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Trabajo Fin de Grado Mujeres y Periodismo de guerra: el reporterismo de Martha Gellhorn y Gerda Taro en la Guerra Civil española. Autora Núria Olivera Soler Directora María Angulo Egea Facultad de Filosofía y Letras 2013 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es !
1 Índice de contenido RESUMEN…………………………………………………...…………………................……..2 METODOLOGÍA……………………………………………………………...…………………3 JUSTIFICACIÓN, ESTADO DE LA CUESTIÓN Y OBJETIVOS…………………………...4 1. CONTEXTO HISTÓRICO………………………………………………..…………….........7 1.1. España 1936.39: Centro del mundo occidental………………..……...…..………...7 1.2. La prensa extranjera en la Guerra Civil Española……………..................................9 1.2.1. La primera guerra mediática…………………..…………...………….……….........9 1.2.2. Del periodismo al activismo……………………………………….....………...… 10 1.2.3. Peligro y censura. Relaciones con las oficinas de prensa………………………….12 1.2.4. Lenguaje, mitos, temas y tópicos…………………………………..………………13 1.2.5. ¿Qué entendieron los corresponsales del conflicto……….......................................14 2. MUJERES CORRESPONSALES EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA...……………….17 2.1. La Nueva Mujer en el período de entreguerras…………..…………………………….17 2.2. El papel de la mujer en la prensa antes de la Guerra Civil Española…………………..18 2.3. ¿Por qué vinieron las mujeres a España?........................................................................19 2.4. Las mujeres corresponsales en España………………………………………………...20 2.5. La mujer española a los ojos de las periodistas extranjeras……………........................22 3. GERDA TARO: “Pasó un año en el frente y allí se quedo”…………………………………25 3.1. Motivaciones políticas/compromiso…………………………………………………...26 3.2. Lugar dentro de la prensa………………………………………………………………28 3.3. Visión del conflicto…………………………………………………………………….30 3.4. Visión de la mujer española……………………………………………………………34 3.5. Diferencias y similitudes funfamentales con Robert Capa…………………………….39 4. MARTHA GELLHORN: Los ojos y el corazón de la guerra………………………………..42 4.1. Motivaciones políticas/compromiso…………………………………………………...43 4.2. Lugar dentro de la prensa……………………………………………………………....50 4.3. Visión del conflicto………………………………………………………………….…53 4.4. Visión de la mujer española…………………………………………………………....58 4.5. Diferencias y similitudes fundamentales con Ernest Hemingway……………………..62 5. CONCLUSIONES…………………………………………………………………………....65 6. REFERENCIAS BILIOGRÁFICAS…………………………………………………………70
2 RESUMEN Entre los cientos de intelectuales, periodistas y escritores a los que atrajo la Guerra Civil española, se encontraban un buen número de mujeres que llegaron al país con la misma intención que sus colegas varones: ser partícipes del momento clave que atravesaba España. La opinión pública internacional puso sus ojos en un conflicto en la que el fantasma del fascismo latente en toda Europa se convertía en un peligro real para la democracia española. España se convirtió entonces en el centro político del mundo occidental. Correspondía a los periodistas la tarea de hacer llegar a sus países de origen toda la información acerca de cómo los bandos republicano y rebelde defendían sus posiciones en una guerra que se ha considerado, por diversas razones, un ensayo general de la Segunda Guerra Mundial. Tras décadas de silencio y dictadura, a principios de los 70 en el extranjero y ya con la Transición en España, la labor de los corresponsales extranjeros se convirtió en objeto de análisis y estudio. Sin embargo, las mujeres periodistas que trabajaron en España quedaron, y siguen quedando con frecuencia, al margen del interés de los historiadores e hispanistas. Este estudio presta atención a las circunstancias en las que las corresponsales realizaron su trabajo en España y se centra en la labor realizada por la periodista Martha Gellhorn y la fotoperiodista Gerda Taro, por cómo dieron cuenta de la Guerra Civil española. Se analiza cuál fue su mirada sobre el conflicto y dónde pusieron el foco en sus reportajes y fotografías, prestando especial atención a la imagen de la mujer española que transmitieron a la opinión pública internacional. ABSTRACT Among the hundreds of intellectuals, journalists, and writers the Spanish Civil War drew to its cause, a great deal were women that arrived to the country with same intentions as their male colleagues: to take part in the key moment that Spain was immersed into. International public opinion focused on a war in which the risks of fascism became a real danger to all Spanish democracy. Spain became then the political central stage of the western world. It was journalists’s task to convey all the information about how the republican and revolting fronts defended each of their positions in a conflict considered, for various reasons, a rehearsal for the Second World War. After decades of silence and dictatorship, at the beginning of the 1970s, with Spanish political transition into democracy, the task of journalists from foreign press was object of analysis and enquiry overseas. Nevertheless, female journalists working in Spain were, and still are, left out of the historians and scholars’s focus. This dissertation looks into the work of the journalist Martha Gellhorn and the photojournalist Gerda Taro for their accounts of the Spanish Civil War. Their vision on the conflict and where their reports and photographs focus
3 remained is the object of analysis here, especially the attention to the image of Spanish women that was portrayed to the international public opinion METODOLOGÍA Para la elaboración de este Trabajo de Fin de Grado se ha seguido una metodología propia de las Ciencias Sociales. El objeto de estudio se encuentra en un ámbito multidisciplinar, por lo que ha sido necesario trabajar dentro del marco de varias disciplinas, tales como la Historia, la Política, los Estudios de Género y la Historia del Periodismo y los Medios de Comunicación. Se trata de una metodología explorativa, cualitativa e inductiva. En primer lugar se definió el marco histórico o contextualización del objeto de estudio. A continuación, un análisis del marco referencial nos permitió comprobar la ausencia de trabajos dedicados específicamente a nuestro objeto de estudio, la labor de mujeres corresponsales en la Guerra Civil, y verificar la necesidad de cubrir este vacío creado por estudios previos. Después de analizar el contexto histórico nacional e internacional de la Guerra Civil española, pasamos a la fase de estudio y documentación acerca de la producción de los corresponsales en la guerra; posteriormente, al estudio de la situación de la mujer en el período de entreguerras y, por último, al papel de las mujeres en la prensa de la época; pasos previos que permitieron crear un marco histórico y teórico específico para el objeto de nuestro estudio. Para esta fase se acudió a fuentes secundarias compuestas por bibliografía crítica, histórica, documentales y películas de ficción ambientadas en la época. Posteriormente pasamos a la fase de documentación mediante la búsqueda, selección y jerarquización de fuentes primarias, noticias, artículos, crónicas, documentales y reportajes de corresponsales entre 1936 y 1939. Es importante señalar aquí las dificultades encontradas para la localización de estas fuentes, tratándose de documentos de hace setenta y cinco años, publicados en medios extranjeros, que, a menudo, no firmaba el periodista. Además muchos de estos periódicos desaparecieron en los años 40 y sólo se encuentran en soporte físico en sus países de origen, o bien en archivos digitales que los albergan y que no siempre se encuentran disponibles online. En este punto, limitamos las fuentes primarias que conformarían el corpus del trabajo a documentos accesibles por Internet y a aquellos recogidos en antologías y publicaciones monográficas. Puesto que uno de los objetivos de este Trabajo era comparar la labor de las corresponsales mujeres con la de sus compañeros varones, se analizaron documentos tanto de hombres como de mujeres corresponsales. Seleccionamos a Gerda Taro y Martha Gellhorn para ser objeto de análisis de casos en función del valor y volumen del material del que disponíamos, de su relevancia personal y profesional dentro del periodismo y al hecho de ser casos representativos de una gran parte de las corresponsales que vinieron a España durante la guerra. Se establecieron en este punto unos
4 objetivos de la investigación y unas ideas previas, que llamaremos hipótesis, y que debían ser corroboradas o rebatidas a través del estudio de los casos. El escaso conocimiento que aún hoy se tiene de estas figuras fundamentales del periodismo y, en concreto, de su labor como reporteras dentro del la Guerra Civil, conduce en una primera parte de la investigación a situar, aclarar y reconstruir el periplo vital y profesional de las dos reporteras de guerra. Se definieron cinco indicadores para el análisis del trabajo de Taro y Gellhorn: el compromiso político, lugar en la prensa, su visión del conflicto, su visión de la mujer española y las diferencias o similitudes con sus compañeros varones. Se procedió al análisis e interpretación del discurso de los reportajes de Martha Gellhorn y de las fotografías de Gerda Taro en función de los indicadores definidos Este análisis minucioso permitió dar respuesta en gran medida a uno de los objetivos principales de este trabajo: descubrir cómo abordaron la Guerra Civil las enviadas extranjeras, cuales fueron sus focos de interés y cuál su discurso sobre este conflicto bélico Del estudio de la obra de Taro y Gellhorn, se extrajeron una serie de conclusiones que, una vez enfrentadas con las hipótesis de partida, permitieron definir una visión de conjunto acerca del trabajo de las mujeres corresponsales durante la Guerra Civil. JUSTIFICACIÓN, ESTADO DE LA CUESTIÓN Y OBJETIVOS En el año 2006, el Instituto Cervantes, en colaboración con la fundación Pablo Iglesias, organizó una exposición sobre los corresponsales extranjeros que viajaron a España para cubrir la Guerra Civil. A raíz de esta exposición, el Centro Virtual Cervantes dedicó parte de su espacio web a albergar artículos y ensayos de periodistas, historiadores e hispanistas, además de una interesante colección de reportajes y crónicas de corresponsales. Llama la atención el hecho de que de los 28 trabajos periodísticos alojados en la web, sólo cuatro pertenezcan a mujeres periodistas. Dos de ellas fueron escritas por la sueca Barbro (Bang) Alving; las otras dos son de las americanas Virginia Cowles y Martha Gellhorn. Siguiendo esta línea, los estudios de escritores e historiadores como Martínez de Pisón (2009) o Hugh Thomas (2003) apenas prestan atención a las corresponsales, aunque Paul Preston sí les dedica un buen número de páginas en Idealistas Bajo las Balas (2007). Si bien es cierto que el hecho de que no se conserven los archivos de la Oficina de Prensa Extranjera del bando republicano hace imposible saber con exactitud cuántas mujeres vinieron a España entre el 36 y el 39, no es arriesgado aventurar que su presencia pudo perfectamente ser mayor que la reflejada en antologías y estudios sobre el periodo (García Santa Cecilia, 2006 y Martínez de Pisón, 2006), como indica el elevado número de mujeres intelectuales que acudieron al Congreso de Intelectuales en Defensa de la Cultura en 1937: estuvieron presentes al menos veinte mujeres, a las que Gerda Taro fotografió durante el acto.
5 Como sucede en otros ámbitos de la Historia, la Literatura y la cultura, las mujeres y su trabajo han quedado tradicionalmente fuera del canon y, por lo tanto, del objeto de estudio habitual en el ámbito académico. No es diferente en lo que respecta a los corresponsales en la Guerra Civil; las escasas antologías que existen apenas reúnen textos escritos por mujeres periodistas. La antología And I Remember Spain de 1974 editada por Murray Sperber solamente incluye un fragmento del libro de Martha Gellhorn que recoge crónicas de guerra, The Face of War (1993), y no hace mención en su introducción a la presencia de mujeres en las labores de corresponsal (Sperber, 1974:311). Por el contrario, Valentine Cunningham reconoce la importancia del papel de las mujeres en la introducción a su antología Spanish Front. Writers on the Civil War, pero no se refiere específicamente a las periodistas. Además, asegura que el papel que las mujeres tuvieron en la guerra española no se alejó de las tareas convencionalmente asociadas al sexo femenino (Cunningham, 1986: xxxii) y agrupa, sin más argumentación que la del sexo, los textos escritos por mujeres en un capítulo independiente. Así las cosas, resulta necesario rescatar el papel de las corresponsales en la guerra de España para que, algún día, reciban la misma atención que el de sus compañeros varones. Así lo consideró la catedrática de Filología Inglesa Aránzazu Usandizaga, que compiló el trabajo de mujeres escritoras, periodistas, voluntarias, intelectuales, enfermeras y trabajadoras sociales en Ve y cuenta lo que pasó en España (2004). Una vez más tuvo que ser una mujer quien hiciese visible y diese su justo valor a la producción literaria y periodística de las mujeres extranjeras en la Guerra Civil española. Usandizaga define la emoción como elemento diferenciador del trabajo de las corresponsales en contraposición al pragmatismo del estilo de los periodistas varones (Usandizaga, 2000). En cualquier caso, Rosa María Ballesteros García, en El Efecto de Cronos (2006), asegura que apenas estamos comenzando a conocer cómo desarrollaron estas mujeres su trabajo en la Guerra Civil Española: …gracias a las aportaciones autobiográficas de muchas de las protagonistas -obras olvidadas y de las que apenas hemos tenido noticia, relegadas al ostracismo por la historiografía general-, y también al cada vez más nutrido (y comprometido) elenco de investigadoras nacionales e internacionales, salen a la luz nombres y hechos de mujeres que, ninguneadas por su condición sexual irrumpen en un mundo de hombres; en este caso doblemente castigadas por hacerlo en un contexto tan poco acorde con la generalización de su “rol” social y las características asociadas a su condición sexual (Ballesteros García, 2008:06). El objetivo de este Trabajo de Fin de Grado es prestar atención a las particularidades del quehacer de las corresponsales en la guerra de España y definir la imagen que ofrecieron del conflicto español al resto del mundo. Trataremos de comprobar si el papel de las periodistas se ajustó a roles tradicionalmente femeninos, como afirma Valentine Cunningham, y si es la
6 emoción un elemento diferenciador claro del periodismo femenino en esta guerra, como sostiene Aránzazu Usandizaga. Además trataremos de averiguar si el trabajo de las mujeres tuvo la misma represcusión y reconocimiento en la prensa que el de los reporteros. La finalidad principal consiste en tratar de averiguar si existió una mirada singular, como mujeres que por primera vez se aproximaban a un conflicto bélico semejante, común a todas ellas o si, por el contrario, desarrollaron su labor informativa prestando atención a los mismos acontecimientos y con las mismas herramientas que los periodistas varones, a pesar de las dificultades añadidas con las que, por el hecho de ser mujeres, se encontraron tanto en la España republicana como en la España nacional. Para ello se analizarán los casos de dos periodistas concretas: Martha Gellhorn y Gerda Taro. Su selección no es en absoluto casual sino que se debe a que, por su trabajo y por sus circunstancias personales, entre las dos vienen a representar, en mayor o menor medida, a casi todas las mujeres que informaron desde España. Ambas vinieron y trabajaron durante la guerra con sus parejas y sus obras fueron en cierto modo eclipsadas por el trabajo de colegas varones y, sobre todo, por el de sus propios compañeros. Martha Gellhorn es el paradigma de corresponsal simpatizante con la causa republicana. Sus crónicas para Collier’s poseen un valor considerable pero su trabajo en España siempre se vio relegado a un segundo plano por el de Ernest Hemingway. Con el tiempo, su prestigio como corresponsal de guerra fue creciendo de forma que en Estados Unidos incluso unos premios de periodismo llevan su nombre. La fotoperiodista Gerda Taro es la leyenda, la joven comprometida, idealista y bohemia que encontró la muerte a los 27 años en las trincheras, fotografiando el escenario de la batalla de Brunete. Su producción fotográfica de enorme valor periodístico es a menudo confundida e incluso atribuida, no siempre de forma accidental, a su pareja, el célebre fotógrafo Robert Capa. En cada uno de los casos se analizarán las motivaciones políticas que les hicieron venir a nuestro país y cuál fue el papel que su trabajo tuvo en la prensa del momento. A la luz de sus reportajes fotográficos y periodísticos, se explorará cómo interpretaron los efectos de la guerra, cómo reflejaron la realidad de las mujeres españolas y en qué medida se identificaron con ellas. Finalmente, se prestará atención a las diferencias y similitudes existentes entre su trabajo y el de sus parejas y en qué forma sus carreras, no ya durante la guerra sino desde la perspectiva actual, se vieron o no comprometidas por sus relaciones personales.
