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Abstract

Durante el reinado de Carlos IV (1788-1808) fueron muchos los cambios que tuvieron lugar a distintos niveles. La moda no fue ajena a ellos y los diversos acontecimientos también tuvieron su repercusión en la evolución del traje. Zaragoza, estudiada desde muchos puntos de vista, nunca ha sido tratada desde la perspectiva que aportan las apariencias externas. El estudio del traje, tanto desde el ámbito puramente material como desde el social, tiene gran importancia ya que los dos ámbitos ayudan a comprender una sociedad, su cultura, costumbres e ideas. Hoy en día, los trabajos sobre la moda y el traje histórico resultan muy variados. Desafortunadamente en España son pocos los estudios realizados al respecto, si exceptuamos el caso de los trajes regionales de tipo rural. Lo mismo ocurre en el caso aragonés. Por lo tanto, a través del estudio de la ciudad de Zaragoza este trabajo se centra en el mundo urbano, sus propias características y en las apariencias de sus gentes, materializadas en el vestido. Aldave Monreal, Esther; Ágreda Pino, Ana María

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Trabajo Fin de Máster Traje y moda en la Zaragoza de Carlos IV (1788-1808) Autora: Esther Aldave Monreal Directora: Ana María Ágreda Pino Facultad de Filosofía y Letras / Máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte Septiembre 2012 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es 2 Índice • Introducción: proyecto de trabajo……………………………………..………...4 • Contexto histórico………………………………………………………….......19 - El traje en la época de Carlos IV……………………………………….19 - La Zaragoza de entre-siglos…………………………………………….27 • Ámbito formal del traje………………………………………………………...30 - Quién lo elabora y dónde se hace………………………………………30 - Textiles, materiales y técnicas………………………………………….38 - Las prendas y los accesorios……………………………………………45 - Decoraciones……………………………………………………………62 • Uso del traje……………………………………………………………………72 - Indumentaria en los grupos sociales……………………………………72 - La cuestión de la moda y la influencia de la Corte……………………. 79 - El lujo y las damas……………………………………………………...92 - Revolución Francesa y moda…………………………………………...97 - Legislación Real………………………………………………………...99 - El papel de la Iglesia……………………………………………….….102 • Conclusiones……………………………………………………………….….103 • Apéndice documental: Novela satírica del Diario de Zaragoza……………....105 • Glosario de términos: telas y tejidos……………………………………….….113 • Bibliografía y archivos consultados…………………………………………...115 3 RESUMEN Durante el reinado de Carlos IV (1788-1808) fueron muchos los cambios que tuvieron lugar a distintos niveles. La moda no fue ajena a ellos y los diversos acontecimientos también tuvieron su repercusión en la evolución del traje. Zaragoza, estudiada desde muchos puntos de vista, nunca ha sido tratada desde la perspectiva que aportan las apariencias externas. El estudio del traje, tanto desde el ámbito puramente material como desde el social, tiene gran importancia ya que los dos ámbitos ayudan a comprender una sociedad, su cultura, costumbres e ideas. Hoy en día, los trabajos sobre la moda y el traje histórico resultan muy variados. Desafortunadamente en España son pocos los estudios realizados al respecto, si exceptuamos el caso de los trajes regionales de tipo rural. Lo mismo ocurre en el caso aragonés. Por lo tanto, a través del estudio de la ciudad de Zaragoza este trabajo se centra en el mundo urbano, sus propias características y en las apariencias de sus gentes, materializadas en el vestido. ABSTRACT There were many changes in different fields during the reign of Carlos IV (1788-1808). The fashion was not unconnected, and those events had an influence on the evolution of the clothes too. Zaragoza, studied from many points of view, never have been studied from the perspective that provides external appearances. The study of the costume, through material and social spheres considering that both spheres help to understand a society, its culture, costumes and ideas. Nowadays, the researches about fashion and historical costume are very varied. Unfortunately, if we except the case of rural costume, in Spain there are few studies on this field. The same happens in the case of Aragon. Therefore, through the case of the city of Zaragoza, this study focuses in urban world, its characteristics and the appearances of the people, materialized in the costume. 4 Introducción: proyecto del trabajo El universo del vestido o, si nos referimos en términos más amplios, la moda en relación con la estética personal, ha sido estudiado desde numerosos puntos de vista, aunque la mayoría de los autores que han tratado dicho tema apuntan el hecho de que no existen suficientes trabajos referidos a esta materia. En lo que compete a esta investigación, se realizará desde una perspectiva histórica, atendiendo a un período y lugar concretos, caracterizados por una serie de rasgos particulares, es decir, un contexto que da forma y moldea algo que tenemos por cotidiano y que quizá por ello pase en numerosas ocasiones inadvertido, como es el traje. Conviene decir, en primer lugar, que no existe nada publicado anteriormente sobre el período y localización en los que este trabajo se centra. De esta manera, se trata de algo completamente nuevo y a raíz de ello, la bibliografía y la documentación consultadas resultan variadísimas. Los objetivos de este trabajo son los siguientes: 1. - Como bien reclaman algunos de los autores a los que se hará alusión, el primer objetivo se centraría en otorgar a la indumentaria la importancia que debe tener en el ámbito intelectual y cubrir una laguna, ya que, como se ha dicho, no existen estudios centrados en Zaragoza sobre esta materia y en el período seleccionado. La indumentaria ayuda a entender una sociedad, al igual que nos transmite una serie de gustos propios de una época. Así, este tipo de estudios podría proporcionar un punto de vista diferente sobre la Zaragoza de entre-siglos, en cuestiones como el dinamismo social o las costumbres en un momento de transición y de cambio. Aclarando que este trabajo va a estar centrado en indumentaria civil, se va a demostrar en casos concretos que una de las maneras para distinguir el status social de una persona o familia, es centrarse en el estudio de las ropas que empleaban tanto a diario como en ocasiones especiales. Al fin y al cabo, una de las caras externas de una cultura, una época o una sociedad es la apariencia personal, cuya forma puede depender de una elección individual, o por el contrario colectiva, como en el caso de los uniformes. 2.- Justificar también el estudio de la indumentaria desde un punto de vista artístico, recordando que la estética personal es una de las primeras manifestaciones creativas del ser humano, cosa que perdura hoy en día. Sin duda, desde la Historia del Arte existen trajes considerados como verdaderas joyas, sea por su cuidada elaboración, los tejidos empleados, su originalidad… aunque, por supuesto, sean excepciones. Lo mismo podríamos comentar sobre las Bellas Artes, como la pintura o escultura; no cualquier lienzo o busto son considerados una gran obra de arte, sino que solamente algunos pocos, verdaderamente, pasan a la posteridad y son estudiados con detalle. Asimismo, el traje resulta testimonio de una época, de una cultura, incluso de unas determinadas concepciones ideales sobre la belleza y el gusto ¿A caso no cumple estos mismos requisitos una obra de arte? Además, el traje puede contemplarse desde diferentes dimensiones, partiendo, por ejemplo, de la estética personal, que bien puede 5 ser considerado como una forma de arte, o las propias implicaciones artísticas que posee el propio traje a raíz del tratamiento de los tejidos, los elementos ornamentales, el color, etc. 3. - Un problema a tener en cuenta: el vestido tiene un gran matiz de cotidianeidad, lo que acaba convirtiéndose en un factor en su contra. Es algo tan asimilado que anima poco a su análisis, a comprender su evolución y a valorarlo como una expresión del ser humano y, por tanto, de los distintos momentos históricos de la humanidad. Este mismo factor cotidiano influye en la poca perdurabilidad en el tiempo de las distintas piezas textiles, lo cual es una dificultad añadida a la hora de estudiar este ámbito de la sociedad. Así, este trabajo pretende acercarse a lo cotidiano, incluso supliendo las dificultades que la pérdida de los ejemplos materiales supone de por sí. Por otro lado, se prestará atención a las leyes suntuarias y a su aplicación. Otra cuestión es la de las distintas tendencias de la moda en confrontación con las costumbres más arraigadas en el pueblo llano ¿Hasta qué punto la Corte madrileña influía en las distintas regiones y ciudades del territorio español, en este caso en Zaragoza? Es sabido que gran parte de la nobleza española estaba asentada en Madrid aunque poseía territorios y casas en distintas zonas de la península, por tanto, mi intención es descubrir su influencia a la hora del vestir en dicha ciudad. Así como en la capital, la confrontación entre novedad y tradición la presentaban los “petimetres” y los “majos”, es importante descubrir si esto era algo también propio de la ciudad de Zaragoza. 4. - Analizar los distintos tejidos y telas que aparezcan en la documentación, su procedencia, elaboración… Para así saber cuáles eran los más reclamados, cómo se llevaban a cabo y dónde. En este último punto es relevante conocer la presencia de indianas, de gran valor en la época y que comenzaron a confeccionarse en España en el siglo XVIII. 5 - Descubrir y mostrar las labores ornamentales del vestido y conocer los propios complementos del mismo, además del estudio de la forma y características formales y artísticas de las diferentes prendas. 6 - Estudiar las condiciones de los distintos gremios dedicados al arte del traje y la situación de la “industria” de la confección en Zaragoza, para comprender si era una ciudad con actividad en este ámbito, o por el contrario era receptora comercialmente hablando en cuando a prendas, tejidos y demás. Por tanto, son varias las cuestiones que es preciso abordar, y que seguramente darán lugar a otras muchas para que el estudio del traje se presente como un mundo 6 lleno de posibilidades, con la capacidad de ser explorado desde muy distintas panorámicas. Tras los objetivos, presentar el estado de la cuestión. Debido a la complejidad y diversificación del tema y teniendo en cuenta que no existe publicación o estudio sobre el tema que se refiera a la Zaragoza para el período XVIII-XIX, ha sido necesario consultar todo tipo de trabajos referidos a la cuestión de la moda, desde la perspectiva de los historiadores del vestido pero también aproximaciones sociológicas, filosóficas, antropológicas, etc. En este estado de la cuestión se encontrarán obras que contemplan estos enfoques. Se trata de un estado de la cuestión general sobre la indumentaria, ya que al no haber nada más concreto, es a lo que se ha tenido que recurrir. En lo que concierne al ámbito geográfico, no se ha limitado la recopilación bibliográfica a ningún espacio en concreto, más bien se ha intentado descender desde lo general a lo particular, por lo que quedarán agrupadas las distintas investigaciones según el área al que atañen: ámbito europeo/mundial, España y Aragón. Estos tres apartados serán la base del estado de la cuestión, incluyendo en el primero aquellos estudios ya comentados que contienen un punto de vista ajeno, en cierta medida, a aquel propio de los métodos historiográficos 1 . De igual modo, en lo que concierne al aspecto cronológico, han recibido especial atención aquellos estudios que se centran o hacen alusión al período de transición entre los siglos XVIII y XIX y al propio siglo XVIII, ya que son los que más aportaciones pueden proporcionar en relación al campo de trabajo propio de esta investigación. Dentro de cada apartado, el orden de los libros, artículos o capítulos atenderá a un criterio cronológico. Trabajos centrados en ámbito europeo y mundial / Estudios generales sobre la moda La primera referencia a tener en cuenta dentro de la historia del vestido es HOTTENROTH, Federico, Historia del traje desde los tiempos primitivos hasta nuestros días, de 1917 2 . Se trata de una de las primeras historias globales sobre la indumentaria que presenta una colección de láminas muy interesantes. Cumple una labor muy descriptiva y no sólo se centra en los trajes, sino en otros objetos, como ajuar y mobiliario. Hay que apuntar que hasta tiempos cercanos las distintas revistas de moda también incluían este tipo de objetos junto a los propios vestidos. Otra obra que avanza hacia una historia de tipo más global es la de BOEHN, Max Von, La moda, historia del traje en Europa: desde los orígenes del Cristianismo 1 Es necesario apuntar desde un principio que en cualquier investigación referida a la moda o a la historia de ésta, confluyen diferentes perspectivas, como ya apunta René König al decir que la moda es un “fenómeno social total” y puede abarcarse desde distintos campos. KöNIG, R., Sociología de la moda, Barcelona, A. Redondo, 1972, p. 5. 2 HOTTENROTH, F., Historia del traje desde los tiempos primitivos hasta nuestros días, Barcelona, Montaner y Simon, 1917. 7 hasta nuestros días, de 1928 3 . Nos encontramos aún en un tiempo temprano, sin embargo, se añade la palabra “moda” en el título, lo que indica que ya es una noción bien asimilada. En el caso de este libro consulté el tomo 4, que compete al siglo XVIII. Se observa la importancia otorgada a los distintos grabados y pinturas de la época como fuente directa, además de analizar otros campos ajenos al traje pero que influyen en él notablemente, como la política, el arte, la moral… Esto indica que se sitúa a la moda en un contexto y en conexión con todos los aspectos de la cultura, lo que indica un avance en el estudio de esta materia. Uno de los estudios globales más destacables es BOUCHER, François, Histoire du costume en occident de l’antiquité a nos jours, de 1965 4 . Se trata de una obra que abarca la historia de la indumentaria desde la Prehistoria hasta el mismo año de su publicación. Se centra en gran medida en Francia y después en Inglaterra, situando en un segundo plano, al menos en la cronología de fines del XVIII y principios del XIX, a España, Italia u otros países del este o del norte. La situación del vestido en España viene marcada por la dicotomía “petrimetre”/”majo”. En el ámbito sociológico, encontramos un buen ejemplo en 1972 con KÖNIG, René, Sociología de la moda, al que antes se ha hecho alusión. Se trata de un análisis muy completo del fenómeno de la moda, el cual se realiza a través de un método de carácter psicoanalista: “En el inconsciente hay probablemente un determinado deseo contra el cual, en la conciencia superior actúan las correspondientes reglas sociales del comportamiento. Esta es propiamente la <relación de ambivalencia>. Trasladado esto a nuestro caso podemos afirmar que a la crítica y ataques contra la moda que, como sabemos por toda la historia, se repiten una y otra vez, corresponde, en el lado secreto, una cierta necesidad de esta moda […]” 5 El autor afirma que la moda es algo que ha existido siempre, lo cual diverge de las opiniones de otros autores, que sitúan el origen del fenómeno en un lugar y tiempo concretos. Al margen de la tesis que mantenga el autor, es una buena obra para acercar al lector a un universo tan complejo. El siguiente estudio es de gran interés, y refleja, en buena parte, el punto de vista en el cual se sitúa este trabajo a la hora de atender la historia de la indumentaria: DESLANDRES, Yvonne, El traje, imagen del hombre, del año 1998 6 , aunque publicado en su origen en 1976. Sigue la historia del vestido otorgándole una dimensión social; analiza el papel que cumple el traje dentro de la sociedad, ya que es una de las maneras de presentarnos al mundo y de transmitir algo sobre nosotros, de tal manera que, en relación al ser humano, “su traje, elemento anexo pero esencial a su personalidad, manifiesta su lugar en el universo propio” 7 . 3 BOEHN, M. von, La moda, historia del traje en Europa: desde los orígenes del cristianismo hasta nuestros días, Barcelona, Salvat, 1928. 4 BOUCHER, F., Histoire du costume en occident de l’antiquité a nos jours, Paris, Flammarion, 1965. 5 KöNIG, R., op. cit., p. 11. 6 DESLANDRES, Y., El traje: imagen del hombre, Barcelona, Tusquets, 1998. 7 DESLANDRES, Y., op. cit., 1998, p. 189. 8 En la línea que clasifica al vestido como elemento importante de comunicación, está SQUICCIARINO, Nicola, El vestido habla, de 1990 8 . El autor actúa y reflexiona desde la antropología cultural y adopta un punto de vista semiótico; el traje y la estética personal se comportan como todo un lenguaje de signos. Es así en cierta medida, pero sin embargo, Squicciarino olvida en gran parte la función práctica del vestido, tratando de buscar trasfondo a todo. Por otro lado, quisiera considerar otra cuestión de gran acierto: el adorno personal y la preocupación por la belleza a la hora de acicalar el cuerpo son señalados como una manifestación artística del ser humano 9 . Llegados a este punto, nos encontramos con un trabajo que reflexiona sobre la cuestión de la moda, LIPOVETSKY, Gilles, El imperio de lo efímero: la moda y su destino en las sociedades modernas, publicado en 1990 10 . El filósofo critica a la comunidad intelectual por considerar el tema de la moda poco serio para realizar estudios rigurosos sobre el asunto. Siendo cierto que sitúa su reflexión en la época contemporánea, también se ocupa de siglos pasados, fijando el nacimiento de la moda en la Europa de los siglos XIV-XV, ya que ésta es una “Formación esencialmente sociohistórica, circunscrita a un tipo de sociedad. No es invocando una llamada universalidad de la moda como se revelarán los efectos fascinantes y el poder de la misma en la vida social, sino precisamente delimitando de forma estricta su extensión histórica.” 11 Las dos anteriores obras fueron publicadas, respectivamente, en 1986 y 1987. No obstante, las traducciones corresponden a los años antes mencionados. En el caso de Laver, James, Breve historia del traje y de la moda, de 1988 12 , se han publicado más de tres reediciones. Se trata de un estudio que recorre toda la historia del vestido, de carácter ciertamente divulgativo pero que supone una referencia a la hora de estudiar esta materia acogiendo un amplísimo marco cronológico. En el año 1991 tiene lugar una conferencia en Madrid sobre los museos de indumentaria. Así, encontramos ponencias tan interesantes como la de Morcillo Pares, Mª Ángeles, “Aproximación al estudio antropológico de la indumentaria” 13 , que además de aportar una visión de la indumentaria desde la ciencia antropológica, incide en el matiz interdisciplinario del estudio del traje. Interesante es la publicación de SARTI, Raffaella, Vida en familia: casa, comida y vestido en la Europa moderna, de 2003 14 , ya que supone un gran estudio respecto a la historia de la vida cotidiana. Presta atención al mundo del vestido desde un punto de vista que ayuda a entender su sentido cotidiano, su papel y significado en una época determinada. El único problema de abarcar un amplio marco territorial, como es 8 SQUICCIARINO, N., El vestido habla, Madrid, Cátedra, 1990. 9 SQUICCIARINO, N., El vestido habla, Madrid, Cátedra, 1990, p. 54. 10 LIPOVETSKY, P., El imperio de lo efímero: la moda y su destino en las sociedades modernas, Barcelona, Anagrama, 1990. 11 LIPOVETSKY, G., op. cit., 1990, p. 24. 12 LAVER, J., Breve historia del traje y de la moda, Madrid, Cátedra, 1988. 13 MORCILLO PARES, M. A., “Aproximación al estudio antropológico de la indumentaria”, en Conferencia Internacional de Colecciones y Museos de Indumentaria (Madrid, 1991), Madrid, Ministerio de Cultura, 1993. 14 SARTI, R., Vida en familia: casa, comida y vestido en la Europa moderna, Barcelona, Crítica, 2003. 9 Europa, es que centra su atención, en la mayor parte de ocasiones, en lugares concretos, como París o las regiones italianas. Cuatro años después, aparece una obra que hace referencia a uno de los aspectos más importantes del traje: el color. VV.AA., Modachrome: el color en la historia de la moda de 2007 15 . Catálogo de una exposición temporal, pero a su vez compendio de artículos redactados por expertos en la materia del color en el arte, sociólogos e historiadores de la moda. Interesante para comprender el significado y la evolución de los colores a lo largo de la historia en relación con el vestido. En torno a esta línea de estudio del color en relación al a indumentaria, está PASTOUREAU, M., Negro. Historia de un color, que vio la luz en 2009 16 . Se atiende a la evolución de este color a lo largo de los distintos períodos de la historia, prestando atención, en gran parte, al aspecto de la moda. En 2010, y bajo la autoría de una española, está CERRILLO RUBIO, Lourdes, La moda moderna. Génesis de un arte nuevo, publicado en 2010 17 . Un interesante análisis que sitúa a la moda como una de las artes de la Edad Contemporánea. Desde esta perspectiva, la autora va mostrando la evolución de la moda desde el siglo XVIII. Por último, hacer referencia a un artículo que recapacita a cerca de la indumentaria como un material auxiliar de la investigación histórica: LLONCH MOLINA, Nayra, “La indumentaria como fuente para la didáctica de la historia: problemática y estado de la cuestión”, artículo del año 2012 18 . La autora enumera una serie de inconvenientes que presenta la indumentaria a la hora de valorarla como testimonio histórico del pasado. Me parece, sin duda, esencial, que el traje figure como fuente, a pesar de esa serie de problemas que presenta. Siempre y cuando esos inconvenientes no sean importantes, la indumentaria debe ser un objeto de estudio para comprender los tiempos pasados. Estudios centrados en el marco español Las investigaciones sobre los asuntos de indumentaria en lo que concierne a España han sufrido un gran empuje a partir de los años noventa. Por un lado, es preciso comentar la importancia de los trajes populares, a los que se les ha dedicado numerosas publicaciones. Cada comunidad autónoma y casi cada región poseen su propio estudio a este respecto. Sin embargo, no es la intención de este proyecto realizar una investigación sobre esta indumentaria regional 19 , sino centrar la atención en el traje que ostenta un carácter histórico y que ataña a todas las capas sociales del mundo urbano. 15 VV.AA., Modachrome: el color en la historia de la moda (exposición Museo del Traje, 10 mayo-23 septiembre, 2007), Madrid, Ministerio de Cultura, 2007. 16 PASTOREAU, M., Negro. Historia de un color, Madrid, 451 editores, 2009. 17 CERRILLO RUBIO, C., La moda moderna. Génesis de un arte nuevo, Madrid, Siruela, 2010. 18 LLONCH MOLINA, N., “La indumentaria como fuente para la didáctica de la historia: problemática y estado de la cuestión”, Didáctica de las ciencias experimentales y sociales, nº24, 2010, pp. 63-72. 