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GUERRA, FORTIFICACIONES Y CONTROL DEL TERRITORIO EN LA CELTIBERIA: UNA APROXIMACIÓN AL VALLE DEL ALHAMA. Daniel Martínez Pascual. Máster en Ciencias de la Antigüedad curso 2010-2011 Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Zaragoza Director del TFM: Carlos Sáenz Preciado
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Agradecimientos: A mi director del TFM, el Dr. Carlos Sáenz Preciado, por los consejos y las molestias causadas. Al personal docente de la Facultad de Filosofía y Letras por la formación que me han dado a lo largo de todos estos años. A todo el equipo del EIAG, por la infinita paciencia que han tenido conmigo y lo mucho que me han aportado dentro del campo de la Arqueología. A Toño, por la indispensable biblioteca personal que tiene y que me ha dejado usar. Y especialmente a mis padres, por permitirme haber seguido este rumbo en mi vida. 2
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ INDICE 1. INTRODUCCIÓN 5 – Objetivos 6 – Metodología 7 2. LAS GUERRAS HISPANAS 9 – 2.1. Batallas campales 9 – 2.2. Sitios y saqueos 17 –2.2.1. El papel de los oppida en los conflictos bélicos 17 –2.2.2. Búsqueda de riqueza de los magistrados romanos 18 –2.2.3. Métodos de asedio romanos 20 –2.2.3.1. Asalto precipitado 21 –2.2.3.2. Asalto preparado 22 –2.2.3.3. Cerco/sitio 24 – 2.3. Escaramuzas y guerrilla 26 – 2.4. El papel de las fortificaciones en los conflictos bélicos 30 3. LOS COMBATES Y LAS FORTIFICACIONES SEGÚN LAS FUENTES CLÁSICAS 35 – 3.1. Polibio. (II a.C.) 35 – 3.2. Tito Livio. (I a.C.-I d.C.) 36 – 3.3. Apiano. (I-II d.C.) 37 – 3.4. Estrabón. (I d.C.) 42 4. RELACCIÓN ENTRE FORTIFICACIÓN Y SOCIEDAD 45 – 4.1. Estructura social y política 49 – 4.2. La escasez de tierras y su desigual reparto 52 – 4.3. La atomización política del territorio 54 – 4.4. El prestigio de la milicia 55 5. PARALELOS ENTRE LAS FORTIFICACIONES CELTÍBERAS E IBERAS 60 – 5.1. Muros ciclópeos 62 – 5.2. Muros poligonales 63 – 5.3. Trazado en cremallera 66 – 5.4. La puerta acodada 67 – 5.5. Torres poligonales 68 6. EVIDENCIAS CONSTRUCTIVAS CELTÍBERICAS 72 – 6.1.Sistemas defensivos 72 – 6.1.1. Murallas 72 – 6.1.1.1 Murallas acodadas 75 – 6.1.1.2. Murallas con paramentos 76 – 6.1.1.3. Muros ciclópeos 76 – 6.1.1.4. Murallas de cajones 76 – 6.1.2. Torres 77 – 6.1.3. Puertas 78 – 6.1.4. Fosos 80 – 6.1.5. Piedras hincadas 81 3
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ – 6.2. Los Grandes asentamientos: tres ejemplos de la actual Rioja Baja 82 – 6.2.1. Contrebia Leukade 84 – 6.2.2. Cerro de San Miguel 86 – 6.2.3. Eras de San Martín 90 – 6.3. Asentamientos menores 93 – 6.3.1. Peña del Saco 94 – 6.3.2. Fitero 96 – 6.3.3. Arguedas 97 – 6.3.4. Valtierra 98 – 6.3.5. Castejón de Ebro 99 – 6.3.6. Tudela 101 – 6.3.7. Préjano 102 – 6.3.8. Bergasa 104 – 6.4. Atalayas y Torres de Vigilancia 106 7. CONTROL DEL TERRITORIO, INTERVISIBILIDAD Y PROPUESTAS DE PROSPECCIÓN 108 – 7.1. Alcance visual del Ojo Humano 109 – 7.2. Métodos informáticos para llevar a cabo la labor 110 – 7.3. Control visual de los yacimientos de Alfaro, Castejón, Valtierra y Arguedas 112 – 7.4. Control visual de los yacimientos de Aguilar del Rio Alhama, Baños de Fitero y Fitero 114 – 7.5. Control visual de los yacimientos de Arnedo, Bergasa y Préjano 117 8. CONCLUSIÓNES 119 9. BIBLIOGRAFÍA 123 Anexo 1: tabla de yacimientos 4
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 1. INTRODUCCIÓN Desde que Roma pone su pie en la península Ibérica durante la II Guerra Púnica (218-201 a.C.), esta se va a convertir en un constante campo de batalla que no termina con dichas guerra, sino que se prolonga durante su conquista y pacificación durante el proceso de creación de la provincia de Hispania, culminando estos conflictos con las Guerras Cántabras a finales del I a.C. Durante todo el siglo II a.C, se van a producir una serie de guerras y conflictos, englobados bajo las llamadas Guerras Celtíberas, en las que Roma va a conquistar de forma gradual a los habitantes del Valle Medio-Alto del Ebro y de la Meseta. El coste material y humano para llevar a cabo esta “pacificación” de la nueva provincia del emergente Imperio Romano, la Citerior (creada en el 197 a.C), va a ser desorbitado, sobre todo si tenemos en cuenta al enemigo al que han de derrotar. Durante los siglos II y I a.C, tras la derrota de Cartago, Roma lleva a cabo la conquista de todo el mare nostrum, teniendo que hacer frente a potencias con muchos más recursos y efectivos que las ciudades-estado de la Celtiberia. Incluso las Guerras de las Galias no necesitaron tantos soldados ni tiempo ni recursos como las llevabas a cabo en suelo ibérico. ¿A qué se debió entonces este retraso en esta empresa y su penosa dilatación en el tiempo? Para responder a esta cuestión la historiografía tradicional, producto en gran parte de los modelos patrióticos creados durante la construcción del estado moderno en el XIX, siempre ha dicho que se debía a la constante acción de guerrilla por parte de los nativos, que hostigaban durante día y noche a los romanos, siendo este un discurso muy similar al de Viriato o el de los guerrilleros españoles durante la Guerra de la Independencia, por no hablar de la ensalzacion de la defensa Numantina. Estos clichés se fueron repitiendo durante la posguerra española y el ensalzamiento de los valores patrióticos y de la raza española. Esta explicación se desmonta por si sola solo con observar la forma de proceder de las legiones romanas, que hacían un uso extensivo de fortificaciones de campaña y diversos cuarteles que les permitían evitar este tipo de acciones de pequeña escala de guerrilleros y bandoleros.1 Por lo tanto, observando el modus operandi de las legiones, hay que buscar otro motivo (que no tiene que ser excluyente del anterior, sino complementario) del por qué aguantaron tanto un conglomerado de ciudades-estado sin muchos recursos frente a un invasor con un sinfín de recursos y hombres, que además disponía de una maquinaria bélica desarrollada y victoriosa con la que estaba conquistando todo el mundo conocido (Numidia, Reino Macedónico, 3º Guerra de Cartago etc.) durante esas mismas fechas en las que se producen las Guerras Celtibéricas. La respuesta a esta pregunta habría que buscarla, entre otros motivos, en las murallas de los asentamientos de los nativos y su propia configuración y distribución por el territorio. Estos sistemas defensivos, que en muchos casos eran desproporcionados para la cantidad de habitantes que componían un asentamiento (o al contrario, insuficientes para la defensa de un núcleo grande de 1-APIANO, Historia Romana, VI, 84-96. Durante su campaña militar contra Numancia, se observa como introduce guarniciones romanas en diversas ciudades indígenas y llega a acuerdos con otras para evitar que den su apoyo a los Numantinos. Por ende, a lo largo de todas las guerras de Numancia, aparecen citados diversos campamentos romanos, tanto temporales como de invierno, que sirven como puntos de refugio y control sobre el territorio. 5
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ población), tienen su origen en la idiosincrasia de la sociedad celtíbera y sus propias luchas internas. Estas murallas no nacen por la necesidad de defenderse ante un ejército poderoso como lo es el romano (que ostenta una maquinaria de asedio sin parangón), sino como una necesidad interna de las sociedad celtíbera, tanto económica como militar. Partiendo de esta base, vamos a llevar a cabo un trabajo de síntesis, enfocado principalmente desde una perspectiva militar, analizar el tipo de enfrentamientos que hubo durante todo el siglo II a.C, la sociedad indígena y los restos arqueológicos de murallas y fortificaciones; con el objetivo de esclarecer el cómo fueron estas guerras y a que se debió su inusual larga duración y todas las complicaciones que le supusieron al emergente Imperio Romano. OBJETIVOS Tras una exhaustiva lectura de las fuentes clásicas, las investigaciones más recientes que se han llevado a cabo sobre la guerra en Iberia y las excavaciones arqueológicas, es factible que debiera de existir un sistema bastante extenso de elementos arquitectónicos a lo largo del territorio que controlan las ciudades celtíberas (oppida) que les ayudarían a ejercer su dominio sobre el territorio y hacer frente al invasor (tanto romano como procedente de las propias ciudades indígenas vecinas). Nuestro objetivo con este trabajo es intentar comprobar la existencia de dichas estructura o enclaves, como lo son las aldeas fortificadas, atalayas y pequeñas fortalezas o castillos (como se les conoce en el mundo ibérico), encargadas de ejercer un control visual y militar sobre el territorio. La idea es estudiar toda esta serie de construcciones con el propósito de entender mejor las Guerras Celtibéricas y el por qué de su gran costo en tiempo y dinero que supuso para Roma. En algunos yacimientos, como los situados en el Bajo Aragón2, con una marcada influencia de la cultura ibérica (donde sí que están refutadas la existencia de estas estructuras3), aparecen torres circulares de sillares, tanto aisladas como dentro de pequeños castros o asentamientos fortificados, posiblemente relacionados con el control visual del entorno. Esto, junto a algunos estudios sobre el control del territorio llevados a cabo, entre otros, en el Valle del Cidacos4 (La Rioja), Tarazona5 (Zaragoza) o La Laguna de Gallocanta (Teruel)6, ya nos dan pistas sobre la 2-P.MORET. “Torres circulares en el Bajo Aragón y zonas vecinas: hacia la definición de un modelo regional”. Arquitectura defensiva. La protección de la población y del territorio en época ibérica. Sociedad Castellonense de Cultura. 2006. pp187-211. 3-H.BONET ROSADO. “Tres modelos de arquitectura defensiva y protección del territorio. Edeta, Kelin y la Bastida de les Alcuses.” Arquitectura defensiva. La protección de la población y del territorio en época Ibérica. Sociedad Castellonense de Cultura. 2006. pp 13-47. 4-M.GARCÍA HERAS, A.C.LÓPEZ CORRAL. “Aproximación al poblamiento de la segunda edad del hierro en el valle del Cidacos”. Poblamiento celtibérico. III Simposio sobre los celtíberos. Institución Fernando el Católico. 1995. pp 327-335. 5-J.J.BIENES CALVO, J.Á.GARCÍA SERRANO. “Aproximación a cuatro nuevos yacimientos celtibéricos en la comarca del Moncayo”. Poblamiento celtibérico. III Simposio sobre los celtíberos. Institución Fernando el Católico. 1995. 6- C.POLO CUTANDO, C.VILLARGORDO ROS. “Del poblado fortificado al asentamiento en llano: La evolución de los asentamientos rurales en el Sistema Ibérico Central (s. III a.C.-I d.C.)”. Torres, atalayas y casas fortificadas: Explotación y control del territorio en Hispania. (s. III a.C.- I d.C.). Universidad de Jaen, 6
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ posibilidad de que este sistema se encuentre muy extendido por toda la celtiberia. De este modo, nuestra intención es crear una base de datos que abarca la mayor parte de la Celtiberia en la que se recojan diferentes datos relacionados con el control visual del territorio, con el objetivo de que el mayor número de investigadores puedan acceder a ella y llevar a cabo sus propios estudios y trabajos, favoreciendo un avance en este área que tantos resultados puede aportar a la comprensión del mundo celtíbero y obviamente, de las campañas militares que se sucedieron alrededor de estas polis indígenas. Por ello, nos gustaría corroborar o mejor dicho, aplicar estas investigaciones inicialmente al Valle del Alhama, centrándome en los yacimientos de Ilurcis (Alfaro) y Contrebia Leukade (Aguilgar del Río Alhama), con la intención de comprobar si un estudio de este tipo sería factible y principalmente, si el tipo de información que puede aportarnos es relevante o merecedora de este esfuerzo científico. METODOLOGÍA La metodología que vamos a seguir se basa en los siguientes puntos: –Lectura de las fuentes clásicas que tratan sobre las Guerras Celtíberas, con el objetivo de ver de la forma más cercana posible y sin alteraciones posteriores el cómo nos han llegado hasta hoy los hechos acaecidos durante dichas campañas y la información que nos transmiten de diferentes ámbitos que nos pueda afectar, como lo son los enfrentamientos armados, las panoplias de los guerreros, los movimientos, las ciudades. fortificaciones enemigas, etc. –Vaciado bibliográfico de los actuales estudios sobre poblamiento, fortificaciones y armas, tanto en el mundo celtíbero como en el íbero. –Elaboración y constatación de paralelos de fortificaciones y esquemas del control del territorio entre la celtiberia y las zonas más próximas del territorio íbero (Alicante). –Proposición de métodos y sistemas para realizar estudios del control visual en determinadas áreas geográficas con el objetivo de acotar zonas de prospecciones arqueológicas, con el objetivo de encontrar posibles atalayas o asentamientos que completen líneas visuales. Explicando esta metodología de forma más detenida, lo que me propongo es aunar las conclusiones obtenidas en los diferentes apartados relacionadas con la bibliografía y la arqueología (fuentes clásicas, poblamiento, batallas, fortificaciones, etc.) y con todo ello, crear un esquema de cómo fueron estos enfrentamientos y que características de estos, relacionadas sobre todo con las fortificaciones y el control del territorio, nos permitirían llevar a cabo una serie de prospecciones en determinadas zonas o áreas que nos interese estudiar. 2004. pp 157-175. 7
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Como ejemplo de áreas de estudio a las que se les podría aplicar dichas propuestas de prospección, he propuesto las dos siguientes: El valle del Alhama (centrándonos los yacimientos próximos a Contrebia Leukade7) y la desembocadura del río Alhama en el Ebro. He elegido estas dos zonas geográficas, muy próximas entre sí, debido a su proximidad con mi zona de estudio (La comarca de Alfaro, La Rioja) y a que no existen trabajos de investigación sobre el control del territorio ni del poblamiento en dicha zona. En el caso de la desembocadura de Alhama, ya se han realizado propuestas de estudios de intervisibilidad entre yacimientos y atalayas, pero de época Medieval, por lo que creo que sería interesante usar unos métodos similares para acotar posibles zonas de prospección a la hora de buscar poblados, castros o atalayas dentro del área de los núcleos poblacionales más importantes de la zona. También voy a prestar atención al área geográfica de la Hoya de Arnedo (Arnedo, La Rioja) perteneciente al Valle del Cidacos. Aunque ya se han llevado a cabo algunos estudios sobre dicha zona8, me gustaría remarcarla debido a su proximidad con el Valle del Ebro y el Valle del Alhama y a las características de sus asentamientos celtibéricos. Es probable que las teorías que vamos a ir exponiendo más adelante sobre el cómo fueron estas guerras celtíberas y el por qué de su larga duración podrían corroborarse si las prospecciones nos permitiesen encontrar en un futuro elementos, estructuras o indicios arqueológicos de la existencia de una red de control visual a lo largo de toda la celtiberia, del mismo modo que la encontramos en algunas zonas aisladas (Bajo Aragón) y en gran parte de la zona ibérica. 7-J.A.HERÁNDEZ VERA, J.M.M.TORRECILLA, J.NÚÑEZ MARCÉN, C.L. DE CALLE CÁMARA, J.M. RODANÉS VICENTE, C.SÁEZ PRECIADO, J.M. TUDANCA CASERO. Historia del Arte en La Rioja, De la Prehistoria a la Antigüedad Tardía. Fundación CajaRioja 2005. 8-M.GARCÍA HERAS, A.C.LÓPEZ CORRAL. 1991. pp 329-336. 8
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 2. LAS GUERRAS HISPANAS Se conocen como tales a toda la sucesión de conflictos, desde el 218 a.C. hasta el 133 a.C. con íberos, celtíberos, lusitanos y otras etnias que va a tener Roma desde la conquista de Cartago Nova y el fin de la 2º guerra púnicas hasta la caída de Numancia. Aunque también se podría incluir dentro de estás sin ningún problema las guerras civiles de Sertorio y Pompeyo y la posterior conquista de los Cántabros por parte de Augusto. Esta inclusión se debe a que tras la destrucción de Numantia y el fin de la revuelta de Viriato en el 133 a.C, no queda pacificada la península y sigue habiendo conflictos con los indígenas, ya que estos van a participar activamente en las dos guerras civiles citadas anteriormente (ya sea defendiendo sus propios derechos o apoyando la causa de algún contendiente), incluso van a contener y derrotar a una invasión barbara de Cimbrios (105-103 a.C.) con sus propios medios, sin la ayuda de Roma, demostrando la vitalidad militar de una sociedad que estaba lejos todavía de ser considerada pacificada y sometida al poder de Roma. La propia guerra Sertoriana corroboró este hecho. Aún así, me voy a centrar en la etapa que va desde las primeras expediciones romanas contra la celtiberia, desde Catón hasta la destrucción de la capital arévaca, en el 133 a.C, comúnmente conocidas como Guerras Celtibéricas. Mi objetivo en este apartado es hacer una detallada explicación de las diferentes formas de combatir que se dan y el papel de las fortificaciones celtíberas en ellas. 2.1 BATALLAS CAMPALES 9 Ilustración 1. Escena de batalla de la columna de Trajano. Fuente: http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/obras/8237.htm
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 2.2. SITIOS Y SAQUEOS 2.2.1.El papel de los oppida en los conflictos bélicos El combate por la posesión de las fortificaciones y las ciudades amuralladas va a ser una constante en el mundo celtíbero y también durante las sucesivas guerras contra los romanos. Por lo general, la conquista de una ciudad o oppidium no acarrea la derrota de un bando, salvo que se encuentren ahí todas sus fuerzas y/o que sea la capital. Mientras que los pequeños pueblos fortificados o fortalezas no tienen excesiva importancia debido a su capacidad limitada de guarecer a combatientes o almacenar provisiones, las grandes ciudades celtíberas, auténticas ciudades estado en la mayoría de los casos, van a ser uno de los objetivos principales por parte de los cónsules romanos. Es en dichas ciudades donde se concentran por lo general, el órgano de gobierno de una tribu/etnia (que controlan un vasto territorio, y no solo la propia ciudad)23. También se concentran aquí las poblaciones vecinas que buscan refugio ante el ataque del enemigo y es donde se almacenan la gran mayoría de las provisiones y armamento para la lucha.24 Teniendo en cuenta esto, es normal que la toma de una de estas ciudades sea un golpe duro 23-LIVIO XL, 47-49. 24-APIANO, Historia Romana, VI, 44-87. 16 Imagen 5. Sitio de Masada. En la imagen, aun se aprecia la gran rampa de asalto que crearon los ejércitos romanos y los diversos campamentos que rodearon la fortaleza. Fuente: http://www.rollaramp.co.uk/news/masada-ramp/
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ para los celtíberos. Esto explica que un número considerable de batallas campales se dan en las proximidades de dichos enclaves, con el objetivo de cortar el paso a los legionarios y evitar el sitio y el aislamiento de la ciudad. El ejemplo más conocidos de todos es el de Numantia, que tras su caída, los Arévacos son derrotados25. La destrucción de su capital, de su órgano político, de un importante número de individuos y una gran cantidad de recursos militares es lo que provoca semejante debacle. Por ello, viendo los romanos que los celtíberos van a renunciar a numerosos combates en campo abierto, se verán obligados a ir atacando las grandes ciudades para ir mermando el poder militar-económico- demográfico-político de los indígenas. Éstos a su vez van a luchar a sangre y fuego por sus ciudades y fortificaciones, desde el pueblo amurallado más pequeño hasta las ciudades más importantes. Los romanos se van a ver obligados a ir tomando fortificación a fortificación, enclave a enclave, ciudad a ciudad, para poder acabar con la resistencia celtíbera. De ahí la famosa frase de guerras de fuego26. Esta va a ser una guerra que se podría considerar casi típica de la Edad Media, en la que casi todos los combates y luchas se centraban en la toma de castillos, escaramuzas y razzias a las aldeas y campos enemigos para debilitarles. Estas guerras medievales, aunque no haya que decirlo, eran extremadamente largas, y un ejemplo de ellas es La Guerra de los 100 Años. En la que se dieron 3-4 batallas campales, y el resto, asedios y ataques de rapiña de forma intermitente, minando poco a poco al oponente, y en Hispania ocurre algo muy similar, tal como dice Luis Berrocal-Rangel.27 2.2.2. Búsqueda de riqueza de los magistrados romanos Hispania es una provincia en proceso de conquista y expansión, que tras la campaña de Graco (180-179 a.c.), se puede considerar pacificada o estable, debido a las acciones llevadas a cabo por este general romano y a los pactos que se llevaron a cabo con los indígenas, que fueron respetados en mayor medida por ambas partes y trajeron un periodo leve de paz para el territorio. Aún así, se necesitaba la presencia de un pretor o cónsul (dependiendo de la fecha) para llevar a cabo las labores administrativas y económicas en el territorio. Estos individuos, en su mayor parte, se van a dedicar a expoliar y atacar a los indígenas para hacerse con sus riquezas, rompiendo por parte del vencedor los pactos llevados anteriormente con los Hispanos. Aunque no solo atacan por riqueza y botín, sino también por ampliar las fronteras de la provincia.28 Esta situación intermitente de rapiña y saqueo por parte de las autoridades republicanas se debe a la propia forma en la que se obtienen los cargos políticos en Roma. En el mundo tardorepublicano, la carrera política de un ciudadano era muy costosa, teniendo que pagar una educación apta, comprar diferentes magistraturas y sobornar a otros ciudadanos para ser elegidos 25-APIANO, Historia Romana, VI, 87-91. 26-POLIBIO, XXXV. 1-4 Hace clara mención a la guerra de posiciones, movimientos, golpes de mano e incesantes guerras, donde las batallas campales o grandes enfrentamientos no abundan, como compara con las guerras de Roma contra Grecia. 27-L.BERROCAL-RANGEL, “Episodios de guerra en los poblados indígenas de Hispania Céltica: Criterios para la identificación arqueológica de la conquista romana”. Salduie nº8, 2008. pp 181-192. 28-POLIBIO, XXXV. 1-4. 17
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ para determinados cargos políticos y militares. De esta forma, sus arcas se vaciaban rápidamente, arruinando a la familia en unas pocas generaciones. Para evitar esto, estas élites que participaban en la política, necesitaban ir a la guerra para obtener botines (sufragar los gastos de su carrera) y victorias (estas eran muy importante para el prestigio de un político el haber ganado guerras y enfrentamientos). No hay que olvidar la famosa frase de Catón en el 190 a.C. “La guerra se alimentará de la propia guerra”. Por ello, cuando pretores y cónsules eran destinados a Hispania, una provincia relativamente tranquila tras la campaña de Gracco y sus respectivos pactos, buscaban cualquier excusa para iniciar una guerra o saquear alguna ciudad y hacerse con sus riquezas y convertir a sus habitantes en esclavos (y poder exhibirlos en su vuelta a Roma). Para buscar los casus belli, se valían de conflictos internos entre celtíberos o cualquier motivo peregrino con el que justificar sus acciones. Incluso en ocasiones, la excusa venía en forma de acciones de castigo para reducir una elevada demografía indígena. En muchos de estos ataques, justificados o no, con el mero y simple hecho de hacerse con las riquezas de la que dispone una ciudad, se valían de artimañas, engaños o mentiras para poder desalojar a los defensores/habitantes (con falsas promesas de conservar la vida o sus posesiones) y luego procedían a la masacre y saqueo, como es el caso del saqueo de Cauca por Lúculo en el 152 a.C.29 Podemos encontrar una amplia variedad de acciones de saqueo o castigo por parte de Roma. Una de las más famosas es la que se llevó a cabo con un grupo de Lusitanos a los que se les prometió tierras y luego se procedió a su ajusticiamiento, siendo este el caso del nacimiento de la historia-leyenda de Viriato en el 150 a.C.30 Es normal que con el paso del tiempo y la repetición de estas prácticas por parte de los romanos (con el consentimiento del Senado) acabe por provocar una situación de descontento general que produzca una sucesión constante de levantamientos y guerras continúas. Viendo entonces que los gobernadores romanos buscan la gloria, el prestigio, y sobre todo, la riqueza, es comprensible entender que tengan como objetivos principales la toma y captura de ciudades para hacerse con el cuantioso botín que hay en ellas.31 Esto va a provocar que los celtíberos intenten defender sus urbes siempre que sea posible, ya que son conocedores de las fuertes multas que imponen estos gobernadores para la rendición de una ciudad, por no hablar del incumplimientos de los acuerdos y pactos, o de los abusos en tiempos de paz por parte de las autoridades. 29-APIANO, Historia Romana, VI, 51; 59. A diferencia que otros autores, Apiano relata la perfidia de algunos de los generales romanos, y ello nos muestra hasta que punto se excedieron en su conducta, que hasta sus contemporáneos guardaron un recuerdo infame y peyorativo de ellos. . 30-APIANO, Historia Romana, VI, 60. 31-APIANO, Historia Romana, VI, 55-61. Saqueo de Luculo de Cauca y la mención de la riqueza que se encuentra guardada en Palantia, entre otras. También en Tito Livio se mencionan los grandes botines que obtiene Gracco de las diferentes ciudades que conquista. 18
