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Trabajo Fin de Grado Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill Autor/es Javier Donaire Andreu Director/es Alfonso Sánchez Hormigo Facultad de Economía y Empresa 2014
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill “La naturaleza humana no es una máquina que se construye según un modelo y dispuesta a hacer exactamente el trabajo que sea prescrito, sino un árbol que necesita crecer y desarrollarse por todos lados, según las tendencias de sus fuerzas interiores, que hacen de él una cosa viva” John Stuart Mill, Sobre la Libertad
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill TITULO: Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill AUTOR: Javier Donaire Andreu DIRECTOR: Alfonso Sánchez Hormigo TITULACIÓN: Grado en Economía RESUMEN El objetivo de este trabajo es realizar una explicación sistemática del pensamiento de John Stuart Mill sobre cuestiones de economía política. Dichas cuestiones tuvieron para él una relevancia fundamental, ya que intentó realizar una auténtica transformación en el saber económico. Para ello, se procede a un análisis pormenorizado de sus teorías en lo relativo a laissez-faire, socialismo, comercio internacional y a la sociedad del futuro que él plantea como más beneficiosa para el conjunto de la ciudadanía, a través de sus escritos y los cambios que va introduciendo en cada edición, sin descuidar las circunstancias de la época y su biografía intelectual. Los problemas que analizó siguen todavía vigentes, y las soluciones que propone, en especial su defensa de una sociedad cooperativa pero individualista, vuelven sobre el tapete cada vez cunde el pánico en la sociedad masificada y compleja en la que vivimos. ABSTRACT The purpose of this proyect is to carry out a systematic explanation of John Stuart Mill’s thoughts about political economy issues. Such issues had for him an essential relevance, as he strove to make a real transformation in the economical knowledge. For that, a detailed analysis of his laissez-faire, socialism, international trade and future society that he considers as most beneficial for all the citizens is proceed to, through his work and the changes that he introduces in each edition, without putting aside the circumstances of his time and his mental biography. The problems that he discussed are still in force, and the solutions that he suggested, especially his helpful and individualistic society defense, come back every time this huge and complex society is in panic.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN…………………………………………………………………….1 2. BIOGRAFÍA E INFLUENCIAS VITALES…………………………………………..3 3. LA RUPTURA DE SU PENSAMIENTO.…………………………………………..10 3.1 Propagandismo juvenil……………………………………………………...11 3.2 Población……………………………………………………………………11 3.3 Socialismo…………………………………………………………………..12 3.4 Dinero y crisis……………………………………………………………….13 3.5 Comercio exterior…………………………………………………………...15 3.6 Las bases de la nueva economía política……………………………………16 4. EL “LAISSEZ-FAIRE”……………………………………………………………...17 4.1 “Los Principios de economía política” (1848)……………………………....18 4.1.1 Las cuatro categorías de la actividad estatal……………………….18 Intervenciones facultativas estatales: “laissez-faire”……………19 4.1.2 Intervenciones facultativas permitidas…………………………….20 En ausencia de actividad privada………………………………..20 Fallos de mercado……………………………………………….20 Información imperfecta…………………………………………21 Externalidades…………………………………………………..21 Indivisibilidad de capital………………………………………..22 4.2 Conclusión………………………………………………………………….22 5. EL SOCIALISMO…………………………………………………………………...23 5.1 El socialismo coetáneo a Mill……………………………………………….24 5.2 Principios de economía política. Primera edición. (1848)…………………..24 5.3 Segunda edición de Principios (1848). La gran influencia de Harriet Taylor..26 5.4 Tercera edición de Principios (1852)………………………………………..27 5.5 Los capítulos póstumos sobre el socialismo………………………………...28 5.6 ¿Fue socialista?.............................................................................................. 31 6. COMERCIO INTERNACIONAL…………………………………………………...31 6.1 Teoría de la demanda recíproca……………………………………………..31 6.2 Consideraciones sobre política comercial…………………………………...32 7. LA SOCIEDAD DEL MAÑANA……………………………………………………33 7.1 La reforma del sistema de propiedad………………………………………..34
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 7.2 La reforma de la tierra……………………………………………………….36 7.3 La sociedad del futuro……………………………………………………….37 7.4 Igualdad y masificación……………………………………………………..40 7.5 La cooperación y organización del trabajo………………………………….43 8. CONCLUSIÓN………………………………………………………………………46 BIBLIOGRAFÍA ..……………………………………………………………………. 48
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 1 1. INTRODUCCIÓN John Stuart Mill, fue conocido desde sus inicios como niño prodigio, con un talentoso mecanismo de raciocinio benthamista fabricado por su padre, James Mill. Adquirió notable fama con la publicación en 1842 de Sistema de la lógica y consolidándola con su tratado Principios de Economía Política, que apareció en 1848. Durante el resto de sus veinticinco años que le quedaron de vida, no hubo figura más eminente en la economía de su Inglaterra natal como lo fue él. Sin embargo, con su muerte, se produjo un pistoletazo de toxicidad a su alrededor; comenzó a extenderse la idea de que era un economista poco original, siguiendo a David Ricardo, y nada consecuente con las nuevas tendencias institucionales de la época. Su debacle se consumó con el nacimiento del marginalismo. Marshall, el líder de esta corriente, dejó en segundo plano con ella al ricardismo, y con ello a Mill, a la carencia de un carácter analítico en sus textos e ideas. Un estigma que duró cincuenta años, hasta la publicación en 1954 de History of Economic Analysis, del economista Joseph Alois Schumpeter, que con su obra hizo revisar el papel de Mill en la ciencia económica. G.J. Stigler no hace más que reafirmar este giro, remarcando la idea de que Mill fue un economista inventivo, rechazando el hecho de que descubrió muy poco en análisis económico. Le adjudicó seis descubrimientos clave: productos conjuntos, costes de oportunidad, la economía de la empresa, grupos o competitivos en el mercado de trabajo, la exposición acertada de la ley de oferta y demanda y también una exposición correcta de la ley de Say. Como se verá a lo largo de las páginas de este escrito, se plantearán cuestiones como ¿cuáles fueron las relaciones de Mill con sus maestros? ¿Qué buscaba Mill con la elaboración de su nueva economía política? Y sobre todo, si tuvo éxito en sus objetivos. Para resolver esto, se realizará el estudio estructurado en torno a su teoría de la política social y económica. Mill quería transformar el tinte lúgubre y cruel que había adquirido la economía en uno esperanzador, a través de grandes progresos prácticos y teóricos, que serán expuestos más adelante. Se desarrollarán cinco puntos, una vez expuesta su biografía y las influencias vitales que fue recolectando a lo largo de su vida. En primer lugar, se tratará su ruptura con la vieja economía para empezar a modelar su nueva economía política. A
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 2 continuación, se tratará la postura de Mill hacia la intervención del Estado en la economía, evaluando la disyuntiva que esto podría generar al laissez-faire. En tercer lugar, se tratará aquello que más directamente es muestra de su “nueva economía política”, todo lo relativo al socialismo. En cuarto término, su análisis del comercio internacional, y por último, la parte de su doctrina económica y social que le llevó a detallar la sociedad del futuro. Así pues, a lo largo de estas líneas, se propone trazar de una manera detallada las líneas maestras del pensamiento de John Stuart Mill en lo relativo a cuestiones de economía política.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 3 2. BIOGRAFÍA E INFLUENCIAS VITALES John Stuart Mill nació el 20 de mayo de 1806 en Londres, en el seno de una familia culta, recibiendo de la misma la educación que ya desde niño marcaría sin lugar a duda toda su trayectoria vital e intelectual. Recibió dicha formación de parte de su padre, James Mill, siendo educado única y exclusivamente por él según los estrictos principios del Emilio de Rousseau, la cual consistía en un exhaustivo estudio de varias parcelas del saber y la moral, proponiendo según sus propias palabras “un sistema educativo que permita al hombre natural convivir con una sociedad corrupta” (Rousseau, J.J; Emilio), dividiéndose en cinco libros en los cuales se detalla dicha formación dependiendo de la edad del sujeto. Comenzó estudiando griego a los tres años de edad, siendo capaz de versar en este idioma y en latín a la edad de diez años. Fue adoctrinado tomando ejemplo de oradores e historiadores griegos, teniendo que realizar el ejercicio de redactar todas aquellas cosas que leía a modo de resumen, para determinar de alguna forma, la posible comprensión que habría obtenido de las mismas. Leyó en su primera etapa a todos los clásicos griegos: Iliada y Odisea de Homero, varios dramas de Sófocles, Eurípides y Aristófanes, toda la obra de Tucídides, las Helénicas de Jenofonte, gran parte de Demóstenes, Esquines y Lisias; un poco de Dionisio y por último, la Retórica de Aristóteles (sobre el cual su padre hizo especial hincapié). Estudió la Antigua Roma, escribiendo ya con doce años, una historia del gobierno romano compilada de Tito Livio y Dionisio, relatando la lucha entre patricios y plebeyos, apoyando en primera instancia al partido demócrata de Roma. También leyó a los autores británicos más relevantes, no permaneciendo únicamente en Shakespeare, si no que cayeron en sus manos obras de Spencer (La Reina de las Hadas, que le fue leído por su mismo padre, fuera del método educativo que estaban siguiendo), los romances de Walter Scott, los Poemas de Dryden, Poemas de Campbell, entre los cuales leyó Lochiel y Hohenlinden. Durante esta parte de su infancia, su mayor entretenimiento era la ciencia experimental, en el sentido teórico y no práctico de la palabra. El mismo destaca el nivel de absorción que sufrió por Diálogos científicos de Joyce, devorando a su vez varios tratados de química del amigo de su padre, el doctor Thompson. A los doce años, tal y como sugería el método contenido en el Emilio de Rousseau, su educación comenzó a sufrir variaciones, dejando de ser el objetivo principal los
