Full text
http://zaguan.unizar .es
TDR-UZ [ T esis D oc torales en R ed U niv ersidad de Z aragoza]
Salvador Berlanga Quintero
La educación del consumidor para el ámbit o escolar: Discurso político y
práctica educativa en la comunidad autónoma de Ar agón
T esis Doc toral
Universidad de Zar agoza
3
UNIVE RSIDAD DE ZARAG OZA
DEPART AMENTO DE CIEN CIAS DE LA EDU CACIÓN
DE L A UNIVERSIDAD D E ZARAGOZA
FACULT AD DE EDUCACIÓN
LA EDUCACIÓN DEL C O N SU MIDOR PARA EL
ÁMBITO ES C OLAR: DISCURS O POLÍTICO Y
PRÁCTICA ED UCATIVA EN LA COM UN ID AD
AUTÓNOMA DE A RAGÓN
TESIS D OCTORAL
Presentada por: SALVADOR BER LANGA QUINTERO
Dirigida por: Dr. D. ANTON IO BERNAT MONTESINOS
Zaragoza, Septiembre de 2007
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5
AGRAD ECIMIENTOS
En el momento de finalizar la investigación, desarrollada en estos tres años, percibo
con más amplitud el horiz onte de un camino iniciado en 1986. Ahora sie nto alivio,
algo de cansancio, una s atisfacción difícil de reflejar e n palabras y un de s eo intenso
de reconocer l as a yuda s recibidas por parte de m uchas personas e instituciones. En
este sentido, soy una persona muy afortunada y sie mpre tengo mucho que agradecer:
- En primer lugar a mi d irector, Dr. D. Antonio Bernat, m i “maestro” hace
muchos años, por su amistad y asesorami ento científico, por su ex igencia y
entusiasmo en mi crecim iento int electual, por su capacidad para ha cer pos ible
lo imposi ble y por a y ud arme a encontrar las llaves que abren las pue rtas de
las melodías polifónicas.
- Quiero mencionar a lo s profeso res del Departamento de Ci encias de la
Educación de la Univer s idad d e Zaragoza que c ontribu y e ron a mi formación
y m e inculcaron que el m undo puede ser transformado y mejorado.
- Agrade z co su labor, también, a quienes ejercieron el pape l de “jueces” en los
extensos c uestionarios, a quiene s los cumpliment aron con g enerosidad en
Aragón y en Españ a, y a los entrevistados qu e me regalaron el análisis d el por
qué en la toma de decisiones desde sus puestos de responsabilidad.
- No puedo d ejar de record ar, aún a riesgo de olvidar a alguien, l as continuadas
contribuciones y palabra s de ánimo de J osé L ui s S oler, Paco Vera, Ánge l
Luis Monge, Nieves Ál varez, Carlos Peñasco, R ubén Gutiérrez, Juan Jos é
Vicente, Francisca P érez, L ucía G ermani, Pil ar Arbé, Concha Bue no, Jesús
Molledo, Pil ar Guerrero, Jo sé Mª Nasarre, Mª Do lores An gosto, Ana Mast ral
Pilar Gambau, Antonia Castañer, Luc í a B erlanga, Mª Paz Díez, Ant onio
Martínez, Guillermo Ge labert, Juan A. Pére z y , particularmente, de Mar ia no
Serrano por sus aportes informáticos.
- También quiero mostrar mi agradecimiento al
CIDAC
de la Dirección Gen eral
de Consumo, al
CI DOC
del I nstituto Nacional del Consumo, y al
Departamento de Educación Cultura y Deporte del Gobierno d e Ara gón por
la concesión d e una Licencia por estud ios que me permitió dedic ación
exclusiva a la investigación durante el curso 2005-2006.
- Y, finalmente, un reconocimiento especial a Ana Mari y a mis hi jos, a toda
mi familia, por los momentos no dedicados, por darme fo rtaleza en el “d uro”
camino recorr ido y po r llamarme cariñosamente “doctor” durante el pro ceso
de la investigación.
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7
ÍNDICE
ACRÓNIMOS ESPECÍFICOS Y CONVENCI ONES
SOBRE EL PR OYECTO DE INV ESTIGACIÓN: UNA
INTRODUC CIÓN METODOLÓG ICA
1.- Propósito y contexto de la investigación ............................................................... 19
2.- Cuestiones de la investigación...............................................................................
22
3.- Revisión de conocimientos: el estado de la cuestión .......................................... ... 23
4.- Objetivos de la investigación................................................................................. 25
5.- Diseño metodológico ............................................................................................. 26
6.- Estructura del Informe de Inve sti gación ................................................................ 31
INFORME D E INVESTIGACIÓN
I MARCO DE REFERE NCIA CONCEPTUAL
CAPÍTULO 1.- GENEALOGÍA Y PERSPECTIVAS DEL DISCURSO DE LA
EDUCACIÓN DEL CONSUMIDOR
1.- CONSUMO Y NUEVAS PER SPECTIV AS DE LO SOCIAL ............................ 37
1.1.- Sociedad de consumo I : An álisis conceptual (aproxim ación y
transformaciones conceptuales) ............................................................................ 37
1.1.1.- Defini ciones co nceptuales .............................................................................
38
1.1.2.- Consumir en un m undo globalizado ..............................................................
47
a) Modelos y efe ctos de la g lobal ización ..................................................... 47
b) El mov imiento antiglobalización y alterglobalización ............................
51
1.1.3.- El consu m o en una econom ía social ..............................................................
55
a) Responsabilid ad Social Corporat iva en el contexto internacional ...........
56
b) La econom ía social en E spaña .................................................................
60
1.2.- Sociedad de consumo II : Muta ciones semánticas.
El consumo ante las perspectivas postmodernas .................................................. 65
1.2.1.- Hacia un cam bio de paradigm a: ¿el fin de lo social?.....................................
65
1.2.2.- T ransform acio nes e conómicas e institucion ales ............................................
70
a) De la sociedad d e consum o a la sociedad red ..........................................
70
b) Im pli caciones pa ra la educación ..............................................................
74
1.2.3.- La pers pectiv a ecológ ica del consum o ..........................................................
76
a) El temor a l agotamiento de los recursos ..................................................
76
b) El cam ino para evitar una soc ie dad insos tenible ... ..................................
77
c) Alternativ as políticas ...............................................................................
81
1.2.4.- Hacia un enfoque ético de l consumo .............................................................
85
a) El lim it ado poder de un consum idor presuntam ente soberano ................
85
b) El consumo com o factor de explotac ión, violencia y pobreza .................
86
c) De un consum o sin límites al parad igma de la sostenibilidad
y de la respon sabilidad .................................................................................
90
d) De la reflex ión a la acción. Algunas propue stas concretas ......................
92
e) El com erc io j usto .....................................................................................
94
1.2.5.- La nueva cultura del consum o .......................................................................
96
a) La com pra como cultura ..........................................................................
97
i
8
b) Un ejem plo paradi gm ático: Wal Mart , la empresa- n ación ......................
99
1.2.6.- Di mensión em ocional del consum o .............................................................
102
a) El simbolism o de los objetos: em ocio nes y deseos ................................
102
b) El com port am ie nto de l consumidor .......................................................
105
2.- IMPLICACIONES, PRESUP OSI C IONES Y SILENCIOS
EN LOS DI SC URSOS D E LA EDUCACIÓN DE L CONSUMIDOR ................... 109
2.1.- El papel de la escuela para una nueva sociedad ......................................... 109
a) De alum nos a clientes y usuarios de l servicio educativ o.
La m erc antilización de la educación ....................................................................
109
b) Educar para la crítica: una responsabi lidad com par tida ..................................
111
c) Hacia la utop ía .................................................................................................
115
2.2.- Discursos de la educación del consumidor .......................................... ...... 116
a) Un discurso poco comprom etido .....................................................................
116
b) Necesidad de nuevos planteam ientos ..............................................................
117
3.- POLIFONÍA DE LOS DI SC URSOS DE L A EDUCAC IÓN
DEL CONSUMIDOR EN LA SOCI E DAD DE L CONOCIMIENTO .................. 121
3.1.- Los nuevos consumidores ......................................................................... 121
a) Cambios en la s familias ..................................................................................
121
b) Interés de la m ercadotecnia por los n iños ......................................................
122
c) Los jóvenes y el consumo ...............................................................................
125
3.2.- La educación del consumi dor: un derecho y una necesidad ..................... 128
a) Educar par a un mundo com plejo ....................................................................
129
b) Educar para com prender el co ntexto social ....................................................
130
3.3.- Apuntes sobre el debate de la transversalidad ........................................... 132
a) Alrededor del concepto d e t ransvers alidad .....................................................
132
b) Dificultade s para su aplicación .......................................................................
133
4.- LA EDUCACIÓN DE L CONSUM IDOR EN E L CONT EXTO
DE UN MUNDO GLOBA LIZA DO ....................................................................... 137
4.1.- El concepto de responsabilidad en una sociedad cambiante ..................... 137
4.2.- Educar para la responsabilidad .................................................................. 139
a) Educar para l a participación social, p ara la ciudadan ía
y para la com unidad ............................................................................................
139
b) Educar para la sociedad del conoc imiento y la era di gital ..............................
141
c) Educar para lo ecológico, para cons umir menos ............................................
146
d) Educar para so lidaridad ..................................................................................
150
e) Educar para l as emociones en un nuev o contexto cultural .............................
152
CAPÍTULO 2.- POLÍTICAS E INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA
EDUCACIÓN DEL CONSUMIDOR EN E SPAÑA: INCIDENCIA DEL
CONTEXTO E UROPEO
1.- COORDENADAS DE L AS PO LÍTICAS EUR OPEAS
DE LA EDUCACIÓN DE L CONSUM IDOR ......................................................... 157
1.1.- Principios y estrate gias de las políticas europeas
para la protección de los consumidores ........................................................... 157
1.2.- La Constitución Europea ......................................................................... 162
1.3.- Situación de la educación del consumidor
en la Unión Europea (1972-2001). Bases legislati vas ..................................... 165
1.4.- Situación actual y p erspectivas de la educación
del consumidor en la Unión Europea .............................................................. 170
ii
9
2.- INSTITUCIONES PARA L A EDUCACIÓN DEL CONSUM IDO R
EN ESPAÑA............................................................................................................. 175
2.1.- Ministerio de Sanidad y Consumo .......................................................... 176
a) Instituto Nacio nal del Co nsumo ...................................................................
176
b) Grupo de T ra bajo de I nformación, Form ación y Educación ........................
178
2.2.- Escuela Europea de los Consumi dores ................................................... 180
a) Red Españo la de Edu cación del Con sumidor ...............................................
180
b) P royectos in ter nac ionales ............................................................................
182
2.3.- Nuevas instituciones: Centros de Formación al Consum idor.................. 184
3.- PRÁCT I CAS DE LA EDUCACIÓN DEL CONSUM IDO R EN ES PAÑA ...... 187
3.1.- Planificación de actuaciones en materia de educación
del consumidor en las Comuni dades Autónomas de España
.............................
188
a) Introducción : aspectos gener ales .................................................................
188
b) Sobre acciones en centros doce ntes .............................................................
189
c) Sobre acc ione s fu era de l a educación form al ...............................................
193
d) Sobre acciones para la form aci ón del profesor ado .......................................
195
3.2.- Mecanismos de coordinación interinstitucional ...... ................................ 200
a) Coordinac ión c on el I nstituto Naciona l del Consumo . .................................
200
b) Coordinación en tre las Com unidades Autónom as ......................................
200
c) Coordinac ión e ntre l as Adm ini straciones de la Com unidad Autónom a .......
201
3.3.- Análisis por variables de comparación .................................................... 203
a) Criterio de acc eso a competenci as autonóm ica s...........................................
204
b) Criterio de v inculación d el área de co nsumo ...............................................
209
CAPÍTULO 3.- POLÍTICAS E INSTITUCIONES DE LA EDUCACIÓN DEL
CONSUMIDOR EN ARAGÓN
1.- DIMENSIÓN HISTÓR I CA S OBRE LA EDUCAC I ÓN DEL
CONSUM I DOR EN LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE ARAGÓN .............. .. 215
1.-
Primeros pasos de la educación del consumidor en Aragón ......................... 216
1.1.- Antece dentes: la conv ulsión del env enenamiento por aceite d e colza ........
216
1.2.- Proce so de transferenc ias. Principales norm as legislativas .........................
220
a) Revisión de la normativa .......................................................................
220
b) Tiem po de re celos e inseguridad alimentaria ............. ...........................
222
1.3.- Pri m eras experienc ia s educativ as ................................................................
223
a) La OMI C de Zarag o za ...........................................................................
223
b) El CRI ET de Alcor isa en Teruel ............................................................
224
c) Los talleres i tinerantes ...........................................................................
226
1.4.- A yudas económ ica s a ayuntamientos, asociacio nes y OMI C ......................
228
2.- Desde la publicación de la
LOGSE
a la asunción de transferencias
educativas (1990-1999): Bases de la educación de l consumidor ........... ............ 231
2.1.- Mar co legislativ o e intervenciones administrativas.............................. .......
231
2.1.1.- Ley Orgánica de Ordenación Gen eral del Siste ma
Educativo (LOG SE)................................................................................
231
2.1.2.- Convocatoria de ayudas a p royectos educativos .........................
232
2.2.- Incidencia de la c risis insti tucional (1993- 1995) ........................................
232
2.2.1.- Acciones educ ativas ....................................................................
232
2.2.2.- T iempo de ines tabilidad po líti ca .................................................
234
2.2.3.- El t raspaso de consu mo al ám bit o de la sanidad:
una cuestión cont rovertida ......................................................................
236
iii
1 0
2.3.- La cre ación de la D irección Gene ra l de Con sumo:
clave de la ins titucionalización de la educ ación del con sumidor .........................
239
2.3.1.- Estr uctura y marco com pete ncial ................................................
239
2.3.2.- Pri m er os pasos de la D ir ección Gene ral ... ...................................
242
2.4.- El Est atuto de los Con sumidores y Usua ri os de A ragón (1997)..................
246
3.- Desarrollo y consolidación (2000-2007) ....................................................... 249
3.1.- Afia nzam iento de la D irección General de Co nsum o .................................
249
3.1.1.- Hacia e l horiz onte del sig lo XX I .................................................
252
3.2.- Implicación de la C onsejería de Educa ci ón, Cul tura y Deporte.
Coordinación interdepartam ental .........................................................................
261
a) Antes de las t ra nsferen cias educativas (1986- 1999) ...........................
261
b) Después de l as transferencias .............................................................
262
c) Situación ac tual ...................................................................................
263
3.2.1.- Pres encia de la edu cación del con sumidor en la política
de innovación del Departam ento de Educ ación ....................................
267
3.2.2.- La educa ción del consum ido r en el currículo
de la Comunid ad Autónoma de Arag ón..................................................
271
3.3.3.- Perspe ctivas po líticas ...................................................................
291
3.3.- Otra s aportaciones institucionales y sociale s: Contribución de
El Justicia de A ragón y de las asoci aciones de consum idor es .............................
294
3.4.- Ley de Protección y Defensa de lo s Consumidore s y Usuarios,
y Ley Or gánica de reform a del Estatuto de Autonom ía de Aragón ....................
301
II EST UDIO EMPÍRICO
CAPÍTULO 4.- DISCURSO POLÍTICO Y PRÁCTICA DE LA EDUCACIÓN
DEL CONSUMIDOR EN ARAGÓN: CENTR OS DE LA RED ARAGONES A
1.- INTRODUCCIÓN .............................................................................................. 309
2.- SELECCIÓN DEL CAMPO DE INVESTIGAC IÓN ........................................ 311
2.1.- Acceso a la fuente de datos a través de cuestionario.... .............................. 312
2.2.- Acceso a datos a través de entrevistas ........................................................ 313
2.3.- Diario del investigador como fuente y refl exión de datos ......................... 314
3.- ESTRATEGIAS DE RECOG I DA DE DATO S ................................................. 315
3.1.- Elaboración del cuestionario ...................................................................... 315
3.1.1.- Cuesti onario i nicial ...................................................................................
315
3.1.2.- Va loración po r jueces ...............................................................................
316
3.1.3.- Cuesti onario f inal .....................................................................................
339
3.2.- Entrevistas a responsables del ámbito polí tico y del ámbito técnico ......... 354
3.3.- Instrumentos básicos para el registro y pr oc esamiento de los datos .......... 35 6
4.- ANÁLISIS E INTERPRETAC I ÓN DE LOS RESU L TADOS .......................... 357
4.1.- El discurso político y su percepción ........................................................... 365
4.1.1.- Aspect os de la edu cación para la so ciedad de consum o, sobre la
normativa polít ica y las respuestas de l as Administraciones arag onesas ............
365
a) Referidas a la educa ci ón para la sociedad de c onsumo ..........................
365
b) Referidas a l a normativa política ...........................................................
367
c) Referidas a la s ay udas de la Administración..........................................
371
d) Referidas a l as TIC ................................................................................
377
4.2.- La práctica educativa .................................................................................. 379
4.2.1.- Formación del profesorado en ejercicio y de los futuros docentes ...........
379
iv
1 7
SOBRE EL PRO YECTO DE INV ESTI GACIÓN :
UNA INTR ODU CCIÓN ME TOD OLÓGIC A
1 8
19
1.- Propósito y c o nte xto de la investigaci ón
1.1.- Propósito y justificación
La investi gac ión r espon de al propósito de eva l uar la polít ica que en ma teria d e
educación de los consum idores se vien e d esarrollando en la Com unidad Autó noma
de Aragón desde prin cipios del decenio de los ochenta, analizar la polít ica como
discurso y estudiar su coherencia en la práctica.
Aunque Ara gón asume las competencias en consumo con anterioridad, n o es hasta
1986 cuando se incorpora a l a Mesa Nacional del C onsumo en la que participan la
mayor p arte de las Comunidades Autónomas de España. Es éste un momento
relevante qu e señala el comienzo temporal de esta investigación par a final izar en el
año 2007, fecha de conclusión de l a l egislatura. Durant e este períod o se han
producido c ambios sustantivos en las políti cas educativas y en las esp ecífica s de
consumo que afectan a diversas Administraciones: se implantan varias le ye s
orgánicas educativas – fundamentalmente la
LOGSE
-, se aprueban dist intas
estructuras o r gánicas de los Departamentos responsables del consumo, se
institucionaliz a la Red Española de Educación del Consumidor, se r eciben las
competencias educativas en la Comunidad Autónoma, etc.
Aunque se h an analiz ado los aspectos generales de la política sobre educación del
consumidor i mpulsada desde las ins tituciones española s, esta investi gación tiene por
objeto a comet er, espec i almente, l a evaluación de la política que en materia d e
educación del consumidor escolar ha d esarrollado la Administración aragonesa desde
que ésta asumiera comp etencias propi as. Se incide en la cantidad y cali dad de las
acciones impulsadas por las di fere ntes Admi nistraciones, su grado de desarrollo, su
impacto en los usuarios y s u contribución de inn ovación educ ativa en el marco del
mapa pedagógico de Aragón.
Por otra parte, esta inves tigación ha permiti do reunir a r esponsables de l os ámbit os
administrativos de cons umo y educa ción para di sponer de una visión gl obal de l a
política que, sobre educación del consumi dor, se han desarr oll ado en Aragón para el
ámbito escolar . Todo ell o se ha contrastado con la práctica, con el fin de verificar l a
incidencia que el discurs o y la implementación de la política tienen con la realidad de
la educación del consum idor e n los centros docentes y , específicamente, en la labo r
que desarrolla el profesorado.
En definitiva, es una investigación exploratoria y evaluativa.
1.2.- Marco concept ual
La s referencias conceptuales que conflu y en en esta la investig ación son el resultado
de la intersección de varios elementos:
20
a) La polí tica educativa, la definición del c oncepto de socie dad de consumo,
los derechos de l os c on sumidores y el m odelo e conómico y so cial de
mercado subyacente.
b) El análisis de las disonanc ias, coherencias y si lencios entre el dis cu rso
teórico y la práctica educativa.
Se evidenci a, con frecue ncia, que existen disona ncias entr e el discurso polí tico, las
disposiciones legales que intentan concretarlo y l a práctica docente (Van Dijk, 1996,
1998, 1999 y 2000). En re alidad, todo punto de vis ta es siempre parcial y se
compromete, implí cita o explícitamente, con un a concepción i deológica y pol ítica
(Soler, 2003).
En esta i nvestigación se ha tratado de p ercibir el discu rso como un compl ejo
conjunto de actos ling üísti cos interrelac ionados, simultáneos y secuenciales que
ayudan a comprender l os ca mpos sociales de acción en un determinado co ntexto. Y,
sobre t odo, ha int eresado desar rollar herramie ntas conce ptuales relevantes para
analizar problemas sociales específicos (Wodak y Meyer, 2003).
1.3.- Contexto de la investigación
Se ha pretendido mostrar las líneas generales de acción promovi das en el ámbito
español desde las diferent es Com unidades Autónom as. Ig u almente, se h a analiz ado
la efectividad de las p olíticas del Ministerio de Sanidad, a t ravés de I nstituto
Nacional del Consumo y l a r ealidad de l as ac tu aciones en mater ia de e du cación del
consumidor en las
CCAA
de España, la existencia de mecanismos de coordinación
entre ellas y de criterios comunes de acción.
No obstante, el núcleo central de esta investigación se ha destinado al análi sis de los
hechos y a suc edidos en el escenario aragonés desde 1982 y s e ha incidido en el
periodo transcu rrido de sde l a constitución orgánica d e la Direc ción General de
Consumo del Gobierno de Aragón.
La polít ica para la educación del consumidor en España parece estar mu y ligada al
campo de la sanidad y la planifica ción para la educ ación del consumi dor en las
distintas
CCAA
del Estado es m u y diversa. En este sentido, ha inte resado conocer l a
función del Instituto Nacional del Consumo, organismo encargado de coordinar e
impulsar políticas para la educación del consumidor en el ámbito español.
Por lo que respecta a Aragón, el lento proce so de t ransferencias puede haber
determinado que la Comunidad Autónoma ha ya tardado mu cho tiempo en tener una
presencia de cie rta r elevancia en el campo de la educación del consumidor en España.
Esto, junt o a la ausencia de mecanismos de coordinación entre D epartamentos , ha
provocado que el peso de la política de educac ió n de los consumidores de Aragón
reca i ga en la Dirección General de Consumo. De ahí l a necesid ad de valorar los
modelos de colaboración entre las Direcciones G enerales del Gobierno d e Aragón.
Al mism o tiempo, s e ha analizado la polít ica de i nnovación edu cativa pro movida por
21
la Dirección General de Con sumo y la impli cación de la Conseje ría de Educación,
Cultura y Deporte, y s e ha re alizado una ex ploración con el fin d e conocer la
situación actual de p ro yectos y experiencias i nnovadoras más d estacadas. Para el
estudio de los cambios m ás relevantes, sucedidos e n lo relativo a la política en
educación para el cons umidor en el ámbito escolar aragonés, se ha tenido en
consideración las siguientes etapas:
a) Primeros pasos de la e ducación del consumido r en Aragón (1982-1989). En
1982 comienza el proceso de transferencias de consumo a las distintas
Comunidades Autónomas españolas, pero hasta 1 986 no s e incorpo ra A ragón a
la llamada Mesa Na cional del Consumo. El País Vasco, Val encia y Cata luña
son, entonces, las C omunidades más avanzadas – hecho facilitado por contar
tempranamente con t ransferencias en Educación - y Aragón sigue e n ese
momento, de algún modo, el modelo de la primera.
b) Desde la publicación de la
LOGSE
a l a asunción de t ransferencias educ a tivas
de Aragón (1990-1999). De esta etapa deben de stacarse los si guientes: 1. La
publicación de la Le y O rgánica 1/1990, de 3 de o ctubre, de Ordenación General
del Sistema Educativo (
LOGSE
). 2. La convocat oria de ay u das a pro y ectos
educativos de consumo de la
DGA
desd e 1993. 3. La creación de la Dirección
General de Consumo en el año 1995.
c) Situación en los últimos años (2000-2007). El cur so 19 99-2000 viene marcado
por la finalización definiti va del tra spaso de com petencias educativas a las
Comunidades Autónomas que todavía no disponen del ejercicio ef ectivo de las
mismas. En esta etapa se consolidan algunas acciones de coordinación para
proyectos educativos entre distintos Departame nto s de la
DGA
.
En cuanto a la prácti ca docente, s e aprecia la existencia de centros educativos que
desarrollan experiencias innovadoras, convencidos d e la necesidad de trabajar en esta
materia como contribu ción a la mejora d e la calidad educ ativa. Por este motivo ha
interesado cono cer la opi nión del profesorado sobre pos ibles cambios en las políticas
(normativa, convocatorias de pro yec tos, posibilidades de las
TIC
), sobre pr ogramas y
centros p ara la fo rmación en t iempo escolar y extra escol ar, sobr e formación inicial y
permanente del profesorado, etc.
La investi gación ha tenido en cuenta al guna de estas circunstancias, entendidas como
un todo, que le confieren significado:
- Los responsables de l a polí tica de consumo de ámbit o español y,
particularmente, aragonés.
- Los diseñ adores de l a p olítica de edu cación y, específicamente, los d e los
programas de innovación del Departamento de Educación de Aragón.
- El profesorado c omo agente e n cargado de poner e n práctica medidas para la
educación de los jóvenes consumidores.
- La s inten cionalidades, intereses y c ultur a del investigador.
22
1.4.- Contexto del i nvestigador
El investiga dor cuenta con algunos conocimientos de l a li teratura exist ente por haber
coordinado como profesor en el
CRIET
de Alcorisa, desde 1986, numerosos
proyectos de edu cación del consumidor en el aula. I gualmente, ha parti cipado en
diversas publi caciones y en la elaboración de materia les didácticos par a l a educación
del consumo. En los últi mos veinte años h a combinado su interés por la in vestigación
de aspectos metodológicos para l a educ ación d el consumo y otros rel acionados más
directamente con la ped agogía para enseña nz a en el medio rural. Est a reali dad vivida
debe entenderse como un punto de int erés añadido para el plantea miento de
interrogantes.
El investiga dor ha a sumi do en esta investigación su c ompromis o con los problemas
de las capas más desfavorecidas de la pobl ación – mayor itari as en esta exploración –
y su impli cación en el trabajo hacia la mejor a de l a realidad ex istente (S abirón, 2007:
146). Igualmente, ha adoptado una posición ética y crítica de conjunto de los
contextos m acrosociológicos y m icrosocial es sin “c errar los ojos ante las situaciones
de nuestros mundos” (o.c., 468).
2.- Cuestiones de la investigación
Delimitados el propósito y el contex to, parece o portuno conve rtir esta ex posición
inicial en un problema i nvestigable que permita da r respuesta a cue stio nes como las
que a continuación se formulan:
a) Referidas al discurso normativo
- ¿Cómo han influido el Departamento de S alud y Consumo aragonés y la
Dirección Gene ral de Consumo en el desar r ollo de la política para la
educación de los consu midores? ¿Cómo se im pulsan i niciativas hacia los
centros escolares?
- ¿Cómo interpreta n los centros edu cativos las normas aprobadas po r las
instituciones?
- ¿Cómo se desarrolla la c olaboración entre los Depa rtam entos de S alud y
Consumo, y de Educación, Cult ura y Deporte? ¿ Cómo justifica la
Administración los ca mbi os y las propuestas? ¿Có mo s e refleja en el di scurso
normativo?
- ¿Cómo se responde a la demanda de la comunidad educativa?
- ¿Qué presencia t iene l a educación del c ons umidor en la pol ítica de
innovación del Departam ento de Edu cación? ¿Cómo se refleja en l as
convocatorias anuales de a y ud as a proyectos de innovación e investi ga ción ?
b) Referidas a la práctica educativa
- ¿Qué presencia tiene Ara gón en foros polí ticos y p edagógicos, d e ámbit o
europeo y español, sobre educación del consumidor?
23
- ¿Qué centros educativos arag ones es pr esentan una dilatada tr a y ectoria en esta
materia? ¿ Qué temas prefere nt es y p rocedim ientos metodológicos se traba jan
en las aulas aragonesas?
- ¿Existe una sensibiliz aci ón y ad ecuada formación del profesorado?
- ¿Siente el profesorado q ue cuenta con sufi cientes apo yos técnicos, didácti cos
y económicos de las A dministraciones para el trabajo de la educación del
consumidor en el aula? ¿ Cuáles son sus dificultades, ex pectativas y
planteamientos de mejora?
- ¿Qué significados otor ga el profesorado a la política? ¿Cómo percibe el
discurso político en la materia de estudio?
- ¿Cuál es la realidad de l as actuaciones en materia de educación del
consumidor en Aragón con respecto al resto de los denominados contenidos
transversales (medio ambiente, salud, vial, etc.)?
3.- Revisión de co nocimientos: el estad o de la cuesti ón
El acceso a la Base
TESEO
aporta pistas d e interés sobre investi gaciones realizadas.
Mediante la búsqueda de “educación” y “consumi dor” como indi cadores, se
muestran tres in vestigaciones qu e coinciden en el análisis de la i ntegración de los
contenidos de la e ducación del consumidor en l as diversas ár eas curriculares (Pujol ,
1997), el reconocimiento de la educación del consum idor como uno de los temas
transversales menos investigados (Cerro d el Valle, 1997) y la i nterpretación del
fenómeno educativo en la sociedad de consumo (Bernat, 1987).
Mediante los descriptores “educación” y “consu mo” se obtien en 77 resul tados. Un
alto porce ntaje de la s cit as bibliogr áficas hacen referencia a estudios sobre aspec tos
sanitarios, de salud (Borjano, 1987; García, 19 88; Aguirre, 1993; García, 1993;
Taboada, 1993; Portillo, 1997; Castillo, 2001) y , específicamente, sobre n utrición y
alimentación (Álvarez, 1992; Jiménez, 1996; López, 1997; M artínez, 1997; Baraza,
2002 y R iba, 2001). Algunos temas de conte nido aluden al campo económico
(Rivero, 1993; Álvarez, 1997; Esc arabul, 2001) a través del análisis del consumo
dentro de un a sociedad d e mer cado o desde l a óptica de los medios d e comunicación
y d e la publicidad (Ferná ndez, 1999; Méndez, 2000; Guti érrez, 2002).
En la B ase
ISI
W EB
of Knowledge se señalan 1.174 documentos con “education and
consumer” que, al combinar con el término “school” se reducen a 92 citas. Si los
criterios de búsqueda son “consumer”, “e duc ation” y “polic y ” se observan 127
referencias sobre política de educación del consumidor desde distinto s ámbi tos. Una
primera r evisión revela que muchos d e las citas se re fieren a tem as médicos
(especialmente sobr e el desarrollo emociona l de los niños desde l a pedi atría y desde
la psicología), alimentarios (sobre nut rición y dietética), análisis de calidad d e
productos y servicios, y estudios comparativos sobre el consumo en diversos países
del mundo.
En la consulta a la Base
REDINET
no se in dica nin guna re ferencia m ediante
“educación d el consumid or”. S in emb argo, po r “consum o” como materia y limitando
la bús queda entre los a ños 2000-2004 se citan ve inte referencias d e di versas
24
publicaciones sobre a ctividades y ex periencias educativas sobr e consumo
responsable, publicidad en televisi ón, el vesti do, el euro y el supermerc ado como
centros de interés.
En
COPLU DOC
s e aprecian d oce referen cias por “educación del consumidor”. Se ha
limitado, igualmente, la bú squeda t emporal al periodo comprendido entre los años
2000 y 2004. Ocho res eñas constan como artículos breves pub licados en Aula de
Innovación Educativa, en los que se exponen diferentes temas sobre có mo t rabajar
esta mate ria dent ro del currículum de Educación Primaria y Se cundaria. Es oportuno
señalar un artículo de Fernández Batanero (2000), publicado en Bordón , donde se
muestran las con clusiones de una evaluación de materiales edu cativos para la
educación del consumid or para los n iveles de Educación Primaria y Educación
Secundaria Obligatoria.
La revisión en el catálogo de pub licaciones de la Biblioteca Gene ral d el
CIDE
aporta
once registros con los criterios “educ ación del consumidor”. Más de la mitad de los
mismos abordan aspecto s de salud y alimentación, de lo s que cu atro son diversas
memorias anuales del p rograma nutricional y educación alim entaria Boll ycao , y
únicamente dos recogen la educación del consumid or desde la educación social y
política (García, 2001), y desde la parti cipación del ciudadano (Luque, 2001).
Se observa que en España se continúan realizando muchas investigaciones en materia
de consumo, pero casi siempre desde u na perspect iva de la alimentación y de la salud
propias del ámbito de la medicina. U n primer acercamiento indica que en el ca mpo
de la educación existe esca sez de títulos publicados, hecho que no ocurre con otros
contenidos transversales por los que más investiga dores muestran interés.
Otro ti po de publ icaciones propor cionan pi stas para l a exploración. La d efinición de
consumo , consu mismo , consumerismo y de sociedad de consumo en general tiene
relevancia en algunas publicaciones (Á lv arez y Álvare z, 1988 y Cortina, 2002),
aunque la m a y or parte de las mismas se encaminan a orientar m etodológicamente al
profesorado de los centros doc entes pa r a abordar la educación del consu midor en el
aula (Álvarez Martín, 19 98; L ucini, 1996; C ooperativa del Consumo Eroski, 1998;
INC
, 1989 ). En este ap artado es inter esante prestar atenc ión especial a l a tesis
doctoral de Ros a M aría P ujol (1997) Modelos d e i ntegración de la educación del
consumidor e n el currículum e scolar: un análisis desde el área d e las ciencias ,
Universitat Autónoma de Barcelona.
Sobre los conceptos de “transversalidad” y “educación en valores” existen alg unos
estudios más definidos en el currículo es colar ( L l opis, 2000; Lucini, 1994, 1996; Yus
Ramos, 1996, 1997; Sáenz- L ópez , 2006) y la transversali dad en el marco de la
reforma educativa propi ciada por la
LOGSE
(Anx o, 1994; Alcalá del O lmo, 2003;
Álvarez, 1992, 1994, 2000; Busquets, 1993; C elorio, 1996).
Entre los libros public ados sobre l a socied ad de consumo y la edu cación del
consumidor, se e ncuentr an diversos a nálisis desde la sociología, la economía, la
historia y otras disciplinas: Alonso y Conde, 1994 ; Rocha, 1991; Alonso, 2003, 2005;
Rebollo, 2001; Gimeno, 2000 y Ci dad, 1991.
25
Cabe destacar otras publi caciones utiliz adas para el desarrollo del marco teó rico de la
investigación: Castells, 2003; Cortina, 1995 , 2000, 2004; George, 2005; To rres, 2005;
Schor, 2006; Goleman, 2000; Ball, 1997; Papiol y Vin y ets, 2003; Simone, 200 0;
Rifkin, 1996; W erner y W eiss, 2004 ; Ri tzer, 2000; Schlos ser, 2007; Toffler, 2006;
Touraine, 2005; Conill, 2005 y Ziegler, 2004.
El número de publicaciones para el caso de Aragón es ciertamente escaso . Alg unos
artículos recogen experi encias educativas consu meristas desarrolladas en el
CRI ET
de Alcorisa (Carbonell, 1994 y Berlanga, 1991, 1996, 1998, 2002), un breve estudio
de la Asociación de C onsumidores San J orge, de 1999, s obre c onsumo y educación
en Aragón, diver sas in formaciones en d ocumentos inéditos elaborados por la
Dirección General de C onsumo y en l a r evista Consumo Aragón, edita da por este
Departamento. También en Red de Educación del Consumidor, que coordina la
Escuela Europea de Consumidores de Canta bria, a parecen al gunas referen cias sobre
algunas experiencias de centros educativos aragoneses.
Exist e un numeroso conjunto de artículos publicados en di vers as revistas
profesionales en los qu e se ha abo rdado el estudi o desde m últiples enfoques, de la
organización y desarrollo de pro y e ctos innovadores en: Infancia y Aprendizaj e,
Cuadernos de Pedagogía , Organización y Gestión de Centros Edu cativos , A ula de
Innovación Edu cativa , C omunidad Escolar, Padre y Maestros, y Consum o Aragón .
Para otros aspectos de la in vestigación: Estudios so bre Consumo , Consumer.es ,
Boletín
ECODE S
, Opcions, Fusión, MK:Marke ting + Ventas, Boletín ICCI “RIMAY ”,
Revista electrónica Educadores por la sostenibilidad, W orl dwatch Institute, Aral, etc.
4.- Objetivos de l a investigación
Planteados estos int errog antes, se han deli mitado algunos objetivos de la
investigación con la intención de analizar las c oi ncidencias y dis cordancias entre lo
que se “dic e” y lo qu e “se h ace”, y cómo ell o i nfluye en la p ráctica d ocente en
materia d e edu cación del consumidor. En esta inv estigación se ha p retendido indagar
los siguientes objetivos:
a) Describir las claves hi stóricas de l a educ ación d el consumidor en Españ a p ara
verificar la re alidad ac tu al en l a planificación de actuac ion es en las distintas
Comunidades Autónom as del Est ado, así c omo los mecanismos de
coordinación entre ellas.
b) I nd agar sobre el proceso de transferencias en consumo recibidas por el
Departamento de Sanidad de Aragón, estudiando el sentido del discurso
político y su incidencia e n la práctica docente.
c) Analizar e interpretar el significado de las principales nor mas legislativas e n
Aragón, las iniciativas impul sadas y el grado de coordinación
interdepartamental (Consumo, Educación, etc.).
26
d) I d entificar los centros e ducativos aragoneses m ás d estacados en educación
del consumidor, su ámbito, los pro y ectos de ma y or c arácter inno vador, los
contenidos preferentes y los procedimientos metodológicos habitualmente
utiliz ados.
e) Conocer la p ercepción y el grado d e a c eptación que el profesorado, con
experiencia en e sta materia, ti ene d e l a polí tica des arrollada de sde las
Administraciones, su s ex pectativas y propuestas de m ejora para la educación
del consumidor.
