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Abstract

El presente trabajo estudia la experiencia del exilio republicano durante 1939 y 1940, hasta la derrota de Francia en la guerra y la firma del Armisticio (22 junio 1940). Dentro del amplio exilio centra su objeto de estudio en la masa de refugiados españoles menos estudiados hasta el momento, como puede ser las mujeres, los niños, los enfermos y los heridos y mutilados, sin olvidar un tema poco estudiado de modo autónomo, el de las separaciones familiares que se producen a lo largo del año 1939 y que desde nuestro punto de vista representan una influencia tan grande sobre los exiliados como la que puedan ejercer los asuntos políticos. Para ello partimos de la hipótesis de que estos colectivos, en la medida en que fueron asistidos por el estado francés, generaron abundante documentación. Su papel en el exilio nos parece también relevante, puesto que las dos terceras partes de los españoles que participan en “La Retirada” de enero y febrero de 1939 retornan a España a lo largo de este mismo año, sin vivir los años de la Guerra mundial y del Régimen de Vichy, y manteniéndose al margen de las actividades y perfiles del exilio más estudiados: hechos de armas –guerrilleros, maquis-; República en el exilio –organizaciones políticas, personalidades- y exilio intelectual –Latinoamérica y principales autores-. Adoptamos por tanto una postura más próxima a la “Historia social”, a la Hª “desde abajo” y a las perspectivas de género. En un primer bloque se organiza un Estado de la Cuestión dividido en cuatro subgrupos historiográficos: una producción sobre el exilio “militante”, las aportaciones desde el campo de la “Historia Oral”, la historiografía académica española y por último la francesa. No incidimos, por el contrario, en el amplio y nutrido marco de la “Historia Cultural”. Francia juega también un papel sustantivo en este estudio, no sólo como escenario espacial donde discurre la experiencia del exilio sino como causa y sujeto activo en el desarrollo del mismo, partiendo desde el mismo dispositivo de acogida inicial, al establecimiento de centros de acogida para civiles y campos de internamiento para los varones en edad de portar armas. Se lleva a cabo una exhaustiva profundización en el panorama sociopolítico francés en los años treinta, ahondando en los factores de la denominada “crisis de identidad” francesa para tratar de explicar el estado anímico de la nación a la altura del año 1939. Para ello, en un segundo bloque, mostramos los resultados de un Estudio de Caso realizado en los “Archives départementales des Basses-Pyrénées”, en la ciudad francesa de Pau, donde analizamos sobre todo fuentes de carácter administrativo y policial, que nos confirman la presencia de numerosos ficheros y documentos concernientes a los refugiados, donde desarrollan sus propias dinámicas de intercesión y negociación con las autoridades francesas, buscando ante todo reunir y cuidar a los miembros familiares, parientes o compañeros próximos. Este estudio documental confirma también el progresivo grado de desarrollo que se da dentro de la administración francesa de cara a una legislación de excepción conducente intrínsecamente conectada con la coyuntura de guerra iniciada en septiembre de 1939, por la que los individuos peligrosos desde el punto de vista de la nación pueden ser internados y criminalizados sin las causas ni las garantías penales de un sistema de derecho constitucional. Por último, estudio concede también la relevancia que merece al estudio del “campo francés” durante el año 1939, sus lógicas de exclusión y su categorización semántica dentro de un marco de Historias comparadas con otros “universos concentracionarios”. Aguirre Herráinz, Pablo; Ceamanos Llorens, Roberto

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Máster Interuniversitario de Historia Contemporánea Curso 2011-2012, Convocatoria de Noviembre Universidad de Zaragoza Exilio republicano en Francia (1939-1940). El caso de los refugiados españoles en Basses-Pyrénées. Una acogida bajo sospecha Pablo Aguirre Herráinz Director: Roberto Ceamanos Llorens II ÍNDICE INTRODUCCIÓN.....................................................................1 1. ESTADO ACTUAL DE LA CUESTIÓN..............................9 2. ANÁLISIS DE FUENTES....................................................36 2.1 Fuentes documentales 2.2 Fuentes orales 3. ESTUDIO DE CASO.............................................................42 3.1 Contexto histórico 3.2 El campo de Gurs 3.3 Situación de los refugiados CONCLUSIONES.....................................................................69 FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA……………………………….81 ANEXOS....................................................................................90 III Siglas ACER: Amicale des Combattants en Espagne Républicaine. ASEREF : Association pour le Souvenir de l’Exil Républicain Espagnol en France. ARE: Acción Republicana Española GRM: Guardas Republicanos Móviles. BDIC: Bibliothèque de Documentation Internationale Contemporaine. CAR: Comité de Asistencia a los Refugiados. CARS: Centres d'Assignation de Résidence Surveillée. CEME: Centro de Estudios de Migraciones y Exilios. CICIAER: Comité Internacional de Coordinación y de Información para la Ayuda a la España Republicana. CIMADE: Comité Inter-Mmouvements Auprès des Évacués. CIR: Comité Intergubernamental para los Refugiados. CIRCR: Comité Internacional de la Cruz Roja. CRRE: Cruz Roja Republicana Española. CSS: Centre de Séjour Surveillé. CSTM: Compagnies Spéciales de Travailleurs Militaires. CTARE: Comité Técnico de Ayuda a los Refugiados Españoles. CTE: Compagnies de travailleurs étrangers. DERM: Delegación extraordinaria de la Repatriación de Menores. FETE: Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza. FFI: Forces Françaises de l’Intérieur. FOARE: Federación de Organismos de la Ayuda a los Republicanos Españoles. FUE: Federación Unificada de Estudiantes o Federación Universitaria Escolar. GRM: Guardas Republicanos Móviles. GTE: Groupements de Travailleurs Étrangers. IRRC: International Rescue and Relief Committee. JARE: Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles. LVF: Légion des Volontaires Français. MLE: Movimiento Libertario Español. MER: Mémoire Espagnole Républicaine. OCRE: Oficina Central de los Refugiados Españoles. OIR: Organisation internationale pour les Réfugiés. RMVE: Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros. RPF: Reagrupamiento Popular Francés. SERE: Servicio de Emigración de los Republicanos Españoles. SGI: Societé Générale d’Inmigration. SIA: Solidaridad internacional antifascista. SRA: Spanish Refugee Aid. STO: Service du travail obligatoire. TML : Terres de Mémoire(s) et de Luttes. UNC : Union Nationale des Combattants. 1 Introducción El exilio supone el abandono indefinido del marco nacional al que se pertenece. Cuanto más punitiva se muestre la facción vencedora en una contienda civil, como es el caso de España, menor cobijo encontrarán los vencidos hasta cruzar la frontera. La partida es coactiva, y aunque podamos decir que un sujeto parte al exilio «voluntariamente» –pues existe el destierro como modalidad forzosa-, será siempre como resultado de una decisión tomada bajo presión; cuando ante la constatación de una amenaza directa para la propia vida, el sujeto abandona su espacio tradicional de existencia. Como norma general, las condiciones socioeconómicas jugarán un papel secundario en este análisis, que es sobre todo político. Cuando no sea así o la distinción resulte inapreciable, el exiliado podrá ser visto como un emigrado económico, aunque lo más habitual es que cada etapa histórica discrimine un tipo migratorio u otro. También es posible que la figura del exiliado se confunda con la del refugiado de guerra; aquel individuo que, sin prever una restricción futura hacia su libertad o existencia, se ve amenazado en el momento presente por el desarrollo de un conflicto armado. Si este marco bélico comprende además una percepción del civil como objetivo militar - situación que se da en la llamada «guerra total» -, el flujo de refugiados crece sustancialmente y, como en primera instancia son fenómenos muy próximos, de igual modo aumenta el número de exiliados. Puesto que la adaptación a un nuevo entorno no siempre resulta exitosa, dado que exige recomponer las condiciones materiales y los lazos afectivos que hacen posible la vida, quienes no tengan razones para temer represalias –la inmensa mayoría de los refugiadosvolverán tan pronto puedan al país de origen. Los demás iniciarán un exilio que rara vez pretende ser definitivo, pero que puede acabar siéndolo si las condiciones favorables para el regreso no concurren, o si la integración en el país de acogida se consuma de forma definitiva. Como ninguna categoría es del todo estanca, si se producen impedimentos ajenos a su control algunos refugiados podrán ver aplazado su regreso –así ocurrió, de hecho, en el caso francés-, y si durante esta etapa cambian las condiciones de asilo, para bien o para mal, el refugiado ya no retornará. Será, entonces, un exiliado más 1 . Lo que sí comparten estas dos categorías frente a los emigrados económicos es la inminente sensación de peligro que los aborda en un momento u otro de sus vidas. El emigrado puede padecer una situación económica angustiosa o desesperada, pero se entenderá que su supervivencia no se ve conminada ante un riesgo tan evidente como el 1 «Exiliado» y «refugiado» admiten un significado general. Así, el refugiado no sólo es quien huye de una situación amenazante, sino también de un pasado político –y será entonces asimilable a la figura del exiliado-. Este, a su vez, podrá tener un significado genérico en aquellos contextos donde no se precisa la definición de una actitud hacia el regreso categórica. 2 que supone una guerra o la persecución política. Al menos, así lo entendieron quienes desarrollaron las bases del Derecho Internacional para el refugiado. Consagrado a la tarea de proporcionar apoyo jurídico a quienes eran privados de aquél por sus respectivos estados-nación, operó a partir del establecimiento de instituciones y acuerdos internacionales. Los Convenios de La Haya, firmados en 1907; la creación de un Alto Comisariado a instancias de la Sociedad de Naciones, en 1921; la conformación de un Comité Intergubernamental para los Refugiados, en 1938, y la sustitución de aquél por la Organización Internacional para los Refugiados, ocho años después, son algunas de las iniciativas emprendidas para la defensa de los refugiados 2 . La efectividad de estos mecanismos puede parecer reducida, pero para quienes han dejado de ser sujetos de derecho juegan un papel primordial. Rusos, armenios, asirios, caldeos, turcos, alemanes y judíos fueron algunos de los colectivos que quedaron bajo el amparo de los «Pasaportes Nansen», documentos emitidos con el propósito de dotar a las comunidades más vulnerables de un mínimo amparo jurídico 3 . Los españoles fueron un grupo desaventurado en este sentido, pues como la España de Franco no les privó inicialmente de su nacionalidad, no fueron «apátridas» hasta el inicio de las deportaciones, en el verano de 1940, cuando ya no hubo para ellos ningún resguardo internacional –porque las autoridades franquistas, y aún las francesas, se desentendieron de su suerte 4 -. Sólo tras el final de la guerra recibieron un estatuto jurídico satisfactorio y, con el tiempo, alguno de los beneficios materiales asociados al mismo 5 . Además, numerosos españoles huyeron de la miseria de la posguerra y se autodenominaron «refugiados políticos» al llegar a la frontera francesa, con la esperanza de que las autoridades no se atrevieran a rechazarles bajo la atenta mirada de la comunidad internacional 6 -. 2 Europeos, en su mayoría. En 1946 se crea también la Organización Internacional para los Refugiados (OIR), y en julio de 1945 se establece a instancias de la Cuarta República Francesa la Oficina Central de los Refugiados Españoles (OCRE). CERVERA GIL, Javier: La guerra no ha terminado. El exilio español en Francia: 1944-1953, Madrid, Taurus, 2007; y “Su segunda posguerra. Los refugiados republicanos en el Sur de Francia (1945-1947)”, en Espacio, tiempo y forma, Serie V (1998), pp. 191-211. 3 Fridtjof Nansen fue el diplomático noruego al frente del Alto Comisariado conformado por la Sociedad de Naciones. Véase ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, 2001- 2012); GESULFO, Antonella: “La comunidad internacional se hace cargo de problema” (http://www.acnur.org/index.php?id_pag=374) [Consultado 01/10/12]. 4 Con anterioridad, y dado que las potencias anglo-francesas no habían reconocido bandos beligerantes en la contienda, los combatientes republicanos no pudieron acogerse a los convenios de la Haya-. Javier RUBIO: La emigración de la guerra civil de 1936-1939, San Martín, D L., 1977, pp. 148-150. 5 Imperó siempre una lógica administrativa. La aportación del combatiente se diferenciaba de aquella ofrecida por los componentes de una compañía de trabajo. El carácter militar del «maquis» tampoco se reconocía. Véase WIEVIORKA, Olivier: La mémoire désunie, le souvenir politique des années sombres, de la Libération à nous jours, Seuil, París, 2010, 303 p. 28-147. 6 Aunque la autarquía franquista en cierto modo produjo tantos emigrados económicos como «refugiados políticos» –al relacionar la miseria existente con una política de marcado sesgo ideológico-, lo cierto es que resulta preferible hablar de opositores. Y es que entre los refugiados políticos eclosionan comunidades combativas con un ideario determinado que no suelen compartir las colonias de inmigrantes, menos ideologizadas. Véase MARTÍN SÁNCHEZ, Isabel: “La conexión entre exilio político y emigración económica”, Cuadernos Republicanos, 29 (1997), pp. 29-43. 3 La Guerra Civil no inauguró en España el exilio como fenómeno histórico, pero sí lo llevó hasta cotas desconocidas. Con anterioridad, otras situaciones de enfrentamiento interno habían producido huidas de ejércitos y poblaciones – la Guerra de Independencia (1808-1814), o las guerras carlistas (1833-1840, 1846-1849 y 1872- 1876)-, y no era extraño que virajes políticos de signo liberal o absolutista indujesen hacia el exilio a personalidades o grupos de afinidad determinados. Sin embargo, ninguno de estos acontecimientos se aproximó al violento paroxismo marcado por la contienda civil de 1936, que no fue la más larga de todas, pero sí la más intensa. Tampoco el escenario bélico que se dio en ella tenía antecedentes históricos, pues tan extenso fue su teatro de operaciones y tantos los combatientes y civiles implicados en él, que a la acostumbrada variación en la línea de frente le acompañó un desplazamiento humano sin precedentes. El hecho de que la guerra no se decidiera de un modo más tajante, unido a la intensificación cualitativa que supuso la presencia de armas y potencias extranjeras –en proporción asimétrica, eso sí-, dilató en el tiempo ese continuo trasvase de frentes y poblaciones. Conforme la retaguardia republicana se redujo sus defensores se reunieron en la esquina nororiental de la península. Por eso, cuando cayó Cataluña a comienzos de 1939, centenares de miles de personas, no necesariamente catalano-aragonesas, se dirigieron hacia Francia en el éxodo masivo que se conoce como “La Retirada” 7 . Este exilio republicano marca el comienzo de nuestro estudio 8 . La salida, entre finales de enero y comienzos de febrero, de algo menos de medio millón de republicanos que huyen de la guerra –o del bando vencedor-, buscando 7 Los porcentajes estimativos los ofrece RUBIO, Javier: La emigración de la guerra… op. cit. (p. 268), y son: Cataluña 36%, Aragón 18%, Levante 14%, Andalucía 10%, Castilla la Nueva 7,5%, el Norte de España 5,2%, otras 8,1%. Años atrás, entre agosto de 1936 y octubre de 1937, un episodio algo similar se desarrolló ante la caída del Frente Norte -Guipúzcoa y Santander-, cuando el problema de la acogida multitudinaria de civiles y militares se planteó a Francia por primera vez. Ibídem. 8 En el transcurso de este trabajo será frecuente que nos refiramos a los refugiados y exiliados españoles como «republicanos», y como estas designaciones no tienen por qué ser consideradas sinónimas, queremos explicar por qué las relacionamos así. Y es que, si bien la disquisición sobre las diferentes opciones políticas del exilio no es, en modo alguno, nuestro objeto de estudio, tampoco queremos generalizar una de ellas sin ofrecer una justificación al respecto. A fin de cuentas, no podemos privar al individuo histórico de la posibilidad de definir la identidad en la que se considera ubicado. Para empezar, al hablar de «exilio republicano» recurrimos a un binomio de uso frecuente, reconocible entre otros estudios semejantes. Al aludir a la República –y esto es tan válido para la española como para la francesa-, no lo hacemos creyendo que todos sus integrantes participasen de sus mismas posiciones políticas. Sabemos que muchos se apartaron progresivamente de aquellas o nunca las respaldaron. Otros, en número considerable, pudieron haberse mantenido al margen de ese ambiente de politización multitudinaria que supuso el periodo de 1936 a 1939. Hombres y mujeres, republicanos convencidos, escépticos o apolíticos; todos ellos se vieron obligados a abandonar su tierra natal a causa de un golpe militar que terminó ganando una guerra. Compartían la huída de la República aún cuando no compartieran nada más. Además, para quienes se quedaron en Francia, republicana siguió siendo una de las identidades más «presentables» que se pudiera ofrecer frente a un importante sector de la opinión pública francesa. Lo mismo puede decirse en un ámbito institucional. Cerrando este aparte, tampoco todos los franceses fueron republicanos con arreglo al sentido implícito en su triada constitucional -liberté, égalité, fraternité-, pero hasta el armisticio de junio de 1940, con desgaste o sin él, la legalidad vigente siguió vistiendo esos colores. 4 asilo en la nación vecina, conforma el enmarque de nuestro estudio. En cuanto a nuestro escenario, será una Francia entendida no sólo como entidad espacial donde coinciden los refugiados, sino como base causal que influye en la situación de aquellos –y para ello nos centraremos en el estudio, a modo de caso representativo, del departamento de Basses-Pyrénées-. De Francia nos interesa su situación política en el año 1939 tanto como sus circunstancias socioeconómicas, en la medida en que nos permitan analizar cómo de preparada estaba, material y anímicamente, para recibir al contingente español –que no era el primero, ni el último, de cuantos conoció-. Pretendemos desentrañar cuáles fueron sus actuaciones legales, el parecer de la opinión pública y gubernamental, así como los debates suscitados en su seno. Queremos, o mejor dicho querríamos, en un plano ideal, conocer qué tipo de Francia recibe a la República derrotada. Sin embargo, designar un grupo nacional al completo como objeto de estudio nos parece excesivo. Si así obrásemos, y dijésemos estudiar el conjunto del exilio español, la pluralidad de grupos y situaciones concentradas en él nos desbordarían, y nos obligarían a designar sólo unas pocas. Esta elección sería complicada, pues no todas las categorías identitarias del exilio resultan adecuadas. La mayoría nos pueden servir a la hora de agrupar afinidades, pero se demostrarán artificiales cuando comiencen a superponerse entre sí – ningún sujeto histórico se define de una única manera, ni tampoco nosotros 9 -. Llegados a este punto, quizá sea necesario ubicar nuestro sujeto de estudio en un espacio más intermedio. El exilio republicano ha podido ser estudiado en bloque, pero sus diferentes componentes rara vez han recibido atenciones equivalentes. Es decir, el conjunto se conoce bien a nivel global, pero de muchas de sus partes, de muchos exiliados, se dice muy poco. Claro que sólo se puede tratar lo que se conoce, y por eso nosotros no caeremos en la trampa de hablar de un «exilio invisible». Si tal categoría existe, es en gran medida inalcanzable. Sencillamente, los testimonios se van perdiendo conforme pasan los años y las fuentes no lo abordan todo, de modo que si en el pasado queda algo por descubrir no será lo perdido, sino lo oculto. Y por oculto no queremos decir escondido. En el bloque que forma el exilio se distinguen ciertos sectores, como las mujeres, los niños, los ancianos y los enfermos, que sin ser para nada imperceptibles – todo autores los reconoce-, parecen estar abocados a un desplazamiento prematuro. El por qué de este apocamiento no está claro, aunque sospechamos que influye en él una 9 Citemos varios y reflexionemos sobre en qué medida no son combinables: ex combatientes internados, mujeres y niños, en su mayoría fuera de los campos; intelectuales y artistas, retraídos en sus espacios creativos; militantes, para quienes la lucha no ha terminado; clandestinos, en perpetua huida; rebeldes o así considerados, en campos disciplinarios; reemigrados, enfrentados a nuevas realidades; alistados o empleados en un mundo de nuevas oportunidades y peligros, fuera del campo,; quienes evitan los campos, privilegiados; quienes pronto los abandonan, repatriados en la España de Franco; quienes no llegan a hacerlo, por fallecimiento, mala suerte o falta de medios. Y aún podrían citarse muchos otros. 5 cuestión de cronología y limitación espacial –de cara a lo impreso-. Lo primero sucede a la hora de tratar “La Retirada” como episodio histórico. Tenemos claro cuándo empieza –enero-febrero de 1939-, pero no cuándo acaba. Y es que, ¿cuándo finaliza un exilio, sino cuando el último exiliado deja de serlo? ¿Termina con la Segunda Guerra mundial, tras una primera etapa de retornos o a la muerte de Franco? La primera opción y su cronología (1939-1945), es la más habitual en las obras que se escriben a propósito de este tema, y aunque no creemos que los autores consideren el final de la Segunda guerra mundial como el término del exilio republicano, este punto ha parecido el más adecuado para detener la narración de los acontecimientos. No hemos encontrado ningún autor que se detenga con anterioridad a 1945, luego no puede extrañarnos que a la hora de abordar un exilio que coincide con seis años de guerras –una civil y otra mundial-, algunos de sus contenidos tengan que ser reducidos. Quizá sea este el inconveniente -la preferencia por reducir unos temas y no otros-, pero en cualquier caso parece que entre los afectados siempre se repiten unos mismos colectivos. Si observamos lo que se escribe sobre el exilio, la mayor parte trata la «historia resistente» –la de los guerrilleros, «maquis» o ex milicianos internos en campos-, aquella que diríamos más tradicional –personalidades políticas y República en el exilio- o la que más nos habla de sí misma –el exilio intelectual y literario-. La combinación de las anteriores ramas se da con asiduidad, no así otros tipos de enfoque histórico –uno más social, por ejemplo, realizado «desde abajo» -, y cuando sí se dan, se ven obligados a amoldarse a un espacio limitado 10 . En parte es por esto que nuestra cronología se reduce tanto –de enero de 1939 a junio de 1940- aunque no sólo 11 . No queremos, en suma, que una amplitud semejante de años y acontecimientos lastren nuestros esfuerzos a la hora de alcanzar a esos grupos que se encuentran sepultados bajo el resto. No cuando, además, es necesario que reservemos buena parte de nuestra trabajo a la introducción de un imprescindible contexto histórico 12 . 10 Salvo que hablemos de obras en múltiples volúmenes o de proyectos especiales, como colaboraciones o libros colectivos, que pueden permitirse tratar aspectos muy distintos al no seguir un orden tan lineal. 11 El hecho de que la mayor parte de los refugiados menos estudiados –familias, mujeres o niñosregresen a España entre 1939 y comienzos de 1940, es un motivo adicional para no rebasar tales fechas, y contribuye a explicar por qué estos grupos desaparecen tan rápido en el relato general del exilio. Los enfermos, mutilados y ancianos podrán quedarse o marcharse en distinta medida, pero dado que su ubicación en hospitales o albergues los aísla de los demás y que su participación en el mundo de las letras, de la política o de las armas, no es relevante, desaparecen tan rápido como los anteriores. 