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Abstract

Análisis y descripción de las sociedades de recreo existentes en Barbastro en el siglo XIX y XX, así como los cafés, burdeles y espacios de ocio más frecuentados por los barbastrenses. Con ello se pretende aproximarnos al concepto de sociabilidad y realizar una historia social del siglo XX en la ciudad de Barbastro. Pano Cuello, José Luis; Sabio Alcutén, Alberto

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Página | 1 Del casino a la peña Los espacios de sociabilidad desde finales del siglo XIX a finales del XX en Barbastro. Por José Luis Pano Cuello. Banquete en el elitista Casino de La Amistad, en torno a 1900. La popular Peña Ferranca celebra su tradicional comida ferranquera de las fiestas de septiembre. Años 60. Página | 2 Trabajo de fin de Máster de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza. Director del Trabajo fin de Máster: Alberto Sabio Alcutén. Trabajo realizado por José Luis Pano Cuello. DNI: 73.200.946 – L. Avenida Pirineos, 33, 3º F. Barbastro (22.300) Teléfono de contacto: 974314079 / móvil: 606007694 Email: jlpan[email protected] Página | 3 ÍNDICE 1. Introducción …………………………………………………………………………………………………………6 2. Estado de la cuestión ………………………………………………………………………………………………..8 3. Metodología ………………………………………………………………………………………………………..12 4. Breve mirada a la sociabilidad del siglo XIX ………………………………………………………14 4.1. ¿Qué era una sociedad de recreo? …………………….……………………………….20 4.2. Los casinos y círculos decimonónicos ….…..................................................21 4.3. Tipología social de los casinos ………………………………………………………….……….24 4.4. Los casinos, sociabilidad política, empresarial y/u ociosa …………………..………..26 4.5. Urbanismo ‘socio cultural’ ……………………………………………………………………………….31 4.6. Los Círculos, el ocio en sociedad …………………………………………………………………..33 5. La Amistad y La Unión, la pervivencia del espíritu decimonónico en el siglo XX .….37 5.1. Círculo de la Amistad (1873-1926) ….…………………………………………………..38 5.1.1. Organización interna ………..…………………………………………………………39 5.1.2. Actividad social y fiestas ……………..…………………………………………………….41 5.1.3. La Amistad y la creación del Teatro Principal ……………...….……………………45 5.1.4. Eventos sociales ………………………………………………………………………………...44 5.1.5. El juego y la “ruleta benefactora” ………………………………………………………..47 5.1.5.1. Otros lugares de juego de apuestas ……………………………………………50 5.2. Círculo de La Unión (1874-1904) ..…………………………………………………………………..51 5.3. Dinamizadores de las fiestas .………………………………………………………………………52 5.3.1. La música, el baile y el Carnaval ………………………………………………………..54 5.3.2. Germen de formaciones musicales ………………………..……………………………..56 5.3.3. Los primeros locales de baile ..……………………………………………………………….63 6. El siglo XX: La ‘Belle Epoque’ ………………….………………………………………………………………….65 6.1. Fiestas populares ……………………………………………………………………………………..………67 6.2. Romerías ‘laicas ……………………..………………..…………………………………………………….69 6.3. Impulso a la hostelería ..…………………………………………………………………………………71 6.4. Tiempo para el ocio y la política …………………………………………………..……………….76 Página | 4 6.5. Círculo La Peña (1916?-1962) y el Bar Luis ………………………………………………………….78 6.6. La Juventud Mercantil (1923-1936) ……………………………………………………………………85 6.7. Casino de Barbastro (1926-1936) .……………………………………………………………………89 6.8. La Nueva Dalia o la Dalia (Años 20 – 1945) ………………………………………………………….94 6.9. Unión Barbastrense, un casino republicano (1934 -1938) ………………………………..98 7. El Cabaret, ocio y prostitución ……………………………………………………………………………….101 8. Los militares y los espacios de sociabilidad .........................................................108 9. La Posguerra ………………………………………………………………………………………………………..112 9.1. La Unión: De casino republicano a local falangista ………………………………………….110 9.2. La Unión reaparece en la calle Mayor ………………………………………………………113 9.3. El Cosmos ……………………………………………………………………………………………114 9.4. La Floresta renueva los espacios de baile (1946-años 50) ……………………………..115 9.5. La SMA, un casino aglutinador y nivelador (A partir de 1947) …..…………………….119 9.5.a. Traslado a la Floresta …………………………………………………………………..125 9.5.b. Vinculación con otros casinos ………………………………………………………127 9.5.c. Dinamizador festivo, …………………………………………………………………..128 9.5.d. Lúdico, …………..…………………………………………………………………………….129 9.5.e. Cultural, ………………………………………………………………………………………130 9.5.f. Y deportivo ……………………………………………………………………………………………131 9.6. Un oasis de libertad ….………………………………………………………….…………………….133 10. El Desarrollismo (1959-1975) ..…………………………………………….………………………………….136 10.1. El impacto socioeconómico del embalse de El Grado y el Canal del Cinca ….136 10.2. El Argensola, un espacio para los nuevos tiempos de esplendor (1961-2006) ………………………………………………………………………………………………………………….…139 10.2.a. Breve aproximación al cine en Barbastro ……………………………..139 10.2.b. El Argensola (1961 – 2006) ………………………………………………………140 10.2.c. Sala de fiestas ……………………………………………………………………………….143 10.2.d. El juego ……………………………………………………………………………….149 Página | 5 10.2.e. Banquetes ……………………………………………………………………………….150 11. Peña Ferranca (A partir de 1957) ………………………….……………………………………….149 11.1. La toma de la calle ……………………………………………………………………………….157 12. La Peña Taurina (A partir de 1957) …………………………………………………………………………160 13. Epílogo y conclusiones ……………………………………………………………………………………………165 14. Bibliografía ………………………………………………………………………………………………………..173 15. Fuentes consultadas ……………………………………………………………………………………………176 15.1. Fuentes impresas ……………………………………………………………………………………………176 15.2. Archivos ………………………………………………………………………………………………………..177 15.3. Hemeroteca ….……………………………………………………………………………………………..177 15.4. Internet ………………………………………………………………………………………………………..178 15.5. Entrevistas …………………………………………………………………………………………………….178 16. Anexo (Los documentos, imágenes y fotografías de este apartado las incluimos en un CD junto al trabajo) ……………………………………………………………………………………………179 Página | 6 1. Introducción El presente trabajo se centra en la evolución histórica de una parte de los espacios de sociabilidad existentes en Barbastro desde finales del siglo XIX hasta finales del siglo XX vinculados con colectivos sociales. Con esta investigación pretendemos asomarnos a la ventana de esos locales de ocio diurno, pero también y sobre todo nocturno, de los barbastrenses del pasado siglo y en la medida de lo posible de los últimos compases del anterior. La vida social, lúdica, cultural y festiva, así como la organización interna de casinos y círculos, además de las peñas en la época más reciente, centran la presente investigación. Pero también nos asomaremos de reojo por la mirilla del tiempo de esos cafés, bares con cierto caché, locales de diversión y también de prostitución que existieron en el Barbastro del siglo XX y que conforman el imaginario colectivo de esta ciudad, pero que por determinados motivos sociales, o prejuicios, quedan relegados a la esfera más intima de las cuadrillas, a los comentarios de barra de bar y en el mejor de los casos insertos en algún relato periodístico. Nuestra intención con esta obra ha sido la de considerar el ocio como un aspecto relevante de la vida cotidiana en el Barbastro del siglo XX, y no concebirlo como un mero entretenimiento de la sociedad del momento, si no como una conducta de la cual se pueden extraer conclusiones socioeconómicas y también ideológicas que nos ayuden a dibujar con mayor nitidez cómo era la sociedad barbastrense en los diferentes estadios del siglo XX. Para documentar lo mejor posible esta época y este objeto de estudio hemos acudido, entre otras fuentes, a los testimonios de algunos protagonistas vivos que nos han ayudado a resolver las cuestiones planteadas en el origen de la investigación. ¿Cómo se divertían los barbastrenses del siglo XIX, desde la época de la I República hasta principios del XX? ¿Llegó el fenómeno de la ‘Belle Epoque’ a Barbastro? ¿Cómo se concibe el ocio en los años de la II República? ¿Hay una ruptura con el estallido de la Guerra Civil? ¿La dictadura de Franco fue severa con los centros asociativos imponiendo la férrea moral católica y cerrando o limitando las opciones de diversión? ¿Cómo afectó la posguerra a las prácticas festivas y sociales de los ciudadanos? ¿Cuál es el origen de las peñas modernas y por qué surgen? ¿El ocio y la sociabilidad eran clasistas? Éstas y otras cuestiones nos parecen de suma importancia para entender un pasado que forma parte de nuestra genética como ciudadanos hispánicos o mediterráneos. La cultura del café, del bar, del casino 1 entendido como lugar de reunión y no con su acepción 1 El término casino se deriva de la voz italiana casa. En castellano abarca términos tan dispares como ‘centro de recreo’, ‘asociación’, ‘sociedad’, ‘círculo’, ‘tertulia’, ‘ateneo’, ‘club’, ‘liceo’, ‘peña’. Lo más probable es que dicha palabra haya hecho su aparición en Cataluña, región siempre abierta hacia Italia. Como quiera que sea, el caso es que este término no posee el mismo sentido que el que se usa corrientemente en Francia en el que se designa a un establecimiento público de diversión, de espectáculo en el que se permiten los juegos de dinero, y que estaban muy en boga en el Segundo Imperio (1852-1870). Nota extraída del trabajo Casinos y círculos en Zaragoza (1830 – 1908), de Jean – Claude Vanhille-Lité, páginas 46 – 47. Página | 7 contemporánea de espacio de juego (aunque también existió el juego en los casinos) forma parte de nuestra cultura asociativa. Citaremos a Benito Pérez Galdós para reforzar esta idea: “El café es como una gran feria en la cual se cambian infinitos productos del pensamiento humano […]. La mitad por lo menos de la historia española del último siglo se ha fabricado en los divanes de los cafés. Quitadles los divanes de los cafés al siglo XIX español y ese siglo pasaría a ser ininteligible. En el siglo XX siguen los divanes operando directamente sobre la historia de España” 2 . La cita de Galdós podría ser perfectamente válida si sustituimos el término café por el de casino y es que en este sentido compartimos la tesis del historiador social francés Maurice Agulhon, padre de los estudios sobre la sociabilidad contemporánea, que afirma: ‘El café, aun siendo jurídicamente un comercio, sigue siendo un círculo’ 3 . El objeto de este estudio, la sociabilidad en los casinos de Barbastro y su evolución a lo largo del siglo XX en salas de fiestas y/o de bailes y en peñas, es inédito en la historiografía local. Ese ha sido el motivo que nos ha llevado a tratar de arrojar luz sobre este fenómeno asociativo tan prolijo como desconocido entre las generaciones de la posguerra en adelante. Como hemos anticipado, de esta faceta podemos extraer algunas lecciones que podrían completar los trabajos sobre la historia de la ciudad realizados hasta la fecha pero que relegan el apartado de la sociabilidad o el ocio a un mero capítulo. Elevar el concepto de sociabilidad a la altura historiográfica que consideramos se merece ha sido también otro objetivo. Asimismo el rescatar las historias de esos locales de ocio, de sus responsables, conserjes, socios, camareros o clientes nos parece un ejercicio de memoria histórica necesario para extraer conclusiones sobre el perfil sociológico, urbanístico, antropológico e ideológico de la ciudad. La historia es el pasado contado del pueblo, y qué historia más popular que la que desciende las altas esferas de la política, la economía, la guerra y se mezcla con los ciudadanos entre bailes, partidas de cartas, sorbos de café o tragos de cubatas con el objeto de extraer los patrones de conducta de cada grupo de ciudadanos y relacionarlos con cada momento histórico. Proponemos por lo tanto un análisis historiográfico que ponga el acento en lo social y lo cultural, centrado en estos espacios concebidos como unidades de expresión del ocio y las relaciones sociales de los barbastrenses. 2 Pérez Galdos, Benito, citado por Espina Antonio, Las tertulias de Madrid, Madrid, Alianza Editorial, 1995, p. 235. La cita la recoge Jean – Claude Vanhille-Lité en su obra Casinos y círculos en Zaragoza (1839-1908), página 53. Instituto Fernando El Católico, 2001, Zaragoza. 3 Vanhille-Lité, Jean – Claude, Op. Cit., página 53. Página | 8 La sociabilidad es un término vasto en su definición y proveniente del campo de las Ciencias Sociales (utilizado por las disciplinas de la Historia Social, la Antropología Cultural y la Sociología) para determinar las formas de relación de los seres humanos en su medio de vida en un contexto distendido, de esparcimiento, lúdico o cultural. Hemos introducido el matiz de espacios de sociabilidad vinculados a colectivos sociales para ceñirnos a un tipo de locales y asociaciones que no han sido estudiados en profundidad en esta ciudad pese a su nutrida proliferación a lo largo de casi dos centurias y a su importante actividad social y recreativa. Nos referimos a los casinos o círculos en torno a los cuáles girará la vida más lúdica y social del Barbastro de finales de 1800 y de todo el siglo XX y que tendrán su continuidad como trataremos de demostrar en las peñas. El matiz no es baladí. Si atendemos a la definición de espacios de sociabilidad anteriormente expuesta, deberíamos tener presente el sector hostelero (bares, cantinas, tabernas, bodegas, fondas, cafés, restaurantes, hoteles, y ya en el último tercio del siglo XX los pubes y discotecas), así como otros negocios del ramo como las casas de lenocinio. El ocio y la sociabilidad en este país están íntimamente ligados al consumo de bebidas, cafés o licores que se han convertido en una práctica social comúnmente aceptada por la comunidad, en algunos casos bien vista (siempre que no se incurra en excesos etílicos). Ejemplos de esta práctica tenemos muchos repartidos por toda la península: las cuadrillas de chiquiteros y las sociedades gastronómicas o ‘Txokos’ en el País Vasco, la Feria de Abril en Sevilla o la romería del Rocío en Huelva donde tras una motivación religiosa se origina una gran fiesta que recordaría a las bacanales romanas, las fiestas patronales de todos los pueblos de España o ya en nuestro territorio las lifaras de cuadrillas con sus cantos de bodegas como rituales vinculados al vino o la popular ronda por los pueblos del Alto Aragón donde comida y bebida son protagonistas junto a la jota rondadora. Pero afrontar la historia de la sociabilidad en Barbastro ciñéndonos al sector hostelero conllevaría una ardua tarea –a la que no renunciamosque excedería los límites propuestos para este trabajo fin de Master. Adentrarnos en la historia de la hostelería local concebida desde el punto de vista de sociabilidad nos parece una tarea tan atractiva como de momento sumamente ambiciosa. No obstante es nuestra intención continuar en esta línea de investigación puesto que existen muchos vínculos que se cruzan y se complementan con el presente objeto de este trabajo. Será por lo tanto inevitable echar mano en el presente relato de bares, cafés, tabernas, hoteles y casas de prostitución para tratar de reflejar cómo se divertían y socializaban los barbastrenses del pasado siglo y parte del anterior. Página | 9 2. Estado de la cuestión La elección del estudio de los casinos, círculos y peñas en Barbastro se debe a varias motivaciones que pasaremos a citar. En primer lugar nos ha llamado la atención la antigüedad de los mismos y su proliferación. En este sentido sorprende que no exista un estudio global sobre los mismos pese al papel relevante que jugaron en la sociedad ya que eran un referente obligatorio en el ocio cotidiano de los barbastrenses (máxime si tenemos en cuenta el reducido número de tabernas y cafés a finales del siglo XIX y comienzos del XX) según la condición ideológica y económica de los mismos. A la hora de documentarnos para elaborar este estudio hemos encontrado breves apartados de monografías sobre la Historia más reciente de la ciudad que abordaban el tema de manera muy sucinta, prácticamente enumerando la relación de estos círculos sin aportar muchos más detalles sobre el estrato social de sus integrantes. (Ver ‘Barbastro 1833- 1984’, editado por el Centro de Estudios del Somontano). Catedráticos como Manuel García Guatas también han abordado el aspecto más ocio de la historia del siglo XX. Más información hemos encontrado en publicaciones como la revista del Centro de Estudios Somontano en un interesante e ilustrativo trabajo de investigación del cantante y coleccionista Antonio Latorre sobre las orquestas del siglo XX y al que nos referiremos en varias ocasiones en este trabajo para abordar las salas de baile. También dos entidades que todavía perviven con vigor, como la Sociedad Mercantil y Artesana y la Peña Ferranca, editaron un boletín especial, en el primer caso, y un libro en el segundo escrito por la historiadora Elena Franco (‘Peña Ferranca, 50 años en la calle’) con motivo de su 50 aniversario y que son referencia obligada para abordar la historia de la sociabilidad en Barbastro. Junto a ellos hay que citar por su gran valor para la historiografía local los números Extraordinarios de Fiestas que edita El Cruzado Aragonés y donde con frecuencia podemos encontrar, entre otros, artículos sobre los aspectos más lúdicos y sociales de la ciudad. Además de este centenario periódico, otras publicaciones que no gozaron de tanta longevidad como El Zimbel incluyeron entre sus páginas aspectos del Barbastro más ocioso sobre todo el de los años 30 por parte de Antonio Buil y Antonio Abarca. En cuanto a la proliferación de documentos, datos, fotografías y las pequeñas historias de los diversos colectivos de la ciudad, es imprescindible recurrir a los dos libros editados por el concejal y ex alcalde Francisco Víu Barbastro. Sus dos libros Barbastro Siglo XX, luces y sombras 1900-1999 –el más útil para nuestro trabajo- y Barbastro 1926 – 1986.60 años de Historia del Ayuntamiento de Barbastro en sus documentos (fragmentos). En lo relativo al siglo XIX es de obligada referencia acudir a dos publicaciones: la citada ‘Barbastro 1833-1984’ y ‘Barbastro y su desarrollo urbano en el siglo XIX’. Sin embargo en ambos libros la sociabilidad queda reducida a meros capítulos y no existe un análisis en profundidad. Una sociabilidad de carácter religioso –que en este estudio no nos interesa por no estar vinculada con el ociola aporta el historiador Juan José Nieto en su gran trabajo ‘Religiosidad y Página | 16 Estas ferias serán durante el siglo XIX y XX un acontecimiento social de gran magnitud. A ellas acudirán visitantes de de la provincia y Aragón como quincalleros finos, plateros de Zaragoza y sobre todo tratantes de ganado. Los vendedores y visitantes vendrán de lugares lejanos como Madrid y Valencia en busca de abastecer sus haciendas locales, hacer negocio y también disfrutar de unos días de diversión 21 . Las ferias de septiembre se fusionan con la feria hasta anunciarse en carteles, programas festivos y prensa bajo el epígrafe de ‘Barbastro Ferias y Fiestas’. La celebración todavía hoy del certamen ferial FERMA, de 51 años de antigüedad en la antesala de las fiestas mayores, es la supervivencia de esta tradición de fusionar el ocio y el negocio. En la Edad Contemporánea la ciudad llegó a contar con un rico folclore festivo con Gigantes y Enanos (ahora llamados cabezudos), una tarasca (especie de dragón), caballito y hasta danzantes. Sólo los Gigantes y los Cabezudos han llegado hasta nuestros días. Éstos salían en la cabalgata en septiembre y también coincidiendo con hechos históricos para el país como el nombramiento de reyes. El gran ambiente que generarán estas ferias contribuirá al desarrollo del sector de la hostelería con la proliferación de fondas, mesones, tabernas y cafés. 21 Op. Cit. Página 206. Programa festivo de las fiestas de septiembre de 1912 en el que se anuncia como actuación estelar el aterrizaje de una avioneta en el campo San Juan. Archivo Juan Díaz. Página | 17 No existían a comienzos del siglo XIX otros espacios de ocio salvo una mesa de billar de uso público propiedad de Juan Valle. Los cafés surgen tras la Guerra de la Independencia 22 . Avanzado el siglo XIX es donde comienzan a fraguarse los espacios de sociabilidad como casinos, cámaras y tertulias. Algunos llegarán al siguiente siglo y otros se quedarán por el camino. También en el siglo XIX fue cuando aparecen las primeras tabernas y cafés, el término bar es más moderno y aparece en los años 30 del siglo XX, según sostiene el académico barbastrense de la Academia de Gastronomía de Aragón y catedrático de Historia del Arte Manuel García Guatas. La situación cambia en el siglo XIX. La ciudad va creciendo y se precisan nuevos espacios donde los gremios, los trabajadores, la clase pudiente y los comerciantes se relacionen entre sí. Haremos una breve referencia, aunque sea meramente descriptiva, a la situación de este sector en la segunda mitad del siglo XIX para obtener una visión con perspectiva histórica. En este sentido, es de obligada consulta la obra enciclopédica de Pascual Madoz, pamplonica pero barbastrense de adopción ya que cursó estudios en el colegio de los Padres Escolapios de la ciudad del Vero dado que su padre había sido trasladado a esta localidad. En su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y de sus posesiones de Ultramar, Madoz nos describe al Barbastro de 1846 afirmando que la ciudad cuenta con 935 casas “la mayor parte de ellas de fábrica moderna”, dos puentes de piedra y uno de madera sobre el río Vero. 22 Op. Cit. Página 207. Página | 18 Las calles principales son la Mayor, el Coso y el Río Ancho. Los espacios urbanos de sociabilidad irán variando en la medida que la ciudad se va desarrollando. Pero a mediados del siglo XIX el centro neurálgico era la plaza del Mercado, “que rodea un hermoso pórtico, […]; sirve, sin embargo, para punto de reunión en los días que no es posible dirigir el paseo por otra parte, y allí concurren a distraerse de sus tareas por las tarde los que se dedican al estudio y á sus diferentes negocios durante las mañanas” 23 . La Plaza del Mercado con sus hortelanos, a comienzos del siglo XX, una cotidiana estampa urbana de la ciudad. Foto Melendo. Allí se realizaban los popularmente denominados “mentideros”, corrillos improvisados de los vecinos donde se repasaba la actualidad de la villa. Contribuía a la formación de estos también denominados localmente “capazos” la presencia en la plaza de puestos de hortelanos que vendían las hortalizas de las huertas que rodeaban Barbastro, integrándose en su paisaje urbano y que han dado fama a la capital del Somontano. Durante décadas, hasta prácticamente los años 40 o 50 del pasado siglo, una distracción habitual de las jóvenes comarcanas que venían a servir a las casas pudientes de la ciudad y de las parejas de novios fue pasear bajo los porches que rodeaban la plaza del Mercado. En estos soportales se ubicaban según detalla la descripción de Madoz “tiendas de comercio muy bien surtidas, y confiterías perfectamente arregladas, es además un punto de animación continua a que contribuyen en gran medida dos lindos cafés que han sustituido a los anteriores…” 24 . Por lo que respecta a los salones de fiesta o saraos, estos se realizaban en la planta baja del Ayuntamiento, decorada para albergar funciones de carnaval o ferias o cualquier acto digno de 23 Madoz, Pascual, (1997): Diccionario geográfico-estadístico-histórico (1845-1850). Pp 99. Edición facsímil de la provincia de Huesca. Prames. Zaragoza. 24 Op. Cit. Pp 99. Página | 19 celebración destinado a la beneficiencia, según se desprende de la descripción de Madoz. Las fiestas de Carnaval llegaron a ser muy populares en la ciudad y todo un acontecimiento social hasta tal punto que desde el Ayuntamiento se emitieron bandos para regular estos bailes de disfraces. Los bailes de máscaras serán un acontecimiento social en Barbastro hasta la Guerra Civil y el inicio de la Dictadura franquista cuando quedarán prohibidos. En el plano hostelero, Barbastro contaba en 1846 con fondas públicas que a buen seguro se llenarían de los feriantes y forasteros procedentes de Aragón y otras partes del país que acudían a las ferias de la Candelera (1, 2 y 3 de febrero) y de septiembre, con motivo de sus fiestas (1 al 8). A estas fondas añadimos los dos cafés en la plaza del Mercado según nos detalla Madoz. En pleno Sexenio Revolucionario, la vida social de la ciudad se activa, fruto de esos nuevos deseos de libertad que traía la Gloriosa. En ese año los cafés, tabernas y la existencia ya de casinos o tertulias –seguramente surgidos a imitación de las grandes ciudades y en un ambiente liberal propicio para la creación de locales asociativosarticulan los momentos de ocio, de juego, tertulia y sociabilidad de los barbastrenses. En 1869 Barbastro contaba con dos casinos gremiales–uno comercial y otro agrario-, cuatro cafés y ocho tabernas. Los cuatro cafés daban trabajo a cinco mozos y contaban con 34 mesas y 136 asientos; y las ocho tabernas disponían de 16 mesas y 60 asientos. 25 Una característica del siglo XIX en cuanto a los casinos es que estos serán eminentemente gremiales. Habrá sociedades agrarias, de artesanos y de comerciantes. La clase trabajadora se verá relegada a las tabernas. Una de las industrias de la localidad era la elaboración de aguardientes y también contaba con bodegas de vino, que podemos deducir funcionarían como tascas o tabernas, como así ocurrió con otras similares en el siglo XX. Sobre el uso de las bodegas en la venta de alcohol, en 1859 el entonces alcalde Vicente Juste publicó un bando a favor de “las buenas costumbres y disposiciones civilizadoras” en el que se dictaba que “las bodegas y venderías de aguardiente y licores, deberán cerrarse por las noches a las nueve en invierno y a las diez en verano; las demás tiendas se cerrarán los días festivos a la hora de costumbres, todo bajo multa de ocho reales”. En el siguiente punto se prohibía “rondar con música o sin ella, sin expresa licencia de la autoridad, y aun en ese caso, proferir palabras ni canciones obscenas e insultantes, bajo la multa de diez reales vellón” 26 . 25 Archivo Municipal de Barbastro. Dato extraído de las sociedades de recreo, teatro y plazas de toros existentes en Barbastro desde 1761 a 1868. Año 1862-1869. Leg nº 238. Orden Público. 26 Bando municipal de 1959 publicado en el libro ‘Barbastro 1833-1984’, pp 41. Centro de Estudios del Somontano, Ayuntamiento de Barbastro. 2003. Página | 20 4.1. ¿Qué era una sociedad de recreo? Detengámonos un momento en definir el objeto de nuestro estudio. Según exponen los profesores de la Universidad de Castilla – La Mancha Rafael Villena Espinosa y Ángel Luis López Villaverde las sociedades de recreo “han sido la forma de sostenibilidad más usual de la España contemporánea” 27 . Según estos profesores, las sociedades de recreo vienen a formalizar en un espacio concreto unas prácticas de reunión de la burguesía anteriores a la Revolución Francesa, que da origen a la proliferación de casinos y círculos por toda Europa. Antes de la Europa revolucionaria, durante la Ilustración, existían en Francia los ateneos y tertulias si bien su funcionalidad iba dirigida a la instrucción, la educación y la difusión de las artes y la cultura en general. En Inglaterra existían los selectos clubes, y en Italia el vocablo casino ya se utilizaba en el Renacimiento para determinar pequeñas edificaciones de campo para el descanso de sus propietarios y sus invitados 28 (en Barbastro estas casas se denominarán villas o torres y en el siglo XX será popular la Torre Bielsa o Chesa ya que éste último es el nombre de una partida a las afueras de la ciudad. En ella, como veremos más adelante, la alta burguesía tomará baños y será espacio de juego). Con la Ilustración estos casinos salen de la esfera privada y bucólica del campo y se incorporan en las ciudades. En algunos casos se mantendrá su nombre, como es el caso de España (en Cataluña tendremos su derivación lingüística en Casal y a finales del siglo XIX y XX se incorpora el fenómeno de las Casas regionales como casinos de los inmigrantes de una determinada comunidad o país). Durante el periodo de la Ilustración los casinos, clubes, ateneos o círculos serán espacios vinculados con las personas ilustradas y en tras la Revolución francesa serán sinónimos de juego y ocio con una clara vinculación social burguesa 29 . En el plano de las sociedades de carácter intencionadamente político en Barbastro existirán a finales del siglo XIX el Círculo Carlista y el Círculo Propagandístico Republicano, creado en el contexto de la I República y que tendrá su heredero en los años 30 del siglo XX en el Centro Republicano. El término anglosajón ‘club’ tendrá pervivencia en zonas de influencia inglesa en España como la Vizcaya minera. Mientras que el resto de España virará hacía Italia a través de la influencia italiana proveniente desde Cataluña. Además se incorporará a través de Francia el término alemán ‘Círculo’ que tendrá un carácter más político y ampliamente social, para aglutinar todo tipo de reuniones, ambientes o sectores sociales 30 . 27 Villena Espinosa, Rafael y López Villaverde, Ángel Luis. (2003): ‘Espacio privado, dimensión pública: Hacia una caracterización del casino en la España contemporánea’. Revista Hispania Vol. 63 Número 214. Página 444. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid. 28 Op. Cit. Página 444. 29 Op. Cit. Página 444. 30 Op. Cit. Página 444. Página | 21 4.2. Los casinos y círculos decimonónicos En la medida que se produce un avance tanto en lo económico, como en lo político y lo social, con un mayor peso de las clases burguesas debido al desarrollo comercial de la ciudad, irán apareciendo nuevas formas de sociabilidad sobre todo para este sector que ya reclama las riendas del poder político y es un factor determinante para la economía local. Los avances democratizadores que irrumpen con fuerza en Europa con la denominada ‘Primavera de los pueblos’ y España harán que las clases burguesas decidan formalizar sus relaciones sociales y su ocio en torno a casinos y círculos, donde poder tomar café, licores, llevar a cabo tertulias, jugar a naipes, ruleta o billar, o celebrar actos culturales y festivos, y sobre todo dilucidar cuestiones mercantiles y de política, o brindar por grandes logros conseguidos para la ciudad. Los casinos serán el escenario donde se celebrarán la consecución de grandes hitos históricos para Barbastro y su zona de influencia, como la puesta en servicio del tan demandado ferrocarril entre Barbastro y Selgua que conectaba con Zaragoza y Barcelona. En el aspecto más ocioso, articularán la vida festiva de la ciudad junto al teatro y la plaza de toros ya que en estos círculos se celebrarán los bailes de sociedad y de las diversas festividades que se suceden a lo largo del año: Carnaval, fiestas de San Ramón en junio y fiestas mayores en septiembre coincidiendo con las ferias, y Nochevieja. La popular Burreta, que realizaba el recorrido entre Barbastro y Selgua, en la estación barbastrense. Primeros años del siglo XX. Página | 22 La segunda mitad del siglo XIX verá aparecer unos espacios de sociabilidad por toda España y Barbastro no será una excepción. Nuevamente echamos mano de Madoz que nos da pistas sobre la actividad cotidiana en estos casinos o círculos: “[…] Hay también posadas públicas, juegos de billar y de pelota, [ … ]. Hay asimismo una sociedad de comercio donde en los ratos que sus asuntos se lo permiten se reúnen los comerciantes de la población, estrechando por este medio sus buenas relaciones; donde se leen los periódicos, las revistas y otras obras, y donde se distraen los socios con juegos permitidos. Igualmente hay otra sociedad de agricultura, […]”.31 Madoz nos aporta datos interesantes en este párrafo para nuestro estudio sobre los espacios de sociabilidad. Los barbastrenses se divertían en estas sociedades de recreo, cafés o tabernas, ya en el siglo XIX con el juego de billar de carambolas (de influencia francesa), un complemento a los naipes que era el juego por excelencia en estos establecimientos. En el siglo XX varios bares, cafés y casinos incluirán entre su mobiliario las mesas de billar como un gran atractivo para sus clientes y símbolo de distinción para la competencia. Muchos adolescentes comenzarán a ir a bares como El Molinero en la segunda mitad del XX, en la calle Joaquín Costa, expresamente para jugar al billar de carambolas (la introducción del billar americano será décadas más adelante). Asimismo los casinos principales de la ciudad incluirán la mesa de billar para deleite de sus socios. El billar estará muy presente en la vida ociosa de la ciudad del Vero y las nuevas formas y espacios de sociabilidad surgidas tras la segunda mitad del siglo XX como la Sociedad Mercantil y Artesana (SMA) y la Peña Ferranca –herederos de los casinos a los que luego nos referiremos –también lo incluirán como elemento principal de diversión. Incluso en el caso de la SMA se crea una sala específica para el billar francés o de carambolas y se funda una sección deportiva a comienzos de 1950 que todavía sigue en la máxima competición aragonesa y ha sido durante años la única de la provincia. El siguiente dato que nos da Madoz es la existencia de los primeros casinos o sociedades recreativas vinculadas a los gremios del comercio y a la agricultura. Esta información nos habla de la existencia del Casino de Artesanos Barbastrense y por otro lado del Casino Agrícola, Mercantil e Industrial. Pero sobre todo nos dice que en su origen estas sociedades de recreo serán gremiales y exclusivas de un sector de la población. A esta diferenciación social habrá que unir la política, ya que sólo un grupo de gente con una identidad común, ya fuera ideológica o económica, podría acceder a uno u otro determinado casino. 