5.- Diseño metod ológico
5.1.- Paradi g m a asum ido
Se h a optado por un paradigma cualitativo ante el intento de identificar l as normas
que sub y ac en a los hech os sociales y los que gobiernan (Popkewit z, 1988). Se ha
estudiado la política educativa c omo discurso m ediante l a aplic ación de las té cnicas
procedentes del Análisis Crítico del Discurso (
ACD
), especialmente las dis eñadas por
Meyer y Wodak (2003: 40 y ss.), porqu e per miten m odos de inter p retación d el
campo empírico con el teor ético y enfoques des de planos diversos para p roducir
relaciones s ignificativas. Asimismo, la investigac i ón tiene un propósito explicativo y
evaluativo y, por ese m otivo, ha requ erido de estrategias d e campo históricas de
carácter cualitativo que han ayudado a explicar el vínculo entre l as cuestiones
sociales en sentido amplio y l a conv ersación y la escritura cotidiana p ara c omprender
la historia de la práctica.
Esta i nvestigación se enmarca ce r cana a las l lamadas teorías de análisis s ociocrítico,
puesto que se asume el intento de perfilar ac ciones que a yuden al consumi dor del
ámbito escolar desde la participación t ransforma dora y democrática. No se part e de
un p roblema teórico sino de un problema socia l y educativo que reclama prax is,
acción e investi gación. El investiga dor ha pretendido descubrir y denunciar la
realidad p ara mejorarla, para favorec er el c ambio social en la ide a d e acercamiento a
que la escuela sea una esfera pública democrática (Giroux , 1997).
La opc ión cualit ativa, centrada e n la c omp rensión del fenómeno, no ha e xcluido un
análisis cuantitativo con interpretación cualitativa como modelo m ás adecuado para
la consecución de los objetivos propuestos (Dabb s, Van Maanen y Faulkner, 1982).
Análisis cuantitativo de los datos mediante l a aplicación de cuestionarios como
estrategia y el apo yo d e l a entrevista, junto al trabajo documental, como metodología
cualitativa que ayuda a la mejor interpre ta ción y desc ripción de los resultados
(Cohen y Manion, 1990).
Definido el pa radigma puede concretarse qu e la i nvestigación ha p retendido unos
determinados fines, alcance, p rofundidad y amplitud macrosociológica que, a
continuación, se detallan:
3 3
INFORME DE INVESTIGACI ÓN
I MARC O DE R EFERENCIA C ONCEPTU AL
3 4
3 5
Estructura del Info rme de Inv estiga ción
I Marco de r eferencia
conceptual
1. Genealogía y perspectivas
- Análisis conceptual y mutaciones
semántica
- Implicaciones, presupo siciones y
silencios
- Poli fonía de los discurs os
- Educar pa ra un contex to global
2. Políticas e institucionali zación
- Coordenadas de las po líticas europeas
- Instituciones en Esp aña
- Práct icas en las CCA A
3. Políticas e institucionali zación en
Aragón
- Dimensión histórica
- Bases legislativ as
- Implicación interdepar tamental
- Aportaciones instituciona les y sociales
III Coher encias y diso nanc ias entr e el
discurso y la prácti ca de la
educación de l consum i dor . Silencios
en el discurso
1. Sobre el discurso normativo
2. Sobre la práctica educativa
3. Síntesis int erpreta tiva
4. Negociación de resultados provisionales
IV Conclusiones y d iscusión de
r esultados
1. Conclusiones
2. Implicaciones y discus ión de resultados
3. Sugerencias de investigación
II Estudio empír ico
4. Discurso político y práctica
de la educación del
consumidor en Aragón:
centros de la Red aragonesa
1.- Sele cción del cam po de
investigación
2.- Estr ategias de recogid a de
datos: cuestiona rios y
entrevistas
3.- Análi sis e interpre tación de
los resultados:
a) sobre el discur so
político
b) sobre la prácti ca
educativa
3 6
37
CAPÍTULO 1.- GENEALOGÍA Y PERSPECTIVAS DEL
DISCURSO DE LA EDUCAC IÓN DEL CONSUMIDOR
1.- Consum o y nuev as persp ectivas de lo s ocial
1.1.- Sociedad de co nsumo I: Análisis co nceptual (aproxim aci ón y
transform ac iones conceptu al es)
El término “arqueolo gía” es utiliz ado por Foucault como proceso de d esvelamiento
de la rejill a latente de saber que organiza cada di scurso científico. En este sentido,
los na turalistas, economistas y gramáticos emplean las mismas re glas p ara construir
sus teorías. A diferencia de la historia de las ideas, no presume la acumulación del
saber hac i a conclusión histórica alguna y , al ignorar a los individuos y sus hist orias,
excava en los sedimentos de pensamiento inconscientemente or ganizados. Asimismo,
trata los di scursos com o prácticas qu e configuran lo s objetos de los que hablan
(Foucault, 1968: 213).
Desde las consider aciones anteriores, se d efiende una forma d e paradigma distante
de una historia de las instituciones y como medio de búsqueda de la episteme , la
rejilla de conocimientos o red subt erráne a que permite organiz ar el pensamiento.
Cada periodo histórico posee su propia episteme , que gobierna cada cien cia de un a
época y limita la totalidad de la experiencia, el sab er y la verdad.
En consecuencia, el disc urso sust itu y e al concepto de episteme . Los ele mentos del
discurso no son si stemas lingüísticos ni m eros textos: son prácticas, como el discurso
científico del psi coanáli sis, que revelan l a implicación e intenciones de las
instituciones (o.c., 363). P or eso el discurso re qui ere de tres reglas fundamentales:
1ª Superficies de emerg encia: áreas sociales y culturales a través de las cuales
aparece el discurso, como la familia, el grupo de trabajo, etc.
2ª I nstancias de delimitación: instituciones con saber y autoridad (el derecho,
la profesión médica).
3ª Rejillas de especifica ciones: sist ema de i nterrelacionar las dif erentes clases
de locura en el discurso psiquiátrico.
Por últim o, la g enealo gía sería la tentativa de revelar el discurso en el m omento en
que aparece en la historia como un sistema con strictor. Interesa la his toria como
voluntad de poder, no d escubrir la verdad ni des cribir estructuras neutr ales (o.c., 274).
Desde este plant eamiento, la edu cación del consumidor necesita su propia episteme y
un análisis a rqueológico indispensable para ente nder un fenóm eno – ins tit ucional,
discursivo y de estrategias de poder - que a todos afecta por su carácter global y
universal.
38
1.1.1.- Definic io nes concept uales
a) Sociedad de consumo
Es conveniente definir la socied ad de consumo desde punt os d e vista difer entes:
económico y social, así como a partir de la forma de pensar y actuar de l as personas.
En este últ imo aspecto, se destac a la ex istencia de una constante ne cesidad de
adquirir bienes, de un aumento de dependencia hacia las cosas m ateriales y de un
derroche de r ecursos por falta de aprovechamient o. El consumo como elemento de
significación social que se exti ende por muchas de l as actividades de l a vida diaria
(Garcés, 1999: 7-8). Así , consumi r no es sólo utiliz ar comestibles u otras cosas pa ra
nuestras necesidades, quiere decir también destruir o exti nguir alguna c os a.
La definición de sociedad de consumo es harto complicada porque s obre ella inciden
muchos factores (soci ológicos, cultur ales, e ducativos, ideológicos, etc.) qu e
presuponen ot ros tantos enfoques para el análisis. A modo d e apunte histórico, puede
señalarse que Keynes te oriza sobre un modelo que ya se estaba dando en la pr áctica
en países con perfil netam ente capitalista como en los Es tados Unidos y en otros de
corte autoritario como la Ale mania hit leriana o la I t alia de Mussoli ni. El Est ado
como inversor y poten ciador de obras públicas, y una d eterminada polí tica social
dirigida a evit ar posibles crisis del si stema. Ante l os p roblemas de supervivenc ia del
sistema económico ca pitalis ta, a r aíz de la crisi s de 1929, este economist a británico
propone la intervención del Estado como “prime r empresario y primer clie nte”, como
planificador y , ad emás, como impul sor de pol íticas destinadas a re activar la
economía y gara ntiz ar elevados niveles de consu mo. Si la Revolución Francesa es el
origen del interés estatal hacia el campo educati vo, la Gran Depresión p ropicia un
cambio del concepto de educación y un ma yor protag onism o de un Estado que
necesitaba personal cualificado para el nuevo modelo económico (B ernat, 1 987: 168).
La educación pasa, de es te modo, a convertirse e n objeto de planificación y control
por parte del Estado como modelo que perdurará, con variantes, hasta la época actual.
No cabe dud a que el modelo ex puesto por Ke y ne s salva al sistema capitalista a partir
de la Segunda Guerra Mundi al y genera determinados beneficios soci ales para
millones de ciudadanos de los pa íses i ndustrializados. Y así nace la s ociedad de
consumo. Prim ero se consumen productos de primera n ecesidad y se r estaura lo
destruido como consecuencia de l a guerra, con el aliento estatal, para mantener el
tejido indu strial y los puestos de trabajo; en u na segunda fase, cuando finaliza la
reconstrucción, son facto res determinantes la i ndustria milit ar – elemento b ásico para
el mantenimiento de l a s ociedad d e consumo – y la c reación de nuevas n ecesidades
encadenadas y e sti muladas por los medios de manipulación c olectiva (televisión,
publicidad y marketing ) que inducen a los ciud adanos a consumir fren éticamente
para pod er mantener el sistema económico y comprar un t iempo libre que había
dejado de pertenecerles (Bernat, 1987: 202).
Se comprueb a, entonces, que este modelo de s oc iedad ostenta y asume numerosas
contradicciones. En ell a se habla de “pleno empl eo”, como es el caso de la España
actual, cuando los parados alcanzan l os dos millones de p ersonas; se acentúan l as
39
diferencias y desequilibr ios entre países; s ufre u n proceso de pérdida r eal de una
auténtica calidad de vi da p orque, habitualm ente, se convive con el ruido y la
contaminación en ciudades inhabitables e inseguras; se produce una sistemática
degradación de l a natura leza y el agotamiento de los recursos; ex ige un c recimiento
ilimitado del consumo que no significa qu e va y amos a estar mej or, ni que
alcancemos mayores cotas de pr o greso, porque “con nuestro bienestar de ahora nos
estamos cargando las po sibilidades de calidad de vida de nuestros hijos y nietos”
(Gómez, 2007).
En realidad, se pued e decir que la sociedad de consumo necesita cumplir tres
dimensiones fundament ales: la abundancia, la m asificación y la ho mogeneidad.
Abundancia de o ferta de productos para qui en los quiera y los pueda comprar porque
en ella no existe el raciona mi ento ni distribución equitativa. Masificación de
relaciones indirectas, potenciadas por los medios de comunicación, entre personas
que se consider an modelos sociales a seguir ( élites como modelo) por grupos
numerosos para que to dos actúen como masas . Homogeneidad p ara que todos
procedan de la mi sma forma, sin aspectos singulares y sobre unas pa utas de
pensamiento común y , p osiblemente, único (Watt, 1992: 14).
Una sociedad, en este denominado Primer Mundo, en la que el aire que respiramos
está compuesto por oxígeno, nitró geno y publicidad. Ésta, como sostiene Torres
(2005: 9), “financia la práctica totalidad de los m edios de comunicación, e s la nueva
Gran Promesa y su discurso se c onvierte en lenguaje básico de una c ivil ización
organizada por y pa ra la mercancía”. El tándem p ublicidad-mercancía es el círculo a
través del cual se mueve el resto mediante l os medios de conformación de masas. Por
consiguiente, no vivimos en la sociedad de l a comunicación, ni de la información,
sino en la c ivil ización que éstos enc ier ran; símbolos que concentran nuestras
necesidades emocionales con objetos o s ervicios de consumo par a lograr como
objetivo final la obediencia. La publicidad, que asume funciones discipli narias y de
control social, está al se rvicio de un modelo de sociedad basado en el capital, el
mercado y el binomio exclusión/consumo.
Según esto, los valores propios de la sociedad de consum o, difundidos por la
publicidad y los medios de comunicación son, entre otros “el consumismo como
valor supre mo, el bienestar, el materialismo, el individualismo, la importancia de la
imagen, l a apariencia, la be llez a física, l a sal ud y el cuidado de l cuerpo, la
comodidad, la sustitución del esfuerzo personal por soluciones r ápidas y fáciles, l a
competitividad, la distinción, la libertad, la fama, el éxito y l a protección del medio
ambiente en s u estado p uro y natural” (Rubio, 2005: 47 ). En este mar co dominado
por la producc ión sobre el consumidor, se entiende n las actitudes de aler ta y el
nacimiento de movimientos en defensa d e sus derechos como t ales. De est e modo, en
el s eno d e este contexto ha emergido un nu evo tipo de consumidor con capacidad de
presionar en función de sus intereses (Pujol, 1996: 23).
Una nueva so ciedad que t iene que ver con las n uevas te cnologías, con l as nuevas
formas de producción, con nuevas relaciones sociales, pero sobre todo con una
mentalidad distinta y con una forma de entender la vida diferente, e n la que el
consumo tiene una impo rtancia capital, porque n uestra vida está hecha d e consumos
inagotables; casi no ha cemos otra cosa que consumir. Por eso es fundamental
40
entender el fenómeno del consumo en toda su extensión. España es una so ciedad de
consumo, pero en un momento en el que, lo mismo que en todas l as sociedades
occidentales, co rre el pe ligro de se r sólo e so, una sociedad de consumo y nada más
(Rocha, 1991: 241). Un mundo “macdonalizado”, repleto de p arques temáticos y de
una ciuda d anía colonizada dependiente de los pr oductos y de los medios que se los
venden. Es, entonces, cuando el problema s e acentúa porque la p roducción
indiscriminada de toda suerte de biene s genera un universo cuy as consecuencias
entrañan l a destrucción y autoeliminación de esa mism a sociedad (P apiol y V in y ets,
2003: 6).
b) Consumo
Consumo, desde un punt o de vista restrin gido, es el uso de bienes o se rvicios para la
satisfacción directa de u na necesidad humana, a diferencia de la producción que usa
también bienes o servici os para la obtención de otros nue vos con los que lograr
beneficios económicos (Ar gandeña, 1993: 4 ). De este modo, se contemplan los
bienes no dur aderos (ali mentos, bebidas, medicinas, etc.) y l os se rvicios prestados
por empresas (el fontan ero, una h abitación de h otel, un acto médico) o po r bienes
duraderos o de inversión (el automóvil o la vivienda).
En general, el consumo es fuente de bi enestar – entendido como el progr eso ha cia
formas de vida más humanas - que pretende cubrir determinadas fun ciones básicas
(alimento, vestido, servicios médicos y e du cativos, s eguridad, etc.), pero es también
fuente de placer. Esta última variable, en sintonía con lo expuesto en el punto
anterior para la s ociedad de consumo, le confiere una di mensión múltiple de carácter
económica, cultural, antropológica, social y é tica.
En conse cuencia, el término “c onsumo” no debe limitarse a los g astos derivados de
la adquisición de produ ctos y servicios disponi bles en el mercado, sino c on el
añadido de otras facetas como el modo de el egir, la compra, la utilización, el
mantenimiento y l a reparación y la eliminación de los residuos. C onsumir es m ás que
la satisfac ción de una necesidad o de un deseo, es un pr oceso con i mplic aciones de
carácter económico, soc ial y m edioambiental de las que debemos s er cons cientes
(Barrenechea, 2006: 1). También, de m anera sim plista, consumo vi ene a s er el obj eto
del salario qu e p roporciona el trabajo (Lucena, 2002: 7). Ci ertamente, e s un hecho
social porque abarca la totalidad de los espacios de la vida y todas las dim ensiones de
la persona, p orque nos relaciona a unos con otro s, e incluso con nosotros mismos, a
través de objetos a los que dotamos de un pod er cuasi mágico. Asimismo, es un
sistema cultural que utiliz a formas simbólicas a p artir de su manipula ción, selección
y fo rmalización ante el vacío de propu estas ideológicas y políticas (Mari nas, 2001:
82).
Así pues, el consumo sería, en sus tancia, u na manifestación const ante de l a
psicología humana, que ve en ello una expresión de seguridad, abundanci a y salud
(Rocha, 1991: 136). El sistema dice al consumido r incluso lo que debe desear, que lo
haga de forma continua da – que si empre anh ele algo - y d e la fo rma m ás intensa
posible. Así, una vez cubiertas las necesidades b ásicas se d a paso a un p roceso si n
41
retorno hacia otras de carácter secundario q ue no tienen la consid erac ión de
fundamentales p ara vivir (por ejemplo , disponer de aire acondici onado, de
numerosos artefactos electrónicos o de conex ión telefónica).
Finalmente, es int eresante la definición del con cepto aportada por Thei n Durning
(1994) como “un dios olvidado en la trinidad d e los problemas del mund o [ …] pero
cuando se trata del consumo a menudo únicamente ex iste el silencio” , porque
crec im iento demográfico y cambio tecnológico merecen atención. Para romperlo se
requiere que l a quinta p arte más rica del m undo s e pregunte sob re su p ropio estilo de
vida, que ponga en entre dicho la noción que pervive de que más es mejor. Para este
autor, e l consumo se c onsidera casi uni versalmente como bu eno y su aumento es e l
objetivo principal de las polít icas económicas.
c) Consumidor
Tanto la so ciedad de co nsumo como el propio concepto de consumo se consideran
desde ópti cas múlti ples que ab arcan puntos d e vis ta para diferentes aná lisis. Algo
parecido sucede cuando se intenta abordar la defin ición de “consumidor”.
En el lenguaje normativo es consumidor quien adquiere bienes o s ervicios, ya s ea
para su propio uso, para el de su casa, o bi en para el de un familiar u otra pe rsona. En
la Guía de la persona consumidora y usuaria de l G obierno Vas co (2005: 8), se
expresa que “son persona s consumidoras y usu arias las personas físi cas o ju rídicas de
cualquier n acionalidad o residencia qu e adquieran, utili cen o disf ruten, como
destinatarias finales, bien es muebles o inm uebles, productos o s ervicios, si empre que
el prove edo r sea una em presa profesional o l a propia Administración c u ando preste
servicios o suministre pr oductos en ré gimen d e d erec ho privado ”. En defi nitiva, es
persona consumi dora la que adquiere un produ cto o utili za un servicio, y no tien e
esta consideración cuan do se integ r a el produ cto o servicio en un p roceso de
producción, comercialización o prestación de servi cios.
La p rimera enunciación de consumi dor en el ámbit o comunitario se recoge en l a
Carta de Protección del Consumidor del C onsejo de Europ a
1
, que est ablece, con
carácter restrin gido, que “consumidor es una persona física o jurídica a la que se
proporcionan géneros y servicios par a uso priva do”. Desde un punto de vista más
amplio, debe contemplarse al consumi dor como un sujeto político, un sujeto
económico, un sujeto colectivo y un sujeto público, tal como se entiende en el punto
3º de la Introducción del Programa Preliminar de la Comunidad E conómica
Europea par a una política de protección y de información de los consumidores : “De
ahora en adelante , ya no se conside ra al consumi dor ún icamente como un comprador
y usuario de bienes y ser vicios para u so personal, familiar o colectivo, sino como una
persona involucrada en l os diferentes aspectos d e la vida social” ( Lois, 1991: 46 ).
Sobre estas bases, son consumi dores y usuarios lo s ciudadanos que i ntervienen en el
proceso económico cuando realizan actos de cons umo.
1
En la Carta de protecció n del consumidor del Consejo de Europa (17 de mayo d e 197 3) se r econoce
que la infor mación co nstituye uno de lo s derec hos básicos d el consumido r.
42
En términos ge n erales se puede indicar que el sis tema capitalista, con la publicidad
como instrumento mítico-ideológico, ha invertido los elementos básicos de l a
producción. La d emanda de m ercancías – también culturales, económicas, políticas -
se convierte en necesidad y, al mismo tiempo, en adoctrinamiento y en pautas de
comportamiento para que el sistema sob reviva ( Rocha, 1991: 69). Todo se vende a l
ciudadano-espectador-deseante ( Homo Consumiens ): productos, servicios, campañas
electorales, beneficios sociales e, incluso, l a participación en guerra s si empre
injustificables. La dificul tad estriba en diferenciar lo útil de lo inútil, lo verdade ro de
lo falso, lo necesario de lo innecesa rio, la libert ad de l a alienación. De ahí que, en
este camino de confusió n, el propio sistema manti ene la insati sfacción permanente
con cualquiera que sea la decisión adoptada e indu zca a otras nuev as asignadas por lo
intereses de otros en un c ontinuado presente absol uto. Consumi r es, según la ma y o ría
de los di scursos consu mistas, comulgar con lo s valores del present e, con la
modernidad y p ara esta r a la altura de l os t iempos. Consumo es igual a vida y a
abundancia, mientras que la muerte es la penuria y lo vacío.
El consumi dor actual, más que de una sociedad del consumo de bienes y s ervicios, es
“global” y form a parte de un tiempo dist into. L as civilizaciones históricas ha n dado
paso a un ámbito universalista difícil de m edir geográficamente porque l as clav es
interpretativas han cambi ado ante el nacimiento de las comunicaciones y l a
evolución de los medios de información. Así, el consumidor habita en un “mercado
común con parecidos deseos provocados por el p oder a rmonizador de l os medios de
masas y busca desesperadamente la individualidad y la autenticidad ” (D el Pi no, 1988:
178). Sin embarg o, el m ercado no es té cnicamente perfecto, ni podrá serlo nunca,
porque nos lleva hac i a e l pr o greso t écnico e n vez de g uiarnos hacia el progreso
humano (Sampedro, 1986: 27).
Considerados todos estos aspe ctos, el c onsumo es e l último paso del proceso de
producción y distribución de un producto o servicio cuando éste es disfrutado por el
consumidor a cambio de dinero.
d) Consumismo
El peor escenario del consumo, como de otros a spectos, es el de la exagera ción. Se
entiende qu e una socie dad es “c onsumist a” cuando los actos de co nsumir se
convierten en dinámica central de l a vida económica, políti ca y social (Cortin a, 2002:
271). En consecuencia, el entramado so cial está diseñado para la compra-venta, se
fabrica compulsi vamente para atender un consumo compulsivo y este carr usel define
la marcha del mundo (Lucena, 2002: 9).
El “ consumism o” es u n f enómeno propio de nue stra soc ied ad qu e supone la
existencia de una serie d e hábitos de conducta que compa rte la ma yoría de l a
población. Si n embargo, “consumir” es un a necesidad humana imprescindi ble para la
vida. Como se ha di cho anteriormente, necesitamos consumir productos o servicios
básicos como alimentos, ag u a, prendas de vestir o medicinas; hasta aquí t odo reflej a
lo común con todas las sociedades. Así, una vez cubierta s las necesidades
49
Cortina (2002) aprecia c omo “ globaliz ar lo bueno” para evitar que au menten las
diferencias entre ricos y pobres y pueda cumplirs e el sueño d e Cice rón de c rear un
mundo de ciudadanos co smopolitas q ue conviven en libertad y que se guían por unas
normas éticas. Puede p arecer una ut opía, p ero hace poco más de un s iglo, la
abolición de l a esclavitud no era un a premisa ética incuestionable, y cuando hoy s e
practica nos produce horror porque el grado de moralidad ha cambiado.
a.2) Ef ectos de carácter económico qu e s e m anifiestan en la creación d e cadenas de
subcontratación que prop ician el crecimiento de l as corporaciones multinacionales y
grandes bancos t ransnacionales que consi guen el domini o de las finanzas
especulativas sobre la tra dicional “producción” , la multiplicación de productos en el
mercado con elevados c ostes medioambientales y l a dependencia creciente de la
innovación tecnológica que benefic ia siempre a los más desarrollados. La
globalización fa vo rece, igualmente, la mercantili zación del consumo de masas
crea ndo necesidades y un aumento d e la dema nd a y, a l mismo tiempo, empeora las
condiciones laborales impuestas a los trabajadore s c on costes salariales m ás ba jos y
flexibili dad en la contratación, reducen su poder adquisitivo y s u capacidad de
consumo. Es otro de sus efe ctos perv ersos al que hay q ue añadir el de la inseguridad
derivada por el elevado riesgo de aparición de posi bles crisis sistémicas.
Como se ha dic ho, la globalización requiere la liber aliz ación del comercio y los
mercados de dinero, unido a l a priva tiz ación y a la desreg ulación de las actividades
económicas. Es el “dejar hacer” en su máxim a expresión y , aunque supone desarrollo,
crec im iento y prosperi dad económica, es siem pre “ a costa de los países en
desarrollo”. Desde di stin tas posi ciones se c onside ra que s i t odo el planeta tuviera e l
mismo nivel de consumo de los países desarrollados, no habría recursos pa ra todos, y
según los científicos se necesitarían 2,6 planetas ( Pérez de las Heras, 2002: 105).
a.3) Ef ectos de cará cter social se reflejan en la reducción de los sistemas de
protección y , especia lm ente, en el d esplazamien to de millo nes de personas que
buscan mejores condiciones de vida y trabajo desde l os países más pobres a los más
ricos. L a tecnología digital provoca una des materialización del espacio, una
deslocalización y , en cam bio, favorece la unifor midad cultural, social y s obre todo de
los mercados. Implica, también, la ap arición nue vos dogmas con nu evos oficiantes,
cambios bruscos en los modos de convivencia humana y forma de pensar imbuidas
por los medios de masas controlados hasta el mí nimo detalle por un a sel ecta mi noría
(Gómez, 2003: 33). Pero, como asevera Giddens (2002: 43), “la globalización no es
sólo, no principalmente, int erdependencia económica, sino la transformación del
tiempo y del espacio en nuestras vidas”. Es cierto que acontecimientos de diversa
índole sucedidos en lugares dis tantes por mil es d e kil ómetros nos afectan
directamente, al ig ual que la repercusión de nu estras decisiones como individuos
puede t ener a escala sim ilar. A la par, los merca do s financieros negocian di ariamente
más de un billó n de dólares a t iempo r eal; las tecnologías, l a televisión y l os satélites
permiten que el mundo sea más accesible y “pequeño” que nunca.
Considera Touraine (20 05: 39), que “la globalización es una forma extrema de
capitalismo que ya no t iene contrapeso. La l ucha de clases desaparece porque los
conflictos se han desplaz ado de los problemas i nternos de la produc ción hacia las
estrategias mund iales de las empresas transnacion ales y las redes financi eras”. Sus
50
múltiples consecuencias alcanzan lo sociocultural y a la formación de una sociedad
de ciudadanos de masas que anhelan los mismos productos materiales y culturales
que invaden a todos los países, independientemente de su nivel de vida y tradiciones
culturales.
a.4) Ef ectos de carácter i nstitucional y político que se muest ran en el
debilitamiento del Estado y del poder sindical, y la pot enciación de los nacionalismos.
Lo qu e algunos autores considera n un a “crisis del Estado” como se analiza con más
detalle en el punto 2 del primer capítulo de esta investigación.
Como afirma Sampedro en una entrevista pub licada en el nº 39 d e la revista
electrónica Consumer.es ( 2000), “la g lobaliz ación es un fenómeno exclusivo de una
pequeña pa rte de la humanidad y el nuevo nombre del im perialismo, del
colonialismo, donde una minoría rige los destinos del resto del mundo”. Otras
denominaciones son inercias se mántic as heredadas de la sociedad industrial. Afecta
de lleno en el pensamiento conce bido como úni co, en el que to do es consumible y en
el que los ciudada nos sólo pueden modificar los detalles con sus decisiones (Papiol y
Vinyets, 2003: 30).
Pese a todo, otra globalización distinta a la n eoliber al es posible; un modelo basado,
no en la libertad sin límites para los flujos de capital y la explotación de recursos y
personas que sólo acarrea más pobreza, terror y conflictos (Werner y We iss, 2 004:
18). Con unas reglas justas para la convivencia qu e muchos gobiernos restri ngen para
evitar que las multinacionales se trasladen a lu gares sin ex igencias y , al mismo
tiempo, recortan las libertades políticas con la ex cusa de proteger a sus ciudadanos
de los ataques a su forma de vida por parte de aqu ellos que son víctimas (inmigr antes
que no tienen nada que p erder porque de n ada dis ponen). De este modo, el poder de l
comercio sustitu y e al del consumi dor al que sólo se le d eja d ecidir sobre
planteamientos diseñados por las multi nacionales.
La sociedad global es una soc iedad de ries go. El Estado tiene dific ultades pa r a
garantizar el empleo, la informac ión, la tecnología, la educación, las corrientes
culturales propias, el futuro ecoló gico de la Tierra, la democracia co mo sistema
político de convivencia, las redes soci ales o el cob ro de muchos de los impuestos que
los contribuyentes vi rtuales distraen en paraísos fiscales creados por las tecnolog ías.
Ante esta s ituación, Día z Cayeros (1999: 68) p ropone el desarrollo de un contrato
para el federalismo global, una posibi lidad del “podemos vivir juntos” de Toura ine,
en el cual unidades p olíticas más pequ eñas pueda n establecer condiciones de
cooperación en el merc ad o global con nuevas reglas que les protejan de los peligros
y col aboren en su supervi vencia.
En coherencia con esto s planteamientos, en el discurso de despedida del cargo
5
,
pronunciado el 19 de setiembre 2006 por Kofi Anna n, S ecretario Genera l de
Naciones Unidas ante l a Asamblea General, s e recogen inter esantes refere ncias a l as
consecuencias de la g lobaliz ación. Reconoce su cree nci a de que ést a podría
beneficiar “a la raza hum ana en su conjunto y no sólo a su s mie mbros más
afortunados” pero, añade, “en la práctica puede ll egar a separarnos aún más”. Acusa
5
Fuente
:
http:// www.globa lizac ion.org
51
a los que se favorecen d e la globalización d e no est ar se guros por el t errorismo, “que
mata o mutila a re lativ amente poca gente, si se compara con otras f ormas de
violencia y qu e ho y “se ut iliza como pretexto para incumpli r o derogar derec ho s
humanos fundamentales, cediendo así te rreno moral a los terroristas y ayudándoles a
ganar adeptos”.
Finaliza s u di scurso con palabr as sobr e l a situaci ón agravamiento, durante sus diez
años de m andato, de la economía mundial injust a, el desorden mundial, la
generalización del desprecio por los derechos hu manos y el imperio de la l e y e n un
momento en el qu e todos formamos un a única soc iedad. Por todo ello, demanda un a
respuesta global a los problemas globales con la p articipación de “todos los pueblos”,
y no sólo d e “todos los Est ados”, unidos por algo m ás que simplemente un m erca d o
global.
En esta misma l ínea, el Boletín
RIMA Y
del
I CCI
(I nstitut o Científico de Culturas
Indígenas, 2001 , núm. 28, julio) expone algunas paradojas del discurso de la
globalización. Por una parte se considera la necesidad de liberalizar los mercados y ,
por otra, se i mponen trabas a la circulación de personas. Es exclu y ente, de modo
autoritario y violento, porque elimina d e los aparentes beneficios a una gran parte de
la población, hace más ricos a los que y a lo son, es depredador con l os recursos
naturales y somete a un as reglas culturales homogéneas i mprescindibles. Además,
impone la obligación de consumir par a no ser catalogado de “pobr e” en un universo
convertido en gigantesco m ercado contrario a la d emocracia y a la dife rencia humana.
Así, se insta a que por primera vez en la historia se aúnen las acciones de personas e
instituciones de t odo el planeta (movimientos antig lobaliz ación) para oponerse al
discurso oficial y proponer nuevas formas d e entender el futuro.
b) El movimiento antiglobalización y alterglobali zación
Esta nueva forma de o rganización universal abr e las pu ertas de un nue vo m undo
global distinto al conocido y al que ofrecen r esistencia, en oc asiones violenta,
algunos m ovimientos en nombre de las razones más variadas (Dios, la nación, la
familia, la etnia, la ecología, la economía o la cult ura, entre otras). Su composi ción es
muy diversa y reúne a si ndicalistas, trabajadores de todos los ámbitos, comunistas,
anarquistas, intelectuales, ca mpesinos o m iembros de
ONG
, e n un a plu ralidad de
luchas sociales y esp ectro ideológico unidos por la i dea de resistencia a la
dominación y el deseo de una distribución más coherente de la riqueza mu ndial.
Defienden W erner y W eiss (2004: 30) que el inicio del m ovimiento de crítica contra
la globalización se produjo, en 199 6, en la selva de Lacandona del Estado fede ral de
Chiapas en Méjico, mediante la convoc atoria del Encuentro Intergaláctico contra el
neoliberalismo por el Ejército Zapatista al que acu dieron m ás de cuatro mil personas
de casi cincuenta países. A raíz de este evento s e organizó la red People’s Global
Actions against free t rade que obtuvo su p rimer tri unfo al conseguir el f racaso de los
Acuerdos de Inversión Multilateral , en 1998, qu e proponían medidas para favorecer
la inversiones internacionales sobre la soberanía de los Estados.
52
No obstante, g ener almente se considera que l a manifestación d e 30 de no viembre d e
1999, en Seatle, con mot ivo del encuentro del
FMI
, es el ini cio del denom inado
“movimiento antigloba liz ación”. A partir de entonces las protestas reivind icativas s e
han repetido coincidiendo con las reuniones más relevantes del
FMI
, de la
convención de partidos e n los Estados Unidos, de los J efes de Gobi erno d e los países
miembros de la Unión Europea o del denominado G-8
6
, entre otros.
A l a pa r, para analizar la rea lidad desde otros pun tos de vista y proponer a lternativas
diferentes a las defendidas por las élites económi cas, comenz aron a organi zarse en
Porto Aleg re y distint os l ugares como Pra ga, Davos, etc., encuentros del Foro Social
Mundial con el objetivo de contrarrestar las p ropuestas adoptadas en l as reuniones
del Foro Económico Mu ndial . En Porto Alegre exigían, entre otras, la abol ición del
FMI
, de la
OMC
y de lo s paraísos fiscales, la abolición de la deuda ex terna de los
países más pobres, la aplicación de l a llamada t asa Tobin
7
, la desaparición de la
bolsa de materias primas agr ícolas de Chica go y la creación en la
Organización de las
Naciones
Unidas (en adel ante,
ONU)
de un Cons ejo de Seguridad par a l os asuntos
económicos, sociales y culturales del hombre (Zie gler, 2004: 349).
Ciertamente, por su capacidad de moviliz ación masiva y por sus anális is de los
conflictos, el movimiento antiglobalización ha co nseguido contar con la si mpatía de
una buena parte de la opinión pública y se ha r ebautizado como “altermundialista”
para indicar que no lucha contra la apertura mundial de los productos y de los
intercambios, sino po r ot ra mundialización qu e no aplaste a los débiles, los i ntereses
locales, las minorías y el entorno, para el solo p rovecho de quienes dete ntan ya la
riqueza, el poder y la influencia. De lo dicho hasta aquí se deduc e que “ este
movimiento ocupa en la actualidad un lu gar tan i mportante como el s ocialismo en las
primeras dé cadas de la sociedad industrial y es u n elemento centr al de nu estra épo ca,
porque se opone directa mente a la globalización en t anto que pretende elimi nar t odas
las formas de regulación social y polí tica de l a activi dad económica” (Toura ine, 2005:
42).
Tal y como advierte C astells (2003: 197), su discurso reivindicativo no es unívoco
aunque, en términos generales, presenta algunos ra sgos coincidentes:
1. L u chan contra el neo liberalismo que conduce a la glob alización que sólo
beneficia a unos pocos.
2. Consideran que “otro mundo es posible”.
3. Desconfían de la clase polít ica y de los sist emas de representación.
4. No están en contra d e la globalización, sino que demandan una globalización
alternativa democrática y universal en una socied ad red global.
5. Utiliz an I nt ernet para sus acciones y movilizaciones colectivas.
6
Se deno m i na G-8 al grupo d e los siete p aíses más indus trializado s del mundo co nstituido en 1973
por iniciativa de Estado s Unidos. Está conformado po r Estad os Unidos, Reino U nido, Canad á, Francia,
Alemania, Italia y Jap ón, además de Rusia q ue asiste como ob servador . Los representantes de estos
ocho países se reúnen anual mente en lugares pertenecie ntes a alguno de los mie m b ro s [Fuente:
http://es. wikipedia. org].
7
La d enominada “tasa T ob in” r ecibe este no mbre p or J ames T obin, el pr emio Nobe l q ue p rop uso
gravar los m o vimientos de capitales de b olsa internacio nales con un 0,0 5% para destin a rlo a cubrir
las necesida des básica s de los p aíses más p obr es.
53
Según este autor, ha y que esperar a ver cómo las instit uciones asumen las
reivindicaciones de los movimientos sociales; sobre todo, la capacidad o incapacidad
del Estado para afrontar las l ógica s conflictivas del capitalismo global, los
movimientos sociales y defensivos de los trabajadores y consumidores, y l os
proyectos alternativos d e globalización que v an a condicion ar en buen a medida la
sociedad del siglo
XXI
. Es paradójico que el aumento de la capacid ad de producción,
de creatividad cult ural y d e comuni cación caminan en p aralelo a l a privación de
derechos ciudadanos, de su control y d el agotamiento de los recursos de la Tierra.
En esta misma línea, Sa mpedro, en su pon encia marco con mo tivo del Se minario E-
Cons , celebrado en S antander el 12 de ma y o de 20 05, plantea nuevos factores s obre
el consumo en la era d e la globaliz ación. Así, e ntiende qu e en el pasado la ciencia
económica t enía por objetiv o la satisfacción de las necesidades human as entre las
que se encontraba la del consumo conseguido a través de la produc ción, pero la ahora
únicamente s e ocup a d e los procesos mon etarios. El razonami ento s e ha i nvertido y ,
en la actualidad, el cons umo es el mot or que debe solucionar las necesi dades de la
producción. Lo m ismo ocurre con l a cultura como soporte económico de la
mercantilización actual. C onsidera que se ha pasa do del hombre o Dios como medida
de todas las cosas, al dinero como re ferente de todas las cosas. El reduccionism o de
los estilos de vida al mercado sin pr eferencias sobre lo ético o lo social, s in libertad
y con el dom inio absolut o de quienes dom inan las reglas i mpuestas es un sistema
agotado que se descompone, que sufre una gra n crisis y que llegará a estal lar. Según
su punto de vist a, las relac ion es humanas, l os derechos humanos, los valores
humanos, to do se orienta hacia el beneficio de unos pocos que estimulan un consumo
sin fin y se declara partidario de la globalización pero no de ésta por su parcialidad,
sino de otra que globalice l a vid a entera y que alcance a todos con lo s mismos
parámetros.
