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Abstract

El objetivo de la presente tesis doctoral es el estudio de la arquitectura militar del renacimiento y el barroco en el Pirineo Central. Hemos comenzado por el análisis del modelo munatorio preexistente, o sea, la medieval fortificación `a la Antigua¿. Además de estudiar sus elementos arquitectónicos básicos, se describe el castillo de Loarre como ejemplo primordial en Aragón. Los albores de la Edad Moderna nos muestran como el castillo medieval va evolucionando añadiendo nuevos elementos para hacer frente a la nueva artillería, dando lugar a una curiosa tipología de arquitectura defensiva conocida como `Fortalezas de Transición¿. Además, en Aragón destacan las llamadas Casas Torreadas, como un ejemplo de seguridad privada. Ya a finales del siglo XVI se produce en todo su esplendor la eclosión del modelo de fortificación `A la Moderna¿, `abaluartada¿ o `A la Italiana¿. Tras proceder a un estudio pormenorizado de las causas de su aparición y de sus trazas más distintivas, hablaremos de los más destacados maestros constructores de estas fortificaciones. Como necesario pie de entrada al núcleo del trabajo se ha realizado una descripción del Iure Belli y las corrientes filosóficas sobre la ética y la guerra con la dinastía Habsburgo. El concepto de frontera y la situación política del Reino de Aragón y su contexto internacional a finales del siglo XVI, habrán de determinar el posicionamiento de las fortalezas que lo defiendan. La primera hermetización del Pirineo Aragonés irá a cargo del Maestro Tiburcio Spannocchi según órdenes de Felipe II. Por ello se hace una descripción en su conjunto de la magna obra, así como un pormenorizado y detallado estudio de cada uno de sus elementos. Preciso ha sido detallar la realidad de sus resultados. Esta cadena fortificada pasará por la estabilidad de la Pax Hispánica de Felipe III y los avatares del reinado de Felipe IV. Por ello, se hace un seguimiento de su evolución, así como del pensamiento político de la época. Debe añadirse la aparición de una nueva `frontera caliente¿ con Cataluña que también habrá de fortificarse a causa de la Rebelión de Cataluña y de la Guerra de Sucesión. El siglo XVIII será testigo de la meteórica evolución de la artillería y la respuesta de los modelos de fortificación, surgiendo el sistema de Sébastien de la Prestre de Vauban. El sistema será desarrollado en España por la primigenia generación de ingenieros militares formados en las nuevas academias de enseñanza borbónicas. Este estilo alcanzará sus mayores logros en el reinado de Fernando VI con el proyecto de fortificación pirenaica de Juan Martín Zermeño. Sobre él analizamos el conjunto de su trabajo y hacemos un preciso análisis de cada punto munatorio. Por fin, la guerra de movimiento y la artillería acabaran con este modelo constructivo. Además de explicar las causas de su ocaso, se estudia alguna de las alternativas ofrecidas. Un breve paseo por la fortificación pirenaica contemporánea pondrá fin a la tesis, que se ve complementada con apéndices como un diccionario terminológico y un abundante material gráfico. Lorente Liarte, Jesús; Solano Camón, Enrique

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2012 10 Jesús Lorente Liarte Geopolítica del Pirineo Central (1591-1763) : hermetización versus permeabilidad hispano- francesa Departamento Director/es Historia Moderna y Contemporánea Solano Camón, Enrique Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA Departamento Director/es Jesús Lorente Liarte GEOPOLÍTICA DEL PIRINEO CENTRAL (1591 -1763) : HERMETIZACIÓN VERSUS PERMEABILIDAD HISPANO-FRANCESA Director/es Historia Moderna y Contemporánea Solano Camón, Enrique Tesis Doctoral Autor 2012 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA Departamento Director/es Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA - 1 - - GEO POLÍTICA DEL P IRINEO CENTR AL -1591-1763- HERMET IZACIÓN V ERSUS PERMEABILI DAD HISPA NO - FRANCES A. JESÚS LORENTE LIARTE. Tesis Docto ral. Univ ersidad de Zara goza , 2011 . Dirección: Docto r Enrique Solano C a mó n . - 2 - La Hi st oria e s ém ula del tiem po, depó sito de las ac ci ones, test igo de lo pas ado, e jem plo y aviso de lo pres ente, adv ertenc ia d e lo p or ven ir. Migu el de C ervant es . A mi Amada Es pos a Teresa Andrés Baquedano , quien, con su permanente y tierno apo y o e i ncons umi ble p aci encia, m e en señó q ue l a su peraci ón es fru to d e la pers everan ci a y de la constanc i a en el trabajo y qu e el orgullo divide a los hombres, mientras que la humildad los aproxima. Por el la ex is te est a obra. Zaragoza, Solsticio d e Invi er no del año 2011 . - 3 - - GEO POL ÍTICA DEL PIRINE O CENTRAL -1591-1763- HERMETIZA CIÓN V ERSUS PERMEABI LIDAD HISPANO - FRAN CESA . JESÚS LOREN TE LIA RTE. Tesi s Doct or al. Universid ad de Zaragoza, 2011. Direc ción : Doctor Enriqu e Solano Camón. VOLÚME N I. -Í NDICE - INTRODUCCI ÓN. GALEATO Y E XPOSI CIÓN DE MO TIVOS , pp. 8-9. CONTE NIDO Y ASPECTOS METODOL ÓGICOS, pp. 10-15. F UENTES, pp. 16-20. I. Fuentes D ocum entales, pp. 21-38. II . N ota B ibli ográf ica , pp. 39-41. Contenido material y Abreviaturas, pp. 42-45. A grad eci mientos , pp. 46 . -1- LA FORTIFI CACI ÓN PIREN AICA BAJ O L OS AUSTRIAS . Ese larg o siglo XVI. 1 ) LA FORTALE ZA A BALUARTADA ‘A L A I TALIANA ’ COMO MODELO MUNATORIO DE LA ÉPOCA: p g. 47 1.1) M odelo munatorio preexistente: P roto munatoria y f ortif ica c ión ‘ a la Antigua ’ . El ca still o de L oarre com o ejemplo primordial en Aragón. pp. 48-58. 1.2 ) Ob servaci ones e n torno a l a aparición de la artiller ía. pp. 59-67. - 4 - 1.3) Periodo evolutivo: Las Fortal ezas de T ran si ción . 1.3.1 ) Caract erí sti cas general es d e sus elemen tos y de sus objetivos. Ejemplo Cap ital Aragonés: La Fort al eza d e S alces . pp. 68-82. 1.3.2 ) Ejemplos de Fortificaciones de Transición en el P irineo Aragoné s, consi dera cion es nec esari as . pg. 83. 1.3.3) Exclusividad autóctona : Cas as Torre adas en el Pirineo C ent ral. pp. 84-88. 1.4 ) Consum ac ión de l mode lo: A ná li sis des cript ivo y técni co de l a f ortif ica ción ‘ A la Moderna ’ o ‘A la Italiana ’. pp. 89-96. 1.5 ) El a rqu itecto y el in gen iero Mi lit ar . Lo s Tratadistas y sus Academia s. pp. 97-102. 2 ) ÉTICA, LEGISL ACIÓN Y FORTI FICACIÓ N EN EL PLA N HIS PÁNICO DE DEFENSA PENINSUL AR TRAST ÁMARA - HAB SBURGO : 2.1) De Iur e Bel li y las corrientes f ilosóficas sobre la ética y la guerra . pp. 103-111. 2.2) Comentarios a las Fuentes Legislativas de la nueva Ciencia Arquite ctón ica d e la Fortificación. pp. 112-116. 2.3) Concep to s d e Front era: Establecim iento de los lime s hispánicos y s u fo rtif icaci ón . pp. 117-125. 3) PRIMERA HE RME TIZACIÓN DEL PIRINE O CENTRAL : 3.1) La situación polí tic a del Reino y su contexto inter nacion al a finales del siglo XVI . pp. 126-145. 3.2 ) Tib urci o S pa nnocchi y su obra m unato ria en las Españas. pp. 145-150. 3.3) El pr oyect o Spanno cchi e n A ragón : For tif icació n Pir enai ca . Des cri pci ón d el proyecto Spannochi e n el P irineo Central, una visión de conjunto. pp. 151 - 158. 3.4) Valoración analítica y descriptiva de cada punto fortificado d el Pirin eo Arag onés . 3.4.1 ) Articulación del Disposit ivo Spannocchi. Pg . 159. 3.4.1 .1) El Vall e de Ansó. pp. 159-160. 3.4.1 .2) El Vall e de E cho. pg. 161-162. 3.4.1.3) El Centro del Dispositivo S pannocchi: Berdún, Canfran c y J aca. pp . 162-177. 3.4.1.4) El Val le de T ena . pp. 178-180. 3.4.1.5) Aínsa. pp. 180-183. 3.4.1.6 ) Los V alles Noro rien tales . pp. 183-190. 3.4.2 ) El p articu lar caso de la C aput Re gni: La Al jaferí a. pp. 191 -223. 3.4.3) La Fortific ación del Pirine o Aragon és: Rea lidad de los resultados, f inan ciació n, eleme ntos mater iales y humanos, g u arnic ión y a rtillería. pp. 224-231. - 5 - VOLÚME N II . -2- EVOLUCIÓN DE L A FORTI FICACIÓ N PIRENA ICA C ON L OS ÚLTIMOS AUST RIAS Y EL GOBIERNO DE LOS PRIMEROS B ORB ONE S. 1) EL PIR I NEO COMO FRONTERA EN LO S REI NADOS DE LOS ÚLTIM OS AUSTRI AS. Pg. 232. 1.1) Fronter a y obras munatorias en el contexto de la Pax Hispánica y su motivación ideológica. pp. 233-251. 1.2) De la Unión de Armas a la Pa z de l os Piri n eos: D iná mica M u natoria y su respa ld o neo taciti sta . p p. 252-305. 1.3) La Cuestión S u cesoria y su inf lu encia en el Pirin eo Aragonés. pp. 306-314. 1.4) Muna toria du rante l a Guerra de S uce sión : La ‘F ranj a Aragonesa ’ y las persi sten cias pi renai cas . pp. 315-349. 2 ) MODELO MUNATO RIO DE L A ÉPOCA: EL S ISTEMA VAUBAN. 2.1 ) La figu ra del innovador: S éba stien de l a Prestre d e Vaub an . 2.1.1) Su vida, personalidad y significado. pp. 350-354. 2.1.2 ) Desc ripci ón d octri n al y té cni ca d e la ‘ fortificación Vauban ’: Con cept o general del siste ma , sus objetivos y el ementos básicos constructivos. pp. 355-367. 2.2 ) Cau sas técn ico -evolutivas de su ocaso. 2.2.1) Génesis de la Guerra de Movim iento y su repercusión en el Ars Belli. pp. 368- 375. 2.2.2) A vances técni cos de l a Arti llerí a y s u s n ue vas Orden anz as de R eglamenta ción. pp. 376-383. 2.3 ) El l egad o d e Vaub an, s uceso res d octrin ales e I ngen ieros Mil itares má s dest acad os en la España de los Borbones. 2.3.1) I n genieros , tratad i stas y trat ados de fo rti fic ación en la Es pañ a del m eridiano del siglo XV III. Cre ación del Cuerpo de I n genieros. pp . 384-391. 2.3.2) Academ ias Form ativ as Borbónicas: Barcelona y Alcal á d e Hen ares . pp. 392-395. 3 ) SEGUNDA HERME T IZACIÓN DEL PIRINEO CENTRAL , PLA N DE DEFENSA PENINSUL AR BORB ÓNICO : 3.1) Fe r nando VI y la segunda Pax Hispánica : Ref ormis mo y cor rien te s de pensa mie nto, su influe ncia en el iure bel l i . pp. 396-410. - 6 - 3.2 ) Juan Martín Z erme ño y su obra munatoria hispánica . pp. 411-420. 3.3 ) Proye cto Zer meño en A ragón: Munatoria P iren ai ca (Descripción global del proyecto Z ermeño en A r agón , una visi ón de conjunto). pp. 421-431. 3.4 ) Visión analí tica y de scriptiva de cada punt o def en siv o del Pirin eo Arago nés . 3.4.1 ) Perm anen cias: Berdún, J aca , A ín sa y l a ‘Franja’ . pp. 432-443. 3.4.2 ) Novedade s: El Val le de E cho, C anf ran c y el val le de Ten a. pp. 444-4 54. 3.4.3 ) La Alj aferí a, mantenimiento y am pli ación d e s us funcionalidades. pp. 455-457. 4 ) EXTINCI ÓN DEL MODELO MUNATORIO AB ALUARTADO Y SU PROYECCIÓN EN E L TIEMPO. P g. 4 58. 4.1) Ocaso del Sistema abalu artado y sus proyec tos y of ertas de alternativa. pp. 459- 469. 4.2) Legado munatorioAlto-A ragonés y su pro yecci ón en el ti em po ha sta co mienzos d el s igl o XXI . pp. 470-502. -3- CONCLUSI ONES. pp. 503-525. -4- BIBLIOG R AFÍ A, FUE NTES y CO MPLEMENTO S GRÁ FIC OS . 1) FU ENTES. Textos, Obras, Reperto rios , Tratados, Legislación y Ac tos Jurí dicos Do cum entados . pp. 526-538. 2) BIB LIOGRAFÍA. 2.1) Munatoria General e In geni ería . pp. 539-54 4. 2.2) Munatoria Altoaragonesa. pp. 545-550. 2.3 ) De la Artillería. pp. 551-552. 2.4 ) Histor ia Militar . pp . 553-557. 2.5 ) His toria Gene ral , P ensa miento y Der echo . pp. 558-565. 3 ) ÍNDICE O NOMÁSTI CO. pp. 566-575. 4) Anexo topográfico desplegable (x2) 5 ) DVD INTERACT IV O CON REPORTAJ ES GRÁFICOS DE CAD A MODELO MUNATORIO (Anexo). - 13 - En definitiva, las ideas a quí apuntadas culminan en las fundamentada s co ns ideraci ones final es vertidas en el capítulo colofón de Conclusiones . El presente e studi o tambié n s e ve arropado c o n unos apéndices que pretende n da r soporte técnico aclaratorio a una disciplina poco c onocida en general. Así se ha realizado un cuadro cronológico y un diccionario de términos munatorios (138 voces ). Si bien la cronolog í a solo aspira a ser un arbotante c on t extua l del texto princip al, el g losario p retend e ser un a herr amien t a de comprensión y no un trabajo simpleme nte l ex icológico. E n al gunos casos, la total ausenc i a de términos en castellano obliga a adoptar barbarismos o neologism os como pr éstamos ling üísti co s , amén d e o frecer n um erosas v oces anfib oló gicas. También se apor ta una prolij a galerí a de im áge nes gr áfic ament e explicativ a s de l as afirm acion es v ertid as en el pres ent e estu dio . To das l as fot o grafías h an s ido perso nalm ente tomadas por el autor en sus l uga res de o ri gen. Es d e nec esidad recal car el hech o de qu e s e ha ejecutado un intenso trabajo de campo. Cada uno de los ejemplos munatorios citados ha sido objeto de un estudio personal directo sobre su mis mo emplazamiento. El fondo de imágenes ha implic ad o un intenso recorrido, no solamente del Pirineo, sino de toda la periferia peninsular e in sular . D uran te esas vis itas a la s si tuaci ones d e las co nst ruc cio nes es tudi adas , se elab ora ron in formes acerc a d el entorno ge o gráfico, las calidades c onstr uctivas, la s pl antas , los trazados y las pervivencias arquitectónicas. En conjunto, l a sis temáti ca metó dica apl icad a a la redac ció n del tex to y a su cauce consecu en cial h a sid o co nst ante y lineal . Al tene r como elemento f undamenta l la F ortificación del Pirineo Central en la Edad Moderna refiriéndonos al conc reto modelo arqui tectó nico d e los fuertes abalu art ados, la lí nea más lógica es la cr ono lógica. A sí, s e estu dia cada etap a en bas e a los dis tin tos reinad os de l as do s din astí as abarcad as . En c ada reinad o se re ali za un a cont ext ualiz ación his tóri ca que enm arc a las act uaci ones mun atori as. Por una parte, las medi das de política exterior nos muestran los punt os calientes y la s variab les l íneas front eri zas que ex igen fo rtifi caci ón ex novo o mejora y mantenimiento de las unidades munatorias y a ex istentes. Por otra , las corr ientes filosófic as que rigen los prin cipios de acción de los príncipes nos muestran cual va a ser la intencionalidad y futuribilidad de estas construcciones. E n cada o casi ón r epet imo s est e mis mo es quem a de es tud io ant es d e entrar a re aliz ar un min ucio so ex a men del te ma principal: L a munatoria . Por ot ra p arte , ha y dos importantes factores que i nfluye n en nuestro tem a, que son l as escu elas de fortif icación y la evolución de la artiller ía. Si bien la artil lería avanz ó evolucionando fulgurante, no se la a n aliza por reinados, sino por fases cien tífi cas en b as e a efemé rides históricas co ncretas . Al go p are cido o curre con l as es cuelas d e ingen ieros . D ado que cada es cu ela abar ca vari as generaci on es de ci en tífi cos , su estudi o expositivo se frac ciona en base a l a co nsu ma ción d e las m ism as. Expon em os en l as si guient es pá ginas l os cuadros metodológicos que condensan las ideas aquí ex p uest as. - 14 - CUADRO SI NÓPTI CO MET ODOL ÓGICO I: El Est ado de la C uestió n. Fort ific ac ión del P irin eo Cent ral . Facto res Co mpo nent e TÉCNICO . Co mpo nent e DOCTRINAL. Co mpo nent e GEO - POLÍ TICO. Evoluc ión de la c i en ci a mu natoria y des arr ollo de la art ille ría. Aná lis is y descri p c i ó n d e la F o r t a l e za Abaluartada Escuela It alian a de F ortif icac ión . In genie ro s Mil itar es. Tibur ci o Spannoc chi Pr otagonis ta su bjeti vo. Element o Filo sófico : El I ure Belli y el nue vo Derec ho Materi al. Ele me nto Mat erial : Pl an de Defens a Estátic a Peni nsu lar. Fac tores Polí tic os. Pu gna R ey - Rei no en Arag ón . La amenaz a Hug onote. Evol ución, el Sis tema Vau ban . Decaden cia y pérdida d e f uncio nal idad Escuel a Vaub an. Re p e rc us ió n e n las E spa ñas Los últ imos tal ento s: Verboo n. Lu cuze. Z ermeño . Evol uci ón Geop ol ític a. L a Cues tión Catal ana. Guerra Civi l y Ne utralis mo. - 15 - CUADRO SI NÓPTI CO MET ODOL OGICO II : Solución munatoria a la co nflictivida d geopolític a : La def ens a estát ica del Rein o de Aragón. Fort ificac ión de l ALTO ARAGÓN Proceso político - Factor es P olí ticos. Ne otacit ismo Novat ion ismo e I lustración. F act ore s Técnico s. Con st rucción y Res ul tad os . Geopolítica Habsbu rgo. Fro nt eras a defend er. Geo p olítica Borbón. Fro nt eras a defend er. Diseño, ubica ción y elabo ració n d e las Trazas. Control Real. Ejec ución y Financ iació n de los Pro yect os. Proc eso d e m an t enimi en to Result ado s Munator ios. De scripc ión y Aná lisis. Evolución , punto zenital y decadencia . - 16 - FUEN TES. Como veremos, a fortuna damente par a nu estro t rabajo , l a disponibilidad de fondos documental es , de exquisitas fuentes primarias y de una vasta bibliog rafía comple mentaria , han posibilitado la r eali za ción de esta investigación. A dem ás de est a p recept iva observ aci ón , me gust aría incidir sob r e el dete rminante fac tor de la vital aport ación que ha supuesto el conocimiento y ex amen directo de todos los emplazamientos munatorios ana liz ados. Creo que puede considerarse poco común en la labor i nvestiga ti va referida a aspectos históricos de la Edad Moderna el estudio y conocimiento físico de los lugares donde se verificaron los hechos rel atado s. En cu al quier c aso , la pe culi ar n atural eza de nues tro tem a, la reali da d mater ial perviviente d e la arquite ctura militar, e x ige n este proc edimiento metodoló gico. Sirvan las siguient es líne as co mo nu estro pa rticu lar cuad ern o d e bit ácor a. Durant e más de q uinc e años, he r ecor rido con afán las l ocali zaci ones de el ement os constructivos, yacimientos y restos arquitectónic os de toda la cuenca europea mediterránea y de la P enín sul a Ibé rica. En el tran scurs o d e esta tan placen te ra como fat i gosa act ivi dad, he tenido oportunidad d e re ali zar m iles de fot ografí a s y d ecen as d e planos y estudios de camp o. Gracias a el lo, aco mpañ an a es ta tesis dos soportes electrónicos con un completo informe gr áf i co arqu itect óni co y táct ico, q ue dot an al t rab ajo d e una esp ecial el ocu enci a plást ica qu e increm enta su cap aci dad com uni cativ a. Es cierto que los relato s, observaciones, diarios y dibujos de los antiguos vi ajeros, geo g r áfos o aventure ros como J uan Lavaña , Tom ás Fermín de Leuzaún o L ucien e Bri et s on incontestables testimonios gráficos de lo que fue en su momento cada una d e las t orr es o fortal ezas que i nte gram os en est e trab ajo . Si n emb argo , er a pr ecis o un es fu erzo de emu lació n para ex pli car com o es e n nues tros días la real id ad de es a her enci a arqui t ectón ica. P or ell o, dio comienzo un peregrinar intenso por el Pirineo Aragonés, recorriendo rutas, caminos y senderos de montaña que nos conducía n a cada emp laz amien to. En ocas iones, el esfuerzo físico fue notabl e, com o en el a cces o a la crest a de Bol tañ a o, es p ecialm en te , a To rre Ysil , sobre la g ar ganta de l inf ierno, donde al lleg ar descubrimos paciendo a unos ce rvatillos que, asustados, huyeron triscando graciosamente. N o siem pre fue f ácil en con trar l as desead as con stru ccion es. S i des carta mos las má s embl emáti cas com o Ber dún, Aíns a, la fo rt alez a d e San P edro d e J aca o Col l de L adrones, muchos puntos mostraban una g r an confusión para su loca liz ación, incluso para los propios nativos. A estos puntos nos ac ercaron las r efer en cias d e las fu entes , un l argo cam inar en su búsq ueda po r aquel las b el las t ierras y l as mismas confidencias de los paisanos. Ahora me arre pi ento de no haber, simplemente por pudor, pregunta do su nombre a aquel pa st or de Martes , al en trañ abl e y anciano cama rero d e Echo, a ese a gricu lto r de Sami ti er que me transmitió lo que su abuelo le había r elat ado, al veterano Guardia Civil de Boltaña … Menos afectuoso, pero infini tam ente m ás técni co fue el recurso a la brújula, con su clinóme tro y su positómet ro, al T-12 o a la d etall ada cart ogr afía m ili tar d e la z ona. P ara su aprovec h amiento hubier on de su pera rse l as dis crepan cias ex is tent es en tre l a pl ani metrí a histórica y la contemporánea. Sin duda, para ell o, gran valor ha n tenido los comparativos entre l os bellos trazados topográ ficos del emér ito Tiburcio Spannocchi y las post erior es adapt acion es , fruto del trabajo de ca mpo, re alizadas a lo larg o de los siglos por otros ing enieros militare s como Próspero de Ve rboon , Francisco Larrando de Mauleón o J osé San Gil . - 17 - No ha y que de cir (como más adelante hemos d etallado), que de algunas cons trucciones munatorias, que en su momento desempeñaron u n papel vital, no quedaba ni el más mínimo rastro , cuando m enos, en el actu al est ado d e la i nv est igaci ón . La compens ación mora l y c ientífica de las au senc ias m ateri ales ha sido el poder entrar en cont acto co n las per manenci as. Un a vez sit uados en cada em plaz am ient o su pérst ite, comenzó una ardua labo r de estudio, medición, descripción y catalogación. Todo ello, por su puesto, acompaña do d e la ejecución de un completo reportaje fotográfico. Se t rataba de al go m ás qu e llega r: Res ult aba pr ecis o la ver ifica ció n de las medi das, estru ctura, mate rial es y fun cional idad tácti ca - o en ocasiones hacendística o aduanera - de cada cons tru cc ión. Este trabajó se convirtió en una a ut én tica t esti fical pres encial de qu e las fuent es no m entí an, am én de un a acredit ación de l a ex ist encia y el es tado act ual (aun que s olo fueran v est igios ) de este legado histórico. Por otra pa rt e, también nos permitía cont rast ar lo que se p ro y ect ó con lo q ue re almen te se eje cutó , dado que lo pl aneado no siempre coincidía con l o ejecut ado . I n cluso en al guna ocasió n, co mo Sant a Elena d e Biescas , la cant era d e aprovech am ient o est ab a t an cerc ana a la con st rucció n que pudieron contrastarse los mater iales con structivos a simple v ista. La visita, estudio y prospección de los elementos arquitectónicos que componen el corpus d e est e t rabaj o h a seguido una metodolo gía base. Ésta, no es otra que la d el mismo plan de defensa estát ica de Tiburcio Spannocchi . El maestro italiano realizó un d etalladísimo estudio del terreno a def ender: La frontera del norte del Reino de Ara gón con l a Fran cia. Así , en base a un a s ufr ida ex p erienci a person al ex plor atori a, Spannocchi estab leció los p asos considerados inane s de amenaza de una invasión exterior, así co mo l os vitalmente necesitados de fortific ar en defensa d el Reino. Dado que, en e l transcurso de los siglos, hasta la misma a ctualida d, ning ún ingeniero, geógrafo ni estrat ega ha sido cap az de d esdeci rlo , acepta mos sus postulados como incontestables. Por ello dividimos la explora ción entre cada uno d e los valles: Comenzamos por el valle de Ansó , que resultó tan bello de admirar como decepcionante e n nuestr a búsqueda de los restos de la Torre de la Torroll a . Ning ún habitante de la z ona guard aba me m oria de ella. Las fuente s habl an de la Torrolla con certeza y con es o nos quedamos pues no permanece en la actualidad resto alguno de la misma 5 . El vall e de Echo resultó muc ho más fru c tífe ro . T r as c onsultar con algunos paisanos en el bareci to q ue se abre e n la en trada d el mismo pueblo de Echo, unos pocos kilómetros más allá d e la po blaci ón, a la iz qui erda de l a carret er a , y frent e al campi ng , d aba comienzo una anti gua c alz ada rom an a . Si guiendo e l tor tuo so cu rs o de l a mi sma, s e as cie nde con di ficu ltad y esfuerzo di sfrutándose de unas si ngulares vistas del difícil a cceso desde e l nort e, entre ell as la ‘ Garganta del I nfierno ’ . Ya cas i des esp era ndo de lograr nuestro objetivo, se alzó frente a nosotros la anti gua torre de Ysil , elevad a par a Fernando VI por Juan M artín Zermeño . La mis ma su rgió en tre l a m al eza, en tib ada, como mudo t e stig o de la guarnición de sacrific ados soldados que albergó en su momento. Nada quedaba de la constr ucción original de Spannocchi , pero era manifies ta su ex i sten cia en t al emp laz amien to, dado q ue la irre gularidad d e los mampuestos de la torre supé rs tit e evid enciab a cl aram ent e la reu til iz ación de sus mat eriales . 5 Circunstancia que no obsta para que en el futuro p uedan localizarse sus basamentos, tal y co m o ha oc ur rid o re cientemente co n puntos d el Pirineo Noro riental. - 18 - Los v alles d e Aragüe s y Aí sa no hicieron sino acreditar la opinión d e su impracticabilidad ase rta da por Spannocc hi, y e so, que los visitamos e n un esplendoroso verano y no en el crudo invi erno en e l que él los inspeccionó. Canfranc ofre ce im port ant es con tr astes en cu a nt o el grado de conserv aci ón de su s recuerdos munatorio s. En Canf ranc Quemado se al zan , ju sto al pie d e l a car reter a N -330 y atravesado por la misma, los restos del primer fuerte diseñado por Tiburcio Spannocchi. Ninguno de sus actuales habitantes, por lo me nos de los que pudimos entrevistar, sabía identif icar aquellas mi gaj as de li enz o y bal ua rte q ue vi gil an la trav esí a de Blas co de L e s . Sin embargo, allí sig u en bajo una pretendida ‘protección’ del gobier no d e Aragón. Más allá, siguiendo el c amino a la Fra nci a, nos topamos con la torre f usil era 6 de Alfonso XI II , que ocupa el s olar de l a T orre Espelunca d e S panno cch i, t otal ment e des ap areci da. El grado de restau raci ón de es te el em ento es perfecto , dado el esfuerzo de los habitantes de la localidad . Pasad o Canfranc Estación , sob re la crest a del Izas s e eleva m aje stuoso Coll de Ladrones 7 . Muy fe stej ado por turistas y e x cursionistas, ocupa el emplazamiento de lo que fue el anticipativo fuerte d e Zermeño, del que aún se aprecian significativos restos, aprovechados en la construcción contemporánea . Distinto f ue el c aso de lo s elementos munatorios integrantes de lo que fue el Centro del Dispositiv o de l a cadena fo rtifi cada en el mis mo valle del río Aragón . Cerca d el emb alse de Yesa, co ro nando esp lend or osa su meset a, apar ece Berd ú n . Allí, investigando en sus calles y a ntiguos muros, el donosti arra Jul io P u eyo 8 , nos contó , o más bien can tó , ges tas gr acias y recuerdos de a qu ellos muros. Jaca , legendaria plaza tan impo rtante e n la historia del Reino de A ragón, manif iesta inconte stable su mag nífica fortal eza d e San Pedro . Obra de ingenie ría militar máxima pa ra su época, s u estad o d e co ns ervació n se o frece i mpe c able graci as a la gran res tauraci ón l lev ada a cabo en la s egund a m ita d d el siglo XX 9 . Su interior, acuartela miento militar, e stá reservad o en muchos sectore s pe ro, a pes ar de ell o, el est udi o pud o ser m u y com plet o graci as a la amabi lid ad y coope raci ón de las Fuerz as A rm adas, es p ecialm ente d el C oronel Topet e . También allí, permane c e silencioso, dominando visualmente la ciuda d, el dormido Rapitán; está bien conservado pero, en la actualidad, aparece en un estado de total abandono. Est os do s emp laz amien tos s on em blem ático s de la capi tal de l a J acetan ia p ero, al lí mismo, en nuestro deve nir, descubrimos una olvidada construcción por nad ie refe ren ciada . En el Km. 535’5 d e la carr eter a N - 330, justo e n las afu eras de la ciu dad, en el c ruce d e camin os ent re las direc c iones que l levan a J aca , a Sabiñánigo , a Canf ra nc y a Pamp lona , hallamos un pequeño pastelillo . L as caract erí sti cas tan cl ásicas del m i smo , ind ucen al observado r a cifr arlo en ép oca del rei nado d e Carl os I Habsburgo . Nadie s abía n ada d el mismo, ni siqui era los ve cinos más interesados por la historia de su localidad. Solo una esforzada investigación nos llevó a datarlo en la segunda mitad del siglo XIX , en un esti lo eclé ctico histor icista. 6 Como vererem os e n esta t e sis eran dos gem ela s, pero una de ellas h a desaparecido p or com pleto. 7 Perfectamente rest a urado por la sociedad m ercantil que administra el hotel Santa C ristina , perm anece indeleble en la memoria de quien pernoctó allí en las acamp adas de juvent ud. 8 Quien, aun anciano, restaura con sus manos una de las viej as torres aspilleradas que protegen la p uerta de la plaza y do nde reside en sus momentos de asueto. 9 Sobre esta res tau ració n ve r p g. 43 4 d e este est udio. - 19 - Est e criteri o fue es encial m ente cl arifi cado a c aus a de un o de nu estro s vi ajes a Martes (sur de Berdún - Oeste de J aca ), donde se alz a herido en uno de sus lienzos un fuertecillo similar 10 . Sobre el mismo, un maduro pa stor, nos indicó que los mampuestos que faltaban en la construcción los había tomado su abuelo p ara construir la paridera que aú n era utilizable unos cientos de metros m ás al sur. Sobre el fuertecillo que domina el pue nte del barranco del río Tobo, nos contó: ‘ Eso lo hicieron por lo de los C arlistas …’ . Tal d eclar ació n no s im peli ó a su catalo ga ción, así co mo a agrup arlo con el past el d e J aca. Pasad o Bies cas, ya en el vall e de T ena , s e apr eci a, desd e la mi sma c arr et era que nos llev a a Sal lent de Gáll eg o y a Pant icos a, e l flamante fue rte artiller o de comienzos del siglo XX . Pero no era este nu estro objetivo. Así, tras cruzar a pie un ex iguo puentecillo sobre el cong ost o del río Gállego vimos la base de la Torre Zer meño . V igilan te d el cam ino, está cas i eclip sada po r la m ol e de sil lería que c orona el cabez o. Fermín Ramos 11 , nos contó que era casi desconocida por los lugareños, turistas y escal adores que frecuentan la z ona. A pesar de ello, a llí estaban s us testimonia les resto s, casi invi sibles al ojo no ac ostumbra do a este t ipo de fenómenos (de sd e luego, en bastante peor estado que Torre Ysil). También allí debió estar la original c onstru cción filipina, Torre de Santa Elena, de Spannocchi, pero nada queda de ella. Aínsa , bien a provechada turísti camente ha blando, nos dio un reposo a nuestro devenir, mostrándonos cual fue su evolución munatoria a lo la rgo de sus distintas épocas. Nada parecí a habe r cam biado d esde qu e Luci enne Br ie t tomó sus test imonios gr áficos a llá en los albores del proc eloso siglo XX . La mism a, parec e h o y en día continuar señoreando los valles de Br oto, Vío, P uértolas y Gistau. En nu estras co rrerí as p or la Ribagorza reco rd am os l a tris tez a ya ex peri ment ada en Ansó. Ni memoria entre sus habitantes, que solo re cordaban ciertos empla zamientos de los búnkers de l a cont empo ránea ‘ Lí nea P’ , ni resto físico al guno que dab a de la Tor re del Hospital , la de los Baños o del céleb re Catel Le ón . Esta impresión hubo de cambiar, pue s, avanzado el otoño del año 2011, se descubrieron las solerías de la Torre de los Baños y de l a Torre de l Hospit al. Otra cosa fue la posibi lidad de disfrutar de la vista de los cimientos de la extinta fortal eza de Benasque . Mi ami go y compa ñero de fatigas en los tri bunales, Fernando Lacruz 12 , me s eñaló su po s ició n a pesar d e l a niev e y de s u prem ed itada des trucción por los zap adores d e Isabel II de Borbón . En la C aput Regni , La Aljaferí a, el ‘Palacio d e la Alegría’ , es u na vi sit a re fer ente y obligada tanto a paisanos como a foráneos. Las grandes transformaciones y mix turas apli cadas sobre la misma nos obligaron a un intenso uso de las fuentes, perdiendo importancia el propio examen directo de la posic ión. Sin embargo se hiz o un tan cumplido como obligatorio report aj e foto gráfi co de d et alle . Los av ata res d e la R eb elió n de C atalu ña ( 1640-16 52 ) y d e la Gu err a de Suces ión ( 1702- 1704 ), desplazaron el inter és munatorio hacia una nueva frontera defensi va : ‘ La Franja Aragonesa’ . Por ello debieron visitarse y estudiarse las posiciones de M on zón, Mequinenza y Benabarre . En esta última poblac ión, el Barón Fra ncisco Abad , buen amigo y terraten ient e local , facilitó mucho nuestra actividad al ser un profundo conocedor de la z ona. 10 Fuertec illo de Ma rtes : C onst r ucc ión d efe ns iva emplazada en el cru ce de caminos al sur de Berd ún entre las carreteras N - 240 & HU - V - 5821. 11 Alma in discutible de AQUA Zaragoza (Asociaci ón de Quemados de Aragón), ti ene en Biescas su segu nda re sidenci a, y es profundo con ocedor de la regi ón. 12 Prop ietario y restaurador, por cierto, de la espectacular antigua torre m edie val de defensa de la cercana Cerler. - 20 - La s fotogr afí as h an si do ejecut ad as in icial ment e co n máqu inas de c arret e de 35 mm., para luego ser se r re aliz adas co n apa rato s de t ecno logía dig ital, que fac ilitan mucho la verificación del traba jo dada la posibilidad de su inmediata c onstatació n. No menos valor tienen los dibujos realizados, a pie de plaza, por mi incansable compañer a de viajes Ter esa Andrés Baquedano . Poco se tard a en relat ar lo vivido; vis to así, epitom iz ado, p arece más u n reco r rido de placer que un trabajo de campo de inv estigación. Sin embargo no ha sido a sí. Las visitas a los emplazamientos se han repe tido sucesivamente a lo largo de varios años en distintas ép ocas estaci onal es p ara contrastar las posibilidades y condiciones de cada element o munatorio. Una vez local iz ada cad a co nstr ucción , a cabab a la part e de avent ur a y comenz a ba la d e an áli sis y estudio en prec is ión. Así, las notas del diario de ca mpo, las observaciones personales y l as descripcione s de los lugareños, se convirtieron en esencial complemento de la información reco gida en las fu ent es y en los relat os de l os m eri tado s viajeros históricos. A la ho ra de la real iz ación de lo s apénd ices, herrami entas bási cas de est a tesi s, es ta labor d e cam po ha si do mu y aprov echad a. La gal ería d e im ág enes co ment ada of rece u n a perspec ti va visual que supera, desde el punto de vis ta descriptivo, cua lquie r texto por preciso que sea. Ad emás, en lo referente al glosar io terminol ógico, la ex pli cación d e cada el ement o mun atori o resul ta m uy ac larat oria al i r acomp añad a d e una im ag en rep resen tat iva del mismo. La pri mer a vez q ue estu ve fr ente a frent e con un a fo rti ficació n es trel lad a ar agones a fu e en la i sla d e Malta en febrero de 1997 . De sde aquel insta nte, tras la positiva impresión inicia l , dio comienz o una ávida voluntad de aprendizaje y estudio qu e ha alcanzado su madu rez, acad ém icamen t e canali zad a , co n est a t esis . Lo que si puedo afirmar, es que cada una de las construcciones de fensiv as de l as q ue se habl a en este t rab ajo, h a sid o vi sit ada y estu diada f ísi cament e al det all e por m i mo desta p erson a. Est amos habl and o de m iles de horas consumidas, dece n as de mil es de kilómetros rec or ridos y millones de ilusiones invertidas. Ahora p asamo s a un a pr ecept iva d escr ip ción de l as fu entes esc rit as, aco m pañada d e s u enumeración clasificada por archivos y con crit erio cronológico. También se realiza una labor similar con la bibliograf ía 13 . 13 Cuy o co ntenido se enumera por disciplinas ord enadas alf ab ét ica m e nte. - 21 - I . FUENTE S DOCU MENTALE S . Las Fuente s Primarias utilizadas en el des arrol l o de nu es tro es tudi o y d e las teo rías ex puest as (núcleo primor dial del trabajo), así com o en las con clus ion es fin al es a l as qu e se ha llegado , son diversas , nu m erosas y vari ad as . Para l a Pr imer a Herm eti zaci ón Pi rena ica ‘ a la Italiana’ , nos h emos apo yado especi almen te en el epi st olari o int ercamb iado en t re l os p rotagoni stas del p ro ceso de diseño y const rucci ón de l a cad ena fo rti fic ada. S ofo car l a resi sten cia aragon e sa sur gida en las Alteraciones de Aragón y c err ar el Pirineo Central a las invasio nes hugonote s implicó el cruce de un gran número de cartas e inst rucci on es en tre F eli pe II , su ‘ mozo de espadas ’, el Conde de Chinchón , el Consejo de Aragón, el Maestre de Campo Fran cisco de Bobadilla y el Cap itán Gen eral Alo ns o de Vargas 14 . Por supuesto , no podemos olvidar el epicentro documental esenc ial con stituido por las memoria s, relaciones y planos en planta y alz ada del ilustre ingenie ro italiano Tiburcio Spannocchi . E ntre e stos último s hay jugosos documentos que det all a n la elección de emplazamientos, diseño de fuertes y cubículos, búsqueda de elemen tos const ructi vos y un a con stant e an sied ad por las creci entes n eces idades de li qui dez y financiac ión. La corres po ndenci a entr e el r e y y S pannocchi acredi ta la cas i om nip resenci a de la c orona en estos asuntos, lo que re salta indiscutiblemente su gr an import ancia. Todas e st as epís tol as se hal lan cat alo gadas en el Archivo de la Corona de Ar agón, el Archivo de l a Dipu tació n de Zara goza, es pecial ment e en el Arc hiv o General de Si man cas , en el de l a Real Academi a d e Hist ori a, el Archi vo Mu nici pal d e Zara goz a, A rchivo M uni cipal de J aca, Archiv o Dio ces ano de J aca, l a Bibli oteca Nacion al, el CO . DO . IN. ( Colección de Docum ento s Inédi tos pa ra la Hi stor ia d e Esp aña ) y l a C olecci ón Apari ci 15 . Esp ecialm ent e aclar ativ o fue el i tin erari o de Pedro Vitalis por el Pi rineo Oscens e, que s e hall a en el Ar chiv o Dioces ano de l a C ated ral de Hues ca. Estos textos se han some ti do a un profundo a nálisis y exé ge si s, resultando obligado el ser ref eren ciado s en cad a mom ento de form a preci sa . L a labor investigativa sobre los citados archiv os ap ar ece m u y faci li tada po r l a ex celent e o rganiz ació n y cat aloga ción de q ue s e dispone en la ac tu alidad. 14 Es necesario adelantar que entre ambos jerifaltes las relacio nes fueron más que tensas. Al respecto de esta cu e stión ver: García Rivas, Manuel, La ‘Invas ión’ de Aragón e n 1591. Un a solución m ilit ar a las alte raciones del Reino. D. G. A. Zarago za, 1992. p p. 255 - 26 3. 