31 Fragmento extraído del libro Barbastro 1833-1984, pp 32. Centro de Estudios del Somontano, Ayuntamiento de Barbastro. 2003. Página | 23 Estatutos del Casino de Artesanos Barbastrense. 1871. Archivo de la Asociación de Comercio de Barbastro. El antecedente más antiguo de los casinos lo encontramos en la Tertulia de Amigos del Comercio de Barbastro creada en 1841, de carácter selecto y privado ya que a ella sólo podían acudir los empresarios y comerciantes de la ciudad para abordar temas mercantiles. Si bien también en sus locales, cuya ubicación desconocemos, había espacio para el ocio como rezan sus estatutos. “Para amenizar estas reuniones y a fin de que los socios que no tuvieran asuntos que tratar puedan encontrar en medio de sus compañeros aquellas distracciones que la buena sociedad permite, habrá mesas para juegos permitidos, y para lectura de papeles”. 32 Los nombres utilizados para estos círculos recreativos de socios son muy extendidos en casinos de otras poblaciones españolas y tendrán su pervivencia a lo largo del siglo XX en otros casinos de la ciudad del Vero como El Mercantil, concebido más como una sala de fiestas que como las funciones de un casino que veremos en el siguiente apartado. La reminiscencia e influencia más evidente de estos primigenios círculos de sociabilidad la encontraremos en la fundación de la Sociedad Mercantil y Artesana en los años 50 del siglo XX y todavía vigente en nuestros días. Si bien los apellidos de Mercantil y Artesana han quedado en desuso y popularmente se la conoce como ‘La Sociedad’. Un caso similar tenemos en la capital altoaragonesa donde al Círculo Oscense de Huesca ha pasado a ser conocido y denominado simplemente como ‘El Casino’. 32 Estatutos de la Tertulia de Amigos del Comercio de Barbastro. Art. 15. Título Primero. Archivo de la Asociación de Comercio de Barbastro. Página | 24 4.3. Tipología social de los casinos Los casinos del siglo XIX nos hablan de una sociedad burguesa estratificada por oficios, donde el comercio tiene un gran peso en el desarrollo de la ciudad al igual que la agricultura. De hecho nos indican la gran importancia de los dos sectores productivos más relevantes de la ciudad, el comercio y la agricultura, que también lo serán durante todo el siglo XX hasta que con el Desarrollismo en los años 60 irrumpe la industrialización. El peso de la industria en el siglo XIX será menor (salvo la textil o vinculada con la agroalimentación y la transformación agraria, vinos y licores) y por eso no proliferarán los círculos, casas del pueblo o ateneos vinculados a la cultura obrera o a las clases más populares hasta los años 30 cuando con la aparición de un centro y un casino republicano, así como las juventudes socialistas o pioneros. La única excepción será el Círculo Republicano ya citado y que surge en el contexto de la Revolución de la Gloriosa que desencadena en la proclamación de la I República. Por lo tanto, los casinos serán restrictivos en lo económico y en lo social y servirán para estratificar a la sociedad barbastrense. En su mayoría los socios de los casinos serán personal de los gremios y oficios (peluqueros, oficiales, dependientes, constructores, secretarios … gente con un cierto nivel adquisitivo). No todo el mundo podrá ser socios de los casinos y a ellos acudirán las élites locales exclusivamente y sus amigos o invitados. Se necesitará primero tener un poder adquisitivo para pagar las cuotas y, quizás más importante en una sociedad como la barbastrense, tener un cierto prestigio o status social ya que todo nuevo socio debía de ser avalado por otro anterior y contar con el beneplácito de la junta. Es por ello que estos casinos serán frecuentados por las clases más pudientes de Barbastro: terratenientes, políticos, comerciantes, pequeños industriales, prohombres de la ciudad. Como ya hemos indicado, el componente gremial era fundamental y cada sector productivo tenía sus propios espacios para el esparcimiento y seguir reforzando sus relaciones sociales y también económicas. Un testimonio que nos habla de la exclusividad de estos casinos nos lo aporta el célebre cantante barbastrense Antonio Latorre que recuerda como su abuelo le contaba que a los hortelanos se les tenía prohibida la entrada a los casinos. Pero hay que matizar esta afirmación, ya que los hortelanos con mayor terreno y por lo tanto con mayor producción y mayores ganancias participaban de los juegos de apuestas en estos casinos. Aunque eran una minoría. Según los testimonios recogidos en este estudio de personas de más de 90 y 100 años que vivieron ese ambiente lúdico de los casinos y círculos, se puede hablar de tres categorías claramente diferenciadas hasta el estallido de la guerra civil: El casino al que acudían los ricos, como La Amistad o La Peña. Una segunda categoría intermedia, de un perfil burgués con cierto nivel adquisitivo como sería el caso del Casino de Barbastro al que acudirán como define el centenario Domingo Puente de forma muy clara “los segundos ricos, comerciantes y dependientes con sus mujeres”. Página | 25 Una tercera categoría con sus matices serán los casinos más populares donde acudirán los trabajadores como La Unión, La Juventud Mercantil y La Dalia, estos dos últimos con un carácter más burgués frene al primero que tendrá una marcada ideología republicana y de izquierdas. A partir de los años cuarenta del siglo XX los casinos concebidos como estructura de ocio vinculada a la clase burguesa se irán diluyendo aunque La Peña todavía pervivirá hasta comienzos de la década de los 60. Ocupando el lugar que dejan estas sociedades aparecerán nuevos espacios como salas de bailes impulsados por jóvenes o por empresarios dirigidos a las clases más populares y/o a la elite, y en el plano más juvenil las peñas. Por zanjar con Madoz, volvemos por último a su texto pues nos da otro dato de interés sobre la actividad de estos centros sociales. Así además de ser lugares donde está permitido el juego, en estas sociedades se podía consultar la prensa, revistas y otras obras literarias, llegando incluso algunas a tener bibliotecas. Cabe destacar la prolífica actividad periodística que tuvo Barbastro. 33 Estos casinos harán las veces de biblioteca y serán un foco de cultura para sus socios, una función habitual en buena parte de los círculos españoles que destacarán por ser dinamizadores de la actividad cultural en las ciudades 34 . A pesar de que en todos los estatutos de casinos de perfil más ocioso estaba prohibido debatir sobre política o religión, en el caso de Barbastro a buen seguro –como también en el resto de Españalas tertulias surgidas en estos espacios tendrían como temas de debate la actualidad política del momento. A ello contribuían los marcados perfiles políticos de las cabeceras periodísticas locales y nacionales. Estos círculos servirán también para fomentar la cultura entre sus socios y ser un referente en la ciudad. Su función más cultural la tomará décadas después la ya mencionada SMA desde donde –como veremos adelante con más detallese llevarán a cabo numerosas actividades y se contribuirá a reeditar la historia de Barbastro y su diócesis del canónigo Saturnino López Novoa, todo un hito editorial para la ciudad, por citar un ejemplo. Un ejemplo de que estos casinos no sólo eran meramente espacio de ocio sino que también el aspecto cultural tenía su importancia es el preliminar que a continuación reproducimos de los Estatutos del Casino Agrícola, Mercantil e Industrial de Barbastro: 33 Para profundizar sobre el estudio de la prensa en Barbastro recurrir a los trabajos de los profesores Juan Carlos Ferre ‘Prensa y sociedad comarcales en la transición del Antiguo al Nuevo Régimen; la Atalaya de Barbastro’, en Naval, María Ángeles (coord.): Cultura burguesa y leras provincianas, Ed, Mira, Zaragoza, pp.49-62; y Manuel García Guatas ‘La imprenta y las artes gráficas en Barbastro’, Revista Somontano nº 2, Barbastro pp 137-173. 34 Villena Espinosa, Rafael y López Villaverde, Ángel Luis. (2003): ‘Espacio privado, dimensión pública: Hacia una caracterización del casino en la España contemporánea’. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Página 457. Madrid. Página | 32 Barbastro en septiembre de 1844. Litografía de Javier Parcerisa. ‘Barbastro en 1883. Guía histórico-artística por José Serra y Campdelacreu’, edición facsímil editada por la Fundación Ramón J. Sender. Página. 4. En el apartado anterior dedicado al Casino de la Amistad ya hemos recalcado la ubicación de este círculo en una vivienda noble (todavía hoy, a pesar de haberse realizado una reforma integral para convertirla en asilo, se puede ver en la entrada el escudo nobiliario de la familia que fue propietaria inmueble). Por su parte, el Círculo La Unión estuvo ubicado en la calle Monzón 4, una zona prolífica en casinos y círculos recreativos. La calle Monzón, denominada así por ser la salida hacia la ciudad del Cinca, fue una de las arterias más importantes. Zona comercial, con artesanos y bodegas, la calle Monzón –que a partir de 1912 pasa a llamarse Joaquín Costa por el cariño que la ciudad tenía al León de Graus, muy ligado a la capital del Somontano donde vivió justamente en una de las bocacalles de la calle Monzónera el acceso principal a la estación de ferrocarril y también al cuartel General Ricardos. Este posicionamiento estratégico propició que a lo largo del siglo XX se asentaran de forma continuada bares, tabernas y cafés, siendo una de las zonas junto al Paseo del Coso obligada para los rondadores y habituales de estos espacios de sociabilidad, como veremos más adelante. También fue una zona privilegiada para ubicar círculos recreativos. El más antiguo es el que nos ocupa, La Unión que en 1904 pasará a denominarse La Brillante. En 1902 se crea el casino La Juventud Barbastrense, en la calle Monzón 11 (Su nombre nos denota que debió ser la primera experiencia asociativa juvenil y lugar de esparcimiento para los jóvenes Página | 33 barbastrenses). En 1904 se crea el Casino Republicano en el número 2 de la citada calle, siendo vecinos, puerta con puerta con la ya nueva La Brillante. Estos casinos no verán acabada la primera década del siglo XX. En esa misma arteria, en 1911 ya existía el Café París, en el número 1, una imponente cafetería de estilo decimonónico y modernista, con terraza en su exterior, cuyo propietario era Crispín Valle. En 1934, en la calle Costa 6, se ubica la Nueva Dalia, un circulo recreativo con bar en la planta calle y pista de baile en la planta superior, y del que nos ocuparemos más adelante. En los locales de la Nueva Dalia, ya a finales de la primera mitad del siglo, en 1947, se ubicará la Sociedad Mercantil y Artesana, entidad que ha heredado la cultura y la tradición de los casinos decimonónicos con cierta vigencia hasta nuestros días, más como un círculo recreativo, cultural, deportivo y social. Cuando la SMA cambiará de ubicación hacia su actual instalación en la Avenida Ejército Español, también en la calle Monzón/Joaquín Costa se instalará en los antiguos locales de la Nueva Dalia y de la SMA, la Peña Ferranca en los años 60, la primer peña creada en la ciudad del Vero a imitación del modelo peñista de Pamplona y de la vecina Huesca. Será un nuevo espacio para una juventud “transgresora” con la época que le tocaba vivir y con deseos de tomar la calle. Una nueva entidad de ocio, pero también un soplo de libertad a la sociedad barbastrense como lo demostrará cada 4 de septiembre con el desfile de sus siempre críticas y ácidas pancartas sobre asuntos locales. Estas pancartas, enmascarada en el contexto de la fiesta, serán la primera manifestación velada de crítica con la autoridad local competente. Podemos extraer de esta enumeración de casinos, bares y locales de esparcimiento una conclusión relacionada de lo que podríamos llamar “urbanismo sociocultural”. Así encontramos dos zonas claramente diferenciadas por perfiles sociales, económicos y culturales. La zona noble o elitista, que la conformaría el Paseo del Coso –y aledaños- y donde se ubicarían el aristocrático casino La Amistad y su heredero La Peña, el burgués Casino Barbastro, y el hotel modernista San Ramón con su café. Frente a esta zona más elitista encontramos otra más popular en la calle Monzón o Joaquín Costa, frecuentada por artesanos, comerciantes y obreros, pero también por una burguesía media baja. 4.6. Los Círculos, el ocio en sociedad Como en todas las capitales de España y ciudades de provincia, Barbastro seguirá la estela de la creación de casinos o círculos recreativos en tono al último cuarto de siglo XIX y que tendrán continuidad hasta nuestros días, quizás ya no tanto como casinos, aunque sí como sociedades recreativas o peñas. A finales del siglo XIX la vida recreativa de la ciudad es intensa como consecuencia de un mayor desarrollo económico de la ciudad convertida en referencia comercial de los valles pirenaicos del Sobrarbe y Ribagorza. La organización de importantes y multitudinarias ferias como la de la Candelera, a comienzos de febrero, o la de primeros de septiembre, situarán a Página | 34 Barbastro como un espacio de comercio entre el llano y la montaña y plaza privilegiada para adquirir caballerías y/o ganado, entre otros productos. Un grupo posa en la entrada a la Estación de Ferrocarril, hacia los años 20, junto a la diligencia del Gran Hotel San Ramón. La puesta en servicio del ferrocarril entre Barbastro y Selgua servirá de estímulo a la población, a sus clases productivas y dirigentes para seguir afianzando su imagen de ciudad comercial una vez perdida la posibilidad de ser la capital de la provincia a favor de Huesca. No obstante, Barbastro seguirá siendo la capital del Partido Judicial y la sede de la diócesis. En ese afianzamiento como una de las principales ciudades de la provincia y Aragón tendrá también su correlación en los nuevos espacios para el ocio y la cultura que se crean a finales del siglo XIX y con los que Barbastro pretende proyectarse como una ciudad moderna y con infraestructuras para las artes y el esparcimiento. De esta época son la construcción del nuevo teatro, El Principal, (del que nos ocuparemos en el aparatado siguiente cuando abordemos el casino de La Amistad) y la reforma de la plaza de toros y que constituirán dos de las infraestructuras más relevantes del municipio en los últimos veinte años del siglo XIX. La apertura de nuevos casinos y de cafés completarán las opciones de ocio la sociedad finisecular del XIX. “La vida social de los barbastrense se intensificó en esta época: la construcción del teatro, en 1888, y de la plaza de toros, en 1892, así como la apertura de casinos y cafés, son buena prueba de ello. En 1886, ya existía en Barbastro tres casinos, llamados Página | 35 Barbastrense, de La Amistad y de La Unión, cuyas actividades no se interrumpieron hasta bien entrado el siglo XX” 45 . Otra referencia de suma interés en torno al ocio de los barbastrenses y que retrata la intensa vida recreativa de los casinos del siglo XIX, la encontramos en la guía que sobre la ciudad realiza el catalán José Serra. El viajero destaca como principales alternativas de ocio la recién creada plaza de toros, el teatro y los casinos. La vida teatral la califica de “mezquina” por la escasez de representaciones al igual que las faenas taurinas. En cambio se deshace en elogios de los casinos como agitadores de la vida sociocultural de la ciudad. A estos los califica de la siguiente manera: “Lujosos son los casinos donde se reúne de cuando en cuando la sociedad barbastrense para celebrar escogidas funciones de pasatiempo y bailes que nada dejan de desear” 46 . A lo largo del siglo XX aparecerán nuevos círculos con la finalidad de convertirse en lugares para el esparcimiento y el ocio de clases acomodadas y procedentes de la burguesía local. La única alternativa de ocio en la ciudad, al margen de la celebración de las fiestas mayores, los 45 Lascorz Garcés, María Pilar (1987): Barbastro y su desarrollo urbano en el siglo XIX Colección de Estudios Altoaragoneses, 21, página 91. Zaragoza. 46 Barbastro en 1883. Guía histórico-artística. José Serra, archivero de Vic. Edición facsímil editada por la Fundación Ramón J. Sender de la UNED de Barbastro en 2005. Página | 36 bailes de Carnaval y de los barrios, estaba en las corridas de toros, el teatro Principal y ya en el siglo XX los cines Coliseo, Principal, Cortes y Argensola. En el siglo XX aparecen los casinos o círculos El Nuevo Siglo, La Dalia, La Juventud Barbastrense, El Mercantil, el Republicano, La Peña o el círculo recreativo Sociedad Mercantil y Artesana de Barbastro que ha llegado hasta nuestros días. Las clases populares irán ganando esos espacios de sociabilidad a medida que avanza el siglo XX y sobre todo en los años 30 con la proclamación de la II República. Los casinos tienen en su origen un marcado corte clasista y así hasta mediados de los 60, con sus herederos naturales las salas de fiesta y/o baile habrá espacios reservados para las clases más adineradas y otros para las clases medias o bajas, lo que denominamos clases populares. El ocio se populariza y se democratiza en la segunda mitad del siglo XX con la aparición de la Sociedad Mercantil y Artesana y se llevará a la calle con la Peña Ferranca tomando el ejemplo de lo ocurrido en Huesca con las peñas recreativas para conmemorar las fiestas de San Lorenzo. Previamente existían pequeñas pistas de baile, los antecesores de los guateques de los años 60, por bajos y pisos de la ciudad como El Pájaro Azúl en los bajos de la Casa Sánchez en la plaza de la Diputación, popularmente denominada Matadero. Y también se consumía alcohol, sobre todo vino, se jugaba y se cantaba en las muchas bodegas que había en los barrios donde residían los agricultores y viticultores. Un trozo de tela o paño negro atado a una vara que se colocaba de forma longitudinal en el balcón indicaba al barbastrense iniciado en estas “pseudosociedades vitivinícolas” que en esa casa había una bodega donde tomar vino y pasar un buen rato de esparcimiento. Muchas de esas bodegas estaban en el Entremuro, el barrio más antiguo de la ciudad y habitado por muchos hortelanos. Este hecho nos llevaría a explicar por qué no era una zona donde se instalarán tabernas, cafés ni bares ya que estas bodegas harían las veces de tascas. Por concluir este apartado, citaremos simplemente, -ya que no es objeto de nuestro estudio que se circunscribe a los espacios de sociabilidad y ocio-, otros círculos como el carlista o el republicano, de calado más político al igual que los locales de la Falange (que ocupará los locales del casino republicano La Unión que funcionaba como una sala de baile con barra para tomar bebidas, sito en el primer piso de la Alpargatería Sallán en la plaza del Mercado) y de la Sección Femenina (justo en frente). Página | 37 5. La Amistad y La Unión, la pervivencia del espíritu decimonónico en el siglo XX Retomemos el hilo histórico y ubiquémonos en los orígenes de los casinos que vivieron a caballo del siglo XIX y XX. Muchos casinos tendrán en sus bases una copia literal de otros casinos anteriores, así las prohibiciones de hablar de religión o política o el juego ilícito son normativas fijas y entre sus estatutos. Normativas también comunes a otros casinos aragoneses y españoles. Para reflejar el ambiente que había en estos círculos, nos centraremos en los dos más representativos y que tuvieron mayor vigencia llegando hasta las primeras décadas del siglo XX. Son el Círculo de La Amistad y La Unión. Para su análisis nos centraremos en sus estatutos y en algunos testimonios orales que hemos recogido de personas que los conocieron o cuyos familiares directos fueron socios. Del Casino de La Unión nos ha sido imposible recabar testimonios orales puesto que su vida como entidad de recreo sólo llegó hasta principios del siglo XX. Por lo tanto nos ceñiremos a sus estatutos para describir el perfil de esta asociación. Por el contrario, el Círculo de La Amistad fue más longevo llegando hasta mediados de de los años 20 del pasado siglo. El recuerdo de sus fiestas, juegos y demás eventos sociales han llegado todavía hasta nuestros días a través de la transmisión oral de una generación a otra y de las noticias aparecidas en la prensa local. Estatutos del Círculo de la Amistad. 1873. Archivo Asociación de Comercio de Barbastro. Página | 38 5.1. Círculo de la Amistad (1873-1926) El Circulo de la Amistad data de finales del siglo XIX y de los dos existentes en la época es el más antiguo de la ciudad, apareciendo en las guías de viajeros que se popularizaron a mediados de dicha centuria. Sus estatutos fundacionales están fechados en Barbastro a 31 de diciembre de 1872. Se encontraba en la calle Palacio 2, en una zona privilegiada, al ubicarse en el corazón del casco histórico y rodeada de emblemáticos edificios. Vemos como en el caso del Casino de la Amistad se cumple la afirmación de los profesores Rafael Villena y Ángel Luis López Villaverde relativa a que los casinos buscaban zonas destacadas de la ciudad y edificios arquitectónicamente majestuosos como signo de distinción y para reflejar su condición de un espacio relevante en la vida social de las elites de la ciudad. 47 El Casino de la Amistad tenía como vecinos ilustres a la Casa Consistorial, la iglesia y colegio de los Padres Escolapios, el más antiguo que la orden escolapia funda en España, y estaba frente al Palacio Episcopal y a la Catedral. El Casino de La Amistad ocupó la casa solariega de la familia Pueyo y tras su desaparición el inmueble fue donado a las Hermanitas de la Caridad, congregación fundada en Barbastro en 1873, que instalarán su residencia de ancianos. La cesión del inmueble la realiza la terrateniente zaragozana Pilar Latorre Ximénis Rico, con grandes posesiones también en Barbastro y Zaragoza, según explica Ángel Tornés, cuyo padre tramitó la cesión a las Hermanitas. Otro testimonio, el de Trinidad Ardanuy, cuya tía frecuentó las fiestas de La Amistad, señala que el inmueble era propiedad de una marquesa, ligada a la familia Conchillos que daba nombre a la casa, y que casó con un diplomático de la ilustre familia Cáncer. Desconocemos cómo fue el fin de este prestigioso círculo. Quizás el deseo de los propietarios del inmueble de cederlo a obras de beneficencia para de algún modo mejorar su imagen pública ante las instituciones, la sociedad moralista de la época y los estamentos religiosos que criticaban los excesos del juego y una vida ociosa. Pudiera ser que los socios de La Amistad pasaran a frecuentar otras sociedades de recreo de cierto estatus como La Peña y el Casino de Barbastro creados a comienzos del siglo XX. Antiguamente, el inmueble donde se levantó el Casino de La Amistad era una vivienda noble que había pertenecido a la aristocrática familia local García, infanzones de Aragón. 47 “Pero no solo en las grandes ciudades se pretendía encontrar un mejor y más bello emplazamiento para la asociación. Así, ha sido posible que con el paso del tiempo, varios casinos de ciudades medianas o de poblaciones que no eran capitales de provincia hayan sido declarados monumentos históricoartísticos. En suma, el edificio se convierte en un elemento simbólico de la ciudad y de pequeños municipios, donde el casino se ubica en sus plazas mayores o calles principales. Pasa, por tanto, a integrarse en la iconografía urbana de una burguesía en ascenso o plenamente consolidada”, Espacio privado, dimensión pública: Hacia una caracterización del casino en la España Contemporánea. Rafael Villena Espinosa y Ángel Luis López Villaverde, Hispania, LXIII/2, núm 214 (2003). Madrid. Página | 39 Su decoración interior, que podríamos calificar de barroca, era lujosa, recargada con motivos decorativos florales tal y como se pueden ver en algunas fotografías de la época, que nos llevan a imaginar un ambiente selecto, exclusivo con aires aristocráticos que salvando las distancias nos recordarían a los palacios de las más deslumbrantes cortes europeas. Además tenía un jardín con terraza. De todas las salas del Casino La Amistad destacó la decoración al estilo Luis XV del llamado salón de tresillo. Este trabajo, realizado en 1907, fue dirigido por el profesor de la Academia de Mondragón Luis Armengón, emparentado con distintas familias barbastrenses 48 . A La Amistad se accedía por una gran escalera bifurcada, como la del Ayuntamiento, y el suelo del salón era encerado. En la planta calle, antes de encarar las escalera, había un conserje que sólo permitía el acceso a los socios y a los acompañantes de estos, siempre y cuando acudieran con él o llevaran una invitación. Interior del Casino La Amistad, el más lujoso de la ciudad. Foto extraía del libro ‘Barbastro 1926-1986. 60 años de Historia del ayuntamiento de barbastro en sus documentos (Fragmentos)’ de Francisco Víu. Página 31. Subiendo por la escalera se accedía al salón de juego donde destacaba la ruleta y las mesas de naipes. 5.1.1. Organización interna Su primera junta directiva estuvo formada por Antonio Buil, presidente, Luis Merino, Manuel Lafarga, José María Otto, Diego Fillat, P. Marro, Cirilo Monclús, Pedro Codina, Fermín Colomer, Estanislao de Antonio, Antonio Palominos, como vocales, y Conrado Sevil, como secretario. Algunos de estos prohombres ya aparecen citados anteriormente como accionistas del Teatro Principal. 48 El Cruzado Aragonés, 16 de febrero de 1907. Página | 40 Los estatutos redactados por la citada junta directiva de socios fundadores fueron aprobados por la mayoría de los socios el 1 de enero de 1873. Su vida en el siglo XX llegaría hasta el primer cuarto de siglo. Su nombre ya no aparece en la matricula industrial de 1926 para conseguir la licencia de funcionamiento –documento que se encuentra en el archivo municipal y que ha sido clave para elaborar este trabajo-. Sin embargo hemos recogido testimonios que aseguran que cuando el dictador Primo de Rivera visitó Barbastro en 1927 existía todavía el casino. Por ello fijamos ese año como fecha de finalización de su actividad ya que en 1928 el local fue destinado a usos de la beneficencia. Por las informaciones que han llegado hasta nuestros días de este círculo, podemos afirmar que fue un casino frecuentado por las clases altas y la burguesía local más pudiente. Entre los socios que lo frecuentaban se encontraban prohombres de la ciudad, propietarios y grandes familias de rancio abolengo o destacados emprendedores como el padre de San José María Escrivá de Balaguer, José Escrivá, importante comercial textil de la ciudad, por citar algún nombre. Si echamos mano de sus estatutos podremos entrever que en su artículo primero se marca una distinción social elitista y a nuestro juicio sus socios deberían ser gente de orden. “Los socios se proponen hacer del Círculo una Sociedad de personas de agradable y culto trato y fina educación en cuyo seno puedan entregarse a honestas distracciones y lícitos placeres, animados por el noble y expansivo sentimiento de la amistad”. 49 Obsérvese el matiz de “culto trato y fina educación” unos parámetros que no encajaban con la clase obrera y la mayoría del pueblo, cuyo nivel de analfabetismo a finales del siglo XIX era muy elevado. Otro dato que nos habla de la distinción económica de sus socios es la cantidad establecida para ser socio fundador o socio de número (circunstancia que recogerán todos los estatutos de las sociedades de recreo). Los fundadores debían de pagar 10 pesetas para ingresar en el círculo en un plazo de ocho días. Además se debía de pagar una cuota mensual de 1 peseta y 5 céntimos en los primeros ocho días del mes. El aspecto económico es crucial, ya que en caso de demorarse en el pago y no atender a su requerimiento, se procedería a la expulsión del socio sin tener posibilidad de entrar en él en el futuro. Los socios fundadores ausentes de la ciudad debían de pagar al mes 1 peseta. Los socios fundadores eran propietarios de los enseres y efectos del Círculo, electores y elegibles para los cargos de la Sociedad, teniendo voz y votos en las juntas generales. Para ingresar en este círculo como socio fundador además no bastaba con aportar dicha cantidad si no que debían de ser propuestos por escrito por dos socios de este casino (otra característica común de los estatutos del resto de casinos). La Junta o la Comisión deliberaba sobre la aspiración del solicitante y de su decisión, tanto si fuera positiva como negativa, no debía de dar explicaciones. En cuanto a los socios de número, estos no debían de pagar la cuota de entrada de 10 pesetas pero cada mes debían de pagar 2 pesetas, salvo los ausentes de la ciudad. 49 Estatutos del Círculo de La Amistad. 1873. Imprenta Corrales. Barbastro. Archivo de Francisco Molina. Página | 41 A ellos se les prohibía participar en las juntas y lógicamente no eran electores de los cargos públicos que regían los intereses del casino. El Casino de la Amistad recogía entre sus estatutos artículos similares a otros casinos de España como la prohibición de discutir sobre religión o política que era el primer artículo de la gran mayoría de los reglamentos internos de esta sasociaciones. Así queda reflejado de forma taxativa en el artículo 2 de su estatuto. “Para que el círculo de la Amistad sea una verdad, se prohíben en él las discusiones políticas y religiosas. El Presidente (ó el que haga sus veces) amonestará por primera y segunda vez a los socios que quebranten esta prohibición; a la tercera propondrá de oficio a la Junta Directiva y Comisión auxiliar, que se le declare excluido de la Sociedad, lo que harán aquellas en su primera sesión”. Sobre su funcionamiento social, los socios podían llevar a los salones del círculo a sus familias, excepto los varones que pasaban de quince años y “a aquellos transeúntes que no desdigan con su aspecto ni con sus hechos de la decencia y cultura de la Sociedad”. Aquí encontramos otro aspecto diferenciador de este círculo. Estos transeúntes sólo podían acceder libremente por espacio de un mes, ya que al finalizar ese periodo debían de hacerse socios para poder asistir con regularidad. En el aspecto económico, La Amistad funcionó como una sociedad cooperativa de consumo con una tarifa fija para todas las consumiciones. Lo recaudado con las consumiciones, más la mensualidad y la cuota de entrada constituían los fondos del casino. Los fondos se destinaban a “mejorar las condiciones de servicio, comodidad y ornato y demás atenciones reglamentarias o aprobadas en junta general”. Según se desprende de sus estatutos, el funcionamiento interno era estricto y disciplinario. Se convocaban juntas el primer domingo de cada mes en las que se aprobaba el balance de las cuentas. Todos los movimientos de dinero debían de quedar registrados y presentarse cada mes para su aprobación en junta general. La obtención del título de socio fundador del círculo implicaba que éste podía cederse en caso de enfermedad grave o fallecimiento u otro tipo de incapacidad para seguir participando en la vida social del círculo a su padre, hijo, hermano o heredero, que debía cumplir con los preceptos esbozados. Si bien era la junta directiva y la comisión auxiliar los que debían dar el visto bueno al nuevo socio. 