12 Una de estas coordenadas es la del campo de internamiento que, sin ser nuestro tema de estudio, nos ha de interesar por varios motivos. En primer lugar, su importancia radica en que juega un papel angular tanto dentro de la vida del refugiado como de la memoria. En uno u otro momento todo termina girando en torno a él: la sociedad francesa, su prensa, sus fuerzas de seguridad, sus representantes y, antes que todos ellos, las familias españolas. Cuando los años pasan y el campo se desplaza en el recuerdo – continúa existiendo, pero a partir de la segunda mitad de 1940 ya no son españoles quienes lo llenan-, la memoria puede quedar presa en él durante un número indeterminado de años. En el Estado de la cuestión hemos tomado la elección personal de dedicar una atención especial al análisis semántico y estudio evolutivo del campo, francés o no, durante el siglo XX. Esta indagación no es 6 Recapitulando, lo que nos proponemos es tratar el tema del exilio republicano desde la perspectiva de sus grupos más desplazados –que no forman una categoría estricta, sino heterogénea ante la presencia de mujeres, niños, ancianos y enfermos-, con Francia como escenario y explicación. Las fuentes periodísticas de la época, las cartas manuscritas de los particulares, los documentos oficiales y administrativos así como los testimonios y, en la medida en que se basan en todo lo anterior, los análisis de los historiadores que nos preceden, son herramientas necesarias en esta aproximación. Aproximación que busca no sólo una mejor comprensión sobre la Francia que recibió “La Retirada”, sino ante el modo en que tal recibimiento afectó a los elementos más vulnerables del exilio –de quienes deberíamos saber mucho más: sus condiciones de vida, sus propias percepciones y sus iniciativas en aras de mejorar o denunciar su situación- 13 . Nos abstendremos, empero, de tratar todos los temas capitales comprendidos dentro de nuestros límites cronológicos, como la supervivencia de un entramado organizativo y político netamente republicano, la actividad cultural en los campos, la reemigración hacia terceros países o la propia experiencia de internamiento argelina. Tampoco iremos más allá de junio de 1940, dado que la Ocupación alemana y el establecimiento del Régimen de Vichy nos introducen en un entorno donde van a variar tanto la situación de la comunidad exiliada como la de los espacios de internamiento. Quedarían, eso sí, todos estos márgenes a disposición de una futura investigación doctoral, pero hasta que aquella se plantee nos vemos obligados a enfocar horizontes mucho más inmediatos. Llevamos señaladas hasta el momento dos hipótesis principales: que el estudio del exilio desde el lado francés es vital para comprender tanto su naturaleza como su desarrollo –una-, y que con relación a ambos se ubican unos sectores de refugiados cuya actuación y situación son todavía poco conocidas –otra-. Añadiríamos una tercera. Creemos, que si pudo haber franceses corrientes que no prestaron gran atención a la España del exilio –o que, de así hacerlo, procedieron antes por razones puntuales de empatía o rechazo que en base a idearios preexistentes–, tampoco todos los refugiados españoles darían siempre prioridad a una estrategia de lucha y resistencia. Antes bien, iría primero la resolución de aquellas necesidades materiales y emocionales básicas en el ser humano, como la supervivencia y el encuentro con los seres queridos 14 . tangencial, sino que nos parece esencial, en la medida en que proporciona una línea de estudio adicional que se abre hacia la Historia comparada in perder por ello su conexión con nuestros sujetos de estudio. 13 Esta vulnerabilidad no pretende convocar ningún tipo de notoriedad victimista. Sin lugar a dudas, las peores condiciones que Francia reservó a los españoles las dirigió hacia los hombres y milicianos internados en los campos, pero los más vulnerables a título general siguieron siendo los ancianos, los heridos, los enfermos, las mujeres y los niños –tampoco ajenos a los campos en muchos casos-. 14 Pensamos que los principios militantes imperantes en los campos y en las comunidades más resistentes han podido ser asimilados con demasiada ubicuidad, y que tal vez para muchos internos o familias otras fuesen las preferencias, sin que por ello renunciaran a sus identidades y sus culturas políticas de siempre. 13 derecho en la llamada «Historia Cultural» 22 . Como problema teórico, el testimonio nos afecta indudablemente a la hora de trabajar con escritos autobiográficos, con obras procedentes de la «Historia Oral» o, claro está, a la hora de abordar en nuestro campo de estudio las fuentes orales 23 . ¿Por qué no hablar entonces de una historiografía testimonial, y no «militante», y por qué separar esta última de la «Historia Oral»? Sin haber una razón determinante para esta distinción, la hemos venido realizando desde las primeras etapas de nuestro trabajo y nos ha resultado de utilidad. Por ejemplo, con ella evitamos acometer distinciones para las que aún no nos consideramos preparados, siendo que el exilio literario merecería un análisis más concienzudo por nuestra parte - algo que deberíamos abordar en el curso futuro de una investigación doctoral-. La categoría «militante» asume una significación adicional que resulta útil dado nuestro enfoque de trabajo, que pasa por Francia y se centra en unos sujetos históricos aún a fecha de hoy poco atendidos. Sería entonces esta la vía testimonial de la experiencia republicana que mayor énfasis demuestra al tratar la historia resistente –combatientes, activistas e intelectuales-, y que mayor desapego manifiesta ante el panorama histórico e historiográfico francés, al que acude muy poco en busca de explicaciones. En estas coordenadas se encontrarían libros como el escrito por Marie-Claude Rafaneau-Boj; un repaso general al exilio español que recorre no sólo “La Retirada” y la cuestión de Francia en 1939, sino el devenir de la comunidad exiliada a través de la Segunda Guerra Mundial, hasta la Libération 24 . Que la autora haya incluido en su relato estos episodios históricos no es de extrañar, pues el exilio republicano jugó en ellos un papel destacado que Francia ha tardado en asumir. Esto es de suma importancia, porque en la medida en que este reconocimiento se ha demorado, la meta principal de la historiografía «militante», que es la de integrar el recuerdo de ese sacrificio e integrarlo en la «memoria colectiva» 25 . Por eso entenderemos bien el propósito que perseguía Antonio Vilanova al escribir en 1969 una obra que llevaba por título Los olvidados, en un momento en el que la memoria de la lucha contra el Eje quedaba centrada casi con 22 Que no nos centremos en él no significa que nos resulte ajeno, sino que por el momento no podemos dedicarle mayor atención. Junto a la obra de Porolli (Ibid.) nos gustaría citar otro estudio cultural sobre el testimonio literario referido al internamiento, en este caso concreto, de Max Aub. NOIS ALDÁS, Eloísa: El testimonio literario de Max Aub sobre los campos de concentración en Francia (1940-1942), Tesis doctoral por la Universidad Jaume I, 2001. 23 Para un tratamiento algo más pormenorizado sobre el testimonio en la Historia Oral, así como para ampliar una bibliografía de referencia básica, acúdase al apartado “2.2 Fuentes orales” (p. 39). 24 RAFANEAU BOJ, Marie-Claude: Los campos de concentración de los refugiados españoles en Francia (1939-1945), Barcelona, Omega D. L., 1995. También de esta autora: Les Camps de concentration français en 1939, Paris, Université París-VII, 1979. 25 La concepción de una “memoria colectiva” como categoría funcional de recuerdo es una cuestión aún en debate. De un lado existen quienes sostienen que se trata de un constructo inoperativo, en la medida en que no responde sino a unas nociones individuales del recuerdo que se han impuesto, y del otro quienes entienden que en toda sociedad las memorias personales tienden a reelaborarse con licitud en formatos colectivos perfectamente funcionales. Para una introducción al concepto de «memoria colectiva» véase HALBWACHS, Maurice: La memoria colectiva, Zaragoza, Prensas Universitarias, 2004, 192 p. 14 exclusividad en la propia comunidad ciudadana francesa, sin que se aludiera al exilio por ninguna parte 26 . La obra de Vilanova no siempre se inscribe bien dentro de los límites formales o metodológicos de la profesión histórica –debemos tener en cuenta no sólo la fecha en la que se escribe, sino plantearnos en qué clase de obras de referencia o fuentes se apoyó-, aunque a grandes rasgos supone un relato muy completo y meritorio. Posteriores autores han privilegiado otros protagonistas. En el caso de Mariano Constante estos son los aragoneses exiliados en Francia, posteriormente deportados en los campos nazis –como el propio autor vivió este caso, la suya es una historia en cierto modo autobiográfica 27 -. El hecho de que el tema fundamental sea la deportación, más que el exilio, y de que el enfoque se centre sobre todo en la narración de los méritos organizativos y combativos del partido comunista, nos aleja un tanto de nuestro campo de estudio. No obstante, esta obra nos sirve muy bien como tipo modélico de producción «militante», pues toda ella está dirigida a recuperar y ensalzar un pasado muy concreto. Otro ejemplo es el de Juan Carrasco, contendiente en la Guerra civil por el bando gubernamental, que muchos años después de su estancia en el campo francés de Argelès se lanzó a la elaboración de un libro donde narró las experiencias de quienes, como él, habían vivido un auténtico periplo durante la guerra mundial 28 . En cierto modo se está refiriendo a los mismos «olvidados» a quienes apelaba Vilanova, sólo que ya, tras una década de lento despertar historiográfico, lo eran algo menos 29 . Dentro de estos títulos «militantes» podemos encontrar también obras francesas, lógicamente, pues el tema no es patrimonio exclusivo español; o bien autores que habiendo vivido los hechos que historian, rehúyen la línea tradicional de narración y optan por un tratamiento mucho más historiográfico, como Eduardo Pons y Prades 30 . Nuestro segundo grupo clasificatorio, que es con diferencia el más actual, gira en torno al tema de la Historia Oral y el recuerdo. Reconozcamos antes de nada que tal dimensión nunca ha sido del todo ignorada por ningún sector de los sectores que hemos definido. Todos han trabajado algún tipo de fuente oral o testimonio, o lo son en sí mismos -como los ejemplos ya comentados-. ¿Por qué, entonces, hablar de una 26 VILANOVA, Antonio: Los olvidados, París, Ruedo Ibérico, 1969. 27 CONSTANTE, Mariano: Republicanos aragoneses en los campos nazis, Zaragoza, Pirineo, 2000. 28 CARRASCO, Juan: La odisea de los republicanos españoles en Francia (1939-1945), Barcelona, Nova Lletra, 1980. 29 Puesto que para esa fecha ya se habían publicado otros trabajos al respecto, como el de TUÑÓN DE LARA, Manuel (ABELLÁN, José Luis, dir.) : Los españoles en la Segunda Guerra Mundial y su participación en la Resistencia francesa, en el exilio español de 1939, tomo II: Guerra y Política, Madrid, Taurus, 1976. 30 PONS PRADES, Eduardo: Los que sí hicimos la guerra, Barcelona, Martínez Roca, 1973. En cuanto a las producciones de autoría francesa: GRANDO, René; FEBRÉS, Xavier y QUERALT, Jacques: Camps du mèpris. Des chemins de l’exil à ceux de la résistance, 1939-1945, Perpignan, Trabucaïre, 1991. De estos mismos autores : Vous avez la mémoire courte: 1939. 500.000 républicains venus du Sud «indésirables» en Roussillon, Barcelona, Trabucaire, 1991. 15 historiografía de tipo memorístico? Digamos, para empezar, que no es lo mismo utilizar una herramienta investigadora de modo puntual que convertirla en el elemento central en torno al cual va a girar la investigación. Si cada tiempo historiográfico tiene su afán, el que recientemente ha llegado a su apogeo es el de la historia como narración y categoría lingüística. No es el propósito de este trabajo desentrañar semejantes derroteros teóricos, pero es justo reconocer que sin ellos no podríamos fundamentar nuevas formas de conocimiento histórico, y tal vez seguiríamos anclados en una u otra reformulación purista del método histórico -como aquella que descansaba sumida en un “noble sueño de objetividad” 31 -. Cuando ya se han asentado unas bases sobre el exilio – con omisiones y disensiones, por qué no-, y se han realizado las necesarias reflexiones y cribas documentales, consagrando carreras profesionales enteras al término de esta labor, es natural que se imponga la necesidad de revisar o reinventar el rumbo marcado. Entonces, muchos componentes que siempre han rodeado al historiador como utillaje de trabajo pueden regresar siendo objetivo de análisis. La memoria no sólo ha regresado como un problema historiográfico, sino que ha sublimado a la propia historia en la forma de conmemoraciones, publicaciones o materiales visuales, muchos de los cuales quedan más allá de la producción –y controldel historiador. El resultado no se mide en un sentido lineal o multidireccional, empero, sino centrífugo; o mejor dicho, a la novedad de la memoria como herramienta privilegiada para hacer historia ya se le está diagnosticando una parálisis por saturación 32 . Como consecuencia, dentro del espectro bibliográfico al que nos dirigimos – que no excluye a los no historiadores pero obviamente se centra más en ellos-, surge una nueva generación de proyectos que, aún compartiendo con la producción «militante» el respeto debido al testimonio, se preocupan más por desentrañar su naturaleza que por canalizar su mensaje. Esto no significa que rechacen en su labor la idea de una posible restitución y reparación histórica, sino que, en adición, buscan establecer un debate en torno a la memoria y su alcance, su relación con la historia y sus límites. Puesto que el recuerdo implica algún tipo de olvido o distorsión, como ya advertía Ernest Renan en el último cuarto del siglo XIX 33 –la fecha nos sirve para confirmar cómo de antiguas son 31 El concepto, extraído de un célebre y perspicaz libro reciente, supone un guiño hacia la concepción historiográfica rankiana extendida desde el siglo XIX -según la cual la consecución de una historia objetiva es viable gracias a que el trabajo del historiador es ajeno a toda contaminación externa-, cuyo progresivo decaimiento se ha acelerado en nuestra era, ante la proliferación de posiciones críticas, como el posmodernismo -y otras-. NOVICK, Peter: That Noble Dream. The «Objectivity Question» and the American Historical Profesion, Cambridge, University Press, 1988. 32 La idea de «memoria saturada» surge de la mano de una historiadora y socióloga especializada en el análisis del discurso y conmemoración de los grandes relatos. Siendo quebequense, la autora nació en Francia y posee orígenes polacos, luego el concepto aquí planteado nace a caballo entre la obsesión conmemorativa francesa y la exclusividad memorística trabada en torno a la Shoah. ROBIN, Régine: La mémoire saturée, París, Stock, 2003. 33 “What is a nation?”, en BABHA, Homi K.: Nation and Narration, New York, Routledge, 1990. Sobre el discurso original FOREST, Philippe (dir.): Qu’est-ce qu’une nation? Littérature et identité nationale de 1871 à 1914, Prís, Pierre Bordas et fils, 1991, pp. 12-48. 16 estas disquisiciones que nos ocupan-, incluso el recuerdo de la totalidad de testigos olvidará y distorsionará. Ninguna visión histórica podrá imponerse entonces con la autoridad exclusiva de la memoria, pero el concierto de una multiplicidad de visiones representativas será la mejor vía para reconstruir el conjunto. El autor no por dar la palabra a otros privará a la suya de alcance, de modo que influirá en el resultado final según las preguntas que plantee y las respuestas que seleccione. Las obras disponibles en este sentido pueden presentarse en todo tipo de ámbitos. Por ejemplo, pueden ser fruto de una notable implicación institucional, como el proyecto conjunto realizado bajo la financiación de la universidad de Toulouse y la Generalitat de Catalunya, que combina un vistoso trabajo de difusión y divulgación histórica con numerosas incursiones dentro de las fuentes orales 34 . Prestigiosos investigadores e historiadores escriben desde los márgenes de la Historia Oral, donde reflexionan sobre la memoria y su impacto en el recuerdo. Su base de trabajo es la indagación, vía entrevista o crítica literaria, sobre esas experiencias que acumula todo actor histórico. En esta línea se puede optar por una escala superlativa, que diríamos, cuando se prioriza la recopilación del mayor número de testimonios posibles, o bien se compilan el conjunto de producciones literarias que estos episodios inspiran. Este es el caso de Ronald Fraser con respecto a la Guerra civil en España – donde también puede citarse a Shirley Mangini, quien rescata la experiencia de las mujeres en el conflicto a través de la oralidad- y de Bernard Sicot, que se centra en los campos de internamiento franceses 35 . Otros autores se muestran más selectivos y componen, a partir de materiales más representativos, hilos de un relato donde los testimonios no contribuyen sólo a incrementar los ejemplos de la trama narrativa sino que la enhebran ellos. Sería el caso del ya fallecido Antonio Soriano -célebre exiliado muy conocido por dirigir la Librarie Espagnole del Barrio Latino de París-, o de Alicia Alted, especialista en el exilio como materia y recuerdo, pues en sus trabajos suele explorar la manera en la que los testigos reinterpretan, al calor de otras nuevas, sus propias vivencias 36 . Estos trabajos gozan hoy de continuidad entre los nuevos 34 Para la versión francesa JABOC, Odile (coord.): Républicains espagnols en Midi-Pyrénées. Exil, histoire et mémoire, Toulouse, Presses Universitaires du Mirail, 2004. Para la versión española LARRAZ VILETA, Alberto; SAUTA I LA PORTA, Joan y MALVY, Martin: Republicanos españoles en Midi- Pyrénées, Barcelona, Generaliat de Catalunya, 2006. 35 FRASER, Ronald: Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia de la guerra civil española, Barcelona, Crítica, 2007 y MANGINI, Shirley: Recuerdos de la resistencia. La voz de las mujeres en la guerra civil española, Barcelona, Península, 1997.En el caso francés son múltiples autores los que trabajan en la elaboración de un corpus que se reactualiza periódicamente y que aún está inconcluso. SICOT Bernard: “Literatura y campos franceses de internamiento. Corpus razonado”, I y III en Cahiers de civilisation espagnole contemporaine, 3 (2008) y 6 (2010); II en Laberintos, 10-11 (1008-2009), pp. 107-140. 36 Sobre los autores citados véase: SORIANO, Antonio: Éxodo. Historia oral del exilio republicano en Francia 1939-1945, Barcelona, Crítica, 1989; ALTED, Alicia: La voz de los vencidos: el exilio republicano de 1939, Buenos Aires, Aguilar, 2005 y ALTED, Alicia y BERMEJO, Benito (guión): Exilios. Refugiados españoles en el Mediodía de Francia. Éxodo, acogida y campos, Madrid, CEMAV/UNED, 43 min. 1997. 17 investigadores, como ya hemos visto –Vid. notas 21 y 21-, de modo que puede afirmarse que la memoria sigue siendo un tema de plena actualidad. Será un recurso inestimable para la disciplina histórica, eso sí, siempre que sea procesada por una metodología seria, pues en su estado bruto no gozan de la autosuficiencia del conocimiento que ha sido contrastado y documentado. Lo memorial, por cerrar ya este apartado, ni se elabora ni pertenece a los despachos académicos. Es la historia la que debe salir en su encuentro, pues su arraigo es muy fuerte entre la opinión pública y su uso entre aquella, de todas las calidades posibles. Merece mención, dentro de esta dimensión a caballo entre el entorno académico-institucional y el gran público, acciones culturales como las suscitadas por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón. En concreto, el programa Amarga Memoria, iniciado en el año 2004 y hoy totalmente desmantelado por causas tanto económicas como políticas, marchantes por antonomasia de la investigación y de los “usos públicos de la historia”, como bien señaló en su día Jürgen Habermas 37 . Llega el momento de abordar nuestro tercer y cuarto grupo historiográfico, que comparte por igual la definición de académico, en la medida en que opera dentro de unas instituciones determinadas y en función de unos principios de método y oficio concretos. Por supuesto, entre Francia y España no conviene convocar una unidad absoluta, puesto que cada país ha conocido una evolución historiográfica diferente. A este respecto conviene señalar que si entre los autores franceses y los españoles solía existir un abismo importante, los cada vez más frecuentes proyectos conjuntos y la mutua lectura y traducción están ayudando a salvar estas distancias, lo cual no es impedimento para que puedan seguir detectándose secuelas de un mutuo desconocimiento. Porque donde los investigadores franceses han tenido el hábito de incorporar el internamiento español dentro del estudio de aquellas dinámicas de excepcionalidad jurídica propias a la Tercera República y a Vichy, sus homólogos españoles pecan en ocasiones de desinterés ante el contexto en el que transcurren los acontecimientos que estudian. Esta dualidad, comprensible si atendemos al impulso de historiar el pasado propio frente al «otro», no ha de ser desmerecida si el rigor y las fuentes son adecuados, pero creemos que siempre será preferible un mayor grado de interrelación entre problemáticas patrias. Y hablado de esto, deberíamos recordar los tempos propios de cada historiografía para así evaluar de manera más justa sus aciertos y desvelos, y eso, en el campo español, supone reconocer la grave losa que el régimen franquista ejerció sobre la comunidad académica. Sin negar las posibles excepciones que quedaron camufladas o atemperadas dentro de la historiografía contemporánea española, lo cierto es que su desarrollo se vio 37 HABERMAS, Jürgen: Historia y crítica de la opinión pública, México, Gustavo Gili, 1981. 18 siempre lastrado a consecuencia de la censura y el secuestro ejercidos por una Dictadura 38 . El tema tabú por antonomasia no fue otro sino la Guerra civil española, y el exilio, que no se explicaba sin aquella, recibió un velo de silencio parejo. El hecho de que hubiera autores escribiendo desde el exterior –exiliados en Francia, pero también jóvenes que escapaban de las enrarecidas atmósferas académicas peninsulares, como Manuel Tuñón de Lara-, y de que sus obras empezasen a ser conocidas, cuando no contestadas desde el interior, intensificó el tratamiento de lo contemporáneo. No innovaban tampoco, siendo que las colonias latinoamericanas en el exilio –véase Méxicoya animaban voces disonantes desde comienzos de los cuarenta. Asimismo, por mucho que se hablara en la Transición de un espíritu de reconciliación y olvido del pasado traumático, la contienda civil y sus múltiples derivados fueron temas de actualidad, difusión y lectura tan demandados como lo puedan ser hoy. Como saldo final quedaba posiblemente un notorio retraso institucional, un cierto vacío historiográfico formal y la sensación de que había que recuperar ante todo la memoria resistente. Esto es, el recuerdo de quienes resistieron con mayor frialdad frente al régimen de Franco y sus aliados–nos referimos, claro está, a todo un conjunto de milicianos, guerrilleros y soldados, que ya tenían un modesto lugar en los ámbitos de difusión propios a los medios «militantes»-. Hacía falta, empero, un tratamiento más homogéneo, extenso y crítico sobre los años del exilio, sus causas, procesos y consecuencias; y hacía falta que esto sucediera al margen de la sombra de una vigilancia oficial, así como de un excesivo énfasis conmemorativo que distrajese el tratamiento de aquellas cuestiones y actores más relegados. Algunos de entre ellos, nos parece a nosotros, siguen hoy desplazados por las propias jerarquías que impone, de modo consciente o no, la heterogénea victimización de los sujetos. Dentro de esta, ahora sí, reiniciada historiografía española, una obra capital que se ha citado con intensidad en ambos lados de los Pirineos es la publicación en tres volúmenes elaborada por Javier Rubio 39 . Autor temprano donde los haya, es considerado por especialistas de ambos lados de los Pirineos como uno de los mejores representantes de la historiografía española sobre el exilio. Hasta cierto punto, su genialidad no se explica sin la mención a una biografía y carrera nada ordinarias. Siendo un hombre instruido y ocupando diversos consulados –sin ir más lejos, el de París-, accedió a importantes documentos en años cruciales. Si a eso le sumamos sus fértiles contactos profesionales y personales, podemos hacernos una idea más precisa sobre cuán sólidos pudieron llegar a ser los cimientos en los que basó sus escritos. Su trabajo, 38 Para este repaso del panorama historiográfico español véase PASAMAR, Gonzalo: Apologia and Criticism. Historians and the History of Spain. 1500-2000, Oxford, Peter Lang, 2010; y CASANOVA, Julián: La historia social... op. cit. 39 La obra que ya hemos citado (Vid. nota 4) corresponde al primero. RUBIO, Javier: La emigración de la guerra… op. cit. 19 de hecho, apenas sí ha envejecido en términos historiográficos, lo que no significa que su autoridad sea absoluta; y si ya en su momento advertía el autor sobre la proliferación de ciertos trabajos con exageraciones o simplificaciones manifiestas –Rubio está a día de hoy jubilado-, otros muchos así se han publicado desde entonces. Sería difícil discernir en todo momento si este autor precoz estaba o no en lo cierto, de modo que sólo afirmemos que es, a nuestro juicio, quien mejores debates ha suscitado. El exilio se ha seguido estudiando desde entonces con gran profusión, aunque quizá no siempre con el mismo acierto –pues numerosas obras siguen y seguirán editándose con el pretexto de actualizar informaciones donde no hay nada nuevo- 40 . Pese a ello, sí se ha progresado en el estudio de los nuevos frentes. Muchos de ellos, que superan nuestros ajustados límites cronológicos, serán de obligada referencia por lo mucho que nos han aportado. La historia del exilio español en la contemporaneidad no veda su alcance al estudio de otras migraciones dirigidas al extranjero -por ejemplo, aquellas de naturaleza económica 41 -. Resulta patente que cada estudio contribuye a definir los rasgos propios de cada ola o momento migratorio, pero a la postre es posible congeniar un relato general de movimientos poblacionales con todas ellas, abierto a útiles comparaciones. ¿Cuáles son los destinos tradicionales de exilio? ¿Qué clases sociales se exilian y en qué momento? ¿Cuál es, a su vez, la historia paralela de las recepciones a ese exilio? Y si unos se retrotraen a los antecedentes del exilio republicano de 1939, otros lo estudian en las sucesivas décadas en las que se extiende – una suerte de «largo exilio»-. Es el caso de Josefina Cuesta Bustillo, quien profundiza en las percepciones que se construyen desde el otro lado de los Pirineos sobre la posguerra y la Dictadura española, así como el modo en el que se comparten estas a través de los retornos o los intercambios culturales que se producen conforme el contingente español en Francia se va difuminando a causa de la naturalización o deceso de sus componentes 42 . Esta perspectiva rebasa la nuestra pero a la vez nunca termina de superarla, porque las décadas de los treinta y los cuarenta, depositarias de las mayores esperanzas y horrores, marcaron profundamente a las siguientes – habitaron en ellas, en 40 Algunas de las que sí han acertado son LEMUS, Encarnación (ed.): “Los exilios en la España Contemporánea”, Ayer, 47 (2002); CANAL, Jordi (dir.): Exilios. Los exilios políticos en la historia de España. Siglos XV-XX, Madrid, Silex, 2007. 