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 2.2.3.Métodos de asedio de la Roma tardorrepublicana Roma tiene un ejército que entre otras cosas, destaca por su preparación a la hora de realizar labores de ingeniería, como las de asedio/asalto. Tanto aplicada al mundo civil como al de la poliorcética, va a ser su principal baza para poder hacer frente a los enemigos guarecidos tras unas murallas. El ejército romano, groso modo, se basa en tres pilares: El legionario, la ingeniería (o poliorcética) y la logística. Gracias a esta última, la logística, van a poder tener un ejército en campaña durante años, pudiendo así traer suministros desde cualquier parte y establecer una cadena segura y eficaz de abastecimiento, aunque durante esta época, sobre todo si la comparamos con la logística Alto Imperial, no estaba muy desarrollada y existían dificultades para un correcto aprovisionamiento. Aun se dependía en gran manera de abastecerse sobre el terreno (forraje, comida de caza, obtener recursos de ciudades aliadas, etc.), ocasionándole esta práctica diversos problemas como se observa en diversas ocasiones.32 Junto a la logística, la poliorcética va a ser primordial durante sus campañas en todos los teatros de operaciones. En este caso que nos concierne, mediante el uso de maquinaria de asedio, la creación de muros defensivos y fuertes para sitiar al enemigo de forma eficaz o para defender sus propias rutas de suministros, el ejército romano va a conseguir salir adelante en este conflicto; Sin este elevado conocimiento poliorcético (heredado de los Griegos y posteriormente perfeccionado), es seguro que la guerra hubiese durado mucho tiempo más, debido a la alta densidad de puestos fortificados con los que cuenta la Meseta. Así pues, gracias a la logística para mantener el ejército en campaña durante mucho tiempo, que a su vez le permite sitiar las grandes ciudades celtíberas, va a salir victoriosa Roma de estas guerras con los celtíberos. 33 Observando detalladamente a las legiones, vemos que tienen tres métodos para tomar una ciudad o fuerte, Estos métodos son: –Asalto precipitado. –Asalto meditado. –Cerco/sitio. 32-APIANO, Historia Romana, VI, 78; 87-90. 33-S.ANGLIM, P.G.JESTICE, R.S.RICE, S.M.RUSCH. 2007. pp 179-223. 19
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 2.2.3.1. Asalto Precipitado En el asalto precipitado, los legionarios, mediante escalas y algunos arietes livianos o improvisados, se lanzan a intentar tomar rápidamente la ciudad o fortaleza enemiga. Es un método muy directo y que no necesita apenas de preparación previa. Pero como se puede prever, las bajas del asaltante son muy elevadas, ya que no hay un fuego de cobertura por parte de la maquinaria de asedio ni se cuentan con unas máquinas de asalto de mayor eficacia. Por ello, solo se usa cuando las defensas enemigas son de poca importancia, la guarnición es escasa y sobre todo, cuando la falta de tiempo obliga a una toma rápida de la posición. Hay bastantes ejemplos de asaltos precipitados a ciudades bien defendidas (tanto en las guerras Galas como en Hispania). Un ejemplo es Gergovia34, ciudad gala defendida por Vercingetorix, en la que las tropas romanas calcularon mal tanto las defensas de la ciudad y su guarnición, y los sucesivos asaltos fueron repelidos con numerosas bajas entre los legionarios. Otro ejemplo sería el de la ciudad de Intercancia, en la que Lúculo fue derrotado en varios de sus intentos en tomar la ciudad.35 O algunos ejemplos de los primeros compases de las guerras del 150 al 133 a.C. con la propia ciudad de Numantia y los intentos de Nobilior, empleando elefantes, de sobrepasar la muralla enemiga36. Por lo tanto, como vemos, este método se reserva para pueblos y ciudades mal defendidas o con un número de defensores escasos37. Aun así, el número de bajas va a seguir siendo elevado, sobre todo porque en los combates en las murallas y almenas, la disciplina o el uso de formaciones de combate no tienen ninguna utilidad. De esta forma, el defensor, aun estando compuesto en su amplia mayoría por infantería ligera, se convierte en una tenaz combatiente tras los muros de su ciudad. 34-CÉSAR, De Bello Gallico. 35-APIANO, Historia Romana, VI, 53. 36-APIANO, Historia Romana, VI, 46. 37-En los anteriores ejemplos hago referencia a grandes ciudades, ya que en el caso de los pequeños poblados o aldeas fortificadas, no nos han llegado relatos de lo sucedido. De todos modos, lo que si se ve que el uso de este método de forma equivocada o tras una valoración poco acertada del general romano, provoca cuantiosos muertos y heridos entre sus propios soldados. 20
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Entendemos pues que si el valle del Ebro y la meseta (por no hablar de los castros que se encuentran en el Norte peninsular) están llenos de pueblos que cuentan con unas fortificaciones considerables, el método de asaltar rápidamente estos sitios para aprovechar su poca guarnición va a provocar una constante sangría en el ejército romano. De ahí a que tengan que recurrir asiduamente a los sitios y/o a asaltos más preparados, con su correspondiente pérdida de tiempo y prolongación de la guerra. 2.2.3.2.Asalto preparado Este se usa cuando urge tomar la plaza y esta se encuentra fuertemente defendida. Muchas veces solo se dispone de poco tiempo para tomar una ciudad o un puesto, y esto depende de varios factores, como por ejemplo: - La próxima llegada de refuerzos para liberar la ciudad . - La inminencia del invierno, con sus consecuentes problemas de abastecimiento y logística. - El fin del mandato consular/pretoriano del general a cargo de la campaña. Por ello, hay que recurrir a la toma de la ciudad, usando todos los medios disponibles para tal efecto. Dichos medios consisten en torres de asedio, artillería, tortugas y demás maquinaría poliorcética usada para derribar o pasar por encima de las murallas. 21 Ilustración 6. Grupo de legionarios toman al asalto una fortificación, empleando la formación en tortuga para minimizar las bajas. Fuente: http://www.artehistoria.jcyl.es/civilizaciones/obras/8791.html
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Éstas, salvo los escorpiones y catapultas más ligeras, no se transportan de un lugar a otro montadas, ya que van despiezadas en un largo tren de artillería, junto a los demás efectos personales de los legionarios. Hay que tener en cuenta que las reformas del cónsul Mario (107 a.C). aún no se han llevado a cabo, por lo que el tren de provisiones legionario y todo el bagage es muy grande y aparatoso durante esta época, siendo un problema para los desplazamientos; y a éste habría que añadirle el ya citado tren de artillería. Una vez se ha decidido tomar la ciudad, que se encuentra fuertemente defendida y/o con las suficientes provisiones como para aguantar mucho tiempo el cerco, se monta la maquinaria y se deja trabajar a los zapadores. Éstos, que pueden ser los mismos legionarios o un cuerpo aparte del ejercito, preparan las posiciones de tiro de las catapultas y balistas, tensan sus cuerdas y comprueban su puntería; montan las torres de asedio, cortando para ello madera del entorno que les rodea; aplanan y alisan la zona por donde van a ir dichas torres, ya que tiene que estar perfecta; montan la tortuga, que también requiere de la obtención de madera para su construcción, y se limpia el camino por donde ha de ir, al igual que en el caso de las torres de asedio. Y por ultimo, antes de que las heliopolis lleguen a las murallas, hay que rellenar el foso con materiales para permitir el paso de estas. Toda esta preparación ya nos demuestra la cantidad de tiempo que hay que invertir para tomar una ciudad que se encuentra bien defendida y de forma que el ejército no se desgaste mucho. 22 Ilustración 7. Legionarios romanos altoimperiales llevando a cabo un asalto. Se aprecia el como la artillería hace fuego de cobertura mientras las trompas avanzan en formación tortuga hacia ellas murallas. En la rampa de asedio se ve la construcción echa mediante troncos transversales y tierra. Fuente: http://www.elblogderadioavivamiento.com/2011/11/masada-la-fortaleza-ultimo- bastion.html
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Por lo que veremos más adelante, las murallas celtíberas e iberias no eran tan imponentes como las romanas o las erigidas siglos atrás por otras potencias mediterráneas y del Próximo Oriente. Aun con todo, estas defensas cumplen su función de forma más que probada, ya que incluso las fortificaciones más masivas y extensas caen ante la maquinaría de asedio y un ejército bien organizado. Incluso la orografía más abrupta y hostil para un asedio puede ser salvada, como el caso de Masada, en Judéa.38 No hay que olvidar que lo que defiende a una ciudad no son solo sus fortificaciones, sino principalmente sus guerreros. La muralla pasa a ser entonces otro instrumento bélico más, por lo tanto, no importa si esta es endeble en algunos puntos o tiene unas torres de reducido tamaño, porque lo que en verdad importa (dentro de unos límites) es la cantidad de combatientes que se encuentran dentro. Incluso una vez abierta la brecha, el atacante tiene que derrotar a los defensores, que se movilizaran rápidamente para taponarla, y como es obvio, siguen luchando con ventaja por el simple hecho de estar detrás de la brecha creada en la muralla y no intentando entrar, como es el caso de los atacantes. Como se puede observar, el proceso que permite asaltar una ciudad con todo el equipo de asedio, con el objetivo de asegurar la victoria y sufrir el menor número posible de bajas, es lento y tedioso. Hacen falta unos buenos conocimientos en esta ciencia y una logística insuperable para poder transportar y construir toda esta maquinaria bélica. Por tanto, requiere mucho más tiempo y preparación que el asalto precipitado, que se basa solo en puro músculo y en la superioridad numérica. Aun así, sigue siendo una vía mucho más rápida para tomar una fortificación que el sitio o el cerco, técnica empleada desde tiempos inmemoriales para rendir una ciudad. 2.2.3.3. Cerco/sitio Ésta es la técnica de toma de una fortificación más antigua y sencilla de llevar a cabo. Consiste simplemente en rodear a la ciudad enemiga, cortar sus comunicaciones y suministros con el mundo exterior y esperara a que la falta de agua, el hacinamiento y el hambre hagan su trabajo, hasta que el sitiado se rinda o se encuentre demasiado debilitado para poder así realizar el asalto. Tenemos infinidad de casos en la historia de la toma de ciudades mediante cerco. No requiere unos conocimientos muy amplios de poliorcética y las bajas sufridas son mínimas, por no decir escasas. La única pega es la cantidad de tiempo que hace falta para llevar a cabo la rendición de una ciudad. Un ejemplo de ello es Numancia, que aguantó dos años bajo asedio antes de rendirse en el 133 a.C. En este caso, Cornelio Escipión El Africano cerca la ciudad con una serie de campamentos conectados entre sí, con el objetivo de aislar Numancia del mundo exterior, y a la par, de repeler un posible intento de rescate por parte de otras tribus y combatientes. 38-S.ANGLIM, P.G.JESTICE, R.S.RICE, S.M.RUSCH. 2007. pp 210-211. 23
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Es el mismo caso que usó Julio Cesar en Alexia (52 a.C.)39 casi un siglo después. En estos cercos, los romanos no escatimaban en gastos, y como se ha podido comprobar, los muros y fuertes erigidos para esta labor no tenían mucho que envidiar de las propias defensas de la ciudad sitiada. Aún así, no solo hay que considerar el problema del factor tiempo, sino también la logística.. El mantener a todo un ejército durante el periodo de varias campañas o mandatos consulares en pie de guerra en territorio enemigo es un esfuerzo titánico que requiere de una sólida red de avituallamiento y comunicaciones con los puertos de la costa mediterránea (que es por donde vienen la mayoría de provisiones y materiales). A esto, hay que añadirle el que las tropas tienen que permanecer en campamentos provisionales el duro invierno meseteño, empeorando las condiciones del legionario debido al hacinamiento, minando su moral y fomentando la aparición de enfermedades de diversas enfermedades. Uno de los ejemplos el asedio de Palantia por Emilio40 Por todo ello, plantear el cerco de una ciudad que dispusiese de muchas provisiones era algo que no se podía tomar a la ligera, debido al alto coste en dinero y recursos destinados únicamente para la toma de una única ciudad. Pero cuando se trata de una ciudad como es el caso del de una metrópoli donde se atrincheran miles y miles de defensores tras unos muros sólidos, erigidos la mayoría de las veces en unas posiciones elevadas (y muchas veces complementados con barrancos naturales o fosos) y con suministros para aguantar durante mucho tiempo, es casi obligado proceder al sitio de la ciudad si no queda más remedio. 39-CÉSAR, De Bello Gallico. Libro VII, XXXVIII-XLVI. 40-APIANO, Historia Romana, VI, 81-82. Al prolongarse el asedio a la ciudad, hubo diversos problemas con la llegada del invierno y la falta de alimentos, por lo que hubo que levantar el sitio y emprender una estrepitosa retirada. 24 lustración 8. Reconstrucción del cerco que se construyó para sitiar Alexia durante las guerras de las Galias. Fuentes: http://diariodelahumanidad.blogspot.com.es/
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Dicho método, simple pero efectivo, no fue muy usado en un principio por los primeros cónsules y pretores que buscaban la fama y la fortuna rápida mediante la guerra y sus respectivos botines. Debido a la caducidad de su imperium41 y de lo costoso en tiempo que era conseguir rendir una ciudad por hambre, estos cargos no tenían predilección por esta práctica. Como ya he mencionado antes, prefieren el asalto rápido con la esperanza de pillar sorprendido al defensor y conquistar la ciudad, o mediante engaños y falsas promesas conseguir el desalojo de la fortaleza. Probablemente, una guerra de sitios más exhaustiva desde un principio habría ahorrado décadas al conflicto. Es normal pensar que los celtíberos, al ver como los romanos no conseguían conquistar numerosas ciudades tras varios intentos y con diferentes cónsules, pensasen en la efectividad de una defensa a ultranza contra el invasor, aumentando así la combatividad de estas gentes. Pero como nos enseñó la historia, la toma de una ciudad que parecía inexpugnable mediante este método, acabó con la guerra rápidamente. Si estas ciudades hubiesen sido conquistadas antes mediante estos métodos lentos y exhaustivos, la cosa habría ido más rápida para los romanos. 2.3. Escaramuzas y guerrilla Tradicionalmente, se ha pensado que la guerra de guerrillas es la que ha puesto en jaque al ejército romano durante sus campañas en el territorio peninsular. Pero si analizamos la metodología romana de avance por el territorio enemigo, asegurando sus rutas de suministros con campamentos y puestos fortificados (o ciudades aliadas), vemos que esta guerrilla, entendida como tal, no tenía muchas posibilidades de triunfar. Esta mitificación de la guerra de guerrillas es posible que venga de la construcción de los mitos españoles de Numancia y la guerra de Independencia durante el periodo de Isabel II en el XIX hasta el Franquismo, donde se hacía énfasis en la habilidad guerrillera del patriota español. Aun con todo el proceso mitificador del XIX sobre la guerrilla y su labor fundamental durante estos conflictos, estas si que se dieron y sus actuaciones cobraron fuerza y eficacia en los momentos en que los romanos se encontraban mal dirigidos, en retirada, en inferioridad numérica o desmoralizados. Una alternativa más apropiada a la de guerra de escaramuzas, podría ser la de Guerra de Movimientos. Por lo general, una escaramuza siempre suele hacer referencia a combates de escasa importancia y con poca participación de tropas. Sin embargo, aquí, se dan “escaramuzas”, o mejor dicho, combates o emboscadas con soldados que superan el millar por bando. Un ejemplo serían los enfrentamientos que se producen cuando un bando sale a forrajear (salir al campo a por víveres, forraje para los animales, etc.) y son sorprendidos por tropas enemigas. Este es uno de los casos más típicos que encontramos en las guerras celtíberas. Es en este tipo de luchas en las que participan de forma activa la caballería e infantería ligera celtíbera, donde éstos tienen mayor ventaja frente a Roma. Esto se debe a que rara vez les da tiempo a los legionarios a formar una unidad compacta ante una emboscada, o a que no han salido con todo 41-APIANO, Historia Romana, VI. Se cita de forma recurrente el fin de las campañas militares debido a la expiración de los mandatos consulares y el imperium en la península por parte de los magistrados/generales. 25
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ De dicha forma, los defensores se aseguran que tendrán durante más tiempo expuesto al enemigo, ya que no podrá organizar bien un muro de escudos para proteger su propio avance hacia la muralla. Por lo general, para evitar este tipo de obras defensivas, los romanos cuentan con un cuerpo de zapadores (que a veces son los mismos legionarios que luchan en primera linea) que se encargan de rellenar los fosos, preparar los manteles o neutralizar los campos de estacas que rodean una fortificación. Pero retirar una piedra de gran peso que se encuentra parcialmente enterrada en el suelo no es como rellenar un foso con ramas y arena, o quitar un campo frisio hecho con postes. Esto lleva mucho más tiempo, y si se los zapadores se encuentran bajo fuego enemigo, es incluso aún más complicado, por no decir peligroso. Analizando todo esto, nos damos cuenta de que la combinación de infantería ligera junto con las diversas obras defensivas (tanto murallas y torres como campos frisios) permiten a los emplazamientos celtíberos (incluidos los de menor entidad) hacer frente a un asalto precipitado romano, a menos que este quiera provocar una sangría entre sus propias filas. Es por ello, que ante estos casos, la disposición de la maquinaria de asedio de tiro (comúnmente conocida como artillería) por parte del romano le permite tomar estos emplazamientos reduciendo de forma considerable las bajas entre sus soldados. Ésto se debe a que la artillería tiene bastante más alcance que las armas de proyectiles de los defensores y puede ir derruyendo una sección de muralla poco a poco, o ir limpiando de defensores las almenas mientras los legionarios la toman al asalto (evitando así el fuego defensivo de los celtíberos). 32 lustración 11. Formación romana en tortuga o testudo. Fuente: http://historiasdelahistoria.com/2012/04/26/losanimales-en-las-legiones-romanas/
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Ilustración 12 y 13. Artillería romana, ballista (lanza piedras) y catapulta (lanzavirotes). Fuente:http://egiptoaroma.blogspot.com.es/2010/02/maquinas-de-guerra-en-la-antiguedad.html Por consiguiente, el general romano tiene que perder un tiempo considerable en tomar una plaza si no quiere perder muchos de sus hombres en el intento; y teniendo en cuenta lo limitado del mandato sobre el ejército (un año) o del poco tiempo climatológico proclive para la guerra (primavera y verano), el tiempo es oro para las legiones romanas, sobre todo si nos encontramos ante un clima tan duro como lo es el meseteño. Tras esta explicación de la simbiosis entre infantería ligera y muralla, observamos el cómo ésta es la que permite al combatiente indígena plantar cara al invasor romano con el objetivo de ganar tiempo, ya sea hasta la llegada del crudo invierno, esperar a que se forme un contingente de rescate, o simplemente desgastar al enemigo en una guerra de posiciones; Y el hecho de que la mayoría de su infantería sea ligera, lejos de hacer más endeble la defensa de estos enclaves, lo que hace es potenciarla. De este modo, la muralla de una ciudad pasa de ser el último recurso de un desesperado defensor a una herramienta útil e imprescindible dentro de una estrategia de hostigamiento y acoso a las columnas romanas que se adentran en la celtiberia. 33
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 3. COMBATES Y FORTIFICACIONES SEGÚN LAS FUENTES CLASICAS Las fuentes romanas no arrojan mucha luz, por no decir casi ninguna, sobre las fortificaciones de los celtíberos y sus diferentes tipologías. Obviamente, esta carencia de información se debe, entre otras cosas, a que se han perdido la mayoría de las fuentes que hacen referencia a Hispania durante las guerras celtíberas. Mientras que sobre las Galias encontramos la extensa obra de Julio Cesar52, en Hispania, se ha perdido casi por completo la información que hace referencia a los conflictos desde el 200 a.C. hasta las vísperas de la Guerra Social en el 88 a.C. Salvo algunos extractos del historiador griego Polibio, todo son fuentes indirectas que, en algunos casos, nos llegan distorsionadas. Ello se debe a que dichos autores nunca han estado en Hispania, o que escriben varios siglos después de que los hechos hayan acaecido. Un breve repaso por las fuentes disponibles ayudará a comprender esta ausencia de información: 3.1. Polibio Este historiador griego (Megalópolis,Grecia. n.200 a. C.-118 a. C), que tras la derrota de Grecia durante su enfrentamiento con Roma, es enviado como esclavo a ésta, donde entra a trabajar para Escipión. Este último será el posterior célebre conquistador de Numancia en el 133 a.C. Por ello, cuando este general parte hacia Hispania, se lleva a un séquito de compañeros y amigos, estando Polibio entre ellos. De esta forma el historiador griego va a conocer de primera mano los hechos acaecidos durante la última fase de las guerras celtíberas, siendo esta la más activa y que concluye con el cerco y derrota de la capital de los Arévacos. El método histórico de Polibio es bastante rigurosos y eficaz si lo comparamos con otros de su época, y si a esto le sumamos que el estuvo presente durante los hechos acaecidos, nos es la fuente más fiable y veraz. Y no sólo para el cerco de Numantia, sino a la hora de obtener testimonios de eventos anteriores y posteriores. Hay que considerar que este griego pudo conocer a los participantes o a sus descendientes de los diferentes conflictos militares que se dan desde el siglo III a.C. hasta finales del II a.C. La desgracia de esta fuente se debe a que se han perdido la práctica mayoría de sus pasajes que hacen referencia a Hispania durante este periodo. Directamente de él solo encontramos información sobre la toma de Cartago Nova por parte de Escipión (como acontecimiento histórico más cercano a las guerras Celtíberas), y la embajada que envían diferentes etnias celtíberas a Roma durante el conflicto con Segeda a mediados del siglo II a.C. 52-CÉSAR, De Bello Gallico. Ésta, aunque manipulada por el propio escritor, sigue siendo muy útil como elemento antropológico y descriptivo de la Galia durante la conquista. 34
