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Abstract

Estableciendo al Jalón como eje vertebrador y delimitado por los afluentes Jiloca, Perejiles y Ribota, este enclave se caracterizó durante los siglos III al I a. C. por su elevada concentración de asentamientos que tuvieron gran relevancia en la jerarquía territorial al mismo tiempo que jugaron un papel esencial en los acontecimientos bélicos que la conquista y romanización de la Celtiberia reportaron y los cambios socio- económicos y administrativos que dejaron huella en el paisaje. Desde el siglo XVI estudiosos e investigadores han mostrado especial interés en develar la entidad y transformación urbanística de estas poblaciones celtibéricas. A través del análisis de las fuentes clásicas, testimonios epigráficos, numismáticos y materiales recuperados de forma sistemática por los respectivos proyectos arqueológicos, se corroboran o desmienten las hipótesis planteadas hasta la fecha. Bilbilis, Sekeiza y Valdeherrera son las tres ciudades celtibéricas que ejercerán alternativamente el control en el territorio bilbilitano, puerta de influencias, pueblos y culturas que llegan desde Levante hacia el interior de la Meseta. Serrano Perucha, Cristina; Sáenz Preciado, J. Carlos

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JERARQUIZACIÓN DEL TERRITORIO BILBILITANO (SIGLOS II- I A. C.) Trabajo Fin de Máster, 2013. Ciencias de la Antigüedad Serrano Perucha. Cristina Director: Sáenz Preciado, Carlos. ÍNDICE Pag. I. INTRODUCCIÓN. 5 I.1 OBJETIVOS Y METODOLOGÍA 8 I.2 HISTORIOGRAFÍA. 10 II GEOGRAFÍA Y ETNOGRAFÍA EN LOS SIGLOS III a.C. A I a.C. 15 II.1 GEOGRAFÍA. 15 II.2 ETNOGRAFÍA DEL SIGLO III AL I A, C. 17 II.3 EL IMAGO DE LA CELTIBERIA CITERIOR. 21 III ORIGEN DE HISPANIA CITERIOR EN EL VALLE DEL JALÓN . 27 III.1 EL PROCESO DE ROMANIZACIÓN EN LA CELTIBERIA. 27 III.2 ACONTECIMIENTOS BÉLICOS. HISPANIE TUMULTUS. 29 III.3 UN NUEVO ESTADO ECONÓMICO, ADMINISTRATIVO Y TERRITORIAL EN 32 LA REGIÓN DE LOS BELOS III.3.1 Ferrerías y otros recursos económicos. 33 III.3.2 Stipendium y la nueva organización estatal. 37 III.4 LA HUELLA DE LA CONQUISTA. LA RED VIARIA. 39 III.5 PRINCIPALES ENCLAVES DEL VALLE MEDIO DEL JALÓN. 46 III.5.1 Arcobriga. 47 III.5.2 Nertobriga. 49 III.5.3 Aquae Bilbilitanorum. 51 III.5.4 Sekeiza. 53 III.5.5 Bilbilis Italica. 55 III.5.6 Valdeherrera. 59 III.5.7 Bilbilis I 62 III.5.8 Platea. 63 IV EVIDENCIAS NUMISMÁTICAS, EPIGRÁFICAS Y ARQUEOLÓGICAS. 66 IV.1 NUMISMÁTICA. 66 IV.1.1 METALOGRAFÍA. 68 •La Plata. •El cobre. IV.1.2 LAS ACUÑACIONES DE SEKEIZA Y BILBILIS 70 IV.1.2.1 SEKEIZA 70 IV.1.2.2 BILBILIS 71 IV.1.2.3 OTRAS CECAS EN EL TERRITORIO BILBILITANO 72 IV.1.2.4 ICONOGRAFÍA: LA FUERZA DE LAIDENTIDAD 74 IV.2 EPIGRAFÍA 77 2 Pag. IV.3 MATERIAL ARQUEOLÓGICO. 86 IV.3.1 Sekeiza I. 87 IV.3.2 Bilbilis I. 89 IV.3.3 Bilbilis II. 89 IV.3.4 Bilbilis Italica. 91 IV.3.5 Valdeherrera I y II. 92 IV.3.6 Calatayud romano. 95 V BILBILIS I, II, III. PROCESO DE SU DEFINICIÓN. 96 VI RELACIONES DE PODER EN EL TERRITORIO BILBILITANO. 102 VI.1 JERARQUIZACIÓN DE LAS CIUDADESESTADO. 102 VI.1.1 Bilbilis I, II, III. 104 VI.1.2 Valdeherrera I y II. 106 VI.1.3 Platea. 110 VI.2 JERARQUIZACIÓN DE LAS CECAS DEL VALLE MEDIO DEL JALÓN. 112 VII CONCLUSIONES. 119 VIII BIBLIOGRAFÍA 125 IX ANEXOS Fig. 1: Municipium Augusta Bilbilitanorum. (Particular) 3 Serrano Perucha, Cristina Sáenz Preciado, Carlos (dir.) JERARQUIZACIÓN DEL TERRITORIO BILBILITANO (SIGLOS III- I a. C.) RESUMEN. Estableciendo al Jalón como eje vertebrador y delimitado por los afluentes Jiloca, Perejiles y Ribota, este enclave se caracterizó durante los siglos III al I a. C. por su elevada concentración de asentamientos que tuvieron gran relevancia en la jerarquía territorial al mismo tiempo que jugaron un papel esencial en los acontecimientos bélicos que la conquista y romanización de la Celtiberia reportaron y los cambios socioeconómicos y administrativos que dejaron huella en el paisaje. Desde el siglo XVI estudiosos e investigadores han mostrado especial interés en develar la entidad y transformación urbanística de estas poblaciones celtibéricas. A través del análisis de las fuentes clásicas, testimonios epigráficos, numismáticos y materiales recuperados de forma sistemática por los respectivos proyectos arqueológicos, se corroboran o desmienten las hipótesis planteadas hasta la fecha. Bilbilis, Sekeiza y Valdeherrera son las tres ciudades celtibéricas que ejercerán alternativamente el control en el territorio bilbilitano, puerta de influencias, pueblos y culturas que llegan desde Levante hacia el interior de la Meseta. PALABRAS CLAVE: Jalón, Bilbilis, Sekeiza, Valdeherrera, jerarquía, territorio, vías de comunicación, romanización, urbanismo, influencias itálicas, numismática, cultura material. ABSTRACT Establishing to the Jalón pole as axis vertebrador and delimited by the tributaries Jiloca, Perejiles and Ribota, this enclave was characterized during the IIIrd century to the I B.C. by his high concentration of accessions that had great relevancy in the territorial hierarchical organization at the same time as they played an essential paper in the warlike events that the conquest and romanización of the Celtiberia they brought and the changes partner - economic and administrative that left fingerprint in the landscape. From the 16th century experts and investigators have showed special interest in develar the entity and urban development transformation of these Celtiberian populations. Across the analysis of the classic sources, testimonies epigráphics, numismatists and materials recovered of systematic form for the respective archaeological projects, they corroborate or deny the raised hypotheses up to the date. Bilbilis, Sekeiza and Valdeherrera are three Celtiberian cities that will exercise alternative, during the 3rd century and I B.C., the control in the territory bilbilitano, door of influences, peoples and cultures that come from The Levant towards the interior of the Plateau. KEY WORDS: Jalón, Bilbilis, Sekeiza, Valdeherrera, hierarchy, territory, road links, romanization, urbanism, italic influences, numismatics, material culture. 4 I.-. INTRODUCCIÓN: En el interior de la Hispania Citerior, durante los siglos III- I a. C., se produce un fenómeno de intensificación en la ocupación humana establecida en el área denominada Celtiberia, caracterizada por abruptos accidentes topográficos y delimitada por la red hidrográfica del Jalón y sus afluentes Jiloca, Perejiles, Manubles y Ribota. Un territorio cuya orografía será un factor primordial para determinar el carácter de sus habitantes, el desarrollo de los acontecimientos históricos que se sucedieron y las consecuencias sociopolíticas y urbanísticas que transformaron el hábitat. (Estrabón: Geogr. III, 12). Rebasando la Idubeda se halla inmediatamente la Celtiberia, vasta y heterogénea; la mayor parte de ella es escabrosa y bañada por los ríos. Los autores grecolatinos nos ofrecen testimonio sobre las etnias y poblaciones celtíberos con las que entraron en contacto más directo durante el proceso de conquista, concediendo una identidad supracívica acerca de ellos, sólo tangible a través de documentos donde los autores transmitieron al mundo “civilizado”, las experiencias de los primeros contactos bélicos con la feritas1 céltica peninsular; que consideran necesario combatir para imponer definitivamente el orden, la paz y la civilización en todo el Orbe: (Diodoro de Sicilia: Hist. V. 34, 7) Por eso los romanos, que a menudo han efectuado expediciones contra ellos, han conseguido rebajarles su gran altivez2. Las poblaciones de la Celtiberia, durante el proceso de romanización, llegarían a integrarse de forma progresiva en el aparato administrativo romano adoptando como propia una identidad fruto de la percepción exterior sobre ellos, concepto que se intuye a través de las leyendas monetales e inscripciones vernáculas. De ambas también escrutar el entramado político y la organización jerárquica que las ciudades desempeñaron a propósito de la distribución territorial en esta región, de forma que puede explicarse la relación directa de los lusones con Complega3 y 1 La imagen del bárbaro para los romanos González Ballesteros, 2009; Marco Simón, 2007; Dauge, 1981 o Dubuisson, 1990. 2 A propósito de las usuales acciones de bandidaje que caracterizaban expresamente a los lusones. 3 Apiano Iber, 43; los lusones que habitan cerca del Ebro – atacados por Fluvio Flaco- Muchos de ellos se esparcieron por las ciudades, pero los que no tenían tierras en absoluto y llevaban una vida errante, se refugiaron en la ciudad de Complega, ciudad recién edificada y fortificada y que había crecido rápidamente... 5 Kontrebia Leukade en el extremo del territorio arévaco4. En la región de los belos, en el siglo III a. C, Sekeiza5 destaca como ciudad principal de un territorio delimitado geográficamente por los afluentes Jiloca y Perejiles. No sólo acuña moneda y controla la margen derecha del Jalón, sino que se convierte en adalid de una férrea oposición a la invasión y dominio extranjero aglutinando bajo su poder a otras pequeñas ciudades pertenecientes a la etnia de los titos6. Resulta una constante el modelo de poblamiento en el Valle del Jalón, las ciudadesestados situadas en promontorios elevados de orografía escarpada, con proximidad a importantes cauces fluviales, aunque primen además otros aspectos vitales para su desarrollo; asociadas a las vías comerciales y abundancia de los distintos recursos, sin dejar de valorar las cualidades defensivas del lugar7. La huella de la conquista quedó impresa en el paisaje, las calzadas romanas fueron artífices del paso del ejército, mejoraron las conexiones existentes entre las ciudades más relevantes con otros puntos de la Península más remotos y concedieron a estas un nuevo grado de poder en el control económico y administrativo del territorio. Por ello la posición jerárquica no corresponde a la ciudad potencialmente más beligerante o extensa, sino en el dominio sobre otras de menor entidad que dependen de ella. Merecen atención, además, la transformación urbanística que sufrieron algunas ciudadesestado celtibéricas en el proceso de romanización conviviendo con otros modelos construidos ex novo, a finales de siglo III a. C. acorde con la imposición de un estilo de vida itálico impuesto con la llegada de grupos latinos que se asentaron en estas civitates stipendiariae sustituyendo definitivamente el modo de vida anterior, modificando consecuentemente el paisaje. El s. II a. C. se definió por los profundos cambios políticos que tuvieron connotación en el planteamiento urbanístico y el modelo fiscal de las comunidades indígenas. El propio nombre de las ciudades sufrirían alteraciones en su denominación autóctona cuando se vieron implicadas en la maquinaría administrativa romana conservando, aún así, parte del mismo. Sus nombres resuenan en los textos clásicos procedentes de las fuentes grecolatinas que interpretaban la voz que oían y la cultura material recibe las influencias mediterráneas. Así las monedas ibéricas evolucionaron en sí 4 Hernández Vera,1982. Localizando, entre las ruinas de Instrillas, la ciudad dentro del área arévaca y rebatiendo las teorías de Shulten que la identificaba como Complega que la situaba dentro de territorio lusón. 5 Apiano: Iber. 44 y Diodoro: Hist, 31. 6 Los escritores grecolatinos enumeran una serie de territorios, caso de los pertenecientes a los lusones, belos y titos, que no deben entenderse como tribus, con la acepción socio-política que conlleva esta palabra, sino como unidades geográficas y muy seguramente etnográficas. (Burillo, 1986: 545). 7 Para un análisis en profundidad acerca de las características del asentamiento en el Medio Ebro se debe consultar la obra de Asensio, 1995: 329 y ss. 6 mismas de acuerdo con el avance de los ejércitos romanos, adoptando el patrón del denario y por influencia de las cecas próximas emitiendo unos tipos estandarizados, aunque con ciertas variaciones regionales. El estudio de sus características monetales, la ordenación de sus series y la atribución cronológica serán fundamentales. Las cecas indígenas dejaron testimonio de estos nombres en sus leyendas, tanto en caracteres ibéricos como latinos, exportando una imagen de su identidad en la iconografía monetal junto con las importaciones de material itálico, su imitación por los artesanos autóctonos y las innovaciones tecnológicas edilicias serán testimonio de primer orden para detectar las relaciones interurbanas, quedaron como testimonio fósiles de estos cambios. Se busca por tanto el análisis sincrónico de todos estos elementos con el afán de acceder a una mejor comprensión y conocimiento del proceso que aconteció entre estas ciudades, su territorio circundante y la visión, por ambas partes, con el mundo mediterráneo. Fig. 2: Plano general de la zona en estudio. GoogleEarth. 7 I.1.- OBJETIVOS Y METODOLOGÍA: Para determinar las consecuencias que la romanización provocó en el esquema urbanístico centrado en este punto de la Celtiberia y replantear la problemática de la identificación que existe sobre algunas de las ciudades de la etnia de los belos así como el papel que desempeñaron en la ordenación territorial del valle medio del Jalón ha sido necesario recurrir a una investigación basada, no sólo en la búsqueda entre las referencias aportadas por las fuentes grecolatinas o la consulta de la historiografía heredada desde el siglo XVIII; ha sido imprescindible la percepción de su dispersión geográfica asociándola a la revisión de los hallazgos arqueológicos, numismáticos y epigráficos, aparecidos de forma casual o documentados en las sucesivas campañas de los proyectos científicos vinculados. Es requisito establecer contacto directo con el entorno y familiarizarse con su geología; esto se traduce por tanto en trabajo de campo basado en el reconocimiento in situ de los yacimientos vinculados territorial e históricamente, comprobando las condiciones de accesibilidad, modelo urbanístico y defensivo empleado por las influencias geológicas y la tecnología transmitida. Esto se traduce en unas relaciones que se establecieron por el contacto continuo al que se accedió fácilmente por su proximidad a las antiguas vías de comunicación reconocidas y a otros caminos potencialmente factibles ser utilizados, comprobando las posibilidades de su trazado; sin olvidar el control visual que pudiera establecer los asentamientos con los recursos económicos y el resto de ciudades próximas. Previo a este trabajo de campo evidentemente ha sido preciso la consulta de la documentación geográfica existente, cartas arqueológicas y los mapas topográficos de los términos municipales competentes facilitando la búsqueda y localización de los recursos fluviales disponibles a cada una de las poblaciones, contribuyendo a la identificación de las estructuras y viviendas que constituyen cada ciudad. Empleando los recursos electrónicos Sitar, Sigpac, Google Earth, así como mapas forestales8 y ortofotos permiten una comprensión global de su distribución espacial. Recogida de documentación gráfica in situ en cada yacimientos, la visita a museos como el de Calatayud o el Museo de Zaragoza, donde están depositados el material extraídos en los respectivos proyectos arqueológicos, ya sean los propios empleados en el uso cotidiano, manifestaciones epigráficas o emisiones monetales; todos ellos se relacionarán con la información aportada por las 8 Mapa Forestal de España (ICONA), 1:200.000. Hoja Zaragoza (7-4) y Daroca (7-5). Coord. Montero de Burgos, J. L. y Villaescusa Sánz, R. I.G.N. 1990. 8 fuentes clásicas y cotejada con los diferentes estudios actuales que han ido alterando, en el avance de las investigaciones, la visión y modelo territorial predefinidos históricamente. El conjunto de todos estos los factores contribuirá a precisar el modelo de hábitat establecido por cada una de las poblaciones de este área delimitada e intentando no caer en generalidades, atendiendo a las individualizaciones que marcan la diferencia aunque sin olvidar que son arrastradas de forma común por la conquista y romanización. El propio carácter de cada comunidad y su posición geográfica establecerá las relaciones mantenidas con las ciudades y etnias próximas, incidirá en el cambio que experimentarán en sus tradiciones por las influencias llegadas del Mediterráneo y en la disparidad de estos primeros contactos establecidos con Roma durante los últimos siglos antes de nuestra era. En este periodo convulsionado por enfrentamientos bélicos, los cambios incesantes de poder fueron decisivos en el proceso histórico que desembocó finalmente en la absorción e integración como civitates stipendiae en la maquinaria imperial romana, impactando en estas sociedades arrastradas a una transformación radical física, cultural e ideológica. Fig. 3: El marqués de Cerralbo, Juan Cabré y Adof Schulten en las excavaciones de Arcobriga. http://www.calatayud.org/enciclopedia/monreal_arqueologia.htm. 9 proximidades de los ríos alineados en dirección NW-SE29. Esta peculiar hidrografía anexiona y es responsable de los recursos económicos que ofrece la zona, desde las fértiles vegas aptas para labores hortícolas y explotación de sus salinas hasta los bosques y sotos que proporcionan una abundante flora compuesta por carrascas (Quercus ilex s. p.), enebros (Juniperus oxicedra) y sabinas (Juniperus phoenicea) y fauna silvestre, como conejos (Oryctolagus cuniculus), corzos (Capraelus capraelus) o jabalíes (Sus Scrofa), imprescindibles para la subsistencia, en los cercanos bosques de Bubierca; en contraposición de los parajes yesíferos abarrancados de Sierra Vicor o de Armantes que proporcionan vegetación gipsófila y fauna adaptada a la ausencia de humedad y climas extremos. Desde antiguo se mencionan las dotes de las aguas que discurren por estas tierras óptimas en el trabajo del hierro; desde los primeros testimonios de fuentes clásicas como Estrabón y Apiano hasta ser recordado por Madoz que se jacta de la confusión en la interpretación de los textos al identificar erróneamente el nombre del Jalón con el de la ciudad por la que transcurre: so ha creído ver en Justino, compendiador de Troyo Pompeyo, un r. con este nombre , célebre por el buen temple quo se daba á las armas, en sus aguas; pero de la corrección que Ludovico Nonio dio al testo de Justino: (Justino: Epítome. LXIV. 3, 8-9) quod aut Bilbilis jluvius , en vez de Bilbili jlnvio, se entiende que no hubo r. llamado Bilbiles, sino de la o. de Bilbilis, resultando asi venir significado el r. que pasa por Calatayud, llamado en otro tiempo el Salo30. (Madoz, 1946, IV: 340). Fig. 7: Vista de Calatayud desde Planas de Anchís. (Particular). 29 El Jalón venía bullicioso costeando las montañuelas calcáreas que forman ameno a desembocar en la vega donde recogía el tributo del Jiloca. Como aportaba ya los caudales del Mesa, Piedra y Manubles, y las copiosas aguas termales del Alhama. (de la Fuente,1880: 19) 30 Espacio llano con río. (Montero, 2009: 115-116). 16 En este marco geológico se fue instalando los grupos humanos, aprovechando los abundantes recursos que la naturaleza brindaba; adaptándose y rediseñando el entorno acorde a sus nuevas necesidades, aunque no quedaron exentos del carácter particularmente áspero que el medio da a los moradores de estas tierras. Los acontecimientos históricos contribuirán activamente en la modificación de la red de asentamientos emergentes, sustrato de las poblaciones actuales, y aunque las fuentes romanas identificaron y denominaron, hoy en día su localización y documentación continúa siendo objetivo en las investigaciones científicas31. II.2.- ETNOGRAFÍA DEL SIGLO III AL S. I a. C. Desde el Bronce Antiguo, esta zona fue encuentro de influencias, atestiguadas por los distintos poblamientos y sus necrópolis, que llegaron por una parte desde el SE peninsular trayendo las cerámicas lisas y estructuras estables de poblados; aquí coincidirán con el horizonte Cogotas que viene desde la parte más occidental, y al mismo tiempo relacionados por los contactos con la cultura de Campos de Urnas32 durante el Bronce Final hacia el Hierro y que culminaron en el proceso de iberización sobre el sustrato indígena, aportando las novedades tecnológicas, en lengua y religión. Se puede señalar que es a partir del s. III a. C. cuando las comunidades del valle del Ebro comenzarán a transformar la sociedad tribal en sociedad estatal, hecho vinculado al surgimiento de la ciudad como elemento jerarquizador del territorio, y que debemos situar antes de la llegada de Roma. (Burillo, 1986). En todo caso, la Celtiberia supondrá un área fronteriza donde confluirán los intereses territoriales de los sucesivos pueblos que se establecieron en la Península, ya fuera con afán de ocupación o por motivos meramente comerciales. Ubicada en el corazón del Sistema Ibérico33 y vertebrada principalmente por los ríos Jalón, Alto Duero y Alto Tajo, y sus afluentes, se extiende por las actuales tierras de Soria y buena parte de Guadalajara, Cuenca, abarcando el sector oriental de Segovia, sur de Burgos y la Rioja además del sector oriental de Zaragoza y Teruel y el límite noroccidental de Valencia. Territorio complejo y muy diverso, mostrándose cambiante a lo largo de la conquista y posterior romanización, unido a la falta de acuerdo a la hora de enumerar los 31 La lectura de los textos clásicos afianzados por las intervenciones arqueológicas llevan a los investigadores a replantear la ubicación tradicional de algunas ciudades celtibéricas entre otros Pastor,2012 o Cebolla y Royo, 2005: 153-159. 32 Atestiguado en el yacimiento de Fuente Estaca por Arenas Esteban y Martínez Sastre, 1988 y 1992 o en la necrópolis de la Herrería (Cerdeño, 2004). aunque los resultados no son determinantes para aplicarlos a un influjo directo de los Campos de Urnas. 33 (Estrabón: Geogr. III, 4, 10)Entre el Pirene y la Idubeda corre el río Iber, paralelo a ambas cordilleras... la región está habitada por muchos pueblos, pero el más conocido es el de los denominados iacetanos. . 17 diferentes populi o etnias que formarán parte del colectivo celtibérico y las contradicciones a la atribución de una misma ciudad a diferentes populi. (Lorrio,1997: 41). Fig. 8: Celtiberia. (Burillo, 2004a: 415). Las menciones históricas al área que nos ocupa comienzan con la denominación del término exoétnico de celtíberos, La primera referencia publicada de la palabra “celtibérico” utilizada para designar a las poblaciones autóctonas del interior de la Península Ibérica se localiza en los Fastos Capitolinos (CIL 12, pp. 168-181), cuando en el 195 a.C. se celebra el triunfo de Gneo Cornelio Blasión en conmemoración de las victorias y botín obtenido siendo procónsul de Hispania Citerior durante 199-198 a. C. No obstante Burillo afirma que la primera mención de la Celtiberia no la encontramos hasta finales del s. III a. C. con las guerras púnicas, situada por Tito Livio en acontecimientos del 218 a. C. correspondiendo esta cita de los fastos a unos celtíberos en el sentido genérico de celtas de Iberia34. 34 Burillo, 2007: 29 y 36. Hallazgos arqueológicos de plomos ibéricos ,en el asentamiento del Pico de los Ajos rebelan la utilización de la palabra celtibeles, llevando a Fletcher a defender que el nombre de celtíbero no corresponde a un cultismo. 