7 1. CONTEXTO HISTÓRICO 1.1. España 1936-39: Centro del mundo occidental Durante las primeras décadas del siglo XX, las relaciones internacionales cambiaron de forma drástica. La Primera Guerra Mundial, el avance del fascismo en Europa, el crack el 29 en Estados Unidos y los primeros años de la URSS de Stalin, habían hecho que, por primera vez, lo que sucediese en un país afectase al resto: la política tomó un carácter transnacional, circunstancia que también se extendió al conflicto español. España, que se había mantenido aislada desde las guerras napoleónicas, se convirtió en el escenario idóneo para el ensayo de una guerra que estallaría meses después del fin de la guerra española, en septiembre de 1939. La Guerra Civil no era un buen presagio, sin embargo, anticipó y preparó la estructura de las fuerzas que pocos años después de la victoria de Franco destruirían el fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Mientras que el desplome de Wall Street en Estados Unidos auguraba la bancarrota del capitalismo burgués y otros países europeos sucumbían al fascismo, España “remaba a contracorriente”, emprendiendo reformas económicas, sociales y agrarias (Binns, 2004:09). El triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 provocó la inevitable reacción de una derecha muy radicalizada, cada vez más atraída por el ascenso del fascismo en Alemania e Italia. La guerra en España fue interpretada por las democracias occidentales como la primera gran batalla contra el fascismo internacional. Sin embargo, la reacción de los diplomáticos fue más tibia que la de los antifascistas europeos, quienes pronto vieron que “luchar por la República era como luchar por la democracia y contra el fascismo” (Preston, 2007:15). Martínez de Pisón define esta reacción como una “intensa oleada de solidaridad que desde el primer momento concitó la causa republicana, un solidaridad que se volvió apremiante cuando la Italia fascista y la Alemania nazi salieron en apoyo de los militares rebeldes mientras las potencias europeas se desentendían de la suerte que pudiera correr la desvalida República española” (Martínez de Pisón, 2006). Una indiferencia que cristalizó con el Pacto de No Intervención firmado en Noviembre de 1936 entre Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, que se encontraban entonces curando las heridas de la Gran Guerra y recuperándose de los efectos del crack del 29. Roosevelt, anticomunista y pro-católico, estaba inmerso en una política aislacionista, pero ni Francia ni Gran Bretaña, por el contrario, podían permitirse ignorar lo que estaba sucediendo tan cerca de sus fronteras (Binns, 2009:11). Los intereses económicos y el apoyo al catolicismo fue lo que llevó a Francia, en un primer momento, a no intervenir a favor de la República y a cerrar la frontera, que sólo abriría durante unos meses de 1938 (Preston, 2007:28). Por su parte, Reino Unido tenía, según Preston, “una mal oculta simpatía hacia la España nacionalista y un anticomunismo visceral” (2007:20), por lo que ignoró el ataque a la
8 democracia española. La burguesía conservadora consideraba que los negocios de los industriales británicos estarían más seguros con el férreo control de Franco que con una quebradiza República. Stalin apoyó al gobierno legítimo con dos condiciones: poseer absoluto protagonismo en decisiones políticas y militares, y perseguir a los anarquistas y troskistas, lo que desencadenaría los conflictos con el POUM y la CNT en mayo de 1937. El verdadero punto de inflexión, definitivo para la no intervención de las democracias a favor de la República, fue la irrupción de Rusia (léase estalinismo) en el ruedo bélico, lo que les sirvió de excusa para mantenerse al margen de una guerra fraticida pero de implicaciones internacionales. El bando franquista planteaba la rebelión como un mal necesario, una lucha de la civilización occidental y cristiana contra el comunismo y la anarquía. Así lo entendieron también sus aliados, Alemania e Italia, para quienes una victoria de Franco permitiría cercar a Francia con un tercer país fascista. Mussolini esperaba rehacer el Imperio Romano y desafiar a la armada británica, mientras que Alemania pretendía entrenar a unos cien mil soldados a la vez que obtenía de España ciertos minerales necesarios para desarrollar su industria armamentística. La ayuda extranjera a la República vino de la mano de los miles de voluntarios extranjeros que integrarían las Brigadas Internacionales, cuya historia se encuentra muy ligada a la de los escritores y periodistas que escribieron sobre la Guerra Civil1. Su labor fue fundamental en el apoyo a una debilitada República española que “entabló desde el principio una guerra de resistencia a la derrota” (Hobsbaum, 1994:165). Los bombardeos sobre Madrid y Guernica supusieron otro punto de inflexión. Incluso Anthony Eden, ministro de Asuntos Exteriores británico y uno de los arquitectos de la no intervención acabó presentando su dimisión al tiempo que deseaba el triunfo de la República (Binns, 2004:12). La posibilidad de que el nazismo se extendiera asustaba cada vez más a las potencias europeas. A pesar de ello, en enero de 1937 el Comité de No Intervención declaró ilegal el reclutamiento y envío de voluntarios. Las Brigadas Internacionales serían retiradas a partir de septiembre de 1938, con la intención de que el bando nacional también limitase su ayuda extranjera y como resultado del Pacto de No Agresión germano-soviético firmado por Hitler y Stalin (Ballesteros García, 2008:18). Los historiadores coinciden en que la unidad política y militar del bando rebelde, así como el apoyo incondicional de Italia y Alemania, permitieron a Franco en 1939 dar por finalizado un golpe de estado que se había alargado tres años gracias a la resistencia de una República española dividida políticamente y casi ignorada por los gobiernos democráticos. 1 Mientras que en el bando de Franco no lucharon más de un millar de voluntarios, a favor de la República se movilizaron más de cuarenta mil jóvenes de más de cincuenta países diferentes, incluidos 5.000 alemanes y 3.350 jóvenes antifascistas italianos, además de afroamericanos y judíos de diferentes nacionalidades. El mayor número de voluntarios llegó en 1937, momento en que se los agrupó en brigadas. De los 1.200 norteamericanos que volvieron a su país, muchos se tuvieron que enfrentar al Comité sobre Actividades Antiamericanas de McCarthy, sospechosos de ser comunistas cuando en realidad sólo habían sido “antifascistas prematuros (Binns, 2009:21).
15 aura de momento apocalíptico que, unido a la idea de defender una causa casi religiosa como una cruzada, hizo que se produjera el acto crucial en la psicología de guerra de convertir a los enemigos en demonios, con todo el discurso maniqueo que ello conlleva, discurso que también fue adoptado por los periodistas. Sus artículos y reportajes fueron, en muchas ocasiones, instrumentos mediante los que tratar de defender una causa y se situaron en la fina línea que separa el compromiso de la propaganda. Binns (2004:40) afirma que muchos reporteros se encontraron en la encrucijada de ser honestos y autocensurar su subjetividad en aras de la información o dedicar su talento a la propaganda. Lejos de buscar la objetividad, otros muchos se afanaron en informar a su país de la situación en España sin ocultar sus simpatías políticas de forma consciente y activa. Pero, ¿era posible la objetividad? Este historiador sostendría años más tarde que los escritores debían asegurarse de quiénes eran los buenos y los malos y de “convencer al lector, fortalecer sus convicciones mediante la creación de un mundo sin fisuras posibles, sin resquicios para la duda y el matiz” (2009: 23). Herbert L. Mathews, conocido por su objetividad, escribió: “Siempre me pareció ver falsedad e hipocresía en quienes afirmaban ser imparciales; y locura, cuando no una estupidez rotunda, en los editores y lectores que exigían objetividad o imparcialidad a los corresponsales que escribían sobre la guerra” (en Preston, 2007:31). Es más, muchos como Martha Gellhorn, consideraban la búsqueda de imparcialidad como una falta de honestidad (Romeiser, 1982:141). Ejemplo de ello es lo que escribió Koestler acerca del asedio a Madrid: “Si los que tienen a su disposición máquinas de imprimir y tinta de imprenta para expresar sus opiniones se mantienen neutrales y objetivos frente a semejante bestialidad, entonces Europa está perdida. En tal caso, más vale que nos sentemos y escondamos la cabeza hasta que el diablo venga a buscarnos” (Preston, 2007: 57). Sin embargo, Preston asegura que “fueron muchos los que lograron demostrar que era posible combinar un alto grado de profesionalidad con una fe apasionada por la Republica española”, y pone de ejemplo a Mathews, Fischer, Cox, Buckley, Forrest, y por encima de todos a Jay Allen, que se ganó el desprecio de todos los periodistas americanos de derechas por su conmovedora descripción de la masacre de Badajoz6 (Preston, 2007:66). Los extranjeros llegaban a España cargados con una serie de estereotipos y tópicos, herencia de la leyenda negra sobre el español, como el orgullo, la ineficacia, la crueldad, etc, tópicos que llenaban la literatura extranjera sobre la guerra. Al principio no podían tener una idea realista del conflicto, como sí tenían los combatientes españoles. Nial Binns apunta que este hecho no supuso un obstáculo para los reporteros, porque “las limitaciones y los prejuicios del participante extranjero (intelectual o voluntario) son compensados veces, por la perspectiva mayor que aporta la capacidad de ver desde dentro y fuera a la vez, el no estar fatal e 6 ‘Slaughter of 4,000 at Badajoz’, Jay Allen para The Chicago Daily Tribune.
16 irremediablemente atado a la contingencia, obnubilado por los odios del horror fraticida” (Binns, 2004:18). La respuesta a la pregunta de qué derecho tienen los extranjeros a hablar de nuestra guerra es que no fueron sino ellos y ellas quienes produjeron la obra más interesante acerca de la misma. Paradójicamente, teniendo en cuenta el cariz abiertamente comprometido con uno u otro bando de la literatura de la Guerra Civil, críticos e historiadores coinciden en reconocer que las obras sobre la contienda que más valor conservan fueron, precisamente, las que dieron lugar a cierta duda o matiz, como la de Orwell, Hemingway, Koestler o Spender… todas aquella obras en las que parece que la ideología se encuentra suspendida.
17 2. MUJERES CORRESPONSALES EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA 2.1. La Nueva Mujer en el periodismo de entreguerras Para comprender cuáles fueron las motivaciones que llevaron a decenas de mujeres, sobre todo anglosajonas, a involucrarse en una guerra extranjera como la española se hace necesario retroceder unos años en el tiempo, hasta la Primera Guerra Mundial. Cuando estalló la Gran Guerra, los movimientos sufragistas ya llevaban décadas en rebeldía, reclamando más derechos para la mujer con el voto femenino como baluarte de sus reivindicaciones. Durante la contienda el frente vació de hombres las ciudades y fueron las mujeres las que tuvieron que tomar el relevo profesional e intelectual. El papel de las mujeres fue fundamental en muchos ámbitos como el abastecimiento, cuidado de la retaguardia y de soldados heridos, pero sobre todo, en la industria, terreno vedado hasta entonces para ellas. Salir del tradicional ámbito doméstico permitió a las mujeres ser conscientes de sus capacidades reales. Cuando terminó la guerra, ya habían adquirido una autoestima e imagen propia que culminó con la consecución del derecho al voto femenino en Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia en 1919, hecho que impulsó definitivamente el recién iniciado proceso de emancipación de la mujer. La tragedia de la Gran Guerra, que había permitido abrir nuevos horizontes al permitirles comprobar su capacidad y valía, supuso un punto de partida para la verdadera revolución de la mujer en Occidente. Sin embargo, esta revolución sufrió un importante revés durante la década de los 20. Acabada la guerra, los varones retomaron su posición al mando de la sociedad. Se produjo entonces en los países aliados una intensa propaganda de posguerra contra la mujer liberada y el feminismo, reforzándose desde los discursos oficiales los elogios a las madres y las amas de casa. No es extraño que en esa época se instaurase la celebración del día de la madre. Este fenómeno era mucho más acusado en los países donde se estaba fraguando el fascismo; en Alemania se acotaban así las tareas de la mujer: kinder, küche, kirche (niños, cocina e iglesia) (D’Atri, 2004:76). Las mujeres antifascistas no pasaron por alto este detalle y pronto vieron en el fascismo no sólo una amenaza contra las libertades políticas y contra la cultura, sino también contra los avances conseguidos hasta el momento en materia de género. En los años de intensa crisis económica iniciada con el crack del 29, los escasos empleos debían ser para los varones, por lo que para las mujeres volvía a existir un abismo entre sus deseos de emancipación e incorporación a la vida pública y una realidad que las seguía relegando al ámbito doméstico. El proceso de emancipación se encontró entonces en suspenso. Muchas mujeres progresistas consideraron que, dadas las circunstancias económicas y políticas, existía una necesidad apremiante de involucrarse en la lucha de clases y en la contención
18 fascismo, de forma que dedicaron sus esfuerzos a estas tareas sacrificando en el camino sus reivindicaciones en materia de género7. Mientras esto sucedía en Europa y Norteamérica, en España, que había permanecido aislada durante la Primera Guerra Mundial, el panorama estaba comenzando a cambiar. España, remaba contra corriente una vez más y reconocía derechos nunca antes otorgados a las mujeres, una política progresista que quedó amenazada de muerte por el fascismo con el levantamiento militar de julio de 1936. 2.2. El papel de la mujer en la prensa antes de la Guerra Civil Española El lento proceso de incorporación de la mujer al periodismo se encuentra estrechamente condicionado por la separación de esferas pública y privada. La profesionalización lleva implícita el acceso al espacio público, la retribución económica y una dedicación intensiva y comprometida, cosa que no fue posible hasta que la mujer no pudo romper las barreras que la alejaban de lo público y, por lo tanto, del trabajo fuera del hogar (Altés, 2006:62). Las mujeres han contribuido al debate público desde los inicios de la prensa pero, inicialmente, lo hicieron a través de las publicaciones dedicadas a educar al público femenino en aspectos propios de lo privado, como el hogar, la crianza y el comportamiento femenino. Existía una estricta polarización entre prensa masculina y prensa femenina sin que pudiera hablarse aún de la mujer periodista tal y como hoy la conocemos (Gallego, 1990:22). Posteriormente, la prensa femenina dio paso a las women’s pages, páginas dentro de los periódicos de información general dedicadas específicamente a las mujeres, a través de las cuales las mujeres ilustradas pudieron participar en el debate público e influir en las costumbres y pensamiento de las mujeres. Las mujeres que se incorporaron al periodismo en el paso del siglo XIX al XX, plasmaron la tensión entre tradición y modernidad, que afectaba también a la cuestión femenina, y se hicieron eco de los progresos de las revueltas de las sufragistas inglesas y americanas. No es hasta la Primera Guerra Mundial cuando encontramos a las primeras pioneras periodistas que dieron el paso desde la actitud de amateur a la de profesionales al publicar en diarios de información general (Altés, 2006:66). Si entonces la incorporación al trabajo liberó a muchas mujeres de sus funciones tradicionales femeninas, escritoras e intelectuales perdieron 7 Durante la Segunda Guerra Mundial se repitieron los mismos patrones: las mujeres jóvenes volvieron a servir de mano de obra en la industria y sacaron adelante la economía de los países, mientras los varones luchaban en el frente. Y de nuevo en 1945 fueron relegadas al hogar. Es significativo el hecho de que, acabada la guerra, en Estados Unidos desaparecieran durante décadas las guarderías que facilitaban el trabajo fuera de casa a las mujeres y que habían surgido durante la guerra. Sin embargo, algo había cambiado irremediablemente. Andrea D’Atri lo explica así: “Esta vez las mujeres volvieron a repetir la experiencia que habían hecho a la salida de la Primera Guerra Mundial, pero con mayor resistencia por parte de las obreras y empleadas que se negaban a dejar sus lugares de trabajo. Un “malestar” se instaló en aquellas que no querían ver reducido nuevamente su papel al de madres, esposas y consumidoras”. D’Atri identifica este hecho como el caldo de cultivo para los movimientos feministas que en los años 60 sí supondrían, de una vez por todas, los inicios de la verdadera emancipación femenina (D’Atri, 2004:81).
