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ÍNDICE 0. Resumen…………………………………………………………………….1 1. Introducción…………………………………………………………………2 2. Aproximación al concepto de género periodístico………………...……4 2.1. Propuestas de clasificación de los géneros...…………….…………………5 2.2. El concepto de interpretación.………………………………………………...7 2.3. Los géneros interpretativos…………………………………………………..11 3. Fundamentos y definición de la crónica………………………………..14 3.1. Caracterización: un decálogo………………………..….…………………...17 3.2. Modo de hacer…………………………………………..……………………..22 3.3. Técnica…………….…………………………………..……………………….24 3.4. Tipos de crónica……………………………………………………………….26 4. La mirada, principio del periodismo literario……………………………30 5. Historia de la crónica, un género entre la literatura y el periodismo…….33 5.1. La crónica de Indias………………………………………………………….35 5.2. Nacimiento del periodismo.......................................................................36 5.3. Nuevo Periodismo……………………………………………………………..38 5.4. En la actualidad………………………………………………………………..41 5.5. Crónica latinoamericana………………………………………………………42 5.5.1. Crónica argentina: la figura de Martín Caparrós…………………43 6. Conclusiones……………………………………………………………....45 7. Bibliografía………………………………………………………………....48
1 RESUMEN Teoría de la crónica periodística en prensa: un estado de la cuestión Beatriz Aranda No parece sencillo hallar una idea común que realmente explique las bases sobre las que se asienta el género periodístico de la crónica, debido a su carácter poliédrico como heredera de los modos de hacer de la historia y la literatura. Muestra de ello es la gran variedad de definiciones existentes en torno al género, las cuales pueden dejar una cierta sensación de confusión. Este trabajo ha tratado de sistematizar los diferentes aspectos que dan forma a la teoría de la crónica. En este sentido, uno de sus puntos fuertes es una caracterización a modo de decálogo en el que se recogen una serie de elementos que pretenden dar la idea de lo que debe estar presente en toda crónica. El objetivo de este trabajo es reunir los fundamentos teóricos de la crónica periodística para componer un estado de la cuestión, y así conseguir una mejor comprensión del género escrito con mayor riqueza de matices, para evitar su pérdida de presencia en los periódicos. Palabras clave: crónica, interpretación, género periodístico, mirada, periodismo literario, cronista, Nuevo Periodismo
2 1. Introducción Lo que me empujó a centrar este estudio en un género tan poliédrico como es la crónica periodística fue, primero, mi atracción por la misma, ya que siempre me ha parecido fundamental en el periodismo, y sobre todo en el ámbito cultural, que es mi preferido. Esta predilección me llevó a pensar que en las clases sobre los géneros escritos, las explicaciones sobre la crónica me sabían a poco; lo cual, unido a la sensación de que la presencia del género en los periódicos era cada vez menor, hizo que no pudiese dejar pasar la oportunidad de explorar con más profundidad la crónica escrita en este Trabajo de Fin de Grado. El objetivo del presente texto es profundizar en los fundamentos teóricos de la crónica periodística en prensa, realizando un status quaestionis, es decir, una complicación y análisis de lo que los estudiosos del género han dicho sobre ella. Para hacerlo de forma ordenada, hemos estructurado el trabajo en cuatro bloques; unos, quizá con mayor importancia que otros, pero creemos que todos ellos están justificados. Empezando por lo general, en el primer apartado se realizará una aproximación al concepto de género periodístico. Comprender qué son los géneros, así como repasar las diferentes propuestas de clasificación de los mismos, y detener la mirada en la interpretación y los géneros que la acompañan son los principales objetivos de esta primera parte. En el segundo capítulo abordaremos la teoría de la crónica, partiendo de las definiciones que los estudiosos han publicado sobre ella, y continuando con las características que, consideramos, posee el género. Además, se incluirán algunos apuntes sobre cómo elaborar una crónica, tanto en la actitud del periodista como en la técnica que se considera adecuada. Y esta parte de estudio específico de la crónica finalizará con las diferentes tipologías que han sido propuestas por algunos de los principales teóricos. A continuación, dedicaremos un bloque, algo menos extenso que los anteriores, a la mirada. Se podría considerar una característica más de la crónica pero creemos que tiene una entidad propia porque es lo que da origen a un concepto que aparece por primera vez en el trabajo, muy relacionado con el género: el periodismo narrativo o literario. En este capítulo se presenta un tipo de periodismo vinculado a la literatura, que nace a partir de la subjetividad del autor, y por eso consideramos que merece tener su propio lugar en este trabajo. En esta misma línea se encuentra también el último de los apartados: la historia de la crónica. Al tratarse la crónica de un género con tan larga trayectoria, no podíamos
3 centrarnos únicamente en la historia de la crónica periodística. Su carácter multidisciplinar nos lleva a presentar su desarrollo como un modo de comunicación especial, por encima del ámbito periodístico. Como se trata de una historia que hunde sus raíces en los propios inicios de la comunicación escrita, hemos considerado más efectivo para la comprensión de la evolución de la crónica destacar determinados hitos históricos que han marcado su avance, por orden cronológico. La metodología empleada para ello consistirá en la revisión de la bibliografía sobre la crónica como género periodístico –dentro de los márgenes de un Trabajo de Fin de Grado–, mediante el estudio de algunos de los principales autores que han trabajado, investigado y teorizado la crónica. En los dos primeros bloques de este trabajo aparecerán nombres como los de María Jesús Casals Carro, Gonzalo Martín Vivaldi, Lorenzo Gomis y Álex Grijelmo, entre otros. A través de la presentación de sus propuestas, se compone el panorama teórico a partir del cual podremos extraer diferentes conclusiones sobre los conceptos estudiados. Los dos últimos capítulos del trabajo se ocuparán de la historia, incidiendo en la relación indisoluble entre periodismo y literatura. Con la presentación de todo este contenido se pretende lograr que el lector pueda formarse una idea sobre lo que es la crónica, y cuál es su situación en la actualidad. Quizás el género no pueda desprenderse de esa nebulosa de confusión que parece rodearle porque, como veremos y como dicen, la crónica es un debate; pero la intención de este trabajo es conseguir que el concepto se perciba de manera más concreta de la que se percibía antes de leer sus páginas, por lo menos en mi caso personal.
4 2. Aproximación al concepto de género periodístico Los géneros se presentan como modos de aproximación, configuración e interpretación de la realidad. La palabra género, del latín genus, genĕris, es, según el Diccionario de la Real Academia Española, la “clase o tipo a que pertenecen personas o cosas”. Así que desde el primer momento se reconoce que la función de unos géneros no es otra que la de clasificar y organizar. La distinción de unos géneros periodísticos se presenta como consecuencia de una herencia de otros anteriores: los géneros literarios. En la Grecia Antigua ya se codificaba la obra de los poetas según unos los géneros épico, lírico y dramático, apuntados por Aristóteles en su obra La poética por primera vez. Éstos fueron evolucionando y hoy podemos hablar, a grandes rasgos, de poesía, novela, teatro y ensayo: “diferentes formas de concebir la representación de la realidad concebidas a través de los textos” (Gobantes Bilbao, 2008:146). Según Wellek y Warren, la teoría de los géneros literarios es un principio de orden: “no clasifica a la literatura y la historia por el tiempo o el lugar, sino por tipos de organización o estructura específicamente literarias” (Wellek y Warren, 1981: 272). Este mismo intento de clasificar y ordenar los modos de hacer periodísticos son los que llevan a la creación de géneros en el periodismo, que se van codificando conforme se exploran nuevas formas de explicar la realidad. Así lo explicaba el profesor Lorenzo Gomis en su Teoría de los géneros periodísticos: Los géneros periodísticos se hacen necesarios cuando un mismo diario empieza a usar el lenguaje de maneras tan diversas como requiere la comunicación impersonal de una noticia que ha llegado por telégrafo, la crónica de una vida social a la que han asistido buena parte de los que van a leerla, el reportaje sangrante de un corresponsal que trata de acercar al lector una guerra lejana y el artículo que censura vivamente una decisión tomada por el poder en Washington. La pura clasificación no bastaba. Hacían falta los géneros periodísticos (Gomis, 2008: 107). Hablar de unos géneros periodísticos pasa necesariamente por el reconocimiento de la existencia de un lenguaje periodístico específico, tal y como lo expresaba Martín Vivaldi: “Existe un “modo de hacer” periodístico, claramente diferenciable del modo propio del estilo literario puro, del didáctico, del filosófico, del científico y hasta del habla popular o coloquial”. (Martín Vivaldi, 1987: 23) En el periodismo, la comunicación que establece el emisor se concibe para un conjunto muy amplio de receptores, un público masivo. Por eso el comunicador emplea un lenguaje especial para adaptarse al medio, según Casals Carro, la retórica periodística:
5 La retórica periodística es la suma de estilos que se producen al utilizar las operaciones del lenguaje según una intención comunicativa concreta: narrar los hechos, explicar los hechos desde un punto de vista contextual, y juzgarlos en cuanto a sus interacciones sociales. (Casals Carro, 2005: 377) Dos factores rigen y delimitan el concepto de lenguaje periodístico: tiempo y espacio. “Toda comunicación periodística interpreta la realidad desde la propia selección de aquello que va a ser narrado” (Casals Carro, 2005: 460). Así, el periodismo sería el medio específico de comunicación e incluso expresión del pensamiento, por eso, “el periódico es un “generador” de técnicas y maneras características, generativas a su vez de ciertas técnicas y maneras lingüísticas y estilísticas” (Martín Vivaldi, 1987: 23). Los géneros periodísticos ordenan la realidad seleccionada y permiten separar adecuadamente el relato de los hechos y asuntos de la opinión que ellos merecen […]. Son modos de actuar con eficacia y ética profesional y son la base de todos los modelos del periodismo. (Casals Carro, 2005: 433) Más que por sentar doctrina, la Teoría de los géneros “surgió por la observación de las posibilidades retóricas de las diferentes estructuras discursivas que el periodismo generaba” (Casals Carro, 2005: 429). Para Martínez Albertos, los géneros periodísticos son diferentes modalidades estilísticas de un lenguaje específico –el de la comunicación de masas–, con las que los profesionales adaptan los mensajes informativos de actualidad dependiendo de los objetivos que buscan (Martínez Albertos, 2004: 51). Por eso, según Martín Vivaldi: Todo periodista debe poseer un sexto sentido expresivo que se traduce en el sentido de la forma. Lo que, en la práctica, significa poseer el don especial de dar a cada tema su forma específica: información escueta, gran reportaje, simple nota, crónica, suelto, comentario o artículo literario. (Martín Vivaldi, 1987: 38) Sin embargo, estos géneros no se postulan como algo tipificado o categorizado de una manera tan fija como en el caso de las frutas y las verduras. El objetivo de los géneros es sentar unas bases, un principio a partir del cual elegir o crear textos, pero lo cierto es que cada periodista los adapta y modifica para crear su estilo personal. Así pues, los géneros se combinan y se entremezclan, creando textos híbridos que a veces ofrecen confusión, dado que “los géneros nos sirven para entendernos en las redacciones y para analizar los periódicos en las facultades; pero también resultan útiles para el lector” (Grijelmo, 2008: 28). 2.1. PROPUESTAS DE CLASIFICACIÓN DE LOS GÉNEROS Las diferentes posibilidades de abordar un texto pueden analizarse y clasificarse desde muchas perspectivas. Además del propio contenido que encierran las palabras de cada creación periodística, hay diferentes maneras de señalar la naturaleza del texto por medio del lenguaje no verbal: la posición que tiene en la página, el uso de colores y tipografías variadas, el tamaño, etcétera.
