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Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es ! Trabajo Fin de Máster Alonso de Aragón (ca. 1468-1520), arzobispo de Zaragoza y virrey de Aragón. Aproximación a su biografía Autor Jaime Elipe Soriano Director Eliseo Serrano Martín Facultad de Filosofía y Letras 2014
El presente trabajo pretende abordar la vida de don Alonso de Aragón (ca. 14691520), hijo ilegítimo de Fernando el Católico. Siendo niño fue nombrado arzobispo de Zaragoza y continuó acumulando prebendas eclesiásticas a lo largo de su vida así como cargos políticos, siendo en varias ocasiones virrey de Aragón. La importancia de este personaje es capital debido al vacío historiográfico de los denominados Arzobispos de la Casa Real de Aragón, quienes entre 1458 y 1577 ostentaron la mitra cesaraugustana casi sin interrupción. Además, fue una figura clave de su tiempo, colaborador con el poder real en todo momento y al parecer, fiel aliado del nuevo rey de Aragón, el futuro emperador Carlos V. This paper aims to approach the life of Don Alonso of Aragon (ca. 1469-1520), illegitimate son of Ferdinand II. When he was a child, he was appointed Archbishop of Zaragoza and he continued accumulating ecclesiastical prebends throughout his life and political position, being on several occasions Viceroy of Aragon. The importance of this character is capital because of the historiographical gap of the Archbishops of the Royal House of Aragon, who between 1458 and 1577 held the miter of Zaragoza almost no interruption. He was also a leading figure at his time, collaborator with the royal power at all times and apparently he was a faithful ally of the new king of Aragon, the future Emperor Charles V.
1 I. Introducción 0 II. Estado de la cuestión 6 a) El reino de Aragón 6 b) La biografía 8 c) Historia de la Iglesia 10 d) La bastardía 13 e) La historia política 15 f) Fuentes 19 III. Nacimiento de Alonso de Aragón 24 IV. Alonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza 26 a) La mitra cesaraugustana 28 a) La provisión del arzobispado 28 b) Pastor de almas 30 V. La cumbre de la responsabilidad: 1516-1520 34 a) Génesis de la gobernación general y la lugartenencia general 36 a) Ni gobernador, ni curador 39 VI. Alonso de Aragón: ¿pudo ser Alfonso VI de Aragón? 41 a) Dos enemigos al servicio del príncipe 43 VII. El infante Fernando: ¿pudo ser Fernando VI de Castilla y III de Aragón? 49 VIII. Cortes de 1518: al servicio del rey, pero también del reino 52 IX. La familia: fuente de conflictos y de poder 56 X. Otras líneas 61 XI. Conclusiones 64 XII. Bibliografía 67 a) Fuentes 75 XIII. Anexos 77 a) Árboles genealógicos 77 b) Carta de Alonso de Aragón a Juan de Aragón 80
2 I. Introducción Durante casi un siglo la sede metropolitana de Zaragoza fue ocupada por arzobispos de sangre real de la casa Trastámara. El primero de ellos fue Juan de Aragón, quien tomó posesión de la misma en 1458; el último, Hernando de Aragón, muerto en 1577. Esta costumbre secular sólo se vio interrumpida en dos ocasiones, mediante la elección de Ausías Despuig y de Fadrique de Portugal; ambos no llegaron a residir en la archidiócesis. Estos prelados vinculados con la familia real compartían un rasgo en común: todos eran hijos naturales de reyes o nietos de éstos. El primero de esta dinastía de Arzobispos de la Casa Real, como comúnmente han sido denominados, fue Juan I de Aragón, hijo del rey Juan II, quien recibió la archidiócesis en 1458. El siguiente fue Alonso de Aragón, hijo de Fernando II. Siendo todavía niño, obtuvo la dignidad en 1479; a su muerte en 1520 ésta recayó en su hijo Juan II de Aragón. La estirpe de arzobispos de sangre real finalizó con Hernando de Aragón, hijo de Alonso y por tanto hermano del anterior. Además de la importancia que tuvieron por su posición eclesiástica al frente de una de las diócesis más ricas de España y la de mayor importancia en la Corona de Aragón, todos ellos desempeñaron un importante papel en la política del momento. Al estar tan estrechamente vinculados con la figura del rey –ya fuera como hijos, nietos…– ocuparon los puestos más altos de responsabilidad, tanto como diputados como lugartenientes generales. Si bien es cierto que hubo diferencias en cuanto a su grado de compromiso con el poder real, se puede afirmar con los conocimientos actuales que todos fueron fieles servidores de la Corona y del Reino. Esta adhesión a los reyes de Aragón se vio beneficiada de muchas maneras aparte de la responsabilidad política, pero principalmente mediante prebendas eclesiásticas. Se acumularon de forma continuada todo tipo de beneficios y rentas provenientes de órdenes militares, cabildos, monasterios y diócesis. El caso palmario fue Alonso de Aragón, quien consiguió acumular en sus manos, entre otras muchas dignidades, los arzobispados de Zaragoza y de Valencia; en el ocaso de su carrera todavía guardaba esperanzas de obtener la mitra de Sevilla o incluso la de Toledo. Si obtuvieron grandes honores fue debido precisamente a que eran unos instrumentos utilísimos en manos de los monarcas. En primer lugar, ocupando posiciones de preeminencia podían respaldar la política real en todo momento. En
3 segundo lugar, como personas de sangre real eran idóneos en una época donde el absentismo regio dejó definitivamente de ser excepción para ser norma. Y en tercer lugar, tuvieron un valor estratégico muy importante en cuanto a extender las redes de la monarquía mediante los matrimonios de sus descendientes –en caso de tenerlos–. El interés que despierta el estudio de los arzobispos de la casa real de Aragón por lo tanto, es múltiple y poliédrico. Primero, como prelados dentro del contexto europeo de finales de la Edad Media y comienzos de la Moderna; momentos antes de la Reforma luterana y los profundos cambios producidos por Trento. Segundo, como personajes de un gran peso político, principalmente Alonso y Hernando, quienes llegaron a ocupar los puestos de responsabilidad política más elevados del reino con Fernando II, Carlos I y Felipe II. Tercero, como bastardos reales, figura que prácticamente ha permanecido fuera del interés historiográfico hasta el momento –tanto por medievalistas como modernistas– y su posicionamiento dentro de la política real. Cuarto, y derivado del punto anterior, se encuentran los círculos de poder en los que se movieron estos personajes y que en muchas ocasiones crearon. Las relaciones con otros personajes influyentes de la nobleza devino por caminos muy variados, pero se ha podido observar cómo las políticas matrimoniales y familiares de este linaje –madres, hermanos, o incluso los propios hijos– fueron fundamentales para crear un poder creciente dentro del reino. No ha de olvidarse tampoco la gran influencia y peso que tuvieron durante el reinado de los últimos Trastámara en la Corona de Aragón los bastardos de origen real, y no únicamente los arzobispos de Zaragoza, ayudando a la monarquía a consolidar su creciente poder. Su poder e intereses en absoluto se redujeron a la Corona, sino que había múltiples en Castilla. Quinto y último, el despliegue de medios que desarrollaron desde su poder para crear una imagen de sí mismos mediante la constante inversión dentro de sus diócesis, mejoramiento de fábricas y producción cultural, en ocasiones de la mano del mismo mitrado, como fue el caso del polígrafo Hernando. Por lo tanto, la investigación de la saga de arzobispos toca muy variados temas, desde la historia de la Iglesia a los círculos de poder, desde la historia cultural a la de las instituciones. Además, la carencia de estudios importantes sobre el conjunto de los mismos hace más interesante todavía la labor científica en esta parcela todavía virgen de la historia a caballo entre dos épocas: el esplendor y la caída de una forma de vida que la Contrarreforma cortó de raíz en buena medida así como la llegada de una nueva casa reinante.
4 Evidentemente, el estudio de los Arzobispos de la Casa Real de Aragón, desde su primer miembro, el ya citado Juan I, hasta el último, Hernando, es un trabajo de dimensiones monumentales. La falta de estudios totales para ninguno de los miembros hace que quede gran parte de la labor por desarrollar.1 De tal manera, lo que se plantea en el actual trabajo de fin de máster es precisamente el estudio de un único prelado. Este es Alonso de Aragón, hijo de Fernando II y padre de los dos últimos mitrados de la casa real. Al tratarse de una investigación previa a lo que posteriormente será la tesis, pensamos que este personaje es lo suficientemente interesante y documentado por fuentes editadas que ponga de relieve todas las facetas citadas anteriormente. Otrosí, su pontificado fue el más largo de todos, ya que ocupó prácticamente toda su vida (41 años) y vivió bajo la égida de su padre, el Católico. Sin embargo, son especialmente interesantes y agitados los cuatro años que lo sobrevivió en los que quedó al frente de la lugartenencia mientras su sobrino Carlos I comenzaba a hacerse cargo de la gran herencia europea que sus abuelos le habían legado. Para poder centrar la lente de estudio en un personaje concreto, ha sido necesario bucear en la amplia bibliografía relacionada con el tema: génesis de la lugartenencia y procuración general en Aragón, situación del episcopado hispano, otros hijos ilegítimos de relevancia en la Corona. La lectura de estudios sobre el virreinato y la representación del rey en época moderna ha sido intensa, aunque el problema radica en que ésta está centrada en períodos posteriores, sobre todo a partir de Felipe II y en los territorios italianos. Posteriormente se ha procedido a la lectura de fuentes de cronistas modernos que se encuentran impresas, ya sea recientemente en forma de estudio o facsímil, también en su edición original. Evidentemente, la lectura de obras de carácter biográfico ha ocupado también parte del tiempo empleado en la investigación. Al dedicarse el trabajo a un personaje concreto, el género biográfico resulta de tremendo interés para su correcto acercamiento; por ello se han leído diversas obras recientes y alguna clásica al respecto. Todo ello se desgrana más adelante. 1 El más estudiado de los arzobispos, Hernando de Aragón, cuenta con dos trabajos principales, de los cuales el más completo es, si bien una biografía divulgativa, Gregorio Colás Latorre, Isidoro Miguel García, Jesús Fermín Criado Mainar, Don Hernando de Aragón: arzobispo de Zaragoza y virrey de Aragón, Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón, Zaragoza, 1998. Por su parte, centrado en el aspecto religioso del mismo, Isidoro Miguel García, Don Hernando de Aragón, Arzobispo de Zaragoza (1539-1575): índole pastoral y talante reformador del último arzobispo de la casa real de Aragón, Zaragoza, 1994.
5 Por último, no se han realizado consultas de archivo, si bien sí que se han valorado las posibilidades que ofrecen en un futuro. Esto es debido a que al ser un proyecto a largo plazo como será la tesis, ha sido preferible hacer un esbozo más o menos concienzudo con los recursos bibliográficos existentes, ya que la carencia de una monografía sobre la vida de Alonso de Aragón lo justifica plenamente. Sin embargo, no excluye el hecho de que se haya podido estudiar documentación de la época, si bien editada, ya sea en bibliografía moderna o en los propios cronistas cuando insertan documentos epistolares. Cabe destacar que por la complejidad de las relaciones matrimoniales y cantidad de ellas, se han añadido en los anexos una serie de árboles genealógicos de los principales personajes y linajes para facilitar la lectura. Asimismo, se incluye una carta de don Alonso a su hijo Juan, quien estaba en la corte de Flandes. Es bastante interesante por la visión personal del arzobispo de toda la situación política tras la muerte de su padre, Fernando el Católico.
6 II. Estado de la cuestión Como ha quedado demostrado en el primer capítulo, existe una multiplicidad de temas que confluyen en el presente trabajo fin de máster, ya que la figura de Alonso de Aragón ocupa muchos espacios y distintos entre sí, como le correspondía a un príncipe del Renacimiento. Por lo tanto, la bibliografía consultada para comprender el mundo e instituciones en el que se desenvolvía ha sido también variada; siendo la más reducida la centrada en la Iglesia, principalmente debido a su escasez y al mayor peso historiográfico actual que tienen otros temas, como el caso de los virreinatos. Evidentemente, la historia de Aragón se sitúa como marco de fondo de toda la vida del personaje. Antes de comenzar con el repaso bibliográfico es digno de señalarse que sobre el ilustre arzobispo de Zaragoza no existe actualmente, y dentro de mi conocimiento, ninguna obra que aborde su figura directamente. Únicamente hay noticias dispersas en distintos sitios, en muchas ocasiones se trata de una información repetitiva, tomada de un mismo autor y no siempre contrastada. Por ejemplo, la fecha de su nacimiento, sus inclinaciones a gobernar... son datos que se encuentran aquí y allá pero sin ningún fundamento mas que la reiteración en varios autores. a) El reino de Aragón Una vez centrado nuestro objeto de estudio, la figura del arzobispo de Zaragoza don Alonso, se requieren unas coordenadas para localizarlo. Ya hemos referido que lo hace a caballo entre las dos centurias, el XV y el XVI –y más adelante con mayor detalle-; el espacio físico es el reino de Aragón. Ha de tenerse en cuenta que esta referencia sirve únicamente como marco muy general, ya que aunque tan apenas se tienen noticias de que saliera con frecuencia de los límites de la Corona, sus intereses no se circunscribían a esta. Sirve por lo tanto para entender el desarrollo de los asuntos regnícolas, sobre todo aquellos relacionados con la foralidad y las instituciones propias. Sin embargo, queda escaso cuando se piensa en la política que mantuvo durante toda su vida, intentando entrelazarse con la alta nobleza castellana –es más, quizás con la italianao con las miras puestas en las mitras de Sevilla o Toledo.
7 Los estudios sobre el Aragón moderno son bastante abundante si bien hay una escasez de síntesis de carácter general.2 Existe un libro coordinado por E. Fernández Clemente que es bastante completo. El problema del que adolece, como bastante bibliografía del período que nos ocupa, es precisamente la cronología. La parte medieval no acaba de llegar a los Reyes Católicos y la moderna los ha sobrepasado prácticamente, de manera que quedan unos años algo vacíos. Sin embargo, la parte dedicada al Aragón moderno, a cargo de E. Serrano contiene una amplia bibliografía.3 Son de especial interés los trabajos de G. Colás y J. A. Salas sobre el Aragón de los Austrias, pero tienen el mismo problema de que la cronología queda algo corta para nuestro objeto de estudio, además que tienen más de treinta años desde su publicación. De cualquier manera, existe una visión general sobre los comienzos del siglo XVI, porque como ya se ha dicho, la historia de Alonso de Aragón no se circunscribe al reino de Aragón sino que extiende sus redes a toda la geografía ibérica.4 La Corona de Aragón a la muerte de Fernando el Católico va a sufrir un cambio dinástico de gran importancia. Los Trastámara, que durante un siglo –casiexacto gobernaron estos estados, se vieron sustituidos por un príncipe criado a la flamenca, muy consciente de su herencia borgoñona. Esto evidentemente trajo consigo nuevas perspectivas, posibilidades, cambios y conflictos. La Corona de Aragón dejaba de ser “el” estado del rey para pasar a ser “uno de” los múltiples reinos que reunía Carlos en su cetro, sin contar la corona imperial. En definitiva, era un mundo en cambio, en el que las formas de hacer de Fernando II se iban borrando al compás de los vientos flamencos.5 2 Estudios y reflexiones sobre el estado de las investigaciones ha habido varios, citaremos los clásicos de Fernando Solano Costa, Estudios sobre la historia de Aragón durante la Edad Moderna, CSIC, Madrid, 1967; José Antonio Armillas Vicente (dir.), Estado actual de los estudios sobre Historia Moderna de Aragón, vol. 1-2, Zaragoza, 1980. 3 Eloy Fernández Clemente (dir.), Historia de Aragón, La esfera de los libros, Madrid, 2008. 4 Gregorio Colás Latorre, José Antonio Salas Ausens, Aragón bajo los Austrias, Librería General, Zaragoza, 1977. 5 Aunque no son del período en concreto, tratan sobre cambios dinásticos: Eliseo Serrano Martín, “Austrias y Borbones. Cambios dinásticos en la España de la Edad moderna”, en El Compromiso de Caspe (1412), cambios dinásticos y Constitucionalismo en la Corona de Aragón, Obra Social de Ibercaja, Zaragoza, 2013, pp. 94-103; Ricardo García Cárcel, “Fin de siglo, fin de dinastía. Algunas reflexiones”, Studis: Revista de historia moderna, nº 31 (2005), pp. 67-84.