19 también “el respeto y miedo hacia el uso de géneros literarios y lenguajes tradicionalmente controlados por hombres”. Las mujeres dejaron de escribir para publicaciones femeninas para ir entrando poco a poco en un tipo de periodismo destinado a los hombres; pasaron a ser sujetos de su propia vida y a participar del negocio de la prensa (Usandizaga 2007:13). Cuando comenzó la Guerra Civil española, la incorporación de la mujer al periodismo de información general era relativamente reciente. Sin embargo, algunas de ellas ya habían conseguido escribir sobre los principales conflictos del momento como las difíciles condiciones laborales y económicas y las crecientes tensiones raciales y políticas de los primeros años 308. Las extranjeras que escribieron sobre la Guerra Civil española fueron las primeras que se atrevieron a abordar la temática bélica desde el lugar de los hechos y a utilizar para tal fin un lenguaje inexplorado por ellas. La eficiencia que demostraron sobre el terreno y la riqueza de sus crónicas y reportajes contribuyeron a afianzar el lugar que las mujeres periodistas habían conseguido con gran esfuerzo en los años previos a la guerra; en palabras de Elvira Altés les permitió “conquistar el respeto en un mundo masculino y demostrar su capacidad para describir e interpretar la realidad” (2006:61). 2.3. ¿Por qué vinieron las mujeres a España? La Guerra Civil fue el primer conflicto internacional que impulsó a decenas de mujeres a dejar su contexto doméstico para involucrarse de forma física y emocional en una guerra. Fue la primera vez en la historia en que muchas mujeres, que ya albergaban antes un impulso de ir más allá, de conocerse a sí mismas y poner a prueba las convenciones de género, se atrevían a viajar voluntariamente a un suelo extraño en guerra, casi siempre solas (Usandizaga, 2007:36). Dentro de las mujeres que vinieron a España podemos diferenciar entre quienes trabajaron como maestras, asistentes sociales, enfermeras, muchas de ellas acompañando a las Brigadas Internacionales, y quienes cogieron un fusil, colaboraron en labores de propaganda o cubrieron la guerra ejerciendo una profesión eminentemente masculina como era el periodismo entonces. Tal como sucediera con los varones, las mujeres se movilizaron porque comprendieron que la dimensión de la guerra de España iba más allá de un conflicto fratricida en un país del sur de Europa. Fascismo contra democracia, catolicismo contra anticlericalismo fueron las luchas que hicieron tomar partido a las mujeres. Algunas mujeres, frecuentemente aristócratas británicas, conservadoras y pro-católicas escribieron desde la perspectiva de los sublevados. A través de memorias, ensayos y cartas enviadas publicadas en periódicos conservadores, mujeres 8 Aunque se suele considerar a Martha Gellhorn como la primera mujer corresponsal por su trabajo en la Guerra Civil, Josephine Herbst y Anne Louise Strong ya habían enviado sus crónicas desde Cuba y China respectivamente antes del inicio de la guerra, mientras que Carmen de Burgos había hecho lo propio desde Marruecos, Europa y América.
20 como Eleonora Tennant, Florence Farmborough y Priscilla Scott-Ellis mostraron su apoyo al pronunciamiento de Franco y relataron sus experiencias en zonas conquistadas por los rebeldes. Sin embargo, la gran mayoría de quienes acudieron a España lo hicieron en apoyo a la República de la causa republicana. En el caso de las mujeres era una respuesta a una doble llamada, a una doble amenaza. La expansión de la ideología fascista no solo ponía en peligro las libertades democráticas y la cultura, también las nuevas libertades recién adquiridas por las mujeres occidentales. Por tanto, las mujeres eran quienes más tenían que perder si una victoria franquista allanaba el camino en Europa al nazi-fascismo y su concepción del papel de la mujer. Como era el caso de Gerda Taro y Martha Gellhorn, la mayor parte de quienes vinieron a contar mediante reportajes, crónicas y fotografías el conflicto español estaban directamente relacionadas, con el feminismo pacifista o la izquierda radical. Este fenómeno que vincula a la mujer activa con la izquierda es fruto de los acontecimientos de las primeras décadas del siglo XX. Si con la industrialización, la clase obrera había sido victimizada, las jornadas extenuantes a las que se sometieron las mujeres durante la Gran Guerra en las fábricas hicieron de la mujer una víctima por partida doble (Nash, 1984:40). Muchas de ellas reaccionaron uniéndose a sindicatos y partidos de izquierdas dedicados a las luchas obreras. Además, el horror de la contienda había tenido como respuesta la unión de muchas mujeres. Juntas, en el Congreso de Mujeres pacifistas de La Haya, proclamaron que sólo cuando las mujeres compartieran el poder con los hombres, desaparecería la guerra (Gil, 1998:80). Por otro lado, desde 1918, el comunismo había sabido aprovechar la ansiedad que estaba causando en los intelectuales la amenaza del fascismo, para extenderse por Europa y América y calar profundamente en los corazones de las mujeres.9 Muchas de estas mujeres, que en los años previos a la Guerra Civil española habían tomado conciencia política por su relación con cualquiera de los fenómenos descritos, se identificaron con la causa del bando republicano y sintieron como propia la necesidad de ayudar a España. 2.4. Las mujeres corresponsales en España Del nutrido grupo de mujeres que durante los años de la Guerra Civil vinieron a España, resulta doblemente interesante el trabajo de las periodistas o de aquellas mujeres que, a pesar de dedicarse a otras labores como cuidar heridos, ayudar a la población civil o luchar en el frente, ejercieron el periodismo en periódicos y revistas. Y decimos doblemente porque, a la vez que 9 De EE.UU. vinieron un buen número de mujeres muy vinculadas la Partido Comunista, a pesar de que el partido fue muy criticado por no reconocer el doble papel de la mujer obrera, dentro y fuera del hogar, y la anulación de Stalin, a partir de 1923, de algunos derechos clave para el proceso de emancipación femenino. Comunistas como Josephine Herbst padecieron por su estancia en España: por la desilusión que supuso la firma del pacto con Hitler y, de vuelta en Estados Unidos, por su persecución años más tarde durante la época de la caza de brujas de MacCarthy.
21 informaban a la opinión pública internacional de lo que sucedía en España, estaban afianzando con su trabajo la participación femenina en un ámbito, el de la prensa de información general, en el que la participación de la mujer era todavía reciente. Fueron en su mayoría mujeres británicas y norteamericanas, aunque también vinieron reporteras de Suecia, Irlanda, Alemania, Australia e Italia. Algunas de ellas ya ejercían el periodismo en sus países de origen, como Kitty Bowler, Lillian Hellman o Virginia Cowles, que escribía para Harper’s Bazaar antes del conflicto. Otras, como Josie Herbst, llegaron sin estar en la plantilla de ningún periódico y acabaron entregadas de por vida al periodismo. La urgencia del momento, el interés político y la oportunidad que se abría ante ellas hizo que estas mujeres invadieran terrenos profesionales en los que les estaba prohibido entrar antes de 1936. Las extranjeras, periodistas y no periodistas, fueron especialmente activas en la propaganda política. Escribieron para revistas y periódicos del momento, principalmente para publicaciones de centro izquierda como New Statesman o News Chronicle, revistas de izquierda como New Masses, Left News, The Left Review, Manchester Guardian o para boletines de partidos políticos, como el Daily Worker del Partido Comunista o Spanish Revolution del POUM. Durante la fase de documentación para este trabajo no se encontró información de ninguna periodista que apoyase abiertamente al bando nacional. Solamente Paul Preston, en Idealistas bajo las balas, dedica unos párrafos al trabajo de Virginia Cowles informando desde el bando fascista10. El hecho de que apenas hubiera mujeres periodistas puede deberse a la limitación de la presencia de periodistas y observadores internacionales en dicho bando. No es difícil inferir que una mujer corresponsal no habría sido bienvenida en el bando nacional, por considerar que el lugar de una mujer no podría estar nunca en una guerra, sola y rodeada de hombres, más aún cuando estuvieran realizando un trabajo en un ámbito propio de los varones. Donde sí encontraron un lugar las periodistas fue en el bando leal a la República, pero incluso en este ambiente, aparentemente más igualitario y progresista, se tuvieron que enfrentar no sólo con las mismas dificultades técnicas que sus compañeros sino que además tuvieron que afrontar dificultades culturales y de género (Usandizaga, 2000:15). Utilizaron sus artículos y fotografías de forma consciente para mostrar al mundo la legitimidad de la República, como fue el caso de Gerda Taro o Tina Modotti. Otras fueron enviadas precisamente por ser mujeres. Josephine Herbst cuenta en sus memorias que llegó sin un encargo en firme, con poco más que “las manifestaciones vagas del interés de los directores de las revistas según los cuales estaban encantados de examinar artículos que tuvieran interés humano u ofrecieran la perspectiva de las 10 Preston cuenta cómo el Capitán Aguilera, a quien acompañaba Cowles cuando los nacionales entraron en Santander, le espetó a la periodista que sólo odiaba una cosa más que a los rojos: “a las periodistas sentimentaloides”. El jefe de Prensa del bando nacional negó a la americana el salvoconducto para salir de España al informar en repetidas ocasiones de forma contraria a los intereses del bando nacional, donde se había granjeado enemistades por su compromiso con la verdad. Consiguió llegar a la frontera gracias a la ayuda de amigos de la alta sociedad (Preston, 2007:198-99).
