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Abstract

LA TESIS ES UN ESTUDIO SOBRE LAS HELÉNICAS DE OXIRRINCO, OBRA DE HISTORIOGRAFÍA GRIEGA, COMPUESTA EN EL SIGLO IV A. C. Y QUE DESAPARECIÓ, HASTA QUE EN 1906 SE RESCATARON EN OXIRRINCO (EGIPTO) UNA SERIE DE FRAGMENTO PAPIRÁCEOS QUE CONTENÍAN PARTE DE LA OBRA. LA TEMÁTICA DE LAS HELÉNICAS DE OXIRRINCO ES LA HISTORIA DE GRECIA A FINALES DEL SIGLO V Y A INICIOS DEL SIGLO IV A. C., SIENDO UNA CONTINUACIÓN Y CONCLUSIÓN DE LA HISTORIA DE LA GUERRA DEL PELOPONESO DE TUCÍDIDES. ESTA NARRACIÓN ES PARALELA A LAS HELÉNICAS DE JENOFONTE Y DESDE EL PUNTO DE VISTA HISTÓRICO E HISTORIOGRÁFICO, LAS HELÉNICAS DE OXIRRINCO SE MUESTRAN COMO MÁS VERACES Y COMO UN REFERENTE MUY DISTINTO A JENOFONTE PARA EL PERÍODO FINAL DE LA GUERRA DEL PELOPONESO. TRAS UNA BREVE INTRODUCCIÓN, LA TESIS SE ESTRUCTURA EN TRES BLOQUES. - LA PRIMERA PARTE ES UNA EDICIÓN DEL TEXTO GRIEGO ORIGINAL COTEJADO CON LA TRADUCCIÓN AL CASTELLANO. - LA SEGUNDA PARTE ES UN ESTADO DE LA CUESTIÓN, ES DECIR, UN ANÁLISIS DE LOS TRES ASPECTOS MÁS IMPORTANTES Y DEBATIDOS CON RELACIÓN A LA OBRA. EN PRIMER LUGAR SE ESTUDIA EL NÚMERO DE PAPIROS QUE PERTENECEN A LA OBRA Y LA CANTIDAD DE COPIAS PERTENECIENTES A LA MISMA: LOS PAPIROS DE LONDRES, FLORENCIA Y EL CAIRO PERTENECEN CON TOTAL SEGURIDAD A LA OBRA (DE MANERA QUE SE CONSERVA HOY EN DÍA ENTRE UN 5 Y UN 10% DEL TOTAL DE LA MISMA); POR OTRO LADO LOS PAPIROS DE OXIRRINCO 305, 1365 Y 1610, ASÍ COMO LOS PAPIROS DE MICHIGAN 5982 Y 5796b PODRÍAN PERTENECER A LA MISMA. EN SEGUNDO LUGAR SE ANALIZA EL ASPECTO MÁS TRATADO ACERCA DE LAS HELÉNICAS DE OXIRRINCO: LA AUTORÍA. SE ESTUDIAN POR EXTENSO LAS CANDIDATURAS DE TEOPOMPO DE QUÍOS, CRATIPO DE ATENAS Y ÉFORO DE CIME, Y BREVEMENTE LAS DE ANDROCIÓN DE ATENAS, DÉMACO DE PLATEA Y ANAXÍMENES DE LÁMPSACO; SE DESCARTA A ESTOS ÚLTIMOS Y A ÉFORO Y TEOPOMPO COMO POSIBLES AUTORES DE LA OBRA. LA DUDA QUE QUEDA ES SABER SI EL AUTOR ES CRATIPO, ACERCA DEL CUAL APENAS NADA SE CONOCE, O SE DEJA LA OBRA COMO ANÓNIMA. EN TERCER LUGAR SE ESTUDIA LA CRONOLOGÍA DE LA OBRA DESDE TRES PUNTOS DE VISTA: LA FECHA DE COPIA DE LOS PAPIROS (SIGLOS I A III D. C.), LA FECHA DE COMPOSICIÓN DE LA OBRA (PRIMER CUARTO O PRIMERA MITAD DEL SIGLO IV A. C.) Y LA CRONOLOGÍA DE LOS HECHOS HISTÓRICOS NARRADOS EN LA OBRA. ESTE ÚLTIMO ASPECTO RESULTA MUY COMPLICADO Y SOLUCIÓN CASI IMPOSIBLE. SE ABOGA POR UNA CRONOLOGIA TARDÍA (409 A 395 A. C.). EN ESTE SENTIDO, SE HACE UN ANÁLISIS DETALLADO DEL TRATAMIENTO DE LA CRONOLOGIA POR PARTE DEL AUTOR DE LAS HELÉNICAS DE OXIRRINCO, QUE SIGUE EL MODELO CRONOLÓGICO DE TUCÍDIDES. - LA TERCERA PARTE ES UN EXTENSO COMENTARIO HISTÓRICO DE LA OBRA. EL COMENTARIO DEL PAPIRO DE EL CAIRO RESULTA NOVEDOSO, POR CUANTO HASTA AHORA NO EXISTÍA NINGUNO. EL COMENTARIO DE LOS PAPIROS DE LONDRES Y DE FLORENCIA SON UNA REVISIÓN Y PUESTA AL DÍA DE LA OBRA DE I. A. F. BRUCE, A HISTORICAL COMMENTARY ON THE HELLENICA OXYRHYNCHIA, CAMBRIDGE, 1967; LA REVISIÓN ES NECESARIA POR CUANTO DICHO COMENTARIO ESTÁ DESFASADO POR EL PASO DE LOS AÑOS, LA ABUNDANCIA DE BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL TEMA A PARTIR DE LA DÉCADA DE 1970 Y, SOBRE TODO, PORQUE EL PAPIRO DE EL CAIRO (TERCER PAPIRO PERTENECIENTE A LA OBRA) SALIÓ A LA LUZ EN 1976. EL COMENTARIO EN SÍ SUPONE UN DETALLADO ANÁLISIS DE LA BIBLIOGRAFÍA EXISTENTE SOBRE EL TEMA Y SU APLICACIÓN Y VINCULACIÓN A LOS DISTINTOS PASAJES DEL TEXTO CONSERVADO. EN ÉL SE INCLUYEN NO SÓLO CUESTIONES ESTRICTAMENTE HISTÓRICAS DE POLÍTICA Y ESTRATEGIAS MILITARES, SINO ADEMÁS INFORMACIONES TOPOGRÁFICAS (MAPAS), DEMOGRÁFICAS, SOCIALES, ECONÓMICAS, ETC. LA TESIS SE COMPLETA CON UNA EXTENSA BIBLIOGRAFÍA CRÍTICA DONDE SE RESEÑAN LOS LIBROS Y ARTÍCULOS MÁS IMPORTANTES SOBRE EL TEMA DE UNA MANERA NO MUY EXTENSA (NO SON RECENSIONES, SINO ANÁLISIS CRÍTICOS DE LAS TEORÍAS MÁS IMPORTANTES Y DE LOS DEFECTOS O CARENCIAS DE DETERMINADOS ESTUDIOS). AL FINAL SE INCLUYEN BIBLIOGRAFÍA GENERAL E ÍNDICES. Lérida Lafarga, Roberto; Schrader, Carlos

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Roberto Lérida Lafarga Helénicas de Oxirrinco Texto y Traducción Estado de la Cuestión Comentario Histórico Tesis Doctoral Director de Tesis: Prof. Dr. D. Carlos Schrader García Departamento de Ciencias de la Antigüedad Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Zaragoza ISBN: 978-84-7733-898-7 DL: Z-1591-2007 Tabla de contenidos: Nota preliminar ............................................................................................................... 5 Agradecimientos ............................................................................................................. 7 Introducción .................................................................................................................... 9 Primera parte. Texto y traducción .......................................................................... 19-78 I.- Fragmentos de El Cairo ..................................................................................... 20 II.- Fragmentos de Florencia .................................................................................. 24 III.- Fragmentos de Londres ................................................................................... 32 IV.- Fragmentos de colocación incierta .................................................................. 74 Segunda parte. Estado de la cuestión: Papiros, Autoría y Datación ..................... 79-111 I.- Los papiros de las Helénicas de Oxirrinco ........................................................ 81 1.- Papiros pertenecientes a las Helénicas de Oxirrinco ............................... 81 a) Papiro de Oxirrinco V 842 .................................................................. 81 b) Papiro PSI XIII 1304 ........................................................................... 82 c) Papiro de El Cairo temp. inv. no. 26/6/27/1-35 ................................... 83 d) Características comunes de los tres papiros ........................................ 84 2.- Papiros relacionados con las Helénicas de Oxirrinco .............................. 86 a) Papiro de Oxirrinco II 302 ................................................................... 86 b) Papiro de Oxirrinco XI 1365 ............................................................... 89 c) Papiro de Oxirrinco XIII 1610 ............................................................ 92 d) Papiro de Michigan 5982 .................................................................... 98 3.- Conclusiones .......................................................................................... 108 II.- La autoría de las Helénicas de O xirrinco ............................................... 112-200 1.- Las características del historiador de Oxirrinco ..................................... 112 2.- La autoría de Teopompo de Quíos ......................................................... 121 a) Argumentos favorables a la autoría de Teopompo ............................ 124 b) Argumentos contrarios a la autoría de Teopompo ............................ 133 c) Equiparación de argumentos relativos a la autoría de Teopom po ..... 148 3.- La autoría de Cratipo de Atenas ............................................................. 156 a) Argumentos favorables a la autoría de Cratipo ................................. 160 b) Argumentos contrarios a la autoría de Cratipo.................................. 164 c) Equiparación de argumentos relativos a la autoría de Cratipo .......... 167 4.- La autoría de Éforo de Cime .................................................................. 174 a) Argumentos favorables a la autoría de Éforo .................................... 175 b) Argumentos contrarios a la autoría de Éforo .................................... 179 c) Equiparación de argumentos relativos a la autoría de Éforo ............. 182 5.- Otras propuestas de autoría .................................................................... 189 a) La autoría de Androción de Atenas ................................................... 190 b) La autoría de Démaco de Platea ........................................................ 193 c) La autoría de Anaxímenes de Lámpsaco ........................................... 196 d) La propuesta del anonimato o autor desconocido ............................. 197 6.- Conclusiones .......................................................................................... 198 III.- La datación de los papiros, de la com posición de la obra y de los hechos históricos .................................................................... 201-260 1.- Datación de los papiros .......................................................................... 201 2.- Datación de la obra. Fecha de composición ......................................... 204 3 3.- Datación de los acontecimientos históricos ........................................... 211 a) Cuestiones preliminares. Las distintas cronologías .......................... 211 b) El papiro de El Cairo ......................................................................... 220 c) El Papiro de Florencia ....................................................................... 226 d) El Papiro de Londres ......................................................................... 231 - Consideraciones previas ................................................................ 233 - Las estaciones del año en Tucídides y en las Helénicas de Oxirrinco : la significación de TH Y UR ................ 234 - 4HY UR , H> WR R > JGRRQ y Epochejahr ................................................ 241 - WR  H> WR H ^ EGRPRQ ............................................................................ 253 4.- Conclusiones .......................................................................................... 257 Tercera Parte. Comentario histórico de las Helénicas de Oxirrinco .................. 261-705 I.- Fragmento de El Cairo ............................................................................. 263-292 Capítulos I-III: La expedición de Trasilo a Jonia. La batalla de Éfeso ...... 263 II.- Fragmento de Florencia .......................................................................... 293-349 Capítulo IV: La batalla de Cerata ................................................................ 294 Capítulo V: El excursus de Pedarito en Quíos ............................................ 301 Capítulo VI: Traición durante un asedio .................................................... 311 Capítulo VII: ¿Preliminares de la batalla de Notio? .................................... 318 Capítulo VIII: La batalla de Notio ............................................................... 320 III.- Fragmento de Londres........................................................................... 349-705 Capítulo IX: El asunto de Deméneto ........................................................... 349 Capítulo X: Excursus sobre las tendencias anti-espartanas tras el 404 a. C. 374 Capítulo XI: Milón persigue a Deméneto ................................................... 408 Capítulo XII: Actividades navales de persas y espartanos en Cauno .......... 412 Capítulo XIII: Continuación de la batalla naval entre persas y espartanos . 423 Capítulo XIV: La campaña de Agesilao en Asia. La m archa hasta Sardes 424 Capítulo XV: Acontecim ientos tras la Batalla de Sardes ............................ 461 Capítulo XVI: La ejecución de Tisafernes .................................................. 472 Capítulo XVII: Excursus sobre un gobernante ............................................ 479 Capítulo XVIII: La insurrección democrática de Rodas ............................. 481 Capítulo XIX: La Constitución Federal Beocia .......................................... 499 Capítulo XX: La política interior de Tebas ................................................. 586 Capítulo XXI: Estallido de la Guerra Corintia; el conflicto locrio-focidio . 614 Capítulo XXII: Conón negocia con Titraustes por la paga de los soldados 642 Capítulo XXIII: El m otín de los chipriotas ................................................. 656 Capítulo XXIV: La campaña de Agesilao en Asia Menor .......................... 669 Capítulo XXV: Fin de la cam paña de Agesilao en Asia Menor .................. 692 Bibliografía crítica .............................................................................................. 707-772 Bibliografía ......................................................................................................... 773-810 Índice ................................................................................................................. 811- 825 Índice de autores clásicos ............................................................................ 813 Índice de personajes y lugares clásicos ....................................................... 816 Índice de mapas y cuadros ........................................................................... 824 4 Nota preliminar La realización de la presente tesis doctoral ha sido posible gracias a la concesión de tres ayudas al estudio. La primera de ellas, concedid a por la Caja de Ahorros de la Inmaculada y por la Univesidad de Zaragoza dentro del con venio CONSI+D, nos permitió disfrutar de una estancia de un mes (julio del año 2000) en Londres y Oxford con dos objetivos: consultar los papiros de Oxirrinco 842 y 302, y conseguir una parte considerable de la bibliografía necesaria para nuestro estudio, consultando los fon dos de la British Library, la biblioteca del Institu te of Classical Studies y la biblioteca del Warburg Institute en Londres, y de la Bodleian Library y la biblioteca del A shmolean Museum en Oxford. La segunda ayuda, concedida por la Diputación General de Aragón, nos perm itió realizar una estancia de diez días (navidades del 2001-2002) en Florencia, para consultar el papiro PSI XIII 1304 y obtener más fondos biblio gráficos, en este caso, en la Biblioteca Umanistica de la Facoltá di Lettere de la Universitá degli Studio di Firenze. Por últim o, la tercera ayuda, concedida también por la Dipu tación General de Aragón, nos facilitó una estancia de diez días (navidades del 2004-2005) en Rom a, para finalizar la obtención de bibliografía en la biblioteca d el Deutsches Archaeologisches Instit ut in Rom (Istitu to Archeologico Germanico in Roma). 5 Agradecimientos Dos de las cosas que aprendí de pequeño de mis padres fueron el ser educado y ser agradecido. Creo que en este momento es de recibo m ostrar afectuosamente con la m ejor de las educaciones el mayor y más modesto ag radecimiento a todos lo s que directamente o indirectamente han hecho posible este trabajo y esta tesis doctoral, a quienes está dedicada la mism a. En primer lugar, en el ám bito académico, debo agradecer el Profesor y Maestro Carlos Schrader la dirección de esta tesis, la sugerencia del tem a, las enseñanzas recibidas y las provechosas correcciones, por las que he podido subsanar carencias de las que este trabajo adolecía en sus primeros mom entos. Por el aspecto docente, también quiero hacer extensivas las gracias a todos los maestros y profesores que a lo largo de todas las etapas educativas que he ido cumpliendo me han enseñado algo, entre otras cosas, un oficio y una vocación. Dentro de este mism o ámbito debo nombrar también aquí a profesores que no sólo me han anim ado a seguir con este trabajo (en muchos mom entos una obsesión), sino que, desde la comprensión de esta tarea tan ardua, tam bién me han dado consejos y m e han “soportado” en más de una ocasión: José Vela, Vicente Ramón, Francisco Marco, Carlos Jordán y, muy especialmente, Laura Sancho, a la que debo agradecer enormemente algunas de sus sugerencias y de sus aleccionadores artículos. A continuación no debo ni puedo dejar de mencionar aquí a todos aquellos colegas que me han ayudado en la realización de es ta tesis doctoral. A modo de sucursales, obtuvieron bibliografía para mí: Ana Vicente, por m edia Europa, Jesús Gracia en Londres, Manuel A. García en Dublín, Ana Lozano en Salam anca, M.ª José Bermejo en Paderborn, Aurora Banegas y Fernando Abascal en Pamplona, M.ª Carm en Calonge en Sevilla, M.ª José Roy en Barcelona, Carlos García en Madrid , Carlo Santaniello en Roma y, por últim o, Pilar Rivero en Münster, a quien, además, debo agradecer que, junto con Julián Pelegrín, me hayan ayudado en la elaboración de los m apas que aparecen a lo largo del trabajo. Agradecer también aquí el trato recibido (en líneas generales) por los responsables de los instituciones donde se nos facilitó la consulta de fondos bibliográficos y de algunos papiros relacionados con nuestra investigación; en especial al profesor Guido Bastianini del Istitu to Girolamo Vitelli de Flo rencia, pero también a sus colegas de la British Library, Institute of Classical Studies y Warburg Institute en Londres, Bodleian Library y bib lioteca del Ashmolean Museum en Oxford, Universitá de Firenze, Deutsches Archaologisches Institu t in Rom, Universidad C omplutense, Universidad Nacional de Educació n a Distancia y el Centro Superior de Investigaciones Científicas en Madrid. En tercer lugar, dentro del ámbito laboral, quiero recordar aquí a todos los compañeros que, a lo largo de estos nueve años de trabajo en este estudio, me han escuchado, se han aburrido y me han com prendido. En especial, a dos más que colegas: Rubén Gutiérrez y Esteban Tornos, quien en m ás de una ocasión me ayudó con esas cuestiones tan arduas como son las inform áticas. No podemos dejar de devolver con nuestro más sincero cariño el afecto mostrado por mis compañeros de prom oción de Filología Clásica de la Universidad de Zaragoza (la Olímpica, com o a mí m e gusta llamarla, 1987-1992), no sólo por los cinco inolvidables años que pasamos juntos, sino porque siem pre se han interesado por este trabajo, animándome a proseguir desde la m ayor de sus ilusiones. En especial, quiero mencionar aquí a quienes han sido más que compañeros de prom oción, mis amigos: Alberto García, Fernando V. García y, sobre todo, S onia Orta, quien con su destreza en italiano me sacó de más de un apuro. Tampoco quiero olvidarme aquí de mis amigos, aquellos que desde los dulces días del Instituto y después de la Universidad hasta nuestros d ías, compartieron su juventud conmigo, en especial, a Javier Boix y Javier Gutiérrez (“Guti”), pero tam bién a Juan Manuel Uruñuela, Tomás Sénder, Juan Carlos Pueo, Roberto Moya y Elvira Frisón. En el ámbito m ás personal, dedicar este trabajo y agradecerles todo a m is familias, natural y política, por el tiempo que esta tesis me ha podido ro bar para estar con ellos y por comprender el significado que para m í ha tenido este trabajo y esta pasión: a mis padres, Isidoro y Carmen, a m is hermanos Leonor, Arantxa, Carlos y Mari Carmen, a mis cuñados Jose, Quilimaco, Gloria, Óscar, Pilar, Marimar, Silvia, Pedro y Jesús, a mis suegro s, Luis y Caridad, y al resto de tan extensas fam ilias. Finalmente, no porque ocupe este lugar, sino m ás bien todo lo contrario, aplicando el aforismo bíblico, a A na Isabel Cansado, por todo y sine qua non habría sido posible esta obra ni todo lo demás, HM [R ^OK HM PK C  NDUGL Y D . Introducci ón La segunda parte consiste en un status quaestionis de tres aspectos de la obra: en primer lugar, intentaremos determ inar las copias papiráceas que la componen; en segundo lugar, nos detendrem os por extenso en la cuestión de la autoría de la m isma; y, por últim o, abordaremos el problema de la datación en tres aspectos distintos, la fecha de copia de los papiros, la época de composición de la obra y finalmente la datación de los acontecim ientos históricos en ella narrados. La problemática de las copias de las Helénicas d e Oxirrinco es un tema que apenas ha sido abordado últimam ente en los estudios sobre las m ismas (salvo el caso del Papiro de Michigan 5982) y creemos que ofrece un campo interesante de investigación entre los hallazgos papiráceos de carácter histórico de Oxirrinco, pues se hace necesaria una revisión de aquellos papiros anónimos que traten este período histórico y obligan a una valoración de los gustos literarios de ese rincón de Egipto y, quizás, de otras zonas del Imperio Romano. Diferente es la segunda cuestión a tratar, pues la autoría ha sido el tema que casi todos los estudiosos que se han acercado a esta obra han trabajado y ha sido constantem ente punto de referencia para abordar el estudio de las Helénicas de Oxirrinco y para la aproximación a historiadores m enores del siglo IV a. C. o de los que se conservan pocos fragmentos. En m uchos casos dichas aproximaciones supusieron en su día una actualización de las distintas teorías. Pero, dado que un error generalizado de los estudiosos de la autoría ha sido exponer criterios apriorísticos (desde una convencida toma de posición a favor de uno u otro candidato) y centrarse en datos parciales, despreciando el conjunto de la información sobre el tema y, lo que es m ás importante, olvidando las características del historiador de Oxirrinco como punto de partida para cualquier asignación de la obra a un historiador del siglo IV a. C., nuestro status quaestionis se va a centrar sobre todo en Teopompo, Cratipo y Éforo, pero bajo la pretensión metodológica de ser lo m ás exhaustivos y objetivos posible, para que quien lea los argumentos a favor y en contra de cada autoría pueda juzg ar a partir de los propios datos y no sólo a partir de nuestras indicaciones. Por último, se cierra el status quaestionis con una detallada y com pleja exposición de la datación desde tres puntos de vista: en prim er lugar el papirológico, necesario para abordar la datación material de los papiros; en segundo lugar, el literario, indispensable para la datación de la época de composición de la obra, condicionada no sólo por los hechos narrados, sino también por el estilo, por la lengua, por las referencias textuales, por la vinculación con otras fuentes clásicas y sus testimonios y fragm entos, etc.; finalmente, el 15 Introducci ón aspecto más com plicado, el histórico, para la datación de los años en que se producen los acontecimientos allí narrados, condicionado sobre todo por la aparición en el texto de una fórmula cronológica al estilo de las usadas por Tu cídides en sus GLDLUH Y VHL . En un principio planteamos como tercera parte de nuestro estudio un comentario lingüístico sobre las Helénicas de Oxirrinco por ahora inexistente y, por tanto, necesario para completar los estudios sobre la obra; lo m ás aproximado sería la pequeña m onografía de Bauer 11 , que, por su fecha de composición, 1913, sólo abarcaba el primero de los papiros perteneciente a la obra. Sin embargo, dado el carácter em inentemente histórico de esta narración fragmentaria, hem os preferido realizar un comentario histórico, decisión justificada por otras dos razones adicionales : en prim er lugar, el único comentario histórico sobre la obra, el de Bruce, data de 1967, lo que supone que no incluye el papiro de El Cairo, publicado por primera vez en 1976; en segundo lugar, la bibliografía que a lo largo de este siglo ha abordado problemas históricos de las Helénicas de Oxirrinco es tan vasta que hace necesaria un comentario d e síntesis que reco ja todas las noticias dispersas que sobre esta historia anónima se han vertido. La redacción de nuestro comentario histórico parte del existente de Bruce, considerado entre la crítica moderna com o “canónico” para el tema de las Helénicas de Oxirrinco . Salvo para el papiro de El Cairo, que por su fecha de publicación nos obliga a realizar un comentario histórico ex n ovo , en el resto de la obra hemos pretendido continuar la labor de Bruce, asumiendo básicamente sus presupuestos históricos. Cuando la crítica moderna ha señalado errores o defectos en su comentario, lo hemos indicado, ofreciendo las teorías, argumentos e hipótesis en los que se basan los críticos de Bruce. Cuando ha sido necesaria la retrospección a obras o artículos anterio res a Bruce para justificar la exposición del comentario, hemos acudido a lo s trabajos editados desde 1908, pero, cuando se dan por aceptadas o superadas la teorías anteriores a Bru ce, de manera general h emos obviado el recurrir a ellas para no hacer más extenso y farragoso nuestro com entario. Metodológicamente, nuestro com entario ha pretendido recoger todas las ediciones, noticias, artículos y monografías que han trabajado o han utilizado las Helénicas de Oxirrinco ; a partir de los años sesenta y, sobre todo, tras el comentario de B ruce, la cantidad de estudios qu e total o parcialmente se han acercado a dicha obra ha sido tan grande que su dispersión y extensión hacía necesaria un a labor de síntesis. Nuestro comentario com binará este aspecto sintético de la información con una perspectiva analítica 11 Bauer, W., De sermone Hellenicorum Oxyrhynchi re pertorum ( Diss. Phil. Vindobon. 11), Viena-Leipzig, 1913. 16 Introducci ón doble: en primer lugar, por cuanto, si se nos perm ite la expresión, hemos hecho una anatomía del tex to, en unas ocasiones por o raciones y expresiones, en otras ocasiones por sintagmas, o bien por palabras, y hemos aplicado a cada sección toda la inform ación que los historiadores modernos han aportado; en segundo lugar, el análisis también se ha llevado a cabo sobre la ingente bibliografía trabajada, de manera qu e una gran parte de nuestro estudio ha consistido en dis eccionar cada estudio para saber a qué parte d el texto histórico objeto de nuestro comentario se estaba refiriendo. Al mismo tiem po, hemos intentado que a lo largo de todo el comentario aparezcan recogidas las distintas tradiciones históricas que en la Antigüedad abordaron los hechos narrados en las Helénicas de Oxirrin co , para poder establecer las necesarias equiparaciones en aras de una exactitud histórica lo m ás fiel posible a los hechos. Asimism o, tam bién hemos aportado testim onios de las fuentes clásicas cuando era necesario corroborar un argumento. De m anera general, se ofrece el texto clásico y en nota a pie de página su traducción al castellano; siempre que ha sido posible, se ha ofrecido la traducción correspondiente editada en la prestigiosa colección Biblioteca Clásica Gredos ; cuando no ha sido así, la traducción ofrecida ha sido realizada por el autor del presente estudio y comentario. 17 Primera Parte: Texto y Traducción Primera Parte: Texto y Tra ducción FRAGMENTA CAIRENSIA (Temp. inv. no. 26/6/27/I/35)  I [.].  SURVEDOHLQ WRL WH [ LYFHVL ..... WD | S ] OHLYVWD WZQ WULKYUZ [ Q .......... WD | G ] H-WHYUD WRYSRQ WK (IHV [ LYD .......... | HMN ] ELE [ DY ] VD GH SDVDQ WKQ [ GXYQDPLQ SURKYJD | JH ] Q HMSL WK SRYOHZ (IHYVLRL [ GH NDL WZQ /D | NH ] GDLPRQLYZQ DXMWRL R .[.] W [....... 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Pero, al ver que los que acompañaban a Trasilo, por cuanto ya habían llegado, les presentaron combate en el puerto llamado Coreso, contando como aliados a los que habían acudido en su ayuda y los m ás leales … de los que habitaban allí en la llanura d e Cilbia. 2 Pero, después de esto, Trasilo, el estratego de los atenienses, cuando llegó a la ciudad, dejó que algunos de los soldados atacaran, mientras que él m ismo dirigía a los otros hacia la colina que era esca rpada e inaccesible … Algunas tropas se giraron hacia dentro de la ciudad, otras hacia fuera de la misma. Por su parte, dirigían a los efesios Timarco y Posícrates, los … , algunos de los … II ||… Trasilo … y después de que … a emplazamientos sólidos … y huían hacia éstos, mientras él hacía avanzar al ejército. Y, como los adversarios retrocedían en retirada, los atenienses los perseguían con gran empeño con la intención de apoderarse de la ciudad por la fuerza; pero Timarco y Posícrates, los gen erales de los efesios, llamaban a sus propios hoplitas. Y cuando los atenienses se habían acercado ... 21 Primera Parte: Texto y Tra ducción .[.........] Q | WH SDYOLQ RL- \LORL W ZQ DMQRYG [ ZQ .....] | HLMVEDYOORXVL PHWD WZQ . R .. W .[......] K |[....]  RL- GH GLD WKQ WZ [ Q .......... P ] H | WD G [ H E ] UDFXQ FURYQRQ .[............]| UR [.]. HMSHYSHVHQ WZ [ L ..............] | DMSR [ SHL ] UZYPHQ [ R ] L [.............. 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III ||… los … de los soldados… bajo … Siracusa … de la evidencia … al hiparco … aquél … a los soldados … de Éfeso … tras haber esperado … correr riesgo … y se alejó…. 23 Primera Parte: Texto y Tra ducción FRAGMENTA FLORENTINA (PSI 1304) A IV 1 [..........................].. | [.................. .....]. DLND |[.......................] QWZQ | [  ]  [  ] WHWUDN [ RVL ] | [  ] QQ SURWURSDYGKQ | [  ] /DNHGDLPR [ QL ] HILG | [  DXMWLYN ] D VXQHFZYURX [ Q ] HM [ Q ] WDY[HL | [ SUR WRX ORYIR ] X RL- GH VWUDWLZW [ D ] LW Z  Q | [ $TKQDLYZQ WR ] XYWRX PHQ RXMN HM [ G ] LYZ[DQ | [ WRL GH 0HJDUH ] XVL < Q > HMSDNRORXTHYQWH H |[.......... 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WKQ GX ]| QDVWHLYDQ 24 Primera Parte: Texto y Tra ducción naves, mientras bloquean a las restantes en Notio. 4 Así pues, aquéllos, una vez que habían acabado esto y habían erigido un trofeo junto al puerto de la ciu dad, volvieron de nuevo a Éfeso; mientras, los atenienses perm anecían en calma por el m o mento, pero, pasados dos o tres días, tras ocuparse de … D ||… ten- … dispuest- … unos pocos más … a los jinetes … dos … 31 Primera Parte: Texto y Tra ducción FRAGMENTA LONDINENSIA (P. Oxy. 842 = Brit. Lib. Pap. 1843) A IX 1 -8SR GH WRX [  DXMWRX FURYQR ] X HM[HYSOHXVH WULKYUK | $TKYQKTHQ [ RXM PHWD WK WRX ] GKYPRX JQZYPK K? 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R Y Q [ ZQ ] D T R | UXYERX GH PHWD WDXWD JH [ QRPHYQRX ] NDL W [ ZQ ] $TK | QDLYZQ DMJDQDNWRXYQWZ [ Q R^VRL JQZY ] ULP [ RL N ] DL FD | ULYHQWH K?VDQ NDL OHJ [ RYQWZQ R^WL NDWD ] ED [ ORX ] VL WKQ | SRYOLQ D>UFRQWH SROHY [ PRX SUR /DN ] HGDLPRQ [ LY ]| RX NDWDSODJHYQWH RL- E [ RXOHXWDL WR ] Q TRYUXERQ VXQ | KYJDJRQ WRQ GKPRQ RXMGHQ SURV [ S ] RLRXYPHQRL PH | WHVFKNHYQDL WRX SUDYJPDWR VXQHOKOXTRYWR GH | WRX SOKYTRX DMQLVWDYPHQRL WZQ $TKQDLYZQ RL^ WH | SHUL 4UDVXYERXORQ NDL $L>VLPRQ NDL $QXWRQ HMGLYGD | VNRQ DXMWRX R^WL PHYJDQ < DMQ > DLURXQWDL NLYQGXQRQ HLM | PK WKQ SRYOLQ DMMSROXYVRXVL WK DLMWLYD  WZQ GH $TK | QDLYZQ RL- PHQ HMS < L > HLNHL NDL WD RXMVLYD H>FRQWH H> | VWHUJRQ WD SDURYQWD RL- GH SROORL NDL GKPRWLNRL | WRYWH PHQ IREKTHYQWH HMSHLYVTKVDQ WRL VXPERXOHXY | RXVL NDL SHYP\DQWH SUR 0LYOZQD WRQ D-UPRVWKQ | WRQ $LMJLYQK HL?SR [ Q ] R^SZ GXYQDWDL WLPZUHLVTDL | WRQ 'KPDLY [ QH ] WRQ Z- R [ XM P ] HWD WK SRYOHZ WDXWD | SHSRLKNRYWD [ H>P ] SURVT [ HQ GH V ] FHGRQ D^SDQWD WRQ | FURYQRQ HMWDYU [ DW ] WRQ W [ D SUDYJ ] PDWD NDL SROOD W [ R ] L | /DNHGDLPR [ QLYRL ] D M [ QWHYSU ] DWWRQ X 1 $SHYSHPS [ R ] Q | PHQ JDU R^SO [ D WH NDL X-SK ] UHVLYD HMSL WD QDX WD | PHWD WRX . 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Y reunida la asam blea, los atenienses que seguían a Trasibulo, Esimo y Anito, puestos en pie, explicaban a éstos que asumían un gran peligro si no liberaban a la ciudad de la responsabilidad. 3 Pero, por su parte, los atenienses acomodados y poseedores de las riquezas se contentaban con las circunstancias actuales, mientras que la mayoría y los populares, atem orizados entonces, se dejaron convencer por los miembros del Consejo y, tras enviar emisarios a Milón, el harmosta de Egina, le comunicaron que podía castigar a Deméneto por haber hecho esto sin el consentimiento de la ciudad. P reviamente, durante casi todo el tiempo, encrespaban la política y se oponían a los lacedem onios en la mayoría de los casos. X Pues, mientras enviaban armas e incluso m arineros para las naves que acompañaban a Conón, fueron enviados a su vez como embajadores al Rey los que acompañaban a (¿?)crates, Hagnias y Teleségoro, a los que, por cierto, Fárax, el navarca anterior, tras detenerlos, los envió a los lacedemonios y éstos los mataron. 2 Y se oponían a estas acciones, 33 Primera Parte: Texto y Tra ducción SDUR[XQRYQWZQ WZQ SHUL WRQ | (SLNUDYWK NDL .HYIDORQ RX_WRL JDU H>WXFRQ HMSLTX | PRXQWH PDYOLVWD < HMNSROHPZVDL > WKQ SRYOLQ NDL WDXYWKQ H>VFRQ | < WKQ JQZYPKQ > RXMN HMSHLGK 7LPRNUDYWHL GLHOHYFTKVDQ NDL WR || FUXVLYRQ [ H>ODERQ DMOOD NDL SROX ] SURYWHURQ NDLYWRL WL | QHY OHYJ [ RXVLQ DL>WLD JHQHYVT ] DL WD SDU HMNHLYQRX FUKY | PDWD W [ RX VXVWKQDL WRXYWRX NDL ] WRX HMQ %RLZWLRL | NDL WRX HM [ QW ] D [ L D>OO DL SRYOHVL W ] DL SURHLUKPHYQDL | RXMN HLMGRYWH R^WL S [ DVLQ DXMWRL VX ] QHEHEKYNHL SDYODL | GXVPHQZ H>FHLQ [ SUR /DNHGDLPR ] QLY [ R ] X NDL VNRSHLQ | R^SZ HMNSROHPZY [ VRXVL ] W [ D SRYOHL ]  HMPLYVRXQ JDU RL- | PHQ $UJHLRL NDL %RLZW [ RL ....] WZWDL WRX /DNH | GDLPRQLYRX R^WL WRL HMQDQ [ WLYRL ]  WZQ SROLWZQ | DXMWRL HMFUZQWR ILYORL [ R ] L- G [ HM ] Q WDL $TKYQDL HMSL | TXPRXQWH DMSDOODY[DL W [ RX ]  $TKQD [ LY ] RX WK K- | VXFLYD NDL WK HLMUKYQK NDL [ S ] URDJDJHLQ HMSL WR SR | OHPHLQ NDL S [ RO ] XSUD [ J ] PRQHLQ L^Q DXMWRL HMN WZQ | NRLQZQ K? FUKPDWLY]HV [ T ] DL  WZQ GH .RULQTLYZQ | RL- PHWDVWKVDL WD SUDY [ JP ] DWD ]KWRXQWH RL- PHQ | D>OORL < SDUDSOKVLYZ ?> WRL $UJHLYRL NDL WRL %RLZWRL H>WXFRQ GXVP [ H ]| QZ GLDNHLYPHQRL SUR WRX /DNHGDLPRQLYRX 7 [ LPRY ]| ODR GH PRYQR DXMWRL GLDYIRUR JHJRQZ LMG [ LY ] ZQ HMJ | NOKPDYWZQ H^QHND SURYWHURQ D>ULVWD GLDNHLYP HQ [ R ] | NDL PDYOLVWD ODNZQLY]ZQ Z- H>[HVWL NDWDPDTHLQ | HMN WZQ NDWD WRQ SRYOHPRQ VX [ P ] EDYQWZQ WRQ 'HN [ H ]| OHLNRYQ  HMNHLQR JDU R-WH PHQ SHQWDQDL"DQ H>FZQ | HMSRYUTKVH WZQ QKYVZQ WLQD WZQ HMMS $TKQDLYR [ L ]  | RXMVZQ R-WH GH PHWD GXYR W [ U ] LKYUZQ HLM $PILYSROLQ | NDWDSOHXYVD NDL SDU HM [ NHLY ] QZQ H-WHYUD WHYWW [ D ] UD | VXPSOKUZVDYP [ HQR HMQLYNK ] VH † 6LYFLRQ QDXP [ DF ] ZQ | WRQ VWUDWKJRQ [ WZQ $TKQD ] LYZQ Z^VSHU HL>UKN [ DY S ] RX | NDL SURYWHURQ N [ DL WULKYUH ] L WD SROHP [ LY ] D [ H>OD ] EHQ | RX>VD SHYQWH ND [ L QDX D` H>S ] HP\DQ WULDY [ NRQW ] D | PHWD GH WDXWD [........] H>FZQ WULKYU [ HL ] NDWD | SOHXYVD HLM 4DYVRQ DMMSHYVWKVH WDXYWKQ W [ Z ] Q $TK | QDLYZQ  RL- PHQ RX?Q HMQ WDL SRYOHVL WDL SURHL | UKPHYQDL GLD WDXWD SROX PDOORQ K> GLD )DUQDY | ED]RQ NDL WR FUXVLYRQ HMMSKUPHYQRL PLVHLQ K? [ V ] DQ | WRX /DNHGDLPRQLYRX 34 Primera Parte: Texto y Tra ducción porque les provocaban los seguidores de Epícrates y Céfalo, -pues precisamente éstos estaban ansiosos de hacer entrar en guerra a la ciudad por encima de todo y tenían esta opinión no después de que conversaron con Timócrates y aceptaron el || oro, sino incluso mucho antes. Y de hecho algunos dicen que el dinero de aquél fue el responsable de que se hubieran aliado éstos, los beocios y los de las otras ciudades mencionadas, incapaces de comprender que a todos ellos les unía desde hace tiem po el estar en enem istad con los lacedemonios y el considerar cóm o hacer entrar en guerra a las ciudades. Pues, odiaban a los lacedemonios, por un lado, los argivos y los beocios … porque trataban como amigos a estos conciudadanos que formaban la oposición, m ientras que, por su parte, los odiaban los que en Atenas estaban ansiosos de aleja r a los atenienses de la tranquilidad y de la paz, de llevarlos a combatir y de m eterse en reformas políticas, para qu e les fuera posible enriquecerse a expensas del erario público. 