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Abstract

El estudio de las emociones ha sido y sigue siendo en la actualidad un ámbito de difícil acceso, pues éstas se manifiestan combinadas con ciertas conductas y recuerdos. Aunque parte del origen de las emociones se localiza en el ámbito fisiológico de las personas, el entorno y los cuidados que recibimos desde niños por parte de los adultos resultan determinantes para el desarrollo de nuestra salud emocional. En un contexto de educar para la vida encontramos hoy la educación emocional, enfocada a la adquisición de competencias emocionales que doten a los niños de las habilidades de pensamiento necesarias para reconocer las propias emociones, regular los impulsos, aceptarse a uno mismo y a los demás. Los educadores que llevan a la práctica la educación emocional deben contar con una formación sólida en materia de emociones, pues sólo así podrán considerarse docentes emocionalmente inteligentes. Un instrumento realmente eficaz que puede utilizarse en las aulas para adentrarse en el mundo de las emociones infantiles es el cuento de hadas. Estas historias tocan a nivel profundo los conflictos emocionales con que los niños pueden encontrarse durante su desarrollo como personas y cumplen una función terapéutica reflejando simbólicamente sus experiencias y emociones. Latorre Cosculluela, Cecilia; López Oliva, Laura

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Érase una vez… una emoción Trabajo Fin de Grado Érase una vez… una emoción: La educación emocional a través de los cuentos de hadas Autor/a Cecilia Latorre Cosculluela Director/a Laura López Oliva Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación. Campus de Huesca. 2014 1 Érase una vez… una emoción Índice Introducción y justificación .......................................................................................... 4 1. Fundamentación teórica: emociones y educación emocional ................................... 6 1.1. Un mundo cargado de emociones: definición, componentes, funciones y tipos .......................................................................................................................... 6 1.2. Bases biológicas y fisiológicas de las emociones ........................................... 10 1.3. Bases sociales de las emociones ..................................................................... 12 1.4. La Educación emocional en Educación Infantil .............................................. 15 1.5. Un maestro competente en emociones ............................................................ 21 2. La Educación emocional a través de los cuentos .................................................... 25 2.1. El poder de los cuentos para educar las emociones de los niños ..................... 26 2.2. El valor educativo de los cuentos de hadas ..................................................... 28 2.2.1. Viaje al centro de los cuentos de hadas .............................................. 31 2.2.2. Algunas características de los cuentos de hadas ................................. 33 2.2.3. La función terapéutica de los cuentos de hadas .................................. 34 2.2.4. La identificación del niño con los personajes del cuento ................... 36 2.2.5. La bruja siempre tendrá que morir ..................................................... 38 2.3. Érase una vez... La Cenicienta y la zapatilla de cristal .................................... 40 2.4. Otros cuentos que educan emociones .............................................................. 46 3. Conclusiones ........................................................................................................... 53 Valoración personal .................................................................................................... 54 Referencias bibliográficas ........................................................................................... 57 Anexos ........................................................................................................................ 61 2 Érase una vez… una emoción Érase una vez… una emoción: La educación emocional a través de los cuentos de hadas. - Elaborado por Cecilia Latorre Cosculluela. - Dirigido por Laura López Oliva. - Depositado para su defensa el 16 de Junio de 2014. Resumen El estudio de las emociones ha sido y sigue siendo en la actualidad un ámbito de difícil acceso, pues éstas se manifiestan combinadas con ciertas conductas y recuerdos. Aunque parte del origen de las emociones se localiza en el ámbito fisiológico de las personas, el entorno y los cuidados que recibimos desde niños por parte de los adultos resultan determinantes para el desarrollo de nuestra salud emocional. En un contexto de educar para la vida encontramos hoy la educación emocional, enfocada a la adquisición de competencias emocionales que doten a los niños de las habilidades de pensamiento necesarias para reconocer las propias emociones, regular los impulsos, aceptarse a uno mismo y a los demás. Los educadores que llevan a la práctica la educación emocional deben contar con una formación sólida en materia de emociones, pues sólo así podrán considerarse docentes emocionalmente inteligentes. Un instrumento realmente eficaz que puede utilizarse en las aulas para adentrarse en el mundo de las emociones infantiles es el cuento de hadas. Estas historias tocan a nivel profundo los conflictos emocionales con que los niños pueden encontrarse durante su desarrollo como personas y cumplen una función terapéutica reflejando simbólicamente sus experiencias y emociones. Palabras clave Emoción, educación, competencias, docentes, cuento de hadas. 3 Érase una vez… una emoción INTRODUCCIÓN Y JUSTIFICACIÓN Han tenido que pasar años, muchos años, para que el mundo de las emociones despertase el interés y la dedicación en los seres humanos que se merece. Tradicionalmente la escuela se ha centrado en los aspectos cognitivos dando prioridad a los aprendizajes más puramente técnicos y científicos y dejando de lado la tan necesaria reflexión sobre las emociones y sentimientos. No obstante, las investigaciones científicas actuales hacen hincapié en la vinculación existente entre las emociones y el ámbito cognitivo como fundamento de toda actividad humana. Por tanto nos hacemos ahora una pregunta: ¿es necesario educar las emociones? A lo largo de su desarrollo los niños manifiestan multitud de emociones y sentimientos en distintas situaciones y recuerdos. Puesto que muchos de los problemas que se presentan en la infancia tienen su origen en el ámbito emocional, recientemente la educación emocional ha comenzado a entenderse como un complemento imprescindible para el desarrollo cognitivo y como una herramienta elemental de prevención. Desde la posición de los maestros responsables de llevar a la práctica esta educación emocional, se hace necesaria una toma de conciencia real sobre la importancia de dar a los alumnos las herramientas necesarias para que sean ellos mismos los que cultiven en lo más profundo de su corazón unos cimientos sólidos que les permitan afrontar con independencia emocional los desafíos de la vida cotidiana. Y no olvidemos que estas habilidades emocionales deberán ser enseñadas por docentes que verdaderamente dominen las competencias emocionales, pues sólo de este modo conseguirán formar a alumnos emocionalmente preparados para la vida. Por ello es vital incluir el desarrollo socio-emocional como parte de la formación permanente de los maestros. En el contexto de aula las emociones están presentes en las vivencias diarias y afectan a los estados de ánimo de los niños, interviniendo decisivamente en las relaciones que mantienen con los demás. Sin embargo, el universo emocional es un terreno difícil de explorar si no se dispone de técnicas adecuadas que posibiliten un acercamiento al mundo interno de los niños. Si bien es cierto que existen multitud de herramientas para llevar a la práctica la educación emocional en las aulas, en el siguiente estudio analizaremos uno de los instrumentos más preciosos que tenemos a 4 Érase una vez… una emoción nuestro alcance y que enriquece sin duda alguna la vida interna de los niños: el cuento de hadas. Los cuentos brindan la posibilidad de conocer las normas morales y valores que rigen la convivencia, pero en esta ocasión no es precisamente en esta función de los relatos donde situaremos el foco de atención. El niño que lee o escucha un cuento de hadas se está ejercitando en la habilidad para diferenciar las emociones que le produce, controlar la expresión de sus sentimientos e identificarse con el personaje central del relato que será, sin duda alguna, el héroe que finalmente traiga la felicidad a la historia. Dada la vital importancia que tiene la educación de las emociones para el desarrollo integral de los niños, en las siguientes líneas presentamos un análisis teórico sobre el mundo de las emociones que tiene como objetivo aportar una explicación válida para describir de dónde provienen todas estas emociones, qué principios sustentan la educación emocional y por qué razón son tan valiosos los cuentos de hadas para despertar el corazón de los niños. Este trabajo pretende además acercar a los docentes al conocimiento de habilidades emocionales para comprender la transcendencia que esta formación del profesorado en materia de emociones tiene para el desarrollo infantil. Hablamos de aprender y practicar, tanto los maestros como los alumnos, una mejor educación emocional que nos permita enfrentarnos a los acontecimientos adversos de la vida controlando nuestras emociones. Si un niño es consciente de lo que siente y le facilitamos medios adecuados para expresarlo, logrará canalizar ese torbellino de conflictos emocionales que se agita en su interior para ir construyendo una personalidad equilibrada. Mas recordemos que las meras explicaciones teóricas no resultan viables para traer a las aulas la educación emocional, pues existen infinidad de herramientas que permiten a los niños vivenciar en primera persona las emociones que se quieren trabajar. Pero ¿por qué los cuentos? La respuesta es bien sencilla: porque un cuento emociona, abre las puertas a mundos donde todo, absolutamente todo, es posible. Los adultos tenemos en nuestras manos el poder de acercar a los niños de un modo atractivo a auténticas “fuentes de emociones” como son los cuentos de hadas. Hagámoslo y démosles la oportunidad de exteriorizar aquello que les angustia por dentro y de liberar esas preocupaciones que afectan a su corazón. 