6 En un primer análisis, existen dos grandes géneros periodísticos, que son los que nos ha dejado la tradición anglosajona: story y comment, relato y comentario. “Mediante el relato difunden un conocimiento aceptable de los acontecimientos de interés general para los individuos de una comunidad, y mediante el comentario orientan el juicio de esos ciudadanos acerca de la importancia que llevan consigo los citados acontecimientos” (Martínez Albertos, 2008: 60). Casals Carro también distingue estos dos tipos de reconstrucción de lo real (Casals Carro, 2005: 378): Narrativa periodística o el periodismo como narración, interpretación y creación del sentido de la realidad (noticias, reportajes y crónicas) Opinión periodística o el periodismo como literatura de ideas La misma autora hace la siguiente distinción de los géneros, desarrollando su propuesta anterior (Casals Carro, 2005: 434): FUNCIÓN ESTILO GÉNEROS PERIODÍSTICOS Informar Informativo Noticia Breve Fotonoticia Relatar: Explicar Mostrar Interpretativo Analítico Sintético Mostrativo Crónica Reportaje Análisis Informe Perfil Entrevista Reseña Opinar Persuadir Divulgar Disuadir Editorializante Argumentativo Ensayístico Opinativo Editorial Columna Tribuna Crítica Cartas al director Entretener Ameno Literario Relatos de ficción Cómics Secciones de cotilleo Pasatiempos Sin embargo, si desconsideramos los cómics, relatos de ficción y pasatiempos como géneros periodísticos, eliminamos la categoría completa correspondiente al entretenimiento. El periodismo busca informar; a veces, también lo hace entreteniendo, pero no es ese su único objetivo sino el de trasladar algo al lector. El periodismo “genera mensajes seleccionados en el enorme caudal de información sobre la base de la actualidad y el concepto de interés. Estos mensajes tienen diferentes
7 modalidades que responden a tres actitudes psicológicas: relatar, explicar o juzgar los hechos de actualidad seleccionados” (Casals Carro, 2005: 192). Por eso, abordaremos la clasificación de los géneros literarios desde el punto de vista de esas actitudes psicológicas que se refieren a la posición que adopta el periodista respecto de la información, y a su mayor o menor interpretación de los hechos. Lorenzo Gomis propone la siguiente clasificación de los géneros, siguiendo su teoría de que todo es interpretación (1991: 109): 1. Interpretación de los hechos o noticias. Compone el presente como un conjunto de hechos objetivos, y el género que le corresponde es la noticia. 2. Interpretación de situaciones. Presenta personajes, situaciones o lugares en un ámbito temático para comprender mejor la actualidad, que también se describe por sus hechos. Los géneros que engloba son el reportaje y la crónica. 3. Interpretación moral o comentario. Analiza y juzga hechos y situaciones para esclarecer si son convenientes o inconvenientes. Su género es el comentario en todas las variantes: editorial, artículos, columnas… todo el contenido de las páginas de opinión. La propuesta de Álex Grijelmo (2008) es mucho más sencilla. Establece como criterio clasificador de los géneros el grado de subjetividad que se plasme en el texto; es decir, divide los textos según la mayor o menor presencia del periodista en ellos, dando lugar a tres géneros: 1. Información. Engloba a la noticia, la entrevista de declaraciones u objetiva y el reportaje informativo. 2. Interpretación más información. Se refiere a la crónica, la entrevista-perfil y el reportaje interpretativo, en los que el autor pone de su parte su personal visión de los hechos. 3. Opinión. El editorial, la crítica, el artículo y el ensayo son los géneros que admiten la presencia de juicios de valor. Estos géneros periodísticos han sido clasificados en función del grado de interpretación que se refleja en los textos finales. Pero ¿qué es la interpretación? 2.2. EL CONCEPTO DE INTERPRETACIÓN La palabra “interpretación” es una de esas que ya manejaban tanto los griegos (metafraxtes) como los romanos (inter-pres), pero en ambos casos remiten a un mismo
14 3. Fundamentos y definición de la crónica Según la Teoría de los géneros, la crónica tiene unos rasgos particulares que la diferencian claramente de los demás géneros, pero la realidad es algo mutable y las características de este modo de hacer periodístico están en continua evolución. La crónica tiene una gran versatilidad –que es lo que le ha permitido adaptarse a diferentes formas de contar un hecho, bien sea histórico, literario o periodístico–, pero tampoco es crónica todo lo que se escribe bajo ese nombre. Si no, la crónica podría ser muchas cosas. Partiendo de esta reflexión acerca de las tipologías que componen el periodismo, podremos continuar con una descripción de crónica. “Crónica” es una palabra cuya etimología nos remite a la voz griega cronos, que significa “tiempo”. Del latín chronĭca, y anteriormente del griego χρονικά, el vocablo nombra los libros en que se refieren los sucesos por orden del tiempo. Como vemos, la relación de la crónica con el tiempo es de nacimiento, y es que ya existía en la Antigüedad con la misma intención de explicar lo que sucedía. Esto nos da una idea de la importancia de estos textos, que ya existían incluso antes que el propio periodismo, y que fue uno de los primeros géneros del mismo. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra “crónica” significa: 1. f. Historia en que se observa el orden de los tiempos. 2. f. Artículo periodístico o información radiofónica o televisiva sobre temas de actualidad. Estas definiciones, junto a las ofrecidas por la Gran Enciclopedia Larousse se prestan a cierta confusión: 1. Un artículo periodístico en el que se comenta algún tema de actualidad. 2. Sección de un periódico en la que se trata una determinada clase de noticias. Sin embargo, tras leer estas vagas descripciones podríamos confundir perfectamente la crónica con el artículo periodístico, la noticia o el reportaje, y con todos ellos hay diferencias. El propio Gabriel García Márquez cree que las fronteras de la crónica no están bien definidas, y estima que nunca se aprenderá a distinguir a primera vista entre géneros tan diferentes como el reportaje y la crónica (García Márquez, 2001: web). Sin embargo, se pueden establecer las principales diferencias con los demás géneros, a grandes rasgos. En el caso del reportaje, este no debe contener comentarios sobre los hechos, pero la crónica sí; el reportero tiene un papel totalmente externo, interpreta en una medida muy pequeña y no es tan personalizado como la crónica. Mientras una crónica la
15 realiza un periodista desde el lugar de los hechos, el reportaje puede hacerse a posteriori; incluso puede pasar que el reportero no haya estado en ese lugar de los hechos, como sucede, por ejemplo, con los reportajes sobre efemérides históricas. En el caso del artículo, la diferencia principal está en que la noticia no forma parte del texto y solo es su pretexto, mientras que la crónica tiene una función eminentemente informativa sobre un hecho que es interpretado por su autor. La crónica toma elementos de la noticia, del reportaje y del análisis. Se distingue de los dos últimos en que prima el elemento noticioso […]. Y se distingue de la noticia porque incluye una visión personal del autor (Grijelmo, 2008: 89) Si nos aproximamos a la definición de Martínez de Sousa en su Diccionario de información, comunicación y periodismo, el galimatías se acrecienta. Propone: Artículo narrativo, valorativo, interpretativo e informativo, de extensión variable y sobre temas de actualidad, generalmente narrado según un orden cronológico de los acontecimientos, que aparecen regularmente bajo un mismo titular o viñeta, normalmente escrito por el mismo periodista. (Martínez de Sousa, 1992: 135). Y aunque todas estas definiciones no son más que una base a partir de la cual podemos comenzar a trabajar el significado de la crónica, se observa que, por lo general, el término queda confuso y a veces incompleto. La crónica entraña una complejidad mayor que otros géneros periodísticos porque está compuesta por varias formas o modos de hacer a un mismo tiempo y porque tiene una trayectoria mucho más extensa que cualquiera de los demás. Por eso, para comprenderla efectivamente, debemos avanzar en la investigación teórica. La crónica ha recibido muchas herencias, tanto históricas como literarias. Todas esas partículas han dado lugar a la creación de un género periodístico propio, autónomo y genuinamente latino, ya que según afirman muchos autores, no tendría correspondencia con ningún género del periodismo anglosajón –el cual solo distingue entre story y comments. En el artículo “A la búlgara”, de El País del 2 de noviembre de 2001, Camilo Valdecantos daba una descripción de la crónica como un género que engloba muchas características diferentes: La crónica –el género más abundante que el lector encuentra en el periódico– es un híbrido donde caben casi todas las formas de expresión periodística. Tiene un contenido especialmente informativo, pero el periodista subraya, acentúa, describe, valora, incorpora datos de su acervo cultural para componer un cuadro que al lector le resulte más atractivo y para intentar que la información sea más completa e inteligible. Con esos mimbres, el cesto de la crónica ofrece serios peligros. ¿Dónde están los límites de un continente que acoge casi todo? No hay manual que resuelva la pregunta y, como casi siempre, hay que recurrir al caso concreto y analizarlo.
