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Abstract

El presente trabajo analiza la forma en que son abordadas las diferencias dentro del feminismo, cuando las categorías de raza, clase y lugar de procedencia plantean nuevas complejidades a un movimiento creado originalmente para resolver las necesidades de las mujeres del mundo desarrollado. Un recuento de la teoría feminista, desde los orígenes del movimiento hasta la situación actual, y una crítica de su relación con la multiculturalidad, permiten revisar el impacto que las migraciones tienen en la vida de millones de mujeres: pese a vivir en el primer mundo, construcciones culturales —tanto del lugar de origen como de acogida— obstaculizan su acceso a los derechos alcanzados por el feminismo. García Hoyos, Marcela; Aliaga Jiménez, José Luis

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MÁSTER EN RELACIONES DE GÉNERO Feminismo, multiculturalidad e interculturalidad Trabajo Fin de Máster MARCELA GARCÍA HOYOS Director: José Luis Aliaga Jiménez Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo Universidad de Zaragoza Junio de 2013 2 3 Resumen El presente trabajo analiza la forma en que son abordadas las diferencias dentro del feminismo, cuando las categorías de raza, clase y lugar de procedencia plantean nuevas complejidades a un movimiento creado originalmente para resolver las necesidades de las mujeres del mundo desarrollado. Un recuento de la teoría feminista, desde los orígenes del movimiento hasta la situación actual, y una crítica de su relación con la multiculturalidad, permiten revisar el impacto que las migraciones tienen en la vida de millones de mujeres: pese a vivir en el primer mundo, construcciones culturales —tanto del lugar de origen como de acogida— obstaculizan su acceso a los derechos alcanzados por el feminismo. 4 ÍNDICE Presentación ………………………………………………………………………………… 5 1. Feminismo. Teorías, conceptos y compromisos …………………………………. 9 2. Feminismos a medida ……………………………………………………………….. 25 3. Estar y no estar en el mundo desarrollado ……………………………………… 38 4. Viaje en círculo ………………………………………………………………………… 51 5. Ceguera de género selectiva ……………………………………………………….. 64 6. Bibliografía ……………………………………………………………………………… 78 5 Presentación. Feminismo, multiculturalidad e interculturalidad «Insto a cada una de las mujeres aquí presentes a que se sumerja en ese lugar profundo de conocimiento que lleva dentro y palpe el terror y el odio a la diferencia que allí habitan. Y a que vea el rostro que tienen. Es la condición para que lo personal y lo político puedan comenzar a iluminar nuestras decisiones». Audre Lorde (2003: 120) El presente trabajo es el resultado de una aproximación teórica, pero también vivencial, al tema de las mujeres inmigrantes de los países en vías de desarrollo. Si bien el tema de la multiculturalidad no hace parte de los listados «urgentes» de las reivindicaciones feministas actuales, sigue afectando a millones de mujeres que han viajado desde sus lugares de origen hasta países donde confían en mejorar sus vidas y las de sus familias. Las barreras de entrada a las sociedades de acogida y las construcciones culturales que traen consigo dificultan el desarrollo de sus capacidades y transforman en limitaciones lo que podría ser considerado como ventajas. El feminismo del siglo XXI, como sostiene Rosa Cobo (2007: 8), no debe perder de vista a estas mujeres: El feminismo no puede renunciar a la idea de la autonomía y a la constitución de las mujeres en sujetos políticos, pero tampoco puede cerrar los ojos a la existencia de grupos de mujeres con experiencias concretas y específicas de opresión. Sin embargo, tener una actitud un poco relativista y un poco multiculturalista hacia las culturas y las minorías, siempre que no vulneren los derechos humanos y no 6 promuevan la desigualdad, no puede significar la adhesión al relativismo y el alejamiento del universalismo. Construir un universalismo amplio, ancho, autocrítico, que no sea ciego a las diferencias, que no se deje bloquear, según el término de Bessis, por los intereses de las elites patriarcales y que no silencie a las ‘otras’ debe ser uno de los objetivos del feminismo del siglo XXI. La bibliografía estudiada podría clasificarse en dos grandes grupos. Uno, testimonial, compuesto por relatos de mujeres nacidas en países en vías de desarrollo donde cuentan su experiencia en el lugar de origen hasta la llegada y asentamiento en la sociedad de acogida, así como su proceso de integración. Cabe destacar, entre otros, los libros Nacer mujer en China (2003), Ser mujer y musulmana (2009), Inmigración y género: el caso de Guinea Ecuatorial (2004), Latinoamericanas en Donostia (2005), Educar desde el locutorio (2008), Las presencias de la inmigración femenina: un recorrido por Filipinas, Gambia y Marruecos en Cataluña (1999), Ni putas ni sumisas (2004) y Proceso migratorio de una mujer salvadoreña: el viaje de María Reyes a Washington (2006). El otro grupo, teórico, se concentra en el estudio de la relación entre feminismo y multiculturalidad, así como el enfoque de la perspectiva de género en los movimientos migratorios y la globalización. Fundamentales han sido los elementos de análisis encontrados en Descolonizando el feminismo (2008), Mujeres, globalización y derechos humanos (2010), Feminismo en el mundo global (2008), Interculturalismo y mujer (2002), ¿Visibles o invisibles?: mujeres migrantes, culturas y sociedades (2011), Las mujeres y el desarrollo humano: el enfoque de las capacidades (2012), Globalización y desigualdad de género (2004), Mujeres en el mundo: historia, retos y movimientos (2012), Multiculturalismos y género (2001), así como el tercer volumen de Teoría feminista: de la Ilustración a la globalización (2005). 7 Artículos como el de Susan M. Okin «Is Multiculturalism Bad for Women?» (1999) y el de Máriam Martínez «¿Es el multiculturalismo bueno para los inmigrantes?» (2011), constituyen dos puntos de comparación para la elaboración de un análisis que busca comprender todos los elementos que intervienen en el proceso de integración de las mujeres inmigrantes. Lugar especial en la bibliografía merecen los libros de Audre Lorde, La hermana, la extranjera (2003) y Zami. Una biomitografía (2009). En el análisis de la diferencia dentro del feminismo que hace esta escritora afroamericana se basa buena parte del presente trabajo, así como en el estilo ensayístico de sus reflexiones. El relato de su propia vida como respuesta sin complejos a las múltiples discriminaciones y su capacidad para transformar el dolor en poesía hacen de Lorde una autora fundamental para el pensamiento feminista. El contacto directo con numerosas mujeres inmigrantes ha sido básico para la elaboración del análisis que propone este texto. La presencia en eventos como «Una visión de género de la inmigración»1 y «Mujer inmigrante en España: cuatro problemas jurídicos y dos historias de vida»2, organizados por SOS Racismo Aragón (gracias, Katrina, por ser todavía capaz de llorar), así como la semana multicultural de gastronomía en La Carrera del Gancho3, también facilitaron el acercamiento a las historias de mujeres de diversas nacionalidades que trabajan a diario por alcanzar la ciudadanía en un lugar que ahora sienten como propio. De igual importancia han sido los cursos de la Casa de la Mujer «Prevención de la violencia de género: intervención socioeducativa»4 e «Igualdad y liderazgo 1 Realizado entre el 15 y 17 de diciembre de 2011 en el Centro Joaquín Roncal, en Zaragoza. 2 Realizado el 20 de marzo de 2013 en la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo de la Universidad de Zaragoza. 3 Realizada entre el 10 y 14 de septiembre de 2012 en el barrio San Pablo de Zaragoza. 4 Realizado entre el 23 de octubre y el 20 de diciembre de 2012 en la Universidad de Zaragoza. 8 femenino en la sociedad actual» 5 para tener elementos de análisis con numerosas perspectivas, que cubren desde lo local hasta lo global. Las fotografías que acompañan el texto tienen como objetivo registrar algunas escenas de la vida diaria donde están presentes las mujeres inmigrantes y conjurar, por un momento, su invisibilidad. La amable disposición y oportunas correcciones del profesor José Luis Aliaga Jiménez fueron indispensables para la realización de este trabajo. 5 Realizado entre el 27 de febrero y el 17 de abril de 2013 en la Casa de la Mujer de Zaragoza. 9 1. Feminismo. Teorías, conceptos y compromisos Para entender el estado actual del feminismo es útil hacer un recorrido sobre lo que han sido las diferentes olas de pensamiento feminista, encontrar sus semejanzas y diferencias y reconocer a las protagonistas de cada época al atreverse a enunciar nuevos planteamientos sobre lo que significa ser mujer. El análisis explicativo de la precaria situación de las mujeres a través de la historia, la cultura, las sociedades y los movimientos políticos muestra que no hay una sola forma de abordar el tema del feminismo, que la visibilidad de las mujeres se ha buscado de muchas formas y que cada uno de esos abordajes teóricos tiene su propio valor y ha aportado a la totalidad del pensamiento feminista, enriqueciéndolo desde diferentes enfoques y estrategias, unas más radicales que otras. Plantear el sistema sexo-género, proponer la muerte del patriarcado, reivindicar los derechos sobre el cuerpo y la sexualidad, cuestionar el mandato social de ser esposa y madre, reclamar los derechos a la igualdad y la libertad, son algunos de los temas que han ocupado a las autoras de las teorías feministas de la época contemporánea. 