3 Y de los corintios, los que buscaban cambiar la coyuntura política, unos adoptaron una actitud hostil co ntra los lacedemonios de un modo casi semejante al de los argivos y al de los beocios, mientras que Tim olao resultó ser el único que difería de éstos por acusaciones privadas, a pesar de estar antes en la mejor disposición y ser manifiestam ente partidaro de los lacedem onios, según se puede deducir de los sucesos de la Guerra de Decelia. 4 Pues aquél, cuando con una flota de cinco naves saqueó algunas de las islas que estaban en posesión de los atenienses, y, cuando, tras desembarcar con dos trirrem es en Anfípolis y tras equipar otros cuatro adem ás de aquéllos, venció a Siquio, el estratego de los atenienses, entablando un combate naval, com o ya dije antes en otra parte, no sólo capturó los trirremes enem igos, que eran cinco, sino también treinta naves que habían enviado; y después de estas acciones … teniendo trirremes, tras desembarcar en Tasos, provocó la defección de és ta respecto de los atenienses. 5 Así pues, los habitantes de las ciudades antes citadas habían sido arrastrados a odiar a los lacedemonios por culpa de estas cosas m ucho más que por culpa de Farnabazo y el o ro.  35 Primera Parte: Texto y Tra ducción XI 1 -2 GH 0LYOZQ R- WK $LMJ [ LY ]| QK D-UPRVWKY Z- K>NRXVH WD SDUD WZQ $TKQ [ DLY ]| ZQ VXPSOKUZVDYPHQR WULKYUK GLD WD FHYZ [ Q ] | HMGL YZNH WRQ 'KPDLYQHWRQ R- GH NDWD WRXWRQ WR [ Q ] | FURYQRQ H>WXFH P HQ Z>Q SHUL 4RULNRQ WK $W | WLNK  [ HMSH ] LGK GH SURVSOHXYVD HMNHLQ [ R ]  SUR [  ||......] HMMSHFHLYUK [ VHQ ......] HLQ Z^UPKVHQ HMSL SROX |[.....] HLQ NUDWKYV [ D GH PLD Q ] HZ DXMWZQ WKQ PHQ X- |[ I DX-WZ ] QDXQ R^WL FH [ LURQ K?Q WR VN ] DYIR DXMWRX NDWHYOLSHQ | [ HLM GH ] WKQ HMNHLYQ [ ZQ PHWDELE ] DYVD WRX DX-WRX QDXY |[ WD SU ] RHYSOHXVHQ [ HMSL WR VWUDY ] WHXPD WR PHWD WRX | [ .RYQZQR .............. 0LYO ] ZQ HLM $L>JLQDQ PH |[ W ..................  XII 1 7D P ] HQ RX?Q D-GURYWDWD WZQ | [...................... 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WR ] X )DUQDEDY]RX NDL WRX .RY |[ QZQR ................ IHY ] UQK [  ] DMQKU 3HYUVK SD |[........................] WZQ SUDJPDYWZQ R` | [.................... KME ] RXYOHWR ODE [ H ] LQ 36 Primera Parte: Texto y Tra ducción XI Mientras, Milón, el harmosta de Egina, cuando se enteró de lo acontecido entre los atenienses, tras equipar por completo un trirreme rápidam ente, persiguía a Deméneto. En aquel mom ento éste se encontraba, de hecho, por la zona de Torico, en el Ática. 2 Pero, cuando aquél, tras navegar a || …, intentó atacarlo, se dispuso a …; y, tras apoderarse por la fuerza de una nave de éstos, abandonó allí la nave que estaba bajo su m ando, ya que su casco estaba deteriorado. Y tras trasladar a sus propios marineros a la de aquéllos, navegó poniendo rumbo a la expedición que acompañaba a Conón … Milón … a Egina con … XII Así pues, de este modo sucedieron los asuntos más importantes acontecidos en este invierno en la Hélade y Asia; con el comienzo del verano, empezó el octavo año … los trirremes … y tras haber desem barcado allí … siempre estuvo precisam ente … había construido arsenales … donde se reunían … y a Farnabazo … queriendo presentarse … y cobrar la paga … 2 Así pues … difirió de éste y Polis llega co mo navarca desde Lacedemonia a las naves de los laced emonios y de los aliados, tras conv ertirse en el sucesor de Arquelaidas en la navarquía . Durante este tiempo llegaban a Cauno noventa naves de los fenicios y de los cilicios, diez de las cuales navegaron d esde Cilicia, m ientras que las restantes lo hicieron desde Fenicia … de éstos el dinasta de Sidón … gobierna a los de esta región … acerca de la navarquía Farnabazo … las cuestiones sobre el mando … el campamento. 3 Y Conón …dándose cuenta tr as coger … y equipar los trirremes … lo antes posible navegó por el río llamado Caunio hacia el lago de Caunia … de Farnabazo y de Conón … -fernes, un persa, … de los hechos, el cual … quería coger … 37 Primera Parte: Texto y Tra ducción [ N ] DWD |[................]. Q GH SU [.].[.]. Q [.] PH [.]. XI L O [ LY ] DQ | [............]. R DMSHYSHP\HQ Z- [  ] EDVLOHYD V [...] D |[.......... W ] KQ VNKQKQ DXMWRX .[......] KOT [ H ..] Q |[........... DM ] SDJJHLYOD GH WD S [.....] HDVD [..] X ||  XIII 1 [  ] | .[  ]| D [  ]| IH [  ]| D .[  ]| S .[  ]| E .[  ]| WD [..] WD [  ]| SRQWD [   ] | DMUFRQW .[  ]| NRX L!VW [  ]| VLQ WD P [  ]| [.] ZVLQ SU [  ]|[..] WH NHO [  ]| QZQ RXMG [  ] | H>FRQWH [  ] | HL?FRQ JDU [  ] ||  B XIV 1 [............................]  HLMVLQ GH ND [... | ............................ WZ ] Q L-SSHYZQ [... | ............................]  H>QLRL GH SU [... | ............................] VWLRQ K- PHQ [ RX?Q | ..... ......................] WRLDXYWKL N [..] L [.|...........................].   $JKVLYOD [ R ] GH | [..... ...................... WR ] VWUDWRYS [ H ] GRQ | [............................... 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H>[ ] ZTHQ WRX SOLQ |[ TLYRX .........................] RQ SURVHYWDW |[ WH .........................]  WRX GH 3HORSRQ |[ QKVLYRX 38 Primera Parte: Texto y Tra ducción amistad … envió al rey … la tienda de cam paña de éste … se dirigió … y tras haber comunicado …. XIII || … mandan … teniendo … pues tenían… B XIV ||… y son … de los jinetes … y unos cuantos … Así pues … a ésta … 2 Y Agesilao … el campamento … la llanura del Caistro … colocado las montañas … de nuevo a esta … tras alcanzarla … al campamento … 3 Tisafern es … perseguía a los griegos tras reunir … mil jinetes por un lado y por otro no m enos de cincuenta mil infantes. Pero Agesilao … como creía que era d ifícil resistir a los enemigos que atacaban en orden de combate, ya que aventajaban en mucho a los griegos … del m ando … ejército…y combatir …, m ientras los bárbaros … y bien ordenados, al tener tales … posible lanzarse al ataque, … vieron a los griegos … y no a la expedición … despreciar … a estos … del ejército … avanzando … fuera de la formación cuadrada … colocaba … y a los peloponesios … 39 Primera Parte: Texto y Tra ducción .......................] L SURVKJHQ R |[............................] H-ZYUD WRX (OOK |[ QD .........................] OHRQ D [..] ZQ DMHL | [............................ R- ] PRLYZ H [..] GLH |[...........................] Q HMJJXWHYUZL PDO | OR [ Q ......................... RXM ] GHQ DMOO K@ WRQ | SRW [ DPRQ .....................] JDU DMPIRWHU [..] | KJ [..........................] HW [.] SURLRYQ [ W ..]| GH [......................... RM ] OLJ [...] V [... ..]| HL [....... ............... 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De los rodios, los que conocían la m aniobra, como supusieron que era el momento oportuno de em prender las acciones, se reunían con sus dagas camino del ágora y Dorím aco, uno de éstos, tras encaram arse a la piedra desde donde suele dar las noticias el heraldo, gritando tan alto como pudo, dijo “ciudadanos, vayam os contra los tiranos lo más rápido posible”. Por su parte, los dem ás, después de que aquél gritara pidiendo su ayuda, lanzándose con sus dagas contra la asamblea de los m agistrados, matan a los Diagoreos y a otros once ciudadanos m ás y, una vez que hicieron 51 Primera Parte: Texto y Tra ducción GH WDXWD VXQKJRQ WR SOKTR WR WZQ -5RGLYZQ | [ HLM ]  HMNNOKVLYDQ  D>UWL GH VXQHLOHJP HYQZQ DXMWZQ .RYQZQ | K_NH SDYOLQ HMN .DXYQRX PHWD WZQ WULKYUZQ RL- GH WKQ | VIDJKQ HM[HUJDVDYPHQRL NDWDOXYVDQWH WKQ SDURXVDQ | SROLWHLYDQ NDWHYVWKVDQ GKPRNUDWLYDQ NDL WZQ SR | OLWZQ WLQD RMOLYJRX IXJDYGD HMSRLYKVDQ K- PHQ RX?Q | HMSDQDYVWDVL K- SHUL WKQ #5RYGRQ WRXWR WR WHYOR H>OD | EHQ XIX 1 %RLZWRL GH NDL )ZNHL WRXYWRX WRX THYURX  HLM | SRYOHPRQ NDWHYVWKVDQ HMJHYQRQWR GH WK H>FTUD DXMWRL | [ D ] L>WLRL PDYOLVWD WZQ HMQ WDL 4KYEDL WLQHY RXM JDU SROORL | [ H> ] WHVLQ SURYWHURQ H>WXFRQ HLM VWDVLDVPRQ RL- %RLZWRL | SURHOTRYQWH  HL?FHQ GH WD SUDYJPDWD WRYWH ND [ WD ] WKQ | %RLZWLYDQ RX^WZ K?VDQ NDTHVWKNXLDL ERXODL W [ RY ]|| WH WHYWWD [ UH SDU H- ] NDYVWK WZQ SRYOHZQ Z_Q RXM [ F D^SDVL ] | WRL SRO [ LYWDL HM[K ] Q PHWHYFHLQ DM [ OOD ] WRL NHN [ WKPHYQRL ] | SOKTR W [ L FUKPDY ] WZQ WRXYWZQ GH WZQ ERXOZ [ Q NDWD ] | PHYUR H-NDYV [ WK SURN ] DTKPHYQK NDL SURERXOHXY [ RXVD ] | SHUL WZQ S [ UDJPDY ] WZQ HLMVHYIHUHQ HLM WD WUH [ L R^WL ] | G H>GR[HQ D-SDYVD [ L ]  WRXWR NXYULRQ HMJLYJQHWR  N [ DL WD PHQ ] | L>GLD GLHWHYORXQ RX^WZ GLRLNRXYPHQRL WR GH WZ [ Q %RL ]| ZWZQ WRXWRQ K?Q WRQ WURYSRQ VXQWHWDJPHYQRQ [ NDT H^Q ]| GHND PHYUK GLKYUKQWR SDYQWH RL- WKQ FZYUDQ RLMNRXQ [ WH ] | NDL WRXYWZQ H^NDVWRQ H^QD SDUHLYFHWR ERLZYWDUFRQ [ RX^WZ ] | 4KEDLRL PHQ WHYWWDUD <  > VXQHEDYOORQWR GXYR P HQ X-SH [ U WK ] | SRYOHZ GXYR GH X-SHU 3ODWDLHYZQ NDL 6NZYORX NDL (U [ X ] TUZ [ Q ] | NDL 6NDIZQ NDL WZQ D>OOZQ FZULYZQ WZQ SURYWHURQ | PHQ HMNHLYQRL VXPSROLWHXRPHYQZQ WRYWH GH VXQWH | ORXYQWZQ HLM WD 4KYED GXYR GH SDUHLYFRQWR ERLZWDYUFD | 2UFRPHYQLRL NDL -8VLDLRL GXYR GH 4HVSLHL VXQ (XMWUKYVHL | NDL 4LYVEDL H^QD GH 7DQDJUDLRL NDL SDYOLQ H^WHURQ -$OLDYU | WLRL NDL /HEDGHL NDL .RUZQHL R`Q H>S HPSH NDWD PHY | UR H-NDYVWK WZQ SRYOHZQ WRQ DXMWRQ GH WURYSRQ HM | EDYGL]HQ HM[ $NUDLIQLYRX NDL .ZSZQ NDL &DLUZQHLYD  RX^WZ PHQ RX?Q H>IHUH WD PHYUK WRX D>UFRQWD SDUHLYFH | WR GH NDL ERXOHXWD H-[KYNRQWD NDWD WRQ ERLZYWDU FRQ | NDL WRXYWRL DXMWRL WD NDT K-PHYUDQ DMQKYOLVNRQ HMSHWHYWD | NWR GH NDL VWUDWLD H-NDYVWZ PHYUHL 52 Primera Parte: Texto y Tra ducción esto, reunieron al conjunto de ciudadanos rodios en asamblea. 3 Y, cuando ya se habían reunido éstos, Conón volvió desde Cauno con los trirremes; los que habían com etido la matanza, tras diso lver la constitución existe nte, instauraron la democracia y desterraron a unos pocos de sus conciudadanos. Así pues, este final tuvo la insurrección de Rodas. XIX Por su parte, durante ese verano, los beocios y los focenses entraron en guerra y, sin lugar a dudas, eran responsables de la enem istad entre ellos algunos de los tebanos, pues no muchos años antes los beocios habían llegado precisamente a la guerra civil . 2 Por aquellas fechas la organización politica en Beocia era así: había establecidos entonces || cuatro consejos en cada una de las ciudades, de los que no era posible a todos los ciudadanos formar parte, sino a los que poseían cierta cantidad de riqueza, y cada uno de estos consejos por turnos, tras ser convocados en sesión y debatir previamente cuestiones políticas, las comunicaba a lo s otros tres y, lo que les parecía bien a todos, esto resultaba acuerdo vinculante. 3 Y seguían administrando así sus asuntos privados, pero los asuntos federales de los beocios habían sido establecidos de la siguiente forma. Todos los que habitaban la región habían sido divididos en once distritos y cada uno de éstos proporcionaba un beotarca del siguiente modo: los habitantes de Tebas sum inistraban cuatro, dos por su ciudad y otros dos por los plateos y po r los de Escolo, Eritras, Escafas y los demás territorio s que antes formaban una m isma com unidad política con ellos y que por entonces eran tributarios de Tebas. Proporcionaban dos beotarcas los orcomenios y los hisieos, dos los tespios junto con Eutresis y Tisbas; uno los tanagreos y, a su vez, otro los haliartios, lebadeos y coroneos, al cual lo enviab an cada una de estas ciudades por turnos, y de igual modo acude otro de Acrefnia, Copas y Queronea. 4 De este modo, pues, los distritos aportaban los magistrados; también proporcionaban sesenta m iembros del Consejo por cada beotarca y éstos 12 les pagaban a aquéllos 13 los gastos de cada dí a. El ejército también había estado form ado por 12 Se refiere a los be ocios. 13 Se refiere a los m iembros del Consejo federal. 53 Primera Parte: Texto y Tra ducción SHUL FLOLYRX PHQ | R-SOLYWD L-SSHYD GH H-NDWRYQ D-SOZ GH GKOZVDL NDWD | WRQ D>UFRQWD NDL WZQ NRLQZQ DMSHYODXRQ NDL WD HLMVIR | UD HMSRLRXQWR NDL GLNDV < WD > H>SHPSRQ NDL PHWHLFRQ D-SDYQ | WZQ R-PRLYZ NDL WZQ NDNZQ NDL WZQ DMJDTZQ WR PHQ | RX?Q H>TQR R^ORQ RX^WZ HMSROLWHXYHWR NDL WD V XQHYGULD | NDL WD NRLQD WZQ %RLZWZQ HMQ WK .DGPHLYD VXQHNDY | TL]HQ XX 1 (Q GH WDL 4KYEDL H>WXFRQ RL- EHYOWLVWRL NDL JQZ | ULPZYWDWRL WZQ SROLWZQ Z^VSHU NDL SURYWHURQ HL>UK | ND VWDVLDY]RQWH SUR DMOOKYORX K-JRXQWR GH WRX PHY | URX WRX PHQ ,VPHQLYD ND [ L ] $QWLYTHR NDL $QGURNOHLYGD | WRX GH /HRQWLDYGK NDL $VLYD NDL .RLUDWDYGD HMIURY | QRXQ GH WZQ SROLWHXRPHYQZQ RL- PHQ SHUL WRQ /HRQWL | DYGKQ WD /DNHGDLPRQLYZQ R [ L- ] GH SHUL WRQ ,VPHQLYDQ | DLMWLYDQ PHQ HL??FRQ DMWWLNLY]HLQ HM[ Z_Q SURYTXPRL SUR | WRQ GKPRQ HMJHYQRQWR Z- H>IXJHQ RXM PKQ HMIURYQ ||[ WL]RQ ] WZ [ Q $ ] TKQDLYZQ DMOO HL?F [ RQ .............. | .....]. 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H ] XM | THYZ Z- R- SRYOHPR WRL $TKQDLYRL [ VXQHYVWK NDL ] | WRL 54 Primera Parte: Texto y Tra ducción alrededor de m il hoplitas y cien jinetes por cada distrito; por explicarlo fácilmente: po r cada magistrado no sólo disfrutaban del erario público y pagaban im puestos, sino que también enviaban jueces y compartían todo por igual, tanto los beneficios como los perjuicios. Así pues, su pueblo entero tenía esta constitución y celebrab a la asamblea y lo s asuntos federales de los beocios en la Cadmea. XX Mientras, como ya antes dije, en Tebas los mejores y m ás ilustres de sus ciudadanos fueron los que precisamente se enfrentaron unos contra otros. Una facción la dirigían Ismenias, Antíteo y And roclidas, la otra Leontíades, Astias y Cerátadas; y de los que tenian derecho de ciudadanía los seguidores de Leontíades eran partidario s de los lacedemonios, mientras que los seguidores de Ismenias sufrían la acusación de ser partidarios de los atenienses, por quienes resultaron favorables a la democracia cuando se encontraban en el destierro; de hecho, no se consideraban a favor || de los atenienses, sino que tenían … cuando … preferían más … a perjudicar a los decididos … 2 Como la situación en Tebas estaba así y ambas facciones eran poderosas, después de esto, acudieron también muchos ciudadanos de las ciudades en Beocia, y se adhirieron a uno u otro bando. Entonces, e incluso un poco antes, estaban en el poder los seguidores de Ismenias y Androclidas tanto entre los tebanos como en el con sejo de los beocios, pero antes estaban al frente los seguidores de Astias y Leontíades y tenían también durante un largo tiempo a la ciudad bajo su obediencia. 3 Pues, cuando los lacedemonios estaban ocupados luchando contra los atenienses en Decelia y reunían una gran expedición de sus propios aliados, éstos 14 dominaban m ás que los otros 15 , en parte porque los lacedemonios estaban cerca, en parte porque la ciudad recibía muchos beneficios gracias a éstos. Y los tebanos pusieron mucho de su parte para una prosperidad completa … tan pronto como se suscitó la guerra entre los atenienses y los 14 Los partidaros de Leontíades. 15 Los partidaros de Ism enias. 55 Primera Parte: Texto y Tra ducción /DNHGDLPRQLYRL DMU[DPHYQZQ JDU DMS [ HLO ] HLQ | WZQ $TKQDLYZQ WK %RLZWLYD VXQZNLYVTKVDQ [ HLM ]  DXM | WD RL^ W HM[ (UXTUZQ NDL 6NDIZQ NDL 6NZYORX ND [ L $XM ] OLY | GR NDL 6FRLYQRX NDL 3RWQLZQ NDL SROOZQ H-WHYUZQ WRL | RXYWZQ FZULYZQ D` WHLFR RXMN H>FRQWD GLS ODVLYD HMSRLY | KVHQ WD 4KYED  RXM PKQ DMOOD SROXY JH EHYOWLRQ H>WL WKQ | SRYOLQ SUD[DL VXQHYSHVHQ Z- WKQ 'HNHYOHLDQ HMSHWHLY | FLVDQ WRL $TKQDLYRL PHWD WZQ /DNHGDLP [ RQLY ] ZQ | WDY WH JDU DMQGUDYSRGD NDL WD ORLSD SDYQW [ D < WD > NDWD WR ] Q | SRYOHPRQ D-OLVNRYPHQD PLNURX WLQ [ R DMUJXULYR ] X SDU | HODYPEDQRQ NDL WKQ HMN WK $WWLNK [ N ] DWD [ V ] NHXKQ | D^WH SURYVFZURL NDWRLNRXQWH D^SDVDQ PHWHNRYPL | VDQ Z- DX-WRXY DMSR WZQ [XYOZQ NDL WRX NHUDYPRX WRX | WZQ RLMNLZQ DMU[DYPHQRL  WRYWH GH WZQ $TKQDLYZQ K- | FZYUD SROXWHOHYVWDWD WK -(OODYGR NDWHVNHXYDVWR | HMSHSRYQTHL JDU PLNUD NDNZ HMQ WDL HMPERODL | WDL H>PSURVTHQ X-SR WZQ /DNHGDLPRQLYZQ X-SR GH WZQ | $TKQDLYZQ RX^WZ HM[KYVNKWR NDL GL HSHSRYQKWR ND ||[ T X-SH ] UEROKYQ Z^ [ VWH X-SDYUFHLQ PK ] GHQ SDU DXMWRL HMSD |[ NWRYQ R ] LMNKYVHL [  GH NDL NDYOOLRQ ZM ] NRGRPKPHYQD K@ SD |[ UD WR ] L D>OORL [ HL?QDL H^NDVWR ] [[.. 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Este dinero fue cogido de la fortuna de Tisafernes. Así pues Titraustes, tras permanecer todavía algún tiempo en Sardes, se internó en Asia hasta la corte del rey, una vez que había dejado a Arieo y Pasifernes como comandantes al frente de las operaciones y les había dado para la guerra el oro y la plata reservados, que dicen que alcanzaban casi los seteciento s talentos. XXIII Mientras, de los chipriotas, los que habían navegado con Conón a Cauno, persuadidos por algunos calumniadores de que no tenían intención de pagarles el sueldo atrasado y de que preparaban liquidaciones sólo para los rem eros y los soldados de marina, difícilmente lo soportaban y, una vez reunidos en asamblea, eligieron com o su propio general a un hombre de origen carpaseo y le dieron como escolta dos soldados por cada uno || de los destacam entos … a Conón … ya que precisamente se encontraba … habiendo bajado Conón … dialogaba sobre de los hechos. 2 Pero Conón … las palabras de éstos, no dejaba confiar … de los griegos, sino que decía que pagaría a todos por igual, y tras dar esta respuesta, afirmaba que también quería aclararlo a los d emás; por su parte, el carpaseo, general de los chipriotas, lo acompañaba hacia el conjunto de los soldados. 3 Y, cuando salió acompañado de éste, después de que hub ieran pasado bajo las puertas, Conón, como precisamente iba el prim ero, salió antes de las murallas, pero algunos de los mesenios que solían acompañar a Conón, sin su consentimie nto, asaltan al carpaseo cuando estaba saliendo bajo las puertas, 63 Primera Parte: Texto y Tra ducción JQ [ ZY ] PK HMSLTXPRXQWH HMQ | WK SRYOH [ L ] NDWDVFHLQ DXMWRYQ R^S [ Z ] D@Q Z_Q HM[KYPDUWHQ | GZ GLYN [ K ] Q RL- GH VXQDNRORXTR [ X ] Q [ W ] H WZQ .XSULYZQ DMQ | WHODP [ E ] DYQRQWR W [ RX ] . 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Conón … tras lanzarse en medio de los hom bres … a la ciudad; mientras, los chipriotas, alcanzando a los mesenios que intentaron capturar al ca rpaseo, los rechazaron violentamente, y éstos, convencidos de que Conón había preparado todo lo relativo a distribución del dinero injustamente, em barcaban en los trirremes después de estas acciones, según algunos decían incluso, con la intención de navegar a Chipre tras coger a los que venían de Rodas. 4 Y después de navegar rumbo a Salam ina, en donde, tras convidar también a los chipriotas que lo desearan a m archar contra la acrópolis, para acabar inmediatamente con esta dom inación, porque era el único culpable de todos sus males, y de igual modo …a éstos … de las palabras … la || ciudad … tras hacerse a la m ar desde …porque querían utilizar … de los trirremes. 5 Y una vez desem barcados los chipriotas, Conón, tras dirigierse a Leónimo, el hiparco de la infantería, le dijo que él solo podía salvar la situación del rey; pues, si le quería dar las guarniciones griegas que protegían Cauno y el mayor núm ero posible de los carios, pondría fin a la agitación del campamento. Y después de que Leónimo le ordenó coger cuantos soldados quisiera, dejó pasar ese m ismo día, pues, además, el sol estaba ya en poniente, pero, al día siguiente, antes de que amaneciera, tras coger de las tropas a las órdenes de Leónimo una cantidad enorme de carios y a todos los griegos, los sacó fuera de la ciudad; después colocó a unos fuera de su propio campam ento, mientras que dispuso a otros frente a las naves y la costa … tras hacer es to 65 Primera Parte: Texto y Tra ducción NHOHXY | VD NKUX[DL W [ RQ NKYUXND EDLY ] QHLQ H^NDVWRQ WZQ VWUD | WLZWZQ HMSL WK [ Q H-DXWRX VX ] QHYODEH WZQ .XSULYZQ | WRYQ WH .DUSDVHY [ D NDL WZQ D>O ] OZQ H-[KYNRQWD NDL WRX | PHQ DMSHYNWHLQ [ H WRQ GH VWUD ] WKJRQ DMQHVWDXYUZVHQ |  DMNRXYVDQWH G [ H WD JHJRQRYWD R ] L- NDWDOHLITHYQWH HMQ WK | -5RYGZ < GL > KJDQDYNW [ RXQ NDL FDOHS ] Z HMQHJNRYQWH WRX PHQ | D>UFRQWD WRX [ X-SR WRX .RYQZ ] QR NDWDVWDYQWD EDYO | ORQWH HM[KYODV [ DQ HMN WRX ] VWUDWRSHYGRX WRQ GH OLPHY | QD NDWDOLSRYQ [ WH SROXQ ] TRYUXERQ NDL WDUDFKQ SDU |[ HY ] VFRQ WRL -5RG [ LYRL R- GH .RY ] QZQ DMILNRYPHQR HMN WK | .DXYQRX WRXY W [ H D>UFRQW ] D DXMWZQ VXOODEZQ DMSHYNWHL | QH NDL WRL D>OO [ RL PLVTR ] Q GLHYGZNH WR PHQ RX?Q EDVL | OLNRQ VWUDWRY [ SHGRQ RX^WZ HLM PHYJDQ NLYQGXQRQ | SURHOTRQ GLD .RYQZQ [ D NDL ] WKQ HMNHLYQRX SURTXPLYDQ | HMSDXYVDWR WK WDUDFK [  XXIV 1 $ ] JKVLYODR GH SDUD [ S ] RUHX | RYPHQR HLM WRQ -(OOKYVS [ R ] QWRQ D^PD WZ VWUDW [ H ] XYPD | W [ L WZQ / ] DNHGDLPRQLYZQ N [ D ] L WZQ VXPPDYFZQ R^VRQ PHQ | F [ URYQR ] Q HMEDYGL]H GLD WK [  ] /XGLYD [ R ] XMGHQ NDNRQ HMSRLY |[ HL WRX ] HMQRLNRXQWD E [ RXO ] RYPHQR HMPP [ HYQ ] HLQ WDL VSRQ |[ G ] DL [ W ] DL SUR 7LTUDXY [ VW ] KQ JHQRP [ HYQDL ] HMSHLGK GH ND |[ W ] KUHQ HLM WKQ F [ ZYUDQ ] WKQ )DUQ [ DEDY ] ]RX SURKJH WR || VWUDYW [ H ] XPD OHKODWZQ NDL SRUTZQ WK [ Q JKQ HL?WD ] | GH S DUDOODY[D [  ] WRY WH 4KYEK SHGLYRQ NDL W [ R $SLYD ] | NDORXYPHQRQ H [ LMV ] HYEDOHQ HLM WKQ 0XVLYD [ Q SURVHYNHL ]| WR WRL 0XVR [ L ]  NHOHXY [ Z ] Q DXMWRX VXVWU [ DWHXYHLQ PH ]| W DXMWZQ HLMVL JDU RL- SRO [ O ] RL [ W ] ZQ 0XVZQ DXMW [ RYQRPRL NDL ] | EDVLOHYZ RXMF X-SDNRXYRQ [ W ] H R^VRL P HQ RX?Q [ WZQ 0X ]| VZQ PHWHYFHLQ K-URXQWR WK VWUDWHLYD [ RXMGHQ HM ]| SRLYHL NDNRQ DXMWRXY WZQ GH ORLSZQ HMGKY [ RX WKQ FZY ]| UDQ  HMMSHLGK GH SURL!ZQ HMJHYQHWR NDWD PHYVR [ Q PDYOL ]| VWD W [ R ] Q 2OX PSRQ WRQ 0XYVLRQ NDORXYPHQ [ RQ R-UZQ ] | FDO [ H ] SKQ NDL VWHQKQ RX?VDQ WKQ GLYRGRQ [ N ] D [ L ERX ]| ORYP [ HQR ] DMVID [ O ] Z SRUHXTKQDL GL DXMWK SHYP [ \D ] | WLQD [  HLM ] W [ RX ] 0XVRX NDL VSHLVDYPHQR SUR D [ XM ]| WRX K? 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XXIV Mientras Agesilao, marchando hacia el Helesponto con la expedición de los lacedemonios y de sus aliados, du rante todo el tiempo que atravesaba Lidia, no causaba ningún mal a sus habitantes, ya que quería respetar los acuerdos establecidos con Titraustes, pero, una vez que descendió a la región de Farnabazo, hacía avanzar a la || expedición saqueando y devastando esta tierra. Y, a continuación, tras pasar de largo la llanura de Tebe y la llanura llamada Apia, atacaba Misia y acosaba a los m isios exigiéndoles que tomaran parte en la expedición con ellos, pues la mayoría de los misios son autónomos y no obedecen al rey. Así pues, a cuantos misios eligían participar en la expedición, no les causó mal alguno, pero devastaba la región de los dem ás. 2 Y cuando, al avanzar, se encontró en mitad del llam ado Olimpo misio, al ver que era difícil y estrecho el paso, como quería pasar por éste con seguridad, tras enviar algunos emisarios a los misios y pactar con ellos, condujo a su expedición a lo largo de la región. Pero los misios, después de dejar pasar a muchos de los peloponesios y de 67 Primera Parte: Texto y Tra ducción VXP [ P ] DY | F [ ZQ HMSLTHYPHQRL W ] RL WHOHXWDLYRL DXMWZQ NDWDEDYO | O [ RXVL OLYDQ SROORX W ] ZQ VWUDWLZWZQ DMWDYNWZQ GLD WD | VW [ HQRFZULYD R>QW ] ZQ $JKVLYODR GH NDWD]HXY[D | W [ R VWUDYWHXPD WD ] XYWKQ WKQ K-PHYUDQ K-VXFLYD [ Q ] | K? 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Y de los m isios, los que iban delante y perseguían en los p rimeros puestos, al mezclarse repentinam ente con los griegos, m ueren, mientras que la mayoría, al ver que los primeros de los suyos estaban en m edio del desastre, huyeron hacia sus aldeas. Y Agesilao, cuando se le anunció esto, tras dar la vuelta, dirigía de nuevo a su expedición por el mismo camino, hasta juntarse con los de la em boscada e instaló el campamento en el mismo sitio en el que también lo había hecho acam par el día anterior. 3 Después de esto, cada uno de los || misios a los que pertenecían los que habían muerto, tras enviar emisarios … recogieron los cadáveres según un acuerdo; murieron m ás de ciento treinta. Agesilao, tras tomar algunos guías de las ald eas y tras hacer descansar a sus so ldados unos días, conducía a la expedición hacia delante y, tras descender a la región de los frigios, no hacia la que atacó el verano anterior, sino hacia la ot ra que no estaba devastada, le causaba daños, teniendo a Espitradates y su hijo como guías. 4 Espitradates era de origen persa, y, en un principio, aunque vivía en la corte de Farnabazo y lo servía, después, al enem istarse con él, temeroso de que lo detuviera y le sucediera algun a desgracia, inmediatamente 69 Primera Parte: Texto y Tra ducción PH [ Q ] DMSHY [ IXJHQ ] | HLM .XY]LNRQ X^VWHURQ GH Z- $JKVLY [ ODR ] QK _ [ NHQ ] D>JZQ | [ 0 ] HJDEDYWKQ X < L- > RQ QHYRQ R>QWD NDL NDORYQ $JKVLYODR GH | WRXYWZQ JHQRPHYQZQ DMQHYODEHQ DXMWRX PDYOLVWD | PHQ H^QHND WRX PHLUDNLYRX OHYJHWDL JDU HMSLTXPKWL | NZ DXMWRX VIRYGUD VFHLQ  H>SHLWD GH NDL GLD 6SLTULGDY | W [ KQ ] K-JHPRYQD WH WK VWUDWLD < K-JRXYPHQR > DXMWRL H>VHVTDL NDL | [ SUR ] D>OOD FUKYVLPRQ  HMNHLYQRX PHQ RX?Q W [ R ] XY | W [ ZQ ] H^QHND X-SHGHY[DW [ R ] SURTXYPZ DXMWR GH SUR | DYJZQ HLM WR SURYVTHQ DMHL WR VWUDYWHXPD NDL OHKOD | WZQ WKQ WRX )DUQDEDY]RX FZYUDQ DMILNQHLWDL | SUR FZULYRQ R` NDO HLWDL /HRYQWZQ .HIDODLY NDL | SRLKVDYPHQR SUR DXMWR SURVERODY Z- RXMGHQ | HMSHYUDLQHQ DMQDVWKYVD WR VWUDYWHXP [ D ] SURKJHQ | HLM WR SURYVTH < Q > SRUTZQ NDL OHKODWZQ WK [  ] FZYUD WKQ | DMNHYUDLRQ  DMILNRYPHQR GH SDYOLQ SUR *RYUGLRQ FZ | ULYRQ HMSL FZYPDWR ZMNRGRPKPHYQRQ NDL NDWH | VNHXDVPHYQRQ NDOZ NDL NDWD]HXY[D WR VW [ U ] DYWHXPD | SHULHYPHQHQ H`[ K-PHYUD SU [ R ]  PHQ WRX SR [ O ] HPLYRX | SURVEROD SRLRXYPHQR WRX GH VWUDWLZYWD HM [ SL S ] RO | ORL DMJDTRL VXQHYFZQ HMSHLGK GH ELDYVDVTDL WR FZULY | RQ RXMN KMGXYQDWR GL D WKQ -5DTDYQRX SURTXPLYDQ R` HM | SKUFHQ DXMWRX 3HYUVK Z@Q WR JHYQR DMQDVWKYVD K?JHQ | D>QZ WRX VWUDWLZYWD NHOHXYRQWR WRX 6SLTUL | GDYWRX HLM 3DIODJRQLYDQ SRUHXYHVTDL XXV 1 0HWD GH WDX | WD SURDYJZQ WRX 3HORSRQQKVLYRX NDL WRX VXPPDY || FRX S [ UR WD R^ULD WK WH )UX ] JLYD NDL WK 3DIODJRQ [ LY ]| D HMNH [ L WR VWUDYWHXPD NDWHV ] WUDWRSHYGHXVH WRQ GH 6S [ L ]| TULGDYWK [ Q SUR *XYKQ H>SHP\H ] Q R- GH SRUHXTHL NDL SHLY | VD HMNHL [ QRQ HMSDQKNHQ DXMWRQ ] D>JZQ  $JKVLYODR GH SRLK | VDYPHQR [ VSRQGD HMN WK WZ ] Q 3DIODJRYQZQ DMSKYJD [ JH | GLD WDF [ HYZQ WKQ VWUDWLDQ HMSL T ] DYODWWDQ IRERXYPHQR P [ K ] | FHLPZQ [ R WK WURIK HMQGHY ] ZVL < Q >  HMSRLHLWR GH WKQ SRUH [ LY ]| DQ RXMNHYW [ L WKQ DXMWKQ R-GRQ K^Q ] SHU K?OTH < Q >  DMOO H-WHYUDQ K-JR [ XY ]| PHQR GLD [ WRX 6DJJDULYRX ] GLH[LR [ XVLQ ...]. 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Sucedido esto, Agesilao los acogió, sobre todo por el muchacho, pues se dice que estaba enormemente enam orado de éste; y, en segundo lugar, tam bién por Espitradates, pues creía que le serviría de guía de la expedición y sería útil para otros asuntos. 5 Así pues, de buen grado los acogió por estas razones y él mismo, haciendo avanzar constantemente a la expedición y saqueando la región de Farnabazo, llega a una localidad llamada Leontocéfalas y, tras hacer ataques contra esta, como no conseguía nada, poniéndose en marcha, conducía hacia delante la expedición, devastando y saqueando la parte intacta de la región. 6 A su vez, llegado a Gordio, localidad edificada en una elevación y perfectamente guarnecid a, después de que hiciera acampar a la expedición, la asedió durante seis días, haciendo ataques contra los enem igos, mientras mantenía juntos a los soldados con muchos bienes, pero, com o no podía someter el lugar por el ardor de Ratanes, de origen persa, que gobernaba allí, poniéndose en marcha, conducía a los soldados hacia el interior, aconsejándole Espitradates marchar a Paflagonia. XXV Y después de esto, haciendo avanzar a los peloponesios y a los aliados || hacia las fronteras de Frigia y Paflagonia, instaló allí el campamento y envió a Espitrad ates ante Gíes; él, una vez que se marchó y convenció a éste, volvió trayéndolo consigo. 2 Agesilao, tras hacer pactos, condu jo rápidamente al ejército desde la región de los paflagonios hacia el mar, temeroso de que neces itaran provision es durante el invierno. Ya no hacía la travesía/marcha por el m ismo camino que ya había recorrido, sino por otro, pues creía que sería …más -m ente para los soldados al cruzar por el río Sangario. Y Gíes envió … a éste unos mil jinetes y m ás de dos mil infantes. 71 Primera Parte: Texto y Tra ducción  NDWDJ [ DJZQ GH WR VWU ] DYWHXPD NDWD .LYRQ WK 0XVLYD | [ SUZ ] WRQ P [ HQ SHULPHLYQ ] D K-PHYUD DXMWRX GHYND NDNZ HM | SRLYH [ L ] WRX 0XVR [ X SDY ] OLQ DMQT Z_Q HMSHERXYOHXVDQ DXMWZ SH | UL WRQ 2OXPSRQ [ X^V ] WHURQ GH SURKJH WRX (OOKQD GLD WK [  ] | )UXJLYD WK SDU [ DTD ] ODWWLGLYRX NDL SURVEDOZQ SUR F [ Z ]| ULYRQ WR NDORXYP [ HQ ] RQ 0LOKYWRX 7HLFR Z- RXMN KMGXYQDWR | ODEHLQ DMSKJH [ WR ] X V WUDWLZYWD SRLRXYPHQR GH WKQ || SRUHLYDQ SDUD WRQ #5XYQGDNRQ SRWDPRQ DMI [ L ] NQHLWDL | S [ U ] R WKQ 'DVNXOLWLQ OLYPQKQ X-I K_ NHLWDL W [ R ] 'D < V > NXYOLR [ Q ]  | FZULYRQ RMFXURQ VIRYGUD NDL NDWDHVNHXDVP [ HY ] QRQ X-SR | EDVLOHYZ RX_ NDL WRQ )DUQDYED]RQ H>OHJRQ DM [ U ] JXYULRQ R^ [ VRQ ] | K?Q DXMWZ NDL FUXVLYRQ DMMSRWLYTHVTDL  NDWHVWUDWRS [ H ]| GHXNZ GH WRX VWUDWLZYWD HMNHLTL PHWHSHYPSHWR 3DY [ J ]| NDORQ R` HMSLEDYWK WZ QDXDYUFZ &HLULNUDYWHL SHSOHXNZ [  ] | HMSHPHOHLWR WRX -(OOKVSRYQWRX SHYQWH WULKYUHL H>FZQ | [ SDUDJ ] HQRPHYQRX GH WRX 3DJNDYORX GLD WD FHYZQ NDL | [ WDL WU ] L [ KY ] UHVLQ HLMVSOHXYVDQWR HLM WKQ OLYPQKQ HMNHL |[ QRQ PHQ ] HMNHYOHXVHQ R- $JKVLYODR HMQTHYPHQRQ R^VD WZQ | [ GLKUSDVP ] HYQZQ K? < Q > SOHLYRQR D>[LD GLDJDJHLQ HLM W [.] R .[.|.... 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Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco I.- Los papiros de las Helénicas de Oxirrinco 1.º.- Papiros pertenecientes a las Helénicas de Oxirrinco Ya hace más de una década que con un breve artículo Pesely 20 volvió a sacar a la luz un problema que había pasado relativam ente desapercibido a lo largo de estos cien años de conocimiento de las Helénicas de Oxirrinco : el número de copias existentes de esta obra. Cualquier lector o estudioso que en los ú ltim os treinta años la haya consultado se habrá percatado de que está compuesta, en un principio, de tres series de fragm entos. Sin embargo, a lo largo de este siglo ha n entrado en consideración com o posibles porciones de las Helénicas de Oxirrinco otros fragmentos papiráceos 21 . De estos jirones de papiro surgen una serie de pre guntas que giran básicamente entorno a una misma problem ática: se hace necesario discerni r si todos estos fragmentos pertenecen a la mism a obra, si pertenecen a una mism a copi a, si fueron copiados en el m ismo lugar y en la mism a época. En suma, la cuestión bá sica que aquí se debe responder es qué nos queda de las Helénicas de Oxirrinco . a) Papiro de Oxirrinco V 842 La primera serie de fragm entos que recibe el nombre de Helénicas de Oxirrinco es el papiro catalogado 22 como P. Oxy. V 842, halla do en Oxirrinco en 1906 y publicado por primera vez por Grenfell y Hunt 23 en 1908; fue copiado por dos escribas a f inales del siglo II o inicios del II I d. C. en el verso de un papiro 24 . Esta serie 20 Pesely, G. E., “How m any copies of the Hellenica Oxyr hynchia have bee n found?”, AHB 8 (1994) , pp. 38-44 . 21 Al hablar de cada uno de ellos darem os una breve descripci ón form al de cada papi ro, atendie ndo al tipo de letra, t amaño de la s colum nas, núm ero de fragm entos, época de la copi a, etc. 22 La cita de los papiros proce dentes de Oxirrinco que han sido catalog ados y editados en la publicación The Oxyrhynchu s Papyri puede hace rse de dos f ormas: i ndicando s ólo el núm ero del pa piro tra s la abreviatura de la citada re vista (por ejem plo, P. Oxy . 842) o intercal ando en números rom anos el tom o de publicación entre la abreviat ura y el número del papiro (por ejem plo, P. Oxy. V 842). Aprovechamos esta indicación para decir que en el pr esente estudi o los pasaje s de las Helénicas de Oxirrinco se citan a partir de la edición de C hambers, M., Hellenica Oxyr hynchia , Stuttgart-Leipzig , 199 3, pero se harán del siguiente modo: abreviatura en cursiva de la obra ( He l. Oxy. ), indic ación del pa rágrafo se gún la numeraci ón de Cham bers (sin em bargo, para no c o mpli car las citas con varias indi caciones num éricas esta primer cifra la numerare mos en núm eros rom a nos –Cham bers lo hace con numeración árabe-); a continuaci ón indica remos el punto del par ágrafo c o n núm eros árabes; y , finalm ente, después de una coma, indicarem os ta mbién en números ára b es la lín ea o las líneas del pasaje a citar; por ejemplo, Hel. Oxy. XIV 2, 673-690; si el pasaje ocupa todo un parágra fo, suprimirem os la indicación numé rica de las líneas: por eje mplo, Hel. Oxy. V 2; por el contrario, si só lo se quiere apuntar un dato o una p alabra suelta, se suprimirá la sección dentro de un pará grafo y se indicará la línea concret a: por ejemplo, Hel. Oxy . XVI 248. 23 Es la editio princep s de la obra, Grenfell y Hunt, art. cit. , (1908) , pp. 110-242. 