En coincidencia, entiende R amonet
8
(2001) que estamos ante una g lob alización
financiera de l os mercados financieros controlados por o rganizaciones
internacionales que tienen por rival al Estado, al que cada vez más se inte nta reducir
sus posi bilidades presu puestarias para la l abor social antieconómica (sanidad,
educación y s ervicios pa ra los que carecen de capacidad económic a). “El mercado
intenta que el Estado sea cada vez más diminuto, que maneje menos p r esupuesto y
que tenga menos funcion arios”. Al contrario, opi na que l os sectores antiglo balización
no van contra los Estados, sino contra las instituciones interna cionales responsables
de la globalización (el B anco Mundial y la
OMC)
que han terminado por dividir la
sociedad entre los que tienen y los qu e no tienen.
En general, es a ciencia antigua que es la Economí a, con orígenes en el si glo
I V
antes
de Cristo, se debate entre dos perspectivas distintas: l a Filosofía de Aristóteles
íntimamente relac ionada con la é tica y Arhasast ras de Kautil ya con pre d ominio del
sentido técnico (Conill, 2 005: 24. En la actualidad, persiste este deb ate sin resolver
entre lo é tico como apue sta innovadora y lo té cnico que exclu ye todo lo que no sea
racionalidad económica. Y aunque esta sit uación de mercado global di fícilmente va a
8
Docto r en Semi o logía y e n H istoria de la Cultura, c atedrá tico d e T eoría d e la Comunicació n
Audiovisual en la U niversid ad De nis-Didero t de P aris y titular de la cáted ra de T eoría de la
Comunicació n de la Uni versid ad Carlo s III de Madrid .
54
cambiar, al menos sí que se precisan herramienta s para regular el proc eso e i mpedir
que se cumplan las previsiones de los más catastrofist as.
La globalización presenta, como se ha ex puesto, m últiples prismas qu e van de lo
económico más genérico hasta su presencia en la v ida cotidiana de los consumidores.
El siguiente t exto, escrit o por el investigador, des cribe el transcurrir de las primeras
horas del día para un ciudadano, consumidor “global”, del mundo desarrollado:
La globalización es levantarse y apa gar un radio-despertador h echo en Corea,
utiliz ar agua de l a ducha c alentada por gas argel ino y vestirnos con textiles de
Indonesia, Vietnam o C hina; desa y unar galletas francesas con café colom biano,
leche danesa, aceite de Alcorisa en el Bajo A ragón turolense y pl átanos de
Canarias; condu cir un c oche al emán con comp onentes de medio mundo y el
depósito cargado de co mbustible de origen saudí; hablar con el telé fono móvil
estadounidense, contrato d e una compañía italiana y l a lí nea de una española;
trabajar con un ordenador japonés y c on un a fotocopiadora made in Tailandi a.
Cada día mill ones de ciudadanos compran produc tos sim ilares. Sueñan con el mism o
modelo de coche, se vis ten con la misma ropa y presumen de un elevado ni vel de
vida en e l que creen disponer de capacidad para elegir. Lo cie rto es que, al final, lo
único que el cerebro hace es reaccionar ante una se rie de estímulos infundidos mucho
antes. Y se d a la paradoj a de qu e el r esto de los habitantes del pl aneta deb en producir
los alim entos u objetos ex portados a estos países ricos, cuando l a ma y oría de ellos
viven en el umbral de la pobreza. De lo dicho has ta aquí se deduce que cada vez que
aumenta el consumo en el m undo occidental, se amplían las bolsas de po breza en el
resto del planeta (Hidalgo, 2005).
55
1.1.3.- El con s um o en una econ omía social
Cada vez más, bu ena p arte d e los consumidor es juegan un papel activo, son más
exigentes y comprometidos par a forzar a l as em presas h acia valores más a llá de los
estrictamente económico s. La denominada economía social aporta un nuevo modo de
entender el beneficio em presarial con la responsa bilidad de devolve r a la s ociedad un
porcentaje de éstos. Por otra p arte, el núm ero de empr esas que resaltan el f actor
humano de la organización como i nstitución está en continuo crecimiento desde la
década de los setenta d el siglo
XX
. De este modo, la empresa s e concibe como una
corporación con fuerza para el cambio socia l; es m ás que una organización
económica con la mirada puesta en los accionistas y se siente como institución con
responsabilidad social. Sus acciones, más allá de la cuenta de resultados, asumen un
principio de moralidad y, de este modo, al gunos empresarios están convirtiendo la
ética empresarial en beneficios (Conill, 2005: 19).
Estas empre sas se han v uelto extremadamente co nscientes de la importancia de una
buena ima gen y del cumplimi ento de una legislación cada día más exigente.
Naturalmente que ello supone un avance; sin embargo, debido al carácter
multinacional de compañías en redes de ámbito m undial, las transg resi ones se
trasladan con las naves, fábricas o empresas subcontratadas a l os países de reciente
industrialización (Castells , 2003: 220). N o obs tante, la situación en el mundo
desarrollado es di stinta y ello conll eva a empresas e insti tuciones a impulsar medidas
de mejora en la calidad, en la producción y en l a seguridad de los consumidores.
Con t odo ello, el d enominado, en el mundo anglosajón, T ercer Sector
9
y Economía
Social , en el ámbito euro peo, está compuesto por un conjunto de or ganizaciones con
un c laro fin social. L a legislación española r econoce que, por definición , estas
entidades deben persegui r fines de inter és general (Abella, Marcuello, 2 000: 331).
Ser socialmente r esponsable significa cumplir plename nte las obligacion es jurídicas
aplicables, invertir m ás en capital hum ano, en el entorno y en las relac ion es con las
partes interesadas. L a presión de las
ONG
, de los grupos de consumido res y, desd e
hace poco ti empo, de los inversores han conseguido cambi ar l as cosas. En l os
últimos años los posee dores del capital consideran que l a inversión socialmente
responsable es un indicador fiable de una buena ge stión y abr e una vía que permite
conciliar el desarrollo social con el aumento de la competit ividad.
De i gual manera, dentro de la empresa, l as p rácticas s ocialmente res ponsables
afec t an a las inversiones (ca pital humano, salud, seguridad y gestión), a las prácticas
respetuosas con el medio ambiente, a la colaboración con la comunidad local y al
respeto a los derechos humanos. En general, las empresas tienden a adoptar una
declaración de principio s, un códi go de conduct a donde indic an sus obj etivos, sus
valores y sus responsabilidades para que sean evaluados mediante auditorías.
9
El sector productivo público n o estatal, tam bié n conocido p or “ tercer sector”, “secto r no
gubername ntal” o “sector sin fines lucrativos”, i nclu y e or ganizacione s públicas destinad as al interés
general; son “no e statales” p o rque no for man par te del apara to del Estado y se d enomi nan “terc er
sector” p orq ue están en una te rcera forma de pro pieda d entre la pr ivada y la estatal.
56
a) Responsabili dad Social Corporativa en el contexto internacional
El concepto de Responsabilidad Social Corporativa (
RSC
) y d e Responsabilidad
Social de la Empresa (
RSE
) se confund e en muc has ocasiones y tien en im portantes
matices que la hacen diferente según las ópticas.
Aunque la m a y o ría utiliz a las siglas
RSC
, O spina (2003) prefiere hablar d e
Responsabilidad S ocial de la Empresa (
RSE
) y atribu y e un carácter religioso a la
denominada Responsabilidad Social Corporativa, ante la obl igación de la em presa de
“ayudar a los seres humanos par a mejorar la calid ad de vid a”. Indica, t ambién, que a
veces se relaciona con la corporate responsability por el punto de vista de gestión
ética. Para esta autora, el concepto de Respons abilidad S ocial de la E mpresa, se
ajusta al Corporate Go vernance , entendido “c o mo la acción conjunta de toda la
empresa con cienciada (t rabajadores, directivos y dueños) d el papel que tiene ésta
como unidad de negocio que crea v alor y que p ervive en un espa cio del que se lucra”.
Este es un enfoque en el que se abarcan los aspectos l aborales, económicos,
ambientales y sociales de lo que denomina como “buena empresa”.
La Respons abilidad Social Corporativa se define como el reconocimi ento e
integración de las preocupaciones sociales y medioambientales en las operaciones de
las empresas. Esto da lugar a prácticas empresariales que tratan de sati sfacer l as
necesidades, preocupa ciones y nuevas rela ciones con los consumidores y us uarios.
La
RSC
se refiere a un conjunto de prácticas “ voluntarias” que los r e sponsables
empresariales pu eden realizar para mejor ar los elementos básicos para s u ne gocio.
Como afirma J uan J osé Barrera (e n Faura, 20 04: 8) “ la economía social aporta
valores en la forma de crear riquez a y redistribuirla que pu eden s er esp ecialmente
útiles en esta época. L a v inculación al territorio y la participación de los trabajadores
son elementos claves de estabiliz ación del empleo.”
La publicación del Li bro Verde de la Unión Euro pea, que se an alizará má s adela nte,
se ha considerado como un gran paso para unos y una opo rtunidad pe rdida para otros
porque propon e una adscripción voluntaria d e l as emp resas a esta p ropuesta
normativa. Desde muchos ámbit os sociales se demanda m ayor presión instit ucional
que obligue a t odas las empresas a asumi r “bue nas prácticas” con el argum ento de
que buena parte de los co nsumidores estarían di spuestos a pagar más por un producto
si con ello se prote giese al medio ambiente e incl uso t ratarían de qu e se pr ohibiese la
venta de productos por razones medioambientales (F r aj y Ma rtínez, 2004: 34).
Diversas
ONG
, como Intermón Ox fam, relativizan los argumentos de algunas
empresas y organizaciones empresariales que admit en el avanc e p roduci do con esa
voluntariedad, porque el cont exto globalizador permite que las empresas
multinacionales, con gran peso económico y po lít ico en la l egislac ión, queden al
margen. En este sentido, y dada esta dicot omía regulación-voluntarismo, las
organizaciones sociales abogan para que las Ad ministraciones públi cas asuman el
papel de impulsar medidas que aumenten la impl antación de códigos de c onducta y
para que se a pliquen criter ios de responsabilidad en la ge stión diaria de las empre sa
(Tamarit, 2004).
57
Al respecto Ga rcía-Orcoy en
10
sostiene que “nin guna empr esa ha fr acasado o gana
menos dinero, o ha perdido competit ividad por aplicar aspectos medioamb ientales y
de responsabilidad s ocial corporativa en su s estrategias, porque es cumplir con l o que
demandan los consumidores”. A su vez, reconoce que falta formación en los
empresarios, en los consumi dores y en la labor d e las Administraciones pú blicas, que
deberían hacer más esfue rzo de i nformación y concienciación del ciudadano “porque
los consumidores e spañoles están muy po co o mal informados de las características
ambientales de los productos que compran, no piden con suficiente claridad
productos ambientalmen te correctos, ni llevan un modo de vida consciente de los
temas medioambientales” (Fernández, 2005).
Por ot ra parte, la a ctitud de los consumidores con respecto a la responsabilidad social
corporativa es positi va. En F rancia, una d e cada dos personas se declara dispuesta a
pagar un suplemento del 5% del precio de los productos que dis pongan de una
garantía ética ( Laville y Balmain, 2004). La s ituación en nuestro país es bastante
similar. El 39% de los consumidores español es estaría dispuesto a pa gar más po r
productos de empresas responsables, seg ún el estudi o elabo rado por
PricewaterhouseCoopers
11
(
PwC
) a trav és de 750 ent revistas a personas en cargadas
de la compra en el hogar. S in embargo, sólo el 14% adquiere “siempre o a m enudo”
productos de empresas q ue potencian la responsabi lidad social corporativa. Se trata
de pe rsonas, fundamentalmente j óvenes, con poder adquisi tivo medio-alto y con
estudios superiores. El 3 5% af irma que “alguna vez” ha casti gado a una empresa si
ha tenido conocimiento de que realizaba prácticas consideradas no responsables y un
84% se manifiesta convencido de boicote ar los in tereses de una empresa p or la falta
de respeto a los derechos humanos o laborales (empleo de mano de obra infantil o
trabajo forzoso) (Medin a, 2005). No obst ante, tres de cada cuatro entre vistados se
siente poco informado sobre las prácticas sociales y medio ambie ntalmente
responsables de las empresas y le s gustaría recibir i nformación a través de los m edios
de comunicación, sobre todo a través d e la tele vis ión (57,2%) y de la p rensa e scrita
(18%).
Estrechamente relacionado con lo anteriormente expuesto, quiz ás una de l as medidas
más significativas fue la puesta en marcha del Pacto Mundial de l as Naciones Unidas,
propuesto por el Secretario Gene ral de la
ONU
, Kofi Annan ante el World Economic
Forum en Davos, el 31 de Enero de 1999, como iniciativa de compromiso ético
voluntaria destinada a l as entidades de todos los países. Diez principios de conducta
y acción en materia de d erec hos hum anos, t rabajo, medio ambiente y lu cha contra la
corrupción, que algunos países han asumi do
12
, con el fin de suscitar la cr e ación de
una ciudadaní a corporat iva globa l, qu e permita l a concordia entre los i ntereses y
10
Cristina García-Orco yen fue Secretaria General de ADENA /WWF durante tr ece a ños,
vicepresidenta del Consej o Asesor de Medio Am biente de la Unión Europea, promotora del Comité
Español del P rograma de Medio Am bie nte d e Na ciones Unidas en Esp aña, e urodiputad a en el
Par lam e nto Euro peo y , desde 198 8, asume la direcció n de l a Fundac ión Entor no, d esde donde lidera
un grupo for mado casi e n su to talidad por mu j eres, c on el obj etivo de defen d er el m edio ambiente y
concienciar a la s empr esas en su cami no hacia el d esarro llo sostenib le.
11
Pricewaterho useCoop ers e s un a de la s mayores e mpresas de ser vicios pr ofesio nales del mundo con
presencia en cie nto cuare nta y ocho p aíses.
12
Actualmente , la Mesa Cuadra da d e la Asociació n Esp añola d el P acto Mu ndial ( ASEP AM),
integrada por el á mbito empre sarial, tercer sector e i nstitucio nes educat ivas y sociale s, es la encargada
de co ordinar la i mplantación de dichos p rincipios en nuestro país.
58
procesos empresariales con los valores y d emandas de la sociedad civ il. En sus
principios se observa la materia de respons abilidad so cial de las empr esas y d e las
instituciones gubernamentales y civiles:
Principio uno: las empre sas deben apoyar y r espetar la protec ción de los
derechos humanos;
Principio do s: nunca deben s er cómpli ces de vio laciones de los derechos
humanos;
Principio tres: se pide a las empresas que apo y en l a libertad de asociación y e l
derecho a la negociación colectiva;
Principio cuatro: que promuevan la eliminación de todas las formas de
explotación laboral;
Principio cinco: que promuevan la prohibición ef ectiva del trabajo infantil;
Principio seis: que promuevan la eliminación de la discriminación laboral;
Principio siete: las empresas deben actuar con criterios de respeto al
medioambiente;
Principio ocho: promover una ma y or responsabilidad ambiental;
Principio nueve: fomenta r e l desar rollo y la difusión de tecnologías
ecológicamente racionales;
Principio diez: t rabajar c ontra todas las formas de corrupción.
También ha y qu e men cionar a d istintos organismos internacionales qu e impulsan
directrices de responsabilidad dirigida s a las empresas. L os más significativos serían
el Pacto Mundial de la
ONU
, anteriormente descrito; el Global Reporting Initiative
crea do en 19 97 po r el P rograma d e las N aciones Unidas p ara el M edio Ambi ente
(
PNUMA
); las líneas directrices d e la Organización para l a Cooperación Ec onómica y
el Desarrollo (
OCDE
) para c ompañías multinacionales, dentro de la "Declaración
sobre Inversión Inter n acional y Em presas Mu ltinacionales"; y el Lib ro Verde
elaborado, en 2001, por la Comisión Europea que , por proximidad geográfica e
influencia institucional, merece un análisis más amplio.
La publi cación del Li bro Verde - Fomenta r un marco europ eo para la
responsabilidad s ocial d e las empresas
13
, definido como objetivo estratégico por
Consejo Europeo de L i sboa, demuestra el interés de la Unión Eur op a por esta
materia. El enfoque europeo de la responsabilidad social de las empresas se integra
en un marco más a mpli o, en el que se ins criben di versas i niciativas llevada s a ca bo
por las org anizaciones internac ionales, como el Pacto Mundial de la
ONU
, la
Declaración tripar tita de la Organización I nte rnacional del Trabajo (
OIT
) sobre las
empresas mu ltinacionales y la polí tica social (1997 -2000) o las Lí neas Directrices de
la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (
OCDE
) para Empresas
Multinacionales .
13
[COM (2 001) 366, d e 18 de julio].
65
1.2.- Sociedad de consumo I I: Mutaci o nes s emánt icas. El co nsum o
ante las perspect ivas postmodernas
1.2.1.- Hacia un c ambio de paradigma: ¿el fin de l o social?
La s primeras fotografías de nu estro planeta vistas desd e el espa cio mos traron, sin
duda, el n acimiento de una nuev a conciencia: la de que todos los sere s hum anos
vivimos en un mismo planeta y que éste se nos ha queda do peque ño, hasta el punto
de ser más re al la noción m acluhaniana de “aldea global”. El mundo s e globaliza
cada v ez más y , al menos en los países occide ntales, asistimos actualmente a un
proceso de reconversión, de c ambio de pa radigma tan grande como el que provocó el
paso de la Edad Media a la Edad Moderna . Es un cambio s in prec edentes ante el que
la educación no puede ser ajena y que exige un tipo de enseñanza disti nta a la actual
en todos sus aspectos, en la búsqueda de ciudadanos, que no súbditos, más críticos y
preparados para los nuevos acontecimientos (Yus, 1997: 229).
El siglo
XXI
ha modificado la s perspectivas que se referían a la sociedad de la
producción y del consumo. En la actualidad, se incide enfáticamente e n l a socie dad
de la in formación, en l a sociedad del Yo y , aun que no h a desaparecido del todo el
anterior paradi gma, ex iste un domini o de aspectos relacionados con l as propias
emociones como referente principal, junto a otros nuevos valores. En este apartado
se analiz a el paso del paradigma político y soci al a un paradigma cultural en una
sociedad ligada no al trabajo, sino al consumo que invade nuestra vida interior.
Igualmente, se constata l a transición del homus economicus al hombr e emocional que
adquiere objetos para co nseguir identidad y que se convierte en objeto de consumo
para la construcción de su propio y o, porque el consumo determina las relaciones
sociales. Ahora bien, si antes era necesario para mantener la producción, en esta
nueva etapa el consumo es responsable de l a creación de identidades individuales y
colectivas. Son nuevas pe rspectivas de la de nominada sociedad posm oderna y
globalizada que definen el papel de los nuevos cons umidores.
Al discurso del final de l o social l e corr esponde un individualismo hedonista
centrado fund amentalmente en los objetos de consumo. Desde l os santuarios
posmodernos se contempl a – o, mejor, se ap rueba- este proceso como un paso más
de la sucesiva person alización de una sociedad sostenida po r s u feroz narcisismo
(Alonso y Conde, 1994: 236), porque la intens a d esregulación y privatización de las
relaciones sociales y laborales ha d erivado en u na fuerte desinstitucionaliz ación y
descolectivización de la vida social occidental; queda atrás la visión apoc alípti ca de
la cultura de la protesta de décadas pasadas (Alonso, 2002: 14).
Sostiene Touraine (2005 : 38) que e l modelo d e s ociedad o ccidental ha pasado e n el
siglo
XX
por las tres etapas sig uientes:
1. L a d emocratiz ación de l a so ciedad a prin cipios de si glo definida por el
nacimiento del movimiento obrero sindical que consiguió avances en el
sistema de seguridad social y otras políticas de solidaridad.
66
2. L a conquista de la s ociedad en nombre de los nacionalismos autoritarios
desde el nazismo al leninismo con todo el poder para el Estado.
3. El triunfo del me rcado y del libe ralismo. En éste, domi nan las r edes
financieras que dirigen l a ec onomía hacia el consumo masivo con el apoyo
de la televisión: la sociedad de masas.
Este modelo se descompone de f o rma acelerada en el siglo
XXI
(o.c., 7 5-77) y , en
contra de las prevision es, la nueva s ociedad obvia a la so ciedad c ivil y a los
ciudadanos sorprendidos al observar que el anhe l ado mundo en paz s e co nfunde con
un panorama bélico d e enfrentamiento entre conjuntos político-religiosos que
amenazan al mundo entero.
De todas las maneras, la realidad social se ha analizado durante siglos desde un
paradigma político basad o en la p az y l a guerra, e l re y y l a repúblic a o la r evolución
y el pu eblo. A partir d e la Revolución I ndustr ial y al auge d el capit alismo se
vislumbraba un paradigma socioeconómico. D os siglos después esas categorías
sociales dan paso a u n nuevo paradi gma de carácter cultural con nuevos actores y
conflictos que pres entan un nuevo paisaje en el que cambian las r eferencias
habituales. De este modo, la an gustia ciudadana crece al mismo tiempo del
descubrimiento de qu e las decisiones sob re las vidas de todos las toman otros seres
“invisibles” y s e pi erde toda independencia porqu e y a no domina el capital industrial,
sino el financiero y la mercadotecnia (o.c., 13).
El final de una etapa viene marcado por el ataque terrorist a del 11 de septiembre de
2001 contra las torr es del W orld Trade Center de N ueva Yo rk y el Pentágono,
símbolos del poder d e l os Estados Unidos (o. c., 24): el actor principal, el país que
dirige el consumo y l a s comuni caciones d e m asas, el que cuenta con primacía
tecnológica y militar necesaria para conver tirs e e n la única fuer za para luchar contr a
el “Mal” en un a soci edad en continuada t ransformación por las guerras, la
globalización d e los intercambios, las transfo rmaciones té cnicas aceleradas, las
conquistas, l as mi graciones, pero también d el enriquecimiento y empob recimiento
rápidos (o.c., 121). L a r espuesta d e Geor ge W. Bush contra el te rrorismo fue l a
restricción de libertades públicas, reducción de l as a y ud as a otros países, incremento
de la privatización, el aumento de la liberaliz ación de los mercados y d e los gastos
militares, en un país qu e “consume” casi la mi tad de l os recursos bélicos d el mundo,
para la “guerra antiterrorista” exenta de toda diplo macia (Ziegler, 2004: 53).
La sociedad estadounide nse y el mundo entero c ambiaron de sde ese día. Se apr ecia
especialmente en el trabajo. R ifkin analiza esta cuestión y de fiende el
“replanteamiento de las bases del contrato social aceptado hasta ahora” ( 1996: 33).
Touraine asume el concepto de Rifkin cuando teoriz a sob re el “final del trabajo” y
apunta que nuestr a tr adicional necesidad de trabajar durante larga s jor nadas para
sobrevivir, es ahora la d e consumir y la de las comunicaciones. A unque aumenta el
empleo precario los puestos de trabajo cada vez más los consiguen persona s con alta
cualificación. El m undo económico obli ga, d e este modo, a c ambios hacia el
descontento y l a pe rplejidad (Tour aine, 2005: 86 y ss.). El mercado, la guerra y la
violencia abren la puert a a la modernidad globalizadora sobre dos principios lejanos
de lo so cial: la fe ciega en la razón (ciencia, tecnología) y el re conocimiento de los
67
derechos universales de todos l os individuos (o.c., 101). Es el paso de un concepto d e
vida socioeconómica y s ocial a una de finición cult ural, la sociedad “posts ocial” en la
que todos tenemos derechos culturales.
Este autor juzga que c ada día es más difícil creer que un indivi duo es libre y
responsable al integrarse en las normas y le yes so ciales. Ahora bien, el individuo
moderno está cada vez m ás definido por la relación y búsqueda d e s í m ismo, (o.c.
103 y ss.), por su s uspicacia y distanciamiento del poder polí tico, por su
individualismo de mocrático alr ededor de lo s derechos que reivindi ca con
vehemencia, por el mi edo a la guerra, por su no pertenencia a ningún grupo, por el
reconocimiento d e las difere n cias y , en sum a, por la debilidad ant e todos los
estímulos que inv aden su existencia. Según esto, ha cambiado de mirar al m undo a
mirarse a sí m ismo (o.c., 119) y a desconfiar de las le y es, de las instituciones, del
poder, d e los discursos del poder y sólo se cons idera respons able de sí mismo. En
consecuencia, anhela construir su vida individual y su diferencia con respecto a los
demás mediante la defensa de los derechos i ndividuales, cada vez más concretos, por
encima d e los colectivos. El valor supremo sería: “Sé tú mi smo”, del anuncio de un a
conocida m arca de whisky escocés pro y e ctado en la pantalla de los dese os donde e l
consumidor puede s entirse sólo con s us aspir aciones, necesidades y fantasías más
rebeldes.
Sin embargo, para otros autores la d enominada postmodernidad es un término que
genera confusi ón porque es empleado de manera ecléctica, porque oculta más que
aclara y porque está acompañado de resonancias negativas. Alonso, en su obra La
era del consumo (2005: 324 y ss.), ex pone al gunas razones de análisis d ivergentes
con las expresadas por Alan Touraine y los pos testructuralistas.
Sobre estas bases, r echaz a la muerte de lo social porque “los ind ividuos valoran su
bienestar m aterial no en términos de la cantidad a bsoluta de bienes que tiene n, sino
en relación con una no rma social d e bienes q ue debe rían poseer” (o.c., 324) y ,
además, el fin d e lo s ocial deja a l a sociolo gía sin lugar ni misi ón intelectual
(incluida la sociología del consumo). I gualmente, acusa al discurso estructuralista de
metateórico, apocalípt ico y débil por no ir acompañado de investigaciones de raíz
empírica a su fundament ación. Por otra parte, co nsidera qu e el consumidor no es un
ser pasivo y ansioso por l a superabundancia d e objetos y la continuada renovación de
los productos, ni que la sociedad occident al haya m uerto por sobredosis de
comunicación (o.c., 333).
A partir de aquí, entiende que la metáfora de la so ciedad-red implica l a ace ptación de
una fuerte redu cción y desprotección de los de rechos sociales y cívicos y, por ello,
sugiere v olver a situar a la pol ítica en el centro del debate pa ra con struir una
democracia radical capaz de poner al mercado al s ervicio de la sociedad y detener la
crisis que provoca que l a sociedad esté al servicio del merc ado (o.c., 338). Propone
recuperar la política co mo elemento central de articulación y de inte gración de
nuestras sociedades, para que los consumi dores dejen de ser sujetos dep endientes y
alcancen la mayoría de edad como auténticos ciudadanos libres y crít icos.
68
Al r especto, Giddens (2002: 49) adopta un punto de vista alg o más optimi sta.
Reconoce que se ha pro ducido un im portante cambi o en el modo de entender l as
políticas del socialismo, el comunismo o la demo crac i a-cristiana de fensores del valo r
colectivo sobre la dimensión indivi dual. Sin embarg o, considera que es erróneo
hablar de l a generación del “ y o” porque las encuestas d emuestran que las
generaciones más jóvenes manifiestan m a y or preocupación m oral y sensibil idad que
las anter iores en valores ecológicos, derechos humanos o libertad sexu al, entre otros.
No obstante, es cierto q ue no asocian estos valores con la tradición y m uestran su
desacuerdo con que las formas habituales de a utoridad legislen en cue stiones
relativas al estilo de vida.
Otros autores entienden que esta g lobaliz ación es una buena oportunidad para
mejorar, p ara crece r económica, cultural, soci almente y , así mi smo para l a educación,
porque, por encima de todo exis te la posibilidad de la acción concerta da de las
personas en conjunto, la primacía d e las person as (Altarejos y Fontrodona, 20 03:
201). En términos similares s e expresan P apiol y Vin y ets (2003: 13 ) al considerar
que desde las cumbres de Porto Ale gre
20
, o las manifestaciones de Barcelo na contra
un único tipo de globaliz ación, se aprecia n s ínto mas de cambio y acti tudes de
revisión crítica y responsable que permiten an unciar un nuevo p aradigma en el
ámbito del consumo.
Son numerosas las aportaciones qu e coincid en en considerar un cambio de
paradigma. Nuevos problemas como el medioambiente, la violencia, l a crisis
económica, los educativos o la ex clusión de l os desfavorecidos, exigen una nueva
forma de entender la soc iedad actual y r evalidan el pensamiento utópico modernista
de la Ilustración (Yus, 1997: 40). Y no es dar marcha atrás en el análi sis, sino de
afrontar los retos de la llamada postmodernidad c on e l bag aje de todo lo a contecido
anteriormente.
En el marco de este debate abier to, Bernat (2004: 33) entiende que “a quie nes hablan
hoy de postmodernidad habría que p reguntarles si se puede cancelar, sin haberlo
ultimado, el programa de la modernidad, en sus dos dim ensiones, la técnica y la
emancipatoria”. Subra ya Bernat (1999: 373-3 74) la necesid ad de recuperar al
individuo como el el emento centra l de la moderni dad no desarrollada, inc ompleta y
eludida. Razona qu e l a hege monía individualist a ha aplastado y penaliz ado al
individuo autónomo, le h a emancipado de cr eencias conformistas y , por el contrario,
ha f avorecido la pres encia del i ndividuo replicante y fotocopia del r esto que
únicamente aspira a ser como las referencias que la sociedad le i mpone par a
conseguir su sumisión y obe dien cia a las cir cunst ancias. Este perfil de persona,
idóneo para el model o socioeconómico neoli beral y consumista, constata el
incompleto desarrollo del programa de la mode rnidad y señ ala la op ortunidad de
continuar los pasos haci a la consecución de un ser autónomo, que haga uso li bre y
público de su propia razón hasta ahora coartada.
20
La consig na del F or o So cial Mundial e n Po rto Aleg re de enero d e 2001 f ue “Otro mundo es
posible” .
69
Curiosamente, en esta socieda d nadie e stá conforme con su papel d esdibujado y
busca su identidad en la esca la soci al: los j óvenes quieren ser m a y o res y ampl iar sus
derechos, los ma y ores aspiran a s er eternamente j óvenes, útiles y queridos; y, p ara
remate, los niños preferirían ser considerados adultos. Sin embarg o, casi todos
coinciden en el desint erés por los aspectos sociales (Del Pino, 1998: 191-192) y por
la dirección de sus mirada s ha ci a su propia pe rsona y e ntorno, micr o cosm os del
egocentrismo. De todas formas, expresa J osé Ángel Oliván
21
“que es perfe ctamente
posible describir a una persona por la forma de co nsumir” (Catalá, 2005: 5).
La s fronteras más pe rmeables entre los m undos inf antil y adulto, que c ar acterizan a
la denominada postmod ernidad, han supuesto la desaparición de la inf ancia tal y
como se entendía h asta ahora. Se ha cambiado la cultura escrita, que requi ere un
esfuerzo y apo y os ex ternos, por la electrónica - para l a que no es necesar ia formación
alguna- y que concede a los ni ños el poder de di rigirse a sí mi smos e infan tiliz a a los
adultos (padres y edu cadores) en un claro intento d e igualar a ambos. De este m odo,
la cultura comercial distorsiona el pa pel educativo de l os adultos a quienes pone en
situación de continuado enfrentamiento, impulsa el materialismo, el he donism o y el
sometimiento a los productos de m arca. “ Quienes se dedi can al mark eting defienden
la diversión por encima de l traba jo, la permisividad p or encima de las res tricciones,
la expresión por encima de la re pr esión” (Sc hor, 2006: 265), aunque sólo en
ocasiones util izan los términos “niños y ni ñas” porque prefieren el de “ chicos y
chicas”.
Estas reflexiones se aprecian en el anuncio Bienvenido a la República Independiente
de Tu Casa , realizado por la agencia catalana
SCPF
para Ike a
22
y considerado como
uno de los mejores sp ots de 2006, que ha c oincidido en el tiempo con el 75
aniversario de la proclamación de la
II
República Española.
Para los españoles, e l hogar, entendido como la c ombinación de f amilia y vivienda ,
es lo más importante de su vida y el espacio idóneo para hacer lo que se quiera.
(Una niña interpreta percusión, sentada en la alfombra y rodeada de juguetes).
- Toda República debe tener un himno y una bandera (ropa en el tendedor).
- Las leyes se decid en en el Parlamento (adultos reunidos alr ededor de una
mesa) y, a pesar de ser una República, puede tener un Rey (niño) o una Reina
(niña en pijama y con la habitación desordenada).
- Los habitantes tienen la obligación de conservar su flora (niña rie ga las
macetas) y su fauna (perro “protector” de gran tam año).
- En la República el derecho a huelga es legítimo (niño duerme en el s ofá, o tra
baila disfrazada de adult o), lo mismo que el d erecho de r eunión (grupo de
niños bailan encima de la cama ) y, po r ley, los invasores (dos abuelos q ue
traen pasteles en la mano para sus nietos) serán res petados .
- Todas estas leyes pu eden, por s upuesto, cambiar en el momento en que te dé
la gana (niño con las zapatillas echado en el sofá).
- ¡Bienvenido a la República independiente de tu casa!
21
Pr esidente de la Asociación d e la Unión d e Cons umidores d e Aragón.
22
E m p resa m ulti nacional sueca de dicada a la venta minorista de muebles y ob jeto s para el hogar a
precio s reducid os. El 22 de ma yo de 20 07 abre su pri mer estab lecimiento en Zaragoza.
70
1.2.2.- Transform aciones ec o nómicas e institucionales
La cuestión económica del consumo desborda este apartado e impregna
absolutamente cualquiera de los enfoque s con los que pueda afrontarse la materia de
investigación (globalización, punto de vi sta ético, emocional, ecoló gico,
responsabilidad social y el propio marco conceptual d e l a s ociedad de consumo ).
Desde todas las pe rspectivas se obse rva la m ultiplicidad de asp ectos, de ahí que en
este apar t ado se analice la crisis del marco ins titucional y políti co con el
convencimiento de que la economía es la determ inante de todos l os cambios de las
perspectivas postmodernas.
En un mundo sin fronteras visibles, la globalización económica determina el paso d e
la sociedad d e consumo a la s ociedad red. Un sist ema orga niz ado en redes que
alcanza desde la inseg u ridad en el t rabajo hasta la individualización de una cultura
virtual propiciada por los omnipresentes medios de comunicación, todos som etidos a
las leyes que imponen las organizaciones internaci onales.
a) De la sociedad de consumo a la sociedad red
Son los estados-nac ión creados en la Edad Moderna l os que durante los úl timos años
del siglo
XX
amparan y lideran el proceso d e globalización, como intento de
mantener su poder establ ecido o, al menos, con el fin de negociar de una manera
honrosa su posición ante l os Es tados Unido s com o la “ gran fuerz a domi nante”. Es to
conjetura l a “ americanización” d el mundo y s u entrega a l as red es globales de la
autoridad: el capital financiero, las tecnolo gías, l as empre sas de c omunic ación y las
instituciones internacionales controladoras (Castells, 2003: 173 ).
En este sentido, exi ste un consenso bastante ampl io sobre la idea de que Estados
Unidos – el 4% de la población del planeta – se ha conver tido, g racias a l a extensión
del capitalismo, en una minoría que domina el mercado mundial y control a t odos los
aspectos – fina n ciero, político, cultural, militar y tecnológico – de l os mercados
libres del mundo (Chua, 2003: 247). L os Estados se manifiestan inc apaces de
intervenir sobre los flujos d e capital, bi enes, s ervicios, información y poder; el
desarrollo de instit uciones supranacionales socavan su soberanía y , como
consecuencia, c r ecen l as ideologías nac ional istas. La glob alización alcanza
igualmente a la moda, a la delincuencia, e l terr o rismo, las tecnologías, a l os me dios
de comunicación, etc.
Y pierden su autonom ía económica ahora determ inada, en el caso español, por las
directrices del Banco Ce ntral Europeo que sólo permite l a distribución de l as partidas
presupuestarias estatales, dentro de un equilibrio previamente asignado por la
autoridad monetaria qu e ejerce el c ontrol de un mercado m undial mu y poco
controlado y donde los movimientos e speculati vos son constantes. Como escribe
Castells (2003: 362):
71
La f ormación de la Unión Europ ea no e s un proceso de construcción de l estado federa l
europeo del futuro, sino la construcción de un cártel político, e l cártel de Bruselas, en
el que los es tados- naci ón europeos puedan segui r haciéndose , de f orm a colectiv a, con
cierto grado de soberanía en el nuevo desorden global, y luego dist ribuir los beneficios
entre sus m iembros, bajo reg la s incesantem ent e neg ociadas.
En realidad, se puede decir que los Est ados constitu ye n “junglas desordenadas” qu e
carecen d e capacidad para influir sobre l a economía y , como cons ecuencia, no
alcanzan a proteger a sus ciudadanos en un cla ro ca mino de di sminución del estado
del bienestar. La privatiz ación del m undo debilita, como se ha dicho, la capacidad
normativa de l os Esta dos, vacía l os mecanismos democráticos e in stituciones
democráticas (parlamentos, tribunales, opiniones públi cas), rige la econo mía y, en
suma, mata la le y (Ziegl er, 2004: 114). L os mercados financieros controlan el mundo
con sus condiciones si empre dirigidas a m axim izar l os benef icios d e unos pocos en
detrimento de las políticas sociales y los se rvicios públicos. En numeroso s países se
ha producido una primer a oleada de p rivatizaciones dirigidas a las grandes empresas
públicas, per o una segunda oleada s e prepara y a: “afectará a escuelas, universidades,
hospitales, las prisiones y mu y pronto a la policí a” (Castells, 2003: 122).
Según estas valoraciones, el Estado se d esman tela y el ciudadano deja de se r
“ciudadano” para converti rse en individuo desprotegido y angustiado. Esto que en el
mundo desarrollado pue de parecer ne ga tivo, en l os ámbitos de pob reza asegura la
más profund a miseria. Nadie qu eda fuera de esta t endencia. También lo s más
poderosos se ven obli gados a ceder a las condiciones impuestas por el temor de
recibir sanciones o la fu ga m asiva de capital es, y contribu yen a la “política interior
planetaria” de los mercados financieros de la economía virtual. Para este autor, “de
una civili zación re publicana, hemos pasado a la era de la jungla con la consiguiente
pérdida de los valores heredados de la Ilustración” (Castells, 2003: 270).