5.1.2. Actividad social y fiestas Los casinos jugaron un papel destacado en la vida barbastrense tanto en el ámbito social, como cultural, lúdico, pero también político y en ocasiones de actor urbanístico como se recoge en una breve noticia del periódico local El Cruzado Aragonés de 1906. En este suelto, el Semanario Católico del Alto Aragón se hace eco de una actuación urbanística financiada por el Casino La Amistad y por la cual sus socios contribuyeron a la colocación de aceras en ambos lados de la calle Rollo, ahora Academia Cerbuna. Esta era la vía principal para acceder al Página | 48 sus 92 años que la escuchó contar a los ancianos por lo que estamos hablando de un hecho que podríamos ubicar a finales del siglo XIX o principios del XX. “Antes había muchos jugadores que jugaban a la ruleta o a la subasta y lo perdían todo”, afirma Teodora. La otra versión la apunta Trinidad Ardanuy y nos traslada a una familia de la vecina Fonz, los Sanz. En este caso hay una variación puesto que el ganador acudió con otros hombres a reclamar su premio. La mujer, serena, preguntó cuál era el precio que le había puesto su marido. Al comunicárselo, se quitó todas las joyas que llevaba encima y logró saldar la deuda. Muchos testimonio nos han hablado del gran vicio y pasión desmedida que se tenía por el juego, al que obviamente sólo podían acceder las clases más adineradas, por lo que podríamos estar ante dos historias completamente distintas. El profesor barbastrense de Historia Juan Carlos Ferré nos aporta el testimonio de otro anciano centenario de la ciudad, Domingo Puente, quien le aseguró que en algunas de las timbas el patrimonio de fincas agrícolas de una importante familia llegó a cambiar varias veces de propiedad en varias manos. Es conocida en Barbastro la historia de cómo una torre de dimensiones de casa solariega en zona de huertas cambió de manos en una de esas partidas de cartas. La torre se denomina ‘Casa del 5 de oros’ porque su nuevo dueño la ganó con esa carta en una partida. Como recordatorio de ese hecho, colocó en el centro del patio central un mosaico en el que se dibujó la carta del 5 de oros. Se trata de una familia cuyos miembros ocuparon importantes cargos nacionales e internacionales lo que nos da pie a insistir en que todos los que acudían a La Amistad eran personas pudientes. La ruleta hacía especial al Casino de la Amistad. Contaba con crupieres, profesionales del juego, que regulaban el desarrollo de las apuestas a las que acudían grandes fortunas de la ciudad y forasteros. En la ruleta del Casino de La Amistad jugaban los ricos ganaderos que acudían a las ferias de Barbastro “y la gente de casas buenas y algunos se lo jugaban todo. Ha habido gentes de Adahuesca y de otros pueblos que se ha jugado el patrimonio”, apunta José María Arqué al rememorar las conversaciones de su madre, que le contó cómo su padre fue un gran jugador. “Esa ruleta fue benefactora porque repartió las propiedades. Barbastro era latifundista, prácticamente era de cuatro, y esa ruleta hizo que esas familias se arruinaran y se repartieran los patrimonios que tenían”, explica el señor Tornés. La abuela de una de las familias más importantes de la vecina población de Artasona aporta otros ilustrativo ejemplo cuando nos asegura que su abuelo fue un asiduo a estas sesiones de juego en el Casino de La Amistad y dilapidó buena parte de su fortuna en ella, hasta su fallecimiento pasando poco más de los cuarenta años de edad. “Mi abuela me contaba que menos mal que se murió joven porque si no nos hubiera dejado sin patrimonio de tanto que jugaba en el Casino”, explica. El juego de arresto o de apuestas con dinero se prohibió con la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). A pesar de ello, en Barbastro (y es de imaginar que en otras localidades también) Página | 49 se seguía jugando de forma clandestina. Aunque el juego quedaría prohibido taxativamente con el anuncio de la visita del general Primo de Rivera a la ciudad del Vero el 10 de agosto de 1927. Quizás la prohibición del juego motivo el cierre del casino La Amistad en 1926, ya que su ruleta, como se ha apuntado, era una gran fuente de ingresos y uno de los atractivos principales de este selecto círculo. El padre de José María Arqué era un gran jugador de juegos de naipes y de ruleta. Un año, junto a Modesto Olivés fueron los encargados de llevar la banca (la banca se sorteaba o se subastaba entre los jugadores que ofrecían más puja). Ese año, la banca formada por Arqué y Olivés obtuvo pérdidas debido a que el juego quedó prohibido ante el anuncio de la visita del general Primo de Rivera. José María Arqué relata cómo fue la llegada del dictador a Barbastro. “Recuerdo verlo bajar del Ayuntamiento por la calle del Rollo (Academia Cerbuna) y dar una vuelta por el Coso. En el Coso hicieron una alfombra de serrín de colores, desde donde empieza a donde termina el Coso. Primo de Rivera dio una vuelta por el Coso y bajó con la comitiva del Ayuntamiento”. Trinidad Ardanuy evoca en palabras de su tía otro recuerdo del paso del dictador Primo de Rivera por Barbastro por delante de la Casa Conchillos y el edificio donde se encontraba el Casino La Amistad entre vivas a la figura del general. “En los balcones de Casa Conchillos estaba la de Zapatillas (una de las señoras pudientes de la ciudad) y todo el mundo le decía ¡Viva el general Primo de Rivera! Entonces el general se volvió y dijo: ‘¡Viva Barbastro y las mujeres guapas! Las mujeres que estaban en la Casa Conchillos que dio el casino a La Amistad tenían unas pamelas que tiraban para atrás. Estaban emparentados con muchos ricos de fuera”. La actividad del casino principal y más selecto de la ciudad llega hasta casi finales de la década de los años 20, cuando como hemos apuntado al comienzo de este apartado, la propietaria del inmueble Pilar Latorre Ximenis Rico lo cede a las Hermanitas de la Caridad para que puedan desempeñar, tras una profunda remodelación, su actividad asistencial con los ancianos. La prensa local más moralista, El Cruzado Aragonés, denunciaba en una de sus populares secciones ‘Chismorreos’ esta ‘depravación y estas prácticas obscenas’ y se congratulaba de que en el lugar que ocupó el Casino La Amistad, suenan la armoniosa música de unas campanas de la residencia católica de ancianos ‘Las Hermanitas de la Caridad’ 61 . También en la hemeroteca de El Cruzado Aragonés recogemos la noticia de la creación en mayo de 1926, por parte de un grupo de socios del disuelto círculo de La Amistad, del Casino de Barbastro, una nueva sociedad de recreo de la que nos ocuparemos más adelante, y que se ubicará en el número 32 del Paseo del Coso 62 . 61 Ver anexo artículo publicado en El Cruzado Aragonés, el 4 de agosto de 1928. 62 El Cruzado Aragonés. 22 de mayo de 1926. Página | 50 Al derruirse el Casino de la Amistad se descubrieron entre sus muros una lata escondida entre sus muros, que hacían las funciones de caja de caudales, con varias onzas de oro macizo. La superiora de la congregación dio parte al Juzgado de Barbastro que a su vez la envió a Madrid con el compromiso de aportar al asilo el importe real de las onzas en pesetas. 5.1.5.1. Otros lugares de juego de apuestas Los casinos no fueron el exclusivo reducto donde se jugaba a cartas, con apuestas clandestinas. También peñas, como la Taurina, en los comienzos de la segunda mitad del siglo, o anteriormente otros bares con solera de la ciudad como el Bar Luis, el Victoria o el Pirineos fueron plaza fija para adictos al juego de naipes. El bacarrá o el póker fueron los preferidos por este grupo social, formado por terratenientes, industriales, comerciantes, viajantes de firmas comerciales, feriantes y también buscavidas que hicieron del juego un modo de vida. Los hortelanos y jubilados optaban por el guiñote o el ‘subastao’, entre otros juegos. “Mesas para jugar a cartas no ha faltado en ningún sitio de Barbastro”, afirmaba de forma tajante Ángel Tornés para subrayar el “vicio” por el juego que había en la capital del Somontano. El centenario Domingo Puente nos cuenta qué clases de juegos de cartas eran los más habituales y en qué espacios tenían lugar estas partidas. “Se jugaba en todas las partes quien quería pero en espacios más escondidos y juegos más pequeños. El juego estaba prohibido pero no miraban a nadie. Se jugaba en el Casino de la Peña, en el Casino de Barbastro y en todos los sitios. En donde se jugaba mucho era la Juventud Mercantil. Al arrastrao se jugaba poco. Era como el bacarrá 63 pero no tan moderno como ahora. Se ponía 5 duros y se jugaba con cartas descubiertas. Y cubrían todo aquello con duros y luego sacaban cartas”. Otros juegos eran el póker, al que jugaban las personas más adineradas con apuestas de 5 duros, mientras que los obreros optaban por el julepe, con 1 peseta o con 30 céntimos. 63 Nota de la wikipedia: El bacará o baccarat es un juego de cartas muy común en los casinos, semejante a una versión simplificada del blackjack. En el bacará sencillo, la casa es el banco. En el modo llamado chemin de fer (una variante avanzada de bacará), el banco pasa de un jugador a otro. En el punto banco (versión norteamericana), se ve cómo el banco pasa de jugador en jugador, pero realmente bajo el control de la casa. En el juego de casino se manejan tres o seis barajas de 52 cartas, barajadas en conjunto y repartidas a partir de un "shoe", nombre que se le da en inglés a una caja diseñada para contener varios mazos de naipes, y poder ir tomando éstos de uno en uno. Las cartas se diferencian en palos y figuras, con numeraciones de 10 y 0. El fin del juego es que el jugador sume con sus cartas un valor lo más cercano posible al 9 y mayor que el que tenga la banca. Este juego es famoso porque James Bond juega a él en varias películas). Página | 51 En los años 30 casi todos los centros sociales y recreativos contaban con salas de juego. La banca, la liga, el julepe, el siete y medio, el arrastrao, el póker, el bacarrá o el guiñote eran los juegos más populares. Pero el que más furor hacía era las chapas que se jugaban al aire libre y que estaba prohibido. Los enfrentamientos con la Guardia Civil eran normales y la vigilancia a caballo de la benemérita complicó más la práctica de este juego. Sin embargo los más temerarios lo jugaban de noche a la luz de un farol 64 . Barbastro contó con una ruta secreta del juego formada por dos bares que compartían la organización de partidas clandestinas en los años cincuenta. Eran el bar Luis y el bar Victoria, uno en cada punta de la ciudad. Su organización tan discreta se debía a las habituales inspecciones que realizaba la policía secreta de Huesca para desmantelar estas timbas. El bar Luis y el Victoria habían llegado a un pacto no escrito en el que cuando las partidas se realizaban en un establecimiento, su propietario pasaba al otro 1.000 pesetas. Los jugadores procedían de otras poblaciones de la provincia que acudían a participar en estas timbas que fácilmente podrían durar hasta las cuatro de la mañana, como nos ha comentado la mujer de Luis el limpiabotas, un personaje característico de la vida social barbastrense que recorría todos los bares de la ciudad y acostumbraba a trabajar mucho en el Casino la Peña y el Bar Luis (lógicamente donde más dinero se movía y cuyos clientes podían permitirse el lujo de que les limpiaran los zapatos). Otro enclave como veremos más adelante será el edificio modernista de Villa Pepita, a las afueras de Barbastro en la denominada Torre Bielsa y que funcionó como balneario y lugar de juego. El juego, con o sin dinero, ha sido y seguirá siendo una de las prácticas de esparcimiento de los asiduos a casinos, círculos, salas de baile, bares y cafeterías. 5.2. Círculo de La Unión (1874-1904) El segundo casino más antiguo de Barbastro fue el Círculo de La Unión. Al igual que La Amistad o el Mercantil son nombres muy extendidos en otros casinos aragoneses y españoles (sin ir más lejos Monzón también tuvo un Casino de La Unión en la plaza Mayor o en Biescas, por citar algunos ejemplos). Por lo tanto podemos concluir que la elección de algunos nombres se debe a una corriente imperante en toda España. Los “apellidos” políticos en estos casinos como liberal, conservador o republicano no aparecen salvo en dos excepciones: el círculo carlista y el casino republicano. Sin embargo el hecho de que a buena parte de ellos sólo pudieran acudir la élite económica local (propietarios, industriales o comerciales de la ciudad) nos puede indicar del calado sociopolítico que tendrían sus reuniones. 64 Barbastro durante la II República y la Guerra Civil. José Luis Pano Cuello. Página | 52 La Unión se funda un año después del Círculo de la Amistad, el 1 de noviembre de 1874. En otros casinos de otras ciudades, el nombre de La Unión ha ido asociado al movimiento obrero o a corrientes progresistas (no así en Monzón donde acudían los caciques, como cuenta el periodista montisonense José Francisco Porquet). Sin embargo en la lectura de sus estatutos nada nos induce a sacar esta conclusión. Quizás por aportar un argumento más o menos sólido a la hora de discernir sobre su clase social, es que los vecinos que no pudieran acceder al aristocrático casino de La Amistad buscarán en La Unión un refugio para los momentos de ocio. Estaríamos hablando de una clase media por tanto, no tanto de obreros, labradores y jornaleros, para quienes sus lugares de ocio son las tabernas. Pero en los estatutos aprobados el 8 de abril en 1887, en el artículo primero se define La Unión como “una Sociedad humanitaria, a la par que recreativa, y desecha como ajeno a su institución todo fin religioso, político, mercantil o contrario a la moral”. Su carácter humanitario se explica en la siguiente frase donde se expone la finalidad del círculo: “Su objetivo principal es facilitar al socio que padeciese alguna enfermedad de las no exceptuadas, medios con que atender su curación; y como medio secundario el proporcionar a los individuos que la componen el trato de una agradable reunión, la lectura de periódicos y libros de su Biblioteca, y todas aquellas distracciones que disponga la Junta directiva en uso de sus atribuciones”. En el primer artículo del capítulo 1 de sus estatutos se nos expresa la finalidad de la sociedad: “El objeto principal de este Círculo, es gozar de la amena Sociedad que proporciona el trato de las personas que la componen, la lectura de periódicos, y el lícito recreo de aquellos juegos que no están prohibidos por la ley”. Y en su artículo segundo se repiten las prohibiciones propias de este tipo de círculos: “Queda terminantemente rechazada en el seno de esta sociedad toda discusión pública concretamente a la religión y política” 65 . Nuevamente en estos estatutos encontramos artículos calcados de otros estatutos de círculos de Barbastro o de otras poblaciones como el que habla de que para ser socio de estas sociedades, los candidatos debían de ser propuestos por otros socios y contar con el beneplácito de la mayoría. Sobre su reglamentación interna es muy similar a la del Círculo de la Amistad, con un funcionamiento aparentemente democrático y transparente con las cuentas y las decisiones que se adopten, que tienen que estar secundadas por la mayoría de la junta directiva. 5.3. Dinamizadores de las fiestas Los casinos y círculos jugaron un papel importante en el ocio de la localidad en plenas fiestas de septiembre. Así desde el Ayuntamiento se pedía a los casinos que organizaran bailes que completarían las verbenas de carácter más popular y que se repartían por las plazas y principales arterias de los cuartones o barrios como en la Tallada (barrio San Hipólito), La 65 Estatutos del Círculo de la Unión. Imprenta de G. Corrales, Lafita. Enero de 1877. Archivo de la Asociación de Comercio de Barbastro y Archivo Municipal de Barbastro Página | 53 Candelera (Entremuro), Mercado (cuartón del Mercado hoy San Joaquín) y carretera Graus (Arrabal). En la programación de las fiestas de los años veinte El Cruzado Aragonés recoge en los números próximos al inicio de los festejos, del 4 al 8 de septiembre, una recomendación para que los círculos y casinos organicen bailes para animar estos días festivos y agasajar a los forasteros: “Los casinos y sociedades celebrarán lujosos y animados bailes en obsequio a los forasteros” 66 . Y la crónica de las fiestas de septiembre de 1928 recoge la siguiente nota: “Ferias y fiestas Los bailes de sociedad que celebraron los tres casinos de esta población (la Peña, Barbastro y Juventud Mercantil) estuvieron todos muy concurridos y animados, y todos los festejos se celebraron sin incidentes desagradables” 67 . Pero también se encargarán de dinamizar las tradicionales cabalgatas con las que se iniciaban las fiestas el día 4, sacando sus carrozas a la calle y participando en la batalla floral del Coso Blanco. Este acto simbólico está enmarcado en el espíritu modernista de la Belle Epoque y ha llegado hasta nuestros días como uno de los actos más emblemáticos y tradicionales de las fiestas mayores de septiembre de la ciudad del Vero. El mismo calificativo de batalla floral nos hace pensar en los motivos ornamentales del modernismo que buscan el placer en la contemplación de la naturaleza. El Coso Blanco se celebra el día 4 por la tarde, una vez que ha tenido lugar la Cabalgata del Pregón. Consiste en que las carrozas de las entidades recreativas y barrios de la ciudad dan vueltas en torno al Paseo del Coso entablándose una amistosa batalla entre las personas que van montadas en las carrozas (que suelen ser las damas de la ciudad, de los barrios y de los círculos recreativos) y los vecinos que contemplan el desfile. Desde hace décadas las únicas municiones que se emplean en esta batalla son serpentinas y confeti blanco, dejando el Paseo del Coso cubierto de un manto de este color y que da nombre a esta celebración. Es posible que en su primera época, en torno a los años 20, se lanzaran flores puesto que hasta nuestros días ha llegado el apelativo de batalla floral en los programas de fiestas que anuncian el evento. 66 El Cruzado Aragonés, 27 de agosto de 1927. 67 El Cruzado Aragonés, 15 de septiembre de 1928. Página | 54 Esta fotografía nos parece muy relevante para argumentar una de las tesis que vamos a defender en el presente trabajo y que desarrollaremos más tarde. La tesis en cuestión es que las peñas, asociaciones juveniles creadas a mediados del siglo XX con fines ociosos (y de cuya aparición y perfil social nos ocuparemos más adelante) son las herederas de los casinos del siglo XIX y XX, como entidades dedicadas a la sociabilidad popular. Como ya analizaremos el paso del tiempo irá mermando la influencia social de los casinos hasta prácticamente su desaparición. Sin embargo la sociabilidad popular se irá reciclando en nuevas formas de ocio, como las peñas, más acordes con los nuevos tiempos de modernidad que traerá la posguerra. La peñas jugarán un papel clave en la dinamización de fiestas y en ese sentido tomarán el relevo de casinos como el de La Amistad, La Peña o Barbastro, y además de organizar bailes en sus locales participaran en los actos festivos de la ciudad, como en la Cabalgata del Pregón y en el Coso Blanco con sus propias carrozas como en los años veinte hicieran los citados círculos. 5.3.1. La música, el baile y el Carnaval Otro factor clave –quizás el más importante- en el ocio de la sociedad barbastrense, fuera cual fuese su condición socioeconómica, fue la música. La ciudad del Vero ha contado con numerosas salas de baile, casinos y locales de esparcimiento desde el siglo XIX y a lo largo del siglo XX. Eran tan populares como rechazadas por la moral católica imperante antes de la llegada de la II República. La Escuela Dominical que organizaban las monjas del colegio de San Vicente de Paúl La carroza del Círculo de la Amistad durante el Coso Blanco en los años veinte de l pasado siglo. Colección de Juan Díaz. Página | 55 desde las 15 hasta las 18.00. Las monjas advertían a las niñas y adolescentes que no fueran al baile al considerarlo pecado. Sin embargo como nos cuenta Teodora Cosculluela, barbastrense republicana que tuvo que exiliarse a Francia en los años 50 en busca de su marido, se hacía caso omiso al consejo de las hermanas, puesto que nada más salir de la Escuela Dominical se acudía directamente al baile que había en la plaza del Mercado, en el casino republicano de La Unión Barbastrense. Como ya se ha comentado cuando se describía la actividad social y festiva del Casino La Amistad, uno de los eventos sociales más populares de las sociedades de recreo fueron las fiestas de Carnaval que se celebraban en los casinos, sobre todo hasta el estallido de la República. Con el Franquismo las manifestaciones públicas carnavalescas quedaron prohibidas por triple motivo: muchos de los disfraces eran ofensivos contra la autoridad civil y militar, así como se hacía mofa del clero; el carnaval es una de las fiestas paganas por excelencia y por lo tanto no compatible con la moral católica tan restrictiva; y por una cuestión de seguridad y control puesto que, tras alguna máscara, se podrían encontrar algún desafecto al régimen que pudiera atentar contra la autoridad local o armar disturbios (cabe precisar que la actividad del maquis fue constante en el Somontano de Barbastro en los primeros años 40). Sin embargo en el primer tercio de siglo, el Carnaval era una de las fiestas más relevantes de su actividad anual, junto con las fiestas de la ciudad o los cotillones de Nochevieja. Ya hemos visto como en el Casino La Amistad se organizaban también carnavales infantiles. Por su parte, los Casinos de Barbastro y de La Peña organizaban destacados bailes de máscaras como se recoge en las invitaciones publicadas por Francisco Víu en su libro Barbastro 1936 – 1986 68 , así como en los documentos que aportamos en el anexo. El resto de casinos de la ciudad, La Unión, el Mercantil, La Dalia, organizarán sus propias fiestas de carnaval. La propia idiosincrasia de la festividad del Carnaval hacía que esa fiesta fuera muy esperada por los vecinos y celebrada por todos los casinos como ya se ha dicho. La posibilidad de vivir dentro de un personaje, de pasar desapercibido por unas horas ante la sociedad con una identidad falsa, el juego de máscaras, la seducción o la crítica al status quo en un contexto lúdico hacían de los bailes de Carnaval todo un acontecimiento social muy esperado y en cuya preparación de los disfraces se afanaban los barbastrenses de forma muy esmerada. El carnaval barbastrense, vivido de forma intensa en los salones sociales de La Amistad, La Unión Barbastrense, Casino La Peña, Casino de Barbastro, La Dalia y la Juventud Mercantil, tenía sus propios personajes, el pícaro Momo, a quien se le tributaba los debidos honores, los chulos y las manolas ataviados con gorras y mantones, pañuelos y delantales. El domingo de Piñata era el momento culmen de esta celebración. Y en ocasiones se llegó a elegir a la miss del Carnaval. 68 Víu Barbastro, Francisco. (1997): Barbastro 1926 -1986. 60 años de Historia del Ayuntamiento de Barbastro en sus documentos (Fragmentos). Página 65. Barbastro. Página | 56 Anécdotas no faltan como la de un alcalde que fue al casino (el informante duda si fue La Amistad o el Barbastro, pero en este caso no es irrelevante) solo porque su mujer no quiso acompañarle al baile de máscaras. Sin embargo, su mujer sí acudió con una amiga disfrazadas una vez que el edil ya estaba en el casino. Se dio la circunstancia que el marido bailó toda la noche con la enigmática mujer que no reveló su identidad y “que se dejaba apretar”. Al día siguiente el marido confesó a su mujer que había estado bailando toda la noche con una mujer a la que no llegó a conocer. O la ocurrida en La Peña en la que una familia de buena posición confundió a un primo de una muchacha barbastrense que ésta había invitado al baile. El joven acudió con una gran y señorial capa como las de antaño, lo que indujo al error de este matrimonio, que siguieron bailando pensando que su hijo había llegado a la fiesta. Existían habituales bromistas que mostraban su lado más jocoso y gamberro en esta festividad. Uno de ellos, conocido popularmente como ‘Franqué el aceite’ se disfrazó medio cuerpo de torero y el otro medio de sevillana. En otro carnaval se disfrazó de niñera con un niño en brazos. Los curiosos querían ver a la criatura pero en lugar de un niño llevaba una bota vino y salpicaba a todo aquel que asomaba el hocico. En otra ocasión se puso unas faldas anchas y cuando las parejas le tomaban el pelo, se daba la vuela, se levantaba las faldas y les gritaba: “¡Mascareta!, ¿Me conoces?”. Pero el Carnaval también trascendió la escena privada y ocupó parte de la vida pública festiva. En los años 20, los bailes se celebraban en la plaza del Matadero y eran un acontecimiento social. Desde la librería e imprenta Castillón, su propietario, un insigne republicano local, traía a estos bailes un camión entero de confeti. El Carnaval quedó prohibido después de la Guerra Civil por el Franquismo y ya no volverá hasta bien entrada la Democracia de la mano de otro círculo, la Sociedad Mercantil y Artesana. 5.3.2. Germen de formaciones musicales La presencia de estas numerosas salas de fiestas ocasionó el florecimiento de un nutrido grupo de grupos de música. Para abordar el papel que jugó la música de las formaciones locales en el ocio barbastrense es imprescindible remitirnos al trabajo del cantante Antonio Latorre que participó como vocalista en varias de ellas. Su artículo ‘Siglo XX: Orquestas de Barbastro y el Somontano’, publicado en el número 8 de la revista Somontano, en el año 2006 es una referencia bibliográfica a la que nos deberemos de remitir con frecuencia en este capítulo. Al igual que a testimonios orales del propio Latorre o de músicos que actuaron en los casinos y salas de Barbastro como Fernando Badía o Jesús Cortina. Muchos de estos músicos y de las formaciones que vamos a enumerar tienen su germen en la Banda de Música del cuartel General Ricardos, dirigida por el popular militar y músico Máximo Villalonga que antes había dirigido la banda del Frente de Juventudes. Página | 57 Actuación de la Banda Militar de Música en la plaza de toros para celebrar la construcción del Cuartel General Ricardos. Años 20. Foto extraída del libro de Francisco Víu Barbastro 1926-1986. 60 años de Historia del Ayuntamiento en sus documentos (Fragmentos), página 59. “Dada la proliferación de lugares de esparcimiento en Barbastro a finales del siglo XIX, existían varias agrupaciones de músicos sin constituirse en formaciones fijas, que actuaban indistintamente para bailes, pasacalles y otros actos populares; o como grupos de música clásica interviniendo en conciertos y ceremonias religiosas” 69 . El prestigioso pianista, profesor y director de orquestas Simón Gabás coordinaba y dirigía a estos músicos de principios del siglo XX y se encargaba de la organización de conciertos los fines de semana y sesiones de vermú en los casinos de Barbastro, La Amistad, La Peña, el Hotel San Ramón y el Café París 70 , establecimientos a medio camino entre la taberna y el círculo recreativo por su vocación para organizar conciertos y ser concebidos como espacios de reunión. Otros destacados músicos barbastrenses serán Arturo Santamaría, Miguel Bellosta, Sebastián Gistaín, Vicente Bruno y José Huetas. Entre las orquestas, en los años 20 aparece el grupo ‘Vero’ que luego se denominará ‘Ronda de Vero’. En 1932 se crea la ‘Dalia Jazz’ que rompe con 69 Somontano 8. Revista del Centro de Estudios del Somontano, 2006, p 171. 70 Op. Cit. P 173. Página | 64 Peña, los mismos jóvenes que la fundaron, ya organizaban guateques en el primer piso del bar La Paz, sede oficiosa de los ferranqueros. Son los años 50 y la moral seguía siendo muy estricta por lo que las chicas que acudían al guateque lo hacían de forma discreta, a escondidas, esperando la oportunidad de que no pasara nadie por el Paseo del Coso para acceder al bar La Paz. Al término del guateque, los chicos debían estar al acecho para asegurar que “no había moros en la costa” y cuando el Coso estaba despejado de ciudadanos se daba la señal para que las muchachas salieran corriendo del bar. “El baile en los guateques lo hacíamos con gramola y tocadiscos. Luego había que estar al acecho de que no pasara gente y las chicas salían disparadas como si dentro hiciéramos orgías. Si podías te apretabas pero nada más. El mero hecho de cruzar la barra de un bar y que te vieran en un bar ya te podían considerar de persona de dudosa moralidad”, explica Carmelo Uruel, uno de los fundadores de la Ferranca. Además de en el bar La Paz los guateques se organizarán también en las instalaciones de la fábrica de miel Fortea, en la carretera de Graus. Allí se celebraba el baile los domingos por la tarde, y también las chicas acudían con extremo cuidado para evitar miradas indiscretas. En la plaza del Mercado, otro local de baile se ubicará encima de la zapatería la Selecta. Estos guateques permitirán la relación de los jóvenes de distinto género durante el resto del año dado que los bailes de las peñas sólo tenían lugar en fiestas y en septiembre. Estos locales, cuyo número no llego a superar el de los tres o cuatro guateques, eran regentados por las cuadrillas de amigos y su uso acceso se limitaba a amistades cercanas. En Cuaresma, los bailes quedan prohibidos en Barbastro, donde la influencia de la sede episcopal sobre la vida social y política fue considerable durante el franquismo. No así en otras ciudades vecinas como Monzón, donde sí que se celebraban los bailes en esa época, circunstancia que aprovechaban los jóvenes barbastrenses y que alquilaban un autobús los domingos para ir a bailar con las chicas monzoneras a las pistas de baile del Niza y del Piscis. De esos bailes de cuaresma surgieron muchos matrimonios entre barbastrenses y montisonenses. Página | 65 6. El siglo XX: La ‘Belle Epoque’ La efervescencia asociativa de finales del siglo XIX continuará en los primeros años del siglo XX con la aparición de nuevos y también efímeros círculos recreativos y de corte sociopolítico. Según datos extraídos de la matrícula industrial, en 1900 Barbastro cuenta con el círculo de La Amistad, el círculo de La Unión y el círculo El Porvenir, de reciente creación, ubicado en la calle Argensola 67, en la Casa Cáncer (lugar que más tarde ocuparán otros casinos como Juventud Mercantil y la sala de baile La Unión). Además aparece el Centro de la Cámara, en el Coso 2, local social de la Cámara Agrícola del Alto Aragón que fundó Joaquín Costa en Barbastro en 1892. En 1904 la Cámara pasará a denominarse El Nuevo Siglo. En la céntrica calle Romero 27 se ubica El Vero, adjunto a la propiedad de Santiago Mora. En la calle Cascajo 15 nos encontramos con El Mercantil, cuyo nombre nos remite al primer casino creado en la ciudad, en 1861 el Casino Agrícola, Mercantil e Industrial de Barbastro. El Mercantil será un “círculo Guadina” que irá apareciendo y despareciendo y cambiando de ubicación a lo largo del siglo XX, y bien podríamos afirmar que, al menos en cuestiones etimológicas, desembocaría en la Sociedad Mercantil y Artesana. La mayoría de estos casinos –salvo La Amistad y El Nuevo Siglo – son de vida efímera y no alcanzan la primera decena del siglo XX 74 . En la década de los años 20, en el periodo de entreguerras y de prosperidad económica del país debido en parte a su no intervención en la Gran Guerra, el espíritu de la ‘Belle Époque’ irá calando en ciudades de un perfil más burgués como es el caso de Barbastro. El desarrollo de su tradicional comercio, de referencia en las comarcas vecinas y pirenaicas, los frutos en la actividad industrial que genera contar con una estación de tren, el repunte de la venta de vino tras la filoxera, entre otros factores económicos, tendrá su reflejo en la vida social, en especial de las clases más acomodadas. Esta bonanza económica tendrá su traducción en la arquitectura y el urbanismo de la ciudad. Es entonces cuando se introduce el estilo arquitectónico modernismo y se crean villas o torres de recreo decoradas estéticamente a los gustos de la época y de la corriente catalana. Villa Rosario, Villa Irene, Villa Elena (nótese la presencia de nombres femeninos en estas casas de recreo) 75 , Torre Calcetín o la citada Torre Bielsa. Estas edificaciones eran concebidas como segundas viviendas y se ubicaban en las zonas periféricas, rodeadas de naturaleza, huertas o campos de cultivo. De la misma época son los palacetes modernistas que van poblando la 74 En la licencia de matrícula de impuesto de contribución para 1911 ya no aparecen. En el archivo municipal faltan las licencias de los años 1906 a 1910, por lo que podría ser que hubieran desaparecido unos años antes. A.M.B. 75 Alonso González Sergio ‘Maravillas de la Belle Époque’, artículo de El Cruzado Aragonés Extra Fiestas 2010. Páginas 40 y 41. Página | 66 carretera Huesca, hoy Avenida Ejército Español. Algunas construcciones de esa zona servirán como fondas glamurosas, (hoy podríamos decir hoteles con encanto) será el caso de Villa Irene, de la familia Valle que acogerá a los grandes artistas que vendrán a actuar al Teatro Principal (y que incomprensiblemente este singular edificio de clara influencia gaudiniana será demolido no hace muchos años), o también la Fonda el Jardín, junto a La Floresta. Más exclusivo será el coqueto enclave conocido en los años 20 como Villa Pepita, según aparece en algunos mapas del Instituto Geográfico Catastral de 1952 y más conocida en la segunda mitad del siglo XX como Torre Bielsa. Este edificio presenta una elegante fachada modernista (uno de los últimos ejemplos que conserva la ciudad que en el primer tercio de siglo poblaron varias avenidas de la ciudad), con dos torres a cada lado del edificio a modo de palacete. Villa Pepita albergaba un balneario y a él acudían la alta burguesía a tomar unos baños en las aguas sulfurosas denominadas ‘Chesa Alta’. Según el testimonio del barbastrense Juan Díaz, Villa Pepita fue también un lugar de juego de importantes partidas de naipes. La finca fue propiedad del empresario de origen catalán Raimat que elabora botellas de aguas medicinales contra el estreñimiento y que ya en el año 1909 se anunciaban en los tranvías de coches de caballos con este lema: “Agua de Chesa Alta de Barbastro”, nos cuenta Ángel Tornés. Además se publicarán anuncios de ‘Chesa Alta’ en los principales diarios de tirada nacional como La Vanguardia y ABC. Con la llegada del cuartel de militar en 1928, unos propietarios de origen montañés crearán una finca de recreo, la Torre de las Camareras, en el camino de La Boquera en aras de atraer la gran clientela que suponían los soldados. Torre Bielsa, antes Villa Pepita. Foto Javier Sampedro Giban el. Pozo donde se extraía el agua medicinal Chesa Alta. Javier Sampedro Gibanel. Página | 67 A mediados de la década de los veinte la ciudad cuenta con estos círculos recreativos: Casino La Peña, que ocupará el espectro socioeconómico que deja el Círculo La Amistad desaparecido en 1927; y los de nueva creación: Casino Barbastro, sito en el Coso 32, La Nueva Dalia, en calle Costa 4, ocupando el espacio que dejo La Brillante y antes La Unión, y la Juventud Mercantil, en la calle Argensola 67. En esta época también nos encontramos con una nueva categoría dentro de la tipología utilizada en el registro municipal para clasificar los negocios de hostelería: el Café con Bocadillos, donde poder merendar o picar raciones. A comienzos de los años 20 también inicia su andadura el prestigioso Hotel Internacional, de Luis Mur Hoz, persona muy vinculada a la hostelería y al Casino de La Peña como veremos más adelante, así como al régimen franquista. En los años 30 el ocio tuvo otro momento de esplendor, como se desprende de un trabajo de investigación realizado sobre los años de la II República. “En los años de la República el paro no desapareció pero entre las clases populares el nivel de vida era aceptable. La asistencia a cafés, cines, cabaret o bailes era muy asidua. Los domingos y festivos se celebraban bailes en casi todos los locales sociales de Barbastro: La Unión Barbastrense, La Dalia, El Casino de la Peña, el Casino de Barbastro o la Juventud Mercantil. Además estas asociaciones recreativas se encargaban junto con el Ayuntamiento de ofrecer bailes y fiestas en los festejos mayores de septiembre. Pero no solo en septiembre se realizaban festejos; los carnavales eran muy concurrido y en abril, se celebraba la conmemoración de la instauración de la República mediante pasacalles de gigantes y cabezudos, comidas, fuegos artificiales y conciertos de la banda municipal” 76 . 