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Abstract

Desde hace décadas, se está evidenciando un creciente interés por los testimonios que hacen referencia a lo real en medios como la literatura o el espectáculo. En el ámbito creativo del periodismo, esta búsqueda de veracidad y esta demanda de historias personales, se traduce en la personificación de las noticias y en la figura de un narrador protagonista. Lejos de perseguir el dogma de la objetividad, estos periodistas literarios reivindican su visión subjetiva. Desde la narración en primera persona del singular se proyecta su construcción del yo con una tendencia cada vez más decidida a expresar aspectos de la intimidad del periodista. Las referencias autobiográficas del autor provocan una objetivación de los hechos y la cercanía de la primera persona consigue un fenómeno de humanización y de empatía hacia el narrador. Los periodistas literarios que eligen esta forma de narración se muestran ante los lectores como alguien honesto, auténtico y humano. Algunos de sus recursos son el tono confesional, la voz sincera o la elección de temas que van desde lo cotidiano a lo espectacular. En este marco se desarrolla el trabajo de la cronista Gabriela Wiener que realiza un periodismo etiquetado como “gonzo kamikaze”, que se caracteriza por el punto de vista subjetivo, la narración de vivencias propias y la transgresión. En este trabajo se lleva a cabo un análisis cualitativo del discurso de Wiener, que da muestra de fenómenos como la espectacularización del yo y la exhibición de la intimidad tanto propia como ajena. El objetivo es demostrar cómo en este contexto de búsqueda de lo real, se lleva a cabo un periodismo de inmersión y decididamente subjetivo que conecta cada vez más con el público que demanda experiencias informativas nuevas. Escario Lostao, Inés; Angulo Egea, María

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Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es Trabajo Fin de Grado El periodismo kamikaze de Gabriela Wiener: subjetividad, honestidad y espectáculo Autor/es Inés Escario Lostao Director/es María Angulo Egea Departamento de Lingüística General e Hispánica Facultad de Filosofía y Letras 2013 2 Índice Resumen ........................................................................................................................... 3 1. Introducción .................................................................................................................. 4 2. Marco teórico ................................................................................................................ 6 2.1. Recorrido histórico por el periodismo literario ...................................................... 6 2.2. Periodismo literario: subjetividad y honestidad ..................................................... 8 3. El periodismo kamikaze de Gabriela Wiener ............................................................. 14 3.1. El tratamiento del yo ............................................................................................ 16 3.1.1. El yo íntimo ....................................................................................................... 17 3.1.2. El yo espectacular ............................................................................................. 20 3.2. La voz intimista ................................................................................................... 25 3.2.1. La voz franca y auténtica .................................................................................. 25 3.2.3. La voz humorística ............................................................................................ 29 3.3. La mirada ............................................................................................................. 29 3.3.1. La mirada freak ................................................................................................. 30 3.3.2. La mirada transgresora ...................................................................................... 32 3.4. El tono confesional y autobiográfico ................................................................... 34 4. Conclusiones ............................................................................................................... 41 5. Bibliografía ................................................................................................................. 45 ANEXO I Entrevista en profundidad a Gabriela Wiener ANEXO II Entrevista a Gabriela Wiener publicada en la revista FonteraD 3 Resumen Desde hace décadas, se está evidenciando un creciente interés por los testimonios que hacen referencia a lo real en medios como la literatura o el espectáculo. En el ámbito creativo del periodismo, esta búsqueda de veracidad y esta demanda de historias personales, se traduce en la personificación de las noticias y en la figura de un narrador protagonista. Lejos de perseguir el dogma de la objetividad, estos periodistas literarios reivindican su visión subjetiva. Desde la narración en primera persona del singular se proyecta su construcción del yo con una tendencia cada vez más decidida a expresar aspectos de la intimidad del periodista. Las referencias autobiográficas del autor provocan una objetivación de los hechos y la cercanía de la primera persona consigue un fenómeno de humanización y de empatía hacia el narrador. Los periodistas literarios que eligen esta forma de narración se muestran ante los lectores como alguien honesto, auténtico y humano. Algunos de sus recursos son el tono confesional, la voz sincera o la elección de temas que van desde lo cotidiano a lo espectacular. En este marco se desarrolla el trabajo de la cronista Gabriela Wiener que realiza un periodismo etiquetado como “gonzo kamikaze”, que se caracteriza por el punto de vista subjetivo, la narración de vivencias propias y la transgresión. En este trabajo se lleva a cabo un análisis cualitativo del discurso de Wiener, que da muestra de fenómenos como la espectacularización del yo y la exhibición de la intimidad tanto propia como ajena. El objetivo es demostrar cómo en este contexto de búsqueda de lo real, se lleva a cabo un periodismo de inmersión y decididamente subjetivo que conecta cada vez más con el público que demanda experiencias informativas nuevas. Palabras clave: Gabriela Wiener, subjetividad, periodismo gonzo, narradorprotagonista, espectáculo, intimidad, honestidad. 4 1. Introducción Las historias reales son cada vez más demandadas en la sociedad actual. El interés por las vidas ajenas se hace evidente en todos los ámbitos: desde la literatura, a la televisión o al espectáculo. Así, la exposición de la intimidad, la confesión o el exhibicionismo se han convertido en productos mediáticos en alza. Los reality shows o los blogs a modo de diario personal en la web son claros ejemplos de este fenómeno. En el periodismo también se refleja esta demanda de historias reales que se traduce en la personificación de las noticias o en la emergencia del narradorprotagonista que cuenta las historias desde la primera persona del singular. Estos periodistas literarios reivindican su visión subjetiva dejando atrás el dogma de la objetividad. La narración en primera persona es la atalaya desde la que proyectan su construcción del yo con una tendencia cada vez más proclive a expresar los aspectos más íntimos del periodista. Las referencias autobiográficas del autor provocan una objetivación de los hechos y la cercanía de la primera persona consigue un fenómeno de humanización y de empatía hacia el narrador. Mediante recursos como la voz sincera, el tono confesional o la mirada sobre temas que van de lo banal hasta lo espectacular; los periodistas literarios que narran en primera persona se muestran ante los lectores como alguien honesto y, sobre todo, auténtico y humano. En este marco, se inscribe la cronista Gabriela Wiener (Lima, 1975) cuyo trabajo periodístico será objeto de análisis más adelante. Esta periodista es un buen ejemplo de la extensión de este proceso general de exhibición de la intimidad y de espectacularización del yo que se concreta en su periodismo de inmersión autodenomindado como “gonzo kamikaze”. Referencia en el periodismo literario en primera persona, el discurso de Wiener ha sido escogido por su transgresión temática (sexualidad, aspectos íntimos y existenciales), metodológica (inmersión extrema) y narrativa (tono confesional y autobiográfico). La metodología que se utiliza para demostrarlo es el análisis cualitativo del discurso de sus crónicas y de otras expresiones artísticas de la autora. Otro de los materiales importantes para el desarrollo del trabajo es la entrevista en profundidad1 1 Todas las referencias a citas de la cronista Gabriela Wiener pertenecen a la entrevista en profundidad realizada a la autora en Madrid el día 18 de mayo y que se adjunta como Anexo I. Una versión reducida de esta entrevista que se adjunta como Anexo II fue publicada en la revista digital FronteraD el día 5 de septiembre de 2013. Disponible en: http://www.fronterad.com/?q=gabriela-wiener-y-cronica-en-comicvision-periodismo-en-primera-persona 5 realizada a la cronista, que ha servido como orientación y complemento al análisis del discurso. Este análisis, apoyado por un marco teórico y de lectura consistente, aborda el contexto sociológico y periodístico en el que surge la obra de la periodista Gabriela Wiener. En el ámbito sociológico se observa una creciente tendencia a la búsqueda de lo real e interés por las vidas ajenas. Estos fenómenos influyen también el quehacer periodístico en el que prolifera el periodismo literario marcado por una decidida subjetividad. Ante este panorama propicio para las narraciones del yo, partimos de la premisa de que el periodismo en primera persona dota de credibilidad a la narración si se utilizan bien las herramientas que pone a disposición este privilegiado punto de vista. El transgresor trabajo periodístico de Gabriela Wiener nos servirá como ejemplo de alguno de esos recursos que consiguen que el periodista se proyecte hacia lector como honesto y su relato como veraz. 