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Trabajo Fin de Máster Aproximación a la historia del Vizcondado de Rueda Autor/es Alejandro Jesús Sola Arnal Director/es Germán Navarro Espinach Concepción Villanueva Morte Facultad de Filosofía y Letras 2012
3 Í NDICE ÍNDICE .......................................................................................................................................................3 0. INTRODUCCIÓN..................................................................................................................................4 0.1. E STADO DE LA CUESTIÓN ...................................................................................................................4 1. LA VENTA DEL VIZCONDADO DE RUEDA..................................................................................9 2. EL LINAJE DE LOS URREA ............................................................................................................13 3. LA GEOGRAFÍA Y EL TERRITORIO DEL VIZCONDADO DE RUEDA.................................17 3.1. H ISTORIA DE LOS TERRITORIOS DEL VIZCONDADO DE R UEDA .........................................................21 4. LOS CAMINOS Y LOS DESPLAZAMIENTOS..............................................................................26 5. DEMOGRAFÍA Y POBLACIÓN.......................................................................................................31 5.1. L A PROBLEMÁTICA DE LAS FUENTES ................................................................................................31 5.2. L A EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA ........................................................................................................31 5.3. ¿M IGRACIONES EN EL FOGAJE DE 1495?..........................................................................................35 5.4. E N BUSCA DE MANO DE OBRA : CARTAS DE POBLACIÓN Y CONTRATOS DE VASALLAJE .....................38 6. ECONOMÍA Y SOCIEDAD...............................................................................................................44 6.1. M ANUFACTURAS ARTESANALES EN LA VILLA DE É PILA . L OS CONTRATOS DE APRENDIZAJE ...........45 6.2. A CTIVIDAD CREDITICIA ...................................................................................................................50 6.3. C OMERCIANTES Y COMERCIO EN É PILA ...........................................................................................53 6.4. L A MORERÍA EPILENSE .....................................................................................................................54 6.4.1. La justicia y organización en una aljama de señorío .............................................................55 6.4.2. La fiscalidad de los mudéjares de señorío..............................................................................60 6.5. L A JUDERÍA EPILENSE ......................................................................................................................62 6.5.1. La distribución urbana ...........................................................................................................63 6.5.2. La organización de la judería.................................................................................................66 6.5.3. La justicia ...............................................................................................................................67 6.6. V IOLENCIA INTERCOMUNITARIA ......................................................................................................71 7. CONCLUSIONES FINALES..............................................................................................................76 BIBLIOGRAFÍA......................................................................................................................................84 APÉNDICES.............................................................................................................................................88
4 0. Introducción El 7 de enero de 1393, en la ciudad de Épila, Pedro Ximénez de Urrea obtuvo de la mano de Ramón de Perellós, junto con su mujer Sevilia, el vizcondado de Rueda con los castillos y las villas de Épila y Rueda a cambio de 42.500 florines de oro. Para quien escribe estas líneas, encontrarse hará ya dos años con un documento inédito de la mano del profesor Germán Navarro Espinach supuso un reto: lanzarse a una investigación intimidadora, aportar un humilde grano de arena en el gran desierto que es el conocimiento histórico. Pero, aparte de la responsabilidad histórica, la vendición del vizcondado de Rueda imponía respeto por las amplias posibilidades de estudio que presentaba. En ese sentido, lo que en principio me movió a esta investigación fue ver la institución nobiliar aragonesa por testimonios de primera mano, acercándome a una de las familias más eminentes en el marco de la Corona de Aragón: los Ximénez de Urrea. Para ello transcribí la venta del vizcondado de Rueda efectuada por Ramón de Perellós; como suele ocurrir, se plantearon más interrogantes que respuestas. Y es que el documento en cuestión, registrado en 1393 por el notario Domingo Polegat, es el punto de partida del presente estudio. Aunque el documento que registra esta venta es una copia de 1838, es una fuente válida que nos plantea toda una serie de cuestiones: ¿quiénes eran los Urrea?, ¿qué grado de poder poseían?, ¿cuáles eran los territorios conformados por ese vizcondado de Rueda y qué aportaban a estos señores?, ¿quiénes vivían en estos lugares?, ¿bajo qué condiciones jurídicas vivieron y cómo lo hicieron?. 0.1. Estado de la cuestión Para dar respuesta a estas preguntas se ha recurrido a una documentación secundaria que no cubre todos los frentes de época medieval que se desean abarcar. Son estudios parciales que necesitan complementarse con futuras investigaciones apoyadas por la documentación primaria. Para solventar estos obstáculos he considerado conveniente abarcar algunos aspectos de la época moderna, datos que nos permitan
5 sopesar la trayectoria común de los territorios que conformaron el vizcondado de Rueda. Al partir este trabajo del análisis documental de la susodicha venta urgía saber, en primer lugar, quiénes eran los protagonistas del suceso. Para ello es esencial la lectura del artículo “La formación de los señoríos del condado de Aranda” publicado por Navarro Espinach. Apoyándose en los estudios de Moreno Meyerhoff y Casaus Ballester entre otros autores, el escrito hace un recorrido tanto de la historia de los condes de Aranda como el tratamiento académico dado a sus posesiones en Aragón y Valencia. Por ello es una primera aproximación al estado de la cuestión del terreno que nos ocupa: el vizcondado de Rueda. En cierta manera las cuestiones que plantea el citado autor son las mismas que he planteado anteriormente. Sin embargo, es evidente la falta de cohesión documental en torno a un único proyecto: el tratado en las siguientes líneas. Siguiendo las fuentes tratadas por Navarro Espinach, se han revisado los estudios de Meyerhoff y Casaus 1 . En el caso de esta última, su principal artículo se centra en las fuentes de las que dispone el investigador para el estudio de la figura de los condes de Aranda. Por esta razón es una referencia interesante en caso de hacer un estudio en profundidad basado en fuentes de archivo. Paralelamente Moreno Meyerhoff aporta datos acerca del origen, evolución y engrandecimiento de la casa nobiliar de los Urrea gracias al apoyo regio 2 . No obstante, las investigaciones de ambos autores se optimizan más si se contrastan con obras de cabecera como el diccionario de los hermanos Carrafa 3 , el Nobiliario de Aragón publicado por Ubieto Arteta en 1983 o el artículo de Marín Padilla “Aranda y Jarque, señorío de los Ximénez de Urrea, en 1449” 4 . Curiosamente, también encontramos información fragmentaria acerca de los señores de Urrea en obras que volveremos a citar como “La villa aragonesa de Épila en el siglo XV: sus judíos”, de Encarnación Marín Padilla. Por otra parte, son frecuentes los estudios en los que se analiza la figura de los primeros condes de Aranda (aparte de los anteriormente mencionados). En esos trabajos 1 CASAUS BALLESTER, 2000: 7-62. 2 MORENO MEYERHOFF, 1998: 37-54. 3 GARCÍA CARRAFA, 1920-1968. 4 MARÍN PADILLA, X-XI (Aragón en la Edad Media, 1993a): 553-573.
6 destaca la figura de Pedro Manuel Ximénez de Urrea, señor de Tasmoz (1490-1524), hijo del primer conde de Aranda, Lope Ximénez de Urrea (muerto en 1490). Por su labor como autor, poeta y personaje de cierto peso en el tumultuoso escenario político orquestado por Fernando el Católico, ha focalizado diversos ensayos. El más reciente de todos ellos (2002), es La torre y el caballero. El ocaso de los feudales, de José Luis Corral Lafuente. A través del propio señor de Trasmoz, el susodicho autor analiza la decadencia de los ideales de caballería que el propio Lope deja plasmados en sus obras. En cambio, hay otras obras de igual interés para el investigador como son Peregrinación de las tres casas sanctas de Jherusalem, Roma y Santiago, donde se hace un análisis no sólo de la obra sino también del entorno familiar y político de don Lope 5 . De igual modo son instructivas las aportaciones documentales que publicó en su día el mismo autor, Enrique Galé Casajús, en los volúmenes XIV y XV de la revista Turiaso 6 . En segundo lugar es necesario estudiar el marco físico que nos ocupa, los lugares del vizcondado de Rueda. Para ello es ineludible la consulta de los tres ejemplares correspondientes al IV tomo de Historia de Aragón, los poblados y despoblados 7 . En esta obra, Antonio Ubieto hizo una gran labor recopiladora gracias a la cual podemos saber hasta cuándo fueron ocupados determinados lugares y cuál fue su evolución, haciendo referencia a otras obras de consulta donde obtener más información detallada al respecto. En el caso de los territorios que nos ocupan (Almonacid de la Sierra, Épila, Rueda de Jalón, Séstrica y Salillas de Jalón), su descripción coincide con la expuesta por Pascual Madoz en Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus posesiones en Ultramar e Ignacio de Asso en Historia de la economía política de Aragón. Más recientes son las publicaciones de Jose María Cuadrat Prat, Pedro José López Correas y Eliseo Serrano Martín en Colección Territorio, dedicadas a la geografía, Edad Media y Edad Moderna respectivamente (2005). En el caso de los estudios sociales sobre los pobladores de la villa hay un gran vacío documental si queremos estudiar todas las comunidades. Ciertamente, no hay estudios completos sobre todos y cada uno de los territorios del vizcondado, sino que se han detenido en las más representativas. Son escasas las alusiones a otras villas que no 5 GALÉ CASAJUS, 2008, vol. 1. 6 GALÉ CASAJUS, 1997-1998, vol XIV: 225-302; 1999-2000, vol. XV: 229-285. 7 UBIETO ARTETA, 1986.
7 sean las de Épila, Rueda de Jalón o Almonacid de la Sierra, y únicamente la primera presenta un respaldo documental suficiente como para trazar un esbozo de lo que fue esa sociedad. No obstante, aun teniendo esta documentación, continúa habiendo huecos importantes, ya que para el caso de Épila las investigaciones se han dedicado casi en exclusiva al estudio de las comunidades mudéjares y judías. En lo que refiere a los mudéjares, su estudio como habitantes de señorío debe partir de las ideas expuestas por Macho y Ortega en Condición social de los mudéjares aragoneses (siglo XV) 8 . Junto a él, para comprender de manera general los mecanismos jurisdiccionales sobre este tipo de vasallos, es conveniente la lectura de La población de Aragón en la Edad Media (sgs XIII y XV), concretamente el artículo de Navarro Espinach y Villanueva Morte, “La población de Aragón en el siglo XV” 9 . De la misma manera es indispensable Estudios sobre los mudéjares en Aragón, de María Luisa Ledesma Rubio. Esta investigadora presta especial atención a los oficios desempeñados por los mudéjares, su fiscalidad, jurisdicción, el urbanismo e incluso aporta datos concernientes al vizcondado sobre el comercio de esclavos. Como vemos son muchas las obras que tratan el problema de forma genérica, pero a nivel del vizcondado de Rueda, quien mejor ha estudiado la documentación referida a los casos epilenses es Pilar Pérez Viñuales. Aparte de los casos aportados por Macho y Ortega en el citado artículo y por Ledesma Rubio en Vidas mudéjares 10 , Pérez Viñuales se ha centrado en los oficios artesanales, los contratos de aprendizaje y los de vasallaje en sucesivos artículos recopilados en los VI y VII Simposios Internacionales de Mudejarismo celebrados en Teruel de 1996 a 1999. Aplicando una visión conjunta de los aspectos generales y los casos concretos puede darse una panorámica cuando menos aproximada de lo que fue la morería epilense. Un caso muy parecido es el de la judería de Épila. El primero en enfrentarse al problema fue Cabezudo Astrain en 1957 a partir de los protocolos notariales existentes en Zaragoza. Centrándose en la judería bajo dominio del virrey de Sicilia, López Ximénez de Urrea, afirmó una coexistencia no pacífica. 8 MACHO ORTEGA, 1923: 137-220. 9 NAVARRO ESPINACH, VILLANUEVA MORTE, 2004: 165-194. 10 LEDESMA RUBIO, 1994: 9-31.
8 Tras la publicación en 1987 por parte de Encarnación Marín Padilla de “La villa aragonesa de Épila en el siglo XV: sus judíos”, se revitalizaron las investigaciones sobre la aljama judía epilense. De esta manera en años sucesivos (1989 y 1994) Miguel Ángel Motis retomó el testigo junto con Padilla, quien publicó desde 1993 a 1995 en la revista Sefarad sucesivos artículos en torno a un mismo título: “La villa aragonesa de Épila en el siglo XV: sus judíos”. Con opiniones contrapuestas, ambos autores debatieron acerca de la existencia de una delimitación en la judería de Épila. Además de ello, Padilla ilustra con casos reales aspectos tan dispares como la fiscalidad, disposiciones testamentarias, régimen jurídico, judicial, el comercio y antisemitismo. En definitiva, aunque la figura de los señores de Rueda merece un estudio más amplio, lo que aquí pretendemos es un acercamiento a la historia del vizcondado de Rueda para poder hacernos una idea de qué papel jugaron estos territorios en el desarrollo de esta familia (ya fuera como vizcondes o, posteriormente, como condes de Aranda). Así, veremos el devenir de las cinco localidades que comprenden el vizcondado (Almonacid de la Sierra, Épila, Rueda de Jalón, Séstrica y Salillas de Jalón) centrándonos en su sociedad, su economía y su población desde el punto de vista de un medievalista.