15 La Colecc ión Aparic i recopila tant o infor maci ó n gráfica y documental relat iva a obras de fortificación en las Espa ñas, como sobre artillería, organ ización castrense y operaciones de cam paña d esarrolladas entre los Siglos XV y XVII I ( 1480 - 179 3 ). El Coron el de Ing enier os José Apa rici Garcí a fue c o misi ona do en 1843 p a r a extractar del A rchivo Ge neral de Sim ancas todos los docu men tos referentes al Arma de Ingen ieros. Esta misión se ejecutó entre el 1 de Ener o de 1844 y el 31 de Dic iembre de 1856 . En 1857 fue relev a do po r el Capitán Luis Pasc ual . Apar ici tra nscri bió los doc ume ntos data dos en l os Siglos XV y XVII y Pascual los relativos al X VIII . Los document os recopi lados se ag ruparon en 59 vol úmenes , cons ervados en el De pósito Gen eral To pográf ico, adscrito a la Dirección General de Ing e nieros hasta su supresión en 1889 , pasando a depen der del Ministerio de la Guerra. En 1905 , el depósi to se trasladó a las in stalaciones de la cal le Mártires de Alcalá de Hen ares. En 1921 , pasó a llam arse de pósito de Plan os y Arc hivo Fa c ul t ati vo de Ing enier os; en 1939 , el Servicio H istóric o Militar se hizo cargo del fondo, que en un p ri mer mome nto se i ntegró e n la B ibliotec a Centra l Milita r, au nque más t ard e pasó al Archiv o Ce ntral. L a recop ilación represen ta una fu e nte incontestable relativ a a la munatoria pe nin sular . Arch ivo Gener al M ili tar d e Madrid , cajas 7067 a 7101 . Cod. 6.3. - 22 - Además , pa ra esta époc a cont amos co n las es cl arecedo ras obras de J usto Lipsio y Bernardino de Mendoza , teór icos d e la filosofía política del mo mento que nos hace n comprender el por qué d e muchas de las decisiones de la cor on a. Por o tra p arte, en es te mom ento co ntam os con una f uen te gráfic a in dic ati va si ngul ar, unida a un diario de via je. Hablamos de los trabajos de Juan Lavaña . Estos i nclu y en un mapa que i ndica el posicionam iento y una d escri pci ón d el est ado de los resultados constructivos de la lí nea S panno cchi alre dedor de 1611 16 . El mismo, n o aporta novedades sobre re pa ros o mejo ras en l as cons trucci ones , pero s i no s da una refe renci a ex acta d e la si tuaci ón de l os elementos constructivos de la Línea Spannocchi en el p reciso momento de la Pax Hispánica . Para es te p eriod o cont am os co n los tex tos correspondientes a los desta cado s p ensado res políticos del momento como Baltasar Álamos de Barrientos , Antonio Pérez o Furió Ceriol . A la ho ra d e ex ami nar l os tr abajos real iz ados durant e el rein ado de F elip e IV , disponemos de in teresan te s epistolar io s y memoriales del Conde Du que d e Oliva res , del Re y con Sor María Jesús de Ágreda o con Juan José de Austria . P or otra part e , las disposiciones norm ativ as y a emp iez an a ser gener osas 17 . L os trabajos d e filosofía política de Di eg o Saavedra Fajardo o de J uan de Vera Figueroa , d e Que ve do o d e Gra ciá n también son mu y esclar ecedo res . Afortunada m ente, en est a época y al respe cto de las obras m unat orias d el Pi rin eo Centra l contamos c on los ma gnífic os memoriales de Fernando Chirino de la C ueva y d el Capitán Cornacholo . Lo s mismos son muy p recisos y s e hall an en el CO.DO.IN., el Ar chivo Gener al de S im ancas , en el Arc hivo de la Diputación de Zaragoza y en l a Carto teca del I nstituto de Histor ia Milita r. Dado que ofrece n sol uciones difer entes ( y a veces d iscrep an tes) para la fo rt ifi caci ón del Pi rineo A ragonés , so n es pecial ment e v alio sas , pues no solo nos ofrecen lo que fue sino también lo que pudo ll egar a s er. La época de la Guerra de Sucesión impli ca una actividad munatoria y poliorc ética que, para Aragón, pue de rec abarse e n archivos com o el A rchivo Municipal de Z aragoza , e l Archivo de la D iput ación de Z aragoza , el Archivo Municipal de Huesca o el Ar chivo Hist óri co Nacio nal . A es te resp ecto, más q ue i nteres ante r esu lta el comp ilat orio de docum entaci ón ref erida a pren sa p eri ódi ca au str acis ta a r agonesa elaborada por Ben edict o Gimeno 18 . 16 El itin erario d e Lav aña e s su diario del viaje, en el q ue an ota (en por tug ués) ob servacion e s geográficas y gran núme ro de descri pcione s, datos e ilus tracion es. Es u n cuadern o de cam po, dis tinto de los ha bitua les libros de viajeros, con datos esencial e s y precisos para conocer el pasado de A ragón. Aunque el origi nal ha desa parecido, el f ilólog o holan dés Isaa c Vo ssio ( 161 8 - 1689 ) cons iguió una copia (hoy g uardada en la Universidad de Leiden). Sobre la mi s ma , J ordán de Asso realizó otra para la Real Socie dad Económi ca Aragone sa cuando fue cónsul en Amsterdam ( 1776 - 78 ), siendo publicada en 1895 con prólogo de F. Sancho y Gil . La últi ma versió n es la de Grac ía Mer cadal , aquí usada: - “I tine rario del Rei no de Aragón (1610 - 1611)”. En García Mercadal, J. Viajes de Extranj eros por Esp aña y Por tugal, V, Ma drid 1 959, Vol. II. pp. 158 - 321 . Reedic ión C.S .I.C. Reprodu cción 1999. 17 - Noví sima Re copilaci ón de la Leye s de España. Dividi da en XII Libr os. En que s e re forma l a Recopi lacion publica da por el Señor Don Fel ipe II e n el año de 1567, rei mpresa úl timam ente en el de 1775: Y se i ncorporan l as pragmát icas , cédulas , decret os, órdene s y r esoluc iones Real es, y ot ras pr ovidencias no rec opiladas, y expedi das has ta el de 1804. Man dada for mar por el Señor Don Car los I V. B oletín Oficial de l Est ado, Madrid, 197 5. 18 Bened icto Gi meno, E. y Solís , J. Y Dios apoy ará al Cé sar. La Guer ra de Suces ión en Ar agón a través de las relaci ones de s ucesos. Centro d e Estudios de l Jiloc a. Cala mocha , 2006. - 29 - * Presupuesto definitivo de la Aljafería pr opu esto por Tiburcio Spannocchi a Bobadi lla el 1 8 de Fe b rero de 1593. A. G. S. , G. A. l eg. 380, fol. 196. * I nv ent ario d e bo cas a rti lleras presentes en el Reino de Aragón, a las qu e s e añad en las traí das e L o groño, B ur gos y Pedrola (s .f. Z ara goza ). A. G. S. , G .A. leg. 371 , fol. 245. * Dibujo en pers pe ctiv a del Vall e de A rán , Spann occhi. A. G. S. , M.P.D., 15,84. S.f . * I ntercambio epistola r entre Spannocchi y Felipe II , 18 de f ebre ro y 2 de m arzo de 1593. -A. G. S. , G .A. leg. 380, fol. 196. -A. G. S. Negociado de Mar y Tier ra, l eg.383, fol. 134. * Informe de Al o nso de Vargas a Feli pe II acerca d el derri bo d e l as cas as to rread as señ orial es del Pirineo Central, 27 de Mar z o de 1593, Huesca. A. G. S. , G. A. leg. 372, f ol. 1, 3 y 24. * Felipe II pide a Chinchón un informe sobre el estado d e l as obras d e la Al j afería, s. f. 1593. A. G. S. , G. A. leg. 375, fols. 1-3. * Marco M anar ia remit e i nform e de cont ab ili dad d e las o bras m unato ri as a ragones as a Fel ipe II, 27 de Marzo de 1593. A. G. S., G.A . l eg. 375, fol. 24. * Suger encias d e Alon so de Var gas a Felip e II s ob re la conv en ienci a de n o derrib ar l as cas a s torread as de los s eñores que habían perma necid o fiel es al re y du ran te las A l tera ciones de Aragón , o la oportunidad de indemnizarles por e ll o en caso de resultar imprescindible, en 13 de Abril de 1593. A. G . S. , G.A. leg. 372, fol. 24. * De Alo nso d e Var gas a Feli pe II sobre el estado del las obras del reino, 2 6 de Mayo de 1593, Huesca. A. G. S. , G .A. leg. 372, fol. 24. * Tiburcio Spannocchi. Traza s sobre l as al zas d e l a Alj aferí a, 2 de J u l io de 1593: -A. G. S., M.P . D., 5, 85. (T ramont ana). -A. G. S., M.P.D., 5, 86. (Mediodía). -A. G. S., M.P . D., 5, 87. ( Levant e). -A. G. S., M.P.D., 5. 88. (P oniente). * Intercambio epistolar entre André s d e Prada y C onde de Chinchón, 2 y 5 de J ulio de 1593 -A. G. S. , G .A. leg. 375, fols. 1 y 3. -A. G. S., G.A. leg. 375. fol s. l y 3. * Spannocchi a Felipe II, 26 de Julio de 1593 ( Zaragoz a ). A. G. S. , G.A. leg . 375, fol. 169. * Inform e de Alons o de Vargas a Fel ipe II, sobre lo s avance s d e Spannocchi en Berdún de 3 de Septiembre de 1593. A. G. S., G . A. leg. 356, fol. 181. * Instru ccio nes d e F elip e II a Tibur cio Span nocchi sobre la fo rtificación de J aca, 7 de septiembre de 1593. A . G. S. G.A. leg. 384, fol. 364. * Epístola d e C rist óbal Vázq uez de Peral ta a Felip e II, sobr e el es tado d e la cuesti ón d e 29 de Octubre de 15 93 ( Zar agoza ) . A. G. S., G.A. leg. 378, f ol. 43. * Cart a de Tiburcio Spannocch i a Felipe II , re clamando sus salarios atrasados, 5 d e Diciem bre de 1593 ( Z arago za ). A. G. S., G.A. leg. 380, fol. 56. * Pl anta del Fuert e del M orro en l a H aban a de J uan Baut ist a Ant onell i (159 3). A. G. S., M.P.D. Santo Domingo, Nº 13. * Alza de Castel León desde Poni ente, Spannocchi (1594). A.G. S. , M. P. D. leg. 405, fol. 176. * Pl anta bas e de Ca st el León, Tiburcio Spannocchi (1594). A. G. S. , M. P D. 15, 83. * Pers pecti va de Cas t el León des de el v al le de A rá n , Spannocchi. s .f. A. G. S. , M.P . D. 15, 82. - 30 - * Informe d el Duque de Alburque rque a Felipe I I sobre el estad o d e Zar ago za y del Rein o de Aragón de 26 de Febrero de 1594 ( Za rago za ). A. G. S., G.A. leg. 398, fol. 352. * Cart a d e Tiburcio Spannocchi a Felipe II , reclamando urgentemente recursos líqui dos atrasad os, en 2 de J unio de 1594 ( Za rago za ). A. G. S. , G. A. leg. 402, fol . 23. * Tiburcio Spannocchi escrib e a Felip e II sobre sus trabajos el 20 de Septiem bre de 1594. A. G. S . , G. A . leg. 405, fol. 176. * Informe d el Duque de Alburquerque a Andrés de Prada sobr e la e recci ón de l a capil la de San P edro en la fo rtal eza de J aca, a 25 de Septiembre de 1594 (Zaragoza). A. G. S., G . A. leg. 406, fol. 109. * I n forme d el Duque de Alburque rqu e al sec retari o Andrés de Pr ada: Órd en es so bre las guarni cion es pi ren aicas p ara evi ta r co nflictos co n los naturales. Además, ref erenci as s obre el equi pami ento d e las m eri tadas guarn icio ne s, a 5 d e Octubre de 1594. -A. G. S. , G .A. leg. 405, fol. 169. - A. G. S., G. A. leg. 357, fol. 168. * Cart a de reco mend aci ón de Sp annocch i so br e J uan de B aras oain , 23 de Diciembre de 1594. A. G. S. , G. A. leg. 479, fol. 2. * Cart a d e Tiburcio Spannocchi a F elipe II solic itando el dinero pr e ciso par a los reparos ne cesari os en las fo rt ifica cio nes o para co nclu ir d e tall es pend ient es (1595). A. G. S., G . A. leg. 468, f ol. 48. * I nforme detallado de Ti burcio Spannocchi a Felipe II ejecu tand o un a des cri pción gener al del Pirineo, a 5 de Noviembre de 1596. A . G. S. , G.A. leg. 461, fol. 81. * Pl ano de P ampl ona d e J acob o Pal earo F ratín (1597). A. G. S., M .P.D . 9 -69. * Cart a s de Tiburcio Spannocchi a Felipe II, 4 de Enero y 27 de ma yo de 1597, Fuenterrabía. -A. G. S. , G .A. leg. 481, fol. 81. -A. G . S., G.A. leg. 485, fol . 241. * Cart a de Fran ci sco de S epúlv eda y Marco M anaría al Duque de Alburquerque, 23 de Agosto de 1597 ( Za rago za ). A. G. S., G.A. leg, 488, fol . 306. * Epístola d el Duque de Alburquerque a Felipe II , 28 de Agosto de 159 7 (Zara goza) . A. G. S. , G. A. leg. 488, fol. 305. * Nombramiento de Le o nardo Turriano como ingeniero ma y or d e Portugal (1598). A. G. S., G . A. leg. 173, fol. 620. * M alvers acion es d e Le chu ga en C omo (1611). A. G. S. Sp. 1903, fols. 3- 5. * Chirino de la Cu eva de 21 de Octubre de 1641 al marqués de Tabara , sobre lo s empla z amien tos munatorios d el Pirineo Cen tral. A.G. S. , G.A. Leg. 1454. * Pl anta de l a Fort alez a d e San Pedro de J aca d el C apit án Cor nachol o (1641). A.G.S., MPD. XVI -141. * El Marqu és de T avar a da su p ara bi e n al Mem or ial Cornacholo: Epístolas del 21 y 24 d e Febrero de 1642. A.G.S., G.A. 1454. * Pro yecto C ornach olo d e o bras en l a f ortal ez a de J aca. A.G.S., M.P. D. XVI -142. * Creación de los Regimientos R eales (1704) . A. G. S . , G.M. Suple me nto. Leg. 346. * Atri bució n a la co ro na d e la ex clu sivi dad d e pro veer emp leos mil it ares. A.G.S., G.M. Leg. 1207. - 31 - * Ordenanza para la l eva de 8.000 hombres que debe hazerse este año de 1726, en los pueblos de todas las provincias de estos reynos, para la recluta y aumento de los Regimientos de Infant erí a Españ ola. A.G. S. , G.M. Supl. Leg. 497. * Reserv a pa ra la alta n o blez a de lo s elev ados c ar gos mi lit ares (1714). A. G. S. , G . M. Leg 4555. * Reserv a pa ra Cab all e ros y Fijodalgos del Cuerpo de C adetes (1714). A.G.S., G. M. Leg 2646. * Pr oy et o de herm etiz aci ón piren aica d e Próspero de Verboom (1748). A.G .S. , G.M. leg. 3700. * Pro yecto d e la fo rtal e za de San Fernando de Fi gueras de Zermeño (1750). A.G.S., G.M. leg. 2295. * Descri pción y evalua ció n de l a fortal ez a de San Fernando de Figueras por Zermeño (1752). A.G.S., G . M. leg. 3208. * Nombramiento como Inge ni ero Gen eral de J uan M artí n Zermeñ o ( 1769 ) . A.G.S., G . M. leg. 3803. - Ar chivo G ener al M ilit ar de S egov ia - * Testamento del Ingeniero Militar Miguel Marín Truq (1752). A.G.M.S. 9 a. Ms-52. * Inventario de bienes del Inge niero Milit ar Juan Martín Zermeño (1769). A.G.M.S. 9 a . Ms -79. * Inventario de bienes del Inge niero Milit ar Pedro Martín Zermeño (1 797 ). A.G.M.S. 9 a. Ms-79. * Testamento del Ingeniero Militar Pedro Martín Zermeño (1797). A .G.M .S. 9 a . M s-86. * Inform e sob re l as obr as d e forti ficación en el Pir ineo Aragoné s (1903). A.G.M.S. 3ª-3ª, leg. 136. * Prescripciones sobre el uso de cúpulas blindadas y uso de hormigón especia l en el fue rte d e Col l d e Ladron es ( 1903) . A.G.M.S. 3ª-3ª, leg. 101 * Fortifica ción en Aragón , informe de l 23 de o ctubre de 1903. A . G.M.S., 3ª-3ª, leg. 101.14. * Hoja estadís tica de fortificación: Batería de Obuses y morteros de Col l de Ladrones (1905). A. G. M.S. 3ª-3ª, leg. 90. * Pro yecto d e fo rtifi cació n d e Col l de Ladrones ( 1881). A.G.M.S. 3ª-3ª. Leg. 112. -Ibídem sob re los p lanos d e las cas am atas d e Col l de Ladron es, C omand anc ia de J aca, Vi ll a de C anfranc, 24 de J unio de 1900. - Ibídem m emori a des crip t iva d e pruebas d e i nstalación de materia l fijo de artillería en Coll de La d rones (1905). -Ibídem sobre el forrado de las casamatas del frente norte con hormigón hidráulico en Coll de La d rones (1912). -Ibídem sobre su camino milita r, 30 de Julio de 1917. - 32 - - Archiv o His tóric o Nac ion al - * Carta d el Marqu és d e Tes sé d e so bre l os t em ores d e l as aut or idades fel ipi stas sob re l as tendencias dinásticas austracistas del Reino de Aragón, 28 de diciembre de 1705. A.H.N. Estado. Leg. 491 . * Cart a del marqu és d e Mej orada al G ob e rnador de Ar agón y A rzobi spo de Z a ragoza, a 2 d e Mayo de 1706. A.H.N. Estado. Leg.298. * Q ueja s del Arzobispo d e Zaragoza de 16 de Julio de 1707. A.H. N. Es tado. Leg. 320- 1 . * Francisco Miguel del Puey o, conde de Guara al marqués de Campo Real con la or den de agrupar su ejér cit o en la Aljafería, 20 de junio de 1706. A.H.N. Estado, leg.298. * Sob re el saq ueo d e Ta mari te, ca rta d el a rzo bisp o a Gri mal do, Zaragoza 11 de noviembre de 1705. A.H. N. Estado, leg. 264. * Carta del gobernador a los Jurados y ju stici as de l a ciud ad de H ues ca, Zara goz a a 7 d e Agosto de 1705. A.H.N. Actos comunes nº 19. * C arta del Marqu és d e Mejo rada a Francisco Miguel de Pue y o. Bar b astro, 20 de J unio de 1706. A.H. N. Estado leg. 298. * Carta del Obispo de Lérida a G rimaldo sobre l a ocup aci ón bo rbónica de Benasque, 21 de Agosto de 1706 (Jaca) . A.H.N. Estado li bro 996, ff. 47-120. * Toma borbónica del castillo de Mequinenza. A.H.N. Actos c o munes nº 197. f ol. 80. * Memo ria so bre la refo r tifi cación de la fo rt alez a d e Mequi nenz a, a 21 de j unio de 1709. A.H.N. Estado. Leg. 365 . * Cart a de l con de d e G uara a l marqués de Campo Real para que acuartele sus tropas borbónicas en la Aljafería. Barbastro, 20 de junio de 1706. A. H.N. Estado leg. 298. - Ar chivo Mun ic ipal de Zar agoz a - * Fra n cis co de Bobadi lla a Feli pe II, inf orm e sob re l a ejecu ció n del C ond e d e Rib agorz a (1590). A. M. Z. Ms. 53, fols. 22. * Nomb ramien to co mo Maest re de C ampo de Francisco de Bobadilla, 10 de Agosto de 1591. A. M. Z. Ms. 53, fols. 2, 2v y 3. * Boba dilla al c onde d e C hinch ón. D escrip ción d e l a entrad a d el ej ércit o r eal en Zara goza , a 15 de Noviembre 1591 ( Zar ago za ). A. M. Z. Ms. 53, f ols. 23, 23v, 24 y 24 v. * Cart a d e Fran cisco de Bob adil la a Felip e II: Inf orme s obre el d erribo de l as casas seño ri ales piren aicas t ras las al ter aci ones de Ara gón. También i nfo rma de l a c ondena a m uert e de Juan de Lanuza ‘el Jo ven ’ . A. M. Z. Ms. 53, fols. 31 y 31 v. * Franci sco d e Bob adil la info rma a Felipe II del es tado de cosas en Zar agoz a a 12 de E ner o de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fols. 37, 37v, 38, 38v, 39 y 39v. - 33 - * Bobad illa a Felipe II de 18 de Junio de 1592 (Jaca). A.M . Z. Ms. 53, fols. 57 y 59. * Bobadilla al Conde de Chinchón, en 6 de Agosto de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fols . 87v, 88 y 88v. * Epístola d el Conde de Chinchón a Francisco de Bobadilla, 12 de A gosto de 1592 ( Valla dolid ). A. M. Z. Ms. 53, fols. 88v y 89. * De Fel ipe II a Bobadi lla, a 21 de Agosto de 159 2 (Va lladolid) . A. M . Z. Ms. 53, fols . 90 v y 91. * Ch inchón a B obadilla d e 22 de Agosto de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fols. 89 y 90. * Bobadilla al Conde de Chinchón, 28 de Agosto de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fols. 91 y 91 v. * Cart a de la C iudad de Zaragoz a al R e y en refer encia a l a Al jafe ría , 29 d e Agosto de 1592 ( Za rag oza ). A. M. Z. Ms. 53, fols. 91v y 92. * Bobadill a al Con de d e Chinchón de 31 de Agosto de 1592. A.M. Z. Ms. 53, f ols: 92v, 93 y 93 v. * Ch inchón a B obadilla, 19 de Septiembre de 1592 (Burg os ). A.M. Z. Ms. 53. fol s. 94v. 95 y 95v. * De Fran cisco de Bobadilla al Conde de Chinchón a 7 de Octubre de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fols. 98v, 99, 99v, 100 y l00v. * Bobadi lla a C hinchón de 9 de Octubre de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fols. 100 v y 101. * Cart a de Fran ci sco de Bobad ill a al Conde d e Chinchón de 14 de Octubre de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fols. 128v, 129, 129v, 130 y 130v. * Ch inchón a B obadilla, a 20 de Octubre de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fol. 130v. * Bobadi lla a Feli pe II, a 30 de Octubre de 1592. A. M. Z . Ms. 5 3, fols. 76, 76v y 77. * Fel ipe II a B obadilla, a 6 de Noviembre de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fols. 130v y 131. * Ch inchón a B obadilla de 11 de Novie mbr e de 1592 ( Taraz ona ). A. M. Z. Ms. 53, fols. 131 y 131 v. * Bobadilla a Chinchón de 12 de Noviembre de 1592. A. M. Z. Ms.53, Col. 131 v. * De Fran cisco de Bobadilla al Conde de Chinchón, a 13 de Noviembre de 1592 ( Za rag oza ). A. M. Z. Ms. 53, fol. 132. * Ch inchón a B obadilla, en 20 de Noviembre de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fol. 132. * Bobadi lla a C hinchón, 3 de Diciembre de 1592. A. M. Z. Ms. 53, fols. 132v y .133. * Bobadi lla a Feli pe II en 1 1 de Di ciemb re de 159 2 ( Za rag oza ). A. M. Z. Ms. 53, fols. 133v y 134. * Ch inchón a B obadilla, en 4 de Febrero de 1593. A. M. Z. Ms. 53, fols. 136v y 137. * I nstrucción d e Fel i pe II a Fr ancis co d e Bob adil la s obre la r edac ció n de un cat álo go de to das las pie z as a rtiller as pre s entes en el Reino de Aragón, especia lmen te en ma nos de part icul ares , a 7 de Febrero de 1593. A. M. Z . Ms. 53, fols. 136 y 136v. * De Fran cisco de Bob ad ill a a Andrés de l a Pr ada, 17 de Fe b rero de 1593 ( Zar ago za ). A. M. Z. Ms. 53. fols. 142, 142v y 143. * Bobadilla a Chinchón, 17 de febrero de 1 593 ( Zar agoza ). A. M. Z. Ms. 53, f ols. 143 y 143v. * De Fran cisco de Bobadilla al Conde de Chinchón, en 20 de Febrero de 1593. A. M. Z. Ms, 53, fols. 144, 144v, 145, l45v, 146, 146v, 147y 147v. - 34 - * Ch inchón a B obadilla, a 24 de Febrero de 1593. A. M. Z. Ms. 53, fols. 143, 143 v y 144. * Fel ipe II a B obadilla de 2 de Marzo de 1593. A. M. Z. M s. 53, f ols. 147v, 148 y 148v. * Me moria de Fran cis co de Bobadil la para Fel ipe II de 8 de Diciembre de 1593. A. M. Z. Ms. 53, fols. 151 a 156. * Felip e II o rdena al Duque de Alburquerqu e la construcc ión de la Torre de los Ba ños. Referen cia a l a c onclusi ón del Fuerte de Benasque. 26 de Abril de 1594 ( Ar anj uez ). A. M. Z. Caja 127. * Memo ria del Con sejo de G uerr a a Felipe I I aconsejando buena conducta entre las guarniciones de l P irineo para lograr un buen entendimi ento con los naturales (S.f. 1594). A. M. Z. Caja 127. Parágrafos 11 a 38. * Descri pción y relación sobre la distribución de las distintas bocas de fuego artiller as en las distintas f ortifica ciones arag onesas (S.f. 1594). A. M. Z. Caja 127. Parágraf o 43. * Actas s obre contrabando pi renaico y dispos iciones aduaneras (1594). A. M. Z. Ms.721. * Procl amaci ón de C arlos III Habsbur go en Zaragoza el 15 de Julio de 1706. A.M.Z . ms. 73. fols. 97 v-98. * Panegíri co s obre Carlos III Habsbur go (1706). A.M.Z . ms. 73. fols. 98v-99. * Ib í den. A.M.Z. Caja 5, nº4. * Cart a del cond e de Cardona a los jura dos de Zaragoza de 22 de septiembre de 1706. A.M.Z. Caja 5. Nº 4. * Disposici ones sobre l a d efensa d e l as pue rtas de Zara goza (1707). A.M. Z. ms. 73. ff. 91 v y ss. * Quaderno de lo que la ciudad de Zaragoza va ejecutando de la venida de S.M. (que D. gde.) Felipe 5º (1710). A.M.Z. caja 61. - Bib liote ca Na cion al - * Apología y e n escusation y f avor de la fabricas que se hacen por designio del Comendador Scri va en el R e yno d e Nápoles. S.f. [finales del s. XIV]. B. N. Ms. 2852 . * I n form e de Berna rdi no Es calant e sobr e el l it oral bri táni co (1554). B. N. Ms. 20256 fol . 168. * I n form e Spanno cchi sobre la invasión de Inglaterra (1587). B. N. Ms. 979. [en italian o]. * Informe Spannocchi sobre la invasión de Inglaterra (1587). B. N. Ms. 1750. [ en cast ellan o, 6 hojas a partir de l fol. 418]. * Descri pción d e las M ari nas del reino de Si cil ia de Spannocchi (1597). B. N. Ms. 788. * I n forme Bobadilla sobre Bernardino de Escal ante (1587). B. N. Ms. 5785, f ols. 90-92. * Discurso al rey nu estro señor del estado que tien e en sus re inos y señoríos y los de amigos y en emi gos con algunas ad verten ci as sobre el modo de proceder y gobernarse con los unos y con los otros, Bernardino de Mendoza (S.f. finale s siglo XVI). B. N. Ms. 904. y 1.049. - 35 - * Aforismos sacados de la Historia de P ublio Cornelio Tácito para la conservación y aumento de las monar quías. B.N. Ms. 1162. * Aforismos de Publio Cornelio Tácito para consejo d e las m onar quías. B. N. Ms. 949. * Al rey nuestro se ño r Fel ipe III e n sus reales manos a su entrada (1598). B .N. Ms. 10.856. * Cart a de J uan J os é de Aus tria a H aro sobre l a p aci fica ción de N ápoles d e 6 de Abril de 1648. B.N. Ms. 2.379 . * Carta de Juan José de Austria a Haro, comunicando sus victorias en la sofocaci ón d e l a Rebel ión de Cat aluñ a ( 1652). B. N. Ms. 2.384 . * Discu rso arb itri st a sob re las funci on es de l os s egment os s ocial es por P ed ro de V alenci a (1618 - Madrid -). B.N. Ms. 13.348. * Cart a de J uan J os é de Aus tria a F eli pe IV info rm ando de las d erro tas es p añolas en P ortu gal (1665). B. N. M s. 18.375 -1 . * Memorial de Don Juan José de Austria a Ma riana d e Aust ria ( 1667). B.N. Ms. 11.080 . * Decreto de deposic ión de Nithard. B. N. R -38.033. * Apu ntes de Blas d e Lan a del cu rso d e mat em áti cas de Mat eo C alab ro en la acad em ia de ingenieros (1714). B. N., Ms 6.901. * Cart a, que el Padr e F r. Ivan de l a Con cep cion T ri nit ario Des calço, Cap ell àn en el Camp o del Señor Maquès de de Marialva escrive al Señor Doctor D on Lorenso Thomas y Costa, Canciller de Cathaluña , h aziendo relacion de la expedicion de Mequinensa, dirigida en nombre del Excelentiffimo Señor Conde Vllefeld, Virrey, Lugarteniente, y Capi tàn G ener al de Cathaluña, por dic ho Señor Marques de Marialva. B.N. Ms. - Bib liote ca de la Re al Ac adem ia de H ist oria - * Instrucción de Felipe II a Andrés de l a Prad a or den ando la minimizac ión de ga stos en la obra de la A lj afería, en 4 de Ma y o de 1592 (M adrid). B.R.A. H. S ig., 9/71-61 (Aragón 4° ). * Planos de l a Fortal ez a de S alces. Anóni mo ( 1503). B.R.A.H. Colección S alazar y Castr o. A-11, fol. 357. * Paneg íri co del Obispo de Badajoz, P ablo Ruiz de la Mota de A b ril de 1520. B.R.A. H .tomo IV, Madrid 1882, 293 ff. * Repertorio epistolario de Juan Martín Zermeño durante su mando e n Orán y Mazalquivir. -B.R.A.H. leg. 274. Nº 81. -B.R.A.H. leg. 275. Nº 91. -B.R.A.H. leg. 277. Nº 42. -B.R.A.H. leg. 288. Nº 15. -B.R.A.H. leg. 30 0. Nº 29. -B.R.A.H. leg. 4309. Nº 29. - 36 - - Clás icas - * Herodoto. Lib. VII. 208-2. Gredos. Madrid, 1985. * Plutarc o, Moralia 210- F. Gredos. Madrid, 1996. * Tucí d ides, Histori a de l a Guerra de l Pelopon eso I, 10. * Tácito, Publio Cornelio. Anales. Espasa - C alpe . Madrid, 1964. Colección Austral 446. - Cole cci ón de D ocu m entos Iné dit os - * Cart a de los J urados de Zara goza a Felip e II refi rien do l a ala rmant e sit uación de la Caput Regni de 6 de Octubre de 1591 ( Za rag oza ). CO. DO. IN. Vol. XII, pp. 447-449. * Bando que anuncia l a entrada del ejército Real en Aragón de 15 de Octubre de 1591 ( Za rag oza ). CO.DO. IN. Vol. XII, pp. 447-448. * E l virr ey Marqu és de V élez s olicita fondos a la C orona para invertir en la fortific ación d el Pirineo ante la amen az a fran ces a ( V erano d e 1639 ). CO . DO .I N, rec. M. Novoa, Vol. 80. pg. 50. * G uarnici onam ient o de l as fortal ezas del P iri neo. CO . DO . IN , rec. M. Novoa, Vol. 80. pg. 85. - Direcc ión Genera l de Bella s Arte s - * Catal ogaci ón del cas ti llo de Loarr e. Dirección Genera l de Be llas Artes. C atálog o de Mo numentos Históric o - Ar tísticos, Vol II, pg.93. Ref. 1,1. CA. 08 9. EM. 03. 23 -V arios - * Pers pecti va de l a fort al eza d e Sal ces por Francis co de Holanda (1503). Patrimonio Nacional. Biblioteca del Escorial, s.n. * I tinerario Eclesiá stico de D. Petr us Vitali s, Doc to r en S agrad a Teol ogía, d e la Dió cesis de Huesca. Archi vo Di oces an o de l a Cated ral d e Hu esca. -F ol. Nº 25 vº. B roto. -Fol. Nº29 vº. Oto. - Fol . Nº 37 vº Castellar. -F ol. Nº 43 vº. Vio. -Fol. Nº 46 vº. Puértolas. -Fol. Nº 51. Aínsa. -F ol. Nº 53 vº B oltaña. -Fol. Nº 60. Samitier. 23 Sobre la catalogación de cada una de las fortalezas del presen te estudio ver Anexo de contraportada . - 37 - * Pers pecti va de Zar agoz a por Anthonius van den W y ngaerde (1563). Österreischische Nationabibliothek Cod. Min. 41, fol. 10 , S ec. Hands chr iftensam lung. * Plano Juan Lavaña . “ I tinerario del Reino de Ara gón (1610-1611)”. En García Mer cad al, J . Viajes de Extranjeros por España y Portugal, V, M adrid 1959, Vol. II . pp. 158-321. Reedi ción C.S. I .C. Reproducción 1999. * Memo rial d e las au tori d ades del vall e d e Ten a sobr e el ofi ci al de l a torr e de San ta El ena d e Biesc as de 19 de En ero de 1635. A.H.P.H. Protocolos notariales, Nº 6.806. * Feli p e IV a Ma ría Coronel valorando s us consejos de 16 de Julio de 1657 . Epistolario, c arta CDLXXXIV . * Carta d e María C oron el a Felip e IV, en l a que l e ex hor ta a cum pli r con sus deber es de re y catól ico, de 13 de Marzo de 1665. Epistolario, c art a CDXIII . * Cart a de Ma ría J esú s de Á gred a a Feli pe IV, su sti tu ye ndo los af orismos grecolatinos por ex tracto s de l as sa gradas es critu ras, a 17 de Septiembre de 1665. Epi sto lari o, carta C DXXI . * María C oron el tran smi t e al re y qu e no ex is te med io h umano de arr eglar l a s itu ación de las Españas, por lo que se encomiende a Dios, e n 4 d e abri l de 1665 . Epistola rio, car ta CDXL V . * María C oron el a Feli p e IV acerca d e sus pres agio s so bre la cam pañ a port ugues a de Don Juan José de Austria. Epistolario , en 1 de Abril de 1661 . Epis tolario, c arta DXL VII . * C reación de la J unta Gener al de C om ercio po r Don J u an J os é de Aus tria. R.D. de 29 de Enero de 1679 . * Decret o de d eval uació n de la m oneda d e vel lón . R. D. de 10 de Febrero de 1680. * Aíns a ofre ce su milicia local a la Co rona en su s titución de los ejérc itos reales. A.C.A . L eg. 70. * Informe de l gobernador de San Pedro de J aca C arlos Oriol Br acament del 15 de Julio de 1669 . A.C.A. Leg. 73. * Descri pción gener al de la s fortificaciones de Mequinenza por Pedro Ortiz de Pinedo (1803). C artot eca d el In stit uto de H is toria Mi li tar de Ma dri d , Pl. nº 2034 . * Noticia s I ndividuales, del Sitio, Rend imiento y Capitula ciones de la Villa, y Castillo de A yn s a , por señor Coronel D. J ay me Luzan, Governador de l C ondado de Ribagorca, veni das por Expres so al I lustris simo Señor Governador de Aragon; y otras particula r es de el R e y Nuestro Señor; y s u Real Ex ercit o, co n las de Ar agon, y general es d e todas p artes, publ icad as en Zar agoça a 21 de Setiembre de 1706 24 . * Capitulaciones que hace D. Ioseth Cañardo, Governador del Castillo de San Bartolome de Aynsa Monfiur de Saint de Elix, S arg ento Ma yor del Regimiento de gur, y Comandante de las Tropas Francesas de la Guar niç a de dicho Castillo, con el Coronel Don Iay m e Luzan, Governador del Condado de Ribagorz a, en 14 de s etiembre de 1706 25 . * Noticia s Publi cadas de l Campo de Mequinencia, y la rendicion de su Ca st ill o, con su s Capi tul acion es, a 25 de Deziembre d e 1706 . En Valencia: Por Diego de Ve ga , Impressor del Rey nue st ro Señor, delante de la Diputacion 26 24 Benedicto Gimen o, E. y Solís, J. Y Dios ap oyará al C ésar. La Guer ra de Suces ión en Ar agón a través de las r elaci ones de suc esos. C entro de Es tudi os del Jil oca. Cal am ocha 2006. pp . 81 - 85. . 25 Ibídem . 91. 26 Ibídem . 167 - 170. - 38 - * Informe Orry sobre el inventario del potencial bélico de la nue v a corona española (1702). Archi ves d e Gu erre, V i cenn es ( París). Guerra A. 1786 f ol. 235 y 1884 fol. 126. * Curs o Mat emáti co par a la I ns tru cción de lo s Mi l itares , im parti do en las A cadem ias d e Orán y Barcelona y copiado por el ingeniero D. Antonio Remón Zarco Torralbo y Orbane ja, corre spondi ente al curso 1759-1760. S. H. M. , Ms ML -R-235 A M-1028 y ss. * Dos copias de un Tratado VI sobre Cosmografía; una del alumno D. Carlos Cabrer y otr a anónima, correspondientes al curso de 1776 de la Academ ia d e In geni eros . S. H. M., Ms ML-R-425 C. 1775/8 T VI. * Col egio Ofi ci al de Ar q uitectos de Madrid: Copia del Tratado VIII sobre Arquitectura Civil de la Ac adem ia de m at em áticas de Barcelo na d e 1 74 0. * Pl ano de l a fortal eza d e San Fernan do de Fi guer as por J u an Cab allero en 16 de J unio de 1764. Instituto de Historia y C ultura Militar . Pl . N º 2455. Sig. A-30-22, fl. 1. * Plano de Coll de L adrones de Joaquín Ferrer y Manuel Vilademunt. Dici embr e de 1861, Z arag oza . Cartot eca d el In stit uto d e Hi stori a Mil itar de Madrid. Pl. nº 2. 067 . * Recorridos de inspección por el Pirineo determinados por Próspero de Verboom (1748). S.G.E. Memoria e Itinerarios Descriptivos. C-57. Nº 30, 30 (bis) y 31. * C olecci ón Lacasa. R eco ge los d iario s jaq ues es ‘El Eco del Pi rineo Cent ral’ y ‘El Pir ineo Aragonés’ entre 1881 y 1978. - Cuadro de Prelación de Fuentes - AD Z AG S AG M S AH N AM Z BN BRA H CODOIN Vari os Número y po rcen taje d e Do cu mentos p or A rch iv o. - A.D.Z: 19 (6’ 55 %) . - A.G.S: 132 (45’ 51 %) . - A.G. M .S: 13 (4’ 48 %) . - A.H.N: 11 (3’79 %) . - A. M .Z: 44 (15’17 %) . - B.N: 19 (6’5 5 %) . - B.R.A.H: 9 (3 ’10 %) . - CODOIN: 4 (1’37 %) . - V arios: 39 (13’ 44 %) . -Total: 290 documentos de fuente . - 45 - -C.I.H. M: Cartotec a del Instituto de Historia Militar de Ma drid. - C.S. & C: Col ecci ón S alaz ar y C astro . -C.S.I.C: Consejo Superior de Investigaciones Científicas. - CO.DO. IN : Colección de Docum entos Inéd ito s para l a His tori a de E spañ a. -D.G.B. A.: Dire cci ón Ge neral de B ellas A rtes . -E.D.H. M: Revista Estudios del Departamento de Historia Moderna. Universidad de Z arag oza. -I.H.C. M: I nstituto de Historia y Cultura Militar. - I. P. C . E : Inventario de Protección del Patrimonio Cultural Europeo. - M. C: Ministerio de Cult ura. - M.N. M : Mus eo Nav al d e Mad rid. -M.P. D: Mapas Planos y Dibujos. - M y P : Map as y Plan os. -R.H.J.Z: Re vista de Historia Jerónimo Zurita . - S.C. M. : Servicio Car to gráf ico Militar. -S.G.E: Servici o G eo gráfico del Ej ér cito . -S.H. M: Servicio Histórico Milita r. - 46 - AGRADECI MIE NT OS. Est e trabaj o ha su pu esto la ded ica ci ón a l estudio y a l a in vesti gació n d e más de un terc io de mi vida . A lo largo de todo este tiempo d e sat is facci ón, p ero ta mbi én de sac rifi cio, son innumerables las per sonas que se han interesado por mi esfuerzo, colaborando y ay ud ando con ilusión en la verificación de este pro y ecto. Seguro que olvido a los más destacados, y por ello ruego que me dispens en, p ero en es te mo ment o alc anz an mi fati gada memoria los siguie ntes amigos: - Teres a Andr és B aqued ano , cu yas imá gen es p lást icas artísticas , tradu ccion es del francés y ánimo constante han sido inconmensurables. - Carmen Sant os López, profesora de his toria en La Coruña quien, am én animarme a canali zar a cadém ic ament e m is i nvest igaci ones en estud ios de terc er ciclo , ha prop or cionad o ma gn ífico materia l biblio gráfi co de l a bibl iot eca d e la Facul tad d e Filoso fía y L etras d e la Universidad de Santiago de Compostel a. -Cristóbal Guitart Aparic io, pi onero de la castel lología aragone sa, quien no dudó en dedicarme su p recioso tiempo. - Coron el de i n fanterí a T op ete de Grass a, tan vi n cu lado a l a v ida d e l a Ciu da dela de J aca y actual director de su museo, por su cordial apo yo. - Teniente Corone l d e l a Cabal lería E spaño la Carl os R uiz de Lapr esta, erudit o historiador que ha facilitado ese nci ales textos y d ocumentos. - Capitán de la Leg ión E x tranjera francesa Marcos Chaudron, por sus tr aduccione s e impaga bl es aportaciones sob re V aub an. - César P érez de León, C arl os Her nán dez Munt an er y Javier Sis amón Lafu ente p or sus enseñanzas informá ti cas que apoy a ron el soporte téc nico de este trabajo y su compadreo e n los estudios de campo. Tambi én a Luis Ve ga Marruedo por su esforzado tra baj o gráfi co en Loarre. - Jorge Sánchez Caudevilla, compañero doctora nd o , por su incontestable ay u da en las fue ntes prim ari as de l a G uerra d e S ucesión. - Ángel Pueyo (de Berdún), Fermín R amos (de Bies cas), ‘Cabeza Parda’ , recread or de Bena squ e, Fernando L a cruz , act ual p ro piet ario d e la ant i gua t orr e de d efen s a de C erler, aq uel past or de M art es y ese an ciano a gri cult or de Larrad e que nu n ca sup e com o se l lam aban… p o r compartir conmigo sus recuer dos y experiencias s obr e los c astillos del Pirin eo. -Barón Fran cisco de Asís Ab b ad - Jai me de Ar agón y Torrob a , por su im portante contribución sobre los estudios de las fortificac ion es de Benabarre. GRAC I AS . - 47 - -1- - LA FO RTIFICACIÓ N PIRE NAICA BAJ O LO S AUSTRIA S . - Ese largo siglo XVI -. 1) LA FORT ALE ZA ABALU ART ADA ‘A LA ITA LIANA’ COMO M ODELO MU NATORI O DE LA É P OCA. Como pequeño proemium, c omentar que, en los albores de la edad Moderna, la m a yo r concentración del pode r en manos de los monarca s renacentistas 27 facili tó el pr ogreso de la artille ría y de la fortif icac ión, a pesar de los elevadísim os ga st os que suponían. “ Artillería y for tifi cación s e convirtieron en valios os instrumentos para garan tizar el nuevo modelo de estado que aparecía en e l umbral de la Eda d Moderna” 28 . Las for t alez as del Siglo XVI fueron c onstruidas por los mon arcas para defender sus r einos, puertos 29 y ciuda des (esp eci almen te des ti nad as a he rmet iz ar las fro nteras d e sus territ orios). La s fortalezas supondrán la cr eación de una figura de a firm ación del poder de la Corona y los nobles sólo fortificarán sus lares para proteger sus intereses económicos direct os 30 . Éste fenómeno, sin emba r go, se ve rá sometido a un proce so evoluti vo, del que se pueden distinguir, a l menos los siguientes momentos, cuy a madurez vendrá definida por los arqui tecto s e in geni eros cu ya obra s e pl asm ará en l a segun da mi tad del siglo XVI . 27 Este proceso com enzó a adq uirir f ir m eza en Europa tras la conclusión d e la Guerra de los 10 0 años en 1453 . A l a sazón, Francia, se hallaba exhausta y su estamento nobiliario desbaratado. Así las cosas, Lu is XI consigu ió i mponerse a la aristocracia. En Ingl aterra, esta lló la guerra civi l y sucesoria conocida como de las D os Rosas ( 1455 - 1 485 ). Tras ella diez m ad a la nobleza, Enri que VII estableció un a m o narquía autoritaria, fun dando la casa Tudor que llegará a s u zenit con Enrique VIII e Isabe l I . Por su parte, en Es paña, tras la Guerra de Sucesió n de Cas tilla ( 1475 - 1479 ), l os Reyes Católicos term i naron la Reconquista ocupando Granada ( 1481 - 1492 ) y desarrollaron una política in terior muy firme que redujo el poder de la arist ocr acia y los municipios. 28 Díaz Capmany , Carlo s, La for tific ación abaluart ada . Minis terio de Defensa . Madrid , 2004. pg . 104. 29 Sobr e munat oria port uaria: Escal ante, Bernardino, Diálo gos del Arte Milita r. Ministerio de Defens a. Madrid, 2002. pp. 206 - 207. 30 Sobre este tem a: Naval Mas, Antonio, Las C asas T orreadas del Alto Aragón . P r a me s. Zaragoza 2007. - 48 - 1.1) M ODELO MU NATORIO PREEX I STENTE: P RO TOMUNATORI A Y FORTI FICACI ÓN ‘ A LA ANTI GUA’ . E l c as til lo de L oar re com o ej em plo prim ord ial en A rag ón . El pas o del cazad or - reco l ector a l as pob lacio nes seden tari as tras la im pla nt ación d e la agricu ltu ra y la ganad erí a imp licó la creación d e po blaci ones establ es c on al macenes de alimentos. La codici a o la nece sidad hicieron surgir los ataques predatorios a dichos agrupamientos humanos par a arrebatarles su riqueza. Como respuesta, del instinto de conser vaci ón y el i n genio nació la cien ci a de la fo rti ficació n. La s ciudades se amurallaron surgiendo le y endas munatorias como Micenas, Tirinto, Troy a o Babilonia. Como toda fuer z a de acción g en era una de re acció n, la ci enci a poliorc ética 31 surg ió con la finalidad de e x pugnar los recintos amurallados. En un pr incipio el ataq ue a un p erí metr o fo rti ficado s e h acía med i ante u n viri l as alto que pret endí a cru zar l os fosos y e s calar los muros (acción com bin ada con la p acienci a de l a esp era de rendi r la p laz a por hambre) . Luego apareció la proto - ingenie ría de as edio en carn ada en l as mi nas 32 y l a s máquinas de guerra como balistas, catapultas, trabucos… (en resumen máquinas neurobalísticas ) 33 . En la épo ca m ed i eval el castill o alcanzó un nivel defensivo mu y perfe ccion ado, est a forti fi cación es cono ci da com o ‘ a la ant igua’ 34 . También debemos recordar que el período que va del Siglo XIII al XV constituy ó la ‘ Edad de Oro ’ de las ciud ades. L as mismas se desenvolvieron con m a yo r li bert ad y desarrollaron su riqueza y su cultura. Para prot eger su patrimonio se for ti ficar on. De tal forma vemos las f iguras defe nsivas medie vales del municip io amurall ado y el castillo señorial. Los núcleos de población medievales fueron formándos e, o bien aprovechando sol ares y elem ento s d e an tigu as ciud ades rom anas am urall adas, con traz ado s que n os recuerdan la s de aquellas, o bien abiertas y p rotegidas por un castillo, con una trama urba n a desor denad a, ad apt ada al terren o. 31 Sobre la ciencia del asedio y expugnación de plazas fortificadas en le antigüedad greco - latina consultar la f uente: Enea s ‘E l T áctico ’, Poliorcé tica. Gredos. M adrid, 1991. Edición de J osé Vela Tejada y Francis co Mar tín García. 