16 Hasta aquí nos encontramos con un tipo de texto en el que es fundamental la habilidad del cronista, que ha de ser conocedor del ámbito en el que se mueve: política, deportes, cultura… Las crónicas no tienen ningún sentido si quien las escribe duda o se inventa los “modos de funcionar” del tema que se aborda. A esto alude Casals Carro, y añade otro de los aspectos fundamentales de este género periodístico: la personalización. Las crónicas tienen un estilo impresionista en comparación con una cierta impersonalización de las noticias y de algunos reportajes porque interpretan la realidad desde un punto de vista particular, y con escasa perspectiva temporal cuando se refieren a hechos inmediatos, aunque con el aporte del propio background que posee el periodista. (Casals Carro, 2005: 456) También a esta personalización alude Manuel Graña González: Lo que distingue a la verdadera crónica es precisamente el elemento personal que se advierte, ya porque el escritor comenta, amplía y ordena los hechos a su manera; ya porque, aunque la crónica sea informativa, suele poner en ella un lirismo sutil, una dialéctica y un tono característico que viene a ser el estilo de su esencia misma. (Graña, 1930: 203) Gonzalo Martín Vivaldi realiza su aportación a la definición de la crónica –desde su punto de vista, un “relato enjuiciado de los hechos que se narran” (Martín Vivaldi, 1987: 123)– con un fuerte arraigo temporal: “periodísticamente, la crónica conserva el entronque típico con lo temporal, con lo cronológico” (Martín Vivaldi, 1987: 126). Pero el mismo autor advierte que no es lo mismo crónica que información pura: Es algo más que pura y simple información, algo más que un reportaje. ¿En dónde está ese más que distingue a la crónica del reportaje? Sencillamente, en la interpretación o valoración de los hechos que en ella se narran. No se trata de la exposición de un hecho y de su inmediato comentario. Se trata de narrar los hechos a través de una subjetividad; de colorearlos con nuestra propia apreciación al tiempo que se van narrando, de fundir relato y comentario en la misma frase. (Martín Vivaldi, 1987: 126-127). De nuevo aparece el término “interpretación”. Lo que hace crónica a la crónica es la valoración del hecho mientras se relata. El cronista, al relatar algo, nos da su visión del suceso; pone en su narración un tinte personal. Podemos asociarlo a la actividad artística: la crónica no es la cámara fotográfica que reproduce un paisaje, es el pincel del pintor que lo interpreta, dándole su matiz subjetivo. Según Casals Carro, además, la crónica –como el reportaje– se puede explicar desde dos puntos de vista: la explicación y la visibilidad. El primer concepto respondería solamente al interés intrínseco de los datos que se ofrece en el texto periodístico: la explicación de una información, de unos hechos que son irrefutables. Pero además, y este es un análisis novedoso –o al menos no comentado por otros autores–, se refiere a la narración basada en la visibilidad, por la libertad que este género plantea a la hora de elegir temas. La crónica tiene que estar ligada a la actualidad, pero esta no se compone solo de las noticias que aparecen en los periódicos. Y como crónicas hay de muchos tipos y las hay menos urgentes
17 que las noticias o los artículos, pueden abordar cuestiones de interés humano, que son las que influyen en la visibilidad de determinados temas. (Casals Carro, 2005). El periodista argentino Martín Caparrós también aborda este sentido de la crónica: El periodismo de actualidad mira al poder. El que no es rico o famoso, o tetona, o futbolista, tiene, para salir en los papeles, la única opción de la catástrofe. Sin desastre, la mayoría de la población no puede, no debe ser noticia. La información tal como existe consiste en decirle a muchísima gente qué le pasa a muy poca, la que tiene poder. Decirle entonces a muchísima gente que lo que debe importante es lo que les pasa a ellos. La información postula, impone una idea del mundo; un modelo del mundo en el que importan esos pocos. La crónica se rebela contra eso, cuando intenta mostrar en sus historias las vidas de todos, de cualquiera, lo que les pasa a los que también podrían ser sus lectores. (Caparrós, en Jaramillo, 2012: 609) A partir de estas pinceladas básicas aportadas por diferentes autores, podemos llegar a algunas conclusiones. La crónica es un texto periodístico enmarcado en los géneros interpretativos, procedente de la historia y la literatura. Aunque es un género que tiene una faceta informativa muy importante, tiene algo más: la interpretación de lo acontecido en la narración, un esfuerzo que aumenta su valor y compromiso con los lectores. Además del relato de los hechos, se ofrece la impresión del cronista que, como participante y testigo de la noticia, puede acercar al lector cada detalle de lo que ha presenciado. Una de las definiciones que más se acercan a lo que la crónica es en realidad la ofrece Martín Vivaldi:”La crónica periodística es, en esencia, una información interpretativa y valorativa de hechos noticiosos, actuales o actualizados, donde se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado” (Martín Vivaldi, 1987: 128). Aunque todavía no se alude a ese carácter de ambientación, de situación en el lugar de los hechos que tiene la crónica, Martín Vivaldi se acerca bastante a la importancia de interpretar al mismo tiempo que se narra, y explica que estas acciones siempre deben hacerse en torno a hechos de actualidad. Y la necesidad de la existencia de este tipo de textos aparece justificada en reflexiones como la siguiente: Es precisamente esa capacidad de no limitarse a relatar de forma escueta y distante los sucesos del presente, lo que le otorga una solidez y un empuje que la hace imprescindible. Nunca como ahora se ha sentido el individuo abrumado por tantas noticias, pero al mismo tiempo nunca hemos necesitado más que tales hechos nos fueran engarzados en un conjunto coherente para encontrarles auténtico valor. (Cantavella, 2004: 396) 3.2. CARACTERIZACIÓN: UN DECÁLOGO 1) Actualidad. La crónica no puede elegir temas con absoluta libertad, como es el caso de algunos reportajes; la crónica debe estar ligada a una cuestión concreta que está pasando.
