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Abstract
Se analizan en primer lugar los conceptos de dinero y de capital, partiendo del desarrollo analítico que de ellos hace Karl Marx en su obra Grundrisse. Más adelante se estudia el fenómeno de los ciclos económicos, mediante un análisis comparativo entre las teorías de Marx y las de otros autores, como Hayek o Schumpeter. Finalmente, se analiza la vinculación de la crisis con la evolución innata del capital y se proyectan las conclusiones sobre la realidad actual, con citas a Negri y Spinoza. Alfonso Gracia, Juan Ignacio; Aragüés Estragués, Juan Manuel
Full text
Trabajo Fin de Máster INTERPRETACIÓN DEL CAPITAL Y LOS MERCADOS, SEGÚN LOS GRUNDRISSE DE MARX Autor/es Juan Ignacio ALFONSO GRACIA Director/es Juan Manuel ARAGÜÉS ESTRAGUÉS FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS 2013
1 ÍNDICE I – Introducción 2 II - El Dinero 9 III - El Capital 23 - ¿Qué es el capital? 24 - Los dos procesos del cambio con el trabajo 33 - Valorización del capital 38 - La circulación del capital 49 - El crédito 57 - El capital fijado 60 IV - Los ciclos 70 V - Conclusiones 82
2 I – INTRODUCCIÓN
3 Resulta casi inevitable, a la luz de los acontecimientos económicos que tienen postrada a España y a media Europa, preguntarse cuál es la razón última por la que, de manera recurrente y en apariencia sistemática, la crisis económica parece quebrar de manera seca y violenta la apariencia de seguridad y prosperidad en la que se venía desenvolviendo la mayor parte de la población. El fenómeno de la crisis, casi siempre manifestado en colapso financiero, tiende a cebarse además con las capas menos favorecidas de la sociedad, acentuando las diferencias económicas entre los más favorecidos y los más vulnerables, cuyos derechos sociales se ven reducidos de la noche a la mañana por el fenómeno de la exclusión. La sociedad en general se ve clarísimamente condicionada en todas sus manifestaciones por el sistema económico sobre el que se sostiene. En la primera mitad del siglo XIX, un intelectual alemán, seguidor de la filosofía de Hegel, captó con clarividente lucidez este sometimiento de la sociedad en su conjunto a sus determinantes económicos. Karl Marx se convirtió, a fuerza de estudio y de apasionada dedicación, en uno de los economistas más destacados de su época, no por afición a los mecanismos y automatismos con los que poder explicar el comportamiento de los agentes económicos, sino como medio para entender mejor la sociedad en la que vivía. Además, se atrevió a cuestionar las certezas con las que, tanto en su época como en cualquier otra, se tiende a justificar el statu quo vigente por parte de las fuerzas dominantes. Analizando la evolución histórica de los diferentes modos de producción y de las sociedades que los albergaban, entendió que la conciencia social y las leyes son producto del orden económico imperante. Su visión materialista e histórica da lugar a una de las doctrinas más influyentes en la historia de la Humanidad. No obstante, el penoso resultado con que terminaron los proyectos comunistas del siglo XX, inspirados en última instancia en su obra, parece haber ensombrecido la magnitud de su aportación. El radicalismo de las soluciones que plantea parece haber relegado su obra a un cierto ostracismo en la economía convencional, lo que representa una notable pérdida. Independientemente de la eficacia de sus soluciones, su profunda visión del modo de producción capitalista y la tozudez con la que dicho método productivo se empeña en tropezar una y otra vez con sus propios límites, aconseja y casi obliga a una lectura reposada de su planteamiento económico. Y eso es justo lo que se pretende con este trabajo. La globalización, los vaivenes financieros internacionales, las crisis de los Estados-nación, la explosión tecnológica. Todas estas manifestaciones de la realidad mundial actual están ya inscritas en el ADN del capital que describe Marx 150 años antes. La obra principal en la que se basa este trabajo, sobre todo en sus aspectos más conceptuales, son los Grundrisse, las líneas fundamentales de la crítica de la economía política, cuadernos recopilados por Marx entre 1857 y 1858, como preludio de la que sería su obra más conocida, El Capital. Esta obra, en relación a El Capital, ofrece algunas ventajas importantes. Para empezar, su menor extensión permite un acercamiento más directo a los conceptos
4 fundamentales que sostienen la doctrina marxista, y que son con matices los mismos sobre los que se basa El Capital. Además, la espontaneidad en la sucesión de cuadernos e ideas, expuestos de manera no demasiado ordenada, con llamativos errores matemáticos, corregidos con paciente diligencia por el traductor, y con varias líneas abiertas a posteriores investigaciones, algunas de las cuales no se llegan nunca a concretar, ofrecen una frescura y una sensación de comunicación directa con el autor que la exhaustiva metodología y rigidez de El Capital, con la ambición de narrativa maestra propia de la modernidad, no permiten. Destaca además en los Grundrisse la descripción del dinero, su origen y evolución, y el decisivo papel que juega en la formación del capital y en la posibilidad misma de las crisis. Más adelante, la descripción del capital es sencilla y directa. Manejando unos pocos conceptos desenmascara con enorme eficacia la profundidad de las consecuencias sociales del explosivo modo de producción capitalista. Una vez hayamos comprendido la esencia y el funcionamiento del método productivo capitalista, analizaremos, ya con aportación de otros autores, la naturaleza de los ciclos económicos, la relación de la crisis con los cimientos del capital. Como conclusión, ilustramos los rasgos exteriores más actuales del capital de la mano de Antonio Negri, para dejar abierta la pregunta de cómo se debe actuar ante las injusticias que provoca la insuficiente riqueza afectiva, definida en términos spinozianos, del capital. Grundrisse. Introducción conceptual.- Inicia Marx sus Líneas Fundamentales con una repaso muy clarificador de sus principales conceptos, cuya comprensión resulta fundamental para seguir la progresión de sus argumentos. Los conceptos esenciales que cuidadosamente precisa nuestro autor son producción, consumo, distribución y cambio. Producción.- El primer concepto y el más importante es el de producción, y en lo que más empeño pone Marx a la hora de clarificar lo que debe ser entendido por producción es en separar su planteamiento de la ingenua concepción naturalista del individuo tan propia del liberalismo moderno, concepción a la califica despectivamente como “Robinsonada”, y que consiste en imaginar un escenario original, ahistórico, en el que el individuo vive en un estado natural, presocial, desde el que libremente decide asociarse con otros individuos, dando origen así a una sociedad con ordenamiento económico y jurídico consensuado en beneficio de la comunidad. Esta visión “creacionista” de la sociedad tiene su origen en el siglo XVII, en el nacimiento de la burguesía, y su esplendor en el XVIII, desde donde aún sirve de base a los dos economistas más relevantes hasta la época como son Adam Smith y David Ricardo. Pero Marx advierte de que sigue siendo fuente de inspiración a numerosos pensadores de mediados del XIX, entre los que cita a Bastiat, Carey y Proudhon, posiblemente los tres autores más ácidamente criticados por él a lo largo de los Grundrisse. Marx considera la ingenuidad de estos tres autores y sus seguidores como particularmente perversa, ya que se presentan como teóricos de
5 la izquierda, pero defienden el sistema liberal burgués como fundamentalmente virtuoso. Para Marx, sin embargo, el modo de producción es social y es histórico. Es social porque la producción está socialmente determinada, es decir, se habla de producción en un estadio determinado de desarrollo social. La producción general es un proceso articulado, con diferentes ramas de producción particulares que son mutuamente dependientes. Y es histórico porque cada modo de producción es resultado de un momento histórico diferente, y responde a una evolución que determina el modo de organización productiva de la sociedad en cada momento. No existe un modo de producción natural independiente de la historia. Hay no obstante determinaciones comunes a todos los estadios de la producción. Las dos que menciona Marx, y que son fundamentales para entender su visión de la economía, son la necesidad de un instrumento de trabajo (aunque sea la mano), y la necesidad del trabajo pasado, acumulado (aunque sea la destreza que da la práctica)1. Pero estas condiciones generales son abstracciones que no permiten por sí mismas comprender ningún estadio histórico, real de la producción. Distribución.- También en el caso de la distribución, denuncia Marx el intento liberal burgués de naturalizar determinaciones generales que confieran legitimidad a unas formas de distribución frente a otras. Concretamente, los dos puntos principales en los que se apoya este intento son: 1) la propiedad privada (que implica su antítesis, la no-propiedad), y que Marx rechaza argumentando que, en su caso, lo natural y originario sería la propiedad común de un grupo, familia o tribu; y 2) la protección de dicha propiedad mediante la ley y la policía, lo que los economistas2 consideran naturalmente más legítimo que otras formas de derecho anteriores, como la ley del más fuerte, lo que para Marx obvia el hecho de que cada modo de producción genera su propia forma de derecho. Dicha forma de derecho no surge naturalmente. Para Marx no hay nada natural en las formas de distribución. La producción está determinada por leyes naturales generales; la distribución por la casualidad social3, que puede actuar de manera más o menos estimulante sobre la producción. En cuanto a la relación entre producción y distribución, Marx considera a la primera como punto de partida y generalidad, al consumo como punto final y singularidad, y a la distribución y al cambio como término medio y particularidad. La producción y el consumo se condicionan mutuamente. La producción no tiene sentido si no es producción para el consumo. Pero el consumo no existe sin la producción, sin el objeto producido, y además la producción estimula la creación de nuevas necesidades, y por tanto de nuevo consumo. Además, la producción también consume (materias primas, instrumentos de trabajo) y el consumo también produce (las plantas consumen en la agricultura, y los humanos consumen para reproducir su capacidad productiva). Se produce por tanto una cierta identidad 1MARX,Karl.Líneasfundamentalesdelacríticadelaeconomíapolítica(Grundrisse)‐PrimeraMitad. EditorialCrítica,Barcelona1977,p.8 2Marxutilizaeltérminoeconomistasparareferirsealosteóricosdelaeconomíapolíticaburguesade lossiglosXVIIIyXIX 3MARX,Karl.Op.cit.,p.12
6 entre producción y trabajo, que a veces lleva al error de hacer coincidir necesariamente a uno y a otro en economía. Pero no hay inmediatez entre producción y consumo. Entre ambos se interpone la distribución ¿Hasta qué punto es ésta independiente de la producción? La distribución es como una ley social que condiciona las cuotas en las que los frutos de la producción global se distribuyen entre la población. Renta de la tierra, salario, interés y beneficio serían formas de distribución de dicha producción, y condiciona la posición que el individuo ocupa en la producción, es decir, la precede. Las invasiones de los conquistadores o las revoluciones alteran las formas de distribución, modifican las formas de propiedad y determinan la producción. La distribución es por tanto mucho más que la distribución de los objetos producidos. Es en primer lugar distribución de los instrumentos de producción, y distribución de los individuos (subsunción) entre las distintas ramas de la producción. Sin embargo, Marx no considera que la distribución preceda a la producción. En el caso de las conquistas, es el modo de producción (el nuevo introducido por los conquistadores, o el antiguo conservado de los pueblos sometidos) el que determina la nueva distribución (con cambios en la propiedad de la tierra en el primer caso, y simples tributos en el segundo). El pillaje o la esclavitud se adaptan de una manera o de otra a la producción existente; no se dan si no hay una producción anterior. Y en el caso de revoluciones que alteran la propiedad fragmentándola (Revolución Francesa), con el tiempo la propiedad se vuelve a concentrar. Para Marx por tanto lo primero es la producción. Cambio y circulación.- El cambio es un momento mediador entre la producción y la distribución por un lado, y el consumo por otro. El cambio requiere división del trabajo, producción privada y una producción desarrollada y articulada. Al igual que veíamos para la distribución, es la producción la que precede al cambio y al consumo. En las sociedades primitivas, el cambio se inicia en los márgenes, en las zonas de contacto entre comunidades, donde se intercambian excedentes. A medida que la producción se va haciendo más compleja y avanza la división del trabajo, se intensifica la importancia de los cambios y aumenta la circulación. Producción, distribución, cambio y consumo forman parte de una totalidad, pero es la producción la que siempre inicia el proceso. Una determinada producción determina un determinado consumo, una determinada distribución, un determinado cambio y determinadas relaciones de estos diferentes momentos entre sí. La producción puede variar, eso sí, en respuesta a estímulos del consumo (mayor o menor dimensión del mercado) o la distribución (cambios en la propiedad de la tierra). Es un sistema interdependiente. El método de la economía política.- En este apartado, Marx muestra con claridad su discrepancia frente al idealismo hegeliano. Frente al método analítico que parte de generalidades, de abstracciones, de la concepción de lo real como resultado de la concentración del pensamiento a partir de sí mismo, Marx realza el valor de lo
7 concreto, de las determinaciones simples, a partir de las cuales se elevan los sistemas económicos hasta la concepción de realidades complejas como el Estado o el mercado mundial. El sujeto real mantiene su autonomía fuera de la mente, y debe ser el presupuesto de cualquier representación que pretenda ser real, no artística, espiritual o religiosa. Pone como ejemplo que Hegel considera la posesión como la relación jurídica más simple, a lo que Marx antepone la mayor concreción de las relaciones de dominación o servidumbre, o la posesión familiar, que como queda dicho anteriormente precede históricamente a la posesión individual. La posesión precede a la propiedad, que es la posesión como relación jurídica en sociedades más desarrolladas. Lo mismo ocurre con el dinero, precedido por el cambio de excedentes en las sociedades más simples, desarrollado con el comercio y con la creciente complejidad de la división del trabajo, y perfeccionado y enriquecido cuando se comporta como capital. El proceso histórico real parece, según Marx, apoyar el camino del pensamiento abstracto, que se eleva de lo más simple a lo más complejo. Es desde luego especialmente relevante el análisis del concepto de trabajo, y no sólo por lo que se refiere al pensamiento de Marx, sino al de todos los economistas de la época. Y aquí alaba los progresos del pensamiento económico que comienza a ver al trabajo como fuente verdadera de la creación de riqueza. Progreso que experimenta un avance decisivo con la aportación de Adam Smith4, que rechaza las determinaciones concretas del trabajo creador de riqueza (manufacturero, agrícola, comercial, etc.) para centrarse en el trabajo a secas. Esta concepción abstracta del trabajo ayuda a construir, particularmente en Marx, una imagen total del sistema de relaciones económicas humanas de extraordinaria riqueza. Pero esta concepción abstracta parte de determinaciones concretas, de categorías de trabajo específicas y más difícilmente generalizables, y solo alcanza su forma más acabada como trabajo simple en el sistema económico más complejo y desarrollado, es decir, en la sociedad burguesa. De la misma forma, las abstracciones que sirven para definir el resto de categorías económicas deben tener una genética basada en determinaciones concretas e históricas. Y deben de ser analizadas, no tanto en sentido cronológico, que resulta farragoso y poco práctico, sino en función de su articulación en la sociedad compleja que se pretenda analizar. En este caso, la burguesa. Así, propone Marx dividir el análisis de la materia en los siguientes campos de estudio: 1) determinaciones abstractas generales, que sirven para describir cualquier forma de sociedad; 2) categorías que articulan la sociedad burguesa: capital, trabajo asalariado, propiedad de la tierra, cambio, circulación; 3) Resumen de la sociedad burguesa en la forma de Estado: clases no productivas, impuestos, 4Puederesultarsorprendente,paraquiennoconozcaelpensamientodeMarx,queunadelasfuentes principalesdesupensamientoeconómicoseaprecisamenteAdamSmith,inspiradortambién,comoes bienconocido,delpensamientoliberal.Marxparececonsiderarqueamplíaenprofundidadelmodelo económicoconqueacertadamentedescribeSmithlasuperficiedelsistemaeconómicoliberal‐burgués. LoqueMarxreprochaeselinmovilismodelosseguidoresdelDr.Smith,queunsiglodespuésse esfuerzanenquedarseenlasuperficie.
8 deuda pública, población; 4) Relaciones internacionales de la producción, división internacional del trabajo, exportación e importación, cotización en el cambio; 5) Mercado mundial y crisis. En los Grundrisse, Marx solo analiza, como veremos, los dos primeros puntos. Pero con el desarrollo de esos dos puntos, veremos que tenemos de sobra todos los fundamentos para entender la construcción del modelo analítico marxista. Los otros tres son fundamentales, no obstante, para entender la naturaleza cíclica de las crisis, el fenómeno actual de la globalización, y el cada vez más difícil papel de los Estados-nación. Iniciamos este recorrido con el análisis del elemento base de la doctrina marxista, que antecede y anuncia al capital. Un elemento capaz de orientar con su poderoso magnetismo todas las manifestaciones de la sociedad bajo la forma de producción del capital: el dinero.