18 (Estrabón: Geogr. III, 13). Divididos los propios celtíberos en cuatro partes, los más poderosos en general, situados al Este y al Sur, son los auracos... Al Este se hallan también los lusones, vecinos así mismo de las fuentes del Tago...También Segóbriga y Bilbilis son ciudades de los celtíberos, junto a las que lucharon Metelo y Sertorio. Estructurándose internamente en distintas etnias, denominadas genéricamente como celtibéricas, se detecta en su registro material la aceptación de otras culturas que, penetrando en el sustrato indígena, en esta situación de frontera, marcará el carácter de las entidades cívicas que irán surgiendo, dinámicas y sujetas a un continuo cambio y evolución35. Este proceso histórico producirá rupturas bruscas en sus procesos de poblamiento, los testimonios arqueológicos objetan a las fuentes clásicas que etiquetan de forma unánime y monocorde a las etnias celtibéricas, con atributos muy poco diferenciados entre sí y estructuras políticas y sociales uniformes debido al escaso conocimiento que tenían de su realidad en el transcurso de los primeros contactos. Sin embargo el concepto de etnicidad atribuido por los romanos a estas poblaciones no puede verse tan sólo como una forma de relación parental, una pervivencia de los sistemas sociales pre-urbanos, dado que los cambios económicos y la inestabilidad política provocaron que el parentesco dejara de ser la estructura social básica alcanzando un concepto estatal. Los etnónimos que las fuentes nos muestran sólo pueden entenderse como fruto de unas relaciones sociales de carácter estatal36. Hay que tener presente que no son los mismos utilizados por los propios pueblos para referirse al autodenominarse o los que usa el extranjero cuando hace referencia a estos. Múltiples ejemplos en el espacio y en el tiempo lo constatan. (Pelegrín, 2005: 115-116). Son en su mayoría denominaciones endógenas. Diodoro y Apiano utilizan Celtiberi como una traslación del griego, en función a una hipótesis según la cual, estas gentes habían resultado de la mezcla de dos pueblos Keltoi e Ibnpeç; sin embargo atendiendo al paralelismo existente en los “celtoligures” y “celtoescitas” demuestra que el primer término proviene de un carácter étnico Keltoi y el Ibepia es un topónimo para designar la zona donde se localizan los mismos, de este modo tendríamos a los Celtas en Iberia. La historiografía moderna, sin embargo siguió aplicando estas referencias ya que podemos encontrar en el manuscrito de Pérez de Nueros acerca del origen de los celtíberos y afirma obtener el foco de su información a través de los autores clásicos como del poeta Marco Valerio Marcial37: 35 Burillo, 1992: 199. 36 Subrayando las palabras de Rodríguez Álvarez, 1996 y Ruiz Rodríguez, 2000, respectivamente Burillo, 2002: 9-29. 37 Marcial: Epigram. IV, 55. Nos celtis genitos, et ex Iberis Nostra nómina duriora terrae 19 Fueron los celtas de la Provincia de la Narborense en Francia, llamados Bracatos, por cierto uso vestido, y calzado, que usaban, y como más vecinos fueron mansión y morada en estas primeras partes orientales de España; que es mucha porción del Reyno de Aragón, y sus confinantes, en la parte y territorio que en lo antiguo se dixo Iberia, conquienes se juntaron, mezclaron, y vieron, no sólo en las leyes, consorcios y costumbres, sino es hasta en los nombres de las mismas tierras, para conserbarse con esto mas estrecho vínculo de unión, y amistad, llamando desde entonces aesta Región y tierra Celtiberia, y compuesto y deribado de los dos, de Celtas, y Iberos. (Pérez de Nueros, 1701: 5) Cuando entran en contacto con ellos por motivo de las guerras anibálicas, ya los helenos eran conscientes de su presencia reconociendo, en cualquier caso, señas de su identidad38 tipo célticas en la indumentaria, el armamento, las costumbres e incluso la forma de entablar combate o su lengua. Durante el siglo III a. C. su referencias serán más genéricas, alusivas fundamentalmente a su etnia reconocida, como puede comprobarse en Polibio. No será hasta más tarde, durante las campañas de las Guerras Celtibéricas y Sertorianas, cuando su contacto sea mayor, aumentará el interés y la percepción de la realidad peninsular diferenciando sus particularidades regionales39. La Celtiberia Citerior la componen históricamente las etnias40 conocidas como belos, titos y lusones, distribuyéndose entre los valles de los ríos Jalón, Jiloca, Ribota y Huerva. Belos y titos, en la interpretación de los autores clásicos parecen asociados, aunque diferenciados de los arévacos41. De las ciudades claramente adscritas a su territorio Sekeiza fue su capital con Bilbilis y al mismo tiempo se incluyen en el territorio desde Arcobriga hasta Nertobriga. Los lusones con Luzaga como ciudad más representativa y extendiéndosse posiblemente hasta el área del Moncayo, incluyendo a Bursau, Turiasu, Caraues y Alaun. Manteniendo una idea más aperturista a la de la limitación concreta del territorio fundamentada en la información que la investigación aporta y que corroboran unos procesos históricos cambiantes que desestabilizaban y transformaban la realidad continuamente. 38 Siendo las identidades colectivas percibidas de manera subjetiva, objeto de continuas reelaboraciones que adquieren prominencia o desaparecen según las necesidades del momento, se alimentan desde distintos puntos de vista, conviven con otras identidades y además son interiorizadas, seleccionadas y jerarquizadas de manera particular por cada individuo o grupo. (Beltrán, 2004: 91) 39 Este hecho se detecta claramente a lo largo de la obra de Estrabón Geografía Libro III y Apiano, Iberia, 42, donde aparece la primera mención sobre los Lusones, en el 171 a. C., ubicándolos cerca del Ebro y al mismo tiempo quedan diferenciados de los Iberos del mismo modo que Livio , 91 pone en conocimiento a los arévacos y cerindones con motivo de reclutar tropas y reunir provisiones de trigo en Kontrebia Leucade. 40 Basándome en la definición de etnia que elaboró Burillo, 1992: 195. 41 Interpretación expuesta a raíz del estudio de las fuente clásicas por Fatás, 1989: 224. 20 Fig. 9: La Hispania de Estrabón42. (Hispania, 1998: 472). II.3.- EL IMAGO DE LA CELTIBERIA CITERIOR: Como señala Muñiz Coello, las fuentes literarias acerca de Hispania encuentran bastantes problemas para su documentación. No muchos autores abordaron la evolución de los acontecimientos de la Provincia, los datos aportados son en gran medida austeros y unidos a la fragmentación de la mayoría de textos conservados, la arbitrariedad del escritor que aborda periodos históricos demasiado extensos; a esto se le une la distancia física. Las descripciones geográficas constituyeron evidentemente la naturaleza de las primeras referencias acerca de la Celtiberia. Ptolomeo en su Geographia describe detalladamente la Hispania contemporánea con referencias exactas sobre la ubicación de las ciudades de la Celtiberia Citerior en el libro II, 5. En Avieno: Oda Marítima, 250, se produce una confusión entre el Tinto- Odiel. La homonimia con el Ebro en sí, con los íberos e Iberia, es una confusión a partir de la relación Érebo- (H)ibero (río del Erebo). Avieno: Oda Marítima, 25043; y el propio Plinio, en su Naturalis Historia. III. Utiliza el Orbis Pictus de Agripa y el Breviario de Augusto, con una división política de la Celtiberia ya romana. Por lo tanto se continuará dotando al término Celtiberia dentro de una adscripción geográfica amplia y genérica, que a partir de Augusto irá tomando forma más concreta apoyándose en los conventus y divisiones administrativas creadas per se. En este momento la Geografía de Ptolomeo, es fundamental, aunque data del s. II d. C., ya que se fueron corrigiendo los 42 Mapa de Hispania dibujado y coloreado hacia el segundo tercio del siglo XVIII según las referencias que transmite el libro III de la Geografía de Estrabón. 43 Traducción de Calderón, 2001: 317; de la editorial Gredos. Madrid. 21 errores en la medida que aumentaba su estancia e interés por la zona. (Avieno: Oda Marítima. 250). La mayor parte de los autores refieren que los íberos se llaman así justo por ese río, pero no por aquel río que baña a los revoltosos vascones. En el aspecto socio-económico centró gran parte de la atención de los historiadores grecolatinos, a la hora de referirse a la Península Ibérica, en prejuicio de otros temas apenas conocidos. Aunque no narran los fundamentos fiscales por los que se legisló Hispania, ya que suponía algo consustancial de la vida diaria, lo tributario, de hecho, conlleva una carga negativa, la imposición de un tributum, para la civis. Y sólo se hará eco de lo digno de ser historiado, las gestas heroicas de sus magistrados, las victorias del Senado frente al ímpetu de los bárbaros, aquello que sabe que los lectores desean oír, gustos de un público semiculto a los que dirigían sus escritos. En Diodoro de Sicilia, un breve recorrido generalizado acerca de sus costumbres más notorias, sin entrar en detalle en individualizar cada uno de los pueblos clasificados como celtíberos, menciona su habilidad artesanal en el trabajo del hierro para la creación de armas fundamentalmente44, ensalzando el incansable furor beli y la barbarie, reflejada en el consumo desmesurado de carne y vino, importado del comercio mediterráneo, o la práctica del bandidaje sistemático que, partiendo de la descripción de los lusitanos, aunque no obstante hace extensivo ese comportamiento al resto de etnias 45 Polibio46, describe una Celtiberia amplia de contornos cambiantes en función de los procesos de expansión de sus habitantes. Siendo el territorio que ejerció una mayor resistencia a Roma de la Península Ibérica, con fronteras políticas opuestas a los procesos de conquista, alianzas y rupturas entre el 181-138 a. C. Polibio se puede catalogar como una fuente directa, que junto a las legiones de Escipión vivió en persona sus acciones.. El genérico celtibero se convierte por tanto en un espacio de referencias geográficas y étnicas indivisibles, con límites precisos y territorios adscritos a diferentes pueblos, aunque sujetos a la continua modificación por los procesos históricos. Describe su armamento y la forma de luchar, coincidiendo con Estrabón. Geogr. III, 4, 15; 44 No alude a la fabricación de aperos de labranza ni el trabajo de la tierra, salvo cuando se refiere a los vacceos: (Diodoro de Sicilia: Hist. V. 34, 3). la organización más curiosa es la de los llamados pueblos vacceos; cada año dividen la tierra entre ellos y la cultivan; consideran la cosecha propiedad común y entregan su parte a cada uno, y han establecido una pena de muerte para los agricultores que sustraen alguna cosa. 45 La desmesura, la feritas y en definitiva la inhumanitas son los conceptos que aplicaron en la descripción del individuo bárbaro oponiéndose a los atributo que caracterizaban al ciudadano romano. 46 (Polibio:Hist. 34, 9,12). A costa de extenderse hasta la Orospeda, donde nace el Betis y diferenciándose de los vacceos con el que tiene notables afinidades. 22 desmontando los jinetes si la batalla les es desfavorable y mostrando pericia tanto a caballo como pie en tierra47. La Hispania en la Geografía de Estrabón, empleada como una de las fuentes fundamentales para el estudio de los pueblos prerromanos, sin embargo los errores acerca de las etnias y sus ciudades48 se deben, como otros autores, a que fue portavoz indirecto y por lo tanto nunca visitó la Península Ibérica, utilizando las referencias constantes de Polibio y Posidonio, reconociendo la dificultad de obtener una información veraz, dado que (Estrabón: Geogr. III, 4, 19, c166). Las regiones bárbaras, apartadas, pequeñas y subdivididas, las noticias no son seguras ni abundantes porque en todo lo que queda alejado de los griegos aumenta el desconocimiento. Recalca el factor “romanizador” como elemento imprescindible para la evolución de la economía49, describiéndoles como pueblos que se articulan en torno a una economía de subsistencia, basada en la ganadería y agricultura apenas desarrolladas y a la actividad del bandidaje bien organizada, destacada por el escritor en (III, 3, 5-6-8) y (III,4, 5-13-15), que enfatiza el carácter guerrero La escasa artesanía, aunque admira la calidad y elaboración de sus armas, y la ausencia de un comercio desarrollado dibujaba a los lectores una imagen del “bárbaro” justificando la necesidad de su civilización, aunque las evidencias arqueológicas demuestra claramente lo contrario, llegando a contradecirse al mencionar las aldeas y pequeños enclaves celtibéricos (III, 4, 13), aunque en algunos casos reconoce que son considerablemente importantes, dándoles a continuación la denominación de ciudad (III,3,5). Dibujando un perfil completamente opuesto de las laudades de Avieno. Polibio polemizará con Estrabón en su visión etnogeográfica, muy lejos de los estereotipos de bárbaro, aproximándose al conocimiento del territorio de forma directa y determinada por los acontecimientos históricos, de él se extrae una etnografía heterogénea, si duda atestiguada por las investigaciones arqueológicas50 y los estudios de su epigrafía y numismática. . 47 Polibio:Hist. 95. Traducción de FHA IV. 1937, 255. 48 (Estrabón. Geogr. III, 4, 13). A los auracos pertenecen las ciudades de Segeda y Palancia 49 El determinismo geológico impregnó durante siglos las teorías de científicos y pensadores griegos, diferenciando a los pueblos bárbaros de los civilizados. Estrabón creían en él, aunque no lo entendía como insalvable, observando la capacidad de influencia de la propia civilización sobre los bárbaros. 50 Al respecto Almagro-Gorbea, M y Lorrio, A., 1986: 105-122. Se plantean los problemas en la investigación al mismo tiempo que hace una llamada de atención poniendo de relieve los recursos científicos que podrían ayudar a definir. 23 Estas descripciones clásicas de la Península Ibérica51, sin duda buscaban un afán didáctico acerca de los territorios más alejados de la Urbs y que la apertura de nuevas posibilidades comerciales acrecentarán el interés por el desconocido escenario, con peculiaridades étnicas caracterizadas por el concepto de “barbarie” frente a la ciudadanía de la que se hacían eco, así pues, narran las costumbres, modos de vestir, articulación política, relaciones personales y creencias religiosas. Para ello, no dudan en utilizar los testimonios indirectos de los ejércitos, comerciantes o escritos de aquellos que recorrieron la Península durante las campañas militares o desempeñaron funciones públicas en el territorio52. La Historia Natural de Plinio el Viejo, es un recorrido etnográfico fundamental que plasma la curiosidad romana hacia realidades exóticas de sus provincias, dejando al margen por un momento los hechos políticos, guerras y sus protagonistas. (Plinio: N.H. VIII 54,130). En las Hispanias creen que en su cerebro hay un veneno y queman ante testigos cabezas de osos muertos en los espectáculos, porque se creen que si el cerebro se toma en un bebedizo ocasiona la rabia ursina. Livio, en el 206 d. C. ya identificó a los suesetanos soliviantados por los jefes Mandonio e Indivil contra Roma y que fueron objeto de la represión de Catón en la búsqueda del control territorial. En el transcurso de la guerra con Aníbal y posteriormente durante las Guerras Celtibéricas, el conocimiento de las etnias se hace cada vez más profundo y concreto, a partir de ese momento, los autores mencionan a los lusones, titos y belos, de igual modo reconocidos como celtíberos y en el 153 a. C. con la insurrección de Numancia aparecen los arévacos como grupo predominantemente bélico y opositor a la actuación de Roma en la Península. A pesar de las continuas menciones a las etnias, las ciudades celtibéricas son continuamente mencionadas como la entidad política principal de la Celtiberia. (Burillo, 1998: 33). (Polibio. Hist. 35, 2, 5).Un conocimiento de la vida urbana alrededor de los núcleos importantes y cuando la ocasión lo requiere se reúnen en agrupaciones étnicas, aún con tensiones entre ellos. 51 En el 207 a. C. aparece como “región situada entre dos mares” (Livio: 28, 1, 2); para Polibio (en Str. III, 2,11) el Anas y el Betis vienen de la Celtiberia -así como el Limia- (Str. III,3,4); para Posidonio, los Pirineos separarían Galia de Iberia y Celtiberia (en Diod. 5, 35), región por la que discurre el Anas y el Tagus (Str. III, 4, 12). Artemidoro (St Byz s.v., vid. Schulten: 1925, 157, nº 16) considera Hemeroscopeion “ciudad de la Celtiberia”, y Plutarco (Sert 3) se refiere a Cástulo ciudad de los Celtíberos. Para Plinio (4, 119), las Islas Casitérides se hallan en frente de la Celtiberia, mientras que según Mela. 3, 47 se localizarían entre los célticos. (Lorrio, 1997: 110-111) 52 Como afirma Fatás donde la guerra subsistió la información es mayor. (Fatás, 1989: 224) 24 Fig. 10. Los autores clásicos a propósito de la Celtiberia. (Burillo, 2005a: 64). Políticamente podemos extraer de los textos de Polibio unas relaciones clientelares, articuladas en torno a la fidelidad a los jefes militares y a la pertenencia a un grupo étnico común, el respeto a la palabra dada, relaciones de admicitia perfectamente estipuladas y a la mutua fides, la confianza, así como la fama y prestigio militar, estas son las claves del funcionamiento y jerarquía internas, pero no son en absoluto independientes de otros vínculos de carácter político, complementarios del primero53. De este se desprenden la exaltación de los lazos militares de Escipión, así como el sometimiento de los aristócratas autóctonas, los cuales rinden las armas y le proclaman rey. Constata Polibio en Hist., 35, 2, 3, un grado de autonomía en sus etnias. Y aunque en sus textos se subraya la ferocia celtibérica, sin embargo reconocen una similitud con los hippeis arcaicos. Por tanto la mayor referencia literaria en este sentido es Tito Livio, que incluye en su obra parte de leyenda y parte de hechos históricos basados en dudosas fuentes con un aura de lucha entre el ideal republicano y la incultura de pueblos hispanos que se resisten a la sumisión; subrayando las virtudes republicanas de clementia, frugalitas54 y el triunphus del Senado atribuyendo a sus generales sucesivas victorias y sumisiones de los pueblos. 53 Dentro de la obra de Cruz Andreotti, 2003: 205. donde hace alusión a Polibio: Hist. III, 98, 2. 54 Necesidad de restaurar la vida y costumbres simples, austeras y parcas. 25 que acabó en su asesinato. La muerte de Quinto Sertorio de manos de Perpenna70, trajo consigo una política de agresión y castigo a las ciudades belas de Sekeiza II, Valdeherrera, Kontrebia Belaiska o Bursao, entre otras. Fig. 14: Glande de Sertorio. (Hispania Epigráphica Nº registro 15726). III.3-UN NUEVO ESTADO ECONÓMICO, ADMINISTRATIVO Y TERRITORIAL EN LA REGIÓN DE LOS BELOS71. Las legiones que llegaron a la Península Ibérica encontraron incentivo en el saqueo de territorios aún intactos de la explotación cartaginesa, de obtención de prestigio y gloria de la clase pretoriana y enriquecimiento de erario personal a través de botines de guerra. Las consecuencias de la presión ejercida desembocó en un ambiente de repulsa hacia el invasor. Aunque después del 132 a. C. parecían haber concluido los enfrentamientos en la Citerior, las causas que había llevado al estallido de la Segunda Guerra Celtibérica seguían latentes. Con César se llevó a cabo una política de exterminio en los puntos insurgentes y finalmente en tiempo de la dictadura de Sila se estabilizó el modelo de gobierno provincial y se reguló el funcionamiento de la pretura mediante la Lex Cornelia de praetoribus y la acción militar desempeñada hasta entonces como prioritaria por los gobernadores provinciales pasó a segundo plano. Territorio adusto, donde las zonas boscosas de Bubierca, las hoces de Jalón en Morés o el encajonado paraje del río Piedra proporcionaban recursos naturales abundantes, en caza y madera necesarias, se intercalan con zonas yermas y desprovistas de agua inconfundibles de las cárcavas de Valdehurón o la propia Sierra de Vicor72. La situación previa principalmente basada en una 70 Posiblemente jamás podrá esclarecerse la verfinalmentedadera personalidad de M. Perpenna, marcado por toda la tradición filosertoriana y por los estudios modernos que la siguen como soberbio, oportunista, inepto, y, finalmente traidor y asesino de Sertorio.(Roldán, 2007: 125). 71 Acerca de los tributos impuestos por Roma a las provincias (Vectigal Incertum), y el estudio pormenorizado de los sistemas recaudatorios en Hispaniae 218- 133 a.C., (Ñaco, 2003: 127 ss.) 72 Boberca o Voberca, según se refiere Marcial: Epigram. I, 49 . Bosques próximos donde la caza es abundante. Topónimos relacionados con montes y sierras. Cercano a Congedo, la actual Alhama. Seguramente este trecho dio nombre al pueblo. ( Montero, 2009: 69).. 32 economía agraria de subsistencia73, el pastoreo de cabañas bobina, equina y ovicáprida y la explotación de recursos minerales en la zona más próxima74 al Moncayo del hierro y plata, quedando a custodia del ejército después de la conquista75. (Marcial: Epigram. V, 55): y a los campos de la ondulada Vativesca, que cultiva Manlio con sus fuertes toros. Fig. 15: Bosques de Bubierca. (Particular). III.3.1.-Ferrerías y otros recursos económicos. Las reservas de cobre y plata, fueron de igual modo explotadas, aunque de esta última no se documentan expresamente una actividad minera en este territorio si que recaudan un volumen importante en forma de moneda acuñada. Burillo, 1997, demuestra la existencia de afloramientos argentíferos en el Sistema Ibérico, que aunque no son recogidos por las fuentes sí se corroboran físicamente a través de la arqueología; por lo que se desmontan las hipótesis donde Schulten en 1963 atribuía actos de bandidaje entre tribus vecinas para la obtención de este metal. 73 Las investigaciones actuales, gracias al análisis de contenidos realizados así como el estudio de los instrumentos han dado información muy valiosa de las actividades agrícolas desempeñadas por estas sociedades, basadas en el trigo y la cebada como productos principales. Así Burillo, 1980: 287; Álvarez Sanchís, 1991; Lorrio, 1993: 850-906; Almagro-Gorbea, 1995 o Juan-Tresserras, 2003: 311-322. 74 Desde el punto de vista minero, el área presenta escaso interés. Las únicas labores existentes, en la actualidad paradas aunque han sido objeto de una explotación intermitente, se reducen a las minas de barita situadas en el Paleozoico de los alrededores de Munébrega. Sin embargo, existen algunos indicios de galena al sur de Ateca, aunque las concesiones existentes son inexplotables debido a la baja concentración del mineral y a las escasas reservas. (Royo, 2011). En el estudio geológico realizado para el yacimiento de Valdeherrera. 75 Sanz, 2003: 18 33 Muy próximo al territorio bilbilitano, en Ateca se registran filones de cuarzo, carbonatos y sulfuros de cobre poco importantes. Otra mina (mina San Luis) de galena antimonial y de argentina (mena de plata), asociada a carbonatos y óxidos de hierro76. También en Munébrega y Carenas, galena argentífera y piromorfita77. Encontrándose las próximas y más importantes en Calcena (Valdeplata) y Peñalcázar. En las proximidades del Moncayo donde se constata un incremento de la producción evidenciado con las primeras acumulaciones de escoria junto a poblados que se mantienen alejados a las minas, en algunos casos distantes hasta veinte kilómetros. (Polo, 2005: 315). Sin olvidar los depósitos de sal de la cuenca del Jalón, donde todas las etnias importantes, según Sanz, 2003, tendrían participación en las minas, lo que les daba autonomía en la acuñación de moneda y por lo tanto una autofinanciación en campaña, relevo que tomó Roma en la medida que entraron a formar parte de su imperium.78. Fig. 16: Barranco de Valdeplata (Calcena). http://www.asminar.es Fig. 17, 18: Boca y escombrera de mina de Carenas. 76 Sanz, 2003: 25. 77 Con 40% de plomo y 1´5 kg. plata por tonelada. Sanz, 2003: 25. 