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TRABAJO FIN DE MÁSTER APROXIMACIÓN DE LA POTENCIALIDAD PRODUCTIVA DE SAL EN EL TERRITORIO MONTAÑOSO DE LA CELTIBERIA HISTÓRICA DURANTE LA EDAD DE HIERRO Jonatan Terán Manrique Dr. Miguel Ángel Saz Sánchez Máster Universitario en Tecnologías de la información geográfica para la ordenación del territorio: sistemas de información geográfica y teledetección Noviembre de 2012 Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio
Resumen Pese al papel fundamental de la sal común en las sociedades preindustriales, el conocimiento que en la actualidad se dispone acerca de su producción en la península ibérica es deficitario. La tendencia historiográfica dominante presupone una producción mediante evaporación solar durante la Edad del Hierro. El presente trabajo propone una serie de cartografías de potencialidad productiva de una zona de gran tradición salinera, el Territorio Montañoso de la Celtiberia Histórica. La potencialidad productiva se ha obtenido a partir del cálculo y análisis multicriterio de las variables influyentes en el proceso productivo ‒geología, insolación, régimen de precipitaciones, temperatura, pendiente del terreno y altitud‒ de la Edad del Hierro. El análisis de las cartografías han mostrado diferencias considerables en la potencialidad productiva del área de estudio debidas a las variaciones en las condiciones climatológicas. Palabras Clave: sal, producción, Edad del Hierro, Celtiberia, evaporación solar, SIG, análisis multicriterio. Abstract Despite the essential role of common salt in preindustrial societies, our knowledge about its production on the Iberian Peninsula is currently deficient. The dominant historiographical tendency presumes solar evaporation production during the Iron Age. This paper puts forward a series of cartographies on productivity potential in an area of great salt-mining tradition: the Mountainous Territory of Historic Celtiberia. The productivity potential has been obtained based on the multi-criteria analysis and calculations of several variables that influence the production process –geology, insolation, precipitation index, temperature, incline and altitude– during the Iron Age. The analysis of cartographies has shown considerable differences in the productivity potential of the area of study due to differences in climatological conditions. Key Words: salt, production, Iron Age, Celtiberia, solar evaporation, GIS, multi-criteria decision analysis. Este trabajo se ha realizado en el marco del programa de Formación de Profesorado Universitario del Ministerio de Educación, Ciencia y Deporte.
Mi más sincero agradecimiento al director del presente estudio, el profesor Miguel Ángel Saz Sánchez por su tutela, paciencia y consejo. Asimismo aprovecho estas líneas para expresar mi gratitud al profesor Enrique Ruiz Budria por su ayuda en la obtención de datos y en la creación del modelo, y al profesor José Luis Peña Monné por su apoyo con el paleoclima. No sería justo olvidarme del profesor Francisco Burillo Mozota y de los arqueólogos Clemente Polo Cutando y Fernando Pérez Lambán por su ayuda con la documentación.
Índice 1. Introducción ............................................................................... pág. 1 1.1. La producción de sal durante la Edad del Hierro peninsular: estado de la cuestión y justificación del trabajo .................................. pág. 1 1.2. Técnicas de extracción de cloruro sódico .................................. pág. 3 1.2.1.La extracción por insolación ........................................... pág. 3 2. Objetivos ................................................................................... pág. 5 3. Área de estudio .......................................................................... pág. 5 4. Metodología ................................................................................ pág. 7 4.1. Localización de las explotaciones salineras ............................... pág. 7 4.2. Integración de variables ........................................................ pág. 8 4.2.1.Variables topográficas: Modelo Digital de Elevaciones y ráster de pendientes ............................................................. pág. 9 4.2.2.Variable geológica ........................................................ pág. 9 4.2.3.Variables climatológicas ................................................ pág.12 4.3. Variables climatológicas de temperatura, precipitaciones e insolación durante la Edad del Hierro ................................................... pág.15 4.4. Cartografía de potencialidad productiva de la segunda mitad del siglo XX ..................................................................................... pág. 18 4.4.1.Reclasificación de rásters de variables ............................. pág. 19 4.4.2.Valoración de variables y cartografía final ........................ pág. 22 4.5. Cartografías de potencialidad productiva de la Edad del Hierro ... pág. 23 5. Resultados ................................................................................. pág. 23 6. Conclusiones y discusión .............................................................. pág. 25 Bibliografía ....................................................................................... pág. 27 Recursos electrónicos ........................................................................ pág. 31 Anexos ............................................................................................. pág. 33
1 1. INTRODUCCIÓN El cloruro sódico o sal común se compone de la reacción de un metal inestable, el sodio, y un gas venenoso, el cloro. Sorprendentemente, el resultado es un mineral conocido como halita que los seres vivos no sólo pueden tolerar, sino que necesitan para su supervivencia. Numerosos son los usos que los seres humanos han dado a la sal pero el primero y más importante de todos es su consumo. No en vano, el cloruro sódico es indispensable para el desarrollo de actividades vitales como el crecimiento o la reproducción y el buen funcionamiento de las funciones motrices, ya que el sodio permite la transmisión de los impulsos nerviosos y la absorción de nutrientes, especialmente la glucosa. Tanto los elevados niveles de sodio en sangre —hipernatremia— como los bajos —hiponatremia— pueden causar graves problemas de salud e incluso la muerte. Al igual que las personas, los animales también necesitan consumir sal. Esto es bien conocido por los ganaderos y pastores quienes facilitan el acceso de los herbívoros a los salegares. El uso de la sal para la conservación de alimentos es quizá el más conocido de sus usos. La preservación gracias a las propiedades deshidratantes y antisépticas de la sal fue el método predominante hasta los inicios del siglo XIX, cuando N. Appert inventó el cierre hermético. Otros muchos usos se documentan desde la Antigüedad. Así, la sal se usaba en las tareas de esquileo (Columela, De Rusticae, VII, 4-8), el curtido de pieles y la doma (Ibid, 2), la obtención de tinte de color púrpura a partir de los Murex (Plinio, Historia Natural, IX, 1), incluso para el proceso de templado del metal (Schulten, 1959: v.II: 333) y a partir del siglo XVI para facilitar la amalgamación de la plata y el oro en el sistema denominado de “Patio de caballos” (Menéndez, 2007). Asimismo, bloques de sal se han utilizado como material constructivo en lugares como Taghaza. En el Sahara occidental o Zipaquirá. En Colombia incluso la alfarería se ha beneficiado de las propiedades de la sal en la elaboración de pastas (Rye, 1976: 121-122; Alexianu et al., 2007) y acabados (Orton et al., 1997:102). La sal tiene su lugar en la medicina tradicional contra la inflamación y la infección ocular (Plinio, Historia Natural, XXXI, 86), las cicatrices (Columela, De Rusticae, VI, 32-33), la cojera (Ibid, 12,1), la sarna (Ibid, 13,1) y las paperas (Columela, De Rusticae, VII, 10-3). No es casualidad que hoy en día, la sal sea uno de los elementos que componen los sueros contra el cólera. La sal ha sido por tanto, un producto imprescindible en las sociedades preindustriales cuya obtención ha sido y es llevada a cabo siguiendo diversas técnicas en gran medida dependientes del estado natural en el que el cloruro sódico se encuentra en la naturaleza pero también de las condiciones climatológicas, topográficas y de factores socio-culturales. 