5 Érase una vez… una emoción 1. FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA: EMOCIONES Y EDUCACIÓN EMOCIONAL 1.1. Un mundo cargado de emociones: definición, componentes, funciones y tipos. Él es el único capaz de conseguir que el amor sobreviva cuando el dolor de una pérdida le hace creer que es imposible seguir adelante. El que te salvó, Amor, es el Tiempo (Bucay, 2009). El hombre es un ser fundamentalmente emocional. Sin embargo podemos comprobar, analizando las diferentes teorías psicológicas que han ido apareciendo a lo largo de los años, cómo ha existido una resistencia hacia el estudio de las emociones hasta los años setenta. El conductismo, una de las corrientes más relevantes que ha estudiado el comportamiento humano así como el positivismo lógico1, establecieron que las emociones no podían ser objeto de una investigación científica por su carácter de incontrolabilidad e irreplicabilidad. Es a partir de los años setenta cuando este modelo conductista de estímulo-respuesta evoluciona hacia una perspectiva neoconductista de estímulo-organismo-respuesta, lo cual implica una profundización en lo que se denominaría “caja negra” de la mente. A mediados de esta década y con la aparición de la Psicología cognitiva, las emociones adquieren un papel central como objeto de diversas investigaciones que culminará en la llamada “revolución emocional” de los años ochenta, periodo en que se hace especial énfasis en las emociones y en la importancia de su educación. A lo largo de la vida de los seres humanos las emociones están presentes, se manifiestan, se intensifican y juegan un papel relevante en el proceso de formación de nuestra personalidad e interacción social. Éstas intervienen en todo el proceso evolutivo afectando tanto al desarrollo de la comunicación, al procesamiento de la información que recibimos del entorno, al conocimiento social e incluso al apego y al desarrollo de la moralidad. Los seres humanos nos caracterizamos por tener la capacidad de reír, llorar, alegrarnos, enfadarnos, entristecernos… en definitiva, de sentir, y ejercemos estas funciones a través de las emociones. 1 Movimiento filosófico contemporáneo según el cual las ciencias de la materia se basan en proposiciones experimentales y prácticas que deben ser transcritas en un lenguaje lógico. (Temáticos Larousse, 2001). 6 Érase una vez… una emoción La palabra emoción proviene de latín emotio y significa “mover hacia”. Existe gran cantidad de definiciones respecto al término de emoción que reflejan en muchas ocasiones la corriente a través de la cual han sido delimitadas. Podemos encontrar desde interpretaciones que hacen hincapié en aspectos fisiológicos propios de los enfoques biológicos hasta otras que ponen el énfasis en influencias sociales y ambientales. No obstante, cuando se define el término de emoción es conveniente abordar tanto los aspectos fisiológicos que intervienen en él como los ambientales y sociales. Las emociones son las que mantienen vivos y competitivos a los seres humanos en su relación con los demás. Ateniéndonos a la más estricta etimología de la palabra emotio (movimiento), encontramos algunas definiciones de este concepto tales como la que ya nos indicaba James en 1884, citado por Mora et al. (2000, p. 20), al apuntar que es “una respuesta del organismo ante determinados estímulos del medio ambiente”. Existen además otras delimitaciones del término emoción que se centran de lleno en su origen y significado. Un ejemplo de ello es la propuesta por Rolls (1999), citado por Mora et al. (2000, p. 22) quien afirma que “las emociones son parte de un sistema cerebral que ayuda a distinguir cierta clase de estímulos, muy ampliamente identificados como estímulos recompensantes o de castigo y que sirven para actuar en el mundo”. Una aclaración más actual es la que aporta Míguez, (2006, p. 7) al conceptualizar este término como “un estado afectivo que experimentamos, una reacción (negativa o positiva) de carácter brusco, que viene acompañada de sensaciones. Aparece en todos nosotros como una respuesta ante acontecimientos internos o externos”. En definitiva, el concepto de emoción es amplio y es precisamente por ello que cada autor se ciñe a aquellos aspectos que considera relevantes en sus investigaciones. En la actualidad se mantiene un consenso con respecto a los componentes que conforman la emoción: neurofisiológico-bioquímico, motor o conductual-expresivo y subjetivo-experiencial o, según Bisquerra (2003), denominado este último cognitivo. Por lo que se refiere al componente neurofisiológico, es relevante la función de los neurotransmisores así como la actividad del sistema nervioso autónomo y del sistema nervioso somático. Este componente se manifiesta en respuestas tales como taquicardia, sudoración, hipertensión, sequedad en la boca, respiración, etc. El sujeto no puede controlar ninguna de estas respuestas porque son involuntarias. En el componente motor o conductual expresivo (que puede ser considerado como el más conocido), cobra 7 Érase una vez… una emoción especial relevancia la expresión facial seguida de los aspectos que implican acciones posturales, lenguaje no verbal, entonación de la voz, así como la preparación para el afrontamiento que acompaña a toda emoción. En último lugar, el componente subjetivoexperiencial (o cognitivo), suscita bastante controversia al considerarse en algunas ocasiones como una combinación de sentimiento y cognición. Mora et al. (2000) en su obra El cerebro sintiente nos presentan el heptálogo de las emociones, esto es, una síntesis de las siete funciones que cumplen las emociones en los seres humanos. En la siguiente figura se reflejan brevemente cada una de ellas: Figura 1. Funciones de las emociones 8 Érase una vez… una emoción Nuestra vida emocional es mucho más rica de lo que parece a simple vista. No se limita a las grandes emociones como la ira, el miedo o la alegría. Uno de los temas tratados en el campo de las emociones es el que se refiere a la tipología emocional, esto es, a los diferentes tipos de emociones que manifiestan las personas de muy distintas maneras (ante una situación de miedo que puedan vivir dos niños, las emociones que en ellos aparecerán serán percibidas de formas muy dispares). No obstante, entre los autores no hay un claro consenso sobre cuáles de ellas deben ser consideradas como emociones básicas o primarias. Siguiendo la clasificación expuesta por Míguez, (2006) en su obra Emociones y sentimientos, de todas las emociones existentes hay seis, las cuales se mencionan a continuación, que son consideradas las más básicas y que a su vez son las más estudiadas. Véase la figura que aparece en el siguiente espacio: Figura 2. Tipología emocional MIEDO Se produce como reacción o anticipación de una amenaza o peligro que nos produce ansiedad, incertidumbre o inseguridad. SORPRESA Sobresalto, asombro, desconcierto. Es una emoción de corta duración. ASCO Disgusto, rechazo. Solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión o asco. IRA Enfado, rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad, agresividad, cólera. Se puede originar por la frustración que nos provoca el no obtener lo que necesitamos o deseamos. ALEGRÍA Diversión, euforia, gratificación, felicidad, contento. Da una sensación de bienestar, de seguridad. TRISTEZA Pena, pesimismo. Se produce cuando experimentamos una pérdida. 9 Érase una vez… una emoción Pese a todos los conceptos y teorías en los que la educación emocional se ha basado a lo largo de su evolución, en el modelo de educación tradicional que ha predominado en las últimas décadas se ha valorado más el conocimiento que las emociones, sin tener en cuenta que ambos aspectos son totalmente necesarios (López, 2005). En el Programa Redes emitido en 2012, Punset7 afirma que la ciencia está apoyando ahora la idea de que la gestión de las emociones básicas y universales debería preceder a la enseñanza de valores y, por supuesto, de contenidos académicos. La educación de las emociones no tiene un espacio exclusivo en el sistema educativo, sino que debe integrarse dentro del currículo de forma estratégica. La legislación actual en materia de educación recoge la necesidad de trabajar las emociones desde la Educación Infantil. Si atendemos a lo explícito en La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE) en relación a las enseñanzas mínimas del segundo ciclo de Educación Infantil, encontramos que “el currículo se orienta a lograr un desarrollo integral y armónico de la persona en los distintos planos: físico, motórico, emocional, afectivo, social y cognitivo, y a procurar los aprendizajes que contribuyen y hacen posible dicho desarrollo”. Para la escuela actual, educar a los alumnos tanto académica como emocionalmente supone un desafío apasionante. En el contexto escolar los alumnos se enfrentan diariamente a situaciones en las que tienen que recurrir al uso de habilidades emocionales para adaptarse de forma adecuada a su entorno. Es por tanto necesario tomar conciencia de la importancia de la educación emocional y estar dispuestos a invertir esfuerzos y tiempo en ella. Bisquerra (2005, p. 96) concibe la educación emocional como “un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo integral de la persona, con objeto de capacitarle para la vida”. La educación de las emociones es, por tanto, una educación para la vida que se propone optimizar el desarrollo de la personalidad integral del individuo. Los niños irán madurando emocionalmente conforme las personas adultas les enseñen y, sobre todo, trabajen con ellos. Crecerán y evolucionarán desde la primera infancia en la que están centrados en sí mismos para hacerse cada vez más sociables. 