24 El recto del mi smo es una especie de catastro o un regi stro de las tierras q ue rodean la localidad de Ibión Argei en el nomos de Arsínoe, publicada c o mo P. O xy. VI 918. Est e papir o es un buen ejem plo de 81 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco es la que cuenta con un mayor número de fragm entos y alcanza una extensión mayor que cualquiera de los otros papiros que entran a formar parte de la obra. Dentro de las Helénicas de Oxirrinco se la denom ina “Papiro Londinense” o “Fragmentos Londinenses”, puesto que es en esta ci udad donde se encuentra esta serie, concretamente, en los fondos de la B rit ish Library catalogado como el papiro 1843. Los editores reducen los fragmentos a 21 colum nas que confor man cuatro partes, ABCD. Todavía sobreviven fragme ntos mínimos (fragm entos 16-72) en los cuales aparecen algunas letras ; pero el fragm ento 65 es ajeno por completo a este papiro. El papiro tiene 21,5 cm de altura , las columnas 8 cm. de anchura y 16-16,5 cm. de altura. C ada línea muestra casi 4 0 letras, entre las colum nas hay márgenes de 2 cm. de ancho. Dos escribas se dividieron entre sí el trabajo, el prim ero de los cuales escribió casi toda la obra con le tras librarias giradas un poco hacia la d erecha. El otro escriba copió toda la colum na 5 y la 6 ha sta la línea 27, utilizando letras librarias pequeñas y rectas 25 . La secuencia de los fragm entos, ABD (l a sección C es tan fragm entaria que no aporta apenas información para identific ar su posición), ha sido corroborada por D’Alessio 26 , quien ha analizado los daños materiales del papiro y de la regularidad de algunos de ellos ha podido establ ecer la secuencia de fragment os, así como la extensión de los fragmentos desaparecidos: entre las secciones A y B sólo se habría perdido una única columna; entre las secciones B y D se habrían perdido siete u ocho columnas, siendo posible que la sección C fueran algunas de las columnas perdidas. El papiro narra muy por extenso los acontecimientos de la Guerra del Peloponeso producidos en los años 397/396 y 396/395 a. C., salpicados de extensos excursus : describe la situación política inte rna de Atenas y después com ienza el octavo año de la narración con la expedición de Ag esilao y el combate llevado a cabo cerca de Sardes; se intercala e l excursus de la constitución beocia y la guerra entre focenses y locrios. b) Papiro PSI XIII 1304 La segunda serie de fragme ntos es el papiro catalogado como PSI XIII 1304, hallado por Evaristo B r eccia en Oxirrinco, más concretamente en Kôm Abu- Teir, la reutilización de material papiráceo: un papiro docum ental (el catastro del recto), cuando dejó de ser útil por cuestiones sociales, económicas o políticas, fu e utilizado p ara copiar un p apiro literario. 25 Para una desc ripción com pleta del papiro, cf . D’Alessio, G. B., “Da nni materiali e ricostruzione di rotoli papiracei: Le Elleniche di Oxirrinco (POxy 842) e altri esempi”, ZPE 134 (2001), pp. 23-41. 26 D’Alessio, art . cit ., pp. 31-35. 82 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco durante las excavaciones italianas en 1934 y publicados por primera vez por Bartoletti 27 en 1949. La escritura es del siglo II d. C., pa recida a la del primer escriba del P. O xy. 842, pero está copiada en el recto del papiro 28 . Se suele denominar a esta serie “Papiro Florentino” o “Fragmentos Florentinos”, por estar depositados en la ciudad de Florencia, -concretam ente, en el Istituto Papirologico G. Vite lli. Existen cuatro fragm entos (en otro ti empo fueron cinco, per o Bartoletti en su edición teubneriana unió el fragmento E c on el fragmento A) distribuidos en siete columnas. Las m edidas de estos fragmento s son las siguientes: A 14,2 cm . x 15,5; B 14,3 x 10,5; C 10,7 x 20,8; D 2,5 x 3,1. Las colu mnas tenían casi 8,8 cm. de anchura y contenían casi 30 letras; tienen diferente número de líneas (18 en el fragmento B, columna 2; 40 en el fragm ento C, 2), pero la altura de las columnas es incierta, ya que no existe ningún margen superior. Este papiro narra sucesos del año 40 9 a. C., como el combate entre atenienses y megarenses en Cerata ( ta ; Ke v rata ) en un intervalo no muy lejano después de los hechos narrados en el tercer o de los papiros pertenecientes a la obra; un más que probable excursus en el qu e se recuerda dos veces al general lacedemonio Pedárito 29 , cuyos hechos tuvieron lugar en la isla de Quío s en el año 412 a. C.; una conjuración en un lugar y fecha precisa desconocidos (quizás Tasos o Bizancio); y, por último, la narración de una batalla en Notio en el año 406 a.C. c) Papiro de El Cairo temp. inv. no. 26/6/27/1-35 Una tercera serie de fragmentos la c onfigura el papiro catalogado como P. Cairo temp. inv. no. 26/6/27/1-35, encontrado en una colección de papiros de Teadelfia, si bien se sabe que en esta colección había numer osos lotes de papiros procedentes de Oxirrinco y Karanis. Fue public ado por primera vez por Koenen 30 en 1976. Está 27 Bartoletti, art. cit ., (1 949), p p. 61-8 1. La h istoria de los di stintos avata r es que s ufrió el papi ro desde s u descubrimiento hasta su publicación, con una Guerra Mundial de por medio, nos la ha n narra do Lehnus, L.,“Una curiosità bibliogra fica maasiana”, SIFC N S 3, 18, 2 ( 2000), pp . 251-25 6, y M anfredi, M ., “Qualche nota pe r il conveg no sull e Elleniche di Ossirnico (Firenze, 22 nov. 199 9)”, en S. Bianchetti y M. R. Cataudella (eds.), Atti del Convegno Le Elleniche di Ossirinc o a cinquanta ann i dalla pubbli cazione dei Frammenti Fiorentini 1949 -1999 ( Sileno 27), La Spezia, 2001, pp. 3-8. 28 El verso qued ó en blanco. 29 Es más, n uestro hist oriador cita al pr opio Tucí dides e n Hel. Oxy. V 1, 39-40: pe ] ri ; h|" ( naumaci v a" ?) kai ; Qouk [ udi v dh" ei [ rhke , cuya obra reproduce: a partir de aq uí Bartoletti, V., Helle nica Oxyrhynchi a , Leipzig, 1959, p. XI, acertadamente según parece, conjetura que el auto r narró a continuación después de la colum n a 2 las mi smas cosas que Di odoro ( XIII 65, 3 -4) remi tió al año 409: esto es, los hec hos que el general de los navíos lacede monios Crates ípidas llevó a cabo en la isla de Quíos; el hecho de que recuerde a Pedárit o debe e xplicarse del siguie nte modo: el autor re firió a m odo de dig resión p or la narración pr opuesta al gún he cho de Pe dárito que Tucídides habí a narrado en su propia hist oria. 30 Koenen , art. cit ., pp. 39-79. 83 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco escrito a finales del siglo I d. C. en el recto del papiro 31 . A esta serie se le da el nombre de “Papiro Cairota” o “Fragmentos Cairotas ”, pues están depositados en el Museo de El Cairo, en la Egyptian Papyrology Society. Sobreviven cuatro fragm entos que están dispuestos en tres columnas, cada una de las cuales tienen 21,8 cm. de anchura y 19,2 de altura. La escritura es pequeña y libraria y las colum nas de las letras son de casi 7 cm. de anchura; en tre las columnas hay un espacio de 2 cm. de ancho, bajo la colum na 1 un margen de 2,5 cm. de alto; en los márgenes izquierdos hay líneas derechas. Estos fragmentos narran hechos de la primavera y el verano del año 409 a. C., en particular, la expedición del general aten ien se Trasilo contra Éf eso, deshaciendo el error de la versión de Diodoro XIII 64, 1-4, donde Trasilo era llam ado Trasíbulo equivocadamente, y añadiendo como dato de gran valor la mención de tropas espartanas en Éfeso en este momento. Antes de continuar, quizás convenga puntualizar aquí que, aunque los papiros fueron descubiertos en el orden aquí expuest o, en las ediciones ap arecen ordenados en el orden contrario, por cuanto los contenidos históricos contenidos en los papiros obliga a una ordenación cronológica, de modo que prim ero se edita y se com e nta el papiro de El Cairo, después el de Florenci a y, por último, el de Londres. d) Características comunes de los tres papiros Se admite sin la m enor duda por la gran mayoría de los estudiosos de la obra que estas tres series perten ecen a una m isma obra, las Helénicas de Oxirrinco ; los argumentos esgrim idos para esta equiparación los expuso Breitenbach 32 : 1.º.- Están escritas en un ático sencillo y m arcadas por la utilización de palabras un tanto llamativas; recursos com o la evitación del hiato, la parataxis, las elementos contras tivos me vn ... de v , también son comunes a los tres fragm entos. 2.º.- Los “Fragmentos Londinenses” se remiten repetidam ente a la parte de los “Fragmentos Florentinos”, do nde se narra la guerra de Decelia. 31 El verso fue ut ilizado para escribir una lista demótica de ga stos 32 Breitenbac h, H. R., “Hel lenika O xyrhync hia”, RE Suppl. XII (1970), co ls. 383-426. Como se puede ver por esta fe cha no habían sido publicados l os “Fragm entos Cair otas”, pero s u semejanza es tal q ue algunos de los argumentos expuest o s entonces por Breit enbach s on vál idos años des pués para est os últimos fragmentos. 84 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco 3.º.- En los “Fragmentos Londinenses” hay excursus y rem i siones a momentos anterio res a la guerra de Decelia que el p ropio autor no ha descrito, ni siquiera en los “Fragmentos Floren tinos” y “Fragmentos Cairotas”. 4.º.- Aparecen en ellos la misma riqueza de detalles y el mism o tipo de una narración objetiva. 5.º.- Su relación con la narración de Diodoro es semejante y dem uestran ser una fuente de la narración de éste. Así pues, parece estar com pletamente justificado el que se las asigne a la misma obra. Esta unidad de los tres fragmentos nos lleva a indicar que las Helénicas de Oxirrinco que conocemos proceden de tres copias distin tas realizadas en tres m omentos distintos, de las que dos proceden con to da seguridad de Oxirrinco y la tercera probablemente tam bién 33 . Poco después de la publicaci ón del papiro cairota, Lehmann 34 estudió la vinculación del papiro de El Cairo con lo s papiros de Florencia y Londres desde el punto de vista estrictamente histórico e histor iográfico: la versión abreviada de Diodoro parece remitirs e a la versión extendida c onservada en el papiro de un modo muy parecido a otros pasajes de las Helénicas de Oxirrinco y Diodoro; al mismo tiem po, la gran diferencia y divergencia en la narraci ón de Jenofonte tambié n e s paralela a la mostrada en otros pasajes narrados en ambas Helénicas . Ambos factores le parecen a Lehmann determ inantes para considerar que la s tres series papiráceas pertenecen a una mism a obra. Por su parte, un año después de Lehmann, Wankel 35 hizo un breve estudio sobre cuestiones lingüísticas y estilísticas de dicho papiro cairota y su equiparación con los papiros florentinos y londinenses; en su opinión, hay muchas concomitancias y, allí donde el nuevo papiro se apartaba de los dos an teriores en el uso del lenguaje, cree que son meras variaciones, al tiem po que palabras que no tienen paralelo en los tres papiros entre sí, están bien documentadas desde el si glo IV a. C. Para W ankel, aunque el uso del lenguaje no puede considerarse una prueba positiva para la adscripción de los tres papiros a la obra, sí que contribuyen a conso lidar los argumentos históricos y de crítica de fuentes que resultan determinantes en dicha adscripción. 33 El que existi eran varias copi as de la obra confirm aba, en opinió n de cierto núm ero de estudiosos , el hecho de que su o bra debía ser co nocido, pue s de lo contrari o no hab rían sobrevi vido varias copias, realizadas en distintas épocas ( cf . infra , pp. 112-200, la auto ría de las Hel énicas de Oxirri nco ). 34 Lehmann, G . A., “Ein Ne ues Fra gment der Hell. Oxy ., Einige Bem erkungen zu P. C airo (Temp. Inv. No.) 26/6/27 /1-35”, ZPE 26 (1977), pp 181-191 ; más concretamente, pp. 181-188. 35 Wankel, H., “ Sprachliche B emerku ngen zu dem neuen Fragment der Helleni ka Oxyrhynchi a ”, ZPE 29 (1978), pp . 54-56. 85 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco Hasta aquí, el consenso sobre la adscripc ión de estas tres series papiráceas a una única obra, las Helénicas de Oxirrinco , es general. Sin embargo, el problem a surge respecto a otras cuatro seri es de fragmentos que en al gún momento de este siglo han sido puestos en relación con las Helénicas de Oxirrinco y de las que hoy en día todavía no sabemos con certeza si pertenecen a esta obra o no. 2.º- Papiros relacionados con las Helénicas de Oxirrinco a) Papiro de Oxirrinco II 302 La primera serie es el papiro cata logado como P. Oxy. II 302, publicado por primera vez por Grenfell y Hunt 36 en 1899. Fue escrito a inicios del siglo I d. C. y está depositado en el Bodleian Museum de Oxford. El papiro ofrece restos d e dos column as separadas por un intercolumnio de 1,4 cms. en el punto m ás estrecho, siendo difícil establecer la anchura de las líneas y el texto perdido entre ambas colum nas. El texto y nuestra traducción del papi ro P. Oxy. 302 son lo s siguientes, de acuerdo con la edición y cumplimentaciones de Gonis 37 : Col. I: ]…[.]…[.].. [..].[ ⁄ ]. u" ej nan ≥ [ t ] io≥ [ u` ] s≥ qai ⁄ ]. ion [.]… e .[] wipro ⁄ aj ] na [ g ] rafein ey ≥ .[] ⁄ ]. lhnwnen .. ⁄ ] e≥a≥n≥ hJ≥ hJ≥m≥e≥ te v≥ [ r≥a≥ ] ⁄ ] n≥ a" ( vac .) oide ⁄ ] t≥ ou v twn ako [.] Col. II niwn de ; ta ≥i`" d [ prospleusa" [ < Ku > zikhnw `n≥ [ , plhrw ` sam ≥ .. [ , men t≥h≥` ] i po vl [ ei, ] o≥ … aj pok.. [ , ei j [ " C ] r≥ uso v pol ≥in [. “… enfrentarse … inscribir … nues tro … de estos … tras navegar hacia … de los habitantes de Cí cico … equipó … para la ciudad … a Crisópolis …” Lo cierto es que de este pequeño frag mento se hace difícil establecer una conexión con los papiros que componen las Helénicas de Oxirrinco . Grenfell y Hunt se limitan a definir el papiro sin añadir nada m ás con una indicación del carácter literario del mismo y su catalogación papirológica: “ Fragment of a histor ical work containing the ends of 8 lines and beginnings of 7 more. Col. II 3-7 begin [aquí se introduce el texto en griego que acabam os de reproducir]. Early first century uncial. 6 x 8.6 cm. ”. 36 Grenfell, B. P., y H unt, A. S., “P. Oxy. 302” , The Oxyrhync hus Papyri II (1899), p. 303. 37 Gonis, N., “P. Oxy. II 302 reconsidered”, Akt en des 21. Int ernationale n Papyrol ogenkongresses, Berlín -1995-, Archiv für Papyrusforschung (1997 ), pp. 312 -319; aquí p p. 313-31 6. No hem os añadido algunas cumplim entaciones q ue el propio G onis conside r a dudosas , como ÔE ] llh v nwn , ”Ellh ] na" , aj ko [ uv sante" (de hecho pro pone una lectura hipoté tica oi J de ; [ Lakedaimo v nioi tw `n ∆Aqhnai v wn pre v sbei" ] tou v twn aj ko [ uv sante" ). 86 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco Podemos relacionar los dos nombres pr opios que aparecen en las pocas palabras transm itidas en el papiro con el episodio de la intervención de Alcibíades en el Helesponto en el año 411 a. C. o, al m enos, la guerra en el Helesponto que duró desde el 411 al 405 a. C., tal y como nos aparece en Jenofonte, Helénicas I 1, 20-22: ∆Alkibia v dh" de ; mei v na" au j tou ` ei [ kosin hJ me vra" kai; crh v mata polla ; labw ;n para ; tw `n Kuzikhnw `n, ou j de ;n a[ llo kako ;n ej rgasa v meno" ejn th `/ po v lei aj pe v pleusen ei j" Proko v nnhson. ej kei ` qen d∆ a[ pleusen ei j" Pe v rinqon kai; Shlumbri v an. kai ; Peri vnqioi me ;n eu j sede v xanto ei j" to ; a[ stu to ; strato v pedon: Shlumbrianoi ; de ; ej de vxanto me ;n ou [, crh v mata de ; e[ dosan, ej nteu ` qen d∆ aj fiko v menoi th `" Kalchdoni v a" ei j" Cruso v polin ej tei v cisan au j th ;n kai; dekateuth v rion kateskeu v asan ejn au j th `/ kai; th ;n deka v thn ej xe v legon tw `n ejk tou ` Po v ntou poli v wn 38 (subrayadas las coincidencias, según Crönert 39 ). Sin embargo, como el propio investigador alemán ya observó, algunas de las palabras no pueden ser equiparadas con las del text o de Jenofonte, es decir, que no es un fragmento d e este historiador aten iense, si bien pocos a ños después Persson 40 sostenía esta hipótesis, entre otras cosas porque Je nofonte es la única fuente que pone en contacto Cícico y Crisópolis. Por su parte, Meyer 41 sugirió que el papiro podrí a pertenecer al libro segundo de las Helénicas de Teopompo, así como Jacoby 42 , que lo relacionaba con un fragmento teopompeo ( FGrHist 115 F 7). Por su parte, Jackson 43 transcribió con fotografías el P. Oxy. 302; aumentó el número de letras y palabras de la trascrip ción respecto de la primera edición del papiro, dejando claro el carácter narrativo y no meramente geográfico del fragm ento en cuestión, al incorporar, junto a plhrw ` sai , otro verbo de caráct er narr at ivo má s que descriptivo, prospleu v sa" , y añadió también el nombre propio ÔE llh v nwn . En opinión de Pesely 44 , coincidiendo con Jackson, la ampliaci ón del texto por parte de este último impide todavía m ás la identifi cación del papiro con Jenofonte. 38 La traducción d e Jenofonte, Helénicas, (introducción , traducción y no tas de O . Guntiñas Tuñón), Madrid, p. 30, es: “Alcibíad es permaneció allí veinte días y to mó mucho dinero de los cicicenos y, sin causar ningún daño más en la ciu dad, volvió por mar a Proconeso. Desde allí marchó a Perinto y Selimbri a. Los perint ios acogi eron la flota dent ro de las c iudad. Los selim brios no la recibi eron, pe ro le dieron di nero. Desde aquí ll egaron a Cris ópolis de Calcedonia y la forti ficaron; esta bleciero n en ella una aduana y e xigían la décim a parte a los ba rcos que vení an del Po nto”. 39 Crönert, W., “Litterarische Texte mit Ausschluss d er christlichen”, AFP 1 (1901), pp. 530-53 1. 40 Persson, A ., St udien zur Textgeschicht e Xenoph ons , Lund, 1914, p. 10. 41 Meyer, Ed., Theopo mps Hellenika , Halle, 1909, (reimpresió n Hildesh eim, 1966), p. 161. 42 Jacoby, F., Die Fragmente der Griechischen Historiker III A , Berlín, 1926, p. 356. 43 Jackson, D. F., “The Papyri of Xenophon’s Hellen ica ”, BASP VI (1969), pp. 45-52 ; en concreto pp. 51-52. 44 Pesely, art. cit., (1994), p . 41. 87 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco Surge, por tanto, la posibilidad de adscribir el texto a un autor que nar rara los hechos que incluye Jenofonte en sus Helénicas ; evidentemente uno de los candidatos a recibir tal adjudicación es el his toriador de Oxirrinco. Crönert y un investigador anónimo 45 sugirieron tal atribución ya en el año 1908, indicando el primero de ellos que, aunque no se atrevía a afirmar la pertenencia del papiro a las Helénicas de Oxirrinco , al menos podrían pertenecer a una obra histórica de l mismo círculo literario que el historiador de Oxirrinco. Cualquier historiador que narre los acont ecimientos aquí indicados podría ser el autor del fragmento, pero para Pesely 46 , el hecho de que el fragmento proceda de Oxirrinco, de donde no procede ningún fragme nto de Teopompo y el hecho de que, al parecer, sólo puede serle atribuido a Éforo un papiro, el P. Oxy. 1610 (como a continuación analizaremos en este mismo cap ítulo) podría descartarlos como autores del P. Oxy. 302. Así pues, el investigador esta dounidense no llega a af irm ar la pertenencia de este papiro a las Helénicas de Oxirrin co , pero recomienda tenerlo en cuenta cuando se trabaje sobre las m ismas. Sin embargo, recientem ente Gonis 47 , que cree que el papiro encierra un fragmento de un discurso, ha puesto de m a nifiesto una posibilidad que él mismo cataloga como “rem ota ”, sobre un texto de Diodoro XIII 52, 3-54, don de se relacionan la batalla de Cícico 48 y las siguientes actividades atenienses en el Peloponeso. Eliminado el texto de Jenofonte, Gonis busca un posible autor del papiro en función del dato de Diodoro: si se considera que los hechos narrados pertenecen al año 410 a. C., no cree que el papiro tenga relación con Éforo, fuente de Diodoro, por falta de afinidades verbales y el estilo; argumento parecido de scartaría la autoría de Teopom po para el papiro; elimina a Cratipo y a la s Helénicas de Oxirrinco porque el prim ero criticó el uso de discursos en obras históricas y las se gundas no ofrecen rastros de utilización de discursos en su narración. Sin embargo, pa ra Gonis no se están narrando hechos del año 410 y, en su opinión, el papiro pertenecer ía a la obra de Éf oro, puesto que este investigador cree que debe ponerse en relación con un fragmento de Éforo ( FGrHist 70 F 83) que narra acontecimientos en Crisópolis hacia el 368 a. C., por tanto, ajenos a la 45 Crönert, W., “De Oxy rhync hus Papyri 5”, LCB 59 ( 1908), pp. 22-2 4; el investi gador anóni mo publ icó un artículo sin título en el Times Literary Supplement , (1908), pp . 58-59. 46 Pesely, art. cit., (1994), p . 42. 47 Gonis , art. cit ., pp. 316-319. 48 Littman, R. J., “The strategy of the battle of Cyzicus”, TAPA 99 (1 968), pp . 265-2 72; en co ncreto pp . 271-272, no s indica que la narr ación de la batalla de Cícico en Diodoro es pref erible a la narración de Jenofonte; esta afirmación se basa en la co nfrontació n de las dos desc ripciones, pero, además, adquie re más vali dez por el hecho de que Diodoro de rivó su narracion de l a de las Helénicas de Oxirrino , directa o indirectam ente (en este caso a t ravés de Éfor o); en opini ón de Littman, es muy proba ble que las Helénicas de Oxirrinco t a mbién sea n responsa bles de l a tradició n que da pr omi nencia a la figura de Terám enes, al menos des de un punto de vist a militar. 88 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco mientras que otros m uchos fueron capturados vivos, al caer en manos de los griegos por descon ocimiento de hacia dónde se dirigían y por el tem or a que cayer an sobre ellos de repente … […] … ejército … noche … a ellos … antorcha … […] … a los lanceros, de los que Artajerjes se convirtió en … en parte porque quería llegar a ser él mismo el re y, en parte porque temía que los hechos … […] … comunicaran el (complot?) al eunuco Mitridates, mayordomo del rey …”. Los fragmentos recogen noticias acerca de las actividad es de Tem ístocles y probablemente se refieran a la recepción que le hizo Jerjes o sucesos ocurridos a Temístocles en Persia. También aparece en los fragm entos el nombre de Cimón y sus operaciones en el Mediterráneo sur y en el Egeo. La profesora Reid Rubincam 65 opina que aquí se estarían narrando, al menos, la batalla de Eurim edonte entre la flota ateniense y aliada contra la flota persa en torno al año 467 a. C., de la que tenemo s un paralelo en la narración 66 de Diodoro XI 60, 5-6. Grenfell y Hunt, que en la edición de l P. Oxy. 1610 lo atribuyen a Éforo y por esa época estaban convencidos de que Éforo 67 era también el autor de las Helénicas de Oxirrinco ( cf . infra , pp. 174-188), ofrecen seis argumentos que lo relacionarían con P. Oxy. 842, es decir, con el papiro londinense de las Helénicas de Oxirrinco , lo que supondría implícitamente la aceptación de que P. Oxy. 1610 form a parte de éstas: 1.º.- La concordancia e ntre la narración de las Helénicas de Oxirrinco con Diodoro es menos marcada de hecho que las correspondencias entre los fragmentos 65 Reid R ubincam , C., “A Note on Oxyr hynchus Papyrus 1610”, Ph oenix 3 0 (1976), pp. 357-36 6; aquí p. 358. 66 El texto de Diodoro XI 60, 5-6, es: para ; de ; tw `n aj ei ; pros tiqeme v nwn summav cwn proslabo v meno" nau`" ej pi ; ple v on hu [ xuse to ;n sto v lon. oi J de ; Pe v rsai to ; me ;n pezo ;n stra v teuma di∆ eJ autw `n kateskeu v asan, to ; de ; nautiko ;n h[ qroisan e[k te Foini v kh" kai ; Ku v prou kai ; Kiliki v a": ej strath vgei de ; tw `n Pe rsikw `n duna v mewn Tiqrau v sth", ui Jo;" w]n Xe v rxou no v qo". Ki v mwn de ; punqano v meno" to ;n sto v lon tw `n Persw `n diatri v bein pe ri ; th ;n Ku v pron, kai ; pleu v sa" ej pi ; tou ;" barba v rou", ej nauma vchse diakosi v ai" kai ; penth v konta nausi ; pro ;" triakosi v a" kai ; tettara v konta. genome v nou d∆ aj gw ` no" ij scurou ` kai ; tw `n sto v lwn aj mfote v rwn lamprw `" aj gwnizome v nwn, to ; teleutai ` on ej ni v kwn oi J ∆Aqhnai ` oi, kai ; polla ;" me ;n tw `n ejnantiv wn nau`" die v fqeir an, plei v ou" de ; tw `n eJ kato ;n su ;n au j toi `" toi `" aj ndra v sin ei | lon . Nuestra traducción dice: “Tras habe r llevado consigo l as naves junto co n los aliad os siempre fav orables, aument ó su expedició n aún m ás. Por su pa rte, los persas equi paron un e jército de infa ntería entre sus paisanos y re unieron u na flota procede nte de Fenicia, Chipre y Cilicia; comandab a las fuerzas pers as Titraustes, que era hijo ileg ítimo de Jerjes. Cimón, co nvencido de que la expe dición de los pe rsas se dem oraría en Chipre , tras navega r contra los bárbaros, com b atió con dosc ientas cincuent a naves contra trescientas cuarent a. Produc ido un viole nto combate, luchando am bas flotas nob lemente, los atenienses vencieron al final y destruyeron m u chas naves de l os enem igos, al tie mpo que ca pturaron m ás de cien con s us hombres” . 67 Grenfell y Hun t, art. cit., (1919), pp. 106-108, donde ofrecen hasta once argumen tos para adjudicar el papiro a É foro. En l as pp. 109-11 3 se reco ge la vi nculación de este papiro con P . Oxy. 842 y P. Oxy . 1365 y se resumen los principales puntos que favorece n la adjudicación del papiro a Éforo. 95 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco 3, 8-11 y 16 del P. Oxy. 1610 y Diodoro en su libro XI, pero son aproximadamente del mismo nivel que la de ambos autores en los fragmentos 4-6, 12-13 y 15 del papiro. 2.º.- La relación entre el historiador de Oxirri nco y los historiadores Plutarco y Justino es similar a la que m a ntiene el autor del P. Oxy. 1610 con ambos. 3.º.- La escala de la narración en am bos papiros no es m uy diferente, por lo que se elim inaría la idea de que la hist oria de Éforo es menos detallada que la del historiador de Oxirrinco. 4.º.- Recurren al argum ento de Walker 68 –según el cual Éforo dispuso los primeros lib ros de su obra tem áticamente, m i entras que la historia contemporánea era dispuesta cronológicamente- para elim inar la diferente disposición del m aterial en las Helénicas de Oxirrinco y en P. Oxy. 1610. 5.º.- No aparecen discursos en ninguno de los dos papiros, si bien sí aparecen excursus . 6.º.- Existen más semejanzas en la dicción entre las Helénicas de Oxirrinco y el P. Oxy. 1610 que entre este último y los fragmentos existentes de Éforo, así como el estilo de los dos papiros es parecido. De igual modo indican que el P. Oxy. 1610, a pesar de que no comparte con P. Oxy. 1365 su gusto por el uso del genitivo abso luto ni la repetici ón del artículo con un adjetivo colocado después del sustantivo, tiene, no obstante, un estilo bastante parecido al del P. Oxy. 1365. Aunque no se atreven a afirm arlo taxativamente, los editores indican que, si de la vinc ulación de los tres papiros de Oxirrinco, P. Oxy. 842, 1365 y 1610, debiera inferirse la pertenencia a una mi sm a obra o a un único au tor, éste sería, sin duda, Éforo. El mismo año de la publicación del p apiro Walker 69 aportó más datos que en su opinión corroboraban la adscripción del papi ro a Éforo: la presencia del nombre de Ferendates, ya que Éforo fue la fuente de Plutarco, Cimón XII 4, donde aparece el nombre del com andante persa; la indicación de Jerjes como anfitrión de Tem ístocles como autoridad para Plutarco, T emístocles XXVII 1 (en realidad esta idea se inferiría del texto sin que se af irme en absoluto; adem ás, para esta biografía de P lutarco también podrían ser las fuentes Dinón, Clitarco o Herácl ides); por últim o, la coincidencia entre 68 Wa lker, op. cit ., pp. 44- 48. 69 Walker, E. M., “The newly d iscovered F ragments of E phorus an d their bearing on the a uthorship of t he Hellenica Oxyr hynchia and on the style of Ephorus”, The Rice Institute Pamphlet 6 (1919) , pp. 240-261. 96 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco el papiro y Diodoro en el número de naves de la flota persa (pero no con el pasaje de Plutarco, Cimón XII 4, derivado de Éforo, donde la cifra es distinta). Jacoby 70 se une a los editores y en su FGrHist incluye el P. Oxy. 1610 entre los fragmentos de Éforo (F 191). Como en el caso del P. Oxy. 1365, desde que las Helénicas de Oxirrinco han dejado de ser atribuidas a Éforo este papiro ya no ha sido relaciona do con ellas desde el punto de vista de la autoría ni tampoc o desde el punto de vista del contenido. Con todo, la opinión de otros expertos 71 , como Lipsius, Barber o Bloch, se decanta por la misma opción, es decir, la pertenencia del P. Oxy. 1610 a Éforo, pues las semejanzas entre Diodo ro y el autor de ese papiro son más estrechas que las del propio Diodoro con el historiador de Oxirrinco, por lo que ya no se identificaría a este último con Éforo. Así, Africa 72 volvió a analizar el texto del pa piro y planteó claramente que las semejanzas entre el p apiro y Éforo en mu chos casos se hiciero n a través de la reconstrucción de las lagunas papiráceas con pasajes del text o diodoreo; además, donde el papiro no es fragm entario, no hay sim ilitudes con Diodoro, ni con otras fuentes qu e usaron a Éforo –como Plutarco-, ni, por tanto, con Éforo. Por ello, benévolam ente, el investigador estadounidense i ndica que los tres siglos pa sados entre Éforo y Diodoro y los otros tres transcur ridos entre la o bra de este último y la copia de l papiro en cuestión es un período demasiado largo en el que la probabilidad de error, omisión o interpolación es considerable y “reduce el papiro de Oxirrinco 1610 a una caricatura de Éforo en el mejor de los casos”. Po r ell o, propone asignar el papiro a un epitomizador del propio Diodoro o a otro historiador de Oxirrinco, por ahora tam bién, desconocido. En este sentido, en 1976 Reid Rubincam 73 también adscribió a Éforo la autoría del papiro, pero intentó aporta r una postura que fortaleciera la dependencia del texto de Diodoro XI 60, 5-6, respecto del P. Oxy. 1610. Re id Rubincam se centró en el estudio de una parte del papiro, donde se reconstruy e la actividad de Cim ón al mando de la flota; la profesora can adiense cree que la reconstrucción del texto muestra cuatro 70 Jacoby, op. cit ., ( 1926), pp. 96-97 . 71 Así Lipsius, J. H., “Ep horos und Kratippo s”, BPW 39 (1919), cols. 958-960 ; Barber, op. cit ., pp. 47, 53, 55 y 67; Bloch, H. “Studies in historical literatu re of the Fourth Centu ry B. C.”, en W. S. Ferguson (ed.), Athe nian Studies . ( HSPC Suppl. vol. I ), Cambridg e, 1940, pp. 323- 324; Breiten bach, art. cit., (1970), c ol. 413 rec onoce en el t ratami ento de la posi ble autoría de É foro que l a relación de este pa piro con Diod oro es má s estrecha que la de las Helénica s de Oxirrinc o con Diodo ro, de modo que reconoce que el P. Oxy. 161 0 pertenece a la obra de Éfor o. 72 Africa, Th . W., “E phorus and Oxy rhynchus Papyrus 1610” , AJPh 83 (1962) , pp. 86-8 9. 73 Reid Rubincam, art. cit ., p. 357-366. 97 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco aspectos extraños: una rec onstrucción dependiente del citado texto de Diodoro, la laguna en la que faltaría la indicación de las naves, las diferentes formas de los numerales y un inicio de oración poco satisf actorio con un participio en acusativo, paratacqei v sa" de ; polu ;n cro v non ; aunque solventa el inicio de frase proponiendo un nauma v chsa" , sin que pueda proponer soluciones a otras lagunas, cree que Grenfell y Hunt quizás asum ieron muy precipitadamente que Diodoro copió m uy literalmente la narración de Éforo. En el cas o del texto del papiro, la na rración de Diodoro no difiere sustancialmente en detalles de los h echos, pero sí en el es tilo y el form a to del material: Diodoro parece mostrar una fidelidad que no ev idencia una condensació n de la fuente original en una proporción consistente –c on densación necesaria para su historia universal-, pues en su reelaboración estilística a veces su versión es m á s larga que el original, obligándole en otras ocasiones a drásticas omisio nes y abreviaciones. Este sería el caso para la narración de la ba talla de Eurimedonte: Diodoro no reprodujo palabra por palabra ni abrevi ó su fuente original, Éforo. No obstante, en los últimos tiem pos dos investigadores han fo rmulado hipótesis que modifican un tanto la atribución del P. Oxy. 1610 a Éforo, aunque sin apartar el texto de la esfera de influencia eforea: en prim er lugar, Fornara 74 opina que el texto podría pertenecer a un epítome de Éforo, al comparar la línea 36 del papiro con Diodoro XI 59, 4, y 60, 5-6, mientras que, por su parte, Gray cree que es posible que el propio papiro sea una copia del texto de Diodoro 75 . Con todo, conviene decir que ninguno de los dos investigadores aportan argumentos só lidos y han tratado la cuestión de un modo muy superficial. d) Papiro de Michigan 5982 La cuarta serie es la formada por un pequeño grupo de cuatro fragmentos catalogados como P. Mich. 5982, también ll am a do “Papiro de Terámenes”, hallado por una expedición de Michigan en Karanis en el año 1930 y publicado por primera vez por Youtie y Merkelbach 76 en 1968. Est á copiado en el recto 77 y la fecha de la copia es la primera m itad del siglo II d. C.; está depos itado en los fondos de la University of Michigan. Hasta nuestros días ha llegado una sola columna junto a un único fragmento, de los que la columna m uestra 45 líneas con marg en superior e inf erior; en los inic ios de 74 Fornara, op. cit., ( 1977), p. 60. 75 Gray, V. J., “The valu e of Diodorus Sicu lus for the years 411-3 86 B.C.”, Hermes 115 (19 87), pp. 72- 89, en c oncreto, p. 72 , nota 1. 76 Youtie, H. C., y Merkelbach, R., “Ein Michigan-Papyrus über Theram e nes”, ZPE 2 (1968), pp. 161- 169. 77 El verso no ha sido utilizado para la escritura. 98 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco las líneas sólo faltan unas pocas palabras. Las letras librarias están configuradas en el estilo que se denomina cuadrado, que los editores atribuyeron al siglo II d. C. Recientemente Loftus 78 ha descubierto que un pequeño pa piro de Karanis, catalogado como Papiro de Michigan 5796b, formaba parte del papiro de Terámenes, concretamente las sie te últimas líneas inconclusas de este ú ltimo. El texto del papiro P. Mich. 5982, aume ntado con el texto del P. Michigan 5796b añadido por Loftus con sus cumplime ntaciones, y nuestra traducción, son los siguientes: … tou ;" Lakedaimoni v [ ou" ajn ] te v legon au j tw `/ fa v sk [ on ] te" aJ pa v ntwn aj topw v [ ta ] ton au j to ;n diapra v ttes [ qai ] , tou ;" me ;n ga ;r a[ llou" t [ aj ] po v rrhta poiei ` sqai pro ; [ " ] tou ;" pole [ m ] iv ou", ej kei `n [ on ] de ; peri ; w|n toi `" ej cqro i ` [ " ] ej rei `n me vlleiønØ tau ` ta p [ ro ;" ] tou ;" poli v ta" le v gein mh ; tolma `n 79 . oJ de ; pro ;" tou ` to parelqw ;n e [ i\ ] pen: [ to ; ] plei`ston tou ` de v on [ to" aJ ] marta v nousin [ oi J ] rJhv tore". ei j me ;n ga ;r ej f∆ hJ≥ [ mi `n ge ] h\ n, e[ fh, th ;≥n≥ [ ei j ] r≥h≥v [ nhn ej pita v xa ] i≥ ou j de ;n d [ i ] ev feren a] [ n uJm ] a≥`" aj kou v ein ej f∆ oi |" au jt≥ [ h;n hJg ] ou ` mai th `/ po v lei poih v≥ [ sas ] q≥ ai kalw `" e[ cein. ej pe ≥i≥ [ dh ; ] d≥e; oi J pole v mioi ku v rio ≥ [ i ka ] qest ≥a≥` sin ≥, [ o ] ujk aj sfale ;" [ ejs ] tin ei j kh /` p≥e≥ ri ; au j th `" le v [ ge ] i≥ n. ou j ga ;r dhlono v ti tw ` [ n di ] d≥ ome v nwn au jt≥o≥i≥`" pa [ r∆ hJ ] m≥w`n ou j qe ;n≥ a≥jx≥iwv sou [ sin ] aj fairei ` n, e{ tera de ; pro ;" [ tou v ] t≥ oi ≥"≥ ej pita v ttein ej pi [ ceir ] hv sousin. th ;n ou |n ai { re [ sin ] ou | toi me ;n ejp j ej kei v noi" [ qh vs ] ousin, ej gw ; d∆ ej f∆ uJ mi ` n. [...] .u. [.] ga ;r t≥a≥; [ p ] ar∆ ej kei v nwn [......] . anta ej≥n≥ tw `/ bouleu v [ sa ] s≥q≥a≥i≥ peri ; au j tw `n 80 . uJ≥p≥o≥ la [ b ] w≥;n de ; oj rqw `" le v gein au j [ to ; ] n oJ dh ` mo " presbeuth ;n [ au j ] tokra v tora th ;n ei j rh v nhn [ po ] ihso v menon aj pe v stei [ le ] n≥. Qhrame v nh" de ; parau [ ti vk ] a≥ m≥e≥;n≥ wJ" h/J re v qh pro ;" [ Luvs ] andr [ o ] n e[ pleusen ei j" [ Sa v ] m≥ on k≥a≥i;≥ pro ;" ej kei ` non [ ejp ] e≥c≥e≥iv rei pra v ttein ta ; [ per ] i; th `" ei j rh v nh". ej peidh ; [ de ; ] Luv sandro" au j to ;n 78 Loftus , A., “A ne w fragment of the Th e ramenes Papyus (P. Mich. 5796b)”, ZPE 133 (2000) , pp. 11-20. 