19 ¿Hasta qué punto se tiene en cuenta la invención y los añadidos que ha ido integrando el paso del tiempo, a la hora del estudio de los trajes de carácter rural o tradicional? Este tipo de traje ha sido muy 16 imposibilidad de desplazamiento. También hay que mencionar los recursos online, como www.dialnet.unirioja.es, de gran utilidad a la hora de localizar artículos sobre cualquier materia, con la facilidad de que algunos pueden descargarse. Igualmente destacar la sección de Google Académico, en la cual se proporcionan enlaces a artículos en pdf. y obras completas situadas en Google Books. En cuanto a las fuentes documentales, de nuevo hacer mención a la gran cantidad de documentos que aportan información sobre el asunto de la indumentaria, sobre todo de manera indirecta. En primer lugar, en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Zaragoza se ha consultado inventarios de bienes, testamentos, y capitulaciones matrimoniales. Son documentos en los que sin duda aparecen alusiones a distintas prendas, tejidos o trajes íntegros, salvo en los últimos, donde apenas se especifica respecto a los bienes materiales que aportan los cónyuges y que, por tanto, no han sido de gran ayuda. En el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza se ha vaciado la sección de Pleitos Civiles, muy interesantes porque algunos de ellos contienen las relaciones de bienes o inventarios, que suelen ser muy exhaustivos, de diferentes individuos implicados en estos pleitos. También se ha consultado la sección de Reales Órdenes, en la cual existen leyes en relación a distintos aspectos que tienen que ver con la indumentaria. Por último, se ha prestado atención igualmente, aunque no todo lo que hubiese sido preciso debido a la gran cantidad de documentación, a los archivos privados, que al ser tan voluminosos requieren de mucho tiempo de dedicación. Al ser la cronología abarcada en este trabajo de unos 20 años, hay que rastrear en catálogos que agrupan seis o siete siglos y que tocan numerosos temas. En estas secciones de Casas Nobles aparecen capitulaciones matrimoniales, cuentas, inventarios o testamentos de este grupo social. Sin duda, ha quedado pendiente un gran volumen de documentación que podría consultarse más adelante. El Archivo Municipal de Zaragoza ha resultado también de mucha ayuda en la elaboración del trabajo. Contiene publicaciones periódicas muy interesantes, como el Diario de Zaragoza o la Gaceta de Zaragoza, en las cuales hay anuncios, avisos, novelas y escritos en verso, artículos referentes a la moda o a aspectos técnicos del traje, etc. Además, cabe destacar la Serie Facticia, que contiene ordenanzas gremiales, censos, mapas, asuntos referentes al Teatro de Comedias o distintas noticias de la ciudad, como la visita del rey Carlos IV a Zaragoza en 1802. Otros archivos de relevancia son el Archivo de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, para la consulta de las medidas de carácter económico y técnico que se llevaron a cabo en el sector textil, diferentes cuestiones de los gremios y también documentos con temática moralizante. Por último, hacer referencia al Archivo Diocesano de Zaragoza, el cual ha sido imposible consultar por falta de tiempo, y sobre el cabría destacar las distintas visitas pastorales de la época, que aportarían ideas sobre cómo acudían los feligreses vestidos a la iglesia, o las Constituciones Sinodales, que podrían contener diferentes dictámenes de tipo ético. También han resultado de gran uso las fuentes publicadas respecto al ámbito legislativo y jurídico, que se encuentran en SALADRIGAS CHENG, Silvia, et SOLER I JIMÉNEZ, Joan, El arte real de perseguir a los sombreros: textos y documentos para 17 la historia del tejido y la indumentaria en las monarquías hispánicas (s.XVI-XVIII), Terrassa, Centre de Documentació i Museu Tèxtil, 2008. Para finalizar, dentro de las fuentes cabe hacer mención a los testimonios de tipo pictórico, que son un gran apoyo a la hora de proporcionarnos información sobre la vestimenta de una determinada época y de los cuales se ha hecho uso a través de internet: www.google.es, la web del Museo del Prado y la visita al Museo Provincial de Zaragoza. Cabe destacar la gran labor realizada en este aspecto para este trabajo, debido a que la obra de Goya lo abarca absolutamente todo, y localizar obras de otros artistas en este período resulta algo complicado. No existe duda de que para el historiador, y también para el historiador del arte, son muchas las fuentes, más de lo que comúnmente se piensa, que sirven para reconstruir tiempos pasados. Las mejor valoradas, y no sin razón, son las fuentes documentales. Sin embargo, la importancia de cada tipo depende en última instancia del objeto de estudio. Para el investigador que se centre en una obra pictórica, la fuente primera será sin duda la propia obra, ya que ésta habla por sí misma, aunque finalmente todo dependa de cómo sea descifrada por aquel que conversa con ella, una propiedad ésta intrínseca a toda fuente, ya que la interpretación es la parte fundamental del trabajo que se lleva a cabo con toda clase de testimonios del pasado. En el caso de este trabajo, podría decirse que las propias prendas de ropa que han sobrevivido al paso del tiempo son la principal baza para estudiar la indumentaria y la moda del pasado. A pesar de ello, contamos con épocas históricas de las que no se posee restos materiales, y lugares de épocas más recientes que no nos han dejado esos vestigios. Así, para la Zaragoza de entre siglos, no se han encontrado, de momento, y si existen no están en disposición de ninguna entidad, restos textiles. Por tanto, junto a las fuentes documentales y literarias, ¿Qué elemento puede aportar información sobre este ámbito de estudio? La obra gráfica. Para un momento histórico en el cual la fotografía estaba en proceso de gestación, las pinturas y los grabados son clave (incluso en algún caso, la escultura, aunque en menor medida). Un vestido completo de finales del siglo XVIII es por supuesto una fuente directa, que representa en sí misma el objeto de estudio. Pero es en la pintura y en los grabados (también en las fuentes literarias) donde observamos la indumentaria en su contexto: quién porta las ropas, de qué manera, el papel de cada prenda, en qué situación se encuentran el/los representados, la temática en la cual se sitúa la escena que contiene unos personajes vestidos de una determinada manera, etc. Sin embargo, no hay que dejarse llevar por todos estos datos fácilmente, ya que los retratados pueden haber elegido un determinado traje para la ocasión, sin que reine la espontaneidad, aunque también en ese caso observamos qué tipo de indumentaria se elegía para mostrar una buena imagen, o la que se pretendiera. Puede ser el caso de los trajes conocidos como regionales, que comenzaron a ver la luz como tal en el siglo XVIII. Muchas de estas representaciones sobre los trajes de las tierras del reino, o de oficios tradicionales, eran verídicos, algunos resultaban muy artificiales y otros eran fruto del mito, del teatro o del capricho del autor. A pesar de todo, fueron precisamente las fuentes gráficas las que difundieron las maneras de ser y vestir de los habitantes del reino español, por lo que el auge de estos trajes fue tremendo, cosa que fue a mayores en el siglo posterior, cuando se desarrolló plenamente una pintura en España de carácter costumbrista, ya inaugurada 18 por autores como Francisco de Goya, considerado uno de los impulsores del arte contemporáneo. Este ejemplo que venía a raíz de la ambigüedad del traje y su representación, y que finaliza con la importancia de las imágenes como difusión, no sólo de ideas, sino de maneras de vestir y aparentar, sirve para enlazar con otro caso que reafirma esta última idea. El siglo XVIII es el siglo de la aparición de las revistas de moda, de las cuales se hablará más adelante. Para establecer una pequeña definición, se trata de publicaciones periódicas que vieron su origen en Inglaterra y Francia, cuya finalidad era la difusión de la última moda, tanto en la estética personal como en otros aspectos (mobiliario) a través de estampas que representaban distintos maniquís ataviados con las más novedosas prendas y peinados. La popularidad de estas publicaciones en Europa se desarrolló en la segunda mitad de siglo, hacia los años setenta y ochenta, presentando una continuidad y evolución recibida en nuestros días. En el caso español, el primer caso tardó en llegar, situándose en la década de los noventa. Por tanto, se observa a través de estos dos ejemplos, el de los grabados de trajes típicos, y el de las revistas de moda, la importancia de las imágenes. Considerando, pues, las obras gráficas como un buen apoyo a la hora de conocer y estudiar el vestido histórico, conviene saber qué clase de temáticas abordadas en la España de finales del XVIII y principios del XIX reflejaban mejor la indumentaria y moda del momento. En el caso de la moda, no hay duda de que la presencia de ésta, es decir, de las últimas tendencias venidas generalmente de Francia, o en algún caso Inglaterra, resultaba muy notoria en la corte y en las casas nobiliarias, aunque era algo que tarde o temprano, como ahora, alcanzaba a todas las masas. A pesar de ello, las clases privilegiadas y la emergente burguesía adinerada podía hacer gala de las últimas novedades fácilmente. Por tanto, los retratos de las principales personalidades del momento resultan clave para estudiar el asentamiento de las modas en la península. Esto puede aplicarse también al caso de Zaragoza, ya que existen retratos de personajes de la ciudad, aunque la mayoría vivieran normalmente en la corte para desempeñar diversos cargos. A parte de observar las tendencias de la moda a través de estos cuadros o grabados, también quedan patentes las prendas típicas del momento, aunque si el retratado es de alta cuna, elaboradas con los más delicados tejidos y adornos. Es, como ya se ha comentado, a partir de mediados del Siglo de las Luces cuando comienza a florecer una pintura de carácter costumbrista en España, que encuentra escasos ejemplos en épocas anteriores. Es aquella centrada en la vista de paseos, puentes, puertos u otros lugares y que incluye la presencia de escenas espontáneas. Algunos representantes fueron Francisco Bayeu, José Camarón Bonanat o José del Castillo, junto a la figura de Francisco de Goya. En consonancia con esto último, a medio camino entre el retrato y la escena, están las representaciones de actos oficiales o acaecidos en la corte, que arrastraban su origen desde siglos atrás. Por último, un último genero con gran importancia en su momento y poco valorado en la actualidad, son las miniaturas. Retratos diminutos o de pequeño tamaño, destinados a generalmente a medallas o a ser colocados en la pared a modo de pequeños cuadros. Aunque nunca se ve al retratado de cuerpo entero, pueden servir para apreciar la evolución de los peinados, de los complementos o de las características de la parte superior del traje. Lo ventajoso es que los retratados no tienen por qué pertenecer a clases elevadas, por lo que puede darse con personajes de diferente procedencia social. 19 En el caso de la pintura religiosa, para el siglo XVIII, las vestimentas de los distintos personajes que participaban en las escenas dejaron de representarse como la de sus contemporáneos, y se procuraba alcanzar un estilo neutro, a base de túnicas, mantos y demás, por lo que no suponen una buena fuente para el estudio de la indumentaria del momento, salvo excepciones. Introducción El traje en la época de Carlos IV La entrada del siglo XVIII en España resultó marcada por la Guerra de Sucesión (1702-1714) y el consecuente cambio de dinastía. La llegada al reino de los Borbones no sólo alteró la situación política, social y económica, sino que además influyó en la indumentaria, ya que “ese escaparate superficial es, en realidad, la vitrina donde se experimentan esos profundos cambios, tanto en los comportamientos individuales como en los colectivos” 51 . Los nuevos modales, las formas de comportamiento, las actividades de ocio, la moda, todo resultó ser, con la entrada del nuevo monarca, a la manera francesa. Por tanto, con esto tenemos el detonante que determinó las dicotomías de la indumentaria en España durante todo el siglo: la moda extranjera y el traje de carácter nacional. En primer lugar, están las modificaciones venidas del exterior, que alteraron el traje típico español del siglo XVII, que en gran parte había permanecido aislado de las corrientes internacionales 52 . Se procedió, pues, a eliminar signos de identidad que habían identificado a un reino durante todo un siglo, al menos en los colectivos sociales relevantes. El principal ejemplo masculino está en la golilla, elemento omnipresente durante todo el Siglo de Oro, que erguía el cuello situando la cabeza como si estuviera posada sobre una placa metálica y que, según decían sus detractores, resultaba un elemento muy incómodo (figura 2). Con el desprestigio que se creó en torno a este elemento y con la introducción del llamado traje de tipo militar, a la francesa, como nueva base de la indumentaria masculina, el cambio se produjo. Aquel que aceptaba el novedoso traje, expresaba exteriormente su beneplácito a la nueva dinastía y a su origen francés 53 . La nueva indumentaria masculina consistía básicamente en las prendas de casaca, chupa y calzón con las características decoraciones de estilo rococó, con grandes trabajos de pasamanería y colores pastel, que dibujarían al “afeminado” sujeto víctima de numerosas críticas, conocido en todo el siglo XVIII como “petimetre”. La peluca supuso también una incorporación importante, con ciertos cambios a lo largo del siglo, al igual que el pelo empolvado. El elemento que fue evolucionando con el paso de los años fue la casaca, que cada vez se abría más en su parte delantera, perdiendo por completo la utilidad de los botones. 51 MOLINA, A et VEGA, J, op. cit., 2004, pp. 9-10. 52 SOUSA CONGOSTO, F. de, op. cit., 2007, p. 160. 53 MOLINA, A et VEGA, J, op. cit., 2004, p. 60. 20 En el caso femenino, la moda francesa trajo consigo el “robé à la française”, traje con gran ornamentación, colorido y adornos, caracterizado por los pliegues en la espalda que comenzaban bajo el cuello y formaban una cola que se extendía horizontalmente a lo largo de la falda, hasta tocar el suelo. Poseía un pronunciado escote y unas mangas que solían prolongarse hasta el codo, desde donde partían diferentes volantes de encaje. El cuerpo se moldeaba a través de la cotilla y la falda obtenía gran volumen gracias al miriñaque, sucesor del guardainfantes del siglo XVII 54 (figura 1). Todo ello irá sufriendo modificaciones, hasta llegar al vestido más sencillo de origen inglés, del que se hablará más adelante. Aunque es conveniente nombrar una derivación curiosa, la “robé à la polonaise”, caracterizada por poseer tres pliegues en la zona trasera de la falda, que se acortaba hasta mostrar los tobillos. En cuanto al tocado, destacar de nuevo las pelucas y los extravagantes peinados, adornados con cintas, lazos, bucles, flores, etc., y que en Francia, tras el triunfo del peinado a lo Pompadour, basado en un tupé y un recogido trasero (figura 1), llegaron a alcanzar grandes alturas. Frente a la moda extranjera, hay que apuntar las características nacionales. Primeramente, destacar la capa, prenda importantísima en el atuendo masculino español, y que fue la causante de muchos problemas a lo largo de la centuria, debido al gusto por ocultar el rostro, y por tanto la identidad, bajo esta prenda. Sobre este asunto se hablará más adelante con detalle. En el ámbito femenino, en segundo lugar, hacer mención a la mantilla (figura 6). Prenda indispensable de cualquier dama en este momento, fuese cual fuese su procedencia social, a la hora de salir a la calle. En este ámbito, encontramos también la basquiña, una sobrefalda que se usaba igualmente para salir a la calle. Fig. 1 – María Luisa de Parma, Mengs, 1765. Fig. 2 – Felipe IV, Velázquez, 1655-1660. 54 SOUSA CONGOSTO, F. de, op. cit., 2007, pp. 172-173. 21 Estos elementos de choque, lo nacional y lo extranjero, provocaron una gran controversia a lo largo de la centuria. Como también lo hizo la cuestión del lujo, muy unida al tema de la moda y de las costumbres extranjeras. Los dos estereotipos de personajes representativos de las dos caras, fueron los ya nombrados “petimetres”, también conocidos como “currutacos” o “pisaverdes”, y los “majos”. Los primeros eran aquellos considerados afeminados y víctimas de la moda francesa, apresados por la obsesión con la belleza personal, que en muchos casos habían podido, gracias al apoyo de sus familias adineradas, visitar la corte vecina 55 . Las “petimetras” eran igualmente atacadas por gran parte de la opinión pública, pero se les perdonaba más que a sus compañeros, ya que la coquetería y el capricho se consideraban propios de la mujer. En el caso del “majo”, su figura se desarrolló sobretodo en la segunda mitad de siglo y fue, podría decirse, un “dandi del pueblo” 56 . Sus actitudes nada tenían que ver con la del “currutaco”, ya que se presentaba como varonil, portando una imagen ruda y castiza, pero elegante, creyéndose legítimo representante del pueblo y de los barrios bajos de Madrid. Aunque, seguramente, esta figura, con ciertos cambios de base y de apariencia, se desarrollaría en otras provincias. De estos temas se hablará con un desarrollo mayor más adelante. La controversia por el factor del lujo y el control de las apariencias externas fue otra de las características del siglo XVIII. Ya a finales de siglo, en el año 1788 se publicó Historia del luxo, y de las leyes suntuarias en España, por Don Juan Sempere y Guarinos, obra de la que se hablará más extensamente. Supone un largo ensayo sobre el lujo. El autor se mantiene entre las dos opiniones vigentes durante el siglo y defiende un lujo moderado ya que, precisamente, “el luxo, la industria, y el comercio son tan correlativos, que apenas puede encontrarse lo uno sin lo otro” 57 . Así, el lujo impulsa la economía, aunque en alto grado puede hundirla. Sobre esto y sobre moda, mucho se discutió a través de publicaciones como El Censor y diversos periódicos de la época. En realidad, el resentimiento frente al lujo venía en muchas ocasiones por la competitividad sobre este terreno de las industrias extranjeras, y la incapacidad en el ámbito nacional de modernizar la actividad industrial, para lo cual se propusieron reformas que en pocas ocasiones llegaron a buen puerto 58 . En la obra de Sempere y Guarinos se realiza también la recopilación y comentario de algunas leyes emitidas desde tiempos antiguos sobre el tema de la indumentaria. De hecho, en el siglo XVIII, los Borbones siguieron ejerciendo un control sobre las formas de vestir de los habitantes del reino, para evitar el alto gasto en objetos suntuosos y el orden estamental, es decir, conseguir que cada cual vistiese según su rango, cosa que cada vez era más difícil de controlar. En este ámbito, conviene destacar la publicación que enlaza de nuevo con la cronología del reinado de Carlos IV: Discurso sobre el luxô de las señoras, y proyecto de un trage nacional (1788). Lo más destacable es que en este texto se alude directamente a las mujeres como si fueran las más relacionadas con el mundo del lujo, idea, por otra parte, normal y asentada en la época. Esta publicación anónima resultó ser un “episodio caricaturesco de aquel que intentó educar y gobernar al pueblo sin que éste 55 MARTÍN GAITE, C., op. cit., 1988, p. 73 56 DÍAZ MARCOS, A. M., op. cit., 2006, p. 86. 57 SEMPERE Y GUARINOS, J., Historia del luxo y de las leyes suntuarias en España, Madrid, 1973 [1788 ], p. 185. 58 MOLINA, A et VEGA, J, op.cit., 2004, p. 124. 22 interviniese” 59 , característica irrefutable del Siglo de las Luces, y además un intento absurdo de control sobre las mujeres de todo un país, proponiendo para ello el establecimiento de tres vestidos, acordes con los tres grupos sociales vigentes (española, carolina y borbonesa o madrileña 60 ). El intento durante el XVIII, por tanto, de control de la indumentaria y de quién la portara resultó prácticamente inútil, sabiendo que fue en este siglo cuando se gestaban las clases sociales medidas por el dinero y no por el título, que alcanzaron su plenitud en el XIX. Así, en el Siglo de las Luces, más que nunca, el traje fue la carta de presentación de un personaje que decidía previamente cómo se quería mostrar hacia los demás, siendo fiel o no a su posición social. Para presentar el objeto de estudio de este trabajo y proporcionar un breve análisis de la vestimenta durante el reinado de Carlos IV, como apoyo se utilizarán una serie de obras pictóricas contemporáneas o anteriores a dicho reinado y que representan en gran medida las distintas formas de vestir propias del momento, que reflejan tanto las tendencias internacionales, como las nacionales. Por ello, pueden aplicarse a cualquier lugar de la península. A pesar de lo que se cree, las prendas y formas de vestir poseían un carácter bastante homogéneo en el país, sobre todo en las clases elevadas. Por lo tanto, teniendo en cuenta que en Zaragoza apenas existía, en este momento, una pintura sobre la temática del retrato o de las costumbres para ilustrar la vestimenta propia del momento, basta con una serie de pinturas de carácter nacional en su mayoría, y con más razón en este apartado, ya que ahora es el ámbito a tratar. Comenzando con el caso femenino, en este reinado tenía lugar la convivencia de tres estilos, básicamente. Dos de ellos se basaban directamente en la influencia de la moda francesa, e incluso inglesa, siempre por vía de la anterior. Por tanto, en los primeros años del reinado triunfó la moda inglesa que introdujo, en gran parte, la reina María Antonieta de Francia 61 , y que vemos ejemplificada en el cuadro de Goya, Doña Tadea Arias de Enriquez, de 1794 (figura 4). Esta moda apareció en España ya en los años ochenta del siglo, imbuida por distintas tendencias filosóficas que reclamaban un mayor acercamiento a la naturaleza por parte del hombre. Por otro lado, los nobles ingleses, más apegados al campo que a la corte, solían portar ropas más cómodas. Ese tipo de vestido, denominado vaquero a la inglesa, precisamente por esta comodidad 62 , lo comenzaron a portar las damas francesas y españolas para vestir a diario, ya que en las ceremonias importantes se seguiría usando la bata o vestido a la francesa (figura 1), del cual ya se ha hablado y cuya tipología definitiva se estableció a mediados de siglo. Así, el vestido a la inglesa, se caracterizaba por ser ajustado en su parte superior, apoyado así por un corsé. Con gran escote, éste solía cubrirse con un pañuelo fabricado generalmente en seda. Las mangas, en lugar de ser hasta medio brazo y con distintos volantes y encajes, solían ser estrechas y en muchos casos se prolongaban hasta la muñeca, como en el caso de Doña Tadea de Arias. En lugar de tener un abultamiento en 59 LEIRA, A., op. cit., 1993, p. 237. 60 Discurso sobre el luxô de las señoras, y proyecto de un trage nacional, Madrid, Imprenta Real, 1788, p. 41. 61 CERRILLO RUBIO, C., op. cit., 2010, p. 24. 62 DESCALZO LORENZO, A., op. cit., 2009, p. 386. 23 la parte trasera que parte desde los hombros como en el caso del “robé à la française”, éste podía ajustarse por medio de un lazo o cinturón a la cintura, de la cual partía una cola que rozaba levemente el suelo. La falda, pues, no poseía un miriñaque que aportase un volumen horizontal, como en el caso de la figura 1. En referencia a los tejidos, solían ser de clase más vaporosa y ligera que en el caso del vestido francés, con sedas y algodón a base de muselinas. En relación al tratamiento del cabello, a partir de la década de los setenta, comenzaron a aparecer esos característicos peinados basados en una gran verticalidad, con numerosos adornos o tocados y con bucles en la parte trasera, como ya se ha comentado. Sin embargo, conforme los años iban pasando, se iría imponiendo un tipo de rizo que se caracterizó por otorgar ese aspecto de escarola a la cabellera, como puede verse en la figura 4. Además, se incorporaron unos tirabuzones en la parte inferior. Todo ello se solía rematar a base de grandes sombreros, con plumas, lazos, flores y cintas. Por último, un aspecto a destacar, que se observa en el lienzo de Goya, es la desaparición de la famosa peluca empolvada, que comenzó a hacerse notar a principios de los años noventa, aunque mantuvo su presencia en la vida cotidiana incluso hasta principios del siglo XIX, sobre todo en el campo masculino. Continuando con otra modalidad de vestido, ya en la segunda mitad de la década de los noventa, comenzó a hacer acto de presencia un nuevo tipo de traje que nada tiene que ver con los anteriores. Se trata de una moda francesa que surge, sobre todo, a raíz de la Revolución Francesa y su intención de eliminar todo lo representativo de la clase noble y cortesana. También, por supuesto, influyeron las tendencias filosóficas antes mencionadas, la aparición del Neoclasicismo y, por tanto, la admiración de las formas depuradas y la sencillez. Esta nueva estética es lo que se conoció posteriormente por estilo imperio, en relación con el período siguiente a la Revolución. Esta moda surgida en Francia comenzó a asentarse a nivel europeo a partir de la época del Directorio (1795-1799). El vestido que parte de esta moda se caracterizaba por dar un vuelco total a las formas clásicas del traje femenino. Se eliminó en casi todos los casos el corsé, y el talle se elevó, situándose justo debajo del pecho. Los tejidos vaporosos, como la muselina, se amoldaron al cuerpo, permitiendo descubrir su anatomía, y el blanco pasó a ser el color de moda (figura 5). Los complementos ideales fueron el chal, y para protegerse del frío, debido a la ligereza del vestido, el redingote, al modo masculino, o la chaquetilla corta de tipo spenser, con mangas largas o cortas 63 . Desde los tiempos primitivos del traje hasta los años veinte del siglo XX, no hubo otro período en que las mujeres llevaran tan poca ropa 64 . 63 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2006, p. 491. 64 LAVER, J., op. cit., 1988, p. 157. 24 Fig. 3 – Fragmento del Baile de majos junto al Manzanares, Goya, 1776. Fig. 4 - Doña Tadea Arias de Enriquez, Goya, Fig. 5 - Madame Récamier, François Gerard, 1805. 