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Abstract

El movimiento okupa surge en las ciudades españolas a partir de la década de 1980, justo cuando acontece la primera crisis importante del movimiento vecinal y ciudadano que protagonizó gran parte del período de la Transición. Los activistas eran fundamentalmente jóvenes y comenzaron a poner en práctica estilos de vida e ideas que ya se habían propagado durante las décadas anteriores por otros países europeos y que, de forma algo difusa, intentaron imitar. A pesar de ello, se trata de un tema muy actual debido a la situación de la que estamos siendo testigo: paro, difícil acceso a la vivienda, especulación, descontento general con la clase política, etc. El trabajo se aproxima desde el punto de vista periodístico a uno de los movimientos sociales más radicales y diferenciados, si bien menos estudiado. El desarrollo del análisis lleva a concluir de que los medios de comunicación de masas son determinantes a la hora de crear discursos favorables o desfavorables al movimiento okupa e influir en su duración en el tiempo y en el número de apoyos que puedan recibir. Valtueña Peydró, Ana; Gobantes Bilbao, Maite

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Aproximación al movimiento okupa y su tratamiento en la prensa local: el caso de Zaragoza 2 3 ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN ........................................................................................... 4 2. APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE MOVIMIENTO OKUPA ..................... 6 2.1. ¿Qué es okupar? ..................................................................................... 6 2.2. Propuesta clasificatoria de tipos de okupación: ¿por qué okupar? .......... 7 2.3. Nacimiento y desarrollo ......................................................................... 11 a. El movimiento okupa en Europa ........................................................... 11 b. El movimiento okupa en España ........................................................... 12 3. MOVIMIENTO OKUPA EN ZARAGOZA ...................................................... 16 3.1. Inicios y desarrollo del movimiento okupa en Zaragoza hasta la actualidad. Casos concretos ......................................................................... 16 3.2. Del centro a la periferia: tendencia espacial del movimiento okupa en Zaragoza ....................................................................................................... 22 4. LA PRENSA Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD SOCIAL ............. 25 4.1. La imagen pública del movimiento okupa en la prensa ........................ 26 5. ANÁLISIS DE CASO: “LOS ONCE DEL TEJADO” ...................................... 28 5.1. Okupación del antiguo colegio de San Agustín ..................................... 28 5.2. Análisis del caso en la prensa escrita local ............................................ 30 6. CONCLUSIONES ......................................................................................... 40 7. BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................ 42 8. ANEXOS ...................................................................................................... 45 4 1. INTRODUCCIÓN El presente trabajo pretende ser una aproximación a uno de los movimientos sociales más radicales y diferenciados, si bien menos estudiado. El movimiento okupa surge en las ciudades españolas a partir de la década de 1980, justo cuando acontece la primera crisis importante del movimiento vecinal y ciudadano que protagonizó gran parte del período de la Transición. Los activistas eran fundamentalmente jóvenes y comenzaron a poner en práctica estilos de vida e ideas que ya se habían propagado durante las décadas anteriores por otros países europeos y que, de forma algo difusa, intentaron imitar. A pesar de ello, se trata de un tema muy actual debido a la situación de la que estamos siendo testigo: paro, difícil acceso a la vivienda, especulación, descontento general con la clase política, etc. Aunque estamos ante uno de los movimientos sociales con menos movilización –también sería difícil cuantificar el número de activistas o de simpatizantes– este no puede pasar desapercibido en los análisis políticos y sociales de nuestras ciudades, ni tampoco en los medios de comunicación. Su relevancia y trascendencia residen tanto en las características propias del movimiento como en las de sus relaciones con otros movimientos y con los problemas fundamentales de su contexto social. Algunas campañas promovidas por los okupas, como la de “Insumisión al reclutamiento para el servicio militar obligatorio”, han logrado un alto nivel de confrontación política y de éxito en sus objetivos, si bien contando con unos recursos muy escasos. Hoy en día, los jóvenes pertenecientes al movimiento son los que se oponen al modelo más extendido de juventud acomodada, falta de interés por la cultura o la política o carente de inquietudes. Parece importante su estudio porque sugieren –entre otras ideas– formas de vivir alternativas en un momento de crisis, en el que, sobre todo, la juventud ve cada vez más difícil independizarse del núcleo familiar. A pesar de ello, existen muy pocos estudios sobre el tema. Se podría afirmar que estamos ante el movimiento social más desconocido y lleno de clichés. Raramente se ha intentado explicar el origen de sus planteamientos y la motivación de sus acciones. Se pueden encontrar proyectos fugaces formulados desde dentro que, en realidad, es la mejor manera de entender el movimiento. El presente trabajo intenta definir un movimiento difícilmente definible, aproximarse a su nacimiento y desarrollo tanto en Europa como en España y comprender su evolución en el ámbito local como es el de Zaragoza. Para finalizar, se procederá a un análisis cuantitativo y cualitativo de un caso de desalojo en esta ciudad ocurrido en 1996 y el tratamiento que este tuvo en la prensa escrita local. 5 “Poner en letras, es como meter en cajas, a un proceso de procesos que, por definición, no quiere dejarse atrapar. Si hasta ahora hay tan poco escrito, en comparación con otros temas de semejante importancia, en parte es porque los sujetos y las experiencias de las okupaciones no han querido escribir o dejarse retratar en análisis” (Villasarte, 2004: 11). 6 2. APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE MOVIMIENTO OKUPA 2.1. ¿Qué es okupar? El Diccionario de la Real Academia Española, que recientemente aceptó este término, define “okupa” como “movimiento radical que propugna la ocupación de viviendas o locales deshabitados”. Otras caracterizaciones: El sociólogo alemán Hans Pruijt es muy conciso al afirmar que “okupar es vivir en inmuebles sin el consentimiento de su propietario” (Pruijt, 2004: 35). Sin embargo, Turner y Killian hablan de “colectividades que actúan con cierta continuidad para promover o resistir un cambio en la sociedad o en el grupo del que formar parte” (Turner y Killian, en Adell Argilés, 2004: 24). Visión compartida por Anthony Giddens, que define este movimiento como “intento colectivo de promover un interés común, o de asegurar un objetivo compartido, mediante la acción en el exterior de la esfera de las instituciones establecidas” (Giddens, en Adell Argilés, 2004: 24) y por Oberschall, aunque este hace hincapié en la ilegalidad de la okupación: “un contendiente que busca un bien colectivo para un grupo de personas por medio de diferentes tácticas, algunas de las cuales pueden incluir métodos no convencionales, incluso ilegales, de presión hacia el objetivo” (Oberschall, en Adell Argilés, 2004:24). El estadounidense Andrew Corr destaca su trascendencia al hablar de una “faceta importante en la lucha mundial para la redistribución de los recursos económicos” (Corr, en Pruijt, 2004: 36). Respecto a las dimensiones culturales (o “contraculturales”), la búsqueda de espacios donde construir alternativas de vida, la pondría en conexión con movimientos de otras décadas como las comunas hippies de los sesenta. Aunque las posturas y los discursos adoptan modelos más radicales y los espacios “libres” en las urbes son mucho más escasos que los rurales. Resulta complicado, por tanto, hablar de una sola ideología que represente al movimiento okupa. Comúnmente se asocia este movimiento con una “izquierda libertaria” con tendencias de muy variada índole y procedencia como la originaria “antiglobalización” o el “anticapitalismo”. Asimismo denuncian el control social, el militarismo, la manipulación informativa, el productivismo o el desarrollo desigual. (Adell Argilés, 2004: 23). La palabra “okupa” y sus derivados han sido popularizados por la prensa de modo que son de uso corriente, tanto en la lengua coloquial como en los medios de comunicación, así como también en los diccionarios bilingües como equivalente español del inglés squat (proveniente de los squatters ingleses). 