32 Minas : T écnica poliorcética de la antigüedad que se usaba para expugnar f o rtalezas derribando sus mu ral las. Consistía en la excavación de una galería su b terránea desde las posici one s del asediant e hasta alcanzar los cimi e ntos de la muralla enemiga. Una vez allí se ampliaba la excavación entibándola adecuadamente. La destrucción s úbita del ent ibad o, p rovocada por el asedian te - nor ma l mente po r una co mb usti ó n co ntr ol ad a d el ent ibado y c ronológ icament e coordin ada con un as alto sim ultán eo al despl o me de los m uros - , implicaba el de splaza miento de lo s cimiento s y el hundimie nto de la muralla. Co n la apar ición de la p ólvora, la c ombustió n del apu nta lamient o se sus tituy ó por el em plaz a mi e nt o de horn illos de este explos ivo alcan zando r esulta dos dem oledores . Esta ant igua té c nica t uvo u n uso legendario, durant e la edad Moderna, en el Sit io de Ceuta [Ver Montes Ra mos, J osé . El Siti o de Ceut a, 1694 - 1727 . A gualarga, Madrid 1999]. En historia contemporánea la téc nica poliorcética de las m inas se practicó por las tropas de Na poleón I en el Seg un do Sitio de Z arag oza (21 de Dici embre de 1808 - 21 de Febrero de 1809), en la Guerra de Secesi ón American a (1 861 - 186 5) y en la Guerra Ci vil Espa ñola (1936 - 19 39) en el Al cázar d e Toledo. 33 Sobre ingen ios neurobalísticos: Sáez Abad, Ru bén, Art illería y p oli orcét ica en l a Edad Media. A l men a. Madrid, 200 7. 34 Sobr e la fortific ación ‘ a la antigua ’ ver: Fajardo G. de Travecedo, S. & Iñigo Fajard o L óp ez - Cuer vo Tr atado de Cast ellol ogía. Tri go. Madri d, 19 96. - 49 - Las pri meras fo rtifi caci ones medi evales euro pe as eran m u y simpl es, s e red ucían a u n a torre con escasas condiciones de habitabilidad, estando construidas de madera o incluso de tierr a, adob es o tepes . S ólo a partir del s iglo XI se gen eralizó la sillería o mamposter ía. El castillo propiamente dicho no hizo su aparición hasta el s iglo XII , y el impulso de finitivo a la fortif icación ‘ a la antigua ’ s e dio en el s i glo XIII . Los Elementos del Castillo Tipo 35 eran, bási cam en te, u n reci nto ex terio r am urall ado adapt ado a l as s inu osidades del terreno, y c ir cunvalado por un foso inundable (cuando era posible), comunicado c o n la puerta del castillo con un puente levadizo. En el interior de estos dos el ement os s e l evant aba el cas ti llo propi ame nte d icho , compuesto d e murallas (lienzos) altas y es trech as, y to rres de flanqu eo d e plan ta cu adrada, redonda o ultrasemicir cular . Las al turas de est as estru ct uras est aban coron adas p or adarv es, es tr echos a ndadores que permitía n a los def ensores hostilizar al enemig o a lo la rgo de todo e l per ímetro defensivo, proteg idos po r almenas. En caso d e que el as al tant e cobras e el ad arve , s u an gostu ra le impediría expandirse y p odría ser reducido y expulsado con pocos efectivos. Para a gredi r al enem igo que s e hubi era aprox i mado al m uro est aban l os m atac anes y ladro ner as, el ementos c onstructivos voladizos empl azado s en l o alt o de los fr entes m ás vulnerables 36 . En el interior del re cinto se disponían, alrededor d e un patio de armas, los edificios para aloj amien to d e la guarn ició n, l os al macenes, servi ci os de vida y establos. Además er a esenci al di spon er de un t olen o o al jib e capaz d e abast ecer el agua nec esari a d urant e un ased io prolongado. Un torre ón pod eroso , también inte rior (aunque en casos mu y puntuales c omo Loarre), conocido como torre de l homena je, repres en taba el el ement o munatorio pri ncip al; fab ricad a con g r andes muros, estaba constituida por varia s plantas y en e ll a se alojaba el Señor c on su familia y su servidumbre personal. Muchas veces esta torre había sido el origen mismo del castillo , y a ella s e le ha bí an id o añadi endo s uces iv ament e los d emás el em ento s con el paso del tie mpo 37 . Est os cast il los r esult aban cas i in ex pugnabl es a la po lio rcéti ca de su ép oca con sus máquinas neuroba lí sticas , as í es q ue la paci en cia de un as edio prol on gado er a la que r end ía por hambre y epidemia la posición pretendida (sin olvi dar el e spurio r ecurso de la traición o el in genioso de l a aña gaz a). Sin embargo, como veremos en el sig uiente p arágrafo, a l prin cipio del Renacimiento, estas estru ctur as s e of reci eron com o ex trem ada ment e vuln erables a l a i ncip ient e artil lerí a. Fue el p rin cipi o del fin p ara el cas til lo q ue, en ad elant e, ser á con oci do co m o fortif icación ‘ a la Antigua ’. 35 Sobre l os elem ent os tipo qu e compon en la fort ifi cac ión a la antigu a y su descripción, consul tar: - Vi llena, L eonardo de “ Glosario de t érm inos cast ellológicos m e dievales”. Castillos de España N º 7 1. Asoc iación españ ola de Ami gos de los Cast illos . Madrid, 19 76. - Lu i s de Mora - Figueroa, Luis de, Glos ario de ar quitect ura defens iva medi eval. Min isterio d e Defensa. Madrid, 2006. 36 Sobre l a ti pología de los Ele mentos Voladizos , ver Apén d ice Nº 2 del presen te estudio: Diccio nario ter m i nológico . 37 Como ef ecti vamente es el caso de la Tor re del T rovador de la A lj af ería de Zaragoza. - 50 - - Esque ma bá sico de F ortificación a la Antigua- 38 1. Torre del Hom enaje. 2. Torres. 3. M atacanes. 4. Cadals os. 5. E scaragü aitas . 6. Borje. 7. Ladro nera. 8. Puente Levadizo. 9. Puente Durmiente. 10. Barb acana. 11. Espoló n. 12. Alm ena do . 13. Saeteras. 14. Talud. 15. Adar ve. 16 . Buhedera. 17. Aljibe. 18. Capilla. 1 9. Patio de Ar mas. 20. Foso Inundable . 21. Estacad a. 22. Portillo. 23. Cap oner a. 38 Ele m e ntos básico s de un ‘ castillo a la a ntigua’. Dibu j o y pl a no re ferenc iado de Te resa A nd rés Baqued ano (2010) , sobre l itog raf ía de S. e I. Fajar do (1996). - 51 - Un eje mplo capita l del mod elo con stru ctiv o preceden te a las Fort alez as abal uartad as es el C astillo de Loarre. Dada su tot al capaci dad a ut árquica, es un magnífi co ej empl o de es te modelo munatorio medieval. Este concepto está magníficamente expuesto por Jos é Or tega y Gasset : “La ide a de q ue el individ uo limite el poder del Es tado, que qu ede, por t anto, una por ción de la persona fuera de la jurisdic ci ón públ i ca, no pue de al ojarse en las men tes clásicas. Es una idea germ ánica, es el gen io que p one las p iedras d e sus cas tillos s obre otr as . En un prime r momento, nos ha n parecido los ca stillos, síntomas de una vida opues t a por completo a la nuestra. Hemos huido de ellos y nos hemos refug i ado en las democ racias antiguas como más afines a nu estras formas de existenc i a públ ic a. E l estado an ti guo se apodera del hombre íntegramente, s in dejarle r est o al guno para su uso particu l ar. Y entonces, los castillos par ecen descubrirnos, más allá d e sus ge stos teatrale s, un tesoro de inspiraciones que coinciden exactamente con lo más ho ndo de nosotro s. Su s tor re s es tán labradas par a proteger a la person a contra el estado”. 39 Desde el punto de vista histórico, L oarre e s un c astillo románico de ‘ Plant a Compleja’ 40 empl azad o en l a sierra d e Lo a r r e 41 , a 35 kts. de Huesca . Es, sin duda, e l ejemplo munatorio de sus caract erís ticas mejo r co nserv ado de Eu rop a 42 . Su función mun atori a era la de d om inar l a Hoya d e Hues ca , parti cularm ent e Bol ea 43 , pl aza capi tal mus ulm ana de la z on a, que co ntro laba l as r icas t ie rras a gríco las d e la ll anu ra. Durante la oc up ación musulmana no exis tió sobre el promontorio construcción munatoria alguna 44 . El 1035 , el hijo Régulus d el Re y d e N avar ra Sancho Garcés III ‘el Ma yor ’ , Ramiro I independizó el condado de A ra gón de Navarra y lo constitu yó c omo r eino. Entonces, se apoderó de la región mozárabe de l Serrablo y prosiguió su campaña expansionist a h as t a reconquistar los a nti guos condados de Sobrar be y Ribagor z a, conquistando, además , l a ribera del río C inca. La ac ción co mbi nada de las fu erzas crist ianas d el val l e de Ras al y los moz árabes del secto r ( se parados por la sierra que enlaza los Mallos de Riglo s y el pi co d e Monrepós) propició la incorporación de Loarre al joven Reino 45 . 39 Ortega y Ga sset, J., “Ideas de los Cas tillos”. En El Es pectador . T. V, Bib li oteca Nuev a, Mad rid 1950. 40 Sobr e este punto ver: G uitar t, Aparicio , Cristóba l. Castil los de Aragón . Librería General, Z aragoza, 1976. V ol. I, pp. 157 - 168. 41 La Sierra de Loarre se levanta al n or oeste de Hues ca , y es, como las sierras cercanas de Salinas y lo s Mallos d e Riglo s y Agüero , una sierra de altura m edia, muy erosionada, con gra n variedad vegetal y d e fa una. 42 Catalogado por la Dirección General de Bellas Artes ( Co mis aría General de Bellas Artes – Servicio de Infor m ac ión Artístic a, Arqueoló gica y Etno ló gica - ). Madrid 1968. Vol II. pg . 93. Re f. 1,1. Ca. 089. EM. R3. 43 Bole a : Localidad de la Comarca Hoya de Huesca qu e per tenece y ejerce la capitalidad del munici pio de La Sotonera. Sit uada sobre una altura que tiene v ertie ntes a norte y sur, dis ta d e Huesca 19 km t s. 44 E n l a s obras de restauración de la portad a del Casti llo (p rincipios de la década de 1970 ) , al derribar la hospedería del S. XVIII que la ocultaba, se encontró una pequeña ventana de piedra co n doble arco de herradura, mainel y alfiz, al estilo de las i gles ia s mozárabes de la c uenca del Gállego ( Lárrede, Busa, Gavín … ). Es te indicio (ho y, tristemente de sap arecid o , durante l os combates librados en la Gu erra Civil 193 6 - 39 ), p ermitiría teoriz ar sob re la existe ncia d e un ase ntamie nto crist ian o - m ozár abe en e sa mota dura nte los S s. I X y X . Al re spe cto , ver: Dur á n G udi ol, A. El Castil lo de Loarr e . C. A . Z. A. R., Zaragoza 1971 . p g. 7 . E sta hip óte si s se vi o reforzada con el descubrim iento, 10 años después, de do s salas m ozárab es en l a p lanta 3ª y e n el núcleo prerrománi co. Sobre este dato: Bo lea Agu aró n, F. J. E l C astillo d e Loarre . Autoedición, Huesca 1984 . Esta s claras pruebas desautorizan l a afirmación de Jer ónimo Blancas sobr e la exis te ncia en Loarre de un C astillo mus ul má n, de l q ue no ha y i nd ic io arqueológico alguno (Blancas, Jerónimo, Coment arios de l as Cosas de Aragón . Z aragoza - I mp . del H ospicio 187 8 (Versión de Man uel Her nández ). 45 Sobre e stos h ech os ver, Sol ano, Enr ique. Ar agón, Luces y Sombras de su his toria . S ilex, Zaragoza, 2009. pp. 12 1- 148. - 52 - Su evide nte valor estr atégico dete rminó su inmediata fortificac ión , frente a una Sotonera 46 islamizada y su pod eros a fo rtalez a de Bo lea. Si bien, l as p rimeras not i cias d e la exi st encia un a obra munatoria en Loarre d at an d el r einado de Sanc ho ‘el Mayor’ 47 , será du rante el r einado de Ramiro I , cuando el castillo se consolide como último baluar te fronteriz o del reino de A ragón. En este período su pape l fue capital, cua ndo en 1057-1058 Ramiro I intentó infructuosamente tomar Bol e a 48 . El 1069 , Sancho Ramírez sucedió a su padre en la Corona de Aragón 49 . Tras su coronac ión, S ancho Ramírez fue recibido en Roma por el Papa Gregorio VII . Tras de clara rse Sancho Ramírez vasallo de l Papado, éste lo reconoció c omo re y ‘ Por la Gracia de Dios’ , con lo cual se consumaba la i ndepende n cia de Navarra . Consecuencia de ello, fue la adopción en el joven reino del rito romano en sustituci ón del arrian o o el mo zárab e. Es pecial ment e s e asumió la r eform a mona cal G rego riana 50 . Dentro de est a polí ti ca general de co nsol idaci ón de la monarquía, se procedió a la fundación del Monasterio de San Pe dro en el C astillo d e Loarre. La institu ción religio s a fu e ben decid a po r el Papa Alejandro II el 17 de Octubre del 1071 . Entonces, Sancho Ramírez i nició una agresiva campaña expansionista que le llevó a conquistar Muñones (Secastilla - 1079 - ) y Prati el la ( 1080 ), hostigando Zaragoza ( 1081 ). El 1083 , año en el que t om ó Graus y A yerbe, l ogró ent rar en Bol ea, ata cand o des de el casti ll o de Loarre, pero solo la ocupó por brev e tiempo 51 . S ancho R amí rez es t aba en Loar re cuan do el Papa Urbano II , por B ula Iusta Fidelium bendij o el nuevo monasterio de Montearagón 52 . El re y g u errero murió en combat e, en un ataque, a Huesca el 1094 . El sucesor de Sancho Ramírez, Pedro I , partió de L oarre y at acó Bol ea en s epti embre del 1101 . El r e y m o r o de Zara goza, Mostaín II , envió a sus vasallos u na expedición de auxilio. L a misma fue repeli da en O ctu bre d e es e añ o y Bolea fue conquistada quedando bajo la juris dicción de l c ast ell ano d e Loa rre 53 . Durant e el S. XII la z o na dejó de ser mil itarm ente f ront eri za, d ado el avanc e de l a Reconquista 54 y los logros de los ejércitos cristianos. Así, el castillo perdió s u función inicial de posición avanzada f rent e a los musulmanes. L a nueva villa de colonización, surg ida en l a s laderas oriental y meridional de l a mota del casti ll o, fue cerc ada en el S. XIII por una sólida mural la qu e aún ho y s e co nserva. Unida al ad yacente burgo de San Esteban, alcanzó una población de setenta unidades familiares, número que permaneció inalterable durante toda la B aja Ed ad Medi a. 46 El municip io de La Soton era, llamado así por el río Sotón que lo atravi e sa, tiene su cabecera en la Villa de Bo lea , situada a 19 km ts. al norte de Huesca . 47 Arch i vo de la Catedral de Huesca, Diploma de Donación de las villas de Ce nten ero y Sala m añana (ho y Pardinas), al Conde Sancho G alínde z , del 14 de Abr il del 1035 . Ter cera column a. 48 A l respect o, ver: Duran Gu di ol, A . Op. C it. pg . 9. 49 Sobre ésta época en Loarre, ver: - Bolea A guarón , Op. Ci t. pp. 15 - 21. - Valen zuela Foved, Virgilio, El Castillo de Loarre. C. S. I. C. Hues ca, 1957. pp. 17 - 23. 50 Para fuentes sobre este tema ver: Salarru l lana, Document os corr e spondi entes al Reinado de Sanch o Ra mírez . Zaragoz a, 1907. 51 Bo le a Aguar ó n, O p. Cit . pp. 17 - 21. 52 Lacarra, José María. Arag ón en el Pasad o . Espasa Calpe, Madrid, 1979. 53 Para consu ltar fuentes sobre Pedr o I: Ub ieto Arteta, Anton io. Colecci ón Diplomát ica corr espondie nte a Pedro I de Arag ón y Navar ra , Z aragoz a 1951. 54 Sobre la Guerra de Reco nquist a Española ver: Valdeón B aruque. L a Reconquis ta. Espasa, Madrid, 2006. - 53 - Jaime I ‘el Conquistador’ 55 , en 1263 cedi ó el ius possesionis del Castillo a la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San J uan de Jerusalén . L os mism os, ejercieron este derecho hast a el 1285 , cuando Pedr o III , en guer ra con Fran cia , ordenó la en tr ega de la p laz a al abad Fernando de Montearagón 56 . El 16 de mayo de 1328 , Alfonso IV otor g ó al m unicipio la te nencia del castillo había de custodiar y m ant ener a sus ex pensas, debiendo devolve rlo a la coro n a a pet ici ón del m on arca . Esta situa ción finó el 21 de Diciembre de 1347 , cuando Pedro IV recompensó los servicios de Pedro Jordán de Urriés con la al caldí a, ten encia y custodi a del cas til lo d e Lo a r r e . Di ez años después, Pe dro I V , acu ci ado por los problemas económicos provocados por la s necesi dad es bél icas 57 , vendió por 12.000 sueldos jaqueses el castillo y v illa de Loarre a Pedro Jordán de Ur riés 58 . El 1381 , l a c orona recuperó la posesión del c astillo tra s ind emni zar al de Urriés . De nuevo ne cesitad a de re cursos (a la sazón, para la consolidación de l poder Aragonés en Sicilia), la Corona, esta vez encarnada por Martín I el Humano , v endió de n uevo el castillo , el 29 de O ctubre de 1408, a Ramón de M ur , por 2.000 flo rines 59 . Martín I, murió sin descend en cia el 31 de m ayo de 1410 , iniciándose el larg o interre gno en el qu e la no blez a se disputó agria ment e la sucesión al trono ar a gonés. Aunque el Co m pro miso de Caspe 60 determinó co n la el ecci ón de Fernando I de Antequera como legítimo monar ca, el 28 de Junio de 1412 , las ambiciones de los otros aspirantes mantuvieron el espíritu de la rebelión. El más agres ivo de ello s f ue el c onde Jaime de U rgell , qu e est ab a apo y ad o p or las m esnad as de Antón de Luna y por l os i nteres es f ranco - británico s. Tr as el Di ctam en d e Casp e, el d e Urgel mantuvo abierta re belión en Balaguer. Fue apoy a do por Antón d e Luna q ue s e en castró en Loarre, Bole a, M arcu ell o, La Peña y Biniés co n t ropas fran ces as e in gl esas r ecl utadas en la Gascuña 61 . El 13 de Mayo de 1413 , aprovechando la ausencia de Antó n de Luna (quien reclut aba Mer cenar ios e n Gas cuñ a), F ernando I conminó a la guarnición d e Loarre a l a capit ulaci ón . Rech azad a la ofer ta, el c astillo f ue sitiado por Juan D elgadill o , quien se vi o obligado a l evant ar el cerco ante l a lle gada d e Luna con sus mercen ari os de Alb ión . S in embar go, ese v eran o, se rindieron los ‘ urgel istas ’ estab lecid os de Monte aragón y, e l 31 de Octubre, el propio conde Jai me de Urg ell e nt r e gó Balaguer. Antón de Luna hu yó a Navarra, y los últimos u rgel ista s de Aragón fueron reducidos en menos de 90 días 62 . Consolidada la nueva di nastía T rastámara , Alfonso V sucedió a su padr e en 1416 . En ese mo ment o la dec aden ci a de la ob ra m unat oria emp iez a a ser v erti ginos a . 55 Sobre Jaim e I: - Lampayas , J . Jaime I el Conq uist ador . Revis ta Literaria, Madrid 1959. - Foriscot, A rt uro, P., Jaim e I el Conq uist ador . Moli no, Barcel ona , 1946. - Jaime I. Libr o de los He chos del R ey Jaime . Gr edos, Madri d 1988. 56 Sola no, En rique, O p. Cit . pp. 151 - 155. 57 Concretam e nte la invasión de la Mallorca de Jaime III , el Ros ellón, la Cerdaña y Confl ent . 58 Bolea A guar ón Op. C it. pp. 2 6 - 27. 59 Vale nzu e la F oved, V. O p. Cit. pp. 23 - 32. 60 Sobre el Compr omiso de Cas pe: Jarner, Florencio. Exa men de L os Suce sos y C ircuns tancias Q ue Moti varon El C ompromis o de Caspe, y Juicio Cr ítico de Es te Aconte cimient o y de Sus Cons ecuencias En Aragón y En Cas till a . Nab u Press, U. S. A. 2010. 61 Gasc uña: Regió n ubicada entre el Océano Atlántico ( Golfo d e Vizcay a ), el G ar ona y l o s Pirineo s ., en l a gran m a sa boscosa d el centro geog ráfico de Gascuña. Su s ríos p rincip ale s so n el Garona y el Adu r . Su nombre proviene de la voz Was conia , qu e der iva a s u vez del patron ím ico del a nti guo pueblo de l os vascones . En e l S. VII, los merovingio s crear on allí el Ducado de Vasconia . 62 Bor afull, M. ‘ Proc eso contr a el Últ imo conde de Urgel l y su F amilia ’ , Barcelona 1971. - 54 - Los fina les del siglo fueron testigos de cómo la poblac ión que vivía a los pies del casti llo se tras l adó a la actu al vi lla d e Lo a rr e , r euti liz ando materi ales de l a fo rtal eza par a edifi car sus cas as 63 . Desd e ese momento, solo se re gistró u na fu gaz est an cia de l as t ropas borbónicas en l a Guerra de Sucesión ( 1702-1714 ) y un uso esporádico y circunstancial por algun as part idas de guerr il leros durant e la Gu erra de la Indepe nd encia ( 1808-1814 ). El det erioro sufri do por l a fortificación fue importante, sin embargo, ho y e n día, Loarre es la co nst rucción mun atori a román ica mej or con ser vada de Eu ro pa, gracias a los trabaj os d e restauración realizados a principios del S. XX 64 y e n la década de los 70 del mismo 65 . Vista de con j unto del m odelo Munator io de Loar re (2009). Desde un punto de vist a puramente t áctico y e structural, el c astillo de Loarre se er i gió ex novo durante la reconquista por la Corona Aragonesa. El Emplazamiento elegido se asentaba sobre un promontorio de roca caliza que se utiliz ó como sólidos cimientos ( aprovec ha miento geográfi co ). Ello suponía una gran ventaja defens iva, ya que la construcción munatoria era completame nt e invulnerable a las minas. En un pr incipio, la proto- fortal eza se al zab a en los limes de l ter ritorio ene migo (a l i gual que lo serían Montearagón, Pue y o d e Sancho, Pue yo de Barbastro o M arcuello…), con la finalidad d e servi r de pl ata forma p ara raids ex pansionistas cris ti anos. La datación del primer recinto munatorio no pr esenta gran dificultad. Para ello nos basamos en su propia morf ologí a: De for ma prismática ir regular acomod ada a l a cima d e l a mota. Es de un románico purísimo y carece d e el e ment os arq uit ectóni cos d e estilo lombardo (introducidos en esos lares por e l Obis po Oliva de Vi c 66 ). 63 Gas cón de Got or, An selmo, El Castillo de Loa rre . Nu e str o T iem po, Z aragoza , 1906. 64 Sobre estos trabajo s ver: A rco, Ricardo del, “Obras y hall a zgos e al Cas tillo de Loarre”. En Boletín de la Rea l Academia de Histo ria , Tom o LXV III, Cu aderno I, Enero de 19 16. pp. 6 - 29. 65 Acerca de la ú ltima reforma, Durán Gudiol, Op. Cit. pp. 27 y 32 - 33. 66 Est ilo Lombar do: Magníficos ejemplos del mismo son las ig le sias de San Caprasio (Santa Cruz de Serós) y Santa María de Almenara (Run de Ri b agorza). - 61 - Asimismo, e n 1342 vem o s la p rimer a r eferen ci a d el us o def ensi vo de l a a rti ll ería des de una fortificación. Esto es en la crónica del asedio de Algeciras, llave del estrecho de Gibraltar , por las tropas de Alfonso XI de Cast ill a don de se ex pl ica el u so de l a arti llerí a po r parte de los musulmanes sitiados 85 . L o ci erto es qu e y a a comi enz os del Siglo XV el us o de l a artille ría est uvo genera li zad o en las guerr as P enins ulares . De hech o Fernando I de Trastámara, fue u na de l as p recl aras m ent es mi li tares que m ax im izaro n el us o de l os t renes de batir. Dura nte el asedio de Antequera de 1410 , la art ill ería cast ell ana repr esent ó un importante papel 86 . El mi smo ilustre ar tillero re ducía a s u rival, el Conde de Urgel, en el asedi o de Bala guer ( 1413 ) . La co mbinación de l as piezas de tiro tenso y curvo de las trop as aragone s as rindió l a plaza en un tiempo re cord en una demostración del futuro del nuevo elemento poliorcético. Los a lbor es del Siglo XV serán t esti gos d e una i mpl antaci ón gen eral iz ada de la art i llería en el r est o de las n aci on es Eu rope as. P re cisam ent e, tu vo no tabl e rel ev anc ia en l os comb ates librados entre J uan II de Aragón 87 y Luis XI de Fr an cia 88 . Aunq ue, com o acab amo s d e ver, l a artil lerí a y a se h abía us ado en E ur opa des de el primer tercio de l Siglo XV , será en el asedio d e Constantinopla ( 1453 ) 89 donde, su uso masivo, d ará un gir o a la historia militar. En e st e lege ndario sitio, amé n del uso sis temático de tren es d e bati r 90 , es de dest acar l a cons tru cció n, por par te tu rca, d e l a fort alez a de R um e li Hissar justo en la entrada del Bósfor o con la finalidad de aislar a la ciudad todo pertr echo. Si n dud a es la pr imera f ort ifi cación p rep arad a para em plaz ar bat erí as en su s adarves 91 . La artil lerí a fu e la cl ave d e la caíd a d e la ciudad Im perial y cambi ó la f az de las forti fica cion es en el futuro, da ndo lu gar a las llamadas Fortalezas Est relladas 92 . 85 Ver , V igó n, J o rge, Hist oria de l a artil lería e spañola. In stit uto Jeróni mo Z urita , Madrid 19 47. 86 Será precisamente a causa de estas gloriosas Jor nadas por las que el Infante será conocido como ‘ Fer nando de Ant equera’ . 87 Sob r e Jua n II de Ara gón ver : So lano F. & Armi lla s J . A. His toria de Z aragoza . V o l. II. Ayuntamiento de Zaragoza, Z aragoza 19 76. pp. 15 - 17. 88 Para a m pliar conoci mien tos sobr e estas ref ere ncias ver: Arategui y S anz, J, Apuntes hi stóri cos sobr e la Ar tille ría Es pañola en los S iglos XIV, XV y prime ra mit ad del XVI. Vol . I. Madri d, 1887. 89 Sobre la Caída de Const antinopl a: - Dihel , Car los. Gr andeza y Servidum bre de Biz ancio . E s p a sa - Cal pe, Madrid 1943 . - Maier, Fran z. B izancio . Sig lo XXI, Madri d 197 1. 90 En 1452 un ingen iero húnga ro llam ado Orbán ofreció su ciencia al E mperador d e Bizancio que, aunque interesado, carecía de la liqui dez nece saria para financiar el proyecto. El Sultán otom a no Mohamed II si pudo: Orbán fabricó para él u na gigantesca bombarda de bronce. Medía diez m etros de lar go y s us p royectiles (bolañ os) ten ían 80 cmts . de diám etro. 60 buey es la de splazaba n y e ra serv ida por 200 artilleros. Tras cada disparo debía cubrirse con espesas mantas para evitar un rápido enfriamiento, hecho que quebraría o fragilizaría su estructura. En el i nterv alo entre los sucesivos dis par os, impu e sto por el lento enf ria miento de la caña, sus serv idore s la limpiaban y eng rasaban con sumo cuidado. Entre es tas labores, transcu rrí an un m í nim o de dos hora s, de modo qu e la bombarda s ólo podía ejecu tar 7 di sparos di arios. Ju nto a esta pieza se emplazaron u na gra n ca ntid a d de bocas de f uego men ores. El 28 de Mayo de 1453 , l a m onstru osa bo mbar da de Orbán hizo blanco, eficaz demoliendo un lienzo completo de la murall a del sector del valle del L ycus. Era el principio del fin de la ant año gloriosa Bizancio. 91 El hech o d e em plazar b ocas de f uego en los adarv es nac ió con el proto - conce pto mun atorio de Bastilla, previo al de Bate ría: Espacio acondicionado en m urallas y torres para el em plaza miento de bom b ardas y prot o - artiller ía en las for talez as de tra nsición. 92 Sobre este tema, referenci a imprescindible es: Herrero Fernández - Quesada, M a Dolores, “Cañones y castillos. La artillería y la re n ovación de la arquitec tura militar ”. En Las f ortific aciones de Car los V , pp. 171 - 193. Min ist erio de Def ens a, Edicion es del Um bral. M adrid, 2000. - 62 - La prime ra époc a de l a arti llerí a europ ea est uvo caract eriz ada por las l lamad as Bombardas (o L ombardas ). Las mis mas s e int egra ban po r tres el em ento s: L a Caña o T omba, la Recámara o Mascl e y l a Cureña . Efect ivam ente, la especi al car acte rís tica q ue las defin ía es que l a bo ca d e fue go se pr esen taba s ep arada en d os un idad es: L a cañ a y la recá ma ra . Ambo s elem ento s pr ese ntab an en su p art e ex t erior ar goll as por l as qu e se p asab an unas cuerdas o cin chas que p ermi tí an uni r recám ara y caña qued an do la Bo m barda li st a para s er di sparada. A si mismo, la tomba no constituía una sola unidad de fundición sino que estaban compuestas por un cie rto número de duelas de hierr o unidas por varias arandelas que la s afirm aban rode ándo las a braz adas p or su ex teri or. No s erá h asta fin ales d e l siglo XIV cuando la met alur gia alc ance el grado d e d esar roll o n eces ario p ara fund ir recám ar a y cañ a en un a sol a piez a. El nuev o metal utili zado será el bro nce (al eaci ón d e cobre y estaño ). Estas piez as artille ras, llama d as Frusleras, eran f abri cadas por lo s campan ero s. En n um erosas oc asio nes eran inferiore s a sus predecesoras de hierro dado que sus fabricantes no eran herreros, sino fabric ant es de cam panas y apli caban l a mis ma p r oporci ón d e al eaci ón a l as arm as d e fu e go que a sus eleme ntos musica les sacros. El problema es que una excesiva propor ción de estaño las h acía queb rad iz as. Estas pie zas tenían como primitivo mo ntaje un Zoquete de m ad era al q ue s e at aba la caña. El sis tema d e ase ntam ient o era su ficien te para emp laz ar bat erías def ensiv as en l os muro s de un a fortal eza as ediad a par a bati r al as alt ante. Sin embargo, l o s si tiad ores d ebían calz ar con cuñas l a pa rte anteri or d e la pi eza par a elevarl a en al za en d ir ecci ón h acia las al tas mural las. Est as ex igenci as p oli orcéti cas ll eva ron a la in venci ón de l a Cu reña o Escalamira. La mi sma estaba formada por dos bastidores que sost enían una tra vies a, la cual podía se r colo cada a di sti ntas altu ras con pasad or es d esmo ntab les; sobre est e li stón s e apo yaba l a p art e anteri or de l a bom bard a q ue, de es ta man era, al canz aba el alz a desead a. E l térmi no cureña se ge n era lizó en Castilla a principios de l siglo XV , si bien, en Aragón se ha bía llamado, en un principio, Fusta o Fuste . Para disparar una bombarda, pr im ero se debía proceder con riguroso cuidado a su carga. S e int rodu cía en s u recám ara - q ue, pas ado el efecto d el di sparo ant erior , debí a estar fría - la pólvora hast a llenar unas tres quint as partes de su capacidad. Encima del propelente se col ocab a un t aco de madera ( calepino ) que s e at acab a par a compri mi r el ex plos ivo . Tras esto se uní a la rec ámar a con l a cañ a atand o am bas co n firm eza a t rav és de s us ar gollas lateral es. Ent onces s e in tro ducía l a b ala (de hie r ro - p elota - , hierro y pl omo -bodoque- o pied ra tall ada -bolaño- ) po r la bo ca de la caña y se ata caba co n un b aqu etón para que s e despl azar a por el áni ma h ast a el fon do de l a m ism a alcanz and o el ex trem o d e la re cáma ra. Dispue sta la pieza, el artille ro, tr as apuntar rudimentariamente su boca de fuego, apli caba la m ech a al oído (tamb ién l lamad o chi menea) d el mascl e. C on es ta acció n provo caba la exp los ión de la carg a prop el ente, cu yos gases imp uls aban el pro y e cti l en l a dirección de s eada. Una gran dosis de cautela en este proceso proporcionaba mayor longevida d a la pieza y a sus servidor es. Resulta evidente que el intervalo ent re los sucesivos disparos de una misma boca de fue go er a la rgo. El que cada bombar d a tuviese varios mascles acortab a el tiem po de es p era y acele rab a la cad enc ia de fu ego. De cua lqui er modo resulta difíc il imaginar que unos experimentados servidores fuer an capa ces de ali ment ar una pi eza co n la qu e estu viesen y a f ami li ar izados más de 8 o 10 veces por j ornada d e co mbat e. - 63 - Si comparam os l a longitud de una bombar d a con la de una boca de fuego cont emporán ea, es in evi tabl e cons iderarl a co m o una p iez a corta: S u longitud nunca sobrepasó los 12 calibr es . Los actuales conceptos artilleros, podrían avent urar que era un arma desti nada al tiro oblic uo. Sin embargo no era así. La bombarda fue siempre un arma de tiro tenso; sus caract eríst icas est aban o ri entad as a inc rem enta r el pod er del i mpact o de su d isp aro cont ra unos muros defensores aún erectos en vertica l y previos a los cambios de la ci encia mu natori a ren acenti sta o b jeto de est udio en est a ob ra. ESQUEM A DE BOMBARDA 93 1. Palanca de Orien tación. 7. Cañ a. 7 a. Duelas de refu erzo . 2. Mazo . 8. Bo ta fuego s. 3. Cuchar a de Carga. 9. Bolañ o. 4. Escobilló n. 10. Cuchil l o. 5. Recám ara. 11. Cu erno de c ebo de oíd o. 6. Cure ña. 12 . Cuña o Esp res . 13 . Tapón de la recám ara. La tend en cia gene ral d e la pri mig enia arti ll ería fu e la fabr ica ción d e b om bardas cad a vez ma y o res, capa ces d e di sparar p ro y ecti les mu y pes ados. La o bses ión d e lo s est rate gas po r el gigantismo derivó en la construcción de bombardas monstruosas. El peso de una bombarda podía a l canzar los 6.000 kgms. y sus proyectiles oscilaba n entre los 5 Kgms. y los 150 (podían alcanzar hasta los 250 si eran de hierro y no d e piedra). En la t ransición del siglo XIV al XV , el alc ance efect ivo de las piezas artilleras variaba entre los 1.300 y los 2.000 mt s. Otras variant es de pi eza s art ill eras de l a épo ca f ueron l os Morteros, pri meras piez as artil leras esp ecial iz adas en el t iro cu rv o, t amb ién co nocid as co mo pedreros . Las bombardetas, falconet es , ce rbatanas, pas avolantes, ribadoquines , mosquetes… fueron piez as de m eno r enti dad dest inad as a mis iones m enores p ara l as que su b ajo calib re era más adecu ado. 93 Esqu ema de l autor s obre dibu jo de Walker, B r u ce. La Armada . Folio, Barcelon a 1995. p g. 94 - 64 - A mediados del siglo XV apareci eron ref resc antes no vedades en l a cien ci a art ill era: - Las gr ad es piez as se r eser varon ex clus ivam ente p ara la po lio rcét ica conv irt iénd ose en rare z as, por el contrario, s e generalizaron las de calibre pequeño y medio. Este paso implicó la ge neralización de los proy ectiles metálic os con sus inher entes mejor as balístic as. - Las cañas adopt aron u n a forma t roncón i ca que i ncr ement ó su res ist en cia y lon gevi dad. La r educció n de l a pro por ción d e es taño so br e la d e co bre en l a al eació n d el bro nce, consiguió que la s tom bas fuesen menos quebradizas. - Las cureñ as s e ali ge ran y se les inco rp ora rued as pa ra f acili tar s u d espl azam ient o añadiéndose, además, sencillos recur sos pa ra modificar su tiro en alza. A final es del si glo XV l a i mpos ici ón de l as pi ezas l igeras y d e f ácil despl az ami ento , que permi tían acomp añar a u n ejér cit o en m arch a si n ret rasarl o en su av ance y apo y á ndo le con su fue go, es cat egóri ca; es el nacim ient o de l a Artillería de Campaña. Será e n est a épo ca cu ando Galileo Galilei 94 descub ra l as le y e s de la caída de lo s cuerpo s y de la t ra yecto ria pa rabó lica de los pro y ectiles, o cuando L eonardo Davinci teorice so br e la artil lerí a d e su épo ca p ar a Ludovico Sforza ‘El Moro’ 95 . A partir d e este in s tante e l artille ro deja de ser un elemen to subjetivo de circunstanc i as para convertirse en un auténtico profesional instruido. Los R ey es C atól icos 96 empezaron su definitiva campaña contra Granada asombrando a Occidente con los numerosos Tr enes d e Ba ti r qu e respal d aban a s us t radici onales mesn adas 97 . El Sigl o XVI presenció la inclusión de notables novedades en la ciencia artillera y un gran des arr oll o d e la mis ma qu e ya hará im parabl e e im presci ndi ble s u p res encia en el at aqu e y la d efens a d e posi cio nes forti ficad as 98 . A comienzos de éste sig lo, todas l a s p i ez as artilleras se ma nufa cturan en metal fundido y ya no se int eg ran de dos partes, como las bombardas, sino que estaban conf i guradas por una sola unidad. 94 Galilei, G alileo. Le Ope razioni del Com passo Geom etri co et Mi litar e. Padua, 1606. 95 Sobre este t e ma: Vezzosi, Alessandro. “Milan au temps des Sforza”, En L eonardo de Vi nci: art et science de l'univers , Ga llim ard, 1996. Ca p. III. 96 Sobre esta activ idad de los Reyes Católicos, ver: - “Historia del Rey Don Fernando el Católico”. Zurita Jerónim o. D iputación de Aragón, Z a ragoza 1991, Tomo I . - Verdera Franco, L eo ncio. “La Conquista de Granada” . En Artil lería y For tifi caciones en la C orona de Cas till a durante el Reinado de Isabel la Catól ica . Minis terio de Defensa, Madrid 2004. pp. 60 - 110. 97 Sobre la Artillería Trastá mar a ver : - Medina Ávila, Carlos J. “La artillería española en el Reinado de los Reyes católicos. La época de los artillero s empírico s y el despe rtar del Arma”. - Herrero Fernán d ez - Quesada, M ª Dolores. “L a Artillería de los rey es católicos. P rocedencia y semblanza”. - López Martín, Javi er, “La evo lución de la Artillería en la segund a mitad del si glo XV. E l r einado d e los Reyes Católi cos y el contexto eu ro peo”. T odo s en Artiller ía y Fortifi caciones en l a Corona de C astilla durant e el re inado de Isabel l a Católi ca . Ministerio de Defensa, Madrid 2004. pp. 112 - 223. 98 Pa ra un est udio en prof undidad de la Artil lerí a Habsburgo: - AA. VV. Al Pie de los Cañones, la Arti ller ía Española. Tabapres s. Madrid, 199 3. - Herrero Fernán d ez - Quesada, M a Dolores, “De los oríg enes m edievales de la Artillería española a l a Artillería Austracista ”. En A l pie de los cañones , pp . 21 - 51. Tabapr ess. Madri d, 1994. - 65 - Esta innovación se apoyó en clar os mot ivos: - L os gases de e x plosión provocados por el disparo de una bombarda se fugaban c on variable ge n erosidad por l a unión entre e l m as cl e y l a tomba. - La dosifica ción de la pólvora en cada disparo para que no se rompiese la unión de las dos partes era delicado capítulo. Las nuev as pi ezas elud ían es tas d esvent ajas y, com o benefi cio añ adido , la car ga de la boca de fu e go se acel erab a. Debemo s resal ta r como esenci al la ap ari ción de l os l lamad os muñones: Elem ental es piezas mecánicas en forma de tornillo que formaban cuerpo a rticulado con la boca de fuego, permitiendo elevar o descender l a caña para modi ficar su puntería en alza. Otro a vance destacable fue la homo geneización del propelente. Hasta los últi mos días del sigl o XV s u fabric ació n fu e li bre. La pól vora s e el abo ra ba en mu lti tud de tal l eres a rtesan al es mani festán dose en u na amp lia v aried ad d e cal i dades ex pl osi vas, que s e trad u cía en un irregular comportamiento del explosivo. El artillero est aba sometido a que la calidad de su pólvora fuera floja o soberbia , cuestión de la que podían depe nd er los resultados de su trabajo y su propia vida. Los albores del s i glo XVI impusieron l a nec esi dad de la estandarización de l ex plosivo para conseguir un propelente univer sal que eliminase la incert idu mbre s obre l a cond ucta del pro y e ctil . El lo con llev aba la es t atali zaci ón d e las fábric as d e exp los ivo s militar es. L as cureñ as tam b ién s e unif ormi zaro n adoptando la g eneral imagen, per enn e has ta fi nales del si glo XIX , d e do s só lid as piez as d e mad era, l lam adas gualderas, uni das ent ré sí por o tr as más peq u eñas (t rav iesas ) y refo r zad as con h err ajes metálic os. Otra de l as neces idad es generad as p or las nuevas mis ion es de Camp aña asignad as a la artil lerí a fue la d e incr e ment ar su al cance p ara p oder bat ir al enemi go con efica cia a las ma y or es d ist ancias imp uest as por los cam pos de bat alla. La prim era medi d a para cub ri r este obj etiv o fue alar gar l as c añas de l a s bocas de fuego. Esta provid encia propiciaba las ventaj as balí sti cas deri vad as de un i ncrement o d e la ca pacidad d e dire cció n d e l a tra yecto ria del proyectil durante su r ecorrido por el ánima y un mayor aprovechamiento de los ga ses d e explosión que increme ntaba la velocidad inicial del mismo. En func ión de lo visto sólo la reducci ón de los calib res permi tía fabri car pi ez as l igeras a l a vez que l arg as. Es tas caract eríst icas , de rivad as de la neces idad tácti ca, imp usi eron la ap ari ción de las piez as artille ras cara cterí sti cas d e la épo ca: Las Culebrinas. La s culebrinas eran de bronce, fundidas en una sola pieza, largas y de bajo calibre. Tenían alred edo r de 30 cali bres d e caña y po día n real iz ar fue go efi caz has ta lo s 5.000 mts. De esta f amil ia, p ero de meno r calib re, eran l os ll amados Sacr es y Sac abuches. Sin duda Franci a fu e la pi on era en l a cr eaci ón de la Ar ti ll ería de C ampañ a, da do que la primera manifestación de este modelo mi litar, adecuadamente articulado y organizado, se produjo en la invasión del norte de Italia po r l as Uni dades d e Car los V III de F rancia durante la última décad a del sigl o XV. A pes ar d e el lo, l a ar til lerí a del Gran Capi tán 99 fu e deci si va en la derrot a gala d e Ceriñola ( 28 de Abril de 1503 ). A la saz ón l os concept os t áctico s de l a época l imi taban el us o de la ar ti ll ería a un des gast e de las t ropas enemi gas ant es de l choq ue fron tal. 99 Sobre Gonzal o Fernán dez d e Córdoba : Martín Gómez, Antonio . El Gran Capi tán. Alm e na, Madrid 2000. - 66 - El propio Maquiavelo , en su obra capital, ‘Arte de la Guerra’ ( 1521 ), li mita su uso a una so la des car ga ant es d el en cuent ro 100 . Por otra parte, la poli or cét ica s iguió ex i giendo pi ezas artil leras de dis tint a natural eza que dieron lugar al nacimiento del cañón , de cal i bre mu y sup erior al de la cul ebrin a y con caña más cor ta. S u dest i no fu e el ased io y defe ns a de fort al ezas - hecho que configuró la arqui tectu ra d e las m ism as, t ema pri ncip al de ést a ob ra - y su uso en la Mar, tanto para la defens a cos te ra co mo p ara su i nst alació n en n av íos . Los cañon es s e cl asi ficaro n en t res modalidades: Rebujos (cañón ligero), Crepantes (cañón medio) y Berracos (cañón pesado). Ade más l as pi ezas de ti ro curvo, antes men cion ada s, man tuv ieron sus car act erí sti cas. 101 Herra m ientas Ma yores : 1. Palanca de Orientaci ón. 2. Escobilló n. 3 . Baqueta. 