6.1. Fiestas populares Barbastro ya no sólo es un referente comercial en la zona oriental de la provincia, sobre todo para Ribagorza o Sobrarbe, si no que se ha convertido en una ciudad de ferias de ganado procedentes de varios rincones de España y Francia que se suceden al acabar el verano, como la de las fiestas de septiembre, en otoño e invierno, como las de finales de año o la Candelera, así como mercados mensuales que concitan a numerosos vecinos y foráneos. La actividad lúdica se intensifica con espectáculos taurinos en la plaza de Toros, funciones de teatro en El Principal, proyecciones de cine en el nuevo foro El Coliseo, o las citas benéficas que se organizaban a beneficio del Instituto Nipiológico creado por el hijo adoptivo de la ciudad, el padre de la pediatría moderna, el doctor Andrés Martínez Vargas. Los barrios organizaban sus propias fiestas, el del Entremuro para el Santo Cristo de los Milagros y el de San Hipólito y San Joaquín para sus respectivos patronos. Estos festejos 76 Barbastro durante la II República y la Guerra Civil. José Luis Pano Cuello. Página | 68 contaban con pasacalles, en las que las mujeres se vestían de baturras, y en algunos casos de flamencas, y los bailes eran en la calle, en cada una de las arterias y plazas principales de los barrios: plaza de la Candelera en el Entremuro, plaza del Mercado en San Joaquín así como carretera Graus, y plaza de la Tallada o de la Libertad, en los años 30, en San Hipólito. En La Tallada se montaba un cine de verano. Con la proclamación de la II República, el nuevo régimen quiso contar con sus propios mártires laicos y republicanos, prohombres de la patria como los capitanes Galán y García fusilados en diciembre de 1930 en Huesca. El impacto de estos fusilamientos fue notable entre los altoaragoneses que abrazaron su figura como apóstoles del republicanismo y las libertades. El nuevo régimen y sociedad republicana creó su propia imaginería laica y la historia de los héroes de la sublevación de Jaca se llevó a la gran pantalla a modo de un documental en el que se proyectaba antes de las películas y en el cual se explicaba que los camiones que Carrozas del barrio del Entremuro para las fiestas . Pri meras décadas del si glo XX. Barbastro revive el pasado. Último programa de fiestas antes de la Guerra Civil. Las fiestas volverán en 1939. Archivo José María Arqué. Página | 69 transportaban a los militares sublevados patinaban porque no querían llevar ante el pelotón de fusilamiento a los Héroes de Jaca. Asimismo en la tienda de juguetes El Barato se colocó las fotos de los dos capitanes y a los niños se les decía que si miraban fijamente a Galán y García, cerrarán los ojos y después miraban al cielo los verían allí relucienes. Otra fiesta que tuvo gran auge hasta los años 60 fue la de San Cristobal, patrono de los profesionales del transporte. Curiosamente una de esas fiestas se celebró el sábado 18 de julio de 1936. San Cristobal debería haberse celebrado con anterioridad pero los chóferes decidieron posponerla tras la muerte de un vecino que fue atropellado por un autobús que se dirigía a Boltaña. El día que estalló el conflicto civil en España, Barbastro se levantó con ganas de fiesta. Se había organizado una corrida de toros, un pasacalle y otras actividades lúdicas, que se fueron truncando en la medida que iban llegando noticias de la sublevación. José María Arqué recuerda que esa tarde tras el habitual reparto de leche por los distintos hogares y establecimientos, quiso dar una vuelta para ver los festejos organizados. “Vimos una cosa rara por el pueblo. Fiesta, fiesta no había pero vimos a la gente correr de un lado para otro y nos enteremos que habían suspendido la fiesta. Ya no hicieron ni la fiesta de los chóferes ni la corrida de toros ni nada”. Las últimas fiestas de septiembre se habían celebrado en 1935. Durante la contienda ya no hubo más festejos mayores. Tras la entrada de los franquistas, se retomarán las fiestas por parte del nuevo Ayuntamiento en 1939. 6.2. ‘Romerías laicas’ Otras manifestaciones lúdicas con canciones y bailes como factores principales fueron las ‘romerías’ al monasterio del Pueyo en mayo, mes de las flores o de María en el calendario festivo de la Iglesia. Estas romerías se siguieron celebrando en los años de la II República. El sentimiento de secularización que trae la República en los años 30 también impregnó los hábitos festivos de la sociedad barbastrense, incluso los más arraigados, como las romerías al Pueyo. Mientras que los devotos subían al templo para saludar a la virgen y asistir a los oficios religiosos en las romerías de Lunes de Pascua y de los fines de semana de mayo, la mayoría de los jóvenes optaban por participar en lo que hemos denominado ‘romerías laicas’. Los muchachos y muchachas acudían con carros convertidos en carrozas adornadas con guirnaldas, campanillas, flores y verduras, y organizaban su propia fiesta en la explanada conocida como plaza del Sol con guitarras, en la que no faltaban los bailes, los cánticos y la bebida. Página | 70 ‘Del Pueyo bajamos, bien bebidos pero no borrachos’, era la canción que entonaban estos romeros laicos que no se mezclaban con los devotos en el santuario del Pueyo. “Después de la romería bajábamos cantando con un ramo de tremoncillo o cenojo. Íbamos en buena armonía y como hermanos. Pero no eran cantos de religiosos, porque aunque subíamos al Pueyo a la virgen no la íbamos a ver, sólo íbamos a lo que nos interesaba, a bailar”, comenta Teodora Cosculluela, recreando el ambiente de ocio juvenil en la primavera de los años previos al estallido de la Guerra Civil. Estas prácticas de ocio juvenil enmarcadas en las faldas del santuario del Pueyo se retomarán entre los jóvenes que vivirán los inicios de la presente etapa democrática y siguen siendo una constante. Un contexto y una festividad religiosa serán la excusa para que los jóvenes ajenos a las prácticas más levíticas disfruten al aire libre con alcohol de por medio y en algunos casos manteniendo relaciones sexuales (algo, por otro lado, propio e histórico de todas las romerías de este país). Otras manifestaciones festivas en la esfera pública fueron la fiesta de los Quintos, en la que los mozos entraban en el sorteo del servicio militar. Los jóvenes organizaban unos festejos que incluía una rondalla que cantaba a las autoridades y mozas guapas a la vez que se solicitaba comestibles o dinero para la comilona final. Los más jóvenes optaban por jugar al fútbol en la Mina o hacer excursiones por los alrededores de Barbastro y gastar gamberradas en las casas de lenocinio. En verano se iba al río Vero a bañarse en las badinas de Siete Peñetas o La Melinguera. Toda su actividad transcurría al aire libre y en la calle. En la posguerra el ocio de los niños no variará demasiado. La asistencia a los cines estaba prohibida a partir de cierta edad, sobre todo la proyección de películas como ‘Gilda’, ‘Duelo al sol’, etc. Los niños que se atrevían a colarse en el cine Principal por los baños del bar restaurante La Matilde o que callejeaban por ciertas partes de la ciudad corrían el riesgo de ser pillados por las ‘patrullas de vigilancia religiosa de laicos’ Adoración Nocturna o por algún confidente de los Padres Escolapios, colegio al que acudía la mayoría de niños barbastrenses. Los partidos de fútbol seguirán tomando las calles todavía sin asfaltar de la ciudad. Uno de esos encuentros enfrentaba a los niños de la carretera Huesca, que jugaban con el nombre del Athletic de Bilbao, muy de moda entonces y equipo de las clases más desfavorecidas, contra el equipo de las JONS. El equipo de Falange fue derrotado, pero el responsable de la JONS no quiso entregar el trofeo a los niños del Athletic y lo depositó en la sede de Falange. Como consecuencia de esta afrenta, el equipo vencedor devolvió toda la ropa al Frente de Juventudes y aseguraron que no irían más a ese local, en un valiente gesto dadas las severas represalias que imponía al régimen a quien se desmarcaba de las pautas oficiales. En el franquismo, las niñas deberán de acudir a la Sección Femenina, frente al inmueble de Falange en la plaza del Mercado donde recibirán formación para aprender a realizar las tareas domésticas y servir en el Auxilio Social. Aprender a coser y cocinar, además de la limpieza del Página | 71 hogar, sin olvidar la formación religiosa, serán los cometidos que el franquismo deparaba para las futuras mujeres. En lo lúdico, se enseñan los bailes regionales de la sección Coros y Danzas. 6.3. Impulso a la hostelería Si los casinos representaban una sociabilidad que podríamos calificar como selectiva (el mero hecho de ser socio para acceder a sus locales y disfrutar de sus servicios implicaba pagar una cuota mensual, así como según que centros tenían un cierto estatus social al que no podían acceder la mayoría de barbastrenses), los cafés, tabernas y hostales o fondas van a proliferar en los comienzos del siglo XX convirtiéndose en centros de sociabilidad popular. El desarrollo económico que experimenta la ciudad gracias sobre todo al influjo del tren, que impulsa el comercio así como la industria o el sector vitivinícola, va generando nuevas alternativas de ocio. Barbastro va creciendo demográficamente y se convierte en ciudad elegida por muchos comarcanos del Somontano, pero también de la montaña, para residir en busca de una vida mejor. La ciudad cuenta en la tercera década del siglo con la presencia de un cuartel militar con tropa regular y desde comienzos del 1900 atrae a numerosos visitantes y tratantes de ganado gracias a la creación de sus ferias que se suman a las ya tradicionales como la de la Candelera. La ciudad experimenta un notable crecimiento demográfico en los primeros veinte años pasando de 7.002 habitantes en 1900 a 8.025 en 1920 77 . El progreso económico y el aumento demográfico del periodo de entreguerras lleva a los barbastrenses a dejarse imbuir por el espíritu europeo de los felices años 20. Al Teatro 77 Catálogo de pueblos y municipios de Aragón. Estadística de población y nomenclaturas toponímicas entre 1900 y 2004. Servicio de Estudios CAI y Gobierno de Aragón. 2005. Zaragoza. Animado ambiente en la terraza del Hotel San Ramón en su original ubicación, a principios de siglo XX. Autor desconocido. Página | 72 Principal llegan compañías con actores célebres, así como la plaza de toros registra una intensa actividad taurina con varias ferias a lo largo del año. Para acoger a actores y toreros, así como a los tratantes de ganado y tantos visitantes que acuden a las ferias será necesario crear nuevos hostales o fondas que ofrecerán comidas y camas. De esta época serán las fondas La Matilde, el Hostal Pirineos, La Internacional, Clemente, entre otras casas de huéspedes que recogen la herencia de los antiguos mesones y posadas como Casa Pico, La Castellana –que ya se anuncia en El Cruzado Aragonés del 5 de septiembre de 1925-, Internacional, la modernista Villa Irene, El Jardín, La Perla o el Hotel San Ramón, de principios de siglo. De estos establecimientos todavía perviven el Hotel San Ramón –con otros dueños-, Pirineos y el Clemente como hostales y La Matilde como bar. La coqueta Villa Irene o el Hotel San Ramón serán un ejemplo de la prosperidad que vive Barbastro y que queda reflejada en varias casas o torres diseminadas por las zonas periféricas de la ciudad del estilo modernista, de moda en la época y tan al gusto de la burguesía, como ya hemos comentado anteriormente. La influencia del modernismo llega a Barbastro por la cercanía con Cataluña pero también por la creación del Círculo Oscense en 1901 que recrea ambientes sensuales con motivos florales en su ornamentación en fachadas y paredes. A principios del siglo se crea el Gran Hotel San Ramón por la familia Bosch-Fajarnés, emparentada con dos poderosas familias locales como Lalanne y Cancer. El Hotel San Ramón, que actualmente está reformado por sus propietarios -una empresa constructora de la ciudadgracias a la presión popular y al trabajo del Centro de Estudios Somontano para su catalogación como bien de interés cultural, encierra entre sus muros infinidad de historias. Allí se alojó Joaquín Costa en sus viajes a la ciudad del Vero y otros grandes pensadores como Baroja. También fue el lugar predilecto por los diestros que acudían a torear a la plaza de toros en fiestas. Su primera ubicación fue en la plaza de la Fustería en 1904 y ya desde entonces se demuestra su carácter emprendedor puesto que ofrecía un pionero servicio de transporte de viajeros a través de diligencia para llevar y traer a sus huéspedes desde la estación de tren hasta la misma puerta del hotel. También en su planta baja montó una cafetería que fue muy animada a comienzos del siglo XX. Pocos años más tarde el Gran Hotel San Ramón se trasladará unos metros más arriba, para ser vecino del Paseo del Coso. Será entonces cuando el inmueble se decorará al estilo modernista, llamando la atención de vecinos y visitantes, quienes elegirán el hotel para celebrar sus eventos familiares: banquetes de bodas, bautizos, comuniones, comidas y cenas de fiestas, etc. Posterior emplazamiento del Hotel San Ramón, primeras décadas del XX. Autor desconocido. Página | 73 Celebración familiar en el San Ramón. Años 50 – 60. Obsérvese la decoración modernista de las baldosas. Barbastro Revive el pasado. En el primer tercio de siglo el Gran Hotel San Ramón albergará conciertos con motivo de las fiestas de San Ramón en junio y también en las festividades mayores de septiembre. También en su cafetería los domingos se celebrarán sesiones de vermú concierto, una práctica que ya utilizaba el Café París a comienzos de siglo XX, y después de la Guerra Civil continuará en el San Ramón. Otro paradigma de hotel que nace en la ‘Belle Époque’ y al influjo del modernismo es Villa Irene, que ya hemos mencionado más arriba. Esta villa u hotelito con encanto fue junto al San Ramón el ejemplo más claro de arquitectura y decoración modernista en la ciudad del Vero. Se construyó en 1925 en la carretera a Huesca (hoy avenida Ejército Español) por Ramón Valle Raso. El edificio, tristemente derruido, contaba con una escalera de doble ramal, con un murete en curva, una tapia con trencadís, una decoración muy colorista realizada con Página | 80 Su entrada estaba por la calle Academia Cerbuna, el popularmente conocido como El Rollo. A pesar de la proliferación de establecimientos, el Casino La Peña tenía su propia terraza en el Coso para el verano. Era exclusiva para los socios y estaba rodeada de una barandilla, que a modo de acceso impedía que los barbastrenses ajenos a este selecto círculo se sentaran. Estar sentado en este velador denotaba un signo de distinción ante el resto de paisanos que elegían otros bares más populares para pasar las tardes veraniegas. Esta terraza estaba controlada por el portero de La Peña que en cierta ocasión emprendió a una cuadrilla de chavales, entre ellos Luis Borruel, que hartos de ver como ese espacio era ocupado por la elite local desafiaron a la autoridad del establecimiento y se sentaron hasta que fueron reprendidos con malas palabras. Junto a estos dos jóvenes se sentaron dos socios de La Peña y les dijeron que se marcharan. Humillados y molestos por lo ocurrido, los dos amigos acudieron a Radio Juventud, emisora local sita en la calle General Ricardos y que emitía un programa en el que se informaba sobre la actualidad más cotidiana y cercana. Aprovechando la ausencia del director, el señor Cortijo, contaron lo ocurrido por antena, criticando duramente la actitud caciquil de los socios de este casino. La emisión de esta noticia causó un gran revuelo y al día siguiente, el director de la emisora al ser informado tuvo que pedir excusas públicamente a los socios del círculo La Peña por la actitud de estos jóvenes que se dejaron llevar por los bríos de su edad. Eran los últimos años de este local y este acto juvenil denotaba ya la llegada de nuevos aires de cambio en el ambiente sociopolítico, así como también la anécdota nos cuenta la adhesión de los medios de comunicación a las clases poderosas de la ciudad. Además de sala de baile y juego, el Casino de la Peña tuvo un comedor para, al igual que La Amistad, servir como espacio para comidas sociales, banquetes, o de carácter festivo. En ellas se servían comidas a los diestros que toreaban en la plaza de toros. Pero sobre todo los toreros también acudirán al Hotel San Ramón, lindante con el Círculo Cívico Militar La Peña. El interior del Casino La Peña era amplio. Tenía un gran “salón señorial”, como nos cuenta Ángel Tornes, asiduo a este círculo. Contaba con mesas de jugar a las cartas, leer periódicos o tomar café, barra de bar y un local para albergar bailes y actividades culturales. Su masa social la formaba la burguesía más poderosa económica y socialmente. Entre los socios estaban propietarios, comerciantes, industriales, profesionales liberales como abogados, y militares de alta graduación. Exposición de los dibujantes Paco Zueras y Wladi en 1947 en La Peña. Grupo 7. Página | 81 Un ilustrador ejemplo que corrobora esta afirmación lo encontramos en la noticia recogida en El Cruzado Aragonés del 28 de enero de 1928 en la que se publican los nombres de la renovada junta directiva del Casino La Peña y que está integrada por notables hombres de negocio de la ciudad: Presidente, Manuel Artero, (importante comercial de la ciudad con uno de los negocios centenarios que todavía perviven y delegado en Barbastro de una gran entidad financiera nacional), vicepresidente, Fidencio Sesé (familia de farmacéuticos, doctores y abogados), tesorero, Enrique Masgrau (destacada familia comercial propietaria de un molino oleario y con vinculaciones políticas foralistas y conservadoras), contador, Francisco Bravo (propietario de Aguas de Barbastro, empresa centenaria con el monopolio del suministro de agua potable y más tarde de la electricidad), vocales: José María Cancer (terrateniente y empresario que cedió parte de sus terrenos para la construcción del cuartel General Ricardos), José Salcedo, Ignacio Palá Catarieu (familia propietaria de fábrica de chocolates y almacén de alimentos de primera necesidad), José Lacambra. Secretario: Jesús Iborte. Es conocida la presencia en este casino a lo largo de su historia de otras poderosas familias como los Baselga, Lacau, etc. Profesionales liberales, políticos, comerciantes y ricos labradores de las familias más arraigadas del Entremuro, fueron la clientela habitual de La Peña. Un testimonio que nos recrea el ambiente en este casino lo aporta Rafael Torres quien fuera uno de los primeros socios de la Sociedad Mercantil Artesana. Torres consiguió su primer trabajo en la empresa Aguas de Barbastro, dirigida por la familia Bravo. Empezó como mozo de recados y tenía que visitar a su jefe Bravo a menudo, que al igual que otros empresarios tenían en el Casino Cívico Militar su oficina. “Cuando empecé a trabajar en Aguas de Barbastro con trece años llamaba el jefe desde La Peña y pedía que subiera a traerle el correo. Allí se reunían la gente con los médicos, con los arquitectos, o con el capitán. Hacían esos grupos”. Otro testimonio nos lo aporta Enrique Albert Artero que nos cuenta como su abuelo “pasaba más horas en La Peña que al frente de su negocio y casi lo arruina”. “Antes había mucha diferenciación entre las personas, estaban los ricos y los medianos. Los ricos tenían una serie de casinos como La Peña o el Bar Luis”, comenta otro vecino. En el Casino La Peña la actividad era diaria. Se mantenían tertulias sobre la actualidad del momento, se consultaba la prensa o se jugaba, entre cafés, copas de coñac y puros, y sentados en grandes y cómodos butacones, donde los principales y más ociosos comerciantes de la ciudad echaban la tarde, en algunos casos en detrimento de su negocio. Por las tardes y noches se celebraban bailes de sociedad durante todo el año y de forma extraordinaria en las fiestas de septiembre, en carnaval y en Nochevieja. También eran célebres las sesiones de bailes vermú, amenizadas por la orquesta Ritmo Jazz. Las orquestas actuaban en un altillo, ubicado en la primera planta, mientras que la planta calle era un gran salón de baile. Sólo los socios y los amigos de estos, o aquellos que tenían alguna invitación especial, podían acceder a este casino o a sus bailes. Además no todo el mundo podía ser socio de La Peña, se Página | 82 trataba de un círculo selectivo que nos recuerda a los elitistas clubes ingleses de la época Victoriana. “Era un salón bastante señorial. Acudía la gente normal de Barbastro, los comerciantes y demás, pero de buena posición, de los llamados ricos. Se hacían bailes de sociedad, pero una sociedad selectiva porque ahí no podía entrar cualquiera, sólo con invitación. También venían familias bien que se habían marchado de Barbastro por las razones que fuera y se ponían a bailar aquí”, explica Tornés. El músico Jesús Cortina incide en esta cuestión a la hora de determinar el perfil social de los socios del Casino La Peña. “Era un ambiente muy selectivo. Iban militares y gente pudiente de Barbastro: notarios, abogados, médicos, los propietarios, … Era selectivo en el sentido de que hubo gente que quiso ser socio y no los admitieron. No podía entrar toda la gente”. El casino contaba con un portero cuya tarea era evitar a toda costa que los barbastrenses contemplaran por las grandes ventanas los bailes de salón. Cuando uno de los más ricos de Barbastro salía del casino, este portero con pintas de matón, le preguntaba: “Señorito, don Fulano ¿le estorba alguien?”, nos cuenta Tornés. La presencia de este tipo de “matones” está constatada en el Barbastro de los primeros años de la posguerra. Hubo un personaje, el señor Clusa, que montó una taberna en la plaza de La Tallada que tenía el sobre nombre de El pistolero o para los menos atrevidos el bar de Clusa. Cuentan que en los convulsos años 30 formó parte junto a otros compañeros de un grupo de pistoleros o matones a sueldos. Nunca hizo público su pasado, como si formara parte de una organización clandestina, pero lo cierto es que recibía una paga por estar siempre dispuesto a entrar en acción en caso de que un acaudalado propietario o tal vez alguna facción ideológica extremistas precisara de sus servicios. Pese a lo que puede parecer, el carácter de ‘el pistolero’ era muy afable sobre todo con los niños del cuartón de San Hipólito a quienes les proyectaba cine de barrio para deleite de la chiquillería. Regresemos al Casino La Peña tras esta breve digresión. La actividad en el Casino de La Peña constaba de bailes de sociedad. Era el único momento en el que acudían las señoras, pues el resto de momentos de ocio estaban reservados a los socios, todos hombres de la burguesía local que hablaban sentados en los grandes butacones de sus negocios, de política, de la actividad del municipio, con un café, copa y puros servidos por camareros ataviados con la clásica chaqueta de blanco habitual en los establecimientos de categoría de la época. La consumición más habitual era el café con una botella de agua. Además, era costumbre que el camarero ofreciera ‘el recado de escribir’, papel, tintero y pluma para que mientras se tomara el café dar rienda suelta a sus facetas literarias, o atender el negocio o tomar notas en caso de los viajantes. El casino se trasladó durante los últimos años de su actividad a los locales del Consejo del Movimiento Local, ubicados en el edificio de enfrente, en el primer piso del edificio donde se encontraba otro café emblemático, el Bar Brasil. El traslado se debió a la inminente compra de su antigua sede por la entonces Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Aragón, Zaragoza y Página | 83 Rioja, la actual Ibercaja. Ese traslado fue un intento de revitalizar el casino La Peña con nuevos bailes sin éxito ya que a los pocos años, en 1962 finalizaría su ciclo social. La actividad en el Casino La Peña fue languideciendo con el paso del tiempo y el inexorable cambio de las estructuras socioeconómicas heredadas del siglo XIX. De una sociedad caciquil y rural, las obras de la presa de El Grado y el canal del Cinca y el asentamiento de las primeras industrias contribuyó a un igualamiento de las clases sociales. Las diferencias se estrecharon considerablemente. Ya no quedaban casi caciques, aunque sí familias con notable influencia en la ciudad heredada de antaño, y una nueva clase media se va abriendo paso con fuerza. La clase trabajadora también es multitud con la explosión demográfica que se vivió en la década de los 60 con la llegada de miles de inmigrantes. La llegada de nuevos hábitos de consumo entre los ciudadanos convirtió a este círculo elitista en un espacio vetusto donde un grupo reducido de personas tomaban café. Su declive coincidió con la llegada masiva de inmigrantes llegados de varios rincones de España, sobre todo Andalucía, Extremadura, Galicia, etc. que aumentaron notablemente el censo de la ciudad del Vero como consecuencia de los trabajos de la presa de El Grado. Esa revolución demográfica generó nuevas elites sociales, la de los ingenieros y profesionales liberales relegando al decimonónico cacique local, así como nuevos clientes, nuevos espacios de sociabilidad más democráticos. La sociedad iba avanzando hacia la modernidad y en un nuevo escenario socioeconómico estructuras clasistas como el Casino La Peña carecían de sentido. La nueva clase alta barbastrense, los descendientes de los importantes empresarios o los nuevos emprendedores, buscarían entrada la segunda mitad del siglo XX otros espacios de ocio alternativo y restringidos más acordes con los nuevos tiempos, como La Floresta o el Argensola, salas de fiestas y locales de esparcimiento de cierta categoría (con precios más caros en la consumiciones, que no deja de ser una forma de seleccionar clientes) que analizaremos más adelante. Del buen funcionamiento hostelero del Casino La Peña, años después de la Guerra Civil, se debió al buen hacer de Luis Mur, un profesional del sector que se hizo célebre en los años veinte por regentar el Hostal La Internacional en la calle General Ricardos y a mediados del siglo el célebre Bar Luis. Sin embargo hubo otros buenos camareros como Joaquín Matón o Juliana Duaso y Manolo Rubichi que, tras el cierre del Casino La Peña, montaron el Bar Manolo que fue muy popular en los años 60 y 70 por su apreciada cocina. Vamos a dedicar unas líneas al Bar Luis dentro de este apartado por su estrecha vinculación con el Casino la Peña, cuyo servicio regentó y contribuyó a ensalzar. Además, el Bar Luis podía encasillarse por su actividad social y por el perfil de su clientela en un casino dirigido al estrato social más alto de Barbastro. Página | 84 Al hostelero Luis Mur se le debe la presencia de militares “de los de estrellas” en el Casino La Peña ya que eran clientes fijos del Bar Luis que en los años 50 adquirió una gran fama entre los parroquianos más adinerados y de cierto estatus social: grandes empresarios, notarios, abogados, médicos, … Hasta tal punto que el Bar Luis ha sido conocido en la ciudad como el ‘bar de los ricos’. “Era un ambiente muy selecto” nos cuenta Tornés –que fue amigo de la familia de Mur y parroquiano habitual-. El bar Luis parecía más un casino que un bar, a pesar de que los sillones no eran buenos, eran sillas de mimbre”. El prestigio de Luir Mur se acrecentó cuando acabada la guerra fue nombrado por el Movimiento el responsable del Auxilio Social que ocupó, como hemos dicho anteriormente, el Casino de Barbastro. Antes, en 1921 crea en General Ricardos 69 el Hotel Internacional, el segundo de la ciudad tras el San Ramón con un servicio de restaurante para banquetes y celebraciones como las comidas que se servían en la romería del Lunes de Pascua en el monasterio del Pueyo, un evento social y lúdico que excedía el carácter religioso como todas las romerías populares, y que en el caso de la de Barbastro con el paso del tiempo ha ido a menos. Luis Mur contaba además con dos taxis con sus respectivos chóferes antes de estallar la guerra civil. Cuando se inició la contienda bélica, Luis Mur se arruinó al no poder frente a las letras de sus vehículos ni a su establecimiento. De gran prestigio y categoría, el Hotel Internacional mantendrá la actividad hostelera de la ciudad hasta 1939. Una vez terminada la guerra, decide abrir un nuevo negocio, esta vez algo más modesto, un café que gozará de gran éxito entre las elites locales. Compró una cafetera vieja y el gran propietario Cáncer le facilitó, debido a sus buenos contactos antes de la guerra, un local en los bajos de una de las casas más vistosas de la ciudad, de estilo neoclásico. El Bar Luis, que llevará junto a su hijo Luis, abría sus puertas al público en 1940 en la calle General Ricardos, en el número 2 que funcionará prácticamente como un casino de la alta burguesía y las clases vivas de la ciudad hasta 1960. Su cargo y su reputación como destacado hostelero en los años previos a la Guerra Civil contribuyó a que a su bar acudieran la elite socioeconómica de la ciudad. Entre otros los notarios, los registradores de la propiedad, médicos, las fuerzas vivas de la ciudad, grandes propietarios, y sobre todo oficiales de graduación del regimiento de Barbastro, “de generales hasta el último alférez, pero no suboficiales”, matiza su familiar Tornés. Tras un periodo en el que el círculo La Peña careció de conserje y servicio de cafetería, en el que parecía que iba a languidecer, Luis Mur consiguió el arriendo y le dio un gran prestigio al local y atrajo a toda la clientela más selecta hasta este casino y a la inversa, ya que siguió manteniendo su local donde hoy se encuentra el Banco Santander, al comienzo de la calle General Ricardos, y frente a otros bares de corte más obrero y popular como La Dalia, el Cortés o la churrería La Espiga de oro. Página | 85 “El Bar Luis parecía más un casino que un bar”, cuenta Tornés que fue también parroquiano y amigo de la familia Mur. “Había tertulias 20 horas al día y hasta de cuarenta personas en la calle. Era el mentidero de Barbastro”, señala Tornés. El Bar Luis también se sumó a la moda de organizar sesiones de baile vermú, que había iniciado el Café París a comienzos del siglo y que continuaron otros establecimientos de cierto prestigio como la Cafetería San Ramón, donde actuaban las orquestas locales. Para ello, en el bar Luis se colocó un escenario para las orquestas. Coincidiendo con el cierre del Casino la Peña en 1962 también cerrará el Bar Luis, dos años antes. Uno de sus camareros, Alfredo Abadías, abrió dos nuevos bares, uno en la calle San Hipólito, muy requerido por los jugadores de cartas nocturnos que en cierta manera se quedaron “huérfanos de un local para su partidas” al cerrar el Bar Luis, y el otro, más reciente, el Bar Alfredo en la calle Muro o Corona de Aragón que desaparecerá con el nuevo siglo. El Bar Alfredo fue el último reducto de un estilo de entender la hostelería que se resistía a desaparecer, con un camarero vestido de forma impecable, con pantalón de pinza y chaleco gris, y camisa blanca de manga larga, mesas y sillas pequeñas –dadas las reducidas dimensiones del local- y una larga barra donde servir unos de los mejores pinchos de la ciudad (como sesos rebozados o huevos con escabeche) –también de mayor coste para marcar diferencias entre la clientela y seguir fiel al espíritu del Bar Luis-. Se puede decir que el señor Alfredo fue uno de los últimos, si no el último, camarero de una generación que se caracterizó por un exquisito y profesional trato al cliente, un esteta de la barra que convirtió el trabajo de camarero de bar de posguerra en un distinguido oficio. 