41 Este campo está siendo más y más estudiado en los últimos años, aunque aún queda mucho por conocer. Véase BAUTISTA VILAR, Juan: La España del exilio. Las migraciones políticas españolas en los siglos XIX y XX, Madrid, Síntesis, 2006; y LILLO, Natacha: “La emigración española a Francia a lo largo del siglo XX: una historia que queda por profundizar”, Migraciones y exilios, 7 (2006), pp. 159-180. Aparte, aunque resulte ya algo antiguo y sintético, puede acudirse al capítulo introductorio que le dedican a la migración y exilio decimonónico español los autores LLORENS, Vicente y ABELLÁN, José Luis: El exilio español de 1939. La emigración republicana de 1939, Madrid, Taurus, 1976, pp. 11-100. 42 CUESTA BUSTILLO, Josefina: Retornos. De exilios y migraciones, Madrid, Fundación Largo Caballero, 1999; y, en colaboración con BERMEJO, Benito, en condición de coordinadores: Emigración y exilio. Españoles en Francia, 1936-1946, Madrid, Eudema, 1996. 20 cierto modo-. Interesan asimismo, y sin salir del marco historiográfico español, el estudio de las dimensiones jurídicas y conceptuales aplicables al refugiado –tanto antes como después del conflicto europeo-, subrayando el papel adoptado por las organizaciones internacionales de ayuda o la intromisión franquista en los espacios de poder y asilo francés 43 . También existen libros más especializados, como por ejemplo el de Josu Chueca, centrado en el estudio concreto del campo de Gurs y de su supuesto principal contingente, el vasco –sobre el que incidiremos en nuestro estudio de caso 44 -. Los temas favoritos del gran público, como la crónica de los hechos de armas donde tomaron partido los españoles, tampoco se olvidan 45 . Por su parte, los coloquios académicos que se siguen organizando en torno al tema del exilio han venido ofreciendo resultados prometedores, al concentrar ópticas muy distintas y posibilitar mejores contactos 46 . Si en cambio nos desplazamos al ámbito de los soportes de periodicidad variable -como revistas especializadas o publicaciones telemáticas– las maneras de tratar el problema del exilio aún se diversifican más, pues se ofrecen tanto reflexiones desde la historia de género -sobre el papel subalterno recibido por la mujer exiliadahasta estudios sobre la actividad cultural en Francia, a un mismo tiempo vía de cultivo personal como de resistencia comunitaria 47 . ¿De qué manera estudian estos autores la llegada a Francia? En lo que se refiere al cruce de la frontera, dos son los temas capitales para los historiadores españoles. La cuestión cuantitativa con respecto al número de refugiados desplazados en “La Retirada”, y la indagación sobre el nivel de conocimiento o desconocimiento que el gobierno francés habría tenido sobre su magnitud, con el fin de evaluar el grado de ocultación, negligencia o irresponsabilidad latente en el establecimiento de un dispositivo de acogida insuficiente y tardío. Se comprende, eso sí, la complejidad que supone para Francia la recepción de tantos y tan variados refugiados, haciendo hincapié en el considerable número de hombres armados presentes entre aquellos -con las complicaciones que eso conlleva-. Una llegada marcada, además, por el ambiente de la derrota, que no favorece precisamente el análisis templado de la situación, cuando del otro lado existe una muy profunda sospecha sobre la catadura moral de los refugiados, donde se cree abundan los criminales -lo cual no dejaba de ser cierto en algunos casos, 43 CERVERA GIL, Javier: La guerra no ha terminado. El exilio español en Francia: 1944-1953, Madrid, Taurus, 2007; y TERMIS SOTO, Fernando: “Constitución y crisis de las organizaciones republicanas de auxilio a los refugiados españoles, 1939-1942” en Espacio, tiempo y forma, Serie V (1992), pp. 413-430. 44 CHUECA, Josu: Gurs. El campo vasco, Nafarroa, Txalaparta, 2007. 45 DOMINGO, Alfonso: Historia de los españoles en la II Guerra Mundial. Sus peripecias en todos los frentes y bajo todas las banderas, Córdoba, Almuzara, 2009, 336 p. 46 ÁLVAREZ, Óscar Et alii: Españoles en Francia (1936-1946). Coloquio Internacional Salamanca, 2-4 de mayo de 1991, Salamanca, Universidad, 1991. 47 ALTED, Alicia: “El exilio republicano español de 1939 desde la perspectiva de las mujeres”, Arenal, 2 (1997), pp. 223-238. En: clio.rediris.es/exilio/mujerex/mujeres_exilio.htm [consultado 8/08/12]; y CRUZ, José Ignacio: “Los barracones de cultura” en Clío, 26 (2002) [sin paginar]. 21 pues si en algo estaban de acuerdo recibidos y receptores, era en la amplia heterogeneidad de los primeros-. Estas tres cuestiones, volumen del exilio, responsabilidad gubernamental y papel de la opinión pública, se plantean constantemente a lo largo del año 1939, y como resulta evidente, buscan explicar e interpretar los hechos antes que describirlos 48 . En ningún caso se minimizan, eso sí, los sufrimientos ocasionados como consecuencia de la política desarrollada por Francia, aunque se racionalizan en la medida en que las fuentes y la capacidad del investigador lo permiten. Como ya se ha indicado, se estudian aquellos factores que desde el exterior intervienen de un modo más o menos consciente para aliviar, o en su caso recrudecer, la situación de los refugiados: el papel de los organismos internacionales, pero también de los acontecimientos políticos, como el pacto Germano-soviético, en agosto de 1939. La entrada en la guerra de Francia supone solo ella, por la aceleración que imprime en las mecánicas de excepcionalidad jurídica, un nuevo marco de estudio, puesto que además suscita una creciente desatención hacia los exiliados que, por la falta de recursos, pasan a verse en una situación muy alarmante. La principal limitación de este escenario historiográfico radica, en todo caso, en su propia acotación temática –el estudio de la población española- y, con mayor gravedad, en la imprecisión con la que se traduce aquella. ¿Por qué? Porque el enfoque sobre una nacionalidad puede resultar demasiado ceñido cuando se trata de ofrecer una visión de conjunto, pero en cuanto a sí mismo resulta amplísimo. He aquí una oportunidad que aprovechar, porque si definimos a un grupo concreto y lo rastreamos más que nada dentro del contexto francés, evitaremos esa exagerada amplitud de lo español y no por ello perdemos la posibilidad de mirar hacia ese conjunto que es Francia. De cara a las cuestiones más discutidas sobre la acogida francesa –cantidad, grado de provisionalidad y receptividad-, existen una serie de principios comúnmente aceptados. El primero radica en que para el año 1939 el número total de refugiados que atraviesan la frontera en su huida no alcanzaría el medio millón. Javier Rubio ofrece la cifra aproximada de 470.000 refugiados -obtenida a partir de fuentes gubernamentales de la época, a la que se ha deducido el total de residentes españoles llegados con anterioridad a Francia o repatriados 49 -. El autor ofrece dos llamativos cálculos más. Uno un tanto aventurado mide el número absoluto de españoles que pudieron ser desplazados a lo largo de la guerra -unos 800.000-, mientras que el otro supone un 48 Se incluyen, en lo cuantitativo, toda clase de cálculos sobre la ocupación y relevancia de los refugiados en los campos y la sociedad francesa; el número de ellos asistidos por entidades públicas y privadas y el volumen repatriado, reemigrado, alistado en la Legión o integrado en las Compañías de Trabajo. 49 Partiendo de dos evaluaciones realizadas por las propias autoridades francesas con respecto al número total de refugiados –el informe Mistler, desestimado pronto, y el informe Mistler, del 9 de marzo, más preciso-. Rubio considera la cifra de medio millón o más de refugiados, dada en ocasiones, como un grave error nacido del descuido o del ánimo de engrosar un exilio que parezca más relevante como problema historiográfico. RUBIO, Javier: La emigración de la guerra…op. cit. (pp. 115-127). 22 cómputo porcentual del exilio y su reparto en el mundo: por cada veinte españoles exiliados, diecinueve se dirigen a Francia. En cuanto a si la recepción en el país fue prevista o no por las autoridades, existen dos impresiones predominantes. Si aceptamos que la presencia de un dispositivo de emergencia depende no sólo de la antelación previsora de una administración, sino de la prioridad que otorgue a las informaciones de disponibles, esas dos impresiones se resumirían del siguiente modo: la capacidad para prever una retirada republicana en la frontera fue inversamente proporcional a la prioridad que tal hecho recibió, y todo eso a pesar de las informaciones recibidas 50 . Cuanto más probable era la derrota en Cataluña, más hacían las autoridades francesas por retrasar la toma de decisiones efectivas –sirva decir que la caída de Barcelona era evidente sólo a medio plazo, y que lo que el Quai d’Orsay no quería ver la Segunda República lo tardó mucho más en contemplar 51 -. Francia, que por un lado procuró dar la imagen de no estar definiendo ningún modelo de acogida –lo cual era en buena parte cierto-, hizo tantear a cada prefecto su territorio para estimar la capacidad del país. La razón con la que se justificó esta inactividad radicó en que cualquier acto realizado con el propósito de preparar la retirada, la hubiera animado por derrotismo. La preparación, en todo caso, fue conceptual – no por la parte, téngase en cuenta, del dispositivo de seguridad-. De modo que se produjo lo inevitable. Admitidos de mala gana los refugiados en el interior del país, muchos de los autores españoles defienden que Francia buscó desembarazarse de ellos, ante todo, porque suponían una carga onerosa para el erario público 52 . Otros investigadores, como Rubio, asumen que efectivamente Francia pretendía descargarse de todas las obligaciones financieras posibles, pero que la consigna oficial fue la de respetar sus voluntades, en la medida en que existían muchos refugiados dubitativos. Si hemos entendido bien a este autor, no es tanto que Francia hiciera valer con religiosa deferencia la opinión de los refugiados sobre si querían o no repatriarse, sino que, dado el suministro perpetuo de voluntarios, rara vez se veía obligada a forzarlos –sin olvidar que las repatriaciones se vieron ralentizadas por las relaciones franco-españolas 53 -. 50 Advertencias en tal sentido las hubo desde el comienzo de la guerra, como las que profirió el embajador francés en Madrid Jean Herbette o, más tarde, el agregado militar francés teniente-coronel Morel, en marzo de 1938, así como el cónsul español en Perpiñán. Esta cita pertenece a una autora que veremos en breves páginas. DREYFUS-ARMAND, Geneviève: El exilio de los republicanos… op. cit (p. 80). 51 Puesto que hubo una petición de Negrín hacia Francia para la recepción de entre 100.000 y 150.000 refugiados no realizada hasta mediados de enero, fecha ya muy tardía. La propuesta con la que respondió Francia – la creación de una zona neutral donde pudieran agruparse los refugiadosfue rechazada por Franco. RUBIO, Javier: “Consideraciones sobre la actitud de los refugiados” en La emigración de la guerra…op. cit. 52 Esta impresión es generalizada pero, por ejemplo, se encuentra con fuerza en RAFANEAU-BOJ, Marie-Claude: “Capítulo VI: El final del viaje” en Los campos de… op. cit. pp. 127-144. 53 Lo que no hay que olvidar sobre las repatriaciones voluntarias es la angustia e inseguridad entre sus solicitantes, exasperados por la condiciones en que se vivía en Francia, pero nunca seguros del todo 29 grado profundidad, según cada cual- 72 . Se trataría, ante todo, de definir qué es el campo de internamiento; y aquí los hay que se sumergen en un estudio sobre su naturaleza o evolución y quienes prefieren ser más sucintos y ceñirse a lo que fue el campo francés en el año 1939 –esto es, lo que la opinión pública, la autoridad y los internos, dijeron que era- 73 . En otras palabras, unos autores estudian el campo francés y otros la Francia de los campos. A nosotros nos interesan ambas, en la medida en que la primera es útil para contextualizar el fenómeno de internamiento en un contexto más general y la segunda necesaria para establecerlo en su tiempo y lugar respectivo. Los espacios de internamiento franceses han sido clasificados en tres fases. Tal clasificación puede parecer un tanto artificial y de hecho así nos lo parece en su primer caso, cuando el intento definidor se enfrenta a la eclosión fortuita de todo tipo de campos –que tienen poco o nada en común-. Y es que como los refugiados habían llegado en invierno y no había nada, o casi nada, acondicionado para alojarlos, hubo que improvisar. Así, todas las medidas tomadas por el ejecutivo francés estuvieron marcadas durante varios meses por la más cruda provisionalidad. No sólo no había con qué acoger a los refugiados, sino que todo lo que suministró la autoridad competente estaba preparado para durar un periodo de tiempo escaso. Por tanto los poderes locales, bajo dirección estatal, hubieron de ser tan imaginativos como pragmáticos. Cualquier espacio cerrado o señalizado era apto si se encontraba el modo de disponer de él. Según la actitud de cada funcionario y sus posibilidades, presupuesto, cantidad y calidad de refugiados bajo su mando, las opciones podían variar enormemente 74 . Desde el modesto confort de un hostal al abandono de una noche de escarcha bajo las estrellas, todo era posible –los campamentos de reservistas e instalaciones médicas militares constituyen 72 Distingamos por ejemplo las perspectivas macroscópicas que ofrecen los trabajos comparados, como el de Javier, SÁNCHEZ ZAPATERO, Escribir el horror. Literatura y campos de concentración, Barcelona, Montesinos, 2010, donde se contraponen las distintas producciones literarias que generan los supervivientes de todo tipo de campos, a las producciones más especializadas, como los Holocaust Studies a los que representa AGAMBEN, Giorgio: Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo Sacer III, Valencia, Pre-Textos, 2000. 73 En la primera línea han trabajado GRYNBERG, Anne:“Les camps du sud de la France: de l’internement à la déportation”,Annale, Économies, Sociétés, Civilisation, vol. 48, nº 3 (1993), pp. 557- 566, y “1939-1940: l’ internement en temps de guerre les politiques de la France et de la Grande- Bretagne”, Vingtième Siècle. Revued’histoire, 54 (1997), pp. 24-33. FISHER, Nicolas: “L’ internementrépublicain”, PleinDroit, 58 (2003) (no paginado); BERNARDOT, Marc: “Des camps en France (1944-1963)”, PleinDroit, 58 (2003) (no paginado) ; WIEVIORKA, Annette: “L’expression «camp de concentration» au 20º siècle”, Vingtième Siècle. Revued’histoire, 54 (1997), pp. 4-12 ; CESARANI, David: “Camp de la mort, camps de concentration et camps d’internement dans la mémoire collective britannique”, Revued’histoire, 54 (1997), pp. 13-23 ; BADIA, Gilbert: “ Les camps d’internement en France, 1939-1944” en PESCHANSKI, Denis : De l’exil à la… op. cit. (pp. 119-125). En el segundo tipo se incluyen PESCHANSKI, Denis; RUBIO, Javier y DREYFUS-ARMAND, Geneviève. 74 La primera etapa, por su efecto traumático, es la que mejor reconstruyen los testimonios particulares y las historias «militantes». Véase RAFANEAU-BOJ, Marie-Claude:“Capítulo VII: El encierro” en Los campos de… op. cit. (pp. 145-182). 30 la excepción a la norma, pues su utilización no se planteó por razones de seguridad nacional-. Desde este caótico comienzo se perfila algo que ya puede empezar a ser sujeto de cierta definición, y así llegamos a una segunda etapa en la que se reconduce de manera progresiva a los refugiados hacia las zonas designadas dentro de cada área fronteriza: Vallespir, Cerdaña y Rosellón. En este último territorio llegaron a residir algo más de las dos terceras partes de la población internada; concretamente, en los campos de Saint-Cyprien y Argelès. La tercera etapa, para finalizar, se inicia en marzo y coincide con la «descongestión» de los anteriores campos, cuyas poblaciones se transfieren poco a poco hacia otros espacios mejor habilitados, como Barcarès 75 . A estas últimas etapas se les suman, en suelo francés, dos vías adicionales de asentamiento que no son para nada comparables. Una destinada a la población civil «inofensiva» para Francia, alojada en los tradicionales albergues y campos-hospital de etapas anteriores –Récebou, Noé-. Otra vía, mucho más siniestra, se destinó a los «revoltosos» o personas que, habiendo cuestionado de algún modo la disciplina francesa –y no de una forma explícita-, recibían un «trato especial». Esto dio pie a la reconversión de muchos campos en reductos disciplinarios. Así se hizo en enero de 1939 con Rieucros, destinado a recluir sólo mujeres, o el de Le Vernet d’Àriège, sobre el que existe una investigación galardonada con el premio nacional de historia Jean Maitron –año 2007 76 -. No podemos olvidarnos de Argelia, pues contó con su propia gama de campos de castigo y trabajo; los peores, probablemente, de todo territorio francés: Bou-Arfa, Colomb-Béchar, de Kendaza, Meridja, Hadjerat-m’Guil, Berrouaghia y Djelfa 77 . Las condiciones en los campos variaron muchísimo según cada momento y lugar, pero es fácil concebir qué clase de carencias se sufrieron. Los españoles se hacinaban en barracones que habían construido ellos mismos, en condiciones higiénicas y sanitarias deplorables. Cuando llegó el verano, se realizaron 75 Habilitado o no, el campo de Barcarès alojó a 70.000 y pronto hubo de ser él también descongestionado en lo que podemos considerar una prolongación de la tercera fase. Muchos de sus integrantes fueron repartidos en otros espcios: Le Vernet (Ariège) con 15.000 refugiados; Adge (Hérault), con 25.000, Septfonds (Tarn y Garona), 15.000; Bram, “campo modelo” (Auge), otros 15.000 y Gurs (Bajos Pirineos), 20.000 personas a partir de abril. Argelès y Saint-Cyprien, por supuesto, siguieron en activo. RUBIO, Javier: “Los campos de concentración” en La emigración de la guerra… op. cit. (pp. 287-354). 76 MAUGENDRE, Maëlle (FERNANDEZ, Alexandre y LAURENT, Sébastien, dir.) : De l’exode á l’exil. L’internement des républicains espagnols au camp du Vernet d’Ariège, de févier á septembre 1939, Universidad de Burdeos, Mémoria de Máster en Historia Contemporánea, 2006-2007. 77 Hubo un lugar en Francia especialmente odioso. La fortaleza templaria de Collioure, célebre por el trato inhumano y cruel dado a sus 347 internados, que supuso un escándalo para la opinión pública y condujo a la toma de medidas legales. L’HUMANITÉ: “L’ enfer de Collioure”, días 13 y 14 de mayo, nº 14753-54. Para los campos argelinos, véase: KATEB, Kamel: “Les inmigrés espagnols dans les camps en Algérie (1939-1941)”, Les Annales de Démographie Historique, 113 (2007), pp. 155-175 ; PEIGNÉ, Margot: “Les républicains espagnols exilés en Algérie (1939-1962)”, Bulletin del Institut Pierre Renouvin, 25 (2005) (no paginado) ; ALEYA, Amira: “Les réfugiés républicains en Tunisie”, Le Mouvement social, 181 (1998), pp. 31-51 ; y CHARAUDEAU, Anne (VINCENT, Bernard; dir.): Exils espagnols en Algérie (1936-1946), memoria DEA, EHESS, 1991. 31 reformas y la población interna se repartió algo mejor, aunque aún quedaron serios problemas que atender: una mala alimentación, la privación de libertad o el agobiante régimen de excepción del campo –donde, como no se podía hacer política, se hacía cultura 78 -. Lo que la población francesa y la comunidad internacional pudieran saber sobre los campos dependió en gran medida de la voluntad crítica de cada uno. Aquellos, que no se escondían a la vista de nadie, eran visitados por periodistas y por delegaciones de todos los colores políticos 79 . Las poblaciones próximas sabían lógicamente de su existencia, así como de las cuantiosas posibilidades económicas que generaban tanto en términos de demanda como de mano de obra barata. Además, con un estado atendiendo de manera tan pobre las necesidades de las poblaciones internadas o albergadas, la Francia más solidaria o sensible organizó sus propias misiones de ayuda. Esto nos conduce al tema de las organizaciones internacionales, gracias a las cuales los ciudadanos de gran cantidad de países, más que sus gobiernos, se interesaron por la suerte de los republicanos 80 . Hasta el momento hemos venido llamando a los espacios de detención previstos por el estado francés de un modo un tanto vago; refiriéndonos a ellos como campos franceses o de «internamiento». Sin embargo, cualquiera que se interese por el tema encontrará que por boca de los mismos actores coetáneos se les llamaba también «campos de concentración» –entre otras muchas denominaciones 81 -. ¿Por qué motivo hemos evitado esta designación? Nos gustaría empezar aclarando que, desde nuestro 78 El desarrollo de actividades festivas y culturales fue una constante en todos los campos que consistieron tales actividades, ya hablemos de los primeros días en el Rosellón o de los meses estivales en los campos avanzados. Sobre estos temas véase: CRUZ, José Ignacio: “Los barracones de cultura” en Clío, 26 (2002) (sin paginar); SALAÜN, Serge: “Educación y cultura en los campos de refugiados” y VILLEGAS, Jean-Claude: “La cultura de las arenas: prensa y edición en los campos de refugiados”, en VILLEGAS, jean-Claude: Plages d’exil… pp. 117-124 y 133-140. 79 Lo que los periódicos y las delegaciones afirmaban tras las visitas era tan variado que uno podría pensar que visitaban campos distintos. Para el tema fundamental del tratamiento en prensa de esta situación véase: GINESTA, Jean-Marie: “Les camps de réfugiés espagnols dans la presse française de 1939”, en VILLEGAS, jean-Claude: Plages d’exil… pp. 149-158. 80 Funcionaron con especial solvencia organismos como la Comisión Internacional para la Ayuda de los Refugiados infantiles en España, desde diciembre de 1937, o el Comité Internacional de Coordinación y de Información para la Ayuda a España, promotor de misiones internacionales de inspección de campos. La Federación de organismos de la Ayuda a los Republicanos españoles, actuando desde Argentina y México, la Cruz Roja, naturalmente, y desde las democracias anglosajonas, los cuáqueros, el National Joint Comité for Spanish Relief -iniciativa privada de la Duquesa de Atholl- o el Spanish Refugee Aid (SRA) desde Nueva York. 81 De «camps de concentration» hablan por lo general la prensa y los organismos internacionales. Puede suceder que también se utilice en ámbitos gubernamentales, aunque en canales oficiales se suele preferir apelativos como «camps d’internement» [internamiento], «camps d’hébergement» [hospedaje], «camps de triage» [clasificación], «camps de accueil» [acogida], «camps de transit» [tránsito] y los genéricos «camps des refugiés espagnols», «camps des miliciens» o «camp de...» seguido del topónimo o nombre del campo. PESCHANSKI, Denis: “Le France, terre de camps?” en PESCHANSKI, Denis : De l’exil à la… op. cit. (pp. 111-118). Los internados los llamaron «camps de la honte» [de la vergüenza] o «camps du mèpris» [del menosprecio], nombre de la ya citada obra de GRANDO, René et alii: Camps du… op. cit. 32 punto de vista, aludir al campo francés del año 1939 como «campos de concentración» sin aportar ninguna explicación complementaria puede inducir a error. Se nos ocurren tres motivos. A saber, porque primero sería necesario definir qué entendían por «campo de concentración» las administraciones, funcionarios, periodistas y críticos que recurrían al término. Segundo, porque tendremos qué aclarar qué otras maneras nos propone la historia a la hora de entender esta variable semántica –maneras responsables de hacer que la alusión a una «concentración» tenga una carga mucho más peyorativa que la referencia a un «internamiento» -. Tercero, porque dentro de la multiplicidad dinámica de espacios, marcos jurídicos y grupos perjudicados, deberá buscarse ante todo una denominación que procure, en la medida de lo posible, agrupar el máximo posible de tipos. Por lo demás, la cuestión de fijar qué es o no el «campo de concentración» puede derivar con facilidad en sendas tan indisolubles como absurdas. La noción de «campo de concentración» nos lleva a pensar con presteza en el campo nazi, sin que sea rara su asimilación con los «campo de la muerte». Siendo más estrictos, el campo de concentración y la denominación que así lo define tienen un origen colonial. Nace en la prensa inglesa a colación de la estrategia usada por las tropas británicas en los años centrales de la segunda guerra anglo-bóer (1899-1902), que a su vez imitaba la estrategia desarrollada por los españoles cinco años antes en la Guerra de independencia cubana (1895-1898). Según esta práctica, se recluía a la población civil en entornos vigilados, donde no pudieran proporcionar apoyo alguno a sus propios ejércitos nacionales, desplegados en forma de guerrillas 82 . Esta estrategia se caracteriza fundamentalmente por estar inserta en un marco bélico de excepcionalidad jurídica, y aunque no incluye ningún propósito de exterminio de cara a esa población internada, es frecuente que sí degenere en altos niveles de mortandad, dadas las condiciones de hacinamiento. La Primera Guerra mundial importa esta práctica colonial entre los países europeos, que ahora deben lidiar con un gran número de prisioneros –sobre todo los imperios centrales, y Francia 83 -. La época de entreguerras, que como sabemos fue un periodo de gran turbulencia política salpicado por todo tipo de enfrentamientos localizados, conoció también estos campos, aunque su propósito ya no fue el mismo. La guerra civil rusa (1917-1923) dio pie a una serie de «campo de concentración» donde subyacía una intención política «reeducadora»; algo parecido fue organizado a partir de 1933 bajo el régimen nacionalsocialista alemán, en los conocidos como «campo 82 Las tácticas de «reconcentración» propuestas por los mandos metropolitanos en ambos conflictos se habían ensayado previamente en ambos bandos durante la Guerra de Secesión americana (1861-1865. Para esta inmersión histórica véase: WIEVIORKA, Annette: “L’expression…” op. cit. (pp. 4-12). 