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2013 91 Isabel Lasala Navarro Helena Augusta: una biografía histórica Departamento Director/es Ciencias de la Antigüedad Escribano Paño, María Victoria Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA
Departamento Director/es Isabel Lasala Navarro HELENA AUGUSTA: UNA BIOGRAFÍA HISTÓRICA Director/es Ciencias de la Antigüedad Escribano Paño, María Victoria Tesis Doctoral Autor 2009 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA
Departamento Director/es Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA
HELENA AUGUSTA: UNA BIOGRAFÍA HISTÓRICA TESIS DOCTORAL presentada por la Lda. Isabel LASALA NAVARRO y dirigida por la Prof. Dra. Mª Victoria ESCRIBANO PAÑO. --------- Área de Historia Antigua, Departamento de Ciencias de la Antigüedad, Universidad de Zaragoza ----------
A los Lasala Navarro y demás familia ☺
INDICE ABREVIADO 1. Introducción: objetivos y metodología 1 2. Breve estado de la cuestión. 9 3. Fuentes para el conocimiento de Helena Augusta. 18 4. Los llamados años oscuros de la vida de Helena. 96 5. Una trayectoria pública y política. 159 6. Flavia Iulia Helena: imagen y modelo para el futuro. 230 7. Conclusiones Generales. 291 8. Ilustraciones: catálogo y láminas. 301 9. Bibliografía utilizada: fuentes y estudios. 313 10. Abreviaturas. 340 11. Índices. 341
INDICE EXTENSO DE CONTENIDOS 1. Introducción: objetivos y metodología. 1 2. Breve estado de la cuestión. 9 3. FUENTES PARA EL CONOCIMIENTO DE HELENA AUGUSTA. 3.1. Fuentes literarias 18 3.1.1. Literatura Latina. 19 3.1.2. Literatura Griega. 38 3.1.3. La problemática de las fuentes posteriores al siglo VII. 53 3.1.4. Conclusiones. 55 3.2. Fuentes epigráficas. 59 3.2.1. Inscripciones latinas. 60 3.2.2. Inscripciones griegas. 73 3.2.3. Conclusiones. 74 3.3. Fuentes numismáticas. 78 3.3.1. Primera etapa: antes de octubre-noviembre de 324. 79 3.3.2. Segunda etapa: desde su proclamación como Augusta hasta su fallecimiento. 80 3.3.3. Tercera etapa: tras su muerte. 82 3.3.4. Conclusiones. 83 3.4. Fuentes iconográficas. 85 3.4.1. Escultura 86 3.4.2. Camafeos, Medallones y Gemas. 88 3.4.3. Frescos y Mosaicos. 91 3.4.4. Conclusiones. 93 4. LOS LLAMADOS AÑOS OSCUROS DE LA VIDA DE HELENA. 96 4.1. El nacimiento y juventud de Helena en el marco de la crisis del siglo III. Una contextualización histórica necesaria. 97 4.2. Sobre su baja condición, ¿Helena stabularia? 102 4.3. Constancio Cloro y el nacimiento de Constantino. 113 4.4. La Tetrarquía y su desenlace: Teodora. 122 4.5. Acerca de la naturaleza de su unión con Constancio Cloro y la legitimidad de su hijo Constantino. 128 4.6. Sobre la potestas familiar. 134 4.7. La cuestión de la onomástica como pista de un estatus. 140 4.8. 289-306. Los “verdaderos años oscuros” de la vida de la madre del emperador Constantino. 142 4.9. Helena, ¿iletrada? 148 4.10. Conclusiones del capítulo. 152
5. UNA TRAYECTORIA PÚBLICA Y POLÍTICA. 159 5.1. Sobre una posible damnatio memoriae. 160 5.2. Un nuevo hogar tras el año 306. Las residencias de Helena. 166 5.3. Helena, ¿asesina? 171 5.4. Las destrezas políticas de la emperatriz: 178 5.4.1. Numismática 180 5.4.2. Epigrafía. 182 5.4.3. Iconografía. 183 5.4.4. Fuentes literarias. 5.5. Helena y la conversión constantiniana. 188 5.6. El “viaje” de la emperatriz: una peregrinación que haría historia. 196 5.6.1. Un viaje político. 5.6.2. La excusa religiosa. 207 5.6.3. Consecuencias para la población de los territorios visitados. 211 5.7. Descanse en paz. 215 5.8. El entierro “del guerrero”. 219 5.9. Conclusiones del capítulo. 222 6. FLAVIA IULIA HELENA, IMAGEN Y MODELO PARA EL FUTURO. 230 6.1. Helena la peregrina. 6.1.1. ¿La primera “peregrina”? 231 6.1.2. Inventio Helenae. La peregrinación de la emperatriz como modelo femenino. 240 6.2. Helena como modelo más allá de la peregrinatio ad loca sancta. 268 6.3. La contradicción de Helena como ejemplo religioso. Emperatriz católica y ejemplo filoarriano al mismo tiempo. 282 6.4. Conclusiones del capítulo. 287 7. CONCLUSIONES GENERALES 291 8. Catálogo y Láminas. 301 9. Bibliografía 313 10. Abreviaturas. 340 11. Índices 341
10. ABREVIATURAS ANRW Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt CC Corpus Christianorum CIG Corpus Inscriptionum Graecarum CIL Corpus Inscriptionum Latinarum CSEL Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum C.Theod. Codex Theodosianus DACL Dictionnaire d’archéologie chrétienne et de liturgie (ed. F. Cabrol y H. Leclerq, Paris, 1907) ILS Iscriptiones Latinae Selectae (ed. H. Dessau, Berlin, 18921916) HE Historia Ecclesiastica Lib. Pont. Liber Pontificalis (ed. L. Duchesne) MGH Monumenta Germaniae Historica PG Patrologia Graeca (ed. J.P. Migne) PL Patrologia Latina (ed. J.P. Migne) PLRE The Prosopography of the Later Roman Empire (Cambridge 1971-1980) RAC Reallexikon für Antike und Christentum RHE Revue d’Histoire Ecclésiastique RE Real-Encyclopädie der classischen Altertumswissenschaft (Pauly/Wissowa) RIC Roman Imperial Coinage SC Sources Chrétiennes JRS Journal of Roman Studies VC Vita Constantini (ed. Br. Bleckmann y H. Schneider) 340
historia de género. Mi intención es, sin embargo, estudiar desde la objetividad a un personaje histórico que tuvo sin duda un papel destacado en el devenir político del momento histórico que le tocó vivir y cuya implicación y situación en el mismo no ha sido todavía objeto completo del estudio de los investigadores. Un estudio necesario, por otra parte, para llegar a entender desde todos sus ángulos y sin perder ninguna perspectiva el momento de transformación política y religiosa que se produce en el Imperio con el ascenso al poder de una figura de la entidad y carisma de Constantino el Grande y, con él, de una nueva Domus, de una nueva dinastía que llevará su nombre. Este trabajo pretende ser una aportación más al conocimiento de un personaje histórico de la relevancia de Helena Augusta, madre del emperador Constantino. Por supuesto, no hubiera sido posible sin los estudios e investigaciones realizados por quienes me han precedido en el interés por el personaje, y a ellos les debo mi agradecimiento, no obstante, debe considerarse este trabajo como una aportación necesaria al conocimiento de aquella, pues se plantea como fin el necesario estudio del personaje histórico, dejando de lado las apreciaciones que tienen que ver con su faceta como Santa, así como de la influencia que la memoria de aquel tuvo para otros personajes histórico-políticos que le sucedieron. Para alcanzar los objetivos descritos se ha aplicado una metodología bastada fundamentalmente en el análisis de las fuentes literarias, aunque no se ha querido rechazar, por su validez, las aportaciones que a este estudio podían realizar las fuentes epigráficas, numismáticas y arqueológicas que también hablaban de Helena. Se ha impuesto en la metodología, pues, la interdisciplinariedad, que aparece como el camino más fiable para conocer y aprender de la Historia sin perder ninguna de sus perspectivas y es que, haber hecho lo contrario, hubiera significado intentar mirar al personaje a media luz. No quería finalizar estas páginas introductorias sin lanzar una disculpa de antemano por los posibles errores metodológicos y analíticos que haya podido cometer, por causa de la inexperiencia, esta aspirante a investigadora. Asimismo, no desearía terminar esta introducción sin agradecer a los profesores Jean Michel Carrié y Alan Bowman por su interés por que aprovechara al máximo mis distintas estancias en Paris y Oxford, gracias también a mi amigo Guillermo por abrirme tan generosamente las puertas del Instituto de Estudios Teológicos de Zaragoza permitiéndome así la lectura de las obras de los padres de la Iglesia que tan importantes han resultado para la 7
8 redacción de las próximas páginas, gracias a los profesores y becarios del Área de Historia Antigua por el cálido ambiente de trabajo que me han facilitado y, sobre todo, gracias a mi directora, Mª Victoria Escribano Paño, por sus enseñanzas sobre el s.IV.
2. BREVE ESTADO DE LA CUESTION. Casi todos los aspectos de la vida de Helena han suscitado una gran controversia; en su trayectoria hay pocos elementos claros y muchos, muchísimos, dudosos y contradictorios, como se expuso en la introducción y como podrá también observarse en la parte dedicada al estudio y análisis las fuentes que hacen referencia, de un modo u otro, a la emperatriz. Así, todo lo que ha tenido que ver con ella, fundamentalmente en su faceta de Santa, la más analizada, ha generado amplios debates. Centrando el análisis en su faceta histórico-política más que en la religiosa, si bien todo lo concerniente a la madre de Constantino ha sido rodeado por una nebulosa de interrogaciones, han sido ocho los aspectos que han generado más trabajos al respecto. Todos ellos, que van a ser expuestos a continuación, han propiciado debates y opiniones enfrentadas por parte de los investigadores del periodo y, por ello, merecían ocupar un espacio propio en el presente trabajo de investigación. Así, el objetivo de las siguientes líneas es plantear un breve estado de la cuestión acerca de aquellos puntos concretos de la vida de la emperatriz para los cuales no existe una opinión unánime por parte de los investigadores de la antigüedad. Casi todos ellos, aunque no todos, coinciden fundamentalmente en dudar acerca de lo que se refiere a la vida de Helena antes de que su hijo Constantino, a partir de su propio ascenso político, la ensalzara dinástica y políticamente. Es decir, los investigadores, como se expondrá a continuación, así como en el capítulo cuarto del presente trabajo, coinciden en dudar acerca de la época que se ha acabado denominando como “los años oscuros” de la trayectoria vital de Flavia Julia Helena. De este modo, debido a la escasez de las fuentes que narren de un modo extenso y fiable los primeros años de Helena y de un modo objetivo las siguientes décadas, así como las constantes contradicciones entre las mismas y la enorme influencia que la Iglesia tuvo sobre su figura, se ha generado un amplio debate acerca de los siguientes aspectos de su vida: su lugar de nacimiento, su confesión religiosa, su relación con Constancio Cloro, la implicación de la emperatriz en la muerte de Crispo y Fausta, los motivos de su peregrinación, la fecha de aquella y las fechas de su nacimiento y fallecimiento. El debate acerca de cada una de estas cuestiones pasa a ser desarrollado a continuación. 9
En cuanto al lugar de nacimiento de Helena, y a la luz de la mayoría de las fuentes, que dan por sentado que fue en Helenópolis donde nació aquella1, la mayor parte de los estudiosos del Bajo Imperio son favorables a esta opinión. Así, autores de referencia como Firth2, Maurice3, Barnes4 o Klein5 y obras de la entidad de “The Prosopography of the Later Roman Empire”6 defienden este lugar de nacimiento para Helena. No obstante, no ha sido Drepanum la única ciudad en tener el honor de ser considerada como la posible cuna de la emperatriz. Así, a partir de obras tan tardías como la Vita de Santa Helena de Almann de Hautvillers (s.IX)7, las Gesta Treverorum (s.XII)8 o la Inventio S.Mathiae (s.XII)9, autores como Dietz10 han considerado más apropiado plantear Tréveris como la ciudad que vio nacer a Helena. A este respecto, Kempf11 sostiene que estas fuentes tardías confunden a Helena, madre de Constantino y protagonista de estas páginas, con la Helena que estuvo casada con Crispo -el nieto de la anterior-, Helena esta última quien si debió nacer allí. Luego, en opinión de Kempf estas fuentes medievales estarían equivocadas. También autores de la solidez de Drijvers y Pohlsander consideran la opción de Tréveris como fantasiosa y poco probable12. También Britania ha sido propuesta como lugar de nacimiento de la emperatriz, a la luz del Panegírico de 307 en honor de Constantino y Fausta con ocasión de su enlace matrimonial, de la obra del Cardenal Baronio o de la Historia Britonum de Geoffrey de Monmouth13. Sin embargo, si bien algunos autores como Giesen14 han considerado un 1 La antigua ciudad de Drepanum a la que Constantino habría cambiado el nombre en 327 en honor de su madre. Euseb-Hieron., Chron.Olymp.276; Sócrates, HE .1.17-18; Sozomeno, HE .2.2.5; Casiodoro, Hist.Eccl.Trip.2.18.7; Philostorgio, HE l.2.12; Malalas, Chron.13.12; Prospero de Tiro, Epit.Chron. 1023; Beda, Chron.423-424; Procopio, Aed.5.1.1-2. 2 FIRTH, J.B.: Constantine the Great. G.P. Putnam’s Sons, London, New York, 1905, p. 44. 3 MAURICE, J: Numismatique Constantinienne. Iconographie et chronologie, description historique des émissions monétaires. Paris, 1908-1912, vol.I, pp.89 ; Sainte Hélène. H.Laurens, Paris, 1930, p. 5. 4 BARNES, T.D: The new empire of Diocletian and Constantine. Harvard University Press, CambridgeLondon, 1982, p. 36. 5 KLEIN, R: Helena. RAC 14 (1987), p. 355. 6 PLRE, I, p. 410. 7 Altmann de Hautvillers, Vita Helenae, en ASS Aug. III, 580-599, quien la hace descendiente de una familia aristocrática de la ciudad, contradiciendo la opinión mayoritaria al respecto de sus orígenes humildes. 8 Manitius III 516-18. 9 POHLSANDER, H.A: Helena: empress… Op. Cit. (1995), p. 7. 10 DIETZ, J.: “St.Helena in der rheinischen Überlieferung ”, en Festschrift Matthias Zender I, Bonn, 1972, 356-283. p. 358. 11 KEMPF, T.K.: “Das Haus der reiligen Helena”, Neues Trierisches Jahrbuch, 1979, Beiheft, pp.1-16. 12 DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), pp. 21-23; POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op.Cit. (1995), p. 8. 13 POHLSANDER, H.A.: Helena: Empress… Op.Cit. (1995), p. 9; ARNOLD-FORSTER, F.E.: Studies in Church Dedications or England’s Patron Saints. London, Skeffington, 1899. Vol.1, pp. 181-189. 10
origen británico para Helena, han sido muchos más los investigadores que rechazan la validez histórica esta idea, y que la admiten tan solo en tanto en cuanto se trata de una leyenda sin valor histórico15. Así, y al respecto de la tradición de la emperatriz en Britania, su principal estudioso, Arnold-Forster, reconoce que la Helena a la que hacen referencia los cronistas británicos16 no sería la Helena histórica, sino la Santa Helena mítica17. Además de las ciudades anteriores, ante la ausencia de fuentes que relaten de un modo fiable el lugar exacto de nacimiento de Helena, muchas otras como, por ejemplo, Naissus18 o Edessa19, han sido barajadas. Sin embargo, como apunta Drijvers20, ninguna de ellas se apoya en más argumentos que Drepanum y, por lo tanto, no deben ser tomadas en consideración, o al menos no en más consideración que aquella ciudad. En cuanto a la confesión religiosa que habría profesado Helena, las teorías aportadas por la historiografía se han ido modificando al mismo ritmo que la sociedad que acogía a sus autores se ha ido laicizando. Así, se pasaría de un primer momento en el que no cabría ninguna duda de que Helena habría nacido cristiana, la religión que impregnaba la pluma y la sociedad de quienes escribían historia en aquellos momentos; a, posteriormente, y en un contexto historiográfico menos marcado por cuestiones religiosas, en el que el individuo se ha despojado en gran medida de su tradición religiosa e inicia una andadura mucho más independiente, la impresión de que la emperatriz se convirtió al tal confesión en la madurez de su etapa vital. Finalmente, y más allá de las concepciones que encasillan a Helena en el marco del cristianismo, hay quien ha querido probar su adscripción a otras creencias religiosas. Así, los autores, mayoritariamente de principios del s.XX, como Couzard21, quienes estaban más influenciados por la doctrina cristiana y veían en Helena más al personaje que descubrió la Vera Cruz que a la madre de Constantino el Grande, consideran que ella, ya desde su infancia y como no podía ser de otra manera, profesó la religión cristiana. En una segunda etapa, investigadores cronológicamente más 14 GIESEN, J.: “Die Helena de Britania des Meisters von St.Severin”, Jahrbuch des Kölnischen Geschichtsvereins 25 (1978), p. 149. 15 Vid. al respecto: POHLSANDER, H.A.: Helena: Empress… Op.Cit. (1995), p. 8. 16 especialmente Geoffrey de Monmouth y Herny de Huntingdon. 17 ARNOLD-FORSTER, F.E.: Studies in… Op. Cit. (1899), p. 185 18 Origo Constantini II 2. 19 HAMZA AL-ISFAHNI, Annales 2.4. 20 DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), p. 12. 21 COUZARD, R.: Sainte Hélène d’après l’histoire et la tradition. Paris, 1911, p.10-12. 11
recientes, como Drijvers y Pohlsander, sin embargo, defienden la idea de que Helena no profesó la religión cristiana desde su nacimiento sino que se convirtió a la misma en un momento dado de su vida. Estos historiadores datan su conversión en una fecha cercana al 312 y nunca anterior a la misma22. Finalmente, y quizás la opinión más exótica, por salirse de la línea que marca la línea del cristianismo, sea la de Vogt quien, ante la escasez de datos que prueben cuales eran las creencias de Helena antes de su conversión y también ante la escasez de datos que demuestren que fue lo que la empujó a la misma, se atreve a proponer que la emperatriz fue judía. Para defender su teoría, Vogt se apoya en la Leyenda de San Silvestre. En la misma, la emperatriz muestra su pesar al saber que su hijo Constantino se ha convertido a la religión de los cristianos y no al judaísmo. Además, la misma leyenda apunta que Helena se convirtió a la religión de los cristianos tras presenciar un milagro que tuvo lugar delante de sus ojos23. Estas dos cuestiones son las que hacen a Vogt argumentar que Helena, antes de ser cristiana, fue judía. La religión que le hubiera gustado adoptara su hijo como opción personal y a la que habría renunciado tras la visión del milagro. En lo que se refiere a la relación que Helena habría tenido con Constancio Cloro, en general, los estudiosos del periodo coinciden en afirmar que la relación entre ambos distó mucho de ser un matrimonio legalmente constituido. Así, como ejemplo, Seek24 opina que, cuando en las fuentes que hacen referencia a la relación entre ambos aparece el término esposa, en realidad nos encontramos frente a un mero intento de halagar a la que fue la madre del primer emperador cristiano. Una opinión similar a ésta fue propuesta por König. Éste, en su comentario alemán del texto latino acerca del linaje del emperador Constantino redactado originalmente por el Anónimo de Valois, apunta que la dura legislación de Constantino acerca de los hijos ilegítimos habidos de hombres políticos y mujeres de baja condición -a los cuales no reconocía ni tan siquiera el derecho a heredar las propiedades del padre si esto suponía la exclusión de los herederos 22 DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), pp. 35-36; POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op.Cit. (1995), pp. 25-30. 23 VOGT, J.: “Helena Augusta: das Kreuz un die Juden”, Saeculum 27 (1976), p.218-219; VOGT, L.: “Pagans and Christians in the Family of Constantine the Great“, en MOMIGLIANO, A. (ed.): The conflict between Paganism and Christianity in the Fourth Century. Clarendon Press, Oxford, 1963, p. 45. 24 SEEK, O.: Geschichte des Untergangs der Antiken Welt, Stuttgart, 1921, p. 47. 12