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 4 instrumentos y aplicaciones del pensamiento, para dejar paso al pensamiento mismo, siendo de gran importancia el estudio de la lógica. Comenzó con el Organon de Aristóteles, obra de la cual poco pudo comprender en primera instancia, menos si cabe aún en los Analíticos Posteriores, los cuales pertenecían a una rama de la especulación para la cual no estaba preparado. Además, leyó tratados de lógica escolástica. Todos los días, padre e hijo, salían a pasear y donde John tenía que responder a las inquisitivas preguntas de su tutor sobre lo que había leído, estudiado y analizado el día anterior. Después prosiguió con el Computatio sive Lógica de Hobbes, todavía de un orden mayor. Stuart Mill considera esta fase de estudios sobre la lógica como la más importante para lograr su capacidad de pensamiento que fue adquiriendo a lo largo de su vida. Retomó la lectura de libros latinos y griegos, esta vez de aquellos que estuviesen también relacionados con la lógica, destacando la lectura de Institutio Oratoria de Quintiliano, de la cual retuvo varias ideas valiosas que le servirían para sus futuras ideas. Aquí es donde lee por primera vez los diálogos más importantes de Platón como Georgias, Protágoras y la República. Era Platón el autor con el que su padre más en deuda se sentía para su formación intelectual y fue el que con más ahínco le recomendó. Aparte del estudio de la lógica, Stuart Mill señaló en su Autobiografía la importancia de leer en 1818, previamente a su publicación, la Historia de la India, escrita por su padre, en la cual sentaba los verdaderos fundamentos para la administración de la colonia inglesa. Con su publicación en 1819, su padre le hizo aprender un curso entero de economía política. David Ricardo, íntimo amigo de James Mill, acababa de publicar en 1817 un libro que constituyó uno de los grandes acontecimientos en el campo de la economía política. Principios de Economía Política y Tasación no habría sido nunca publicada si no hubiese sido por la súplica y ánimos de su padre a Ricardo. Stuart Mill tenía que entregar a su padre cada día un informe escrito a su padre de la explicación del día anterior de la obra de Ricardo, que le sirvieron más tarde a James para escribir Elementos de Economía Política. (Mill, J.S; Autobiografía, 60-61; Alianza) En el ámbito de política monetaria, también leyó a Ricardo, esta vez, sus folletos sobre la llamada “Controversia de Bullion”, sucediéndoles a estas lecturas las de Adam Smith, siendo el objetivo paterno principal que tuviese que aplicar las teorías de Smith en materia de economía política, más superficiales que las de Ricardo, la superior visión de éste, y detectar lo que había de falaz en las argumentaciones de Smith o lo erróneo de sus conclusiones. En definitiva, un método perfectamente calculado para formar a un pensador, fruto del exhaustivo análisis lógico y de la economía política. La educación que
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 11 esposa, que tras su muerte, puso en su lugar a la hija de ésta, Helen Taylor, mostrando un miedo palpable a quedarse solo y confirmando en todo momento el fracaso a liberarse del imperio educativo y formativo de su progenitor. 3.1 PROPAGANDISMO JUVENIL Hubo una época en la que obró tal y como sus mentores esperaban de él, la que va desde los dieciséis años hasta su crisis mental, con veinte años. Los temas que trataba en esta época fueron los mismo que abarcaría a lo largo de su vida, sí bien es cierto que desde un punto de vista más inmaduro o insensato: la teoría del valor, el principio de la población, el socialismo, la teoría del dinero y de las crisis, la teoría y política del comercio internacional, además de dos cuestiones meramente prácticas: la colonización y leyes de pobres, destacando los temas de población y dinero. Las actividades que hizo Mill como evangelizador del utilitarismo comenzaron con la creación de la Sociedad Utilitarista, una sociedad de jóvenes que se reunía a discutir temas relacionados con la economía, política y filosofía. Comenzó a escribir artículos, sobre todo de carácter económico, versando los primeros sobre la teoría del valor. Mill entró en discusión con el coronel Torrens, el cual había criticado la teoría de valor-trabajo estricta que había expuesto James Mill en Elementos. Sostenía Torrens que, en el caso de que se considerase el fondo de salarios como parte del capital, la teoría que debía formularse debía ser una de valor-capital. No fue hasta un ensayo escrito en 1830 sobre los beneficios e intereses donde afirma que en “el coste de producción entra otro elemento aparte del trabajo”. Al fin, en Principios de Economía Política, esgrime con una gran explicación la teoría de la oferta y la demanda. 3.2 POBLACIÓN Mill comenzó a formar parte activa del propagandismo de las ideas malthusianas. Desde el punto de vista económico, quizás exagera la contracción que supone la escasez de recursos naturales para el crecimiento de la población, sin embargo, defiende que el control de la natalidad favorecía a la extensión de niveles de vida civilizados a todo el mundo. Un problema que preocupaba a Mill era el paro obrero, de importancia muy frecuente desde el final de las guerras napoleónicas. La explicación que a ello encontró fue desde un punto de vista poblacional. La basaba en dos puntos: uno, la exposición del problema del paro a través de la teoría del fondo de salarios y otro, la defensa del control
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 12 de la natalidad. Renunciaba a utilizar el argumento malthusiano de que la población tiende a crecer más aprisa que las subsistencias, limitándose a afirmar, con un enfoque a corto plazo, que “si hubiese menos hombres, no habría hombres sin trabajo; y que si no hubiese hombres sin trabajo, aquellos que están empleados podrían dictar sus términos a los capitalistas” (Mill. J.S, Black Dwarf, vol.XI, núm.22, pág 751). No reparó en que la limitación de la natalidad era un remedio a largo plazo. En posteriores debates, se pronunció repetidamente sobre el problema de la población, si bien ahora variando argumentos, aplicando el principio de Malthus como una ley que explicaba la pobreza a largo plazo, en lugar de dilucidar el paro a corto plazo. La principal idea de su discurso era la ley histórica de rendimientos decrecientes en la agricultura, negándose explícitamente a hablar de la relación entre población y capital, para evitar entrar en controversias con el término “capital”. Hubo una objeción a su mensaje que le costó realmente rebatir, la de que se extendiese la “disciplina moral” entre el pueblo, cuyo mensaje inicial, expuesto en cartas al Black Dwarf, se mostraba escéptico en este punto, motivo por el cual había recomendado el control de la natalidad. En la contrarréplica, no pasó de expresar su confianza de que la progresiva extensión de las luces llevaría al pueblo a observar la misma prudencia que todos aquellos que le escucharon en sus discursos. 3.3 SOCIALISMO El socialismo es otro de los temas troncales de Mill, sin embargo su tratamiento en la época de propagandismo juvenil dista mucho del que adoptará durante su madurez. Fue expuesto por primera vez en el mismo debate en el que enunció que el principio malthusiano era una ley que explicaba la pobreza a largo plazo. En esta ocasión se expresó sobre la doctrina de Robert Owen. Se conservan dos borradores de aquella intervención: en el primero de ellos, su idea central era que el sistema distributivo existente era el único posible. Los discípulos de Owen decían que el trabajo era la única fuente de riqueza; sin embargo Mill les dijo que el trabajo necesitaba el apoyo del capital, y que éste, era producto del trabajo acumulado de los propios capitalistas. En el caso de que se mantuviese el derecho de propiedad que estaba establecido, después de realizar la redistribución propuesta por los owenistas, las desigualdades volverían a aparecer a los pocos años de manera inexorable. El discurso que pronunció se centró en dos puntos principales: incentivos y libertad. Trató la viabilidad y eficacia del sistema owenista en contraposición al sistema