78 Mapa 3: Recursos minerales del Sistema Ibérico. (Polo y Villagordo, 2005: 314) 34 Los estudios específicos acerca de la minería antigua en la Celtiberia79 no pueden dejar de aludir este prestigio bilbilitano que heredado de los textos clásicos loan la calidad de su hierro y la fama en la forja de de sus armas a pesar de que según afirma (Plinio: N.H. XXXIV 41, 144). Se debe al agua en que se sumerge, dando renombre por la calidad del hierro a algunos lugares, como Bílbilis y Turiasso en Hispania y Como en Italia, aún cuando en estos sitios no haya minas de Hierro. Aunque el territorio celtibérico sí fue rico en minerales, originando su explotación unos circuitos comerciales ya en época prerromana, desde las minas con mayor potencial, en hierro y plata80, situadas en el Moncayo hasta alcanzar las aguas del Jalón que otorgan la calidad a su forja; de este modo obtendrían un producto artesano sin competencia. Sin duda, la prestigiosa artesanía de la que Bilbilis tenía potestad aumentó notablemente durante el periodo republicano, la publicidad acerca de la calidad de sus espadas y que los autores grecolatinos, a través del testimonio aportado por los soldados de campaña en Hispania, incrementaría esta demanda de armas celtíberas. (Marcial: Epigr.XII, 18). Auro Bilbilis et superba ferro. Creando para tal efecto una zona específica de talleres vinculados a su producción, próxima a las aguas del Jalón, responsables de su temple, compitiendo en el sistema de intercambio con productos de prestigio establecido con las poblaciones colindantes o los emporios griegos, como el caso trigo de los vacceos o del vino itálico81, llegados de Levante a través de los tradicionales caminos existentes y calzadas romanas articuladas, como hemos visto con el objetivo de conectar los principales intereses bélicos y logísticos. Este interés comercial que despertaron los productos metalúrgicos locales y su artesanía orfebre, explicaría su ausencia en las zonas comunes de hábitat, donde son comunes las herramientas relacionadas con el desarrollo de actividades económicas de subsistencia. Este trabajo más exclusivo será recuperado principalmente como ajuar en contextos funerarios o destinado a su intercambio por productos importados. Por ello es frecuente la escasez de este material en el entorno de su factura. 79 Schulten, 1934; Burillo, 1997; 1998, 1999; Lorrio, 1997; Lorrio et alii, 1999; Sanz, 2003. 80 Mapa 4. Situación de yacimientos e indicios de minerales argentíferos dentro del territorio celtibérico. (Sanz, 2003: 38). 81 (Diodoro: Hist. V, 34,2). A los mercaderes que navegan hasta allí. 35 (Diodoro de Sicilia: Hist. L.V. 33, 4). Llevan espadas de doble filo hechas de un excelente hierro, y tienen puñales de un palmo de largo, de los que se sirven en los combates de cuerpo a cuerpo. La forma de preparar sus armas defensivas constituye una práctica particular. Esconden, en efecto, bajo tierra láminas de hierro y las dejan allí hasta que, con el paso del tiempo, la herrumbre ha devorado la parte débil del hierro y ha dejado la más dura con la que preparan excelentes espadas y los demás pertrechos de guerra. En las nuevas estrategias constructivas influyeron la proximidad de las canteras de calizas, situadas a escaso un kilómetro del Cerro de la Bámbola, en las inmediaciones de la Torre de Anchís, se puede apreciar el proceso de extracción de sillares que fue detectado durante los trabajos de prospección e identificación realizados por Aguilar, Cisneros y Gisbert82, así como canteras de yesos, material utilizados en principalmente en esquinas de las estructuras cívicas del territorio bilbilitano, se encuentran en las inmediaciones de Calatayud. El estudio mineralógico realizado, no obstante, demuestra que existen cuatro afloramientos en un radio de 5 kilómetros de donde pudieron obtener la piedra caliza necesaria, cuya composición coincide con los sillares que forman parte de los edificios en la ciudad romana. Anexos. Mapa 5: Situación de la cantera de Bilbilis en Anchís. (Aguilar et alii, 1995: 170) Fig. 19: Esquema de la cantera. (Aguilar et alii, 1995: 171) Utilizados como suplemento al stipendium y aportaciones en la autofinanciación de las guerras, los recursos metalúrgicos y primarios, especialidades locales, como la explotación de salinas, la utilización de las mulas burreñas83 o mantos de lana84 admirados por las fuentes clásicas, fueron introducidos en la cultura material romana y de forma particular las espadas celtibéricas, 82 Con ocasión del proyecto de la línea AVE Madrid- Zaragoza en 1994. 83 Plinio: N. H. VIII 68, 170. 84 (Diod: Hist. V, 33,2) Los celtíberos fabrican unos abrigos negros muy bastos con lana parecida al pelo de cabra. 36 realizadas en un acero sin igual y los atributos de los caballos hispanos, hasta tal punto que se convirtieron en seña de su identidad85, plasmado en las diferentes acuñaciones de las cecas locales, y convirtiéndose en la caballería auxiliar más demandada de los ejército de Aníbal86 y posteriormente romanos. Estrabón en Geogr. III, 164, así como Livio: Ab urbe... XXVIII, 1,7, destaca de este modo la destreza en la doma y manejo del caballo, intercalándose en combate con la infantería.87. III.3.2.-Stipendium y la nueva organización estatal. Los abusos desembocaron en las visitas de ciertas embajadas al senado romano para quejarse de la preocupación ante los agravios ocasionados reiteradamente por los subalternos88 encargados de controlar el nuevo orden romano en el marco estricto de las ciudades peregrinas. (Ñaco, 2003: 246-247). Las imposiciones de Nobilior, Marcelo y Lúculo y sus respectivas actuaciones imponían el pragmatismo romano en unas campañas bélicas de gran dureza con confrontaciones exitosas o no. Durante estos periodos se llevó la política de Bellum se ipsum alet, o política de autoabastecimiento, propulsada por Catón y basada en el cobro de vectigal incertum y la incautación de materias primas necesarias; restando protagonismo a la monopolización comercial de las societates publicanorum que contratadas por el Senado, hacían llegar suministros de armas, comida y ropa del ejército asumiendo los riesgos del transporte y posibles hostilidades. Aunque Livio describa los pagos en sagus o los botines de guerra, no mencionando el monto de lo exigido una vez sometidos a stipendium89, pero sí quedaron registrados las cantidades ingresadas a cada fin de año del gobierno por los magistrados, anotadas por el cuestor y archivadas por el senado, cifras ingentes como éxito del imperium senatorial en las provincias. El superávit de recaudación proporcionó una regulación del sistema. 85 (Marcial: Epigram. 1,49,4). Varón digno de ser celebrado por las gentes de la Celtiberia, gloria de nuestra España, vas a ver Liciniano la alta Bilbilis, famosa por sus caballos y sus armas... 86 En Livio: Ab Urbe....XXVII, 14,5. 87 Herederos de estos textos la historiografía continuó recalcando la calidad de las aguas de Jalón, y por eso en tiempos de los Romanos se estimaban tanto, siendo Bílbilis por ellas la mejor oficina de las armas. (Pérez de Nueros, 1701: 15). 88 Livio: Ab Urbe... 43, 2,12. 89 El stipendium o sueldo de una legión por su militancia. Era obtenido por el Senado por medio de recaudación de los pueblos sometidos. Pasó de aes grave a argentum o aureum, dependiendo del metal utilizado, incluía el trigo y vestidos utilizados por el soldado en campaña. Con las campañas del S. II a. C. el stipendium pasó a utilizarse para otros objetivos, conservando el nombre independientemente de su uso. (Muñiz, 1980: 23). 37 Este tributo se prefija con el censo de personas y bienes. Así Roma percibía una fuente regular de ingresos evitando la dependencia a guerras y victorias obtenidas. Por ello se aseguró de mantener la maquinaria administrativa y garantizarse los suministros financieros, aplicando módulos de gobierno en los que tenían en cuenta el grado de pacificación alcanzado como a índole de la infraestructura vigente en cada zona. En la etapa previa a César era conocida la voracidad mostrada por los publicani90 encargados de los cobros. Desde César se reorganiza la situación financiera que la arbitrariedad en la concesión de las locationes había creado y estableció un stipendium fijo anual que venía a sustituir la decuma en especies. (Muñiz, 1980: 26). En Hispania, junto al stipendium en metálico, las regiones pagaron vicesimae y otros productos según la abundancia de cada zona. Los mayores beneficiarios, las societates publicanorum, se encargaban de estos trámites. Catón pretendía abastecerse con los recursos que proporcionabande cada provincia y a pesar de que el suministro senatorial no se cortó definitivamente si se redujo, aumentando la autonomía en la gestión de los mandos del ejército hispano. Protegió ciertos derechos locales frente al Senado y organizó las tributaciones de cada comunidad, con numerosos pactos y restringió las actuaciones abusivas en los gobernadores locales. De esta manera se frenaron visiblemente las insurrecciones. Ya en 172 a. C. llegaron quejas del malestar y explotación por parte de los gobernadores romanos hacia las poblaciones sometidas. La victoria del 133 a. C. aumentó el ager publicus reestructurándose en lotes in pecario y la imposición de un tributo regular a las nuevas comunidades añadidas a la lista de contribuyentes. A medida que los territorios peninsulares conquistados se fueron romanizando progresivamente durante el siglo I a. C. aumentó la presencia de inmigrantes itálicos en ellos y el número de provinciales con estatuto de ciudadanía, las funciones administrativas de los gobernadores pasaron a ser dominantes, el periodo del 82 al 27 a. C. aparece como una época de transición entre lo que fue el gobierno de las provincias hispanas durante la República y lo que será durante el Imperio romano. (Salinas, 1995: 68). Con Augusto se produjo una división por conventus y la centralización de las provincias; aunque fue realmente Agripa quien reorganizó sobre el terreno los asentamientos urbanos definidos capacitándolos para asumir las funciones administrativas asignadas, ampliando la red viaria promocionando así la ideología imperial y hegemónica romana, con la eliminación de las acuñaciones de cecas locales e implantando el culto imperial. 90 Diodoro: Hist. XXXVI, 3-4 a propósito del abuso que las colonias inmigrantes de itálicos, que adueñándose de las explotaciones de plata obtuvieron grandes riquezas. También menciona este hecho Apiano: Iber. VI, 3. 38 Estas nuevas funciones basadas en un modelo romano “hipodámico”91 implicaban un desplazamiento del eje jerárquico de estas ciudadesestado hacia estos Conventus, y en el resto, Pina Polo destaca un objetivo fundamental en la transformación de estos enclaves en centros comerciales y comarcales incentivados por los itálicos. Aunque no se puede constatar la existencia de asentamientos exclusivamente integrados por estos extranjeros en poblaciones celtibéricas, aunque no se puede descartar la convivencia con soldados, comerciantes, negotiatores o administrativos. Socialmente además se generalizó el esclavismo en las zonas de abundantes recursos y las oligarquías no dudaron en asumir las nuevas dimensiones económicas y administrativas, beneficiándose de ellas. La consecuencia de estos cambios se traduce en el progresivo abandono de los hábitat más apartados y la aglutinación de las comunidades hacia los centro neurálgicos; la consolidación y transformación por el dominio romano dará lugar a una nueva estructuración del territorio, manifestándose una jerarquización centralizada en los municipium con la potestad del derecho a la acuñación de moneda, desempeño de funciones administrativas y religiosas o la redistribución y control de las rutas comerciales92. Estos cambios se exteriorizan en la construcción de ciudades ex novo en altura, buscando un control territorial indiscutible, su monumentalización urbanística y la implantación del modelo romano a las condiciones geológicas, solventando problemas logísticos de abastecimiento. Este medio completamente romanizado, sin embargo permitirá la conservando del topónimo autóctona otorgando continuidad a las jefaturas locales preexistentes93. III.4.- LA HUELLA DE LA CONQUISTA. LA RED VIARIA. La entrada de los ejércitos a la Península Ibérica transformó el paisaje de un modo radical, se crearon y modificaron kilómetros de caminos y vías de comunicación por todo el imperio. El cursus publicus o sistema de transporte público en uso en el imperio romano fue construida por los propios soldados y no sólo fueron fundamentales para el avance, de tropas, maquinaria bélica e impedimenta durante la conquista, estas calzadas se utilizaron además como vías de comerciales 91 La novedad del esquema de tipo colonial lo adscribe Asensio Esteban a la iniciativa romana contemplando como poco verosímil entender las ciudades de urbanismo regular como una realización autónoma de las aristocracias autóctonas. (Asensio, 2003: 159) 92 (Plinio: H.N. III. 4, 24) Caesarugusta, colonia inmune regada por el río Hibero, establecida en la población que antes se llamaba Sálduba, de la región de Edetania, comprende 55 pueblos; de estos son de ciudadanos romanos los bilbilitanos, los celenses, antes una colonia.... 93 El único topónimo que puede vincularse con una aportación de población itálica es el cognomen Italica de Bílbilis, aun cuando la continuidad del nombre autóctono, unido al rango municipal de esta nueva ciudad, lleva a valorar la presencia de población autóctona como base de la nueva ciudad. (Burillo, 2007: 249). 39 estableciendo comunicación con la Meseta además de ser el vehículo determinante para hacer llegar la civitas y pax94. La accidentada orografía peninsular necesitó de un meticuloso estudio del terreno estableciendo las vías naturales como puertos de montaña, valles de ríos y depresiones para salvar los sistemas montañosos y angostos cañones. Denominadas Viae Publicae, son realizadas sobre suelo público y construidas y mantenidas por el estado romano95, aún así la intervención de los municipios y particulares complementaron la red viaria con caminos públicos. El mantenimiento y reparación quedaba adjudicado a los gobernadores locales. Los miliarios constituyen el escaso testimonio epigráfico acerca de estas vías, aunque apenas aportan información del emperador reinante en el momento de construirse o repararse. Las fechas más antiguas registradas de los miliarios que acreditaron la construcción de las primeras calzadas en Hispania corresponde a Q. Fabio Labeon; hallada en San Salvador (Torrente del Cinca), entre los años 118- 110 a. C. Aunque el registro de los miliarios es escaso, constatándose la mayoría en la vía que une Caesaraugusta con Pompaelon. con ausencia de este soporte en el territorio bilbilitano, hasta la fecha. Siendo la única referencia la fórmula refecit pontes vias conlapsos, aparecida en un miliario de Domiciano96, desaparecido ya desde el siglo XVI, en la vía que conecta Caesaraugusta con Bilbilis97, al que no deja de aludir Fita, a punto de iniciar su viaje epigráfico. Mentira parecerá; pero es lo cierto que siendo más de 200 los miliarios que distinguieron la vía romana de Compluto á Caesaraugusta, nadie se ha cuidado de buscar y copiar, fuera de los dos ya expresados, sino uno más, que también ha desaparecido (Hübner, 4918). Ojalá no sea irreparable su pérdida. Hallóse, como lo notó Zurita, en Lucena de río Jalón; es decir, entre las estaciones de Calatorao y Salillas; por donde se coloca, seguramente, en la mansión de Nertóbriga, que distaba de Compluto, según nuestro cálculo, 169 millas cabales. (Fita, 1893: 446). 94 (Estrabón: Geogr. III, 8, c156).Los caminos para llegar hasta ellos son largos, y debido a la dificultad en las comunicaciones han perdido la sociabilidad y los sentimientos humanitarios. Actualmente padecen en menor medida esto gracias a la paz y a la presencia de los romanos. 95 Ulpino: Digesto. XLIII, 8, 21. 96 C.I.L. II 4918. 97 Demuestra la periódica restitutio reficio de las vías y pone de manifiesto la preocupación de los emperadores, o de las ciudades, en la conservación de los caminos. (Magallón, 1987: 35). 40 En la construcción de las calzadas, el dinero era aportado por el aerarium y el fiscus, empleando al ejército como mano de obra especializada98. Las obras de reparación, al igual que las obras urbanas de las ciudades eran supervisadas y asignadas, en última instancia por el Procurator Provinciae quien centralizaba los servicios relativos y dependientes del fisco. Las leyes municipales regulaban el sistema de participación de los habitantes, en forma de prestaciones personales de una comunidad, así como las atribuciones de los magistrados en lo que respecta a las obras públicas, podían arrendar las obras en pública subasta99. La financiación de la construcción y mantenimiento se obtenía por las prestaciones de los propietarios por cuyos dominios pasaba, en la utilización de los fondos obtenidos por impuestos, donaciones , multas o arriendos. En algunos casos se recurrió a la solicitud al emperador de impuestos extraordinarios e incluso a ricos propietarios una summa vectigal. Ya Pellicer100 hace constar la preponderancia en la red viaria y su estrecha relación con los cauces de los ríos a partir del estudio cerámico; estas indígenas e importadas, se difunden por el valle del Ebro; entendiendo al río como catalizador de la cultura material y delimitando en concreto a los celtíberos del Jalón (belos, titos y lusones) en época de apogeo, que con su cultura definida mantendrá una cerámica característica que conservará cierta unidad. Fig. 20: Vehículo cisterna en una patera en el entorno de Flaviobriga (Castro Urdiales) http://www.traianvs.net/viasromanas/infraestructura_romana_02.php 98 Para Hispania Citerior , tres miliarios confirman que las legiones III Macedónica, VI Victris y X Gemina, participaron en la construcción de la ruta del Ebro, en época de Augusto; periodo en que los asentamientos de tropas eran frecuentes en Hispania y que por tanto se disponía de técnicos militares y de recursos humanos que podía ser ocupados en la construcción de las vías, durante el largo periodo de inactividad invernal. (Melchor, 1992: 124). 99 Característica fijada por la Lex Irnitana XLIII. 100 Pellicer, 1962: 45. 41 Fig. 23: Vista aérea de Arcobriga.(Monreal de Ariza). Fig 24: Termas de Arcobriga. (Particular). www.calatayud.org. Próximo a este enclave existen varias localizaciones con material celtibérico abundante, que ya fueron descritas por el Marqués de Cerralbo, y confirmadas de nuevo recientemente mediante prospecciones sistemáticas. El conocido como el “Cerro Ógmico” con evidencias de murallas con dos torres y documentada cerámica a mano con decoración grafitada que data del s. VI a. C.; el “Cerro del Castillo”, a cuatro kilómetros del Cerro del Villar, en el límite de las provincias de Soria y Zaragoza. (Pina, 1993: 83), en el km. 180 de la A- II. En este oppidum de indiscutible valor estratégico se ciñe a 3 hectáreas bien definidas con grandes sillares que revelan una muralla del s. III y II a. C. Su ubicación y cronología la pueden llevar a proponer como ciudad celtibérica de Arcobriga, relacionada con el control del tráfico de mineral. Forman parte de un conjunto de asentamientos relacionados entre sí, de forma contemporánea o sucesiva en el tiempo que los periodos de crisis pudieron dar lugar a una transductio de estas gentes a la nueva ubicación121. Los trabajos de prospección y excavación realizados por Alberto Gonzalo en el 2003 y 2004122 ubican a 1000 m. al Oeste del Cerro Villar y en el enclave denominado Cerro Gonzalo, al Suroeste de la ciudad romana, materiales y urbanísticos que documentan una presencia indígena en época republicana, las abundantes escorias y la proximidad a vetas de mineral cercanas plantean a los investigadores una actividad siderúrgica en un periodo de concentración de población en torno 121 Los posibles asentamientos celtibéricos previos a Arcobriga romana varían según los autores, existiendo la posibilidad entre El Castillo o «Castro Ciclópeo» ( Aguilera, 1909: 61 ss.; Cuadrado, 1982; Arlegui, 1990: 45 s.; Lázaro, 1991; 490; Caballero, 2003: 24) y la Atalaya de Vallunquer o Cerro de San Pedro (Aguilera:1909, 100; Id. 1911, IV: 46 s.; Lázaro, 1991: 490; Caballero, 2003, 25) o el poblado de Castilmontán (Somaén, Soria), excavado en 1988-1989 por M. Arlegui. 122 Gonzalo, 2003- 2004: 353 ss. Restos de estructura circular, abundante cerámica celtibérica común, romana de tradición indígena, una escasa representación de Campaniense A y un significativo conjunto de material metálico, compuesto por clavos, punzones, asas de situlas, tachuelas, un soliferrum y glandes de honda. 48 al Cerro del Villar abarcando desde el s. II a. C. al s. I a. C.. En el Cerro de San Pedro, al otro lado de la Cañada Hermosa, se hallan cerámicas a torno y la existencia de un abrigo con grabados rupestres denominado “Cueva de las Cazoletas”123, ubicado en un pequeño acantilado de areniscas124. Compuesto por motivos fusiformes, picados o filiformes, hornacinas y cazoletas, asociada al poblamiento celtibérico y a las necrópolis. La interpretación que Royo y Gómez dan a sus grabados se asocian con el mundo mitológico y culto astral, utilizado en su primera fase, durante un periodo indeterminado del poblamiento celtibérico de la zona, posiblemente entre los siglos IVIII y II a. C. (Royo y Gómez, 2005: 316). Completan el grupo de asentamientos las necrópolis celtibérica de Arcobriga, de indiscutible trascendencia, con una ocupación desde el s. IV al I a. C. Rito de incineración generalizado con una gran riqueza en sus ajuares, dando nombre al tipo de espadas celtibéricas con nielados de plata en la empuñadura125 III.5.2.-Nertobriga126. También se plantearon distintas ubicaciones para Nertobriga, perteneciente al grupo de los belos, y ciudad relevante debido al registro numismático y situación estratégica que portenta. Mansio situada de Bilbilis a 21 m.p.m. hacia Segontia. Itinerario de Antonino: 437. 4; 439.2 y en el Ravennate: 309.15. Se han propuesto diferentes localizaciones, centrándose los trabajos en Ricla127, La Almunia y Calatorao128. Las referencias del TIR aluden al “Cabezo Chinchón” en Calatorao129. A partir de prospecciones realizadas por Dña Antonia Díaz Sanz en 1989130, se detectaron indicios de lo que 123 Anexos. Lámina 1: Cueva de las Cazoletas, Cerro Ógmico y Castro Ciclópeo. 124 Royo y Gómez, 2005- 2006: 293- 321, documentaron este abrigo publicando su descripción, estado de conservación e interpretación de los grabados. 125 Un trabajo de síntesis apropósito de la necrópolis el monográfico elaborado por Lorrio, A. y Sánchez del Prado, Mº 2009. Donde se refiere la historiografía de las intervenciones, el catálogo del M.A N., fotografías de los materiales y su relación con la ciudad de Arcobriga. 126 Protagonista en las campañas de Marcelo en el 169 a. C. Al tiempo que se levantaban las terrazas del asedio, (Apiano: Iber. 48). solicitaron el perdón mediante el envío de un heraldo revestido con una piel de lobo en lugar del caduceo. 127 La ciudad que tratamos, ha sido objeto de varias atribuciones, comenzando por la de Zurita, que la redujo a Ricla, opinión aceptada por Cortés y varios autores. Shulten, 1920: 3. Y que Pérez de Nueros, 1701: 7 y Céan- Bermúdez, 1832: 152, también ubican Nertobriga en este municipio. 128 Antonio Beltrán localizó un yacimiento hallstático en Cabezo del Chinchón (en La Almunia) como precedente de la Nertobriga celtibérica; por otra parte Beltrán, 1986: 26- 27; menciona una posibilidad en Urrea del Jalón, apropósito de “los problemas cronológicos de la Celtiberia aragonesa” y Medrano y Díaz, 2000: 170; han localizado en “La Torre” o Eras del Romeral, en el municipio de Calatorao, gran abundancia de material del s. I a. C., estos planteamientos quedan aún a merced de las nuevas investigaciones y descubrimientos. 129 TIR, 1993: 158. 130 Los resultados de la prospección del municipio descritos por Díaz, 1991. 49 posteriormente los trabajos arqueológicos sucesivos evidenciarían la ubicación de Nertobriga y su ocupación territorial. Reseña a la existencia de un yacimiento romano al norte de la villa, donde se presentan restos de antigüedades, de mosaicos, columnas, pequeños trozos de la llamada bajilla de Sagunto y se encuentran monedas antiguas de diferentes tipos coloniales e imperiales, todo lo cual demuestra que debió allí existir la antigua c. de Nertobriga. (Madoz, 1845: 269). Siguiendo las indicaciones de Madoz y el Itinerario de Saavedra, Sentenach también ubicará Nertobriga en Calatorao. Detectará muros y estructuras romanas, así como abundante cerámica, vidrios, bronces, estucos y mosaicos; sin embargo, lo que parece que tuviera la ciudad era ni circo, ni teatros, ni anfiteatros, o al menos no se encuentran lugares donde suponerlos. (Sentenach, 1920: 8). Desde las primeras propuestas de Moro en Calatorao a las últimas excavaciones, que han arrojado luz en este sentido; con materiales celtibéricos y restos de construcciones y la sitúan bajo los estratos romanos correspondientes a una villa rural en el enclave denominado Cabezo de Chinchón131, (Calatorao) de continua ocupación desde la Edad de Bronce y Hierro I hasta s. V a. C., con ollas globulares, cerámicas con perfil en S y decoración en cordón o incisa aunque sin constatar indicios celtibéricos, aunque sí un potente nivel de cenizas132. Testimonios celtibéricos más certeros documentaron la localización de la Nertobriga celtibérica entre el foso de la virgen de la Cabaña, en la Almunia de Doña Godina, y Puyrredondo, sede de Nertobriga II, la ciudad romana en época imperial133. En las Eras del Romeral se encontraría Nertobriga III134, ubicación constatada en el Itinerario de Antonino y con una ocupación del s. I a. C. hasta s. V d. C; quedando la ubicación definitiva de la Nertobriga celtibérica poco definida arrasada por la ocupación posterior, pese a los intensos trabajos de prospección y excavación135. 