legítimos25sería la prueba de que en realidad Constantino intentaba, mediante esta dura ley, esconder su propia realidad personal. Es decir, intentaba ocultar lo que el mismo era en opinión de König: el hijo ilegítimo de un hombre libre y de una mujer de baja reputación y condición26. En opinión de Drijvers, los términos uxor y concubina eran utilizados como sinónimos cuando se empleaban para hacer alusión a Helena. Y Pohlsander prefiere posicionarse junto a los autores que no han visto un matrimonio perfectamente legítimo entre los padres de Constantino. Sin embargo, y pese a la solidez de sus respectivos trabajos acerca de la emperatriz Helena, ninguno de estos dos últimos argumenta su posicionamiento con pruebas demasiado firmes y ni lo desarrolla de un modo extenso27. Un punto de vista distinto al de los anteriores es esgrimido por autores como Firth, Maurice y Vogt, quienes si ven en la unión entre Helena y Constancio Cloro una relación perfectamente calificable como “matrimonio”, aunque no fuese respaldada por la ley, lo que habría sido una consecuencia, según estos autores, de los bajos orígenes de Helena28. También Barnes considera que la unión entre los padres de Constantino fue un matrimonio al que él califica de perfectamente legal29. Al respecto de su implicación en la muerte de Crispo y Fausta, en opinión de Pohlsander, según un artículo publicado en 1984, Helena habría tenido una implicación más que directa en la muerte de Fausta. La razón, según habría propuesto este investigador, fue que Fausta y Helena no se llevaban bien, no habría existido una buena relación entre ambas. Helena, de hecho, según este autor habría mantenido una actitud 25 Cod.Theod. 4.6.3, ley del año 336; KUEFLER, M.: “The Marriage Revolution in Late Antiquity: The Theodosian Code and Later Roman Marriage Law”, Journal of Family History 32, october 2007, pp. 343370, p. 349; KUEFLER, M.: The Manly Eunuch : Masculinity, Gender Ambiguity and Christian Ideology in Late Antiquity. University of Chicago Press; Chicago, London, 2001, pp. 74-75, nota 40; NATHAN, G.: The Family in Late Antiquity. The Rise of Christianity and the Endurance of Tradition. Routledge, London, 2000, p. 59; TATE, J.C.: “Inheritance Rights of Nonmarital Children in Late Roman Law”, Roman Legal Tradition vol. 4, 2008, pp. 1-36. 26 KÖNIG, I.: “Origo Constantini: Anonymus Valesianus. Teil I: Text und Kommentar”. Trierer Historische Forschungen 11, Tréveris, 1987, p. 61. 27 DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta... Op.Cit. (1992), pp. 17-19 ; POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op.Cit. (1995), p. 14. 28 FIRTH, J.B.: Constantine the... Op. Cit. (1905), p. 44 ; MAURICE, J: Numismatique Constantinienne. Iconographie et chronologie, description historique des émissions monétaires. Paris, 1908-1912, vol.I, pp.89 ; Sainte Hélène. H.Laurens, Paris, 1930, p. 6; VOGT, J.: “Pagans and Christians in the Family of Constantine the Great”, en MOMIGLIANO, A. (ed.): The Conflict between Paganism and Christianity in the Fourth Century, Clarendon Press, Oxford, 1963, pp. 40-41. 29 BARNES, T.D: The new Empire of Diocletian and Constantine. Harvard University Press, CambridgeLondon, 1982, p.36. Para profundizar en este debate, véase más adelante el apartado sobre la naturaleza de la unión de Helena y Constancio y la legitimidad de su hijo Constantino, páginas 128ss. 13
hostil frente a la anterior por varios motivos, entre los que cabe destacar fundamentalmente dos. El primero es que Fausta favorecía a sus hijos frente a Crispo, el nieto favorito de Helena; y el segundo sería que Fausta era hermanastra de Teodora, la mujer por la cual la habría repudiando su pareja, Constancio Cloro30. Ante este posicionamiento, Drijvers31 afirma, por el contrario, que no hay argumentos que sostengan las acusaciones que el autor anterior vierte sobre la emperatriz y que, por tanto, Helena no habría tenido motivos para asesinar a Fausta. Sorprendentemente, Pohlsander, en su obra de 1995, publicada después de aquella en la que Drijvers critica sus posicionamientos, no hace sino repetir la postura que defendió en 1984, y quizás lo que más llamar la atención es que lo hace sin aportar los nuevos argumentos que Drijvers le requería y que le hubieran permitido defender su hipótesis. En cuanto a los motivos que Helena pudo tener para iniciar una peregrinación hacia Tierra Santa, son tan solo dos los que aducen, mayoritariamente, los investigadores. Por una parte, el deseo de expiar una culpa, por otra, el de contribuir a la cristianización de un territorio convulso. En opinión de autores como Piagnol32, Barnes33 o Hunt34 la peregrinación de Helena a los santos lugares habría venido propiciada por los acontecimientos del año 326, año en el que Crispo y Fausta fueron asesinados. De este modo, la emperatriz habría iniciado su viaje con la finalidad de expiar sus culpas, y las de su hijo Constantino, en los asesinatos de su hijo y su nuera. Por lo tanto, esta teoría vendría a reconocer su implicación en los hechos. Por otra parte, Drijvers35 considera que el motivo de la peregrinación fue el intentar calmar la situación en Oriente y hacer que allí su política de cristianización fuese más aceptada. Según aquel autor, la población de la zona no sería muy favorable a la política de Constantino y, por ello, el emperador enviaría a su madre con el objetivo de calmar los ánimos. Sin restarle valor a la tesis de este autor, y considerando que, efectivamente, el viaje de Helena tuvo mucho de búsqueda de aceptación en unos territorios recién asimilados, cabe tener en cuenta, no obstante, que “la particularidad de 30 POHLSANDER, H.A.: “Crispus: Brilliant Career and Tragic End”, Historia 33 (1984), pp. 79-106, p.106. 31 DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), p. 62. 32 PIAGNOL, A.: “L’état actuel de la question constantinienne”, Historia 1 (1950), p. 91. 33 BARNES, T.D.: Constantine and Eusebius. Cambridge, 1981, p. 221. 34 HUNT, E.D.: Holy Land Pilgrimage in the Later Roman Empire AD 312-460. Clarendon Press, Oxford, 1982, pp.33-34. 35 DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), pp. 66-67. 14
la política legislativa de Constantino no residió en el hecho de prescindir de la tradición religiosa romana, salvo en el aspecto de reconocer legalmente la existencia de otra religio, concretamente el cristianismo”36 por lo que no puede afirmarse que existiera una “campaña de cristianización” tal en el oriente imperial que sublevase los ánimos de sus conciudadanos allí residentes. Finalmente, Pohlsander37 se manifiesta de acuerdo con aquellos que relacionan su peregrinación con los trágicos acontecimientos del 326, no obstante, y pese a la solidez de su trabajo, no argumenta su posicionamiento. En lo que respecta a la fecha en la que Helena habría llevado a cabo su viaje a los Santos Lugares, los datos que han tenido más seguimiento acerca del momento concreto en el que Helena llevo a cabo su peregrinación han sido aquellos aportados por Eusebio de Cesarea. Éste afirma en su Vita Constantini que Helena realizó el viaje a una edad avanzada de su vida y que falleció al poco tiempo de su regreso38. Al respecto de esta información aportada por Eusebio hay que tener en cuenta que, si bien han creado una opinión que puede considerarse como mayoritaria, no ha sido suficiente para poner de acuerdo a los investigadores respecto a las fechas exactas en las que Helena llevó a cabo su peregrinaje. De este modo, buena parte de los autores han coincidido en admitir el año 326 como la fecha en la que habría comenzado el viaje. En este grupo hallamos a Dietz39, Barnes40 y obras de la envergadura de la PLRE41. Por otra parte, Maurice42 considera más plausible la fecha del 327 para situar su llegada a tierra santa. Y Balson simplemente afirma que Helena llevó a cabo su viaje a los 73 años de edad y que, a su regreso, “ya no vivió muchos años más” 43. Tampoco las fecha de su nacimiento y fallecimiento han conseguido unificar las opiniones de todos los investigadores. Partiendo de la premisa de Eusebio de Cesarea en 36 MORENO RESANO, E.: Constantino y los cultos tradicionales. Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2007, p. 105. 37 POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op.Cit. (1995), pp. 84-85. 38 VC, III.42, III.46. 39 DIETZ, J.: St. Helena in der… Op.Cit., (1972), p. 357. 40 BARNES, T.D.: The new empire… Op.Cit., (1982). p. 9. 41 PLRE, I, p.410. 42 MAURICE, J.: Sainte Hélène. H.Laurens, Paris, 1930, p. 14. 43 BALSON, J.P.V.D.: Roman women. Nueva York, 1962, p. 166. 15
la que asegura que Helena falleció a los 80 años de edad44, no habría, para conocer el año de nacimiento de la emperatriz, más que restar esta cifra a la fecha de su muerte. Sin embargo, aquí es donde se plantea el contratiempo principal, y es que Eusebio no facilitó en su obra la fecha precisa de la defunción de Helena, por lo que cada autor ha planteado una diferente, lo que nos da, al restar 80 a cada una de ellas, una datación de nacimiento distinta según el investigador que leamos. La mayor parte de los investigadores, a excepción de Barnes45 que propone la fecha del 327, y de Seek46 que a comienzos del s.XX planteó la fecha del 336, sitúa la muerte de Helena entre los años 328 y 330. Así, se inclinan por los años 328-329 autores como Dietz47, Klein48 o Drijvers49. Por la fecha del 329 Maurice50, Vogt51, y Bruun52. Y finalmente por el año 330 obras de la envergadura de la PLRE53. Por lo tanto, si a las fechas anteriores se les restan los 80 años que supuestamente vivió Helena se obtiene una datación para su nacimiento que oscilaría entre los años 247 y 256, mayoritariamente entre 248 y 250. Como puede apreciarse, tras un siglo de investigaciones sobre Helena, de Jean Maurice a Hans A.Pohlsander, los investigadores del periodo no consiguen ponerse de acuerdo sobre aspectos tan básicos como su lugar de nacimiento, su confesión religiosa o el tipo de unión que la relacionó con Constancio Cloro. Pese a la gran cantidad de pequeños trabajos que el tema ha suscitado ninguno ha aportado pruebas concluyentes que ayuden a comprender la realidad de Helena antes y después de su ascenso público y político. Y quizás el problema radique en que, precisamente, todas las particularidades que acompañaron a Helena han sido siempre estudiadas mediante pequeños artículos y breves trabajos en los que nunca se lleva a profundizar acerca de los verdaderos motivos que llevaron a una u otra situación en la trayectoria de la emperatriz. 44 VC, III.46. 45 BARNES, T.D.: The new empire… Op.Cit., (1982), p. 9. 46 SEEK, O.: “Helena. 2.”, Revue Epigraphique 7.2 (1912), pp. 2820-23. 47 DIETZ, J.: St. Helena in der... Op.Cit. (1972), p. 357. 48 KLEIN, R.: Helena... Op.Cit. (1987), p. 355. 49 DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta... Op.Cit. (1992), p. 73. 50 MAURICE, J: Numismatique Constantinienne. Iconographie et chronologie, description historique des émissions monétaires. Paris, 1908-1912, vol.I, pp.141, 148 ; Sainte Hélène. H.Laurens, Paris, 1930, pp. 14, 55. 51 VOGT, J.: Pagans and Christians… Op.Cit. (1963), pp. 38-45. 52 BRUUN, P.: Roman Imperial Coinage, Vol.VII. Constantine and Licinius 313-33. London, 1966, pp. 72, 233. 53 PLRE I, p. 411. 16
la relación que hubo entre Constancio Cloro y Helena más que a la de Constantino con su primera esposa? ¿No estaría el autor del elogio aludiendo a las pasiones de juventud que habrían llevado al padre de Constantino a tener una relación con la que sería su madre? Sin duda esta interrogación es tan solo una hipótesis que, como se analizará al exponer la biografía de la emperatriz, no cuenta con demasiados argumentos a su favor. No obstante, no he querido evitar plantearla ya que tampoco cuenta con demasiados argumentos en su contra y, por lo tanto, no puede sonar demasiado disparatada. 2. Panegírico de Constantino. Este discurso debe ser situado en Tréveris con ocasión del aniversario de la fundación de la ciudad. Se data a finales de julio del año 31014. De nuevo en el contexto del elogio a Constantino, en 6 (7) 2.1-5 el autor anónimo del panegírico destaca los orígenes nobles del emperador cristiano. Éstos, frente a las voces que lo consideraban hijo ilegítimo de Constancio Cloro, le hacen merecedor por derecho propio del puesto de emperador El argumento del autor, expuesto en 6 (7) 2.2, es que Constantino es descendiente directo del divino Claudio15 y de su padre Constancio que ha sido emperador. En 6 (7) 2.5 y 6 (7) 3.3 hace referencia constante a su condición de nobilior. Y en 6 (7) 7.4 el autor de la alabanza apunta que su padre Constancio, preguntando por quien debía guiar los designios del Imperio a su muerte, contestó que debía hacerlo su hijo Constantino. Le sobran pues méritos para tomar la púrpura. Es decir, en este panegírico vienen a argumentarse las razones por las que Constantino es el legítimo sucesor de su padre al frente del Imperio. Lo que llama la atención es que esto se lleve a cabo sin nombrar en ningún momento a su madre. Esto, como en el panegírico visto anteriormente, puede ser interpretado de varias maneras. Quizás la más obvia sea pensar Helena no aparece debido a su origen oscuro que más que ensalzar la figura del emperador la denigraría. Sin embargo, podríamos encontrarnos también ante los motivos esgrimidos arriba, lo que supondría que hasta el 14 NIXON, C.V.E; SAYLOR RODGERS, S: In praise of… Op.Cit. (1994), p. 212; el texto latino traducido al alemán, con comentario, en MÜLLER-RETTIG, B.: Der Panegiricus des Jahres 310 auf Konstantin den Groβen. F.Steiner, Stuttgart, 1990. pp. 18-36. 15 Se refiere a Claudio el Gótico (268-270), sobre éste resultan interesantes BURIAN, J.: “Der Gotenkrieg unter Claudius II”, Eirene 20, 1983, pp. 87-94, esp. 89-93; DAMERAU, P.: Kaiser Claudius II: Goticus (268-270 n.Chr.), Dieterich, Leipzig, 1934, esp. pp. 81-84; STRAUB, J.: “Die Gotenkriege in der Zeit von Valerian bis Claudius”, Studien zur Historia Augusta, Berna, 1952, pp. 40-74., esp. 60-74. 23
ascenso de Constantino a la cabeza del Imperio, Helena sufrió una especie de damnatio memoriae en vida con el fin de no herir sensibilidades, y por eso no es nombrada. En cualquier caso, el hecho de que, en el año 310, para argumentar que Constantino es el legítimo sucesor de su padre no se haga referencia a que el matrimonio entre este y su madre fue plenamente legal, un argumento que hubiera dejado sin contra-réplica a sus detractores, no deja de resultar curioso. Ante esto se plantean dos posibles hipótesis: • la primera hace sospechar que el matrimonio no debió ser del todo legal, ya que sino hubiera sido utilizado con argumento en el panegírico. • la segunda tiene que ver con el veto de nombrar a Helena, quizás autoimpuesto por el autor del panegírico por prudencia o quizás por el propio Constantino por las razones que hemos visto al analizar el panegírico anterior. Como puede apreciarse, los panegíricos también pueden resultar fuentes históricas de primer orden, incluso cuando su valor viene determinado más por lo que omiten que por lo que realmente exponen a lo largo de su discurso. Las anteriores, junto con la obra de Eusebio de Cesarea, que se expondrá en el apartado dedicado a la literatura griega, son todas las fuentes literarias redactadas en vida de la emperatriz con las que contamos para el presente estudio. A partir de aquí, los materiales que se van a utilizar ya no son contemporáneos a Helena y, por lo tanto, deben ser analizarlos con más cautela si cabe que los anteriores por la inevitable manipulación que el paso del tiempo genera siempre en la narración, objeto central de los documentos históricos. Por lo tanto, será fundamental tener en cuenta que ya no nos encontramos frente a fuentes primarias sino ante fuentes que fueron redactadas algún tiempo -o mucho tiempo, como se verádespués del fallecimiento de la madre del emperador cristiano, y cuyos autores, por lo tanto, ya no escriben acerca de lo que conocen de primera mano sino acerca de lo que otros les cuentan. A partir de ahora las fuentes con las que vamos a contar para el estudio de Helena van a estar divididas en dos grupos perfectamente delimitados por la tendencia religiosa de los autores de las mismas. Así, desde este momento las fuentes relacionadas con la 24
emperatriz van a ser o profanas16 o cristianas. Y, como se analizará a lo largo del presente trabajo, entre ambos grupos las diferencias en el tratamiento de Helena son abismales, hasta tal punto que, como se ha expuesto al comienzo de este apartado dedicado a las fuentes literarias y como veremos a continuación, si para la literatura profana su origen era “oscuro” para los cristianos será, simplemente, “humilde”. Las mismas serán expuestas, no obstante y como se apuntó más arriba, no en función de su tendencia religiosa sino teniendo en cuenta su adscripción a los dos grupos delimitados en razón de la lengua de redacción de aquellas. - El Anónimo de Valois. Finalizadas las fuentes latinas contemporáneas a la emperatriz y dentro del mismo grupo lingüístico cabe destacar al Anónimo de Valois17. La realidad es que la obra de este personaje en cierta medida enigmática, ya que no se sabe muy bien cuando fue redactada, quizás hacia mediados del siglo IV, y se desconoce la autoría de su composición18. Asimismo, cabe destacar que a comienzos de los años 20 del siglo V la obra, un texto historiográfico profano, fue completada con interpolaciones de la obra de Orosio Historia adversus paganus19. En cuanto a la finalidad de la obra, el hecho de que el texto hable siempre de un Constantino bueno, compasivo, justo y pío, y de sus adversarios como individuos dados a la bebida, cobardes y de oscuros orígenes parece indicar que lo que pretendió el autor fue realizar un elogio o alabanza del emperador, al que intenta presentar como modelo de buen gobernante, como optimus princeps. En el capítulo 1 hace una pequeña referencia a Helena y se refiere a ella como uxor de Constancio Cloro, es decir, como esposa legítima del mismo. Sin embargo, en el capítulo 2 la describe como matre vilissima: 16 Término “profanas” para definir a ciertas fuentes literarias, preferido al término “paganas”, pues como acertadamente señala Esteban Moreno “el actual concepto de paganismo no terminó de perfilarse hasta finales del siglo VI”, MORENO RESANO, E.: Constantino y los cultos tradicionales. Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2007. 17 Vid. AUSSENAC, É.: “L’Origo Constantini: rétroaction et approche d’une datation”, Latomus 60 (3), 2001, 671-676 ; BARNES, T.D.: “Jerome and the Origo Constantini Imperatoris”, Phoenix 43 (1989), 158-161; CODOÑER, C. (ed.): Historia de la literatura latina, Madrid, 1997.; ENMANN, A.: “Eine verlorene Geschichte der römischen Kaiser und das Buch De viris illustribus Urbis Romae”, Philologus 4 (1884), 337-501; KLEBS, E.: “Das Valesische Bruchstück zur Geschichte Constantins”, Philologus 47 (1989), 53-80; KÖNIG, I.: Origo Constantini. Anonymus Valesianus, teil. 1: Text und Kommentar, Trier, 1987; LASALA, I, LÓPEZ, M.P.: “Origo Constantini Imperatoris: comentario, notas y traducción”, Habis 38 (2007), pp. 271285; T. MOMMSEN: Chronica Minora I, Berlín, 1961; J. MOREAU; V. VELKOV: Excerpta Valesiana, Leipzig, 19682 18 AUSSENAC, É.: L’Origo Constantini... Op.Cit. (2001) pp. 162-163 ; LASALA, I., LÓPEZ, M.P.: Origo Constantini... Op.Cit (2007), pp. 272-273. 19 BARNES, T.D.: “Jerome and the Origo Constantini Imperatoris”, Phoenix 43 (1989), 158-159. 25
“Hic igitur Constantinus, natus Helena matre vilissima in oppido Naisso atque eductus” Es decir, reconoce a la emperatriz como madre de Constantino pero la retrata como una persona común, vulgar, de poco valor a la que considera incluso despreciable. El autor del texto no esgrime los motivos para tal descalificación pero la realidad es que, como en algunos de los textos analizados más arriba, el autor permite intencionadamente sospechar muchas posibilidades ¿era vil por haber sido humilde? ¿Quizás prostituta? ¿Extranjera? Al leer el escrito la idea del autor anónimo queda bien clara: lo único que hubo de negativo en la vida del emperador Constantino fue el pasado de su madre, y este problema fue prontamente solucionado gracias a que su padre la repudió a tiempo. Por esto mismo, y dado el carácter halagador de todo el texto, parece que el término uxor se debe más a un deseo de que no se pusiera en duda la legitimidad de Constantino para ostentar la púrpura que a una idea emanada desde el convencimiento por parte del autor del texto. - Aurelio Víctor. En cuanto al historiador latino Aurelio Víctor, pese a haber redactado su obra tras la muerte de la emperatriz, todavía compartió con ella algunos años de vida, ya que nació en la década de los años veinte del siglo IV. Éste, al que se ha considerado tradicionalmente como pagano, escribió una Historia de los emperadores romanos, desde Augusto hasta Juliano, que suele denominarse Liber de Caesaribus y que fue finalizado entre los años 360 y 36120. En esta obra Aurelio Víctor se refiere a Helena como legítima esposa de Constancio Cloro, pues utiliza el término “coniux”21, término que, por otra parte, solo aparece utilizado en otra fuente, en esta ocasión de carácter epigráfico, a la que se hará referencia más adelante22. 20 Vid. BIRD, H.W.: Sextus Aurelius Victor, a historiographical study. F. Cairns, Liverpool, 1984; BIRD, H.W.: “A Reconstruction of the Life and Career of S. Aurelius Victor”, The Classical Journal 70 (1975), pp. 49-54; BIRD, H.W.: “Julian and Aurelius Victor”, Latomus 55 (1996), pp. 870-874; NIXON, C.E.V.: “Aurelius Victor and Julian”, Classical Philology 86 (1991), pp.113-125; BONAMENTE, G.: “Minor Latin Historians of the Fourth Century A.D.”, en MARASCO, G.: Roman and Greek Historiography in Late Antiquity. Fourth to Sixth Century A.D. Leiden, 2003, pp. 91-92. 21 Liber de Caes. 39.25 22 CIL X 517 26