1794. En cuanto a los peinados, resultaban también sencillos, a base de pequeños mechones rizados que se dejaban caer en el rosto y recogidos a través de diademas o cintas, que generalmente creaban un moño (figura 5). La última tendencia estética femenina en este momento, puede identificarse con el traje nacional o castizo, el denominado en muchos casos, “vestido goyesco”. Es aquel 25 que se identificaba con el pueblo llano, con las costumbres más arraigadas, reflejadas en unas maneras de vestir que apenas sufrió cambios durante el reinado de Carlos IV. En Madrid, todo esto se relacionaba con el grupo de los “majos” y “majas”. Algunas mujeres pertenecientes a grupos sociales superiores, adoptaron en algunas ocasiones estas maneras de vestir (figura 6), incluso de actuar, mezclándose con el pueblo, mayormente en acontecimientos concretos, como eran las corridas de toros o las fiestas religiosas. Así, dos prendas básicas resultaron ser la basquiña y la mantilla, caracterizadas por ser “unas anchas enaguas de color negro y amplio velo […] de la cabeza a los hombros y que se cruza delante del pecho a modo de chal” 65 , respectivamente. En el caso de estas vestimentas populares, Francisco de Goya resulta una fuente imprescindible (figura 3). Fig. 6 - Marquesa de Santa Cruz, Fig. 7 – Carlos III, Mengs, 1774. Goya, 1797-98. Así, el lienzo del baile de “majos” sirve ahora para enlazar con la indumentaria masculina. En primer lugar, las mujeres, al margen de las prendas ya mencionadas, que se usaban para salir a la calle, llevaban un vestido llamado brial, que dejaba ver los pies, sobre el cual se usaba un jubón a modo de chaqueta. La cofia en el pelo a modo de redecilla, era muy usual, igual que en los hombres, que recogían su larga cabellera a través de esta prenda. Éstos hacían uso de medias, calzones y chaquetas muy guarnecidas, con grandes trabajos de pasamanería, al igual que en los jubones de las mujeres, que con la llegada de la moda del vestido camisa, se hicieron más cortos, tipo spencer. Los sombreros masculinos solían ser de ala ancha (figura 3) y el calzado era de color negro, con grandes hebillas doradas o plateadas. Un elemento muy importante y característico de esta indumentaria castiza era la capa, sobretodo que tantos problemas 65 BLANCO WHITE, J., Cartas de España, Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2004, p. 46. 32 Los cordoneros trabajaban con materiales como seda, hilo, oro y plata. En cuanto a los zapateros de obra primera, existen unas ordenanzas de 1797. En ellas se especifica el tipo de de pieza que debían presentar los aspirantes a maestro (Fig.9): “Un par de Botas de gala: un par de botines: un par de Sandalias de Fraile: un par de Zapatos de hombre de toda moda: y un par de chinelas tambien de muger de moda […]” 87 En estas ordenaciones se aclaraban las disputas entre los zapateros y los sastres, en relación a la creación de prendas de ropa a partir de ante o cuero. Se dictamina que ambos oficios puedan realizar piezas en estos materiales, como pantalones o calzones, y en estas tareas se incluye también a las mujeres 88 . Sobre el gremio de sastres, decir que no se ha podido localizar las ordenanzas, algo que habría aportado mucho, ya que se trata del gremio más ligado al ámbito de la estética personal. En relación al asunto del trabajo de la seda, según Asso, la cría del gusano venía desarrollándose en Aragón desde 1202 con principales morerales ubicados en lugares como Gállego, Rabal y Almozara 89 . Para la segunda mitad del siglo XVIII, era una actividad que aglomeraba al “cosechero (que es el Labrador) Yladores, Devanadoras de Cepo y Vodina, Torcedores, Tintoreros, Cordoneros, Pasamaneros, Mercaderes, Medieros y tafetaneros, Maestros, y Oficiales” 90 . Al encontrarse esta actividad estancada, la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País tuvo que tomar medidas, ya que se encontraron problemas como la escasa cantidad de género que se producía y las anticuadas técnicas de hilado. Esto contrastaba con la buena evolución de Valencia en este campo (figura 10), que sirvió de modelo para que La Real Sociedad aplicara medidas de modernización en Zaragoza, como la adopción del método de Vaucanson 91 . Las malas cosechas de principios de los años ochenta, dieron lugar a la reclamación a S.M. de una inyección de dinero como se hacía en Valencia en casos de necesidad, o la incorporación de los trabajadores de la seda a las organizaciones de caridad, ya que éstos se encontraban desocupados. Además, para ayudar a los tafetaneros se solicitó a la Real Sociedad valenciana las ordenaciones del gremio de tafetaneros de aquella ciudad para así poder seguir su ejemplo en la villa zaragozana 92 . Sin embargo, estas medidas se vieron truncadas por la situación tanto política como económica de finales del XVIII y nada se pudo hacer por la actividad sedera, que fue decayendo conforme avanzaban los años. Cabe decir que también se aplicó un Plan Gremial aprobado por la Junta General en 1779, por el cual se les exigía a los aprendices gremiales saber leer, contar y escribir, además de otorgar gran importancia al dibujo. Así, es reseñable la creación de la Escuela de Dibujo en 1784. Todas estas iniciativas no prosperaron, y los tejidos zaragozanos siguieron siendo muy básicos a 87 A.M.Z., Serie Facticia, Caja 7079, Nº120-13, Zaragoza, 1797, ff. 16r-17v. 88 A.M.Z., Serie Facticia, Caja 7079, Nº120-13, Zaragoza, 1797, ff. 27v-28r. 89 LÓPEZ GONZÁLEZ, J.J., op. cit., 1977, p. 210. 90 A.R.S.E.A.A.P., Caja 59, Nº394, Zaragoza, 1785 (sin foliar). 91 Jacques Vaucanson (1709-1782), francés responsable de la implantación de numerosas mejoras técnicas en la producción sedera, como la introducción de nuevos sistemas aplicados al torno a la boloñesa (que permitía torcer muchos hilos a la vez); proyectos de nuevas fábricas; incorporación del molino de organsinar, del telar para tejidos labrados y de la calandria para hacer moaré. En MORRAL I ROMEU, E. et SEGURA I MAS, A., La seda en España: leyenda, poder y realidad, Barcelona, Lunwerg, 1991, pp. 21-22. 92 A.R.S.E.A.A.P., Caja 59, Nº394, Zaragoza, 1785 (sin foliar). 33 principios del siglo XIX. La llegada de telas valencianas y lyonesas acabó casi por hundir la manufactura en la ciudad 93 . La competencia de países extranjeros para el reino español en el ámbito de la moda, entre los que destacaba Francia, era casi innegable, algo que también era claro en Aragón. Puede establecerse como ejemplo este documento: “Relación de los Generos, Frutos y Efectos, que de Potencias estrañas se han introducido p r . las Aduanas del Reino de Aragon, y de los que se han extraido de éste para Francia y Navarra en todo el año de 1787”. Francia introducía en Aragón miles de varas de diversos tejidos y telas: camelote, paño, anascote, bayeta, estameña, duroi, entre otros, y demás géneros de lino, cáñamo y algodón como trues, lienzos u holandas, sin olvidar las pieles o los cueros. Además, se incluían también cintas, pañuelos o gasas con hilos de oro y plata, productos de lujo que Aragón no producía y que por tanto reclamaba del exterior. Junto con todo esto, habría que incluir hebillas de plata, de acero o de hierro, cintas para el cuello, cadenillas, agujas, botones, tintes, abanicos, quitasoles, o incluso polvos para el pelo. En el caso de los productos procedentes de Inglaterra, se introducían sobre todo géneros de lana. Holanda, Alemania, Flandes y Hamburgo también eran países importadores, aunque en mucha menor medida que Francia, reino que introducía lo equivalente a 6.371.201 reales de vellón frente a los 10.528.961 del total, incluyendo a Navarra y a las “Provincias exemptas” 94 . En el caso de las exportaciones, Aragón enviaba a Francia lana castellana y de la propia región, junto a comestibles, que eran la mayoría. Por lo demás, destacar que hacia Navarra salía el paño de Zaragoza, las medias de lana, textiles como la estameña, el cotón y el fustán, o géneros como pañuelos 95 . Fig. 10 – Dibujo de Benito Espinós para modelo de sedas valencianas, de 1803. 93 ÁGREDA PINO, A. M., “Las rutas de la seda en España. Los intercambios productivos y artísticos entre Valencia y Zaragoza en la Edad Moderna”, Artigrama, Nº17, 2002, pp. 305-307. 94 A.R.S.E.A.A.P., Caja 61, Nº440, Zaragoza, 1787, pp. 1-85. 95 A.R.S.E.A.A.P., Caja 61, Nº440, Zaragoza, 1787, pp. 89-97. 34 Conviene decir que desde la segunda mitad del siglo XVII, venía gestándose una crisis textil en Aragón a raíz de la llegada de paños de lugares como Francia, Inglaterra o Flandes. Como se ha visto con el anterior ejemplo, la competencia era muy fuerte. Además, para finales del XVIII, hay que tener presente el gran desarrollo que logró Barcelona respecto a la producción textil, llegando a alcanzar casi el nivel de Valencia en cuanto a las sederías 96 . En 1790 un zaragozano habla de la buena situación que se vive en Barcelona en relación al ámbito textil y escribe a la Real Sociedad zaragozana para que admitan a un maestro en Zaragoza, y enseñar así a diversos aprendices el trabajo de la seda 97 (figura 11). En definitiva, Aragón, durante la Edad Moderna, exportó sobre todo lana a países como Flandes, Italia o Francia. Pero por lo general, recibía gran cantidad de tejidos y productos de lujo del extranjero 98 , cosa que por lo que parece se mantenía a finales del siglo XVIII. Para acabar con esta situación, se intentó seguir desde el gobierno ilustrado una serie de pautas: promulgar leyes de carácter suntuario, menos duras ya durante el reinado de Carlos IV 99 , promover unas escuelas de carácter nacional, reactivar la industria de carácter textil y del ramo de objetos suntuarios y otra serie de medidas económicas de carácter proteccionista. Sin embargo, la industria española no resultaba competitiva en la mayoría de los casos, ya que no trabajaba en productos de moda y la variedad de géneros brillaba por su ausencia 100 . Así, la creación de escuelas patrióticas fue una Fig. 11 – Muestrario de los tejidos enviados desde Barcelona a la Real Sociedad en 1790. 96 PÉREZ SARRIÓN, G., op. cit., 1990, p. 213. 97 A.R.S.E.A.A.P., Caja 42, Nº497, Zaragoza, 1790 (sin foliar). 98 GÓMEZ ZARRAQUINO, J.I., “Las actividades comerciales en Aragón en los siglos XVI y XVIII”, en CARRES ARES, J.J., et al, Historia de Aragón II. Economía y sociedad, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1996, p. 154. 99 En los años noventa se levantó, por ejemplo, la prohibición sobre la importación de algunos tipos de muselina, asunto del cual se hablará más adelante. 100 MOLINA, A., et VEGA, J., op. cit., 2004, pp. 124-130. 35 medida muy habitual en la segunda mitad del siglo XVIII, ya que a través de ellas podían erradicarse dos problemas: la competencia extranjera y la desocupación laboral de las mujeres 101 . En este ámbito, hay que hacer mención al asunto de la Escuela de Bordado y a la de Flores de Mano de Zaragoza, aunque sea un asunto que escape del ámbito cronológico de este trabajo, ya que fueron proyectos de los años ochenta. La primera de ellas no llegó a abrirse, sí la segunda, en la cual se seleccionaban pupilas para que fueran formadas por maestros en el arte de las flores decorativas 102 . Para comienzos del siglo XIX, existía igualmente una Escuela de Hilar al Torno formada por aprendices femeninas 103 . La ocupación de la mujer en las labores de mano fue un tema importante en los círculos ilustrados, sobre todo en la segunda mitad del XVIII. Sin duda, estas labores eran consideradas como un buen trabajo que la mujer, fuese de la clase que fuese, podía practicar en el ámbito doméstico 104 , pero conforme avanzaba el tiempo, se fue profesionalizando y en algunos casos llegó a ser remunerado. De hecho, en 1784, vio la luz la una Real Cédula (2 de septiembre), que permitía a las mujeres incorporarse al trabajo en manufacturas de hilo y otras artes, al margen de los gremios 105 . Sobre la promoción de nuevas medidas económicas en Zaragoza debe hacerse un breve comentario sobre la ya nombrada Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, inspirada en la Sociedad Vascongada de 1765. Este tipo de sociedades fueron hijas del espíritu ilustrado de la época, y albergaron tanto a nobles y burgueses, como a autoridades civiles y eclesiásticas, con la intención de tomar medidas prósperas para el progreso del país. En Zaragoza, los principales nobles visitados para que formasen parte de la Económica fueron el Conde de Sástago, Conde de Sobradiel, Conde de Torresecas, y el Conde de Arguillo. Antonio Ponz, en su “Viage de España”, dice lo siguiente sobre la Real Sociedad: “Muchas alabanzas merece la Sociedad de Amigos del Pais de esta Ciudad por el zelo con que promueve todos las ramas de la industria, y agricultura, que se ha empeñado en fomentar, distribuyendo premios anualmente á los que mejor se portan en efectuar lo que propone. […] Las manufacturas de la seda, de la lana, y la de nuevos, y diferentes texidos, se han mejorado notablemente en toda la Provincia á esmeros de la Sociedad.” 106 En realidad, sí fue una de las principales tareas a cometer, como ya se ha visto, mejorar los métodos de cultivo y modernizar el trabajo del textil, en especial la seda, mediante el método de Vaucaçon 107 . En la “Gazeta de Zaragoza” se anuncia en 1802 el 101 MOLINA, A., et VEGA, J., op. cit., 2004, p. 125 102 ÁGREDA PINO, A.M., op. cit., 2003, pp. 395-400. 103 Se tiene constancia gracias a unos premios que la Real Sociedad Económica entregó a algunas alumnas para estimular el trabajo. A.M.Z., Gaceta de Zaragoza, Rollo 95, Nº18, 5-octubre-1801, pp. 179-180 104 AMAR Y BORBÓN, J., Discursos sobre la educación física y moral de las mujeres, Madrid, Ed. Cátedra, 1994, pp. 160-163. 105 SALADRIGAS CHENG, S., et SOLER I JIMÉNEZ, J., El arte real de perseguir a los sombreros: textos y documentos para la historia del tejido y la indumentaria en las monarquías hispánicas (s.XVIXVIII), Terrassa, Centre de Documentació i Museu Tèxtil, 2008, pp. 356-357. 106 LABORDA YNEBA, J., El viaje por Aragón de Don Antonio Ponz, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2011, pp. 192-194. 107 PÉREZ, G. et REDONDO, G. op. cit., 1996, pp. 156-163. 36 libro que dio a conocer este método, ya a disposición de todo aquel al que le interesase, y más aún después de la supresión del gremio de torcedores de seda en 1793 108 : “Tratado de hilar, devanar, doblar y torcer las sedas segun el método de Vaucanson, por D. Joseph Lapayese; con una disertacion sobre la ventaja de este método respecto del antiguo, por el Dr. D. Francisco Ortells Y Gombau, presbítero: publicado para que se propague la perfeccion de la laza de la seda en beneficio de las fàbricas nacionales conforme à las Reales intenciones. El referido Lapayese estableció este método por órden de S.M. y baxo Real proteccion en Vinalesa, cerca de Valencia, á favor de los cosecheros, y les franqueará gratuitamente lo necesario para ello; se conocen para comodidad de las hilanderas, perfeccion de las sedas, y conveniencia del cosechero y dueños de hilazas, las personas que los quieran se dirigirán al autor, quien les remitirá por el justo precio de su coste y gastos de conduccion.” 109 El asunto de la Real Cédula de 1793, da pie a comentar el tema de la libre elección de cada individuo para realizar trabajos de ámbito textil, al margen de los gremios y su influencia. En los años ochenta del XVIII se promulgó una Real Cédula por la cual se permitía fabricar libremente tejidos de lino y poco después esta ley se reafirmó con otra en la cual se incluyó también el cáñamo 110 . Así, para finales del siglo XVIII, no había ningún problema para que cualquier persona pudiera confeccionar su propia ropa, cosa que, por otro lado, venía siendo una actividad habitual en el ámbito doméstico. Así, en los inventarios de bienes de Zaragoza consultados resulta normal encontrar varas de seda, cáñamo, algodón, muselina o estopa 111 , localizadas en las casas y en ocasiones en número considerable, que seguramente tuvieran como fin el uso doméstico para ropa de casa o de vestir. De hecho, la Sociedad Económica celebraba concursos para que cualquier individuo, tanto hombre como mujer, pudiese presentar las obras textiles que se solicitaran, para así fomentar de alguna manera una iniciativa que podía proporcionar beneficios. Aquí está un ejemplo del año 1801: “La Real Sociedad Aragonesa en conformidad de sus Estatutos, y de lo que tiene ofrecido al público, distribuyò en la Junta general que celebrò en 20 de Abril ultimo los premios siguientes: […] Cinquenta pesos à Leon Galardon, Maestro Fabricante en el ramo de lana de la propia Ciudad, por haber trabajado y hecho de su cuenta diferentes piezas de bayetones de buena calidad, que pueden substituir à los que se traen del extranjero. Veinte y cinco pesos à Rita Vidal, Viuda y Vecina de la Villa de Belchite, por haber presentado 188 varas de lienzos llano, y de mantelería en diferentes piezas, fabricado à sus expensas, de los de mayor calidad, y anchura, blanqueadas también por la misma. 108 SALADRIGAS CHENG, S., et SOLER I JIMÉNEZ, J., op. cit., 2008, p. 362. 109 A.M.Z., Gaceta de Zaragoza, Rollo 96, Nº21, 18-marzo-1802, p. 208. 110 SALADRIGAS CHENG, S., et SOLER I JIMÉNEZ, J., op. cit., 2008, pp. 358-359. 111 Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº9, Zaragoza, 1806, ff. 3v / 15r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11905, Nº4, Zaragoza, 1799, f. 15r. / Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Zaragoza, Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 7v. 37 […] Ademas se gratificò à Cecilia Arcayde, Maestra Hilandera por el método de Vucansons por su vigilancia y aplicación hecha la distribución por el Excmo. Señor Director Don Felix O-Neille, hizo à cada uno de los premiados un eloquente razonamiento, empeñándolos oportunamente à continuar y aumentar su aplicación. […] y asimismo se premiaron 3 jovenes industriosas de la Villa de Hijas, que se aplicaron à texer filadiz, y aventajaron à las demás concurrentes.” Por lo tanto, la iniciativa personal a la hora de aportar trabajo en el ámbito de la confección textil resultó ser una pequeña ayuda, y en cierta manera, fue también precursora del nacimiento de pequeñas fabricas, sobre todo rurales, que agrupaban a varias personas que habían decidido unirse a la hora de desarrollar su trabajo. Así, en cuanto al ámbito industrial, conviene decir que estuvo poco desarrollado en este período histórico, en comparación con otros países europeos. A pesar de ello, hay que nombrar a La Real Casa de Misericordia de Zaragoza, fundada en la segunda mitad del siglo XVII, sin ningún tipo de aspiración comercial e industrial, en un principio. Para ello, habría que esperar al primer cuarto del siglo siguiente, ya que a raíz de la guerra hubo mayor necesidad de lienzos y mantas. Los internos se fueron encargando poco a poco del trabajo textil y a algunos se les permitió salir a trabajar fuera. El Marqués de Cailús promovió además la instalación de telares y firmó un contrato con el francés Jose Portalot en 1721 que no llegó a buen puerto, al igual que otros posteriores. Hasta la intervención de la Real Sociedad en los años ochenta, el asunto no llegó a prosperar. Por entonces, se trasladaron los telares a un nuevo edificio. Así, para finales de siglo, la mayor parte de los internos se dedicaban a las labores textiles, que por otra parte requerían gran mano de obra. Se contó con diferente maquinaria: cuatro telares de paños, un telar de mantas, cuatro telares de estameñas, siete telares de lienzos ordinarios y materiales auxiliares. Sin embargo, la calidad de los productos era bastante baja, con la excepción de buratos y eternas, según Asso 112 . En un inventario de bienes de 1802, se localiza “Una capa de paño negro de Zaragoza […]” 113 , el cual podría corresponderse con el realizado en La Real Casa de Misericordia, ya que en el resto de fuentes no se especifica su procedencia. En relación a estos paños, conviene decir algo sobre lo que podría llamarse “industria lanar” que, según Asso, en 1798 se reducía a unos 25 maestros pelaires, que cumplían igualmente papel de tejedores, y 7 tundidores, que producían al año dos mil piezas de bayetas y paños 114 . De todos modos, la evolución de esta institución fue muy irregular, encontrando sus años dorado desde 1775 a 1790 por el impulso de Ramón Pignatelli, para encontrar una fase de estancamiento en los años noventa 115 . A nivel nacional, conviene decir que fue durante la segunda mitad del siglo XVIII cuando la pequeña industria textil comenzó a arrancar. Así, para 1779 se publicó una Real Cédula por la que se concedían diferentes privilegios a todas las franquicias y fábricas de paños y tejidos. A través de otras dos Reales Cédulas, una de 1780, la otra 112 MARTÍNEZ VERON, J., La Real Casa de Misericordia, Zaragoza, Diputación Provincial de Zaragoza, 1985, pp. 153-158, vol. I. 113 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 6v. 114 SOLANO F., et ARMILLAS, J.A., Historia de Zaragoza, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, 1976, p. 339, Tomo II: Edad Moderna. 115 PÉREZ, G. et REDONDO, G. op. cit., 1996, pp. 109-116. 38 de 1781, se volvió a conceder diferentes privilegios a las fábricas de paños y se promovieron las dedicadas a la creación de sombreros 116 . Se tiene constancia de que en Zaragoza, aparte de La Real Casa de Misericordia, existía La Real Fábrica de Medias, La Real Fábrica de Tafetanes y La Real Fábrica de Indianas, las cuales manejaban tejidos como la seda, el algodón, el paño o el lienzo 117 . Además, según Ignacio de Asso, también se desarrollaba industria en otros lugares de Aragón, como Albarracín, Ejea, Épila, Barbastro, Jaca, Magallón, Tauste o Teruel 118 , cuyo estudio sería interesante a la hora de hacerse una idea global de cómo era la situación a un nivel más amplio. Textiles, Materiales y técnicas Tras observar la situación gremial e industrial del proceso de elaboración del traje y tratar brevemente sobre su comercio y su promoción, conviene centrarse en las bases materiales y técnicas del vestido. Primeramente, resaltar que todos los tejidos usados en la época de entre-siglos eran de origen natural, ya que los de tipo sintético fueron inventados a mediados del siglo XIX; lo mismo ocurre con los tintes. Durante el siglo XVIII, las principales actividades textiles en Aragón venían promovidas por estos materiales: la lana, la seda, el lino y el cáñamo, trabajados a través de una serie de técnicas que daban lugar a paños, bayetas, mantos, tafetanes, damascos o terciopelos, entre otros. Sin embargo, a fines de la centuria la lana cobró gran importancia 119 . Por tanto, en primer lugar se analizarán en este apartado los distintos materiales, que a su vez, conviene aclarar, dan nombre a los tejidos 120 simples que se crean a partir de ellos. Para comenzar, la lana, obtenida a través del esquilado de las ovejas, fue un tipo de material muy común, ya que los rebaños ovinos eran muy habituales en el ámbito de la ganadería. Además, las características intrínsecas de la lana, como la elasticidad o el papel que cumplía como aislante, la hacían ideal para la confección de tejidos 121 . Existían diferentes tipos de lana, según el animal del que procedía, como la de oveja merina, muy propicia para paños y tejidos nobles, junto a la de calidad inferior, que proporciona bayetas y paños más tocos, y la lana de oveja churra, para paños de nuevo más bastos. Para obtener los distintos hilos de la lana, en primer lugar se separaban las 116 SALADRIGAS CHENG, S., et SOLER I JIMÉNEZ, J., op. cit., 2008, pp. 353-354. 117 PÉREZ ZARRIÓN, G., op. cit., 1990, p. 243) 118 PEIRÓ, A., “Una economía en crisis: Producción agraria y manufacturera a finales del siglo XVIII y principios del XIX, en CARRES ARES, J.J., et al, Historia de Aragón II. Economía y sociedad, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1996, p. 171. 119 SOLANO CAMÓN, E., op. cit., 2009, pp. 335-336. 120 Definición: “Superficie plana, formada por hilos longitudinales de la urdimbre, cruzados por los hilos horizontales de la trama, cuyo resultado es una estructura hecha con hilos entrelazados, que tiene una longitud y una anchura considerable” en DÁVILA CORONA, R.M., DURAN PUJOL, M., et GARCÍA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2004, p. 15. 121 DESLANDRES, Y., op. cit., 1998, pp. 46-48. 39 distintas fibras, para que después de juntarlas unas con otras pudieran someterse al proceso de hilado 122 . Continuando con los distintos materiales que ejercen la base para las diferentes técnicas que dan lugar a los tejidos, estaba también el lino. Se obtenía de una planta que se cultivaba desde principios de la primavera al verano, cuyo crecimiento dependía del calor, llegando a alcanzar unos 50 cm. de altura. La fibra se desgajaba de la base, a través del proceso de enfriamiento, que podía llevarse a cabo mediante la introducción en agua de los tallos, o bien exponiéndolos al aire libre. Después, se gramaban las fibras a mano, pudiendo hacer la hilatura en mojado o en seco 123 . En las fuentes zaragozanas son comunes los rollos de lino en las casas, tanto para ropa de vestir como de ámbito doméstico, medidos a través de varas 124 con un valor de 0,770 m. cada una 125 , o ternas, unidad que se da cuando varias piezas se cosen unas a otras, según la RAE. Otra de las actividades textiles aragonesas estaba dedicada a la producción del cáñamo, “fibra textil vegetal procedente del cilindro central del tallo de la planta Cannabis sativa”, que se utilizaba sobre todo en cordelería, a pesar de que las fibras más finas podían servir para la confección de otras telas. Una vez que se peinaba, las fibras se clasificaban “por orden de calidad, en brin, puada y estopa de primera y de segunda clase” 126 . En los inventarios de bienes son muy habituales las ternas, varas u ovillos de cáñamo o estopa, que seguramente tenían un uso doméstico (colchas, cortinas, sábanas, etc.) 127 , como ya ha podido verse. Para continuar, la seda, a la cual hay que dedicarle unas cuantas líneas, por su delicado y minucioso proceso de elaboración. Se trata de un tejido que encuentra su origen en los capullos de los gusanos de seda. El nombre científico de la oruga es bombyx mori (figura 12) y pertenece al orden de los lepidópteros 128 . Antes de transformarse en mariposa, esta oruga fabrica a través de sus glándulas, al igual que otros insectos como las arañas, una fibra “lustrosa, resistente y elástica” 129 que utilizan para formar el capullo donde permanecen mientras tiene lugar su mutación. El proceso de elaboración de la seda era más complejo que en el caso de la lana u otros textiles. Las condiciones idóneas para el gusano se daban en climas templados y altitudes medias, 122 DÁVILA CORONA, R.M., DURAN PUJOL, M., et GARCÍA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2004, p. 114. 