14 fue por lo tanto, hijo natural ya que su padre no había contraído nupcias y su madre tampoco. Es algo conocido que el hecho de ser ilegítimo no ha implicado que personajes en la historia hayan llegado a tener gran importancia. Sin ir más lejos, la propia casa de Trastámara era una rama bastarda descendiente de Alfonso XI y Leonor de Guzmán, o los Avís en Portugal. De cualquier manera, ha sido un fenómeno prácticamente ignoto en la Edad Media que sí ha despertado algo más de interés en la Moderna, principalmente debido a al estudio de E. Soria Mesa sobre la nobleza. En su libro, el autor expone –sobre todo para el XVIIlas diferencias en España y posiblemente Portugal respecto al resto de Europa, donde los ilegítimos eran excluidos de la herencia y en España solían gozar de cierta protección familiar.33 Existe un apartado dentro de la obra de P. Laslett dedicado a la bastardía, pero está orientada a Inglaterra y en época posterior al Cisma.34 T. de Azcona emplea la expresión, creo de que de manera muy acertada, para el Renacimiento de “era de los bastardos”.35 ¿Es lícito emplear dicha expresión? Considero que sí. Buena parte de la alta nobleza, religiosos -incluyendo órdenes militaresde finales del XV eran descendientes ilegítimos de reyes en Aragón. El arzobispado de Zaragoza, el de Valencia, el obispado de Huesca, ducado de Villahermosa, ducado de Luna, maestrazgo de Calatrava, castellanía de Amposta, etc. por nombrar algunos de los cargos y títulos más importantes, pertenecían a hijos o nietos de reyes por vía ilegítima. Simultáneamente, en Italia, el papa Alejandro VI encumbraba a sus hijos habidos en concubinato y Ferrante I, hijo bastardo de Alfonso V de Aragón, reinaba en Nápoles. Incluso el futuro pontífice León X era bastardo de Lorenzo de Médicis. Por lo tanto, a la vista de estos ejemplos queda demostrado que la expresión empleada por T. de Azcona es completamente legítima. Ahora bien, nos encontramos prácticamente ante un vacío historiográfico sobre este fenómeno. Es cierto que se han 33 Enrique Soria Mesa, La nobleza en la España Moderna. Cambio y continuidad, Marcial Pons Historia, Madrid, 2007, p. 185 y ss. 34 Peter Laslett, El mundo que hemos perdido, explorado de nuevo, Alianza Universidad, Madrid, 1987 (1ª ed. 1965), pp. 186-217. Algo similar se ha apuntado para los Colegios Mayores. Se comenzó a restringir la entrada a los ilegítimos en el XVI, pero aún así, si contaban con apoyo familiar suficiente, su ingreso era más que posible. Por lo tanto, no eran apartados inmediatamente; víd. Baltasar Cuart Moner, “Bastardos en el Estudio. Algunas consideraciones sobre la bastardía en expedientes de colegiales mayores salmantinos durante el siglo XVI”, en Historia y perspectivas de investigación. Estudios en memoria del profesor Ángel Rodríguez Sánchez, Mérida, 2002, pp. 307-314. 35 Tarsicio de Azcona, “Relaciones de Rodrigo de Borja (Alejandro VI) con los Reyes Católicos”, Cuadernos de Estudios Borjanos, nº 31-32 (1994), pp. 11-52; p. 35.
15 publicado breves biografías –clásicas en muchos casos e incompletassobre algún bastardo real del momento. Hay varios ejemplos, siendo Alonso de Aragón futuro duque de Villahermosa el más estudiado. Existen algún artículo en el que efectivamente, se enfoca en uno su biografía de un modo más al uso; en otro desde la perspectiva caballeresca. En ninguno de los dos se alude a la importancia, si la tenía, de ser hijo bastardo del entonces infante Juan.36 Lo mismo sucede con el ya anteriormente citado artículo sobre el obispo de Huesca, Juan de Aragón.37 Curiosamente, para la Baja Edad Media tan apenas hay publicaciones, aunque un reciente congreso –todavía en prensafue dedicado monográficamente al estudio de la bastardía. Si bien estos trabajos parece que se centran actualmente en Francia y Borgoña, todo parece apuntar a que se va a seguir trabajando en esta línea.38 Para la Edad Moderna, un buen estudio sobre relaciones extramatrimoniales e hijos espurios bastante completo –centrado en Asturiases el de A. Menéndez, si bien dedicado a las clases bajas y a los bastardos de la pequeña nobleza asturiana tenidos con la servidumbre, principalmente.39 Más recientemente sí ha aparecido algún artículo sobre linajes nobiliarios y en ellos aparece la bastardía como elemento. Si bien la reflexión sobre la misma no es intensa, sí se ofrecen obras de referencia del extranjero, principalmente del mundo anglosajón. Nos referimos a la estirpe de los Fajardo, procedentes del reino de Murcia.40 e) La historia política Dentro de la renovación historiográfica tras la caída del Muro de Berlín se encuentra la reaparición de la historia política, o como algunos han querido etiquetar, la vuelta del acontecimiento. Es necesario señalar que en España tal recuperación no ha sido necesaria, ya que otras tendencias –como la historia socialno la habían 36 Nos referimos a José Navarro Latorre, “Don Alonso de Aragón, la «espada» o «lanza» de Juan II. Esquema biográfico de uno de los mejores guerreros españoles del siglo XV”, Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, nº 41-42 (1982), pp. 159-204; desde una visión del mundo de la caballería encontramos para el mismo personaje, Sophia Menache, “Una personificación del ideal caballeresco en el Medioevo tardío: Don Alonso de Aragón”, Anales de la Universidad de Alicante. Historia medieval, nº 6 (1987), pp. 9-30. 37 A. Durán Gudiol, “Juan de Aragón”, op. cit. 38 Alain Marchandisse, Eric Bousmar, y Bertrand Schnerb, (eds.), La bâtardise et l’exercice du pouvoir. Actes du colloque tenu à Liège, 16–17 octubre de 2008, (en prensa). 39 Alfonso Menéndez González, “Sexo, delito y bastardía en la Asturias del antiguo Régimen”, Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos, nº 151 (1998), pp. 19-56. 40 Juan Hernández Franco y Raimundo A. Rodríguez Pérez, “Bastardía, aristocracia y órdenes militares en la Castilla moderna: el linaje Fajardo”, Hispania, nº 232 (2009), pp. 331-362; p. 347 y ss.
16 conseguido arrinconar del todo como pudiera haberse dado en el caso de Francia entre 1960 y 1980. Historia política es actualmente un contenedor de múltiples vertientes, tanto el relato histórico clásico mezclado con historia de las ideas, como una sociología del poder desde arriba o desde abajo; así como un “recorrido cultural de referente político”.41 Como ya se ha mencionado anteriormente, la historia política actual está bastante ligada a la biografía. En este caso, Alonso de Aragón, como arzobispo desempeñó papeles de preeminencia política, pero también por designación real. Fue en distintas ocasiones lugarteniente general –vulgarmente asociado al término “virrey”- bajo el reinado de su padre, Fernando II y de su sobrino, Carlos I. Por lo tanto el ejercicio de funciones públicas al servicio de la Corona fue una constante en su vida; es imperativo valorar la bibliografía relacionada con el virreinato. El virreinato y la problemática de la representación del rey en otros territorios es un tema de gran importancia actualmente, debido al interés de los estudios de la corte. Es referente a nivel europeo el Instituto Universitario la Corte en Europa, dirigido por el profesor J. Martínez Millán, existiendo otros centros investigadores de similar relevancia como el de Versalles en Francia.42 El interés por el poder real en territorios en los que el monarca no podía estar presente se remonta a mediados del siglo XX, ya que durante el XIX era algo relacionado con el colonialismo; se trataba de un elemento extraño fuera de la dinámica natural del estado. Hasta los años cincuenta del siglo pasado no comenzó a replantearse el asunto, gracias a J. I. Rubio Mañé quien apuntó a que en absoluto había sido únicamente un fenómeno americano, sino que éste provenía de Europa.43 Casi paralelo 41 E. Hernández Sandoica, Tendencias historiográficas, pp. 422 y ss. 42 El volumen de estudios producidos por el dicho Instituto es enorme, véanse algunos ejemplos: José Martínez Millán y Manuel Rivero Rodríguez (coords.), Centros de poder italianos en la Monarquía Hispánica (siglos XV-XVIII), Polifemo, Madrid, 2010; José Eloy Hortal Muñoz, Las guardas reales de los Austrias hispanos, Polifemo, Madrid, 2013; José Antonio Guillén Berrendero, La edad de la nobleza : identidad nobiliaria en Castilla y Portugal, 1556-1621, Polifemo, Madrid, 2012; Krista De Jonge, Bernardo J. García García y Alicia Esteban Estríngana (eds.), El legado de Borgoña : fiesta y ceremonia cortesana en la Europa de los Austrias (1454-1648), Marcial Pons, Madrid, 2010; José Luis Colomer (dir.), España y Nápoles : coleccionismo y mecenazgo virreinales en el siglo XVII, Centro de Estudios Europa Hispánica, Madrid, 2009; José Martínez Millán, Maria Antonieta Visceglia (dirs.), La Monarquía de Felipe III, vols. 1-4, Fundación Mapfre Tavera, Madrid, 2007-2008; José Martínez Millán, Santiago Fernández Conti (dirs.), La monarquía de Felipe II: la Casa del Rey, vols. 1-2, Fundación Mapfre Tavera, Madrid, 2005; José Martínez Millán (dir.), Santiago Fernández Conti (coord.), La corte de Carlos V, vols. 1-5, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, Madrid, 2000. 43 José Ignacio Rubio Mañé, El virreinato, Fondo de Cultura Económica, México D. F., 1955.
17 en el tiempo J. Vicens Vives hizo un pionero estudio sobre el tema. En su artículo, encontraba los precedentes del virreinato colombino en la lugartenencia general de la Corona de Aragón. Sintéticamente desglosó la génesis del cargo así como un esquema de cuáles eran las funciones y prerrogativas de los virreyes. Tuvo además la fortuna de separarlos por reinos, ya que no tenían exactamente las mismas ventajas unos y otros según dónde se encontraran.44 Debido a unas apreciaciones sobre la cancillería castellana, a quien les achacaba confusión por mencionar virreyes en Castilla, obtuvo una fuerte respuesta de A. García Gallo poco después. Además de la disputa sobre ese punto, el historiador del Derecho ofrecía aportaciones como la equiparación entre lugartenencia general y virrey pero la mayor dignidad del segundo. Subrayó también la separación existente entre la gobernación y la lugartenencia, así como la delegación de la primera.45 Estos dos insignes académicos fueron los primeros en introducirse en la gran selva jurídica que suponía el virreinato. La obra más completa y de referencia fue –y creo que sigue siendola de J. Lalinde Abadía, quien desgranó pormenorizadamente desde sus orígenes toda la problemática de la procuración, gobernación y lugartenencia general en Aragón, hasta la época de Fernando II. Sus estudios principales estaban fuertemente argumentados mediante documentación y entraba con minuciosidad en prácticamente todos los detalles posibles. Supone así la piedra angular con la que establecer un marco teórico previo y comprender cuál fue el devenir de los dichos cargos hasta la época que nos preocupa, finales del XV.46 Escapando de estas líneas, muy cercanas a la historia del Derecho, comenzó en la década de 1990 una nueva fase de estudios. Estos se centraron en aspectos concretos 44 Jaime Vicens Vives, “Precedentes mediterráneos del virreinato colombino”, Anuario de estudios americanos, nº XLIV (1948), pp. 571-614; sobre los comentarios de la cancillería castellana víd. pp.585596. 45 Alfonso García Gallo, “Los virreinatos americanos bajo los Reyes Católicos. Planteamiento para su estudio”, V Congreso de Historia de la Corona de Aragón, vol. I Pensamiento político, política internacional y religiosa, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1954, pp. 137-156. 46 Obra de obligada consulta y de mayor interés por conocer todos los pasos previos al virreinato, además de carácter general para toda la Corona es el voluminoso libro de Jesús Lalinde Abadía, La gobernación general en la Corona de Aragón, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1963; publicó un estudio previo en forma de artículo en “Virreyes y lugartenientes medievales en la Corona de Aragón”, Cuadernos de Historia de España, nº 31 (1960), Buenos Aires, pp. 98-172. Para el caso concreto de Cataluña, si bien con alguna referencia a la Corona en general, La institución virreinal en Cataluña (1471-1716), Barcelona, 1964. Para el caso catalán hay otro estudio algo anterior, con una cronología a partir del siglo XVI, Joan Reglà, Els virreis de Catalunya, Vicens Vives, Barcelona, 1970 (1ª ed. 1956); para el caso valenciano se cuenta con Emilia Salvador Esteban, “Poder central y poder territorial. El virrey y las cortes en el reino de Valencia”, Estudis, nº 12 (1986), pp. 9-28.
18 de los virreyes, como el mecenazgo, sus biografías o su perfil institucional. Este posicionamiento ha sido claramente provocado por los anteriormente referidos estudios de la corte: En este sentido, la metodología de corte ofrece uno de los campos más atractivos para el estudio y la comprensión del virreinato, una propuesta que a día de hoy parece la más adecuada, para avanzar en el conocimiento de esta figura y de la realidad de la Monarquía Hispánica.47 También son reseñables los estudios que se centran en las relaciones personales entre los distintos puestos administrativos. Personalmente, suscribo las palabras del profesor X. Gil Pujol cuando habla de que la “historia política moderna ya no concierne tan sólo a las instituciones, sino también a los valores y ámbitos característicos de aquella época: gracia, amistad, gestión doméstica, contrato, don, liberalidad, corte.”48 Más recientemente, tras un coloquio internacional en 2005 sobre las cortes virreinales en Italia y América, se ha visto la necesidad de abordar el tema mediante estudios interdisciplinares. Asimismo, la madurez en el estudio de diversos asuntos ha producido ya consensos en cuanto a técnicas de estudio, como en el caso del ceremonial y las representaciones, si bien queda aún camino por recorrer en cuanto al funcionamiento de casas y cortes vicerregias. Y no solo este tipo de cortes, sino sobre todo las episcopales y nobiliarias. Por lo tanto, estamos ante un doble problema.49 La dificultad actual en el estudio de los virreyes es precisamente que solo afecta a lo que se consideran “grandes personalidades”, es decir, personas que reúnen altos grados de cultura, política y linaje. En efecto, parecen estar excluidos aquellos que son más mediocres.50 Esto no supone ningún problema a priori para el presente trabajo sobre Alonso de Aragón, personalidad de máxima importancia, sobre todo para el 47 Manuel Rivero Rodríguez, La edad de oro de los virreyes. El virreinato en la Monarquía Hispánica durante los siglos XVI y XVII, Akal, Madrid, 2011, p. 23. 48 Xavier Gil Pujol, Tiempo de política. Perspectivas historiográficas sobre la Europa moderna, Universidad de Barcelona, Barcelona, 2006, p. 278. 49 Ibídem, pp. 27-28. Félix Labrador, “Nueva Historia Política: discurso y práctica del poder”, en Eliseo Serrano (coord.), De la tierra al cielo. Líneas recientes de investigación en Historia Moderna. I Encuentro de Investigadores en Historia Moderna. Ponencias, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2013, pp. 11-51; p. 51: “A pesar de su importancia, la historia política hasta las últimas décadas le ha prestado muy poca atención, salvo por el mecenazgo cultural o por la imagen del príncipe desarrollada en estos lugares por estudiosos de la literatura, de la música o de las artes. Esta misma laguna historiográfica la han conocido las cortes aristocráticas y episcopales o las pequeñas cortes señoriales. Entre los trabajos recientes más significativos podemos destacar, entre otros, los de Barrios, Rivero Rodríguez, Juan Vidal, Cañeque, Enciso López-Muñumer, Hernando o Latas.” 50 M. Rivero Rodríguez, La edad de oro, p. 21.