- Eutropio. Pese a sus tendencias paganas, ese autor de mediados del siglo IV, sirvió siempre desde la primera línea a todos los emperadores que se sucedieron entre Constancio II y Teodosio, ambos incluidos23. Esto hace pensar que debió de ser muy moderado en su paganismo para mantenerse en puestos de tanta responsabilidad en unos tiempos en los que la religión cristiana era la predilecta del poder. Su obra, Breviarium ad Urbe condita, terminada entre los años 370 y 37124, es en si un género historiográfico que en español podría traducirse como “compilación” o “resumen” y para el que Eutropio se presenta como uno de sus máximos representantes25. En esta obra, el autor realiza una Historia de Roma al modo de relatos biográficos de los emperadores, desde Rómulo hasta la muerte de Joviano en 364, y debió de gozar de gran popularidad ya que se siguió utilizando como libro de texto para el conocimiento de la Historia de Roma durante toda la Edad Media. La causa del gusto del Medioevo por la obra de Eutropio se aprecia al leerla, y es que en sus escritos Eutropio destaca por su prudencia, y por su tendencia a no desmarcarse demasiado ni en un sentido ni en otro. Es en el libro X, que se enmarca cronológicamente a partir del ascenso al rango de Augusto de Constancio Cloro, donde aparece la única referencia a Helena de toda la obra de este autor. Así, en Brev.10.2.2, mientras Eutropio relata el ascenso en solitario de Constantino hacia el poder imperial, acompaña el nombre de este emperador de una aposición que resulta de lo más interesante. Describe a Constantino como hijo ex obscuriore matrimonio: “…Verum Constantio mortuo Constantinus, ex obscuriore matrimonio eius filius, in Britannia…”. Es decir, utiliza el término matrimonio, con el que da a entender que entre Constancio Cloro y Helena hubo una relación que era de dominio público y que era aceptada como unión marital para el grueso de la población romana. Mediante la mención este término conseguía un claro objetivo: no enfadar a aquellos lectores, 23 BIRD, H.W.: “Eutropius: His Life and Career”, Échos du Monde Classique. Classical Views 32.7 (1988), pp.51-60, esp. pp. 51, 58-59. 24 BONAMENTE, G.: Minor Latin… Op. Cit (2003), p. 104. 25 BIRD, H.W.: “Structure and Themes in Eutopiu’s Breviarium”, The Classical Bulletin 66 (1990), pp. 87-92 ; MALCOVATI, E.: “I breviari historici del IV secolo”, Annali della Facoltà di Lettere e di Filosofia. Università di Cagliari 12, 1942, pp. 32-42. 27
fundamentalmente cristianos, que consideraban la unión de los padres de Constantino como un matrimonio perfectamente legal. Pero, muy inteligentemente y fiel a las convicciones de su fe pagana, acompañó a la palabra matrimonio el adjetivo obscuriore, mediante el cual expresaba la poca legitimidad de la unión, a la que en realidad consideraba oscura y confusa, y además no molestaba a los paganos que rechazaban la idea del matrimonio legal entre Helena y Constancio Cloro. En realidad el epíteto “oscuro” deja libre la imaginación el lector hacia todo tipo de cavilaciones que sin dudad debían rumorearse por el Imperio, y ninguna demasiado honrosa para la emperatriz, ¿habría sido prostituta? ¿Tan solo tabernera? ¿Esclava?… Es decir, Eutropio, fiel a la prudencia que le caracteriza en toda su obra midió sus palabras para asegurarse el no herir ninguna sensibilidad, a la vez que proclamaba su visión de la unión que engendraría a Constantino de una manera muy firme y clara: se había producido en extrañas circunstancias y no tenía validez legal. - Eusebio Jerónimo. Otro autor relevante es Eusebio Jerónimo, también conocido como Jerónimo de Estridón o como San Jerónimo, segunda mitad s.IV-primer cuarto del V. Padre de la Iglesia que tradujo la biblia al latín, hace referencia a Helena en uno de sus escritos: Chronicon Eusebii Caesariensis, Esta obra, Chronicon Eusebii Caesariensis, supone la traducción latina de la obra de Eusebio de Cesarea, así como su continuación26. Esta extensión, que abarca desde el año 325 hasta el 378 sirvió como modelo para la redacción de los anales de los cronistas medievales. De esta obra extraemos dos datos importantes: • Helenópolis es la antigua Drepanum, que fue hecha civitas por Constantino en honor del mártir Luciano y que recibió el nuevo nombre de Helenópolis por parte del mismo emperador con el fin de honrar a su madre27, ¿quizás porque ella nació allí? ¿o simplemente por la veneración de esta al mártir Luciano? • En Chron. Olymp. 271 San Jerónimo define a Helena como concubina de Constancio Cloro con lo que está negando la legitimidad de la unión entre 26 Vid. GRISART, A.: “La Chronique de Saint Jérôme. Le lieu et la date de sa composition”, Helikon (1962), pp. 248-258; JEANJEAN, B.: Saint Jérôme et l’hérésie. Institut d’Études Augustiniennes, Paris, 1999; ZECCIHINI, G.: “Latin Historiography: Jerome, Orosius and the Western Chronicles”, en MARASCO, G.: Roman and Greek... Op. Cit. (2003), p. 317. 27 Chron. Olymp.276. 28
ambos, sin embargo, en Chron. Olymp. 267 se refiere a la relación habida entre Constancio Cloro y Helena en términos completamente diferentes y determina que la unión entre ambos si fue un matrimonio completamente legal y legítimo. Y es que en este punto San Jerónimo alude a que Constancio, para contraer matrimonio con Teodora, debió de divorciarse de Helena, lo que implica que San Jerónimo plantea aquí la relación entre ambos como un matrimonio totalmente legal, tanto que fue susceptible de divorcio. ¿A qué se debe esta contradicción? ¿Se está debatiendo Jerónimo entre lo que fue y lo que él hubiera querido que fuera? Analizaremos este aspecto más adelante. - Egeria. También Egeria, a finales del s.IV28, menciona a Helena en su Itinerario29 redactado tras su viaje a los Santos Lugares: “Nam quid dicam de ornatu fabricae ipsius, quam Constantinus sub praesentia matris suae, in quantum uires regni sui habuit…” Según esta fuente Helena habría sido enviada a los Santos Lugares a supervisar los trabajos de las basílicas que su hijo –sin especificar su legitimidad o falta de ella ni el tipo de unión entre sus progenitoreshabría decidido edificar. Sin embargo, resulta curioso que otros autores posteriores como Sócrates30 o Sozomeno31 atribuyan a Helena y no a su hijo Constantino la iniciativa de estas construcciones. Aunque en realidad, dado el carácter encomiástico y laudatorio en todo lo referente al cristianismo, herencia sin duda de Eusebio de Cesarea, de las obras de estos dos autores, quizás debamos leerlas con precaución. - Ambrosio de Milán. A continuación, merece una mención especial Ambrosio de Milán. Este autor de la segunda mitad del siglo IV, célebre por ser uno de los padres del cristianismo y doctor 28 como reza el título del libro de ARCE, A.: Itinerario de la virgen Egeria (381-384). Biblioteca de Autores Cristianos 416, Madrid, 1980; aunque MARAVAL, P.: Égerie. Journal de voyage (Itinéraire). Sources Chrétiennes 296, Paris, 1982, no tenga tan clara esta cronología. pp. 27-39. 29 It.Eg.25.9. 30 HE 1.17 31 HE 2.2.1 29
de la Iglesia católica, fue, además de Obispo de Milán, un hombre formado en letras y en jurisprudencia. Ambrosio llegó incluso a iniciar una carrera política, aunque la abandonó pronto para seguir su vocación religiosa32. En la oración fúnebre que escribió para el emperador Teodosio, De Obitu Theodosii, dedica los capítulos 40 a 48 a ensalzar la figura de la madre del primero de los emperadores cristianos. De estos ocho capítulos utiliza los tres primeros para relatar los orígenes de la emperatriz, y todos los restantes le sirven para narrar como Helena halló la cruz de Cristo en los Santos Lugares33, con lo que, en lugar de referirse a su viaje a esas tierras, lo que estaría históricamente probado, dedica su texto a narrar la leyenda que la habría elevado al rango de santa. Dedicaré las siguientes líneas a analizar el contenido de los capítulos 40 a 43, dejando el análisis teológico resto para que sea estudiado por individuos –teólogos e historiadoresmucho más capacitados para abordar la cuestión que yo misma; aunque con el objetivo de retomar aquellos párrafos en el apartado que, más adelante, analizará hasta que punto Helena fue modelo y patrón de conducta a seguir para emperatrices posteriores en el tiempo como las teodosianas. Y es que cabe destacar la gran importancia de Ambrosio para la conversión de Helena en un ejemplo para la posteridad. Los términos magna femina34, con los que describe a la emperatriz como importante -en el sentido de generosa y nobleya en el segundo de los capítulos que le dedica, son indicativos del carácter del texto que redactó Ambrosio. Éste, quien ensalza en su obra al cristianismo, hace lo mismo con Helena, quien, además de ser una emperatriz cristiana, había sido la madre del primero de los emperadores de tal religión; del emperador que había ascendido, además, al cristianismo al rango de religio. Llama la atención como no puede evitar, pese a ser favorable a Helena y al cristianismo que esta representaba, utilizar el sustantivo stabularia para describir sus orígenes. No obstante, como para mitigar los efectos más “inmorales” que este término tenía utiliza, en el capítulo 42, dos soluciones: • la primera es la de hacer preceder al término stabularia del calificativo bona hasta en tres ocasiones. Ambrosio destaca que era bona en tanto que diligente en su trabajo, en tanto que competente y atenta en su profesión. 32 RAMSEY, B.: Ambrose. Routledge, London-New.York, 1997, pp. 15ss. 33 Convirtiéndose en la primera fuente que habla de tal descubrimiento; DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), p. 36. 34 De Ob.Theod., 41. 30
• en segundo lugar, narra como Cristo, como recompensa a su pietas y generosidad, la ascendió del estiércol del que provenía hasta la situación de poder de la que llegó a beneficiarse: “…illam Christus de stercore levavit ad regnum…”. Es decir, de la obra de Ambrosio se deduce que éste, ante la creencia tan arraigada de que Helena fue stabularia y ante la imposibilidad de luchar contra esa realidad, intenta revestir al término de su significado menos “inmoral”. Así, ante el convencimiento de que no puede negar ese pasado de la emperatriz, lo reviste de su acepción más inocente: Helena no había sido prostituta sino mesonera y además una bona et diligenter. - Amiano Marcelino. También Amiano Marcelino, uno de los historiadores romanos que vivieron y relataron el proceso de decadencia y descomposición del Imperio Romano35, menciona en su obra, las Res Gestarum Libri XXXI, teminadas hacia finales del siglo IV36, un dato interesante acerca del sujeto que nos ocupa. En ella este autor, también pagano y contrario a la rápida y potente irrupción del cristianismo en la política imperial, con una sentencia breve pero concluyente: “Drepanum ante, nunc Helenopolis” 37 confirma que la antigua ciudad de Drepanum era la nueva Helenópolis. Como puede observarse, prudente, prefiere -como ya había hecho Eusebio y se expondrá más adelante-, no afirmar que esta ciudad fue la que vio nacer a Helena. - “De vita et mortibus imperatorum”= “Epítome de Cesaribus”. En este escrito, redactado hacia el año 395y adscrito a la tradición literaria de Aurelio Víctor y Eutropio38, se refiere a Helena en una primera ocasión como la legítima esposa de Constancio Cloro: 35 de ahí quizás su patriotismo, vid. CAMUS, P-M.: Ammien Marcelin: témoin des courants culturels et religieux à la fin du IVè siècle. Les Belles Lettres, Paris, 1967, pp. 124-132. 36 BLOCKLEY, C.: Ammianus Marcelinus. A Study of his Historiography and Political Thought. Latomus, Bruxelles, 1975, pp. 14-16; DEMANT, A.: Zeitkritik und Geschichtsbild im Werk Ammians. Habelt, Bonn, 1965; BARNES, T.D.: Ammianus Marcelinus and the Representation of Historical Reality, Cornell University Press, Ithaca-London, 1998. 37 Res Gest. 26.8.1 31
“Is Maximianum Augustum effecit; Constantium et Galerium Maximianum, cognomento Armentarium, Caesares creavit, tradens Constantio Theodoram, Herculii Maximiani privignam, abiecta uxore priori” 39. Sin embargo, el autor del texto, más adelante, simplemente narra que Helena era la madre de Constantino, sin especificar cual fue la relación de ésta con Constancio Cloro: “…Constantinus, Constantii imperatoris et Helenae filius, imperavit annos…” 40. ¿Quizás no lo especifica porque para él que el matrimonio hubiese sido legítimo no daba lugar a dudas? Cabe destacar que en este trabajo, además, involucra a Helena en el asesinato de Crispo y Fausta, otorgándole un papel activo en tales muertes41. Por lo tanto, si en un primer momento el autor del Epítome puede parecer un autor favorable a Helena ya que reconoce la relación que esta tuvo con Constancio Cloro como un matrimonio legítimo y, por lo tanto, no duda de la también legitimidad de Constantino para ocupar el trono imperial, la implicación que hace de la emperatriz en el asunto de Crispo y Fausta que la hace aparecer como una asesina o, cuanto menos, una conspiradora, no hace sino incitar a dudar acerca de su “pro-Helenismo”. - Paulino de Nola. Paulino de Nola, autor que puede situarse a caballo entre el fin del s.IV y el comienzo del s.V42, también se refiere en su obra a la emperatriz. Así, en su Epistola 31.4 afirma que Helena correinaba de facto con su hijo Constantino: 38 La mayor parte de los investigadores abogan por los años comprendidos entre el 395 y el 408, cf. MORENO RESANO, E.: Constantino… Op. Cit. (2007), p. 54, nota 125; BARNES, T.D.: “The Epitome de Cesaribus and its Sources”, Classical Philology 71 (1976), pp. 258-268, esp. p. 266; BONAMENTE, G.: Minor Latin… Op. Cit. (2003), p. 100. 39 Epit. Caes. 39.25. 40 Epit. Caes. 41.2. 41 Epit. Caes. 41.11-12: “11. At Constantinus obtento totius Romani imperii mira bellorum felicitate regimine Fausta coniuge, ut putant, suggerente Crispum filium necari iubet. 12. Dehinc uxorem suam Faustam in balneas ardentes coniectam interemit, cum eum mater Helena dolore nimio nepotis increparet” 42 Vid. FABRE, P.: Essai sur la chronologie de l’ouvre de Saint Paulin de Nole. Belles Lettres, Paris, 1948, esp. p.40; IANNICELLI, C.: “Rassegna di studi paoliniani (1980-1997), Impegno e Dialogo 11 (1997), pp. 279-321; MAYER, M.: “A propósito de Paulino de Nola y su época. Paulino, Ausonio y Barcelona”, en FOSTER, F.: El naufragio de Valgius (Paul.Nol.Ep.XLIX), Barcelona, 1985, pp. 31-46; 32
A fin de construir esta imagen benevolente y piadosa del emperador, sin duda uno de los caminos utilizados por Eusebio de Cesarea fue el de ensalzar también a todos aquellos personajes de su entorno que pudieran influir en su persona. Es en este contexto en el que podría insertarse el elogio a su madre, la emperatriz Helena, a la que Eusebio presenta como ejemplo de pietas. Este carácter piadoso de la emperatriz intenta ser demostrado por el autor mediante la exposición de tres tipos progresivos -en cuanto a la implicación en lo que se refiere a los beneficios de menos a más individuosde sentido religioso y amor al prójimo de los que para él hizo gala la madre de Constantino. Serían los siguientes: • Actos individuales de fe. Eusebio hace constante referencia a una Helena que rinde adoración al suelo que pisó el dios de los cristianos (III, 42.2): “ώς δέ τοίς βήμασι τοίς σωτηρίοις τήν πρέπουσαν άπεδίδου προσκύνησιν, άκολούθως προφητικώ λόγω, φάντι «προσκυνήσωμεν είς τόν τοπον, οΰ έστησαν οί πόδες αύτοΰ» τής οίκείας εύσεβείας καρτόν καί τοίς μετέπειτα παραχρήμα κατελίμπανεν” y que acude asiduamente a la iglesia (III, 45): “φοιτώσαν μέν αύτήν έν τή έκκληοία τόύ θεού δια ταντός όράσθαι παρέχουσα, λαμπροίς δέ κατακοσμούσα κειμηλίοις τούς εύκτηρίους οϊκους, μηδέ τούς έν ταίς βραχυτάταις πόλεσι παρορώσα ναούς”. Su extraordinaria piedad, intenta demostrar Eusebio, comienza por ella misma. • Actos de fe hacia los más necesitados en forma de dones o exención de castigos. El capítulo III, 44 el autor hace referencia a las ayudas que Helena repartió entre contingentes militares o seres necesitados –pobres, desnudos, abandonadosya en forma de dinero ya de abrigo; del mismo modo destaca la liberación por parte de Helena de individuos presos en las cárceles y trabajadores de las minas, así como la concesión de permisos para volver del destierro: “... μυρίά μέν άθρόνς τοίς κατά πόλιν έδωρείτο δήμοις ίδια τε τών προσιόντων έκάστώ, μυρία δέ καί τοίς στρατιωτικοίς τάγμασι δεξιά μεγαλοπρεπεί διένεμε, πλείστά θ’ όσα πένησι γυμνοίς καί άπεριστάτοις έδίδου, τοίς μέν χρημάτων δόσεις ποιουμένη, τοίς δέ τά πρός τήν τού σώματος σκέπην δαψιλώς έπαρκούσα, έτέρους άπήλλάττε δεσμών μετάλλων τε κακοπαθεία ταλαιπωρουμένους, ήλευθέρου τε πλεονεκτουμένους, καί πάλιν άλλους έξορίας άνεκαλείτο”. En este caso su 39
carácter piadoso se dirige a los más necesitados, en una clara muestra de amor al indefenso. Amor al indefenso que se manifiesta incluso cuando éste ha ejercido conductas reprobables que han sido generadoras de castigos por parte del Estado, como es el caso de los individuos presos o en el destierro. Esto demostraría que Helena a la pietas une otra virtud, el perdón. • Actos de fe hacia el conjunto de la población cristiana mediante edificaciones. Eusebio menciona, en III, 43.1-4, dos iglesias que Helena ordenó construir: una en Belén y otra sobre el Monte de los Olivos o Monte de la Ascensión. Acciones piadosas de la madre de Constantino que beneficiarían a la población en general. Asimismo, además de estas muestras de pietas de la emperatriz hacia Dios y hacia los más necesitados, Eusebio proporciona tres datos concretos muy interesantes que serán ampliamente discutidos en fechas posteriores, como se examinará más adelante, tanto por el resto de las fuentes que se refieren a Helena como por los estudiosos contemporáneos del mismo sujeto. Los dos datos son: • En III, 42.1, Eusebio justifica el viaje de la madre de Constantino a oriente por el deseo de la misma de rendir afecto a Dios y dar las gracias por su hijo y sus nietos. Son muchos los estudiosos de la Antigüedad que quieren ver en este viaje de Helena un modo de expiar las culpas por su implicación, relatada fundamentalmente por autores paganos, como veremos a continuación, en la muerte de Crispo y Fausta. Sin embargo, Eusebio, quizás guiado por el deseo de no manchar la pietas de Helena, prefirió esgrimir otras razones para su viaje. • La emperatriz, prudentísima anciana (III, 42.1), falleció a la edad aproximada de 80 años (III, 46.1): “…πρός αύτώ γενομένη τώ τέλει συνετάττετο καί διετίθετο…”. Dato que plantea problemas debido a que ni tan siquiera una única fecha para su fallecimiento es aceptada por todos los historiadores, lo que hace que, a su vez, aparezcan distintas fechas de nacimiento al restar a las fechas propuestas para la 40