7 Se trata de un término ambiguo, de identificación compleja a la que normalmente se le atribuye todo un repertorio de imágenes y clichés perniciosos en la mayoría de las ocasiones: estética punki, drogadicción, violencia….muchas veces considerado como una tribu urbana más, una mera moda o pose juvenil. Mucho tiene que ver con esto el uso de la letra “k”: una letra mal vista, calificada de "antipática y antiespañola" por Unamuno. El semiólogo Gonzalo Abril afirma: "El gesto de utilizar la k (una letra especialmente arbitraria porque se corresponde fonéticamente con el sonido de la c y de la q) tiene un cierto sentido insurgente y de resistencia contra la escritura, que lo es también contra la ley, dado el carácter arbitrario de las reglas ortográficas, que le dan una significación como de ley social” (Abril, en Martínez, web). Las teorías de los Nuevos Movimientos Sociales (NMS) han aportado nuevas dimensiones analíticas. Se puede observar cómo el movimiento okupa cumple la mayoría de los ocho rasgos identificatorios con los NMS: 1) su orientación emancipatoria. 2) el estar entre la orientación al poder y la identidad cultural. 3) su carácter antimodernista. 4) una composición social heterogénea. 5) con objetivos y estrategias de acción muy diferenciadas. 6) con una estructura descentralizada y antijerárquica. 7) abogan por la politización de la vida cotidiana y el ámbito privado. 8) utilizan métodos no convencionales. Con lo anteriormente dicho, se puede afirmar que estamos ante un movimiento social. Pero es acertado aclarar que es un movimiento de movimientos, un mosaico que refleja la variedad dentro del mismo y que los lugares okupados difieren mucho los unos de los otros, de ahí la dificultad a la hora de definir con precisión el término. Lorenzo Navarrete asegura que esta indefinición y ambigüedad es precisamente la fuerza del movimiento que impide ser atrapado y diseccionado por un discurso que le es ajeno (Navarrete, 1999: 13). 2.2. Propuesta clasificatoria de tipos de okupación: ¿por qué okupar? Varis investigaciones se han ocupado de determinar por qué hay individuos que deciden okupar; como cabe esperar, no hay un único motivo. El sociólogo alemán Hans Pruijt (2004: 37) diferencia cinco “configuraciones” –razones– básicas del hecho okupa: 8 a. Debida a la pobreza: esta es la configuración más antigua, en ella participan personas que realizan okupaciones debido a una situación extrema de privación de la vivienda, muy posiblemente se trata de gente que no tiene otra opción que vivir en refugios para indigentes. A la hora de organizarse la figura del activista tiene un papel primordial como líder: hacen accesibles los edificios, asesoran y apoyan a los okupas. La mayoría de edificios que se okupan son aquellos cuyos propietarios quedarían avergonzados – afirma Pruijt – al ver a los okupas desalojados, es decir lugares pertenecientes al Estado o la Iglesia, donde se daría una “obligación moral” de acoger a los necesitados. Las demandas de este tipo de okupas son modestas: no implican grandes cambios estructurales y no están relacionadas directamente con la política. Después de los setenta esta configuración tiende a declinar. b. Como estrategia alternativa de alojamiento: en esta segunda configuración se aglutinan un variado rango de posibles okupas como individuos que quieren vivir en grupo y no encuentran un tipo de vivienda que lo haga posible, entusiastas radicales de la cultura DIY (Do it yourself) que prefieren crear sus propias viviendas o personas pertenecientes a una clase media poco consolidada que podrían bajar de escala social y que han decidido dedicarse a actividades con escasos ingresos como, por ejemplo, artistas o músicos. A diferencia de la primera configuración, la pobreza no es un aspecto relevante, es más, tienen a evitar perder poder al verse etiquetados como “necesitados”. El deseo básico de este tipo de okupas no es conseguir ayuda, si no que “no les molesten” o que les dejen vivir “en paz”. En este sentido, el tipo de edificios preferido es aquel que permita que la okupación sea vista como una parte adicional al stock de vivienda disponible, sin pretensiones. Otra diferencia con la okupación debida a la pobreza, radica en que el papel del activista no es primordial, la estructura es más horizontal (no hay dependencia respecto a decisiones de líderes) y las acciones de comunicación no son necesarias, ya que las demandas tienen menor peso. El objetivo principal de este modelo es afrontar, mediante la acción directa, las necesidades inmediatas de vivienda creando hogares (aunque a menudo temporales). c. Okupación empresarial: centros sociales, espacios liberados, lugares para la creatividad: la okupación ofrece oportunidades para la creación de casi cualquier tipo de espacio social sin necesidad de poseer grandes recursos. Algunos ejemplos son: centros de vecindad, bares de okupas (con beneficios destinados a acciones y proyectos 9 solidarios), tienda de reparación de bicicletas, casas para mujeres, imprentas, galerías de arte o centros de proyección de películas. A menudo, estos centros se establecen junto a las viviendas existentes en los diferentes barrios. Un debate interesante que se genera en torno a esta tercera configuración es la posibilidad de legalizar o no estos locales empresariales. Muchos de los okupas defienden que la legalización implica una pérdida de la línea de oposición. Breek y Graad describen el impacto de la legalización del siguiente modo: “Lo que solía ser un espacio liberado activo con muchos enlaces con varias estructuras sociales, se estabiliza para convertirse en un edificio vivienda/espacio de naturaleza más tranquila y menos dinámica. Decrecen los lazos con otros espacios liberados, así como las implicaciones políticas explicitas” (en Pruijt, 2004: 48). En cuanto al posicionamiento político, es un factor importante pero no todos los centros participan de igual forman en protestas políticas. d. Okupación conservacionista: esta cuarta configuración implica okupar como una táctica usada en la preservación del paisaje rural y urbano, por ejemplo, contra la construcción de carreteras o bloques de oficinas. Para este propósito, normalmente en los barrios que están “bajo amenaza” se da una coalición entre okupas (que suelen iniciar las protestas) y los propios vecinos “legales” del barrio que comparten el mismo interés de proteger sus propiedades. Estas coaliciones se expanden a la hora de tratar temas relativos a la calidad de vida en el vecindario y pueden llegar incluso a unir diversos vecindarios y grupos sociales. e. Okupación política: esta última configuración supone un amplio campo de acción para todos aquellos involucrados en la política antisistema o para quieres se identifican con ideas revolucionarias o “autónomas”. Okupar es interesante para ellos dado el elevado potencial de confrontación con el Estado. En su modelo organizacional se distingue entre una vanguardia y los seguidores. Muchos okupas no comparten el bagaje ideológico de los okupas políticos, pero los apoyan basándose en un sentimiento de solidaridad. Esto llega a crear conflictos internos cuando los intereses de cada cual se ponen de manifiesto. 