6 2. Marco teórico 2.1. Recorrido histórico por el periodismo literario Los orígenes del periodismo literario o narrativo se remontan a principios siglo XVIII, a la obra de Daniel Defoe (Norman Sims en KRAMER, 2001). Esta tendencia cobró fuerza con el modernismo a principios de siglo XX y se extendió con periodistas de la talla de James Agee, Ernest Hemingway, Lillian Ross y John Steinbeck. Su consolidación llegó en los años 60 cuando el periodismo literario se popularizó bajo la etiqueta de “Nuevo Periodismo”, corriente que capitaneaba Tom Wolfe -escritor del libro Nuevo Periodismo (1976)- y que incluye a Truman Capote o Joan Didion. Con todo, pronto volvió a su redil: los grandes reportajes del Nuevo Periodismo o del Periodismo narrativo latinoamericano siempre han contado con seguidores y con lectores, pero no tantos como para convertirse en la corriente dominante y generalizada del periodismo. Pero sí como para haber adquirido en la actualidad un peso específico y un respeto entre la Periodística2. El periodismo literario se caracteriza por ser un macrogénero, abarca muchos géneros, y por su hibridez. Según Albert Chillón (1999), desde sus comienzos ha discurrido paralelamente a la novela moderna, aunque también ha absorbido rasgos propios de diversas modalidades literarias testimoniales como los diarios, las biografías, las autobiografías y memorias, las narraciones de viajes, las crónicas, la prosa costumbrista e incluso la literatura epistolar. Mark Kramer hace una especie de definición de este género en su prólogo de Periodismo literario titulado “Reglas quebrantables para los periodistas literarios” (2001)3. Estas son las características que puede tener un periodista literario según Kramer: 1) estos periodistas se internan en el mundo de sus personajes y la investigación sobre su contexto, 2) desarrollan compromisos implícitos de fidelidad y franqueza con sus lectores y sus fuentes, 3) escriben sobre todo sobre hechos comunes y corrientes, 4) utilizan una “voz intimista”, 5) tienden a utilizar un estilo sencillo y libre, 6) escriben desde una posición móvil desde donde pueden relatar la historia y dirigirse a sus lectores, 7) desarrollan una 2 Al margen de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano, que se ocupa de formar a periodistas en este ámbito y de universidades de prestigio tanto en América del norte como del sur, en concreto en España hay especialistas en este campo y va logrando su paulatina implantación en la academia. 3 La versión del prólogo en español de la obra Periodismo literario, que apareció en el número 32 de la revista El malpensante, está disponible en versión digital en: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=2349&pag=1&size=n 7 estructura que incluye una narración primaria y digresiones y 8) desarrollan el significado al construir las reacciones del lector (KRAMER, 2001). La mayoría de los que cultivaban el Nuevo Periodismo comenzaron a publicar con éxito en revistas especializadas en temas sociales y culturales, como Rolling Stone, Esquire, New York, Ramparts o The New Yorker. The New Yorker fue el escaparate, mediante cuatro entregas sucesivas, de la novela reportaje de Truman Capote, A sangre fría4. Esta obra de referencia avalada por la crítica marcó un antes y un después en la historia del periodismo, pues consagró un género literario muy ligado a las técnicas periodísticas y a la ansiada búsqueda de verdad o al menos veracidad: la novela de no ficción. Paralelamente al fenómeno de la novela de no ficción en Estados Unidos, surgía en el sur del continente otro boom literario provocado por la pluma de escritores como Cortázar, García Márquez o Vargas Llosa. La literatura y el periodismo sudamericanos se especializaron en una forma de narrar precisa, más bien una forma de contar: la crónica. Encontrar una definición concreta de crónica es algo complejo. El escritor Darío Jaramillo deja clara la dificultad de la cuestión en su prólogo de Antología de la crónica latinoamericana actual. Por eso, menciona a Juan Villoro y su concepto de la crónica como un ornitorrinco: “La crónica es un animal cuyo equilibrio biológico depende de no ser como los siete animales distintos que podría ser” (en JARAMILLO, 2012: 15). Esta concepción de la crónica como género híbrido hace que se haya convertido en Latinoamérica en el tubo de ensayo de los jóvenes periodistas que siguen la estela del periodismo narrativo y del Nuevo Nuevo Periodismo5. Jaramillo ofrece su propia definición de crónica: “En cuanto a las maneras de reconocerla, la crónica suele ser una narración extensa de un hecho verídico, escrita en primera persona o con una visible participación del yo narrativo, sobre acontecimientos o personas o grupos insólitos, inesperados, marginales, disidentes, o sobre espectáculos y ritos sociales” (2012: 17). Esta libertad expresiva que emana del yo narrativo coloca a la crónica contemporánea en el punto de vista deliberadamente subjetivo. 4 Lejos de la subjetividad consciente del grupo capitaneado por Wolfe, la escuela New Yorker acogió los trabajos de periodistas como Lillian Ross, John Hersey o Truman Capote. Pretendían evitar cualquier manifestación del autor en el relato, con el propósito de conferirle una apariencia de objetividad y verosimilitud claramente deudora de los principios y los métodos de la novela realista (CHILLÓN, 1999). 5 La principal innovación del Nuevo Nuevo Periodismo es la convicción de que mediante una inmersión profunda, a menudo por un largo periodo de tiempo, en los temas que tratan pueden crear un espacio entre su perspectiva subjetiva y la realidad que están observando (BOYNTON, 2009: 18). 8 A pesar de la preeminencia de los géneros informativos e interpretativos en la prensa del siglo XX y la prensa actual, la crónica es un género esencial dentro de la prensa de masas. Aunque su historia comienza en la antigüedad 6, el principal antecedente de la crónica latinoamericana es la crónica de las Indias7. Más tarde, el dogma de la objetividad hizo mella en el género en el siglo XIX: “Después del auge modernista, la crónica permanece casi a escondidas durante una época en la que la noticia escueta y la prisa informática se convierten en dogma excluyente del periodismo”, apunta Jaramillo (2012: 12). Entrado ya el siglo XIX la crónica comenzó a despuntar a través de la publicación fragmentada de libros en periódicos y revistas. Aunque a mediados del siglo XX no existía en el sur del continente americano ninguna revista de periodismo literario del alcance de Rolling Stone, Esquire o The New Yorker, a finales de siglo comenzó a formarse una generación de jóvenes periodistas que encontraron finalmente un espacio para la crónica: las revistas consagradas al género8 como Gato Pardo o Etiqueta Negra. 2.2. Periodismo literario: subjetividad y honestidad Desde periodismo moderno del siglo XIX hasta el periodismo de nuestros días ha existido, en su vertiente oficial e institucional, una vocación de objetividad. Pero la actividad periodística pronto dio cuenta de la imposibilidad de reproducir informativamente la realidad tal y como es, de manera literal y unívoca. Esto supuso el fin del dogma de la objetividad como soporte capital de la conducta periodística. María Jesús Casals Carro explica en su manual Periodismo y sentido de la realidad. Teoría y análisis de la narrativa periodística (2005) la aceptación de que la objetividad es inalcanzable: “El problema es que alguna vez se haya considerado la objetividad como un dogma […] El postmodernismo periodístico rechazó el dogma, claro, para imponer 6 La historia de la crónica se remonta a la narración de viajes como, por ejemplo, los clásicos de Virgilio: La Odisea y La Eneida. También ha estado ligada siempre a los géneros testimoniales como El libro de las maravillas de 1298 del viajero Marco Polo que, como harían muchos otros, da cuenta de sus periplos y aventuras en ultramar. 7 Los cronistas de las Indias dejaron testimonio de la conquista de América -Diario de a bordo de Cristobal Colóno de los desmanes producidos por las colonias -Brevísima relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de las Casas. 