defunción las ocho décadas de edad que plantea Eusebio, como se expondrá al desarrollar la biografía de la emperatriz. Al respecto de la fecha de su fallecimiento, cabe destacar que su entierro se llevó a cabo en Roma, con todos los honores y en un mausoleo cuyas escenas guerreras esculpidas parecen poco idóneas para servir de lecho mortal de una mujer de la talla y la pietas de Helena, lo que podría significar que no fue esculpido para ella y si reutilizado para su entierro64. • Fue Constantino quien la hizo creyente (III, 47.2). Afirmación que también ha generado un amplio debate que también se analizará posteriormente. Mas allá estas referencias a la emperatriz (III, 41-47), ésta tan solo aparecerá nombrada una vez más y de manera indirecta en IV, 61.1, donde Eusebio afirma que la ciudad de Helenópolis debe su nombre al de la madre de Constantino, sin entrar en el posterior debate historiográfico acerca de si fue o no ésta la ciudad de nacimiento de Helena, ciudad que recibiría su nombre para honrar su memoria. Cabe destacar como, en la obra de Eusebio de Cesarea, en ocasiones la información puede extraerse en mayor medida por las omisiones que lleva a cabo el autor que por lo que realmente éste relata. Estas omisiones responden al deseo del mismo de no ensombrecer ni generar dudas en el lector sobre la pretendida pietas con la que pretende revestir a la madre de su protagonista, a fin de que no repercuta en un descenso de la propia piedad del emperador Constantino. Las omisiones que más debate han generado tanto en las fuentes como en el debate historiográfico de siglos posteriores han sido las siguientes: • Prefiere obviar los detalles referentes a los orígenes de Helena, que serán apreciados de un modo diferente por el resto de las fuentes: “humildes” para las fuentes cristianas, “oscuros” para la historiografía pagana. • Tampoco se refiere al tipo de relación que unió a Helena con el padre de Constantino, Constancio Cloro, dejando la duda en el aire, lo que 64 Vid. Capítulo 5, apartado 5.8 del presente trabajo. 41
hará que las tesis defensoras del concubinato frente al matrimonio pleno entre ambos utilicen el silencio de Eusebio para justificar su hipótesis. • Como ya se ha expuesto, la muerte de Crispo y Fausta no aparece mencionada explícitamente, mucho menos la posible implicación de Helena en la misma. Tan solo en I, 47.2, parece hacer referencia a este acontecimiento cuando dice que “algunos de su familia fueron sorprendidos urdiendo en secreto conjuras…”, lo que ha sido interpretado por Winkelmann como una posible alusión a la muerte de Crispo y Fausta65. Sin embargo, quizás de entre todas las omisiones, la que más llame la atención sea la de que no aporta ningún dato sobre el tan manido tema del descubrimiento de la Vera Cruz. Si Helena ha pasado a la historia ha sido, fundamentalmente, debido a su reconocimiento como Santa, y este reconocimiento se basa en la creencia de que ella descubrió la Verdadera Cruz de Cristo. No obstante, Eusebio de Cesarea, si bien hace referencia al viaje de la emperatriz por Tierra Santa, no menciona absolutamente nada acerca del posible descubrimiento de semejantes restos. Teniendo en cuenta el lenguaje piadoso en el que se formula todo el texto, parece claro que si Eusebio hubiese tenido noticia del descubrimiento de la Vera Cruz por parte de Helena, aunque solo hubiera sido para aportar un dato más que ratificara la pietas de la madre de Constantino, lo habría nombrado en el discurso de su VC. Por lo tanto, si bien parece confirmado que Helena viajó a Tierra Santa, el hecho de que Eusebio de Cesarea, una de las pocas fuentes contemporáneas a la emperatriz, no haga referencia al descubrimiento de la Cruz de Cristo por parte de la madre de Constantino parecería indicar que tamaño acontecimiento se trataría de una invención de la historiografía posterior. Y es que todo parece indicar que el silencio de Eusebio, unido al del texto del Itinerario de Burdeos, no se trataría de una omisión intencionada de datos -que además hubiera chocado con la coherencia de su discursosino de la no mención de unos hechos que, simplemente, no habrían tenido lugar. 65 Vid. WINKELMANN, F. : Die Textbezeugung der Vita Constantini des Eusebius von Cesarea. Berlin, Akademie Verlag, 1962. 42
- Atanasio. En lo que respecta al obispo de Alejandría, Atanasio, de quien sabemos fue uno de los principales opositores al arrianismo66, éste redactó en el año 358 una “Historia arrianorum” en la que vendría a confirmar que Helena sentía una gran simpatía por el mártir Luciano67, adhesión ésta que solo encontramos mencionada en otra fuente literaria, que fue analizada en el apartado dedicado a las fuentes latinas, Jerónimo68. - Filostorgio de Boriso. Otro autor que también escribió una Historia Ecclesiastica es Filostorgio, autor cuya obra se data hacia el año 43069. La obra de este autor, arriano, que prefiere la historiografía a la hagiografía, se perdió y lo que conocemos hoy de ella se lo debemos a un epítome realizado en el s.IX por uno de los patriarcas de Constantinopla, Potio. En su obra, más concretamente en el capítulo 2.12-13, Filostorgio repite una vez más la aseveración de que Helenópolis es, en realidad la antigua Drepanum. Sin embargo, en el caso de este autor cabe destacar que no plantea la tesis habitual de que Constantino cambió el nombre de Drepanum por Helenóplis en honor de su madre, sino que habría sido la propia Helena la que habría fundado la ciudad. A la publicación de la Historia Eclesiástica de Filostorgio siguieron las de Sócrates, Sozomeno y Teodoreto, que son expuestas a continuación. - Sócrates de Constantinopla. También Sócrates de Constantinopla o Sócrates Escolástico, siglo V, se refiere a la emperatriz Helena. Sócrates escribió una Historia Eclesiástica, publicada entre los años 443 y 445, en siete volúmenes, que viene a ser otra continuación de la de Eusebio de Cesarea, aunque esta vez para el periodo 305-439. A diferencia de otros autores, Sócrates sorprende a quien se aproxima a la lectura de su obra por su objetividad; 66 ANATOLIOS, K.: Athanasius. Routledge, London, 2004. pp. 1-86, 87, 234; BRAKKE, D.: Athanasius and ascetism. John Hopkings University Press, Baltimore, 1998. pp. 18-21, 57-59, 74-75, 129-139, 166168, 185-186, 266-270; ERNEST, J.D.: The Bible in Athanasius of Alexandria. Brill, Leiden, 2004; MEIJERING, E.P.(ed.): Athanasius, die dritte Rede gegen die Arianer, Teil I, Kapitel 1-25. J.C.Gieben, Amsterdam, 1996, con abundante bibliografía. 67 Hist.Arrian..4. 68 Chron.Olymp.276. 69 acerca del mismo vid. MARASCO, G.: Filostorgio: cultura, fede e politica in uno storico eclesiástico del V secolo. Roma, Institutum Patristicum Augustinianum, 2005, pp. 13-42; ZECCHINI, G.: “Filostorgio”, en GARZYA, A. (ed.): Metodologie della Recerca sulla Tarda Antichità. Tai del Primo Convengo dell’Associazione di Studi Tardoantichi. Napoli, 1989, pp. 559-563 ; MARASCO, G. : “The Church Historians (II): Philostorgius and Gelasius of Cyzicus”, en MARASCO, G.: Greek and Roman… Op. Cit. (2003), pp. 274-275. 43
objetividad que se refuerza mediante su utilización de fuentes primarias tales como actas de concilio, la crónica de Constantinopla, cartas de reyes y obispos… para justificar lo que narra70. Se puede afirmar la tendencia historiográfica de su obra. Los datos que ofrece acerca de la madre de Constantino pueden ser estructurados en tres grupos: • Datos en torno a Drepanum. En I.17.1 Sócrates narra como el emperador Constantino convirtió la villa de Drepanum en una civitas y le cambió el nombre, con lo que pasó a llamarse Helenópolis: “… Mater imperatoris Helena, cujus gratia imperator Drepanum, quam ex vico civitatem effecerat, Helenopolim voluit appellari…”. Ambas cosas, según este autor cristiano, fueron llevadas a cabo por el emperador en honor de su madre. Como vemos, Sócrates prefiere dejar al margen dos asuntos: uno, el del mártir Luciano nombrado por Jerónimo y, en segundo lugar, expone simplemente que Helena era madre de Constantino, sin especificar uno de los aspectos más polémicos de la vida de la emperatriz, que tipo de relación tuvo ésta con Constancio Cloro. Además, en I.18.13, vuelve a confirmar el cambio de nombre asegurando que Constantino llamó Helenópolis a Drepanum en honor a su madre (“… ut Drepanem ex matris nomine…”) y que hizo lo mismo con el nombre de su hermana, Constantia, al que también le asignó un núcleo de población (“… et in Palaestina Constantiam ex sorosis suae vocabulo appellarit, intempestivum arbitror hic referre”). • Datos sobre el hallazgo de la Vera Cruz. En I.17.2-13 describe como Helena hizo destruir el templo pagano bajo el que estaba el santo sepulcro y consiguió sacarlo a la luz. Con éste aparecieron tres cruces y el titulus de la crucifixión. Sócrates narra como el obispo de Jerusalén, Macario, hizo pasar sucesivamente las tres cruces junto a una mujer que estaba gravemente enferma, y ésta se recuperó al paso de la tercera de las cruces, mientras el paso de las dos anteriores no había tenido efecto alguno. Esto fue interpretado como una prueba de que la tercera cruz era la que verdaderamente habría sostenido el cuerpo de Cristo. 70 Vid. BLAUDEAU, Ph. : “Socrate de Constantinople redécouvert”, Mediterraneo Antico 2 (1999), pp. 429-225 ; VAN NUFFELEN, P.: Un héritage de paix et piété: étude sur les histories écclésiastiques de Socrate et de Sozomène. Leuven, Peeters, 2004. pp. 223-241, esp. pp. 230-231; WALLRAFF, M.: Der Kirchenhistoriker Socrates: Untersuchungen zum Geschichtsdarstellung. Methode und Person. Göttingen, 1997. 44
Sócrates indica que también fueron descubiertos los clavos con los que se le habían afianzado las manos a la cruz. Helena los envió a Constantinopla, donde pasaron a formar parte del casco que el emperador utilizaba en las batallas así como de la brida de su caballo. Este relato del descubrimiento de la Vera Cruz será luego repetido, como veremos a continuación, por Sozomeno y por Tedoreto. • Datos acerca de su pietas y su fallecimiento. Según Sócrates tal era su pietas que rezaba con un grupo de mujeres e invitaba a comer a las vírgenes inscritas en el registro de las iglesias a las que servía ella misma (I.17.12). Además, hacía numerosas donaciones a las iglesias y a los pobres, en este orden. Piadosa hasta el final falleció poco antes de su octogésimo cumpleaños. Y su cuerpo fue transportado a Roma y depositado en las tumbas imperiales. Como puede verse, el texto de Sócrates, a excepción de la parte en la que narra como Helena halló el santo sepulcro, recuerda fielmente a la Vita Constantini de Eusebio de Cesarea. Podemos afirmar, pues, que Sócrates tomó los datos de la obra de Eusebio y, lo que faltaba en aquella, la noticia del hallazgo de a Cruz, lo añadió el mismo. Así, encontramos el dato del fallecimiento a los 80 años que, sin duda, tomó de Eusebio y la repetida insistencia de aquel en cuanto a la pietas, bondad y generosidad de la emperatriz en tanto que cristiana, y, por extensión, de toda la dinastía constantiniana. - Sozomeno. Sozomeno, también a caballo entre el fin del s.IV y el comienzo del s.V, escribió otra Historia Ecclesiastica. Ésta, publicada en 448 y redactada en nueve volúmenes, trata los años 324-429. Comienza con una exposición detallada del reinado de Constantino y viene a ser otra continuación de la obra de Eusebio de Cesarea a la que se añaden las aportaciones de Sócrates Escolástico71. Se aprecia de nuevo la preferencia historiográfica frente a la hagiográfica, aunque se trata ahora de una historiografía distinta a la de Sócrates, pues Sozomeno, frente al anterior, da una mayor importancia que aquel a la destreza retórica72. 71 VAN NUFFELEN, P.: Un heritage… Op.Cit. (2004), pp. 230-231 72 MORENO RESANO, E.: Constantino… Op. Cit. (2007), p. 85; vid. asimismo BATIFFOL, P.: “Sozomène et Sabinos”, Byzantinische Zeitschrift 7 (1898), pp. 265-284; URBAINCZYK, T.: 45
Dedica los capítulos 1 y 2 del libro II a Helena y de ella dice lo siguiente: • 1.2: alude al viaje de la emperatriz, quien, piadosa, acudió a Jerusalén en primer lugar para rezar y visitar los lugares santos; pero también, como capaz de predecir el descubrimiento que iba a realizar en aquel viaje, para hallar la Cruz de Cristo -pese a lo difícil que los paganos se lo habrían puesto, ocultando el lugar a los cristianos bajo el culto a la diosa Aphrodita, II.1.3-. • 1.4-8: Sozomeno expone la misma historia acerca del hallazgo de la Cruz por Helena que aquella que había sido desarrollada por Sócrates y que ha sido expuesta más arriba. Destrucción del templo pagano y mujer moribunda que se recupera gracias a la Cruz. La historia que Rufino habría desarrollado en su Historia Ecclesiastica seis años después de que la misma apareciera por primera vez en el sermón que San Ambrosio redactó en el contexto de la muerte de Teodosio en el año 39573. • 1.9: la emperatriz, en un acto de generosidad en este caso son su hijo, le hizo entrega de un trozo de la Vera Cruz, así como los clavos con los que Cristo fue crucificado; con los que aquel se hizo fabricar un casco y la brida de su caballo. Un dato que ya también aparece, idéntico, en la obra de Sócrates. • 2.1: hace hincapié en el carácter constructor de Helena, ya que ordenó construir dos iglesias, una en Belén, cerca de donde nació Cristo y la otra en lo alto del Monte de los olivos. • 2.2: asegura que hay numerosas pruebas de la piedad y de los sentimientos de reverencia de Helena. Muy posiblemente tomando como fuente a Sócrates, narra como la emperatriz invitó a un festín a las vírgenes sagradas y les sirvió ella misma. Además, fiel a su fuente Sócrates, simplemente indica que era la madre de Constantino pero sin indicar que tipo de unión existió entre aquella y Constancio Cloro. “Observations on the Differences between the Church Histories of sócrates and Sozomen”, Historia XLVI (1997) 3, pp. 355-373. 73 In Ob. Theod. 46, PL 16.1399 46
• 2.3: Esta vez copiando directamente a Eusebio, Sozomeno relata que Helena, en su peregrinaje por las tierras de Oriente: honró con ofrendas las iglesias locales74, enriqueció a muchas personas que habían perdido sus fortunas, distribuyó generosamente lo necesario entre los pobres y liberó a otras personas de largos encierros, del exilio y del trabajo en las minas. En palabras de Sozomeno, todo esto son méritos de Helena por los que, una vez muerta, fue recompensada. • 2.4: Como recompensa a una vida brillante fue proclamada Augusta, se acuñó moneda de oro con su imagen y recibió de su hijo todo el poder sobre el tesoro real, el cual utilizó a voluntad. Además Sozomeno añade que la emperatriz falleció en plena gloria, habiendo vivido casi ochenta años de edad y dejando a su hijo, con sus nietos, como jefe del Estado; a tenor de lo cual parece plantear que el ascenso de Constantino y del cristianismo hubieran sido una proeza de la emperatriz. Esto, pese a ser seguramente una exageración, hace reflexionar acerca de hasta que punto debió llegar el poder de la misma. • 2.5: Sozomeno relata que, para perpetuar su memoria tenemos dos poblaciones que han tomado el nombre de la emperatriz: la villa de Bitinia, Drepanum, y –y aquí es donde este autor marca la diferencia con el autor expuesto anteriormenteotra en Palestina, ciudad no mencionada por Sócrates. Como puede apreciarse, Sozomeno es poco innovador y se dedica a recopilar lo que ya habían dicho otros, fundamentalmente Eusebio de Cesarea. Así, fiel a su fuente, este autor también realiza un elogio a la pietas, la bondad y la magnanimidad de la emperatriz. - Teodoreto de Ciro. En la misma línea de los dos autores anteriores se inscribe Teodoreto de Ciro, s.V. Éste, teólogo griego y obispo de Ciro, escribió otra Historia Eclesiástica, también concebida como una continuación de tendencia apologética a la obra del historiador 74 a este respecto el Liber Pontificalis I, 187 relata como Helena ofreció a la basílica de S.Marcellino e Pietro un scyphus de oro tallado con su nombre. 47
Eusebio de Cesarea75. Su obra, mucho más centrada en los acontecimientos eclesiales que las dos Historias analizadas anteriormente76, las de Sócrates y Sozomeno, abarca el periodo 323 a 428. De sus referencias a Helena extraeremos dos aspectos relevantes: • En el capítulo 17 aporta lo que con el paso del tiempo ha venido a ser la versión más habitual del hallazgo de la Vera Cruz y que no es otra que la narrada por Sócrates en su Historia Ecclesiastica I.17.2-13 y por Sozomeno II. 1 y que ha sido expuesta más arriba. • En el capítulo 18 afirma que Constantino fue hecho cristiano por Helena y por Constancio Cloro, aseveración que parece poco creíble a tenor del resto de las fuentes que sitúan la conversión de Helena no antes del año 312, fecha en la que Constancio Cloro ya había fallecido con lo que, si admitimos que ambos se vieron alguna vez después de que Helena fuera repudiada por aquel, no es posible que cristianizaran juntos a su hijo porque Helena todavía no profesaba aquella religión. - Zósimo. Otro autor interesante, y también pagano aunque posterior en el tiempo a Eutropio y a Amiano Marcelino, es Zósimo77. Según la información que nos ofrece Focio en su Biblioteca78 éste autor, que puede ubicarse cronológicamente a finales del siglo V y comienzos del VI, era comes y abogado del fisco79. Lo anterior indica que poseyó una formación retórica, que desempeñó cargos de importancia y que, por lo tanto, debió ser un individuo de cierto prestigio. Sin embargo, lo que se aprecia al leer su obra es un paganismo convencido y virulento, lo que no deja de llamar la atención en una época en 75 Vid. AZÉMA, Y.: “Théodoret de Cyr”, Dictionnaire de spititualité 15 (1991), pp. 418-435 ; LEPPIN, H. : “Zum kirchenpolitischen Kontext von Theodorets Mönchengeschichte”, Klio 78 (1996), pp. 212-230; URBAINCZYK, T.: Theodoret of Cyrrhus: The bishop and the holy man. Ann Arbor, University of Michigan Press, 2002. 76 MORENO RESANO, E.: Constantino… Op. Cit. (2007), p. 87. 77 para cuyo conocimiento resultan interesantes, CRACCO RUGGINI, L.: “Zosimo, ossia il rovesciamento delle Storie Ecclesiastiche”, Augustinianum 16, 1976, pp. 23-36 ; GOFFART, W.: “Zosimus, the First Historian of Rome’s Fall”, AHR 76, 1971, pp. 412-441; PASCHOUD, F.: Cinq études sur Zosime, Paris, Ed. Belles Lettres, 1975, en cuya obra son especialmente interesantes las páginas en las que trata la versión pagana de la conversión de Constantino, pp. 24-62. 78 CANDAU MORÓN, J.Mª.: Nueva Historia, de Zósimo. Introducción, traducción y notas. Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1992, p. 7. 79 Acerca del advocati fisci Vid. JONES, A.H.M: The later roman empire 284-602.Oxford, 1964, pp. 8, 422, 508-511, 745. 48
dejarán de ser mencionados cuando sea necesario en la reconstrucción que de la vida de Helena Augusta será realizada en los distintos capítulos del presente trabajo. 3.1.4. Conclusiones. Una vez realizada la aclaración anterior, que consideraba necesaria, y ante las evidencias extraídas del listado realizado anteriormente de las fuentes literarias -ya sean o no contemporáneas, cristianas o paganas, latinas o griegasque hacen referencia a Helena, podemos finalizar este apartado dedicado a las fuentes literarias que se refieren a la emperatriz, con las siguientes conclusiones: 1. Constatamos que hay un momento en la vida de Helena –constatación reforzada por los datos aportados por el resto de las fuentes, fundamentalmente numismáticas y epigráficas, como se verá en las siguientes páginasque marca claramente un antes y un después en su trayectoria pública. Todas las fuentes que a hacen referencia a la emperatriz se redactan a partir de la década de los años veinte del s.IV, es decir cuando Helena era ya prácticamente una octogenaria, muy presumiblemente a partir del año 324, año en el que sabemos fue honrada con el título de Augusta por parte de su hijo Constantino, o incluso un poco antes cuando le fue concedido el privilegio de ser considerada Nobilissima Femina. Las únicas dos fuentes anteriores a estas fechas que hemos analizado han sido los panegíricos, en honor de Maximiano y Constantino el primero y únicamente de Constantino el segundo, datados en los años 307 y 310 respectivamente. Estas dos obras, por abordar ambas de una manera directa o indirecta el asunto del linaje u orígenes del emperador Constantino, hubieran sido un “escenario” perfecto para aludir a su madre, Helena, sin embargo, ésta no aparece mencionada en ninguno de los dos discursos. En el primero de ellos, el del año 307 en honor de Maximiano y Constantino redactado con motivo del matrimonio de este último con Fausta –a la que luego, según rezan las fuentes, ordenaría asesinarasí como para celebrar el ascenso del mismo al trono imperial supuso, como ya vimos, un elogio magníficamente diseñado del padre del nuevo emperador. Así, demostrando las virtudes de su progenitor: valor, moderación, justicia y sabiduría, se pretendía sembrar a Constantino de unos honrosos antepasados que sin duda habría heredado. En el segundo, en honor de Constantino con ocasión del aniversario de la fundación de la ciudad de Tréveris y que puede ser datado 55