22 mujeres” (Preston 2007:93). Cuando Kitty Bowler fue interrogada por ser sospechosa de ser espía trotskista, a pesar de estar acreditada por el Manchester Guardian, sus interrogadores concluyeron que era muy fuerte, aguda e inteligente y que, por lo tanto, no debía de ser periodista, sino espía (Preston 2007:137). La norteamericana Elizabeth O. Deeble pronto descubrió que para que sus artículos fueran publicados debía firmarlos solamente como E.O. Deeble, ya que los editores eran reacios a publicar artículos escritos por mujeres (Preston, 2007:127). Estos son solamente algunos ejemplos de lo complicado que debió de ser para estas mujeres pioneras en el reporterismo de guerra que su presencia en la Guerra Civil fuese respetada y valorada11. 2.5. La mujer española a los ojos de las periodistas extranjeras Cuando comenzó la guerra, España ocupaba un lugar en el imaginario de los intelectuales europeos y americanos a medio camino entre un pasado remoto y lo que Edward Saíd definió como “orientalismo” romántico, o la manera en que los occidentales asimilaban de forma errónea con Oriente todo aquello lejano y desconocido. A excepción de Gamel Woolsey, Leah Manning y Charlotte Haldane, que ya conocían nuestro país antes de la guerra, las reporteras que llegaron a España poco o nada sabían de la realidad del pueblo español. La idea de la mujer española era la de una mujer, rural, tradicional encargada del hogar y el cuidado de los hijos. Sin embargo, la realidad de las mujeres de la España republicana al comienzo de la guerra era bien distinta; era una realidad de contrastes. Si bien existían, sobre todo en zonas rurales, mujeres que sí respondían al estereotipo tradicional, una nueva mujer urbanita, profesional y atenta a los cambios que se estaban produciendo en materia de género en Francia, Estados Unidos o Reino Unido, también estaba tomando fuerza al tiempo que el gobierno de la República ponía en marcha medidas que promovían la igualdad, medidas por las que socias del Lyceum Club de Madrid llevaban años trabajando12. 11 En este breve repaso es justo recordar a dos mujeres que, a pesar de no ser periodistas, contribuyeron a mejorar la labor de los reporteros de la zona Republicana. Una de ellas fue Constancia de la Mora, sucesora de Rubio Hidalgo al frente de la Oficina de Prensa Extranjera, que propuso que se ayudara a los reporteros en lugar de ponerles trabas facilitándoles autorizaciones para el frente, vehículos y gasolina. La otra fue la austríaca Ilsa Uksar, traductora y colaboradora de Arturo Barea, censor durante la primera etapa de la guerra. Logró convencer a Barea para que se relajase la censura y las exigencias de la Oficina, lo que mejoró la relación con los corresponsales. De este modo, ambas contribuyeron de forma muy inteligente a facilitar el trabajo de los reporteros y reporteras, lo que repercutió directamente en la imagen positiva que muchos de ellos dieron del Gobierno de la República y sus instituciones. Las memorias de algunos de estos periodistas coinciden en reconocer que la labor de De la Mora y Ucksar fue clave para las buenas relaciones de la prensa extranjera y la República (Preston, 2007:122). 12 Ya en 1926, un grupo de mujeres de la burguesía ilustrada española había fundado en Madrid el Lyceum Club Femenino, una asociación cultural feminista creada en 1904 en Londres y extendida por países de Europa y América, destinada a defender la igualdad femenina y la plena incorporación de la mujer al mundo de la educación y del trabajo. Formaban parte del Lyceum mujeres como Margaria Nelken, Victoria Kent, María de Maeztu, Clara
23 A partir de julio de 1936 Dolores Ibárruri, La Pasionaria, se convirtió en símbolo de la República y en modelo para muchas mujeres. Fueron estas mujeres las que se movilizaron al estallar la guerra, sabedoras de que si la República perdía la guerra, con ella se irían sus esperanzas de emancipación e igualdad, puesto que el bando nacional restablecería sin duda la feminidad tradicional y el modelo de esposa y madre que promulgaba el catolicismo (Cunningham, 1986: xxxii)13. La situación de la mujer en España en el 36 era, por lo tanto, una gran paradoja. A pesar de que se comenzaban a poner en marcha las medidas políticas más avanzadas del mundo en materia de género, aún no se habían puesto en práctica en su totalidad ni habían calado entre la población. Muchas mujeres tenían interiorizado un discurso de género basado en la inferioridad y domesticidad femeninas que se encontraba fuertemente enraizado incluso en los en los sectores radicales y de izquierdas y en todas las clases sociales. Lo cierto es que ni siquiera dentro del bando republicano llegó a aceptarse plenamente a las mujeres en las milicias, y lo que al principio de la guerra prometía ser un paso definitivo hacia la igualdad pronto se convirtió en un espejismo. Aunque incluso existió un batallón integrado solo por milicianas, a partir de marzo de 1937 el Gobierno de la República, siguiendo las directrices de la Rusia estalinista en materia de género, apartó a las mujeres del frente con la unificación de las milicias y las relegó a las tareas de la retaguardia (Nash, 1999:47). El mismo discurso propagandístico que había hecho de la mujer miliciana un símbolo de lucha, promulgaba ahora que las mujeres solo podrían ayudar a la República desde las fábricas y los hogares. Carmen Alcalde habla de una doble moral en la izquierda y una “constante y cínica traición de los hombres que se autodenominan revolucionarios” (Alcalde, 1976:18). Los anarquistas, por el contrario, trataron de conjugar mejor igualdad y revolución. Cuestionaron las bases de las relaciones de poder entre los sexos y, durante la guerra, se desmarcaron nuevamente al respetar el lugar de la mujer, ya fuera como miliciana o trabajadora (Nash, 1984:35). Quizá porque vieron en las reformas de la Segunda República la promesa de un futuro más igualitario para todas las mujeres, muchas extranjeras mostraron una forma de solidaridad de género sin precedentes. También dieron cuenta de la necesidad de que la mujer española se Campoamor, María Lejárraga, Izabel Oyarzábal y Carmen Baroja; en solo un año quintuplicaron el número de socias. Durante la Segunda República se aprobaron, no sin polémica, algunas de sus exigencias. 13 Lo cierto es que las mujeres no habían tenido apenas tiempo, ni en la ciudad ni en el campo, de poner en práctica las nuevas libertades que les ofrecía la República. Cuando comenzó la Guerra Civil, una auténtica revolución en lo referente a los derechos de las mujeres y la igualdad estaba en su punto más alto. Desde que comenzara la Segunda República un grupo de intelectuales españolas integrado, entre otras, por María Teresa de León, Federica Montseny, Amparo Poch, Dolores Ibárruri y las mujeres del Lyceum, habían conseguido llegar a la cima de la política con el firme objetivo de alejar a la mujer española de la oscuridad en la que vivía. Gracias a ellas se desarrollaron una serie de reformas destinadas a obtener la igualdad de la mujer. A pesar de los intensos debates, se obtuvo el sufragio universal, se aprobó el divorcio, se diseñaron planes para la alfabetización y acceso de la mujeres a la cultura y la educación, se desarrollaron políticas de fomento de empleo e incluso se dieron pasos firmes hacia la legalización del aborto, reforma ya puesta en marcha en Cataluña cuando el inicio de la guerra dio al traste con las esperanzas de estas políticas e intelectuales.
24 liberase de las tradiciones y comenzase su emancipación, si acaso era más acusada la necesidad de modernización en las zonas rurales14. Si bien es cierto que tanto escritores como escritoras se ocupan con frecuencia de cómo viven la guerra las mujeres, y sobre todo, los niños, son las corresponsales quienes colocan a la mujer española, joven o anciana, en un papel protagonista en sus reportajes, crónicas y fotografías de la guerra, conscientes de que apoyar a la mujer republicana significaba apoyar a todas las mujeres de los países democráticos. Las extranjeras siempre retrataron a la mujer española como un símbolo de dignidad. Sin embargo, influidas por los estereotipos y la doctrina gubernamental, encontramos a las españolas representada más frecuentemente como una mujeres tradicionales que como milicianas activas en el frente. No obstante, las reporteras respetaron profundamente a las españolas, rindieron homenaje a su fortaleza y dieron fe de su importancia tanto en los frentes como en las retaguardias. Llevaron sus historias desde los márgenes de la guerra hasta las portadas de periódicos y revistas de Francia, Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, dando cuenta de la forma tan demoledora en que las nuevas técnicas militares hacían de las mujeres las grandes víctimas de la Guerra Civil. Mujeres que quedaban en las ciudades a cargo de las familias y de los puestos de trabajo que habían abandonado los hombres al ir al frente, sufriendo los estragos de las bombas, el hambre y la incertidumbre. 14 A este respecto resulta muy interesante la reflexión respecto al control de natalidad de Emma Goldman, en Ve y cuenta lo que pasó en España, (Usandizaga, 2000:399).
31 personales. Jordana Mendelson considera que se trata de gran ejemplo de “equilibrio entre el retrato y la prueba documental, entre el respeto por la temática individual y la demostración de su relación con el contexto, urbano y bélico” (Mendelson, 2011:194, vol. 2). Las fotografías de la morgue de Valencia, que sí aparecieron firmadas por Taro en Ce Soir, son la prueba fehaciente de cómo las víctimas se trasladaron a partir de 1936 desde el frente a las ciudades, a la retaguardia. Debieron ser instantáneas tremendamente novedosas e impactantes para el público de la época, que no había tenido que enfrentarse con este tipo de imágenes con anterioridad. Pero, además de en las ciudades, la guerra se dirimía en las trincheras, en las emboscadas, en el campo y en los bosques. Este fue precisamente el lugar donde Taro se desenvolvió con más soltura. Retrató a milicianos y brigadistas durante la espera antes de la batalla, hablando, aseándose, charlando, realizando tareas como preparar la comida o arreglar el calzado o incluso recibiendo a desertores del bando enemigo. Son imágenes en las que Taro parece querer recoger un sentimiento de camaradería, la armonía que reina en un entorno en el que todos luchan por una causa justa, para trasladarla al extranjero y llamar la atención sobre la dignidad de los españoles y extranjeros que están arriesgando su vida por la República. En la región minera de Córdoba, Segovia, Guadalajara y Madrid es donde tomó la mayor parte de rollos con esta temática20. Sin embargo, las fotografías de las que Taro seguramente estaría más orgullosa son las instantáneas tomadas en el fragor de la batalla. En Gerda Taro, Fotógrafa de Guerra (2007), Fernando Olmeda dedica varias páginas a reflejar la valentía y el desprecio a la muerte que Taro mostró durante su estancia en España; su biógrafa, Irme Schaber, apunta que, en ocasiones, comentó que sabía que la muerte iba a su encuentro (Schaber citada por Olmeda, 2007:173). Quizá fue ese convencimiento el que le permitió bajar a las trincheras y ser testigo de momentos de fuego abierto, de caos. Si se observan algunos de los rollos de la Maleta Mexicana en los que imágenes amables de soldados son interrumpidas por el fuego cruzado, para terminar con otras de cadáveres o heridos siendo llevados en parihuelas, no es difícil darse cuenta de que en más de una ocasión debió ver morir a soldados compañeros de trinchera (Anexo I figs. 14 y 15). Una de sus mejores series de reportajes capta la vida en la sierra de Navacerrada y el ataque a Segovia en mayo-junio de 193721. El 14 de Julio de 1937, Regards publicaba un reportaje sobre esta batalla y reproducía una de las fotografías más emblemáticas de Taro en la que un soldado en motocicleta otea el cielo en busca de bombarderos enemigos (Anexo I, fig. 16). 20 En La Maleta Mexicana vol.2, rollos 72-73 y 92-96. 21 En La Maleta Mexicana vol.2, rollos 88-91.
32 Ese mismo mes de julio Taro se acercó lo suficiente a la línea de fuego22 para realizar en Brunete el reportaje que la haría célebre. Durante los primeros días de la ofensiva, las tropas republicanas pudieron repeler el ataque fascista pero, días después del fallecimiento de Taro, los republicanos perdieron la plaza. El 2 de julio del 37 un tanque republicano la hizo caer del estribo del camión en el que viajaba y la embistió. Taro, que como era cada vez más habitual iba 22 Capa popularizo la idea de que “Si tus fotos no son los suficientemente buenas, es que no te has acercado lo suficiente” (http://fuji-xperience.blogspot.com.es/2013/07/robert-capa-si-tus-fotos-no-son-lo.html,10/07/13) Fotografías de Taro en portada de Regards, 14 de julio de 1937, p. 23.
33 sin Capa, había conseguido llegar al frente para cubrir lo que estaba segura sería una victoria republicana que contar al publico europeo y americano. Varios rollos recogen la vida en la trinchera, retratos del periodista inglés Claude Cockburn y los que parecen ser momentos de caos, tanques que se acercan y un camión incendiado23. Sus fotografías del frente de Brunete fueron publicadas en Regards el 14 y 22 de julio de 1937, en VI en portada el 25 de agosto del 37, en Ce Soir el 8, 9 y 10 de agosto y en Life el 1 de enero de 1938 (Anexo I, figs. 10, 17 y 18). 23 En La Maleta Mexicana vol.2, rollos 102-107. Instantánea de la batalla de Brunete portada de Die Volks Illustriete, 25 de agosto de 1937, un mes después de la muerte de Taro
34 3.4. Visión de la mujer española Mediante el análisis de la obra de Gerda Taro podemos comprobar una de las cuestiones planteadas al comienzo de este trabajo: la existencia entre las mujeres corresponsales un doble compromiso con las mujeres españolas del bando republicano para difundir su papel en la guerra, un doble compromiso ideológico y de género. A pesar de que un parte importante de la obra de Gerda Taro se centró en la vida en el frente, nunca olvidó hacer de la mujer española protagonista en momentos clave de la guerra. Durante el funeral de Lukàcs en Valencia puso el foco en tres mujeres que miran a cámara con el puño en alto. De esta forma parece querer mostrar al mundo que toda la población del lado leal, no solo la masculina, se mantiene fuerte en la lucha contra los fascistas. La fuerza que muestran estas tres mujeres represanta la determinación del pueblo en el bando republicano. Taro sigue mediante este discurso la línea de la propaganda republicana que, durante los primeros meses de la guerra simbolizaba la causa republicana en las mujeres, madres o milicianas (Alcalde, 1976:132) (Anexo I, fig. 19). Del mismo modo, Taro fotografía, en una de sus imágenes más estremecedoras y difundidas, los cadáveres de dos mujeres aún con los ojos entreabiertos después del bombardeo de Valencia en mayo del 37. La instantánea recordaba que los ataques aéreos asesinaban no sólo Funeral del general Lukàcs. 16 de junio de 1937. Gerda Taro © International Center of Photography.
35 a los soldados y voluntarios, sino también a las mujeres españolas que quedan en la retaguardia. La guerra se metía por primera vez en las casas, literalmente. Mientras que en las guerras anteriores las mujeres sufrían porque sus hijos, hermanos y maridos podían sufrir en el frente, ahora los bombardeos aéreos añadían a las mujeres y a los niños a la lista de bajas. (Anexo I, fig. 20). Aunque quizás la mejor muestra de la desesperación y el dolor que la guerra infligió en las mujeres republicanas es una imagen en la que una mujer cercana a los sesenta años permanece en pie con la mirada perdida, quizá preguntándose qué futuro les espera a los niños que la rodean, probablemente sus nietos. Se trata en realidad de un grupo de refugiados de Almería. Gerda Taro construye una composición armoniosa y de proporciones pictóricas; toma foco sobre la mujer del fondo mientras que en primer plano, desenfocado, un chico con boina dirige a cámara una mirada que cuenta la historia de todos los presentes. Fue portada de Die VolksIllustrierte el 30 de junio de 1937. La dignidad contenida de estas mujeres agotadas, ensimismadas pero a la vez heróicas, es muy similar a la que transmite Chim en sus fotografías sobre niños y mujeres del bando republicano (Anexo I, fig. 21). Morgue de Valencia, 15 de mayo, 1937. Gerda Taro © International Center of Photography.
36 Pero a Taro también le interesó mostrar la faceta más activa de la mujer española. Ya en su primera visita, en Barcelona, fotografió a las milicianas mientras recibían instrucción, organizándose en formación y relacionándose con sus compañeros. A pesar de haber mostrado a las milicianas en acciones diferentes, la imagen más conocida es la de una miliciana practicando con un pequeño revólver en una playa de Barcelona. Es bella, su pose es muy femenina e incluso calza zapatos con un pequeño tacón. El hecho de que una imagen con unas connotaciones de género tan marcadas fuera la más utilizada por los editores de revistas y periódicos a la hora de representar a las milicianas españolas, es una muestra de que a pesar de las consignas del momento revolucionario a favor de la igualdad, los medios de comunicación seguían estando controlados por un discurso patriarcal que prefería esta imagen femenina más artificial antes que una imagen de una mujer más real, mas cerca del hombre y a la vez más activa y difícil de someter. Refugiados de Málaga en Almería. Febrero,1937. Gerda Taro © International Center of Photography.