1.1. La producción de sal durante la Edad del Hierro peninsular: estado de la cuestión y justificación del trabajo La industrialización y las propias formas de vida que conlleva han provocado un fácil acceso al tiempo que una relativización de la importancia de ciertos productos. Tal es el caso de la sal, producto de necesidad fisiológica para los seres vivos y cuya diversidad de usos la hacen básica en la vida preindustrial. Todavía hoy se encuentran largas caravanas de camellos cargados de bloques de sal etíope que cruzan el continente africano de este a oeste. Con la industrialización, la extracción de sal se ha convertido en un proceso productivo muy bara- to, hasta el punto de que incluso los sectores más desfavorecidos de las sociedades industrializadas tienen acceso a ella. Valga como prueba de ello el hecho de que la Organización Mundial de la Salud recomiende la inclusión de yodo en la sal para evitar enfermedades como el bocio por ser ésta un medio efectivo para llegar a la inmensa mayoría de la población o la tremenda extensión de las patologías relacionadas con la hipertensión en el llamado primer mundo. Además, la sal ha sido desplazada en uno de sus más importantes usos tradicionales, la conservación. Todo ello ha contribuido a que la sal haya caído en el olvido en los estudios históricos y haya sido ignorada en los arqueológicos. Como es lógico, el hecho de que la sal, al ser un bien de consumo, des-
2 aparezca del registro arqueológico no ha ayudado a que los investigadores tuvieran en cuenta esta sustancia en sus interpretaciones. Únicamente los espectaculares hallazgos de Ramsauer en Hallstatt a mediados del siglo XIX y las insatisfactorias explicaciones de los montones de briquetage descubiertas por R. A. de la Sauvagère en 1740 hicieron despertar, aunque tímidamente, el interés por la sal como aspecto a tener en cuenta en el desarrollo de las sociedades prehistóricas. Hubo que esperar hasta la segunda mitad del siglo pasado para asistir al surgimiento de una verdadera Arqueología de la sal, fenómeno esencialmente franco-alemán cuyos ecos llegaron a la Arqueología británica que pronto llevó a cabo trabajos interesantes en el sur del país. Por el contrario, en la península ibérica el interés por la sal ha llegado muy tarde. Existen algunas referencias a la sal a mediados de los ochenta y, ya en los noventa, se producen los primeros trabajos de campo con la sal como protagonista en Villafáfila, Cardona o La Marismilla. Por desgracia, la Arqueología española continúa adoleciendo de un cierto retraso. Pese al esfuerzo de auténticos pioneros como G. Delibes, A. Figuls, o J.L. Escacena, la información disponible sobre la sal ibérica es todavía hoy en día escasa, sobre todo si la comparamos con el volumen de información de otros países europeos. Esta realidad se debe, como hemos indicado, al tardío interés por la sal prehistórica pero también a la extendida opinión de que debido a las condiciones climatológicas de la península, la extracción de sal se produciría casi exclusivamente por evaporación solar resultando prácticamente inadvertibles para la arqueología las evidencias del proceso. Si bien es cierto que la península goza de buenas condiciones para la aplicación de este método, debemos tener en cuenta que la utilización de uno u otro método no sólo responde a posibilidades medioambientales sino que los factores culturales tienen mucha incidencia. Muestras de ello nos llegan de la Etnografía, así como de los numerosos casos de ignición en la Prehistoria peninsular que están surgiendo desde hace algunos años. En algunos casos, en lugares donde la extracción de sal por insolación es posible como atestigua su producción salina en momentos ya históricos. Este es el caso de los yacimientos de Molino Sanchón II y Santioste en el entorno de las lagunas de Villafáfila (Delibes et al., 2007; Abarquero et al., 2010), del yacimiento madrileño de Espartinas en Ciempozuelos (Valiente y Ramos, 2009) y probablemente de Fuente Camacho en Loja, al oeste de la provincia de Granada (Terán y Morgado, en prensa). El periodo que nos ocupa, la Edad del Hierro, es un periodo clave en esta problemática ya que se trata de un momento de especial intensificación de la producción salinera en todo el marco europeo (Terán, 2011). Además, como hemos visto, contamos con algunas referencias de autores clásicos sobre la producción de sal por evaporación solar en el ámbito mediterráneo. Sin embargo, existe un acusado vacío de conocimiento en lo que concierne a la producción de sal durante este periodo en la península ibérica. Apenas contamos con algunos testimonios de autores clásicos que informan sobre la existencia de sal en la península: Columela (6, 17, 7), Paladio (XIV, 3; XIV, 9), San Isidoro (16, 2, 3) Sidonio Apolinar (IX, 11), Plinio (NH, XXXI, 80); o sobre las famosas salazones de pescado del círculo del Estrecho: Estrabón (III, 1, 8; III, 4, 3), Plinio (NH, XXXI, 94). Arqueológicamente la información disponible es muy escasa. El hallazgo de varias alineaciones de ánforas púnicas y romanas formando estructuras de contención en las marismas de Camposoto y Los Cargaderos, en San Fernando, Cádiz, podrían ser indicativas de una producción de sal por insolación en la costa meridional (Alonso et al., 2003). Aún menor es el conocimiento para las zonas de interior. Incluso en zonas como el Sistema Ibérico en las que el recurso salino se presenta abundantemente, la información disponible es deficitaria. Algunas propuestas que relacionan poblamiento y recurso salino (Cerdeño y Pérez, 1992) y los hallazgos aislados de tres fragmentos cerámicos de forma rectangular y que presentan en una de sus caras un rebaje en diferentes yacimientos de la comarca caracense de Molina de Aragón que se han interpretado como moldes para sal (Arenas y Martínez, 1999), son los únicos aportes científicos sobre la producción de sal en el interior peninsular durante el I milenio a. C. La tendencia actual y las referencias clásicas apuntan en la dirección de la insolación como método dominante para la Edad del Hierro mediterránea, pero es precisa la realización de un estudio riguroso de las técnicas extractivas que ratifique o por el contrario deseche esta hipótesis. En ese sentido, la
3 elección de un área de estudio en el que el recurso salino se presenta en abundancia y de forma dispersa pero que conforma un área montañosa de interior con las dificultades que entraña en lo relacionado con la propia producción y logística, toma especial relevancia. De confirmarse la producción por insolación en el Sistema Ibérico para estas cronologías, esta realidad podría extrapolarse con ciertas garantías a otras zonas de interior con afloramientos salinos que presentan una topografía más favorable. Por el contrario, de encontrar evidencias de extracción de sal por ignición en lugares en los que las condiciones climatológicas permitieron la evaporación solar, se pondría de manifiesto la complejidad del fenómeno productivo y su ligazón con aspectos sociales ante lo que no sirve un instrumento de análisis estrictamente funcionalista. En cualquier caso, el presente estudio se conforma como una etapa inicial consistente en acotar las zonas más favorables para la producción por insolación dentro del área de estudio para los diferentes episodios culturales de la Edad del Hierro de forma que las estrategias de prospección arqueológica puedan planificarse y gestionarse de una manera más eficiente y rentable. Se trata del paso previo a la inclusión de información de carácter meramente arqueológica (localización de yacimientos, características de los mismos, tipos de materiales, etc.) en un Sistema de Información Geográfica (en adelante SIG) creado a tal efecto. Todo ello beneficiaría la localización de espacios productivos para momentos tanto protohistóricos como históricos y en definitiva el conocimiento de las técnicas productivas y su incidencia social. 1.2. Técnicas de extracción de cloruro sódico De entre las técnicas de obtención de cloruro sódico, quizá la más sencilla sea la minería. Pese a que no es lo más frecuente, no es inhabitual encontrar cloruro sódico en estado sólido. En tal caso es conocido como sal gema o halita y constituye un elemento que puede ser extraído mediante actividades mineras. Éste es el caso de la Muntanya de sal de Cardona (Barcelona), Remolinos (Zaragoza) o las menos conocidas minas de Minglanilla en Cuenca. La Arqueología nos aporta información de este tipo de extracción precisamente en Cardona desde el Neolítico Medio (4500-3500 a. C.) (Figuls et al., 2007; Figuls et al., 2010) o en el paradigmático yacimiento austriaco de Hallstatt —literalmente “lugar de sal”— que ha dado nombre a todo un periodo de la Edad del Hierro de Europa Central (Nenquin, 1961) entre otros. 