16 Lo que hace de una hembra humana una mujer son la sociedad y la cultura, las normas y estereotipos de género, sostiene De Beauvoir. Algunas autoras lo llaman «mandatos de género». La cultura ha definido los sexos contrarios como opuestos. Si lo universal es lo masculino, lo femenino pasa a ser lo particular, lo diferente. Él es el sujeto, el absoluto; ella es el objeto, la alteridad. Simone de Beauvoir (2005: 225) analiza los mitos sobre la mujer y denuncia el falso universalismo del sujeto. Hace ver que en la sociedad patriarcal las relaciones entre hombres y mujeres son similares a las de amos y esclavos, ya que mantener a las mujeres en un estado de dependencia convenía a los intereses masculinos: La Historia nos ha mostrado que los hombres siempre tuvieron todos los poderes concretos; desde los primeros tiempos del patriarcado, consideraron útil mantener a la mujer en un estado de dependencia; sus leyes se construyeron contra ella; así es como se convirtió concretamente en Alteridad. Esta condición servía a los intereses económicos de los varones; pero también a sus pretensiones ontológicas y morales. En cuanto el sujeto se trata de afirmar, el Otro que lo limita y lo niega pasa a serle necesario: sólo se puede alcanzar a través de esta realidad que no es. Por esta razón, la vida del hombre nunca es plenitud y reposo, es carencia y movimiento, es una lucha. La publicación de El segundo sexo representó una apertura definitiva para el pensamiento feminista y aunque ha tenido múltiples interpretaciones, siempre ha sido tomado como base para las propuestas que fueron apareciendo en los años siguientes, épocas de grandes movimientos políticos y de cambios sociales. Es un libro que marcó el camino hacia una visión que enfatiza que el sexo es un dato biológico, en tanto que el género es una construcción cultural y que no hay esencias femeninas ni masculinas, solo individuos. Feminismos de la igualdad y la diferencia El feminismo se basa en una nueva ontología, fundamentada en la mirada múltiple de la realidad. En las décadas de 1960 y 1970 las mujeres pasaron del 17 discurso a la militancia, conformaron organizaciones y se agruparon en distintas corrientes, todas en busca de derechos e igualdad. Eran tiempos de contracultura, de posmodernidad y revoluciones. El feminismo de la igualdad pretende la emancipación, el reconocimiento de la simetría de derechos entre hombres y mujeres. Betty Friedan y su libro La mística de la feminidad, publicado en 1963, rasga el velo de la situación de las mujeres —en este caso norteamericanas blancas, de clase media, heterosexuales— y menciona «el problema que no tiene nombre», que resulta ser la falta de opciones para la mujer frente al destino idealizado de ser esposa y madre perfecta. La autora plantea unas preguntas fundamentales: ¿Esto es todo? ¿Quién soy realmente? Friedan hace una crítica a la moda, a la «pesca» de marido, al matrimonio como única opción, a ser amas de casa y tener que hacerse las «tontas» para encajar en la sociedad. Cuestiona la publicidad, la educación y los medios de comunicación, que estereotipan a la mujer. El problema era no tener opción ni control sobre la propia vida y ser considerada una fracasada en caso de no seguir el plan trazado por otros. En poco tiempo aparecieron los feminismos de la diferencia, que consideran insuficiente la igualdad formal entre hombres y mujeres dentro de un mundo que sigue siendo de hombres y en su lugar dan la mayor importancia a cambiar las estructuras del propio pensamiento y las reglas del juego. Luce Irigaray, una de sus representantes, sostiene que no se trata de cambiar tal o cual cosa en un horizonte ya definido como cultura humana, sino de cambiar el propio horizonte. Uno de los cambios urgentes que propone es el del lenguaje. Partiendo de que es una construcción del patriarcado y por lo 18 tanto no es neutro, advierte también sobre la forma en que el patriarcado se copula y se reproduce a sí mismo. Para las feministas de la diferencia no se trata de basarse en el modelo masculino, el reto es aprender a descubrir lo que hace humanas a las mujeres. Si el género es una construcción cultural, la diferencia no debería implicar necesariamente desigualdad. Se han ocupado del pensamiento de la diferencia sexual, además de Luce Irigaray, otras autoras como Carla Lonzi y las participantes de la Librería de Mujeres de Milán, que en su artículo de 1996 «El final del patriarcado. Ha ocurrido y no por casualidad» expresan su propuesta de eliminar el patriarcado de la mente de las mujeres (Librería de Mujeres de Milán, 2006: 185): Hay hoy en día un estar en el mundo —de mujeres, pero no exclusivamente— que muestra y señala, sin grandes frases ni argumentos, que el patriarcado ha llegado a su fin: es un estar en el mundo con disponibilidad para la modificación de sí, en una relación de intercambio que no deja nada fuera del juego. Le podríamos llamar ligereza. O libertad femenina, porque, comparadas con ella, las ventajas del dominio patriarcal desaparecen, a los ojos de ella y a los de él. Esas ventajas existen: por ejemplo, la identidad: el dominio le ofrece identidad a quien lo ejerce, pero también a quien lo sufre, y mucha servidumbre se perpetúa precisamente por la necesidad de identidad. El patriarcado que ya no pone orden en la mente femenina, caduca principalmente en tanto que dominio dador de identidad. Ella ha dejado de pertenecerle; lo demás vendrá después, viene ya, a un ritmo que trastorna y del que muchos, que tal vez se creen más inteligentes, ni siquiera se enteran. Radicales Las décadas de los 60 y 70 del siglo XX eran tiempos de rebeldía, de crítica a los postulados de la modernidad: racionalidad, progreso, autonomía, felicidad. Se imponía la irreverencia hacia lo establecido y no había estructuras intocables. La corriente radical surge luego de que muchas mujeres que pertenecían a los movimientos sociales se sintieran decepcionadas por verse 19 en un lugar secundario nuevamente. «Los hombres piensan y las mujeres limpian», parecía seguir siendo la dinámica de los grupos de izquierda. Aparece en 1970 Kate Millet con su libro Política Sexual, donde a través del análisis literario de autores como Henry Miller, revela las relaciones de poder y subordinación con los imaginarios de lo que es ser mujer y ser hombre, para concluir que la mujer sigue estando encasillada en la imagen de débil, complaciente y poco inteligente. Millet apunta que el sexo es político porque está arraigado en la esfera de las relaciones humanas como un conjunto de estratagemas destinadas a mantener un sistema, el patriarcado. El poder queda en manos masculinas y se acepta como lo que tiene que ser. El prejuicio de la superioridad masculina garantiza una posición superior al hombre en la sociedad. Las feministas radicales sostienen que lo personal es político. Muchas vienen de una disidencia de NOW (National Organization for Women), cuya primera presidenta fue Betty Friedan. Hasta ese momento no se tocaban los temas afectivo-sexuales y comienzan a formar grupos para hacer reuniones de autoconsciencia donde analizan los temas en clave femenina y buscan explicaciones sociales. El concepto de política es el de la nueva izquierda y de la escuela de Frankfurt, que trata de explicar la realidad a partir del marxismo y el psicoanálisis. La modernidad señalaba que los seres humanos son autónomos, la posmodernidad la desmiente. Se creó una nueva identidad cultural por medio de la escritura, a través de libros y editoriales de mujeres, librerías de mujeres donde por primera vez se hablaba abiertamente de asuntos feministas. 20 El orden patriarcal no es la única realidad, sostienen las feministas radicales. La diferencia sexual supone un nuevo juego de lenguaje, nuevo juego de verdad donde no hay una verdad definitiva, tal como lo propone la teoría de la deconstrucción. El lenguaje hace parte de la construcción del discurso que debe ser modificado y es una tarea que sigue en proceso. Carole Pateman y su teoría del contrato sexual (1988) ofrece un nuevo enfoque. Para esta autora el contrato sexual convierte a la mujer en objeto de intercambio y es previo al contrato social. Su planteamiento consiste en que si el contrato social era para gente libre, las mujeres no estaban incluidas y por lo tanto no están obligadas a cumplirlo. Si la sociedad no ha tenido en cuenta a las mujeres, ellas no tienen por qué cumplir sus reglas y sus normas. Si la libertad civil depende del derecho patriarcal, tampoco incluye a las mujeres. No se puede pretender que se incorporen a un sistema que las ataca. Sólo los hombres son «individuos» según la Historia. A las mujeres no solo no las han invitado a firmar el contrato sino que ellas son el objeto de ese contrato. La diferencia sexual es la diferencia entre libertad y sujeción. La crítica feminista afirma que el contrato no se puede considerar igualitario porque una de las partes ha estado claramente en situación desventajosa. Las mujeres deben estar sujetas al varón porque son naturalmente subversivas del orden político de los varones. Lo único que pueden firmar las mujeres es el contrato de matrimonio, pero todo lo demás les está vedado. Las esferas públicas y privadas están interrelacionadas. La libertad y la igualdad no son universales, son atributos de los hombres. El derecho y la organización sexual son masculinos. 