9 1. La venta del Vizcondado de Rueda La fuente trabajada, la venta vizcondal, es una copia notarial de 1838 que recoge la confirmación de la citada vendición del vizcondado de Rueda por el monarca aragonés Juan I (1350-1396). Si atendemos a un análisis diplomático de la misma, responde a una tipología económica puesto que se trata de la transacción de una propiedad. Es posible encontrar el texto en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, dentro del fondo Híjar, sala 2, legajo 91, documento 2. Al no conservar el documento original no tenemos una contrastación que nos demuestre la fidelidad del mismo. No obstante, parece ser que el notario se tomó la molestia, aún con sus limitaciones, de copiar lo mejor que pudo un texto que tuvo delante. Es un detalle que se nota en la propia redacción del documento al plasmar el mismo los errores típicos de transcripción. Esta anécdota es una bendición a medias: podemos tener algo de seguridad en su veracidad, pero al ser una copia de estas características con errores significativos su lectura puede complicarse. El hecho de que encontremos esta copia del siglo XIX responde a otro avatar histórico contemporáneo. Y es que, con la desamortización de Mendizábal en 1836, muchos nobles tuvieron que justificar sus posesiones enviando sus archivos al lugar donde estuvieran revisando sus territorios. Así, por no perder esos documentos tan valiosos, la solución que hallaron fue copiarlos. No sería raro que los condes de Aranda encargaran a su notario copiar algunos de sus fondos más destacados por si se perdía el documento. Es frecuente ver estas copias dentro de los archivos españoles. Por supuesto la copia no está nunca libre de ser alterada, pero como mínimo tenemos un documento que atestigua que esa venta se efectuó y que hubo determinados personajes históricos (como Polegat o Juan I) que nos pueden calmar en cierta medida la inquietud acerca de la veracidad que pueda ofrecer el documento. En todo caso estas copias requerían brevedad; el noble en cuestión quería saber de qué derechos disponía y qué justificación de dominación histórica poseía sobre su tenencia. Por tanto, en muchas ocasiones no se copiaba el documento íntegramente. Es
16 Isuela, Mislata, Morés, Nigüella, Pardines de Algemesí, Pomer, Sollana, Suñén de Épila, Tierga y Urrea de Jalón. 2. Las posesiones de los señores de Aranda en Aragón a finales del s. XV Fuente: Elaboración propia. Todos estos territorios estuvieron divididos en tres grandes bloques. En primer lugar, más apartado del resto y cercano a la frontera con Navarra y Castilla, encontramos la baronía de Biota y el señorío de Trasmoz. Por otro lado, en el reino valenciano se englobaban todas las posesiones actualmente ubicadas en Castellón, Alicante y Valencia, entre ellas la tenencia de Alcalatén. Paralelamente, formando un bloque más homogéneo, se ubican en Aragón todos los territorios articulados más o menos alrededor del vizcondado de Rueda.
17 3. La geografía y el territorio del vizcondado de Rueda Los lugares de Almonacid de la Sierra, Épila, Salillas de Jalón, Séstrica y Rueda de Jalón que conformaron el vizcondado de Rueda estuvieron fuertemente influidos en su desarrollo económico por su condición geográfica. Excepto Séstrica, el resto de localidades mencionadas pertenecen a lo que hoy se conoce como la comarca aragonesa de Valdejalón, ubicada en torno al valle medio-bajo del río Jalón. Esta corriente de agua articula el territorio en dirección SO-NO desde las serranías del Moncayo y Algairén hasta los llanos de Plasencia. Asimismo, es un territorio que forma un plano inclinado entre las sierras de Algairén y Vicort, en el centro de la depresión del Ebro. Como vemos, es un territorio marcado por la vertebración, en un cruce de caminos ya sea por tierra o por vía fluvial. Al igual que en el resto de Aragón, el clima dominante es el mediterráneo continentalizado, con temperaturas muy extremas tanto en invierno como en verano. Las lluvias se distribuyen a lo largo del año de forma desigual. Por ello el Jalón, nacido en el Sistema Ibérico y que recibe las aguas del río Aranda y el río Isuela, no lleva un caudal regular. Al haber pocas precipitaciones es una tierra donde se aprovecha el agua al máximo de cara a la agricultura, centrada sobre todo en la producción cerealística, el maíz y los viñedos. Serán precisamente estos cultivos los que predominaron durante la Edad Media, habiendo cierta continuidad hasta nuestros días, rota únicamente por la proliferación en el cultivo de especies antes minoritarias y la incorporación de otras nuevas. En la actualidad, los cultivos de secano producen cereales, vid y olivo principalmente, aunque también se cultivan el cerezo y el almendro. De igual manera, al tradicional cultivo en barbecho de centeno, trigo, remolacha y avena se han sumado los cultivos de cebada y maíz de manera más extensa. En lo referente a la viticultura ha sido una parcela siempre presente en estos territorios. Desde la Edad Media se cultivó la vid hasta su extensión definitiva en el siglo XIX propiciado por el clima y el tipo de suelo. Como estas tierras han producido a
18 lo largo de su historia un vino muy intenso, con mucha gradación, solía usarse de base para mezclar y mejorar otros vinos. Paralelamente, el olivo ha sido un fruto muy cultivado en esta comarca, aunque su interés fue decayendo ante la pujanza de otros árboles frutales como el cerezo, el almendro y el melocotonero. En relación a ello la presencia de regadíos estaba muy mermaba aunque no era inexistente dadas las canalizaciones creadas por los romanos y los árabes. Sin embargo, el empuje de las órdenes mendicantes presentes en la zona durante el medievo consolidó esa red de canalizaciones ya en el siglo XIV. Está claro que el poco caudal del río Jalón no permitía una generalización de los regadíos, generando frecuentes pleitos por los usos del agua entre los diferentes pueblos que se nutrían del Jalón 25 . Toda esta diversidad agrícola conllevaría la movilización de gran mano de obra disponible hasta la masiva emigración del siglo XX desde el campo a la ciudad (veremos la demografía de estos lugares detalladamente). También hubo una fuerte presencia de cabañas ganaderas que actualmente se ha perdido. Sobre todo se ha usado ganado ovino, mejor adaptado al medio, ya que ingiere los restos del cereal tras la siega y los pastos monteses. En esta zona se usaron sobre todo la raza aragonesa y la ojinegra, especies raramente estabuladas. En lo referente a los bosques, debieron jugar un papel muy importante en el caso de Almonacid de la Sierra, más cercana al sistema Ibérico y, por tanto, a mayor altitud (actualmente constituye entre un 10 y un 20% del territorio comunal). 25 Actualmente estas aguas se encuentran reguladas por el embalse de la Tranquera.
19 3. Accidentes geográficos del vizcondado de Rueda Fuente: Instituto Geográfico Nacional, Mapa autonómico de Aragón escala 1:300.000. 2ª Edición, 2006. Dejando a un lado los aspectos generales, cada uno de los presentes territorios tuvo sus particularidades. En el caso de Almonacid de la Sierra, está situada en el extenso valle que forma la Sierra de Algairen en su dirección de Este a Oeste, al extremo SO de la anterior hasta el norte. Se sabe que existieron manantiales que abastecieron de agua a la comunidad. Entre la producción que se contabilizó en el siglo XIX 26 , destacó la vitícola, cerealística (trigo, avena, centeno y cebada) y alfarería. Según Madoz, hubo ganado lanar y cabrío. De todo lo producido se hacían intercambios a cambio de productos tan básicos como el aceite. Por el contrario, Épila fue la cabeza del condado, donde se encuentra el palacio de los condes de Aranda edificado en la segunda mitad del siglo XV 27 . Ubicada al pie de un monte junto al río Jalón, aunque el terreno es salobre y de mediana calidad para los granos, nos interesa la propia ubicación geoestratégica de la villa. Debemos tener en cuenta la presencia de un puente sobre el río Jalón por el cual, según la venta de 1393, pudo haberse cobrado pontazgo. De cara a ello, la documentación manejada por Marín Padilla menciona varios puentes pudiendo repetirse por poseer alguno más de una denominación: el de la Pontarriella, el Puente de la Villa, Puente Mayor del Jalón, 26 MADOZ, 1846-1850. 27 MARTÍNEZ MOLINA, 2010.
20 Puente del Jalón, Puente de Piedra, Puente del Portillo, Piente de los Canales y Puente del Azanet (citado en 1491) 28 . Otras fuentes de agua con las que contó la villa aparte del propio río fueron, según la documentación, la Fuente de la Villa, Fuente de Alcuzes, Fuente de la Tamarit, Fuente del Conde, Fuente de Arriba y ciertas albercas. Además de ello se encuentra en una zona clave de comunicaciones, cerca del valle del Jalón, una de las rutas obligadas para la entrada en el reino aragonés desde Castilla. Por ello no sería raro ver la presencia del Camino Real atravesando estas tierras. Es más, la relevancia de esta ubicación la demuestra un acontecimiento bélico de vital importancia como fue la batalla de Épila (1348) en la cual los unionistas fueron derrotados al intentar separar los contingentes de Pedro IV y Lope de Luna. En cuanto a la producción, la villa se centró en la producción de trigo, cebada, centeno, lino, cáñamo, vino, ajos, frutas, legumbres y hortalizas. Incluso contaban con un molino harinero. También nos interesa lo referente a la producción lanar derivada de una importante presencia ganadera ovina, que como veremos generó un importante comercio. Hay constancia de la existencia de un muro que defendió el lugar de posibles incursiones durante el siglo XIV, reparado en 1402 29 . En lo referente a artesanía, la mencionada condición geoespacial de la villa como cruce de caminos hizo florecer toda una serie de industrias que suministraban manufacturas tanto a los vecinos como a la población itinerante. Así, a Épila le siguió en relevancia Rueda de Jalón, también ubicada junto al río Jalón. El porqué de esa importancia estriba en la fuerte presencia de ganado lanar, seguido por cierta producción de la tríada mediterránea (grano, vino y aceite) e incluso del cultivo de barrilla 30 . La documentación recogida por Marín Padilla en “La villa aragonesa de Épila en el siglo XV: sus judíos” (1993), los Ximénez de Urrea tenían en Rueda salinas al igual 28 MARÍN PADILLA, LIII (Sefarad, 1993b): 59-101. 29 Archivo de Protocolos Notariales de La Almunia de Doña Godina (en adelante L. A. APN.), notario Remiro de Sádaba, 1402, fol. 111. 30 MADOZ, Op. Cit. Rueda poseía un molino de aceite, pero queda por determinar su cronología.
21 que las poseían en Urrea. Incluso llegaron a buscar nuevas vetas según muestra un contrato de 1488 al herrero vizcaíno Julián Navarro para que llevara a cabo esa tarea. En lo que respecta a Salillas de Jalón, su producción es más exigua que en el resto de lugares del vizcondado. Si bien es cierto que contó con la presencia de caminos locales que la comunicaron con las poblaciones vecinas y una producción de trigo, cebada, maíz, batatas y lino. Por último, Séstrica está ubicada al margen del arroyo de Viver, aunque también contó con una fuente dentro del mismo lugar que proporcionaba agua. Tuvo importantes terrenos de pastos al Este y Oeste que abastecieron su cabaña ganadera lanar. Asimismo, a mitad del siglo XIX contó con canteras de cal y yeso. Al igual que los lugares anteriormente citados, esta villa produjo trigo, cebada, maíz, vino, aceite y legumbres dentro de unos cultivos de secano. Como en el caso de Rueda, contaron con dos molinos aceiteros y uno harinero, pero cabría realizar una investigación en profundidad para saber su cronología. Por otra parte, en Séstrica la economía mudéjar orbitó en torno a las actividades agropecuarias y los oficios artesanales, constatándose la presencia de herreros, albañiles, maestros de obra e incluso un tamborino. 3.1. Historia de los territorios del vizcondado de Rueda Remontándonos desde la invasión musulmana, a raíz de la conquista de Zaragoza en la primavera del 714 y su consolidación en torno a las posiciones norteñas de Loarre y Alquézar, los pobladores del Valle del Jalón se convirtieron masivamente al Islam. De igual modo, hubo élites hispanas que con la llegada del Islam cambiaron de religión para perpetuar su poder e influencia como ocurrió con los Casio, que pasaron a llamarse los Banu Quasi. Generalmente los nuevos señores de estos territorios dejaron el cultivo de sus tierras en manos de gente autóctona. Como en el resto del territorio dominado por los musulmanes, se potenció la irrigación romana encontrada construyendo acequias, azudes, norias y pozos.
22 Dentro de estos territorios las fortalezas de Salillas de Jalón, Épila, Rueda de Jalón, y Almonacid de la Sierra, junto con las de Morata de Jalón, Chodes, Ricla, Cabañas, Calatorao, Lumpiaque, Urrea de Jalón, Castilluelo, Coulor y Bardallur formaron la línea defensiva musulmana frente a las posibles ofensivas cristianas. Precisamente la fortificación de Rueda de Jalón, por su importancia estratégica, fue escenario de luchas al ser arrebatada por parte del emirato cordobés a los Banu Quasi en el 882. Ya en el siglo XII y ante la cercanía ofensiva del rey cristiano Alfonso I de Aragón, su alcaide (“Zafadola”) se colocó bajo la protección castellana. Así, tras la conquista de la taifa zaragozana y del valle del Jalón hasta Calatayud a principios del siglo XII, el mencionado monarca tuvo que hacer frente a la despoblación de estos territorios. Para solucionarlo repobló la zona con 10.000 mozárabes provenientes de Andalucía en 1126, además de entregar a sus nobles más cercanos diversas tenencias sin carácter hereditario para que no le disputasen el poder en estas zonas. 31 Tal fue el caso, como hemos visto, de los Urrea por su participación en la reconquista del territorio (con un significativo papel en la toma de Urrea de Jalón). A tenor de ello tenemos constancia de una carta de población que los hermanos y tententes de Salillas de Jalón, Ramón de Labarsa y García de Valencia, concedieron a ocho nuevos pobladores en 1143. También hubo una importante presencia de órdenes militares en la zona, principalmente representadas por las heredades hospitalarias en Urrea de Jalón, Rueda de Jalón, Salillas de Jalón (San Juan, 1180) y Épila, quienes vieron incrementado su patrimonio con las continuas donaciones y herencias que les fueron legadas. Los hospitalarios fomentaron la roturación de nuevas tierras que dieron cabida a más labradores y, por tanto, a una mayor producción de la tierra (sobre todo con el cultivo de viñas). Ya en la baja Edad Media esta otrora frontera hacia la Reconquista presentó un fortalecimiento de los señoríos con diversos privilegios, como es el caso de la donación del vizcondado de Rueda a Ramón de Perellós en 1366. La misma Épila fue protagonista de la revitalización económica gracias a Juan I, quien en 1391 implantó en la villa mercados y ferias durante 15 días consecutivos. Ciertamente era una decisión influenciada por la propia situación estratégica y de pujanza comercial del lugar. 31 Épila llegó a contar con tenentes de 1124 a 1196.