1.2.1.- La extracción por insolación Mucho más frecuente en la naturaleza es la presencia de sal diluida en agua, bien sea agua marina o agua continental salada fruto del paso de corrientes de agua subterráneas por zonas ricas en halita. Conviene aquí recordar que el agua salada ocupa aproximadamente el 71% de la superficie de la Tierra. Por ello, el aprovechamiento de la sal a lo largo de la Historia se ha basado principalmente en procesos de lixiviación (Weller, 2010) mediante el tratamiento térmico de aguas saladas. Atendiendo a la naturaleza de la fuente de la energía calorífica podemos distinguir entre dos métodos fundamentales: la ignición y la insolación. La extracción de sal por ignición ofrece la posibilidad de evitar en parte las limitaciones climatológicas, ya que la fuente calorífica es artificial. Esto explica que esta técnica haya sido usada en toda Europa continental desde el Neolítico. Como inconveniente, hay que señalar que requiere de una mayor inversión de trabajo y de grandes cantidades de combustible. El proceso de extracción por ignición no es extremadamente complicado. En primer lugar, el agua salada se introduce en grandes recipientes, generalmente de formas abiertas y base plana, y se calienta en hogares. El tratamiento calorífico potencia la concentración mediante la evaporación de agua, permitiendo así la precipitación del cloruro sódico. Una vez precipitado el cloruro sódico, y con una solución todavía muy acuosa de carácter semilíquido, habría dos posibilidades. Por un lado, la cocción podría prolongarse hasta que el agua restante se evaporara por completo, o bien, el producto se podría retirar del fuego, verter en pequeños recipientes —frecuentemente de barro crudo— que ejercerían de moldes y exponerlos de nuevo a calor, esta vez elevados de las brasas varios centímetros por soportes también llamados peanillas o pedestales. Una vez secada la salmuera, estos moldes deberían romperse para la extracción del producto
4 final lo que explicaría en parte las grandes acumulaciones de materiales cerámicos (briquetage) que se dan en este tipo de yacimientos. La extracción de cloruro sódico mediante la exposición prolongada de agua salada a la energía solar es el método más extendido en la actualidad en gran medida por su gran rentabilidad dada la gratuidad de la fuente de calor. Por ello, no nos debe extrañar que ya los chinos se aprovecharan de ello en el III milenio a. C. (Nenquin, 1961) y que la mayoría de las explotaciones salineras desde la Protohistoria hasta la actualidad sean de este tipo. Sin embargo, los mismos motivos que las hacen altamente rentables las hacen al mismo tiempo “dependientes” y es que para poder producir sal de este modo es preciso que se den una serie de condicionantes climáticos. Es condición absolutamente sine qua non para la efectividad de la evaporación solar la abundancia de horas de sol. Sólo de esta forma, el agua salada marina o continental estancada en piletas normalmente rectangulares, puede concentrarse hasta los 330g/l, momento en el que comienza a cristalizar el cloruro sódico. Para facilitar el proceso de concentración trata de primarse la superficie en detrimento de la profundidad. Así, estas piletas, también llamadas balsas, arcobotes, recocederos, tolls, pilones, etc.,1 no son muy profundas y sí extensas —12/20 m2 en el caso de Añana (Plata, 2009)— de forma que sufran mayor insolación. A estos condicionantes hay que sumar la vulnerabilidad de este sistema en caso de lluvia dado que al tratarse de instalaciones a cielo abierto, las precipitaciones podrían dar al traste con horas de trabajo. Por todo ello, la utilización de este método parece circunscribirse en el viejo continente a la Europa mediterránea y presenta un carácter fuertemente estacional —verano. Para minimizar estos riesgos, la etnografía nos muestra algunas soluciones entre las que destaca la separación del proceso de concentración y cristalización o las diferencias estrategias de finalización del proceso. En la mayoría de las salinas de época histórica, mejor documentadas cuanto más modernas, existe una división entre la concentración de la salmuera y la cristalización de la sal. Arqueológicamente es difícilmente demostrable dado que los dos procesos se realizan en espacios prácticamente idénticos (Beltrán, 2007). Tanto las superficies de concentración antes referidas como las superficies de cristalización, denominadas cristalizadores o eras presentan plantas rectangulares, escasa profundidad y revoques de arcilla o suelos de arcilla compactada o de cantos rodados en el caso de instalaciones posteriores al siglo XVI2. Se ha constatado que la transmisión del agua salada de unas piscinas a otras se realizaba mediante gravedad por canalizaciones constituidas por troncos huecos engarzados aprovechando la orografía del terreno. En salinas como las de Poza de la Sal en Burgos (Sáiz, 2001) o Gerri de la Sal en Lleida (Beltrán, 2007) el riesgo de lluvia provocó un cambio de estrategia en el llenado de los cristalizadores. Aquí este llenado se realizaba “a riego”, es decir, salpicando con paladas de salmuera la superficie cada cierto tiempo en lugar de la técnica denominada “a lleno” que consistía en llenar los cristalizadores con la salmuera proveniente de los calentadores y dejar que los agentes atmosféricos cristalizaran el cloruro sódico. En ambas técnicas, tras la cristalización de la sal, ésta se escurría en montones para eliminar el agua sobrante y se almacenaba en chozas o almacenes en lo que se denomina como cosecha. Se pretendía de este modo garantizar un mínimo de producción y recortar riesgos a costa de una mayor inversión de tiempo y trabajo. Como denota lo anterior, las salinas de evaporación solar de época histórica son las mejor conocidas. No obstante, los inicios de este método extractivo se remontan al menos a época protohistóri- 1 La variedad de términos —eminentemente etnográficos— responde a cuestiones geográficas y no a diferencias en las características constructivas de las estructuras. 2 En gran medida esto es debido a que en 1564 Felipe II instaura el llamado monopolio de la sal por el que el control de la producción se hace desde la Corona implantando algunos cambios como el empedrado de los fondos de las piletas que perseguían el aumento de la productividad y una mayor calidad del producto. Además, a principios del siglo XIX, la Dirección General de Rentas Reales impulsa de nuevo la implantación de pavimentos empedrados.
5 ca. Son famosas las factorías de salazones fenicias que como en el caso de Sexi, la actual Almuñécar, aprovecharon las enormes posibilidades salinas del mar. Referencias como la de Estrabón (III, 5, 11) que nos informa del comercio de los fenicios de Gadir que intercambiaban sal y productos manufacturados por estaño y plomo de las Cassitérides, dan buena cuenta del grado de importancia que la industria salinera debió alcanzar en el I milenio a. C. Por su parte, Aristóteles informa de que los habitantes de Chaonia (Meteorologica, II, 359) y de Iliria (De mirabilibus auscultationibus, 138) producían sal mediante la evaporación solar. También Tito Livio (Historia romana, 1-33) y Plinio (Historia Natural, XXXI: 41) relatan como Anco Marcio, cuarto rey de Roma, allá por la segunda mitad del siglo VII a. C. roturó en las marismas del delta del Tíber las salinas que aprovisionaban a Roma. Llegados a este punto debemos subrayar que la cristalización de sal por insolación se produce tanto en salinas de interior como costeras aunque son estas últimas las más frecuentes por varios motivos: abundancia de materia prima, condiciones climatológicas y topográficas favorables y facilidad para una posterior distribución del producto. Como muestra y sin atender a especificaciones de método. En 1945, las salinas costeras españolas producían 975.000 toneladas, las de interior 50.000 y las minas 375.000 (Plata, 2009). 