7 Eduardo Punset (1936). Escritor, economista y divulgador científico español. Dirigió y presentó durante varios años el Programa Redes de TVE donde se abordaban temas como la sociología, la biología o la astronomía. 16 Érase una vez… una emoción Progresivamente descubrirán y gozarán más con los juegos colectivos, con las relaciones sociales, pero esta madurez emocional gradual radica en un buen aprendizaje. Los adultos son la principal fuente de información y de formación, y es precisamente aquí donde reside la importancia de formar y educar para conseguir una mayor inteligencia emocional, habilidad que no sólo servirá a los niños para desenvolverse en la escuela y tener amistades, sino para toda la vida. Como bien dice Goleman (1995), las personas que mejor saben dirigir sus vidas y que tienen éxito en las relaciones interpersonales son aquellas que tienen “un mayor dominio de la habilidad para controlar las emociones propias y de los demás, discriminar entre ellas y emplear esta información para orientar el pensamiento y la conducta” (Frías & García, 2007, p. 452). Y todas estas capacidades emocionales pueden mejorarse y optimizarse mediante una intervención educativa adecuada. Convendría, antes de adentrarnos de forma más profunda en el extenso tema de la educación emocional, resolver un interrogante que nos ayudará a comprender uno de los objetivos fundamentales que la educación emocional tiene: ¿Qué es la Inteligencia Emocional? Salovey y Mayer (1997), citados por Fernández y Ruiz (2008, p. 429) delimitan este término de la siguiente forma: Es la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento, la habilidad para comprender emociones y la habilidad para regular las emociones promoviendo el crecimiento emocional e intelectual. Se trata de un concepto integrado por diferentes habilidades emocionales que abarcan desde los procesos psicológicos más básicos (percepción emocional) hasta los de mayor complejidad (regulación de los estados afectivos). Hagamos un breve resumen de cada una de estas aptitudes siguiendo el orden propuesto por Extremera y Fernández (2003). La habilidad de percepción emocional se refiere al grado en que las personas identifican convenientemente sus propias emociones así como los estados y sensaciones fisiológicas y cognitivas que éstas conllevan. En otro artículo más reciente de estos mismos autores, La Inteligencia Emocional y la educación de las emociones desde el Modelo de Mayer y Salovey (2005), la facilitación o asimilación emocional se concreta 17 Érase una vez… una emoción como la habilidad para tener en cuenta los sentimientos cuando razonamos o solucionamos problemas centrándose en cómo las emociones afectan al sistema cognitivo y cómo nuestros estados afectivos ayudan a la toma de decisiones. En tercer lugar diferenciamos la comprensión emocional que se define como la habilidad para desglosar el repertorio de señales emocionales, etiquetar las emociones y reconocer en qué categorías se agrupan los sentimientos. Finalmente, la regulación emocional es la habilidad más compleja de la I.E. Incluye la capacidad para estar abierto a los sentimientos y reflexionar sobre los mismos para descartar o aprovechar la información que los acompañará en función de su utilidad. Educar la inteligencia emocional se traduce hoy en día como una tarea necesaria en el ámbito educativo y gran parte de los maestros considera primordial el control de estas habilidades para el desarrollo evolutivo y socioemocional de los niños. Y tengamos siempre en cuenta que la enseñanza y el aprendizaje de estas habilidades depende no tanto de la instrucción verbal sino de la práctica, el ejercicio y su perfeccionamiento. Lo más importante es educar y practicar las habilidades emocionales y traducirlas en una respuesta adaptativa más del repertorio natural de los niños. Una vez aclarado el término de Inteligencia Emocional retomaremos de nuevo la idea de educación emocional. López (2005) concreta los objetivos de la educación emocional para la etapa de Infantil concluyendo que, para su eficiente consecución, es necesaria la colaboración de todos los miembros de la comunidad educativa y por ello tanto las familias como otros agentes educativos responsables de la educación de los pequeños deben implicarse. Éstos son algunos de los propósitos de la educación emocional en Infantil: •Favorecer el desarrollo integral de los niños y niñas. •Proporcionar estrategias para el desarrollo de competencias emocionales. •Potenciar actitudes de respeto, tolerancia y prosocialidad8. 8 Comportamientos que no buscan recompensas materiales y que benefician a otras personas aumentando además la probabilidad de suscitar una reciprocidad positiva en las relaciones con los demás (Laboratorio de Investigación Prosocial Aplicada, n.d.). 18 Érase una vez… una emoción •Potenciar la capacidad de esfuerzo y motivación ante el trabajo. •Desarrollar la tolerancia a la frustración. •Desarrollar la capacidad de relacionarse con uno mismo y con los otros de forma satisfactoria para uno mismo y para los demás. •Desarrollar el control de la impulsividad y el autoconocimiento. •Favorecer la cantidad y calidad de las interacciones del grupo para la mejora del clima relacional de clase y cohesión grupal. No cabe duda que para poner en práctica todos estos objetivos en el ámbito escolar se hacen necesarios algunos pasos previos. En primer lugar reflexionar, como centro educativo, colectiva e individualmente, acerca de la importancia de las emociones, los afectos y los sentimientos para una educación integral de la personalidad. Será por tanto indispensable hacerlo expreso no sólo en el Plan de Centro sino también en el Proyecto Educativo pero no a efectos burocráticos, sino para contemplarlo desde las programaciones de área y de aula, temporalizando, planificando y acomodándolo a la práctica docente del día a día. Y no olvidemos un elemento imprescindible como es la figura y las funciones de la tutoría, un nuevo tutor o tutora que emprenda el proceso de manera eficaz. Para ello, esta persona deberá convertirse en un modelo de equilibrio emocional, de habilidades empáticas y de resolución pacífica, serena, reflexiva y justa de los conflictos personales, de afrontamiento adecuado de lo emocional siendo capaz además de transmitir valores a su alumnado. La educación emocional es un proceso educativo constante y permanente puesto que debe estar presente en el currículo académico y en la formación continua a lo largo de la vida. Los contenidos que se trabajan en la educación emocional difieren en función de los destinatarios a los que se dirigen los programas (características de madurez personal, conocimientos previos, nivel educativo…). En su artículo Educación emocional, Bisquerra (2011) expone los contenidos de la educación de las emociones a nivel general, es decir, en cualquiera que sea la etapa educativa o los destinatarios a los que se dirige. En primer lugar se trataría de saber qué son las emociones y cómo actúan sobre nuestro comportamiento y nuestra salud. La Inteligencia Emocional se concibe también como otro de los fundamentos en los que se apoya la educación emocional (formar 19 Érase una vez… una emoción personas emocionalmente inteligentes). A todo ello, el autor añade el concepto de inteligencias múltiples y el término de bienestar. Figura 4. Contenidos que trabaja la educación emocional En este ensayo el autor concluye que el desarrollo de las competencias emocionales constituye el contenido básico de la educación emocional señalando, dentro de estas habilidades, la conciencia emocional, la regulación emocional, la autonomía emocional, las competencias sociales y las habilidades de vida para el bienestar. Así pues, Bisquerra (2003, p. 21), define las competencias emocionales del siguiente modo: Del constructo de Inteligencia Emocional se deriva el desarrollo de la competencia emocional, que es concebida como el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales. Sin embargo, el hecho de tener una inteligencia emocional desarrollada no asegura que sean utilizadas para hacer el bien y no el mal. Es fundamental cerciorarse de que las competencias emocionales no sean utilizadas para propósitos explotadores o deshonestos. Precisamente por ello, los programas de educación emocional deberán ir siempre acompañados de unos principios éticos, es decir, educación emocional y educación moral tienen que confluir. 