15 monetaria tienen los patrones metálicos, y proponen en su lugar que el patrón de referencia para la moneda sea la hora de trabajo. Como ya se ha adelantado en la Introducción, entre los estudiosos de la economía del siglo XIX hay un cierto consenso en considerar al trabajo como fuente única del valor económico, planteamiento en el que Marx coincide plenamente, y sobre el que basa toda su concepción de la plusvalía. No obstante, se muestra radicalmente contrario a propuestas tan exóticas como las proudhonianas. En primer lugar, Marx defiende que el tipo de patrón monetario utilizado no tiene absolutamente nada que ver con la crisis de salida de metales preciosos que sufre Francia. Se trata más bien de algo que nos resulta tan dolorosamente familiar en nuestros días, como es la evasión de capitales. Y como tal lo describe Marx. Marx considera perfectamente lógica y legítima la actitud del banco en defensa de su reserva metálica. No en función del valor de dicha reserva, sino en relación con la relativa escasez de fondo de reserva que se produce ante la progresiva salida de metal. El problema no es la salida del oro. Dicha salida es más bien el síntoma del verdadero problema. Exactamente igual que en nuestros días, el problema es la pérdida de competitividad de la economía francesa en aquel momento. Para ilustrar esta pérdida, utiliza dos ejemplos: una mala cosecha (estamos en una época en la que la producción agrícola sigue siendo una parte importante del Producto Interior) y una importación excesiva. Ambos ejemplos están en realidad relacionados. La mala cosecha conduce a un encarecimiento del cereal (que repercute en costes de reproducción de mano de obra mayores) y a una necesidad de importación que fuerza la salida de metales preciosos. Marx señala acertadamente que esta salida de oro es mucho más que la pérdida del metal. Este oro en realidad está representando al capital (más adelante analizaremos lo que se entiende por capital). El capital, ante las dificultades de valorización que encuentra en Francia (mayores costes de mano de obra, menor capacidad de compra en los mercados,…), vuela en dirección a los países con mayor producción agrícola o con mejores perspectivas de inversión industrial. En España en la actualidad nos encontramos con un fenómeno similar. Con frecuencia se culpa al euro (ya sin patrón metálico, y dependiente exclusivamente de decisiones políticas europeas) de exceso de celo en la aplicación de restricciones al crédito, e incluso se llega a defender la vuelta de la peseta. Pero el hecho es que, mientras el tipo de interés del euro está al 0,5%, en España, la tasa a la que se paga la Deuda Pública (y por extensión la privada de todo el país) no consigue bajar del 6%. Al igual que en la Francia que describe Darimon, en España el capital abandona el país, y para conseguir capitales se debe pagar una tasa más alta. Esto eleva los tipos de interés y ahoga a la economía irremediablemente. Es la lógica del capital, y como veremos, ésta no ha cambiado desde que la describió Marx. Tras desmontar la falaz correlación de Darimon, Marx arremete contra la idea del billete-hora de trabajo. La idea consiste en que la moneda de curso legal recoja desde su origen la productividad del trabajo vivo, y como tal le sea retribuida íntegramente al trabajador, evitando así su apropiación por parte del capitalista. Es incluso más fácil desacreditar esta idea. Baste señalar que en el momento en que el billete es emitido y puesto en circulación, se aleja para siempre de su fuente de
16 valor, de su origen, y es susceptible de ser acumulado, cambiado o revalorizado, en función de infinitos parámetros, ya para nada relacionados con la hora de trabajo que le dio la vida. Su contradicción con la hora de trabajo está ya puesta de base en el momento en que tal billete es puesto a circular. En realidad, la respuesta a los ingenuos planteamientos de los proudhonistas no ofrece mayor interés en la actualidad. Pero Marx se ve obligado a elaborar exhaustivamente sus críticas ante el éxito que dichas teorías parecen alcanzar en el movimiento obrero francés de la época. Circulación y precio.- Marx define al dinero como la rueda de la circulación, ya que se corresponde con la circulación de mercancías, pero en sentido opuesto. La circulación del dinero, además de estar determinada por la circulación de mercancías, aparece condicionada por otros factores, como la cantidad de dinero en circulación y la velocidad con la que circula. Hasta este punto, Marx analiza dos determinaciones del dinero: el dinero como medida, y el dinero como medio de cambio. En la primera, el dinero solo es referencia, expresión de valor, y en la medida en que no se realiza en dinero efectivo, no influye en la circulación; no es más que una representación mental del valor que tiene una mercancía. Se expresa como moneda de cuenta, que cumple respecto a las mercancías un papel similar a los pesos y medidas. En esta determinación, la cantidad de dinero en circulación es lógicamente irrelevante. La segunda determinación, el dinero como medio de cambio, es la que condiciona la circulación. Se necesita como presupuesto la mercancía expresada en dinero, es decir, el precio. Pero además se requiere que los actos de cambio no se produzcan de manera aislada, sino en un círculo de flujo constante. El dinero aísla el valor de cambio de todas las mercancías, y lo objetiviza en una mercancía particular, independiente de las propias mercancías cuyo valor de cambio representa. El valor de todas las demás mercancías debe ser traducido a cuotas de valor en esta mercancía particular. Un valor de cambio de una mercancía representará una determinada cantidad de dinero. Éste es el concepto de precio. Y en la medida en que el dinero tiene una existencia independiente de las mercancías, el precio se presenta como una relación externa del valor de cambio y de la mercancía. La mercancía se correspondía inmediatamente con su valor de cambio, en cuanto estaba relacionada con algo implícito como la cantidad de trabajo en ella objetivado. Pero el precio nace de una comparación con algo exterior e independiente: el dinero. La mercancía es valor de cambio, pero tiene un precio. El precio no es una determinación inmediata, sino refleja. El precio, en su determinación más desarrollada, presupone que el individuo ya no produce directamente sus medios de subsistencia, sino que su producto inmediato es valor de cambio, y tiene que ser mediado por un proceso social para que se convierta en medio de subsistencia. El valor de cambio particular debe ser cambiado primero por el valor de cambio general, para ser cambiado a su vez por otro valor de cambio particular. En este
17 movimiento de mediación, el dinero es la rueda, el instrumento mediador. El precio de las mercancías solo se realiza en su cambio con dinero real. El volumen de dinero en circulación estará condicionado así por la suma global de los precios de todas las mercancías que se cambian simultáneamente. El dinero hace circular los precios, los realiza, pero no mueve las mercancías, y por tanto es la suma de los precios, y no el movimiento de mercancías, la que determina el volumen de circulación necesario. La circulación, tanto de mercancías como de dinero, no tiene un centro de origen ni de retorno. Parte y regresa desde y hacia infinitos puntos y una misma cantidad de dinero podrá hacer frente a un número limitado de pagos simultáneamente. Es por tanto necesaria una determinada cantidad de dinero en circulación que vendrá determinada por dos factores: la suma global de precios de todas las mercancías que salen a la circulación simultáneamente, y la velocidad con que el dinero recorre estas rutas de circulación o, dicho de otra manera, la cantidad de pagos por unidad de tiempo en que es utilizada una misma pieza monetaria. El cambio generalizado es el presupuesto de la circulación. Con el avance de la complejidad en la división del trabajo, nadie produce para sí, sino para el cambio, y cubren sus necesidades con el cambio. Las necesidades, cada vez más complejas, se vuelven extremadamente multilaterales, y el producto individual extremadamente unilateral. La totalidad del proceso se presenta así como un referente social necesario para la subsistencia del individuo, que aparece como una conexión objetiva que surge naturalmente. Aunque nace de la acción recíproca de los individuos, no descansa en su consciencia ni está sometida a ella. Es un poder social extraño, ajeno, que está por encima del individuo social libre. La circulación se presenta equivocadamente como proceso social infinito (M-D-D- M), pero esta continuidad pasa por alto la discontinuidad entre el acto de venta y el de compra, como dos procesos condicionados por factores diferentes, dos procesos independientes cuya conexión está sometida a la constante contradicción del dinero, analizada con anterioridad. El problema es que como forman necesariamente parte de un todo articulado, de un proceso general en el que tienen que permanecer conectados, aunque su comportamiento independiente les lleve a alejarse, es inevitable que se produzcan ajustes periódicos en los que se restaure la unidad de manera violenta. En la separación del cambio en dos actos empezamos a ver el germen, la posibilidad de las crisis. El acto de conversión en dinero que significa la fijación de precio a la mercancía implica un cierto sometimiento que también se vuelve general. Se sacrifica su naturaleza y hasta su valor de cambio específico para buscar una determinación en dinero que, caso de no poder realizarse efectivamente en el acto de venta, devalúa necesariamente la mercancía. No solo ocurre en las mercancías. Veíamos al estudiar el proceso de formación del método de producción capitalista cómo se van disolviendo los lazos de dependencia personal. Desde la implantación de la monarquía absoluta, los tributos van gradualmente cobrándose en dinero, desapareciendo las prestaciones personales y las lealtades y vinculaciones propias del feudalismo. El dinero se presenta como equivalente general y tiende a igualar y
18 a someter todo a su criterio universal. Una fuerza igualadora que contagia sus contradicciones a todo aquello que somete a su ley. Este papel como equivalente general se refuerza, como hemos visto, al acentuarse la división del trabajo. El producto deja de ser gradualmente útil como medio de cambio, y aparece la necesidad de un medio de cambio general que equipare productos cada vez más numerosos y diversos. A la contradicción inherente a la división de la mercancía entre su determinación como valor de uso y su determinación como valor de cambio, se une ahora otra aún mayor: la que existe entre su valor de cambio particular y el valor de cambio expresado en otra mercancía, es decir, su precio. Al menos, en la primera contradicción, ambos valores son inherentes al producto-merancía. En la segunda, la referencia es una mercancía distinta, sometida a sus propios condicionantes de oferta y demanda. Pero además, y sobre todo, el dinero provoca la separación del intercambio entre mercancías particulares en dos intercambios independientes, dinero por mercancía y mercancía por dinero, cada uno de ellos sometido a sus particulares limitaciones. La creciente importancia del papel mediador del dinero lleva a que en la circulación, además del momento M-D-M destinado a cubrir necesidades crecientemente diversas, aparece un momento distinto: D-M-D. El dinero es el fin, la mercancía el medio para obtenerlo. La cada vez mayor complejidad que encontramos en el intercambio general de las mercancías destinadas el consumo lleva a la especialización del comercio como parte de la creciente división del trabajo. Evidentemente, a diferencia del intercambio de mercancías, cuyo destino es el consumo, y en el que se intercambian equivalentes de distinta naturaleza, en el intercambio con fines comerciales, no se busca el equivalente, ya que el dinero al principio y al final del proceso tiene la misma naturaleza, sino su aumento cuantitativo. La voluntad del comerciante es obtener en la venta al final del proceso más dinero del que gastó en la compra al inicio del mismo. El dinero se convierte así en fin en sí mismo, al margen de su papel como instrumento de la circulación, lo que nos lleva a considerarlo en su tercera determinación: la acumulación. El dinero como representante material de la riqueza12.- En el ciclo de la circulación, la fórmula D-M-M-D es tan correcta como la otra, M-D-D-M. Pero en la primera, la mercancía final es la misma que la inicial, con lo que el objetivo en el cambio solo puede ser la diferencia cuantitativa. El dinero se convierte en fin en sí mismo como acumulación. En el valor de cambio, las mercancías son colocadas como relaciones con su sustancia social, con el trabajo. Pero en cuanto precios, son expresadas en cantidades de otros productos, según la forma natural de estos últimos. Lo que ocurre con la mercancía que representa a las demás en el precio es que ella misma sólo puede ser expresada como cantidad de su materia natural. En su segunda determinación, la de medio de circulación, se requiere que esta mercancía exista en una determinada cantidad. Esta cantidad dependerá de la 12Ibíd.,p.136
19 suma de los precios de las mercancías que han de ser intercambiadas, y de la velocidad a la que circula el propio dinero. Su naturaleza es no obstante indiferente, ya que su función es evanescente, aparece y desaparece con el único fin de servir de intermediación al intercambio de mercancías para su consumo. El dinero en esta determinación no es más que un signo indicativo de valor. Lo que importa no es el momento de la realización de los precios, sino la totalidad de un proceso en el que el dinero tiene exclusivamente una utilidad instrumental como mediador evanescente, como precio, como representante del valor de cambio de una mercancía frente a las demás. Su naturaleza (oro, plata o cualquier otra sustancia) no tiene ninguna importancia. En la determinación como medida, la sustancia es esencial para medir y fijar el precio. Como medio de circulación, tal sustancia es irrelevante. Señala Marx que los partidarios del patrón oro ponen más atención a la primera determinación, la de la medida, y por tanto la del valor estable, y los economistas modernos a la segunda, a la necesidad de hacer más fluido el medio de circulación. Para Adam Smith el dinero es improductivo, pero para los economistas más recientes, el dinero como medio de circulación anula el cambio directo, el trueque, con lo que sí es una relación de producción, en la medida en que evita la multiplicación de los cambios y ahorra por tanto trabajo. La tercera determinación, la acumulación, solo aparece cuando las dos primeras alcanzan un grado suficiente de desarrollo. De lo contrario, se trataría sin más de acumulación de oro o de plata, como mercancías valiosas, no de dinero. En esta determinación, el dinero procede de la circulación y se sale de ella. En ese sentido se enfrenta, niega su relación con la circulación, pero siempre en relación con ella, ya que de lo contrario no sería dinero, sino, tal como veíamos arriba, sólo mercancías valiosas. Si no se considera su relación potencial con la circulación, su posibilidad de volver a entrar en ella, pierde sentido su condición de dinero. Su relación con la circulación es por tanto negativa, pero siempre relación. El dinero, frente a las demás mercancías particulares que son riqueza particular porque satisfacen necesidades particulares, representa al concepto de riqueza en general, ya que realiza los precios y satisface por tanto cualquier necesidad, independientemente de su particularidad. El valor de cambio constituye la sustancia del dinero, y este valor de cambio es la riqueza. El dinero es la encarnación de la riqueza. Por otra parte, es una riqueza que no presupone ningún tipo de relación individual con su poseedor, no se relaciona con el desarrollo de la riqueza en mercancías particulares (la riqueza en ovejas presupone el desarrollo del individuo como pastor o ganadero; la riqueza en grano, presupone el desarrollo como agricultor, terrateniente, etc.). Uno puede apropiarse mecánica o accidentalmente de la riqueza en dinero, o perderla, sin relación alguna con su desarrollo individual. La posesión de esta riqueza, por este motivo, proporciona un dominio general sobre la sociedad, sin particularismos ni exclusiones, independientemente de la individualidad de su poseedor, lo que conduce al ansia de enriquecimiento. El ansia de poseer es posible sin dinero, sobre riquezas particulares (joyas, casas, coches, etc.), pero el ansia de enriquecimiento, de riqueza en general, solo se produce con
20 la existencia de dinero, con lo que se trata de un desarrollo social histórico, no natural. La codicia del dinero conduce además a sacrificar y renunciar a toda relación con los objetos de las necesidades particulares. La avaricia que busca la riqueza general, lo hace enfrentándola a las mercancías particulares. La figuración popular del avaro, desde el Scrooge de Dickens al Tío Gilito de Disney, adopta la forma de una persona adusta, austera y socialmente aislada, que renuncia al consumo de todo lo que no sea esencial para la supervivencia con el único fin de acumular riqueza en dinero. Se renuncia a cualquier goce mundano con tal de acumular como objetivo vital13. Esta necesidad de la riqueza general conduce a la disolución de las relaciones sociales de las comunidades antiguas. El dinero se sitúa en el centro de la comunidad y la regula en torno a los valores de cambio. El dinero aspira a ser objeto, fin y producto del trabajo general, con lo que tiende a eliminar cualquier forma de trabajo no asalariado. El dinero se vuelve así productivo, favorece la laboriosidad general14. La productividad del individuo pierde así cualquier relación con su particularidad. El dinero en el trabajo asalariado no se disuelve, como en la determinación del dinero como medio de cambio, sino que produce. El desarrollo del trabajo asalariado conduce a una riqueza productiva que tiende a autosostenerse, a reproducirse. La riqueza española del siglo XVI, sobrevenida y expoliada por conquistas, conduce eventualmente al empobrecimiento de la nación, y por contraste acaba enriqueciendo a las naciones que tienen que trabajar para obtener el dinero de los españoles. Este caso nos ilustra además cómo el dinero tiende a extender, a generalizar y universalizar el desarrollo de las fuerzas productivas sociales mediante la aplicación de su valor de cambio a la fuerza de trabajo, extendiendo y universalizando también por tanto de manera imparable el efecto de sus contradicciones. El dinero se configura así como la comunidad real en la sociedad burguesa, en la sustancia general de la existencia y el producto común de todos. Pero esta comunidad como hemos visto es externa al individuo, ajena, indiferente a su particularidad y a su desarrollo personal, a diferencia de las comunidades antiguas, que presuponen una relación particular del individuo consigo mismo. El mercado mundial15.- En el mercado mundial, en la época de Marx, el oro y la plata, como patrones de valor universales, sirven como medios de cambio en el tráfico comercial entre países. Ello le conduce a analizar la relación de la sustancia oro/plata con su determinación como moneda. Al considerar el intercambio 13Laavariciaensínoesunproductosocialhistórico.YaAristótelesdescribelaavariciacomounodelos malespordefectodelaliberalidad,puntomediodeunadesusvirtudesmorales.PeroenlaAntigüedad, laavariciaeraafánderiquezasmateriales,másquededinerocomoriquezauniversal.Eselansiade dinerocomoriquezageneralloquesuponeundesarrollosocialehistórico. 14Marxmencionaenmásdeunaocasiónelcasoparticulardelosejércitos,ysucrecimientoencohesión yeficaciaalaparecerelejércitomercenario,esdecir,asalariado.Esenlosejércitosantiguosdondese empiezaaexperimentarlasventajaseneficienciadeltrabajoasalariado.MARX,Karl.Ob.cit.,p.158 15Ibíd.,p.160
21 internacional, el patrón metálico recupera toda la fuerza que ya en esta época empieza a ser puesta en duda por los economistas partidarios de su supresión. Para Marx el mercado mundial constituye el presupuesto y el soporte de todo. Cada crisis es un esfuerzo de superación del presupuesto existente, y el impulso para la adopción de una nueva forma histórica. En el caso concreto temporal del comercio internacional de mediados del XIX, en este avance del mercado mundial, se produce una negación del dinero como medio de circulación, como moneda. En este tráfico internacional, la acuñación por la autoridad monetaria nacional pierde valor y lo recupera la sustancia, el metal noble. El oro y la plata vuelven a ser los representantes de la riqueza general, frente a la moneda que representa la riqueza local. Esta paradoja parece dar la razón al mercantilismo, inmediatamente anterior al sistema de producción burgués, que mide la riqueza en función de la posesión directa de riqueza en oro y plata. Como sabemos, esta contradicción está hoy más que superada, y esta descripción de Marx parece evocar más bien un residuo mercantilista, que sería definitivamente dejado atrás con el abandono del patrón metálico a mediados del siglo XX. En la actualidad, el valor de referencia internacional es móvil, se suele identificar con una moneda nacional de un país fuerte, con garantías de estabilidad en su emisión y control. Desde el abandono del patrón metálico, el dólar ha asumido este papel de valor referencia internacional. El euro llegó a plantearse tímidamente como alternativa, antes de entrar en su actual crisis existencial. En ambos casos, como vemos, el valor dinero internacional ha pasado de ser una sustancia material, identificable y sólida, a ser una convención dependiente de factores políticos y financieros que vuelven el sistema aún más contradictorio e inestable. El dinero en su determinación última y completa se presenta así como absoluta contradicción. Es abstracción como forma general de riqueza, como concepción mental, imaginada, de la riqueza en general frente las formas materiales, particulares, de la riqueza. Y al mismo tiempo sólo se realiza materialmente como circulación, arrojada a un circuito donde el dinero se pierde, se disuelve en mercancías y goces particulares. Se evapora así el fantasma de la riqueza. Su independencia de la circulación consiste en su referencia a la misma, en su dependencia. En cuanto al dinero como valor absoluto, se produce otra contradicción. El dinero pretende ser mercancía general, pero al tomar forma en una mercancía particular (oro, plata, más recientemente billetes de curso legal) está sometida a variaciones de valor como cualquier otra mercancía. Y en cuanto a la seguridad que pretende proporcionar su posesión como riqueza general, se contradice con su carácter de riqueza ajena, extraña, separada de la individualidad de su poseedor, del que puede ser enajenada por cualquier accidente. El dinero arrastra en su evolución y crecimiento todas estas contradicciones, pero la principal aparecerá con el desarrollo definitivo del valor de cambio. Inicialmente, en los intercambios se accede a la apropiación del trabajo ajeno mediante el trabajo propio, es decir, el propio producto sirve para ser
22 intercambiado por otros productos que satisfagan necesidades alternativas. Posteriormente, la propiedad privada del trabajo propio se identifica con la separación del individuo de su capacidad de trabajo, que pasa a ser una mercancía intercambiable. La propia capacidad de trabajo es susceptible de ser vendida como tal, como capacidad de trabajo. Con lo que se crea la posibilidad de disponer del trabajo ajeno mediante su intercambio por dinero. Y así aparece el capital como proceso de producción específico. Hemos mencionado que el dinero, en cuanto que separa el intercambio en dos momentos independientes y les transmite sus contradicciones, representa la posibilidad de la crisis. El capital, como veremos, le aportará la certeza.
