fueron significativos, están la independencia funcional para actividades básicas de la vida diaria medidas mediante el índice de Barthel, cuyos resultados fueron (índice de Barthel >60 en un 39% (24) de los pacientes que proceden de domicilio y de un 14% (8) de los que proceden de un asilo con una p=0,002) e (índice de Barthel <20 en un 26% (16) de los pacientes que proceden de domicilio y de un 60% (35) de los que proceden de un asilo con una p<0,001). Otro parámetro significativo fue el deterioro cognitivo medido mediante el índice de Pfeiffer, cuyos resultados fueron (Pfeiffer test < 3 en un 47% (23) de los pacientes procedentes de domicilio y de un 22% (10) de los que proceden de asilos con una p=0,012). En cuanto a la comorbilidad de los pacientes, no hubo diferencias significativas entre ambos grupos con las patologías siguientes (EPOC, IRC, ICC, ACV, DM2 y disfagia) pero si con la demencia (40% en pacientes procedentes de domicilio y 66% en pacientes procedentes de asilos con una p=0,008) y con el delirium (26% en pacientes procedentes de domicilio y 47% en pacientes procedentes de asilos con una p=0,018). Respecto al porcentaje de cada una de las infecciones respiratorias de las que fueron diagnosticados los pacientes, hubo significación en la IRVB con un 69% del total de pacientes con infección respiratoria procedentes de domicilio y un 52% del total de pacientes con infección respiratoria procedentes de asilos y una p=0,047, y también fueron relevantes las diferencias entre el número de pacientes diagnosticados de neumonía (26% del total de pacientes con infección respiratoria procedentes de domicilio y 43% del total de pacientes con infección respiratoria procedentes de asilos con una p=0,048). Teniendo en cuenta los parámetros de laboratorio, solo fueron estadísticamente significativos el porcentaje de pacientes con hipoalbuminemia (42% en pacientes procedentes de domicilio y 66% en pacientes procedentes de asilos con una p=0,009) y la presencia de leucocitosis > 14.900 (10% en pacientes procedentes de domicilio y 26% en pacientes procedentes de asilos con una p=0,018). El resto de parámetros comparados (hematocrito <30%, colesterol total < 150 mg/dL, urea > 30 mg/dL, hipoxemia y creatinina > 1,2) no obtuvieron la suficiente potencia estadística para ser significativos. Tampoco obtuvieron diferencia significativa tras comparar ambos grupos ni el tratamiento recibido ni la confirmación radiológica de las diferentes patologías respiratorias. El último parámetro que comparamos entre estos dos subgrupos fue el de la mortalidad, que tampoco alcanzó relevancia suficiente obteniendo unos valores de (22% en pacientes procedentes de domicilio y 23% en pacientes procedentes de “nursing home”). C. Ancianos mayores de 80 años diagnosticados de neumonía en nuestro estudio, respecto a un estudio con una muestra similar realizado hace 20 años: En 1990 hubo 91 pacientes con estas características (se analizaron 12 meses), la edad media de la muestra fue de 85 años y un 53,84% de varones. El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 17 En 2011 el grupo lo formaron 40 pacientes (se analizaron 6 meses) con una edad media de 87,3 años y un 45% de varones. Tanto la edad media como el porcentaje de hombres y mujeres obtuvo una significancia estadística de (p=0,01) para el primero y de (p=0,05) para los porcentajes de hombres y mujeres. La estancia media fue de 14 días en 1990 y de 15,20 días 20 años después, y en 2011 procedían de domicilio el 42,5% de los pacientes y de asilos el 57,5%. En 1990 el 16,42% de las altas tuvieron el diagnóstico de neumonía y en la actualidad este porcentaje ha sido del 8,13%. La mortalidad en la muestra de 1990 fue del 79,3% y en la del año 2011 del 25%. En 1990 no presentaban fiebre el 38,4% de la población estudiada y en el año 2011 fue el 67,5%, estando por lo tanto febriles el 61,6% en 1990 y el 32,5% en 2011. En cuanto a la ausencia de leucocitosis en 1990 era el 33,4% y en 2011 el 75%. Hubo un 56.5% de broncoaspiraciones en 1990 frente a un 17.5% en el estudio de 2011 y en este mismo año el tipo de dieta disfagia (alimentos triturados y espesantes en los líquidos) era consumido por el 47,5% de los pacientes hospitalizados del subgrupo. El uso de antiácidos (inhibidores de la bomba de protones) era del 15.3% en 1990 y del 67,5% en el estudio reciente. La presencia de sonda nasogástrica descendió del 