20 Érase una vez… una emoción Y daremos fin a este capítulo con una aclaración que hace Marina (2005, p. 39-40) al respecto en su artículo Precisiones sobre la educación emocional: …parte de la psicología se está dando cuenta de los problemas que plantea limitarse a la educación emocional y comienza a explorar este dominio donde psicología y ética se unen. …creo que debemos trabajar para incluir los avances en la educación emocional dentro de un marco educativamente más amplio y poderoso que es la educación ética, en el que mantendrá su indispensable carácter instrumental. 1.5. Un maestro competente en emociones. Pretendemos utilizar nuestros afectos como utilizamos el mar. No podemos alterar sus mareas, ni su oleaje, pero podemos utilizar su fuerza para navegar (Marina, 1996, citado por Palou, 2004, p. 18). En la escuela del siglo XX el éxito de los maestros ha estado supeditado esencialmente a los logros académicos de sus alumnos, es decir, al rendimiento escolar. No obstante, la sociedad del siglo XXI ha concebido nuevas demandas y retos tanto para la escuela como para los docentes: ya no se considera suficiente el hecho de alcanzar un buen rendimiento entre el alumnado y “el éxito del profesorado queda también ligado a desarrollar personas integradas en la sociedad, con herramientas sociales y emocionales que les permitan afrontar los desafíos de la vida cotidiana” (Cabello, Ruiz & Fernández, 2009, p. 42). A decir verdad, en España son muy escasos los programas socio-emocionales destinados a promover la inteligencia emocional de los maestros, no sólo como un beneficio que recae de forma directa sobre ellos mismos, sino también sobre la práctica docente y, como consecuencia, sobre el alumnado indirectamente. Sin embargo estos datos se contraponen al interés y motivación creciente de los profesores por abastecer al alumnado de conocimientos, habilidades sociales y emocionales. Es por tanto de vital trascendencia incluir el desarrollo socioemocional como parte de la formación básica y permanente del profesorado sea cual sea el nivel educativo al que pertenezca. La puesta en práctica de programas de educación emocional requiere una formación previa del profesorado. No obstante, López (2005, p. 158) afirma que “por los datos de que disponemos, el desarrollo de competencias emocionales de forma intencional y sistemática está, en general, bastante ausente en los programas de formación de 21 Érase una vez… una emoción maestros”. El impedimento principal con el que se encuentran los educadores es que no saben cómo llevar sus ideas a la práctica. El trabajo sobre educación emocional en Infantil no es cuestión de desarrollar actividades meramente mecánicas, sino de fomentar actitudes y formas de expresión en las que el maestro tenga en cuenta el modelo que ofrece día a día, en las que las emociones sean experimentadas y acogidas en su amplitud. Por otra parte, estos profesionales se enfrentan a ciertas carencias que dificultan la situación: la falta de materiales aplicables en el aula, el vacío en la formación del profesorado y la necesidad de situarse profesional y personalmente frente a estas nuevas demandas educativas (Teruel, 2000, citado por Extremera & Fernández, 2003). Autores como De Pablos y González (2012) nos hablan del papel que juegan las emociones en la enseñanza y el aprendizaje, de la relación existente entre las experiencias emocionales del profesorado y la práctica educativa y de cómo el contexto sociocultural de la enseñanza afecta a las emociones del profesorado. Es de suma importancia conocer más acerca del papel que juegan las emociones en la práctica de la enseñanza, es decir, la experiencia emocional que los docentes tienen al desarrollar su práctica educativa concerniente a la educación emocional de los más pequeños pues, como bien apuntan estos autores: Las capacidades emocionales de todos los autores intervinientes en el proceso educativo se constituyen en un factor relevante, hasta el punto de que pueden tener una incidencia muy directa en aspectos tan decisivos como el éxito o el fracaso escolar y la eficiencia o ineficiencia de los sistemas educativos (De Pablos & González, 2012, p. 70). El hecho de que los educadores aprendan a mantener estados emocionales positivos y a aminorar el impacto de los negativos se verá plasmado en un mayor bienestar docente y en el mejor ajuste de sus alumnos. Un maestro capaz de identificar, comprender y regular sus emociones de forma inteligente, dispondrá de más recursos para afrontar eventos estresantes y conseguir alumnos emocionalmente preparados. Bisquerra (2005) se aventura a proponer una hipotética asignatura sobre Educación emocional en la formación inicial del profesorado, tanto de Educación Infantil y Primaria como de Secundaria, pues considera que la formación inicial debería dotar de un bagaje sólido en materia de emociones y sobre todo en competencias emocionales. Plantea un listado de objetivos (o como él los denomina, competencias) que el 22 Érase una vez… una emoción alumnado de las facultades debería adquirir para superar la asignatura, algunos de los cuales se resumen en los cuadros que aparecen a continuación: Figura 5. Competencias a adquirir en la formación del profesorado en material de emociones Pero no sólo la formación inicial, sino también la formación permanente del profesorado se consideran imprescindibles para asumir la tarea de ser maestro en el siglo XXI. Queremos una escuela saludable, cualificada y llena de felicidad, y esto resultará misión imposible sin docentes emocionalmente inteligentes. En conclusión, y tal y como proponen Cabello et al. (2009), el reto para nuestra sociedad y nuestro Sistema Educativo reside en saber extender esta formación a todos los docentes para que no se trate de un aprendizaje anecdótico y puntual, consiguiendo de esta forma escuelas llenas de emociones sinceras y entusiasmo. En este mar de sensaciones, emociones y sentimientos que implica la tarea educativa se ve comprometido nuestro proceso personal de crecimiento y madurez afectiva-emocional, lo que nos exige poner en juego constantemente nuestras capacidades de regulación y expresión emocional y la habilidad para reflexionar sobre nuestros propios límites y posibilidades para poder hacer frente a los retos. Las vivencias agradables en el aula serán las que más recuerden los alumnos con el paso del tiempo. El papel del educador, y en especial cuando nos referimos a la etapa de Educación Infantil, es el de mediador de los aprendizajes. Como tal, está constantemente proporcionando patrones de actuación que los niños suman a sus conductas habituales. La actuación pedagógica pretende fomentar la adquisición de competencias emocionales mediante tácticas vivenciales tales como cuentos, títeres o 23 Érase una vez… una emoción dramatizaciones, así como la utilización de recursos de la vida cotidiana como pueden ser fotografías de familiares, canciones, noticias de prensa, etc. Los cuentos pueden ser una de esas claves hacia el sosiego interior y la comprensión de nuestras propias emociones. “La narración y lectura de cuentos a los niños presenta un amplio repertorio de indicaciones que hacen de este brebaje un alimento imprescindible tanto para el cuerpo como para el espíritu” (Osoro, 2004, p. 30). Pero ahora no adelantaremos ningún apunte más acerca del uso de una metodología basada en los cuentos infantiles, pues en apartados posteriores nos adentraremos en el mundo de la utilización de los cuentos para la educación emocional de los niños. Es esencial por tanto que dentro de este proceso de educación emocional de los niños, el educador se comprometa en la vivencia de todas las actividades que se lleven a cabo en el aula participando activamente en ellas. Profesionales preparados en el campo de las emociones y que cuenten con los recursos adecuados serán los que verdaderamente logren entrenar a sus alumnos para ser personas emocionalmente inteligentes. 24 Érase una vez… una emoción 2. LA EDUCACIÓN EMOCIONAL A TRAVÉS DE LOS CUENTOS Un cuento es una guarida, un nido. No sólo es una enseñanza acerca del mundo, sino un lugar de sosiego, de cobijo, al amparo de la adversidad (Martín Garzo, 1998). Los estados emocionales y los sentimientos forman parte activa de la vida dentro de las aulas. Las personas no tenemos el poder de negarlos, ni obviarlos y mucho menos de cohibirlos o controlarlos. Por lo tanto, y dado que una parte de la educación emocional que se lleva a cabo en los Centros Educativos pretende que los niños identifiquen sus emociones, se hace necesaria la búsqueda de técnicas y estrategias que apoyen y fomenten el trabajo sobre emociones en la etapa de Educación Infantil. Las emociones constituyen un aspecto esencial de todo aprendizaje y, en el momento en que dejásemos de tenerlas en cuenta, estaríamos renunciando a una gran oportunidad para educar de manera globalizada e integral. No obstante, es indispensable que aquellos profesionales responsables de la educación emocional de los más pequeños dispongan de recursos eficaces como lo son por ejemplo los cuentos, unos instrumentos magníficos que se utilizan habitualmente en las aulas para educar las emociones de los niños, permitiéndoles sumergirse en nuevos mundos y en la vida de otros seres, ya sean personas, animales o incluso objetos. El universo de las emociones es difícil de explorar si no se dispone de materiales oportunos y de una gran dosis de ternura, sutileza y respeto, aspectos irremplazables en el momento en que queremos aproximarnos al mundo interno de un niño. En las siguientes líneas