83 El tema ha sido estudiado por FARCY, Jean-Claude: Les camps de concentration français de la Première Guerre mondiale (1914-1920), París, Anthropos, 1995. 33 salvajes» de las SA 84 . Estos campos ya no respondían a una lógica militar de tipo tradicional, sino más bien a una concepción novedosa de la política moderna. El Estado está en perpetua amenaza, y en consecuencia la nación debe velar por su integridad a toda costa. Incluso si eso significa privar de libertad, por procedimiento administrativo, a quienes pasan o habitan entre sus fronteras, encerrados de manera inmediata, preventiva y retroactiva. Cabe señalar que esta situación no se dio con exclusividad en las potencias aquejadas por profundas crisis de legitimidad parlamentaria, sino incluso en algunos de los estados de derecho que más a gala exhibían sus tradicionales libertades e inviolables derechos, como Gran Bretaña 85 . En el caso francés, para el año 1939, diversos investigadores sostienen que no podemos hablar técnicamente de campos de concentración: aunque existan mecanismos legales para el internamiento, este no responde a un plan premeditado de exclusión jurídica como a una política migratoria muy dura y a un creciente desorden socioeconómico 86 . Por tanto, los campos franceses que conocieron los españoles antes de la guerra no encajarían del todo con ese modelo «concentracionario» propuesto; no, al menos, de cara a ese origen histórico que hemos desarrollado - aunque con su libertad de movimientos anulada, los refugiados no eran en todo asimilables a prisioneros de guerra, dado que sí podían abandonar su encierro-, ni dentro de un proyecto sistematizado con anticipación 87 . Nada de esto invalida el hablar de campos de concentración, pues las mismas razones que hemos abducido para no hacerlo resultarían reversibles si utilizásemos otros criterios de clasificación –como hace Rubio, entre otros- 88 . De igual modo, resultaría del todo inconcebible discutir la legitimidad del término ante las comunidades de víctimas y memorias, o ante cualquier persona que a título personal quisiera comulgar con ellas, ya que no se trata de establecer una suerte de sentencia resolutoria allí donde la historia ni puede –ni debepronunciarse. Además, como defiende Nicolas Fisher, los campos no suelen mantener una definición jurídica única o uniforme en el tiempo sino que responden a las “modulaciones del poder” y a los contraejemplos externos que homologan “fórmulas internacionales de identificación, 84 EVANS, Richard: “El Estado policial. Instrumentos del terror” en El III Reich en el poder, Barcelona, Península, 2007, pp. 89-124. 85 Sobre los procedimientos de internamiento y campos británicos: GRYENBERG, Anne: “L’internement…” op. cit. (pp. 24-33) y CESARANI, David: “Camp de…” op. cit (pp. 13-23). 86 Esta sería la opinión de WIEVIORKA, Annette: “L’expression…” op. cit. (pp. 4-12), y de RUBIO, Javier: “Los campos…” en La emigración de la guerra… op. cit. (pp. 287-354). 87 Entrecomillado de ROUSSET, David: L’ Univers concentrationnaire, París, Pavois, 1946. Coincide con nosotros PESCHANSKI, Denis: Los campos… op. cit.; “le camp de concentration appelle une volonté politique qui dépasse la gestion d'une conjoncture d'exception et il génère une autre société avec ses lois propres” (p. 2). 88 Suscribiendo las reservas que hemos enunciado para el uso del término, Rubio lo prefiere en el momento en el que un régimen de vida determinado es organizado en el conjunto de los campos. RUBIO, Javier: “Los campos…” en La emigración de la guerra… op. cit. (pp. 287-354). 34 seguridad y cuarentena” 89 . Los campos especiales o disciplinarios franceses introdujeron elementos reeducadores –en qué medida nos es difícil precisarlo- y, ahora sí, claras nociones de represión –particularmente en Argelia, donde los castigos físicos eran la norma y la muerte una consecuencia recurrente-. ¿Cómo respondemos a esto? Para empezar, evitando el asignar a cada categoría de internamiento niveles de letalidad preconcebidos, salvo que se aluda, claro está, a los campos alemanes especializados en el asesinato masivo – los «campo de la muerte» -. Debemos entender que estos últimos han desterrado de sí tanto el propósito dirigido al aislamiento de poblaciones peligrosas como a su reeducación; sólo se limitan a eliminar a cuantas víctimas reciben. Huelga decir, eso sí, que si bien este propósito genocida no nació en los primeros espacios «concentracionarios -porque se inscribe en cierta manera en el contexto de la guerra mundial-, sí que se explica gracias al papel sustancial jugado por la idea de raza dentro del proyecto nacionalsocialista 90 . Con todas estas ideas pretendemos ilustrar cómo dentro de la heterogeneidad y dinamismo del campo rara vez se dan a la par todas las intencionalidades descritas, sin que por ello lleguen a un estado absoluto de ausencia 91 . En lo que le toca al campo francés lo que se buscó, al inicio, fue internar a los refugiados y, seguidamente, su explotación como reparación ante el quebranto económico que habían supuesto. Esa explotación pudo no ser esclava -pues tuvo remuneración y en principio quedó reglada y se ofreció a título voluntario-, pero terminó operando en condiciones draconianas. En el campo, asimismo, pereció un considerable número de españoles. ¿Fue ese un propósito oculto del gobierno francés? Que la respuesta a esta pregunta sea negativa no debe esconder la evidencia de que las autoridades francesas no hicieron gran cosa por evitar que muchas de estas personas afrontaran semejante final –sobre todo en los primeros momentos de “La Retirada”-. Las heridas y la enfermedad, pero también el frío y el debilitamiento, mataron a un número de refugiados difícil de precisar 92 . De todos modos, aunque puedan discutirse estas cuestiones, no creemos que sea del todo 89 El primer entrecomillado pertenece a FISHER, Nicolas: “L’ internement…” op. cit (no paginado), el segundo a BERNARDOT, Marc, “Des camps…” op. cit. (no paginado). 90 Donde además el campo, y no sólo como papel de exclusión o castigo, jugaba un papel fundamental. Para profundizar en esta cuestión véase FRITZSCHE, Peter: Vida y muerte en el Tercer Reich, Barcelona, Crítica, 2008. 91 Junto al campo nazi, el campo soviético o Gulag fue el que que más cantidad de voluntades trabó –y durante más tiempo-: voluntad de excluir, de reeducar, de castigar, de explotar y de eliminar. SOLZHENITSYN, Aleksandr Isaevich: Archipiélago Gulag, Barcelona, Plaza y Janés, 1980. 92 Esta cuestión entraría dentro del tema cuantitativo del exilio que mencionásemos al hablar de la historiografía española al respecto, y por ser uno de los más sensibles, es donde más polémica existe. A grandes rasgos, podemos decir que las producciones «militantes» defienden cifras de fallecidos que oscilan en torno a los 14.672 –cifra ofrecida por VILANOVA, Antonio: Los olvidados, op. cit; que se ha tomado como cierta desde entonces en, por ejemplo, mientras que los autores del entorno académico las reducen significativamente –a unos 3000, PESCHANSKI, Denis: “Le France…” en PESCHANSKI, Denis : De l’exil à la… op. cit. (pp. 111-118)-, o no se atreven ni a darlas - RUBIO, Javier: “Los campos…” en La emigración de la guerra… op. cit. (passim). 35 adecuado, ni mucho menos, el atribuir una faceta asesina a estos espacios. A menos claro está que salgamos de nuestro campo de estudio y nos refiramos al modelo de internamiento que se da bajo Vichy, muy influenciado por esa dimensión racial del campo alemán, donde se definió un modelo de exclusión jurídica vertebrado sobre esa misma red de campos ya preexistentes 93 . La continuidad que pueda existir entre una fase y otra es un punto de debate capital dentro de la historiografía francesa 94 . Más allá de estas valoraciones, lo cierto es que el régimen de Vichy no sólo satisfizo ciertas demandas exigidas por los poderes franquistas, de cara a la extradición –y en muchos casos fusilamientode personalidades republicanas, sino que por las condiciones del armisticio del 22 de junio intercambió con el Tercer Reich prisioneros propios. Entregó entonces a muchos alemanes antifascistas que serían deportados junto con numerosos españoles capturados en las Compañías de Trabajadores Extranjeros. Como es bien sabido, muchos no regresaron. Luego, y esto también es conocido, quedó implicado en la localización, detención y deportación de miles de judíos –muchos de ellos franceses-, que pasaron a engrosar las víctimas del Holocausto nazi. Esta implicación final de las autoridades de Vichy reflejó, como es materia de consenso entre los especialistas, la mayor degradación de su ya denostada legitimación política 95 . 93 Aunque citamos abundantemente la obra de PESCHANSKI, Denis: Les camps français… op. cit; para hablar del exilio republicano, este es su principal tema de estudio. 94 Para GRYNBERG, Anne: “Les camps du…” op. cit (pp. 557-563), es un «reduccionismo » considerar que ya existe un germen en la Tercera República que conduzca al campo en Vichy, aunque sí reconoce la presencia de una infraestructura legislativa y material utilizable para tal fin –hecho en lo que incide BADIA, Gilbert: “Les camps…” en PESCHANSKI, Denis : De l’exil à la… op. cit. (pp. 119-125), al recordar que el equipo funcionarial y profesional presente en los campos lo está en todas sus etapas-. Para este autor no hay “fronteras estáticas” entre Vichy y el Tercer Reich, toda vez que millares de personas son deportadas hacia la muerte. Para PESCHANSKI, Denis: Les camps français… op. cit (passim), la Tercera República se define por una lógica de excepción, mientras que el régimen de Vichy eleva esta lógica a un estadio cualitativamente superior, de exclusión. 95 Lo que menos se indica, eso sí, es la continuada utilización y disposición, tras la Liberación y ya establecidas la Cuarta y Quinta Repúblicas, de estas fórmulas excepcionales de internamiento que se emplearan en los años aquí aludidos Para Marc Bernardot estos campos, que define como “forma extrema de modelo de higienismo coercitivo”, cumplen en Francia a lo largo del siglo XX un propósito que se caracteriza por cuatro rasgos –provisionalidad, reutilización, cobertura eufemística y funcionalidad doble: colonial y represora-, y que sigue presente en las décadas de los años cincuenta y sesenta, en los conocidos Centres de séjour surveillé y los posteriores Centres d'Assignation de Résidence Surveillée de 1957, en el contexto de la guerra de Argelia. BERNARDOT, Marc, “Des camps…” op. cit. (no paginado). 36 2. Análisis de fuentes primarias. 2.1 Fuentes documentales. El árbol de la historia contemporánea tiene propensión al crecimiento desmesurado. Sus anillos de información se han dilatado para cubrir las necesidades organizativas de una sociedad tan compleja como confusa. Esto supone una generación de documentos oficiales abrumadora que no hace sino crecer en los años de contienda, allí donde incluso los episodios más oscuros dejan una buena porción de material gráfico o escrito -pues es frecuente que quien perpetra un perjuicio no llegue a borrar todas sus huellas-. Los estados policiales y excepcionales, por ejemplo, encuentran muy difícil purgar sus entresijos burocráticos de aquellas informaciones más comprometedoras, y aunque esto apunte sobre todo a la Alemania nazi o al Régimen de Vichy, la Francia de 1939 también puede verse aludida, sólo que en menor medida. Los informes, circulares, comunicaciones internas y telegramas secretos motivados por la irrupción de los refugiados españoles suman de igual modo un número ingente. Francia es un país de temprana modernización y centralización. Sus departamentos –casi todos, que suman hoy un centenar-, datan de 1789 y son la fibra muscular en torno a la cual se mueven tanto los impulsos locales como aquellos provenientes del poder central. Son por definición fuentes naturales de información administrativa, y por ello los consideramos como el núcleo nodal de nuestras fuentes documentales. Junto a ellos van de la mano todos aquellos registros judiciales, policiales y nacionales, así como militares, asociados 96 . Más allá de los archivos referidos existen otros centros culturales o documentales no necesariamente gubernamentales, pertenecientes a organizaciones o a particulares privados, muchos online 97 . Por supuesto, no nos podemos olvidar tampoco de los archivos y recursos web españoles, o de la prensa de la época francesa, muchos de cuyos títulos se encuentran a nuestra disposición en formato digitalizado 98 . 96 Sólo en París: Archivos Nationales Archives du ministère de l’Intérieur, Archives nationales d’Outre- Mer, Archives de la justice militaire, Archives de la préfecture de pólice de Paris, Service historique de l’Armée de terre y Service historique de la Gendarmerie. Ibídem. 97 Por ejemplo los Archives de la Bibliothèque de Documentation Internationale Contemporaine, donde se recoge la documentación referente a la actuación de las Ligas extranjeras y sus relaciones con el gobierno. MAUGENDRE, Maëlle: “Sources d’Archives” en De l’exode... op. cit. (pp. 202-220). Sobre los espacios online véase el apartado de Fuentes y Bibliografía “Portales y sitios web” (p. 83). 98 Algunos de los principales periódicos nacionales y regionales pueden encontrarse digitalizados en los portales de la Bibliothèque municipale de Toulouse -por ejemplo, Le Midi socialiste, L’Express du Midi, Le Journal de Toulouse o Le Cri de Toulouse-, o en la Bibliothèque numérique Gallica -L’ Humanité; Le Temps, L’Action française y muchos más-. Para el Departamento de los Pirineos Atlánticos no hemos encontrado prensa digitalizada que sea anterior a 1945, aunque aquella con la que trabaja Maugendre para L’Ariège la obtuvo en los mismos archivos departamentales. Ibídem. Del lado español podemos añadir los fondos del Archivo Histórico del Partido Comunista, el Arxius de Catalunya, los archivos subvencionados por el Ministerio de Cultura -La sección de la Biblioteca Virtual 37 Nuestra experiencia directa hasta el momento se circunscribe a la visita de los Archives Départementales de Basses-Pyrénées, en Pau, donde a partir de un preselección sobre el índice de la Serie M nos centramos en las secciones alfabéticas que más información nos pareció albergaban sobre los refugiados, eligiendo entre ellas los ficheros numéricos más prometedores 99 . En este conjunto los documentos consultados más abundantes corresponden al Cabinet du Préfet y al Service de Police, porque son ellos quienes las tramitan las peticiones del gobierno central y de los refugiados, vigilan el tránsito y comportamiento de los internos y componen la estimación del gasto público derivado de todo ello. Un mismo modelo administrativo se repite una y otra vez con fórmulas que esquivan por lo general toda franqueza – desaliento, efusividad, crítica-, pues la formalidad es la norma tácita en estos escritos, y por eso las excepciones son tan relevantes y los matices bajo el protocolo tan significativos. Lejos de tratar sólo los campos, existe una documentación igual de abundante sobre el trato previsto para los ancianos y heridos, o bien familias sin recursos, dos de los colectivos que pretendemos seguir en los archivos. Asimismo, sorprende el alto número de notas manuscritas que acompañan a estos documentos. Son notas de los afectados, de los internos, de sus familiares o de otros particulares que resultan en cierto modo testimoniales - aunque el hecho de apelar a una autoridad haga que vigilen mucho lo que dicen y cómo lo dicen-, porque son el reflejo de las angustias por las que pasaron los refugiados. Estos manuscritos responden a la iniciativa de un pequeño sector de la ciudadanía francesa, así como de los propios españoles huidos – madres, esposas, hermanosque interceden por sus familiares. Por lo que hemos podido comprobar hasta el momento, a la hora de tratar estas fuentes debemos atender a dos cautelas. La primera y más elemental corresponde a la propia normativa de utilización de archivos. Más allá de las obvias consideraciones de atención y limpieza que requiere toda consulta, la reutilización de informaciones públicas está consentida dentro de unos límites de uso determinados –reproducción ajustada de imágenes, uso no comercial de las mismas y correcta citación de aquellas 100 - . Una Tesis Doctoral futura deberá observar estas restricciones, y tendrá que asesorarse bien sobre cómo solicitar un uso más amplio de estas fuentes, puesto que bajo las condiciones ordinarias difícilmente podrá incluir en su extensión más de veinte reproducciones documentales, cifra exigua para un trabajo doctoral. La segunda cautela, mucho más compleja, es de tipo metodológico. Miguel de Cervantes sobre el Exilio, el Archivo Carlos Esplá o el Museu Memorial de l’Exili-, sin olvidar todo tipo de recursos online, como documentales, blogs especializados y otros portales –véase en el Apartado de Fuentes Documentales. 99 CONSEIL GÉNÉRAL DES PYRÉNÉES-ATLANTIQUES, Service départemental des archives (Pau). Administration générale et économie du département. Répertoire numérique de la Série M. 1800-1940. Secciones alfabética y ficheros numéricos consultados: 1M: Administration générale du departement (Camp de Gurs), 172, 182-186 ; 4M: Police, 244-245, 250; y 10M: Travail et main-d’œuvre, 8. 100 Para ver el documento original firmado en los Archivos véanse los Anexos (17: p. 106). 38 Los documentos con los que trabajamos poseen cuatro limitaciones principales – algunas de ellas irremediablesque conviene tener en cuenta. La primera es su disposición misma. Aunque no tenemos ninguna crítica que hacer sobre ella, puede generar problemas si no somos precavidos. Ciertos documentos ofrecen a la hora de inventariarse motivos para estar recogidos en dos o más ficheros, de modo que la persona responsable de organizarlos habrá de decantarse por uno o por otro. El investigador, acto seguido, deberá saber prever estos inconvenientes y no conformarse con seguir sólo los títulos de indexación más evidentes. La segunda limitación responde al tratamiento de los documentos. Todos ellos nos dan algún tipo de información y nos proporcionan fechas precisas y autores definidos. Además, en la medida en la que se trate de comunicaciones oficiales o telegramas, la letra será mecanografiada y no nos presentará las dificultades de aquella manuscrita. Si además tenemos suerte, algunos documentos formarán secuencias enteras. Pero esto no siempre ocurre. A veces no hay fechas, o parecen equivocadas, o faltan datos varios –un remitente, un destinatario, de los que a veces consta el nombre y otras el cargo-. Muchos documentos suponen solicitudes que inician trámites que luego quedan inconclusos, y algunas notas escritas a mano resultan ilegibles. Todo esto afecta a nuestra capacidad para sacar conclusiones y generalizar explicaciones a partir de los documentos, y aunque uno sea paladinamente claro y completo, seguimos sin saber nada personal sobre quién lo escribe. La tercera limitación la aportamos nosotros, como investigadores, en nuestros errores y omisiones, más aún en nuestras selecciones. Con una semana de trabajo no hemos podido consultarlo todo. De cuánto hemos fotografiado, algunas cosas han resultado inservibles o incompletas, otras las hemos perdido por los caprichos y descuidos informáticos. La cuarta y última limitación supone la suma de las anteriores y podría expresarse del siguiente modo. ¿En qué grado son representativas las fuentes que hemos localizado? Téngase en cuenta que el departamento de Basses-Pyrénées no fue, dentro del Mediodía francés, el que recibiera mayor número de refugiados. En este sentido, no está fuera de lugar suponer que las actuaciones que hemos constatado para nuestro departamento se reproducirán probablemente en los demás, pero esto es algo que sólo podemos comprobar en la medida en que los visitemos, tarea que desarrollaríamos en el curso de esa posible Tesis Doctoral futura 101 . 101 Los territorios de acogida franceses fueron todos aquellos comprendidos dentro de las tres regiones colindantes con España, que son de oeste a este: Aquitaine, Midi-Pyrénées y Languedoc-Roussillon. Estas tres regiones suman un total de dieciocho departamentos,y aunque es un poco aventurado el clasificarlos en base a su idoneidad para nosotros, hemos seleccionado de entre ellos los que a primera vista nos parecen más representativos. De nuevo de oeste a este: Lot-et-Garonne, Landes y Basses Pyrénées (el único ya consultado) –en Aquitaine-, L’Ariège, Haute Garonne, Hautes-Pyrénées y Tarn -en Midi- Pyrénées- y, para finalizar, Pyrénées-Orientales, Aude y Hérault –en Languedoc-Roussillon-. En el apartado de Fuentes Documentales –Archivos departamentales (p. 81)-, los hemos incluido a todos tras realizar un vaciado online sobre sus fuentes en línea, muy desiguales –ni todos los archivos presentan registros numéricos igual de bien organizados ni estos son siempre fáciles de encontrar-. Para este vaciado hemos recurrido al recurso en red: GENEAWIKI, Archives en ligne, 2012, (http://fr.geneawiki.com/index.php/Archives_en_ligne), [consultado 11/11/12]. 45 a la misma legalidad republicana 115 . Había que evitar a Francia toda sobrecarga financiera, amén de que la acogida de refugiados podía no gustar a la masa desempleada ni a los grupos de presión tan distanciados desde el punto de vista ideológico con quienes solicitaban asilo. Esta política fue suficiente hasta el año 1939, cuando el ritmo de llegada de refugiados se incrementó de forma vertiginosa –recuérdese que cruzan la frontera 250.000 ex milicianos, muchos de ellos armados-, a la par que disminuía la posibilidad de canalizar ese flujo de vuelta por la frontera, que ya pertenecía sólo a Franco. En esta coyuntura, Francia no sólo no podía evitar que la diáspora republicana se dirigiese hacia ella, sino que tampoco podía negarle el paso sin precipitar un desenlace violento. Puesto que la mayor parte de la nación asumía esta limitación – realmente eran una minoría quienes abogaban por mantener a la fuerza el cierre fronterizo-, puede parecernos que el debate debió orientarse hacia cómo planificar el gasto menos gravosa posible para el Estado. En cierta manera esto sucedió así, pero ante la existencia de una creciente hostilidad hacia los refugiados, debemos empezar a plantearnos si el deterioro en la situación económica del país fue causa suficiente para tanto rechazo, o si subyacieron otras motivaciones más profundas en este ludibrio. Para tratar de explicar el panorama sociopolítico por el que atravesó Francia en la primera mitad del siglo XX se suele acudir al concepto de «crisis de identidad», es decir, ese clima de profunda frustración ciudadana caracterizado por la existencia de proyectos políticos insatisfechos que minan el ánimo nacional y que además pueden llegar a poner en entredicho, por un lado o por el otro, la legitimidad del Estado 116 . Con semejante definición cabría preguntarse, para el periodo de entreguerras, en qué medida esta no fue una crisis de alcance europeo. Considérese el caso de España y la Segunda República, que si bien no estuvo nunca llamada a atravesar por una contienda civil sí que padeció el profundo desgaste político de un acoso temprano -tanto desde dentro como desde fuera-; por no mencionar su pésimo estado de ánimo nacional, del que políticos e intelectuales todavía no habían dicho la última palabra. Fuera como fuese, lo cierto es que Francia había sido, y en cierta manera seguía siendo, un país del que un extranjero podía albergar buenas expectativas en materia de trato y acogida. La propia República francesa estaba acostumbrada a tenerse a sí misma en muy alta estima, pero los años treinta y más concretamente la guerra y la derrota (1939-1940), reforzaron en ella una serie de tendencias autoritarias y punitivas cada vez más acusadas. Tendencias que no venían del exterior, en absoluto, sino que habían sido elaboradas desde entornos políticos, económicos e intelectuales autóctonos. Hasta este momento de mayor 115 El articulado “derechos y deberes de los países neutrales en la guerra terrestre” indicaba de manera explícita que los bandos beligerantes deberían ser internados y no repatriados, pero Francia no se ciñó a él. Al dar a elegir a los refugiados el lado fronterizo por el que regresar se cuestionaba implícitamente la legitimidad republicana. RUBIO, Javier: La emigración de la guerra… op. cit. (p. 41). 116 WEBER, Eugen: La France des années 30. Tourmentes et perplexités, Paris, Arthème Fayard, 1995. 