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Aun con todo, en los relatos donde aparecen ciudades amuralladas, las descripciones sobre estas son muy escuetas. La mayoría de las veces hace referencia al tamaño de la ciudad (medido en hectáreas) y consistencia de sus murallas; siendo esta última descripción muy peregrina, ya que en el mejor de los casos, indican su “potencia”, siendo un término bastante subjetivo. Se podría decir que cuando se hablan de las murallas, se habla de si son fuertes o no, pero no de su tipo de construcción, altura, etc. En algún caso encontramos la existencia de una acrópolis dentro de la ciudad, que sólo es citada si las condiciones del relato así lo requieren. Por ejemplo, si los defensores se han retirado a la acrópolis y la batalla continúa desde ahí. La única mención de la que hacen referencia las fuentes aparte de la existencia de una muralla o no en la ciudad, es la de los fosos. También en algunos casos encontramos la cita a la existencia o no de estos elementos defensivos, que van siempre (o casi siempre) de la mano de las fortificaciones de cierta entidad. Para poder llegar a él, hay que buscarlo en otros autores que a su vez, hayan usado su obra para poder escribir en lo referente a Hispania durante esta época. 3.2. Tito Livio Padua 59 a.C.-Ibidem 17 d.C. De este autor, todo lo que nos ha llegado está muy fragmentado, con escaso valor académico, salvo por el hecho de que compara una fuente con otra y contrasta datos, fechas y hechos. Posidonio y Polibio son sus principales fuentes a la hora de hablar de los siglos III y II a.C. en Hispania. Aun con todo, incluye considerable información sobre la campaña que lleva a cabo Cayo Sempronio Gracco en el 181-180 a.C, y en parte sobre la llevada por Fulvio Flaco un año antes. De esta información que nos da Tito Livio, podemos observar claramente el cómo los celtíberos usaban diferentes construcciones poliorcéticas fuera de la propia ciudad o el aprovechamiento de ciertos emplazamientos clave para lanzar sus emboscadas.53 En los casos que se nos cita, uno de ellos es el bloqueo de un valle por donde va a pasar Fulvio Flaco de vuelta hacia sus cuarteles para entregarle el ejército a Gracco.54 De esta cita, queda bien claro el que los indígenas dedican días a preparar la emboscada. Es de suponer que levantaron algún tipo de empalizada con estacas, pero viendo que en la cita se habla de un “ataque sorpresa”, es lógico pensar que cualquier tipo de construcción defensiva habría alertado a los romanos. Pero lo que me interesa de este pasaje, es el hecho de ver cómo los celtíberos van acumulando tropas en esta posición de emboscada, y como obviamente, deberían de tener algún punto logístico cercano (una aldea o poblado fortificado) donde ir almacenando suministros para toda la tropa que pasa largo tiempo guardando el acantilado a la espera del enemigo. 53-LIVIO XL, 30-32. Mención de empalizadas a la hora de construir campamentos y/o defensas antes de una batalla. 54-LIVIO XL, 39-40. 35
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Obviamente, dicho pasaje también nos demuestra el conocimiento táctico de los celtíberos en el reconocimiento de qué puntos orográficos son los más indicados para tender una emboscada. Obviamente esto nos indica que los indígenas conocían las rutas de paso y tendrían conocimientos estratégicos a la hora de decidir donde colocar fortificaciones para vigilar al enemigo o bloquear el movimiento de sus tropas. El otro dato que nos da esta obra, y que se va a repetir en varias fuentes, es el uso de campamentos fortificados por parte de los ejércitos indígenas. Su principal función es alojar un ejército entero con todo su bagage y no para el caso de agrupaciones menores o escuadrones de caballería que se mueven por el territorio. Son grandes campamentos “de campaña” por llamarlos de una forma, en los que se guarecen las provisiones de todo el ejército. Y no solo eso, sino que es un lugar en el que esperar de forma segura hasta que el enemigo plante batalla campal. También permite defender los suministros durante la batalla de los ataques que provengan por la retaguardia , maniobras de flanqueo o incluso en ultima y desesperada instancia, para guarecer a las tropas en retirada tras una derrota en la batalla campal, como se ve en diversos pasajes durante las campañas de Fulvio Flaco y Graco a principios del siglo III a.C.55 Por ello, estos campamentos tienen que estar mínimamente fortificados, con algún sistema defensivo, y en esta fuente nos lo deja claro; éste está defendido por una empalizada, aunque no nos deja clara su naturaleza. Es fácil suponer, que como la amplia mayoría de éstas, se componga de elementos obtenidos del propio terreno donde se acampa, como troncos/estacas, terraplenes de tierra y puede que algún foso (creado por el negativo tras extraer la tierra para el terraplén).56 Lo que nos demuestra ésto es que el ejército celtíbero necesita de un o unos lugares defendidos donde poder almacenar sus suministros cuando se mueve en grupos considerables, y sobre todo, el conocimiento y uso de estos sistemas defensivos de campaña (o de emergencia), que los podrán aplicar a otras posiciones o enclaves que les interesen defender. Siguiendo con las conquistas de Graco, hay un pasaje durante el sitio de la ciudad de Cértima en el que se hace referencia el uso de señales de fuego por parte de los defensores de dicha ciudad para comunicarse con sus aliados.57 Este hecho nos parece de suma importancia, ya que corroboraría mi hipótesis de que los oppidiums y sus castros o poblados asociados mantendrían un control visual total o parcial del territorio comunicándose entre si de este modo. En dicho caso, el fuego es encendido en las torres de la ciudad, obviamente, porque estas son los puntos más visibles de ésta; y si lo asociamos como veremos más adelante con las evidencias arqueológicas de la existencia o aparición de torres aisladas dentro de poblados celtíberos durante el siglo V-IV, correspondiendo con el auge de los oppidiums, es más que posible pensar en un sistema de señales entre enclaves pertenecientes a un mismo grupo. 55-LIVIO XL, 16,4-50. 56-LIVIO XL, 30-31. 57-LIVIO XL, 47-48. 36
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 3.3. Apiano Historiador griego, (Alejandría, Egipto 95 d.C.-165 d.C.) De él encontramos información escueta sobre los hechos anteriores a Numancia, provenientes de Polibio Tito Livio y Posidonio. No hace excesivo hincapié en estos hechos, existiendo grandes saltos temporales a su conveniencia. Aun así, sobre acontecimientos que tuvieron mucho impacto en Roma como la revuelta de Viriato y la guerra contra Numancia, podemos encontrar extensa información, narradas detalladamente. Aunque para este trabajo Viriato no nos interese, sus citas sobre el cerco de Numancia son bastante interesantes, con muchos detalles sobre la forma de proceder militarmente de los romanos (sobre todo, al final del conflicto, con la llegada de Escipión). Aun con todo, las referencias a los celtíberos, o mejor dicho, a su sistema defensivo, es muy escueta e irrisoria si la comparamos con el amplio detalle que dedica a las fortificaciones de asedio romanas. De los pasajes sobre Graco, vemos como al hablar de Complega, comenta que se trata de una ciudad “bien fortificada”, sin hacer ningún otro tipo de especificación. 58 Por ésto, se podría suponer que existen ciudades poco fortificadas y otras con una defensa óptima. Es posible que las que se encuentran poco fortificadas hagan referencia a los castros o pueblos con cierta entidad defensiva. Ya deja claro Tito Livio, en su relato sobre Gracco, que éste se dedico a saquear una serie de pueblos fortificados, y que posteriormente se dirige a una ciudad (Munda59). Dicho pasaje ya nos remarca la diferencia entre ciudad amurallada (oppidium), y pueblo amurallado (castro), siendo las defensas de este último en la mayoría de los casos de menor potencia, tamaño o complejidad. A la hora de tratar sobre Numantia, de lo poco que nos arroja luz sobre la poliorcética celtíbera es que la muralla, al menos, tenía una altura mínima eficaz, que le permitió a uno de los defensores tirar una piedra a la cabeza de un elefante africano60. Viendo que estos miden entre 3 y 3`5 metros, es de suponer que la muralla mida un mínimo de 4 metros, que sumándole la altura de un defensor (y descontando la propia altura de las amenas), se podría situar claramente a este a una distancia de 5 metros desde su cabeza hasta el suelo. Esta altura es más que suficiente como para considerar una muralla efectiva frente al invasor, aunque tampoco se pueden comparar con una construcción altoimperial, ni que decir con otra tardorromana. La muralla de la capital arévaca podría ser más alta que lo expuesto anteriormente, pero tampoco mucho más, ya que si no, no tendría sentido enviar a los elefantes a atacar la muralla. Al igual que la caballería nunca es enviada a tomar las murallas, debido a su total ineficacia, con los elefantes pasaría lo mismo, al menos claro que el tamaño de éstas sean como ya he dicho no muy grandes, y permitan al animal atacar con su trompa a los defensores y sobre todo, a los propios jinetes (que al encontrarse encima del castillo que porta el animal, podrían atacar con lanzas largas o con jabalinas desde una posición privilegiada). 58-LIVIO XL, 31-50. 59-LIVIO XL, 47-48. 60-APIANO, Historia Romana, VI, 46-47 37
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Sobre los acontecimientos en Cauca y de Intercancia61, acaecidos durante el consulado de Lúculo (151 a.C.), durante el relato Apiano escribe que las murallas de dichas ciudades tienen un tamaño considerable y los legionarios necesitan usar maquinaria (o mejor dicho, construcciones de asedio) para poder entrar en la ciudad. En este caso, se trata de una rampa de asedio, que podría ser similar en morfología y función a la usada por los romanos durante el asedio de la ciudad gala de Avaricum por Julio Cesar62. En la narración de la campaña de Cecilio Metelo (143 a.C.)63, ya se nos habla de que los indígenas obstaculizan un valle de acceso a Numancia mediante empalizadas y zanjas. Otra vez, podemos observar las capacidades de los celtíberos de bloquear caminos y controlar el territorio mediante construcciones poliorcéticas. También encontramos un hecho similar a finales de la campaña de Nobilior, en la que unos jinetes celtíberos aliados de Roma son emboscados por los Numantinos durante su aproximación al campamento romano, demostrando otra vez el control que los nativos ejercen sobre el territorio.64 En la campaña contra Quinto Pompeyo (141 a.C.)65, se nos muestra otra vez el cómo los indígenas acosan al ejercito romano, atacando a sus elementos dispersos, y sobre todo; atacando frontalmente o abiertamente a las tropas romanas en cuanto éstas están mermadas, ya sea por cansancio, falta de alimentos, enfermedad, etc. 61-APIANO, Historia Romana, VI, 50-55. 62-CÉSAR, De Bello Gallico. Libro VII. 63-APIANO, Historia Romana, VI, 76-77. 64-APIANO, Historia Romana, VI, 46-48. 65-APIANO, Historia Romana, VI, 76-79. 38 Ilustración 14. Asalto a la ciudad de Avaricum. Se aprecia la rampa de asalto construida por los legionarios. Fuente:http://www.encyclopediebourges.com/avaricumbat.htm
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Durante un segundo intento de Quinto Pompeyo de asediar Numancia y proceder a cercarla, los numantinos salen rápidamente para atacar a una parte del ejército que está llevando a cabo las labores de zapa, a la par que impiden que lleguen los refuerzos romanos, apostando unidades en el camino66. Se alterna con el ataque constante a los contingentes romanos que se dispersan o separan del campamento para llevar a cabo acciones de forrajeo y avituallamiento. En este caso, la propia proximidad de la ciudad sirve de cuartel general para los guerreros celtíberos, pero es fácil presuponer que existirían puestos avanzados más allá del oppidium, desde donde podrían acosar de todos los lados a las tropas de Quinto Pompeyo. Si con Cecilio Metelo ya había zonas de paso bloqueadas mediante guarniciones y construcciones defensivas, es fácil que se encuentren otras por otras zonas circundantes al cerro de Garray, y que sean usadas por la caballería celtíbera para sus labores de acoso. Es importante remarcar que si este contingente de caballería tuviese su base de operaciones en la propia ciudad, que estaba siendo cercada (por lo tanto, intensamente vigilada), sus salidas y entradas serían claramente visibles para los romanos, pudiendo alertar a sus contingentes más separados del núcleo principal de estos movimientos. Pero, si esta se sitúa en un lugar más alejado del epicentro de los combates, sus movimientos pasan desapercibidos y sus ataques van a contar la mayoría de las veces con el factor sorpresa. Volvemos a encontrar en este intento romano de acabar con Numancia el cómo las legiones pierden la total iniciativa, siendo acorraladas en su campamento (imposibilitadas para su avituallamiento en condiciones y siendo acosadas constantemente), y es en esta situación cuando los combates se acercan cada vez más y más al campamento romano; demostrando la táctica de desgaste indígena y el como saben apreciar la situación de su enemigo, discerniendo cuándo es débil y cuándo es fuerte.67 En lo referente al general Mancino y su campaña (137 a.C.)68, se nos relata el cómo es derrotado de forma tan humillante que tiene que firmar un pacto en igualdad de condiciones con los celtíberos. Mancino presenta un sinfín de problemas durante su intento de someter a Numancia, y al final, es acorralado y perseguido. Otra vez, los soldados Arévacos vuelven a usar las mismas tácticas de acoso, cortar los suministros, atacar por partes a las legiones romanas y finalmente, emprender la persecución del enemigo en retirada, debilitado y enfermo. De la información que se nos da por parte de Apiano sobre Bruto69, lo más destacable es que este cónsul se prepara para tomar Palantia, y como tiene unas fortificaciones considerables, necesita almacenar trigo y provisiones (ya que va a ser un sitio largo) y sobre todo, la necesidad de tener que crear maquinaria de asedio para esta empresa. 66-Idem. Se menciona durante la campaña de Pompeyo varias veces el cómo los suministros o los refuerzos son emboscados y atacados en sucesivas ocasiones, volviendo a demostrar el control sobre el territorio y el movimiento de continentes militares importantes capaz de emboscar y vencer a una columna romana de aprovisionamiento, que para llevar el suministro para todo un ejército de unos 30.000 infantes y aproximadamente 2000 jinetes, debería de ser importante y considerable. 67-Idem. 68-APIANO, Historia Romana, VI, 80-82. 69-APIANO, Historia Romana, VI, 82-83. 39
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Al final, las provisiones escasean y el acoso de los Palentinos impiden su adecuado aprovisionamiento, obligando a posteriori a que las tropas de Bruto y Emiliano se tengan que retirar de sus posiciones hacia los campamentos de invierno de forma penosa, rozando el desastre. El que no les diese tiempo a preparar las maquinas de guerra o realizar el asalto, nos demuestra la cantidad de tiempo que hace falta para prepara el sitio y el consiguiente asalto a una plaza bien fortificada y guarecida. Este dato refuerza la idea de lo lenta que puede llegar a ser la guerra en un territorio extensamente fortificado. Finalmente, donde más información encontramos de Apiano en lo referente a estas guerras, es sobre el cerco llevado a cabo por Escipión de la capital Arévaca, Numancia (133 a.C.)70 En teoría, al prestar mucha atención a este acontecimiento, deberíamos obtener mucha información sobre la propia ciudad indígena. Pero tristemente, apenas se nos cuenta nada sobre ella, centrándose el autor en exclusiva en las acciones llevadas a cabo por el general romano. Pero aun así, viendo todo lo que llevaba a cabo Escipión, se nos confirman las tácticas y métodos de combate de los indígenas. Esta confirmación la obtenemos debido a las siguientes medidas llevadas a cabo por el general romano con el claro objetivo de contrarrestarlas: –Avanzar con todo el ejército en un solo grupo, sin dividir las tropas en contingentes pequeños que puedan ser separados y atacados aisladamente. –Forrajear con todo el ejército al mismo tiempo, dividiendo la tarea en grupos de protección y grupos de recolección. –Asegurarse un gran número de ciudades y posiciones fortificadas en las inmediaciones de Numancia, donde guardar alimentos, suministros, y sobre todo, aumentar el control del territorio de la zona colindante a la capital Arévaca. –Cercar toda la ciudad con el objetivo de impedir cualquier tipo de auxilio, y a su vez, llevar a cabo la creación de un muro exterior de cara a impedir la llegada de refuerzos, como el llevado a cabo durante el cerco de la ciudad gala de Alessia medio siglo más tarde. De todo esto podemos observar que el ejército romano está llevando a cabo una estrategia que está destinada única y exclusivamente a contrarrestar el método de guerra indígena: –Les impiden moverse libremente por el territorio al encontrarse éste controlado fuertemente por las legiones romanas al asegurarse el apoyo de diversas ciudades nativas. Esta es quizás la más importante, ya que si se priva a los soldados celtíberos de su movilidad y control del territorio, cualquier posibilidad de ganar la guerra se desvanece. Ni pueden entorpecer el avituallamiento romano, ni tampoco pueden mover tropas secretamente para atacar sorpresivamente a su enemigo. 70-APIANO, Historia Romana, VI, 84-98. 40
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ –Concentran todas sus tropas en un mismo punto, a sabiendas de que los celtíberos no pueden llevar a cabo un combate frontal (o batalla campal) en igualdad de condiciones contra los legionarios. –Impiden el apoyo entre ciudades, aislando completamente la ciudad que va a ser atacada. –Se llevan a cabo las labores de forrajeo y recolección de alimentos en grandes grupos de soldados, evitando cualquier tipo de emboscada exitosa. Por lo tanto, en un solo año, Numancia es derrotada (y con ella, todo un símbolo de oposición a Roma), y así se podrá proseguir sin mayores complicaciones en la conquista de la Celtiberia. 3.4. Estrabón Sobre Estrabón (Ponto 64 o 63 a.C.–19 o 24 d.C.) no encontramos apenas información útil para este estudio. Casi toda la información que aparece en su obra es de carácter etnográfico, y obviamente, se nos muestra desde la visión de un romano y su propio criterio sobre lo que es la barbarie y la civilización.71 Esto no nos produce ningún problema serio si nos atenemos a un filtro para no tomar al pie de la letra todo lo relatado. Aun con todo, el problema que se nos plantea con Estrabón es que bebe en gran parte de Polibio (que sí que estuvo en Hispania y fue contemporáneo de los hechos acaecidos, a diferencia de este otro)y nos aporta muy poca información util. De todos modos, se pueden aprovechar las siguientes afirmaciones o apuntes: –En una de sus citas, hace referencia a la pobreza de las tierras (principalmente en la zona de la Lusitania) y cómo obliga este hecho a que un determinado colectivo tenga que dedicarse a la guerra y al bandidaje. Por bandidaje, habría que entender mejor de rapiña y razzias, dentro de un contexto de tierras fronterizas y de guerra constante. También menciona la fortificación de los poblados y al estado de guerra constante entre los vecinos. De este modo, se nos confirma que estas gentes forman una sociedad en constante estado de guerra, siendo algo habitual y a la vez una parte intrínseca a su cultura, religión y jerarquía social.72 –La alusión a la falsedad del pasaje de Gracco sobre la conquista de las 300 ciudades celtíberas. En esta cita, lo que hace Estrabón es indicar que las 300 ciudades tienen que ser falsas, ya que demográficamente no cabe tanta gente en el territorio al que se hace alusión.73 El autor habla de que es normal que los historiadores, para congraciarse con el personaje en cuestión, exageren las historias o las aumenten sin “ningún tipo de vergüenza”. Pero lo que principalmente remarca es que este número de emplazamientos, salvo unos pocos, serian en su amplia mayoría aldeas, poblados y castros. De esta forma, podemos observar el cómo la geografía del valle del Ebro y la meseta norte estaría plagada de pequeños asentamientos, 71-ESTRABÓN, Geografía, III, 4, 13-20. 72-ESTRABÓN, Geografía, III, 4, 13-17. 73-ESTRABÓN, Geografía, III, 4, 13. 41
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ A la hora de hablar de estos grandes asentamientos que organizan el territorio, es indispensable tratar el tema de la organización social de los celtíberos. 4.1. Estructura Social y política Bajo el término de etnia podemos encontrar diferentes formas de agrupaciones humanas que podemos dividir a partir de criterios políticos en dos clases: - Según se originen en una estructura pre-estatal. - Dentro un estado. Cuándo analiza este tema, A.Ruiz propone denominar a las primeras etnias primarias o parentales, y a las segundas, secundarias o estamentales. Cada uno de estos bloques agrupa entidades diferenciadas.86 Es característico de las etnias primarias una organización política y tribal. La antropología nos ha demostrado que presentan grandes variaciones entre dos extremos: en el interior, las sociedades tribales segmentarias, acéfalas en su poder político; y en el superior, las que alcanzan el grado de cacicato o jefatura, que implica una estructura jerarquizada del territorio, con la aparición del “no productor”, lo que las sitúa en un punto de transición al segundo bloque87. Las etnias de tipo secundario surgen como elaboración ideológica de una conciencia de grupo vinculada a la aparición del estado. La existencia de éste implica, con la institucionalización de la autoridad, la desaparición por los vínculos territoriales, bien por nacimiento bien por residencia. Un estado puede gestarse en el proceso evolutivo de una única etnia, pero también aglutinar a varias de ellas. En cualquiera de los casos, si perduraron identidades ya existentes, como el nombre o ciertos elementos culturales, lo harán con una nueva estructura política. La existencia de un poder centralizado dará lugar a que desde él se reinterpreten o se generen elementos que den identidad al estado. La desaparición de éste, caso de una conquista, puede dar lugar a la perduración de su etnicidad y a una reivindicación o no de su antigua estatalidad y, por lo tanto, independencia. Si un estado engloba varias etnias de origen tribal, y éstas continúan en su identidad diferenciadora, se creará un conflicto al encontrarnos ante organizaciones sociales contrapuestas, en las que el estado no se configura como la suma de entidades de menor categoría. Las entidades étnicas pueden emerger en momentos de debilitación del poder central reivindicando volver a su anterior organización o acceder a su propia organización estatal. Debemos a los escritores clásicos el nombre de una serie de etnias que, en menor o mayor grado, la historiografía actual ha identificado con los celtíberos. A diferencia de este grupo étnico, el nombre de estas etnias no corresponde a una invención externa, sino a una aparente traducción del que empleaban los propios indígenas. Y aunque éste ha podido emanar de la autoconsciencia del 86-F.BURILLO MOZOTA. 1998. pp 144-145. 87-Idem. 48