2. OBJETIVOS El objetivo principal del presente trabajo es la realización de una cartografía de potencialidad productiva de sal, mediante la técnica de evaporación solar en el Sistema Ibérico durante la Edad del Hierro. El fin último es determinar qué zonas reunieron las características geológicas, climatológicas y topográficas que permiten la producción de cloruro sódico por esta técnica y en qué grado se cumplieron. La consecución del objetivo principal pasa necesariamente por la obtención de varios objetivos subsidiarios que son enumerados a continuación: Integración en un Sistema de Información Geográfica de las explotaciones salineras conocidas del área de estudio así como de las variables geológicas, climatológicas y topográficas para la cuantificación de las condiciones necesarias en la producción de cloruro sódico. Cálculo de las variables climatológicas para la Edad del Hierro, integración en un Sistema de Información Geográfica y valoración de la influencia de las variaciones en la potencialidad productiva del área de estudio. Obtención de un mapa de potencialidad productiva para la segunda mitad del siglo XX, periodo en el que caen en desuso la mayor parte de las salinas del Sistema Ibérico, que facilite la localización de salinas históricas cuya ubicación es dudosa o desconocida. 3. ÁREA DE ESTUDIO Puesto que el presente trabajo se enmarca en el proyecto encabezado por el catedrático de la Universidad de Zaragoza, Francisco Burillo Mozota, denominado “Serranía Celtibérica” que tiene como objetivo la dinamización socio-económico de la zona, el área de estudio se incluye en la considerada como Celtiberia Histórica, territorio definido a partir de la llegada de los romanos a las tierras próximas al Sistema Ibérico entonces habitadas por poblaciones que denominaron celtíberos. De hecho, los primeros estudios geológicos de la zona se refirieron al Sistema Ibérico como keltiberischen Grundgebirges, “Cordilleras Celtibéricas” (Lotze, 1929). Más concretamente, el área de estudio se circunscribe al territorio denominado como Territorio Montañoso de la Celtiberia Histórica o Sierras Celtibéricas (Burillo, inédito). Se trata éste de un territorio que cuenta con una superficie total de 63.957,41 km2 repartidos administrativamente por cinco Comunidades Autónomas: Aragón, Castilla y León, Castilla-
12 4.2.3. Variables climatológicas Como se ha indicado anteriormente, la producción de sal por insolación es altamente dependiente de las condiciones climatológicas. Esto restringe su aplicación espacial y temporalmente. No existen lugares de producción de sal por insolación en la Europa continental y la producción de este tipo en la cuenca mediterránea se circunscribe al periodo estival en el ámbito mediterráneo. Temperaturas y precipitaciones medias estivales actuales El mapa de temperaturas se ha obtenido a partir de los datos del Banco Nacional de Datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) situados dentro de un área de 20 kilómetros del área de estudio dentro del periodo comprendido entre 1961 y 1990 para las temperaturas y entre 1971 y 2000 para las precipitaciones. Los periodos tomados se relacionan con las series tomadas por las publicaciones de Ibáñez (1999) y Espinar y Voltás (2009) como referencia actual. Se han depurado los datos eliminando los meses con más de 3 días sin dato y aquellos observatorios que no ofrecían datos para al menos 20 años. El promedio se ha realizado tomando los datos relativos a los meses de junio, julio, agosto y septiembre por ser los meses en los que se desarrolla tradicionalmente la actividad propiamente productiva en el interior peninsular (Plata et al., 2008; 55; Alba y Aso, 2003;4). Un total de 79 observatorios para temperaturas y 373 observatorios para precipitaciones entraron en el proceso de interpolación espacial aplicado (Anexo III). El método de interpolación empleado fue la regresión múltiple con corrección de residuales, técnica ampliamente utilizada en análisis climatológicos y de probada validez (Vicente y Saz, 2002; Vicente et al., 2003; Saz et al., 2010). Se trata de un método mixto que permite combinar la utilización que hacen los métodos globales de interpolación de toda la información disponible sobre la variable a hallar ‒precipitación y temperatura en este caso‒ con la exactitud entre el valor real registrado en los observatorios y el valor estimado de los métodos locales como el IDW (Inverse Distance Weighting) o el RBF (Radial Basis Functions). Los modelos de regresión posibilitan el conocimiento y la utilización de la correlación entre la variable a estimar y un conjunto de variables independientes que funcionan como predictores del comportamiento espacial de la variable estudiada. La influencia de estos factores o variables independientes son muy evidentes en el caso del clima. Para el caso de la temperatura y las precipitaciones tienen gran incidencia variables independientes como la topografía, la distancia a cuerpos de agua y la altitud. La ventaja de los modelos de regresión múltiple es que integran variables que por sí solas no podrían explicar la variabilidad espacial de la variable estudiada. Por su parte, los métodos de interpolación local se basan en la supuesta intercorrelación espacial entre datos y toman la información de los puntos más próximos al punto a interpolar para calcular el valor de la variable estudiada aplicando una media ponderada que da más peso a los puntos observados cuanto más cercanos al punto a interpolar se encuentren. Las variables integradas en el análisis de regresión de temperatura y precipitación fueron la altitud (MDE), latitud, longitud, distancia al mar Mediterráneo y distancia al mar Cantábrico. Los rásters de estas últimas cuatro variables fueron hallados con anterioridad. Por un lado, los rásters de longitud y latitud se hallaron mediante la interpolación por el método local de funciones radiales (RBF) de las columnas X e Y respectivamente del shapefile observatorios de precipitaciones. Por su parte, los rásters de distancia al mar Mediterráneo y al mar Cantábrico se obtuvieron mediante la aplicación de la herramienta Euclidean Distance a partir de los shapefiles de línea de Mediterráneo y línea del Cantábrico respectivamente. En consonancia con el MDE, todos los rásters se obtuvieron con un tamaño de celda de 90x90 metros (Anexo III). Una vez hallados los rásters se extrajeron los valores de los mismos para los puntos del shapefile observatorios de temperatura por un lado y de puntos de observatorios de precipitaciones por otro. Tras la conversión de las tablas de atributos de los shapefile de precipitaciones y de temperaturas *.dbf a formato *.xls, se cargaron en el software IBM SPSS Statistics 19 donde se aplicó un análisis de regresión por pasos sucesivos (stepwise) que ofreció tres posibles modelos de interpolación para el caso de las temperaturas y cuatro para las precipitaciones. Atendiendo a los coeficientes de error para
13 cada modelo se tomó el modelo 3 para las temperaturas y el modelo 4 para las precipitaciones (Figura 6). Figura 6. Modelos resultados de la regresión de temperatura –izquierda– y precipitaciones –derecha– con coeficientes de error El modelo número tres de regresión integra como variables predictoras la altitud (MDE), la latitud y la distancia al Cantábrico y explica el 74,6 % de la variabilidad de la temperatura. Por otro lado, el modelo número 4 de las precipitaciones integra la altitud (MDE), la longitud, la latitud y la distancia al Cantábrico como variables predictoras y explica el 58,6% de la variabilidad de las precipitaciones. Una vez obtenidos los coeficientes, mediante su introducción en la calculadora ráster se halló el ráster de regresión para precipitaciones y para temperatura. Posteriormente, se extrajeron los valores de regresión de los puntos donde existen datos medidos de estas variables (observatorios_temperatura.shp y observatorios_precipitaciones.shp) y con ellos se calcularon los residuales (da- to predicho menos observado) con la ayuda de una hoja de cálculo Excel. Esta columna de residuales se interpoló por el método local de funciones radiales (RBF) hallando así un ráster de errores de temperatura y otro de precipitaciones3, rásters que fueron restados a los rásters de regresión de temperatura y precipitaciones respectivamente realizando así la corrección por residuales y obteniendo los rásters de temperatura media estival y precipitación media estival actual del área de estudio. Figura 7. Mapa de temperatura y precipitaciones medias estivales actuales 3 La interpolación de los residuales de temperaturas se obtuvo con la participación de un máximo de 15 y un mínimo de 10 vecinos obteniéndose un RMSE de 1,02º C. La interpolación de los residuales de precipitaciones se obtuvo con la participación de un máximo de 20 y un mínimo de 15 vecinos obteniéndose un RMSE de 4,08mm.