37 Sin embargo, este hecho es un solo un ejemplo de la realidad que vivieron las mujeres de la España republicana: a pesar de su voluntad por compartir la lucha con los varones, las mujeres nunca llegaron a ser plenamente aceptadas en el frente y pronto fueron relegadas a la retaguardia. Existieron célebres excepciones, como Rosario la Dinamitera, Lina Odena o Mika Etchebéhère en las filas del POUM, pero el discurso de las relaciones de género basadas en la domesticidad de la mujer y su subordinación al hombre estaban fuertemente enraizadas incluso en los sectores más radicales de la izquierda. La profesora Mary Nash ha estudiado el asunto en profundidad y parece concluir que la sociedad española seguía anclado en la imágenes decimonónicas de la mujer y que era más urgente combatir el fascismo que el machismo, lo que da una idea de lo inestables que debían de ser aún los pasos hacia la igualdad que tan prometedoramente estaba dando la Segunda República24 (Nash, 1984:37-47) (Anexo I, figs. 2224). Podemos analizar otro ejemplo de la doble moral de la izquierda en cuestión de género a través de la obra de Taro. Durante una jornada de reclutamiento e instrucción en la plaza de toros de Valencia en marzo de 1937, la fotógrafa alemana captó, entre sus compañeros varones, a orgullosas milicianas en formación (Anexo I, fig. 25). 24 En síntesis, Nash afirma que mientras que los anarquistas cuestionaron las relaciones de poder entre los sexos, para los comunistas, la supremacía del varón obrero sobre la mujer de su misma clase podía actuar como bálsamo para la aceptación de su propia condición y su inferioridad social respecto a la clase dominante. Federica Montseny trató de impulsar el feminismo interclasista pero no funcionó: la política pudo más que el género porque primaban los intereses del partido comunista (Nash, 1984:37-47) Barcelona, agosto, 1936. Gerda Taro. © International Center of Photography.
38 El 22 de marzo, Ce Soir publicó el reportaje de Taro pero solo algunas mujeres se cuelan entre las fotos publicadas. El texto reza de forma poco entusiasta “Parmi eux, quelquefois, on rencontre des femmes, des miliciennes25”. Da la impresión de que la publicación evitó, de forma intencionada, utilizar las fotografías en las que aparecen milicianas de instrucción. A finales de ese mes, el Gobierno excluyó definitivamente a las mujeres de los batallones, con la intención de restaurar la jerarquía de los sexos y profesionalizar el Ejercito Popular. El 15 de abril, Regards vuelve a publicar fotografías del mismo rollo, esta vez con el sello Photo Taro, bajo el titular “Espagne forge sa victoire26”. Ya no hay lugar a dudas: en esta ocasión no hay rastro de las milicianas; solamente vemos una niña de escorzo observando a los soldados desfilar (Ver anexo I, figuras 26 y 27). Podemos conjeturar que la prensa siguió las directrices del gobierno respecto a la presencia de la mujer en el ejército y que, pasados los primeros meses en los que las milicianas eran una símbolo de la lucha, hicieron desaparecer de sus páginas las imágenes y referencias al papel de la mujer en el frente. Los esfuerzos de Gerda Taro por mostrar al mundo el valor de la mujer republicana española no pudieron con los recelos del gobierno por apartar a la mujer de la primera línea de fuego. 25 “Entre ellos, a veces, encontramos mujeres, milicianas”. 26 “España forja su victoria”. Valencia, marzo, 1937. Gerda Taro. © International Center of Photography.
39 3.5. Diferencias y similitudes fundamentales con Robert Capa No resulta complicado comprender las dificultades a las que se han tenido que enfrentar los estudiosos de la obra de Capa y Taro a la hora de adjudicar la autoría de las fotografías a uno u otro, máxime cuando aún no había aparecido la Maleta Mexicana y era conocido que ambos fotografiaban las mismas escenas durante los primeros meses de la guerra27. Aparte de la diferencia de formato anterior a febrero de 1937 a la que se ha aludido anteriormente28, las diferencias formales son apenas perceptibles. Es necesario tener en cuenta que Gerda aprendió de Capa todo lo que sabía de fotografía y que, por lo tanto, heredó su estilo y técnica que sólo con el tiempo pudo someter a experimentación hasta encontrar su propia mirada; un estilo propio cuya evolución puede apreciarse si avanzamos temporalmente en el análisis de su obra. La pareja de milicianos sonrientes en Barcelona fue retratada por Capa y Taro pocos días después de su llegada a España. Si analizamos ambas instantáneas casi simultáneas puede apreciarse en la de Taro una visión poco experimentada, muy frontal, casi teatral y sujeta a las convenciones de lo que se supone un encuadre correcto, propio de un principiante que aún no se atreve a experimentar. 27 Ni siquiera el biógrafo y estudioso de la obra de Robert Capa, Richard Whelan, supo distinguir la autoría de algunas de las fotografías. En Robert Capa. Obra Fotográfica (2001), publicado seis años antes del hallazgo de la Maleta Mexicana, Whelan incluye instantáneas que la aparición de los rollos firmados ha permitido atribuir a Gerda Taro. Sin embargo, la escasa atención que Whelan presta a la figura de Taro, hace dudar de si se trata de un error consciente o inconsciente. Remitimos nuevamente al documental La Sombra del Iceberg (2007), que aborda la cuestión del olvido de Taro y su obra. En cualquier caso, durante décadas el legado de Taro no recibió el cuidado y la atención del de Capa. La tesis que mantiene Schaber es que el Holocausto acabó con todos los familiares de Taro entre 1941 y 1942, por lo que no quedó ningún pariente que reivindicase su figura y su obra (Olmeda, 2007:196). 28 Las diferencias entre la Rolleiflex de Taro y la Leica de Capa, no sólo estriban en el formato de la imagen sino en el ángulo de visión. La Leica se sostiene delante de los ojos, pero la Rollei debía ser sujetada contra el pecho para poder mirar por la parte de arriba de la misma al enfocar. El necesario ángulo bajo de sujeción de la Rolleiflex unido a la baja estatura de Taro (apenas 1m, 50cm según sus biógrafos) hacen que el ángulo bajo de toma haya sido uno de los elementos diferenciadores de la fotografía de Taro. Milicianos republicanos. Barcelona, agosto, 1936. Gerda Taro. © International Center of Photography.
40 Difiere mucho de la instantánea de Capa, en escorzo y ligero contrapicado, menos formal pero más expresiva y con una composición más estilizada y experimental de un fotógrafo en esos momentos más experimentado que Gerda (Anexo I, figs. 28 y 29). En Febrero del 37, Capa y Taro tomaron fotos muy similares de los edificios derruidos de Madrid; fotografías de escombros, a menudo siluetas en contrapicado, difícilmente atribuibles a uno otro. Quizás la diferencia más notable entre las secuencias de uno y otro sea que mientras que Capa se detiene en los exteriores de los edificios, Taro se adentra en las habitaciones de las casas y fotografía las estancias vacías y el efecto de las bombas en los espacios domésticos, poco antes llenos de vida. A medida que pasan los meses se aprecia en la obra de Taro la incipiente aparición de una mirada propia. El ángulo bajo y las figuras recortadas contra el cielo abierto son constantes en sus fotografías. También los planos medios de sujetos, sobre todo de mujeres y niños, que recuerdan por estilo y temática a la obra de su compañero David Seymour, Chim. Precisamente a Chim pertenecen la mayoría de las fotografías de La Pasionaria que en el momento aparecieron a diversos medios y que contribuyeron al estatus de icono en el que se convirtió Ibárruri. En la Maleta Mexicana apareció un rollo, el 79, completamente inédito en el que Taro fotografía a una Pasionaria diferente, alejada de la propaganda. Es, simplemente, una mujer tranquila y pensativa, que gesticula y conversa; una imagen intimista, muy alejada de la Barcelona, agosto de 1936. Robert Capa © International Center of Photography.
47 conmover a los lectores mediante mensajes y escenas de solidaridad entre soldados. Los heridos del hospital situado en el Hotel Palace, tratan de reconfortarse los unos a los otros y es notable el compañerismo; entre todos animan a un joven voluntario, que casi ha perdido la vista, a que pinte, para olvidar su situación. La camaradería y la armonía, son una constante en las descripciones que Gellhorn hace de los soldados republicanos extranjeros o españoles. Gellhorn también pone nombre y rostro a los que hacen y sufren la guerra. En “Men without Medals”, Gellhorn describe a Petra, una camarera del hotel: “Then I tough of Petra, the other maid, the small and dark one with a face that curls with laughter. Petra is fifty-seven but ‘very agile’ she says and afraid of nothing”36. Aporta muestras de una valentía extrema ante cualquier situación y les da voz narrativa reproduciendo diálogos, haciendo uso del estilo indirecto e incluso del monólogo interior. Ante el hambre, la familia de Pedro, el conserje cuya casa ha sido bombardeada, dice “yes, of course, it was difficult to get food, but then it was difficult for everyone and they had never really been hungry”37. Después de un bombardeo, un español le dice a la periodista: “It is nothing. It will pass. In any case, you can only die once”. La serenidad y la fe en la victoria también cierran este reportaje: “You have seen no panic, no hysteria, you have heard no hate talk. You know they have the kind of fate which makes courage and a fine future”38. El afecto y el compañerismo son el único consuelo en una situación de subversión y desintegración. Al asociar sin fisuras valores tan positivos como los mencionados al bando republicano, Gellhorn parece querer transmitir al lector que la Republica ha de recibir ayuda, porque no puede ser de otra forma cuando se trata de una causa justa (Collier’s, 17 de julio, 1937). Otro recurso muy utilizado por Gellhorn en este artículo y en “City at war” (Collier’s, 2 de abril, 1938; ver anexo II) es la comparación entre lugares de EE.UU. y España. “Aragon must be like Arizona”, la radio de propaganda en las trincheras emite música americana, el Hotel Florida le recuerda a Gellhorn a un hotel cualquiera de Des Moines o Nueva Orleans, Chicote está abarrotado como Times Square a las cinco de la tarde, y las trincheras están llenas de caras de Mississippi, Ohío y de “voices you’d hear at a baseball game, in the subway, on any campus”, como en “Men without medals”. De esta forma, la autora, al crear un vínculo emocional entre lo que el lector conoce y lo que la periodista describe, pretende acercar el conflicto español al público americano para advertirles de que, si España no es tan diferente de EE.UU., podría ser que si el fascismo amenaza a los españoles pueda igualmente amenazar a los nortearmericanos. 36 “Entonces pensé en Petra, la otra camarera, la pequeña y morena, la que arruga la cara cuando se ríe. Petra tiene cincuenta y siete años pero está ‘muy ágil’ dice, y no tiene miedo a nada”. 37 “Sí, desde luego que era difícil conseguir comida, pero era difícil para todo el mundo y ellos nunca habían estado verdaderamente hambrientos”. 38“No se ve pánico ni histeria ni se escuchan palabras de odio. Sabes que su destino es el de aquellos que tienen coraje y un buen futuro”.
48 En “Men without Medals”, Gellhorn homenajea a los compatriotas que han ido a luchar a España por la democracia de forma voluntaria y consciente. De un maestro de Alabama, un granjero de Nebraska, un estudiante de Harvard o un poeta de Nueva York dice: “they came a long way, all these men, to do what they believed they should do […]. They know why they came”39, a pesar de que, como reza el titular, esta guerra no dio recompensas a quienes arriesgaron su vida en ella. La diversidad de orígenes y profesiones de los voluntarios americanos sirve de nuevo para involucrar a la población estdounidense y transmitir el mensaje de que cualquier persona, de cualquier profesión y estado, puede ayudar a combatir el fascismo. Gellhorn cambia constantemente de persona gramatical. Utiliza con frecuencia la primera persona, lo que denota honestidad y cercanía física e ideológica con lo narrado. Además, supone una muestra añadida de veracidad y trata de establecer un vínculo con el lector para que asimile lo que describe como algo real, a pesar de encontrarse a miles de kilómetros de distancia: de la primera persona del singular, pasa a la segunda persona, involucrando al lector en cada uno de sus pasos por las colinas de Brunete, los escombros de la catedral de Belchite o un hospital de niños en Barcelona. En otras ocasiones, utiliza el diálogo para reproducir sus conversaciones con los personajes que pueblan sus artículos. La intención es siempre hacer llegar al lector su mensaje político de la forma más efectiva. Tanto Martha Gellhorn como Ernest Hemingway, con quien contrajo matrimonio después de la Guerra Civil, mostraron una fidelidad sin reservas al gobierno de la República. Moorehead se pregunta en qué medida deformaron la realidad de forma consciente o inconsciente al no informar de los crímenes y ejecuciones de trotskistas o de la manipulación soviética del ejército español. Ante la cuestión de si Gellhorn y Hemingway conocieron los hechos de mayo del 37, la biógrafa de Gellhorn concluye que es evidente que a Gellhorn nunca le interesó confrontar los datos que tenía del bando republicano y de sus vivencias dentro del mismo, con las voces que hablaban de una guerra dentro de la guerra y que enfrentaba a varias facciones de la izquierda. Podemos hablar en esta caso de una “ceguera consciente” (Moorehead, 2004:149-52). Por el contrario, otros como Rollyson simplemente afirman que, con bastante probabilidad, Gellhorn no fuera en su momento consciente de que se produjeron persecuciones, torturas y juicios sumarios también en el bando republicano. En su obra, no hay rastro de las persecuciones y ejecuciones de los anarquistas del POUM, asunto central de Homenaje a Cataluña de George Orwell, hecho que produjo al británico una profunda decepción (Orwell, 1938). Carl Rollyson añade que Gellhorn evitó durante toda su vida abordar este asunto y se limitó a culpar de la derrota a la ausencia total de ayuda a la República por parte de las potencias democráticas occidentales (Rollyson, 2002:72). 39 “Todos estos hombres recorrieron un largo camino para hacer lo que debían hacer[…] saben por qué han venido”.