18 Intenta situar los hechos en un contexto para encontrarles sentido y significado. Trata los temas más diversos, desde política hasta toros, pero el punto de unión que identifica a todos esos temas es el hecho noticioso. El valor temporal en el ámbito periodístico es de vital importancia puesto que los medios suelen informar de los acontecimientos del presente más inmediato. La crónica periodística es el relato de un acontecimiento pasado pero que se toma como presente informativo debido al reducido lapso de tiempo que media entre lo ocurrido y lo publicado. (Gil González, 2004: 5) Como vemos, el tiempo es fundamental: desde siempre, la crónica ha sido el relato de la secuencia de algo ocurrido en un intervalo de tiempo concreto. “Intenta reflejar lo acaecido entre dos fechas: de ahí le viene su origen etimológico en la Historia de la literatura” (Martínez Albertos, 2004: 65). 2) Interpretación. El cronista interpreta desde que selecciona los hechos, piensa en cómo ordenarlos y se pone a escribirlos. El resultado final es interpretativo por lo que se refleja en el texto, pero también lo es el proceso anterior. Muchos autores dicen que el enjuiciamiento está justificado por el buen nombre del cronista, pero para Álex Grijelmo, “la interpretación debe formar parte de la frase informativa, y no constituir una frase aparte” (Grijelmo, 2008: 92). El cronista ha de situarse en un plano de igualdad respecto a lo que ocurre, para procurar explicarlo, y no en un plano superior que le permite juzgar. Por tanto, tenderá a narrar la situación de modo que el lector conforme su propio juicio, y no debe transmitir el juicio mascado y sin otra opción. (Grijelmo, 2008: 96) El cronista debe presentar los hechos con humildad, no como el ente omnisciente, sino como un participante más, para que el lector tenga la oportunidad de elogiar o censurar esos hechos por sí mismo. ¿Dónde reside la interpretación? Puede estar en todos los elementos sintácticos o morfológicos, pero según Grijelmo, normalmente se localiza en los verbos, adjetivos y adverbios (Grijelmo, 2008). La interpretación en el verbo es aconsejable en las noticias de declaraciones. No es lo mismo “comentar” que “explicar” o “asegurar”. Hay un sinfín de sinónimos del verbo “decir” que dan una mayor riqueza a lo que se cuenta. “Los adverbios son los adjetivos de los verbos”, (Grijelmo, 2008: 89). Por eso son otro elemento con el que se debe tener cuidado a la hora de escribir crónicas, pues muchos adverbios implican juicios de valor. La crónica implica descripción y por eso es imprescindible la presencia de adjetivos. Los adjetivos dan riqueza y matizan los hechos, pero también son un elemento
19 peligroso al introducirlos en una crónica. Esta no es razón para desecharlos desde el principio, pero sí para poner un foco de atención sobre ellos y evitar que revelen afirmaciones excesivas. Para rebajar el grado de opinión que aparece en una crónica, según Grijelmo, hay dos opciones. La primera consiste en atribuir a otros lo que el escritor había dicho por su propia boca; “según los asistentes”, “según algunas fuentes”, “se considera” o “que pasa por ser” pueden ser algunas opciones. El segundo truco “se basa en expresar las opiniones bajo el tamiz de la duda. […] Esta fórmula rebaja la contundencia de la opinión y pone en duda lo que uno mismo dice” (Grijelmo, 2008: 103). A estos efectos servirían expresiones como “quizás”, “tal vez” o “probablemente”. 3) Personalidad del autor. “Hechos y autor conviven en la crónica en indisoluble simbiosis” (Martín Vivaldi, 1987: 136). La crónica es la narración de un periodista que ha sido testigo de un suceso y lo cuenta desde su visión personal, según su sensibilidad y formación. Quien escribe una crónica sabe de lo que habla: lo ha visto, lo ha oído y además, tiene la base cultural necesaria; porque de modo contrario, el texto sería una invención; o peor aún, una serie de juicios injustificados, poco asentados sobre unos conocimientos previos y por lo tanto, no válidos. Se personaliza el texto porque el autor, al haber estado presente entre los testigos de los hechos, se convierte en sujeto-protagonista. “El resultado es una narración cuyo valor reside en la mirada del narrador, la personal visión del autor que enriquece el relato de los hechos” (Gobantes Bilbao, 2013: 7). Y como los lectores se fían del buen criterio del periodista, no solo permiten sino que esperan que “se moje”, que dé su particular visión orientadora de la opinión pública. La particularidad de la información que ofrece la crónica está en su carácter personal. Se trata de narrar los hechos a través de una subjetividad, es decir, el cronista es el encargado de conectar a sus lectores con los hechos El cronista ve, oye, fragmenta, toma contacto con los hechos, los mezcla con su sapiencia y experiencia, a veces participa en ellos, otras se mantiene en la orilla, se acerca a las fuentes, las interroga, armoniza los datos y cuando ha reunido todo ese material informativo, interpreta, escribe y publica. (Gil González, 2004: 9) La firma es un dato importante para el lector por su triple función noticiosa, informativa y valorativa: la crónica se distingue por el sello de su autor. “El hecho de firmar la crónica otorga a su autor toda la libertad expresiva en su estilo personal, pero este principio siempre debe contemplar las limitaciones deontológicas de la veracidad de los hechos narrados” (Yanes Mesa, 2006: web). Pero también se trata de una cuestión de responsabilidad: el cronista es uno de los periodistas que trabaja más independientemente y esa libertad también supone un compromiso con el lector, que se refleja en esa firma que se hace cargo.
20 Grijelmo, por su parte, habla de la crónica como un género especialmente difícil porque incluye elementos noticiosos pero también de análisis, y al periodista se le puede “ir la mano”: en la crónica hay que interpretar con fundamento, sin juicios y relacionando esa interpretación con la información. Si se quiere opinar, hay que hacerlo convirtiendo esa opinión en información. No es lo mismo decir: “el concierto aburría a los asistentes”, que “los asistentes al concierto bostezaban y se removían en la silla”. Probablemente se trata del género más difícil de dominar. De hecho, en un periódico de prestigio una crónica no la hace cualquiera. Suelen estar reservadas a especialistas en la materia que se aborda, a corresponsales en el extranjero, a los enviados especiales o a comentaristas taurinos, deportivos, sociales o artísticos. (Grijelmo, 2008: 90) 4) Fuentes. Queda permitida la interpretación del cronista, pero al mismo tiempo se espera que se justifique que no se trata de una invención, por lo que es necesaria la presencia de fuentes que confirmen la versión ofrecida. Las fuentes directas dan validez a la interpretación: los hechos se cuentan a través de los personajes protagonistas; claro que el periodista también ha sido uno de ellos. Como las crónicas pretenden dar visibilidad a la dimensión humana de las noticias, su credibilidad a través de las fuentes dependerá de que los relatos narrativos “contemplen las reglas de oro de una crónica: mostrar a las personas haciendo cosas, dejar que las personas hablen a través de citas pertinentes y atractivas, escribir económicamente, de forma que la acción y el diálogo lleven adelante el texto y mantener el ritmo” (Rodríguez Wangüemert, 2005: 12). 5) Información. No se debe perder la dimensión periodística de la crónica. Por mucha originalidad que aparezca en el resultado, lo que se cuenta tiene que estar ligado a la actualidad sin perder el referente de la información, que no deja de ser la finalidad única del periodismo: “la libertad estilística del cronista tiene un límite, el hecho noticioso en torno al cual se escribe” (Martín Vivaldi, 1987: 132) Para ello, se ofrecerán datos durante toda la crónica, de modo que se ofrezca respuesta a las cinco uves dobles (what, who, where, when, why), junto a toda la contextualización necesaria para entenderlas. En la crónica no se debe adoptar el modelo de la pirámide invertida, que supone contar la información más relevante en los primeros párrafos, sino que se apuesta por una estructura en diábolo que vaya destapando la información a lo largo de todo el texto para que no se pierda el interés o los lectores pasen de página al leer la primera parte de la crónica. Asimismo, contar los hechos en orden cronológico es la posibilidad más sencilla y lógica
21 pero también puede aburrir al lector, y existen alternativas mucho más creativas que permiten diferenciar los textos. 6) Narración libre. La narración funciona como la modalidad expresiva más eficaz porque pretende contar, explicar y valorar los hechos. A partir de aquí, no hay normas prefijadas. De hecho, es el género que más libertad brinda al periodista. Como en los demás géneros, desde el punto de vista formal, el estilo de la crónica periodística deberá ser claro, sencillo y conciso. Aunque cierto es que en este caso se permiten ciertas licencias: “Aquí valen todos los recursos estilísticos: la comparación, la metáfora, la ironía, la paradoja incluso, la hipérbole mesurada; pero dentro siempre de una norma fundamental de claridad comunicativa” (Martín Vivaldi, 1987: 133). Esta libertad también se ve reflejada en la forma del texto, que da lugar a un estilo propio del periodista que escribe. Martín Vivaldi matiza: “La única forma recomendable es la informativo-narrativa. El cronista no tendrá que someterse a la preocupación formal de la pirámide invertida, ni es para él indispensable seguir el orden descendente, características definitorias de la estructura formal de la noticia” (Martín Vivaldi, 1987: 134). Que el autor pueda desarrollar un estilo propio en sus crónicas propicia que sea el género periodístico más creativo. El carácter de escritor apasionado por el tema del que habla el cronista suele ofrecer como resultado textos originales. Sobre este arte habla el periodista Martín Caparrós: La crónica es el género de no ficción donde la escritura pesa más. La crónica aprovecha la potencia del texto, la capacidad de hacer aquello que ninguna infografía, ningún cable podrían: armar un clima, crear un personaje, pensar una cuestión. (Caparrós, en Silva y Molano, 2006: 8) 7) Tema. El “tema de la crónica es la noticia exprimida, quintaesenciada, radiografiada, procurando desentrañar lo que, oculto a veces en la entraña de los hechos, no suele ver el reportero” (Martín Vivaldi, 1987: 136). A partir de aquí, cualquier tema de actualidad puede ser el centro de una crónica. De ahí que su amplitud y versatilidad sea tan grande: puede aparecer en cualquier sección. Estos temas se seleccionan desde el punto de vista del interés humano: la intención primordial es poner nombre y rostros a los fríos datos de las noticias. Se trata de los acontecimientos vistos a pie de calle, a la altura de la mirada humana. 8) Destino. La variedad de temas de la que hablamos hace que en ocasiones, la crónica pueda quedar dirigida a un tipo de lector en concreto, segmentando las posibilidades de recepción. Por ejemplo, una crónica especializada sobre un concierto de rock solo será leída por los seguidores del rock, o incluso solamente por los seguidores del grupo en concreto.