21 La cuestión central de la teoría del contrato no implica la libertad de hacer lo que a uno le plazca, sino la libertad para subordinarse de la forma que a uno le plazca. Feminismo lésbico Se divide en dos enfoques para entender el lesbianismo. El político, que es separatista y sostiene que cualquier mujer puede llegar a ser lesbiana. Según la autora Monique Wittig, la lesbiana no es una mujer, es una «cimarrona» que logró escapar del sistema patriarcal. Butler (2007: 240) analiza su énfasis en el lenguaje: Para Wittig, en su sentido ideal, hablar es un acto potente, una afirmación de soberanía que al mismo tiempo supone una relación de igualdad con otros sujetos hablantes. Este «contrato» ideal o primario del lenguaje opera en un nivel implícito. El lenguaje tiene dos características: puede utilizarse para afirmar una universalidad verdadera e incluyente de individuos, o puede instaurar una jerarquía en la que solo algunos individuos son aptos para hablar y otros, a consecuencia de su exclusión del punto de vista universal, no pueden «hablar» sin desprestigiar al mismo tiempo su discurso. No obstante, antes de esta relación asimétrica con el habla hay un contrato social ideal, según el cual todo acto de habla en primera persona acepta y confirma una reciprocidad absoluta entre los sujetos hablantes; esta es la opinión de Wittig sobre una situación ideal de habla. El otro enfoque es el del feminismo pro-sexo, que defiende que el lesbianismo es una opción entre muchas otras y no necesariamente una decisión política. En resumen, unas defienden la igualdad que hay en una relación entre dos mujeres y otras la libertad para tener relaciones con quien se desee. Ecofeminismo Se trata de una corriente minoritaria. Está relacionado con la ética del cuidado y la responsabilidad que implica el hecho de tener un cuerpo. Afirma la profesora Alicia Puleo que el ecofeminismo revolucionó el área de filosofía moral. Había una devaluación de los efectos compasivos, porque eran las mujeres las encargadas de ellos. La compasión hacia todos los seres vivos está 22 devaluada por feminizada; el cambio propuesto es que cuando las éticas racionalistas buscan una norma aplicable a cada situación, las éticas contextuales buscan una solución para cada situación. Hay razones empíricas, simbólicas y éticas para la existencia del ecofeminismo, cuyas principales propuestas son: - Defensa de los principios ilustrados de igualdad y autonomía. - Perspectiva constructivista de los géneros femenino y masculino. - Diálogo intercultural. - Aceptación prudente de la ciencia y de la técnica. - Políticas de acción positiva orientadas a la sostenibilidad. - Universalización del concepto de cuidado en hombres y mujeres. Debate naturaleza/cultura La distinción sexo/género y el paradigma de la identidad de género fueron temas que se vieron redefinidos por las teorías feministas. Los textos como El segundo sexo, al plantear que los papeles sexuales y de género se pueden modificar y transformar, al ser productos sociales y culturales, abrieron un debate sobre qué influye más en la conducta humana, si naturaleza o cultura. El feminismo cuestionó teorías biologicistas y deterministas, que sostenían que la cultura se doblegaba ante la naturaleza. En este debate se fundó la diferencia sexo/género. El primer uso de esta diferencia se hizo en las ciencias biomédicas, en estudios de identidad que se preguntaban si tenía que haber correspondencia ente uno y otro. Personajes como el médico Robert Stoller en 1963 decían que el género se adquiere a corta edad y no se puede modificar. Las feministas, en cambio, opinaban lo contrario, que a lo largo de la vida se está re-creando el género. 23 Para las feministas norteamericanas El segundo sexo reveló que la sexualidad es un lugar de poder del cual se apropia el hombre y en la radicalización de la perspectiva de De Beauvoir aparecieron tesis constructivistas y el análisis del papel normativo de la heterosexualidad. Ante el sistema sexo/género, la autora Gayle Rubin planteaba un interrogante sobre el proceso que debe ocurrir para transformar a una hembra humana en una mujer oprimida y hacía un llamado a revisar el conjunto de disposiciones que transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana, la organización del sexo y la sexualidad. Las mujeres son «objetos» del pacto social entre hombres. Desde la Antropología se llamaba la atención sobre el intercambio de mujeres: los hombres comercian con ellas pero no intercambian con ellas. Las mujeres no pueden participar en el intercambio. Rubin vincula sexo, género y deseo. Critica que la heterosexualidad sea la opción impuesta de sexualidad como institución, como única realidad a través de mecanismos que producen y reproducen el sistema sexo-género: el control de la sexualidad de las mujeres y la división sexual del trabajo —lógica de retribuciones y definición misma del trabajo—. La propuesta de Rubin es una sociedad andrógina y sin género, ya que eliminar la opresión significa eliminar el género; visto como chaleco de fuerza que reprime características de la personalidad de todos, tanto hombres como mujeres. Feminismo queer Judith Butler introdujo el concepto de performatividad del género. Como representante de la denominada teoría queer, hace un enfoque teórico desde la filosofía posestructuralista, con elementos de Foucault y la propia Simone de 24 Beauvoir y sostiene que no son naturales el sexo, el género ni el sujeto, todo es gestación en un contexto cultural: Si ser mujer fuera algo natural no habría necesidad de tantos discursos sobre lo que debería ser una mujer. La teoría queer hace un ataque a lo normal, reivindica una identidad fluida, el cruce entre todas las identidades sexuales, sin deseos predeterminados. En su libro El género en disputa (2007), Butler lleva el pensamiento feminista hacia hombres y mujeres que sienten el malestar de género por la restricción de las normas impuestas en la sociedad (2007: 23): Crecí entendiendo algo sobre la violencia de las normas del género: un tío encarcelado por tener un cuerpo anatómicamente anómalo, privado de la familia y de los amigos, que pasó el resto de sus días en un «instituto» en las praderas de Kansas; primos gays que tuvieron que abandonar el hogar por su sexualidad, real o imaginada; mi propia y tempestuosa declaración pública de homosexualidad a los 16 años, y el subsiguiente panorama adulto de trabajos, amantes y hogares perdidos. Todas estas experiencias me sometieron a una fuerte condena que me marcó, pero, afortunadamente, no impidió que siguiera buscando el placer e insistiendo en el reconocimiento legitimizador de mi vida sexual. La teoría feminista sigue formulando preguntas sobre el lugar que ocupan las mujeres en el mundo. A pesar de que el sistema simbólico patriarcal ha pretendido desprestigiar y convertir el feminismo en una mala palabra, así como «tranquilizar» a muchas mujeres diciendo que la igualdad ya se alcanzó, cada día surgen razones para continuar reafirmando los postulados feministas. El feminismo no es ajeno a los fenómenos que se presentan en la actualidad. La globalización, que ha tenido gran impacto económico y social, también representa para el feminismo la oportunidad de diseñar nuevas estrategias para abordar las diferencias entre mujeres de diferentes partes del mundo. De igual forma, el racismo, la invisibilidad y todas las formas de violencia que aún victimizan a las mujeres son temas que exigen análisis y propuestas constantes. 25 2. Feminismos a medida El feminismo como teoría crítica se encuentra en permanente construcción. Los aportes proceden de numerosas disciplinas y la perspectiva de género ha dado lugar a nuevas interpretaciones en todas las áreas del conocimiento. Temas como el de la maternidad (Badinter, 2011), la violencia de género (Zurita, 2012) y el debate entre la igualdad y la diferencia (Burgos, 2010) permanecen abiertos. Así mismo, los cambios sociales y económicos aportan continuamente nuevos campos de análisis a la perspectiva de género. Para el feminismo no ha sido posible hasta ahora construir los universales que inspiraron a las impulsoras del movimiento basándose exclusivamente en la transversalidad de la categoría género. Factores como la raza, la clase social, la orientación sexual, la cultura o la geografía han demarcado límites a los alcances que podría tener el pensamiento feminista en la vida de algunas mujeres en el mundo actual. No obstante, para muchas pensadoras las reivindicaciones originales del feminismo siguen siendo universales. Como afirma Amelia Valcárcel (2012: 219), en todas partes del mundo, a distintos niveles, las mujeres siguen reclamando sus derechos: La agenda feminista es ahora global. En cada parte del planeta está abierta por páginas distintas, pero está abierta. En algunos lugares todavía la agenda de la primera ola, la libertad en la elección de estado y la educación elemental es la prioritaria; en otros, es la de la segunda ola: la plenitud de los derechos educativos 32 será su relación con el mundo exterior. No importa lo que pase afuera, las normas de la casa se imponen y las sanciones se aplican con rigor. En Estados Unidos y Europa se emiten con cierta frecuencia noticias de prácticas de las minorías culturales que resultan dañinas para mujeres y niñas. Se han conocido casos de imanes que enseñan a golpear a las esposas en lugares que no dejen marca8, padres que practican la ablación a una bebé9, que matan a una hija por considerarse deshonrados10 o maridos que golpean a sus esposas por no llevar velo11. Aunque para las minorías culturales todo esto pretenda pertenecer al ámbito privado de las familias, en nombre de proteger los derechos de las mujeres la justicia ha debido intervenir y sancionar. Sin embargo, para las comunidades afectadas no se trata de faltas contra las mujeres, sino del respeto hacia tradiciones muchas veces amparadas por textos religiosos. El discurso que defiende las prácticas que resultan nocivas para las mujeres pretende estar justificado y apelar a la lógica, como lo muestra la pregunta que hace un entrevistado explicando la poligamia en el texto de Okin: «¿Si solo tengo una esposa y ella se enferma, quién me cuidará a mí?» (Okin, 1999: 5). 