en el año 310, el panegirista anónimo intenta destacar sus honorables y nobles orígenes a fin de demostrar al mundo romano la legitimidad de éste para ostentar la púrpura. El autor del discurso alude a la dignidad de su padre y al vínculo que lo relaciona directamente con el divino Claudio92. Como vemos, en ninguno de los dos textos se hace ni una sola mención a la emperatriz, ni aún cuando es evidente que se está haciendo referencia a los orígenes de su hijo, de los cuales ella es excluida en ambas ocasiones. Como ya he esbozado anteriormente, quizás la primera explicación de esta realidad sea la de proponer que, realmente los orígenes de la madre de Constantino eran tan bajos e infames, que los panegiristas prefieren no nombrarlos para no hundir las virtudes “genéticas” del nuevo emperador. Esto hace sospechar que la relación entre Constancio Cloro y Helena no debió ser la propia de un matrimonio perfectamente legal, ya que sino ésta hubiera sido una razón de peso a esgrimir por el autor del panegírico del 310 con la que hubiera acallado las críticas de todos aquellos que consideraban que Constantino no era hijo legítimo de su padre. Sin embargo, hay otra posibilidad que, ante la creencia categórica de los viles orígenes de Helena, ni tan siquiera ha sido planteada: quizás los autores de los textos prefirieron silenciar el nombre de Helena para no disgustar a Maximiano así como a su entorno, suponemos que de una enorme influencia, ya que una hija de éste había sido la sustituta de Helena en la vida conyugal de Constancio Cloro, previo repudio de la anterior. Y quizás por ello era mejor ni tan siquiera mentar su nombre a fin de evitar herir sensibilidades. De cualquier modo, fuera cual fuese la razón por la que la emperatriz no aparece nombrada, la realidad es que podríamos definir la situación de Helena como de una damnatio memoriae temporal, al menos hasta su reconocimiento público mediante los títulos vistos arriba de Augusta y Nobilissima Femina. Por lo tanto, como se observa, puede constatarse un antes y un después en la trayectoria pública de la emperatriz a partir de las fuentes literarias analizadas. 2. Tras la muerte de la emperatriz, y a los pocos años de este acontecimiento, se produce una división muy clara entre las fuentes que se refieren a ella. Ésta no se realizará según la pauta habitual, es decir, según la lengua o cronología de los autores de las mismas sino según su confesión religiosa, como no podía ser menos en un imperio 92 Se refiere a Claudio el Gótico (268-270), vid. nota 15. 56
en el que el reinado del hijo de nuestra protagonista había generado tantos cambios en el terreno de las creencias y las libertades –lo que no significa que la consecuencia hubiera sido exactamente la libertad de culto, sino que la libertad que antes obligaba a creer en algo ahora obligaba a creer en otro algo diferente-. Así, la ruptura ideológica entre cristianos y paganos se apreciará también en el contenido de sus obras y en la diferente visión que ambas tenían de los líderes políticos del emergente estado cristiano. Los que para los paganos será claramente vil, oscuro y de escasa reputación, pasa a convertirse a los ojos de los autores cristianos en algo humilde, bueno y piadoso. Esta diferencia de criterio parece tener una finalidad clara que parece ir mucho más allá de la mera simpatía o antipatía que personalmente pudieran sentir los autores de los textos por la madre de Constantino. Y es que lo que están haciendo es denigrar o aplaudir al primer príncipe que permitió la práctica legal del cristianismo en el imperio, y junto con la crítica o alabanza del mismo, iría la crítica o alabanza a todo lo que lo rodeaba, incluida su madre. Y más aún cuando ésta, como se analizará más adelante, se acabaría convirtiendo en un icono en la difusión del cristianismo por el territorio imperial. 3. No dejar de llamar la atención que sean precisamente las fuentes cristianas posteriores a Helena, y no las paganas, las que empiecen a hablar directamente de “concubinato” para referirse a la relación habida entre Constancio Cloro y la emperatriz. Así, mientras las fuentes contemporáneas optan bien por no implicarse en definiciones comprometidas –como hace Eusebio de Cesarea, quien prefiere prescindir de este dato en la redacción de su obra-, bien por definirla como un matrimonio perfectamente legítimo –como hace Aurelio Víctor-; las posteriores no dejan de sorprendernos. Y es que mientras las paganas, que son las detractoras de Helena y de todo lo que ésta representa, son prudentes a la hora de utilizar el término “concubina” y acaban definiéndola de idéntica manera pero mediante la utilización de otros vocablos o juegos de palabras, las cristianas son las primeras fuentes literarias en utilizar directamente la palabra “concubina”. Luego, precisamente son las fuentes “pro-Helena”, las cristianas, las que no solo aceptan que la que ellos consideran descubridora de la Vera Cruz fuese concubina de Constancio Cloro sino que, además, no aprecian en ello nada irreprochable moralmente así como nada que supusiera un impedimento para ascender legítimamente al trono a su hijo Constantino. 57
4. También se aprecia que las fuentes cristianas posteriores cronológicamente a la emperatriz se dedican a reproducir en sus escritos básicamente la información que les había brindado Eusebio de Cesarea: la pietas de Helena, su generosidad, las construcciones que llevó a cabo, su libertad de acción sobre las arcas imperiales, su fallecimiento a los casi 80 años de edad… Y a esta información añaden ellos, y esto es una constante, dos elementos que faltan en el relato de Eusebio: • Los datos que éste no menciona acerca de la vida de Helena, quizás para no hacer peligrar su imagen de mujer piadosa y denigrar con ella la carrera y actuaciones del propio Constantino. Éstos son datos respecto a un par de asuntos fundamentales: sus orígenes, bajos, y el tipo de relación que la unió a Constancio Cloro, era concubina o uxor con peros. Un tercer asunto interesante serían los motivos de la peregrinación a Oriente, y es que mientras Eusebio achacaba los motivos del viaje de Helena a Oriente al deseo de ésta de rendir afecto a su hijo y sus nietos, los autores cristianos prefieren –ante las razones esgrimidas por paganos como Zósimo, quienes aludían al asunto de la muerte de Crispo y Faustaprescindir de mencionar siquiera el asunto. • La leyenda acerca del descubrimiento de la cruz de Cristo por parte de Helena, que no es, como hemos visto, mencionada por ninguna de las fuentes contemporáneas a la misma. 5. Finalmente se observa que las fuentes alto medievales tienden a reproducir fundamentalmente la leyenda del supuesto descubrimiento, que adornan con una mayor o menor intensidad dependiendo de la originalidad, imaginación y estilo del autor. Y en cuanto a los datos biográficos de la emperatriz se quedan mayoritariamente en dos: era concubina y su hijo cambió el nombre a una ciudad en su honor. Es decir, parece que ninguna fuente aporta ya nada nuevo y que los únicos datos que interesan acerca de su pasado son que fue concubina de Constancio Cloro y que nació en la antigua Drepanum. Luego, lo que se observa al analizar las distintas fuentes que se refieren a Helena, es que éstas están imbuidas en un proceso en el que los datos biográficos pasan de aparecer en pequeñas dosis al menos en las obras cronológicamente más cercanas a la emperatriz, a irse relegando progresivamente a un segundo plano hasta llegar a un 58
punto, no demasiado alejado de la fecha del fallecimiento de Helena, en la que la difusión de la leyenda sobre la que será Santa Helena había eclipsado por completo al personaje histórico, a Helena Augusta et Nobilissima Femina. 3.2. FUENTES EPIGRÁFICAS. Por el gran despliegue y constancia en su exposición que se observa a lo largo de los siglos, la epigrafía debe ser considerada, sin lugar a duda, tanto para la época histórica que nos ocupa, como para el mundo romano en general, como un fenómeno cultural de primer orden. Las inscripciones constituyen una fuente directa para el conocimiento de la vida, la estructura social, el pensamiento y los valores de la Antigüedad. Y su importancia como fuente histórica llega hasta tal punto que en opinión de Miller éstas, que hacen referencia a casi todos los aspectos posibles de la vida cotidiana, pueden ser analizadas y consideradas como una subespecie de los textos literarios93. Esta concepción de las fuentes epigráficas, pese a no ser aceptada del todo por la autora del presente proyecto de tesis, puesto que despoja en cierta medida a la epigrafía de su entidad como ciencia independiente, da muestra de la importancia de la misma y como tal reivindicación de relevancia debe ser tomada. De ahí que en el presente trabajo se dediquen unas páginas a su estudio, porque es tal su importancia y la información que transmiten al historiador, en este caso, de la antigüedad, que su omisión haría que la reconstrucción histórica que de la vida de la madre de Constantino se pretende en este capítulo quedase, en cierto modo, coja. Y es que un historiador que se centre únicamente en las fuentes literarias obviando todas las demás no es sino un historiador a medias. Dicho esto, en cuanto a las fuentes epigráficas para el conocimiento de Helena, por el momento son diez las inscripciones conocidas –y contemporáneas a la mismaque hacen referencia a la emperatriz, si bien dos de ellas parecen no ser auténticas94. Son las siguientes: 93 MILLER, F: “Epigrafía”, en CRAWFORD, M(ed.): Fuentes para el estudio de la Historia Antigua. Taurus, Madrid, 1986, pp. 111, 123. 94 CIL VI 3373, cuya no autenticidad aparece ya reflejada en el comentario que acompaña a la inscripción en el Corpus, por lo que prescindiremos su estudio; CIL X 1484, que veremos más adelante ya que su veracidad plantea ciertas dudas. 59
3.2.1 Inscripciones latinas. PIISSIMAE AC VENERAVI LI D N FAUSTAE AUG UXORI D N MAXIMI VICTORIS AUG CONSTANTINI /O////// ////// D D D N N N [CRISPI] CONSTANTINI CONSTANTI BAEA TISSIMORUM [CAESARUM RE] S P S[URRENTIN]OR95 “A nuestra señora Fausta Augusta, piísima y clementísima, esposa de nuestro señor victorioso el Augusto Máximo Constantino y a los Césares bienaventurados Crispo, Constantino y Constancio. Del senado y el pueblo de Surrentum” La inscripción que nos ocupa fue dedicada por la civitas de Surrentum96 a Flavia Máxima Fausta e iba acompañada por una estatua de la misma97. Debe de ser datada antes de 326, ya que Crispo aparece como César y, más aún, antes de 324, ya que Fausta no aparece mencionada como Augusta, título que recibirá en otoño de ese año. Ésta, hija de Maximiano Hercúleo y de la siria Eutropia, fue además esposa del emperador Constantino desde 307 hasta su muerte en oscuras circunstancias en 326. El hecho de que esta inscripción sea aquí mencionada, aunque a priori en la misma no se haga referencia a Helena, se debe a la damnatio memoriae que afectó a Fausta y a Crispo tras los acontecimientos que desencadenaron sus muertes en manos de Constantino. En el caso de Fausta, fue tal la eliminación de todo recuerdo de la misma, que esta inscripción es la única que se nos ha conservado en la que haya podido leerse su nombre, por lo que se presupone que todas las demás debieron ser destruidas98, y aún 95 CIL X 678 = ILS 710; no recogida en la recopilación de fuentes sobre Helena de PLRE I, p. 410. 96 Actual Sorrento, en Campania. 97 WARD-PERKINS, B.: From Classical Antiquity to the Middle Ages: Urban Public Builiding in Northern and Central Italy AD 300-850. Oxford University Press, Oxford, 1984, p. 230. 98 DRIJVERS, J.W: “Flavia Maxima Fausta: some remarks”. Historia 41 (1992), p. 501. 60
así, tras los acontecimientos de 326, su nombre “Fausta” fue sustituido por el de “Helenae”, y el término “Uxori” por el de “Matre”. Así mismo, la estatua de Fausta fue sustituida por una de Helena, suponemos que ya anciana. También el nombre de Crispo fue suprimido. Aunque la inscripción no fuera dedicada a Helena en un primer momento, no podemos, como afirma Pohlsander99, obviarla en la enumeración de las fuentes que hacen referencia a la madre de Constantino. Y es que no deja de resultar curioso que, como consecuencia de la damnatio memoriae el nombre de Fausta fuera sustituido por el de aquella mujer que, como se verá más adelante, había sido acusada de ser la instigadora de su asesinato. DOMINAE NOSTRAE FLAVIAE AUGUSTAE HELENAE DIVI CONSTANTI CASTISSIMAE CONIUGI PROCREATRICI D N CONSTANTINI MAXIMI PIISSIMI AC VICTORIS AUGUSTI AVIAE DOMINORUM NOSTRORUM CRISPI ET CONSTANTINI ET CONSTANTI BEATISSI MORUM AC FELICIUM CAESARUM ALPINIUS MAGNUS V.C.CORR.LUCANIAE ET BRITTIORUM STATUIT DEVOTUS EXCELLEN TIAE PIETATIQUE EIUS100 “A nuestra señora Flavia Helena Augusta, purísima esposa del divino Constancio, madre de nuestro señor piísimo y victorioso el Augusto Constantino Máximo, abuela de los señores Crispo y Constantino y Constancio Césares bienaventurados y afortunados. Alpinio Magno de rango senatorial y corrector de Lucania y Bruttium, devoto de la piedad y excelencia de la misma erigió la presente” Esta inscripción fue hallada en Salernum101 en el siglo XVIII, más concretamente en 1725, e iba acompañada de una estatua de la emperatriz102. 99 POHLSANDER, H.A: Helena: empress… Op. Cit. (1995), p. 185. 100 CIL X 517 = ILS 708; obviada por KLEIN, R.: Helena. RAC 14 (1987), pp. 355-375. 101 Actual Salerno, en Campania. Vid. Kl.Pauly 4, p. 1510. 102 WARD-PERKINS, B.: From Classical… Op.Cit. (1984), p. 26. 61
En cuanto a su datación, ésta debe ser fijada en una fecha posterior a otoño de 324, ya que Helena es mencionada como Augusta y Constancio Cloro como César, quienes recibieron sendos títulos, respectivamente, en septiembre y noviembre de aquel año. Así mismo, la datación barajada tampoco puede ser posterior a mayo de 326, fecha en la que Crispo, que aparece en la inscripción como César, fue ejecutado. En esta inscripción, como también veremos en CIL X 1483, se alaba a Helena, además de por ser portadora de pietas, virtud atribuida de manera habitual a este personaje103, por ser “esposa, madre y abuela de”. Esto viene a recordarnos que para la mentalidad romana una mujer solo podía alcanzar un cierto reconocimiento público cuando era asimilada a un varón. De este modo, durante los tres primeros siglos del imperio, casi siempre que se aludía a las mujeres de la casa imperial se hacía señalando su condición de esposas o de madres de emperadores o herederos, así como de hijas o hermanas de personajes conocidos104. Lo que también parece demostrado, como vemos en esta inscripción, para la época tardía. Resulta asimismo interesante el término coniux, que se utiliza en la inscripción para definir a Helena como “esposa” y no como “concubina” ni ningún otro término que pudiera implicar que la relación que ésta tuvo con Constancio Cloro no fuera un matrimonio perfectamente legal. Esto, además de contribuir a aclarar el estado jurídico de la relación que existió entre Helena y Constancio, tiene otra lectura que resultaría fundamental para Constantino. Si la relación fue un matrimonio legal, esta inscripción quitaría la razón a todos aquellos que consideraban que Constantino era hijo ilegítimo de Constancio105 y que, por lo tanto, tenía menos derechos en la sucesión dinástica de los que tendrían sus hermanastros106, hijos del segundo matrimonio de su padre con Teodora. En lo que respecta al dedicante, Alpinius Magnus, sabemos que era de rango senatorial gracias a las letras VC –vir clarissimus-, así como corrector de Lucania y 103 vid. Eusebio de Cesarea, Vita Constantini, III.41.2-47. 104 e.g. Como esposas: Plotina, ILTG 74; Sabina, CIL II 5221; Faustina Mayor, CIL XII 4343. Como madres: Agripina, CIL II 3379; Julia Domna, CIL VIII 9033, IAM II 96, CILA II 11. Como hijas: Faustina como hija de Antonino Pío en CIL II 4097. Como hermanas: Marciana como hermana del emperador Trajano en CIL II 5545. A este respecto resulta interesante MIRÓN PÉREZ, MªD: Mujeres, religión y poder: el culto imperial en el occidente mediterráneo. Colección Feminae, Universidad de Granada, 1996, pp. 66-67, 79. 105 Debieron ser numerosos a la luz del esfuerzo de Pan.Lat. VII (6), 4 por demostrar que Constantino era legítimo hijo y sucesor de su padre. 106 La percepción de que Constantino era hijo ilegítimo de Constancio hará que, tras su muerte, éstos sigan reclamando sus derechos, así como los de sus hijos, al trono imperial. DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), p. 43. 62
Bruttium. En cuanto al cargo de corrector, fue un cargo desempeñado generalmente por senadores, aunque ha sido atestiguado en alguna ocasión por un individuo de rango ecuestre107, y con poderes mucho más amplios que los que tenían los curatores -quienes solo supervisaban las finanzas de ciudades concretas-, implica la posesión de imperium, lo que nos hace suponer la importancia de este personaje. Ahora bien, el dedicante nos confirma que él fue corrector de Lucania y Bruttium, actual región de Calabria, y sabemos por otras fuentes que ocupó este cargo de corrector entre 324 y 326108. Sin embargo, la inscripción no apareció allí sino en Salerno, en la actual región de Campania. ¿Qué hacía allí Alpinio Magno? ¿Y porqué motivo dedicó esta inscripción a Helena? Quizás, tras haber ocupado otros cargos de la administración en Córcega, Sicilia y Lucania/Bruttium, pretendía, desde su nuevo cargo en Salerno, acercarse a Roma donde poder tener un puesto de responsabilidad en la relajada vida de la corte imperial. Si esto fuese cierto, su inscripción podría haber tenido una finalidad clara: hacerse, mediante el elogio, con el favor de la emperatriz a fin de que ésta le ayudase en el ascenso de su carrera, lo que vendría a demostrar el poder e influencia de la misma en los círculos de decisión política. PIISSIMAE AC CLEMENTISSIMAE DOMINAE NOSTRAE AUGUSTAE HELENAE MATRI DOMINI NOSTRI VICTORIS SEMPER AUGUSTI CONSTAN TINI ET AVIAE DOMINORUM NOSTRORUM CAESARUM BEATORUM UXORI DIVI CONSTANTII ORDO NEAPOLITANORUM ET POPULUS109 107 JONES, A.H.M: The later roman empire 284-602. Oxford, 1964, pp.45, 48, 106, 525; RE 4, p. 1646. 108 PLRE I, pp. 534-535. 109 CIL X 1483. 63
“A nuestra señora piísima y clementísima Helena Augusta, madre de nuestro señor siempre victorioso el Augusto Constantino y abuela de nuestros señores los Césares dichosos, esposa del divino Constancio. Del senado y el pueblo de Nápoles” Esta inscripción fue hallada en un estilóbato entre los cimientos de la basílica de S.Reati d.Resnati en Nápoles110. Y como la anterior, debe ser datada tras 324, ya que Helena aparece mencionada como Augusta. Fue dedicada a la madre del emperador Constantino por la ciudad de Nápoles, ciudad que, en opinión de Drijvers, honró así a la emperatriz para agradecerle su visita a la misma con motivo de la construcción allí por parte de su hijo de una basílica, un acueducto y un foro111. Sin embargo, creo que para justificar la aparición de Helena en esta inscripción no sería necesario imaginar que ella hubiese visitado Nápoles, viaje que, además, no aparece en las fuentes. La dedicación puede ser muestra, simplemente, de los deseos de la ciudad por agradecer al emperador sus construcciones en la misma112 y quizás pensaron que una buena forma de hacerlo, teniendo en cuenta la gran relación que existía entre él y Helena, podía ser honrando a su madre, posiblemente una vez ésta fallecida. Así mismo, cabe destacar en esta inscripción que, como en CIL X 517, Helena aparece también aquí como legítima esposa de Constancio Cloro, aunque esta vez lo hace no como coniux sino como uxor. Esto, como ya hemos visto, ratificaría las tesis de aquellos que consideran el legítimo matrimonio entre ambos, así como la situación de Constantino como hijo legítimo de su padre y con plenos derechos, por lo tanto, para acceder al trono imperial113. 110 DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), p. 51. 111 DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), idem. 112 Lib.Pont.I, 186. 113 Vid. Apartado 3.1., dedicado a las fuentes literarias. 64