23 Uno de los derechos más importantes que se le concedieron a la misma durante el reinado de Juan I fue el de pontazgo, necesario para cruzar los puentes sobre el Jalón. Este privilegio, ostentado por la figura de Raimundo de Perellós, cobraba un denario jaqués por persona sin carga alguna y dos por el que fuera a caballo 32 . El 15 de marzo de 1398 Martín I ratificó ese pontazgo en Perellós 33 . Por otro lado, la ratificación del mercado epilense no llegará hasta 1483 por Fernando el Católico. En otro orden de cosas, desde el siglo XV los territorios en cuestión se dividieron en sobrecullidas, unidades administrativas y comerciales que duraron hasta la implantación de los partidos-corregimientos a comienzos del siglo XVIII 34 . Antes de ser sustituidas, en el siglo XVII las sobrecullidas coexistieron con las adscripciones en veredas 35 . El censo de 1495 cuenta en la actual comarca de Valdejalón once sobrecullidas entre las cuales encontramos Épila. Asimismo dependían de la localidad de Tarazona Rueda, Épila y Salillas entre otros. En cambio, Almonacid de la Sierra pertenecía a la sobrecullida de Alcañiz 36 . Desde el censo de 1646 estas divisiones pasaron a denominarse veredas; en este momento encontramos a Almonacid de la Sierra englobada bajo la vereda de Calatayud. Casi cincuenta años después, el censo de 1711 dividió el reino en 13 corregimientos, cada uno dirigido por un capitán general, un gobernador y un presidente de la Real Audiencia. A tenor de este reordenamiento Salillas de Jalón pasó a ser parte del corregimiento de Borja, en tanto Rueda, Épila y Almonacid de la Sierra dependieron de Zaragoza. Fue una división que se mantuvo hasta la reforma provincial de 1883. Siguiendo con el análisis de los censos, en el notado artículo “Las villas y pueblos de Valdejalón y la historia moderna”, Eliseo Serrano evidencia en la zona un elevado crecimiento desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII, superado el bajón demográfico y las repoblaciones del siglo XVII. De esta manera, a la remisión de estas mortalidades ayudaron los avances agrícolas e incluso los cambios medioambientales. 32 Derecho concedido el 14 de junio de 1389. 33 En Zaragoza; entendemos pues que el pontazgo no formaba parte de la venta que se les hizo a los Ximenez de Urrea. 34 Estas unidades administrativas se consolidaron de 1463 a 1465. 35 SERRANO MARTÍN, 2005: 119-142. 36 SERRANO MONTALVO, 1995: XXIV-XLVIII.
24 Ciertamente la marcha de los moriscos en 1609 dejó las tierras de muchos pueblos sin cultivar y un vacío en la producción artesanal de la comarca, acrecentando las cargas censales de los señores sobre sus vasallos cristianos. Fue así como Almonacid de la Sierra y Séstrica quedaron completamente vacíos, mientras que Épila y Salillas quedaron muy mermados en la población. Por tanto podemos deducir que, en el caso epilense, hubo una recesión artesanal por la importancia que tuvieron los moriscos en ese sector. Ante la evidencia de esta recesión se buscaron nuevos trabajadores creando cartas de población. Tenemos el caso de la de Rueda de Jalón en 1627 y la de Almonacid de la Sierra en 1628. Desconocemos si hubo una carta para Épila. En caso de que no la hubiera puede verse como una pujanza por parte de la población cristiana del lugar para hacerse con las tierras y ocupaciones antaño regentadas por los moriscos (tal y como ocurrió en Belchite). En todo caso, durante la Edad Moderna siguió vigente el régimen feudal implantado tras la Reconquista, perpetuándose hasta el siglo XVIII. Estudiosos como Ignacio de Asso, a finales de la centuria, denunciaron la situación de estos territorios bajo los abusos señoriales. Pese a la desigualdad en el régimen jurídico y de tenencia de la tierra, el esfuerzo colectivo se centró en el máximo aprovechamiento del agua. La profusión de los regadíos dependió directamente de la inversión en la canalización del agua. El control de estas canalizaciones llegó a motivar pleitos entre poblaciones vecinas, sobre todo en lo que respecta a los usos hídricos. Estos usos no solo eran de carácter agrícola sino también industrial, como motor de los molinos bataneros presentes en Urrea, Épila o la Almunia. Al aumentar el número de tierras regadas se buscaron nuevas formas de producción frente a los tradicionales cultivos cerealísticos. De esta manera proliferaron el cáñamo, la vid y el olivo. Las cartas, ventas y arrendamientos muestran una continuidad en el cultivo del trigo y la cebada sin olvidar los olivos o la vid, la cual tuvo una vital importancia en la economía de Almonacid de la Sierra en su variedad de crucillón y garnacha. Épila también contó con cultivo de vid pero a pequeña escala. Otros productos cultivados desde antiguo fueron la barrilla en Épila (usada en la
25 producción de vidrios e incluso jabón a partir de sus cenizas) por la propia salinidad del suelo. Junto al mundo agrario encontramos un cuerpo social de artesanos que chocó frecuentemente con los intereses señoriales generando banderías entre localidades y pleitos por el control de las dehesas.
32 Así pues, recogiendo los datos de los fogajes (1367, 1405, 1489, 1495, 1609, 1646) y vecindarios (1722, 1787, 1797) tanto de época medieval como moderna podemos observar una evolución en estas poblaciones que invariablemente se han visto afectadas por el fenómeno migratorio. Almonacid de la Sierra Épila Rueda de Jalón Salillas de Jalón Séstrica 1367 70 F. 1405 7 f. Inf. 10 f. Inf. 1489 55 f. 30 F. 1495 88 f. 161 f. 44 f. 10 f. 33 f. 1609 88 f. 161 f. 43 f. 10 f. 33 f. 1610 1.595 p. 420 p. 675 p. 1.185 p. 1646 153 f. 268 f. 47 f. 21 f. 94 f. 1722 94 v. 173 v. 41 v. 22 v. 74 v. 1764 56 c. 1776 175 v. 1787 94 v. 191 v. 47 v. 22 v. 48 v. 1797 307 v. 630 v. 160 v. 71 v. 157 v. 1857 2.351 h. 3.919 h. 856 h. 833 h. 1.208 h. 1970 1.160 h. 3.894 h. 510 h. 569 h. 493 h. f. Inf. Fuego infanzón p. Personas f. Fuegos v. Vecinos F. Familias h. Habitantes c. Casas Uno de los problemas más habituales a la hora de contrastar datos es la discordancia entre las fuentes. Por ejemplo, mientras en el libro del reparo que recoge el fogaje de 1489 no aparece Séstrica, 44 en el Comentario sobre el Estado eclesiástico y secular de las poblaciones y antiguos y actuales vecindarios del reino de Aragón 45 , encontramos dicha localidad reflejada en el mencionado fogaje. La respuesta a esta divergencia en la información administrada puede ser que Lezaun consultase una fuente que no era el citado libro del reparo. Esta contradicción en las fuentes la volvemos a encontrar entre el tratado de Lezaun y la información recogida en Historia de Aragón. Los pueblos y despoblados 46 : 44 FALCÓN PÉREZ, 1987. 45 LEZAUN, 1990. 46 UBIETO ARTETA, 1986.
33 en el primer caso se registra un sólo fuego según el fogaje de 1495 en Salillas de Jalón, mientras que Antonio Ubieto, en la misma población y fogaje, anota 11 fuegos. Antes de analizar en profundidad la evolución demográfica, debemos considerar qué unidades se manejan a la hora de hacer un recuento de la población. En primer lugar el fogaje de 1405 sólo refleja a los infanzones de Almonacid y Épila, quienes debían pagar en tres tandas un impuesto extraordinario mandado por el monarca 47 . Dicho sea de paso, estos infanzones no pagaron la cantidad por lo que el rey les amenazó con expropiarles sus tierras hasta que fuera cumplimentado el pago. Cuestión aparte son los fuegos que nos aparecen tanto en fogaje de 1489 como en los de 1495 o 1609. Aunque el de 1495 sea nominal, debemos entender un fuego como una unidad familiar que pudiera pagar determinada cantidad de dinero. Dejando a un lado posibles cómputos que podrían dar unas cifras aproximadas, no deja de ser un impedimento para estudiar el total de la población puesto que solo se representa la unidad fiscal que podía pagar. Si es un recuento nominal podemos apreciar incluso que la presencia de la mujer está limitada a viudas o algunas excepciones donde se desconoce el estado civil de la mujer en cuestión. Encontraremos fogajes hasta la época moderna, momento en el cual proliferaron los vecindarios, un tipo de censo poblacional que también tiene sus particularidades. Al igual que el fogaje, el vecindario contabiliza a aquellas personas capaces de pagar y que estén avecindadas en el lugar. Por ello es frecuente que muchos residentes no avecindados en el lugar no aparezcan reflejados. No es un caso único; se nos escapa igualmente el control de cierta población itinerante encabezada por buhoneros, comerciantes y peregrinos o simplemente gente de paso de cualquier condición. Empero, aunque los vecindarios son frecuentes en el periodo moderno, siguieron usándose fogajes además de censos que contabilizaban a los habitantes como el de 1610. Por otra parte, aunque también se ha barajado el fogaje de 1543 para la elaboración del presente escrito, parece ser que no representó en su tiempo ninguna 47 La propia Almonacid de la Sierra no contabiliza íntegramente el valor de 7 infanzones sino que se reparten entre Alfamén, Cosuenda y la Almunia.
34 novedad con respecto al de 1495, sino que más bien fue una copia (razón por la cual se ha descartado) 48 . Por ello son más fiables los censos de época contemporánea como los que se han registrado en el esquema antes expuesto. Siguiendo con el análisis detallado de la población, podemos observar la importancia de Épila, con un mayor número de población registrada. A nivel general, en los cinco territorios parece mantenerse la población desde finales del siglo XV hasta la primera mitad del siglo XVII (sólo desciende un fuego en Rueda de Jalón, de 44 a 43). De haber incluido los vecindarios de 1713 y 1714 de Campoflorido hubiésemos visto como en la primera mitad del siglo XVIII la curva demográfica bajaba bruscamente, puesto que todos los territorios pasan de tener una población más o menos estable en 1713 a una bajada considerable en el vecindario de 1717 49 . Sin embargo, este vecindario ha presentado carencias denunciadas por los historiadores a lo largo del tiempo 50 . En todo caso, queda pendiente un estudio de los Quinque Libri de las respectivas poblaciones para ver si hay una renovación poblacional de las localidades señaladas en la tabla comparando los apellidos anotados. Si atendemos a los datos de que disponemos, parece que de 1722 a 1787 hubo en la mayoría de las posesiones englobadas por el vizcondado (Almonacid de la Sierra, Épila, Rueda de Jalón y Salillas de Jalón) cierto equilibrio. Diez años después, según el vecindario de 1797, la población pareció incrementarse. Lo siguiente que encontramos son censos propiamente dichos (los de 1857 y 1970), con un recuento más fidedigno de los habitantes del lugar. Entre ambos es más que evidente el éxodo rural español hacia las ciudades acaecido desde la segunda mitad del siglo XX. Si consultamos los estudios de Eliseo Serrano Martín, en ellos se afirma la escasa representación de los mudéjares de las localidades vizcondales en el fogaje de 1495, máxime cuando se evidencia un notable crecimiento hasta 1610 51 . 48 SALAS, 2008. 49 El Vecindario de Campoflorido fue realizado entre 1712 y 1717 por mandato de Felipe V de Borbón con objeto de sufragar los gastos de la Guerra de Sucesión. Se ha denostado su poca utilidad al restringir el pago a los vecinos que debían pechar (pecheros). 50 LEZAUN, 1990. 51 SERRANO MARTÍN, 2005.