19 período 1516-1520. Estos virreyes de renombre ocupan buena parte de la producción actual con la complicación que son de una cronología cercana a mediados del siglo XVI en adelante y para territorios italianos.51 f) Fuentes Respecto a las fuentes empleadas en el presente trabajo, como ya se ha mencionado anteriormente, se han estudiado únicamente las obras impresas de época. Esto es debido, a que pese a tener constancia de la riqueza de los archivos eclesiásticos de Zaragoza, al tratarse de una aproximación a la vida de don Alonso, la búsqueda en un archivo queda pospuesta ante la mejor accesibilidad de las fuentes impresas. Un estudio general de los cronistas es el del conde de la Viñaza, que no por clásico deja de ser de utilidad.52 Se ha dado preferencia a los cronistas de Aragón, principalmente J. Zurita y B. Leonardo de Argensola por ser los que con mayor prolijidad tratan la época en cuestión de Alonso de Aragón. El primero de ellos, Zurita, elaboró –entre otrasdos obras fundamentales en las que se pueden encontrar noticias sobre la vida de Alonso de Aragón, los Anales y la 51 Nos referimos a obras como: Antonio Álvarez–Ossorio Alvariño, Milán y el legado de Felipe II: gobernadores y corte provincial en la Lombardía de los Austrias, Madrid, 2001; Joan–Lluís Palos, La mirada italiana: un relato visual del imperio español en la corte de sus virreyes en Nápoles (1600-1700), Valencia, 2010; Carmen Morte García, “La representación del rey en la Corona de Aragón”, en La Corona de Aragón. El poder y la imagen de la Edad Media a la Edad Moderna, Madrid, 2006, pp. 54-93 estudio limitado a lo puramente artístico o relacionado con la historia del arte; Carlos José Hernando Sánchez, “«Estar en nuestro lugar, representando nuestra propia persona». El gobierno virreinal en Italia y la Corona de Aragón bajo Felipe II”, en Felipe II y el Mediterráneo, vol. III, Madrid, 1998, pp. 215338; muy general por su parte el libro de Rogelio Pérez-Bustamante, El gobierno del imperio español. Los Austrias (1517-1700), Madrid, 2000; Manuel Rivero, Felipe II y el gobierno de Italia, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, Madrid, 1998; Jordi Buyreu Juan, La Corona de Aragón de Carlos V a Felipe II. Las instrucciones a los virreyes bajo la regencia de la princesa Juana (1554-1559), Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, Madrid, 2000; de menor interés pese a sus títulos por lo generales que son los trabajos de Adolfo Castillo Genzor, Los virreyes, que desde 1482 a 1601 ocupan en nuestro reino la cima más alta del poder político, Zaragoza, 1963 y Josep Juan Vidal, Els virreis de Mallorca (ss. XVI-XVII), Mallorca, 2002. En congresos recientes ha habido también algunas comunicaciones sobre el tema, unos ejemplos son: Carlos González Reyes, “Entre Cataluña y Sicilia. Las cortes virreinales en el Mediterráneo en el tránsito de Felipe II a Felipe III”, en Eliseo Serrano (coord.), De la tierra al cielo. Líneas recientes de investigación en Historia Moderna. I Encuentro de Investigadores en Historia Moderna. Ponencias, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2013, pp. 383-397; Diego Sola, “Jusepe Renao y el ceremonial de la corte de los virreyes de Nápoles”, en Eliseo Serrano (coord.), De la tierra al cielo. Líneas recientes de investigación en Historia Moderna. I Encuentro de Investigadores en Historia Moderna. Ponencias, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2013, pp. 443-454. 52 Conde de la Viñaza, Los Cronistas de Aragón, (ed. de María del Carmen Orcástegui Gros y Guillermo Redondo Veintemillas), Zaragoza, 1986, pp. 17-49.
20 Historia del rey don Hernando el Católico, siendo esta continuación de la primera.53 En la primera se cubre en veinte volúmenes desde la dominación musulmana hasta la caída de Granada, mientras que la segunda prosigue la historia hasta la muerte de Fernando II en 1516. Por lo tanto, han sido los libros XIX y XX de los Anales los consultados para obtener información sobre la vida del arzobispo; reducida a su nacimiento, provisión del arzobispado y algún detalle más. La Historia reviste gran interés, ya que aunque está centrada en la política italiana del rey Católico, presta atención a distintos asuntos, por ejemplo, los disturbios de Andalucía, provocados por el conde de Ureña. Además dibuja numerosos pasajes en los que intervienen personajes ilegítimos de sangre real, como el duque de Villahermosa, los hijos de Alonso de Aragón o su primo el obispo de Huesca. Por lo tanto, resulta fundamental para comprender el entorno político de comienzos del siglo XVI. Otro cronista de importancia empleado es J. de Blancas y sus Comentarios de las cosas de Aragón.54 En este libro, el sucesor de Zurita ofrece un bosquejo más o menos completo de la historia de Aragón, así como una historia de los distintos justicias del reino. Pese a que hay algo de información sobre Alonso de Aragón, sobre su rival el justicia Juan III de Lanuza no hay ni rastro en su biografía. Sí que se da alguna noticia sobre su linaje, lo cual siempre es de interés. Por último, incluye un episcopologio que no es sino una lista de los distintos obispos y arzobispos de Zaragoza, por lo que tan apenas resulta de ayuda. Los Anales de Argensola continúan los de Zurita donde éste había dejado la historia, en la muerte de Fernando II, hasta 1520.55 Por lo tanto se tiene una obra de gran valor histórico ya que detalla en sus múltiples páginas lo acaecido en los últimos años de vida de Alonso de Aragón y los más turbulentos, ya que tuvo que mantener el poder de una forma u otra en la ausencia del príncipe Carlos. A lo largo de sus cerca de mil páginas no informa únicamente de lo sucedido en Aragón –reino al que da 53 Jerónimo Zurita, Anales de Aragón, (ed. Ángel Canellas López), Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1977-1985; Ángel Canellas López, Índices analíticos de los Anales de la Corona de Aragón de Jerónimo Zurita, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1985; Jerónimo Zurita, Historia del rey don Fernando el Católico. De las empresas, y ligas en Italia, (ed. electrónica José Javier Iso [coord.]), 1580. Sobre el celebrado cronista, el dossier entero dedicado en Revista de Historia Jerónimo Zurita, nº 88 (2013). 54 Jerónimo de Blancas, Aragonensium rerum comentarii, (ed. facsímil de Guillermo Redondo Veintemillas y Esteban Sarasa Sánchez, 1996), Zaragoza, 1588. 55 Bartolomé Leonardo Argensola, Anales de Aragón [Prosiguen los Anales de Jerónimo Zurita desde 1516 a 1520], (ed. Javier Ordovás Esteban), Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2013. Esta obra contiene un aparato crítico de gran calidad, que ayuda a la correcta comprensión del texto así como información complementaria en muchos pasajes.
21 preeminencia, lógicamentesino que también informa de lo sucedido en otras partes, como la conquista de México. Sin embargo, casi todos los asuntos que relata de Castilla guardan relación con los de Aragón. Por poner un ejemplo, las correrías de Pedro Girón en Andalucía están estrechamente ligadas con el reino ya que el arzobispo había casado a una hija suya con el duque de Medina Sidonia. Por lo tanto, es de gran ayuda a la hora de seguir tramas políticas paralelas. Además tiene la delicadeza de “dejar hablar a las fuentes”, ya que se incluyen bastantes cartas, minutas y algún testamento inserto en el texto para que el lector comprenda por sus propios medios cómo transcurrían los distintos asuntos. Es cierto que en ocasiones el cronista del reino trata de justificar ciertas acciones de Alonso de Aragón o de defenderlo en situaciones algo comprometidas. La siguiente obra utilizada son las Historias eclesiásticas y seculares de V. Blasco de Lanuza, una historia hasta 1618 que arranca en la Guerra de Granada.56 A ser bastante amplio el marco temporal y no contar con muchas páginas, así como introducir numerosas informaciones “eclesiásticas”, no es sino complemento de los anteriores cronistas, más completos. Sin embargo, ofrece datos sobre los distintos sínodos y los títulos que promulgaron, algo de que carecen las anteriores narraciones históricas, que podrían etiquetarse de puramente “seculares”. Continuando con los historiadores del reino, encontramos los Anales de Fco. D. de Sayas, que por los años que abarca, no ofrece ningún dato sobre Alonso de Aragón - arranca en el año de su muertesi bien sí lo hace de su hijo, Juan II de Aragón.57 Por su parte, el último cronista del reino, D. J. Dormer resulta de cierto provecho por incluir numerosa documentación también, como hizo el ya mencionado Argensola. Hay algún documento que resulta novedoso, así como bastantes detalles ignorados por otros cronistas, gracias a que en su día tuvo acceso a distintas cartas, no sólo entre Alonso de Aragón y el príncipe. Presta especial atención a los Castro y la familia del infante Enrique, duque de Segorbe, algo que en el resto de autores apenas aparece en una línea. Tampoco hay una edición crítica del mismo, por lo que es necesario consultar el original.58 56 Vicencio Blasco de Lanuza, Historias eclesiásticas y seculares de Aragón en que se continuan los annales de Çurita…, Zaragoza, 1622. 57 Francisco Diego de Sayas, Anales de Aragón desde el año 1520 hasta 1525, Zaragoza, 1666. 58 Diego José Dormer, Anales de Aragón, Zaragoza, 1697.
22 Aparte de los historiadores oficiales del reino de Aragón, cabe subrayar que el arzobispo Hernando de Aragón, hijo de don Alonso, escribió varias obras de historia. Aparte de un nobiliario y otra sobre los reyes de Aragón, la de mayor valor han de ser los cuatro volúmenes de Catálogo historial de los arzobispos y obispos del reino de Aragón, su Corona y de su diócesis. Esta obra ha de tomarse con cierta cautela ya que no deja de escribir sobre, entre otros, su propio padre; es mediante otros autores que lo citan es conocido que excusaba a Alonso de Aragón de haber tenido hijos pese a disfrutar de una dignidad eclesiástica ya que sólo cantó misa una vez y lo hizo tardíamente.59 Se tiene conocimiento también de la existencia de otros episcopologios sitos en el archivo de la Seo de Zaragoza, de variable calidad, elaborados por distintos canónigos. Inédita sigue la obra de D. de Espés, autor coetáneo de Blancas, quien escribió una Historia eclesiástica de Zaragoza, posiblemente de interés para completar aquello que Blasco de Lanuza en su apretada síntesis dejó en el tintero.60 El libro publicado en 1616 por Fr. D. Murillo no tiene en sí misma un gran valor histórico, sin embargo menciona el suceso del asesinato del inquisidor Pedro de Arbués. Precisamente por ser Alonso de Aragón en aquellos momentos arzobispo reviste mayor interés, ya que evitó un ataque popular contra los judíos.61 Un autor más tardío es el P. L. de Zaragoza, quien a finales del siglo XVIII publicó una serie de volúmenes sobre la Iglesia en Aragón, que posiblemente por lo alejado en el tiempo, no ofrezca muchas noticias que no aportaran ya los anteriormente mencionados.62 La última fuente, si bien la menos empleada por lo reducido de su extensión temporal es la del cortesano L. Vital, quien acompañó en su primer viaje a España al príncipe Carlos. Se marchó con el infante Fernando, de manera que estuvo menos de un año en la Península. Son muy curiosas y pintorescas las tradiciones y comportamientos de los distintos nobles, el pueblo, la vida en el mar, las justas, etc. Para el presente 59 Los títulos de sus trabajos conocidos, manuscritos todos son: Nobiliario de las casas principales de España: Castilla, Aragón, Navarra y Vizcaya; Historia de los serenísimos reyes de Aragón y el Catálogo historial de los arzobispos y obispos del reino de Aragón, su Corona y de su diócesis en 4 vols. 60 Diego de Espés, Historia eclesiástica de la Ciudad de Zaragoza desde la venida de J.C. Señor y Redentor nuestro, hasta el año 1575, 1598 (manuscrita). 61 Fray Diego Murillo, Fundación milagrosa de la Capilla Angélica y Apostólica de la Madre de Dios y excellencias de la Imperial Ciudad de Çaragoça, Zaragoza, 1616. 62 Lamberto de Zaragoza, Teatro histórico de las iglesias del reino de Aragón, Pamplona, 1785.
23 trabajo apenas interesan dos capítulos, el encuentro de Carlos con el arzobispo de Zaragoza en Mojados y la marcha de Fernando.63 63 Laurent Vital, Primer viaje a España de Carlos I con su desembarco en Asturias, (ed. José María Gómez-Tabanera), Grupo Editorial Asturiano, Oviedo, 1992.
30 voluntad de la curia a favor del hijo del príncipe Fernando.83 La provisión fue expedida el 14 de agosto de 1478, por lo que el litigio se alargó casi tres años, quedando finalmente don Alonso como administrador perpetuo –igual que lo había sido su tío Juan I de Aragón-, ya que no había recibido las órdenes todavía por su edad así como otras restricciones en el plano espiritual hasta alcanzar la edad adecuada.84 Por lo tanto, Alonso de Aragón acabó tomando posesión como administrador perpetuo el 27 de mayo de 1479, cuando contaba con unos diez u once años. Tal y como relata Blasco de Lanuza, “fue nombrado por el Cabildo Vicario General el Prior de la Seo, que se dezia Micer Miguel Ferrer, persona de grandes prendas; y por Oficial, Micer Ceruera: para que con el Arçobispo juntamente gouernasse el Cabildo assi las cosas espirituales, como temporales tocantes a la mitra.”85 Finalmente el cabildo fue excluido, quedando únicamente, por orden del papa Sixto IV, el prior de la Seo como encargado de los negocios, se supone que únicamente los espirituales por ser en los únicos que por edad (siendo menor de 16 años) no podía atender correctamente. b) Pastor de almas Su vida dedicada a la Iglesia no todo lo ejemplar que se supondría, ya que únicamente cantó misa una vez, para ordenarse, y fue casi forzado a ello; sin tener en cuenta su amancebamiento con Ana de Gurrea. Teniendo en cuenta este aparente desinterés, para poder ejercer su episcopado, tuvo que valerse de diversos obispos auxiliares a lo largo de su pontificado.86 83 T. de Azcona, “Relaciones de Rodrigo de Borja”, p. 25: “Sabemos que el colegio cardenalicio representaba a Sixto IV que aquello no era honroso para la curia romana, palabras en las que parece escucharse la voz crítica del vicecanciller Borja.” 84 J. Zurita, Anales de Aragón, vol. 8, p. 340: “Y así un viernes a 14 del mismo [agosto] en consitorio la hizo en persona de don Alonso de Aragón con administración perpetua; y halláronse presentes el cardenal de Valencia vicecanceller y el cardenal de Roan, don Pedro Ferriz cardenal de Tarazona y los cardenales de Racanato y Sant Nidal.” T. de Azcona, La elección y reforma, p. 102: “La bula Regimini Universalis Ecclesiae estaba expedida en Braciano a 14 de agosto 1478. […] la provee en el niño Alfonso de Aragón, canónigo de Lérida de edad de nueve años, dispensándole del defecto de natalidad. La provisión incluía varias cláusulas, que es necesario no olvidar. Solamente cuando llegase a los 25 años quedaría constituído como verdadero arzobispo; mientras tanto sólo sería administrador. Además de momento, se le concedía sólo la administración temporal, in temporalibus; el régimen espiritual, in spiritualibus, confiado al prior y cabildo de la catedral, pasaría a sus manos, cuando cumpliese los 16 años.” 85 V. Blasco de Lanuza, Historias eclesiásticas, p. 95. 86 F. Fernández Serrano, Obispos auxiliares, p. 26: “Don Alonso recibió las órdenes sagradas de presbítero y obispo en el monasterio cisterciense de Santa Fe, pero bajo las presiones de su madrastra, la reina Isabel […].” Para un compendio de los obispos auxiliares que ejercieron como tales durante el episcopado de Alonso de Aragón, víd. íbidem, pp. 46-66.