constructora de acueductos. Y es que si Helena falleció en 328-329 parece imposible que coincidiera con el consularis aquarum Maximiliano en la pretendida construcción del acueducto ya que éste ostentó ese cargo en 330139, es decir, tras su muerte. DOMINAE NOSTRAE FL. IU [L] HELENAE PIISSIMAE AUG. GENETRICI D N CONSTAN TINI MAXIMI VICTORIS CLEMENTISSIMI SEMPER AUGUSTI AVIAE CONSTAN TINI ET CONSTANTI BEATIS SIMORUM AC FLORENTIS SIMORUM CAESARUM IULIUS MAXIMILIANUS V C COMES PIETATI EIUS SEMPER DICATIS (SIMUS)140 “A nuestra señora Flavia Julia Helena, píisima Augusta, madre de nuestro señor el más clemente Augusto Constantino Máximo siempre victorioso, y abuela de los más dichosos y florecientes Césares Constantino y Constancio. Esta estatua fue dedicada por Julio Maximiliano, de rango senatorial y comes, siempre devoto de su piedad” Se trata de una inscripción que fue hallada a finales del s.XVI en un viñedo que pertenecía a la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, y que hoy en día puede verse en la Capilla Gregoriana de San Pedro. Como la mayoría de las inscripciones dedicadas a Helena141, estaba escrita sobre mármol e iba acompañada de una estatua que representaba a la emperatriz. En cuanto a su datación, no puede ser anterior al año 324, ya que se hace referencia a Helena con su título de Augusta, que recibió en esa fecha. Aún más, según el comentario de H.Dessau en el corpus Inscripciones Latina Selectae, la inscripción no puede ser anterior a mayo de 326 ya que en ella no se menciona a Crispo como César, 139 POHLSANDER, H.A.: Helena: empress... Op.Cit. (1995), p.75 nota 15. 140 CIL VI 1134= ILS 709. 141 DRIJVERS, J.W: Helena Augusta... Op.Cit. (1992), p. 189. 71
quizás porque ya había sido ejecutado por orden de Constantino. Para Merriman142, sin embargo, esta inscripción, que debe ser conmemorativa, debió ser dedicada a Helena tras su muerte; y teniendo en cuenta que Constante no aparece mencionado como César parece poco probable que pueda datarse antes del año 333143. El dedicante, Julio Maximiliano, parece ser el mismo que aparece en CIL VI 36950, aunque su título aquí es distinto. Si en CIL VI 36950 aparece como consularis aquarum, aquí lo hace como comes integrante del ordo senatorial. A partir de Constantino un comes era una especie de confidente oficial al servicio del emperador. En un primer momento el título implicaba algunas tareas que el depositario del mismo debía rendir al emperador o al imperio, y garantizaba gran honor y reconocimiento social para el que lo poseía. Sin embargo, con el tiempo el término comes acabó resultando un término meramente honorífico sin cargas con el Imperio. En el caso de Julio Maximiliano no sabemos si su título fue tan solo honorífico o si implicó tareas con el estado, en todo caso parece seguro que fue comes en un primer momento, y encargado de los acueductos bajo el mando del prefecto de la ciudad, es decir, consularis aquarum, posteriormente144. DOMINAE NOSTRAE VENERABILI HELENAE AUGUSTAE GENETRICI D N CONSTANTINI MAXIMI VICTORIS ET TRIUMPHATORIS SEMPER AUGUSTI [F]LPI[ST]IUS V P P P PRIVATARUM PIETATI EORUM SEMPER DEVOTISSIMUS145 “A nuestra venerable señora Helena Augusta, madre de nuestro señor siempre victorioso y triunfador el Augusto Constantino Máximo. De Flavio Pistio, de oficio praepositus rerum privatarum, siempre devoto de su piedad” 142 MERRIMAN, J.F: The Empress... Op.Cit. (1997), pp. 436-446. 143 POHLSANDER, H. A: Helena: Empress... Op.Cit. (1995), p. 76. 144 JONES, A.H.M: The later... Op.Cit. (1964), Comes, pp. 104-105; Consularis aquarum, p. 691. 145 CIL VI 1135; obviada por KLEIN, R.: Helena. RAC 14 (1987), pp. 355-375, así como por HUNT, E.D.: Holy Land... Op.Cit (1984). 72
Esta inscripción, de mármol, fue también hallada en las proximidades de la Basílica Laterana. Se perdió poco después de su descubrimiento. Por el texto sabemos que debe datarse en una fecha posterior al año 324, ya que se hace referencia a Helena como Augusta y ella recibió tal título por parte de su hijo en ese año. Así mismo, por el estilo parece una inscripción conmemorativa, como la CIL VI 1134, que bien pudo ser erigida por Flavio Pistio tras la muerte de Helena. De éste, que ya se menciona, como hemos visto, en CIL VI 36903, solo sabemos su cargo, praepositus rerum privatarum, que no aparece recogido en la obra de Jones de tal manera. Según éste, un res privata era un administrador de las haciendas imperiales146, y un praepositi podía ser bien el encargado de supervisar el transporte imperial, bien de las granjas de caballos en el este del Imperio. Sin embargo, desconocemos la función exacta de este Flavio Pistio, ¿quizás además de administrar las rentas de las haciendas imperiales también era el encargado de supervisar el transporte de las mismas? Se trata tan solo de una hipótesis. 3.2.2. Inscripciones griegas. Έλένην μητ[έ]ρα Αύ[γ]ούοτ[ον147 “Helena madre de Constantino” Este texto fue hallando en Side148 y se encontró escrito en la base de una estatua que se ha perdido, muy posiblemente de Helena ya que el texto alude a ella. El hecho de que no se haga referencia a la emperatriz como Augusta parece significar que la inscripción debió de realizarse en fecha anterior a otoño de 324, año en el que, como ya hemos visto en repetidas ocasiones, Helena recibió el título de Augusta de manos de su hijo. En la inscripción se hace referencia a la emperatriz simplemente como madre de Constantino, es decir, madre del emperador, lo que debía ser suficiente motivo para reconocer su posición en la sociedad. 146 JONES, A.H.M: The later... Op.Cit. (1964), pp. 412-414. 147 CIG III 4349; INAN, J.,ROSENBAUM, E.: Roman and Early Bizantine Portrait Sculpture in Asia Minor. Oxford University Press, London, 1966, p. 52. 148 En Pamphylia, próximo a Atalya, Turquía. 73
Como vemos, casi todas las inscripciones dedicadas a Helena en su tiempo son de origen latino, quizás como ha sugerido Drijvers porque la fama de ésta debió de ser mayor en occidente que en la parte oriental del Imperio149. Sin embargo, si bien no hay demasiadas inscripciones griegas dedicadas a Helena en su tiempo, quizás no por falta de entusiasmo hacia la emperatriz en aquellos lugares sino porque no se han conservado, si encontramos cinco de época posterior que merecen ser, cuanto menos, citadas. Son las siguientes: • CIG 8694, 8742, 8765, 9070, las cuatro de época muy tardía y origen cristiano150. • una última151, que data probablemente del siglo VI, fue hallada en un muro del Cementerio de los santos Pedro y Marcelino. El dedicante de la misma que parece ser un peregrino, alude a Helena como “santa”, lo que nos hace suponer que en el momento de la realización de la inscripción la leyenda de la emperatriz como artífice de la inventio crucis estaba plenamente asimilada por las comunidades cristianas de la época. 3.2.3. Conclusiones. A partir del presente catálogo de las inscripciones que hacen referencia a Helena, pueden ser extraídas las siguientes conclusiones: 1. Llama la atención en primer lugar que el 90% de las inscripciones contemporáneas a la emperatriz que hacen referencia a ella son latinas. Así, pese a ser originaria de la parte Oriental del Imperio, es decir, de la zona geográfica en la que predominaba el griego frente al latín, tan solo una de las diez inscripciones contemporáneas a la emperatriz fue redactada en griego152, ya que las otras cinco que han sido halladas, como hemos visto, son mucho más tardías cronológicamente. 149 DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), p. 53. 150 DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op.Cit, (1992), idem. 151 “Ο ΘΕΩС ТΗ ΙΙΡΕСΒΑ/ ТΩΝ ΑТΩΝ ΜΑΡТУΡΩΝ ΚΑΙ ТΗС/ ΑТΗΑС ΕΛΗΝΗС СΟСΩΝ/ ТΟУС СΟУ ΔΟУΛΟУС/ ΙΟΑΝΝΗ…”. MARUCCHI, O: Epigrafía cristiana: trattato elementare con una silloge di antiche iscrizioni cristiane principalmente di Roma. Ed.Ulrico-Hoepli, Milán, 1919, p. 434. 152 CIG III 4349. 74
2. Del mismo modo, si se señala en un mapa (página siguiente) los lugares en los que aparecieron las inscripciones, se observa que éstas se encontraban mayoritariamente en el Occidente Imperial, fundamentalmente en la Península Itálica. Tan solo una, la de Side, fue hallada en la parte Oriental del Imperio. Y también tan solo una de las Occidentales, la del África Proconsular, fue encontrada fuera de Italia. Esto vendría a significar que, en primer lugar, su reconocimiento fue mucho mayor en Occidente que en Oriente pese a la peregrinación que llevó a cabo en los últimos años de su vida por aquella zona; peregrinación que la llevaría, según la leyenda, a descubrir la Vera Cruz. Quizás los motivos para tan escasa fama en aquellos territorios, pese a sus orígenes, fueron tanto su confesión religiosa como la de su hijo, ambas de carácter marcadamente cristiano. Y es que como recuerda Drijvers, la zona Oriental del Imperio era mayoritariamente propagana y que, por ello, Constantino tuvo que emplearse a fondo tras la batalla de Chrysopolis para intentar cristianizar la zona153. Asimismo, y en segundo lugar, la distribución geográfica de las inscripciones sirve para constatar que la veneración hacia ella fue mucho más importante en Italia que en el resto de las provincias del Imperio, provincias en las cuales, a excepción del África Proconsular, no encontramos inscripción alguna que haga referencia a ella. Esto parece ser un indicador de que, pese a su posible residencia en Tréveris154 y pese los viajes que realizó acompañando a su hijo en las campañas militares de éste, Helena debió pasar la mayor parte de su vida “política”, esto es, a partir del ascenso de Constantino a la cabeza del Imperio, en Italia, más concretamente en su residencia de Roma. 153 DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), pp. 66-67. 154 Analizada en el apartado dedicado a las fuentes iconográficas así como en el desarrollo biográfico correspondiente a Helena, esp. apartado 5.2. 75
Localización geográfica de las inscripciones en las que se menciona a Helena. 3. En el 70% de las inscripciones contemporáneas a Helena que hemos analizado se alude a Helena como Augusta, es decir son posteriores al año 324, mientras tan solo un 30% son anteriores a esta fecha. Respecto al tema de la fama que la emperatriz tuvo en el Imperio, a la conclusión de que esta fue mayor en Occidente que en Oriente puede añadirse, a la vista de las cifras, que también fue mayor tras el 324 que durante los años anteriores, con lo que esta fecha marcaría un punto de inflexión en la carrera pública de Helena. No obstante, el aumento del poder público de la emperatriz a partir de esta fecha no es sorprendente puesto que en ese año su hijo Constantino la ascendió al rango de Augusta, lo que incrementaría el conocimiento que de ella tenían las gentes del Imperio, por ejemplo, a través del aumento cuantitativo de monedas acuñadas en su honor155. Y, además, tan 155 Aspecto analizado en mayor profundidad en el apartado 3.3, dedicado a las fuentes numismáticas. 76
solo dos años después, gracias a la muerte y posterior damnatio memoriae de Fausta, y a falta de otra esposa para Constantino, Helena quedó como emperatriz “consorte” en solitario hasta su muerte, lo que, sin duda alguna, la debió de hacer sobradamente conocida entre las gentes del Imperio. 4. También resulta interesante que en las dos inscripciones en las que se hace referencia a la vinculación de Helena con el que fue el padre de su hijo, Constancio Cloro, se haga mediante los términos coniux y uxor156, que de ser ciertos implicarían que la unión entre ambos habría sido un matrimonio perfectamente legal. No obstante, el hecho de que el 80% restante de las inscripciones prefiera omitir el dato no deja de resultar sospechoso, y posiblemente indicativo de que, ante una realidad marcada por una unión no tal “legal” quizás lo mejor era no poner nada al respecto en la inscripción. El silencio, además, vendría a ratificar que, ya en vida de Helena, resultaba un tema tabú el intentar poner un nombre a la relación que hubo entre los padres de Constantino. Por lo tanto, las dos ocasiones en las que Helena aparece considerada como esposa por ley podrían ser, más que una realidad objetiva, un modo de congratularse con el poder mediante el halago y la negación de los rumores de que la emperatriz habría sido tan solo una concubina. 5. El 70% de las inscripciones aparecieron acompañadas de estatuas. Y resulta curioso que, pese a haber sido tan profusamente representada, como veremos en el capítulo dedicado a las fuentes iconográficas, sean tan pocas las muestras que hayan llegado hasta nuestros días y que representen a la emperatriz antes de ser santificada por la iglesia. 6. Finalmente, destacaremos que en las inscripciones, dedicadas a ella tanto por ciudades como por particulares, se remarcan aspectos de su personalidad tales como la pietas o la excellentia157, y se alude a la misma como piisima ac clementissima…158. Es decir, que las mismas virtudes que elogiaba Eusebio de la emperatriz en su Vita Constantini son las que encontramos en estas inscripciones de clara dirección halagadora y discípula del poder existente. Lo que hace pensar en estos términos como 156 CIL X 517= ILS 708 y CIL X 1483, respectivamente. 157 CIL X 517= ILS 708. 158 CIL X 2446, CIL X 1483 y CIL X 1484. 77
integrantes de un discurso oficial ordenado desde el poder al servicio de la política familiar, de apoyo a la religión emergente así como de sus valores, del emperador Constantino. 3.3. FUENTES NUMISMÁTICAS. Allí donde existió la moneda, ésta desempeñó un papel importante tanto en la vida económica –sirviendo para realizar transacciones o regaloscomo en la social y política –acentuando las diferencias sociales y publicitando a un determinado personaje, familia o colectividad en su ascenso o consolidación hacia un estatus de poderdel territorio que la poseía. Dado el primitivo carácter de los sistemas de emisión, distribución y acumulación de monedas de la Antigüedad, era frecuente la pérdida de aquellas, en ocasiones en grandes cantidades. Asimismo, muchas de esas monedas han llegado hasta nuestros días gracias a que fueron enterradas o escondidas deliberadamente por sus propietarios a fin de preservarlas de las dificultades del momento, generalmente por miedo a la violencia armada, y que luego no fueron recuperadas. En nuestro caso tales dificultades podrían ser las consecuencias ya más psicológicas que tangibles de la crisis del s.III, de la que la población intentaba recuperarse, y que había estado marcada por constantes usurpaciones, amenazas exteriores, devaluación de la moneda y epidemias. En cualquier caso, se trate de hallazgos fortuitos, de monedas halladas en el curso de la excavación de un yacimiento, de las que se encuentran en enterramientos, o de depósitos votivos, todas estas monedas, pese a su nula imparcialidad, pues se emiten desde el poder con el objetivo de consolidar a sus protagonistas, son una fuente de gran importancia para el conocimiento de la historia el mundo antiguo. Los hallazgos monetales que vamos a analizar a continuación, en tanto que fueron acuñados en vida de la emperatriz o en momentos inmediatamente posteriores a su muerte, son fundamentales para ampliar en conocimiento que se tiene de la figura histórica que nos ocupa en este capítulo, Helena Augusta. Las siguientes fuentes numismáticas reflejan, de un modo directo y objetivo, aspectos de tal relevancia histórica como su posición en la corte imperial, cuales fueron los años en los que tuvo una mayor presencia política o que niveles alcanzaba su popularidad en el Imperio. El estudio de las monedas que acuñó el Estado en su honor -bien para honrarla, bien para utilizar su figura políticamente, como veremos a continuaciónva a ser 78
presentado de un modo cronológico. Así, diferenciaremos tres etapas marcadas por dos hitos importantes en la trayectoria de Helena: el primero, su nombramiento como Augusta en otoño del año 324, que sirvió para dar oficialidad a la posición que ya debía tener tiempo atrás en la Corte; el segundo, como no podía ser de otro modo, su fallecimiento en, aproximadamente, el año 329, que marcará el comienzo de la mitificación de su persona y que finalizará con su canonización por parte de la Iglesia en el siglo IX. 3.3.1. Primera etapa: antes de octubre-noviembre de 324159. Hasta finales del año 324, Helena ostentó el título de Nobilissima Femina. Este título que se ha conservado en pequeñas monedas de bronce160, de las cuales tuvieron lugar dos emisiones entre las guerras de 314 y 324, guerras que enfrentaron a Constantino y a Licinio. Estas fechas vienen determinadas por el hecho de que en algunas de las monedas aparezca el exergo I/TS de la ceca de Tesalónica, que no perteneció a Constantino hasta después de la guerra de 314, lo que indica que la acuñación de monedas con la efigie de su madre no pudo ser anterior. Llama la atención que, si bien no tenemos muchas de estas monedas porque se acuñaron en cantidades escasas, las pocas que se han conservado han generado un gran debate entre los investigadores. Las dudas se han planteado entre aquellos que han querido ver en las monedas la imagen de Helena madre de Constantino161 y los que han considerado que esta sería más bien Helena la esposa de Crispo162. 159 Vid. Ilustraciones “Numismática” nº1-2, pp. 301, 303 del presente trabajo. 160 COHEN, H: Description historique des monnaies frappés sous l’empire romain, communément appelées médailles impériales, vol.VII. Paris, 1888, p.97, nº14; DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), pp. 37-40; POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op. Cit. (1995), p.178. 161 BRUUN, P.M: Roman Imperial Coinage, Vol.VII. Constantine and Licinius 313-33.London, 1966, pp. 493-494, 503-505, nº48 y 50, il.15, nº50, data la moneda en 320, con lo que todavía no puede ser relacionada con la Helena de Crispo; DELBRÜCK, R.: Spätantike kaiserporträts von Constantius Magnus bis zum Ende des Westreichs. Berlin-Leipzig, 1933, pp.47, 84, il.10, nº1; GNECCI, F: “Appunti di Numismatica Romana”, Rivista Italiana di Numismatica, 10 (1890), fasc.II, pp. 183-184; GRÜNEWALD, Th.: Constantinus Maximus Augustus: Herrschaftspropaganda in der zeitgenössischen Überlieferung. Historia Einzelschriften 64, Stuttgart, 1990, p. 142; KENT, J.P.C: Roman Coins. Thames and Hudson, London, 1978, pp.50-51, pl.162, nº638; KLEIN, R: Helena. Op. Cit. (1987), p. 362. 162 MAURICE, J: Numismatique Constantinienne. Iconographie et chronologie, description historique des émissions monétaires. Paris, 1908-1912, vol.I, p.92, pl.VIII, nº1, asigna la moneda a Helena madre de Constantino y la data en 313-314, sin embargo en vol.II, p.452-54 propone que la Helena en cuestión sea la mujer de Crispo y la data entre 323-324; ÄLFOLDI, M.R: “Helena Nobilísima Femina: Zu Deutung der Trierer Deckengemälde”. Jahrbuch für Numismatik 10 (1959-60), pp. 82-84 afirma que se trata de la esposa de Crispo como ya lo hizo en el contexto del fresco de Tréveris, vid. apartado 3.4., dedicado a las fuentes iconográficas, del presente capítulo. 79