49 Como si aquello en lo que se cree con firmeza nunca pudiera ser destruido, Gellhorn dejó constancia en varias ocasiones de una fe absoluta en la victoria republicana en la que no había lugar para la duda ni el miedo. El convencimiento de que la República iba a ganar la guerra une a los ciudadanos españoles con la periodista. En “The Third Winter”, cuando Gellhorn se interesa por el estado del carpintero, el señor Hernández, éste contesta simplemente “still alive”. Cuando Gellhorn dice al nieto de los Hernandez: “After the war, you’ll be a mechanic”; la abuela se apresura a corregir a la periodista: “After we have won the war”, dice (mis cursivas; Gellhorn, 1993: XX). En esta línea, el epitafio sobre la tumba de los brigadistas caídos en Morata, que Gellhorn reproduce en “City at War”, reza: “These men died that democracy might live” (mis cursivas), dando por hecho una victoria republicana que nunca se produjo. Del mismo modo en que los responsables de la Oficina de Prensa de la República censuraban cualquier alusión a la derrota, a la superioridad del enemigo o a la baja moral de las tropas, en los artículos de Gellhorn sólo hay lugar para el optimismo y la fe en la victoria. Martha Gellhorn siempre siguió, desde la distancia que imponía el régimen de franquista, los acontecimientos de España durante la dictadura. Tras la muerte del dictador, Gellhorn escribió “The Indomitable Losers”40, un reportaje en el que explica con precisión cómo encuentra el país en un viaje después de la muerte del Franco y hace una completa radiografía de la España de la Transición, desde las manifestaciones por la amnistía y los movimientos estudiantiles al problema del terrorismo de ETA. Nunca dejó de escribir sobre su paso por España, pero después de la guerra lo hizo utilizando la ficción como vehículo para narrar sus experiencias41. El conflicto español conformó su brújula moral y le dio una serie de pautas con las que comprender el mundo, sentando las bases de su ética para cualquiera de los conflictos que conocería en el futuro y, por lo tanto, para su labor como corresponsal. En la introducción a The Face of War, en su primera edición de 1959, escribió: There is a single plot in war; action is based on hunger, homelessness, fear, pain and death. Starving wounded children, in Barcelona in 1938 and in Nijmegen in 1944, were the same. Refugees, dragging themselves and whatever they could carry away from war to no safety, were one people over the world […]. War is a horrible repetition. The four wars here reported were really one war42 (Gellhorn, 1993:387). 40 Este reportaje apareció en New York Magazine en febrero de 1976 y en The Observer en marzo del mismo año. Se incluye en The view From the Ground, Gellhorn, 1988, pp. 310-321, bajo el título “The day Franco died”. 41 The Heart of Another, A stricken Field, The View from the Ground y Two by two, contienen en su mayoría relatos cortos de ficción con la guerra española como tema principal. En “Till death do us part” (Gellhorn 1958, pp.173-246), la autora rinde homenaje a su amigo Robert Capa a través de Bara, un fotógrafo húngaro que pierde a su esposa en un accidente en el frente, tal como Capa había perdido a Gerda Taro. 42 “En la guerra sólo existe un argumento; la acción se basa en el hambre, el miedo, el dolor y la muerte. Los niños muertos de hambre, en Barcelona en 1938 y en Nijmegen en 1944, eran los mismos. Los refugiados, que se arrastraban a sí mismos y todo lo que pudieran llevar consigo hasta ningún lugar seguro, eran un solo pueblo en todas las partes del mundo […]. La guerra es una horrible repetición. Las cuatro guerras d las que se informa aquí fueron una sola guerra” (mi traducción).
50 La Guerra Civil Española le produjo una gran decepción y nunca perdonó a su país por no intervenir para salvar la República, igual que no perdonó a EE.UU. por la guerra de Vietnam. Para Gellhorn todas las guerras serían la misma y esto sería especialmente cierto para la guerra de Vietnam, de la que escribió que se trataba de la Guerra Civil española de los 60: “In entirely different ways, Spain and Vietnam are the same for me; it’s as if my intestines were twinned around those wars43” (Ostoyich; 2006:104). Lo cierto es que en España había adquirido la experiencia y la sensibilidad para reconocer la violencia y la injusticia, recuerdos que la acompañaron siempre y le sirvieron en el futuro para desarrollar su labor como corresponsal a lo largo de su dilatada carrera. 4.2. Lugar dentro de la prensa extranjera Durante sus primeros años en el ejercicio del periodismo, para Martha Gellhorn escribir artículos, crónicas y reportajes era un medio para poder subsistir y mantener su independencia económica lejos del hogar paterno. Poco después de cumplir los veinte años, trabajó para New Republic, de Nueva York, y para el Albany Times Union, que formaba parte del grupo Hearst de comunicación. En 1930 se trasladó a París, donde trabajó para la oficina de United Press y escribió reportajes sobre moda francesa que enviaba a Vogue. Su primer trabajo de envergadura consistió en una serie de artículos como corresponsal en Ginebra sobre las delegadas de la Liga de Naciones (Moorehad, 2004:51). En 1933, recorrió en solitario EE.UU. de costa a costa como corresponsal itinerante para el St. Louis Post-Dispatch, trabajo que le sirvió para aprender importantes lecciones en materia de escritura y reportaje. También le permitió agudizar su visión y capacidad de análisis en periodismo, habilidades gracias a las cuales consiguió producir en España su serie de extensos reportajes de incuestionable valor periodístico y literario. Cuando Gellhorn conoció a Hemingway en Key West, Florida, en la Navidad de 1936, ambos contemplaban por separado la posibilidad de ir a una España que llevaba cinco meses en guerra. Como se ha explicado anteriormente, Gellhorn tenía claro cuál era su postura respecto al conflicto y su enorme trascendencia. Hemingway ya conocía España de viajes anteriores y la guerra le trajo de vuelta, en este caso con dos objetivos: trabajar como corresponsal para la North American Newspaper Alliance, que suministraba material para sesenta cabeceras, entre ellas el New York Times, y colaborar con el director holandés Joris Ivens en la realización del documental The Spanish Earth, con la intención de contar al público estadounidense la situación en España y recaudar fondos para la causa (Moorhead, 2004:126). Carl Rollyson sostiene que fue la lectura de Exile, el relato sobre un alemán exiliado a Estados Unidos, lo que convenció a 43 “De formas totalmente distintas, España y Vietnam son lo mismo para mí. Es como si mis entrañas estuvieran enredadas en esas guerras”.
51 Hemingway de que el fascismo era una mancha que podía extenderse irremediablemente al resto de Europa si no se detenía en España y que, inspirado por el relato de Gellhorn, se lanzó definitivamente a la acción (Rollyson, 2001:64). A pesar de haber sido escrita por Gellhorn años antes, Exile no vio la luz hasta septiembre de 1937, cuando fue publicada en Scribner’s Magazine, gracias a la recomendación de Hemingway a su editor, Maxwell Perkins (Rollyson, 2001:64). Por quién doblan las campanas (1940), la novela escrita por Hemingway a raíz de su experiencia en España y que se convertiría en una de sus obras más reconocidas, está dedicada a Martha Gellhorn, que se convirtió en esposa del escritor el mismo año en que se publicó la novela. En The Face of War, Gellhorn explica que su intención al llegar a España estaba lejos de la de dedicarse al periodismo, simplemente quería conocer de cerca la situación española: “I had no connection with a newspaper or magazine, and I believed that all one did about a war was go to it, as a gesture of solidarity, and get killed, or survive if lucky until the war was over”44 (Gellhorn, 1993:15). Desde el acuerdo de No Intervención, obtener permisos como turista para pasar la frontera no era sencillo. En este mismo texto, la autora explica cómo obtuvo las credenciales que le permitieron pasar la frontera. Llegó con una carta falsa firmada en Nueva York por el editor de la sección de cine y entretenimiento de Collier’s, Kyle Crichton, donde el editor identificaba a Gellhorn como corresponsal en España para la revista. Collier’s era una revista muy popular en el momento y, a pesar de ser propiedad de Willian Random Hearst, magnate que no ocultó su hostilidad hacia la República, la publicación siempre se había mostrado partidaria de Roosevelt y el New Deal (Moorehead, 2004:129). Sin embargo, Gellhorn no había venido, en un principio, a escribir y durante las primeras semanas se dedicó a desempeñar labores de secretaria de Hemingway. Corregía y revisaba sus despachos y los llevaba bajo el fuego de Madrid hasta la oficina de prensa de la Telefónica (Rollyson, 2001:68). También acompañó a Hemingway, Ivens y Herbert Matthews durante las jornadas de rodaje de material para The Spanish Earth, visitaba a los heridos, condujo ambulancias con sangre para transfusiones y se unía a las veladas junto a estos y otros periodistas en el Hotel Florida, donde se alojaba (Preston, 2007:37). Gellhorn se relacionó con otras escritoras y periodistas de habla inglesa como Nancy Cunard, Kitty Bowler y Kate Mangan, a quienes visitó en el hospital La Pasionaria de Valencia en abril del 1937 (Preston, 2007:138), Josephine Herbst, Lillian Hellman− aunque su relación no fue buena y las críticas de Hellman a Martha fueron motivo de polémica en los círculos literarios décadas después− y Virginia Cowles, con quien mantuvo una estrecha relación de amistad y con quien, poco antes del fin de la guerra, viajaría por Europa para tomar el pulso de franceses y británicos ante una guerra inminente. En Madrid, también conoció a Robert Capa, 44 “No tenía ninguna conexión con periódico o revista alguno, y creía que todo lo que uno hacía en una guerra era ir a ella, como gesto de solidaridad, y que te mataran, o sobrevivir si tenías suerte” (mi traducción).
52 cuya amistad cultivaría hasta la muerte del fotógrafo y a quien se refería como “mi hermano” (Moorehead, 2004:364). La periodista explica, en The Face of War, cómo un amigo, probablemente Hemingway o Matthews, le sugirieron la escritura como la mejor forma en la que una escritora como ella podía servir a la causa; sólo debía convertir la vida cotidiana de Madrid, los bombardeos, la muerte, el hambre y el miedo, en una noticia que llegase al público estadounidense (Ornagh en MacLoughlin, 2004:68). Gellhorn redactó entonces “Only the Shells Whine” y lo envió, sin mayor pretensión, a la dirección de Collier’s que guardaba en su carta: “Collier’s accepted the piece and after my next article put my name on the masthead. I learned this by accident. Once on the masthead, I was evidently a war correspondent. It began like that”45 (Gellhorn, 1993:16) Lo cierto es que su nombre ya aparecía en la portada del número del 17 de julio del 37, en el que se publicó su primer reportaje. También figuró en portada en el número del 15 de Enero de 1938, en el que aparece publicado “Men Without Medals”. Este fue el comienzo de su extensa carrera como corresponsal de guerra y de su relación profesional con Collier’s, donde publicó entre dos y tres reportajes mensuales durante su cobertura de la Segunda Guerra Mundial. En la introducción a The Face of war, de 1959, Martha Gellhorn agradeció al editor de Collier’s, Charles Colebaugh, la libertad que la publicación le otorgó en el desarrollo de su carrera: Thanks to Collier’s, I had the chance to see the life of my time, which was war. They never cut or altered anything I wrote. They did, however, invent their titles for most of my articles46. I did not like their titles and I am not using them [en The Face of War] but they were a triffling price to pay for the freedom Collier’s gave me; for eight years, I could go where I wanted, when I wanted, and write what I saw47 (Gellhorn, 1993:16). Cuando Martha decidió publicar en prensa, Hemingway la presentó a Arturo Barea e Ilsa Uksar, de la Oficina de Prensa, de la siguiente forma: “Ella es Marty. Sed buenos con ella. Escribe para Collier’s. Ya sabéis: un millón de ejemplares en circulación” (Rollyson, 2001: 67). Se equivocaba. En realidad eran 2.4 millones los ejemplares los que Collier’s vendía en ese momento en todo el país, de modo que los artículos de Gellhorn obtuvieron la máxima difusión en su momento entre el público estadounidense. 45 “Collier’s aceptó la pieza y después puso mi nombre en los créditos. Aprendí esto por accidente. Una vez que mi nombre estaba en los créditos, ya era evidentemente una corresponsal de guerra. Así comenzó todo”. 46 Gellhorn tituló su primer reportaje como “High Explosive for Everyone” y fue publicado con el título de “Only the Shells Whine”; “The Besieged City” apareció en Collier`s bajo el títular de “City at War”, el 2 de abril de 1938. 47 “Gracias a Collier’s tuve la oportunidad de ver la vida de mi tiempo, que era la guerra. Nunca cortaron o alteraron nada de llo que escribí. Sin embargo, inventaron los títulos de la mayoría de mis artículos. No me gustaban sus títulos y aquí no los uso [ en The Face of War] pero este fue un precio insignificante que pagar por la libertad que Collier’s me dio; durante ocho años, pude ir adonde quise, cuando quise y escribir lo que viera”.
53 Gelhorn también participó en emisiones radiofónicas para Estados Unidos en las que hablaba a los norteamericanos sobre la vida en una ciudad sembrada de obuses como Madrid. También publicó en New Yorker y en Story Magazine48. Collier’s fue muy generosa con los reportajes de Gellhorn: ocupaban 2 ó 3 páginas a cuatro columnas dentro de las primeras 20 páginas de la publicación, para continuar en las páginas finales (práctica habitual en la prensa de la época), normalmente a dos columnas, con publicidad. Se complementaban con numerosas fotografías que en todo momento dan prioridad al texto. No ha sido posible identificar a los autores o agencias que tomaron estas imágenes que aparecen firmadas como Vidal, Black Star, Pix, International, Triangle o Acme (Ver anexo II). Por entonces su recientemente adquirida posición en la prensa no le permitía tener plena libertad sobre su trabajo. En abril de 1938, Collier’s rechazó su propuesta de escribir sobre los refugiados y la evacuación de heridos en Barcelona, puesto que España era un asunto que ya no interesaba más que la inevitable guerra que se avecinaba. Necesitada de dinero, aceptó los 1.000 dólares por cada artículo que enviara desde Francia, Inglaterra y Checoslovaquia (Moorehead, 2004:175)49. Gellhorn volvió a Barcelona la Navidad de 1938 para escribir “The Third Winter”, su trabajo más personal sobre España que nunca fue publicado contemporáneamente, quizá porque la opinión pública tenía entonces otro foco de atención como se ha dicho, y no vio la luz hasta que Gellhorn lo incluyó en The Face of War (Gellhorn, 1993:38). “The Third Winter” es estudiado actualmente en universidades americanas como ejemplo del periodismo literario de los años 30. La Guerra Civil española fue una prueba de fuego para la vocación periodística de Martha Gellhorn. Si bien su producción en prensa es escasa hasta el fin de la guerra, fue suficiente para formar una inmejorable carta de presentación que le permitió ser parte de la plantilla de Collier’s durante ocho años. Mediante el análisis del trabajo de Martha Gellhorn en España, asistimos al proceso de maduración profesional y definición de un estilo propio de una periodista que seguiría publicando de forma regular, principalmente en la prensa europea, hasta la invasión de Panamá en 1989. 5.3. Visión del conflicto Si bien otros periodistas se hicieron eco en sus reportajes y crónicas de las batallas entre leales y rebeldes, de la intervención extranjera, de los conflictos internos dentro del bando republicano, las sospechas de espionaje, las atrocidades y las cifras de muertos, heridos, fusilados, Martha Gellhorn hizo de los efectos de la guerra sobre la población civil su principal 48 “Madrid to Morata”, New Yorker, 24 de Julio de 1937, p. 31; “Visit to the Wounded”, Story Magazine, octubre 1937, pp. 58-61. 49 Publicó entonces en Collier`s “Come Ahead, Adolf!”, 6 de agosto de 1938, pp.13, 43-4; “The Lord Hill Provide for England”, 17 septiembre 1938, pp. 16-17, 35-38; “Guns against France”, 8 octubre 38, pp.14-15, 34-6.