16 3. MOVIMIENTO OKUPA EN ZARAGOZA Se puede afirmar que el movimiento okupa en la capital aragonesa fue un referente nacional en sus primeros años, pero este se ha visto poco a poco reducido a proyectos de corta duración y obligado a dedicarse a otras actividades de índole similar. Una de las causas principales ha sido el desarrollo urbanístico de la ciudad y la consiguiente presión especulativa. Para comprender esta evolución parece necesario echar la vista atrás a cuándo y cómo se ha desarrollado el movimiento en Zaragoza. En el epígrafe que a continuación se expone, se centra la atención en los casos de okupación con fines sociales o políticos, no en otros tipos vistos en este trabajo como la okupación debida a la pobreza, existente hoy en día y con anterioridad. 3.1. Inicios y desarrollo del movimiento okupa en Zaragoza hasta la actualidad. Casos concretos En 1986, un grupo de personas de Barcelona y Zaragoza se dirigieron a Ámsterdam a okupar la universidad. Por aquel entonces ya había un sentimiento y un movimiento gestándose en la capital aragonesa. Lo que se hacía era visitar otros lugares para saber lo que hacían los demás y poder aplicarlo en el ámbito local. Una de la estrategias aprendidas fue acudir a la Cámara de la Propiedad (situada en la avenida Tenor Fleta) antes de okupar un espacio y “si mostrabas interés por alquilar un local te comunicaban quien era el propietario y así solo se okupaban inmuebles del Estado” (Ric, 2009: 219). La casa de Sagasta número 52 se okupó un viernes 13 de marzo de 1987. Se trataba de un chalé de arquitectura ecléctica construido en 1919. Contaba con unos mil metros cuadrados de jardín, con un cobertizo que habría hecho de garaje, y quinientos cuarenta metros útiles repartidos en semisótano, dos plantas y ático (Pérez, 2009: 261). Inicialmente se decidió llamar al nuevo emplazamiento La Casa de la Paz y la Solidaridad y con sus más y con sus menos, estuvo abierta casi siete años a las más diversas tendencias de la alternatividad política zaragozana: se trata de la okupación más intensa y duradera que ha habido en la ciudad. En sus primeros años incluso es apoyada por personajes ilustres de la política aragonesa como Emilio Gastón (quien sería después Justicia de Aragón), José Antonio Labordeta o Mercedes Gallizo – destacada miembro del PSOE aragonés –. 17 La okupación la llevaron a cabo grupos de carácter ecologista y pacifista como el colectivo Black Zulú, C.O.A. (Colectivo de Objeción y Antimilitarismo), el M.O.C. (Movimiento de Objeción de Conciencia), la Cruz Roja Democrática, Arcoiris, Ecofontaneros, Gays y Lesbianas de Aragón y otros con estrechas vinculaciones a grupos de izquierda como el Movimiento Comunista. Que fueran estos los grupos que participaron no es arbitrario: justo un año antes había tenido lugar en el llamado “referéndum sobre la permanencia de España de la OTAN” cuyo resultado fue favorable y este espacio se concebía como un lugar desde donde gestionar y coordinar a grupos para la lucha ecologista y antimilitarista. Chema Pérez, uno de los primeros okupas de la Casa de la Paz, incide en que fue el grupo Arco Iris y, más concretamente, Pedro Arrojo – actualmente profesor titular del Departamento de Análisis económico en la Universidad de Zaragoza – quienes se fijaron en el inmueble del Paseo Sagasta y llevaron a cabo toda la investigación previa a la okupación. El edificio se encontraba en un estado de abandono tal que los vecinos podían llegar incluso a agradecer su revitalización, ubicada en una zona céntrica y de intensa actividad juvenil, lo que podía facilitar acciones y movimientos. Además, Arrojo indagó sobre la situación legal del edificio, cuya propiedad no estaba clara. También, se acercaban las elecciones (municipales, autonómicas y al Parlamento Europeo en junio de 1987) y el apoyo popular que iba a suscitar la ocupación no recomendaría un desalojo. “Apalear a cuatro infelices por querer evitar la ruina de lo que fue un bonito chalé no da votos”. (Pérez, 2009: 263). Se habilitó una sala de conciertos y exposiciones, se abrió una barra de bar y durante 1988 hubo una consolidación de actividades y de uso del espacio por parte de todos los colectivos. Sin embargo, pasado algo más de dos años y medio la actividad comenzó a decaer seriamente y el espacio quedó bastante abandonado. Esto fue debido por un lado, al cambio de locales de algunas organizaciones y a la práctica desaparición de Arco Iris, primeros impulsores del proyecto. Por otro lado las discrepancias personales y políticas hicieron que muchas personas se alejaran. Anteriormente a esta acción, que tenía el objetivo de crear un centro social, ya se habían producido a finales de los años setenta y primeros años de la década de los ochenta diversas okupaciones de parcelas en los barrios de La Jota, Oliver, Torrero y La Paz por parte de jóvenes familias con escasos ingresos económicos, con la finalidad de habitarlas y alojar a sus familias. Estos y otros casos están escasamente documentados (Dieste y Pueyo, 2003, web). En 1989, mientras la Casa de la Paz seguía en funcionamiento, tuvo lugar la siguiente okupación: la del antiguo edificio del diario "Amanecer"– periódico falangista – local pertenecía a Hacienda situado en calle Coso donde ahora se 18 encuentra el hotel Reino de Aragón y que llevaba cerrado casi veinte años. La okupación fue realizada por diferentes colectivos como el Equipo A, Estudiantes Anarquistas, y otros grupos de carácter libertario. Esta duró trece días después de los cuales la policía desalojó el edificio sin incidentes, debido fundamentalmente al mal estado del edificio y la falta de idoneidad para residir. Según Santi Ric, uno de los okupas presentes en el momento del desalojo, “cometimos un gran error al salir en la tele y en la prensa al okuparlo y no dio tiempo ni a hacer actividades” (VVAA, 2009: 219). Durante este período, en la azotea del bar Berlín se reunía el Equipo A, que se puede considerar el primer colectivo okupa de Zaragoza. Estos okuparon en 1991 la estación abandonada de Utrillas en “un intento de que los punks y el anarquismo organizado se conocieran” (Ric, 2009:319). El edificio – hoy convertido en gimnasio y centro comercial – estaba catalogado de interés arquitectónico desde 1986 por el ayuntamiento de Zaragoza, presentaba graves desperfectos y pertenencia a la inmobiliaria Valparaíso. En esta ocasión, fueron varios los grupos de jóvenes de ideología libertaria que se unieron para llevar a cabo esta okupación, constituyendo el Ateneo Libertario de Zaragoza, en el que se integraron grupos como el Equipo A, Estudiantes Anarquistas, el C.U.A.L. (Colectivo Universitario Autónomo Libertario) y el C.O.Z. (Colectivo de Okupas de Zaragoza), creado en 1989. No obstante, los okupas se encontraron con graves problemas: por un lado, un inmueble inmenso, demasiado grande para poder rehabilitarlo por completo; y por otro, su localización periférica y alejada los otros centros alternativos, bares o lugares de reunión utilizados hasta ese momento. Por ello, se decidió abandonar el proyecto y, tras una votación, el Ateneo Libertario decidió en septiembre de 1991 unirse a la Casa de la Paz que, como se ha comentado, en esos momentos estaba infrautilizada. La incorporación del Ateneo Libertario al inmueble de Sagasta fue “traumática” y surgieron disensiones entre los diferentes proyectos que usaban el espacio. No obstante, toda una nueva hornada de colectivos – muchos nacidos del propio Ateneo – se sumaron, lo que supuso un nuevo empujón al proyecto que ahora se llamaba Casa Okupada de la Paz, propuesta de las nuevas incorporaciones. Cientos de personas pasaban por el bar los fines de semana, la sala de conciertos se convirtió en parada fija de cualquier banda punk que estuviera de gira por España; además se realizaron talleres sobre la sexualidad y allí tuvieron lugar todas las iniciativas antimilitaristas de la época (VVAA, 2009: 267). Aunque en un principio no estaba clara la propiedad del inmueble, salvo que era del Estado ya que la familia Escoriaza no