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 13 competitivo. Respecto a los incentivos, afirmó que el sistema de Owen “impide que las fuerzas de producción de la sociedad actúen libremente, no proporcionando la seguridad necesaria para la buena dirección de la vida comunitaria”. (Mill, J.S; Further Reply to the Debate on Population; 225-239) Con respecto a la libertad, para él, el owenismo era “en su misma naturaleza un sistema de regulación universal”. Expuso la doctrina de la libertad, típica de la postura matizada por su influencia de Bentham. “Presumo que ser controlado, incluso si es por nuestro propio bien, está lejos de ser agradable y que es infinitamente mejor alcanzar un fin determinado dejando a las gentes en libertad que obtenerlo controlándolas”. Únicamente quedaba la consideración de si el owenismo sería viable a largo plazo en el caso de que sucediesen cambios básicos en la naturaleza de la sociedad, siendo quizás viable la educación a la gente en el amor a lo común, en lugar del amor individual. Su respuesta era que una excesiva confianza en el poder educativo equivaldría al hecho de creer en la posibilidad de que existiese el anarquismo. Mill se inclinaba más a basar las reformas en impulsos egoístas, haciendo que los intereses individuales se armonizasen de manera artificial a los sociales, propuesta fruto del arraigo benthamista. 3.4 DINERO Y CRISIS En el campo de la teoría monetaria, Mill abandonó ya en primeras bases la teoría ricardiana, por razones de tipo analítico. A finales de 1825, a la vista del crack financiero de ese propio año, tras haber leído al monetarista Thomas Tooke, se produce un cambio en su teoría monetaria que durará hasta el final de sus días. En sus primeras etapas, escribió ya en 1824 una reseña sobre el libro de William Blake Observations on the Effects Produced by the Expenditure of the Governmente during the Restriction of Cash Payments donde había defendido durante la suspensión de la convertibilidad en 1823, que el empeoramiento del cambio exterior de la libra se había debido a un exceso de emisión de dinero, para después atribuir este deterioro a los subsidios al extranjero y el gasto público. Frente a él, Mill apeló a la doctrina de Ricardo, afirmando que en cuanto a la caída del tipo de cambio, no era posible que hubiese sido provocada por los subsidios gubernamentales, ya que el déficit de la balanza de pagos se veía compensado por movimientos correctores en la cuenta de mercancías, a no ser que hubiese una depreciación de la moneda por exceso de oferta monetaria. En cuanto al gasto público, se basó en el teorema Turgot-Smith (todo lo que se ahorra, se invierte) añadiéndole la identidad ex post entre oferta y demanda globales.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 14 Uno de los puntos en los cuales Mill carga contra Malthus es en el que este último intenta explica por qué se había producido un descenso paralelo de beneficios y salarios, en contraposición a los postulados ricardianos que dictaban las variaciones inversas entre salario y beneficios. El error malthusiano residía en que no separaba el ahorro de la inversión, no sabiendo cómo explicar que el incremento del ahorro puede estar acompañado por una disminución de la demanda de mano de obra. Poco tiempo después, comenzó el distanciamiento de Mill respecto a la “ortodoxia ricardiana”, para recomendar actitudes menos activas ante los fenómenos monetarios defendidos por Ricardo, produciéndose una innovación teórica donde distinguía entre períodos especulativos y normales, que mantendría hasta el final de sus días. Para él, la causa inmediata de la crisis de 1825 fue precisamente la especulación. Según su criterio, la oferta monetaria en un sistema de papel-moneda convertible era una variable pasiva, ya que las fluctuaciones de oferta no generaban las variaciones de precios, si no que sufrían un efecto seguidor. Todo intento de independizar la oferta monetaria de la demanda monetaria era imposible en épocas de bonanza, ya que el crédito bancario y comercial hacía infinitamente elástica a la oferta, y muy peligroso en época de recesión, generando quiebras por falta de liquidez del sistema. El artículo de más relevancia en toda esta serie monetaria fue el llamado The Influence of Consumption upon Production, publicado en 1844. En él, partía de la idea de alternancia entre cortos períodos normales y especulativos, atribuyéndolo a la gran complejidad del mundo mercantil de su época, generando errores de información. Los economistas ortodoxos rechazaban esta posibilidad, con la idea de “quien ofrece un bien a la venta desea obtener otro a cambio de éste”. Mill rechazaba en cierto modo esta postura, ya que la consecuencia de estar separadas compra y venta, puede hacer que en un momento dado, una inclinación a vender con tan poca demora como sea posible, acompasada por una intención a retrasar al máximo las compras y con ello su entrega de dinero. Esto hacía que estuviese tan extendida la creencia en la posibilidad de crisis de superproducción. El tratamiento de las crisis comerciales y de la noción de exceso de producción en Principios de Economía Política (1848) le lleva a añadir un nuevo tipo de crisis comercial a las previas de 1826, la que es fruto de la escasez de los fondos prestables por inversiones en capital fijo o exportaciones de capital al extranjero. Admite que además de la tendencia a ahorrar en épocas de recesión, el descenso añejo del tipo de beneficios es otro factor que puede prestar trazos de realidad a la teoría de los excesos globales de producción.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 15 Sólo gana su aprobación la medida monetaria de suspensión de la Ley Peel de 1844 (la cual ponía fin a la libre emisión de papel-moneda, asentando unos pilares sólidos en la banca inglesa) durante la crisis de 1847. 3.5 COMERCIO EXTERIOR La libertad de comercio exterior es otro de los temas tratados por Mill en este período propagandístico. Presenta al terrateniente como el único agente económico que tiene interés en que se proteja la agricultura, ya que busca altos beneficios, incompatibles con altos salarios según el sistema ricardiano. Hace intentos por conciliar al terrateniente, ya que “si tiene intereses opuestos a los comunes, también tiene disposiciones en común con la comunidad” ya que le conviene que los alimentos sean baratos y los subsidios de pobreza bajos. Sin embargo, había una serie de concesiones posibles: la de que el arancel se rebajase paulatinamente y la de que se mantuviese un gravamen moderado para compensar a la agricultura de las cargas impositivas especiales que soportaba. Para el futuro de los problemas de comercio internacionales dejó su famoso artículo Of the Laws of Interchange Between Nations; and the Distribution of the Gains of Commerce Among the Countries of the Commercial World escrito en 1830, pero publicado en 1844 como otros de sus artículos. En él, Mill pretende completar el estudio ricardiano del comercio internacional, añadiendo a la demostración de que produce una ventaja para el mundo, un estudio del modo en el que se distribuye esa ventaja entre las naciones comerciantes. En primer término, supone los términos de trueque mostrando que, dentro de las restricciones marcadas por los costes de oportunidad, la ventaja del comercio se dividirá según la elasticidad de las demandas. Una vez enunciado eso, añade el empleo de dinero, si bien no cambiaría en nada esa conclusión. El siguiente paso consiste en dejar de lado la idea del porte gratuito y en mostrar que este coste no se fragmentará necesariamente del mismo modo que las ventajas del comercio. En cuarto lugar, examina el efecto de los impuestos sobre la exportación e importación sobre la relación real de intercambio y el resultado de avances tecnológicos. Explica pues la aceptable preocupación popular por la expansión de las exportaciones, por evitar la competencia con otros países y por los efectos transitorios de la liberalización comercial. A su vez, también es reseñable la aplicación del pago de un tributo al extranjero, con el objetivo de acordar la cooperación comercial, empeora la relación real de intercambio del país expedidor.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 16 3.6 LAS BASES DE LA NUEVA ECONOMÍA POLÍTICA En las páginas de sus Principios de Economía Política, el indicio más nítido del cambio que había experimentado es su diferenciación de las leyes económicas en leyes de la producción y de la distribución. Esto era la base de su nueva economía política. Constataba dos tipos de regularidades en el campo económico: primera, las que rigen la producción de la riqueza participan del carácter de realidades físicas, que no tienen nada de arbitrario, y por otro, la de que no sucede lo mismo con la distribución de la riqueza, ya que ésta depende de las instituciones humanas. Mill negaba la universalidad de los presupuestos hipotéticos de los que partía su padre, como la competencia perfecta o la soberanía del interés egoísta e individual entre las motivaciones psicológicas de los sujetos humanos, así como la propiedad privada y la herencia como supuestos institucionales. El núcleo de la enseñanza ricardiana permanecía íntegro: las dos leyes de rendimientos decrecientes y de la población. Dado que estaba dispuesto a entrar en un debate sobre los preceptos institucionales de la teoría ricardiana, sufrió la influencia de quienes precisamente rechazaban a Ricardo: los sansimonianos, grupo socialista que buscaba la sustitución del anárquico sistema de libre competencia por una organización centralizada de la economía, que tuvo un fuerte impacto en el panorama intelectual francés. Le hicieron dudar de los presupuestos institucionales de propiedad y herencia que presuponían que eran hechos inevitables y del realismo de la teoría de las clases sociales (terratenientes, trabajadores y capitalistas) del modelo ricardiano. Reseñable también la influencia que tuvo en esta fase sobre él Adam Smith, que significó que a su nueva concepción del método distributivo y sociedad clasista, iba a añadir un anhelo de aplicar sus nuevas concepciones en elementos concretos y también, de aplicar premisas sociológicas, éticas y filosóficas, afirmando que “para fines prácticos, la economía política estará siempre entrelazada con muchas ramas de la filosofía social”. (Mill, J.S; Principios de Economía Política; pág. 25) Por todo ello, en Principios de Economía Política, quiso dar un nuevo matiz a su distinción entre leyes de producción y leyes de distribución. A las primeras les otorgó una extrema rigidez, ya que las equiparaba con las leyes naturales, cayendo en el error de que tendencias productivas de la época quedarían inalterables en el futuro y existieron del mismo modo en tiempos anteriores. Las segundas no eran tan flexibles como en un principio creía, por tanto cada vez más esa distinción fue desapareciendo.