28.5% en 1990 al 5% en 2011. Existía confirmación radiológica en un 51.64% hace 20 años siendo en la actualidad del 87.5% y confirmación bacteriológica en un 5.49% en 1990 ascendiendo al 15% dos décadas después. El uso concomitante de psicofármacos era del 41,7% en el año 1990 y del 62,5% en el año 2011. La hipoalbuminemia (albúmina < 2,5 gr/l) estaba presente en el 64,5% de los pacientes de hace dos décadas y en la actualidad es del 64,9%. En cuanto al tratamiento recibido había asociación antibiótica en el 68,42% de los pacientes, siendo hoy del 35% y los antibióticos más utilizados eran las cefalosporinas en el 74.72% de pacientes. Actualmente el antibiótico de elección son las quinolonas en un 42.5% de los casos seguido de betalactámicos en un 37.5%. La combinación más utilizada fue cefalosporina de segunda generación/aminoglucósido en 1990 siendo en nuestros días betalactámicos /quinolonas. En 1990 no se trató con ningún antibiótico por diferentes motivos a este tipo de pacientes en un 24,17% de las ocasiones y en el 2011 esta cifra fue del (0%). La mortalidad en los pacientes tratados con un solo antibiótico hace 20 años fue del 74% y en nuestros días ha sido del 21,2% y la mortalidad en pacientes tratados con combinaciones (más de 1 antibiótico) fue del 68,42% en 1990 y del 25% en 2011. El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 18 5. DISCUSIÓN En nuestro trabajo se observa que las manifestaciones clínicas de los pacientes con infección respiratoria y con neumonía son atípicas, tan solo la minoría presentan fiebre y/o leucocitosis, haciéndose estas diferencias mayores en los últimos años si lo comparamos con las de hace dos décadas. Las causas pueden ser variadas (mayor porcentaje de pacientes procedentes de asilos, uso más frecuente y temprano de antibioterapia y/o antipiréticos, cambios en la etiología de la neumonía...) hechos que deberían ser analizados en estudios posteriores. Es importante saber para dirigir y acertar en nuestro diagnóstico, que el signo más frecuente en nuestro grupo de pacientes con infección respiratoria fue la alteración del nivel de consciencia, por lo que en todo paciente que presente esta clínica se deberá descartar una infección respiratoria concomitante. Que el porcentaje de EPOC y sus reagudizaciones sea tan bajo 3%, pese a que en su misma definición y en importantes estudios como el de Fletcher y cols (33) se defiende el carácter progresivo de la enfermedad, se debe probablemente a que los pacientes con esta comorbilidad, que en la mayoría de las ocasiones aparece entre los 50-70 años, no llegan a una edad tan avanzada como el perfil de nuestra población y si la reagudización ocurre en edades más tempranas son ingresados en los servicios de neumología, además el perfil de pacientes de los estudios a nivel global como el IBERPOC (34) es muy diferente al de nuestra población, siendo la edad de su muestra de entre 40 y 69 años. Hay que tener en cuenta el riesgo que padecen nuestros pacientes (sobretodo los que presentan comorbilidad demencia) de sufrir episodios de delirium, que como se ha observado en multitud de estudios, aumentan la mortalidad en gran medida, por lo que sería recomendable prevenir en lo posible dichas descompensaciones con protocolos estandarizados y descartar cualquier alteración concomitante que pudiera provocarlo. Podemos afirmar tras analizar los datos extraídos, que el tratamiento básico de la infección respiratoria y más aún de la neumonía (el tratamiento antibiótico) es bien manejado en nuestro medio, ajustándose a los estándares de las guías consultadas tanto en duración como en elección del mismo. Pese a ello, hemos visto que en nuestro estudio las quinolonas ocupan el primer lugar en cuanto al tratamiento en monoterapia al igual que en la normativa brasileña de la NAC (21) o en la guía Sandford de 2011 (24b), pero ambas recomiendan este tratamiento como segunda línea, dejando para el tratamiento de primera línea la combinación entre beta lactámico y macrólido, a diferencia de nuestra primera elección en cuanto a terapia combinada que es el beta lactámico con quinolona, sin afectar por ello a la mortalidad general de nuestra muestra, por lo que se puede extraer que existiría una amplia variabilidad en cuanto a la elección del tratamiento idóneo. En cuanto al mantenimiento del mismo no habría diferencias importantes, tan solo un día menos en nuestra población