8 «Un imán aconseja pegar y aislar a las mujeres de conducta «desviada»»: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/03/06/catalunya/1331027719_152014.html (consultado el 2 de julio de 2012). 9 «Condenados a seis y dos años los padres que practicaron la ablación a su hija en Teruel»:http://sociedad.elpais.com/sociedad/2011/11/16/actualidad/1321398013_850215.ht ml (consultado el 4 de julio de 2012). 10 «Crímenes de honor contra las mujeres, también en Europa»: http://noticias.es.msn.com/crímenes-de-honor-contra-las-mujeres-también-en-europa (consultado el 18 de enero de 2013). 11 «Condenado a 16 meses de cárcel por pegar a su pareja por no llevar el velo»: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/02/23/andalucia/1329992109_735711.html (consultado el 2 de julio de 2012). 33 Pero el feminismo, que busca deslegitimar la desigualdad asignada históricamente a las mujeres, cuestiona las construcciones culturales inamovibles basado en el principio de que así como fueron creadas se podrían modificar. Relativismo cultural Confundido a menudo con la tolerancia a la diversidad, el relativismo cultural es usado como guía de explicación de usos y costumbres que responden a un tiempo y lugar determinados. Sostiene Amelia Valcárcel (2012: 300) que el feminismo ha usado la cara amable del relativismo para romper con las ideas establecidas «cuando una situación, y fuerte como era la femenina con la eticidad en todo su esplendor, se presenta como absoluta, sin contraejemplos e inmune a las argumentaciones», pero que el multiculturalismo puede y suele usar la otra cara para justificar la opresión. En realidad, si se considerase como rasgos de cultura todo lo que ocurre en las vidas de las mujeres, difícilmente se habría podido elaborar un discurso feminista. Valcárcel (2012: 302) lo plantea como un conflicto entre derechos: La demanda de respetar la diferencia cultural, por ejemplo, nos puede llevar a pasar por la violación de demasiados derechos individuales duramente conseguidos en los dos últimos siglos. Son, sobre todo, los derechos individuales de las mujeres aquellos cuyo estatuto es más vacilante. Y de los primeros, elementales e inalienables, no de los derivados. El derecho a la libertad puede ser interrumpido por varias prácticas matrimoniales o paternales de algunos grupos. El derecho a la integridad física pasa por los mismos avatares. Y otro tanto sucede con derechos más recientes, pero no menos importantes, como la salud, la educación, la libre circulación, etc. El relativismo ha servido como fórmula que busca explicar las prácticas de las culturas, con la idea de que los criterios normativos deben provenir de la misma sociedad en las cuales han de aplicarse (Nussbaum, 2012: 85). 34 Sin embargo, para el feminismo no resulta una estrategia efectiva esperar a que las culturas patriarcales se cambien a sí mismas en lo relativo a la posición de desigualdad y desconocimiento de derechos de las mujeres: si no hay políticas que garanticen los derechos, la igualdad no se dará por sí sola12. Martha Nussbaum (2012: 64) toma un camino intermedio y hace un llamado a establecer diferenciaciones dentro de la complejidad de las relaciones entre colonizadores y colonizados: Existen formas obtusas de pensar a través de las fronteras culturales. Algunas de estas formas eran una característica del colonialismo en todo el mundo, que asumía típicamente que las modalidades del poder colonial eran progresistas e ilustradas, y que las modalidades de la gente colonizada eran primitivas. Semejantes juicios erróneos pueden hallarse aún hoy, incluso entre feministas, que caracterizan a veces las culturas en desarrollo como uniformemente reaccionarias y las suyas propias como progresistas, sin prestar atención a la historia de sexismo en occidente y las tradiciones progresistas en “oriente”. Semejante ceguera para la complejidad ha tornado escépticos a muchos pensadores perceptivos respecto de toda forma de universalismo. Sin embargo, no es preciso, obviamente, que el universalismo tenga tales defectos, y los valores universales pueden ser hasta necesarios para una crítica adecuada del mismo colonialismo. El llamado a descolonizar el feminismo ha sido propuesto por autoras que sostienen que «las vidas de las mujeres están conectadas y son interdependientes, aunque no sean iguales, sin importar en qué área geográfica se viva» (Talpade Mohanty, 2008: 442), pero la contradicción surge cuando debe revisarse el feminismo dentro del mismo territorio donde fue fundado, como Europa y Estados Unidos. Si se está hablando de mujeres procedentes de los países en vías de desarrollo que viven en los países donde el feminismo ha conquistado mayores derechos, el llamado a que las culturas minoritarias adopten los cambios en pro de la 12 «La igualdad, solita, no se da»: Entrevista a Michelle Bachelet, directora ejecutiva de ONU Mujeres hasta marzo de 2013. http://elpais.com/diario/2011/07/10/eps/1310279214_850215.html (consultado el 11 de julio de 2011). 35 libertad de las mujeres parecería no solo pertinente sino aconsejable. Pero la realidad muestra que para alcanzar los beneficios es necesario revisar las barreras culturales que dificultan el ejercicio de los derechos. A este respecto, Nussbaum (2012: 92) admite que no es suficiente para las mujeres obtener los derechos que reclaman, hay condiciones adicionales se hacen necesarias para su aplicación: La libertad no es solamente una cuestión de tener derechos escritos en el papel, sino que exige estar en una posición que permita hacer uso de esos derechos. Y esto exige recursos materiales e institucionales, incluyendo la aceptación legal y social de la legitimidad de las exigencias de las mujeres. El Estado que se encamina a garantizar al pueblo en forma efectiva sus derechos debe ponerse firme con algo más que con la importancia de esos mismos derechos. Se encuentran entonces las mujeres de las minorías culturales en medio de dos miradas opuestas: para su círculo privado son adelantadas si se comparan con sus antepasadas en los países de origen de sus culturas, pero las mujeres del país desarrollado donde viven pueden verlas como sumisas y sometidas sin remedio a mandatos culturales y de género que las oprimen, alejándolas de la plena ciudadanía a la que ya hay acceso. Las diferencias terminan siendo clasificadas y jerarquizadas, dependiendo de quién las aborde: En muchas ocasiones he sido testigo de dos reacciones comunes en relación con el género y la migración. La primera predomina en los ámbitos feministas, con una manifiesta desconfianza o recelo hacia la «diferencia» cultural de las mujeres migrantes. A menudo esta inquietud se resuelve en la consideración de esta diferencia como un tema menor, por encima del cual debe prevalecer el interés de sus «necesidades y derechos de género». La segunda es más común entre personas que trabajan en el tercer sector adscrito a las migraciones. La «diferencia» cultural es aquí, por el contrario, un caballo de batalla en sus tareas de «integración» multicultural, y a menudo deriva en un perplejo relativismo cultural que tiende a enjaular a estas mujeres en una diferencia construida sobre la base de los imaginarios poscoloniales populares (Suárez Navaz, 2008: 32). Diálogo asimétrico Si bien no todo el feminismo pretende ser universalista —siempre estará el debate entre la igualdad y la diferencia— en la mirada al multiculturalismo 36 surgen análisis de autoras como Rosa Cobo (1999: 54) que lo definen como «una reacción resistencial de culturas minoritarias o de grupos de inmigrantes ante el miedo a perder su identidad frente a la cultura dominante». Respecto a la desigualdad que subyace en esas minorías culturales y que afecta principalmente a las mujeres, surge la propuesta de que las sociedades modernas seleccionen exclusivamente lo que merece reconocimiento, basándose en el derecho de los individuos: Si bien la idea que subyace en el multiculturalismo es la necesidad de reconocer las diferencias y las identidades culturales, eso no supone que todas las culturas contengan aportaciones igualmente valiosas para el bienestar, la libertad y la igualdad de los humanos, es decir, no implica una hipótesis de relativismo general. Hay que distinguir entre pretensiones dignas de protección y de reconocimiento jurídico y de las que no son acreedoras de ello, bien porque no lo necesitan, bien porque pueden ser satisfechas por otras vías más adecuadas, bien porque no lo merecen. El multiculturalismo supone un gran avance en la profundización de la democracia y de la legitimidad, siempre y cuando «nos permita hacer juicios normativos sobre el valor de las distintas diferencias a partir de su relación con la desigualdad» (1999: 54). Cobo defiende el universalismo y la ciudadanía como sinónimos de inclusión e igualdad, ambas aspiraciones tanto del feminismo como de las minorías. En respuesta a las críticas de etnocentrismo o imposición de modelos culturales, enfatiza en que el feminismo busca ser integrador e incluyente y que «no hay que sustancializar las identidades porque todas ellas son construcciones sociales» (1999: 62). Lo cierto es que en los países desarrollados las minorías culturales se ven abocadas a entablar un diálogo intercultural con las sociedades de acogida en busca de la integración, donde lo ideal sería prestar especial atención a la igualdad. Pero como señala Celia Amorós (2004: 75) si ha de ser eficaz y legítimo, este diálogo debe tener unas condiciones de equilibrio definidas: Requiere situaciones simétricas en cuanto a la disponibilidad para interpelar así como para ser interpelado. Y sólo es posible si se dan actitudes críticas y reflexivas por ambas partes: desde un multiculturalismo no crítico sólo cabe el 37 atrincheramiento de cada cultura en sus parámetros presuntamente inconmensurables de forma radical con los de las demás culturas. Queda para este diálogo intercultural la tarea de recibir los aportes del feminismo, con un enfoque hacia nuevas construcciones culturales que permitan la participación de las mujeres que la sociedad ha llegado a invisibilizar doblemente, negando su desarrollo y al mismo tiempo desaprovechando sus capacidades. 