14 Insolación estival actual El mapa de insolación se obtuvo a través de la herramienta Area Solar Radiation dentro de las herramientas de análisis espacial. Esta herramienta se basa en los trabajos de Rich et al. (1994), Fu (2000) y Fu y Rich (2000; 2002) sobre métodos de algoritmo de cuenca visual hemisférica y permite calcular la radiación difusa, directa, global (directa más difusa) y la duración de la radiación directa de una superficie para un periodo concreto de tiempo a partir de un MDE4. Se optó por la opción varios días al año seleccionando como día de inicio el 152 (día juliano correspondiente al 1 de junio) y como día final el 273 (30 de septiembre) del año 1950 ‒año en el que todavía estaban en funcionamiento muchas de las salinas de la zona de estudio‒ y un intervalo de cálculo de 30 días. El intervalo horario escogido para el cálculo del mapa solar fue de 60 minutos. El tamaño de cielo representa la resolución de los rásters necesarios para el cálculo de la radiación (cuenca visual, mapa del cielo y mapa del sol). Se optó por la mayor resolución permitida para aumentar la exactitud del cálculo, 100 metros. El parámetro de latitud es automáticamente completado al cargar el MDE como input. Respecto a los parámetros topográficos, se designó el cálculo de la pendiente y la orientación en base al MDE input y dado que tanto las coordenadas como la altitud estaban expresadas en metros, no fue necesario incluir factor Z. Se configuró un valor 32 de ángulos de horizonte dada la complejidad de la topografía del área de estudio. En cuanto a los parámetros de radiación, se definió un modelo de radiación difusa nublada estándar (standard overcast sky) de manera que el flujo de radiación difusa entrante varía con el ángulo cénit. Dada la ausencia de datos sobre las condiciones atmosféricas concretas, se optó por una proporción de flujo de radiación difusa y una transmitividad estándar para condiciones de cielo generalmente claro, coeficientes 0,3 y 0,5 respectivamente. El resultado es un ráster por cada intervalo especificado hasta completar el periodo temporal configurado. Los ráster expresan la suma de las radiaciones globales (directa más difusa) en WH/m2 recibidas en cada intervalo (30 días). Es decir, el valor de un píxel de uno de los rásters resultado, representa la cantidad de radiación difusa y directa recibida por esa superficie del área de estudio (90x90 metros) en 30 días. Se obtuvo por tanto, un ráster para la radiación global del 1 al 30 de junio, del 1 al 30 de julio, del 31 de julio al 29 de agosto, del 30 de agosto al 28 de septiembre y, por último, del 29 al 30 de septiembre. Para hallar la radiación global total estival de la zona de estudio se sumaron los rásters (Anexo III). Figura 8. Mapa de insolación actual 4 La función Area Solar Radiation utiliza la constante 1.367 W/m2, recomendada por el World Radiation Centre
15 4.3. Variables climatológicas de temperatura, precipitaciones e insolación durante la Edad del Hierro La modelización de las variables climatológicas de temperatura, precipitaciones e insolación durante la Edad del Hierro resulta esencial para determinar la potencialidad productiva de las diferentes zonas del área de estudio durante los últimos siglos antes del cambio de era. El conocimiento sobre estas variables para estas cronologías es limitado. Si bien contamos con una gran diversidad de fuentes de información entre las que se encuentran la geomorfología, los estudios polínicos, los sondeos isotópicos, la dendrocronología y el crecimiento de estalagmitas, el estado actual del conocimiento es fundamentalmente cualitativo, lo que influye negativamente en la operatividad de cálculo de estas variables. El periodo cronológico que nos ocupa es un momento de cambio desde el punto de vista climático. Siguiendo la periodización de carácter global que Blytt y Sernander establecieron estudiando las capas de las turberas danesas, la Edad del Hierro peninsular se enmarca entre el periodo Subboreal (3000-500 a. C.) y el periodo Subatlántico (500 a. C.-actualidad). El periodo Subboreal se caracteriza por el predominio de las circulaciones meridianas sobre las zonales, lo que generó un enfriamiento general y una recuperación de las superficies de hielos polares tras el aumento térmico del periodo anterior (periodo Atlántico 5000-3000 a. C.). La variabilidad e inestabilidad debió ser más acusada que durante el periodo Atlántico tanto en términos generales como en términos interanuales. Prueba de ello es la gran subida del nivel que se documenta en los lagos europeos tras el 2500 a. C., la tendencia hacia un régimen más seco en la Europa meridional, el hecho de que en África del Norte se imponga una tendencia hacia un régimen más seco y la existencia entre 1500/1300 – 800 a. C. de un episodio neoglaciar en Europa y América del Norte favorecido por la explosión volcánica de Santorini (Font, 1988; Mayewski et al., 2004). Hacia el final del Subboreal europeo se producen varios periodos cálidos de aproximadamente un siglo cada uno (Font, 1988). Tanto el deterioro climático como la posterior recuperación son documentados por Van Geel y sus colaboradores (1996) quienes relacionan los datos provenientes del polen de corylus con los índices de 14C. La situación de la península ibérica debió favorecer que los cambios en las condiciones climáticas fueran más extremos. Los fenómenos anticiclónicos con marcadas sequías fueron dominantes (excepto en el marco atlántico-cantábrico) debido a la disminución de la actividad borrascosa y de la influencia de las perturbaciones atmosféricas subtropicales (Font, 1988). Esta tendencia cambia en los últimos siglos del periodo, durante el desarrollo de la Edad del Bronce, puesto que aumenta la pluviosidad y desciende la temperatura (Bartolomé et al., 2011; Peña et al., 2011). Los estudios de geomorfología subrayan acumulaciones y regularizaciones de laderas favorecidas por un desarrollo edáfico y una cobertura vegetal provocada por esta fase húmeda de transición entre el Subboreal y el Subatlántico en la Cordillera Ibérica y el valle del Ebro (Burillo et al., 1985; Gutiérrez y Peña, 1990; Peña et al., 1993; 2004; 2005; 2011; Ángeles et al., 2004; Constante et al., 2009; 2010). El aumento en las precipitaciones también es detectado en el crecimiento de estalagmitas en el Pirineo central (Bartolomé et al., 2011) y por el crecimiento de los depósitos de turba también en la península ibérica (Torres, 2010; 81). Centrándonos en la temperatura de nuestra área de estudio, Ibáñez (1999) se apoya en Magny (1995) quien subrayaba la relación inversa entre las oscilaciones climáticas y la variación de contenido de 14C en la atmósfera para ofrecer datos cuantificados sobre la variación de la temperatura durante la Edad del Hierro. Ibáñez mide las variaciones de curva de 14C residual para momentos en los que hay datos observados de temperatura y extrapola las variaciones de la curva de 14C residual correspondientes a la Edad del Hierro para obtener temperaturas estivales estimadas. Así pues, para mediados del siglo VIII a. C., momento más frío del I milenio a. C., una desviación de 14C del 2,6% indicaría que la temperatura media estival pudo ser 1,8º C inferior a la actual. Lo que coincide grosso modo con la propuesta de Lamb (1977) de 2º C por debajo de la actual. Para inicios del siglo VI a. C. la temperatura propuesta estaría un 0,4º C por debajo de la actual. Esta variación se iría reduciendo a lo largo del siglo. Por lo que respecta al régimen de precipitaciones, Espinar y Voltás (2009) se basan en un modelo de inferencia climática que mide la respuesta diferencial frente a la sequía de dos especies: la encina
16 (Quercus ilex L.) y el pino carrasco (Pinus halepensis Mill.) y en las muestras arqueológicas obtenidas durante la excavación de El Cabezo de la Cruz (Muela, Zaragoza) para afirmar que las precipitaciones entre el siglo IX y VI a. C. debieron rondar los 700 mm anuales, 300 mm más que las media anual actual. Además, el estudio de isótopos estables en carbones concluye que la mayor divergencia en el régimen de precipitaciones debió darse entre septiembre y diciembre mientras que las precipitaciones alcanzarían los 350 mm entre enero y septiembre, lo que significaría una diferencia en torno al centenar de mm. El mayor número de lluvias invernales y otoñales respecto de las primaverales y estivales para estos momentos también es defendido por Davis (1994; 278) y Gutiérrez y Peña (1992; 119). El periodo Subatlántico se inicia hacia el 500 a. C. y se caracteriza porque las posiciones latitudinales medias de los cinturones de altas presiones subtropicales y de las depresiones subboreales han fluctuado siempre alrededor de sus posiciones actuales (Font, 1988). Las desviaciones latitudinales medias de los cinturones de la circulación general han sido menos acusadas especialmente en lo respectivo a las situaciones de los grandes centros de bajas y altas presiones (Font, 1988). Desde su inicio y aproximadamente hasta cien años antes al cambio de era. En la cuenca mediterránea el clima es más frío y con mayores precipitaciones invernales que en la actualidad. Muestra de ello es que en Roma llega a helarse el Tíber. Las sequías (476 a. C., 427 a. C. 224-198 a. C.), alternadas con episodios de precipitaciones intensas (181-180 a. C.), no debieron dejar de ser habituales como indican algunas referencias de autores clásicos entre los que se encuentra Diodoro Sículo (siglo I a. C.). Sin embargo la diferencia cronológica entre la vida de los mismos y las fechas sobre las que informan obligan a tomar las noticias cum grano salis (Font, 1988). A inicios del último siglo antes del cambio de era ‒quizá algo antes para el noreste peninsular‒ comienza el conocido como Episodio Cálido Romano que se extenderá durante 500 años. Aumenta la frecuencia de veranos cálidos y secos, y escasean los inviernos extremos como indica el lento ascenso del nivel del mar (1 metro en 300 años). Esto tiene su reflejo en la Europa continental con temperaturas más suaves que posibilitan el cultivo de vid en Alemania o Inglaterra (Font, 1988). Lucano (siglo I a. C.) informa sobre la fuerte sequía del año 75 a. C. en Hispania que debió poner en graves dificultades al ejército de Pompeyo. Ptolomeo de Alejandría (siglo II d.C.) expresa en su diario la calidez y frecuencia de tormentas propias del estío y la frecuencia de lluvias en todos los meses excepto agosto (Font, 1988). Para el periodo Subatlántico, Ibáñez propone unas temperaturas similares a las actuales para la primera mitad del siglo V a. C. a tenor de la mínima variación de los niveles de 14C residual (Ibáñez, 1999). La segunda mitad del siglo viene acompañada por una variación del -1,6% que correspondería con una temperatura 1,2º C por debajo de la temperatura actual. Paralelo a lo que ocurre en el siglo V a. C. ocurrirá en el IV a. C. con temperaturas similares a las actuales para la primera mitad y 1,2º C por debajo para la segunda (Ibáñez, 1999). Éste último descenso de la temperatura parece también detectarse por los estudios de dendrocronología de los robles centroeuropeos (Büntgen et al., 2011). En los tres últimos siglos la temperatura variará entre los 0,6º y 0,3º C por debajo de la actual (Ibáñez, 1999). Conocemos con menor precisión el régimen de precipitaciones del Subatlántico. El registro de El Cabezo de la Cruz no cuenta con niveles correspondientes a los últimos siglos a. C. por lo que no contamos con cifras de precipitaciones estimadas para estos momentos. Los estudios de geomorfología y geoarqueología en el noreste peninsular sugieren que hacia mediados del primer milenio a. C. concluye la fase de acumulación y regularización de laderas que había sido favorecida por el desarrollo de una cobertera vegetal estable como consecuencia de las condiciones húmedas y frescas de finales del Subboreal y comienza una periodo de erosión de laderas y sedimentación en fondos de valle indicativo de condiciones de mayor aridez (Peña, 1998; Peña et al., 2005).