23 III – EL CAPITAL
24 ¿Qué es el capital? El dinero como capital16.- Se presenta aquí una determinación del dinero que se supera a sí misma. El dinero como capital es una evolución del dinero (Marx la compara al hombre, como forma evolucionada que supera al mono). Esta forma es diferente del dinero como simple dinero. Veremos que el capital se presenta en su manifestación más esencial en el dinero, pero esta es sólo una de las determinaciones en las que se presenta. Dentro del sistema de la sociedad burguesa, el capital sigue inmediatamente al valor. El capital procede de la circulación, y tiene al dinero como punto de partida. Hemos visto que el dinero se niega a sí mismo al desaparecer en la circulación, o al ser acumulado y no utilizado como dinero. Pero en el caso del comercio, el dinero se convierte en fin en sí mismo, y es aquí, en el comercio, en el ciclo D-M-M-D, donde se encuentran los primeros elementos del capital. El comercio se inicia entre pueblos marginales que crecen en las fronteras de otros, cuyo modo de producción no se halla aún condicionado por el valor de cambio como presupuesto fundamental. El capital comercial es un capital circulante, que aún no constituye el fundamento de la producción. Además del comercio, otra forma que también antecede al capital productivo es el capital monetario, que a través de la usura y el interés se desarrolla previamente al sistema de producción burgués. Analizaremos más adelante ambos antecedentes. Pero el simple movimiento de los valores de cambio, tal como se presenta en la circulación, no puede realizar nunca un capital. Puede conducir a la sustracción de dinero a la circulación, a su acumulación. Pero tal acumulación lo será sin más de riqueza general e insustancial, tal como la hemos conocido en la tercera determinación del dinero. No puede mantenerse en esta determinación, negando su relación inevitable con la circulación. La circulación no puede autorrenovarse. Necesita el aporte constante de mercancías arrojadas a ella como leña al fuego. De lo contrario, se extingue. La circulación es mediación de extremos presupuestos, mercancía y dinero, que se presentan como momentos de la misma. El presupuesto esencial de la circulación son las mercancías producidas como valores de cambio. La producción de valores de cambio es por tanto presupuesto de la circulación. Dicha producción presupone la circulación como un momento ya desarrollado, y al mismo tiempo la produce, la provoca. Pero la circulación, el comercio, va poco a poco estimulando la producción orientada hacia el cambio. Originariamente, entre los pueblos semibárbaros se interponen pueblos de comerciantes que hacen circular los excedentes de una producción dominada por el valor de uso, es decir, orientada a la subsistencia de los productores. Pero cuando la aparición de los comerciantes se repite con suficiente frecuencia, estimula la actividad creadora de valores de cambio. La producción interna se va 16Ibíd.,p.189
31 subsistencia; 4) voluntad de la parte objetiva de presentarse y conservarse como valor, de autovalorizarse. No se dan las condiciones en intercambios entre trabajos objetivados, ni en las relaciones de esclavitud o servidumbre. Tampoco el mero cambio de trabajo objetivo por trabajo vivo es suficiente. El intercambio por servicios de consumo personal no es productivo, ya que se trataría de un intercambio asimilable al visto en la circulación simple. Valor de cambio (dinero) por valor de uso (servicio) que se agotan, se anulan en el intercambio. El cliente no valoriza, sino que desvaloriza su dinero. Cuanto más se repita el cambio, más se empobrece. En realidad, es más el prestador del servicio el que crea realmente el valor. Son los que en la Edad Media se dedican a la producción y a la acumulación de dinero los que crean las condiciones para la posterior aparición del capital, no los aristócratas que gastan recursos en su goce particular. Es el trabajo objetivado como valor, y cuyo valor de uso es el propio valor y su conservación, el que constituye al capital. El valor constituye el contenido del cambio con el trabajo, no el criterio de medida del valor de uso que es la hora de trabajo con la que se calculan los salarios. El trabajo individual sólo tiene sentido en este modo de producción en combinación con otros trabajadores. Y esta combinación de trabajadores aparece como algo ajeno a cada uno de ellos. Cada uno de ellos está subordinado a una voluntad y una inteligencia ajena, que toma cuerpo en su fase avanzada en la máquina, que objetiviza el pensamiento científico y convierte al trabajador en accesorio aislado. El capital por tanto presupone la existencia del trabajo social, como existencia particular, independiente de cada trabajador. El capital es el sujeto dominante, propietario de trabajo ajeno, que presupone y se apropia de fuerzas productivas y asociativas sociales. El capital es la fuerza productiva colectiva y social del trabajo. Los trabajadores se asocian a través del capital, que en su forma desarrollada requiere de la concentración de trabajadores. A diferencia de en la artesanía, a cada capitalista le corresponde un alto número de trabajadores. Inicialmente, el capital se constituye como cambio para trabajadores aislados. Cambio colectivo y cambio concentrador, con el que se acaban relacionando en exclusiva los centros de trabajo aislados. De la dependencia de este cambio se pasará a la dependencia vigilada y la disciplina de los trabajadores reunidos en un centro común, del que se pasará a la fábrica. Y a medida que va avanzando la concentración, la habilidad manual propia del artesano, así como la fuerza física necesaria, se vuelven superfluas, se van trasladando a la naturaleza muerta, a la máquina. El trabajo se vuelve un accesorio de la máquina, indeterminado, sin cualificación ni formación sofisticada. Vemos que para que se inicie la producción mediante el capital se requiere de entrada una concentración importante de riqueza en una mano, que permita poner a trabajar simultáneamente a una cierta cantidad de trabajo vivo. Trabajo vivo que será separado de sus condiciones de subsistencia, sustituidas por los medios ofrecidos por el capital.
32 Esta separación de sujeto y objeto, de trabajo vivo y condiciones de producción objetivas, es la base del modo de producción del capital. La potencia desatada por esta evolución histórica, y la generalización de tales condiciones de producción, están en la base de la explosión productiva iniciada en la Revolución Industrial y que continúa en nuestros días con una fuerza imparable. Ciento cincuenta años después de Marx, el modo de producción capitalista conserva sus determinaciones fundamentales, sus categorías principales, aunque con modificaciones que contradicen las previsiones del pensador alemán, y que analizaremos más adelante. Visto desde principios del XXI, el modo de producción burgués, tal como lo definía Marx, supone una revolución productiva cuyas consecuencias empiezan a ser comparables a las del Neolítico. Y dichas consecuencias, al igual que las que supusieron la domesticación de las especies vegetales y animales y el consiguiente sometimiento de la Naturaleza, son a un tiempo grandiosas y devastadoras. “En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en el sometimiento de las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por ensalmo... ¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?”20 20MARX,KarlyENGELS,F.ManifiestodelPartidoComunista.EdicióndigitalizadaporLibrodot www.librodot.com,pp.8‐9
33 Los dos procesos del cambio con el trabajo El cambio apuntado entre capital y trabajo muestra dos partes bien definidas, tanto formal como sustancialmente: el cambio del trabajo como mercancía propiedad del trabajador por una suma de valores de cambio que le paga el capital; y el uso de la fuerza de trabajo adquirida por el capital como fuerza productora y reproductora del propio capital. La primera parte es un cambio asimilable a la circulación simple, pero hay que recordar que en la circulación simple el consumo del valor de uso posterior al cambio caía fuera de la circulación misma. En el cambio con el capital, el segundo proceso se contrapone al cambio y crea una nueva categoría, una clase diferente. El cambio en la circulación simple.- En el cambio simple, el trabajador obtiene valor de cambio, dinero, a cambio de un trabajo determinado en número de horas21. Lo que el capitalista haga u obtenga de estas horas no es de su incumbencia. Como en cualquier otro intercambio, el trabajador es poseedor de un valor de uso, la capacidad de trabajo, que cambia por dinero, la forma general de riqueza, para satisfacer sus necesidades. Participa por tanto de la riqueza hasta el límite que le permite su retribución salarial. De esta manera, su capacidad de cubrir necesidades o disfrutar de goces diversos está limitada cuantitativamente, a diferencia de otros modos de producción anteriores (siervos, esclavos,…), en los que tal limitación es cualitativa. Veremos también como esta limitación cuantitativa tiene una importancia crucial en la producción, por la relevancia que los goces de los trabajadores adquieren en cuanto consumidores. La apariencia exterior de este cambio simple es, como la de cualquier otro, la de un intercambio de equivalentes entre iguales. Valor de uso (fuerza de trabajo) por valor de cambio (dinero). En principio, el trabajador destina este dinero a cubrir sus necesidades, aunque, al igual que en cualquier otro intercambio, el trabajador es muy libre de retirar dinero de la circulación y acumularlo, a través de la austeridad, del sacrificio de parte sus necesidades. También puede renunciar a parte de su descanso y trabajar más horas, con el fin de poder acumular más riqueza. Pero esta actitud es necesariamente una excepción. Si esta actitud se generalizase, el capital acabaría por apropiarse de la menor necesidad de sustento o del exceso de horas de trabajo, bajando la retribución de la hora de trabajo. El mercado de trabajo ofrecería al capital horas más baratas, ya que bajaría los requerimientos de subsistencia, de reproducción de la fuerza de trabajo, o aumentaría el número de horas ofrecidas en el mercado. Para Marx, queda demostrado que la posibilidad de acceder a la riqueza a través del trabajo y la austeridad solo puede ser una excepción a las condiciones generales de existencia de la clase trabajadora. 21ParaMarx,otrasformasalternativasdemedireltrabajo,comolaretribuciónenespecieoeltrabajo porunidadesproducidas,sonformasdistintasdemedireltiempo,conloquetodosereduceenellímite auncálculodehorasdetrabajo.
34 También es una excepción el caso del capataz o supervisor que es retribuido por encima del nivel de cobertura de sus necesidades, con el fin de alinearlo con el interés del capital y en contra de su propia clase. O el trabajador especializado, o el dependiente comercial. Todo esto son excepciones de clase, que no se aplican a la relación general. Por último, una excepción particularmente relevante es la del propietario que trabaja para sí. Sería trabajador y capitalista al mismo tiempo. Y para Marx, en una sociedad capitalista madura estas situaciones tienden a ser superadas. El capital por acciones es la forma más pura en este sentido. En estas formas, el capital tiende a ponerse a sí mismo como no-trabajo, como valor de cambio enfrentado al trabajo como valor de uso. El trabajador, que en la época de los esclavos tenía un valor de cambio, queda reducido exclusivamente a la utilidad de su fuerza de trabajo, excluyendo todos los demás valores. El trabajador queda así devaluado22. El capital además estimula la frugalidad, el ahorro, en los tiempos buenos para sobrevivir mejor en los tiempos malos. El capital aspira a no tener que cubrir pensiones de desempleo ni de jubilación. Estos costes de supervivencia y reproducción del ser humano deben recaer sobre el salario del trabajador. El capital pretende pagar exclusivamente horas de trabajo productivo, y tratará de desentenderse del resto de costes de reproducción del trabajador. Es más, menciona las cajas de ahorro como representantes del capital financiero, que retribuyen los ahorros del trabajador a un interés miserable, para ilustrar cómo a través del capital financiero, el capital en general obtiene fondos baratos para financiarse. Y de esta forma, es el capital una vez más el que saca el mayor partido económico a los ahorros del trabajador. La relación del trabajador con el dinero es pues la de la circulación simple. El dinero como sustancia evanescente, destinada a su desaparición de nuevo en la circulación simple, intercambiado por mercancías de consumo, o negado temporalmente en forma de ahorro precario, destinado a su uso futuro como medio de subsistencia. En el intercambio con el capital, el trabajador cambia su total capacidad de trabajo, de digamos cuarenta años, pagada en plazos mensuales, con el fin de garantizar su subsistencia presente y futura, y la de la familia que depende de él. El capital tendrá que pagar el coste de toda esa reproducción humana, convertida en horas de trabajo productivo. Si trata de evitarlo, pondrá en riesgo la propia reproducción de la sociedad. El trabajador recorre en este proceso de cambio la forma de circulación M-D-D- M, que se agota en el consumo de la mercancía final, mientras el capital se centra en la forma D-M-M-D23, en la que la diferencia entre la D final y la D inicial es 22Marxapuntasinembargoaquí,porcontrastealaopinióndeSimonLinguet,queestonoesunpaso haciaatrásenlosderechoscivilesdeltrabajadorrespectoalaépocadelaesclavitud,sinoalcontrario, yaqueescolocadocomopersona,algoparasímismoalmargendesutrabajo.Alguienquevendesu energíavitalsólocomomedioparasubsistir.MARX,Karl.Líneasfundamentalesdelacríticadela economíapolítica(Grundrisse)Primeramitad.Op.cit.,p.231 23EnElCapital,MarxcambialanotacióndelaDfinalporD’,paramostrarconmásprecisiónquese tratadedoscantidadesdedinerodiferentes.Diferenciaqueresultafundamental,yaqueesloque muevealcapitalaponerencirculaciónelprocesodeproducción.