38 3. Estar y no estar en el mundo desarrollado Sea en nombre de la religión, la tradición o la preservación de la identidad, el feminismo mira con sospecha las desigualdades y desventajas que se imponen a las mujeres en los grupos de minorías culturales. Aunque se ha visto que el feminismo como teoría universalista no es incompatible con la diversidad de culturas, queda claro que un pensamiento que busca la autonomía y pleno desarrollo de las mujeres entra en conflicto con prácticas culturales que pretenden dar a los hombres el derecho natural de controlarlas y castigarlas. ¿Es posible conservar intacta una cultura cuando se vive en un país distinto al de nacimiento? ¿Deben ser permitidas todas las costumbres en el país de acogida —incluso las que vayan contra la ley—, aunque se practiquen en el ámbito privado? La realidad muestra que ninguna cultura es impermeable y que el intercambio cultural se produce, aunque no siempre de manera simétrica, a través del tiempo. En el caso de los países desarrollados, se trata de una negociación donde la cultura dominante lleva ventaja; pero esto no tendría que significar necesariamente para las mujeres de la minoría cultural algo negativo, ya que pueden verse favorecidas por los derechos obtenidos por las mujeres del país de acogida. En temas como el acceso al trabajo, la salud y la educación, la 39 llegada a un país desarrollado podría representar nuevas oportunidades para alcanzar la igualdad de derechos, así como la autonomía y la libertad. Pero si al decir inmigrante se entiende ‘hombre inmigrante’ y al decir mujeres se entiende ‘mujeres blancas’, ¿dónde quedarían las mujeres inmigrantes? Están invisibilizadas y expuestas a múltiples discriminaciones, tanto de los lugares de donde proceden como a los que llegan. En su propia comunidad experimentan el machismo y el sexismo, en tanto que fuera de ella sufren adicionalmente el racismo y la xenofobia. Solamente cuando están en sus países de origen las mujeres inmigrantes se resguardan de la xenofobia, que no siempre del racismo. Podría afirmarse que existen factores universales de discriminación que hacen parte de la vida diaria de las mujeres de los países en vías de desarrollo, sin importar el lugar del mundo donde se encuentren viviendo. Esta es una situación reconocida por instituciones como el Parlamento Europeo13: Las mujeres inmigrantes se enfrentan como norma general a importantes problemas de integración, al no tener fácil acceso al mercado laboral, registrar una baja tasa de empleo y una elevada tasa de desempleo, ocupar puestos de trabajo temporales, escasamente remunerados y carentes de toda protección social y económica, en sectores de la economía sumergida o trabajos no declarados, tener limitadas cualificaciones lingüísticas, una escasa participación en la educación básica y, en particular, en los estudios superiores, una reducida participación en la vida social, política, sindical y cultural del país de acogida, pobreza y exclusión social; constatando, no obstante, que un número nada despreciable de jóvenes licenciadas en sus países de origen vienen a la UE a ocupar puestos de trabajo poco cualificados, por ejemplo como empleadas de hogar, debido a que perciben unos salarios más elevados que aquellos a los que podrían aspirar en sus países por un empleo acorde con sus aptitudes. 13 Informe sobre la inmigración femenina: papel y situación de las mujeres inmigrantes en la Unión Europea (2006/2010(INI)). Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género. Parlamento Europeo, disponible en http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=- //EP//TEXT+REPORT+A6-2006-0307+0+DOC+XML+V0//ES 40 El debate sobre feminismo y multiculturalismo abierto por Susan Okin (1999) pone en duda la conveniencia para las mujeres de que los países del primer mundo acojan sin ninguna crítica culturas y tradiciones en nombre del respeto a la diversidad. Si bien hizo evidente un malestar en el feminismo que busca ser global, algunas autoras respondieron en defensa de la tolerancia y la riqueza que puede aportar el multiculturalismo a la sociedad. Numerosos niveles de desigualdad estructural —que incluyen la normalización, racialización y subordinación— en los países desarrollados han sido señalados como los verdaderos responsables de la forma en que son vistas las minorías culturales: Una evaluación óptima de los niveles de desigualdad estructural que afectan a grupos de inmigrantes en sociedades europeas implicaría por tanto el desarrollo de una teoría social hecha a partir de relaciones sistémicas de opresión. Es decir, a partir de niveles de análisis que no solo atiendan a cuestiones de libertad individual como la de llevar un velo, sino a los daños derivados de efectos sistémicos que producen instituciones y dinámicas sociales dentro de los cuales los individuos actúan. Esas desigualdades provocan injusticias estructurales en sentido de que producen y reproducen sistemáticamente ventajas para ciertos grupos y desventajas para otros en términos de poder, recursos, autonomía, e incluso de autoestima a partir de ejes de jerarquía y de privilegio (Tilly, 1998 y Young, 2005, citadas en Martínez, 2011:30). Otras autoras denuncian el doble estándar con que se afronta el tema desde las sociedades de acogida, donde no todo está resuelto para sus ciudadanas: La proliferación de imágenes del inmigrante como «bárbaro», «salvaje» a partir de prácticas culturales que afectan a las mujeres, ¿no constituye una forma más de erigirnos en salvadoras de las «otras», mediante la estigmatización de todo un colectivo y la negación de las luchas que las propias mujeres afectadas mantienen frente a las prácticas de dominación? Pero, además al anteponer el «civilizado» frente al «bárbaro», ¿no caemos en el riesgo de olvidarnos que nuestra tan modélica e igualitaria «cultura» también ejerce formas de dominación y violencia hacia sus mujeres, muchas de las cuales terminan en muertes y asesinatos? (Gregorio Gil, 2011:63) A pesar de la oportuna autocrítica que pueda hacerse el feminismo en los países desarrollados, no puede pasarse por alto que las mujeres de las minorías culturales siguen viviendo en medio de un cerrado círculo de 41 mandatos patriarcales donde predominan creencias religiosas y tradiciones ancestrales. Esto, en parte, impide el aprovechamiento de los beneficios alcanzados por el feminismo alejándolas del pleno uso de la ciudadanía. La otra parte podría atribuirse al lugar que llegan a ocupar en las sociedades de acogida y las barreras que impiden su integración, más allá del estatus administrativo en que se encuentren. Como afirmara una mujer dominicana en la prensa: «Yo tengo la nacionalidad española desde 1999. Pero solo soy española para la estadística. A la hora de la verdad, sigo siendo una negra, una extranjera»14. Sin pasar por alto las limitaciones, podría esperarse que la llegada de las mujeres de los países en vías de desarrollo a un lugar donde se han alcanzado numerosos avances hacia la igualdad sea beneficiosa. Sin dejar de señalar que la condición de miembro de una minoría cultural o inmigrante afecta tanto a hombres como mujeres, esencializados y por lo tanto limitados en sus posibilidades de autodesarrollo y autodeterminación, la perspectiva de género exige fijarse en las múltiples barreras adicionales que se imponen para las mujeres. Por citar sólo un ejemplo, la situación laboral de las mujeres autóctonas repercute directamente en los trabajos que pueden desempeñar las inmigrantes; se espera que ellas se ocupen de las tareas de menor valor, mala remuneración y baja reputación, como el cuidado de niños y ancianos, el servicio doméstico o la prostitución. En el estado actual de la sociedad, para que unas puedan trabajar por fuera de la casa, otras deben sustituirlas dentro: La división sexual del trabajo hace que muchos colectivos de mujeres inmigrantes sean el baluarte de liberación de las mujeres de los países de origen porque permiten que estas últimas entren en mercados laborales mientras ellas siguen 14 Isabel Sierra, dominicana. «Vuelvo sin nada, pero no es un fracaso. He ayudado mucho a mi familia»: http://politica.elpais.com/politica/2012/06/12/actualidad/1339527443_144473.html (consultado el 14 de junio de 2012). 