35 En Almonacid de la Sierra los registros parroquiales comenzaron en 1611, registrando qué cristianos sustituyeron a los moriscos expulsados y quiénes murieron. Después de 1628 hay una aumento de entre 30 y 40 bautizados. Asimismo, el mencionado autor certifica un receso poblacional, un límite en ese crecimiento derivado de epidemias, enfermedades y malas cosechas entre los años 1596 y 1750. El factor que equilibraría estas mortandades sería la nupcialidad, repuntada especialmente tras los momentos de decrecimiento y mortandad. En el caso del censo de Floridablanca de 1787 tenemos los habitantes diferenciados por grupos de edades. A partir de su estudio el profesor Serrano establece que había un amplio porcentaje de personas que sobrepasaban los 50 años de edad. La expulsión de los moriscos supuso a nivel de la actual comarca de Valdejalón unas pérdidas poblacionales estimadas en torno al 15-20%. Lógicamente esta regresión varió en función de la composición de cada población; en algunos lugares supuso la total desaparición de los pobladores. Por ello hubo señores que protestaron contra una decisión que ahogaba sus beneficios, implicaba una reducción considerable de la producción. A términos del vizcondado de Rueda, esa salida supuso una pérdida de 84 casas moriscas en Épila, 135 en Rueda y 370 en Almonacid de la Sierra. 5.3. ¿Migraciones en el fogaje de 1495? Una de las fuentes más relevantes que hemos mencionado en las líneas anteriores es el fogaje de 1495, una fuente icónica por antonomasia en el estudio de la demografía medieval aragonesa. Teniendo en cuenta las mencionadas precauciones, este fogaje puede ayudarnos a escrutar la toponimia en busca de migrantes. No nos llevemos a engaño; no debemos categorizar que un apellido corresponda por necesidad a un migrante, sería hacer afirmaciones infundadas. Sin embargo, podemos aventurar una posible relación entre el individuo y un antepasado migrante que hubiera estampado en el apellido de su gente (o apodo otorgado en el lugar) el topónimo de procedencia. Esta iniciativa no ha de desviarnos de un hecho muy importante que hemos repetido hasta la saciedad: no aparecen todos los habitantes que en realidad había. Por tanto, aunque lo que aquí se plantea es un muestreo, hemos de tener en cuenta la
36 posibilidad de que hubiera un porcentaje de población en cada uno de los territorios analizados que también fuera migrante, pero que no aparece representado. Del examen de dicho fogaje se deriva que el cómputo de la población capaz de pagar la pecha extraordinaria presentada por Fernando el Católico se reduce a una serie de nombres con una clara alusión al carácter foráneo del individuo. Es el caso Avdalla el Castellano, de Almonacid de la Sierra, cuyo topónimo nos indica claramente una ligación con el reino de Castilla, que se repite en otros casos como el de Johan Castellano (Épila) o el de La Castellana (Rueda de Jalón). También está claro el topónimo de Johan de Longares, vecino de Salillas de Jalón. Si miramos cualquier mapa actual podremos ver que entre Longares (en la comarca de Cariñena) y Salillas hay poca distancia de por medio, lo que incluso podría hablarnos de la movilidad del individuo o sus predecesores. En Séstrica tenemos un Johan de Torralva, aunque en este caso es mucho más confuso el lugar de procedencia. Hay muchas poblaciones con el mismo topónimo (en Zaragoza, Soria, Teruel y Navarra), y sería peligroso cerrar el círculo de procedencia a los lugares más cercanos. Rueda de Jalón presenta sólo dos habitantes con una onomástica relacionada con las migraciones: La Castellana e Ybrahi Deguesa. El primer caso (ya mencionado) únicamente nos indica un posible origen en el reino de Castilla. Desconocemos el lugar exacto de procedencia como en otros casos, por ejemplo, el de su vecino musulmán, Ybrahi. Deguesa podría hacer referencia a Güesa, en Navarra. Aunque hay que tener cautela en afirmarlo, pues es posible que el notario del reino, al transcribir el nombre al papel lo hiciera tal y como lo había oído. Al contrario que los anteriores, Épila presenta un mayor número de habitantes con una onomástica probablemente ligada al desplazamiento poblacional. Algunos de los más representativos son Miguel de Paniza (Paniza es una localidad zaragozana al sur de Cariñena), Francisco de Ródenas (población de Teruel), Lope y Calema d´Ablitas (población cercana a Cascante, Navarra), Mari Calatayut y Lope de Calatayut (Calatayud, Zaragoza), Johan Trasovares (Trasobares se encuentra pegado al Moncayo, en la comarca de Aranda, Zaragoza), Pedro de Maella (Maella corresponde a la comarca del Bajo Aragón, Caspe), Johan de Villaluenga (existió una Villalengua cerca de Tarazona), Miguel y García de Sarinyena (Sariñena, Huesca), Luyo de Rueda y Martín
37 de Rueda. 52 Otros casos que, como los castellanos, no nos indican el lugar exacto sino una procedencia regional serían Alfonso el Gallego, Mahoma el Navarro, Miguel de Soria, Moncayo, Pedro el Gallego, El Gallego, Guadalajara o Johan Castellano. Otra conclusión que podríamos sacar de la onomástica “de tipo regional” es que el personaje en cuestión respondiera a unas actitudes tópicas del lugar de procedencia. En este caso es prácticamente imposible comprobarlo. Otro tipo de comparación, en este caso con la proporcionada por Macho Ortega, permite evaluar la continuidad y las ausencias poblacionales de cada lugar. En los apéndices del presente trabajo se adjuntan unas tablas comparativas en las cuales se hace referencia a los citados documentos: dotes, cartas francas, censales, nombramientos de funcionarios, cartas de vasallaje, homenajes, ventas, comandas, concordias y arrendamientos de entre una multitud tipológica documental. Concretamente abarcan los años 1410 (Séstrica), 1434 (Almonacid de la Sierra), 1443 (Rueda de Jalón), 1460 (Séstrica), 1498 (Rueda), 1499 (Almonacid y Épila). De igual modo aparece el fogaje del reino de 1495 contrastando la onomástica de las correspondientes poblaciones con la intención de observar la susodicha permanencia demográfica de los cinco territorios del vizcondado de Rueda. Así podemos ver, a tenor del apellido, qué familias permanecieron y cuáles desaparecieron con el tiempo. Sin embargo, teniendo en cuenta que no aparecen todos los vecinos en estos fogajes, no podemos afirmar tajantemente que esas ausencias sean equiparables a una migración. Tomemos como ejemplo Almonacid de la Sierra: el 25 de Mayo de 1434 los moros del dicho lugar y de Morés vendieron un censal a Don Jimeno Gordo. Allí aparecen reflejados una serie de personajes, como Mahoma el Scrivano o Jayel de Nabal (jurado) de cuyo apellido hay constancia en el fogaje de 1495 en la misma localidad; Nuez el Escribano, Mahoma el Escribano, Nabal (en el documento aparece como la de Nabal, la hija o mujer del mismo) y Culema de Nabal. No obstante, en la venta de un censal que hacen los vecinos de Almonacid no hay rastro de estos dos linajes. Un caso más representativo es el de los vecinos que no aparecen registrados en momentos posteriores. Siguiendo el caso de Almonacid, tenemos presentes a toda una 52 Podría hacer referencia a Rueda de Jalón, el lugar más cercano. Tampoco podemos descartar otras poblaciones con el mismo topónimo. Por otra parte Martín de Rueda no aparece como tal en el fogaje sino su viuda (“viuda de Martín de Rueda”). Por tanto en 1495 este personaje ya había fallecido. A raíz de ello podemos pensar que o bien Martín (o sus antepasados) llegaron a Rueda o que la viuda casó con Martín y luego volvió a su tierra natal. Son teorías que solo podremos contrastar en archivos.
38 serie de personajes (Alí Moraguo, Mahoma el Jafar, Juce de Segovia, Muça Abenali y Farag de Muel entre otros) que pese a estar constatados en 1434, no aparecen ni en el fogaje de 1495 ni en la posterior venta de 1499. 5.4. En busca de mano de obra: cartas de población y contratos de vasallaje Otra de las fuentes de documentación que aporta más datos de cara al estudio de las migraciones son los llamados “contratos de vasallaje”. En ellos el señor feudal correspondiente se comprometía a proteger al vasallo a cambio de que éste le sirviera fielmente mediante una carta de vasallaje. En caso de ser un vasallo cristiano, el juramento pasaba por toda una serie de cláusulas punitivas espirituales, jurando cumplir lo estipulado ante Dios. Si por el contrario el vasallo era musulmán, el juramento se hacía sobre el Corán añadiéndose además las cláusulas especiales que afectaban al conjunto poblacional mudéjar. Concretamente, esta documentación estipulaba con detalle qué tributos y prestaciones personales se debían mutuamente: el señor podía en ocasiones conceder derechos de pastos sobre tierras señoriales (algo especialmente importante en el caso de Séstrica por la importancia de los mismos) pero a cambio tenía una serie de días laborables y porcentajes tributarios que el vasallo debía otorgarle libremente. Es el caso de los gravámenes molineros, donde se debía dar parte del producto a cambio de procesarlo. Como bien dijo en su día Pérez Viñuales, éstas políticas fueron un complemento perfecto junto con la riqueza de las tierras y el propio estado jurídico para presentar más atracción dentro de un mundo de extrema movilidad poblacional 53 . Macho Ortega estudió muy bien este aspecto sobre la población mudéjar en su obra Condición social de los mudéjares aragoneses. Allí mismo encontramos un ejemplo en el seno del vizcondado de Rueda: el 12 de noviembre de 1432 Brahem de Muxuer, moro de Sétrica, se hizo vasallo de don Jimeno de Urrea, vecino del lugar. Como tal se comprometía a prestar “homenage” y juraba sobre el Corán servir según las costumbres de moros, ser un buen y leal vasallo, darle honor y prevenirle de todo daño además de cumplir en todas las obligaciones como vasallo para con su señor 54 . 53 PÉREZ VIÑUALES, 1999a: 133-142. 54 MACHO Y ORTEGA, 1923: 228. Doc. 19.
39 Por otra parte tenemos el testimonio de Mahoma de Anzeyt “el Marranchano”, vecino de la también perteneciente a los Urrea, Lucena de Jalón, que migró a Épila sin dejar de depender de su señor. Lo curioso es que en este traslado mantuvo todos sus privilegios, libertades y franquezas 55 . Esto nos habla de las condiciones por las que tenían que pasar los nuevos habitantes de estos dominios. En el caso mudéjar, Macho Ortega estableció una serie de condiciones que ligaban al vasallo a la tierra durante un periodo variable según el caso. En primer lugar, aunque el mudéjar era señor de sus cultivos, si quería deshacerse de las tierras que le eran concedidas en cualquiera de las formas jurídicas que conocemos (ya fuera venta, censal, herencia o donación) debía hacerlo entre los vecinos del lugar. En todo caso el contrato debía de llevarse a cabo durante el tiempo estipulado, siendo las tierras hasta ese momento inexpropiables. Si el vasallo huía se le arrebataban las tierras e incluso se le podía perseguir para que volviese a su lugar. No faltaban tampoco las multas pecuniarias por este tipo de violaciones, que podían ser de 100 a 300 florines de oro (pagaderos en comanda) según constatan Pérez Viñuales y Marín Padilla. Igualmente podemos observar en un documento fechado en Épila a 30 de julio de 1476 cómo el vizconde de Rueda, Lope Ximénez de Urrea, reclamaba a sus siervos moros lealtad como su señor natural. A cambio les ratificaba en sus fueros y costumbres, con sus libertades y privilegios. Estos pactos eran firmados generalmente por los cabezas de familia para un servicio que podía abarcar a varias generaciones a lo largo del tiempo (el mínimo eran tres años). De igual manera estos escritos mencionan el lugar de procedencia del nuevo vasallo y cómo se sella el mismo: mediante la fórmula usual entre mudéjares, Bile alladi, y el beso en la boca o las manos para cerrar el pacto. A tal efecto nos sirve como ejemplo el caso del joven Mahoma el Prince, quien se contrató vasallo a los 15 años en Épila 56 . En todos los casos era el jurado del concejo quien se encargaba de aceptar o no a los nuevos vecinos, llegando a renovarse muchos contratos de vasallaje para pagar deudas dentro de la comunidad. 55 MARÍN PADILLA, 22 (Al-qantara, 2001): p. 2. 56 PÉREZ VIÑUALES, 1999a: p. 136. Archivo Histórico Provincial de Zaragoza (en adelante AHPZ), Juan de Abiego, cuad. 1, f. 6v.
40 Según establece Marín Padilla, este aluvión de contratos de vasallaje haciendo alusión a los servicios otorgados por estos vasallos se debió a una política que buscaba remitir el continuo despoblamiento que sufrieron estos territorios 57 . En el mismo artículo la citada autora reconoce que hubo movilidad poblacional motivada por contratos de vasallaje temporales, pudiendo el vasallo pedir permiso a su señor para cambiar de lugar dentro del señorío o cambiar de señor ateniéndose a las consecuencias. En este tipo de documentación esa servidumbre tenía una fecha límite. Como ejemplo de vasallaje temporal cita el caso de Peregrín de Alberit y su esposa Martina de Luna, vecinos de Épila que un 3 de mayo de 1400 acordaron servir a Lope Ximénez de Urrea por cinco años en Épila ante el procurador mayor, Martín del Spich. A cambio recibieron una comanda del señor una comanda 20 florines de oro. Una vez terminado el plazo los vasallos podían decidir si quedarse o no. En caso de incumplir el voto de vasallaje debían devolver el dinero 58 . Si, por el contrario, decidían quedarse se formalizaba el vasallaje como efectivamente ocurrió. En Salillas de Jalón disponemos de una carta de población otorgada por Martín López de Rueda y Francesa Jiménez de Castillot (marido y mujer) a diecinueve familias de moros ante el notario alagonés Pedro Jiménez el 22 de mayo de 1319. 59 En ella conceden a estas gentes “dieç kaficadas de trigo sepnadura de tierra blanca” en Regeno de Saliellas y Casanueva 60 . Estos mudéjares fueron: Muça, hijo de don Mahomat del rey, don Iuçef hijo de don Abçeyt Dabduçalem, don Abraym 61 , Abraym hijo de Muça Dallacuni, Muça, Jucef de Mahomat Dabduçalem, su hermano Ali, Avdalla Meçot, Mahomat hijo de Juçef de Gayate, Ali hijo de Juçef el herrero, Çair hijo de Amet de Tarazona, Abraym hijo de Mahomat Dallacuni, Gayr hijo de Calema el Mocho, Avdalla hijo de Iuçef Daunader, su hermano Ali, Muça hijo de Abraym de Chodas, Calema hijo de Aveyuneç, Calema hijo de Abraym de Rueda y Juçef hijo de Amet de Rahaueyt, Jayel de la villena de Savinyan y Ali hijo de Muça Malmoro. 57 MARÍN PADILLA, LIV (Sefarad, 1994): 55. 58 L. A. APN, notario Remiro de Sádaba, 1400, fols. 57-61. 59 LEDESMA RUBIO, 1991: 295-297. 60 Se entiende que le dan una cantidad de diez cahíces. 61 En el original “Muça fillo suyo”. Posiblemente fuera hermano de don Iuçef o quizás fuera su padre. Ocurre lo mismo con Muça.