31 Sobre el pontificado de Alonso de Aragón no se tiene gran información disponible según las fuentes consultadas pero se conoce que puso en marcha la aplicación de las constituciones que habían sido aprobadas en su día por sus predecesores, entre los que estaba su tío Juan. A Blasco de Lanuza le pareció muy notable la dicha constitución por la cual trata la observancia de todas las anteriores; observancia a la que todos estaban obligados, empezando por él y sus oficiales. Pese a desarrollar su vida episcopal bajo el concubinato, todo indica a que no descuidó su labor pastoral, ya que celebró cinco sínodos provinciales en los poco más de cuarenta años que ocupó la sede cesaraugustana, primero con una regularidad de ocho años y el último con quince respecto al anterior. Aunque el autor no ofrece más que algunos títulos de los sínodos, considero que se puede destilar de los mismos –en la tónica general de finales del XVuna intención reformadora de las conductas clericales, lo que no deja de ser en buena medida irónico: Sus Synodos fueron el año 1479 en Çaragoça a los onze de Deziembre 1487. Y el año mil quatrocientos nouenta y cinco. El año mil quinientos, y la postrera el año mil quinientos quinze. […] Los principales titulos a que se reduxeron son, El de Suma Trinitate, & Fide Catholica: de vita & honestate Clericorum: de foro competenti: de Clericis non residentibus: de sepulturis: de Decimi & Primitiae: de Celebratione Mißarum: de Reliquiis & veneratione Sanctorum: de immunitate Ecclesiarum: de Synmonia: de Paenitentiis, & remissionibus, y otras muchos, los cuales fuera cosa prolixa ponerlas aqui. Demas que ay muchas Constituciones, que se llaman extrauagantes: porque no se pudieron reduzir a aquellos titulos generales.87 Fray Diego Murillo por su parte indica que hubo cuatro sínodos diocesanos, que por su contenido “cosas de grande prouecho para el augmento del culto Divino, y reformación de costumbres”.88 ¿Fueron a nivel de la archidiócesis (provincial en ese caso) o sólo para Zaragoza? Por el contenido, coincidente con lo indicado por Blasco de Lanuza todo indica que a escala metropolitana. Sin embargo, por no ofrecer más detalles, parece más fiable la información de los cinco sínodos en lugar de los cuatro. No deja de ser un buen indicador de la intensa actividad pastoral si se atiende a que en 87 Ibídem, p. 96. 88 D. Murillo, Fundación milagrosa, p. 244.
32 la Corona de Aragón, entre 1475 y 1558 se celebraron 9 sínodos en Zaragoza.89 Por lo tanto, Alonso de Aragón –y sus administradoresconvocaron más de la mitad de éstos. Siguiendo con los sínodos, estos lo fueron de la provincia por lo que reunían –en teoríaa todos los obispos de la archidiócesis. Sin embargo, hubo otros de menor tamaño, de los que se tiene noticia por los cronistas. Por ejemplo, en 1517 tuvo lugar uno a nivel del reino de Aragón para valorar si se paga a la Corona la décima de bienes y frutos durante tres años. Los prelados aragoneses se negaron en redondo a dicha propuesta, algo que muy posiblemente fue compartido por el resto del clero hispano; de hecho el cardenal Cisneros era de la misma opinión.90 Llama la atención que el mitrado de Zaragoza, quien tan solícito se había mostrado con su padre en temas económicos hacía relativamente poco tiempo, con el nuevo monarca fuera tan reticente. Aunque las historias eclesiásticas referidas a don Alonso por Blasco de Lanuza son breves, sí sirven para acercarse a las relaciones entre el arzobispo de Zaragoza y el cabildo metropolitano. Ya se ha mencionado anteriormente cómo este quedaba en un principio como administrador durante su minoría de edad. En esta ocasión se relata un milagro acaecido en 1490 por mediación de San Valero, patrón de Zaragoza, el cual al parecer fulminó a Bernardo Jover –quien al parecer era catalán o valenciano-, obispo y vicario general del hijo de Fernando II. La historia en sí carece de importancia pero ofrece un marco de referencia interesante. El 20 de marzo de 1490, “auia disputas entre el Arçobispo Don Alonso, y el Cabildo, sobre la nominación de los administradores de la fabrica”.91 Como administradores el cabildo tenía colocados al arcediano de Teruel y a un canónigo de Zaragoza. Pero al parecer, el dicho vicario general del prelado quiso entrometerse en las funciones de los fabriqueros y tuvo problemas con ellos y con el subprior, quien les dio la razón contra las ingerencias Jover. Lo interesante son dos puntos. Primero, que el relato del milagro señala las tensiones existentes entre el arzobispo y el cabildo, quienes no siempre tenían intereses coincidentes; en este caso diametralmente opuestos ya que ambos querían imponer sus propios fabriqueros. Segundo, que don Alonso en estos momentos empleaba para estas cuestiones a un subordinado, quien además era extraño del reino. Que se nos refiera a este sujeto como criado o nacido en los estados vecinos 89 T. de Azcona, “Reforma del episcopado”, p. 176. 90 B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 433. 91 Ibídem, p. 134.
33 es interesante, ya que nos indica que la gente de confianza del prelado no eran únicamente regnícolas sino que tenía redes más extensas. A camino entre sus funciones religiosas y seculares, se encuentran los sucesos de 1485. Siete años antes se había creado el Santo Oficio para perseguir, principalmente, a criptojudíos; y en 1484 se había nombrado inquisidor de Aragón a Pedro de Arbués, canónigo de la Seo. El día 17 de septiembre del año siguiente murió como consecuencia de las heridas sufridas tras su intento de asesinato días antes. Esto fue aprovechado por diversos sectores para agitar al populacho, que salió armado a la calle dispuesto a poner fuego a las viviendas de los judíos y nuevos cristianos zaragozanos. Únicamente la actuación del arzobispo controló la situación, ya que según relata Zurita salió a caballo a templar los ánimos de los vecinos. Es destacable que en esos momentos contaba con unos dieciséis años de edad.92 Otro momento en el que tuvo que echar mano de su autoridad, quizás ya no únicamente eclesiástica fue en 1518, con motivo de la visita de Carlos a Zaragoza a celebrar cortes. Por los problemas habidos sobre si el reino debía jurarlo o no como rey, el conde de Benavente había dicho que más valdría invadirlo, a lo que el de Aranda le contestó airado. Por la noche, ambos condes con sus respectivas cuadrillas la emprendieron a cuchilladas en la calle, de manera que el arzobispo tuvo que salir de su casa para restablecer la paz.93 92 J. Zurita, Anales de Aragón, vol. 8, pp. 505-506: “Habiéndose cometido el caso más atroz que se ejecutó en esta ciudad después que fue destruido en ella el paganismo antes que amaneciese hubo gran turbación y tumulto dando voces diversas personas del pueblo por las calles diciendo: «a fuego a los conversos que han muerto al inquisidor». Y fue tan grande el estruendo y alteración de la gente armada que concurría a la iglesia mayor como si ardiera en llamas o fuera entrada la ciudad por los enemigos; y la gente estaba tan conmovida que hubo de salir don Alonso de Aragón arzobispo de Zaragoza con un caballo por la ciudad y se tuvo grande temor que no llevasen a cuchillo los principales conversos.” D. Murillo, Fundación milagrosa, p. 179: “[…] que si no saliera el Arçobispo don Alonso de Aragón personalmente sobre un cauallo a sossegar a la gente los abrasaran a todos: tal fue el sentimiento que el pueblo tuuo por la muerte del santo y la offensa hecha a la Inquisición.” 93 B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 618.
34 V. La cumbre de la responsabilidad: 1516-1520 Fernando el Católico, casado desde 1505 con su nueva esposa Germana de Foix, vio a partir de 1513 cómo su salud comenzaba a deteriorarse a marchas forzadas. Al parecer las exigencias dinásticas –y amatoriasde su joven mujer lo llevaron a tomar “un feo potaje, que la reina le hizo dar para más habilitarle, que pudiese haber hijos”; posteriormente tuvo dolencias de corazón que le provocaron hidropesía. Por ello mismo el rey, según cuenta Zurita, tenía la obsesión de caminar constantemente y no poder estar bajo techo demasiado tiempo.94 Pese a que su vigor físico antiguo había entrado en pleno declive, el rey continuó con la energía habitual, siendo la última de sus acciones políticas de importancia las cortes de Calatayud de 1515. Pese a que a mediados de noviembre de ese mismo año le envió una carta familiar al infante Fernando comentándole cosas relativas a la caza y a la mejoría de su salud, ésta se agravó en enero.95 El día 22 de enero de 1516 mandaba redactar sus últimas líneas para el príncipe Carlos así como el testamento; al día siguiente moría el rey Católico. En sus últimas voluntades dejaba una gran responsabilidad a su hijo supérstite, Alonso de Aragón: E porque entretanto que el dicho ilustrísimo príncipe viene, por ausencia suya e fasta haberlo él proveído no se siga algún escándalo o inconviniente en los dichos reinos, confiando muy enteramente en la prudencia e integridad del ilustre don Alonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza e de Valencia, nuestro muy caro e muy amado fijo, lugartiniente e capitán general, e del deudo e obligación que tiene al bien público de los dichos reinos, servicio e estado del ilustrísimo príncipe, nuestro muy caro nieto, nombramos e sañalamos al dicho arzobispo de Zaragoza, nuestro fijo, en nombre del dicho ilustrísimo príncipe, para que administre, proveche y gobierne los dichos nuestros reinos de la Corona de Aragón fasta tanto que el dicho ilustrísimo príncipe lo provea, como dicho es, para que el dicho ilustre arzobispo faga en el dicho tiempo todas las cosas que el dicho ilustrísimo príncipe e gobernador general podría y debría facer, para lo cual le damos e conferimos todo el poder necesario por el presente.96 94 J. Zurita, Historia del rey don Fernando, libro X, cap. LV. 95 Manuel Fernández Álvarez, Corpus documental de Carlos V, tomo I, Salamanca, 1973, p. 47. Carta fechada el 12-XI-1515. 96 ADPZ MS. 164, FF. 1463r-1516r, actualmente consultable en Ms. 164, 1301.tif a 1355.tif; ápud B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. CDLXXXII. El testamento completo, íbidem, pp. CDLXVCDXC.
35 En síntesis de las palabras del rey, mientras su nieto y heredero de todos sus estados estuviera fuera, Alonso de Aragón sería el encargado de gobernar y administrarlos. Esta designación no tenía efecto inmediato, ya que tenía que pasar por una serie de procedimientos, en principio rutinarios. Tras la lectura de la notificación delante de los diputados y jurados de la ciudad de Zaragoza, el arzobispo aceptó las últimas voluntades de su padre. Sin embargo, el justicia, Juan III de Lanuza no vio que las disposiciones de Fernando II eran acordes con la ley. Para estudiar el tema se hizo una junta de letrados, y: […] llamó el Consistorio muchos jurisconsultos, los cuales y sus advogados ordinarios (y los consejeros de la Audiencia Real) concordaron en que la disposición testamentaria y la provisión del Gobierno general en el arzobispo don Alonso repugnaba a los fueros de la patria, en la cual es máxima nunca puesta en duda que no puede haber más de un solo gobernador general, y que lo ha de ser el sucesor del rey, y ansí entonces pertenecía solo al príncipe don Carlos, supuesto que ya reinaba doña Juana, su madre, cuyo primogénito era.97 Aunque resulta algo farragoso el texto del testamento, anteriormente citado, por la repetición de términos, hay dos ideas principales. La primera, que Alonso de Aragón era momentos antes de la muerte del rey Católico lugarteniente general y capitán general. Segunda, Fernando II decretó que “dejamos e nombramos por gobernador general de todos los dichos reinos e señoríos nuestros al dicho ilustrísimo príncipe don Carlos, para que en nombre de la dicha serenísima reina, su madre, los gobierne, conserve, siga y administre”.98 Sin embargo, en ausencia del príncipe Carlos –quien estaba en sus estados de Flandes-, el arzobispo de Zaragoza sería el que se encargara del gobierno de los reinos. Esto no queda de todo explícito en el testamento,99 pero se puede arrojar luz mediante otras fuentes, como Blancas, quien afirma que “consiguió de su 97 B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 99. 98 Ibídem, p. CDLXXXII. 99 Efectivamente, no hay un punto en el que diga claramente que será gobernador general, como sucede con Carlos por ejemplo, pero sí se dice que ejercerá sus funciones. Posiblemente el problema posterior, ya mencionado, con el justicia provenga de que se dejó sin atar bien este punto. Ídem: “[…] nombramos e sañalamos al dicho arzobispo de Zaragoza, nuestro fijo, en nombre del dicho ilustrísimo príncipe, para que administre, proveche y gobierne los dichos nuestros reinos de la Corona de Aragón fasta tanto que el dicho ilustrísimo príncipe lo provea, como dicho es, para que el dicho ilustre arzobispo faga en el dicho tiempo todas las cosas que el dicho ilustrísimo príncipe e gobernador general podría y debría facer, para lo cual le damos e conferimos todo el poder necesario por el presente.”
36 padre la gobernación general de los estados aragoneses”, es decir, en la misma línea que el doctor Leonardo Argensola.100 Hay que entender qué conllevaba cada cargo y en qué punto de su camino institucional se encontraban dichos puestos en 1516. a) Génesis de la gobernación general y la lugartenencia general Como se ha mencionado anteriormente a la hora de valorar la historiografía seguida por lo que en conjunto se puede denominar “virreinato”, la piedra de toque de este enmarañado asunto es la representación. Es siempre la representación del rey en prácticamente todas o alguna de sus facetas; por ello surgieron a lo largo de la Edad Media distintos cargos como la procuraduría, gobernación, lugartenencia y por último, virreinato. La diversidad de compromisos a los que atender, hizo necesaria la creación de procuradores, quienes atendían distintos negocios del rey de manera ordinaria y defendían sus intereses, llegando a litigios de ser necesario. Sin embargo, un procurador no tenía en principio jurisdicción propia, era un mero representante de un superior – podía ser de un rey, un conde, un abad…-. Evidentemente, estos procuradores fueron adquiriendo jurisdicción para casos concretos paulatinamente. Por el contrario, a fines del siglo XII o principios del XIII, cuando las fronteras de la Corona comenzaron a ampliarse, se vio necesario poder hacer gestiones de manera excepcional y puntual, principalmente en zonas periféricas –Montpellier, Valencia o Mallorca-. Por ello recibía delegada del rey su misma jurisdicción; en épocas más avanzadas y cuando estaba referido a territorios más amplios, fue una forma de evitar la ruptura del tándem ReyReino. Así se creó la figura del lugarteniente, una persona que tenía el lugar del rey, lo representaba plenamente, un alter ego; a diferencia de un procurador que lo hacía por el rey.101 En ocasiones, la situación especial de lugarteniente podía ofrecerse a un oficio ordinario. La siguiente explicación es bastante aclaratoria: […] la persona en quien recaiga la delegación “tendrá su lugar”, es decir, se constituirá en su “lugarteniente”. Claro está que “lugarteniente” no es propiamente un oficio o cargo, sino 100 J. de Blancas, Aragonensium, pp. 254-255. Por su parte, J. Zurita, Historia del rey don Fernando, libro X, cap. XCIX: “[…] dejaba por gobernador general al príncipe don Carlos su nieto, para que los gobernase en lugar de la reina su madre, y porque entretanto que estaba ausente no se pudiese seguir algún inconviniente, o escándalo nombró al arzobispo de Zaragoza su hijo, para que rigiese como lugarteniente general […].” Como lugarteniente general ya regía Alonso, así no pudo nombrarlo –y no lo hizo en su testamento-. Sí que lo nombró como una especie de procurador del gobernador general, Carlos. 101 J. Lalinde Abadía, “Virreyes y lugartenientes”, pp. 99-101.