48 costumbres que hasta en el país de origen están en desuso, como una forma de reforzar la identidad. Es importante advertir que mientras mayores sean las barreras para la integración de las inmigrantes, en cuanto a sus posibilidades laborales y sociales, se hará más difícil para ellas desmontar los mecanismos de opresión que traen desde sus países de origen. Esta situación no cambiará si la sociedad de acogida continúa aplicándoles múltiples discriminaciones, clasificándolas como personas de poco valor y negándoles el pleno desarrollo de sus capacidades. En tanto una mujer no se sienta reconocida ni valorada por la cultura de acogida, terminará refugiándose en el nicho que sus compatriotas han construido para proteger sus raíces, donde se encuentran con los mismos patrones que contribuyeron —cuando no condujeron— a la decisión de emigrar. En estas condiciones difícilmente pueden conciliarse feminismo y multiculturalismo. Si el respeto a la presencia de otras culturas es utilizado para que las mujeres sigan oprimidas en países donde las leyes han procurado combatir la desigualdad, habría que revisar los límites y la definición de tolerancia. Si tolerancia es permitir que los grupos de inmigrantes se gobiernen por leyes no escritas que dictaminan que las mujeres pertenecen a los hombres y están bajo su mando, se estaría cometiendo de nuevo una injusticia contra ellas. ¿Cuál es, en este enrevesado contexto, la tarea del feminismo? Una nada fácil: el conciliar la crítica a las otras culturas —la outsider es siempre una interlocutora necesaria— desde la asunción de que el límite de la tolerancia, desde un universalismo interactivo y autocrítico, es el daño moral y físico a otros, en este caso a las mujeres —algo nada original; con esto solo actualizamos el criterio que Mill proponía en On Liberty— (Guerra Palmero, 2011:53). 49 Las inmigrantes se agrupan en comunidades, en un intento por sostener algún tipo de tejido social, para aprovechar las ventajas de estar en grupo en un país extranjero (información, gastos compartidos, actividades recreativas). Pero al mismo tiempo esto se convierte en un deber de replicar los modelos patriarcales que ya traían de sus países. Si es hostilidad lo que reciben de la sociedad de acogida, se siguen comportando como si estuvieran viviendo en sus países, el pensamiento no cambia a pesar de la forma de vida que las rodea; pareciera, al contrario, que se apegaran más a sus tradiciones y costumbres. La idea del regreso siempre está en mente y se sienten más unidas a los hombres de su comunidad que a cualquier mujer por fuera de ella. A pesar de todo, se encuentran atrapadas en medio de dos construcciones culturales resistentes al cambio, la que creen haber dejado en su país —que todavía las constituye— y la que reciben del país de acogida. A pesar de venir de condiciones precarias, se encuentran con nuevas formas de pobreza: La pobreza no atañe únicamente a la carencia de bienes materiales, sino que es de naturaleza compleja, multidimensional, relacional; está vinculada al desigual acceso a los recursos productivos y a la participación en instituciones sociales y políticas (…). Como señala esta autora, la pobreza, en su versión amplia, se define por la nula o escasa disposición de recursos, la falta de acceso a servicios proporcionados por el Estado, la carencia de vivienda y de patrimonio, los bajos niveles educativos y la carencia de tiempo libre para formación y capacitación; todo ello expresa una falta de autonomía personal y la escasa disponibilidad y eficacia de redes familiares y sociales de apoyo (García Sainz, 2006:170). Ante la desprotección e indiferencia del entorno y las leyes con las mujeres inmigrantes, aumenta para ellas la exposición a todo tipo de abusos, pasando por el maltrato y la sobreexplotación laboral: Las sociedades receptoras instrumentalizan la inmigración; se benefician de una mano de obra barata, que trabaja a menudo por encima de la jornada legalmente establecida y que no es conflictiva, porque su permanencia en el país puede depender de permisos laborales que el empleador debe confirmar (García Sainz, 2006:165). 50 En repetidas ocasiones se convierten en víctimas de sus parejas, sean estas nacionales o extranjeras, que conocen su indefensión aprendida y su dependencia. Son las mujeres extranjeras quienes más sufren violencia de género y numerosas las razones que explican este fenómeno: La falta de redes familiares y sociales de apoyo con las cuales contar para informarse y disponer de auxilio, las barreras lingüísticas, la dependencia económica respecto del agresor, la percepción de las instituciones públicas más como amenaza que como fuente de protección, el miedo a no ser creída o a que la denuncia de violencia de género pueda afectar al proceso de regularización, así como obstáculos procedentes de su condición migratoria, son algunos de los factores que inciden en que este colectivo de mujeres se encuentre especialmente expuesto ante los abusos y en que éstos puedan quedar impunes (Amnistía Internacional, 2007: 3). El ámbito privado sigue siendo un punto ciego para el feminismo. Lo que se ha logrado en lo público está protegido, aunque todavía resulte insuficiente; pero en cuanto al cambio de las construcciones culturales y la mentalidad acerca de los derechos de todas las mujeres es necesario seguir diseñando nuevas herramientas que logren transformar lo que pasa dentro de los hogares, entendidos tanto como lugares de habitación como lugares de trabajo22. 22 «‘¿Estás con frío? Ven, que te caliento' Una fotonovela denuncia agresiones sexuales a las mujeres inmigrantes trabajadoras domésticas»: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/11/21/paisvasco/1353486457.html (consultado el 21 de noviembre de 2012). 51 4. Viaje en círculo Buena parte de la vida de las mujeres de los países en vías de desarrollo ha estado confinada al ámbito doméstico, al mundo de lo privado. Los índices de seguridad, educación e ingresos son bajos en estas regiones23 y las mujeres que toman la decisión de emigrar lo hacen en busca de las oportunidades económicas y la calidad de vida que no tienen en sus países. Algunas no habían salido nunca antes de su ciudad de origen, por no hablar del país, y cuentan con una larga historia de marginación. No sin obstáculos, llegan a los países con mejor calidad de vida del mundo, los países en los que se puede hacer algo para impedir las injusticias contra las mujeres, donde se ha logrado el mayor grado de igualdad de derechos. Países donde se fundó el feminismo, donde se aplican leyes que garantizan la igualdad y protegen contra la violencia de género, donde se escriben historias de mujeres que obtienen grandes logros. Sin embargo, su llegada como mujeres inmigrantes provenientes de los países en desarrollo se ve limitada a sus circunstancias personales. Se encuentran con que su cultura ha sido trasplantada a los nuevos países, que les espera el mismo régimen de subordinación y falta de autonomía y que las oportunidades 23 «La gente más asesina del mundo: El 42% de los crímenes del planeta se dan en América Latina, donde forman parte de la vida cotidiana»: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/12/15/actualidad/1355593439_417099.ht ml (consultado el 27 de diciembre de 2012). 52 de trabajo encubren nuevas formas de precariedad. Adicionalmente, estar lejos de la familia tiene un alto costo emocional para ellas, que tenían el ámbito doméstico como referencia principal en sus vidas y que afrontan la soledad como el mayor de los sacrificios. La nostalgia por el origen las lleva a conservar las costumbres y la cultura, a pesar de la carga patriarcal y machista que representan. Pero es un precio que pagan con gusto por no sentirse desarraigadas, pasajeras en tránsito permanente. Prefieren seguir sirviendo al orden simbólico patriarcal que estar aisladas en la nueva cultura, que a veces no habla su idioma o no las reconoce como iguales y les manifiesta su resistencia de múltiples maneras. Lo que ganan trabajando no es para ellas, siempre es para que otros vivan mejor. Después de los gastos de sostenimiento, todo va para la familia, tanto en el país de origen como de acogida. El consumo es la forma de integración más efectiva que conocen. Es en los almacenes donde pasan a ser tratadas como clientas, sin importar su origen, y su dinero es bien recibido. Compran todo tipo de objetos, útiles e inútiles, para mandar a sus países como forma de demostrar el «progreso» que han alcanzado y muchas veces asumen deudas para cumplir los sueños de otros, como hermanos o sobrinos. Son invisibles. Según la Encuesta de Población Activa del INE, en España había, en 2011, 770.000 trabajadoras de hogar, pero solo 297.000 estaban afiliadas a la seguridad social24. Solo salen en los medios de comunicación cuando una pareja o expareja las convierte en la «nueva víctima de la violencia machista» o se ven reflejadas en las comedias de televisión como mujeres fáciles que 24 «Cientos de miles de asistentas siguen sin regularizar cerca del fin del plazo»: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/06/21/actualidad/1340305105_552917.html (consultado el 3 de julio de 2012). 