41 López de Rueda y doña Francesca se comprometieron a proporcionar la mitad de las simientes de todos los frutos a cambio de que los nuevos vasallos las trabajaran para darles la mitad de lo que se cosechara, depositándolo en el castillo y graneros de los señores. Más concretamente, se comprometieron a proporcionar la mitad de la simiente de lino y cáñamo con idéntica retribución. Los mudéjares también debían entregar una octava parte de todos los frutos recogidos en el monte de Salillas y Casanueva. Los nuevos pobladores eran libres de edificar sus casas y establos dentro de las murallas de Salillas. Como impuesto especial debían pagar a los señores un quinión de diez cahíces por la fiesta de San Miguel en septiembre, pagados en dineros jaqueses. Por la Pascua de Nadal tenían que dar un par de gallinas, además de sendas cargas de leña (no especifica cuánto) por cada una de las otras tres pascuas del año. Si poseían ovejas y cabras, debían dar un dinero por cada cabeza de ganado en marzo. Si tenían abejas debían pagar en marzo según lo establecido en otras vecindades del señorío. Si el quinion o quiniones se dividía, cada una de las personas que recibieran una cantidad pagaba 8 sueldos jaqueses de pecha. A cambio lo podían dejar en herencia, dar, vender, empeñar, trehudar a sus descendientes, ligándolos al señor. Seguidamente se establece el pago cada siete años de siete sueldos por maravedí. Si no trabajaban bien la tierra se les expropiaba y daba a otros vasallos. Se impusieron también los derechos de hornada y molino, e incluso se reservaron determinados pastos, con la torre, casas, huertos y el corral de Casanueva para poder dársela a otros colonos. La diezma debía salir de la producción de pan, debían mantener la acequia del lugar por sí mismos, compartida con los vecinos de otro lugar que no especifican. Firmaron como testigos don García López de Rueda (posiblemente hermano del señor de Salillas), caballero de Épila, Pedro Martinus de Ahuero y don Mahomat de Abeçeyt, vecino de Calatorao. No era la primera vez que Salillas recibía una carta de estas características. Casi dos siglos antes, en 1143, la autoridad regia otorgó una carta de población en la cual los tenentes del lugar, Ramón de Labarsa y García de Valencia (hermanos) establecían las
48 Además se pactaban por escrito los días de fiesta, condiciones laborales y cuotas de pago. En todo caso podía darse la cancelación de estos contratos como muestra el caso del sastre epilense Martín de la Piera, que derogó el contrato contraído con Juce de Cambras en 1495 75 . En cuanto a la aljama judía, los oficios imperantes estaban también determinados por el marco geográfico. Al ser Épila una población de peso en el comercio, se desarrolló una importante tendencia a la especialización comercial y artesanal. Los hebreos tenían la particularidad de que no estaban especialmente ligados al trabajo de la tierra, sino a la actividad artesanal y crediticia. Como hemos dicho, la presencia de artesanías textiles predominó por ser como era un lugar con un importante peso del comercio lanar y porque, al ser un lugar de paso, era frecuente que se necesitaran recambios tanto para las bestias como para las ropas y guarniciones. En ese sentido, Miguel Ángel Motis afirmó que la industria textil de Épila ocupaba un 50% de la población activa dentro del cual había un 36% de tejedores, un 17% sastres y un 18% zapateros 76 . La producción de bienes de consumo ocuparía sin embargo la mayor parte de la economía. El resto, una cuarta parte de la producción, la ocupan los anteriores oficios. En relación a ello es esencial el papel de la mujer, generalmente relegada al ámbito doméstico donde desarrolló una industria textil a menor escala 77 . El historiador Cabezudo Astrain añade a la lista de oficios desempeñados por la comunidad hebrea la platería, la actividad de los pelaires y los ordreros 78 . Paralelamente los pelliceros fueron relevantes por la actividad de esquileo y pulimiento de las pieles de las reses sacrificadas en las carnicerías. La propia venta de las pieles generaba un dinero extra a los arrendadores de las mismas. Si atendemos a las reglamentaciones de otros lugares veremos que el oficio de curtidor era desempeñado en sitios marginales por el mal olor que despedía el tratamiento de la piel. En otro orden de cosas, tiene una relevancia especial la designación de cargos por los adelantados de la judería. Ellos son los que decidían en nombre de la comunidad 75 PÉREZ VIÑUALES, 1999b: 129. L. A. APN, notario Martín Ramo, año 1495, n.º 1149, f. 127v. 76 MOTIS DOLADER, 1990. 77 Cabezudo Astrain hace referencia de todos ellos en la bibliografía manejada, con casos particulares como el del zapatero Mosse Adax, Abraham Alfrangil en 1476 o Habi Melon. 78 CABEZUDO ASTRAIN, XVII (Sefarad, 1957): 103-118.
49 quién debía ejercer un oficio dentro de la misma. Fue precisamente esa misma reglamentación la que afectó al desempeño como carnicero de la aljama, derecho conseguido al señor en 1399. El de carnicero era un puesto delicado ya que el tratamiento de la carne para los correligionarios judíos era muy estricto, solo podía desempeñarlo un hebreo. Podemos aventurar que quien arrendaba esta empresa tenía el negocio asegurado, ya que si alguien sacrificaba un animal en su casa debía notificarlo y pagar 2 dineros por libra de carne (ignoro si ocurriría lo mismo en caso del vino). Para ilustrar el caso tenemos un documento que nos habla de Juce Heli, carnicero que ocupó el puesto un año (desde septiembre) a cambio de 20 sueldos semanales. En este arrendamiento se nos indica a qué precios debía vender la pieza, qué no debía hacer con la carne y la duración del contrato 79 . De igual manera tenemos el testimonio del arrendamiento de la tienda de la aljama a Francisco Martínez por 120 sueldos pagaderos en enero y marzo en 1482. Sucesivamente, en 1485, los adelantados Abraham Gotina, Juce Leredi y Ento Haddax la arrendaron a Martín Molinero, y en 1487 a Francisco Martínez. Se llega a dar el caso de arrendamiento a terceras personas (como el caso de Juce Heli, quien volvió a arrendar al carnicero Anthon Quilez y a Mahoma Zayt). Otro puesto que no refiere a la artesanía pero si a la educación es el de rabí. En Aragón este puesto estaba remunerado. Eran personajes que impartían la enseñanza religiosa a los jóvenes, elegidos por la aljama y confirmados por el gobierno local (en el caso de Épila ese papel lo asumiría el merino). Cabe decir que no es un puesto que tenga primacía sobre la regulación de la justicia o la vida civil, aunque al ser sus detentores personas instruidas solían formar parte del consejo. En Épila encontramos un buen número de ellos: Jehuda Abenbolat (1396), Mosse Agon (1399), Saya Sumiel o Abraham Albo (1438) son algunos de ellos. Desde luego no dejaron de lado las asociaciones gremiales 80 . En ellas contaban con una organización similar a la de los cristianos (incluido su trasfondo religioso), pero de carácter más cerrado, familiar e independientes con sus propias ordenanzas. 79 Idem, 1 de agosto de 1484. p. 106. 80 MARÍN PADILLA, LV (Sefarad, 1995): 127-146.
50 Concluyendo este apartado, puede comprobarse la presencia de otros oficios y ocupaciones a través de una fuente tan fundamental como el fogaje del reino de Aragón de 1495. Allí aparecen registrados Mahoma el Escribano y Braem Cabrero en Almonacid de la Sierra. Si aventuramos que el topónimo puede determinar el oficio, indicarían la presencia e importancia de estas actividades en el lugar. Lo mismo podríamos afirmar con Pedro el Especiero en Épila; son personajes que pueden pagar lo estipulado por el rey ya que se muestran en el recuento. 6.2. Actividad crediticia Ciertamente los judíos aprovecharon la legislación que prohibía a los cristianos prestarse dinero entre ellos, al igual que no podían hacerlo entre judíos ni entre moros. En el caso cristiano eran normas dictadas a partir del IV Concilio de Letrán en 1215. En Aragón, fue Jaime I quien reglamentó los límites de la usura. Así, un judío no podía recibir como préstamo más de 4 dineros por libra mensuales. El interés se contemplaba en el sentido de que, una vez cerrado el plazo de pago, se acrecentaba la deuda a dos sueldos diarios (conocido entre los judíos como quenaz). Los monarcas inclusive percibían la mitad de la recaudación recogida por este gravamen. El crédito era un negocio llamativo por las “gravaciones” implícitas en el caso de que no se cumplieran las condiciones del contrato ya que suponía el reembolso no solo en dinero o especias, sino también en propiedades inmuebles. Hay toda una regulación del ejercicio prestamista. Además del juramento implícito por las partes de cumplir los acuerdos (en lo que respecta al judío contemplaba la excomunión y anatemización ante las autoridades cristianas), todas estas actividades eran reguladas en muchas aljamas por dos miembros de las mismas (ignoro si se dio tal caso en Épila). Por supuesto ofrecían ciertas garantías ya que fueron prestamistas incluso de los Ximénez de Urrea. En el caso epilense tenemos gran abundancia de testimonios desde el siglo XIV referentes a esta actividad prestamista. No obstante, hemos de entender el crédito como una forma secundaria de financiación:
51 En febrero de 1336, en Épila, Juce Avenazar (de Zaragoza) pagó a Brahem Albellya los 42 y 45 sueldos que les debían dos matrimonios de la citada villa. Fueron testigos Juce Alcolumbre y Jaco Axenil, judíos de Épila 81 . El 23 de julio de 1377, siendo mosén Ramón de Perellós el vizconde de Rueda, el judío Brahem Ymano, vecino de Épila, denunciaba el impago de un vecino por lo que este es reclamado contumaz al no presentarse a la citación del sayón del justicia, Martín de Urrea. En octubre volvió a denunciar Brahem ante el justicia el impago de otro vecino; como compensación se le embargó una viña que tenía en los Malluelos y la el producto de la vendimia 82 . Aun con estos dos ejemplos y teniendo claro que esta es una actividad usual entre los vecinos de la aljama de Épila, hay una serie de grandes personajes e incluso familias que hicieron de la usura su piedra angular. Así, el prestamista más representativo fue Mosse Gallur a finales del siglo XV 83 , al igual que Habi Melon (muerto en 1396) 84 . El testamento de este judío dio paso a una descarnada lucha por la herencia dejada a su hija pequeña Arriquiella. Los contendientes fueron su hermana mayor Ceti Melon y Acach Azarias y su mujer Jamila de Guermedez 85 . En el pleito jugaron un papel esencial “las buenas personas” de la aljama, quienes determinaron que Acach y Jamila debían pagar a Arriquiella 1.200 sueldos en plazos 86 . Merece mención especial por la minuciosidad del documento el testamento de Abraham Abayut a sus hijos en 1476: los créditos de los moros de Placencia, de Urrea, Pleytas, Bardallur, Épila, Pedrola, Bárboles y Gallur. Como testigos tenemos a Diego Dortega (labrador) y a Abraham Alfrangil, zapatero, vecinos de Épila. Vemos, además, que ejerce de prestamista de buena parte de las localidades vecinas 87 . Como vemos en estos casos, los judíos no piden prestado ni prestan a los judíos. En el momento de recurrir al préstamo lo hacen a cristianos y a moros en tanto éstos 81 MARÍN PADILLA, XLVII (Sefarad, 1987): p. 316. L. A. APN., notario Juan Pérez de Sádaba, 1336, fols. 25 y 28. 82 Ibídem, 320. 83 Sobre todo tenía como clientes a los mudéjares de Gallur. 84 MARÍN PADILLA, (Sefarad, 1987): 325. Tanto él como su mujer Jamila recibieron dinero por préstamos a moriscos. Padilla recogió el caso de Avdalla el Morisco y su mujer Marien, vecinos de Calatorao al igual que Fátima y su esposo Ibrahim de Zabra. L. A. APN., notario Ramiro de Sádaba, 1393, fols. 14v-15 y folios 15v-18 respectivamente. 85 Ibídem, 332. Padilla documentó un préstamo ejecutado por Jamila una vez muerto Habi Melón. 86 MARÍN PADILLA (Sefarad, 1987): 332-334. Se desconoce ante quién ejerció el testamento, cuándo o dónde. 87 CABEZUDO ASTRAIN (Sefarad, 1957): 111. Archivo de Protocolos Notariales de Zaragoza (en adelante APNZ), 1476, febrero 16, notario Antón de Abiego, Épila.
52 pedían préstamos a los judíos pudientes. Aquel que no pagaba debía responder con su patrimonio, como fue el caso de Juce Creçient y su mujer Rica de Funes ante Sancho Navarro, escudero de don Lope Ximénez de Urrea 88 . Lo que está claro es que, por lo menos en Épila, no todos los mosaicos eran lo suficientemente adinerados como para vivir del préstamo. Es más, hay una parte de la aljama que debía vivir arrendada y de los préstamos. Dentro de la villa de Épila no sólo prestaron los judíos a sus vecinos, sino que se pidió crédito a grandes familias prestamistas judías como fueron los Bonafos de la Caballería en Zaragoza o Salamon Abencanyas en la Almunia de Doña Godina. Realmente no sabemos con exactitud cuál era la tasa que gravaba las gestiones de la población judía; solo se sabe que pagaban 200 sueldos de “caballage” al justicia. Se desconoce si era una cifra de referencia o fija. Ciertamente los moros no eran los únicos que se endeudaban. Durante el siglo XV los Ximénez de Urrea pasaron apuros económicos que trataron de solventar infructuosamente con la venta de censos y los préstamos concedidos por ricos judíos zaragozanos y bilbilitanos. Estas deudas hicieron que los señores pasaran las deudas a una sola persona, la cual recibió los pagos directamente de su señorío. En 1400 fue Juce Abendaguet, judío bilbilitano que recibió 2.533 sueldos cuatro dineros anuales por 14 años del concejo de Épila, aunque también le pagaba el de Rueda de Jalón junto con la morería 1.930 sueldos anuales 89 . Por otra parte recogemos gran cantidad de compraventas tanto en el siglo XIV como en el XV. En opinión de Motis, para los judíos las compraventas fueron un medio adicional para obtener cualquier bien de forma legítima. Es por ello que fueron los que más la practicaron. Incluso se dio la treta de comprar o vender una casa para, seguidamente, arrendar a favor del vendedor y expedir una carta de retroventa 90 . Tampoco faltaron los treudos en las actividades económicas desarrolladas por los habitantes de la aljama. En ese sentido, tenemos el ejemplo de la donación a treudo por 88 MARÍN PADILLA, (Sefarad, 1987): 339-349, L. A. APN., notario Ramiro de Sádaba, 1399, fols. 60v- 64. 89 MARÍN PADILLA, (Sefarad, 1993b): 59-101. 90 Practicado sobre todo en inmuebles.