131 Las investigaciones sobre el yacimiento las llevan desde el año 2000 María Antonia Díaz Sanz y Manuel Medrano Marqués, aunque el mismo fue arrasado en los años 60 por los trabajos de un tractor que profundizó 70 cm. destruyendo gran parte de la información. Informe acerca de los trabajos desarrollados en Díaz y Medrano, 2004: 437-462.. 132 Medrano y Díaz, 2001- 2002. 133 Medrano y Díaz, 2003: 334 y ss. 134 Sus coordenadas, correspondiendo a la ubicación en las Eras del Romeral son: 41º 30´54,56´´ N 1º 21´9,78´´ W. 135 Medrano y Díaz, 2001- 2002. 50 Las tres Nertóbrigas documentadas corresponden a la evolución histórica de la ciudad. Un conjunto de yacimiento extendiéndose en tres kilómetros, desde la ermita de la Virgen de las Cabañas (Almunia de Doña Godina) hasta la Torre (Calatorao) siguiendo la constante, como ya hemos visto, de modo de poblamiento en el valle Medio del Jalón, junto a recursos mineros, agrícolas y ganaderos. En este mismo municipio se descubrieron dos minas de galena argentífera , denominadas de San Fernando y de Ntra. Sra. de los Palacios, y otra del mismo género llamada la Murciálaga, denunciada por José Óstale136, a las que también alude Madoz, a propósito del municipio137. Anexo. Mapa 9: Localización de Nertobriga I, II y III. Fig. 25: Nertobriga II, (Puyrredondo) Casa de la Piscina. (Díaz y Medrano, 2004: 443). III.5.3.-Aquae Bilbilitanorum138. Coordenadas topográficas junto al lago termal : 41º 17´39,11´´ N 1º 53´ 53,89´´ W, mansio del Itinerario de Antonino: 437. 2; 438.14, no siendo mencionada por el Ravennate. Se encuentra a 24 millas de Bilbilis, en el término de Ateca e identificado con Alhama de Aragón139 de reconocidas cualidades termales en sus aguas: 136 Madoz, 1845- 1850: 177 del Tomo II del Diccionario geográficohistórico de España a propósito del municipio de Alhama de Aragón en referencia a sus recursos económicos. 137 Madoz, 1845, II: 177 138 Anexo. Mapa 10: Localización de Aqvae Bilbilitanorum. 139 L.Con ayuntamiento De la provincia, aud. Terr. Y ciudad g. de Zaragoza (20 leguas),- partido Jud. Y adm. De rent. De Ateca (2 1/2), dióo. De Tarazoana (14 1/2): SIT. á la márgenes Izq.Del r. Jalón, en un llano angosto dominado por 4 grandes montañas que lo_ defienden de todos los vientos ; su CLIMA es saludable, sí bien suelen desarrollarse algunas veces enfermedades tercianarias, por causa de los muchos manantiales de que se hablará, y por la proximidad del r. (Madoz,1845-1850: 584). 51 Sin duda el origen de este pueblo es debido á la virtud de sus preciosas aguas miuerales (V. ALHAMA BASIOS DE), que hubieron de atraer sus primeros pobladores, como sé puede congeturar por los nombres que le han distinguido, siempre espresivos únicamente de sus baños. Los romanos la conocieron con el nombre de Agum Bil/Uame ó Aqua bilbilüanorum, eomo.se lee en el itinerario, atribuido á Antonino, esto es: baños Bilbílís, ó de ios que habitan sus riberas (asi se llama el r. JALÓN V.) (Madoz, 1845: 590). Sólo se conocen cuatro yacimientos termales antiguos en la cuenca del Ebro, lo que parece muy poco ya que cubre la sexta parte de España y contiene numerosas fuentes medicinales. Muy próximo al río Jalón, donde aún continúa la utilización de su recurso termal140, Ceán Bermúdez, 1932: 134; halló evidencias de su antiguo aprovechamiento desde la época romana, si no prerromana, del que, según Gutiérrez, proviene el oscuro término Congedus que sólo podemos encontrar pruebas de la existencia de estos establecimientos termales gracias a la arqueología, epigrafía y en algunos casos la numismática141. Fig. 26: Vega del Jalón de Alhama de Aragón hacia Calatayud. (Particular). Fig. 27: Estación termal de Alhama de Aragón. (Particular). 140 Marcial:Epigram. I, 49, 9. tepidumque natabis Congedi vadum. 141 Tal documentación resulta desigual y difícil de utilizar, como veremos para los cuatro yacimientos atestiguados: Alhama de Jalón, Tiermas, Fitero y Panticosa.(Dupré, 1992: 291) 52 III.5.4.-Sekeiza142. Localización, medio físico: Mapa topográfico 438- Paniza. 2ª Ed. Ins. Geogr. Cat., 1954, 1/50.000. “Poyo de Mara”: 41° 18' 8" lat. N. 2° 10' 20" long. E. Anexo. Mapa 11: Situación de Sekeiza I. (Burillo, 2005b: 13) En el Poyo de Mara143, ciudad con un claro dominio del territorio delimitado por los ríos Jalón, Jiloca y Perejiles. Su urbanismo y evolucionada poliorcética la sitúan entre las ciudades más poderosas, aglutinando bajo su área de influencia a otros enclaves y etnias en un sinecismo que favoreció su fortalecimiento, constatado arqueológicamente por la divergencia entre las viviendas y barrios, dispuestos en un sistema reticular, corroboran el planteamiento intencional dependiendo referente a la escala social de sus habitantes144. El proceso de sinecismo causó desconfianza a Roma durante el periodo de conquista en tiempo de Graco, desde 179 a. C.. Desafiando a la República romana con la ampliación de su muralla, la repuesta se tradujo en la destrucción de la ciudad y la consecuente huida de la población145 en el 154 a. C. refugiándose en territorio arévaco. Sin embargo parece, según evidencias numismáticas, que su estado pervive en el exilio146 y continúa acuñando con la leyenda Sekeiza, Tras la pacificación del territorio belo en el 151 a. C. Volvió nuevamente a instalarse en la comarca donde alzó un nuevo emplazamiento situado en Durón de Belmonte de Gracián147, Segeda II en el que tuvo una corta existencia dadas su destrucción y posterior abandono en la primera mitad del s. I a. C. (Burillo, 2001a: 92). (Apiano: Iber. 44). Segeda es una ciudad de los celtíberos, de los llamados belos, grande y poderosa, y había sido inscrita en los pactos de Sempronio Graco. Ésta obligó a las ciudades más pequeñas a instalarse dentro de su territorio y se rodeó con una muralla de hasta cuarenta estadios en su derredor y obligó a los titos, otra tribu limítrofe, a unirse a ellos. 142 Acerca de Sekeiza, la referencia fundamental se encuentra desde Shulten: 1933, y principal aportación en la extensa bibliografía de Burillo Mozota, F. desde 1983- 1984 con Ostalé; Burillo 1999; Burillo 2001a; 2001b; 2001- 2002; 2003; 2006a; 2006b, 2008 prosiguiendo las intervenciones arqueológicas y la publicación de resultados en simposios, artículos y obras monográficas hasta la actualidad. 143 La primera propuesta de identificación de esta ciudad la encontramos en 1657 cuando Zapata la ubica en Canales de la Sierra (Rioja) a partir de un documento del siglo XII en el que se señala a dicho lugar como Segeda antigua civitas deserta. Esta relación es seguida por la mayoría de los estudiosos siendo una de las últimas atribuciones la de Sáchez Albornoz en 1929. (Burillo, 2001a: 88) 144 Burillo:(2003, 211 y ss.) 145 La llegada del ejército romano a cargo de Nobilior no obliga a suponer que deba existir en el entorno de Segeda un campamento romano desde donde se sitiará la ciudad vacía. Sin embargo las prospecciones arqueológicas realizadas han evidenciado un campamento que parece corresponder a este acontecimiento histórico. (Burillo, 2001a: 91-92). 146 Este hecho se constata en Apiano: Iber. , 45. 147 Descubierta en 1933 tras la prospección e intervenciones arqueológicas de Schulten. 53 Prospecciones y excavaciones realizadas durante el 2005 por el equipo de investigación de Segeda, localizaron a 4 km. al sudeste de Sekeiza I una zona sin vestigios edilicios y con grandes acumulaciones de material cerámico romano republicano. Su afinidad con Renieblas III hace plantearse a Burillo la posibilidad de estar ante el campamento de Nobilior en el 153 a. C. Fig. 28: Vista aérea del Poyo de la Mara. (Burillo, 2005b: 9) Sekeiza II, de Durón de Belmonte Gracián. Localización del medio físico: Mapa topográfico 438- Paniza Segunda Ed. Ins. Geogr. Cat., 1954, 1/50.000. “Durón” de Belmonte: 41° 18' 55" lat. N. 2" 10' 40" long. E. Corresponde a una de las “ciudades en llano” republicanas. Situada en una zona de potencial explotación agrícola, de urbanismo reticular y distribuido en insulae. El sistema defensivo se compone de muralla y foso148. La poliorcética se asemeja a las murallas republicanas de Iesso149 (Girona, Lérida) o la segunda fase de Tarraco. Fundada ex novo y de tipo itálico en el último cuarto del s. II a. C., fue concebida para acoger a poblaciones autóctonas. No recibió ningún estatuto privilegiado lo que provocó su abandono a mediados del siglo I a. C. Las catas realizadas en los años 40 sacaron a la luz un pavimento de signinum de orla con meandros de svásticas y retícula de rombos en una estancia con decoración mural correspondiente al estilo Estructural griego150, según el modo tradicional republicano del valle medio del Ebro. 148 Es la medida en su enchura, de unos 45 m., es la misma que la del asentamiento urbano de la Caridad de Caminreal (Teruel), tan relacionado con el belmontino en cronología y circunstancias en cuanto a su fundación, y también muy similar al foso del vecino asentamiento de Valdeherrera (Calatayud). (Asensio, 2001: 85) 149 La modulación, como apuntaba Martín Bueno, nos habla indiscutiblemente de unas medidas basadas en el pie romano, por lo que parece difícil, a nuestro parecer, negar una influencia romana al menos en este aspecto. Por nuestra parte, hemos hallado varios modelos de sillar con medidas diferentes, pero siempre múltiplos del pie romano, entre los que podemos señalar principalmente dos tipos: 135 x 60 x 45 cm, es decir, 4'5 x 2 ( bipedalis ) x 1'5 (cubitus o sesquipealis) pies romanos aproximadamente. Como es evidente, los 4'5 pies equivalen a 3 cubitus o sesquipedalis. 135 x 60 x 30 cm, es decir, 4'5 x 2 x 1 pies romanos aproximadamente. (Asensio, 1995: 245- 246). 150 De este tipo derivará el I Estilo Pompeyano, semejantes entre sí, de modo que las diferencias entre ambos se fundamentan en las variantes dentro de la disposición de los diversos elementos, ortostatos, bandas lisas y sillares, y la proliferación de molduras de cornisas con una policromía más rica. 54 Fig. 30: Muralla de Sekeiza II. (Durón de Belmonte). Fig.31: Área de Sekeiza II. Www.celtiberiahistorica.es. Www.red.gnoss.com Fig. 32: Aparejo isodomo de Sekeiza II. (Mostalac, 1994: 322). III.5.5.-Bilbilis151. Históricamente ubicación ambigua, señalándose bajo Bilbilis Italica como en Valdeherrera152 no pasó desapercibida entre los estudiosos de la Historia peninsular; desde Pérez de Nueros, que describe el cerro de la Bámbola con palabras de Marcial153 hasta Vicente de la Fuente que en 1880 hacía hincapié en un monográfico a la Siempre Augusta y Fidelísima ciudad de Calatayud. En una primera parte de la obra se detiene en las ruinas de Bilbilis y su origen y ruinas, recalcando la topografía abrupta, su posición enriscada y rodeada de aguas por tres partes de su circunferencia a han hecho comparar a la célebre ciudad de Toledo. (de la Fuente, 1880: 18). 151 La Geographia Ptolomeo ubica debajo de los “42 grados y 30 minutos de la elevación del Polo Ártico Septentrional y distante al oriente de las Islas Canarias...(Pérez de Nueros, 1701, 8). 152 Mansio localizada en el Itineraro de Antonino: 437.3; 439.1 y en el Ravennate: 309.16. En el TIR, 1993: 64-66. 153 Monte de la Bambola, es un monte alto, y redondo, y todo él se puede circular, es demasiado áspero, fragoso y agrío. (Pérez de Nueros, 1701: 9). 55 Diferencia entonces, una Bilbilis celtibérica: antes de la venida de J. C. de una romana municipal y gótica: desde el s. I al s. VII inclusive. (de la Fuente, 1880: 13). La singularidad de su ubicación la posicionan entre las ciudades notables entre las que conforman la étnia de los belos y en concreto dentro del valle medio del Jalón, estableciendo relaciones de poder, políticas y socioeconómicas con los enclaves próximos, que algunos autores han visto reflejado en el significado de su nombre154 vinculado por Medrano y Díaz a una variante de Beli y este del dios protector del ganado Beltaine155 Fuertemente defendida por los cortados naturales por donde el Jalón se abre paso, verticales formaciones que hacen a la ciudad inexpugnable por el NE y E156. La acrópolis doblemente defendida por murallas tanto en la parte sur hacia Húermeda como en la septentrional, que baña el Ribota y la entrada a la población por los cerros de la Soledad. (de la Fuente, 1880: 22), remarcando su localización estratégica indiscutible del barranco de Armantes. Podría atribuirse al denominado por las fuentes clásicas como Saltus Manlius ya que actualmente aparece reflejado en la toponimia como el Salto157, donde el general Manlio sufrió una emboscada de los belos al cruzar por dicho paso. Dichos acontecimientos bélicos que se desarrollaron en sus proximidades durante las guerras en Hispania, mencionadas ya por Dolç, Quinto Fluvio Flaco consiguió en el 180 a. C. una victoria sobre los celtíberos158, Claudio Marcelo sufrió una emboscada en el 152 a. C. cerca del Saltus Manlius159 y durante las guerras sertorianas, Bilbilis fue adherida a la causa de Sertorio en el 77 a. C. como objetivo de gran interés estratégico, que le fue arrebatada en el 74 a. C. por Metelo. La planimetría de la parte inferior de la ciudad completamente adaptada al terreno, dispone las viviendas en terrazas simplificando por ello el modelo itálico. Desarrollado sistema hidraúlico, en cuanto a la recogida en cisternas y distribución del agua necesaria para el funcionamiento óptimo cotidiano que una ciudad romana precisaba. No obstante las excavaciones sacaron a la luz, en la parte alta de Bámbola, restos de viviendas, de corte completamente distinto al romano que consta de 154 El nombre de Bilbilis parece que está compuesto y se deriva de dos voces. Y dos bocablos, que son Bil y Bilis, que mirando el significado de segundo que es Bilis, junto con el primero que es Bil, quiere decir dos veces Bilis, y según adbierte Ambrosio Calepino en su diccionario latino, verbo bilis, explica y entiende una cosa de ira colérica o fuerte, conque, podemos presumir, o entender, que este nombre Bilbilis, quiere decir Cuidad dos veces irada, colérica, fuerte, y se juzga lo entendió así Oracio, cuando dixo en el 2 serm. Sal 2: (Pérez de Nueros, 1701: 21) 155 Dios protector del ganado, “brillante” o “fuego reluciente”; citados por los textos procedentes del ámbito galo, irlandés o de los kymry (galeses). (Medrano y Díaz, 2000: 167). 156 Marcial en Epigram. I. XLIX, describe la alta Bilbilis y su territorio circundante. 157 El camino del Sto. Cristo de la Ribota, y cambia después de nombre, tomando el del Salto, porque sus aguas se precipitan perpendicularmente de cuatro estados de altura. (Madoz, 1846: V, 265) 158 Livio: Ab urbe... XL, 39. 159 Aunque tanto en la traducción de Villar del libro XL de Livio como en la Tabula Imperii Romani (k30) ubica este topónimo en las proximidades del puerto de Morata del Jalón y no en las inmediaciones de Bilbilis. (TIR, 1993: F- III). 56 una estancia rectangular con un rebanco en su perímetro y una cisterna con capacidad de 200 litros, con paralelos en Alcañiz y 160 y en la “Casa de los Titos” de Sekeiza I161, amortizados con la construcción del foro. Fig. 33: Bilbilis Italica por López Sampedro, 1968. . López Landa admirando sus ruinas encumbradas en el cerro de la Bámbola162 hizo constar el estado de los restos sus edificios civiles que por entonces se podían intuir. No obstante los trabajos de excavación y documentación, comenzados por Sentenach163 y Schulten, afloran hoy la disposición de su urbanismo, las estructuras poliorcéticas, material arqueológico rescatado y documentado, Estos pueden ser consultados en la prolífica bibliografía que anualmente se publican detalladamente los resultados de las intervenciones arqueológicas ofreciendo una constante actualización de los resultados164 y novedosas aportaciones. Fig. 34. Narciso Sentenach. Museo de Calatayud. 160 La habitación podría encerrar un recinto artesanal y en palabras de Martín- Bueno encontraría paralelos evidentes entre las casas de tipo indígenas del Bajo Aragón, por lo que se inclina a pensar que corresponde con restos de viviendas del siglo I a. C. (Martín- Bueno, 1991c: 175). 161 Casas con escasa compartimentación, muros de tapial y escaso zócalo, asociadas a una zona descubierta, un horno de fundición de hierro y una cisterna en Burillo, 2002b, 207- 208. 162 Un cerro agrio, feroz, que aún ostenta las huellas de las cáligas de aquellos legionarios de la antigua Roma. (Landa, 1935: 40) 163 Sentenach, 1918, realiza las primeras intervenciones arqueológicas determinando el perímetro de su muralla, identificando los edificios civiles monumentales como el teatro, el foro, las puertas de acceso y su disposición urbanística o la existencia de termas. 164 La primera publicación de Martín-Bueno,1973; 1975; 1991a; 1991c; Martín-Bueno y Saénz Preciado, 2001-2002; 2003;. 2004; 2005; 2006a; 2006b; 2012a; Martin-Bueno, Saénz Preciado y Sevilla Conde, 2007. 57 (Marcial: Epigramas, IV, 42) Verás también a Platea, que su fierro Con estrépito forja, rodeada187 Por el Jalón, aunque escaso, bullicioso, Dando a sus ar mas acerado temple.188. López Landa del mismo modo acepta el enclave de Valdeherrera, cuyo entorno es denominado con Cifuentes, por su abundancia en manantiales; donde se detectaron numerosos hallazgos, como pondus, monedas, restos de pavimentos y vasijas. Caracterizada por estar ubicada en una planicie y donde el poeta Marcial, según López Landa, huía del afán guerrero de Bilbilis y se dedicaba a la plácida agricultura189. Por el contrario Melendo plantea una alternativa a su situación en el término municipal de Ateca y próximo a Castejón de las Armas donde aún quedan testigos de construcciones en piedra y tapial y el Barranco de las Minas190 acentúa estos versos, sin embargo ésta hipótesis carece de momento de las evidencias arqueológicas pertinentes. López Sampedro, dedica unas últimas puntualizaciones en su Carta Arqueológica, al debate historiográfico que desencadenó la ubicación de Platea haciendo balance de las posibilidades ofertadas hasta ese momento aunque sin aportar datos concluyentes. Desde las “Cuevas de Reloj” y Valdeherrera de Vicente de la Fuente, la cumbre oriental de Bilbilis, de Schulten, López Landa y sus continuadores volviendo al entorno de Valdeherrera. Conocedor de esas tierras hace notar la estación arqueológica de Peña de la Mora como posibilidad y, que próxima a Bilbilis, encajaría en las descripciones, tras una intervención arqueológica que lo confirmase191. Ubicación de la que Montero, haciendo alusión al topónimo Platea coincide en la descripción con Campiel: llano al pie de la montaña. (Montero, 2009: 106); relacionándolo igualmente con el vergel bañado por el Sado, a tenor de la descripción del poeta bilbilitano. 187 Las minas de Platea se encuentran en el lugar conocido como Barranco de Valdelagua. (Melendo, 1997: 76), respecto a las minas de hierro que afamarían la ciudad. 188 Próximo a Bilbilis, pues podían ser cultivados y gozar de ellos los bilbilitanos sin más fatiga, labore prigo. (de la Fuente, 1880: 82) 189 López, 1935: 72. 190 Coordenadas topográficas: 41º 17´25,43´´ N 1º 46´13,68´´ W. 191 En la misma cumbre existe una construcción de hormigón romano, de las mismas características que las de Bilbilis, y varios muros de piedras, posibles restos de antiguas murallas y muros de contención de piedras. Aunque los restos existenten a flor de tierra no permiten delimitar exactamente su área, podemos calcularla aproximadamente en 20.000 metros cuadrados.(Sampedro, 1968: 153). 64 Coincidiendo con Tovar, Gutierrez Pérez encuentra el origen del nombre en la toponimia grecolatina192; tomando como préstamo la palabra argento, vinculado a la explotación de la galena argentífera193; aunque Soler asegura el topónimo PLA- a las ciudades en grandes llanuras194, o BEL- referente a los pastos, aceptando la posibilidad de que las voces ibéricas sean deformadas por influencia latina. Las actuaciones arqueológicas, realizadas por Cebolla y Royo, 1997, en Calatayud fueron el origen para la identificación de una ocupación romana de menor entidad posterior al abandono de Bilbilis I, el material y estructuras fueron adjudicadas por sus excavadores a una villae rural, junto a un nuevo hallazgo. La reciente aparición de un importante conjunto termal en la plaza Ballesteros, fechado en los siglos I-II d. C, a falta de la publicación de los resultados de la excavación, parece confirmar cada vez más la ubicación de Plátea en Calatayud. (Martín- Bueno, 2009; 421). Con la crisis del sistema urbano de Bilbilis Italica, surge un modelo de poblamiento fundamentado en villae rurales, que se distribuyen por el territorio bilbilitano, confirmándose arqueologicamente en Virgen de los Diegos (Nuévalos), Planilla de Lardallén y Las Cárcavas (Torralba de Ribota), Los Arcos y Valdeherrera (Calatayud)195. Donde la aparición de Terra Sigillata Hispanica y vestigios de estructuras de menor entidad permiten plantear una ocupación agrícola dispersa entre los siglos III- V d. C. Anexo Mapa 14: Historiografía sobre la situación de Platea. Fig. 42: Vista de Campiel y Peña de la Mora. (Particular). 192 Gutiérrez, 1992: 67., del mismo modo en Pailler, 2005: 373; del que vendría la palabra plata asociándola al paralelo galo argontadannus o cassidanus, magistratura encargada de controlar la transformación del metal, sus pesos y medidas. 193 Se plantean paralelo en el bronce de Crotona donde Untermann y Bayer, interpretan la expresión arcatonbesom loutu, relacionado a las mina de plata en polémica con la interpretación de silabur en Bronce de Botorrita por Hoz; recogido en Burillo, 1997: 98 y ss. 194 Montero, 2009, 105. 195 Ver Caballero, 2003: 42- 43. 65 IV.-. EVIDENCIAS NUMISMÁTICAS, EPIGRÁFICAS Y ARQUEOLÓGICAS. IV.1.-.NUMISMÁTICA. Las cecas en la Hispania Citerior se desarrollan a partir de los contactos externos, las ciudades de la Celtiberia centraron sus objetivos en emitir una moneda según los patrones comerciales existentes más allá de sus fronteras196 y dar a conocer a través de elementos iconográficos aceptados por el mundo mediterráneo, los motivos étnicos de su identidad. Dentro del Valle del Jalón, en territorio belo, dos ciudades principales emitieron moneda desde los primeros momentos de la conquista romana; en el análisis físico de las emisiones de Sekeiza y Bilbilis, su métrica, series emitidas y cronología, se puede ver reflejado las relaciones que establecieron con otras, constatando los procesos históricos en los que se vieron involucradas. Aunque la atribución de las primeras emisiones hispánicas oscila entre Emporion o Rhode. No cabe duda que el N E peninsular, a través de la ruta del Ebro fue la vía de acceso del sistema monetario y el comercio mediterráneo. Las fundaciones focenses emergían y prosperaban durante el S. V a C. como centros de importación y redistribución de productos griegos197. El S. III a. C. se identifica por primera vez la acuñación del dracma, con cabeza femenina o de diosa en el anverso, influencia griega y caballo parado en el reverso, de influencia cartaginesa y su fracción198 con los signos E M, a ambos lados de la cabeza. Emporion continuará emitiendo hasta fines del S. II a. C.; el fin de su emisión coincide con los momentos de inestabilidad de la II Guerra Sertoriana, cuando posiblemente el denario romano sustituya al dracma y se normalice el uso de los bronces de Untikesken. Fig. 43: Dracma emporitano. Www.tesorillo.com Fig. 44: As Untikesken. www coinarchives.com 196 Hallazgos de torques y piezas metálicas cortadas en poblaciones con sistemas ponderales premonetales. De entre los patrones principales, y aunque no se corresponden exactamente, se puede determinar una relación de pesos correspondiente donde la dracma equivale a ½ shekel y al mimo tiempo corresponde con los primeros denarios romanos, denostando la relevancia de los contactos comerciales que establecían entre sí. Han calculado el peso de los brazaletes broncíneos a 23gr. Por unidad aproximadamente, acercándoles a los denarios romanos y la relación de pesos con los bronces celtibéricos; todo ello pormenorizado en García-Bellido, 1993. 