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ propio grupo o ha podido surgir de la denominación de otros indígenas vecinos, lo cierto es que debe aceptarse como una realidad existente por cuanto nos lo han transmitido los romanos que entraron en contacto con ellas.88 Las etnias celtibéricas pueden considerarse entidades de carácter supraestatal dado que aglutinan diferentes ciudades-estado. Todas las fuentes disponibles concuerdan en mostrar que es la ciudad y no la etnia la responsable del ordenamiento político de la sociedad celtibérica. El problema es determinar las relaciones que se establecen entre estos dos ámbitos, el de la ciudad y el de la etnias. Dado que no existe un estado Arévaco o Belo, y menos un estado celtibérico, debieron existir unos rasgos sociales de identidad étnica que no anulaban los propios del estado político que representaba la ciudad, ya que ello implicaría la desaparición de éste ante otro de orden superior. Un nivel de organización política estatal no implica pues, la existencia de un estado centralizado identificado con la etnia. En el caso de los celtíberos ocurre lo contrario, ya que las nuevas unidades políticas atomizan el territorio. Esto nos lleva a ver claramente que las distintas etnias como Belos, Titos, Lusones, Arévacos, etc., no son estados, sino un denominador común cultural. Siendo la organización política más grande el propio oppidium o polis, es normal que existan numerosos conflictos territoriales y/o económicos entre esta multitud de estados. Y por ende, Roma se aproveche de ello para su conquista de la celtiberia, mediante alianzas y pactos con unos, a la par que hacía la guerra con otros. Aun con todo, si volvemos al momento en el que todavía no existen estos grandes oppida o polis que organizan el territorio, y nos centramos en estos primeros castros o poblados, podemos encontrar el motivo primigenio de la aparición de las murallas (independientemente de la situación o tamaño del enclave), y este es el de defender a un grupo poblacional respecto a los ataques y saqueos de otro; pero no solo estamos hablando de la defensa del grupo, sino también de sus recursos, bienes y pertenencias. Y es aquí donde radica una de las particularidades de la sociedad celtíbera: la concentración de los pocos recursos de los que dispone el territorio en los poblados y ciudades, para evitar que los vecinos se hagan con ellos mediante saqueos y razzias. Es importante remarcar que entre finales de la Edad del Bronce y principios de la Edad del Hierro, existe un aumento demográfico considerable en la región, llevando al crecimiento de las comunidades o poblaciones, que empiezan a chocar entre sí al acercarse las fronteras, y sobre todo, al ejercer una mayor presión sobre el medio. Si observamos la Celtiberia, vemos que salvo algunos casos, se trata de una tierra bastante pobre, con unos recursos muy limitados (baja calidad de la tierra, bajos índices de precipitaciones, escasez de yacimientos de metales preciosos, etc.); aunque en el valle del Ebro esta pobreza de la tierra se atenuá, favoreciendo la economía agrícolas. Por eso mismo, un número elevado de ciudades que se sitúan en esta zona se encuentran en el llano, en la zona de cultivo, para poder controlarlos. Esto desemboca en unos sistemas defensivos menos importantes, en gran parte debido a la imposibilidad de situar el asentamiento en una posición elevada y crear una sistema defensivo 88-F.BURILLO MOZOTA. 1998. pp 145. 49
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ potente. Un ejemplo podría ser el poblado celtíbero que se encuentra en Laguardia (Álava) o el oppidium de Segeda (aunque esta última, contaría con unas murallas de gran entidad debido a su condición de ciudad-estado). Tras un breve repaso de los tipos de actividades económicas que se dan en la celtiberia, podríamos decir que en la zona de la meseta predomina el pastoreo y el cultivo de secano. El tanden de cultivo de secano y ganadería, en mayor o menor medida uno de los dos elementos respecto al otro, conforman el principal medio de vida de estas gentes. En las viviendas de los poblados, se ve como aparecen las dos actividades muy asociadas como sustento familiar, con espacio para almacenar grano y ganado en una misma casa Como una variante a este tipo de economía, en la zona del sistema central, se van a concentrar pequeños oppida y otros asentamientos de menor importancia, que seguramente, su principal medio de vida sería la minería, relacionada en un principio con el hierro. En una sociedad como la indígena, en la que el estado de guerra con los vecinos era en muchos casos constante, el control de las fuentes metalúrgicas es primordial para la fabricación de armas. Más allá de los utensilios bélicos, también hay que tener muy en cuenta el uso de hierro para la construcción de aperos del campo, de los que existen evidencias en un sinfín de yacimientos arqueológicos. Y no solo eso, sino en el mundo de la artesanía, el bronce y el oro debían de ser fundamentales. Por todo ello, existen esta serie de castros o poblados fortificados con el objetivo de dedicarse a las labores de minería y vender posteriormente estos materiales a sus vecinos a cambio de comida u otros bienes89. Obviamente, esta acumulación de metales (tanto preciosos como estratégicos) en un solo emplazamiento provoca celos y envidias de sus vecinos fronterizos, por lo que han de estar también protegidos mediante un sistema poliorcético adecuado. En estas zonas de la meseta y de la sierra, donde la vida es más difícil debido a las condiciones climatológicas y sobre todo geológicas, es donde encontramos las fortificaciones más importantes, pero sobre todo, la disposición de estos emplazamientos en lugares elevados, para maximizar sus posibilidades defensivas. Por lo tanto, conforme las sociedades se van asentando en un punto u otro para su explotación económica, van a buscar un lugar donde poder guardar sus bienes y recursos de forma segura ante los ataques de posibles enemigos. Estos ataques, que debieron de ser muy comunes, vienen dados por tres motivos: 89-F.BURILLO MOZOTA. 1998. pp 216-222. 50
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 4.2. La escasez de tierras y su desigual reparto Debido a la pobreza de una considerable parte de las tierras de la celtiberia, tanto para su pastoreo como para la agricultura, existen problemas endémicos de escasez de alimentos, sobre todo en los periodos de crecimiento demográfico. Ya sea porque una considerable porción de las tierras han ido siendo acaparadas por la aristocracia o son de baja productividad, esto obliga a un importante sector de la población a dedicarse a la guerra para paliar el hambre o complementar una exigua economía. Si a esto le sumamos el constante crecimiento demográfico de una sociedad en expansión como la celtíbera y la consecuente presión sobre el medio, estos males se acentúan más. Desde la Edad del Hierro hasta la invasión de los Cimbrios, vemos que la sociedad celtíbera se encuentra en expansión, no solo institucionalmente (con la aparición de las ciudades-estado) sino demográficamente. Varias de las campañas llevadas por algunos cónsules romanos, como la llevada a cabo por Catón a principios del siglo II a.C.90 son unas meras pruebas de fuerza y de poder ante una sociedad en constante expansión. La propia fundación de nuevas ciudades (como es el caso de Complega91) o la continuación del proceso de cinesismo son unas muestras evidentes de ello. Según las fuentes, en la época de la campaña de Catón (190 a.C.) o incluso antes, durante la 2º Guerra Púnica durante su transcurso en suelo Ibérico, se citan muy pocas ciudades celtíberas. Es posible que esta ausencia en las fuentes históricas se deba a que la mayoría de las ciudades del interior de la celtiberia no se conozcan por entonces, ya que el conflicto transcurre en gran parte en la zona Ibérica; pero otra de las vertientes de investigación es que numerosas ciudades se fundan durante las primeras décadas del siglo II a.C, después de dicho conflicto.92 Esto último nos volvería a demostrar la existencia de un proceso de expansión y desarrollo muy reciente, que va a conservar sus energías durante al menos todo el siglo II a.C. De todos modos, existen estudios, como el de J.A. Hernandez Vera93, que sitúa diversas ciudades citadas durante la 2º Guerra Púnica como Iliturgis o Akra leuké (Ilurcis y Contrebia Leukade respectivamente) en la Celtiberia, demostrando que había un número mayor de ciudades celtíberas antes de la llegada de Roma que lo que se pensaba hasta hace poco. Este hecho reforzaría la idea de que la aparición de las ciudades son un proceso autóctono de la celtiberia, no exento de las influencias provenientes desde el Mediterráneo a través el Valle del Ebro; y no como un proceso de fortificación y cinecismo exclusivo ante la llegada del invasor romano. Por lo general, este excedente poblacional que no puede ser absorbido o soportado por los recursos económicos y naturales del hábitat puede desembocar de diferentes maneras; desde la práctica del mercenariado, que podemos encontrar por todo el mediterráneo a guerreros celtíberos combatiendo por el mejor postor94, hasta razzias y saqueos contra el vecino con el objetivo de hacerse con sus bienes y riquezas, o incluso en la creación de auténticos ejércitos que buscan saquear a las los castros y oppidiums de sus vecinos. 90-APIANO, Historia Romana, VI, 40-42. 91-LIVIO XL, 33. 92-F.BURILLO MOZOTA. 1998. pp 225-245. 93-J.A.HERÁNDEZ VERA. “Contrebia Leukade y la definición para un nuevo espacio para la Segunda Guerra Púnica”. Salduie nº 3. (2003). pp 61-82. 94-F.QUESADA SANZ. 2010. pp 171-181. 51
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Un factor importante que ayuda a la práctica del “bandolerismo” como lo han definido algunos autores, es la otra principal actividad económica celtíbera: el pastoreo y la ganadería.95 El ganado más característico de esta sociedad es la cabra y la oveja, que son proclives a la trashumancia, buscando los mejores pastos por todo el territorio. Como es una actividad económica que permite una elevada movilidad, y que muchas veces no reporta grandes beneficios para los pequeños propietarios, estos pueden compaginar sus ingresos con saqueos y ataques a sus vecinos. Algunos autores piensan que podría estar asociada a los pequeños enclaves de carácter marcadamente militar, que no disponen de muchas tierras fértiles o de fácil acceso cerca de su zona de control y dependan en gran medida de la ganadería.96 Estas prácticas de ganadería junto con los ataques de rapiña, están muy asociadas a las economías ganaderas o culturas montañesas, y es harto conocido los ejemplos de Roma deportando a colectivos enteros de la montaña a la llanura, dándoles a su vez tierras, con el objetivo de acabar con estas prácticas y asentar a estos individuos en un lugar fijo. De esta forma, al tener que estar pendientes de una cosecha, y que en caso de guerra no pueden introducirla dentro de unas murallas para salvarla (como si ocurre con el ganado), son menos proclives hacia este tipo de conducto, ya que el cultivo exige un cuidado constante y no puede ser salvaguardado rápidamente. Un caso dentro del contexto de las guerras celtíberas es el ejemplo de la ciudad de Tiermes, que tras su derrota, es obligada a ser reconstruida en el llano, abandonando su posición inicial, que se encontraba en una zona elevada, donde es de suponer que dependerían en gran medida de una economía ganadera97. Aun con todo, también se puede deber a que una ciudad en llano dispone de unas cualidades defensivas bastante más limitadas, asegurándose Roma de esta forma que dicha ciudad no se vuelva a revelar. Otro ejemplo de ello es el del cónsul Marco Popilio Alenas98, que entregó a las tropas de Viriato (una vez muerto éste) tierras, con el objetivo de asentarlos y evitar que se dedicasen a la guerra y al bandidaje. Aun con todo, este ejemplo pertenece ya la Hispania Ulterior, quedándose fuera de nuestra zona de estudio. De todos modos, aparecen numerosos ejemplos durante las diversas campañas militares en los que se procede al reparto de tierras entre los indígenas aliados de roma, como lo son los casos de Ilurcis (180 a.C.99), Numancia (133 a.C.100) y Complega (181-180 a.C101). Otro, quizás de los más famosos, es el llevado a cabo por Cneo Pompeyo en el 69-68a.C. Durante su campaña contra los piratas del Adriático, en el que una de las medidas para acabar con éstos consiste en reasentarlos en tierras de cultivo, ya que uno de los motivos de estas gentes por los que se dedicaban a la piratería era la pobreza del territorio en el que se asentaban. Se podría extrapolar fácilmente al actual caso de piratería en las costas de Somalia (2011). 95-A.J. LORRIO. 1995. pp 445-450. 96-C.L.VON LETTOW-VORBECK, C. BLASCO BOSQUED. “Ganadería y Aprovechamiento Animal”. IV Simposio sobre celtíberos, ECONOMIA. Institución Fernando el Católico. 1997. pp 119-133. 97-APIANO, Historia Romana, VI, 99-100. 98-APIANO, Historia Romana, VI, 75-76. 99-FESTO, p. 97, M. 100-APIANO, Historia Romana, VI, 97-99. 101-APIANO, Historia Romana, VI, 43-44. 52
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Ya se ven en numerosas fuentes clásicas el cómo la falta de tierras (o su mal reparto) aboca a un número considerable de individuos a dedicarse a la guerra o al bandolerismo (entendido también como razzias y ataques a los vecinos). O también se menciona la práctica de la ganadería, que en muchos casos, debido a la movilidad que permite, es proclive a las prácticas de guerra de pillaje. Todo esto nos va demostrando la predisposición hacia la lucha y la guerra por parte de estas gentes y sociedades de la Celtiberia. 4.3. La atomización política del territorio Aunque existan etnias y clanes dentro de la Celtiberia, este tipo de afiliación étnica no es ningún impedimento para guerrear entre sí por motivos económicos o de prestigio social. No existe una unidad política que vaya más allá de la propia ciudad-estado y el territorio que ésta controla. Existen pactos de hospitalidad o de ayuda mutua, pero éstos son volubles y cambian con el tiempo. En adición a ello, si tenemos en cuenta la amplitud de la Celtiberia y la gran cantidad de ciudadesestado que la pueblan, esto crea una multiplicidad de zonas de frontera o lugares dónde los combates y razzias se pueden llevar a cabo. Como nos muestran las fuentes, no existe ningún tipo de confederación o de unión de ciudades o tribus, y si tomamos como ejemplo el pasaje descrito por Polibio durante las Guerras de Fuego (152a.C.) el que las diferentes etnias son llamadas por el Senado Romano para discutir un litigio, éstas se presentan por ciudades, aunque se encuentren englobadas dentro de una misma etnia.102 Existen numerosos casos en los que se nos muestra la poca unidad política del territorio. En las fuentes, encontramos un pasaje sobre el apoyo que dan los arevacos a los segedanos ante el incidente de la ampliación de la muralla de Segeda; y esta ayuda mutua se debe a unos pactos llevados a cabo entre ellos, y no por compartir un origen común o pertenecer a una misma etnia.103 Del mismo modo, también encontramos en Tito Livio o en Apiano diversos hechos en los que existen ciudades celtíberas dentro de una misma región que apoyan a los romanos y otras que no, enemistándose entre sí, como se nos muestra en la anterior cita de Polibio.104 Las únicas diferencias claras que se han encontrado entre las etnias celtíberas son unas diferencias económico-productoras, haciendo referencia al tipo de economía a la que se dedican (metalúrgica, cultivo de secano, cultivo de regadío, pastoreo, etc.), aunque con algunas excepciones, ya que es un tipo de criterio que no se puede aplicar arbitrariamente.105 Y aun así, esta similitud de labores económicas llevada a cabo entre los de una misma etnia no sirve como referente de aglutinante político. Por lo tanto, un territorio que se encuentra atomizado políticamente favorece este tipo de disputas y combates, que se van a dar de forma intermitente y que Roma sacará partido de estas enemistades. 102-POLIBIO, XXXV, 1-4. 103-APIANO, Historia Romana, VI, 44-45. 104-POLIBIO, XXXV, 1-5. 105-F.BURILLO MOZOTA. 1998. pp 121-144. 53
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 4.4. El prestigio de la milicia Dentro del mundo celtíbero, la guerra y la práctica de la milicia es una actividad de prestigio. Tanto en la sociedad como en la religión, la lucha y los combates están muy enraizados, siendo base fundamental del estilo de vida. Para tratar el tema, voy a exponer una breve evolución de esta y su consideración social durante todo el periodo celtíbero. La guerra para los celtíberos es un fenómeno de gran relevancia social, que les permite conseguir prestigio y riquezas, y en tal sentido deben de entenderse las frecuentes razzias que periódicamente se organizaran contra los territorios vecinos, así como la habitual presencia de estos guerreros como mercenarios al servicio de turdetanos, íberos, cartagineses y romanos, constituyendo durante buena parte del siglo II a.C. motivo de constantes conflictos con Roma. La relación entre guerra y sociedad suponen que ambas evolucionaron relacionadas entre sí. La evolución de la guerra repercutió en el armamento y tuvo profundas implicaciones socioideológicas que explican la perduración de tradiciones guerreras muy arcaicas hasta fechas tardías, como el incidente del soldado ataviado con la piel de lobo106, síntoma de la existencia y perduración de hermandades guerreras, como lo atestiguan también algunas de las decoraciones de la cerámica celtíbera. Además, tanto la forma de lucha de los guerreros celtibéricos como el propio concepto de la guerra tuvieron estos pueblos, se vieron sometidos sin duda a diversas variaciones a lo largo de los más de cinco siglos que abarca el desarrollo de la cultura celtibérica. La organización social y política de los celtíberos ha sido estudiada desde el siglo XIX basándose en las noticias de escritores grecolatinos sobre príncipes y jefes, guerreros y mercenarios, senados, asambleas populares e instituciones como el hospitium y y la clientela, populi y federaciones, etc. Los historiadores también señalan el carácter guerrero de los celtíberos, pues preferían morir a ser desposeídos de sus armas. Por su parte, las fuentes epigráficas documentan instituciones como magistrados, la organización gentilicia suprafamiliar y pactos de hospitalidad. La Arqueología, en especial la referente a las necrópolis de la Meseta Oriental, informa sobre la sociedad celtíbera desde sus inicios con la necesaria perspectiva diacrónica. Los ajuares documentan una sociedad jerarquizada, basada en una aristocracia guerrera evidenciada por ricas panoplias, que confirman una evolución social afín a la ibérica, con tumbas aristocráticas en los siglos VI-V a.C. sepulturas de guerrero más icónicas en las dos centurias siguientes y una tendencia a desaparecer las armas a partir del III a.C. 107. La formación de una sociedad guerrera se refleja en los cementerios ya desde su fase inicial del Celtibérico Antiguo (600- 450 a.c.). Los ajuares funerarios ofrecen algunas simetrías que revelan sociedades con una incipiente diferenciación social y un componente “guerrero” indicado por algunas tumbas con armas. Estas primeras élites se entierran con equipos relativamente austeros, integrados por largas puntas de lanza y cuchillos de dorso curvo, faltando en cambio las espadas y los puñales. La posesión de armas parece quedar restringida a grupos poco numerosos de guerreros gentilicios y a sus clientes y la guerra sería hábito exclusivo de las clases dominantes y de latrones. 106-APIANO, Historia Romana, VI, 48-49. 107-A.J. LORRIO. 2008. p 639. 54
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Durante la fase Celtibérica Plena (450-200 a.C.) las claras asimetrías en los equipos funerarios atestiguan un proceso de fuerte diferenciación social. Aparecen ahora tumbas aristocráticas con panoplias muy completas, ocupando el nivel más alto los enterramientos con numerosas armas y arreos de caballo, los equites, que formaban la élite de la comunidad.108 Por debajo estarían las sepulturas de guerreros con rico armamento integrado por espadas, cuchillos, lanzas y escudos. Un tercer rango de tumbas con armas incluye ajuares más pobres con sólo lanzas y escudos y alguna espada ocasionalmente. La gran mayoría de los enterramientos corresponden a la masa de población campesina, sin armas y con diversos grados de riqueza. Los combates de campeones aristocráticos, en los que ya prima la espada por su valor simbólico, están reproducidos en las esculturas ibéricas de heroon de Porcuna (Jaén).109 La guerra se limitaría a enfrentamientos entre castros de la época, que hace suponer que el número de guerreros difícilmente superaría algún centenar, lo que excluye durante esta etapa los combates a gran escala. Esta posible visión de la guerra durante los siglos V-IV a.C. ya nos marca un claro carácter fronterizo entre estos conflictos, ya sea debido a posibles disputas por zonas de pasto, de cultivo, control de los recursos mineros, etc. Pero sobre todo, observando la proximidad entre la que se encuentran los diversos castros y poblados que ocupan la celtiberia, es fácil explicar la necesidad que debió de tener esta gente de controlar el territorio para poder defenderse rápidamente de los ataques de sus vecinos. A partir del siglo III a.C. el tipo esencial de población de la celtiberia pasó a ser el oppidium, una ciudad como tal, fortificada, destinada a defender a grandes contingentes de hombres, soldados, y sus respectivos bienes. Estas ciudades ejercieron un efectivo control de todo el territorio de su alrededor, controlando los castros y poblaciones menores, convirtiéndose en los centros políticos o polis de la zona. Estas ciudades, por lo tanto, tenían la capacidad de elegir a sus propios jefes guerreros y a los cargos militares. Es durante este periodo, cuando la guerra ya no es un conflicto entre castros y comunidades colindantes, a ser una auténtica guerra entre estados (jerarquizados por los oppida). Es durante esta época cuando cambian las tácticas y la forma de la guerra. Ya no se dejaría de combatir en invierno, característica de las sociedades menos evolucionadas. permitiendo cercos y asedios prolongados y aparecen los auténticos ejércitos, distanciándose de las bandas de guerreros. Aun viendo claramente que las cifras aportadas por las fuentes clásicas de los contingentes celtíberos son exageradas110, lo cierto es que la cantidad de población movilizada para los enfrentamientos contra las potencias mediterráneas desde finales del siglo III a.C., y durante los dos siglos siguientes, debió superar con creces lo que se conocía hasta entonces. 108-A.J. LORRIO, Los celtíberos, capítulo V: armamento. Universidad Complutense de Madrid, Universidad de Alicante. 1997 109-Idem. 110. Tanto Apiano como Tito Livio, de forma asidua hablan de cifras de 15.000, 20.000 o incluso más de 35.000 dependiendo del caso, por no hablar de cifras también impresionantes sobre los números de muertos celtíberos durante los combates. Lo más seguro es que estas cifras estén claramente abultadas, con el objetivo de que las victorias romanas sean más prestigiosas. Aun con todo, los dos autores hablan en muchos casos de que estos ejércitos usan campamentos, reservados únicamente a los grandes contingentes de tropas que requieren de estos asentamientos para su correcto funcionamiento durante una campaña militar. 55