había tenido herederos, el proceso legal para atribuir la titularidad de la casa fue largo, hasta que recayó en el Ministerio de Cultura aunque finalmente pasó al de Sanidad que lo 19 destinó a construir el Centro de Salud que hay en la actualidad. El desalojo de la Casa de la Paz se produce el 23 de diciembre de 1993, coincidiendo con otros desalojos de importantes okupaciones en el ámbito estatal, como el Kasal popular de Valencia o Minuesa en Madrid, entre las que existía un alto de grado de coordinación y comunicación (Dieste y Pueyo, 2003, web). Fue un desalojo sin incidentes ni detenciones, ya que no sería hasta 1996 cuando cambiaría el código penal. Hasta tres años después no empezaron las obras del centro de salud. La experiencia okupa de la Casa de la Paz no cayó en saco roto. De ahí surgieron muchos de los proyectos y colectivos que siguen vivos y numerosas personas empezaron allí su andadura en diferentes luchas como la Insumisión y la desobediencia activa al ejército, el feminismo o la liberación animal. Inmediatamente después se produce una okupación de un día en un inmueble de Torrero perteneciente al obispado, que se abandona por sus reducidas dimensiones. En enero de 1994 se okupa durante una semana, por parte de los colectivos de La Casa de la Paz, el antiguo Colegio de San Agustín, propiedad del Ayuntamiento. Situado en la calle del mismo nombre en el barrio de La Madalena. Este colegio ya había sido okupado en 1991 por la Asociación de Vecinos Lanuza Casco Viejo, con el fin de utilizarlo como centro social y que el Ayuntamiento se había comprometido a financiar. Los vecinos lo abandonaron sin que se le diera una utilidad pública a este espacio, a la espera de declararlo en ruinas (Dieste y Pueyo, 2003: web). El 25 de mayo de 1996, como respuesta a la entrada en vigor el nuevo código penal en virtud del cual, la okupación pasa a ser considerada delito y no falta, se lleva a cabo la reokupación de este colegio. En este momento, la asamblea de okupas no cuenta con las mismas personas que realizaron las okupaciones de Utrillas o de la Casa de la Paz, por lo que su capacidad política y de gestión es mucho más débil (Dieste y Pueyo, 2003: web). En el desalojo, realizado cinco días más tarde por las fuerzas de orden público, los okupas gozan del apoyo del vecindario. En este desalojo se aplicarían estrategias de resistencia utilizadas con éxito en otras ciudades que permitieron una mayor defensa a las cargas policiales, ocurriendo así la famosa anécdota de “los once del tejado”: once okupas subieron al tejado del colegio para evitar su desalojo y aguantaron nueves días. Este hito en la okupación de la ciudad tuvo un gran seguimiento por parte de la prensa y se desarrollará más adelante en este mismo trabajo. Ante la situación creada intervendrá el Justicia de Aragón, llegándose a un acuerdo por el cual los okupas no serán detenidos, abandonarán el recinto sin denuncia alguna de la policía y el compromiso de obtener un local destinado a centro social y la rehabilitación del 20 espacio de San Agustín como equipamiento para el barrio. Actualmente, sigue siendo un solar. Este desalojo supondrá un duro golpe para el movimiento okupa: emergen las discrepancias y estallan crisis ideológicas entre diversos colectivos. Además, desde La Casa de la Paz no se pudo mantener un espacio okupado más de una semana, con lo cual las actividades de los colectivos se vieron notablemente perjudicadas, así como los ánimos y moral de las personas pertenecientes al movimiento okupa de Zaragoza (Dieste y Pueyo, 2003: web). A pesar de todo, unas cien personas del movimiento de okupación, que se encontraba en proceso de renovación, decide okupar el 1 de mayo de 1999 la llamada Casa del Río, otra antigua escuela situada en la ribera izquierda del Ebro, en el barrio de Jesús. El edificio se encuentra abandonado y es frecuentado habitualmente por yonkis por su fácil acceso y proximidad a una zona de venta y tráfico de drogas. Esta okupación dura ocho días: la policía se encargó de ello. Como respuesta a este desalojo, el colectivo decide okupar un inmueble inmediatamente, pero sin el objetivo de permanecer mucho tiempo y siguiendo la misma estrategia que ya se llevó a cabo después del desalojo del Casa de la Paz. Entre el 5 y 12 de junio de 1998 se okupan unas antiguas viviendas anexas a varias naves industriales de finales de siglo XIX que se encuentran situadas en la avenida de Cataluña (Dieste y Pueyo, 2003: web). Mientras la actividad okupa en estos años se limitaba al centro de la ciudad, a finales de 1995 aparece el Kolectivo Alternativo de La Almozara (K.A.L.A.), promovido por las inquietudes sociales de un grupo de jóvenes del barrio. Se trataba de trabajar en un entorno conocido y cómodo, el K.A.L.A. quiso ser un vehículo de participación hecho a medida de sus miembros para las luchas sociales de la ciudad y los asuntos del barrio (Loren, 2009: 157). Aunque no inventaran nada nuevo se puede decir que aportaron dos elementos positivos en su tiempo: el primero de ellos fue la apuesta por trabajar fuera de los círculos geográficos en que se estaba concentrado toda la actividad contestataria de la ciudad. La segunda aportación fue su relativa indefinición ideológica, que trajo sentido común en unos momentos en que los colectivos y centros sociales de distintas tendencias caminaban por senderos de incomunicación, cuando no de enfrentamiento. El K.A.L.A. se entendió bien con todos los grupos ya fueran anarquistas, autónomos, trotskistas, antimilitaristas, feministas o simplemente vecinos (Loren, 2009: 157). En Zaragoza no se tendría un ejemplo práctico de experiencia de okupación en los barrios hasta marzo de 2000, cuando se produce la del CSO (Centro Social Okupado) Miju, situado en unas naves abandonadas desde hacía veinte años, en la calle Río Guadalupe, en el barrio de La Almozara. Esta acción fue promovida por el K.A.L.A., que había sido desalojado de sus locales en fechas 21 anteriores. El CSO Miju consiguió descentralizar por fin la actividad revolucionaria que se había asentado en el barrio de La Madalena. Durante el periodo de tiempo que fue okupado este centro, se realizaron numerosas actividades sociales y culturales: conciertos, teatro, perfomances, exposiciones, audiciones, etc. y se rehabilitó gran parte del edificio, recuperándose un espacio para el desarrollo en comunidad, y la participación de la juventud en una zona en ese momento no contaba con las prestaciones y servicios de la actualidad. El centro social fue abandonado por decisión propia de sus okupantes en marzo de 2001. Estos tenían la certeza de su próximo desalojo y, además, una parte de la asamblea no quiso realizar una oposición no violenta ante la policía cuando esta interviniera. En esta decisión influyeron las posibles detenciones, la represión y criminalización del movimiento okupa y la falta de apoyos, tanto sociales como de la ciudadanía. Como afirman Dieste y Pueyo en su artículo, en ese momento “se pensaba más en el futuro y en la gestión de nuevos proyectos” (Dieste y Pueyo, 2003: web). Posteriormente, se okupó en el populoso barrio de Las Delicias una antigua fábrica de zapatos y las viviendas de los trabajadores de la misma. Actualmente, por discrepancias entre sus okupantes no funciona como C.S.O.A. y su uso es exclusivamente residencial, viviendo en ella seis personas sin participación ni actividad política alguna, ni relación con el movimiento de okupación de Zaragoza. Aproximadamente en las mismas fechas, se vuelve a okupar un piso en el edificio donde el sindicato CNT mantenía dos pisos okupados desde la década de los ochenta en el barrio de San José. Estos pisos amenazados de ruina fueron abandonados por el peligro que implicaba residir en ellos (Dieste y Pueyo, 2003: web). A partir de 2001 y como se venía anunciando desde el desalojo de la Casa de la Paz, el movimiento okupa de la ciudad estaba inmerso en una dinámica de okupaciones y desalojos semanales, de modo que no se desarrollaban proyectos duraderos y centros sociales consolidados. Desde el año 