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 17 Debía haber sido capaz de distinguir entre las leyes naturales o universales y los sistemas económicos, siendo las primeras válidas para cualquier momento y escenario y los segundos, condicionados al instante en el cual sucedían además del marco legal que los regulaba. 4. EL “LAISSEZ-FAIRE” Las opiniones de Mill sobre el papel del Estado en la economía no permanecieron estáticas a lo largo de su vida, si no que sufrieron alteraciones considerables a lo largo de la misma. En sus inicios, estaba a favor de la intervención estatal, pasando más tarde a estar en contra de esta participación del Estado en la economía, debido a la influencia que ejerció sobre él Alexis de Tocqueville, bastando con leer Autobiografía para apreciar cómo el propio Mill valora esta relación intelectual; por último, su espíritu de pensamiento añejo, le hizo mezclar algunos principios intervencionistas con otros liberales bajo un mismo sistema. La incredulidad benthamista de Mill, le hizo iniciar su teoría de los fallos de mercado, lo que le llevo en 1832 a escribir un artículo donde valoraba positivamente la propuesta de restringir el trabajo de niños y mujeres en las fábricas. Reaccionaría más tarde contra la cláusula benthamista de que un gobierno establecido por mecanismos democráticos no podía ejercer una posición opresora (fruto de su influencia sansimoniana). Sin embargo, ¿qué lances dejarían la máxima de no intervención en suspenso? El ejemplo que recoge Mill es el del robo. Si algunos se abstienen voluntariamente a robar, esta propia abstención permite que otros se beneficien del hurto. Ahí es donde debe haber una figura reguladora que limite, preservando el beneficio social de que nadie robase. Durante su período intervencionista, Mill hizo dos hallazgos: la creencia en la relatividad de las reglas de conductas a lo largo del tiempo y del espacio, y el germen de la teoría de los fallos de mercado. Las influencias benthamista y sansimoniana le habían llevado a tener la preferencia de un gobierno formado por los mejor preparados, unos mandatarios técnicos, sin embargo, después de sus lecturas de Toqueville, abrió los ojos sobre el peligro que podría suponer para las mayorías el avance de la democracia, teniendo una convicción de que debía existir una reforma administrativa (el gobierno de
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 18 los tecnócratas) que fuese de la mano con una creación de garantías contra el abuso estatal contra la mayoría. 4. 1 “LOS PRINCIPIOS DE ECONOMÍA POLÍTICA” (1848) Las primeras líneas del libro V están dedicadas al rechazo tanto de la postura colectivista como la de los liberales absolutos. Abrió este libro distinguiendo ambos campos, intentando superar ambas posturas imperantes en su tiempo, con el objetivo de aunar los puntos positivos tanto de la una como de la otra, obrando una fusión que no cayese en la superficialidad. 4.1.1 Las cuatro categorías de la actividad estatal Precisamente, para alcanzar este objetivo, Mill dividió la actividad del Estado en funciones “necesarias” e intervenciones “facultativas”, segregando luego estas intervenciones facultativas en “autoritarias” y “no autoritarias”. La primera distinción estaba destinada a aquellos que rechazaban la intervención estatal, sin embargo la segunda lo estaba contra los que la defendían a ultranza. Con respecto a los primeros, Mill renegaba de los lemas que decían que “el Estado sólo debía limitarse a la defensa de los ciudadanos contra posiciones de abusos de fuerza y fraude” o que “los individuos son aquellos que mejor conocen sus propios intereses”, defendiendo que, incluso los liberales más extremistas, aceptarían que las funciones “necesarias” son más numerosas de lo que se puede creer en primera instancia, siendo imposible acotarlas por una regla universal. Esta exigencia de que debían existir argumentos sólidos a favor de las propuestas de intervención demostraba ya por sí misma que al rechazar ese laissez-faire radical no había ido a caer al punto opuesto. Con la segunda distinción, la que divide las intervenciones facultativas en “autoritarias” y “no autoritarias”, se dirige contra los intervencionistas precisamente. Con ella, Mill otorgó una gran consideración importante al factor de que intervenciones autoritarias implicarían una cierta limitación de la libertad, teniendo que hilar muy fino para determinar cuáles debían ser autoritarias y cuáles no. Estas clasificaciones recibieron la crítica ya en la época de Nassau William Senior, que en su reseña de los Principios de Economía Política para la Edinburgh Review, señalando que la segunda de ellas, entre “autoritarias” y “no autoritarias” partía de la diferencia del uso de la coacción. Por el contrario, la primera distinción entre “necesarias”
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 19 y “facultativas” sólo se basaba en el criterio de una opinión pública que fluctuaría a lo largo del tiempo, siguiendo un criterio de “conveniencia” que determinase la necesidad de estas intervenciones. Hasta 1862, Mill no reparó en su error, catorce años después de la publicación de la primera edición de Principios, residiendo la diferencia que se había empeñado en buscar en las “necesarias” y “facultativas” en la actividad “legislativa” y “administrativa”. La primera, difícilmente podría excederse de su función de establecer un marco jurídico, hecho que sin saberlo, ya estaba en su cabeza, aunque con denominaciones diferentes, estudió en su capítulo VIII del libro V de Principios donde concebía que las acciones “necesarias” estatales no debían ser fijas ya que insistía en que el marco jurídico que las regulase no podría mantenerse estático de manera eterna, dentro del cual los individuos preservasen su libertad; mientras que la segunda, requeriría mayor vigilancia por la posible existencia de abusos. Intervenciones facultativas estatales: “laissez-faire” Ningún economista antes que Mill había conseguido presentar un estudio de las intervenciones de una manera tan metódica, ni los Cours de Say en su parte VII, ni tampoco los Principles of Political Economy de John Ramsay McCulloch. El primer paso que dio Mill fue el dejar fuera de la jurisdicción del principio del laissez-faire una serie de actividades del Estado. Este es precisamente el fin con el que Mill diferenció entre intervenciones autoritarias y no autoritarias. Su deseo era la limitación del número de intervenciones autoritarias, razonándolo en primera instancia en que la coacción es un mal que hay que reducir al máximo, que en la esfera económica, el daño causado por esa coacción era un coste que recogía la acción estatal. La segunda razón que dio para la justificación del laissez-faire fue el peligro que un exceso de actividad estatal implicaba para la libertad política, aumentando la capacidad del Estado para ejercer presiones sobre sus ciudadanos, tal y como recogería más tarde en Sobre la Libertad (1854). Pese a que la democracia era fruto de los deseos de la mayoría, todo aumento de poderes del Estado, tenía que considerarse siempre “con incesante desconfianza”. La tercera razón, la cual era para Mill la más importante, decía que los efectos dañinos de un exceso de acción del Gobierno residían en la supresión del aliciente extra para los ciudadanos de competir libremente contra el Estado. Defendía pues la actividad individual, ya que el progreso social y personal tenía fuertes estímulos en el libre uso del talento individual.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 20 El último argumento radicaba en la mayor eficacia del libre mercado comparándolo con una organización administrativa de la economía. Así pues, el criterio de Mill para dictaminar las acciones “facultativas” está basado, en última instancia, en lo que más tarde Marshall señalaría como “el sistema de la libertad económica”, es decir, en la convicción de que, bajo un marco jurídico, puede llegar a aparecer en la sociedad, de algún modo, un mecanismo que haga compatibles los intereses contrapuestos de los individuos. 4.1.2 Intervenciones facultativas permitidas Mill se enfrentó a aquellas intervenciones que tendría que realizar el Estado para subsanar las insuficiencias del mecanismo de la libertad económica. Comenzó su estudio declarando que “la práctica general tiene que ser laissezfaire; toda desviación de él, a menos que se necesite para conseguir algún bien común, es un mal seguro” (Mill. J.S, Principios de economía política, pág. 945). Sin embargo, la rigidez de este punto de vista queda desmentida cuando se refiere a las actividades no autoritarias, las cuales quedaban eximidas de la obediencia a este laissez-faire. Aquellas actividades no autoritarias o servicios del Estado incluían para Mill, medidas como la subvención de la Iglesia con fondos públicos o la creación de escuelas nacionales, llevadas a cabo por el Estado convergiendo con la actividad privada; sin embargo, además de éstas, incluía otras de mayor trascendencia: las que el Gobierno tomaba sobre sí mismo para cubrir la total deficiencia del sector privado. En ausencia de actividad privada Mill, siguiendo con la influencia benthamista, creía que cuanto más pequeña fuese la lista de fenómenos desarrollados por la sociedad de forma natural (sponte acta) mayor sería la de casos en los que el Estado debe intervenir (agenda). Gracias a su trabajo en la East India Company había observado que en aquellos países que habían estado bajo un despotismo o retenidos bajo la sumisión de unos conquistadores, carecían de servicios tales como carreteras, puertos, hospitales, escuelas…, si el Gobierno no se hacía cargo de ellos. Fallos de mercado Estableció dos categorías entre las intervenciones facultativas estatales en los países desarrollados: aquellas intervenciones fruto del fallo de la suposición de que el