123 DESLANDRES, Y., op. cit., 1998, pp. 50-51. 124 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº9, Zaragoza, 1806, ff. 14v-15r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 8r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 4r. 125 DÁVILA CORONA, R.M., DURAN PUJOL, M., et GARCÍA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2004, p. 201. 126 DÁVILA CORONA, R.M., DURAN PUJOL, M., et GARCÍA FERNÁNDEZ, M., op. cit., Salamanca, Junta de Castilla y León, 2004, f. 55. 127 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 7v-9v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11905, Nº4, Zaragoza, 1799, f. 15r. 128 MORRAL Y ROMEU, E. et SEGURA I MAS, A., La seda en España: leyenda, poder y realidad, Barcelona, Lunwerg, 1991, p. 14. 129 KUBOTA, J., “Industria de la seda”, en LEE EVESTER, A. et NEEFUS, J.D., “Industria de productos textiles e Industrias textiles y de la confección”, en VV.AA., Enciclopedia de la salud y seguridad en el trabajo, Organización Internacional del Trabajo (O.I.T.), Ministerio de Trabajos y asuntos sociales, 2001, Cap. 89, p. 14. 40 para así obtener las hojas de morera blancas, alimento de las larvas 130 . En relación con la cría del gusano, se seguían una serie de técnicas y etapas y existían diferentes maneras de llevarlas a cabo. Es lo que se conocía y se conoce por sericultura. Los huevos eran muy importantes, ya que la eclosión de estos debía ser lo más simultánea posible. La alimentación de los gusanos a través de las hojas de morera era esencial para la formación de los capullos, que, cuando ya se habían obtenido, tenía lugar el ahogado, fase en la cual se mataba a la crisálida para que no rompiese el capullo 131 . Fig. 12 - Gusano de seda junto al capullo, sobre hojas de morera. En cuanto a la fabricación del tejido, los pasos a penas variaron para el siglo XVIII desde el origen de esta actividad 132 : Primero, el hilado o hilatura (devanado), proceso por el cual los filamentos del capullo se convertían en una hebra 133 . Después, el reunido y la torsión proporcionaban consistencia, además de otorgar unas determinadas características al hilo. A continuación, el molinaje, que era la acción de torcer la seda, lo cual provocaba que las hebras fueran más consistentes. Para ello, se venía usando el molino aproximadamente desde el siglo XIV. El paso siguiente era el tejido, por el cual el hilo se tejía para dar lugar a telas. Este último proceso podía llevarse a cabo en un lugar distinto. Por último, hacer mención al algodón, obtenido de una planta cuyo nombre científico es gossypium. A los pocos días de que la flor emergiera, había que recogerla, lo que requería una gran cantidad y sacrificada mano de obra. La flor obtenida es lo que se conoce como borra de algodón, compuesta de pelusa y de pelos, que aparecen retorcidos sin tener que intervenir 134 . Para finales del siglo XVIII y principios del XIX el algodón que se traía a la Península se obtenía de las colonias americanas o, en cambio, llegaba del extranjero de manera tanto legal como ilegal. 130 LLAGOSTERA, E., "La seda china y la ruta de la seda”, Boletín de la Asociación Española de Orientalistas, Año 40, 2004, p. 247. 131 MORRAL I ROMEU, E. et SEGURA I MAS, A., op, cit., 1991, pp. 15-16. 132 KUBOTA, J., op, cit., 2001, p. 14. 133 Filamentos de las materias textiles. 134 DESLANDRES, Y., op. cit., 1998, pp. 49-50. 41 Según las fuentes analizadas, los tejidos con más importancia son los de lino y cáñamo. No hay más que ver los datos de los géneros textiles que entraban a Zaragoza a finales del siglo XVIII: - Mes de agosto, 1797, Nº 202, p. 808: 307 arrobas de lana, 3 de algodón y 689 de lino y cáñamo. - Mes de enero, 1798, Nº 39, p. 156: 171 arrobas de algodón, 585 de lana y 3010 de lino y cáñamo. - Mes de febrero, 1798, Nº 78, p. 312: 2463 arrobas de lino y cáñamo, 156 de lana y 120 de algodón. Una vez establecidos estos materiales a partir de los cuales se desarrolla el hilado para la producción de tejidos, hay que resaltar las principales técnicas utilizadas para dar forma a las telas en este período. Así, ahora cabe analizar los distintos ligamentos, cosa que se hará siguiendo un criterio de número de apariciones en las fuentes analizadas. Sin lugar a dudas, el ligamento que más predomina es el tafetán. Era el más simple, cruzándose un hilo de la trama por otro de la urdimbre 135 , de mismo tamaño, con lo que se creaban cruces. Si se variaba el color de los hilos podían establecerse rayas horizontales o verticales, y si los dos hilos estaban coloreados, cuadros. Era el tipo de cruzamiento más sencillo para los bordados, el pintado o la estampación 136 . Después, está el ligamento de raso (figura 13), en el cual el hilo de la trama pasaba por encima de uno de la urdimbre, y luego por debajo de otros cuatro o más, quedando el lado anverso del tejido dominado por la urdimbre. Era muy propio para las blusas o vestidos. El ligamento de sarga era también de uso muy común; el hilo de la trama pasaba por debajo de dos de la urdimbre, después por encima de uno, y de nuevo bajo otros dos. A su regreso, la trama se desplazaba hacia la izquierda o a la derecha provocando un efecto de diagonal. Era un tejido resistente, propio para prendas gruesas y de invierno. Otro ligamento más típico de lo que se cree fue el terciopelo, muy característico por poseer una especie de pelo en su superficie. Esto se conseguía a través de urdimbres complementarias que se levantaban sobre ellas mismas formando unos bucles. Por último, el ligamento de damasco (figura 14), tela de un solo color que generalmente se llevaba a cabo a través de lino o seda, y que contenía motivos o diseños en sí misma, creando grandes efectos al ser iluminada por la luz 137 . 135 DESLANDRES, Y., op. cit., 1998, p. 70. 136 DÁVILA CORONA, R.M., DURAN PUJOL, M., et GARCÍA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2004, p. 16 137 DÁVILA CORONA, R.M., DURAN PUJOL, M., et GARCÍA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2004, pp. 17-18. 48 haldetas para adaptarse a la cintura 192 . Podían presentar forro interior 193 . Precisamente, fue una de las prendas atacadas por aquellos que criticaban la rigidez de los vestidos femeninos, que en algunos casos suponían un abierto ataque contra la salud. Una dama zaragozana, Josefa Amar y Borbón, quien achacaba el triunfo de la cotilla al gusto por la estilización del cuerpo, aconsejaba no llevar prendas perniciosas para la salud, aunque era consciente del papel de la moda y los gustos en todo este asunto 194 . La preocupación generada por distintas corrientes filosóficas que abogaban por lo natural y no por lo artificial y la crítica en contra de estas prendas que dañaban el físico, dio lugar, entre otros muchos factores, a la nueva moda, el llamado “vestido-camisa” de estilo Directorio e Imperio (figura 18). Conviene decir que estuvo muy cuestionado por la gran ruptura que supuso frente al estilo de vestir anterior, liberando a la mujer del corsé, de la cotilla y del recargamiento de las prendas. Así, a la corte madrileña llegó en la segunda mitad de los años noventa del XVIII. Pero habría que esperar unos años más para su establecimiento en el resto de ciudades importantes. Este tipo de vestido no se localiza como tal en las fuentes, pero sí quizás a través de la voz “camisón”. Sólo aparece en las fuentes posteriores a 1800 y es difícil que pueda referirse a la prenda que hoy identificamos para dormir, ya que hasta bien avanzado el XIX no aparece en los diccionarios como tal 195 . Además, en un caso, se habla de un “Camison de gasa á la Romana” 196 , lo que representa una alusión al estilo neoclásico. Para 1808, Joaquina Lamo y Becha, a través de su testamento, desea que se vendan “todos los vestidos, y ropas tanto interiores, como exteriores de mi llebar, con inclusión delas Mantillas, basquiñas, Camisones, y Gorros, y demas adornos de esta clase […]” 197 . En un inventario del año 1806 se encuentra “un camison de percal […] un Camison de sarga morado […] Un camison de musolineta rayada de colores:” 198 , junto a otras prendas de vestir como basquiñas o jubones. Además, en este último caso, aparece el percal, un tipo de tela que se estableció en España a comienzos del siglo XIX, como el vestido en cuestión 199 . Continuando con el asunto, en una dote entre miembros de la nobleza se habla de “Camisas de dormir”, lo cual indica que a fines del XVIII no existía ninguna definición clara para el camisón actual 200 . Otro indicador es que todas las fuentes que contienen la palabra camisón son del siglo XIX, momento en el que por fin se instaló la moda del vestido-camisa. Una de las piezas superiores, en principio de carácter unisex, más nombrada en las fuentes es el jubón (figura 17 – mujer de la chaqueta roja), prenda tanto masculina, como femenina, pero que con el paso del tiempo se fue estableciendo como una pieza tradicional de la mujer de a pie, siendo por ejemplo una parte esencial del traje de la maja madrileña. Consistía en una especie de chaqueta abotonada con mangas estrechas, 192 LEIRA SÁNCHEZ, A., “La moda en España durante el siglo XVIII”, Indumenta, Nº0, 2007, p. 89. 193 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, 1802, p. 5r. 194 AMAR y BORBÓN, Josefa, op. cit., 1994, pp. 125-127. 195 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., Glosario de términos de la indumentaria regia y cortesana en España, Málaga, Universidad de Málaga, 2006, p. 138. 196 A.M.Z., Serie Facticia, Caja 6960, Nº11-19, Zaragoza, 1805, pp. 7r-8r. 197 A.H.P.N.Z., Pablo Fernandez Trebiño, Caja 5517, Zaragoza, 1808, f. 11v. 198 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 7r. 199 DÁVILA CORONA, R.M., DURAN PUJOL, M., et GARCÍA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2004, p. 152. 200 A.Hco.P.Z., Casa Ducal de Híjar, Épila, Caja 111, Madrid, 1790, (sin foliar). 49 largas o cortas 201 , y podía estar realizado en seda 202 , a base de tejidos de lana, como la estameña, o de lino 203 . Como curiosidad, apuntar que en el inventario de bienes de Pedro Pecaire, de 1804, se localiza “un Jubon con escudo del Pilar de Plata, de Anascoto morado” 204 . Fig. 18 - El pelele, Goya, 1791-92. Fig. 19 - La Tirana, Goya, 1799. Sobre las faldas, conviene destacar el zagalejo 205 , prenda de carácter popular 206 , que se colocaba sobre las enaguas y que era más corta que éstas, presentando gran vuelo. Podía estar realizado en muselina, indiana, fustán, duroi, cotón 207 … De todos modos, el zagalejo también podía corresponderse con un tipo de enagua 208 . En el 201 PUERTA ESCRIBANO, R. de la, “Moda, moral y regulación jurídica en época de Goya”, Ars Longa: cuadernos de arte, Nº7-8, 1997, pp. 214-215. / A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4727, Zaragoza, 1804, p. 152r. 202 A.M.Z., Serie Facticia, Caja 6960, Nº11-19, Zaragoza, 1805, ff. 7r-8r. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1793, f. 11r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 20r. 203 A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4727, Zaragoza, 1804, f. 152r. / A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4726, Zaragoza, 1803, f. 51r. 204 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 10v. 205 Según la RAE: “Refajo que usan las lugareñas”. 206 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5028, Zaragoza, 1790, f. 39r. 207 A.H.P.N.Z., Pablo Fernandez Trebiño, Caja 5514, Zaragoza, 1801, f. 2v. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1794, f. 104r / .A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1796, f. 117r / .A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11905, Nº4, Zaragoza, 1799, f. 15r. 208 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 21v. 50 inventario de bienes de una mujer, se localiza “un Zagalejo chino” 209 . Seguramente, la decoración y estampado de la prenda contendría motivos “chinescos” 210 , muy de moda durante todo el siglo XVIII. También hay que hacer mención a la saya 211 (figura 18), también conocida como brial, otro tipo de falda, confeccionada en bayeta o indiana 212 , entre otras telas. Cumpliendo la función de chaqueta, había casacas para mujer 213 . Seguramente se tratase de redingotes, un tipo de abrigo, en principio masculino, abotonado por la parte delantera, de origen inglés, y que llegaba casi a las rodillas. Fue la reina María Antonieta quien lo puso de moda en el uso femenino. También para abrigarse y cubrir el vestido, estaba el capotillo, prenda parecida a una capa pero que llegaba a la altura de la cintura. Solía estar confeccionado en ratina 214 . En relación a las capas, en un inventario de bienes del año 1806 se encuentra un “Sytoyen de paño color avellana” 215 . El “citoyen”, término francés cuyo significado en castellano es ciudadano, se correspondía con una especie de capa al estilo del capote, que también podía ser de uso masculino. Se puede decir con seguridad que una de las prendas femeninas con más difusión y uso, fue la mantilla, velo que se colocaba sobre la cabeza, o en su caso sobre la peineta, y que se dejaba caer sobre los hombros llegando en algunos casos a envolver la figura a modo de chal. Podían estar confeccionadas a base de numerosos tejidos y telas, destacando la franela, la muselina o el cotón 216 y decoradas a base de estampados, encajes, bordados 217 … En una cantinela del Diario de Zaragoza del año 1799 se dice lo siguiente: Antes las mantillas Eran de Franela; Y hoy de solo Encaxe A modo de niebla: 218 Las modas extranjeras consiguieron que las prendas tradicionales usaran de técnicas y tejidos propios de otras prendas más novedosas, y como la moda avanzaba cada vez más rápido, los tejidos podían resultar de menor duración. Acompañando a la mantilla para salir a la calle, estaba la basquilla, sobrefalda que no solía usarse en lugares cerrados, y que presentaba gran cantidad de decoraciones. Podía estar confeccionada a través de gran número de tejidos: duroy, chamelote, indiana, seda, 209 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 21v. 210 En la época, con el término “chinesco” se englobaba todo aquello que llegaba de oriente, o lo que se creaba imitando el estilo artístico oriental. Así, se pusieron de moda las cerámicas, las lacas, el mobiliario o los tejidos con motivos orientales: decoración a base de ramas, flores y hojas, o escenas costumbristas tomadas de objetos llegados de esas tierras. 211 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 21r. 212 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3338, Nº2, Zaragoza, 1809, f. 4v. 213 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 21v. 214 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 21v. 215 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 8v. 216 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº26, 16-febrero-1797, pp. 103-104. / A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 114, Nº244, Zaragoza, 2-septiembre-1797, p. 896. / .A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 115, Nº59, Zaragoza, 28-febrero-1798, p. 236. 217 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº36, Zaragoza, 26-febrero-1797, p. 144. 218 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 117, Nº269, Zaragoza, 26-septiembre-1799, pp. 1073-1074. 51 bayeta 219 , estameña, lienzo, anafaya, tafetán 220 … Otra sobrefalda podía ser el manteo 221 , cuyo significado, según la RAE, también puede aplicase a una capa larga que los eclesiásticos llevaban. Una prenda habitual de las zaragozanas era el delantal 222 , una pieza de tela que quedaba sujeta mediante dos tiras que se ataban a través de un lazo a la cintura y que se situaba encima de la falda (figura 18). Eran muy comunes las realizadas mediante indiana o muselina 223 . Además, conviene aclarar que esta pieza podía servir tanto de acompañamiento de la falda como para realizar las labores, sobre todo si poseía pechera. En este último caso, podía valer tanto para mujeres como para hombres. Así, se localiza en las fuentes “un Dental de masaderia” 224 , “Un delantal de Estopa con listas azules, para hacer las camas […]” 225 o “Un delantal de Coccina de Estopa viejo” 226 . Por supuesto, si el delantal era para trabajar los tejidos resultaban más toscos que en el caso de los que se realizaban para adorno y complemento de la falda. En cuanto a lo que podría considerarse ropa interior, dejando de lado las ya nombradas camisas, cabe destacar los guardapiés o “guardapie” 227 , vestido interior que cubría los pies y que se situaba debajo del jubón y de la falda superior, fuera una saya o una basquiña, y en el caso de que la mujer portase un vestido de influencia extranjera, bajo el tontillo o el guardainfantes 228 . El mismo papel cumplían las enaguas, confeccionadas, como las anteriores, en tejidos ligeros como el cotón 229 o la muselina 230 . Para cubrir los pies y las piernas, las medias eran un buen remedio (figura 31), hechas a base de materiales como la seda 231 o el algodón 232 . Las calcetas eran una prenda de gran uso 233 . Su principal función era la de mantener calientes tanto los pies como las piernas hasta la rodilla y por ello, solían colocarse bajo las medias. En relación al calzado, fue una pieza a la que se le dio gran importancia durante el siglo XVIII, por 219 A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4726, Zaragoza, 1803, f. 51r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11905, Nº4, Zaragoza, 1799, ff. 14v-15r. / A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5028, Zaragoza, 1790, f. 39r. / A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5030, Zaragoza, 1795, f. 91r. 220 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1794, f. 104r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 5r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº9, Zaragoza, 1806, f. 3v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 10v. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1794, f. 104v. 221 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº183, Zaragoza, 2-julio-1800, p. 729. 222 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5031, Zaragoza, 1799, f. 108r. 223 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 116, Nº98, Zaragoza, 7-abril-1799, p. 286. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1791, f. 7v. / A.HCO.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 9v. 224 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 8r. 225 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 7v. 226 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 10v. 227 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5030, Zaragoza, 1795, f. 91r. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1794, f. 104v. 228 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2006, pp. 276-277 229 A.Hco.P.N., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, ff. 10r-10v. / A.H.P.N., Pleitos Civiles, Caja 3319, Nº8, Zaragoza, 1788, f. 4r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 10v. 230 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 4v. 231 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 10r. 232 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3338, Nº2, Zaragoza, 1809, f. 5r. 233 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5031, Zaragoza, 1799, f. 108r. 52 el gusto de lucir los pies que existía en numerosos puntos de la Península, sobre todo entre las clases populares. Durante el reinado de Carlos IV, los zapatos femeninos solían poseer tacón 234 , aunque había excepciones, ya que un calzado típico fue la chinela (figura 9), zapato con gran punta y suela plana. Además, a principios del XIX llegó la moda del calzado a la romana, que dejaba el pie bastante descubierto gracias a las finas cintas que lo cruzaban de un lado a otro 235 . En general, podían estar confeccionados a base de piel, como el cordobán, o de tela, como el castor 236 . Los pañuelos solían ser, normalmente, un complemento femenino, aunque los de bolsillo podían ser también de hombres 237 . En una ocasión se alude en las fuentes a un “pañuelo de China con una flor en cada esquina” 238 y en otra a un “Pañuelo de Holanda” 239 . En el primer caso, seguramente se refiera al tipo de decoración y en el segundo, al tejido del pañuelo. Para el reinado de Carlos IV ya llevaban teniendo gran éxito desde tiempo atrás los pañuelos de muselina 240 , aunque los había también de lino 241 . Además, estos pañuelos podían clasificarse, ya que los había de cuello (figura 16), de bolsillo 242 o para la cabeza (figura 20). Como tocado femenino, cabe resaltar la peineta 243 , que podía poseer diferentes formas y decoraciones. Así, ésta podía representar la forma de una concha 244 , y tener detalles de filigrana y plata 245 . Otro tocado podía ser la cofia 246 . Para las manos, las mujeres podían hacer uso de guantes, de entre los que destaca una modalidad llamada mitones 247 , realizados en encaje o punto, generalmente, que llegaba hasta el codo y dejaba al descubierto los dedos 248 . El perfecto complemento para la mujer, ya desde el siglo XVII, fue el abanico, considerado en muchas ocasiones un objeto de lujo 249 , por su aparente inutilidad y la excusa que éste representaba para hacer uso de materiales y decoraciones suntuosas. El abanico se incorporó tanto a las modas extranjeras como a las de tipo español y supuso un elemento para el juego del coqueteo. Así, se sabe que, a través de este objeto, se podían enviar mensajes a través de un lenguaje propio 250 . Normalmente, los abanicos se recargaban de lentejuelas y de ricos tejidos. Estaba formado por el pie y las varillas. El 234 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 9v. 235 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº189, Zaragoza, 8-julio-1800, pp. 753-754. 236 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 8r. 237 A.H.P.N.Z., Pablo Fernandez Trebiño, Caja 5515, Zaragoza, 1804, f. 167v. 238 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº111, Zaragoza, 12-mayo-1797, p. 444. 239 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº115, Zaragoza, 16-mayo-1797, p. 460. 240 A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4726, Zaragoza, 1803, f. 51v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 9r-9v. 241 A.H.P.N., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, ff. 10v-11r. 242 A.H.P.N.Z., Pablo Fernandez Trebiño, Caja 5514, Zaragoza, 1801, f. 2v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3338, Nº2, Zaragoza, 1809, f. 4v. 243 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº220, Zaragoza, 8-agosto-1800, pp. 879-880 244 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº21, Zaragoza, 11-febrero-1797, p. 84. 245 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº234, Zaragoza, 22-agosto-1800, p. 936. 246 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 20v. 247 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 21v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 11r. 248 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2006, p. 339. 249 MARTÍN GAITE, C., op. cit., 1987, p. 48. 250 PUERTA ESCRIBANO, R. de la, op. cit., 1997, p. 216. 53 pie podía ser de palo o incluso de marfil 251 . El abanico solía estar trepado en papel 252 , y, a veces, las varillas podían ser de hueso, las más comunes, o de nácar 253 . Fig. 20 - Detalle de la Bateria de la Puerta de Sancho de Ruinas de Zaragoza, Fernando Brambilla, 1812. Haciendo mención brevemente al ámbito de la joyería, cabe destacar alhajas como los pendientes, que podían poseer “Piedras brillantes” 254 , o las sortijas y cadenas de oro, además de las perlas, que también podían adornar o componer collares y pendientes, junto con los diamantes, esmeraldas, granates 255 … El conjunto de estas piezas era lo que formaba el aderezo 256 . 251 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº71, Zaragoza, 2-abril-1797, p. 280. / A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 117, Nº320, Zaragoza, 16-noviembre-1799, p. 1280. 