6.6. La Juventud Mercantil (1923-1936) Los años 20 serán de gran proliferación de casinos y salas de baile en Barbastro. La ciudad disfruta del espíritu de los ‘felices años 20’ como lo demuestra la existencia en 1925 de cuatro casinos. El año en que desaparecerá La Amistad, se solicitan licencias de actividad para el ejercicio de 1926 de La Peña, que aparece en 1916, La Nueva Dalia y La Juventud Mercantil. De este último nos vamos a ocupar a continuación y del resto más adelante. Uno de esos casinos que aparece y desaparece en el tiempo es el citado Mercantil. Originariamente se crea en la calle Cascajo a comienzos de siglo XX. De este local pasará a la calle Argensola 67 en los años 20, con el nombre Juventud Mercantil ocupando el espacio del anterior círculo El Porvenir. La presencia en ese tramo de vía de este casino ha permanecido en la memoria de los barbastrenses más ancianos que aún siguen llamando a la desembocadura de la calle Mayor en General Ricardos, calle del Porvenir. La Juventud Mercantil se inscribe en sus estatutos como un casino y una sociedad cultural y de recreo. Su sede social se encontraba en el primer piso del número 65-67 de la calle Mayor o Argensola. Este inmueble, perteneciente a la acaudalada familia Cancer, fue un espacio de sociabilidad durante la primera parte del siglo XX en el que se sucedieron dos casinos en distintas épocas: Círculo El Porvenir, cuya vida social como tal termina en 1902, Casino Juventud Mercantil (el que nos ocupa). Página | 86 El nombre de este casino nos lleva a pensar que tras él se encontraban un grupo de jóvenes que buscaban un espacio propio para el ocio y la sociabilidad, recuperando el nombre de un anterior círculo surgido en 1904, La Juventud Barbastrense, sito en la calle Joaquín Costa. Jóvenes o no tan jóvenes, acudiendo a sus estatutos fundacionales ratificados por el Gobernador civil de Huesca, Emilio Amor, el 19 de abril de 1926 encontramos una serie de destacados comerciantes, empresarios y propietarios locales como Joaquín Quintilla, José Pueyo, Ángel Turmo, Santos Ferrer, Evaristo Ferraz, Amado Beltrán, Daniel Balaguer y Tomás Lanao. Nos encontramos por lo tanto con un nuevo casino de tendencia burguesa, como también nos lo demuestra el apelativo de Mercantil. Era habitual recurrir al calificativo Mercantil para designar a las sociedades de recreo. Ya hemos comentado que en Barbastro existió otro círculo denominado exclusivamente El Mercantil cuya actividad cesa en 1902 y este apelativo lo volveremos a encontrar en 1947 cuando se crea el círculo recreativo la Sociedad Mercantil y Artesana, vigente todavía en nuestros días. El apelativo de Mercantil nos define el perfil de los asociados y nos habla de un espacio no sólo de recreo y esparcimiento, función principal desde luego, si no que también de un foro en el que los asociados pudieran hablar de sus respectivos negocios. Por lo tanto estamos hablando de espacios de ocio pero de clase, siguiendo la filosofía del siglo XIX en el que nos encontramos como ya hemos mencionado con cámaras agrarias, tertulias comerciales o de artesanos. Aunque el calificativo de ‘clase’ habría que matizarlo puesto que se permitía entrar a sirvientas y trabajadores provenientes de clase humilde. Otros casinos en Aragón usaron el apelativo Mercantil, el más célebre el Centro Mercantil, Industrial y Agrícola y en Teruel el Casino Mercantil de Calanda, por citar unos ejemplos de nuestra geografía. Volviendo a sus estatutos para discernir la actividad que se realizaba en este local, se nos indica que su objeto “será fomentar la vida social en todas sus manifestaciones de cultura, proporcionando a los socios los medios propios de una entidad de carácter recreativo, permitido por las leyes, en cuanto no lo prohíba la situación económica de la Sociedad”. 86 La composición de esta sociedad es similar a las otras estudiadas anteriormente, con socios fundadores, de número y honorarios. Los socios fundadores crean este casino en 1923, como ya recogen sus estatutos, y los de número son los que ingresan a partir de 1924. En 1926 se aprueban unos definitivos estatutos entre los que nos encontramos a diferencia de otros círculos analizados, y de mayor antigüedad, que no aparece en ningún punto una prohibición expresa para el juego o para hablar de política. Para ser socios de número se precisaba pagar una cuota de 15 pesetas y nunca podían formar parte de la junta directiva aunque sí tenían voz en las juntas generales pero no voto. 86 Estatutos del Casino Juventud Mercantil. Título 1º, Artículo 1º. Tipografos Viuda de Jesús Corrales, 1926. Página | 87 Para ser socio honorario, la condición sinequanon era ser propuesto por la junta de gobierno o por diez votos de los socios. La entrada a esta sociedad se permitía a partir de los 16 años y dos socios debían avalar al solicitante. Después se debatía su admisión en votación secreta. Del mismo modo bastaba con que dos socios solicitaran la expulsión de algún miembro por “un acto irregular que menoscabe su estimación”. Al igual que en el resto de casinos, las reuniones de las juntas generales, donde se renovaba la directiva, se realizaba a comienzos de año. En este caso en el primer domingo de enero. El cargo de presidente duraba en este círculo 2 años. En las juntas generales se renovaban cuando llegara su turno los cargos de vicepresidente, tesorero y vocales. Asimismo se aprobaban las cuentas. Existían también otros órganos de participación como las generales extraordinarias convocadas por el gobierno del casino o a instancias de la cuarta parte de los socios fundadores. La directiva de este casino contaba con una Comisión de festejos formada por tres o cuatro socios de número y presidida por un vocal del Gobierno, es decir por un socio fundador. La Juventud Mercantil contará con salones destinados al baile, al juego o a la tertulia de sus socios, y contará con personal dependiente. Eran populares los bailes de salón y los concursos de baile que se organizaban una vez al año. Los bailadores se disputaban el reconocimiento social y a las mujeres se les entregaba una cesta con flores. El baile de la final era ‘el pericón’, una modalidad de vals. En el Mercantil serán famosas también sus fiestas de Carnaval como la de 1935, que según las crónicas fue la mejor de la ciudad ese año. “Chulos y las manolas ataviados con gorras y mantones, pañuelos y delantales de papel, danzaron con unánime estilo en el Mercantil el domingo de Piñata dando la nota más distintiva de los carnavales de 1935” 87 . La Juventud Mercantil era un local de clase burguesa. Aunque también acudían obreros pero estos a las sesiones de baile. Al Casino Mercantil acudían gente joven, oficinistas, dependientes, encargados, comerciantes y albañiles. Sobre todo eran empleados de comercio, dependientes de cualquier tipo de comercio. Mayoritariamente los que acudían a este casino eran jóvenes y solteros, aunque también acudían casados. Podríamos clasificarlo como un casino de clase media baja. Trinidad Ardanuy nos cuenta que a este casinos acudían “socios pero no era un casino de ricos como los otros (en alusión a La Peña). Iban los trabajadores, casados y los solteros”. Los escribientes o secretarios y empleados de los negocios locales también eran asiduos al Mercantil. A ellos se les conocía despectivamente por la clase obrera como “los bufaplumas, que ganaban dos perras gordas, que era poco pero no se mojaban ni iban al monte. Esa gente 87 Abarca, Antonio y Buil, Bienvenido. ‘Vida cotidiana en el Barbastro de antes de la guerra’. Publicado en el periódico local Zimbel y recogido por Francisco Viu en su libro Barbastro siglo XX. Luces y sombras, página 490, publicado en 2001. Página | 88 no se mezclaba con los labradores. Acudían con buenos trajes”, cuenta Teodora Coscujuela, de Casa el Juano de la calle las Fuentes. El precio para entrar en el baile era más caro que en el republicano de La Unión, el más barato de todos. No dejaba de ser una forma de restringir el acceso de los jóvenes más humildes. El casino La Juventud Mercantil servía como espacio de sociabilización de las chicas de familias más modestas que acudían a Barbastro a servir en comercios o en los hogares procedentes de los pueblos de la montaña o de las poblaciones de las comarcas vecinas a Barbastro y como un espacio para entablar relaciones que podrían fructificar en noviazgo y en matrimonio. Domingo Puente, asiduo a este casino, nos describe su ambiente: “Para la guerra estaba la Juventud Mercantil o Barbastrense, en el primer piso de Casa Cáncer, donde estaba el banco Aragón que luego fue Central y haciendo esquina con la plaza del Matadero. La entrada estaba en la calle Mayor o Argensola. Se entraba por Casa Durán, después del banco, y estaba en el primer piso. Era un casino para gente joven pero también para mayores. Había gente de mediana posición y allí se estaba muy bien. Tenía mucha fama. Era el mejor para la gente de mediana posición. Allí estábamos dependientes, algún obrero espabilado, y comerciantes”. La Juventud Mercantil será uno de los casinos donde las clases medias de la sociedad barbastrense llevarán a cabo partidas de cartas con apuestas considerables. Uno de los fundadores de este casino será Tomás Lanau, alcalde en los años 20, y que era gran jugador. Además de él, acudirán a jugar a este casino “mucha gente pudiente, albañiles de categoría, … yo era crío y me acuerdo de meterme allí y ver las mesas, la gente iba a jugar. Ponían 5 duros y quien quería bien y quien no pues no jugaba. Los 5 duros entonces era una cosa muy fuerte entonces. Había albañiles que iban por su cuenta. Había uno, un tal Valle que era contratista y tenía junto a sus hermanos a diez o veinte obreros. Era muy jugador. También chóferes. Había baile los domingos y los días de fiesta. Era un casino bueno”, nos cuenta Domingo Puente. Junto al círculo Mercantil, en la plaza del Matadero se celebraban las fiestas de septiembre con casetas y puestos ambulantes para la diversión de los niños y jóvenes, las coloquialmente Estatutos del Casino Juventud Mercantil. 1926. Archivo de Rafael Torres. Página | 89 conocidas como ferietas. En esa plaza, aparecerá una nueva sala de baile El pájaro azul, en la planta baja de la que sería Casa Sánchez, junto a la Casa Cáncer. Era una pista de baile frecuentado por los más jóvenes, también en los ‘felices años 20’ barbastrenses. 6.7. Casino de Barbastro (1926-1936) El Casino de Barbastro se crea en 1926, coincidiendo con el fin del Casino de la Amistad. De hecho, algunos socios del Casino La Amistad serán los fundadores de este círculo también de clase burguesa. Pero no todos los socios del extinto Círculo de La Amistad se integrarán en el Casino Barbastro. Testimonios orales recogidos nos apuntan a que el “trasvase” de socios se produjo hacia el Casino La Peña, que mantenía un perfil más elitista que el resto de círculos más populares. El Casino de Barbastro se ubicaba en el Coso 32 en la denominada en el siglo XIX Casa Oncenón (y Casa Parranda de Naval en el siglo XX), en la misma acera que el Casino La Peña, pero en exactamente en el otro extremo del paseo. Vemos cómo en la década de los 20 y 30, el Coso se convertirá junto con la calle Joaquín Costa en una de las calles predilectas para el ocio y la sociabilidad en establecimientos hosteleros. Si en la acera de los pares encontramos dos casinos en la de los impares se asentarán en la década de los 30 y años posteriores el Bar Royalty (o Angelín), Victoria y Brasil, también con una estética modernista en sus fachadas. De ellos sólo pervive en nuestros días el Victoria. Casino de Barbastro. Foto del Archivo de Enrique Albert. Publicada en el Extraordinario d e Fiestas de El Cruzado Aragonés de 2007. Página 51. Página | 96 La entrada a estos bailes era cara ya que, como recalca Teodora Cosculluela, que acudió una vez a bailar eran “bailes más de ricos que de pobres, allí iban los señoritos y la gente de comercios”. La Dalia también será centro cultural y participará de la actividad social de la ciudad acogiendo en sus locales las reuniones de la Sociedad de Caza y Pesca, como consta en las informaciones aparecidas en El Cruzado Aragonés en 1929, y aportando fondos junto a otros casinos como la Juventud Mercantil para los damnificados en las catástrofes ocurridas en Madrid y Melilla en 1928. Un dato que nos puede dar una idea del poder adquisitivo de sus socios y parroquianos era que en dicha colecta se recaudaron 10 pesetas en La Nueva Dalia por 68 en la Juventud Mercantil 95 . Estaríamos por tanto ante un casino de un perfil de clase media baja frente a otro netamente burgués como lo denota su apellido. Según José María Arqué, que frecuentó La Dalia en sus tiempos mozos, a este círculo acudían “gente más bien chicos trabajando en tiendas o eran hortelanos, trabajadores, albañiles, gente modesta”. Aunque también acudían importantes hombres de negocio. Me acuerdo de ver en estos bailes al ‘Pequé’ (de la imprenta Corrales) o al ‘Mejicano’ que era el jefe de la fábrica textil que estuvo en Santa Bárbara y hacían almidón y lo mandaban a Barcelona”. El servicio hostelero de La Dalia lo regentarán los hermanos Ribas, que tras dejar su actividad en este círculo se desplazarán a Lérida donde montarán un restaurante, unos familiares de Aznar (propietarios de la Torre el Gorrión) y los hermanos Puente Romeo que continuarán su actividad hostelera en Barbastro rescatando el nombre de este casino una vez que pase en 1947 a la Sociedad Mercantil y Artesana. Tras dejar este círculo recreativo, Eduardo Puente montará la cafetería la popular La Dalieta en la esquina de General Ricardos con la calle San Hipólito (en el cruce con las avenidas Pirineos y Corona de Aragón). La Dalia será uno de los espacios de baile más concurridos dada su fisionomía. En la planta baja se ubicará el bar al que se accede por la calle Joaquín Costa y en la primera planta un salón de baile de reducidas dimensiones, al que se accede por la calle Santo Domingo (frente al Club de los Exploradores, donde se proyectaban películas a 1 real). La decoración mural correrá a cargo del pintor local Francisco Zueras Torrens (Barbastro 1918 – Córdoba 1992) 96 . En La Dalia era costumbre renovar los motivos decorativos atendiendo a las exigencias que imponía la moda 97 . Además de bailes también se celebraban espectáculos teatrales. Pero será el baile su principal atractivo y la actividad central de esta sociedad que llegó a contar con su propia orquesta para amenizar sus verbenas, la Orquestina Dalia Jazz, creada en 1932 por José y Juan Santamaría Llauradó, Marcelino Pardo ‘El Parrero’, Ramón Murillo, Conchita Gabás y Juan José Buil. La 95 El Cruzado Aragonés.13 de octubre de 1928. 96 Carmona Carmona, Francisco Manuel. (2006): ‘Francisco Zueras Torrens. Biografía crítica. Argensola: Revista de Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Altoaragoneses.. 97 Op cit. Pág 5. Página | 97 ‘Dalia Jazz’ amenizó los bailes en esta sociedad hasta 1936, cuya actividad se trunca por la guerra civil, y rompió con los estereotipos musicales de la época al incorporar una mujer como cantante solista 98 . Este conjunto será el titular de la sesiones de baile del salón de fiestas La Nueva Dalia. En sus anuncios publicitarios La Dalia se promocionará con el siguiente eslogan: ‘Salón de fiestas, amplio jardín Nueva Dalia Sociedad recreativa Punto de reunión de la más selecta juventud barbastrense. Costa, nº 4 Barbastro’ 99 . El reclamo publicitario debió ser cierto, al menos en 1935 cuando la joven Isabel Colomina, representante de este local, ganó el concurso de Miss Barbastro organizado por el madrileño diario gráfico Ahora y el zaragozano La Voz de Aragón y en el que competían señoritas de los salones sociales de la ciudad: La Unión Barbastrense, Casino de la Peña, Casino de Barbastro y Juventud Mercantil. La prensa local se hizo eco del acontecimiento y Beltrán Collado describía así a la vencedora: “Filigrana de carne morena. Belleza seria y brava como el Pirineo ingente. Maravilloso poema carnal, que por doquier levantas tempestades de admiración” 100 . Eran muy concurridas sus bailes de los domingos por la tarde a las que, como nos cuenta el centenario retratista ambulante de Fonz, Santiago Fumaz, “acudían las sirvientas en busca de novio o con amiga”. La Dalia sufrirá un parón en su actividad festiva con motivo del estallido de la guerra civil y se reanudará en los años 40, ya por muy poco espacio de tiempo. Sin embargo el café y bar que regentaba Eladio Puente seguirá prestando su servicio al público desde acabada la guerra en este emplazamiento, y a partir de 1945 en su nuevo local en la esquina de General Ricardos con Corona de Aragón. 98 Somontano 8. Siglo XX: Orquestas de Barbastro y el Somontano. Antonio Latorre. P 175. Centro de Estudios Somontano 2006. 99 Somontano 8, revista del Centro de Estudios del Somontano de Barbastro. Siglo XX: Orquestas de Barbastro y el Somontano, páginas 174 y 175. Antonio Latorre. 100 Vida cotidiana en el Barbastro de antes de la guerra. A. Abarca y B. Buil. Artículo publicado en el periódico local Zimbel y reproducido por Francisco Viu en su libro ‘Barbastro Siglo XX. Luces y sombras’, página 490. Página | 98 6.9. Unión Barbastrense, un casino republicano (1934 – 1938) Los casinos señalados hasta el momento eran lugares de encuentro de la burguesía y la elite socioeconómica y política de la localidad. De perfil ideológico conservador y de clases acomodadas, sobre todo La Amistad y La Peña. El ocio y los espacios de sociabilidad para las clases bajas, los jornaleros, obreros, hortelanos o jóvenes de familias con escasos recursos y vecinos de las poblaciones de la comarca quedaban relegados a cafés, tabernas, bodegones o casas de lenocinio donde se bebía vino, se merendaba a buen precio, se jugaba a las cartas o se organizaban bailes de salón. La llegada de la II República (1931) fomentará una nueva manera de entender el ocio. Política y ocio se dan las manos en círculos o casinos con un claro perfil ideológico republicano y progresista donde además de servir de locales de distracción, con barras y mesas para tomar cafés u otras bebidas, contribuían a popularizar la incipiente y frágil República. Estos locales, que proliferarán por todo Aragón, estuvieron auspiciados por movimientos republicanos organizados en estructuras políticas de izquierdas, y vendrían a ser, en el caso de Barbastro, herederos del Círculo Republicano que desaparece a comienzos del siglo XX. En estos locales se impartirán mítines, se divulgará la cultura y los ideales republicanos, a la vez que se ofrecerá un espacio de ocio a hombres y mujeres de las clases bajas, alejados de las siempre mal vistas tascas y cantinas. Servirán de este modo para reforzar la identidad republicana de los asistentes a estos clubes. El fenómeno también ocurrió en el último cuarto del siglo XIX con la proclamación en 1873 de la I República con la creación del ya citado Círculo Republicano. Como explica el historiador Víctor Lucea Ayala en su libro El pueblo en movimiento: protesta social en Aragón, 1885-1917, “el republicanismo jugó un papel fundamental en la creación de espacios de sociabilidad en el medio rural, mostrando gran eficacia en la fundación de casinos y en la difusión de periódicos favorecedores de una esfera pública autónoma y crítica para con el poder. Puede decirse que fueron auténticos «laboratorios de convivencia democrática y refugios de comportamientos sociales modernos»” 101 . En este sentido el historiador destaca en el Alto Aragón la aparición de casinos republicanos en Huesca, Barbastro o Albalate de Cinca. “No cabe duda, en todo caso, de la importancia que los círculos y casinos republicanos tuvieron en la conformación de identidades colectivas locales y en su defensa violenta más allá de los muros de sus locales y de las páginas de sus periódicos”. 102 En esta obra, Lucea Ayala indica que es probable la existencia de otros círculos o casinos de la órbita progresista que surgiría en contraposición de los círculos carlistas, cámaras agrarias vinculadas a la burguesía local, sociedades de socorro o el movimiento católico obrero. Y también señala que fue habitual el cambio de nombres durante su andadura ya que el 101 Lucea Ayala, Víctor. (2009): El pueblo en movimiento: protesta social en Aragón, 1885-1917. Prensas Universitarias de Zaragoza. Página 220. 102 Op Cit. Página 221. Página | 99 concepto “republicano” estuvo prohibido en determinados momentos de la Historia de España por los gobiernos de la Nación. Así en Barbastro citaremos los casinos de El Porvenir o La Brillante, de comienzos del siglo XX, cuyas bases sociales e ideológicas no hemos podido determinar ya que no hemos encontrado más documentación que su licencia de actividad. Por su parte, las asociaciones católicas y las obreras como C.N.T. o U.G.T. organizarán charlas y discursos en los locales de sus sedes, ateneos o casas del pueblo para promulgar su ideario. En el caso de La Unión Barbastrense se crea en 1934 en la plaza del Mercado 1921. Será heredero ideológico de los anteriores círculos republicanos y progresistas y surgirá con la ebullición asociativa que trae la II República entre los colectivos de izquierdas. En este contexto, en la calle Santo Domingo se ubicarán las Juventudes Socialistas denominadas Los Pioneros. “Somos Pioneros, Hijos de obreros, No tenemos la muerte Ni la ley del fuerte”. Los Pioneros se ubicarán en el local que ocupaban los Jóvenes Exploradores, embrión de los Boy Scout grupo creado en el último cuarto del siglo XX ligado al movimiento obrero cristiano y en la órbita del Obispado de Barbastro). Asimismo, los comunistas tendrán su local social en la calle del Val. Además de organizar bailes, el círculo republicano La Unión Barbastrense o partidos como Izquierda Republicana ofrecían frecuentemente a las diez de la noche charlas de catedráticos e intelectuales en su afán por llevar la cultura a los hogares de las clases trabajadoras y más modestas, así como se informaba sobre temas de actualidad 103 . La Unión Barbastrense tendrá dos etapas históricas: la primera vinculada al periodo republicano, y la segunda, tras la Guerra Civil, en la que a partir de 1940 funcionará como local de baile, con el nombre La Unión. Más que dos etapas, lo preciso social e ideológicamente hablando sería decir que se produce una ruptura total de la actividad republicana en Barbastro con la entrada de los franquistas en marzo de 1938. En 1940 aparece un nuevo círculo llamado La Unión en la casa Cancer, en la calle Argensola número 6 104 , destinado a bailes y al que comienzan a acudir los jóvenes. Por lo tanto, a pesar de tener el mismo nombre, lo correcto sería hablar de dos círculos o espacios de sociabilidad diferenciados. En su primera etapa, 1934 – 1938, La Unión Barbastrense fue conocida popularmente como La Sociedad (los testimonios de personas que lo conocieron lo denominaron también El baile de 103 Barbastro durante la II República y la Guerra Civil. José Luis Pano Cuello. 104 Nota de autor: Los números varían entre el 6 y el 67 pero se trata del mismo inmueble, puesto que hubo un cambio de numeración en la calle Argensola. Página | 100 la República), sobrenombre que le vendría del hecho que era una entidad lúdica formada por socios. La aportación mensual de los socios era de 1 peseta y si se acudía a las sesiones de baile, los socios debían pagar 1 peseta. Al igual que en otros casinos, como la Juventud Mercantil o La Amistad, en la sociedad La Unión había un conserje encargado del buen funcionamiento de la actividad recreativa y social. Se ubicaba en el primer piso de la casa Sallán, plaza del Mercado 21, cuyos propietarios regentaban una albardería y una alpargatería. Constaba de un servicio de cafetería, mesas de juego y un amplio salón donde se realizaban bailes de salón a los que acudían mozos y mozas de la ciudad y de los pueblos del Somontano. La actividad lúdica era diaria, por las tardes cuando se terminaba la jornada. Los socios acudían a jugar a las cartas o al parchís. Los domingos y días de fiesta se celebraban bailes, a los que las chicas entraban gratis. Pero sobre todo las sesiones de baile eran especiales en las fiestas de septiembre y en Carnaval, donde se elegía una miss. Las veladas musicales corrían a cargo del grupo local formado por el batería conocido popularmente como ‘El Parrero’, Marcelino Pardo, que también amenizó los bailes de La Dalia con la Dalia Jazz. Las sesiones de baile los domingos por la tarde eran de seis de la tarde a nueve de la noche. Durante la guerra civil se siguió acudiendo a este local para tratar de evadirse de la delicada situación y encontrar ratos de ocio, como recuerda la anciana Pilar Monclús Abadías, vecina de Abiego y cuyo marido, ligado a la izquierda republicana, frecuentaba este local de baile. Sin embargo es un dato sobre el que tenemos dudas puesto que en la licencia municipales de actividades industriales para los años 1937 y 1938 no se hace referencia a la actividad de ningún casino, y sólo en 1939, acabada la guerra civil, volvemos a encontrarnos con una solicitud de licencia, para el denominado Círculo Mercantil Industrial y Agrícola, que luego recuperará el nombre de La Peña, de perfil conservador y de adhesión al régimen. Otro testimonio, el de José María Asque, de 89 años, nos habla de que durante los años de la Guerra Civil no hubo actividad en ningún casino. El centenario Domingo Puente nos apunta que este casino estuvo vinculado con el Partido Radical de Lerroux, pero no hemos podido confirmar tal hecho. Sin embargo sí que está constatada la presencia del denominado ‘Emperador del Paralelo’ en Barbastro, ofreciendo un mitin en la plaza de Toros. Es posible que en su estancia en la ciudad acudiera a este local. Podríamos definir el estrato sociopolítico de este círculo como burgués progresista, si bien eran muchos los obreros que acudían a La Unión a las sesiones de baile. El estrato ideológico que abarcaba era el de la izquierda local. A este círculo acudían en sus ratos de ocio los comerciantes de la plaza del Mercado, así como otros comerciantes progresistas, jornaleros, obreros y sirvientas. Los propietarios de establecimientos que acudían eran gentes notables del comercio local, muy respetados. Además de comerciantes también acudían jornaleros, campesinos u hortelanos y trabajadores, y muchos soldados de la guarnición del cuartel General Ricardos, pero no sus mandos. Página | 101 El centenario Domingo Puente, asiduo a varios casinos, apunta que La Unión era el círculo recreativo “más popular” y a él “acudían los obreros y gente de más baja condición”. Algunos acudían por compartir la ideología republicana del círculo, y otros por ser el local más cercano de sus domicilios y otros como en el caso de los militares como una alternativa de ocio, para tratar de encontrar una novia entre las jóvenes de la localidad. Sin embargo se puede afirmar que al igual que en otros casinos, la masa social compartía un mismo ideario político, enraizado con las ideas de izquierda. A diario se jugaban partidas de cartas y al parchís por la tarde. En una mesa se juntaban un grupo de asiduos comerciantes locales, conocidos republicanos de izquierdas como Palacio el tintorero, Félix Cabrero que tenía un establecimiento de abarcas, el panadero Ramón Guillén, Cabrero, Ariño, entre otros. Al círculo se accedía por una gran escalera. Una vez en la primera planta había un gran salón para baile con mesas para el juego de cartas donde se jugaba la consumición. Los sábados por la tarde se celebraban populares bailes y en la época de Carnaval se elegía entre las más chicas más guapas una miss. Su actividad duró hasta la primavera de 1938, cuando las tropas franquistas ocuparon la ciudad. En los bajos de ese local, Gregorio Sierra Sanguesa abrió en 1939 un bar donde se servían raciones, Mi Casa, dentro de la categoría municipal de ‘Café con bocadillos’ y que perduró hasta los años 50. Página | 102 7. El Cabaret, ocio y prostitución La prostitución no dejará de ser otra forma de sociabilidad vinculada con el ocio. A pesar de ello, los historiadores de la sociabilidad han prestado menos atención que a las sociedades de recreo, cafés, cofradías, orfeones, etc. Para Jean-Louis Guereña, el burdel es un espacio de sociabilidad masculina (para los clientes) pero también femenina 105 (entre las prostitutas que se relacionan de esta manera con la sociedad en la que habitan). En Barbastro se ejercerá desde remota antigüedad y con el beneplácito de la autoridad municipal que llega incluso a emitir ordenanzas para delimitar su ubicación, en zonas periféricas del casco urbano, y medidas sanitarias y de higiene para las prostitutas con el fin de no propagar enfermedades sexuales entre la ciudadanía. Varias serán las casas de lenocinio con las que contará la ciudad hasta tal punto que el Ayuntamiento emitirá en el siglo XIX unas ordenanzas municipales para regular la actividad de la prostitución en Barbastro. Las quejas por la presencia de casas de lenocinio en el barrio San Hipólito fueron habituales desde principios de siglo como recogía el semanario católico El Cruzado Aragonés, celoso guardián de la moral católica. En sus columnas de opinión a comienzos de siglo se pedía a la autoridad que procediera al cierre de la “raposera” 106 y en 1904 se informaba acerca de la petición hecha por los vecinos de la calle de San Hipólito de clausurar a la mayor diligencia “un establecimiento sospechoso, instalado en dicha calle” 107 . Los propios vecinos, los feriantes y visitantes a las importantes ferias de ganado que la ciudad acogía a lo largo del año y sobre todo los militares del cuartel General Ricardos serán los principales clientes de estas casas de putas. Su descripción y su impacto social ente la población merecería un estudio al margen –en el que ya estamos trabajando-, pero no quisiéramos pasar por alto en este trabajo sobre la sociabilidad un relevante espacio de ocio, que sin ser círculo ni casino, sí que albergó bailes de salón, tertulias, diversión y por supuesto prostitución. Estamos hablando del llamado Cabaret. Este local se ubicaba detrás de la Estación, a las afueras del cuartón de San Hipólito, lindando con la estación de tren y paradójicamente cerca del convento de las Claras. El barrio de San 105 Guerreña Jean – Lois, ‘El burdel como espacio de sociabilidad’. Revista Hispania, número 214, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2003. 