37 una “situación” y ya de por sí tiene una etimología tópica (de “locum”, lugar). Propiamente no se “es” lugarteniente, sino que se “está” de lugarteniente […]. El “lugarteniente”, por el contrario es perfectamente “superponible” a otros, y entre ellos al mismo procurador, en caso su función propia de cuidar de los intereses del Rey añadirá la “situación” de ejercer la función jurisdiccional de aquél.102 La gobernación general por su parte aparece en el siglo XIV y es únicamente la evolución de la procuración. Esto es debido a que, pese a ser un ejercicio jurisdiccional, por procurador se seguían entendiendo los clásicos representantes para cualquier tipo de negocios concretos. De esta manera, en 1335 se crearon tres gobernaciones generales que agrupaban distintas sobrejunterías. Por encima de estas tres gobernaciones generales –respecto a todo tipo de negociosexistía una más general, éste sí referido ya a la totalidad del territorio.103 Llegados a este punto, las diferencias básicas que se mantuvieron entre gobernación y lugartenencia general fueron: El Gobernador general está dotado de jurisdicción propia y ésta tiene carácter ordinario. El Lugarteniente general está dotado de jurisdicción delegada. El Gobernador general es el mayor oficio jurisdiccional después del Monarca, pero el Lugarteniente general ocupa el lugar del propio Monarca. El Lugarteniente general será omnipotente mientras el Rey se halle ausente, pero el Gobernador general desempeñará su oficio aun cuando aquel esté presente.104 Por otra parte, el adjetivo de “general” en absoluto estaba relacionado con la cantidad de territorio que pretende abarcar, sino que se oponía a la excepcionalidad de un poder; de tal manera que podía entender todo tipo de asuntos del rey.105 Por ello mismo, Pedro III fue el primero en aunar en su primogénito, el infante Alfonso todas las procuraciones, algo que se reservó desde entonces ya para el heredero. Es destacable que desempeñaba así a fines del XIII una función judicial ayudando al rey, no sustituyéndolo, pero con una jurisdicción propia. Para ello tenía una curia que lo asesoraba a la hora de impartir justicia. Es reseñable que el lugarteniente carecía de 102 J. Lalinde Abadía, La gobernación general, p. 23. 103 Ibídem, pp. 129-136. 104 Ibídem, p. 167. 105 Ibídem, p. 21: “Existe la idea equivocada de que el calificativo «general» ha de indicar siempre la extensión de la procuración de todos o gran parte de los territorios de la Corona. […] «general» es un término opuesto a «cierto y especial», con lo que se quiere expresar que el apoderamiento no se limita a un asunto o género determinado de asuntos, sino que se extiende a todos los negocios en que el Rey puede estar interesado, y que no necesiten un poder especial […].”
38 curia propia, ya que como alter nos del rey, tenía la misma que éste.106 Por su parte, el procurador general tenía sus propios delegados o representantes en los distintos territorios, los denominados “gerentes vices procuratoris”.107 La implementación de este sistema vino de la mano de Fernando el Católico, quien decidió finalmente, tras una serie de avances y retrocesos en varias direcciones, colocar una lugartenencia en cada uno de los distintos estados de la Corona. Así surgen los denominados virreyes o “alter nos”, una vez que se reducen a un territorio fijo. Esta estructuración definitiva corrió paralela, en el último cuarto del siglo XV a la instalación de distintas audiencias, presididas por el dicho lugarteniente general – también denominado “locumtenens generalis”, “llochtinent general” o “prorex”- o simplemente virrey. Así parecían los gobernadores ser anulados por los virreyes y las audiencias, ya que éstos podían entender absolutamente todos los casos; quedaba así el gobernador general subordinado al virrey y podía ser destinado a su requerimiento dentro del reino en cuestión. Mientras el lugarteniente residía en la capital, el gobernador se movía solventando distintos problemas, de orden público por lo común. Sin embargo, cada uno era designado por el rey, sin existir una total subordinación entre ellos.108 En conclusión, la gobernación general provenía de la procuración a la que poco a poco, la lugartenencia le fue ganando terreno, pese a ser esa inicialmente la magistratura más importante de la Corona. Además, era privativa del heredero, si bien delegable en otras gobernaciones, generales también, pero de carácter menor. Por su parte el virrey surgió en el momento en el que hacía falta una acción muy concreta por parte del monarca que su representante, el lugarteniente no podía efectuar. Sólo en ese momento aparecía el virrey, si bien a la larga “fueron términos que, como los de lugarteniente y virrey, podían estar absolutamente identificados en la Edad Moderna, pero no antes.”109 106 J. Lalinde Abadía, “Virreyes y lugartenientes”, p. 121. 107 J. Lalinde Abadía, La gobernación general, pp. 41-81. 108 Ibídem, pp. 184-197. 109 J. Lalinde Abadía, “Virreyes y lugartenientes”, p. 108.
39 a) Ni gobernador, ni curador Una vez explicados los detalles, grosso modo, de la gobernación y la lugartenencia, es explicable el suceso de que el justicia se negara a aceptar a don Alonso como gobernador. Obsérvese cómo el mayor magistrado del reino, que no del rey, prefirió contravenir las mandas testamentarias del rey Fernando a contravenir las leyes del reino, por las cuales sólo podía haber un gobernador, el príncipe heredero. Un punto importante a señalar es que la Corona en esos momentos se hallaba en un estado, valga la expresión, de anarquía. Esto fue debido a dos motivos: el primero, sólo podía haber un gobernador y éste estaba en los Países Bajos; el segundo, el rey había muerto y ya no había lugarteniente posible. Como se ha explicado anteriormente, el lugarteniente/virrey era una persona que tenía el lugar del rey; si éste moría, se entendía que el mandato de los lugartenientes expiraban con la vida del monarca, había que esperar a que el nuevo rey decidiera nombrar uno nuevo –que podía ser renovando al mismo-.110 Evidentemente, esta falta de un poder claro era tremendamente peligrosa porque la única autoridad existente en ese caso, tal y como sucedió, era la fuerza de las armas de cada señor, aparte de la auctoritas del arzobispo. Para evitar esta espinosa situación, Alonso de Aragón y su entorno idearon una especie de cambalache: él ejercería la gobernación normalmente, tal y como había dispuesto su padre pero cambiándole el nombre por “curación”. De hecho, en una epístola del arzobispo, fechada el 7 de marzo de 1516 en Zaragoza, a su hijo Juan de Aragón, quien estaba en la corte flamenca, se citan los dos problemas –entre un sinfín de contrariedades-: Mas direis a Su Al. que luego como vino la nueua de la muerte del Rey mi señor sentí el extremo dolor que deuía, y […] pues no me fallaua lugarteniente general ni con exercicio de jurisdictión. Estando en esto, los testamentarios de Su Católica Mat. me embiaron la cláusula de su testamento y una prouisión en aquel mismo efecto que firmo Su católica Mat. un día antes de que fallesciesse, por las quales era dispuesto que yo gouernasse estos reynos de la Corona de Aragón hasta ser venido en Spaña el Príncipe mi señor, o que por Su Al. fuesse otramente dispuesto. […] que el nombre que yo hauía de tener para regir no fuesse de gouernador sino de 110 Considero que esto está estrechamente ligado a la figura teórica del monarca. Por ejemplo, durante el Compromiso de Caspe, no había alguien que reinase, pero sí había un rey. Se trataba de descubrir quién era de los candidatos posibles. Por lo tanto, aquí sucede algo similar, aunque en cuanto muere un soberano hay otro, el alter nos del antiguo ha muerto con él. Por lo tanto, es el nuevo el que ha de elegir a sus “dobles”, sus álteres ego.
46 del rey Fernando, su padre. A las inquinas entre el justicia y el arzobispo, que parecen más que demostradas, se vinieron a sumar disputas nobiliarias en los entornos de estos dos personajes. Un buen ejemplo fue el conflicto que mantuvo don Pedro de Castro, vizconde de Illa con Guiomar Manrique, empleado por el arzobispo para desprestigiar a Juan III de Lanuza. Pese a las referencias un tanto negativas que se tienen por Argensola –ya que permite hablar en muchas ocasiones a Alonso de Aragón por medio de sus epístolas-, todo parece indicar que era alguien cercano al rey.127 La citada Guiomar Manrique de Lara era la viuda de Felipe de Castro y Pinós, hija de Pedro Manrique de Lara, I duque de Nájera.128 El dicho Felipe de Castro había tenido un hijo bastardo, que era Pedro de Castro. Un punto interesante es que dos hijos del I duque de Cardona, Juan Ramón Folch de Cardona, y de Aldonza Enríquez habían casado con dos hermanos de Guiomar. La citada mujer del de Cardona no era otra que la tía de Fernando II. Por otra parte, la madre de don Alonso, Aldonza Iborra, había casado después de tenerlo con el vizconde de Ébol, Francés Galcerán de Castro y Pinós, de quien no he conseguido hallar la relación exacta con Felipe de Castro pero está claro que era estrecha, ¿hermanos quizás? Para acabar de enredar este cruce de linajes, Pedro de Castro estaba casado con Catalina de Lanuza, quien era prima del justicia, Juan III de Lanuza. A comienzos de 1516, Pedro de Castro, quien era castellano de Sangüesa, sacó la artillería de la plaza y tomó el castillo y villa de Estadilla, teniendo que huir Guiomar Manrique, su madrastra, a los estados del Conde de Ribagorza –primo de Alonso de Aragón-. Teniendo en cuenta estos desmanes y que no se le dejaba jurar como gobernador general, el arzobispo, en una carta a Cisneros y Adriano de Utrecht, 127 Un ejemplo de ello se encuentra cuando Carlos marcha en 1518 a Zaragoza y manda una carta al reino B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 552: “[…] segunt que más extensamente don Pedro de Castro, nuestro criado, y micer Jerónimo de la Raga, regiente nuestra Cancillería y nuestro Consejo, vos fablarán de nuestra parte sobre ello.” La subraya es propia. 128 Las fuentes son un auténtico galimatías con la familia Castro. He sido incapaz de ubicar correctamente el gran número de vizcondes y señores que aparecen constantemente rondando la esfera política, ya que no hay referencias claras a los mismos. En ocasiones tienen títulos que simultáneamente o en breve espacio de tiempo disfruta otro de nombre distinto. En definitiva, he preferido no adentrarme en precisiones y citarlos tal cual los presentan las fuentes.
47 achacaba precisamente esa decisión del justicia para favorecer a su primo, Pedro de Castro, ya que sin un cargo público no podía ejercer ningún poder fáctico.129 La siguiente noticia del conflicto se tiene a comienzos de 1519, cuando la corte del justicia de Aragón falló a favor de Pedro de Castro y le concedió el lugar y castillo de Castro. Guiomar Manrique se negó a aceptar tal decisión: Doña Guiomar con sentimiento del sucesso, movió, para resistir la sentencia, a Don Francés de Só y Castro, Vizconde de Evol, interesándole con ofrecerle la possession de la Casa. Partió con esto el Vizconde de Zaragoça a la Villa de Estadilla, cabeza del Estado, assistido de los criados del Arçobispo don Alonso de Aragón, de quien era muy allegado en la sangre; ajuntó otras gentes y se declaró su valedor Don Alonso de Aragón, Conde de Ribagorza y aun el Duque de Luna Don Juan su Padre.130 El asunto acabó por zanjarse mediante la intervención del César, quien estaba notablemente molesto con los sucesos. Lo interesante es cómo don Alonso intervino en favor de su familia, igual que lo hizo el duque de Luna y su hijo, ambos de orígenes reales pero ilegítimos, sin importar lo más mínimo la sentencia del justicia. Por último, como colofón a esta enemistad con los Lanuza, de lo que esta historia no deja de ser una trama secundaria pero importante, el arzobispo también tenía asuntos personales con el comendador Juan de Lanuza, a quien acusaba ante Margarita de Austria de no servir bien al príncipe y por ello, habían de castigarlo.131 Subyacía, como se puede entender por las palabras del propio arzobispo, que simplemente el comendador había cambiado de bando en su momento y ya no estaba alineado con don Alonso, de quien debía de ser hechura suya. Es curioso porque en algún momento hubo de haber una ruptura entre estos linajes, anteriormente colaboradores. Por poner un 129 B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 121: “Y, como sabéis, el justicia de Aragón es primo hermano de la mujer del dicho don Pedro de Castro, y a causa desto, el justicia no querría que hobiese superior en el reino para castigar tan enorme exceso.” 130 D. J. Dormer, Anales de Aragón, pp. 99-100. 131 B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 383: “ Direisle que he sabido que Su Alteza se ha tenido por deservida del Comendador Lanuza, lo que me pesa dentro del alma por lo que toca al servicio de Su Alteza y no por lo que cumple al Comendador, aunque en tiempos pasados me fue criado y nunca en esa corte su hubo en mis cosas según debiera; mas, puesto que lo hubiera fecho según le obligaban los beneficios que de mí tenía recibidos, con esto solo que ha deservido a Su Alteza, no tan solamente no le tengo de acoger, más aún, procurar de facerle bien castigar, como Su Alteza me lo enviara mandar.” De cualquier manera, esta rivalidad parece que sobrevivió a don Alonso y la heredó su hijo, el arzobispo Juan II de Aragón según se puede encontrar en unas líneas de D. J. Dormer, Anales de Aragón, p. 499: “[…] Virrey D. Juan de Lanuza, por sus passiones con el Arçobispo D. Juan de Aragón, acudió a Granada, donde se hallava el César, a querellarse del Arçobispo […].”
48 ejemplo, el justicia Juan II de Lanuza y Pimentel había sido virrey de Sicilia y encargado de ayudar a don Alonso en su provisión –echada finalmente atráscomo virrey de Nápoles en 1507.132 132 J. Zurita, Historia del rey don Fernando, libro VII, cap. VI.