8 Las revistas consagradas a las crónicas se han ido desarrollando en Latinoamérica a lo largo de las últimas décadas del siglo pasado. Etiqueta Negra en Perú; Gatopardo en Colombia, Argentina y México; El Malpensante y Soho en Colombia; lamujerdemivida y Orsái en Argentina; Pie Izquierdo en Bolivia; Marcapasos en Venezuela; Letras Libres en México y The Clinic y Paula en Chile son algunos de los ejemplos de estos espacios de crónica latinoamericana. 9 otro: sólo existe lo subjetivo porque toda palabra comunicada lo es, argumenta” (2005: 343). Frente a la norma académica de objetividad, la mayoría de los periodistas literarios intenta mostrar la realidad partiendo de su subjetividad: evidenciando desde el primer momento su propio punto de vista. Jorge Carrión apunta: “Contra la asertividad del periodismo tradicional, el autor reivindica siempre su derecho a una mirada personal y, si se tercia, dubitativa” (2012: 18, 19). En los años 60, ya dentro de este contexto, el periodista y escritor Tom Wolfe también enumeró las herramientas de un periodista literario, en su caso, del Nuevo Periodismo9. Chillón compara estas técnicas con las novelas realistas del novecientos debido a la caracterización indirecta de los personajes que da autenticidad y aporta al reportaje “plasticidad y capacidad de convicción” (1999: 257). Es decir, desde la subjetividad que produce la intromisión del autor y utilizando códigos de la novela realista se estaba consiguiendo una narración percibida como auténtica. Estos nuevos periodistas, conscientes de la imposibilidad de ser objetivos, asumían su papel de periodista observador o participante. Para ello, se sirvieron de técnicas ya comunes en la denominada “literatura del yo” que incluye las autobiografías, diarios o memorias. Así lo describe Wolfe en su obra Nuevo Periodismo (1976: 32): Esto [punto de vista en primera persona] conlleva una grave limitación para el periodista, no obstante, ya que sólo puede meter al lector en la piel de un único personajeél mismo-, un punto de vista que a menudo se revela ajeno a la narración e irritante para el lector. Según esto, ¿cómo puede un periodista, que escribe no ficción, penetrar con exactitud en los pensamientos de otra persona? La respuesta se reveló maravillosamente simple: entrevistándolo sobre sus pensamientos y emociones junto con el resto de cosas. La subjetividad que aporta la primera persona del singular no estaba reñida con la búsqueda de la verdad, o al menos con la autenticidad. Ellos reivindicaban la subjetividad y el uso de procedimientos de escritura literarios pero siempre unidos a la investigación periodística y a la veracidad documental. La personalización de las noticias continúa en la actualidad y está en auge: no sólo encontramos con cada vez más insistencia al narrador protagonista en los relatos 9 En esta especie de manual Wolfe vislumbraba una serie de características comunes que se estaban dando en las publicaciones estadounidenses de la época como 1) la construcción escena por escena, 2) el registro total del diálogo, 3) el punto de vista en tercera persona a través de un personaje y 4) el retrato global y detallado de los personajes (WOLFE, 1976). 16 3.1. El tratamiento del yo Una de las características principales del Nuevo Periodismo es el punto de vista espacial16: la narración en primera persona que convierte al periodista en testigo o en protagonista. Al elegir el punto de vista desde donde se cuenta una historia se está condicionando el grado de influencia que el periodista ejercerá sobre la crónica. En el caso de Gabriela Wiener, que se sitúa como narradora-protagonista, la inmersión como personaje es máxima. De hecho, Wiener es la protagonista absoluta de sus crónicas; tanto cuando experimenta ella misma la vivencia a lo gonzo, como cuando cuenta la historia de otros, que se convierten en coprotagonistas o, simplemente, personajes. En esta construcción del yo, el punto de vista y la voz de la narradora es un concepto clave a la hora de afrontar la credibilidad de sus testimonios. En el caso del periodismo kamikaze de la cronista Gabriela Wiener esta implicación se radicaliza, ya que se convierte en el eje y en la protagonista de cada una de las historias que narra. No solo utiliza la primera persona, sino que es la “primera persona” de sus crónicas. Este punto de vista interno no es el más indicado según los manuales clásicos debido a “graves problemas de credibilidad periodística” (CASSALS CARRO, 2005: 512): Uno de los problemas que ha suscitado la narrativa periodística ha sido el de la visibilidad del narrador. No se puede dar una norma axiomática porque la realidad lo desmentiría enseguida, y porque la libertad expresiva tiende a imponerse con una lógica aplastante. Pero parece, por lo que nos enseña la experiencia, que la presencia del periodista en sus reportajes debería estar plenamente justificada: bien como testigo o bien como conductor de una situación que de otro modo resultaría imposible, artificial. Pero ante este problema de credibilidad que plantea el periodismo clásico, surge una solución que radica, precisamente, de esa misma dudosa primera persona del singular: construir un yo que se muestre como sincero y que aporte autenticidad a la narración. La construcción del yo Gabriela Wiener, que recuerda tanto al Nuevo Periodismo como a la narrativa autobiográfica, se presenta en diferentes formas que pasan por un yo íntimo y un yo espectacular. Aparentemente, la intimidad y el espectáculo, que requiere una distancia entre el emisor y el receptor, parecen no casar demasiado bien. Pero, por el contrario, la cronista peruana construye a través de su narrativa un ethos que refleja tanto un yo íntimo como un yo espectacular. Gabriela Wiener es, de hecho, un buen 16 El punto de vista espacial es la relación que existe entre el espacio que ocupa el narrador en relación con el espacio narrado y se determina por la persona gramatical desde la que narra (CASALS CARRO, 2005: 517). 17 reflejo en el periodismo de un fenómeno que comenzó con la televisión pero que se ha desarrollado sobre todo en las últimas décadas con el auge de Internet: la exhibición de la intimidad. Para analizar la vertiente más sociológica de la exhibición de la intimidad hemos recurrido, entre otras, a una obra de Paula Sibilia, La intimidad como espectáculo (2009), que ensaya sobre las causas y consecuencias de querer ser visto. 3.1.1. El yo íntimo En esta era marcada por las pantallas y las miradas conviene hacer una diferenciación entre el ser y el hacer. En la actualidad, la visión que predomina en estos nuevos relatos se centra en el narrador protagonista mientras que “la acción objetivaaquello que se hacese desvaloriza en provecho de un incremento excesivo de la personalidad y de los estados emocionales subjetivosaquello que se es-” (SIBILIA, 2009: 72). Así lo expresó también Gabriela Wiener en la entrevista realizada en Madrid el día 18 de mayo de 2013: “Finalmente escribimos como los individuos que somos, con lo que tenemos. Mi escritura es también sobre una subjetividad y sobre un cuerpo: cómo se mueve ese cuerpo, dónde va, cómo se relaciona, interacciona... Mis temas son la sexualidad, el género, la familia, el amor, la muerte, el sexo... cosas en las que yo tengo mi mirada, evidentemente, marcada por el tipo de sujeto que soy”. Grabiela Wiener parte de esa base y en muchas ocasiones se centra más en las sensaciones que le producen ciertas acciones que en los hechos en sí. En su caso, esta expresión de sentimientos incluye también aspectos relativos a la intimidad. Para incluirlos en su narrativa hace uso de la “posición móvil” que Mark Kramer destaca como una de las características del periodismo literario (2001). Desde esta posición, el autor puede traer a colación las asociaciones que le despierta el tema, el contexto o los sucesos previos para luego volver a la historia principal. Mediante estas digresiones, la autora da una muestra muy particular de su intimidad como la que se observa en la crónica “Un fin de semana con mi muerte” (2011) en la que explora un curso vivencial con el objetivo de conocer tanto una experiencia cercana a la muerte, como su propia interioridad: Nadie diría que soy una persona gorda, pero tampoco nadie diría que soy una persona saludable. Y esa es una condición que he llevado durante todo este tiempo con orgullo, que me hace sentir viva y vivida, todo lo contrario a estar muerta: bebo, fumo, salgo de noche, me emborracho una vez a la semana y una vez a la semana muero de resaca, a veces me drogo, como comida basura, detesto la mayoría de las verduras, soy madre, no estoy bautizada, trabajo en una oficina, odio a la raza humana, soy esposa de 18 alguien, veo series de tv en streaming hasta las 3 de la mañana, no hago ejercicios, no tengo servicio doméstico, me paso diez horas al día frente a la pantalla, la única parte de mi cuerpo que se ejercita son mis dedos de la mano golpeando el teclado, como ahora. Es un milagro que mi culo no sea del tamaño del Brasil (74, 75). En este párrafo, la autora cuenta muchos aspectos íntimos relacionados con los hábitos de vida, la familia o la creencia. El tono confesional y reflexivo se repite a lo largo de toda la crónica en la que vamos conociendo progresivamente a la autora y familiarizándonos con ella