2000 hasta la actualidad algunos de los centros sociales que más han trascendido han sido el CSO El MerKAOS, situado en la calle Cuarte o El Adoquín, en la calle Doctor Iranzo, que permaneció abierto desde enero a marzo de 2010. Tras este último desalojo se okupó el antiguo colegio Lestonnac –en el barrio de Torrero-, que recibió el nombre CSO La Vieja Escuela. Este se desalojó el 18 de octubre de 2010 y tres días después se okupó la antigua cárcel de Torrero, un nuevo proyecto autogestionado que recibió por nombre CSO Kike Mur. Este es el único Centro Social Okupado que existe en la actualidad en Zaragoza. Mantiene la línea de actividades de sus predecesores, aunque hoy en día no hay ningún okupa habitando en su interior. Como se ha visto en el epígrafe anterior, es pertinente mencionar que existen otras formas de okupación con la única finalidad de uso como vivienda y no 22 como centro social, son las que se localizan en el casco histórico de la ciudad (barrio de San Pablo), o en la periferia como en el barrio de Jesús, La Jota, o Miralbueno, normalmente en las áreas más degradadas urbanística y socialmente. Muchas de estas están okupadas por familias de raza gitana, inmigrantes irregulares, familias con rentas por debajo del umbral de la pobreza, o individuos desarraigados (Dieste y Pueyo, 2003: web). 3.2. Del centro a la periferia: tendencia espacial del movimiento okupa en Zaragoza El repaso a la historia del movimiento okupa en la capital aragonesa permite detectar una serie de tendencias. En primer lugar, la localización de las actividades responde más a las posibilidades de éxito –entendido como continuidad en el tiempo– que a factores funcionales de localización geográfica. El éxito o fracaso de una okupación depende en gran medida de los intereses urbanos y especulativos de las constructoras e inmobiliarias de la ciudad, así como de las políticas del Ayuntamiento y el Gobierno Civil. Asimismo, el colectivo de okupas busca la interacción con los vecinos del barrio. Y a esto se suma la necesidad de un espacio físico de buenas dimensiones para la realización del centro social. Esto determina que el espacio utilizado, su emplazamiento y situación hayan ido evolucionando y cambiando en el tiempo en la ciudad. Para poder comprender la evolución en las ubicaciones, Dieste y Pueyo acotan la ciudad en tres espacios o cinturones asimétricos de “especulación inmobiliaria” (2003, web): 1- El primer cinturón abarca el espacio perteneciente al centro del casco histórico y los barrios de la ciudad en donde se produce una mayor actividad de los sectores terciario y cuaternario, que llegaría hasta la Universidad de Zaragoza o zonas residenciales de clases medias altas como sería la zona del paseo Ruiseñores o el polígono universidad. 2- El segundo cinturón incluye la mayoría de los barrios populares como son Delicias, Las Fuentes, San José o Torrero. 3- La tercera y última área correspondería a los barrios de reciente formación urbanística o en desarrollo, espacios mal comunicados con algunos problemas sociourbanísticos, barrios en polígonos industriales, etc. 23 De acuerdo a esta clasificación del espacio urbano, se puede observar como la presión urbana y especulativa en la ciudad, apoyada por las políticas urbanísticas desarrolladas por las diferentes corporaciones municipales ha favorecido el desplazamiento del movimiento okupa hacia la segunda orla en detrimento del centro (Dieste y Pueyo, 2003: web). Como se ha ido viendo en el presente capítulo, el primer cinturón solo acogió una okupación con éxito que fue la Casa de la Paz, y que situada en el paseo Sagasta perduró durante casi siete años (1987- 1993). Existe una explicación lógica de por qué esta okupación se mantuvo tanto tiempo en el centro de la ciudad y esta responde al momento sociopolítico que vivía el país: los procesos de especulación inmobiliaria no eran tan intensos en el centro consolidado de las ciudades y la okupación de viviendas no está todavía penada legalmente. Se trataba de un fenómeno relativamente nuevo ya que, aunque habían existido okupaciones de viviendas por parte de particulares y asociaciones de barrio, no lo habían hecho con los objetivos y el estilo del movimiento okupa proveniente de Europa. Además, los autores (Dieste y Pueyo, 2003: web) subrayan la importancia de que los grandes partidos de izquierda se encontraran “más cercanos a sus bases” dando a éstas una cierta cobertura política y social en la calle. Por ello, la okupación de un edificio en pleno centro de Zaragoza para la realización de actividades vinculadas a las luchas sociales de calle por colectivos no directamente vinculados, pero sí con una misma raíz o afinidad ideológica dentro del ámbito de la izquierda, se veía con buenos ojos por parte de amplios sectores progresistas aragoneses. No obstante, el aumento de la especulación por el espacio del centro de la ciudad y la entrada en vigor de nuevas políticas y medidas de carácter urbano, así como el desarrollo, crecimiento y coordinación del movimiento okupa favoreció el desalojo de centros sociales okupados en todas las grandes ciudades españolas, como fue el caso de La Casa de la Paz. Aunque la presencia de este colectivo favoreció una corriente ciudadana que evitó el cambio de estos terrenos para la construcción de viviendas de lujo y en su lugar posibilitó la edificación de un centro de salud en una zona con escasa dotación pública. El otro intento de okupación dentro del primer cinturón es el que se produjo en el barrio de La Madalena, en el colegio San Agustín, de muy escasa duración, pero que sirvió como denuncia de la situación de especulación urbana y abandono que ha vivido y vive el casco histórico de la ciudad. A partir del desalojo del inmueble de Sagasta, es en el segundo cinturón donde se han realizado la mayoría de las okupaciones, destacándose el C.S.O.A. Miju, con una duración de actividades de más de dos años. Este hecho marcó 24 un precedente, al crear centros sociales autogestionados de barrio que hasta entonces no se había llevado a cabo en la ciudad, lo que supuso otra etapa de evolución dentro del movimiento de okupación con sus repercusiones espaciales en una ciudad de tamaño medio como es Zaragoza. La explicación que los autores encuentran para este desplazamiento respondería al aumento de la especulación inmobiliaria, a la falta de espacios y actividades para los jóvenes de los barrios proporcionados por las instituciones públicas y al crecimiento del movimiento okupa y su diversificación. Igualmente hay que reseñar la introducción en el movimiento okupa de nuevas tendencias aplicadas con éxito en Madrid y Barcelona, provenientes del núcleo fuerte del movimiento europeo, consistentes en la creación de espacios okupados populares en diferentes barrios de la ciudad con una alta coordinación pero atendiendo a las particulares necesidades de los habitantes de cada zona residencial. Ahora también en el conjunto de los barrios es donde reside gran parte de la población más proclive a estos movimientos libertarios. Un ejemplo actual y similar podrían ser las asambleas que la plataforma 15-M tiene en cada barrio de la ciudad. A primera vista, el tamaño de Zaragoza se aproxima al ideal para este tipo de okupaciones, pero el número de personas dentro del movimiento okupa no es muy elevado ni se encuentran distribuidos de manera uniforme como para favorecer la existencia de centros sociales okupados por toda la ciudad. Actualmente el movimiento de okupación dirige sus acciones hacia la tercera orla con posibilidades de expansión por el deterioro cada vez mayor de estos espacios, el crecimiento de la ciudad hacia el Sur, el aumento de la presión inmobiliaria en el centro de la ciudad, y la mayor disponibilidad de espacios de cierto tamaño para la realización de actividades por los grupos libertarios de okupación. Además, influye la futura degradación de los barrios obreros de los años setenta y la creciente contestación por parte de los grupos más jóvenes que ven cómo se encuentran con un futuro más incierto, y la incorporación de importantes grupos de inmigrantes que son segregados social y espacialmente. Por tanto, los colectivos okupas tanto residencial como los centros sociales deberían aumentar en la mayoría de las grandes ciudades españolas. Esto supondría una relectura crítica de las políticas urbanas y de especulación inmobiliaria, lo cierto es que actualmente el movimiento okupa en Zaragoza no está en su mejor momento, aunque el sentimiento alternativo y de protesta siga latente a través de las numerosas actividades que se dan en la ciudad. 