106 Nota del autor: La raposera podría ser el término coloquial utilizado despectivamente para calificar las zonas de burdeles. El antropólogo y conocedor de estos espacios de sociabilidad sexual Ángel Gari hace una relación con el término romano para designar burdel: Lupanar, que vendría de lupos, loba. Raposa es una palabra aragonesa que significa zorra. Por lo que podría ser una evolución semántica del mismo concepto. 107 El Cruzado Aragonés, 7 de diciembre de 1929, sección Hace 25 años. Página | 103 Hipólito será zona de asentamiento de prostíbulos, unos cinco en los años 30 y la guerra civil. Después quedarán mermados a dos en la época de la posguerra. Su ubicación fue adecuada para que las prostitutas ofrecieran sus servicios en una zona aparentemente discreta de la ciudad puesto que se encontraba en un barrio, entonces periférico pero no muy alejado del centro, y era la entrada natural a la ciudad de los viajeros que llegaban en tren o de los soldados a su salida del cuartel General Ricardos. Sobre el Cabaret, desconocemos el comienzo de su actividad pero todos los indicios nos hablan de que podría haberse creado en los años primeros de la década de los 30 con la llegada del periodo de libertades que traerá la II República. No sabemos su nombre pero sí que estaba regido, como suele ser habitual en estos lugares de lenocinio, por una mujer, la madamme. El edificio tenía dos plantas, una a pie de calle en la que se accedía por la carretera Monzón, hoy Avenida de la Estación. Tras la puerta, un portero controlaba el acceso al salón de baile, que contaba con sillas, barra y según algún testimonio con un escenario donde las chicas realizaban sus números. (Otros testimonio dudan de la existencia de un escenario y comentan que el baile se realizaba en el salón y en él participaban los hombres y las mujeres de la casa). En la primera planta se encontraban las habitaciones y además había una segunda puerta para salir, después de haber fornicado, de forma discreta y sin ser visto por el público asistente al salón social y que daba acceso a la parte de la estación de tren donde se encontraba una plataforma que realizaba el giro a la locomotora. Un camino comunicaba el Cabaret con la plaza de la Tallada llamada de La Libertad en los años de la II República. De esta forma, un vecino podía acudir al Cabaret a disfrutar de la función de esa noche o a bailar o también acudir a realizar el acto sexual con una prostituta sin necesidad de volver a salir por la puerta principal. En el interior del Cabaret unas chicas bailaban y cantaban desnudas o ligeras de ropa al compás de un piano. La consumición era de una peseta, precio único, salvo el champán o cava, que era más caro. Si se requerían los servicios de una chica, había que pagar tres pesetas. El ‘Gon’ ofrecía un servicio más curioso, por el precio único de siete pesetas se podía adquirir una botella de champán. El Cabaret tenía una barra de bar con una gran estantería con toda clase de licores. Una faria costaba 45 céntimos, lo mismo que un café (estaba de moda el exprés) y la copa. Entre las prostitutas, La Marieta era la favorita de los que acudían a iniciarse por su dulzura y ternura con los más jóvenes 108 . La entonces pequeña Teodora Cosculluela acudía a las 18.00 a repartir con frecuencia la leche por las tardes al Cabaret y nos describe las escenas que veía: “Era joveneta y subía a llevar la leche. Abajo los hombres y las mujeres en el salón se abrazaban y yo me miraba, y la que hacía de mando me decía: ¡Ale tú, sube para 108 Abarca A. y Buil.B. ‘Vida cotidiana en el Barbastro de antes de la guerra’. Publicado en el periódico Zimbel y recogido por Francisco Viu en su libro Barbastro siglo XX. Luces y sombras, página 490 (2001).. Página | 104 arriba! Yo subía despacio por la escalera y me miraba. Había actividad todos los días”. A las funciones del Cabaret acudía gran afluencia de público, hombres solteros, casados, chavales, soldados y gente de la comarca que acudían a Barbastro a las fiestas para pasar una agradable velada 109 . Entre los clientes habituales se encontraban propietarios de importantes negocios o establecimientos comerciales y hosteleros que tenían su chica ya reservada. Muchos de ellos optaron por casarse con estas prostitutas. Algunos se quedaron a vivir en Barbastro y otros tuvieron que marchar al exilio, lo que demuestra que la prostitución no tiene ideología y fue ejercida por hombres de toda clase social y pensamiento político. El propietario del Hostal Pirineos, Juan ‘Sudas’, se exilió en Francia tras la Guerra Civil con su querida, con la que se casó. Otro comerciante local, propietario de una pescadería, se casó con una puta y la puso a trabajar en su negocio. El terrateniente y republicano Cándido Baselga también frecuentaba este local. A su vez, el que fuera alcalde y comerciante Lolumo también tenía su prostituta reservada. “Allí iban más ricos que pobres y tenían sus putas privadas”, nos cuenta Teodora. La prostitución nunca ha sido excluyente de los solteros. Muchos casados también acudían con frecuencia a estos locales de alterne como un popular peletero, de Casa el Rano, que acudía todas las noches a su casa a las 6 de la mañana, ante la resignación de su mujer. Otros casos similares también se dieron en la casa de la Pepa en la posguerra, en hogares en los que la mujer tuvo que sufrir escarnio público ante las infidelidades de su marido. Los espectáculos comenzaban por la tarde (se abría en torno a las 18.00) y la noche, aunque se podía contratar los servicios de las prostitutas también por la mañana o el mediodía. Por la noche bastaba con acudir al Bar El Pistolero en la plaza Tallada sobre las dos. “Allí veías desfilar hombres casados de alto copete que se habían citado con mujeres de la vida para resopar” 110 . Era costumbre entre los zagales de Barbastro acudir a las puertas del Cabaret y contemplar a los que acudían a diario o los más atrevidos a mirar por el ojo de la cerradura de la puerta, a riesgo de ser descubiertos por el vigilante. Una gamberrada muy sonada la llevaron a cabo un grupo de zagales ya maduros que una noche de sábado emprendieron a pedradas contra los cristales de la puerta y del inmueble provocando una algarabía en el local. La responsable del Cabaret interpuso una denuncia ante la Guardia Civil y la benemérita organizó una rápida búsqueda por la ciudad durante toda la madrugada sin éxito. Uno de los padres de los muchachos que habían destrozado la entrada del Cabaret se los encontró a todos cuando en la mañana del domingo acudió al pajar de su campo, donde estaban escondidos. El padre de este zagal explicó la situación a otro padre de 109 Barbastro durante la II República y la Guerra Civil. José Luis Pano Cuello. Inédito. 110 Testimonio de una persona mayor recogido por A.Abarca y B.Buil en el periódico Zimbel, y reproducido por Francisco Viu en su libro Barbastro Siglo XX. Luces y sombras, página 490. Página | 105 los autores, con cierta influencia en la ciudad. Se acordó hablar con la propietaria del Cabaret para llegar a un acuerdo amistoso sin necesidad de encerrar a los jóvenes en el calabozo. La madamme sugirió como única solución que las familias de estos jóvenes se hicieran cargo de los costes de reparación, como así sucedió. De forma periódica, las chicas que trabajaban en el Cabaret y otros prostíbulos de inferior categoría debían de acudir a revisión sanitaria en el Instituto de Higiene de la calle Martínez Vargas, ante la expectación de los niños, así como a las clínicas de otros doctores en los años de la posguerra. A pesar de estas revisiones médicas, las enfermedades venéreas se propagaron especialmente en la postguerra en la tropa del cuartel, llegando incluso el general del acuartelamiento General Ricardos a emitir una carta dirigida al alcalde para que las prostitutas del prostíbulo Casa la Pepa fueran sometidas a examen médico en 1950 111 . Y es que existía la opción de fornicar con o sin condón. A diferencia de muchos casinos que cerraron su actividad durante la Guerra Civil, el Cabaret siguió abierto ofreciendo veladas y momentos de esparcimiento como distracción de una población masculina que trataba de evadirse de la situación tan dramática por la que atravesaba el país. Se puede comprender que este espacio vinculado al alterne siguiera funcionando si tenemos en cuenta que en Barbastro se encontraba el frente de guerra y que la ciudad contaba con cuartel militar y estación de tren a la que llegaban muchos milicianos y tropas regulares 112 . No obstante, la tropa de soldados casi no acudía al Cabaret. Al igual que muchos barbastrenses de clase baja y con pocos recursos como los reclutas, optaban por acudir a las casas de putas de la calle de las Monjas, una curiosa paradoja urbanística, que se asemejaba “al barrio chino de Barcelona”, como señala la vecina de la zona Trinidad Ardanuy. “En la calle de las Monjas había casas de putas. En la primera puerta de la calle a la izquierda estaba la Marieta. A la derecha, la Pepita. Más para adelante había un callizo a la derecha y ahí estaba La Rosario. Había cinco o seis casas de putas en los años 30 y antes. En esa calle había una carnicería y hasta la calle que va al Val había 111 Viu, Francisco. (1997): Barbastro 1926 – 1986. 60 años del Ayuntamiento de Barbastro en sus documentos (Fragmentos). Página 248. Francisco Viu. Barbastro. 112 Nota de autor: Entre los testimonio recogidos en el periodo de la Guerra Civil en Barbastro y que se ciñen especialmente a la represión anticlerical, la inmensa mayoría, sobretodo de personas de un perfil ideológico conservador, hacen referencia a la presencia de un grupo de exaltados y presos, hombres y mujeres que aprovecharon la revolución para acudir a Barbastro a cometer desmanes en una época tan tumultuosa como el verano de 1936. Los denominados ‘Aguiluchos’, fueron una facción del Anarquismo que procedía del ambiente marginal del barrio Chino de Barcelona. Haciendo caso a estos testimonios podríamos deducir que estos milicianos serían clientes habituales a este tipo de locales, como en los años del franquismo y de la posguerra los soldados fueron clientes de las otras casas de lenocinio que sucedieron al Cabaret. Desde un punto de vista sociológico o antropológico, la prostitución tendría una función útil para la comunidad y el poder establecido como elemento controlador de las masas y del ejercito, ofreciéndoles un espacio de esparcimiento. Página | 112 9. La Posguerra La Guerra Civil será un trágico y drástico punto de inflexión en la sociabilidad barbastrense. Al igual que en otras esferas del ámbito cotidiano y lúdico, como las fiestas, la actividad social de los casinos, círculos recreativos y salones de baile cesa desde 1936 hasta 1938, periodo en el que dura la guerrea en Barbastro. Tras la contienda civil buena parte de los casinos que tenían actividad social desaparecen y otros se transforman adaptándose a la nueva sociedad que resulta de la guerra civil, que no veía con buenos ojos estas formas de ocio ligadas al baile. Pero será a finales de los años 40 cuando comienza una nueva etapa que podríamos denominar de regeneracionismo de los locales sociales. Pasada casi una década del fin de la guerra, y con una nueva generación de jóvenes, irrumpen otros espacios dedicados al esparcimiento, más modernos y que quieren ser el reflejo de una sociedad que intenta dejar atrás el pasado de confrontación civil. Espacios de sociabilidad que entrarán en confrontación con las decimonónicas y en algunos casos aristocráticas estructuras socioeconómicas de los casinos, que todavía siguen siendo refugios de la elite local, como es el caso de La Peña, reconvertido en círculo cívico militar para aglutinar a los altos mandos del ejército. A pesar de que el componente ideológico de estos nuevos círculos se pierde, se conserva un cierto sesgo clasista, ya que cada clase social irá buscando acomodo en estos espacios de sociabilidad según su estatus y condición económica. Así a mediados del siglo XX irán apareciendo locales para las clases populares y otros para las más adineradas. Acudir a uno u otro salón de baile o sociedad supondrá un signo de distinción social. Ya hemos comentado que durante la Guerra Civil no hubo actividad en los salones de baile. Pero acabada ésta ya no volverán a abrir sus puertas los casinos existentes salvo con las excepciones de La Peña y más tarde La Dalia aunque por poco tiempo. En 1939, el único casino que registra su actividad en el Ayuntamiento como tal es el de La Peña, con la denominación de Círculo Mercantil, Industrial y Agrícola. Con el paso de los años retomará su antiguo nombre pero con el apelativo de Círculo Cívico Militar. Será el espacio de referencia de los adeptos al nuevo régimen, de las elites sociales, políticas y militares dominantes y de la alta burguesía. En 1940, La Dalia apurará sus últimos años de vida de la mano del hostelero Eladio Puente Romero, que gestionará su bar y antes de la adquisición del local por un nuevo círculo, la SMA (Sociedad Mercantil y Artesana) montará un café en 1945 en la avenida de Graus, esquina con la actual Corona de Aragón y General Ricardos que recibirá el nombre de La Dalieta, por sus reducidas dimensiones. Y el Casino de Barbastro, convertido en el comedor del auxilio social para los niños cuyas familias tuvieron mayores secuelas en la Guerra Civil. Página | 113 9.1. La Unión: De casino republicano a local falangista El citado Casino Unión Barbastrense se convirtió en la posguerra en la sede de las juventudes de Falange con fines lúdicos (con futbolines, mesas de ping pong y billares) pero también doctrinales ya que todos los muchachos debían acudir para recibir charlas sobre el ideario del nuevo Régimen. El local de Falange será la única alternativa de ocio para los niños y adolescentes en los años 40 y 50 y desde este colectivo juvenil y de control ideológico de las JONS se organizarán actividades dentro del ideario fascista como desfiles y maniobras castrenses en las eras de La Merced, con escopetas de madera. Estas citas eran obligatorias para los jóvenes. Todos los jueves, el patrono concedía al joven empleado dos horas para que pudiera asistir a las charlas que se impartían en Falange. Al día siguiente, el empleado debía de entregar a su jefe un vale que daba el responsable de Falange, el señor Cortijo. “En esas charlas nos hablaban de política y de cosas que no entendíamos entonces“, explica Antonio Coronas, que asistía a esas sesiones con quince años. Las reuniones se realizaban en una amplia sala. Además el local de Falange contó con varios despachos y una sala de juego. También desaparece la Juventud Mercantil pero en sus locales, en la casa Cancer en la calle Mayor o Hermanos Argensola, pero en sus locales a partir de comienzos de la década de los 40, se crea un nuevo baile que recibe el nombre de La Unión y que poco o nada tiene que ver con el casino republicano del mismo nombre ubicado en la plaza del Mercado. A pesar de compartir el mismo nombre, este nuevo espacio de sociabilidad nace exclusivamente como salón de baile. 9.2. La Unión reaparece en la calle Mayor Terminada la Guerra Civil, este círculo vuelve a funcionar pero exclusivamente como sala de fiestas donde se celebran bailes los fines de semana y los días de fiestas en un piso alquilado. Su actividad se retoma en 1940 en el piso propiedad de la familia Cancer de la calle Mayor o Argensola, donde en los años 20 se creó la Juventud Mercantil. El saxofonista Jesús Cortina formó parte de Ritmos Jazz, orquesta titular de esta sala. Según expone, La Unión “no era un casino, simplemente era un local de baile y allí tocábamos todos los domingos, pero al ser un piso cuando se llenaba se notaba que temblaba un poco”. La orquesta Ritmos Jazz, dirigida por Díaz, será la encargada de amenizar estos bailes todos los domingos. El guión básicamente era el mismo. El baile se iniciaba con una pieza, generalmente un pasodoble, al que seguía un pequeño descanso, para después repetir un nuevo pasodoble; después un fox, seguido del descanso y de nuevo el fox. Pero el guión musical lo varió el director de la orquesta Ritmos Jazz que fue alternando pasodobles, fox, vals, etc. Página | 114 Otra novedad que aportó la orquesta, de la mano del profesor Melendo, fue introducir la sesión americana (desde el principio de baile hasta el descanso sin parar, introduciendo solos de saxos o trompetas, puestos en pie, mientras la orquesta acompañaba sentada). Mientras los músicos cambiaban las partituras de los atriles, el profesor Melendo que tocaba el piano y la acordeón improvisaba para que el baile no cesara. Sin embargo las sesiones americanas tenían el inconveniente de que no facilitaban el cambio de parejas. De hecho esta orquesta recibió la reprimenda de los organizadores de las fiestas de Pertusa que amenazaron al director tras la sesión de tarde que si por la noche continuaba la sesión americana ya no volverían a tocar al día siguiente “porque no podían cambiar de parejas”. La solución la aportó Cortina que aconsejó seguir con las sesiones americanas pero antes de presentar la pieza se anunciaba por el micro el cambio de pareja, ante la alegría de los mozos. “Recuerdo como una moza estaba bailando con un guardia civil y nos hacía señas para que parásemos de tocar porque se cansaba de baile siempre con la misma pareja”, explica Cortina. El baile comenzaba a las 20.00 y finalizaba a las 21.30. Este horario era el habitual de todos los casinos y salas de baile. Las verbenas comenzaban hasta a las 23.00 hasta las 2.00 o las 3.00 de la mañana. El baile era agarrado y entre hombres y mujeres, las mujeres que bailaban juntas eran las menos, y también todos mezclados en una fila, con la “Conga del jadico”. Ante los problemas de estabilidad del suelo, los responsables de este local de baile buscaron otros emplazamientos que garantizaran que estos espectáculos se podrían llevar a cabo con total seguridad (aunque no siempre se acertará como veremos en la anécdota de que una Nochevieja se cayó la escalera de acceso a la pista de baile de SMA y no hubo muertos de milagro). 9.3. El Cosmos Una de las salas de fiestas de vida efímera pero sin embargo muy recordada por los barbastrenses de mayor edad fue El Cosmos. Se trató de una iniciativa privada de la familia Pera que convirtió sus locales en la Avenida del Ejército en una original propuesta de ocio para la época al incluir cine, sala de fiestas y cafetería. El Cosmos abrió sus puertas en 1941, frente al antiguo Cabaret que fue derruido en la Guerra Civil. Fue un moderno salón de baile en el que se alternaban las actuaciones musicales con las proyecciones de películas. Además, como nos cuenta Antonio Cuello, que lo frecuento bastante cuando era mozo, funcionará como una pensión ofreciendo servicio de restaurante y cama. Fue un espacio frecuentado sobre todo por los jóvenes, entre los que se encontraban parte de los fundadores de la Sociedad Mercantil y Artesana. Precisamente, cuando en 1947 se creó el círculo recreativo del a SMA (del cual nos ocuparemos más adelante), El Cosmos comenzó a languidecer puesto que la gran mayoría de jóvenes optó por acudir a la nueva sociedad de Página | 115 recreo. Como ya veremos más adelante, la SMA será el espacio de ocio preferido por los jóvenes y su afianzamiento conllevará el cierre de bares y espacios de baile como El Cosmos. La actividad social de El Cosmos no fue muy prolongada en el tiempo, abarcando solamente los años 40. Durante ese tiempo acogió varias orquestas como la Ritmo Jazz a la que pertenecía el contrabajista Florencio Ros. Como en otras salas de baile, muy populares eran las verbenas de Nochevieja. En la de 1948, Florencio Ros recibió la noticia en el escenario del parto de su mujer y tuvo que dejar la actuación para salir disparado a presenciar el nacimiento de su hija Manolita. “Le tuvimos que poner Silvestra Manolita porque nació el 31 a las doce de la noche. Yo estaba tocando y la mujer a punto de dar a luz, pero yo a ganar los dinero. A mitad sesión vino mi hermano corriendo ¡Florencio que tienes una hija! Y los de la orquesta me dijeron: ¡Marcha, marcha!, que ya nos apañaremos”. Para las fiestas, la oferta lúdica de El Cosmos se reforzó con la contratación de orquestas para amenizar los bailes. Algunas de esas sesiones de baile no conseguirían transmitir entusiasmo al público ya que, como nos cuenta el vecino de Coscojuela de Fantova y residente en Barbastro Antonio Cuello, durante un baile un músico llegó a advertir a sus compañeros: “¡Cuidado con los tomatazos!”, puesto que sus melodías no invitaban a bailar a las parejas. Para entrar a El Cosmos había que pagar entrada, pero esta sala no llegó a cuajar entre los gustos de la juventud. Para este vecino de Coscojulea de Fantova el declive de El Cosmos llegó con la apertura de la SMA en la calle Monzón, en el mismo barrio de San Hipólito. “Muy poco baile y mal. No es que fuera mala la orquesta, lo que pasa es que no iba multitud. La gente se dio a no querer ir y la juventud pues si se empeña en una cos, igual la tira patas al cielo. Era un salón bueno pero la gente se negó a ir, prefería ir a la Sociedad donde teníamos amigas y bailábamos con ellas”. 9.4. La Floresta renueva los espacios del baile (1946 – años 50) Barbastro quería recuperar la alegría que imperaba en la ciudad antes del estallido de la guerra civil plasmada en sus bailes de salón y locales de ocio. Algunos espacios de sociabilidad y de esparcimiento cerraron, otros continuaron con su actividad y otros aparecerán a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Uno de estos espacios, que marcó un hito en su momento, fue La Floresta creada en 1946 y que más adelante será y sigue siendo el escenario del ocio de un nutrido grupo de barbastrenses y comarcanos. La Floresta aportará un concepto de modernidad con respecto de los anteriores salones y de novedad ya que no sólo será una pista de baile sino que albergará otras alternativas de ocio hasta la fecha nunca vistas en la ciudad como el patinaje, una bolera, o la práctica de deportes Página | 116 como el hockey, el baloncesto o el voleybol. Además, en este espacio se proyectarán películas. El complejo se completa con un paseo arbolado. Una diferencia sustancial con respecto al concepto de sociabilidad de finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX es que este nuevo lugar de esparcimiento tiene un fin empresarial y no asociativo. Por lo tanto para entrar habrá que pagar, incluso las mujeres que en otras sociedades de recreo entraban gratis, en La Floresta deberán pagar 1 peseta. Tres destacados empresarios y propietarios de la ciudad, Lorenzo Pascau (comercio de textil), Salvador Plana (Sederias Goya) y Julián Jordán (Coloniales Jordán) crearon una sociedad para levantar una superficie ajardinada sobre una zona de huertos y fajas de terreno de la carretera Huesca (Avenida Ejército Español) y donde no hace mucho había estado la coqueta Villa Irene. La Floresta, como apunta el cantante melódico Antonio Latorre, que tantas veces actuó con orquestas locales en esta pista y otras, “fue para Barbastro lo más chic y el boom”. Estos empresarios consideraron que Barbastro necesitaba una elegante pista de baile que recuperara el ambiente festivo de los felices años 20, pero adaptada a hábitos recreativos modernos. La Floresta se inaugura el día de San Ramón, patrón de la ciudad, el 21 de junio de 1946 con la orquesta Plantación. El ambicioso proyecto llamaba la atención por su innovador y atractivo diseño y se irá ejecutando en varias fases. Colindante a la plaza de Toros y al Hospital de San Julián se crea en una primera fase una pista central de baile, con escenario, con terraza con mesas y sillas y un bar. La iluminación consistía en tres filas de bombillas que aportaban amplia luz a las sesiones de baile nocturnas. Página | 117 La pista de baile central servía también de pista de patinaje y zona deportiva que se inaugura como tal en 1946 con un partido de baloncesto femenino entre los equipos del Barbastro y el Bielsa 114 . Después se creará una zona elevada con varias terrazas más reservadas y un coqueto bar o ambigú; y una zona ajardinada. Una de las últimas actuaciones será levantar el muro que rodeaba a la pista con una altura de unos tres metros para impedir que el sonido de las orquestas llegará al Paseo del Coso, como se habían quejado algunos vecinos de la zona que denunciaban que las noches de verbena no podían dormir. El músico de la orquesta Ritmos Jazz cuenta como los medios técnicos de la época era escasos y muy limitados, y las sesiones de baile se sonorizaban con un micrófono para toda la orquesta y unas ocho pequeñas cajas de altavoces repartidas por la pista central. Para acceder a la Floresta había que pagar y se subía por las escaleras que partían desde Avenida Ejército Español. En La Floresta trabajó como botones el joven Antonio Coronas que se encargará del alquiler de patines y de pinchadiscos en las fiestas, sobre todo ‘La polka de la cerveza’, muy demandada. En las sesiones de baile será el encargado de acompañar a la vocalista. Su primer sueldo, por una semana trabajada, será de 14 pesetas. Manolo Rubichi hijo seguirá el oficio de su padre (Casino La Peña y Bar Manolo) y se hará cargo de la barra de La Floresta. Llevaba unas gafas manoletinas ya que era un gran fan del torero Manolete. El día que mataron a Manolete estuvo llorando toda la noche durante su servicio en La Floresta. Era el 29 de agosto de 1947. En las fiestas y bailes de La Floresta se popularizará el consumo de cerveza entre las clases más populares. La gente más pudiente bebía champán o cava. Otras bebidas habituales era el café con la copa, el sol y sombra (anís con cognac) y bebidas no alcohólicas. En la primera etapa de La Floresta la clientela tendrá un cierto nivel adquisitivo y un estatus social de clase media, aunque la clase baja también acudirá, así como soldados y militares de graduación. La elegancia de esta pista de baile exigirá también un decoro en el vestir y unas buenas normas de conductas de los asistentes. “La gente que entraba era gente bien, de nivel bastante bueno porque los propietarios eran gente de peso en Barbastro. Aunque también iba un poquico de todo pero generalmente iba buena gente al servicio que había. Luego empezó a flojear la gente bien y a última hora iba todo el mundo”, afirma el entonces conserje. Una de las asiduas fue Trinidad Ardanuy, acompañada de su tía que en los años 20 y 30 era invitada a todos los casinos de la ciudad. La señora Ardanuy explica que a La Floresta “iba mucha gente y allí se juntaban todos”. 114 Boletín, Número 173, septiembre, 1997, página 47. El baloncesto femenino lo introduce la Sección Femenina en 1944 y más adelante lo retomará la SMA que seguirá jugando en La Floresta. Antes los partidos se celebraban en la plaza de Toros como recoge Rafael Loriente en el citado artículo. Página | 118 La actividad de este centro de ocio será muy variada y abarcará toda la semana. Por la tarde, los muchachos patinaban alquilando los patines; por la noche se proyectaban películas; y las sesiones de baile tenían lugar los fines de semana, carnaval, días festivos y durante las fiestas. A las sesiones de baile se accedía a partir de los 18 años. Había sesiones de baile los sábados y domingos de tarde y noche. Las sesiones de tarde empezaban a las 19 o 20.00 y duraba hasta las 22.00. La segunda sesión comenzaba a las 23.00 y terminaba el baile sobre la 1.00. La pista de patinaje causó sensación y más tarde se construyo una bolera, la primera existente en la ciudad con gran aceptación. Y en el plano deportivo, en La Floresta se jugaron los partidos oficiales del equipo de baloncesto de la ciudad los sábados y el domingo por la mañana. En La Floresta actuarán las orquestas locales como la Ritmo Jazz (que será fija todos los domingos por la tarde en la posterior etapa con la SMA) o la del ‘Parrero’ que ya había actuado durante la República en los casino de La Nueva Dalia y La Unión Barbastrense. Además de estas orquestas locales habrá conciertos importantes formaciones y cantantes aragoneses y del país como Jorge Sepúlveda en 1948. Fue la primera gran figura de la canción española que llegaba a Barbastro. A partir de entonces se abrirá un amplio abanico de conciertos de gran calidad y con rutilantes estrellas del momento en este mismo escenario pero de la mano de la Sociedad Mercantil y Artesana a partir de los años 50, cuando adquirirá este espacio. La creación de La Floresta fue muy criticada por la autoridad católica de la ciudad. Los socios fueron expulsados del colectivo de Acción Católica por haber creado un baile. Un gesto que suponía un cierto descrédito social entre gentes de buena posición como estos tres propietarios. Este pudo ser un motivo para disolver la sociedad en los años 50. Otro motivo pudo ser la negativa de uno de los socios en querer seguir adelante con esta sala recreativa y de baile. Pero sin duda, el mayor condicionante que forzó su desaparición fue el gran auge que adquirió el nuevo círculo creado en la ciudad, la Sociedad Mercantil y Artesana que restaba público a las sesiones de La Floresta. Así lo explica Esperanza Mir, que regentó junto a su marido el servicio hostelero de la SMA y a partir de 1961 de La Floresta. Para esta hostelera el declive de La Floresta pudo venir por no ser rentable ya que el alquiler era demasiado frente a la escasez de público que acudía en comparación con la multitud de la Sociedad. La sociedad entre Jordán, Plana y Pascau terminó a mediados de los años 50, tras unos años de auge y esplendor. Algunos socios de la SMA de la primera época aseguran que La Floresta quiso rivalizar con la Sociedad y en un principio lo consiguió, pero en los años 50 tuvo que desistir de su empeño por ser el espacio de sociabilidad de la gran mayoría de barbastrenses ante la popularidad que alcanzó la SMA. Pero ello no supuso el fin de la actividad lúdica en La Floresta. Ese momento lo aprovechará la incipiente SMA que había experimentado un aumento exponencial entre sus socios, para adquirir los locales y trasladarse dejando los locales del antiguo casino de La Dalia el 31 de diciembre de 1960. Página | 119 El espíritu moderno, más ‘chic’, elegante y distinguido que tendrá La Floresta se mudará en los años 60, en pleno desarrollismo económico, a una nueva sala de fiestas, la del Argensola, que albergará a la elite local. 