79 En un análi sis papirol ógico de una adición e n letra c ursiva que el papi ro presenta, el profesor Bastianini, G., “Osservazioni sul ‘Papiro di Teramene ’”, en S. Bianchetti, E. Galvag no, A. Magnelli y otros (e ds.), POIK IL MA . Studi in on ore di Mi chele R. Cata udella in occasione del 60º Co mpleann o , La Spezia, 2002, pp. 81-87, cree que lo más correcto es o rdenar el texto a sí: p [ ro ;" ] tou ;" poli v ta" mh ; tolma `n le v gein . 80 Los editores c umplim entaron esta laguna así: [ dei vk ] nut [ a ] i ga ;r tw ` [ i p ] ar∆ ej kei v nwn [ skopw `i ] panta ejn tw `n bouleu v [ sa ] sqai peri ; au j tw `n ; sin embargo, Luppe, W., “Die Lüc ke in der Theram enes-Rede des Michigan-P apyrus inv. 598 2”, ZPE 32 (1978 ), pp. 14 -16, por motivos p aleográficos y lingüístico s, ofrece una cumplimentación distinta, tras criticar la propuesta de You tie y Merkelbach: [ fan ] ou `s [ i ] ga ;r th ` [ i p ] ar∆ ej kei v nwn [ skeph `i ] pa vnta ejn tw `n bouleu v [ sa ] sqai peri ; au j tw `n . En el prim er caso la traducción sería “así pues, se manifiesta al espía de estos ( sc . los espartano s) todo lo que se h abía delib erado en tre ellos”, mientras que en el segundo caso , de acuerdo con la propuesta y la traducción de Luppe, la versión ser ía “así pues, dieron a co nocer al espía de é stos ( sc . los es partanos) todo l o que se había deliberado entre ellos”. Por su parte, B reitenbach, H. R., “Der Michigan-Papyrus 5982 übe r Themamenes: Historische Problem e und Autorschaft” , en H. E. He rzig y R. Frei-Stolb a (eds.), Labor Omn ibus Unus, G. Walser zum 70. Gebu rstag , ( Historia Einzelschift 60), Stuttgart, 1989, pp. 121-135, en concret o p. 123, nota 4, ofrece otra posib ilidad d e cumpli mentación : [ aj kou v ] ous [ i ] ga ;r ta ; [ p ] ar∆ ej kei v nwn [ rJ hqe vnta ] pa vnta e jn tw `n bouleu v [ sa ] sqai pe ri ; au j tw `n , con lo que la t raducción sería “pues escucharon todo lo dich o por aqu ellos respecto de lo deliberado e ntre estos” 99 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco e≥jk≥e≥v [ leu ] en Lak ≥e≥d≥a≥i≥m≥ [ o ] ni vo [ i", ei j selqo v ntwn 81 Peloponnh ] si v wn (?) ei j" to ;n n≥ [ au vstaqmon ] Korinqi v wn t≥ [ e ta ;" nau `" para ; ] tw `n po v lew [ n aj go v ntwn meta ; ] ∆Argei v wn kai; t [ w`n summa v cwn ] wJ" a}n du vo me ≥v [ rh ………] tw `n trihv rw [ n ……….] diape v mya" [---. “<Algunos 82 > no estaban de acuerdo <con que éste (Terám enes) negociara como em bajador co n plenos poderes> con los lacedemonios, afirm ando que éste había hecho lo m ás absurdo de todas las cosas, pues, m ientras los demás guardaban secretos respecto de los enemigos, aqué l no se atrev ía a decir a sus conciudadanos las cosas acerca de la s cuales qu ería hablar con los enemigos. Y éste, tras adelantarse para hablar sobre ello, d ijo: “los oradores se equivocan por com pleto acerca de la realidad. Pues si dependiera realmente de nosotros negociar la paz”, -decía- “no importaría n ada en absoluto que vosotros escuch arais las cosas por las que yo creo que sería bueno para la ciudad hacer ésta, pero, puesto que los enemigos se han convertido en los dueños de la situación, no es seguro hablar a la ligera acerca de esta negociación, pues es evidente que no son merece dores de que se les quite nada de lo que les es concedido por nosotros 83 y van a intentar imponer otras cosas además de éstas. Así pues, estos oradores, por su parte, dejan la elección en manos de aquéllos, pero yo en vosotros, pues las propuestas que provienen de éstos, les han sido transmitidas por barco mientras que todavía estam os deliberando acerca de estos asuntos”. Y el pueblo, tras habe r aceptado que éste había hablado acertadamente, lo env iaron como em bajador plenipotenciario para hacer la paz. Y Terámenes, tan pronto com o fue elegido, se puso rumbo a Samos ante Lisandro e intentó negociar con él lo relativo a la paz. Pero una vez que Lisandro lo llamó <a negociar con> los lacedemonios, después d e que los peloponesios hubieran entrado al 81 Aquí empiezan las c umplim entaciones de Loft us, art. cit. pp. 11-20. 82 Youtie y Merkelbach , art. cit. , pp. 166-1 67, en la prim era edición de este papiro reconstruyen la fras e inicial mutilada del fragmento pro poniendo la sig uiente versión : oi J de ; peri ; tou ` crhmati v zein au j to ;n ( Qerame v nhn ) presbeuth ;n au j tokra v tora pro ;" tou ;" Lakedaimoni v ou" ktl . ( cf . Lisias XII 69). Nos ha parecido apropiado inclui r traducida entre ángulos esta frase para enca bezar el pasaje para que así resulte más claro. 83 El texto prese n ta corrom pida la primera l etra de la palabra - mi `n , p or lo que no se sabe con se guridad si es uJ mi `n o hJ mi `n ; tanto los editores de este papir o com o la traducció n del m ismo recogida en la ficha del Advanced Pa pyrological Inf ormati on System (A.P.I .S.), procedente de The Uni vesity of Michigan Papyrus Coll ection, co rrespondient e al item P. Mich. inv. 5982, se in clinan po r la segunda op ción. En todo caso, lo que está claro es que se refiere a lo s atenienses, en cuya asamblea ha tom ado la palabr a Terámenes. En el primer caso el propio Terám enes se incluiría dentro de la referencia del pronom bre personal, m ientras que en el segundo, se exclu iría. 100 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco puerto y los corintios, junto con los argivos y sus aliados, condujeran sus naves desde sus ciudades, como tras haber dispersado dos partes … de los trirremes 84 …”. El texto del papiro contiene una escena de la reunión en la que Terámenes pide al Consejo que lo envíe en misión especial ante Lisandro para enterarse de con qué intención los lacedem onios insisten en el de sm antelamiento de los Largos Muros, si para llevar a los atenienses a la esclav itud o para tener en la mano una garantía 85 . Los editores 86 del P. Mich. 5982 excluyeron la posibilidad de que formara parte de las Helénicas de Oxirrinco por el hecho de que en este papiro aparece un discurso en estilo direct o, recurso narrativo no utilizad o en dicha obra, si bi en cuestiones de carácter h istórico (el conteni do del papiro referido a las negociaciones entre Esparta y Atenas tras la batalla de E gospótam os, en concreto el debate de la asamblea de Atenas por la embajada de Te rámenes para negociar con Lisandro) y de carácter estilístico (el ático sencillo y es merado que parece presuponer un autor del sig lo IV a. C.) llevó a los editores a suponer como su autor a un continuador de la obra tucidídea. Henrichs 87 , tras una comparación entre el texto del papiro y la obra de Lisias XII, 69, 5, en su discurso Contra Eratóstenes 88 , descarta la atribució n de est e papi ro a 84 Sealey, R., “Pap. Mich. Inv, 5982: Th eramenes”, ZPE 16 (1975), pp. 279- 288, había reconstrui do el texto de la última p arte del papiro in sertando las pocas palabras que se pued en leer del fragmento 4 del P. Mich. 5982: ajfiknei` tai ou \n oJ Pausani v a" ] ei j" to ;n [ Peiraia ` kalw `n o[ ntwn tw `n ] iJ erw `n . [ ei [ peto de ; stratia v ejk tw ` ] n po v lew [ n pa sw `n plh ;n tw `n Boiwt ] w`n kai ; t [ w`n Korinqi v wn . kai ; parh ` sa ] n du vo m [ e;n tw `n ej fo v rwn , Li v bu" de ; meta ; tw ` ] n trih v rw [ n a{" e[ laben pa ra ; .... p ] ev mya" [ de ; oJ basileu ;" ( Pausani v a" ) pro ;" tou ;" ejn tw /` Peiraiei ` le vgei .....]. U na traducci ón para este pasaje, sigui endo la rec onstrucció n de Sealey podría ser l a siguiente : “Así pues, Pausa n ias llegó al Pireo con presa gios favora bles; le seguí a un ejércit o procedente de todas las ciuda des, salvo de Beocia y Corint o, y estaban a su la do dos de los éforos. Libis con los trirremes que ca pturó junto a ... y Pa usanias, en viado con los que e staban en el Pireo, dice ...”. En caso de que Sealey estuviera en lo ci erto, lo que aquí se na rraría sería u n fragm ento de la expedición de Pausanias cont ra Atenas, producida en el año 403 a. C . 85 La escena ha bría que encua drarla en un pasaje acerca de los acontecimi entos que pertenecen a los últim os meses de l a Guerra del Pelop oneso -a ño 404 a . C.-, cuando Atenas es asediada por la fl ota de Lisandro y los ejér citos de los r eyes Agis y Pausan ias y ya habían co menzado las conversacio nes de paz. 86 Youtie y Merkelbach, art. cit ., pp. 161-162. 87 Henrichs, A ., “Zur Interpret ation des Michigan- Papyrus über T h eramenes”, ZPE 3 (1968), p p. 101- 108; m ás concretam ente, pp. 107- 108 88 El texto de Li sias XI I, 69, 5, del que subrayam os las coinci dencias recogidas por He nrichs res pecto del papiro de M ichigan, di ce: uJ mei `" de ;, w\ a[ ndre" ∆Aqhnai ` oi, prattou v sh" me ;n th `" ejn ∆Arei vw/ pa v gw / boulh `" swth v ria, aj ntilego vntwn de ; pollw `n Qhra me v nei, ei j do v te" de ; o{ ti oi J me ;n a[ lloi a[ nqrwpoi tw `n polemi v wn e{ neka ta j po v rrhta poiou ` ntai, ej kei ` no" d∆ ejn toi `" au J tou ` poli v tai" ou jk ej qe v lhsen ei j pei `n tau ` q∆ a} pro ;" tou ;" polemi v ou" e[ mellen ej rei `n , o{ mw " ejj petre v yate au j tw `/ patri v da kai ; pai `da" kai ; gunai ` ka" kai ; uJ ma `" au j tou v" ; su traducción e n Lisias, Discursos (traducción y notas de J. L. Calvo Martínez), Madrid, 1991, p. 175, es: “Y vosotros, at enienses … cuando el Co nsejo ne gociaba un m edio de sal vación en el A reópag o y muchos se oponía n a Teráme nes –aun conscie ntes de que los dem ás guardan secreto p or causa del enem igo, mientras que a quél no quiso manifest ar ante sus pr opios ciudadanos lo que ib a a decir a los enemigos, pese a todo-, pu sisteis en sus m anos patria, hijos, m ujeres y a vosotros mi smos”. La com paración 101 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco las Helénicas de Oxirrinco con el mismo argum ento esgrim ido por los editores; también elimina co mo posibles candidato s de la autoría a Teopompo y a Éforo, por la dependencia del texto del papiro con Lisi as; así pues, Henrichs concluye con la afirmación de que el autor de este papiro de Michigan fue un h ist oriador menor o un partidario de Terámenes con am biciones literar ias en el siglo IV a. C.; al mismo tiempo indica que el autor depende en gran parte de Lisias –por tanto, sería posterior a él-, pero también de una segunda y m ejor fuente. Sin embargo, Treu 89 , tras estudiar la propuesta de Henrichs, tamb ién hace un análisis de los textos del papiro y de Li sias, y llega a la conc lusión de que no puede ofrecer argum entos contrarios a la identif icació n del Papiro de Michigan 5982 como una porción de las Helénicas de Oxirrinco . Este investigador alemán no aporta argumentos considerados sólidos por los es tudiosos del tema para avalar dicha atribución: a la convicción de que el texto tiene un marcado carácter histórico y mu estra una estrecha vinculación con el momento en que tuvieron lugar los acontecim ientos históricos en el papiro rela tados, lo que, sin duda, apuntar ía a un autor del siglo IV continuador de Tucídides, añade Tr eu que la identificación con las Helénicas de Oxirrinco se basa en coincidencias estilísticas (e vitación del hiato, lítotes -por ejemplo, ou jk aj sfale v" en la línea 21, etc.) y, sobre todo, en el hecho de que le parece excesivo considerar el breve pasa je en estilo directo de e ste papiro P. Mich. 5982, líneas 12 -31, así como el pasaje Hel. Oxy. XVIII 2, 356-357, com o discursos en el sentido de los discursos tucidídeos, con los que estos pasa jes mantienen dos claras diferencias, la extensión y la falta de profundidad. Por último, Treu cree que el historiador de Oxirrinco -para él parece ser que es Cratipo- trató la disolución de la oligarquía por parte de Terámenes ( cf . infra ; pp. 156-173), por lo que este pa piro no desentonaría en la narración de la misma. En este sentido, Canfora 90 , siguiendo las tesis de Treu, cree que el discurso directo que aquí aparece no puede ser considerado un discurso al estilo tucidídeo (en los siete primeros libros), sino que la intervención de Terám enes es sólo un “par” de frases que siguen a otro “par” de f rases en estilo indirecto, por lo que alcanza una extensión parecida al único discurso en estilo directo en el último libro de Tucídides (VIII 53 2-3). tambié n debe hace rse exte nsiva a ot ro fragm ento de Lisias, C ontra Agorat o XIII 8 -22, que no reproducimos por s u larga extensió n. 89 Treu, M., “Ei nwände gege n die Demokrati e in der Liter atur des 5./4. J h.”, Studii Classice 12 (1970), pp. 17-3 1. Canf ora, L., “ Eduard Me yer tra Cratippo e Te opompo”, en W. M . Calde r III y A. Dem andt (eds.) Ed uard Meyer, Leben und Leist ung eines Universalhistorikers , Lyon , 1990, p p. 74-96; en conret o pp. 81-8 2, está de ac uerdo con T reu y califi ca de inconsis tente el raz onami ento de Yout ie y Merkel bach por el cual se excluye la pert enencia de este papiro a las Helé nicas de Oxirrinco . De la mism a opinión es Bearzot, C., “Il ‘papiro di Te ramene’ e le Elleniche di Os sirinco ”, en S. Bian chetti y M. R. Catau della (eds.), Atti del Co nvegno Le Elleni che di Ossirinc o a cinquanta anni dalla pub blicaz ione dei Frammenti Fioren tini 1949 -1999 ( Sileno 27), La Spezia, 2001, pp. 9-32. 90 Canfora, art. cit., (1990), p. 82. 102 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco Andrewes 91 , por su parte, retoma y critica la s tesis de Henrichs, al considerar un tanto inverosímil que un historiador c on una segunda y m ejor fuente sacara un reproche a Terámenes de un disc urso de Lisias, y sugiere que el papiro es parte de un panfleto en contestación a las palabras de Lisias contra Terám enes en su discurso Contra Eratóstenes , y no la obra de un gran historia dor del siglo IV. De modo parecido opina Harding 92 , que, dando visos de certeza a la te sis de Andrewes, plantea que la defensa de Terámenes com o un moderado, padr e de los Cinco Mil, habría surgido de sus propios partidarios y que Éforo se habría hecho eco de tal defensa, si bien el concepto del “mito de Terám enes” habría nacido realmente con Aristóteles y su Constitución de los aten ienses . Por el contrario, Sealey 93 no ve indicios de defensa de Terámenes en el fragmento, sino que, entroncando en cierto m odo con lo expuesto por Treu, cree más bien que el autor del texto del papiro no de ja ver su propia opinión respecto de lo acontecido y, en cierto modo, parece adoptar una posición am bigua hacia los hechos, por lo que afirm a que el auto r es un historiador que im pone la objetividad por encima de su opinión personal, por tant o, un autor muy alejado de un posible escritor de panfletos políticos y polémicos, en este caso, a favor de Terámenes; adem ás, al estudiar el cuarto fragmento de este papiro (r ecogido com o fragmento perdido en la edición de Youtie y Merkelbach), llega a la conclusión de que en él se narra la campaña que em prendió Pausanias contra Atenas en el año 403 a. C., por lo que el pa piro no podría ser un panfleto político en favor de Terám enes, sino una narración histórica, sin entra r a valorar la posible autoría del historiador de Oxirrinco. McKechnie y Kern 94 , que sí recogen la polémica a cerca de este último papiro, se decantan por no considerarlo parte de las Helénicas de Oxirrinco y, consiguientemente, no lo incluye n en su edición com entada. Sin embargo, el m ismo año que McKechnie y Kern, Canfora 95 opina que sí debería considerarse el papiro de Michigan como parte de las Helénica s de Oxirrinco , aunque sin aportar pruebas, bajo la asunción de que su autor es Teopompo. Por su parte, Pesely 96 , que sostuvo el carácter no histórico de la narración del papiro, planteó la posibilidad, bastante desacertada según otros investigadores 97 , de que 91 Andrewes, A., “Lysias and t he Theram enes papyrus”, ZP E 6 ( 1970), pp. 35 -38. 92 Harding, P., “ The Theram enes myth”, Phoe nix 28 (1974 ), pp. 1 01-111; concretamente pp. 107-109 . 93 Sealey, art. cit., (1975), pp. 279-288 . 94 McKechnie, P . R., y Kern, S. J., Helle nica Oxyrhync hia , Warminster, 1988 , pp. 6-7. 95 Canfora, L., “Eduard Meyer zwis che n Krati ppos und Theop omp”, QS 14 (198 8), n.º 27, pp. 93- 99; aquí pp. 94- 95. 96 Pesely, G. E., “The Origin and Value of the Theram enes Papyrus”, AHB 3 (1989) , pp. 29-3 5. 103 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco el texto perteneciera a Herm ipo de Esmirna, en concreto a la parte de su obra en la q ue dedicó tres libros a Isócrates y sus discíp ulos, donde se preocupa ba más del interés retórico que su círculo despertaba que en la contribución histórica que pudieran hacer estos autores. Breitenbach 98 se sumó a la polém ica de este papiro desde un punto de vista más filológico, ya que p arte del establecimiento de las c aracterística s del autor 99 a partir del texto; para Breitenbach el autor debería cumplir estas cinco condiciones: 1.º.- debió de desarrollar en su obra histórica la narración de la precedente Guerra del Peloponeso; 2.º.- no puede ser una fuente primaria, pues, a pesar de su buen conocimiento, se perm ite abreviaciones y falsificaciones; 3.º.- debió de oponerse a Terámenes amistosamente, evidentem ente sin ser hostil a la democracia ateniense; 4.º.- debió de incorporar a su obra histórica discursos en estilo directo; y 5.º.- escribe en un á tico bueno, pero austero. Definidas las cualidades historiográf icas del autor, a continuación Breitenbach las comparó con las de cuatro posibles candidatos 100 el autor de las Helénicas de Oxirrinco , Cratipo –identificados estos dos pr imeros como el mismo historiador-, Teopompo o Éforo, llegando a la conclusión de que el autor del papiro es este últim o, eso sí, con reservas, por cuanto no cree que hay argumentos definitivos. Por su parte, Bearzot 101 analizó la vinculación que la tradición de la figura de Terámenes en el proceso de Eratóstenes y co n este p apiro; la i nvestigadora italiana concluye que el papiro pertenece a una obra eminentem ente histórica que narraba hechos del año 404 a. C. con una moderada orientación filo-terameniana y con una buena información de los hechos, de los que se muestra próxim a. Respecto de las tesis de Henrichs y Andrewes, la profesora Bearzo t cree que el argum ent o de la dependencia del papiro respecto de Lisias es poco c onvincente, pues, aunque entre ambos haya una 97 Engels, J., “Der Michig an-Papyru s über Theramenes und die Au sbildung des 'Theramenes-Mytho s'”, ZPE 99 ( 1993), p p. 125- 155; en c oncreto, pp. 1 37-139; y Bearzot , art. cit., (2001), pp. 11- 13. 98 Breitenbach , art. cit., (1989), pp. 121-135 . 99 Según Breitenbach, art. cit., (1989), p p. 128-129 . 100 Breitenbach , art. cit., (1989), pp. 129-135 . 101 Bearzot, C. , “Per una nuova imm agine di Teram ene P. Mich. 5982 e il process o di Eratostenes”, en M. Sordi (ed.), L’immagine dell’u omo político: vita pubb lica e mora le nell’antiq uitá ( CI SA 17), Milán, 19 91, pp. 65-87 , y art. cit ., (2001), pp. 9-32. 104 Segunda Parte. Estado de la C uestión: Los papi ros de las Helénicas de Oxir rinco en esta localidad de Egipto un interés –podemos calificarlo de propio de un anticuario- por conseguir y conservar perpetuada la c ontinuación de la obra del historiador de Atenas, de manera que se conservan rest os de Jenofonte, uno de los reconocidos continuadores de aquél, y fragmentos en varias copias de ot ra continuación no tan famosa, desde el momento en que no se ha conservado nada de la m i sma más allá de Oxirrinco y de las que no tenemos noticias –pue s, ni siquiera si se la adjudicáramos a uno de los posibles candidatos a la autoría ( cf . infra , pp. 110-198) acum ularíamos gran información sobre dicha obra. De la rareza que las Helénicas de Oxirrinco debieron suponer ya en aquella época en Egipto puede que nazca la preocupaci ón por conservar la obr a a toda cos ta; de ahí las constantes copias en un intervalo inferior al de dos siglos, tanto en el verso como en el recto de papiros. Lo que desgraciad amente no podrem os dibujar con lo conservado será la línea de parentesco entr e las copias; no podemos resolver cuál sería el texto a partir del cual se derivan las copias; de dónde procedería; si se copiaron a partir de un original o de una copia; si proceden o no de un único ejemplar y todas las copias existentes lo son de una mism a copia; si la más m oderna es copia sucesiva de la anterior de modo que P. Oxy. 842 es una c opia de PSI XIII 1304, que a su vez es copia de P. Cairo temp. inv. no. 26/6/27/1-35 –y esto sin considerar los papiros P. Oxy. 302 y P. Oxy. 1365, pues habría que analizar cómo se insertarían en la línea temporal de las copias-; por último, en caso de que no proc edan de un único ejem plar, también habría que responder a cuántos se rían los modelos y cuáles derivarían de cada uno. 111 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco II.- La autoría de las Helénicas de Oxirrinco Cuando comenzamos la redacción de es te capítulo hacia 1999, no había sido publicado todavía el artículo de Schepens 113 en el que refería que el estudio metodológico de la cuestión de la autoría de las Helénicas de Oxirrinco debía com binar Quellenforschung y Sachkritik , es decir, analizar compar ativam ente los testimonios y fragmentos de los historiadores candidatos en estrecha conex ión con el contenido de la propia obra histórica anónima, de manera que cada capítulo de la obra y cada fragm ento o testimonio de un candidato sea analizado en función del conjunto de la obra o del correspondiente corpus , y, evidentemente, vice versa . Sin duda, ese era el camino a seguir para poder adentrarnos en este complicado “ puzzle ” en el que la mayoría de las piezas, tanto las relativas a los candidatos a la autoría como las relativas a la ob ra fragmentaria, están desaparecidas. 1.º.- Las características de l historiador de Oxirrinco Sin duda alguna la cuestión que más ríos de tinta ha hecho correr respecto de las Helénicas de Oxirrinco es la de su autoría, die Verfassungsfrage , como se la denomina tradiciona lmente en la crítica a leman a. Pocos han sido lo s estudiosos que han abordado la investigación acerca de las m ismas y se han podido sustra er de entrar en el desarrollo de hipóte sis o en valoraciones o críticas, tanto positivas co mo negativas, a propósito de su posible autor. En lo que la inmensa m ayoría sí están de acuerdo es en el hecho de que la condición primaria para que un historiador pue da ser identificado con el autor de las Helénicas de Oxirrinco es que su obra debe ser una continuación de Tucídides en una escala muy elaborad a en el siglo IV a. C. 114 . A ello habrá que añadir que la cronología relativa a la vida y a la composición de las obras de los candidatos a la autoría debería ser compatible con la cronología que de la pr opia obra se deduce para el historiador de Oxirrinco 115 . Finalmente, tam bién parece existi r un consenso entre los estudios os respecto al hecho de que el autor de las Helénicas de Oxirrinco es fuente principal para Éforo en el período de la hi storia para el que Tucídi des ya no era disponible. 113 Schepe ns, art. cit., (2 001), pp. 2 01-224. 114 Grenfell y Hun t, art. cit., (190 8), p. 127. 115 Wal ke r, op. ci t ., pp. 27-29, i ndica que en el trat amient o de la autoría de esta obra se ha partido de u n razonam iento deductivo que asume a pri ori ciertas prem isas para definir algunas de las características del historia dor de Oxi rrinco; con algunas de las premi sas planteadas ya desde la editio princep s de la obra no está de acue rdo, de ahí su re visión de l as candiatu ras propue stas, así co mo la defen sa de la ca ndidatura d e Éforo ( cf . infra , pp. 174 -188). 112 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco Grenfell y Hunt ya en la editio princeps , para citar de una m anera breve al historiador, en un principio anónimo, cuya obra les había aparecido fragm entada, le dieron el nombre de P, a partir de la denominación de “autor del papiro”, a partir de la inicial de esta últim a palabra –en realidad, sería lo m i smo que si lo hubieran llamado X; también a lo largo de estos años ha si do f recuente llamarlo “el historiador de Oxirrinco”. Por todo ello, a lo largo del pr esente capítulo que pr etende despejar la ecuación de la autoría, será frecuente encont rar la indicación de P para llam ar al autor de las Helenicas de Oxirrinco del modo m ás abreviado posible. Creemos necesario, antes de establecer un estad o de la cuestión de la mism a, exponer las características de P para poder en trar en la valoración de las distintas hipótesis de autoría, al esta blecer com paraciones entre las ca racterísticas de P y las de los distintos candidatos. Por ello, a continuación se exponen los rasgos peculiares de P como historiador y com o escritor 116 . Por un lado, las características de P como historiador se definen a la som b ra del modelo de Tucídides, evidenciándose a un di scípulo disciplinado, que imita fielmente el modelo sin alcanzar el manejo soberano del m étodo que el maestro había alcanzado; los rasgos principales de P como historiador serían los siguientes: 1.º.- En su narración histórica la distribución del material se hace siguiendo el sistema cronológi co tucidídeo, las famosas diaire v sei" , tratando los acontecimientos por años, dividiendo éstos kata ; qe v rh kai; ceimw ` na" . 2.º.- Se deja ver en P una inclin ación a interr umpi r su n arración por medio de excursus o digresiones para describir circuns tancias o abordar la prehistoria o la motivación del corres pondiente hecho; estos excursus se suelen encuadrar con frases introductorias y con mayor frecuencia con frases concluyentes 117 ; a ello hay que añadir las remisiones a p asajes de Tucídides ( Hel. Oxy. V 40) o propios ( Hel. Oxy. X 4 63-64 y XX 1 407). 3.º.- Hace uso en ocasiones aisladas de noticias geográfico- topográficas 118 . 116 Los rasgos que aq uí se hallan recogi dos proce den de Meyer, Ed. , op . cit ., (1909); Judeich, W., “Theopom ps Hellenika ”, RhM N F 66 ( 1911), pp. 9 4-139; Blo ch, art. cit ., pp. 303-3 41; Bruce, I. A. F., An historical commentary o n the Helleni ca Oxyrhync hia, Cam bridge, 1967; y Brei tenbach, art. cit ., (1970), cols. 383-425 . 117 Breitenbach, art. cit., (1970), col. 405, ofrece un esquema de dos grandes excursus , el pri mero sobr e el ambiente hostil de las poten cias griegas contra Esparta ( Hel. Oxy . IX-X 1-71) y el segundo acerca de los beocios, incluyendo la g uerra entre focenses y locrio s ( Hel. Oxy . XIX-X XI 369 -528) . Ambos excursus c oncluyen c on una f rase que i ndica el final del m ismo. 118 Así se encuentra una noticia sobre el rí o Meandro ( Hel. Oxy. XV 3-4, 218-231) y otra so bre la regi ón de Capadocia ( Hel. Oxy. XXV 4, 765 -773) . 113 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco 4.º.- P m uestra una arra igada tendencia a localizar las causas profundas; la investigación de la causalidad y d e la motiv ación, a v eces asociadas a un boulo v meno" para medidas especiales 119 , va unida a un intento por ev itar la tom a de posiciones personales 120 . 5.º.- Com o se intuye de lo indicado en el apartado anterior, la narración de P manifiesta una gran preocupación po r la obje tividad e im parcialidad en el tratamiento de los hechos. 6.º.- Su obra parece reflejar unas fuen tes semejantes a las de Tucídides, es decir, fuentes que a partir de su propia au j toyi va le han proporcionado ricos informes sobre ciertas particularidades 121 . Su narración puede catalogarse de fuente prim aria, pues no parece que se base en fuentes literari as, sino en su propia experiencia y en la información obtenida de testigos de prim era mano. Incluso en alguna ocasión el conocimiento de un dato parece proceder de la au j toyi va del propio autor 122 . 7.º.- Parece que P se apartó de la utilización de discursos en su propia obra 123 . 8.º.- A lo largo de la obra se pue de ver que P presenta una narración completam ente alejada de la de Jenofonte 124 . 9.º.- Se esfuerza por diferenciar en la narración, com o Tucídides, entre pro v fasi" y ai j ti va , con agudeza de juicio al elegir la parte importarte de los hechos en su narración concentrada 125 . 10.º.- P se abstiene de comentarios, observaciones y juicios no sólo sobre las personas, sino también sobre los hechos; de igual modo, no se puede rastrear en él ningún atisbo de moralismo 126 . 119 Breitenbach, art. cit., (1970) , col. 406, cita estos pasaj es: Hel. Oxy . XII 1; 92, XVI 267; XVIII 1, 33 8- 339 y 344; XXI 1, 463; XXII 1, 5 33; XXI II 4, 614; XXIV 1, 6 49 y 2, 663 . 120 Con todo, no logra hacerlo en todos los casos y aparecen pasajes en los que se m uestra una tendencia favorable a determinados p ersonajes o partido s políticos: hacia lo s ej pieikei `" kai ; th ;n ou j si v an e[ conte" en la narración de la política in terior de Atenas ( Hel. Oxy. IX 3, 19), en favor de Conó n en el episodio de la revuelta de l os rodios ( Hel. Oxy. XVIII 335-368) y en favor de los pro- lacedemonios en la po lítica interior de Tebas ( Hel. Oxy. XX 406- 460). 121 Entre otros, pasajes que parecen dem ostrar este h echo s erían: el episodio de la traición del mindi o ( Hel. Oxy. VI 2, 46 -57), la revolución de los rodios ( Hel. Oxy. XVIII 335-3 68) y el motín d e los chipriotas ( Hel. Oxy. XX III 564- 644). 122 El episodio que describe el mobiliario de las casas del Ática parece i ndicar un conocimiento directo de P ( Hel. Oxy. XX 4-5, 4 41-458). Así lo cree, por ejem plo, Schepens, G., “L ’apogée de l’ arc h é spartiate comme époque hist orique dans l ’histori ographie g recque du dé but du IV e s. av. J.C.”, AncSoc 24 (1 993), pp. 169-204 ; aqu í p. 176, no ta 20. 123 Cf . supra , pp. 79-111, el capí tulo acerca del núm ero de copias existente de las Helénicas de Oxirrinco y la cuestión del papiro de Michigan. Para Bruce, op. cit. p. 19, en gran parte, l o que en Tucídi des eran discursos, en P ha sido su stituido por d igresiones. 124 Meyer, op. cit. , pp. 121-122. 125 Müller, R., “A bfassugsor t und -zeit der Hellenica Oxy rhynchia als Krit erion für die Verfasserf rage”, Miscellanea critica. Aus Anlass d es 150jährigen Bestehens … B. G. Teubn er , Leipzig, 1964, pp. 151- 161; aquí pp. 156 -157. 114 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco Por otro lado, los rasgos individualiza dores de P como escrito r, en marcada oposición a las de su modelo Tucídides, son: 1.º.- La lengua que utiliza P en su composición es un ático puro y sencillo, sin utilizar térmi nos dialectales ni poéticos. 2.º.- Su estilo no está influenciado por la re tórica, sino que está marcad o por una aj fe v leia sin ca v ri" ; la simplicidad de su dicción y la claridad de la expresión son características muy relevantes en su estilo 127 . 3.º.- Procura constantemente evitar el hiato, en ocasiones a costa de extrañas posiciones de las palabras 128 . 4.º.- P inserta algunas pala bras raras o poco frecuentes 129 y muestra una particular predilección por otras 130 . 5.º.- Sintácticamente, sus frases s on sencillas: utiliza frecuentemente construcciones de participi o, sobre todo, con valor temporal , y subordinadas claram e nte ordenadas sin com plicación de frases. 6.º.- Rehúye en gran medi da las figuras estilísticas 131 y no hay clímax dramáticos, excepto en el pasaje del motín de los rodios ( Hel. Oxy. XVIII 335-368). La proposición de una candidatura para la autoría de las Helénicas de Oxirrinco debería incluir una equipa ración de las característi cas del candidato con las de P, requisito que en muchas ocasiones no se ha producido y ha llevado a propuestas y 126 Bruce, op. cit ., p. 9; completa este punto Piccirilli, L., “Quale prospettiva politica dello storico di Ossirinco”, en S. Bianchetti y M. R. Catau della (eds.), Atti del Con vegno Le Elleniche di Ossirinco a cinquant a anni dalla pubblica zione dei Frammenti Fioren tini 1949-19 99 ( Sileno 27), La Spezia, 2001, pp. 193-200. 127 Para Bruce, op. cit. , pp. 18-19, la po sible razón po r la qu e P fue p asado por alto por los críticos antiguos es su alejamiento de la retórica en su narración. 128 Sin em bargo, no l o logra siem pre: Hel. Oxy. IX 1, 4; X 5, 70 -71; XV 1, 2 06-207 y 2 , 213; XVI II 2, 356; XI X 4, 398-4 00; XXII 2, 540- 541; XX III 5, 616 y 6, 6 34. 129 Los térm inos más extraños que a parecen son: aJ dro v" ( Hel. Oxy . XII 1, 84), ai j gialo v" ( Hel. Oxy . XXIII 5, 629), aj ke v raio" ( Hel. Oxy . XXIV 5, 719) , dh / ou `n ( Hel. Oxy . X XI 4, 492 y XX IV 1, 660) , dekanai ?a ( Hel. Oxy . VIII 3, 99), kaqai v rein en el sentido de “m archar” ( Hel. Oxy . XXI V 1, 651), lehlatei `n ( Hel. Oxy . XXIV 1 , 652 y XX IV 5, 71 4 y 718-7 19), misqodotei `n ( Hel. Oxy . XXII 2, 537), paraqalatti v dio" ( Hel. Oxy . XXV 3, 7 48), pentanai ?a ( Hel. Oxy . X 4, 59). 130 Bruce, op. cit. , p. 19, recoge estas palabras predilectas de P: tunca v nein con pa rticipio (once veces: Hel. Oxy. I 1, 6 ; IV 2 , 18-1 9; X 2, 35 y 3, 53-54 ; XI 1, 75; XI I 1, 89 ; XIX 1 , 372-3 73; XX 1, 406-4 08; XXI 3, 483-4 84; XXI I 2, 535-536 ; XXIII 3, 585-586 ), ej pakolouqei `n y ej piceirei `n (cinco veces cada una: para ej pakolouqei `n Hel. Oxy. IV 1, 7; XIV 3, 133, 4 18 0 y 6, 189; XV 2, 213; para ej piceirei `n : Hel. Oxy. XI 2, 77; XIV 5, 18 1; XVIII 1, 341; XXI 2, 476 y 5, 513- 514), kataba v llein (cuatr o veces: Hel. Oxy. IV 1, 8-9; IX 2, 11; XIV 6, 192; XX IV 2, 668) y paroxu v nein (tres veces: Hel. Oxy. X 2 , 34; XXI 3, 4 89 y 4, 507). Además, cf . supra , p. 114, también utiliza con frecu encia boulo v meno" (nueve veces) y, como indican M cKechnie y Kern, o p. cit. , p. 6, kal ou v meno" (al menos ocho veces: Hel. Oxy. I 1, 10; VII 68; XV 4, 229-230; XXI 2, 479; XXIV 1, 654 y 2, 661 y 67 4; XXV 3, 749), lo que se podria denominar expresiones propias de un cierto manieris mo de P. 131 Bruce, op. cit. , p. 19, señala el uso de antítesis (en la descripción de la situación política interna de Tebas y el contrast e entre los dos parti dos rivales; Hel. Ox y. XX-XXI 406 -528), la regularid ad en el uso de la correlación me vn ... de v a lo largo de toda la o bra y el frecuen te uso de la lítotes ( Hel. Oxy. IX 1, 2; IX 3, 23-2 4; XXI I 3, 55 3; XX III 3, 5 89-560) . 