46 escisión, por supuesto, cada sector ideológico pudo admirar su paisaje de glorificación nacional preferido, ya fuera el de 1789 o el de 1814 –Revolución francesa y Restauración borbónica, respectivamente-. Incluso la Primera Guerra mundial, que aguardaba en su seno todo tipo de frustraciones nacionales y horrores sin nombre, podía reinterpretarse en clave de victoria: bien de la civilización, bien de la paz, o de la supremacía francesa. Las previsiones para los años venideros delinearon, con inocencia pero con coherencia, un futuro esperanzador, pues, ¿a qué otra cosa podían conducir los sacrificios y esfuerzos afrontados? Pero los propósitos por los que Francia luchó y malogró su juventud se desbarataron pronto, una vez la situación internacional comenzó a tomar un cariz contrario a sus intereses –a lo que se sumaron los nocivos efectos de la Gran Depresión 117 -. La frustración fue en aumento y afectó en gran medida a la visión que se tenía de los inmigrantes. Para mediados de los años treinta no eran españoles los únicos contingentes que asilaba Francia. Como es evidente, a la altura de 1936 existían otras muchas comunidades de extranjeros y refugiados. Por delante del grupo español, que suponía unos 250.000 efectivos en este momento, vivían en Francia 720.000 italianos y 420.000 polacos. En este mismo año, de entre una población total de casi cuarenta y dos millones de personas, más de dos millones de ellas no habían nacido en Francia 118 . A ellos se agregarán en 1939 los 470.000 españoles que ya hemos estudiado, pero también otros 400.000 refugiados alemanes y austríacos llegados en octubre de 1939 desde el Reich 119 . En este momento Francia es presa, como la mayor parte de Europa, de una xenofobia y desconfianza notables; nacidas, como no puede ser de otra manera, del miedo y la decepción nacional 120 . La Tercera República francesa, desde sus comienzos, había estado marcada por frecuentes rebrotes de antiparlamentarismo; por escándalos políticos, tramas corruptas y viejas inercias extremistas 121 . Estas inercias tenían 117 Estamos reconstruyendo la manera en laque Francia vivió estos acontecimientos en su papel de potencia, no desde un planteamiento de riguroso análisis histórico. Con aquél, constataríamos cómo Alemania sufrió muchísimas más constricciones en política internacional y crecimiento que Francia. 118 VORMEIER, Barbara : “La république…” en PESCHANSKI, Denis: De l’exil… opcit. (pp. 13-26). 119 PESCHANSKI, Denis: “Étrangers et refugies en France a l’aube de la guerre” en Les camps français… op. cit. (pp. 31-34). El autor recuerda que esos 250.000 españoles que están en Francia en el año 1936 no incluyen a los 90.000 presentes en Argelia, y añade que para estas fechas Francia podía considerarse en materia de extranjeros como el primer país receptor del mundo –en proporción al menos-. 120 El tema de la xenofobia en Francia ha comenzado a estudiarse desde hace relativamente poco: SCHOR, Ralph: Histoire de l'immigration en France de la fin du XIXe siècle à nos jours, Paris, Armand Colin, 1996; y Français et immigrés en temps de crise (1930-1980), París, L'Harmattan, 2004; MINCES, Juliette: Les travailleurs étrangers en France, París, Le Seuil, 1973 ; GERVEREAU, Laurent ; MILZA, Pierre y TÉMIME, Emile (dir.): Toute la France. Histoire de l’immigration en France au XXè siècle, París, Somogy éditions d’art, 1998; LEQUIN, Yves: Histoire des étrangers et de l’immigration en France, París, Larousse, 2006, y DORNEL, Laurent (NOIRIEL, Gérard; dir.): La France hostile. Histoire de la xénophobie en France au XIXe siècle, Tesis Doctoral por la Universidad de París, EHESS, 2002. 121 El antisemitismo latente en los Affaires Dreyfus o Stavisky; los escándalos casos de corrupciones Oustric o Hanau; la eclosión del pensamiento de Charles Maurras o Maurice Barrès; la intromisión de las ligas patrióticas o partidos de masas como Action française, pero también de grupos de ex combatientes y 47 profundas raíces, no cabe duda, pero alcanzaron una preponderancia política inusitada frente a las corrientes de izquierda. Sin ir más lejos, mídanse si no las expectativas políticas encendidas por la coalición «frentepopulista» vencedora en las elecciones de abril del año 1936. Compruébese luego con qué velocidad se derrumbaron ante las presiones internacionales –del Foreing Office británico-, o internas –prensa y oposición, que formaron un dúo demoledor. En su momento, a pesar de todo, pareció que el gobierno presidido por Léon Blum sería capaz de modificar el estatuto jurídico de los refugiados, dolorosamente resentido para esas fechas. Se abolieron, de hecho, algunas disposiciones y se amplió el reconocimiento Nansen, mientras que los refugiados sarros quedaron al cuidado de una Oficina específica 122 . Incluso hubo alguna tentativa de llegar más allá mediante la formación de un organismo general que pudiera encabezar una política decidida en temática de refugiados, pero el rápido desgaste del gobierno y sus constantes pasos atrás dejaron el regusto de haber vivido una oportunidad perdida 123 . Entre junio de 1937 y marzo de 1938, Blum fue sustituido en la jefatura del gobierno «frentepopulista» por Camille Chautemps. Se promulgó entonces una medida con ciertos precedentes históricos, por las que se obligaba a regresar a España a todos los españoles varones de entre dieciocho y cuarenta y nueve años refugiados en Francia desde el Alzamiento -ordenanza del dieciséis de octubre- 124 . A continuación, la sucesión del poder ejecutivo en las manos del líder radical Édouard Daladier cortó con el titubeo de sus predecesores en materia de inmigración, al promulgar los decretos de abril y noviembre que ya hemos descrito. Una de las razones de peso que permiten comprender paramilitares, y los consiguientes disturbios de su irrupción en la vida pública, como los del 6 de febrero de 1934, son buenos ejemplos. WEBER, Eugen: La France des… op. cit. 122 Escasamente estudiado nos parece el caso de los refugiados sarros que en el año 1936 huyeron de la cuenca del Rhur, ante su ocupación por los alemanes. La importancia de este grupo no reside en su número, sino en que supusieron para Francia un primer ensayo de ese mismo internamiento que luego se empleó con los españoles -y todo a pesar de los malos resultados que generó-. DREYFUS-ARMAND, Geneviève: El exilio de los republicanos… pp. 39-40. 123 Así lo considera SCHOR, Ralp : “L’opinion française et les réfugiés d’Europe centrale (1939-1939)” en PESCHANSKI, Denis: De l’exil… op. cit. (pp. 27-42). Para otra autora participante en este volumen - VORMEIER, Barbara : “La république…” en PESCHANSKI, Denis: De l’exil… opcit. (pp. 13-26)-, el problema radicó en no haber planteado la defensa de la inmigración dentro de un programa de recuperación demográfica. Este debate, que nos parece capital para entender la Francia del año 1939, suele ser por completo ignorado en casi todas las obras consultadas. 124 Hemos podido comprobar el impacto de esta medida en la prensa del departamento objeto de estudio. Los periódicos más neutrales, como “Le courrier”, en San Juan de Luz, se lamenta del perjuicio económico que va a suponer esta medida entre los comerciantes, en cuyas ganancias los refugiados suponían un aporte importante (27 de octubre); por su parte, el diario de Biarritz es mucho más agresivo. Admitiendo que entre aquellos “plus préocupés d’espionnage que de tourisme” se encuentran seguramente muchos refugiados inocentes, concluye que “il n’est pas possible de faire une omelette sans casser des œufs” (octubre, no consta día). “La Presse” se muestra a favor de la medida, aunque sin efusividad (“Choses d’Espagne”, 25 de octubre), mientras que dos días después la consideran una “decisión enérgica y saludable”. El diario de Bayona “Le patriote”, abre el 6 de noviembre con el titular “A la porte, les agitateurs!”, y se refiere a la medida como «inoperativa», en la medida en que gran parte de los afectados se zafan alegando no poder costearse el desplazamiento. Sólo el diario socialista “Le Travail” se posiciona en contra de la disposición, en una publicación que hemos incorporado en los Anexos (4: p. 95), -“A propos du rapatriement des réfugiés espagnols”, 7 de noviembre-. Fuente: 4M Police. 245: “Opinions face aux réfugiés”. 48 mejor cómo la sociedad francesa se fue aviniendo a lenguajes y gobiernos más restrictivos reside en el desmoronamiento del orden internacional. La política expansiva alemana no sólo impulsó una reacción de rearme o vigilancia, sino que insufló vida a un sentimiento muy interiorizado en la Francia del momento, al mismo al que historiador Marc Bloch reservaba tan duras críticas en sus últimos escritos 125 . Nos referimos a ese «pacifismo» e «internacionalismo» que tanto divició a la opinión pública, y que se encuadraba dentro de una lógica muy temerosa frente a unas provocaciones que se entendían irresponsables. El extranjero, el comunista y el judío se fundían a la postre en un chivo expiatorio que explicaba la inseguridad ciudadana, el desequilibrio económico y la posible ruptura de la neutralidad. Donde ya habían traído miseria e inseguridad, aún podían traer la guerra, y es en este preciso lugar y momento histórico, cuando Francia se ve –o se creecompletamente asediada. “La Retirada” comienza. 3.2 El campo de Gurs 126 . Construido en la primavera de 1939 para descongestionar los superpoblados campos del Rosellón francés, comenzó a funcionar bajo el mando especial del general Ménard, comandante del XVII corps d’armée, a partir de abril. Las cuatrocientas veinte y ocho barracas del campo fueron construidas por los propios internos. Trescientas setenta y dos para los milicianos que se repartían en trece islotes –cada uno con su enfermería y sus duchas-, trece cocinas, cuarenta y cinco barracas para la tropa, cuatro para los servicios de Intendencia, siete para los de Sanidad, dos hangares para vehículos, dos locutorios y un puesto de guardia; todo rodeado por unos doscientos cincuenta kilómetros de alambrada 127 . Para la construcción, reparación y dotación de sus diferentes espacios y servicios, el gobierno francés empleó a sus empresarios locales, a quienes contrató por mediación de los Services spécial d’aménagement du camp des réfugies espagnols, que efectuaban convocatorias públicas para analizar luego cada oferta y presentar una valoración a la administración –en la medida en que estaban cualificados para ello, como el ingénieur d’arrondissement, el señor Larribau, o el 125 El historiador, que “escribe como francés” –en sus propias palabrasaporta una mirada descarnada y lúcida sobre la situación moral en que vivía Francia durante los años previos a la guerra. BLOCH, Marc: “Examen de conciencia de un francés” en La extraña derrota, Barcelona, Crítica, 2009, pp. 129-166. 126 Como bibliografía básica ya hemos citado las obras de Claude Laharie y de Josu Chueca –Le camp de Gurs... op. cit. y Gurs. L’art... op. cit., del primero; y El campo vasco, op. cit. del segundo--, pero aún podría añadirse el libro escrito por Janna Schram y Bárbara Vormeier, así como dos volúmenes más escritos por investigadores alemanes –aunque ambos se centran, lógicamente, en su existencia dentro del periodo de ocupación alemana-: SCHRAMM, Janna y VORMEIER, Bárbara: Vivre à Gurs : un camp de concentration français 1940-1941, Paris, Máspero : Actes et Mémoires du Peuple, 1979; LINGNER, Max: Gurs. Bericht und Aufrug. Zeichnungen aus einem französischen Internierungslager, Berlín, Dietz, 1941 y MITTAG, Gabrielle: Es gibt Verdammte nur in Gurs, Tübingen, Attempto, 1996. 127 Obtenido del avant-projet del cuerpo de Pont et Chaussées -de la Prefecture de Paupara el 4 de mayo de 1939, titulado “Organisation du service et echelonnement des travaux”. Fuente : 1M Camp de Gurs (1939-1940). 182: “Service spécial d’aménagement du camp des réfugies espagnols de Gurs”. 49 ingénieur en chef del servicio de Ponts et Chaussées, el señor Blanchet- 128 . Estas valoraciones nos llaman la atención por dos motivos. En primer lugar, nunca en ellas – ni una vez, por cuanto conocemosse habla de Gurs como «campo de concentración», lo cual es una excepción dentro de su mismo entorno funcionarial. En vez de eso se habla de Camps de réfugies espagnols de Gurs, de Camp d’Accueil des réfugiés espagnols de Gurs, o incluso de Camp de rassemblement des personnes de nationalite etrangère –aunque, claro está, lo más habitual para todos es decir simplemente Camp de Gurs 129 -. En segundo lugar, la tendencia de los informes realizados por los ingenieros, compartida por el gobierno, fue la de seleccionar los proyectos más económicos, lo que no evitó que las obras definitivas terminasen sumando doce millones y medio de francos en gastos 130 . La instalación del campo, como podemos presuponer, no estuvo exenta de críticas y ruegos. El alcalde de Ogeu-les-Bains, por ejemplo, escribió al General Menard el día ocho de marzo y al prefecto de Basses-Pyrénées cinco días después para exponer las “graves raisons” que existían en contra de la instalación del campo en su comuna: ocupación de pastos comunales, potabilidad del suministro hídrico, e incapacidad de desalojo de aguas residuales 131 . Estas advertencias pudieron alcanzar un notable efecto, porque finalmente el campo se situó, por razones “técnicas y sanitarias” en la comuna de Gurs 132 . El problema de la purificación de las aguas pronto volvió a salir a la luz y, con él, nuevas quejas vecinales -las comunas del cantón de Navarrenx utilizaban unos acuíferos y arroyos cuya salubridad el campo hacía peligrar, y por eso protestaron-. 128 En este sentido, todos los contratos añaden la siguiente cláusula sobre las obras: “seront construites suivan les règles de làrt et conformément au prescriptions du Cahier des Charges général pour l’exécution des travaux de chemins vicinaux”. 129 La denominación “Camp de Rassemblement...” es muy extraña y sólo la hemos encontrado en la letra dirigida al prefecto desde el servicio de Ponts et Chaussées del 12 de junio. Fuente : 1M Camp de Gurs (1939-1940). 182: “Construction et aménagements du camp”. 130 El precio de las barracas varía en función a la categoría de sus ocupantes. Por los contratos que hemos podido analizar comprobamos que las barracas para guardias y militares cuestan el doble que las de los refugiados –con una medida de 12.000 francos de gasto medio-. En un informe enviado por el Ingénieur en Chef Blanchet al prefecto de Basses-Pyrénées se estima el gasto de instalación de un hombre en Gurs en torno a 600 francos, contando con que hay setenta hombres por barraca y que cada una cuesta unos 42.000 francos –si se suman a esos 12.000 iniciales los gastos de los servicios generales, vías de comunicación, agua, iluminación y acondicionamiento- (carta del 15 de junio de 1939). Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 186: “Emploi des internés”. Para ver el desglose del presupuesto mencionado acúdase a los Anexos (13: p. 103). Fuente : 1M Camp de Gurs (1939-1940). 182: “Service spécial d’aménagement du camp des réfugies espagnols de Gurs”. 131 Sobre la higiene del agua, se afirma: “est de notoriété publique que l’eau potable esta à peine suffisante aux besoins du ménage, pour une popultion maxima de 500 habitants”. Fuente : 1M Camp de Gurs (1939-1940). 182: “Construction et aménagements du camp”. 132 Véase el plano provisional en los Anexos (14: p. 104). Fuente : 1M Camp de Gurs (1939-1940). 182: “Service spécial d’aménagement du camp des réfugies espagnols de Gurs”. 50 El campo es ocupado entre los días cinco de abril y siete de mayo por dieciocho mil quinientos veintitrés internos, vigilados por unos dos mil guardias 133 . Se ha dicho sobre Gurs que era un “campo vasco”, aunque el número de vascuences internos nunca superó el tercio del conjunto. Lo que sí puede decirse es que fue, con diferencia, el principal espacio donde los combatientes del Ejército vasco fueron reunidos, y aquel en el que mejor se organizaron. Si sumamos a esta población aquella constituida por los aviadores y los brigadistas, componemos un conjunto verdaderamente llamativo. Por un lado tenemos a un grupo de combatientes muy especializado –el de los pilotos-, a otro ideologizado hasta el extremo –los internacionales- y un tercero a menudo visto como privilegiado en lo que respecta al trato recibido –el vasco 134 -. No aparecerán mucho con estas identidades en los documentos del Cabinet du Préfet, para quienes, en línea general, todos son milicianos –las únicas identidades que sí se explicitan, y para mal, son las comunistas, muy identificadas con los brigadistas 135 -. Gurs, como campo de internamiento que es, comprende una lógica fría y mecánica que busca exponerse al mínimo número de excepciones posibles. Para ello, la regulación de la vida en el campo es lo más exhaustiva posible. Vestimenta, limpieza, 133 En cuanto a la cifra de internos suministrada, se diferencian en ella: 5089 vascos llegados para el día diecinueve de abril en varias tandas, 3297 aviadores para el veinte, 5558 brigadistas para el veintidós y 4579 “españoles” –a secaspara el siete de mayo. Fuente : 1M Camp de Gurs (1939-1940). 182: “Service spécial d’aménagement du camp des réfugies espagnols de Gurs”. 134 El colectivo vasco pudo beneficiarse especialmente de dos circunstancias. La más importante fue el apoyo directo mostrado por el Gobierno Vasco, que puso en marcha delegaciones en suelo francés y hospitales-refugio para ex milicianos y gudaris. La segunda circunstancia, discutible en su alcance, responde a la identidad católica que la propia comunidad creyente francesa atribuía a lo vasco, lo cual pudo mejorar mucho su imagen frente a los sectores conservadores, que tenían que hacer muchos más esfuerzos por ejemplo para superar los prejuicios que despertaban en ella los otros refugiados, tachados – no siempre sin razónde “anticlericales”. Sobre este tema véase: BÉDARIDA, Renée: “Les catholiques français face aux réfugiés llemands et autrichiens (1933-1939)” en Jean SAGNE y Sylvie CAUCANAS: Les français et la Guerre… op. cit. (pp. 67-74) y ALORGA, Óscar y AMALRIC, Jean-Pierre: “En el punto de mira de los diplomáticos de Franco. Los nacionalistas vascos exiliados en Francia. 1937-1950”, en ALTED, Alicia y DOMERGUE, Lucienne: El exilio republicano... op. cit. (pp. 211-228). 135 En una comunicación del 10 de julio de 1939 dirigida por el Comisario especial de Pau al Directeur Général de la sûreté Nationale, se transmiten unas confidencias obtenidas a propósito de la presión que los comunistas interbrigadistas están realizando sobre aquellos que, de entre ellos, pretenden alistarse en la Legión Extranjera –se leen acusaciones así: “Tu était en Espagne où tu as combattu 3 ans en qualité d’anti-fasciste et maintenant tu veux servir dans une armée impérialiste qui extermine les malhereux Arabes”-. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Instructions, correspondance, rapports”. Los anarquistas también aparecen a veces como grupos problemáticos. Así, el 25 de septiembre el Prefecto de Basses-Pyrénées informa al comisario especial de Pau sobre la necesidad de internar a cuatro de estos hombres en un “campo especial”, con la siguiente sugerencia: “c’est a Barcarès et non à Collioures que doivent être dirigés les fortes têtes”. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 184: “Internés”. A Coillure –titulado como “camp de répression”- se había determinado enviar, el 24 de agosto, a una serie de milicianos por el mero hecho de haber distribuido propaganda considerada como antinacional. Tres meses después nos llegan noticias de un comisario especial, el señor Tourret, que declara al Comisario divisionario de Hendaya su negativa a enviar al campo disciplinario de Vernet, en Ariège, a aquellos clandestinos españoles que han entrado en Francia sin identificación. Para ello defiende que estos “campos especiales” se reservan “aux étrangers suspects au point de vue National ou dangereux pour l’ordre public”, y no a estas personas, que no han hecho nada para merecer tal castigo (carta del 18 de diciembre). Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Instructions, correspondance, rapports”. 51 sanciones, prensa y correspondencia –ambas bajo censura-, actividades deportivas y culturales –estas últimas contempladas con gran suspicacia por su evidente vertiente política-, alimentación, horarios de visita, paseos, turnos y filas. Todo estaba establecido. Dentro de este engranaje tan medido se encontraban también ciertas regulaciones muy relacionadas con nuestro tema de estudio, como la enfermedad, propia o ajena, o las separaciones familiares, dos de los factores que más fuerza imprimieron a la determinación de los internos por escapar al cautiverio, aunque fuera de modo provisional. Todo esto requería de permisos de salida, una concesión muy solicitada que hizo a las autoridades tener que plantearse un medio de respuesta. Para el caso de las peticiones de acogida realizadas en el departamento de Pyrénées-Orientales, el ministro del Interior, Albert Sarraut, fue categórico. Se expresaba así: “les miliciens sont considérés, par asimilation aux situations prévues par le droit international, comme faisan partie d’une armée internée”, de manera que –concluía- : “ils ne peuvent, sauf as exceptionnels, soumis à mon appréciation, être autorisés à gagner l’intérieur du pays” 136 . A pesar de que la prohibición era tajante, queremos subrayar ese “soumis pa mon appréciation” añadido por el ministro, porque es el mismo que recordaba el prefecto des Landes a su homologo en Basses-Pyrénées en relación a un caso dado en Gurs del que se había concluido que sólo bajo autorización podía el Comandante del campo conceder permisos 137 . Todo esto parece indicar que si las normas eran tan firmes no era tanto para que se cumplieran inopinadamente como para que las autoridades intermedias no tomasen ninguna iniciativa sin consultarlo antes con sus superiores. Todos los posibles desplazamientos de los internados eran vigilados, y si se estimaba en ellos algún riesgo, se cancelaban. Nada garantizaba que lo ruegos fuesen atendidos y cuando sí lo eran, su resolución podía retrasarse 138 . Las peticiones de reemigración debían ser estudiadas de manera concienzuda. Las solicitudes a título particular sólo se atendían si el peticionario poseía un visado consular en regla y si cumplía una serie de requisitos y normativas concretos. Las colectivas, por su lado, debían estar avaladas por la intermediación de consulados, legaciones o de asociaciones internacionales, como la Cruz Roja 139 . Los desplazamientos que sí tenían más 136 Carta al prefecto de La Gironde (4 de marzo de 1939). Fuente: Camp de Gurs (1939-1940). 186: “Emploi des internés”. 137 Cartas del 21 y 24 de junio. Fuente: Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Fonctionnement”. 138 Disponemos de un ejemplo muy significativo. El 13 de julio de 1939 el Comté d’Aide aux Réfugiés Espagnols solicita al ministerio del interior que autorice a los milicianos internos en Gurs a acceder a un bosque cercano en el que puedan descansar a la sombra. El 4 de agosto el prefecto autoriza sólo a los convalecientes, por falta de guardias. Fuente: Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Fonctionnement”. 139 “Marche a suivre pour l’examen des demandes de rapatriament” (15 de mayo de 1939). En lo referente al tema de las proposiciones de ayuda por parte de organizaciones, sabemos por una carta escrita por el prefecto de Basses-Pyrénées -con posterioridad a junioque eran tan abundantes como, en, algunos casos preocupantes, puesto que gran parte de ellas buscaban beneficiar precisamente a los grupos más «indeseables». Fuente: Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Fonctionnement”. 52 posibilidades de llevarse a cabo eran aquellos que incumbían a los enfermos –salvo que su dolencia fuese contagiosa-, junto con los mutilados y, en menor medida, a los más jóvenes y ancianos. A los primeros se les autorizaba a residir un tiempo en los hospitales que pudieran albergarlos, siempre y cuando mostrasen un comportamiento adecuado y no hubiese queja de ellos 140 . Por una repuesta que daba el prefecto de Basses-Pyrénées a Monsieur le Chef d’Escadrons Terneau el cuatro de mayo, los menores de dieciocho años debían ser recolocados en barracas especialmente preparadas –separando a los vascos de las otras categorías -; sobre los refugiados mayores de cincuenta y cinco años, se repetía la máxima de la repatriación una vez más o, en caso de que no fuera posible, su inminente traslado a centres d’hébergement donde tuvieran familiares o amigos –toda vez, eso sí, “que rien du point de vue de la discipline ou de la sécurité publique ne s’oppose à leur sortie” 141 -. Una gran proporción de las diligencias con las que lidiaba el campo de Gurs venían de fuera. No todas eran reclamaciones, empero, y sorprende la gran cantidad de ofrecimientos bienintencionados tramitados –si bien no todos fueron aceptados-. No lo fue, por ejemplo, el del señor Moreteau, un parisino y hostelero de profesión con más de diez años de experiencia en Perú –hablaba bien, por tanto, el español-, que había llegado a dirigir hoteles y a ser capitán durante la Grande Guerre 142 . Pero su petición fue, como decimos, rechazada sólo un día después de recibirse, el veinticuatro de marzo, porque la administración del campo no admitía civiles 143 . Lo que la administración sí comenzó a considerar en los días previos a la guerra fue la posibilidad de aprovechar la presencia de tantos pilotos entre los internados. Su disponibilidad la estimaron el subprefecto de Oloron y el señor prefecto de Basses Pyrénées el día cinco de septiembre 144 . En otros casos eran los propios oficiales y sus hombres quienes ofrecían sus servicios 145 . 140 “Seul y seront envoyés, les éléments non susceptibles de constituer un danger pour l’ordre public ou pour la défense Nationale”, señalaba el jefe de escuadrón Davergne en relación a los 150 mutilados trasladados el 18 de abril a la Roseraie –en Ilbarritz-. “À la moindre incartade ils seront dirigés sur le Camp d’Argeles” agregaba. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Surveillance Sanitaire”. 141 Para ver la presencia de estos ancianos en los centres d’hébergement aludidos acúdase a la tabla “Estadísticas de los refugiados en Basss-Pyrénées”, en los Anexos (1: p. 91). 142 De todo esto informaba el señor Moreteau en una tarjeta que adjuntamos en los Anexos (10: p. 100). Fuente: Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Instructions, correspondance, rapports”. 143 Los ofrecimientos en materia de personal y material médico fueron mejor considerados dada la creciente escasez de personal médico español –sustituido por internacionales, a pesar de los “sérieux inconvénients d’ordre politique”- (carta prefectoral del 21 de agosto). En abril se recibió equipo de la Centrale Sanitaire Internationale, pero cuando en julio el nuevo comandante médico, el señor Iliou, solicitó al prefecto de Basses-Pyrénées la autorización para incorporar nuevo personal, éste recordó que no era competente en ese asunto. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Surveillance Sanitaire”. 144 De 2000 recluidos, 1900 se consideraban útiles y 100 enfermos o de “loyalisme douteux”. Se calculaba que los primeros podrían formar nueve. Fuente: Camp de Gurs (1939-1940). 186: “Emploi des internés”. 145 El capitán Fernando Cuenca se ofrecía el 27 de abril junto con cuarenta obreros especializados bajo su mando para servir al “hospitalario” gobierno francés –el entrecomillado desaparece en la traducción al francés-. Fuente: Camp de Gurs (1939-1940). 186: “Emploi des internés”. 53 Las principales peticiones que hemos constatado recibía el campo de Gurs, tanto de dentro como de fuera, giraban en torno a cuestiones laborales y familiares. Pequeños empresarios o propietarios agrícolas solicitaban mano de obra del campo a menudo, muchas veces a título personal –cuando conocían bien a un determinado refugiado o tenían buenas referencias de él-, y también podía pasar que los propios internos reclamasen sacar partido a sus habilidades profesionales. Incluso a veces intercedían empresas de mayor envergadura. Los obreros especializados, y los jóvenes jornaleros, podían mejorar su situación en el campo, y si las cosas iban realmente bien era posible que hasta pudieran abandonarlo. Los demás no tenían tantas opciones, y por eso muchos recurrían a triquiñuelas. Dado el celo que ponían las autoridades en comprobar y certificar cada proceso selectivo, era difícil mantener mucho tiempo un engaño, como descubrió un grupo de intelectuales en mayo de 1940 146 . En cuanto a las demandas de tipo familiar registradas, todas solicitaban lo mismo: la posibilidad de salir del campo cuanto menos por un periodo de tiempo. Sucederá aquí lo que pronto constataremos en el resto del departamento de Basses- Pyrénées con relación a las demandas de acogida. Ninguna salida se concedía sin garantías. ¿Y cuáles son esas? Dos, fundamentalmente. Que el interno no hubiera dado muestras ni de albergar sentimientos hostiles hacia el país –en ello se tenía en cuenta su comportamiento tanto como lo que pudiera saberse sobre su pasado y militancia- y que su liberación se realizara en condiciones de absoluta seguridad, tanto sanitaria como económica –es decir, que la enfermedad no fuese contagiosa y que el enfermo tuviera alguien que respondiera por él, poniendo a su disposición medios suficientes para vivir-. Sólo existía una salvedad que pudiera excusar el incumplimiento de estas condiciones, y era que los solicitantes –por lo general una familiaaccedieran a su repatriación. De cada una de estas situaciones se han derivado abundantes ejemplos, la mayoría de los cuales corresponden a mujeres que, como madres o esposas, reclamaban a sus hijos y a sus maridos internos 147 . Las reclamaciones más abundantes, acto seguido, fueron las de 146 El 23 de este mes el inspector de policía especial Jean Lafargue descubría a ocho extranjeros “qui ecerçaient en Espagne des professions libérales”, pero que ahora, para evitar ser reconducidos a los campos, habían sido contratados por la empresa Margeridon, donde no producían ningún rendimiento. Todos ellos habían sido dirigidos a Gurs. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 184: “Internés”. 147 Un caso puntual a modo de ejemplo. El día 19 de agosto en una comunicación entre instancias prefectorales encontramos el caso de cuatro mujeres, dos madres y dos esposas, que solicitan reunirse con los suyos. De las mujeres sólo se da el nombre de pila. Todas ellas están domiciliadas en Monein. Son: Magdalena, que intercede por su esposo José Maten Yvan -cuarenta y nueve años-; Manuela, reclamando a su marido Juan Ollé Llauvado –cuarenta y cinco años-; Tecla, que solicita le sea entregado su hijo Juan Alberich Compagnys –diecisiete años- y Marina, que pide lo mismo para Magin Fleis Balcells, hijo suyo –cuarenta y cinco años-. Los cuatro reencuentros son autorizados el día 25, “en raison de l’âge des intéressés”. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 184: “Internés”. Los propios milicianos también solicitaban desde dentro del campo ver a sus mujeres, de modo que para el 22 de junio se establecieron unas condiciones de reencuentro de internos con las familias. Sobre aquellas sólo no queda esta referencia, puesto que perdimos los fondos fotográficos correspondientes. 54 los enfermos, y por las dos partes. Es decir, cuando el individuo convaleciente era o bien un interno del que se pedía su traslado desde el campo o bien un familiar ajeno a este con el que pretendía reunirse el interno. La autoridad se mostraba mucho más predispuesta a la hora de adoptar una “mesure de clémence” con aquellos internos que deseaban ver a sus familiares enfermos –quizá por última vez-, que cuando era ellos los enfermos 148 . El riesgo, probablemente exagerado, a que se pdorujeran contagios, y la voluntad de evitar cualquier tipo de engaños, hicieron que los justificantes médicos terminaran siendo tan indispensables como los informes de buen comportamiento 149 . El hecho de que numerosos refugiados asentados en el departamento fuesen conducidos a Gurs a lo largo de 1939 hizo mucho más frecuente el que se produjeran peticiones de liberación. No sólo estos refugiados gozaban con mayor asiduidad del respaldo de familiares o conocidos que vivían en los alrededores –máxime si se comparan, por ejemplo, con internos llegados desde los Pyrénées-Orientales-, sino que aquellos podían permitirse la esperanza de creer que demostrarían con mayor facilidad las autoridades que todo había sido un error. Según esta lógica, que veía en los campos lugares de retención preventiva para extranjeros peligrosos, el internamiento indiscriminado de aquellos españoles ya asentados entre la ciudadanía francesa resultaba difícil de asimilar, haciendo que otros muchos se preguntasen qué tipo de criterio selectivo empleaban las autoridades en sus detenciones. Para el señor Dorderons, presidente de la Fédération Bayonnaise des Associations d’anciens combattants et authentiques victimes de la guerre ese criterio estaba muy claro y era por 148 El entrecomillado corresponde a una expresión proferida por el prefecto de Basses-Pyrénées en una carta del 5 de junio de 1940. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 184: “Internés”. 149 Cuando es el interno el enfermo: 17 de agosto de 1939, Joaquín Muñoz de Luna y Carrasco, albergado en el antiguo hospital militar de Perpiñán, solicita reunirse con su hermana, María Francisca Muñoz de Luna y Carrasco, a causa de una enfermedad “no contagiosa” –aporta justificante médico-. Ignoramos cómo prospera esta petición. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 184: “Internés”. Cuando no es el interno el enfermo: Eulogio Fombellida es autorizado el 27 de diciembre de 1939 a pasar una semana en Tarnos con su padre, que se encuentra gravemente enfermo –aporta justificante médico-. A otro interno, Fernando Blasco, se le permite el 16 de agosto reunirse con su mujer, convaleciente en Rochefort, donde su estado de salud es grave –no aporta justificante, pero su comportamiento es bueno-. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 185: “Dossiers individuels”. Disponemos de un trágico caso de reunión cancelada por riesgo de contagio. Gira en torno a un hombre llamado Boris Aszychmin, refugiado ruso que “se dit sans nationalité”, combatiente en la Guerra civil español e interno en el campo de Gurs, donde sufre una avanzada tuberculosis que “seul un traitement dans un sanatorium pourrait méliorer” (la cita pertenece al Médecin-Chef del Hospital del campo, el 28 de marzo de 1940). En esta situación, el presidente de la Ligue es Droits de l’Homme et du Citoyen demanda su liberación, y aunque no poseemos la carta original de aquél, hemos encontrado otra muy anterior –del 6 de noviembre del año anteriorque dirige una señorita llamada Leia Fucherman al ministro del interior, Albert Sarraut. La susodicha resulta ser la prometida de Boris. Ella alerta sobre su preocupante estado de salud y sobre que sus padres –que residen en Varsoviano saben nada de él. “Il n’a aucun moyen d’existence et plus personne qui puisse s’occuper de lui, sauf moi”, anuncia, una vez que se ha trasladado a París, donde trabaja a destajo para obtener con qué poder mantenerse ambos -hemos incluido esta carta en los Anexos (6: p. 97)-. Por desgracia, el miedo al contagio es más fuerte y no parece que Aszychmin sea autorizado a salir del campo, ni entonces ni después. No sabemos más sobre ellos. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Surveillance sanitaire”. 61 historia de su antiguo alcalde, Albert Vidal, que tras protestar por el trato indigno que están recibiendo los refugiados heridos recibe la irritada contestación de: “¡pues acójalos usted!”. Pocas semanas después está dando cobijo a cincuenta y dos de ellos. La guerra, como decíamos, cambia la manera en la que el gobierno asume las peticiones y actitudes de sus ciudadanos. Un buen ejemplo se nofrece en el mes de octubre de 1939, cuando dos enfermeras, una de ellas española y otra francesa, realizan sus respectivas solicitudes al gobierno. La primera de ella, natural de Mataró, es Carmen Paramon, que en el momento de dirigirse a las autoridades francesas está albergada en el refugio de Laruns, próximo a su desalojo. Ella, que sirvió como “infirmière bénévole” durante 1915 en Tours, atendiendo a los heridos franceses de la Grande Guerre, solicita ahora servirlos de nuevo en el frente norte. La investigación pertinente arroja sobre ella unas referencias muy favorables, con lo que es admitida 171 . Por el contrario, la otra enfermera, llamada Emile Deynat, solicita el veintitrés de octubre acoger a un joven español de veintidós años, malherido, al que conoce del Hospital de Pau. Su petición es denegada el treinta y uno de octubre por un parco prefecto; “n’est pas posible dans les circonstances actuelles”, asegura aquél 172 . Por supuesto, esas “circunstancias especiales” son las de una coyuntura de guerra. Como razonaban el comisario especial y el prefecto en una carta que la señora Deynat no pudo leer -pero que sin lugar a dudas imaginó-, la prioridad debe darse a los franceses, frente a los extranjeros, y a los soldados, frente a los civiles; y si una enfermera quiere ser de utilidad a su país, que lo sirva a él, y a nadie más. Como hemos visto ya en el campo de Gurs, la necesidad de ver a los seres queridos se ve incrementada si aquellos sufren enfermedad. Los familiares quieren cuidar a los suyos porque es un impulso muy natural, y en parte –y no sin razón-, porque desconfían del trato que puedan estar recibiendo. En un entorno donde el estado rechaza multitud de casos y los investiga casi todos, cuando es posible se recurre a la convalecencia propia o a la de un familiar para, por ejemplo, desplazarse con él, hacerlo venir a alargar un permiso de refugio 173 . Uno de estos casos es el de Manuela Fernández 171 Desconocemos cuándo la peticionaria escribe su carta, pero esta es recibida por el subprefecto el 12 de octubre. El Comisario especial de Pau inicia su investigación el día 18, teniendo el resultado para el 21. Fuente: 4M Police. 250: “Propositions, autorisations d’héberger des réfugiés (1936-1939)”. 172 La mujer explica que el estado de ánimo del muchacho, cuyo nombre se José María Pascual Mazas, es pésimo, puesto que ha perdido el brazo izquierdo y sigue recluido en el campo de Gurs –tras la movilización-. La señora Deynat aporta todas las garantías que a su alcance para lograr su propósito, como que ella asumirá todo gasto o que el hermano del herido presta servicio a Francia en las CTE. También alega motivos emocionales, como cuando asegura: “aussi me suis je maternellement attachée a lui”. Fuente: 4M Police. 250: “Propositions, autorisations d’héberger des réfugiés (1936-1939)”. 173 Es el caso de José Bagueste-Mur, residente en Bidos, que escribe el cinco de enero de 1939 a las autoridades prefectorales para lograr que su hermano, en teoría obligado a marchar el día diez, pueda quedarse más tiempo. El solicitante acompaña su petición de un certificado médico, documento 62 Argüelles, que el 10 de noviembre escribe en español y en francés a los prefectos de Deux-Sévres y de Basses-Pyrénées para que autoricen el que ella y sus tres hijos puedan desplazarse a este primer departamento, donde permanece muy grave su marido y padre, Alejo García Góngora. “Mi marido se encuentra enfermo y temo no volverle a ver”, asegura ella con franqueza. En la comunicación en francés afirma que dadas las responsabilidades políticas desempeñadas por su esposo, que fue secretario del ex ministro de la gobernación durante la Segunda República don Mariano Ansó, su regreso a España está comprometido, máxime cuando “les nouvelles que nous recevons de nos amis rentrés dans leur pays ne sont pas très bonnes” 174 . Todos estos motivos, acompañados de las pesquisas favorables consabidas, convencen a las autoridades para aprobar tres días después la reunión familiar, pues en estos casos, mientras no medie peligro de contagio o “se vulneren” los intereses nacionales –como en el caso de la señora Deynat-, es así cómo se procede. La documentación relativa a los permisos y peticiones de acogida terminan por conducirnos al tema de las repatriaciones, porque cuando los miembros de una familia no logran reunirse con éxito en suelo francés suelen optan por hacerlo en suelo patrio, siempre, claro está, que el riesgo no se estime excesivo 175 . Esto no significa que las repatriaciones se planteen como un último recurso. Al contrario, dada la poco deseable coyuntura del refugiado son muchos quienes se plantean volver lo antes posible o, al menos, tan pronto como termine la guerra. No es necesario que nadie les convenza para ello. Nuestro archivo, por su parte, posee un fichero entero dedicado a las “Déclarations de retour volontaire en Espagne”, y aunque aquí entraríamos en el debate académico relativo a la credibilidad de las mismas, es más cauto reconocer que en todas ellas se dará un variable equilibrio entre el convencimiento y la coacción externa 176 . Para el año 1939, y según las fuentes de que disponemos, se observa que la mayor parte de las repatriaciones no se producen, por problemas de índole diplomático, hasta la segunda mitad de 1939 –se exceptuarían unas pocas semanas entre febrero y marzo, cuando también son muy abundantes- 177 . Que el gobierno francés tuvo predilección por la imprescindible que no siempre resulta determinante -aunque sí en este caso-. Fuente: 4M Police. 250: “Propositions, autorisations d’héberger des réfugiés (1936-1939)”. 174 Añade: “vous devez savoir que ni mon mari ni M. Ansó ne son pas des extrémistes dangereux, mais seulement membres de la « Gauche Républicaine » ”. Fuente: 4M Police. 250: “Propositions, autorisations d’héberger des réfugiés (1936-1939)”. 175 Suele suceder en los casos en los que el marido y padre de familia está internado en un campo, como le sucede a Francisco Dolado Caballero –interno en Barcarès- o a Manuel Novalou –interno en Gurs-. En las dos ocasiones han sido las esposas–Dolores Perona y María de Luna Rodríguez, respectivamentequienes se han ofrecido a repatriarse con sus hijos “a condición” de que sus esposos les acompañen (cartas del 16 de mayo de 1939). Fuente: 4M Police. 250: “Rapprochement de familles (1936-1939)”. 176 4M Police. 255: “Déclarations de retour volontaire en Espagne”. 177 Para tener una panorámica mejor del ritmo de estas repatriaciones, véase los Anexos (3: p. 93). En cuanto al problema diplomático, no es del todo extraño que en los archivos consultados aparezcan comunicaciones provenientes de la autoridad franquista. Con respecto a las repatriaciones, once días 63 repatriación como solución al problema refugiado es una certeza que se constata con asiduidad en nuestra documentación. Asimismo, el hecho de que existan tantas quejas al respecto de su ejecución sugiere que se están perpetuando abusos por parte de las autoridades –algo que la historiografía «militante» daba por sentado y que Rubio consideraba minoritario-. La ordenanza del dieciséis de octubre de 1937, que obligaba a repatriarse a los refugiados varones comprendidos entre una determinada edad, fue una disposición fuertemente polémica; impopular, para los unos, e insuficiente, para otros muchos 178 . No obstante, si quisiésemos quedarnos con la denuncia más significativa de todas señalaríamos la que el día treinta de septiembre de 1939 dirigió el señor Laharge al Directeur du personnel au Ministère de l’Intérieur, el señor Berthoin, a colación de un abuso perpetrado contra los refugiados tres días atrás, cuando habían sido conducidos, sin hacer distinciones entre niños, ancianos y mujeres, hasta Hendaya 179 . Su escrito nos parece excepcional en muchos ámbitos. Ante todo, porque refleja con después de que el último parte de guerra sea firmado por Franco, establecido ya el “Año de la Victoria”, la Comandancia militar del Bidasoa responde a una carta del prefecto de Basses-Pyrénées -que no hemos encontrado-, para que “el número de los refugiados españoles y milicianos rojo que deban entrar en España sea aumentado”, tan pronto como la «Superiodiad» conceda unos medios de evacuación requeridos. Fuente: 4M Police. 244: “rapatriament des réfugies espagnols (1937-1939)”. 178 Se ha citado un artículo de “Le Travail” para el 7 de noviembre –un extracto de la misma, lo recordamos, se halla en los Anexos (4: p. 95)-, pero también existen denuncias oficiales, tanto internas como externas. En el primer caso contamos con un telegrama que el 4 de noviembre critica la medida ministerial. Está suscrito por diecinueve alcaldías comunales, principalmente molestas por no haber sido consultadas en la toma de una decisión que consideran tan injusta como molesta –en términos administrativos-. En el segundo caso volvemos a topar con la España rebelde, cuando el Commissaire Divisionnaire d’Hendaya escribe al señor prefecto para comunicarle que las autoridades de Burgos podrían repatriar a los franceses residentes en sus territorios en el caso de que las repatriaciones previstas por el decreto de octubre se hicieran efectivas –la cual, según se nos dice, viola una convención francoespañola que data de 1836- (carta del 14 de junio de 1937). Parece evidente que el gobierno de Burgos busca proteger a sus propios refugiados. Véase en los Anexos (11: p. 101) una donde una familia insta a su hija a regresar a la España de Franco: “María esta carta es para decirte que no te apures que nosotros estamos todos bien que solo tenemos la pena de que tu no estas á [sic] nuestro lado pues ya emos [sic] escrito al consu Español [sic] para que te bengas [sic]”. Fuente: 4M Police. 244: “Rapatriement des réfugiés espagnols (1937-1939)”. Un año después, el 11 de octubre, una carta firmada por el Comité del Frente Popular de Bayona denuncia el que se proceda a cerrar todos los centres d’hébergement a cargo del estado. Argumentan que es indigno de Francia tratar así a las poblaciones indigentes y además critican que la seguridad del país sea el pretexto, pues los únicos que pueden suponer una amenaza –y apelan a hechos sucedidos recientementeson quienes tienen medios económicos. Fuente: 4M Police. 245: “Opinions face aux réfugiés”. 179 Hemos preferido transcribir su carta en los Anexos (8: pp. 98-99), antes que incluir las cinco hojas que ocupa en papel, porque creemos que así su lectura resulta más cómoda. Fuente: 4M Police. 245: “Opinions face aux réfugiés”. Con respecto a la llegada forzosa de refugiados a Hendaya, no es la primera vez que ocurre. Una comunicación mantenida el 23 de marzo entre el prefecto de Basses-Pyrénées y la Direction Générale de la Sûreté National, anuncia que una partida de noventa refugiados llegados a Hendaya desde la prefectura de Haute-Garonne se niegan a atravesar la frontera. Fuente: 4M Police. 244: “rapatriament des réfugies espagnols (1937-1939)”. En cuanto a las críticas de que disponemos sobre las repatriaciones, podríamos citar otras, como la que dirige la señorita Alleaume, profesora de Chalindrey, al capitán de la Gendarmería y al alcalde de Hendaya, denunciando el “abus de confiance” cometido con dos jóvenes milicianos –José Calas Felin y José Mulio Ramis-, a quienes se está repatriando a la fuerza. Añade la señorita Alleaume: “on ne peut tout de même pas envoyer à la mort certine ces deux jeunes hommes, contre leur volonté. Envoyez les dans un camp de concentration mais neles obligez pas à passer la frontière je vous en supplie”, (carta del 29 de marzo). Fuente para esta nota y las próximas dos páginas: 4M Police. 245: “Opinions face aux réfugiés”. 64 dolorosa nitidez la percepción del problema desde la perspectiva de quien lo conoce desde dentro -ubicándonos desde el lado francés-, puesto que Laharge es adjunto en la alcaldía de Oloron y redactor en “la Dépêche” de Toulouse. Esto es importante en la medida en que las opiniones vertidas sobre él en posteriores comunicados tenderán a considerar que, dada su ocupación periodística, la suya es una pluma exaltada. En segundo lugar, la carta destaca por querer señalar y preservar una suerte de ética profesional que el señor Laharge hace extensible en buena parte a todo su entorno funcionarial y policial. La suya es una indignación de oficio tanto o más que una soflama ideológica, que es lo que encontramos por lo general en la prensa. En último lugar, sus palabras son importantes porque realizan una denuncia que tiene nombre y apellidos. Concretamente, los del prefecto de Basses-Pyrénées, Angelo Chiappe. Comienza el señor Laharge con un tono de impotencia contenida, refiriéndose a unas instrucciones difundidas entre las autoridades locales el día diecisiete de septiembre, en las que se apremia a las mismas para dedicar sus mejores esfuerzos en la tarea de convencer a mujeres, ancianos y niños para que acepten un retorno voluntario a España 180 . El adjunto de Oloron y redactor en “la Dépêche” toma estas medidas por ingenuas -en el mejor de los casos-, cuando no como hipócritas. Mientras ellos deben dulcificar la idea del regreso a la patria, la realidad en España, mucho más cruel, se censura para que no llegue a oídos de los refugiados –cosa que termina sucediendo, nos dice Laharge-. Cambiando de perspectiva, informa a su superior en el ministerio, o más bien le recuerda, el elevado compromiso que muchos refugiados han asumido en la Legión extranjera o en las compañías de trabajadores, compromiso que en numerosos casos no consta en ningún documento oficial 181 . Aún va más allá cuando argumenta que al menos un tercio de la población local -¿en Oloron?, no está muy claro-, es descendiente de españoles, pero sirve a Francia con las armas –recordemos que la guerra ya ha sido declarada-. Y mientras lo hace, por solidaridad, acoge al refugiado donde estuvo el hijo que ahora ha sido movilizado. Mientras todo esto sucede Laharge recibe el aviso de repatriación forzosa que ha dado pie al episodio que él denuncia. Negándose a dar crédito a tal instrucción acude a ver al señor prefecto, pero aquel le despide en términos ultrajantes, autoritarios con respecto a los refugiados 182 . Intrigado 180 Literalmente, Laharde incide en que las instrucciones solicitaban de ellos las “plus puissantes suggestions”, una fórmula que, como expresión, nos parece a la vez contenida y superlativa, es decir, como si el gobierno, no pudiendo hablar de coacción directa, tratar de obtener un resultado igual de eficaz llevando hasta el límite lo que en principio son fórmulas de presión no agresivas. 181 Una vez más hablan los silencios por él, ¿por qué todo lo pernicioso en los refugiados se registra, y no esto? Acto seguido informa de que él ya se ha preocupado de combatir esta ausencia reuniendo documentación al respecto, que “peut être suffisamment probante”. 182 En lo que nos parece un verdadero alegato de ética profesional, afirma: “Il nous était impossible de laisser s’exécuter sans suris raisonnable, des ordres aussi aveugles, aussi brutalement iniques”. Por lo que dice después –“ J’ai eu la joie de constater…”-, otros muchos funcionarios y agentes han con desagrado al menos ante estas mismas órdenes. 65 por esta reacción, el denunciante investiga a propósito de la reacción de su superior y descubre, a partir del testimonio del “commissaire spéciale de la Sûreté…” –Laharge es poco claro a este respecto-, que el prefecto actúa presionado por la delegación local de la Union Nationale des Combattants y por su presidente, un corso llamado Falcucci 183 . Insiste un poco más en esta grave acusación –“je me suis indigné publiquement qu’un Préfet de la République reçoive ou tout au moins prenne en considération des pressions”-, para luego centrar sus exigencias en una meta mucho más modesta. Que toda repatriación se haga manteniendo las formalidades adecuadas, principalmente aquellas referidas a la salvaguarda de los más vulnerables. Hasta donde nosotros sabemos, nunca obtuvo una respuesta, si bien el secretario general del Ministerio de Interior, el señor Berthoin –a quien él se había dirigido-, sí que redactó una respuesta que, al final no se envió 184 . De esa carta jamás entregada nos llaman la atención los esfuerzos justificativos que realiza el secretario para explicar al señor Laharge que, muy a su pesar, las “neessités nationales” están por encima de los refugiados. Y lo están en el momento en el que la guerra, como le dijeron a la señora Deynat, exige a todos sus territorios y ciudadanos que estén preparados para atender a sus soldados heridos –y este fin, asegura Berthoin, concierne a todo Basses-Pyrénées-. La guerra aérea –continúa-, es también un peligro para los españoles que se quedan en el país. Resulta difícil considerar qué clase de credibilidad aporta Berthoin a sus propios argumentos –sobre todo al último-, pero sospechamos que llega un punto en el que trata más de convencerse a sí mismo que a Laharge. No como el prefecto, Angelo Chiappe, quien en ningún momento parece necesitar dar muchas explicaciones sobre su actuación –y no es de extrañar, dada su biografía- 185 . 