Pese a la autoridad y argumentos de aquellos investigadores que apoyan la segunda de las posibilidades en cuanto a la identificación del personaje de las monedas, si como nos dice Pohlsander163, en las mismas fechas y en la misma ceca se estaban acuñando monedas exactamente iguales para Helena y Fausta en las que solo cambiaba la imagen de la primera por la de la segunda, parece poco probable que estas no se hicieran para las dos Nobilissimae Feminae sino para Fausta y Helena, esta segunda esposa de Crispo. Es decir, las monedas tuvieron que ser dirigidas a la homónima en cuanto a títulos a Fausta, y ésta, en esas fechas, no era otra que la madre del emperador Constantino. 3.3.2. Segunda etapa: desde su proclamación como Augusta hasta su fallecimiento164. Entre los años 325 y 329 se multiplicaron las monedas acuñadas con su imagen. En ellas se podrá leer en exclusiva la leyenda HELENA AUGUSTA165. Las primeras monedas con la leyenda AUGUSTA fueron acuñadas en octubre de 324 en la ceca de Antioquia, lo que nos facilita una fecha muy precisa de cuando Helena recibió tal título. De este modo, Drijvers apunta que la otorgación del título de Augusta a Helena no habría coincidido con la ascensión de Constacio II al rango de César el 8 de noviembre de 324 como defienden otros autores166, ya que se produjo antes como probarían las monedas. E incluso podría plantearse que Constantino ya hubiera decidido ascender a su madre y a su esposa al rango de Augustas antes de vencer a Licinio en Adrianópolis, y que las distintas cecas del Imperio ya tuvieran el diseño para hacer la moneda antes de la batalla, ya que se acuñaron muy rápidamente tras la misma167. 163 POHLSANDER, H.A: Helena: Empress…Op.Cit. (1995), p. 180. 164 Vid. Ilustraciones “Numismática” 3-5, pp. 301, 303-304 del presente trabajo. 165 CALZA, R.: Iconografía romana imperiale vol.III: da Carauso a Giuliano (287-363d.C). Ed. L’Erma di Bretschneider, Roma, 1972, p.169, tav.LI, nº158; CARSON, R.A.G: Coins of the Roman Empire. London-New York, Routledge, 1990, pp. 169-170, pl.45 nº669, 670; DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), p. 41; GRANT, M: Roman History from Coins. University Press, Cambridge, 1968, pl.13 nº6; KLEIN, R: Helena. Op. Cit. (1987), p. 362; MAURICE, J: Numismatique constantinienne… Op.Cit. (1908-1912), vol.I, pp. 132-133 y 89-90; POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op.Cit. (1995), p.180; SUTHERLAND, C.H.V: Roman Coins. Barrie and Jenkins, London, 1974, p. 261. 166 BARNES, T.D: The new Empire… Op. Cit. (1982), p. 9 ; COHEN, H: Description historique des monnaies frappés sous l’empire romain, communément appelées médailles impériales, vol.VII. Paris, 1888, pp. 26, 77. 167 BRUUN, P.M: Roman Imperial Coinage, Vol.VII. Constantine and Licinius 313-33.London, 1966, p.61-62; COHEN, H: Description historique… Op.Cit. (1888), pp. 95-97; DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), p. 41. 80
Además de éstas, otras esculturas han llegado, en mayor o menor medida, a identificarse con la madre de Constantino. En el Museo Capitolino de Roma se encuentra una cabeza de tamaño natural colocada sobre la estatua sedente de una mujer, a la cual no perteneció originalmente188. Durante mucho tiempo se creyó que era una estatua del siglo I que representaba a Agripina la Mayor, de ahí que se le diera el nombre de Agripina Capitolina. Hoy en día, gracias a su similitud con el anverso de un medallón de bronce que se encuentra en el Museo Británico y en el que aparece la emperatriz, se la identifica con Helena189, a quien puede verse representada con un peinado de trenzas enrolladas y pegadas al cráneo, del mismo modo en el que aparece en las monedas y medallones en las que se la honra como Augusta. Es decir, el peinado indicaría que esta imagen de la cabeza de la emperatriz debe datarse en una fecha posterior a finales del año 325. Además, teniendo en cuenta que Helena aparece representada como una mujer joven, y que hacia el 325 ella tendría ya unos 75 años, no parece descabellado presuponer que se trata de una estatua conmemorativa que se erigió para honrar, tras su muerte, a la madre de Constantino el Grande. Por su similitud con la cabeza que puede visitarse en el Museo Capitolino un busto de mármol itálico, que se encuentra en el Palacio del Governatorato del Vaticano, también ha sido identificado con Helena190. Se trata de una imagen casi de tamaño real y procedencia desconocida en el que, sin embargo, algunos estudiosos quieren ver no una escultura original del siglo IV sino una copia moderna191. También en la Galería de los Uffizi, en Florencia, se encuentra una estatua sedente que parece representar a Helena192. Delbrück ha querido ver, con poco seguimiento del resto de los investigadores, a la emperatriz en una escultura del Cabinet des Médailles de la Biblioteca Nacional de Paris193. Y en una lámina del conocido como Codex 188 Vid. Ilustraciones “Iconografía” nº1, pp. 301, 306-307 del presente trabajo. 189 FITTSCHEN, K; ZANKER, P: Katalog der römischen Porträts in den Capitolinischen Museen und en anderen kommunalen Sammlungen der Stadt Rom. III: Kaiserinnen-und Prinzessinnenbildnisse, Frauenporträts. Mainz, 1983, pp. 35-36 nº38, il. 47-48.; KLEINER, Diana E.E: Roman sculpture. Yale University Press, 1992, p. 442, il. 404.; CALZA, R.: Iconografía romana... Op.Cit. (1972), pp. 170-171, nº80, tav.LII, 161-163. 190 Opinión compartida por DRIJVERS, J.W: Helena Augusta... Op.Cit.(1992), p.191, 194 y CALZA, R.: Iconografía romana... Op.Cit. (1972), p.172,nº 82, tav.LIV, 165-166. 191 para más bibliografía vid. POHLSANDER, H.A: Helena: Empress... Op. Cit. (1995), p.172; Vid. Ilustraciones “Iconografía” nº2, pp. 301, 308. 192 POHLSANDER, H.A: Helena: Empress... Op. Cit. (1995), pp. 172, 178; CALZA, R.: Iconografía romana... Op.Cit. (1972), p.171-172, nº81, tav.LIII, 164, tav.LIV, 167-168. 193 DELBRÜCK, R.: Spätantike kaiserporträts von Constantius Magnus bis zum Ende des Westreichs. Berlin-Leipzig, 1933, pp.163, tav. 62-64; L’Albizzati, Bonicatti y M.Alföldi ven en esta escultura a Aelia Flaccilla, vid. CALZA, R.: Iconografía romana... Op.Cit. (1972), p.175-176; Vid. Ilustraciones “Iconografía” nº3, pp. 301, 308. 87
Barberini aparece el dibujo de una cabeza de mármol, hallado en el Esquilino por el pintor Girolamo Muziano y que va acompañado de una leyenda en la que puede leerse: “Sta. Helena”194. En opinión de algunos investigadores, la mujer allí representada parece demasiado joven para ser Helena195, sin embargo, ¿por qué no considerar la escultura como una idealización de la emperatriz en lugar de cómo una falsificación? No podemos finalizar este apartado sin hacer una pequeña referencia al sarcófago de Helena. Éste, que originalmente se halló en el Mausoleo de la emperatriz196, se encuentra actualmente en el Museo Vaticano. En las esquinas superiores de los lados largos del sarcófago aparecen varios retratos en relieve. Uno de ellos, que representa a una mujer con diadema ha sido identificado con Helena por su similitud con la imagen que de la emperatriz ofrecen las fuentes numismáticas y con el busto del Museo Capitolino197. Sin embargo, son muchos los que dudan de su autenticidad, y es que parece que más que de tratarse de un busto original tallado en el momento de la muerte de la emperatriz, se trataría de un añadido llevado a cabo en la restauración del sarcófago de los años 1778-1787198. 3.4.2. Camafeos, Medallones y Gemas. En primer lugar cabe destacar el camafeo de Tréveris, que puede admirarse en la Stadtbibliothek de esta ciudad. Se trata del camafeo que decoraba la cubierta del llamado codex aureus, también conocido como manuscrito de Ada, ya que perteneció, en el siglo VIII, a una de las hermanas de Carlomagno así llamada. En él se aprecian, además de dos águilas con las alas extendidas, los retratos de cinco individuos199. El debate se centró en su datación200 y, una vez resuelta ésta en la identidad de los personajes que aparecen en el mismo, a los que no es fácil identificar debido a que las imágenes están desprovistas de un estudio individual de cada uno de los retratados201. Finalmente, se ha llegado a la conclusión de que el camafeo fue originariamente una 194 Vid. Ilustraciones “Iconografía” nº4, pp. 302, 309. 195 DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), p. 194; CALZA, R.: Iconografía romana... Op.Cit. (1972), p. 174, nº 85, tav.LVI, 175. 196 Hoy conocido popularmente como “Tor Piganattara” 197 CALZA, R.: Iconografía romana... Op.Cit. (1972), p.173,nº84, tav. LVI, 173-174, LVII, 176-178; KLEINER, Diana E.E: Roman sculpture. Yale University Press, 1992, pp. 442-443, 454-456, fig.418. 198 POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op. Cit. (1995), pp. 150, 171; DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), p. 190; Vid. Ilustraciones “Iconografía” nº5, pp. 302, 309-310. 199 Vid. Ilustraciones “Iconografía” nº6, pp. 302, 311. 200 Bibliografía acerca del debate, CALZA, R.: Iconografía romana... Op.Cit. (1972), p. 180, tav.LXXXIII, 292. DRIJVERS, J.W: Helena Augusta... Op. Cit. (1992), p. 191. 201 LAFAURIE, J.: “Médaillon Constantinien”, Revue Numismatique 17 (1955), p.239-241; POHLSANDER, H.A: Helena: Empress... Op. Cit. (1995), p. 169. 88
piedra preciosa de época de Claudio, adaptado en tiempos de Constantino para inmortalizar a su familia en el mismo202. Teniendo en cuenta esta cronología, M.R Älfoldi data el camafeo en algún momento entre 317 y 324. Y Calza lo hace entre 318 y 323, identificando a los personajes del camafeo como Helena, su hijo Constantino, Fausta y los hijos de ésta Constancio II y Constantino II203. Sin embargo, según la opinión de Kaiser, que parece ser la más acertada y que suscribe Pohlsander, los personajes que aparecen en el camafeo serían, de izquierda a derecha, Helena, Constantino, Constantino II, Fausta y Crispo, y la datación del mismo se situaría antes del 7 de agosto del año 317, fecha de nacimiento de Constancio II, ya que, según esta hipótesis, éste no aparece retratado204. En Colonia se hallan conservados fragmentos de otro camafeo. En éste se observan los retratos de cuatro mujeres que, por el peinado, bien pueden ser datadas en época de Constantino. En una de estas mujeres algún autor ha querido ver a Helena205, madre del emperador, aunque son mayoría los que dudan ante el estado tan fragmentario de la pieza206. En Leiden se encuentra otro camafeo, datado en el año 325, en el que puede apreciarse al emperador Constantino el Grande y a su familia en un carro tirado por dos centauros207. Junto al emperador aparecen su esposa, Fausta, y su hijo Constancio, que había sido proclamado césar tan solo unos pocos años antes. Detrás de éstos se observa a una mujer, con el pelo atado en la nuca al modo de Livia, ¿de quien se trata? Según investigadores como Richter o Vogt la mujer en cuestión no es otra que la emperatriz Helena208. Sin embargo, otros estudiosos rechazan esta hipótesis por considerar la representación demasiado joven para tratarse de la madre de Constantino el Grande209. No obstante, ¿no podría considerarse, al igual que la lámina del Codex Barberini como una idealización de la emperatriz? 202 ÄLFOLDI, M.R: Die Constantinische Goldprägung. Mainz, 1963, pp.127-128; FURTWÄNGER, A: Die Antiken Gemmen: Geschichte der Steinschneiderkunst im Klassischen Altertum. Gesecke&Devrient, Berlin-Leipzig, 1900, vol.III, pp. 323-324. 203 KLEINER, D. E.E: Roman sculpture. Yale University Press, 1992, p. 442, fig.403. 204 POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op. Cit. (1995), p. 169. 205 BRACKER, J.: “Eine kölner kameenwerkstatt im Dienste Konstantinischer Familienpolitik”, JbAC 17 (1974), p.103-108. 206 POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op. Cit. (1995), p. 169; DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), nota en p. 191. 207 Vid. Ilustraciones “Iconografía” nº7, pp. 302, 311 del presente trabajo. 208 RICHTER, M.A: The engraved gems of the Romans. Phaidon, London, 1971, nº 600; VOGTH, J: “Pagans and Christians in the Family of Constantine the Great”, en MOMIGLIANO, A: The conflict between paganism and Christianity in the fourth century. Clarendon Press, Oxford, 1963, p.46. 209 POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op. Cit. (1995), p. 170; DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), pp. 192-193. 89
Otro medallón de bronce, que hoy puede ser admirado en el Museo Dobrée en Nantes, fue hallado en 1922 en el curso de unas operaciones de drenaje del río Loira, en Francia. En el mismo pueden observarse dos bustos que se encuentran uno enfrente del otro, masculino el perfil de la izquierda y femenino el de la derecha. Entre ellos aparece el monograma de Jesucristo CHI-RHO, cuyo aspecto es el de una P sobre una X, y tras la pareja, tres pequeños bustos juveniles, uno ligeramente más grande de frente y los otros dos colocados simétricamente de lado210. Según J.Lafaurie la pareja representada serían Constantino el Grande y Helena – quien aparece con diadema y vestida con una togay las tres pequeñas figuras: Constancia, hermana de Constantino, Constantino II y Constancio II211. Según éste la ausencia de Crispo y Fausta en el medallón implicaría que este deba datarse tras el año 326, fecha en la que fueron asesinados y a partir de la cual se les aplicó la damnatio memoriae. Además, la aparición de Helena supone que la fecha de fabricación del medallón no puede ser posterior a 330, año en el que murió la emperatriz. Para Drijvers, sin embargo, la pareja representada serían Fausta y Constantino con sus tres hijos212. En cuanto a la finalidad del medallón, por su baja calidad –se trata de una pieza de cobrey su escenografía–la familia imperial con el símbolo CHI-RHO en el centro de la escenahace pensar que se trataría de un elemento reflejo de la política de Constantino, una imagen oficial destinada a difundir la idea de “misión divina” de la familia imperial. En mi opinión, el medallón es un elemento más de la propaganda imperial de Constantino el Grande. En el Coin Cabinet del Museo Británico de Londres se encuentra el medallón de bronce cuya similitud con la estatua sedente del Museo Capitolino de Roma fue fundamental para reconocer a esta última como Helena y no como Agripina la Mayor213. No tiene marca de acuñación, y lugares como Nicomedia, Constantinopla o Roma han sido barajados como posibles centros de fabricación del medallón. En cuanto al anverso, que es la parte de la moneda que más nos interesa en este apartado dedicado 210 CALZA, R.: Iconografía romana... Op.Cit. (1972), p.175, nº87, tav.LVIII, 181, p.238, nº151, tav.LXXXIII, 293; KLEINER, D.E.E: Roman sculpture. Yale University Press, 1992, p. 442. 211 LAFAURIE, J.: “Médaillon Constantinien”, Revue Numismatique 17 (1955), pp. 228-236. Tesis asimilada por POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op. Cit. (1995), p.167; y por VOGTH, J: “Pagans and Christians in the Family of Constantine the Great”, en MOMIGLIANO, A: The conflict between paganism and Christianity in the fourth century. Clarendon Press, Oxford, 1963, p. 50. 212 DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), pp. 193-194; tesis ya enunciada por WEGNER, M: Constantinische Deckengemälde aus dem römischen Palast unter dem Dom. Bischöfliches Museum Trier, Trier, 1984, pp. 145, 153. 213 Vid. Ilustraciones “Numismática” nº6-7, pp. 301, 305. 90
a la iconografía, se observa un busto de Helena de perfil con diadema y con la leyenda FLAVIA AELENA AUGUSTA. Esto supone que la moneda tuvo que acuñarse después del año 324, ya que la emperatriz aparece mencionada como augusta y antes del 329, fecha de su muerte. Asimismo, la leyenda en la que aparece su nombre elimina cualquier duda de que la retratada no sea la madre de Constantino, y dado que es idéntica al busto del Museo Capitolino es lógico pensar que aquella imagen también la representa214. Delbrück también identifica el busto de Helena en dos gemas talladas con sendos retratos femeninos, ambos datados en 325-326215. En una de ellas, además una imagen femenina con el peinado característico de la emperatriz aparecen las letras FL HEL, lo que limita mucho las dudas y prácticamente asegura que el personaje del retrato no es otro que la madre de Constantino el Grande. En la otra aparece representada una mujer mayor que no parece ser la emperatriz ya el peinado, según Drijvers, no corresponde con el que solía llevar Helena216. 3.4.3. Frescos y Mosaicos. En el transcurso de unas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo a mediados del siglo XX en la catedral de Tréveris, bajo el suelo actual de la misma fue hallada una habitación que, si admitimos que allí se encontraba el palacio de la emperatriz en la capital del Mosela, bien pudo pertenecer a un miembro de la familia de Constantino. En el pavimento de aquella habitación aparecieron, muy fragmentados en su mayor parte, los restos de las pinturas que adornaron su techo217. La restauración de las mismas acabó en 1983 y cinco años después las pinturas se trasladaron al nuevo museo diocesano donde hoy se encuentran. 214 COHEN, H: Description historique des monnais frappés sous l’empire romain, communément appelées médailles impériales, vol.VII. Paris, 1988, p.96, nº 7; MAURICE, J : Numismatique Constantinienne. Paris, 1908-1912, vol.I, p.92, pl.VIII, nº2, vol.II, p.501, nº20; GNECCI, F : « Appunti di Numismatica Romana », Rivista Italiana di Numismatica, 10 (1890), fasc.II, pp.185-186 ; MAURICE, J : Sainte Hélène. H.Laurens, Paris, 1930, p.8 ; DELBRÜCK, R.: Spätantike kaiserporträts von Constantius Magnus bis zum Ende des Westreichs. Berlin-Leipzig, 1933, pp.47-48, il.17,pp. 85-86, tav.11, nº13; RIC VII, p.323,nº250; , R.: Iconografía romana imperiale vol.III: da Carauso a Giuliano (287-363d.C). Ed. L’Erma di Bretschneider, Roma, 1972, p.169, tav.LI, nº159; KLEIN, R: RAC 14 (1987), p. 362; POHLSANDER, H.A: Helena: Empress... Op. Cit. (1995), pp. 172, 182. 215 Vid. Ilustraciones “Iconografía” nº8, pp. 302, 312. 216 DELBRÜCK, R.: Spätantike kaiserporträts von Constantius Magnus bis zum Ende des Westreichs. Berlin-Leipzig, 1933, pp.165-166, taf. 75.4-75.5; DRIJVERS, J.W: Helena Augusta... Op. Cit. (1992), p. 193. 217 CALZA, R.: Iconografía romana... Op.Cit. (1972), p.179, nº95, tav.LX, 189-190. En cuanto a una posible decoración en las paredes o en el suelo mediante otros frescos o mosaicos, no se han encontrado en el transcurso de las excavaciones, aunque esto no significa que no existieran. Vid, DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), p. 25. 91
Una vez acabada la restauración se apreció que el fresco se hallaba dividido en quince paneles, en los que se muestran, alternativamente, retratos de personajes218 y escenas de danza. En los paneles 2, 4, 8 y 14 aparecen retratadas tres mujeres. Uno de ellos, el número 8, se sitúa en el centro de la escena y representa a una mujer mayor, con ricas joyas, un velo en la mano derecha y un kantharos en la mano izquierda. Según Kempf, quien llevó a cabo las excavaciones, y también según Weber ésta mujer no es otra que Helena, madre de Constantino219. Ésta se hallaría representada en el marco de la celebración de su setenta cumpleaños, es decir, en los años 318-320, según la fecha de nacimiento aceptada220. Sin embargo, la asimilación de la imagen del panel número 8 con la emperatriz no ha sido admitida por todos los investigadores; de este modo, según otros autores como M.R.Älfoldi, las pinturas no estarían representando el cumpleaños de Helena, madre de Constantino, sino las bodas entre Crispo y Helena, su primera mujer, lo que dataría las pinturas en el año 321221. Además, la imagen de la madre de Constantino el Grande ha sido hallada en el llamado “Mosaico de Aquilea”222. Se trata de un extenso mosaico aparecido en el suelo de la catedral de Aquilea, que fue en otro tiempo parte de una iglesia de época de Constantino. El mosaico se halla dividido, en cuanto a sus representaciones iconográficas, en diez partes. En una de ellas aparece Helena junto con otras tres mujeres de la familia imperial más difíciles de identificar. Se ha datado en el año 325223. 218 El predominio del color púrpura en los retratos de los personajes ha hecho pensar a Drijvers que éstos fuesen miembros de la familia imperial. DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), p. 26. 219 Vid. Ilustraciones “Iconografía” nº9, pp. 302, 312 del presente trabajo. 220 WEBER, W: Constantinische Deckengemälde aus dem Römische Palast unter dem Trierer Dom. Bischöfliches Museum, Trier, 1984, pp. 26-27; VOGTH, J: “Pagans and Christians in the Family of Constantine the Great”, en MOMIGLIANO, A: The conflict between paganism and Christianity in the fourth century. Clarendon Press, Oxford, 1963, p. 49. 221 ÄLFOLDI, M.R: “Helena Nobilísima Femina: Zu Deutung der Trierer Deckengemälde”. Jahrbuch für Numismatik 10 (1959-60), pp. 81-82; Wightman, M.E.: Roman Trier and the Treveri. Rupert Hart-Davis, London, 1970, pp. 109-110; Para más bibliografía sobre el debate vid. POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op. Cit. (1995), pp. 42-43. 222 Vid. Ilustraciones “Iconografía” nº10, pp. 302, 212. 223 DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), p. 189; POHLSANDER, H.A: Helena: Empress… Op. Cit. (1995,) p. 168; Klein, R: Helena, Op. Cit. (1987), p. 364; CALZA, R.: Iconografía romana... Op.Cit. (1972), p. 179, nº96, tav.LX, 191. 92