54 centro de interés. Como se ha explicado en la Introducción, durante la Guerra Civil española se pusieron en práctica nuevas técnicas de combate y tecnología armamentística. Las consecuencias de estas nuevas armas sobre la población civil también eran desconocidas hasta entonces. Martha Gellhorn supo ver y contar cómo esta nueva “guerra total” borraba los límites entre frente y retaguardia, entre víctimas militares y civiles. Veinte años después del fin de la guerra, en “The War in Spain”, Gellhorn lo expresaba así: What was new and prophetic about the war in Spain was the life of the civilians, who stayed at home and had war brought to them. I have selected three reports on this twentieth-century war in the city. The people of the Republic of Spain were the first to suffer the relentless totality of modern war50 (Gellhorn, 1993:16). Las descripciones de familias viviendo en casas sin paredes tras un bombardeo, los cadáveres bajo los escombros y los niños heridos por balas perdidas en la puerta de su casa, iban a convertirse en pocos años en imágenes universales de la guerra, durante Segunda Guerra Mundial. Los bombardeos de Barcelona o Guernica no serían muy diferentes de los de Londres y los presos de Dachau o Auswitz sufrirían una suerte parecida a los refugiados en la playa de Argèles. Gellhorn era consciente de que España era solo un ensayo general y, poniendo el foco en la forma en que unas técnicas bélicas tan diferentes de las de la Primera Guerra Mundial se cobraban víctimas civiles, pretendió avisar a sus compatriotas del peligro de no frenar la guerra en la Península Ibérica, de lo que podría suponer para Europa y Estados Unidos. En “Only the Shels Whine”, su primer artículo escrito desde una ciudad de Madrid asediada por los obuses, la periodista registra los cambios que la guerra provoca en las nociones de espacio y tiempo. Por un lado, Gellhorn menciona en varias ocasiones lo extraño que es que las trincheras se encuentren a pocos metros de las casas en las que ya nadie vive: “But no one lived here any more because there was nothing left to live in and, besides that, the trenches were only two blocks away, and there was another front in the Casa the Campo, down to the left”51. Con los tejados hundidos bajo las bombas, no hay lugar adónde ir ni dónde esconderse: “There was no place to run because how did you know that the next shell would not be behind you, or to the left or right?”52. La noción de tiempo también cambia; se articula en torno a los ataques aéreos, a los rumores, a la espera. “You could only wait” es la frase que Gellhorn repite como un mantra a lo largo de este y otros reportajes. La repetición, junto con las comparaciones, las metáforas y la experimentación en la focalización mediante el salto constante de una persona narrativa a otra, y 50 “Lo nuevo y profético de la guerra en España era la vida de los civiles, a los que se les llevaba la guerra a casa. He seleccionado tres reportajes sobre esta guerra en la ciudad del siglo XX. La gente de la República española fue la primera en sufrir la implacable totalidad de la guerra moderna”. 51 “Pero nadie vivía aquí porque no había dónde vivir, además de que las trincheras estaban sólo dos manzanas más abajo y habío otro frente en la Casa de Campo, abajo a la izquierda”. 52 “No había lugar hacia el que correr porque cómo sabías que el siguiente obús no caería detrás de ti, o a la derecha o a la izquierda?”.
55 del diálogo al estilo indirecto libre, son ejemplos de las técnicas, enormemente experimentales en el contexto del periodismo de guerra del momento, que Gellhorn utiliza en sus reportajes sobre la Guerra Civil. En el Hotel Florida se reúnen muchas voces: The journalist who lived in that room had left for London the day before. «Well», the concierge said. «There is nothing to do. It is very regrettable». The maids went back to work. An aviator came down from the fifth floor. He said it was disgusting; he had a two days leave and this sort of thing went on. Moreover, he said, a shell fragment had hit his room and broken all his toilet articles. It was inconsiderate; it wasn’t right. He would now go and have a beer. He waited at the door for a shell to land and ran across the square, reaching the café across the street just before the next shell. You couldn’t wait forever; you couldn’t be careful all day53 (Collier’s, 17 de julio, 1937). La ansiedad y el terror por un próximo ataque son mitigadas por escenas cotidianas que las bombas interrumpen violentamente. Ejemplos de esto es el pasaje en el que un resto de proyectil acaba con la vida de un niño que cruza una plaza de mano de su abuela o el momento en que el dependiente de una zapatería invita a los clientes a alejarse del escaparate por si cae una bomba: “after the third explosion, the salesman says politely: «I think we had better move farther back into the shop. The window might break and cut you»”54. Mediante la atención a los detalles, Gellhorn crea un estilo personal, original y minimalista que consigue traer al frente lo que habitualmente se encuentra en los márgenes de la información bélica: los ancianos, los niños, las mujeres, los heridos civiles y los soldados que nunca podrán volver al frente. Experimenta continuamente con el lenguaje para tratar de recrear el sonido de las balas, los obuses y los morteros. Gellhorn visitó con frecuencia los hospitales de civiles y de militares. Describe soldados españoles y voluntarios de la Brigadas Internacionales que también esperan, a veces en vano, para poder volver al frente. Explica, sin escatimar en detalles, cómo las nuevas armas mutilan, ciegan, abrasan y destrozan los cuerpos de los soldados. Acerca de un herido ingresado en el Hotel Palace, reconvertido en hospital republicano, escribe: “There was nothing left except the eyes. He had been shot in his plane and burned, but he had been wearing googles and that saved 53 “El periodista que vivía en la habitación se había marchado a Londres el día anterior. «Bien», dijo el conserje. «No hay nada que hacer. Es muy lamentable». La camareras volvieron al trabajo. Un aviador bajó desde la quinta planta. Dijo que era repugnante; tenía dos días de permiso y esta cosa (los bombardeos) no cesaban. Era injusto; no estaba bien. Es más, dijo que un fragmento de obús había dado en su habitación y había roto sus artículos de aseo. Ahora saldría y se iría a tomar una cerveza. Esperó en la puerta a que cayera una bomba, y cruzó la plaza corriendo, llegando al café del otro lado de la calle justo antes del siguiente obús. No se podía esperar para siempre; no se podía tener cuidado durante todo el día”. 54 “Después de la tercera explosión, el dependiente dice cortésmente: «Creo que sería mejor ir más adentro de la ienda. El escaparate podría romperse y cortarse usted»”.
56 his sight”55. El pasaje en “The third winter” en el que Gellhorn visita un hospital de niños en Barcelona es uno de los más duros de la periodista: “There was not one child in the hospital for any peacetime reason, tonsils or adenoids or mastoid or appendicitis. These children were all wounded”56. Sin embargo, comprobó que, más que las heridas provocadas por los proyectiles, lo que estaba acabando con la vida de los niños hospitalizados de Barcelona era el hambre. Precisamente el hambre que sufre la población civil es uno de los aspectos de la guerra española que más impresionó a Gellhorn y así lo plasmó en sus reportajes. En la entrevista a John Pilger a la que se ha aludido anteriormente57, una Gellhorn octogenaria aseguraba que Franco había ganado la guerra con el hambre como arma más letal y que lo que la República no había podido soportar durante más tiempo era el hambre. Las imágenes de mujeres enlutadas haciendo cola por una escasísima ración de comida y niños con raquitismo son recurrentes. La infancia interrumpida por la guerra −niños que no pueden salir a la calle a jugar, niños cuyos colegios han sido bombardeados; otros que, cuando no han quedado huérfanos esperan, como Miguel, el nieto de los Hernández, a que su padre vuelva del frente− y la forma en que los niños se convierten en víctimas presentes y futuras, preocupaban especialmente a Martha Gellhorn. Fulgencio López, el niño refugiado que en “The Undefeated” (1945) personifica a todos los niños hambrientos de la República, es descrito así: “the little boy was fifteen years old though his body was that of a child of ten”. Cuarenta años después de la guerra, en “The Indomitable losers” (1976), Gellhorn explica cómo aún se puede distinguir una talla inferior a la media en los descendientes de los republicanos que no tuvieron otra salida que formar parte de una clase obrera hambrienta tras la contienda. En “City at War”, la autora explica cómo un miembro del “servicio de primeros auxilios para casas afectadas” sujeta con sumo cuidado, durante toda una mañana de trabajo, su ración diaria de pan mientras trepa por los escombros de las casas de Madrid. Seguidamente explica la razón de tanta preocupación: “he had to take it home; there were two little children there, and come death and destruction and anything else, the bread mattered”. La hija de los Hernández, de “The Third Winter”, también trabaja en una fábrica de municiones porque, a demás de estar bien pagado, “they get two rolls of bread each day as a bonus”58. Gellhorn, a medida que perfecciona su técnica narrativa y encuentra una voz propia, desarrolla una excepcional habilidad para describir los amasijos de hierro, madera y yeso en los que se han convertido las casas y los tipos de agujeros que dejan las balas y las granadas en las paredes de las casas. En “City at war” el Hotel Florida, donde se aloja, es bombardeado y, con 55 “No quedaba nada salvo sus ojos. Le habían disparado en su avión y había ardido, pero llevaba gafas de aviador y eso salvó su vista”. 56 “No había ningún niño en el hospital por razones propias de tiempos de paz como amigdalitis, adenoides, mastoides o apendicitis. Todos estos niños habían sido heridos”. 57 Entrevista de John Pilger a Martha Gellhorn, 1983. The Outsiders: Martha Gellhorn. http://www.youtube.com/watch?v=GDFOZQzByfw, consultado el 12/08/13. 58 “tenía que llevarlo a casa; había dos niños pequeños allí, y a pesar de la muerte y la destrucción y todo lo demás, lo que importaba era el pan”; “les dan dos barras de pán de extra como incentivo”.
63 bombardeada o las raciones de comida que reciben cada una de las mujeres que hace cola en Barcelona. Puede esto deberse al hecho de que Hemingway ejercía como corresponsal de prensa diaria, y de él se esperase este tipo de noticias bélicas, mientras que Gellhorn escribía para semanarios, donde las historias de interés humano tenían su espacio natural. Y a pesar de poner el corazón en la causa republicana, al quedarse en la información más superficial, Hemingway no siempre consiguió que el mensaje de la causa llegara a la audiencia norteamericana y fue criticado en ocasiones por no ir más allá del estereotipo del bandolero español. Gellhorn, por el contrario, logra ponerse al nivel del lector y lo conduce, a través de su técnica de pequeñas pinceladas, de pequeños detalles, hasta los horrores de la guerra, mediante un mecanismo que podríamos comparar con el de las lentes de un zoom. Mientras que hay poco lugar para la espera en los artículos de Hemingway, Gellhorn se detiene, describe también la inacción y consigue una mezcla entre los breves momentos de intenso drama y los largos períodos de tiempo en los que no sucede nada, y es entonces la ocasión para conmoverse con los efectos de los bombardeos. En esta deriva narrativa se mueve su reporterismo de guerra. Gellhorn trata con enorme respeto y compasión a los heridos y a la población civil. Sin embargo, Hemingway usa cierto tono paternalista y condescendiente con ellos72 y, en ocasiones, describe a los españoles como personajes estereotipados, como el chófer borracho al que no deja conducir en “Spanish fatalism Typified by Driver” (New York Times, 23 de mayo, 1937). Gellhorn describe el olor de los cadáveres de Belchite y cómo las pertenencias de los campesinos esparcidas por los bombardeos revelan detalles de sus vidas, mientras que Hemingway se centra en el número de bajas. Quizá la mayor diferencia entre ambos sea la presencia constante de Hemingway en sus despachos. ‘This correspondent’ o ‘Your correspondent’ sustituyen en ocasiones a la primera persona e incluso cuenta cómo él mismo aporta ideas tácticas durante una ofensiva, como si se tratase de un soldado más. El ‘I’ de Gellhorn da cierta idea de ansiedad en la búsqueda de la una voz propia en un escenario tan extraño como nuevo y cruel. Rollyson sostiene que, en cierto modo, Gellhorn tuvo más suerte que Hemingway porque éste llegó España con un estilo muy definido y una identidad reconocida como corresponsal y hombre de ficción: “sus despachos muestran que se había convertido en prisionero de su public persona” (Rollyson, 2001: 76). De hecho, Murray Sperber no incluye en su antología ninguno de los despachos de Hemingway, pero sí noticias que hablan de la presencia de Hemingway en España73 (Sperber, 1977:168-170). 72 En “War is reflected vividly in Madrid”, Hemingway escribe acerca de un muchacho que ha sido herido por una granada: “It was the sort of way every one would like to have been wounded. But I wanted him to think I believed” (New York Times, 25 de abril, 1937). 73 “Hemingway sees defeat of Franco”, New York Times, 19 de mayo de 1937. El cuerpo de la noticia recoge las declaraciones del periodista, en las que afirma que la guerra no durará más de dos años y que los rebeldes no podrán capturar Madrid, como si fueran certezas, gracias a la autoridad que le confería el estatus de novelista reconocido. Incluso asegura que ve poco probable un conflicto a escala mundial. Él es la noticia. La segunda noticia se publicó
64 Muchos críticos coinciden en que, aunque nunca sería ni de lejos tan buena novelista, Martha poseía dotes que la convertirían en mejor corresponsal que el Premio Nobel. Phillip Knightley considera que el trabajo de Hemingway en España carece de la intensidad, unidad y cercanía de Gellhorn. Hemingway aporta una visión de conjunto de la guerra, es un corresponsal de campo de batalla que refleja sólo quién gana y quién pierde, mientras que Gellhorn pone el foco en los efectos de la guerra sobre el individuo (Knightley citado en Rollyson, 2001:77). Rollyson resume las diferencias entre ambos mediante una crítica abierta a Hemingway: “(Gellhorn) su rango era más estrecho pero más profundo. Nunca se aproxima a un material con los aires de un gran novelista, consciente de guardar las mejores palabras para Por quien doblan las campanas, que (él) esperaba fuera considerada como la obra de ficción definitiva sobre la Guerra Civil. Ella puso todo lo que tenía en sus miniaturas de guerra” (Rollyson, 2001: 76-77). Caroline Moorehead sostiene que “a sus veintiocho años cubría su primera guerra, escribía mejor que la mayoría de ellos y, en muchos sentidos, mejor que Hemingway, el corresponsal de guerra profesional, cuyas historias de España eran a menudo inventadas y centradas en sí mismo”74 (Moorehead; 2004:146). Gellhorn nunca mencionó a Hemingway en sus artículos y vetó cualquier pregunta acerca de él en entrevistas durante toda su vida. Sin embargo, y muy a su pesar, nunca consiguió dejar de estar eclipsada por él, especialmente cuando el suicidio de Hemingway expandió su aura, elevándolo a la categoría de mito americano y en ocasiones manifestó su temor a verse reducida a “una nota a pie de página” en la historia. (Ballesteros, 2008:20). En sus cartas Gellhorn reconocía que era “amargamente injusto” ser reconocida por su relación con Hemingway: “Si no hubiera estado casada (4 años) con EH toda esta basura me habría dejado en paz” (Ostoyich, 2006:106). Anécdotas personales aparte, fue el excelente nivel del trabajo periodístico que Martha Gellhorn alcanzó durante su estancia en España (que no hizo sino perfeccionarse a lo largo de su extensa carrera), lo que le confiere un elevadísimo estatus profesional en la historia del periodismo. también en New York Times el 9 de julio 1937 y titula “President sees war film. Hemingway Picture of the Spanish Revolt shown at the White House”. En el segundo párrafo del breve se menciona al realizador de la cinta, Joris Ivens. 74 El hecho de que Hemigway se refiera a Franco como “el Generalissimo” denota cierta falta de conocimiento real acerca de la terminología de la guerra y los entresijos del conflicto, algo cuando menos curioso para un periodista de su talla.