49 VII. El infante Fernando: ¿pudo ser Fernando VI de Castilla y III de Aragón? Poco después de la muerte de Felipe el Hermoso a finales de septiembre de 1506, siendo ya notorio el desequilibrio de la reina Juana, el infante Fernando pasó al cuidado del rey de Aragón. Prácticamente desde ese momento, abuelo y nieto anduvieron por los reinos hispánicos juntos y el afecto del primero por el segundo fue en aumento. El hecho de haber nacido en Alcalá de Henares y haberse criado “a la española” hacía que no únicamente el Católico lo mirara con buenos ojos para la sucesión sino buena parte de la nobleza castellana. En efecto, Fernando II acarició en más de una ocasión cederle sus estados de la Corona de Aragón. Evidentemente, el príncipe Carlos contaba con fuertes apoyos también en la Península, de manera que estaba puntualmente informado de las grandes simpatías de las que era objeto su hermano pequeño. Por ello mismo, aconsejado por su abuelo el emperador Maximiliano, tenía previsto a su llegada mandar al infante lo más lejos posible, a los territorios de Austria o de Borgoña.133 Esta idea de un partido “fernandino” es una noción que subyace en parte de la bibliografía actual y normalmente se tiende a vincular con lo que se ha tratado en el capítulo anterior. Una especie de trama que implicara la rebelión y separación de las dos coronas contra el que era el heredero, Carlos. En Castilla, Fernando; en Aragón, don Alonso. El infante Fernando había gozado, ya al poco de nacer de diversos honores por parte de sus abuelos; de hecho contaba con una casa propia que la reina Isabel organizó –nótese que tendría un año el infantey su abuelo amplió antes de morir.134 El auténtico indicador del afecto del Católico se encuentra precisamente a partir de 1512 en los distintos testamentos que el rey firmó. […] ya en 1512 y el 2 de mayo [en Burgos], el rey dicta su primer testamento en el que a su muerte, decide que sea su nieto Fernando el gobernador de los reinos y maestrazgos. El poder que le confería era enorme. Aquélla no fue, en modo alguno, una decisión tomada a la 133 M. Fernández Álvarez, Carlos V, el César, pp. 68-84. 134 Arsenio Lope Huerta, “El abuelo Fernando y los cuidados al nieto”, en Alfredo Alvar Ezquerra (ed.), Fernando I 1503-1564. Socialización, vida privada y actividad pública de un Emperador del Renacimiento, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Madrid, 2004, pp. 99-109; pp. 100-102.
50 ligera y en caliente. Máxime si poco después, y en otro testamento firmado en Aranda de Duero, lo ratifica.135 El rey lo dejaba como gobernador al infante Fernando, pero en ningún momento como heredero de sus reinos, ya que ésta era Juana. Sin embargo, en su lecho de muerte se lo convenció de que, pese a ser lo mejor que se gobernara por alguien de los reinos y que residiera en ellos, por no serlo el príncipe heredero esto no traería más que problemas. Y sus asesores se referían principalmente a todos los problemas dinásticos habidos anteriormente con Enrique IV y otros muchos reyes: Escribe muy particularmente el mismo dotor Carvajal en sus Anales, que el rey en mucho secreto les encargó a él, y a los de su consejo, que allí se hallaron, muy encarecidamente, que le aconsejasen lo que debía proveer: principalmente acerca de la gobernación de los reinos de Castilla, y Aragón: porque en un testamento que había ordenado en Burgos, la encomendaba al infante don Fernando su nieto, que se había criado a la costumbre, y manera de España: y afirma este autor, que dijo, que creía, que el príncipe Carlos su nieto no vernía: ni estaría de asiento en ellos a los regir, y gobernar, como era menester: y que estando fuera dellos, y los reinos debajo de gobernación de personas naturales, mirarían antes su propio interese, que el del príncipe: ni el bien común de los reinos. A esto escribe este autor, que le respondieron los del consejo, que eran el licenciado Luis Zapata, y el mismo Carvajal, sus relatores, y refrendarios, y de su consejo de cámara, y el licenciado Francisco de Vargas su tesorero, representándole las turbaciones que en los tiempos pasados hubo en aquellos reinos, por la ambición de reinar: y por la costumbre, y naturaleza de los grandes, y caballeros de Castilla: que con tener a quien pudiesen seguir, procurarían toda división, y discordia en el reino: por poner necesidad: como se hizo en el tiempo del rey don Enrique, y del príncipe su hermano: por no alegar ejemplos de lo más antiguo, que son infinitos. Que en esta parte ninguna diferencia había entre el mayor, y los otros hermanos, sino hallarse el primogénito en la posesión: y que él así mismo conocía la condición de los grandes […].136 Si existía un partido “fernandino”, cosa algo más que dudable, no se manifestó cuando se hizo público el testamento del Católico. Es más, todo parece indicar que Carlos era bien aceptado por la nobleza y las ciudades. La clave reside, entonces, en que 135 Ibídem, p. 106. 136 J. Zurita, Historia del rey don Fernando, libro X, cap. XCIX; B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 71 y ss.
51 por ser hermano del rey era una figura de poder e influencia que podía ser utilizada a favor de ciertas facciones nobiliarias: ahí residía el verdadero peligro. Cisneros, antes de la llegada del príncipe sí que se preocupó por una posible revuelta de los nobles, en la que Fernando únicamente fuera su símbolo.137 En conclusión, se trataba más bien de una icono mediante la cual ejercer presión que un posible candidato al trono. Precisamente por eso, fue sacado de España al poco de llegar Carlos, ya que el 23 de mayo de 1518 –el príncipe había llegado en septiembre-, el infante partía hacia el este de Europa.138 La culminación de estas medidas para asegurar el poder en Castilla por parte del príncipe, fue el momento en el que decidió intitularse rey a instancias de sus consejeros flamencos. Hubo reacciones a favor y en contra; según Argensola esto no gustó en absoluto al infante Fernando. Tampoco sé hasta qué punto se puede dar crédito a estas afirmaciones ya que el futuro emperador no dejaba de ser prácticamente un niño.139 En síntesis, es lógico que el infante por haberse criado en España y a la sombra de su abuelo, gozara del afecto popular. Si bien es cierto que había parte de la nobleza interesada en emplearlo contra su hermano esgrimiendo esos argumentos, no creo que pueda hablarse de un partido fernandino como tal que quisiera ponerlo en el trono quitando a su hermano. Más bien sería un medio con el que ejercer presión al príncipe heredero, nada más y lograr beneficios, como se había hecho casi tradicionalmente durante el siglo XV en Castilla. No aparece por ningún lado que el arzobispo de Zaragoza pretendiera beneficiarse del infante Fernando junto a nobles castellanos; no he encontrado en las fuentes ninguna evidencia que pueda inducir a pensar en ello, ni siquiera en L. Vital quien estuvo presente en todo momento y tenía una curiosidad por las cosas proverbial cita nada anómalo al respecto. 137 Alfredo Floristán Imízcoz, “Fernando de Austria y la problemática herencia de los reinos hispánicos (1503-1518)”, en Alfredo Alvar Ezquerra (ed.), Fernando I 1503-1564. Socialización, vida privada y actividad pública de un Emperador del Renacimiento, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Madrid, 2004, pp. 183-204; p. 193. Una explicación clara, en p. 195: “El paradigma nacionalista no debe tergiversar los hechos. Fernando no era peligroso por castellano sino por hermano del rey, no como cabeza de una revuelta «nacionalista» sino como ariete de una facción de poder cortesano que compitiera con los flamencos.” 138 L. Vital, Primer viaje a España, p. 389 y ss. 139 B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 265: “Con el mismo desagrado tomó el infante don Fernando, su hermano, la novedad del título, sospechando que por ventura el príncipe, para asegurarse dél contra el favor casi general que en Castilla tenía, se anticipó a llamarse rey. Y pudo ello ser ansí, porque tan celosa es la condición de reinar que cualquiera sospecha la inquieta, y como no sufre compañía, siempre la teme.”
52 VIII. Cortes de 1518: al servicio del rey, pero también del reino Después de pasar una temporada en Castilla, adonde Carlos había arribado el 19 de septiembre de 1517, se puso la comitiva real de camino a sus estados de la Corona de Aragón. Su intención era jurar y ser jurado rey, igual que lo hizo en febrero del siguiente año en Valladolid. Por ello mismo, se envió una misiva al reino el 30 de enero de 1518 para reunir a los cuatro brazos en Zaragoza el 20 de marzo. A partir de este momento, tal y como relata Argensola, hubo un intercambio incesante de cartas entre Carlos y el reino. El motivo era que ya había un rey jurado, en este caso la reina Juana, por lo que no podían jurar a uno nuevo. En todo caso ofrecían que lo jurasen como príncipe que era, pero no como rey ya que si los cuatro diputados lo aceptaban y juraban, incurrirían en traición al reino y por ello serían reos de muerte. Finalmente se aplazó la decisión de qué hacer al respecto a la llegada de Carlos a Zaragoza.140 Tras demorarse un tiempo en su llegada a Zaragoza, finalmente entró el 9 de mayo en el palacio de la Aljafería, donde lo esperaba lo más granado del reino encabezado por el arzobispo. Al día siguiente hizo su entrada triunfal en la ciudad y juró en la Seo, siendo sus testigos Adriano de Utrecht, Alonso de Aragón, Juan de Fonseca y Juan Sauvage. Algo más tarde, el día 20 del mismo mes, se hizo una reunión de trabajo en el palacio del arzobispo para ver los temas que se tratarían ante los brazos reunidos en cortes. Finalmente, dieron comienzo las cortes. Asistieron como era normal, los cuatro brazos del reino en una relación que ofrecen B. Leonardo Argensola y D. J. Dormer detallada de los presentes. Debido a la política de encumbramiento de la familia real –en buena medida, ilegítimamantenida por los Trastámara en el siglo XV, una parte de los allí presentes pertenecían a esta. Por el brazo eclesiástico iban don Alonso por ser arzobispo así como por ser abad de Montearagón, Rueda y San Victorián. Su hijo don Hernando, por aquel entonces comendador de Alcañiz; también el castellán de Amposta Juan de Aragón, hijo del duque de Luna. Faltó el obispo de Huesca, Juan Alfonso de Aragón –hijo del príncipe de Viana e íntimo de don Alonsopero mandó un procurador. En el brazo nobiliario también había miembros de este “clan real”. En primer lugar, el 140 Ibídem, pp. 541 y ss.
53 duque de Gandía –casado con una hija de don Alonso-, Alonso de Aragón conde de Ribagorza así como miembros del linaje de los Castro. Fuera de estos nombres, con los conocimientos actuales es muy difícil precisar si habría más adeptos a la causa real en las cortes, muy posiblemente hubiera deudos de los citados entre las personas que no citamos por desconocerlo.141 El príncipe comenzó con un discurso bastante directo y posiblemente no muy acertado para el gusto de los aragoneses, muy celosos de sus libertades –las que no gustaban a muchos del séquito real, como Anglería-. Decía este así: […] sin otra dilación, habemos venido a este nuestro reino de Aragón con mucho deseo de visitar y celebrar las Cortes que tenemos convocadas a vosotros en esta ciudad para el juramento de fidelidad que, como a rey y señor, por vosotros nos ha de ser fecho y prestado como a vuestros predecesores en principio de su sucesión se ha fecho y se debe facer, y ser subvenido a los grandes gastos que se nos han ofrecido en esta nuesra vida, y los que de continuo hacemos en defensión de las tierras que tenemos conquistadas a los moros […]. Y ansí, con toda voluntad os encargamos y exhortamos como fidelísimos luego y ante todas cosas, se nos haga por vosotros el juramento de fidelidad que, como a rey y señor de este reino, nos seis tenidos hacer y prestar.142 El discurso siguió algo más poniendo los ejemplos de Flandes y Castilla, de los cuales se obtenían buenas rentas ordinarias pero aún así habían contribuido fuertemente con la causa del príncipe. Tras la alocución inicial, le tocaba el turno al reino; en el nombre de este fue Alonso de Aragón, como principal dignidad el que tenía que hacerlo. Tradicionalmente se ha venido dando la idea de que éste fue parco y directo, cosa que no fue así exactamente.143 La respuesta del prelado fue la siguiente: La Corte General aquí juntada se alegra en estremo de la deliberación de vuestra Real Majestad acerca della santa y católica empresa que ha hecho y face en la defensión de la Iglesia romana, y en defensión de los reinos y tierras de la Corona de Aragón, y de la gana que tiene en reparar las cosas deste reino, el cual, entendida la proposición, acordará sobre ello por tal guisa 141 Ibídem, pp. 586-588; una relación más completa en D. J. Dormer, Anales de Aragón, pp. 94-96. 142 B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 589. 143 José Antonio Armillas Vicente, “El servicio de armas en Aragón durante la Edad Moderna”, en Floresta historica. Homenaje a Fernando Solano Costa, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1984, pp. 51-62, pp. 53-54: “Los aragoneses siempre han sido leales a sus soberanos. Todo lo demás estará sujeto a las decisiones de las Cortes.”
54 que será gloria de Nuestro Señor y servicio de vuestra Real Majestad y bien de todos sus reinos.144 Después de todo el intercambio de cartas sobre la foralidad o no de jurar al príncipe Carlos como rey, es sorprendente cómo al final se decidió el reino por hacerlo. Esta disputa casi se puede llevar a 1516 cuando el justicia se negó a que don Alonso jurase como curador. Sin embargo, la presencia del rey logró por ensalmo lo que no se había logrado antes. Evidentemente, los cronistas ignoran, más bien callan los movimientos que tuvieron que tener lugar para poder llegar a tal acuerdo sin ninguna resistencia. En primer lugar la ya mencionada reunión en la residencia del arzobispo, pero muy posiblemente se hiciera alguna merced de importancia a los Lanuza. Un ejemplo es cómo el comendador Juan de Lanuza fue virrey a la muerte del prelado cesaraugustano. En definitiva, todo apunta a que se empleó con profusión el refrán de “untar las manos con ungüento amarillo” entre los notables aragoneses más reticentes al juramento, aquellos que incluso llegaron a decir que la reina Juana no había sido jurada. Finalmente, el justicia decidió hacer el juramento de las cortes el 20 de julio.145 Es reseñable destacar que Carlos no fue jurado exactamente como rey. Su madre ya era reina de Aragón, así que fueron jurados como tales los dos, como corregnantes. Es por ello por ejemplo, por lo que en alguna moneda aparecen los dos bustos –el caso típico del centén-. Según el propio testimonio de Alonso de Aragón, los brazos estaban “prestos a jurar a la serenísima reina doña Juana, madre de Vuestra Alteza, y a vuestra Real Majestad, en reyes y por reyes de Aragón”. Por lo tanto, el triunfo de Carlos, que al llegar habría disipado todo género de dudas o disensión, no fue completamente total.146 Como colofón a este episodio, el arzobispo de Zaragoza se vio muy bien gratificado. Fue habilitado de nuevo como lugarteniente general, junto con un permiso para poderlo ser a la vez que ejercía de diputado, así como otro para compatibilizar esto último con su nuevo nombramiento como inquisidor.147 La estancia en Zaragoza duró un total de unos nueve meses, ya que las Cortes se vieron concluidas finalmente en enero de 1519. El servicio monetario acabó por 144 Memoria de las Cortes, RAH Ms. 9-1114, f. 167v., ápud B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 591. 145 B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 620. 146 Ibídem, p. 618. 147 Ibídem, p. 661.
55 hacerse, aunque, al parecer del humanista P. Mártir de Anglería, éste fue muy escaso y quedó en nada; tales fueron los gastos realizados por la corte en la capital del reino.148 Ha de tomarse esto con cierta precaución, debido al poco aprecio que el italiano tenía a los regnícolas por ser codiciosos y defensores de unas leyes que favorecían a los criminales. 148 José Antonio Armillas Vicente, “Aragón visto por un humanista: Pedro Mártir de Anglería”, Estudios del Departamento de Historia Moderna, (1974), pp. 25-39; p. 39: “Como resumen de tal larga y debatida estancia, el relato de Pedro Mártir de Anglería: «Se acabó todo. E igualmente las esperanzas del Rey sobre el donativo. Los gravámenes le quitaron de las manos la mayor parte. Si quedó algo, acabó por comérselo la sed roedora de los prestamistas. Los que constituimos el séquito del Rey hemos dejado en este Reino doscientos mil ducados. Hay quienes dicen que he calculado muy por lo bajo. Muchos piensan que pasan de quinientos mil.»”