9.5. La SMA, un casino aglutinador y nivelador (A partir de 1947) De todos los casinos existentes en Barbastro el más popular y más longevo ha sido el de la Sociedad Mercantil y Artesana. Es el único casino que sobrevive de la herencia decimonónica es la popularmente conocida como La Sociedad. Su clave ha estado en saber ofrecer el espacio de ocio que demandaba la sociedad y la juventud del momento, así como la capacidad de adaptarse a los cambios generacionales, y contar con unas instalaciones únicas como pistas deportivas y piscinas que suplían las carencias en infraestructuras municipales lúdicas que tenía la ciudad y que el Ayuntamiento ha tardado en subsanar. Pero sin duda la clave del éxito de la Sociedad, además de todo lo anterior, es que ante el inmovilismo del Ayuntamiento franquista en ciertas áreas, fue una entidad dinamizadora de la cultura, promotora de la actividad deportiva (su equipo de fútbol El Mercantil daría origen a la U.D. Barbastro) y sobre todo de las fiestas de septiembre, contratando a los grupos más punteros de la época. La Sociedad Mercantil y Artesana ocupará el casino La Dalia y es muy probable que tomara también los estatutos de este casino 115 , aunque también los estatutos podrían ser una réplica del casino de la Juventud Mercantil, existente en la calle Argensola, ya que hay unos párrafos que son idénticos en ambos estatutos. No tenemos los estatutos de La Dalia, sí de la Juventud Mercantil por lo que podríamos lanzar la hipótesis de que el apelativo Mercantil de la Sociedad sería heredado del anterior casino. Los socios fundadores son jóvenes y proceden del sector empresarial o comercial, (por otro lado los hijos de las clases más pudientes para aportar fondos para crear una nueva entidad recreativa), de ahí que no resulte descabellado afirmar que el nombre de Mercantil y Artesana provenga de la condición profesional de los fundadores que de alguna manera se considerarían herederos de aquel. Otro argumento de peso que aportamos para afirmar que la SMA sería heredera del casino Juventud Mercantil es el nombre que adopta en su constitución como sociedad recreativa el 9 de agosto de 1947: “Juventud Mercantil y Artesana” (Vemos aquí una herencia, más lejana al casino de principios del siglo XX Juventud Barbastrense. O no tan lejana ya que curiosamente también se ubicaba en la calle Joaquín Costa). El 24 de enero de 1948 la nueva junta cambiará definitivamente su nombre a Sociedad Mercantil y Artesana – Círculo Recreativo. Los jóvenes que acudían a La Dalia decidieron crear una sociedad tras disolverse esta sociedad en 1945. Un grupo de estos jóvenes se reunía en el bar Mi Casa, en la calle Joaquín Costa y en estos encuentros surgían comentarios “medio en broma, medio en serio de crear una sociedad 115 Boletín, Número 173, septiembre, 1997, página 23. Página | 120 recreativa”, rememoraba Gabriel Granada, socio número 1, en el Boletín –órgano de comunicación de la Sociedadedición especial conmemorativa de los 50 años de la SMA 116 . En la misma línea se expresaba José Canut Pelegrín en un artículo para el mismo Boletín especial. “Su fundación se produjo como muchas otras cosas de la vida cotidiana, de manera espontánea y aparentemente sencilla. La idea nación a iniciativa de un grupo de personas que consiguieron ilusionar a un amplio sector de conciudadanos, ante la necesidad de cubrir un vacío que en aquel entonces existía” 117 . El principal objetivo de la Sociedad fue “concentrar a la juventud y unir familias ya que en los comienzos la Sociedad era como una gran familia”, se explica en el citado artículo. Entre los fundadores de la SMA encontramos a empresarios, comerciantes o a hijos de éstos como Román Vela, Ardanuy, Zabau, Pablo Abadías, Domingo Puente, etc. Lo que denota que la iniciativa una vez más corre a cargo de un grupo de emprendedores, de clases bien acomodadas, pero con una mentalidad abierta a las clases más populares. La primera junta directiva, surgida de la reunión del 9 de agosto de 1947, es la siguiente: presidente, Joaquín Ardanuy Sierra; vicepresidente, Santiago Canut Olivera; secretario, Joaquín Piedrafita Arruebo; tesorero, Enrique Bruned Encuentra; y vocales, Serafín López Cutillas, Julián Soler Giral, Benito Olivera Arroyos, José Portaspana Castillo y Ventura Llaudet Planes. Entre los motivos que generaron la constitución de esta sociedad hemos recogido dos testimonios de personas que de forma directa estuvieran involucradas en la creación de la SMA. El músico Jesús Cortina indica que los bailes en La Unión hacían temblar el suelo y ante un posible derrumbe se optó por buscar un nuevo local. Afirma que un grupo de jóvenes mantuvieron reuniones en el bar La Dalia de Eladio Puente en la calle Joaquín Costa para crear una sociedad con un nuevo local que garantizase el desarrollo de fiestas y bailes. Ese local fue La Dalia, círculo creado en los años 20, parecía idóneo para albergar la nueva sociedad de recreo al contar con dos plantas y tres espacios diferenciados: bar a pie de calle, sala de baile en el primer piso y terraza para los bailes de verano y los días de fiesta. Por su parte, el fundador Pablo Abadías comenta que la SMA se creó como espacio restrictivo para la sociedad civil frente al intrusismo de los militares que monopolizaban los bailes y organizaban a menudo peleas en La Dalia. Cuando La Nueva Dalia cesó en su actividad lúdica, este grupo de jóvenes fundadores de la SMA vieron la oportunidad de hacerse con la pista creando una sociedad. Los estatutos se redactarán el 24 de marzo de 1947. En sus estatutos, el Casino de la Sociedad surge como una entidad recreativa y cultural. En el artículo número 1 del primer capítulo se enuncia que su objeto “será fomentar la vida social en todas sus manifestaciones de cultura, 116 Boletín. Número 173, septiembre, 1997, página 21. 117 Boletín. Número 173, septiembre, 1997, página 21. Página | 121 proporcionando a los socios los medios propios de una entidad de carácter recreativo, permitidos por las leyes, en cuanto lo permia su situación económica”. El II capítulo está dedicado a los socios y sigue el mismo patrón de los estatutos de los otros casinos expuestos en este trabajo. Así pues habrá socios fundadores, de número y honorarios. Los fundadores serán todos aquellos socios ingresados hasta el 1 de abril de 1947 y de número los siguientes. La Sociedad Mercantil y Artesana echaba a andar en los locales de la calle Joaquín Costa el 9 de agosto de 1947, víspera de san Lorenzo, con 441 socios. Cifra que iría aumentando considerablemente con el paso de los años hasta llegar a los 2.000 socios llegados de varios puntos de la comarca. En esa primera reunión constitutiva se elige como presidente a Joaquín Ardanuy Sierra y el número 1 por azar fue dado a Gabriel Granada. En un principió la cuota para ser socio fue de 25 pesetas, pero se aumentó a 100. Además se pagará una cuota mensual de dos o tres duros. Aun así muchos barbastrenses optaron por hacerse socios de este nuevo círculo recreativo que aglutinaba –y de ahí su éxito- a empresarios, comerciantes y obreros. Es decir las clases medias y bajas de la sociedad de Barbastro de finales de la posguerra encontrarían acomodo en este espacio. El acceso a la Sociedad y a los bailes que se organizaban era a partir de los 16 años. Para ser socio se requería tener esta edad y contar con el apoyo de dos socios fundadores y obtener la mayoría en votación secreta en la junta de Gobierno. Esta fórmula de ingreso es la habitual de los otros casinos ya analizados. En el caso de la Sociedad, a pesar de lo farragoso que pueda resultar el protocolo de acceso, en la práctica la entrada a este círculo fue muy fácil ya que el nuevo ente juvenil precisaba captar recursos económicos para remodelar su pista de baile y unos años después adquirir un nuevo local. El fácil acceso a la SMA queda demostrado ya que de los 441 socios originales, en poco tiempo se alcanzó la cifra de 600 y el número no dejó de crecer hasta finales de siglo. Sin embargo los inicios fueron titubeantes y hubo que realizar una política de captación de socios que hoy llamaríamos ‘puerta a puerta’, para atraerse sobre todo al público femenino. El socio Gregorio Garuz narra en el número especial del 50 aniversario de la SMA que este círculo recreativo tuvo que competir y hacerse un hueco entre los bailes que existían en la ciudad “con no poca relevancia” (Unión, La Peña y La Floresta). “Esta abundancia de salas donde bailar hacía que los salones de nuestra Sociedad estuviesen poco frecuentados y se bailase ‘bien anchos’. Vista la situación y las ganas que había de bailar los socios bailadores salían a la calle a convencer a cuantas muchachas veían para que les acompañasen a bailar a nuestros salones. De esta forma, poco a poco y con mucho tesón, se consiguió que el baile de la Sociedad fuera tan concurrido que se llegaron a dictar normas para que las parejas no se entorpeciesen” 118 . El capítulo III de los estatutos hablaba del régimen de la Sociedad, que estará regida por una junta general, otra de gobierno o directiva, el presidente y sus delegados. 118 Boletín. Número 173, septiembre, 1997, página 34. Página | 128 Al margen de su masa social comarcal, la entidad quiso establecer a partir de 1955 varios lazos de unión o hermanamiento con otros casinos aragoneses y españoles para establecer acuerdos de reciprocidad con el Casino Vitoriano, Unión Jaquesa, Centro Mercantil, Industrial y Agrícola de Zaragoza y los Centros Aragoneses de Barcelona y Valencia. 9.5.c. Dinamizador festivo, … Ya se ha comentado cómo uno de los éxitos que tuvo la Sociedad para atraer a tantos socios fue el de contratar a las primeras figuras de la canción española, grupos que estaban de moda y que constituían auténticos fenómenos de fans. Por la pista de La Floresta han actuado grupos melódicos, pop, rock, rumba, grandes orquestas, solistas, estrellas internacionales, … Citaremos sólo algunos, a los ya mencionados anteriormente 121 . Mocedades y después Sergio y Estíbaliz, Raphael, Camilo Sexto, Maritrini, Peret, Miky y losTonis, Los Mismos, Los Módulos, los Pekenikes, Janio Marti, Víctor Manuel, Maravella, Donna Higtower, Billi Davies, Lone Estar, Los 5 Magníficos, Olé Olé con una jovencísima Marta Sánchez, las mejores formaciones de la denominada Movida madrileña de los años 80 (Gabinete Galigari, Loquillo, Olé Olé …) fueron algunas de las actuaciones que vieron los barbastrenses y altoaragoneses que acudían en masa en las fiestas de septiembre ante unos conciertos todavía inéditos en la provincia. En clave local, sin la pista de La Floresta de la SMA no se puede entender la eclosión que tuvo no sólo en la comarca si no en la provincia y Aragón en el último tercio del siglo XX la formación barbastrense la IV Dimensión. Fundada por cuatro jóvenes músicos a finales de los 60, en un ambiente de proliferación de grupos musicales en Barbastro, poco tardaría la IV Dimensión en hacerse un hueco en las fiestas de las poblaciones de la provincia. Su debut será en el verano de 1970 en la pista de La Floresta de la SMA 122 y desde entonces no pararán de girar por varias poblaciones aragonesas –donde se les recibe con gran expectaciónasí como en Comunidades vecinas. En la década de los 70 se incorporará el cantante Miguel Ángel Chicharro –hoy párroco de Boltaña- y en los 80 ya producen sus discos en su propio estudio. 121 Nota de autor: Si fuera preciso adjuntar disponemos de la relación de todos los grupos que han actuado en la SMA, gentileza del socio y coleccionista Rafael Torres. 122 Latorre, Antonio (2006): Siglo XX: Orquesta de Barbastro y el Somontano. Página 191. Revista Somontano número 8. Centro de Estudios del Somontano de Barbastro. Caricatura de la IV Dimensión. Página | 129 Sus melodías suenan en las emisoras aragonesas y son acogidos con gran expectación en numerosas poblaciones. Mientras en su casa, en La Floresta llenan en las actuaciones de fiestas y serán habituales en la programación de la SMA. El grupo se irá reformando y ampliando, adaptándose a los nuevos repertorios musicales y llegará hasta 1995. En la actualidad, dos de sus integrantes, el teclista Daniel Ribera y el cantante Miguel Ángel Chicharro han grabado un álbum con éxitos de los años 60, 70, 80 y 90 a favor de Manos Unidas. Al margen de las fiestas de septiembre, célebres serán los bailes de Nochevieja y de Carnaval, recuperado con la Democracia y que continuaba con estos festejos tan populares en el primer tercio de siglo y que fueron prohibidos por el Franquismo. La SMA recuperará en 1984 el carnaval para la ciudad celebrando la primera fiesta de disfraces tras su prohibición. En la década de los 70 se impone una nueva moda en las salas de baile dirigidas a los jóvenes, las discotecas. Barbastro contará con varias en los años 70 y 80 como la Maddo’s, el Exágono, Escala o Estudio 54, imitando a la mítica discoteca norteamericana. Otros espacios aparecerán fusionando los ambientes del pub o barra americanas como el Nexus o el Monrroy’s. La Sociedad será precursora de esta moda en Barbastro ya que en la primavera de 1958 la junta directiva que preside Miguel Lacoma decide la adquisición de un tocadiscos y unos discos para organizar sesiones de baile en lo que sería la primera discoteca de la ciudad, iniciativa que se adelantó a su época ya que no tendría continuidad hasta décadas después. Será en plena efervescencia de las discotecas, dos décadas más tarde, cuando la SMA no se quedará al margen y en un primer momento destinará a finales de 1970 la sala de invierno de su local social como discoteca (que retomará en los años 80 y 90) y que luego trasladará a la sala de baile del Argensola a finales de la década de los 70, denominada popularmente como ‘El Garaje’. Contará con pinchadiscos y un “lucero” al frente del equipo de iluminación para ambientar el local a la moda del ‘Fiebre del sábado noche’. Esta discoteca modificó notablemente el ocio juvenil y a finales de los años 70 y en las décadas sucesivas los jóvenes estudiantes se organizarán para realizar sus fiestas y eventos para recaudar fondos para sus viajes de estudios en estas discotecas a las que acudían los jóvenes de la comarca y los militares del cuartel, generando en ocasiones escándalos públicos que motivaron en alguna ocasión su cierre cautelar. Briansó, Pina, Goyo, Sarrablo y Ribalta fueron algunos de los pinchadiscos que ponían los vinilos que se escuchaban en los 40 Principales, que se adquirían en Simeón o aportaban los propios asistentes a las discotecas. El precio de la entrada a ‘El Garaje’, la pista de baile de la SMA, era de 50 pesetas y de 125 a la pista de baile del Argensola. Página | 130 9.5.d. Lúdico, Otra faceta que popularizará la Sociedad será la más lúdica, recuperando así la esencia de los originales casinos barbastrenses, sobre todo La Amistad. En lugar de la ruleta y las mesas de juego de La Amistad, la SMA aprobará el 5 de agosto de 1977 dotarse de una sala de bingo que supondrá una importante fuente de financiación. La Administración concederá el Bingo para la SMA el 28 de enero de 1978. Un nuevo concepto de ocio comienza a desarrollarse en un Barbastro que desconocía los efectos de la ludopatía. Al Bingo, que se hará muy popular en las noches, le seguirán otras salas de juegos recreativos para niños y jóvenes, El Club Universo, ubicado en los 80 en lo que otrora fue el Casino de Barbastro 123 de la mano del empresario barbastrense Jesús Tremosa, introductor de las máquinas tragaperras en bares y cafés que desde esos años ya formarán un elemento más de los establecimientos hosteleros. 9.5.e. Cultural, La función cultural estará presente en la SMA desde sus orígenes y supondrá un acicate para la anodina vida barbastrense sin grandes citas a excepción del Mayo Cultural que se crea a mediados de los 60 y las funciones teatrales de las fiestas. A las ya citadas Galas de Arte hay que unir otras facetas artísticas impulsadas por la SMA, que fue vivero de grupos de teatro y un espacio donde se refugiaba la intelectualidad barbastrense y los cinéfilos. Precisamente el Cine Club, a cargo del cinéfilo y bibliotecario Enrique Gómez Padrós ‘Jarri’, todo un personaje de la geografía sentimental barbastrense (expresión acuñada por el mismo). El Cine Club fue la actividad más longeva que ha tenido la entidad. Se creó en el seno de la SMA como una sección más el 13 de febrero de 1973, aunque veinte años atrás ya existía la Peña Cine Club que proyectaba películas en 1955. A partir de 1973 se vuelven a proyectar películas comerciales y propias de un Cine Club y al final de cada proyección se generaban tertulias que se prolongaban hasta altas horas de la madrugada en las terrazas del San Ramón. El hecho de que la SMA no estuviera ligada al Movimiento le valió algún encontronazo con la censura como la suspensión por la autoridad local de la película ‘La prima Angélica’ en 1975. El Cine Club cesó en 1990 coincidiendo con la crisis en la industria cinematográfica, la irrupción de las cadenas privadas, la difusión de vídeos y la aparición de videoclubes que restaron espectadores a las salas de cine. El teatro estuvo presente en la SMA también desde sus orígenes con la organización de las Galas de Arte y las Ráfagas. Más tarde se crea el grupo ‘Cuadro de Arte y Variedades’ que 123 Nota del autor: Nótese cómo los locales escogidos para albergar una sociedad recreativa o casino tendrán pervivencia con nuevos usos sociales y de esparcimiento a lo largo del siglo XX. Página | 131 actuará por primera vez en 1951 en el Teatro Principal con una opereta bufa, ‘El matadero del Ganges’, creada por un Rafael Montes que estaba haciendo la mili en el cuartel de Barbastro. Después le seguirá en 1972 el Grupo Experimental de Teatro. Mayor éxito y longevidad tuvo el grupo de teatro aficionado Talia, bajo la dirección de Tino Trallero y más tarde por Enrique Gómez Padros. Nuevamente la Sociedad estuvo deslizándose por el filo de la censura ya que en 1972, en los últimos coletazos de la Dictadura, y para celebrar el 25 aniversario de la entidad el 22 de agosto se contrató a Els Joglars para que pusieran en escena en la pista de verano la obra ‘El Joc’. En 1981 se creará la formación teatral ‘La Talla’. A raíz de la actuación de Els Joglars, la autoridad local decidió ser menos permisiva y suspendió la conferencia que ese año tenía previsto dar el historiador Antonio Durán Gudiol. Los desencuentros con la censura se remontan a los orígenes de la Sociedad cuando se decidió editar una publicación interna, el Boletín, que tardará unos años en salir a la luz ya que en 1948 las autoridades locales la prohibieron en base a las disposiciones legales de la época 124 . El primer número del Boletín saldrá a la calle en 1970 y estará dirigido por el periodista de El Cruzado Aragonés Ramón Martí. Antes, la Sociedad tuvo una sección en el periódico local Servicio. Mención a parte tuvo la feliz idea de publicar en 1981 la Historia de Barbastro y su Diócesis, de Saturnino López Novoa, gracias a la cual ha llegado a muchos hogares barbastrenses una obra de otras formas de muy difícil acceso. Exposiciones fotográficas, conferencias, sus jornadas culturales con la presencia de personalidades del momento como el ciclista Perico Delgado, el actor Paco Valladares, el crítico musical José Ramón Pardo, entre otros, o concursos escolares son otros ejemplos del dinamismo cultural que ha ofrecido la SMA en su historia. 9.5.f. Y deportivo Las siglas SMA son sinónimo de deporte. La entidad ha promocionado como ningún otro organismo la práctica deportiva en la ciudad cubriendo los vacíos en cuanto a infraestructuras y disciplinas deportivas. Este hecho es meritorio y vuelve a ser diferenciador con los otros casinos ya que la Sociedad no surge con vocación deportiva, si no más bien lúdico - festiva. Pero a los pocos meses de su fundación, la junta directiva comenzó a plantearse abrir nuevas disciplinas dentro de la entidad vinculadas con el deporte. Si al referirnos a la faceta cultural de la SMA dijimos que suplía con creces a la concejalía de Cultura del Ayuntamiento, lo mismo podríamos decir con el deporte. La impronta de la SMA ha sido tan decisiva en la promoción deportiva de Barbastro hasta el punto de que el hoy primer equipo de la ciudad de fútbol, la Unión Deportiva tuvo sus orígenes dos años antes en el Club Deportivo Mercantil, surgido en 1947. El equipo de fútbol fue la primera vinculación con el 124 Boletín. Número 173, septiembre, 1997, página 13. Página | 132 deporte que tendría la SMA y a ella le seguirían otras muchas en los sucesivos años con disciplinas incluso minoritarias. Tras crear la sección de fútbol, luego llegarían en febrero de 1948 la de baloncesto, disciplina iniciada en 1944 por la Sección Femenina y que continuará en su vertiente masculina el Frente de Juventudes en los primeros partidos en la ciudad que tenían lugar en la plaza de Toros. El baloncesto merece una mención destacada dentro de las disciplinas deportivas que promovió la SMA. Tras unos años de consolidación con partidos a escala local o entre poblaciones provinciales, en 1966 la sección de baloncesto da el paso a la competición federada, llegando a convertirse en el primer deporte espectáculo que atraerá la atención de muchos aficionados hasta finales de los 80. Cantera de jugadores fichados por otros clubes, los equipos y escuelas de la SMA son los protagonistas de la historia del baloncesto en Barbastro. Para el técnico del Patronato Municipal de Deportes y persona vinculada a la sección de baloncesto de la SMA, Rafael Loriente, la importancia de la Sociedad en el desarrollo de este deporte “es determinante por cuanto ha sabido mantener su vigencia dentro del seno de la asociación, en un proceso que se podría definir como la lucha por la supervivencia deportiva, en el ámbito asociativo, municipal y federado. Y con mayor o menor fortuna, ha contribuido a su promoción y desarrollo en el municipio” 125 . Al baloncesto le seguirá en 1954 el Club de Billar siendo pioneros en la ciudad, si bien como una actividad más lúdica y social que deportiva (rememorando las partidas de los antiguos casinos y locales). El billar será una competición a partir de 1980 y de este club saldrán dos de los mejores billaristas aragoneses como Ezquiel Laporta y Carmelo Garcés, todavía en activo y con los mejores resultados de la historia del billar de carambolas en Aragón. En 1963 se crea la sección de balonmano, judo, atletismo y balonvolea o voleibol (que despertó en los años 70 gran entusiasmo sobre todo entre las féminas, ya que el equipo llegó a militar en Primera División y una jugadora formó parte del equipo nacional). En 1977 se crearán las secciones de halterofilia, atletismo, kárate y aeromodelismo. En 1979 comienzan a funcionar las piscinas, que supondrán un gran revulsivo de ocio y deporte para la ciudad, comenzando así la sección de natación. Otras secciones serán las de motociclismo, el Club de Tiro en 1980, el Club Enroque de Ajedrez creado en 1984, entre otras, siendo la SMA pionera en estas disciplinas. Otras disciplinas que se fueron añadiendo son ciclismo, tenis de mesa, fútbol sala (1986), bolos, patinaje, tiro al plato y al pichón, tenis, frontenis (ahora se está construyendo pistas de padel). El hecho de ser pioneros en estas y otras disciplinas ha posibilitado ser el origen de otros clubes deportivos que todavía perviven como el Zeus que surgió de la sección mercantil de halterofilia, creada en los años 70. O el Motoclub Pirineos, impulsado por el bar La Matilde, a raíz de una ginkana de motocicletas celebrada en 1973 por la Sociedad. 125 Boletín. Número 173, septiembre, 1997, página 51. Página | 133 En otro caso, la SMA ha creado sus propios clubes internos como la Peña Sport, surgida en 1948, para la práctica de senderismo, montañismo y excursiones, las más populares al puente de las Pilas para nadar en el Cinca. También se organizarán concursos como el de pesca, celebrado por primera vez en 1974 y comienza a competir el primer equipo de voleybol. El auge de tantas actividades llevo a la creación de la Peña Deportiva SMA que se encargaría de organizar todas las secciones. Algunas de estas actividades se desarrollaban en su local social y en la pista de la Floresta, como el baloncesto o el balonvolea. Pero para el resto se precisaba unas instalaciones propias de las que carecía la ciudad. Para ello se decidió construir en 1971 en la parcela adquirida en el Ariño unas pistas polideportivas que se inaugurarán ocho años después. Estas instalaciones acogerán a un nutrido grupo de deportistas que participaban de las distintas secciones de la entidad (se llegó a contar con 19 disciplinas), pero con el asentamiento de la democracia, el Ayuntamiento de Barbastro irá construyendo infraestructuras como el Municipal de los Deportes o polideportivos y las pistas del Ariño, por su distancia al casco urbano, perderán su identidad para convertirse en un espacio deportivo sí, pero ya no competitivo si no de ocio. En los últimos años, las directivas de la SMA optarían por fomentar el deporte de base, como formación, más que como competición aunque todavía seguirán en las ligas regionales las formaciones de tenis de mesa, billar y ajedrez. 9.6. Un oasis de libertad La Sociedad jugó un papel destacado en la difusión de ideas contrarias al Régimen, a favor del progreso cultural y político de la ciudad hacia la democracia y la modernidad. Volvemos a recordar que no estuvo ligada al Movimiento, lo que le conllevo no recibir ayudas públicas pero por el contrario desarrolló una actividad social más libre e independiente que el resto de asociaciones vinculadas al régimen. La mayoritaria presencia de las clases más bajas y de familias obreras entre sus socios y el gran número de jóvenes de una generación que no había vivido la Guerra Civil impregnó de un sustrato ideológico progresista a la SMA. Desde su creación, su mayor mérito a la sociedad barbastrense fue funcionar como un colectivo aglutinador de diversas ideologías y nivelador en cuanto a lo social. En los bailes y en las actividades lúdicas y festivas organizadas en La Floresta confluían gentes de las clases altas, medias y bajas. En ese sentido fue el único espacio de sociabilidad que tuvo la virtud de aglutinar esa diversidad de clases socioeconómicas. Es cierto que las directivas estarán formadas por notables empresarios pero en sus órganos se involucrarán personas que en los años de la Transición a la democracia liderarán los partidos políticos. Gentes de UCD, del PAR, del PSOE, como el actual alcalde y presidente de la DPH, Antonio Cosculluela que dará el salto a la política con su experiencia adquirida en este seno y Página | 134 en el sindicalismo agrario, PCE, partidos de izquierda y republicanos o por el contrario conservadores como AP, formarán parte de la masa social de la SMA. En una sociedad con las libertades fundamentales cercenadas, la SMA constituía un oasis para el desarrollo de actividades críticas con la moral y la política de la Dictadura. Y servían de pretexto para organizar acciones de protesta, convertidos en eventos festivos, como el concierto que dio José Antonio Labordeta llenando la pista de La Floresta. Su funcionamiento interno era democrático y transparente siempre marcado por unos estatutos que se renovarán en 1965, con aireados debates en sus asambleas y votaciones en urnas para elegir representantes, vocales y directivos. La edición del Boletín jugó un papel clave en la transmisión de ese pensamiento crítico con el status quo mientras logrará burlar la censura, siempre acechante. En una ocasió no lo logró y la publicación de un editorial titulado ‘Entorpecimiento cultural’, le costó el cargo de director a Ramón Martí. Otro número fue secuestrado por la censura por el contenido crítico del artículo ‘No quiero ser concejal’ publicado en la sección de Joaquín Coll, ‘Al andar se hace camino’. El artículo hacía referencia a la práctica de los elementos más dinámicos del régimen por integrar en la política local a determinados segmentos disidente, pero tal vez integrables. Ningún miembro de la junta emprendió acción alguna de represalia contra Coll, autor del artículo, que siguió firmando las contraportadas de la revista y difundiendo ideas progresistas y la obra de poetas y escritores antifascistas. Joaquín Coll, socio y vocal de la SMA, agitador cultural y vinculado a la izquierda local, considera que el Boletín se convirtió en una herramienta para expresar los pensamientos más avanzados de la época. Sobre su funcionamiento interno lo define como uno de los “muy pocos espacios que existían en el franquismo que funcionaban democráticamente”. Al referirse al espacio de sociabilidad que ofreció la Sociedad afirma que en él se practicó “la fraternidad democrática en la intimidad” y lo vincula históricamente con el “asociacionismo obrero finisecular, que había constituido a lo largo del siglo XIX europeo, el testimonio de la vertebración social de las diferentes clases sociales en que se creían enfrentadas las sociedades productivas” 126 . En el artículo que el estudioso local Joaquín Coll firma en el número especial del 50 aniversario de la SMA apunta una hipótesis sobre la elección del nombre de la entidad muy atractiva y en la que en parte estamos de acuerdo. Coll conecta a la SMA con los centros asociativos de perfil obrero y progresista existentes a comienzos del siglo XX y que desaparecieron con la guerra civil: ateneos, casas del pueblo, el casino republicano La Unión que existió en la plaza del Mercado durante la II República ( y que curiosamente algunos lo denominaban la Sociedad) 127 . Según Coll, tras la Guerra Civil, la Sociedad se crea y adopta los apelativos de Mercantil y Artesana para “desterrar la beligerancia de las clases sociales (fundamentalmente obreras y 126 Boletín. Número 173, septiembre, 1997, página 25. 127 Nota delautor: Ver testimonio recogido por Teodora Coscojuela en el apartado La Unión, un casino republicano. Página | 135 campesinas) contra cuyo incipiente poder Franco había luchado” 128 . Para contrarrestar esa carga ideológica subversiva contra el Régimen fascista, se opta por un nombre que aglutine a dos oficios de carácter más burgués, menos revolucionarios, como el de mercaderes y artesanos. Para Coll esta nomenclatura se debe al maquillaje obligado de aquellos años y al que se vieron afrontando los fundadores. La idea parece sugerente y tiene un cierto peso, pero cabría hacer algunas matizaciones a raíz de las investigaciones realizadas para elaborar el presente estudio. La denominación de Mercantil fue frecuente en los casinos de principios de siglo aragoneses y (seguramente de buena parte de España) incluso en Barbastro existieron casinos que funcionaron con los apelativos de círculos mercantil, industrial, agrario, etc. A nuestro entender, aceptando y compartiendo la tesis de Coll, habría que matizar que el componente Mercantil sería una herencia, un intento de rescatar casinos de los años 20 y que dejaron de funcionar en la guerra civil con este apelativo. Y por otro lado haría referencia a la profesión, como ya se ha dicho, de varios de sus fundadores, aunque no se tratará la SMA de una asociación empresarial, si no más bien de un espacio surgido para el ocio y la sociabilidad. La última contribución de gran calado que la Sociedad hizo a la ciudad en el plano político fue la venta a un precio económico de los terrenos al Ayuntamiento que había adquirido recientemente para que presionara ante el Gobierno de Madrid para crear una residencia sanitaria, que luego derivó en Hospital Comarcal. Con estos terrenos y las gestiones de prohombres de la clase política como el senador y eurodiputado José Antonio Escudero, de UCD, Barbastro ganó la partida a poblaciones vecinas que rivalizaban por contar con un hospital, como Monzón, y aplacó los recelos de Huesca, contraria a que la creación de un nuevo hospital en la zona oriental de la provincia mermara sus recursos y servicios médicos. El 2 de septiembre de 1976, se acordó recoger firmas para solicitar a S.M. el Rey un centro hospitalario para Barbastro y su comarca. Treinta años después de la apertura del Hospital de Barbastro, queda pendiente reconocer la generosidad que en su día tuvieron los miembros de la junta directiva y los socios de la SMA interponiendo el bien general ante el interés particular. 