35 cuantitativa, frente a la cualitativa que existe entre las mercancías inicial (trabajo) y final (mercancías que consume). El trabajo se presenta así como propiedad separada con la que se puede comerciar. Como tal, el trabajo se presenta vacío de contenido desde el punto de vista objetivo. El trabajo no posee nada, no es objeto, no existe fuera de la existencia inmediata del individuo. Sin embargo, es la fuente viva del valor, la posibilidad general de la creación de riqueza. Es por lo tanto potencia pura. Esto constituye el polo de atracción contrario al del capital, que es trabajo objetivado, objeto puro sin capacidad de creación de riqueza por sí mismo. Veremos que Marx busca siempre la abstracción general, el modelo, partiendo de las realidades concretas, pero separando los conceptos de sus determinaciones particulares. De esta forma, considera el trabajo como concepto abstracto, general, que se contrapone al capital en sus formas más puras, como no-trabajo. Destaca además que el método de producción capitalista tiende a volver al trabajo indiferenciado, en contraste con los usos medievales, en los que el trabajo artesanal, gremial, aparecía determinado por la destreza, la maestría, o la vinculación a una comunidad regulada de productores. En la actualidad vemos que la tendencia que Marx predice hacia las formas extremas, puras, de las categorías de trabajo y capital no se produce. Más bien al contrario, la complejidad de formas mixtas que supone la llamada clase media24 viene a negar la división de la población productiva en dos bloques antagónicos separados limpiamente por un frente bien definido. No obstante, la población trabajadora sigue apareciendo como ajena a la acumulación de riqueza, que aparece reservada al capitalista. El trabajador en nuestros días, incluso el trabajador cualificado, sólo acumula por seguridad, con la finalidad de cubrir necesidades futuras. Y al igual que describe Marx para las cajas de ahorros, contribuye, con sus aportaciones a cuentas a plazo, fondos de inversión o fondos de pensiones, a engordar los llamados mercados financieros, a los que encontraremos más adelante. El proceso de trabajo incluido en el capital25.- La segunda parte del intercambio entre el capital y el trabajador se inicia tras el intercambio simple entre capacidad de trabajo como valor de uso y dinero como valor de cambio. Aquí es cuando el trabajo es analizado, no como capacidad vendida por salario, sino como valor de uso del capital, como posibilidad de la actividad creadora de valor, que existe como facultad en la corporeidad del trabajador. Este trabajo vivo se convierte en actividad real mediante el contacto con el capital. 24Marxlallamabapequeñaburguesíaylaconsiderabaunaclasesocialpropiademodosdeproducción anteriores(campesinos,artesanos)conmaneraspolíticasreaccionarias,contrariasalasformaspuras capitalistas,ydestinadaasersuperadaporlasempresasgrandesdelcapital.Algodeestohay,como sabemos,enlosenfrentamientosentrepequeñoscomerciantesygrandessuperficies,connotable ventajaparalossegundos.Peroensulugarapareceunapequeñaburguesíadetrabajadores cualificados,aparentementeconformesconunascondicionesdevidacrecientementeconfortables,y nadadispuestosaderribarelmododeproduccióncapitalista. 25MARX,Karl.Líneasfundamentalesdelacríticadelaeconomíapolítica(Grundrisse)Primeramitad.Op. cit.,p.237
36 El capital es la evolución del dinero. Ya no es dinero en cuanto sustancia particular, sino dinero que puede tomar forma en cualquier sustancia, en cualquier objeto. Como tal, entra en contacto con el trabajo vivo, el que existe sólo como proceso, como acto, sin tomar forma objetiva. El contacto entre objeto y acción da lugar al proceso que da sentido al método de producción capitalista. El trabajo, en palabras de Marx, es el fermento que es arrojado al capital, el que lo hace fermentar. La objetividad del capital tiene que ser elaborada o consumida, y la pura subjetividad del trabajo tiene que ser negada y objetivada en la materia del capital. La objetividad de la materia, el trabajo objetivado se presenta en dos relaciones: materia prima, que es consumida en el proceso de producción, y el instrumento de trabajo, que es consumido en la medida en la que es gastado, pero permanece a lo largo del proceso productivo. La aportación del trabajo vivo da lugar el producto como resultado. Los tres momentos del proceso productivo son por tanto: la materia prima, el instrumento de trabajo y el trabajo vivo. Los tres son consumidos y fijados en el producto. El trabajo queda así no solo consumido, sino fijado, materializado, objetivado en el producto final, que se presenta a sí mismo como valor de uso. En este proceso el capital se presenta como un ente pasivo. Su determinación formal como proceso está aún cancelada. Entra en el proceso como contenido, como trabajo objetivado, pero sólo adquiere sentido cuando se convierte en proceso en contacto con el trabajo vivo. Para el trabajo vivo, el capital en su forma objetiva aparece como materia del trabajo, como presupuesto de su actividad laboral. Su condición de trabajo objetivado es irrelevante para el trabajador. En esta relación, el capital es la relación misma, no sólo la parte pasiva, objetiva. Esta última es solo uno de sus presupuestos. El otro es el trabajo. Por otra parte, el capitalista, es decir, el capital para sí, no interviene en el proceso. La materia prima y el instrumento son consumidos; el trabajador es el que consume. El capitalista es, en este sentido, técnicamente innecesario para el desarrollo del proceso en sí. Se presenta en el proceso en su forma material, en cuanto materia prima o instrumento de trabajo, pero no en su forma subjetiva, como capitalista. El trabajo que consume el capital, este valor de uso, es valor de cambio para el trabajador, que lo cambia por dinero. Para el trabajador, el trabajo es útil porque es valor de cambio, no porque produce valores de cambio. Para el capital, el trabajo es valor de uso en la medida en que produce valores de cambio, en la medida en que es productivo. El trabajador, de esta forma, enajenando su capacidad de trabajo, renuncia a la fuerza creadora de riqueza de su trabajo a cambio de dinero para cubrir sus costes de subsistencia. El trabajador no puede por tanto, mediante el trabajo asalariado, enriquecerse. La separación del trabajo de la propiedad del producto del trabajo, de su valor de cambio y de la riqueza, está por tanto puesta en el mismo acto de cambio.
37 La productividad del trabajo se convierte así en un poder extraño al propio trabajador. La capacidad de trabajo es apropiada por el capital. En el cambio, los trabajadores transforman su trabajo en capital, a cambio de sus medios de subsistencia, y como consecuencia, los progresos de la ciencia y la tecnología, que aumentan la productividad del trabajo, solo sirven para enriquecer aún más al capital, y aumentar su poder objetivo sobre el trabajo, mientras el trabajador sigue cubriendo su subsistencia. De esta manera, el trabajo por sí mismo, en su existencia inmediata, separado del capital, no es productivo. Es productivo cuando se integra en el proceso del capital, y su productividad es la fuerza productiva del capital. Marx rechaza posiciones políticas que en su época reclaman la eliminación del capital como inconsistente. El trabajo asalariado solo es productivo integrado en el capital. Frente a Ricardo o Sismondi, Marx recuerda que el capital es proceso, no materia, y por tanto no tiene sentido decir que el trabajo es productivo y el capital no. En el modo de producción capitalista el trabajo sólo es productivo en contacto con el capital. Marx rechaza asimismo a quienes defienden que hay que conservar el capital, prescindiendo del capitalista, ya que el capitalista es precisamente el que da sentido al capital, el que lo impulsa, asumiendo riesgos en busca de potenciales beneficios. No hay capital sin capitalista ni capitalista sin capital. Como veremos, lo que Marx defenderá es el fin de la propiedad privada, la expropiación de los medios de producción del capitalista, y el fin del capital como modo de producción.
38 Valorización del capital El proceso de producción analizado es formalmente para el capital su proceso de autovalorización, el proceso a través del cual conserva y multiplica su valor. En el presupuesto del proceso del capital está implícita su determinación como valor de cambio en forma de dinero, de proceso de producción (materia prima, instrumento y trabajo) y de producto-mercancía, destinado a transformarse en dinero por el importe que indica su precio, determinado por el trabajo objetivado en él. Pero en cuanto tal, está expuesto a que en la circulación no pueda realizarse su precio. El hecho de que durante el proceso, sus elementos de valor asuman sustancias diversas no interesa a su determinación como valor. El valor del capital mantiene su esencia constante, inalterada. En el proceso, el capital cambia de forma, de sustancia, pero su esencia como valor de cambio permanece inmutable. En el proceso del capital, su valor se descompone en diversos elementos de valor, frente a la simplicidad que presenta al principio y al final del proceso. En el proceso habrá un valor x de materia prima, un valor y de desgaste de instrumentos, y un valor z de trabajo vivo. Pero la suma de todos equivale al valor del capital originario. Por otra parte, si en el acto de producción se reproduce simplemente el valor del capital, sin aumento de valor, habría exclusivamente una transformación material, en la forma de distintas mercancías, pero su utilidad resultaría nula. No habría finalidad, ni por lo tanto estímulo para poner en marcha el proceso. Además, el capitalista, como individuo, tiene sus gastos de subsistencia propios, que en caso de una simple reproducción del valor del capital a lo largo del proceso, conduciría a su progresiva pérdida de valor, a medida que el capitalista va consumiendo su propia riqueza para sobrevivir. ¿Y qué sentido tiene pues la existencia del capitalista, si como tal no interviene para nada en el proceso de producción? Si los trabajadores pueden vivir mediante la simple reproducción de los costes de producción, ¿para qué hay que detraer ingresos para el capitalista? Como se ha indicado antes, en la circulación el capitalista asume el riesgo de que el producto no pueda realizar el precio correspondiente al valor del trabajo objetivado en él. Estos riesgos de la producción tienen que ser compensados. Y es aquí donde cobra sentido la figura del capitalista, y la necesidad de aumentar el valor para conservarlo. El capital tiene que conservarse en medio de las oscilaciones de los precios, y si no hubiera aumento de valor, el capitalista sólo habría corrido el riesgo de salir perjudicado del acto de producción. La ambición del capitalista sirve para enfrentar el riesgo de la no valorización del producto. Ambición contra riesgo. Confianza contra miedo. Este es el sentido del capital. ¿Pero cómo puede el trabajo crear valores de cambio superiores a los que le están presupuestos? Esto resulta imposible si el capital le paga al trabajador el equivalente exacto del valor que el trabajo crea en el proceso de producción. Lo que el trabajo en cuanto tal hubiera introducido en el proceso de producción por encima del valor presupuesto de la materia prima y del instrumento de trabajo, le sería pagado al trabajador. Pero el capitalista le paga el valor de su trabajo en salario, y el trabajador le devuelve al capitalista el valor en producto.
39 La plusvalía.- La plusvalía significa que el tiempo de trabajo objetivado en el producto es mayor que el trabajo existente en los componentes originarios del capital. El tiempo de trabajo objetivado se presenta como la suma de trabajo objetivado en materias primas, en instrumentos de trabajo y en el precio del trabajo utilizado. Las dos primeras se mantienen inalteradas en cuanto valores, aunque no en materia o sustancia. Es en la parte del trabajo donde el capital cambia por algo cualitativamente diferente: trabajo objetivado por trabajo vivo. Si el tiempo de trabajo vivo reprodujese simplemente el valor del trabajo objetivado en su precio, si el capitalista le paga al trabajador un precio igual a un día de trabajo, y el día de trabajo del trabajador añade a la materia prima y al instrumento solo un día de trabajo, entonces el capitalista habría simplemente cambiado el valor de cambio en una forma por el valor de cambio en otra. No habría actuado como capitalista. El cambio entre capital y trabajo no puede ser un cambio de equivalentes, como en la circulación simple. Tiene que ser un no-cambio. No se trata de un acuerdo entre socios, en el que uno obtiene el precio de su materia prima y su instrumento, y el otro el precio que el trabajo les añade. Si así fuera, el primero convertiría su materia prima y su instrumento en circulante, consumible, y el segundo valorizaría su trabajo, con lo que el capital se consumiría en forma de dinero en la circulación, y el trabajador, a través de su trabajo, acabaría en posesión de los medios de producción, ya que es el único que crea nuevo valor. El trabajador enajena su capacidad de trabajo por su precio, calculado como en las demás mercancías por el trabajo objetivado en él. Dicho trabajo objetivado es el coste de reproducción del trabajador, su subsistencia. Él obtiene un equivalente exacto de dichos costes, lo que le permite reponerse y volver a vender su capacidad de trabajo. Aquí no se trata aún de los valores invertidos en obtener una habilidad especial, dado que se trata del trabajo simple exclusivamente. Si fuera necesario un día de trabajo para conservar con vida al trabajador durante un día, no existiría el capital, dado que el día de trabajo se tendría que cambiar por su propio producto y el capital no podría valorizarse. Si en cambio sólo es necesario para tal subsistencia medio día de trabajo, el capital se apropia de la segunda mitad sin que le cueste nada. Obtiene un valor por encima del equivalente. Se crea valor para el capital. La plusvalía es generar valor por encima del equivalente, siendo el equivalente la identidad del valor consigo mismo. En el caso del trabajo, lo que para el capital es plusvalía, para el trabajador es trabajo excedente, por encima de su necesidad. Marx lo llama plustrabajo. El papel del capital es crear este plustrabajo, este trabajo excedente, coactivo para el trabajador. Su función está desarrollada cuando las fuerzas productivas llegan a un nivel que permite que la sociedad necesite una cantidad de trabajo menor para su reproducción, y al mismo tiempo la evolución científica permita que el trabajo pueda ser sustituido por las máquinas, por trabajo objetivado, por cosas. El capital es por tanto productivo. Constriñe al trabajo por encima de su necesidad natural, y crea al mismo tiempo necesidades que desarrollan una individualidad más rica. Desaparece la necesidad natural, sustituida por una
40 producida históricamente. El capital es así esencial para el desarrollo de las fuerzas productivas sociales. El aumento de valor del capital26.- Marx utiliza para ilustrar los aumentos de valor del capital el siguiente ejemplo. Con un capital de 100 unidades monetarias (supongamos euros), se invierten 50 en algodón, 40 en trabajo y 10 en instrumentos. En este cálculo que hace el capital, los 40 euros en trabajo corresponden al pago en salarios. El salario equivale a 8 horas de trabajo27, pero el coste de subsistencia del trabajador se cubriría con 4 de trabajo productivo efectivo. Las otras cuatro horas de producción son apropiadas por el capital, son la plusvalía. Por tanto, se pagan 40 euros en salarios, pero la producción real que aportan las horas de trabajo son 80. El valor total de la producción sería por tanto de 50+80+10=140. El proceso de producción habría aportado al capital 40 euros sobre la inversión inicial. Estos 40 euros son creación de nuevo valor de cambio. Si mediante un aumento de productividad, el trabajo necesario para el trabajador baja a la mitad, es decir a la cuarta parte de la jornada, valorada en 20 euros, el capital retribuirá esta cantidad al trabajador en salarios, mantendrá la misma jornada laboral, y se apropiará de 60 euros de plusvalía. El producto final seguirá siendo de 140 euros, pero el coste de producción habrá bajado a 80 (50+20+10). El valor nuevo añadido por la producción habrá aumentado a 60 euros. Este valor se presentará como dinero, como valor de cambio puro. Este nuevo valor de cambio creado puede ser utilizado para el consumo del capitalista o ser reintroducido en el proceso de producción como valor de cambio que busca valorizarse, mantenerse en la circulación28. Manteniendo la misma productividad, si el capitalista consume 20 euros y reinvierte 40, el coste de producción guardaría la misma proporción entre trabajo objetivado y trabajo vivo. La inversión sería de 25 euros en algodón, 10 en salarios y 5 en instrumentos29. Dado que el trabajo necesario, y por tanto la retribución salarial, había quedado reducida a un cuarto de la jornada, el valor aportado por el trabajo a la producción final será de 40 euros (10x4). El valor total de la producción será de 70 euros (25+40+5), siendo la plusvalía de 30 (40-10). La plusvalía en ambos actos de producción es la misma (75%). 26MARX,Karl.fundamentalesdelacríticadelaeconomíapolítica(Grundrisse)Primeramitad.Op.cit.,p. 284 27ElejemploqueutilizaMarxsupone12horasdetrabajodiario,apesardequeyaestabavigenteuna leyquelimitabaladuraciónmáximadelajornadaa10horasdiarias.Parafacilitarlacomprensión, hemossustituidolamonedaqueutilizaMarxensuejemplo(eltálero)porlanuestraactual,asícomola duracióndeunajornadadetrabajoporlas8horasactuales. 28Obviamente,esedinerotambiénpodríaseratesorado,guardado,comodineroensutercera denominación,laderiqueza,peroentoncesseestaríanegandoasímismofrentealacirculación,yel capitalistanoestaríaactuandocomotal,deacuerdoaladeterminacióngeneraldelcapitalistadefinida porMarx. 29Recordemosquelacantidadseñaladacomoinversióneninstrumentoscorrespondealdesgasteque dichosinstrumentosexperimentanenelprocesodeproducción.Silosinstrumentossonmáquinas,los5 eurosinvertidoscorresponderíanaamortizacióndemaquinaria,noacompradelamismapor5euros. Losinstrumentosdetrabajosediferenciandelamateriaprimaenquenoseagotanenunactode producción.
47 Competencia34.- La competencia libre, heredera del laisser faire, laisser passer de los fisiócratas es considerada por la economía clásica en su versión de negación de limitaciones y obligaciones corporativas, reglamentaciones gubernamentales, aduanas y barreras, etc. Los individuos liberados y determinados exclusivamente por sus intereses entran en relación mutua en una forma de existencia absolutamente libre. Marx defiende que el capital derriba esos límites en la medida en que son obstáculos a su desarrollo. No suprime todos los límites, sino aquellos que no le corresponden, que son obstáculos para él, de la misma forma que los modos de producción anteriores eliminan barreras propias de sistemas anteriores, y viven entre los límites que le son naturales. La industria corporativa tenía toda la libertad que necesitaba enmarcada en sus propios límites. La libre competencia con propiedad privada es por tanto un desarrollo histórico consustancial al modo de producción del capital, no un estado natural del individuo libre. La libre competencia es fruto de las tendencias del capital, ya manifestadas bajo la dominación de formas de producción anteriores, puestas como leyes cuando es el capital el que se impone. No son aquí los individuos los que son puestos como libres, sino el capital. El movimiento de los individuos dentro de las condiciones del capital se presenta como su libertad, pero esta libre competencia no es más que el desarrollo real del capital. La libre competencia es de hecho el escenario habitual en el que se estudian y formulan las leyes adecuadas del capital en la economía clásica. Cuanto más desarrollada está la competencia, más puras aparecen las formas del capital. En la competencia, múltiples capitales se imponen recíprocamente las determinaciones inmanentes del capital. La determinación del valor llega a ser real mediante la competencia. Esta descripción no se corresponde tanto con el desarrollo último de la libertad humana. Es una libertad sobre la base del dominio del capital, que implica la sumisión de la individualidad a condiciones sociales demasiado poderosas, a poderes materiales independientes de los propios individuos. Al igual que sucede en la economía clásica, las determinaciones del capital en el modelo de Marx presuponen la competencia perfecta. Es éste el único escenario en el que tiene sentido la determinación del precio por el valor del trabajo objetivado. Sólo en un entorno de competencia entre capitales, los precios de mercado son reducidos al mínimo en el que el capital encuentra su valorización, es decir, los costes más la plusvalía. Si los precios bajan de ese nivel, el capital pierde valor y no reinvierte, se reduce la oferta. Si los precios suben, atraen nuevas inversiones, con lo que sube la oferta y bajan los precios hasta encontrar el nivel en el que se encuentran precios y valor del trabajo objetivado. De la misma forma, la competencia entre trabajadores es lo que mantiene sus salarios en el nivel de subsistencia, de cobertura de necesidades. Si los salarios bajan de ese nivel, los trabajadores abandonan el trabajo, disminuye la oferta y 34MARX,Karl.Líneasfundamentalesdelacríticadelaeconomíapolítica(Grundrisse)Segundamitad. Op.cit.,p.34
48 deben subir los salarios. Si el salario sube por encima de ese nivel, atrae nuevos trabajadores, sube la oferta y vuelve a bajar el salario. En ambos casos se supone pues un escenario de competencia perfecta. La competencia ejecuta las determinaciones del modo de producción capitalista.