gracias a estas muestras de su vida íntima. En este ejemplo, la cronista reproduce incluso uno de los ejercicios que realiza en el taller vivencial: Cosas que me hacen mal: estar todo el día conectada a Internet, ver el Facebook, las facturas, el KFC, el alcohol, las drogas, no estar con mi hija, mi infantilismo, el mundo literario, la presión de tener que escribir, el desprecio de la gente, la frivolidad, las injusticias, no estar en Lima, la sal, no hacer ejercicios, juzgar, juzgarme. Cosas que me hacen bien: el sexo, el amor de Lena, el amor de J, dar amor, ser amada, cocinar, escribir, dormir, salir y ver el sol, ver series con J, reír, no hacer nada en absoluto, hacer algo bien, la ternura, no estar en Lima, llorar, comer sano, sin sal (83). En “Un fin de semana con mi muerte” Wiener también habla de algo tan íntimo como los miedos: “Desde que tengo una hija, temo morir casi de cualquier cosa. De hecho, siento tanto miedo que no paso por debajo de los edificios en obras, ni bajo las grúas que llevan cemento, ni cruzo con el semáforo en rojo. Me cuido de que no haya ningún psicópata detrás de mí en el metro, que quiera empujarme. Si algún neonazi me insulta, ya no le contesto” (79) o sus pasiones y debilidades: “Estoy cansada. Me agota ser adulta, tener que hacerme cargo de todo, y, por eso, muchas veces he tenido ganas de enfermarme para que me cuiden y no hacer nada de nada. Sería tan feliz si pudiera quedarme en esta cama viendo teleseries todo el tiempo y aspirando alguna comida líquida por una cañita” (80). Estos sentimientos íntimos, con los que el lector se puede sentir identificado, humanizan su discurso y dejan ver un yo real, auténtico. En la crónica “Trans”, recogida en la recopilación de trabajos de Wiener, Sexografías (2008), la periodista se traslada a París para contar la historia de Vanesa, una transexual limeña que se gana la vida en la capital francesa como prostituta. Paralelamente a la historia de Vanesa, la periodista narra también la suya propia, marcada por su reciente maternidad. Así, refleja, por ejemplo, el problema de la lactancia: “He llegado a París esta mañana en un vuelo directo desde Barcelona con mi teléfono móvil muerto y las tetas llenas de leche. Para venir hasta aquí he dejado a mi 19 bebé de tres meses, pero mis pechos parecen no haberse enterado y tengo la sensación de que estallarán de un momento a otro” (2008: 48). Además de lo familiar, la exhibición de la intimidad de la cronista es también de carácter sexual. En “El planeta de los swingers”, donde narra la visita a un club de intercambio de parejas con su marido, la intimidad tanto de la cronista como de su pareja quedan totalmente expuestas: Nunca habíamos pisado un club como este, pero a J y a mí podrían considerarnos como una pareja liberal. Más por mí que por él. Me explico. Mi primera vez fue a los dieciséis años (nada raro). A la misma edad tuve mi primer trío (con un novio y una amiga) y mi primer trío con dos hombres completamente extraños (y con aquel antiguo novio de testigo). No es ningún récord, lo sé, pero es suficiente para que los liberales con membresía no me miren tan por encima del hombro. Después de cinco años juntos, J y yo contamos entre nuestras experiencias liberales con un intercambio frustrado y varios tríos, aunque siempre con una tercera mujer (2008: 149). El estilo de Wiener, directo y exhibicionista, que expone los aspectos de la vida más íntima como son el sexo o la sexualidad, es cada vez más común, sobre todo en Internet. Pero también en la literatura con casos de bestsellers como Cien cepilladas antes de dormir (2005) de la italiana Melissa Panarello que cuenta a modo de diario íntimo su frenética vida sexual a los diecisiete o La vida sexual de Catherine M. (2001), cuya autoraprotagonista narra a modo de autobiografía sus relaciones íntimas. Esta exposición de la intimidad despierta el interés de un público ávido de autenticidad cruda y desnuda. Pero la exhibición, sobre todo cuando está relacionada con la intimidad o la sexualidad de un individuo, no siempre es ampliamente aceptada en el espacio público como correcta o adecuada. Tradicionalmente, la introspección ha imperado frente a la exhibición y, de hecho, este fenómeno de publicación de lo íntimo continúa siendo bastante transgresor. La profesora Maite Gobantes destaca que este tipo de discursos que están fuera de lo “ampliamente aceptado” son susceptibles de provocar desprecio y rechazo (2009: 43). Así define la autora la intimidad y su relación con el pudor: La intimidad es un espacio protegido, una reserva, en donde se concentran las más raras especies de yos y, por tanto, del comportamiento humano, la mayor parte de las veces insospechado para los demás. […] Los yos íntimos son tan opuestos a los privados y públicos que difícilmente se supera el pudor que los mantiene secretos (2009, 49). Y añade una cita de Pessoa: “Todo lo íntimo es ridículo”. Así pues, si el espectador parte de esa base, o no se identifica con el sujeto, ni se siente atraído por el 20 ethos exhibicionista que emana de estos discursos, en palabras de Gobantes, “es muy posible que experimente dicha actuación como algo obsceno” (2009: 50). Gabriela Wiener, que realiza un periodismo de inmersión y además con temática muchas veces sexual, conoce bien esta situación. En 2008, con motivo de la promoción de su libro de recopilación de crónicas, Sexografías, la periodista publicó un vídeo en el que aparecía ella misma en ámbitos de su vida cotidiana, privada y en algunos momentos en posturas sugerentes y provocativas. Esto dio pie a todo tipo de reacciones en la plataforma Youtube que contenían mensajes peyorativos hacia la actitud exhibicionista de la cronista. María Angulo (2010: 165) reconoce también este fenómeno en las “literaturas del yo”, sobre todo femeninas: Juicios de valor sobre las autoras y sobre sus escritos que, a veces, son descalificadas por confundir al autor con el narrador. La voz subjetivamente descarada por la que apostado muchas periodistas no siempre responde a su yo íntimo (o sí, pero eso no es significativo, sino a un recurso literario tradicional que proyecta y construye un ethos o máscara narrativa). 3.1.2. El yo espectacular La exhibición de la periodista Gabriela Wiener llega a su punto álgido en la crónica “Prostituta Virtual”17 (2011) publicada en la revista Soho. La cronista cuenta una experiencia desde dos posiciones: por un lado, trabaja durante unas horas en un conocido portal de cibersexo y, por otro, bajo el seudónimo de “Feliciano” explora como cliente el mundo del sexo on-line. El ciberespacio es el medio idóneo para esta exhibición de la intimidad como espectáculo. Según Jesús González Requena, los tres factores constitutivos de la relación espectacular son: dos lugares, el del espectador y el del evento-espectáculo, separados por una distancia, tercer factor que actúa a modo de barrera y separa e impide al sujeto que mira introducir su cuerpo en el lugar del espectáculo (1985:38). La cronista da buena cuenta de este grado de intimidad y espectáculo que se realiza en una paradójica distancia: “Me preparo para un puñado de internautas que están ahora mismo en sus casas, tan solitarios como yo y esperando que los acompañe, los abrace con mi cercanía sin olor, con mi suavidad sin tacto, con mi desnudez sin cuerpo”; “Pegan sus glandes a nuestras bocas hechas de píxeles y expulsan sus lluvias digitales sobre nuestros cuerpos de pantalla plana. ¿Qué nos diferencia de un 17 Consultado el 2 de junio de 2013. Disponible en: http://www.revistasoho.co.cr/contenido/articles/1179/1/Prostituta-Virtual/Paacuteginas1.html 21 personaje de videojuego? No somos Lara Croft, sino la perra de la vecina. Por eso nos aman”. Como evidencia Wiener, la realidad referencial es lo que convierte al cibersexo en un espectáculo exitoso: “Si algo está claro es que yo soy mejor que cualquier peli porno. Soy una película que te saluda y te responde, que te llama de manera cariñosa y si quieres hasta puede charlar contigo el tiempo que quieras. Mejor para mí si solo quieres hablar”. Es lo que González Requena denomina como espectáculo de lo real que con la preeminencia de la televisión ha cobrado fuerza frente al espectáculo dramático del teatro o el cine (2009: 43). Pero el espectáculo de lo real que se ofrece en la crónica “Prostituta virtual” es doble. Por un lado, el espectáculo para el receptor que consume el cibersexo en la distancia y, por otro, el espectáculo para el lector que consume la crónica desde una distancia todavía mayor. En el caso de la crónica, una distancia tan grande como a la que se sitúa el lector puede acabar con esa concepción de espectáculo de lo real. Por eso, la revista Soho proporciona también en el artículo de “Prostituta virtual” una serie de fotos de la propia periodista en su función de webcamer. La construcción del yo en esta crónica es realmente interesante porque Wiener se convierte en un personaje triplemente ficcionalizado. En primer lugar, es la periodista que realiza la crónica: “Soy una chica normal, voy en metro, trabajo todos los días en una oficina, me llevo bien con mis vecinos”. En segundo lugar, se convierte en webcamer para lo que adopta una personalidad ficticia que está por construir: “Yo soy: 'Sexógrafa. 