22 Tal circunstancia limita mucho el público objetivo para el que se escribe, pero al mismo tiempo, el periodista procura que esa especialización no se cierre al argot del ámbito en cuestión, sino que cualquier persona pueda entender lo que ha escrito. Del mismo modo, existen crónicas sobre temas de inmediata actualidad que interesan a la mayoría del público por su carácter general. Por otro lado, el cronista habitual establece un vínculo especial con los lectores, que buscan una firma concreta cuando confían en una forma de ver, contar y valorar la realidad. 9) Ambiente. La crónica se escribe desde el escenario de los hechos y por eso aporta el valor de la cercanía con la que el periodista presencia y narra los hechos. Como el objetivo de la crónica es situar al lector en el mismo punto en el que sucedieron los hechos y permitir que se pueda imaginar todo a través de los detalles que ofrece el narrador, la descripción del ambiente es fundamental. Hay otra diferencia fuerte entre la prosa informativa y la prosa crónica: una, sintetiza lo que, se supone, sucedió. La otra, lo pone en escena: lo sitúa, lo ambienta, lo piensa, lo narra con detalles. No decirle al lector “esto es así”, mostrárselo; permitirle al lector que reaccione, no explicarle cómo debería reaccionar. El informador puede decir “la escena era conmovedora”, el cronista trata de construir esa escena y conmover. (Caparrós, en Jaramillo, 2012: 611) 10) Finalidad. Toda crónica se escribe de algo y por algo o para algo. Se narra un suceso y se procura descubrir su valor. El objetivo es informar y orientar: un reportaje se lee por curiosidad sobre un tema, un artículo se lee porque interesa la opinión del que escribe, pero las crónicas se leen también buscando aprender algo. Tiene, en parte, una finalidad didáctica. 3.3. MODO DE HACER Antes de escribir una crónica, el periodista habrá pasado, necesariamente, por todo un proceso de observación, selección y recogida de información. En el momento en que se llega al lugar de los hechos, el cronista debe extremar la atención a cada mínimo detalle informativo. Que perciba esos detalles o no es lo que marcará la diferencia en la crónica. Cuando tenga formada una composición total sobre lo sucedido, podrá elegir qué aspectos de la información pretende explotar y, con esa base, proceder a investigar o entrevistar a las fuentes que justifiquen su selección. El cronista ve, oye, fragmenta, toma contacto con los hechos, los mezcla con su sapiencia y experiencia, a veces participa en ellos, otras se mantiene en la orilla, se acerca a las fuentes, las interroga, armoniza los datos y cuando ha reunido todo ese material informativo, interpreta, escribe y publica. (Gil González, 2004: 11)
23 La crónica hay que escribirla en caliente. A los periodistas les emocionan las historias, se hacen parte de ellas y se involucran para entenderlas desde el principio hasta el final. A veces se obsesionan. Y es en este punto exacto en el que hay que escribir la crónica, cuando obsesiona. De hecho esa capacidad que tienen las buenas historias que no permiten pensar en otra cosa es uno de los mejores regalos que da la profesión periodística. Cuando no puedes quitarte de la cabeza algo sobre lo que tienes que escribir, la mejor manera de canalizarlo es hacerlo. Después es tarde: se recordarán con menos exactitud los hechos, dará pereza, se adornarán las imágenes para que parezcan más interesantes… Un buen truco es escribir esas palabras sueltas de las sensaciones que se captan, simplemente para que no se olviden, pues marcarán la diferencia. Los detalles reveladores son a veces pequeñas escenas, frases, imágenes, cosas que escuchamos o vemos, olemos o tocamos y que quedan en nuestra memoria. […] Como periodistas, cuando encontramos una escena así y la podemos transmitir para que el lector sienta que la ve con sus propios ojos, estamos entrando en una dimensión a la que muchas veces solo accede la ficción, la poesía, la música o el cine. Pero estamos llegando ahí para contar la realidad, permitirle al lector conocer algo de lo que pasa en el mundo, en el país o en la ciudad. (Herrscher, 2009: 41) Las sensaciones que se deben plasmar en la crónica solo se experimentan en el lugar y el momento de los hechos. Si no se está allí, no vale, será una simple noticia. Para que se convierta en crónica hay que sentir lo que sucede, abrir los sentidos y estar dispuesto a percibir cada mínimo detalle que después, en realidad, no era tan pequeño. El niño que reía, el anciano que aplaudía, el peinado del cantante, las gafas de la actriz… todo, porque esos pequeños detalles son los que después conseguirán situar al lector en el momento preciso. La crónica, como dice Martín Caparrós, es un intento frustrado de capturar un instante: “la crónica, muy en particular, es un intento siempre fracasado de atrapar el tiempo en que uno vive. Su fracaso es una garantía” (Caparrós, en Silva y Molano, 2006: 7). La valía del periodista como escritor y como especialista en la materia tiene que ser completada con la presencia in situ en los hechos como testigo privilegiado. Podrá manejar las fuentes que estime oportunas, pero lo primordial es que el narrador se codea con los hechos, los manosea, interroga directamente a los protagonistas sin intermediarios. Después, los relaciona con su particular visión de las cosas y cuando ha madurado la idea, transforma todo ello en un mensaje que difundirá al público. El cronista se crea una imagen de firma en la que confiar con su buen hacer y el lector puede dejarse llevar por la opinión de esa personalidad que demuestra su gran cultura. Las crónicas pueden ser muy influyentes en la opinión de los lectores y por eso es trascendente
30 4. La mirada, principio del periodismo literario “La mirada lo condiciona todo y genera una voz propia y unos focos de interés particulares” (Angulo, 2012: web). El punto de vista del autor es lo más importante de la crónica. Hemos aludido a ello en otros momentos de este trabajo, pero es que la mirada del cronista es lo que define que una crónica lo sea, y por eso queremos profundizar en ello. La crónica es una mezcla en proporciones tornadizas de mirada y escritura: mirar es central para el cronista, mirar en el sentido fuerte. Mirar y ver se han confundido, ya pocos saben cuál es cuál; pero entre ver y mirar hay una diferencia radical. Ver, en su primera acepción de la academia es “percibir por los ojos mediante la acción de la luz”, mirar es “dirigir la vista a un objeto”. Mirar es la búsqueda, la actitud consciente y voluntaria de tratar de aprehender lo que hay alrededor, y aprender. Para el cronista, mirar, con toda la fuerza posible, es decisivo; es decisivo adoptar la actitud del cazador. (Caparrós, en Silva y Molano, 2006: 8) Al cronista le va la vida en desarrollar el sentido de la mirada. No simplemente la vista, sino la observación, minuciosa y atenta de su alrededor. Porque solo si sabe mirar y si se fija lo suficiente, encontrará el material que necesita para su crónica. Con esta teoría de que el cronista “mira lo que los demás hombres miran pero ve lo que la mayoría no supo ver” (Martín Vivaldi, 1987: 140), también coincide el periodista Martín Caparrós: “El cronista mira, piensa, conecta para encontrar (en lo común) lo que merece ser contado. Y trata de descubrir a su vez en ese hecho lo común: lo que puede sintetizar el mundo” (Caparrós, en Jaramillo, 2012: 609). El periodismo narrativo es muchas cosas pero es, ante todo, una mirada –ver, en lo que todos miran, algo que no todos ven– y una certeza: la certeza de creer que no da igual contar la historia de cualquier manera. […] Sólo si una prosa intenta tener vida, tener nervio y sangre, un entusiasmo, quien lea podrá sentir la vida, el nervio y la sangre: el entusiasmo. (Guerreiro, en Rodríguez, 2012: 157) Leila Guerreiro describe así lo que significa un periodismo narrativo, tras contar un fragmento de su vida a partir del cual centra la atención del lector en un capítulo que, si comenzara con “el periodismo narrativo es” (y dos puntos), seguramente no tuviera el mismo efecto. Por eso es tan importante la mirada propia, porque lo que interesa a los lectores son las historias, no solo los datos. “Pasar de las fuentes a los personajes y de las declaraciones a las escenas casi teatrales done la gente se cuenta cosas es entrar en el mundo del periodismo narrativo” (Herrscher, 2009: 39). Alguien acuñó el dicho “los números son fríos, las historias, cálidas” y sin duda tenía razón: esa máxima del periodismo se presenta especialmente en el periodismo narrativo, como es el caso de la crónica. El periodismo narrativo se construye, más que sobre el arte de hacer preguntas, sobre el arte de mirar. La forma en que la gente da órdenes, consulta un precio, llena un carro de supermercado, atiende el
31 teléfono, elige su ropa, hace su trabajo y dispone las cosas en su casa dice, de la gente, mucho más de lo que la gente está dispuesta a decir de sí (Guerreiro, en Rodríguez, 2012: 160). La mirada del periodismo narrativo se entremezcla con la frontera de la literatura: el resultado son textos estéticos cargados de contenido real pero con una belleza literaria. Entramos en el terreno del periodismo literario: el periodismo no es solo información y actualidad, así como la literatura no es solo ficción. “El periodismo narrativo es capaz de hacer algo más que transmitir la voz y el punto de vista del narrador. Puede llevarnos a las voces, las lógicas, las sensibilidades y los puntos de vista de los otros” (Herrscher, 2009: 37). El periodismo literario se puede definir como: Un conjunto de textos que son al mismo tiempo Periodismo y Literatura. Es decir, composiciones que aman el rigor del reporterismo, el respeto por el pacto de lectura (el compromiso y el debate del periodista de no inventarse ni un solo dato, ni una escena) y la calidad estética del relato, como consecuencia del uso magistral de las técnicas literarias, tradicionalmente utilizadas en las narraciones de carácter ficticio, como el cuento y la novela. El resultado de esa hibridación con crónicas, reportajes, perfiles, artículos, columnas que logran una máxima eficacia periodística (referencial y fáctica al narrar los hechos) y una gran calidad literaria: la estética no solo embellece el relato, sino que, al detenerse en los detalles que el periodismo tradicional y estandarizado ignora, alcanza una dimensión más humana y, por