4. Ser pe ntín. 5. Cu chara de pó lvora. Ele mento s Bá sico s: 6. Cureña : 6 a. Gual der a. 6 b . Du ela. 6 c. T raviesa o Cal estrín. 6 d. Rod ajes. 6 e. Cuña s us tit uib le po r un muñó n gr ad uad or d el a lza . 6 f. Argolla de tiro . 7. Cañ a, tubo o tomba : 7 a. Culata y Bo la o cascabel. 7 b . E je soporte. 8. Oíd o o c hi menea . 9. Cubo de arena. 10. Bot afue go . 11. Balas . 12. Calepino. 13. Cart ucho . 14. Cuchillo. 15. Pun zón de oí do. 16. Cu erno de ceb o. Una ca ract eríst ica com ú n a to das l as piez as d e esta ép oca es l a deco raci ó n ex teri or de las bocas de f u ego. P rimorosamente cincelada s con ornamentos, escudos, filetes y divisas, incluían le y endas con el nombre de su constructor o del R e y a quien servían. También podían estar glos adas con u na di vi sa épi ca ( l ema ). 100 Maquiavel o , Nicolás. El Arte d e la Gue rra (1519 - 152 9). Cl ub In terna cional del Libro. M adrid, 198 4. 101 Esqu ema de l autor s obre dibu jo de Walk er, Br uce, Op. Cit. pg. 95. - 67 - En definitiva, cada pieza estaba dotada de una personalidad propia que la constituí a en un ente subjetivo unido sentimentalmente a sus servidores y , en ocasiones, en una auténtica obra de arte. Es también en este pe riodo cuando las piezas dejan de fundirse y elabor ar se en t alleres parti cular es p ara p asar a ser manu fact urad as p or el Est ado en fact oría s es peci ali zad as y dedi cadas ex clus ivam ente a el lo. Es l a época d el n acimi en to de l a ma y o rí a de las M aestran zas M il itares : S evi ll a, Málag a, Medina del Campo, Barcelona, B u rgos... Con el Emperador Carlos V Habsburgo llegaron a Es paña mu lti tud de pi ezas alem anas dado q ue en l a re gión se hab ía al canz ado u n a gra n d estrez a en la f abric aci ón d e es tas armas . Estas piezas presentaban la novedad (rápidamente asumida por todas la s Ma estran zas peninsulares) de incorporar e n el centro de la parte superior de la caña unas asas que increm entab an ex p onenc ial ment e la f acil idad d e su m anejo y emplaz amie nt o. Es tas as as en seguida fue ron bell ame nte ci ncelad as r epres en tando hermo sas fi guras como delfines o dragones. Clar o ejem plo d e ést a ép oca del uso de l a art il lería p oli orcéti ca fu e el Gran Asedio de Malta de 1565 102 . En cuant o a arti ll ería nav al, ést a será deci si vo fa ctor p ara l a vict oria d e la Liga Santa en l a Batalla de Lepanto , librada el 7 de Octubre de 1571 103 . El reinado de Fe lipe II Habsburgo fue m u y mu ni ficen te en el desar roll o de l a cienci a artille ra. L os t rat ados sob re el a rma más dest acad os fueron : - Álava y Viamont , Die go de . El Perfec to Capitán instruido e n la Disciplina M ili t ar y nueva ciencia de la Artillería. Pedro Madrigal, Madrid, 1590 . Min ist erio d e Def ens a, M adrid 1994 . - Collado , L uis . Pl ática Manual de artillería, en la qual se tracto de la exc elencia de el arte militar, y origen de ella, y de las maquinas con que los antiguos com ençaron a usarla, de la invención de la pólvora, y artillería. De el modo de conduzirla, y plantarla en qualquier empresa. Fabricar las minas para bolar las fortalezas y montañas, fuegos artificiale s, varios sec retos y im portantísimos adv ertim ientos, al arte de la artillería, y uso de la guerra utilísimos, y muy necesarios. Pablo Gotardo Poncio, Milán 1592. - Le chu ga, Cristóbal. Tratado d e artillería y de fortificación . ( 1611 ). Ministerio de Defensa, Madrid 1990. - Ufano, D ie go. Tratado de la A rtille ría y uso della platicado por el Capitán D iego Ufano en las Guerras de Flandes. C asa de J u an Mom arte, B rus elas, 1613. 102 Sobre el Gran As edio de Malt a: Steph enson, Chris tofer. Th e Fortifica tions o f Malta ( 1530 - 1945). Ospr e y , Oxford, U. K. 2003. 103 Sobre la jornada de Le panto : Carrero B lanco, L ui s. Lepanto . Salvat. Estella , 1971. - 68 - 1.3) PERIODO EV OLUTIVO: LAS FORTA LE Z AS DE TRANSI CIÓ N. Durante la seg unda mita d del s iglo XV , muchos de los castillos pre exi st entes perdi eron su valor militar en el tránsito h istórico y político a las monarq uías autoritar ias . Sin embargo otros, al reorde n arse los territorios y alzarse en los límites del Reino en puntos estra tégicos, tuv ieron q ue ser adapt ad os a l as ex igen cia s de los nuevos avances técnicos. Estas acomo dacion es provi sio nales const it uirán la etap a de las Fort ificaciones de Transición (desar rol lada ent re l a s egund a mit ad d el Siglo XV y la p rimer a del XVI ), pr evi a a l a const rucci ón de l as fortal ez as es trell adas d e nueva planta 104 . 1.3. 1) Car acte rí stica s gene rale s de su s el em entos y de su s obj etivo s. Eje mplo C apit al Ar agoné s: L a Fort ale za de S alce s. La ll egada a It ali a, ref ugiad os como cons ecuen ci a de la caíd a de C ons t anti nopl a, de ingenieros bizantinos expe rt os en mejo ras de for tifi cación frent e a la art il lería, unid o al redescu bri mi ento r enace nt ist a de obr as de la an t igüed ad clás ic a gre co - latina ( Arquitectura Vitruviana 105 ), creó en It ali a el amb ient e propi cio p ara el des arro llo de la ci encia de l a ingenierí a milita r 106 . Los nuevos elementos que, poco a poco, se habían ido añadiendo a l as fortalezas medi evales , int entab an pali ar las m anifi estas de ficien cias d e la fo rti fica ción A la Antigua fre nte a la pujante artillería. 104 Sobre F ortalez as de Tr ansici ón: - Carlos Día z Cap many, Op. Cit. pp. 101 - 116. - Castro Fernández, José & C o bos Guerra, Fernan do , “Di se ño y desarrollo técn ico de las fortificaci o nes de transición e spañolas”. En La s fo rtifica cion es de Carlo s V . Ministerio de Defensa, Ediciones del Um bral. Madrid, 2000. pp. 219 a 2 43. - Qua tre fa ges, Re né “La Fortificación Española en el Renaci mi e nto” . En Te mas de H i storia Mil itar . Tomo I. pp. 133 - 142. Ponen cias del pri m er Congreso de Historia Mil itar. Zaragoza, 1982 . Adali d, E. M. E. Madrid 19 83. - C obos, Ferna ndo, “Los orígenes de la esc uela espa ñola de f ortific ación del pr i m er renacim iento”. En AA. VV. Arti llería y Fortif icaciones en la Corona de Cast illa dur ante el r einado d e Isabel la Católica . Ministerio de Defensa, Madrid 2004. pp. 224 - 267. 105 Mar co Vitr ubio Polión (c. 70 a. C. - c. 25 a. C.), fue Arquite cto e ingeniero militar ro man o al servicio del Em perador A ugust o. Su De Architectura (10 libros) es el único tratado sobre esta materia de la antigüedad que se cons erva. Es una serie de disertaciones sobre arquitectu ra, ingeniería, inst alac iones sanitari as, hidráuli ca, acústica y otro s aspecto s de la co nstrucción p ública y militar. G ran parte del te xto se inspira e n tratad istas grie gos , cuya s obras han des aparecido. L os es critos de Vit rubio s e han e studi ado en Oc cidente de sde el renacimien to. 106 Sobr e esta afir m ac ió n, consultar: Amore tti, Guid o, “ Los o rígen es de la fortif icac ión abaluartada italiana” . E n Vauban y sus suces ores en e l Bri anc onnais . A sociaci ón Vau ban. Parí s, 1995. - 69 - Estos avances muna tori os son fruto de una evolución lóg ica y pro gresiva, no de la brillantez de un genio v isionario. Por ello debe mos considerar este per iodo de transición como un laboratorio de arquitectura que dará lugar a la nueva generación de fortificacio nes cu y a madu rez no s e alca nz ar á h asta l a se gund a mit ad del Siglo XVI . Durante este per iodo se trató de ir convirtiendo en activos los elementos pasivos de la fortificación. Esto es que lo s dispositivos que constituían simples obstáculos iban pasand o a s er plat af orm as de d efen sa activ a 107 . El primer objetivo de estas adaptaciones fue que el entorno inmediato de la fortificación quedase completamente batido por las líne as de tiro de la defensa, con el objetivo de impedir que l os ased iant es se ap rox i masen a las m urall as para el asalt o o e mpleasen las te mibles minas. A simismo, se in tentó r educir la vulnerabilidad de las estr ucturas v erticale s de los recintos frente a la artillería. Sobre estas pretens iones es exqui sito el siguiente párrafo de Nicolás Maquiavelo : “El primer cuidado d el I ngeniero es edificar los muros en línea quebrada, es decir, multiplicando los ángulo s sal ientes y entrantes, lo cual impide que se acerque a ellos el enemigo , que puede ser batido de fr ente y de flanco. Si los muros son dema si ado al t os, presentan much o flan co a la artil lería, y si son bajos, se esca lan fácilmen te. Si se ab ren fosos delan te de ello s para dificultar el es calamiento, el enemigo los rellena, cosa fácil de hac er a un ejército numeroso, y se apodera d e las murallas. Creo, po r tanto, salvo mejor opin i ón, que, para e vitar ambos incon venientes, se d eben construir l a m urallas a de t erminada altura, con fosos interiore s y no exte riores …” 108 . Otro pa so fue construir albarranas 109 , to rres separad as d e l a mur all a que se config u raban como obras defensivas av anz adas mín imam ente co nex as con la fort ifi cación principal y destinadas a proteger sus accesos principales o puntos más vulnerables ( arremet ed eros ). Poste riormente , se imag inó la posibilidad de instalar a rtillería encima de plat aformas dis puest as d elan te de l as mu rallas . Est as con stru ccion es ofr ecí an más espaci o y sol idez que el adarve y el fu ego qu edab a not ablem ente av ent ajado sobr e l a lín ea de traz a perimé trica pr imordial. Aquello s emplazamien tos llamados pr imero terr aplenos, acab aron por s e des ign ados co mo Baluartes. De tal guisa, la voz baluart e sustituy ó a la de barbacana 110 . Pos ibl ement e la pri mer a v ez q ue se cit a en l as fu ent es est a fi gura arqui te ct óni ca sea el informe, fechado e n 153 6 , del Alcai de d e Cart ag ena Diego de Ribera : “Es m enester ha cer del ant e de la puerta pr incipal un ante pecho d e dos tapias en alto y seis en largo con su s tronera s a man er a d e bal u ar t e porque está muy desc ubierta y mu y peligrosa” 111 . 107 Así el foso dejó de ser inundable para convertirse en zona d e fijación de com bate o lo s adarves se consolidaron y ensa ncharon para poder emplazar bocas de fu ego. 108 Maquiavel o , Nicolás, El Arte d e la Gue rra . Li bro VII. Cl ub Int ernaci onal de l Libro. Ma drid, 198 4. 109 La s Albarranas eran torres, d e men or o igual altura que las mu ralla s, destacadas del recinto principal y frecuentemente unidas a él po r u n puente fácilmen te d estruible. Cum plía n la m i sión de cubrir la puerta principal de los recint os: Es el origen de la barbacana. Desde ellas podía hacerse fuego a vanguardia y también sobre l os fos os y ángulos mu ertos de la mura lla. Magnífi co s eje mplos d e albarranas se encuent ra n en la alcazaba d e Badajoz. Al respe cto ver: García Cand ela s, A nto ni o, Badaj oz Pl aza Fuer te. Dipu taci ón de Badajoz . Badaj oz, 2007 . 110 La Barbacana, evolución de la Albarrana, era una construcción sóli d a con espacio en su coro na para emplazar baterías. L a diferencia capital entre barbacana y baluarte es que la pri m era se alzaba inconexa (o mínimam e nte comunicada) con la fortificaci ón y el balu arte estaba firmem e nte unido a los lienzos del recin to. 111 A. G. S ., Estado, Leg. 36, fo l. 146 . - 70 - A mediados del s iglo XV apar ecie ron l as l lamad as Barreras f rente a una arti ll ería qu e hab í a incr ement ado s u p oten cia y efica cia. En sí m ism as eran m uros ex terio res b ajos, que rodeaba n y prote gían el recinto principal de la población, y qu edaban dominadas por ésta 112 . Para la prime r a mitad d el s iglo XVI , esto s avan ces es t aban m ás que d e fini dos en la mente de los maestros f o rtific adores. Ejemp lo significativ o que refrenda e s ta afir mación es el info rme del Maest re de Camp o Guevara de 3 de Marzo de 1535 sobre l a conven ienci a d e mejo rar las o b ras mu nat ori as de l a ciu dad d e Lo groño 113 . En este útil d o cu me nto historiográfico, Gue va ra relaciona todos los nue vos elementos de fortificac ión que fueron ex perim entado s en l as Fortalez as de T ransi ció n y co nfi gurar án el al m a mis ma de l as estrel ladas 114 . En efe cto , en est e inv entari o se cit an baluartes, barbacana s, c asamatas, escarpas … En la Península, ya a principios del s iglo XIV , se encuentran elementos arquitectónicos de tran sici ón com o to rres pent agonal es con vérti ce s des tacado s haci a el exteri or, al barr anas y recintos fortificados bajos ( cubos ) que defendían el pie de la mur alla, unid os o separados a la mis ma. E stos elem entos se emp lea ron, es pe cialm en te, en las ampl iaci ones de l os per ímet ros amural lado s de l as ciud ad es. En 1474 , esta situación se alteró súb itamente en Cas tilla con motivo de la muerte de Enri que IV . Du rante l a Guerra de Sucesión de Castill a ( 1475-1479 ) se hizo un uso intensivo de la artillería en el asalto a las fortalezas. Así se pr odigaron las mejoras munatorias de tr ansición 115 . O bra avanz ad a de ese p eri odo cas tel lano fu e l a barrer a del Cas tillo de la Mota de Medina del Campo 116 . Ej ecu tada ent re 1476 y 148 3 , presen t a hast a cu atr o n ivel es de b ater ía para el us o de piez as de art ill ería. S in em bar go, el ejemp lo m ás embl emát i co de este p ro ceso de tran sici ón es S alces , en el Rosellón. Cuando esta constr ucción fu e eri gida el t erri tori o y a se había incor porado a la Corona de Aragón ( Tratado de Barcelona , 1493). Promovió su construcción Fernando e l Católico , y dirigió las obras, entre 1497 y 1503, Ramiro López 117 . Sal ces es un a v erdad era mu estra d e t ransi ción ent re el cast ill o med ieval , d el cual co nserv a sus gruesas torres cilíndr icas y su to rre del homenaje, y la fortaleza moderna, con su tr azado geom étrico , su p en etr aci ón en el su elo , y sus nu mero sas b at erías d e a rti llerí a 118 . Po r e l lo vamo s a dedi carl e esp eci al at enció n en el si guient e p arágr afo. 112 En un p ri nc ipi o, est a so luci ó n muna tor ia fue ro n lla mada Falsa Br aga . 113 A. G. S ., G. A. Leg. 7, fol. 7 1. 114 En los apé ndices del presente estudio, el diccionario incluido en los mis m o s contiene una detallada relación de estos el e mentos. 115 Díaz Mas, Mig uel, “El paso d e la fortif icación antigua a la m oder na a la v i sta de los tratados españoles del s i glo XVI”. En Revista E jército , Octu bre 1991. Madrid. 116 Otola, M aría Anton ia. El Casti llo de la M ota de Medi na del C ampo. Ministerio d e Cult ura. Madrid , 1982. 117 Sobr e este castillo c onsultar: - Castro Fer ná n dez, José & Cobos Guerra, Fernan do, “La fortaleza de Salces y la fortificación de transi ció n española”. En Re vi sta Cas tillo s d e Esp aña, N º 110 y 111, As ociaci ón Espa ñola de Amigos de los Castil lo s. Madrid , 1998. - Quatrefages , René. La Forteress e de S alses . Edi tions de Patrim oine . París 1998. 118 Sobre esta com binació n: Truttm a n, Ph., La Fortres se de Sa lces . Gal limard, Pari s 1991. pg. 19: “Es te lujo c asi incre íble de dispos itivos de defens a interior que c ontrast a con la débil potenc ia exter ior, no se encu entr a por lo demás, en ni nguna par te y co nsti tuye el as pecto más original de la fort aleza”. - 77 - - Capo nera Princi pa l del Recin to 146 - A la izqu i erda vem os una tom a frontal de l a c apon era ( 2 ), protegida por dos b orj es ( 1 ) later ales. El escud o de armas ( 3 ) apa rece afect ado por el m al de la piedra y existen m uchas conjetur as acerca de su heráld ica. A la d erech a , vem os a la c aponera ( 1 ), con su puen te fijo ( 2 ) y contraesca rpa ( 3 ) , protegida por los elem ent os bas e del cuerpo principa l de la fortalez a: el f os o seco ( 6 ) y un b al uar t e de e squina ( 4 ) 147 . La po d er os a e sc arpa del proto - baluart e ( 5 ) es fruto de las m ej oras de fortificac ión ejecutadas por el Maestro Ramiro t r as el a sed io fra n cés de 1503 . A quí v emos las de fensas avan zadas de la en trada a la for taleza: A la izquierda v emos un c ubo ( 1 ) que pro teg e, destacad o, a la c apon era ( 2 ), comunicándos e con e lla con un puent e f ij o ( 3 ) y luciendo una esplénd ida y ant icipativ a g arita ( 5 ), qu e domina el g lacis ( 6 ). Un p as a di zo , c u bie rt o, blindado y abocelado ( 4 ), une el cubo principal con u n cubillo dobl e de f la nq ue o 148 , que v emos a la d erecha. El c ubill o ( 1 ), apo yado por u na esc arpa refo rz ada ( 2 ), o frece una trone ra art illera abo cinada de flanqueo ( 4 ) y una mag nífica pl ataform a artille ra a barbet a ( 5 ). E l con j unto, aparece rem at ado po r un sólido parape to abocelado ( 3 ). 146 Todos los elementos aquí expuestos aparecen contextualizado s en el d iccionario teminológico de la presente tes i s. 147 Sobre pr oto - balu artes : A.G.S. , G. A. l eg 7, fol. 170. 148 Sobr e este modelo d e Arquitec tura Militar: A . G.S . , G.A. leg 1315, f ol . 1 86. - 78 - - Arqu itectu ra co ntra la Artil lería 149 - Visión angular a ras de glac is que ofrece la s innovacion es, que avis aban la l l egad a de la fortificación a bal uar t ada , aportadas po r el Maest ro Ra miro : El p roto - b al uarte de esquina que, aunque ini cialm ente c ircular, dese mbocará en el m odelo pentagonal ( 1 ), sóli das plata form as artilleras que posibilitan el tiro avanzado ( 5 ), el abocelado de los parapetos ( 6 ) di señado pa ra desv i ar los impacto s artille ros, las escarpas de l os lienzos ( 7 ), la em blemática c apon e r a ( 8 ), el f o so s eco ( 9 ), el despejado g lacis ( 10 ). Todo ello contrasta con las rem ini scencias mediev ales com o el d on jón cuadrado ( 2 ) y l a e scarag ü aita ( 4 ), si bie n, vemos que el donjón o frece, esquin ada , una nov edosa ga r ita ( 3 ). Vista pan orám ica des de el foso s ec o ( 1 ) , que nos ofrece s u delimitación como espacio privileg iado d e com bate entre la escarp a ( 2- 3 ) y l a c ontraesc arpa ( 4 ) . El pr ot o - baluarte ( 5 ) , se c or ona con las cañ oneras ( 6 ), y com plementa la reflec ción de los im pactos ar tilleros con el ab oc el ad o del parapeto ( 7 ). Rei terando la anterior im agen, el donjón ( 8 ), com bina la arca ica e scarag ü ait a ( 9 ) con la m oder na ga rita ( 10 ). 149 Sobre c ubos an exos y proto - baluartes : A.N. T. Frías , Caja 18, N º 57 y 104 . - 79 - - Com binació n de Es tilo s - Las im ágen es qu e preced en mu estran con c lari dad la co mbi nació n d e esti los preex is tent es ‘ a la Anti gua’ , con jóvenes elem entos que anticipan la fut ura f ortific ación e strella da . A l a izquierda, vemos un cubo angula r sin or ejones 150 . Dest aca su red ient e defl e ctor en punta de diamante ( 1 ), elemento de transición, con su anticuado espolón ( 2 ). El cu bo ( 3 ) es tá do t ado de cañoner as y pl at aform a p ara b aterí a art ill er a ( 8 ), s in em bar go cu el ga d e su muro una primitiva escaragü a ita ( 4 ). C omo el ement os av an zado s apr eciam os l a es carpa ( 5 ), el proto - ba sti ón ( 6 ) y el parapeto abocelado ( 7 ). Igualm ente, a l a de r echa vemos m odernos eleme ntos como el foso s eco ( 10 ), la con traes carp a ( 4 ), l a es carp a ( 3 ), el b astión ( 1 ) con sus c año ner as ( 2 ), el pa rapeto abocelado ( 6 ) y la esb elta ga rita ( 9 ) que contrastan con elemen tos mediev aliz ant es com o la es cara gü aita ( 8 ), el li enz o recto ( 5 ) o el cad also ( o bra voladiza - 7 - ). El Patio de Armas ( 1 ) aparec e enl osad o. En el f ut uro s e manu fact ur arán en t ierra b ati da para e vit ar la disper sión de metralla y f r agmentos causados por el bombarde o en emigo. Resa lta una antic ipativa ga rita de p ie ( 2 ), la zona de vida ( 4 ) y el m ediaval i zan te d onjón ( 3 ). 150 Sobre esta fórmu la constructiva ver: A.G.S., G .A. leg. 7. fol. 169 . - 80 - Como eje mplo compleme ntario al resp ecto del m od elo d e las fo rtalez as d e t ransi ción, nos gustar ía a puntar la existe n cia de l a p aradi gmáti ca fo rt alez a s ori an a de Berlanga de Duero , muy pr óx ima a los limes de A ra gó n . El castillo de Berlanga de Duero se emplaza en una mota al bo rde de un tajo de 60 metros de altura sobre el río Escalote (afluente d el Duero). Fue una posición m uy disputada entre m usu lman es y cris ti anos hast a que el 1059 f ue r econquistada por Fernando I . El año 1087 , el pr imitiv o casti llo qu edó baj o las armas del Cid C ampeador . El 1109 , Alfonso I ‘ el Batallador’ desarr oll ó u na pol ít ica de pro te cció n y repobl ación de l a z on a de Berl an ga. Durante los siglos XIII y XIV la pobla ció n irá p as and o a mano s d e di sti ntas casas s eño riales según lo s in ter eses d e la corona d e cad a m oment o. Acomet iend o di rectam en te l a materi a que n os ocu pa, e n el año 1527 comen zaro n las obra s de remode lación del vie jo castillo. El a larif e italian o Ben edett o de Rávenna transform ó la preex i sten te cons truc ció n ‘ a la antigua ’ en un moderno fuerte artillado que pode mos considerar como un pu rísimo ejemplo de fortale za de tr ansición 151 . Vista aé rea de la fo rtalez a de de B erlang a de Duero 152 . A la vista , su inmediato distintivo arquitectónico es un elevado antemuro con torres ult rasemi circul ar es. El o rigen á rabe de est a co ns trucci ón no s p ermi te su d atació n en e l intervalo entre los siglos IX y X . En el interio r de este períme tro se alza el castillo c ristiano que a parece in te grado en l as mej oras d e forti fic ació n ‘a la moderna’ . En el mi sm o dest aca una bella torre del homenaje de plant a re ctan gul ar d el siglo XV . La misma, es tá dotada en sus esquinas de borjes y de bel las escar agüait as . 151 Llul l Martínez de Bedoya, Pil ar & Huete Fudío, Mario. Not as sobr e geomor fología c ast ellologí aca: Su aplic ación a l as fort ificac iones me dievales situadas entr e Berlanga de Duero y San Esteban de Gormaz (Sor ia). Un iversi dad Complu tense. Madrid, 199 0. 152 La plan ta se co nfigura como u n incontestable eje m p lo de fortaleza de trans ición. - 81 - La más imp ortant e aport aci ón d e Bened ett o en s u s obras de mej ora d e fort i ficació n fue la elab or ación d e su p l anta t rapezo idal . El nuevo recinto en globa todas las unidades mun atori as preex is tent es y co nvie rte al cint urón árab e en u na pr ácti ca fa ls abra ga. En c ada una de s us aris tas o fre c e unos poderosos proto - bal uartes abocelados y dota dos de magníficas plataformas artilleras. Todo el conjunto es de fábrica, de una de siller ía de piedra del país muy bien labrad a. En su conjunto, y e n una menor esca l a, sigue idénticos principios a los que hemos visto en la fo rtal ez a de Sal ces. Los antiguos m uros musulm anes ofrecen una adiciona l pr otecci ón contra la artille rí a asum iendo las funcion es de falsa braga y estando capaci tadas para una defens a act iva. Los poderosos p roto- balua rtes e stán do tados de cordón y ofrecen u na mag nífica pl ataform a artille ra avanz ada, si b ien carec en de esc arpa. En 1528 l a fortal eza y l a vi lla fu e he redad a por Íñigo de Tovar , primer marqués de Berl anga desde el siguiente año por otorgamiento de Carlos I Habsb u rgo . Es te ha de s er el punto más curioso y característico de esta proto - forta lez a. Hemos visto, y continuaremos viendo, que a pa rtir del establecimiento de las mona rquías autoritarias, todas las funciones de defens a est áti ca del r ein o pas an a m anos d e la coro na. Las fo rt alez as se cons tru yen en las frontera s, por mandato real y quedan directamente bajo su jurisdicción. Berlanga de Duero es un caso sing ula r, es una fortaleza de señor ío que p rotege un terr it orio particular y est á si tuada en e l interior de l re ino y no en sus límites. Podemos afirmar que es el único y e l últi mo caso en su géner o. - 82 - De cua lqui er forma, poco duró esta misión munatoria particular pues, a pa r tir de la segund a mi tad d el sigl o XVI , rea li zó las funciones de prisión Real para nobles ene mig os de la corona, c omo l os rehenes hijos de Francisco I de Francia . En el s iglo XVII la fo rtalez a de Berl an ga de Due r o ya care cía de t odo v alor m unat orio . Como si el destino se burlase o se cebas e en ell a, el 20 de abril de 1660 , Fel ipe IV Habsburgo vi s itó la localidad. Entre los festejos ofrecidos por el pueblo al monarca se practicaron unas salvas y pirotecn i a. Restos de chustas se precipitaron en el int erior de la fortaleza provocando un incendio que destruyó su archivo y afec tó severamente a la construcción. Ho y en dí a la fortal eza es u no de l os el ement os arqui tect ónico s más em blem ático s de Berl anga de Duero y está catal ogad a por l as l e y es es pañol as de p at rimo nio 153 . 153 La fortaleza de Berlanga de Duero permanece bajo la protección de la declaración ge nérica del Decreto de 22 de abril de 1949 , y la Ley 16/1985 sobre el P atrim onio His tórico Es pañol . - 83 - 1.3. 2 ) Ejemplos de F ortif icac ione s de T rans ició n en el Piri neo Aragon és , con sider aci ones n ece saria s. Dado q ue los fren t es o p un tos calien tes d e l a geo pol íti ca Trast áma ra o Ca rol ina es taba n aleja dos de la cor dillera pirenaic a, los testimonios de la arquitectur a militar e statal de estos reinados que han llegado hasta nosotros en Aragón son t remen damen te esca sos . Prob ablem ente el ejemp l ar mej or cons erv ado de est a preten dida tipolo gía de tra nsición de la primera mita d del siglo XVI es el de Vill arreal d e la Can al (peq ueñ a vil la emp laz ada entre Manjone s, Hue rtal o y Lo rbes y al n orte d e l a plaz a f uerte de B erdún), constitui do por una baja torr e cuadrada y un pequeño recinto rectangular, dotado de sencilla puerta de a rco de medio punto. Asimismo, en Tiermas (en la J a cetani a, a o ril las d el río Ara gón) se conser v a una torre pe nta gonal tan interesante como ori ginal (posiblemente , hasta experimental). La punt a del p entágono es maciz a y la ent rada s e real iz a en pl anta b aja por medio de un pequeño acces o adin telad o; ex is ten do s pi sos, de los cual es el i nf erior es cie g o y el superior posee vanos defensivos abocinados. Respecto a la datación de estos dos pequeños recintos mun atori os ex is ten al gunas dis crep anci as ent r e l a m oderna h ist orio gr afía 154 . Sin embargo, la similitud, si no mi metismo de las soluc iones munatoria s des cri tas co n l as de la f ort alez a de Sal ces, no s pe rmi ten afi rm ar que fuero n eri gid as a comi enz os del rei nado de C arlo s I . La s mismas debieron ejecut ars e de forma simultá nea o próxima a la s mejoras de fortificación realizadas por los ingenieros de l pr imer Hab sburgo en S alces en tr e 1532 y 1541 155 . Otro asunto, en este c as o nada polémico, e s el del Fu erte de A íns a 156 : Nu me ro sos elementos munatorios de este evolutivo conjunto fortificado, delata n su cla ra pertenencia a la etapa d e l as fortalezas d e t ransición . Así, el bal uart e tem pran o del án gu lo s uroest e aco ge perim étri cament e ot ra to rre, m ucho más al ta qu e l os bal uartes , y de p lan ta p enta gonal. Por otra p art e, el b al uarte n oro este fu e co nstr uido t ras la reali zaci ón co mpl et a del cubet e d e flanqueo, hecho que impone una datación previa al reinado de Feli pe I I , co ncret ament e en l os primeros lustros del siglo XVI , dad o qu e las tron eras tien en un asp ect o ar cai zant e medi eval, mu y po co abo cinad o. Di cho cubet e arran carí a de la base d e una de l as t orres y flanqu ea la cortin a o est e no a r as de mur o s ino jus to por el ex t erior d e l a t orre centr al. Este posicionamiento indica indubitablemente que su misión era corregir los déf icits de flanqueo entre amb as to rres , delat an do l a post erio ri dad de la er ec ción d el cub et e res pecto d e e llas, o sea, sobre c omienz os del reinado de Carlos I . La torre pentagonal, es también previa a las reforma s d e Tiburcio Spannocchi, dado que fue englobada por el baluarte suroccidenta l dis eñado p or el al arife i tali ano; además, su v ertical idad y alt ura su gi eren una cronología más temprana ( jus to en la épo ca de t ran sici ón) 157 . 154 En ef ec to, la m odesta opinió n del aut or en este sentido es contradicha por Guitart Apar icio , Cristób al . Los Castill os de Ar agón Vo l. I II. Librer ía Gen eral, Z aragoza 1988 , pp. 216 - 21 6 y por Os set More no , Enr iq ue, El Cast illo de San Pedro de Jaca. Ibercaja, Z aragoza 1971 , pp. 37 - 45 y 67 - 81. Mientras C a ntos Carnicer, Á l varo & He rrá nz, José An to nio, “Fortificaciones de la Edad Moderna en Aragón”. En Act a s de las II Jornad as de Cas tellol ogía Aragones a : For tificacione s del Siglo IX al XX . A. R . C . A. - Za ra g oza 2006. pg. 288 , no aventuran una teoría precisa s ob re esta cronología. 155 Sobre estas reformas ver: Quatrefag e s, Ren é. La F orteres se de Salses . Ed itio ns de Patr im o ine. P arís 1998. pg . 25. 156 Aínsa: Itiner ario ec lesiástico del Dr . P etrus Vitalis de la Di o cesis de Hu esca. A.D.C.H. Fol. 51 vº. 157 Para un detallado relato de la cronología de la ev o lución munatoria del fuerte de Aínsa ver: C a ntos Carnicer & Herránz, op. Cit . p g. 284. - 84 - 1.3. 3) Exc lusi vida d aut ócton a: C asas T orread as e n el Pi rin eo Cen tral. E n contra de la tend encia dominante, l a pri mera m it ad del Si glo XVI asist e al flore cimiento de l pa la cio rural f ortificado en e l A lto Aragón. Ell o hab rá d e deri var se d e las particulares condiciones sociales y de orden pú blico que obligan a la fortificación de las Torres Rura l es de Señorío. Estas Casas T orreadas son construcciones r úst icas habitacionales en forma de torre o que i ntegran la misma como elemento disti ntivo, junto a otros destinados a la explotación o administración de un a mpl io fundo rústico perteneciente a un Señor Natural (c u yos derechos están amparados por los Fueros). Fuer on especialmente distint i va s de las Com arcas sit uadas ent re los Pi rineo s y las s ierras ext erio res (Pre - Pi r ineo), es d ecir, la Rib agorza, Sob rarb e y l a J acet ania - S errab lo. Desde un punto de vista toponímico, atendemos a la siguiente definición: “Torre es una denomi nación prefer en t emente relacionada con e l Alto Arag ón, designando a su vez una v inculación a la t ierra de cultivo, cuyos propi et arios co nstituían un col ectivo diferen te a otras form as de poseer predio s agríco las”. 158 Evidentemente, como ya hemos apuntado, las causas de la apa rici ón de est as peculi ares construccione s, son d e c aráct er so cioe conó mico y no por am enaz a ext ra - front eriza. Uno de esto s facto res fue la baja densidad de poblac ión, di spersa e n pequeños núcleos poblacionales distantes los unos de lo s otros y comunicados por caminos poco seg uros. C ada l ar era poseído por un señor n atural que, tenía, se gún los Fueros del Reino de Aragón, poder absoluto sobre sus vasallos. L as constantes rencillas entre los distintos Señores, o entr e estos y los municipios eran resuelt as casi s iemp re co n l a fuerz a de l as arm as. E n est os co mbat es, participaban activamente vasallos y villanos por razones de vinculación con los s eño res o municipios . A ello hay que añadir la pr o fusión del bandolerismo 159 y el contrabando como recurso par a l a subsistencia, que involucró a muchos habitantes de la zona. La f alta de una fuerz a arm ada estat al q ue garant iz ase la s egu rid ad púb lica en eso s p a rajes o bli gó a la pequeña nobleza de Seño río a procurarse su p ropia seguridad privada armando a sus vasallos y fortificando sus haciendas: Así surge el concepto de Torr ona o Casa- Fuert e . Las c asas t orreadas so lía n erig irse en los solares de los viejo s Castillos ‘ a la Antigua ’, aprovech an do ocas ion al ment e parte de s us es tru ctu ras su pérst ites (Así t enemo s lo s ejem plos de Sora, Las Ballostas, Formiga les… ). Otras, se erigieron de nueva planta (Urriés, Permisán, Baells , Con chel… ) 160 . 158 Naval Mas , Antonio, Las Casas Torre adas del Al to Aragó n. Prames , Zaragoz a, 2007. p g. 11. 159 A lrededor del pr oblem a del Bandoler ismo consu l tar: - Colá s & Sa las, Op. C it. ( Alterac iones sociales. ..), p p. 153 - 208 y 22 7- 230 y 230 - 276. - Adem á s, Nav a l Mas, A. Op. Ci t. pg. 71: “El térmi no hace alusi ón a la s bandas o banderí as que est aban present es en ci udades y comar cas, vincul adas a los enfrent amientos entre grupos s ociales ..., el hacer se con lo que estuvi e ra al alcance ha si do un recurs o en todos los tiem pos…se ha que rido v er una ge neraliz ación d el fenóme no del bandol eris mo a partir de la década de los tr einta de este s iglo [XVI] … Los bandole ros vivie ron de form a espe cial los aconteci mientos políti cos y soc iales al formar par te de las banderías , muchas ve ces como mer cenarios , Llegando i nclus o a ocupar puest os dest acados y de rango” . 160 Canto s Carnicer, Álvaro & Herranz, José An to nio, “F orti ficaciones de la Edad Moderna en Aragón ”. En Actas de las II J ornadas de C astel lología Ar agonesa : Fortificacio nes del s iglo IX al XX ’ . A . R. C. A . Za ragoza, 2006. pg. 2 60 . - 85 - La ausen cia de m odel os arqui tectó nico s ref erent es ren acent ist as abo có a los al arifes local es al d iseñ o de resi denci as habi ta cion al es d otadas de elementos defe nsivos y munatorios, inspiradas en los modelos medi eval es . En e fecto , l a prim er as cas as t orr eadas Alt o aragon es as fueron l as de At arés y Larbesa, d ándos e la man o con l a s ú lti mas cas onas bajo - mediev ales. De cu al quier f orma, l a ma yoría de l as casas fuertes cen tro - pirenaicas son cronol ógi cament e rena cen tis tas y s e datan entre 1555 y 1588 161 . La estruct ur a de las torronas p irenaic as es mu y caract eríst ica 162 y com bin a elemen tos arqui tectó nicos tant o pa r a la paz , com o par a la guerr a. Bás i cament e est aba n conf igurad as por un núcleo palac ial de forma torreada rodeado por un recinto que a bri gaba el conjunto. A pesar d e su s grandes div ers idad es plás ti cas, esto s entram ados arqu itect óni co s si mani fiest an una ser ie d e gene rali dade s qu e comp arten. Seguid ament e v amos a r eseñar l os Principales Elementos Arquitectónicos y Munatorio s de las cas as tor readas alt oara gones as: - La T orre Mae stra se dis poní a como el elem ent o def ensi vo es enci al y resi d encia señor ial. Aspi llerad as , a v eces se h erman aban c on u na torre menor para l ograr efectos de fuego de f l anqueo. Núcl eo del conjunto, en caso extremo, se manifestaba como el último reduct o de la d ef ens a 163 . En ocasiones, la Torre Mae stra pr esenta una distinguida morfología ultra- semi circul ar 164 . Fund amen t almen te estab an d esti nad as , amén de sus habitual es funcione s, a la pro tecció n de la en trad a. S in d uda, l as más rel evantes son Casa R ins ( L a spaú les) y la Casa Bruis de Palo (Ruba de Fanlo). 165 - Normal ment e se ac cedí a a la t orre po r una po rt ada emp laz ada en a cc es o eleva do . El mis mo era u na puerta de acc eso a l a con stru cci ón abiert a a v ari os m etros d e altu ra. Se ll egab a a ella a trav és de una esc alin ata que alcan zab a un a p latafo rm a, ll amánd os e el conj unt o patín . En caso de ataque, el patín podía ser de struido pa ra di ficultar el asalto enemig o. - Un Antemuro o falsabraga aspillerada, rodeaba el conjunto dejando un amplio patio central . - Lo s Vanos d e vid a eran adint elado s biselados , con las jambas dispuestas en forma de pirámide trunca d a, reducidos y dota dos de un alfé iz ar li geramen te vol ado. - Saeteras , en un principio y poste riormente aspilleras y troneras (pa ra el uso de armas de fue go) apa recí an pra cti cadas en t orres y an t emuro s. L as más car ac terís ticas aspi lleras fueron las de Orb e y P alo y O rbe (d es tacan do l as d e Tamar ite y Co nch el). 161 El t r uco básico para d istingu ir las torres pirenaicas de la Baj a Edad Media y las del siglo XVI , es el siguiente: Las m edie vales están manufacturadas en aparejo d e sillería bien cortada y m ontada; además, sus van os son de un esm erado adin telado y buen pe rfilado . En co ntraste, las casonas del siglo XVI son de mam po stería fijada con argamasa , con los esqui nazos de sillería contrasent ada. Sus vanos presen tan estilísticos arcos de medio pun to y , e specialmente arcos carpaneles o co nopiales. 