respecto a lo que recomiendan la mayoría de las guías, no existiendo tampoco por ello diferencias en la mortalidad. El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 19 Que nuestros pacientes se descompensen tan fácilmente es perfectamente explicable por la gran comorbilidad que padecen y que se puede extraer del índice medio de Charlson que presentan. Nuestros pacientes, casi por definición, son pluripatológicos y muy ancianos, lo que les hace ser frágiles en todos los sentidos. Es digno de mención y algo que no puede pasar desapercibido, la drástica reducción en cuanto a las broncoaspiraciones que se observan en la actualidad respecto a hace 20 años, esto podría deberse a mejoras en cuanto al tratamiento de las mismas, pero lo más probable es que se trate de una importante mejora en cuanto a la prevención de esta comorbilidad. Actualmente las sondas nasogástricas (factor de riesgo para la aspiración) han descendido drásticamente y la generalización de la dieta disfagia entre los pacientes que tienen problemas de deglución y la educación y normas a los cuidadores que se prodigan en nuestro medio podría ser la clave. Es un dato muy relevante, que pese a que nuestros pacientes que presentan demencia tienen peor índice funcional, más comorbilidades y delirium (todos ellos factores que podrían inclinar la balanza hacia un desenlace fatal) no existe una clara diferencia entre ambos subgrupos en cuanto a la mortalidad se trata, dato que podría ser explicable ya que en el ámbito de los “nursing home” se tiende a la derivación rápida hacia los hospitales y a penas se desestima tratamiento antibiótico empírico desde un inicio a los pacientes por muy grave que sea su situación o muy limitada que estuviera previamente (cambio de mentalidad en los médicos, medicina defensiva, mayor presión familiar, mayores exigencias del medio... todos ellos factores que podrían justificar este hecho). Del mismo modo, tampoco se han encontrado diferencias en cuanto a la mortalidad entre los pacientes procedentes de asilos y los que procedían de domicilio, siendo los primeros más dependientes, frágiles y con peor estado funcional y nutricional quizá por las mismas causas que hemos comentado en el punto anterior. La diferencia tan importante en cuanto a la mortalidad, comparada en porcentajes absolutos entre los pacientes muy ancianos con neumonía de hace 20 años respecto a la actual se debe seguramente a varios factores asociados, entre los que caben destacar el mayor porcentaje de pacientes que inicialmente se desestimaba su tratamiento antibiótico desde el inicio por considerarlos paliativos hace 20 años, el mejor manejo de los antibióticos y la aparición de nuevos principios activos que mejoran y eliminan la infección rápida y efectivamente en la actualidad, y la mejora a lo largo del tiempo en cuanto a la prevención de los factores de riesgo (sondas nasogástricas, educación familiar y de las auxiliares, dietas disfagia y espesantes...) que favorecían una alta prevalencia de las broncoaspiraciones hace dos décadas y que en este momento han disminuido. En nuestra mano está sobretodo seguir trabajando en esta última línea para que estos factores de riesgo sean lo menor posible. Como dato curioso cabría reseñar que en la actualidad el uso de IBP- antiácidos se ha disparado (67,5% de nuestra población mayor de 80 años con neumonía), siendo en muchas ocasiones su uso inadecuado e ignorando que son El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 20 medicaciones con riesgos a medio-largo plazo y con importantes interacciones medicamentosas. Este trabajo contiene gran cantidad de información, por lo que de él se pueden extraer muchas conclusiones, la mayoría de ellas aplicables a nuestra población anciana que pese a la idiosincrasia que le caracteriza puede reflejar a la perfección una población muy anciana típica. Los médicos debemos seguir trabajando por la excelencia y para ello se debe continuar por el camino de la investigación, la innovación y la eficacia, no olvidando que los recursos son limitados a diferencia del interés por nuestros pacientes que debe ser ilimitado. 6. CONCLUSIONES 1. A nivel general cabe decir que el paciente tipo con infección respiratoria es un “anciano-anciano” con importante comorbilidad, dependencia severa, demencia, presentación atípica del proceso y procedente en su mayoría del servicio de urgencias. 