197 La evolución y características específicas de las diferentes emisiones emporitanas son tratadas de forma pormenorizada en los trabajos de Pujol y Camps, 1973; Villaronga, 1994 o Campo, 1994. 198 El tritertatemorion como se denomina al octavo, fracción del dracma y representado por un Pegaso en el reverso mientras que conserva la cabeza femenina a derecha en el anverso. 66 Las rutas del estaño hacia la Narborense, expuesto por Hiernard, o la necesidad de financiación para el reclutamiento de mercenarios de los ejércitos cartagineses y romanos, será el impulso en la proliferación de las primeras cecas locales de la Celtiberia imitando modelos conocidos, dracmas y shekels. La guerra precisará ser sufragada por una gran masa monetal; por este motivo Cartago y Roma apoyarán la emisión de plata en las ciudades incluidas en su circuito de influencia199. Muchas de las ciudades celtíberas ya acuñaban moneda desde principios del S. II a. C. y ciertos criterios cronológicos manejados por Francisco Burillo encuadran el origen de la mayoría de estas acuñaciones en un periodo ausente de guerras; con un sistema compuesto por unos tipos monetales en bronce y su correspondientes divisores, algo bastante común a la hora de resolver ciertos problemas en las transacciones comerciales locales200. Anexo. Mapa 15.Distribución de cecas. Es evidente que las ciudades de la Hispania Citerior aumentaron el volumen de sus serie acuñadas, no sólo por verse involucradas en el comercio mediterráneo. Botines de guerra, el cumplimiento de los pactos de Sempronio Graco y la necesidades cada vez mayor del pago de stipendium dieron comienzo a la producción de denarios y al incremento de emisiones locales ajustando su valor al sistema romano. El hecho de que en Hispania estuviera administrada por cónsules militares quizás respaldó el fenómeno de la moneda de plata, utilizando tanto el denario como el oscensis argentis. La romanización y la nueva organización administrativa delegó a los municipium el derecho de recaudación de impuestos y la aplicación legislativa latina, provocando la creación de emisiones ex profeso y la desaparición progresiva del patrón numismático indígena estandarizándose en la figura del denario, dedicadas al emperador y con leyenda latina. Fig. 45: Denario republicano anónimo. Www.tesorillo.com 199 De este modo señala Villaronga en lo referente a los tipos emitidos en el Sureste peninsular, los tipos de cabezas viriles diademadas, identificadas con Melqart con proas de naves o elefantes y posteriormente caballo y palma en los reversos. 200 Burillo, 1998: 242. 67 IV.1.1.- METALOGRAFÍA. •La Plata: En un primer momento comienza su difusión desde las cecas de Iltirta, Cese y Ausescen y poco después, llegaron a ser acuñada por Sekeiza y Arekoritikos, a partir del 133 a. C. lo harán otros centros, como Turiazu, Belico e incluso Kontrebia Karbica. El valor de estas serie especiales otorgarán a las ciudades emisoras un evidente carácter de estratificación entre las cecas. Burillo en 1982 estableció una relación jerárquica entre las cecas que acuñaron en plata de la Celtiberia. La regularidad en la distribución de estas en un territorio donde se acuñaba fundamentalmente bronce, le llevó realizar conjeturas acerca de la intencionalidad por parte de Roma en el surgimiento de estas emisiones durante la etapa sertoriana. En el valle del Ebro sólo tres cecas acuñaron en plata, Sekeiza, Iltirta y Arekoratas, estos centros al capitalizar la acuñación en plata, se convierten a su vez, en centros fiscales de un amplio territorio. (Burillo, 2001a: 101). Durante la nueva ubicación surgen a su vez nuevas cecas, a una equidistancia de 50 km. Desde el siglo II a. C. y hasta época sertoriana, que Sekeiza deja de acuñar definitivamente. Anexos: Mapa 16: Distribución de las acuñaciones en plata de la Celtiberia. Este periodo de turbulencia bélica, del s. II a. C. las acuñaciones en plata, por consiguiente serían destinadas a la fiscalización de tributos que exigían para el pago de las legiones y a la financiación del ejército ya que se corresponden la creación de nuevas cecas cronológicamente con el paso de las legiones romanas, reproduciendo las marcas de los denarios en las propias leyendas ibéricas201. Las fuentes clásicas no dejan de referirse al argentum oscense202 y a la riqueza en plata de la Celtiberia. Roma, durante la República y al igual que hizo en Masalia, no dejó de respetar las acuñaciones locales, excepto en las áreas influenciadas por el shekel, donde impuso la plata romana. Entre el 180 y 170 a. C. debió organizar las emisiones de denarios ibéricos en Hispania, asegurándose de forma local, independientemente del suministro central. Este vectigal certum no fue generalizado en las dos Hispanias, ni en todas las ciudades stipendiariae, debido a la presencia legionaria que en cada una fue de distinta naturaleza. Fig. 46: Denario forrado. Museo de Calatayud. (Particular). 201 Villaronga, 1995: 10. 202 Con referencias en Livio: ab Urbe...(34, 10, 4; 34, 46,2; 40, 43, 6) 68 •El Cobre: Evidentemente el cobre fue el metal más utilizado, con ella se elaboraba la moneda para realizar pagos menores. Fue moneda fiduciaria, de valores pequeños y divisora de la plata. Acuñada al marco, con un número de emisiones establecido por la cantidad de metal donde se da poca importancia al peso exacto y como resultado llevó a acuñaciones descuidadas y poco atesorables. Esta fluctuaría en su peso dependiendo de las devaluación sufrida por la plata en periodos de crisis, adaptándose a su peso mejor establecido. Las cecas de la Celtiberia se encuentran relacionadas con acuñaciones beronas, donde se detecta una cierta variación en los pesos de las monedas de bronce, debido a su ajuste con otros sistemas más arcaicos de medición203 perpetuando los modelos indígenas sin adaptarse al denario con grandes diferencias como 10 ases = 1 denario. Esta moneda fue utilizada fundamentalmente en las necesidades propias del desarrollo de la economía y de la vida urbana, explotaciones mineras y agrarias204. El pago en metálico propició la intromisión de las formas de vida romanas en el ámbito indígena hasta sustituir a las autóctonas a casi en su totalidad. Fig. 47: Ceca berona de Uarakos. Www . moneda-hispanica.com Fig. 48: Ceca lusona de Turiasu. www.moneda-hispanica.com 203 Los hallazgos han demostrado que tenemos monedas “semiunciales” enterradas en Numancia mucho antes que en Roma se hiciese tan reducción (90 a. C.). (García -Bellido, 2001: 92) 204 Beltrán, 1986: 895; 2006: 111. 69 IV.1.2- LAS ACUÑACIONES DE SEKEIZA Y BILBILIS: Tanto Sekeiza como Bilbilis205 acuñan moneda propia desde época republicana, no obstante en los yacimientos del territorio, se documentaron otras cecas peninsulares. Cotejar sus características físicas monetales, iconográfia y tipos permitirá intuir la jerarquización socioeconómica desarrollada durante el siglo II y I a. C. siendo testigos vivos, sensibles y consecuencia de los cambios. De su iconografía cabe destacar la cabeza masculina a derecha y el jinete con lanza, de creación local, como las imágenes más reiteradas en los anversos y reversos de denarios y ases, estando presente en 62 talleres, permitiendo variaciones muy limitadas para señalar las diferentes series y emisiones acuñadas IV.1.2.1-SEKEIZA. Las emisiones de Sekaiza fueron numerosas y de amplia dispersión geográfica206 estando presentes desde la Comarca de Calatayud207 hasta las Baetica; acuñadas en bronce principalmente, presentan las unidades, semis, cuadrantes llegando incluso a cuñar denarios de plata, esto es muy significativo con respecto al poder territorial local que sustentaba sobre las otras ciudades celtibéricas próximas. En las primeras emisiones de Sekeiza, se distingue un caso único, el jinete porta un cetro con ave; distintas interpretaciones lo han identificado con una representación de cetrería (Guadán, 1969 y Beltrán, 1993), como alusión religiosa y espiritual (Olmo, 1992); aunque partiendo de los estudios de otros modelos iconográficos se han encontrado paralelos con las fíbulas de caballito y jinete que 205 La descripción de las emisiones de las cecas y su identificación con las Ciudades- Estado ha sido una ardua labor desempeñada por numerosos autores. Catalogadas en el trabajo de Untermann, 1975a: 211 -213 para Bilbilis identificada con A-73 y Untermann, 1975a: 225 – 227; para Sekeiza señalada como A-78. En él recoge las emisiones monetales hispánicas, la sección V corresponde a las del valle del Jalón, donde se adscriben las cecas de Bilbilis, divididas en 6 emisiones diferentes y Sekeiza con otras 6 emisiones. Cada una de las cecas es dividida dependiendo de la iconografía, los símbolos y la leyenda respectivamente. Ya anteriormente Delgado: Nuevo método de clasificación de las monedas autónomas de España. Sevilla 1971-76. Presentó un sistema de clasificación y documentación que sería determinante para los estudios posteriores. Vives, 1926; Guadán, 1989; Villaronga, 1994; Gomis, 2001. 206 La dispersión de las emisiones ayuda a conocer la importancia que una ciudad tuvo en el territorio, corresponde a dos concentraciones fundamentalmente, una que engloba las provincias de Soria, Guadalajara, Aragón y Cuenca, la Celtiberia y concentradas además en las principales Ciudades- Estado y próximas a campamentos romanos y otra más al sur, ya en la Beturia a orillas del Tajo, Guadiana y Guadalquivir; además localizadas en las cuencas mineras como Hornachuelos, Ruecas, Cogolludo en Badajoz; Sisapo y Diógenes en Cuidad Real, el Centenillo en Jaén; La Loba, El Viso y el Francés en Córdoba. (Gomis, 2001: 79). 207 Autores como Shulten, 1933; Mateu y Llopis, 1951; de la Fuente, 1880; Escudero, 1881; Puyol y Camps, 1885; Domínguez más recientemente, han constatado mediante sucesivos hallazgos las cuantiosas emisiones de Sekeiza y su presencia principal en la comarca de Calatayud. Reflejada en Domínguez, 1982: 23- 39. 70 confirman la amplitud e importancia alcanzada por el simbolismo ecuestre hispano de sus propios mitos, tema confirmado de nuevo en la decoración escénica de las cerámicas y en los Signa Equitum208, adquiriendo con su participación como tropas auxiliares, conciencia de clase relacionada con la evolución del urbanismo prerromano. Se producirá un cambio en las unidades, desde mediados s. II a. C., donde el jinete porta una palma, posteriormente adoptarán el tipo del jinete lancero de los reversos, con el delfín delate del busto en el anverso corresponden a un patrón metrológico similar a las acuñadas por Kese, con un peso medio de 14.04 gr. correspondiendo con una datación coetánea a encontrada en el Campamento III de Numantia de Renieblas, de 157 a 146 a. C.209. Posteriormente se fueron sucediendo las distintas emisiones, esta vez siguiendo el modelo romano y los símbolos de delfines. Estas series caracterizadas por la cabeza masculina a derecha entre dos delfines y el jinete lancero210 imitando las emisiones de Kese y Bolskan con manto, paralelos que ya se pueden encontrar en Bilbilis; Ausesken, Orosi, Otobesken, Salduie y Kontrebia Karbika (Gomis, 2001: 53) Dentro de cada emisión se diferencian los valores de denario, unidad, mitad y tercio encontrándose paralelos en Bolskan y Burzau. Mientras se perciben distintas manos de los tipos de busto imberbe, que también reúne en tres grupos y los distingue estilísticamente encontrando paralelos en los talleres de Kese. La sucesión de emisiones se detallan en VIII. Anexos: Tabla I y Lámina II: Series de la ceca de Sekeiza IV.2.2.-BILBILIS. Acuñó siempre en cobre, unidades y mitades, con emisiones muy abundantes, apoyando la importancia de esta ciudad. Los tipos monetales bilbilitanos se distribuyen cronológicamente desde finales del S. II a. C y al S. I a. C. Encajándose en el patrón metrológico de las emisiones 208 Los jinetes con aves interpretados como un cetro o como con una rapaz en una escena de cetrería. Al respecto ambas hipótesis bien fundamentadas ya sea en fuentes clásicas como Marcial o la interpretación del Signum Equestrem, signo del ejército romano, la élite aristocrática evidenciando una jerarquía de sus gobernantes. Burillo, 1998: 241 -242 y Almagro- Gorbea, 1998: 101-115. 209 Villaronga, 2006: 199. 210 Sobre el armamento de los tipos monetales hay que recurrir a los trabajos realizados por Quesada, 2002-2003. Donde especifica que el uso de lanza larga y pesada que porta el jinete es un icono de prestigio y no puede trasladarse a la realidad del campo de batalla. 71 kesetanas. (Villaronga, 1988: 334), utilizando esta para establecer la ordenación de sus series.211 La iconografía no experimenta grandes cambios, estableciéndose desde las primeras series la cabeza viril a derecha y el jinete lancero. El estilo iconográfico varia, reconociéndose los diferentes cuños y principalmente es en la epigrafía monetal la que aporta información reflejando los momentos históricos y los cambios de poder, evidente en el cambio al alfabeto latino de sus leyendas cuando se convirtió en Municipium Bilbilis y pasó a depender del Conventus Caesaraugustano. Gran parte del numerario recuperado, ha sido localizado a través de que corresponden a prospecciones y catas no controladas efectuadas por un vecino de Calatayud212, que conserva el resto en su poder, obtenidas por el mercado negro, hallazgos fortuitos o localizadas durante el proceso de excavación y prospección por parte del equipo científico. La sucesión de emisiones se detallan en Anexos: Tabla II y Lámina III: Series emitidas por la ceca de Bilbilis. IV.1.2.3.- OTRAS CECAS EN EL TERRITORIO BILBILITANO. Por el número de ejemplares hallados y su relevancia en los procesos históricos, Bolskan representa la ceca más notable durante el periodo republicano. Original de la sertoriana Osca (Huesca) y adscrita a las tribus ilerketes. Ceca diversa y numerosa basada en unidades, medias y cuartos. En plata y cobre. Con el fin de las Guerras Sertorianas, la ciudad dejará de acuñar hasta Augusto, en época imperial donde ya basa sus emisiones en ases, semises y cuadrantes. Los tipos iconográficos corresponden a la temática generalizada de las monedas hispanas de la Citerior. (Villaronga, 1994: 211- 212). Tito Livio se jacta del botín en argentum oscense recaudado durante estas acciones, errando en la atribución monetal, ya que el argentum no será acuñado hasta mediados del s. II a. C., correspondiendo a posiblemente a dracmas emporitanas o de imitación los tesoros recaudados. Sertorio eligió Bolskan como punto estratégico principal, estableciendo una estrecha relación con las élites principales y fue básicamente el tránsito de sus campañas por la Península Ibérica lo que promovió la gran difusión de esta ceca. 211 Obteniendo para el primer grupo, formado por Kese con NS y Bilbilis con S. Para el segundo grupo Kese con TE y BE, y Bilbilis con BI.(Villaronga, 1988: 334- 335) 212 Martín- Bueno, 1971: 152. 72 Fig. 49: Denario de Bolskan, 80- 72 a. C. http://moneda-hispanica.com/iberia.htm. Durante los trabajos de prospección y excavación en el yacimiento de Valdeherrera se recogieron además monedas de la ceca de Sekeiza, de Arekoratas, Ebusus, un bronce de Saiti y tres cuadrantes de Arse/Saguntum. Remarcando este contacto con el levante. Al mismo tiempo la localización de monedas de Sekeiza en complejos mineros de la Betica, serían causa de la migración de gentes celtíberas a enclaves mineros en auge, o la llegada del material numismático por el tránsito comercial que llega desde la Celtiberia a través de las principales vías de comunicación. Hacia las rutas que establecen contacto con los principales complejos mineros en las inmediaciones del Moncayo. Por tanto, no debe extrañarnos la presencia de acuñaciones monetales procedentes del ámbito berón en el valle del Jalón, concretamente en el entorno de Bilbilis y Valdeherrera; por un lado, el ya mencionado as de Uarakos, y otros de Kalakorikos y Titiakos, así como del ámbito vascón (Arsaos, Bentian y Baskunes) y evidentemente del entorno de los sedetanos (Alaun) y del valle del Jalón (Nertobis y Tabaninu. (Martín- Bueno y Sáenz, 2012a: 24) Fig. 50: Denario de Arecoratas siglo II a. C. http://moneda-hispanica.com En Bilbilis Italica se registraron numerario correspondiente a Ercavica, Calagurris, Caesaraugusta y Osca en la etapa augústea, cuando ya eran municipios, con la efigie de Augusto o denarios con cabeza laureada y águila con enseñas militares213, ya que con el inicio de la etapa imperial finalizarán las acuñaciones indígenas substituyéndose por los tipos romanos. 213 Martín-Bueno, 1971: 152-155. 73 Otras inscripciones en alfabeto celtibérico fueron dadas por falsas; la primera, supuestamente encontrada en las murallas de Calatayud, deja de ser mencionada como auténtica ya a partir de Hübner, documentada en el s. XVIII, en depósito desconocido y atribuida a Fernández Franco. Consta como F- 119A. En 6 líneas y en signos inspirados en el griego. Losa quebrada casi por el medio, /la cual después de juntos los dos /retazos decía en esta manera237. Fig. 60: Inscripción F- 120A. (Almagro- Gorbea, 2003: 333) F- 120A. Una cartela con inscripción de 3,8 cm de alto x 3,5 cm. de largo. De procedencia desconocida que se conserva en el Santuario de Nuestra Señora de la Sierra, Villarroya, Calatayud. Datada de 1798- 1802 por Traggia. Apareció en Valdeherrera una placa de bronce con una pequeña inscripción que reza en caracteres celtibéricos238: a.gi/ s / n. Documentada por Jürgen Untermann y catalogada como K- 22.1. Sus medidas 2,7 x 2,3 cm. donde se distribuyen los caracteres en tres líneas. Fig.61: Placa de bronce K- 22.1. (Untermann, 1997: 706). 237 Almagro- Gorbea, 2003: 332- 333. 238 Galindo y Domínguez, 1985: 591- 602. 80 No se han hallado hasta la fecha en esta demarcación textos de la entidad del Bronce de Botorrita, en Kontrebia Belaiska, siendo la epigrafía monetal la única representación oficial indígena. Desde el siglo I a. C. las fuertes influencias romanas generalizaron la difusión de la escritura en soportes de piedra, cerámicos o de metal por el nordeste de la Hispania Citerior. Los epigramas latinos hallados en el territorio bilbilitano se refieren principalmente a lápidas funerarias u ofrendas a dioses locales en determinadas zonas de gran fuerza telúrica; Fidel Fita en su Reseña epigráfica de de Alcalá de Henares a Zaragoza239, que deteniéndose en cada una de las mansio describe los hallazgos epigráficos conocidos en está época. Una inscripción votiva hallada en las proximidades de Alhama, honraría al dios local apropósito de las aguas termales que dan fama a la mansio Aquae Bilbilitanorum. C. I.L. II 3021. DEO . TVTEL GENIO . LOCI Esta inscripción puede aludir a un genio local, Deo Tutel(ae),Genio loci240, en referencia a las cualidades medicinales de las aguas del Jalón en este enclave, conocidas posiblemente desde época prerromana, aún así la identificación de los nemeton prerromanos, dificultados por su mimetismo con la naturaleza y ausencia de algún tipo de señalización antrópica, impiden establecer una relación directa y veraz entre el exvoto latino y el culto prerromano. Hübner241 apunta como dudosa la interpretación de deo tutelae, sino que hace referencia a Tutela Augusta. En época augústea, algunas inscripciones, tanto públicas como privadas, localizadas en Bilbilis no son muy abundantes242, resultando un corpus compuesto por el material localizado en las excavaciones como de los que su veracidad es puesta en duda por el tipo de inscripción, estilo del texto o procedencia indeterminada. Fundamentalmente se relacionan con el estilo de vida itálico, al ser convertida en municipium, rindiendo culto imperial, ofrecen tributo a personajes que vivieron o nacieron en esa tierra, pertenecientes a la tribu Galeria243. Las catalogadas como verdaderas, se 239 Fita, 1893: 491- 593. 240 Hispania Epigraphica nº 8854. Morfología desconocida, perdida y referenciada por Lostal, 1980: 189. 241 En Hübner, 1869: 410 242 Martín- Bueno realizó una compilación y estudio del material epigráfico localizadas en el cerro de la Bámbola; aún consciente de la amortización de sus restos por poblaciones sitas a su alrededor, ha llevado consigo la desaparición de la mayor parte de las inscripciones. (Martín- Bueno, 1997: 206). 243 Como piedra negra que se halló en el mismo monte Bámbola y un labrador se la tenía en el umbral de la puerta 81 componen principalmente de fragmentos de placas de bronce, pedestales de mármol y en caliza244, halladas en las proximidades al foro hacen alusión a la situación sociopolítica y su entidad como ciudad durante los primeros siglos de Nuestra Era. , Empotrada en la fachada de la Torre de Anchís, a la derecha del río, se ve una lápida extraída del camino que se dirige al barrio de Huérmeda. Los caracteres latinos capitales, denotan que fue grabada a finales del s. I d. C.245. Posteriormente esta lápida fue extraída de la pared en ruinas durante las campañas arqueológicas realizada en 1973 y llevada a la Casa de Cultura (hoy Museo de Bilbilis) en Calatayud246. C.I.L. II= 3022247 y (14/50/336/1)248 L. CORNELIVS PHILOMVSI L . SAMIVS AQVENSIS H. S. E L(ucius) Cornelius Filomusi l(ibertus), Samius Aquiensis h(ic) s(itus) e(st). Fig. 62: Lápida a L Cornelius. Www.eda-bea.es Aquí yace Lucio Cornelio Samio, liberto de Filomuso, natural de Aquae. en el barrio de Húermeda. (Pérez de Nueros, 1701: 93) Corresponde a C.I.L. II 5852 y que consta como falsa. IMP. CAESARI AUGUSTO T. C.......T. F.…...... Otra dedicada a Tiberio: H. E. 6698; un epitafio a Clodius: C.I.L II 5853. (Hübner, 1892: 941) o a Mandius: H. E. 1611. 244 Martín- Bueno, 1997: 205- 239. 245 Lostal, 1980: 197; hace alusión a la única lápida funeraria auténtica encontrada, hasta la época en las proximidades de Bilbilis. 246 Martín-Bueno, 1997: 208, donde hace una detallada descripción de las medidas, estado de conservación y bibliografía al respecto. 247 Hübner, 1869: 410. 248 Martín- Bueno, 1997: 208- 209.. 82 El cognomen del difunto, Samius, de orígen griego, aunque su procedencia, Aquensis, dica que se desplazó hasta Bilbilis donde estableció residencia y falleció. La procedencia de Lucio Cornelio se plantea en Martín- Bueno, 1997: 209, con cierta cautela ya que no puede ser identificada con seguridad. No obstante, y debido a su proximidad geográfica, Aquae Bilbilitanorum, se ofrece como la opción más factible donde se localizaron otros documentos epigráficos (C.I.L. II 3021); sin por ello obviar otras localizaciones del valle del Ebro que, al igual que la bilbilitana, gozan de un recurso termal conocido249. (Anexos. Mapa 7 : Recursos termales). De su cognomen Samio, obtenido a través de su condición de liberto y a propósito de la moda en la que se le otorga un nombre oriental a los esclavos con independencia de su origen y que, alcanzada la libertad, ese nombre servil formaría parte de sus tria nomina250. Así Lucio Cornelio Filomuso con un pasado en esclavitud, traspasa su praenomen y nomen a su liberto del que únicamente aparece reflejado su cognomen, Samio. El epitafio de Mandio Mándico (14/50/336/3)251 Placa funeraria, en piedra caliza, que debía adosarse a un monumento funerario. Hallada por el conde Samitier y donada al museo de Zaragoza. Procedente del mismo taller que la anterior252 [.] MANDIVS [..] GAL. LETOND MANDICVS H.S.E [L(ucius)?] Mandius [L(ucii)? f(ilius)?] Gal(eria) Leontd(icum?) Mandicus h(ic) s(itus) e(st) Fig. 63: Inscripción funeraria a Mandivs. Www.eda-bes.es 249 Une activité thermale antique n´est attestée à ce jour qu´en quatre lieux du bassin d´Ebre à Alhama de Aragón (par des textes, des inscriptions et des rest archéologiques), à Tiermas (par l´archéologie et l´epigraphie), à Fitero et Panticosa (par la seule archeologie). (Dupré, 1992: 279). Haciendo referencia a la inscipción que nos ocupa. 