162 Sobre la planta base de un a casa torreada ver plano de la pg. 87 del presente estu d io. 163 Sobre la torre m aestra: Castán , A., Torr es y C a stillos d el Alto Aragón. Dia rio d el Alto Ara gón - ENDESA. Hue sc a , 2004. pg. 227. 164 Estas torr es sobr esalían del c onj unto en semic írculo y son de inspiración árabe. 165 Naval Mas, A. O p. Cit. pg. 95. - 86 - La mayor novedad del siglo XVI en Ara gón en cuanto a vanos munatorios es la adopción del aboc inamie nto externo, o cañonera ‘ a la Francesa’ , con derr ames creci entes al ex terio r, que h a yamos en la t orrona de Permisán. 166 As pil lera de Palo y Or be. Dibu j o de T ere sa An drés 2010. - Ladroneras y buhardas d e pied ra o lad rill o cara vi sta s e sit uaban no rmal men te, com o obra voladiza, sobre los di versos accesos y vanos, tal y como podemos admirar P ermisán, Maell a, Baei ls, For mig ales o el Pal acio S eñori al d e Mo zot a. - La fi gura defensiva voladiza cubierta del cadhalso , emplaz ado en una casa t orread a, sól o la enco ntram os en F iscal y, es peci alm ente da da s u bri llan te rest au raci ón, en Abiz and a. - Ex ist en mu y escasas m u estras de al menas y ma t acanes (po r ej empl o en La Bal lest a), dado que, en e l S. XVI , des apar ece p ráctic amen te la defen sa d esde l as z onas al tas y la nuev a fiso nom ía pal acie ga ti ende a eli mi nar el ement os c ást rales d e ref eren cia m ed ieval . - Una Zona de Vida , agrupada entorno a un pa tio que al ber gaba cuad r as, s ervici os bási cos para l a v ida co tid i ana agrí col a, alj ibe y , en ocasiones de grandes torronas, ca pilla 167 . Ha y que constatar que en todos los casos s e buscó la existencia de un míni mo flanqueo, para opt im iz ar el us o de l as arm as d e fuego 168 . Debemo s reco rdar q ue e x iste n, en el Pirineo Aragonés y en el p re - Pirineo c asas que, sin serlo, evoca n Tor res, por sus compactas formas prismáticas. Esta morf ología viene determinada má s por la climatología que por la se guridad. Las condiciones atm osféri cas de l a montaña imponían que la residencia fuese un abrigo tanto en invierno como en verano, recurriendo a la apertura de pequeños y escasos vanos. También hay qu e considerar que los desni veles de la so le rí a obl igaban a s al varlo s p or el ex teri o r con altos muros, que proporcionan a los edificios aspecto de torres. Numero sas ed ifica cio nes d e pueblos de la reg ión parecen torronas, no siendo más que edifi cios estre cho s en r elaci ón con su altu ra, y cubi ertas a do s a guas. De ell o, ten emo s ejemp los e n Bu esa , Fisc al (C asa I s idro ), J av ierre de Ara (C asa Larrosa) , O rdovés , Pl anil lo, San Just e, Tella... 166 Carn ic er & Herranz, Op. Cit. pp. 2 67 - 268. 167 Sobre el espacio de vida y el corral - patio de armas: Casa Jorge de Viu, Casa Elías de Bergua, Santamaría de Chía, L a velilla, L uján, Charo, Su priá n de Anciles, Vilas d el Turbón y Ruba de Fan lo. Naval Mas, An tonio. Op. C it. pg . 94. 168 Para la mejor co mpre nsi ón l é xica de éste parágrafo, se recomienda la consulta del G losario Apé ndice del presente est udio. - 93 - - P lano ejem plar de un fuert e penta gonal ‘a la italiana’ con se ñalam iento de sus co mponen tes 194 - Esqu ema Bas e de Fortal e za A baluar tada. 1. Balua rtes. 2. Lienzos. 3. Caponera. 4. Puente Mix to. 5. Adarves . 6. Casam atas. 7. Pl aza de A rmas. 8. Foso Seco. 9. Gl acis. A. Golas. B. P atio de A rmas. C. Zona de Vi da. 194 Jacobo Palearo Fr atín : P lanta de la Ciudadela de Pamplona. 1597. A .G. S. , M PD 9, 69 . An otado y com entado por e l aut or. - 94 - Estos conceptos básicos de flanqueo y s ecto ri zaci ón , imponían también que los e lementos defe nsivos de una plaza debían cubrir s e los unos a los otros de tal mane ra que el sitiador no tuviese vistas c laras sobre sus objetivos, si no que, por el c ontrari o, se confundiese a la vista e ntre ellos ( concepto mismo de la for t ificac ión ‘ ent erra da ’), d esorientando a los trenes de b ati r asedi ant es. Según estos principios, las obr as munatorias formaban una esp ecie de ‘ anfiteatro inve rtido ’, d ism inu yendo la alt ura d e sus elem e nto s desd e el nú cl eo de la pl aza h asta l as obras defen siv as más av anzad a s. Esta idea es definida por los t ratad ist as como Escala de Dominación 195 : El cuerpo de l núcleo del recinto fortificado de bía dominar en altura sobre todas las obras que lo rodeaba n; l as exteriores que circunvalaban e l foso d ebían hacerlo sobre las m ás avan zadas , y así sucesi vamen te h ast a el m is mo glaci s. El es tabl ecimi ento de las es calas d e dom inaci ón de las obras de una fo rtifi cación se determ inab a en b ase a lo s s iguient es f actores : - Las zon as circun dan tes a la m ism a, aptas par a q ue el as ediant e s e as ie nt e y desti nad as a ser bat idas po r las b oca s de fue go des de l as pl ata formas de fo rti fica ción a d efende r. - El dominio que debía tener so bre el glaci s l a Cresta (zo na más elevad a) del Camino Cubierto o Plaza de Armas (pos ició n ex teri or más avanz ada). - El dominio que debía te ner el fuego de la f ort ificación sobre la cresta del camino cubi erto pa ra evit ar qu e se p udie ra estab le cer al lí el en emigo. Lógic amen te, l as ob ras ex terio res debí an hace rs e de t al man era que si el enem igo se ad ueñ aba de ell as no p udi era atrin cher arse allí sin reci bir f uego d e defen s a. Hasta ahora hemos hablado del cr u ce de fuegos y de una defensa en sentido ver tica l . Los siguientes párrafos se van a dedicar a los principios defensivos de horizontalidad y períme tro. - La D esenfilada perm itía esquivar los disparos de la artille ría enemiga . Esto se log raba en mu natori a r edu ciend o el fr ente en altu ra d e tal form a q ue li enzo s y bal uartes supe rasen l a altura del foso solame nte lo jus to para e jecutar fuego útil. El foso y e l camino cubierto sit uados delan te de l a obra i mped ían a la art i llerí a asedi ant e hac er b recha en el m uro (concept o base de fort ale za ent err ada). Adem ás, el glaci s of recí a la v ent aja de qu e el at acant e no pudiese eludir el fue go de los defensores en una distancia pr ed eterminada por la s posibilidades del fuego defensor y sin un gran esfuerzo poliorcético que conllevaba un elevad o cost e hum ano y materi al. - El Flanqueo recíproco d e todas las u nid ades defe ns ivas asegurab a qu e cad a uno d e los elementos estuviese defendido por el fu ego cruza do de los co later ales . Así s e eli min aban los espacios muertos al pie de las escarpas, dificulta ndo al máximo al agres or su asalto o sus trabaj os d e zapa. Como y a hemos apuntado, para que una fortificación tuviera un co rrecto sistema de flanqueo era pr eciso qu e l as di stan cias entr e su s el emen tos def ensiv os s e aj us tasen al alcan ce de las arma s i ndividuales. Por otra parte , para evitar que los disparos de una posición hiriesen a sus compañ eros d e enfr ente, h abía q ue calcul ar m u y p recis amen te el an gu lado de tiro o que el lien z o dispusiese de redientes defla ctores. 195 Esc ala de Dominac ión: So bre este concepto y sus reglas y p rincipios ver: C ap man y , Díaz. Op. Cit. pp. 70 - 76 . - 95 - - El t er reno es un el ement o pasi vo, pero esen cial e n t odas l as fas es del co mbat e; po r ello surgió l a neces idad d e mo difi carlo art ifici al ment e de t al fo rm a q ue favo re ciese el mante nimiento de su posesión. For tific ar es, strictu sensu , hacer má s fu erte una posición con const rucci ones que s irv a n para aum enta r la efic ac ia de l as ar mas prop ias y p ara pr ote gerse d e las del adversario y dific ultar su acción de agresi ón. Consecuencia de ello , el empl azami ento de la fo rtifi cación era un o de lo s elem ento s de m ayor im port ancia. Su el ección estab a subordinada a la finalidad de ocupar una posición ventajosa para domin ar una llanura, un puerto de montaña, el vado de un río, o proteger una población. Un conjunto concatenado de forti ficaci on es perm ití a h ermet iz ar una f ront era. Era preceptivo para e l i nge ni ero diseñador de una fortificación hac e r una valor ació n detal lada d e las c ar acterí st icas d el lu gar ele gido para el empl azam ient o d el reci nto antes d e inici ar la con stru cción . La top ogr afía, o ro gra fía, geolo gía o hid ro grafía, am én de la demo grafía d el lu gar, de bí an evalu arse al d etall e p ara cobrar u n máx i mo aprovech amien to. Los ter r enos llanos eran considerados los mejore s dado que permitían ejecutar una traz a regular ( id ea base del modelo de fortificación objeto de nuestro estudio) y solían tener bue n a tierr a para f orma r lo s terrap lenes y rel len ar balu artes y revell ines . P or co ntra es tas circun stan ci as tam bién f avorecí an al atacant e qu e veía f acili tadas las o peracion es de abri r trinchera s o apro ches y d e minado. La s planicies rodeadas de un río cauda l oso o un pantano, eran c onside radas como los emplazamie ntos más ópt imo s y fuertes . En e fecto , en ell as, er a difí cil p ara el en emigo a cercars e pu es carecí a d e desen filad as y resul taba mu y comp licad o el empl eo de m inas a caus a de l as f ilt racion es . Po r ot ra pa rte, l a i nest abil idad del s uelo h ací a difí cil em plaz ar l as b ate rías d e as edio . Par a co mpl etar el co njun to, la insal ubri dad d e un espacio exterior panta no so podía complicar mucho las condic iones de vida del agresor e n un asedio prolongado. Entr e las l ocal idad es mon taños as se cons ider aban óp tim as l as que se alz aban s obre las cotas más al tas ( motas ). Para su aprovechamiento, había que ocuparlas e n su totalidad y qu e no estuviesen dominadas por otro monte próximo más elevado ( padra stro ) desde el que pudiesen ser batidas por el enemigo. En los machos o elevaciones menores solo se empl azab an fort ific acio nes secun dar ias, n o rmal men te con cat enad as, pa ra c err ar pu ertos , co llados y se nde ros. Otro caso aparte es de l as torres señaleras o torres ópticas, que normalmente ejer cí an más la función de vigilancia que la munatoria . P or el lo podían erigirse en cualquier alto que facili tase su visibilidad. Este conce pto de des pli egu e en profundidad de la defen sa ( horizontali dad ) se fue desarro llan do med iant e l a ejecuci ón de o bras e x teri ores q ue retard aban y ento rpe cían el ataqu e sobr e el cu erp o p rim ordial de la p l aza. El i ncrement o pr ogr esiv o de es as construccione s pe riféricas, unas a vang uardi a de las otra s, l levó al desdobl amiento del recinto en dos: El Exter ior d esti n ado a l a ac ción lejan a y el reta rdo de l as oper aci ones de as edi o y e l Interior reserv ado p ara l a d efen sa a ult r anza. Al a mpl iar l a defens a de l a p laz a más al lá de s u núc leo cent ral se de fin ió l a vía de Def ensa Escalonada en Profundidad ( Sistema Vauban ) 196 . De cua lqui er forma, esta evolución n o m adura rá h asta el S. XVII. Seguid ament e o frecem os un Dec álogo de la Fortificación Abaluartada del siglo XVI compartido por todo s los t ratadis tas 197 : 196 Sobre V auban : Ver C ap 2. pp. 35 0 - 367 del presente estudio (vol. II) . 197 Sobre l os pri n cipal es tratadistas, v er pp . 97 - 10 2. del presen te estudio. - 96 - 1º - Todos los elementos munatorios de la fortificación debían ser vistos y esta r cubiertos entre sí por el fuego los unos de los otro s con meticulosa reciprocida d. El propósito de este princ ipi o era eliminar la posibilidad de que ex isti esen z on as muertas alreded or d e la plaz a don de el at acan te q uedas e en d esenfi lad a. 2º - La distan cia ent re las diver sas un idad es d efensi vas i nterr elaci o nadas co mo balu artes, casam atas , g ari tas, tron eras de l os l ienz os… quedab a aj ust ada al alcanc e efi ca z de un mosquete, pues los adarves y las caras de los baluartes debían s er defendidos por tales armas (aunque complementadas por culebrinas). Precisa ndo: Las partes flanqueantes no debí an estar al ejadas d e l as flan quead as m ás all á d el alcan ce ef ecti vo d el arma individual del comb atien te. 3º - Las partes d el r ecint o exp uest as a las baterí as del s iti ador deb ían t ener la ro bus tez necesa ria p ara res ist ir lo s im pacto s de l a artil lerí a enemi ga (de ahí la pro ve rbial sol idez de los balu artes y el groso r de l o s li en zos). 4º - L os recintos debían tener el mismo gr ado de fortifica ción por todos sus frentes pues, en caso contrar io, el en emigo ap rove charí a la p arte más débi l ( ar remeted ero ) para ejecut ar el asalt o. En efect o, co mo rez a el refr án: ‘La máxima resistencia de una c adena es la de su eslabón más débil’ . 5º - L os alr ededores del recinto habían de ser objeto de intensos trabaj os de zapa y desmonte. Debía procurarse que en todo ese espacio no hubiese nada de vegetación, ni ninguna altura o prof undi dad favorable al enemigo para su ocultación ( glacis despejado ). 6º - Las obras ex ter iores deb ían d ism inui r su al tur a a medi da que s e alejab an de l a plaz a, de manera que se fueran dom inando sucesivamente unas a otras conform e se avanzaba al núcleo, y que fuera posible el fue go art il lero po r en cima d e cad a una d e ell as . 7º - El emp laz amien to d e las p iez as artil leras m edi as y pes adas h abí a d e real iz arse d e forma p eri metr al en l as cañ one ras de l os adar ves de los lien zo s y e n las plat aforma s avanz adas d e los balu arte s. 8º - E l adec u ado asentam iento de las boca s d e fue go liger as era en los puntos de flanq ueo, es p ecialm ente, en l as cas amat as. 9º - Cuando dos partes de un frente abaluartado que formaban e ntr e ellas ángulo entrante de bí an flanquearse recíprocamente, el dicho ángul o deb ía que est ablece rse en tr e ellas habí a se r de 100 º. Est a máx im a se basab a en que la ex peri en cia de comb ate habí a demostrado que e l t irador disparaba casi siempre perpendic ula r a su propio parapeto. De tal guisa, s i el án gulo fues e agud o, las l íneas d e tiro se dirigirían sobre el propi o frente y , si fuese demasiado obtuso, no se flanquearían bien, pues el fuego se c ruzaría a ma y or di stancia a medi da que cre cies e el ángulo . El án gulo rect o serí a mat emáti camen te p erfect o, pero cualquier pequeño error de puntería podría causar ví ctimas propias por lo que ho y conocemos como ‘ fu ego amigo ’: Defi nit ivam ente 10 0 º era el án gulo más s ensato y ef ectiv o. 10º - Por último, ninguno de los ángulos salientes flanqueados debía ser inferior a 60 º . Esto se debía a que un vértice de un ángulo destacado demasiado ag udo no dejaba espac io sufi cient e par a las m anio bras de di recci ón d e ti ro de la art il lería y lo s fusi leros . Adem ás, el secto r de terr eno qu e q ued aba si n b atir con fu egos d irecto s d elan te d el án gulo sali ente resu lta ba tanto ma y or cuanto más agudo era. La pr eced ente d escr ipci ón ha si do pu ram ente técn ica, en lo s subsi guientes capítulos veremos su evolución, c o ntext o y condicionantes. - 97 - 1.5 ) EL ARQU I TE CTO Y EL ING ENIE RO MI LI TAR. LOS TRATADI STAS Y SU S ACADEMI AS . Aú n a finales del R einad o d e Feli pe II no estaba clar a la di sti nción entre arqu itect os e ingenieros 198 . Básicamente podemos apuntar que los primeros habían de ser lo s constructores de obras civil es y los ingenieros, los miembros de ésta misma comunidad cient í fica q u e aglut inab an los conocimiento s d e la Arquit ectura Vitruviana 199 con la experie ncia militar y esp ecial iz ados en la con stru cci ón de Fort alez as. La separa ció n ent re la a rqui tectu ra y la i ngeni erí a militar strictu sensu , se produjo de forma paulatina y progresi va. De los primeros ‘iluminados’ it alian os s e pas ó a la fi gura d el ex perto t écnico p r ofes io nalizado; tr as estos los t ratadistas difundieron la ciencia munatoria culm inán dose el p roc eso con l a ap ari ción d e cent ros docen t es esp ecial iz ad os y, ló gica men te, estat aliz ado s. El co nstr uctor d e fo rtalez as d eb ía contar con buenos conocimientos de geo m etría, aritmética y p erspec ti va, además de posee r un gran dominio del dibujo 200 y sab er hacer mo delos o maq u etas de l as for tifi caci ones . Aunq ue la ex peri en cia mi li tar no era imp erativ a era m u y reco mend ada por los t eóri cos d el arte d e l a g uer ra 201 . Las mod ali dades gráfic as d e rep res ent ació n d e las fort ific acio nes er an en Ichonographia ( en pl anta o t r aza), en Orthographia ( perfil o alz a) y e n Escenographia (combinac ión de las dos primeras y apli cación de la p ersp ect iva) . Conocimientos de topog r afía , ge ol o gí a, climatología , mat erial es, fábr ica, ci encia militar , a rtillería y ot ros com plem entari os, eran mu y v alorad os y conv ert ían a es tos artífi ces en aut énti cos hombre s del r enacim ient o. C uando un solo individuo no ag rup aba todos los conoci mi entos necesa rio s , era nec esaria l a co labo rac ión entre el milita r y el i nge nie ro, como en 1589 cuando Spann occh i fue asistido en Coim bra por el maes tr e de c ampo Pedro Bermú dez , o en 1592 en Z aragoz a y el Pi rin eo C entr al por el c api tán g ener al Alonso de Vargas 202 . P ara medi ados del s igl o XVI la fig ur a de un ingenier o era imprescindible en toda obra de f ortific ación 203 . En un principio la formación de un I n geni ero novato pasaba por trabaj ar dur ant e añ os como a y udante de otro Veterano y experimentado. Por ejemplo, aprendieron el oficio a l servicio de Spa nnocchi J erónimo de Soto , Jerónimo He rnández , Gaspar Ruiz y Juan de Berosoaín. Cuando y a tenían ‘tablas’ ejercí an in depen dien temen te . Ló gi c amente, el desarrollo de su profesión era siempre para la corona y por ello, habían de acre dit ar un curriculum. Para el lo era h abit ual q ue su m aestr o emi tiese una car t a de recomen daci ón. 198 Para am pliar datos sobre este tema, consul tar: Marías, Fernando, El probl ema de l arqui tecto e n la España de l sigl o XVI . Acade mia, n o 48, pp. 17 3 - 216, 1979 . 199 Mar co Vitr ubio Polión ( c. 70 a .C. - c. 25 a .C .): Ver npp. 1 10 del p resente t rab ajo. 200 Respec to al dom inio del di b ujo v er: Cámara Muñoz , Alici a, Fort ific ación y ciudad en l os Reinos de Felipe II. Nerea. Madr id , 1998 . pp. 12 9 a 134. 201 Para may or es aclaraciones sobre esta m a teria: - Maquiavelo , Nic o lás, El Prín cipe . Esp asa - Calpe ( Austral). Madrid , 1979. Mendoza , Bernardino de, Teórica y Prácti ca d e la Guerra . Ministerio d e Defensa. Madrid , 19 98. pg. 45. 202 Sobr e las relacio nes entre ing enieros y militares, A licia Cámar a, Op. Cit. pp. 85 - 103 y 107 -1 10. 203 As í se refleja en un i nforme de 1551: A. G. S ., G. A. , leg. 42, fol s. 173 y 2 29. - 98 - Ejemplo de lo dicho es la epístola que se reprodu ce a continuación, fecha da en J aca el 23 de Diciembre de 1594 : “Tiburcio espan oqui Caballero de l abito de San Jua n y ge ntilhombr e de la Casa de S u Mgd. Y Superentediente de las fortificacione s del Reyn o de Arag on Por el R ey Nu estro Señ or. Juan d e Barasoa yn a se rvido Cerca d e mi person a en Cosas t ocan tes a materia de fortificación cinco años Co ntinuos aconpañandom e en todos Caminos que hize p or or den de Su Mgd. en las jornad as que hize en cadiç y en la de l Reyno de arag on y en la de los al f aques y asistiendo en Cada parte donde y o e asistido ayudá ndome a hazer trazas y otras Cosas del Servicio de Su Mgd. con mucho Cuydado y mer eze assy por Su buen talento Com o para animarle a la perseberancia en estas materias que Su Mgd. le mande emplear en a l guna parte con alg una Ventaja para poderse Sus tentar y para que Conste d ello a Su p edi m ie nto h e hecho l a pres ente Certificación Sel lada del Sello de m is armas y f ir mad a de mi nombre en este Castillo de Jaca a 23 de diciembre de 1594. Tiburc i o Spanoqu i” 204 . Tras es ta etap a y a p artir de 1582 , la formación del inge niero se impartirá en un centro estat al esp eci aliz ado ( com o verem os en el apartado 1.5) de es ta s ección . Los primeros ingenieros que laboraron en l a península Ibé ric a para la C orona fueron italian os 205 . Amén de Spannocchi, vamos a cita r a lo s m ás repres en tati vos : - Jacobo Palearo ‘Capitán Fra tín’ habí a s ervid o com o in geni ero a Fran cia ant es de ser cont ratado p or el Re y de las Españ as el 4 de O ctubr e de 1558 206 , para s ustituir a l finad o compa triota Juan Bautista Calvi . S us tra bajos fueron tan brillantes como numerosos: En 1565 fortificó la Goleta de Túne z . En 1569 redactó m emori as so bre las for tifi cacion es de Mall orca, Al icant e, Cerd eña, Mil án y Pale rmo . E n 1571 in ició la for tificación de Pamplona, su ob ra estr ella 207 . En 1576 fort if icó Melilla y const ruy ó tor res en las posesiones Habsburgo del norte de África de Orán y Mazalquivir 208 . A unque desde 1582 s e de di có a fort ific ar Port ugal, t razó a la vez las defens as es táti cas de Cád iz 209 . Murió en 1586 hab iendo cread o Escuel a y abrien do pl aza como ingenieros a su hermano y a su sobrino. - Leonardo Turriano, nat ural d e Cremo na ll egó a Esp aña d esde P rag a en 1583 . Su activ idad fue int ensa: Al comi enz o de su carrera, en 1587 mejoró la fortifi cación de las islas Canari as. E n 1589 real i zó las t ra zas de fuertes para las Filipinas, proy e cto que no llegó a ejecut ars e nunc a. En 1590 continuó con su obra munatoria en las ‘Afortunadas’ . Entre 1593 y 1597 elaboró proyectos y trabajó en Orán, Maz alquivir, Cartagena y Cascaes (Portugal). A parti r de 1598 f ue Inge ni ero Ma y or de Portugal 210 . Tras l a muer te del l egendario Spannocchi, Turriano fue designado Ingeniero May o r d e las E spañ as en su sucesión. En est a época y a va a co n fundi rse l a fi gura del i ngeniero con la del t rat adi st a, pero este tema lo analizamo s en el apartad o si gui ente d e est e cap ítu lo 211 . 204 A. G. S ., G. A. leg. 479, fol. 2. 205 Para este tem a ver Alicia Cámara Op. Cit. pp. 46 a 57. 206 A. G. S ., G. A. Regis tros del C onsejo, L ibro 28, fol. 89. 207 Sobre l as extraord inarias fortif icaciones de Pa mplona ver : Echev arri Iribarren , V íctor, Las mur allas y la ci udadela de P amplon a . Gobierno de Navarra. Pam plona , 2004. 208 A. G. S ., M PD. 7, 103. 209 Spannocc hi en Cádiz: A. G. S., G. A. l eg. 208, fol . 302. 210 A. G . S ., G. A. l eg. 173, f ol. 620. 211 Sobr e la aparición de la figura de l ingeniero y la perso nalid ad de trata dista ver Lechuga, Crist ó bal, Tratad o de a rtillería y d e fortifica ción (1611, M ilán) . Ministerio d e Defen sa. Madrid , 1 9 90. pp. 439 - 44 1. - 99 - En la segunda mitad del Sigl o XVI aparec e la fi gura d el tr atadista de f ort ificaci ón, pol iorcét ica, m unato ri a y a rtil lerí a. H asta ent onces s ólo se h abían ej ecutad o mem ori as concre t as sobre obr as r eales o breve s com entar ios en t ratado s mil itar es gener ales , especi almen te a parti r d e Ni colás Maquiavelo 212 . Estos tratados de fortificación c ontemplaban to do s lo s asp ectos d e esta cien cia , tales como la elección del e mplazamie nto, costes y financ ia ción, el dis eño , las té cnicas de construcción, la c ali dad de l os m ateri ales, la organización de l os trabaj o s de construcción , el empla z amien to de la artillería , los servic ios de vida, la gua rnición necesari a, el mante nimiento y abastecimiento … Es precis ament e a lo l argo del r ei nado de Felip e II Habsburgo cuando estas publicaciones proli fer an y al canz a n una c alidad evolutiva que supere las instrucciones de sus inspiradores italianos. El prime r tratado e spañol sobre arquitectura milit ar, “ Teórica y práctica de fortificac ión ” , s e publica en 1598 por Cristóbal de Rojas , discípulo de Tiburcio Sp an nocchi, y e r a un epít ome d e sus leccio nes im part ido en la Academi a de M atem átic as de Madrid que referenc i amos en el apartado siguiente. Sin embargo, cuando Rojas publicó su estudio los tra tadistas ita lianos habían superado ya la veintena de ensay os 213 . A continuación anotamos una sel ecci ón de t rat ados embl emáti cos (r efer enciad os cronológ i camente) del Siglo XVI y p rincipios de l XVII . - Martini, Giorg io. Trattati di arch itet tura ingegneria e ar te militare . Milán 1492 . Franci sco d e. Edición de Corradi Maltese. Milán, 1967 . - Escalante , Bernardino. Diálogos de l Arte Militar . Andrea Pescioni, Sevilla 1583 . - Álava y Viamo nte. El Perfecto capitán instruido en la Disciplina Milit ar y nueva cienci a de la A rtillería. Pedro Madrigal, Madrid, 1590 . Ministerio de Defensa, Madrid 1994 . -Gotardo Poncio, Pablo. Plática Manual de artillería, en la cual se tracto de la excelencia de el arte m ilitar, y origen de ella, y de las maquinas con que los antiguos començ aron a usarla, d e la i nvención de la pólvo ra, y artillería. De el modo de conduzirl a, y plantarla en qualquier empre sa. Fabricar las minas para bolar las fortale zas y montañas, fuegos artificiales, varios secretos y importantísimos advertimientos, al arte de la artille ría, y uso de la guerra utilisimos, y muy necesarios. Y a la fin un muy c opioso, e important e examen d e ar til ler os . Milán , 1592 . - Rojas, Cristóbal de. T res tratado s sobre fo rtificación y m ilicia . Madrid, 1598 . Comisión de Estudios Históricos de Obras Públicas y Ur b anismo, Madrid 1985 . (facs ímil). - González de Medina Barba, Diego. Examen de Fortificación. Vár ez de Cas tro. Madrid, 1599. - Le chu ga, Cristóbal. Tratado de artillería y de fortificac ión. Milán , 1611 . Ministerio de Defens a. Ma drid , 1990 . 212 - Marcu , Valer iu . Maqui avelo: L a escuel a del pode r . Esp asa - Ca lpe, Madri d. 1967. - Giu seppe P rezzalini . M aquiavelo. Edi cione s GP. Ma drid, 19 59 . 213 - “La ciudad m ilitar y los tratado s de fortif icació n del siglo XVI”. Carvajal, Ángel Isaac M. E n España M edieva l, n o 6, 1985. pp. 51 - 63. - Díaz Mas , M i guel , “El paso de la fortificación antigua a la moderna vista en los tratados españoles del siglo XVI ”. En Revista Ejé rcito , n o 621, 1991, pp. 46 - 54. - Vill ena, Leonardo de , “L ibros sobr e fortif icac iones. L a circ ulación de los saberes técn ico s”. En Las F orti ficaci ones de C arlos V , pp. 271 - 299 . Ministerio d e Defensa, Ediciones del U m br al. Madr id , 200 0. - 100 - - Ufano, Diego. Tratado de la Artil lería y uso della platicado por el C apitán diego Ufano en las Guerras de Flandes. C asa de J u an Mom arte. B rus elas, 1613 . - De Ville, Antoine. Les fortificatio ns. L yo n , 1636 . Cier tamen te, l os más distinguidos t rat adist as del Si glo XVI fueron : - Bernardino Escalante (1535- ¿? ): Mili tar cá ntabro, combatió en Flandes. En 1554 acompañó al futuro Felipe II a Inglate r ra con oc asión de su matrimonio con María Tudor , R eina de Inglat erra. Allí se dedicó al estudio de las fortificaciones del lugar emitiendo un inform e 214 . La mu erte de s u p adre en 1559 determi nó su abandono de la mi licia y e l abrazo del s acerd ocio 215 . En 1 575 y a es tá eje rci endo el ca r go de co mis ario d e la i nqu isición. Dos años después e scribi ó “ Discurso de la navegación que los portuguese s hacen a los reinos y provincias de Oriente, y de las noti cias que se tienen de l as grandezas del reino de la China ” . En l583 publicó “ Diálogos de arte m il itar ”, Tratad o que abarc a tod as las disciplina s de la milic ia basado e n l a exp erien cia y en las haz añas de su p ad re (Capi tán d e los Tercio s Esp añoles ) . Ese mismo año publicó en Madr id “ Regimiento de Navegac ión a la India Oriental ” . En 1587 s e le asi gnó, a propu es t a de Francisco de Boba dilla , l a direcci ón del hosp ital militar de Madr id 216 . Murió en fecha desconocida a principios del Si glo XVII 217 . - Cristóbal de Rojas (1555-1614): Toledano de elevada formación humani sta, apre ndió el ofi cio co n Ju an de Herrer a en l a construcción de El Escorial . En 1586 pasó a se r ayudan te d e Ti bur cio S pannocchi. En 1591 re ali zó un ant epro yecto p ara act uali zar las forti ficaci on es del pu ert o de S antan de r, mu y da ñad as tras el ataqu e de Francis Drake de 1588 . Ese mismo año construy ó las defensas de Blavet, base de Juan de Águila en l a Bretañ a durante su expedición contra los hugonotes. En 1593 alz ó en Brest el Fu ert e del L eón . T ras el saqueo in glés de C ádi z d e 1596 , Ro jas fue en carg ado de fort ifi car tan imp or tant e dárs en a. Al año si guient e re ali zó trazas p ara l a def ensa de Gi bralt ar, Ceu ta y Tari fa. En 1598 publicó su meritado primer manua l “ Teoría y Práctica de la Fortificación” , fruto de su ex perien cia d ocent e en la Academia de Matemáticas y Arquitectura de Madrid 218 . Entre 1599 y 1607, sin abandonar sus trabajos en Cádiz , i nspeccionó las fortif icac iones de Lisboa, La Coruña y Tercei ra. En ese tiempo publicó su segundo manual: “ Sumario de la Milicia antigua y moderna, con la orden de hace r un exército de naciones y marchar con él, y alojarlo y sitiar una pl aza fuerte, y otros dis cursos militar es con una relación de los reyes que ha havido desde el Rey Rodrigo has ta el dignísimo Rey de España D. Felipe III, y la fortificación real y no real” y s u t r atado d e artillería. 214 B. N. Ms. 20256 f ol. 168. 215 Gesto nada exótico en su época como nos muestran los eje m plos de I gnacio López de Rec alde o de Franc isco de Al dama . 216 B. N. Ms. 5785, f ols. 90 - 92. 217 - José Luis de Soto, Dis cursos de B ernardino de Escalant e al Rey y a sus Minis tros (1 585 - 1605) . De Soto, José Lu is. S antander 19 95. - Parker, Geoff re y , Be rnardino de Escal ante y su O bra . S antande r 1992. - Estu dio P relimin ar de Ra quel Mart ín Polín sobre “Di álogos del Ar te Milita r”, Esca la nte Be rna rd ino . Madrid 2002. pp. 21 a 70. 218 Sobre la Acade mia de Matemát icas, v er pg. 102 del presente estu dio. - 101 - En 1611 informó sobre la munatoria de Orán y Mazalquivir. En 1613, el Re y F el ipe II I le encargó la construcción de una l ínea de 44 torres de litoral en l a cos ta d e And alucí a 219 . En esa fe cha publicó su último l ibro: “ Compendio y bre ve resolución de Fortifi cación conforme a los tiempos presentes, con algunas demandas curiosas, prova ndolas con demostraciones mathemáticas, y algunas cosas militares por el Capitán C hristobal de Rojas, ingeniero militar de Su Majestad” , Madrid 1613 . En 1614 construyó el fuerte del puerto de l río Zebú, l a Mármo ra , bautizánd olo ‘Nuestra Señora de las Nieves ’. Du rante es a expedición conoció a otro gra n Tra tadista: Cristóbal Lechuga . Murió a los 59 años habi endo sido la fortificación de Cádiz la gran obr a de su vida 220 . Amén del profundo y só lido contenido técnico de su e studio y descripción s obre el e jército, es de sta cable su postura profundamente religiosa próxima a los postulados de Fra nci sco d e Vitoria o de Erasmo de Rotterdam . Su criter io de filo sofía mora l y política se aleja de la corrien te n eo - ta cit ist a especi almen te r eflej ada en s u época p or l a obr a de Ju sto Lipsio y Bernardino de Mendoza 221 . - Cristóbal Lechuga (1556-1623) : A los 18 años inició en F landes una brill ante ca r rera militar hasta ser nombrado Sargento Mayor d el Tercio de Francisco de Bobadill a en 1585 . En 1590 perdió s u cargo al verse i mpl icado en un motín del Tercio, primer a señal de lo que será to d a su pro cel osa tr a y e ctori a b io gráfi ca. Ocioso, en 1591 comen zó a redact ar el p rimero de sus t ratado s , “ Dis curso del capitán Crist óbal Lechuga en que trata del cargo de maestre de campo general y de todo lo que de dere cho le toca en el ejército ” , que conclu y ó en 1593 aunque no se publicará hasta 1 0 años más t ard e , siendo muy valorada. En 1594 fue reha bil itado incorporándose a la artillería, participando en la brillante Camp aña de Er n esto de Ma nsf eld d el 1595 . En 1602 est aba en Mil án en el T ercio d e Lombardía con el Conde de Fuent es . En 1603 , da das las ci rcu nst ancias de las rela cion es con Franci a y la host ili dad d e Enrique IV , e l Conde de Fuentes se vio obl igado a sustituir el ‘ Camino E spañol ’ por el ‘ C ami no A lem án ’, para l levar a los T ercios a Flandes . Par a ello , dado q ue d ebía ejecu ta rs e a tr avés de Valtellina , era imprescindible controlar el lago Com o, donde se d ecidi ó eri gir una po deros a fo rtalez a . Lechuga se encargó de esta misión junto a los ingenier os italia nos Gabrio Brusca y Giuse ppe Piotto . En 1604 creó la Es cuel a d e Artillería d e Milán y, al año si guiente fue nombr ado teniente g eneral d e Ar til lería. En 1611 , preso por pre v aricación y malversación en las obras del ca sti llo de cómo 222 219 Sobre To r res de Litora l: Cámara Muñoz, A ., “ Las to rres del lito ral en el rei nado d e Felipe I I: una arquitectura para la d efensa del territorio”. Espacio, T iem p o y For ma, serie VII, n .º 3. 1990, pp. 55 - 86. y N. o 4 , 1991, pp. 53 - 94. , redact ó un n uevo t rata do sobre ar tillería y fo rtificación: “ Dis curso que trata de la Artillería y de todo lo necesario a ella, con un tratado de fortificación y otros adve rt imentos. Dirigida al Rey N. S.” . En 1613 , fue tr ansf erido a la Armad a R eal de la M ar Oc éan a, con bas e en Cádi z. Ese mismo año participó como L u garteniente en la ex pedición para conquistar de La Má r mora (río Zebú, costa o ccid ent al de M arru ecos). 220 Una ma gn ífica b iografía de Ro jas se recoge en Mariategui , Edu ardo de, El C apitán Cr istóbal de Rojas , Ingenier o milit ar del s iglo XVI . C o m isión de Estudios H istóri cos de Obra s Públicas y Urban ismo. Madrid 19 85. 221 Al res pecto d e esta Fi losofí a de la Guer ra : pp. 103 - 11 1 del presen te est udio. 222 A. G. S ., Sp. 1903, f ols. 3- 5. - 102 - Junto a Cri stóbal de Roj as y en solitario tr as la mue rte de éste, fue comisionado como m aestre p ara l a co nstrucción de la fortaleza que aseg uraba el puerto norteafricano, bautizada como Nuestra Señora d e las Ni eves . Lechuga reforzó esta posición con l a torre de San José (que prote gía la barra, la pl ay a y el toleno) y otra qu e res guardab a el cam in o de S aleh. S obre los aconteci mi entos mi l itares acae cid os en su pl aza, reda ctó: “ Rel açio n de las h eroycas hazañas y famosos hechos del Ex cmo. Sr. Duque de Maqueda, Virrey de Oran. Y del capitan Juan del Castillo en La Ma r mora. Y del Gobe rnador Francisco Carrillo de Santoyo en Alarache. Todo en este año de 1619”. Murió en 1623 , cumpliendo con su de ber 223 . Est a genera ción de Trat adi stas imp ondr á sus cri teri os ci entí ficos durant e m ás de u n siglo . Su s concep tos e ideas perman ece rán vi gent es h asta l a aparici ón d e un geni o militar de la mu nato ria en el Siglo XVIII : Sebastián La Presté de Vauban . En el Si glo XVI la fig ur a del ing enie ro militar estaba re pr esentada por un profe sional contratado a pa ga. Mayoritaria mente ext ranjeros, muchos de ellos había n servido a otras band eras; esta ci r cunst an cia generaba i mpo rtant es d udas d e fidel idad . D e t al guisa, s e hací a precis o in sti tuci onali zar el ca rgo pa ra in crem en tar la se gurid ad d e l as ma gnas ob ras arqui tectó nicas de d efen s a estát ica. Feli pe II determinó la fundación de l a Acade mia de Math emáticas y Arquitectura Militar en el anti guo Real Alcáz ar de Mad rid, en el año 1582 224 . La Ac ademia fue fundada por el emérito Tiburcio Spannocchi y e l cél ebr e arqui tecto Juan de Herrera . La formación que sus alumnos recibí an abarcab a las m at emá ticas, f o rtifi cación , arquit ect ura, c o smo grafía y navegación. Una vez concluido el proce so filipi no de herme ti zación del territorio, la Academi a entró en un p eriod o de des cuid o y decad enci a hast a que s e cerró en 1625 , con Felip e IV . P ara cubri r s u vacío se creó l a Cáted ra d e Forti ficació n en los Estudi os Gene rales del Colegio de San I sid ro. En el Siglo XVII la profesión se proletarizó. En efecto, en 1656 el Conse jo de Guerra creó dos Cátedr as, una en el Hospital de Desampara dos, y otra en el R eal Alcáz ar de Madrid, para impa rtir conocimientos té cnicos a simples soldados y civiles ‘ desocupados ’. En 1696 , en pl ena dec aden cia de la d inastía , se d ecret ó la ex t inci ón de l as cáted ras y s u tra s lado a Barcel ona frent e al absen t ism o escol ar y l a fal ta d e resul tado s . El pr o yecto d e for mació n d e in genie ros m il itares q uedó co n gelado has ta desp ués de la Guerra de Suce sión Esp añola (1702- 1714) y el relevo diná sti co de los Bor bones. Así, en 1720 se cre ó la R eal Academia Militar de Matemáticas y Fortificación de Barce lona , que fundó Próspero de Ve rbo om 225 . 223 A l gun os apun tes sobre l a figu ra de L echuga, ver su propi a obra, Op. Ci t. 224 Sobre la Acade mia de Matemát icas de M adrid: - AA. VV. , Es tudio his tórico de l Cuer po de Ingeni eros del Ejé rcito . Madrid, 19 87. Tom o II, pp. 3 - 9. - C arrillo de Al bornoz , Jua n. Histo ria del A rma. I mpren t a de la Academi a de I ngeniero s. Hoy o de Man zanares, 2002. pp. 12 - 17. 225 -D e la Llave y García, Joaquín , “ Don Jorg e Próspero de Verboom . Marq ués de Verboom”. Memor ial de Inge nieros , Vol. XXV III, pp. 1 09 - 160 ( B). - Madri d 1911 . - Waw er mans , H., E l Marqués de Verboom, ingenie ro mil itar flam enco al se rvicio de Es paña . Imprenta del Mem or ial de Ingenieros. - Madrid 1984 . - 109 - Aunque e ste co ncep to a parec e imp líci to e n todo el L ibro V del Politic o rum de J u s to Lip sio y e l Libro I de l A r te de l a Guer ra de Maq uiavel o , real ment e se en ra íz a en el caro lin o Francisco de Vitoria : “Yo respondo a la cuestió n con esta única conclusión: Es lí cito a los cri stianos hacer la guerra ” 254 . De ta l guisa , si la guerra o fens iva estaba justifica da incluso por lo s más conser vado res 255 , más aú n la def ensiv a y , co n ell a, l a f ortificación . Cita mos dos eje mplos: “El uso de la defensa es católicamen te pe rmitido …La conse rvación y defensa de Imperios, Reynos, estados y Ciudade s que con tienen en sí, no solo una vida, una honra y una riqueza particular, pero tan innum erable multitud dellas, m uy bien se podrá dezir que, si para la defensa de una vi da y de una hon ra, se tiene tanta justificac ión en defenderla, aunque sea con daño y muerte de quien la quisiera quitar, que la d ef ensa y g uarda de tantos mi l lares de vidas, honras, y de bienes, obliga ción se tendrá de b usc ar rem edio para susten tarl as y de fenderla s ” 256 & . “La Milic i a no es otra cosa que una semejanza a una verdader a religión, statuid a de Di o s , que obliga al soldado a g uardar justicia, Fe, Con stanci a, Pa ci encia y silen cio, y sobre todo Obediencia” 257 . Cier tamen te, e l Neotac i tismo sentó escu ela 258 entre l os t eórico s y profes ion ales peni nsul ares de l a pol íti ca, la di plom acia y la g uerra. De cu alq uier m an era, nos vamo s a centra r en B ernardino de Mendoza . Men doz a recha z a con firm eza l a guerra ent re r e ye s europeo s qu e pro fes an el catol ici smo dado qu e sólo beneficia a los enemigos de Dios, o sea, infi eles o tom anos y herej es refo rm ist as. “ Despertaran lo s sucesos y mudanzas del mun do diferencias, com o de ordinario se ofrecen, con Reyes, repú blicas y potentados catól i cos, y aunque su calid ad requiera e l averigua rlas con las arm as ha de p rocurar Vu estra Alteza no s ervirse de ella a ntes de esta r desesperado e l medio de la negociaci ón y acuerdo, por e l daño que, del en sangrentarse la espada en t re lo s reyes cr is tianos, r edunda a la Iglesia Apost ólica Romana, impidiendo el aumento de nu estra Santa Fe catól i ca en e ll a con la ocasión que a los in fieles y herejes se da, por no ver u nidas las fuerzas católica s, a emp render s obre los R einos y t ierras d e los qu e lo son” . 