En consecuencia, el Estado es inc apaz de mante ner l os niveles de bien estar que l e
daban legitimidad, privatiz a los servicios púb licos con lo que emp eoran l as
condiciones de vi da de los ciudadanos y éstos cuestionan su utilidad, las i glesias
mayoritarias pierden pod er de convocatoria, la familia patriarcal sufre una gran crisis
y l as ideologías políticas s e adaptan con lentitud al nuevo contexto.
“A primera vista, esta mos siendo testi gos del surgimiento de un mundo hecho
exclusivamente de mercados, redes, individuo s y o r ga niz aciones estratégicas”,
afirma Castells (2003: 4 54 y ss.). El pode r ya no se concentra en l as in stituciones
sino en las organizaciones e conómicas de ámbito uni versal qu e convierten las
fronteras en invisib les y desorientan l a ubicación y participación c iudadana sustento
de la democracia de siempre. En conse cu encia, los i ndividuos se alejan de la s
organizaciones de cará cter cole ctivo y sienten que únicamente pu eden se guir
adelante indivi dualmente con sus únicas posibilidades. Con una esfera pública
empobrecida, con l a participación bajo mínimos y con una grave falta de memoria
histórica, el c iudadano, ca d a vez más ensimis mado en su espacio privado de
individualidad, se desvin cula de l os asuntos d e la polis y ni siquiera ac tú a cua ndo s e
recortan las partidas destinadas a la escu ela p ública, a los servicios sociales o
sanitarios porque el co nsumo, como identidad, ha eliminado el c onsu mo de lo
público (Papiol y Vin ye t s, 2003: 114).
72
De e ste modo, también el indiv iduo m uestra s u d ebilidad y soledad frente a fuerzas
perfectamente or ganizadas y con sofisticados m ecanismos para seducirle, porque las
éticas liberales que ho y día dominan e n la esfera pública def i enden una concepción
individualista de la autonomía en detrimento del bien común ( López, 2005: 80).
Estos cambios afectan y se observa n en l as formas de abordar el debate político. Las
fuerzas políticas s e ven oblig adas a utilizar nuevas estrate gias para co nseguir el
apoyo de los ciudadanos en su a cceso al poder del Estado. En la era de la
información muchos partidos pol íticos todavía planifican sus campañas c omo en la
era industrial y, aunque l os medios no dictan lo que los votantes de ciden, sí tienen
una influencia decisiva en lo que Castells (2003: 409) denomina “mediocr acia” como
reflejo de la c risis de credibilidad del sistema político y de los altos í ndices de
abstención de las citas el ectorale s en una clara manifestación de descont ento. Pero
también advierte del peligro, ante la reducción d e l a participación, d e favorecer los
liderazgos personaliz ados y la vu elta de estados democráticos autoritarios garantes
de segurida d que podría evitarse con la aplicación de las si guientes medidas:
recreación de l a democracia loc al que alienta la cooperación ciud adana, utili zación
de la comunicación ele ctrónica para aument ar la participación y estím ulo de la
moviliz ación en torno a c ausas “no políticas” (hu manitarias, medioambientales, etc.).
Todo lo ex puesto también tiene reper cusión en el protagonismo organizativo de los
ciudadanos e n la de fensa de sus a ctos de consum o. Considera Adela Corti na (2002:
139) que “es ciudadano aquel que es su propio señor junto con sus i gua les , que goza
de libertad negativa (sin interferencias) y de l ibertad positiva (de part icipación
política), así como de derechos ec onómi cos, soci ales y culturales” . Desde este punto
de vista, la dim ensión de ciudad anía económ ica es esencial po rque t odos los
ciudadanos son consu midores, parc el a en l a que mayor fuerza cu entan para
manifestar su protagonism o, particularmente a trav és de las asociaciones de
consumidores, en competencias más propias de los poderes públicos. Est e nuevo
panorama ha ce crecer la impo rtancia de potenciar los movim ientos de l os
consumidores que, a p artir de ahor a, tienen mayores espacios de a ctuación,
especialmente diri gidos a la creación de estados de opinión sobr e el po der de las
marcas y la of erta, exigencias ciudadanas, conductas honestas de empresas e
instituciones, cumplimi ento de la s normas y la educación c ívi ca.
El consumo se ha convertido en una esfera de la ciudadanía en la que ya n o se habla
de consumidores sino de ciudada nos que defienden otros niveles de responsabilidad
política y social, y qu e nece sitan el apo yo d e lo s gobiernos pa ra su movilización a
favor de sus alternativas. “Nuevos consumidore s, no, nuevos c iudadanos para un
orden social fuertemente transformado con r especto a la sociedad de co nsumo de
masas” (Alonso, 2002: 16).
Esta re nunci a de los Estados, a controlar el merca do y defender sus posiciones
económicas a tra vés del sistema político, ha llevado a c onsiderarlos inefic a ces y
débiles en la sol ución d e los problemas sociales y ciud adanos (Corra gio y Torres,
1999: 21), con el consi guiente ascenso de lo “local” t raducido en un aum ento de los
nacionalismos, como son l os casos de Cataluña (con más presupuesto que Ch ile),
País Vasco, Québec y Es cocia, verdaderos estados dentro del Estado.
73
No obstante, Giddens (2002: 45) entiende que la s naciones mantendr án durante el
futuro previsible un consi derable pode r guber n amental, económico y cultural sobre
sus ciudadanos, pe ro d eberán aprender d el fu ncionamiento de los movi mientos
sociales, de las
ONG
, de otras asociaciones de interés y, además, estar di spuestos a
negociar con ellas en l a t oma de de cisiones para fortalecer la sociedad civil. En esto
se f undamenta su conocida teoría de la “tercera vía” como política que debería
ayudar a los ciudad anos a una nu eva relación c on la comunidad y a guiarse en las
grandes re volu ciones de nuestro tiempo: la globalización, las transformac i ones de la
vida person al y nue str a relación con la naturaleza . En este sentido, entiende que l os
problemas globales responden a inici ativas local es, pero exigen t ambién soluciones
globales.
Por su parte, Conill (200 5: 200 y ss.) considera qu e el mundo vive, desde el fin de los
bloques militares, una nueva situación de “la jungla globa l ” c a racterizada por la
desconfianza ante las su perestructuras financiera s que alejan los benefici os privados
del beneficio social. En esta guerra hasta el len guaje es un arma que revela mucho
más de lo que dice. La nu eva confi guración muestra un panorama d e descontrol,
inestabilidad, desigualdad y en frentamiento entre los bloques comerciales en guerra
económica que t iene reflejo incluso en la incorporación en el campo económ ico de
términos y expresiones propias del len guaje bélic o: “g u erra come rcial”, “i mpacto de
la campaña”, “objetivos”, “batalla de los m ercados”, “inv asión”, “ estrategias
competitivas”. El context o global, que ha d ejado a los Estados-nación en su más
mínima expresión, exige soluciones globales con tra el capitalismo ultrafinanciero y
especulativo que acaba c on la mor al en la vid a ec onómica y d estru ye el tej ido social.
Según este autor, la “globalización ética” permit e un ca mbio de ra cionalidad
económica y una insti tucionalización de lo m oral (mercado e i nstituciones polít icas
del Estado) y establece los horiz ontes a seguir para cons eguir l a mundialización de la
justicia y de la solidaridad.
Sin embargo, d esde todas l as opciones políticas de los países desarrollado s se repite
que “la economía va bien ”, aunque ex istan altos niveles de pobreza o desempl eo, y el
crec im iento económico no impide la coexistencia con ex tensas zonas d el mundo,
independientemente de s u desarrollo, donde l as desigualdades superan las mínimas
cotas de bienestar. Ham bre, miseria y pa ro forman parte asumida del pa isaje
económico, y reducir (reestructurar u optimiz ar para otros) la plantilla en l as
empresas, paradójicamente, supone a m enudo el aumento en las cotizaciones de s us
acciones en Bolsa.
Si en el “fordismo” la economía se caracterizaba por la p roducción para u n consumo
masivo, en la actualidad s e regula medi ante los principios del j ust-in-time : sól o se
fabrica lo que, previa de manda, va a ser comprad o. De este modo, ca mbia el mo delo,
es la empresa al revés p orque la demanda y qui enes la esti mulan se anticipan a l a
producción, y se modifican radicalmente las condiciones en el empleo qu e pasa a ser
de carácter flexibl e o temporal con un alto grado de ince rtidumbre. La producción
flexible exige personas sin especialización y sie mpre disponibles, pero capaces de
cambiar de operación y manejar varias máquinas (Coller, 1997: 79).
74
b) Implicaciones para la edu cación
Este enfoque influye i gual y directamente en e l terreno educativo, al que se
denomina “mercado educativo” con un claro sesgo económico.
El
FMI
, el Banco Mundial y la
OMC
23
son l os responsables de imponer las política s
económicas sev eras. Est a última, con ciento cincue nta países en la actualidad y
treinta que están negociando su incorporación, pretende la eli minación de las
barreras comerciales y s anciona a los Est ados miembros que incumplen los acue rdos
impuestos por consenso. Esto demuestra que se s itú a por encima de l as decisiones de
los Estados a costa de la reducc ión d e sus po líticas sociales o ec onómi cas
24
. J unto a l
FMI
, encargado d e g ara ntizar la estabilidad m onetaria y regular las transa cciones de
capitales, y el Banco M undial, se conforman como “los amos del mundo” (
BBC
,
2006).
Y su poder se observa e s pecialmente en el mundo menos favorecido en el que estas
organizaciones actúan con particular dureza. Al escenario de confrontación de las
superpotencias económic as, s e añade el conflicto entre los p aíses ricos y pob res en
otra forma de guerra de ex terminio, o, cuando menos, de marginación y exclusión
porque ya no s e ne cesita su mano de obra. Los
PMA
(países menos a vanzados),
llamados así en el
FMI
y e l Banco Mundial y “ poblaciones no rentables” por los
operadores privados, tienen mu y limitadas sus economías porque gastan más en
pagar los intereses d e su deuda que en el manteni miento de los servicios s ociales. A
los cuarenta y nueve Estados, que reciben esta consideración, en s u mayor parte
africanos, se les exige que eliminen las subvencio nes públicas a los alimentos básicos
(Zigler, 2004: 236) y , en ocasiones, también las des tinadas a la educación.
Igualmente, el Banco M undial defiende post uras y medidas (Corragio y Torres, 1999:
49 y ss. ) sobre qué deben hacer los gobiernos para una s upuesta reforma educa tiva
universal. Propone la d escentralización de los s ist emas educativos y la reducción de
la capacidad de dec idir de sindicatos de maestros, asoc iaciones de estudi antes
universitarios y el diseño de una formación qu e contribu y a a satisfa cer la demanda de
trabajadores flexibles que puedan adquirir nuevos conocimientos.
23
La Or ganización M undial de Co mercio nació el 1 de ene ro de 1 995, c on sede en Gi neb ra, para
avanzar e n la aper tura de lo s mercado s internacionale s.
24
Es muy reco m e ndable el v isionado de “The Ye s M en” (S mith, Ollman y Price, 2003) , d ocumental
que muestra las acciones real es de dos activistas anti-globa lizción que se hacen p a sar por por tavoces
de la Organización M undial d el Comercio. Crean una p ágina web similar a la o ficial de la OMC y
reciben invitacione s para impa rtir conferencias; los dos pr otagonistas ac uden a e stos eventos po r todo
el mundo sin revelar el e ngaño de su verdad era identidad. Esto les p ermite divertidas sátir as sobre los
pro blemas sociale s y e conó micos que engendra la glob alizació n y escandaliza r a lo s asistentes con
numerosas situac iones dispar atad as: el anuncio de la r efundación d e la OMC, dir igida ahora a la
defensa de los intere ses h umano s p or encima de los em pr esar iales. Es una crítica a las grandes
corp oraciones, a las o rganizacio nes que i mponen las r eglas del j uego econó mico y las su stentan.
81
como los siguientes: la creación de l a fi gura de u n fisca l contra delitos ambientales,
el proyecto de le y en curso que permite al c iudadano acceder a i nformación
medioambiental, el código de transparencia de l as compañías eléctricas, la norma que
obligará a las nuevas edificaciones a introducir c onsumos eléctricos más sostenibles
(energía solar), y la futura le y de l suelo.
c) Alternativas políticas
Se e x ponen, a continua ción, alg unas reflexiones y propuestas concretas para el
cambio en distint os ámbitos; todas ellas tien en, de un modo u otro, implicaciones con
el mundo del consumo y d e los consumidores, porque tod os los problemas han
alcanzado una consideración global. La contamin ación del aire, de los suelos, de las
aguas, del ruido, in cluso del espacio, no conocen fronteras y los efectos tam bién son
universales.
La ma yoría de l os p ro blemas de medio ambiente pe rmanecerán en tanto no se
transformen los modos de producción, de consumo, de organización social y de vidas
personales. No obstant e, ex iste una conciencia en aumento que reclama una
reorientación de las inst it uciones y de las políticas hacia un sistema s ocio económico
responsable.
Con este pl anteamiento como re ferencia, el dí a uno de f ebrero d e 2007, la Alianz a
por el Planet a
33
convocó a todos los ciudadanos a que ap agaran las luce s y
desconectaran los aparatos de la r ed eléctrica durante cinco minutos, entr e las 19.55h
a 20 horas, como símbol o de la necesidad de p asar a l a acción en la d efensa del
medio natural. La el ección de la fecha no fue casual. Al día si guiente, el dos de
febrero, se presentó el IV I nforme de Evaluaci ón del Panel Internacional sobre
Cambio Climático (
I PCC
), elaborado po r un organismo científico d e Naciones
Unidas, con un amplio impacto mediático.
En la Revista electrónica Educadores por l a sost enibilidad (nº 18, 4 febrero 2007) de
la Organización de Est ados I beroameri canos se recogen l as palab ras pro nunciadas
por Achim St einer, Di rector del P rograma de Naciones Unidas so bre Medio
Ambiente (
PNUMA
), y que reflejan l as con clusiones del mis mo: "El 2 de febrero
pasará a la histo ria como el día en qu e d esaparecieron las dudas acerca de si la
actividad humana está p rovocando el cambio climático; y cualquiera que, con este
informe en la mano, no haga al go al respecto , pasar á a l a historia como un
irresponsable". Ya no hay dud as de que son las personas, con su estilo de vida, la s
responsables del grave problema de carácter planetario y son éstas, j unto a los
políticos, las que deben poner en marcha medidas urgentes. En lo que respecta a la
educación, en dicho inform e se pide más implicación de los sistemas educati vos en la
línea de l o indicado por los objetivos de la Década de l a Educación por un futuro
sostenible .
33
Grupo francés de asoc iaciones medio-ambie ntales.
82
En la actualidad, los ciudadanos demandan que se consideren los aspectos de
ecología (teoría m edioambi ental) con un planea miento definido desde l as p olíticas
activas medioambientalistas (la ecolog ía pu esta en práctica ). Que se t engan en
consideración nuestra vi da actual, l a vida d e n uestros hijos y l a de lo s hij os de los
hijos de nuestros hij os. Lo que C astells denomina “tiempo g laci al”. En este sentido,
Castells reconoce l a exc elente labor de los m ovim ientos ecologistas que, además d e
tareas de concienciación , actúan para forzar los cambios en la legislació n y en las
acciones d e los gobiernos . Como ninguna otra fuerza social, han sido capaces de
ganarse la atención de los medios de comunicación en el nuevo paradigma
informacional y han conseguido la movilización de la sociedad, particularmente de
los más jóvenes (2003: 215).
Otro aspecto, no menos importante, es que los municipios españoles pueden y deben
hacer más para evitar e l ef ecto invernadero, tamb ién las escue las, las universidades,
las iglesias, las
ONG
, las empresas, las multinacionales y los c iud adanos con el
liderazgo de las Admini straciones públicas para cambiar el modelo energético, de
producción, de consumo, de dist ribución y , t ambién, de valores. Siempre que, como
enfatiza Víctor Viñuales en el dis curso pronunciado en la entrega de pr emi os de su
organización, en septiembre de 2005 : “Que los políticos no piensen y act úen con el
cortoplazismo electoral, que estén seriamente preocupados por l o que ocu rrirá en el
planeta en el año 2 025 y lo que o currirá en el año 2050. Faltan polí ticos qu e también
gobiernen para los hijos y los nietos de los ele ctores actuales”.
A su vez, los gobiernos centrales pu eden r ecurrir a instrumentos económi cos con e l
fin de internalizar los co stos ecológicos en los precios de los b ienes de consumo y
servicios o para refleja r las preferencias d e lo s consumidores hacia u na may o r
protección ambient al, como s e recoge el estudio ¿ Hacia un consumo sostenible en
los hogares? Tendencias y políticas en lo s países de la
OCDE
34
(2002: 9 ). Junto a la
visión de eficiencia ecol ógica, es conveniente res altar la i mportancia que ti ene el
consumo en los ho gares, en las unidades fam iliares, y las medidas que deben
adoptarse en las esferas personales y polít icas. En el mismo estudio de la
Organización pa r a la Cooperación Económica y el Desarrollo (
OCDE)
, se orienta a
las famili as hacia un consum o sostenible en c inco esferas: alimentaci ón, vi ajes
turísticos, energ í a, agua y generación de desechos en los países miembros de la
Organización. Aunque las repercusiones ambientales de l a industria son más
apreciables, las decisiones y hábitos de consumo d el conjunto de unidades familiares
constitu y e un factor i mportante que tiene i ncidencia en las cinc o esferas
anteriormente citadas.
34
Towards Su staina ble Ho usehold Co nsump tion? Trend s and Po licies in OECD Co untries.
83
También las Administraciones autonómicas cu entan c on compete n cias pr opias en la
materia para contribuir a mejorar la s ituación. A modo de ejemplo, como se recoge
en la revista el ectrónica Consumer.es (2002), conviene destacar que e l Gobierno
Vasco aprueba, en juni o de 2002 el documento E stra tegia de Desarrollo Sostenible ,
un programa pionero en España y en la Unión Europea, que planifi ca la pol ítica
ambiental vasca hasta 20 20. El p lan establece cinco metas: garantizar un aire, agua y
suelos l impios y saludables; gestión responsable de los recursos naturales y de lo s
residuos; protección de la naturaleza y la biodiversidad; equilibrio te rritorial y
movilidad; y limit ar la influencia del cambio climático. A partir de estos principios
se formulan unos "objetivos prioritarios", entre lo s que s e encuentran la reducción de
emisiones y vertidos de sust ancias peli grosas y contaminantes; la mejo ra de la
calidad de aire, agua, suel os y alimentación; la reducción del consumo de re cursos y
de residuos finales; la conservación de ecosist emas, especies y p aisajes; y , finalmente,
la investigación sobre la biodiversidad.
Sobre estas bases, Ví ctor Viñuales
35
apuesta por la movilización del mercado de la
sostenibilidad con el apo y o de Administraciones públicas, empresas y
ONG
y
considera la coerción, la convicción y la conveniencia como argumentos
determinantes para la acción. Afirma qu e cuando se abordan los problemas
medioambientales, y “los latinos son muy dados a hablar de una cosa y h acer otra”
(Fernández, 2006), en el fondo se trata de construi r un desarrollo sostenible. También
con las decisiones de c ompra porque un 10% de consumi dores consci entes puede
transformar el modelo de producción.
Aparte de todos los estudios y opiniones m encionadas, en 1987, la Comisión
Mundial de las Na ciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Comisión
Brundtland ) recomienda l a elaboración de una declaración universal sobr e protección
ambiental y desarrollo sos tenible, en la forma de u na " nueva ca rta". Con est e moti vo,
entre ot ros, se celebra en 1992 la C onferencia de las Nac ion es Unidas sobre Medio
Ambiente y Desarrollo (
CNUMAD
) en Río de J aneiro, aunque en ella no s e alcanzan
acuerdos. El p rimer bo rrador se consigue en 1997 y la versión final d e la Carta de la
Tierra es emiti da por la C omisión de la C arta de la T ierra en Marzo del 2000, en el
Palacio de la Paz en La Haya, tal y como se expr esa en la pá gina web de la Secretaría
Internacional en la Universidad de La P az (2000). Es si gnifica tivo que transcurrieran
trece años de negociaciones hasta alcanzar los compromi sos de base.
En términos gene r ales se puede indicar que La Car ta de la Tierra es una síntesis de
principios recogidos a partir de las opini ones y deb ates de or ganizaciones no
gubernamentales, grupos comunitarios, sociedades profesion ales y expertos
internacionales en varios campos.
35
La Fu ndación Ecología y Desar rollo (ECODES) es una entid ad sin á nimo de lucro e inde pendiente,
constituida en Zaragoza, en 19 92. Su tare a pr incipal consiste en desarrollar acciones par a un
desarro llo sostenible m edia nte la puesta en m arc ha de alternativas e cológica mente sostenibles,
social m e nte justa s y econó mica mente viables, tanto en Espa ña co mo en América Lati na.
84
La Carta está siendo adoptada y uti lizada por educadores del mundo co mo recurso
útil para materias r elacionadas c on la ética, l a e colo gía, la justicia social, el
desarrollo sostenible, la g lobalización y l as re laciones internacionales. P ara los
docentes es una herrami enta de trabajo, desd e una educación transformadora, para
abordar los temas del currículo desde posiciones c ríticas y brinda un marco ex celente
para el desarrollo de programas para un mundo má s justo, sostenible y p acífico.
En su Preámbulo se r ecogen los principios fundamentales y retos para la ac ción.
Confirma l a necesidad de la unión d e esfuerzos para crear una soc ied ad global
sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, l os derechos humanos
universales, la justicia económi ca y una cultura de paz, porque la Ti erra es nuestro
hogar y ello requiere el r espeto hacia ella en todas las facetas de la vida.
Al referirse a la si tuación global, se incide en que los patrones dominantes de
producción y consumo e stán causando dev astación ambiental, el agotamiento de los
recursos, la d estrucción d e comunidades, la desi gualdad en el disfrute de lo s bienes y
el aumento de l a violencia. Entre otros retos se señalan, fundament almente, la
formación de la so ciedad, cambios fundamentales en nuestros valores, insti tuciones y
formas de vid a, us o de la tecnología p ara reducir los im pactos y el surgimi ento de
una sociedad civil global capaz de construir un mundo democrático y huma nitario.
Desde la Carta de la T ierra se indica la nec esidad de asumir un compro miso para
que toda la educación, tanto formal como informal, preste atención a la situac ión del
mundo, y fomente ac tit udes y comportamiento s favora bles para el logr o de un
desarrollo sostenible me diante: un consumo responsable, el im pulso de desarrollos
tecnocientíficos, l a promoción de acciones s ociopolíticas en amparo de la s olidaridad
y de la g eneralización de los derechos humanos, y l a superación de la de fensa de los
intereses individuales.
Por otra parte, en las Naciones Uni das se considera la conveniencia de i nstituir la
“Década d e la Educaci ón par a un Futuro Sos tenible”. D iez años después, e n la
Segunda C umbre de la Tierra (J ohannesburgo, 2002), s e acuerda el documento
36
destinado a lograr la parti cipación de todos los educadores en la formación de una
ciudadanía atenta a la situación del planeta. H oy se han logrado m ás de 2.500
adhesiones insti tucionales e indivi duales a los principios de l a Década, ex puestos en
el documento “Compromiso por una educación para la sostenibilidad ” para el
período 2005-2014, en el que se formulan propuestas para un a educación sol idaria
sustentada en planteamientos é ticos, en la comprensión de los probl emas globale s y
de responsabilidad perso nal para mejorar la actual “emergencia planetaria” a partir
del cambio de formas de vida.
36
Resolució n 57/25 4 ap rob ada por la Asamble a Ge neral de las Na ciones U nidas e l 20 de dicie mbre de
2002.
85
1.2.4.- Hacia un enf oque ético del consu mo
La unión de ética con consumo es motivo de re ciente an álisis y debate por lo que
algunas de sus bases teóricas están t odavía en construcc ión. Exist e una variedad
terminológica a f alta de otra s limitaciones conceptuales: se habla de cons umo é tico,
consumo solidario, consumo responsable, consumo justo, etc. Pero todas estas
acepciones parten de un a crítica al c onsumi smo y a la sociedad d e co nsumo. El
consumo ético solidari o aborda la materia t eniendo en cuenta a un c onsumidor
individual dentro de un colectivo ma yor, y el co nsumo responsabl e prop one a ctuar
para consumir de ot ra manera, actuar desde l a p resión económica par a mejorar la
legislación y l as prácticas empresariales y, en definitiva, que todo el mundo pueda
acceder a productos de calidad.
En términos generales, la sociedad sobrevalora lo económico. Da la impres ión de que
“todo marcha bien” (niveles de calidad de vida y de bienestar) en referencia a
indicadores como tales com o el
PI B
, la balanza de pagos o los í ndices de consumo.
Se empuja a los ciudada nos-consumidores a di sponer de mayor poder a d quisitivo, a
vivir en un estado permanente de aspiración al tiem po que se les recuerda la “virtud ”
del ahorro. Mi entras, los principios básicos de la satisfac ción humana (amor,
tolerancia, l ibertad, compromiso, solidaridad) quedan ocultas en planos infer iores
porque necesidad y dese o se confunden para no saber nun ca “cuánto es suficiente” en
un camino de irracionalidad.
Desde un enfoque ético, el consumo s e consid era como benéfico pa ra l a sociedad,
siempre que sea ambientalmente sostenible, socialm ente justo y promueva una ma yor
calidad de vida; esto si gnifica sacar del centro a la economía y revisar, de este modo,
ciertos valores como la s alud, la educación, las condi ciones de t rabajo, la f elicidad de
las persona s y un estilo de vida ecológicamente prudente y socialmente justo (Soares
y Di ehl, 200 1: 6 ). Pero la dificultad de su d efinici ón se plant ea cuando se vi slumbran
los dos ámbitos socioeconómicos disti ntos y di stantes: l os ricos de la abundancia y
los pobres que no tienen cubiertas sus necesidades primarias.
a) El limitado poder de un consu midor presuntamente soberano
Entre los ricos y los pobres se sitúa el consumidor medio que se cr e e con a utonomía
y siente que las decisiones las toma racionalmente. L a masificación d el consumo en
las socieda d es coincide c on la t erciarización de s u economía, con l a urbanización de
su población y con el a cceso a ciertos niveles de renta que fijan un d eterminado
poder de consumo c onf undido, en ocasiones, con “nivel de vida ”. A s u vez, l os
productores están dispuestos a originar y vender sólo aquellos bienes y servicios que
maximi cen sus benef icios, de tal forma que cond icionarán l o necesario para que l a
soberanía del consumidor que d e li mitada a una “elección vicaria”, subsidiaria de la
primera d ecisión tomada en el ámbito de l a producción (Rebollo, 2001: 31). Todo se
orienta a señalar al consu midor lo que puede y lo que debe hacer, lo que es bueno y
recomendable, y hasta de lo que es preciso prescindir.
86
El consumidor no es sob erano, aunque el consum o sea ex presión de li bertad, porqu e
es posi ble decidir y optar por no consumir. Los productores d eterminan sus deseos
por interés económico a ntes que para satisfacer las necesidade s. Puede consumir
quien dispone de solvencia e conómica – a costa de buen a parte del mun do - para
costear sus deseos, aunque estos s ean absurdos, pero las decisiones no so n
autónomas, están manipuladas por la iniciativa de quienes producen o trans portan, y ,
por consi guiente, su li bertad no es tal porque el concepto d e lo “suficiente o
bastante” no ex iste (Cortina, 2002: 127). Aunque las actuaciones de las instituciones
públicas y de l as asociaciones de consumidores pueden determinar l as bases para una
mayor s ensación de se guridad, es el papel a ctivo del consumidor en su vida diaria
quien marca el ritmo y, en cierto modo, cambia las cosas. El poder del consumidor se
aprecia cuando conoce y practica s us derechos de manera activa y exi gente en este
mundo irreversiblemente globalizado por las tecn ologías.
Ahora bien, aunque el consumidor es cómplic e moral cuando pa rtici pa en la
adquisición de productos de dudosa procedencia, e s may o r la responsabilidad de
quien ex plota a las persona s que lo elaboran en orig en. En este caso, G ó mez (2001:
152-153) considera un error analít ico culpabil izar al consumi dor de ciertas
decisiones comerciales incorrectas y, “únicam ente ese comprador podría ser
responsable si conociera fehacientemente alguno de l os hechos y no los denunciase”.
Por otra pa rte, entiende que el conjunto de los consumidores formados y
comprometidos, como l os votantes de una democracia universal, tiene el poder de
derribar gobiernos, eliminar empresas o impuls ar los cambios en l as polí ticas, al la
par q ue la responsabilidad social de ejercer ese derecho en t odos sus actos de
consumo.
b) El consumo como factor de explotación, viole ncia y pob reza
Desde un p unto de vista ético, se denuncia que la intensificac ión del consumo en el
mundo occide ntal es p aralela a la creación d e bolsas de pob reza cada vez más
amplias en el resto del mundo y l as p revisiones i ndican que este fenómeno irá en
aumento cua ntit ativa y cualitativamente. El si stema de supe rproducción, que parece
no conoce r otros instrumentos de medida, no puede reducir su cap acidad y necesita
imperiosamente estimular la demanda (Rocha, 1991: 131).
Aunque por prim era vez en la historia, la humanidad cuenta con tal abundancia de
bienes que podrí an vivir var ias “humanidades”, e l plane ta puede estar ce rca de l
colapso y l as bol sas de pobreza aumentan cada día. Los Cuatro Jinetes apocalípticos
– hambre , sed, epidemias y gu erras – anuncian que en l os pueblos del Tercer Mundo
se libra en estos momentos la “Tercera Gue r ra Mundial”. Cada día mueren m iles de
personas, m uchas de ell as son niños , y los amos del capital mun dializado deciden
todo este panorama en función de sus estrategias de inversión c omo apara tos de
dominación y ex plotación. Ningún país puede resist irse y so brevivir al libre
comercio si no es sufri endo la autarquía y el aislamiento internacional porque la
consigna es w orld peace through world trade (“a la paz mundi al po r e l comercio
mundial”). Este principio es un sarcasmo que justifica la guerra y privatiz a las
labores que hasta ahora eran propias del Estado (Ziegler, 2004: 82).
87
El círculo vicioso que siguen muchos productos h abituales en nuestras replet as mesas
nos convierte en cómpl ices i nsensibles de una inmensa cadena de expl otación de
personas y recursos nat urales del mundo pobre; al mismo tiempo, se produce un
efec to boom erang desde el “origen” h acia nuestro mundo como “destino” de ot ros
muchos efectos perjudiciales. La i deología de este sist ema repite, incans ablemente,
que el consumidor es el objetivo único y destin atario final de todos los bienes y
servicios, e insi ste que todo se hace para s atisfacer sus necesid ades y d eseos. En
realidad, “es considerado como bestia de engord e y matad ero en no menor medida
que los animales cebados en los establos indust riales”, en p alabras d e Alex ander
La n ger (1998: 13), quie n en la introducción a l a obra Cart a a un consumidor d el
Norte augura que los desgarros y herid as producidas repercutir án fin almente cuando
“los prófugos de un orden económico injusto llamen a nuestra puerta bajo la forma
de inmigrantes desarraigados”.
Resulta interesante La pesadill a de Darwin ( Darwin nigh tmare en su título original),
película dirigida en 2004 por Hubert Sauper, qu e refleja con durez a y realismo los
desastres de la globaliz ación a partir de la e xtrema p obreza que so portan los
habitantes del lago Vi ctoria en África, el lago tr opical más grande d el m undo, que
reparte sus orillas entre Uganda, Tanzania y Kenya.
De mane ra cla ndestina, en los años sese nta, un funcionario c olonial int rodujo la
denominada perca del Nilo ( Lates niloti cus ) en el L ago Victoria, un tipo d e pez que
alcanza una talla tan grande - cerca de dos metros d e largo y hasta ci ento ochenta
kilogramos de peso, po r lo que se le conoce como “ el elefante ac uát ico” - que
aniquiló a todas las d em ás esp ecies y rompió el e quilibrio milenario natural del agua
con la multiplicación de algas, eutrofización y anoxia en las profundidades del l ago.
Esta película describe c ómo comerciantes occid entales esquilman el p es cado para
exportarlo a países ricos, m ientras la comunidad local no se puede p ermitir ni tan
siquiera comprar lo qu e han a yudado a p rocesar. Se li mitan a con sumir los
desperdicios de la i ndust ria y las espinas, mi entras que los aviones de l a antigu a
Unión Soviética que transportan la mer cancía – con ay ud as a la ex portación
provenientes de organismos internacionales - vuelven de l os países d esarrollados con
armas p ara m antener mu chas de l as “ guerras olvidadas” del centro d el cont inente. Se
cambia alimento por miseria, tráfic o de a rmas, guerras civiles y el manteni miento de
regímenes mi litares a utoritarios porque el m odelo de desarrollo tiene sus
fundamentos en un modelo colonial de explot ación.
De este modo describe Ziegler la si tuación de las m egá polis del hemisferio sur, en
coincidencia con las imágenes pro y ectadas en “La pesadilla de Darwin”:
Miles de niños esnifan pe gamento para engañar e l hambre, vag an por las avenidas,
padecen las violencias y excesos de la policía, s on ob j etos de violaciones y tortur as,
sufren, desesperan y mueren m u y a menudo antes de haber alcanzado la adolesc encia
[…] La prostitución d e l as mujeres y las adolescentes es un a l acra com ún […] Allí
donde l os sicarios del im peri o rein an com o am o s, desapare ce toda vida socia l
organizada (2004 : 342).
88
De igual manera, en España, el consumo semanal de este pescado se sitúa cerca de
las ciento cincuenta tonel adas y en l a ma yoría de los restaurantes con menú del día –
de ap roxi madamente die z euros -, que ofr ecen mero como parte de sus cartas, en
realidad sirven perca del Nilo o cherna. Según J osé Manuel Torrecilla, Director
General de Salud P ública del A y untamiento de M adrid, en declaraciones a El País.es
(Barcala: 2006), “una ración de m ero puede costar cuatro o cinco euros, mientras que
la de perca apenas vale dos euros”.
Es u n caso parecido a l o que ocu rre con el de nominado coltán (combi nación de
columbita y tantalit a) cu y o principal productor m undial es la República Democrática
del Congo. Este metal, uti lizado para la fab ricación de condensadores el ectrónicos
para m óviles, o rdenadores o videoconsolas, “es ex traído por la pobl ación civil –
incluso por muchos niños – con las manos y her ramientas r udimentarias, se exporta
en aviones Antonov q ue a su reg reso vuelven cargados de a rmas para el
mantenimiento de l a llam ada P rimera Gu erra M undial africana” (Werner y W eiss,
2004: 74 y ss .). La empresa al emana Ba yer es l a gran ben eficiada en este asunto,
aunque n o la única , con otros produc tos de consumo h abituales en el m undo
desarrollado como son, entre ot ros: el petróleo, el cacao de Costa de Marfil, los
juguetes de la empresa it aliana Chicco en Banko g, la construcción en Ch ina de los
muñecos de Walt Disne y y el ratón Mickey , Bambi o el p ato Donal d , l as cajitas
Happy Meels de Mc Do nald’s en Vietnam y l as afamadas Barbie d e Mattel en
Indonesia.
La s c ondiciones de trabajo y la pobre z a tampoco inmutan lo s uficie nte a los
consumidores de ropa deportiva de las firmas europea s y norteam ericanas más
conocidas qu e carecen de fábricas propias. Todas ellas a cuden a comprar al m ercado
libre, hard discount , porque “alrededor del 90% de l as prendas que pueden verse en
los m ostradores europeos están confeccionadas en e l Sudeste asiático, en
Centroamérica o en Europa del Este [ …] las grandes marca s limitan su actividad a l
diseño y la publicidad. En estos campos no esc atiman gastos ” (o.c., 202). Se ca lcula
que de una s zapatillas Nike , Addidas o Reebok , c on precio super ior a 100 euros, los
fabricantes ganan un 12 % y los trabajadores un a m edia d el 0,4% del valor de venta.
Si los m ontadores protes tan, si empre queda la posibi lidad de trasladar l a producción
hasta C hina, d onde la seguridad está garantizada y el movimiento sindical prohibido,
o invertir algún dinero en m ejorar l a imagen de la empresa con el comp romiso de
impulsar códi gos de con ducta que nunc a se cum plen de l todo po r la ause ncia de un
derecho internacional con ámbito universal.
Precisamente es en China donde las condi ciones laborales de expl otación alcanzan
los parámetros más inhumanos. J ornadas laborales de catorce a diecio cho horas y
cuatro para dormir, sistema de sanciones que atenta contra t odos los derechos
fundamentales, t rato vej atorio a los empleados o e mpleadas ( dagongmei ) en espacios
de trabajo que p arecen cuarteles y qu e constituyen su residencia. Así e s cómo lo s
empresarios chinos pueden ser competitivos. Miles de factorías prod ucen lo que
subcontratan empresas estadounidenses y europeas, siempre al mejor precio, los
objetos que l uego invad en el m ercado internacional: l os j uguetes promo ci onales de
McDonald’s , la ropa de marca, bolsos de W al Mart , zapatos y, sobresale, el caso de
los p roductos elaborados para l as tiendas T odo a C ien cu yo lema es “produc ir mucho,
barato y rápido” (o.c., 210).
89
Otra cuestión a tener en cuenta es que l as empre s as occidentales, con el objetivo de
neutralizar el daño de im agen, contratan inspectores que dirigen campañas para
convencer a los consumidores sobre sus nuevos códigos de conduct a, pero no
modifican las condicion es de exi ge ncia con los productores. C omo esc ribe David
Jiménez (2001), “el pueb lo chino está pagando con sudor y con lá grimas que la ropa,
los electrodomésticos o los juguetes que compran los occidentales se vendan lo más
barato posible. Así suena la matraca inc esante de la le y de l ma de in China: m ontar,
empaquetar, montar, empaquetar, montar, empaquetar...”