250 Martín- Bueno, 1997: 209. 251 Martín- Bueno, 1997: 210. 252 Morfológica y paleográficamente igual que la anterior, por lo que deduce Martín- Bueno que ambas son contemporáneas y procedentes del mismo taller. 83 La reconstrucción realizada por Martín- Bueno, 1997, es hipotética, deducida por la distribución de los caracteres en base al eje central de la inscripción. El gentilicio Mancius encuentra su paralelo en Britannia como cognomen y en relación con el nombre indígena de un peregrino, Mandus, hallado en una inscripción onubense253, de origen local, contemplando otras posibilidades menos seguras derivando a Mantius o Mancius. La denominación LETOND, relacionada con el celtibérico Letondo, en la segunda línea hace pensar en una denominación suprafamiliar, en genitivo plural de uso en Bilbilis y no un cognomen paterno o denominación filiar254. Aún así son las terminaciones en la onomástica las que presentan dificultades planteando la posibilidad, a la hora de aplicarles el genitivo plural, en (um), resultando un modo extraño en nasales, o (icum), con algunos paralelos conocidos relacionados255. Mandius Mandicus sería heredero de una familia indígena que obtuvo la ciudadanía en época augustea. Al conseguir la ciudadanía, su antepasado adscrito a la tribu Galeria como ciui Bilbilitano, transformó su nombre en un gentilicio mostrando de este modo la permanencia entonces de estructuras familiares autóctonas. El resto de material epigráfico lo componen principalmente fragmentos hallados en el foro de Bilbilis Italica, en su mayoría. En bronce o mármol dedicaciones a personalidades notables, dioses o textos jurídicos, que debido a su fragmentación no puede haber sino una interpretación al respecto256. Además de las inscripciones en piedra, preferentemente utilizan soportes móviles y breves como los sellos en plomo, alfareros en Sigillata, como los aparecidos en la cerámicas de Bilbilis Italica257 y Valdeherrera, tituli picti y grafitos en soporte cerámico258 siguiendo la técnica de postcocción. Realizadas por el usuario, signos que caracterizan directamente a la sociedad que hizo un uso cotidiano de estos materiales. Se han documentado tanto motivos ágrafos como alfabéticos, aunque en ámbito celtibérico, no es muy abundante la utilización de cerámica como soporte de la 253 Martín- Bueno, 1997: 211. Refiriéndose a C.I.L.A 1, 53. 254 La lógica de la ordinatio obliga a situar tal elemento onomástico al final de la primera línea. (Martín- Bueno, 1997: 211). 255 En Villar, 1995: Estudios de celtibérico y toponimia prerromana 256 Martín- Bueno, 1997: 212 y ss. 257 Algunas de las producciones de T.S.H. Presentan marcas de alfareros ASIATICUS y M.C.R, con una distribución inequívoca por el valle de Jalón hacia la Meseta. El elenco de piezas lo constituyen formas Dragendorff hispánicas y sudgálicas, principalmente lisas. 258 Repertorio de los grafitos hallados en Sekeiza I, en bordes y galbos de los conjuntos cerámicos o en el cuerpo de las fusayolas. (Burillo, 2003: 205-244) 84 escritura259. Identificando a un individuo concreto el gusto por la adquisición de tendencias extranjeras, se representan formas simples de un sólo signo, cruces y en menor medida símbolos geométricos dobles. Cada población establecerá un criterio diferente en el soporte utilizado, lugar donde se graba y la simbología empleada260. A su vez se relacionan con el área de dispersión y certificando el comercio regional que comunica el valle del Ebro con las ciudades vacceas y llegando incluso hasta Lugo; dicho tránsito a finales del siglo II a. C. es sugestionado por la demanda por parte de las élites locales de los productos de importación gálicos e itálicos. Anexos. Lámina IV: Grafitos y tituli picti en el material arqueológico. En las fusayolas, por el contrario, los signos se marcan en un momento previo a la cocción, por lo que lleva a plantear la hipótesis de la fabricación local de las fusayolas. (Burillo, 2003: 227), encontrando paralelos en los Castellares de Herrera de los Navarros. Realizadas dentro de los espacios domésticos y según Burillo atribuido a las tareas comunes desempeñadas por las mujeres. Lámina IV: Material arqueológico soporte de grafito. (Anexos, ) Fig. 64: Grafito 16. Sobre fusayola. (Burillo, 2003: 216) Aunque no se encuentre en el territorio bilbilitano, el miliario de Domiciano, a propósito del Item ab Emerita Caesaraugusta 437 y 438, es la única referencia epigráfica que puede testificar cronológicamente el uso continuado y mantenimiento de esta calzada, que atraviesa la Meseta para enlazar a través de importantes ciudades como Bilbilis y Complutum con los caminos del valle del Ebro. El soporte es una columna miliaria en piedra, de dimensiones desconocidas, aunque constatada por Zurita, 1735. Su número de inventario: C.I.L. II 4818. Hallado en Lucena del Jalón, Zaragoza, posteriormente es trasladado a Épila donde se pierde su rastro ya desde el siglo XVI. En 259 El más largo con 19 signos es una inscripción sobre una pátera Campaniense de Kontrebia Belaiska. 260 La cuantificación realizada por Beltrán, 1995: 189, de los grafitos aparecidos en Azaila comparando con los segedense se demuestra que la intencionalidad del grafito no es dependiente del tipo cerámico que lo soporta, en Sekeiza aparecen sobre cerámica ibérica mientras que el mayor número de grafitos en Azaila corresponde a la vajilla Campaniense. (Burillo, 2003: 228). 85 el archivo del C.I.L. II, se apunta la posibilidad de que el texto sufriera una damnatio memoriae, habitual ligada al emperador Domiciano fechado en el 85 d. C, entre su onceavo consulado y la adquisición de su título de censor, el cual todavía no aparece en la inscripción. [Imp(erator) · Cae]sar / [divi · Vespa]siani · f(ilius) / [Domitianu]s · Aug(ustus) · Ger(manicus) / [pont(ifex) · max(imus) · im]p(erator) · VIIII · / co(n)s(ul) · XI / [tribunicia · po]tesat(ete) · p(ater) · p(atriae) / [vias · vetustat]e · corr[u]pt[as] / [refec(it) · pon]tes · restit(uit) {·} / [a(b)·- - - m(ilia) · p(assuum)] X(centena milia!) CCLXXXIX / [a(b)·- - - m(ilia) · p(assuum) ·] CLXIX / [a(b)·- - - m(ilia) · p(assuum) ·] VII. En la disposición del texto consta de dos partes primero se observaría el praenomen completo y tras la filiación divinizada los cognomenes personales, hereditario y honorífico del emperador y tras el título religioso, se disponen los cargos políticos, seguidos del título honorífico. En la información viaria se describe la labor desempeñada: la reparación de vias. vetustate. corruptas. refecit. pontes. restituit. Se enumeran a continuación tres distancias referidas a los puntos más próximos de la erección del miliario261. IV.3.-. MATERIAL ARQUEOLÓGICO. El registro de la cultura material documentada a partir de hallazgos casuales, las prospecciones e intervenciones arqueológicas realizadas en cada uno de los yacimientos comprometidos, es un componente indispensable para sumergirse en el conocimiento de una sociedad que habitó en un enclave y una época histórica determinada. Sin entrar en un análisis exhaustivo de cada elemento, estos datos recavados serán empleados como instrumento para determinar los periodos de ocupación y abandono, violento o progresivo, de las ciudades, del mismo modo que intentar esclarecer las relaciones socioeconómicas que se establecieron con Roma y los vínculos constituidos entre las ciudades celtibéricas que comparten el territorio bilbilitano. Actualmente pueden ser evaluados estos factores con ayuda de estudios cuantitativos basados en los documentos materiales obtenidos, su origen y dispersión, relacionándoles entre sí, de tal modo que contribuya a precisar el momento de ocupación, obtener información acerca de los talleres productores y el área de destino de los productos, ya sean importados o regionales, más 261 Esta interpretación es planteada por Lostal, 1992: 65, en oposición a las propuestas planteadas por Hübner, 1885; Fita, 1893 o Miller, 1916, en cuanto a las distancias de referencia del miliario. 86 demandados. Ciertos tipos cerámicos fueron, durante el siglo II y I a. C., importaciones directoras involucradas con el tránsito comercial desde el Mediterráneo, las ánforas, relacionadas con cerámicas Campanienses y “paredes finas”, con las que establecer unos criterios cronológicos relativos262. Su llegada se corresponde con el curso histórico que trajo consigo la nueva situación política y la aceptación de unos patrones sociales foráneos con las consecuente transformación interna de sus estilos de vida y pensamiento. La concomitancia del conjunto de materiales arqueológicos relaciona, del mismo modo, la convivencia entre las ciudades263, y manifiesta una influencia romana cada vez más significativa, produciéndose un efecto de retroceso en las importaciones púnicas a favor de las campanas. Por otra parte se percibe en el urbanismo de cada oppidum la disparidad, aún compartiendo el mismo territorio, en las relaciones particulares que establecieron con Roma. IV.3.1.-Sekeiza I El Centro de Estudios Celtibéricos de Segeda llevó a cabo el inventario de las cerámicas de técnica ibérica aparecidas durante el proceso de intervenciones arqueológicas en el “Barrio de los titos” del yacimiento celtibérico de Sekeiza I (Mara)264. Un amplio repertorio de servicio, mesa y almacenaje con decoración pintada en color vino, de trazos sencillos en líneas horizontales, en zigzag, onduladas o semicírculos concéntricos, representaciones de tetrasequel; todas ellas corresponden al conjunto decorativo común en el valle del Ebro. Es significativo la documentación de hasta 14 kalathos, siendo dos de ellos procedentes de un alfar catalán, probablemente emporitana265. Entre los materiales menos comunes se hallan piezas discoidales de distintos tamaños y elaboradas con diferentes pastas cerámicas, identificadas como fichas de juego y tapas de contenedores, dependiendo del diámetro de cada una. 262 El artículo de Gorgues y Cadiou, 2008 destaca la importancia del estudio de la cerámica para determinar el paso de los ejércitos romanos. Especialmente interesante la fig. 4 de la página 128, donde por medio de un cuadro sinóptico establece una relación cronológica entre el tipo de Campaniense con las ánforas importadas y las cerámicas indígenas. 263 Los tipos cerámicos y sus formas importados a la Citerior se describen detalladamente en Asensio y Principal, 2006; siendo especialmente interesante la información bibliográfica referente a cada uno de ellos. 264 Los datos metodológicos y el método de clasificación queda detallado en el estudio de Cano et alii. 2002. 265 Cano et alii, 2002: 216. 87 Otra pieza significativa será la placa de cobre con forma de ave, recuperada de las excavaciones del Área 3 en Sekeiza I, y aunque anepigráfica, guarda todas las características de las téseras de hospitalidad. (Burillo, 2006a: 214). Fig. 65: Tessela anepigráfica. Nº inventario 53022. Museo de Zaragoza www.ceres.mcu.es. Fig. 66: Cerámicas celtibéricas de Sekeiza I.(Burillo, 2004b: 39) En el repertorio de cerámicas importadas aquí representadas, se encuentran ánforas tipo grecoitálicas y Dressel IA; de uso doméstico destacan las Campanienses A, cerámicas de barniz negro de Calena y sobre todo el hallazgo en todos los hogares de las formas Morell 68, skyphos, sin importar el tamaño de la vivienda corroboran la generalización de los hábitos itálicos en esta sociedad cambiante y por lo tanto no estaba vinculada a las clases sociales más altas266. Fig. 67: Kalathos. Sekeiza I. Nº inventario: 53032. Museo de Zaragoza. Www.ceres.mcu.es 266 Burillo, 2006a. 88 IV.3.2.-Bilbilis I La cerámica común celtibérica con decoración de bandas en Bilbilis I, se corresponde con el material aparecido en el resto de asentamientos del Jalón en ésta época, entre finales del s. III y comienzos del II a. C. Durante el periodo, que los autores de las excavaciones atribuyen a la ampliación del asentamiento se encontraron oinochoes, cráteras y vasijas de almacenaje. Cráteras y kalathos muestran una decoración pintada de círculos concéntricos en rojo y a bandas; algunas presentan grabados de símbolos abstractos y esquemáticos muy similares a los constatados en Sekeiza I. Las cerámicas importadas itálicas representa un porcentaje muy bajo, sin embargo representan formas de Campaniense A y B, morteros campanos y ánforas grecoitálicas y Dressel IA Por tanto el momento de ocupación de Bilbilis I argumenta un periodo posterior a la ciudad segedense demostrado por la ausencia de Campaniense A antigua y en cambio la presencia de Campaniense A media y B-oide en los niveles de sellado del foso267. Esta cerámica Morell 211b con motivos lineales pintados en rojo, no obstante, perdurará hasta el 50-40 a. C. Fig. 68: Bilbilis I. Fase 3. Cerámica celtibérica de mesa. (Cebolla y Royo, 2006: 288). Dado que los hallazgos cerámicos aportan la mayor parte de la información para establecer las cronologías relativas, se puede delimitar un periodo de actividad de la ciudad celtibérica bajo la actual Calatayud, Bilbilis I, entre el siglo III a. C. y la primera mitad del siglo II. a. C., cuando se abandona de forma violenta. IV.3.3.-Bilbilis II En la campaña de excavación del 2002 de Bilbilis Italica, bajo la estancia H. 21 de la Domus 3, resultó de la realización de un sondeo, un nivel de cenizas en el cual se recuperó material cerámico procedente de la ocupación de la ciudad en la primera mitad del siglo I a. C. junto con la presencia de importaciones representadas por cerámicas Dressel IA, algunas imitaciones de Campaniense, paredes finas Mayet II y un mortero itálico. En la H-30 se construyó sobre una cisterna poligonal rellena de una acolmatación con material del s. II d. C. 268. 267 Cebolla y Royo, 2006: 289. 268 Informe detallado de las excavaciones en Martín-Bueno y Sáenz, 2001-2002. 89 V.-BILBILIS I, II, III. EN PROCESO DE SU DEFINICIÓN. No cabe duda que Bilbilis Italica, se asienta en el Cerro de la Bámbola, cuyas ruinas fueron detectadas y admiradas desde Pérez de Nueros, y que hoy en día son una realidad. Los testimonios escritos clásicos, como ya hemos mencionado, aluden a ella en su pasado celtibérico, testigo activo en las Guerras Sertorianas, aportando unas primeras referencias de su ubicación en el Cerro de la Bámbola en Calatayud del 77 a. C. La ciudad romana evolucionaría llegando a una época de abandono en el siglo III d. C. como demuestran las evidencias arqueológicas, pasando a conformar un núcleo fronterizo hasta época Altomedieval. En el transcurso de las primeras campañas de excavaciones sistemáticas realizadas por Martín- Bueno, en los años 70, se documentaron niveles con presencia de cerámica Campaniense así como materiales indígenasrepublicanos relacionados con los tipos numantinosclunienses291 y una moneda ibérica, escasos testimonios bajo la estructura termal imperial de la ciudad. La excavación de la muralla caracterizada por su escasez en materiales les originaron serias dudas de su momento constructivo, hallando finalmente en la base de la torre de la muralla dos enterramientos humanos junto con restos óseos de ovicápridos, un suido, un pequeño mamífero (martes foida) y algunos restos de aves, asociados a cerámica de diversa cronología292, realizado en el momento fundacional de la construcción. Fig. 76: Planta de la torre con señalamiento de la zona excavada. (Martín- Bueno, 1982: 97) Siendo pausible la interpretación del heroon vinculado a un sentido profiláctico en la construcción de la muralla y para la ciudad293. El hallazgo de los restos en el interior de la torre (denominada BC.III.MT.) de la muralla, expuesto en el XIII Congreso Nacional de Arqueología en 1975; y su interpretación de deposición ritual de la inhumación condujo a intensificar la búsqueda del hábitat indígena en la parte más elevada del Cerro de la Bámbola, obteniendo resultados negativos. 291 Martín- Bueno, 1975: 152. 292 Los detalles del trabajo arqueológico y la documentación del material extraído son relacionados con el mundo religioso céltico en Martín- Bueno, 1982: 99 y ss. 293 Ya que este tipo de culto es localizado intramuros y cuenta con paralelos en el mundo galo y se encuadraría en el conjunto de rituales relacionados con la protección mágica de la muralla atestiguados en Celtiberia.(Alfayé, 2007: 21) 96 Lostal recoge los ecos historiográficos heredados desde el siglo XVI hasta 1980, junto con los resultados de las primeras intervenciones arqueológicas en Bilbilis, asentada sobre los cerros de Bámbola, Santa Bárbara y San Paterno294. Situando las ciudad celtibérica lusona295 y romana superpuestas, con una tradición que parte desde el siglo II a. C. a raíz de las primeras acuñaciones con ceca en la ciudad y de los resultados obtenidos por los estudios realizados por Martín- Bueno desde 1970, documentando una posterior destrucción de los niveles indígenas ante la llegada de grupos de colonos itálicos que transformarán la ciudad adoptando su estructura edilicia romana definitiva, modificando drásticamente sus estructuras para acondicionarlas a los nuevos esquemas urbanos que se imponen y preparando y ocupando otras nuevas que así se incorporan al conjunto urbanizado.(Martín- Bueno, 1985: 256). En base a los resultados de las primeras intervenciones arqueológicas en Bámbola fueron negativos en cuanto a material indígena previo; al mismo tiempo en las inmediaciones, otro yacimiento cobraba entidad gracias al material recobrado en prospecciones fortuitas como sistemáticas296, el yacimiento celtibérico conocido como Valdeherrera. En la comarca de Calatayud y a escasos kilómetros de Bilbilis Italica. Por otra línea de investigación, también perteneciente al entorno bilbilitano Sekeiza I documentaba en Poyo de Mara297 su destrucción mientras que los sondeos realizados en Durón de Belmonte de Gracían298 atestiguaban una nueva ciudad desde la que se acuñaba numerario de Sekeiza, con planta ortogonal y material republicano, se determinaba como Sekeiza II. Estableciendo paralelos entre ambas ciudades, Burillo y Ostalé en 1983, a partir de los estudios de material y en base a la excavación de un torreón en el asentamiento celtibérico de San Esteban, en Poyo del Cid (Teruel) con una morfología y cronología similar a Bilbilis Italica donde ambas estructuras defensivas son huecas declarando que el nivel de relleno se produjo por acolmatación tras su abandono y amortizado por las inhumaciones. En la opinión de Burillo no fue demostrado de este modo el asentamiento de Bilbilis celtibérica en Bámbola299. 294 Lostal, 1980: 193. 295 Conclusión generada a partir de la lectura de Estrabón Greogr. III, 13. 296 Pellicer, 1962; Galindo y Domínguez, 1984. 297 Burillo y Ostalé, 1983- 84; Burillo y Sus, 1991. 298 Schulten, 1933: 193. en Burillo, 1995b: 256. 299 Las cerámicas tipo Clunia continuaron su producción durante la época Imperial, que corresponden a talleres locales que enraizan en tradiciones indígenas. (Amaré y Aguarod, 1986: 97 y ss). 97 En el proceso de análisis del registro numismático, se comprobó como se producía una alternancia en las emisiones por lo que se dedujo que en los momentos de mayor crisis las ciudad emisora dejaba de acuñar su moneda y se producía una oscilación de poder, o emitiendo desde otro centro; volviendo a emitir con la recuperación del control económico del territorio y su consecuente aumento de poder interno, corroborado a partir de la cronología de emisión en las cecas del territorio bilbilitano, hipótesis que fue aceptada por Leandre Villaronga, 1988 a propósito del estudio donde aborda la alternancia de emisiones de las cecas de Sekeiza y Bilbilis. Burillo junto con Ostalé, 1983- 1984. Ambos notaron que el entorno de Valdeherrera había registrado históricamente un gran volumen numismático, concentrando numerario de las cecas indígenas próximas, meridionales, denarios republicanos, el tesorillo de Bolskan y acuñaciones del Alto y Bajo Imperio, proporcionando una cronología continua que se extiende desde el s. III a. C. al siglo IV d. C. Prevalecen los hallazgos pertenecientes a la ceca de Bilbilis en un número significativo300, reconociendo la entidad de la ciudad celtibérica de Valdeherrera. Cuando se plantea el nombre de esta, descarta por falta de otra referencia que las citadas por Marcial301, su adscripción a Platea por López Landa. Por tanto aplicados al caso que ocupa y aceptando, sin ninguna duda, Bilbilis Italica en el Cerro de la Bámbola compartiendo el espacio la ciudad celtibérica de Valdeherrera se propuso un análisis de hábitat diacrónico y suponemos que no nos encontramos ante dos ciudades contemporáneas, sino sucesivas, con una situación pareja en el control de esa gran confluencia de caminos importantes que es el área de la Calatayud actual, y cambio en la posición por razones estratégicas concretas y que deberán analizarse cuidadosamente, los datos hasta ahora expuestos adquieren a nuestro modo de ver un sentido, que confluyen en ubicar la Bilbilis celtibérica en el yacimiento de Valdeherrera y la fundación de Bilbilis Italica en Bámbola, donde tal vez pudo existir un asentamiento indígena de pequeña categoría. (Burillo y Ostalé, 1983- 1984: 302). Encontró, por tanto, en esta doble ubicación de la ciudadestado correlativa en el tiempo, situando la Bilbilis celtibérica en el paraje denominado Valdeherrera; contemplando una posible transductio, y estableciendo una ruptura con las teorías evolucionistas en respuesta a la ausencia de unos evidentes restos indígenas en el Cerro de la Bámbola. Se desató entonces una corriente polémica en la investigación. Resultando, la hipótesis de Burillo, aceptada por la comunidad 300 Listado de las cecas recuperadas hasta la fecha de publicación en Burillo y Ostalé, 1983- 1984: 289. 301 En la que aparece dos veces por Marcial en el Epigram, XII 18, 10-11 Hic pigri colimus labore dulci / Boterdum Plateamque y en el IV 55, 13-15 Ferro Plateam suo sonantem,/ quam fluctu tenui sed inquieto / armorum Salo temperator ambit. 98 científica; en la cual se concretan las consecuencias socioeconómicas del traslado de la población, los paralelos atestiguados en otros oppida lo definieron como modelo básico de asentamiento del valle medio del Jalón. Las investigaciones del territorio aceptaron en años sucesivos a Vadeherrera como Bilbilis I. Las prospecciones sistemáticas realizadas por Galindo y Domínguez y publicadas en el XVII Congreso Nacional de Arqueología de 1985, confirmaron la notoriedad de esta ciudad celtibérica vinculada a Bilbilis y Sekeiza por las evidencias numismáticas, con un papel determinante en época republicana, como apuntan los denarios de Bolskan y su registro material302. La investigación aceptó estas hipótesis y los estudios posteriores gravitaron en torno a los análisis estructurales de la poliorcética y urbanismo como los presentados por Asensio, 1995 o Caballero, 2003. Continuaron las excavaciones sistemáticas de Bilbilis en Bámbola por su equipo de investigación303; se llevaron a cabo proyectos para la ordenación de las series numismáticas por Villaronga, 1994; Gomis, 2001 o García Bellido, 2002 así como la revisión y examen de la tradición epigráfica relacionada 304 Hacia finales de la década de los noventa, y fruto de los últimos resultados de las intervenciones de urgencia en el casco urbano de Calatayud; Martín- Bueno y Sáenz305, hacen hincapié como un segundo punto de inflexión en la interpretación del esquema territorial bilbilitano. Fueron las consecuencias de los descubrimientos de unidades estratigráficas y estructuras de un oppidum indígena, en el cerro de Dña. Martina. Los resultados de las excavaciones llevadas a cabo por Cebolla y Royo, 1997 demostraron la necesidad de replantear los esquemas hasta ahora propuestos acerca de la organización territorial bilbilitana en época prerromana y republicana. El fenómeno de la transductio y de las ciudades ex novo a escasos kilómetros con modelo itálico, visto por Burillo llevará a determinar un patrón de poblamiento característico de éste área en época republicana, encontrando paralelos en La Caridad de Caminreal, en Esteban del Poyo del Cid, donde se sitúa Leonica, y en el de Segeda II en el Cerro de la Bámbola de Calatayud (Zaragoza) donde surgirá Bilbilis Italica, asimilando también la población de Bilbils celtibérica situada en Valdeherrera. (Burillo, 2005a: 151). Al mismo tiempo los autores Cebolla y Royo, presentaron sus 302 Las primeras manifestaciones culturales corresponden a finales del siglo III a. C. con mayor auge entre los siglos II a I d. C.