259 254 Vitoria , Francisco de, Relectio de Iure Belli . C . S. I. C. Ma drid 1981. Libro I, C uest ión 1ª, 2. 255 Citamos a Fra ncisco de V itoria, “ Relecti o d e Iure Belli” L i bro I, cuestión 3ª 4 - 5. : ‘La aut oridad de Agus tín ( Quaest ionum, libr o 83) consti tuye l a primer a prueb a: Lo af irma con toda clar idad [No hay más que una causa just a de guerra: la injuria recibida] . La mi sma tesi s sosti ene Santo Tomás (II quaes t. 40, art . 1 ) y todos los doct ores. Pr ueba de razón: E l fin de l a guerra ofens iva es c astigar una of ensa, c omo queda dicho. Pero no puede haber cas ti go donde no ha pr ecedido inj uria. L ueg o es evidente la conclusión. Asimismo, no tiene el Príncipe ma yo r autor idad s obre los extranj eros que sobr e sus súbdi tos. Ahor a bien, no pue de des envainar l a espada c ontra s us propi os súbdit os a no ser que hayan comet ido delit o. Lue go tampo co contr a los ext ranjeros ’. 256 González de Medina Barba, Dieg o , Exa me n de Fo r tificación . Váre z de Cas tro, Madri d 1599. pp.3 - 5. 257 Escalant e, B ernardino, Diálogos del Arte Milita r. Mad rid , 158 3. Edición del Mini sterio de Defensa. Madrid, 2002. pg . 49. 258 Toda un a genera ción de polí ticos e spañoles e nc ontraron e n los tra bajos de Lips io una guí a muy provechosa basada en el prin cipio de Razón de Estado , combinada con un barni z de ética cristiana. Aria s Montano f ue e l prim er introdu ctor de s us obras. Juan de Ver a y Figueroa , V eterano de las guerras de Fla ndes, Embajador en Veneci a, Sa b oy a y Ro m a y miembro de los Consejos de Estado, Guerra e Indias , redactó ‘ El Embajador ’ en 1620 , totalmente apo yado en Lipsio. El célebre Francis co de Que vedo pidi ó a L ipsio qu e corrigiera su s trabaj os. Baltas ar de Zúñi ga , Em baj ador en Flandes, Fran cia y el S a cro Im perio R omano Germánico, termin ó po r configu rar la influe ncia del pens a miento de Lipsio en la Mo narquía Hispánica. 259 Bernardino de Mendoza, Op. C it. pg. 53. - 110 - De esta f orma, s e cir cu nscri be deci dido en la corri ente d oct rin al que co nfier e a la confesión católica un lugar preferente en la ordenación política de la Mo narquía Hisp án ic a . En este sentido, rompe c on la postura de Lipsio, que impreg na los primeros capítulos de su libro V, de afront ar l a po lít ica i nternaci on al al ma rgen de l a con fes ión rel igi osa. S in embargo, el re sto de sus af irmaciones se ajustan a los principios ta citistas y c ripto - maquiavél icos del auto r flamen co , espe cial m ente l os d e su úl tim a época 260 . Ber n ardino de Mendoz a r ec haz a l a guerra co mo co ncepto primario y propone l a dis uasi ón com o la sal ida más des eable. Ef ec tiva mente, consumado y experto e mb ajad or en todas las zonas ‘ cali entes ’ de Europa durante el reinad o de Felip e II, acon seja evi tar el enfre nt amiento armado, ag ot a r la ví a dip lom ática y cons ider ar la gu err a co mo l a ‘ última ratio Regis ’. En este se nti do propone la fortificación como ele mento defensivo y disuasorio. Sin embargo, cuando el conflicto es ineludible, debe li brarse con determinación. Su i dea del Ca u sus B elli se basó contundentemente en el t acitismo neo - es toi ci st a de Lipsi o para est abl ece r las b ases i deol ógicas y just ificat ivas del co ncept o de Guerra Justa . En este sentido, se alejó decididamente de los principios tomist as sobre Gue rra J usta que Franci sco d e Vitoria ex puso en su libro I del ‘ Rel ecti o de Iur e Bel li ’ . Así, p ara el de Vitoria la guerra d e conquista, la librada por ambición o disputas territoriales no es lícita, por e l contrario, para Mendoza si. De hecho, todavía va más lejos: C o nsi dera la a mb i ción como una cuali dad con sus tanci al a la nat uralez a hum ana y la adorna d e un caráct e r pos iti vo. Afirm a, además , que s i esta ca ra cterís ti ca exi ste en el pa rti cular, está t odav í a má s enfat iz ada en lo s Monarca s. Establece con rotundidad que el der echo adquirido por conquista consolida con leg itimidad el ius posesionis de los territorios ocupados. Considera la ex pansión territorial como algo natural y pos itivo para el Reino y aconseja al Re y qu e la practique, dado que además de r iquez a le ot o rgará fam a, glo ri a y pr estigio entre sus súbditos. En este punto, resul ta evi dent e qu e su cr ip to -maquiavelismo es arrollador: “Queriendo Vu estra Alteza conqu istar algún r ei no, e stado o pa ís , o pa rte de é l , que e s la guerra más descansada pa ra los príncipes por ser voluntaria y no forzosa, com o la def ensiva, dando lugar para hacer la s provisiones en tiempo y tener las con él sazonada s, es de c onsiderar ser natural cosa en todos los hombres, cuanto más en los r eyes, el deseo de conq uistar. Y cuando un príncipe lo hace es muy loado y no repre hendido si deja de acom eter sem ejantes em presas po r las muchas razon es que de ordinari o se hallan para e xcusarlas” 261 . Sin embargo, como apuntamos en párrafos anteriores, no podríamos hablar de t acitismo hispánico sin la om nipresenci a d el fa ctor relig ioso católic o que atemper a el instinto maquiavélico y barniz a de benig nidad las teorías más practicistas justificando los más rudos consejos buscando la aprobación divina: “No dejo de conocer haber me entr etenido en los punt os que he tocado, de que me disculpa rá con Vuestra Alteza se r t an grande e l provecho que se puede sacar de ellos y la princ i pal prenda y fundamento de l as nociones de e st a vid a, la piedad cristiana, c omo en los edifi ci os la firm eza de1 cimie nto” 262 . 260 La máxima expresión de radicalism o maquiavélico en Lipsio se puede v er e n: Lipsio, Ju sto , “ Carta al Capitán Francisco de San Ví ct ores de la Portilla, sobre las g uerras de Flandes” . Bolet ín de la Real Acade mia de Historia , tomo XXXI V (1899). pp. 257 - 26 5. En ella propone esperar, mediante una tregua en la que los T ercios se esp añol e s se re fo rzasen, en las guerras de Flandes a que calvinistas y arminianistas se enfrentasen entre ellos y, ent once s, volver a la carga. 261 B ernardino de Mendoza, Op. Ci t. pg. 53. 262 Ibídem pg. 51. - 111 - A firma M endoz a qu e, cu an do las ne goci acion es d i plom áti cas fra casan y la gu erra es l a única salida posible a la s diferencias entre dos Reinos, el Príncipe, que en modo alg uno debe regirse por sus pasiones, inst intos u org ullo, había de consultar con sus teólog os, para obtener refrendo sobre la just icia de su causa ante s d e declarar las hostilidades. Convencido por e stos de la Caus a Justa y posteriormente asesorado por sus ge ne rales y m inistro s de la oportunidad fáctica, d esde ese in stan t e habí a de dis pone r l o ne cesario p ara em prend er l a gu erra 263 . Los p rinci pio s ref erido s en este capí tul o so n es encial es par a comp r ender l a, en princ ipio, para di gmá tic a actitud de Felipe II con el asun to de la Aljafería tras las Alter acio n es de Aragón de 1591 264 . 263 Ibídem pg. 54. 264 Más adelante, v ere m o s co m o la actuación del c ontrov ertido Mon arca s obre el en tram ado form ado por los ele mentos Reino de Ar agón - ciudad de Z aragoza - Al ons o de Vargas - Francis co de Bobadil la - Inquisició n , para lograr sus p ropósitos, esta corriente de f ilosofía política impulsó cada un a d e sus sutiles acc ione s epístolas y de cisi one s . - 112 - 2.2) COMENTARIOS A L AS FUENT ES L EGI SLATI VAS DE LA NUEVA CI ENCIA ARQUI TECT ÓNI CA DE LA FORTI FICACI ÓN. Tras l a con clus ión de la Guerra de Granada ( 1 481-1592 ) con la c ompl eta ocupación del Reino Nazarí, los Reyes Cat óli cos iniciar on una contundente , meteórica y b rillante ref orma legislativa dirigida a la mod ernización del e jército penins ular 265 . Est a audaz metamo rfosis se enraizab a en l as i deas de Alf onso de Palencia 266 , quien proponía la creación de una fu erza arm ada estab le y per man ente con trol ada dir ectamen t e p or la Corona. Visionario anticipativo, Palencia ofreció soluciones que determinaban la concentración del control y org anización d e los elementos de la ‘ u ltima ratio Regis’ , l a infanterí a, la g ente d e armas , la munato ria y la armad a en l a v olu ntad r e al. Aun que el ilumina do teóric o falleció en 1492 , Alonso de Quint anilla y e l Prior de Vill afranca ejecut aron un b ril lant e infor me al respec to d e cómo conseguir los propósitos por él propuestos 267 . E stos esfue rzos se concre t aron en un conjunt o de medidas legislativas que he mos pasado a resumir 268 : - Pra gmática d e Julio de 1492 que convoca a la caballería popular para revi vificarla . E n ese docu ment o ya no s e recl ama a lo s com b atien te s para com bati r al mor o, si no par a servi cio al Rey y al bien común del Reino. - Instruc ción de Mayo de 1494 sobr e aspect os eco nóm icos de la mi lici a qu e uni fic a los criter ios d e sol dad a y finan ciació n cas trens e en la vol untad de la C oron a. - Orden anz a del 5 de Octubre de 1495 que estab leció la ho mo genei zaci ón del arma mento de la infa ntería y las norm as acerca de su poses ión (autén tic a cent ral iz ación del ius posesionis de las he rramientas milita res). - Orden anz a de 22 de Fe brero de 1496 que cre ab a una r eserv a m ili tar co m o fuerz a de respeto (impre si onantemente anticipativo). - Orden anz a del 18 de Enero d e 1496 ( Ordenanza de Tortosa ) que reg ula ba la admi nis tració n de Gue rr a y l as fin anz as. E ste docu ment o esenci al es t ablece el n ú cleo conceptua l de la le gislación de la Monarquía Autoritaria que concentra en la Corona el control de los elementos de l a def ensa t erri tor ial de l as E spañas . René Quatrefages resu me este t ex to con precis ión 269 : “Fundamentalmen te, el poder R eal afirmaba y aseguraba su dominio sob re toda clas e de fuerza armada en el Re i no m edi ante una gest i ón finan ciera caracterizada po r un t riple control, cada uno d e ellos ind ependiente y a la vez en t relazados entre si. A l mando mili t ar l e correspondía e l ordena dor de pagos. Per o había un contado r encargado de l levar lo s libros y de establecer las órdenes de pago y l as nóminas, cuya concordan cia e ntr e lo s e fe cti v os y l os estados de la munición real era superv isada por un veedor. Al fin, un pagado r liquidaba los gastos. El co njunto de esta s cuentas co nstituyó el fam oso ‘libro de sue ldo’ , p ieza clave de l a bri llantí sima adm inis tració n m ilita r es paño la”. 265 Matínez Ruiz, Enrique. “Tradición y novedad en la organiz ación político - ad ministrativa de la corona de Casti l la en el Reinado de los Rey e s Católicos ”. E n Crón ica No va , nº 21, 1993 - 1994. pp. 379 - 404. 266 Ver n pp. 362, pg. 127 del presente estudio. 267 En este sentido ver: Quatref a ges, René, “Génesis de la España Militar Moderna” . Re vi st a d e Hist ori a Militar N º 7. Servicio de publicacion es U. C. M. Madrid, 1996. pg. 61. 268 A. G. S . Cá m ara , cédulas, libro 2 . Asi mis mo , Qua t re fages, Op. Cit . pp. 61 - 65. 269 René Quatref a ges, Op. Cit. pg. 6 3. - 113 - En la pri mav era del a ño 1497 los Rey es C ató lico s promulgaron una Cédul a 270 que fue especí fic ament e envi ada a Enri que de Guzmán , C apit án General de la fr on tera de P erpiñ án (Rosellón), donde se enunciaba la nueva nor mativa sobre munatoria - que habí a de s er defin itiva en la Casa Au stria -. E sa orden estab a combi nada con la meritada Orde nanza de Tortosa de l 18 de de Enero de 1496 , config urando un auténtico corpus legislativo . La aplic ación de las misma s, su interpr etación y la analogía legis permitían el esta blecimiento de una verdad era admi nis tració n de gu erra 271 . En efect o, el s ineci smo Tr astám ara h abía establecido una D iarquía que aplicaba progresiva, pero inconte stablemente, l os principios de autoritarismo monárquico renacentista 272 . En es ta C édula, a demás d e acl ar acio nes prolijas y mu y detallad as s obre l a ej ecució n de las obr a s, los Soberanos creaban para los equipos de fortif icación lo s mismos carg os administr ativos e idén ticos trámite s proced imentales que para el rest o d el ej érci t o . Así se estab leci e ron los si guiente s escalo nes jerarquizados, interdependiente s y vin culados a riguroso protocolo: - Un Jefe M ilitar (C apit án Gene ral o Ma estre de C ampo 273 ) que comprometía l as cont ratas y daba ó rden es de pa gar las ob ras , con precisa y previa solicitud Real en la época filipina 274 . Citamos como ejemplo la c arta del 27 de Marzo de 1593 d e Alo nso de Vargas a Feli pe II. “…Suplico a V. Maga. se sirva de mandarnos pr oveer de dinero con breveda d, porque son mucho m ene ster para acudir a tanta s cosas como s e of rece n…” 275 . - Un Veedor cu y a función era si milar a la de un nota rio caus ídico y emitía (semes tral ment e) act as acredi tat ivas sobr e el av an ce de l as ob ras . -Un Contador que hací a l as fun cion es d e audi torí a 276 . - Un Pagador que liquidaba haberes a obreros, artesanos y p roveedores. Esta e structura no impedía que lo s jefes milita res e mitieran a su vez sus propio s inform es 277 . En efecto, la duplicidad funcional en la administración de los Austrias no fue un factor infrecu en te. 270 El texto leg al aparece conserva do en A. G . S. Cám ara, cédulas , lib ro 2, fol. 25 5. 271 Sobre el tem a ver : Q ua tr efa ges, Re né, “A la naisance de l’ ar m ée moderne”. En Melages de la Cas a de V elázque z , tom o XIII París 1977. pp. 119 - 159. 272 Al res pecto, ver: Thoma s, H., El Imper io Español . P laneta. B arcelona , 2004. Elliott, J . H., L a E spaña I m p erial . Vicen s V ive s. B arcelona , 1996. 273 Los poderes de estos cargos están especificados en autos del 10 y 14 de Agosto de 15 91 , A. M . Z . M s. 53, fols. 2, 2v y 3 & A. G. S. Cont aduría de Sueldo , 2 a época , leg. 17, s.f. 274 El control Real s ob re el gasto resul ta m á s que manifiesto en l a epístola de 2 de Marz o de 15 93 , d e Felipe II a Francis co de Bob adill a . A. M . Z . M s. 53, fols. 1 47v, 148 y 148v. 275 A. G. S ., G. A. leg. 372, fol. 24. 276 Como ejemplo más que significativo, la minuciosidad de las cuentas de la ejecución de las obras de queda más qu e ex plícit o en los in form es ejecut ados por Mar co Manari a (26 de Mayo de 1593) y Tibu rcio Span nocchi (26 de Juli o de 1593) al m ismísim o Feli pe II - A. G. S. Guerra A nti gua, leg. 375, fols . 1 y 3. & A. G. S. , G.A. le g. 375, fol. 16 9 -. 277 En este sen t ido, es ejemplar el memorial del maestre Francisco de Bobadilla sobre la A l jafería de 8 de Diciembre de 1593 ( A. M. Z. Ms. 53. fols . 151 a 156 ). - 114 - Por o tra part e l a se ctori zaci ón er a m a yúscula, cualquier decisión aislada de uno u otro funcionario r eal ca recí an de fuerza ejecutoria y todos ellos dependían, en úl timo términ o y como ya hemos visto, de la corona. La mism a norm a re glam ent aria est ab lecía q ue t odas las operaciones debían det allars e por oficios y materiales hasta los más mínimos detalle s y que diar iamente debía n registr arse los asie nto s correspondientes en un libro registro encuad ernad o, cosido y pagin ado para cad a obra y que, asimismo, las suma s im bricada s debían consignarse tanto en l etras como en cifras 278 . Est e corpus determ inab a l a tot al in terven ción es tatal en la act ivi dad d e defensa es tát ica fortif icada inme rs a , en un claro proceso de acabar de c onfigurar a la nobleza como una facción soci al pri vil egiad a afect a a l a c orona y circu nscri ta en l a c orte . A la sazón, l a red d e fortal ezas q ue cubría l as posesiones de la m onarquía se habí a vuelto obsoleta . En efecto, los castillo s ‘ a la A ntigua ’ q ue tapi zab an Cas til la y Aragón f rut o de l os avan ces d e la Reconquista ya no protegían frontera alguna dado que el ter ritorio esta ba asegurado y el mus ulm án habí a sid o v encid o tras l a en trad a en Gran ada d e 1492. A demás , las n uev as traz as 279 ‘ a la I tali ana ’ se imponían como soluciones técnicas frente a la incipiente, aunque pujante , artiller í a. Era preciso abordar un nuevo sistema def ensivo y , de ac uerdo con la nue va corr iente política de concentración del poder e n la co rona, el sistem a de con stru cci ón s e cen tralizó. De ta l guisa , la nue va legislación había es tabl eci do las cond ici ones mater i al es de const rucci ón y las ne ces idad es de po lít ica ex ter ior s u empl azam ient o 280 . Ya se hab ían super ado los esfu erz os d e la R econquista y , definida la frontera p eninsular, toda construcción que no fuese rayana a los limes fre nte a un pot encial invasor podía u sarse como hostil a la Monarquía y de bí a controlarse o derribars e . A es te resp ecto es espe cial me nte si gnifi cativ o el pregón sobre Juan de Lanuza ‘el Mozo’ , Justicia de Aragón, del 20 de Diciembre de 1591 : “Esta es la Justic i a que manda hace r el Rey nuestro se ñor a este Cava llero por traidor, y que lebanto Vandera y otro s aparatos de gerra contra su Rey y Señor natural, y p or c onmovedo r y alborotado r de esta C i ud ad y de la s demás Un i bersidades y partes de esta Cor ona de Aragón, socolor de l i bertad le man da n cortar la Caveza, y confi scar sus bienes y der ribar sus C assas , fortal eças y Castil los, y mas se con dena en la s demá s penas con tra los tale s establecida s por derecho ” 281 . Así, la m ona rquía s e reservó el c ont rol absoluto de la selección de empl azamientos , determinación de trazas y de la dirección de las obras. Por esto se envia ban expertos para investig ar in situ antes d e deci dir qué cl ase d e ob ra h abía q ue ha cer. Est a tenden ci a le gislat iv a se fue cons oli dando h asta l a Gran Ordenanz a de 26 de Septiembre de 1503 282 . La mi sma, en def ini tiva, agrupó todas las medidas a nteriormente citad as y re guló las fue rzas armadas p enins ular es co mo dep endi ent es d irect ament e d e la m onarquía. El unifica do r precepto añadió a la normativa hispánica clar idad y univocidad (elemen tales co ncept os en aras de l a s egurid ad ju rí dica). 278 A. G. S ., Cá m ara, cédulas, libro 2, fol. 255 . 279 Ver pp. 89 - 96 de present e estudio. 280 Ver pp 117 - 12 5 d e esta tesi s. 281 A. M. Z . Ms. 53, fols 31 y 31v. Sobre la orde n de derribar f or talezas y torres señoriales , ver también: “Historia de las Al teracio nes de Aragón en el Reinado de Felipe II”. Mar qués de Pidal. (Ed. F acsími l) MI R AS A. Madrid 1977. Vol. II p. 362. & V ol. III p. 231. 282 Sobre la Ordenanza de 1503: Martínez Ruíz, E nri que . Los Soldad os del Re y . Los Ejércitos de la Mona rquía H ispánic a, 1480 - 1700. A ctas . Madrid, 2 008. pp. 68 - 74. - 115 - Tal corriente reguladora de l sistema mil itar se enfati zó durante el Reinado de Carlos I , con l a Ord enan za d e 1525 y l a Inst rucció n d e 1526 283 . Durante la Re gencia del futuro Feli pe I I el si stem a se c onso lidó 284 . En desarr oll o del mismo y entre los añ os 1540 y 1550 , se pas ó de la fi gura d el M aestre a la del Ingeniero (italianos e n su m ay oría ) en los documentos R eales. La imp osici ón d e tales criter ios v ino deriv ada de l a creci ent e tecnificación de los proced imien tos arquitec tónicos. E l De spacho d irigido a l ingeniero Baltasar Pauano Avianelo , fechado el 17 de agosto de 1541 285 , es un magnífico ejemplo proc edime ntal. En este texto adm inist rativo se le ordenaba visit ar las ci udades de Cád iz , Gib raltar, M á laga y Cart agen a. Tr as ell o se l e daban ins trucci ones p reci sas d e có mo pro ced er en su l abor: Al l le gar a cad a l ocali dad d ebí a presen tars e a las autoridades locales (corregidores, a lcaid es… ) y ex hi birl es una Carta Real que les con min aba a l a o bli gación d e colaborar en todo con él. Tras el egir el e mplazamiento oportuno para la futura fortaleza, debía ex aminarlo. En especi al el in genier o d eb ía to mar en cuent a las est ructu ras d efens iv as preex is tent es (aún obso letas , pu es s e act uali z arían con ‘ me joras de fortificació n ’ 286 ) . T ras ello d ebía ej ecut ar un proyecto a ‘ la M odern a ’, moderando al máximo el gast o 287 y propon iendo las obra s necesarias, condicionadas a l m a yo r a provechamie nto posible de lo viejo. Al fi nal s e env iaba este p lano al R e y, a com pañado de una me mori a para entenderlo bien . Ap robado el proyecto munatorio por el Consejo de la Guerra 288 , presidido por el m onar ca, habí a q ue eje cutarl o. De hecho, el Consejo de G ue rra v a a ser du ran te to do el r ein ado d el ‘ Rey Pru dent e ’ un a institución colegiada consolidada 289 . Sus funciones consultivas eran derivadas de lo v al or a do por el Consejo de Estado e n materia militar y su valo r ejecu tivo est aba so meti do a l a voluntad r eal. La ejecuci ón d e las o bras se real iz aba por l a vía de asi ento , similar al actual s ist ema de cont rata (r elación contractual promotor - contrat ist a) con un Ma estre (actual encargado o jefe de obra ) comisionado para la verificación material de la construcción. De res alt ar es que s i el pa gador se quedaba sin fo ndos el M aest re no t enía obl igación de continuar las obra s. E l det alle m aterial de la ej ecu ción de las obras d e forti ficaci ón alc anz ó una ex qu isi tez plat eresca . 283 Martínez R uiz, E. Op . Cit pp . 87 - 112. 284 A. G . S. Con taduría d e Sueld o, 2ª época L eg. 17. Sobre la estructu ra ad ministrativa de la administr ación militar e n la era filip ina, ver : García Riva s, Ma nue l, La ‘Invas ión’ de Aragón en 1 591, una sol ución mi litar a las alt eraci ones del Reino. D . G. A. Za ragoza, 1992. pp. 4 2 - 45. 285 A. G. S . Estado, Leg . 53, fol . 3. 286 Este f actor es esencial para este trabajo dado que lo ejecutado en l a Aljafería por T ibu rcio Spannocchi responde con precisión a es te criterio. Ve r pp . 20 2 - 235 del pres ent e estudi o. 287 Recordemos que en la época en la que está datado el do cum ento la deuda estatal española ro ndaba los 7.000. 000 de ducados . 288 Respecto a la A ljafería son destacables los p ronun cia mientos del C onsejo de G uerra d el 29 de J ulio de 1592, S.f., 13 de N oviem b re de 1592 (referenciado). A. G. S. , G.A. , le g. 354, fol. 102a. & A. G. S . , G. A . leg. 35 7, fol.168. & A. G. S., G. A . leg. 362. 289 Sobre el Consejo de Guerra y sus relaciones co n el Consejo de Est ad o ver : - Cámara Muñ o z, Alicia, Fort ificac ión y ciuda d en los Reinos de Felipe I I . Nerea. Madr id 1998. pp. 42 a 45 . - Domínguez Nafrí a, J .C. El Real y Suprem o Consejo de Guer ra (si glos XVI - XVIII) . Madri d, 2001. - 116 - Prueba de e ll o es el más que pr oli jo inventario que, sobre las obras de la A lj afer ía, realiz ó Marco Manaria , el 26 de Mayo de 1593 , a Felipe II 290 . La precisi ón del inform e alcanza incluso el número exacto de ladrillos utilizados en la c onstrucción munatoria. La s obr as de fo rtificación 291 se conf igur ab a n f uert ement e centr al iz ada s. S i n e mb ar go, los concejos, en base a s u beneficio defensivo (que re vertía en el Reino) se vieron som etidos a cont ribuci ones fi scal es p ar a l a const ru cción d e l a s fortalez a s . Esta aportación hacendística podía ser en servici os , en especies o en diner o. C omo ejemplo, aportamos el fr agmento de una c arta tipifica da del E mperad or Carlo s V a l as ciud ades d e Cád iz , Mál aga y Carta gena e n 21 de Enero de 1535 . Extraem os d e la mi sma el si guien te p árr afo: “... Sepades qu e a servicio de D i os y nue stro y a la defensa de los vecinos desta ciuda d y tierra y comarca conv iene que las fortalezas, muros y tor res de l la estén repar adas y haya el recaudo que con venga para que s e pueda defender de los enemigos d e nuestra Santa Fe católica y de otras per sonas que la quisier on ofender…” 292 . Est e proceso de centr ali zaci ón cul min ó el 15 de Abril de 1601 , y a con Felipe I II cuando, a instancias del Duque de L erma , se creó el car go d e Inge niero Mayor . Sus funci ones er an l a capit aliz ació n de l a direcci ón de l p laneam ient o, ej ecució n y m anten imi ento de todas la s obras d e forti ficaci ón de l a c orona. También se encar gaba d e l a docenci a rel ati va a los futuros inge nieros militares. El primero en prove er el cargo fue el meritado Tiburcio Span nocchi . Tr as s u mu erte en 1606 , fu e sucedido por Leonardo Turriano , discípulo su yo. Al fallec er ést e, el car go no volvió a prov eers e co n l os Austri as y d esap are ció hast a el 13 de Enero de 1710 , fecha en la que el Rey Feli pe V de Borbón , nombró a D. Jorge Próspero de Verboom como I n gen ier o General , con l a mi sión de crear el C uerpo Militar de Ingenieros 293 . 290 A. G . S. G uerra An tigua, leg. 37 5, fol s. 1 y 3. 291 Dato que se cont rasta con la gran autonomía que, tras el ereg i mien to de la construcción, gozaba el Alcai de r egidor de la misma. En este sentido ver a Bernar dino de Escalant e “Diálogo s del Arte Milita r”, Ministerio de Defensa, Madrid 2002. pp. 100 - 115 292 A. G. S ., leg. 31, fol. 1. 293 Ver pp. 145 -1 50 del presente estudio, “ T iburcio Spann o cchi y su o bra munatoria en las E spañas”. - 117 - 2.3 ) C ONCEPTOS DE FRONTERA : E STABLECIMIEN TO DE LOS LI MES HIS PÁNICOS Y SU FORT IFI CACIÓ N. Just o L ipsio pl anteó en sus e scritos 294 su teorí a sobr e la lo caliz ació n de las fortalez as en ti erras front eriz as, en l os máximos límites territoria les de posesión, cr eand o un sistema defensivo que a l ejase la contienda del interior del Reino. Así, señaló a modo de ejemplo Corfú respect o a Ven eci a y Mal ta en r ela ción co n las aragon esas Nápoles y Sicili a, aunque su s modelos ideal es era n lo s pres idi os no rteafri canos d e la monarquía española, fortalezas que se situaba n lejos del terr itorio matriz y enclavada s en el mismísimo campo hostil, que se convert ían en los fo cos de atra cció n de l os at aqu es enem i gos de las p oblaci ones local es sojuzgadas. R ealmen te, el co ncepto conc reto d e d efensa d e la P ení nsul a Ibéri ca su rgió con f uerza y consci enci a du ran te el rei nado d e Fel ipe II. Esta p ercep ci ón se e x pres a cl arament e en un informe de 1569 de Juan Bautista Antonelli . El documento en cuestión no tiene desper dici o y resu me la au tént ica esencia ideológi ca de la filosofía munatoria de l os Austrias (especi al ment e de l a fil ip in a) 295 . Tras u n erudi to ej erci cio de n eo tacit ism o en e l que compara a España c on los g ran d es imper ios de la a n tigüe dad, afirma l a ne cesid ad d e hermet iz ar la Península I bérica como corazón del mismo. Dado qu e se care cía d e l a fl ota nec esaria, apunta la aprem iant e n ecesid ad d e forti ficar l os em pl azam ient os l im ítro fes. Afirm a adem ás l a uti lid ad de l a gu erra, la s buen as le y e s y la r eli gión como elemen tos p res ervado res d e l a civi liz ació n y elu sores de la d ecad encia 296 . En est e sent ido Bernardino de Escalante a puntó: “…Se ha de en t ender que todos los reinos o provincias son f uertes por natural eza o por artificio, o por amba s causas, por naturaleza son fuertes cuando los cer ca t odos la mar, o d e alguna parte, o tienen m ontes, lago s, riberas o d esiertos, y por artificio son fuertes cuand o en sus fronter as en los lugares co nvenient es tienen tierra s fuerte s por ar tificio” 297 . Ha y que anotar qu e el p lant eamien to de la d efen s a de l as front eras de l o s R einos con fortal eza s tuvo sus críticos, y hubo pa rtidarios de que las fron tera s se guar daran con ejé rcito s regulares. Sin embarg o, l a lentitud de movimientos de un ejér cito de l a época, su com pli cada logís tica y su elevado co ste de m antenimie nto de cidió la ap licación de la pr áctica munatoria . E n efec to, una red d e fort alez as fro nteri zas aliv iaba el mant enim ient o de cost osos ejércit os en C ampañ a 298 . En el caso de l a Monarquía Hispánica exi stía un fa ctor añadido que superaba el concept o mi smo de la f ron tera físi ca. Es pañ a era el máx im o ico no - adal id en d efen sa de l cato licismo dogmá tico surgid o del Concilio de Trento (1545-1563) 299 . La lucha c ontra la Reforma Protestante había mar c ado un nuevo tipo de frontera: La ideológica. 294 Ver Libro V del Politico rum. 295 A. G. S ., G. A . Leg. 72, fols 294 y 295. 296 Prin cipios i deológi cos neotaci tist as y li psianos qu e ni el m is m o Bern ardino de M e ndoza h ubiera podido expres ar m ejor. 297 Escalant e, B ernardino. Diálogo s del Arte Militar. Ministe rio de Def ens a. Madrid, 200 2. pg . 206. 298 En este sentido: Cá mara Muñoz, A licia, “Fortificación, ciudad y d efensa de los R ei nos peninsul ares en la E spaña I mperial. Siglos XV I y XVI I” . En Seta, Cesare & Lego ff , Jacques (eds.). La ciudad y las murall as . Ed . Cá tedra, Mad rid, pp. 89 - 112, 1 991. 299 Sobre el Conc ilio Triden tino ve r: Perez d e Ay ala, Martin & Gonzalez de Mendoza, P edro El Co ncilio de Tr ento. Es pasa Ca lpe. Buen os Ai res, 1947. - 118 - Al igual que t odas las m anifes tacio nes de la v ida soci al, l a fort alez a fue a sociad a a la religión católica durante todo el Barroco 300 . En ef ecto, la Reform a p rotes t ante im puso una nueva fr on t era reli gio sa (amén d e l a del i slam ). Duran te el R einado del E mperador Carlos V 301 , los baluartes recibían nomb res a v eces com o ‘ Bal uarte del Gobernador ’, ‘ Cubo de Lei va ’... En el Reinado d e su hijo esa costumbre de sapareció pues la función que tuvieron las fortalezas dentro de la conc epción de la M onarquía Católica , y de un s entimient o profundamente contr a- reformista, hizo que la advocación de los sa ntos bautizara las fortal ezas y los baluartes en busca de su protección 302 . Com o ant ecedentes , y antes del enl ace de Fern and o el C atól ico y d e Isab el I de Ca stilla, especi almen te durant e l a Guerra de los dos Pedros 303 , las fro nter as cal ient es del R eino d e Aragón 304 se est able ciero n en : “Una línea de más de 1 00 castil los que resguardab an esta frontera [Arag ón y Casti lla] desde el Moncayo has ta Teruel; siendo su fina li dad la de cubri r l os cas t illos y los p asos fronterizos, forma ban una especie de islotes fortifi cados. Al mismo tiempo, posib i litaban la s incursiones y al garadas hasta el rein o vecino”. 305 Con Alfonso V ( 1416-1458 ), Ar agón multiplicó sus necesidades defensivas por tres: La piren aica 306 , solucionada en la cortes de Alcañiz de 1442 . 300 La Reconquista, como Cruzada, ya impuso una gran as oc iación iglesia - for taleza; ambas delimitaban el espac io terr itorial entre el mundo cr istiano y el de los in fieles musulmanes. E l C astillo pr otegía a lo s cultivadores de la tierra, los artesanos, las comunidades reli giosas y a Gea misma. No era nada infrecuente que los recint os religiosos estuvieran dotados de torre defen siva y, asimismo, todo castillo ten í a su capill a. Consultar las re ferencia s de Guitar t Apar icio, Cristó bal, Casti llos de Aragón . Librería Gen eral. Za ragoza, 1976. Vol. I pg.30. 301 V er: AA . VV., Las forti fi cacione s de Car los V . Ministerio de Defensa, Ediciones del Umbral. Madrid, 2000. 302 Sobre este tema , ve r P . Fern ández Albaladejo, Católi cos antes que ciudadanos . “Ge sta ci ón d e una Política Española en los comienzos de la Edad Mod erna ” , en J. L. Fortea Pérez (Ed.), Imágenes de la diver sidad. El Mundo ur bano e n la Corona de Cas till a (s. XVI - XVII I). San tander, 199 7, pp. 103 - 127. 303 Guer ra de los Dos Pedros (1356 - 136 9): Librada entre Pe d ro IV de A ragón y Pedro I d e Cas tilla. E n 1264 , el prot ecto rado m usulmán de Murcia se rebeló contra Alfonso X de C a stilla. La misma fue aplastada por su sue gro , J aime I el Conqui stador . El lo i m p licó una importante repoblación aragonesa de la zo na que cuesti o nó la soberanía castell ana. A la mu erte de ‘ el Sabio ’ , se suscitó una dis puta sucesor ia aprovechada por los aragoneses para ocupar Murcia el 1300 . En l os s ig uie nt es a ño s, Ja ime II avan zó oc upa ndo todo A licant e. Tras u n torment oso perio do de com p etición entre nobleza - coron a, el 1350 , Pedro I ‘el cruel’, fue coronado y a bandon ó el ideal de Reconquista, reprimiendo a la nobleza par a reforzar el poder real . Fue e nt onc e s c ua ndo com e nzaron las hostilidades co ntra el Arag ó n de Ped ro IV, enmarcadas en el contexto ge opolítico de la Guerra de los 100 añ os. Pedro I ten ía com o riv a l a s u herm ano bast ardo Enrique de Tr astámar a y como ali ado a Génova (rival con Aragón po r el control del Mediterráneo ) ; P edro IV apoyó a Enrique con lo s mercenarios franceses de Belt rán Duguesc lin . T ras un a cr uenta guerra, Pedro IV controló levante y Pedro I f ue muert o por el aspirante ayu dad o por su m erc enario francés: ‘N i quito ni pongo rey , solo ayudo a mi señor ’ . 304 Sobre las fronteras en ésta época ver: Gutiérrez Velasco, “Las fortalezas aragonesas ante la gra n ofensiv a de la Guerra de los dos P edros”, en c ua dernos Je rónim o Zurit a , 1961, N º 12 - 13. 305 Sola no Enr ique, L a def ensa del Rein o de Arag ón en l a Edad Mode rna (s. X VI y XVII), A.G. M. 1986, Zarag o za. Pg. 84. 306 Sobre esta defensa v er A. D. Z . leg. 626, d oc. 20. No hubo construcciones munatorias, pero se gu arnicionó Jaca, Yebra, B asa, Ferrer, Cortillas , Serrab lo, C an fran c, Aragües, Aisa, Borau, Castiello, Bescós, Pardinilla, Cañ as, Ec ho, Ansó, B erdún , Salvatierra, Bailo, Sasal, Senebuue, Acumer, Aragu a s de Solano, Martellue, Sallent, P anticosa , El P ueyo, Lanuza, Aínsa, Tor la, Fanlo, Puérto la, Bielsa, P lan, Guistaìn y Benasque. - 125 - - Asimismo, e n 1584 , en l as Canarias , Leonardo Turriano fort ific ó la isla de Palma, y diseñó el fu erte d e San Fr ancisco para l a Gran Ca naria. Pos terio rment e, el rest o de l as obr as munator ias filipinas en las ‘ Afortunadas ’ las reali zará Próspero d e Cazorla . - Tas las Cort es de T omar de 1581 352 , Fel ipe II t ambi én fue Re y d e Portugal. L as tr azas de Fratín y Turriano del castillo de San Juan , e n l as boc as d el Tajo, y del cas tillo de San Felipe, en Setúbal, pretendían proteger el litoral Atlántico de los ataques ingleses. Si n embar go, lo s Habs bur go acced erán a ot ras pr eoc up aciones mun atori as tr as l a secesi ón del Reino en 1640 , debiendo fortificar E x tremadura 353 . - Gibraltar dio inicio a su s obras de protección según i nfo rme d e 1587 354 . Llam ado en su época e l ‘ Ojo D erecho de España ’, la con cien cia de su imp ortan ci a vit al par a el acceso al Medi terrán eo des de el At l ánti co era cl ara 355 . La im port ancia y necesi dad de este m agní fi co ci ntu rón fo rtifi cad o es r eflejad a co n precis a cl aridad po r Enrique Solano c on la sig uiente cita: “Frente a un poderos o y temible ejército fuera de la p enínsula, en el inter i or de la m is ma apenas existía un ejército regular, qu edando encom endada su de f ensa a las guar niciones de lo s castillos y for talezas e xistente s en e ll a, genera lmente en las cer canías d e la cos ta y zon as fronter izas” 356 . 352 Sobre estas decisivas Cortes consultar: S el vagem, Carlos, A Monarquí a dual s ob a dina stía f ilipina e as c ortes d e Tomar , o prior do crat o e a suces sao a cor oa. Em presa nac io na l de Publi cidade. L isboa, 1980. 353 Respecto al tem a ve r : - Cruz Vi llalón, Mar ía , “ La s M urallas de Badajoz en el Siglo XVII” . Norba - Art e, vol. V I H, pp. 115 - 142, 1988. - G uitart Aparicio , Cristób al, “Consideraciones sobre plazas fu erte s y castillos españole s ante la frontera de Por tuga l”. En Cast illos de España , n o 10 1, pp. 35 - 42, 1 993. 354 A. G. S ., G.A. leg. 208. fols. 89 y 302. 355 Al res pecto d e la munatoria del Peñón: Cald er ón Q uij a no, J . La s fort ific aciones de G ibralt ar en 1627. A. Universidad de Sevilla. Sevilla , 1968. 356 Solano, Enriqu e, “Aspectos de la jurisdicción m ilitar en la España de los Au s trias”. pp. 269 - 270. - 126 - 3) PRIMERA HERM ETI Z ACI ÓN DEL PIRINE O C ENTRAL . 3.1 ) LA SITUACIÓN POL ÍT ICA DEL REI NO Y SU CON TE XTO INT ERNACIO NAL A FI NALES DE L SI GLO XVI . A comienzos del Siglo XVI el R eino de Aragó n se hal la en u na época d e not able desarrollo ec onómico y , en el caso de Zara goza, urbanístico. Sin embarg o , su independencia regnícola se va a ver cada vez más subsum ida en l a Monarquía Hispánica a lo lar go de la centu ria. A p esa r de ell o el R eino se resi sti rá concienz udo al camb io de l o s tiempos intentando mantener sus Fueros 357 que suponían un arrai go en el pasado donde radicaba su nacim ient o com o nació n . Est a afirm aci ón encu e ntra r esp aldo en la s i guien te cit a del Dr . Enrique Solano Camón 358 : “A lo largo de la E dad Mode rna, Aragón mantendría sustanc ial ment e las constantes orgánicas de l Estado Medi ev al, a pesar de los reiterados i ntentos d e la Corona por involucrar al Reino e n su políti ca… Duran te los sig los XVI y XV II la histo ria de Aragó n se desa rro l l ar á inmersa en l as es tructuras de u na sociedad feudal en la que solo se man if es tar án a lgunos esporá dicos y le ves síntom as de capita lismo”. El espinoso asunto de la s relaciones Re y - Reino en Aragón durante la Edad Moderna y hast a la Guerra de Sucesión Es pañola ( 1702-1714 ), ha oc upado toneladas de papel impreso. En est e capít ulo realiz arem os un a descri pción acerca d e es te tem a abar can do y res peta ndo todas las opiniones historiográficas. Dado que el núcleo de este estudio es la arquitectura militar ‘ a l a M oderna ’ en r elación c on la historia política y no la historia política s tric tu - sensu , se pid e beni gnid ad al lect or a cerca d e lo su c in to de es ta ex po sici ón 359 . La boda de Isabel y F ernando de Tr astámara ( 1469 ) y su posterior acceso a las Coronas de Castilla ( 1474 ) y Ara gón ( 1479 ) implic ó un sinecismo peninsular que propugnó el nacimiento de unos intere ses comunes, aunque se mantuvieron las instituciones preex is tent es en cad a Rei n o; s egún escribieron e n su momento Colás & Salas : “El Matrimon io de Fernan do II de Aragón con Isabel I de Ca stilla no significó la unión de los diferentes reinos penin sulares sino l a depen dencia de unos soberanos comunes. Cada pa ís era independient e de los dem ás. Esta total interd ependencia perdur ará, al men os teóricamente, hasta el c ambio de la dinastía de los Aus trias a los Bo rbone s”. 