49 La circulación del capital Capital y circulación35.- A los dos momentos del proceso de valorización del capital analizados hasta aquí (cambio con el trabajo vivo, y creación de la plusvalía en la producción), se añade ahora el tercero: su entrada en la circulación. El resultado del proceso productivo, su valor de cambio, se presenta al final como producto. Adopta la forma de mercancía, que sólo es dinero de manera ideal, es decir, a través de su precio, que indica la cantidad de dinero efectivo por el que tal producto aspira a cambiarse. Para su realización es por tanto necesaria su introducción en la circulación, su cambio por dinero real. Al entrar en contacto con la circulación, el proceso de valorización del capital se convierte en proceso de devaluación. El capital ha pasado de la forma de dinero a la forma de mercancía, cuyo precio debe ser realizado. El capitalista entra en la circulación como productor frente a los demás individuos que cambian, que se le enfrentan como consumidores, cuyo dinero aspira a conseguir el capitalista. Resulta evidente que existe el riesgo de que el precio de la mercancía pueda no realizarse, lo que puede hacer fracasar todo el proceso. El producto es valor sólo en la medida en que es realizado en dinero. De lo contrario, pierde por completo su valor, y con él la suma de los valores aportados para su producción. Estos tres procesos cuya unidad constituye el capital (cambio con el trabajador, plusvalía en la producción, y realización del precio en la circulación) se presentan separados temporal y espacialmente. Su unidad, que se presenta como tal para el capitalista, es casual. La existencia de cada uno es independiente de los otros. Lo cual genera evidentemente contradicciones que el capitalista debe superar, asegurándose de que se den todas las condiciones para que se realicen los tres momentos necesarios. En el proceso de producción, la valorización del capital se presenta como dependiente de la relación trabajo objetivado-trabajo vivo, pero como mercancía esta dependencia es con algo que yace fuera del proceso, con la circulación. En este afuera de su proceso natural, el capital se encuentra con límites: la limitación del valor de uso, de las necesidades que pretende cubrir con la mercancía producida, que no son ilimitadas; y con la magnitud de los equivalentes existentes, de los medios de circulación disponibles, del dinero que necesita obtener para completar el proceso. El capital no es pues una unidad de producción y valorización inmediata, independiente, sino que depende de condiciones que son exteriores. Dependerá de las necesidades y de la disponibilidad de circulante. La plusvalía requiere un plusequivalente. La plusvalía necesita de más plusvalías con la que intercambiar, con valores crecientes que permitan una creciente valorización. La creación de plusvalía requiere que se amplíe el ámbito de la circulación, y que se amplíe constantemente. Una circulación que se amplía, que se comporta como espiral en lugar de como simple círculo. No sólo se necesita cada vez más plustrabajo, sino que es necesario 35MARX,Karl.Líneasfundamentalesdelacríticadelaeconomíapolítica(Grundrisse)Primeramitad. Op.cit.,p.351
50 crear cada vez más puntos de cambio. Aquí vemos la tendencia inmanente del capital a propagar por necesidad su modo de producción, a buscar inevitablemente el mercado mundial. Pero además, la liberación de fuerza de trabajo que provoca el desarrollo de la fuerza productiva obliga a producir nuevo consumo. El trabajo liberado debe ser ocupado en nuevas líneas de producción. Se necesita ampliar el consumo existente, y muy significativamente, se necesita crear nuevas formas de consumo, nuevas necesidades, no solo cuantitativa, sino cualitativamente diferentes. Así se puede poner el trabajo en una forma nueva. Se explora la naturaleza, se desarrollan las ciencias buscando nuevos objetos útiles, nuevas aplicaciones productivas. Se cultiva un ser humano rico en necesidades, sofisticado, más social y universal. A la creciente producción debe acompañar un sistema de necesidades continuamente ampliado y más rico. Se crea un sistema de explotación general de las cualidades naturales y humanas. Nada queda al margen del círculo de la producción y del cambio social. Nada se opone al desarrollo de las fuerzas productivas. La naturaleza es descifrada, sometida, y puesta a disposición del ser humano como medio de consumo. Esta es la tendencia civilizadora del capital. El capital muestra de esta forma su incansable determinación de superar todos los límites que encuentra en el camino de su valorización, pero el problema son los límites que el propio capital se impone a sí mismo. Sus contradicciones esenciales. Circulación del capital36.- Recordemos que la circulación del dinero partía de infinitos puntos y retornaba a infinitos puntos. El punto de partida y el de retorno no tenían ninguna relación. En el capital el punto de partida está puesto como punto de retorno y viceversa. El capitalista cambia dinero por las condiciones de producción, produce, valoriza el producto, lo transforma en dinero y vuelve a empezar el proceso. En la circulación el dinero se extingue en el cambio o se aísla como cosa inmóvil. La circulación del capital se enciende a sí misma en un perpetuum mobile. El capital además crea el precio, frente a la independencia del valor en la circulación del dinero. Y por último, la órbita de circulación del dinero encuentra su medida y su velocidad en factores externos, mientras el capital aumenta permanentemente su órbita y trata de acelerar su velocidad de circulación. La circulación es el devenir del capital, su crecimiento y su proceso vital. Determina además la circulación del dinero, que en la circulación simple parecía sin más yacer junto a la de las mercancías. En la circulación del capital se presentan dos grandes momentos: la producción y la propia circulación. La duración del primer momento afecta a la plusvalía. Cuanto menor sea la duración de la producción, mayor es la plusvalía en relación al capital invertido, es decir, mayor es el beneficio. Si el capital realiza cuatro rotaciones en un año, con un beneficio del 5% en cada ciclo, el beneficio final (contando para simplificar que no se reinvierte nada del beneficio de los ciclos anteriores) será del 20%, lo que equivale al 5% obtenido en un año por un capital cuatro veces 36MARX,Karl.Líneasfundamentalesdelacríticadelaeconomíapolítica(Grundrisse)Primeramitad.Op. cit.,p.470
51 superior. La velocidad de circulación equivale por tanto a un mayor capital invertido. En cuanto al segundo, la circulación propiamente dicha supone la transformación del producto en dinero. Al igual que en los procesos productivos, en la circulación también se puede producir plusvalía, ya que el transporte es también resultado de trabajo humano, y como tal trabajo humano puede ser retribuido por su capacidad mediante un salario y obtenido un plustrabajo por encima del trabajo necesario. Si el mismo capital produce y transporta, ambos actos entran dentro de la producción inmediata, y la circulación, en cuanto proceso de valorización, en cuanto esfuerzo de transformación en dinero, se iniciaría sólo al llegar el producto a su lugar de destino. La circulación se presenta como momento del proceso de producción inmediato. La producción basada en el valor de cambio tiende a pasar por encima de los límites espaciales, depende de las condiciones físicas del cambio. La producción de medios de transporte más baratos es condición para la producción basada sobre el capital. Y por tanto es producida por éste. Visto desde el punto de vista de la sociedad, una obra pública, un camino, o un canal de irrigación, debe hacerse con trabajo social excedente. Debe existir trabajo social disponible más allá del necesario para poder emprender una obra así. En la Antigüedad, estas obras se emprendían mediante trabajos forzosos, coactivos. En la medida en que avanzan las fuerzas productivas y la división del trabajo, el trabajo de obras públicas se va especializando. En la antigua Roma, por ejemplo, se utilizaba al ejército, retribuido a través de un salario, para la construcción de caminos y puentes, aunque este trabajo no es asalariado en el sentido capitalista porque no se utiliza con el fin de crear valor para el promotor. Más adelante, el capital obra la reunión de fuerza de trabajo necesaria, ya no mediante la coacción, sino mediante el cambio con el trabajo libre. La intervención del capital en la producción de medios de transporte se producirá, no obstante, en la medida en que tal producción sea susceptible de producir plusvalías. Si se puede valorizar además de trabajo necesario, una cantidad extra de plustrabajo, el capital particular estará interesado en su producción. De lo contrario, el resto de capitales interesados en su uso como vía de reducción de costes de circulación, pero no en su construcción por su incapacidad de valorizar la inversión, tratarán de cargar al Estado con dicha tarea, financiándose la construcción mediante impuestos. El capital para emprender una obra así necesita que se den las siguientes condiciones: suficiente concentración de capital (posible sólo mediante el capital por acciones); que tal capital pueda ofrecer su beneficio en la forma de interés, es decir, como porcentaje anual del capital aportado; y que haya un volumen suficiente de tráfico para generar ingresos que permitan amortizar la inversión. Para Marx, una medida del grado de desarrollo del capital nos la da la participación de la producción capitalista en los procesos de producción social, en lugar de su financiación mediante deducciones de la renta social, es decir, mediante impuestos. El capital tiende a privatizarlo todo.
52 El transporte del producto al mercado, condición necesaria para su circulación, se corresponde con la transformación del producto en mercancía. La mercancía sólo es mercancía cuando es puesta en su mercado de destino. Este transporte supone por tanto un momento temporal que como tal no pertenece a la producción (ya tenemos el producto acabado), pero que afecta negativamente al desarrollo de la á fuerza productiva. El tiempo que se tarda en convertir al producto en mercancía es pura pérdida. La circulación se presenta por tanto como un proceso esencial del capital, ya que no se vuelve a iniciar el proceso de producción hasta que no se transforma la mercancía en dinero (aquí no se considera aún el papel del crédito). La continuidad ininterrumpida de los procesos independientes contenidos en la circulación del capital debe ser garantizada, es condición fundamental para la producción basada sobre el capital. Estos procesos, estas secciones del ciclo de circulación del capital son recorridas en períodos de tiempo. Con lo cual la duración de estos períodos determina las veces que un capital puede valorizarse por unidad de tiempo, las veces que puede reproducir y multiplicar su valor. El tiempo en el que se tarda en cubrir este recorrido lo determina la velocidad de circulación del capital. Esta velocidad de circulación, los obstáculos de todo tipo que interrumpen o dificultan el paso de una fase a otra, no tienen relación con el tiempo de trabajo realizado en el producto ya acabado, con lo que no crea valores. Pero sí afecta a la determinación del valor final en la medida en que afecta a la velocidad con la que tales valores se crean. La valorización del capital sería máxima con un trabajo necesario reducido al mínimo y un tiempo de circulación igual a cero. El tiempo de circulación no crea valor pero su reducción sí puede acelerar su creación. La circulación es realizadora del valor, mientras que el trabajo vivo es creador de valor. El tiempo de circulación se presenta por tanto como límite a la valorización, a la productividad del trabajo. Y como ya sabemos, el capital tiende por encima de todo a superar cualquier límite impuesto desde fuera. El capital tiende así a ampliar y a hacer más fluidos los mercados, a derribar los obstáculos que frenan su avance. Tiende al desarrollo universal y libre de las fuerzas productivas. La disminución del tiempo de circulación equivale al avance en la creación de un mercado continuo, en permanente expansión. El capital tiende a acortar el tiempo de circulación, y con ello a propagarse en la tendencia civilizadora a la que se refiere Marx. El nuevo valor creado por el capital puede ser de esta manera expresado como la plusvalía multiplicada por la frecuencia con que el proceso de producción del capital puede ser repetido en un espacio de tiempo dado. Este coeficiente multiplicador de la plusvalía estará por tanto en relación negativa con el tiempo de circulación. Esa fase de su valorización es por tanto fase de devaluación. Mientras el capital está fijado en la forma de producto acabado, es un capital negado, no puede actuar como capital. Y esta fase de tiempo inutilizado es pérdida de valor. Su reducción ayuda por tanto a la valorización. La rotación del capital.- El tiempo de trabajo y el tiempo de circulación son los dos grandes apartados del proceso de circulación del capital. Ambos conforman una
53 unidad itinerante, un movimiento único que retorna a sí mismo, una rotación del capital. El capital es así circulante en esencia, dado que su movimiento se produce en forma de círculos crecientes, en forma de espiral. En la circulación simple, la propia circulación es el sujeto, mientras el dinero y las mercancías son sustancias evanescentes, destinadas a desaparecer en el acto del cambio. Pero en la circulación del capital, es dicho capital el sujeto, siendo la circulación parte de su ciclo vital. El capital en su totalidad es por tanto circulante. Sin embargo, en cada una de las determinaciones que adopta en dicho proceso, en cada fase particular, aparece fijado en una forma distinta. En la medida en que aparece fijado, niega su naturaleza circulante. Se convierte en capital fijado. El capital se presenta siempre en ambas determinaciones. Destinado a continuar su ciclo como circulante, y comprometido, fijado en una de sus fases. La transición de una fase a otra se presenta además como algo casual, dependiente de situaciones externas. Normalmente el capital aparece dividido en partes, algunas de las cuales están inactivas, fijadas, y otras en circulación, aunque la determinación del capital es acortar las fases en que aparece fijado, inactivo. Si no hubiese partes del capital inactivas, improductivas, no se podrían producir aumentos de producción, por muy grandes que fuesen los estímulos que se le aplicasen. El valor que el capital produce en una única rotación es igual a la plusvalía obtenida en el proceso de producción. Los costes de circulación no añaden nada al valor del producto. No son costes creadores de valor, sino meras detracciones del valor ya creado, en cuanto que alargan el ciclo de rotación y suponen costes. En el intercambio entre dos individuos, el tiempo que les cuesta acudir al proceso de intercambio, digamos a un mercado común, no puede ser exigido mutuamente, es un coste que cada uno asume porque le compensa asumirlo ante la perspectiva de salir beneficiado en el cambio. Pero es un coste que detrae valor de lo intercambiado para ambos. En la medida en que dichos intercambios son más numerosos, puede aparecer un tercer agente entre estos dos que intercambian, que consume su tiempo en este proceso de circulación, y que permite a ambos operadores ahorrar tiempo en dicho proceso a un coste determinado. Este tercer agente obtendría su retribución participando de la plusvalía de lo que los otros dos intercambian, sin aportar valor alguno. El mismo dinero, en la medida en que tiene un coste de producción, supone un dispendio, una detracción de valor en el cambio. El instrumento de circulación es una detracción de la riqueza disponible. Los costes de circulación son por tanto costes de la realización del valor, detracciones de éste. Si los costes de circulación fuesen iguales a cero, el resultado de una rotación del capital sería igual al valor creado en el proceso de producción. En la medida en que aumente el tiempo y el coste de circulación, dicho valor irá disminuyendo. En un ciclo de rotación determinado, el valor creado estará en relación directa, positiva, con el tiempo de trabajo, y en relación inversa con el tiempo de circulación.
54 Esto vale para una rotación del capital. Está claro que, según este planteamiento, para que se inicie la segunda rotación del capital, tendrá que completarse el ciclo entero de la circulación, de manera que se realicen las mercancías en dinero, y dicho dinero pueda volver a ser invertido en materias para la producción y en la compra de fuerza de trabajo. La suma de valores que pueden ser creados en un tiempo determinado dependerá por tanto del número de rotaciones que puede efectuar el capital en dicho periodo. Si el proceso de producción más el de circulación (una rotación) dura cuatro meses (tres de producción y uno de circulación), el máximo de rotación del capital en un año sería evidentemente de tres rotaciones. Si el capital invertido es de 100 euros, y se obtiene una plusvalía del 4%, la plusvalía obtenida finalmente sería del 12%37. Ahora bien, si se redujese el tiempo de circulación a cero, la rotación del capital se reduciría a tres meses, y como la plusvalía obtenida en el proceso de producción es la misma, el resultado al final del año aumentaría, con cuatro rotaciones, hasta el 16%. El capital obtendría así el máximo de valorización en relación a la duración de su producción. La circulación en realidad consiste en una sucesión de cambios. Y el acto de cambio en sí es creador de valor, en la medida en la que presupone valores, valores de cambio. Pero como tal no añade valor a las mercancías intercambiadas. Pone a la mercancía como su equivalente, pone el valor igual de dos mercancías, lo que claramente no les añade valor. El cambio altera la forma, realiza los valores existentes en potencia, pero no los altera. Y la circulación, como sucesión de actos de cambio que añaden valor cero, no puede aumentar el valor de las mercancías, sino más bien al contrario, en la medida en que supone costes en tiempo y en inactividad improductiva, lo que hace es detraer valor. El pescador y el cazador no aportan ningún valor a las piezas cobradas en el intercambio. El tiempo y el esfuerzo invertido en el intercambio mutuo es un coste para ambos, que será repartido en función de su capacidad de negociación, pero que es detracción de valor agregado, en cualquier caso. Si encargaran el intercambio a un tercero, ello les supondría ahorro en tiempo y una detracción de partes alícuotas del valor de sus productos en beneficio del comerciante. Los costes del cambio, sin embargo, desaparecerían si ambos fueran copropietarios. Es decir, si la propiedad fuese colectiva. Los costes de circulación no son por tanto derivados necesariamente de la división del trabajo, sino de dicha división del trabajo en un sistema basado en la propiedad privada. Este argumento lo utiliza Marx para defender la ventaja de la propiedad colectiva. Los costes comerciales (y los financieros que se analizarán más adelante) son por tanto detracciones de valor para el capitalista productor. Ambos costes, en la medida en que permitan acortar el tiempo de circulación, podrían contribuir a aumentar la producción global en un periodo determinado al aumentar el número de rotaciones posibles, pero el aumento de valor vendría del mayor número de ciclos de producción posibles, no del valor aportado por la circulación. 37Evidentemente,sialfinaldecadarotaciónlaplusvalíaobtenidasevuelveainvertir,elresultado obtenidoesmayor,deacuerdoalafórmuladelinteréscompuesto.Dadoqueconceptualmente,esta diferencianoafectaalresultadodelanálisis,seconsideraporsimplificaciónquedichaplusvalíanoes reinvertida.