25 añitos. Dependienta. Pechos grandes, lengua larga'. Así me he publicitado durante toda la semana, con una serie de mentiritas piadosas (para mí misma). Pero la mentira está a punto de acabar. Me verán en directo. Me dirán quién soy”. Finalmente, crea una tercera personalidad ficticia, la del voyeur Feliciano con el que adopta un punto de vista que oscila entre la primera persona del plural: “Finalmente, Feliciano y yo nos fuimos por donde vinimos, pero primero le dijimos cobardemente a Melissa que en realidad éramos solo una chica peruana en piyama” y la primera y tercera persona del singular como muestra este diálogo: —¿Puedes mostrarme el culo? —le dijo tímidamente a Alicia mi álter ego Feliciano. —Claro, guapo. Lo que quieras. Míralo, ahí lo tienes. Me sentí complacida con su obediencia. En “Prostituta virtual” no es la primera vez que Wiener forma parte de un espectáculo. Para la narración del artículo “Formas de (no) ser puta en Lima” se sube al 22 escenario de un club de streeptease: “Entonces pasó. Me quedé petrificada. No podía moverme. No sé cuánto tiempo transcurrió entre mi ataque de pánico y mi expulsión vitalicia del mundo del striptease” (2008: 169). En otra de las crónicas de inmersión, Wiener se convierte en sumisa de la dominatriz Lady Monique en el Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona. Al subirse al escenario con ella, ser expuesta y sometida, se pone en el lugar del otro personaje de la crónica, Lady Monique, y de aquellos que practican también el sadomasoquismo. Esta es una de las impresiones que siente en el escenario: “Me zumban los oídos, como cada vez que me quieren vender algo por teléfono y usan un tono de voz tan cordial; cuando ocurre algo que no entiendo y no puedo controlar, y en su extrañeza y devenir me hipnotiza agudamente. Así me siento ahora. ¿Será esto placer?” (2008: 189). Paula Sibilia desarrolla en su ensayo La intimidad como espectáculo un concepto clave para entender este gusto postmoderno por lo real: la sed de veracidad que nos lleva a consumir “un tipo de yo más epidérmico y dúctil, que se exhibe en la superficie de la piel y de las pantallas” buscando “chispazos de la identidad ajena” (2009: 221). Muestra de esto es el auge de los reality-shows o, como relata Wiener en “Prostituta virtual”, del ciber-sexo. En las últimas décadas se está experimentando un cambio en las construcciones del yo que ya no son tan introspectivas o intimistas como tradicionalmente. Actualmente, hay una tendencia a la construcción de un yo más orientado a la mirada ajena o exteriorizada, lo que Sibilia denomina como personalidad alterdirigida (2009:28). Pero, ¿qué recursos utilizan estas personalidades alterdirigidas para conseguir ser percibidas como plenamente reales? La antropóloga da como respuesta la espectacularización del yo, una ficcionalización de la personalidad gracias a la ayuda de los recursos mediáticos. Las vidas privadas se transforman, entonces, en realidades ficcionalizadas como en las crónicas “Prostituta virtual”, “El planeta de los swingers” o Nueve Lunas, crónica del embarazo de la periodista. Como recurso mediático que ficcionaliza su personalidad, Wiener utiliza la narración de sus propias vivencias, sus sentimientos, en definitiva, plasma su visión de la realidad. A través de sus crónicas, que actúan a modo de micro novelas de verdad, explora aspectos de su vida privada mediante un estilo confesional y testimonial que utilizan cada vez más los periodistas profesionales en sus libros de no ficción. Pero para que ese yo alterdirigido sea visto entre tantos es necesario ser diferente, singular, original. Porque, en palabras de Sibilia, “la imagen de cada uno deviene su 23 propia marca, un capital tan valioso que es necesario cuidarlo y cultivarlo, con el fin de encarnar un personaje atrayente en el competitivo mercado de las miradas” (2009: 292). En el caso de Wiener, para la promoción de su libro Sexografías (2008) lo que se explota desde la editorial es la faceta más transgresora y provocativa de la cronista. Así se presenta a Wiener en la contraportada de su recopilación de crónicas: Un viaje kamikaze lleva a la cronista Gabriela Wiener a infiltrarse en las cárceles limeñas, exponerse a intercambios sexuales en clubs de swingers, transitar los oscuros senderos del Bois de Boulogne parisino para convivir con travestis y putas, someterse a un complicado proceso de donación de óvulos, participar en un ritual de ingestión de ayahuasca en la selva amazónica o a colarse en las alcobas de superestrellas del porno como Nacho Vidal. Todo con una única finalidad: conseguir la exclusiva más ególatra, el titular más sabroso y la noticia más delirante. Afortunadamente, esta joven heroína del gonzo más extremo sale indemne y puede contarlo, y lo hace con una mordacidad y una clarividencia digna de los mejores maestros de los años dorados del Nuevo Periodismo. Un recorrido temerario y trepidante por el lado más salvaje del periodismo narrativo. Una imagen de marca que se basa aquí en destacar los rasgos de lo que Javier Calvo denomina como “gonzo pornográfico” en el prólogo de Sexografías, inscribiendo a la periodista en el periodismo narrativo “más salvaje” y comparándola con los maestros del Nuevo Periodismo como aval. Además, en toda la descripción hay una connotación de valentía que se explicita con la calificación de “heroína del gonzo más extremo”. Esta valentía no solo se da en la elección de los temas, también en la exhibición de la intimidad que realiza en sus crónicas y que es susceptible, como hemos visto, de provocar muestras de desprecio. Para contribuir a la creación de una imagen de marca y habitar el imaginario espectacular, hay una tendencia a ficcionalizar en las pantallas de la industria cinematográfica a personalidades relevantes clásicas en su faceta más íntima. La ficcionalización en la gran pantalla también alcanza a los escritores que narran sus historias desde la perspectiva de su yo y que muestran en mayor grado su personalidad. El caso más próximo es el de la película Miedo y asco en las Vegas (1998), que retrata al carismático Hunter S. Thompson. También a Gabriela Wiener le han propuesto ser llevada a la pantalla. En concreto, a través de una serie audiovisual que narraría las historias recogidas en Sexografías y de una película de su crónica “Todos vuelven”. En este último relato utiliza la metonimia18 para narrar una realidad compleja a partir de la 18 La metonimia puede actuar por la vinculación que existe entre “una parte y el todo”, lo que se conoce como sinécdoque. La crónica basa su importancia en ese tropo. 24 historia de una sola persona: el regreso de su mejor amiga Micaela a Perú es un símbolo de la vuelta de los latinoamericanos a sus países de origen. Esta historia ha sido recientemente traducida a imágenes mediante una versión de cómic que ficcionaliza a Wiener, a Micaela y a todos los personajes involucrados mediante un rostro y cuerpo dibujado que contribuye a crear su imagen de marca. Aquí, el yo de Wiener cuenta con un recurso mediático más: la imagen. “La imagen es muy importante porque por un lado transmitirle al ilustrador detalles más 'gráficos' sobre el yo, físicos (le tuve que mandar fotos mías de niña, fotos de Mica, de nuestra infancia). Eso es lo que veo distinto en todo esto. El yo de alguna manera ya estaba creado en el texto previamente y lo que hay que hacer es pulirlo, sintetizarlo y plasmarlo en viñetas, además de pese a la edición procurar mantener el tono y la fuerza de esa voz”, explicó la periodista en la entrevista en profundidad en cuanto a la construcción de su yo en el cómic. La construcción del yo es siempre intradirigida y en algunos casos como el que nos ocupa, también alterdirigida. Pero la imagen de marca no se obtiene más que con la visibilidad. En este sentido, las nuevas prácticas expresan un deseo de evasión de la propia intimidad, ganas de exhibirse y hablar de uno mismo. Y con este gesto de proyección del yo y de visibilidad se contribuye a “satisfacer otra voluntad general del público contemporáneo: la avidez de curiosear y consumir vidas ajenas” (SIBILIA, 2009: 92). Estos tres conceptos de “proyección del yo”, “visibilidad” y “curiosidad por las vidas ajenas” son precisamente tres pilares del periodismo gonzo que se encuentra en un panorama claramente propicio para la expansión tanto en la prensa, como sobre todo en las pantallas de la Web 2.0 que facilitan el ansiado objetivo de ser visto. Pero esta tendencia exhibicionista y performativa no sólo se explica por la necesidad de ser visto para fortalecer la imagen de marca, sino también por el contexto postmoderno que invita a cada uno de los individuos a ser protagonistas de su historia: desde la más profunda intimidad, a la más banal cotidianidad. Esta performatividad, espectacularidad y yo íntimo se extreman en la performance “Dímelo delante de ella”, que Wiener lleva adelante con su marido. A través de una selección de los chats que han intercambiado en los últimos años, el matrimonio trata temas como el amor, el sexo, la creación o la vida en pareja. El juego de referencias a las inmundicias y clichés que se reproducen impunemente en las telenovelas es evidente. La revisitación de estos productos se realiza por medio de un juego de pantallas que deja al desnudo la intimidad propia de los chats. 