65 5.CONCLUSIONES El análisis exhaustivo de las composiciones fotográficas de Gerda Taro y de los reportajes de Martha Gellhorn nos ha permitido cumplir con dos de los objetivos generales y fundamentales de este trabajo: a) conocer la imagen que de la Guerra Civil española observaron, reprodujeron y recrearon, así como difundieron en el extranjero, estas corresponsales de guerra; b) ordenar, situar y aclarar la vida y el quehacer periodístico de dos mujeres emblemáticas para la profesión y para el reporterismo de guerra en particular. Las motivaciones ideológicas, el periplo vital y el desarrollo de la labor en España de Taro y Gellhorn, que hemos podido reconstruir en este trabajo, nos lleva a concluir que se trata de dos casos paradigmáticos. Estudiarlas nos permite extraer una serie de ideas generales aplicables a la gran mayoría de periodistas e intelectuales que vinieron a España en este período. No deja de resultar paradójico cómo dos periodistas cuya vida fue diametralmente opuesta ─ diferencias de orígenes y posición social aparte, Taro falleció cuando apenas acababa de comenzar su carrera, mientras que Gellhorn tuvo una vida extensa y una carrera de largo recorrido,─ produjeron durante su estancia en España reportajes fotográficos y escritos que bien podrían haberse complementado unos a otros en las páginas de cualquier periódico o revista de la época. Tuvieron en común, eso sí, un origen judío, unas convicciones políticas claras y, también las dos, mantuvieron relaciones con periodistas que acabarían convirtiéndose en mitos, precisamente por su visión de la España del momento, por lo que el trabajo de estas dos mujeres reporteras durante la Guerra Civil siempre se vería eclipsado, aunque esto fuera mucho más evidente en el caso de Gerda Taro. La consulta de reportajes, fotografías, y memorias de mujeres que informaron desde España y del análisis detallado de la obra de Gerda Taro y Martha Gellhorn, nos permite demostrar que la afirmación que realizaba el hispanista Valentine Cunningham respecto al papel de las mujeres en la Guerra Civil española75 no se ajusta completamente a la realidad. Las reporteras extranjeras no interpretaron papeles tradicionales en modo alguno, ni en el ámbito personal, ni el profesional. El hecho de que las reporteras fueran solas a un país extranjero en guerra ya era de por sí un acto poco convencional, más aún cuando se dedicaron en España a una tarea tan lejana de las tradicionalmente femeninas como es el periodismo de guerra. Las fotografías de Gerda Taro en el frente o los testimonios de Martha Gellhorn visitando hospitales, transportando sangre al frente o siendo sorpendida por el fuego abierto entre trincheras, sitúan a las periodistas en los mismos lugares y dedicadas a las mismas tareas que sus compañeros. Estuvieron presentes en los mismos escenarios y se encontraron expuestas a 75 “…lo que también se observa al considerar los textos de estas mujeres es que el grado de participación de las mujeres en España continuaba los moldes tradicionales. En términos generales, en España eran los hombres quienes iban a luchar dejando atrás a sus mujeres para llorar su ausencia o su perdida” (Cunningham, 1986:xxxii)
66 los mismos peligros que sus colegas varones. De hecho, Gerda Taro fue la primera corresponsal que falleció mientras realizaba su trabajo en medio de una de las batallas más cruentas de la guerra. La profesora Aránzazu Usandizaga planteaba la emoción como elemento diferenciador en los escritos de las extranjeras que estuvieron en España; una emoción que, si bien tradicionalmente ha sido asociada a lo femenino de forma peyorativa, en este caso aparecía dignificada, puesto que servía para demostrar la pasión de estas mujeres por transmitir la realidad de España en guerra. Para poder comprobar si existe esa emoción como un rasgo distintivo de una voz eminentemente femenina en las reporteras de este período, hemos acudido no ya al estudio minucioso de la obra de Taro y Gellhorn, sino a la investigación de fotografías, reportajes y crónicas escritas también por varones y lo cierto es que no se han encontrado diferencias notables entre las formas de expresión masculinas y femeninas, al menos en lo que respecta a esa emoción. Es más, se ha podido concluir que ese rasgo apasionado y emotivo se extiende a gran parte del periodismo y de la literatura de la Guerra Civil escrita por hombres y mujeres. No hay menos emoción en la descripción de la matanza de Badajoz en los despachos de Jay Allen para The Chicago Tribune, en la narración de Arthur Koestler de su propio cautiverio en el bando nacional76 o las fotografías de Capa de la despedida de las Brigadas Internacionales, que en los reportajes de Martha Gellhorn, las memorias de Lillian Hellman o las instantáneas de Gerda Taro. La emoción, la exaltación de los valores defendidos por unos u otros para describir la contienda española como una batalla épica, es común a hombres y mujeres. El componente político y moral de la guerra y las pasiones que levantó entre los extranjeros hizo de la emoción una expresión del compromiso emocional que no sólo está presente en la escritura femenina. El trabajo de las corresponsales alcanzó al mismo nivel periodístico que el de cualquiera de sus compañeros a pesar de que la mayor parte de ellas tenía poca experiencia previa en el periodismo, mientras que los enviados especiales eran, a menudo, las figuras más reconocidas de cada periódico. Se trataba de mujeres jóvenes que, como es el caso de Taro y Gellhorn, fueron desarrollando un estilo propio y aprendiendo los entresijos de la profesión a la vez que se desarrollaba el conflicto. En pocos meses consiguieron colocar sus reportajes en las revistas y periódicos de información general ─ no sólo en las revistas femeninas─ más prestigiosas de Europa y Estados Unidos y que sus nombres aparecieran en portada como sinónimo de profesionalidad y veracidad. Otro de los objetivos de este análisis era comprobar si las periodistas desarrollaron una visión particular acerca de la guerra común a todas ellas que las caracterice como grupo. El aspecto del discurso donde las mujeres marcaron una diferencia respecto a los hombres fue en la 76 ‘Slaughter of 4,000 at Badajoz’, Jay Allen para The Chicago Daily Tribune. ‘Koestler’s Own Story’, News Chronicle, en And I Remember Spain. A Spanish Civil War Anthology editada por Murray Sperber.
67 selección de los aspectos de la guerra que utilizaron para narrar lo sucedido. Mientras que los corresponsales se decantaron por el periodismo objetivo, por la narración de la contienda a través de los acontecimientos bélicos, los datos y las cifras de heridos y bajas, las reporteras se alejaron del discurso oficial y de la enumeración de hechos y datos para acercarse a los márgenes de la guerra. Mientras que los protagonistas de los despachos de los varones eran con frecuencia los altos cargos militares y gubernamenales, las mujeres dieron voz y pusieron rostro a los soldados convalecientes en los hospitales, a los voluntarios de las Brigadas Internacionales y, sobre todo, a la población civil. Colocaron en el centro de sus reportajes y fotografías a quienes eran víctimas y héroes anónimos a la vez: a las mujeres, a los niños y a los ancianos. En lugar de poner el acento en lo épico, en las acciones de los héroes de guerra, como solían hacer los corresponsales, las mujeres narraron el drama de la guerra, vieron la lucha fraticida con horror y simbolizaron la inutilidad de la guerra poniendo el foco en el débil, en quienes más sufrían, con frecuencia, en los niños. Gellhorn, mediante el periodismo narrativo fundamentado en lo experimental, lo testimonial y Taro, mediante el desarrollo de una técnica fotográfica que conseguía cristalizar en composiciones certeras historias personales y colectivas. De alguna forma, complementaron la información de sus compañeros al detenerse en los detalles, en aspectos de la guerra que de otro modo habrían permanecido ocultos. Sus descripciones y fotografías de las ciudades sitiadas, los refugiados, de las familias hambrientas y sin casa por culpa de los bombardeos, supusieron una nueva forma de aproximarse a la guerra y conformaron un lenguaje adaptado a una guerra sin precedentes, un discurso que se repetiría apenas dos años después, durante la Segunda Guerra mundial. El discurso de las periodistas acerca del conflicto estuvo profundamente determinado por un firme compromiso ideológico y moral con la República que, con frecuencia, había comenzado a fraguarse durante los años previos a su llegada a España. La compasión y el respeto con el que describen a la población civil del bando republicano es una característica común a todas las periodistas. Brigadistas y ciudadanos españoles aparecen retratados en las fotografías de Taro y descritos en los reportajes de Martha Gellhorn con una dignidad, estoicismo y valor dignos de la máxima admiración. Con el fin de atribuir a voluntarios y españoles una fortaleza sin ambages, se sirvieron de diferentes técnicas que permitieron dotar a sus trabajos de una notable fuerza expresiva. Gerda Taro utilizó imágenes en movimiento en el fragor de la batalla o composiciones de armonía pictórica para retratar el dolor y la espera, mientras que Martha Gellhorn dejó hablar a las víctimas a través del monólogo interior o el diálogo y experimentó con la capacidad del lenguaje para reproducir detalles sensoriales que permitieran al lector sentirse en España. Mediaron así la realidad con la única intención de crear mensajes eficaces, fotografías y reportajes que hicieran llegar al resto del mundo lo que sucedía en España y alertasen de que la no intervención conllevaría fatales consecuencias.
68 Las reporteras que vinieron a España albergaban también un sentimiento de solidaridad con las mujeres españolas y dieron muestra de su cercanía moral y política en los numerosos retratos que hicieron de ellas. Existían en España mujeres conscientes de encontrarse en un momento clave en el proceso de lucha por la emancipación, mujeres activas que al principio de la guerra se habían alistado en las milicias. Reporteras como Gerda Taro se interesaron por las milicianas durante los primeros meses de la guerra y llevaron a la prensa el importante papel que las mujeres estaban desarrollando en todos los ámbitos. Sin embargo, al contrario de lo que cabría esperar de estas New Women, periodistas como Martha Gellhorn reflejaron con mayor frecuencia a las españolas como mujeres tradicionales que, con gran fortaleza pero de forma pasiva, soportaban los acontecimientos desde la retaguardia. Esta imagen concuerda con el discurso en materia de género que el Gobierno trató de difundir cuando, a partir de la unificación de las milicias en marzo de 1937, se apartara a las mujeres de las milicias. Los medios de comunicación y propaganda que al inicio de la guerra habían animado a las mujeres a alistarse al ejército, meses después dieron muestra de la misma doble moral del Gobierno de la República y solo albergaron la imagen de la mujer fomentada por el mismo. Lo que las reporteras vieron en España, y por tanto retrataron, y la selección del contenido de revistas y periódicos estaba determinado por el discurso que el Gobierno quería difundir. Por lo tanto, podríamos conjeturar que el testimonio que las corresponsales ofrecieron de las mujeres españolas era, en gran medida, el resultado de una serie imagenes construidas desde las instituciones republicanas para restringir el papel de las mujeres en la guerra Finalizada la contienda, la historia de las corresponsales en España discurrió de forma paralela a la de las mujeres republicanas, por el camino del olvido. A pesar de la posición alcanzada durante la contienda, muchas de las periodistas que informaron desde España fueron víctimas de la discriminación y la indiferencia después de la guerra. La dictadura franquista relegó al olvido a las republicanas y a los derechos recién adquiridos por las mujeres durante la Segunda República, mientras que el clima de anticomunismo que reinó, después de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, dificultó la carrera de muchas de las periodistas que habían apoyado la causa sobre las que siempre planeó la sombra del comunismo. Después de la Guerra Civil española, la cultura patriarcal en la que se encontraba instalado el poder de dictaduras o democracias de cualquier signo político encontró fórmulas para seguir sometiendo a las mujeres y limitando sus posibilidades de expresión durante décadas. Este estudio pretende llamar la atención sobre el incuestionable valor que poseen los trabajos de las reporteras extranjeras sobre la Guerra Civil española, no sólo desde lo informativo y periodístico, sino también por el particular valor testimonial de una época en la que las mujeres periodistas apenas acababan de comenzar su andadura en una profesión tradicionalmente reservada a los hombres. Esperamos, en definitiva, haber contribuido a rescatar del olvido los nombres de estas mujeres pioneras con la esperanza de que, en un futuro próximo, no ocupen
69 capítulos aparte en estudios y antologías sino que sean estudiadas como se merecen, al lado de los periodistas que sí son desde hace años objeto de interesantes estudios; para que no sigan siendo, en palabras de Martha Gellhorn, “notas al pie de página” de la Historia o permanezcan desconocidas durante décadas siendo, como Gerda Taro, poco más que “la sombra de otro”.
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