55 La creación de valor del capital aparece así condicionada decisivamente por la circulación, tanto cuantitativamente, en la medida en que no se puede renovar la fase de producción sin recorrer las fases de circulación, como cualitativamente, en la medida en que la masa de valores creados depende del número de rotaciones en un periodo dado, y también en la medida en que el tiempo de circulación se presenta como un principio limitador, como límite del tiempo de producción. En la realidad, el tiempo de producción no aparece interrumpido por el tiempo de circulación, sino que más bien el capital se divide en partes, algunas de las cuales producen mientras las otra circulan. Cada parte del capital aparece así en una determinación diferente. La valorización final es la misma, pero no se interrumpe el proceso de producción. Diferencia entre tiempo de producción y tiempo de trabajo38.- Hay producciones, como en la agricultura, en las que el tiempo de trabajo debe ser interrumpido, a la espera de que el producto madure, que la tierra, o el capital fijo, lo transforme en la mercancía buscada. Este tiempo de maduración es condición de la producción. Este no-tiempo de trabajo constituye una condición para el tiempo de trabajo, para convertir a este último en tiempo de producción. El tiempo de maduración necesario reduce obviamente el número de rotaciones posible por periodo, con lo cual no se puede considerar que aporte valor. Es en realidad un límite a la capacidad de valoración del capital en esta producción determinada. Este tipo de limitación convierte a la agricultura en una industria menos productiva que otras. De hecho, al ser en la agricultura la tierra, y no el transporte como en otras industrias, el límite al número de rotaciones, tal límite no es susceptible de ser superado mediante el crédito. Las rotaciones posibles en el campo sólo se pueden aumentar, y de manera muy limitada, mediante la aplicación de complejas tecnologías de abonados y mejora de semillas. De hecho, esta limitación determina que nunca es en la esfera agrícola, sino en la industrial, donde el capital inicia su andadura. Sólo se aplica la producción capitalista a la agricultura en una fase posterior. En otras industrias, como la vinícola, el tiempo de maduración también juega un papel fundamental, pero no es el tiempo de maduración el que le aporta el valor. Ese tiempo de maduración es un límite puesto a la capacidad de generar plusvalor con la producción de vinos añejos. La pequeña circulación39.- Frente a la circulación grande, que comprende el ciclo completo de circulación del capital, Marx distingue la pequeña circulación como la parte del capital que es pagada como salario, que se cambia por la capacidad de trabajo, y que corresponde, no al valor del trabajo, sino a su coste de reproducción, al tiempo necesario para producir la capacidad de trabajo viva. Esta pequeña circulación, acompaña constantemente al proceso de producción, sin entrar nunca en él, pero es condición de su proceso de valorización. No entra en el proceso de reproducción del capital, sino que sale de él como producto, como medios de subsistencia. Es un producto ya acabado para el consumo individual. 38MARX,Karl.Líneasfundamentalesdelacríticadelaeconomíapolítica(Grundrisse)Segundamitad. Op.cit.,p.54 39Ibíd.,p.59
56 Pero este consumo del trabajador no es reproducción del capital, sino de la capacidad de trabajo, que es condición de existencia necesaria para el capital. El capital se reproduce doblemente, en el proceso de su propia valorización y en la reproducción del trabajador como capacidad de trabajo intercambiable con el capital. Aceleración de la circulación40.- Marx analiza diversas formas que se han utilizado, no sólo en el modo de producción capitalista, como modos de acelerar la circulación. El dinero, en la medida en que tiene un valor propio, lejos de acelerar la circulación, lo que hace es ralentizarla. Es un coste de la circulación. Un coste que se asume por su capacidad de ahorrar tiempo de circulación (respecto al trueque), y en consecuencia tiempo para la producción, pero un coste al fin. La tendencia del capital es por tanto transfigurarlo, convertirlo en un momento de la circulación sin coste. Suprime el dinero en su realidad tradicional, lo transforma en instrumentos que reducen el tiempo de circulación. La transferencia por banca electrónica es un perfecto ejemplo contemporáneo de esta tendencia superadora del capital. Por lo que respecta al comercio, como coste de circulación ya mencionado, que permite maximizar el número de rotaciones productivas, su separación de la producción como actividad especializada requiere que el cambio y el tráfico estén desarrollados hasta un cierto grado. El comerciante representa frente al vendedor a todos los compradores, y frente al comprador a todos los vendedores. Se sitúa en el centro del cambio. Otra forma clásica de reducción del tiempo de circulación es la innovación en los medios de transporte, también utilizada en todas las épocas. Y por último, el crédito. Forma de la circulación, esta sí, puesta específicamente por el capital, forma derivada de su propia naturaleza y desarrollo. 40Ibíd.,p.56
63 Conviene señalar aquí el hecho de que, contra la determinación del capital de ampliar constantemente la jornada, el número de horas al día de trabajo ha ido bajando desde las 12 horas que ponía Marx como referencia a las 8 actuales, eliminándose además el sábado como jornada de trabajo general. Esto indica que hay fuerzas opuestas al capital capaces de reducirlo, de someterlo parcialmente, como por otra parte ya había comprobado Marx en su tiempo con la Ley de las 10 Horas. Significado del desarrollo del capital fijo45.- La parte de producción destinada a la producción de capital fijo depende de que el grado de productividad alcanzado sea suficiente para que una parte cada vez menor del tiempo de producción sea necesaria para la producción inmediata. La sociedad puede esperar, puede sustraer parte de su riqueza al disfrute inmediato para utilizarla en trabajo no inmediatamente productivo. Esto va en proporción a la transformación de capital circulante en capital fijo. Si todo el trabajo de un país fuera necesario para cubrir las necesidades de toda la población, no existiría el trabajo suplementario ni por tanto nada que pudiera ser acumulado bajo la forma de capital. El trabajo inmediato deja de ser la base de la producción, transformado en actividad de control y vigilancia, y son las fuerzas sociales, la combinación de la actividad social la que se presenta como productor. El trabajo del individuo es puesto como trabajo individual negado, como trabajo social, con lo que se socava parte de la base de este modo de producción. De la misma forma que ocurría con el plustrabajo, que aumenta a medida que disminuye la proporción de trabajo necesario, a nivel social el capital fijo crece en la medida en que las necesidades sociales son cubiertas con una parte menor de la producción global. Y es en la producción de capital fijo, en tanto que representa producción de instrumentos creadores de valor, fin del capital en sí, es en esta producción en la que el capital se pone como fin para sí mismo. El capital fijo da la dimensión, la medida del desarrollo de la riqueza basada en el capital. En el capital circulante, la relación social de los diferentes trabajos entre sí es puesta como cualidad del capital. En el capital fijo, es puesta la fuerza productiva social del trabajo. Reproducción del capital46.- Cuanto mayor es la parte del capital que consiste en capital fijo, es decir, cuanto más actúa el capital en el modo de producción que a él le corresponde, y cuanto más duradero sea el capital fijo, con más frecuencia tendrá el capital circulante que repetir su periodo de rotación, y mayor será el tiempo global que el capital necesita para recorrer por completo su circulación. La continuidad de la producción se convierte así en una necesidad externa para el capital, desarrollado con gran parte del mismo como capital fijo. La interrupción de la producción retrasa la creación de plusvalía en el capital circulante, lo ralentiza. Pero para el capital fijo supone destrucción de su valor original, en la medida en la que se deteriora detenido en una forma improductiva. 45Ibíd.,p.92 46Ibíd.,p.103
64 El periodo de reproducción del capital industrial se alarga. El número de rotaciones necesario para reproducir el capital fijo se alarga varios años. El capital fijo no circula como valor de uso, no es cambiado de una vez por dinero. Entra sucesivamente en el precio del producto, y así retorna sucesivamente como valor. Se transforma en producto, en capital circulante. Es importante recordar que es el capital circulante el que, al recorrer el proceso de producción, compuesto por trabajo objetivado, trabajo necesario y plustrabajo, el que da lugar al beneficio. El capital fijo no realiza su valor de una vez, sino en forma de renta anual. Renta que proviene de la plusvalía, del plustrabajo. La plusvalía es generación de valor. La renta es sólo una de las formas que adquiere su distribución. El capital aparece así como producción de capital circulante y de capital fijo en porciones determinadas, de forma tal que se crea una doble especie de circulación como capital fijo y como capital circulante. Una parte del valor de uso expulsado por el capital como producto deviene objeto de consumo; otra parte entra en otro capital como condición de producción. Hemos visto que los dos momentos en los que el capital se relaciona con la circulación de mercancías son: 1) cuando se cambia la mercancía producida como valor de uso por dinero (M-D); y 2) cuando se cambia dinero por mercancías introducidas en el proceso de producción. El segundo momento implica una renovación periódica de materias primas para la producción; el primero, una renta global que pueda consumir el producto del capital expulsado como valor de uso, renta que (excluyendo relaciones complejas no desarrolladas en este modelo puro) sólo puede ser de los capitalistas o los trabajadores. Dado que el capital fijo solo es pagado en proporción a su desgaste, solo es cambiado en la medida en que entra como valor en el capital circulante, compromete la producción de años sucesivos. Contribuye a la creación de una gran renta, y al mismo tiempo anticipa trabajo futuro como equivalente. El capital fijo proviene del capital circulante. Es una parte del capital circulante que queda fijada como condición de producción, es decir, una parte del trabajo vivo y de la materia prima es utilizada para producir instrumentos de producción, en lugar de productos cambiables. Y al mismo tiempo solo puede recuperar su valor a través del capital circulante, al que aporta porciones de su valor en las sucesivas rotaciones. El capital fijo es la garantía de la continuidad de la producción. La transformación del capital circulante en capital fijo presupone no obstante un pluscapital relativo, ya que se trata de un capital que no es utilizado en la producción directa, sino en la producción de nuevos medios de producción. Su valor pasa al producto y es repuesto a través de la rotación sucesiva del mismo. Con lo que para que el capital fijo, la maquinaria, pueda crear plusvalía, se requiere que aumente la masa de productos circulante, y que disminuya relativamente el trabajo vivo utilizado por producto. Pero el capital circulante se puede transformar en fijo, y el fijo reproducirse en circulante, en la medida en que ambos se apropian trabajo vivo, la única fuente generadora de valor. Transformación de la plusvalía en beneficio.- El valor creado por el capital en la unidad de proceso de producción y circulación consiste en la plusvalía, creada con
65 el plustrabajo que el capital es capaz de obtener. Pero el capital no mide el valor producido mediante la plusvalía, sino en relación consigo mismo como presupuesto. El capital mide el valor obtenido en relación al valor aportado, adelantado, en el proceso de producción. Esta relación entre el valor creado y el coste total para el capital es el beneficio. Y dado que la plusvalía real es determinada en relación al trabajo vivo, y no guarda relación con la parte del capital invertida en materia prima e instrumentos de producción, cuanto menor sea la porción de capital cambiada por trabajo vivo, tanto menor deviene la tasa de beneficio. A medida que aumenta el protagonismo del capital en el proceso de producción, disminuye la tasa de beneficio. Crecimiento del capital, especialmente del capital fijo, y tasa de beneficio están por tanto en proporción inversa. No obstante, el beneficio total bruto como magnitud absoluta (no la tasa de beneficio, que es una relación entre valor obtenido y capital), sí puede estar en proporción directa al aumento total del capital. Un capital de 100 al 10% de beneficio dará un beneficio bruto menor (100) que un capital de 1.000 al 2% (200), aunque la tasa de beneficio sea menor. Sin embargo, si la rentabilidad del capital mayor baja al 0,5%, el beneficio total (50) será inferior al del capital menor con mayor tasa de beneficio. Dependerá por tanto de la disminución de la tasa de beneficio en relación a la magnitud del aumento de capital el que el beneficio total aumente o disminuya. La crisis.- El aumento del capital fijo, de las fuerzas sociales, de la ciencia, el desarrollo de las fuerzas productivas introducido por el capital en su desarrollo histórico, llegado a un punto de acumulación y concentración determinado, niega su autovalorización, de acuerdo con la relación expresada. El desarrollo de las fuerzas productivas se convierte así en un obstáculo para el capital, en un límite autoimpuesto por su propia evolución, lo que se resuelve en contradicciones, crisis y convulsiones, que expresan la creciente inadecuación del desarrollo productivo respecto a las relaciones de producción vigentes. Se produce la destrucción del capital. Puesto que esta disminución del beneficio es equivalente a la disminución proporcional del trabajo inmediato respecto a la magnitud del trabajo objetivado que aquél reproduce, el capital lo intentará todo para contener la disminución de la relación del trabajo vivo respecto a la magnitud del capital en general, y evitar así la disminución de la plusvalía, reduciendo la parte destinada al trabajo necesario y expandiendo todavía más la cantidad de plustrabajo en relación con todo el trabajo empleado. Estas contradicciones conducen a crisis cíclicas, que más tarde analizaremos en profundidad, en las que se suspende, se libera, fuerza de trabajo, y se aniquila buena parte del capital, hasta el punto en el que se vuelve a recuperar la proporción que permite iniciar de nuevo la relación productiva. Pero para Marx estas catástrofes conducen a su repetición a un nivel superior, y finalmente a su destrucción violenta.
66 Capìtal y renta47.- El beneficio obtenido se puede presentar como distribución, al igual que el salario, en la medida en que es utilizado como renta por el capitalista para su propio uso y disfrute, o como presupuesto de la formación de capital, en cuanto es reinvertido para obtener mayores plusvalías. En esta última forma, el beneficio se presenta pues como resultado y como presupuesto del capital al mismo tiempo, como movimiento circular, como circulación. El excedente del precio del producto sobre el precio de los costes de producción es lo que le da el beneficio al capital. El plustrabajo, a pesar de ser el creador del valor, no tiene coste para el capital, ya que se lo apropia sin pagarlo, con lo que no es computado entre los costes de producción. Los precios además, en la medida en que dependen de factores externos, de la oferta y la demanda del mercado, no tienen por qué realizar necesariamente el valor generado en la producción, lo que lleva a la economía clásica a hacer preceder el mercado al proceso productivo en la determinación del precio y hasta en la generación del valor. Pero en realidad los precios de mercado dan forma a los beneficios condicionando la producción, determinando la realización de los valores producidos o su devaluación, con lo que reasigna las futuras inversiones. La competencia invierte las leyes del capital desde el mercado para imponerlas, pero las leyes ya vienen determinadas por el proceso de producción capitalista, donde se producen los valores. La transformación de la plusvalía en tasa de beneficio tiene unos efectos que se pueden resumir de la siguiente forma: 1) el beneficio siempre es una proporción más pequeña que la plusvalía, ya que el numerador es el mismo (el plustrabajo) y el denominador es mayor en la tasa de beneficio, ya que se mide en relación al total del coste de producción, en lugar de frente al trabajo necesario; 2) la tasa de beneficio tiende a descender a medida que aumenta la proporción de capital fijo en relación al trabajo vivo. El desarrollo del capital, su acumulación en forma de capital fijo, presupone un volumen de población trabajadora importante y un cierto desarrollo de la ciencia y la tecnología. La disminución de la proporción de trabajo necesario ha de ser compensada por un aumento de la población trabajadora total, para poder seguir valorizando capital en la misma proporción. Recordemos de nuevo el ejemplo de la incorporación de la mujer al mercado laboral, así como la proletarización de los niños en los países industrializados en el XIX. La duración del capital fijo disminuye el coste de las partes alícuotas del mismo que intervienen en la producción, y por tanto maximiza la valorización del capital. La tendencia del capital es la de aumentar la proporción de capital fijo en su composición, y al mismo tiempo la de disminuir el valor de cada parte alícuota del mismo aumentando su duración en relación al coste. Capital y beneficio48.- Todas las partes del capital producen beneficio simultáneamente, tanto la parte circulante como la parte fija. La parte circulante entra por completo en la circulación, donde se intercambia por dinero. Se reproduce como valor, incluyendo la plusvalía presentada como beneficio, enajenado como 47Ibíd.,p.146 48Ibíd.,p.217
67 valor de uso y realizado como valor de cambio. Es una venta con beneficio. El capital fijo retorna también como valor de cambio, beneficio incluido, pero a lo largo de varios años, fraccionadamente. A cada parte alícuota del capital corresponde una parte alícuota del beneficio. La relación del capital fijo con el capital circulante aumenta por dos razones: 1) por la tendencia del progreso técnico a transferir cada vez más a la máquina el trabajo de la producción; 2) como consecuencia de la mejora en los medios de transporte, que reduce las necesidades de almacenaje de materias primas y productos terminados, es decir, de capital circulante. A medida que aumenta la proporción de capital fijo, no tiende a disminuir la jornada de trabajo, como parecería sencillo intuir, sino que más bien al contrario, tiende a aumentarla, ya que las horas de trabajo son el único medio para convertir en lucrativa una proporción creciente de capital fijo. “Cuando un trabajador deja a un lado su pala, hace inútil durante este periodo un capital de 18 peniques. Cuando uno de nuestros trabajadores deja la fábrica, hace inútil un capital que ha costado 100 libras”49. Lo que acorta la maquinaria es el tiempo de trabajo necesario para la reproducción del trabajador, no el tiempo necesario para el capitalista. Puesto que el capital fijo se devalúa en la medida en que no es utilizado en la producción, el crecimiento del mismo está unido a la tendencia a mantenerlo en perpetuo movimiento. Enajenación de las condiciones de trabajo50.- A medida que se desarrollan las fuerzas productivas del trabajo, el trabajo objetivado, o dicho de otra forma, las condiciones de producción como momento de la actividad social, asume una autonomía colosal frente al trabajo vivo. La riqueza social se contrapone al trabajo en porciones cada vez más poderosas como poder ajeno y dominante. Esta objetivación de las fuerzas sociales y su enajenación de las mismas frente al trabajo vivo no son estrictamente necesarias para el proceso de producción. En la medida en la que el trabajo individual evoluciona hacia una actividad social, inmediatamente general, las condiciones de reproducción se vuelven colectivas, sociales. La acción política de Marx va dirigida hacia la apropiación de las máquinas, como agentes de la producción social. Estas máquinas pueden pasar a manos de los trabajadores asociados, formando una nueva base de la producción, modificada a través de un proceso histórico. Límites de la producción capitalista.- La división del proceso de producción capitalista de acuerdo a la concepción marxista sería una parte de materia prima, otra de instrumentos o maquinaria, otra de trabajo necesario y la de plusproducto, de la que una parte se destinaría a consumo y otra a nueva producción. Las proporciones de esta relación se ven alteradas por la evolución de la productividad. Pero para que este proceso tenga continuidad, es necesario que parte de la plusvalía se reinvierta. Parte de ella se puede perder en consumo, para satisfacción de goces del capitalista, y parte de ella puede quedar devaluada si es vendida por debajo de su precio real (calculado según el trabajo objetivado en él). En ambos 49CitaenlosGrundrissedeHenryAshworth,magnateinglésdelalgodón.MARX,Karl.Líneas fundamentalesdelacríticadelaeconomíapolítica(Grundrisse)Segundamitad.Op.cit.,p.221 50Ibíd.,p.228
68 casos, se pierde capital. El primer caso entra dentro de lo normal, dado que los capitalistas no viven del aire. El segundo reviste mayor interés, ya que suele caracterizar uno de los lados de la crisis: la destrucción de capital por la devaluación de la producción. El otro lado son los despidos, la disminución de trabajo vivo, de producción, con el fin de restaurar la proporción entre trabajo necesario y plustrabajo. Superproducción.- Hemos visto que la tendencia civilizadora está contenida en la esencia del capital, en su curso de desarrollo natural. Pero también lo están las contradicciones que interrumpen su evolución, que le imponen sus verdaderos límites. Estos límites inmanentes forman parte de la naturaleza del capital. Veamos cuáles son: 1) El trabajo necesario supone un límite al valor de cambio de la capacidad de trabajo viva, al valor del salario necesario para la reproducción de la población trabajadora. 2) La plusvalía tiene un límite como tiempo suplementario de trabajo. No se puede ampliar indefinidamente. 3) El dinero disponible, en cuanto valor de cambio, como límite a la producción. 4) Limitación de la producción de valores de uso mediante valores de cambio. La riqueza exige transformación en formas determinadas distintas de la riqueza misma, que deben aparecer como valores de uso, como necesidades, que son en cada momento limitadas. La superproducción es el resultado del olvido de todas estas limitaciones, que conduce a la devaluación de la producción, a su colapso. Marx menciona el sistema de crédito como intento de fuga del capital de sus propias limitaciones. Ya entonces las naciones ricas prestan a las pobres para asegurar la continuidad de su consumo, pero sin posibilidad de corregir estos endeudamientos, que acaban rompiendo en crisis de deuda que producen destrucción de capital, colapso de la producción. La contradicción esencial del capital es la imposibilidad de cubrir la demanda de toda la producción con los trabajadores empleados en el proceso productivo, ya que sus salarios tienden a ser retenidos en niveles de subsistencia. Su demanda no puede alcanzar a la totalidad de lo que produce, puesto que está obligado a dar una plusvalía cada vez mayor. Para dar salida a la creciente producción se necesitan nuevos mercados, para lo que se buscan mercados exteriores o la ampliación de los interiores con nuevas necesidades. Considerados individualmente, cada capitalista se esforzará en mantener los salarios de sus trabajadores a niveles de subsistencia. Pero evidentemente, confiará en la capacidad de consumo de los demás trabajadores. Esta ilusión, considerada en términos agregados, se disuelve en pura lógica. La existencia de un beneficio sobre cualquier mercancía presupone una demanda exterior a la del trabajador que la ha producido. La demanda del trabajador no puede ser una demanda adecuada. El capital pone por tanto al tiempo de trabajo necesario como límite para el valor de cambio de la capacidad de trabajo viva; el tiempo de trabajo suplementario
69 como límite para el tiempo de trabajo necesario; y a la plusvalía como límite para el tiempo de trabajo suplementario. Y por último, tiende a pasar por encima de todos estos límites tratando de realizar la plusvalía contraponiéndola al trabajo necesario que se le enfrenta como igual, como consumidor que debe así crear la plusvalía con su trabajo y realizarla con su salario. Pura contradicción. De esta manera, Marx demuestra, incluso matemáticamente, la certeza de las crisis en el modo de producción capitalista. Podemos comprobar cómo, en la actualidad, Occidente vive sumido en una crisis clásica de superproducción. Estirando el crédito mucho más allá de las garantías del prestatario, movidos por la ambición desordenada de agentes financieros necesitados de permanente valorización, los llamados mercados financieros han sufrido una brusca contracción, pasando rápidamente de la confianza al miedo, cerrando las puertas a la circulación del capital, que necesita como hemos visto la fluidez que le da el crédito. Atascados en una brutal crisis de deuda, de créditos vencidos, de impagos y de desconfianza, los países desarrollados asisten a la destrucción de capital y de empleos, esperando las condiciones propicias para volver a crear valor. Una crisis más. La repetición de las crisis ha generado montañas de literatura económica en el último siglo y medio. Dedicamos el siguiente capítulo al análisis de Marx, comparado con el de otros conocidos autores expertos en la materia.