vamos a analizar las funciones que cumplen estas herramientas como facilitadoras de la educación emocional de los niños y nos adentraremos además en el territorio de los cuentos de hadas y su poder para alcanzar a nivel profundo y simbólico los problemas con que los niños van a encontrarse en su desarrollo como personas (complejos, miedos, identidad…). No sorprende en absoluto el hecho de que a los niños les encanten los cuentos, pues con bastante frecuencia viven su vida como si fuera una ficción de la cual serían los actores. Cada uno, y bajo una interpretación personal de la historia, relacionará los 25 Érase una vez… una emoción continuamente sus cuerdas sensibles buscando respuestas” (Cooper, 2004, p. 12). Cuando escuchan un cuento de este tipo, los niños proyectan inconscientemente partes de sí mismos sobre los diversos personajes del relato, a quienes utilizan como depositarios psicológicos de los elementos que compiten en su interior. Por ejemplo, la reina perversa de Blancanieves personifica el narcisismo10 y la joven princesa (con quien se identifica el niño) encarna aquellas partes del yo que combaten para vencer la disposición al narcisismo. Y Hänsel y Gretel se presenta como una historia que celebra el triunfo de los niños sobre los adultos hostiles y rapaces. Para tratar las preocupaciones infantiles con respecto al hambre, el abandono y el miedo a ser devorado, el cuento muestra a dos hermanitos que unen sus fuerzas con el fin de derrotar a los monstruos, tanto dentro de casa como en el bosque. Sintetizando lo expuesto en este apartado podemos afirmar que los cuentos de hadas son, en definitiva, los dramas de la infancia. En el “sótano” de estas imaginarias expediciones se localizan los más angustiosos tormentos de la vida real que reflejan las auténticas batallas de la existencia. 10 Admiración y satisfacción que siente una persona hacia sí misma y que está exageradamente preocupada por su apariencia exterior (Temáticos Larousse, 2001). 32 Gustac Tenggren, “Blancanieves y los siete enanitos”, 1923. La bruja le da un bocado a la manzana para demostrar a Blancanieves que se la puede comer. Figura 7 Figura 8 Arthur Rackham, “Hänsel y Gretel”, 1909. Hänsel, aunque encerrado en su jaula, todavía se vale de su ingenio para engañar a la vieja, sacándole un huesecillo en lugar de su dedo. Érase una vez… una emoción 2.2.2. Algunas características de los cuentos de hadas Un cuento de la mano de otro cuento Sea cual sea la cultura o época de la que proceden, los cuentos de hadas siempre tienen unos puntos comunes: tratan de ayudar al niño a comprenderse a sí mismo y a desarrollar su identidad. Las historias se desarrollan en un mundo maravilloso en el sentido de “intemporal” o “irreal”, por eso suelen comenzar con frases que incitan a adentrarse en ese otro mundo, el de los cuentos: Érase una vez, cuando imaginar aún servía para algo…, o Cuentan y no paran de contar… Estas consignas abren las puertas de un universo mágico y simbólico y predisponen a nuestro inconsciente a recibir un mensaje. Los personajes, objetos y situaciones maravillosas guardan relación con las estructuras del pensamiento infantil. “Los cuentos tienen siempre un universo bipolar, el bueno y el malo” (Serrabona, 2008, p. 65). Generalmente, es el bueno quien vence al malo, lo que da tranquilidad al niño, pues suele ser el personaje con el que se identifica. En Jack y la mata de judías, el protagonista consigue derrotar a un tonto gigante, arrebatarle su fortuna y regresar a casa triunfal. 33 Anónimo, “Jack y la mata de judías”. Mientras el ogro duerme, Jack se desliza hasta la mesa para coger uno de los sacos de dinero. Gustave Doré, “Pulgarcito”, 1861. Agotado, el ogro se duerme un rato y pierde las botas de siete leguas a manos de Pulgarcito. Nótese que todavía lleva el cuchillo y el tenedor con el que se ha comido a sus hijas. Figura 9 Figura 10 Figura 11 Érase una vez… una emoción Los mayores temores de los niños los encontramos también en los cuentos de hadas. Sus miedos, sus angustias, así como sus ilusiones y esperanzas, toman cuerpo en una narración en la que entran a formar parte elementos maravillosos y sobrenaturales mezclados con ingredientes sacados de la realidad. Pulgarcito, además de su angustia por haber sido abandonado, se siente aterrorizado ante la idea de ser asesinado junto con sus hermanos. Por sí solo un niño no es capaz de identificar y concretar sus emociones, y son precisamente los cuentos los que le permiten aclararlas. Aludiendo por ejemplo a la emoción de miedo, es preferible que el niño sienta miedo de algo en concreto, por ejemplo, del lobo, antes que tener miedo a algo disperso que no es capaz de identificar y que le podría provocar un malestar agobiante si no tiene ninguna vía a través de la que poder atisbar un alivio respecto a la realidad que le inquieta. Los finales felices son la representación máxima de la esperanza. En la vida real las circunstancias difíciles no siempre tienen, desgraciadamente, un final feliz. Pero la esperanza es la última que se pierde y la que nos mantiene en pie. El final de los cuentos supone por tanto un elemento decisivo no sólo para otorgar sentido a la narración, sino también para provocar la reacción emotiva de aquellos que escuchan o leen el relato. 2.2.3. La función terapéutica de los cuentos de hadas Sana, sana, colita de rana Desde el campo de la Psicología, la corriente psicoanalista destacó la importancia de los cuentos para la construcción de una personalidad equilibrada. “Bettelheim utilizó los cuentos populares para ayudar terapéuticamente a los niños y niñas traumatizados por su experiencia en los campos de concentración nazis” (Colomer, 2005, p. 205). A raíz de ello, a finales de los años setenta surgió una reflexión acerca del uso de estos relatos como un material prudentemente recopilado para responder a los conflictos psicológicos propios de la etapa infantil. “El hallazgo de tan provechosas aplicaciones terapéuticas del cuento maravilloso no es algo reciente, sino que en la tradición hindú ya se utilizaban los cuentos con esta finalidad” (Barcía, 2004, p. 21). En aquellos remotos 34 Gustave Doré, “Pulgarcito”, 1861. Aterradora imagen del ogro a punto de asesinar a sus hijas. Las criaturas duermen plácidamente indefensas ante el propio crimen que su propio padre va a cometer. Érase una vez… una emoción tiempos se ofrecía un cuento a aquellas personas psíquicamente desorientadas para que meditaran sobre él y de esta forma llegasen a vislumbrar tanto la naturaleza del conflicto que vivían y por el que estaban sufriendo, como la sensibilidad de su resolución. En apartados anteriores hacíamos referencia a determinados elementos que dan a los cuentos de hadas un valor primordial, entre ellos la esperanza. Puede que un niño se sienta desalentado, tratado injustamente por los adultos e incluso menospreciado, pero los cuentos de hadas le confieren la promesa de que algún día ese estado de inferioridad que le abruma desaparecerá, de que habrá recompensas justas y de que sus méritos le serán reconocidos. Con esta connotación de socorro, el pequeño vislumbra la posibilidad de superar, sirviéndose al mismo tiempo de la imaginación, muchas situaciones difíciles y desagradables. Los niños se mueven en un remolino de conflictos emocionales en el que la tristeza, la alegría, el entusiasmo, el miedo, el amor y el odio se suceden trepidantemente provocando su desconcierto. La vacuna más eficiente para apaciguar todas estas enfermedades del corazón no es otra mas que la comprensión y el amor con que los adultos (especialmente los padres y maestros) arropan a los niños en esas circunstancias en las que tan emocionalmente frágiles se encuentran. Haciendo alusión a lo expuesto por Osoro (2004, p. 32) en su ensayo Por qué y para qué leer o contar cuentos a los niños, los cuentos de hadas pueden ser “una de esas llaves hacia el sosiego interior y la comprensión de nuestros propios conflictos”. En una reflexión sobre las lecturas de la infancia, Schlesinger consideraba que los cuentos clásicos transmiten a los niños lo que ellos ya conocen de un modo inconsciente: que la naturaleza humana no es innatamente buena, que los enfrentamientos son reales y que la vida es difícil antes de poder llegar a ser feliz (Tatar, 2003). Estos cuentos se toman muy en serio los conflictos existenciales que atraviesan los niños durante la infancia exponiéndolos entre sus líneas hasta alcanzar toda su crudeza. Los niños, pequeños, impotentes, y a menudo tratados con 35 Mabel Lucie Attwell, “El patito feo”. Soportando con firmeza las burlas de los demás, el patito resulta victorioso aunque no muestra orgullo o vanidad en su gloria. Figura 12 Figura 13 Érase una vez… una emoción desdén tienden a identificarse con la poco agraciada criatura del Patito Feo de Andersen11 que, al igual que muchos héroes de los cuentos de hadas, es el más joven de su bandada. Y éste es precisamente el mensaje que los cuentos de hadas transmiten a los niños: que la batalla contra las dificultades de la vida es ineludible y, si uno no abandona, sino que afronta las privaciones inesperadas y a menudo injustas, llegará a superar todos los impedimentos rebelándose al fin triunfante. 