183 Con conexiones con otras asociaciones de combatientes, como las Croix de Feu. 184 Hemos rastreado hasta cuatro comunicaciones privadas entre Berthoin y el prefecto denunciado por Laharge, Angelo Chiappe, en las que se refieren a él y a su carta. Al parecer, el señor Berthoin redactó una respuesta el 7 de octubre al tiempo que se ponía en contacto con el prefecto, quien el 11 de octubre le explicó lo sucedido, descalificando de manera más o menos sutil al adjunto de Oloron -“M. Laharge est socialiste unifié, et par ailleurs, ses idées son extrêment nébuleuses”-. Tres días después Berthoin vuelve a escribir a Chiappe para, entre otras cosas, reconocer que no ha respondido a Laharge, y que no lo hará si él no lo cree oportuno. El 16 de octubre el prefecto contesta con estas palabras para decirle que no se moleste en hacerlo: “Alors que les arguments que vous employez sont parfaits, il trouverait encore le moyen, d’accord avec le Maire, de faire croire qu’il leur est donné raison”. 185 Prefecto de los Basses-Pyrénées con cincuenta años, pertenece a una familia de tradición funcionarial y de ideología tendente a la extrema derecha –su hermano fue Jean Chiappe, prefecto de la policía de París muy conocido por sus actuaciones en contra de los comunistas y exiliados parisienses-. Angelo mantuvo una posición personal muy próxima a la de Action française, movimiento político de base monárquica evolucionado hacia posiciones ultranacionalistas –en base a la aportación de ideólogos como Charles Maurras-. Dada esta cercanía a los planteamientos xenófobos de una derecha agresiva, podríamos decir que Angelo, como prefecto, se vio más “convencido” que «presionado» por esos sectores extremistas a los que se refiere Laharge. Como otros militantes de Action française, Angelo no tuvo reparos a la hora de colaborar con las autoridades de ocupación alemanas y el gobierno de Vichy, medrando políticamente al tiempo que colaboraba con la represión de la Resistencia, y por ello fue luego perseguido y juzgado de forma sumaria. Se le fusiló el veintitrés de enero de 1945. La biografía de Jean Berthoin se distancia de la del prefecto en ese año de 1940, porque es cuando pasa a formar parte de la 66 Junto a estas demandas habrá que señalar la existencia de otras tantas contrarias, o muy críticas, frente a los refugiados. Su control y el de sus actividades fue una constante desde el inicio mismo de la Guerra civil, y si no véase la intensa vigilancia a la que fueronsometidas las actividades organizadas por la Federación de los refugiados el 27 de abril de 1937 y el 17 de marzo de 1938–la primera, más lúdica, busca recaudar fondos a favor de la República; la segunda informa sobre las malas condiciones de acogida que se están produciendo en los “campos de concentración” 186 -. Asimismo, preocupaba el aprovechamiento ilícito en que incurrían algunos refugiados al solicitar ayuda estatal cuando ya estaban recibiendo prestaciones de los organismos de asistencia específicamente reservados a ellos, como el SERE 187 . También poseemos amplias información que registraban la profunda animadversión existente contra los comunistas, a quienes se acusaba de distribuir propaganda antinacional, así como de exagerar los riesgos inherentes a la repatriación a España 188 . En otras ocasiones los peligrosos eran aquellos clandestinos que seguían cruzando los Pirineos tras el final de la guerra 189 . De todos modos, los que más preocupaba a los franceses de a pie parecía ser el desempleo y su relación con los refugiados. “Una certaine nervosité règne dans les milieux de chômeurs, surtout chez les métallurgistes de la région”, hacía saber al ministro de trabajo una carta enviada en pos de “l’ unité française et le bon ordre” 190 . “Sans être xénophobes, nous comprenons et vous n’aurez pas de mal à comprendre Monsieur le Ministre, leur sentiment”. ¿Y cuál era ese parecer? La idea, muy extendida, de que los refugiados recibían un trato de favor por parte de la administración, que era quien expedía las “cartes de travail” que los autorizan a trabajar. La idea de que la ley para la protección de la mano de obra era laxa e insuficiente aparece frecuentemente en estos escritos. Así, el veintiséis de diciembre de 1937 el Syndicat des Artistes Musiciens de Biarritz-Côte Basque de la Fédération nationale du spectacle denunciaba la situación en la que se veían muchos de sus asociados ante la competencia que supone para ellos la presencia de músicos y salas de baile regentadas por españoles. Como Résistance como miembro del comité de Libération de l’Isère. Fuente: WIKIPEDIA: Angelo Chiappe, 2008 (http://fr.wikipedia.org/wiki/Angelo_Chiappe), [consultado 5/11/12]. 186 Los programas de ambas actividades pueden encontrarse en los Anexos (9: p. 100). Fuente: 4M Police. 245: “Opinions face aux réfugiés”. 187 Carta al subprefecto de Oloron del 23 de enero de 1940, alertándole sobre la necesidad de vigilar estos usos indebidos. Fuente: 4M Police. 250: “internement dans les camps d’internement [dont Gurs] (1939)”. 188 Carta del prefecto al comandante de Gurs del 28 de agosto de 1939, en la que advierte sobre los pésimos efectos que se producen al juntar a los recién llegados con los más veteranos. Fuente: 4M Police. 245: “Opinions face aux réfugiés”. 189 La actuación reglamentaria contempla su desarme y traslado inmediato al campo de Gurs. Destacan cinco de entre ellos, capturados el 20 de junio de 1939, donde uno declara que “sous peu il y aura une guerre Européenne et que l’Espagne attaquera la France en même temps que l’Allemagne et l’Italie”. Fuente: 4M Police. 250: “internement dans les camps d’internement [dont Gurs] (1939)”. 190 Carta del 10 de mayo de 1939. Fuente: 10M Travail et main d’œuvre. 8: “Protection de la maind’oeuvre nationale”. 67 solución se proponía “que les rares lois qui nous protègent soient appliquées réellement dans notre région” 191 . El hecho de que todos estos escritos dieran por sentado que el gobierno, de algún modo, tenía un empeño especial en favorecer a los refugiados frente a sus ciudadanos, y el que no se plantearan que pudiera haber alguna causa disimulada que justificase ese comportamiento –como las ventajas que suponía el aprovechamiento de una mano de obra tan baratanos parecen rasgos muy llamativos. Al menos estas cartas sí que reconocían la situación por la que pasaban los refugiados –aunque no ahondaran en ella-, lo cual no siempre sucedió. Al contrario, algunas de las peticiones al gobierno que hemos encontrado los denigran sistemáticamente 192 . Cuando la guerra puso de manifiesto el gasto excesivo que iba a suponer al Estado el mantenimiento de la población refugiada, ciertos sectores empresariales proestaron. En una carta dirigida por el presidente del Groupement patronal Interprofessionnel de Bearn al señor Sarraut, sólo tres días después de la declaración de guerra a Alemania, se proponían las medidas urgentes que deberían tomarse con relación a los refugiados 193 . Partiendo de los mismos planteamientos que ya hemos constatado hasta el momento con relación a las “necesidades nacionales” –sólo que expresados con mucha mayor crudeza-, consideraban más que apropiado que a los refugiados ociosos con capacidad de trabajo se les hubiera empleado forzosamente en el trabajo agrícola o industrial. Advertían, no obstante, sobre el peligro de que se hallasen entre ellos muchos “éléments dangereux tant parleurs antécédents personnels, que par leurs doctrines et leur dévotion à l’URSS”, sobre la que añadían que estaba “définitivement rangée du côte des ennemis de la France”- se cumplían dos semanas desde la firma del Pacto Germano-soviético-. La agrupación patronal, con un tono cada vez más enfervorecido, pasaba a exigir que se localizase a estos individuos y se tomasen medidas, pero además, proponía que de todos los salarios de los extranjeros se sustrajera una asignación destinada a reforzar los subsidios de aquelas francesas cuyos esposos habían sido movilizados. Acto seguido realizaban una petición aún más agresiva, sólo suavizada por la ambigüedad con la que se expresaba; porque tras animar a incrementar las repatriaciones de quienes no tenían nada que temer en España, se instaba a internar 191 La cursiva es nuestra. Con respecto a la legislación aludida en estos escritos, se suele hacer referencia a la ley del 19 de agosto de 1932, por la que se establecía un empleo de mano de obra extranjera limitado. En los archivos encontramos un decreto del 16 de junio de 1933, que fija la proporción de trabajadores extranjeros en la industria hotelera de Basses-Pyrénées entre un 5 y un 10%. Fuente: 10M Travail et main d’œuvre. 8: “Protection de la main-d’oeuvre nationale”. 192 Si el escrito del día 10 de mayo se preocupaba de señalar que sus redactores no actuaban movidos por ningún tipo de sentimiento xenófobo, la del sindicato de artistas también indicaba lo siguiente: “Malgré les sentiments d’humanité qui nous incitent à les aider dans la situation douloureuse que leur crée la guerre civil espagnole, nous ne pouvons admettre que les intérêts de nos compatriotes soient sacrifiés”. Fuente: 10M Travail et main d’œuvre. 8: “Protection de la main-d’oeuvre nationale”. 193 Disponemos de una copia donde la firma del presidente consta como “ilegible”. Fuente: 4M Police. 245: “Opinions relatives aux réfugiés”. 68 en campos de concentración, bajo trabajos forzados, a quienes las rechazasen – pues tal reacción sería prueba suficiente de “leur participation à des actes de terrorisme ou de vandalisme pendant la révolution espagnole”-. Así expresado, entendemos que son las autoridades las que han de juzgar quién tiene derecho a temer por su vida en caso de regresar a España y quién no. Pero aún hay más. En un arranque contra los “prisioneros de guerra” que se decían anti hitlerianos convencidos, esta agrupación proponía que su sinceridad fuera puesta a prueba 194 . ¿Cómo? Destacándolos a todos ellos en primera línea, “avec derrière leur formations de groupes de mitrailleurs, n’autorisant aucune désertion devant l’ennemi”. Casi un mes después, esta agrupación patronal volvía a ponerse en comunicación con el prefecto y los distintos gabinetes ministeriales. Visiblemente molestos por no haber visto consideradas sus peticiones, decían expresar “una indignation qui va en croissnt parmi les familles françaises” y atacaban de nuevo el régimen de favor del que disfrutaban los españoles, cuyo único mérito era el “d’ avoir pris la fuite devant le danger, après avoir pillé et assassiné leur compatriotes en Espagne” 195 . En esta ocasión sí que sabemos lo que el prefecto Angelo Chiappe opinó del escrito recibido 196 . Concluimos con los últimos párrafos de aquél: A l’heure actuelle, la très grande majorité des espagnols susceptibles de regagner l’Espagne ont déjà été rapatriés. Les anarchistes et les communistes ainsi que ceux signalés comme suspects, soit pour l’ordre public, soit pour la défense nationale, ont été dirigés sur des camp de concentration. […] Dans ces conditions, j’estime que les groupements privés n’ont pas à intervenir en la matière et doivent faire confiance au Gouvernement, à son représentant dans le département et aux différentes administrations qui collaborent avec moi. 194 Los “prisioneros de guerra” a quienes se refiere la carta de la Agrupación patronal, son en gran medida alemanes y austríacos exiliados de sus respectivos países ante el avance del nazismo, del que son fervientes opositores, o bien miembros de estas nacionalidades pertenecientes a las Brigadas internacionales. Respecto a su trato, aunque no se llegó tan lejos como pretendían los redactores de esta carta, a los alemanes y austríacos de entre diecisiete y cincuenta años, “ressortissants des puissances ennemies”, se les acabó internando en virtud de los decretos del 17 de septiembre y 18 de noviembre de 1939. Los continuos esfuerzos que realizaron estos colectivos para buscar la simpatía de Francia fueron recibidos con frialdad. Disponemos de una carta muy interesante a este respecto. El 9 de mayo de 1939, año del 150º aniversario de la Révolution française, 605 internos de nacionalidad alemana suscribían un comunicado enviado al Comandante del Campo de Gurs, en el que declaraban lo siguiente: “en cas d’une guerre d’Hitler contre la civilisation Occidentale, notre place est aux côtes de la République Française”, y se lamentaban de que debido a su encierro, “n’avons pu emplyer jusqu’ici nos spécialistes de métier et ses connaissance pour la Nation Française”. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 186: “Correspondance avec d’autres départements au sujet d’interés ou du camp de Gurs”. 195 Carta del 5 de octubre de 1939. Fuente: 10M Travail et main d’œuvre. 8: “Protection de la maind’oeuvre nationale”. 196 En una carta posterior al 5 de octubre, informaba a Sarraut de que pese a estar formada por personalidades relevantes, esta asociación “marque une tendance très nette à vouloir se substituer aux Pouvoirs Publics et aux Administrations”. Fuente: 10M Travail et main d’œuvre. 8: “Protection de la main-d’oeuvre nationale”. 69 Conclusiones El exilio republicano en Francia es un campo de estudio que se ha asentado y consolidado tras más de cuatro décadas de trabajo y dedicación. No hay ninguna duda sobre ello, como tampoco la hay sobre que aún queda mucho camino por recorrer. Los autores y trabajos que hemos citado vienen a demostrar esta constatación, lo que no quita para que existan en la actualidad otras muchas investigaciones en desarrollo, así como publicaciones a las que aún no hemos llegado –por tanto, nuestro conocimiento bibliográfico sobre la materia es algo que no podemos dejar de incrementar-. El gran número de estudios realizados en los últimos años demuestra también un notable grado de diversificación, bien sea a través de los estudios culturales o de la recopilación memorística sobre las experiencias en las diferentes fases del exilio, sin olvidar los temas clásicos y aquellos más conocidos entre el público no especializado –República en el exilio, participación guerrillera española, «campos de internamiento» y reemigraciones a Latinoamérica-. Sin embargo, acusamos una notable falta de atención hacia ciertos frentes, como pueden ser las perspectivas de género y los enfoques de tipo social, que en nuestro trabajo sólo hemos visto abordar con cierta profusión a investigadoras como Alicia Alted o Geneviève Dreyfus-Armand. Partiendo de las hipótesis que abrimos al presentar este trabajo –la relevancia de Francia como vía de análisis sobre el exilio y el desconocimiento o desatención hacia muchos de sus protagonistas-, podemos decir que ambas han quedado suficientemente demostradas en el transcurso de nuestros respectivos análisis sobre el Estado de la cuestión y el Estudio de caso. Es decir, que los trabajos sobre el exilio reconocen a todos los grupos que formaron parte del mismo, pero tienden a tratar sólo porciones de aquél, contribuyendo a que conozcamos mejor lo más significativo del conjunto –los hechos de armas, las producciones escritas y los sucesos políticos-, pero no lo más representativo –la existencia de la mayoría-. Reivindicamos, entonces, el estudio directo e independiente de este importante sector del exilio, conformado en principio por familias e individuos desvalidos, y para ello proponemos sacrificar la delimitación cronológica tradicional que se suele llevar a tratar sin escapatoria los años de la contienda mundial. Un primer exilio puede alcanzar esos años sí, y es muy útil que el relato no se interrumpa con el Armisticio francés del 20 de junio de 1940 -puesto que así se pueden observar las evoluciones de la comunidad exiliada y de la opinión pública francesa-, pero si eso ha de limitar constantemente nuestra indagación en los hechos, es mejor abstenerse de abarcar tanto. De este modo, podrá centrarse el estudio en 1939, que cubre sobre todo una experiencia de refugiados de corto -pero trascendentalrecorrido. Es aquí donde cobra relevancia esa distinción semántica que trazábamos en la introducción entre «refugiados» y los «exiliados». Como bien recalcaba en su momento 70 Javier Rubio, si de cada tres españoles participantes en “La Retirada” sólo uno permanece en Francia para 1940, no podemos seguir hablando de un exilio largo para casi medio millón de personas. No cuando la mayor parte de los refugiados conoce antes la repatriación hacia España que la guerra mundial desde Francia. En consecuencia, y más para el año 1939, debemos reconocer la existencia de quienes pasan por este corto exilio –o periodo de refugio-, y no sólo contar con ellos en el recuento global que sirve para introducir el relato de quienes se van a quedar. Y aunque su estancia sea breve, del orden de unos meses, las fuentes consultadas nos confirman que para esta etapa hay plenitud de documentación, pues en la medida en que el estado francés hubo de cubrir las necesidades de los más vulnerables, dejó documentación sobre ellos. Insistamos una vez más sobre quiénes son estas personas y valoresmo qué hemos averiguado sobre cada una. Nuestro primer grupo es el más relevante en términos cuantitativos. Las mujeres, tanto con respecto a sus identidades familiares –madres, tías, hermanas e hijascomo en lo referente a sus roles sociales –trabajadoras, militantes, enseñantes o resistentesposeen una relevancia que está fuera de toda duda. En su papel familiar, en la medida en que hemos podido constarlo, fueron ellas quienes con más ahínco buscaron el reencuentro con sus seres queridos o la acogida, si es que ya residían en Francia, de aquellos parientes más solitarios o idefensos, como sobrinos o nietos. Como protagonistas de la historia las primeras mujeres que han roto el silencio que las tenía sepultadas han sido las guerrilleras o activistas en la Guerra civil española y la Libération, respectivamente. Creemos, sin embargo, que aún sería necesario estudiar qué otro tipo de mujeres generó el exilio, o caeremos de nuevo, dentro de la propia perspectiva de género, en la jerarquización excesiva de los grupos que primero se visibilizan por su papel más activo en los acontecimientos. ¿Por qué hemos dicho, a propósito, que las mujeres son las que con más ahínco buscan a los suyos? En realidad no tenemos evidencias cuantitativas suficientes para afirmar algo así – en los casos que contamos, las mujeres podrían ser aproximadamente la mitad de los solicitantes-, pero nos atrevemos a aventurar tal aseveración como nueva hipótesis de futuro. Estas mujeres, que en muchos casos quedaron al cuidado de sus hijos y familiares –sus propios padres, sus suegros, u otrosescaparon como norma general al internamiento –aunque no siempre, véase sino el campo de Rieucros-, y por tanto recibieron de Francia un trato algo más agradable. Sin embargo, no por ello su camino quedó despejado de dificultades. Se habla bastante del factor político como «argamasa» de resistencia e identificación entre los varones y milicianos, pues bien, ¿qué clase de «argamasa» une a estos individuos, donde la mujer ha pasado a ser la “nueva cabeza de familia”? Sin despreciar su propia identificación ideológica y política, está claro que ha 77 imprescindible, o aún favorable. ¿Era inevitable que la llegada de mano de obra barata y bien dispuesta fuese nociva? Y aún así, la cuestión que se suscitaba no era tanto el que los extranjeros hubieran podido ser la respuesta a las necesidades de Francia. Bastaba con admitir que ellos no eran el problema. Por tanto, desde estos márgenes no se reprochaba al gobierno el no haberlos apoyado, sino el haber hecho lo contrario. Y quizá era eso lo que había hecho al país presa de sus propios impulsos autodestructivos. Desde esta tesitura, la recepción dispensada a los refugiados fue contraproducente no sólo para ellos, sino para toda Francia. Nos explicaremos. Al acogerlos con tantas precauciones se establecía una especie de presunción de culpabilidad colectiva, de modo que el Estado, hiciera lo que hiciese después –alimentarlos, albergarlos, darles asistencia médicadejaba una impronta muy negativa, tanto entre los refugiados como de cara a la opinión pública que les era favorable. Tampoco podemos olvidar que muchos exiliados republicanos albergaban, como es perfectamente comprensible, una muy desarrollada susceptibilidad hacia Francia –por su actitud oficial durante y después la guerra-. Si existía un sector de la ciudadanía francesa que juzgaba lo que el país hacía como suficiente o excesivo, para muchos españoles era Francia la que estaba en deuda con ellos, pues no en vano la contienda civil se había provisto de una clara significación como guerra internacional y antifascista. Donde el fascismo era enemigo de todas las democracias, la Segunda República luchaba y sangraba por ellas. Las experiencias que se produjeron en “La Retirada” supusieron, para muchos republicanos, la decepción definitiva. Tuvieron que pasar muchos años para que pudieran perdonar a Francia como país. Así lo confesaba Virgilio Peña cuando reflexionaba sobre el trato que había recibido en 1939 y el que recibió en 1945: “la primera vez, la gente que nos acogió no eran franceses”, afirmaba. Fuera como fuese el recuerdo sobre lo ocurrido, y retomando esa idea sobre una acogida contraria a los deseos de los interesados, debemos recordar quienes, entre los franceses, consideraron demasiado laxas las medidas tomadas por sus gobernantes. Esta fue una constante fuente de presión para las autoridades, y no porque contase con la aprobación de numerosas comunidades cerradas o cuantiosos ciudadanos desempleados, sino porque procedía de sectores muy influyentes de la sociedad, o bien de grupos muy problemáticos –Laharge hace mención de dos de ellos, las Croix de Feu y la UNC, pero eran muchos más-. La incapacidad para imponerse a estas presiones hizo que la administración cometiera de vez en cuando atropellos contra los refugiados de que no eran celebrados por nadie. No por la izquierda, que dirigía entonces sus más duras críticas contra el ejecutivo, pero tampoco por la derecha; porque si para ella la presencia de «indeseables» en el país se consideraba ya en sí misma un error, no bastaba con que el gobierno se mostrase duro una vez, sino intransigente siempre –cosa que no había 78 hecho-. Periódicos y sectores menos apasionados, o más conservadores, defendieron incondicionalmente la postura gubernamental durante mucho tiempo, manteniendo una posición que siempre era más fácil atacar que defender. Y es que se manejaban tantos datos y argumentos a favor y en contra de los refugiados, que mantenerse en el centro debía de resultar en extremo complicado; y no sólo porque esto pudiera suponer justificarse a todas horas ante los demás, sino porque también suponía hacerlo ante uno mismo. Refiriéndonos a actitudes más concretas se nos ocurre el caso del prefecto de los Basses-Pyrénées, Angelo Chiappe, que es con diferencia el individuo que más veces aparece en los archivos consultados con nombres y apellidos –tanto en calidad de remitente como de destinatario-. Esta abundantísima presencia del personaje en las fuentes no hace que lo conozcamos mejor –aunque ofrece continuas pistas sobre su animadversión hacia los refugiados-, pero sí contribuye a que estemos mejor informados sobre sus actividades. Su labor, en verdad frenética, consiste en ser el principal puente de comunicación entre el gobierno central y todas las autoridades locales o subprefectorales de Basses-Pyrénées, quienes a su vez le hacen partícipe de centenares de informes y demandas recibidas –cuando estas no son dirigidas a su persona de forma directa-. De aquí podemos extraer, como en parte hace el señor Laharge, que Chiappe era una persona con una capacidad de decisión nada desdeñable que se vería expuesta, por consiguiente, a todo tipo de presiones. Nada más lejos de la verdad. El señor prefecto, como bien nos ha demostrado al final del estudio de caso, no se deja presionar más que por sus convicciones personales, y aunque sabemos por su biografía que estas fueron un inconveniente en algún momento de su carrera –olvidando su final a manos de las FFI-, en el año 1939 no suponen ningún problema para él. Y si esto es así es porque existe, dentro de la administración francesa, un sector ideológico muy consolidado y muy próximo, cuando no integrante, de la derecha francesa más extremista. A estas posiciones tan usuales dentro del gobierno francés, y para nada neutrales, se le ha de sumar una contestación casi nula desde la izquierda, tanto dentro como fuera del aparato funcionarial. El centro político, en caso de existir, contemporiza la situación en la que vive, de modo que en el aparato gubernamental o hay adeptos o resignados ejecutores. Personas, que como en otros muchos sistemas, encuentran su descargo en un trabajo bien realizado, no en cuestionar cuando pueda parecer oportuno, aunque en ocasiones algo les haga fruncir el ceño –como nos contaba Laharge-. Para el periodo que nos ocupa y como bien señalaba Denis Peschanski en distintos momentos a lo largo de su obra, los diversos integrantes de la administración francesa suelen desplegar, de cara a sus superiores, una estrategia de disimulo y contención. Sobre los asuntos y problemas enfrentados, conviene no señalar que 79 transcurren excepcionalmente mal ni inusitadamente bien, porque cuando hace tiempo que nadie reconoce la gravedad de un problema, ser sincero sobre ello puede llegar a ser inoportuno. Reconocer que determinada labor ha sido un