25 4. LA PRENSA Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD SOCIAL Berger y Luckmann describen en La construcción social de la realidad cómo los individuos adquieren conocimiento del mundo que les rodea. Según los teóricos, lo que entendemos por realidad no se corresponde exactamente con el entorno sino con la percepción de este. La percepción de cada individuo dependerá de los filtros que interiorice en la socialización. La socialización se desarrolla en dos fases: la primaria, en los primeros años de vida y principalmente en la relación paterno-filial y el círculo familiar, con mucha influencia sobre las pautas sociales que aprende el sujeto; y la secundaria, una vez que el individuo es capaz de comprenderse dentro de la sociedad. En la socialización secundaria, Berger y Luckmann destacan por su influencia tres agentes sobre el resto: las instituciones, las comunidades y los medios de comunicación (Berger y Luckmann, 1968). Según J. B. Thompson, el consumo continuo de información proveniente de los medios de comunicación se ha convertido en “una rutina característica de la vida social”, este afirma que “la difusión de los productos mediáticos nos permite, en cierto sentido, experimentar acontecimientos, observar a los otros y, en general, aprender acerca de un mundo que se extiende más allá de la esfera de nuestros encuentros cotidianos. De ese modo, los horizontes espaciales de nuestra comprensión se amplían enormemente, dejan de quedar restringidos por la necesidad de estar físicamente presentes en los lugares en los que los acontecimientos que observamos, etc., ocurren”. A esto el autor lo llama “experiencia mediática” y subraya que el desarrollo de la comunicación mediática también ha afectado al sentimiento de pertenencia de algunos individuos, esto deriva del “sentimiento de compartir una historia y un lugar común, una trayectoria común en el tiempo y el espacio” (Thompson, 1998: 56- 57). Asimismo, parece necesario destacar la teoría del agenda-setting, de Maxwell McCombs. El teórico de la comunicación afirma que en un diario típico, más de un 75% de las noticias potenciales se desestiman a primera vista y nunca se transmiten a la audiencia. Además, no todo el material que supera esta “preselección” recibe el mismo tratamiento (McCombs, 1994: 16). Los medios son capaces de transferir la relevancia de una noticia en su agenda a la agenda de la sociedad. Con la agenda-setting, los medios se aseguran de que las audiencias perciban unos elementos como más relevantes que otros. Aun cuando un movimiento social es noticia, o entra en la agenda de los medios, la lógica del periodista hará que este acuda para tener de portavoces a los sectores más institucionalizados del mismo o a elites políticas simpatizantes. Javier Alcalde explica esta cuestión: las demandas de un movimiento social 32 cintillo que se verá en días posteriores y que permite una fácil identificación del caso por parte del lector. Además se añade un pequeño despiece. Figura 1: cintillo utilizado por El Periódico de Aragón Jornada 5: 2 junio 1996 Heraldo de Aragón: De nuevo se alude al caso con una pequeña noticia en la sección de sucesos en la página 17. Periódico de Aragón: Sin embargo, en este diario se dedica una página completa encabezada por el cintillo antes mencionado y una gran foto. Se puede ver un reportaje y un despiece con un perfil. Jornada 6: 3 junio 1996 Heraldo de Aragón: publica una noticia en la sección de sucesos que ocupa la mitad página 7, acompañada por una pequeña fotografía y un despiece. Periódico de Aragón: Vuelve a aparecer el cintillo, diseñado ex profeso, indicando los 9 días de okupación, pero se destina solamente en la página 11 un pequeño espacio: una noticia a dos falsas columnas. Jornada 7: 4 junio 1996 Heraldo de Aragón: Nuevamente se hace alusión al hecho con una noticia de sucesos en la página 8 acompañada por una imagen y dos pequeños despieces. Periódico de Aragón: Este diario dedica otra vez una página completa con un breve reportaje, varias fotografías y despieces. Además del cintillo encabezando la página 13. Jornada 8: 5 junio 1996 Heraldo de Aragón: Se alude al caso con una pequeña noticia sin fotografía en la página 11. Periódico de Aragón: La referencia de este diario es similar, incluyendo el cintillo y un diminuto despiece. 33 Jornada 9: 6 junio 1996 Heraldo de Aragón: El último día de okupación fue cubierto por El Heraldo con una información en la sección de sociedad en la página 12. Complementada por una pequeña foto en la que se ve a los okupas bajando del tejado. Periódico de Aragón: La alusión de esta cabecera es similar en cuanto a extensión y fotografía a la del Heraldo. Tabla 1: Resumen apariciones en ambos periódicos Heraldo de Aragón Periódico de Aragón En portada 2 1 Página par 4 4 Página impar 5 4 Con despiece 3 4 Con fotografía 8 7 Con cintillo 0 4 TOTAL 11 9 Tabla 2: Espacio dedicado a cada pieza (falsas columnas x módulos) Heraldo de Aragón Periódico de Aragón Página completa 0 2 2x5 1 2 3x4 1 0 3x8 1 0 4x3 0 1 4x5 1 0 4x6 0 1 4x7 0 1 4x10 0 1 5x5 2 0 5x7 1 0 6x4 1 0 6x7 1 0 Tabla 3: Clasificación según autores de las piezas 34 Heraldo de Aragón Periódico de Aragón Marta Garu 8 0 R. Lozano 0 3 Otros 1 1 REDACCIÓN 0 4 5.2.2. Análisis cualitativo En el siguiente apartado se procederá a analizar los aspectos que atañen al contenido de las piezas y su significado, tanto en titulares como en el cuerpo de las informaciones; contenido de la imagen y de los despieces en el caso que los haya. Jornada primera El Heraldo de Aragón titula la noticia del siguiente modo: “Nueve ocupas evitan un desalojo subiéndose al tejado de San Agustín”. En ella, los protagonistas son los okupas y su punto de vista, incluyendo muchas citas textuales de los mismos como por ejemplo: “sólo pedimos que nos lo cedan para recuperarlo y destinarlo a actividades sociales de este deprimido barrio”. Tanto con el titular como con el cuerpo de la noticia se transmite la sensación de que los okupas han “ganado” a la policía y de que lo que están haciendo es legítimo, con frases como: “se subieron al tejado del antiguo colegio de San Agustín (…) para evitar ser detenidos por la Policía Local”. No se nombra para nada al Ayuntamiento u otras instituciones. En la imagen, aparecen varios okupas recostados en actitud relajada en el tejado. Además, en el texto se incluyen datos precisos en cuanto a horas exactas de los acontecimientos sucedidos y, al final, una declaración del jefe de policía: “Esperamos a que se cansen y bajen del tejado”. Por su parte, El Periódico de Aragón destaca la noticia en portada incluyendo una gran fotografía en el centro donde vemos a tres policías en el tejado agarrando a los okupas intentando que bajen de allí. El titular de la portada es el siguiente: “Unos okupas se hacen fuertes en el tejado de un viejo colegio zaragozano”. En el interior del diario se dedica al caso una página prácticamente entera con una crónica titulada “Un desalojo, otra ocupación”, en ella se va narrando los hechos de forma cronológica de manera similar que en El Heraldo de Aragón, destacando sobre todo el punto de vista de los jóvenes y sus motivación para llevar a cabo la okupación contraponiéndolo continuamente con el de la policía y su actuación. Se observan frases que podrían conformar un discurso en contra de los okupas como: “esperaban el 35 desalojo desde el pasado sábado, cuando se adueñaron porque sí del que fuera el colegio de San Agustín” o “su petición no sigue los cauces reglamentados”. Además