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Las fuentes clásicas por estas fechas hacen referencia a ejércitos numerosos formados por soldados o varones en edad adecuada para combatir, significando esto una movilización total de la sociedad en el esfuerzo bélico. A la par que evoluciona el tamaño de estos ejércitos, sus tácticas y estrategias se refinan, adaptándose al requerimiento de los tipos de combates que se dan entre grandes contingentes armados.111 Aun con todo, se mantiene el combate de campeones, siendo esto síntoma de un fuerte pasado tribal de las guerras, y de una fuerte pervivencia de estratos aristocráticos dentro de la guerra. Un ejemplo de ello lo encontramos en Apiano112 También, los textos nos confirman la elección del jefe del ejército o banda militar, el dux, que se hacía a mano alzada, como se nos demuestra con el famoso caso del general Caro durante la primera guerra Numantina contra Nobilior.113 Este es otro ejemplo de una tradición guerrera que se remonta a la edad del Hierro. Sobre este énfasis en la guerra, podemos hablar de las propias palabras de Cicerón, que indican que “los celtíberos se alegran en la lucha y se lamentan si están enfermos”. En términos parecidos se expresan otros autores, señalando cómo la muerte en combate era gloriosa, tanto entre celtíberos y vacceos. La misma religión nos muestra la importancia de la guerra. La existencia de un funeral exclusivo de los muertos en combates y diferente al de la incineración, que es el de la descarnación mediante los buitres. En este, un animal psicopompo (el buitre), lleva el alma del guerrero al más allá. Este ritual basado en este animal carroñero tendría su origen en las batallas entre los indígenas, y debido a la imposibilidad en algunos casos de enterrar a los muertos y darles un tratamiento adecuado (porque no se ha podido controlar el campo de batalla tras esta y atender a los muertos), evolucionaría esta otra forma de ritual, que con el tiempo, se consideraría de prestigio, por encima de otras que se aplican.114 La muerte en combate se nos muestra como un gran honor para el guerrero, la mejor forma de morir y su medio para llegar al más allá. Esta diferenciación de rituales, haciendo una distinción entre el que muere en la vida civil y el que lo hace luchando, ya nos da una idea de la importancia de los guerreros dentro de la clase social nativa. El guerrero prefería la muerte a la pérdida de su libertad, y esta ideología se ponía en práctica mediante el suicidio, como ocurre con los que han jurado la devotio, pues los guerreros consagrados a su jefe no podían sobrevivirles. Esta forma de pensar tan autodestructiva la encontramos también en los combates singulares, en los que los guerreros pertenecían a la élite social y militar. Así lo demuestra el que las fuentes literarias se refieran a ellos como rex, dux, o destacando su nobleza y valor.115 Viéndolo todo en conjunto, es fácil constatar el por qué de que una sociedad como ésta tenga una marcada tendencia expansiva. Dicho avance territorial se va a realizar tanto a costa de sus 111-F.QUESADA SANZ. 2010. pp 171-269. 112-APIANO, Historia Romana, VI, 52-53. Escipión, como oficial del ejército de Lúculo, acepta un duelo ante las murallas de Cauca contra un campeón ataviado para tal propósito con una rica armadura. 113-A.J. LORRIO. 2008. pp 641. 114-F.BURILLO MOZOTA. 1998. pp 133-135. 115-F.BURILLO MOZOTA. 1998. pp 139-145. 56
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ vecinos celtíberos y la conquista de sus tierras y asentamientos116, como de otros grupos humanos limítrofes a la celtiberia (íberos, vacceos, etc.), va a producir un constante estado de lucha y de guerra entre diferentes comunidades. En estas guerras, el obtener riquezas (mediante la toma del botín enemigo) y luchar por los pastos y tierras de cultivo, es uno de los principales fines de estos conflictos. Aunque se enmascare todo con un fuerte contenido religioso y social, es el propio empuje demográfico (obligando a dar salida de alguna forma al excedente poblacional) y la necesidad de nuevas tierras y recursos económicos, lo que promueve en primera instancia esta serie de conflictos. No es de extrañar esta situación, ya que observando la necesidad endémica de hacerse con bienes extras, o la práctica habitual de la caza (en la que es común el uso de la jabalina y el arco, sendas armas de uso bélico), los soldados y la guerra estén bien considerados socialmente, ya que son los que se encargan de materializar la expansión territorial (y por tanto, económica). De este modo, al igual que en la Edad Media con los infanzones, mediante el camino de las armas y la guerra, los celtíberos con pocos recursos económicos podían aspirar a un puesto dentro del organigrama social, y a su vez a una salida económica. En la sociedad indígena, los guerreros podían llegar a lo alto de la aristocracia de la ciudad; aunque esta última ya se esté diferenciando con elementos decorativos ajenos al mundo militar (asociadas a las riquezas obtenidas por intercambios comerciales), es fácil ver cómo un dux de éxito podría crear una fuerte y extensa red de clientes y situarse entre los puestos más altos de la escala social. Así que mediante acciones en combate, la adquisición y reparto del botín, y sobre todo, creando una fuerte red de lazos clientelares con sus guerreros (o con otro caudillo que esté por encima suya), un pastor o un guerrero con pocos recursos puede llegar a formar parte de la élite social. Haciendo un balance de todo lo dicho anteriormente, es normal ver que en unas sociedades con unos recursos escasos y un importante sector de la población que se dedica a la ganadería, junto a una débil unidad política del territorio y la alta consideración social de los guerreros, los combates y las luchas sean una constante, tanto a pequeña escala como a grandes combates, sitios y batallas campales en toda regla. Si a esto le sumamos un constante empuje demográfico, se entienden las primeras fases del conflicto Celtíbero-Romano (durante las campañas de Catón, Fulvio y Gracco a principios del siglo II a.C.) o las posteriores campañas de represión llevadas a cabo por algunos cónsules y pretores. Es por ello que hasta los pueblos de menor importancia cuentan con un sistema defensivo de proporciones considerables para hacer frente a esta constante situación de guerra interna, heredada ya desde la Primera Edad del Hierro. Durante el paso de la Edad del Hierro I hasta la época de la conquista Romana, lo que se va a producir es un cinecismo de varios pueblos o asentamientos, creando ciudades fortificadas donde se concentrará el poder político; y siendo éstas además puntos de reunión de recursos, riquezas y un lugar de refugio para los habitantes de la zona. Así que dichas ciudades también se van a dotar de unos sistemas defensivos de gran envergadura, siendo en 116-APIANO, Historia Romana, VI, 43-44. En este pasaje se ve como celtíberos atacan la ciudad de Caravis (situada en la Celtiberia, cerca de Borja), acudiendo Graco en su ayuda. 57
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Es normal, por no decir casi obligatorio, encontrar torres en todos los asentamientos fortificados. Todas las murallas ibéricas se refuerzan con torreones, cuya tipología, así como su ubicación en la línea de muralla, resulta muy variada. Por ejemplo, la muralla del poblado de El Oral, se refuerza con dos torreones macizos, dispuestos en los ángulos de la muralla, precisamente donde la ciudad era más fácilmente accesible, pero otros establecimientos presentan un solo torreón127, al amparo del cual se abre la puerta, o una serie de torreones dispuestos de forma más o menos regular a lo largo de todo el recinto. La mayor parte de estos torreones son de planta rectangular o cuadrada, y casi siempre macizos, al menos en la parte inferior, que es la que se ha conservado. Al margen de estos modelos de cuadrado o rectangular, existen algunos ejemplos en los que la base de estas torres son poligonales, como en el Castellet de Banyoles (Tarragona), de planta cuadrada, con un refuerzo triangular hacia el exterior, o en circular, como los de Ullasttret, ciudad indígena muy relacionada con la colonia griega de Ampurias, a cuya influencia debe, muy posiblemente, algunos de los rasgos de su muralla, entre ellos su trazado en cremallera. Tomando como ejemplo esta ciudad, vemos como las innovaciones llegadas del mundo poliorcético del mediterráneo, a través de los griegos, crean un recinto con unas características militares difíciles de encontrar en otros ámbitos de la península. Incluso la existencia de torres circulares nos demuestra lo avanzado que estaba, ya que estas resisten mejor los golpes de arietes y máquinas de tiro tenso; y por no hablar de la mayor visibilidad de estas, que impiden los puntos muertos en las líneas de tiro a la hora de disparar a los asaltantes. 127- F.GRACIA ALONSO. 2000. pp160-163. Aquí aparecen diversos casos, tanto de entradas flanqueadas por ambas torres o solo por una. Ullastred, Calafell, o el Castellet de Banyoles son algunos de ellos. Junto a estos ejemplos, encontramos diversas comparaciones con ciudades y fortificaciones del ámbito mediterráneo (tanto griego como cartaginés), encontrando similitudes con el tipo de trazado entre los oppidium y castros íberos con las técnicas constructivas provenientes del mediterráneo. 64 Ilustración 23. Base de las torres que flanquean la entrada del yacimiento íbero de Castellet de Banyoles. Fuente: http://www.arqueotur.org/yacimientos/castellet-de-banyoles-de-tivissa.html
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Una vez hecho este breve repaso a la tipología de murallas íberas, se pueden llevar a cabo una serie de paralelos o comparaciones con mundo celtíbero entre los dos sistemas defensivos y de control de territorio, por si los hallazgos de uno sirven para arrojar un poco de luz sobre los del otro. Por lo tanto, empezando esta comparación, lo primero en remarcar es que el mundo ibérico, al igual que toda la cuenca mediterránea, recibe una influencia constante a lo largo de los siglos de las diferentes corrientes militares y poliorcéticas que se dan en las zonas más orientales. Siendo históricamente en Mesopotamia y en Grecia donde hay una mayor evolución y desarrollo de estos sistemas, estas ideas van a ir llegando gradualmente a la costa Ibérica, tanto de la mano de los griegos como de los fenicios, por no hablar de la difusión que llevan a cabo los Cartagineses durante su ocupación de Iberia. Esto va a producir una serie de diferencias si los comparamos con el trazado defensivo celtíbero. Entre otras, al estar muy abiertos a las nuevas corrientes culturales e ideológicas, los sistemas poliorcéticos íberos tienen bastantes similitudes con las innovaciones que se habían hecho años atrás en todo el mediterráneo. Entre estas innovaciones, que son difíciles de encontrar en la meseta y el interior del valle del Ebro, encontramos el trazado en cremallera, puertas acodadas y torres poligonales: 5.3. El trazado en cremallera Mediante la creación de unas líneas quebradas (o en zig zag) de las murallas, permite unos mejores ángulos de tiro sobre el enemigo. Se basa en el mismo principio que la existencia de las torres: crear campos de tiro para que el enemigo reciba fuego cruzado desde ambos lados. Como ya he mencionado previamente, esto se ha conseguido tradicionalmente mediante la disposición de torres a lo largo de la muralla, siendo entonces el trazado en cremallera la aplicación del mismo concepto a la disposición de los propios lienzos de los muros. Un ejemplo de este tipo de murallas en la celtiberia seria el castro de Guijosa128, (Guadalajara) , Botorrita129 (Zaragoza) o Herrera de los Navarros130 (Zaragoza). Pero aun con todo, no es una forma muy extendida por el mundo celtíbero, encontrándose principalmente en las zonas más próximas al mundo ibérico, como lo son Castilla La Mancha, Zaragoza y Teruel.131 128-F.GRACIA ALONSO. 2000. pp 132-158. 129-F.BURILLO MOZOTA. El valle medio del Ebro en época ibérica: contribución a su estudio en los ríos Huerva y Jiloca Medio. Institución Fernando el Católico. 1980. pp 36-43. 130-F.BURILLO MOZOTA. 1980. pp-75-83. 131-A.J.LORRIO, Los celtíberos, capítulo III: El Habitat. Universidad Complutense de Madrid, Universidad de Alicante, 1997. pp. 32-35. 65
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 5.4. La puerta acodada. Esta mejora defensiva que aparece profusamente en todo el mundo oriental y en los ámbitos de influencia griega, la vamos a encontrar en numerosos yacimientos de la península. Dicha mejora dentro del trazado defensivo de la muralla consiste en crear un recodo en el espacio entre las dos puertas contiguas que componen la entrada a una ciudad, buscando evitar o paliar el efecto de los arietes. De este modo, cuando un ariete (generalmente, situado dentro de una estructura blindada como lo es una tortuga) rompe la primera puerta, ya no puede acceder a la segunda puerta, ya que debe realizar un giro de 90º en un espacio muy angosto para llegar a la siguiente puerta; y obviamente, toda esta maniobra se tiene que hacer bajo el constante fuego enemigo que cae sobre sus cabezas. No se han encontrado paralelos en el mundo celtíbero de este tipo de entrada, que sí tiene una importante presencia dentro de los castillos y ciudades íberas.132 132-F.GRACIA ALONSO. 2000. pp 132-158. 66 Ilustración 24. Muralla con trazado en forma de cremallera, Guijosa (Guadalajara). Se aprecia el trazado en uno de los extremos. Fuente: http://www.panageos.es/fotos/guijosa_3171/castro-de-castilviejo- muralla_196617.html
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 5.5. Formas poligonales en las torres En algunos yacimientos íberos encontramos un tipo de trazado en algunas torres (o al menos, en la base de estas) que con una forma similar al de un espigón de un puerto o el de un baluarte de “nueva traza” del XVI, impiden o dificultan el acoplamiento de escalas y de torres de asedio a estas torres, además de reforzar la base de estas frente al ataque de arietes y artillería. Dicho tipo de construcción, que demuestra un avanzado conocimiento poliorcético, se ha encontrado en zonas muy vulnerables, como en las puertas o zonas más desprotegidas fuera de la protección que ofrecen los cortados. Un ejemplo es el de la puerta del Castellet de Banyoles o el de La Serreta (Alicante).133 Este tipo de innovación no la encontramos en la celtiberia, por lo que es posible que fuese de tardía adopción por los íberos, no mucho antes de la conquista por parte de Roma, al igual que las puertas acodadas.. Conclusión: La ausencia o poca difusión de estos elementos poliorcéticos en los castros y oppidium célticos nos puede decir dos cosas: –La difusión de las ideas que se han puesto en práctica en el mediterráneo llegan más lentamente a la celtiberia, indudablemente, debido a su situación central dentro de la península. 133-F.GRACIA ALONSO. 2000. p 159. 67 Ilustración 25. Puerta acodada del yacimiento de Puig de Sant Andreu. Fuente: F.GRACIA ALONSO. 2000 Gladius XX.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ –Una posible autoctonía en el desarrollo de las fortificaciones y elementos defensivos, al margen de lo que hiciesen sus vecinos íberos. Este último punto no lo consideramos probable, ya que las influencias que han recibido los celtíberos de parte de éstos ha sido constante. No solo debido a la expansión celtíbera a finales del III y principios del II a.c., sino mediante el comercio y el contacto por grandes rutas de comunicación, como lo es la del valle del Ebro. Las dos culturas comparten gran parte de sus sistemas defensivos, como lo son el tipo de construcción de las murallas, el trazado de estas, la tipología de las torres, el uso de zonas elevadas preferentemente a los poblados situados en llano (dependiendo obviamente de su función), y el complemento de las murallas con terraplenes y fosos. Por ello, creo que el que no existan o no sean muy comunes estos elementos defensivos que los diferencian en la celtiberia se debería a la lentitud de la penetración cultural desde la costa ibérica; aunque esto no niega la posibilidad de un autoctonismo de los castros de la Primera Edad del Hierro. Lo que si me gustaría remarcar es la existencia de amplios estudios sobre redes de control visual del territorio en el mundo ibérico, conformada por una tipología variada de asentamientos y fortificaciones. Dentro de estos (en los que obviamente, estarían incluidos los grandes oppida), encontramos los de menos tamaño, que serían las atalayas y los caseríos .134 En la diferenciación atalayas-caseríos se ha practicado una comprobación en la base a la visibilidad, observando que la media de visualización de otros asentamientos desde las atalayas es de 12,27 kilómetros, mientras que en el caserío es de tan solo 3 kilómetros, además de mostrar diferentes en las estructuras defensivas como la existencia de torre o no. Dicha diferenciación entre dos asentamientos de un tamaño similar se interpreta de forma reciente como que el caserío tiene unos fines más orientados hacia la explotación económica del territorio, por lo general, la agricultura135; mientras que las atalayas tienen una función preeminentemente militar, aunque los dos casos comparten las dos funciones en mayor o menor medida. Con el paso del tiempo, la mayor parte de las categorías, oppida y atalayas desaparecen en el paso al ibérico V, quedando sólo dos tipos de oppida medianos, un tipo de asentamiento o poblado pequeño y una sola atalaya. Esto ya nos podría marcar el cómo ya se van usando un tipo de asentamiento u otro dependiendo de la función que se le quiere dar, unificando las diversas tipologías. En este caso, obviamente, las atalayas se mantienen y se expanden en su función como controladoras visuales del territorio. Y no solo eso, sino que sirven de guarnición para contingentes militares y poder responder lo antes posible ante las diversas amenazadas que se planteen. Un ejemplo de esta red de vigilancia, organizada en la mayoría de las veces en torno a un núcleo poblacional fortificado importante sería el caso de la región de los Llano de Lliria, con su centro en el oppidium ibérico de Edeta (Valencia)136, en el que las atalayas constituyen un entramado de redes visuales que generan tres vías de control respecto a Liria. Existen diversos 134-P.MORET, T.CHAPA. Torres, Atalayas y Casas Fortificadas. Explotación y control del territorio en Hispania (s III. a. de c.-s. I d. de C.). Publicaciones Universidad de Jaén, 2004. 135-H.BONET ROSADO. 2006. pp 19-20. 136-H.BONET ROSADO. 2006. pp 17-19. 68
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ casos adicionales como la red de vigilancia centrada en torno al asentamiento de Kelin (Valencia)137 o la Bastida (Valencia)138. En ellos, existe un oppidium que se ubica en una posición relativamente central respecto al resto de asentamientos asociados que lo rodean, estando estos comunicados visualmente entre si, con el objetivo de vigilar y proteger los valles que ocupan y las zonas de paso y acceso a ellos. Encontramos un sistema similar en la región de la Laguna de Gallo Canta (Teruel), en el que un asentamiento central (posiblemente Segeda) fue situando y distribuyendo a lo largo del siglo III y principios del siglo II a.C, con el objetivo de explotar económicamente dicha región. Es característico que durante esa época, muchos asentamientos disponen de una torre, para reforzar la función militar y de vigilancia de estos puestos, aunque su situación en zonas poco elevadas ya deja claro su función preeminentemente agrícola.139 En la provincia de Castellón, muy próxima también al ámbito de influencia celtíbero, aparecen diversas atalayas y caseríos, con las mismas características anteriormente citadas140. En el ámbito celtibérico no se han encontrado este tipo de construcciones puramente militares. Este hecho se puede deber a diversos factores: –Debido a la falta de prospecciones, no se hayan localizado, o que con el paso del tiempo hayan desaparecido o se hayan deteriorado hasta que sean irreconocibles como tales. –Que sean estructuras de materiales perecederos, como la madera. En casos como éstos, no quedarían mucho más que unos agujeros de poste en el suelo y quizás, algunos restos vegetales de la madera. Pero el problema de ésto es que aun así, a menos que apareciese una cultura material anexa que lo relacionase con los celtíberos, sería imposible determinar si pertenecían a los celtíberos, romanos, o incluso a épocas posteriores. –Que no se usasen atalayas propiamente dichas con una función únicamente militar, sino que se tratasen de castros los que llevasen a cabo esta función. Viendo la gran profusión de este tipo de asentamientos (con su correspondiente sistema de murallas y fosos) por todo el territorio, es más que probable que sean estos, junto con una red de atalayas de madera o puestos de vigía, los que supliesen la labor de las atalayas íberas. Teniendo en cuenta este último punto, encontramos diversos asentamientos amurallados en 137-H.BONET ROSADO. 2006. pp 22-25. 138-H.BONET ROSADO. 2006. pp 26-30. 139-C.POLO CUTANDO, C.VILLARGORDO ROS. 2004. pp 157-171. Aunque los autores asocien posiblemente a Segeda el control de este territorio, (implicando esto una marcada influencia celtibérica en dicha región), los tipos constructivos y arquitectónicos son más típicos de la cultura ibérica. De todos modos, el sur de Aragón es una zona de frontera entra estas dos culturas, atenuándose dichas diferencias. De todos modos, la existencia de estos tipos de asentamientos y la creación de redes de control visual en una zona de frontera posiblemente bajo influencia celtíbera muestra la permeabilidad de ésta ante las diferentes corrientes poliorcéticas y de gestión del territorio. 140-A.OLIVER FOIX. “Torres y casas fortificadas en la provincia castellonense: Un planteamiento inicial”. Torres, atalayas y casas fortificadas: Explotación y control del territorio en Hispania. (s. III a.C.- I d.C.). Universidad de Jaén, 2004. pp 145-155. 69
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ las provincias de Teruel y de Zaragoza141, en los que aparecen una o varias torres, principalmente circulares (característica tipológica de los asentamientos celtíberos), con el doble objetivo de reforzar una sección del recinto fortificado como sobre todo, controlar el territorio. Estas torres tienen una cronología aproximada de los siglos IV-III a.C, coincidiendo con los procesos de cinecismo de las ciudades-estado celtíberas. También a lo largo de la provincia de Teruel se han encontrado diferentes torres aisladas142, fuera de los recintos amurallados de estos poblados o castros, e incluso muy alejados de estos, como lo son el caso de Valdeltormo y Alcorisa. Éstas ya nos confirmarían la existencia de unos edificios puramente militares-defensivos dentro de una red de control visual. El problema es que no se ha confirmado con exactitud la cronología de estas torres, por lo que sería aventurado tenerlas en consideración a la hora de determinar si existieron o no torres/atalayas de sillares dentro de la mayor parte de la celtiberia. De todos modos, la proximidad de estas torres con las zonas de influencia Íbera podría explicar la presencia de éstas en el Valle Medio del Ebro. 141-P.MORET. 2004. pp 187-207. 142-P.MORET. 2004. pp 192-193. 70
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 6. RESTOS ARQUEOLÓGICOS Y DEFENSAS CELTIBÉRICAS En este apartado, voy a tratar la información que nos aporta la arqueología sobre los yacimientos celtíberos, su tipología, función y tamaños, además de los sistemas defensivos de los que disponen y cuándo aparecen. Debido a ello, voy a hacer un breve repaso sobre una serie de yacimientos, que usados como ejemplo, servirán para exponer mi idea y apoyar mis explicaciones sobre el tipo de guerra que se da durante las Guerras Celtíberas y la existencia de una red de control visual entre asentamientos. Obviamente, para un trabajo más completo y profundo, debería hacer mención a todos los asentamientos posibles; pero por falta de tiempo y de espacio, he elegido unos cuantos, dependiendo de lo representativos que son y/o de su situación geográfica. Pero antes de empezar a enumerar una serie de asentamientos, voy a realizar un repaso de las diferentes tipologías que conforman la poliorcética en la celtiberia. 6.1. Sistemas defensivos Como se ha podido comprobar, el carácter defensivo de una parte importante de los asentamientos celtibéricos se pone de manifiesto a partir de la propia elección del emplazamiento, buscando aquellos lugares que ofrezcan mayores posibilidades naturales en este aspecto, completándose con la realización de obras defensivas que en la mayoría de los casos, se reducen a sencillas murallas adaptadas al terreno o a un simple muro cerrado al exterior formado por las paredes de las casas.143 En los casos más complejos, los asentamientos se protegen con potentes murallas, a veces dobles, que contornean todo el perímetro del castro, adaptándose a la topografía del cerro, o, complementado ésta, especialmente los cortados naturales. Las zonas más vulnerables son reforzadas con campos de piedras, foso, torreones, etc. 6.1.1. Murallas Mientras que en otras zonas castreñas, como las del norte peninsular, es normal encontrar diversos recintos amurallados en un mismo asentamiento, en la celtiberia lo normal es encontrar uno solo, aunque siempre hay excepciones, en los que encontramos diferentes recintos amurallados (debido a procesos de cinecismo y ampliación de la muralla) o a la existencia de una acrópolis en el propio yacimiento144. Existen diversos asentamientos que cuentan con varios recintos amurallados, como los de El Castellar, en San Felices y de Trascastillo, en Cirujales del Río145 o los Rodiles.146 143-A.J.LORRIO. 2002. pp 109, 118. 144-A.J.LORRIO. 2002. p 118. 145- A.J.LORRIO. 1997. p 22. 146-Mª.L.CERDEÑO, T.SAGARDOY, M.CHORDÁ, E.GAMO, Fortificaciones celtíberas frente a Roma: El 71