lo tanto, más real de la historia. (Rodríguez y Angulo, 1010: 11-12) Según Herrscher, este tipo de periodismo es ambicioso: “no busca solo informar, entretener o enseñar algo. Busca el mayor objetivo al que puede aspirar un escrito: a que el lector cambie, crezca, conozca no solo una parcela del mundo que desconocía, sino que termina conociendo una parcela de sí mismo que no había frecuentado” (Herrscher, 2009: 43). Se incluye aquí, en el periodismo literario, la teoría de Jorge Carrión que apunta que las crónicas deben ser mejores que la realidad por su manera de ser contadas, pero también mejores que la ficción por su componente fáctico: “Su orden o su aparente caos, su estructura, su técnica, sus citas, la presencia del autor tienen que comunicar el sosiego que la realidad no sabe transmitir: lo he entendido por ti, lector, que ahora, a tu vez, lo entiendes. Te paso el testigo” (Carrión, 2012: 13). Carrión también considera que “la mirada” es fundamental para el cronista. Habla de una empatía con las personas o el mundo sobre el que tiene que escribir. “Toda crónica fija literariamente la relación que existió entre la mirada de quien escribe y la oportunidad que le dio el mundo de revelarle una de sus infinitas facetas. Los cronistas son observadores que no dejan pasar su oportunidad y la transcriben” (Carrión, 2012: 16). Tanto Guerreiro como Carrión coinciden en que esa mirada del observador ha de pasar inadvertida: “se normaliza, se mimetiza, se vuelve casi invisible. Se filtra” (Carrión, 2012: 17); “pero para ver no sólo hay que estar: para ver, sobre todo, hay que volverse invisible” (Guerreiro, en Rodríguez, 2012: 160). Se trata de una mirada que intenta comprender, cuyo
32 objetivo es poder transmitir cada detalle al lector, pero sobre todo, de una mirada crítica; la empatía no lo es todo, el cronista observador debe hacer de intermediador y, en todo momento, ser “conscientemente parcial” (Carrión, 2012: 18). Esa distancia del cronista es la que le confiere la independencia: un testimonio personal puede ser la alternativa al relato corporativo o político. “El cronista trabaja en contra de la versión oficial, contra el comunicado de prensa” (Carrión, 2012: 19). Volviendo al concepto del periodismo literario (“mejor que ficción”), Carrión apunta una definición novedosa de la crónica: no es un género, es un debate. “El periodismo y la ficción moderna se gestan simultáneamente. […] Las grandes novelas sobre la realidad van a seguir métodos de composición parecidos a los de la investigación periodística” (Carrión, 2012: 26-27). El autor se refiere a la discusión entre ficción y no ficción, o, dicho con otras palabras, al adorno literario frente a la cruda realidad. Pero no solo eso, también es un debate por la dificultad de determinar lo que es una crónica, por la variedad de maneras de construirla y porque cada cronista se forma una opinión propia a cerca de ella. En España, un reportaje es una crónica, mientras que en algunos lugares de América Latina es una entrevista. Perfil. Retrato. Semblanza. Estampa. Cuadro de costumbres. Aguafuerte. […] Impresiones. Apuntes. Instantáneas. Polaroids. Los artistas bolcheviques de vanguardia concibieron el concepto factografía para denominar a ciertas estrategias artísticas que, con claro objetivo revolucionario, recurrían al collage, al fotomontaje o al cine para construir artefactos narrativos vinculados con lo real. (Carrión, 2012: 30) Juan Villoro dijo que la crónica es “literatura bajo presión” (en Carrión, 2012: 30), porque extrae la condición subjetiva de la novela, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes y crear un escenario para situar al lector en el centro de los hechos. Cada crónica es, por tanto, un debate que solo transcribe datos inmodificables y que reclama otras palabras. Un debate inclusivo con los géneros y las formas textuales de cada momento histórico. Un debate que comienza en la propia palabra «crónica». Un debate largo, habitual, inveterado, que viene de tiempo atrás: crónico. (Carrión, 2012: 31) Esta asimilación entre la crónica con el debate ha quedado reflejada a lo largo de este trabajo. El hecho de tratarse de un género interpretativo ha conllevado la interpretación por parte de todos los teóricos y estudiosos, por lo cual hay una amplia variedad de propuestas en torno a la crónica. Además, como siempre, interviene la mirada del cronista: lo que se escribe es fruto de un debate en el que se han seleccionado unos aspectos, unas palabras, unas escenas. Y, tratándose de decisiones tan subjetivas como la propia mirada, siempre pueden generar controversia.
33 5. Historia de la crónica, un género entre la literatura y el periodismo La crónica periodística, al igual que ocurría con los géneros, es heredera de una tradición literaria: “La crónica fue ya, mucho antes de que surgiera el Periodismo como medio de comunicación social, un género literario en virtud del cual el cronista relata hechos históricos, según un orden temporal” (Martín Vivaldi, 1987: 123). Pero no solo eso. Antes de ser un género literario, la crónica ya era una manera de contar la Historia. Según Juan Carlos Gil González: La crónica es un género genuinamente latino, una peculiar forma de narrar los hechos procedentes de la Historia en primer lugar, posteriormente empleada por la Literatura, lo que enriqueció con nuevos matices, y finalmente el periodismo la adoptó a las rutinas y condiciones informativas. (Gil González, 2004: 1) Las primeras crónicas, según Martín Vivaldi, podrían ser “La guerra de las Galias” (“De bello gallico”) o “Crónica general de España”, que comenzó en 1270 Alfonso X el Sabio. Sin embargo se trata de ejemplos de narración pura, estos relatos no llevaban a cabo una interpretación de los hechos, que es lo que caracteriza a la crónica. Pero es que mucho tuvo que llover para que de las primeras crónicas se llegase a las periodísticas. Desde la Edad Media se ha empleado la crónica como una herramienta narrativa que permitía “relatar a un determinado público lo que sucedía en un lugar estipulado” (Gil González, 2004: 1). Por tanto, aunque en esta época el principal método de transmisión de conocimientos era la comunicación oral por medio de romances, juglares y canciones, la crónica estuvo inicialmente muy ligada a la historiografía. La proliferación de crónicas y obras historiográficas de todo tipo, que se dan en el occidente medieval desde principios del siglo XII, encuentra su cabal réplica en la Península Ibérica cien años más tarde: el Chronicon Villarense, redactado en riojano muy a comienzos del siglo XIII, constituye la primera muestra de la utilización de una lengua romance peninsular y de un género en la redacción de obras históricas. (Alvar, Mainer y Navarro, 1997: 107) La Historia fue tomando forma a través de las crónicas variadas, posicionando a este tipo de texto como la manera adecuada de dejar constancia, en detrimento de las formas de transmisión oral. Según Gil González, hacia 1275 se utiliza este término con carácter histórico en la Primera Crónica General. Y de ella se dio paso a otras sobre temas muy variados: el nacimiento de un príncipe, los matrimonios reales, las defunciones de familias sobresalientes… siempre, claro está, ligadas a la alta sociedad. “El gran desarrollo de la crónica como fuente de desarrollo histórico se produjo entre los siglos IX y XIV, siendo los monjes los encargados de su cultivo” (Gil González, 2004: 2). Sin embargo, ejemplos como la Crónica de España (1483), de Diego de Valera demuestran que
34 este modo de plasmar la Historia no estaba exento de ideología, sino que lo común era que se encargase al cronista defender una causa, una familia o una doctrina. Con el florecimiento de los negocios mercantiles y, por tanto, el desarrollo de la vida urbana, surge como fenómeno peculiar la publicación de crónicas ciudadanas, que buscaban difundir los beneficios de las ciudades. Es en este momento cuando se fija la figura de un cronista que se dedica a la labor exclusiva de redactar crónicas por su cultura y soltura escribiendo, que está atento a la actualidad de la zona y que recibe una remuneración a cambio de ello (Gil González, 2004). Hasta este punto ya se cumplen dos de las principales características de la crónica: es un relato transmite los acontecimientos según un orden cronológico; y el autor del texto, como testigo privilegiado de los hechos, tiene que seleccionar los hechos, interpretarlos y contarlos de la manera que vea adecuada, por lo que su personalidad es determinante. Pronto, la crónica empezó a mezclase con la ficción: Las crónicas dedicadas a difundir los viajes de los aventureros renacentistas, las tomas heroicas de las ciudades, los descubrimientos del Nuevo Mundo… introducen narraciones, descripciones, creación de mundos imaginarios y alternativos, diálogos, retratos de personajes, comparaciones… más propios de la ficción literaria que de la rigurosidad histórica. (Gil González, 2004: 3) Así pues, a través de ejemplos como la Crónica del condestable Miguel Lucas de Iranzo, la Crónica del famoso cavallero Cid Ruy Díaz Campeador o la Crónica Serracina de Pedro del Corral, comienza a establecerse un vínculo entre realidad y ficción, entre historia y literatura. Por eso Gil González se permite afirmar que “el nexo de unión entre la literatura y el periodismo es la crónica” (Gil González, 2004: 3). De esta relación inevitable se deduce la pasión por la palabra que tiene el cronista, quien emplea la retórica para embellecer el mensaje. Así es como también comienza a ser relevante el personaje que firma la crónica, que no es una persona cualquiera sino un creador nato que tiene una gran trascendencia en la composición de la historia. Por eso se puede considerar que la presencia de un autor particular y conocido es una característica inherente de la crónica. El cronista ha sido siempre un sujeto que ha firmado sus escritos, hecho que conlleva una responsabilidad añadida: esta identificación del texto con su autor facilita el nacimiento de un compromiso, de un vínculo simbólico entre emisor y receptor. (Gil González, 2004: 4). La llegada de la imprenta crea un modelo de comunicado informativo en el siglo XVI, publicaciones de carácter monotemático y pequeño formato –normalmente cuatro u ocho hojas–, en las que la gacetilla y la crónica se posicionaban como géneros iniciales de la comunicación impresa. (Vázquez Montalbán, 1985: 66-67).