53 cinco años a cuarenta sueldos anuales que concedió el escudero Gonzalvo de Arbués a su vecino judío Acach Altexefi sobre unas casas en el barrio de las Herrerías en Épila 91 . 6.3. Comerciantes y comercio en Épila Dado que Épila fue el mayor centro comercial en el vizcondado de Rueda, sus actividades económicas con otras poblaciones de su entorno inmediato son más perceptibles. Como en el caso mudéjar, los judíos epilenses se desarrollaron en torno a las prestaciones que permitía el propio marco de la villa. Si en el primer caso predominaban los artesanos, entre la comunidad hebrea proliferaron los comerciantes especializados en la distribución de las manufacturas y producciones del lugar. Pese a esta presencia industrial no vamos a encontrar judíos comercializando estos productos a larga distancia, sino que van a convertirse en mayoristas. Como tales, almacenaban todo el excedente de la producción epilense que podían permitirse (generalmente pieles, azafrán, trigo, lana y otros tejidos) para revenderlo a los grandes comerciantes zaragozanos que llegaban a Épila en busca de estos materiales (muchos de ellos judíos). Los tratos se establecían en ferias y, en el caso del producto lanar, en la época de esquileo 92 . Vemos pues que no hay un comercio a gran escala, sino que se limita en gran medida al abastecimiento. Sin embargo, sí que genera un movimiento, una atracción comercial desde puntos más importantes como Zaragoza, desde donde podemos suponer que este producto era integrado en las rutas comerciales mediterráneas. Tanto los productos lanares como los traperos irían de Zaragoza a Valencia o Barcelona, desde donde se redistribuiría a otros lugares mediterráneos para su tratamiento. En relación a ello cobraron especial importancia los comerciantes del camino, los viajantes, nexo de unión de las mercancías con el mundo mediterráneo. Es el comerciante de calado, que trabajaba en ocasiones para otro mercader que coordinaba las expediciones. En un punto medio estaban los comerciantes que recorrían distancias medias, grupo engrosado sobre todo con individuos procedentes de las zonas vecinas. 91 MARÍN PADILLA, (Sefarad, 1987): 328. L. A. APN., notario Ramiro de Sádaba, 1394, fols. 59v-60v. 92 CABEZUDO ASTRAIN, XVII (Sefarad, 1957): 103-118.
54 No podemos descartar tampoco las importaciones epilenses. Como muchos otros lugares, los artesanos del lugar también trabajaron otros materiales con los que optimizar la calidad de los productos y que no siempre estaban al alcance de la mano. En el caso de los trabajadores del metal mudéjares, sabemos que usaron hierro y acero procedente de Navarra y Bielsa por lo menos en el siglo XIV 93 . 6.4. La morería epilense La organización de las actividades económicas es algo indivisible de la propia maquetación social. Así pues, es innegable que la conquista cristiana de las taifas musulmanas peninsulares lo cambió todo tanto en el terreno político como en el sociocultural. Junto con los nuevos territorios que se iban conquistando aparecían pobladores musulmanes, y con ellos la problemática de qué hacer con ellos. En este caso la opción era doble: o se les expulsaba a los territorios que todavía seguían en poder musulmán o se adaptaban a las condiciones y jurisdicción impuestas por los vencedores. En el primer caso, la expulsión suponía un problema doble. Por un lado, se necesitaban nuevos pobladores cristianos traídos de otros lugares con fueros y legislaciones ventajosas, algo que dada la magnitud de algunas conquistas se hacía harto difícil. Por otro lado, la marcha de esta gente suponía la pérdida de mano de obra especializada tanto en artesanía como en el cultivo de los campos. Por ello y al igual que con los judíos, el rey se presentaba como único señor de los pobladores mudéjares, aunque es un concepto que conviene matizar. En el caso que nos ocupa, Épila, esta población estaba bajo dominio señorial, ¿quién dominaba sobre ellos entonces?, ¿el rey o el señor?. Según Macho Ortega, los mudéjares reconocían al rey como autoridad, aunque realmente percibían la autoridad del señor 94 . Así pues, estaban bajo protección del monarca al cual pagaban toda una serie de rentas fijas, pero dependían jurídicamente del señor. Siguiendo con estos planteamientos, el citado autor aseguró que, desde el siglo XV, la tendencia fue que las morerías pagaran sus tributos directamente al rey, quien se 93 LEDESMA RUBIO, 1996: 78. 94 MACHO ORTEGA, 1922-1923: 137-319.
55 impuso sobre sus señores. Algunos de esos impuestos fueron el de la cena y el maravedí, así como la presencia del monarca como última instancia en procesos judiciales. Si bien es cierto que los señores sabían hasta dónde tenían que exigir a sus vasallos si querían mantenerlos vinculados a sus posesiones. Incluso buscaron la llegada de más mudéjares hasta tal punto que les dieron más facilidades de asentamiento que los propios monarcas. Este motivo trajo consigo la llegada de muchos pobladores desde zonas de realengo a los señoríos. A tenor de ello las cartas de población expuestas anteriormente ilustran las prácticas vasalláticas que estamos describiendo. 6.4.1. La justicia y organización en una aljama de señorío Un rasgo no comentado del anterior punto es cómo estas cartas poseen unas cláusulas que reflejan el grado de libertad con el que contaban estas gentes en la administración de su justicia. En ellas se les garantizaba un trato judicial preferente, pudiendo ejercer la ley musulmana (Sharia) y la salvaguarda del sometimiento a tortura para forzar testimonio 95 . Además añadía una novedad: si en cualquier otro dominio de realengo bastaba un testimonio no comprobado para la inculpación de un mudéjar, las cartas de población señalan que se necesitaban al menos tres testimonios probados para procesar a los vasallos musulmanes del señor. Además, la regulación de la justicia en la morería la ejercía el alcayde (en todos los casos un cristiano elegido por la aljama). Por ello no es raro ver cómo se usa también la ley común aragonesa o determinadas disposiciones reales. En esa línea puede observarse cómo hay una organización de la vida cotidiana basada en la Suna y el Corán, sus modelos de conducta 96 . Dentro de la organización, podemos suponer que la estructura de la comunidad mudéjar de Épila respondía, al igual que tantas otras aljamas, a toda una serie de reglamentaciones impuestas por las autoridades cristianas. Esta legislación recibía el nombre de ordenanzas especiales, mecanizadas por funcionarios mudéjares bajo jurisdicción cristiana. Quizás fuera por esta razón o no, pero lo cierto es que no hubo 95 La Sharia es un código de conducta moral, culto y vida de la religión musulmana. 96 MARÍN PADILLA. Op. Cit. Tenemos un referente de la justicia aplicada a un vasallo mudéjar en el encarcelamiento de Mahoma Anzeyt, caso estudiado por Marín Padilla Este reo fue encarcelado en enero de 1446 por impago de deudas a sus acreedores judíos y musulmanes; su juicio lo llevaron adelante el procurador de Lope Ximénez de Urrea (en ese entonces virrey en Sicilia), Ochona de Ortubia, y el merino de los judíos y moros del señorío, Juan Sánchez de Sarriá.
56 problemas ni resistencias cuando se impusieron estas nuevas pautas bajo dominio cristiano. En lo referente a la confraternización entre comunidades hubo una total prohibición de las relaciones sexuales entre las comunidades cristianas y musulmanas. Era algo indiscutible tanto a los ojos del rey como de cualquier señor, aunque a veces se produjesen esos contactos. En este punto jugaba un papel importante el vestir y el propio corte de pelo: en el caso de los judíos llevaban el corte que se llamaba a la rodela y los musulmanes circunciso rotundo. Si bien la documentación muestra, a nivel general, a comunidades muy cohesionadas. Es una afinidad donde contraponían sus peculiaridades religiosas a la propia religión cristiana impuesta sobre ellos; negaban la trinidad y la naturaleza divina de Cristo. Asimismo se ligaban en torno al derecho islámico y sus costumbres. No obstante hay una diferencia notable con los judíos, y es que los mudéjares no se consideraron aragoneses. En cierta manera tuvieron una conciencia de personas desarraigadas en sus propias tierras 97 . A nivel urbano, esa marginación se reflejó, genéricamente, en la segregación por barrios con determinados horarios de apertura, sometidos al calendario cristiano (como veremos, a mudéjares y judíos les estaba prohibido hacer apología de su religión, aunque ello no impedía la libertad de culto) 98 . Pese a esa separación se da cuanto menos una convivencia. En Épila esa delimitación tanto de la judería como de la morería es muy difusa, tanto que vemos a vecinos de las tres religiones vivir pared con pared (sobre todo judíos). Los mudéjares se centraron sobre todo en la calle a la cual sus artesanos dieron nombre: la calle de las Ferrerías (o carrera de las Herrerías). Si atendemos a la tradición de este tipo de morerías no cerradas, había una articulación en torno a una plaza que solía estar compartida con judíos y cristianos 99 . 97 GARCÍA MARCO, 2005: 131-159. 98 Tal y como investiga Pilar Pérez Viñuales en “Contratos de firma de mozo aprendiz para los oficios de sastre y tejedor”, tenemos un claro ejemplo de este particular con la prohibición emitida por disposición del concejo epilense en 1401, en la cual prohibían a los mudéjares trabajar en domingo. 99 LEDESMA RUBIO, 1996: 71. La morería de Almonacid de la Sierra no estaba cerrada por muros.
57 5. Porcentaje poblacional en la villa de Épila. Fogaje general del reino de 1495. Cambiando de tema, hubo toda una clase funcionaria constatable en el fogaje general del reino de Aragón de 1495 100 . En primer lugar, a la cabeza de la morería estaba el alamín, ayudado por sus adelantados. En las villas de señorío el alamín era nombrado por el señor, quien pagaba su salario y decidía cuánto estaría este en su puesto. Aunque el juramento de fidelidad estaba implícito en el cargo, lo cierto es que el puesto quedaba revocado si el señor de la localidad vendía o dejaba en herencia la morería (dentro del contexto de una villa). Podríamos decir que era el representante del señor en la comunidad musulmana del lugar. Entre sus funciones principales se encontraba gobernar la aljama al tiempo que defendía las rentas y derechos pertenecientes a su señor. Asimismo debía regular el rumbo de los negocios de la morería, ejecutar acuerdos, vigilar el cumplimiento de las leyes, defender los intereses de sus convecinos en tanto no chocaran con los del señor, atender los gastos, recoger los tributos en nombre del señor y aclarar las cuentas al mismo. En zonas de poca población, el alamín ejercía de juez de primera instancia. Mientras que en los lugares más poblados solía formar parte del tribunal junto con el alcadí 101 . A pesar de su importancia no siempre hubo un alamín en todas las aljamas aragonesas. Este cargo no estaba solo a la hora de desempeñar todas estas actividades, le ayudaban los adelantados, cuyo número dependía en cada lugar de la cantidad de 100 SERRANO MONTALVO, 1997. 101 Cargo no reflejado en la documentación epilense manejada. Mudéjares 12% Cristianos 82% Desconocido 6%
64 7. Puertas y barrios de Épila a finales del siglo XV Fuente: “La villa aragonesa de Épila en el siglo XV: sus judíos”, revista Sefarad, vol. LIII, p. 63. Según los registros de esas fuentes notariales se puede establecer la distribución poblacional judía entre los barrios de la “Sinoga”, las Herrerías (en algunos documentos aparece como las Ferrerías), el barrio de la Plaza, el del Muro o el Burgo. De esta manera tenemos un muestreo de los habitantes de dichos barrios en el siglo XIV a partir de los pleitos por deudas, arriendos y compraventas estudiados por Padilla. Así, en las Herrerías figura Salomón de Abencayas (1395), que vendió sus casas a de Viyauesca y su mujer Sancha Naharro con las mismas cargas con las que las compró (380 sueldos más una "gravación" de dos sueldos anuales). Asimismo aparece un año después el pellicero Dohazat Altexefi logado por Gonzalvo de Arbués, el rabí Jehuda Abenbolat (por lo menos hasta 1396 cuando se le expropiaron dichas casas), Acach Azarias y su mujer Jamila (1397), Jossuas Gallur (desde 1460), Juce Hayat (1472), Hahim Leredi y su familia (mediados del siglo XV), Jamila Albala y Juce Gotina (1476), Ento, Jaco y Solomon Gallur (1479), Salamon Carffati 113 . 113 MARÍN PADILLA, LIII (Sefarad, 1993): 59-101; LIV (Sefarad, 1994): 55-82.
65 En el barrio de la Plaza vivieron Sento Mezot y su mujer Solbellita (1396), Jossuas Gallur (hasta 1460), las familias Heli y Sumiel, mientras que en el Burgo figuraron Simuel Alcarahuey (1396), Gadax (Montesino) en 1399, Braymico y Sayco Haddax (1482). Ya entrado el siglo XV hubo barrios que se fueron despoblando (Azanet y las Tañerías) y otros que fueron engrosándose (las Herrerías y la Plaza). En el barrio del Burgo ubica Motis el hospital y el horno, siendo una de las zonas más pobladas por judíos. Por otro lado las Herrerías fue un lugar habitado, como hemos visto, por mudéjares trabajadores del metal. Empero, Motis Dolader defendió la tendencia de esta comunidad a agruparse en determinados barrios para evitar la dispersión. Lo que no se puede negar es que, dada la importancia de una villa como Épila, hay una orquestación de la vida cotidiana en torno al barrio de la Plaza. Es lógico pensar que quienes desempeñaran actividades comerciales o artesanales tuvieran sus casas y negocios allí. Por otra parte también se constata la presencia de un hospital de los judíos en 1482, en un documento por el cual Ceti Darrueti, viuda de Juce Abenada, vendió a Jaco Gallur unas casas que tenía en el barrio de la Sinagoga, lindantes con las de Mosse Sumiel y con el susodicho hospital 114 . Asimismo parece que hubo unos baños judíos (miqweh) en el solar cedido por el propio don Lope de Urrea a una cofradía judía para su construcción 115 . Otro punto que podría ser significativo es la sinagoga. Hay numerosos testimonios que nos hablan de casas cerca de la misma, pero dado que se refieren a casas localizadas en función de sus dueños es complicado localizarla 116 . Encarnación Marín Padilla cita un documento de 1396 en el que se menciona una “sinagoga viella que solia seer” lindante con la muralla que defendía Épila, base de otra futura sinagoga que se consatata en el siglo XV 117 . No se sabe si responde a que el mencionado santuario estuvo en principio dividido en dos partes o la separaron a 114 CABEZUDO ASTRAIN, XVII (Sefarad, 1957): 108. APNZ, notario Antón de Abiego, Épila. 115 MARÍN PADILLA, LV (Sefarad, 1995): 144. 116 MOTIS DOLADER, vol. II 1994: 263-317. El presente autor deduce la existencia de una sinagoga femenina dependiente de la sinagoga mayor a raíz de una compraventa de 1482 donde se menciona su existencia, en “Articulación y funcionalidad del barrio judío de Épila en el siglo XV. 117 MARÍN PADILLA, Op. Cit.:127-146.