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 27 la dificultad del establecimiento de un sistema planificado de distribución una vez que se ha suprimido y la imposibilidad de dirigir desde el sujeto centralizador toda la economía. Este carácter de ineficacia práctica hizo que cada vez fuese descatalogándolo más en los estantes de su ideario, llegando a calificarlo en una carta en 1849 a Harriet como muchos detalles son, y todos parecen, notablemente ridículos. Esta segunda edición, en resumen, pese a todos los cambios sufridos por la influencia de Harriet, continuaba su exposición de las dificultades del socialismo de una forma clara, con un tono de oposición a él. 5.4 TERCERA EDICIÓN DE PRINCIPIOS (1852) En los tres años posteriores a la revolución de 1848, Mill invirtió mucho tiempo en la lectura de textos socialistas, además de la meditación y discusión con Harriet de dichos escritos. Fruto de esto, en la tercera edición de Principios, se produjo una absoluta reorganización de la discusión de la propiedad, siendo el punto en el que Mill más cercano estuvo al socialismo. Además de esa reorganización, la gran diferencia fue el cambio de tono del capítulo concerniente al socialismo, desapareciendo las severidades de la primera edición y los juicios de valor adversos de la segunda. Ahora adquiere un carácter cercano, más próximo. Respecto al owenismo, declaró respecto al crecimiento desatado de población que cada individuo tendría motivos personales para cooperar con el control de la natalidad ya que la igualdad de renta obligaría a percibir menores cantidades de ésta, debido a su redistribución entre mayor número de sujetos. Así pues, desaparecía el escepticismo de las otras dos ediciones respecto a la capacidad de control de la población por parte de la comuna. Por otro lado, respecto a los incentivo bajo el owenismo, expuso que mucha gente trabajaría en perfiles medio-bajos, pero aquellos miembros comunales que habían recibido una buena educación podrían desempeñar cualquier actividad de una manera similar a la de cualquier otro ciudadano del resto de Inglaterra. Así pues tendrían incentivos, en cierto grado, para formarse de una manera correcta; sin embargo, la cuestión del incentivo no la dejó cerrada, ya que aún no estaba claro en cómo afectaría a la disminución de la energía del trabajo.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 28 En tercer término, respecto a la distribución del trabajo, Mill expresaba su esperanza de que la inteligencia humana hallaría los caminos posibles para abatir las dificultades de distribuir el trabajo según las aptitudes de cada sujeto. No queda clara la opinión final de Mill acerca de la propiedad privada. Es indudable que ahora estaba más cercano a una aceptación parcial de la propiedad colectiva, pero ninguno de los sistemas socialistas existentes lo convencía de manera plena. Hay un punto lóbrego en su deseo de tratar el socialismo equitativamente: su aspiración a retardar lo más posible su juicio. Aseveraba que sería incapaz de poder realizarlo hasta que no se llevasen a la práctica las experiencias socialistas. Otro razonamiento para retrasar el juicio era el que residía en la esperanza que tenía de que el progreso de la humanidad haría más plausible el socialismo, uso del futuro sobre el cual Schumpeter dijo que Mill “veía el socialismo como el objetivo final de la evolución social y humana, consiguiéndolo a través de una reforma gradual” (Schumpeter, J.A, Historia del análisis económico, pág. 532). Así pues en esta tercera edición, no desechaba completamente las propuestas socialistas, simplemente aplazaba los juicios sobre ellas, pidiendo una oportunidad para experimentarlas y dejar que las generaciones venideras decidiesen de su viabilidad. 5.5 LOS CAPÍTULOS PÓSTUMOS SOBRE EL SOCIALISMO Con la muerte de su mujer y la desaparición de la escena intelectual de los socialistas utópicos, la actitud de Mill se hizo más distante respecto al socialismo, tal y como se aprecia en las páginas de su Autobiografía y quedando refrendado por el libro sobre el socialismo que en 1869, por fin, comenzó a escribirlo; aunque con su muerte, por motivos obvios, le resultó imposible de escribirlo hasta la última coma. Fue publicado por su hijastra en la Fortnighly Review en 1879, atrayendo la curiosidad de los pensadores de la época como prueba de la escasa atención y simpatía que Mill concedía al socialismo marxista. En el primer capítulo, trató del ataque socialista contra el sistema competitivo, en el que ya se apreció la imparcialidad de sus palabras. Los argumentos contra la
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 29 competencia los exponía de forma rotunda. Recurriendo a citas de Louis Blanc y su L’Organisation du Travail, y a otras de Considérant y de Owen, resume los argumentos socialistas contra la competencia en dos puntos: el primero, debido a la influencia de Blanc, la incertidumbre del futuro de los sujetos de la sociedad haría que les fuese muy difícil el control sobre la natalidad; el segundo reside en que la competencia conlleva una guerra privada. Blanc presentaba la competencia como la causa de los salarios bajos entre los obreros y de las quiebras de los capitalistas, creciendo ambos paralelamente al incremento poblacional y de riqueza. Finalmente, los socialistas denunciaban la alteración de las mercancías y demás prácticas deshonestas en el comercio al por menor. Todo ello no imposibilitó el segundo capítulo de Capítulos, en el que el comenzaba su crítica contra todo aquello que consideraba excesivo en los idearios socialistas. Según sus palabras “aunque muchos de los alegatos son irrebatibles, una buena parte de ellos procede de errores en economía política” (Mill, J.S, Capítulos póstumos sobre el socialismo, pág. 727). Señalaba que los socialistas estaban equivocándose cuando definían a su sistema como el único que presentaba soluciones reales y eficientes contra el problema poblacional. En tercer lugar, indicaba que los socialistas poseían una visión imperfecta y parcial del funcionamiento de la competencia. Los socialistas argumentaban que la competencia tiende a concentrar el capital, superponiendo capital al trabajo, a lo que Mill respondía que esa concentración únicamente podría ser posible en aquellos lugares donde las tecnologías permitiesen la creación de rendimientos crecientes a escala, citando como ejemplo el ferrocarril. El último punto que Mill deseaba corregir del ideario socialista era la porción de capital dentro de la renta nacional, dando por sentado al igual que en Principios, que los pagos hechos a los capitalistas eran compensaciones por los servicios que habían prestado a la economía, e indirectamente, a la sociedad. Como corolario, Mill determinó que la persecución socialista contra la sociedad de su tiempo era, cuanto menos, exagerada. Una vez tratado lo referente al sistema competitivo, Mill pasó a criticar las teorías socialistas, cambiando totalmente el tono de su discusión. Diferenció a dos tipos de
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 30 socialismo: el marxista, con su deseo de establecer un nuevo orden social suprimiendo la propiedad privada y la competencia a través de la acción directa y violenta; y el que había tenido toda su atención en sus textos anteriores, ese socialismo utópico centralizador owenista, fourierista y sansimonista. La formación que recibió le hizo desestimar el salto sin red de seguridad que supondría la constitución del socialismo como medida de solución a los problemas sociales, además de su arraigo por el respeto hacia los individuos que le hacía desconfiar de aquellas medidas que suprimiesen la libertad privada o utilizasen la acción violenta para conseguir un determinado bien. Siempre rechazó la revolución en el estricto sentido de enfrentamiento violento, a no ser que no hubiese más remedio que la fuerza, como fue el caso de la defensa de la revolución de 1848 contra Lord Brougham, tal y como se recoge en Disertaciones y discusiones (1859). Pensaba que los socialistas revolucionarios se darían de bruces con la dificultad de la centralización de la economía, resultando de ese intento un único camino: el caos, la peor de las situaciones en las que una sociedad puede entrar y de la que más complicada es su salida (tal y como ya indicaba Hobbes). Mill temía que el desarrollo natural del ser humano, básico para el avance de la sociedad, resultase imposible en un marco comunista. Se aprecia un matiz mucho menos tolerante cuando hablaba del sistema comunista que en la tercera edición de Principios por el hecho de que ya no le tembló el pulso a la hora de retardar los juicios de valor sobre dicho sistema. Sus últimas palabras con respecto al análisis de estos idearios eran las siguientes, de las cuales se desprende una sentencia negativa. “Una renovación completa de la estructura social, tal como la que medita el socialismo, que establezca la constitución económica de la sociedad sobre bases enteramente nuevas, distintas de la propiedad privada y la competencia… no es un recurso del que se pueda disponer ahora… Durante largo tiempo aún continuará dueño del terreno el principio de la propiedad individual” (J.S.Mill, Capítulos póstumos sobre el socialismo, págs 749-750)