se incluyen tres imágenes: una donde se ve a los policías hablando con los okupas encima del tejado sin ningún atisbo de violencia, otra muy parecida a la de El Heraldo con los okupas recostados en el tejado y una tercera con un plano general de la calle San Agustín, donde se pueden ver okupas, vecinos y policía. Jornada segunda Se incluye una noticia a media página en la sección de sucesos de El Heraldo de Aragón titulada: “Los okupas llevan dos días en el tejado de un viejo colegio”. En ella, la autora decide destacar de nuevo el punto de vista de los jóvenes y dedica más de media noticia a explicar cuáles son los motivos y propósitos de la okupación y se transmite la sensación de que el enemigo es la policía, que nos les deja llevar a cabo su proyecto que “no costará ni un duro al Ayuntamiento”. Además, la fotografía apoya esta hipótesis ya que se ve a tres okupas asomados al tejado como con miedo, en vigilancia constante. La pieza contiene un pequeño despiece titulado: “tienen mucha moral y ganas de aguantar” donde se destaca de nuevo y de manera optimista el apoyo de los vecinos y de la Asamblea Okupa de Zaragoza a los jóvenes del tejado. El Periódico de Aragón no incluye información alguna sobre este hecho en sus páginas. Jornada tercera El Heraldo de Aragón se hace eco del suceso en la parte inferior de la portada con el siguiente titular: “Batalla campal en el desalojo de unos okupas en Zaragoza” y narra la actuación policial destacando que dos jóvenes fueron detenidos. En el interior, la línea es similar: titulan la noticia “batalla campal entre okupas y policía”. En el cuerpo se destaca la confrontación entre okupas y policía, resaltando el apoyo de los vecinos y demás okupas. Parece que el discurso gira en torno a lo “injusto” y “desproporcionado” que fue la actuación policial, lo vemos en frases como: “una veintena de ellos se refugió en el colegio” o “un inusitado despliegue policial persiguió a los jóvenes”. La fotografía apoya lo dicho, ya que se observa a dos agentes de policía arrastrando por el suelo a un joven okupa. Es la primera vez que se menta al apoyo de partidos políticos como la CHA. Por su parte, El Periódico de Aragón dedica casi tres cuartos de página al suceso. Es la primera vez que vemos un sumario acompañado por un recuadro con una “x”, avance del cintillo que se explicará más adelante. Esto permite un seguimiento de la noticia y una continuidad, ya que va a aparecer en las 36 páginas de este diario durante varios seguidos. La pieza se corresponde con una crónica ya que se observa un lenguaje más literario con frases como: “casi cerraba la noche cuando un día largo…” o “soportando un sol que empieza a broncearlos…”. En ella se hace una contextualización de lo sucedido en días anteriores y se destaca sobre todo la postura de “no ceder” de los okupas. No se resalta tanto la “batalla campal” que destacaba El Heraldo de Aragón, sino que se prefiere hablar del ambiente general que se respira en el barrio, incluyendo una fotografía de la calle San Agustín, donde se ve una gran actividad por parte de vecinos y okupas. Jornada cuarta De nuevo, el Heraldo de Aragón apuesta por mentar el suceso en portada, en un minúsculo recuadro en la parte derecha. Ya en su interior dedica casi una página completa a una noticia “reportajeada” titulada de la siguiente manera: “Los vecinos apoyan a los okupas” centrando el texto en este tema: “Los vecinos de barrio de la Magdalena se han volcado con los jóvenes (…) a pesar de las intervenciones policiales y de las amenazas (…) continúan proporcionándoles comida y todo lo que necesitan a través de cuerdas y poleas”, “la Federación de Barrio de Zaragoza (FABZ) manifestó su apoyo a los jóvenes y denunció el comportamiento que la Policía Local ha tenido con ellos”. En el despiece que se añade a la derecha a una falsa columna se destacan las consecuencias que tuvo la actuación policial en el primer intento de desalojo, apelando al lado más humano contando la historia de Alberto –el okupa que tuvo que ser operado del cúbito– y de su familia. Además la noticia se complementa con dos fotografías, una de los familiares reunidos y otra en la que se observa a dos policías agarrando en el tejado al joven mencionado. El Periódico de Aragón centra su texto interior en una noticia con declaraciones de la policía, y en recopilar datos de las intervenciones y detenciones que se habían dado hasta el momento cuyo titular es: “Siete policías y varios jóvenes heridos en la refriega callejera”. Además, se habla de algunas de las consecuencias del suceso: manifestaciones y concentraciones en apoyo a los okupas. La noticia se complementa con una foto donde se muestra a tres okupas encapuchados asomándose desde el tejado. A pesar de que pueda parecer una postura menos favorecedora hacia los okupas, este diario añade un cintillo (ver figura 1) encabezando la información. La utilización de un diseño con tipografía okupa o similar a la del graffiti, con una “X” indicando los días que llevan de okupación se puede afirmar que es una especie de homenaje que El Periódico hace al movimiento, dedicando tiempo y espacio a resaltar esta información. Jornada quinta 37 En el octavo día de okupación se da una situación contraria, ya que El Heraldo de Aragón dedica menos de media página al suceso, con una noticia en la que siguen destacando los apoyos recibidos por los okupas del tejado. En este caso, la información se centra en la intervención de Izquierda Unida para un posible diálogo con el Ayuntamiento. La imagen que acompaña al texto refleja un momento de una concentración en apoyo a los jóvenes en el Coso Bajo. Este es el día en el que El Periódico de Aragón decide homenajear a los okupas del tejado dedicándoles una página completa con un reportaje lleno de metáforas y de frases que crean un discurso en apoyo a los jóvenes y que dotan de legitimidad a su acción. En la parte superior de la página aparece de nuevo el cintillo indicando que llevan ocho días de okupación. La fotografía se encuentra en el centro de la página y en ella se puede ver a cuatro okupas encima del tejado resguardándose como pueden del frío y de la lluvia, con cartones y chubasqueros y en posición de cansancio pero firmes. En el sumario ya se ve el tratamiento que va a tener el conjunto del reportaje: “Deciden que una casa no puede estar eternamente abandonada y vacía cuando diez metros más allá alguien se resguarda con unos cartones. Y la okupan, mostrando así su disconformidad con un sistema que, desde hace unos días, los considera delincuentes”. El reportaje narra cómo viven estos jóvenes en el tejado. Mientras que uno de los despieces se hace lo había hecho anteriormente El Heraldo de Aragón: hablar de los apoyos por parte de diferentes partidos y colectivos que reciben los okupas. En la parte derecha, se incluye a una columna un despiece en el cual se disecciona el perfil del okupa por guiones como: “el colectivo okupa está integrado por personas de muy diversos gustos y tendencias, tanto musicales como culturales. Sus miembros suelen formar parte de otros grupos sociales. Tienen entre 16 y 30 años”. Esto denota que, por primera vez, el diario ha tomado como fuente principal a los propios jóvenes y no ha recurrido a fuentes institucionales como en otras piezas anteriores. Jornada sexta El Heraldo de Aragón: en esta cabecera se menta a la okupación de nuevo en una noticia en la sección de sucesos que ocupa menos de media página titulada de la siguiente manera: “ocho en el tejado y la calle cortada”. En el cuerpo del texto se hace referencia a todas las posturas, sobre todo a la del Ayuntamiento e Izquierda Unida, ya que se intentó establecer un diálogo con los okupas. También se habla de la “preocupación” de los vecinos por la “tensión” que se vivía en el barrio esos días. En la imagen que acompaña a la noticia aparece un coche de policía en la plaza San Agustín, a escasos metros del colegio okupado. 