17 Figura 9. Procesos de acumulación y erosión durante el primer milenio a. C. en el noreste peninsular (Fuente: Peña et al., 2005) Además de las temperaturas y las precipitaciones, otra variable climatológica de gran influencia en el proceso productivo de sal es la insolación o cantidad de energía radiada por el sol que recibe una zona durante un periodo de tiempo. Normalmente es medida en WHm2. Se trata de la fuente de calor que permite la evaporación de agua y la consiguiente concentración del cloruro sódico hasta su precipitación. Se conoce que en el hemisferio norte, tanto la insolación estival como invernal han decrecido en los últimos milenios (Kutzbach y Ruddiman, 1993). Esto indica que la cantidad de energía que llegaría en un verano del primer milenio a. C. a una zona del área de estudio y la cantidad de energía que llega en la actualidad, aunque mínimamente, difieren. Según Kutzbach y Ruddiman (1993), la radiación solar para el meridiano 30N en junio del año 1000 a. C. sería un 0,867% mayor que la actual y un 0,255% hacia el cambio de era. Figura 10. Insolación de junio de los últimos 3000 años en el paralelo 30N (Fuente: Berger y Loutre, 1991. Obtenido mediante el software CalPal)
18 Atendiendo al estado del conocimiento de las variables climatológicas que influyen en la producción y dado que, como se ha señalado, los datos disponibles tienen como referencia los datos actuales, se calcularon los rásters de cada una de las variables para cada momento cronológico concreto según la información disponible. En este sentido el primer milenio a. C. se dividió en dos grandes periodos: Subboreal y Subatlántico que a su vez se desligaron en periodos de menor duración (Tabla 3). El cálculo de la precipitación del periodo Subboreal se basó en un coeficiente (1,4) expresivo de la diferencia entre datos estimados y actuales (350/250mm) ofrecidos por Espinar y Voltás (2009) para el entorno del yacimiento del Cabezo de la Cruz (La Muela, Zaragoza). Para el periodo Subatlántico se optó por un coeficiente intermedio (1,2) entre los datos actuales y los del periodo anterior siguiendo las informaciones cualitativas de Peña et al. (1998, 2005). Los rásters de temperatura pudieron completarse de manera más específica siguiendo los datos de Ibáñez (1999). Dentro del periodo Subboreal se distinguieron los siglos VIII a. C. (▼1,8º C) y VI a. C. (▼0,4º C) y dentro del Subatlántico la primera mitad del siglo V a. C. ( º C), la segunda mitad (▼1,2º C), la primera mitad del siglo IV a. C., la segunda mitad (▼1,2º C) y finalmente los siglos III-I a. C. para los que se crearon dos rásters (▼0,6º C y ▼0,3º C). Para el cálculo de la insolación se optó por incrementar para todo el periodo un 0,557% a los valores de radiación actuales, porcentaje representativo del incremento medio entre el aumento para el 3000 a. C. ‒0,857‒ y para el 2000 a. C. ‒0,255‒ según Kutzbach y Ruddiman (1993) debido a que la relación entre cronología e incremento de radiación no es lineal y que la variación es muy reducida. A partir de los rásters actuales y operando con la calculadora ráster fue posible obtener los rásters de precipitaciones, temperatura y radiación correspondientes con las condiciones de la Edad del Hierro (Anexo IV). Tabla 3. Resumen rásters calculados PERIODO CRONOLOGÍA TEMPERATURA (respecto actual) PRECIPITACIONES (respecto actual) INSOLACIÓN (respecto actual) SUBBOREAL (3500-500 a. C.) s. VIII a. C. -1,8º C Coeficiente 1,4 Coeficiente 1,00557 s. VI a. C. -0,4º C SUBATLÁNTICO (500 a. C.-BP) 1ª mitad s. V a. C. Igual Coeficiente 1,2 2ª mitad s. V a. C. -1,2º C 1ª mitad s. IV a. C. Igual 2ª mitad s. IV a. C. -1,2º C III-I a. C. -0,3º C -0,6º C 4.4. Cartografía de potencialidad productiva de la segunda mitad del siglo XX Una vez obtenidos los rásters de geología, pendientes, MDE, radiación global estival y temperaturas y precipitaciones medias estivales del área de estudio se proyectó el shapefile de salinas con el objetivo de conocer los valores que las salinas conocidas presentan de estas variables. Para ello se utilizó la herramienta Extract multi values to points, dentro de las herramientas de análisis espacial. Los valores son añadidos a la tabla de atributos del shapefile de salinas posibilitando su conocimiento estadístico (Anexo V y IX).