115 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco argumentos que han sido desarrollados, en unos casos, perdiendo de vista en gran medida estas características de P y, en otros casos, pretendiendo amoldar las peculiaridades de los autores a las caracterís ticas de P o modificar las de aquéllos para lograr una equiparación con las de P. Una vez expuestos sus rasgos principale s y antes de entrar en el estudio pormenorizado de las distintas candidaturas a la autoría de P, hemos querido insertar y continuar el cuadro que hasta el año 1939 había elaborado el profesor Bloch 132 en el que se exponían cronológicamente el listado de estudiosos a favor y en contra de la autoría de Teopompo, Cratipo, Éforo y otros posibles candidatos, resp ectivam ente. Si lo hemos hecho así es porque resulta muy fácil ve r cómo han evolucionado las distintas candidaturas y, a su vez , facilita la consulta d e las obras que tratan la c uestión de la autoría y permite conocer a qué candidato han ido apoyando los expertos en la mat er i a 133 . Se podrá comprobar que existe un número apreciable de autores que, sobre todo hasta antes de la publicación del artículo de Bloch y la de los papiros de Florencia, cambiaron de opinión, por lo que defienden m ás de una postura a lo largo de su vida 134 . Además de los artículos y libros que desde esa fecha hasta hoy en día han tratado la cuestión, hemos añadido alguna referencia proc edente de manuales de literatura y de historiografía griegas para ver cómo tratan la problemática estas obras generales. Con todo, el valor de los artículos y libros de los autores incluidos en dicho cuadro 135 no e s igual para todos, pues en muchos casos s on recensiones o pequeñas notas dentro de obras generales en las que sólo se lim itan a inclinarse por una u otra hipótesis sin aportar nuevos argumentos. Después del cuadro de las distin tas candidaturas pa ra la autoría de las Helénicas de Oxirrinco pasarem os a tratar cada una de ellas m ás pormenorizadamente, pero no por igual; debido a que hay candidatu ras que sólo han sido defendidas por un número m uy reducido de investigadores y han sido rechazadas unánim emente, no haremos un desarrollo exhaustivo de los argum en tos a favor y en contra de las mismas - nos referimos a las candidaturas de Anaxím en es, Démaco y Androción. Por otro lado, de las tres grandes candidatu ras, la de Éforo está aba ndonada hace décad as, pero la 132 Bloch, art. cit. , pp. 306-307. 133 Chambers, op. cit. , pp. XXV II-XLI V, en la bib liografía ha in cluido una nota entre parén tesis para cada artículo o libro que trata la autoría de e sta obra en l a que se i ndica en favor o en con tra de quié n está cada estudi oso. 134 Estos investigador es son: Gren fell, Hunt, W ilamowitz, W alker, Schw artz, Jacoby, Cavaig nac, Münsche r, Aly y C anfora. Se gún indica Pe sely, G. E., “Socrates’ Att empt to Save T heram enes”, AHB 2 (1998), p. 3 1, nota 1, el profesor Bl och le i nform ó en una carta de que po r entonces y a estaba conve ncido de que el autor de la s Helé nicas de Oxirrinc o era Cratipo. 135 En dicho cuadro aparecen e ntre paréntesis el nom bre de un estudioso c uando este no ha afirma do su juicio a fa vor o en contra de u no de los candi datos, pero sus razo nami entos dejan bastant e claro s u postura. C on signo de i nterrogaci ón aparecen l os investi gadores que t ienen duda respecto de la autoría. 116 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco estrecha vinculación entre la narración de P y la de Éforo hace necesario un desarrollo mayor que en los casos anteriores. La s candidaturas de Teopompo y de Cratipo nacieron con la publicación del papiro londinense en 1908 y todavía siguen vigentes hoy en día, aunque con suerte di spar; por ello, las desarrollar em os por extenso. En estas tres grandes candidaturas hemos insertado un cuadro de los argum ent os a favor y de los argumentos en contra de cada uno de los tres candidatos para facilita r la equiparación de los argumentos positivos con el de los negativos. Por último, la candida tura de un autor anónimo o m ás exactamente desconocido para nos otros, por cuanto el anonim ato podría haber sido una elección voluntaria del propio au tor (así en los cuadros sucesivos y a lo largo del estudio sería más correcto pens ar en un autor desconocido que un autor anónimo), al basarse en la negación de la s demás candidatu ras y no poder establecer una equiparación con un fantasma o una som bra, como se ha llegado a decir, la expondremos brevem ente. 117 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco Pro Teopompo Pro Cratipo Pro Éforo Otras Propuestas Contra Teopompo Contra Cratipo Contra Éforo 1908 Grenfell-Hunt Meyer Wilamowitz Busolt Weil Wilcken Lefèbvre Blass Costanzi Duttenberger Goligher Von Mess Reinach Schmid Verall Walke r Androción De Sanctis Anónimo Fuhr Underhill (Grenfell- Hunt) Crönert (De Sanctis) (Rhys Roberts) Schwartz (Underhill) (Walker) (Von Mess) (Underhill) (Walker) (Crönert) (Underhill) 1909 Mey er Schwartz Seyf fert Bury Jacoby ? Reuss (Jacoby) Benedetto (Meyer) (Schwartz) 1910 Busolt Drerup Kahrstedt Swoboda Wendland Bauer Dugas Franz 1911 (Beloch) Judeich Anónimo Peter Judeich Laqueur 1912 Cavaignac Wendland Wilamowitz Beloch Lehmann- Haupt (Maas) Pareti Schmid Anónimo (Lehmann- Haupt) (Lehmann- Haupt) Maas Pareti (Pareti) 1913 Cavaignac Körte Swoboda Opitz Walker Anónimo Rühl Bauer Kalischek Rühl Jacoby 1914 Lehmann- Haupt Lins Von Mess Gelzer Von Mess 1915 Lipsius (Lipsius) (Lipsius) 1916 Lipsius Keil (Keil) 1917 Kalinka Körte Gelzer Lipsius 1918 Schubart Schubart 1919 Meyer Lenschau Lipsius Müscher Haussoullier Grenfell Haussoullier Schwartz (Lipsius) 1920 Busolt Howald Münscher Münscher 1921 Walk er Anónimo Castiglioni (Walker) (Walker) 1922 Hunt Kenyon Anónimo Otto Jacoby 1923 Beloch 1924 Körte Pohlenz Démaco Jacoby 1925 Aly Geffken 1926 Démaco Jacoby Otto Anónimo Wilamowitz Jacoby 1927 Prentice Aly Kalinka Körte Cavaignac 118 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco Pro Teopompo Pro Cratipo Pro Éforo Otras Propuestas Contra Teopompo Contra Cratipo Contra Éforo 1928 Schwartz Démaco Münscher Anónimo Hardy De Sanctis Castiglioni (De Sanctis) (Castiglioni) De Sanctis 1931 Pareti Androción De Sanctis Momigliano Momigliano 1932 Cavaignac 1933 Drerup? Cornelius Winter 1934 Laqueur 1935 Barber 1936 Glotz Car y Treves 1937 Schwartz Treves 1938 Schwartz ( cf . 1928) Accame 1939 Stier ( cf . Meyer 1909) Coppola Shotwell 1940 Anónimo Bloch (Bloch) (Bloch) (Bloch) 1945 Anónimo Gomme 1949 Démaco Jacoby Anónimo Gigante 1950 Maas Démaco Jabocy Jacoby Jacoby Jacoby 1952 Anónimo Pack 1954 Griffith? Démaco Griffith? Anónimo Gomme 1957 Anónimo Weaver Weaver Weaver Weaver 1959 Bartoletti 1960 Anónimo Westlake 1961 Gabba 1963 Anónimo Lesky 1964 Müller ? 1967 Bruce ? Bruce Bruce 1968 Schindel Griffith ? Griffith Griffith 1970 Breitenbach Treu Pédech ? Anónimo Cánfora Luschnat Pédech Breitenbach Luschnat Bruce Canfora Pédech Breitenbach Luschnat 1971 Anónimo Alberich y Carramiñana 1972 Lehmann Anónimo Canfora 1973 Anónimo Bonamente Brown 1974 Canfora 1975 Momigliano? 1976 Koenen Lehmann 1977 Lehmann Lehmann (Schepens) 119 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco Pro Teopompo Pro Cratipo Pro Éforo Otras Propuestas Contra Teopompo Contra Cratipo Contra Éforo 1978 Lehmann Accame 1980 Ruschenbusch 1982 Ruschenbusch 1983 Hornblower? Historiador beocio ( Démaco ?) Hornblower 1984 Lehmann 1985 Pese ly Anónimo Connor Pesely 1986 Lane Fox 1987 Harding Harding Harding 1988 Canfora Mckechnie- Kern Cartledge ? Pesely Anónimo Lens Tuero Mckechnie- Kern Mckechnie- Kern 1989 Breitenbach Meister Pédech 1990 Canfora Meister 1991 Shrimpton Bearzot Anónimo ? Will Shrimpton 1992 Lendle 1993 Rebuffat Chambers Schepens Anónimo Tuplin 1994 Pesely M. Cataude lla Hornblower? Historiador beocio ( Démaco ?) Hornblower Pesely 1996 Kloss 1997 Anónimo Schmitt Flower 1998 Anónimo Vela 1999 Grigolon Anna 2001 Sordi Bearzot Bianchetti Cataldi M. Cataude lla Galvagno Schepens Gómez Espelosín Démaco Mossé Anónimo Piccirilli 2004 Sancho Rocher 2005 Behrwald ? 120 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco 6.º.- La culpa que Polibio (en T 32) 162 achaca a Teopompo com o un defecto que tenía en co mún con Éforo y Tim eo por su falta de conocimiento a la hora de describir batallas iría en concordancia con el carácter sospechosamente convencional de la narración de dos emboscadas por parte de P en Hel. Oxy . XIV 4-6, 168-199, y XXIV 2, 673-690. 7.º. Las coincidencias lingüísticas tam bién pueden ser una evidencia directa para la indentificación de P c on Teopompo; entre ellas existen algunas coincidencias que se pu eden catalogar com o llamativas: utilización de la construcción tugca v nein más participio ( Hel. Oxy. I 1, 6; X 2, 35 y 3, 53- 54; XI 1, 75; XIX 1, 372- 373; XX 1, 406-408; XXI 3, 483-484; XXII 2, 535-536; XXIII 3, 85-586), el verbo paroxu v nein ( Hel. Oxy. X 2, 34; XXI 3, 489 y 4, 507), la expresión cwri v on … kateskeuasme v nwn kalw `" ( Hel. Oxy. XXIV 6, 720-721) 163 ; el adjetivo toponímico ∆Akrai v fnion ( Hel. Oxy. XIX 3, 395). Quizás la concorda ncia más significativa sea la aparición del verbo kata`rai (más concretam ente la forma kath ` ren ; Hel. Oxy. XXIV 1, 651 y quizás en XVI 2, 276) en el raro sentido de ej lqei `n , un uso que está atribuido a Teopompo por un gramático en Antiático 86, 16, Bekk., Anec . 104-15 (F 265) 164 , y es posible que este pasaje en P f uese la autori dad del gramático. Otra coincidencia valiosa entre P y Teopompo está en la conexión con la forma Karpaseu v" ( Hel. Oxy. XXIII 1, 570, 23, 2, 582 y 587), form a utilizada bien con un matiz despectivo o bien por desconocimiento o anonim ato del nombre del cabecilla elegido abiertam ente por l os remeros rebeldes y los soldados co mo estr atego, que fue ajusticiado finalmente por Conón. 8.º.- Una coincidencia narrativa se observa en tre el pasaje de la descripción por parte de Teopompo de Mesogis y Celenas (F 391) con el de Hel. Oxy. XV 3-4, 217-231 y la de Parapótamos por parte de Teopom po (F 385) 165 con Hel. Oxy. XXI 5, 511-514. Chambers 166 , a partir de las cartas enviadas a Ed. Meyer por Busolt, traducción es: “Así pues, Duris de Sam os, en el primer libro de sus Hist orias dice así: «Éforo y Teopom po dejaro n aparte m uchos de los a contecim ientos, pues ni participaron de ni nguna im itación ni del placer en el instru ir, sino sola mente se preocuparon por escribir»”. 162 Polibio XII 2 5 f 6, en refere ncia a la deficiencia de Éfor o en la desc ripció n de batal las terrestre s), dice: to ; d∆ au j to ; sumbai v nei kai ; Qeopo v mpwi kai ; ma v lista Timai v wi . La traducción en Polibio, Historias (Libr os V-XV), ( traducción y notas de M. Balasch Recor t), Madrid , 1981, p. 509, es: “Algo análog o ocurre a Teopom po, y principal ment e a Time o”. 163 En el papiro londine n se, según pa rece, hay un error del copista, pues no aparece la expresión tal cual, sino que se en cu entra un kakw `" , claramente en lugar del kalw `" espe rado para esta construcción ( cf . Grenfell-Hunt, editio prin ceps , p. 131). 164 El breve fra gmento 265 se lim ita a decir: kata ` rai: ajnti; tou ` ej lqei ` n. Qeo v mpompo" . Nuestra traducción dice: “ kata `rai : en lugar de ej lqei `n . Teop ompo”. 165 No vam os a reproduci r ambos fra gmentos de Teopom po por su lar ga extensió n. Los dos f ragm entos proceden de Estrabón, el F 3 85 proce de de IX 3, 16, y el F 391, de XIII 4, 12. 166 Esta parte del argumento está expuesta en Cham bers, M. H., Georg Busolt : His Life and his Letters , Leiden, 1990, pp. 165-167, si bien la hemos extraí do de Cham bers, op. cit ., pp. XX-XX I. 127 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco en concreto una de fecha 18-5-1909, indica que este últim o citó como testimonio una Vida de Tucídides 5, de un autor anónimo, para pr obar que Teopompo fue el autor, partiendo de la siguiente noticia: Tucídides (VIII 103-106) narró la prim era batalla en Cinosema y el autor de esta vida de Tu cídides recuerda a pr opósito de ello que ta ; de ; meta ; tau ` ta ( sc . después de aquella primera batalla) eJ te v roi" gra v fein kate v lipe , Xenofw ` nti kai; Qeopo v mpw / ... ou [ te ga ;r th ;n deu te vran naumaci v an th ;n peri ; Kuno ;" sh ` ma ( sc . e[ graye ), h{n Qeo v pompo" ei \ pen 167 . Tanto Jenofonte ( Helénicas I 1, 2-7) como Diodoro (XIII 45-46) describen otra batalla ju nto a Cinosema, pero la narración de Diodoro discrepa a duras pena s de aquélla de Jenofonte y sin duda llega a Diodoro a partir de Éforo, que leyó a P. Consecuente m ente, Busolt creyó que era necesario que P fuera Teopompo, ya que la Vida de Tucídides dice que incluso Teopompo describió esta otra batalla. 9.º- Busolt 168 plantea que en la ajetreada, apresurada e inestab le vida de Teopompo no se puede pensar que reuniera y clasificara laboriosamente el ingente material que le sirvió c omo base para la versión contradictoria de las narraciones de Jenofonte. Un material sem ejante y, casi si n excepción, en contradicción con Jenofonte difícilmente pudo proporcionarlo tam bién pa ra las expediciones de Agesilao. La transformación de una serie com pleta de datos jenofonteos, según Busolt, se basa en una invención arbitrar ia. Por lo dem ás, la exactitud de las narraciones qu e completan a Jenofonte es mayormente incontrolable. Al gunas son correctas, sin duda, y remiten a buenas fuentes. Respecto de ellas, Teopompo pudo obtener buena información sin esfuerzo por las estrechas relaciones de alianza que en la época de la guerra ex istían entre Quíos, Rodas y C aria. Naturalmente , no se puede comprobar cuánto añadió o modificó él mismo. Incluso Quíos estuvo en relación estrecha con Tebas por los planes marítim os de Epaminondas. Así se explicaría el interés de Teopompo en los beoc ios (recuérdese que la n arración de la Constituci ón Beocia es el episodio m ás valioso del conjunto cuya exactitud está confirmada pa rcialmente por Tucídides). En Teopompo, como en Éf oro, existen capítulo s de gran valo r junto a otros de escaso valor. A co lación de esto, Meyer 169 indica que, debido a que el lapsus de tiempo que tuvo Teopompo para componer las Helénicas , si realm e nte P es Teopompo, fu e corto, esto hizo que tuviera que escribirlas rápidamente, de ahí el tipo y tono desenvuelto de su narración, sin ponderar cuidadosamente cada palabra y cada expresión, sin una narración pulida. 167 Nuestra tradu cción del pasa je de la Vida de Tucí dides 5, es: “Y des pués de estas cosas, a ambos, a Jenofonte y a Teo pompo, le s pareció bi en detener la narración… pues no escribió la segunda bata lla naval de Cinosem a, que Teopom po sí narró”. 168 Busolt, art. cit ., (1908), pp. 283-284; creemos que este ar gumento positivo para la identificación de P con Teopom po se contradice, si no total, sí parci alm ente, con el argum ento positivo número 2 e inclus o con el número 4. 169 Meyer, op. cit. , pp. 142-143. 128 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco 10.º.- El hecho de que en el siglo II d. C. se copiara una obra de historia de Grecia de tal extensión y significación hace im pensable que el autor de la obra sea desconocido y que la obra fuera copiada ento nces por primera vez; unido a ello que también la obra fue utilizada por autores com o Éforo, Polieno, Estrabón y Pausanias, lleva a concluir que una obra tan examinada sólo puede haber sido escrita por un autor famoso dentro de la literatura griega 170 , y, como parece bastan te seguro que Teopom po fuera leído todavía en Egipto a finales del siglo II d. C., si bien disfrutaban de mayor popularidad las Filíp icas que las H e lénicas , ese autor famoso es Teopompo. Viene a redundar en lo mismo el hecho de que Te opompo era uno de los autores favoritos de Plutarco y que era el m ás citado por el egipcio Ateneo. 11.º.- La estrecha relaci ón entre un pasaje ya cita do de Estrabón (XIII 4, 12) y Hel. Oxy. XV 4, 231, y la posibilidad vista por Wilcken 171 de completar una laguna de tamaño considerable m ediante la inserción de las pala bras del texto de Estrabón en la obra de P sirv e para confirmar la identificación con Teopom po, pues se da como segura la u tilización de éste por part e de Estrabón com o fuente de referencia. De un modo sem ejante se debería considerar 172 la correspondencia del pasaje de Estrabón IX 2, 24, y Hel. Oxy. XVIII 1, 336-338, acerca de Asopo. 12.º.- Busolt 173 caracteriza a Teopompo co mo un literato vanidoso y atento al efecto, sin prestar atención a la re alidad histó rica, que aspiraría realmente a superar con sus Helénicas , obra de juventud, las recién aparecidas Helénicas de Jenofonte. De ahí que constantemente las Helénicas de Teopompo, es decir, para Busolt las Helénicas de Oxirrinco , contradigan a Jenofonte co mo método de trabajo: “donde uno dice blanco, el otro negro, donde el uno ve una fácil operación, el otro ve una complicada estrategia”. En este sentido, la narración de Diodoro sigue a P, es decir, a Teopompo, según el estudioso alem án, puest o que no aporta el carácter de una tradición real, sino una construcción altame nte com plicada y artística. Se basa en suposiciones no históricas con maniobras im posibles; no deriva su narración del informe breve y fácil de Jenofonte, sino de una construcción extensa y em ocionante proyectada en oposición a él, creada arbitrar iamente, m anifestando simpatía por los espartanos ( cf . supra , argumento 1.º, p. 124) y desconocimiento de los h echos militares ( cf . supra , argumento 6.º, p. 127). 170 Underhill, G. E., “Theopompus (or Cratippus) Hellenica ”, JHS 28 (1908), pp. 277-290 171 Wilcke n, U., “Ein T heopom p fragm ent in den neue n Hellenika ”, Hermes 43 (1908), pp. 475-4 77. 172 En opinión de Meyer, op. cit. , pp. 129-130. 173 Busolt, art. cit., (1908), p. 284. 129 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco 13.º.- El ritmo de la lengua de los fragm entos, según Schubart 174 , se asemeja m ás al de la lengua de Teopompo que a la de Éforo. 14.º.- En opinión de Lehmann 175 , que ha resucitado la candidatura de Teopompo después de casi cincuenta años en los que esta idea había quedado rechazada casi por completo, Teopom po se encuentra en la escuela de Isócrates como discípulo en las décadas de los años 350 y 340 a.C, compuso y publicó una continuación de Tucídides, sus Helénicas , después de las de Jenofonte, pe ro con toda segu ridad antes del 343 a. C., lo que concordaría muy bien c on una de las fechas propuestas para las Helénicas de Oxirrinco , acabadas antes del 346. La base de este argum ento estriba en que la estimación de la fecha de nacim i ento de Teopompo no está bien fundada. Rebuffat 176 , no obstante, cree que no tiene por qu é haber un error en la datacion y argumenta que, si Teopompo ganó el certamen de la reina Artem isia en el año 352 a. C. con veinticinco años de edad, bien pudo acabar las Helénicas con treinta y dos años en el 346, puesto que, además y al parece r, sólo ejerció como escritor. 15.º.- La posibilidad de poner en cont acto cuatro citas de la obra histórica de Teopompo con el texto de las Helénicas de Oxirrinco ( cf . supra , argumentos 7.º y 8.º, pp. 127-128) y, en todo caso, lo asombroso de que se puedan poner en contacto la referencia a Tucídides de Hel. Oxy. V 1, 39-40, procedente del pa piro florentino, con el episodio de Pedárito narrado por Tucí dides y con un fragmento de Teopompo 177 , (F 8 una cita de Harpocración 178 ), hecho no tomado en consideración por la crítica moderna, suponen un buen argumento para la identific ación de P con Teopom po. El hecho de que en el año 411 a. C. estuviera movilizado en Quíos como harmosta el espartiata Pedárito, que murió allí en una batalla cont ra los atenienses, y que poco tiempo después se produjera en la isla una guerra civil en cuyo transcurso fueron expulsados los pro- lacedemonios -situación restablecida en el 40 9 por el espartiata Cratesípidas- ha sorprendido a Ruschenbusch 179 y le lleva a sugerir que casualmente Teopompo, un quiota desterrado, y el historiador de Oxirri nco, sin ninguna obligac ión objetiva, en la narración del período del año 409 en sus continuaciones de Tucídides (F 8 y Hel. Oxy. 179 Ruschenbusc h, E., “Theopom pea ajntipoliteuvesqai ”, ZPE 39 (1980), pp. 81 -90 y tambi én del mi smo su autor “Theopompea II: Theopo mpos als Quelle in Aristoteles AP ”, ZPE 45 (1982) , pp. 91-94. 174 Schubart, F., Einführun g in di e Papyrusk unde , Berlín, 1918, pp. 115-116. 175 Lehmann, G. A., “Di e Hell enika v on Oxyr hynchos und Isocrates’ Ph illippos ”, Historia 21 (1972) , pp. 385-398; la indicación procede de las pp. 395-396. 176 Rebuffat, art. cit. , p. 110. 177 Lehmann, art. cit., (197 2), p. 397 . 178 Harpocraci ón: Peda v rito": ∆Isokra v th" ejn tw `/ ∆Arcida v mw / tw `n ejk Lakedai v mono" ej kpemfqe v ntwn ej sti ;n ou | to", aJ rmosth ;" aj nh v r, tw `n gegono v twn kalw ` n, w{" fhsi Qeo v pompo" ejn b— ÔEllhnikw `n . Nuestra traducción del fragm ento 8 dice: “Pedárito: Isócrates e n el Arquídam o : es uno de los enviados por los lacedemonios; fue harmos ta , de buenos padres, com o afirma Teop ompo en el l ibro segun do de sus Helénicas ”. 130 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco V 1, 39-40) se ven en la necesidad de introduc ir en la mism a secuencia de los hechos una parecbasis en la historia local de Quíos con re ferencia ex presa al informe tucidídeo de la importancia de Ped árito en la isla. Rebuffat 180 recoge la validez de la prueba: para una obra que comienza su narración en el añ o 411 a. C., el año 409 muy bien puede ir en el libro II; en el caso de Teopompo el promedio de tiem po narrado por libro es de año y medio (resultado de dividir lo s diecisiete años narrados en sus Helénicas por los once o doce libros de que se com ponían), lo que hace casi definitivo que el año 409 entre en el libro II; por último, respecto de la colocación de la m ención de Pedárito, al no estar determinada por elem entos objetivos y ser de por sí extraña a la narración -es una digresión-, cuanto más arbitraria se pueda considerar, tanto menores son las posibilidades de que casualmente pueda estar en la misma posición en dos obras distintas. 16.º.- Un argumento de caráct er lingüístico expuesto por Ruschenbusch 181 se deduce a partir de que es conoc ida la existencia de una ser ie de términos que podríamos calificar de a{ pax atribuidos a Teopompo (sobre todo aj ntipoliteu v esqai, pero también ej xoiwni v zesqai , spoudav zw utilizado en sentido absoluto, brabeu v ein y el uso metafórico de metewriv zein ); todas las apariciones que del primer térm ino se producen en la literatur a griega están relac ionadas casi en su totalid ad con Teopompo o con temas tratados por Teopompo en citas de otros autores, entre ellos Diodoro. La prueba en favor de la identifi cación de Teopompo con P gira en torno al siguiente razonam iento: como estos térmi nos del vocabulario de Teopompo coinciden con Diodoro XIII, 65, q ue contiene el citado aj ntipoliteu v esqai y el pasaje de Diodoro coincide con la narración de Teopompo, y estos térm inos, por su escasez, no son propios del vocabulario de Diodor o, ni siquiera de la fuente de Diodoro, que es Éforo, la única manera de que estos términos hayan pasado a Diodoro es que hayan sido transmitidos por Éforo desde su fuente originar ia; como esta fuente es P y los términos son propios de Teopompo, éste es el autor de las Helénicas de Oxirrinco . De igual modo, en Diodoro XIII 64, aparecen metewriv zein y brabeu v ein , y coincide con lo narrado en el F 7 de Teopompo, una cita de Este ban de Bizancio 182 ; si se acepta a priori que Éforo y Diodoro utilizaron en la narración de estos episodios a Teopompo, se confirma esta condición por el uso d e estas palabras que pertenecen al vocabulario de 180 Rebuffat, art. cit. , pp. 118-119. 181 Ruschenbusch, art. cit., (1 980), p. 89. La lista de testi monios que da el autor alemán es larga y po r ello no vam os a reproducirl os aquí. 182 Esteban de Bi zancio: Cruso v poli" : ejn Biquni v ai plhsi v on Calkhdo v no" .... [ Eforo" k—g— .... kai ; Qeo v pompo" ejn a— ÔEllhnikw ` n: « aj nh v cqhsan ei j" Calkhdo v na kai ; Buza v ntion meta ; tou ` loipou ` strateu v mato" boulo v menoi Cruso v polin katascei `n ». Nuestra traduc ción de la cita de Esteban de Bizancio es: “Crisópo lis: en Bitinia, más grand e que Calcedón… Éforo libro vigésimo tercero … y Teopom po en el l ibro prim er o de las Helénicas : «penetraron hasta Calcedón y Bizancio con el resto del ejército, que riendo ocupa r Crisóp olis»“ . 131 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco Teopompo. Las coincidencias de vocabul ario y un razonam i ento semejante entre Teopompo y Aristóteles, Constituc ión de los Atenienses 34, 1, aseguran en definitiva también que Aristóteles siguió la m i sma fuente que Éforo y Diodoro, las Helénicas de Teopompo, pues la utilización de este a { pax lego v menon debe de proceder de Teopompo, pues el uso anormal de este vocablo por parte de Teopom po se demuestra por su F 4 183 , una entrada del Léxico de Suidas. 17.º.- La consideración de las Helénicas de Oxirrinco como una obra perteneciente a un tipo de narración objetiva, sin pretensiones y completam ente falta de retórica, modelo de a j fe v leia , pero sin ningún ca v ri" debería considerarse un error en opinión de Lehmann 184 , pues en los fragmentos se documenta claram ente una suficiente aspiración al rango de una obra artística de prosa de importancia, hecho que se demuestra en el cum plimiento de la máxima de la ev itación del hiato al precio en muchos casos de un orden de palabras arries gado. Esta máxim a ha sido estimada como una marca característica dentro de un a serie de au tores clásicos tardíos del siglo IV a. C. entre los que se incluye a Teopompo y a Isócrates. 18.º.- Lehmann 185 recoge una versión acer ca de la batalla de Egospótamos distinta d e la ofrecida por Jenofonte, transm itida por Diodoro XIII, siguiendo a Éforo y éste a su vez a su fuente para esta época, las Helénic as de Oxirinco , versión que después es recogida por Plutarco, Lisandro XIII, 1-2; en el informe de Plutarco se menciona w J" iJ storei ` Qeo v frasto" ; es sabido que Plutarco confunde a menudo a Teofrasto con Teopom po y éste parece ser un pasaje en los que se manifiesta tal confusión. Si la fuente de Éforo es P y la de Plutarco es Teopompo y los inform es de Éforo y Plutarco coinciden, P es Teopom po o cuando m enos P es la fuente de Teopompo. 19.º.- Para el cronógrafo de Diodoro (T 13) 186 , así como para Marcelino (T 15) 187 , sólo se conocen dos continuadores de Tucídides: evidentemente Jenofonte y 183 Suidas, Léxico : spouda v zw: ... ej pi ; de ; tou ` katepei v gomai Qeo v pompo" ejn ∆Epito mh `/ tw `n ÔHrodo v tou: ej pi ; de ; tou ` bou v lomai oJ au j to ;" ejn th `/ ∆Epitomh `/ . Tradu cimos la entrada de Suidas así: “ spouda v zw : con el sentido de ‘apresu rarse’ Teopompo lo utiliza en el Epítome de la s Historias de Heródoto ; en el sentido de ‘querer’ él m ismo en di cho Epítome ”. 184 Lehmann, art. cit., (198 4), pp. 33- 34. 185 Lehmann, art. cit., (198 4), pp. 43- 44. 186 Diodor o XIII, 42, 5. tw `n de ; suggrafe v wn Qoukidi v dh" me ;n th ;n iJ stori v an kate v strofe .... Xenofw `n de ; kai ; Qeo v pompo" aj f∆ w |n aj pe v lipe Qoukidi v dh" th ;n aj rch ;n pe poi v hntai: kai ; Xenofw `n me ;n perie v labe cro v non ej tw `n tessara v konta kai ; oj ktw v, Qeo v pompo " de ; ta ;" ÔEllhnika ;" pra v xei" dielqw ;n ej p∆ e[ th eJ ptakai v deka katalh vgei th ;n iJ stori v an ei j" th ;n peri ; Kni v don naumaci v an ejn bu v bloi" dw v deka . Nuestra traducción di ce: “De los hi storia dores, Tucí dides acabó la historia… Jenofo nte y Teopom po tomaron su inicio a part ir de do nde lo de jó Tucídides; y Jenofo nte lim itó el tiem po en cuarenta y ocho años, m ientras que Teopom po, tras complet ar sus Hist orias heléni cas en d iecisiete años, terminó la hi storia e n la batal la naval de C nido en d oce libros” . 132 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco Teopompo; puesto que las Helén icas de Oxirrinco sólo pueden proceder de la obra de un continuador de Tucídides que vivió en el siglo IV a. C., se hace necesario que Teopompo sea el único autor que puede reivindicar la autoría 188 . 20.º.- Un argumento aportado en el m ismo año por separado por dos investigadoras italianas s ugiere que la vinculación de Pompeyo Trogo con Teopompo en lo relativo al término Guerra de Decelia y la indicación de dicha guerra en esos términos en las Helén icas de Oxirrinco supondría la identificaci ón de P con Teopompo. Grigolon Anna 189 y Sordi 190 i ndica n un testi monio indirec to de Pompe yo Trogo, Historias Filípicas, prólogo al libro 5, que dice “ bellum ... quod Deceleicum vocatur ”; es sabido que las Historias Filípicas de Trogo se inspiraban sobre todo en las Filípic as teopompeas, de m anera que el término Dekeleiko ;" po v lemo" que recoge el historiador de Oxirrinco ( Hel. Oxy . X 3, 58, y XXII 2, 539) e Isócrates, Plataico 31 y Sobre la paz 37, concidirían con la denominación usada por Teopom po. b) Argumentos contrarios a la autoría de Teopompo Los argumentos en contra de la iden tificación de Teopompo con P tam bién son muy numerosos y contrarrestran en gran medida el valor de los argum entos favorables. Como en el caso anterior, se ha intent ado exponer los argumentos cronológicam ente. 1.º.- P y Teopom po están en de sacuerdo con el nombre del rey paflagonio 191 : P lo llama Gu v h" ( Hel. Oxy. XV 1, 732) y Teopom po lo llama Quv" (F 179) 192 ; Meyer elude esta objeción suponiendo una corrupción en el papiro, que no es muy fiable especialmente en los nombres pr opios. El nom bre no griego del rey también 187 Marcelino, Vida de Tucídi des 45: ajj pe v qane de ; ( sc . Qoukudi v dh" ) meta ; to ;n po v lemon to ;n Peloponnhsiako ;n .... suggra v fwn ta ; pra v gmata tou ` ei j kostou ` kai ; prw v tou ejniautou`: .... ta ; de ; tw `n a[ llwn e{x ej tw `n pra v gmata aj naplhroi ` o { te Qeo v pompo" kai ; oJ Xenofw ` n, oi |" suna vptei th ;n ÔEllhnikh ;n iJ stori v an . Nuestra traducción es: “( sc . Tucídides) m urió después de la Guerra del Peloponeso; tras escribir los he chos del año vi gésim o primero …, m ientras que los hecho s de los otros seis año s los comple taron Teop ompo y Jenofo nte, a los que añadie ron la Histori a helénica ”. 188 Canfora, art. c it ., (1988), pp. 93-99. 189 Grigol on Anna, C., “L’anonim o di Ossirinc o e il concetto di Guerra Deceleica”, RIL 133 (1999), pp . 359-364. 190 Sordi, M., “L’Anonimo di Ossirinco è un continuatore di Tu cidide?”, en S. Bianchetti y M. R. Cataudella (eds.), Atti del Convegno Le Elleniche di Ossirinco a cinqua nta anni dalla pub blicazi one dei Frammenti Fiorentini 1949 -1999 ( S ileno 27), La Spezia, 2001 , pp. 225-23 6; aquí pp. 227 -228. 191 Los cinco primeros argum entos en contra de la identificación de P co n Teopom po también vienen ofrecidos por Grenfe ll y Hunt, si bien fuer on expuestos por Meyer en la ed itio princep s . 192 Aten eo IV 25 p. 144 F: Qeo v pompo" d∆ ejn th `/ triakosth `/ kai ; pe v mpth / tw `n ÔIstoriw `n to ;n Paflago v nwn fhsi ; basile va Qu `n eJ kato ;n pa vnta parati vqesqai deipnou`nta ej pi ; th ;n tra vpezan aj po ; bow `n aj rxa v menon . La traducción en Ateneo, Banquete de los eruditos. Lib ros III-V (traducción y notas de L. R odríguez- Noriega Guillén), Madrid, 1998 , p. 188, dice: “Teopompo, a su vez, en el libro treinta y cinco de sus Histori as dice que cuando el rey Tis de Pafla g onia cenaba, se hac ía sirvir a la mesa un centenar de cada c osa, empezando por cabezas de vacunos” . 133 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco podría tener una difícil adapta ción a la lengua griega y de ahí que pueda haber diversas denominaciones en desacuerdo entre sí, en este caso entre la de P y la de Teopom po. 2.º.- Según Porfirio (F 21) 193 , Teopompo plagió en sus Helénicas las de Jenofonte. A pesar de lo fragmentario de las Helénicas de Oxirrinco , la total “negligencia” por parte de P respecto de Jenofonte en los fragmentos conservados parece invalidar que P tomara prestado de este autor cualquie r cosa. Por lo tanto, si P fuera Teopompo, la acusación general de plag io de Jenofonte proporcionada contra él por Porfirio debería, sin duda, ser rechazada, por lo cual sería preferible pensar que dicha acusación se deba a un mal entendido 194 . Puede dudarse si Porfirio posee mucho peso en la cuestión de la crítica literaria, pero su evidencia habla significativam ente en contra de la identific ación. También a colación de es te argum ento hay que indicar que Porfirio afirma que Teopom po, en relaci ón con el encuentro entre Agesilao y Farnabazo, cambió mucho de lo que está en la narración de Jenofonte y además para mal, cosa que no podemos decir de la narración de las Helénicas de Oxirrinco . 3.º.- La ausencia de discursos en P ofrece un punto de contraste con Teopompo, que, ciertam ente, los empleó, com o se muestra no sólo en la censura hecha contra él en com ún con Éforo y Anaxímenes por Plutarco, Obras morales 803b (T 33) 195 y por una cita de Porfirio (F 21) 196 , sino también por dos fragmentos de las Filípicas procedentes de Dídimo (F 164 y F 291) 197 . Quizá la falta de discursos en P sea un mero accidente, pues, como Meyer 198 indica, se podrían tomar pasajes de Tucídides y de Jenofonte tan largos co mo el fragm ento londinense de las Helénicas de Oxirrinco sin que en ellos apareciera ningún discurso. Con todo, en los fragmentos conservados hay bastantes contextos en los que se podría haber intercalado un discurso y no es así. 193 Porfiri o, en E usebio P raepa ración Ev angél ica X 3 p . 465 BC (F 21); el texto y la t raducci ón ya han sido ofreci dos ( cf . supra , p . 123, n ota 147) . 194 Esta críti ca al argumento pr oviene de l propio M eyer, en G renfell y Hunt, para cont rarrest ar el peso de los argum entos negativos, y a que él, com o se ha visto, es favorable a la hipótesi s de ident ificar a P c o n Teopom po. 195 Plutarco, Consejos políticos ( Obra s Morales ) 6 p. 8 03 B: ej pi ; de ; tw `n ∆Efo v rou kai ; Qeopo v mpou kai ; ∆Anaxime v nou" rJ htoreiw `n kai ; perio v dwn, a{" perai v nousin ej xopli v sante" ta ; strateu v mata kai ; parata v xante", e[ stin ei j pei ` n: « ou j dei ;" sidh v rou tau ` ta mwrai v nei pe v la" ». La traducción en Plutarc o, Obras morales y de costumbres ( Moralia ) X. Consejos Políticos (introducción, t raducción y notas de C. Alcalde Ma rtín), Ma drid, 2003, pp . 306-307, e s: “En cam bio, a cerca de lo s discurs os y perí odos que Éforo, Te opom po y Anaxím enes desarrollan c o n los ejé r cito s puestos ya en armas y en orden de batalla, se puede decir: «nadie dice es as tonterías cerca del hierro»” . 196 El fragm ento 21 puede c onsulta rse en la nota ( cf . supra , p. 123, n ota 147) 197 Los dos frag mentos 291 y 292 proce den de Dídim o, Comentario sobr e Demóstenes XIV 52 y IV 63 respectivamente; no los reprodu cimos por la larga exte nsión de los m ismos, pero c ontienen dos discursos en estilo directo. 