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ También, se ha señalado la existencia en Numancia de dos líneas de muralla situadas en las laderas del cerro, al exterior de la que delimita el trazado urbano conocido, cuya localización resulta inusual en el mundo celtibérico al no aprovechar el cortado natural, levantándose algo alejada del mismo, pudiendo corresponder al siglo I. a.C, aunque con continuidad en época imperial 147 Por lo general solo hay un recinto amurallado, así que la muralla constituye la defensa principal y, en ocasiones, la única identificada. Todas las murallas conocidas en territorio celtibérico están realizadas en piedra, a diferencia de otras zonas donde se documenta murallas de adobe y recintos mixtos de piedra y madera . De todos modos, en el yacimiento de Castilmontán148, se han encontrado restos de madera utilizados para reforzar la cimentación de un tramo de muralla, debido a la propia inclinación de la plataforma sobre la que se levanta la construcción y por no haberse asentado ésta sobre la roca natural, tal como ocurre en otros tramos del mismo yacimiento. En algún caso pudieron haber existido igualmente adarves de adobe. Esto ya nos da una idea de que no todas las murallas eran iguales, y que recurrían a diversas técnicas constructivas y soluciones técnicas según el medio donde se asentasen. Son innumerables las ocasiones en las que no pueden determinarse con claridad las características de las murallas al hallarse arruinadas debido a acciones de saqueo (uso del yacimiento como cantera en épocas posteriores) o a que los restos han sido arrasados por labores agrícolas, roturaciones, carreteras, etc. Con todo, en ciertos casos como lo son los asentamientos situados en llano, posiblemente nunca fueron edificadas, ya sea porque sus habitantes decidieron que no les hacían falta (debido a que estos poblados se erigen en un momento de paz y/o para formar parte de una entidad política mayor que les diese protección) o por falta de recursos debido a la poca importancia del poblado. 149 En la construcción de las murallas se ha usado como materia prima la piedra local, cuyas características condicionan las diferencias observadas en su talla. Estas edificaciones son de mampostería en seco, pudiendo haberse utilizado con seguridad el barro para su asiento, levantándose por lo común hiladas discontinuas. Están constituidas por dos paramentos paralelos, cuyo espacio interior se rellena con piedra y tierra, habiéndose documentado, en determinadas ocasiones, elementos internos de cohesión. La muralla se adapta a la topografía del terreno, proporcionando normalmente lienzos curvos de trazado irregular, aunque en los poblados de cronología más avanzada, se pueden documentar lienzos acodados, demostrando el cómo llegaban poco a poco las ideas provenientes del mediterráneo. En torno a los siglos VI-V a.C, surgen en las altas tierras del Norte de la provincia de Soria una serie de asentamientos castreños caracterizados por sus espectaculares defensas. Las murallas de estos castros de la primera Edad del Hierro están construidas de mampostería en seco, con piedras de tamaño mediano y pequeño, de careo natural, alguna vez incluso trabajadas , habiéndose oppidium de los Rodiles (Cubillejo de la Sierra, Guadalajara) Universidad Complutense de Madrid, 2008. 147-ALBERTO J. LORRIO. 2002. pp 118-119. 148-A.J.LORRIO. 1997. p 23. 149-F.BURRILLO MOZOTA. 1980. p 182. 72
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ evidenciado también el uso de barro, lo que proporciona un mejor asiento.150 La muralla, formada por dos paramentos paralelos rellenos de piezas sin ningún orden, pueden tener forma de talud, ofreciendo por tanto una sección trapezoidal, como ocurre en los castros de Langosto, Valdeavellano, y Valdeprado, o presentar paramentos verticales, como en Castilfrío, y El Royo151. La anchura de las murallas, variable a lo alargo de su recorrido, suele oscilar entre 2,5 y 6,5 metros, conservándose una altura en torno a los 2,5-3 metros, que seguramente debió superar los 3,5 y alcanzando en determinados casos 4,5 o 5 metros. De todos modos, yacimientos como el de Laguardia (Vitoria-Gasteiz), nos muestra unas murallas con muy poco grosor (poco más de medio metro), con una función defensiva muy reducida.152 En la serranía de Soria, excepcionalmente, podemos mencionar algunos castros en los que no se han encontrado restos de murallas. Así ocurre en El Castillo del Avieco, cuyo emplazamiento ofrece defensas naturales sin que se haya identificado en superficie ningún resto de muralla. Más fácil de justificar parece ser el caso de El Castillo de Soria, ya que la construcción de la fortaleza medieval bien pudo llevar consigo el desmantelamiento de las defensas del asentamiento castreño. Cabe mencionar aún el caso de Renieblas, sobre cuya existencia se han planteado serias duras.153 Va a ser durante la II Edad del Hierro, cuando las técnicas constructivas y las características de las murallas que protegen los poblados celtibéricos presentan importantes innovaciones respecto al momento precedente. Las murallas ofrecen durante este periodo un aparejo más cuidado (aunque los paramentos internos de relleno sean por lo común de peor factura, como era de esperar), constituido por la superposición de sillares toscamente trabajos, sin formación de hiladas, asentados en seco, utilizando ripio para rellenar los huecos, dotando así a la muralla de una mayor solidez. A veces, no obstante, se tratan de muros hechos con sillarejos bien careados, dispuesto en hiladas horizontales perfectamente regulares, no faltando las murallas construidas con cantos rodados sin carear, como es el caso de Numantia. En algunos casos, se puede observar en los muros de mayor altura los huecos en donde se ubicaba el andamiaje utilizado para la elevación de la muralla. Estos muros asientan casi siempre sobre el suelo natural, que alguna vez se halla ligeramente rebajado. El grosor de las murallas es variable y no siempre fácil de determinar, oscilando entre un metro en Monteagudo, Manchones y 18 metros, en los Castelares de Calatañazor, presentando la gran mayoría espesores entre 2 y 6 metros. Más difícil de determinar es la altura de las murallas, que en Calatañazor alcanza los 4,50 metros y en Suellacabras, entre 4 y 5 metros.154 150-A.J.LORRIO. 2002. p 120 151-A.J.LORRIO. 1997. p 25. 152-G.NIETO GALLO. El yacimiento prerromano de “La Hoya” Laguardia (Álava). 1980. 153-F.ROMERO CARNICERO. “Los castros de la Edad del Hierro en el Norte de la provincia de Soria”. Studia Archaeologica, 75. Valladolid 1991. p 200. 154-A.J.LORRIO. 2002. pp 123-124. 73
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 6.1.5. Piedras hincadas Los campos de piedras hincadas o campos frisios constituyen un elemento defensivo característico de los castros del reborde montañoso oriental, meridional y occidental de la Meseta, habiéndose documentado asimismo en ciertos castros del Suroeste peninsular. Por lo que a la Celtiberia se refiere, sólo se han localizado en su sector más occidental, circunscribiéndose al Norte de las provincias de Soria y Guadalajara, ocupando respectivamente las tierras de la serranía soriana y la región seguntina.190 Estos campos consisten en franjas anchas de piedras clavadas en el terreno natural, apretadas, sin ningún orden, unas junto a otras, cuyo tamaño y ubicación en relación con las restantes defensas varía de unos casos a otros. Por ejemplo, En el Castillejo de Taniñe191, las piedras hincadas presentan una altura de 60cm, de los que 40 sobresalen del terreno; en el Castillo de Castilfrío, las piedras, aguadas y de careo natural, afloran entre 30 y 60cm; y en Langosto, únicamente sobresalen 20cm192. La anchura de los campos de piedras hincadas oscila entre los 5m, como en el caso de Los Castilejos de Gallinero, y los 27 metros de Castilfrío de la Sierra. Pueden situarse al pie d ella muralla, pero generalmente dejan un espacio libre, que suele estar entre los 5 y los 20 metros), en el que se encuentra el foso. Por lo común ,constituyen la defensa más externa, situándose delante del foso o de la muralla, a los que acompañan en todo o en parte de su re corrido. A la hora de hablar de la cronología de estos campos frisios, resulta significativa su presencia en el poblado leridano de Els Vilars (Arbeca), inscribiéndose en un ambiente de Campos de Urnas de la Edad del Hierro, fechado en la segunda mitad del siglo VII a.C. Esto ya nos muestra que son elementos muy tempranos dentro de la poliorcética peninsular, y que es posible que su uso se extienda desde el sur y el levante hasta la celtiberia, al igual que otras muchas innovaciones tecnológicas en este campo.193 Si bien parece fuera de toda duda la antigüedad de este sistema defensivo en el área celtibérica, como lo confirma su presencia entre los castros de la serranía soriana adscribibles al Hierro I, existen argumentos suficientes que señalan asimismo su utilización en esta zona a lo largo del Hierro II. Por lo que se ha podido ver, estos campos frisios tendrían una doble funcionalidad: –Por un lado, evitar que los ataques de caballería, que por su rapidez y sorpresa, podrían llegar hasta la puerta (por lo general mal vigilada y abierta, ya que no se espera dicho ataque) y entrar en el recinto. Aunque, lo temprano de la aparición de estos campos de piedras hincadas, en un momento en el que la caballería no está extendida en el mundo celtibérico, nos darían paso a su segunda función, como vamos a ver más adelante. 190-A.J.LORRIO. 2002. p 146. 191-A.J.LORRIO. 1997. pp 68-69. 192-Idem. 193-A.J.LORRIO. 2002. p 148. 80
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ –Impedir el avance de forma cohesionada de la infantería. A la hora de acercarse la infantería a las murallas, por lo general, va a avanzar de forma ordenada y cubriéndose lo máximo posible con sus escudos. Un ejemplo muy característico sería la formación testudo de los legionarios romanos. Pero como estos campos son del siglo V-IV a.C. y roma aun no había llegado a la península (y mucho menos desarrollado este tipo de formación), lo lógico y factible es pensar que estaba destinada a parar a las falanges de guerreros nativos, como ya han demostrado otros autores de su existencia, basándose en las fuentes y en las panoplias de armas194. Esto nos muestra ya lo temprano de la adopción de tácticas de infantería pesada y de falange por los celtíberos, símbolo indiscutible de una organización militar desarrollada. De lo contrario, no se entiende la aparición de estos campos en unos momentos tan tempranos, en los que apenas hay evidencias arqueológicas del uso de caballería en los campos de batalla; o con la función de parar a la infantería ligera, ya que carecería de sentido. No es por tanto un medio defensivo contra razzias y ataques menores, sino de cara auténticas ofensivas en toda regla entre los propios nativos. Ésto ya nos muestra el estado de guerra y la lucha por el territorio que se lleva a cabo durante el Hierro I y Hierro II; donde los sistemas poliorcéticos evolucionan tanto por necesidad interna como por imitación de las corrientes que les llegan desde el mundo íbero, como muchos de los símiles demuestran, aunque obviamente, deja hueco para la autoctonía de algunos elementos, o mejor dicho, tipologías. De este modo, podemos ver como el proceso de blindamiento de los poblados celtíberos responde básicamente a una necesidad interna de su propia sociedad, y no como algunos autores han ido planteando hace ya unas décadas195, basándose en la cita de Tito Livio en el año 183 sobre la fortificación de “oppida” por parte de los celtíberos, siendo interpretada como un proceso de cinecismo provocado o potenciado por la llegada de Roma. 6.2. Grandes asentamientos (Oppida) Los grandes asentamientos, como los oppida, de unas 5 hectáreas o más, son los encargados de organizar el territorio. Es el núcleo poblacional, administrativo, económico y militar más importante de la sociedad celtibérica. Son los que controlan al resto de castros menores y son los centros militares en los que se asienta todo el poder de una región. Por ello, los esfuerzos militares de Roma se van a centrar en estos enclaves. ¿Cómo son estas grandes ciudades y como surgen? Dichos enclaves van a aparecer durante el Hierro II, o también conocido como el Celtíbero Pleno. Tradicionalmente, se habían mantenido diferentes posturas, entre las cuales, el surgimiento de las ciudades en la celtiberia se debía a un proceso de aculturación ante el avance de Roma. Se había achacado a que estas se forman al verse obligados los diferentes núcleos poblacionales a 194-F.QUESADA SANZ. 2010. pp 63-181. 195-F.BURILLO MOZOTA. 1998. pp 234-235. 81
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ agruparse en lugares específicos para unir a la población, crear ejércitos más grandes, y tener un sistema defensivo mejor.196 Esta explicación había dejado poco margen de maniobra al autoctonismo de las urbes en la celtiberia, pero investigaciones más recientes ya nos revelan la existencia de estas ciudades antes de la llega de Roma. Ya con Polibio, se nos cita la llegada de Anibal a las ciudades de Helemántica y Arbucala.197 Las fuentes, de esta forma, nos muestra indicios de la existencia de ciudades previas al siglo II a.C. Obviamente, no aparecen citadas todas las que había, ya que solo se dan a conocer en la historia las que intervienen en los hechos narrados por los historiadores y cronistas romanos. También cabe la posibilidad, como ya he mencionado antes, que estas ciudades celtíberas ya hayan sido citadas durante la II Guerra Púnica, pero que hayan sido confundidas con ciudades íberas, como el posible caso de Akra Leuke (Contrebia Leukade) e Iliturgis (Ilurcis).198 Arqueológicamente, en la zona de la depresión media del Duero, ya encontramos indicios de un cinecismo marcado (desaparición de unos yacimientos y crecimiento de otros) al final de la llamada facies Soto. Como apoyo a este proceso de conglomeración de los asentamientos, existen estudios sobre este mismo proceso en el ámbito Vacceo, y este se desarrolla entre los siglos V y IV.199 En el caso de la ciudad celtíbera de Ilurcis, también podemos observar un posible proceso de cinecismo, en el que el pequeño poblado de la Edad del Hierro I es remplazado por una ciudad y a su vez observamos como diversos yacimientos próximos a esta no pasan de su fase del Hierro I, por lo que habrían sido destruidos, absorbidos, o resituados dentro de este proceso de configuración y control del territorio. En la margen izquierda del río Ebro, cerca de Vitoria, está el yacimiento de Atxa, de unas 30 Ha, que ya está fechado en el siglo IV a.C. Aunque no se encuentre dentro del ámbito celtíbero, es muy plausible asociar este proceso también a la celtiberia. Tanto al norte como al sur de esta se da ese fenómeno, por lo que es normal que en ella también se lleve a cabo.200 Lo que si está claro, coincidiendo en ello muchos investigadores, es que cuando Roma llega a la península, hay un proceso en marcha de urbanización y cinecismo, y muy seguramente, la guerra y la paulatina conquista del territorio por parte de ésta acelere dicho proceso. A continuación, voy a hacer un repaso de las principales características de los oppidiums situados en el Valle del Alhama y en el Valle del Cidacos, ambos en La Rioja, con el objetivo de mostrar su tamaño, sistemas defensivos y el control que ejercen sobre el territorio en el que se ubican. 196-F.BURILLO MOZOTA. 1998. pp 216-218. 197-F.BURILLO MOZOTA. 1998. p 226. 198-J.A.HERÁNDEZ VERA. 2003. 199-F.BURILLO MOZOTA. 1998. p 219. 200-F.BURILLO MOZOTA. 1998. p 220. 82
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 6.2.1. Contrebia Leukade Contrebia Leucade (a veces también Contrebia Leukade o Kontrebia Leukade) es el nombre dado a una ciudad de origen celtibérico cuya historia se remonta hasta la primera Edad de Hierro. Sus ruinas se han preservado hasta el presente en un relativo buen estado. Su ubicación geográfica está al sureste de La Rioja, España, en el término municipal de Aguilar del Río Alhama, en el paraje conocido como Clunia. (Latitud 41º 58' 32,43'' N; Longitud 1º 58' 35,55'' W; 631m snm). El particular relieve de la zona favorece la elección de este enclave para construir el poblado y su posterior transformación en ciudad. El oppidum se levanta sobre dos montes, uno más alto que otro, separados por una vaguada. Está situado en la margen derecha del río Alhama, en un punto en que el río traza un meandro. La mitad de su perímetro está protegido por un acantilado natural de gran alzada vertical sobre el cauce del río, que cumple perfectamente su función defensiva. La otra mitad de la ciudad está rodeada por una muralla y un foso cuya unión crea un dispositivo defensivo de características únicas para su época. El espacio entre el escarpe y el foso tiene una superficie de 12 hectáreas. A esto hay que sumar una superficie de 1,5 hectáreas situada en el lado sur (entre el foso principal y otros elementos complementarios de defensa) y otra de mayores dimensiones, situada al este, entre el foso y un segundo cerco, apenas perceptible en la actualidad, que marca un espacio quizá destinado al ganado. Las defensas de la ciudad son los vestigios mejor preservados de todo el yacimiento. Las bases de los torreones de la época romana y, sobre todo, los impresionantes restos de las murallas con su foso-canal de casi 700 metros de largo, una anchura de entre 7 y 9 metros y una profundidad que, en mucho puntos, alcanza los 8 metros y aún bien conservados, dan clara muestra de que fue una ciudad concebida para la guerra defensiva. Los restos de las murallas pertenecen tanto a las construidas en época celtíbera como a las edificadas durante su etapa romanizada.201 Se han documentado restos de cuatro torres en el tramo meridional, aunque se intuyen en otras zonas. Las cuatro torres están separadas aproximadamente por veinte metros, constituyendo un sistema defensivo de torres en serie. Cada construcción tiene unos setenta metros cuadrados, con subdivisión interna en dos habitaciones, denominada torres de cajones.202. Los últimos estudios apuestan a que la primera fase del oppidium tuviese un origen cartaginés, entre otras cosas, debido a la marcada influencia mediterránea de las torres de cajones. El control visual de la ciudad no es tan importante como en otros yacimientos, ya que se encuentra encajonada en un valle. Su situación geográfica y lo estrecho del valle del Alhama en ese punto, hacen que esta ciudad se convierta en un tapón que bloquea la ruta que penetra en la meseta. Es justo esta ruta la que seguirían las tropas romanas en su penetración hacia la Meseta (o al menos, una de ellas), que ya la habían abierto de la mano de Cayo Sempronio Graco en el 179. a.C. La fundación en la unión de los valles del Alhama y del Ebro de un campamento romano, que originaría la ciudad de Graccurris, ya nos muestra la importancia de esta vía y las intenciones de los generales romanos al controlar esta ruta. 201-J.A.HERNÁNDEZ VERA. 1982. 202- Idem. 83
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ No se han encontrado estructuras celtíberas en la zona cercana a la ciudad o en cerros colindantes, pero es más que seguro que algunas torres o atalayas de madera tendrían que estar distribuidas por toda la zona con el objetivo de vigilar las rutas y zonas de acceso. Como ya he comentado antes, al estar encajonada, necesita más que ningún otro oppidium una red complementaria para poder mantener el control visual sobre el territorio y sobre todo, alertar de la llegada del enemigo. De todos modos, si consideramos un origen cartaginés, entenderíamos el porqué de la ubicación de una ciudad fortificada dentro de un valle tan angosto, con una zona de cultivo escasa si la comparamos con otros oppida, y con unos problemas tan graves de control visual; ya que desde mi punto de vista, solo un ente político por encima de la ciudad-estado celtíbera es capaz de pensar en la creación y fortificación de una ciudad con el objetivo de cortar el paso hacia la Meseta desde el Valle del Ebro, zona de frontera con Roma antes de que estallase la Segunda Guerra Púnica.203 Siguiendo un pensamiento similar, pero al margen de la posibilidad de una fundación o etapa cartaginesa en la ciudad, hay que tener en cuenta en la posibilidad de la existencia de un Estado o Liga Celtíbera204, como se deja entre ver en las fuentes, que estaría vigente desde la 2º Guerra Púnica hasta los pactos con Graco en el 179 a.C. Este periodo de mayor unidad política si que permitiría la creación o fortificación de una ciudad que se encuentra en una vía de comunicación clave para el conjunto de la Celtiberia, pudiendo así explicar de este otro modo la existencia de una ciudad de ese tamaño y características en un lugar con tantas limitaciones urbanísticas y de autoabastecimiento. De todos modos, estas interpretaciones sobre el yacimiento no son excluyentes, ya que dicho asentamiento pasa por diversas fases, siendo plausible también la explicación de que la ciudad de Contrebia Leukade creciese tanto debido a un proceso de cinecismo potenciado por la fundación de Graccurris y la amenaza romana sobre la región que ello conlleva. Lo que si está claro, al margen de su origen o evolución, es que se trata de un enclave con una clara función militar y estratégica, por lo que es posible que contase con un sistema de vigilancia, ya sea provisional (puestos de madera, vigías acampados por el territorio, etc.) o estable (usando turres, castros o asentamientos próximos). 203-Idem. 204-S.OLCOZ YANGUAS, M.MEDRANO MARQUES. “Los celtíberos y la ubicación de la Celtiberia en el relato de la Segunda Guerra Púnica, de Tito Livio”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 23. 2010. pp 307-340. 84
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Ilustraciones 26 y 27. Foto izquierda, foso y muralla de oppidium. Foto derecha, vista del entorno desde una de las calles dela ciudad. Se aprecia claramente lo limitada de la visión al estar el yacimiento encajonado dentro de un valle muy estrecho. Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Contrebia_Leucade 6.2.2. CERRO DE SAN MIGUEL. El cerro en el que se asienta el poblado celtibérico es de mediana altura y está situado al oeste del pueblo, a unos 570m sobre el nivel del mar. (y a unos 40 metros sobre la vega del río Cidacos). (Latitud: 42º 13' 40,25'' N; Longitud: 2º 6' 43,18'' W; 584m snm).205 En este yacimiento, encontramos dos fases de ocupación, que corresponden con la Edad del Hierro I (siglos IX-VII a.C.) y Hierro II o Celtíbero Pleno (VI y III a.C.) hasta su destrucción. Es muy importante la información que está aportando este asentamiento sobre el mundo celtíbero, ya que fue destruido y abandonado posiblemente durante un episodio bélico, arrasando el fuego todo el oppidium. Por ello, al igual que en el yacimiento de La Caridad en Camín Real206 (Teruel), la mayoría de los objetos y materiales han permanecido en su ubicación original, debido a la imposibilidad de sus habitantes de llevarse todas sus pertenencias. Tras esta destrucción, muy pocas labores humanas o geológicas han afectado a la integridad del yacimiento, por lo que la información que aporta es muy interesante, sobre todo en su riqueza de materiales y disposición de estos en un contexto de uso cotidiano. La mitad meridional del cerro está delimitada por un profundo cortado vertical que protegía el poblado por este lado, plagado de cuevas artificiales, que pueden tener una larga tradición en su ocupación, incluso desde la Alta Edad Media (quizás relacionadas con la necrópolis de ese momento), que se siguieron ocupando bien como casas o bodegas hasta el momento actual. El poblado, aprovechando la pendiente de los otros lados, estaba organizado en sucesivas terrazas escalonadas con el propósito de asentar las diferentes alineaciones de casas y salvar de esta manera la pendiente, ocupando una superficie de unas 8 hectáreas, que apunta a las dimensiones de oppidum o ciudad. 205-http://www.celtiberiahistorica.es/exposicion/viva?idContenido=1019 206-FRANCISCO BURILLO MOZOTA. 1998. p 248. 85