128 Boletín. Número 173, septiembre, 1997, página 25. Página | 136 10. El Desarrollismo (1959-1975) El régimen franquista pondrá en marcha a finales de los años 50 un Plan de Estabilización económica que contribuirá a la etapa de crecimiento denominada Desarrollismo, impulsada por los ministros tecnócratas (buena parte de ellos del Opus Dei) y que llegará hasta 1975, coincidiendo con la crisis mundial del petróleo y el fin de la dictadura. Según los datos aportados por Abdón Mateos y Álvaro Soto en un artículo sobre el Desarrollismo español publicado en la revista Arte e Historia, desde 1960 a 1975 la Renta Nacional creció ininterrumpidamente y casi se triplicó pasando de 568.243 millones de pesetas (en pesetas de 1958) a 1.562.071. También aumentó el Producto Interior Bruto y la renta per cápita (en pesetas constantes de 1970) que pasó de 35.791 pesetas en 1960, a 83.238 en 1975. La tasa de crecimiento en España aumentó por encima de otros países como Gran Bretaña, Francia, República Federal de Alemania, Italia y Portugal al situarse en un 5,9% entre 1950 y 1973. Por sectores, la industria experimenta un crecimiento espectacular, frente al brutal descenso de la agricultura, lo que supondrá un éxodo del campo a las ciudades. En esta época Barbastro experimentará un gran aumento demográfico motivado por este hecho ya que a partir de la década de los 60 comenzarán a ponerse los cimientos de la industrialización de la ciudad del Vero, con la llegada de las primeras empresas multinacionales al polígono Valle del Cinca. El sector servicios creció aunque no tanto como el industrial, si bien Barbastro siguió conservando su carácter de ciudad prestataria de servicios, con un comercio que aglutinaban a los clientes de los valles pirenaicos, así como aumentan los establecimientos hosteleros para atender a los nuevos vecinos y a los militares, valor seguro en la economía de consumo local. Las claves de este crecimiento según los citados autores está en la mecanización del campo y el uso de fertilizantes y otros abonos para evitar el declive al que se había abocado el medio rural, unas decididas políticas de modernización e industrialización del país (sostenido en las actividades químicas, metálicas básicas y de transformación, y la industria del automóvil con la marca SEAT como abanderada nacional, así como el fuerte incremento de un sector titubeante hasta entonces, el turismo que con el lema creado por el ministro Manuel Fraga ‘Spain is diferent’ y que generará la aparición de espacios de ocio y vinculados con la hostelería. 10.1. El impacto socioeconómico del embalse de El Grado y el Canal del Cinca En la ejecución del Plan de Desarrollo tendrá especial relevancia la inversión pública que el régimen llevará a cabo, así como el ya mencionando apoyo a la industria, concebida como un sector estratégico. En la inversión pública tendrán especial protagonismo las actuaciones hidráulicas como la creación de pantanos, canalizaciones de ríos y creación de estructuras de riego, que la propaganda franquista supo explotar al máximo en sus NODOS. Página | 137 Todos estos aspectos confluyen directamente en Barbastro y su comarca que se verá muy beneficiada con la creación en los años 60 del pantano de El Grado y la construcción del Canal del Cinca 129, por la empresa pública Auxini, que no sólo supondrá llevar la riqueza en forma de agua a las tierras de secano de 44 poblaciones, resucitando así una agricultura en declive y que ha sido el principal pilar de la economía altoargonesa, sino que contribuyó a una explosión demográfica que a su vez provocó un elevado nivel de vida de los habitantes. Las obras del embalse de El Grado se iniciaron en agosto de 1958 y finalizaron el 21 de octubre de 1969. Se invirtieron 860 millones de pesetas. En el plano social, el que nos interesa en este estudio, motivaron la presencia en la zona de personal cualificado e ingenieros de la empresa Auxini, del Instituto Nacional de Industria y otras empresas auxiliares que durante el tiempo que duraron las obras – y en el caso de los que optaron por ubicarse en Barbastroconstituyeron una nueva casta, copando la elite del escalafón social barbastrense y relegando de lo más alto a una burguesía rancia y a unos terratenientes y propietarios más próximos al caciquismo denunciado por Costa en el siglo XIX que a unos tiempos más modernos hacía los que avanzaba la sociedad española. El sociólogo barbastrense Javier Sampedro, trabajador de la Conferencia Hidrográfica del Ebro, es hijo de un inmigrante gallego que tras trabajar en las obras del canal y del pantano decidió establecerse en Barbastro donde formó una familia. Su hijo coordinó una exposición retrospectiva en 2009 en la UNED de Barbastro sobe la influencia que tuvieron estas obras para la sociedad barbastense. Reproducimos a continuación un extracto de la noticia publicada en la revista digital www.rondasomontano.com sobre el impacto demográfico, económico y social que tuvieron estas obras para Barbastro y su comarca. [En septiembre de 1958 comenzaron las obras de la Presa de El Grado y en julio de 1959 se iniciaron las del Canal. Se ha calculado que en los años con más volumen de obra, entre 1962 y 1969, trabajaban en la construcción del Canal del Cinca y en la Presa de El Grado, entre 2.000 y 2.500 personas, apunta Sampedro. El sociólogo subraya como importante consecuencia “el impacto sobre la composición demográfica y la estructura social, que se vieron afectadas por la naturaleza selectiva de la migración (personas jóvenes, elevada natalidad, escasa mortalidad)”. Barbastro que en 1959 tenía 9.215 habitantes, paso a 10.227 un año después, llegando a los catorce mil vecinos en 1969. En 1970, al finalizar las obras de la Presa y el Canal, descendió a trece mil, no recuperando los catorce mil hasta finales de los años setenta, explica. Además apunta otras consecuencias y profundos cambios sociales debidos al “tirón” de las obras del canal. “A comienzos de los años sesenta se advertían en Barbastro síntomas que indicaban un cierto aumento de bienestar material y en los niveles de consumo de la población. Durante esa década -explica Sampedroaumentó la importancia del sector industrial (casi la mitad de las personas activas ocupadas en 129 Nota del autor: Algunos vecinos de que vivieron la época ven la influencia del Opus Dei detrás de esta importante y revolucionaria obra para Barbastro y su comarca. No olvidemos que la presa se levanta bajo el santuario de Torreciudad. Página | 144 todas las clases sociales participaron de estos bailes de salón y acudieron a las fiestas. Así la clase empresarial impulsó la SMA que derivó en un círculo más popular, pero al que también acudían las economías más pudientes de Barbastro. Y lo mismo ocurrirá con el Argensola, a la inversa. Pero a decir verdad, el público habitual a esta nueva sala tendrá un perfil burgués, ya que la clase trabajadora optará por otros espacios de sociabilidad como la Sociedad. Desaparecida la primigenia Floresta, que aglutinaba a este tipo de clase pudiente, y con el cierre del Casino de la Peña, al que acudía la élite económica de la ciudad, -un año después de la apertura de este espacio, el Argensola asumirá a esta clientela. De hecho, un signo de distinción lo encontraremos en el precio de la entrada y de las consumiciones, más elevado que en otros establecimientos. El Bar Cafetería Argensola funcionará durante todos los días, y tendrá una doble barra para sus parroquianos habituales y otra para los asistentes a las funciones teatrales o a las proyecciones de cine. Esta cafetería será cantera de nuevos bares que aparecerán décadas después en Barbastro como la cafetería de la M.A.Z. en el polígono o el Bar Isábena, más reciente. Mientas que la sala de baile, ubicada en el primer piso, albergará conciertos de orquestas del entorno todos los domingos por la tarde. Entre los conjuntos que actuaron cabe citar a la Orquesta Osca, Sol Poniente, Comodines de Lérida, una formación de Monzón, Diapason, IV Dimensión, (ambos de Barbastro), Jazz Columbia, con el cantante melódico Antonio Latorre que además compartió escenario con el Conjunto Klippers en varias ocasiones, antes y después de triunfar en el programa de TVE Salto a la Fama en 1965. Para evitar restarse público, las dos salas de baile, la de la Sociedad y la Floresta llegaron a un acuerdo para abrir unos determinados días al año, evitando coincidencias. Así el Argensola abría su sala de baile desde el 12 de octubre, festividad del Pilar, hasta el día de Pascua, jornada festiva en Barbastro en la que se celebra la romería al monasterio de El Pueyo. A partir del Lunes de Pascua abría la Floresta durante toda la primavera y verano. En las fiestas de septiembre ambas salas funcionaban a pleno rendimiento, igual que en la Nochevieja, donde se llegaban a vender medio millar de botellas de champán. En Navidades las verbenas serán habituales en esta sala hasta pasar la festividad de Reyes, consumiendo más de dos mil botellas de cava y champán. Una entrada en las fiestas mayores de septiembre de 1963 para presenciar la actuación del barbastrense Antonio Latorre y los Klippers costaba 20 pesetas para los caballeros en sesión de tarde (de 20 a 22.00) y 25 en sesión de noche; las señoras y señoritas entraban gratis. La entrada habitual para la sala de fiestas será de 10 pesetas. También había sesiones de tarde y noche los fines de semana y fechas señaladas. Los bailes de Nochevieja eran muy concurridos y era preciso reservar mesa previo pago de una cantidad. La reserva de mesa en el cotillón de Nochevieja de 1965 y 1966, con una botella de champán Delapierre costaba 75 pesetas. Y la entrada normal, 50 pesetas. La novedad de la sala animó a muchos a acudir a este espacio de ocio, llegándose a colapsar en muchos casos y obligando a los porteros a no dejar entrar a nadie más. Al margen de la Página | 145 atracción que supone toda novedad, sea por el hecho de contar con cine o por tener una elegante cafetería, lo cierto es que tras un comienzo dubitativo, el Argensola no tardo en estar de moda. En los días de mayor asistencia llegaron a concurrir en el mismo inmueble más de 700 personas en el cine, 150 a la cafetería y unas 800 personas en la pista de baile, estresando a los jóvenes camareros. La media de asistencia de un sábado y un domingo por la tarde podría superar el millar de personas. También en la temporada de invierno fue una sala muy concurrida, sobre todo en la última época cuando comienza la discoteca que gestionará la SMA en la década de los 80. El desarrollo urbanístico de la ciudad hacia la zona Ensanche y la creación del campo Municipal de los Deportes contribuyó a mediados de los 60 a potenciar el Argensola. A partir de entonces, la actividad de la cafetería comenzó a las 9.00 y el Argensola pasó a ser una cafetería obligada para los futboleros en su camino de ida y vuelta al Municipal de los Deportes a ver al conjunto rojiblanco, y junto al Pirineos un bar de tertulias y de información deportiva. Barbastro se fue extendiendo por la zona del Ensanche y de San Ramón y el Argensola pasó a ocupar posiciones más céntricas en el Barbastro moderno, siendo un lugar de encuentro y de citas como también lo fue el Cortés por su estratégica ubicación. Uno de los colectivos más fieles a la sala de baile serán los jóvenes que ya iniciaban su jornada festiva con el vermú en la cafetería. Las mujeres acudirán al Argensola pero siempre acompañadas. A partir de los años 70 comenzarán a prodigarse la clientela femenina acudiendo con amigas a la cafetería, siendo uno de los locales pioneros en los que la mujer va ganando su espacio en estos locales de esparcimiento y sociabilidad. El Argensola será un bar de barra y de juego hasta 1981, cuando Domingo le da un nuevo aire. El juego estará permitido de 14 a 16.00, salvo excepciones en los que los jugadores dejaban caja. Domingo apostará por atraer a la clientela joven incorporando los éxitos más modernos a la música ambiente de la cafetería. Página | 146 Camareros de la sala de fiestas y cafetería del Argensola en los festejos de septiembre de 1962. Luis Sambeat. El salón de baile de la sala de fiestas se completaba con una terraza exterior de unos 200 m2 muy concurrida en verano, con mesas que contaba con balancines, columpio, barra y escenario para las orquestas. A ella acudían las jóvenes parejas para disfrutar de momentos más íntimos, alejados del bullicio de la sala de baile, aunque no siempre eso era garantía de estar a salvo de las miradas indiscretas. La decoración de los espacios del Argensola será muy cuidada y artística, ambientándose con esculturas, cuadros de estilo chinescos, grandes murales y fotografías de escenas bélicas, actores de Hollywood o imágenes evocadoras. El cantante Antonio Latorre será uno de los asiduos a la pista de baile del Argensola, donde actuará con diversas formaciones. Latorre, que ha actuado en las mejores salas de Madrid y por diversos escenarios españoles e internacionales, describe esta sala de fiestas como “muy bonita, coquetona, acogedora y rompedora”. El cantante destaca su diseño arquitectónico muy avanzada para la época y una sociedad como la de Barbastro “con líneas rompedoras” y que a su juicio podría equipararse sin desentonar con otras salas de fiesta de Madrid, Barcelona u otras capitales europeas. “Fue una salita muy elegante en la que la empresa se volcó”, apunta. Las actuaciones festivas comprendían sobre todo las fiestas mayores de septiembre y los bailes de Nochevieja, que Latorre amenizó en muchas ocasiones. Las orquestas actuaban los sábados y domingos (cada miembro de la orquesta podría cobrar entre 500 o 600 pesetas por actuación frente a los 1.000 o 1.500 que se pagaba en las salas madrileñas). Los días laborables se optaba por la opción del pinchadiscos, sobre todo en la década de los 70, en sesiones a las que acudían las parejas a bailar. Página | 147 La orquesta estadillana Columbia fue la encargada de inaugurar las sesiones de baile de la sala del Argensola. A ella le seguirían otras orquestas del entorno y muy populares como la Kliper, Casino, Katiuska y Estrellas Negras. En ellas cantó como vocalista Antonio Latorre. La sala contaba con un escenario en torno al cual se distribuían varias mesitas, con sus manteles, así como divanes que daban un ambiente acogedor y confortable. El ambiente social era acorde con este espacio. Acudía la clase media, también la trabajadora pero de clase alta dentro de su status. A estas sesiones acudían sobre todo empresarios que concebían estos espacios como lugares comunes para conversar sobre negocios. Un dato significativo que nos sirve para recrear el ambiente selecto de esta sala, es el hecho que en una época en la que los gitanos que vivían en Barbastro no frecuentaban cafés, bares ni locales sociales, al Argensola acudían gitanos como el Perico, Benjamín o el Israel, tratantes de ganado y que se encontraban en una posición más acomodada que muchos paisanos de clase media. A pesar de ser una sala “fina que pretendía hacer una pequeña distinción” con el resto de locales sociales de esparcimiento, como recuerda el cantante Latorre, el Argensola tuvo gran éxito sobre todo entre las parejas de novios que encontraban en este espacio un lugar íntimo, acogedor y reservado para tomar sus cubalibres en un ambiente relajado y tranquilo mientras la orquesta interpretaba boleros o música lenta. “Fue un sitio en el que una pareja de novios se podía sentir tranquila y a la vez los empresarios pudieran hablar de cualquier negocio en un marco acogedor y coquetón”, afirma Latorre. La restauración del Argensola corrió a cargo del matrimonio Emiliano Gallego y Amparo Latorre desde su inauguración hasta 1975. Después, hasta su cierre definitivo, lo llevará su hijo Domingo. Entre los gustos de la época estaban las bebidas de vermú de garrafón, Martini, Cinzano o Bitter, y también se servía la media botella de estas bebidas o de cubalibres; para aperitivo se optaba por raciones de tortilla de patata, riñones, bacalao y ensaladilla rusa de la casa. El café, la copa y la faria costaba 3 pesetas. En 1961 el café valía 25 céntimos e iba acompañado con una jarra de agua con vaso. La botella de cava Codorniu era de 75 pesetas, el Delapierre era más barato. En los licores de alta graduación existía la posibilidad de optar por el garrafón de las principales marcas de ginebra de limón y naranja, cognac, vodzka, menta y ron, más barato, salvo en el caso del wiskhy. El medio cubata valía 7 pesetas en la cafetería y 12 pesetas en la sala de baile. Por entonces la ginebra se tomaba con coca cola y a veces con limón, y junto al ron eran los cubalibres más demandados y típicos de las sesiones de tarde. El vodka sólo se tomaba con naranja, el destornillador. Por los años 60 fue habitual que los hosteleros mantuvieran reuniones en las que se acordaba una lista de precios común. Página | 148 La indumentaria de los camareros será de corbata y chaqueta blanca, muy al estilo de la moda de la época. Un sueldo en el año 1966 de camarero oscilaba las 3.500 pesetas (sobre 8.000 a comienzos de los años 80). La sala del Argensola recuperó de alguna forma el espíritu de los casinos más elitistas de la alta burguesía local como La Amistad, Barbastro y La Peña. La sala de fiestas del Argensola perduró hasta comienzos de los años 70 hasta que la música de los discos que se proyectaba por bafles de gran potencia acalló la fina y armoniosa melodía que brotaba de las partituras de las orquestas. Del mismo modo que las salas de baile dan el relevo en los años 40, tras la guerra civil, a los casinos, los nuevos hábitos de ocio de una sociedad urbanita, más moderna que asume las modas cortando de forma radical con otros espectáculos y formas de divertirse, toman el camino de las discotecas y pubes. Será a partir de los años 70 cuando se presencie el triunfo de los tocadiscos, de los espacios oscuros iluminados por las brillantes y rítmicas luces giratorias de las discotecas, y por los altavoces se cuela el sonido disco, pop, tecno, entre otros géneros. Los camareros del Argensola vestían con chaqueta y camisa blanca y pajarita negra. Años 60. En la medida que la sociedad se nivela económicamente, estos espacios de clase, si no desaparecen irán perdiendo adeptos o transformándose en discotecas como una forma de revitalizarse, atraer a la juventud y perpetuarse en el tiempo. Así ocurrirá en el caso del Argensola y la SMA, las dos únicas salas de fiestas que sobrevivían de una época donde el baile se concebía como un elemento básico para la sociabilidad en poblaciones de medio tamaño y con un marcado carácter rural como es el caso de Barbastro. Página | 149 Así pues el Argensola se convertirá en una discoteca en su últimos años a partir de los 70 y en los 80 la regentará la Sociedad. Parodiando al título de la popular canción de los 80, la discoteca mató a la estrella del baile. El Cine y sala de fiestas Argensola se irá adaptando a los nuevos tiempos. Sus responsables no escatimarán recursos en reformas para dotar al espacio de los mejores servicios y transmitir un ambiente de confort, elegancia y distinción. Pero los cambios no sólo serán estéticos si no que también la sala de baile se adaptará a las modas del momento. Así en un intento por revitalizar la sala y atraer al público más joven las orquestas de los años 60 ceden el testigo en la década de los 70 a los discos que se pinchará en una popular discoteca, creada en 1972, y para lo cual se acondicionó la sala de baile dotándola de una iluminación y una acústica acorde con su nuevo uso. No fue la única discoteca existente en Barbastro ya que existía la de la de la SMA –que en ocasiones alquilará esta pista-, el Exágono, del Hotel Sancho Ramírez, y la Maddo’s. 10.2.d. El juego Otro uso lúdico que tendrá este espacio será el de sala de Bingo, entrados los 80, cuando el empresario Jesús Tremosa adquiere el Argensola y traslada este juego de la SMA. Por lo que respecta al juego de cartas, el Argensola también acogerá timbas cerradas de póker clandestinas y a las que no podía jugar cualquiera en las que se apostaban importantes cantidades. Las dimensiones del inmueble lo convertían en un lugar idóneo para acoger partidas ilegales sin riesgo de ser descubierto por los cuerpos de seguridad. Las partidas se jugaban en los camerinos, detrás de la pantalla. Estas partidas acogerán a importantes empresarios, directores de bancos y capitanes del Ejército, futbolistas, familiares de altos cargos de la vida política municipal, algún trabajador de la AUXINI, el ‘andaluz’ un gran jugador, y hasta constructores y hosteleros de Monzón. A veces las partidas se desarrollaban en la sala de baile cuando no había actuaciones. Los camareros sólo se limitaban a llevar las bebidas y marcharse discretamente con una suculenta propia de hasta 8.000 pesetas para pagar el coste del alquiler de la sala y el cambio de baraja. En una ocasión entre 1965 y 1966 se invitó a participar en estas partidas a un inspector de Hacienda para tratar de sobornarlo para que no realizara una inspección en el negocio de uno de los industriales que participaban en estas timbas. La partida, que incluyó merienda cena, duró hasta las cuatro de la mañana. La estrategia fue dejar ganar al inspector esperando que hiciera la vista gorda. Al día siguiente, en la habitual partida a la garrafina o domino en la cafetería a la hora del café, llego el empresario con un enfado monumental ya que había recibido la visita sorpresa del inspector y le había multado con 5.000 pesetas, tras haber ganado 6.000 pesetas en la timba de la noche anterior. En las mesas de la cafetería también se jugaba al rabino y al guiñote. Página | 150 10.2.e. Banquetes Otra actividad que se llevará a cabo en esta sala serán los banquetes sociales, sobre todo en su primera época, dada la amplitud de espacio y la ausencia de restaurantes en la ciudad con gran capacidad. Antiguamente se recurría a los casinos e incluso al salón de plenos del Ayuntamiento para organizar banquetes de alto postín. Con la apertura de la sala del Argensola, muchas bodas y banquetes, sobre todo de las familias más ricas de la ciudad, se celebrarán en este inmueble. Los banquetes los servirán los restaurantes de la ciudad, que alquilaban las instalaciones de la pista de baile (el mayor salón de Barbastro), sobre todo el Restaurante Europa que contaba con su propio servicio o contrataba a los empleados de la cafetería de la empresa CIRASA. Algunos banquetes célebres fueron el del carismático Emilio Fajarnés, uno de los pregoneros del Vero y locutor de Radio Juventud. Esta práctica caerá en desuso con la apertura de nuevos locales hosteleros en la ciudad especializados en celebrar banquetes de bodas, comuniones y otras celebraciones. En plena democracia, el Cine Argensola cambiaría de propietario. El empresario Jesús Tremosa, que había hecho fortuna con el negocio de las máquinas recreativas y tragaperras, adquiere el inmueble. El cierre del Teatro Principal y la ausencia de un teatro público revitalizará la actividad del Argensola que acogerá buena parte de las funciones teatrales y musicales organizadas por el área de Cultura del Ayuntamiento. Las películas seguirán proyectándose y la cafetería mantendrá esa atracción con un tipo de clientes de clase media y jóvenes. La construcción del Cine Argensola fue tan majestuosa como efímera ya que el edificio tuvo que ser demolido el 13 de marzo de 2006 por contar entre sus materiales de construcción con cemento aluminoso, algo propio de muchas edificaciones del momento que optaron por materiales baratos y de baja calidad y que podrían originar un derrumbe. Antes, el 14 de agosto de 1978 el Cine Argensola ya sufrió un conato de destrucción con un incendio provocado según recoge el periódico provincial La Nueva España del día siguiente. El incendio daño la zona del escenario, la pantalla, cortinas y el humo generó cuantiosos daños teniendo que sustituir la tapicería y las butacas. Las estimaciones del coste de las pérdidas ocasionadas fueron de alrededor de cuatro millones de pesetas. Pero el Cine Argensola resurgió de sus cenizas cual Ave Fenix. El derribo del Argensola no estará exento de polémica ya que algunas informaciones más o menos tendenciosas apuntan a que su actual propietario, el citado empresario Jesús Tremosa –que hizo fortuna gracias al negocio de las tragaperrasveía una operación especulativa en tan amplio solar y ante la crisis de la cinematografía. Página | 151 11. Peña Ferranca (A partir de 1957) A mediados de la década de los 50 comienza a producirse un cambio de tendencia en la sociedad, sobre todo protagonizado por una juventud anhelante de un ambiente de libertad que no ha tenido ocasión de vivir. La dictadura está plenamente consolidada y a pesar de que tardará veinte años en desaparecer, una parte de la sociedad, sobre todo el sector juvenil y la clase obrera, reivindica un espacio vital en el que desarrollar sus actividades de esparcimiento en un ambiente de aparente libertad. El claro exponente de este movimiento es la Peña Ferranca, el primer colectivo juvenil que nace con vocación meramente ociosa, puesto que su cometido será el de renovar y revitalizar las fiestas de septiembre, haciéndolas más populares, alegres y en el que los jóvenes tengan un papel predominante. La Peña Ferranca se constituye en 1957 por iniciativa de 25 amigos que formaban parte de dos o tres cuadrillas y que tras presenciar y en algunos casos vivir el fenómeno de la irrupción peñista en las fiestas de San Lorenzo de Huesca ese mismo verano –que a su vez copian de los San Fermines de Pamplona-, deciden exportarlo a la ciudad del Vero. La influencia del papel destacado que jugaban los peñistas en las fiestas de San Lorenzo y San Fermín impresionó tanto a los jóvenes barbastrenses que acudían en julio a Pamplona y en agosto a Huesca que les motivó a tratar de cambiar el devenir de las fiestas barbastrenses usando la misma fórmula. El maestro Carmelo Uruel, uno de los fundadores de la Peña Ferranca, recuerda con nostalgia que su pandilla acudía invitada por su primo a Huesca a pasar las fiestas de la capital. Además viajaban a los San Fermínes en los viajes en autobús organizados por la SMA. “Pasábamos muchos días de las fiestas de Huesca y luego con la SMA fuimos un par de veces a Pamplona. Nos gustaba tanto aquel ambiente de las peñas, lo que la gozaba aquella gente, y nosotros bailando con ellos, … Dijimos que podríamos hacer lo mismo en Barbastro y como estaba en Benito Gella que era de Huesca y formaba parte de la Peña San Jorge”. La relación entre la Ferranca y las peñas oscenses será muy estrecha sobre todo con las peñas San Jorge y San Martín, ya desaparecidas, y La Parrila y la de Los 30. Grupos de peñistas acudirán a las fiestas de septiembre invitados por los ferranqueros que los alojaban en sus casas. Además de con Hueca, también habrá buena relación con Binéfar, en la década de los 70, cuando la Peña Ferranca esté plenamente consolidada. En 1975 la Ferranca es invitada a participar en las fiestas de Binéfar y la presencia de las ferranqueras causará sensación. La presencia de la Ferranca en esas fiestas animará a los jóvenes binefarenses a crear sus peñas. Página | 152 El historiador Bizen D’o Río expone en un artículo sobre El Ferranquero, publicado en el Diario del Alto Aragón, cómo era la situación festiva en la provincia en el momento que aparece el fenómeno sociológico de las peñas recreativas: “Corre el año 1956 cuando la juventud altoaragonesa se encuentra incómoda con unas fiestas que les venían dadas, organizadas, dirigidas y sobre todo controladas por la autoridad, lo cual ha convertido a través de los años en unos días que, denominadas Fiestas Tradicionales, han ido cayendo en una ranciedad sin límites […]. Habían desaparecido numerosas fiestas populares entre ellas los Carnavales mediante prohibición, y sobre todo las peñas que con sus llamadas ‘Casa del Gasto’ habían llenado de alegrías las fiestas de todos los pueblos de la provincia, organizando las famosas Rondas, las Carreras, Partidos de Fútbol, aunque solamente fueran los polémicos solteros contra casados, así como los bailes, pero también a éstos les había llegado la censura por medio de la ‘tripleta’ así llamado al conjunto de personas formado por la Guardia Civil y el Mosén, que habían conseguido hacer desistir de organizar baile en muchas poblaciones, y en todo caso, en las ciudades perduraban aquéllos que en los Programas Oficiales figuraban como Grandes Bailes de Sociedad, a los que con todo rigor de la canícula solamente se podía asistir con chaqueta y corbata. En este estado de ‘postración’ se encontraban las fiestas altoaragonesas, cuando la juventud inquieta trató de darles otro giro, dentro de algo que muy bien podría denominarse ‘la revolución festiva del 56’, pacífica, eso sí, que fue llevada a cabo entre las poblaciones de Huesca y Barbastro en el breve espacio de un mes. Si la experiencia peñista a primeros de agosto en Huesca había constituido un éxito, no menos lo sería veinte días después en Barbastro. Peñistas y lugares que aportaron ilusión, facilitaron medios, fueron testigos de esta historia, y sobre todo co-partícipes de un desmesurado entusiasmo en aras de lograr una sana diversión a la vez que se lograba crear un ambiente y unas fiestas diferentes” 141 El origen de la Peña Ferranca se fragua en las tertulias que esta cuadrilla de amigos mantenían las noches de verano en el Bar La Paz en el Paseo del Coso. Su propietario, el republicano y represaliado por el Régimen Pedro Zazurca, les anima a materializar su deseo de unirse en un colectivo y dar un giro de 180º a las fiestas de Barbastro. El grupo de 25 amigos y primeros fundadores lo constituyen: Jesús Alás, José María Ballarín, Alejandro Ballesteros, Alfredo Bielsa, José María Calvo, José Alberto Escalona, Juan Fortea, José María Gracia, Joaquín Jurado, Víctor Román, Vicente Salanova, Carmelo Uruel, José Luis Villar, Enrique Viñuales, Aurelio Grasa, Valentín palacio, José María Nevot, Pablo Ibáñez, José Abadías, Benito Gella, Miguel Ángel Uriel, Guillermo Millán, José Luis Barcos, Andrés Castán y José Vicién. Decisiva será en la formación de esta peña los ánimos que insufla el oscense pero vecino de Barbastro Miguel Ángel Uriel al explicar cómo habían transcurrido ese mismo mes de agosto de 1956 las primeras fiestas de San Lorenzo con la irrupción de las primeras peñas. 141 D’o Río Martínez, Bizien. (2006): ‘El Ferranquero’ en ‘Historia de la Prensa Aragonesa’, Diario del Alto Aragón, 10 de septiembre. Página | 153 Los testimonios recogidos para abordar este capítulo entre destacados fundadores como Carmelo Uruel, Alejandro Ballesteros, José Luis Villar o Victor Román, exponen que el origen del movimiento peñista en la ciudad fue de abajo arriba, esto es que fue una iniciativa popular la que llevo a crear esta asociación. Uno de los fundadores más activos Carmelo Uruel, primo del oscense Miguel Ángel Uriel, recuerda que la idea surgió como un mimetismo del fenómeno peñista de Huesca: “Salíamos mucho fuera e íbamos a Huesca cuando vimos el nacimiento de las peñas, que nos afectó mucho. Además teníamos amigos de Huesca como mi primo Miguel Ángel Uriel y Benito Gella que nos ayudaron mucho a la creación de la Peña Ferranca. En aquella época no había asociaciones y queríamos reunirnos, hacer unas fiestas agradables, … No fue una reacción política, porque a los 17 años no pensábamos en si no nos dejaban asociarnos. La idea principal fue reunirnos, crear una peña y divertirnos en fiestas”. Uno de los principales motivos que llevó a este grupo de jóvenes a constituirse como peña fue la ausencia de alternativas de ocio para los adolescentes. El Régimen tenía sus propios organismos de integración sociabilzadora como Acción Católica, en el Palacio Episcopal que daría origen a los Boy Scout, la Sección Femenina para las niñas y el Frente de Juventudes de Falange con billares, futbolín y pin – pon y la instrucción militar los domingo en las eras de La Merced con mosquetones de madera, y los Padres Escolapios con sus proyecciones de cine o partidos de fútbol. Pero los adolescentes de los años 50 demandaban un espacio propio donde bailar, beber en comunidad y disfrutar sobre todo en las fiestas de septiembre. Los mayores de edad tenían la opción de acudir a las pistas de baile de la Sociedad y La Floresta pero además de tener 18 años (muchos jóvenes optaban por falsificar el carné de identidad para poder entrar en el baile) y algo de dinero, estos bailes sociales exigían etiqueta ya que había que acudir con chaqueta y corbata a pesar de tener lugar en verano. El carácter rebelde de este movimiento juvenil motivará varias discusiones para poder entrar en La Floresta con su atuendo festivo, camisa o camiseta y pantalón blanco, falda para las mujeres, cinto y pañoleta azul. Los ferranqueros serán los primeros en entrar en los bailes de La Floresta sin chaqueta ni corbata lo que animará a muchos a socios a prescindir de este formalismo. “Entonces teníamos la Sociedad Mercantil de la que todos los jóvenes de Barbastro nos hacíamos socios lo antes posible, algunos falsificando el carné, porque era la única forma de divertirse y de ligar”, explica Carmelo Garcés. Decisivo en la creación de la Ferranca fue la intervención del alcalde Rafael Fernández de Vega y Frago que en una reunión celebrada en el Ayuntamiento animó a los jóvenes a crear una peña parecida a las existentes en Huesca y Pamplona. “Vendió ilusión, compró ganas con facilidad y propuso el distintivo azul en honor de la Virgen” 142 . 142 Huguet Ascaso, Ángel. (2006): ‘Peña Ferranca, cincuenta años de historia a golpe de bombo, alpargata y pañoleta’, Extraordinario de Fiestas de El Cruzado Aragonés, pagina 75.