360 357 Sobre la pe rsistencia del derecho ant i guo y s us pecu l iaridades: Garcí a g allo, A lfon so, El o rigen y la evolución del derecho . García Gallo, Madrid 1982. Secc . 1ª. Ca p 8. Apart ado II. pp. 224 - 229 . Sobre el derech o ar ago nés y lo s F uer os: Op. C it. Secc. 2ª Cap. 7, apartad o III. pp. 792 - 803. 358 Sol ano , E nriq ue & Sa nz , P or firio . “A ragón y l a Corona du rante el Gobiern o de los Aus trias . Relacione s Po líticas e Instit ucionales” . Ius Fugi t , Nº 3 - 4 (19 94 - 1998), pp . 203. 359 Para un a detallada exposición de las f ue ntes acerca d e las A lteraciones de 159 1 a lo largo de la historia y en la actualidad en su obr a: Jarque, Encarnación, Juan de L anuza, Jus ticia de A ragón . D. G. A. Zarag o za , 1991, p p. 11 - 35. 360 Colás Lato rre, G regorio & Sa las, J osé Antonio, Aragón Bajo l os Aust rias . Librería General. Zarag oza, 1982. p g . 155. - 127 - Fernando el Católico 361 , muy inspirado por el pensador Alfonso de Palencia 362 , mantuvo desde su ac c eso a la Corona ( 1479 ) un a clar a volu ntad refo rmis ta 363 r espe cto al Rein o. L ó gi cament e, est a id ea i ba di ri gida al i nc rement o d e la aut oridad de l a Coro na s ob re el mi smo . En ef ecto , las rel aci ones político - institucionale s de Fernando el Católic o con sus súbditos arag o neses persi guier on d esde el primer momento la evolución de las estructuras política s y a dmin istrativas del Reino, con el fin de adaptarlo a su nov edosa visión de Estado. Sin embargo, dado el entorpecimiento ofrecido por las prioridades de su ambiciosa política ex terio r 364 , los resultados obtenidos no colmaron el fin buscado. Resp ecto a l a idea ex pues ta y a l as co ntri buci one s mi li tares d e Aragón a l as avent uras de F ernando II 365 , es s igni ficat iva l a si guient e fr ase d e Fernando Solano Costa : “Su quietismo político ase ntado en un s istema tradiciona l fuertemente ar raigado en el país, su poca afici ón a l as aven turas más a llá de su s fronteras, la firme za de sus leyes y el sometimiento a las m i smas de su mona rquía le dan una nota de excepcional idad en el cuadr o genera l de los re inos occ identales” 366 . En cualquier caso, el monar ca aragonés supo, t an s util como sibil inamente , increme ntar progr esivam ente l as pre st acion es mi lit ares del Reino en las s ucesi vas Cort es de T arazon a ( 1495), Zar agoza (1502) 367 y en las de Monzón d e 1510 368 . Co mo con secu enci a, s e fu e increm en tando en Aragón la pugna entre R e y y R e i no, dado que, como y a h emos visto, los cambi os ac aecido s en la M onarquía no habían n ublado el sentir histórico de la Corona de Aragón, ni su identidad. Posiblemente uno de los avatares políticos de enfrentamiento más significativos del Reinado de Ferna nd o II fueran las Cor tes de Calatayud de 1515 . 361 Re yes Católic os: T ítulo a pelativo co ncedid o tal cual p or Alejandr o VI Borgi a e n 1496 . 362 Palencia preconizó principalmente las ideas de bien co mún de los Reinos en su sinecis m o , de r educir la auton o mía de la nobleza y reforzar el papel de la corona h umanista y p ro to - neotac itista se sirvió d el ejemplo rom a no. Ver, Quatref a ges, R e né, “Génesis de la Españ a Militar Mod erna” . En Revista d e Historia Milita r N º 7 . Servicio de publicaci o nes U. C. M. Madri d, 1996. 363 Sobr e los deta lles del proyecto reform i sta de Fernando II en A rag ó n: - Sol ano & S a nz, Op. Cit. pp. 206 - 211. - R edondo Vei nte m illas, G. & Or ea, L., Fern ando II y el Reino de Aragón. Guara. Zaragoza, 1980. pp. 46 - 96. 364 A este respecto, ver: Solan o , Enrique, “Las Cortes de Aragón de Fernando el Católico a Carlos V (1490 - 1 530). En D e la Uni ón de Coronas al Imper io de Carlos V . Sociedad estatal para la conmemoración de los c entena rios de F elipe II y Carl os V. Ma drid, 2001. pp. 394 - 399. 365 Acerca de las con tribuciones militares de Aragón a las aventu ras mediterráneas de Ferna ndo II: - Sola no , E nri que , “ Significado histórico de la participació n de Aragó n en las campañas militares de F ernando el Ca tólico : Un e stad o d e la cue stión ” . En Se parata de Fernando II de Ar agón el re y católic o. Institución Ferna ndo el Cató lico (C. S. I. C.), Z aragoz a, 199 6. pp. 28 2 - 289. - Solano Enrique, “A ragón en la A d ministración d e guerra de la m onarquía Hispánica durante el S i glo XVI”. En Ejér citos de l a Edad Moder na , separata de la revista de His toria m o derna, anales de la universidad de Alicante, N º 22 (200 4). pp. 1 11 - 118. 366 Sola no Cos ta, Fer nando, El R eino de Ar agón , pp. 228 - 229 . 367 Sobre las Cortes de A ragó n con los últi mos Trastá mara ve r: Solano , E nriq ue , O p . Cit . ( Las Cor tes d e Ara gó n…) pp. 398 - 394 . 368 Solano, Enriq ue, “ Milicia, fueros y acc ión del poder r eal sobre Arag ó n”. En Pedr albes Nº 25, 200 5. pp. 193 y 210. - Especialm ente so br e to da s esta s co rt es, ve r: So la no Enr iq ue, Ejército y Sociedad: L a Defens a del Reino de Aragón e n la e dad Moder na (S. XVI - s. XVII) . A . G. M. Zaragoza, 199 6. pp. 19 - 28. - 128 - En ellas se propuso, entre otras me didas fu eristas, la sustitución del mecanismo proces al d e ap elació n a la j ust icia d el r e y por la del recurso f orm al a l a corte d el Justicia de Aragón 369 . El Rey Católico mantuv o su privileg io sobre este derecho rituario manu militari , hacien do det en er al Vic ecan cil ler de A ra gón, Antonio Agust ín . Sin em bargo, los Cuatro Braz os 370 acab aron p or s ab er ne gociar mu y bien s u a yuda e conó mica 371 a l as n ecesi dad es de la polític a interna cion al de Fernando II a cambio de un mer cad eado r econocimiento de sus privile gios 372 . La Inquisición fue c r ead a en Cas til la en 1478 p o r Is a b e l I 373 , en Aragón, donde y a era inm emori al, fu e react iva da 374 por Fernando I I en 1483 . Efecti vam ente, en esa f echa, el Po ntífic e Sixto IV reconoció el nombramiento d e Tomás de T orquemada como Inquisidor Gener al de Ara gón, Cat al uña y Valen ci a. A p ar tir d e es a fech a, y com o veremo s con más detal le en l as lí neas que siguen, el Santo Oficio fue util izado por la Corona para limit ar l a capacidad jurisdiccional del Reino de forma progresiva. Las Cortes de 15 12 aco gi eron l as primeras quejas contra la I nquis ición, sus privilegios y exenciones y s us intromisiones jurisdic cionales e n la particular administrac ión de justicia a ragonesa 375 . En estos años, se abrió en la Península una cuestión hereditaria que pretendía garantizar la pe rmanencia de la simbiosis política e ntre Castilla y Aragón y, c on ella, la unida d política peninsular. El derecho sucesorio sobre las Coronas de Aragón y Cas t ill a le cor resp ondí a a Juana de Trastámara , hija de los Re yes Cat óli cos . J uana era también, desde 1496 , archiduquesa consorte de Austria po r su matrimonio con Felipe de Habsbur go , hered ero del Emperador Maximilian o I del Sacro Imperio Rom ano Germ ánico . Pa ra el otoño de 1502 , esta sucesión ya estab a garant i zad a 376 . El día 26 de Noviembre de 1504 murió Isabel I de Castilla. Su relevo por Juana I abrió una fas e polí ti ca en la qu e quedab a seri amen te amenaz ado el perio do de s i necis mo . S in emba r go, el misterios o deceso de F elip e I ‘el Her mos o’ ( 1506 ) 377 y del hijo de Fernando II , Juan de Aragón , concebido con G ermana de Foix, siendo tan sólo un ni ñito, volvió a concentrar e l control de ambos Reinos en manos de ‘ e l Católico ’. Rey d e Aragón y Re gente de Cas tilla (a l estar incapacitada por tr astorno psiquiátrico su hija J uana I 378 ), el T ras támara acabó siendo sucedido por su nieto Carlos de Habsburgo en ambos reinos. 369 Sobre la Corte d el Justic ia ver : Argensola, Lupercio Leonardo. Informaci ón sobre l os suces os del Reino de Aragón en los años de 1590 y 1591, en que s e advier te los y e rr os de algunos autor es . (Edició n fa csímil de 1808 com entada por X avie r Gil Pujol ). L’ Astra l, Zarag oza 1991. pp. 5 - 8. 370 Cuat ro Br azo s: Componentes estamentales de las Cortes d el Rein o d e Aragón integrados por la alta nobleza (rico - h o m bres), l os fijodalg os (pequ eña n obleza) el clero y el munic ipio (o u niversi dad). 371 Al r e sp e cto, S olano, Enriqu e, Op. Cit . pp. 28 - 30, especialm e nte interesante es el te ma de la ‘s i sa’. 372 Sola no & S a nz , Op. Cit. pg. 209. 373 Segú n la b ula Exigit s incera s d evotio nis affectu s del Papa Sixto IV . 374 La In q uisición se creó en Arag ón por bula Exco mmun ic am us del Papa Gregori o IX en 1232. 375 Sobre esta cues tión: - So la no & Sa nz, Op . Cit. pg. 209. - R edon do & Orea, Op. Cit . pp. 83 - 89. 376 Pfa ndl , L ud wig, Juana la Loc a . Espasa Calpe (Colección Au stral Nº 17 ). Madrid , 1943. pp. 7- 48. 377 Acerca de la m isteriosa muerte de Felipe I y de la con veniencia y util idad d e la misma a F ernando II, m odelo de Príncip e ejemplar para Nicolás Maquiavel o , co nsul tar : Do ussi na gue , J . M . Un proceso de envenenam ient o. La muer te de F elipe el Hermo so . Espasa Calpe, M adrid 194 7. pp. 9 7 - 164. 378 Sobre J uana de T rastámara v er en su conjun to: Sc ho o nove r, Lawr enc e, Doña Juana l a Loca . Ediciones Sel ecta s. Buenos Aires, 1960. Sobre realidad de su pos ible l ocura, Pf andl L. Op . Cit. pp. 50 - 112. - 129 - Había ecl osi on ado el embrión de la Monarquía Hispánica 379 , que se cons olidará con Feli pe I I . A sí pues, a la mu erte d e su abu elo m at erno , Car los I juró como m o narc a y fue jurado por las Cortes c o mo Re y de Aragón, en 1 519 . Mien tras , las ll am adas Germanías 380 ( 1519-1523 ) y l as Comunidades 381 ( 1520- 1 521 ) mani festab an medi ante las ar mas el espí rit u de rech azo por p arte de l as clas es s ocial es privilegiadas al nuevo modelo de gobierno 382 , l as i ns tit ucio nes t radici onal es aragon esas se viero n amen az adas p or l as tend en cias aut ori ta ria s de l a nu eva Dinastía Habsburgo . Era l a pugna típ ica y gen erali zad a d e la Edad Mod e rna entre los nuevos princi pios de la naciente Monarquía Autoritaria y los viejos modelos que respaldaban la Monarquía Pactista 383 . Efectivame nte, aunque los Re y es jurasen los Fuer os, los Habsburg o estaban imbuidos de otro concepto de pod er que obligaba a l a rele ctur a de l os mi sm os, a s u revisi ón y a su minimización. Frente a ello, los fueristas emplearon todos sus recursos para el mantenimiento de su es tat us. La si guient e ci ta de L uis González Antón es mu y ilust rativ a al respect o 384 : “…La monarqu í a sigue topando con un tradi ci on alismo jurídico exacerbado y con oligarquías que, sob re todo en Aragón, si guen be neficiándose de unos poderes definidos como ‘absolutos’ en los fueros vigentes”. A la sazón, los Fueros encarnaban privilegios para los estamentos más favorecidos y , éstos, no estaban dispuestos a re nunciar a ello s. Por otra parte, la riv alidad castellano- aragones a e ra cada vez ma yor, tr as el d eces o d e Fernando el Católic o . Además, el absentismo r eal p rivab a a la n oblez a ara gonesa d e las me rced es y gra cias del m onar ca y el lo era frecu en te mo tiv o de des cont ento y del inc remen to d e la in fluen ci a de l os fu erist as radical es 385 . 379 Lo qu e aquí llam a mos Monarquía Hispánic a, ha sid o de no mina da Monarquí a Comp uesta por un sector de la his toriografía contem po ránea. En ef ecto, el concepto apuntado por Helm ut K oenigsber ger ( Es tados Compue stos ) y por Conrad Ruse ll ( Rein os Múltiple s ), fue co n solida do por John Ellio tt ( 1992 ). El térm i no se acuña para definir a los co njuntos político - territoriales de la Eda d Moderna en los qu e coexistieron v arios Reinos co n apara to institucional p rop io y distintivo si bien sometidos a una sob eranía c omún encar n ada en un úni co Mo narca. Tal pod ía ser el caso de las Españas. En este sentid o ver: Ellio tt, Jo hn, “ Monarquía Compuesta y Monarquía Universal en la ép oca de Carlos V”. En Congres o Inter nacional de Gr anada , m a yo del 20 01. Sánchez Montes & Castellano, Ca rl os V y Europe ismo y U nivers alidad . V ol. V. pp. 699 - 711. 380 Referente a los Ager manados: García Cárcel, Ricardo, Las Germaní as de Valenc ia. Pe níns ula , Barcelona, 1991. 381 Acerca del Movi m iento C omunero ver: Pérez, Joseph, La revol ución de las Comunidade s d e castilla, 1520 - 15 21. Sig lo XXI. Ma drid 198 1. 382 Los prin cipios de creci e nte a utoritar ismo de la ‘ Era C arolina’ fuer on teórica mente desarrollados por Migue l de Ulz urrum (C ath olicum opus im periale r egimi nis mundi - 1525 - ) y P edro Mexía (Historia Imperial y C esárea - 1525 - ). Sobre estos autores ver: F erná ndez San t amaría, J. A. El Estado , la Guerr a y la Paz . Akal Universit aria. Mad rid, 1988. pp. 26 - 27 y 46 - 67. 383 Para la relación R e y - Rein o en la Era Carolin a en referencia al marco jurídico y sobre el co nstit uc i ona lismo: - Ga rcía Gal lo, Op. C it. 2ª part e, Capí tulo V I, apartado I I “L os Rei nos y l a Monarqu ía”. pp. 120 7. - También considerar las teorías de Alonso de C arril lo , para ello consu l tar: Fernández San ta maría, Op. Cit (El estado y la G uerra…) pp. 34 - 36. 384 González An tón , Luis, “ Sobre la Monarquía Absoluta y el r eino d e Ara gón e n el Si glo XV I” . E n L a Cor ona de Arag ón y el Medi ter ráneo , li bros XV y XVI. IFC , 1997. pg. 37 1. 385 Sobre este sector p olítico ver: Greg or io Colás & José Ant onio Sala s, Aragón e n el S ig lo XV I: Alteracio nes socia les y con flicto s político s . Dep arta mento d e Historia Mo derna. Universidad de Zaragoza. Zarag o za , 1982. p p. 572 - 583. - 130 - A pesar de qu e Carlos de Habsburgo fue un gobernante relativamente tolerante (en términos comparativos con su sucesor) c on las divers as le gislaci ones y costu mbres de lo s numerosos pueblos que componían su va sto impe rio, la c orte cas tell ana e ra refra ctar ia a la s preten sio nes fueri st as ar agones as . Si rva com o ejem plo d e nues tro as erto l a sigui ente fras e de Solano & Sanz : “La falta de comprens i ón latente en el amb iente de la Corte hacia la idiosincrasi a institucional de l Reino aragonés será un hecho” 386 . Así, la cri sis entre R eino y R e y se fue acent u ando duran te el gobi erno carolino aunque sin crisp ars e exces ivam en te 387 . De cual qui er fo rm a, C arlos I, aunque mu y ocupado con los asuntos del I mp erio y la conquista de las Américas, fue in crementando progresivamente la influencia de la Corona s obre los asuntos del Reino. A pesar de un latente estado de tensión, propiciado por una crisis económica en ciern es , las rela cion es entr e el Em perado r y Aragón mant uvi eron un a etap a d e ‘ coe xist encia pacíf ica ’ 388 . Est e estado convi venci al pudo llev arse a cabo gr aci as a esa su til eza co ndu cti st a que y a hemos atribuido al R e y - Emper ador. Ej emplo de ello son las Cortes de M onzón del año 1528 sobr e las qu e Col ás & Sa las m anifi estan 389 : “Los resultado s de las Cor t es de Monzón son de difíc i l valorac ión, Carlos I atendió a las quejas presen t adas aunq ue en ningún momento se comprome tió a corregir sus abusos acomodand o sus decisiones a l os fueros”. Por ot ra p arte , debe val orarse que , en 1534 , Carlos I confirmó los privilegios de la Ciudad de Zarag oz a. Otro impo rtante a specto del con flict o fue la vit al cuestión de los c argos de J ustici a, Virrey y Arzobispo. Sosla y an do el i ntrí n gulis de s ucesi on es e clesi ásti cas a caeci das ent re 1532 y 1539 y l a consolidación de la posic ión de la familia de los Lanuza 390 (leal y próx ima al Rey Carlo s) en el justiciazgo , d ebe acom et erse l a probl emáti ca d e l a p ro visi ón d el ca rgo d e Virre y. En 1535 , a la muerte del Virre y de Ar agón, Juan de Lanuza , Car los I elig ió al castel lano Beltrán de la Cueva, Duque de Alburquerque, con gran descontento de todo el Reino de Aragón. De tal guisa, surgió el embrión del Pleito de l Virrey Extranje ro 391 . V is to lo visto, y ante un ex tremo recha zo del R eino, cinco años más tarde, Carlos I , en un gesto de particular cautela , volvi ó a designar un Virre y n atural de Aragón, Pe dro Mar tínez de Luna . 386 Sol ano , E nr iq ue & Sa nz , Po rfirio . “Ara gón y la Coron a durant e el Gobiern o de los Aust rias. Relacione s Po líti cas e Ins tituc ionales”. En Ius Fugit , Nº 3 - 4 ( 1994 - 19 98 ), pp . 21 2 . 387 Sobre las relaciones R e y - Reino en l a era carol ina y el a vance del autoritarismo en Aragón ver: - Colá s & Sa las, Op. Cit. pp. 529 - 539. - Sol ano & S a nz, Op. Cit . pp. 217 - 222. - Enriq ue Solan o Op. Cit . (Aragón e n l a admini strac ión de guer ra…), pp. 1 18 - 125. - Fernández Santamaría, Op. Cit (El Estado, la guerra…), pp . 291 - 294, especialm ente sobre el asesorami e nto de Juan Ginés de Sepúlveda. 388 Aún a pesar del proceloso asunto del asesinato del Caballero Aragonés Franc isco de l a Caball ería en 1527. 389 Col ás & S alas, Op. C it. pg . 536. 390 Sobre la afección de la famili a Lanuza a la Corona ver: Jarq ue, Encarn a, Juan de Lanuz a, Jus ticia de Aragón . D. G. A. Zar a goza, 1991, pp. 37 - 46. 391 Sobre e l Ple ito del V irrey Extranj ero, ver: Gonzále z Antón, Op. Cit. p g. 380. - 131 - En rel ación co later al co n esta p roblem áti ca cuest i ón, t ambi én se pl a nteó la pug na de las prerrogativas funciona l es del ll amado Capitán de Guerra 392 . Con la Reg encia d e F elipe de Habsburgo ( 1541 ) y su post erior advenimiento al trono de las Españ as , el en fren tam ient o Re y - Reino de Aragón adquirió un progreso de crecimiento ex ponencial 393 . En las Cortes de Monzón de 1542 el Príncipe heredero Felip e de H abs bur go realizó el tradicional juramento de los Fueros como heredero y fue r espondido con la ordinaria correspondencia de lealtad por parte del R eino. Ya durante su r eg encia ( 1541 ) el futuro Felip e II dejó cla ro que no tenía la misma actitud que su padre. Así, un crec iente males tar ar agon és con l a c orona fue tomando cuerpo. En 1544 , la nueva designación de un castel lano , Diego Hurtado de Mendoza Conde de Mélito , como Vi rre y de Ara gón, planteó sangrante y de una ve z por todas el Pleito del V irrey Ex tranjero 394 . É ste h abrá d e mani fes t arse como un enfrentamiento jurídico - dial éctic o en tre las pretensiones de un poder autoritario del m onarc a y l a r esi sten cia fu eris t a 395 . De hecho, e l li tigio no se r esolv erá hast a las C ort es de Taraz ona de 1592 , una vez sofoca da por la fuerza de las arm as la r ebeli ón zara goz ana. Es m ás, si algo ha y qu e reco no cer, es qu e du rant e el v irreinato de Me li to, entre los 6 años que separan 1554 de 1559 los Fueros sufrieron un duro cerco, sup er ando el intervencionismo de la co rona en los asuntos del R eino en todos los lím it es hast a ento nces co no cidos 396 . Como elemento añadido, t ras l a mue rte d e Alonso Felipe de Aragón y G urrea , Conde de la Ribagorza, se desproporci onaron l as amb i cion es s obre l os d erech os relati vos a sus lares 397 . A todos estos factores s e un ió la cri sis econ ómi ca h eredad a d e Ca rlos V q ue , aunque eclosionó durante la et apa filipina, fue crónica durante toda la subsi gui ent e caden a di nást ica Habsburgo 398 . “La crisis económica que empiez a a ace ntuarse a m edi ados de siglo y las arc ai cas e inmóviles fórmula s feudales, urd en en Zaragoza u na t rama social propicia a l a revuelta cuando las circuns tancias lo permi t an” 399 . 392 Sobre el tem a del Capitán de Guerra , ve r: - Sol ano E. Op. C it. (Mi licia , fueros y …) pg. 195. - Solano, E. “Los Concejos Aragones e s y la Administración de Guerra durante el gobierno de Felipe II”. pg. 119. - Solano, Enrique, “ El fuero del capitán de gu err a. Una ex plicación del conflict o d e jurisdicción en tre el Rey y el Reino” . XV Congre so de Histor ia de A ra gón . Actas, Tom o I. El Poder real e n la Cor ona de Aragó n (Siglos XIV - XVI). p p. 487 - 495. 393 Para la relación Rey - Reino e n la ‘ era filipina ’ en referencia al marco jurídico, la ‘ raz ón de est ado ’ y la ‘ conquis ta del Re ino de Aragón ’ : García Gallo, Op. Cit. Segunda Parte, Capítulo VI, ap artado II “Los Reinos y l a Monarqu ía”. pg . 1207 . 394 Sobre el Pleito del Virrey Extran jero: Co lás & Sa la s, O p. Ci t . pp. 624 - 63 7. 395 Sola no & S a nz , Op. Cit . pg. 212. 396 Col ás & S alas, Op. C it. pg . 447. 397 Sobre el Lit igio del C ondad o de Riba gorza : - Colá s & Sa las, Op. Cit. pp. 126 - 150. - Colá s , G. & Sal a s , J. A., Op. Cit. ( Aragón Baj o los Aust rias ). pp. 136 - 141. - Arge nso la , Bartolom é Leon ardo, Alt eracione s popul ares d e Zaragoz a, Año 1591 . In stituc ión Fernando el Católico . Zara goza 1996. C ap. IV, pp. 137 - 146. 398 Sobre las cris is econó micas ver nnp. 3 33, pp. 121 y 12 2 d el presen te estudio. - 132 - Como ya he mos vi sto, desde su creación, la Inquisición fue un elemento de conf lictivid ad añ adid o a las rela cio nes R e y - R ei no . En efecto, el Santo Oficio fu e un importante componente del problema planteado al representar un escalón jurisdiccional c omple tamente inde pendiente de l foral y muy vin cu lado a la c orona 400 : “Fueri stas e inqui si dore s mantuvieron unas relaciones poco cordiales y políticamente estaban en franca o posició n” 401 . Además de lo s confli cto s en tre la n obl eza y coro n a y el Rei no en gener al y Feli pe II, todo el Rei no de Aragó n en s í mismo estaba inmerso en intensas disputas interna s. Los municipios se enfren t aban entre s í y con s eñores y nobles 402 . Ejemplo de ello fue el complejo pleito de Sebastián de Hervás fr ente a Zaragoz a. En él , la ciu dad se ne gó a a cata r la sent encia d e la C ort e d el J usticia, discutiendo su jurisdi cción sobre la capital del Reino. Lo cierto es qu e, al mar gen d e sus r esult ados jurí dico materi ales, los aut ént icos p erdedo res de pleito fueron los Fueros y la Corte del Justicia que vieron sensiblem ente mermada su cre dibilidad ante los aragoneses y su poder frent e a la Corona 403 . Así l as cosas, el rec elo recípro co entre Zar agoz a y el ‘Rey Prudente ’ fue creci endo t anto ente l as clases diri gent es como en el pueb lo l lan o. Las cau sas de este e nfrent amien to s e en raí za n en f acto res mu y concre tos qu e hemos intent ado resumir 404 en los parágrafos siguientes: - La actuaci ón p ro cesal d e la Inquisi ción como intro misiva en la jus ticia r egnícol a 405 . - La sempi tern a cuest ión d el Pleito de l Virrey Ex tr anjero . - La ejecución del Conde de R ibagorza en 1573 con intervención decisiva de Diego Fernández de Cabrera y Bobadilla , C onde de Chinchón (May ordomo d e Felipe II, Teso rero General de la Corona de Aragón y p ersonaje muy significado en la rivalidad entre las nobl ezas castel lana y ara gonesa, amén de fut uro impulsor de la rep resi ón d el Rei no acaudi llad a po r el Maes t re Francisco de Bobadilla 406 ). 399 Sobradi el , P. I. La Alja fería Filipin a . Centro de Estudio s Islám icos y de Orient e Medi o. Zaragoza , 2007. pg. 25. 400 Sobre las relaciones de la In quisición con el Reino y l os Fueristas y su utilizació n p olític a por part e de la C orona , ver: - Bartolomé L eo nardo de Argen sola, Op. Ci t. Caps. VI Y VII, pp. 159 - 171 . - Colá s , G. & Salas , J. A ., Aragón e n el Sigl o XVI: Alt eracione s soci ales y c onfli ctos pol íticos . Departament o d e Historia Moderna. Univ er sidad de Zarago za. Z aragoz a 1982. pp. 485 - 514 . - Gonz ále z Antó n. Op . Ci t. p g. 397. 401 Col ás & S alas, Op. C it. pg . 501. 402 Sobre Conf licto s Conce jiles, ver : Colás & Sala s, Op . Cit. p p.70 - 92. 403 Col ás & S alas, Op. C it. pg . 458. 404 Sobre las Relacion es Monarq uía Habsbu rgo - Pactismo A rago nés : - Colá s & Sa las, Op. Cit. p p. 548 - 560. - Sol ano & S a nz, Op. Cit . pp. 212 - 216. - Solano Cam ó n, E., “ P royección del poder r eal sobre la cor ona de A ragón en la Es p aña del Quijote”. En C orona, G uerra y Socieda d: L a proyecci ón del p oder Real sobre los re inos his pánicos en la etap a del barroco . (BHA 2001 - 1821 de l a CICy T). R e y - Reino Felipe II. pp. 6- 18. 405 Sobre las intro m isio nes de la Inquisició n : Lupe rcio L eo nardo A rgensol a, Op. Ci t. pp. 8 - 9 y 21 - 23. 406 A. M. Z . M s. 53, fols . 2, 2v y 3. - 133 - - Las cr ecient es i ntromisiones de la cort e f il ipina en el Regimiento Aragonés pretendiendo una uniformidad legislativa. Regidos por los Fueros, los ar agon eses l ibres tenían rec ono cidos una serie de derechos que los privil eg iaban respe cto a los de otros súbditos peninsulares. A ello se añadía el peculiar y fra gmentado sistema judicial aragonés que, como fac tor negativo i nneg abl e, provocaba confusión, ins egurid ad j uríd ica y f alt a de univocidad judicial. - El anquilosamiento institucional y l os atav ism os med ieval es en l os qu e se apo y an l as clases priv ile giadas para man tener s u pr epon der ant e he gemoní a soci al 407 . - Lo s problemas socio -económicos derivados d e una est ruct ura a grari a m ediev al, el probl ema de l a cr isi s de l a i ndus tria t ex til y el emb ar go de la ex port ación d e cab allo s 408 . - El alarm an te, y creci en te pro blem a del bandol erismo 409 , con l a grav e i nsegu ridad ciud adana qu e generab a, frent e a l a im poten cia de las auto ridades loc ales . - Lo s cruentos enfrentamientos armados entre montañeses y moriscos en el Pi rineo Cent ral 410 . - Distur bios y c onflictos sociales c ivil es armados como los d e Ribagorza, Monclús y Ariz a 411 , o los de Teruel, Albarr a cín 412 y A y e r b e 413 407 Reco rdem os que el Régimen Señorial Arag o nés era especialmente duro: L a s prestaciones personales (atavismo medieval ), p ermanecían. Además, la dependenc ia económica del sierv o era absoluta: Al pago de rentas en especie se venía a a ñadir una larga lista de exigencias clie ntelares co mo los derechos de al farrazar, com iso y f adiga, la obli gaci ó n de hace r uso de l os horn os, m olinos y otros s ervi cios señ oriales , el disfrute patronal de los pastos... Pero lo más gravoso era la vinculación a la jurisdicción exclusiva del Señor sobre la que no podí a h acer nada ni siquiera la de la coro na. En sentido estricto el s eñor podí a disponer i nclus o de las vidas de sus v a sallos. S o bre estas desigu aldad es sociales e xtremas v er: Colás, G. & Salas, J. A., Aragó n en el Si glo XV I: Altera cion es Sociales y c onflicto s polític os . U niver s id ad de Zaragoza. Zarag oza 19 82. pp. 46 - 62. o sea la t otal falt a de paz soci al, orde n público o seguridad per s onal en el Reino de Aragón. 408 Sobr e los conflicto s leg islati vos y é tico s en relac ió n al contra bando equ ino ver : Colá s & Salas. Op . Cit. ( Alteraciones so ciales y…), pp. 208 - 220. y p p. 539 - 542. 409 A lrededor del p roblem a del Bandol erism o co ns ulta r: - Colá s & Salas, Op. C it (A ragón bajo los A ustri as), pp. 150 - 160. - Colá s & Sa las, Op. C it ( Alteracio nes sociale s...) , pp . 15 3 - 208 y 22 7- 230 y 230 - 276. 410 Sobre l os sangri entos epi sodios prota goni zados por Martó n y Luper cio Latr ás y el saqu eo de Codo, ver: Colás & Salas, Op . Cit. (Alteracio nes soc ial es y conf lictos polí ticos ...) Pp. 597 - 618. 411 Acerca de los in cidentes ar mados de Monclú s y Ariza ver: - C olás & Sala s, Op. C it. (Ara gón bajo l os Aus trias ) pp. 134 - 136. - Colás & Sa las, Op. Cit ( Alter aciones soc iales…) , pp . 122 - 125. - Bartolomé L eo nardo Argensola, Op. Cit. Cap. III, pp. 123 - 135. - Marqués de Pidal. His tori a d e las A lterac iones de A ragón en el reinado de Felip e II. Madri d 1862. El Justicia de A ra gón, ed. Facsímil, Z aragoza 20 01 . Vol. I, pp. 80 - 89. 412 Referente a los co nflictos d e Teruel y Albarracín ver: - Colás & Sa las, Op. Cit. ( Alte racio nes sociales y co nflictos polític os….), pp. 93 - 122 y 459 - 484. - Bartolomé L eo nardo de Ar ge nso la. Op. Ci t. Cap II , pp. 99 - 122 y 147 - 158. - Pidal, O p. Cit. Vol. I. pp. 98 - 113. 413 Respecto al asun to de Ayerbe ver: - Colás & Sa las, Op. Cit. ( Alte racio nes sociales y co nflictos polític os….), pp. 125 - 126. - Bartolomé L eo nardo de Argensola. Op. Cit. Cap. IX. p p.183 - 200. - Colá s & Sa las, Op. C it. (A ragón bajo los A ustri as) pp. 134 - 136. - Pidal, Op. Cit. Vo l. I. pp . 92. - 134 - En efecto, la violencia era el método principal por el que s e solucionaban las diferencias de unos núcleos de población con respecto a otros, o de unas clases soc i ales frente a su s ant agóni cas 414 . Todo esto explica, lamentablemente, que un asunto t an sórdido y d esconectado de las tierr as de A ra gón como el de Antonio Pérez pudiera se r el detonante de un motín fuerista preten didam ente asen t ad o en las b ases del P atri ot is mo. Sob re la ll egad a d e Ant onio Pér ez a Aragón, el Marqués de P idal llegó a comentar: “Tal era el estado de las cosas en Aragón cuan do huyendo de las pe rsecuciones suscitadas cont ra él en Castilla, s e r efug i o á aque l Reino el secre tario Antonio Pé rez , y atrajo sobre él u n nuevo cúmulo de cal am i dades…” 415 . En 1590 , la evasión de Antonio Pérez 416 a cau sa de la cu esti ón Escobedo , seguida de su ac ogimiento a l Privilegio de Manifestación , había de ser el detonante del a lz amiento que conmocionó a Zaragoza y fue conocido como las Alt eraciones d e Ara gón 417 . Antonio Pérez y l a Pri ncesa de Éboli 418 d iri gían la f acció n ‘ Ebolista ’ d e l a Cort e Españ ola co n la p reten si ón de ces ar en l as h ost ili dades en Flandes . Fr ent e a el los , tení an al partido ‘ Albista’ y a Don Juan de Austria , a la sa zón, Gobernador de los P aíses Ba jos 419 . En 1578 , Pérez (po sib lemen t e co n la comp licidad del mismísimo r ey , celoso de su hermanastro Juan de Austria 420 ) m andó ases inar al S ecr eta rio del v encedor de Lepanto , Ju an de Escobedo 421 , para ev ita r q ue desvelase sus oscuros procedimientos políticos, cercanos a la traición . Detenido en 1579 , tra s procelosos avatares llenos de complejidad, el intrig ant e logr ó huir al Reino de Aragón en 1590 , con la a y uda de su espos a. Allí se acogió a la protección de l os Fueros invocando el Pr iv ilegio de Manifestac ión 422 . 414 Sobr e la conflictividad del Reino en general ver: Argens ol a, L uperci o Leon ardo. Infor maci ón sobr e los s ucesos del Rei no de Aragón en los años de 1590 y 159 1, en que se advier te los yerros de algunos autores . (Edici ón f acsími l de 1808 co mentada por Xavi er Gil Pu jol). L ’Ast ral, Zarag oza 1991. pp. 36 - 57 y 57 - 61. 415 Pid al, Op. Cit. Vol. I, pg. 283. acerca de las causas de la rebelión zaragozan a, Ib idem, pp. 62 - 72. 416 Marañón, Gregorio, Ant onio Pér ez . Esp asa - Cal pe (Aust ral). Madrid, 1974. 417 Referente a las Alteraciones de Aragón de 1591 : - Colá s La tor re , G. & Sal as , J. A., Aragón en e l Siglo XV I: A lterac iones Soci ales y c onfli ctos político s . Departament o d e Historia Moderna. Univ er sidad de Zaragoza. Z aragoza , 1982. - Jar q ue , E. & Salas , J. A . “Las Alteraciones de Aragón de 1591 ”.Cu adernos de Cultura Aragonesa. N º 11.Ediz ións de 1'A stral. - Zarag oza 1991. - Marqués de Pidal. “ Historia de las Alteracion es de Aragón en el reinado de Felipe II ”. Ma drid 1862. E d. Facsímil, Zarag oza 2 001 . - En defin itiva, el más novedoso trabajo al respecto es: Gas có n Pérez, Jesú s, Alzar Banderas cont ra su r e y. La rebe lión de Ar agón de 1591 c ontra Fel ipe II . Inst itución F ernando e l Catól ico. Z aragoza 2010. 418 Sobre esta relación v er: Áv a lo s, Migu e l de, Antonio P érez y la Pr incesa de Éboli . GRM. Barcelona, 2004. pp. 11 - 12 y 27 - 30. 419 Sobre la tray ectoria de J uan de Aus tria ver: Crame, T ., Don Juan de A ustri a . Atla s, Madrid 1943. 420 Pidal, Op. Ci t. pg. 310. 421 En referen cia al asesin ato del i nfortu nado Es cobedo, ver: “Proceso crim inal que se fulminó contra Antonio Pérez, secretario de Es tado d el rey Don Felipe II, sobre la muerte de Juan de Escobedo”. A ntoni o de Espi nosa (1788) . Ed. F acsím il Dis coplay, M adrid 2001. 422 En derecho procesal aragonés de la Edad Mo derna, el Privileg io d e Manife stación co ns istí a e n una actuación pr eventiva jurisdiccion al foral tendente a ev itar la detención arbitraria de un a persona física por parte de la Corona, así com o para exig ir la entrega de documentos, escritu ra s, bienes o procesos injus ta m e nte retenidos en po der de par ticulares ( a poss e priv atorum ) o en el de autoridades procesales ( a poss e judici um ) . Este privile gio corr esp ondía tan to a los natu rales del Reino com o a los do miciliado s en el mis m o . A q uí no s atañe es el pr oceso de manifestación de personas . [ Cont inúa en la página sigui ente] . - 141 - Este ind ulto globa l no incluía a los lla mados exceptuados 460 quienes iban a sufr ir cruel persecu ci ón y terribl es cas tigos . Una de las prim er as medi das d e es ta di nám ica con du cti sta fue el traslado, cautivos ambos, del Duque de Vil lahermosa y del Conde d e Aranda a Castilla entre grand es med idas de seguridad; hacia a llí fueron llevados, de inmediato, los dos reos en pos de su trágico destino 461 . Por l o dem ás las repre sal ias s e fueron llev ando a cab o de for ma impl acable. Se establecieron 3 tipos de proceso: El secreto (Con de de Aranda y el Duque de V illahermosa ), el Público por el que fueron ejecutados, Diego de Heredia, Juan de Luna, Dionisio Pérez, Pedro Fuert es y Fr an cisco de Ayerb e y el de la I nquisición que conde nó en rebe ldía al infausto Antonio Pérez . Otra hi st oria fu e el con j unt o de acon t eci mientos acaecidos e n el Pirineo y p rovocados por e l intriga nte Antonio Pérez . L o cierto es que el Bearn llevaba décadas siendo un punto calien te de las fro nteras del Rei no 462 . Efect ivam ent e, los hu gonotes estaban hostiga ndo perman entem ent e desd e el Bearn y r ealizaron varios intentos de invasión, amén de propiciar el contraba ndo de caballos en el Alto Arag ón. Ya en 1569 , el Somontano se vio obligado a mandar tropa s a Canfranc, de tal guisa l a invasión no llegó a verificarse. En 1580 una situac ión de similar peligro se man i festó en J aca y la guarnición de la villa de Barbas tro envi ó efecti vos p ara ab or tarla; tamp oco at acaro n los calvi nis tas en esa ocasi ón. Con secuenci a de esta situación de tensión latente y permanente, pequeños acantona mie ntos ara gones e s se es tab lecie ron en los pasos pi renai cos más signi fic ati vos y p racti cab les para prev enir incursiones hugonotes en los años 1576 , 1583 y 1584. Vemos pues, como Pérez llegó a unos territorios que había n d e ser propicios a sus planes (más per son ales que políti cos) de continuar con e l host igamiento a Felipe II . En Febrero de 1592 , un grupo de fueristas radicales, apo yado por una fuer z a arm ada calvi nis ta bearn esa apad ri nada po r Enrique IV d e Borbón, penetró en el Reino de Aragón 463 . Dirig idos por el inco mb ustible Di ego de H eredi a , los invasores intentaron consolidar sus posi cion es en l os os cen s es paso s mo ntañ osos d e C anfran c y Sant a H ele na ( Biesc as). M al a fue la fortuna de la ex pedición invasora dado que los montañeses nativos res is ti eron decididos, de tal manera que, a la ll egada de lo s refuerz os comand ad os po r Var gas, la amenaz a y a h abí a sid o sofo cada en san gre. Heredi a fu e post erio rm ente capt urado y ejecut ado, com o mu chos de l os qu e apo y aron l a rev uelt a. T ras estas az ar osas av entu ras en busca de fortuna política, P érez fu e aco gido en Inglat err a po r Isabel I Tudor . Allí , el despecha do r elapso, propaló todo tipo de libelos c ontra Felipe II c ontribu yendo a la cr eación de la ‘ ley enda negra española ’. 460 En ef ecto, se elaboró un p rolij o in ventario de aquellos que iban a s er víctimas de la ven ganza Habs burgo. L a lista ne gra, encabezada po r An tonio Pérez y Juan de Hered ia, Bolea, Martín de Lanuza o M a yo r in i y conclui d a con Ped ro de Luna, Aranda y Villahermosa incluía a 194 Exceptuados; real m e nte solo fue perdonada la turba. Para consu ltar el contenido de la m i sma: Marq ués de Pid al, Op. Cit: “ Li sta de todos los exceptuados de cuy o castigo se trata”. Apéndice de docum e nt os inédi tos, Vol . III. pp. 303 - 310. 461 Sobre l a caut ividad de los nobl es se diciosos , Marqu é s de Pidal, Op. Cit . Vol. II, pp. 578 - 579. En torn o a sus sospe c hos as muertes , Ibídem Vol. III , pp. 134 - 13 5. 462 Sobre la inest ab ilidad bearnesa v er: Col ás & Salas, Op . Cit. (Alteracione s sociale s…), pp. 19 8 - 199. 463 Acerca de la Invasió n Hu go not e d el B e arn, co nsulta r: - Sanz C a mañes, P., “ Las ciudad es al s ervicio del Rey. L a defensa del pirineo Aragonés ante la i nvasión del Valle de Tena en 1 592”. - Gó me z de Valenz uela, M., “La invasión del valle de T ena de 1592 ”. En Jornadas de E studio de l a Invasi ón de Ar agón de 1591 . C uader nos de Es tudios Borjan os Nº XXV II - XXVIII . Bor ja, 1992. - Lu per cio Leonardo Argensola, O p. Cit. pp. 151 - 160 . - 142 - El 31 de Diciembre de 1591 se nombró Virrey al aragonés na tural Conde de Morata . Daba comi enz o la po lít ica de ac ercam ient o d el R e y al Reino , au nq ue de form a mu y cautel osa. En 1592 fueron convocadas las Cor tes del Reino de Aragón en la villa d e Taraz ona 464 . Los acu erd os y F ueros d eriv ados d e l as mis mas pro pici aron l a p acifi cación del Reino. En ell as n o se suprimió ni nguna inst itución aragonesa, pero éstas fueron sensiblemente remod eladas y s e refo r zó notablemente el poder del r e y. L os nuevos Fueros aprobados en las Cort es de T araz ona p ued en resu mirs e en el si gui ent e claus ula do: - El Rey adquirió el derecho a nombrar a un Virrey no aragonés y s e sobrese y ó, h asta nueva rel ect ur a, el p robl em ático Pleito d el Virrey Extran jero . - La Diputación del Reino perdió parte del c ontrol sobre la hacienda loc al, privándosele, además , del p o der de convocar a representantes de los consistorios. - La Corona podía retirar de su puesto al J us tici a de A ra gón y la Corte del Justicia (elec ción de lu gart eni entes) se puso ba jo cont rol r eal . - Se limitó e l Privilegio d e la Manife stación . - El derecho foral aragonés se aproximó al común (castellano) . La nueva situación institucional es bien definida por Enrique Solano en el siguie nte comen tario : “Reconocido el h echo de que las re sol uciones p roducidas en las Cor tes de Tarazona de 1592 supusieron un significativo avance en l as pr et ensiones de la Corona sobre Aragón, primordialment e en l o que al orden político e inst i tucional atañe, s in embargo, habría de estable cerse u n renov ado equi librio en las relacion es entr e el pod er moná rquico y el R eino Aragonés”. 