19 Tabla 4. Resumen estadístico de los valores de altitud, pendientes, geología, temperaturas, precipitaciones e insolación de las salinas localizadas VARIABLES VALOR MÁXIMO VALOR MÍNIMO MEDIA REFERENCIA Geología 1 1 1 Debe cumplir 1 Insolación (Wh-m2) 755642 651027 685262,66 Insolación mínima Precipitación media estival (mm) 45,81 21,13 35,92 Precipitación máxima Temperatura media estival (º C) 22,37 15,12 18,99 Temperatura mínima Pendiente (%) 28,27 0,62 6,83 Pendiente máxima MDE_altitud (m) 1629 626 1050 Altitud máxima Estos valores para las diferentes variables permiten establecer unos umbrales en los que se encuadra la producción de sal por insolación en el área de estudio. Atendiendo a las características de cada una de las variables se llevó a cabo una reclasificación de los rásters con el objetivo de facilitar la interpretación de los valores y la representación de los mismos. En este sentido, dependiendo de la variable, se ha asignado un número (1, 2 ó 3) a cada píxel de los diferentes rásters según el valor influya negativa o positivamente en la producción de sal, multiplicando dicho valor por 100.000 en el caso de la variable geológica, por 10.000 la insolación, por 1.000 la precipitación, por 100 la temperatura y por 10 la pendiente (Anexo VI). 4.4.1. Reclasificación de rásters de variables Reclasificación ráster de variable geológica La variable geológica es la más simple y la más influyente de las variables contempladas. Tras la preparación de datos geológicos se ha obtenido un ráster del área de estudio en el que las celdas con valor uno representan áreas susceptibles de producción, bien por su propia geología o por estar muy próximas (100 m) a afloramientos del Triásico Superior o a cuerpos de agua salada mientras que aquellas celdas del área de estudio con valor No Data, indican áreas sin capacidad productiva por la ausencia de materia prima. La reclasificación de esta variable únicamente se basó en dos valores 200.000 para el valor original 1 y 100.000 para valores originales No Data. Tabla 5. Reclasificación de la variable geológica VARIABLE VALOR ORIGINAL VALOR RECLASIFICADO SIGNIFICADO Geología No Data 100.000 Inexistencia de materia prima 1 200.000 Existencia de materia prima Reclasificación ráster de variable de insolación estival Tras la geológica, la variable de insolación es el factor más influyente en el proceso productivo puesto que el sol es la fuente de energía calorífica que permite la evaporación del agua, el incremento en la concentración de sales en ella y la consiguiente precipitación de las mismas según su solubilidad. ‒precipitación fraccionada. En el caso del cloruro sódico son necesarias concentraciones en torno a los 330 g/l para que comience a precipitar. Según los valores que las salinas localizadas presentan de esta variable se reclasificaron los valores del ráster original en tres valores. Por un lado, valores por debajo del valor mínimo documentado
20 ‒Salinas de la Inesperada, 651027 WH m2‒ se reclasificaron con valor 10.000. Por otro lado, a los píxeles con valores superiores al mínimo y menores que la media de los valores de insolación de las salinas localizadas ‒685262,66 WH m2‒ se les adjudicó el valor 20.000. Finalmente , a las celdas con valor superior a la media se les dio un valor de 30.000. Tabla 6. Reclasificación de la variable de insolación estival VARIABLE VALOR ORIGINAL (WH m2) VALOR RECLASIFICADO SIGNIFICADO Insolación estival < 651027 10.000 No alcanza el valor mínimo 651027 - 685262,66 20.000 Cumple el valor mínimo pero por debajo de la media >685262,66 30.000 Valor superior a la media Reclasificación ráster de variable de precipitaciones estivales Si bien las precipitaciones pueden beneficiar la disponibilidad de materia prima, la lluvia es un factor muy perjudicial para el proceso propiamente productivo ya que limita la insolación y puede dar al traste con la producción al incrementar la cantidad de agua en la materia prima. El propio hecho de que la producción se ajuste al verano es significativo de que las precipitaciones son un claro factor limitante incluso si el resto de variables tienden a ser favorables como por ejemplo en primavera. Ante estos inconvenientes, las estrategias de producción han debido adaptarse. Un claro ejemplo de ello es el caso de las salinas de Poza de la Sal (Burgos) en las que el llenado de las eras de cristalización no se hacía de una vez “a lleno”, sino poco a poco “a riego” con la ayuda de palas de madera de manera que la llegada de precipitaciones no arruinara la producción (Sáiz, 2001). Figura 11. Riego de las eras ‒izquierda‒ y “regaderas” ‒ derecha. (Fuente: Sáiz, 2010)
21 Por ello, la reclasificación del ráster de precipitación media estival se hizo en función del valor máximo de precipitaciones obtenido que presentan las salinas ‒ Salinas de Valdetablado; 45,81mm. Los píxeles con valores superiores al máximo se reclasificaron con valor 1.000. Aquéllos con valor inferior al máximo y superior a la media ‒35,92 mm‒ obtuvieron un valor de 2.000 y por último, dado que las celdas con valores inferiores a la media representan las zonas con menores precipitaciones y mayores posibilidades productivas, se reclasificaron con valor 3.000. Tabla 7. Reclasificación de la variable de precipitación media estival VARIABLE VALOR ORIGINAL (mm) VALOR RECLASIFICADO SIGNIFICADO Precipitación media estival >45,81 1.000 Superior al valor máximo 35,92 - 45,81 2.000 No sobrepasa el valor máximo pero están por encima de la media <35,92 3.000 Valor inferior a la media Reclasificación ráster de variable de temperaturas estivales Temperaturas elevadas favorecen la producción. Por ello, se adjudicó un valor de 100 para los valores inferiores a la mínima registrada para las salinas (Salinas de Griegos; 15,12º C), 200 a los valores superiores a la mínima e inferiores a la media (18,99º C) y 300 para las celdas con valores superiores a la media. Tabla 8. Reclasificación de la variable de temperatura media estival VARIABLE VALOR ORIGINAL (º C) VALOR RECLASIFICADO SIGNIFICADO Temperatura media estival <15,12 100 Inferior al valor mínimo 15,12 – 18,99 200 Superior al valor mínimo e inferior al valor medio >18,99 300 Valor superior a la media Reclasificación ráster de variable de pendientes La pendiente del terreno es un factor que, si no imposibilita, sí dificulta la construcción de las instalaciones necesarias para la producción de sal. La excesiva pendiente puede enmendarse pero ello requiere un esfuerzo humano y temporal. Se reclasificaron las pendientes superiores a la máxima (Salinas de Armillas; 28,27%) pendiente con valor 10, las pendientes entre el valor máximo y la media (6,83%) con valor 20 y las pendientes inferiores a la media con valor 30 dado que son áreas que entrañan menores dificultades a la hora de preparar el terreno.
28 Burillo Mozota, F., Gutiérrez Elorza, M. y Peña Monné, J. L. (1985): “Las acumulaciones holocenas y su datación arqueológica en Mediana de Aragón (Zaragoza)”, Cuadernos de Investigación Geográfica, XI (1-2), pp.193-207. Burillo Mozota, F. (inédito): “Instituto Universitario de Investigación (CeDeRuPa). C eltiberia Desarrollo Rural y Patrimonio”. Carrasco, J-F. y Hueso Kortekaas, K. (2006): “Etnosal, un intento de recuperar la memoria salinera de Castilla-La Mancha”, Oppidum, 2, pp. 85- 106. Carrasco, J-F. y Hueso Kortekaas, K. (2008): “Realización de un censo de las salinas de Castilla – La Mancha”, A articulação do sal portugués aos circuitos mundiais - Antigos e novos consumos, Porto, pp. 291-298. Cerdeño M. L. y Pérez De Inestrosa, L. (1992): “La explotación de sal en época celtibérica en la región de Sigüenza (España)”, Actes du Colloque Intemational du sel. Salies-de-Béarn, pp.167-175. Constante Orrios, A., Peña Monné, J. L., Muñoz, A. y Picazo, J. (2010): “Climate and anthropogenic factors affecting alluvial fan development during the late Holocene in the central Ebro Valley, northeast Spain”, Holocene, 21 (2), pp.275-286. Constante Orrios, A., Dossche, R., Peña Monné, J. L., Sancho Marcén, C. y De Dapper, M. (2009): “Holocene Evolution and Geoarchaeology in the Ebro Valley around Zaragoza (Northern Spain)”. En De Dapper, M., Vermeulen, F., Deprez, S. y Taelman, D.Ol’man river Geoarchaeological aspects of rivers and river plains, eds., Akademia Press, Ghent, pp. 241-256. Davis, B.A.S. (1994): Paleolimnology and Holocene environmental change from endorheic lakes in the Ebro Basin, north-east Spain. Ph. D. Thesis, University of Newcastle upon Tyne. Espinar, C. y Voltas, J. (2009): “El marco paleoclimático. Aproximación a partir del análisis de isótopos estables en carbones de especies forestales”. En Los poblados del Bronce Final y Primera Edad del Hierro: Cabezo de la Cruz, La Muela, Zaragoza, eds. Picazo Millán, J. V. y Rodanés Vicente, J. M., Gobierno de Aragón, Departamento de Educación, Cultura y Deporte, Zaragoza, pp. 100-107. Fíguls, A.; Weller, O.; Bonache, J. y González, J. (2007): “El método de producción mi nera durante el Neolítico Medio en la “Vall Salina” de Cardona (Cataluña, España). Estudio del utillaje lítico y prácticas experimentales de explotación minera en N. Morère (Ed.) Las salinas y la sal de interior en la Historia: Economía, medioambiente y sociedad, Actas del Congreso Internacional de Sigüenza coord. por Nuria Morère Molinero, Vol. I, pp.73-99. Fíguls, A.; Weller, O. y Grandía, F. (2010): “La «Vall Salina» de Cardona: los orígenes de la minería de la sal gema y las transformaciones socioeconómicas en las comunidades del neolítico medio catalán”. En Abarquero Moras, F. J. y Guerra Doce, E. (eds): Los yacimientos de Villafáfila (Zamora) en el marco de las explotaciones salineras de la prehistoria europea. Actas de la VII Bienal de la Restauración y Gestión del Patrimonio, Valladolid, pp. 49-84. Font Tullot, I. (1988): Historia del clima de España. Cambios climáticos y sus causas. Instituto Nacional de Meteorología. Madrid. Fu, P. (2000): A Geometric Solar Radiation Model with Applications in Landscape Ecology. Ph.D. Thesis, Department of Geography, University of Kansas, Lawrence, Kansas, EE.UU. Fu, P. y Rich, P.M. (2000): The Solar Analyst 1.0 Manual. Helios Environmental Modeling Institute (HEMI), EE.UU. Fu, P. y Rich, P.M. (2002): “A Geometric Solar Radiation Model with Applications in Agriculture and Forestry”. Computers and Electronics in Agriculture, 37, pp.25–35. Guimera, J. (1988). “Rasgos principales de las estructuras compresivas y distensivas alpinas de los “iberides” orientales”, II Congreso Geológico de España, Granada, 2, pp. 149-152. Gutiérrez, M. y Peña, J.L. (1992): “Evolución climática y geomorfológica del Holoceno Superior (Cordillera Ibérica, Depresión del Ebro y Pre-Pirineo)”. En Ciarreta, A. y Ugarte, F.M. (Eds.): Actas The Quaternary in the Western Pyrenean Regions, Univ. del País Vasco, pp. 109-124.