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Ilustraciones 28 y 29. Foso y muralla del oppidium de Arnedo. Se aprecia el gran tamaño del muro y su gran anchura. Fuente: FdA. A la hora de hablar del sistema defensivo, se ha constatado que el asentamiento estaba rodeado por una muralla, de la que se ha descubierto una parte, algo más de 8 metros de largo y una anchura de 3m. Estaba construida con dos lienzos, uno interior y otro exterior, realizados con grandes piedras y con un relleno de piedras bien colocadas, creando una sucesión de paramentos internos. Estas defensas solían tener una base de unos 3- 3,5 metros de altura y un parapeto superior más estrecho, realizado con postes de madera y adobes, que dejaba un pasillo para poder recorrer la muralla en todo su perímetro. Se ha encontrado dos fosos, correspondiendo seguramente a 2 momentos diferentes de la ciudad. Lo más probable es que se deba a una ampliación durante una fase de cinecismo. Uno de ellos se encuentra justo al pie de la muralla, sin haber un espacio de separación entre éste y la muralla, con una anchura de hasta 14metros y unos 5 metros de profundidad. Incluso en una zona de dicho foso, la muralla apoya directamente sobre el fondo, conformando una de las paredes del foso. Esto se puede deber a la orografía del terreno, obligando a esta situación tan peculiar, aunque en algunos yacimientos, como en la fase de la Edad del Hierro I de Ilurcis207, encontramos esta disposición. 207-J.A.HERÁNDEZ VERA, E.ARIÑO GIL, J.NÚÑEZ MARCEN, J.M.MARTÍNEZ TORRECILLA.”Graccurris, conjuntos monumentales en la periferia urbana: puentes, presas y ninfeos” Graccurris nº4, 1995. 86
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Ilustraciones 30 y 31. Izquierda: Vista del muro en sección. Se aprecia el paramento interno cuidadosamente colocado en sucesivas hiladas. Derecha, Se aprecia la anchura del foso, y el propio arranque en este lado del perímetro defensivo de la base de la muralla en el mismo foso. Fuente: FdA El control visual del yacimiento es excepcional. El valle del Cidacos, originado por un río con muy poco caudal, es un paraje natural muy estrecho y con una orografía montañosa, encontrando montes y elevaciones de una altura considerable a ambos lados de este.. Aun con todo, este yacimiento se encuentra en una zona llamada “la olla de Arnedo”, en la que el valle se abre y existe una zona de cultivo muy amplia, que nos aclara uno de los motivos de porqué se encuentra esta ciudad situada en este área. En lo que afecta al trazado de líneas visuales y control del territorio, la panorámica que se disfruta desde lo alto del cerro de San Miguel permite un trazado de estas sin apenas interrupciones, pudiendo prever la llegada del enemigo desde una distancia considerable. De todos modos, el ensanche en el que se encuentra el yacimiento se vuelve a estrechar río arriba, volviendo a la angostura típica de este valle. Por ello, es factible que en los puntos altos de todo el largo recorrido del río existiesen unos puntos, puede que atalayas fortificadas o meras construcciones de material perecedero, para poder vigilar todo el territorio. 87
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Las prospecciones en el término municipal de Arnedo no han encontrado ningún tipo de estructura en sus inmediaciones que nos den alguna seña o indicio de la existencia de éstas. Aun con todo, en uno de los pueblos cercanos (Préjano208), en lo alto de un cerro, que a su vez está en la ladera de un monte, se encuentra otro yacimiento celtíbero, un castro, y éste es casi observable desde el cerro de San Miguel, aunque es posible que una hipotética atalaya situada en el actual cerro del Castillo en la misma localidad, a unos 200 metros del oppidum celtíbero, permitiría una mejor visual. 208-H.PASCUAL, P.PASCUAL. Carta arqueológica de La Rioja 1-El Cidacos. Calahorra 1984. 88 Ilustraciones 32 y 33: Arriba, control visual de diferentes partes del valle del Cidacos desde el asentamiento celtíbero. Abajo, control visual del valle y a la derecha se ve el asentamiento de Préjano. Fuente: FdA.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ En las cercanías, a menos de 10 km se sitúa el yacimiento celtíbero de Bergasa (La Rioja), que no se puede visualizar desde Arnedo debido a la cordillera montañosa que corta la visual entre los dos asentamientos. Hay que tener en cuenta que todo el territorio del valle del Cidacos fue una zona de frontera durante la Reconquista y está plagada de castillos de diverso tamaño cada pocos kilómetros, a la par que algunas atalayas construidas con . Esto me hace suponer que dichas fortificaciones medievales se han ubicado sobre posiciones estratégicas, que ya lo podrían haber sido durante la Antigüedad, como demuestra la ocupación de estos enclaves por emplazamientos romanos (como es el caso de Préjano o el cerro del Castillo en el mismo Arnedo) y/o por los celtíberos. Por lo tanto, es probable que la sucesión de construcciones sobre estos mismos enclaves hayan arrasado con lo que se encuentre debajo, o simplemente los estén cubriendo, a la espera de que excavaciones arqueológicas aporten nuevos datos sobre ello. 6.2.3. Eras de San Martín Este yacimiento, en el que se sitúa la ciudad celtíbera de Ilurcis (Alfaro, La Rioja, Latitud 42º 10' 55,19'' N; Longitud 1º 44' 52,94'' W; a 303m snm), empieza a se excavado en los años 70 y ha recibido una continuada atención que se prolonga hasta nuestros días.209 La cronología data de la Primera Edad del Hierro, con un asentamiento en la parte alta del yacimiento , y que luego durante la época Celtíbera, se extiende hasta alcanzar las 17 hectáreas. Por lo tanto, estaríamos hablando de un oppidium en toda regla, con una serie de yacimientos menores que deberían estar bajo su control directo. 209-J.A.HERÁNDEZ VERA, E.ARIÑO GIL, J.NÚÑEZ MARCEN, J.M.MARTÍNEZ TORRECILLA. 1995. -http://www.graccurris.org/index.php/es/ 89 Ilustración 34: Línea visual hacia Bergasa interrumpida por la cordillera. Fuente: FdA.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 6.3.3. Arguedas Este asentamiento se encuentra ubicado en la localidad de Arguedas, Navarra (Latitud 42º 9' 42,14'' N; Longitud 1º 34' 33,53'' W; 302m snm), en el cerro de El Castejón, es de la Edad del Hierro I y fue excavado en 1943 y posteriormente entre 1989 y 1994, centrándose en la necrópolis217. Aunque no nos haya llegado mucha información tras la excavación de Taracena en el 1943, desde lo alto de este cerro se aprecia una panorámica del entorno que abarca una amplia zona del Valle del Ebro. Desde aquí se pueden ver los asentamientos indígenas que se encuentran en Castejón del Ebro (Navarra), Valtierra (Navarra) y Alfaro. El único problema que encontramos lo plantearía la visión entre este cerro y el yacimiento celtíbero de Valtierra ,que no es continua y requeriría mínimo una torre/atalaya o un puesto de vigilancia para poder mantener la línea visual sin ningún tipo de interrupciones. Si usamos este asentamiento y los mencionados anteriormente, se podría montar fácilmente una red visual de control mutuo, en el caso de pertenecer todos ellos al centro organizador más cercano, que posiblemente, sería el yacimiento de Ilurcis (Alfaro, La Rioja); aunque de ello, hablaré más adelante. 217-A.CASIELLA RODRIGUEZ “Acerca de la necrópolis de El Castejón en Arguedas, Navarra.” Novedades arqueológicas celtibéricas. Museo Arqueológico Nacional. 2004. pp 9-12. 96 Ilustración 43. Vista desde el yacimiento de sus inmediaciones. Se aprecian posiciones cercanas más elevadas que esta para un mejor control del territorio. FdA.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 6.3.4 Valtierra En Valtierra (Navarra) encontramos el yacimiento de El Castillo (Latitud 42º 11' 45,61'' N; Longitud 1º 37' 59,43'' W; 294m snm), que nos muestra una cronología continua, desde la Edad del Hierro I hasta el siglo XVI y la destrucción de la fortaleza de origen musulmana que se erigía en sus proximidades. Éste se encuentra en lo alto del pueblo actual, sobre un pequeño cerro que da hacia la ladera del sistema montañoso que recorre toda la margen izquierda del río Ebro. Un sondeo realizado en 1994 arrojó la cronología anteriormente expuesta. Se aprecia una leve fase de la Edad del Hierro I, y otras con bastante material celtíbero, y posteriormente, romano. Durante la Edad Media la ocupación del asentamiento es constante, y lo que nos interesa de esta época es que se instala un castillo, lo que ya nos demuestra la importancia del enclave como lugar de control del territorio.218 218-C.J.ÚBEDA RUIZ, Avance del sondeo arqueológico del yacimiento de El Castillo (Valtierra) durante 1994. 97 Ilustración 44. Panorámica desde El Cerro del Castejón, quedando a la derecha Valtierra, Castejón y Alfaro. Fuente: FdA Ilustración 45. Vista desde el yacimiento de la zona de las Bardenas, de las que controla uno de sus accesos. Fuente: FdA.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Desde esta posición, se tienen unas vistas del entorno bastante buenas, muy similares a las que ofrecen los yacimientos de Ilurcis y de Arguedas. En este poblado se aprecian otra vez las características propias que tienen estos asentamientos durante la Edad del Hierro I, ya que aunque se sitúen en una zona elevada, es normal que existan partes aún más altas cerca de éste. En una guerra entre indígenas, ésto no sería un problema, pero de cara a un conflicto contra Roma o Cartago, que disponen de maquinaría de asedio compleja y de artillería, ésto es ya un serio problema debido a que pueden ubicar en dichos emplazamientos su artillería para bombardear sin problemas el recinto fortificado. A la hora de constatar el control visual del asentamiento, a simple vista se pueden ver los yacimientos celtíberos ubicados en Alfaro (Ilurcis) y Castejón del río Ebro, pero no se vería claramente el del Castejón de Arguedas ya que sería necesario al menos de una torre para cubrir el punto muerto que se crea entre dichas posiciones, que se encuentran entre sí apenas una distancia de 3,7 kilómetros. Ilustraciones 46 y 47. Vistas desde el yacimiento celtíbero de Valtierra. Izquierda, visual interrumpida hacia Arguedas. Derecha, campo visual del valle del Ebro, apreciándose al fondo Castejón y Alfaro, ambos con sendos yacimientos celtíberos. Fuente: FdA. 6.3.5. Castejón de Ebro Sobre este yacimiento arqueológico, conocido como El Castillo (Latitud 42º 10' 29,70'' N; Longitud 1º 41' 2,58'' W; 289m snm) situado en la localidad navarra de Castejón de Ebro (Navarra), encontramos los restos de un poblado celtíbero y su famosa necrópolis, que está aportando mucha información sobre el mundo funerario de la Edad del Hierro I y de la cultura celtíbera. La curiosidad de dicho asentamiento radica en que mientras la necrópolis se ubica sobre un pequeño cerro, el poblado celtíbero se encuentra en el llano. Esto choca con la tradición o la norma establecida, en la que el núcleo poblacional se encuentra en alto, existiendo sobre todo un lugar tan 98
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ claro para situar este poblado.219 Estando entonces este enclave en llano, su control del territorio debió de ser limitado, a menos claro, que en la propia zona de la necrópolis hubiese un puesto de vigía o estructura similar. Al estar este yacimiento en la misma orilla del Ebro, le elección principal de esta zona para asentar el poblado se debería a la facilidad que aporta a la hora de cultivar las tierras colindante al río, como en el caso de otros ejemplos que he expuesto anteriormente. De todos modos, este pueblo entra dentro de una posible red de control visual con los castros de su entorno, aunque éste no aporte una vigilancia significativa del entorno que lo rodea. 219-J.A.FARO CARBALLA, M.UNZU.ERMENETA. La necrópolis de la Edad de Hierro del Castillo (Castejón, Navarra). Primeras valoraciones: Campañas 2000-2002.Complutum vol 17. 2006. 99 Ilustración 48. Vistas desde El Castillo hacia los yacimientos de Valtierra y Arguedas. Fuente: FdA. Ilustración 49. Visual desde El Castillo hacia el yacimiento de Ilurcis (centro). Fuente: FdA.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 6.3.6. Tudela En el término municipal de Tudela (Navarra), al pie del casco urbano, se encuentra el Cerro de Santa Barbara (Latitud 42º 4' 0,04'' N; Longitud 1º 36' 28,56'' W; 316m snm.). En éste, se han encontrado diversos restos de diferentes épocas, pero en el que nos vamos a centrar es en el poblado de la Edad del Hierro I, que se funda o construye hacia los siglos IX-VIII a.c. Posteriormente, sin que se aprecie una discontinuidad abrupta en la cronología, aparece un asentamiento de época celtíbera, que parece que se acaba o termina con la victoria de Graco en la batalla del Moncayo hacia el 180 a.C. y la consiguiente reorganización del territorio y la frontera tras la fundación de la ciudad romana Graccurris. No se han encontrado restos de un sistema defensivo, ni muros ni fosos, pero es posible que los tuviese. El poblado se encuentra en un cerro con una pendiente bastante pronunciada, y con un cortado considerable en la parte que da al río Ebro. Observando la morfología de este cerro, es fácil adivinar que su defensa, tras la construcción de un sistema defensivo moderado, debería ser muy cómoda y efectiva para sus habitantes. De todos modos, cabe destacar el control visual que ejerce esta posición sobre el área que le rodea, pudiendo controlar casi todo lo que se puede ver alrededor del yacimiento con la ventaja adicional de no tener apenas puntos muertos. Incluso existen dentro del municipio más yacimientos celtíberos, como lo es el de San Gregorio, que se sitúa dentro de la línea de control visual, al otro lado del río, a menos de 4km de distancia.220 Cabe destacar que durante la época islámica se crea aquí la Medina de Tudela221 y en ella se sitúa el castillo musulmán, en lo alto de este cerro. Dicha medina se trataba de un centro de poder tanto político como militar, organizador del sistema de atalayas que controlaban la frontera del Ebro de los ataques de los reinos cristianos en expansión. Otros enclaves, en los que en sus proximidades inmediatas encontrábamos yacimiento celtíberos, como lo son Valtierra o Alfaro, formaron parte de esta red de fortificaciones y atalayas musulmanas. Esto ya nos tiene que dar pistas sobre los lugares óptimos para ejercer un control del territorio ya que se ha comprobado en diversos casos que sobre castros celtíberos o fortificaciones romanas se construyen atalayas o castillos, tanto musulmanes como cristianos, durante la edad media y sus conflictos durante la reconquista. Si se produce este reutilización del espacio, aparte de por el reaprovechamiento de materiales y antiguas estructuras a la hora de edificar estas atalayas, es por la idoneidad de la posición para ejercer este tipo de función de vigilancia y comunicación. 220-J.J.BIENES CALVO. “Desde la Prehistoria hasta el siglo IX”. El Patrimonio histórico y medioambiental de Tudela: una perspectiva interdisciplinar. Primer curso de Verano de Tudela, M.I. Ayuntamiento de Tudela. 2000. pp 9-22. 221-M.C.HERNÁNDEZ CHARRO. “Las transformaciones de la medina de Tudela y su impacto en el paisaje rural andalusí a raíz de la conquista cristiana”. Encuentros Internacionales del Medievo. Najera 2006. 100
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 6.3.7. Préjano. El yacimiento de Préjano222 (La Rioja) se encuentra a los pies de Peñalmonte, en un cerro llamado El Castejón (Latitud:42º 11' 15,14'' N; Longitud:2º 11' 33,09'' W; 815m snm). Se trata de un asentamiento celtibérico, que arranca a finales del Hierro I y termina su ocupación con la conquista romana. Desde él se puede visualizar sin ningún problema el yacimiento celtíbero de Arnedo, y en su posición controla uno de los accesos hacia la zona de Enciso, donde se encuentran diversos yacimientos celtíberos. 222-P.PASCUAL MAYORAL, H.PASCUAL GONGÁLEZ. “Nuevos yacimientos arqueológicos en el Valle del Cidacos. Préjano, Navalsaz y Garranzo.” Cuaderno de Investigación de Historia. pp 205-218. 101 Ilustración 51. Vista remontando el río Ebro, en su camino hacia la Rioja. Con un solo puesto de observación adicional para compensar los obstáculos orográficos, se podría comunicar visualmente con Arguedas, Castejón, Valtierra e Ilurcis. Fuente: FdA. Ilustración 50. Vista panorámica desde el asentamiento celtíbero de Tudela.. Se observa el control sobre una amplia margen del río Ebro, quedando en el centro-derecha el asentamiento celtibérico de San Gregorio. Fuente: FdA.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ Las dimensiones del asentamiento son reducidas, pero presenta trazos de que contenía una muralla de mampostería de piedra caliza, de cortes irregulares y montada en seco. Que un asentamiento tan pequeño y que surge a finales del Hierro I (principio de los procesos de cinecismo) tenga una muralla ya nos muestra su clara posición estratégica y defensiva para controlar el valle, además de la zona adyacente de cultivo. 102 Ilustración 52. Vista panorámica desde el Castejón,. A la derecha se encuentra el yacimiento del Cerro de San Miguel. Fuente: FdA. Ilustración 53. Control del paso hacia Enciso (hacía la derecha), quedando Arnedo a la izquierda. Fuente: FdA.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 6.3.8. Bergasa En Bergasa223 (La Rioja) existe un yacimiento celtibérico (Latitud:42º 15' 2,76'' N; Longitud:2º 8' 8,46'' W; aprox 660m snm), ubicado en lo alto del pueblo, que controla el valle formado por el río Majeco. Su cronología data del Hierro II, acabando su ocupación con la romanización. El asentamiento ubica en un pequeño cerro, pero al igual que otros yacimientos indígenas, existen en las proximidades accidentes del terreno ubicados a una cota superior, siendo fácilmente el ataque al poblado mediante el uso de artillería de asedio. Visualmente, no tiene ningún tipo de relación con el yacimiento más próximo, el oppidium de Arnedo (debido a la Sierra de la Hez), aunque si que se podría trazar una línea visual con el yacimiento celtíbero de Tudelilla224, situado a menos de 10km de distancia. 223-J.A.HERÁNDEZ VERA, J.M.M.TORRECILLA, J.NÚÑEZ MARCÉN, C.L. DE CALLE CÁMARA, J.M. RODANÉS VICENTE, C.SÁEZ PRECIADO, J.M. TUDANCA CASERO. 2005. -F.J.MORENO ARRASTIO, H.PASCUAL GONZÁLEZ. Bergasa (Logroño), un yacimiento importante para el estudio de la cerámica celtibérica del valle medio del Ebro. Archivo Español de Arqueología. pp 405-416. 224-J.A.HERÁNDEZ VERA, J.M.M.TORRECILLA, J.NÚÑEZ MARCÉN, C.L. DE CALLE CÁMARA, J.M. RODANÉS VICENTE, C.SÁEZ PRECIADO, J.M. TUDANCA CASERO. Historia del Arte en La Rioja, De la Prehistoria a la Antigüedad Tardía. Fundación CajaRioja 2005. p 69. 103 Ilustración 54. Vista desde el yacimiento del valle que controla, situándose a la derecha la Sierra de la Hez, ubicándose inmediatamente al otro lado El Cerro de San Miguel. Fuente: FdA. Ilustración 55. Vista de las zonas de cultivo que controla el yacimiento. También se aprecian diversos accidentes geográficos ubicados a una cota superior al yacimiento. Fuente: FdA.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 104 Ilustración 56. Mapa con los yacimientos de La Rioja Baja y sur de Navarra. Los oppida están marcados en amarillo. Fuente: FdA. Ilustración 57. Ubicación de los principales yacimientos del área de estudio dentro del Valle Alto del Ebro. Fuente: FdA.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 6.4. Atalayas y torres de vigilancia A día de hoy, aunque podamos encontrar atalayas en Teruel (punto de unión entre las culturas ibéricas y celtíberas) o algunas de dudoso origen en el sur de la provincia de Zaragoza, no se han encontrado como tales en el resto de la celtiberia, y mucho menos en el área de la Rioja Baja (valles del Cidacos y del Alhama). Dentro del contexto de esta investigación, entendemos como atalayas o torres de vigilancia todas aquellas torres, que puede que dispongan de un pequeño recinto amurallado (aproximándose incluso a la definición de un castillo de la Edad Media), diseminadas por el territorio y ubicadas en puntos clave, principalmente sobre una elevación del terreno, y que su principal objetivo es controlar y vigilar el territorio que les rodea, a la par que enviar señales a otras, avisando de la llegada del enemigo. En diferentes periodos históricos, o incluso, en el propio contexto del mundo íbero, encontramos este tipo de construcciones tan especializadas; pero no en la celtiberia. La falta de evidencias sobre este tema hace suponer que no se llegaron a usar y que su función la cumplieron los castros, tanto los preexistentes como otros construidos con ese objetivo durante el celtíbero pleno y la aparición de las ciudades. Pero, debido a la carencia de prospecciones arqueológicas de las que adolece la celtiberia, no descarto la posibilidad de que si existiesen este tipo de construcciones típicas del mundo ibérico, tanto de construida en materiales perecederos225 como imperecederos. Una posible explicación al motivo del porqué éstas no hayan sido registradas ni documentadas, como ya he mencionado antes, sería debido a la reutilización de estos lugares claves por fortificaciones romanas y luego medievales, arrasando o ocultando dichos elementos. De todos modos, en diferentes yacimientos como los encontrados a lo largo del Valle medio del Ebro226 o diversos castros sorianos227 tienen en su mayoría una o varias torres dentro de su recinto defensivo, actuando tanto como puesto defensivo como torre de vigilancia del territorio, datadas aproximadamente durante los siglos IV-III a.c, coincidiendo con el surgimiento de los oppidiums y la estructuración del territorio por parte de estos. En diferentes áreas de la celtiberia, como es el caso del curso alto del Valle del Cidacos o en algunas ciudades del Bajo Aragón encontramos oppida con una serie de poblados fortificados o castros muy próximos a estos y con una marcada función de control territorial.228 Otra posibilidad, bastante plausible, es que como complemento a estos asentamientos existiesen puestos de vigilancia o atalayas construidas con materiales perecederos, como lo es la madera, o incluso con otros como el adobe, que no resisten muy bien el paso del tiempo. Estos puestos de vigilancia también podrían tratarse quizás de simples puestos de guardia, con un marcado carácter provisional, con el objetivo de unir visualmente y hacer señales de fuego/humo entre varios asentamientos. De este modo, se podría explicar la cercanía de varios yacimientos entre si, pero separados por una formación montañosa importante y que impide la comunicación visual 225-J.A.ASENSIO ESTEBAN. “Arquitectura de tierra y madera en la protohistoria del Valle Medio del Ebro y su relación con la del mediterráneo.” Caesaraugusta nº 71. 1995. p 33. 226-F.BURILLO MOZOTA. 1980. pp 297-325. -F.BURILLO, A.ARANDA, J.PÉREZ, C.POLO. 1991. pp 245-264. 227-A.J.LORRIO. 1997. pp 5-20. 228-F.BURILLO MOZOTA. 1980. pp 200-306. 105