465 Un raz onabl e sect or de la h ist orio grafía act ual co i ncid e en que l os acu erdo s alcan zad os en las Cort es d e Ta razo na rep resent an un com pro mi so en tre lo s nob les a r agones es y el r e y. La aris tocr acia p refi rió a cept ar la auto ridad d el r ey com o garante d e s us privilegios se culares al precio de ceder poder y a utonomía en los Fueros. Es innegable que en 1592 , Feli pe II estaba en la posición fácti ca de ha ber acabado definitivamente con los Fuer os creando una estru ctura cent ral iz ada (ten ía un ej ér cito dentr o d el R eino y los reb eldes habían sido práctica m ente exterminados). Pero no fue así, de hecho, comprendió que a doptar esta medida en Ar agón implica ba su neces a rio mime tismo en Ca taluña y Valencia, te rritorios qu e perman eci eron l eales a l a cor ona du rante t oda la r evuelt a. P or otr a parte, F eli pe II si empr e se distinguió por seg ui r los cauces legales y los protocolos administrativos en sus diversos Reinos. 464 Sobre las Cort es Ar ago nesa s en la Edad Mod erna, ver: - C olás & Sala s, Op. C it. (Ara gón bajo l os Aus trias ), pp. 28 - 31. - Sanz , P. & Blanco L al ind e , L., “Aproximación al e studio de las Cortes modernas en Aragón: Tendencias historiográ ficas, fuente s y pro ble mas m eto doló gicos”. Ius F ugi t Nº 1 , 1992 . pp . 283 - 303. - Sol ano, Enri que, “Las Cortes de Ar a gón de Fernando el Católi co a Carlos V (1490 - 1530). En De l a Unión de Coronas al Im perio de Car los V . Sociedad estatal para la conm e moración de los centen arios de Felipe II y Carlos V. M adrid, 2001. pp . 3 87 - 410. 465 Sol ano , E nr iq ue & Sa nz , Po rfirio . “Arag ón y la Coron a durant e el Gobiern o de los Aust rias. Relaciones Sociales e Institucio nales”. En Ius Fugit . N º 3 - 4 (1994 - 98) . p g. 217. - 143 - Aunque la filosofía política de la época podía a mparar una resolución jurídicamente inap elabl e, el ‘ Re y Prudent e’ prefirió seg ui r los cauces de la lega li dad y de una R azón de Estado que, aunque lipsiana, e n este caso fue beneficiosa para el sufrido Reino de Arag ó n 466 . Lógic ament e, es evi dent e qu e ‘el Prud ent e’ tam poco desaprovec hó la oportuni dad de erosi onar al gu nos poderes de la nobleza arag on esa a su fa vor, limit ando clara mente los Fueros. Est a id ea pued e e ncon trarse resu mid a en l a si guiente cit a de Gon zá lez Ant ón 467 : “Las Cortes de 1592 significan un tr i unfo para Fe l ipe II, pero los fueros que pr omulgó en esa fecha y la p osterior co ncord i a gen eral seña lan precis amente q ue ese tr iunfo se ca nalizó po r la vía tradicional de las Cortes y con sorprenden te moderación, de modo q ue los cambios realizados fuero n muy templados, y en algunos casos, m ás formales que ef ecti vos …Puede adverti rse en el con junto de refo rmas un prog rama co herente par a corregi r algunas perv ersion es y eliminar algunas t rabas para la administrac i ón de justicia pr opi as de un Re ino anclado en un rancio se ñorial ismo de es encias medieva les”. Est e aserto puede t ene r como co lofó n una acert ad a fras e, casi lapi daria, d e Colás & Sala s 468 : “El principal probl ema del pactismo no fu e l a Mo narquía, sino su propia in capacidad para responder a l as demandas de la sociedad aragonesa”. Recordado los modestos ase rtos de los previos parágrafos, es inn egabl e qu e el crepúsc ulo prim ordial del Siglo XVI testimonia dos fenómenos viol entos que son las invasiones de los Hugonotes fran ceses des de los Piri neos y las Alt eracio n es de Aragón de 1591 . Estos reac tivos propiciaron l a aparición en A ragón d e la Fort ific ació n Abalu artada con un siglo de retraso respecto a su g é nesis. Habiéndose hecho cumplido relato de las llamada s Alt eraciones de Aragón 469 , corresp ond e re aliz ar un a br eve des crip ción de l a Cuestión Hugonote 470 : El protestantismo hizo su aparición en Francia e ntre 1520 y 1523 siendo adoptado por numerosos miembros de la nobleza y la e m ergente burguesía. Los llamados hugonotes , gozaron en principio de la protección de la corona con la reina de Navarra Margarita de Angulema y su hermano, Francisco I de Francia. Sin embargo, su suce sor en, Enrique II, les retir ó su graci a al consi d erarlos un a amen az a dad o su ex ponen cial cr ecim ient o. Fue en ton ces cuando la ex cusa d e la ri val idad espi ritu al amp aró a los int ereses po lít icos con trapuestos, a la saz ón, en tre la C asa de Valois , tit ular d e la coro na fr ances a, y la as pirant e C asa de Guisa . 466 Las teorías de Ulpia no ( A P rinceps leg ibus so lut us e st Re x s upe rio re s no re co gnoc en s i n re gno suo est im perator ), ha bían s ido prol onga das por Jea n Bodin en 1576, com o, si guien do otro c a m ino, Jus to Li psio lo habí a hecho c on Tácito. Af ortun adamente, Felipe I I sigu ió a Li psio y no a Bodi n, qui en ll e gó a af ir ma r : “La s oberanía abs oluta del pr íncipe e quivale al e jerci cio de l poder por par te de es te, de sli gado del dere cho positi vo, super ior a él, y super ior e independie nte r espect o a cualquier otra inst ancia humana” . Jean Bo din. Los Seis L ibros d e la Repú blica 15 76. 467 Gon zález An tón, Op. Cit. pg . 404. 468 Colás & Salas, O p. Cit. ( Alter aciones socia les…) , pg. 57 7. 469 Para un detallado relato de las Al teraci ones de Ar agón ver pp. 20 2 - 235 del p resen te estudio. por otra parte , en las pp. 110, 131, 132 y 151 ya se ha hec ho suci nto r ela to sob re las agr e sio nes hugo note s que deter minaron la foti ficación d el P irineo Centra l. 470 Sobre las Guerras de Rel igión Frances as : - Walker, J. M. Los Hugonotes , una lar ga y amar ga send a . Edic omuni cación , Barcelon a 1997. - Buttler, A.J. “Las Guerras de Religión Francesas ”. En Hi stori a del Mundo en l a Edad Mode rna. Sopen a, Madri d 1940. T omo III . Las Guer ras de Religión . p p. 31 - 81. - 144 - Catalina de Medici , viuda de Enrique II , Re gente de su hijo, Carlos IX , filtreó con católicos y protestantes en función del curso de los vientos del destino. Finalme nte, estalló una g ue rra civil conocida como la ‘G uerra de los 40 años’ . En tre 1562 y 1598 se produjeron ocho sangrientos choques. Los dirige ntes hugonot es durante los diez primeros años de conflicto, fueron: Luis I de Borbón , primer p rí ncipe de Condé, y el almirante Gaspar de Coligny . Posteriormente Enrique de Navarra , y al final, Enrique IV de Fra ncia . L os ad al ides catól icos se enca rnaron en Enrique I de Guis a , Catalina de Medici y Enrique III . Los hugonotes obtuvieron tropas de Inglate r ra, Al em ania y Suiza ; los católicos , soldados de las Españ as . La a yuda n o e ra des int eres ada, pues sati s facía l os in te rnacio n ales int ereses de c ada aliado. En 1570 Catalina de Medici y C arlos IX refrendaron un tr atado garante de la libertad de culto que abrió un p eríodo de convivencia y c onsenso. Inopinadamente, el 25 de Agosto de 1572 la Reina Madre y el débil Re y propi ciaron la masiva matanza de 5.000 hugonotes e n la tri st ement e céleb re No che de San Bartolomé 471 . En 1587 , y tras la sucesión de Carlos IX por Enrique III , los hu gonotes, liderados por Enrique de Na va rra, de rrot aron a l os cat óli cos en l a j ornada de Coutras . Re yertas cató lic as int esti nas acab aron con los asesi nato s del Duqu e de Gui sa en 1588 y de Enrique III en 1589 ; los benefi ci arios dir ec tos fueron los hu gonotes. La muerte de Enrique III supuso la ex tinción de la Di nast ía Val ois y Enri que de N avarr a, el prim ero de l a lí nea din ásti ca de Borbón , acced ió al t rono galo con el nombre de Enrique IV de Fran cia . Ante la sucesión de un hugonote y la pat ent e de bil idad de la c ausa c ató lica, en 1590 , España intervino a favor de los catól icos en la Gu erra se Sucesión Francesa desd e s us pl azas de lo s Paí ses Baj os. El éxito de los Te rcios Españoles 472 se ev iden ció c on l a entrad a en Parí s de A l ej an dro Fa rnesio 473 . Las operaciones sólo se detendrán cuando, en un maqui avélico gesto que prio riz aba la Razón d e Estado al servi cio d e su d es m esurada amb ició n por la co ron a f ranc esa , Enri que III de Navar ra s e convi rtió al cato lici smo en 1593 - “París bien v ale una mis a” - . Como contrapartida pa c ificadora de l reino, en 1598 , el nuevo y flamante Enrique IV de Franci a prom ulgó el Edicto de Nantes que proporc ionaba a los hugonotes la ansiada liberta d relig iosa 474 . Es obligado re f erir que el peligro francés en los pasos p irenai cos ara gon ese s y a se h abía mani festad o previ ament e a la ap arici ón del calvi nis mo en el vecin o rein o. En efecto, ya en 1503, 1512 y 1524 , se h a bían verifi cad o incu rsio n es fran cesas en el Vall e d e Arán 475 . 471 Acerca de la m a sacre de San Bartolomé: AA . VV. U n plei to de Her encia. La N oche de San Bart olomé. Am ig os de la Hist oria. Barcelona, 1970. 472 Martínez Ruiz, Enrique. Los Soldado s del Rey . Los Ejércitos de la Monarquía Hispánica (14 70 - 1700) . A ctas. Madrid, 2008. pp. 834 - 881. 473 Sobre esta Cam paña Espa ñola en Francia, ver : “La Revolución de los Países Baj os y Guiller mo el Taciturno”. E n Histori a del Mundo en la edad M oderna. Sopen a, Madrid 1940. Tomo III. L as Guer ra de Religió n . pp . 20 2 - 276. 474 Po steriormente, e l Despotis m o Ilus trado de Luis XIII y L ui s XIV cons ideró a l os hug onotes com o una amen aza al ser un Estado dentro del Estado, p or ello, ambos Monarcas reactivaron la persecución contra ellos. En 1628 , el Cardenal Richelieu asest ó a la cau sa hugonot e un gol pe m ortal con la to ma de su principal plaza fu erte: La Rochelle. Luis XIV revocó el Edicto de Na n te s en 1685, provocan do la em igrac ión masiv a de los mismos. S i n embarg o , casi un m illón de ellos permaneció en s u Patria, en la región mon tañosa francesa de Ceve nas. Co n o cidos co m o los Cami sard s , vo l vie ro n a sufr ir u na d ura p ers ecuc i ón e nt re 1702 y 1705 . L a libertad religiosa n o se recuperar á hasta l a Re volu ció n Francesa ( 1789 ). 475 Sob re e stas inc ur sio nes: Va lenzuela, Mª C. “La Defensa del Piri neo Ara go nés d ura nte lo s Re yes C atólicos, Carlos V y Felipe II ”. Cuadernos de His toria Je rónimo Z urita . Nº 19 - 20. p p. 26 5 - 276. - 145 - Si n embargo, la pres ión ar mada fr anc esa so bre la frontera, alcanzó su punto cenital en 1592 . Cierto es, que el Bearn llevaba décadas siendo un ‘punto caliente’ de las front eras del Rein o 476 . Efecti vament e, los hugonotes hostigaban pertinazmente el norte de Hues ca d esde el Bea rn 477 , amén de prop iciar el c ontrabando de caballos. Ya en 1569 , el Somontano se vi o obl igado a mand ar t rop as a C anfr anc, de tal guisa, l a inv asió n fue abort ad a con la fu erz a d e la disuasión antes de producirse. En 1580 una situación de similar peligro se manife stó en Jaca; de nuevo, la llegad a de refuerz os (es ta vez de sde Barb ast ro), v olv ió a evi tar el ataque calvinista. Como consecuencia de esta permanente situación de tensión latente, pequeñas guarni cion es a ragones as s e estab lecie ron en lo s p asos p irenai cos m ás practi cabl es p ara, p revenir incursiones hugonotes en los años 1576 , 1583 y 1584. En e se es tado de cosas Antonio Pérez lleg ó de sde Zaragoza a un nue vo ecosistema propicio a sus pl anes de continuar con la rebe li ón aragonesa y hosti lizar a, su ya enemigo natural, Felipe II . A c omienzos de d iciem bre de 1591 , t emeroso de una intromisión armada hugonote , el Capi tán Gen eral Al onso d e Vargas m andó cu at ro comp añías d e caball er ía a J aca p ara que patrullasen los pasos pirena icos practicables por una mesnada hostil. Sus temores no er an infundados: En Febrero de 1592 , un grupo de 200 arcabuceros inte grado por f u eristas radical es, apo y ado s por una fu erz a arm ada calvi n ist a bearn esa d e Enriq ue IV de Borbón, penetró en el Reino de Aragón por el Valle de Tena. Dirigidos por los recalcitrantes Martín de Lanuza y Di ego d e Her edia , los invasores intentaron c onsoli dar sus posiciones en los oscens es p aso s mon taño s os de C anf ranc y Santa Helena (Bi escas ) 478 . S e pr etend ía prov o car una sublevación ge n eral en Aragón, pero su desaforada condu cta y sus indis criminados saqueos, hicieron que los lugareños se les echaran encima. En efecto, la oposi ción popular a tan insensata invasión, en la que sus componentes se portaban como bandidos y no como lib eradores , fu e tot al 479 . De tal Guis a, el rei no d e Fr ancia d ebió de enviar un ref u erzo de 1.200 soldados. Cuando el Capitán General Alonso de Vargas alcanzó el frente con sus 2.869 soldados, los invasores est aban muy desgastados por los ataques de l os bravos lugareños y parape t ados en Biescas. La derrota de los infiltrados fue total, dándose a l a fuga los escasos supervivientes tras ha ber s ido ahoga da en sangre su ini ciativa. L anuza h uyó, pero Here dia fue ca ptu rado y ej ecutado, como muchos de los que apoya ron l a revuelta 480 . 476 Sobre la inest ab ilidad bearnesa ver: Colás & Sala s, Op. Cit. (Alterac iones so ciales …), pp . 198 - 199. 477 De h echo, debier on de cerrar se prácticam ente las rutas jacobeas, por lo que e n 1558 , los m onjes de Sant a Cristi na del So mport se retira ron a Jaca, concretam e nte al B ur nao , donde tení a n una iglesi a d edicada a Nuest ra Se ñora, ya qu e era i nnecesaria su labor en el Ho spital d el Som port. Sin e mba r go, pe rmanec i ó una restrin gida per misivida d pa ra po sibilitar el c o mercio montañés lega l entre c ató licos de am bos lados de la frontera com o se testimo nia en epístola del Capitán General Alonso de vargas a Felipe II de 2 de Abril de 1592 , A.G.S . G.A. leg. 351, fol. 234 y 235. 478 Acerca de la Invas ión H ugonote del Bearn , co nsult ar : - S anz C ama ñes , Po rf i rio, “Las ciudades al servicio del Rey. La de fensa del pirineo Aragonés ante la inv a sión del Valle de Tena en 1592”. Prensas U niversitarias de Zaragoza, 1998. - Gómez de Valenzu ela, M., “La invasión del v alle de T ena de 1592”. En Jorn adas de Estudio de la Inv asión de Ara gón de 1591. Cu adernos de Estu dios Borjanos Nº XXVII - X XVIII. Bor ja, 1992. - Lu per cio Leonardo Argensola, O p. Cit. pp. 151 - 160 . 479 Como muestra emblemáti ca de esta re acción, Hu esca levantó una compañía de clérigos que se di rigi ero n, si n pa usa ni demora, al encuentro de los herejes beam e ses. Sin duda, son un precedente de los ‘ Cu ra s Tr abucaire’ de la Guerra de la Independen cia Es pañola ( 1808 - 1 814 ). Sobre esta reacción, ver: M or eno Ana ya, Juan Carlos , “El casti l lo de San Pedro de Jaca. Ciudadela. Un a fortaleza abaluartada del sig lo XVI”. En Ac tas de las II Jorna das de Cas tell ología ara gonesa. Forti ficacione s del s iglo IX al X X , p g. 125. Asociación para la Recuperación de los C a stillos de Arag ón, Zaragoza 2006. 480 Los bearnes e s, tozudos hasta la n ecedad volvi ero n a ser repelidos en 1597 y 1609 . - 146 - 3.2 ) TIBURCI O SPANNOCCHI Y SU O BRA MUNATO RI A EN LAS ESPAÑAS. Tiburcio Spannocchi - 1 541-1606 - 481 , fue un ins igne ingeniero Militar de ori ge n ital iano que t rabaj ó par a Feli pe II de España diseñando y ejecutando fortalezas abaluartadas para el pro y e cto Habsb urgo de co mpl eta h erm eti zaci ón de l os t errit orios de la Península Ibérica. Gra n dibuj ante, paisajista y maqu etista, dio nombre propio a una destacada época de la munatoria universal conocida como la Escuela Itali ana . Nació en l a c iu dad de S ien a en 1541 en el seno d e una n oble f amil ia to sc ana cu yos orí genes s e r emo ntan has ta Ambrogio di Ser Mino da Spannocchia en el 1359 482 . En su ciudad natal disfrutó de una erudita educa ción hum aníst ica al es til o del Renaci mien to. Hasta 1572 estuvo al se rvicio del Cardenal Delf ino en Roma (años durante los que pudo ser t esti go d e la cre ación de la Liga Santa cont ra el Imperio Otomano). Ese mismo año pasó a t r abaja r al s ervi ci o de Marco Antonio Colonna , Gen eral de las Gal eras Pontificias de Levant e y Héro e de Lepanto ( 7 de Octubre de 1571 ). C uando Colonna fue nombrado Virre y Español de Sic ilia , Spannocchi se trasladó allí con él. Es en ésta época e n la que Spannocchi se inic ie en los miste rios de la arquitectu ra munatoria ‘ a la Italiana ’. En esta plaza sirvió entre 1575 y 1578 , año en el que comenzó la el aboración de una pr olij a descripción de las Marinas de dicho Reino 483 . Ésta es su opera prima y estab le ce l as bases d e l o que s erá su futuro trabajo c i entífico y minucioso, dotado de magníficos complementos gráficos. Planimet ría defe nsiva de Taormina (Sici lia), T iburcio Spannocchi 484 . 481 Su no m b re ta mbié n ha sid o tra nscrito c o mo Espanoqui, Espanochio, E spanoc hi, F ra Tibur cio, Tr ibulcio Hi spanochi, Hispan oqui, Sp anno cchi … Como puede verificarse en el epistolario. 482 Dado que la natu raleza de este trabajo impone mu c ha brevedad a la nota biográfica de Sp annocchi, se recomi e ndan , para acrecer en conocimi e ntos sobre el mism o : - Cá mara Muñoz, Alicia “ T ibur cio Spann occhi , ing e ni ero m ayor de los Reinos de Es paña”. Espacio, Tiem po y Form a n. ° 2, 1 988. pp. 77 - 90. - Sobr adiel, Pedro , La Aljafería Filipin a, los a ños de hier ro - 1591 - 1597. Instituto de E studio s Islámicos y del Or ient e Próxim o. Zara goza 2006. pp . 77 a 94 . 483 Des cripción de l as Mari nas del Re ino de Sici lia , 157 8, B. N . , M s. 788. Es un prolij o análisis de la orografía lit or al de la región y de sus capacidades mu na torias y de navegación. - 147 - De hec ho, e n la D edi cato ria del manuscrito diri gida al futuro Felipe II I , ex pli ca: “Fui y tomé las di chas descripciones, como adelante se verá, y juntamente con la descripción de los dichos puertos y ensenadas que hacen sus mar i nas se tomó la perspectiv a de cada lugar y torr es que a l prese nte están h echas, como se v erán en el margen pi ntadas al natura l con su relación de lo que para repararla s s erá mene ste r, dando cuenta de las guardias que se hacen en todas part es y de la dif erencia que hay entre las señales y manera de gu ardar, quien las paga y que tanto, y también se han apun tado los sitios donde será necesario hac er nuevas torre s y de qu e forma y g randeza y costa ...” . [B. N. Ms. 788] . Además de su minuciosidad, Spannocc hi se mo st rará en est e trab ajo co mo el gran dibujante que fue sie mpr e. Durante el último cuarto del Siglo XVI , se d es pertó en la Mo n arquí a Hi spáni ca la conci enci a de la n eces idad d e Ingen ieros Mi li tares ex per tos en trazas p oli gonales abalu artad as pa ra or gan i zar un a defens a es táti ca d el terri tori o p eni nsul ar (tam bién ser á extensiva a Flandes, los archipiéla gos hispánicos y las Indias). Así, a mediad os de est a centu ria, el v ir rey de Nápoles y Sicilia y el go be rnador de Milán f ueron comis ionados para reclut ar a l os m ás bri llan tes art ífi ces que s e h allas en en las Itali as. Ti burci o Span nocchi , un a vez seleccionado, llegó a España en 1580 . Aunq ue desd e el pri n cipi o se le co ncept uó com o mu y capacitad o té cni cam ente, s iem pre se le rep ro chó su nul a exp erienci a d e combat e 485 . Ese mismo a ño se le c omi sionó en Fuente rr abía 486 para pl anear una h ermet i zaci ón del vall e del Bid aso a, en el m arco de u na mi sió n g lob al de i nspecci ón de l as defens as de la front era gui puz coan a con la h ost il Franci a d e Enrique III Valois . En 1581, Ti burc io elabor ó los pro y ectos de construcción de los fuertes que deberían cerrar el es trecho d e Ma gall anes. En 1587 , sei s años más t arde, el in geniero Ju an Bautista Antonelli 487 rea l iz ó un reconoc im iento de la z ona para la ejecución del pr oyecto Spannocchi: Los fuertes no llegaron a eri girs e nun ca d adas l as en ormes d ificu ltad es de co nst ru cción y de m an ten imi ento de una guarnición en una z ona tan inhóspita y lejana de t odo punto civilizado. En 1582 fu e co - fundador, j unto con el arquitecto Juan d e Her rera 488 484 Descripci ó n de las Marinas del Reino de S icilia, 1 578 - 1596. B . N. Dib. VI. T ib urc io Spanno cc hi. , d e la Academi a de Matemáticas y Arquit ectura Militar de Madrid qu e fue empl azad a en el anti guo Al cázar Real. 485 Sobre las sempiternas críticas a los T ratadistas Militares sin experiencia béli ca ver: Kee gan, John. El Rost ro de la Bat alla . Minis terio de Def ens a, Madri d 1990 (E studi o Introdu ctorio) . 486 La me mo ria y los p lan os del traba jo de Fuen terrabía se cons er van en el Archivo de Siman cas: A. G. S. MPD, 8, 204. E ste p unt o se mos tró especialm e nte de licado dado que , 17 años despué s, Spannocc hi se guir á dedicado a obras de munat or ia de la m isma plaza seg ú n acreditan sus carta s pidiendo medios dirigida s a Felipe II fech adas en 4 de Enero y 21 de May o de 1597 ( A. G . S. , G. A. leg. 481, f ol. 81 y leg. 485, fol. 2 41 ). 487 Juan Bauti sta Anton elli (1550 - 1616): Ingeniero ital ia no, nacido en Gatteo di Romana, co m enzó a tra baj ar para Felipe I I como responsable del proyecto y co nst rucció n de fortif icaciones . For m an par te de su creación los fuertes del e strecho de Magallane s (1581), Ca rtage na de Indi as (1586), Sa nto Domi ngo (1589), bahía de Fonseca, puerto de San Juan de Ulúa, nueva ubicación de Veracruz, fu erte s del Morr o y La Punta, en La Habana, Pan a má (1594), Port obelo ( 15 97 ) y San Agustín y Santa Helena, en Florida. De vuelta a España en 1599, di señó l as def ensas de Gibra ltar y el fuerte a frican o d e Larache. 488 Para iniciarse en el conoci mien to d e tan emblemático arq uitecto Biografía de Juan de Herrera en www.soloarquitectura.com (D iciem bre del 2010 ). - 148 - Ese mismo año, Felipe II le encar gó ha ce r la plant a y des cripci ón d e la v ill a de Aranjuez. También e n e sas fecha s, pa rticipó en los prepar ativos d e l a flot a que Álvaro de Bazán 489 dest inaba a r epe ler a l os fr ances es de l as isl as Az ores y conq uis t ar Terc eira. La ex pedici ón, verifi cada en 1583 fue un completo é x ito. Spannocc hi formó parte de la mism a (cobran do así s u pri me ra y única ex p erienci a di recta con el combate), realizando una descripción de las isl as, tras la que elevó a la Corona un proy ecto de fortificación del arc hipiélago a tlántico. En 1587 s e le en cargar on los pro yectos n ec esari os para forti fic ar la emb le máti ca ciud ad de C ádiz (Pl aza v ícti ma del asalto d el pirata Francis Drake ese año, y q ue ya h abía sid o atacad a por Barbarroja en 1553 , durante el Reinado de Carlos V ), considerando y evaluando los proyectos preexistentes de Calvi y d e l Capitán Fratín . L os planos de S pannocc hi fue ron modific ados por su discí pulo Cristóbal de Rojas 490 , quien ejecutó la obra de fortificación de la plaza. Spannocchi también diseñó pa ra Cádiz una ciudadela de planta rec tan gular, que nunca l le gó a ed ificars e 491 . En 1588 supervisó, corrigió y aprobó el plan de fort ificaci ón del Cari b e de Antonelli 492 . Sin embargo, sus opiniones entr aron en confl icto con las de los in genieros de l as colonias. En efe cto, a pesar de su notable talento, la falta de inspección del terreno le llevó a comet er al gunos err ores dadas las n otabl es di feren cias cl im áticas y geol ó gicas co n Euro pa (estas parti cul arid ades s e mani fest aron esp eci alm ent e en la fo rt alez a de S ant iago d e Cu ba y en el fu ert e d e la Pu nta del Ju dío , en C artagena de Indias ). Ese trágico año ( 1588 ), info rmó positivamente sobre la empresa de Invasión de Inglaterra. A la vez, elaboró un listado de los enemig os de la Monarquía Hispánica y d e los frentes que contra ella podían abrirse (Pirineos, Flandes, Milán) depositando su confia nz a en una futura red fortificada. Spannocchi pidió formar parte de la ex pedición a Albión siéndole negado el per miso, s in embargo su her mano Mario si aco mpañó a la Armada Invencible , pereciendo en el transcurso de su desarrollo 493 . En 1589 Tiburcio Spannoc chi solicitó al Re y q ue se le nombrase Ingeniero M a yo r (decis ión que im pli cab a l a creaci ón d e la i nst it uci ón co mo t al en el sen o d el Ej ércit o) p ero su peti ción fue d ene gada (d e hech o, la Co ron a no a cced erá a sus p ret ensi on es has ta do ce años después, en 1601 ). Ese mismo año inic ió el proyecto de for tificac ión de La Coruña (castillo de San Antón ), El Ferrol (fort aleza de San Felipe ) y la ría de Betanz os 494 489 Blanco , Ramiro. Elogio Hi stóri co de Don Álvar o de Baz án. Im p. Die go Pach eco, Madrid 1888. . 490 La o bra esencial de Rojas es: T res t rata do s sob re fortifica ción y milicia (1598). M adrid . Co misió n de Estudios Hi stórico s de Obras Públicas y Urbanism o. Madrid 1985. (Edici ón f acsími l). Sobre C rist óbal de Rojas , consu ltar: Mariategui , E d uardo de , El Capi tán Cris tóbal de Rojas, I ngenier o militar del sig lo XVI . Com isi ó n de Es tudi os Hist óricos de O bras Públ icas y Urban ismo. - Madrid 19 85. 491 Sobre Spannocchi y Cádi z ver, A. G. S., G. A . leg. 380, fol. 56: En ef ecto la pr eocupación por tal ciu dad duró t oda su v ida. 492 Juan B autista Antone lli, 15 93. A .G.S . M.P .D. - San to Domin go N º. 13. S ob re ‘el Morro’ el trabajo del P ro fes or Jorge Sánc hez Caudev illa (Un iversidad de Zaragoza en el añ o 20 06) es sobresali en te. 493 Info r me de Spa nnoc c hi, ‘ Discur so del c avaller o Spanoqui o y exhor tació n para l a empr esa de Inglate r ra Al Po tentísimo Rey Ph ilipe’, sobre la Arm ada I nvenci b le y las rede s fort ificadas de 1588: B . N ., M s. N º 979 (en italiano) y N º 1750 (en castellano), 6 hojas a partir del fol. 418 . No hay duda de que sus desacertadas ideas acerca del proyecto de la armada invencible eran fruto de las pretéritas influen c ias de Colonna y sus experiencias en la batalla de Lepanto. En e ste sentido ver Parker, Geoffrey . La Re voluc ión Milita r . Alia nza, Madrid 20 02. 494 Ver: Tiburcio Spann occhi. Planta de la mu ralla de la Coruña desde la Puerta Real h asta P uerta de Santa Bárbara. A.G.S . , MPD 34,15. [Conti núa e n la pági na s iguie nte ]. - 149 - En 1592 , desp ués d e la s Alteraciones de Arag ón , fu e co mis ionad o p ar a real iz ar y ejecut ar un pro yecto de he rmetiz ación del Pirineo C entral f rente a l as fu erzas de Enrique IV de Borbón , recient ement e t ravest ido al cato lici smo desde s u ant igua fe hugonote 495 . P ara entonces, el pr esti gio y la autoridad c ientífica de Spannocchi ya e ran notables. Esto se acredit a en la Epístola de 18 de Octubre de 1591 , en Milán, De Carlos de Aragón, Duque de Terranova, a Felipe II: “…Que se s iga lo que el In geniero Triburc io Spanoqui ha apun tado, teniendo r especto a la situación y medida Justa de lo que en e ffecto el Castillo tiene, y assi siguiendo l a f orma de la s adiciones qu e V. Mgd. ma nda se pone lu ego mano a l a obra, con tanto cuydad o y attencion d e Don Pedro, qu e se echa b ien de ver en esto, com o en todo e l zelo y af fi cion q ue tiene al s ervicio de V. Mgd. y l a mucha m erced que merece...” 496 . Sus trabaj os en el Rein o de Ar agón s e m ateri ali zar on en l a ci ud adela de S an Pedro de J aca (Huesc a), en l as mej or as de fo rti fica ció n abal uart ada d e la Aljafería de Zaragoza, y en el reconoc im iento y p ro ye c to de fortifica ción de los pasos front erizos pirena icos de C anfranc , B ena squ e, Berdú n, Santa Elena, Aí nsa 497 y t o d o l a A lta R ibago rz a 498 . La preocupación de hermet iz ar el Pi rineo ce ntr al par a ev itar posi bles i nvasi ones b earnes as hu gono tes det ermin ó la ejecu ci ón de est as ma gnífi cas obras m unato ria s. El plan eamien to p iren aico de Sp anno cchi fu e tan m agis tral d e t al guisa q ue l as suces ivas obras de fortificación de los Borbones con Juan Martín Zermeño ( s . XVIII ) 499 , Alfonso XIII ( s. XX ) y e l g ener al Fr ancisco Franco ( Línea P ) 500 se alz aron casi exactamente sobre los puntos designados por el emine nt e italian o , aprovechando, en ocasiones, las obras primarias. Entr e 1594 y 1598 estuvo en las Provincias Vascongadas ocupándose de la for ti ficación de Fu enter rabí a, San S eb asti án, Gu eta ria y Pas aj es 501 , ad emás d e P ampl on a 502 . E s ta labor no impidió la supervisión de la f inaliz ación de las obras de La Coruña y Cádiz. Por fin, el 15 de Abril de 1601 , con 6 0 añ os de ed ad y graci as a las ges tio nes del Duque de Ler ma , Felipe III le concedió el título de Ingeniero Mayor de los Reinos de España, c ar go que fue crea do expresamente para él, con la f ab ulosa dotación dineraria de 1.600 ducados a l mes (frente a los 40 que cobraba a su ll egada a la península). Tal di gnidad iba ac omp añada de la res pons abil idad de l a sup erint endenci a e i nsp ección de tod as las fo rtifi caci ones de l a Península y u ltramar, sin más superiores que e l C onsejo de Guerra , el Capitán General de Artillería y el propio mo narca. Sobre las fortificacion e s gallegas consultar la incontestable obra: Soraluce Blond J. R . Ca sti llos y fortificac iones d e Galicia . La arqu itectura militar de lo s siglos XV I al XVII I . Fun dación Pedro Barrié de la Maza , Conde de Fenosa. L a Coruña 1985. 495 Al res pecto, a mpliamos es ta i nf or mación en las pp. 131, 132 y 154 del presen te es tudi o. 496 A. G. S . Estad o, leg. 1.269 , fol. 111. 497 Aínsa: Itiner ario eclesiástico del Dr. Petrus Vitalis de la Di ocesis de Huesca. A.D.C.H. Fol. 51 vº. 498 Ver Cap ítulo 3 - 3, pp. 1 51 - 158 del present e trabajo, “Proy e cto T ib urci o S pa nnoc chi e n Ar agó n”. 499 Sobre Z erm eño, v er pp. 411 - 420 de e s te e studio (vol. II) . 500 Al res pec to de for tificacio nes tard ías ver pp. 470 - 502 del presen te trab ajo (vol. II) . 501 Más inform ación sobre fortalezas de las v ascongadas: - Mexía Carr illo , A., El Casti llo de la M ota y l as murall as de San Sebas tián hasta el si glo XIX . B oletín d e Estud ios H is tórico s sobre San Sebastián , n o 12, pp. 11 - 56, San Se ba stiá n. - 1978. - Olavide , J , San Sebas tián. Hi stor ia de sus fo rt ificac iones, sigl os XVI y XV II . Edic iones del Ayunta mien to de San Sebasti á n. San Sebast i án 1963. 502 Sobre Pam plona : Ec hevarri Iribarren , V., L as mural l a s y la ci udadela de Pa m plo na. Gobier no de Navarra. - Pam plona 2004. - 150 - En 1602 la Corona le enca r gó que compila ra en un catálogo gene r al todos los dibujos de la t raza d e todas las f ortificaci one s en las que había intervenido o supervisado, tanto en los Rein os p enins ulares co mo en A méric a. D esg raci adamen te, t al cole cció n d esapa reció en el incendio de uno de los torreone s del Palacio Real de El Re tiro du rante l a Guerra de Su cesió n Española ( 1702-1714 ). Tiburcio Spannocchi alcanzó merecidamente un prestigio universal, convirtiéndose en referente obligator io par a todos los tratadistas de su tiempo y de escuelas posteriores en toda Europa y las Indias. Murió a los 65 años, siendo enterrado en la i gle s i a de lo s C léri gos Menores de Madrid. Leonardo Turriano , discípulo suyo, f u e designado Inge ni ero Ma y or en su s ucesió n. Al fall ecer és te, el cargo no se prov e yó y des apar eció has ta el 13 de Enero de 1710 . Es es ta fecha en l a que el Re y Fel ipe V nombró a D . Jorge Próspero de Ve rboom como I n geniero General, con la misión de crear el Cuerpo Militar de Ingenieros 503 . - Com pendio d e los p royec tos Mu nat ori os de T ibur cio S pan nocch i - 504 Los proyect os ref erenciados con el sím bolo * nunca llegaron a ejecutars e. - Fortificación del Estrec ho de Magallanes (1581). * - Fortificación de las islas Azor es (1583). - For tifica ción de C ádiz (1587) . - C i uda dela de Cá diz (1587). * - Supervisión del proy ecto de fo rtificaci ón de las Indias Occidentales de Antonelli (1588). -F ort ificaci ón de L a Coruña (1589) . - For tifica ción de E l Ferrol (1589). - Proyect o global de Hermetización del Pirineo Central (1 592). - Ciudadela de San Pedro de Jaca (1592). - Mejoras de fortifi cación de la Aljaferí a (1 592). - Fortificación de F uenterrabí a (159 4). - For tifica ción de S an Sebas tián (1594). - Gi braltar ( 1596). - Torre de Guetaria (1598). - Torre de Pasajes (1598). - C a son a de Vall adolid (160 1). * 503 En to rno a Ve rboom: pp. 384 y ss . de este estudio (v ol. II) . 504 Planimet ría de fue nte sobre los proy ectos y la obra extraarag onesa de Spannocchi, consultar DVD ad j unto Archivo “Comple mento P lanimétrico” . - 253 - En 1614 , s e casó con Isabel de Borbón , 6 año s an tes de su acc eso a la Co ro na. C on ell a tuvo a Baltasar Carlos (Potencial heredero, finado en 1646 ) y a la Infa nta Margarita 962 . Fe lipe IV fue f eraz padr e cu y a fe rtil idad prol ífica t rajo numerosos descendientes de los cuales pocos llegaron a la edad a dulta. T ras enviudar, desposó con su sobrina Mariana de Austria ( 1649 ) , d os de cu yos hij os al canz aron la di gnidad R eal: Margarita Teresa , Emperatriz Consorte de L eopoldo I 963 del S acro I m perio Romano Germánico y Carlos II , s u herede ro a l a coro n a. D e todo s su s hi jos n atura les , el m ás céleb re fue Don Juan José de Austria . El Rei nado de Felipe IV , que dio comienz o en 1621 , puede di vid irse en tres et ap as: - 1ª) En la que ej erci ó co mo Valid o el C onde- Duqu e de Oli vares 964 hast a 1643 . -2ª) La P rivanza de Lu is Men én dez d e Har o , Marqués de Carpio, favorit o hasta 1661 . En est a etap a ha y que d e st acar la in flu enci a d e Sor María Jesús de Ágreda 965 . -3ª) Último lustro de Reinado hasta 1665 . G aspar d e Guzmá n y Pi ment el , C onde- Duqu e de O liva res , acc edió a la Pri vanz a en 1622, a la mu erte d e su tío Baltasar de Zúñiga . 962 Futura esposa de Lui s XIV ( 1700 ). 963 Le opoldo I (1640 - 1705): Emperador del Sacro Im perio Ro mano Germánico de sde 1658 , here dó uno s terri torios de vast ados por la Guer ra de los T reint a Años. Su Reina do estuv o estigma tizado por l os conf lic tos armados contra el Im perio Otomano y co ntra Lui s XIV de Francia. La prim era guerra turca acab ó en 1664 tr a s su victoria en la batalla de Sa n Gotardo : En ella cedía T ransilvania para salvar Hung ría . En 1683 , Vi ena f ue asediada, sien d o liberada por Juan III So bies ki de Polonia en la batal la de K ahle nb er g , a s egur á ndo se la frontera oriental d el Imperio. La s vic to ria s de Luis de Bade n e n Sala nke me n ( 1691 ) y Eugeni o de Sa boya en Ze nta ( 1697 ) , llev aron al Tratado de Karlow itz ( 1699 ), principio del fin de la he ge mon ía t urc a . La prim era co nfrontación con los ej ércitos de Luis XIV acab ó con el desventa joso Trat ado de Nime ga ( 1679 ) . L eopo ldo se ad hirió a la Liga de Augsb urgo y a l a Gran Al ianza contra el Reino de Francia. T ras esta Guerra, l a Paz de Ryswic k d e ( 1697 ) , representó el prim er retroceso m i litar del ‘ Rey Sol’ . E n 1701 , Leopoldo I respaldará a su h ij o, el Archi duque Car los , en la Guer ra de Suces ión Espa ñola . Sobre el tem a, ver: - Villa - Urr utia , W.R. de . Rela ciones e ntre Es paña y A ustri a durant e el re inado de la E mperat riz Doña Mar garita, i nfanta de España, espos a del Emper ador L eopol do I . Fernan do Fe, Ma drid, 19 05. - Ver dus se n, He n rico y C or nelio. Admirabl es efe ctos de la Provi dencia suce didos en l a Vida, e Imper io de Leopol do Pri mero, I nvictis simo E mperador de Romanos, Re dezuelos a Anale s Hif toricos de Verdad. Am beres, 1735. 964 Gas pa r Guz má n y P i mente l - Con de - Duque de Olivares (1587 - 1645): Nació en Rom a del Embajador Enri que de Guz mán y d e María P imentel . En 1604 , la p rematura muerte de su s hermanos mayores le con virtió en sucesor del títu l o patern o y hubo de aba ndona r sus estudi os, par a resi dir e n la Co rte de Felipe III en Vallado li d, donde s u pad re era miem bro del C onsejo de Es ta do. En 1607 , heredó el tít ulo de Conde de Olivares, administró su mayorazgo y ejerció en Sevilla un importante mecen azgo literario y a rtístico . Su m atrimoni o con Isabel de Velasco , Dam a d e Honor de la Reina C onsorte d e Felipe III de España, le ayu dó a progresar políticamente, f or mando parte de la cámara del futuro Felip e IV ( 1615 ). Allí, fue testi go de las i ntrigas de l Duque de Lerma y de l Duqu e de Uceda. La Coronación de Felip e IV ( 1621 ), co n llevó el acceso a v alido de su t ío Baltas ar Zúñi ga qui en mur ió un año má s tar d e. Ya co m o Grande de España, Olivares s ucedió a Zúñ i ga en l a Corte. También fue nombrado Com e ndador M ayor de la Orden de A lcántara, Alcaide d el Al cázar d e Sevi lla, Gran Cancill er d e Indias, General de la Caballería E spañola, Tesorero General de la Corona de Arag ó n y Te niente General. T uvo asie nto en las Co rtes de Ca stilla. Fue Vali do de Felipe IV desde 1622 hasta 1643 , fa llecien do en el destie rro dos añ os despu és de su de posici ón. Sobre Oli vares , consultar : - Rops, Féli x. El Conde - Duque de Olivar es. Tor o - hom - ley . Madrid, 1971. - Ch a m orro, Edua rdo. Yo , c onde - duque de Olivar es . Planeta. Bar celona, 1989. - Elliott, J . H. El Conde - D uque de Olivar és. Crítica. Madrid , 1966 . - Fernández Gonzál ez, M. El Conde - Duque de Olivares . Tesoro. Madrid , 1 990. - Marañón, Gregorio . El Conde - D uque de Oli vares . Espasa & Cal pe. Madrid, 1985. 965 Morte Asín, Ana. Misti cismo y Cons piración. Sor Marí a J esús de Ágreda e n el Reinado de Feli pe IV. Inst it ució n Fer na ndo el Cat ó lico . Zaragoza, 2010. [Document text truncated for crawler view.]