2. La prevalencia de la infección respiratoria entre las mujeres es mucho mayor que entre los hombres (quizás porque el porcentaje de mujeres en estas edades es mucho mayor). En cuanto a la neumonía en concreto este porcentaje sigue siendo favorable a las mujeres pero se suaviza, a diferencia de lo que ocurría hace 20 años, cuando el porcentaje de varones con neumonía era mayor que el de mujeres. 3. El porcentaje de pacientes con reagudización de EPOC es muy bajo respecto al total de infecciones respiratorias y existen diferencias importantes en cuanto a los datos que nos ofrecen algunos estudios a nivel global como el IBERPOC (34) con una prevalencia global de la enfermedad del 9,1% en pacientes entre los 40 y 69 años. 4. La manifestación o signo más típico en nuestro perfil de pacientes con infección respiratoria es la alteración del nivel de consciencia. 5. La duración del tratamiento antibiótico se ajusta por lo general a lo que recomiendan las guías consultadas, no siendo la elección de primera línea la misma que proponen dichas guías pero coincidiendo la primera elección en monoterapia. 6. La descompensación de diferentes patologías asociadas requiere intervención en casi la mitad de los pacientes atendidos. 7. El delirium es una complicación frecuente en nuestro grupo de pacientes. 8. La importancia de la broncoaspiración en el origen de la infección nosocomial en nuestro medio obliga a elaborar estrategias para el manejo de la disfagia en el entorno hospitalario. 9. La mortalidad y la estancia media por estas patologías están dentro de los estándares de calidad consultados. 10. Los ancianos con demencia e infección respiratoria, tienen peor índice funcional y proceden en su mayoría de asilos. El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 21 11. Los pacientes con demencia presentan mayores porcentajes de disfagia, desnutrición y broncoaspiración, requiriendo por ello medidas proactivas de prevención. 12. Los pacientes con demencia e infección respiratoria presentan un mayor riesgo de delirium durante la hospitalización. 13. A diferencia de otros estudios consultados, en nuestra muestra no existen diferencias significativas en cuanto a la mortalidad entre los subgrupos de ancianos dementes con infección respiratoria y los no dementes que presentan esta misma complicación. 14. El grupo de pacientes con infección respiratoria que vive en los asilos o “nursing home” presentan peor estado funcional y nutricional que los que viven en domicilio. 15. Existe más prevalencia de demencia y delirium durante el ingreso por la infección respiratoria en los pacientes procedentes de asilos respecto a los de domicilio. 16. Entre los subgrupos de pacientes que procedían de “nursing home” y los que procedían de domicilio tampoco se encontraron diferencias significativas en cuanto a la mortalidad. 17. En la muestra actual de pacientes mayores de 80 años con neumonía respecto a la de hace 20 años existe una importante disminución de la mortalidad, en la que ha podido influir entre otros factores el mejor manejo de la broncoaspiración. 18. Los antibióticos de elección en la neumonía han cambiado radicalmente en los últimos 20 años. 19. En la población actual se ha producido un aumento drástico en el uso de antiácidos-IBP generalizándose su consumo y mostrándose como tal en nuestro estudio. 20. En la actualidad, la confirmación radiológica para el diagnostico de neumonía, “gold standard” es más utilizada que en 1990. 21. La abstención terapéutica en cuanto a la antibioterapia ha descendido radicalmente en la actualidad si la comparamos con los datos de hace 20 años. El anciano con infección respiratoria, una grave patología de ayer y de hoy Master introducción a la investigación en medicina 22 7. BIBLIOGRAFÍA (1) Gonzalez J, Martín FJ. Infecciones en urgencias, 2011; 17-26 (2) Fine MJ, Smith MA, Carson CA et al. Prognosis and outcomes of patients with community-acquired pneumonia. JAMA 1995; 274:134-141 (3)Welte T, Torres A, Nathwani D. Clinical and economic burden of communityacquired pneumonía among adults in Europe. Thorax 2010 August 20 (4)Mandell LA, Wnderink RG, anzuelo A et al. Infectius Diseases Society of America/American Thoracic Society consensos guidelines on the management of community-acquired pneumonia in adults. Clin infect Dis 2007 March 1;44 Suppl 2:S27-S72 (5) Kollef MH, Shorr A, Tabak YP et al. 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