Con este planteamiento, en el discurso pronunciado por el Directo r Gen eral de la
UNESC O
con motivo del m otivo Día I nternacional para la Erradicación de la Pobreza
de 2004, se expresa q ue “constituye una de las ma y o res amen azas para la estabili dad
del mundo. Hay 2.800 mill ones de hombre s y mujeres que viven con menos de dos
dólares al día” y a p ela a l a r esponsabilidad de las naciones para conseguir una
educación para t odos, la reducción de la brecha di gital, la protección del patrimonio
y l a promoción de l a div ersidad cultural y del desarrollo sostenible, qu e son algunas
de las principales acti vidades de esta organiz ación internaciona l, como estrategia
marco pa ra reducir la p obreza. No obstante cabe destacar qu e la Declaración del
Milenio de las Naciones Unidas fija el objetivo de re ducir la pobr eza a la mitad para
2015.
De modo cla ro, nuestros valores, hábitos y estructuras político-económicas impiden
la resolución del problema de l a pobreza (Coni ll, 2005 : 245). L a s grandes
multinacionales orientan las economías de los países más pobres h acia la exportación
y lu ego les imponen los precios del me rcado; d e este modo, se consi gue hambre
donde antes no ex istía porque sus causas están en el comercio internacional, en el
sistema fina nciero, e n el monopolio tecnológico y en las insti tuciones mundiales
controladas por el veto de los países más ricos (García, 1998: 20). S us consecuencias
se aprecian en este análisis-denuncia de Adela Cortina (2002: 293):
En la Era de l a Información, el 65 % de la po blación mundial nunca ha realizado una
llamada telefón ic a, y el 40% no tiene acce so a la el ectricidad […] en paíse s de
América Latina , junto a un 70% de casu chas sin a gua corri ente ni electr icidad
aparecen v illas esp ectaculares, inauditas en los países ricos […] Lo s prim eros
responsables de que l os débiles no puedan consumir ni lo necesario para sobreviv ir
dignam ente s on, en prim er lugar, las instituciones y olig arquía s de esos p aíses.
En la citada Carta del co nsumidor del norte , del C entro Nuevo Modelo de Desarrollo,
se escribe que millones de personas en el m undo no tienen cubiertas las necesidades
primarias y viven en la más absoluta pobreza: “n o disponemos de una ca s a digna , no
tenemos m ás ropa que la puesta, ni calz ado, ni jabón par a lavarnos, no sabemos leer
ni escribir, carecemos de asistencia médica y de agua pot able, y no tenemo s garantía
de un plato de comida diario” (1996: 22). Se acusa a los empresarios de potenciar
consumidores como “ani males de engorde” sólo en el Norte porque los potenciales
del Sur, “gusanos expl otados”, han dej ado de interesarles por otras razones que no
sean sus recursos humanos y m aterias primas, de ahí que se enfatice: “ ¡Vosotros, los
del Norte, que representáis el 26% de l a población mun dial, consumí s el 8 0% de los
recursos de la tierra! ” (o. c., 24) y “esta sit uación le conviene a muchos. Le i nteresa a
un puñado de multinacionales que dominan el comercio mundial” (o.c., 4 2).
90
En la Carta se su giere la lucha conjunta, de lo s dos hemisferios-mundos , para
imponer a lo s poderosos códigos de comportamiento difere ntes y un comercio
internacional re sp etuoso con las nece sidades de los pobres. Entre alg unas de las
acciones s eñaladas, dest acan la de utilizar el consumo como medio de lucha, la
coordinación estable entre movim ientos sindicales y o rganizaciones popula res (
ONG
,
movimientos de consumidore s) y la de boicotear la compra de s us pro ductos sin
garantías de respeto al h ombre y al medio ambiente. Aunque “el Norte consume más
de lo que necesita y el S ur ne cesita m ás de lo qu e consum e”, parafraseando a Adela
Cortina (2002: 25), en ocasiones, el boicot d e p roductos no hace s ino emp eorar las
condiciones de l os trabaj adores. Tal vez sea m ás oportuno realizar pequeñas accion es,
convencer a m uchos de dar unos pocos pasos que abordar bat allas imposibles en las
que los más fuertes sie mpre cuentan con medio s extraordinarios para s eguir con l a
imposición de l as reglas de juego. “Si solo com práramos lo que nece sitamos, y a
habríamos hecho mucho, también por nosotros mismos” (Werner y Weiss, 2004: 54)
porque, para los países del S ur, el e sp ejismo de l c onsumi smo del Norte es una
promesa siempre aplazada: un sueño i mposible porque es insostenible para el planeta.
c) De un consumo sin límites al paradigma de la sostenibilid ad y de la
responsabilidad
En el Informe sobre el es tado del mundo 2004
37
del W orldwatch Institute ( Mastn y y
Halweil, 2004), se sosti ene que el apetito de los consumidores ha disminuido l a
calidad de vida de ricos y p obres. Más ricos, más gordos pero no necesariam ente más
felices po rque el consumi smo acarrea graves c onsecuencias para los p oderosos y,
sobre todo, no contribuye a resolver los p roblemas de l os sectores más pobres. El
consumo desmesura do de energía, e l medio ambiente degradado, nuevos problemas
de salud, un excesivo endeudamiento personal y la falta crónica de t iempo señalan
que el consumo excesivo di sminu y e l a calida d de vi da de muchas personas.
Concretamente en el capítulo tit ulado “¿C uánto es suficiente? ” se pone de manifiesto
que haría falta un planeta tres veces ma yor que la Tierra para saciar la sed
consumista global si el modelo occidental se ge n eralizase y advie rte de que el
crec i ente consumo en el mundo industrializado y en los países en desarrollo e s más
de lo que nuestro planeta puede soportar. Para el W orldwatch Inst itute , el prototipo
clásico de país consumist a es Est ados Unidos, donde hay más autom óviles
matriculados que personas autoriz adas para conducirlos. Por el contrario, como
expresa Morales (2006) “en e l pa ís más poder oso y contradictorio de la Tierra,
veinticinco m illones de ciudadanos tienen que re currir a l a ben eficencia para pode r
comer”.
El desafío ahora es el de movil izar a gobiernos, empresas y ciudadanos para que
dejen de conc entrarse en la acumulación desenf renada d e bienes y se p romuevan
medidas destinadas a asegurar una vida mejor para todos (Mastn y y Halw eil, 2004).
En el informe del W orl dwatch Institut e se destac an una va riedad de posi bilidades
37
Este ar tículo fue pub licado por prim era vez en In foChan ge News & Fe atures (enero d e 200 4) por el
Centro de Estudios de Co muni cación y Desarrollo, con sede e n Pune, India.
97
Se observa, así, un mundo en el qu e el dinero es protagonista absoluto, muy
concentrado en p ocas m anos y cada vez en m enos, pero en emp resas más grandes,
aunque sólo el 2,5% que se mueve en trans acciones económicas sirve para el pago de
productos porque el resto es especulación (Álvarez , 2003: 48).
Una sociedad en la que m uchos de sus ciudadanos comparten modos de vi da con
quienes adoptan señas d e identidad comunes. Las “marcas” sus titu y en las escuelas,
iglesias e instituciones cul turales, tradicionales creadores de opi nión, al t iempo que
determinan l as tendencias de la economía, los precios del mercado, además de
valores h omogéneos y sím bolos de vida a sus “cliente s” (W erner y Weiss, 2004: 5 0).
Los p roductos se convierten en objetos fetiche que el consumidor apropia - más aún
si tienen impreso un cocodrilo u otros motivos en parte derecha del j erse y a la altura
del pecho - para ser a lguien en su entorno social con qui enes comparten logotipos e
identidad.
La preocupación d e la s organizaciones mundi ales que da refleja d a en la Conferencia
General de la
UNESCO
, reunida en París del 3 al 21 de octubre d e 2005. En la misma,
se aprobó l a C onvención sobr e la Prote cción y Pr omoción de la Diversidad de las
Expresiones Cultur ales . Con e ste instrumento jurídico internacional se pre tende que
la diversidad cultural se c onsidere como “ p atrimonio común de la humanidad” y su
“defensa como un im perativo ético, inseparable del r espeto de la dignidad de la
persona humana”. En es te sentido, indi ca la necesidad de conv ertir la diversidad
cultural en un concepto c lave de la Década d e la Educación por un futuro sostenible
e impedir qu e el mer cantilis mo impo nga sus modelos de eliminación de los
existentes por fines económicos.
Pero la realidad indica otros caminos. Se ha p asado de consumir por n ecesidad a
consumir productos y ser vicios que aportan distinción y estatus soci al; el consum o se
ha convertido, en las sociedades más ricas, en un h echo cultural qu e va más allá de la
simple conveniencia de adquirir para vivir y se ha conve rtido en “la rep resentación
de los individuos ante los demás y también ante sí mi smo” (Rebollo: 2001: 119). El
deseo por situarse en el espacio social alcanza a todos con la úni ca di ferenc i a del
poder adquisi tivo y g a sto de cada uno, porque las decisiones de consumo se
encuentran influidas por un ent ramado complejo de v ariables qu e va n desde l a
autoestima a la configuración del propio sistema productivo.
El consumo, como fenómeno cultural, tiene mu chos sig nificados que impregnan
todos los ámbitos social es, desde los más perso nales e íntimos a la or ganización
política y económica. A la par, l os objetos y los servicios contr atados se entienden
como signo de disti nción, estatus o “consumo pos icional”, para señalar las
diferencias que convierten en modelo d e imitaci ón a quienes más gastan entre los
distintos t ipos de estilo de vida (G a rcía, 2002: 17).
a) La compra como cultu ra
En estos últi mos decenios la cultura uniforme del consumo de masas, ca racterística
del ca pitalis mo de produ cción, se ha sustituido por la he tero geneidad d e estilos que
98
identifica a un capitalismo centra do en el consumo. De este modo, la finalidad del
trabajo es obt ener un sal ario que permita vivir el presente con el máx imo e inm ediato
goce mediante la satisf acción de t odos los deseos posibles (Borrás, 2004: 98).
Además, el consumo d efine el proc eso soci al y cultural; se convierte en elemento
central de la vida de los i ndividuos fundamentada en la fascin ación, en la seducción,
en la apariencia, en i mágenes y si gnos que t ransforman l a r ealidad h asta el punto de
sustituirla por otra virtual e imaginaria.
Y donde más se compra , o se gasta según otra ópt ica, e s en los g randes almacenes:
los nuevos templos de la cultura.
Los g randes almacenes, las g randes superficies, son “ciudades interiores”,
macrocentros e n las que el ciudadano urbanita c o nsigue no sentirse sólo c uando, en
ocasiones, acude a ellos únicamente “a mirar” si n buscar nada conc reto. Familias
completas se ex ponen cuando deciden “p asar e l día” aunque no ten gan previsto
comprar; el deseo de compra sur ge en el espa cio comercial donde todo es acogedor,
seductor y fácil: aparcar, autose rvicio, s ensación de compañía de la masa,
accesibilidad y de s eguridad personal (Ga rcés, 1999: 143). En ellos, todo está
estudiado hasta e l mínimo de talle a la espera de que e l cliente habitual adquiera “lo
de siempre” y los nuev os compradores, sobre t odo hombres y jóvenes de edades
comprendidas entre quince y l os t reinta y cu atro años, encuentren la i nnovación en
forma d e objetos que dema ndan, se gún se i ndica en los estudios de marketing
(Ramírez, 2005: 18).
Ciertamente, asevera Quintanilla Pardo
42
(2000), que “las investigaciones
demuestran qu e las con ductas impul sivas repres entan el 60 %-70% d e lo s actos de
compra de l os españoles” y, en consecuencia, aunque se reduce el poder a dquisi tivo
ligado a los salarios, el consumo continúa en expansión porque n os hallamos en la
cultura de la inmediatez, del deseo y d e la satisf acción (utilidad subjetiva) más que
de la necesidad. Expone su preocupac ión de q ue, por haber perdido el reflejo y el
derecho de pensar desd e la crítica, los ciudad anos no están p reparados p ara no poder
consumir y , si llega el cas o, lleg arán a protest ar a nte el Estado. Observa, i gualmente,
que ante l a dificultad para cambiar el estil o de vida del “homo consumato r” - al que
el m odelo li beral le ha enseñado a consumir de forma irracional y ahora le pide
moderación en algunos a spectos - , se necesita un “ciudadano ideoló gico, c on ideas y
valores estables con la necesaria formación. No poder consumir con la intensidad
actual puede convertirse en un proble ma so cial al que se añade el de la compra
adictiva
43
, influi da por las estrategias de me rcadotecnia, que afecta a entre un 1%-5%
de la población general en las sociedades de consu mo occidentales.
42
Ismael Q uintanilla Pardo d irige la Unidad de Investiga ción de P sicología Ec onómica y de l
Consumido r (UI PEC) de la Universidad de Valencia.
43
Sostiene Q uinta nilla q ue el perfil d el ad icto a la co mpra tiene p redo minio, sin ser patrimonio
exclusivo d e éstas, d e mu j eres solteras o divorcia das, j óvenes entre 3 0-40 año s, que han iniciado sus
pro blemas de compra a los 17 -20 años y per tenecientes a todo s los niveles e ducativos y
socioeco nómicos, tanto d el á m b ito rural co mo urbano. P resentan situacio nes de ansiedad y d e b aj a
autoestima.
99
La r ealización de compras excesivas ya no se consi dera un hábito i nofensivo, sino
como t rastorno del control de i mpulsos, en el que la necesidad se confunde con un
modo de compensar est ados de ánimo nega tivo s y g anarse el afecto, atención y
admiración de los demás (Rodríguez Villarino y R odríguez Castro, 2000: 95).
Según estas valoraciones, el centro comercial se ha convertido en el eje de l a cultura
globalizada a l os que la gente acude para consumir y ocupar su “tiempo”. En ellos,
como ocurre en l as ciu dades, todo es presente conti nuo. Los espacios se diseñan
transparentes, de ta l modo que todos s e ven en este micromundo, se cr ea un mundo
artificial en el que todos se si enten, seguros, libres, autónomos , con capacidad para
tomar tantas dec isi ones como les pe rmita su poder a dquisi tivo y , adem ás, no es
necesario el compromiso , nadie obli ga a nada que uno no decida “libremente”. De
este modo, en los ce ntros comerciales se adquieren mucho más que objetos y
servicios; s e consume l a cult ura (ideología) de la nueva sociedad capitalista que
invierte más en ocio que en tiempo de traba jo para crear el p ensamiento ú nico que se
refleja de un modo parecido en los parques temáticos (Papiol y Vinye ts, 200 3: 115).
En definiti va, para entrar en ese mundo de fant asía, en el que casi todo es previsible
para los ex pertos en mer chandising y pub licidad en el punto de v enta, únicamente
hace falta dinero y mejor si l os pag os se efectúan mediante tarjetas de crédi to, ca rné
de identidad que está acabando con la intim idad e “instrumento mediante el cual las
vidas de la gente puede n ser clasific adas, analizadas y s eleccionadas co n fines de
mercadotecnia (o chantaje)” (Castells, 2003: 375).
b) Un ejemplo paradigmático: Wal Mart , la e mpresa-nación
Wal Mart abre sus pu ertas en 1962, fundada p or Sam W alton
44
, con un pequeño
establecimiento en Rogers , z ona rural de Ark ansas, uno de los Estados más pobres de
Estados Unidos. En l a actualidad es la ma y o r empresa d e com ercio min orista y de
supermercados del planeta, con una facturación anual superior a los ciento cincue nta
millones de dólares (el 2,5% del
PIB
del país) y, con cerca del mill ón y medio de
trabajadores, es el primer empleador privado del mundo.
“Según el Instituto de Estudios Polí ticos de Washington, entre las cien potencias
económicas más grandes del mundo y a ha y más de empresas que Estados” (Werner y
Weiss, 2004: 65) y Wal Mart , situada en el puesto decimonoveno del ranking es la
única en los prim eros veinte puestos con un
PI B
/ventas de casi la mitad de España y
superior a países como S uecia, Arabia Saudí, Aus tria, Polonia o Noruega. El primer
puesto lo ocupa Estados Unidos, con un
PIB
sim ilar a la s uma de los c inco países
correlativos (J apón, Alemania, Gran Bretañ a, Francia y China). Esta cadena tiene la
capacidad d e convertir u n li bro en best seller o a un músico en estrella de prime r
orden; sin embarg o, ta mbién puede arruinar a las empresas que no a ceptan sus
condiciones (Herrera, 2006)
44
Sam Walton murió en abril d e 19 92 desp ués de haber recibido de manos de l expresidente Geo rge H.
Bush una d e las más altas distincione s estado unidenses. Le Mo nde Diploma tique , enero 2006 .
100
Su progresión hasta alcanz ar el primer puesto en ventas a nivel mundi al se ha basado
en ofrecer ropa, alimentos, ele ctrodomésticos, muebles, juguetes, pañale s,
cosméticos y productos que m ás frec u entemente compran las familias a precios más
bajos que la competencia. Para otros, el éxito de Wal-Mart s e d ebe a que está
mejorando el nivel de v ida de millones de cons umidores, pero eso n ecesariamente
incluye el proc eso que el economista austria co J oseph Schumpeter ll amó “la
destrucción c reativa” de l capitalismo: la desaparición de competido res i neficientes
(Ball
45
: 2004).
Con estas prá cticas, W al -Mart se ha c onvertido en una empre sa-na ción. Es más
grande que muchos Esta dos. Mantiene relaciones “diplomáticas” con otros países y
propugna un consumo excesivo que choca c o n la sostenibilidad económi ca y
ambiental del planeta.
Diseña sus propias políticas económicas, social es y l aborales. Ha desarroll ado su
propia cultura, su identid ad, una form a de pensar, unos valores propios y c ontinúa en
crec im iento y ampliación de su dominio, grac ias a los dól ares de l os veint e millones
de c onsumi dores diarios -cien millones c ada semana- que buscan los every day low
prices (“todos los días los pre cios m ás bajos” ), un m odo d e rebajas continuadas
porque lo import ante es vender mercancías a bajo precio sin tener en cuent a el medio
ambiente, l os derechos humanos y la mano de obra. Pero esto nada importa a los
consumidores (Méndez, D.: 2004).
Para Serge Halimi, autor de un m agnífico artículo, en Le Monde Diplomatique (2006:
20-21), Wal Mart presiona a los provee dores para obli gar los a reducir sus precios, es
contrario a cualquier tie mpo de pausa en el trabaj o, degrada l as condicion es sociale s
del entorno, incita la caíd a de los salarios e ingresos de los ter ritorios donde se instala.
A su vez, empuja a l os hijos de sus empleados (“asociados” los l lama) a cubrir sus
necesidades sanitarias en el pro gra m a federal reservado a los indi gentes, destru y e a la
mayoría de los competidores de cualquier tamaño y tiraniz a a los proveedore s que se
ven obligados a subcontratar los servicios de trabajadores indo cumentados y recurrir
a masivas importaciones de China.
Entiende Halimi, que el sínt oma m ás preocupante es que su fun cionamiento
comienza a ser i mitado por otras empresas d e todo el m undo. El m odelo fordista
postulaba que el enriqu ecimiento de los trab adores y su garantía en el puesto les
permitía a y ud ar al mantenimiento del s istema económico. El m odelo Wal Mart es el
polo opuesto: contamina la economía y , después de rev entar los sueldos , baja los
precios e incita a los consumidores a visitar sus es pacios comerciales.
45
Directo r de la agencia AIP E y a cadé mico asociad o del Ca to Institute . L a Asociación de
Instituciones d e P romoción y Ed ucación ( AIPE) es una Red de Organizacio nes No G ubern amentales o
Instituciones Privadas d e Des arro llo So cial (IP DS) co nformada p or 27 instituciones, d e car ácter laico
y sin fines d e lucro , que coadyuvan en la lu c ha co ntra la p obreza a través de p rogramas de d esarro llo
urbano y r ural, dentro las te máticas de Munic ipio P roductivo, Desar rollo E conómico Loc al, Seguridad
Alimentaria N utriciona l, Sob eranía Alimentaria, M edio Ambiente, entre otras; pr o moviendo los
Derechos Eco nó m icos, Sociales y Culturale s, junto con la incide ncia en po líticas p ublicas y
platafor mas de reflexió n de la socieda d civil [Fue nte: http:// www.aipe .org].
101
El consumidor, al inte ntar ahorrar en el cost e de l os productos, contribu y e a
empobrecer al produ ctor, al entorno y a los propios trabajadores como se refleja en el
Informe Anual sobre violaciones sindicales- 2006 de la Confederación Internacional
de Organizaciones Sindicales Libres
46
(
CIOS L
, 2006: 1 15).
Con estas premisas, son frec u entes sus p resencias en los Tribunal es de J usticia por
diversos l itigios y denuncias. En est a línea, Amorío escribe en La Insignia
47
, s obre
un informe del Observatorio Social que ha investig ado las actuaciones d e la ca dena
Wal Mart en Brasil con relación a los derechos fundamentales en el tr abajo y al
medio ambiente. En dicho estudio se observa q ue los representantes sin dicales no
tienen libre acceso a los hipercentros para ejercer su s actividades, ni a re uniones y s e
incumplen rep etidamente los convenios colectivos. Añade que h a ut ilizado medios
policiales para la r epresión d e un movimi ento huelguista y qu e varios empleados que
participaron en una hu elga en 1998 fueron despedi dos. En otras pa rtes del Infor me se
alude a l as condiciones de inse gurida d y desp rotección de los empleados y al
funcionamiento de los ser vicios médicos ambulatorios que obligan a tratamientos
con prescripción de med icamentos para la eliminación rápida de los síntom as y l a
vuelta inmediata al trabajo.
El últ imo objetivo de la m a y or cadena d e dist ribución del mundo ha sido tratar de
convertirse en Banco. En la práctica, esto le daría la posibilidad de aceptar depósitos
y conced er p réstamos m ediante tarj etas de crédito a sus más de cien millones de
clientes en un pl azo de t res años. Pero ante l a controversia sus citada, la c adena de
distribución deja cl aro que su meta no est á en l a banca comercial. Es to h a irritado al
sector financiero y al Congreso ante su dilatada experiencia en polí ticas de bajo
precio que han revolucionado el comercio mundial desde 1988.
La empresa Wal Mart genera d esconfianza por su historia pred atoria en el sector del
comercio, y hasta Alan Greenspan, expresidente de la R eserva Federal, y Hill ary
Clinton, senadora demócrata p or Nu eva Cork y miemb ro de su consejo de
administración entre 1986 y 1992, han manifestado su preoc up ación (Halimi , 2006:
21). Otros ven su l legada a la banca como una oportunidad par a el consumidor
porque su polí tica de ba j o precio pu ede condicionar a los Bancos a ofrecer mejores
servicios. No obstante, aunque la ma yor p arte de los centros (llamados “cajas de
zapatos”) disponen de se rvicios bancarios, su aterrizaje en este s ector pued e provocar,
según los expertos, un cambi o en la industria (Pozzi, 2006).
En conclusión, lo peor es que este modelo d e comportamiento, empres arial y de
consumo, parece extenderse con todo lo que ello im plica.
46
La CIOSL (Co nfedera ción Internacio nal de Organizac iones Sindica les Libr es) cuenta co n 236
organizacione s afiliad as en 15 4 p aíses y terr itorios d e los cinco c ontinentes, co n 1 55 millo nes d e
efectivos, d e lo s que 4 0% son m ujer es. Es una co nfederació n de centrales si ndicales nacionales, cada
una de las c uales agr upa a los sin d icatos e n su país. Tiene tr es grandes or ganizacio nes re gionales, la
ORAP p ara Asia y el P acífico , la ORAF pa ra África y la O RIT par a las América s. La CIO SL está
asimismo asoc iada a la Agrupac ión G lobal Unio ns (Si ndi catos Mundia les), junto con la Co misión
Sindical Consultiva a nte la OCDE y la s d iez Fed eracio nes Sindicale s Internacio nales q ue co ngregan a
los sindicatos naciona les de u na pro fesión o industria p artic ular a escala internaciona l.
47
Diario digital independie nte i bero americano ( www.lainsign ia.or g).
102
1.2.6.- Dim ensión emocional del c o nsu mo
a) El simbolismo de los objetos: emociones y de seos
“La so ciedad de consum o nace cu ando el si stema económico se d a cuenta de que es
más fácil fabricar productos que venderlos, y se consol ida cuando descubre que para
conseguir vender más y mejor no sólo es necesario fabricar productos en serie, h a y
que fabricar también consumidores en serie con nue vas ne cesidades q ue cubrir ”
(Álvarez, 1994: 393). N o importa demasiado qu e sean v erdaderas o fals as, es lo de
menos, porque lo prim ordial es conseguir convencer al consumidor qu e es el re y y d e
que en torno a él g ir a el universo productivo. Es la base de una so ciedad c onsumist a
en la que se predeterminan los deseos de los ciudadanos y se les convence de que
“tienen siempre la razón” como consumidores.
En rea lidad, se puede decir que los objetos son mucho más de lo que representan o
para las utili dades que f ueron diseñados. Se con sideran talismanes de l a felicidad a
los que el consumidor atribuy e valor es mágicos de significación e ide ntificación.
Según esto, el consumidor no compra en funció n de sus necesidades, si no por los
significados asociados al producto (eu foria, s erenidad, bienestar, etc.) y por la
distinción social que proporciona su adquisi ción. “Los produ ctos se convie rten, pues,
en indi cadores de integración s ocial y en elementos de dife renciación p orque l as
formas de consumir establecen las diferencias soci ales” (Rocha , 1991: 19 ).
Muy r elacionado con lo ex puesto anteriormente es el concepto d e bienestar ,
entendido como aquel e stado que se alc anza cu ando s e s atisfacen l as n ecesidades
humanas identificadas como im prescindibles: alimentación, vi vienda, atención
sanitaria, edu cación y seguridad, fundamentalme nte. Igua lmente, el consum o sería el
proceso encaminado a l a satis facción de las ne cesidades. Sin emba rgo, el acto de
consumo se presenta con la consideración de momento y fuente de placer. El
contenido si mbólico otorg a una satis facción adici onal sólo por el mero hecho de la
adquisición en “propieda d” - aunque no s e use p ara nada -, porque el recon ocimiento
social viene más por lo que se posee que por lo qu e uno es capaz de hacer (Álvarez
Cantapiedra, 2003: 52). En definitiva, no importa la función ut ilitaria de m uchos
objetos, sino su valor simbóli co y su poder para ilusionar.
De hecho, las emocion es y l os sentimientos más íntim os se convierten en producto
de y pa ra el consumo . S er queridos, pertenecer al grupo y sentir seguridad
constitu y en aspe ctos personales que, en muchas ocasiones, depend en de nuestra
capacidad de consumo. Es el dinero el que determina el nivel de éx ito alcanzado en
una sociedad en la que se extienden los comportamientos antisociales (soledad,
insolidaridad, adicciones) y desaparecen los valor es tradicionales. Y lo peor de todo
es que parece que asumimos las cosas y no podemos vivir, consumir ni relac ionarnos
de otro modo. Lo sabe bien la publicidad.
El poder de la publicid ad se constituye ho y como la forma esencial d e comunicación
para los jóvenes; aunque las instituciones, la leyes, el entorno y la escuela aborden
aspectos pos itivos de transmisión, la publ icidad cuenta con ex celentes técnicas
103
comunicativas que la hac en omnipresente en todos l os posible soport es: prensa,
revistas, ra dio, cine, televisi ón, I nternet, vallas, etc. (Lópe z y Pereira, 2001: 14-21).
Los anuncios empujan a l consumidor a creer qu e él es la carretera s i conduce un
automóvil alemán
48
, que un coche es capaz de de marcar la diferencia
49
o subi r la
“autoemoción”
50
, que por conse guir un reloj de pul sera
51
deberás deja r el deport e
aunque sea lo más importante de tu vida, o la conveniencia d e comprar colonias de
las que nada s abes porq ue el spot – casi nunca en castellano – no dice nada del
producto, aunque eso sea lo de menos.
Se p resentan los objetos como símbolos, otorgándoles poderes casi mágicos para
satisfacer nuestras necesidades de relación con los demás. C abe destacar que los
mensajes llegan a calar en el colectivo social po r la insistencia en la p royección de
los anuncios y s u duración en el tiempo; es revelador que, en Estados Unidos, tres
cuartas p artes de la publ icidad emitida en la televisión corre spond e a las cien
empresas anunciantes más grandes (Wagdam, 2000).
Todas las alternativas al consumo dan la impresión de ser regresiones a un pasado
que no es probable que resucite. S in embar go, la cuestión m ás inm ediata ho y es
cómo vivir una vida do tada de ma yor s entido en u na s ociedad cada vez más definida
por el consumo (Ritzer, 2000 : 227) e identificada en la producción para el d eseo; esto
es, una produc ción deriv ada de la creación de as piraciones individualiz adas por un
aparato cultur al (y publicitario-comercial), que logra crear caracteriz aciones
inconscientes o precons cientes y siempre perso nales (aunqu e pu eden coincidi r en
miles de mill ones de seres) entre el consumidor real y poten cial y el v alor simbólico
de los objetos y servicios (Alonso y Conde, 1994: 15).
De igual manera, los valores que transmiten lo s mensajes del consumo se dirigen a
unos individuos deseantes siempre dispuestos a probar novedades, en lu ga r es para la
venta convertidos en auténticos templos de culto a la abundancia y en lo s que sólo
existe el presente absoluto. Los publi citarios y l os vendedores h an des cubierto que
consumir es una forma de intentar permanecer en el ti empo, de hacer durar la vida.
Por lo tanto, el tiempo d el consumo es el ti empo eterno: dura siempr e. Es el “sueñ o
consumista” que expone Rocha (1999: 31).
Tradicionalmente se ha utiliz ado un gran núm ero de términos para referirse a los
procesos emocionales en psicología. De todos ell os, las denominacion es de afecto,
estado de ánimo (humor) y emoción son los que en ma y or m edida se ha n aceptado
como conceptos equiv alentes. El afecto es el más general de los tres y , de algún
modo, se concibe como categoría general d e los procesos m entales, pose e un tono
negativo o positivo y permite conocer al sujeto l as disti ntas sit uaciones a las qu e se
enfrenta. Por el af ecto t rata el consumidor d e a proximarse a lo que le gusta o l e
satisface (Andreu, 2003: 9-26). Pero estado de ánimo y emo ción presentan rasgos
muy si milares. Aunque l a emoción suele durar menos tiempo que el estad o de humor,
muestra más intensidad y desencadena un estímulo concreto en el ti empo presente
que anima a la acción, a l acto de consumo en n uestro caso. Éste es, pr ecisamente,
48
BMW
49
Mazda
50
SEAT
51
Time Force
104
uno d e los objetivos más i mportantes d e la mercadotecnia cu ando “trata de
emocionar positivamente al consumi dor p ara q ue desarrolle conductas f avorables a
unos determinados prod uctos y mar cas como fórmul a de escape a l a emoción”
(Alonso, 2000: 340).
El concepto de d eseo e s c omplejo y conlleva una se rie d e implicaciones. El
consumidor no siempre es consciente de sus dese os y por ello la publicidad se
encarga de estimularlos, de r ecordarle que planifique para ga sta r e, i ncluso, que es
posible necesite al go que no desea o qu e todavía no ex iste en el mercado.
O’Shaughness y (1989: 15) afirma que la nec esidad de un consumidor particular
puede describirse como un “concepto enjambre”; es decir, aunque la of erta no reúna
todos los atributos que b usca el consumidor, lo i mportante es que éste si enta que s u
deseo qued a satis fecho. Es una manera de perversión del consumo que pre tend e
confundir deseo con necesidad justificada o artificial.
Conseguir capturar su de seo y crear un campo de “deseabilidad” en el que sólo puede
reconocer el propio deseo como verdadero cuand o éste es reflejado en una mercancía
(Torres, 2005: 10). De e ste modo, podría hablarse de que cierto nivel de fraude o
engaño aparece en el mi smo m omento que el propio hecho de consum ir (Àlvarez,
1994: 392) porque es más im portante la necesidad percibida que la necesidad
objetiva o justificada. Sin embargo, cada v ez más se considera imp rescindible
consumir por la extensión de v alores relacionados con la felicid ad, la d istinción y el
prestigio so cial. Compra s inmediatas, continuad as, ex clusivas y minorita rias a l as
que otros no acced en y que proporcionan una i magen adecuad a a lo preestablecido
como idóneo. El aument o de la preoc upación por el físico guarda mayor relación con
el deseo de ir a la moda, que la publ icidad parece imponer, que con una seria
preocupación por la propia salud (López, 2005: 76).
Según estas valo raciones, el hedonismo es valor fundamental de la cult ura del nuevo
consumidor (Alonso, 20 02: 14). P or encima d e t odas las cosas el consumi dor quiere
ser f eliz y , en su inoce n cia, se entrega al mundo desde la emoción y el deseo como
respuesta al sistema de producción y porqu e am bas (necesidad y d eseo) siguen al
producto, no lo anteceden. De este modo, no es tanto consumo de objetos como de
significados e imá gene s que parecen emocionante s y dan r espuesta a las i lusiones. El
Collectif
TRANSVERSE L
(2006) ex pone algunos de los síntom as de l a d enominada
“enfermedad del feliz” q ue caracter iz a al consum idor en la socie d ad ac tua l y que l e
impide apreciar las cosas t al como son, además de generarle la d esaparición d el
hábito de querer cambiarl as. Entre otros efectos s eñalan l a tenden cia a dejarse llevar
por la intuición pe rsonal s in observar lo peli gros, la falta d e interés por lo que hacen
los otros s i ello provoca conflicto, la vivencia cons tante de una i nfancia interminable
y , también, un deseo intenso de potenciar sus pos ibilidades de salud, de cre atividad y
de amor.
Constitu y e, en definit iva, una lucha entre la necesidad y el placer, y la ética hedonista
romántica ha contribuido sin saberlo a l a fo rmación del consumism o moderno
(Francés, 2001: 153). No en vano algunos expertos proponen que “hay qu e cambiar
nuestro sistema de producción y consumo” (Sán chez, 2006: 3).
105
b) El comportamiento del consumidor
La s emocion es ex presan e stados de ánimo, impuls os que nos llevan a actuar,
caracterizados por cierta ag ita ción, que brotan con cierta brusquedad y que conllevan
alteraciones s ignificativas en nuestro cu erpo. S e disti nguen de los senti mientos en
que son más suaves y duraderas.
Siempre se ha da do importancia a l control de l as emociones. También desde la
religión y la filosofía – Aristóteles fu e un gran pre cursor – conscientes de que
nuestras decisiones depe nden tanto de las emociones como de nuestros p en samientos.
Ahora bi en, quienes diseñan las campañas para estimular el consumo s iempre
utiliz an el camino natural que l os humanos t ienen del proc eso emocional: perce p ción
exterior – emoción – acción.
El principal di vulgador de la inteligencia emocional es Daniel Goleman. Este
investigador de fiend e que el siglo
XX
se ha ca racterizado por ser la Era de la
Ansiedad , el nuevo m ileno parece anunciar a dvenimiento de una Er a de l a
Melancolía como epidemia mundi al de depresión de ámbito universal. Estos
episodios depresivos afe ctan cada vez más a ed ades más tempranas y con ma yor
asiduidad que a los adul tos de anteriores generaciones (2000: 352). Es como si los
seres humanos fueran más vulnerables a las situaciones proble máticas e
influenciables por su falta de id entificación e indi vidualismo; por esto se j ustifica la
necesidad de una alfa b etiz ación emocional, fundamentalmente en l a escu ela y en el
contexto familiar, para a prender a controlar las e mociones e i mpulsos, así como a
discernir l as emociones negativas par a transform arlas en positivas: autov aloración,
belleza interior, aprender a di stinguir entre p lacer y s atisfacción, entre s er y tene r,
entre tener y dese ar… todo ello estrechament e relacionado con las actitude s y hábitos
practicados en los actos de consumo.
El interés por analizar el comportamiento d el consumi dor comienz a e n Esp aña a
finales del decenio de l os sesenta, en un momento de gran auge económic o. Aunque
existen abundantes estudios sobre el comportamiento del s er humano como
consumidor, la ma y or parte de los mismos han sido impulsados por empresas
privadas, casi siempre con la int ención de obtener benefic ios propios y sin difundir a
la sociedad los resultados de las investigaciones.
Sin embargo, cercano el principio de la década de los o chenta los estudios en esta
materia se multipli can favorecidos por l a creación del Instituto Nacional del
Consumo (11 de novi embr e de 1977) y po r la actuación de algunas estructuras del
movimiento a sociativo de protección de los consumidores (asociaciones , revistas
Ciudadano y Compra M aestra , etc.).
106
En definitiva, son los ec onomistas y psicólogos quienes primero se ocup an de estos
estudios y , aunque ho y es materia de interés para numerosas discipli nas, existe
coincidencia en abo rdar el comportamiento de lo s consumidores desde dos visiones
teóricas fundamentales (Díaz de Prada, 2002: 131):
- Para el enfoque psicológico, el consumidor actúa en función de sus
necesidades y , sobre todo , de sus deseos y emocio nes para vivir el momento
presente con el bagaje de la experiencia del pasado.
- El enfoque económico es tudia al ser humano por s u forma de a ctuar dentro
del sistema de mercado.
En la actualidad, son numerosas las actuaciones im pulsadas por organismos
vinculados a las Adm inistraciones central y autonómica, ade más de las
investigaciones promovidas por distintas universidades de España. No obstante,
como se cita en el estudi o rea liz ado por Go y y Okazi (2004: 39), prácticamente no
existe colaboración entre prof esores y pro fesionales en contr a de lo que sucede en
otros países como Est ados Unidos o J apón. No son comparables l os esfuerzos de
investigación y recursos económicos que destinan las empresa s pa ra conocer ( y
manipular) al consumidor, que el realizado por las instituciones públicas de defensa y
tutela casi siempre con una endémica e scasez de medios dentro del orga ni grama
administrativo y político. Ciertamente, nos conocen mucho m ejor quienes nos
venden productos qu e quienes tienen por le y la obligación d e protegern os (Rocha,
1991: 188).
De lo dicho hasta aquí se deduc e qu e las e mpresas han comproba do que las
experiencias basadas en las emociones consiguen consumi dores fieles y un buen
número de ellas ponen en práctica, en los últi mos años, el denominado “ M arketing
Emocional” para abrir m erca dos. Gr an parte d e la s compras se b asan exclusivamente
en un impulso emo cional. Es el filón e conómico cimentado en los sentimi entos que
genera un impresionante negocio con la promoci ón de productos po r deportis tas de
élite , modelos, ca ntantes, actores con glamour , etc.