70 IV – LOS CICLOS
71 Probablemente las teorías más influyentes y conocidas sobre el comportamiento cíclico de la economías se deben a Joseph Alois Schumpeter, que en los años 30 del siglo XX se dedicó a investigar a fondo la naturaleza y regularidad de dichos ciclos. En Análisis del cambio económico51, Schumpeter analiza los acontecimientos económicos sucedidos en Inglaterra desde 1792 hasta 1931, y observa que las fluctuaciones que presentan los indicadores económicos muestran una regularidad cíclica. La duda que esto plantea es si estas fluctuaciones son debidas a factores externos, políticos principalmente, o existen causas inherentes al proceso económico. Schumpeter distingue los cambios debidos a estos factores externos de los debidos al desarrollo autónomo de la población y la economía, o de los cambios debidos a la innovación en la introducción de nuevas técnicas o mercancías y en la conquista de nuevos mercados. La combinación entre estos tres factores, elementos de desarrollo no-cíclicos, factores externos e innovaciones, determina los cambios industriales y el progreso económico. Dejando de lado las cuestiones metodológicas, Schumpeter se centra en el efecto de las innovaciones, el factor no-cíclico que tiene más relación con el proceso económico como tal ¿Por qué se concentran las innovaciones en determinados períodos, y no se distribuyen en sucesión uniforme, de manera que sus efectos se absorban gradualmente, al mismo ritmo que la mano de obra evoluciona con la población? Schumpeter encuentra parte de la respuesta en una resistencia natural al cambio por parte de la sociedad que, una vez superada, facilita la repetición de la aplicación de innovaciones similares, aunque con fines distintos. Este proceso es acentuado por la competencia. A mayor competencia, mayor velocidad en la aplicación de estas innovaciones. También observa el autor austriaco que los ciclos económicos se asocian habitualmente con los impulsos de alguna industria concreta, siendo más intensas las fluctuaciones en las industrias productoras de bienes de equipo. Lo más relevante de Schumpeter a los efectos de este análisis es la importancia que le da a los puntos de equilibrio en su interpretación de los ciclos. Su análisis parte siempre de una posición estable en uno de estos puntos. Desde este punto, las magnitudes económicas se alejan del equilibrio bajo el impulso de las innovaciones, única fuerza capaz de producir este desequilibrio, si descartamos los factores externos. Durante el período de la introducción de las innovaciones, no aumenta de manera significativa la corriente de bienes y servicios, mientras sí aumentan los gastos de producción y del crédito asociado a esta expansión productiva. Gradualmente, los bienes o servicios de las nuevas empresas llegan a sus mercados, desplazando los productos y métodos de las empresas cuyos modos de producción han quedado obsoletos, provocando un proceso de liquidación, reajustes y absorciones. A medida que se vaya realizando el ingreso asociado a estos nuevos 51TheReviewofEconomicStatistic,vol.XVII,nº4,mayode1935,pp.2‐10
72 bienes y servicios, se irán pagando los préstamos bancarios, contrayéndose los créditos vivos hasta alcanzar la posición de equilibrio anterior. Por tanto, para Schumpeter, la unidad y la continuidad de los movimientos cíclicos radican en los puntos de equilibrio, dado que el proceso económico tiende a este equilibrio. Partiendo de estos puntos de equilibrio, distingue cuatro momentos por cada unidad de ciclo: auge o prosperidad (el proceso anteriormente descrito), contracción (básicamente de origen financiero, por la necesidad de atender los créditos), depresión (se sobrepasa negativamente el punto de equilibrio debido a la inercia de las fuerzas depresivas en la fase descendente) y recuperación (vuelta al punto de equilibrio). Schumpeter pone especial interés en que se distinga la fase de auge de la de recuperación, por la importancia que tiene en los efectos del análisis del ciclo. Es de suponer que esta importancia se debe a la necesidad de reconocer el punto de equilibrio. El propio Schumpeter admite la dificultad de distinguir estos dos momentos. Lógico, dado que su naturaleza es tan indistinguible como la de la contracción y la depresión. Lo que Schumpeter aporta a la economía clásica es básicamente el papel del tiempo. Frente al concepto de equilibrio estático, consistente en la determinación de precios y producción por la tendencia al equilibrio entre oferta y demanda, representada en gráficos bidimensionales, Schumpeter le aporta el tiempo como tercera dimensión, explicando la manera en la que se produce tal tendencia innata al equilibrio. Como vemos, para este economista la tendencia al equilibrio del sistema de producción capitalista está fuera de duda. Para Schumpeter, las ondas cíclicas en las que se mueve la economía vienen a ser la descripción de cómo reacciona el sistema ante perturbaciones que le sacan del equilibrio, y cómo en su vuelta al mismo se comporta mediante ondulaciones similares a las ondas físicas. Estas perturbaciones son en la mayor parte de los casos de origen externo al sistema, con la excepción de lo que Schumpeter denomina innovaciones, producidas dentro del sistema y por estímulos inherentes al mismo. Con lo cual se viene a reconocer cierta tendencia innata a salirse del equilibrio, aunque con la voluntad inmanente de volver a él. Como ilustración de estos ciclos, Schumpeter aporta los análisis estadísticos de un economista ruso, Nikolái Kondrátiev, contribuyendo decisivamente a su divulgación en Occidente. El profesor Kondrátieff, en un influyente artículo de investigación, publicado por el Instituto de la Investigación de la Coyuntura, fundado por él en Moscú, y traducido para la americana Review of Economic Statistics52, muestra la correlación entre la evolución de determinados indicadores económicos, entre 1790 y 1925, en Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Analiza la evolución de los precios, el tipo de interés, los tipos de descuento de la deuda, o la producción de carbón y hierro, junto con otras series, con resultados menos concluyentes. La regularidad de los ciclos obtenidos es cuanto menos sorprendente, mostrando unidades cíclicas de entre 47 y 60 años, que además son perfectamente coincidentes a nivel internacional, para las tres economías analizadas. 52TheReviewofEconomicStatistic,vol.XVII,nº4,mayode1935,pp.2‐10
79 globalizadora, tal dimensión no deja de ser una proporción que no afecta a su gravedad, sino a la extensión espacial de sus efectos. El capital sigue saliendo de las crisis como describe Marx en su Manifiesto. La consecuencia es que el colapso del sistema sólo se produciría cuando todas las vías de escape, en forma de nuevos espacios de valorización exteriores al sistema o creados mediante innovaciones en su interior, se terminen. De la misma manera que un fuego no se apaga mientras le quede aire y combustible que quemar, el capital no acabará su desarrollo, no habrá cumplido la misión productiva que Marx le atribuye, mientras le quede mundo que capitalizar, mientras queden espacios nuevos que conquistar. También en los Grundrisse, cuando habla de la apropiación por parte de la máquina de las habilidades del trabajo individual62, menciona que el capital trabaja en su propia disolución por su tendencia a volver el trabajo individual irrelevante, subordinado a la máquina, considerada como objetivación del proceso social de la ciencia. Esta cita da a entender que, en la medida en la que progresan las ciencias, y en tanto los frutos de dicha evolución son apropiados y objetivados por el capital, el trabajo individual ocupará una proporción cada vez menor en los costes de producción, y de acuerdo a la proporción analizada en el capítulo del capital, la plusvalía y el consiguiente beneficio serán cada vez menores. No obstante, esto supone un factor consecuente con la teoría de Marx, pero no refrendado por la realidad en los países desarrollados: los progresos de la ciencia no son apropiados exclusivamente por el capital. En la medida en la que además de trabajadores, la población aporta consumidores, el capital se ha visto forzado, incluso inclinado, a socializar buena parte de los progresos científicos. La imperiosa necesidad de vender ha empujado y empuja al capital a ofrecer condiciones mejores de vida a cada vez mayor número de personas. No hay que olvidar, no obstante, que tal como acabamos de mencionar, según la tesis de Wallerstein, tal progreso se aplica a los ciudadanos de los países desarrollados, siempre y cuando se pueda encontrar trabajadores nuevos que explotar fuera de esos espacios privilegiados. El frente de la lucha de clases se vuelve irregular, cambia de color, se globaliza. El capital supera todos los límites geográficos, tal como estaba en la descripción de Marx. Pero subsiste. Si nos vamos a El Capital, hallamos una referencia explícita a la existencia del ciclo, pero acompañada de una renuncia expresa a entrar a fondo en su análisis, por escapar al campo de estudio planteado. Concretamente es el capítulo dedicado a la separación del interés y el beneficio como partes de la plusvalía. La cita dice literalmente “si observamos los ciclos de rotación en que se mueve la industria moderna –estado de quietud, creciente animación, prosperidad, superproducción, crack, estancamiento, estabilización, etc.-; ciclos cuyo análisis concreto cae aquí fuera de nuestro campo de estudio…”63. En la misma obra, en el capítulo dedicado a la rotación del capital comercial, se encuentra una explicación a las crisis basada en la discontinuidad del proceso M-D y D-M, ya analizado en el capítulo del dinero. Veíamos que en la autonomización del 62Ibíd.,p.85 63MARX,Karl.ElCapital,TomoIII.EdicióndigitalizadaporLibrodot,www.librodot.com.,p.237
80 intercambio frente a la finalidad vendedora del productor y consumidora del comprador, en ese intersticio en el que se instala y vive el dinero y el comerciante, se empieza a gestar la posibilidad de la crisis. El movimiento del capital comercial es el mismo movimiento del capital industrial, sólo que en la esfera de la circulación. Pero en la medida en que se vuelve autónomo, y sobre todo desde que empieza a crecer la utilización del crédito, la demanda se separa definitiva y fatalmente de la oferta. Las barreras, los límites que el capital productivo encuentra en la limitación de la demanda se vuelven flexibles, elásticos, y los límites de la producción son rebasados fácilmente sobre la base de una demanda creada artificialmente por el crédito. Las compras para la producción se repiten antes de esperar a la venta de la producción anterior, con la esperanza de que la demanda futura será suficiente para cubrir la siguiente fase de producción. En algún momento, superado el apogeo, cuando los retornos aplazados por los comerciantes se empiezan a ralentizar, los bancos empiezan a apremiar el pago de lo que se les debe. Los crecientes retrasos en dichos pagos, y aún más la aparición de los impagos, provoca el miedo en los prestamistas, que restringen la oferta de crédito y fuerzan las devoluciones por todos los medios (incluido, como bien sabemos, el desahucio). Comienzan entonces las ventas forzadas, no con la finalidad de valorizar las inversiones sino con la premura de poder hacer frente a los siguientes pagos. Se produce así lo que Marx llama el crack, que pone fin a la fase de prosperidad. Este sencillo proceso resulta enormemente familiar en cualquier época desde que domina el modo de producción capitalista. Se repite con una frecuencia que ha sido estudiada con herramientas estadísticas por su tendencia cíclica a recurrir, y como vemos se inventan distintos nombres para describir cada una de sus fases. Sin embargo, nada más fácil para entender la sencilla mecánica que subyace a todo el proceso que echar un vistazo a las dos palabras marcadas en cursiva en los dos párrafos anteriores (el primero habla del ciclo alcista y el segundo del bajista). Los dos estados de ánimo, las dos fases afectivas humanas que dominan en cada una de las fases, condicionan, determinan incluso, el curso que seguirán los indicadores económicos. Las dos fases del ciclo podrían rebautizarse sin más como la fase de la esperanza y la fase del miedo. Las volveremos a ver al final del trabajo. En un entorno en el que la oferta y la demanda globales no se conocen la una a la otra. En el que el capital financiero ha separado para siempre las dos caras de la producción, los agentes económicos toman sus decisiones en base a expectativas influidas decisivamente por el miedo o la confianza en la evolución futura de la economía. De hecho, en el país capitalista por excelencia, Estados Unidos, se mide desde 1967 el Índice de Confianza del Consumidor, que pretende ayudar a los inversores a orientarse sobre la futura evolución de la demanda en ese país. Es sin duda una herramienta enormemente útil, pero es obvio que no ha servido para erradicar el fenómeno de las crisis. Esta complejidad fue bien intuida por Hayek, que como hemos visto reconoce la enorme complejidad que introducen estas expectativas, y lo crucial que resulta la estabilidad del tipo de interés, el precio que regula la oferta y la demanda en el mercado financiero, para evitar catástrofes en los mercados. Como buen liberal,
81 Hayek considera que hay que dejar al mercado financiero a su libre determinación, que los Estados introducen distorsiones que agravan los problemas de interpretación de las expectativas de los inversores, lo que en algunos casos, como en la presente crisis del euro, resulta dolorosamente cierto. Pero el equilibrio ideal que los liberales esperan de un mercado de capitales libre resulta, a la luz del análisis que acabamos de hacer, insuficiente y utópico. No existe el equilibrio en el modo de producción capitalista. Antes o después vuelve a quebrar. La fuerza del capital financiero, liberada de los patrones metálicos, es de una turbulencia capaz de desatar huracanes que hunden a países enteros en verdaderas calamidades humanas. Es cierto que en muchos casos hay errores humanos, muchos de ellos políticos, pero el error final, la crisis, está escrita en los genes del capital. El capitalista para mantener su capital necesita aumentarlo. Las crecientes plusvalías generadas serán reinvertidas mientras el capitalista tenga confianza en el futuro, llevando la producción por encima de un imposible equilibrio. El capital generará los instrumentos de crédito necesarios para seguir creciendo por encima de la demanda natural. Marx habla en su tiempo de la letra de cambio. No conoce aún los créditos al consumo, la venta a plazos, la tarjeta de crédito, el factoring o los más recientes paquetes financieros, cuyo vacío sustancial provocó el último cataclismo financiero. Puede haber errores, y de hecho los habrá cuando se llegue a una situación de sobreproducción. Habrá errores por todas partes, pero no como factores externos, introducidos desde afuera, que alteran un presunto equilibrio innato. Los errores son inmanentes. Se puede perder un partido de tenis por cometer errores, pero en un partido de tenis siempre habrá un perdedor. En el capitalismo, gracias a sus crisis, también. Y al igual que en el tenis, será en la mayor parte de los casos el más débil el que pierda.