252 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº9, Zaragoza, 1806, f. 3r. 253 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 10v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 10r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 10r. 254 A.H.P.N.Z., Pablo Fernandez Trebiño, Caja 5514, Zaragoza, 1801, f. 2v. 255 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 20v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 8r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 9v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 10r. 256 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 9v. 54 - Los hombres Como bien se ha visto en la introducción, las prendas básicas masculinas a lo largo del XVIII fueron la casaca, la chupa y el calzón (figura 23). Estos tres elementos siguieron siendo habituales en la Zaragoza de entre-siglos, y se realizaban a base de todo tipo de telas y tejidos (además, las casacas poseían forro interior, normalmente realizado en sarga 257 ), como el chamelote, el terciopelo, el paño, la seda, el rompecoches o la estameña 258 , entre otros. Habría que sumar el chaleco, prenda que no poseía faldón como la chupa, y que se fue imponiendo en los años finales de la centuria 259 , realizado a base de tejidos como la muselina o el fustán 260 , y que en los primeros años del XIX podía poseer un tipo de tejido por la parte de delante y un forro en la zona de atrás, un rasgo muy decimonónico 261 . Como sustituto de la chupa también estaba la armilla 262 , que también podía ser una prenda femenina 263 . A pesar del triunfo global del chaleco, la chupa seguía siendo una prenda base en la Zaragoza de principios del XIX 264 . La chaqueta 265 fue una denominación que poco a poco fue sustituyendo a la casaca a partir de los primeros años del XIX para referirse a la parte superior del traje 266 , aunque el término casaca siguió estando presente durante gran parte del reinado de Carlos IV. Una especie de chaquetilla propia del siglo XVIII, más pequeña que la anterior, fue la jaquetilla 267 (figura 15), de carácter bastante popular. La evolución de la casaca derivó en lo que hoy se conoce como frac, una chaqueta con faldones y que por la parte delantera llegaba hasta la zona de la cintura. Ésta prenda surgió en Inglaterra en los años ochenta del siglo XVIII, más o menos, gracias a la comodidad que representó trasladar los faldones definitivamente hacia atrás y convertir la zona delantera de la prenda en una especie de chaqueta abotonada. De esta manera, se extendió a nivel global durante la Revolución Francesa. En Zaragoza, se localiza la voz “Frax” (figura 21) en el inventario de bienes de Don Dionisio Solis, Coronel de Infantería Agregado, de 1796. Realmente, se trata de una fecha muy temprana para tratarse de una capital provinciana. Así, en el propio documento, a sabiendas de que el vocablo era una incorporación nueva, difícilmente entendible, se 257 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5030, Zaragoza, 1796, f. 31v. 258 A.M.Z., Serie Facticia, Caja 6960, Nº11-19, Zaragoza, 1805, ff. 7r-8r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3319, Nº8, Zaragoza, 1788, ff. 3v-4r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles,. Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, ff. 6v-7r. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, ff. 5v-6r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, 1794, ff. 7r-7v. / A.H.P.N.Z., Condado de Morata, Caja 2335, Nº10, Zaragoza, 1806, f. 26r / .A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 7v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11905, Nº4, Zaragoza, 1799, f. 15r. 259 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº104, Zaragoza, 5-mayo-1797, p. 416. 260 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 114, Nº161, Zaragoza, 1-julio-1797, p. 644. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0734, Nº1, Zaragoza, 1802, f. 4v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº9, Zaragoza, 1806, f. 2v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0734, Nº1, Zaragoza, 1802, f. 4v. 261 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3338, Nº2, Zaragoza, 1809, f. 4r. 262 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0281, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 4r. 263 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0281, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 11r. 264 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 4v-11v. 265 A.M.Z., Serie Facticia, Caja 6960, Nº11-19, Zaragoza, 1805, ff. 7r-8r. 266 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 4v. 267 A.M.Z., Serie Facticia, Caja 6960, Nº11-19, Zaragoza, 1805, ff. 7r-8r. 55 aclara “Un Frax, es decir Casaca y Chupa de chamelote” 268 . Para la parte de arriba del tronco, y muy semejante a un jubón, cabe resaltar también el ajustador, confeccionado a base de materiales como el algodón, la lana o la seda 269 . Las medias eran el acompañamiento de los calzones, y así fue también durante gran parte del siglo XIX. Normalmente solían confeccionarse en seda o estambre 270 . Como elemento decorativo de la zona del cuello y la pechera, estaba el corbatín 271 , “una tira de tela fina plegada horizontalmente que se ponía tapando el cuello de la camisa y se abrochaba por detrás con una hebilla” 272 , es decir, una derivación de la corbata impuesta en el siglo XVIII, repleta de flecos, chorreras o vuelos anudado al cuello, que fue evolucionando hasta cubrir todo el cuello ya a principios del XIX (figura 22). De todos modos, también se conocía a este complemento como corbatín, ya antes de su evolución 273 . Para la cintura, podía usarse la faja (figura 20), prenda característica de las gentes del pueblo, confeccionada a base de lana, con telas como la estameña 274 . Las mujeres también solían hacer uso de este elemento, que normalmente se anudaba a través de un lazo en la parte trasera. En esta misma línea puede hablarse de las bandas, que en el caso de una ciudad como Zaragoza, y teniendo en cuenta las fuentes analizadas, venían a ser sinónimo de las fajas, ya que las bandas en otro contexto, podían corresponderse a la “alhaja de oro o plata guarnecida con piedras preciosas o semipreciosas, esmaltes, etc., que llevaban los nobles cruzada en el pecho como signo de rango” 275 (figura 23). La voz “banda” 276 en las fuentes, por tanto, es bastante frecuente, y a parte de estar hechas a base de materiales como la lana, también era común la seda 277 . La voz “pantalón” no aparece en las fuentes zaragozanas hasta el año 1797, en las Ordenaciones del Gremio de Zapateros de Obra Primera 278 , y en un inventario del Teatro de Comedias de la ciudad 279 . Hasta los primeros años del XIX, prácticamente, no fue habitual el uso de esta prenda a nivel nacional, que ese extendió gracias a la Revolución y a la moda campestre inglesa de finales del siglo anterior. La introducción de esta prenda supuso un corte con la forma de vestir tradicional, algo que atentó en cierta manera contra los símbolos y valores de la nobleza 280 . Puede verse en este caso como un detalle estético, es en realidad la prueba y el factor material de un cambio de mentalidad. Con la introducción de estas nuevas formas de vestir, fueron muy 268 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5030, Zaragoza, 1796, f. 31v. 269 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 6r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 5v. 270 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 8v. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5587, Zaragoza, 1798, f. 88r. 271 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5030, Zaragoza, 1796, f. 32r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, ff. 21r-21v. 272 LEIRA SÁNCHEZ, A., op. cit., 2007, p. 88. 273 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 8v. 274 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 6r. 275 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2006, p. 76. 276 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 7v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, ff. 20v-21r. 277 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0734, Nº1, Zaragoza, 1802, f. 4v. 278 A.M.Z., Serie Facticia, Caja 7079, Nº120-13, Zaragoza, 1797, ff. 27v-28r. 279 A.M.Z., Serie Facticia, Caja 6960, Nº11-19, Zaragoza, 1805, ff. 7r-8r. 280 FUENTES, J.F., op. cit., 1996, pp. 90-91. 56 habituales los pantalones ajustados con el dobladillo vuelto complementados con botas también ceñidas 281 (figura 21). Fig. 21 - Modas de Madrid. Año 1804, Nº5, Fig. 22 - Modas de Madrid. Año 1804, Nº27, Antonio Rodríguez. Antonio Rodríguez. Como ropa interior, cabe destacar los calzoncillos 282 , unos calzones interiores confeccionados normalmente a base de lienzo de lino o algodón, de los cuales se tiene ya datos en el XVII, perdurando su uso en el XVIII. Para el siglo siguiente, con la llegada de los pantalones, los calzoncillos se ajustaron más a la pantorrilla y se prolongaron hasta el tobillo 283 . 281 A.H.P.N.Z, Miguel Borau de Latras, Caja 5030, Zaragoza, 1796, f. 31v. 282 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº104, Zaragoza, 5-mayo-1797, p. 416. / A.HCO.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 11r. 283 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2006, pp. 130-131. 57 Fig. 23 – Carlos IV, Francisco Bayeu, 1790. La capa fue durante todo el siglo XVIII una prenda indispensable para cualquier hombre, y además fue objeto de numerosas controversias. A finales del Siglo de las Luces y principios del XIX seguía estando presente en la indumentaria masculina (figura 24). Ejercía papel de sobretodo y llegaba, aproximadamente, hasta debajo de las rodillas. Poseía un forro interior que podía ser de diferente tejido y color que la parte exterior. Podía estar confeccionada a base de grana, chamelote o paño 284 . Dentro del ámbito de los sobretodos, destaca el “sortu”, que proviene del francés “surtout”, cuyo significado en esa lengua es precisamente sobretodo 285 . La palabra sobretodo, por tanto, pasaría a definir todo tipo de prenda que ejerce el papel de cubrir el cuerpo a modo de capa, y también una pieza específica “de paño ancha y larga, abierta por delante y con mangas largas” 286 . Así, dependiendo de cada caso, puede referirse a una cosa u otra. Puede observarse como en un mismo inventario aparece “Un Sortu de Bayeton” y “Una Capa de Duroy” 287 , lo cual hace pensar que ambas prendas representan cosas diferentes. El capote fue “una prenda de encima semejante a la capa pero más gruesa”, que cumplía 284 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 115, Nº89, Zaragoza, 30-marzo-1798, p. 356. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 7r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11905, Nº4, Zaragoza, 1799, f. 15r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 6v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 11v. 285 STRBÁKOVA, R. “Variación léxica en el vocabulario de la indumentaria del siglo XIX”, Interlingüística, Nº17, 2007, p. 991. 286 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2006, pp. 439.440. 287 A.H.P.N.Z., 64 utilidad (figura 29). Los botones, como elemento decorativo, también podían guarnecer los sombreros 345 . Fig. 28 - Duque de Alba, Goya, 1795. Fig. 29 - Francisco de Sebastián Martínez, Goya, 1792. Si se está hablando de decoraciones, conviene destacar el bordado, que resultaba una buena baza a la hora de decorar las prendas. Los pañuelos eran un buen soporte para estos bordados, que podían estar realizados a base de hilos de seda 346 , o incluso de oro y plata en los casos más exquisitos 347 . En realidad, toda prenda era buen soporte para el bordado, cosa que se demuestra por las casacas, chupas o chalecos masculinos que en las fuentes aparecen con estos motivos 348 . En ocasiones, las medias también presentaban bordados 349 , como las vueltas de las camisolas 350 o las basquiñas más elaboradas, que solían poseer motivos florales 351 . Esta técnica también se aplicaba en una de las prendas más usadas, los jubones 352 . Hablando de las camisas, éstas podían poseer un elemento decorativo llamado pecheras, una serie de vuelos colocados en la abertura de la zona del pecho, también conocidas como chorreras 353 . Precisamente se entendía como vuelos la serie de volantes situados en las mangas de las camisas tanto de hombre como de 345 A.Hco.P.Z., Casa Ducal de Híjar, Épila, Caja 111, Zaragoza, 1790 (sin foliar). 346 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº115, Zaragoza, 16-mayo-1797, p. 460. 347 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº284, Zaragoza, 11-octubre-1800, pp. 1139-1140. 348 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0734, Nº1, Zaragoza, 1802, f. 4v. 349 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 115, Nº36, Zaragoza, 5-febrero-1798, p. 144. 350 A.Hco.P.Z., Condado de Morata, Caja 2335, Nº10, Zaragoza, 1802, f. 17r. 351 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 11r. 352 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 20v. 353 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 8v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 5v. 65 mujer 354 (figura 23) y que, como ya se ha visto, podían presentar bordados. Estos vuelos y guarniciones solían estar realizados a base de muselina, por la gran ligereza, delicadeza y finura del tejido, o a través de malla o encaje 355 . Para prendas como las chupas, un elemento de guarnición fueron los flecos, hilos sueltos que colgaban del borde de las prendas, muy típicos desde el siglo XVII 356 , y que a principios del XIX mantuvieron su protagonismo en la ropa masculina de los majos 357 . Si nos referimos a un elemento de carácter más masculino, no hay que olvidar el galón, un añadido a la prenda a base de hilos fuertes de seda, lana o metálicos que creaba distintos motivos. Fue una modalidad de pasamanería muy típica en el XVIII 358 , pero que fue perdiendo fuerza, quedando reservada al ámbito militar. Sin embargo, a fines de siglo sigue estando presente en Zaragoza 359 . Otro elemento importante y que solía añadirse al sombrero, fue la escarapela, tela recortada de forma circular que solía poseer varios colores. En principio, era de uso común en los ejércitos para identificar a los soldados de cada país. Sin embargo, a partir de la Revolución Francesa se convirtió en un objeto de uso civil y que podía conllevar exaltación patriótica. De hecho, las escarapelas con los colores de la bandera francesa se prohibieron en España. A pesar de ello, su uso fue bastante común. Este es un breve anuncio del Diario de Zaragoza: “En la Calle de Cedacerìa Num. 169 se venden Escarapelas encarnadas, acharoladas, y negras.” 360 También a la copa del sombrero, por la base, se le podía añadir cintillos, una especie de cordoncillo trenzado de pasamanería confeccionado a base de hilos metálicos o de seda y que además podía contener piedras preciosas 361 . Por último, las cintas de diferentes telas fueron un éxito en el siglo XVIII, y en especial en el ámbito femenino (figura 30). Podían añadirse a diferentes prendas y accesorios, como a las redecillas para el pelo 362 y también podían ejercer el papel de lazo para atarlo en la cintura del vestido, de cordón para las alpargatas, o para adornar las muñecas y el cuello 363 . En este sentido, cabe destacar también las guarniciones de gasa para las redecillas 364 . 354 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., op. cit., pp. 493-496. 355 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 10r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0734, Nº1, Zaragoza, 1802, f. 5r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 20v. 356 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2006, pp. 250-251. 357 A.M.Z., Serie Facticia, Caja 6960, Nº11-19, Zaragoza, 1805, pp. 7r-8r. 358 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2006, pp. 256-257. 359 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 115, Nº89, Zaragoza, 30-marzo-1798, p. 356. 360 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº31, Zaragoza, 21-febrero-1797, p. 123. 361 TEJEDA FERNÁNDEZ, M., op. cit., 2006, pp.171-172. / A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 116, Nº53, Zaragoza, 22-febrero-1799, p. 212. 362 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº205, Zaragoza, 24-julio-1800, p. 805. 363 A.M.Z., Gaceta de Zaragoza, Rollo 95, Nº2, Zaragoza, 10-enero-1792, p. 16.2. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 9v. 364 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11905, Nº4, Zaragoza, 1799, f. 15r. 66 Fig. 30 - Manuela Camas y las Heras, Goya, 1792-93. Fig. 31 – Medias del período de Carlos III, Museo del Traje de Madrid. Dentro de este apartado dedicado a los aspectos decorativos de las prendas, se incluyen también los distintos colores, tonalidades, o estampados del traje. Son sin duda elementos que evolucionan y aportan al vestido una serie de connotaciones, aunque no representen tan claramente un añadido como lo son los ornamentos ya analizados. Sin embargo, los distintos motivos que los tejidos o los tintes generan, como las flores o las rayas, pueden considerarse como decoraciones, ya que la prenda, como en los casos anteriores, vuelve a resultar la base para el despliegue de la fantasía creativa. No conviene olvidar que el triunfo de unos estampados u otros depende también de la evolución de la técnica, sobre todo en el caso de las rayas 365 . En el campo de los colores, antes del siglo XIX, los tintes más conocidos eran el rojo, procedente de la rubia el quermes o la cochinilla; el azul de glasto o añil; el amarillo de azafrán o cochinilla; el púrpura obtenido del murex; el negro de zumaque; y el color palo, de Campeche. Sin embargo, en la última década del siglo XVIII comenzaron a surgir colores innovadores, llamados inorgánicos, o “colores minerales”, como el “ante de hierro, naranja de antimonio, azul de Prusia o el marrón de manganeso” 366 . El tema de los colores resulta cuanto menos curioso, ya que en ellos se refleja el gusto cromático de un momento histórico. El negro ha pasado a ser el color que caracterizó la época de los Austrias en España, y se estableció como un color 365 PASTOREAU, M., Las vestiduras del diablo, Barcelona, Océano, D.L., 2005, p. 57. 366 DESCALZO LORENZO, A. et LLORENTE, LLORENTE, L., “El color, expresión pictórica de la moda”, en Modachrome: el color en la historia de la moda (Exposición del Museo del Traje, 10 de mayo- 27 de septiembre, 2007), Madrid, Ministerio de Cultura, 2007, pp. 36-37. 67 representante del traje español masculino. Esto cambió ciertamente en el siglo XVIII, gracias a la influencia francesa, que trajo consigo el estilo rococó, distinguido por su gran variedad de colores, con el triunfo de los tonos pastel. Esta fue la tónica de todo el siglo hasta la llegada de la Revolución Francesa, causante de la difusión de un estilo inglés en el caso masculino, con tonalidades oscuras y sobrias, y la imposición del blanco y los tonos claros en el caso de las mujeres 367 , con el estilo neoclásico. Todo esto en lo que conlleva a la moda extranjera, que no llegaba al total de la población de Zaragoza, ni mucho menos. Los habitantes de origen humilde conservaban en sus prendas gran variedad de colores. Así, es curioso el tema de las basquiñas, cuyas representaciones gráficas suelen reflejar en casi todos los casos las de color negro (figura 6), muy habitual, después de todo, por ser la prenda de acompañamiento de la mantilla 368 . Además, socialmente estaba mal visto emplear colores vivos para las basquiñas y en una ocasión, unas mujeres madrileñas decidieron cambiar esta norma. A raíz del revuelo que se formó, se promulgó una Real Orden en marzo de 1799 369 . Sin embargo, en Zaragoza las había de todos los colores y tonalidades, incluso después de la publicación de la ley: azul, que en algún caso se matizaba creando un efecto de aguas, verde, blanco 370 , en tonalidades marrones como el “clabillo” 371 o el “vinagre” 372 y destacando sobre todo el color morado, muy usual 373 . El negro seguía siendo, a fines del XVIII y principios del XIX, un color muy habitual en la indumentaria de diario, incluso en vestidos completos, compuestos de diferentes prendas 374 . Además, este color renació a nivel mundial a principios del XIX en el ámbito masculino 375 (figura 24), cosa que se observa también en Zaragoza, donde en realidad no se produce un resurgir, sino que perdura gracias a la herencia de los siglos anteriores. Así, estaba muy presente en los jubones 376 , cabiendo la posibilidad de excepciones 377 , y en las mantillas 378 , siendo en el caso de estas últimas, junto al blanco 379 , el único color bien visto socialmente para esta prenda. Las medias masculinas solían ser, casi siempre, de color negro 380 o de color blanco 381 (figura 31), al igual que 367 DESCALZO LORENZO, A. et LLORENTE, LLORENTE, L., op. cit., 2007, pp. 39-43. 368 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5031, Zaragoza, 1798, f. 41r. 369 MARTÍN GAITE, C., op. cit., 1987, p. 90. 370 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5028, Zaragoza, 1790, f. 39r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 4v. / A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 114, Nº244, Zaragoza, 23- septiembre-1797, p. 980. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº9, Zaragoza, 1806, f. 3r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 11r. 371 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, ff. 5r-5v. 372 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 10v. 373 A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4726, Zaragoza, 1803, f. 51v. 374 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 6r. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5587, Zaragoza, 1798, f. 88r. 375 PASTOUREAU, M., Negro. Historia de un color, Madrid, 451 Editores, 2009, p. 160. 376 A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4726, Zaragoza, 1803, ff. 51v-51r. / A.H.P.N.Z., Pablo Fernandez Trebiño, Caja 5514, Zaragoza, 1802, f. 7v. 377 “Un Jubon de raso alistas de color de Clabillo, y azul bueno” en A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 11v / “Un Jubon de raso morado” en A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 10v. 378 A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4727, Zaragoza, 1804, f. 152r. 379 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 115, Nº59, Zaragoza, 18-febrero-1798, p. 236. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº9, Zaragoza, 1806, f. 3r. 380 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 8v. 68 los sombreros 382 . Las redecillas solían ser de este color 383 , pero algunas podían presentar otros colores, como el azul 384 . El negro también podía ser uno de los colores principales para los sobretodos, como el “sortu” 385 , aunque cabe destacar que las capas podían ser de otros colores y no sólo servían para camuflarse entre la multitud (figura 15). Así están documentadas una “Capa de Paño color de Perla” 386 , de color morado 387 o azul 388 . A pesar de estas excepciones, las capas casi siempre solían ser negras 389 . Al igual que el corpín, prenda femenina que cumplía función de corsé 390 y los ajustadores tanto masculinos como femeninos 391 . En cuanto al blanco, a pesar del renacer que sufrió tras la Revolución Francesa en las prendas principales y no sólo en los elementos ornamentales, seguía siendo un color más de la gran gama que se empleaba. En las fuentes, no se suele nombrar mucho, porque cuando no se especifica el color de una prenda de muselina o lino es debido a que ésta, por ejemplo, no ha sufrido modificación, manteniendo el color blanco del tejido. Igual ocurre con las camisas, que al ser piezas interiores, solían ser normalmente blancas, sin especificar el color, como las guarniciones de cuello y mangas. Así, en algunos inventarios, se establecía la diferencia entre “ropa de vestir” y “ropa blanca”, incluyéndose en este grupo las referidas camisas, pañuelos, guantes o la ropa de cama 392 . Sin embargo en el caso de algunas prendas se especifica, como en el caso de los zagalejos, guantes, calcetas, ajustadores 393 … Además, los gorros masculinos también podían ser de color blanco 394 y en algún caso, por influencia de la nueva moda postrevolucionaria, también las prendas que se colocaban sobre las camisas, como la chupa 395 o el chaleco (figura 8). En relación al color verde, en el caso femenino, estaba presente en los guardapiés 396 , aunque en ropa masculina solía resaltarse como verde botella (figura 33), y podía ser el propio del ya nombrado “sortu” o de los vestidos completos 397 . El azul, a pesar de su 381 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0734, Nº1, Zaragoza, 1802, f. 5r. 382 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5587, Zaragoza, 1798, f. 88v. 383 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1793, f. 11r. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1794, f. 104v. 384 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5028, Zaragoza, 1790, f. 39r 385 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 6r. 386 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 6r. 387 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3338, Nº2, Zaragoza, 1809, f. 5r. 388 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 7r-7v. / A.H.P.Z, Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 11v. 389 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº18, Zaragoza, 8-febrero-1797, p. 69. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº9, Zaragoza, 1806, f. 6r. 390 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 7r. 391 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 5r-6r. 392 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5030, Zaragoza, 1796, ff. 31v-32r. 393 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5028, Zaragoza, 1790, f. 39r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 8r. / A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5030, Zaragoza, 1796, f. 32r. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 8v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 21r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11905, Nº4, Zaragoza, 1799, f. 15r. 394 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº80, Zaragoza, 11-abril-1797, p. 319. 