(Galindo y Domínguez, 1985: 596). Toando con cautela las consideraciones propuestas como modelo de ocupación en espera de su confirmación procedentes de excavaciones arqueológicas. 303 Dirigidos por Martín- Bueno las publicaciones en los Encuentros de Estudios Bilbilitanos, y anualmente en la revista Salduie de las memorias de las campañas, resultados de las intervenciones, estudios monográficos de materiales en un ambicioso proyecto que fue cobrando cada vez más entidad. 304 Almagro- Gorbea, 2003; Beltrán, 2003; Martín- Bueno y Navarro, 1997. 305 Martín- Bueno y Sáenz, 2012: 11. 99 resultados a propósito de la exposición soriana del 2005, Celtíberos, tras la estela de Numancia.306 En ella mostraron los indicios de una ciudad celtibérica bajo el casco urbano de Calatayud, con un periodo de ocupación desde el siglo III a. C.. Oppidun que nace desde el Castillo de Dña. Martina y prosperará ampliando su perímetro hasta Puerta Terrer307. Su destrucción violenta, por acciones de control romano tras las Guerras Celtibéricas en el siglo II a. C. se certificará por los niveles de ceniza. Estructuras tanto domésticas como pertenecientes al sistema defensivo de una ciudad que denominaremos a partir de ahora como Bilbilis I, que fue contemporánea de Segeda I, y cronológicamente anterior al la de Valdeherrera o Bilbilis II. (Royo y Cebolla, 2005: 153). La topografía de las distintas ubicaciones, de modo diacrónico con la segunda fase de ocupación de Bilbilis en Valdeherrera,que paralela a Segeda II, convivirán marcadas por el ritmo de los acontecimientos administrativos y económicos establecido por Roma. Este nuevo periodo historiográfico se definirá por una gran aportación arqueológica, donde los proyectos arqueológicos irán completando la información de la que hasta ahora se carecía. A pesar de las excavaciones efectuadas en el 2003, por Martín- Bueno y Sáenz, en el Barrio de las Termas de Bilbilis Augusta, sacando a la luz estructuras celtibéricas datadas en el siglo II a. C., bajo los cimientos de la ciudad romana, Cebolla y Royo continuaron optando por la ubicación de Bililis II en el paraje de Valdeherrera, confirmando la cronología republicana en el análisis de los materiales308. El asentamiento primitivo en Calatayud, no ofrece ninguna duda, encontrándose las distintas fases de ocupación en estructuras, niveles estratigráficos y materiales asociados309. No obstante un conjunto numismático, bajo el Barrio de las Termas asociado al edificio Público C- IV310, asocia de forma irrefutable estas estructuras con el periodo celtibérico republicano previo a Bilbilis Italica. No obstante, será en el 2009 cuando el Proyecto de Valdeherrera, dirigido por Martín- Bueno comience a proporcionar interesantes resultados fruto de las primeras prospecciones geofísicas311; se define el perímetro de la ciudad y un boceto de la edilicia, que relacionará el enclave con el modelo republicano característico de las nuevas ciudadesestado del Valle del Ebro. Contemporánea a 306 Mapa 17: Bilbilis I, II y III, según Cebolla y Royo. 307 Convivirá con Sekeiza I, de las que las evidencias numismáticas en Burillo, 1998; García- Bellido, 2002; Villaronga, 2006; concluyen que la entidad estatal de Sekeiza I pervivirá tras su destrucción en 154 a. C. migrando su población asentándose parte en Bilbilis celtibérica 308 Aunque, la ausencia de excavaciones arqueológicas y de contextos estratigráficos fiables en el yacimiento de Valdeherrera, impide comparar los conjuntos de materiales descubiertos en dicho lugar con otros similares de niveles coetáneos. (Cebolla y Royo, 2006: 282). 309 Detallando su ubicación y descripciones en Cebolla y Royo, 2006: 285 y ss. 310 Conjunto numismático de ases y semises del Sekaiza pertenecientes a las series más antiguas emitidas por esta ceca, así como ases de Bilbilis de las series S. (Martín- Bueno y Sáenz, 2012). 311 Martín- Bueno et alii, 2009. 100 Sekeiza II sufrirán un desenlace similar, siendo arrasadas en el transcurso de las Guerras Sertorianas. Las campañas de excavaciones312 a partir de este momento dibujan una próspera ciudad tipo republicana, con una estructura ortogonal, amplias calles pavimentadas y viviendas al gusto itálico, que muestran con ostentación la escala social de sus ocupantes. Éste será un periodo de avances arqueológicos y nuevos planteamientos sobre hipótesis anteriores que marcado por el ritmo de las sucesivas intervenciones conducirán a la elaboración de una nueva topografía del territorio bilbilitano definiéndose cada vez con mayor precisión la identidad de los asentamientos que lo componen. Fig. 77: Barrio de las Termas. Augusta Bilbilis. (Particular). 312 Realizadas dentro del Proyecto de Valdeherrera, en Martín- Bueno y Sáenz, 2012a, 2012b. 101 VI.-. RELACIONES DE PODER EN EL TERRITORIO BILBILITANO. VI.1.-JERARQUIZACIÓN DE LAS CIUDADESESTADO. El emergente comercio con el Mediterráneo y la necesidad de crear nuevos mercados comarcales cada vez más potentes impulsaron a las poblaciones celtíberas a la centralización hacia las ciudadesestado con mayor poder jerarquizador del entorno, las cuales fueron incrementando el territorio bajo su control aglutinando otros asentamientos próximos de menos entidad. Esta coyuntura favorecida por los romanos quienes se beneficiaron de la estructura territorial previa a su llegada; únicamente tuvieron que promulgar una reorganización que les permitiera el control y la absorción de las comarcas indígenas conquistadas bajo su estatus provincial romano, definidos por sus parámetros de estabilidad, civitas y administración socio-política. El territorio bilbilitano no fue una excepción, se crearon para tal efecto ciudades ex novo y se monumentalizaron otras, acorde con su particular ubicación y el modo en el que fueron sometidas tras los años de enfrentamiento bélico. Ya fuera oppugnatio o deditio. Estas transformaciones afectaron de forma muy diferente a los oppida celtibéricos; mientras que los asentamientos secundarios sufren más frecuentemente destrucciones violentas, las ciudades de mayor tamaño, se ven sometidas a otro tipo de actuaciones territoriales, como la transductio, o la potenciación del núcleo indígena.(Caballero, 2003: 83). Circunstancia con innegable reflejo en Sekeiza como en Bilbilis. Durante época celtibérica plena, entre los siglos III a. C. y I d. C., son estas quienes destacan de entre las ciudadesestado del valle medio del Jalón. Controlan la explotación económica desarrollada en estas vegas participando vivamente en las actividades mercantiles, como enlace entre la costa levantina y el interior de la Meseta. Los recursos de los que se ven rodeados, proporcionados por las vegas del Jalón y sus afluentes y el carácter de una orografía escarpada capta la atención de Roma en el transcurso de la conquista por su interés estratégico y para el abastecimiento de los ejércitos; factores que indudablemente influyeron en la trascendencia que alcanzarían ciertos oppida notables en uno u otro momento. Como ya hemos visto, no son las únicas ciudades que constituyen esta comarca, a una distancia de entre 8 a 12.Km. aproximadamente, se establece una densa red compuesta por varios núcleos, contemporáneos entre sí, de notable desarrollo urbanístico aunque se evidencia una compleja realidad jerarquizada que subraya una situación de estatalización definida y preexistente a la conquista romana. Sin embargo, a pesar que tan sólo 12 km. las separan, la disposición entre asentamientos señala que ambas ciudades rigen 102 espacios diferenciados con el Jalón como límite entre demarcaciones. El patrón de poblamiento que se percibe tras el análisis de otros asentamientos del valle del Jalón, entre los siglos IV a. C. y I a. C., sigue un mismo esquema. Pequeños núcleos que se ubican en las zonas más protegidas, buscando el acceso de los recursos que brinda la proximidad de la red hidrológica y sin embargo con un control visual notable del resto de oppida. Se producirá una evolución de este patrón, fomentando las relaciones entre ellos, de tal forma que las ciudades más destacadas, en momentos de crisis, anexionarán bajo su control a las más débiles. La conquista romana, sin duda ejerció de catalizador definitivo para conformar la estructura principal que actualmente la arqueología puede corroborar. Este es el caso tanto de Sekeiza313, Bilbilis, Arcobriga y Nertobriga. Los indicios que los textos clásicos nos pueden ofrecer dibujan una realidad, desde el punto de vista del conquistador extranjero, existente en la Hispania republicana314. Por lo tanto nos hallamos ante grandes vacíos no descritos respecto la organización política y administrativa celtibérica mientras que centran la atención en los episodios bélicos y en los rasgos más exóticos de los habitantes del nuevo territorio por conquistar, dirigidos a un público más interesado en el desarrollo de las contiendas, en los triunfos y ovaciones militares, que en asuntos inherentes y cotidianos. Previa a la llegada de Roma encontramos a Sekeiza, en pleno desarrollo urbanístico gracias a este sinecismo integrando dentro de sus murallas a la tribu de los titos. En el siglo II a. C. acuña moneda propia bajo la ceca omónima, lo que le atribuye como ciudad celtíbera de referencia económica en el margen derecho del Jalón. Tras la destrucción de la primera ciudad se percibe en las series acuñadas la época de mayor emisión de bronces y plata, vinculada no al cumplimiento del stipendium sino a los gastos extraordinarios internos generados por la construcción de una nueva fundación. Durón de Belmonte de Gracián fue la Sekeiza II, desde la segunda mitad del siglo II a. C. con nueva ubicación y trazado ortogonal, recuperando la sede de poder belo hasta su aniquilación definitiva en las Guerras Sertorianas. 313 La que custodia. Montero, 2009: 150- 152. referido a la significación del toponimo, también alude su latinización a SEK/ ISA, como muralla abundante. 314 Las fuentes narran de la existencia de una organización social interna al señalar la existencia de reyes, príncipes, jefes militares, senado; pero las referencias existentes o están generalizadas por las unidades superiores (pueblos, tribus) o singularizadas para una ciudad, el problema existe en delimitar si todas las ciudades tenían funciones de la estructura sociopolítica o si esta únicamente se encontraba en la que podía considerarse la capital de toda la comunidad. (Burillo,1979: 32). 103 VI.1.1.- Bilbilis I, II, III. La escasez de referencias a Bilbilis, encuentra explicación en la breve oposición y rápida adhesión como deditio de Graco. Frente a la beligerante Sekeiza protagonista de los sucesos que desencadenaron las Guerras Celtibéricas y brindaron la victoria a Nobilior. La dispar actitud que los gobernantes romanos tuvieron en cada caso será definida por las relaciones con su élite local y la notoriedad de la propia ciudad en su territorio. Ciertos autores315 confirman la ausencia de atención por parte de las fuentes grecolatinas a estas que manteniéndose al margen de los enfrentamientos, asumen el pago del stipendium pactado y sirven como punto de apoyo estratégico en las operaciones romanas en la zona, tras la retirada indígena en el 154 a. C. No obstante la arqueología acude en auxilio de la investigación mediante la documentación y estudios de los yacimientos que concretamente integran el entorno en la actual ciudad de Calatayud. En donde se establece una superficie en el hábitat que oscila entre 8 y 16 hectáreas con un promedio de separación que no excede de 12 Km, distando entre 3 y 8 km. unas de otras. Esto caracteriza al paraje densamente habitado ante el que nos encontramos, ya desde el Bronce Final y Hierro I, compuesto por unos asentamientos que arqueológicamente han demostrado un periodo de ocupación extenso y continuo, lejos del concepto grecolatino de feritas y barbarie, en los que se basaba su Bellum iustum. El urbanismo bilbilitano durante la conquista romana se estructura en ciertas comunidades que jugaron un papel protagonista en el sistema de alternancia de jerarquías estas son la Calatayud celtibérica o Bilbilis I, Bilbilis II, ciudad celtibérica determinada a partir de los datos recavados en las campañas arqueológicas del 2004 bajo la actual Bilbilis Italica, en el Cerro de la Bámbola y Valdeherrera con dos periodos de población I y II; todas ellas muy próximas a Sekeiza I, en Poyo de Mara y Sekeiza II en Durón de Belmonte; dada su proximidad no se puede obviar las relaciones entre los asentamientos contemporáneos así como la jerarquía de Sekeiza durante el siglo III a. C. que competidora por los recursos naturales y mercantiles con Bilbilis, estableciendo el Jalón como frontera316. Burillo recurre en la datación de Sekeiza I, a un análisis de indicadores cronológicos utilizando las cerámicas importadas Campanienses, ánforas y paredes finas, debido a que aún la 315 Beltrán y Martín-Bueno,1982: 156. y Asensio, 1995: 307. 316 Véase en Caballero, 2003: 101 y ss. 104 cerámica ibérica no establece unas cronologías determinantes en este sentido317. Las ánforas grecoitálicas demuestran un comercio con vino anterior al 140 a. C., directamente asociadas a la presencia de Campaniense A, mientras que las Dressel IA compartirían el mismo marco cultural que la Campaniense B. A pesar de estos indicadores, definir una fecha todavía resulta poco preciso, empleando referencias y paralelos a otros casos similares esto lleva a su correspondencia con materiales aparecidos en el campamento romano de Renieblas III (Numancia) ocupado por Nobilior hasta el 154- 143 a. C. en que es abandonado318. Al mismo tiempo, la documentación material, obtenida en el proceso de las intervenciones arqueológicas corroboran la convivencia simultánea con el núcleo urbano que se encuentra bajo la actual Calatayud, denominada Bilbilis I. Esta ciudad no parece poseer el mismo poder ni entidad que Sekeiza I puesto que no existen pruebas de que jugara un papel económico ni legislador primordial en el tiempo de mayor esplendor de la ceca segedense. No sería extraño que por proximidad se encontrara bajo su circunscripción, lo que no le impidió desarrollarse internamente. El pequeño oppidum del cerro de Doña Martina se amplió hasta la puerta de Teruel, económicamente favorecida por la rica vega izquierda del Jalón y la privilegiada situación del tráfico comercial en la importación de productos, ideas y nuevas influencias del Mediterráneo. Los registros arqueológicos documentan un nivel de destrucción de la ciudad a finales del siglo II a, C. quedando únicamente una población residual en el cerro de Doña Martina. Por lo tanto el fin de Bilbilis I se corresponde con la medida de oppugnatio durante las incursiones de castigo efectuadas por Roma tras las Guerras Celtibéricas. Las insurrecciones narradas por las fuentes clásicas coinciden cronológicamente repitiéndose el proceso de transductio de la población, que ya experimentó Sekeiza I. Estos hechos se corresponden con las dataciones relativas obtenidas, a partir del estudio de materiales, con el registro más antiguo del Cerro de la Bámbola. Para completar este esquema urbanístico queda señalar el yacimiento de Valdeherrera I, en la confluencia del Jalón con el Jiloca, con una disposición favorable al aprovechamiento de los recursos naturales, y al igual que Bilbilis I beneficiándose de su proximidad a las vías de comunicación principales. Habitada desde el siglo III a. C. de forma continua; sobre esta se construye una nueva estructura de la ciudad, Valdeherrera II tras un proceso de expansión a mediados del siglo II a. C., posiblemente será debido al influjo latino de las societates 317 Burillo, 2001- 2002. 318 En Domínguez, 1997: 155. 105 Vicente de la Fuente, 1988: 83, sugería que de las ruinas Platea los árabes fundaran Calat- Ayud. De modo que cumple con una ubicación extramuros oportuna, siendo continuadora de la tradición ocupacional de la población residual tras la destrucción de Bilbilis I338; con el aporte fundamental del Jalón y en conexión con los centros de explotación minera del Moncayo, Munébregas y Caracena, a través de los caminos que llevan hacia Turiasu y remontando por el valle del Ribota, hacia Numancia339. VI.2.- JERARQUIZACIÓN EN LAS CECAS DEL VALLE MEDIO DEL JALÓN: El hecho de que algunas ciudades acuñen moneda, les da un carácter de autonomía respecto a otras, no siendo dependientes en este sentido, de la que se podría considerar una capital, en cuanto a tamaño o poder político y territorial. Aunque el análisis de las series acuñadas de Sekeiza y Bilbilis, pueden contribuir, en este caso a interpretar la relación existente entre ambas y los núcleos rurales, durante los siglos II y I a. C. Griegos, cartagineses y romanos trajeron consigo los precursores económicos que incentivaron la proliferación de cecas y acuñaciones locales, heredando su fórmula aunque adecuándola a su ideología y su propia percepción de los símbolos que transmitieron con ella el reflejo de su identidad. De este modo entraron en el circuito económico universal con valores de curso legal. Las monedas pasarán de ser un objeto destinado al intercambio mercantil con otras etnias, a representar un símbolo supracívico y se convierte en la manifestación de una identidad de los habitantes de un territorio340. El carácter vivo y parlante del soporte hará llegar a cualquier cultura referencias acerca de la ciudad emisora. El numerario en plata de cecas indígenas dependería, en principio de si Roma permitiera o no su acuñación, legislada desde el Senado, el cual adjudicaría su emisión a las ciudades estratégicamente seleccionadas en la Hispania Citerior. Su parámetro de elección se atribuye al poder económico y territorial ya existente, a su disposición relevante respecto a las vías de comunicación y a la proximidad a zonas de conflicto que requerían financiar acciones de pacificación. El motivo de emisión del argentum oscenses presenta actualmente cierta controversia, 338 Cebolla y Royo, 1998; 2005; 2006. 339 Magallón, 1987: 190. 340 Entre otros autores, Francisco Burillo, 1995a; apunta que aunque la moneda celtibérica bajo tutela romana en cuanto a metrología y metal acuñado, continúa manteniendo el mensaje de una identidad indígena. 112 mientas que algunos investigadores como Ñaco o Richardson, ven estas emisiones de imposición romana con carácter de fiscalización regular, en cambio otros como Beltrán defienden su carácter irregular como indemnizaciones de guerra o tributos temporales341 Del mismo modo se atribuyó, por Gil Farrés, 1966 o Crawford, 1985, el comienzo de la emisión del denario a la caída de Numancia, posteriormente autores como García y Bellido 1993 o Beltrán, 1998 atrasan su aparición al 180 a. C. con la reformas de Tiberio Sempronio Graco, como fórmula oficial del pago de los summa vectigal impuesto por los pactos establecidos y así contribuir a la autofinanciación de las guerras, la construcción de infraestructuras y reorganización del territorio342. La desmonetización que se padeció en el siglo II a. C. en estos territorios por botines e indemnizaciones obligó a la administración romana a introducir una nueva moneda para cubrir el vacío creado, más acorde a su sistema numerario. Posiblemente y debido al extenso debate que su origen, uso y difusión genera en los ámbitos académicos, nos encontremos ante un fenómeno desarrollado en el proceso bélico, germinado desde periodo premonetal con la utilización de objetos de plata como valor de cambio, y que de cada ceca le otorgó una función determinada en su administración.343 Comenzando su utilización en el entorno de origen y dispersándose por el flujo comercial y humano. Vinculada evidentemente con el paso de los ejércitos romanos y de los negociatores, estableciendo una estrategia que concentraba la emisión de plata en cecas con amplia tradición monetal, dominante de un territorio amplio territorium que le permitiría asegurar la cantidad exigida por Roma. Por otra parte las acuñaciones tan extensas de Bolskan, se producen en un periodo bélico, se justifica de este modo, junto con la escasez de plata a las emisiones de denarios de cobre forrados en plata en número nada despreciable. (Domínguez, 1997: 140). A la vista de lo planteado hasta ahora, relacionando las serie ya descritas de Sekeiza y Bilbilis, se advierte una sucesión en sus acuñaciones relacionadas con la progresión de la romanización, las traslación de sus hábitat y la aceptación de las nuevas modas ideológicas y estilísticas. Analizando la métrica en las emisiones de Bilbilis se encajan dentro del sistema metrológico y estructural de Kese; de esta manera, en las primeras emisiones aparece en Kese NS, mientras que en Bilbilis una S lo mismo ocurre en la 2ª emisión con TE/BI con una media de peso de 12-13 gr. De otro modo, una visión de conjunto de las series de Sekeiza y Bilbilis permite observar que no hay una simultaneidad cronológica sino una alternancia en las emisiones, ya que en 341 Estas teorías se encuentran desarrolladas en el trabajo de Beltrán, 2006. 342 Campo, 2002: 84. 343 Golzalbes cita a Marquardt, 1888: 359. El botín debió ser transformado regularmente en plata y ,posiblemente, en moneda por los cuestores, entre otras cuestiones, con el objeto de llevar a cabo un reparto equitativo del mismo; referente a un posible origen de la acuñación local de plata y la introducción del denario en Hispania. 113 el momento que Sekeiza deja de emitir a finales del S. II a. C. Bilbilis comienza sus acuñaciones. En el S. I a. C. vuelve a acuñar Sekeiza. Villaronga atribuye el paso de los Cimbrios y el cambio de sentido político a las razones fundamentales por las que la jerarquía monetaria de Sekaiza pasa a manos de Bilbilis344. La leyenda en caracteres celtibéricos, con el nombre de la ciudad en el reverso, bajo exergo. Los cuños donde se lee BILBILIS. En el siglo XIX, un sistema aceptado y aplicado en su interpretación descifra la S final de Bilbilis como adicción al nombre, y significa De Bilbili345. Pudiendo aplicarse este concepto a las leyendas de Nertobriga NERTOS. En cierto momento la leyenda SEKEIZA se ve truncada hacia SEKEIZAKOM346, denominación que no es exclusiva de esta ceca, con terminaciones similares en -kos, -sken o -kom, podía reflejar un acontecimiento político puntual pasando a denominar la entidad estatal responsable de su acuñación, la ciudad de Sekeiza, a denominar al demos, en forma de genitivo plural como “de los segedenses”347. García y Bellido encuentra aquí a una influencia directa romana, ya que tras oscilar hacia el genitivo masculino plural arcaico Romanom, volvió al nominativo singular Roma348. Otros como Villar, 1995, verían una referencia a un sustantivo como “plata” o “moneda”, justificando la diferencia entre las leyendas beronas (-kos) y celtíberas (-kom), mientras que Burillo percibe en este cambio de poder emisor en el momento que el Sekeiza I es destruida y sus cecas son acuñadas por un Estado sin ciudad, el que residía en territorio arévaco tras el ataque de Nobilior. (Burillo, 2006b: 214). Aunque este concepto es difícil de confirmar en los casos de las cecas beronas de Arekoratikos o Beliskom. Cuando acaba este periodo de incertidumbre Sekeiza, desde una nueva situación vuelve a acuñar, momento en el que no parecen registrarse emisiones de Bilbilis, coincidiendo posiblemente con el cambio de ubicación desde la ciudad celtibérica asentada en Calatayud al Cerro de la Bámbola. Nuevamente y con fecha anterior al 27 a. C. reanuda Bilbilis sus emisiones ya en signario 344 A fin del siglo II a. C. deja de acuñar Sekeiza y entra en acción la ceca de Bílbilis, situada en Valdeherrera. El cambio de jerarquización lo atribuimos a un cambio de sentido político, producido por un aumento de la romanización, que deducimos por lo acaecido en Tarraco y atribuimos al paso de los Cimbrios, el año 104 a. C. (Villaronga,1988). 