Como arquetipo, se ha e studiado la fi gura de David Beckham , futbolista inglés de l a
plantilla del Real Madri d hasta junio d e 2007 y estrella mediática, con vertido en
“Rey de la emoción ”, como un fenómeno de masas por su atractivo físico, su
capacidad deportiva, admiración y de s er not icia con todo lo que dice y hace. Pero
más allá del fútbol , e s vist o por millones de consumidores como un icono
permanente d e tod o el m undo y como un gran n eg o cio financiero con u n enorme
potencial com ercial para el ámbito económico. Un éx ito seg uro para publicitar
cualquier produ cto. Las m arcas más potentes h an entrado en el juego del “ Marketing
Emocional” para provocar la compra por las emociones que despiertan los líderes de
audiencia porque “vende” y , sobre todo, porqu e como la a mist ad, las relaciones
basadas en la emoción impli ca en los consumidores una lealtad que va más allá de las
modas o de l as m arcas y perdura en el tiempo (Ch iesa y Fernández, 2003: 60-68). Es
significativo que uno de cada seis dólares g astados en Estados U nidos se destinan a
la mercadotecnia y bue na parte de esta propaganda se dirige a los niños (Luna y
Campo, 2007: 53).
113
De lo di cho hasta aquí se deduce que es imprescindible que los tr abajadores
culturales centre n su acción en la crisis escolar como parte de una p reocupación más
amplia por la formación de ciudadanos más críticos y po r l a democ racia en sí, que
prioricen la ética y l a ju sticia social por encima de l a lógica del mercado, y que se
comprometan con el desafío de def ensa ant e los ataques que r ecibe la enseñanza
pública. “Esto exi ge que el profesorado t ome en serio su propia política y entre en la
esfera pública”, y que se implique en los asuntos sociales y urgentes (Giroux , 1999:
61). L os prof esores pue den conseguir que los c onocimientos sean emancipadores,
relevantes para la vid a de los es colares y ten gan relación con sus ex periencias
cotidianas como un proc eso d e resolución d e p roblemas desde persp ectivas críticas
para “desarrollar la imagi nación social y el co raje cívico” (Giroux , 1997: 19) con el
fin de que sus alumnos puedan interpretar el mundo y, si fuera necesario, cambiarlo.
Un tema que preocupa es que “los enseñantes están perturbados por tener que
transmitir conocimientos a alumnos que, en muchos casos, no tienen ningún interés
por los pr o gramas escolares y s e aburren en la escuela, aunque sepan que su futuro
depende ampliamente de su éxito escolar” (Touraine, 2005: 90). Las asignaturas se
han transformado en “ cotos privados del p rofesorado especialista” que, en aras d e
reivindicar la sin gularidad de su m ateria, son cómplices de un currículum
sobrecargado que transfigura los contenidos mínim os establecidos, muchos de ellos
irrelevantes, en máx imos inalcanzables que impiden la labor innovador a (Carbonell,
2000: 52-53).
Generalmente, en los últimos tiempos, los pl anes de estudio resaltan los contenidos
científico-técnicos, en d etrimento de las d enominadas “humanidades”, y ot or gan
primacía a habilidades de producción y de beneficio. A eso se une la tendenc i a
general de la or den ación e ducativa de frag m entar y especializar los sabe res, justo al
contrario d el carácter ge neralista que, en educ ación para el consumo, p recisan ho y
las personas en un m undo cambiante. En c on secuencia, el consumid or necesita
poseer conocimientos referentes a todo el conjunto de satisfacciones porque de ello
depende su bienestar (Álvarez Cantalapiedra, 2003: 53).
Sobre e stas bases, entie nde Toura ine (2005: 165) que no e s conveniente que la
escuela pon ga al ni ño al servicio de la sociedad y que t ampoco debe se r un m ero
lugar de aprendizaje, sino un mundo de form ación de actores sociales y de sujetos
personales. Entiend e, ad emás, que la escuela h a de considerar las condiciones en las
que un niño se forma u na imagen de sí mis mo y de su futuro; y estim a qu e l os
mejores resultados se obt ienen cuando los docentes se d efinen por su papel d e
comunicantes con los alumnos y con los dirige nte s de la admi nistración de la escuela,
y n o sólo p or su papel profesional d e expertos en Biolo gía o Historia. Cuando los
docentes se prote gen d etrás de su di sciplina p ara hacer frente a los alumnos, desde
posiciones de ruptura de c omunicación o de hostilidad, los re sult ados nunca son
satisfactorios (o.c., 167).
114
Como c onsecuencia d e es tos presupuestos, la escuela debe preparar para una ma y or
competencia democrátic a y de participación para la transformación, al tiempo que
para el trata miento de l a información en muchas ocasiones impuesta y sesgada. Para
ello es preciso un c u rrículum que evite la reproducción ideoló gica y un único modo
de ver l a sociedad, y qu e permita un auténtico e scenario escolar de reconstrucción
cultural alternativa, de crítica, de tr atamiento del conflicto y de resis tencia; un
espacio de dimensión emancipatoria pa ra afrontar l a realidad di versa y “con registros
alternativos que rompan con la pasividad del consumidor, incapaz de controlar el
proceso de tec nolo gización de la sociedad d e la información y de las claves
culturales con las que v iene expresada l a cultur a escolar” (Antón Valero
54
, 2004).
Pero si el objetivo edu cativo esen cial es el de potenciar una ciudadaní a crítica y
solidaria, no basta con r ealizar cambios en la organización, estru ctura, condiciones
de trabajo o en la forma de los discursos imperantes más o menos pro gresistas.
Adela C ortina (1995: 45) opt a por un mod elo de ciudadanía que se s ustenta s obre l as
siguientes caracterís ticas: autonomía personal (el ciudadano no es vasallo ni súbdi to);
conciencia de derechos q ue deben ser respetados; sentimiento del vínculo cívico con
los d emás y d esde l a responsabilidad. Por lo tanto, ciudadanía supon e libertad,
igualdad, pertenencia, dignidad, respeto y diálogo, a la vez que uno d e los ejes
principales par a incorporar l os valores en la acción edu cadora de las escuelas
(Marchesi, 2007).
Pero la escuela actual di sta del ideal democrá tico. L e fa lta coh erencia entre el
discurso y la práctica de un profesor ado que p ercibe la importancia de educar en
valores y, sin embar go, no los convierte en pr otagonistas de su ense ñ anza. Un
docente, además, que no comparte su autoridad académica con el resto de actores,
que se d esacredita cuan do deriva l a solución de conflictos hacia la Adm inistración
competente, y, lo más so rprendente, que olvida q ue los alum nos constitu yen el suj eto
esencial de su labo r y no el objeto de jus tificación (Carbonell, 2000: 96).
Necesariamente el profesorado tendrá que vari ar su formación inicial y permanente,
y di rigirla más hacia aspectos pedagógicos que a principios de acumulación y
transmisión de informaci ones ( Sarramona, 2002: 58). L a educación i ntercultural,
para la diversidad, para la no vi olencia, para la pr eservación de la naturaleza, para la
complejidad en la incert idumbre de vivir en un mundo en constante c ambio y l a
educación para el consumo requer irá de una const ante atención en l a formación de
los ciudadanos.
Por otro lado, razona Giroux (1997: 211) qu e los programas pa ra la formación del
profesorado “están diseñados para c rear intelectu ales que actúen al servicio de los
intereses del Est ado, cuya función soci al primaria se centra en el manteni miento y
legitimación del statu quo ”. A la par, Meirieu (2004: 280) apunta que la escuela,
como i nstitución además de servicio, salga de su torre de m arfil y ace pte hablar
abiertamente con los pad res para trabajar con ello s sobre los v alores a promover en el
sistema, los medios para evaluar resultados, los métodos y cualquier otro aspecto.
54
Pr ofesor de Geo grafía e Historia de Educación Secu ndar ia; miembro del Movimi e nto de
Renovación Ped agógica Escola d´ Estiu “Gonçal Anaya”; del equipo educativo Entrep ueblos y d e la
red p ara la co mun icac ión y la educació n EntreLinie s .
115
También es importante señalar la presenci a de la famili a en los centros educativos,
que no siemp re es fácil y a v eces incluso resulta i mpos ible por la negativa valorac ión
de la institución escolar, entre otras r azones ( Zafra, 2007: 77). La familia y la escuela
se encue ntr an distantes. Ambas han pasado de ser agentes activos en la tarea
educativa a adoptar conductas defensivas y dedican gran parte de su tiempo a intentar
prevenir y re conducir l as conductas. En general, s in un apo y o real d e los p adres y d el
denominado “cuarto sec tor ec onómico” (empresas,
ONG
, movim ientos sociales,
asociaciones, etc.) , el profesorado se siente i mpotente par a educar a los a lumnos en
valores imprescindibles. La con centración de la información en poc as manos
condiciona a la d emocracia mi sma y afecta di rectamente a los niños y j óvenes como
máximo s y más vulnerables consumidores de l a misma; educar en la sol idaridad, el
pacifismo, la crítica, la honestidad, e n el consum o o en e l respeto a la naturaleza se
convierte en una tarea difícil y ne cesaria ante l as tendencias imperantes: violencia,
competitividad, conformismo, desinformación, desideologización, individualism o,
consumismo ( I mbermón, 1999: 77). Quizás por todo ell o, considera Garrido
55
(2004)
que “la clave de l a mejora de la educación no reside sól o ahora en la familia ni en la
escuela, sino en m ejorar la sociedad, el entorno donde s e desarrolla el niño y la ni ña”.
c) Hacia la utopía
“Sin utopía no hay educ ación”, sostiene Gimeno Sacristán (1999: 30). Entiende este
autor que la forma ción d e los seres humanos es preciso hac erla desde los problemas
del presente, porque para liberar a l os individuos y ha c erlos autónomos es necesa rio
situarlos en contex to de actualidad. Y denuncia qu e un sistema escolar, “sin su stancia
ilustradora”, si no se rearma corre e l peligro de devalua ción y quedar reducido sólo
para las minorías en una sociedad plenamente esc olarizada.
En realidad, que la escuela sea una de las institu ciones sociales más cuestionadas es
quizás el me jor i ndicador de su importancia en su papel de propiciar, i mpedir o
retrasar transformacione s s ociales y culturales (Ho yos y Ma rtínez, 20 04: 119).
Tradicionalmente, nuestro sist ema educativo ha sido sometido a un elevado control
que garanti za obediencia, dis ciplina y docili dad. Por otra parte, sin la acción del
Estado no se garantiza el derecho uni versal a la e ducación pa ra todos en condiciones
de un a m ínima igualdad (Gimeno, 2001: 16 9), aunque el conocimiento y el
aprendizaje han dejado de ser monopolio de la esc uela (Sarramona, 2002: 51).
En coherencia con estos planteamientos, cabe pen sar q ue las organizaciones sociales,
el denominado “tercer s ector”, asumirán func ion es de de sa rrollo social y educativo
allá donde el servicio públi co o privado no llegue. P ara Bresser y Cunill (1998: 41) la
“educación y salud se encuadran particul armente bien para la función de estas
organizaciones públicas no estatales”.
55
Declarac iones en Con sumer.e s , nº 76 . A b ril 20 04.
116
2.2.- Discursos de la educación del consu midor
a) Un discurso poco comprometido
Es c ierto que no es posibl e concebir un m undo sin consumo de productos y de
servicios cu ando todos los seres humanos, aunque con grandes di ferencias, s on
consumidores. S in embargo, tampoco cab e ent ender el consumo como algo aislado
dirigido a la satisfacción de una necesidad básica. El consumo es un acto complejo
cargado d e significantes materiales, sociales y si mbóli cos inducidos, en el que una
minoría de personas cu enta con capacidad para ele gir y un a m a y oría c arece de esa
posibilidad, aunque sí para producirlos.
En este s entido, la educación del consumidor parte del principio de qu e to dos los
individuos puede n llegar a se r consumidores críticos y estar bien informa dos acerca
de los bienes que adquieren y servicios que contr atan, de los me canismos par a h acer
valer los d erechos contemplados en el m arco j urídico e i nstitucio nal, de la
repercusión de sus a cciones para la salud y p ara la el medio n atural, del poder de la
publicidad, de la realidad de la sociedad de mercado, así como de la opción de
participar en el movimiento asociativo de los consumidores. Igualmente, por su
naturaleza, s e une con las temáticas d e género, de discapacidad y de derechos
humanos (Trímboli, 2004).
Con este pl anteamiento, la educación del consumidor se ha c onsid erado un proceso
permanente d estinado a que los escolares adquieran un conjunt o de elementos
cognitivos, procedimientos y técnicas de trabajo que les permitan desarrollar
actitudes conscientes, crít icas y solidarias como c onsumidores responsables (Álvare z,
1994: 399). Pero, a m enudo, se aprecian dos conce p ciones dife rentes sobre la
educación del consumidor. Desde un punto de vist a restringido y conservador,
porque n o cuestiona la r acionalidad de la economía actual de mercado, se dirige a
dotar a lo s alumnos “consumidores-inspector es” del conocimiento y té cnicas
necesarias p ara c ontrib uir al buen funcionamiento del me rcado de sd e la libre
competencia. Existe, sin e mbargo, otra de c ará cter más amplio que considera al
consumidor como sujeto racional, crítico y capaz de atender los intereses
individuales y colectivos, los mecanismos nega tivos del sistema y las consecuencias
ecológicas y sociales de sus decisiones como consumidor. Sería , así, un alumno
consumidor responsable (Watt, 1992: 79).
De todas las maneras, a unque la mayoría de las ex periencias en educación escolar
para el consumo, tanto e n Europa como en Esp aña, pa rten de una definic ión a mpli a
de l a educ ación del con sumidor, salvo en al gunos casos, no se comprueba que s e
haya trasladado una con cepción c rítica a los pro y e ctos llevados a cabo en las a ulas.
Así pues, la mayor parte de los progra m as carecen de una to ma de posición sobre el
modelo de sociedad y d e relaciones económicas e int erper sonales que s e pretende
promover. Es evidente q ue ello i mplica una toma de posi ción s ocio-política previa al
diseño de la experiencia educativa concreta a desa rrollar (o.c., 15).
117
b) Necesidad de nuevos pl anteamie ntos
En nuestra sociedad a ctual encontramos unos jóvenes que no s aben exact amente lo
que quiere n, pero aspiran a ciencia cierta qu e les dejen hacer lo que quie ran. Se les
prohíbe el bot ellón y patalean m as que luchan. Se les explican los límites para
mantener la convivencia y no quie ren saber nada. Están desencantados y hace t iempo
descartaron la posibilidad de la ac ción política (Aguilera, 2002: 194). Por ot ra parte,
la familia no educa porq ue el tiempo de vi da fami liar es mínimo. Los padres l o son
de “bu enas no ches” y de “fin de semana” (y no si empre) porque al amanecer los dos
salen a trabajar.
La comunicación entre padr es e h ijos se ha visto interrumpida por los nuevos
modelos de convivencia, por las conse cuencias del trabajo para mantener u n estilo de
vida, por la presencia a ctiva de las tecnologías ( Inte rnet, videojue gos, Messenger ,
etc.) y por l a intromisi ón viol enta de la televisión que ha conseguido qu e l os hij os
coman en las dependencias escolares y s e cene en compañía de l a serie f avorita de
quienes, además, siempre eligen sitio preferente en la mesa (Marcotegui, 200 6: 6).
Con esta idea de parti da, el consumis mo im pone un gran estr és en l as relaciones
entre padres e hijos. El tiempo que l os padres de dican a sus hijos se ha r educido en
un 4 0% en las sociedades occidentales porque necesitan muchas horas de trabajo y
dejan a los niños con la televisión, su niñ era favorita, que incrementa s u
comportamiento antisocial y consumista. Todo esto no es producto de la ca sualidad
sino de una meticulosa planificación económica del sist ema neoliberal con efectos
destructivos para t odos, especialmente para los más desfavorecidos ( Luna y Campo,
2007: 52). Y, en soleda d, los niños y jóv enes sufren desorienta ción y e ntienden la
libertad como experimen tar de todo o tener de t odo como manifestación de si gnos
de dependencia. “Se im pone prescindir de todo para alcanzar l a li bertad de no ser
esclavo de nada” (Rosado, 2004: 11).
Otro t ema, no menos importante, e s que la escuela c amina c on un creciente
sentimiento de aislamiento e incomunicación. Si tradicionalmente se ha afirmado que
para “e du car a un niño hacía falta la tribu entera”, ahora la sociedad ha olvidado que
la formación de los jóve nes es una responsabilidad social (Marcotegui, 2 006: 153-
154). La ta rea de educar resultará c ada vez más difícil, si no se produce un cambio
radical h acia un ma y or compromiso e i mplicación de las familias y de la sociedad en
su conjunto para la cons ecución de m etas edu cativas consensuadas (S arramona, 2002:
105). A esto se une, como dificultad añadida, que el 70% de los c o nsumidores
consideran que son ello s mis mo, con carác ter i ndividual, quienes mejor defienden
sus intereses
56
. Una eleva d a autoestima, p ropia d e un “hombre-masa” (Casar es, 1995:
45), que no concuerda con los problemas de la real idad.
56
Quien mejor defiende su s inter eses co mo consumidor son ello s mismos (70 %), seguidos d e muy
lejo s p or las aso ciaciones de co nsumidores (2 4%). La A d ministración e s citada co mo p rincipal
defensor a de los co nsumidores p or sólo un 3% de la pob lación. “Cinco años de Bar ómetro de
Consumo ( 200 1-2005) . Revista Con sumer.es , j unio 20 06.
118
Es obvi o que la escuela no puede ni debe ser la única encar gada de educar a los
consumidores (Batanero, 2000: 341) y , aunque en los últim os dece nios se ha
realizado en España un esfuerzo educativo sin parangón en nuestra historia, aún
queda mucho camino por recorrer y mu chos er rores que enm endar por que nadie
parece dispuesto a devolver a la educación sus cualidades para f orma r personas con
criterio (Aguilera, 2002: 201). Esto se e vid encia e specialmente en materi as como el
consumo que, a pesar d e su importancia, se a bor dan con una superficiali dad o falta
de rig or que parece rí a inadmisible en asignaturas tradicionales (Garcé s, 1999: 5). Y
es que, en definiti va, se está lejos de potenciar la educación de l os ni ños y niñas
como consumidores responsables, autocontrolados e inteligentes (o.c., 11).
Ni ev es Álv a rez (2 00 5 ), re co no c e que l l ev a to da la vid a in t err o gán do s e sob re si es
po s ib l e e du c ar a un co ns um i d or pa ra q u e, d e mo d o im p re sc i ndi b l e, in ves ti gu e l a
rea l id a d p ara co mp r en der la y to m e d ec is i o ne s p ar a su tr an s fo rm aci ó n . E n ti en de
qu e pod e mos y d eb em o s in te nt arl o , in cl us o m e dian t e l a lu ch a a co n t rac o rri en t e, en
un ti e mp o en el que la pr ep ar aci ó n p ar a el éx i t o qu ie re con s egu i rs e s in un es fu e rz o
pr op o rc io n al . Apu nt a, igu al m en t e, qu e la e du c aci ón del co ns u mi do r h a pas a do po r
ép oc as m ej o re s cu an do l os mo v im i en tos d e re nov ac i ón p ed agó gi ca di s p on í an de
cap a ci da d de movi li z aci ó n para l a inn o va ci ón , pero aña d e q u e “lo mej o r en la
ed uc ac ió n d e l co n s umi do r es t á p or ve ni r ”.
La globalización determi na una nueva forma de entender el conocimiento que la
escuela deberá asumir con tod as sus difi cultades. P or un lado, las polí ticas
neoliberales dirigen la base del currículum hacia el mantenimi ento del sistema
productivo en el qu e se inclu y e el consumismo voraz; por otr a pa rte, l a tarea de un a
educación permanente ex ige un currículum centrado en relaciones del cons umidor,
capacidad pa ra la resolución de problemas, in novación y espíritu em prendedor
(Davies y Gupp y , 1997: 438) como retos de una formación amplia para asegurar el
empleo y una formación espec ífica en el l ugar de trabajo. Los mercados uti lizan las
escuelas p ara apo yar s us estrategia s de v enta masi va y v en a estudiantes d e todas las
edades como pot enciales consumidores. La entrada de la m ercadotecnia de muchas
empresas en los centros escolares estadounidenses, como objeto de la apertura d e
nuevos mercados, se ha ex portado al contexto europeo.
Lo mi smo suc ede con la introducción masiva d e l as tecnologías y , en este sentido, se
manipula a la escuel a com o la encargada de aportar las competen cias n ecesarias a
quienes deben s er los compradores de las herramientas para que no descie ndan ni la
producción ni los inmensos beneficios económicos de las empresas v endedoras (Hirtt,
2003). Por todo ello, advierte B ernat (1999: 399) que, “aunque es innegable el
desarrollo de las tecnolo gías y q ue su apli cación en l a escuela si gnificarán progresos
muy importantes, también pueden ir acompañado de una ideología que bl oquea, una
vez más, el desarrollo pleno de l a modernidad, q ue ti ene como centro el desarrollo
del individuo autónomo, crítico, independiente y n o sumiso”.
119
Con este planteamiento co mo referencia, los cuatro pilares de la educación ex puestos
en el “Informe sobre la educación para el siglo
XXI
” (Delors, 1996: 96 ) de la
UNESC O
, “aprend er a conocer, a h acer, a vivi r con los demás y apren der a se r”,
coinciden con las propuestas señaladas para las funciones de la educación del
consumidor y encuentran significado como apre ndizaje fundamental. Una sociedad
cada v ez m ás consumido ra d ebe pone r en m archa propuestas di dácticas diri gidas a la
alfabetización de los niños y jóv enes como consu midores conscientes, críticos y
crea tiv os. Pero todo ello desde una ped agogía democrática que centre su atenc ión en
el alumno, fundamentada en el apre ndiz aje significativo, en pro cesos de
descubrimiento, en la dim ensión lúdica y con nuevas for mas de actuación por parte
del profesorado. Ad emás, es preciso vincular la e ducación para el consum o a ot ros
contenidos transversales, con los que se relacion a e inte ractúa, como l a educación
para la s alud, educación medioambiental, educación n o sexi sta, educación vi al, etc. y
articular experiencias integradoras en proyectos interdisciplinares.
El estil o de vida es la raíz del problema de la sociedad g lobal, pero se actúa de una
manera parcial sobre las consecuencias del mismo: salud, medioambiente, violencia,
género, mortalid ad en l a carretera, etc. Y, quiz ás, esto ocurre porqu e la edu cación d el
consumidor no dispone de un p lanteamiento pol ítico y educativo níti damente
definido, ni las institu ciones desarrollan con la necesaria intensidad l o que ya está
escrito para ser cumplido en la le gislación, y las
ONG
por un lado y la empresa por
otro uti lizan sus estructuras para a propi arse de la labor, que aunque l es co rresponde
en parte, deberían asumi r las insti tuciones de Educación y de Consum o, además de
las asociaciones de las consumidores.
120
En est e apartado, se ex amina el papel qu e debe asumir la institución e du cativa
para este nuevo escenario d e carácter planetario.
El modelo de Estad o que su rge como consecu encia d e Revolución Francesa h a
pervivido du rante los dos úl tim os si glos. En este tiempo, los P a rlamentos de los
diferentes paí ses han tutelado todas l as políticas y, particularme nte, l a
educativa. S in embargo, las polí ticas monetaristas de las grandes organizaciones
internacionales - fruto de la extensión d e la globalización económica y fi nanciera
- acuerdan la redu cción del gasto público, de la in flación, de los i mpuestos y la
total libert ad de capitales. E stas estr ategias neoliberales provocan un e f ecto
inmediato en la educación. En consecuencia, se sustituye la s ociedad de los
ciudadan os por una s ociedad de consumidores en la que el ciudadano e n
formación pasa a ser un cliente-consumidor del servicio educativo.
Ante este modelo de sociedad s e precisa una educación para actuar y ésta es un
buen instrumento s i se p lantea d esde pos iciones de críti ca a lo establ ecido. E n
un contexto con tan tas contradicciones, el pro blema de cómo educar p ara vivir
en ell a se convierte en una exigencia prim ordi al. Pe se a todo, la m ayo r p arte de
las reform as di señan m odelos de educación masificada, d e escuel as-fáb rica
como forma exclu siva de e du car y e n l a que s ólo los maest ros e ns eñan desde l a
especialización en las disciplin as.
En definitiva, los jóvenes sab en lo qu e n o qui e ren, la f amilia n o tiene tiempo d e
educar n i de comunicarse con sus hijos debido a la p lanificación económica
impuesta por el sist ema neoliberal y la so ciedad h a olvidad o que la f orm a ción d e
los jóvenes es una responsab ilidad social.
Con este planteamiento como re fer encia, una sociedad cada vez m ás
consumidora debe poner en m a rcha propuestas didácticas dirigidas a la
alfab etización de los niños y jóvenes como con sumidores conscientes, críticos y
creativos. Pe ro todo ello desde una pedagogía d em o crática qu e ce ntre su
atención en el alu mno, f undamentada en el aprendizaje sign ificativo, en
procesos de descubrimiento, en l a di mensión lúd ica y con nuevas formas de
actuación. Ad emás, es p reciso vin cular la edu cación p ara el consu mo a otros
contenidos transversales, con los que se relaciona e interactúa, co mo la
educación para la salu d, educación medioambiental, educación no sexista,
educación vi al, etc. y articular experiencias i ntegradoras en proyectos
interdisciplin ares.
121
3.- Polifonía de los di scursos de la educación del consumidor en la
sociedad del c onocimiento
3.1.- Los nuevo s co nsum ido res
En l os últimos años se manif iesta la figura d e un consumidor lejano a cualquier
cultura de transformación social o la c rítica política, y desp egado, al mism o tiempo,
del consumo opulento pr opio de l a époc a fordista. Es u n consumidor que a ctúa sobre
nuevos v alores próximos a l a sol idaridad, con un nuevo modelo de familias flexibles
y asimétric as, sensibil izado por l os ll amados consumos “verdes”, el di scurso de lo
sustentable y lo sostenib le, el multiculturalismo y la a ceptación de la diferenciación
sexual.
Estos son algunos de los valores del nuevo consu midor (Alonso, 2002: 13):
- Busca s eguridad para pro tegerse de crisis alimentarias y ecológicas.
- Vida social limitada y regulada por las tecnologías.
- Nece sita much a informaci ón sobre los productos que desea o adquiere.
- Ocupa su espacio en un a cultura de masas m ás selectiva y cercana a un
narcisismo individualista.
- Practica un consumo más controlado en sus efectos y con ci erta
responsabilidad sobre las consecuencias.
Resulta interesante el estudio Retrato Robot del Consumidor Actual, de la consult ora
TNS
, presentado en el
XX
Congreso
AECOC
57
(asociación de fabricantes y
distribuidores) en las Palmas de Gran Canaria, en el s e reconocen c ambios en el
perfil del consumidor ac t ual. Entre ell os, que el precio pierde peso en la decisión de
compra porque busca productos m ás sanos, que el ritmo de vi da y la incorporación
de la mujer a l trabajo han modi ficado sus hábitos, porque ahora va con menos
frecuencia a la compra y se reduce su fidelidad a las marcas más conocidas. S in
embargo, el principal reto para l os fab ricantes es el de c rear líneas de pro ductos que
resulten irresistibles e i rremplazables ( lovem arks ), y p ara conquista r al consumidor
intenta emocionar le con l a marca más que con el ofrecimiento de una bue na rela ción
calidad/precio (Elizalde, 2005: 12).
a) Cambios en las fa milias
Cuando se concreta la figura de los consumidore s en edad es colar se obs ervan las
consecuencias s ingulares de los cambios sucedidos en la familia enma rcada en un
nuevo y distinto tiempo.
57
El c onjunto d e sus e mpresas factura más d e 1 50. 000 millones de euros anuales, lo q ue supo ne cer ca
del 2 0% del PI B español.
122
El número de niños po r hog a r está en claro d esce nso porque se precisan dos salarios
para salir adel ante y porq ue l a maternidad se ha ret rasado hasta los 29 años de media.
La t endencia indica un aumento de los hogares mono-parentales. Por otra parte, al
trabajar los progenitores fuera de casa, son las “canguros” – en muchos casos de
países y culturas diferentes -, la publicidad que se emite en televisión y los abue los
quienes acrecientan su influencia en la socializ ación y transmisión de valores a los
más pequeños. Puede añ adirse que l os abuelos, por su mayor dispos ición de renta,
han pasado de s er o rigen de cons ejos a constituirse en un a im portante fuente de
ingresos para los niños y jóvenes (Muriel y Nueno, 2002: 36 y ss.). No obstante, es la
renta disponible de cada familia la variable qu e más determina el compo rtamiento
del niño y del joven como agente consumidor, junto a la imitación de lo que compran
otros amigos y compañ eros para ser “ respetado y admirado” dentro del gr upo. Todo
esto condiciona el modo de abordar la educación de los hijo s como consumidores.
Considerados todos estos aspectos, exi sten enseñanzas que, aunque se ponga el
mayor in terés, en l a escuela no pueden s er trabajadas con la intensidad ne cesaria. La
familia es l a qu e ens eña a consumir, a t ener la capacidad de saber de e legir, o d e
encontrar las ventajas y los inconvenientes de cada producto (Catalá, 2005: 5). Sin
embargo, el estilo de vida lleva a que los niños sean p ríncipes cargados d e j uguetes,
ordenadores, vídeo-cons olas y tamagotchi , pero que, a l mismo tiempo, vivan su
crec im iento en so ledad. Como enuncia Josefina Aldecoa en Memorias d e un colegio
(en Castilla, 2002: 185): “Nunca como ahora los niños han tenido tantas cosas
materiales y han estado a la vez tan faltos de compañía. Al cuidado de alg uien hasta
que se valen por sí m ismos, o con la l lave colga d a del cu ello cuando i nician la
adolescencia”.
Sin embargo, una p arte d e la sociedad d emanda el rescate de l os valores de siempre.
Se esti ma que quizás s e tarde un a generación en recuperar los valores de “siempre”.
Y, una parte de l a sociedad, pide a qui enes tie nen responsabilidades, entre ot ros
padres, edu cadores y medios de comunicación, el rescate de los valores “de siempre”
( Consumer.es , 2000, nº 36), los que promueven l a vida en sociedad y do tan de un
sentido humano y cívico como los siguie ntes: respetar a las personas ma yores y a los
bienes y servicios públicos, prestigiar a los educadores, tener solidaridad con l os
débiles ( y no sólo con lo s marginados), aprender a escuchar, a esperar y a asumir el
fracaso, al d esarrollo de la responsabili dad y la cultura del esfuerz o, a potenciar la
autoestima y no dejarnos llevar por el consumismo.
b) Interés de la mercadotecnia por los n iños
Otros de los temas que preocupan se refieren a las grandes transformaci ones en la
atención del mercado h acia l os ni ños en los úl timos cincuenta años. Antes de la
Segunda Gu erra M undial los más pequeños no despertaban inter és al guno porque
éstos no m anejaban dinero propio. El cambio de produce en el decenio de l os sesenta,
en coincidencia con el desar rollo de la s ociedad de consumo de masas, y
especialmente en los años setenta como lo demuestra la consolidación de marcas
como Mc Donald’s , Disney , Toys’R’Us y otras, aunque el pode r de decisión de
compra continuaba en manos de los padres.
129
a) Educar para un mundo complejo
Cada vez es más notori a la influ encia que los n iños ejercen sobre las o pciones de
compra familiares. Dis ponen de dinero p ropio que les permit e tomar decisi ones para
el gasto y reciben innumerables mensajes publi citarios. Son protagonistas y , s obre
todo, vulnerables a la manipulación. Por eso es necesaria la edu cación del
consumidor desde la ni ñez h asta la etapa adulta (Puj ol, 1996: 34). Una generación
que crece en el bienestar y que tiene una visión e stereotipada de la s ociedad de
consumo es imprescindib le que compr enda la re alidad y tom e posiciones ante ella de
manera libre y consciente ( La r rieta, 2000: 44).
Reflexiona Galbraight qu e “no h a y actividad religiosa, política o labor al en la que se
nos prepa r e de forma tan completa, sabia y costosa como para consumir” (en Torres,
2005: 27). Pero el éx ito de los planteamientos de una s ociedad bas ada en el
consumismo se fundamenta, en buena part e, en la ignorancia d el consumid or (García
Garrido, 2001: 81) porque éste desconoce el len guaje de comunicación que util iza el
mercado (Busquets, 199 3: 85). Dent ro de l a masa consumidora, la poblac ión infantil
ocupa un lugar de si gnificativa importancia: a lo s niños se les incita a la compra de
múltiples productos y ellos, a su vez inducen el consumo d e los adultos con los que
conviven (o.c., 88).
Se constata, po r ello, la urgencia de form ar al consumidor par a que tenga
oportunidades en un mundo complejo c aracteriz ado po r la masificación de la
producción y del cons umo, el continuado m ovimiento de las m ercancías, el
formidable d esequilibrio entre consumi dores y p roductores, la di versificación de la
oferta de p roductos similares para cubrir necesidades muchas vec es inducidas, la
aparición perman ente de productos que hace no mucho ti empo eran superfluos y,
junto a esto, nuevos mo dos de fraude y sofisticación de l a técnicas de venta y del
mercado. El desconocimiento crea an gustia e impotencia y una entrega abs oluta a un
sistema que destaca, sobre todo, l as ventajas ( Álvarez, 199 4: 394). “El sistema
educativo debe preparar a todos para asumir su responsabilidad para con los demás
de forma cotidiana, en su actividad profesional, cu ltural, asociativa y de consum idor”
(Delors, 1996: 65).
Ahora bien, sabemos que los adolesc entes viven una época de crisis y cam bio donde
se cuestionan t odo. Esto indica que los contenidos de aprendizaje deben dirigirse
hacia nuev as formas de entender, de actuar y d e ofrecer so luciones críticas a los
problemas cotidianos. Nuevos valores que orientan las decisiones porqu e, en el fondo,
la finalidad de la educación del consumidor es qu e “conozcan e interpreten el entorno
y adquieran mecanismos que permitan la toma de decisiones y l a resolución de
problemas de la s ociedad de consumo” ( Larrieta, 2000: 43), de un mundo que se
define en su globalidad.
130
La Administ ración, de cara al futuro, t endrá qu e pl antearse la estru ctura, el contenido
y la modalidad d e la institución escolar; al mismo tiempo, el profesorado tendrá qu e
resolver d e qué manera s e puede impartir el curr ículum de forma compati ble sobre
cómo entender la vida. Y, aunque la situación no es de l todo espe ranzadora, el
sistema educativo no pue de quedarse al margen e intentar cambiar l as cosas mediante
la aplicación d e progra mas de e ducación e n valores de c ariz tra nsve rsal que no
reca i gan en actividades aisladas, “aunque éstas s ean mucho más que n ada” ( López,
2005: 80).
Por últim o, Francé s (20 01: 163 y ss .) d estaca a lgunas d e las “virtudes” del buen
consumidor y de los valores asociados a ellas. Recomienda qu e, para q ue funcione
mejor el sist ema econó mico conocido, el consu midor sea int eresado, qu e compare
calidad-precio y d ecida según l a informa ción ob tenida, que identifique s u bienestar
con la adquisición de bienes y q ue s e proteja contra cualquier riesgo. To do esto es
positivo y es l o que se espera de un consumido r ra cional en el ma rco e conómico
actual. S in emba rgo, tam bién es conveniente qu e sea ex igente a la hor a d e comprar y
reclamar, justo en l a apreciación de las cosas y mo derado en el gasto. Un cons umidor
exigente “educa” a las empresas en múltiples asp ectos.
No o bstante, estas actitudes – justicia, exigenc i a, diligencia, mod eración y otras – no
son i mprescindibles para el funcionamiento d e la economía y no pu eden se r producto
de una legislación determi nada. Sin embargo, mejoran el objetivo in terno a la
práctica del consumo: que la economía proporcione el ma yor bienestar pos ible.
Puesto que el consumo es una parte integral de nuestra vida, p adres y educadores (y
la sociedad entera) ti enen una responsabilidad hacia la infancia. La auton omía es un
logro que r equiere educación y crítica constantes. En este sentido, es m uy i mportante
una apropiada educación para el consumo.
b) Educar para comprend er el context o so cial
La f i n a l id a d d e l a e d u c a c i ó n d e l c on s um i d o r no es c on v e r t i r a l o s e s tu d i an t e s e n
h á b i l es co m p r ad o r e s, si n o e n c o n s eg u i r ci u d a da n o s co h e r e n t es q u e ref l ex io n a n
s e r i am en t e s o b re l a s d e c i s io n e s q u e t om an en e l m u nd o ma t e ri al y s o b r e l as
c o n s ec u en c i as d e s u s a c t o s d e co n s um o en e l l os , e n ot ra s p e rs on as y en al
m e d i o am b i en t e. La e d u c a c i ó n d e l c o n s u m id o r a b ar ca a c ti t u d es y c on oc i mi e n to s
r e l a c i on a do s co n el f u n c i o n am i en to d e l a s oc i e d ad a c t u al , a s í c o m o c o n l a
r e s p on s ab i l i da d d e lo s i n d i v i d uo s y su mo d o d e c o n t r i b ui r a l a m ej o r a e n l a
c a l i d ad d e v i d a d e l co nj u n t o s o ci a l . P ar a ll ev ar l o a c a b o , en e l a u l a, se rá n e c e s a r i o
“ crear un pensamiento crítico e independiente y p ersonas concienciadas” (Thoresen,
2001), y enseñar a a ctuar críticamente frente al consumism o para pod er salir d el
sueño consumista (Rocha, 1991: 15).
En términos generales se puede indicar que la e d ucación es clave absolut a de éste y
de todos los demás problemas. “La educación es imprescindible, la toma de
conciencia de los consumidores es imprescindi ble. Todo lo que se haga en es e
aspecto es fundamental” (Sampedro, 2005).
131
Para Álvarez (2000: 160 y ss.), el siglo
XX
pasará a la historia como el adalid de los
vendedores de sueños y del imperio d e lo efímero. Un si glo qu e en el qu e s e puso
nombre comercial a las cosas coti dianas, en e l que se inventó l a ba sura y el
despilfarro, y qu e sanci onó la compra como u na forma d e relación social. La
educación del consumidor es, por lo tanto, un indi spensable ejerc icio de
alfabetización para que los alumnos entiendan y vivan en la sociedad del futuro. E n
consecuencia, la for ma ción para el consumo tiene por objetivo la habilitación de l os
alumnos para le er y ent ender los mensajes que la socie dad de consumo sug iere
(García, 2001: 78).