25 3.2. La voz intimista “El libro cautiva porque su protagonista cautiva”, dice Javier Calvo en el prólogo de Sexografías (2008:11). Uno de los rasgos que provocan esta seducción es la voz intimista que Mark Kramer definía en “Reglas quebrantables para periodistas literarios” (2001) de la siguiente manera: Es la voz personal e intimista de una persona de carne y hueso con toda su candidez, que no representa ni defiende ni habla en nombre de una institución o de un periódico o de una compañía o de un gobierno, una ideología o un campo de estudio, ni de una cámara de comercio o un lugar turístico [...]. Lo que surge es una voz amigable, con conciencia de sí misma y un dejo humorístico, pero con autoridad. Es la voz que oigo en las comidas cuando la gente relata anécdotas. Al leerla, uno se siente acompañado. En el caso concreto de Wiener, esta voz intimista se caracteriza por la franqueza, la autenticidad y el tono humorístico. 3.2.1. La voz franca y auténtica En ocasiones, las señas de identidad del narrador pueden servir como refuerzo de la credibilidad que su ethos proyecta. Aristóteles establecía tres elementos constitutivos del ethos: la prudencia (frónesis), la virtud (areté) y la benevolencia (eunoia) (en LÓPEZ PAN, 2011: 57). La cronista Gabriela Wiener explota estas tres cualidades, pero en su narrativa impera, sobre todo, la benevolencia. Según López Pan, la benevolencia “caracteriza a quien se presenta como amigo del oyente o del lector, quien, entonces, no dudará de su intención”. Una de las estrategias consiste en mencionar detalles casi triviales, propios de la intimidad o a asuntos de la vida familiar (2011: 62). En el caso de Wiener, estos detalles están relacionados muchas veces con su condición femenina, lo que provoca una buena imagen de la cronista sobre todo en las mujeres, que se sienten más cercanas o incluso identificadas al leer aspectos relacionados con la feminidad como la menstruación: “Me ha venido la regla, con el equipaje listo y el pasaje comprado. Me han dicho que no se puede tomar ayahuasca con la menstruación. Según los curanderos, son energías que chocan entre sí. Este 'deshecho contaminante' perturba a la planta. Y yo que creía que la ayahuasca tenía género femenino” (2008: 83); la lactancia: “Al volver del baño, pienso que la naturaleza puede ser muy cruel. Ahora lo daría todo por unas tetas de silicona. Daría lo que fuese por liberarme de mi condición femenina por unas horas” (2008: 62); 32 Incluso ante alguien tan alejado del “lector tipo” como es la escritora Isabel Allende, la cronista invita a colocarse en su lugar en el perfil “Isabel Allende seguirá escribiendo desde el más allá”: Pero ponte en su lugar: haz el intento de apellidarte Allende en Chile, exíliate, cría a tus hijos, vive una doble vida, dedícate al periodismo y a escribir novelas, sé parte de esa generación de mujeres latinoamericanas que hizo todo esto a la vez y triunfa, bajo la todavía alargada sombra del Boom, un movimiento donde no había una sola mujer escritora de verdad, donde sólo había esposas amantísimas que lo hacían todo y todo lo hacían bien, para que sus esposos pudieran terminar sus libros y ganar algún día el Premio Nobel. Anímate a escribir en el extremo sur del continente sobre emociones y sexo en lugar de sobre túneles y laberintos. Y entonces postula a la eternidad. 3.3.2. La mirada transgresora El periodismo de Gabriela Wiener no solo es transgresor en el método de obtención de la información y en la posición del narrador sino también en la temática. Wiener utiliza temas como el sexo o la sexualidad para contribuir a la naturalización de ciertas conductas íntimas. María Angulo destaca esta fuerte reivindicación de lo femenino: Es este ethos exhibicionista, irónico y sincero el que subyaga al lector, que se siente fuertemente atraído, como un voyeur, por la personalidad desinhibida de esta mujer. Y digo mujer, y no solo periodista, porque gran parte del interés de estas crónicas y de sus testimonios se debe a su condición femenina (2010: 179). Aunque este ethos vaya intrínseco a su condición de mujer, Wiener reconoció en la entrevista en profundidad que tiene también un trasfondo político: “Por supuesto al principio de los tiempos no tenía tanta consciencia de eso, después sí que me he interesado en entender que también la exposición que hacía de mi intimidad y de las cosas personales tenía un punto decididamente político”. Pero este trasfondo político no está ligado al feminismo existencialista de Simone de Beauvoir, que encontraría prejuicios en comportamientos no censurados por la cronista, como ella misma manifiesta: Las señoras Badani han hecho pública su firme voluntad de abrazar, en pleno siglo XXI, las cadenas del amor y así son una patada en el hígado para cualquier feminista secuaz de Simone de Beauvoir. Las han tratado peor que borregas de un depravado pastor, pero al conocerlas a muchos les sorprende encontrarlas bonitas e inteligentes (2008: 27). 33 Su compromiso está más bien ligado a una nueva corriente, el postporno22, defendido en España por activistas como Itziar Ziga, Beatriz Preciado, María Llopis o Virginie Despentes23. La corriente del postporno está también encabezada en España por la filósofa Beatriz Preciado, autora de Testo Yonqui (2008), un ensayo en el que experimenta a lo gonzo los cambios de la testosterona en su cuerpo. La autora analiza el modo en que las estructuras políticas y de poder determinan la experiencia de la propia persona, la vivencia de nuestro cuerpo y, en consecuencia, el papel social que desempeñamos. Aunque el cambio social no es por lo general el principal objetivo de los textos de Wiener, en el asunto de la cultura porno realiza una crítica decididamente abierta que se orienta hacia la defensa de ese postporno que reclama otros cuerpos menos normativos y menos heteropatriarcales. Este fragmento pertenece a la entrevista realizada por Wiener a Nacho Vidal: No es cierto que a las mujeres no nos gusten algunas de estas barbaridades. No es cierto que abominemos del sexo anal, que repudiemos el semen corriendo como lágrimas por nuestros ojos, que nos sepan mal las fellatios, que nos duelan las cachetadas en las nalgas y que nos sienta que nos llamen putas al oído. No hay nada de machista en eso. Es sólo sexo. Lo que pasa es que, por lo general, no es lo único que a las mujeres (y seguro que tampoco a los hombres) les gusta del sexo. Pero el porno es el porno, el mercado manda y hay gente que vive de eyacular en la cara de las mujeres e incluso gente que se hace muy rica con ello, como Nacho (2008: 96). Al final del relato, la estrella del porno eyacula sobre los zapatos de la periodista. Aquí es donde aparece la divisa feminista quizá más clara de todo el articulismo de Wiener: “No sé qué gracia le encuentra al asunto pero ha eyaculado en un segundo sobre mis zapatos. No sé por qué, pero al irme con mis zapatos manchados siento que he vengado a todos los pedazos de carne de mi género que alguna vez le ofrecieron su cara” (2008: 105). La reivindicación de igualdad sexual no suele aparecer directamente en la obra de Wiener pero sí que se atisba, por ejemplo, con la elección de los temas de sus trabajos: la poligamia, el sadomasoquismo, el porno soft o la transexualidad son algunos de ellos. Desde las teorías feministas de Butler, Kristeva y otras pensadoras se ha abogado por la 22 El Postporno abarca una serie de discursos que rompen con el régimen hegemónico de representación de la sexualidad. Se trata de un movimiento principalmente dedicado a representar sexualidades alternativas o disidentes, sobre todo con fines político-sociales. 23 Algunas de estas activistas han publicado en la colección de UHF de la editorial Melusina en la que se acoge una serie de obras relacionadas con esta corriente como El postporno era eso, de María Llopis; Un zulo propio de Itziar Ziga y Teoría King Kong de Virginie Despentes. 34 plasticidad de la sexualidad del género humano, modelada y regulada en formas específicas y en situaciones históricas y culturales concretas. Es decir, según esta perspectiva, existen múltiples modos de feminidad (y de masculinidad), encarnados no sólo por diferentes mujeres, sino también, potencialmente, por las mismas mujeres en diferentes circunstancias (BARKER, 2003). En la sociedad se están observando importantes cambios que desmontan la familia patriarcal y el dominio y la superioridad masculina tradicionalmente imperantes. Wiener da muestra de este cambio en algunas de las crónicas de Sexografías como “El planeta de los swingers”. Con este juego transgresor comienza la crónica: “Esta noche me dispongo a ser infiel con permiso de mi marido”. Kathryn Woodward da cuenta también de estos cambios, en concreto en relación con la representación cambiante de la maternidad, en su ensayo Motherhood: identities, meaning and myths (1997). La figura de “madre independiente” emerge como una nueva representación, que no es una idealizada figura doméstica que solo se preocupa por el cuidado de los hijos, sino que es una representación que aboga por la independencia y el trabajo de la mujer y, en ese caso, madre (en BARKER, 2003: 172). Esta representación de madre independiente se observa claramente en la crónica “Trans” en la que, de forma paralela a la historia, desde una posición móvil, narra aspectos de su reciente maternidad, cómo ha dejado a su bebé de tres meses para ir a París y trabajar, pero también el sentimiento de culpa que eso le produce. 