198 De nuevo, la objeción de Meyer pa rece en cierto modo un inte nto de esqui var uno de los argum entos más definitivos en contra de la au toría de Teopompo. 134 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco 4.º.- La narración de P sobre Agesilao no concuerda en absoluto con el conocido tratamiento de Agesilao en Teopom po; éste tiene una m uy alta estima por Agesilao, a tenor del hecho de que Plutarco (F 321) 199 cita su alabanza. La anécdota bastante trivial del F 22 de las Helénicas de Teopompo 200 y probablemente de una forma ligeramente diferente la an écdota de Filípicas (F 106) 201 , recuerdan las historias acerca de Agesilao que Jenofonte cuenta de es te héroe. P no m uestra tendencia a ilustrar el carácter personal de Agesilao ni ningún entusiasmo sobre sus logros. Plutarco, que se con sidera generalmen te que derivó mucha información de Teopompo 202 y que en su Agesilao lo menciona cuatro veces, adem ás de referirse claramente en el cap ítulo 36 a la versión de las Filípicas de una historia sobre los regalos ofrecidos al rey (F 107) 203 , s in embargo, ignora las divergencias entre P y 199 Plutarco, Agesilao X 9-10: kai ; kaq∆ oJ do ;n w[n ( sc . ei j" Frugi v an ) skuta v lhn de v cetai para ; tw `n oi [ koi telw `n keleu v ousan a[rcein au j to ;n a{ ma kai ; tou ` nautikou `: tou ` to mo v nw / pa v ntwn uJ ph ` rxen ∆Aghsila vw/. kai ; me v gisto" me ;n h\n oJ mologoume v nw" kai tw `n to v te zw v ntwn ej pifane v stato", wJ" ei [ rhke v po u kai ; Qeo v pompo", e J autw `/ ge mh ;n ej di v dou di∆ aj ret h ;n fronei `n mei ` zon h] dia ; th ;n hJ gemoni van. Nuestra traducción es: “Y estando en el ca mino a Frigia recibió un escítalo de part e de los éforos des de su patria que le ordenaba c omenzar inmedi atament e la batall a naval; de todos, sólo a Agesilao le tocó esto en suerte ; también era unánimemente el mejor y el más br illante de lo s que vivían por enton ces, según contó Teopom po, pues real mente l e atribuía a éste el tener buen juici o más por s u virtu d que por s u pode r ”. 200 Ateneo XIV 74 p. 6 57 BC: chnw `n de ; siteutw `n kai ; mo v scwn Qeo v pompo" ejn i—g— Filippikw `n kai ; i—a— ÔEllhnikw ` n, ejn oi |" ej mfani v zei to ; peri ; th ;n gaste v ra tw `n Lakw v nwn ej gkrate ;" gra v fwn ou { tw": « kai ; oi J Qa v sioi e[ mpemyan ∆Aghsila vw/ prosio vnti pro v bata panto dapa ; kai ; bou `" eu \ teqramme v nou", pro ;" tou v toi" de ; kai ; pe v mmata kai ; traghmav twn ei \ do" pantodapw ` n. oJ d∆ ∆Aghsi v lao" ta ; me ;n pro v bata kai ; ta ;" bou `" e[ laben, ta ; de ; pe v mmata kai ; ta ; tragh v mata prw ` ton me ;n ou jd e[ gnw (katekeka vlupto ga v r), wJ" de ; katei ` den, aj pofe v rein au j tou ;" ej ke vleusen, ei j pw ;n ou j no v mimon ei \ nai Lakedaimoni v oi" crh ` sqai toiou v toi" toi `" ej de v smasi. liparou v ntwn de ; tw `n Qasi v wn “ do v te ” , fhsi vn “ fe v ronte" ej kei v noi" ” , dei v xa" [ au j toi `" ] tou ;" ei { lwta", ei j pw ;n o{ ti tou v tou" de v oi diafqei vresqai trw v gonta" au j ta ; polu ; ma ` llon h]] au j to ;n kai ; tou ;" paro v nta" Lakedaimoni v wn ». Nuestra traducción dice: “de gansos cebados y terne ros, Teopompo e n el libro décimo tercer de las Filípica s y en undéci mo de las Helénicas , en los que enfatiza la fortaleza de los espartanos en lo relativo a la com ida, escribiendo lo siguiente: «y los tasios enviaron a Agesilao, c uando llegaba, reba ños de todo tipo y buyes bie n alim entados y adem ás de éstos pasteles y toda clase de postre s. Agesilao aceptó los re baños y los bueyes , pero no reconoció en un principio l os pasteles y los postres, pues estaba n cubiertos, pe ro, cuand o los vi o, orde nó que se los llevara n, dici endo que no era cost umbre de los lacedemonios alim entarse de estas comidas. Como los tasios persistieron, di jo “dadlos, llevándoselo a aquellos”, señalándoles a los hilotas, diciendo que era necesario m atar a estos que comen estas cosas mucho m ás que a él y a los que está n con los lacedemonios »”. 201 El fragm ento 106 se com p one de dos partes, procedente s de Ateneo IX 32 p. 38 4 A y XV 18 p. 676 CD respectivamente: frag mento a) Qeo v pompo" me ;n e[ fh oJ Ci ` o" ejn tai `" ÔEllhnikai `" ka jn th `/ triskaideka v th / de ; tw `n Fillippikw `n ∆Aghsila v wi tw `i La v kwni ei j" Ai [ gupton aj fikome v nwi pe v myai tou ;" Ai j gupti v ou" ch `na" kai ; mo v scou" siteutou v" . fragmento b) geloi ` oi ou \n ei j sin kai ; oi J le vgonte" Naukrati v thn ei \nai ste v fanon to ;n ejk th `" bu v blou th `" stefanwtri v do" kaloume v nh" par∆ Ai j gupti v oi" [ stefo v menon ], paratiqe v menoi Qeopo v mpou ejk th `" tri ( skaideka v th" tw `n Filippikw `n kai ; th `" eJ ndeka v ) th" tw `n ÔEllhnikw ` n, o{" fhsin ∆Aghsila vw/ tw `/ La v kwni pa ragenome v nw / ei j" Ai [ gupton dw ` ra pe v myai tou ;" Ai j gupti v ou" a[ lla te v tina kai ; dh ; kai ; th ;n stefanwtri v da bu v blon . Nuestra traducción es : a) “Teopom po de Quíos afi rma en la s Helénicas y en el libro décimo tercero de las Filípicas que se le envió a Agesil ao el esparta no, cuando llegó a Egi pto, gansos e gipcios y te rneros cebad os”; b) “ así pues ta mbién eran risibl es los que decían que era de Náucratis una co rona de papi ro llam ado en Egipto «pa piro que hace coronas», citados por Te opompo en el libro décimo tercero de las Filíp icas y en el undécimo de las Helénicas , quien afirma que a Agesilao el espartan o, cuando llegó a Eg ipto, los egip cios le enviaron como regalos algunas otra s coas y adem ás el «papiro que hace coronas»”. 202 Así lo po demos leer en la p. 364 de Wal ker, E. M., “C ratipp us or Theopom pus?”, Klio 8 (190 8), pp. 356-371. 203 El fragm ento 10 7, Pluta rco, Agesilao XXXVI 6, no lo reproducimos por su larg a extensión . 135 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco Jenofonte en relación con las campañas de Agesilao en el 395 y no m uestra prácticamente restos de conexión con P en ningún lugar. Que la narración de P, que influenció a Diodoro y a otros historiadores de época romana y debió de existir todavía en tiempos de Plutarco, fue así completamente pasada por alto por este últim o es algo destacable en todo caso; pero la id entifi cación de P con Teopom po hace este olvido mucho más difícil de explicar y la opinión que ha sido de fendida largamente de que Plutarco tuvo conocimiento de primera mano de Teopompo se hace casi insostenible en ralación con las Helénicas en cualquier caso, si P es Teopompo. 5.º.- Mientras las co incidencias entr e P y Pausanias, Justino y Polieno no presentan obstáculos a la opinión de Meyer, la aceptación de esto lleva a considerables complicaciones cuando se inten ta dar cuenta de las coincidencias entre P y Diodoro y conciliar las fechas en las que las Helénicas de P y las Helénicas de Teopom po fueron probablemente com puestas. Meyer 204 , partiendo del punto de vi sta del criticismo de finales del siglo XIX y principios del XX s obre Diodoro, desde la convicción de que “la fuerte dependencia de Diodoro respecto de Éforo desde el libro IX de la Biblioteca al XV es uno de los resultados más seguros de la Quellenforschung ” 205 , explic a la clar a dependencia de Diodoro respecto de P por la hipótesis de que la fuente de Diodoro, Éforo, estaba usando a P, es decir, pa ra Meyer estaba usando a Teopompo. Sin embargo, esto conduce a una dificultad cr onológica: Teopompo nació entorno al 378 a. C. y sobrevivió a Alejandro ( cf . supra , p. 121). Menos se sabe de la vida de Éforo: probablemente nació po r las mism as fechas que Teopompo y m urió algún tiempo antes, pues lo último que se recuerda de él fue el rechazo a u na invitación a la corte de Alejandro (Plutarco Sobre el desacuerdo de los estoicos 20) y, visto que parte de las Filípicas de Teopompo debieron haber sido escritas después de la muerte de Filipo en el 336, el libro XXIX de la historia de Éforo sólo alcanzó el 356, el libro XXX que alcanza el 340 fue editado tras su muerte por su hijo (Diodoro XIV 14), Meyer 206 piensa que Teopompo escribió sus Helénicas no mucho después del 350 y que los libros XVIII y XIX de Éforo, que cubren el mismo campo, no fueron compuestos hasta después del 330. Pero, por supuesto, es m uy difícil reco nciliar la supuesta d ependencia de Éforo respecto de Teopompo sin asum ir un interval o de unos quince o veinte años entre la composición de las Helénicas y la parte paralela de la historia de Éforo. Esto conlleva dos serias objeciones: primero, que P escr ibió su obra no mucho después del 350 es bastante probable. Por lo tanto, el 346 puede ser considerado como terminus ante quem para la fecha en la que P compuso su historia. Walker 207 incluso lo sitúa antes del 356, 204 En Grenfell y Hunt, art. cit., (1908), p . 133-135 . 205 La cita la toma Meyer d e Bauer, W., Die Forschungen zur Griec hische Geschichte , 18 88-189 8, p. 265. 206 Meyer, op. cit. , p.142. 207 Wa lker, art. cit., (1908) , p. 361. 136 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco 12.º.- La distribución de los acontec im ientos dividiéndolos por años de guerra de un modo analístico, teniendo siem pr e en cuenta las est aciones naturales del año - kata ; qe v rh kai; ceim w ` na" - y empezando a contar el año a partir del “buen tiempo”, sistema no astronóm ico ni relacionado con la horografía, tal y como hacen Tucídides y el historiador de Oxirrinco, los diferenc iaría de autores como Éforo, Teopompo e incluso Jenofonte -excep to en su con tinuación de Tucídides dentro de sus Helénicas , I- II 3, 9-, que prefieren para la narración de historia perpetua la distribución de su material de acuerdo con los puntos históric os más importantes, es decir, por tem as 240 . Dionisio de Halicarnaso 241 , al tratar la cuestión de las diaire v sei" sincrónicas de Tucídides, afirma que ninguno de los historia dores posteriores adopt ó la disposición del mat er i a l kata ; qe v rh kai; ceimw ` na" ; al no hacer excepciones, parece que Dionisio no conoce las Helénicas de Oxirrinco , pues éstas sí siguen las diaire v sei" de Tucídides. Puesto que Dionisio tenía en alta estim a a Teopom po y conocía su obra, pues la influencia de ésta se puede rastrear en la propia obra histórica del de Halicarnaso, la conclusión es que, puesto que conocía las Helénicas de Teopompo y éstas no m uestran rastro alguno de la distribuci ón sincrónica de Tucídides y de P, la identificación de P con Teopompo no parece probable. La cita de Teón (T 30) 242 redunda en lo mismo, ya que, como conocedor, aparentem ente de primera m ano, de Teopompo, no lo menciona en la cuestión de las diaire v sei" tucidídeas. Ningún crítico antiguo posterior a Dionisio de los dos... El gentilicio es acrefieo , acrefio (p ues así es venerado Apo lo), acrefieo y acref ias... Éforo también los llama acrefnios y acrefneotas. Teopo mpo, por su parte, la llama Acrefnia y usa el gentilicio acrefnieo”. 240 Bloch, art. cit. , en las pp. 308-316, e xpone excelentemente la cuestión de la distribución del material histórico . De gran interés es co nsultar en este artícu lo los pa sajes en lo s que las Helénicas de Oxirrinco introducen f órmul as de dataci ón parale las a las de T u cídide s. 241 Dionisio de Halicarnaso, Sobre Tucíd ides IX 10 (p. 337. 18 U .-R.): … ou j dei ;" ga ;r tw `n metageneste v rwn suggrafev wn qerei v ai" kai ; ceimw ` si diei ` le th ;n iJ stori van. aj lla ; pa v nte" ta ;" tetrimmevna" ( oJ dou ;" kai ; dun ame vna" ) a[ gein ej pi ; th ;n safh v neian meth ` lqon . La traducción en Dionisio d e Halicarnaso, Tratados d e crítica literaria , (intro ducción, traducción y notas de J. P. Oliver Segu ra); Madrid, 2005, pp. 384-385 , es. “Ninguno de los histor iadores que le suced ieron ( sc . a Tucí dides) di vidi ó su historia por veran os e inviernos, sino que todos siguieron por los caminos trillados y hab ituales para alcanzar la claridad”. 242 Teón, Ejercicios de retórica 4, II 80-81, 27 Sp.: parait hte v on de ; kai ; to ; parekba v sei" ej pemba v llesqai metaxu ; dihgh v sew" makra v ". ou j ga ;r aJ plw `" crh ; pa ` san paraitei ` sqai, kaqa v per oJ Fi v listo" - aj napau v ei ga ;r th ;n dia v noian tw `n aj froatw `n -, aj lla ; th ;n thlikau v thn to ; mh ` ko", h{ ti" aj pallotrioi ` th ;n dia v noian tw `n aj krowme v nwn, w{ ste dei ` sqai pa v lin uJ pomnh v sew" tw `n proeirhme v nwn, wJ" Qeo v pompo" e jn tai `" Filippikai ` ": du vo ga ;r pou kai ; trei `" kai ; plei v ou" iJ stori v a" o{ la" kata ; pare v kbasin eu J ri v skomen, ejn ai |" ou jc o{ pw" Fili v ppou, aj ll∆ ou j de ; Makedo v no" tino ;" o[ noma v ej stin . La traducción en un volum en dedicado a tres autores, Teón, He rmóge nes y Aftonio, Ejercicios de retórica , (introducci ón, traducción y notas de M.ª D. Re che Mart ínez); Madri d, 1991, p. 84, di ce. “Hem os de evitar igualm ente el introducir e n medio de una narración digresiones extensas, au nque no es nec esario rehusar absolutam ente toda digresión, como Filisto, ya que hace que descanse la atención de l o s oyentes, sino l a que es extensa que despista l a atención de lo s que escuchan, de m odo que se necesita hacer m ención de nuevo de lo dicho con anteriori dad, com o Teopompo en las Filíp icas , pues a lo largo de una dig resión encont ramos dos o incluso tres y hasta m ás historias enteras , en las q u e no sólo no apar ece el nombre de Filipo , sino de ningún macedonio siquiera”. 143 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco menciona el nom bre de un historiador que haya seguido el sistem a de Tucídides, y sin embargo lo hay, el historiador de Oxirrinco. 13.º.- Bloch 243 ve una objeción para la iden tificación con P en el plagio que Teopompo hace de Jenofonte con base en el testim onio de Porfirio (F 21) 244 ; por ejemplo, dentro de este m ismo fragment o, en la equiparación entre Teopompo en referencia al libro XI de las Helénicas en el que el autor aj rga v te kai; aj ki v nhta pepoi v hke kai; a[ prakta las largas partes de las negocia ciones entre Agesilao y Farnabazo, con Jenofonte Helénicas IV 1, 29-40 que las describió como pa v nu carie v ntw" kai; prepo v ntw" aj mfoi `n . Paralelamente, en la narración acerca de Agesilao en las Helénicas (F 22) 245 y en las Filípicas (F 106) 246 sigue el mism o método; en la caracterización d e Lisandro (F 20) encontramos las m i smas indicaciones que en la caracterización de Filipo y su círculo (F 224 s.) y en la descripción que hizo de Nicóstrato de Argos (F 124), fragmento en el que aparece el retórico fanh v setai con participio de aoristo que se encuentra también en el pasaje concerni ente a Lisandro y en los F 122 y 253; esta construcción no se halla en P, por lo que se hace difícil pensar que un episodio com o el de Espitradates y su hijo ( Hel. Oxy . XXIV 3-5, 699-712) sea narrado tan sobriamente y tan prosaicamente por Teopom po. Además la diferente versión sobre la actividad política y la muerte de Lisandro que dan Teopompo y Éforo no ayuda a identificar a P con el primero, pues Éforo tiene como fuente a P para este período y se esperaría que coincidiera con él en la narra ción de este episodio, pero si P es Teopompo, la narración no es coincidente. 14.º.- En opinión de Bloch 247 , el argumento de que cualquier escritor leído y copiado en Oxirrinco hacia el 200 d. C. debe ser conocido por nosotros resulta un dogma que ha sido considerado como la base de cualquier decisión acerca de la autoría de P; y éste es el caso de Teopom po. Nada obsta para que se enuncie el argumento en sentido contrario, es decir, que la obra hasta este siglo desconocida pertenezca a un autor menor poco conocido, a un autor de segunda fila, y la perviven cia de las Helénicas de Oxirrinc o haya sido algo así como una rara avis que se nos ha transmitido por casualidad. 243 Bloch, art. cit. , pp. 318-31 9. Puede verse un desarrol lo extenso de l a visión que Te opompo tenía d e Lisandro y la diferenci a en e l tratam iento respecto de las Helénicas de Oxirrinc o en S chepens , art. cit., (2001), pp. 217 -221. 244 Porfirio, en Eusebio Praepar ación Evan gélic a X 3 p. 465 B C (F 21); el fragment o puede cons ultarse en la nota 147; cf . supra , p. 123. 245 Ateneo XIV 74 p. 657 BC (F 22 ); cf . supra , p. 135, n ota 200. 246 El fragm ento 106 se com p one de dos partes, procedente s de Ateneo IX 32 p. 38 4 A y XV 18 p. 676 CD; cf . supra , p. 135, no ta 201. 247 Bloch, art. cit. , p. 334. 144 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco 15.º.- Aunque P muestra una gran inclinación por los excursus , no muestra, como Teopompo, una predilección por la curiosidad person al y las historias interesantes, pero irrelevantes 248 . 16.º.- En opinión de Breitenbach 249 es del todo impensable ver en P a un historiador que pudiera utilizar en el tratamiento de los distintos pers onajes el topos po v no" aj frodi v sia / me v qh como Teopompo lo hace en su F 20 250 . 17.º.- El dialecto nativo de Teopom po (jonio oriental) en un principio parece no dificultar la identificac ión de P con él, puesto que las Helénicas de Oxirrinco están escritas por completo en un ático senc illo y los fragmentos de Teopom po también están en ático, pero en los fragmentos de este último se h an encontrado un infinitivo aparentemente dorio - ka ta `rai (F 265) cf . supra , p. 127 y nota 164- y un nombre de lugar dorio - Farkado v na (F 82) 251 -, por lo que parece que Teopompo introduce términos de otros dialectos, cos a que no hace P. Por su parte, Shrimpton 252 se plantea la posibilidad o la duda de si las clases altas de Quíos, es decir, los aristócratas pro- lacedemonios adoptaron una inclinación doria en su lenguaje durante y después de la ocupación lacedemonia, de m anera que estas palabras de origen dorio en Teopompo fueran un resto de la mism a. 18.º.- Parece haber una razón circ unstancial para creer que Teopompo mantuvo una pequeña narraci ón sobre Sicilia en sus Helénicas , según Shrim pton 253 , de la cual no hay constancia en P. 19.º.- P no parece co nocer las dos palabras morales favoritas de Teopompo, filoponi va y ej pime v leia , aunque sí utiliza proqumi va en cuatro ocasiones ( Hel. Oxy. XXI 5, 524; XXII 2, 543; XXIII 6, 644 y XXIV 6, 726), palabra por ahora sólo recogida una vez en Teopompo (F 344) 254 . 248 Jacoby, F., “The a uthorshi p of the Hellenica of Oxyrhynch us (with an Appendix by P. Maas, containi ng the Newly Publ ished F ragme nts)”, CQ 44 (1950), pp. 1-8; la i ndicación viene de la p. 3. 249 Breitenbach , art. cit ., (1970), col. 411. 250 El fragm ento 20 procede de una cita de At eneo X II 61 p. 543 BC ( cf . supra , p. 125, nota 15 0). 251 Procede de una cit a de Esteban de Bizancio: Farkhdw v n: po v li" Qessali v a". Qeo v pompo" e jn q— Filippikw `n Farkadov na dia ; tou ` a— fhsi vn . Nuestra t raducción es: “Farcedón: ciudad de Tes alia. Teopom po en el l ibro no veno de las Filípicas ; la llama Farcadón a lo largo del libro primero”. 252 Shrim p ton. op. cit. , p. 189. 253 Shrim p ton, op. cit. , pp. 19 1-192 254 Shrim pton, op. cit. , pp. 1 91-192; el largo fragm ento 344 proce dente de Porfi rio, Sobre la abstine ncia II 16, recoge lo sig uiente: … oi jov menon de ; ka v llista pa v ntwn aj nqrw v pwn qerapeu v ein tou ;" qeou ;" ej re v sqai th ;n Puqi v an to ;n a[ rista kai ; proqumo v tata to ; daimo v nion geraiv ronta qespi v sai kai ; to ;n poiou `nta ta ;" qusiv a" prosfilesta v ta", u J polamba v nonta doqh v sesqai au J tw `/ to ; prwtei ` on. La traducción en Porfirio, Sobre la abstinencia , (tra ducción, int roducci ón y not as de M. Peri ago Lorent e); Ma drid, 19 84, p. 9 8, dice, tras iniciar el pasa je diciendo “un relat o parecido nos ha narrado Teo pompo”: “ Y, creyendo que él honraba a los dioses mejor que todo el mundo, pregun tó a la Pitia que le señalara, mediante su vaticinio, a 145 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco 20.º.- Por su parte, de gran si gnificación es el hecho de que P no introduzca diferencias o discriminaciones entre griegos y bárbaros; de hecho, atribuye la proqumi va ( cf . supra , p. 145 y nota 254) tanto al persa Ciro ( Hel. Oxy . XXII 2, 543) y al persa Rátanes ( Hel. Oxy. XXIV 6, 726) como al ateniense Conón ( Hel. Oxy. XXIII 6, 644) y a los beocios ( Hel. Oxy. XXI 5, 524). Estas actitudes raciales son en general profundamente arriesgadas y lo s claros cambios en el lenguaje, evidentes en las Filípicas , cuando el tema no es griego, no son rastreables en P 255 . 21.º.- Los testimonio de Pl utarco (T 2 para Cratipo) 256 y de Dionisio de Halicarnaso (F 1 de Cratipo) 257 dejan claro que hay otro c ontinuador para Tucídides, Cratipo, del que hablaremos a continuación. 22.º.- Dos de los fragmentos cons ervados de Teopompo informan de pasajes historiográficos de Teopompo muy cercanos a la poesía y a los mitos; el primero de ellos (F 12) pertenece a un pasaje 258 de Diodoro IV 1, 3- 4, donde se vincula a Teopompo con los mitos antiguos, y el segundo (F 75c) es un texto 259 de Claudio la persona que mejor y más activamente ho nraba a la divinidad y a l a que realizaba los sacri ficios m ás agradabl es, supo niendo que se le concederí a la palm a”. 255 Shrim p ton, op. cit. , pp. 191-192. 256 Plutarco, Sobre l a gloria de los ate nienses 1 p. 345 C-E; por su larga ex tensión rep roducim os sólo el apartado que nos inte resa: ... a[ nele ta ; peri ; ∆Ellh v sponton ∆Alkibia v dou neanieu v mata kai ; ta ; pro ;" Le v sbon Qr asu v llou kai ; th ;n uJ po ; Qhrame v nou" th `" oj ligarc i v a" kata v lusin kai ; Qrasu v boulon kai ; ∆Arci ` no n kai ; tou ;" aj po ; Fulh `" eJ bdomh v konta kata ; th `" Spartiatw `n hJ gemoni v a" ajnistamev nou" kai ; Ko v nwna pa v lin ej mbiba v zonta ta ;" ∆Aqh vna" ei j" th ;n qa v lattan, kai ; Kra v tippo" aj nh v irhtai . L a trad ucci ón en Plu tar co, Obras morales y de costumbr es ( Moralia) V. Sobre si los atenienses fuer on más ilustres en la guerra o en la sabiduría , (introducción, tradu cción y notas de M. López Salvá); Madrid, 1989, pp. 291-292, es. “Suprime las imprudencias juvenile s de Alcibíades e n el Helesponto , las de Trasilo en Lesbo s, el derrocam iento de la ol igarquía por Terám enes, a Trasibul o, a Arquino, a los set enta de Fil e que se enfrentaro n a la hegem onía espartana, y a Conón que ll evó de nuev o a Atenas al domini o del mar, y ha desaparecido C r atipo”. 257 Dionisi o de Halicarnas o, Sobre Tucídides 16; por s u exte nsión tam bién vam os a reproducir l o que interesa al caso: ... w|n pronoou v meno" e[ oiken aj telh ` th ;n iJ stori v an katalipei `n ( sc . oJ Qoukudi v dh" ), wJ" kai ; Kra v tippo" oJ sunakma v sa" au j tw `/ kai ; ta ; paraleifqe vnta uJ p∆ au j tou ` sunagagw ;n ge vgrafen, ou j mo v non tai `" pra v xesin au j ta ;" ej mpo dw ;n gegenh ` sqai le v gwn, aj lla ; kai ; toi `" aj kou v ousin oj clhra ;" ei \nai . La t raducci ón en Dionisio de Halicarn aso, op. cit., (2005), pp. 395-396, es: “Parece que ( sc . Tucídi des), ocupado en corregir es os pasajes, dejó l a historia i ncompleta, com o tambíen l o ha confirm ado su contemporá neo Cratipo, q ue se ocup ó de los aco ntecimi entos que aqué l paso por alto y decla raba que esos pasajes retóricos n o sólo eran un im pediment o para la narraci ón general de los he chos, sino t ambién re sultaba n tedios os para los oyentes”. 258 Dionisio IV 1, 3-4: “Eforo" me ;n ga ;r oJ Kumai ` o", ∆Isokra v tou" w]n maqhth v ", uJ posthsa v meno" gra v fein ta ;" koina ;" pra v xei", ta ;" me ;n palaia ;" muqologi v a" uJ pere v bh, ta ; d∆ aj po ; th ``" ÔHrakleidw `n kaqo v dou pracqe vnta suntaxa v meno" tau v thn aj rch ;n ej poih v sato th `" iJ stori v a". oJ moi v w" de ; tou v tw / Kallisqev nh" kai ; Qeo v pompo", kata ; th ;n au j th ;n hJ liki v an gegono v te", aj pe v sthsan tw `n palaiw `n mu v qwn . Nuestra traduc ción es: “Pues Éforo de Cim e, que era discípulo de Isócrates, cuan do se dedicó a escribir histori a univer sal, omit ió los antiguos m itos, comenzó su hist oria narra ndo los acont ecimient os a partir de l período de l os Heráclidas; de igual modo, Calístenes y Teop ompo, siendo de la misma edad, se alejaron de los antiguo s mitos”. 259 Dada su larga ex tensión, reproducimos única mente el inicio y el fina l del relato de Claudio Eliano, Historia varia III 18: perihgei ` tai v tina Qeo v pompo" suno usi v an Mi v dou tou ` Frugo ;" kai ; Silhnou `. ... kai ; tau ` ta ei [ tw / pisto ;" oJ Ci ` o" le v gwn, pepiste u v sqw: ej moi ; de ; deino ;" ei \nai dokei ` muqolov go" kai ; ejn tou v toi" kai ; ejn a[ lloi" de v . Nuestra traducción es: “Teopom po narró con detalle cierta relaci ón entre el frigio 146 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco Eliano, Histori a vari a III 18, donde se afirma que el hi storiador de Quíos le parecía un hábil narrador de fábulas ( deino ;" muqolo v go" ), según indica Bruno Senseri 260 . 23.º.- En cierto modo, como apliaci ón del argum ento contrario 2.º, la vinculación entre Éforo y Teopompo, según dos testimonios de Porfirio 261 , es completam e nte distinta de la relación entre Éforo y las Helénicas de Oxirrinco . Porfirio, al tratar el plagio en obras historiográficas, afir m a que Éforo habría plagiado a Démaco, a Calístenes y a Anaxímenes, mientras que Teopom po habría plagiado a Jenofonte, por lo que considera a Éforo y a Teopompo como autores independientes; el hecho de que Éforo dependa completamente de P en su narración evidencia que no puede ser Teopompo ni su fuente ni el historiador de Oxirrinco 262 . 24.º.- Del historiador de Oxirrinco parace extraerse una tendencia filo- terameniana no rastreable en Teopompo, según afirm a Bearzot 263 ; en el fragmento F 5 de Teopompo aparece citado Terám enes, como ven cedor en la batalla de Cícico, pero ni en las fuentes clásicas ni en sus testimonios se rastrea una orientación a favor de este político ateniense, a pesar de que en las Filípicas sí incluyera ataques a políticos demócratas, lo cual era de esperar por el pasado filo-espartano del padre de Teopom po. 25.º.- Un argumento aportado por Schepens 264 hace referencia a que en su opinión la tradición histórica de las Helénicas de Oxirrinco , también recogida en Isócrates, Panatenaico 56, estim a la duración de aj rch v espa rtiata en diez años, mientras que la tradición 265 de Polibio I 2, 3, que Schepens remonta a Teopompo, estima su duración en doce años. Midas y Sileno. ... Y que se tenga por fi able si a alguien le resulta fiable el de Quíos al decir esto; a mí me parece un m al mitólogo ta nto en esta narración como en otras”. 260 Bruno Senseri, B., “Poesia e st oriog rafia in Eforo di C uma”, QS 23 (1997) , pp. 143-16 7; aquí pp . 149- 150. De igual modo, Bi raschi, A. M., “Teo pompo e l’us o del mito. A proposi to di FGrHist 115 F 381”, Hermes . 124 (1996), p p. 160-169 . 261 Los testim onios de Porfirio a l os que se refiere son el fragm ento 27 de Teopom po en Eusebio, Preparació n evangél ica X 3 , p. 465 BC , ya reproduci do, y el t estimoni o 17 de Éf oro, Porfi rio, en Eusebio, P reparació n evangélic a X 3, p. 46 4 B: kai v tino" zhth v sew" peri ; ∆Efo v rou ejn toi `" a[ lloi" genomev nh" ... oJ me ;n ga ;r au j to ;n kai ; Qeopo v mpou prouti v qei, oJ de ; ... kle v pthn aj peka v lei: « kai ; ti v ga ;r ∆Efo v rou i[ dion ejk tw `n Daima v cou kai ; Kallisqev nou" kai ; ∆Anaxime v nou" au j tai `" le v xesin e[ stin o{ te triscilli v ou" o[ lou" metatiqe v nto" sti v cou" »; ... « kai ; ti v qauma v zomen ... ei j Qeopo v mpou kai ; ∆Efo v rou to ; th `" kloph`" gnwri v mwn tou ` rJhv toro", oJ th ;n ÔIstori v an suggra v ya" kai ; ta ; Peri ; tw `n eu J rhma v twn ». Nuestra traducción d ice: “Y producida un a indagación sobre Éf oro en estos asuntos ... Pues uno po nía a éste por delante de Teopom po, y otro ... lo llam a plagiador: «pu es ¿y qué hay de propio en estas expresiones de Éforo proce dentes de Démaco, Ca lístenes y Anaxím enes , cuando ha cambiado tres mil líneas enteras ?» «y ¿qué nos as ombra ... si hay plagio de Te opompo y Éfor o, discípulos del ora dor, al escribir la Histor ia y Sobre l os invent os ? » ”. 262 Bearzot, art. cit., (2001), p. 16. 263 Bearzot, art. cit., (2001), pp. 19-2 1. 264 Schepe ns, art. cit ., (1993), p p. 169-20 3, y art. cit., (2001), pp. 207-216. 265 Polibio I 2, 3: Lakedaimo v nioi pollou ;" aj mfisbhth v sante" cro v nou" uJ pe ;r th `" tw `n ÔEllh v nwn hJ gemoni v a", ejj peidh v pot∆ ejkrav thsan, mo v li" e[ th dw v deka katei ` con au j th ;n aj dh v riton . La traducción de Polibio, Historias , (introducc ión de A. Díaz Tejera; traducci ón y notas de M. Bal asch Recort) , Madrid, 147 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco c) Equiparación de argumentos re lativos a la autoría de Teopompo Una vez expuestos los argumentos ofrecidos por los distintos estudiosos de la cuestión, llega el momento de las conclusione s. Muchos de los argum entos expuestos a favor de la identificacion de P con Teopompo suponen un coup de force , un abuso de los testimonios, una presuposición d e equivocaciones por parte de los críticos antiguos, una cronología arriesgada, cier tas dudas respecto de citas antiguas y la inclusión de coincidencias forzadas entre P y Teopompo; muy pocos son los argumentos positivos que no quedan contrarrestados y, además, su valor aisladam ente, fuera de los argumentos contrarrestados, es escaso. Una lectura atenta de los argum entos en su conjunto deja ver que casi todos los argumentos positivo s tienen puntos débiles y que dan anulados total o parcialm ente por los argumentos negativos, que además, tanto en su conjunto como por separado, parecen evidenciar un mayor peso. Con todo, vamo s a facilitar el análisis exponiendo las oposiciones entre argumentos. El argumento 1.º a favor de la iden tificación puede quedar parcialm ente contrarrestado por el argumento 6.º en contra de la m isma, bajo la conjetura de que P, por ser ateniense, no se ceba en las críticas contra Atenas y ejer ce una tendencia pro- lacedemonia sólo m oderada. No obstante, aunque el arg umento no se anulara, el argumento 1.º no parece tener un peso específi co en la identificación, por cuanto parece normal que los historiadores sintieran una mayor o menor simpatía hacia algún bando y, a la hora de historiar, les quedan dos opciones: hacerlo objetivam ente o lo más objetivamente posible, sin m anifestar apenas inclinación por algún ba ndo -sería el caso de P-, o hacerlo subjetivamente, decantá ndose por un bando de un m odo claro e incluso a veces descarado -s ería el caso de Jenofonte. El argumento positivo 2.º, de carácter estilístico y que ya es apuntalado por el propio Meyer mediante coincidencias lingüísticas para darle visos de validez, se refuta con los criterios estilís ticos opuestos a la iden tificación y recogidos en los apartados 7.º, 8.º y, sobre todo, 9.º y 22.º; por otro lado, las coincide ncias lingüísticas, que también afectan al argumento 7.º positivo, quedan debilitadas al encontrarse casos de no coincidencias en los argumentos en contra de la identificación 10.º, 11.º, 19.º y 20.º, así como por indicacion es como la de De Sanctis 266 , que objeta que “a pesar del uso poco frecuente de kata `rai , como se podría comprobar a partir de cualquier léxico, no es tan raro como para perm itir conclusión alguna”, y por otro lado, la form a Ka rpaseu v" está 1981, p. 57, es. “Los l acedem onios pugnaron lar go tiem po para hacerse con la hegemonía s obre [todos] los griegos, y cu ando, al fin, la consiguieron, lo gr aron conservarla indiscutidamente doce años escasos”. 266 De Sanctis, art. cit., (190 8), pp. 338. 148 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco atestiguada en P en singular, mientras que en Teopom po, el frag mento conservado lo cita en plural. Otro argumento estilístic o, el 13.º positivo, sin oponerse directam ente a ningún argumento, entraría en confrontación con aquellos del grupo de los argum entos negativos referentes al e stilo que parecen inv alidar todos los argum entos positivos. De igual modo, podrían quedar anulados tam bién el 15.º y el 17.º positi vos por el peso de los argumentos estilísticos negativos. El argumento 3.º, aunque no pudiera ser rebatido, no es una característica exclusiva de Teopompo, de m anera que a través de él tan sólo se pueda relacionar P con Teopompo; hay m uchos autores que utilizan las digresiones como recurso narrativo y pecularidad de su estilo histórico. Por otro lado, podem os indicar, de igual modo, que, si este criterio diera carta de validez a la id entificación, paralelam ente el argumento negativo 16.º la daría de invalidez, pues se achaca a P una característica que no tiene Teopompo, así com o otros historiadores. Aunque ciertas características de Teopompo puedan avenirse con las de P, la indicada en el apartado 4.º pos itivo, su profunda penetración en las causas y su poder de análisis psicológico, no concuerd a con otras características m uy destacables de Teopompo, que no aparecen en P y aparecen expresadas en el 15.º negativo : la predilección por la curiosidad person al y por las historias interesantes, p ero irrelevantes. A nuestro modo de ver, la definición relativa a su profunda penetración en las causas y a su poderoso análisis psicológico es una de finición que define muy bien a Tucídides como historiador, definición que se ha debi do hacer extensiva a sus continuadores, en este caso a Teopompo y que tam bién encaja muy bien con las características de P, c omo fiel continuador de Tucídides que es; si n embargo, la denominación referida a la curiosidad personal y a las historias irreleva ntes, no concuerdan ni con Tucídides ni con P y sí que deben ser propias del estilo de Teopom po, en lo que se alejaría de su predecesor en su continuación. El argumento positivo 5.º, referente a que las obras de Teopom po, como la de P, están lejos de ser demasiado retóricas cae bajo la s ospecha enunciada en el argumento negativo 7.º, pues los testim oni os dejan claro que Teopompo se inició primero en la retórica, gracias a la cual ganó algún certam en y escribió más de veinte mil líneas de escritos epidícticos, y después se pasó a la historia; se nos hace difícil que un orador que se pasó a la hist oria perdiera en este tránsito su bagaje retórico hasta tal punto que dotara a sus serias historias de un estilo aburrido y deslustrado. Las coincidencias narrativas de los brev es episodios de Mesogis y Celenas y de Parapótamos que el argum ento 8.º ofrece se ven enfrentadas a la divergencia en la narración relativa a Agesilao en el argumento 4.