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 31 5.6 ¿FUE SOCIALISTA? Una vez desmenuzada su evolución intelectual a lo largo de sus textos una cosa parece clara: el testimonio de que Mill era un socialista es errónea. Sin embargo, es obvio que no aceptaba la sociedad de su época, pero sin tintes centralizadores extremos. Propuso importantes reformas sobre el sistema competitivo, siendo el primer economista político que estudió el socialismo de manera minuciosa y ordenada, lo que le llevó a rechazar cualquier modelo colectivista, temiendo por la libertad dentro de una congregación socialista, y la violencia como justificación del fin, mientras que refrendó su creencia en la competencia como factor evolutivo decisivo. 6. COMERCIO INTERNACIONAL Una vez analizados el laissez-faire y el socialismo, era ineludible en estudio de sus teorías referentes al comercio exterior. Mill comienza Principios arremetiendo contra el mercantilismo, rechazando la teoría de la “salida del excedente” de Adam Smith, ya que no la consideraba más que “una reliquia de la teoría mercantil”. Comienza a señalar la importancia de la geografía como factor clave explicativo del comercio internacional. Formula dos teorías: por un lado, la de la demanda recíproca, que implica una ampliación a la ley general del valor, es decir, a la relativa a la oferta y la demanda. Por el otro lado, la ecuación de la demanda internacional, perfeccionando el teorema de Ricardo, concluyendo que la relación de intercambio entre dos países depende de la demanda recíproca, dicho en otras palabras, de la demanda de un país por los productos del otro. El punto de unión del comercio internacional de Mill con el crecimiento económico y el laissez-faire puede construirse en torno a dos niveles: uno, las implicaciones de la teoría de la demanda recíproca para la distribución de las ventajas comerciales, y dos, las consideraciones acerca de política comercial. 6.1 TEORÍA DE LA DEMANDA RECÍPROCA Mill acepta la teoría ricardiana de la ventaja comparativa, introduciendo la ley de la oferta y la demanda. De ahí, surgirá una relación real de intercambio que establecerá una igualdad entre la oferta de exportación de cada país con la demanda de importación del otro. Según esta teoría, el intercambio comercial entre dos países de diferente tamaño, favorecería más al pequeño, debido a que la oferta del pequeño es inferior a la demanda
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 32 del grande, produciendo este exceso de demanda un aumento de los precios en los bienes exportados por el país pequeño. En cuanto a las ventajas obtenidas gracias al comercio, Mill las clasifica en dos tipos: directas e indirectas. Las directas son las proporcionadas por las importaciones y se fundamentan en la obtención de mercancías que no pueden producir dentro de un determinado país, aprovechando de un modo más eficiente las fuerzas productivas mundiales. En cuanto a indirectas, Mill detalla tres efectos: en primer lugar, que una ampliación de los mercados participa en un alto grado en la perfección de los procesos de producción, gracias a una mayor división del trabajo. En segundo término, al introducir nuevas necesidades en la demanda de un país, el comercio exterior puede producir una especie de revolución industrial en dicho país, donde los recursos estaban todavía en estadios iniciales por falta de ambición y deseo de la gente. Por último, y para Mill, más importantes incluso que las ventajas económicas, son los efectos del comercio en el plano moral, ético e intelectual, como no podía ser de otro modo por su influencia utilitarista y humanista. Estos últimos resultados frutos del comercio, se desagregan a su vez en otro tres: el primero reside en la importancia de los efectos relativos al progreso técnico y moral, que conlleva la comunicación y las relaciones entre diferentes países gracias al comercio exterior: El segundo efecto indirecto que señala es que la extensión de los intereses comerciales inhibe las tensiones bélicas. El último efecto lo señaló en Sobre la libertad, donde parecía que Mill concibe el librecambio como un aspecto inherente a la libertad individual, aunque basándose en fundamentos diferentes: “Conviene repetirlo; el comercio es un acto social. (…)Mas ahora se reconoce, no sin haber sostenido una larga lucha, que la baratura y buena calidad de los productos quedan más eficazmente asegurados dejando a productores y vendedores completamente libres, sin otra limitación que la de una igual libertad por parte de los compradores para proveerse donde les plazca. Las restricciones al comercio o a la producción para fines comerciales constituyen verdaderas coacciones, y toda coacción, qua coacción, es un mal”. (J.S. Mill, Sobre la libertad, pág. 106). 6.2 CONSIDERACIONES SOBRE POLÍTICA COMERCIAL Mill a lo largo de su Principios establece diversas consideraciones sobre la política comercial. La primera de ellas, es la relativa a los aranceles sobre la exportación y la importación. Fruto de la relación comercial, se produce una perturbación en la ecuación de la demanda de los países, que será beneficiosa o no para cada uno de ellos en función
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 33 de las elasticidades precio de sus propias demandas y de la de los otros socios con los que comercie. En cuanto a los aranceles impuestos a las exportaciones, Mill reconocía que en determinadas circunstancias se podría producir una división de las ventajas del comercio que sea más favorable para un determinado país, pero que esas circunstancias son tan poco tangibles, que es muy difícil determinar si estableciendo un arancel, el país sale ganando o perdiendo. La principal circunstancia para que este efecto sea beneficioso era que la demanda de los bienes gravados fuese muy inelástica. En lo que respecta a los aranceles sobre importación, Mill diferenció entre protectores, que sean lo suficientemente altos como para incentivar la producción nacional de los bienes gravados, que son perjudiciales tanto para quien los determina como para quienes comercian con él, desprendiéndose eso del teorema de costes comparativos ricardiano. Sin embargo, los no protectores, producirían una ventaja al país que los instaura, la cual podría ser contrarrestada por un movimiento análogo en el que va a exportarle esos productos. Por otro lado, nos encontramos con que Mill, al igual que Ricardo y Smith, realiza una crítica al proteccionismo mercantilista. Señala lo falaz del argumento mercantilista de que el proteccionismo proporciona a los trabajadores de ese país un empleo, ya que para él, la alternativa reside en la combinación de los factores para aprovechar las ventajas inherentes a este proceso. Rechaza también aquellas teorías que ensalzan el ahorro en los gastos de transporte derivado de la producción de las mercancías cerca de donde se van a consumir. Sin embargo, Mill no rechaza a ultranza el proteccionismo, ya que admite varias razones que lo justificarían: por subsistencia, por motivos de defensa nacional de la industria naciente, limitándolos en el tiempo, siendo una protección gradualmente decreciente. 7. LA SOCIEDAD DEL MAÑANA Más que para remediar las deficiencias del marco teórico de la economía de su época e incorporar procedimientos analíticos a los tratados, el objetivo principal de Mill a la hora de escribir Principios de Economía política fue el de colaborar a la cimentación de una sociedad mejor. A la hora de describir la sociedad que en su cabeza se edificaba como ideal, no realizó una disertación utópica como los socialistas owenistas o fourieristas, simplemente se limitó a especificar las condiciones generales fundamentales para la generación de un
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 34 escenario en el que cualquier individuo de esta sociedad pudiese expandir de un modo óptimo sus facultades. En Principios, presentó en el libro II del mismo una reforma del sistema de la propiedad privada, con modificaciones de las leyes de herencia y propiedad de la tierra; una teoría del progreso económico en el libro IV, analizando el equilibrio estacionario; de manera más esparcida a lo largo de las páginas del tratado, realizó reflexiones acerca del papel del trabajo en la sociedad, las restricciones en los nacimientos, política impositiva, educación e igualdad social. En otras obras apuntó también estudió diferentes aspectos de la sociedad que debería construirse, véase el análisis de la cultura del individuo en Sobre la libertad, la defensa de las minorías en El gobierno representativo y la igualdad entre sexos en La sujeción de las mujeres. La perspectiva que dibujó Mill presenta la cuestión de si posee valor como guía para su aplicación práctica. ¿Era factible lo que proponía? ¿Indica a la sociedad una dirección apetecible, o por el contrario, la inducia a una calle sin salida? Pese a que el mundo de Mill era muy diferente en diversos aspectos al actual, varios de los problemas sociales que analizó siguen dándose en nuestros días, por lo cual, resalta la importancia de valorar la viabilidad de su visión. 7.1 LA REFORMA DEL SISTEMA DE PROPIEDAD “En el estado actual del perfeccionamiento humano, el fin principal a perseguir no es la subversión del sistema de la propiedad individual, sino su mejoramiento y la completa participación de todos los miembros de la comunidad en los beneficios que del mismo derivan”. Esas fueron las palabras de Mill a la conclusión de su estudio sobre el socialismo en la tercera edición de Principios. Sostenía que la propiedad era el germen de muchas sinrazones, idea que rige su análisis de la propiedad. Comenzó por refutar la idea de que la propiedad privada se erigía como un “derecho natural sagrado”, que existía desde el principio de los tiempos sin grandes modificaciones. Su rechazo queda claro al inicio del libro II. La propiedad privada debe su origen a los primeros intentos de conservación de la paz, la cual se mantendría protegiendo la posesión, no se lo adeuda a ninguna de las consideraciones sobre utilidad que abogaban los que deseaban su mantenimiento. El alegato de la propiedad privada a la cual se refería Mill era la teoría de la propiedad basada en el trabajo. Reformó el principio que Locke estableció en su Segundo tratado sobre el gobierno civil (1690) para no solamente justificar la propiedad de las