3.4. El tono confesional y autobiográfico La confesión es utilizada por Gabriela Wiener en alguna de sus crónicas, sobre todo, en las que tienen un componente autobiográfico más fuerte, que es una de las principales características de su narrativa. Wiener introduce en cada una de sus crónicas tranches de vie que dan más valor a su testimonio periodístico y a dos componentes muy importantes en su narrativa: la honestidad mediante la confesión y el pacto de confianza con el lector. “Lo que te voy a contar es cierto, yo estuve allí, yo lo he visto, yo lo he vivido”. El periodista como personaje participante y por lo tanto, “ficcionalizado” en el relato, es testigo y partícipe de las acciones que se desarrollan. Tom Wolfe (1976) explica que el punto de vista en primera persona significa una grave limitación para el periodista ya que solo puede meter al lector en la piel de un único personaje (él mismo) y no podrá penetrar con exactitud en los pensamientos de otra 35 persona. Pero ¿qué ocurre si es el propio periodista el que se convierte en “conejillo de indias” en esa experiencia a lo Wallraff? Es el caso de la autobiografía24 de Gabriela Wiener, Nueve Lunas -una especie de crónica a lo gonzo de su embarazoy alguna de sus crónicas como la de donación de óvulos “Adiós, Ovocito, Adiós”, o la del intercambio de parejas “El planeta de los swingers”. En todas estas crónicas, el valor testimonial de la periodista está conjugado con un importante trabajo de campo previo. Albert Chillón realiza una esclarecedora diferenciación entre la prosa memorialística y el periodismo: Conviene señalar que entre la prosa memorialística y la prosa periodística existen diferencias importantes, a pesar de la común filiación facticia de ambas. Los memorialistas están sometidos a la erosión implacable del tiempo, el deseo y el olvido, y sus testimonios tienden a prescindir del rigor en beneficio del inevitable egotismo, disimulado o manifiesto; la veracidad de este tipo de prosa pone el acento en la rememoración de la vivencia que el autor tuvo sobre los hechos evocados. Los cronistas y reporteros, por el contrario, deben servirse de procedimientos de indagación periodística para elaborar narraciones no ya meramente testimoniales, sino documentales: la veracidad aquí consiste en la representación esmerada y contrastada de los hechos observados o reconstruidos por el periodista (1999: 114,115). Esta herencia de las “narrativas del yo” se observa en el periodismo de Gabriela Wiener mediante un tono confesional y las referencias autobiográficas. Una de las formas más profundas de hablar de los sentimientos es la confesión. En el artículo “¿A quién ama Lois Lane?” Wiener hace un implícito paralelismo entre su estilo periodístico y el del personaje de cómic Lois Lane a la que confiesa admirar. Como ella, Lane también “tenía la pésima costumbre de convertir el suceso en su autobiografía” (2008: 110). Esta crónica actúa a modo de confesión, de declaración de intenciones de la periodista inscrita en un tipo de periodismo gonzo que ella denomina como kamikaze: Cualquiera diría que es fácil ser una reportera kamikaze cuando tienes a Superman a tu disposición para cubrirte las espaldas. Pero no, puedo decir por experiencia propia que no es nada fácil. Sobre todo si eres como Lane, una exhibicionista que ama las primicias tanto o más que a Superman. Entonces puedes llegar a preguntarte si prefieres la sensación de volar o la sensación de contarlo (2008: 111). Un tono confesional que pasa otras veces por el humor: “Pero mi parte más cerda no la conoce nadie, puedo decir que soy fiel como un perro y libre como un pájaro, 24 La diferencia entre diario y autobiografía es que esta última está escrita tiempo después de que se produzcan los hechos. 36 jactarme de ser memoriosa como un elefante y valiente como un león, presumida como un pavo real y aun venenosa como una serpiente. Pero pocas veces he hablado de mi dicha de ser un poco puerca” (WIENER, 2008: 140) o de nuevo por la intimidad o el miedo: “Nos sentimos ridículos, y eso que aún estamos vestidos. La mayoría empieza a estar sospechosamente cariñosa. Empiezo a tenerle miedo a esta entidad abstracta llamada pareja swinger. La tensión es tal que J y yo ni siquiera tenemos ganas de besarnos” (2008: 151). En la actualidad encontramos un contexto más pluralista y bastante más favorable a la confesión que en el pasado. Tras la opción reivindicativa primera de la “habitación propia” que desarrollaba Virginia Woolf en 1929, hasta el “cuarto propio conectado” en el ciberespacio actual, que subraya la profesora Remedios Zafra (2010), la (auto) gestión del yo en los medios ha pasado por diversas fases. Aspectos tan íntimos como la tendencia sexual parecen situarse al borde de lo privado y lo público en la web 2.0. No cabe duda de que la confesión hoy en día también se ha vuelto mediática. Recientemente, Gabriela Wiener publicó con motivo del día de la “Lucha contra la homofobia” una columna en el diario peruano La República, también disponible en la versión web25, en la que se declaraba bisexual. Así decía sentirse Wiener con respecto a esta publicación en la entrevista personal: Tampoco es de interés público, es personal. Cuando escribí la crónica y la mandé estaba un poco cagada de miedo porque no estaba muy segura de cómo iba a ser tomado. Por ejemplo, ahora me da menos miedo el hecho de que me pueda juzgar mi familia; algo a lo que tenía más temor al principio, cuando no te has expuesto tanto, o eres muy joven, o todavía no te afirmas demasiado en lo que crees o cómo eres. Ahora esas cosas del qué dirán me importan menos. Ahora el pudor que tengo es de que la gente piense que yo lo hago simplemente por ser una frívola, exhibicionista, porque me gusta un poco el show, para llevarme todas las palmas... Que mi gesto pueda ser malinterpretado. Yo lo he hecho por un compromiso con lo que creo, la visibilización. Y luego, por supuesto, estoy yo. Mi estilo es así. Es el ejemplo de una confesión. Wiener justifica este empleo de lo confesional por dos causas: la visibilización y el estilo (transgresor y exhibicionista). El estilo de Gabriela Wiener es, a pesar de las asociaciones, bien diferente al de Thompson y al de aquellos compañeros que siguen la estela del norteamericano. La cronista define su periodismo en primera persona como kamikaze, consciente de que la 25 Consultado el 25 de mayo del 2013. Disponible en: http://www.larepublica.pe/17-05-2013/periodistagabriela-wiener-quiero-salir-del-closet-una-vez-mas 37 figura de Thompson es irrepetible e inimitable. En su artículo “Gonzo soy yo”26 (2011) hace una clasificación de dos tipos de periodistas gonzo. Por un lado, los periodistas “empáticos” del Nuevo Nuevo Periodismo, más preocupados por la forma que por el fondo y los hepáticos como el periodista indeseable Günter Wallraff. Por otro lado, sitúa a periodistas como Gay Talese, según la autora una de sus principales influencias, en un tipo de periodismo gonzo en el que “el que escribe acerca de lo que más conoce o cree conocer, el que hace crónicas de ese territorio que no por inmensamente familiar e íntimo nos da menos curiosidad”. Gabriela Wiener pertenece, sin duda, a este segundo grupo. Lo íntimo, lo familiar, el amor, la sexualidad, la muerte el sexo o el género forman a grandes rasgos la temática que subyace en los artículos de Wiener. López Pan rescata en su artículo “El articulistapersonaje como estrategia retórica en las columnas personales o literarias” el concepto desarrollado por Genette de “narrador autodiegético”: alguien que enuncia el discurso porque vivió la historia como protagonista, es decir, narrador protagonista (2011: 63). Justo como sucede en las autobiografías. La profesora María Angulo señala esta característica ligada a la “literatura del yo” en el quehacer periodístico de Wiener: “Tanto sus crónicas, como su libro Nueve Lunas, diario de su embarazo, se leen como una suerte de memorias” (2011: 179). Además de la novela realista, también los géneros literarios de carácter testimonial como los relatos de viaje, el ensayo, la prosa de costumbres, el memorialismo o la biografía contribuyeron en la conformación del periodismo literario. La profesora Maite Gobantes da una definición sencilla y esclarecedora del género: “La autobiografía es, siempre, la versión que uno ofrece de sí al mundo” (2009: 73). La palabra “autobiografía” se forjó poco antes de 1800. Pero fue, sin duda, el texto de Rousseau, Las confesiones, el que hizo que la autobiografía fuese digna de ser admitida en los géneros literarios (GOBANTES, 2009: 66). En esta línea de narración de lo íntimo se inscribe la crónica extensa de Gabriela Wiener, Nueve Lunas (2009), en la que narra la experiencia