345 Como Fernández de Fernando, y en el Eúscaro Iruniaco, de Irunia, Lamiaco de Lamia. (de la Fuente, 1880: 28). Según el método de clasificación por D. Antonio Delgado, 1876). 346 Tabla numismática de la ceca de Sekeiza, serie 5ª. 347 Burillo, 2001a: 97 cita a Fatás (1980) al respecto del Bronce de Kontrebia al respecto de una sustitución de una aristocracia, de un gobierno de princeps, por una democracia que nombra a sus magistrados. 348 El nominativo femenino será la forma generalizada a partir de la penetración cultural de las fórmulas latinas, que naturalmente no ocurre de manera homogénea ni coetánea. (García- Bellido, 2001: 45). 114 latino BILBILIS ITALICA. Examinando estos términos queda patente que del mismo modo que la emisión de ambas cecas se fue alternando del mismo modo que el dominio sobre la jurisdicción entre el Jiloca y Perejiles Jalón se mudaría. La dispersión de las monedas celtibéricas y latinas se concentra principalmente en el Valle de Ebro y Meseta Norte, llegando a Osca, Deobrigula, Turiaso, Numancia o Clunia349. Respecto a los signos celtibéricos M y Bi, en la leyenda numismática de los anversos de Bílbilis, según Delgado, aluden a una omonioa, confederación con alguna otra ciudad próxima350. Siguiendo el curso de estas interpretaciones, el signo S y los nexados M Bi351 que aparece en los anversos se adjudica por Puyol y Camps como una seña de dependencia con una ceca que podría ser tanto Sekeiza como Sekobirikes, ambas incorporan esté signo en sus acuñaciones, sin embargo, Bílbilis no incorpora el cuarto lunar en sus anversos y sí el delfín en emisiones posteriores; además el estilo de peinado que presenta el busto bilbilitano presenta más relación estilísticamente con el segedense, siendo sus iconografías las más semejantes con respecto a otras cecas celtibéricas, conservando el orden jerárquico establecido hasta estos momentos y que desaparece sustituida por las amonedaciones con signo en el anverso Bi y BILBILIS en el reverso sobre exergo352, emitidas durante el cambio de sigo II a. C. al s. I a. C. por la leyenda latina de BILBILI/S cuando la nueva ciudad, ya latinizada altera su metrología hacia el patrón estandarizado; consecuencia de su conversión en Municipium, adscrita al Conventus Jurídico Caesaraugustano. Fig. 80: Anverso de un As de Bilbilis. Fig. 81: Símbolos nexados M+Bi. con cabeza viril y M. Museo de Calatayud. Museo de Calatayud 349 Sagredo, 2005: 33. 350 Identificada por de la Fuente, 1880: 34, como la ciudad de Segóbriga, teoría disentida por Antonio Beltrán (1997: 23). 351 Villaronga, 1994: 38. 352 Villaronga, 1994: 239. 115 De la iconografía representada, como extracto de su imagen. El jinete y cabeza viril, como se ha remarcado, son los tipos por los que se identificó la Celtiberia, utilizando la moneda como emblema, el Heros Ktistes, que aunque es notoria la permeabilidad de estas sociedades difundiendo de unos a otros los modelos heredados del mundo griego y cartaginés, el emblema representando a una élite dominante en el icono y unido al jinete completa la idealización de una sociedad de poder y eligiendo unos símbolos aceptados en los que se veían identificados aunque, en origen, es posible que tuvieran un sentido completamente distinto. Al respecto defiende esta hipótesis Martín Almagro- Gorbea353 y que explicaría la existencia de una organización jerárquica social previa a la influencia de Roma, basada en la autoridad política de un individuo y una élite militar ecuestre que entroncaría con la saga familiar mítica fundadora y de ahí recibiría la jefatura indiscutible354. A propósito del conjunto de los 91 denarios de Bolskan aparecidos en Valdeherrera, el cual se duda de su procedencia y del resto de las monedas aparecidas en el transcurso de las prospecciones y excavación, más del 70% son hispánicas,un 7% republicanas y un 19% imperiales de acuñación oficial. Las cecas, a priori se establecerían en las ciudades de origen, aunque este cuño de bronce con el reverso de un denario de Bolskan pone de manifiesto las relaciones existentes y al mismo tiempo se constata que los centros de acuñación del interior del valle del Ebro no estuvieron emplazados en un sólo lugar necesariamente, o al menos no durante todo el tiempo en que fueron activos. En resumen y atendiendo a los datos arqueológicos y numismáticos, las referencias de las fuentes clásicas y los niveles de destrucción de cada una de las ciudades que integran el territorio bilbilitano, testigos de los avances bélicos de conquista romana, se puede llegar a ciertas hipótesis a propósito de la evidente jerarquía que vertebra este primer periodo de ocupación. No hay duda que este enclave presenta una gran densidad urbanística. Sekeiza como la fuerte dominadora indiscutible, de poder creciente y que aglutina en su territorio varias ciudades subsidiarias. El aumento de la población trajo consigo la destrucción de la ciudad a mediados del s. II a. C. y su huida a tierras numantinas. Prácticamente al mismo tiempo que Valdeherrera I, posiblemente en el mismo periodo que el relato de Apiano hace referencia al ocaso de Belgeda producto de las incursiones realizadas por Flaco355. 353 Almagro-Gorbea, 1995. 354 Hércules celtíbero, de espesa y crespa cabellera. (de la Fuente, 1880: 30). 355 En Apiano: Iber. VI, 100. 116 Paralelamente Bilbilis I perdurará hasta finales del siglo II a. C. momento en que se impone la deditio, por Sempronio Graco. La cerámica hallada durante las intervenciones de urgencia corresponde al mismo tipo que la aparecida en la “Casa de los Titos” de Sekeiza I y la Campaniense A con paralelos únicamente en Sekeiza II, demostrando que comparte el momento final de la primera ciudad y el comienzo de la ocupación en Durón de Belmonte. El cambio de intereses políticos y económicos concede mayor protagonismo al valle del Jalón desviando el eje principal sumiendo a Sekeiza II en un declive hasta su abandono definitivo en el primer cuarto del siglo I a. C.. A partir de entonces ya sólo será mencionada en las fuentes por los acontecimientos que protagonizó en las Guerras Celtibéricas y Sertorianas, estando ausente en las descripciones de pueblos y conventus de la Hispania Citerior por Plinio el Viejo356. Su opción por el bando perdedor fue la causa de que la ciudad no volviera a ser reconstruida, abandonando definitivamente la emisión de su moneda. Por ello las fuentes escritas y la numismática ofrecen testimonio revelador357. La Bilbilis Italica se construye sobre la indígena, asentada en el Cerro de la Bámbola desde el s. II a. C., y la creación de la nueva ciudad está condicionada por el patrón romano republicano, según el modelo estratégico en el que impera su posición y control sobre un cruce de caminos. Monumentaliza la ciudad aunque conservando, de acuerdo con las particularidades topográficas, un perfil irregular con estructura per scanma. Bilbilis Itálica asume su municipalización, adoptando los símbolos imperiales, reflejado en las emisiones bilbilitanas ya en caracteres latinos y sobrenombre Italica, que en periodo augusteo se ha localizado su lugar de acuñación en el foro. Continúa planteándose la verdadera identidad prerromana de Valdeherrera, atribuida históricamente a la Bilbilis I, y Bilbilis II, conclusión que se cuestiona cada vez más debido a los últimos resultados de las excavaciones. Al demostrarse su antigüedad y convivencia sincrónica con el fin de Sekeiza I, Sekeiza II y Bilbilis I, bajo el casco antiguo de Calatayud, corroborando la existencia de una Bilbilis celtibérica en el Cerro de la Bámbola, denominada Bilbilis II, deja sin resolver el nombre de la ciudad prerromana y posterior ciudad republicana, ubicada en el paraje de Valdeherrera; sin hallarse actualmente alusiones evidentes a ella entre las fuentes clásicas. 356 Plinio: H.N. III. 4, 27. 357 Cuando la ceca BILBILIS, comienza su mayor emisión, sustituyendo S + Bi por Bi con dos delfines en el anverso, conservando el nombre de la ciudad y el jinete lancero en el reverso, signo de aceptación, promovida por Roma de la jerarquía territorial. 117 En ausencia de los recursos literarios de los autores grecolatinos hacen imprescindible el exhaustivo registro arqueológico como única fuente de documentación; el análisis de la cultura material y numismática posibilitan la interpretación del yacimiento de Valdeherrera como un emplazamiento ajeno a Bilbilis358 contemporáneo y posiblemente adscrito a su territorium; podríamos contemplar una localidad con una importante función comercial, desde la cual se centralizaba las actividades de intercambio como enlace entre el Levante y la Meseta. Rápidamente transformada por la afluencia de contactos, creando en su solar una nueva ciudad ortogonal en auge, donde sus habitantes, indígenas o extranjeros, muestran un indiscutible poder adquisitivo, que no dudaron en implantar siguiendo las corrientes itálicas en boga. La presencia de las cecas celtibéricas más próximas como sedetanas, íberas valencianas359, hasta las acuñaciones del ámbito vascón y berón o el relevante tesorillo suesetano de 91 denarios de Bolskan con el ya mencionado cuño portátil, en el registro numismático de Valdeherrera y confirmada, por medio de la cultura material, la convivencia con las ciudades de Sekeiza II y Bilbilis II (Cerro de la Bámbola) ratifica a esta ciudad como una entidad ajena, independiente. No obstante el factor de proximidad plantea que se la considere adscrita a la jurisdicción bilbilitana. Estableciéndose una distribución de competencias, siendo Bilbilis II, eje principal en el control administrativo, e imagen del poder jerárquico y estableciéndose en Valdeherrera un complejo económico donde se desarrollará la principal actividad comercial del territorio y el control en el acceso al tránsito comercial en sus rutas. Dentro de sus murallas, una amplia zona sin urbanizar, podría concentrar el intercambio de los productos importados y locales, desarrollando un mercado que establecería el enlace entre la meseta y el Levante en época republicana. Fig. 82: Ánfora Dressel IB. Museo de Calatayud 358 Quedan aún puntos vacuos de información en la toponímia de la Celtiberia, como la ubicación de la ceca Arekorata, de la que se ignora prácticamente todo excepto su abundante producción monetaria y un par de téseras de hospitalidad. (Otero, 2009: 65) 359 Aparecidas en el transcurso de las excavaciones Arsaos, Bentian y Baskunes, Kalakorikos, Titiakos y Uarakos, (Martín- Bueno y Sáenz, 2012a) 118 VII-.CONCLUSIONES: Se entiende el celtibero como un término exoétnico, acuñado por los agentes mediterráneos que entraron en contacto con determinadas poblaciones de la Península Ibérica, siendo su identificación en étnias producto de las Guerras Púnicas en el s. III a. C.. La producción literaria grecolatina fue un discurso acerca de la etnicidad estableciendo parámetros identitarios, de forma primaria a través de la concesión o retirada de la ciudadanía.(Marco: 2007, 88) El territorio peninsular quedó catalogado en definitiva por etnias, estados, culturas y religiosidad; información que requerían los objetivos económicos y militares romanos. Los contactos europeos previos a través de la política de expansión identifican, aunque de forma no exacta, a las etnias celtíberas, reconociéndolas herederas de los celtas europeos, viendo en ellos representada su cultura céltica, por su lengua, expresión artística y costumbres.360 Dubuisson, 1990: 77; equipara los estereotipos de por los que los pueblos europeos se definieron a través de la mirada del ciudadano romano; los hispanos fueron evaluados sistemáticamente por su feritas, bellicosi et horridi, en ausencia de una fides, gravitas, maiestas. doctrina et pietas, de los que el genio romano se hizo adalid en la conquista de territorios. La intrusión en la Península Ibérica por parte de cartagineses y romanos en el desenlace de la II Guerra Púnica no sólo fue motivado por el deseo de una expansión territorial y prestigio que otorgaría el poder en el Mediterráneo. Imperialismo consciente y, al menos en ocasiones, agresivo, motivado por diversas razones, entre las que desempeñaron un papel relevante el afán por obtener recursos económicos mediante la explotación de los territorios conquistados, competitividad y espíritu de emulación y superación de una aristocracia que basaba su dominio y jerarquía en una consecución de fama, gloria, existimatio, dignitas y autoritas, la búsqueda del triumphus, máximo éxito personal en una sociedad en la que la guerra ocupaba un papel central. (Pina, 2006: 27). Las campañas militares impulsaron al desarrollo precoz de las vías de comunicación. Vertebrando el ager publicus y modificando antiguos caminos interurbanos; este es uno de los factores que determinan el reconocimiento por parte de Roma a las ciudadesestado como poder principal jurídico-político por encima del sustrato étnico al que pertenecían361. Llevando consigo las 360 Se puede encontrar una bibliografía muy extensa al respecto, desde las fuentes clásicas Heródoto:Hist. 2,33; Estrabón:Geogr. III, 2; Apiano: Iber. 2; Marcial: Epigram. IV, 55. En autores contemporáneos podemos consultar desde Shulten, 1917; Capalvo, 1996; Lorrio, 1997; Burillo, 1998 entre otros. La génesis y la evolución de la cultura celtibérica aún hoy debe ser sometido a un exhaustivo estudio, donde las aportaciones lingüísticas y los descubrimientos arqueológicos juegan un papel esencial que los investigadores deben someter 361 Estas ciudades se desarrollan dentro de un territorio conquistado por Roma, esto es, dentro del marco de un estado imperialista, lo cual no implica la anulación de las entidades autóctonas, tanto a nivel cultural como político. 119 societates publicanorum y negotiatores verdaderos artífices de la implantación cultural latina en la Celtiberia y la consecuente modificación del entorno. La principal unidad de vertebración del territorio celtibérico son las ciudadesestado, desarrolladas antes de la intromisión cartaginesa y romana. Son las que entran en guerras, firman pactos de hospitalidad, establecen relaciones comerciales a larga distancia o acuñan moneda En ella se aprecia las influencias orientales mediterráneas adoptando una iconografía que les diferenciará del resto de pueblos conquistados. Así el busto viril encuentra los paralelos más antiguos en las monedas cartaginesas y fenicias que circularon sin concretar que se trate de representación de un dios o el retrato idealizado del poder dominante y ligada a cultos locales362. En su iconografía reproducen estos símbolos heredados de griego, cartagineses y romanos al mismo tiempo que establecen iconos concretos con los que se ven identificados, como el jinete lancero. Sin embargo, otros símbolos que ocupan los reversos como las estrellas, se conocen propios de monedas itálicas, massaliotas y cartaginesas asociadas al caballo, al igual que el delfín en el mundo helénico acompaña a la divinidad representando la protección363. En sus reversos, ¿Serán símbolos que aludan a un culto solar, conectado a una divinidad masculina, a animales que signifique protección o fuerza, heredando al mismo tiempo su significado en el mundo mediterráneo o pretendían al incorporarlos en sus emisiones transmitir una fuerza y entidad hacia el exterior mediante la adopción de un lenguaje universalmente aceptado por el resto de culturas mediterráneas, sin que sea este su propio lenguaje vernáculo?. En cualquier caso son muestras de la fuerte la aculturación, que a través de las relaciones económicas y contactos bélicos enraizó y se difundió rápidamente por la Península Ibérica. La construcción de ciudades ex novo y el desplazamiento de la población local, aceleró la paulatina modificación del paisaje; buscaron para tal efecto en lugares sobreelevados de gran dominio territorial conservando, en su totalidad o parte del topónimo autóctono dando la idea de continuidad a las élites indígenas. Por ello estas ciudades escapan al modelo ortogonal adaptándose a la complicada orografía del terreno, enriscándose en antiguos emplazamientos prerromanos. Creadas o promocionadas urbanísticamente por los romanos para cubrir las necesidades que requería el proceso de conquista, control de cruces de caminos y vías principales (Aeso, La Caridad, (Burillo, 1998: 145) 362 Al respecto la autora hace una referencia a las obras de Zobel, 1880: 188; Villaronga, 1961: 19-20; Almagro- Gorbea y García-Bellido, 2001: 36; respectivamente en la nota 5.. 363 Domínguez, 2005: 392- 393. 120 La Cabañeta, La Corona), puertos fluviales (Dertosa), o bien posibilitando la explotación económica de regiones de riqueza agrícola (Aeso, Leso) o minera (La Caridad)364 El valle del Jalón se presta a este fenómeno, con la presencia de ciudades-estado tan relevantes como Sekeiza y Bilbilis, cercanas en el espacio365, de gran riqueza agraria, pero sin embargo con una orientación muy distinta en su influencia en el territorio, siendo Sekeiza orientada al dominio de Jiloca, hacia el Este y Bilbilis, controlando la entrada hacia la Meseta desde el Ebro a través del Jalón. Son poblaciones en territorios extremos, pero no hay duda que demuestran una gran complejidad cultural y social puesto que aceptarán rápidamente los cambios, que modificará la estructura social interna hasta ahora establecida. Son autónomas y su jerarquía queda bien estipulada marcando la dinámica y pulso político, en una red de relaciones de hospitalidad entre ellas. El sistema de clientelas substituye al familiar ampliándose a ciudades de menor entidad dependientes de las más poderosas, a vicus o castellum dentro de un proceso parecido a los pagi centroeuropeos Es un hecho que el paraje bilbilitano responde a la ordenación territorial generalizada en el valle del Jalón, encontrando paralelismos muy significativos tanto el Arcobriga como Nertobriga. Por lo tanto se puede resumir en un tipo de asentamiento, que se rige por tres puntos básicos: 1.-Ubicado en las inmediaciones de ríos; esto determina asegurarse una zona aluvial propicia para el desarrollo de la agricultura, ganadería y por tanto favorece el desarrollo económico de la ciudad. 2.-Próximo a una encrucijada de caminos, que favorece los contactos comerciales y la llegada de influencias culturales. 3.-Al mismo tiempo se construyen en puntos de fácil defensa y dominio estratégico del territorio. Durante los enfrentamientos se denota, al evaluar las consecuencias en cada población, una preferencia muy diferente de ambas con respecto al concepto de romanización, mientras que los segedenses oponen resistencia aunque su poder relevante en el periodo previo le concederá un nuevo emplazamiento en Belmonte, después de la destrucción de Sekeiza I en el 154 a. C., los bilbilitanos aceptan rápidamente el dominio romano, colaborando y estableciendo pactos ya durante 364 Asensio, 2003: 162. 365 Ambas ciudades distan de 10 km.. Caballero sigue los criterios de los polígonos de Thierssen para delimitar las áreas de influencia marcados por los valles de los principales cauces, en Caballero, 2003. 121 ---2002a. ”Etnias y Ciudades-Estado en el Valle Medio del Ebro, el caso de Kalakorikos/ Calagurris Nasica” Kalakorikos, 7. (9-29). ---2002b. “Aproximación al urbanismo de la ciudadceltibérica de Segeda I” Bolkan 19. Zaragoza. (203- 210) ---2003. “Los grafitos procedentes de Segeda I área 3”, Palaeohispanica 3. Zaragoza. (pp. 205-244). ---2004a. “Celtiberians: Problems and Debates”. The Celtics in the Iberian Peninsula. E- Keltoi. Journal Interdisciplinary Celtics Studies. Vol. 6. (pp. 411- 480). ---2004b, “La ciudad deltibérica de Segeda I. Nuevos hallazgos”. Novedades arqueológicas celtibéricas. (Coord) Barril, M. y Codero, A. 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(Burillo, 2005b: 13) Mapa 12: Localización de Sekeiza I y II respecto a Bilbilis Italica y celtibérica. Interpretación de Francisco Burillo Mozota. (Burillo, 2008: 7) Lámina I. Estructuras celtibéricas bajo Augusta Bilbilis. Barrio de las Termas. (Martín- Bueno et alii, 2007: 250). Mapa 13: Extensión de la ciudad de Valdeherrera con foso y límites de protección BIC del yacimiento. (Martín- Bueno y Sáenz, 2012: 13). Mapa 14: Historiografía de la situación de Platea. DESCRIPCIÓN DE LOS TIPOS MONETALES373: Tabla I: Series de la ceca de Sekeiza. Emis Valor Anverso Reverso Leyenda Cronol 1ª Unidad AE Cabeza viril derch. Lobo374 delante Jinete derch. con cetro. Ave delante SEKEIZA ½ s. II a.C. 2ª Denario AR Cabeza barbada derch. Lobo detrás Jinete con cetro y ave sobre hombro SEKEIZA ½ s. II a.C. 2ª Unidad AE Cabeza viril derch375. Lobo detrás Jinete derch. Cetro y ave detrás SEKEIZA ½ s. II a.C. 2ª Mitad AE Cabeza viril derch. Lobo detrás Caballo rienda376 suelta derch. SEKEIZA ½ s. II a.C. 2ª Tercio AE Cabeza viril derch. Lobo detrás Medio Pegaso377 con cuatro glóbulos SEKEIZA ½ s. II a.C. 2ª Tercio AE Cabeza viril derch. Jabalí SEKEIZA ½ s. II a.C. 3ª Denario AR Cabeza viril derch. SE detrás Jinete con palma SEKEIZA 2/2 s. II a.C. 3ª Unidad AE Cabeza viril derecha SE; delante delfín Jinete con palma SEKEIZA 2/2 s. II a. C. 3ª Mitad AE Cabeza viril, SE; delfín y KU378 delante Caballo y creciente arriba SEKEIZA 2/2 s. II a.C. 4ª Unidad AE Cabeza viril derch. SE; delfín delante Jinete con lanza SEKEIZA 2/2 s. II a.C. 373 Basada en La clasificación realizada por Villaronga, L.: C.N.H.A.A. 1994. y en la revisión de Gomis Justo, M.: Las acuñaciones monetales de Sekeiza. 2001, para el caso de Segeda. Las emisiones se han dividido cronológicamente , cuando se producen cambios muy significativos en el tipo, encontrando algunas diferencias entre series acuñadas en un mismo periodo. (García- Bellido, 2001: 342 y ss.) 374 En la clasificación de Gomis identifica el cuadrúpedo acompañante a la cabeza viril de los anversos, en las primera emisión, como lobo en lugar de leona como atribuye Villaronga (1994: 231-232) La interpretación que apoya el símbolo como doble identidad del guerrero/ lobo ibérico. (Almagro- Gorbea, 1997: 111) 375 Este anverso de la II emisión aparece en las unidades con busto barbado o imberbe, representando la emisión con mayor número de ejemplares. Existindo paralelos en Kese con los inberbes y con Bolskan los barbados, (Gomis, 2001: 39) 376El caballo sin jinete y con la brida al viento ya utilizado desde s. VI a. C. por los griegos y cartagineses; paralelos en Bilbilis y Nertrobis. Establece las medidas fraccionarias de las unidades, marcando los cuartos junto con tres o cuatro glóbulos. 377 El Pegaso de influencia griega comenzó a utilizarse en las dracmas emporitanas y a su vez muy comunes en las cecas sedetanas centro de influencia principal de la tipología y metrología utilizada en la Celtiberia Citerior. Corresponde a la marca de valor de cuartos. 378 Debido a la diversidad de valores en los que aparece el símbolo KU, hace que no lo podamos considerar marca de valor.(GOMIS, 2001: 48) aludiendo a las cecas con KU en el nombre de la ciudad que acuña y que incorporan este signo en el anverso del campo numismático; barskunes, kueliokos, kese... 4º Sexto AE Cabeza viril derch. SE detrás Caballo, encima tres puntos SEKEIZA 2/2 s. II a.C. 5ª Unidad AE Cabeza viril derch. Jinete con lanza SEKAIZA KOM 2/2 s. II a.C. 5ª Unidad AE Cabeza viril derch. Jinete con lanza SEKAIZA 2/2 s. II a.C. 5ª Mitad AE Cabeza viril derch.; delante S Caballo a galope SEKAIZA KOM 2/2 s. II aC. 5ª Mitad AE Cabeza viril derch. Caballo a galope SEKAIZA 2/2 s. II a.C. 5ª Mitad AE Cabeza viril derch.; S detrás Caballo galope SEKA 2/2 s.II a.C. 5ª Tercio AE Cabeza viril derch.; delante S Caballo y tres glóbulos arriba SEKAIZA KOM 2/2 s.II a.C. 5ª Tercio AE Cabeza viril derch.; delante S Caballo y tres glóbulos arriba SE 2/2 s.II a.C. 5ª Tercio AE Cabeza viril derch.; delante S Caballo y tres glóbulos arriba SEKA 2/2 s.II a.C. 5ª Tercio AE Cabeza viril derch. Caballo y tres góbulos arriba SE 2/2 s.II a.C. 6ª Unidad379 Cabeza viril derch.; dos delfines Jinete lancero SEKEIZA Fin s.II – I/3 s.I a. C. 379 Fue la emisión más numerosa y más ampliamente difundida, llegando a las zonas mineras de la Ulterior, aunque muy poca sufrió contramarcado.