35 Los primeros temas de que se ocuparon fueron los relativos a la Reconquista (la toma de Málaga, la de Granada, etc.). Inmediatamente aparecieron los temas del Nuevo Mundo. “Las cartas de Colón fueron impresas numerosas veces y también traducidas en otros países. Ya en el siglo XVI será tema dominante la conquista de América, pero no faltarán otras relativas a la guerra contra los turcos y a otros conflictos europeos” (Pizarroso, 1994: 259). Dada la amplitud de la historia de la crónica, hemos considerado más efectivo destacar determinados hitos históricos que han marcado su desarrollo, por orden cronológico. 5.1. LA CRÓNICA DE INDIAS Un hito fundamental en la crónica histórico-literaria es la aportación de los llamados historiadores de Indias. Son los escritores que se dieron a conocer con memorables obras, al contar lo que estaban viendo cuando llegaron a las tierras americanas: lo hicieron como conquistadores o como acompañantes de las grandes figuras, cuyas gestas eran encargados de poner por escrito. En esta tarea destacaron figuras como la Cristóbal Colón, Hernán Cortés o Bernal Díaz del Castillo. La principal característica de sus escritos es el asombro: todo lo que encuentran les parece tan maravilloso y extraño que sienten la necesidad de dejarlo por escrito para que quede constancia de lo que han presenciado en el Nuevo Mundo. En el siglo XVI no existían los periodistas, pero sí ese afán de contar lo que se observaba. Todo comenzó con el primer cronista: Cristóbal Colón (1451-1506), quien desde el momento en que llega a las nuevas tierras, no deja de anotar en sus cartas tantas bellezas como saltan ante sus ojos, aun creyendo que se hallaba a las puertas de Asia. La crónica tuvo su momento, y ese momento fue hace mucho. América se hizo por sus crónicas. América se llenó de nombres, conceptos e ideas a partir de esas crónicas de Indias; a partir de esos primeros relatos que esos primeros viajeros, más o menos letrados, hicieron sobre ella. Aquellas crónicas eran un intento heroico de adaptación de lo que no se sabía a lo que sí. Un cronista de Indias, un conquistador, ve una fruta que no había visto nunca y dice que es como las manzanas de Castilla, solo que es ovalada, su piel es peluda y su carne violeta. Nada da por supuesto que se parezca a una manzana. Pero ningún relato de lo desconocido funciona si no parte de lo que ya conoce. Así escribieron América los primeros; las raciones que partían de lo que esperaban encontrar y chocaban con lo que encontraban. Lo mismo que nos sucede cada vez que vamos a un lugar, a una historia, a tratar de contarlos. Ese choque, esa extrañeza, sigue siendo la base de una crónica. (Caparrós, en Silva y Molano, 2006: 10) Sin embargo, Carrión apunta sobre estas “crónicas de Indias”: “son crónicas porque utilizan el lenguaje literario para describir el presente conflictivo, pero todavía están más cerca de la historia antigua que del futuro periodismo” (Carrión, 2012: 21).
36 5.2. NACIMIENTO DEL PERIODISMO El siglo XVIII es clave para contextualizar el origen de las relaciones entre el periodismo y la literatura en Europa; aunque en realidad, en todo el mundo, es imposible entender el origen de uno sin la otra. Durante esa etapa surge el periódico como instrumento cultural al servicio de la Ilustración, se empiezan a utilizar los vocablos literatura y periodista, se consolida la figura del hombre de letras, se profesionaliza el oficio del escritor, nace la moderna noción de público y, por lo tanto, se concibe la hoja periódica como fuente de ingresos para los autores de la época, como catapulta para el éxito editorial de los escritores y como medio de comunicación internacional. (Rodríguez y Angulo, 1010: 57) Se expande por Europa la primera generación de periódicos y el periodismo suma nuevas formas como la entrevista, el reportaje, la crónica breve, y en el siglo XIX la literatura empieza a buscar su especificidad. Quienes se dedicaban a la escritura como creación estética, empezaron a acotar su terreno para distinguirlo de otros oficios que también tenían como herramienta básica la palabra. Sin embargo, el naciente periodismo no coincidía con los cánones de belleza ni con las exigencias retóricas de una disciplina vinculada a la nobleza, el arte o el clero. La elites consideraban al periodismo como una mera “difusión de la mediocridad intelectual” (Rodríguez y Angulo, 1010: 59). Nacía así una rivalidad entre dos tipos de oficio que daba lugar a la noción de literato como el sabio y erudito adornado de letras, frente a la del escritor de periódicos, que publicaba sin la preparación intelectual suficiente, y más motivado por el afán lucrativo que por el espíritu ilustrado (Rodríguez y Angulo, 1010: 61) Daniel Defoe publicó en 1722 el primer reportaje novelado conocido: A Journal of the Plague Year (Diario del año de la peste), una minuciosa reconstrucción de la epidemia de peste bubónica que asoló la ciudad de Londres en 1665. Otro gran ejemplo clásico de reportaje novelado es Storia della colonna infame (Historia de la columna infame, 1842), escrito por Alessandro Manzoni, fundador de la novela italiana moderna. “Defoe y Manzoni no son, nótese bien, dos casos aislados, más o menos interesantes, sino dos ejemplos altamente significaticos de un fenónemo cultural y comunicativo capital: el nacimiento coetáneo del periodismo y de la novela moderna” (Chillón, 1999: 80). No es que los grandes escritores de ficción se dedicasen también al periodismo, sino que a partir del siglo XVIII y, sobre todo, del XIX aparece con fuerza en Europa una nueva sensibilidad realista, muy preocupada por reflejar los acontecimientos de los nuevos tiempos. Esto se plasmó en dos grandes modalidades: por un lado, la novela y el relato
37 realistas; por otro, las diversas modalidades de la prosa testimonial y del incipiente periodismo. El periodismo y la novela realista crecieron paralelamente. En la tradición novelística conviven dos formas básicas de ficción en prosa: la mitopoética –creadora de mundos fabulosos– y la realista, que intenta representar verosímilmente los contornos de la realidad perceptible (romance y novel en inglés). No es que el realismo en la literatura fuera un elemento novedoso –Platón y Aristóteles ya nombraron como mimesis (imitación) a la voluntad de representar la realidad–, sino que el género empezó a tomar conciencia como tal con el desarrollo de la novela moderna, en los siglos XVIII y XIX. La novela realista fue la forma de mimesis literaria en la que la nueva clase dominante proyectó su weltanschauung, su visión o concepción del mundo. Los kosmos que erigían los nuevos novelistas una representación de la realidad que ellos mismos protagonizaban y construían material y culturalmente. (Chillón, 1999: 89) Hablamos de autores como Stendhal, Balzac, Flaubert y Zola, que se decidieron a abandonar la rígida separación de géneros y se lanzaron a seguir una voluntad de representar literariamente la realidad social de la época. La novela realista fue el género que más contribución aportó a la conformación del periodismo literario, pero no el único. Durante las primeras décadas del siglo XX, la tradición autobiográfica recibió un impulso, acercándose a una vocación documental. Tomaba importancia el “yo”, que se materializaba en la escritura de diarios. Aunque la mayor parte de ellos tratan de la intimidad de sus autores, algunos diarios tienen un indudable valor documental, próximo a la crónica y a las formas más elementales del reportaje – aquellas basadas en la observación y la evocación, y no en la indagación metódica a partir de fuentes. (Chillón, 1999: 117) Por su parte, “la crónica y el reportaje periodísticos modernos han recibido importantes contribuciones de la vieja crónica de viajes, una de las modalidades más antiguas y esenciales de la narrativa oral y escrita” (Chillón, 1999: 121). Y es que los primeros periodistas modernos en lengua española se caracterizan por un desplazamiento (Carrión, 2012: 21) No debemos olvidar, para terminar, la importancia del cuadro y el artículo de costumbres. Estos géneros testimoniales tan cercanos a la crónica periodística han alimentado al periodismo literario moderno. Desde su época de esplendor, aproximadamente a mediados del siglo XIX, el costumbrismo ha sido una suerte de gozne, una encrucijada de géneros periodísticos y literarios diversos, como por ejemplo la
38 crónica social, el retrato, el reportaje, la nota humorística […]. Es imposible considerar al cuadro o artículo de costumbres fuera de la prensa escrita, que desde siempre ha sido su cuna y vehículo básico. (Chillón, 1999: 127) El maestro del costumbrismo español, Mariano José de Larra, lo describe como “un ramo de literatura en que es indispensable hermanar la más profunda y filosófica observación con la ligera y aparente superficialidad de estilo, la exactitud con la gracia” (Larra, en Chillón, 1999: 127). En las últimas décadas, la herencia del costumbrismo es patente en el periodismo informativo, que incorpora algunos de sus recursos, como el retrato de personajes, la captación de diálogos cotidianos y la descripción de ambientes –sobre todo las crónicas. En el siglo XX se normaliza la práctica burguesa del periodismo, enmarcando a la ciudad como patria de los cronistas: “el nacionalismo (lo local) pronto se enfrentó con el cosmopolitismo (el mundo vivido en libertad) de los escritores modernistas” (Carrión, 2012: 22). También surge la duda, esa duda que vuelve locos a filósofos como Descartes: la existencia de Dios. “Los cronistas modernistas, con su doble condición de poetas y cronistas, van a tratar de llenar ese vacío divino con la utopía de la belleza y con la obsesión por lo real” (Carrión, 2012: 22). 5.3. NUEVO PERIODISMO Pero en todo este tiempo, la literatura y el periodismo continúan con su unión inseparable. Por eso, dice Carrión, “no es casual que Cien años de soledad sean la primera gran novela latinoamericana que tiene forma de crónica. Es precisamente García Márquez, junto con Rodolfo Walsh, quienes dan a la crónica la ambición y la estructura de la novela” (Carrión, 2012: 24). Se estaba gestando la llegada del periodismo narrativo latinoamericano, que desembocaría después en la corriente del New Journalism. Si los poetas simbolistas y modernistas convirtieron las crónicas en pequeños poemas en prosa de contundente actualidad, los novelistas de medio siglo las dotaron de estructura, de personajes, de flashbacks, de monólogos interiores y de capítulos. (Carrión, 2012: 25). En 1846 se fundó la Associated Press, vinculada con los ideales de imparcialidad y de integridad, defendiendo el concepto de objetividad. Pero al mismo tiempo, Charles Danah (director de The Sun) y Joseph Pulitzer (fundador de World) sentaron las bases de un periodismo de investigación con conciencia de autoría y con voluntad de seducción. Y personajes como Rubén Darío y José Martí desarrollan una nueva forma de narrar la realidad, “adaptada a cada contexto particular y según las convicciones éticas y estéticas de cada cual” (Carrión, 2012: 28). Hasta hace pocos años se ha seguido estudiando un fenómeno con categorías prácticamente finiseculares: separando “creación” o “arte” (léase poesía, en lo que se refiere a la mayor parte del modernismo) de “producción” (léase periodismo como bien de consumo y sujeto a normas de venta).