395 A.Hco.P.Z., Condado de Morata, Caja 2335, Nº10, Zaragoza, 1806, f. 26r. 396 A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4726, Zaragoza, 1803, f. 51v-51r. 397 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 6r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 21r. / A.Hco.P.Z., Casa Ducal de Híjar, Épila, Caja 111, Zaragoza, 1790 (sin foliar). / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 11v. 69 auge y uso en el XVIII 398 parece un color camuflado entre el resto, y casi siempre se encontraba en prendas femeninas (Fig.27) como la cotilla, el zagalejo, los pañuelos 399 y en algún caso en los jubones 400 . Aunque también pueden encontrarse prendas masculinas de este color, como la casaca o el capotillo 401 . El morado era un color muy presente en la ropa tradicional del pueblo, y así, las fajas podían ser de este color, como los zagalejos, jubones y los vestidos de mujer 402 . Pero también otras prendas más modernas, como los camisones 403 . En el caso masculino, las prendas básicas, chupa, casaca y calzón, aparecen en una ocasión confeccionados a base “de canale de seda morada” 404 , y no resulta la única vez que una de estas prendas es de este color 405 , como reflejan las fuentes. En referencia a los colores masculinos de moda hacia los años ochenta y sobre todo tras la Revolución, los tonos pardos y apagados, comenzaron a establecerse en la ropa masculina a lo largo de los años noventa, aunque poco a poco 406 . Cabe decir, que ya era un tono muy presente en una prenda masculina con gran tradición, como era la capa o el “citoyen” 407 . Dentro de estas tonalidades, el color “tabaco” podía ya encontrarse en los conjuntos de casaca y chupa 408 , al igual que el color de “pulga” 409 y el propio pardo en prendas como el calzón o el chaleco 410 , igual que el color de “canela” (figura 28) en chupa y casaca 411 . En el caso femenino, estas tonalidades podían aparecer en los vestidos de estilo inglés, como el vaquero 412 , de carácter más sobrio que el francés. En el caso de un inventario, esta clase de vestido posee un “color de Ysabela” 413 (según la RAE: “Dicho de un caballo: De color de perla o entre blanco y amarillo”). Los ajustadores también podían ser de estos colores apagados, resultando curiosos el color “clabillo” o el “pulga” 414 . 398 PASTOUREAU, M., op. cit., 2009, p. 159. 399 A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4726, Zaragoza, 1803, f. 51r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 5r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 6r. 400 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 20r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 11r. 401 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 6r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 21v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1973, f. 7v. 402 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 6r. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1794, p. 104r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 10v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 7v. 403 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 7r. 404 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1. Zaragoza, 1793, f. 4v. 405 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 20v. 406 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5030, Zaragoza, 1796, f. 31v. 407 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 8v. 408 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 5v. 409 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5587, Zaragoza, 1798, f. 88v. 410 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº104, Zaragoza, 5-mayo-1797, p. 416. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº6, Zaragoza, 1806, f. 14v. 411 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 7r. 412 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 9v. 413 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 4v. 414 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 21r. 70 El rojo no suele aparecer como tal en las fuentes, ya que la voz común para ese color era el carmesí. Este podía estar presente en las redes para el pelo, o situarse, por ejemplo, en el forro interior de algunas prendas, como la capa 415 . En cuanto al rosa, es un color que apenas aparece en los documentos, y cuando es así, es en el caso del vestido femenino o de sus complementos, como el abanico 416 . Un tono entre ambos colores, rojo y rosa, podía ser el “colorado”, muy habitual en los pañuelos y en algún caso en chalecos 417 . Otro color muy característico del momento, que en algunas ocasiones puede identificarse con el rojo y otras con el color de carne, y que aparece en muchas ocasiones en las fuentes, es el “encarnado” 418 , sobre todo en el ámbito de las rayas, como se verá más adelante. El amarillo como color de base no aparece en las fuentes, pero sí el color “vinagre”, que podía considerarse entre verde y amarillento. Era muy característico de las prendas masculinas, como la casaca y la chupa 419 . De todos modos, en las listas o en los estampados de flores, sí que el amarillo ejerce su presencia 420 . Finalmente, en relación a las tonalidades grises, no muy comunes, generalmente se daban en los sobretodos, como en el caso de un “sortu” color de “plomo” 421 que aparece en un inventario, o en chaquetas 422 . En el caso de las mujeres, los guantes y las medias eran buena base para lucir el color ”plata” 423 . Continuando ahora con las rayas, éstas comenzaron a extenderse y considerarse como elegantes a la hora de vestir, tanto en el ámbito femenino como masculino, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Se pusieron de moda en prendas como los ajustadores o en los jubones 424 . Los delantales fueron unas de las prendas que más veces aparecen con rayas en las fuentes 425 , al igual que los pañuelos, que en gran número de ocasiones presentaban rayas azules, “encarnadas”, “coloradas” y de otros tonos y colores, llegando a ser tres los colores repartidos de forma acanalada, como en el caso de un pañuelo “de lino entero campo blanco, con listas encarnadas y azules” 426 . Los chalecos, una de las prendas que más se estaba imponiendo durante el reinado de Carlos IV, se alistaban en numerosas ocasiones, al estilo inglés 427 , sobre todo a partir de los 415 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 9v. / A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5030, Zaragoza, 1796, f. 31v. 416 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 115, Nº89, Zaragoza, 30-marzo-1798, p. 356. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº9, Zaragoza, 1806, f. 3r. 417 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 11315, Nº1, Zaragoza, 1804, f. 7v. 418 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 10r. 419 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5587, Zaragoza, 1798, ff. 88r-88v. 420 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 5r. 421 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0734, Nº1, Zaragoza, 1802, f. 4v. 422 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3338, Nº2, Zaragoza, 1809, f. 4r. 423 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 10r. 424 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 6r. / A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1793, f. 11r. 425 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1791, f. 7v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 12v. 426 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 5r. 427 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 114, Nº161, 1-julio-1797, p. 644. /A.Hco.P.Z., Casa Ducal de Híjar, Épila, Caja 111, Zaragoza, 1790 (sin foliar). / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0734, Nº1, 1802, f. 4v. 71 primeros años del XIX. Lo mismo comenzaba a pasar con los calzones y chaquetas 428 (figura 29). Incluso las camisas, que siempre habían mantenido su blanco impoluto, comenzaban a rayarse 429 . Algunos vestidos de señora también presentaban rayas, al igual que algunos camisones 430 , y algunas prendas de carácter tradicional, como los jubones, en casos excepcionales, y las basquiñas 431 , que tanta controversia traían respecto al color, como se ha podido comprobar anteriormente. Las pintas equivaldrían a lo que hoy en día conocemos como lunares (figura 32). Comenzaron a ponerse de moda a finales del siglo XVIII, como puede verse en el fragmento de esta cantinela: Ni jamas te calces Las medias de pintas Ni otras mamachadas Que en ellas se miran, Calza con cordura Unas medias lisas O blancas, ó negras 432 Para identificar las pintas, también se usaba la voz mota 433 , y a parte de decorar medias, también plagaban los pañuelos femeninos 434 . En el caso de la decoración a base de cuadros, resulta muy escasa, ya que fue entrado ya el XIX cuando comenzó a imponerse. De todos modos, destacan una chupa de cuadros de 1792, un pañuelo de listas entrecruzadas de 1802 435 y “Una capa de paño azul […] con banda de terciopelo à cuadros” 436 . Uno de los estampados más usuales fueron los elementos vegetales, como las flores o las ramas, muy habituales en pañuelos 437 . Las basquiñas también podían poseer este tipo de estampados, mediante el uso de unos cuantos colores, o de uno sólo 438 . Así, se localiza en un inventario “Una basquiña de Indiana de Muger campo morado, con flores blancas” y en el caso de otra prenda, “Una Cotilla de Muger, forrada de Espolin de seda campo berde, y flores encarnadas, blancas y amarillas” 439 . Las sayas también 428 A.Hco.P.Z., Casa Ducal de Híjar, Épila, Caja 111, Zaragoza, 1790 (sin foliar). / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 4v. 429 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 5v. 430 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 115, Nº89, Zaragoza, 30-marzo-1798, p. 356. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 8r. 431 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, ff. 4r-5r. 432 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº255, Zaragoza, 12-septiembre-1800, pp. 1017-1018. 433 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0735, Nº1, Zaragoza, 1802, f. 4r. 434 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 4v. 435 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1792, f. 6r. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 7r. 436 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 7r. 437 A.H.P.N.Z., Manuel Gil i Burillo, Caja 5586, Zaragoza, 1791, f. 7v. 438 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 4v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 1213, Nº9, Zaragoza, 1806, f. 3v. 439 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 5r. 72 podían poseer estampados florales de diferentes colores 440 . En este último ámbito, hay que hacer mención a las indianas, telas que conllevaban ya de por sí una decoración impresa y que, como se ha podido ver, cosecharon un gran éxito. O los brocados, con presencia en prendas femeninas, como cotillas, jubones, basquiñas o zagalejos 441 . Fig. 32 - Retrato de un joven de 20 años, miniatura, Jorge Giménez, 1795. Uso del traje Indumentaria en los grupos sociales No hay duda de que una de las características principales del Antiguo Régimen fue la rigidez social. Esto, también hay que decirlo, variaba según el país en el que nos centráramos, ya que esta época vio el desarrollo y la culmen de una clase apoyada en el dinero y no en la sangre: la burguesía, que tuvo mayor o menor presencia según la localización. Lo curioso, es que su ascenso social se realizaba mediante el trabajo, no venía marcado por el nacimiento, aunque esto tampoco permite contemplar la idea de que alguien nacido pobre pudiera alcanzar sus metas a través del esfuerzo personal. Esta 440 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 2368, Nº2, Zaragoza, 1802, f. 6v. 441 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 3589, Nº3, Zaragoza, 1792, f. 10v. / A.H.P.N.Z., Joaquin Vicente Almerge, Caja 4726, Zaragoza, 1803, ff. 51r-51v. / A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0381, Nº1, Zaragoza, 1793, f. 5r. 73 ya es una idea nacida en el seno del capitalismo. Por lo demás, esta sociedad mantenía sus valores en una división estamental, defendida desde la Iglesia y culminada en la cabeza del rey. En esta época, la apariencia del individuo debía corresponderse con su rango. El traje, debía ser, pues, la expresión de un colectivo 442 , idea que empezó a desmoronarse justo a finales del siglo XVIII, e incluso antes. El hecho de la existencia de unas normas sociales tan tajantes en cuanto a las formas de ataviarse de un individuo u otro, permitía, a su vez, el juego con la apariencia 443 , algo muy característico de la aristocracia de los siglos XVII y XVIII. Así, durante este último siglo, a los nobles españoles se les antojó imitar a las clases bajas madrileñas y vestirse a la manera tradicional para salir a la calle, algo que no representab más que una moda más. Este asunto se desarrollará posteriormente, ya que fue un hecho importante. Conviene echar un vistazo al lienzo de Antonio Carnicero (figura 33), que, aunque sea de los años ochenta, permite contemplar el abanico de vestimentas presentes a finales de siglo, sin contar aun, por supuesto, con el vestido-camisa o los pantalones. Hay damas vestidas a la inglesa, a la española (con mantilla y basquiña), otras que directamente portan ropas propias del estado llano, como las que se encuentran en la parte inferior derecha, y hombres ataviados de majos o a la manera francesa. En muchos casos, es difícil diferenciar la procedencia social de cada uno, cosa que se iría acentuando con el paso de los años. En el breve análisis que anteriormente se ha llevado a cabo sobre la situación de la ciudad de Zaragoza en el período de entre-siglos, se ha hablado a base de pequeñas pinceladas sobre los grupos sociales. En realidad, conviene aclarar que la base poblacional de la mayoría de ciudades españolas de carácter provincial del momento era la de los funcionarios y profesionales liberales, creciendo cada vez más el número de comerciantes e industriales. Zaragoza, pues, era un centro de autoridades y propietarios tanto militares, como civiles y eclesiásticos 444 . La cuestión es que poco a poco se iba gestando un ambiente burgués, contando por supuesto con la presencia de artesanos, trabajadores (muy pocos) y campesinos que vivían generalmente en núcleos circundantes a la ciudad para trabajar las huertas. Por tanto, aunque la burguesía no era un grupo verdaderamente asentado, sino que se encontraba en proceso, ya se dejaban entrever algunas de sus características. Al fin y al cabo, se trataba del verdadero motor del desarrollo de las ciudades, que intentaba por todos los medios poseer, si no un título, sí al menos la apariencia del grupo al que aspiraba pertenecer. Si el ascenso en la escala social no podía realizarse de una manera plena, el camino más rápido para mostrarse frente a los demás como representante del grupo al cual se pertenecía o se aspiraba pertenecer, por tanto, era adoptar una estética propia del grupo social al cual se aspiraba pertenecer. Grupo que se encontraba integrado, junto con otros, en una jerarquía social muy marcada, propia de la sociedad del Antiguo Régimen, vigente en España durante gran parte del siglo XIX y, por supuesto, durante todo el reinado de Carlos IV. Debido entonces a que en este período la sociedad rígida marcada por privilegios y no por la adquisición monetaria se 442 Algo que por supuesto no choca con los gustos personales, aunque sí que los somete en cierta manera, adaptándolos a una manera correcta en el vestir en correspondencia con la procedencia social. 443 LIPOVETSKY, G., op. cit., 1990, p. 25. 444 DOMÍNGUEZ ORTIZ, A., Sociedad y Estado en el siglo XVIII español, Barcelona, Ariel, 1990, p. 244. 80 Journal des dames et des modes (1797-1839) (figura 37) No hay que confundir estas revistas con publicaciones de trajes, como pudieron ser en España la Colección de trages de España, tanto antiguos como modernos (1777-1788) (figura 38) de Juan de la Cruz o la Colección General de los Trages que en la actualidad se usan en España: principiado en el año 1801 de Antonio Rodríguez 470 , que no contaron en un principio con la intención primordial de mostrar unos diseños con fin comercial, aunque en el caso de este último los dibujos sí tengan cierto aire de figurines de moda. En España se llegó a publicar durante el reinado de Carlos IV una revista de moda: Muestra de Trajes y muebles decentes y de buen gusto (1791) copia en gran parte de Magasin des modes nouvelles françaises et anglaises (1785-1789) 471 . Podría decirse que para cuando llegaron los modelos a España, el vestido y mobiliario que acompañaba a los figurines de esta revista, ya había pasado de moda. El hecho de que esta publicación fuera anunciada por el Diario de Madrid indica que en los medios ya era habitual la presencia de anuncios sobre prendas de ropa, complementos, joyas, etc. En el marco de Zaragoza cabe destacar dos publicaciones: la Gaceta de Zaragoza y el Diario de Zaragoza. El primero era similar al que se publicaba en Madrid, y en él son de resaltar al final de cada número los anuncios de libros de todas las temáticas, al igual que grabados o estampas. En el bloque de libros encontramos que, por ejemplo, se promociona el “Quaderno I.º de la historia de los trages que todas las naciones del mundo usan actualmente, con una breve noticia del carácter y principales costumbres de los naturales de cada pais” 472 U otras publicaciones que atienden a otros aspectos como es el lujo, del cual se hablará. Un tema controvertido en el siglo XVIII y parte del XIX, que, junto a la moda, pasaron a primera plana del debate ilustrado: “Historia del luxo y de las leyes suntuarias de España, por D. Juan Sempere y Guarinos, del consejo de S.M. y su fiscal en la real chanchilleria de Granada. Se trata en ella del luxo de los españoles de los primitivos tiempos, en el del dominio de los romanos, godos, árabes, edad media y restauracion del a monarquía hasta el tiempo presente: de los daños dimanados de las leyes suntuarias, y por incidencia de otras providencias relativas á la politica-económica: se insinúan las principales causas de la decadencia de nuestra monarquía, y se concluye con un paralelo entre el luxo y costumbres actuales y las de los siglos anteriores, y con dos capítulos sobre la moral y sobre la política convenientes al luxo: 2 tomos en 8.0 marquilla. Se hallará en la librería de Munita” 473 Esta publicación de Sempere y Guarinos fue importante en su época, y en la actualidad permite conocer el espíritu ilustrado respecto a ciertos temas, ya que supone un escaparate de la mentalidad del momento. 470 CARRETE PARRONDO, J., “Tipos y modas de Madrid en 1801. La colección de trajes de Antonio Rodríguez”, Colección General de los trajes de Madrid. Colección de cincuenta y dos grabados de Rodríguez, Madrid, 1801, Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 1989. 471 MOLINA, A., et VEGA, J., op. cit., 2004, p. 138. 472 A.M.Z., Gaceta de Zaragoza, Rollo 100, Nº25, Zaragoza, 27-marzo-1804, p. 287. 473 A.M.Z., Gaceta de Zaragoza, Rollo 107, Nº101, Zaragoza, 21-noviembre-1807, p. 1191. 81 Fig. 36 - Grabado de The Lady’s Magazine, 1774. Fig. 37 - Grabado de Journal des dames et des modes, 1798. Volviendo a la cuestión de lo que ya se puede llamar publicidad, la importancia de ésta en cuanto al ámbito de la moda lo fue aún mucho más en el caso del Diario de Zaragoza, fundado en el último cuarto del siglo XVIII, cuyo contenido abarcaba siempre una sección dedicada a los asuntos de pérdidas, ventas, encuentros, avisos, etc. Además, era una publicación propia y única de Zaragoza con un matiz incluso cultural, donde figuraban escritos en prosa y verso sobre todo tipo de temas, y en los cuales predominaba la sátira. En el caso de la sección de anuncios, las prendas anunciadas solían ser, por norma general, sencillas y a disposición de un grupo amplio de lectores teniendo en cuenta que los periódicos de la época estaban al alcance de aquellos con cierto status social 474 . En estos anuncios, predominan los particulares que ofrecían prendas como mantillas o vestidos completos 475 . En algunas casas se vendían cosas como “una capa de grana, un vestido de Señora sin usar, tela color de rosa listada, un vestido de paño con galon de oro de hombre, otro de Id. De tercipelo de rizo verdoso, otro de verano tambien de hombre.” 476 Además, se anunciaban productos de cierto lujo. Así se describía un artículo en el número del 2 de febrero de 1797: “Se vende un Relox de Similor, de moda con caxa 474 MARTÍNEZ de ESPRONCEDA SAZATANIL, G., “Indumentaria y medios de comunicación”, Emblemata, Nº17, 2011, pp. 165-178. 475 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº36, Zaragoza, 26-febrero-1797, p. 144. / A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 115, Nº74, Zaragoza, 15-marzo-1798, p. 296. 476 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 115, Nº89, Zaragoza, 30-marzo-1798, p. 356 82 de concha […]” 477 . El toque definitivo radica en apelar al concepto “de moda” para captar la atención de todo aquel que leyese la publicación. En otro caso, encontramos la visita de un comerciante extranjero, del cual no se especifica su procedencia, con cintas y abanicos también de moda y a un precio asequible. Además, se indicaba igualmente en dónde se le podía encontrar 478 . De igual manera, los pequeños comercios de la ciudad también aprovechaban este medio para anunciar sus artículos: “A la Tienda de Comercio, en la calle de S. Thiago frente al Horno de Yedra, han llegado nuevamente: Lentejuelas, Cerquillos, Huevecitos y otras diferentes piezas para bordados, asi plateadas, como doradas entrefinas, y también de talcos, Canutillos de lo mismo, piedras blancas, y de colores con casquillos; Abujas finas para coser y bordar, Anzuelos diferentes y finos, Pañuelos de Muselina de linon y de gasas, bordados con sedas, oro y plata, desde quatro palmos hasta siete; dichos de lo mismo mas pequeños para la cabeza, Camisolines diferentes, Cinturones con bordados de oro y plata; Medias y Huantes, con bordado de lo mismo, y tambien largos, color de rosa y de carne; Cajas de Lamparillas, cortes de Chupas, y de Chalecos, con bordados de sedas, oro y plata, cortes de Zapatos con bordados de lo mismo, Sombreros blancos redondos castor de ala grande; Flasquitos de aguas para limpiar la dentadura, y de otra para quitar las manchas de la cara, con la receta para usarla; Manteleria dina del Bearn; y otros diferentes articulos.” 479 También estos comercios se anunciaban aunque fuera por mostrar la adquisición de un nuevo producto: “A la Tienda de Comercio de el Arco de Toledo, ha llegado un surtido de Peynetas de la última moda con bandas afeligranadas; y de plata” 480 Puede observarse que en gran medida, exceptuando algunas ventas de particulares, la apelación hacia la novedad y la moda es una constante, lo que indica que era una forma efectiva de captar la atención del comprador. No sólo los anuncios estaban dedicados a estos artículos, sino que también había presencia de libros. Llama la atención el título “Libro de oda ó Ensayo de la Historia de los Currutacos, y Pirracas, aumentado nuevamente por un Señorito Pirracas” 481 . Este anuncio me da pie a comentar un asunto que de nuevo parte de la moda y su controversia en la sociedad española del Siglo de las Luces: la aparición de un estereotipo que fue objeto de numerosas críticas en toda la centuria y a comienzos del siglo XIX, y que después derivaría en el conocido “dandi”: el “petimetre”. Su origen etimológico se encuentra en el francés: petit mâitre. Se trata de una figura masculina, con su pareja femenina, la petimetra (así eran denominados en la época), caracterizada por adoptar formas de comportamiento propias de otras cortes, entre las cuales la gran triunfadora era la francesa. Se trata, entonces, de jóvenes de origen acomodado, no necesariamente nobles, que en muchos casos habían tenido la ocasión de viajar al extranjero y acoplar, a su llegada a España, todos los galicismos que aprendían y todas las modas y extravagancias extranjeras que hacían de ellos unos seres afeminados, como se decía en el momento, y preocupados únicamente por los placeres mundanos y las 477 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº12, Zaragoza, 2-febrero-1979, p. 48. 478 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 114, Nº175, Zaragoza, 4-julio-1797, p. 700. 479 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº284, Zaragoza, 11-octubre-1800, pp. 1139-1140. 480 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº254, Zaragoza, 1-septiembre-1800, p. 1016. 481 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº39, Zaragoza, 1-marzo-1797, p. 153. 