66 posteriori para que un lugar lo ocuparan los hombres y el otro las mujeres. Lo que parece claro es que hubo dos puertas de acceso. 6.5.2. La organización de la judería Sin duda la sinagoga era el corazón de la vida diaria y religiosa de la comunidad hebrea epilense, donde se celebran los actos solemnes y de carácter financiero de la comunidad. Allí se daba parte a los adelantados de las decisiones de importancia, escenario donde el vizconde exponía sus decisiones mediante un intermediario. La distribución de sus asientos entre los miembros de la aljama atendía a la reserva individual e incluso la compra. Muestra de ello es el testimonio de cómo se reunió la comunidad allí para saldar la deuda pública que tenían con el ganadero Miguel de Toro en 1481. También hubo otro episodio en el cual el mismo virrey don Lope escribió a los adelantados de la aljama reunidos en la sinagoga para comunicarles el nombramiento de un merino con plenas facultades para nombrar a su lugarteniente. Se esperaba que los adelantados, en nombre de la comunidad, respaldasen esta decisión como efectivamente se hizo. En las aljamas del siglo XIV se renueva la forma de organización, acatando las decisiones de la mayoría. Si bien en Épila vemos que no hay un dominio exclusivo oligárquico, si hay personajes que tienen más peso. Son los adelantados, que representan a la comunidad ante las autoridades cristianas, el gobierno ejecutivo. Aún con todo el desempeño en el gobierno de la aljama es conjunto. ¿Por qué conjunto? En primer lugar porque era la comunidad de judíos la que elegía a los adelantados, y en segundo lugar porque había otros órganos de decisión. Tal es el caso del Consejo asesor, que supervisaba los tributos y la regulación en al vida cotidiana de la comunidad. Era un órgano representativo, cuya composición dependía de la aljama. Así pues, los adelantados eran los integrantes del consejo de gobierno que administraba los negocios de las aljamas, responsables de designar quién ocuparía un cargo en la aljama, sobre todo los que iban a ocuparse durante un corto periodo de tiempo (un año). Dependiendo de la aljama, los adelantados eran elegidos por la comunidad o bien seleccionados por el consejo y confirmados por la corona.
67 En el XV en Épila, el gobierno de la aljama se confiaba anualmente a tres adelantados elegidos en septiembre. Por otra parte vemos la imposición señorial en la elección de un merino en un documento fechado el 11 de septiembre de 1473. En él García de Vera se presentó ante los adelantados de la aljama con una carta del virrey de Sicilia, Lope Ximénez de Urrea, donde se le nombraba merino 118 . 6.5.3. La justicia Como bien sabemos, la justicia judía estaba supeditada a la cristiana, a las autoridades representadas por el justicia, el merino y su cuerpo de lugartenientes. Hablando genéricamente, sabemos que las aljamas tenían el derecho a ejercer juicios de acuerdo a la ley judía, donde los que dictaban la sentencia eran los jueces designados para ello. Dichos juicios se ejercían en la sinagoga, aunque tenían un carácter abierto, público. Dentro de la aljama podía existir un tribunal integrado por dos o tres personas conocedoras de la ley judía, jueces que se encargaban de los procesos de menor calado recogiendo los testimonios orales de los afectados. Estos tribunales juzgaban solo a sus correligionarios judíos, teniendo especial cuidado en los juicios de dar la sentencia correcta mediante la comprobación de los hechos y pruebas. En la resolución del juicio, pronunciada al final de la deliberación, no se necesitaba la unanimidad. Cabe mencionar que no siempre se acataron sus decisiones, pesaba más la justicia señorial. En el caso de la judería epilense, los documentos muestran litigios entre judíos y cristianos donde imperaba la justicia dominada por las autoridades cristianas 119 . Así, tenemos en los siglos XIV y XV documentación notarial que nos habla desde 1367 de la presentación de los casos ante el justicia, representante del papel jurídico del señor en la villa. Entre los diversos ejemplos figuran los siguientes: Por un lado disponemos de la denuncia que hizo María Sánchez a Jaco Franco ante el justicia Martín de Urrea para que se le compensara un pago por el alquiler de 118 CABEZUDO ASTRAIN, XVII (Sefarad, 1957): 104, 113-114. 119 Los Ximénez de Urrea recibieron frecuentemente a sus vasallos para repartir justicia pese a tener oficiales destinados a ellos. El juramento debían prestarlo sobre la ley judaica y con el libro de las maldiciones.
68 unas casas que Jaco había dejado a medio pagar. De los 19 sueldos que debía, pagó 7, por lo que María pidió que se le restituyese lo restante (literalmente, que le “empararan las cuatro tavallas de vino del judío”) a través del vino de Jaco, el cual estaba en posesión de don Mosse el Tejedor. Jaco debió de tener algún percance, o puede que no le fueran bien los negocios porque planeaba estar por lo menos un año en Épila y se fue antes. No sabemos donde fue. Así vemos que en este tipo de pleitos por impago de deudas se compensaba al prestamista con una parte del patrimonio del deudor. Esto suponía el embargo de casas, tiendas y mercancías: El 23 de junio de 1382 Brahem Ymano compareció ante el Justicia Domingo de Azafat para denunciar a dos vecinos que le debían 40 sueldos y no los pagaban. Para subsanar la deuda exigió con éxito el embargo de las casas que uno de ellos tenía en el barrio del Purniello y la soldada que pudiera cobrar 120 . Comprendemos que los judíos aceptaron la justicia local al demandar ante las autoridades cristianas los retrasos, impagos y actos criminales. Sobre todo denunciaban ante el justicia cuando los cristianos se atrasaban en los pagos por deudas. Por otra parte, los cristianos denunciaban ante el merino cuando se daba la situación inversa o cuando había de por medio una acusación por crimen. Llegamos a ver a los judíos incluso dentro del propio sistema de justicia: en 1382 aparece a un representante de la aljama actuando como merino al servicio de don Ramón de Perellós, mientras que otro será corredor del merino en 1396 (Mosse Zucran) 121 . Entendemos que se ocupaban de los asuntos judiciales de sus correligionarios, no de cristianos. Un ejemplo de esto último fue la comparecencia en agosto de 1392 de Ximeno García de Villanueva ante el merino Jaime de Suñén para denunciar al judío Juce Buragas por criminal. Sin embargo hay algo peculiar, y es que una parte de la comunidad judía (Jehuda Abenbolat, Mosse Amato, Salamon Alcarahuey, Sento Mezot, Sento Altexefi y Acach Axenil) reclamó al merino la devolución del encarcelado Buragas a cambio de que lo devolvieran a las autoridades en cuanto se le requiriese. Es una muestra de la presión que podía llegar a ejercer la aljama. 120 MARÍN PADILLA, XLVII (Sefarad, 1987): 321, L. A. APN., notario Ramiro de Sádaba, 1382, fol. 72v. 121 Ibídem, 342.
69 Hay otros casos de peso, como el del carnicero judío Juce Elí en 1471, sustituido en su puesto por Juce Abencida. Elí buscó el respaldo del hijo del virrey Lope, también llamado Lope, el cual escribió una carta al merino de Épila para que restituyesen en el cargo a Elí. En este caso tomó relevancia la justicia judía de la aljama: al ir a cumplir las órdenes del señor el 17 de septiembre de ese año, los potentados de la comunidad se indignaron y decidieron recurrir la orden sin solucionarse de facto el tema de la restitución de Juce en su puesto de carnicero. En una nueva reunión ante los adelantados Saya Sumiel, Acach Abenforna y Simeon Carillo, el carnicero Elí presentó de nuevo la carta de Lope, pero Saya le dijo que cuando se atendieran las diferencias entre la aljama y él entonces hablarían. Por el contrario, Acach y Simeon decidieron seguir las órdenes de su señor. Se recurrió entonces a dos cristianos para dirimir las diferencias entre el carnicero y su aljama. Ambos determinaron que la judería debía dar a Juce 150 sueldos jaqueses por daños causados al quitarle la carnicería, pero que este debía renunciar a sus derechos para ejercer como carnicero 122 . Pese a que el propio señor indicó lo contrario, fue la aljama la que juzgó a su vecino, la que lo depuso del puesto por conflictos inter partes. No obstante, la comunidad tuvo que acudir a dos cristianos para una sentencia definitiva que corroborase su propio señor. Hay otros procesos en los cuales intervinieron personajes cristianos de gran calado. Es el caso de Ceti Leredi, huérfana a cargo de su tío Acach Abenforna y su hermano mayor Juce Leredi desde 1449, en Épila. 123 Acach concertó un matrimonio para su sobrina con el judío Jaco Abenbitas, de Muel, sin consultar con el otro tutor. Si bien Ceti aceptó en principio, las malas formas de su prometido le hicieron cambiar de opinión. La mayor parte de la comunidad judía repudió esa actitud, por lo que la afectada buscó el apoyo de dos mujeres cristianas: la mujer de don Francisco Muñoz (procurador general de don Lope Ximénez de Urrea), Jaima Ruiz, y doña Juana Muñoz, esposa de Don Juan de Valconcha, como componedoras. 122 MARÍN PADILLA, LIII (1993b): 95-98. 123 MARÍN PADILLA, LII (Sefarad, 1992b): 501-512.
70 El 4 de octubre de 1450, estas señoras, Ceti, Salamon, Solí Gallur, Juce Leredi y otros personajes relevantes se reunieron en la casa de don Lope Ximénez de Urrea. Allí la afectada expuso su caso y fue absuelta. No sabemos cómo, pero don Francisco Muñoz envió a su merino Juan Sánchez de Sarriá para que Ceti Leredi cumpliera con lo prometido sacándola de casa de su tío por coacción. Vemos aquí cómo la aljama presionó sobre las autoridades cristianas para que su decisión se respetase. Es más, se puede ver cómo la acción de las componedoras supuso una salida para la joven litigada. Cuando recurrió a estas mujeres de poder en la villa Ceti sabía que su resolución se impondría u obstaculizaría el proceso emprendido contra ella. En cuanto a los juicios por crímenes, tenemos en primer lugar un caso de violación como fue el que presentaron ante el notario el hijo de Brahem Ymano, Caçon Ymano junto con su manceba judía Hacly, fechado a 23 de julio de 1382 . En esta comparecencia la pareja denunció a dos judíos de la villa: Habi Melon y Simuel Baylo por asalto a su casa con robo y violación de la propia Hacly. Por presión del merino Mosse Amato, eximieron a ambos individuos de cualquier tipo de demanda civil o criminal. Un mes más tarde Caçon Ymano donó al escudero Pero Garcés de Rueda todos sus bienes muebles, ropa, plata y oro para subsanar con él sus deudas. La ausencia de referencias posteriores a los Ymano hace suponer que tuvieron que marcharse de Épila 124 . Habi Melon fue un prestamista importante en la comunidad, lo que influyó posiblemente en su absolución. Sin embargo él mismo sufrió las consecuencias de un aparente asalto. El 9 de julio de 1392 se reunieron ante notario y testigos los jurados, el rabí de los judíos y Luis del Corral, escudero de Juan de Liñán. El primero denunciaba el secuestro de la hija de Habi Melon (Vituqua) por el dicho escudero Juan y posterior retención de la misma en casa del merino Jaime de Suñén. El escudero se defendió alegando que se fuera a casa del merino y se le preguntara a Vituqua si había sido sacada por la fuerza, pidiendo a su vez que no se acusara a nadie sin razón. Fue así 124 MARÍN PADILLA, XLVII (Sefarad, 1987): 315-344.
71 como se levantaron actas; no se sabe el nombre del rabí, pero probablemente acudió en representación de la comunidad judía como máxima autoridad talmúdica 125 . 6.6. Violencia intercomunitaria El vizcondado de Rueda no fue una excepción en lo que refiere a choques interculturales entre miembros de las tres religiones. Está claro, tal y como demuestran las fuentes, que no hubo una convivencia pacífica aunque si una coexistencia. Sin embargo los mudéjares tenían un agravante que no tenían los judíos: pese a ser ambos siervos del rey, los primeros habían sido conquistados. Por tanto habían tenido una conciencia de pertenencia a esa tierra conquistada, pero a ojos de los cristianos eran los vencidos que debían acatar las nuevas normas impuestas. En todo caso ambos colectivos compartieron la presión por parte de los cristianos para convertirlos a la fe de Cristo. Empero, frente a los casos de conversos judíos apenas hay constancia de mudéjares convertidos al cristianismo. Ledesma apuntó la posible causa en la lejanía entre las poblaciones sarracenas y los centros urbanos donde determinadas órdenes religiosas (como los dominicos) y los pregones de Vicente Ferrer ejercían esa coerción 126 . Aparte de la coerción en las manifestaciones proselitistas de ambas religiones minoritarias, solía haber repuntes de hostilidad cristiana coincidiendo con festividades donde afloraba el fervor religioso como la Pascua o la Semana Santa. En estos casos los ataques no iban dirigidos a la comunidad mudéjar sino a la judía puesto que se la tenía como responsable de la muerte de Jesucristo. Ledesma registró a un ollero epilense loco, Jusef, que fue ahorcado en 1307 127 . Su delito: atacar a un joven cristiano con un cuchillo al intentar robar un asno. Sin embargo sus correligionarios musulmanes no aceptaron esta versión de los hechos dada por un cristiano, alegando ante su señor Pedro Martínez de Luna que no hubo juicio previo al ahorcamiento y que Jusef ya dio muestras de demencia. En definitiva, pedían justicia por una ejecución improcedente con un claro tinte antimusulmán. Todo lo que 125 Ibídem, 323-324. L. A. APN., 1392, notario Ramiro de Sádaba, fols. 32v-34. 126 LEDESMA RUBIO, 1996. 127 LEDESMA RUBIO, 1994: 9-31.