39 Esta separación tiene como trasfondo, por un lado, difundidos estereotipos acerca de la “literatura pura”, de los géneros o del trabajo asalariado como incapaz de producir obras de arte; y, por otro lado, el prototipo del arte verdadero como consumo reservado a las élites. (Rotker, 2006: 24) Pese a que periodismo y literatura siempre han caminado de la mano, también han estado enfrentadas durante mucho tiempo. Es ahora, con la aparición de las crónicas poéticas modernistas, cuando se reconoce que pueden ser una misma cosa: “la operación textual no se diferencia drásticamente por el hecho de que un mismo autor mezcle la soledad imaginada para su creación poética con el ruido y las presiones de las redacciones periodísticas” (Rotker, 2006: 26). La mayoría de los grandes cronistas son también grandes novelistas, pues estas están basadas en hechos reales. La crónica, afirma Monsiváis, es «literatura bajo presión» (en Carrión, 2012: 30), y esa es la base de la corriente del Nuevo Periodismo: un modo de hacer periodístico que nace –de modo oficial– en los años 60 en Europa, EEUU y Latinoamérica, principalmente, que emplea el periodismo literario y otorga “la máxima importancia a promover la capacidad de contar historias en forma creativa y el rigor en la investigación periodística” (uno de los valores de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano: web). Los protagonistas de este new journalism en Norteamérica son Truman Capote, Normal Mailer, Gay Talese y Thomas Wolfe; en Europa se debe hacer mención a Oriana Fallaci, Günther Walraff y Ryszard Kapuscinski; y en Latinoamérica, Gabriel García Márquez, Tomás Eloy Martínez, Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis, entre otros. En España, a partir de la última etapa del franquismo (finales de los sesenta) hasta los ochenta con la transición, se desarrolló una corriente periodístico-literaria caracterizada por su visión crítica e intelectual. Se trataba del Nuevo Periodismo español, influido por el modelo extranjero del new journalism, aunque ya se observaban estos tintes novedosos antes de ello. Rosa Montero contaba: “Yo empecé a leer lo del Nuevo Periodismo mucho más tarde de que efectivamente estuviera escribiendo de la manera en que lo hago, y como yo pienso que la inmensa mayoría de la gente” (Montero en Chillón, 1999: 354). Y aún así, ella misma hablaba de lo que diferenciaba a un periodismo que se basa en… …la subjetividad, la búsqueda lingüística y literaria de lo que estás escribiendo, no solamente del lenguaje sino también de una estructura literaria. Plantearte que cada cosa que hacer puede tener su propia estructura como la tiene un cuento, mientras que un periodista tradicional –aunque sea un buen profesional– siempre hará los reportajes de una determinada manera […]. Tener la inquietud de buscar, de ensayar, de intentar siempre que estás con fuerza, ánimo y cerebelo suficientes una búsqueda lingüística en lo que estás haciendo; eso –y el tema de la subjetividad– es lo que conforma lo que se llama Nuevo Periodismo. (Montero en Chillón, 1999: 354)
46 La confusión en torno a las definiciones también se observa en la variedad de tipologías propuestas. La mayoría de los autores coincide en una clasificación que atiende al tema del que habla la crónica, pero conviene recordar que los asuntos diarios son infinitos y los tipos de crónica también lo serían, atendiendo a ese criterio. Una crónica puede ser sobre un viaje a la Patagonia, sobre una corrida de toros, sobre una cumbre internacional, sobre un concierto de jazz, sobre los la pesca de los salmones, sobre los intercambios de pareja, sobre el narcotráfico en Colombia, y sobre todos los temas que el cronista quiera, de acuerdo con la actualidad. Quizás el criterio de la clasificación geográfica pueda parecer más acertado, pues incluiría el caso de los corresponsales, los enviados especiales y las crónicas de viaje, entre otros; pero también presenta algunas dudas en cuanto a la infinidad de lugares desde los que se puede escribir una crónica. Entre las diversas características de la crónica periodística, hay una que destaca por encima de todas: la mirada. Es el origen no solo de la crónica, sino de todo el llamado periodismo literario porque a partir de la observación se elige un tema, se investiga y se buscan las fuentes, se destacan unos aspectos, y se cuenta de una manera u otra. Pero además de eso, la mirada hace que la crónica posea cercanía: el lector puede sentirse identificado con el cronista o puede participar, en cierto modo, en su vida; con lo que la información le llegará más. Es la virtud del periodismo literario: que no solo da datos, cuenta historias. Y eso es lo que hace que muchos cronistas tengan tantos seguidores fieles, y que sus nombres destaquen por encima que los de otros periodistas: su mirada les hace humanos. La crónica existe desde mucho antes de que existiera el periodismo: es el género con más recorrido. Los romanos ya plasmaban por escrito los conflictos bélicos y las hazañas históricas; escritos que estaban enmarcados en un contexto temporal, pero que todavía no incluían esa variante interpretativa. No sería hasta el ilustrado siglo XVIII, momento en el que comenzaba a oírse la palabra “periodismo” en las ciudades, cuando los escritores de los periódicos –con frecuencia enfrentados a los literatos– comenzaran a explorar el género con orígenes como el cuadro de costumbres. La crónica parece tener un valor distinto dependiendo de la zona geográfica. En Latinoamérica –mucho más que en Europa–, la crónica adquiere una gran magnitud: no solo es el principal género periodístico –llegando, incluso, a definir toda la filosofía del hacer periodístico de la zona: el periodismo narrativo–, sino que ha creado allí su propio universo. Además del espacio en los diarios, que cada vez es más amplio, existe una gran variedad de revistas de periodismo narrativo en las que trabajan los cronistas de cada país, y además cada vez son más populares las “crónicas de largo aliento”, es decir, las crónicas que
47 adquieren forma de libro por su extensión. Entre los principales cronistas latinoamericanos actuales podemos nombrar a algunos como Leila Guerreiro, Alberto Salcedo, María Moreno, Martín Caparrós… Todos ellos forman una generación de maestros de la crónica, incluidos en la tradición del Nuevo Periodismo –que apuesta por una mezcla estética de literatura y periodismo junto con una base fáctica muy potente–, iniciada por Gabriel García Márquez y otros autores a partir de los años 60. La corriente del Nuevo Periodismo es la que ha configurado, en cierto modo, la situación actual de la crónica española, aunque los periodistas españoles afirman que ellos ya empleaban las técnicas del periodismo literario desde mucho antes de la extensión del new journalism americano. La llegada del periodismo narrativo supuso el principio de una nueva etapa, una nueva forma de escribir crónicas que hoy se mantiene más en Internet que en los periódicos. Las ediciones escritas de los diarios se encuentran con problemas como la extensión o la necesidad de atención que requieren las crónicas, y por eso no es un género muy presente en ellas. Sin embargo, el género ha sabido encontrar su hueco en el lugar en el que cabe todo: Internet. Existen revistas digitales como Periodismo Humano y FronteraD, en las que sí pueden encontrarse crónicas, sin problemas de extensión. El objetivo principal del presente trabajo era profundizar en qué es la crónica y qué papel desempeña en el mundo periodístico. Tras esta modesta exposición del estado de la cuestión, se puede comprender la confusión y la dificultad que entraña, consecuencia de la riqueza de este género periodístico heredero de los modos de hacer de la historia y la tradición literaria. Parece inevitable que en su configuración se encuentren características propias de estas áreas del conocimiento, y si a ello se le suma la evolución continua a la que está sometido todo hacer periodístico, el resultado es un género con una gran versatilidad. Eso convierte a la crónica en una gran aportadora de información en muchos sentidos para el lector, pero también hace que su producción y comprensión teórica sea algo más dificultosa.
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