62 mantuvieron una política interesante de la que el arzobispo recelaba de que intentaran hacer con el poder de la Corona, tal y como relata Dormer.161 Por otro lado, los Arzobispos de la Casa Real fueron precisamente eso, arzobispos. Como tales llevaron a cabo una intensa labor constructiva y de embellecimiento de fábricas, algo más estudiado para períodos posteriores –a partir de Hernando de Aragón en adelante-. Pese a que existe algún pequeño estudio al respecto, apenas es conocido en profundidad el mecenazgo que desarrollaron estos prelados ni la campaña artística que pusieron en marcha.162 Además se encuentra una fuerte labor de mecenazgo y un potente círculo intelectual alrededor del arzobispo don Alonso, quien tendría correspondencia con los grandes intelectuales del momento. Todo esto está simplemente apuntado sin haberse estudiado en profundidad hasta el momento.163 También es interesante una mayor reflexión sobre los momentos políticos que se vivieron entre Fernando II y Carlos I, de los que tan apenas hay nada publicado. Se trata de un momento clave de transición, en el que en las últimas cortes el Católico casi consiguió no depender de las cortes, y sin embargo, asombrosamente, no hay referencias. Creo que en buena medida, la idea que se tiene de Alonso de Aragón como personaje ambicioso que buscaba gobernar, en buena parte se debe a su lealtad a la Corona. Esto produjo la animadversión de la nobleza, quien se proclamó como defensora de las libertades del reino en contra del creciente poder real. Por último, y no por ello menos importante si no más bien lo contrario, es necesario adentrarse en la psicología de Alonso de Aragón. Evidentemente se trató de un animal político de notable valía, criado por y para el poder real a cambio de pingües beneficios. Sin embargo, al no haberse podido consultar más notas personales que las cartas que transcriben los cronistas, es complicado decir algo sobre su personalidad. No deja de ser curioso que en algún momento de su vida, por escrito –acto al que se le 161 D. J. Dormer, Anales de Aragón, p. 67 y ss. 162 José Luis Pano Gracia, “Las ampliaciones constructivas de Don Alonso y Don Hernando de Aragón en la Seo de Zaragoza”, Actas del V Coloquio de Arte Aragonés, Zaragoza, 1989, pp. 379-402. 163 J. A. Armillas Vicente, “Aragón visto por un humanista”, p. 28: “En la cabecera de los reinos patrimoniales de Fernando, brillaba un foco cultural cuya figura más representativa era, precisamente, don Alonso de Aragón, […]. La personalidad de don Alonso es polo encauzador de los afectos generales hacia Fernando, su padre. Ambos son favorecedores de Lucio Marineo Sículo, a quienes dedicó su «Epistolarum familiarum libri XVII (Valladolid, 1514)». En este núcleo de cultura se agrupaban también Antonio Geraldini, Gaspar Barrachina, Alfonso de Segura, Juan de Sobrarías y ocasionalmente, aunque bastante ariscado con Aragón, Pedro Mártir de Anglería. De la importancia de este brillante centro cultural, habla claramente el desarrollo de la imprenta zaragozana, favorecido por el dicho Arzobispo, que contó con un artesano glorioso en su oficio, Jorge Cocci. Ambiente cultural zaragozano, imbuido de Humanismo, que no rehuía los contactos con la vertiente N. de los Pirineos, con el Lulismo parisino y con Lefevre d’Etaples, en la persona de su propio Arzobispo, don Alonso.”
63 supone cierta reflexiónse mostró colérico, incluso con el príncipe Carlos en 1517 cuando sus planes se torcían uno a uno.164 También es necesario ahondar en las relaciones que pudo mantener con Italia y valorar si realmente, en algún momento de su vida pudo hacerse con el reino de Nápoles. 164 B. Leonardo Argensola, Anales de Aragón, p. 422.
64 XI. Conclusiones Considero que ha quedado suficientemente demostrado que ya no solo los Arzobispos de la Casa Real de Aragón sino ya únicamente la figura de don Alonso es lo suficientemente rica y de interés como para dedicar un estudio de mayores proporciones. En efecto, confluyen en su persona bastantes líneas historiográficas, algunas más actuales que otras y algunas aún por explotar, como es el caso de la bastardía, prácticamente virgen al día de hoy. Se han tocado unos pocos temas de los cuales prácticamente ninguno está agotado, otros han sido únicamente señalados como posibles vías de investigación posterior. Por ejemplo, el nacimiento de don Alonso aunque se ha conseguido concretar más consultando en distintos recursos, quedan todavía detalles desconocidos, que es posible que permanezcan así por falta de documentación al respecto. Tampoco se ha ahondado en la familia de su madre –ni en ella mismani en su posterior matrimonio, con un miembro de la casa de Castro, lo cual posiblemente ayudaría a comprender futuros movimientos políticos de su hijo. Respecto al arzobispado, se han trazado también las líneas maestras, recopilando datos de todo lo que hay actualmente impreso. Si bien la provisión del arzobispado es bastante completa y se conoce con bastante detalle, nada se sabe de cómo se encontraba la mitra cesaraugustana a finales del siglo XV o principios del XVI. Igualmente, tan solo se han ofrecido unas pinceladas de sus acciones pastorales. Lo que sí queda claro es que pese a su vida poco estricta respecto a la observancia de sus votos religiosos sí tuvo interés en dignificar y reformar su archidiócesis. Sin embargo, no decidió hacerlo por la cabeza de la misma. Esto lleva a un punto también interesante. ¿Cuánto tiempo estuvo amancebado? ¿Quién era esa Ana de Gurrea exactamente? Estuvo bastantes años viviendo en concubinato con ella, de los que hay constatados 4 hijos seguros y quizás más. ¿Acaso no importaba a los Gurrea? Lo que está claro es que no era nada demasiado escandaloso ni fuera de lo común en el momento, acorde con la tónica general. Pero no se conocen a día de hoy las posibles repercusiones que eso podía tener entre los fieles, si su figura como obispo se resentía o era visto algo completamente natural. Otro punto importante es la cuestión de la representación, la lugartenencia, la gobernación y por último el virreinato. Actualmente, ya se ha mencionado en más de
65 una ocasión, son unos estudios en auge, pero prácticamente nada se ha publicado de sus inicios. Ha de tenerse en cuenta que pese a que posteriormente se confundió lugartenencia con gobernación y todo quedó absorbido bajo el concepto de “virrey”, es una época en la que están claras las diferencias. También es un momento en el que estas instituciones, coloquialmente, están “gateando”. Después de las pruebas que habían hecho sus antecesores, el Católico fue el primero en ponerlas en marcha de forma más o menos sistemática. Sin lugar a dudas, fue un momento clave en la estructuración de la Monarquía Hispánica, en el que la magistratura de la gobernación general seguía teniendo mucho vigor. También otro punto a destacar creo que es la nebulosa de relaciones personales y de linajes que hay en el momento. Aunque ciertos personajes puedan hacer como cabecillas de facción o grupo de intereses, hay multitud de personas insertas en estas redes, o fuera de ellas. Creo que vagamente he podido dibujar el caos de pequeños nobles que gira en torno a los grandes potentados, caso de Alonso de Aragón u otros jerarcas de importancia. Cómo hay disputas fuertes, que llegan a contravenir las órdenes del rey incluso para colocar en distintos puestos de responsabilidad a personas de su confianza o al menos, de su “familia”, entendida en el sentido extenso. De estas relaciones surgen posteriormente las decisiones acordadas en los grandes eventos políticos, como son las cortes. Estas cortes, como las de 1515 pueden traer graves consecuencias. Y creo que al arzobispo se las trajeron ya que, en mi opinión y a la vista de las lecturas realizadas, hubo toda una venganza de la nobleza al respecto. Se lo intentó desprestigiar por ser fiel servidor del rey; puede ser que fuera en contra de los intereses del reino, pero sobre todo, de la nobleza, cada vez más celosa de sus privilegios ante el monarca. Por ello mismo comenzaron los rumores de que quería ser rey, quizás alentados por algún resquicio de verdad que hubiera de algún plan que en su día acariciara el Católico. Respecto a la trama del infante Fernando, considero que ha sido magnificada y que existe esa idea general de que se le quería hacer rey o algo similar, pero no he visto tampoco ningún tipo de respaldo. Tampoco aparece don Alonso de por medio, ni siquiera mencionado por aquellos que claramente decían que quería gobernar o tenía torcidos intereses. La lealtad a la Corona he entendido que fue la constante en la vida de don Alonso, y su servicio. Evidentemente, siempre y cuando fuera puntualmente recompensado, ya que con Carlos se vio algo desplazado de las prebendas. Prueba de ello es que en 1518, el sobrino del arzobispo lo mantuvo en el puesto de lugarteniente
66 general, por lo que tenía que confiar en él para tal misión. Evidentemente, tuvieron algún punto de desencuentro, sobre todo en el tema de la coadjutoría del obispo de Huesca, pero no cabe duda de que colaboró intensamente a que las cortes acabaran jurando como rey a Carlos. Si lo que era reo de muerte –jurarloacabó por hacerse, evidentemente, se tuvieron que mover muchos hilos de los cuales no hemos encontrado testimonio en los cronistas. Por último y no menos importante, la familia. La familia en la sociedad antiguorregimental lo es todo; la individualidad no es clara pero sí lo es el linaje. Y sobre todo, el empleo de esta para lograr objetivos políticos y extender las ramas para que el árbol crezca más fuerte. El caso de Alonso de Aragón es paradigmático en cuanto al matrimonio de sus dos hijas, pero también lo fueron los de su entorno de la familia real ilegítima. Todos acabaron entroncando con las estirpes más poderosas de Aragón y de Castilla, creando nuevos vínculos e intereses. En buena medida iban dirigidos al acrecentamiento del control del rey, pero también de la grandeza del linaje. Tener sangre de reyes no era nada despreciable, ya que la sociedad lo entendía como tal. En síntesis, Alonso de Aragón fue una persona representante del clan de la Casa Real de Aragón, inexplorada por ahora pero de gran importancia histórica. Comprendiendo su figura, se entiende a un grupo social amplio, los círculos de poder, de cultura, y en definitiva, una época. Una época en los que las rencillas dinásticas y bandosidades nobiliarias comenzaban a dejar paso una monarquía, en teoría más fuerte, pero sobre todo más grande. Una monarquía en la que no se ponía y el sol y necesitaba que la figura del rey estuviera presente en todos los reinos.
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80 b) Carta de Alonso de Aragón a Juan de Aragón165 Lo que vos el ilustre don Juan de Aragón haueis de fazer es que con mucha diligencia vais donde estouiere el prícipe mi señor, y luego procuréis besar de mi parte sus muy reales manos, y después de dada a Su Alteza mi carta, y dichas mis muy humildes encomiendas, por vigor de la crehencia que lleuais, explicareis a su Alteza lo que se sigue: Primeramente diréis que el grand dolor y aduersidad que ha venido en estos reynos de España por la muerte del rey su auuelo mi señor, que en gloria sea, y más a mi que a nadie de los de acá por ser yo su fechura. Todo el consuelo que a mí queda y a los que intrinsecamente zelamos el seruicio y acreçentamiento del real stado, es en la bienaventurada sucesión de Su Alteza, por ser dotado de todas las dotes y gracias que Dios y natura a tan reales personas a veces suelen cointar, y que yo quisiera ser el primero que fuera a besar las manos de S. A., si la disposición de mi persona y salud lo consintiera, y las cosas de su seruicio acá no requirieran mi presencia, como por otras he scripto a Su Cathólica Majestad. Y que como yo tengo muy mayor obligación que nadie por derecho diuino y de naturaleza y por las muchas y grandes mercedes que el rey don Felipe su padre, mi 165 R.A.H., Salazar, A-16, fols. 17-20, ápud M. Fernández Álvarez, Corpus documental, pp. 50-57. !"#$%&'()$*+,"&#"&-($(& .&/,+,"&#"&012"$(& 3,*%4($&#"&5(67$%& 3,*%4($& 8"9*:"&#"&5(67$%&;&!*)<6& !"#$%&#"&5(67$%& 5(7(9*)(&#"&-(),=(& >,()&?(4<)&8%9@A&#"&5($#%)(& .&/,+,"&#"&5($#%)(& B9#%)=(&C)$D+,"=& >,()(&B)7%)*%& 8"$)()#%&>,()&?(4<)& ..&/,+,"&#"&5($#%)(& 8$()@*6@(& E&416& F$*()#(& -,*6&#"&F"(,4%)7& ..&5%)#"&#"&-"$D)&
81 señor, que en gloria sea, me fizo, y por el grand amor que me tenía y me demostraua, suplico quanto puedo a Su Alteza que assí quiera creer yo tengo mayor zelo que todos al próspero stado con acrescentamiento de reynos y señorios para S. A. que es mi rey y señor natural, en quien después de Dios tengo situada toda la esperança mía y de mis cosas a quien de todo coraçón, con summa fidelidad he de seruir perpetuamente fasta derramar la sangre y perder la vida, toda hora que el caso se offrezca; que por esto assí muchas vezes supliqué al Rey mi señor, stando en sana salud, que fiziesse venir al Príncipe mi señor en Spaña, porque conociesse a sus súbditos y las costumbres dellos. Plugiera a Nuestro Señor Dios que Su Católica Mat. ouiera en esto effectuando mis suplicaciones, ca tendríamos ya aquí al Príncipe mi señor y no estarían sus reynos en el trabaio y desconsolación presentes. Con este muy buen zelo luego como vino aquí su embaxador el Dean de Lobaina, le embié a offrecer para todo lo que fuere seruicio de S. A., mi perpetua y fidelíssima seruitud, lo que el embaxador agradeció mucho porque a la sazón se creya ser pasado el peligro de la dolencia de Su Católica Majestad. Mas diréis a Su Alteza que quanto puedo, le suplico quiera tener por indubitado este concepto. Que su católica Mat. siempre tuuo intençión y grand studio de acrecentar el real stado para el Príncipe mi señor, y a sus successores. Y esto está bien claro que por la obra se demuestra, por el ayuntamiento de Reynos conquiridos a la Corona Real de Castilla; e que assí como tuuo muy grand prudencia y magnánimo coraçón para adquirirlos, assí tuuo marauillosa prouidencia para regir, conseruar y gouernarlos, no sólo viuiendo la reyna doña Isabel mi señora, que en gloria sea, mas ahun después que aquella fallescida diez años los ha gouernado meior y han estado más llanos los reynos, y ha adquirido de nueuo el reyno de Nauarra. Y ahunque otra cosa hayan podido de dezir a Su Alt. no quiera creer sino lo que puede ver por la obra en este caso y por lo que el testamento de su Católica Mat. reza. Y diréis que estos reynos de Castilla, junto con los de la Corona de Aragón, son muy grand y excelliente señorío bien digno de Su Al., seiendo gouernado por aquella del modo que su católica Mat. los gouernó, y se le dexa rogado y encargado por su testamento, porque los señoríos fácilmente se conservan con las mismas artes y gouierno con que de comienço se ganan. Mas este gouierno no tenga sperança Su Al. que pueda durar muchas días sin la presencia de su rey natural y muy bien conseiado y que ningunos gouernadores generales abastarían para ello, porque ahun en vida del Rey y Reyna, mis señores, que fueron el mayor par y más sabios que nunca houo en España, en su presencia algunos grandes, houo que se atreuieron a fazer excessos, de que fueron