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 35 cosas producidas por cada individuo, sino también el dominio de aquellos elementos ahorrados a partir de un trabajo realizado con anterioridad. Esto fue rebatido por los socialistas, que pese a compartirlo en su base, afirmaban que el capital era trabajo acumulado y que por tanto debería pertenecer a las clases trabajadoras y no al capitalista, el cual lo había sustraído a sus auténticos poseedores. La primera refutación que Mill dio a esta idea fue en un discurso en la Sociedad de la Cooperación, de la cual más tarde sentiría que había errado: “el capital es producto del trabajo, pero ¿de qué trabajo? Es el producto acumulado del trabajo de los capitalistas y de sus antepasados” Son cuatro las razones por las cuales es imposible justificar de manera plena por medio del derecho a lo producido por el propio trabajo las fortunas acumuladas, y que obligan a hacer una modificación de la teoría del valor-trabajo basada en la propiedad privada. La primera razón es la suerte, sus círculos, todos aquellos componentes de la situación del individuo que no son fruto de su propio trabajo. La segunda es la circunstancia de que las grandes acumulaciones de capitales se comportaban como bolas de nieve, “el dinero llama al dinero”. Son dos razones que Mill pasó por alto ya que no las destacaron los socialistas del siglo XIX. Sin embargo, las dos restantes sí que cuentan con gran importancia en el proceso generador de sus opiniones sobre la propiedad. Éstas eran que no se puede dar por hecho que el derecho al producto del propio trabajo incluya el derecho a recibir bienes mortis causa, es decir, después de la muerte del sujeto, y que los recursos naturales, componentes que son fundamentales de muchas de las grandes fortunas, no pueden clasificarse sin dificultad entre los productos del trabajo y del ahorro. El político Adolphe Thiers escribió en 1848 De la propiedad, texto en el cual señalaba que “la propiedad no es completa si no es transmisible por donación o herencia”. Mill, prefiero optar por la vía opuesta, rechazaba esta premisa, deseando reformar totalmente la institución de la herencia, distinguiendo entre los cambios que debían realizarse en la transmisión de la propiedad cuando había testamento de por medio y cuando no. Si una persona poseía el producto de su trabajo y de su ahorro, tenía la potestad para disponer de ello del modo en el que desease, incluyendo, obviamente, el derecho a dárselo a cualquier otra persona. El problema se plantea cuando no hay testamento establecido, ya que no se puede afirmar que el sujeto habría donado su propiedad. Se negaba a que un familiar colateral recibiese sin testamento un determinado producto, incluso decía que los hijos no tenían por qué esperar que recayese sobre ellos
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 36 toda la propiedad de sus padres intestados, ya que si los padres quisiesen una mejor posición para sus hijos no tenían nada más que redactar un testamento. Todo esto hizo que se trazase en su cabeza que la causa obvia de muchas de las mayores acumulaciones de capital era precisamente era la transmisión de las fortunas por medios de testamentos, decidiendo que aquí también se requería una reforma, donde entro en juego su influencia utilitarista. Reflexionó sobre ello de manera embrionaria en Principios y luego más detalladamente en Utilitarismo (1863). Decía que la propiedad es sólo un medio para obtener un fin, no un fin en sí mismo. Mill señalaba a dos instituciones como claramente perjudiciales: los mayorazgos y los legados a perpetuidad para fines públicos. Pero no se quedó ahí, fue más lejos, considerando que no sería suficiente sólo la supresión de los mayorazgos y de los legados perpetuos, observando que era una costumbre el regular y limitar el derecho a testar. Había un conflicto de conveniencias a la hora de testar; primero, la posibilidad de disponer libremente de la propiedad de uno mismo era un aliciente para la diligencia, mientras que por otro lado, una excesiva desigualdad de fortuna que no provenía del trabajo o del ahorro originaba los males señalados por los socialistas. Mill resolvió esta contradicción señalando que él prefería restringir no lo que uno podría legar, sino lo que uno podría adquirir por legado o herencia. 7.2 LA PROPIEDAD DE LA TIERRA La teoría de la propiedad basada en el trabajo afectaba también a la propiedad de los recursos naturales. Mill no siguió la dirección por la que optaban los liberales modernos, permaneciendo fiel a la teoría que justificaba la propiedad exclusivamente sobre la base del trabajo, no pudiendo aplicarse el principio de la propiedad sobre aquello que no habían producido como eran los recursos naturales, es decir, la materia prima de la tierra. En la tercera edición de Principios además añadió que “cuando la propiedad de la tierra no es útil, es injusta, siendo su apropiación una cuestión de utilidad general”. Las razones que llevaron a Mill a formular una modificación de las instituciones existentes no procedían únicamente de la aplicación estricta de la definición de propiedad. Una gran parte de estas razones tenían su origen en la consideración de la tierra en el sistema económico de Ricardo. Para los ricardianos, la renta de la tierra era percibida por una clase social concreta: los terratenientes, con unos intereses opuestos a los del resto de la comunidad. Sin embargo, no derivó su política agraria simplemente de estas nociones.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 43 Señalaba como dos los peligros de la democracia. Uno, el peligro de un reducido grado de inteligencia del órgano representativo y en la opinión popular que lo controle y dos, la alerta de una legislación clasista por parte de la mayoría numérica. La cura para el primer peligro era el voto plural. Una vez afianzado el sufragio universal, se podría conceder más de un voto a quien alcanzase un cierto nivel educativo. El remedio para la segunda amenaza era el medio para lograr que las minorías estuvieses bien representadas, siguió un plan expuesto por Thomas Hare, que resultaba de un proceso de repartir proporcionalmente el número de votos válidos de unas elecciones entre el número de escaños, determinando así el número necesario de votos para poder ocupar un banco parlamentario. Esto favorecería a que, seguidores de corrientes minoritarias que se encontrasen dispersos en lugar de concentrados bajo un mismo distrito electoral, pudiesen conseguir un escaño y, de ese modo, defender sus intereses que la opinión social predominante miraba con malos ojos. 7.5 LA COOPERACIÓN Y ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO Una vez tratado el aspecto político del tipo de sociedad que estaba desarrollando, Mill pasó a examinar el resultado de una aplicación de los principios de justicia y autonomía a la parte económica de la comunidad, concretamente a la parte que dedicaban al trabajo. En la primera edición de Principios optó por la asociación más que por la cooperación ya que el marco legal de Inglaterra hacía casi imposible que las cooperativas recobrasen los fondos desfalcados por administradores inmorales. La relación salarial representaba para Mill todo lo que había de indeseable en la condición de la clase obrera. Era incapaz de creer que si se producía un progreso político, cultural e intelectual en la sociedad, las clases trabajadoras se conformasen con la situación de trabajar por un salario, sin tener mayores aspiraciones que esta remuneración. En países recién surgidos tras sendas independencias, como Australia o Estados Unidos, se albergaba la esperanza de que los propios trabajadores pudiesen convertirse algún día en patronos; sin embargo, en sociedades establecidas, tendrían que conformarse con el rol de obrero hasta el final de sus días. La primera razón de la repulsa a la relación laboral, se basaba en esa perpetuación de la situación de amo y vasallo en el mundo laboral. La segunda, era la creación de un conflicto de intereses entre el empleado y el patrón, desarrollando más aún la hostilidad entre las clases sociales.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 44 La tercera y más importante, se hallaba en que la relación salarial producía un efecto desmoralizador sobre las clases trabajadoras, induciendo a los obreros a trabajar lo menos posible por los salarios más altos que les permitiese obtener esta falta de motivación e interés, minando sus cánones profesionales. El cansancio de Mill hacia el vínculo económico que imperaba, no conllevaba al deseo de la vuelta de la sociedad feudal, como en el caso de Carlyle, si no que abogaba por su desaparición, ya que la perdurabilidad de la división entre clases poseedoras y no poseedoras, que desmoralizaba al trabajador, dificultaría el avance de las sociedad. En apartados anteriores de este escrito, se ha recogido la forma en la que Mill limitó el juicio a favor del reparto de la tierra entre campesinos proletarios y la parcelación de la sociedad en su conjunto. Concluía que la propiedad campesina dejaba un excedente neto para la sociedad más pequeño que el sistema existente, mas el disfrute de este excedente estaba mejor distribuido. El problema se hallaba en encontrar un método por el cual se obtuviese un excedente neto mayor, gracias a las economías de escala, que impidiese que lo secuestrasen los terratenientes. La solución se dibujó en su cabeza cuando estudió las nuevas formas de asociación o participación de los obreros en los beneficios en estas palabras recogidas en el libro III: “La asociación era un medio para obtener la eficiencia y la economía de la producción en gran escala, sin dividir a los productores en dos campos con intereses hostiles, patronos y obreros, siendo estos último la mayoría, que son los que hacen el trabajo, reducidos a la condición de meros criados bajo el mando del que aporta los fondos y sin ningún interés propio en la empresa, salvo el de cumplir su compromiso y ganar su salario” (Mill, J.S, Principios de economía política, pág. 769) Esta forma de asociación proporcionaría un interés en la empresa a todos, a cada cual que contribuyese a su tarea, ya sea con su trabajo o con sus recursos. Para la edición de 1852, Mill ya había contraído una simpatía colectivista excitada por los experimentos intentados en los primeros compases de la segunda República francesa. En ella insertó una sección totalmente nueva sobre la cooperación en el libro III, en el que señalaba que la asociación era mejor que la fragmentación de la sociedad, pero mejor todavía que estas dos, era la cooperación: “Si la humanidad continúa progresando, la forma de asociación que es de esperar predomine en definitiva no es la que puede existir entre un capitalista que actúa como jefe y un obrero que no tienen ni voz ni voto en la dirección, sino la asociación de los propios trabajadores en condiciones de igualdad, poseyendo colectivamente el capital