éxito, por otra parte, tampoco es cauto. El gobierno francés afronta una situación tan enrevesada –no sólo en relación a los refugiados-, que no tiene mucho tiempo para celebrar aciertos. Si las cosas van bien en un departamento se entiende que los responsables han cumplido con su deber y, lejos de haber recompensas, lo que puede haber son decepciones futuras. Además, como toda prefectura afronta siempre alguna necesidad, tiene que hacerla valer por encima de otras semejantes. Por eso conviene dar una imagen intermedia. Las cosas no van muy mal, porque se atienden bien, pero tampoco son tan ideales como para que ya no se necesite continuo apoyo y comprensión. En el caso modelo al que nosotros aludimos -el de las repatriaciones forzadas denunciadas por el adjunto a la alcaldía de Oloron, el señor Laharge-, el prefecto Angelo Chiappe, pero sobre todo el secretario general del Ministerio de Interior, el señor Berthoin, están atrapados en esa circularidad de la que habla Peschanski. Las repatriaciones deben seguir realizándose, y aunque sea comprensible que muchos refugiados las rechacen, por temor a lo que pueda sucederles en España, no van a ser ellos quien expliquen esta situación a sus superiores –o, en el caso del ministro, a sus semejantes-. Para sobrevivir en esta eterna cadena de auto justificaciones lo mejor es dotarse de una inmunidad impasible ante las críticas. Denunciaba el señor Laharge en su carta que la administración ni siquiera llevaba un recuento atinado sobre la integración española en la Legión y en las CTE. Este hecho, sin entrar a valorar ni su certeza ni su frecuencia, nos plantea la siguiente duda, ¿es necesario no dejar constancia del número de españoles que sirven a Francia para poder ignorarlos mejor? Al contrario. Lo más coherente nos parece, dentro de la lógica expuesta hasta el momento, llevar un registro adecuado y nunca sorprenderse, sino razonar en todo caso que por fin los refugiados devuelven los servicios recibidos. El tema de las repatriaciones también se observa desde una autosugestión semejante. Al menos en el área que conocemos -Basses-Pyrénées-, encontramos con demasiada asiduidad el firme convencimiento de que la España de Franco está siendo compasiva con aquellos que regresan a ella –dentro, claro, de un orden penal estricto, donde no tienen nada que temer quienes no hayan perpetrado crímenes-. Por eso, el que la propaganda comunista en los campos buscase socavar la voluntariedad de las repatriaciones enojaba tanto a las autoridades. Lo que estos propagandistas estarían haciendo era traicionar la confianza de las autoridades –no importaba que las informaciones que propagaban ya estuviesen circulando entre los refugiados por su propia iniciativa-, lo que, por otra parte, era de esperar, puesto que estos grupos ya estaban encasillados como «indeseables». Esta mezcla de pareceres hacía que la autoridad respondiera de forma dispar. En la forma, se utilizaba un tono 80 condescendiente, cuando no paternalista; mientras que en el fondo se recomendaba el traslado de estos individuos hacia unos centros que, con un abusivo empleo eufemístico, se denominaban «centros especiales», cuando no eran sino carcelarios -no llamar a las cosas por su nombre era y es un recurso muy útil a la hora de insensibilizarse-. Respecto a la designación de los espacios de internamiento, debemos entender que cuando las autoridades hablan de «campos de concentración» no están enfrentado ningún tipo específico de alusión peyorativa. Lo que sería peyorativo, insistimos, sería el denominarlos «penitenciarios», porque tal designación recordaría una lógica legal que se buscaba evitar. Donde se encerraba a personas contra su voluntad en base a meras sospechas, era preferible pensar que sólo se estaban aplicando unos protocolos de seguridad temporales, que podían no resultar ideales, pero que sí eran “bienveillantes et humanies”, sólo que “devenues plus sévères” a causa de la declaración de guerra -como defendía el señor Berthoin en la carta que al parecer nunca envió-. Esta fue durante muchos meses la consigna mantenida por las autoridades, que calibraba muy oportunamente la comprensión y firmeza del gobierno. Comprensión para entender las críticas, aunque fuesen tan duras como las del señor Laharge; firmeza para no ceder nunca ante ellas, aunque fuesen tan razonables como las del señor Laharge. Con estas últimas reflexiones no sólo hemos confirmado nuestra hipótesis sobre Francia –que es esencial en el estudio del exilio, y no sólo como escenario estático que conocer, sino como sujeto activo al que comprender-, sino que hemos alcanzado un conocimiento de la materia que consideramos tan satisfactorio como suficiente. Satisfactorio porque nos ha llenado personalmente, de modo que si esta tuviese que ser nuestra última experiencia investigadora, la recordaríamos como algo completo; y suficiente porque nos capacita para seguir adelante en nuestra vida profesional, dotándonos de las respuestas imprescindibles, aunque sea a título provisional, para plantear a su vez nuevas y valiosas preguntas. Y es que aún nos quedan muchos autores por descubrir y muchas obras que abordar o releer. En cuanto a las fuentes disponibles, hemos de recordar que nuestro archivo estudiado de Basses-Pyrénées no se corresponde con el principal foco de acogida del exilio, y aunque no creemos que eso le reste representatividad alguna, es evidente que los restantes archivos meridionales franceses deben ser incorporados en nuestro estudio tan pronto como sea posible. Por último, nuestros contactos en Pau y Oloron también deben ser explorados si no queremos prescindir del inestimable valor de las fuentes orales. El camino hacia la elaboración de una Tesis Doctoral está pues señalado, y este Trabajo Fin de Máster puede convertirse en la primera etapa de nuestro camino hacia aquél. 81 FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA Fuentes Documentales. Archivos Departamentales CONSEIL GÉNÉRAL DE L’ARIÈGE, Service départemental des archives (Foix). Administration générale et économie du département. Répertoire numérique de la Série M. 1800-1940. 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Feb ** Mar Abr May Ago Dic En Francia 10 45 69 35 45 475 440 430 410 255 140 LLEGADA - +35 +24 - +10 +470 - - - - - Repatriados - - - 34 - 40 35 10 20 145 110 SUMA - - - - - 40 75 85 105 250 360 ** Aunque hemos respetado las cifras y fechas presentadas por Rubio, no reflejan muy bien en este caso las cifras de refugiados y repatriados que él mismo ha dado para la caída del Frente norte –un máximo de 200.000 salidos entre junio y octubre de 1937 seguidas de 175.000 salidas-. Una explicación radica en que las repatriaciones son tan inmediatas a las llegadas que realmente no hay oportunidad para que estas alteren el tamaño de la colonia francesa de refugiados. *** Obsérvese el enrevesado juego de cifras. Unos 470.000 refugiados se van integrando en la colonia previa de 45.000, al tiempo que 40.000 –de uno y otrosson repatriados. * El recuento en el que se basan estos gráficos -una comunicación telefónica realizada por el comisario especial de Hendayaestá incompleto, puesto que sólo recoge las repatriaciones diarias que se producen entre el 22 de abril y el 11 de julio. Sin embargo, se lleva a la par un recuento general, de modo que para esta última fecha se cuentan, desde el uno de febrero, 109.515 repatriaciones totales (arriba Rubio menciona una cifra similar ya para mayo). 201 Elaboración propia: 244 (4M Police): Réfugiés résidant dans le département. 202 La tabla original: RUBIO, Javier: “Niveles de refugiados españoles en Francia y de repatriados desde dicho país hasta finales de 1939” en La emigración de la guerra… op. cit. (p. 124). Vieillards (2,6%) Femmes (32,1%) Enfants (40%) Miliciens (25,2%) 3.2 Repatriaciones (mayo) Repatriados totales: 14924* Media por día: 481 Repatriados totales: 12833* Media por día: 428 94 3.4 Año 1939 INFORMES (Semanales) 18-24 Ago 7-28 Sep 3 Oct 2 Nov 7 Dic Desplazamiento desconocido * - 1 semana -161 Semana contigua 3 semanas -3411 4 semanas - 700 RECUENTO INICIAL 23715 16543 15002 10200 9385 Llegadas 3368 187 161 30 147 SALIDAS Repatriados 3696 365 773 125 60 Emigrados 903 - - 28 4 Desplazados 501 20 57 3 3 Agricultura 517 93 40 - - Industria 230 317 105 - 774 Otros - 244203 143204 - - TOTAL 5469 1117 1118 156 841 FINAL - 7011** - 1541*** - 957 (-1391) -126 (-115) -694 (-781) * Puesto que carecemos de múltiples informes semanales, sólo nos es preciso calcular la cantidad total de desplazamientos producidos en esos espacios de tiempo, y no su naturaleza. ** La cuenta en nuestro cuadro no encaja puesto que entre ambas semanas se produce un descenso en el número de personas atendidas por el Estado o por la iniciativa –de unas 4271 personas-, así como otras modificaciones que no se indican. ***Se incluyen la estimación de 611 personas desplazadas -sobre el informe del 14 de septiembre, que desconocemos-. (…) Las cifras entre paréntesis representan los cálculos de desplazamientos definitivos que aportan los informes, las que quedan fuera son nuestros cómputos. Dado que no concuerdan, y no creemos que los informes sumen mal, deben de contar con cantidades que no reflejan. 3.5 Año 1940 INFORMES (Semanales) 4 Ene 1 Feb 8 Mar 4 Abr 2 May 6 Jun Desplazamiento desconocido 3 semanas -1826 3 semanas - 1344 4 semanas - 216 3 semanas - 1470 3 semanas - 312 4 semanas + 43 RECUENTO INICIAL 6778 4922 4684 3175 2496 2550 Llegadas 15 18 18 31 58 381 SALIDAS Repatriados 2 - 1 9 - - Emigrados 8 14 1 - - - Desplazados 240 9 - 354 4 318 Agricultura 2 - 55 26 13 7 Industria 2 9 4 7 30 - Otros - 13205 - - - - TOTAL 254 45 61 396 47 325 FINAL -239 (-522) -27 (-22) -43 (-39) -365 (-367) +11 (+11) +56 (+56) 203 Engagement dans la Légion Etrangère. 204 Engagement dans la Légion Etrangère. 205 Evasions. 95 4. A PROPOS DU RAPATRIEMENT DES RÉFUGIES ESPAGNOLS 206 4.1 Journal “Le Travail” (7 noviembre). Extractos. “Jusqu’à quel point avons-nous le droit de nous faire les pour voyeurs de la mort, d’ envoyer se faire mobiliser par exemple, des hommes qui ne demandaient qui a vivre obscurément en marge de la guerre qui déchire leur pays?” […] “Nous ne devions pas les envoyer [a las madres, ancianos y niños] à Barcelona et a Valence au moment où ces villes son plus menacées que jamais, au moment où les bombes de Mussolini tombant sur une école de Barcelona massacrent les enfants par dizaines.” […] “Et malgré tante notre confiance en la victoire républicaine, nous ne pouvons pas nous empêcher d’envisager le pire. Si demain le sort des batailles obligeait ces pauvres gens, […] à chercher, une fois de plus un refuge dans notre pays, nous ne pourrions tout de même pas les « rapatrier » à nouveau. Pourquoi alors ne pas les garder jusqu’à l’issue du conflit?” […] “Le solidarité prolétarienne et l’humanité tout court ne peuvent accepter de livrer à la famine et à la mort tant d’innocentes victimes. Nous nous révoltons, nous, socialistes, contre ce privilège de l’argent qui permet aux réfugiés riches d’aller vivre tranquillement au nord de la Loire, tandis que les plus dénues et les plus humbles, les nôtres par conséquent, son chassés dans leur pays où ils risquent le plus affreuse des morts.” […] “[Cita al Comité de Vigilance des Intellectuels Anti-fascistes en un comunicado enviado al gobierno sobre la repatriación “Eh bien, non! Ce n’est pas la pensé de la France, divisée en face des événements d’Espagne, mais unanime dans le respect du malheur et l’assitance aux malheureux. C’est à ce devoir d’assistance que le gouvernement de Front Populaire a, moins que tout autre, le droit de faillir.” 206 Fuente: 4M Police. 245: “Opinions face aux réfugiés”. 96 5. PROPUESTA DE ALQUILER DE ALOJAMIENTO 207 207 Fuente: 4M Police. 250: “Propositions, autorisations d’héberger des réfugiés (1936-1939)”. 5.1 Vista del Château de Barry. Propiedad de Auguste Pardies. 5.2 Plano y descripción de la maison d’Arance. Propiedad de Robert Dartagnan. 97 6. PETICIÓN DE LIBERACIÓN I 6.1 Carta de la señorita Leia Fucherman a ministerio del Interior (6 noviembre 1939). Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Surveillance sanitaire”. 7. INTERCESIONES PLANTEADAS POR PERSONALIDADES 7.1 Firma de Léon Blum (carta del 23 de octubre de 1939). Fuente: 4M Police. 245: “Opinions face aux réfugiés”. 7.3 Firma de José Mª Cavanillas (carta del 14 de octubre de 1939). Fuente: 4M Police. 250: “Hébergement dans les centres d’hébergement ou les refuges du département (1936-1940) ”. 7.2 Firma de Niceto Alcalá Zamora (carta del 4 de noviembre de 1939). Fuente: 4M Police. 250: “Propositions, autorisations d’héberger des réfugiés (1936- 1939) ”. 98 8. DENUNCIA A LA ADMINISTRACIÓN 208 7.1 Carta del señor Laharge a Monsieur Berthoin, Directeur du Personnel au Ministère de l’Intérieur (30 septiembre 1939). “Monsieur le Directeur, […] Conformément à la lettre et à l’esprit des instructions du 17 Septembre, nous, autorités locales, appuyant la Sous-Préfecture, et aidés du Vice-Consul d’Espagne, nous avons exercé les plus puissantes suggestions sur les quelques réfugiés politiques, les vieillards femmes et enfants qui peuplent nos refuges, afin d’obtenir leur départ volontaire au pays d’origine. Nos efforts on abouti à des résultats dérisoires. Personnellement, et en raison du fait que je suis, depuis longtemps le confident de ces malhereux cela ne m’a pas surpris. Je me permets de vous en donner ici une franche explication. Il résulte d’une assez abondante correspondance reçue d’Espagne par nos protégés, malgré l’étroite et sévère censure qui la surveille, des preuves que la pacification intérieure de l’Espagne n’est qu’ apparente et que la répression politique, sous les traits douteux d’une justice de droit commun, s’y avère redoutable encore. Cette correspondance, qui ne représente certainement qu’une infime partie de celle qui devrait parvenir, joint ses effets à ceux que provoquent d’autres parts d’innombrables silences. Toujours conformément aux instructions officielles nous avons groupé à Oloron le plus possible de parents directs ou de familles des miliciens internés au Camp militaire de Gurs. […] Or, à l’heure actuelle, plus de 2.000 (deux mille) miliciens ont souscrit des engagements soit à la Légion, soit dans l’aviation, des centaines d’autres sont dans des bataillons de travailleurs et sur nos frontières, d’autres encore enrôlés dans les usines de guerre ou dans les travaux agricoles […]. Il est à noter en outre que, en ce qui concerne les cinq ou si cents premiers engagés, aucun certificat n’ayant été délivré par l’autorité militaire à leur femmes, le cas échéant ; ou n’a d’autre moyen d’identifier leur situation respective que la correspondance […] j’ai réuni une documentation importante par le nombre et utile par la qualité. Elle peut être suffisamment probante. Un bon tiers de notre population agglomérée est d’origine espagnole et naturalisée de plus ou moins fraîche date. Elle conserve ses liens de l’autre coté, mais ses fils, ses hommes son combattants chez nous. On a remplacé au foyer le soldat absent par des réfugiés. Cela se fait par sympathie de race, avec ou sans allocation (désormais on accepte sans rien !!) 208 Fuente: 4M Police. 245: “Opinions face aux réfugiés”. 99 Voila Monsieur le Directeur, trois aspects de la question des Réfugiés à Oloron qui n’ont pas manqué, j’en suis sur, d’être signalés à la Préfecture de Pau. Or, le mercredi 27 Septembre nous apprenons que les Réfugiés de Bayonne ont été –manumilitari et sans douceur-montés sur des camions et conduits de force à Hendaye. On a brisé les résistances au pont international. On n’a fait aucune discrimination, on aurait même selon la rumeur annoncé aux expulsés qu’il s’agissait de les conduire dans un camp de concentration français. Ce même jour, un ordre d’exécution semblable nous parvient à Oloron « Sans délai […] il fallait immédiatement embarquer ces vieillards, femmes et enfants vers la frontière ». Il nous était impossible de laisser s’exécuter sans suris raisonnable, des ordres aussi aveugles, aussi brutalement iniques. Mais d’autre part, songeant que certaines insuffisances d’information ont certaines influences pourraient avoir induit notre Préfet en erreur, j’ai demandé à lui être délégué pour l’entretenir, preuves et documents en main, du véritable aspect de la question et des risques que comportaient les circonstances de l’exécution de ses ordres. Mal m’en a pris. M. le Préfet prenant position le premier avec une véhémence de termes qui ne me semblait pas nécessaire a refusé de m’entendre et m’a déclaré : « il faut qu’ils f… le camp et ils f… ont le camp… et s’il y en a qui résistent, la cour matiale… état de siège… etc ! » Je me suis retiré, un peu écœuré, décidé à faire appel d’une telle inhumanité. Mais tout s’éclaire, Monsieur le Directeur, d’un jour nouveau, si l’on sait… comme je l’ai su depuis une discussion publique avec un commissaire spéciale de la Sûreté… que M. le Préfet s’est laissé intimider par des interventions locales, dont une délégation de notre section d’ U.N.C. qui a pour président un corse nommé FALCUCCI ; agent électoral des plus intrigants, marchant de pair avec les Croix de Feu notoires du pays. Cette délégation aurait « exigé » qu’on expulsât les Espagnols sous peine de le faire elle-même ? Ceci explique la hâte mise à cette opération. Je me suis indigné publiquement qu’un Préfet de la République reçoive ou tout au moins prenne en considération des pressions… pour ne pas dire des ordres de cette origine et conçus sous cette forme ! Et d’autre part, j’ai luté pour qu’une discrimination soit opérée parmi les Réfugiés. J’ai eu la joie de constater l’indignation de la foule et des officiers requis pour une première exécution, dont certains détails ont été tragiques. Nous avons néanmoins renvoyé plus d’une centaine de volontaires ( !) ou de gens ne rentrant pas dans une des catégories que je signale plus haut. Nous poursuivrons l’exécution des ordres […], avec le souci également d’éviter par une précipitation injuste, imprudente même que ne soient trahis ni l’esprit, ni la lettre de la généreuse lettre du 17 Septembre conçue dans la tradition française et le respect de l’humanité. Veuillez excuser ce long rapport, Monsieur le Directeur et croire, à mon très respectueux et entier dévoument. 100 9. ACTIVIDADES BAJO VIGILANCIA Fuente: 4M Police. 245: “Opinions face aux réfugiés”. 9.1 Programa de una fiesta en provecho de la República española incluido en el informe policial del veintisiete de abril de 1937. 9.1 Programa de una fiesta en provecho de la República española incluido en el informe policial del veintisiete de abril de 1937. 9.2 Reunión pública de información sobre la situación de los refugiados españoles en los “campos de concentración” (4 marzo 1939). 10. TARJETA ADJUNTA A UNA SOLICITUD DE EMPLEO EN GURS 10.1 Datos profesionales del señor Moreteau (5 de marzo de 1939). Fuente: Camp de Gurs (1939-1940). 183: “Instructions, correspondance, rapports”. 101 11. CORREO PERSONAL DESDE LA ESPAÑA DE FRANCO 209 11.1 Carta de Diego Valencia y Ana Valencia a su hija María (10 junio 1939). 209 Fuente: 4M Police. 244: “Rapatriement des réfugiés espagnols (1937-1939)”. 102 12. CAMPO DE GURS (FOTOGRAFÍAS) 210 210 Fotos tomadas por De Vaugrente, Lieutenant-Colonel, Commandant de la 12ème Demi Brigade Aérienne de Pau, des Observateurs de la 36º Escadre. Fuente: 1M Camp de Gurs (1939-1940). 182: “Vue genérale du camp”. 12.1 Vista general del campo I. Terreno para la ampliación del campo (abril). 12.2 Vista general del campo II. Construcción de una nueva barraca (abril). 109 entonces ya estabas mezclado a la población civil. Y muchos, yo mismo, muchos ibas a la casa de los campesinos, como yo había sido campesino hasta la guerra… Pablo Aguirre: ¿Conocías bien ese mundo? Virgilio Peña: ¡Conocía el negocio! Y con otros amigos, unos de mi pueblo […], que había estado toda la vida conmigo, íbamos y les ayudábamos a cortar los árboles, les ayudábamos a otras cosas, a recoger las patatas y cosas por el estilo. *** Luego ya volvemos a Burdeos. Tuvimos una suerte formidable, muy buena persona, el teniente francés que estaba con nosotros, muy buena persona. Y cuando llegaron los alemanes, nos dijo, nos reunió. [...] “Yo os doy un consejo, marcharos, pero que los grupos […], que el grupo más grande sea de cinco personas, y que no vayáis muchos juntos, porque si se os cogen se os llevarán”. Porque él ya había estado preso en la guerra del 14, era joven pero estaba movilizado. Era un empleado de banca y era un oficial de reserva, claro, y estaba con nosotros. Y así vinimos para Burdeos. *** Entonces nos quedamos allí, a la salida de Saint-André-de-Cubzac en una casa de campo, [...] nos metimos allí en la paja a dormir. Y por la mañana se presenta el dueño: “¿Qué hacéis aquí vosotros?”, en francés. [...] Tenía [el dueño] un empleado que era hijo de españoles, […], y entonces llegó un chico que estaba allí, me recuerdo bien, y entonces dice: “¿Qué pasa?”. “Esta gente que se han metido aquí”, y dice –nos dijo el chico- “¿Qué sois?”. “Españoles. Soldados del ejército republicano”. Y el tío oyó aquello de republicano… Pablo Aguirre: ¿Y echó a temblar? Virgilio Peña: Y entonces ya se calló. Se metió dentro en su casa. Éramos cinco y salió con cinco tazas en un plato, con cinco tazas grandes y dos cacharros uno con café y otro con leche y una barra de pan [...] *** Nos fuimos para la estación y al llegar a la estación: Qu’est-ce-que vous faites là?, “¿Qué hacen ustedes aquí? ”, pues, “queremos ir para Libourne, y no tenemos ni una perra gorda” […].Y entonces un chico también , [...] nos dijo “montad ahí” […] “montaros en el tren que va a Libourne, [...]. “No os montéis en los vagones de viajeros, montaos en los de mercancía, y el tren va a entrar en la estación, al lado de la grande estación, va a llegar despacio y antes de que se pare os bajáis”. Y entonces había como una sala de cine grande, habían quitado las sillas, y allí había moros, allí había negros, allí había españoles, allí había árabes, allí había belgas, allí había de todo. [...] Y una mañana llegó un capitán alemán (hablaba francés mejor que los franceses), y dijo, “mañana esto tiene que estar vacío, aquí no quiero ver a nadie” […]. Yo ya digo “esta gente no nos ha matado no nos matarán”. *** Virgilio Peña: En Fronsac, allí estuve casi dos años. Y allí comencé a mezclarme en la cosa de la Resistencia. [...] Yo ya entonces comencé a organizar el grupo y un día se presentó allí en Libourne y me dijo: “si te es igual te necesitamos en Burdeos”. Bueno. Y yo me fui a Burdeos que no debí haber obedecido. Pero mira, las circunstancias y la obediencia a la organización más que nada, me fui a burdeos. [...] hasta que me detuvieron en el 43. Y de allí pues el interrogatorio bastante duro, mejor no hablar de ello. Y de allí a Alemania, y de Alemania pues mira, tuve más suerte que un piojo verde. Que salí vivo, entré vivo y salí vivo, que muchos no salieron, ¿comprende? [Prosigue] 110 20. GUIÓN INICIAL PARA LA ENTREVISTA 215 20.1 Información preliminar. Nombre Virgilio Peña Nacimiento 02/01/1914 Espejo (Córdoba) Biografía (datos generales) 1914-1925: hasta la muerte de su padre es jornalero en Espejo. 1925-1936: afiliado al Partido Comunista. Celebra la proclamación de la Segunda República en Espejo. 1936-1939: defensa desesperada de Espejo y huida. Combate en la guerra en el Batallón Garcés como oficial de telecomunicaciones. 1939 (9 febrero): cruza la frontera en “La Retirada”. 1939 (febrero-diciembre): interno en Saint-Cyprien y Barcarès. 1939 (22 diciembre): se integra en las CTE en Deux-Sèvres, hasta junio de 1940. 1940 (junio)- 1942 (marzo): estancia en Fronsac, donde trabaja en una villa francesa y es bien acogido. El partido le hace ir a Burdeos. 1942: se incorpora en el «maquis» antifascista de Burdeos, donde actúa como saboteador en una fábrica de submarinos. 1943: detenido el 19 de marzo y torturado por los franceses, es entregado a la Gestapo e internado en Compiègne (Oise). 1944: parte en enero de camino a Buchenwald. Allí es el interno 40.843.Sobrevive allí casi dieciséis meses. 1945: el campo es liberado el 11 de abril con la colaboración del dispositivo comunista en el que Virgilio está internado. Como «apátrida», Virgilio es retenido un tiempo hasta su regreso a Francia, donde se instala en una Casa de Reposo, en Pau. 20.2 Cuestiones propuestas. - ¿Qué se sabía de Francia, el país al que en ese momento os dirigíais? ¿Puedes contarnos cómo transcurrió el paso por la frontera? - ¿Cuál fue la actitud francesa en general? ¿Cómo fue contigo? - ¿Cómo era Saint-Cyprien? ¿Por qué os trasladaron a Barcarès? ¿Y tu familia? - ¿Veíais alguna vez a la población francesa del momento, o teníais idea sobre lo que decían sobre vosotros? ¿Se hablaba mucho de lo que acababa de pasar en la Guerra Civil? - ¿Recibíais algún tipo de ayuda del exterior? No me refiero al gobierno francés. - Tengo entendido que el 22 de diciembre sales del campo en una Compañía de trabajo, ¿qué supone para ti esta nueva coyuntura? - Tu compañía se disuelve en junio de 1940 y tu consigues acogida en una casa particular durante dos años, ¿cambió tu opinión sobre los franceses durante este tiempo? - ¿Cómo se organizaba el campo de Buchenwald? - Aparte de los SS, ¿qué puedes decirnos de los kapos? ¿Quiénes eran? - ¿Eráis muchos los españoles en Buchenwald? ¿Cómo os organizabais? - ¿Podrías tratar de explicaros en qué se diferenció tu experiencia en Francia de tu experiencia en Alemania? ¿Cuál crees que fue la clave para sobrevivir en Buchenwald? - ¿Cuándo empezaste a hablar sobre todo esto? ¿Sentías la tentación de contarlo, o de guardarlo? 215 Hemos incluido aquí el esbozo provisional que realizamos en Pau, porque nos ha parecido más apropiado incluirlo con sus limitaciones para que explique mejor qué clase de entrevista esperábamos.