2.2.4. La identificación del niño con los personajes del cuento Frente a ti hay un espejo Cuando el niño lee o escucha un cuento de hadas pone en juego el poder de su fantasía y logra reconocerse a sí mismo en el personaje central, en sus peripecias y en la resolución de sus dificultades. El personaje vive dentro del niño y éste no sólo se reconoce en sus acciones, sino también en conductas que proceden de inquietudes, de vacilaciones, de reflexiones previas. Los niños principescos de los cuentos de hadas son exactamente iguales que los demás niños. Por eso no resulta difícil para los pequeños oyentes compartir los esfuerzos emocionales de sus homólogos imaginarios. El fundamento “pecaminoso” de los cuentos de hadas explica por qué los niños reaccionan ante ellos con gran ardor emocional y por qué algunos de estos cuentos se convierten en sus favoritos. Una historia como Blancanieves puede tener una trascendencia especial para una niña que se enfrenta a problemas de apariencia o autoestima. Además, y a pesar de las miles de versiones que existen, el cuento posee un 11 Hans Christian Andersen (1805-1875). Autor de La niña de los fósforos y La princesa y el guisante entre muchos otros, fue el responsable de revitalizar el cuento de hadas y ampliar sus límites para dar cabida a nuevos deseos y fantasías (Tatar, 2003). 36 Arthur Rackham, “Hänsel y Gretel”, 1909. Los niños se reconocen rápidamente con los personajes de la historia, se convierten imaginariamente en protagonistas del relato sufriendo y a su vez disfrutando de todas sus aventuras. Érase una vez… una emoción núcleo estable que resulta fácil de identificar: el conflicto entre la madre y la hija. En cuanto cruzamos el lumbral del Había una vez…, descubrimos que los cuentos de hadas tratan de la vanidad12, la glotonería, la envidia, la codicia, la mentira, la gula o la pereza, esto es, los “siete pecados capitales de la infancia”. Y ésta es la principal razón por la que se ha logrado que los estos cuentos perduren a lo largo de las épocas. Todos los niños pasan durante la niñez por una etapa más o menos prolongada de temores: miedo a la soledad, al abandono, a la muerte, a perder a los padres, etc. Este periodo es de fundamental importancia para el niño porque en él consolidará (o no) su estabilidad emocional. El miedo es absolutamente necesario para el adecuado desarrollo emocional del chico. Osoro (2004) considera que gracias a la abundancia de ogros y brujas malvadas que se presentan en los cuentos de hadas, el niño se libera al materializar sus tormentos y angustias y deshacerse de ellos con la muerte de la bruja o la desaparición para siempre del ogro aterrador. Por lo general los monstruos de los cuentos de hadas y la literatura infantil son con frecuencia dobles del protagonista; representan su yo incivilizado, sin control sobre todos sus impulsos. Jean (1988) advierte que en la mayoría de los cuentos el ogro se presenta con un espíritu ingenuo como un niño que se deja embaucar por el héroe. El gigante es, por decirlo de otro modo, un enorme bebé patoso que se opone siempre a los intereses del protagonista. Entre muchas otras emociones, estos cuentos de hadas despiertan en los niños el que quizás sea el miedo más espantoso de la infancia: el abandono. Al identificarse con un personaje que es abandonado, dejado solo cuando uno no puede arreglárselas por sí mismo, se presenta ante ellos un panorama aterrador. Los padres, a menudo inconscientemente (y, a veces, intencionadamente), desafían el miedo de sus hijos al abandono para forzarlos a comportarse adecuadamente (bien es sabido que a los niños pequeños les preocupa que sus padres los vendan o los regalen si son malos). Por eso, que les lean un cuento de hadas como Hänsel y Gretel los tranquiliza. 12 Entre los pecados capitales de los cuentos de hadas, la vanidad tiene un alto rango. La madrastra de Blancanieves está constantemente consultando a su espejo, y las hermanastras de La Cenicienta se miran una y otra vez en el espejo para admirarse. 37 Érase una vez… una emoción Así, los cuentos dan salida a sentimientos poderosos que de otra manera podrían permanecer ocultos. Por eso, y con el fin de que un cuento de hadas cumpla su cometido psicológico, el niño tiene que implicarse personalmente en la historia. Y podemos afirmar que sí, han logrado con toda seguridad cumplir su misión dibujando a los protagonistas como niños corrientes con los que el pequeño establece de inmediato una conexión emocional. 2.2.5. La bruja siempre tendrá que morir. Un actor importante de todos estos dramas maravillosos es la bruja, quien representa una amenaza mortal para el héroe o la heroína de la historia. Al mismo tiempo que la bruja plantea un peligro para el personaje central del cuento, ensalza también los defectos y las flaquezas internas del niño que escucha el relato. Por tanto, y como bien apunta Cashdan (2000, p. 30), “la bruja personifica los rasgos indeseables del yo contra los que luchan todos los niños”. Este terrible personaje no sólo vive en las páginas del cuento de hadas sino también en los recovecos más penetrantes de nuestras mentes. Este tipo de cuentos se presentan como “dramas maternales en los que brujas, madrinas y otras figuras femeninas funcionan como derivados fantásticos de las escisiones de la niñez temprana” (Cashdan, 2000, p. 41). Son relatos que, con frecuencia, dividen la figura materna en dos 38 Gustave Doré, “Pulgarcito”, 1861. Pulgarcito escucha a escondidas mientras sus padres discuten el plan de abandonar a sus hijos en el bosque. El plato vacío del suelo y el aspecto famélico del perro evidencia el hambre que pasan. Gustave Doré, “Pulgarcito”, 1861. Cansados, los hermanos de Pulgarcito empiezan a llorar cuando se dan cuenta de que se han quedado solos. El bosque, oscuro y atemorizador, no ofrece consuelo alguno. Figura 14 Figura 15 Érase una vez… una emoción personajes: una madre buena fallecida y una madrastra perversa y caprichosa. De esta forma los niños pueden conservar la imagen positiva de la madre incluso cuando participan en fantasías sobre la maldad materna. Conforme el tiempo transcurre, la realidad de la vida infantil fuerza al niño a enfrentarse a la angustiosa percepción de que la persona encargada de su cuidado es a la vez gratificante y frustrante, buena y mala. Por eso los caracteres femeninos aparecen de forma tan destacada en los cuentos de hadas. Si los niños esperan vencer los malos pensamientos y los impulsos indeseables, la bruja tiene que morir. Esta muerte constituye el núcleo emocional del cuento de hadas. Pero además el niño siente la necesidad de cerciorarse de que esta eliminación de la bruja es cabal y completa, incluso si ello significa desplegar unos actos extremadamente violentos para las pautas contemporáneas. Si el niño no interpreta la muerte como un final, posiblemente la bruja podría reaparecer. Extrapolando este aspecto a la vida real nos damos cuenta de que en muchas ocasiones los adultos embarullan el tema de la muerte diciendo a los niños que las personas queridas están dormidas o se ha marchado de viaje. Los niños pequeños tienen dificultad para comprender la finalidad de la muerte pero de algo sí están seguros, y es que cuanta más crueldad haya durante la muerte de la bruja, menos improbable será su retorno. 39 Anónimo, “Barba azul”, 1865. Un Barba Azul salvaje y enfurecido agarra a su esposa por la muñeca y se prepara para matarla con la espada. Al fondo, los dos hermanos se lanzan a salvarla antes de que sea demasiado tarde. Gustave Doré, “Barba Azul”, 1861. Ambos hermanos atraviesan con sus espadas el cuerpo de Barba Azul asegurándose de su muerte. Figura 16 Figura 17 Érase una vez… una emoción Pero no sólo la figura de la bruja representa una amenaza para la integridad del héroe o la heroína. Ogros, monstruos y animales feroces están continuamente de guardia en el umbral de los bosques y las selvas tenebrosas, de modo que sólo aquellos que estén dispuestos a enfrentarse a ellos y vencer los peligros, podrán triunfar y traspasar este umbral. Pulgarcito consigue sin ayuda burlar al ogro, derrotarlo y regresar a casa como un héroe sacando a sus padres de la pobreza que les llevó a abandonar a sus hijos en el bosque. En el plano psicológico, y tal y como Cooper (2004, p. 178) sugiere en su obra “Cuentos de hadas”, esta selva tenebrosa o embrujada “puede representar el mundo confuso de los problemas sexuales o mentales, siendo también el reino de las emociones, con toda su inestabilidad”. Dando vida a personajes oscuros de nuestra imaginación como ogros, brujas y gigantes, los cuentos de hadas provocan miedo pero siempre proporcionan al final el placer de verlos derrotados. Pocas figuras de estos cuentos son tan poderosas o dominantes como la bruja. Sin embargo, y para que un cuento de estas características cumpla su propósito psicológico, la bruja debe morir forzosamente porque es ella quien personifica la parte pecaminosa del yo. Una vez que la bruja muera, todos vivirán felices para siempre jamás. 