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32 ·Shapefile de hidrografía (Red fluvial 1:50000) de la cuenca del Ebro. Confederación Hidrográfica del Ebro: http://oph.chebro.es/ContenidoCartoHidrologia.htm ·Shapefile de hidrografía de la cuenca del Duero Confederación Hidrográfica del Duero a través del visor MIRAME: http://www.mirame.chduero.es ·Shapefile de hidrografía (Masas de agua superficial) de la cuenca del Tajo Confederación Hidrográfica del Tajo: http://www.chtajo.es/Servicios/Paginas/DescargaDCapas.aspx ·Shapefile de hidrografía (Red hidrográfica) de la cuenca del Guadiana Confederación Hidrográfica del Guadiana: http://www.chguadiana.es/?chguadiana=394a0062ded1371ba43e6f85f87337ea&url=la+cuenca+ hidrogr%E1fica+informaci%F3n+cartogr%E1fica+descarga+de+cartograf%EDa&corp=chguadi ana&lang=es&mode=view ·Shapefile de hidrografía (Aguas superficiales) de la cuenca del Júcar Confederación Hidrográfica del Júcar: http://www.chj.es/es-es/medioambiente/sistemasdeinformacion/Paginas/ListaCartograficos.aspx ·Base de datos del Banco Nacional de Datos de la AEMET: ftp://ftpdatos.aemet.es/
33 Anexo I: Obtención de las variables topográficas: MDE y ráster de Pendientes
34 Anexo II: Obtención de la variable geológica:
35 Anexo III: Obtención de las variables climatológicas: precipitaciones, temperaturas e insolación
36
37
44 Anexo IX: Valores de las salinas para las variables contempladas y el ráster reclasificado Topónimo Municipio Provincia X Y Geología Insolación (WmH2) Precipitación media estival(mm) Temperatura media estival (º C) Pendiente (%) Altitud (m) Valor reclasificación Salinas de Monteagudo Monteagudo de las Salinas Cuenca 596954,51 4404967,69 1 691837 28,52 20,42 956 956 233323 Salinas del Manzano Salinas de Manzano Cuenca 622981,88 4438702,75 1 685766 37,56 19,47 1125 1125 232322 Salinas de Valsalobre Valsalobre Cuenca 576660,79 4496498,13 1 685708 42,76 17,79 1194 1194 232222 Salinas de Belinchón Belinchón Cuenca 496413,58 4436532,77 1 667478 21,13 22,38 626 626 223323 Salinas de Almallá Tierzo Guadalajara 589015,40 4509839,87 1 683703 39,85 17,69 1119 1119 232222 Salinas de Selas Anquela del Ducado Guadalajara 573301,58 4535640,98 1 700767 39,28 17,10 1169 1169 232222 Salinas de Terzaga Terzaga Guadalajara 592710,35 4505329,23 1 669913 40,70 17,32 1183 1183 222222 Salinas de Traíd Traíd Guadalajara 601386,77 4504341,59 1 686153 40,08 16,95 1238 1238 232222 Salinas de Valsalobre Corduente Guadalajara 592464,25 4518914,90 1 690445 39,78 17,39 1134 1134 232222 Salinas de Imón Sigüenza Guadalajara 522894,14 4556500,44 1 689919 31,85 20,43 930 930 233323 Salinas de Bujalcayado Sigüenza Guadalajara 523182,74 4552678,89 1 689053 31,78 20,62 920 920 233323 Salinas de La Olmeda La Olmeda de Jadraque Guadalajara 522924,95 4551910,57 1 683318 31,81 20,75 917 917 233323 Salinas del Gormellón o Santamera Río Frío del Llano Guadalajara 519084,61 4554531,38 1 688368 31,66 21,01 921 921 233323 Salinas de Rienda/La Constancia Paredes de Sigüenza Guadalajara 524095,50 4564808,29 1 693800 32,44 19,35 989 989 233323
45 Salinas de Paredes de Sigüenza Paredes de Sigüenza Guadalajara 523243,41 4565273,60 1 692248 32,60 19,42 991 991 233323 Salinas de La Riba de Santiuste Sigüenza Guadalajara 525636,79 4561685,52 1 692812 31,95 19,55 958 958 233333 Salinas de Carabías o Malpica Sigüenza Guadalajara 522810,67 4550402,79 1 685196 31,82 20,80 917 917 223323 Salinas de Valdealmendras Sigüenza Guadalajara 529295,94 4555252,22 1 686584 33,27 19,48 1005 1005 233323 Salinas de Alcuneza Sigüenza Guadalajara 532430,73 4549461,04 1 687935 34,36 19,53 1004 1004 233323 Salinas de Saelices Saelices de la Sal Guadalajara 556342,62 4528072,68 1 679684 35,25 19,08 992 992 223323 Salinas de La Inesperada Ocentejo Guadalajara 553819,24 4514940,21 1 651027 32,72 20,49 825 825 223323 Salinas de Anguita Anguita Guadalajara 550763,29 4545099,69 1 706328 36,32 18,23 1103 1103 232222 Salinas de Medinaceli Salinas de Medinaceli Soria 549046,25 4556486,63 1 658914 33,97 18,44 1024 1024 223223 Salinas de Arcos de las Salinas Arcos de las Salinas Teruel 665495,08 4428687,86 1 678919 37,58 19,67 1028 1028 222323 Salinas de Ojos Negros Ojos Negros Teruel 624353,93 4511886,32 1 696745 37,95 18,17 1139 1139 232222 Salinas de La Hoyalda/Alda Royuela Teruel 624337,14 4472133,15 1 661424 43,53 18,19 1277 1277 222222 Salinas de Armillas Vivel del Río Martín Teruel 677370,14 4528098,57 1 690087 45,81 17,87 1104 1104 221212 Salinas de Griegos Griegos Teruel 610061,53 4481453,42 1 755642 45,42 15,13 1629 1629 232222 Valdetablado Albarracín Teruel 608789,29 4460945,34 1 707763 45,81 16,30 1536 1536 232222
46 Salinas de Villel Villel Teruel 652867,44 4458267,40 1 681877 37,35 19,73 964 964 222323 Salinas de Gallel o Alba Alba Teruel 637786,03 4493325,27 1 673144 37,00 18,66 1072 1072 232222 Salinas de Abanto Abanto Zaragoza 608176,54 4556610,82 1 667615 32,38 19,28 890 890 223323 Salinas de Valdehierro Nuévalos Zaragoza 605225,66 4562867,30 1 653496 31,34 20,02 792 792 223323
47 Anexo X: Mapa de potencialidad productiva de sal durante la segunda mitad del siglo XX
48
49 Anexo XI: Mapa de potencialidad productiva de sal durante el siglo VIII a. C.
50
51 Anexo XII: Mapa de potencialidad productiva de sal durante el siglo VI a. C.
52
53 Anexo XIII: Mapa de potencialidad productiva de sal durante la primera mitad de los siglos V a. C. y IV a. C.
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