83 apariencias. Estos individuos eran conocidos también por otros nombres, como “pisaverdes” o “currutacos” (figuras 40 y 41), entre otros muchos que varían de una provincia a otra. Su compañera femenina personificaba un modelo contrario a los valores morales que se consideraban propios de la mujer. Lo único importante era ejercer un culto al cuerpo y a la belleza, intentar ser siempre el punto de atención y poseer cortejo masculino, siempre que fuera casi únicamente por el menester de ser el foco de las miradas. Esto era objeto de críticas y ataques, aunque del comportamiento, educación y forma de vestir de las mujeres ya se venía hablando desde tiempos atrás, cosa que no disminuyó a finales del siglo XVIII y principios del XIX 482 . En opinión de Josefa Amar y Borbón, las damas deben “Adornarse con moderación y con juicio; que vistan conforme a su clase; y aun con cierta magnificencia, que concilia el respeto de las demás gentes, huyendo de toda afectación ridícula; pero sepan al mismo tiempo despreciar las galas y no desvanecerse con ellas, como el pavo real con su hermosa cola: sepan, como dice el filósofo Crates, que el ornato es aquella cualidad que puede alimentar donaire: luego aquella cualidad puede aumentar donaire, que hace a una mujer más amable Fig. 39 - Portada de la Coleccion de trages de España, 1777-1788. y hermosa. Esto no lo hace ni el oro ni la púrpura, ni las esmeraldas, sino todo aquello que indica una cierta delicadeza y dignidad de conducta, un entendimiento bien ordenado y con señales de modestia. Sepan finalmente lo extravagante y caprichoso de la moda, que como funda su estimación en lo nuevo, continuamente está destruyendo sus mismas obras, y no repara en adoptar hasta lo que no favorece a su intento, que es el parecer mejor y lograr aplauso. Porque ¿Cuántas veces no se 482 MARTIN GAITE, C., op. cit., 1987, pp. 72-88 84 llevan adornos, que en lugar de aumentar la hermosura, desfiguran la natural que ya se tiene?” 483 Así, como ya se intuye en este texto, otro de los temas de los escritos en relación a la mujer en la época era la cuestión del lujo, inseparable de la cuestión de la moda, que al ser ya de por sí un asunto controvertido (del que se hablará más adelante), la sociedad lo situaba en relación con el marco de la mujer y sus comportamientos. Otros temas eran los referidos a las labores domésticas y la educación de los hijos. Sin embargo, la situación en las casas de las damas de alto rango cambió desde comienzos del XVIII, adoptando éstas una gran desenvoltura de cara a los invitados y a las actividades de puertas hacia adentro, como las tertulias y los bailes. Se convirtieron en verdaderas maestras del acontecimiento social 484 . Estas féminas fueron también relacionadas en toda ocasión con un elemento básico en el siglo: el tocador, que “se sugiere como un espacio que puede transformar a una mujer físicamente a través de la ropa o el peinado, o intelectualmente a través de la lectura” 485 . Este espacio fue un lugar de realización femenina, donde la mujer se recreaba a través de distintas actividades y donde recibía a sus visitas más íntimas. La valoración que se le otorgaba al tocador, puede verse en el testamento de Ángela Luna, habitante de Zaragoza, en el cual especifica: “[…]dejo de gracia especial á mi hermana politica d a . Geronima Benedi, muger de d n . Fran co . Oñate, vecina de la propia Ciu d . de Zarag a . el Tocador:” 486 Lo habitual era que cuando se especificaba sobre los bienes materiales, sobre todo en el caso de los testamentos de mujeres, aparecieran prendas de vestir, accesorios para la cama o alhajas. En este caso el tocador puede advertirse como cierto elemento de importancia para la testificante, ya que lo incluye entre estos objetos materiales. Continuando con el asunto del comportamiento de la sociedad frente a los devenires en el traje, tanto hombres, como mujeres, aquellos que se rendían a las diferentes modas, y se comportaban de una manera extravagante y contraria a la tradición ética y moral española, y resultaban finalmente siendo víctimas de una caricatura de sí mismos, eran protagonistas frecuentes en la prensa y publicaciones ilustradas de la época: “No piensan sino en conservar rosas y azucenas de sus mexillas, y la suavidad y finura de su cutis: que hacen consistir una gran parte de su merito en una mano mimosa, y en una pierna derecha y como formada al cincel: que sufren con gusto un continuo martirio para que lo ajustado de su zapato dexe conocer toda la delicadeza de su pie” 487 483 AMAR y BORBÓN, J., op. cit., 1994, p. 202. 484 MARTIN GAITE, C., op. cit., 1987, pp. 32-33. 485 RUEDA, A., “El libro del tocador: voyeurismo y libertinaje en las novelas de entresiglos”, en De LORENZO ÁLVAREZ, E. Coord., La época de Carlos IV (1788-1868), Gijón, Trea, 2009, pp. 1007- 1020. 486 A.H.P.N.Z., Miguel Borau de Latras, Caja 5031, Zaragoza, 1799, f. 108r. 487 Cita de El Censor de DÍAZ MARCOS, A.M., op. cit., 2006, p. 88. 85 Fig. 40 - Modas de Madrid, año 1804, Nº3, Fig. 41 - El perfecto currutaco, grabado del Museo Antonio Rodríguez . Municipal de Madrid, último cuarto del siglo XVIII. En Zaragoza el clima de tensión frente a este estereotipo también fue habitual y no dejan de aparecer escritos sobre el tema, incluso una novela por números del Diario de Zaragoza sobre la historia de un “currutaco” que se incluye en el anexo. Por ejemplo, en el fragmento de esta cantinela se advierte la crítica sobre aquel que por asimilar las modas y mejorar su aspecto externo cree parecer superior [fragmento]: Que un pobre menguado, Porque suda seda, Sea cortejado. Todos lo diviertan, Y todas le amen, Porque tin-tin suena: Y si á hablar se pone, proseguir no sepa. 86 Nadie se incomode. &c.” 488 En el siguiente caso, directamente se presenta a un amigo intentando convencer a otro, a través de su letrilla, para que abandone el lujo y las banalidades de las modas, ridiculizando las diferentes prendas que se encuentran de plena actualidad [fragmento]: “Con que asi mi Fabio Quanto antes te quitas Ese chalequillo De media camisa, Que á todos les causa Excesiva risa; Quitate muy luego Esas Zapatillas Echas à figura De algunas barquillas, Tambien echa á fuera De ti esas Evillas Para que no exclamen Todos a porfia “¡Jesus que Zapatos “Lleva la Figurilla! “¿Mas como los lleva “Con tan chica Evilla? Esto varias veces A mi me decian Quando los llebaba Por gran fantasia. Tambien el cubete De poner olivas, Con el Sombrerillo A la Cisalpina, Al rincon de olvidos Luego los arrima. No cubras el cuerpo Por mas que lo digan Con la vil mortaja 488 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 117, Nº341, Zaragoza, 7-diciembre-1799, pp. 1361-1363. 87 De cuello y maguitas, A Porque digo Fabio Que causa gran risa, El ver á la gente Como la critica.” 489 Algo interesante en esta composición es la enumeración de una serie de prendas que pasan a ridiculizarse. Estamos en el año 1800 y en este momento los cuellos de la camisa alcanzaban ya una importante exageración, al igual que las mangas, como ya se ha visto anteriormente en otro apartado. Así, a través de este texto del Diario de Zaragoza, puede verse que en la ciudad esta moda se asentó también y pasó a formar parte del atavío de los “currutacos” (Fig.41). Cabe destacar, que no todo aquel que vestía decentemente era considerado un “pisaverde”: “Ya sabes, que yo, así como miro con asco la afectacion afeminada de todo pisaverdillo, he gustado siempre de vestir con aseo y aun con esmero, mas en el dia, con motivo del noviage, me ha sido forzoso dar todavia algun realce á mi porte ordinario;” 490 Da la sensación de que cuando una persona tuviera un interés en engalanarse y vestir de una manera elegante, a la vez que moderna, debía justificarse para que no lo tacharan de “petimetre” al momento. A pesar de todo, parece ser que el autor del texto anterior era consciente de que nadie podía permanecer al margen de las modas: “[…] dijo con voz en grito, que, si le dejasen, habia de acabar con todos los chuchumecos, y aun con todas las fatuas, que inventaban las modas: Arrogante, Moro, estais, le contestó sonriéndome- Toda la arrogancia es mia, me replicó en el mismo tono, y luego vuelto en sí, convino conmigo, en que al principio abominabamos todas las ridiculeces, y luego las seguiamos, qual mas, qual ménos, generalmente todos.” 491 Igualmente, son interesantes los escritos sobre la moda y todo el universo que gira en torno a ella. Así, sabemos que en Zaragoza existían tiendas en este período dedicadas a la venta de productos de última tendencia, gracias, como también se ha comprobado anteriormente, a los distintos anuncios, pero también se deja ver a través de los artículos y composiciones que versaban sobre estos asuntos y satirizaban sobre estos establecimientos [fragmento]: “Antaño las modas Ignoradas eran; Y hoy hay almacenes 489 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº255, Zaragoza, 12-septiembre-1800, pp. 1017-1018. 490 MAR DE FUENTES, J., La Serafina, Madrid, Repulles, 1807 [1798], p. 112. Obra epistolar muy interesante, ambientada en Zaragoza, con ciertas reminiscencias al Werther de Goethe, que refleja las costumbres de la época. 491 MAR DE FUENTES, J., op. cit., 1807 [1798], p. 161. 88 En públicas tiendas:” 492 Sin embargo, a pesar de todas estas composiciones satíricas, es curioso observar como en el mismo número de la publicación se puede encontrar estas críticas hacia los seguidores de la moda y sus portadores, y al mismo tiempo se anuncian sin reparos productos novedosos. Parece ser que la publicidad, como se ha podido observar con anterioridad, empieza a asentar sus bases modernas y se independiza en buena manera del contenido de la publicación, marcando sus propias pautas y su camino hacia una sociedad de consumo que va abriéndose paso. Fig. 42 – Paseo de las Delicias, Bayeu, 1785. Centrándonos de nuevo en la figura del “petimetre”, hay que recalcar sus hábitos, ya que no sólo era moda todo aquello que uno podía ponerse encima, sino también el desarrollar ciertas actividades. Por ejemplo, en cuanto al tema de conversación habitual, éste “no debía ser, en realidad, muy variado, reduciéndose a gastronomía, peinados, coches y modales refinados que convenía adoptar para mejor brillar en los salones” 493 . Obviamente, esta serie de códigos de conducta, de adopciones estéticas o formales no puede separarse de las distintas actividades sociales que llegaron a la corte española y a las provincias a través de la influencia francesa. A fines del XVIII estar a la moda era acudir a los cafés, a los paseos, a las tertulias o a los bailes, actividades sociales de carácter urbano 494 , que marcaban el camino hacia el siglo siguiente. En el Diario de Zaragoza puede encontrarse esta letrilla [fragmento]: 492 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 117, Nº269, Zaragoza, 26-septiembre-1799, pp. 1073-1074. 493 MARTIN GAITE, C., op. cit., pp. 74-75. 494 DÍAZ MARCOS, A.M., op. cit., 2006, p. 67. 89 “Antes á visita No iban las Doncellas: Y hoy á los fandangos Las Madres las llevan: … Siempre salió á Misa Con su madre, Pepa: Y hoy para el paseo Sale con cualquiera: …” 495 Puede verse la relevancia de algunos eventos, como los bailes o el momento del paseo (figura 42), que, como comentan los autores Álvaro Molina y Jesusa Vega, “se convirtió en una de las actividades favoritas de las clases pudientes. Dichos paseos eran una ocasión de exhibición en la que importaba, por encima de todo, la apariencia con la cual aspiraban a prestigiarse en público, tanto hombres como mujeres, a través de la indumentaria, los adornos personales y, en el caso de que pudieran permitírselo, el coche” 496 . Sobra decir que Zaragoza no presentaba las mismas condiciones urbanas que Madrid, pero sí poseía los lugares adecuados para el desarrollo del ocio. Para finales de siglo se adecuaron paseos como el de la Ribera del Ebro, que se empedró hasta el Pilar. Otros dos paseos importantes donde tenía lugar gran concurrencia de gente fueron el de la alameda de Macanaz (al otro lado del río) y uno nuevo: el de Torrero, “plantándose en 1787 una arboleda desde el principio de la subida del monte” 497 . Como puede verse, no sólo en la capital se adecuaban las calles para la sociabilidad. De todos modos, el principal paseo era el de Santa Engracia, que también contaba con arboleda 498 , y la calle del Coso, que se estableció como una de las vértebras de la ciudad, un lugar de paso muy habitual que resultaba “la mejor calle que hay en Zaragoza por su longitud, anchuras, y edificios que en ella se encuentran.” 499 A pesar de modernizarse con el tiempo, Zaragoza también podía resultar para algunos, como para José María Jerónimo Fleuriot, que realizó una visita a la localidad en los años ochenta del XVIII, una ciudad descuidada y algo abandonada: “Fuera de la calle del Coso, todas las calles de Zaragoza son tan oscuras, tan estrechas, tan sucias, tan fangosas, que a medio día no se ve en ellas ni gota…” 500 Continuando con otras actividades, una muy habitual eran las meriendas campestres durante las festividades religiosas 501 , como podían ser las romerías en los 495 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 117, Nº269, Zaragoza, 26-septiembre-1799, pp. 1073-1074. 496 MOLINA, A., et VEGA, J., op. cit., 2004, p. 78. 497 LÓPEZ GONZÁLEZ, J.J., Zaragoza a finales del XVIII (1782-1792), Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1977, p. 299. 498 LABORDA YNEBA, J., El viaje por Aragón de Don Antonio Ponz, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2011, p. 194. 499 LABORDA YNEBA, J., op. cit., 2011, p. 196. 500 SOLANO F., et ARMILLAS, J.A., op. cit., 1976, p. 326, Tomo II: Edad Moderna. 96 P.F.M.” 523 Fig. 44 – Uno de los Caprichos de Goya (1799), en el cuál se ve a un hombre mayor leyendo mientras sus sirvientes le engalanan. En otro caso, las mujeres de elevada edad, como los hombres (figura 44) también son criticadas a causa de la preocupación, que aun con el paso de los años y el envejecimiento, sienten por su imagen: “SONETO A una Vieja. Mujer conozco yo con tres hijas: Solteras á pesar de sus deseos, Va con el pecho al ayre á los paseos Cargada de infinitas baratijas: En peynetas, en flechas, en sortijas, Franjas y blondas cifra sus recreos Y en hacer quatro mil culimeneos Por mas que ya le afloxan las clavijas! Mas que el tiempo ha podido la taymada, Pues mirando su rostro en el espejo Dice que en el los años no hacen nada: 523 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº183, Zaragoza, 2-julio-1800, p. 729. 97 Y ni aun ve las arrugas del pellejo Bien que sobre esto dice un confidente Que consiste en la falta de su lente. L.Y.D.S.Y” 524 Estas dos últimas composiciones pertenecen al año 1800. Así, puede verse como en las postrimerías del siglo XIX el tema sigue siendo importante, en un momento en el cual el traje de estilo imperio en el caso de la mujer, y el de tipo inglés en el masculino, se habían impuesto en numerosas capas de la sociedad, creando aun más la polémica por la ruptura que supuso con los cánones de belleza femeninos. Revolución Francesa y moda Al hilo de la incorporación de nuevas modas en los años noventa del XVIII, falta por comentar en este apartado el papel que ejerció la Revolución Francesa en este hecho. Primeramente, cabe destacar algo curioso: cómo los acontecimientos de toda índole influyen en la indumentaria y en todo lo referido a la estética personal, al margen de qué significación política posean esos acontecimientos; es decir, la moda se presenta como algo inseparable de la transformación social 525 . Así, la Revolución Francesa contribuyó en gran medida a la difusión de unos nuevos parámetros estéticos sin que esto conllevara la aceptación de sus ideales, que suponían una una gran amenaza, sobre todo a partir del estallido de la Guerra de la Convención en 1794: “[…] para que como Caballeros que por su arraygo y circunstancias se merecen en sus respectivos distritos el amor y el respeto de todas las clases de Ciudadanos, procuren persuadirles aquellas maximas christianas, sólidas, y verdaderamente politicas que les hagan conocer la necesidad de contrarrestar con todas nuestras fuerzas, y facultades el orgullo y caracter sobervio con que los perversos Franceses conspiran á introducir la anarquia, y la confusion en este Reyno, á profanar sacrilegamente los Templos, á destruir los Altares, y el culto, á robar nuestras haciendas, y propiedades, y á manchar de mil modos nuestro honor y reputacion:” 526 A pesar de toda la campaña antifrancesa, no hay más que observar la evolución de la indumentaria en España durante el reinado de Carlos IV, para darse cuenta de que las nuevas modas se impusieron incluso en la aristocracia más reticente hacia los valores políticos y sociales llegados desde el otro lado del Pirineo. Aunque existió cierta aceptación en Zaragoza, al tratarse de una ciudad universitaria con nuevas inquietudes 527 , la opinión general detestaba todo lo que representaba la revolución. El francés pasó a convertirse en un enemigo al que había que combatir. Eso incluía su aspecto exterior: 524 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 118, Nº220, Zaragoza, 8-agosto-1800, pp. 879-880. 525 SQUICCIARINO, N., op. cit., 1990, p. 171. 526 A.R.S.E.A.A.P., Caja 43, Nº560, Zaragoza, 1794 (sin foliar). 527 FUENTES, J.F., op. cit., 2005, pp. 173-194. 98 “Para mejor civitar el patriotismo, destiérrense todas las modas, todas las exterioridades ajenas al carácter español y sólo propias de la nación que nos hace durísima guerra” Lo cierto es que, en general, se criticó al francés mientras, poco a poco, la moda iba imponiendo su estética inevitablemente. Aunque conviene decir que fue en el momento de la Revolución cuando aquellos que llevaban criticando las modas francesas durante todo el siglo encontraron su mejor momento. Ahora el francés no era sólo un ser frívolo, sino que venía acompañado de unas nuevas ideas políticas totalmente detestables para cualquier buen español que se preciara. En Aragón se contaba con 1600 familias francesas en 1791, una minoría que se concentraba en determinados oficios. El 45,5% de los peluqueros eran franceses, como el 83,3% de los medieros y prácticamente el 100% de los trajineros (transportadores de mercancías) 528 . A pesar de la poca cantidad de personas de origen francés, algunas seguramente con más de una generación de estancia en Aragón, el temor hacia la propagación de las consignas de la revolución entre ellas y después entre los autóctonos derivó, y no sólo en tierras aragonesas, en una política antifrancesa, sobre todo a partir del año 1793. Así, se promulgaron una serie de leyes para evitar la propagación de las ideas revolucionarias. Por ejemplo, en 1789 el Cónsul francés de Málaga prohibió llevar la escarapela. En 1791, se comenzó a controlar de una manera exhaustiva las publicaciones, prohibiendo todas aquellas que no fueran de carácter oficial. Además, en el mismo año tuvo lugar la matriculación de todos los extranjeros. En Aragón, a causa de la proximidad con Francia, y la consecuente relación tanto en materia humana como en la comercial, hizo que el control fuera mayor. Se desplegó un gran sistema de propaganda antes y después de la Guerra de la Convención (1793-1795), que fue en realidad el acontecimiento que radicalizó las medidas 529 , llevando a la monarquía a tomar la decisión de expulsar del país a casi todos los habitantes franceses. Así, a través de una Real Orden de comienzos de 1793, se enviaba a los franceses no domiciliados a trabajar en el Canal Imperial de Aragón y a través de dos Reales Provisiones del mismo año, se obligaba a cualquier francés no casado con española llevando más de seis años viviendo en el país, a abandonar España. En el caso concreto de Aragón, una Real Orden de mayo de 1794, prohibía a cualquier francés residir en estas tierras, en consonancia con Cataluña y Valencia 530 . En cambio, si se acogió a los frailes franceses huidos de la Revolución en 1791, estableciéndose en Zaragoza unos 500 clérigos 531 . Todo lo anterior viene a apoyar la idea de que la moda implantada en Francia (en este caso la femenina), sobre todo a partir del Directorio, llegó sin ningún problema, a pesar de las delicadas circunstancias políticas: ”A las madamitas de nuevo cuño. Como llevan en su trage la Guillotina, siendo la compasión uno de los caracteres de su sexo? Como llevan los pechos al aire, siendo la verguenza otro de los caracteres de su sexo? Como llevan los calzones, rabo, ó coda en el camison (no hablo de zagalejos, dixes y arracadas á la extrangera, por no 528 PÉREZ SARRIÓN, G., op. cit., 1990, pp. 83-84. 529 SOLANO CAMÓN, E., op. cit., 2009, pp. 350-351. 530 PÉREZ SARRIÓN, G., op. cit., 1990, p. 84. 531 SOLANO CAMÓN, E., op. cit., 2009, p. 352. 99 hacinar un farrago de algatavia) siendoles prohibido por leyes divinas el trage de los hombres, y á las mujeres christianas el trage de las gentiles?” 532 Las mujeres fueron de nuevo las más criticadas por adoptar los nuevos usos en el traje, introducidos en gran manera por las “merveilleuses” francesas, mujeres que tras la etapa del Terror recuperaron cierto lujo (figura 5). La incorporación del conocido como “vestido-camisa” resultó una revolución. Sin embargo, la gran masa de mujeres residentes en Zaragoza siguió conservado las piezas básicas, como el jubón, el zagalejo o la clásica mantilla 533 , incorporando las novedades en los complementos y en los materiales o decoraciones. Y así, en la moda, lo francés seguía llamando la atención: “En la Calle Nueva del Mercado Num. 16 se venden Castores finos de Francia; Suelas; y Tacones de una y dos piezas.” 534 En el caso de los hombres, la moda de los “incroyables”, pareja masculina de las ya nombradas “merveilleuses”, que vestían extravagantemente, a base de grandes corvatines, pantalones anchos, medias con lunares, frac o botas apuntadas, también llegó a Zaragoza, gracias a la cantidad de prendas características de estos personajes que ya han sido analizadas en apartados anteriores. Así pues, puede hablarse de una “ambivalencia de lo francés” 535 , ya que por un lado se despreciaba todo aquello que tenía que ver con el país galo, y por otro las tendencias provenientes de Francia no dejaban de llegar y de implantarse poco a poco en la sociedad zaragozana. Legislación Real Vista la importancia de las apariencias en el Antiguo Régimen, conviene conocer las diferentes medidas que durante el reinado de Carlos IV se tomaron respecto al vestido, las telas, los materiales, etc. La monarquía siempre había mostrado su preocupación por las galas externas de sus súbditos y había procurado mantener o promulgar leyes que controlasen el gasto desmesurado en todo lo relacionado con el adorno y, a su vez, resaltasen las diferencias entre los distintos grupos sociales, que se percibían como un solo ente, dentro del cual se encontraban individuos que por sí solos no valían nada. Así, una persona debía vestir conforme a su posición, y aquel que huía de estas convenciones era considerado como un marginado. Como se ha visto anteriormente, todo esto fue cambiando con el tiempo, llegando poco a poco a imponerse, y más tras las ideas ilustradas del XVIII, la afirmación del yo 536 , quedando patente en la declaración de la libertad de indumentaria a través del Convención Nacional de 1793 537 . 532 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 114, Nº244, Zaragoza, 23-septiembre-1797, p. 979. 533 A.Hco.P.Z., Pleitos Civiles, Caja 0288, Nº3, Zaragoza, 1806, f. 8r. 534 A.M.Z., Diario de Zaragoza, Rollo 113, Nº24, Zaragoza, 14-febrero-1797, p. 96. 535 FUENTES, J.F., op. cit., 1996, p. 85. 536 GARCÍA BOURRELLIER, R., op. cit., 2007, p. 25. 537 CERRILLO RUBIO, L., op. cit., 2012, p. 21. 100 Así, las leyes relacionadas con la regulación del atuendo, de las que se tiene constancia desde aproximadamente el siglo XIV 538 , llegaron en el reinado de Carlos IV a perder un gran protagonismo. En el siglo XVIII, con la llegada de los Borbones, estas leyes continuaron ejerciendo un gran papel, como ya lo habían hecho durante el período de los Austrias. La situación, por supuesto, ya no era la misma que en el siglo XVI, y la imposición de las modas extranjeras sobre el estilo nacional, que había triunfado durante aquel tiempo, provocó el inevitable estanque de la industria y de la exportación textil. Por tanto, el monarca Felipe V instauró un sistema proteccionista frente a los productos extranjeros apoyado en gran medida en este tipo de leyes, entre las que se destacan las de 1716, 1723 y 1745 539 , siendo la más relevante la Pragmática del 15 de noviembre de 1723, en la cual se reafirmaban leyes anteriores, que se ocupaban de la prohibición de determinadas prendas de ropa de procedencia extranjera, incluyéndose algunas más. Hay que destacar, por supuesto, el escaso cumplimiento de estas pragmáticas por parte de los súbditos. A esto hay que añadir la emergente movilidad social y el gusto de los españoles por esconderse detrás de un sombrero y una capa, cosa que no gustaba en ningún caso a las autoridades. Así, la capa se alargó más allá de la rodilla y el gorro se ensanchó, dando lugar a una obsesión en la Casa Real por acabar con el embozo 540 (Figura 45). Fig. 45 - Los embozados, Goya, 1777 y Las majas del balcón, Goya, 1810. En este segundo caso, tras casi 50 años de la promulgación de la ley en contra del embozo, puede verse como muchos hombres, sobre todo los de los barrios bajos, seguían llevando enormes capas que les cubrían parte del rostro. 538 GARCÍA BOURRELLIER, R., op. cit., 2007, p. 32. 539 PUERTA ESCRIBANO, R. de la, op. cit., 2000, p. 69. 