53 explotan su sexualidad para aprovecharse de la ingenuidad de los hombres locales. Marginadas aquí y allá Cuando el multiculturalismo pretende pasar por alto los derechos de las mujeres es cuestionado por el feminismo. Los cambios que representan para una mujer irse a vivir a otro país implican pasar de una subordinación en el país de origen a dos; la original, que se mantiene a través de las relaciones ya establecidas, y la nueva, que resulta de la combinación entre las presiones de sus compatriotas y las limitaciones para integrarse a una cultura a la que no pertenece y que la ubica en la escala más baja de la cadena productiva y social. El lugar de Otra Exótica genera un espacio de visibilización en el discurso hegemónico pero a costa de ocultar o enmascarar a las verdaderas mujeres, reforzando su sensación visceral de doble subalternalidad (Femenías, 2005: 164). La relación de las mujeres inmigrantes con el país de origen es permanente, a través de comunicaciones telefónicas e internet, pero también del consumo de productos culturales como música y telenovelas. Así mismo, muchas costumbres se conservan en cuanto al lenguaje, como otra forma de seguir ligadas a los códigos conocidos y a la comunidad que se construye en los países de acogida. Cuando las mujeres inmigrantes procedentes de países en vías de desarrollo buscan la independencia económica para sostenerse y ayudar a su familia en el país de origen —que sigue ejerciendo otros tipos de violencia a larga distancia contra ella—, se enfrentan con su propia falta de educación y preparación, en un círculo que las obliga a seguir desempeñando trabajos de baja calidad. Aun así, son quienes más dinero envían a sus países, en comparación con los hombres: 54 Las mujeres, pese a tener menor ingreso, envían una proporción de éste mayor que la de los hombres; los migrantes temporales envían más dinero que los residentes permanentes; y los trabajadores no calificados o semicalificados tienden a generar importes totales de remesas mayores que los profesionales sumamente calificados (aun cuando esto se debe en parte a que estos últimos constituyen un grupo más pequeño) (UNFPA, 2006: 12). La presencia de las mujeres inmigrantes tiene un doble impacto, tanto como trabajadoras en sus países de acogida como proveedoras en el de origen: Las remesas, especialmente cuando son las mujeres quienes determinan de qué manera se ha de gastar ese dinero, suelen invertirse en satisfacer las necesidades cotidianas y mejorar la nutrición, la educación y la salud de la familia. Por otra parte, las contribuciones no se limitan solamente al capital financiero. Las comunidades en la diáspora también pueden alentar el desarrollo efectuando inversiones, estableciendo vínculos de intercambio comercial y transfiriendo conocimientos teóricos y prácticos y tecnología (UNFPA, 2006: 10). La doble presencia se hace tangible en el trabajo que se realiza en el hogar y por fuera de él, para las inmigrantes se multiplica además en una vida dentro y fuera de ambos países. Se suponía que las mujeres inmigrantes, a través del cambio social que implica el proceso migratorio, debían cambiar su posición en el sistema de relaciones de género hacia esta doble presencia, hacerlo más igualitario, básicamente porque contaban con su propia paga. Occidente además de representar un capitalismo global, estresante, homogeneizador, racional, histórico y progresista, contraponiéndose a lo no occidental como atrasado, relajado, supersticioso, estático, arcaico, fantasmagórico, también debía hablar de género (Ribas, 1999: 435). Lazos de desarraigo Los hijos son un punto central en la vida de las mujeres inmigrantes de los países en vías de desarrollo. Si los dejaron en el lugar de donde proceden, son fuente de culpas y remordimientos, que tratan de mitigar con regalos y dinero. Con la familia fragmentada, intentan educar a los hijos a través del teléfono o internet (Rodríguez, 2008), con promesas de reencuentros definitivos que pocas veces pueden cumplir. Las opciones son escasas: Si regresan, seguirán en la pobreza y marginación, pues lo que han conseguido ya se ha gastado en alimentación y sostenimiento. Si logran reunirse con sus hijos, estos se sienten 55 decepcionados porque no pueden tener el nivel de vida que llevaban cuando recibían remesas y gastaban a su antojo. En este sentido, las remesas se destinan al menos en parte al pago de: mercado (compra de alimentos) y servicios públicos en el 65% de los casos, educación en el 38% de casos, salud en el 30%, cancelación de deudas personales en el 18%, alquiler en el 16%, cuota de vivienda en el 5,5%, ahorro en el 5%, esparcimiento y electrodomésticos en el 2,7% y 2,3%, respectivamente (Garay, 2007: 108). Si están con los hijos en el país de acogida, sea porque nacieron allí o lograron reunirse, se presentan conflictos intergeneracionales pues los jóvenes tienen otra forma de ser y de hablar, no saben quiénes son sus familiares en ese país lejano que les mencionan, su infancia no se asemeja a la de ellas y no tienen raíces tan profundas. La interculturalidad, diferenciada de la multiculturalidad cuando de la coexistencia se hace convivencia25, se hace presente en la educación de los hijos, cuando la escuela no entra en conflicto con las creencias que tienen padres y madres. En caso contrario, muchos «corrigen» el trabajo de los educadores y enseñan su manera de ver el mundo. Ven fracasar con frecuencia el proyecto de escolarización de sus hijos, algo a lo que dan suma importancia como forma de obtener prestigio y ascenso social, con jóvenes que doblan en fracaso escolar al promedio. ¿Dónde se denuncia una mirada de odio? Las barreras de entrada a un país del primer mundo son numerosas. Aparte de las legales y las económicas, las culturales tienen un peso importante. Hay una resistencia innegable hacia lo extranjero que procede de países considerados pobres, manifestada de muchas formas: 25 Se destaca en cursiva la definición de interculturalismo propuesta por María Jesús Vicén Ferrando (2002: 19). 56 Mientras que el término etnicidad suele referirse a temas de diferencia cultural, la opresión racial implica un modo de existencia percibida socialmente como teniendo un cuerpo abyecto, feo, temido o rechazado por esta causa. Normalmente el inmigrante es excluido porque «es extranjero, procede de un país pobre o menospreciado, y porque forma parte, en general, de las capas más bajas de las clases populares» (Martínez, 2011:32). La mezcla de muchos factores, entre ellos el racismo y la xenofobia, dan origen a lo que aquí llamaremos «microrracismos» —emulando el término que introdujo Luis Bonino (2004) al hablar de micromachismos—; definidos como esos pequeños gestos diarios de los autóctonos hacia los extranjeros procedentes de ciertas partes del mundo (el país de procedencia es fundamental) que no constituyen delito ni son denunciables, pero representan un desgaste diario para la salud mental y la autoestima del inmigrante. Estos son algunos rasgos de los microrracismos que se pueden observar a través de la experiencia: - La diferencia en el trato que se percibe en cualquier establecimiento en el que se deben atender a locales e inmigrantes. - El cambio en la cara del interlocutor al oír el acento del inmigrante, a veces combinado con una expresión de percibir mal olor. - La impaciencia —y con frecuencia agresividad— de algunos dependientes de almacenes, meseros, funcionarios o conductores de transporte público. - Las correcciones de pronunciación que se hacen de forma descortés. - La desconfianza en los establecimientos comerciales, donde muchas veces se debe demostrar que se ha pagado. - La mención de la palabra inmigrante en todos los ejemplos negativos de cualquier tema que se trate, incluso dentro del ámbito académico. - La culpabilización de los extranjeros como forma de simplificar los orígenes de los problemas. 57 - La aparición en programas de televisión como personajes ignorantes, ventajistas y deshonestos que llegan a aprovecharse de los locales. - La excesiva susceptibilidad ante cualquier reclamo o comentario que provenga de personas inmigrantes. Las palabras despectivas para nombrar una colectividad, las reiteradas preguntas ¿Cuánto te piensas quedar? ¿No quieres regresarte a tu país?, el recelo que atraviesa todas las relaciones y la negación de pertenencia son algunos rasgos adicionales de este fenómeno no descrito formalmente pero sentido a diario por los otros. En el caso de las mujeres, estos microrracismos se aplican especialmente, por parte tanto de hombres como de mujeres: Algunas acusan la existencia de un racismo cotidiano que perciben al moverse por la ciudad. No se trata de un racismo expresado de forma abierta, sino más bien de una percepción de desconfianza en la mirada de los miembros de una parte de la sociedad autóctona. Muchas inmigrantes entrevistadas perciben que sobre ellas recae una mirada diferente debido al color de la piel (Pérez Wolfram, 2005: 206). Es innegable la responsabilidad que tienen los medios de comunicación como entidades que contribuyen a construir y reforzar la imagen que con el tiempo se convierte en estereotipo de los inmigrantes: La pervivencia de imágenes y representaciones culturales negativas en los medios de comunicación, que consideran a los/las inmigrantes como un colectivo subalterno y desigual, presentan una imagen de atraso y de inferioridad de sus sociedades de origen. Refuerza de este modo, prácticas sociales discriminatorias y construye la imagen de otras culturas en términos negativos que impiden el desarrollo del respeto de la diversidad cultural (Nash, 2001: 39). Supervivencia y resistencia De poco sirven los saberes de las inmigrantes cuando llegan al primer mundo. Nada se dice ni se hace como ellas sabían, hay que aprenderlo todo de nuevo. Este proceso de reaprendizaje sería la primera ventaja que se podría señalar al llegar a los países desarrollados, si dentro de él se incluyeran los derechos que las protegen. Si al mismo tiempo que las empleadas domésticas aprendieran a 64 5. Ceguera de género selectiva Los conceptos victimismo y paternalismo aparecen siempre como respuesta cuando se habla de la situación de las mujeres que sufren desigualdad estructural, como las inmigrantes de los países en vías de desarrollo. Cuando se reclama para ellas una mirada justa, un tratamiento equitativo, surgen voces que las invitan al regreso o recurren a los estereotipos para decir que son dóciles y no hacen nada por cambiar su situación. Desde el feminismo, es necesario reconocer que las preocupaciones por las condiciones de las mujeres en lugares lejanos del mundo son tan legítimas como aquellas que atañen a quienes llegaron desde esos mismos