De la obser vación de estas líneas se comprue ba que el esce nario consumis ta no
conoce edades y afecta a adolescentes, adulto s y , también, a los más pequeños, por lo
que la educación del consumi dor debe planificarse en todas las etapas de la vida.
Los niños de Educa ción Infantil se muestran como clientes pre ferentes del
sofisticado modelo consumista por di stintas razones: representan una bu ena cuota del
gasto f amiliar y se fascinan con l a tele visi ón a la que dedica n cada vez más tiempo
como receptores de sus mensajes. La tarea de for mar consumidores críticos comienz a,
mediante pro yectos peda gógicos, en las aulas de los más pequeños ( López, 2000: 37)
porque “muchos niños de países ricos, no sabe n recibir un no por respuesta”. En
numerosas ocasiones el primer “no” que escucha es e n la escuela. En muchos casos
esto sucede por primera vez cuando se incorporan al ámbito escolar.
A partir de Educación Pr imaria son consumidor es que se encuentran en un nivel mu y
básico de su p roceso de formación y, por lo mismo, mu y frágiles al bombar deo
consumista. En muchas ocasiones, el producto deja de serlo y se convierte en
símbolo, y el g rupo favorece el deseo de poseer la m arca más famosa, el objeto más
caro y cualquier bien que sea “lo último” (Álvarez, 2000: 40).
Finalmente, los alumnos de Educación S ecundaria tratan de entender el mundo con
nuevos esquemas, pe ro a ctúan sobre m odelos y patron es de conducta
fundamentalmente fami liar. En una etapa educativa, tan compartim entada en
disciplinas, es pos ible encontrar espacios de ref le xi ón e intercambio en los que poder
hablar sob re aspectos de la vid a real. Tal y com o advier te Larrieta (2000: 44) ,
profesor de Se cundaria en Bilbao, los alumnos ponen toda su atención cuando se
abordan los secretos del mundo de la publicidad, el marketing , el mer chandisi ng , los
fraudes y los procesos de reclamación, los derechos como consumidores y el modo
de ejercerlos, la t rastienda de los mass media , el sinsentido de l as m arca s, l as rebajas
y los descuentos, los sistemas de recaudación del Estado y de los ay unta mientos, la
financiación de l os ser vicios, etc. A su vez, se sorprenden al reflexionar sobr e
aspectos que difícilmente se abordan en un sist ema educativo que transm ite muchos
conocimientos científicos y mu y pocos sobre aspectos esenciales de la sociedad.
En definiti va, la educac i ón del consumidor es una nece sidad y un excelente pretex to
para fortalecer e l aula y para hacer más divertido el aprendizaje. Nuestro alumnado
debe ap render que la r ealidad no es casi nunca como la ficción publicitaria y que
cada paso en nuestras vid as viene acompañado de esfuerz os, de retos por superar y
por intentar hacer siempre lo posible (Álvarez, 2000: 35).
132
3.3.- Apuntes sobr e el debate de la trans versalidad
El concepto de transversalid ad y , sobre todo, l a aplicación de los denomi nados
contenidos transver s ales ha suscitado, a menudo, larg os debates y e ncontradas
opiniones entre los teóricos de la e duc ación y los diseñadores de las políticas
educativas, por un l ado, y po r una buena p arte del pr of esorado encarg ado de su
aplicación en el aula, por otro.
En este a partado se realiza un breve re paso de la bibl iogra fía sobre una materia que
siempre suscita interés. Los contenidos transversales aportados por la
LOGSE
, como
una de sus principales n ovedades, son recibidos con esperanza de camb io por lo s
innovadores y como aumento de la materia para los discipl inarios .
a) Alrededor del concepto de transversalidad
Ante estas di ferentes po sturas, los contenidos tr ansversales permiten construir una
nueva escuela, adaptada a l a realidad cotidiana del alumnado, y facilitan la
consecución de aprendizajes signif icativos y fun cionales. De algún m odo, posibilitan
que el alumno sea un adecuado “ analista” d e su ent orno y subra yan la importancia d e
los contenidos actitu dinales sobre los de dimens ión c onceptual, sin suponer un
aumento de la materia. Con la transversalidad la e scuela abr e las puertas a cuestiones
sociales, compromete a l os alumnos desde enfoq ues interdisciplinares que permiten
su participación y una dimensión global de ver el mundo desde perspec tivas morales
y éti cas (Alcalá del Olmo , 2003).
En este s entido, los contenidos transversales s on u n resquicio qu e deja el sistema po r
el cual se puede crear una escuela nueva y recuperan el discurso renovador. Muestran
la ca ra o culta de un mundo que ex ige un con cepto diferente de ciudadanía, un nuevo
humanismo que, bas ado en nu evos derechos humanos y planetarios como
declaración de una nu eva I lust ración, ha cen posibl e la supervivencia de la
humanidad y del pl aneta (Yus, 1997: 301). “No se creía mucho en ell os pero su
fuerza ha calado donde existen grupos que contemplan otro modelo de educ ar y u n
sentido m ás avanzado de la educación” (o.c., 13 ). Su incorporación s e produce d e
manera tímida en la Reforma auspiciada por la
LOGSE
, en 1990, por el impulso de
los Mo vimiento de Renovación Pedagógica. No obstante, cor ren el pelig ro de
quedarse en la epidermi s del sistema educativo y cumplir únicamente un papel
decorativo en la estructura dis ciplinar de l os centros educativos, sin valor educativo y
crítico.
Su inclusión obligatoria en las diversas á reas del currículum de Educación I n fantil,
Primaria y Sec und aria, en todas la le y es educativas a partir d e la
LOGSE
, “pre t ende
paliar al gunas necesidades sociales que hemos hereda do d e la cultura tra dicional y
tratar de transformarlos a través de un a educación en valores” (Sáenz -López, 2006),
aunque su incorporación al proceso de enseñanza y aprendiz aje ha planteado muchas
lagunas.
133
b) Dificul tades para su aplicación
Sin embargo, el éxit o de la puesta en marcha de las enseñanzas t ransversales exige
que el profesorado aband one l a t ransmisión tradicional de los sab eres de su
especialidad y a suma e l reto de sele ccionar los te mas relev antes qu e pr eocupan a la
sociedad, que adopte m etodologías d e investigación-acción y formas de traba jo
cooperativo ( Alcalá d el Olmo, 2003). Asimi smo, requiere que el p rofesorado
entienda que “también se puede enseñar a leer y a escribi r partiendo d e este tipo de
contenidos” ( Fernández Batanero, 2000: 335), y l a impl icación de los padres a la
tarea educativa.
Como señala C elorio (1996: 31-36), l a t ransversalidad significa un cambio de
orientación hac ia una educación global, c rític a y eman cipadora. En el ámbito
sociocultural permite que alumnos y profesores se s itúen en terrenos educativos con
capacidad de actuar e influir en él de forma c onsciente y crít ica. La transversalidad,
entendida así, contiene u n fuerte caráct er crítico e innovador. Si n embargo, este auto r
apunta algunos asp ectos que han lim itado su éxit o en la práctica escolar: la
ambigüedad en la definic ión de la transversalidad en la
LOGSE
, la contradicción entre
líneas transversa les y áreas, y l a falta de recursos y f orma ción adec uad a del
profesorado. Todo ello ha propiciado su reducción a m omentos puntuales (día de la
paz, del c onsumi dor, del ár bol, etc.) o, en el mejor de los ca sos, en la enseñanza de
asignatura optativas y de tiempos educativos complementarios (activi dades de
estudio o tuto rías). Esta falta de visión de conjunto de la transversalidad h a generado
que, en ocasiones, el p r ofesorado se interro gue sobre la posibilidad de t rabajar un
contenido transversal distinto en cada curso escola r (Lucini, 1994:10).
En g en eral, aunque no hay discusión sobre la importancia del estudio de los
contenidos transversales, sí ex iste cierta controversia en su planificación (
VVAA
,
2000: 10), se constata el desconcierto del profesora do que los percibe como un
“añadido” que impide i mpartir toda la mate ria del l ibro. En realidad, c omo exp resa
Luc ini ( 1994: 29), son m aterias q ue hacen refere n cia a la realidad y a los problemas
sociales, recogen conten idos relativos a valores y actitudes, y no constituyen un a
“carga” artificial.
Otra cuesti ón a tener en cuenta es que continúan algunos de los errores de nunciados
en los primeros años de implantación de la Reform a de la
LOGSE
. En primer lugar, la
ausencia de una vi sión integrada d e los aprendi zajes; el profesorado formula
proyectos cu rriculares s obre cont enidos de las áreas y , sólo despu és, s e pregunta
dónde y cómo incorporar los contenidos tr ansversales. El se gundo error o desenfoque
consiste en contemplar la transversalidad como un conjunto de materias i nconexas
que la ley obl iga a incorporar en las programaciones susceptibles de ser revisadas por
el Servicio de Inspección.
134
Pese a t odo, gran p arte del profesorado entiende que para favorecer una educación
más global en un mun do plural es necesario integ r ar conocimientos nuevos y
presentar enfoques que t engan en cuenta los prob lemas, preocupaciones de la vida
cotidiana, las necesidad es e i ntereses del moment o. De este m odo, las di sciplinas
pasan a ser unos r ecursos y las materias unos ins trumentos para desarrollar las
capacidades de p ensar, manejarse y mejor ar nuestro mundo ( L lopis, 2000: 1 51). Sin
embargo, “ninguna R efo rma educativa ha logrado deshacerse del viejo ropaje de las
inercias instit ucionales escolásticas […] l os contenidos se articulan en torno a las
disciplinas académicas tradicionales, con gran énfasis en los elementos propios de la
epistemología, y lejos de los int ereses del mundo q ue viven l os estudiantes” (o.c., 10).
Durante mu cho tiempo la imit ación fami liar h a sido suficient e para a prender y
mantener valores y há b itos estrecha mente relacionados c on el consumo, con la
nutrición, la higiene, la salud, l as formas de o cio e, incluso, l a participació n política y
ciudadana. En la actuali dad, se ha diluido la responsabilidad de quienes tienen que
transmitir normas de conducta, que en muchas ocasiones el alumnado observa como
actos de represión trasno chados, cuando, en realidad “las normas de conducta son el
fundamento mis mo de la vida social” (Subirats, 1 999: 176). R eiterada men te, aunque
el sistema e du cativo r ecibe las críticas de los contratiempos pr ovo cados por los
jóvenes “mal edu cados”, está más preocupado por los contenidos i mpuestos por el
currículum oficial que por el discurso de los val ores y por enseñar a aprobar más
que a v ivir en una sociedad cambiante. Esto se observa en las dificultades del
colectivo docente, “ acostumbrado a ser tutelado” (o.c., 180) por incorporar los
saberes tr ansversales en las programaciones habitualmente con carácter secundario
frente a l as mat erias in strumentales, de ahí la importancia de recup erar el concepto
integral de la educación.
Quizás lo ideal sería con seguir la “transversalización” de los transversales que, como
auténticos principios vertebradores, se integraran en t odas l as di sciplinas mediante el
trabajo docente por proy e ctos
64
. Como afirma Álvarez (1994), “los conceptos de
exclusivo aprendizaje memorísti co y la profesiona liz ación (entendida como yo lo que
tengo que hacer es enseñar matemáticas, que los eduque su padre , con perdón) ha
imposibilitado, en la prác tica, la educación en valores, excepto profesores que
siempre han intentado y seguirán intentando en cualquier circunstancia enseñar
matemáticas dentro d e un pro y ecto conjunto con otros compañe ros pr eocupados por
otra forma de educar”.
El antiguo debate de l a transversalidad continúa a bierto y sin resolver como m uestran
algunas de las conclusiones de la tesis doctor al de Ana María Rubi o sobre la
educación del consumi dor en los centros de P rimaria de Galicia. En la mism a se
señala que la educación del consumi dor, a pesar de suscitar interés entre los docentes,
no se aborda con verdadera dimensión t ransversa l, su i nclusión en los libr os de tex to
es cuestionable y sufre un destacado retroceso en l as actividades de formación
permanente del profesorado (Rubio, 2005: 45).
64
El trabajo a tra vés d e proy ect os es la técnica didác tica más completa y la que ofrece m á s opciones
de incorporar otras materias transversales y disciplina s. Esto su po ne p rogramar to das las activ ida des
en torno a un contenid o a mplio q ue permite un al to nivel d e innovación.
135
Otro tema, no menos importante, es que la
LOE
, por citar l a norma m ás reciente,
reduce en su articulado la clara pr esencia que sobre la transversalidad en materia de
consumo se reco ge en la
LOGSE
. En el artículo 21.1 se señala la incorporación d el
tratamiento t ransversal e n las áreas, materias o módulos de la educación en valores y
otras enseñanzas incorp oradas en el P royecto educativo. Únicamente se cita la
palabra consumo en un a oc asión. El artículo 23 especifica como objet ivos de la
Educación Secundaria O bligatoria, entre otros, el conocimiento y valora ción crítica
de lo s hábitos sociales relacionados con la salud, el consumo, el cuidado de los sere s
vivos y el medio ambient e. Ig u almente, se sub raya en el a rtículo 2.1.k. que uno de
los fines de esta Ley es la preparación para el e jercicio de la ciud adanía y p ara la
participación activa en la vida económica, soci al y cultural, con actitud crítica y
responsable y con ca pacidad de adaptación a las situaciones cambiantes de la
sociedad del conocimiento.
136
En los ú ltimos a ños se manifiesta la figu ra de un joven consumidor que actúa
sobre nu evos valores próximos a la solidaridad, con un nuevo mod elo de
familias flexibles y as imétricas, y sensibili zado por el discurso de la
sostenibilid ad, el multiculturalismo y la acept ación de la diferenciación sexual.
Sin embargo, es cada v ez más i ndividual ista, vulnerable y b usca la satisfacción
inmediata de cualquier deseo o a la diversión a toda costa. Ante esto, una parte
de la sociedad demanda el rescate de los valores p ositivos de siempre.
En general, cuentan con grandes virtudes pero cons tituyen el sector de la
población e n el q ue la sociedad de mercado más ha atrapado en sus redes
consumistas. S e ca racterizan p or su insatisfacción con el sistema social y
económico pero disp onen d e casi todo ¿P ara q ué se r ambici osos? En
consecuencia, disf rutan de u na inmadurez duradera y d e u n in fantilism o qu e
provoca baja autoestim a, pocas hab ilidad es sociales y escasa com pr ensión
crítica de la realidad.
Desde este p lanteamiento, la edu cación de los consumidores s e contempla en su
doble dime ns ión de dere cho y de necesidad para entender, ac tuar y ofrecer
soluciones críticas a los probl em as cotidianos en un nuevo contexto social
complejo. Sobre estas bases, aunque la situación no es del todo esperanzadora,
el si stem a educativo t endrá que plantearse la estructura, el contenido y la
modalidad de la in stitución escolar, y tam bién el profesorado y las familias su
cuota de responsabili dad.
También es i mportante señalar q ue, aunqu e los contenidos transversales son un
resquicio que deja el sistem a por el cual se p uede re cuperar e l discurso
renovador, corren el p eligro d e qu edarse en la ep iderm is del mismo si n valor
educativo y crítico. Ello se comprueba porque despu és de varias reform as cada
vez tienen menor pres encia en el a rticulado de las leyes pub licadas, su defin ición
es ambigua, el profesorado l os percibe como u n “añad ido” que impide i mpartir
toda la materia del libro, y es palpabl e la falta de re cursos y formación
adecuada del profesorado. E l an tiguo debate de la transversalidad continúa
abierto y sin resolver.
137
4.- La educación del consumidor en el contexto de un mundo
globalizado
4.1.- El concept o de responsabilidad en una sociedad c ambiante
Como se ha ex presado anteriormente, no es hasta el 15 de marzo de 1983, más de
veinte años después del conocido discurso de Ke nned y, cuando se celebra por
primera vez Día Mundi al del Consumi dor sobre la i dea de que sólo un consumo
responsable es el buen camino. En 1985 la Asamblea General de la
ONU
eleva los
derechos fundamentales de los consumi dores a una posición de reconocimiento y
legitimidad int ernac ional , y a los consumidores como los máxim os protagonistas del
nuevo tiempo.
Esta decisión y l a c elebración d e la fiesta d e lo s consumi dores coin ciden con l os
últimos mom entos en los que el trabajo se considera como u na experiencia
enriquecedora y c omo un sím bolo de integ ración s ocial. En l a actualidad ya no
cuenta tanto tener emple o como la posibilidad de disponer de dinero par a cumpli r
con la obl igación de ser consumidor, pues la integración y el éx ito vienen
determinados por l a capacidad para consumi r y el deseo de h acerlo pe rmanentemente.
Los tr abajadores h an sido sustituidos por los consumidores en una sociedad que
reemplaza la ética del trabajo por la estética d el consumo, por la satisf acción de
necesidades inducidas sobre las reales, con las lógicas consecuencias para el
deterioro ambiental, y es, entonces, cuando sur gen conceptos como calidad de vida y
consumo responsable (Postelnak, 2005).
Algunos autores van más allá al referirse a l a so ciedad ultramoderna co mo aquella
hacia la que transita la llamada sociedad po stmodernista y en la que se recuperan
“valores y conduct as perdidas, b asados en la ética, l ealtad, solidaridad,
responsabilidad y compromiso social” (Bue no, 2004). O, como expresa Iglesias
65
(2005), hablar de la sociedad de consumo es sólo una simplificac ión ex cluye nte
porque d eja fuera de ell a a una p arte de l a m ism a y lo m ás im portante es lo qu e
oculta la definición, lo que no d ice. Ant e estas dif erentes posturas, el Presi dente de l a
Comunidad Autónoma de Aragón s eñala que l o que nos diferencia no es el hecho d e
consumir, s ino consumir de fo rma human a y ello i mplica l a ne cesidad d e construir
un p ro y ecto para el cons umo porque “c on las a ctuales formas de consumo corremos
el riesgo de deshumanizarnos más que humanizarnos ”.
65
Intervenció n de l P reside nte de la Co munidad Autóno ma de Aragó n e n el A cto d e Clausura d e la XIª
edición del Congreso T ranspirenaico de Consumo sobre “el uso rac ional d e la energía: un reto so cial”.
Centro Cult ural del M atadero (Huesca), 11 de noviembre de 200 5.
138
Todo indica que estamos en proceso de vivir el inicio de un cambio de época
histórica. La génesis de la era del informacionalismo está asociada a tres
revoluciones: la soc ioc ultural, la tecnológ i ca y l a económica, que suponen la
transformación del si stema de ideas, de t écnicas y de l a vi da ins titucion al. Las tr es
señalan nuevas bases d e la civilización occidental con influencia directa en los
movimientos s ocioculturales y en los v alores de la sociedad industrial de consumo.
En ésta, el m undo se contempla como un mercado sin sociedades donde las
relaciones comerciales oprimen a las relaciones sociales porque n ada imp orta aquello
que ca rezca d e valor económico ( De S ouza, 2001). En este co ntexto de
centralización del dinero se producen y distinguen alg unas contradicciones como las
siguientes: el mundo es como un m ercado con consumidores pero sin ciudadanos y
en el que se sustitu ye n los fines por los medios, el sector público es acus ado de no
ser rentable frente al privado conside rado innovador , el individualis mo c onvive con
la solidaridad puntu al, la exclusión s ocial frente al crecimiento económico constante
y el gobierno supranacio nal sobre el de los Estados.
En este mism o sentido, cabe denun ciar un modelo de sociedad en el que l a ciencia
tiene como objetivo e l l ucro, en la que se tr abaja con los pobre s s in manejar el
fenómeno de la pobreza en un mundo de abundancia mal repartida; una democracia
en la que sólo deciden los que no son elegidos por l os votantes y en l a que se camina
hacia la formación de un pensamiento único y a crítico porque la tecnología convierte
en i gnorantes a muchos seres humanos; en definit iva, un camino paralelo entre el
crec im iento económico y la ex clusión social. Por todas estas razones, “la sociedad
civil debe or ganizarse p ara const ruir más espa cios públicos para la práct ica de la
democracia participativa” (De Souz a, 2001) y p romover un m odelo educativo que
observe, entre otros, el d erecho a la diferencia, la educación para la conservación del
medio ambiente, la educación política de l os ciudadanos para la democ racia y par a la
responsabilidad. Para todo ello se necesita una revisión de la función del profesorado
(I mb ermón, 1999: 67).
También ha y que mencionar que cuando se definen los contenidos que co mponen el
denominado consumo re sponsable , habitualmente s e hace r eferencia a dos aspectos
fundamentales: el re ferente ético, que propone la consideración sociolaboral de los
trabajadores que fabrica n los pr oductos, y el ecológico con un consumo de todo
aquello que no det eriore el medio ambiente ( residuos , contaminación, agotamiento
de rec ursos y a menaza de cambio climático). En esta investig ación se considera
oportuno ampliar el concepto de educación para l a responsab ilidad en el consumo
con algunos otros enfoques como la participac i ón y ciudadaní a, la austeridad para
vivir de otro modo y ca mbiar el estilo de vida, la sociedad del conocimiento y las
emociones en un nuevo contexto cult ural, porque se entiende deter min an la era de la
globalización y, además, acrecientan las posibil idades de análisis más allá de lo
ambiental, lo económico y lo social int rínsecamente unid os desde el co ncepto de
sostenibilidad (Pérez de las Heras, 2002: 180).
145
De la le ct u ra de lo s ant er io r es pá rr af os s e en t i en de qu e e s p re ci so ed u ca r al
co ns u m ido r p ar a n o s er ú n ic am en t e r ece pt o r p as iv o d e m en sa j es , p ar a s aber rea l iz ar
an ál i si s co mp a rat i vo s de la in f or m aci ón dis pon i b le en l a red y p ara ap re nd er a
“n av ega r ” p o r el c ib e res pa ci o co mo al gun o s de lo s ret os má s i mp o rtan t es qu e
de be rá n asu m i r l o s p r ogr am as de edu ca ci ó n del c on s u mi do r en est e nuev o mil en i o
de nt r o y f ue r a d el m a rc o es c ol ar (G arc í a, 2 0 01 ) .
Con todo, la cultura audiovisual, especialmente la de la televisión, es la forma
dominante de comunicac ión ya que s u tecn ología permite más opciones de
manipulación y control social. Para la cultura im presa en los libros, al co ntrario que
la visual a l alcance de to dos, se necesitan ciertas habilidades técnicas y crít icas que
permiten más tiempo para la reflexión sobre lo escrito durante la lectura. Además, l a
producción en el cine, la radio y en la t elevisión especialmente, t ambién d e la prensa
escrita, está controlada p or los int ereses d e la clase dominante que, d e ningún modo,
permiten su democratización. L a influ encia de sus mensajes es enorme pu es llegan a
la m ayor parte de los hogares con más de un televisor de m edia. En consecuencia , se
observa un contex to de cultura audiovis ual, que amenaza la autorrefle xi ón y el
pensamiento crítico, para el que es necesaria una adecuada alfabetización por la que
se aprenda a leer críticamente los mensajes (Giroux , 1997: 127).
Sin embargo, aunqu e e l libro de texto se cons titu ye en el princip al recurso d el
sistema educativo, se observa su par cialidad en el trato de diver sos temas
fundamentales. Así se demuestra e n e l estudio “ Libros de texto para r ematar e l
planeta”, elaborado por Ecologistas en acción (2005), al demostrar que e n l a ma y or
parte de las sesenta pu blicaciones de divers as editoriales analiz adas se hu y e d e
plantear probl emas de l a vida cotidiana y d el pl aneta, se exalta el val or de la
tecnología para so lucionar todas las situaciones, se obvia a la mujer, se presenta un a
historia del pode r y de los Estados, se i gnora a otras cultur as y todo se supedita al
mercado y a la economía. En realidad, “no podem os trabajar los v alores en la escuela,
sin cuestionar el orden social establec ido, sin analizar las causas complejas que
subyacen en cada uno de estos valore s y conceptos, aunque no es una lab or fácil e n
una sociedad basada en el consumismo i rresponsable” ( Llorente, 2005).
De cu alquier m anera, una aproximación a los m edios audiovisuales como materia d e
estudio comportará, en todo mom ento, el conoc i miento básico d e los l enguajes de la
radio, televisión, cine, publicidad, música, cómic y otros como l os videoj uegos y los
videoclip (Sedeño, 2002) . Y a su vez, educar p ara el lenguaje icóni co, sonoro y
lingüístico de los medio s de comunica ción, y a ún más para sobrevivir cuando s e
estropean l a televisi ón u otros a pa ratos tecnológicos ( Ar enas, 1996: 82 ). Para su
práctica es necesario que esta materia forme parte de la estructura troncal del
currículum en todas las especialidades de forma ción universitaria del pr ofesorado,
con el fin de que todos los alumnos salgan con la capacitación adecuada para educa r
con lo audiovisual y en lo audiovisual (Ferrés, 1989).
El interés por esta materia se comprueba en La Declaración de Ma drid
67
sobre
Educación y Medios de Comunicación, de 9 f ebrero de 200 5, d enominad a L a Bahí a
de los C inco Vientos . La misma propone acciones concretas pa ra l a al fabetización
67
http://www.dec laracionde ma drid .org/index.htm
146
mediática de la humanidad como uno de los grandes retos actuales de la s ociedad. A
partir de aquí, tras re conocer que la br echa digital nos dist ancia e incomunica,
representantes d e e ntida des, i nstituciones y or ganizaciones sociales, de asociaciones
de padres, consumidores, doce ntes y ex pertos del á mbito de la comunicac ión, y
ciudadanos en general, manifiestan su preocupación por la invol ución que en los
últimos años se ha producido en el desarrollo de la educación m ediática
(alfabetización mediática).
Igualmente, denuncian que “sin una e ducación adecuada en el uso de l os medios de
comunicación y de las tecnologías de la inform ación corremos el ri es go real de que
se produzca una quiebra fa mil iar, una ruptura social entre info-ricos e info-pobr es y
el deter ioro del sistema de mocrático”. Por todas e stas razones, coincidentes en gran
medida con lo ex puesto en este apartado dedicado a la cultura audiovisual, realizan
algunas peticiones concretas que se resumen en la s siguientes:
1. El cumplimiento de la legislación n acional e internacional
68
en m ateria de
comunicación.
2. L a creación de un Consejo del Audiovis ual, de ámbito estatal, independiente,
de composición plural, que proteja particularmente a la infancia.
3. El diseño de un plan de educación global en comunicación.
4. La inclusión de esta materia en los programas e scolares.
5. La potenciación por parte de los gobiernos de u na política de comunicación y
el diseño de programaciones específicas para la infancia.
c) Educar para lo ecológico, para consu mir menos
En este apartado se aborda la im portancia de la educación “ecológica” de l os
escolares y se in cide e n la austeridad como fo rma adecuada de compromis o con un
medio natural más sostenible y una m ejor calidad de vida.
Sostiene Federico Velá sq uez
69
que un consumidor responsable es aqu el que elige los
productos más respetuos os, justos y sostenible s, que intenta vivir con el menor
impacto hacia el medio natural posible y reduce sus niveles de cons umo a la
satisfacción de necesidades reales (Fernández, 2 006). Pero la formación aumenta el
número de personas sen sibilizadas. Se ha analizado la influencia de una adecuada
formación en el proce so de cambio hacia el comportamiento ecológico. L a
preocupación y e l conocimiento de cuestiones conc ret as por asuntos ambientale s
conducen al consumid or a concienciarse y formar sus propias act itudes. A
continuación amplía su infor mación y busca alternativas de solución, aunque,
habitualmente, el c ambio hacia c omportamientos ecológicos se p roduce lentamente.
Según esto, las per sonas prefieren avanzar poco a poco, de modo que un consumidor
que comienz a a adquirir i nformación sobre temas ambi entales está más pr edispuesto
a reciclar en su ho gar o a comprar productos reciclables. Igualmente, las
68
Directiva co munitaria d e la T elevisión sin Fro nteras de 198 9 y actual izada por la Co misión Europea
el 13 de diciembre de 200 5, IP/05 /1573.
69
Docto r en Ciencias y profeso r de Ciencias Ambientales, dirige el Ce ntro de Ed ucación Am bie ntal
de Gr anada.
147
investigaciones apuntan que, junto al ni vel d e educación, otras cuest iones que
caracterizan el modelo de consumi dor ecológico con comportamiento resp etuoso con
el medio ambiente son una menor edad, un ma yor nivel de ingresos y una ideología
progresista (Aguirre, Aldámiz-Echevarría, Charter ina y Vicente, 2003: 2 y s s.).
En cohe r encia con estos planteamientos, el m odelo de consumo s ostenible, que “no
es únicamente un tema ambiental, sino algo que promueve un nivel de vida digno
para todos los sere s humanos” (Barrenechea, 2005), s e encuentra en continuo estado
de cambio, pero contempla algunos elementos básicos que s on retos al mismo ti empo:
los daños provocados po r la deforestación y en el ec osist ema afectan nues tra salud y
la del planeta. Con ello se hipot eca su habitabilidad y el futuro de l as próx imas
generaciones y, a la par, s e produce un enorme desequilibrio en las posi bilidades de
consumir, sobre todo alimentos, en ampl ias zonas de la Tierra. Por eso consumir
menos y m ás r acionalmente debe s er un elemento integral del desar rollo sostenible
porque cada dí a desaparecen esp ecies de animal es y vegetales, y po rque el cambio
climático es una crón ica anunciada. Cons iderados todos estos aspectos, es
esperanzador comprob ar como va en aumento l a existencia de grupos d e personas,
como el denominado The Compact
70
, que se unen a travé s de foros de dis cusi ón e n
Internet par a interc ambia rse o venderse productos usados con el objetivo de reducir
el consumo de recursos del planeta y adoptar modelos de vida menos dependie ntes
del dinero (Dumay, 2007).
Por otra parte, aunque plantear la transformación de nuestro mundo ex clusivamente
desde el c onsumo pued e s er irreal, sí es cierto que repr esenta un a esfera que
condiciona el resto de p osibles cambios. En relación con esto, P orro (2007: 29-31)
analiza la dimensión transformadora del consumo en la revista Opcions , que edita el
CRIC
71
, y sostiene que no se trata ta nto de cambiar e l mundo a par tir del consumo,
sino de impedir que el consumo siga transformando nuestro contexto vital. Para ello
es necesario lo que deno mina consumo consciente como concepto que proclama una
transformación cultural desde una actitud activa y colectiva, lejana al indi vidualismo
imperante en la a ctualid ad, como único modo de contrarrestar el papel de las
estructuras so cioeconómi cas. Al respecto, señ ala las limi taciones que imponen l as
estructuras sociales, económicas y c ulturales tendentes siempre al
automantenimiento para perpetuar su poder del universo globalizado.
En este sentido, se trat a de destapar l a debilidad del consumo mediante la reducción
del mismo: ¡consumir menos, en vez de más! y para ello son i mprescindibles la
reflexión, el conocimiento, la educación, la construcción de alternativas y u na acción
cooperadora que reste el actual p rotagonismo del consumo en nu estro m undo. No
obstante, subra y a que p ara cambiar el m undo, junto a l a vía del consumo c onsciente,
urge la d e ot ros movim ientos reivindicativos y lí neas de pensamiento en la acción
colectiva que persi gue la transformación: “el decrecimiento, la agroecología, l a
soberanía alimentari a, la relocalización de las economías, la just icia en e l comercio
70
Constituido e n Sa n Francisco (Estad os Unidos) por más de tr es m il p ersonas (técn icos, d ocentes,
estudiantes, etc. ) en Yahoo .
71
El Centre de Recerca i In formació en Con sum (Ce ntro de I nvestigación e In formació n e n Co nsu m o ,
CRIC) es una asociac ión c iudad ana sin ánimo de lucro q ue nace en 1 996 y tiene su sed e en B arcelo na.
Desde enero de 2003 p ublica la revista Opcio ns .
148
global y el local, la protección y desarrollo de los servicios públicos, la r egulación de
empresas y mercados, la democr a cia participativa, la renta básica, la poten ciación d e
la c ultura libre, la re du cción de l a jornada l aboral, las políticas en d efensa del
territorio, etc.” (o.c., 33).
Por todos estos argumentos es imprescindible que los alumnos conoz can que por una
desigual distribución de los alimentos suf ren de snutrición más de oc hocientos
millones de personas actualmente, mi entras que mill ones de toneladas de alimentos
se inciner an p ara mantener precios elev ados e n el mercado internacional de l a
minoría que puede adquirirlos. Tal y como advierte Díez ( Consum er.es , 2004), no
hay futuro sin la responsabilidad de los actos de c ada uno y el problema se resolvería
si todos fuéramos per sonas plenamente solidarias ant e el medio ambiente,
“empezando por cada ind ividuo en su respectivo h ogar, tenemos mucho qu e aprender
y h acer”.
En realidad, se pued e decir que educar pa ra un consumo moderado y r esponsable no
es una utopía, es impres cindible ya que en un siglo hemos consum ido má s recursos
naturales que toda la humanidad a lo largo de la historia, con la consiguiente hipoteca
para las siguientes generaciones. Es forzoso, porque el deterioro medioambiental y
los residuos im piden que el resto del mundo pueda consumir para sobrevivir. Es
indispensable, porqu e pa ra mantener el sistema productivo no es preciso consumi r
cada vez m ás si no facili tar que otros pu edan h acerlo, abrir el mercado pl anetario y
cambiar el modelo hacia el prota gonismo de las necesidades primarias (sanidad,
educación, cultura, alimentación equilibrada, et c.). Es obligatorio, porqu e, de este
modo, se romperán las asociaciones “más consumo – m ás felicidad” y “ tener más
que ser” que no h an logrado, por ello, que s eamos más felices. Más bien lo contrario.
Es la propuesta de un orden cívico que permita romper el círculo vicioso del
consumismo omnipresente y se imponga en nuestras vidas la austerida d, que n o
pobreza (buenos tr ansportes públicos y hospi tales para todos, socied ad s ostenibl e y
pacífica, etc.), y un mín imo de frat ernidad, d e s olidaridad, de interés po r el bien
común, distribución de la riqueza y d e la educación (Papiol y Vin yets: 2003: 10).
Esta reflexión de c arácter general puede concretarse en las funci ones que
corresponden a los actor es del posible ca mbio: l as familias, la s ociedad y la escuela.
Educar p ara la austeridad es una tarea compli cada qu e debe comenzars e en el ámbito
familiar y reconocer que el consumis mo tiene s u i nicio a partir del com portamiento
de lo s padres. Éstos pueden poner los límites razonables desde el principio, pero que
los hijos sepan eleg ir las mejores opciones, anali zar los mecanismos de la so ciedad
de consumo con un sen tido crítico, depende de un conjunto de no rmas para ser
cumplidas que requieren esfuerzos y c ontrol de los impulsos .
Con esta idea d e partida, es i gualmente importante i mplicar a los hijos, o al umnos, en
los modos de compra. La vuelta al colegio, que supone un importante desembolso
económico estimado en una m edia de quinientos euros, es un buen momento para
trabajar con ellos porque puede re baja rse sustancialmente el gasto y, también,
conlleva un considerable coste ambiental. L a i mportancia de poner en valor el
cuidado de las cosas y la responsabilidad de re util ización de materiales que quedaron
en buen estado el curso f rente a la fiebre consumista y a los incesantes mensajes que
incitan a estrenar todo el material en cada curso . Enseñarles a elegir pro ductos de
149
bajo impacto ambiental (papel reciclado frente a papel de fibra virgen, carpetas de
cartón y estuches de tel a frente a materiales p lásticos, elementos reutili zables frente a
la cultura del usar y tirar, etc.) o con c riterios de comercio justo (
ECODE S
, 2006). En
definitiva, “es preciso educar para ser técnicamente habilidosos, pero también para
ser prud entes y sabe r bu scar un a v ida de calidad . Ello exige aprender a ejercitar el
arte de conformarse con lo s uficiente, entre el exces o y el defecto, el arte de optar por
la moderación” (Cortina, 2004).
En cua nto a la formac ió n que debe desarrollar la institución escolar, l a may or parte
de los autores plantean orie ntaciones ped agógicas con fuerte contenido ético que
implica diversas ópticas y una nueva confi guración del currículo académico.
Altarejos, Rodríguez y Fontrodona (2003: 198) apuntan, entre ot ras, las siguientes
acciones:
- Formar p ara el trabajo coop erativo y para “red”.
- Educar en la re spons abilidad.
- Enseñar a apreciar el valor de l as acciones y l ogros individuales y
colectivos.
- Educar para la solidari dad como forma de sup erar el individualismo
imperante. En este aspec to, entienden que “debe reconsiderarse l a prima cía
que se ha d ado al sab er técnico (práctico) so bre el sabe r teorético en
perjuicio de las humani dades y de l a ética en l a formación de alumno s y
profesores” (o.c., 96).
Señalan, igualmente, que el miedo al fra caso se ha convertido hoy en el ma y or
inhibidor de la acción personal y soci al, lo que supone num erosas si tuaciones de
frustración e inseguridad
72
cuando no se consigue el éx ito, como sin ónimo de
obtención de dinero para disponer d e más obj etos, en un a f án de pos esión que
determina el estatus: el m ito del “becerro de oro ”, que ho y representa Bill Gates, más
rico que la mi tad d e tod os los estadounidenses j untos. Finalmente, su gieren que se
impulse l a educación estética (no sól o la artística) como formación para la
sensibilidad de los senti dos y el valor de la moder ación; todas ellas propuestas
pedagógicas destinada s a disfrutar d e una auténtica c alidad de vida a la que la
educación debe contribu ir (o.c., 146 ). P arece, co mo ex presa P ujol (1996: 24), que
“emerge un personaje in gobernable capaz de de fender el planeta Tierra pero incap az
de ser solidario con los demás; preocupado por la defensa de los animales y las
plantas, pero lejos de ver la miseria que envuelve a los demás de la misma e specie”.
Al analizar la austerida d, resultan obli gadas algunas referencia s al m ercado, a la
pobreza y a la clásica cuestión sob re si el dinero ay uda a conseguir la felicidad.