82 bien castigados para exemplo de otros. Por esto quanto puedo suplico a Su Alteza quiera acelerar su buenauenturada venida quanto cómodamente pueda, porque assy cumple el seruicio de Dios y para su Stado, porque lo falle entero como yo desseo. Y porque el rey de Françia, de ningún otro Stado ni potencia teme tanto que le embargue sus intenciones, como el Stado de Su Alteza, y públicamente o secreta, como sus predecessores lo acostumbraron fazer, podría ser que ressollasse y fauoreciesse o al rey de Portugal, que teme a Su Al.; o al Rey don Joan que pretiende cobrar a Nauarra y podrían estos aplicar algunos caualleros a sus voluntades, discurriendo el tiempo; por esto, cient mil veces torno a suplicar a Su Al. al punto quiera dar prissa quanta podiere de venir en estos sus reynos. Y ahunque houiese de dilatarse algunos días, todas las fablas y demostraciones me parecen deuen ser de presta partida. A ser bien direis a Su Al. que ya haura entendido cómo Su Católica Mat., por su testamento le dexa rogado muy encargadamente que se quiera seruir sin mutación de los officiales reales de quien Su Cathólica Mat., al tiempo de su muerte, se siruía; que si aquello toma por norte y guía, no puede Su Al. con la ayuda diuina, sino llegar a puerto de grand felicidad. En esto de los officios hay dos cabos que a mi ver cumplen mucho al seruicio de Su Al.: El uno es que no faga mutación de officiales, como arriba se dize. El otro es que no quiera confirmar algunos officios principales de por vida, porque yo sé que Su católica Mat. estaua muy descontento de algunos y con muy justas causas, y por esso cumple mucho al servicio de su Al. que lo reserue para fazer quanto a nuestro señor plugiere fazernos merced que veamos su muy real persona en estos reynos. En tanto que Su Al. allá se detiene me parece que deue muy encargadamente embiar a mandar que se entienda mucho en la conseruacion del reyno de Nauarra, porque importa en muy grand manera a su Stado real. Ca los montes Perineos que son muy ásperos parten a España de Francia dende el mar Occeano, que es a tremuntana, fasta el mar Mediterráneo que es a la parte del mediodía. Y el reyno de Nauarra se tiende por rayana dende los dichos montes dentro en Spaña a partir y raya con los reynos de Castilla y de Aragón. Y teniendo Su Al. a Nauarra e señor de todos los puertos de los dichos montes, y en verdad que después de fallescido el rey mi señor, ha passado peligro que algunos pueblos de Nauarra no se alçassen por el Rey don Joan, porque estauan muy conmouidos y el rey don Joan fazía sus diligencias y señaladamente Sangüessa staba medio rebelde, sin querer acoier en ella gente de sueldo de Su Alteza, y tuuieron occasión y amneteza [sic] de poderlo fazer, a causa que un don Pedro de Castro deste Reyno es alcayde de Sangüessa, y en sabiendo que el rey mi
83 señor era fallecido en lugar de ir a ponersse en Sangüessa para conseruarla, scaló y tomó por fuerça una villa que se dice Stadilla y su tierra, echando della a doña Guiomar Mandrique, que justamente la posseya, y puso este reyno en muy grand bullicio, en grand deseruicio y desacatamiento de Su Al. Este don Pedro es el primero que ha tomado armas en Spaña y occupó lo aieno, poniendo (como disse) este Reyno en occasión de muy grandes incouenientes y en deseruicio de Su Mat. Ma (sic) ha tenido forma de moderar este excesso, y por agora está remediado que cierto algunos pueblos de Nauarra y señaladamente aquel de Sangüessa se alegraua de ver este Reyno en confusión. Con exemplo deste don Pedro, otro su pariente de Cataluña ha tomado por fuerça otra villa que se dice Baga a la dicha Guimar, y en la Andaluzía el conde Uruenya y su hijo don Pedro Girón, con muchas gentes de armas fueron a querer occupar el stado del Duque de Medina Sidonia, lo qual fue bien proueydo por el Cardenal y embaxador y por los otros del Conseio Real por agora, mas conuiene mucho al seruicio de Su Al. y a la pacificación destos reynos mande muy bien castigar estos excessos porque si assí no se faze, cada día se cometerán otros semeiantes casos, de que Dios será muy deseruido y Su Alteza porque estos sus Reynos podrían venir en grandes bullicio y peligro. Conociendo yo lo mucho que Nauarra importa al Stado de Su Al. y como siempre estoy desuelado a su seruicio, tengo derramadas muchas spías fasta dentro donde están el Rey don Juan y la Reyna doña Caterina su mujer, y supe que fazian algun apareio de guerra, y lo mesmo me escriuieron el condestable de Nauarra, mi primo, y el Visorey, auisándome que aquel reyno staba en mucho peligro y necessidad de socorro demandándome gente deste Reyno. Respondíles que al presente no tenía ni tengo exercicio de alguna jurisditión y gouierno en este reyno, más con mi casa y con mis amigos y por la fe que tienen en mi todas las uniuersidades y casi todos los caualleros deste Reyno; y escreuí y embié muchos mensaieros al Cardenal y al embaxador de Su Al.; para que proueiessen luego en la conseruación de Nauarra, y hanme respondido que assí lo han fecho. Mas direis a Su Al. que luego como vino la nueua de la muerte del Rey mi señor sentiere extremo dolor que deuía y con el excessiuo trauaio que passé en las Cortes de Cataluña estaua muy fatigado en extremo en la persona y spituro (sic) con mayor necessidad de entender en mi salud que no eran negocios, pues no me fallaba lugarteniente general ni con exercicio de jurisdictión. Estando en esto, los testamentarios de Su Católica Mat. me embiaron la cláusula de su testamento y una
84 prouisión en aquel mismo efecto que firmó su católica Mat. un día antes que fallesciesse por las quales era dispuesto que yo gouernasse estos reynos de la Corona de Aragón hasta ser venido en Spaña el Príncipe mi señor, o que por Su Al. fuesse otramente dispuesto. En verdad que no estaua con mi tristura y poca salud en dispusición de entender en negocios, fize ayuntar los letrados del Real Conseio y vistas por ellos la dicha cláusula y prouisión, miraron lo que de derecho y de fuero deste Reyno se deuía fazer, y todos concordes me fizieron relación que vista la indisposición de la Reyna mi Señora para gouernar, Su Católica Mat. Assí de derecho común como de fueros deste Reyno, pudo fazer aquella disposición sobre el dicho gouierno. Mas porque por los fueros deste reyno era dispuesto que el primogénito sea gouernador, y no pueda ser más de uno ni otro alguno sino el primogénito, pareció a los letrados del Conseio Real que, pues el efecto era uno, que se deuía buscar expediente conforme a los fueros deste Reyno, para que yo rijesse como su católica Mat. lo dispuso. Los diputados que represientan todo este Reyno y los jurados desta ciudad, figurándoseles que para el seruicio de Su Al. y para la buena administración de la justicia y quietud de la tierra, por la experiencia que de mi tienen, era necessario que se cumpliesse la voluntad de Su Al. que en gloria sea; e assí todos me lo pidieron con grand instancia, e luego ayuntaron otro mayor número de letrados con los del Real Conseio y todos concordes, alabando mucho la prouidencia de Su Mat.; determinaron que de derecho común y de fuero que es de derecho municipal pudo Su católica Mat. disponer de aquella manera. Mas porque los fueros deste Reyno, pues no podía hauer sino un sólo gouernador y este es el príncipe mi señor que el nombre que yo hauía de tener para regir no fuesse de gouernador sino de curador, no mudando nada del effecto de la disposición de Su Católica Mat., sino sólo el nombre. Para esto dixeron que ya tenían práctica porque ha poco más de dos años de Su Católica Mat. por la Corte del Justicia de Aragón se fizo crear curador de la Reyna doña Juana, mi señora. Pareció a todos los dichos letrados del Real Conseio y de los diputados e otros que este mismo expediente se deuía tomar y seguir. Assí se puso por obra que guardado todo lo que de derecho y de fuero se deuía, fue trahido a todo cumplimiento fasta hauer yo de prestar el nombre de la Reyna mi señora, en poder del justicia y otros el juramento acostumbrado de guardar los fueros y priuilegios.
85 Era mi intención en jurando, fazer alçar banderas y pregonar por la reyna mi señora los reinos de la corona de Aragón. Esto conuenía al seruicio de Su Al. fazer por obuiar y matar ciertas murmuraciones que andan entre algunos caualleros que andan por este reyno y las derramauan por los pueblos diziendo un error antiguo que ha houido en esta tierra, y es que fembra no puede succeder en los reginos de Aragón y la verdad es en contrario. Y más dezian, que la Reyna Doña Juana mi señora, no era jurada en Reyna, por los aragoneses, deziendo que cierto juramento que fué prestado era condicional, si el Rey mi señor, que en gloria sea, no houiesse fijo varón y que lo hauía houido del secundo matrimonio; y de aquí armauan un grandíssimo deseruicio del Príncipe, mi señor, sobre la faz y color de seruirle, significando que luego lo deuían jurar por Rey, y estos que tenían este concepto, han desseó muy grand de ver separados estos reynos de la Corona de Aragón de los reynos de Castilla echando cuenta que podría venir la successión de Su Al. en fembra como agora y que en tal caso que succederia en los reynos de Castilla y que para succeder en los reynos de Aragón buscaran el pariente varón más propinquo que a la sazón se fallasse, e assí se faría la separación destos reynos, lo que plegue a Dios que nunca sea antes dure la successión de Su Al. perpetuamente en todos estos reynos, con acrecentamiento de otros. Por atallar todas estas murmuraciones, me parecía, y assí era en verdad que cumplía al seruicio de Su Al. yo jurasse como curador, con modificación que fize poner que no durasse más mi exercicio fasta ser el príncipe mi señor venido en España o hauerlo otramente proueydo. Estando las cosas assí dispuestas fize venir ante mi al justicia de Aragón y díxele que al día siguiente queria jurar para que la voluntad del rey mi señor se cumpliesse acerca lo del gouierno, rogándole que assistiesse a la prestación de mi juramento como deuía el qual muy alterado respondió que no deuia él recebir mi juramento, porque no podía hauer en este reyno por fuero dos gouernadores sino uno solo y éste era el primogénito. Dixosele luego allí que por eso no me hauía de dezir gouernador, sino regidor o curador y que el effecto todo era uno y que no iuan mucho en nombre e no lo quiso entender porque tenia otra intelligencia y passión con alguno que osaron dezir que la reyna no era jurada, a los cuales fue preguntado como conuenía al seruicio de Su Al. y aquí dezían, después, que no conuenía al príncipe mi señor que yo jurasse con palabras assí preñadas. Entre tanto por traher las cosas llanamente a stamiento en unos poquitos días usaronse de muchos medios con el dicho Justicia, para que no impidiesse el effectuar de
86 la voluntad de Su Católica Mat. y el seruicio del principe mi señor, y que los diputados farian llamar todos los letrados desta ciudad y que si de tres las dos partes dellos no conformauan en que deuía tomar el juramento que no lo reciuieren. Nunca quiso star a conseio. Mas determinaron los letrados que en negligencia del dicho justicia, sin fazer cuenta, que podía y debía jurar el poder del uno de los dos lugarestenientes suyos mas el justicia y sus secaces con la mala voluntad que tienen a las preheminencias y a mi, porque siempre las he leuantado y en special porque con mi industria poco ha se fizo en Calatayudo el seruicio particular que es el mayor que nunca en este reyno se fizo y que más importa al seruicio de Su Al. en el que ellos no consintieron, antes siruieron mucho a su Mat., han (es)toruado (que) jurasse. En este medio el justicia embió a dezir al cardenal y al embaxador a Su Al que no era seruicio de aquella, yo prestasse el juramento acostumbrado, sembrando zelos nefandíssimos de mi quasi sintiendo que me había de alçar con los reynos. Bendito sea Dios que Él es cierto testigo de mi muy sana y limpia intención al seruicio de Su Al. y si nunca supe sino obrar y pensar solo lo que ha cumplido al seruicio de la corona real y sus legítimos successores, que son la Reyna y principe mis señores. No sé cómo ni en qué cabeça pudo entrar tan vano y maligno pensamiento, con qué fundamientos, con qué título, con qué poder, con qué apareios para cosa tan celerada. Dexo de dezir más en ello, porque de suyo como vano se cahe, y como fuera de todo buen sexo no puede causar sospecha en ninguna persona cuerda. Es verdad que como yo supe que el justicia de Aragón hauía tocado en mi fidelidad, como tocando en la Mat. diuina no quise más entender en jurar para tener el gouierno, sino que lo screuí al cardenal y al embaxador de Su Al. ni entiendo ponerme en ello fasta que a Nuestro Señor plega traher con mucho bien y presto en Spaña a su Al. y que nos conozca a todos, y quando haya de venir, si su Al. lo toviere por bien, que vaya a besar sus reales manos y de darle razón más particular, mándemelo screuir que plaziendo a Dios no faltare. Entre tanto, por mi casa, que es menos de lo que yo querría para el seruicio de Su Al. y con mis amigos no faltaré a lo que conuenga a su seruicio. Mas todauía, con la mayor afficción que pueda, suplico a Su Al. quiera disponer su venida que sea muy presta y con bien, porque falle su stado entero y con el tiempo no se dé occasión de inconuenientes. Todo lo susodicho con aquel mismo acatamiento, después de besadas las muy reales manos de la princessa, madama Margarita, mi señora, díchole mis muy humildes encomiendas explicareis a Su Al. suplicándola tan affectadamente quanto ser pueda, que
87 quiera procurar la venida del principe, mi señor, en Spaña sea muy presta y que juntamente se venga con él Su Al. porque por su grand prudencia natural y por el conocimiento y plática que tiene de las cosas de acá será grandíssimo prouecho para la reputación, conseio y estado del principe mi señor. Y todos los que acá vimos a Su Al. e yo entre los otros más que nadie, les son muy affectados e yo muy certíssimo subdito y servidor. Tres días ha que llegó aquí Don Luys Carroz, embiado embaxador por el deán de Lovayna, embaxador de Su Al, con cartas para mi e a los diputados et algunos deste reyno para sollicitar y conducir tres cosas: la una, que los dichos diputados fiziessen justicia de pedir por curador de la reyna mi señora, la persona del principe mi señor. Estuuo con los diputados y fallándose ya presentes aquí Don Pedro de Castro, que es uno dellos con la intelligencia de los que suelen destorbar las cosas del seruicio de Su Al. quiso empachar esta negociación. Ha sido bien menester fallarme diputado e ir a las casas de la diputacion e luego allí en mi presencia fue proueydo que se ficiesse cumplidamente como era muy más que deuido lo que Don Luys Carroz demandaua ca dixe que en mi persona no se fallaua obiecto de fuero ni de derecho, sin comparación se habían de fallar muy mayores cumplimientos en la real persona del príncipe mi señor, y así el negocio lleua su camino y presto será fecho. La otra cosa que demandaua es que yo tomasse la gouernación. A esto le he respondido que los letrados no han fallado fasta que forma que de fuero hobiesse lugar sino la de la curadoría, en la qual se ha parado por las causas arriba dichas, y no estoy en voluntad de exercer alguna jurisdition fasta que Su Al. sea con bien y con presto en estos sus reynos de Aragón como en arriba dixe. La otra tercera cosa que pedía ya yo la tenía começada de bien fazer antes que supiesse de su venida, y esto es trabaiar, poner assiento en lo del seruicio particular, porque para diez deste presente mes tengo conuocadas aquí las uniuersidades y otras personas que caben y han de entreuenir en el seruicio particular. Expedita en Çaragoça a VII de março del año del nascimiento de nuestro Señor MDXVI. Don Alonso de Aragon Varradina, secretarius