lugares hasta los países desarrollados y ante los ojos de todos viven en un patriarcado que se considera superado e inaceptable. Pero están ahí. Limpian sus casas, cuidan sus hijos, no es difícil reconocerlas. Si el feminismo habla de las mujeres y no de ciertas mujeres, ellas también pueden hacer parte de un movimiento que debe aprender a mirar las diferencias como riqueza. Si busca la justicia, no puede pasarlas por alto. Apartando los prejuicios, debe reconocer el feminismo que en todas las ciudades del mundo desarrollado hay miles de mujeres esperando un lugar: Mujeres que tienen que cuidarse de no dar una imagen de disponibilidad sexual, aunque esto resulte insuficiente para cambiar los estereotipos ya establecidos. En otros casos, las inmigrantes han percibido como obstáculo la existencia de ideas estereotipadas respecto a las latinas. Sobre todo las más jóvenes han sido 65 abordadas en algún momento por la calle por hombres que les presuponían una disposición a vender servicios sexuales, o han recibido propuestas matrimoniales por parte de varones mayores prácticamente desconocidos, interesados en mantener relaciones sexuales de forma cotidiana a cambio de ofrecer vivienda y manutención (Pérez Wolfram, 2005: 205). Mujeres que distraen la soledad con la comida o las compras. Imitando a las locales, basan el prestigio en la apariencia personal y acumulan objetos que aumenten momentáneamente su sensación de bienestar. Mirando escaparates. Zaragoza. Mujeres que quieren que sus hijos estudien y se sienten decepcionadas cuando afrontan su fracaso escolar y laboral, al percibir que aquellos no han interiorizado un sentimiento de pertenencia por ninguno de los dos países donde se han desarrollado sus vidas. Nuestros hijos nacidos en España no tienen que retornar, puesto que no han tenido una ida. Intentan encontrar trabajo en España, de acuerdo con su formación o no, que es la misma que un joven español pues no en vano han estado en las mismas 66 aulas y han tenido los mismos textos. No obstante, no están siendo medidos por el mismo rasero. Es difícil apartarnos de los estereotipos existentes. En España, son inmigrantes negros y eso tiene su peaje (Sipi Mayo, 2002:98). Mujeres que son vistas y utilizadas como objetos sexuales, no como seres humanos pensantes con derechos30. Mujeres que asisten con frecuencia a los servicios de salud con todo tipo de dolencias crónicas, identificadas por los cuerpos médicos como las de mayor incidencia de enfermedades mentales como la depresión. Mujeres que deben mentir por orgullo ante sus familiares para hacerles creer que todo les está saliendo muy bien y niegan los trabajos que hacen. Anciana y cuidadora en locutorio. Zaragoza. 30 «Mary: «La gente te mira como un trozo de carne y tú misma ya no te ves como persona»»: http://trata.periodismohumano.com/2012/09/21/mary-la-gente-te-mira -como-un-trozo-de- carne-y-tu-misma-ya-no-te-ves-como-persona.html (consultado el 24 de octubre de 2012). 67 Mujeres que saben que regresar a su país no cambia las circunstancias de subordinación y limitación de derechos en la que viven. Los hombres recuperan su lugar al volver, ellas son ciudadanas de segunda aquí o allá. Mujer ecuatoriana en la Cincomarzada. Zaragoza. Mujeres que mandan cumplidamente las remesas mensuales para sus familiares, así tengan que desempeñar cualquier tipo de trabajo y guardan lo justo para la propia subsistencia. Mujeres que ignoran sus derechos ante la ley, que se han visto estafadas por profesionales en legalizaciones que nunca han conseguido. Mujeres que son vigiladas en su comportamiento por compatriotas que divulgan sus vidas en los lugares de origen y se convierten en una autoridad invisible, pero permanente, a la que temen. 68 Mujeres que reciben recordatorios permanentes de no pertenecer al lugar de acogida ni que lo alcanzarán nunca, aunque cumplan los requisitos. Mujeres que llegaron de sus países creyendo que podrían desempeñar labores que conocen, pero se encuentran con un mundo distinto para ellas y quedan reducidas al servicio. Africanas ofrecen servicios de trenzado de pelo. Zaragoza. Mujeres que llegan escapando del maltrato y de las malas condiciones de vida de sus países y se encuentran con que están reservadas para ellas las tareas peor calificadas y el techo de cristal es aún más bajo. Mujeres que difícilmente pueden aspirar a obtener un trabajo donde puedan ejercer su profesión debido a numerosas dificultades, como la homologación de sus títulos académicos. 69 Mujeres que encuentran que hasta los profesores de sus hijos los discriminan, mostrando una impaciencia particular y prejuicios sobre su inteligencia y capacidades por ser hijos de inmigrantes. Mujeres que deben cuidar su aspecto obligatoriamente con el fin de parecer agradables y no generar rechazo por su origen. Ofrenda a la Virgen del Pilar. Zaragoza. Mujeres que deben soportar los estereotipos que las marcan como «rompehogares» o «quitamaridos» y por ello no tienen credibilidad cuando denuncian acoso o abuso sexual. Mujeres esencializadas por su origen, obligadas por la necesidad a asumir labores que no han escogido libremente. 70 Mujeres que sufren la violencia doméstica en silencio, por vergüenza, por carecer de red de apoyo y porque tanto en una cultura como en otra es tolerada en distintos grados. Mujeres que prefieren no denunciar los atropellos que sufren por temor a que las autoridades no les den un trato justo. Mujeres sin preparación que reciben la maternidad y la dependencia económica única como forma de vida y desconocen su desarrollo personal. Mercadillo de ropa usada. Zaragoza. Mujeres que aunque trabajen no alcanzan independencia ni autonomía, ya que por ley son «esposas de» y por cultura deben rendir cuentas a sus familiares. 71 Mujeres sin formación para cuestionar las costumbres de sus países de origen, con tradiciones religiosas y estructuras sociales machistas que las mantienen limitadas en sus derechos31. Mujeres que obedecen el mandato social de ser acompañantes, nunca protagonistas, nunca propietarias. Mujeres que ven desperdiciado su talento y capacidades frente a barreras impuestas por prejuicios que las excluyen y marginan. Alrededores de colegio público. Zaragoza. Mujeres que escogen la enemistad y la competencia frente a las alianzas, sin identificar que es así como lo establece y conviene al patriarcado. 31 «Cae una red que empleaba ritos de vudú para obligar a mujeres a prostituirse»: http://www.heraldo.es/noticias/nacional/2013/03/19/cae_una_red_que_empleaba_ritos_vudu_ para_obligar_mujeres_prostituirse_226985_305.html (consultado el 19 de marzo de 2013). 72 Mujeres sin instrumentos para criticar la cultura que les obliga a creer que sin un hombre al lado no son nadie y por ello buscan la autoridad masculina en el entorno en que se encuentren. Oficina pública. Zaragoza Mujeres fugitivas de todo tipo de maltrato en sus países de origen que llegan a entablar nuevas relaciones afectivas que las convierten otra vez en víctimas y repiten el círculo de violencia sin alcanzar a reconocer las causas. Mujeres que solo se ven reflejadas en los medios de comunicación cuando se habla de crímenes de violencia de género, prostitución y delitos cometidos por su comunidad de origen. Mujeres que soportan en silencio el maltrato físico y sicológico, tanto del lugar que proceden como al que llegan. 73 Mujeres que no alcanzan la independencia económica y deben seguir conviviendo con personas de las cuales tendrían que estar alejadas si contaran con los recursos para su propio sostenimiento. Todas esas mujeres, además de las que han muerto por violencia de género en los países del primer mundo, deben ser también parte del feminismo. Están en los locutorios, en los barrios, en los mercadillos, pero también en las casas, propias y ajenas. Se encuentran a la hora de salida en los colegios públicos. Unas pocas en las universidades. El intercambio cultural que han logrado establecer depende sobre todo de lo que la sociedad de acogida esté en disposición de recibir y cuando es realmente poco, cada mujer se quedará habitando su propio mundo pensando que la otra no vale la pena ni puede entenderla. Documentar la vida y experiencias de las mujeres que han sido marginalizadas o excluidas de los cánones dominantes del conocimiento ha sido una tarea de la investigación feminista (Hesse-Bieber y Leavy, 2007). Contar las mujeres que no figuran. Las que parecen invisibles. Las que no reclaman derechos por vergüenza o miedo. Las que creen que el feminismo no es para ellas o equivocadamente piensan que es equivalente al machismo. Las que aún no saben que hacen parte del estereotipo. Las que repiten palabras aprendidas contra sí mismas. Se necesita un feminismo que otorgue justicia de reconocimiento en los términos planteados por Nancy Fraser (2008: 93)32 a las mujeres que emigran 32 «En consecuencia, los inmigrantes racializados y/o las minorías étnicas se consideran individuos deficientes e inferiores, que no pueden ser miembros plenos de la sociedad. Esas normas eurocéntricas, institucionalizadas de un modo generalizado, producen formas racialmente específicas de subordinación de estatus, que incluyen la estigmatización y la agresión física; la devaluación cultural, la exclusión social y la marginación política; hostilidad y menosprecio en la vida cotidiana y negación de los derechos, plenos y protecciones equiparables de los 80 DE VILLOTA, Paloma (ed.). 2004. Globalización y desigualdad de género. Madrid. Editorial Síntesis. DEFENSOR DEL PUEBLO. 2012. La trata de seres humanos en España: víctimas invisibles. Madrid. 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