¿Más din ero nos hará más felices? Esta es l a preg unta con la que el Viceministro
Noruego, Hans Olav S yverse n, abre la C onferencia de la Red de la C iudadanía del
Consumidor en marzo de 2004, en P arís. Syversen di jo, en referencia al Informe
sobre el Estado Mundial 2004 , publicado por el W orl d Watch Institute : “S i una
persona es mu y pobre , no cabe la menor duda d e que may o res in gresos puede n
mejorar su vida. Pe ro un a vez que l o esencial está as egurado, el bi enestar no g ua rda
necesariamente correlació n con la abundancia”. Ci ertamente, un consumo abundante,
72
Pr oponen, para contrarre star, la recuper ación de la encratería, que p ara los griegos era el valor del
dominio de sí mismo, co mo co ndición pa ra alcanzar la liber tad.
150
puede p roducir d ecepcionantes beneficios, estr és, pérdida d el control del t iempo y
abandono de l as r elaciones sociales, además de un deterio ro ambiental. Syversen
precisa la n ecesidad de r edefinir prosperidad para hacer hincapié en u na mayor
calidad d e vida más que en una mera acumulación d e mercancías (
NICE-MAIL .
nº 21,
julio, 2004).
No obstante, algunos datos que aporta el Informe 2 006 sobre la coyuntura económica
de la Caixa de Catalunya
73
expresan las contradicciones frecuentes que suceden en el
ámbito del dinero. Primer sinsentido: en el I nform e se afirma que el clim a industrial
empeora pero la construcción, la vivienda co mo ma y or inv ersión y ga sto d e la
mayoría de los consumidores, se muestra mu y dinámica como se aprecia en el
elevado núm ero de licitaciones oficiales. Segundo: cae la confianza empresarial d el
sector minorista y crece la matriculación de automóviles. Tercero: aumentan el paro
(2.171.000 personas) y la afiliación a la Se guridad Social. Cuarto: sube el n úmero de
depósitos bancarios y los fondos de inve rsión de más ries go, al mismo tiem po que el
crédito de las fa mil ias. Tras estos datos se señala, en síntesis , la desconfianza de los
consumidores s obre la evolución de l a economía y su opinión de que “no es e l
momento de compras importantes”.
También es im portante señalar que los resultados de los informes se incumplen
porque la sociedad d e consumo dirig e sus mecanism os de seducción haci a todos, sin
distinción, y su cede entonces el problema del sobreendeudamiento que afecta,
especialmente, a inmigrantes y personas de baja cualificación, casi siempre por un
problema de falta de i nformación y una inadecuada formación ( Álvarez, 2004).
Como enuncia Marcos de C astro en el p rólogo de l a publicación “E scuela del
consumidor” (en Hernando, 1990: 8), el consumo es una área que ha ce referencia a la
economía, la salud y , fundamentalmente, a la cal idad de vida. Se trata, e n el f ondo,
de que l a formac ión esc olar sirva para compren der mejor l o que nos rode a, lo que
ocurre por deb ajo de las m edidas económicas , para s aber j uzgar situaciones y
circunstancias que le tocan a uno y tomar decisiones que nos ha gan más felices.
d) Educar para la sol idaridad
Los Estados, las organiz aciones sociales y los co nsumidores se enfrentan al di lema
de asegurar un equilib rio entre el desarrollo e conómi co, social y l a prot ección del
medio ambiente. Nunca antes ha sid o tan fuerte el sentimiento de solidaridad, pero al
mismo tiempo nunca han sido tan numerosas las ocasiones de divis ión y conflicto
(Delors, 1996: 48). El consumo es un elemento diferenciador. Los indivi duos
consumen en función de sus posibilidades eco nómicas, y los disti ntos modos de
consumir marcan las diferencias sociales (Rocha, 1991: 30).
De l o dicho hasta aquí se deduce que “el consumo constituye uno d e l os pilares
básicos en los que se fundamenta l a activ idad económica de la sociedad
postindustrial” (Gómez, 2003: 11), con la misi ón esencia l de co ntribuir al
73
CAIX A DE CAT ALUNYA (2 006): “La co yuntura en die z minutos. Infor me sob re la coyuntura
econó mica”, nº 1 05, febrero, pp. 141-147 . Barcelo na: Caixa de Catalunya.
151
sostenimiento del ritmo productivo sust entado en el aumento constante del mis mo. El
cambio de perspectiva sobre el anterior modelo - establecido sobre la satisfacción de
las necesidades de las personas – h a a fectado a l c orazón de la estru ctura social y ha
diferenciado a los cons umidores entre quienes g eneran plusvalías (los que tienen
capacidad d e consumo) y los que supon en una carga al sis tema (quie nes car e cen de
dinero). Sin emba rgo, la pobreza d el Sur es la b ase de la riqueza del N orte (Yus,
1997: 45) y ello ha conducido a la e conomía a un callejón s in salida, en una huída
errónea en la que lo esencial es el crecimiento del
PI B
, s in tener presentes los costes
sociales y naturales que l leva consigo.
En esta misma línea, en di ciembre de 2002, la Asamblea Gen eral d e la s Naciones
Unidas adopta la resolución 57/254 relativa al Decenio de las Naciones Unidas de la
Educación para el Desarroll o Sostenible (2005-2014) y desi gna a la
UNESCO
como
órgano responsable de l a promoción del D ecenio. En esenci a, el documento propone
impulsar una educa ción solidaria que contribuya a una correcta percepción d el
estado del mundo, genere ac tit udes y c ompo rtamientos re sponsables, y prepare p ara
lograr un desarrollo culturalmente plural y físicamente sostenible. Se apuntan
medidas educ ativas que, junto a las políticas y tecnológicas, r esultan imprescindibles
para s entar las bases d e un futuro sost enible que pre cisa un mundo responsable:
ayudar a cont emplar las repercusiones ambientales del desarrollo en su globalidad,
comprender que no es sostenible un éx ito que exija el fraca so de ot ros, cambios de
actitudes, concepciones, hábitos y comportamientos de todas las personas en su
contexto laboral, familiar y so cio-político, y un esfuerzo sistemático por inc orporar la
educación para la sosteni bilidad. En definitiva, apre ndiz ajes orientados ha cia la
optimiz ación de l a persona en su dim ensión ind ividual con mayores niveles de
desarrollo moral y de competencia ética (Ho y os y Martínez, 2004: 34).
Un aspecto que pr eocupa es el de la consideraci ón de los ideales o valores de l as
personas. R eiteradamente, éstas s on manipulad as para asegurar la permanencia de un
sistema ba sado en la e x plotación y , e n cierta medida, en la i gnorancia (Remiro,
1997:10). Somos in sensibles al sufrimiento a je no. Como escribe e l Padre Alex
Za not elli, el 23 de ju nio de 199 0, desde las chabol as del Korogocho: “Ho y la escuela
es mejor. Puedo demostrar, con los libros de texto en la mano, qu e ni nguno de ellos
defiende a M ussolini o a Hitler. Pero pr ecisamente po r eso es aún m ás vil, porque
oculta a los much achos que ho y la guerra se desar rolla en otro plano: el económi co”
(Zanotelli, 1998: 17). Se gún estas v aloraciones, l a globalización se orient a ha cia el
ideal de una ciudadanía cosmopolita e n la que todos se sienten c ómodos y bien
tratados como ciudadanos, pero para alcanzar esas metas es indis pensable educar en
el cosmopolitismo sobre tres coordenadas: “el conocimiento para estar bi en
informados y la transmis ión de habilidades para la toma de decisiones; la prudencia
necesaria para llev ar a d elante una vida de cali dad; y la sabidurí a mor al con un
profundo sentido reflexivo de la justicia y de la solidaridad” (Cortina, 2004) .
Por su parte, Tho re s en (2 00 1 ) su b ra ya q ue la rel a ci ó n en tr e el estilo de vi d a
oc ci d en ta l y l a su pe rv i v e nc ia d e l o s dem á s sere s hu m an os de ot ras l at i t ude s
co ns t i tu ye u n t em a ce nt r al d e la e du ca ci ó n d el co ns um id o r. E nt ien d e qu e
ref l ex ion ar en la es cu el a s o br e un a j us t a di s t ribu ci ó n d e lo s r ec ur s os mun d ia l es y
so b re l o s mo do s é ti co s d e l a coo p er ac ió n e s l a b as e de u n d es a rro l l o sos te n ib l e y
res p o ns ab l e. También, p ara una e ducación solida ria, se apuntan nuevas funciones y
152
nuevos retos para el p rofesorado. Ho yos y M artí nez (2004: 43) proponen , para las
nuevas generaciones de c iudadanos, un modelo de ap rendizaje ético que defiende la
naturaleza constru ctiva de la person a y q ue es precisamente en u n contexto
pedagógico y so cial don de tiene sentido. Un aprendiz aje ético, a pa rtir de contenidos
transversales, que incor pora el cultivo de la autonomía personal, el r espeto a l a
diferencia y el desarrollo de la habilidad dialógica , principalmente desde l as posibles
respuestas a los retos del presente.
En definiti va, necesitamos una escuela con otra forma de contemplar la cult ura, más
abierta, con relaciones más flexi bles y democráticas. “Una es cuela que se
comprometa con los problemas reales de su entrono inmediato y an alice nuestro
papel en l os problemas globales y reales d e todos” (Yus, 1997: 302). U na escuel a
integradora qu e no exclu y e a nadie por razones económicas, políticas o educativas
“¿Qué ut ilidad puede n tener las bibliotecas virt uales par a los qu e no saben leer,
carecen de teléfono o de acceso a la ener gía eléctrica? ” (Gimeno, 2001: 73). También
para eso e s imperioso e ducar y facilitar medios a todos desde una concepción
solidaria en u n mu n d o c ar ga do d e co n tr as t es y do n de se ha ce r ea li d ad u n a fr as e
ex t e rmi n ad or a: “ nu n ca tan p oc os f u ero n ca pa ce s d e c on t ro l ar a t a nt os ”, c om o se
in d i ca en l os d at os a po r tad o s p or l os or gan i s mo s i n te rn ac i on al e s (Ál v ar ez , 2 00 4 ).
e) Educar para las emociones en un nuevo contexto cultural
La historia del consumo es como la película de un campo de batalla, en el q ue existen
intercambios, desen cuentros, dinero, deseos, emo ciones, insatisfacc ión, ex clusión, y,
sobre todo, dos bandos que m iden sus fuerzas: “el que vende y el que compra. Y
alrededor de ellos gira el mundo, l a economía” (Huete, 2005). En la t radicional l ucha
entre productores y con sumidores se ha i nterpuesto el vendedor d e qui meras. Al
analizar el último tercio del siglo
XX
y los inicios del
XXI
se comprueba el triunfo de
la comunicación, de la imagen, del nacimiento d e la basura y d e los realit y show , del
imperio de lo efímero y de la realidad virtu al. “Ya no se vend en productos: se venden
ilusiones; las sensaciones no ti enen fronteras” (Álvare z , 2000: 34).
De i gua l maner a, el ho mbre a ctual manifiesta un comportamiento de i nfantilism o
perpetuo, un perman ente desen canto y d esasosiego. “El consumo es la emoción
extrema, la emoción d e emoc iones” (Gil, 2004: 192) que si rve pa ra mantener e l
engranaje económico y , sobre todo, el social. El homo emotionalis se siente vivo y
feliz en el consumo porque éste es la emoción.
Con todo ello, una de sus consecuencias es la peren ne necesidad de compra r y pasear
por lugar es llenos de escaparates abarrotados de m ercancías en el po co tiempo
disponible. De sentir qu e siempre es Navid ad (C obos, 2006). En oc asiones, incluso
se m anifiesta nerviosism o en los consumidores cuando los establ ecimientos
comerciales permanecen cerrados. Es la nu eva forma de consumo cultural para la que
es preciso formar.
153
En el pasado los padres educaban para el ahorro y par a la escasez. En la a ctualidad
son may o ría l os padres q ue consideran im portante preparar a los hijos para consumir
desde la abundancia e impedir posibles si tuaciones de inadaptación a u na sociedad
que se asume con todas sus consecuencias, a un t iempo en el que los grandes
almacenes han sustituido a las iglesias y la publici dad a l os evan gelios (Marquesán,
2006: 10).
Un tiempo en el que s e consolida el puer e motional is p ara el que nad a s e interpone
entre él y sus deseos. El re y de la c asa y del mercado en un a s ociedad llamada
posmoderna en la que el consumo ocupa el lugar principal de todos l os escenarios
(Martín, 2006:35-37). Un actor-niño autosufic iente, capr ichoso, mu y informado
sobre productos de consumo y con dine ro para gastar en lo que considere oportuno
pero, al mismo tiempo, con pocas defensas ante la frustración, con escaso autocontrol,
que pasa mucho tiempo s in compañía pero conectado con otros a través d e las nuevas
tecnologías.
A la vez, los fa bricantes de la realidad virtual nos invitan a i ntegrar en nu estra vida
real los peligros añ adidos por l a globaliz ación, a aprehender los c ambios y asentarlos
en la vid a familiar medi ante la compr a de equip os y artilugios te cnológicos para el
ocio de los hijos en l ugar de estar m ás tiempo con ellos . De este modo, en est e
contexto vital vacío de valores morales, “la fut ura generación punto-com corre el
riesgo d e asumir qu e y a no se rá necesario caminar para conocer el mundo y
transformarlo, una conveniencia para los pod erosos” (De Souza, 2001). P ero no sólo
cuenta la influenci a de las tecnologías. En este universo las marc as, que determinan
las tendenc ias de l a economía y los precios del mercado, h an ocupado el lugar de los
tradicionales cre adores d e opini ón (escu elas, i glesias e instit uciones cultur ales) y los
consumidores comparten modo y estilo de vida con q uienes tienen las mis mas señas
de identidad, iguales valores y sím bolos de vida (Werner y W eiss, 2004: 50).
Todo lo ex puesto indica que, unido al aumento de confusión ideológica, tambi én
existe una globalización del pensamiento concebido como único en un mundo
cultural di stinto. “Todo es consumible de nuevo tras una reinterpretación más acorde
con los nuevos tiempos”. F ruto de ello es la gran c apacidad qu e los c iudadanos
tienen para adaptarse a estos cambios camaleónicos en una sociedad que únicamente
permite modi ficar los det alles. (Papiol y Vinyets, 2003: 30). La naturaleza de estas
transformaciones indica nuevos planteamientos y la modi ficación de las estrategias
educativas hacia nuevos enfoques culturales en los que la emoción tiene un p eso
considerable. En este sentido, es fundame ntal la influencia de l as emocio nes porque
consumir es una forma de hacer, de pensar y , tam bién, de sentir (Bonil, 2004: 29).
Ciertamente, prep arar a los alumnos para la toma de decisiones desde la
responsabilidad es una de las tareas m ás important es de nuestro tiempo cambiante
pero, en la edad es colar y particularmente en la adolescencia, este proc eso implica
tanto a aspectos co gnitivos como emocionale s y motivacionales (G ambara y
González, 2005: 278). D esde el punto de vista emocional y psicosocial el a dolescente
está en un momento de definición de su propia id entidad que le llevará a una m a y or
autonomía en las decisiones, indepe nden cia emocio nal, determinará su autoestima y
una i magen de sí mismo, que le conducirán a forjar una personalidad conforme a
compromisos y valores.
154
Sobre estas bases se deben poner en marcha p rogramas educativos destinados a
identificar las propias emociones y des arrollar habilidades de resistencia ante l a
frustración y los límites del consumo (García y S iverio, 2005: 454 ). Educar para las
emociones y para sentir de una forma proporcion ada (Salmurri, 2006), porque, como
asevera Cortina (2000), “razón e i nteligencia están ligadas a los a fectos que
impregnan la dimensión del deseo, por eso import a educar sentimientos y emo ciones
que no se dan en los sere s humanos si n inteligencia”. P or lo tanto, se refiere al
“analfabetismo emocional” como fuente de conductas agresivas y antis ociales que se
reflejan en la escuela, familia, deporte, deli ncuencia común o el te rrorismo, y
considera urgente l a tare a de tra baja r en l os centr os educativos tanto las habili dades
técnicas como las habilidades sociales.
Con esta idea de partida, “de sde niños se nos debería a yudar a ide ntificar las
emociones. Todo e l mundo experimenta cierta dificult ad para identific ar l o que está
sintiendo y , en al gunos casos, el problema es tan profundo que se convi erte en una
patología, la ale xitimia ”
74
(López, 2001). De ahí la importancia de a y u dar a la
adquisición de valores propios , a apreciar su cuerpo y tod as las posibili dades que éste
ofrece, animarles en la elección de modelos positivos, a reconocer sus capacidades y
limitaciones, a respetar las diferencias, etc. y, especialmente, a ident ificar las
emociones y sentimient os relacionados con la alimentación. Son al gunas de las
preocupaciones que, en los úl timos años, ha n s altado a la a ctualidad por los
numerosos casos de anorexi a y bulimia en jóvene s de países desarrollados.
El debate de la comida, a bundante en nuestra sociedad, ha p asado a conver tirse en un
grave problem a par a m uchos jóvenes q ue qui eren reflejarse en modelos inducidos
por la moda y que carecen d e los valores ne cesarios que l es impidan caer en la
presión de los modelos e stéticos de l a delgadez extrema. En nue stro país, la alarma
social ha determinado que el Ministerio de Sanidad y Consumo impulse la c r eación
de una M esa Se ctorial, donde los Min isterios de Educación y Cultura, y Sanidad y
Consumo se comprometen a facilit ar el tratamiento en la escuel a de esta
problemática; con tal motiv o se ha edit ado la guía N utrición Sal udable y Prevención
de Tras tornos Alimentarios , una publi cación di rigida al pro fesorado p ara fomentar
entre el alumnado hábitos de vida saludables y afrontar en las aulas los problemas
relacionados con la alimentación diaria
La comprensión inicial de los niños sobre las em ociones está mu y relac ionada con
experiencias y sit uaciones concretas. Es a partir de los t res años el momento en el
que son capaces de explicar las emociones propia s y ajenas con relación a los deseos
y a su s atisfacción. En ese momento son capaces de id entificar los des eos de los
personajes e n relatos y su poster ior satisfacción o frustr ación, y de reconocer la
emoción resultante y de j ustificarla (Adrián, C lemente y Villanueva, 2006: 192 y ss.).
No obstante, hasta los ocho años mantiene n u na comprensión incompleta de las
cree n cias (equivocadas-falsas o acertadas). Est o coincide con su infl uencia en
algunas cuestiones de consumo familiar, por lo q ue l a publi cidad empieza a lanzarle
mensajes llenos de viveza, color, musicalidad y p ersonajes animados con los que se
identifica y se emociona fácilmente.
74
Con este nombre se co noce a la incapacida d pa ra ser c onsciente de lo que se siente y expre sarlo.
257
- Alimentos y salud: Taller de salud.
- Alimentos y medio ambiente: Taller de sociedad y medioambiente.
- Alimentos y terr ito rio: Talleres de sensorial y La Tienda de la calidad.
- Alimentos y patrimonio: Talleres de Historia, convivialidad y cocina.
Pero, además de los Talleres, en el pro yecto se desarrolla un importante conjunto de
otras actividades que, a continuación, se exponen de forma resumida:
- Excursiones con los alumnos al Merca do C entral de Zar a goza,
Mercazaragoza y Escuela Hostelería de Miralbueno en Zara goza.
- Actividades de natación en la piscina clim atizada del
Centro Municipal
Palafox de Zaragoza y de Alcorisa.
- Menús diseñados por especialistas en el comedor del
CRIE T
.
- Realización de una videoconferencia c on Víctor Muñoz , entonces
entrenador de fútbol del Real Zaragoza, sobre “Deporte y alimenta ción”.
- Concurso “ Buena alimentación, m ejor salud”, d irigido a l os escolares d e
Educación Infantil y Primaria de los centros de Aragón.
Cuando se inicia este proy e cto q ue él ha bía impuls ado, el Consejo de Gobierno
propone a Vicente Piñeiro para ocupar el cargo de Director Gerente de la Sociedad
Pública
PLATEA
244
. Es significativo que, cuando se le pide un a valoración de su paso
por Consumo, re cuerda e sa etapa llen a de a cciones imaginativas y en la que <<pudo
hacer política todos los días para c iudad anos con cretos y reales porque Consumo es
un instrumento de primer orden>>
245
Con fecha de 5 de octubre el Gobierno de Ara gón di spone el nombramiento
246
de
Ángel L uis Monge como nuevo Director General, después de haber sido portavoz del
grupo p arlamentario socialist a en las C ortes de Aragón. Por primer a ve z ocupa el
cargo una p ersona con pr ofunda formación j urídica: especialista en Derecho d el
Consumo, entre ot ros c ampos, cuenta con publicaciones sobre banca , seguros,
transportes, sobr e la Ley Gene ral d e P ublicidad, etc. y, consciente que la legislac ió n
existente en esta materia está desfa sad a, su primera dec isi ón es la de contin uar con el
proceso pa ra la public ación de un a nueva le y de consumi dores y usua rios e n Aragón.
En esta misma línea, otros de sus objetivos de actuación se dirigen a revitaliz ar el
apartado de disciplina de mercado, las Aulas de Consumo
247
y e l aumento de
empresas adheridas al Sistema Arbitral de Consum o.
244
PLATEA ( Platafor ma Log ístico-Indu strial d e T eruel) es la Socied ad de capital p úblico mayoritario
que se cr eada desde el Gobierno de Aragón y encar gada de la gestión y de la platafor m a lo gística d e
Te ruel. http://ww w.platealogis tica.co m/
245
Opinión e mitida po r P iñeiro en entrevista par a esta te sis.
246
Decreto 210/2 004, d e 5 de octubre.
247
Las Aula s de Co nsu m o tie nen p or d estinatarios – tal y co mo se indica en s us folletos infor mati vos -
a personal de infor m ació n al consumidor , miembros de aso ciaciones de consumido res, de las OMI C,
de la U niversidad de Zaragoz a, de las administracio nes públicas que tr abaj a en áre as de co nsum o,
personal docente, alu mnado d el Ciclo Formativo “Servicios al Consumido r” y p úblico en general. S u
actividad es la pro gramación y d esarrollo de un co njunto d e conferencias sob re temas d e actualidad en
la materia p ero no específica mente relacio nados co n la educa ción.
258
Por decisión de la C onsejer a de Salud y Consu mo como claro indicador del apoyo
político por parte de la responsable del Dep artamento, la Dirección General crece,
entre 2004 y 2006, un 18% e n presupuestos y aumenta un 40% en n úmero de
inspectores (R P.5). El presupuesto
248
de la Comunidad Autónoma p ara 2006 se eleva
a 4.802.612.201,42 €, de los que 1.527.112.3 90,64 € (31,80 del presupuest o total) se
destinan al Departamento de S alud y Consum o. De esta partida, la Direcció n General
de Consu mo dedica 1.394.690 € a la formación, información y educación de los
consumidores.
Por ot ra parte, se d estaca el des eo en la planificación de acciones que alcancen el
mayor núm ero de ciudadanos y escenarios posibles. Así se enmarca la campaña
realizada con ocasión del Día Mundial del Consu midor (15 de marzo de 2006)
titulada “1.270.000 aragoneses”
249
. En coherencia con lo expresado, l os objetivos
políticos se formulan co n el deseo d e l legar igualmente a todo el territorio de la
Comunidad Autónom a y, c omo señala la Cons ejera de Salud y Consumo: <<me
daría por satisfecha si en dos o tres años pudiéramos comprobar que en e l ca mpo de
las asociaciones, d e la ci udadanía, en el campo educativo, tuvieran el mis mo grado
de información alguien del Pi rineo que del sur de Teruel, de Borja o de Caspe>>.
250
También Marcelino Iglesias, Presidente de Aragón, manifiesta en la s pág inas de
Consumo Aragón (2003: 4) lo siguiente:
Para conseg uir una ba se de formación y de inform ación sobre la que se
sustenta cualqui er defensa activa de los derechos esenciales de los
consumidores, se debe consagrar un a parte esencial de l os es fuerzo s
institucionales a una adap tación permanente de los esquem as de trabajo a la
realidad dem ográfica de nu estra Com unidad Autónom a, aprovechando la
potencialidad de las tecnol ogías que ha cen posible la conexión tiem po real de
punto muy alej ados de la geografía.
Otros de los temas que preocupan es todo lo c oncerniente a los d erechos de los
consumidores. De t al m odo, la J unta Arbitral d e Consumo consig u e au mentar el
número de empresas adheridas en dos años y , también, s e eleva el n úmero de
reclamaciones presentadas. Es un claro reflejo del importante papel social que
cumple el modelo arbitral puesto que son demandas de cuantía menor a 300 euros
que, de otro modo, ni s aldrían a la luz ni l legarían a l os tribunales d e just icia, y
porque los consumidores y usu arios son la pieza clave en un sistema en el que
prevalece la condición de ser destinatario final (Martínez Royo, 2003: 97).
Asimismo, porque cuente con alguna presencia en esta tesis , se muestran algunos
datos relevantes del proceso de consolidación del Sistema Arbitral en Aragó n.
Con fecha d e 15 de j ulio de 1994 se constit uy e la J unta Arbitral de Consumo de
Aragón, mediante acuerd o suscrito entre la D iputación G eneral de Aragón y el
INC.
248
LEY 12 /200 5, de 30 de dic iem br e, d e P resup uestos d e la Co munidad A utóno ma de Aragón. BO A
nº 1 54 de 31 de diciembre de 200 5.
249
No se e specificó que est uvier a dir igida a los c ons umidor es ni a lo s no co nsu midores si no a tod os
los aragonese s por que co nsumidor es somos tod os.
250
Opinión e mitida po r la Cons ej era d e Salud y C o nsu mo del Gobierno de Aragón para esta
investigación.
259
El
25 de octubre de ese mi smo año
251
queda ad scrita al entonces denom inado
Departamento de Sanidad y Consum o. Desde ese momento su evolución (
DGA
: 2006)
ha sido espectacular y a q ue s e ha pasado de 454 adhesiones en 1995 a 2.070, en 2005,
de 416 soli citudes de arbitraje, en 1997, a las 1.782 presentadas en 200 5. Quedan
lejos los 34 laudos de hace diez años frente a l os 615 de 2 005 y las 488 mediaciones.
En los siguientes cuadros se aprecia dicha progresión:
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
TOTAL
POR
MEDIACIÓN
11 16 26 35 39 90 170 223 337 287 488 1.722
POR
LAUDO
34 97 97 129 125 191 308 331 445 619 615 2.991
TOTAL
45 113 123 164 164 281 478 554 782 906 1103
4713
Cuadro 6.
Resolución de re clam aci ones po r l audo y mediación. [Memoria 2005. Dire cción
General de Consum o].
En 2004 En 2005 Incremento %
2004-2005
906 1. 103 21,7%
Cuadro 7.
Reclam aciones r esueltas en l a Junta Arbi tral de Consumo de Ar agón. [ Memoria
2005. Dirección G eneral de Consum o].
La mat eria educativa también tiene importante presencia en este periodo. Así, desde
2005, l a Dirección General edita un folleto de veintiséis páginas con información
sobre los recursos y a ctividades para los centros docentes. Se trata del Pr ograma de
educación del consumidor 2005-2006 en el que, después de definir al gunos obj etivos
generales, se delimitan cuatro líneas de actuación:
- La p rimera, sobre las a yudas económicas de la convocatoria para pro y e ctos
en centros do centes, aso ciaciones de p adres y m adres de alumnos y
Centros
de Profesores y Recursos u
bicados en Aragón.
- La se gunda, sobre la formación del profesora do, no concreta ninguna
actividad: “se organiz an, también, cursos esp ecíficos dirigidos a personal
docente, y otras activi dades formativas como j ornadas o encuentros para
profesores”.
- El si guiente epí grafe s eñala los recursos y materiales di dácticos (e n
distintos soportes) que l a Dirección General p one a disposición de lo s
centros, así como el procedimiento de solicitud.
251
Decreto 212/1 994, d e 25 de octubre.
260
- En el ú ltimo apartado se aporta una breve infor mación sobre el Concurso
“Consumo responsable Consumópol is”
252
, organizado por el
INC
y las
Direcciones Generales de Consumo de las Comunidades Autónomas, sobre
la Red de Educación del Consumidor y el modo de adherirse a l a mism a
desde los centros, así como las funciones del
CIDAC
.
A partir de aquí cab e preguntarse sobr e el “mod elo educativo” por el qu e apuesta
este Director General. S e puede afirmar que la materia de consumo se aborda, de
nuevo, desde una perspectiva amplia no reduci da al ámbito alimentario. Esto se
refleja en cómo Ángel Luis Monge acota el término: <<consumo es el cam po que se
dedica a las relaciones contractuales y pr econtractuales entre un empre sario y un
consumidor>>
253
. Su percepción de l a materia educativa tiene claro reflejo en la
convocatoria
254
, de 2005, de a y udas a p ro yectos de centros do centes en la que se
modifican l os contenidos prioritarios para re cibir subvenciones, antes rel acionados
con la alimentación y ahora sobre aspectos de derec hos d e los consumidores y
publicidad.
Entre otros proyectos educativos, cabe s eñalar el desarrollo del denom inado
“Alimentación, salud y deporte”, citado anteriorm ente, y la clausura del m is mo, el 18
de enero d e 2005, con l a entrega de premios del Concurso “Buena alim entación,
mejor salud ”
255
, que preside junto a Natividad Mendiara, Directora General d e
Formación Profesional y Educación Permanente ( Consumo Aragón , 2005: 30).
También es important e señalar la colaboración c on la Fundación “Ecología y
Desarrollo” para la actividad titulada “Taller p articipativo: I dentificaci ón de las
barreras a l consumo respons able”, c elebrad a el 4 de jul io de 2006 en Z a ragoza,
dirigida a consumidores y ciudadanos en general.
Y, por últi mo, resulta de i nterés citar la Orden de 4 de diciembre
256
por la que se
convocan subvenciones a los pro y ectos de consumo de los centros docentes. Si en la
convocatoria del año anterior la prioridad viene señalada por aspe ctos relacionados
con los de r echos de los consumidores, para los p rogramas de 2006 se pr o pone que,
para re cibir a yudas económicas, versen obli gatoriamente sobre movi lidad, seguridad
vial y sobre el uso responsable de las nuevas tecnologías (móviles y videoju egos).
252
El IE S “Ram ó n y Cajal” de Zaragoza ob tuvo el pri mer premio en la cate goría de alu mnado de
primer ciclo de E SO, ex a equo co n el IES “ El Infan te Don Manuel” de M urcia. E n la fase a utonómica
los ganadores fueron, ade más d el Instituto d e Educación Secu ndaria citad o, d os centros d e la Red
Aragonesa d e Consu m o : CEI P “ Luis Gar cía Sáinz” d e Fuentes de Ebro (Zaragoz a) y el IES “Da mián
For men t” d e Alcorisa (T eruel).
253
Opinión e mitida po r Ángel L uis Monge pa ra esta tesi s.
254
ORDEN d e 1 4 de octubre de 20 05, del D epartamento de Salud y Consumo, por la q ue se convoca
para el año 2006, la concesión de subvencione s a los ce ntros do centes y o tros agentes e ducativos para
la realización de actividades o p royectos de educación o for mación e n materia de consumo (BOA 14
de novie m b re de 200 5).
255
Se p uso en m archa un conc urso, convocado por los do s Departamentos, dirigido a los es co lares d e
educación in fantil y pri m ar ia de todos los centros ed ucativos de la Co munidad Autóno ma de Aragón.
La entre ga de pr em ios se rea lizó e n el salón de acto s e l Edificio P ignatelli, sede de l Gobie rno de
Aragón.
256
ORDEN de 4 d e dicie mbre d e 200 6, d el Departa m e nto de Salud y Co nsumo, por la q ue se convoca
para el año 2007, la concesión de subvencione s a los ce ntros do centes y o tros agentes e ducativos para
la realizac ión de ac tividades o pro y ecto s de ed ucación o for mación en materia d e consum o.
261
3.2.- Implicación de l a C ons ejería de Educación, Cultura y Deporte.
Coordinación i nterd epartamental
La coordina ción de la educación del consumidor entre los Departamentos
directamente i mplicados de la Comunidad Autónoma de Aragón se ha aborda d o
desde muchos prismas.
Por tal motivo, para el a nálisis histórico, realizado a partir de num erosas opiniones
emitidas por los entrevistados
257
, c onviene delimitar dos etapas definidas por un
antes y un después de que Aragón dispusiera de competencias ex clusi vas en
educación, así como la situación actual.
a) Antes de las transferencia educativas (1986- 1999)
Como se ha obs ervado, desde un principio se ha n m anifestado distanci as entre las
personas que ponen en m archa las primeras actividades desde Consumo y las,
entonces denomi nadas, delegaciones provinciales del Ministerio de Educa ción y
Ciencia. <<Con Educación no hubo casi nunca relación>> (RP.2).
En momentos concretos se realiza al gún conta cto con J uan J osé M urillo, Director
Provincial de Educación de Teruel, por los programas que s e desarrollan en el
CRIET
de Alcorisa, pero no supone avance alguno. Sin em barg o, en la publicació n de varios
materiales didácticos se imprime el anagrama de l
MEC
<<para que esta i nst itución
facilite la presencia en los centros de las ac cio nes programadas desd e Co nsumo,
aunque los editaba, distribuía y costeaba el Se rvicio de Consum o que comprendía la
necesidad de colaborar sin tener en cuenta las l íneas políticas>> (RP.1). Igualmente,
se int enta l a coordinación con el D epartamento de Educ ación y Cul tura de la
DGA
pero <<es infructuoso porque se ca r ecía de conciencia sobre lo que er a consumo y la
defensa del consumidor>> (RT.1).
Otro entrevistado sostie ne que todo habría si do más fá cil con las co mpetencias
transferidas, como ocurría en otras Comuni dades. Así lo expresa un representante de
ámbito técnico: << yo h ablaba con m i Director de C onsumo pero en Cataluña l o
hacían, además, con el d e Educ ación. Eso h a determinado muchísimo el avance en
muchas áreas y no sólo e n Consumo>> (RT.2).
De i gual manera, con la fa se inicial d e puesta en marcha d e la Direc ción General de
Consumo las cosas tampoco cambian y las dificult ades continúan. Se atribu y e como
causa a los mecanism os de la propia Administración porque se actúa, e n ocasiones,
por compartimentos estancos, a que depe nde mucho de las personas que gestion an y
a que pocas veces existe el deseo de planificar de forma interinstit ucional (RP.1).
257
Vid. perfiles de lo s entrevistad os en el Capítulo 4 , 3.2., páginas 35 4-356 d e la parte empírica de
esta tesis. Con venciones utiliz adas: RT , representante d el á mbito técnico, y RP , r epre sentante co n
responsabilid ad p olítica.
262
Como se aprec ia en estas dos opiniones de repr esentantes pol íticos, e n un momento
que la Comuni dad Autónoma negocia el traspaso de las competenc i as educativas, los
contactos interdepartamentales son mu y es casos, cada uno mira “para otro lado”. Al
respecto, s e apunt a que nunca hubo reuniones par a coordin ar ni por una p arte ni por
otra (RP.1) y que el protagonista de la educación del consumidor tenía que haber sido
Educación: <<no s é si l o lógico es qu e y o fuera hacia ellos o ellos venir hacia mí.
Ellos jamás vinieron hacia mí. Educación jamás vino a Cons umo>> (RP.3).
b) Después de las transferencias
2 58
Desde que la C omunidad Autónoma de Ara gón recibe las competencias en materia
educativa se aprecian ci ertos cambios t endentes a la m ejora de la coor dina ción entre
los Departamentos de Consumo y Educación.
La colabor ación entre el s ector edu cativo y el área de p romoción de la salud del
Departamento de Sanidad cuenta con una dilatada tra y ectoria que propicia el
desarrollo de numerosas iniciativas (
DGA
, 2000: 12): Programa Experi mental de
Educación p ara l a Salud e n la Esc u ela ( 1986 -1991), Programa d e formación e n
metodología y pro gramación de Edu cación p ara la Salud en At ención Pri maria de
Salud (1990-1991), el plan de Apo y o a Programas de Educación para la S alud (1990-
1991), en los que p artici pan las direcciones pro vinciales del
MEC
a través de la
denominada Comisión Mix ta de Educación para la Salud
MEC
-
I NSALUD
-
DGA.
En este sentido, en 1998 , e l grupo de tr abajo de Promoción de la Salud el abora una
propuesta c onjunta en la que enmarcar las a ctu aciones de sa lud y educación para la
salud de los centros escol ares de Ara gón. En 2000 se consigue un avance más con la
creación de la Co mis ión Mix ta Departamento de Educ ación y Ciencia –
Departamento de Sanid ad, Consumo y Bienestar Social como marco para la
cooperación y coordina ción de las actuaciones en materia d e promo ción de la s alud y
educación para el consumo. En efe cto, con Florencio Garc ía Mad rigal com o Director
General, Consum o se incorpora, formalm ente, en la Comi sión Mixta Salud-
Consumo-Educación que modi fica su planteamiento con un carácter más amplio de
acción.
Cabe destacar que en la r espuesta de la Conseje ra de S alud y Consumo a la Diputada
Popular Alqu ézar Buil en las Cortes de Aragón, el 16 d e enero de 20 06, se hace
referencia a la constituc ión de la C omisión Mixta Salud y Edu cación (Cortes de
Aragón 2006). Se alude a la fecha del 1 de marzo de 2000, con la presencia de los
Consejeros de ambos Departamentos
259
e int egrada de for ma paritaria por cuatro
técnicos pertenecientes a cada departamento. En el momento de su creac ión sus
258
Con fecha de efec to 1 d e enero de 1 999, Aragón recibi ó e l tr aspaso d e funciones y ser vicios
educativos (B OE 19 82/1 998, d e 18 d e septie m br e). Ese mism o año ta mbién se trasp asaro n a B aleares,
Cantabria, La Rioja , Madrid y Murcia. Un año después llegaría el turno a Castilla-La Ma ncha,
Extremad ura, C as tilla y L eó n y A sturias. Sin embargo, otras CCAA ya las habían recibid o con
anteriorid ad: Cataluña y País Vasco en 1981 ; Galicia, An d alucía, Ca narias y Comunidad Valenciana
en 198 3 y Navarra en 19 90.
259
Alberto Larra z Vileta Río y María Luisa Alejo s-Pita.
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