72 consiguieron fue que su mencionado señor feudal cobrase una compensación por la pérdida de un vasallo suyo. Tampoco faltó una forma de subyugación social como fue la existencia de esclavos entre los mudéjares vizcondales. Y es que las propias observancias del reino constatan el comercio de esclavos moros (excepto los vasallos del rey). Sobre todo eran producto de las incursiones a territorio musulmán e incluso contra otros territorios cristianos. Ciertamente don Lope Ximénez de Urrea, virrey de Sicilia y cuarto vizconde de Rueda, manumitió a su vuelta de Sicilia, en 1461, a un esclavo cristianizado por sus buenos servicios: Juan de Épila. Junto con él liberó a otra esclava llamada Ayna, de 25 años de edad. No todos fueron tan benignos: en 1458 los alamines de Aranda, Rueda y el alfaquí de Urrea compraron por 100 florines al procurador de Lope de Urrea un esclavo moro para su manumisión. Era común la costumbre entre los mudéjares acomodados de manumitir esclavos. Destacan los Gali, que en 1490 dieron comandas para liberar a un esclavo en Épila. Los que no corrían esta suerte podían intentar manumitirse por ellos mismos 128 . En el caso de los judíos del vizcondado de Rueda podemos ver tres ejemplos de conversos. El primero es de principios del XV, con Beatriz de Urrea (antaño conocida como Acli Altexefi) a la que el señor de Urrea otorgó auxilio. La segunda es la hija conversa de la mencionada Cetí Leredi, Beatriz de Riglos, de la cual no se ha documentado ninguna actitud reprochable durante su vida en Zaragoza. En la misma familia tenemos al hermano de Ceti, Juan, quien llegó a ser canónigo de San Jaime de Calaf. No hay constancia de que ninguno de ellos fuera obligado a la conversión. Tampoco parece que las posesiones de los Urrea fuesen hostigadas cuando rebrotaron las iras antisemitas por toda la Península. En la aljama de Épila, la más documentada, podemos entrever una buena protección sobre los judíos pese a la falta de muros que la delimitasen como gueto. Evidentemente en esta localidad no sólo estaban sometidos al poder regio, sino que también estaban bajo vasallaje del vizcondado. Pudo 128 LEDESMA RUBIO, 1996: 103-106.
73 la justicia señorial, presente por la figura del señor, quien disuadiera los posibles ataques. Aún con todo, ante los documentos vistos en los diferentes artículos, parece que el repunte de denuncias por actitudes herejes se dio sobre todo a finales del XV. Pero es precisamente a comienzos de ese siglo, en 1419, cuando encontramos una denuncia basada en una acusación por herejía. El objetivo fue Mosse Gallur, acusado ante Teresa de Híjar de haber jurado ante notario hacerse cristiano y no cumplirlo 129 . La vizcondesa conminó a Gallur jurar su conversión sobre el Talmud (lo llaman ley judaica, el libro de las maldiciones), como efectivamente hizo. Merece mención aparte el trato recibido por los judíos de los dominios englobados por el Condado de Aranda con el decreto de expulsión decretado por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492. A tenor de los documentos publicados por Marín Padilla, parece que los miembros de la comunidad hebrea no tuvieron constancia o previsión de una próxima expulsión 130 . Todo parecía indicar una ausencia de conflictividad al estar integrados los judíos con el resto de población. Obviamente la cuestión invita a reflexionar acerca de los pensamientos albergados por cristianos y mudéjares ante tal expulsión. En el mencionado edicto Fernando II de Aragón, junto con Isabel de Castilla como reina consorte, conminaron a todos sus vasallos a facilitar la expulsión de los judíos, prohibiendo a nadie darles cobijo bajo pena de muerte 131 . Estos vasallos incluían a los señores feudales, a quienes la expulsión no beneficiaba en absoluto. Por ello el rey Fernando hizo especial hincapié en la necesidad de colaboración por parte de éstos últimos en la evacuación hebrea de sus territorios. Tal y como evidencia la documentación, la orquestación de este exilio recayó sobre los representantes de la Santa Inquisición: los dominicos. Como tales habían denunciado desde hacía tiempo toda una serie de prácticas anómalas y contrarias a la praxis cristiana que merecían ser castigadas con el exilio. 129 Primera vizcondesa de Rueda, esposa de Lope Ximénez de Urrea (muerto en 1421). 130 MARÍN PADILLA, LIV (Sefarad, 1994): 55. 131 Archivo de la Corona de Aragón (en adelante ACA), registro de Cancillería 3665 bis, fols. 129v-131 publicado por Rafael Conde en La expulsión de los judíos de la Corona de Aragón, doc. 1, págs. 41-44.
80 En cualquier caso, si por algo destacaron estas gentes fue por el desempeño de una usura que a la larga se volvió en su contra. Aunque Épila parece libre de las violentas acometidas contra las juderías, durante la segunda mitad del siglo XV persistieron las denuncias por proselitismo y comportamientos de carácter herético; quizás fueran comportamientos motivados por las deudas con estos particulares. Los judíos epilenses desempeñaron esta usura casi siempre con los vecinos mudéjares tanto de la villa como de las poblaciones aledañas. En todos los pleitos por impagos quienes terminaban interviniendo a nivel judicial eran las propias autoridades cristianas. No era infrecuente que los cristianos recurrieran a préstamos de judíos saltando las restricciones legislativas que prohibían la usura entre sus correligionarios. Normalmente estos usureros reinvirtieron el patrimonio generado por su actividad artesanal o comercial, que se acrecentaría a expensas de los intereses. Gracias a ello surgieron grandes figuras prestamistas a nivel local como fue el zapatero Habi Melon. Esa importancia puede desglosarse de su impunidad ante el presunto asalto a la casa de Caçon Ymano y violación a su manceba, la judía Hacly. A un nivel superior encontramos a los propios vizcondes de Rueda endeudados con los prestamistas judíos de Zaragoza y Calatayud. Entre ellos posiblemente se encontraran los Bonafos de la Caballería entre muchos otros. Es obvio que estas familias poseían un mayor patrimonio y menor margen de riesgo al otorgar el préstamo a unos nobles de finanzas tan galopantes como fueron los Ximénez de Urrea. En lo referente a las consideraciones demográficas de estos territorios, las fuentes son confusas al respecto. Como se ha señalado, la fiabilidad de las fuentes se pone en duda en tanto no representa al total de la población. De cara a ello, para la época medieval son escasos los recuentos poblacionales que nos den información exacta. Así, el fogaje de 1405 da muy poca información, prácticamente nula, al hacer el recuento poblacional sobre fuegos de infanzones repartidos entre varias poblaciones (entre ellas Almonacid de la Sierra). El siguiente fogaje es el de 1489, pero sólo refleja a Almonacid y Séstrica. Por ello el más útil para los últimos siglos medievales es el fogaje de 1495. Allí aparecen reflejados los lugares del vizcondado además de las otras posesiones de los Urrea en Aragón. De igual modo, comparando los listados onomásticos de esta fuente con las
81 cartas de vasallaje de cada uno de los lugares podemos entrever qué tipo de población buscaba el vizconde. Parece evidente la gran movilidad poblacional de la zona, constatable además con otro tipo de documentación. Si en los contratos de vasallaje y cartas de población aparece claramente la procedencia de los nuevos pobladores, el fogaje de 1495 registra en la mayoría de las ocasiones la procedencia y desempeño de los mismos. Asimismo se abren nuevos campos con la comparación documental. Salvando los peligros reseñados, el contraste entre distintos fogajes y diversa documentación heterogéna señala qué vecinos o familias continuaron habitando el lugar al margen de las ausencias. Todos estos datos indican que Épila, seguida por Almonacid de la Sierra, fue un destino atractivo para las gentes del valle del Jalón por su potencial económico y articulador del territorio. En definitiva, parece evidente que hubo una serie de familias que lograron asentarse en Épila y desarrollaron sus negocios satisfactoriamente como es el caso de los Leredi o Habi Melon. Otros se vieron forzados a emigrar por diversas adversidades desapareciendo su rastro de la documentación. En cuanto a la distribución urbana en Épila, las investigaciones de Motis, Padilla y Viñuales confirman la existencia de un entramado urbano que no distinguió por motivo de religión sino más bien económicamente. No hay una judería como tal, ni una aljama mudéjar. Lo que hubo fueron comunidades, había constancia de pertenencia a un grupo diferente al resto, una identidad que no suponía una barrera en el trato con el resto de vecinos. En el caso de los judíos, al vizconde le interesaba mantenerlos en sus dominios ya que poseían no sólo dinero sino también un importante patrimonio inmueble. Quizá fuera su capacidad como prestamistas la que permitió un mayor margen de movilidad a las altas instancias de la aljama pese a estar sometidos a vasallaje. Independientemente de ello sí hubo, al igual que en el caso mudéjar, zonas especialmente habitadas por miembros de esta religión orientadas en torno a la sinagoga. Al igual que ellos, los mudéjares se asentaron en zonas relacionadas con la artesanía que llegaron a dar nombres a barrios como el de las Herrerías. De la misma manera eran vasallos con una jurisdicción especial al haber sido conquistados.
82 Ciertamente, eran un tipo de mano de obra que los señores buscaban al tener unos impuestos especiales y ser trabajadores cualificados. Aparte de los trabajadores del metal hay constancia de cuadrillas de albañiles que se movían por el territorio ofreciendo sus servicios como los que testificaron a favor del ollero loco Jusef a principios de siglo XIV en Épila. Estos impuestos sobre las actividades de estos pobladores de ambas religiones quedan bien reflejados en las cartas de población y vasallaje. Supondrían un aporte más que generoso para las arcas vizcondales al disponer estas gentes de los beneficios del comercio y la usura. Otros, no tan adinerados, tuvieron que soportar las mismas cargas endeudándose progresivamente, por lo que quedaron ligados a la tierra del señor. Prueba de este aporte es la orden emitida por Fernando el Católico a su súbdito el conde de Aranda para que expulsara a los judíos que estaban en su territorio. En ella el rey es consciente de la pérdida que ello suponía para Miguel Ximénez de Urrea, por lo que le pidió fidelidad y diligencia en el cumplimento de las órdenes. No fue el único golpe demográfico. Ya en época moderna, la expulsión de los moriscos en 1609 supuso un duro revés para los condes de Aranda. Si atendemos al fogaje de 1495, de entre las tenencias aragonesas de los citados nobles, Alfamén, Almonacid de la Sierra, Lucena, Lumpiaque, Mesones de Isuela, Morés, Nigüella, Rueda de Jalón, Séstrica y Urrea de Jalón tenían una mayoría poblacional mora. Debido a ello el entonces conde de Aranda tuvo que emitir numerosas cartas de población y contratos vasalláticos que resultaran atractivos a los posibles nuevos pobladores. Según los estudios de Eliseo Serrano, esas medidas, junto a los avances agrícolas, ayudaron a incrementar la población en el mismo siglo. En definitiva, los Ximénez de Urrea adquirieron el vizcondado de Rueda esperando hacerse más poderosos e influyentes como efectivamente ocurrió. Su crecimiento a la sombra del poder se vio alimentado por las cesiones reales por los servicios otorgados. Gracias a ello lograron un dominio efectivo en el valle del Jalón, lugar privilegiado asentado sobre una de las principales rutas de comercio y peregrinaje. Incluso podríamos considerar el vizcondado de Rueda como un antecedente del condado de Aranda, el siguiente escalón en el poder tras haber pasado por el virreinato siciliano durante la segunda mitad del siglo XV (cargo de especial delicadeza que indica la confianza del monarca por Lope Ximénez de Urrea). De hecho, los condes de Aranda
83 siguieron usando como lugar de residencia su palacio construido en Épila, la que se aventura como su población más destacada, donde asentaron su poder. Finalmente, el presente proyecto deja más dudas que respuestas, es necesario el seguimiento en profundidad con fuentes de archivo que permitan apoyar gran parte de las investigaciones iniciadas. Solo así podremos hacer un estudio de conjunto completo acerca de la historia de uno de los principales señoríos del Aragón bajomedieval, el vizcondado de Rueda bajo el dominio de los Ximénez de Urrea. Labor omnia vincit.
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88 Apéndices Almonacid de la Sierra 1434 138 1495 1499 139 Jahiel el Royo, alamín Axa del Royo Mahoma el Royo Ali el Royo Brahem el Royo Yaye el Royo Mahoma el Royo Mahoma el Scrivano Nuez el Escribano Mahoma Escribano Jayel de Nabal, jurado Nabal (aparece como la de Nabal) Culema de Nabal Mahoma de Lop, Alfaquí Brahem de Lop (en Rueda de Jalón) Mahoma Bollo Alii Bollo Farag Barbaça Farax Barbaca Ali Barbaca Muca Barbaca (jurado) Mahoma Barbaca Muça Barbaça Alí Barbaça Muça Fusta Vivas Fusta Junez Fusta Alii de Fusta Mahoma Fusta, jurado Mahoma Fusta, menor Mahoma Fusta Junez Fusta Junez el Scrivano Nuez el Escribano, Mahoma Escribano Juce Adehuel Junez Adehuel Alí Adehuel Nuez Adiguel, Juçe Adiguel Avdalla el Viello Juçe el Viello, Mahoma el Viello Muça Abenali Juce de Segovia Mahoma Pedrux Mahoma el Jafar Çalema Benali de Muça Benali Farag de Muel Alí Moraguo, jurado 138 MACHO ORTEGA, 1923: 227. 139 Ibídem, 306.
89 Hamet de Cida Juce Muçetas Mahoma Fustero, jurado Mahoma el Fustero Mahoma Moraco, menor Amet Moraco Mahoma Moraco Fátima Moraco Mahoma Morato, alfaquí Alí Morato Mahoma Castillo Avdalla el Castellano Mahoma el Castellano Mahoma Castellano Azan Celii Juçe Celii Açan Celi Culema Rafacon Çalema Rafacon Juçe Palomino Juce Palombino Mahoma el Serrano Juce Serrano Mahoma el Serrano (2) Ayça el Serrano Amet el Serrano Mahoma Pex Mahoma Pex (2) Alí Pex Avdalla Azid Avdala Azis Omar d´altura Lop de Altura Mahoma Fustero Ibraym el Fustero Ybrahem Anzion Mahoma Anzion Alii Anzion Amet de Anzion Amet de Anzión, menor Alí Anzion Ybraem el Zarquo Amet Dach La conana Mahoma Tapon Azat Tapon La de Mecot Mahoma Aldamot Mahoma de Benceny Junez Benceny Lop Benceny hijos de Iuçe Abii Braem el cabrero Alii Andon Audalla Andon Lop de Huerta, menor Mahoma Alaquo Culema Alaquo Juçe Cilton La Gasqua Viuda de Mahoma Aladon Mahoma Tardon Juce Adumelch Ybrahem Aylon Mahoma Aranda