2.3. Érase una vez… La Cenicienta y la zapatilla de cristal. Querida niña, sigue siendo siempre buena y piadosa. Yo velaré por ti desde el cielo. Después cerró los ojos y murió (Grimm, 1812). Cuentos como Piel de Asno o Pulgarcito y, en general, todos los cuentos de hadas en los que un o una protagonista infantil es enfrentado a fuerzas superiores y terminan con el triunfo del más joven, constituyen un instrumento muy apropiado que ayuda a la consolidación de la seguridad afectiva y emocional de los niños. Los relatos maravillosos hablan de lo que hace sufrir y gozar a los niños, de lo que aman y rechazan, de sus miedos y temores, de sus sueños y añoranzas, de sus tristezas y 40 Érase una vez… una emoción alegrías. En definitiva, aluden a sus emociones. Las palabras se convierten en transmisoras de afectos y, apoyando la idea expresada por Osoro (2004) en su artículo Educar las emociones a través de los cuentos, permiten a los niños el acceso a un nuevo mundo lleno de misterios y emociones. Siguiendo lo expuesto por Bettelheim (1995) y Cashdan (2000), en las siguientes líneas nos introduciremos de lleno y viajaremos por los mundos de Cenicienta, una historia que, mirando más allá de los bonitos vestidos y de la llegada del príncipe, es esencialmente una narración sobre la envidia. “Ningún otro cuento de hadas expresa tan bien como las historias de La Cenicienta las experiencias internas del niño pequeño que sufre la angustia de la rivalidad fraterna, cuando se siente desesperadamente excluido por sus hermanos y hermanas” (Bettelheim, 1995, p. 246). Al compararse con sus hermanos, el niño teme no poder ganarse el amor y la estima de sus padres. Tanto La Cenicienta como otros cuentos como La princesa rana eligen como blanco la envidia y las dificultades interpersonales que esta emoción crea. Y ésta es precisamente una de las razones principales por las que La Cenicienta y sus múltiples versiones tocan una fibra sensible en todos los niños. La historia de esta muchacha, también conocida en otras regiones del mundo como Rasjin Coatie (Escocia) o Yen-hsien (China) trae consigo implícita una aventura sobre los celos, especialmente los que tienen lugar entre hermanos. Cuando los niños la escuchan establecen en su interior una unión entre los celos que los protagonistas sienten y los suyos propios. Pero la historia va todavía más allá, pues se refiere además a la persecución y al castigo, de forma que los docentes podrían incluso utilizar este cuento para iniciar un debate sobre los niños que persiguen o acosan a otros en la escuela. Una de las versiones más familiares del cuento es la adoptada por Perrault13 básicamente por dos razones: porque Disney la utilizó como base para su película y porque la versión de los hermanos Grimm14 contiene escenas de mutilación de miembros humanos que quizás ha encontrado más rechazo a lo largo de los años por su excesiva violencia explícita. 13 Charles Perrault (1628-1703). Autor de clásicos como Pulgarcito o Caperucita Roja, Perrault escribió una obra con un atractivo popular sin precedentes. A través del alboroto, las escapadas, las aventuras y los romances de los personajes de los cuentos, este escritor encontró la manera de comunicar qué era lo importante y cómo ponerlo a buen recaudo (Tatar, 2003). 14 Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859) Grimm. Estos compiladores eliminaron de forma sistemática todo rasgo de humor de los cuentos que recogieron y no dudaron en mantener la violencia e incluso aumentarla en ciertos casos (Tatar, 2003). 41 Érase una vez… una emoción Basilia la Hermosa (Alexander Afanasev) Teniendo cierto parecido con La Cenicienta y Hänsel y Gretel, la protagonista de este relato es perseguida por su madrastra y tiene que vivir en la cabaña de una bruja caníbal. Además de sufrir los malos tratos por parte de su madrastra en la propia casa de su padre, se ve obligada a enfrentarse a las amenazas de un temible ogro que quiere hacer de ella su próxima comida. La muñeca, una ayudante mágica concebida como una “bendición” de su madre, la protege cuando resulta necesario. El final feliz de la historia la incluye no sólo a ella y al zar sino también a su padre y a la mujer que le dio cobijo. 48 Gustave Doré, “La Bella Durmiente del bosque”, 1861. Curiosa, una Bella Durmiente estira la mano para tocar el huso que la hará dormir. El pájaro posado sobre la silla sugiere que estamos ante un acontecimiento siniestro. Además, la postura que mantiene el gato se asocia con la curiosidad. Arthur Rackham, “La Bella Durmiente del bosque”, 1909. El príncipe se acerca a la Bella Durmiente, cuya belleza, como describen los hermanos Grimm, posee un brillo sobrenatural. Ivan Bilibin, “Basilia la Hermosa”, 1900. Con la escoba en una mano, el mazo de mortero en otra y el pelo blanco volando al viento, BabaYaga es un símbolo amenazador. Aunque no está encorvada por la edad, la rabia que refleja su rostro atemoriza a cualquiera. Ivan Bilibin, “Basilia la Hermosa”, 1900. Basilia ha logrado hacerse con el fuego. Queda atrás la cabaña de la bruja, rodeada por una verja repleta de calaveras. La heroína lleva la luz de vuelta a su hogar. Figura 22 Figura 23 Figura 24 Figura 25 Érase una vez… una emoción Catalina Cascanueces (Joseph Jacobs) Catalina cascanueces pertenece a la variedad de cuentos de hadas del “hazlo o morirás”. A la princesa le es encomendada una tarea: si fracasa, pierde la vida, pero si tiene éxito, se gana al príncipe y el reino. La historia toca, aunque no lo desarrolla, el tema de la madrastra. Y nos ofrece a una heroína que tiene que desencantar a una criatura a la que un hechizo ha transformado en monstruo. El rey sapo o Heinrich el Inflexible (Jacob y Wilhelm Grimm) Este relato, el primero de Cuentos de la infancia y del hogar de los hermanos Grimm, presenta un claro parecido con el cuento de La Bella y la Bestia. Bettelheim (1995) interpretó esta historia como una breve descripción del proceso de maduración en el que la princesa se debate entre el principio del placer y las advertencias de su padre. Lejos de exponer la compasión, El rey sapo apoya un acto de rebeldía y la expresión de auténticos sentimientos. El enebro (Philipp Otto Runge) El enebro es probablemente el más chocante de todos los cuentos de hadas. La belleza del relato no radica tanto en su interés estético sino en el hecho de tratar inquietudes que nos fascinan al evocar en nosotros el terror puro. El enebro parece 49 Wanda Gág, “El rey sapo o Heinrich el Inflexible”, 1936. La rana se ha puesto cómoda en el extremo de la cama mientras la princesa no para de llorar preguntándose qué es lo que debe hacer a continuación. Arthur Rackham, “El rey sapo o Heinrich el Inflexible”, 1913. La princesa no disimula su asco cuando alarga el brazo para recoger la pelota de oro. La escena transcurre en el bosque, lejos de la seguridad de su palacio. Figura 26 Figura 27 Érase una vez… una emoción representar el proceso de crecimiento y alejamiento de la madre a la par que el acercamiento al padre, quien viene a significar la independencia. La historia de los tres osos (Anónimo) Como en La historia de los tres cerditos, este cuento se vale de fórmulas repetitivas para llamar la atención de los pequeños y transmitirles la idea de seguridad y cobijo. En opinión de Bettelheim (1995), la historia de Ricitos de Oro no estimula a emprender la dura tarea de solucionar los problemas que presenta el crecer. No obstante, es cierto que el cuento muestra las consecuencias de sólo “probar” cosas que no nos pertenecen. 50 Hermann Vogel, “El enebro”, 1893. La pequeña Marlene reflexiona sobre el estado de su hermano y se pregunta cuál es el motivo por el que está tan pálido. Esa bufanda apretada en el cuello del pequeño esconde el violento crimen de la madrastra. Warwick Globe, “El enebro”, 1923. De la llama del árbol surge con toda su gloria el pájaro que simboliza al hermano de la pequeña. Las ramas del árbol y el pelo de la niña la vinculan con este hermoso animal. R.André, “Ricitos de Oro y los tres osos”. Ricitos de Oro no sólo se atreve a comerse la comida del osito pequeño, sino que antes de eso tiene la osadía de saborear el plato de ambos padres del osito. Arthur Rackham, “La historia de los tres osos”, 1933. Los osos, rebosantes de una ira que se refleja en sus rostros, apenas pueden creer lo que ven cuando descubren que un extraño se ha sentado en sus sillas y se lo ha comido todo. Figura 28 Figura 29 Figura 30 Figura 31 Érase una vez… una emoción Molly Whuppie (Joseph Jacobs) Molly Whuppie mezcla el comienzo de Hänsel y Gretel con la historia de Pulgarcito, siendo en este caso una niña la que, con su astucia, engaña y vence a un adversario más poderoso que ella. El relato enfrenta a los niños a sus miedos más primitivos al explorar el temor a ser abandonados y morir de hambre, tanto literal como metafóricamente. Las hadas (Charles Perrault) De parecido evidente a Estrellita de oro o rabo de burro, este cuento narra la historia de dos hermanas con caracteres muy dispares que el destino tendrá en cuenta a la hora de decretar la suerte de cada una de ellas. La menor, vivo retrato de su padre por su dulzura, es una de las muchachas más bellas que jamás se hayan visto. Además de la celebración de su boda, el cuento termina con la muerte de la hermana mayor. La princesa y el guisante (Hans Christian Andersen) Es posible interpretar la sensibilidad de la protagonista en un sentido metafórico como una medida de la profundidad de sus sentimientos y compasión. Andersen nos ofrece una heroína valiente que se presenta en la puerta del príncipe después de localizarlo. A día de hoy el relato continúa siendo uno de los cuentos de Andersen preferidos por el público infantil. 