º negativo, que por cierto posee una 149 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco mayor extensión, por lo que la balanza parece inclinarse m ás por la no identificación. Respecto de la cuestión de la segunda bata lla de Cinosema, cualquiera que fuera la opinión que Busolt expresara, es necesario re conocer, pero no debe negarse que incluso otro historiador pudo describir esta ba talla, aunque el autor de la citada Vida de Tucídides descuidara o no nombrara al autor a pa rtir del cual pare ce no ser necesa rio que Éforo leyera a nadie, que no fuera Teopompo, en lo referente a la esta batalla. En el mismo sentido se orienta la prueba aporta da en 11.º positivo, referente al uso de Teopompo por parte de Estrabón y las coincidencias entre este último y P, pues, también se ve anulada por la diferencia en la narración de los ep isodios de Agesilao entre P y Teopompo. Igual crite rio puede aplicarse para el argum ento positivo 18.º. En estos argumentos el problema es doble: por un lado, la coincidencia o divergencia de las narraciones; por otro, el problema de las fuentes, donde sí es clara y segura la línea de la tradición histórica P > Éforo > Diodoro. Quiz ás una idea que se ha sugerido es que P fuera la fuente de Teopompo, del mismo m odo que Jenofonte también lo fue, de m anera que así quedaría saldada la cuestión de las coincidencias en un caso y de las divergencias en otro. Por otro lado, no sabe mos hasta qué punto P ha influido en otros autores en los que se da como segura la influencia de Teopom po. De igual modo, el argumento negativo 24.º viene a corroborar el peso del argum ento negativo 4.º, ya que el tratamiento favorable a Terám enes que se intu ye en P no parece que se a rastreable en Teopompo. Por último, el argum ento negativo 25.º tamb ién contribuye a restar credibilidad al argum ento positivo 8.º. La argumentación del 9.º, relativa a la falta de laboriosidad de Teopom p o y P en la recogida de material y en la com pos ición, se ve neutralizada por otro argumento favorable a la identificación, el 4.º, donde se elog ia su cuidado, m eticulosidad y diligencia en la re cogida de datos. Respecto del uso de Jenofonte por parte de Teopompo y P enunciado en el m ismo argumento 9.º, se encuentra con la oposición del argumento 2.º negativo, del 23.º y, sobre t odo, el 13.º negativo, que revelan la total negligencia de P respecto de Jenofonte. El argumento positivo 10.º queda cu ando menos debilitado después de leer las palabras de Bloch con las que hemos construido el argumento negativo 14.º. La crítica de Bloch 267 nos parece demoledora en contra de este argum ento y, sin duda, sus palabras son claras: “ Emphasis, furthermore, should be laid upon the fact that at about the time P was copied Athenaeus of Naucratis , in Alexandria, composed one of the most learned works preserved from antiquity. Among the books read and excerpted by him are many of which not even the names of the authors are known to us ”. A ello debemos añadir –y lo hemos dejado para estas conclusi ones premeditadam ente - el hecho de que 267 Bloch, art. cit. , pp. 337-341. 150 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco en Oxirrinco no se ha encontrado ningún papiro de Teopompo, como bien indica Pesely 268 y, dada la proporción de citas y frag mentos conservados de las obras del historiador quiota -en los que las Filípicas superan enorm emente en número 269 a los fragmentos procedentes de las Helénicas y del E pítome de Heródoto -, parecería lógico encontrar antes fragmentos de la obra m a yor de Teopompo que de sus obras m enores, por lo que resulta altamente im probable que nuestras Helénicas de Oxirrinco sean las Helénicas de Teopompo. El argumento positivo 12.º encuentra su contrapeso entre los propios argumentos favorables a la identificación, en el 5.º, pues uno tacha a Teopom po de escritor vanidoso atento al efect o y no a la realidad his t órica, frente a una visión seria de Teopompo, alejado del retoricism o. Además , este argumento se anula con 2.º, 23.º y 13.º negativos por la relación de P con Jenofonte y otros historiadores. El argumento positivo 14.º, que parte ya de la presuposición de un error en la fecha de nacim iento de Teopompo, cho ca con las tesis m á s aceptadas sobre la cronología del autor de Quíos, recogida también en el argum ento negativo 5.º. El argumento positivo 16.º, referente a los térm inos del vo cabulario teopompeo posiblemente existentes en P, porque P pue da ser Teopom po, aunque el razonamiento está muy minuciosam ente detallado por Ru schenbusch, se podría neutralizar con los argumentos negativos 19.º y 20.º que recoge n usos lingüísticos de Teopompo no usados por P y, vice versa , términos habituales en P ignora dos por Teopom po; a ello se añade el que no está atestiguado en P la existencia de ninguno de estos términos seleccionados por Ruschenbusch; también podrían neutralizarse con la indicación d e existencia de pasajes en los que la narración de Diodoro y P parecen estar en desacuerdo con la de Teopompo. Además la cuestión de las fuente s para Éforo y Diodoro parece estar clara, mientras que no queda muy clara la influencia de Teopompo en ellos. Por último, el argum ento positivo 19.º que recoge el test imonio de que sólo hubo dos continuadores de Tucídides, Teopo mpo y Jenofonte, pasa por alto los testimonios de Plutarco y Dionisio del 21.º negativo, que introducen a un tercer continuador, Cratipo, de manera que queda bajo sospecha. 268 Pesely, art. cit. , (1994), p. 44. En el mism o sentido apunta el catalog o de papiros i nventariado po r Krüger, J., Oxyrhynchos in der Kaiserzeit: Stud ien zur Topogra phie und Litera turrezeption , Frankfurt , 1990, d onde no a p arece ni ngún fragm ento atribui do a Teopom po. 269 Jacoby, FGrHist 105, reco ge para Teop ompo dosci entos veintitrés frag mentos de las Filípicas , diecinueve de las Helénicas y cuatro del Epíto me de Heró doto ; de las citas que Harpocraci ón hace de Teopom po treinta y dos pr oceden de l as Filípicas y sólo una de las Helénicas ; Ateneo sólo da cuatro citas de las Helénic as de las casi ochenta que hace de Teo pompo. 151 Segunda Parte. Estado de la Cuestión: La autoría de las Hel énicas de Oxirrinco Los argumentos favorables no contrarrestados por argumentos contrarios a la identificación sólo son uno, el núm e ro 6.º, re lativo a la falta de conocim iento militar a tenor de las descripciones de las batallas , hecho muy frecuente en los autores que no han participado en una batalla , no han estudiado estrategia o no han presenciado la batalla que describen –téngase en cuenta que por los tes timonios se sabe que Teopompo sólo ejerció de escritor y no consta que desempeñara ningún tipo de cargo o trabajo ajeno a las letras-, por lo que aisladam ente no es un argumento de gran peso. Los argumentos negativos que quedan libres en la equiparación con los positivos son el núm ero 3.º, que indica el us o de discursos por parte de Teopompo en sus obras, pero no en las Helénicas de Oxirrinco ; argumentos referente s al estilo, que, además de desechar la, cuando m enos, arries gada hipótesis del cam bio de estilo y la madurez de Teopom po, implican utilización de algún topos literario en el caso de Teopompo, pero no en P; por último, el ar gum ento 20.º, concerniente al divergente tratamiento de los bárbaros en am bas obras. Por otro lado, el argumento negativo 12.º, referente a la distribución de la temática de la obra por estaciones del año en el caso de P y por te m as en el caso de Teopompo, viene reafirm ado por lo s plantamientos de Cataudella 270 , que, de una reinterpretación del testimonio de Dionisi o de Halicarnaso cree q ue el sistema cronológico por inviernos y veranos utilizado po r Tucídides sólo se hizo extensivo sólo a los primeros historiadores del siglo IV que continuaron su obra, Jenofonte en los dos primeros libros de sus Helénicas y el historiador de Oxirrinco, no a los metagene v sterwn suggrafe v wn ; en combinación con argumentos cronológicos, dado que la actividad historiadora de Teopompo se inició hacia la m ital del siglo, quedaría seriamente dañada su candidatura a las Helénicas de Oxirrinco . Con todo, hay que decir que los argument os contrarios a la identificación de Teopompo con el historiador de Oxirrinco han tenido a lo largo de es te si glo de conocimiento y de estudio de esta obra una mayor consistencia y una mayor solidez; la hipótesis de la autoría de Teopompo fu e abandonada casi por completo durante cincuenta años; sólo en los años setent a la reemprendieron Lehmann y Ruschenbusch, arrastrando consigo a algún que otro adepto, pero no han podido aportar datos suficientemente concluyentes para decantar la balanza de su lado. 270 Cataudella, M. R., “La da tazione presup posto d ella paternità: il caso delle Elleniche di O ssirinco ”, en S. Bianchetti y M. R. Catau della (eds.), Atti del Convegno Le Elleniche di Ossirinco a cinquant a anni dalla p ubblic azione dei Frammenti Fiorentin i 1949-1 999 ( Sileno 27), La Spezia, 2001, pp . 85-98; aquí pp. 86- 87. 152 Segunda Parte. Estado de la C uestión: La datación de las Helé nicas de Oxirrinco en medio de una narración, por lo dem ás, comp leta, ni implica que se tome la oración ai [ tia gene v sq [ ai ta ; par∆ ej kei v nou crh v mata t [ ou ` susth ` nai tou v tou" kai; ] tou ; " ejn Boiwtoi `" kai; tou ;" ej [ n t ] a [ i`" a[ llai" po v lesi t [ ai `" proeirhme v nai" como una referencia específica a la fundación de la alianza, de modo que a Timócrates sólo se le atribuya algo que sucedió en el 395”. Sin embargo, como proeirhme v nai" implica que ya se ha hablado previamente del tem a, el contexto re ferido sólo puede englobarse dentro de la misión de Tim ócrates a dichas ciudades (Teb as, Argos y Corinto); por consiguiente, la misión debería datarse en el 396/395, un poco antes de la expedición de Dem éneto, lo que implicaría que el au tor enlazó su coment ario acerca de Timócrates con la narración de Deméneto porque ambos estaban cerca cronológicam ente. A unque Tuplin reconoce que esta disposición es extraña, es la única plausible para él 651 . A continuación 652 asume Tuplin que el pasaje Hel. O xy. IX 1-XI 3, pertenece al año 397/396 o incluso posterior. Por otro lado, Bleckmann 653 apunta que el historiador de Oxirrinco, cuya narración se basaba en el esquema de años de guerra, debió de tener la impresión de que Titraustes llegó demasiado tarde a Asia Me nor para ser el res ponsable del conflicto locrio-focidio a través d e la misión de Tim ó crates, afirmando com o fecha de la llegada de éste a Grecia el verano del 395. Recientemente Roung 654 , en su estudio de la misión de Tim ócrates, comenta las tres posibilidades de datac ión: la primera 655 , invierno o primavera del 397 o 396/395 651 Tuplin, op. cit ., p. 170, in dica que, si el año octavo sup usiera el inic io del año 39 6, habrí a que pensar que “la misión de Timócrates respondería a la r eacción contra los preparativos expedicionarios de Agesilao”. 652 Tuplin, op. cit ., p . 170. 653 Bleckmann, op. cit ., p. 195, nota 40. Según Bleckm ann este da to no bastaría para reconocer en las Helénicas de Oxirrinco la fuente primaria y correcta de los hechos, invirtiendo por completo la relación de Jenofon te con los h echos en ben eficio de la fiabilidad de la obra de Oxirrinco. 654 E. Roung, “Xenophon, the Oxy rhy nchus historian and t he mission of Timocrates to Greece” , en C. Tuplin (ed. ), Xenopho n and hi s world. Pa pers from a conference hel d in Liverpool in Jul y 1999 ( Historia Einzelschriften 172) , Stuttgart, 200 4, pp. 413-426. 655 Según Roun g, siguen est a dataci ón: Beloch, K. J., Griechische Geschichte III , Berlín-Leipzig , 1922, p. 216; Swo boda, H., “Konon”, RE XI (1922), c ols. 1319- 1334, aq uí col. 1 325; C ary, M. , “The ascendancy of Sparta”, Cambri dge Ancie nt History VI (1927), pp . 25-50, aqu í p. 45; Glotz, G., y Cohen , R., Histoire Grecque III , París, 1936 , p. 80; Stauffenberg, G ., “Tithraustes”; RE 6A (1937), co ls. 1522- 1523, aq uí col. 1 522; Bengston , H., Griechische Geschich te , Munich, 1960, p. 258; Olmstead, A. T., The history of the Persian Empir e ( Achaeme nid Perio d) , Chicago , 1960, p. 384; Ka gan, D., “The ec onomic Origins of the Corint hian War (395-38 7 B. C.)”, PP 16 (1961), pp. 321 -341, aquí p.322, n ota 1; Seager, art. cit., (1967), p. 95, nota 1; Sealey, R., A history of the Greek City-States c. 700-338 B. C. , Berkeley, 1976, p. 3 88; Lehm ann, art. cit., (1978 1 ), p. 111 y ss.; Hofstetter, J., Die Griechen in Persien: Prosopogr aphie der Griechen i m Persische n Reich v on Alexan der , Be rlín, 1978, p . 185; Hornbl ower, op. cit. , (1983), p. 194; Salm on, P., Wealthy Corinth. A hist ory of the Ci ty to 338 B. C ., Oxford, p. 342, nota 3; Stra uss, art. cit ., p. 119, nota 73 ; Cartledge, P., Agesilao s and the crisis o f Sparta , Londres, 198 7, p. 290; Le ndon, J. E., “T he Oxyrhy nchus His torian and the origins of t he Corint hian War”, Historia 38 (1989), pp. 300- 313, aquí p. 310; Lewis , D. M., “Persian Gol d in Gre ek internat ional relations” en R. Descat (ed.) L’or perse et l’hi stoire grecq ue. Actes de la table ronde du CNRS a B ordeaux du 20 au 22 255 Segunda Parte. Estado de la C uestión: La datación de las Helé nicas de Oxirrinco ( sic ), parte de situar la m i sión antes del asunto de Deméneto, acep tando que éste se produjo en el invierno del 396/395 y consider ando la narración y datación de Jenofonte equivocadas; la segunda 656 , verano del 395, depende sólo de la narración de Jenofonte, al hacer a Titraustes y no a Farnabazo el responsable de la misión; la tercera 657 , invierno de 397 o 396/395 y verano de 395, intenta ar monizar las dos trad iciones literarias, proponiendo dos visitas de Timócrates a Greci a en dos m omentos distintos, una bajo Farnabazo (397 o 396) y otra ba jo Titraustes (395) . Tras analizar las tres propuestas, Roung ofrece una cuarta solución: se p lantea que la victo ria espa rtana en Sardes se produjo con toda certeza en la primavera del 395; asumiendo 658 que Titraustes llegó a Sardes poco tiempo después (m ayo o junio del 395), Timócrates pudo ser enviado de Rodas a Grecia entonces; com o el viaje de Rodas a Grecia continental no dura m ás de un mes, es probable que Timócrates pudier a llegar a Grecia ya a principios del verano 659 , junio o julio, del 395. A tenor de los datos ofrecidos, creem o s que la fecha más conveniente para situar la misión de Timócrates sería la del verano del 395, de manera que el e[ to" e{ bdomon indicaría el año 396/395, por lo que el e[ to" o[gdoon sería el 395/394. mars 198 9 , REA 91 (1989), pp. 227-235 , aquí pp. 232-233;Co ok, M. L., “Timocrates’ 50 talents an d the cost of Ancient Warfare”, Eranos 88 (1990), pp. 69-97, aqu í p. 69, nota 1; y Tuplin, op. cit ., p. 17 0. 656 Está tesis es aceptada por los sigu ientes investigadores: Lenschau, T h., “Pharnabaz us”, RE 19 (1938), cols. 1842-1848, aquí col. 1845; Accam e, op. cit ., (1951), pp. 29 y ss.; y Bockisch, G., “Armostai (4 31- 387)”, Klio 46 (1965) , pp. 129-23 9, aquí p . 221. 657 La aceptan entre otros: Barbieri, op. cit. , 95; Bruce, op. ci t ., p. 60, y previ ament e en art. cit. (196 6), pp. 272- 281., aquí p. 277; B onam ente, op. cit. , pp. 109-120; y Hamilton, C. D., Sparta’s b itter victories: Politics and diploma cy in the Corinthian war , Ithaca-Londres, 1979, pp. 182-192. 658 Roung, art. cit ., pp. 413-426, descarta que Titraustes fuera enviado por el Gran Rey para castigar a Tisafernes por cuestiones de tiem po: como el viaje de Susa, capit al del im perio aquem énida, a Sardes duraba un os tres m eses (de acuer do con la i nformaci ón de Her ódoto V 53), Titrau stres sólo p odría haber llegado a Sard es para castigar a Tisaferne s por su de rrota seis meses después (tres m es es hasta que llegó la noticia a Susa y tres más hasta que Titraustes lleg ó a Sardes) y eso en el mejor de los casos, es deci r, sin que el Gra n Rey se demorara e n tomar u na decisión. Por consiguiente , para Ro ung, la ll egada de Titraustes respondió a m otivaciones ajenas y anteriores al ataque de Agesilao a Sardes y en absolut o s e realizó para ca stigar a Tisafernes. 659 Avalaría este dat o, según Ro ung, la cronol ogía de las n avar quías espa rtanas: Hel. Oxy . XXII 1, 529, indica que el navarca de ese verano del 395 es Qui rícrates ; Jenofonte, Helénicas III 4, 27, indica q ue es Pisandr o; prop one com o cronología de l as navarquías l a siguie nte: 398/ 397, Fárax; 397/39 6, Arq uelaidas; 396/395, Polis; 395/394, Quirícrates; 394 hasta la batalla de Cnido, Pisandro; ofrece como m omento del año en que se cambia la nava rquía la prim a vera, al comienzo de la nu eva campaña m ilitar. Con este dato y el relativo a la llegada de Titraustes Roung simu ltanea el encuentro de Tim ócrates con Farnabazo y Titraustes y la navar quía de Quirícrates e n el 395. 256 Segunda Parte. Estado de la C uestión: La datación de las Helé nicas de Oxirrinco 4.º.- Conclusiones Sin duda, debemos adscribirnos a la totalidad de los estudiosos del tema que ven una cuestión cerrada y fuera de dudas la datación de la época en la que cada uno de los tres distintos papiros fue redactado. En este sentido la papirología se muestra com o una ciencia bastante exacta y acertada, dentro d e los márgenes tem porales con los que esta disciplina trabaja. Ya en la segunda cuestión cronológica se complica la posibilidad de ofrecer unas conclusiones definitiva s. Nos parece evidente que el estudio de la fecha de composición de la obra es una cuestión en gr an m edida inseparable de la autoría de la misma: hemos visto que algunos autores atiende n a determ inados hechos para datar el momento de com posición en función de su preferencia por la au toría de Teopom po o por la de Cratipo. Es claro que la obra fue compuesta antes del año 346 e incluso antes del 356; también es evidente su composición tras la década 390-380, por cuanto la narración parece dejar de manifiesto una gran cercan ía del autor con los hechos. A partir de aquí las hipótesis planteadas por sí solas parecen bastante convincentes, p ero en su conjunto parecen irreconciliables; en este sentido, quizás nuestra defor mación filológica nos lleve a decantarnos m ás por las teorías basadas en lo que el texto y la lengua dicen que en la confrontación de fuen tes o acontecimientos históricos aislados. Nuestra opinión, basada más en la convicción que en la certeza, ante la imposibilidad de una demostración d efinitiva, nos induce a adm itir que una cronología en el prim er cuarto del siglo IV es más apropiada que una cronología que sitúe la composición de la obra en el segundo cuarto de dicho siglo. La posible autoría de Cratipo o anónimo –o cuando menos la autoría descartada de Teopom po y Éforo-, la concepción histórica del autor de las Helénicas de Oxirrinco , cuestiones lingüísticas combinadas con las históricas como el pasaje de la Constitución Beocia y la situación polític a en Beocia, el paralelism o y la versión divergen te respecto de las Helénicas de Jenofonte –no una dependencia respecto de ésta s-, y, por finalizar esta enum eración, la re lación con el círculo de Isócrates –de nuevo no una depende ncia posterior- apuntan en su conjunto más a una cronología temprana en el siglo IV que a una cronología tardía. Tengamos en cuenta que a favor de una cronología en torno al final del primer cu arto del siglo IV a. C. habla el hecho de que el autor sea te stigo de algunos acontecimientos, sea fuente primaria y reciba la inf ormación de prim er a mano, lo que obliga a pensar que está en edad adulta en el momento en que se produ cen los últim os hechos narrados en su obra, al tiempo que la tarea de recop ilar el mate rial y la redacción del m ismo le debieron llevar cuando menos unos cu antos años de trabajo. 257 Segunda Parte. Estado de la C uestión: La datación de las Helé nicas de Oxirrinco Por último y de nuevo, la perviv encia del texto de las Helénicas de Oxirrinco nos ha deparado otra cuestión abierta y de di fícil solución. Si por Tucídides se ha suscitado la denominada “cuestión tucidíd ea”, su continuador del p apiro, aunque en menor escala, tam bién ha asumido algunos de los problemas que la citada cuestión encierra y ha creado otros propios, que para fraseando el caso de Tucídides bien podrían haber recibido la etiqueta de “cuestión oxirrinquia ”. A la imposibilidad de asignarles un autor con total seguridad y a la imposibilidad de conocer la extensió n de la obra y la vinculación de las distintas c opias respecto del total de la obra se une la im posibilidad de datar con exactitud el alcance del interv al o temporal cubierto por la narración y los hechos aquí encerrados. Hemos visto que, dejando a un lado cuestiones de cronología general que afectan a todo el período y a otros autore s, como Jenofonte y Diodoro, y no sólo a nuestra obra, los problemas en los dos primer os papiros, por su brevedad, son m enores y a la vez también de difícil solución por lo fr agmentario de la narració n; en el caso del papiro londinense los problemas cronológicos tienen doble origen: la datación de los acontecimientos por sí m ismos (como ocurre en los papiros de El Cairo y de Florencia) y la determinación de la referencia cronológica de la colum na IV. Como en los casos anteriores, se nos antoja que las dificu ltades derivadas de la datación de las Helénicas de Oxirrinco , a falta de m ás material , resultan un tanto irresol ubles. A l mismo tiempo creemos sinceram ente que en el caso de esta obra el poder discernir si el año se divide por veranos e inviernos o por estaciones de buen tiempo y estaciones de m al tiempo, y si el año comienza en primavera, verano o a m ediados de verano, son problemas menores en com paración con las otras cues tiones cronológicas ge nerales todavía sin resolver, en parte porque son problemas he redados de la tradición tucidídea. Con todo, no nos parece satisfactorio finali zar el debate sobre esta cuestión con un silencio ante la im posibilidad de dar una solución defi nitiva. Por ello, vamos a indicar qué cronología nos parece más apropiada para cada papiro de entre las diversas opciones que se han ofrecido, sin que eso s uponga un convencimiento pleno de que las soluciones ofrecidas sean las definitivas. En cuanto a la cronología de los ac ontecim ientos datados en los papiros creemos que para la expedición de T rasilo a Joni a, tal cual se narra en el papiro cairot a, la fecha más adecuada es el 409/408 a. C. Para los hechos narrados en el papiro florentino la datación que apoyamos es la siguiente: parte del fragmento A –la batalla de ta ; Ke v rata - también la situaríam os en el año 409/408, ya que sucedió en el mismo año que la expedición de Trasilo a Jonia; la segunda parte continúa la narración sin cortes con el excursus sobre el lacedem onio 258 Segunda Parte. Estado de la C uestión: La datación de las Helé nicas de Oxirrinco Pedárito, de manera que debem os pensar que la narración sigue siendo la del año 409/408, probablemente las accion es de Cratesípidas en Quíos, pero los hechos narrados en el excursus deben pertenecer al año 412; para el fragm ento B no nos atrevemos a decantarnos a favor de ninguna de las altern ativas, ya que to das parten de argumentos lógicos, aunque no muy sólidos por separa do, y que a falta de más información –sobre todo interna de la propia obra- no pueden eliminar los argum entos favorables a las otras hipótesis; el fragmento C –la batalla de Notio-, ante la falta de argumentos sólido s, lo situaríamos en el intervalo entre el ot oño del año 407 y la prim avera del 406; al fragmento D no se le puede asignar fecha alguna p or la gran mutilación del texto. Por último, para la dataci ón del papiro londinense nos parece lo m ás apropiado inclinarnos, con algunas reservas eso sí , por una datación que toma como Epochejahr la hegemonía espartana del 402, de m anera que el papiro conserva la narración de acontecimientos del 396/395 y de un octavo año, que sería el 395/394; de m anera general, los años en el sistema cronológico del historiador de Oxirrinco tendrían su comienzo con la llegada del buen tiempo en la prim avera. Por otro lado, un análisis de la cu estión cronológica y del tratamiento cronológico dado por el historiador de Ox irrinco a su obra permite reconocer su herencia directa de la obra tucidídea, no só lo por la m etodología en la disposición del material, sin o también por la u tilización de las mism as diair e v sei" , sin duda en aras y en busca de la misma aj kri v beia tucidídea. Al m ismo tiempo se advierte q ue el cambio en la cuenta cronológica obliga a pensar que el historiador de Oxirrinco concibió su obra de un modo m uy semejante a Jenofonte, al hacer una suite de la obra inacabada de Tucídides, pero también una continuation , al prolongar la narraci ón de los hechos m á s allá del final de la Guerra del Peloponeso, considerando qu izás com o apéndice a dicha guerra los hechos de la Guerra Corintia y probablemente llegando hasta el año 394, cuando Esparta perdió su hegemonía, o el año 393, cuando Atenas recuperó el dominio del mar gracias a un Conón ya no dependie nte del rey persa; paralelamente, la concepción de la obra por parte del historiador de Oxirrinco ofrece, por el contrario, un planteamiento m uy distinto al de Jenofonte, por cuanto, a diferencia de aquél, el historiador anónimo prosigui ó con el sistema de orden ación cronológica de Tucídides como un método para clasificar los hechos y organizar su exposición; adem ás, el conjunto de la narración conservada en esto s jirones de papiro evidencian una gran objetividad y distancia del autor respecto de los hechos, lo que lo acerca a una concepción tucidídea de la historia, fren te a la narración de Jenofonte, donde la suite de Tucídides resulta más deslavazada, m enos sistemática, como un resumen (recordemos que en esta suite es donde se produce el desfase cr onológico hasta hoy irreconciliable), al tiempo que su continuation m anifiesta una mayor selecci ón del material historiable; 259 Segunda Parte. Estado de la C uestión: La datación de las Helé nicas de Oxirrinco quizás esa selección del material y una co n cepción más partidista de la historia obligaron a Jenofonte a abandonar el sistema cronológico tucidídeo y evitar el encorsetamiento que el sistem a y la concepci ón histórica tucidídeos suponían para su objetivo histórico y personal. En este sentido, las ap reciaciones de Malitz 660 resultan clarificadoras: en su opinión, el gusto del público contemporáneo por la historiografía no puede medirse desde nuestra perspectiva; en la actualidad, nuestros criterios a la hora de valorar una obra de este género se basan en el trabajo de sus fuentes, en la exactitud y la integr idad de su investigación y en el hecho de si han empañado con intereses políticos y tendencias la opinión de sus informadores; en sum a, se valora su método, su objetividad y su precisión; sin embargo, en tre los griegos antiguos la hist oriografía era una ram a de la literatura y estos criterios litera rios eran los que inclinaban la balanza a favor de una obra u otra. Así, Tucídides ha sido alaba do en muchas ocasiones por su método, pero apenas fueron reconocidos la valía y el significado fundamental del m ismo, como se demostraría por el hecho de que apenas tuvi era continuadores impor tantes (Jenofonte es un caso especial de historiador) e incluso pocos im itadores estilísticos. En este ambiente, del m ismo modo que Tucídides mostró cierto gusto por la obra de Heródoto desde una comprensión del m érito científico que su obra supuso, así el historiador de Oxirrinco mostró hacia Tucídides la misma relación, erigiéndose pr obablemente en su único continuador y cumplimentador (por en cima de Jenofonte). Sin embargo, durante el siglo IV –y en los siglos posteriores- la re torización de la histor iografía –evidenciada en esos proemios plagados de planteam ient os basados en cuestiones más estilísticas que históricas e historiográficas -, puso fin a una historiograf ía eminentem ente histórica, metodológica y científica, cuya prim era víctima –añadiríam os nosotros- fue el historiador de Oxirrinco. Finalmente, la apar ición de la obra en Oxirrinco, con varias copias datadas entre los siglos I y III d. C. incluso en papi ros “reciclados”, supondría la existencia d e un círculo de personas cultas que, rara avis , con un buen olfato mostraron su interés por esos aspectos que la hi storiografía retorizada dejó aparcados y reconocieron en la obra del hi storiador de Oxirrinco un ejem plo de gran calidad de la historiografía tucidídea. 660 Malitz, J., “Das Interesse an der Geschichte. Die griechischen Historiker und ihr Publikum”, en H. Verdin, G. Schepens y E. De Keyser (eds.), Purposes of History. Studies in Greek Hist oriography fr om the 4th to the 2nd C enturies B .C., ( Studi a Hell enisti ca 30), Lovaina, 1990, pp . 323-349; aqu í pp. 347-349. 260 Tercera Parte: Comentario Histórico ( post I. A. F. Bruce) Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o 1.º.- Fragmento de El Cairo Capítulos I-III: La expedición de Trasilo a Jonia. La batalla de Éfeso La narración parcialm ente conservada en el fragm ento cairota nos ofrece un episodio de la expedición de Trasilo a Jonia acontecida en el año 409/408 a. C. (sobre la cronología, cf . supra , capítulo “Datación de las Helénicas de Oxirrinco ”, pp. 201-260). En concreto se nos cuenta el ataque falli do de las tropas de Trasilo, divididas en dos grupos, contra la ciudad minorasiática de Éfeso, cuyo ejército, com andado por Timarco y Posícrates y ayudado, al menos, por un pequeño destacam ento lacedemonio, pudo rechazar el ataque ateniense, poner en fuga al grueso del contingente de Trasilo y acabar con cierto número de soldados atenienses. El propósito oculto de este ataque y la ulterior captura de Éfeso era, según Buckley 661 , “obtener un perfecto trampolín para la recuperación de las ciudades de Jonia y co ntrarrestar el éxito de los generales – atenienses- en el Helesponto”. Como precedente histórico, Behrwald 662 nos indica que Éfeso era una ciudad aliada de Atenas a la que en el año 415/ 414 todavía pagaba un impuesto, de acuerdo con la inscripció n IG I 3 290; además, en la ciudad proba blemente había estacionado un estratego ateniense en el a ño 413/412, según la inscripción IG I 3 370; a partir de aquí se produce la defección de la ciudad y su alian za con Esparta y los acontecim ientos narrados en el papiro de El Cairo. La fecha en que se produjeron los h echos aquí recogidos sucedería a no demasiada distan cia a los acontecimientos narrados por Tucídides antes de quedar inconclusa su obra, por lo que deberíamos ubi car esta narración en el prim er libro -todo más en el segundo- de las Helénicas de Oxirrinco , si la división de la obra se hiciera al estilo de la obra de Jenofonte. Por otro lado, tal y como se nos conserva el papiro, aunque la narración parece estar in medias res , se relata del ataque a Éfeso desde su inicio. Paralela a la narración de este episodio, Jenofonte, Helénicas I 2, 6-10, nos ofrece una resumida inform ación: hJ me v ra / prosh ` ge du vo strato v peda . oi J d∆ ejk th `" po v lew" ej boh v qhsan sfi v sin oi J te su v mmacoi ou }" Tissafe v rnh" h\ gage , kai; Surako vsi oi oi } t∆ aj po ; tw `n prote v rwn ei [ kosi new `n kai; aj po ; eJ te v rwn pe v nte , ai } e[ tucon to v te parageno v menai , newsti ; h{ kousai meta ; Eu j kle v ou" te tou ` ”Ippwno" kai ; ÔHrakleiv dou tou ` ∆Aristoge v nou" strathgw `n , kai; Selinou v siai du vo . ou | toi de ; pa v nte" prw ` ton me ;n 661 Buckley, T., Aspects of Gre ek history 750 to 323 B. C. A source -based ap proach , Londres, 1996, p. 401. 662 Behwald, op. cit ., p. 97. 263 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o pro ;" tou ;" oJ pli v ta" tou ;" ejn Korhssw `/ ej boh v qhsan: tou v tou" de ; treya v menoi kai; aj poktei v nante" ejx au j tw `n wJ sei ; eJ kato ;n kai; ei j" th ;n qa v lattan katadiw v xante" pro ;" tou ;" para ; to ; e{ lo" ej tra v ponto . e[ fugon de ; ka j kei ` oi J ∆Aqhnai ` oi , kai; aj pw v lonto au j tw `n wJ" triako v sioi . oi J de ; ∆Efe v sioi tropai ` on ej ntau ` qa e[ sthsan kai; e{ teron pro ;" tw `/ Korhssw `/ . toi `" de ; Surakosi v oi" kai ; Selinousi v oi" krati v stoi" genomev noi" aj ristei ` a e[ dwkan kai ; koinh `/ kai; ij di va/ polloi `" , kai; oi j kei `n aj te v leian e[ dosan tw `/ boulome v nw / aj ei v . Selinousi v oi" de v , ej pei ; hJ po v li" aj pwlw v lei , kai; politeiv an e[ dosan 663 . La breve narración de Diodoro, XIII 64, 1, dice: Kata ; de ; th ;n ÔElla v da Qrasu v boulo" pemfqei ;" par∆ ∆Aqhnai v wn meta ; new `n triav konta kai; pollw `n oJ plitw `n su ;n iJ ppeu ` sin eJ kato ;n kate v pleusen ei j" th ;n “Efeson: ej kbiba v sa" de ; th ; n du v namin kata ; du vo to v pou" prosbola ;" ej poih v sato . Tw`n d∆ e[ ndon ej pexelqo v ntwn kartera ;n sune v bh ma v chn susth ` nai: pandhmei ; de ; tw `n ∆Efesi v wn aj gwnisame v nwn tetrako v sioi me ;n tw `n ∆Aqhnai v wn e[ peson, to u ;" d∆ a[ llou" oJ Qrasu v boulo" aj nalabw ;n ei j" ta ;" nau `" ej xe v pleusen ei j" Lev sbon 664 . Analizando las difer encias entre las dos versiones y el tratam iento de los hechos en Jenofonte y en las Helénicas de Oxirrinco , Bleckmann 665 indica que, en el caso de Jenofonte, contrasta la concisión a la hora de narrar la derrota ateniense de Trasilo en Éfeso con su extenso informe sobre los saqueos de Trasilo en la satrapía de Tisafernes (Jenofonte, Helénicas I 2, 2-5); por el contrario, en las Helénicas de Oxirrinco parece que se subsana es ta cuestión dando m ás peso a la batalla de Éfeso con 663 Para este y l os dem ás fragmentos de Jenofonte hem os seguido la edici ón español a de Jeno fonte, Helénicas , (int roducción, traducci ón y notas de O. G untiñas Tuñón) , Madrid , 197 7; para este pasaje la traducción es, pp. 36-37: “Tr asilo después de esto ret ir ó el ejército al m ar con la intención de za rpar para Éfeso. Cuan do Tisafernes se en teró de este plan, reunió un numeroso ej ército y envió un os jinetes para ordenar a todos acudir a Éfeso en ayuda de Ártem is. Trasilo zarpó para Éfes o di ecisiete días después de su incursión y d esembarcó a los hoplitas junto al monte Coreso, pero a la caballería, p eltastas, soldados de cubierta y a todos los dem ás, junto al pantano, en el otro l ado de la ciudad; y al amanecer acercaba a la ciudad a los dos gru pos. Los de l a ciudad sa lieron al encuentro, efesios y aliados, los que trajo Tisafernes y los siracusanos de la s veinte naves pri meras y los de las ot ras cinco que se presentar on enton ces casualm ente, que acaban de llegar a las órde nes de los es tratego s Eucles, hijo de Hipón, y Heráclid es, hijo de Aristógenes, y dos naves selinusias. Todos es tos atacaron primero a los hoplitas del m onte Coreso. Los hicieron re troceder, mataron a un centenar de ellos, l os persiguieron hasta el mar y luego se vol vieron contra los d el pantan o. Los atenien ses también allí h uy eron y perecieron unos trescientos de ellos. Los efesios erigi eron un t rofeo a hí y otro ju nto al m onte Coreso. Dieron premios co lectivos al valor a los siracusan os y selinusi os, que fueron los me jores, y numeros os indi viduales y e xención perpet ua de impuest os a quienes deseara n residir en É feso. A los sel inusios les o torgaron ta mbién el derec ho de ciudadanía, porque su ciudad había sido destrui da”. 