38 Tras el “homenaje” del día anterior, El Periódico de Aragón nombra al caso en una pequeña noticia al lado de unas breves. Se centra en el mismo hecho que el otro diario – la calle cortada y tensión en el barrio – sin embargo, se pone como protagonista a la policía y se recopila escuetamente lo acaecido hasta el momento. Jornada séptima De nuevo, El Heraldo de Aragón dedica casi una página entera en la sección de sucesos para el caso que nos ocupa. Esta vez, el discurso del periódico se centra en la postura enfrentada del Ayuntamiento con la postura de okupas y partidos políticos de la oposición. El titular de la notica es el siguiente: “el Ayuntamiento dice a los okupas que no cederá un local por la fuerza”. En la imagen se ve al Justicia de Aragón, Juan Monserrat, en una charla con los jóvenes. Además, se añade un pequeño y útil despiece a una columna con una recopilación cronológica de los hechos sucedidos hasta ese día. Cuando se cumplen 10 días de la okupación del antiguo colegio de San Agustín, el Periódico de Aragón vuelve a destinar una página completa a los jóvenes del tejado, incluyendo el cintillo antes explicado. La noticia abre con el siguiente titular: “Ayuntamiento y okupas abren un diálogo” mucho más matizado que el del Heraldo. En el interior del texto, los protagonistas son El Ayuntamiento y el Justicia de Aragón, que actuó como mediador en el diálogo. En este caso, El Periódico se limita a poner de relieve las posturas tanto de okupas como de Ayuntamiento y su enfrentamiento. Completando la página encontramos dos despieces. En el primero se habla de lo que ya había comentado El Heraldo de Aragón el día anterior: el malestar de los vecinos por las situaciones vividas en el barrio esos días. En el segundo se resumen las posturas tomadas por los sindicatos y grupos de la oposición. Jornada octava Se trata del penúltimo día que los okupas van a permanecer en el tejado, en ambos periódicos vemos un cierto cambio en el discurso y en las dos cabeceras se dedica un espacio similar al caso: dos falsas columnas a media página sin fotografía. Por una parte, el Heraldo de Aragón titula la noticia así: “el Ayuntamiento lleva al Juzgado el conflicto okupa”. En ella las fuentes principales son el propio Ayuntamiento y “fuentes municipales”. Asimismo, parece muy destacable el último párrafo del texto en el cual se incluyen declaraciones de vecinos molestos, un factor que no se había mencionado hasta el momento y que es determinante en el cambio de discurso del diario: 39 “Creemos que los okupas no se van a dedicar a hacer un centro cultural y que quieren un espacio para correrse juergas. Ya lo han demostrado los días que han estado en la calle, a la puerta del colegio, bebiendo cerveza y metiéndose con los vecinos”. La voz de los okupas no se oye en ningún momento. Por otra parte, el Periódico de Aragón titula: “el Ayuntamiento lleva al juez de guardia la ocupación del viejo colegio Zaragozano” y subtitula: “Rudi acepta entrevistarse con los jóvenes, aunque éstos no quieren bajar del tejado”. Se utiliza un lenguaje más “discreto” pero se nota igualmente el cambio de postura del periódico, dando a entender que si la negociación no sale bien es por culpa de los okupas. Aunque como contrapunto, en el texto te incluye un pequeño despiece en el cual se nombra la solidaridad que otros barrios y asociaciones siguen teniendo con los jóvenes del tejado. Jornada última Tras doce días de protesta, los jóvenes ponen fin a la okupación de San Agustín y bajan del tejado. Ambos diarios hacen referencia a este hecho de manera muy similar. El Heraldo de Aragón titula: “los okupas dejaron el colegio San Agustín”; y el Periódico: “los okupas abandonaron San Agustín”. Los dos periódicos incluyen una foto del momento del desalojo, tomadas desde el mismo ángulo prácticamente y en ellas se ve a los okupas bajando del tejado. En las dos piezas se hace una pequeña recapitulación de todo lo ocurrido desde el día 25 de mayo y se destaca la “no rendición” de los okupas y su idea de llevar a cabo otro proyecto. Una vez analizadas las piezas, se puede observar que ambos periódicos mantienen una línea muy similar en el tratamiento del suceso, a pesar de ser diarios aparentemente de ideología opuesta. Esto se concretará más en las conclusiones finales del presente trabajo. 40 6. CONCLUSIONES Tras el análisis de las piezas encontradas, se pueden extraer semejanzas y diferencias notables entre ambos periódicos. La okupación comienza el 25 de mayo y ninguno de los dos diarios se hace eco de la misma hasta el 29 de mayo, cuando tiene lugar el primer intento de desalojo y se producen las primeras confrontaciones. Esto corrobora la teoría de Alcalde comentada en el epígrafe anterior: “las demandas de un movimiento social recibirán mayor atención cuanto más se articulen como objeto de confrontación política entre actores institucionalizados” (Alcalde, 2004:229). Excepto el 30 de mayo, ambos periódicos –dedicando más o menos espacio– incluyen la okupación en su agenda-setting. Esto es muy importante para un movimiento social minoritario que rara vez consigue hacer llegar sus reivindicaciones al público general. Aunque como ya se ha explicado, los medios de comunicación conforman un discurso que puede resultar favorable o perjudicial a la hora de determinar el éxito o fracaso del movimiento. En el Heraldo de Aragón, la mayoría de artículos están escritos por la misma periodista: Marta Garu. No se sabe si esta tiene afinidad con los okupas o no, pero se puede observar una cierta continuidad en los enfoques y en el estilo, la mayoría son noticias que se encuentran en la sección de sucesos y con una retórica objetivista. Normalmente en este diario se recurre tanto a fuentes institucionales como a los okupas desde un principio. Se podría certificar que, sin contar los últimos días, el discurso que este diario transmite es de apoyo a los okupas, aunque parece necesario afirmar que poniendo todas las posturas posibles sobre la mesa también se deja que el lector genere su propio discurso. Por su parte, el Periódico de Aragón es menos homogéneo en sus informaciones, ya que se pasa de una página completa con un reportaje homenajeando a los okupas como la del día 2 de junio a una breve noticia en la que solo hay referencias a la actuación policial. Los reportajes son todos obra de R. Lozano y están plagados de recursos más literarios y guiños cómplices al movimiento okupa. En los últimos días, mientras el Heraldo experimenta un cambio “radical” en su discurso, el Periódico deja de situar a los okupas en una posición privilegiada pero lo hace mucho más discretamente y los titulares están más comedidos. En El Heraldo se dedican más piezas y espacios en portada al suceso, pero en El Periódico diseña un cintillo ad hoc y en varias ocasiones las piezas ocupan una página completa. 41 A medida que intervienen más agentes institucionales: Ayuntamiento, otros partidos políticos, Policía Nacional, Justicia de Aragón…, en ambos periódicos se observa un cambio en el discurso: mientras que los primeros días se apreciaba un cierto apoyo, ahora se pasa a penalizar o criminalizar sus actos para finalizar con una escueta información el día del desalojo final. Es preciso destacar que, tras el abandono del colegio, ninguno de los dos periódicos vuelve a publicar la noticia en los días próximos. Se trata de una información efímera que desaparece de los medios cuando cesa el conflicto; por tanto desaparece de la mente del público. Esto, viene a confirmar la teoría de Gramson que afirma que “el interés que los medios tienen en este movimiento reside principalmente en la naturaleza de su interacción con las autoridades” (Gramson, en Alcalde, 2004:228). Este movimiento social surgido a principios de la década de 1980 tiene como objetivos y reivindicaciones asuntos que parecen formar parte del interés común, sobre todo en un momento como los que la población mundial vive actualmente, caracterizado por una crisis económica que ha derivado en un difícil acceso a la vivienda, corrupción política, precariedad laboral, etc. Por tanto, tendría que ser objeto de más atención por parte de investigadores, políticos y medios de comunicación.