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 45 con el cual realizan sus operaciones y trabajando bajo la batuta de gerentes que ellos mismos nombren y destruyan” (Mill, J.S, Principios de economía política, pág. 775) Después de estas palabras, señalaba que el objetivo que había que perseguir era la de “no ser tan sólo la de situar a los seres humanos en condiciones de que no tengan que depender los unos de los otros, sino permitirles trabajar los unos para los otros, unidos por relaciones que no entrañen algún tipo de subordinación” (Mill, J.S, Principios de economía política, pág. 653) Este cambio en la opinión de Mill, que comenzó rechazando las ideas cooperativistas de los owenistas, para concluir defendiendo esta cooperación para terminar con la guerra de clases, se debe aparentemente a una completa retractación. En 1852 desapareció otra razón de la incredulidad de Mill ante la cooperación. En su reseña a la obra Clains of Labour (1845) de Help, se refirió a algunos trabajadores que siguiendo el consejo de un ensayo, en el que se les animaba a que fuesen capitalistas reuniendo sus pequeños recursos en un fondo común, formando así una sociedad anónima. El experimento habría sido útil si hubiese existido otro marco legal con respecto a las asociaciones. Mill contribuyó a que se produjese un cambio en la ley de asociaciones en 1852 además de con otro socialistas cristianos. Pese a este cambio legislativo, todavía quedaban resquicios de escepticismo hacia que estas asociaciones pudiesen tener cabida en Inglaterra en un futuro no muy lejano, gozando del notable éxito que habían tenido en Francia. Hubo experimentos cooperativistas que le confirmaron su creencia en las virtudes de esta nueva forma de asociación, como fueron los que sucedieron en Rochdale, localidad cercana a Manchester (inspirados por Owen). Ellos descubrieron la cooperativa de consumo, organizándose de un modo que todavía persiste hoy en Inglaterra. Sin embargo, no la aprobaba en su plenitud. Expuso un discurso en el que rechazaba la decisión de la sociedad de Rochdale de limitad la calidad de miembro pleno a los compromisarios del capital. El objetivo de la cooperación no tenía que ser el de beneficiar a unos pocos, sino que disfrutase la totalidad de la clase obrera. Con respecto a la competencia, en su idea de cooperación, Mill se separaba de la opinión de la gran parte de los socialistas coetáneos a él. Mill estaba a favor de incluir la competencia dentro de las cooperativas, de modo que la retribución estuviese conforme
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 46 a la contribución de cada uno, y la competencia entre cooperativas, garantizando así la protección pública. La creencia de que la cooperación sin competencia no tenía un significado pleno es fundamental en el pensamiento de Mill. Pretendió aunar competencia y cooperación, ideando un nuevo sistema de propiedad que no lo perturbase, que permitiese la conservación de las buenas cualidades de la competencia con algunos de los rasgos más deseables del socialismo, como eran los rasgos individualistas. 8. CONCLUSIÓN En la introducción se propusieron unas cuestiones sobre la figura de Mill como economista. Éstas eran sobre la relación que tuvo con sus maestros, sobre sus deseos a la hora de elaborar su “nueva economía política” y sobre el posible éxito de esta tarea. En lo que se refiere a la relación con sus maestros, se alcanza la conclusión de que Mill nunca se independizó del todo de las enseñanzas de sus instructores. Mill intentó revisar las doctrinas de Bentham y James Mill y elaborar juicios objetivos sobre ellas. Pese a alejamientos y acercamientos a lo largo de su vida a la escuela utilitarista, Mill jamás abandonó esta creencia, aunque eso sí, enriquecido por un bagaje intelectual que no tuvieron sus maestros. En materia de economía política, Mill pretendió mejorar el sistema teórico ricardiano, conservando el marco analítico pero modificando el práctico. El hecho de dejar inmutable el marco analítico, tiene su origen en la influencia de Comte, del cual había aprendido que la historia de la ciencia se desagregaba en tres estadios: explicaciones míticas, explicaciones metafísicas y por último, positivas. Comte creía que con el tiempo se llegaría al clímax, idea que Mill captó para sí, llegando a decir en 1873 a Lavelèye que las “investigaciones de la economía pura están casi completas”. No podemos hablar de las relaciones con sus maestros sin señalar la figura de Harriet Taylor. Mill señaló en su Autobiografía que le debía a Harriet todos los elementos propiamente humanos. Fue fundamental para la distinción que Mill realizó entre leyes de producción y de distribución, además de su acercamiento al socialismo y a la igualdad de la mujer. También es importante destacar el factor que con el tiempo posterior a Mill quedó de manifiesto que fue una de sus grandes carencias: su falta de formalización matemática.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 47 Nunca tuvo interés en el marco analítico a lo largo de su vida, ya que había sido testigo de varios fracasos relacionados con este enfoque: las progresiones aritméticas y geométricas de Malthus para tratar la población y los ejemplos numéricos de Ricardo. Marshall, justo después de la muerte de Mill, se planteó el convertir el modelo ricardiano, abandonando su carácter particular, para otorgarle una naturaleza universal. En lo relativo a su “nueva política económica”, en la cuestión de intervención estatal, alcanzó un éxito teórico y práctico. Este triunfo se debe a la incorporación de ideas de diversos orígenes, como la eficiencia estatal desde un perfil utilitarista y el temor de la centralización de Tocqueville, a considerar nuevas realidades sociales, como el avance de las democracias, y sobre todo, al nuevo instrumento de la teoría económica que había creado: la concepción de los fallos de mercado. Sin embargo, su análisis del socialismo, si es analizado hoy por hoy, resulta incompleto ya que la rama que el trató y desarrolló en apenas unas líneas, la referida al socialismo marxista, a ese socialismo de Estado y revolucionario, se ha demostrado que ha sido el más importante, dejando a ese socialismo utópico, del cual Mill destacó sus aspectos individualistas, en un segundo plano. Por último, pese al carácter utópico o falto de comprensión del modelo capitalista que muchos se han esforzado en tachar a su sociedad del futuro, el ideal de esta sociedad, que perseguía una comunidad de iguales, con individuos libres y responsables de su propio gobierno, sigue presente en nuestros días. Mientras haya economistas que se preocupen del problema de la libertad, del papel del Estado en la sociedad moderna, y con ello, de la figura del individuo, siempre habrá que rendir tributo a la figura de John Stuart Mill.
Libertad, Mercado y Estado en la Economía Política de John Stuart Mill 48 BIBLIOGRAFÍA BARBE, LL (1996): El curso de la economía. Grandes escuelas, autores y temas del discurso económico. Ariel Editorial. CUNNINGHAM WOOD, J (1988): John Stuart Mill, critical assessments [HTML; PDF] http://books.google.es/books?id=dI7oT9yCbekC&pg=PA3&lpg=PA3&dq=Mill,+the+p rinciples+of+political+economy+senior [fecha de consulta: 5 septiembre 2014]. <Disponible, acceso público> HAYEK, F.A (1860): Fundamentos de la libertad. Unión Editorial S.A. LOCKE, J (1690): Segundo tratado sobre el gobierno civil. [HTML; PDF] http://dairoorozco.files.wordpress.com/2013/01/locke-segundo-tratado-sobre-elgobierno-civil.pdf [fecha de consulta: 11 septiembre 2014]. <Disponible, acceso público> MARX, K. Y ENGELS, F (1848): Manifiesto comunista. Nórdica Editorial. MILL, J.S (1873): Autobiografía. Alianza Editorial. MILL, J.S (1879): Capítulos póstumos sobre el socialismo. Alianza Editorial. MILL, J.S (1860): Consideraciones sobre el gobierno representativo. Alianza Editorial. MILL, J.S (1869): El sometimiento de la mujer. Alianza Editorial. MILL, J.S (1830): Of the Laws of Interchange Between Nations; and the Distribution of the Gains of Commerce Among the Countries of the Commercial World. [HTML; PDF] http://www.econlib.org/library/Mill/mlUQP1.html [fecha de consulta: 5 agosto 2014]. <Disponible, acceso público> MILL, J.S (1848): Principios de Economía Política. Síntesis. MILL, J.S (1859): Sobre la libertad. Tecnos. MILL, J.S (1844): The Influence of Consumption upon Production. [HTML; PDF] http://www.econlib.org/library/Mill/mlUQP2.html [fecha de consulta: 3 agosto 2014]. <Disponible, acceso público> MILL, J.S (1863): Utilitarismo. Alianza Editorial. RICARDO, D (1817): Principios de economía política. Pirámide. RUIZ RESA, J. D (2005): John Stuart Mill y el socialismo, en la Revista Iberoamericana de Estudios Utilitaristas 2005-XIV/1; 181-210 [HTML; PDF] https://dspace.usc.es/bitstream/10347/5416/1/pg_183-212_telos14-1.pdf [fecha consulta: 9 septiembre 2014]. <Disponible, acceso público> SCHWARTZ, P (1968): La nueva economía política de John Stuart Mill. Tecnos Editorial.
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