540 SEMPERE y GUARINOS, J., op. cit., 1973, Tomo II, pp. 147-166. 101 Todo ello derivó en la famosa ley, ya durante el reinado de Carlos III, del 10 de marzo de 1766 a través de la cual se prohibía el embozo y que detonó el Motín de Esquilache, más motivado por la subida del precio de los productos alimenticios básicos que por la causa primera de la ley. Con todo, tuvo que ser derogada. El famoso Giacomo Casanova visitó Zaragoza a finales de los años sesenta y tuvo ocasión de resaltar la curiosa costumbre de esconder el rostro: Como había dado mi palabra al marqués de Mora y al coronel Rojas de ir a verlos a Zaragoza, he querido mantenerla. He llegado completamente solo a primeros de septiembre, y he pasado allí quince días. He observado las costumbres de los aragoneses. Las leyes del conde de Aranda no tenían vigencia en aquella ciudad; encontraba en la calle, de día y de noche, hombres con un gran sombrero de ala ancha y una capa negra que les llegaba a los talones; eran verdaderas máscaras, porque la misma capa les envolvía el rostro hasta los ojos. No se veía nada. Debajo de la capa, la máscara tenía el espadín, que era una espada la mitad más larga que la ordinaria que los hombres de bien llevan en Francia, en Italia y en Alemania. Estas máscaras eran muy respetadas. Las más de las veces eran unos tunantes, pero podían ser grandes señores” 541 Durante el reinado de Carlos III (1759-1788) también se promulgaron otra serie de leyes, como la de 1770, decidida a evitar el enorme uso de las muselinas y de otras telas muy finas como el Cambrey, Holanda, clarín o batista, pero poco duraderas, que además suponían un alto coste 542 . En la década de los setenta aparecieron nuevas reales cédulas en relación con el asunto del vestido, y así, en 1778, se prohibió la introducción de gorras, calcetas y fajas, entre otras manufacturas de tejidos de cáñamo, lino, lana y algodón, incluyéndose también hilo de coser, cintas o cordones. Se apelaba al poco avance de las Escuelas Patrióticas fundadas para la elaboración de manufacturas frente a la llegada de productos extranjeros 543 . En 1779 se dicta la Rl. Cedula de S.M. de veinte y quatro de Mayo de este Corr te . año por la que se prohive la introduccion en estos Reynos de toda especie de bestidos, ropas interiores, y exteriores dela Calidad, y uso que enla misma se expresa, teniendo presente la Carta de su dirección de 4 delos Corr tes . Firmada por dn. Pedro escolano de Arrieta. 544 El levantamiento de la prohibición de la entrada de las muselinas casi inauguró el reinado Carlos IV en 1789. Se llegó a la conclusión de que con la decisión de 1770, no se conquistaron los objetivos deseados, y en cambio se desarrolló el contrabando y los precios de las manufacturas autóctonas llegaron a elevadas cantidades. Por tanto, se decidió permitir la entrada de muselinas extranjeras no pintadas 545 . En 1791 se volvió a recalcar la ley a través de una Real Resolución, tras observar que muchos comerciantes aprovechaban para introducir géneros de algodón y muselinas de carácter ilegal. Poco tiempo después, en el año 1793 546 , se prohibió la introducción de muselinas de Asia, a excepción de que se encargase de ello la Compañía de Filipinas. La vuelta de la prohibición se justificaba por la cantidad de quejas recibidas de los gremios, las fábricas 541 CASANOVA, G., Memorias de España, Madrid, Espasa-Calpe, 2006, p. 161. 542 PUERTA ESCRIBANO, op. cit., 2000, p. 71. 543 A.Hco.P.Z., Reales Órdenes, Caja 880, Nº28, Zaragoza, 1778 (sin foliar). 544 A.Hco.P.Z., Reales Órdenes, Caja 884, Nº15, Zaragoza, 1779 (sin foliar). 545 A.Hco.P.Z., Reales Órdenes, Caja 912, Nº15, Zaragoza, 1789 (sin foliar). 546 SALADRIGAS CHENG, S., et SOLER I JIMÉNEZ, J., op. cit., 2008, p. 253. 102 y la referida Compañía de Filipinas 547 . Además del asunto de las muselinas, en 1802 se publicó una Real Cédula concerniente al tema del comercio de algodón. Así el algodón en rama podía obtenerse de las colonias españolas y en ningún caso podía entrar en el reino algodón hilado proveniente del extranjero, permitiendo, eso sí, el libre comercio de las manufacturas de algodón elaboradas en territorios de dominio español. Además, se reiteraron los derechos de la Compañía de Fillipinas 548 . El papel de la Iglesia respecto a la moda, las señoras y el lujo En el Antiguo Régimen, la Iglesia tenía mucho que decir respecto a las costumbres y hábitos de la población y se consideraba la abanderada en los temas de ética y moralidad. Responsabilidad suya era encauzar al rebaño y alejarlo de cualquier estado o deseo pecaminoso. Cualquier asunto que enturbiara el buen comportamiento del ser humano, y ensuciara las conductas correctas se convertía en un objetivo a erradicar mediante la publicación de bulas desde el Papado, impresos o sermones. El tema del vestido, sobretodo en relación con la mujer, ya venía siendo una constante desde tiempo atrás. Así, en 1635 se publica en Zaragoza la Premática de Reformación, un tratado dividido en cinco apartados muy críticos con lo mucho que las mujeres cuidaban la estética personal a través de ropas, peinados, y adornos, cuando en realidad la única imagen que había que adorar era la de Dios y no la de uno propio. Además, se apoyaba el uso de un velo y se criticaba el gran gasto que lleva consigo las nuevas modas 549 . En 1671 se publicó la Justificación del edicto del arzobispo de Zaragoza contra el escote. Se prohibía que ninguna mujer entrase a la iglesia portando un vestido “que descubra parte alguna de espaldas, ombros y pechos” 550 . En el siglo XVIII los sermones contra el lujo y los vestidos y adornos de las mujeres se multiplicaron en todas las localidades y ciudades españolas. Incluso en los comienzos del siglo XIX continuó esta constante, que bien puede verse en este ejemplo: la Bula del Papa Pío VII sobre la modestia en el vestir. En ella, se instaba a las mujeres a vestir con modestia y conforme a la pureza de su sexo, prohibiendo así los vestidos transparentes, que se ceñían a la figura, por hacer que las mujeres fueran capaces de presentarse “Inmodestas delante /4/ de los hombres, de tentarles y de hacerles culpables atrayendo sobre ellas sus ojos” 551 José Blanco White relata en sus cartas de principios del XIX que un personaje del cual no quiere dar más datos expulsó en Alcalá a las mujeres de la iglesia por considerar inadecuada su vestimenta y que incluso en la Catedral de Sevilla echó a la señora de un magistrado. El autor no concebía tal comportamiento, debido al recato con el cual vestían las españolas normalmente, y más para asistir a los oficios. Sin duda, no 547 A.Hco.P.Z., Reales Órdenes, Caja 927, Nº18, Zaragoza, 1793 (sin foliar). 548 A.Hco.P.Z., Reales Órdenes, Caja 958, Nº10, 1802 (sin foliar). 549 SALADRIGAS CHENG, S., et SOLER I JIMÉNEZ, J., op. cit., 2008, pp. 376-377. 550 SALADRIGAS CHENG, S., et SOLER I JIMÉNEZ, J., op. cit., 2008, pp. 380-381. 551 SALADRIGAS CHENG, S., et SOLER I JIMÉNEZ, J., op. cit., 2008, pp. 288-289. 103 le faltaba razón, teniendo en cuenta que en la gran parte de los casos, la mujer salía a la calle con una mantilla sobre la cabeza y una basquiña por sobrefalda. Las nuevas modas, el acortamiento de las faldas y el lucimiento de los pies, fueron algunos de los mayores temores de los teólogos y sacerdotes 552 . Conclusiones Cuando se lleva a cabo un estudio sobre el traje desde numerosos puntos de vista, las conclusiones responden a lo obtenido desde distintos bloques de análisis, por lo que resultan múltiples. Este trabajo se ha estructurado en dos apartados identificados con dos dimensiones distintas: lo material y lo social. El traje, con todo lo que éste supone, ha servido para perfilar una ciudad humilde de la España de Carlos IV, desde un enfoque distinto a los empleados por otro tipo de estudios. La vida cotidiana de Zaragoza ha quedado reflejada en todo aquello que tiene que ver con el mundo de las apariencias externas. Así, se ha llevado a cabo el estudio de un aspecto cotidiano de una ciudad sin perder de vista por supuesto los marcos más amplios, como son el nacional y el internacional, ya que a pesar de que Zaragoza fuese una ciudad casi de tercera fila en el panorama nacional, no se encontraba ni mucho menos aislada. Como reflejo de esto están las formas de vestir de sus habitantes, que aunque en muchos casos estuvieran apegadas al sentir tradicional (cosa que por otro lado también ocurría en ciudades como Madrid), no se encontraban para nada al margen de lo que podrían ser las tendencias europeas, y en muchos casos se llegaba a una fusión de ambas. Puede decirse que la dicotomía nacional-extranjero también tenía lugar en Zaragoza, aunque no podría hablarse de la figura del “majo” en esta ciudad, o al menos no se tiene constancia, salvo en el caso de las representaciones teatrales. Sí podría hablarse de la presencia de prendas características de este estereotipo, pero que podían ser comunes a otros numerosos lugares de la Península. De todos modos, los distintos tipos de traje presentes en el ámbito nacional, lo estaban también en un espacio reducido como Zaragoza, con ciertas variantes, ya que los cambios entre el antiguo estilo rococó y el nuevo estilo imperio se ven difuminados por la presencia de prendas básicas que se usaban desde muchos años atrás, y que permitían cierta renovación a través de los estampados, las decoraciones o los colores. Cabe recordar que este trabajo se ha centrado en el marco urbano, espacio en donde las novedades estaban mucho más presentes que en el entorno rural. Lo que resulta claro es que Zaragoza, aunque dependiente del campo y sus formas de vida, ya marcaba unos hábitos de carácter urbano y esto implicaba el uso y la incorporación de vestidos en consonancia con un marco más amplio que el regional. En este ámbito, también resulta importante la cercanía de Francia y la entrada de sus productos, con gran presencia en la vida cotidiana de la ciudad. La competencia exterior era importante, pero no se dejaba de considerar muy preciada la labor de aquellos dedicados a las actividades textiles. Las prendas rudimentales y básicas resultaban las más habituales en el día a día de la mayoría de los habitantes de Zaragoza, a pesar de contar 552 BLANCO WHITE, J., op. cit., 2004, pp. 157-158. 104 en muchas ocasiones con ricos elementos ornamentales, pero en las fuentes existe constancia de piezas de gran calidad, que sin duda fueron trabajadas con delicadeza y después empleadas sobre todo para acontecimientos concretos. La diversidad de telas y tejidos existentes, empleados por toda clase de personas, es algo que llama mucho la atención en una ciudad aparentemente poco importante. Las prendas no resultaban muy variadas, pero sí las formas y los materiales mediante las que se elaboraban, cosa que tampoco difiere mucho de la situación actual. En este aspecto, es una pena no contar con restos materiales del momento ni con testimonios pictóricos suficientes, propios del ámbito zaragozano. Sin embargo, esto no resulta un impedimento y se ha intentado asumir un enfoque artístico en la medida de lo posible. Con todo, la uniformidad a la hora de vestir de aquellos que no poseían privilegios sociales, sobre todo en ciudades como Zaragoza, resulta un tópico, ya que, exceptuando a los mendigos, vagabundos y desocupados, los habitantes poseían el nivel adquisitivo suficiente para permitirse ropa limpia y variada, dentro de unos límites. Sobre el asunto de la industria y los gremios, cabe comentar el gran protagonismo que estos últimos seguían poseyendo, a pesar de un leve crecimiento de la industria textil. Algo en consonancia con el resto de ciudades españolas, aunque con algunas excepciones. En cuanto al fenómeno de la moda, tan relacionado con la nobleza y la corte, ha resultado ser un tema importantísimo en la vida zaragozana, en vista a la relevancia que a ésta se le otorgaba en las publicaciones periódicas. Lo mismo ocurre con los asuntos del lujo y la presencia de lo extranjero, al igual que en el marco nacional. Si en los periódicos zaragozanos era habitual la crítica contra aquellos que se dejaban llevar por las novedades y los hábitos importados del extranjero, era porque realmente existían personas en la ciudad pendientes de estar al día en estos asuntos. La incorporación de las nuevas modas y actividades de ocio, implica también la existencia de una pequeña burguesía en la ciudad, dispuesta a escalar socialmente a través de su atavío. Así, concurrían en la ciudad diversos grupos sociales, cuyas apariencias externas dependía más del nivel adquisitivo (maestros gremiales, estudiantes, comerciantes, etc.) que de su posición. Con todo, los nobles seguían siendo los que vestían más ricamente. Aunque con la poca presencia de éstos en Zaragoza, la burguesía se hacía con el papel más importante en lo que a aspecto externo se refiere. La Revolución Francesa y sus consecuencias internacionales alcanzaron muy de cerca a la ciudad, pero esto no impidió la incorporación de las novedades respecto al traje venidas del país galo, incluso de las que se asentaban antes en Madrid. Al fin y al cabo, como en todas partes, la moda resultó ser en Zaragoza un fenómeno capaz de vencer todo tipo de ideas y rivalidades, por lo que resultaba un elemento de unión, reflejado el grupo social, en el arraigo regional o en la admiración por lo extranjero y, a su vez, muestra exterior de una identidad individual, que poco a poco comenzaba a asentarse. 105 Apéndice documental Diario de Zaragoza, Rollo 116: Novelilla en la que se relatan las vivencias de un modesto habitante de Zaragoza después de su encontronazo con un señor petimetre de la capital. - Nº 325, Zaragoza, 21-noviembre-1799, pp. 1297-1299: “DON ABESTRUZ Novela Vurlesca Desazonado sobre manera de oyìr menos cabos contra los Currutacos me volvìa yo á casa del Paséo una tarde quieta y apacible. Ciertos Artesanos Malandrines adocenados, Follones descontentadizos, Fisgones endemoniados, y Cachivaches de vílis exaltada, y humor pituoso habian tenido la insolencia insolente por toda insolentisima insolenciabilidad de llamarlos Hombres in fieri, Mamarrachos de Sastres y Zapateros; cosicosas amuñecadas; chíflantes afraternados; anímales quadrúpedos, y monísimos chichisvecos. Enfadado de estos y semejantes insultos exclamaba mi cabezorra con un tono de Padre Maestro: “Mundo miserable, mundo fanatico, mundo preocupado, ¿tu insultadas con inaudito descáro los bellos Espiritus de nuestro siglo? ¿Los ilustradísimos, é ilustrables Currutacos enjaezados, Pirracas afeligranados, y Señoritos mimados, ó de ciento en boca? ¿Los genios inmortales…? ¡Oh delirios….! ¡Oh preocupaciones…! Con esta mismisima conversacion me hallé á los umbrales de mi casa insensiblemente. Entro en ella, subo los primeros escalones, y á pocos pasos oygo una trá /1297/ Pala, y algazara endiantrada. “¿Que será esto? “ Decia yo: y antes de subir á mi habitacion, da conmigo un Hombretillo de dos palmos de alto, y uno de recio: me tíra los perfumados brazos al cuello, lo enlaza, besa, y suelta inopinadamente. Bien pronto conocì por los Perfumes olorificos era Currutaco de los de la quadrilla del bronce, y no de la quinta esencia. Yo loco de contento con el advenimiento de Pisaverdes tan majurrio, Mono tan mono, cachidiablo tan azepillado, y Bullebulle tantarantán… le pregunté cariñoso: ¿Qué se le ofrecia en mì casa? Y me dio la respuesta siguiente concebida en términos mas archiflonflonflos, redumplénicos, redemaflaúticos, y sesquipedales. “Amigo mio: Yo soy Don Papis el hijo de vuestro amigacho Don Zampalimosnos casado con Doña Matutina, nìeta legitima en veinte once grado de Don Tremebundo, Padre del Abate Mamaluco, que ensobrinó con Doña Verecundia la parienta de Doña Brianda de Bentivolli, aquella que murió de el tumor que le hizo una verruga en el diente molár. Yo soy en cuerpo y alma el que acabo de explicaros por toda explicadisima explicacion de la mas explicable explicabilidad explicada por el explicador mas explicante. He arribado á vuestra casa ha ya dos horas, que en Madrid son ocho quartos, y en Salamanca ciento y veinte minutos.” 112 capa para taparme, ni cosa con cosa, ni algo con algo, ni nada con nada. En esta triste situacion logré salir afianzado, sacando por mi la cara cierto amigacho, que tenia pruebas nada equivocas de mi honradez, y hombria de bien. Sacáronme de la Prision à las ocho de la noche; y de camino parti á visitar á mi casa despojada de todo lo despojable, qual la pudiera despojar el despojador mas despojable por toda despojadisima despojabilidad: ¡Que oración tan altisonante! Se contluirá.” - Nº311, Zaragoza, 27-noviembre-1799: “NOVELA BURLESCA. Conclusion de los numeros anteriores. Al cruzar cierta callejuela, me encontré con dos Ladrones. Heche à correr, y me entré en la primera casa que hallé abierta. Subi arriba, llamé y salió al rellano Doña Prosodía viuda de D. Mocoseco, y Dueña de aquella casa. Roguela me amparase de los Pillos que todavia me esperaban en el Zaguan de la casa: y ella mandándome entrar en un Retretillo obscuro, con voces desapiadadas é insultantes auyentó los Ladrones. Entre en el Retrete, y al segundo paso me dieron una descarga de bofetones bien pegados; y a seguida se me agarró un Hombrete forcejeando para batirme. Yo era mas fornido, y mas alto: y asi con mas facilidad lo batí, pero encima de mi. El se aprovecho de mi desgracia; y comenzó a darme cachetes, soplamocos, puñadas y coscorrones. Yo clamaba, pero el no se compadecia; gritaba, pero no cesaba. Finalmente me rindió a discrecion: me vendó los ojos; y me atò manos y pies con una cuerda espartera. El marchó á buscar un cuchillo, y yo me imaginè estaba en el Rartro: seguramente me hubiera degollado, a no entrar en la Sala, ó Retrete la Ronda, que oyendo los gritos y alborotos subió con prontitud, y acceleramiento. Desataronme; y vi a Doña Prosodia llorando, y á D. /1321/ Avestrúz cabizbajo, y con el cuchillo en la mano. Yo me enfurecí; se me alborotó la pituita, y el humor atrabiliario; y descubri quien era el degollante Currutaco: entonces la Ronda llevó á D. Avestrúz, que hasta entonces se habia ocultado en aquella casa, á la prision; y á mi al Hospital; pues de una puñada, y un cozcorrón me habia hundido el cráneo, trastornado el Pericráneo, descompuesto la Pía-Mater, despifarrado el Infundìbulo, y alborotado la Glándula Pitutoria: otro cozcorron me habia hecho algunos chincharrazos frente al pescuezo, y tronzado los múculos piramidales de la Señora Nariz, y aun ensuciado con mi sangre el conducto salival. El suceso paró en que curé por la misericordia de Dios; D. Avestrúz substanciado el proceso fue á lucir su persona Currutaca, acanelada, confitadisima, y apirracadisima al mas cèlebre de los Arenales, ó Arsenales, donde renunció de majencias, y currutaquerias; Doña Prosódia se consolò bien pronto; y yo me desengañé de lo que son 113 los currutacos: necedades, sandeces, y vagalas sus acciones, aire de cabezorra, vacío su coleto, y zamacuco su entendimiento. Desde entonces los aborrezco, y aborreceré con los hombres de juicio. R.C.R” Glosario de términos: telas y tejidos Alepín: Tejido trabajado a base de seda y estambre, muy fino, que originariamente procedía de Siria. En el siglo XVIII se exportaba en gran cantidad desde Inglaterra y después desde Francia. En España, fue muy usado a principios del siglo XIX. Anafaya: Según el Diccionario de Autoridades, tela o tejido normalmente de seda que se usaba ya poco en la primera mitad del siglo XVIII. Sin embargo, es bastante habitual en las fuentes consultadas para este trabajo, en donde suele aparecer como “alafaya”. Anascote: Una tela muy parecida a la sarga, según el Diccionario de uso del español de María Moliner, y que se realizaba a base de lana. Bordado: Sobre un tejido, trabajo realizado con otros hilos a base de punto para crear diferentes motivos y adornos con cierto relieve. Burato: Tejido normalmente elaborado en lana, peinado y de tacto áspero, que servía para confeccionar manteos en verano o para alivio del luto, según el Diccionario Histórico de Telas y Tejidos Castellano-Catalán. Camuza: Según el Diccionario de Autoridades, tipo de piel delgada que se usaba para jubones, calzones y otras prendas, que tomaba su nombre a partir del tipo de cabra de la cual procede. Canalé: Se dice de un tejido a base de algodón cuya trama hace canutillo, según el Diccionario Histórico de Telas y Tejidos Castellano-Catalán. Carro de oro: Se trata de un tipo de tela fina tejida a base de lana, y que toma su nombre de la insignia que aparecía sobre la puerta del taller del primer fabricante, ubicado en Bruselas, según el Diccionario de Autoridades. Clarín: Tela delicada y delgada, trabajada a base de hilo o lienzo, de uso bastante común en pañuelos y vueltas, según el Diccionario Histórico de Telas y Tejidos Castellano-Catalán. Cordoncillo: Basado en el Diccionario Histórico de Telas y Tejidos Castellano- Catalán,, eran las listas que formaban los tejidos en diferentes telas y también una labor lineal con forma de cordón. Cotonia: El Diccionario de Autoridades lo define como una tela de algodón de tono blanco en la mayoría de ocasiones, y que solía usarse para la elaboración de ropa de cama. 114 Encaje: Según el Diccionario del Uso del Español, tejido que posee un fondo en forma de retícula, rellenado en algunas partes creándose dibujos. Además, se denomina de esta misma manera a una tira de la misma tela, usada para el adorno de diferentes prendas. Espolín: Se define, por parte de María Moliner, como una tela con estampado floral y también como un tipo de lanzadera con la que se realizaban estas flores en telas de seda, o en otros casos, en oro o plata. Así, podían realizarse brocados. Espumilla: Según la RAE, un tejido tipo al crespón, muy delicado. Eternela: Un tejido estrecho realizado mediante lana, según el Diccionario Histórico de Telas y Tejidos Castellano-Catalán. Gasa: El Diccionario de Autoridades la define como una especie de tela, con forma de red, delgada, trasparente y fina. Glasé: Según Autoridades, tela de seda muy brillante llamada así por su semejanza con el hielo. Grana: Se trata de un tejido o paño de lana fino usado en los vestidos de gala que solía que poseía el propio color “granate”, un rojo oscuro, según el Diccionario de Uso del Español. Griseta: El Diccionario Histórico de Telas y Tejidos Castellano-Catalán la define como una tela ordinaria de estambre, muy resistente, que podía elaborarse a base de lana, mezcla o seda. Se usaba para prendas como basquiñas, chalecos o jubones. Grodetur: Tela de seda parecida al tafetán, pero más gruesa, que se llevaba a cabo en Tours durante los siglos XVI y XVII, que dio lugar en el XVIII a una derivación con matices en oro o plata, listado y doble, según el Diccionario Histórico de Telas y Tejidos. Hijuela: Según el Diccionario de Autoridades, lista de tela que se colocaba en determinadas prendas para ensancharlas cuando quedaban pequeñas. Hilo: Se refiere a la hebra obtenida de las materias textiles y a las telas confeccionadas mediante esta fibra, sobre todo de cáñamo o lino. Holanda / Holandilla: La primera era una tela de lienzo de gran valor, usada para la fabricación de camisas y otras prendas delicadas. En el segundo caso, se trata igualmente de un tipo de lienzo usado normalmente para forros. Todo ello, según el Diccionario de Autoridades. Malla: Un tejido igual al de malla de red, según la RAE. Mahón: Según María Moliner, se trata de una tela de algodón de gran calidad, generalmente en color canela, cuyo origen se encuentra en la ciudad de Nanquín, desde donde se transportaba haciendo escala en Mahón. Monforte. Ver Griseta. 115 Mue: Tela de tafetán doble, parecido al grodetur, que podía ser liso o labrado, con figuras o con efecto de aguas. Definido así por el Diccionario Histórico de Telas y Tejidos Castellano-Catalán. Pana: Tela muy parecida al terciopelo, pero confeccionada a base de algodón, más ruda y resistente, partiendo de la definición del Diccionario de Uso del Español. Percal: El Diccionario Histórico de Telas y Tejidos Castellano-Catalán lo define como una tela de algodón ligera creada a base de tejido liso y tupido, con ligamento de tafetán, y sobre el cual se pintaba creando estampados. Se difundió durante el siglo XIX. Perdurable: Se trata de una tela de lana muy resistente. Persiana: El Diccionario de Autoridades la define como una tela de seda con flores tejidas en ella y matizada. Ratina: Tela de lana parecida a la grana, más gruesa, y con granillo, según el Diccionario de Autoridades. Ruan: Tela de algodón fabricada en la ciudad de este nombre, caracterizada por sus estampados de colores, según María Moliner. Sayalete: Según el Diccionario Histórico de Telas y Tejidos Castellano-Catalán, sayal delgado normalmente usado para túnicas interiores. Sempiterna: Ver Griseta. Tapicería: Tejido de seda que comúnmente se relacionaba con vestidos ricos para las señoras, según el Diccionario Histórico de Telas y Tejidos Castellano-Catalán. Bibliografía Bibliografía del estado de la cuestión y empleada en el trabajo ABAD-ZARDOYA, Carmen, La casa y los objetos: Espacio doméstico y cultura material en la Zaragoza de la primera mitad del siglo XVIII, Zaragoza, Delegación del Gobierno en Aragón, 2005. 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