personal de algo tan importante para la mujer como ser madre. Este proceso se convierte en lo que Gobantes define como un “conflicto íntimo fundamental en el destino del personaje” (2009:77) o lo que señala el escritor JeanPhilippe Miraux como “relato retrospectivo”. Este tipo de relato plasma “momentos de paroxismo, episodios intensos, a veces insoportables de 26 Consultado el 2 de marzo de 2013. Disponible en: http://www.sigueleyendo.es/gonzo-soy-yo/ 38 una vida en los que la emotividad del autor y su fuerte capacidad de recepción, obligan a expresarse” (2005: 45). Debido al contexto en el que se produce el embarazo, la escritora lo percibe como una “experiencia límite”. Así lo expresaba en la entrevista en profundidad: “Entonces sí que era muy gonzo, incluso era una experiencia límite. Imagínate un embarazo que siempre es difícil, revelador, que revoluciona completamente tu existencia. Vivirlo en una situación tal de desamparo radicaliza más la experiencia”, expone la cronista en cuanto al contexto de creación de Nueve Lunas. A la vez que experimenta su propio embarazo, reflexiona sobre la inmigración y las duras condiciones de los migrantes, la maternidad y el empleo, el aborto, el miedo a ser madre, las relaciones madre e hija, el cambio de sexo, el arte desarrollado alrededor de la maternidad, la precariedad laboral, la alimentación, los métodos de crianza o el parto. Asuntos que suscitan el interés de una embarazada y que Wiener presenta de una forma muy atractiva debido a su habilidad para contar y su uso de la retórica. Así narra su primera ecografía: “Si yo era una galaxia, él era mi solitario habitante, ignorante de que lo espiábamos en este Show de Truman intrauterino, a través de una cámara escondida en mi vagina” (WIENER, 2009: 55). El tono confesional es una de las principales características de la crónica de su embarazo, sobre todo, cuando relata sus pensamientos más íntimos, sus temores: “Tenía miedo de convertirme en mi madre pero me daba aún más miedo que una posible heredera mía se convirtiera en una hija como yo. Finalmente, lo que temía era la posibilidad de generar una mala copia residual de mí misma, capaz de odiarme aún más de lo que yo me odiaba” (2009: 44, 45), o el sentimiento de culpa: “No pude evitar sentirme una asesina en serie. Sólo una mujer que ha abortado sabe lo que esa significa” (2009: 31). Está claro que Nueve Lunas es una crónica autobiográfica. El tratamiento autobiográfico es una seña de identidad del quehacer periodístico y literario de Wiener tan destacada que merece una especial atención. Su tono confesional goza de mucha más libertad en la web, en la que suele contarse con mayor autonomía a la hora de publicar ciertos episodios que pudieran ser rechazados en algunos medios. En su libro Sexografías recoge algunos artículos publicados previamente en su blog. Un ejemplo: Como muchos niños, yo era una fetichista con arranques violentos. Vestido como un granjero, con mono azul y camisa a cuadros, era el perfecto sustituto temporal de un hombre. En el lugar de la boca tenía un hoyuelo profundo en el que cabía mi lengua doblada en dos. Una amiguita y yo teníamos un juego secreto. Estábamos obsesionadas con la clásica escena de la infidelidad de las películas, así que jugábamos a reproducirla: yo me desnudaba y me metía en la cama con Bomboncito, con la sábana debajo de 39 las axilas, tal cual, de manera que sólo se me vieran los hombros, como en el cine. Entonces ella entraba dando una patada a la puerta y nos encontraba in fraganti (WIENER, “Muñecas”, 2008: 141). Son varias las veces en las que hace alusión a episodios o acontecimientos de su niñez que pueden atender a una de las motivaciones autobiogáficas que define Miraux como la “búsqueda de los momentos originarios y fundadores de una personalidad” (2005:44): “No sé si es alguna tara que me viene de la infancia pero la desobediencia y la posterior disciplina tienen mucho que ver con mi carácter” (WIENER, 2008: 189). En “Un fin de semana con mi muerte” (2011) las referencias a la infancia son constantes: Pienso también en la última vez que vi a mi abuela Elena viva, llevaba varios años ciega por la diabetes, estaba en una camilla en medio del pasillo de un hospital público esperando una cama. Me pidió agua, tenía mucha sed, le di un sorbo en un vasito de plástico. Me dijo: me voy a morir, hijita, llévenme a la casa, no quiero morir aquí. Le mentí: no te vas a morir, abuelita, le di un beso en la frente y salí. Murió una hora después en ese mismo pasillo. Este tono confesional otorga credibilidad al relato. Miraux (2005:66) comenta lo siguiente en su estudio recuperando el sentir rousseauniano: La sinceridad reemplaza a la verdad; al menos, la sinceridad interior es infinitivamente más confiable que la verdad racional, fría y objetiva. Se ve que los hechos no significan objetivamente, nada: sólo significan vividos a través de la percepción de narrador-personaje que, con sinceridad, los relata. La escritura sincera es un cauce ininterrumpido de palabras y frases que expresan desde adentro la íntima verdad del ser. Es preciso recordar la teoría del escritor Philippe Lejeune del “contrato autobiográfico” que firman autor y lector y que es la consolidación en el texto de esa identidad (autornarradorpersonaje), que remite e última instancia al nombre del autor que figura en la tapa. Ya no se trata de saber si lo que dice el texto es verdad, “sino solamente si la cuestión de la identidad es real; es una cuestión contractual de derecho y no una cuestión literaria de verdad o de verosimitud”, (MIRAUX, 2005: 22, 23). Este pacto referencial inscribe al texto en el campo de la expresión de la verdad pero “no la verdad de la existencia real (…), sino la verdad del texto, dicha por el texto. Cuestión de autenticidad y no de exactitud” (MIRAUX, 2005:21). Gobantes aporta también un poco de luz sobre la verdad en la autobiografía. Una cuestión compleja que venimos debatiendo y tratando de esclarecer para el caso concreto del quehacer como cronista de Gabriela Wiener. “No se trata de decir la verdad como decir verdad. De este modo, la autobiografía no ha de ser identificada con la exactitud, sino con la verdad moral, en 40 este caso, con la actitud del autobiógrafo de decir verdad” (GOBANTES, 2009: 74). La autora cita también al filósofo Wilhelm Dilthey : “La vivencia permite enlazar los juicios sobre lo vivido, permite objetivarlo” (en GOBANTES, 2009: 30 ). Este concepto de “objetivación”, unido a la idea de la presencia como narrador protagonista, hace que el periodismo kamikaze de Gabriela Wiener se perciba como la narración de unos hechos auténticos y verosímiles y se les otorgue credibilidad. La meta-crónica y las digresiones son los recursos que nos recuerdan continuamente que la periodista estaba presente y que los hechos están relatados desde la posición de un yo completamente subjetivo pero, al fin y al cabo, auténtico. 41 4. Conclusiones Parece tratarse de un gran movimiento de mutación subjetiva, que empuja paulatinamente los ejes del yo hacia otras zonas: desde el interior hacia el exterior, del alma hacia la piel, del cuarto propio a las pantallas de vidrio. Paula Sibilia en La Intimidad como espectáculo Las historias reales son cada vez más demandadas en el contexto actual. El interés por las vidas ajenas se hace evidente en todos los ámbitos: desde la literatura, a la televisión o al espectáculo. Así, la “literatura del yo”, los espectáculos de lo real o los reality shows se han convertido en valores en alza. En el ámbito periodístico también se están experimentando estos cambios mediante la puesta en valor de un periodismo literario que asume mostrar estas tranches de vie desde una perspectiva decididamente subjetiva que pasa muchas veces por el discurso en primera persona y la participación del periodista en estas historias. Este fenómeno ya se evidenció en el Nuevo Periodismo estadounidense y en la crónica latinoamericana donde, a través la subjetividad que produce la intromisión del autor y utilizando códigos de la novela realista, algunos escritores consiguieron crear narraciones percibidas como bien auténticas. Estos nuevos periodistas, conscientes de la imposibilidad de ser objetivos, asumían su papel de periodista observador o participante. Para ello, se sirvieron de técnicas ya comunes en la denominada “literatura del yo” que les permitía narrar desde un punto de vista en primera persona. La personalización de las noticias continúa en la actualidad y está en auge: no sólo encontramos cada vez más la figura del narrador protagonista en los relatos sino que también el contenido de las informaciones explora el rostro y la personalidad de sus protagonistas. Estas narraciones de lo real, en muchas ocasiones en primera persona del singular, están empezando a desbancar a la ficción de su tradicional posición predominante. La credibilidad de estos relatos en primera persona se sustenta en el “contrato autobiográfico” acuñado por el escritor Philippe Lejeune. Este pacto referencial de autor, narrador y personaje en la misma persona sirve de aval para el lector. El contrato se extrapola al periodismo donde esta perspectiva autobiográfica no está reñida con el