664 Nuestra traducción es: “En Grecia Tr asilo [hay que corre gir el texto original, y a que ci ta a Trasibul o erróneamente], enviado por los aten ienses con trein ta naves y una gran cantid ad de hoplitas junto a cien soldados de c aballería, se dir igió a Éfeso; y, tras de sembarcar to das sus tro pas en dos luga res, la atacó. Sus habitant es, salie ndo al encuent ro, entabl aron un c ombate encarnizado; tras luchar todo el pueblo efesio, cayeron cuatrociento s atenienses, mientras que Trasilo, tras e mbarcar a los dem ás en las naves, puso rum bo a Lesbos”. 665 Bleckmann, op. cit. , p. 161. 264 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o pondría cuidado en incluir la participación espartana en la guerra siempre que fuera posible”. En este sentido, Lehmann 696 cree que en el papiro se ignora con cautela la importante p articipación persa en operacion es m ilitares y en la estrateg ia de la coalición anti-ateniense e incide en que este papiro contribuye a consolidar una tendencia en las Helénicas de Oxirrinco a acentuar el papel hegemónico de Esparta como potencia y una actitud fundamentalmente pro-espartana en la narración y en el juic io del historiador (también opina lo m ismo Accame 697 , estudioso de las fuentes de Diodoro para esta época y que indica que Éforo, poco partidario de los lacedemonios, debió de “desfigurar en ocasiones el evidente interés de su fuen te por Esparta y los espartanos”). En suma, con relación a lo que las Helénicas de Oxirrinco y Jenofonte cuentan y dejan de contar, dados los paralelismos y las discrepancias, Lehmann cree que en las dos narraciones los hechos son semejantes, pero los detalles y la co ncepción de su narración histórica s on claramente diferentes, por lo que cada hist oriador seleccionó los datos reales que les interesaban. Lo que no se cita en el texto de las Helénicas de Oxirrinco , y no sabemos si es deliberado o si es debido a la mutilación del pa piro, es la p resencia de Tisafernes y su ejército persa en la defen sa de Éfeso. Bleckmann 698 señala que tal presencia es ocultada y que para el historiador de Oxirrinco la participación de Tisafernes no debió de jugar ningún papel en la defensa de Éfeso. Con todo, parece que el sátrapa no reaccionó al ataque de Trasilo hasta que el ataque a Éfeso, ciudad sometida a su control sin protestas, fue inminente (según Jenofonte, cf . supra , el auxilio prestado por Tisafernes fue bajo u n pretexto religioso, p. 264 y nota 663); reunió una poderosa fuerza de defensa y logró poner en fuga a los atenienses, matando a unos cuatrocientos atenienses. En este sentido y en respuesta a los planteam ientos de Lehmann, creemos que el historiador de Oxirrinco no habría call ado la particip ación de los persas en los hechos, pues no niega ni evita indicar su presen cia en otros hechos a lo largo de la o bra (basta indicar que aparecen los nombres persas de Arieo – Hel. Oxy . XVI, 248-, Artajerjes – Hel. Oxy . XVI, 239-, Ciro – Hel. Oxy . XX, 543-, Espitrídates – Hel. Oxy . XXIV, 700-, Farnabazo – Hel. Oxy . X, 70-, Megabates – Hel. Oxy . XXIV, 706-, Pasifernes – Hel. Oxy . XXII, 560-, Ratanes – Hel. Oxy . XXIV, 725-, Tisafernes – Hel. Oxy . XIV, 132-, y Titraustes – Hel. Oxy . XVI, 245-, lo que conlleva, sin duda, la intervención persa en los asuntos griegos y un buen co nocimiento por parte del historiador de Oxirrinco sobre el papel de lo s persas en la política exterior de m u chas po v lei" griegas), por lo que hay que suponer que o desconocía el dato o tales hechos 696 Lehmann, art. cit ., (1 977), p p. 186-18 7. 697 Accame, art. c it ., (1978) , pp. 163-165. 698 Bleckmann, op . cit ., p. 155. 271 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o estarían narrados en las lagunas que preceden al papiro, de modo que nos resulta muy extraña una ocultación voluntaria de los hechos en este pasaje. - tou ;" me ; ] n meta ; tou ` Pasi v wno" tw `n ∆Aqhnai v wn [ ou jc ] eJw v rwn ... [ tou ; ] " de ; peri ; Qrav sullon oJ rw ` nte" : Según parece, la estrategia dibujada por Trasilo era un ataque simultáneo por ambos grupos, si bien, al no ver los efes ios al segundo grupo, esperaba tener éxito gracias a la sorpresa; en el caso de Jenofonte, también parece qu e el ataque fue conjunto. - tou ` Pasi v wno" : El nombre de Pasión no aparece recogido en Jenofonte ni en Diodoro, com o indican McKechnie y Kern 699 , por lo que estos investigadores, de acuerdo con Lewis 700 , recurren a otro nombre, apoyándose en la insegu ridad m ostrada en el resto de la obra en cuanto a la escritura de nombres prop ios; se plantea la rectificación d el nombre que aquí aparece, Pasión, proponiendo el nombre de Pasifonte (tam bién lo cree así Bleckmann 701 ), cuyos nominativos se asemeja n, si bien, com o indica Kloss 702 , el genitivo de esta últim a forma no sería Pasi v ãfÃwno" , sino Pasi v ãfÃwnãtÃo" , que ya se aleja un poco más de lo escrito en el papiro; para ello se basa en una inscripción citada por McKechnie y Kern ( IG I 3 375) donde aparece el dativo Pasi v fwnti . Pasifonte sí estaría identificado, ya que, coetáneo a Tras ilo, existió un general ateniense con ese nombre; de hecho sería uno de los cuatro generales que recibió en Samos fondos en el año 410/409, donde casualmente Trasilo hizo escala en su viaje a Asia Menor, y, muy probablemente, Pasifonte se uniría a la expedición a Jonia com o segundo general al mando. Por otro lado, para Bleckmann 703 , si se acepta que el tal Pasión del texto tiene que ser Pasifonte, su presencia en el text o puede ser utilizado como argum ento a favor de la datación cronológica de Dodwell en el año 410/409, ya que, según la inscripción IG I 3 375, Pasifonte fue estratego es e año 699 McKechnie y Kern, op. cit ., p . 118. 700 Lewis, D. M., Sparta an d Persi a , Leiden, 1977, p. 1, nota 1. 701 Bleckmann, op . cit ., p. 282. 702 Kloss, art. ci t ., pp. 27-3 7; aquí p. 35. T ambié n Develi n, R., Athenians Officials 684-321 B. C ., Cambri dge, 1989, p. 1 65, manifi esta su opos ición al nom bre de Pasifonte . 703 Bleckmann, op . cit ., p. 282. 272 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o - e[ tucon ga ;r o[ nte" e[ ti po v rrw kai; [ ma ] krote vran oJ do ;n tw `n eJ te v rwn bad i v zonte" : Evidentemente, el segundo contingente estaba lejos y tenía que recorrer un camino m ás largo porque había desembarcado en un lugar alejado de Éfeso y fuera del campo visual de la ciudad. En cuanto al término badi v zonte" , de gran predilección por parte de nuestro historiador, se especializa para indicar m ovimiento, pero dentro del terreno militar, po r lo que su aparición aq uí denotaría que el avance del grupo de Pasión/Pasifonte ya formaba pa rte del ataque y no era un me ro traslado de tropas, según Wankel 704 . - to ;n Qra v sullon : A diferencia de otros estrategos atenie nses, no es mucho lo que se sabe de Trasilo. Según Schwahn 705 , debió de nacer entre el 456 y el 442 a. C.; sobre su fa milia no consta nada, pero posiblemente poseyera cierta fortuna, puesto que el ser hoplita suele implicar la posesión de una cantidad, al menos moderada, de dinero, al tiem po que obtener el cargo de estratego sólo se daba si se era dueño de cierta extensión de tierra en el Ática; no obstante, es mu cho más probable que hubiera sido tr ierarca , pues este puesto solía preceder al de estratego en el cursus honorum de los m ilitares atenienses. En el 417 sirvió como hoplita en la flota en Samos; tras la revolución de los Cuatrocientos, fue elegido estratego por un a asamblea de soldados , junto con Trasibulo entre otros; al año siguiente, según nos indica Tucídides VIII 100, luchó en Cinosema contra las tropas peloponesias de Mindaro en el Helespon to y también contra el contingente de naves siracusanas con éxito; participó en la segunda batalla de Ábido. Después regresó a Atenas donde el gobierno de los Cuatrocientos fue sustitu ido por el establecimiento de los Cinco m il (gracias a Terá menes, en gran parte, si bien esto último es un tanto dudoso). Permaneció allí duran te el invierno con un papel influyente y contribuyó a la reinstauración de la dem ocracia a princi pios del año 411/410, cuando fue elegido estratego de m anera oficial. Con este cargo rechazó el ataque de Agis contra los muros de Atenas, lo que permitió la aproba ción de un contingente de cincuenta trirremes, m il hoplitas y cien jinet es para las acciones en el Helesponto (y adicionalmente cinco m il marine ros com o peltastas, según Jenofonte Helénicas , I 2, 1). En el 410/409 inició su expedición a Jonia: prim ero a Samos, donde permaneció tres meses; tras una derrota en Pigela, se diri gió a Notio, se anexionó Colofón y atacó el interior de Lidia. Fracasó en su ataque a Éfeso (com o se comenta aquí). Después de esta derrota se unió a la flota ateniens e del Helesponto, tras pasar por Lesbos, poniéndose a las órdenes de Alcibíades en Lámpsaco. Al año siguiente la flota se 704 Wankel, art. cit ., aquí p. 55. 705 Schwahn, W ., “Thrasyllo s”, RE VI A (1936) , cols. 57 8-581. 273 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o reforzó con la llegada de una pequeña flot a comandada por Terámenes y se sucedieron diversas acciones: la anexión de Calcedón, la paz con Tisafern es, la toma de Selimbria y la conquista de Bizancio. En el 407 Tr asilo volvió a Atenas, donde no fue elegido estratego por sus fracasos en Jon ia y su tira nte relación con Alcibíad es; pero la derrota de éste en el 406 en Notio le permitió volver a la lista de estrategos y participar en la batalla de las Arginusas, que, a pesar de la vi ctoria, supuso el final de su carrera política y de su vida al ser condenado a muerte por la no recuperación de los náufragos: tras la victoria en dicha batalla, lo s estrategos dudaban si perseg uir al enem igo o recuperar a los náufragos; ante esto Trasilo sugirió h acer ambas cosas, dedicando la m itad de la flota a un cometido y la otra m itad al otro (Jenofonte, Helénicas I 7, 29), pero una repentina tormenta im pidió su recuperaci ón. Por último, Schwahn reconoce en Trasilo no la valía de un político brillante ni la de un gran estratego, sino su pertenencia a esa clase de gente contra cuya lealtad y honradez ni siquiera sus enemigos pueden lanzar reproches. Sin duda, el proces o de las Arginusas supuso la desaparición de los mejores y últimos generales fieles a la dem ocracia , hecho del que el mayor responsable f ue Terámenes. Para McCoy 706 también hay que contar con Tr asilo dentro del “grupo de patriotas leales que rech azaron el comprom i so con cualquier movimiento antidemócrata”. Para d i bujar un retrato menos aséptico que el de Schwahn, McCoy en su artículo ha analizado la valía d e Trasilo como político, asignándole dentro de la política ateniense entre el 412 y el 406 un pe so mucho mayor del que tradicionalm ente se le ha conferido, viendo en él a “un líder enérgico, un patriota y un ardiente defensor de la democracia”, con un único objetivo en su mente: “ llevar la guerra contra Esparta a una conclusión definitiv a”. Su victoria en Cinosem a, al lado de Trasibulo, pero si n la presencia de Alcibíades ni de Teráme nes (a los que, sin duda, en opinión de Bleckmann 707 , arrebató toda esperanza de obtener el mando total de la flota), y la restauración democrátic a en Atenas permitieron un nuevo esfuerzo en la guerra en el escenario de Asia Menor y la flota del Helesponto, bajo su comanda ncia, en el 410. Probablemente, tam bién Alcibíades utilizó su buena posición (pues T rasilo había sido hoplita en su juventud y ahora er a general libre de toda contr oversia por su lealtad a la democracia y participante activo de los éxitos del Helesponto que podría hacer un retrato de la situación real allí) para poder obtener ayuda de Atenas tras el encuentro contra las fuerzas del es partano Mindaro. Sin em bargo, Trasilo no pudo llevar inmediatamente al Helesponto la ayuda at eniense, posiblemente por tres razones básicas: el erario ateniense estaba exhausto en el 411, la s naves disponibles en los 706 McCoy, W. J., “Thrasyllus”, AJPh 98 (197 7), pp. 26 4-289. 707 Bleckmann, op . cit ., p. 389. 274 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o muelles del Pireo eran escasas y, según McCoy 708 , se produjeron cierta s interferencias políticas, ya que enviar refuerzos a A l cibíades, así com o la ausencia de Terámenes lejos de Atenas, podría suponer una invitaci ón a los Cinco mil a volver a Atenas. Volviendo a la importancia de Trasilo, McCoy 709 , analiza los cuatro hechos que dieron a Trasilo su status : en p rimer lugar, la victoria en Cícico, y a que indujo el entusiasmo en Atenas y la convicción de pode r vencer a los espartan os (tanto es así que los atenienses rechazaro n las propuestas de paz espartanas), con lo que Trasilo recibió el apoyo militar aten iense; en segundo lugar, la restau ración de la democracia, ya que Trasilo fue elegido para la primera strathgi va del nuevo gobierno (Hatzfeld 710 ve en Trasilo a la figura central en la caída de los Cinco m il y en esta restauración democrática); el tercer hecho es su victoria sobre Agis a las puertas de Atenas, co n la que se aseguró el apoyo ateniense y el alistami ento de nuevos refuerzos para la flota del Helesponto; y, por últim o, una recuperación del erario público para el 410 (probablemente algunos aliados, ante las vict orias atenienses, hici eron un esfuerzo por pagar a Atenas sus deudas). También es m uy posible que el envío de Trasilo a Jonia se produjera no tanto para apoyar las tropas de allí, en part e comandadas por Alcibíades, sino más bien para contrapesar la importancia que éste ten ía en es e ejército; en este caso, McCoy supone que la mano que estaba detrás de este envío era la de Cleofonte, político ateniense enemigo de Alcibíades, cuyo mom ento de gloria en la política coincidió con los éxitos de Trasilo (en ci erto modo, McCoy dibuja una relación entre ellos en la que podríam os definir a Cleofonte co mo la facción política y a Trasilo como la facción militar d e un mismo m ovimiento). Tras su larga estancia en Atenas y el retraso por sus acciones en Samos, Pigela, Colofón, Éfeso y Lesbos, el recibimi ento por parte del contingente que había permanecido en el Helesponto fue frío, ya que había privado de éxito a éste, al m ermar la capacidad ofensiva de una flota sin refuerzo s y permitir la r econstrucción de las f lotas espartana y siracusana. En el plano pers onal, adem ás, los generales del Helesponto (Alcibíades, Terám enes y Trasibulo, entre otro s) m antenían el cargo por la autorización o elección de la flota, frente a Trasilo que venía elegido desde Atenas, por lo que los roces o discrepancias en la strathgi va debieron de estar al orden del día (Jenofonte, Helénicas I 2, 15, reconoce la poca amistad que unía a Alcibíades y Trasilo y en este sentido McCoy 711 sugiere cierta satisfacción en Alcibí ades al enterarse de los fracasos de Trasilo). Durante su cam paña en el 408 y 407, Alcibíades debió de tener sospechas 708 McCoy, art. cit ., pp. 272-274. 709 McCoy, art. cit ., pp. 275-277. 710 Hatzfeld, J., “ La fin du régime de T héramène”, REA 40 (1938), pp. 113-124; en concreto pp. 121-123 . 711 McCoy, art. cit ., p . 283. 275 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o de la actitud de Trasilo. Ambos volvieron a Atenas, Trasilo en el verano del 407 y Alcibíades poco después, cuando se aseguró su reelección para la strathgi va del 407/406, en la que, casualmente, Trasilo no fue incluido, probablem ente por sus derro tas y por l as vic toria s de Alc ibíad es (p aralelamente, tampoco las fuentes hablan de Cleofonte en este año). Sin embargo, todo cambió con la derrota de Alcibíades ante Lisandro en Notio en el 406: ni él ni Trasibulo, entre otro s, fueron reelegidos para la strahgi va , pero sí una serie de leales demó cratas, entre los que figuraba Trasilo (coincidentemente, salta de nuevo a la escena política Cleofonte). Como ya se ha indicado, al finalizar la bata lla de las Argi nusas, Trasilo (que, según Diodoro, XIII 97, 6, ejercía el mando s uprem o ese día) tuvo que enfrentarse con un gran dilema: recoger a los náufragos y a lo s muertos para da rles sepultura, co mo proponía el estratego Diome dón, o enviar a toda la fl ota en persecución de los espartanos a Mitilene, com o proponía Eras ínides; optó por hacer las dos cosas, dividiendo su flota y poniendo a Trasibulo y Terámenes como trierarc as de la parte de la flota que recuperaría a los náufragos y muertos (quizás porque eran estrategos de larga experiencia y así se libraría de ello s temporalmente m ientras perseguía a los espartanos o quizás porque, por su mala re lación con ellos y los lazo s de éstos con Alcibíades, si algo salía mal, los atenienses fácilm ente los culparían). Sin embargo, la inoportuna tormenta lo truncó todo y Tras ilo, probablem ente sintiéndose culpable y responsable de lo sucedido, volvió a Aten as, a donde ya había llegado previamente Terámenes, que acusó a los estrategos. Con el affaire de la batalla de las Arginusas parece que se ofreció un lam entable espectáculo político y judicial en Atenas: el ju icio a los estrategos de la última victoria ateniense en la Gu erra del Peloponeso pudo resultar “un vericueto legal dentro de l cual las envid ias políticas ofrecieron lo peor de los atenienses”, según McCoy 712 , y que finalizó con la condena de los seis estrategos que volvieron a Atenas. Paralelame nte, Cleofonte p arece desapa recer de la escena política durante un año tras el juicio a los generales de las Arginusas 713 . 712 McCoy, art. cit ., p . 286. 713 Sin duda, el proces o de las Arginusas fue un ac ontecimiento de gran rele vancia y trasc endencia en l a historia de Atenas de este períod o. Sin embarg o, dado que en las Helénicas de Oxirrinco está perdida la narración rela tiva al mism o y no se cita ni l a batalla, ni el proceso ni a algun o de sus princi pales protago nistas, creem os que no este el l ugar para exp oner un coment ario sobre el mi smo. No obstant e, para aquel qu e esté interesado en el te ma, remitimos a la siguiente bib liografía, consultada por noso tros, específica sobre el pro ceso algunos de estos títu los s on au ténticas monografías sobre el tema: Cloch é, P., “L’affaire des Arginuses”, RH 130 (1919), pp. 5-68; del mismo autor, “Les procès des str atèges athéniens”, REA 27 (1925 ), pp. 97- 118; A n drewes, A., “The A rginousa i trial ”, Phoenix 28 ( 1974) , pp. 112-122; Sord i, M., “Teramene e il processo delle Arginuse”, Aevum 55 (198 1), pp. 3-12 ; Due, B., “The trial of the Generals in Xenophon’s Hellen ica ”, Classica - Medievalia 34 (1 983), pp. 33-44 ; Németh, G., “Der Arginusen-Prozeß. Die Geschichte eines politisch en Justiz mordes”, Klio 66 (1984), pp. 51-5 7; Lang, M. L., “ Therame nes and Argi nousai”, Hermes 120 (1992), pp . 267-279 ; Bleckmann, op. cit ., pp. 509-571. A dicionalm ente habría que añadi r bibliogra f ía de Terám enes, Alcibí ades y otr os protagon istas del proceso que tratara la cuestión, así co mo bibliogr afía existen te sobre p rocesos p olíticos en gen eral en Atenas. 276 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o - aj ph v ntwn au j toi ` [ " ]: No hay nada que indique claramente que en esta defensa fueran los efesio s los que salieran airosos del ataque ateniense; quizás el ulterior meta ; [ de ; ta u ` ] ta , con valor adversativo podría marcar una situación previa desfavorable para los atenienses; sobre todo, porque parece que Trasilo h ace un cam bio de estrategia. - pro ;" [ to ; ] n lime v na to ;n Korhsso ;n kalou v menon : Este texto de las Helénicas de Oxirrinco ha corroborado las suposiciones de Keil 714 y Robert 715 , quienes intuyeron la posibilidad de que Coreso no fuera un monte, sino un puerto. En los últim os tiempos, Engelmann 716 , ante algunos estudiosos que, como Brein 717 , han puesto en duda las tesis de Keil, ha analizado las fuentes antiguas para dejar la cuestión zanjada. Respecto de l término Coreso estudia cinco testim onios de la Antigüedad para poder dilucidar si es un puerto o una colina. El prim ero es Heródoto V 100, donde se dice que ajj piko v menoi de ; tw `/ sto v lw / tou v tw / “Iwne" ej" “Efeson ploi `a me ;n kat e v lipon ejn Korhsw `/ th `" ∆Efesi v h" , au j toi ; de ; aj ne v bainon ceiri ; pollh `/ 718 , por lo que parece claro que es un puerto y así lo entiende el traductor de Heródoto, Schrader 719 . El segundo testimonio es el texto de las Helénicas de Oxirrinco aquí citado, donde claramente se lo nombra com o puerto. Los otros tres testim onios no dicen nada sobre un puerto, pero relacionan el nombre con colinas: Creó filo, en Ateneo VIII 62 p. 361 c-e, indica que kai; diaba v nte" oi J ∆Efe v sioi ejk th `" nh v sou , e[ tea ei [ kosin oi j kh v sante" , to ; deu v teron kti v zousi Trhcei ` an kai ; ta ; ej pi ; Korhsso vn 720 ; Estrabón XIV 1, 4, escribe que Tracei `a d∆ ej kalei ` to hJ uJ pe ;r to ;n Korhsso ;n parw v reio" 721 ; por último, el propio Estrabón XIV 1, 21, dice: ej kbalw ;n d∆ oJ “Androklo" tou ;" pleiv stou" w/[ kisen ejk tw `n sunelqo v ntwn au j tw `/ peri ; to ; ∆Aqh v naion kai; th ;n ÔUpe v laion , prosperilabw ;n kai; 714 Keil, J., “Z ur Topographi e und Geschic h te von Ephesos”, JÖAI 21-22 (1922-24 ), pp. 96-112. 715 Robert, L. , “Sur de s inscripti ons d’É phèse. Fête s, athletes, em pereurs, épigramm es”, RevPhil. NS 3, 41 (1967) , pp. 7-8 4; aquí p. 73. 716 Engelmann, H., “Beiträge zu r ephesi schen T opographi e”, ZPE 89 (1991) , pp. 275-295. 717 Brein, F. , “Zur e phesische n Topogra phie”, ÖJh 51 (1976-7 7), pp. 65 -76. 718 La traducción en Heródoto, Historia. Libros V- VI, (traducción y notas de C. Schrader ), Madrid, 1981, pp. 180- 181, e s: “Con esos e fectivos l os joni os se llegaro n a Éfeso; y, tras deja r sus naví os en Coreso, en territori o efesio, los e xpedici onarios se diri gieron t ierra ad entro, c on un n umeroso c ontingente de t rop as”. 719 El tradu ctor de Heródoto , op. cit ., pp. 180-1 81, nota 49 9, dice de Core so: “Una playa adecua d a para los desembarcos ( cf . Jenofonte, Helénicas I 2, 9-10), sit uada al pie de u na colina del m ism o nombre, a unos 7 km. al sud oeste de É feso ( cf . Diodoro XIV 99, 1) ”. 720 Nuestra traducción es: “Los efesios, tras pasar desd e la isla y habitar durante v einte años, fundaron por segunda ve z Traquea y el territorio cercano a C oreso”. 721 La traducción de Est rabón, Geografía ( Libros XI-X IV) , (introducción, tr aducción y n otas de M. P. de Hoz Garcí a-Bell ido), Madri d, 2003, p. 465, dice: “Traquea se llam aba a la estribación montañ osa en torn o a Coreso”. 277 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o th `" peri ; to ;n Korhsso ;n parwrei v a" 722 . A partir de los tres datos Engelmann 723 expone que Coreso está puesto en relación con una co lina, pero no se dice que sea una colina (y ahí está el error de consid erarlo una colina), ya q ue lo que s e está diciendo es Trhcei ` an kai; ta ; ej pi ; Korhsso vn , Tracei `a d∆ ej kalei ` to hJ uJ pe ;r to ;n Korhsso ;n parw v reio" y th `" peri ; to ;n Korhsso ;n parwrei v a" ; de estos datos se entiende una relación de proximidad entre unas colinas, Traquea, y un lugar llama do Coreso, situado con toda seguridad al pie de las mism as ( ej pi v , uJ pe vr y peri v ), por lo que no puede aceptar que Coreso es una colina; como concluye contundentemente Engelm ann: “ Ein ephesischer Stadtberg Koressos hat nie existiert ”. Müller 724 cree que el puerto está al pie de una colina que recibe el mismo nom bre. Para Bleckm ann 725 el puerto de Coreso es el único punto de la topografía efesia cuya situación es conocida co n relativa seguridad. Según Karwiese 726 , el puerto debía de estar no al este, sino al oeste del ca bo formado por las estribaciones del Pión, al tiempo que resuelve un problem a derivado de Diodoro, XIII 71, 4, que, a colación del viaje de Alcibíades a Éfeso tras la derrota de Notio, dice de él que ej pe v pleuse toi `" lime v si tw `n polemi v wn ; el plural desconcertante se explicaría de dos formas no excluyentes: porque el puerto sagrado y el pue rto de Coreso estuvi eran juntos o por un uso anómalo, pero no único de plural por singular (ya que el p ropio Diodoro, XIII 67, 2, cita en plural el únic o puerto en Bizancio). En cuanto al ataque, Bleckmann 727 ve una diferencia entre Jenofonte y las Helénicas de Oxirrinco , ya que, según éstas, los aten ienses no fueron rechazad os inmediatamente en el puerto de Coreso, sino qu e más bien los efesios corrieron hacia el puerto ( pro ;" ) para rechazar a los atenienses. En Jenofonte el com bate no tiene lugar en el puerto, sino entre el puert o (monte) d e Coreso y la ciudad. Continúa indicando Bleckmann que los atenienses no fueron recha zados en seguida, sino que tuvieron cierto éxito en el ataque y casi to man la ciudad, después de que los efesios intentaran contrarrestar su ataque, saliendo en dirección al puerto de Coreso. A la vista del avance del grupo ateniense procedente d el puerto, Bleckmann acepta que este grupo debió de enfrascarse en una gran batalla en la ciudad, en parte porque estaba débilm ente equipado y dirigido por el insignificante Pasi on/Pasif onte; finalm ente, en lugar de la 722 Para este f ragm ento la traduc ción en Estr abón , op. cit., ( 2003), p. 483, es: “Pero Androclo los echó e instaló en torno al Ateneo y al Hipeleo a la mayor pa rte de los que habían ido allí con él, añadiend o además el territorio en torno a l monte Coreso”. 723 Engelm ann, art. cit ., pp. 288-292. 724 Müller, op. cit ., pp. 461-463. 725 Bleckmann, op . cit ., pp. 149-150 . 726 Karwiese, op. cit ., p. 41. 727 Bleckmann, op . cit ., pp. 155-156 . 278 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o huída de dos grupos separados (el de Coreso y el del pantano) descrita por Jenofonte debería haberse indicado la huída de un ejército ateniense unido. Por otro lado, tal y como nos indica Bleckm ann 728 , encontramos aquí la primera de las frecuentes indi caciones geográficas puntualiza das por el historiador de Oxirrinco con el participio kalou v menon , fórmula repetidamente utilizada por Diodoro y por la historiografía helenística. - ... te ..... n kai; pis [ to ] ta v to [ u ] . o . e .. [...] ... nhtwn ei ... ta e ..[.] e ...[........] di [.]. pedi v wi : A pesar de lo fragmentario de este pasaje, donde la m ayoría de las letras recogidas en la edición de Chambers son de lectura dudosa (y m arcadas con un punto debajo), y de su casi impos ible reconstrucción, Koenen 729 se vio tentado a rellenar algunas de las lagunas con la s siguientes palabras: ... te ..... n con pro v teron , . o . e .. con to v te , ... nhtwn leído como Surako ] usw `n y ei ... ta leído como h{ konta" , en parte por comparación del texto de Jenofonte, Helénicas I 2, 6-10, donde aparece oi J t∆ aj po ; tw `n prote v rwn ei [ kosi new `n y aj po ; eJ te v rwn pe v nte ai { e[ tucon to v te parageno v menai newsti ; h{ kousai , de manera que este pasaje co rrupt o pudiera hacer referencia a las dos pequeñas flotas siracusanas que presta ron auxilio a los ef esios, pero reconoce sinceramente que ninguna de estas tres pala bras puede leerse con seguridad, por lo que no deja de ser una mera tentativa. No obstante, para ... nhtwn sería posible la reconstruc ción sin variar las letras parcialmente conservadas recurriendo, según Koenen, a los nombres de pueblos vecinos de los efesios, por lo que no sería descabellada una lectura del tipo ∆Anai ] nhtw `n , nombre de los habitantes de Anea, si bien el toponímico habitual es ∆Anaii v twn ; también intentó Koenen sin éxito la reconstrucción con el genitivo de algunos toponímicos de la zona: Benei ` tai y ∆Akhnoi v (dos pueblos efesios), Pateirhnw `n katoiki va y Kairhnw `n katoiki va (en el valle del Caistro), Baganhtoi v , Lamuanei ` tai y Killa v nion pedi v on (en la llanura del Caistro). En las notas de su aparato crítico Ko enen 730 reconstruye así todo el pasaje de las líneas 13-16, aunque reconoce lo ex trem ada mente dudoso y forzoso de la reconstrucción: [ e[ co ] nte" summa v cou" tou v" te bohqh v santa" [ au j to ] i` " p [ r ] ov te [ r ] on kai; pistota v to [ u ] " to v t∆ ej [ k Surako ] usw `n † tw `n † h{k [ o ] nta" t [ o ] uv" [ t ] e tw `n ej [ n Kil ] bi v [ w ] i pedi v wi katoikou v ntwn . Una traducción para esta reconstrucción sería: “Teniendo como aliados a los que les ayudaron previam ente y a los más leales que 728 Bleckmann, op . cit ., pp. 26-27, nota 23 . 729 Koenen , art. cit ., p. 57. 730 Koenen , art. cit ., p. 75. 279 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o habían venido entonces de part e de los siracusanos y algunos de los que habitaban en la llanura de Cilbia”; de ser así o semejant e la reconstrucción, sería evidente que el historiador de Oxirrinco también habría rec ogido entre los aliados casi a los mismos que recoge Jenofonte, pues, como plantean McKechnie y Kern 731 , los cilbios formarían parte del contingente usado por Tisafernes para defender Éfes o; es evid ente que Koenen tuvo presente el texto de Jenofonte al presentar esta forzada reconstrucción. - ...] pedi v wi : Para Koenen 732 aunque paleográficamente es más probable reconstruir di que bi , aquí se podría trat ar de reconstruir Kil ] bi v [ w ] i , es decir, la llanura de Cilbia, un territorio situado en el curso alto del Caistro; Koenen, asistido por Engelmann 733 , indica que, puesto que la llanura recibe su nombre del río Ki v lbi " , afluente del Caistro, la llanura en cuestión es la gran llanura de Ödemi ş , al noreste de Éfeso, cuyos habitantes siempre tuvieron estrechas relaciones con los efesios. Sin em bar go, el adjetivo atestiguado es Kilbiano vn , como indica el propio Koen en, si bien la forma que reconstruye parece ser una pos ible form ación del nombre, ya que existe en la m i sma zona un Ki v lbion o[ ro" . Añade Koenen que la indicaci ón podría referirse a tropas que procedieran de allí y que formaran parte del ej ército que Tisafernes dirigió en ayuda de Éfeso ( cf . supra , p. 270; de ser así, las Helénicas de Oxirrinco también citar ía entre los aliados de los efesios a los persas, aunque habría que pensar que los persas no tenían destacamentos en Éfeso en el m omento del ataque, sino que acudieron después del mismo). Las pequeñas lagunas al final podría n completarse com o se indica arriba, aunque habría otras posibilidades, según Koenen 734 . No obstante, Lehmann 735 opina que la reconstrucción de este pasaje es altamente problem ática y, en todo caso, dich a prouesta de Koenen no implica en modo alguno la presencia de un contingente de tr opas enviadas en ayuda por Tisafernes. En este sentido, Behrwald 736 , que acepta la reconstrucción de Koenen, puntualiza que la llanura de Cilbia se extiende por el curso alto del río Caistro, recibiendo hoy el nombre de Kü çük Menderes, al noreste de Éfeso, en las proxim idades de la actual Ödemi ş ; no obstante, Behrwald indica que no se puede determinar la posible extensión de esta llanura ni la distancia que la separaba de Éfeso 731 McKechnie y Kern, op. cit ., p . 119. 732 Koenen , art. cit ., pp. 58 y 74-75. 733 Engelm ann, art. cit , p. 58. 734 Koenen , art. cit ., p. 75. 735 Lehmann, art. cit., (197 7), pp. 184 -185. 736 Behrwald, op . cit ., p. 98. 280 Tercera Parte. C omentari o Histórico. Fra gmento de El Cair o Helénicas de Oxirrinco II 1 (Colum na 2, líneas 25-41) En la laguna existente al inicio y al final de las columnas 1 y 2, según Bleckmann 768 , se debía de narrar qué hicieron las tropas de Pasión/Pasifonte; la propuesta de Bleckmann es que este estrat ego podría haberse unido al grueso del ejército comandado por Trasilo, siempre y cuando los datos ofrecidos ( cf . infra , pp. 290- 291) sobre los dos caminos distintos de huída de los atenienses no se refieran a los dos grupos por separado (es decir, que los solda dos dirigidos por Pasi ón/Pasifonte tomaran un camino de huída y los de Trasilo otro), sino al grupo unido en el intervalo no narrado. - pro ;" au j tou ;" kate v feu [ gon , oJ de ; to ; ] str at [ ov ] pedon ej ph ` gen . uJ poc [ w ] rou v ntwn de ; tw `n ej nanti v wn : Los que se retiran en este momento son los efesios, con toda seguridad porque han sido sorprendidos por el ataque de Pasión/ Pasifonte o por la llegada de las fuerzas dirigidas por Trasilo. De hecho, hay que ver, casi con total seguridad, al propio Trasilo en la expresión o J de v . Según Bleckmann 769 , sería apropiado suponer, ya que la laguna textual no ayuda a clarificar la s cosas, que Trasilo debió de atacar desde la colina y provisionalmente obtuvo la victoria. Lo que tampoco queda claro es si los ef esios huyen realmente (muy probablemente) o si hicieron una falsa fuga para hacer una emboscada a los atenien ses. De los aparentemente constantes cambio s en la suerte del combate que se describen en las Helénicas de Oxirrinco se puede pensar que la bata lla fue basta nte dura; así Bleckmann 770 cree que el término kartera ;n ma v chn de Diodoro, XIII 64, 1, sería la forma de expresar concisam ente la dureza del combate de Éfeso; redundaría en ello el número de bajas atenienses rec ogidas por Diodoro, 400 (aunque en el número coincide con el dato de Jenofonte; según Accame 771 , Diodoro suele ser dependiente de Jenofonte en cuanto a los datos cuantitativos). Con todo, Bleckmann 772 cree que, si las Helénicas de Oxirrinco inform aron de una gran batall a ante los muros de Éfeso, pudo dar para ésta una única cifra de caídos -l a que indica Diodoro- y los datos de Jenofonte se reduciría n fácilmen te a este efecto ( cf . infra , pp. 290-291). 768 Bleckmann, op . cit ., p. 156. 769 Bleckmann, op . cit ., p. 155. 770 Bleckmann, op . cit ., p. 157. 771 Accame, art. c it ., (1938) , p. 367. 772 Bleckmann, op . cit ., p. 158. 287 [Document text truncated for crawler view.]