82 V – CONCLUSIONES
83 Parece verse con claridad por lo tanto que la recurrencia de las crisis, tal como apuntaba Marx, es absolutamente consustancial al modo de producción capitalista. Lo que ya no está tan claro es que estas crisis sean cada vez de mayor gravedad, al menos no a corto plazo. Puede haber una crisis más grave que las anteriores por una suma de circunstancias, pero a dicha crisis no tiene por qué seguir necesariamente otra mayor, como lo demuestran las crisis más moderadas posteriores a la de 1929 o a la que conoció Marx en 1847. Visto con perspectiva, la crisis forma parte del proceso de crecimiento, de avance, del capital. Las serpenteantes líneas que muestran las curvas de evolución de la producción en las economías capitalistas apuntan a un movimiento espasmódico, como un profundo latido, o como varios latidos simultáneos, de diferente dimensión espacial y temporal, que tienden, eso sí, a fundirse cada vez más en un latido global, con suaves y expansivas diástoles, fruto de la fase de esperanza, y secas y brutales sístoles, fruto del miedo, auténticas crisis de pánico que destruyen capital y expulsan con violencia trabajo, condiciones de subsistencia de seres humanos que son en muchas ocasiones excluidos del sistema social capitalista, condenados a vivir de subsidios o de la caridad. La importancia del antagonismo.- Una de las claves que podría indicarnos una tendencia al agravamiento por encima de la serie de crisis podría ser la acentuación de las diferencias de clase. Es evidente que Marx prevé que la brecha entre capitalistas y trabajadores se vuelva cada vez más nítida y profunda. Donde más evidente resulta esta predicción es en el Manifiesto Comunista. Reproducimos por su transparente claridad un par de citas de dicho documento: “Nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado”64 “Toda una serie de elementos modestos que venían perteneciendo a la clase media, pequeños industriales, comerciantes y rentistas, artesanos y labriegos, son absorbidos por el proletariado; unos, porque su pequeño caudal no basta para alimentar las exigencias de la gran industria y sucumben arrollados por la competencia de los capitales más fuertes, y otros porque sus aptitudes quedan sepultadas bajo los nuevos progresos de la producción. Todas las clases sociales contribuyen, pues, a nutrir las filas del proletariado. El proletariado recorre diversas etapas antes de fortificarse y consolidarse”65 Marx, situado en la Inglaterra industrial de mediados del XIX, observa el proceso de proletarización de los trabajadores ingleses, la imparable expansión de la producción industrial fabril y la correspondiente desaparición de los artesanos y pequeños campesinos, y considera que tal tendencia se mantendrá y acentuará en el futuro. De haberse producido dicha evolución, es más que probable que el estallido social hubiese derribado el modo de producción entero. Pero en lugar de ello encontramos, ya en esos años, e incluso mencionados por él, los primeros 64MARX,KarlyENGELS,F.ManifiestodelPartidoComunista.Op.cit.,p.7 65Ibíd.,p.10
84 indicios de una regulación estatal a favor del trabajador que tendería a amortiguar las diferencias y avanzar en los derechos de los trabajadores. Como sabemos, la evolución que se produjo en el siguiente siglo en los países desarrollados condujo, en lugar de a la creciente separación en dos bloques, en dos clases antagónicas, al crecimiento de una nueva clase media de trabajadores más o menos cualificados, junto a un cada vez mayor número de profesionales liberales, que contribuyó a estabilizar y reducir a focos aislados los conflictos sociales violentos. La revolución comunista sólo llegó a imponerse, hasta el punto de derribar los Estados vigentes y sustituirlos por regímenes comunistas, en países económicamente atrasados como Rusia, China o Cuba, donde el capital, en el mejor de los casos, sólo había actuado a través de potencias coloniales. En el caso de Rusia, la estructura social aristocrática no había sido siquiera sustituida por la nueva burguesía capitalista. En realidad, una vez más, es el propio Marx el que nos ofrece los síntomas que conducen a un tipo de organización social más compleja que la dual antagonista que luego predice. Tal como veíamos en el apartado dedicado a la creación de la plusvalía relativa, la subsunción real de la sociedad en el capitalismo conduce a que una parte cada vez menor de dicha sociedad esté ocupada directamente en la producción de los artículos necesarios para su subsistencia. El capital crea, por tanto, un porcentaje creciente de población no necesaria para su propia subsistencia, al que al mismo tiempo tendrá necesidad de buscar como fuente de potenciales clientes mediante una permanente creación de nuevas necesidades. Veíamos también que esto conduce a la creación social de individuos cada vez más sofisticados y con una gama de necesidades más numerosa y crecientemente heterogénea. Este proceso de ampliación de lo que se considera socialmente necesario no ha parado de avanzar hasta nuestros días, dando como resultado sociedades complejas, que contrastan fuertemente con la visión de una mayoría obrera depauperada y embrutecida por el maquinismo industrial. Y el caso es que todo esto ya estaba en Marx. Como ya hemos visto, Wallerstein apunta que tal estabilidad y el nivel de vida de la mayor parte de los ciudadanos sólo son posibles mediante la exportación del problema. El capital, en su tendencia globalizadora, deslocaliza buena parte de la producción industrial con menores requerimientos de cualificación a países menos desarrollados donde los salarios, las condiciones de trabajo y la regulación ofrecen mejores posibilidades de valorización. Los sueldos de pura subsistencia y la posibilidad de emplear niños permiten la vuelta al escenario que presenció Marx en la Inglaterra del XIX. Pero el caso es que estas vías de escape permiten al capital huir hacia adelante, escapar de sus limitaciones inmanentes mediante un crecimiento extensivo. De cada crisis, el capital emerge presente en más lugares del mundo, con dinámicas cada vez más claramente globalizadas, y con la misma necesidad de crecer para subsistir. La actual crisis, siguiendo la previsión de Arrighi, podría ver el eje económico del mundo desplazado del Atlántico al Pacífico. El capital apenas acaba de entrar en China, ayudado por un gobierno pretendidamente comunista que, mediante la devaluación de la moneda, mantiene los salarios de su población en niveles mínimos en términos internacionales. En los últimos meses ha permitido la primera revaluación importante que compense un flujo comercial tan
85 desproporcionadamente desigual que ha desequilibrado las economías domésticas de los países industrializados. La complejidad del universo capitalista no para de crecer. Sin embargo, sus señas de identidad siguen siendo perfectamente reconocibles. El Imperio.- Con el fin de profundizar en la comprensión del aspecto más actual del capital, hemos considerado pertinente aportar, aunque a grandes trazos, la visión más contemporánea que tiene del capital Antonio Negri. La revisión de su obra, y en concreto de Imperio66, nos aporta un original enfoque que combina las determinaciones económicas del sistema capitalista, combinadas con el aspecto geopolítico y sociológico que caracterizan al capital en el tránsito del siglo XX al XXI. La obra mencionada gira en torno al concepto de Imperio, y su antagonismo con el de multitud. Este concepto aparece desarrollado en la obra del mismo nombre que coeditó en 2000 con el filósofo norteamericano Michael Hardt. El Imperio es la denominación con la que estos autores se refieren a un nuevo orden internacional que se distingue de estructuras políticas anteriores por su carácter supranacional, biopolítico y parásito. 1) Supranacional porque trasciende y al mismo tiempo influye en las clásicas estructuras del Estado-nación propio de la modernidad. Es un poder global y local a un tiempo, sin identidad nacional, y Negri pone mucho interés en que no se confunda con la fuerza “imperial” de los Estados Unidos, aunque su génesis esté relacionada con la expansión territorial que históricamente constituye ese país67. Dicha expansión liberó en su momento las tensiones de clase inherentes al capitalismo y la subsunción formal, como la habíamos visto definida en Marx, hasta que tal expansión encuentra sus límites a principios del siglo XX. Tras una fase de imperialismo de corte clásico con Theodore Roosevelt, y a raíz de los acuerdos de Bretton Woods, se pasa a una fase caracterizada por la descolonización, la descentralización y la regulación financiera en manos de organizaciones supranacionales, que suceden a los clásicos tratados internacionales. Al amparo de esta nueva regulación internacional, se produce el rápido desarrollo de las corporaciones transnacionales en la articulación de la economía mundial. A diferencia del colonialismo clásico, no tienen una referencia fija orientada desde un Estado nacional y basada en el intercambio desigual. Estas corporaciones articulan territorios, desbordan y condicionan las regulaciones nacionales. Utilizan a los Estados como instrumentos y regulan los mercados y la fuerza internacional de trabajo. Los nuevos y globalizados movimientos financieros y monetarios modulan la estructura socioeconómica mundial. En este nuevo entorno, los Estados nacionales juegan un papel subordinado al orden global. El comando imperial queda separado de la administración. Los cuerpos administrativos locales expanden el comando imperial en los espacios locales y secuencias de vida donde no llega la acción imperial. 66HARDT,MichaelyNEGRI,Antonio.Imperio.Paidós,Barcelona,2005 67Ibíd.,p.185ss.
86 Por último, las redes de comunicación globales facilitan la legitimidad del nuevo orden mundial, determinando lo imaginario y lo simbólico, creando lenguajes de auto-validación. La máquina imperial transmite la idea de una ciudadanía universal, disuelve identidades e historias, al tiempo que favorece el ascenso de nuevas identidades locales. Según Negri, la legitimidad ético-jurídica del poder del Imperio se basa en un objetivo moral, la paz universal, y en la consiguiente legitimidad de la intervención militar68, que se asemejaría así más a una intervención policial. El enemigo es identificado por este poder, banalizado como un delincuente y absolutizado como el mal a erradicar. La intervención militar/policial pervierte la lógica constitucional anticipando su acción a la de las cortes de justicia internacionales, que se limitan a decretar sentencias contra los vencidos. Esta práctica de la guerra justa basada en emergencias que reclaman la intervención del poder Imperial, provoca al mismo tiempo una gran abundancia de emergencias que el Imperio necesita para legitimarse. Así, la causa del ascenso del Imperio es al mismo tiempo la causa de su decadencia. Un suprapoder que pretende garantizar la paz universal en un entorno en permanente conflicto. 2) Biopolítico porque busca asentarse potenciando y controlando la vida, en lugar de gestionando la muerte. El poder disciplinario distingue lo normal de lo desviado, normaliza. En la nueva sociedad de control, el poder, mucho más flexible, se ejerce sobre el sentido de la vida y el deseo creativo. El objetivo del poder es la producción y la reproducción de la misma vida69. Frente al comentado límite de la expansión de la subsunción formal, el Imperio de Negri extiende el concepto marxista de subsunción real de la esfera económica al bios social, a la producción de vida. El Imperio se apropia de las capacidades creativas de la población para incrementar unas plusvalías que no se sostienen ya con una expansión que conduce al capitalismo al agotamiento por asfixia. Agotamiento que se produce cuando ya ha explotado la mayor parte de los recursos naturales, e integrado en su red casi todos los territorios productivos del planeta. El trabajo inmaterial dificulta su medida y control, altera las clásicas teorías del valor marxistas, cuantificables y fáciles de controlar70. El conocimiento, la información, el afecto y la comunicación están en el centro de la economía 68Ibíd.,pp.37ss. 69Ibíd.Capítulo2 70Negripiensaqueeltrabajoinmaterialalteralarelacióndeltrabajoconlaproducciónfísica,loque impidetenerreferenciassobreeltrabajonecesarioyobtenerunareferenciadelaplusvalía.Sin embargo,elconceptodevalorparecefuncionarexactamenteigual.Laapropiaciónsevuelvemenos directaydifícildemedir,peroelcapitalsiguebuscandoenconjuntolimitarelsalarioalacoberturade necesidadesbásicas,esdecir,altrabajonecesario.Loqueseconsideranecesidadvaríatambién,esun productosocial,yelpropiocapitalhaaumentadolacantidadyvariedaddelasnecesidadesporsu continuanecesidaddenuevosmercadosparavalorizarproducción.Lasnecesidadesaumentan,perolos salariossiguentendiendoaquedarseeneseniveldecoberturamínima.Éseeselnuevotrabajo necesariosobreelquesecrealaplusvalía.Negrisítienerazónenqueeltrabajoinmaterialvuelve menosidentificablesestasreferenciasdevalorqueenlaproducciónindustrialmoderna,conloque aumentaenormementelaalienacióndeltrabajadorrespectoalosfrutosdesutrabajo,dificultandola tomadeconcienciadeclaseyelconsiguienteantagonismo.
87 postindustrial. Se crea así un cuerpo biopolítico colectivo, formado por multitud de cuerpos singulares que buscan relacionarse. El biopoder es entendido así como la subsunción real de la sociedad bajo el capital, con el trabajo intelectual, el afectivo, y la producción de vida, que determinan el exceso de valor. 3) Parásito. Negri otorga, en uno de los puntos clave de su razonamiento, la capacidad de generación en exclusiva a la fuerza creativa de la multitud, a través del trabajo inmaterial y la cooperación, como dimensión humana ontológica. Sobre esta fuerza inmanente se sitúa el poder imperial, distribuido en redes, sin centro real, mediante mecanismos de control móviles y articulados71. Cuando este poder trascendente interrumpe la cadena de producción del deseo, construye vacíos ontológicos, que Negri denomina corrupción. Expropia los valores de la cooperación y pervierte la comunicación lingüística, obstruyendo sus procesos. Destruye la singularidad, segmentándola y uniformándola. Esta corrupción entorpece el proceso productivo que da vida al Imperio, lo que conduce a su propio declive. Se da así una situación paradójica: al alcanzar el Imperio su auge, comienza así su declinación72. Propuestas.- Negri defiende que la alternativa se debe plantear mediante los deseos de una multitud, cuyas capacidades destructivas deben ser organizadas desde una nueva visión global. Los rechazos individuales deben ser dirigidos y reforzados. La fase deconstructiva posmoderna ha perdido su efectividad contra el Imperio, que se siente cómodo en ella. Tampoco son posibles resistencias localizadas, que conducen a una dominación aún más brutal. Y el lugar de la dialéctica de explotación marxista ya no existe. No hay un interior definido por su valor de uso y un exterior definido por su valor de cambio. En su lugar, tenemos fuerzas productivas no localizadas que producen poderosas relaciones sociales, explotadas en un no-lugar indefinido. Hay que crear un nuevo lugar en el no-lugar. Hay que ser contra en cada lugar, en todas partes y en ninguna en concreto, fomentando la deserción frente al comando. Reclama la reapropiación de los medios de producción, que ahora son el conocimiento, la información, la comunicación y los afectos. Y propone en esa línea algunas medidas concretas, como la ciudadanía global, y el salario social, en función de parámetros más ligados a la reproducción del bios productivos y menos a las horas de trabajo directo73 . Negri cree que hay que buscar caminos para la auto-valorización, cooperación y auto-organización, que permitan construir cuerpos productivos por fuera de la explotación. Y espera que la maduración del desarrollo político de la potencia de la 71Ibíd.,p.381 72Ibíd.,pp.409ss. 73Ibíd.,pp.413ss.
88 multitud cristalice en la insurgencia de alguna poderosa organización, aunque no ofrece un modelo alternativo74. Completa así Negri un escenario de antagonismo paralelo al de Marx, pero compuesto con elementos posmodernos. El Imperio parasita a la multitud, que tiene la fuerza creativa, de la misma manera que el capital parasitaba a la fuerza de trabajo creativa. Y al hacerlo encuentran una contradicción esencial que pone límites a su crecimiento y permite prever su fin. Ambos, a pesar de esta predicción de autodestrucción, reclaman una acción colectiva que acabe con este ilícito aprovechamiento. La toma de conciencia en Marx y la comunicación afectiva en Negri. De esta ilustrativa descripción sobre el capital y sus circunstancias en el mundo global actual, cabría destacar los siguientes puntos: 1) Las dinámicas contemporáneas y hasta las posmodernas que describe Negri están ya en Marx. La subsunción real, la apropiación de plusvalía relativa, tal como se describe en los Grundrisse, ya anticipa el intento de apropiación del capital de las fuerzas sociales, identificadas con la ciencia y el trabajo asociativo. También habla Marx de la previsible creación de nuevas líneas de producción y de la creación de nuevas necesidades, de la explotación del ocio y de la imparable tendencia a la globalización. De la misma forma, describe a los Estados nacionales como sometidos sin remedio a la lógica del capital, ocupados en una incesante labor de atracción de los medios de producción objetivos que garanticen la subsistencia de sus sometidas poblaciones. Aunque pueda parecer aventurado, de alguna forma el biopoder posmoderno ya aparece implícito en la descripción marxista de la plusvalía relativa y la subsunción real. Todos los valores asociados a la vida y a la reproducción tienden a ser identificados por el capital como susceptibles de ser apropiados y explotados en forma de nuevas necesidades, de nuevos mercados. En ocasiones, Marx tiende a ser identificado con una excesiva concentración en elementos puramente económicos, pero Marx se hizo economista con la única intención de entender la sociedad en la que vive, en plena explosión del capital industrial. Y si su caracterización de la sociedad gira casi en forma obsesiva en torno al dinero y a la explotación económica, es porque la sociedad inglesa de entonces, ya dominada por el capital, se mueve precisamente por esos parámetros. Michel Foucault describe en su Historia de la Sexualidad75 cómo los afectos humanos más intensos, y en particular el sexo, son sometidos a un estricto control no con el aparente fin de reprimirlos, sino con la intención de canalizar su enorme potencia y utilizar sus frutos en beneficio de la clase dominante. Esta llamativa y poderosa estrategia, característica de la época victoriana, coincide con el ascenso imparable de la burguesía industrial, y su fin último no puede ser otro que la preservación y la continuidad del poder objetivo, del capital. 74Ibíd.,p.431 75FOUCAULT,Michel.HistoriadelaSexualidadVol.1,Lavoluntaddesaber.SigloXXI,México,1987