51 Gustave Doré, “Las hadas”, 1861 Igual que Cenicienta, esta pobre niña es obligada a trabajar sin cesar y a ir dos veces al día a buscar agua a una media legua de casa. Gustave Doré, “Las hadas”, 1861 Tras escapar de casa ante las amenazas de su madre, la hija menor se refugia en el bosque y es encontrada por el hijo del rey que, inmediatamente, se enamora de ella. Kay Nielsen, “La princesa y el guisante”, 1924. Golpeada por el viento, la princesa busca resguardo en el castillo, donde es recibida por el rey. Figura 32 Figura 33 Figura 34 Érase una vez… una emoción Bajo su apariencia infantil los cuentos transmiten, a quienes tienen oídos para oír, ojos para ver y corazón para sentir, un sabor muy sutil al que el ser humano ha recurrido durante cientos de años para aprender a conocerse mejor, para encontrar el lugar que le corresponde en el mundo. Y tengamos siempre presente que los cuentos de hadas no son simples historias inventadas. Nos hablan de nosotros mismos, pero es necesario escucharlos con el corazón. Sólo de esta forma nos entregarán sus más preciosos tesoros escondidos. Escojamos cualquiera de ellos, todos tendrán el poder de sacar a la luz las emociones de los niños, de hacer florecer deseos y sentimientos que quizás por sí solos no hubiesen sido capaces de reconocer. Cuentos que entusiasman, estremecen, impresionan y, en definitiva, dejan viajar a nuestras emociones a territorios de encanto y encantamientos. Hadas… maravillas… alegrías… miedos… felicidad… Al fin y al cabo, eso es lo que nos ofrece el cuento de hadas. Y haced caso a vuestro corazón, pues aunque a veces no parezca muy listo, nunca os engañará. 52 Érase una vez… una emoción 3. CONCLUSIONES Tras un periodo de olvido, el mundo de los sentimientos y las emociones ha despertado en los últimos años el interés de la Psicología, pues como bien apuntan recientes investigaciones, el origen de las emociones se localiza tanto en el ámbito fisiológico como social de los seres humanos. El desarrollo de competencias emocionales que contribuyan al bienestar personal y social de los niños es una de las funciones que la educación emocional se ha propuesto. Sin embargo, a veces olvidamos que estas habilidades deben ser enseñadas por un equipo docente competente en materia de emociones, pues el aula es para el niño un lugar del que obtiene modelos de aprendizaje socioemocionales muy importantes para su desarrollo como personas. El hecho de llevar a la práctica la educación emocional no implica la realización de actividades meramente mecánicas y sin sentido alguno para los niños, sino más bien adoptar actitudes y recursos que faciliten la acogida y vivencia de las emociones. Por medio de un lenguaje simbólico, los cuentos de hadas reflejan los sentimientos, emociones y pensamientos de los niños y cumplen además una función terapéutica, pues les ayudan a superar esos nudos emocionales que en ocasiones los atormentan. Estos textos embarcan a los muchachos en viajes hacia el descubrimiento de profundos tesoros y nuevos mundos secretos que despiertan sus deseos y preocupaciones más intensas. En ese mundo de lo imaginario se presentan historias que despiertan el placer de vencer a siniestros ogros y madrastras que personifican los miedos infantiles. A través de estos cuentos, maestros y padres tienen la oportunidad de tratar con los niños asuntos que para ellos son importantes y que atañen a su mundo interno emocional. Temas que van desde el miedo al abandono y la muerte hasta las fantasías de venganza, envidia y triunfo que llevan hasta los esperados finales felices. Los cuentos de hadas son una fuente incomparable de aventuras, sí, pero también ayudan a los niños a enfrentarse a los conflictos internos que día a día los persiguen sin consideración alguna. Por este motivo, tenemos en nuestras manos poderosos instrumentos que pueden contribuir a enriquecer la vida emocional e intensificar el desarrollo infantil. Y dejemos que sean ellos, siempre imaginativos y creativos, los que nos sorprendan con sus insólitas deducciones. 53 Érase una vez… una emoción VALORACIÓN PERSONAL Érase una vez… una emoción. De esta forma decidí titular el presente estudio que pretende acercarse al conocimiento del mundo de las emociones tratando temas tales como el origen de los estados emocionales, la importancia de proporcionar a los niños una educación emocional de calidad, el papel de los docentes como responsables de transmitir a sus alumnos unas bases socioemocionales sólidas y la utilización de los cuentos de hadas como instrumentos verdaderamente eficaces para adentrarse en el mundo interno emocional de los niños. De la primera parte del escrito destacaría sin duda alguna el espacio dedicado a la importancia de la formación de los docentes en materia de emociones. Pero antes de continuar hagamos una breve pausa en este asunto para analizar un interrogante que me surgió durante la elaboración del estudio… ¿por qué en la formación universitaria que reciben los maestros no hay incluida una asignatura exclusivamente destinada a la educación de las emociones? Si mal no recuerdo, en estos cuatro años de formación docente hemos trabajado incontables contenidos y competencias orientados a la adquisición de métodos y formas de enseñanza para trabajar con niños de Infantil. Sin embargo, y no por ello quiero restarle importancia al resto de los aprendizajes, el tema de la formación en educación emocional parece estar todavía lejos de recibir la consideración que merece. Estoy de acuerdo en que se trata de un aspecto relativamente novedoso, pues pocos años han pasado desde que recientes investigaciones hayan demostrado la repercusión que una buena educación emocional tiene en el desarrollo integral de las personas. Sin embargo, son cada vez más los estudios que apoyan la necesidad de destinar un periodo dentro de la formación docente para descubrir nuestro mundo interno emocional. No olvidemos que si un maestro no es consciente de lo que siente y de las formas en que puede regular y expresar sus emociones, difícilmente será capaz de transmitir eso a sus alumnos. Siendo sinceros, el hecho de dar nombre a un trabajo en el que se ha invertido gran tiempo y dedicación, no resulta ni mucho menos sencillo. Tras barajar muchas opciones y dudar sobre qué era exactamente lo que quería reflejar en el título, finalmente escogí la que a mi parecer se aproximaba más a la idea general de la que iba a tratar el escrito. Y como todo trabajo hecho con la mejor de las intenciones, también tiene sus puntos 54 Érase una vez… una emoción débiles. Sirva a modo de ejemplo el asunto de los cuentos de hadas, pues este estudio quizás da a entender que están únicamente preparados para cumplir su función en un ambiente infantil. Sin embargo, esto no es exactamente así. Desde el campo de la Psicología actual, muchos profesionales siguen aprovechando las funciones terapéuticas que los cuentos de hadas ofrecen para trabajar a nivel emocional con personas perturbadas afectiva y emocionalmente. Quiero apuntar además que la realización de un estudio de estas características me ha supuesto la apropiación de toda una serie de contenidos referidos al ámbito emocional que estoy convencida me servirán, y ese es precisamente uno de los objetivos de este trabajo, para proyectar a mis futuros alumnos una imagen de la que puedan obtener modelos de apreciación, regulación y expresión de emociones. Pero la esencia del texto no se detiene en este cometido, sino que va más allá. Es cierto que se trata de un trabajo teórico que refleja ciertos contenidos referidos al universo de las emociones, pero a nivel personal me ha supuesto algo más profundo. Una reflexión que no sólo ha logrado sumergirme en un auténtico viaje hacia el mundo emocional de las personas, sino que además me ha traído hermosos recuerdos de aquellos momentos de mi infancia en los que yo también sufría cuando el protagonista de una historia estaba a punto de morir. Desearía hacer una mención especial a la parte del trabajo que habla de los cuentos de hadas. Una vez terminado el estudio caí en la cuenta de un curioso aspecto en el que no me había parado a pensar nunca antes, y es que a lo largo de mi vida han sido dos ocasiones en las que los cuentos de hadas han llamado mi atención: de niña y de adulta. Y ahora, gracias a la elaboración de este escrito y al tiempo que en él he tenido el placer de dedicar, he tenido la oportunidad de apreciar realmente cuán valiosos son estos cuentos como herramientas que nos aproximan a ese océano de emociones en las que nos vemos inmersos. Por eso espero en años futuros tener la ocasión de seguir investigando para ampliar mis conocimientos acerca de este tema, trasladándolos a las aulas y haciendo que mis alumnos disfruten y se emocionen con estas hermosas joyas. Durante todo este tiempo he visitado las páginas de numerosos cuentos de hadas, he analizado su contenido emocional, la esencia que en ellos se esconde, y puedo afirmar que si somos capaces de escoger el cuento preciso en el momento adecuado, estaremos dando a los niños la posibilidad de resolver esos conflictos emocionales que a veces los atormentan a través de un bonito tesoro del que muchos nunca se olvidarán. Por eso 55 Érase una vez… una emoción espero de corazón, como espera un niño impaciente a que la bruja sea vencida por el héroe, que este trabajo sirva a quien lo lea para comprender la transcendencia que tiene la educación de las emociones para la vida de los niños y la utilización de materiales que sean verdaderamente prácticos para llevarla a cabo en las aulas. Muy probablemente nuestra vida no hubiera sido igual si nunca nadie nos hubiese hablado de esa encantadora casita de chocolate en la que dos inocentes hermanitos abandonados entraron para nunca saber cuándo salir…Entre las tapas de un cuento de hadas se esconden, sin duda, auténticas maravillas que nos hacen soñar, anhelar, imaginar, dudar e inquietarnos, y despiertan delicadamente nuestras emociones más profundas. 56 Érase una vez… una emoción REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Barcia Mendo, E. (2004). Los cuentos populares y su utilización didáctica en Educación Infantil y Primaria. En E. Barcia, La tradición oral en Extremadura. 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