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ últimos debates, parece que al menos, durante la época histórica de los Celtíberos y su lucha contra Roma, esta zona, o al menos, la margen derecha del río, sería celtíbera, siendo posiblemente ocupada por los Vascones tras las sucesivas conquistas de Roma (primero con Gracco en el 179 a.c, y después tras las Guerras Sertorianas). Lo que si que nos deja claro. Por tanto, los yacimientos de Arguedas y Valtierra se encontrarían fuera del ámbito de influencia del oppidium de Alfaro. En adición a ello, también deberíamos de tener en cuenta que durante la 2º Guerra Púnica, el Ebro fue la frontera entre los dominios bajo influencia Romana y Cartaginesa, por lo que no sería de extrañar que durante los posibles conflictos fronterizos que se dieron en esta zona238, ambas potencias creasen o usasen una red de vigilancia a lo largo del Ebro, usando asentamientos preexistentes o incluso complementándola con puestos de vigilancia adicionales. Estaríamos en este caso ante una influencia claramente exterior o ajena al proceso natural de asentamiento y control del territorio de los celtíberos. La arqueología y la cultura material no arroja diferencias entre los 4 asentamientos, ya que es normal que entre colectivos fronterizos (al igual que como ocurre con los Celtíberos y otros grupos sociales como los vacceos) los rasgos culturales y sociales se difumen. Viendo todo ello, se podría abrir un debate sobre la adjudicación de estos castros al oppidium de Alfaro, o si bien era ésta una zona de frontera claramente marcada por el propio río Ebro. Para tratar este tema, lo primero que habría que ver es cómo de importante es la frontera física que crea el río y sus dificultades para vadearlo. Obviamente, siempre se ha podido cruzar mediante barcas u otros elementos artificiales creados por el hombre, pero a la hora de que se muevan grandes contingentes militares de forma rápida y eficaz a través de él, ésto ya nos plantearía graves problemas. Si una ciudad como Ilurcis quiere controlar los asentamientos que están en su territorio, ha de tener la capacidad de poder enviar contingentes militares a estos puntos de la forma más rápida posible ante el indicio de ataque enemigo. En dicho caso, el propio río obstaculizaría de sobremanera el paso de tropas, por lo que no sería posible un apoyo militar de la ciudad al resto de asentamientos. No obstante, existe una zona donde el río puede ser vadeable, antes de que los ríos Alhama, Arga y Aragón desemboquen en el Ebro, a pocos kilómetros rió arriba de Ilurcis. Por lo que usando este vado sería posible en cierto modo mantener una ruta estable entre las dos orillas, obviamente condicionada por las crecidas y bajada de caudal del Ebro. Aun así, no me atrevo a hacer ninguna predicción sobre la adscripción o no de estos yacimientos al asentamiento de Alfaro, siendo más factible sobre todo según lo que aportan las fuentes (tanto de forma directa como indirecta) que estemos ante una clara zona de frontera histórica.239 Madrid. 238-J.A.HERÁNDEZ VERA. 2003. 239-Antes del inicio de la 2ºG.Púnica, el tratado del Ebro indicaba que al frontera entre las dos potencias las marcaba el Río Ebro. También conocemos que los ejércitos cartagineses tenían importantes contingentes de soldados celtibéricos, por lo que Cartago debió de tener un importante contacto con estas gentes, y si a eso le sumamos que la frontera con Roma antes de la guerra estaba marcada por el propio río, no es de extrañar que Cartago impusiese cierto control sobre esta zona, por no hablar de la posibilidad de que fuese Contrebia Leukade una base de operaciones cartaginesa. A estos datos, habría que añadir los propios aportados por las fuentes durante las Guerras celtibéricas, en las que no hay datos de la conquista de Roma de los asentamientos 112
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 7.4. Control visual de los yacimientos de Aguilar, Baños de Fitero/Ventas y Fitero Los yacimientos de Peñahitero, la Peña del Saco y Contrebia Leukade se encuentran en el mismo valle, y con una proximidad entre sí que hacen pensar en la posibilidad de incluirlos dentro de una misma estructura política, económica y social. Los dos yacimientos menores se encuentran a lo largo del Valle, estando el primero (Peñahitero) a apenas 5 kilómetros de la Peña del Saco, y éste a su vez a menos de 15 km de Contrebia. La proximidad entre sí y su ubicación hacen factible su relación; pero mientras el primero de todos estos yacimientos (Peñahitero) se encuentra en una zona abierta y sin que haga falta ninguna torre o puesto de vigilancia auxiliar a mitad de camino para que pueda ver la Peña del Saco; ninguno de los dos pueden ver al oppidium. Por ello, sería lógico que hubiese una serie de vascones que se ubican en la otra orilla del río. Todas las conquistas y batallas discurren a lo largo de la orilla izquierda del Ebro. Este dato nos ayuda reforzar la alianza entre Roma y los Vascones, que debía de remontarse hasta la 2 Guerra Púnica y la ocupación de Roma de esta margen del río. En adición a ello, habría que considerar que la fundación de Graccurris y el reparto de tierras incluiría colones Vascones, claramente aliados de Roma, explicando de esta manera el porque a partir de entonces, esa región de la Rioja Baja y Sur de Navarra pasan a ser de etnicidad vascona y no celtíbera como las fuentes hasta la fecha lo mostraban. Resumiendo lo expuesto y observando estos yacimientos (Castejón, Alfaro, Arguedas y Valtierra) y otros que se encuentran en las proximidades a lo largo del Ebro (como Tudela, Calahorra, etc.), se podría llevar a cabo un estudio sobre el control territorial y visual que llevan a cabo los yacimientos de las dos orillas para poder estudiar más a fondo las características de esta frontera militar de los siglos III y II a.c, pudiendo así entender mejor los conflictos que se dieron durante la 2ªG.Púnica y las Guerras Celtíberas, por no hablar también de algunos episodios de la Guerra Sertoriana. 113 Ilustración 58. Foto satélite de la ubicación de los yacimientos comunicados visualmente entre si. Fuente: FdA
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ castros o puestos de vigilancia entre el espacio de estos yacimientos, con el objetivo de ponerse en contacto mediante señales de humo en caso de agresión por parte de un agente exterior, ya sean romanos o celtíberos. Si tenemos en cuenta la situación de Contrebia Leukade, con un claro propósito militar de impedir el paso más arriba del valle del río Alhama, sería primordial para esta ciudad poder vigilar los movimientos del enemigo, y nada mejor que usando el sistema de castros ya existente. Pero como ya he comentado más arriba, en la propia descripción del yacimiento de Inestrillas, esta ciudad se encuentra en un punto en el que el río se estrecha y la visión del entorno, en muchos de sus ángulos, queda cortada por los montes y peñas adyacentes. Para subsanar este handicap, harían falta unos cuantos puestos de vigilancia para conectarla con el resto del valle y otras zonas adyacentes, y así acabar con la ceguera visual. En un punto donde se abre el valle del Alhama, cerca ya de Peñahitero, existió una villa romana240, y justo encima, en lo alto del monte, encontramos un castillo/atalaya de la Edad Media. El que este punto haya sido ocupado durante la edad media por una fortificación con un marcado carácter de control visual del territorio y la existencia de una ocupación previamente romana, podría indicarnos la posible existencia de algún elemento arquitectónico indígena. Al margen de la existencia de esta red, como alternativa a un sistema de comunicación visual, siempre sería posible enviar mensajeros, tanto a caballo como corriendo para enviar mensajes de un punto a otro, con el objetivo de pedir ayudar o avisar al resto de asentamientos, y entre ellos, el oppidium de Inestrillas como núcleo principal. Este sistema no tendría muchos inconvenientes, salvo la propia lentitud a la hora de llegar los avisos, ya que en unas zonas de una extensión tan reducida como lo es el área de control de una polis celtíbera, la demora de la llegada de las noticias puede provocar una lenta reacción de la guarnición y verse rápidamente cercados o sitiados sin haber tenido tiempo de reaccionar ante la tropa invasora. 240-M.A.DÍAZ SANZ, M.M.MEDRANO. “Ocupación romana bajomedieval de Fitero”. Congreso General de Historia de Navarra. Pamplona 1986. -M.M.MEDRANO MARQUÉS. Los visogodos en el solar de Fitero. Ayuntamiento de Fitero 2002. 114
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 115 Ilustración 59. Mapa satélite en los que se ve el control visual directo entre los dos yacimientos. Fuente: FdA. Ilustración 60. Situación de Contrebia Leukade respecto a los otros dos yacimientos mencionados. Se aprecia lo abrupto de la orografía y la necesidad a la fuerza de una red de comunicación visual más allá de la aportada por los castros u otro tipo de asentamientos. Fuente: FdA.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 7.4. Control visual de los yacimientos de Arnedo, Bergasa y Préjano En el valle del Cidacos, a la altura de Arnedo (La Rioja) se encuentra el oppidium ubicado en el Cerro de San Miguel, que controla una gran extensión de la ribera del Cidacos, conocida como “La Hoya de Arnedo”. Es un área geográfica en la que el valle del Cidacos se abre, antes de volver a cerrarse dirección río arriba. Controla esta zona de cultivos es primordial, sobre todo si tenemos en cuenta que más arriba se estrecha, limitando de sobremanera el área disponible para el cultivo. En las inmediaciones a este asentamiento celtíbero se ubican los yacimientos de Bergasa y de Préjano. Ambos se encuentran muy próximos (3,7 km el asentamiento de Bergasa y 7,5 km el de Préjano). Solo el de Préjano se encuentra dentro de la visual que proyecto la ciudad del Cerro de San Miguel, pero estando el yacimiento de Bergasa a apenas unos kilómetros, sería de extrañar que no compartiesen ningún tipo de relación política entre sí. La visual que separa estos dos asentamientos queda cortada por la Sierra de la Hez, que se eleva a unos 890 metros snm, 300 metros por encima del oppidium de Arnedo y unos 150 metros sobre el cerro de Bergasa. Este elemento geográfico es un impedimento para la comunicación, tanto visual como física entre estos dos enclaves tan próximos. Pero en las proximidades hay un pequeño valle formada por la yasa de Cabezalga, por la que se puede establecer una ruta de fácil tránsito de solo 7,4 km de distancia entre los dos yacimientos. 116 Ilustración 61. Hoya de Arnedo, se aprecia el gradual estrechamiento del valle del Cidacos (izquierda) y la proximidad de los asentamientos de Arnedo y Bergasa.
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ De todos modos, en caso de que el poblado de Bergasa recibiese un ataque, necesitaría de alguna forma rápida y efectiva para comunicarse con el oppidium. La más sencilla consistiría en enviar un emisario para alertar a la ciudad y pedir refuerzos(ya sea andando o a caballo), pero viendo que existen otros oppida cercanos a esta zona, como lo son el de Ilurcis, Kalacoricos o Contrebia Leukade, por no hablar de otros asentamientos menores (Yanguas, Tudelilla, Enciso, etc.), es preferible que la comunicación y la alerta llegue lo antes posible. Para ello, habría que recurrir a una pequeña torre de vigía o un pequeño puesto de guardia en lo alto de la Sierra de la Hez para comunicar visualmente estos enclaves. Río arriba se encuentran otros asentamientos celtíberos, como los que se ubican en la Cubeta de Villar de Maya241, organizados en torno al yacimiento de Villar del Río (Soria) que muetran una clara disposición radial y con una intervisibilidad clara. Si a unos pocos kilómetros río arriba aparece esta clara disposición de los yacimientos controlando el territorio, no es de extrañar que se pueda aplicar al área de la Hoya de Arnedo. 241-M.GARCÍA HERAS, A.C.LÓPEZ CORRAL. “Aproximación al poblamiento de la Segunda Edad del Hierro en el Valle del Cidacos.” Poblamiento Celtibérico, III Simposio sobre los celtíberos. Institución Fernando el Católico, 1991. pp 329-336. 117
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ 8. CONCLUSIONES Tras llevar a cabo la investigación, en la que he ido viendo diferentes tipologías de yacimientos, sistemas poliorcéticos, el modo de combatir durante las guerras celtíberas y una introducción sobre el control visual del territorio, he llegado a las siguientes conclusiones y aspectos en los que me gustaría profundizar más en su estudio. 1. La propia idiosincrasia de la sociedad indígena desarrolla un sistema de ocupación del territorio, una poliorcética y una sociedad, que facilitará su futura lucha contra Roma. Como ya se ha ido viendo a lo largo de este trabajo, la propia sociedad indígena y su estilo de vida fueron sus mejores armas contra el ejército romano. Simplificando un poco lo visto, estas son las cualidades inherentes a los celtíberos, que tras unos reajustes en su forma de luchar, van a permitirles hacer frente a Roma y causarle serias derrotas; y más aun cuando esta última estaba conquistando casi impunemente todo el mediterráneo. Así pues, he aquí unos puntos a tener en cuenta: –La gran importancia del guerrero dentro de la sociedad nativa, con un gran reconocimiento social y unas atractivas posibilidades de ascenso económico y social para los que se dedican a la milicia. El estilo de guerra, entre otros, marcado fuertemente por una infantería ligera, estrechamente relacionado con el mundo del pastoreo, las razzias, y la cacería. De este modo, los combatientes están muy bien entrenados para el tipo de guerra que les permitirá hacer frente a Roma. Una guerra sin cuartel de acoso constante y ataques de grandes contingentes que se muevan rápidamente por el territorio y atacan a formaciones romanas desorganizadas. –La propia estima de la caballería como elemento de prestigio, posibilitando que siempre haya una cantidad considerable de jinetes, ideales para el tipo de combate de oportunidad, maniobra y golpes de mano ya mencionados antes. –La profusión de castros, ciudades fortificadas y otros elementos defensivos propios de los conflictos entre indígenas, que luego serán usados contra Roma de forma efectiva. –La propia atomización política del territorio, que al no existir un gobierno central o una cabeza visible estable que dirija a todas las etnias y tribus, prolonga de sobremanera el conflicto. Estas características, que han ido surgiendo tanto por evolución propia como debido a las influencias culturales (ej: elementos poliorcéticos llegados desde el territorio íbero) son importantes para poder entender las Guerras Celtibéricas. 2. La forma en la que los celtíberos integraban el uso de murallas y fortificaciones en su guerra contra roma. Como ya hemos ido viendo durante el trabajo, no hay que considerar a las murallas de los 118
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ castros y oppida como un simple elemento defensivo de una ciudad para mantenerla a salvo. Es mucho más acertado verlas como parte de una estrategia militar más amplia, de cara a hacer frente a ataques de grandes contingentes militares. Esto nos lleva a realizar la siguiente pregunta: ¿Estos oppida se van haciendo así de grandes y fortificados como respuesta a las derrotas en batallas campales contra Roma, o este tipo de estrategia , en la que la fortificación de la ciudad como elemento en torno al que gira toda la lucha y estrategia, es ya algo autóctono y aplicado en guerras entre nativos? Desde nuestro punto de vista y por lo que se puede interpretar, con el proceso de cinecismo aparecen estas grandes ciudades con el objetivo de poder hacer frente a los ataques ya de auténticos ejércitos indígenas. El oppidium, en su surgimiento, aparte de por razones políticas y económicas, es una forma de tener en un lugar seguro las riquezas, cosecha y ganado de todo un ámbito territorial, pero no ante pequeños ataques o razzias, sino de cara a ejércitos indígenas de miles de individuos. Hay que tener en cuenta que observando lo reducido de la extensión del área a controlar por una polis celtíbera y sus asentamientos subordinados, es normal y comprensible que puedan ser sorprendidos por un ataque a gran escala de sus vecinos, debido a la proximidad que hay entre las fronteras. Por ello, creo que es normal y comprensible que estas grandes ciudades permitan refugiarse a los adscritos a esa ciudad con celeridad, junto con sus enseres y recursos más preciados, ante un ataque a gran escala enemigo. El objetivo sería ganar tiempo (tras las murallas) para poder reunir a todos los guerreros y poder luego plantear la lucha armada. No sería equivocado proponer el que la ciudad fortificada dentro de un contexto bélico entre indígenas, se puede considerar como un elemento defensivo de emergencia ante un ataque sorpresa de sus vecinos. Esta suposición se refuerza con estas dos hechos: –La fuerte pervivencia de los combates individuales y de campeones, contrapuesto a los asedios y sitios. Se requiere batalla y lucha en un descampado, en igualdad de condiciones para ambos contendientes. –La insistencia de los celtíberos durante los primeros compases de la guerra contra Roma de recurrir una y otra vez a batallas campales, fuera de la protección de sus propias murallas. Esto nos indicaría ya una tradición en la que los indígenas prefieren el combate en campo abierto y las batallas campales antes que luchar desde sus propias defensas. Es con la entrada en conflicto con Roma y la imposibilidad de los celtíberos de poder ganarle las batallas campales en condiciones de igualdad cuando parece que se desarrolla una guerra de guerrillas (o mejor dicho, de movimientos), fuertemente estructurada en torno a los oppidium (actuando como rompeolas) y a los castros menores y atalayas (que actúan como guarnición de tropas, suministros, y control del territorio), permitiendo estos últimos el libre movimiento de los indígenas por el territorio, contando con una fuente de suministros constante. La táctica celtíbera se la ve mucho más elaborada de lo que se pensaba, y nos demuestra el porqué fueron tan largas estas guerras para Roma, al margen de los diferentes factores políticos y 119
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ económicos por los que pasa la ciudad del Lacio. De todos modos, no podemos corroborar del todo esta suposición, ya que a día de hoy, me he basado bastante en las fuentes clásicas y en la panoplia bélica y en las tácticas de los contendientes, llevándonos al siguiente punto: 3. La falta de prospecciones e investigación de campo sobre amplias zonas del territorio español me impiden profundizar en el estudio. Sería muy conveniente destinar más partidas y subvenciones a esta labor, o fomentarla más entre los estudiantes y jóvenes arqueólogos. Al ser una labor mucho más sencilla de llevar a cabo si la comparamos con una excavación de un yacimiento u otro tipo de intervención, sería interesante que los arqueólogos e historiadores nóveles, tras un estudio del terreno y previamente tutorizados por algún experto en la materia, fuesen apoyados por las instituciones correspondientes (Comunidad Autonómica, Ayuntamientos, Universidades, Centros de estudios y culturales, etc.) para su realización. En adición a ellos. también sean llevadas a cabo por personal profesional y más preparado que los anteriormente citados; que mediante un presupuesto mayor, pudiesen llevar a cabo grandes campañas de prospección. 4. La suposición de que exista una red de atalayas o castros, conectamos visualmente entre sí, para ejercer un buen control del territorio. Viendo que en las propias guerras entre indígenas los ataques de saqueo entre vecinos, tanto a gran escala como a pequeña escala, son muy comunes, debía de ser normal y lógico disponer de una red de comunicación visual mediante torres, castros y puestos de observación. Y aun con más razón, viendo lo reducido del tamaño de los territorios que controlan las polis celtíberas, por lo que un ataque proveniente de la frontera puede penetrar rápidamente hasta la ciudad sin recibir apenas oposición. Basándonos en esa premisa, creo que la existencia de una red de vigilancia, ya en época anterior a la llegada de los ejércitos romanos y cartagineses, debió de ser crucial. La disposición de los asentamientos indígenas y su relativa proximidad facilita enormemente la comunicación entre ellos mediante algunos puntos intermedios en los lugares donde el ojo humano no alcanza a ver una señal de fuego, o la línea visual es cortada por un accidente geográfico. De todos modos, al igual que en el caso anterior, la falta de prospecciones dificulta enormemente profundizar en este aspecto. Y de todos modos, suponiendo que muchos de los elementos de los que hablo fuesen construcciones en madera o estén ya ocupados por castillos o torres medievales, es factible que unas prospecciones no aporten información relevante. A pesar de todo ello, sería interesante aplicar una serie de baremos, como ya he expuesto anteriormente, para que mediante lineas de control visuales entre diferentes puntos y observando los 120
Guerra, fortificaciones y control del territorio en la Celtiberia: Una aproximación al valle del Alhama Daniel Martínez Pascual ______________________________________________ puntos negros o ciego que se forman, poder marcar una zona aproximada donde habría un elemento que permita seguir la cadena visual. Esto permitiría acotar de forma significativa el terreno a prospectar para hallar estos enclaves. Si bien de una pequeña torre de madera no se podría encontrar poco más que unos hoyos en el suelo, si que nos permitiría localizar castros que fuesen usados con esa función, o incluso, una red de atalayas fortificadas, como las que se han podido documentar en ámbito ibérico. De esta forma, se abre una posibilidad a conocer un poco más la estructuración del territorio llevada a cabo por las ciudades celtíberas; y obviamente, poder volver a mi punto de partida del trabajo y asi poder estudiar con más detenimiento el movimiento de las tropas romanas y celtíberas durante el siglo III-II a.c. Perspectivas de futuro: Tras los resultados obtenidos con esta introducción, nos gustaría aplicar un Modelo Digital del Terreno (MDT) sobre estos mismos yacimientos, y otros que se encuentran en las proximidades (Valle del Queiles, Valle del Cidacos, Valle Alto del Ebro), con el objetivo de tener una base de datos completa a la hora de delimitar áreas de prospección para encontrar posibles asentamientos. Esta base de datos y los MDT estarían a disposición de todos los investigadores, con el objetivo de que puedan ser usadas para los diferentes estudios y trabajos, favoreciendo así la transmisión de ideas y conocimientos. Por otro lado, cuantos más estudios territoriales se hagan sobre diversos yacimientos de la Celtiberia, más cerca estaremos de completar los objetivos marcados inicialmente en mi trabajo, pudiendo así elaborar un mapa lo más exacto posible de los movimientos de tropas Romanos durante las Guerras Celtíberas, los asentamientos que fueron atacados y/o arrasados, y posibles campos de batalla. Estudiando arqueológicamente cada uno de estos yacimientos y enclaves se podría arrojar un poco de luz sobre este conflicto que duró casi un siglo y que tantos claroscuros presenta debido a los problemas documentales que nos plantean las fuentes clásicas. En adición a esto, actualmente el EIAG está elaborando un estudio de Control Territorial sobre una serie de yacimientos del Hierro I ubicados en el municipio de Alfaro, con el objetivo de crear un MDT similar al que he mencionado anteriormente. Esto permitirá poder estudiar el territorio donde se ubican estos asentamientos, su dispersión geográfica, el control que ejercen sobre este, la intervisibilidad entre ellos, etc. Obviamente, esto nos demuestra que estos métodos de trabajo se pueden aplicar a diferentes épocas, como ya se ha ido haciendo por diversos investigadores durante los últimos años y abarcando otras etapas de la historia. 121