3.4.4. Conclusiones. Una vez visto el catálogo de las representaciones que de Helena se conocen en la actualidad podemos constatar lo siguiente: 1. No se han conservado demasiadas muestras iconográficas en las que aparezca la emperatriz, aunque esto no tiene porque significar que no se la representara de manera habitual durante los años en lo que ejerció como mater imperatoris en la corte de su hijo. Quizás la causa del escaso elenco iconográfico que ha perdurado de Helena esté relacionada con su rápida incursión por la Iglesia Católica en el mundo de los santos, lo que privilegió la producción de su imagen como santa frente a la de personaje histórico destacado del Imperio Romano, imagen esta última que no debió representar tanto interés para los fieles y los artistas sacros. 2. Dentro del reducido elenco iconográfico con el que contamos son muy escasas las imágenes que pueden identificarse de un modo certero con Helena, siendo la mayoría de representaciones que se atribuyen a su persona de una fiabilidad muy dudosa. De este modo, desde mi punto de vista tan solo podemos asegurar que la representada es la emperatriz en las obras siguientes: • en las esculturas que han aparecido acompañando a inscripciones dedicadas a la madre de Constantino224, a saber: CIL VI 1134= ILS 709, CIL X 517= ILS 708, CIL X 1483, CIL X 1484 y CIL IX 2446, aunque como sabemos esta última no se ha conservado. • en el busto conservado en el Museo Capitolino, cuya similitud con el medallón de bronce del Museo Británico, en el que puede leerse FLAVIA AELENA AUGUSTA, no ofrece lugar a duda. • en el camafeo “Ada” conservado en Tréveris. • en una de las gemas que identificó Delbrück, en la que la mujer representada además de estar peinada con el tocado característico de Helena se acompaña de las siglas FL HEL, que tampoco ofrecen demasiadas dudas en cuanto a su identificación como la madre del emperador Constantino el Grande. • en el mosaico de Aquilea. 224 y que sorprendentemente no han sido reconocidas como fiables ni por Drijvers ni por Pohlsander. 93
3. En casi todas las imágenes vistas en el catálogo anterior la emperatriz es representada joven y bella, es decir se tiende a una idealización de su persona. Esto recuerda al trato que también recibieron, de parte de los retratistas, las grandes mujeres del Imperio Romano de tiempos anteriores a Helena. La única excepción a este hecho la encontramos en los frescos hallados en la Catedral de Tréveris, en los cuales la emperatriz aparece representada con unos setenta años de edad. No obstante, incluso en esta imagen, Helena aparece hermosa y adornada con ricas joyas, lo que no deja de ser también una idealización de su persona. 4. Al realizar un repaso geográfico de los emplazamientos en los que se han hallado imágenes de Helena, o que se supone la representan, se observa que casi todos los lugares se circunscriben en el ámbito del Imperio romano occidental, en las actuales Italia, Alemania y Francia. Más aún, encontramos las muestras iconográficas en civitas que tradicionalmente se han relacionado, a la luz de las fuentes escritas y los restos arqueológicos hallados, como ya hemos visto, con sus lugares de residencia. Nos estamos refiriendo a Roma y Tréveris fundamentalmente. La única excepción la encontramos en la cabeza que se encuentra en el Museo Arqueológico de Estambul, que ni siquiera es nombrada por Calza en su “Iconografía Romana” y que tiene todas las probabilidades de tratarse de un error de identificación y de ser, en realidad, el retrato privado de una mujer de finales del siglo IV225. Constatamos que pese a ser una mujer –“presuntamente”, como veremos más adelantenacida en oriente y pese a su peregrinación y supuesto hallazgo de la Vera Cruz por y en la parte oriental del Imperio romano, sus representaciones no se dieron sino en ámbito occidental del mismo. Éste fenómeno, que ya apreciamos al estudiar la epigrafía referida a Helena, nos hace pensar que la influencia de la emperatriz fue mucho mayor en la zona occidental del imperio que en la oriental. 5. Aparece situada iconográficamente en situaciones que no hacen sino confirmar su posición relevante en la corte. Así, solemos encontrarla ejerciendo de emperatriz y Augusta, generalmente reemplazando a Fausta, la esposa de Constantino, en los retratos familiares en los que quizás debería estar representada aquella junto a su esposo e hijos y en los que ni siquiera aparece, y en un plano de igualdad con el emperador. 225 INAN, J.,ROSENBAUM, E.: Roman and Early Bizantine Portrait Sculpture in Asia Minor. Oxford University Press, London, 1966, pp. 99-100, nº91, tav.LVI. 94
95 Luego, la iconografía anterior, que debemos entender siempre en términos de propaganda del poder226, viene a subrayar que la emperatriz gozaba de un status elevado en la Domus Constantiniana, fundamentalmente en la parte occidental del Imperio. Asimismo, parece claro que la imagen que se pretendía dar de la misma era una imagen bella y joven, es decir, idealizada, quizás, como apuntaba más arriba, con la finalidad de colaborar así a la imagen de “misión divina” que la política de Constantino pretendía dar de la familia imperial. En este sentido, y ante la importancia de la utilización de la imagen de la emperatriz Helena en el contexto de la política propagandística de su hijo Constantino, cabe destacar, y ésta va a ser una de las ideas fundamentales del presente trabajo, la relevancia de lo femenino en la creación de la imagen de la casa imperial. 226 MIRÓN PÉREZ, Mª.D.: Mujeres, religión y poder: el culto imperial en el occidente mediterráneo. Colección Feminae, Universidad de Granada, 1996, p. 76.
4. LOS LLAMADOS AÑOS OSCUROS DE LA VIDA DE HELENA. Cabe comenzar este capítulo delimitando los años oscuros de la vida de Helena y explicando el porqué de semejante denominación. Con los términos años oscuros se quiere hacer referencia al periodo de la vida de la futura emperatriz que se halla comprendido entre el nacimiento de la misma y el año 306, momento en el que el ascenso político de su hijo, como se verá no obstante en el próximo capítulo, daría un vuelco de 180 grados a su existencia. Ante la pregunta, ¿acaso se ha tendido a denominar a aquel periodo “años oscuros” porque a lo largo de los mismos no sucedió nada de interés en su trayectoria vital? la respuesta debe ser, por supuesto, negativa. La cuestión no es que no ocurriera nada trascendente en las prácticamente primeras seis décadas de la vida de Helena, sino que no se tienen fuentes suficientes como para reconstruir aquel periodo de un modo completo. Al igual que ocurre en el caso de los llamados dark age de la historia de Grecia, por supuesto, nadie puede negar que a lo largo de los mismos se desarrollaron importantes acontecimientos, sin embargo, el vacío en cuanto a las fuentes es tal que las investigaciones parecen sumidas en la más tremenda oscuridad… algo similar ocurre con Flavia Iulia Helena, futura pareja, madre de emperador y hasta futura Augusta, aunque para encontrarla como tal haya que esperar a que la luz de las fuentes ilumine su vida. El hecho de que los datos que se conocen acerca de Helena para este periodo, que debe ser prolongado hasta el ascenso político de su hijo sean pocos, ha hecho que, por ejemplo, el máximo investigador de aquella, Drijvers, dedique tan solo 11 páginas de las 217 de su obra a este periodo1. Y que Pohlsander, autor de otra excelente obra acerca de la futura madre del emperador Constantino, tan solo dedique 20 de las 342 páginas de su volumen sobre la emperatriz al periodo anterior al año 3062. Ante esta realidad, y bajo el convencimiento de que es posible extraer más información de las fuentes actualmente disponibles a fin de conocer mejor al personaje histórico que centra las presentes páginas y, con él, el momento histórico que le tocó vivir, se pretende a continuación realizar una relectura de las fuentes a fin de contestar a preguntar que todavía no han sido planteadas por los investigadores, así como de plantear respuestas distintas, en ocasiones, a las que ya han sido ofrecidas. 1 DRIJVERS, J.W: Helena Augusta: The Mother of Constantine the Great and The Legend of Her Finding of the True Cross. E.J.Brill, Leiden, 1992, pp. 9-19. 2 POHLSANDER, H.A: Helena: empress and saint. Ares Publishers, Chicago, 1995. 96
La sombra de la prostitución como acompañante de la figura de Helena, debió de estar tan arraigada en la conciencia popular y de ser tan intensa y generalizada ya durante los años inmediatamente posteriores a la muerte de la emperatriz que San Ambrosio, en su obra De Obitu Theodosii redactada durante la segunda mitad del s.IV, es decir, a escasa distancia cronológica de la muerte de Helena, ante las circunstancias, se debió ver obligado a intentar mejorar la imagen de la misma, aunque debiendo aceptar el término stabularia23. Tan interiorizado estaría ya en las conciencias del Imperio. Sin embargo, si bien San Ambrosio utiliza el término stabularia en su discurso – sin duda la mejor manera de convencer de las ideas de uno al oponente dialéctico es admitir, aunque sea a priori, algunos de sus postulados para después rebatirlos con “peros”-, acompaña al mismo el calificativo bona, en tres ocasiones. Con lo que, para él, Helena pasaría de simple stabularia, es decir, de prostituta de un mesón, a bona stabularia, o tan solo una mesonera que servía diligentemente las mesas en aquel mismo mesón. En opinión de Ramírez Sádaba, la prostitución fue una actividad frecuente y recurrente en el mundo romano. Este autor distingue entre tres grupos muy distintos dentro del mundo de la prostitución romana: • Las cortesanas, eran las que representaban al tipo más selecto de prostitución dentro del ámbito romano. Este tipo, importado de Grecia, era el más pujante desde el punto de vista de la percepción de la prostitución como una actividad económica. • Las mesoneras o venteras, stabulariae, que ofrecían sus servicios a los viajantes que paraban en el local para el que, o en el que, trabajaban. • Las prostitutas en el sentido más estricto del término, que podían dejarse ver ofreciendo sus servicios por las calles o en burdeles destinados en exclusiva a tal efecto24. 23 Ambros. De Obitu Theodosii, 43. 24 RAMÍREZ SÁDABA, J.L.: “La prostitución: ¿un medio de vida bien retribuido?”, en GARRIDO GONZÁLEZ, E.: La mujer en el mundo antiguo. Actas de las Quintas Jornadas de Investigaciones Interdisciplinarias, Seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, 1986, p. 225; al respecto de la prostitución y sus denominaciones en el mundo romano resultan interesantes: ADAMS, J.N.: “Words for Prostituye in Latin”, Rheinisches Museum 126 (1983), pp. 320358; FAYER, C.: “Denominacion di meretrici nell’antica Roma”, en CELENTANO. M.S. (ed.): Terpsis. In ricordo di Maria Laetitia Coletti (Univ. Di Chieti. Collana del Dip. Di Scienze dell’Antichità. Sez. Filología, 1), Alessandria, 2002, pp. 93-102. 103
Sería en el segundo de los grupos anteriores, en el de las mesoneras que ofrecían sus servicios a los viajeros, en el que las fuentes contrarias a Helena y/o al cristianismo pretendían incluir a la misma con el aparente objeto de desprestigiarla. En cuanto a las fuentes cristianas que también se refieren a ella en estos términos debe sobreentenderse que la estarían intentado denigrar por sus supuestas tendencias pro-arrianas, tendencias a las que se aludirá más adelante25. Al respecto de la prostitución y la corte, llama poderosamente la atención que en la historia romana el atacar a una emperatriz acusándola de haber ejercido la prostitución o de haber llevado una vida poco honrosa por haber estado dedicada a atender a los placeres sexuales, parece un método de desprestigio común que puede observarse tanto en los primeros como en los últimos momentos del Imperio. Así, y simplemente como ejemplo de que el recurso para dilapidar reputaciones mediante la acusación de prostitución no nace con Helena, cabe mencionar brevemente dos casos en los que también dos emperatrices fueron acusadas de los mismas supuestas acciones. Se trataría de Mesalina, emperatriz del siglo I y de Teodora, quien reinó en el siglo VI. Comienzo y final de una era. Mismo recurso para la deshonra de la esposa del emperador. En cuanto a Mesalina, tercera esposa del emperador Claudio, Juvenal relata sin reparos sus actividades nocturnas en un burdel26, mientras Tácito hace hincapié en la naturaleza de su “alma corrompida por los vicios”27. Por su parte, y en lo que respecta a Teodora, dedica Procopio parte de su obra a la exposición pública de las acciones reprobables de esta emperatriz, entre las que incluye sin censuras los supuestos escándalos sexuales de aquella en su juventud28. Luego, al respecto de las acusaciones de haber ejercido la prostitución ni el supuesto caso de Helena es aislado ni sería el último. Si es curioso, sin embargo, constatar que las mujeres a las que se acusa de tales actividades son precisamente aquellas que ostentaron un estatus y un poder elevado en la corte de sus maridos, quienes situaron su poder a la sombra de aquellas. Y es que tanto Mesalina como Teodora tuvieron sendos esposos, Claudio y Justiniano, débiles de carácter, que les permitieron ejercer un importante peso político en el marco de su 25 Vid. al respecto el apartado 6.3. del presente trabajo. 26 Juv., 6.114ss.; SOCAS, F.: Juvenal. Sátiras. Madrid, 1996, p. 171. 27 Tac., Ann., 11.37-38. 28 Proc. Cesarea, Hist. Secr. 9.14-25. 104
gobierno29. El patrón se repite con la madre de Constantino. Otra pista del rol que aquella habría desempeñado en la corte de su hijo. No obstante, y cerrando el breve apunte acerca de Mesalina y Teodora, pese al pretendido desprestigio mediante la vinculación con el mundo de las meretrices, la realidad es que ni la prostitución era ilegal, ni las actividades de una prostituta constituyeron nunca una ofensa criminal en la legislación romana30. De hecho, el sexo era reconocido como una profesión más y, por ejemplo, mantener sexo con una prostituta no casada o viuda, aunque esta fuera una mujer libre y ciudadana, no era considerado como delito de stuprum. Como puede apreciarse, aunque la mayor parte de las mujeres que ejercían la prostitución eran esclavas, también mujeres libres, incluso de nacimiento, podían ejercerla; lo que indica que, volviendo a la emperatriz que centra este proyecto de tesis, aunque Helena se hubiera dedicado a este oficio no tendría porqué haber sido esclava por ello y, por lo tanto, de “origen vil” desde el mismo momento de su nacimiento. Así pues, ni esclavitud tenía porque implicar prostitución, ni prostitución, del mismo modo, esclavitud. Durante la República las prostitutas podían contraer matrimonio con hombres libres de nacimiento, aunque esto cambiaría con la Lex Julia et Papia31, que prohibió a aquellas casarse con este tipo de hombres, romanos nacidos libres. En el caso de aceptar que Helena hubiera ejercido la prostitución, de ésta Lex se podría extraer que la relación entre Constancio Cloro y Helena no pudo ser de “matrimonio”, aunque no por deseo expreso de ambos sino porque la ley lo habría impedido. Por lo tanto, la relación habría tenido que ser, por ley, de concubinato, lo que a efectos legales podía no tener ninguna diferencia real con el matrimonio en iustiae nuptiae, siempre que el varón quisiera proteger a su concubina y a sus posibles hijos, al menos hasta los cambios legislativos de tiempos de Constantino, quien prohibiría, por ejemplo, a los hombres casados tener concubinas32. 29 Al respecto de Mesalina, MAÑAS NUÑEZ, M.: “Mujer y sociedad en la Roma Imperial del siglo I”, Norba. Revista de Historia, vol. 16 (1996-2003), pp. 191-207, esp. pp. 202-203; al respecto de Teodora, EVANS, J.A.S.: The Empress Theodora: Partner of Justinian. University of Texas Press, Austin, 2002. 30 GARDNER, J.F.: Women in Roman Law and Society. Ed. Croom Held, London-Sydney, 1986, p.132. 31 MEYER, P.M.: Der römische Konkubinat. Scientia, Aalen, 1966, pp. 20-22; vid. asimismo ASTOLFI, R.: La Lex Iulia et Papia. Padua, CEDAM, 1970. 32 Cod. Iust. 5.26.1., año 326: “no está permitido a nadie tener una concubina mientras se está casado”; BOWERSOCK, G.W., BROWN, P., GRABAR, O.: Late Antiquity: a Guide to the Postclassical Word. Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge, Mass., London, 1999, pp. 388-389; GARDNER, J.F.: Family and familia in Roman Law and Life. Clarendon Press, Oxford, 1998; GRUBBS, J.E.: Law and Family in Late Antiquity: The Emperor Constantine's Marriage Legislation. Oxford, Clarendon Press, 1995, pp. 294-299; MCGINN, T.A.J.: “Concubinage and the Lex Iulia on Adultery”, Transactions 105
Así, en el hipotético caso de que Helena hubiera ejercido la prostitución, este argumento vendría a añadirse a los esgrimidos anteriormente para defender entre Constancio Cloro y Helena el régimen de “concubinato” frente al de “matrimonio”33. Resumiendo, aunque no eran propias de personas con una alta reputación, las actividades ligadas a la prostitución no eran ilegales y si toleradas –aunque estaban afectadas por la “infamia”-, y, de hecho, el aceptar una mujer el dinero después de haber realizado un servicio no era inmoral, ya que ella era prostituta y estaba llevando a cabo una transacción económica propia de su actividad económica profesional34. La prostitución, como vemos, era entendida como un negocio más y, de hecho, los impuestos que el estado recibía de los burdeles formaban parte de las rentas de las propiedades de muchos de los ciudadanos más respetables del Imperio35. En cualquier caso, y volviendo a Helena, parece que las acusaciones de prostitución que recibió la misma se deberían más, como se ha expuesto, a un intento de desprestigio de su persona, así como de toda la política imperial que, basada en el cristianismo estaba desarrollando, o ya había desarrollado -dependiendo de la cronología de la fuente en cuestiónla dinastía que ella había contribuido a originar, que a una realidad probada. Así, del mismo modo en que se la acusó de prostituta, se la podía haber tachado, con las mismas y escasas pruebas, como ha sido planteado anteriormente, de extranjera, a la que Constancio Cloro hubiera podido conocer en cualquiera de sus campañas militares. Y es que el concubinato debió ser una fórmula comúnmente utilizada para dar un cierto status “legal” a las parejas mixtas compuestas of the American Philological Association 121 (1991), pp. 335-375; MCGINN, T.A.J.: “The Social Policy of the Emperor Constantine in Codex Theodosianus 4.6.3”, Tijdschrift voor Rechtsgeschiedenis 67(1999), pp. 57-73; ROBERTIS DE, F.: “La condizione sociale e gli impedimenti al matrimonio nel basso impero”, en Annali della Facoltà di Giurisprudenza dell’Università di Bari 2, Università de Bari, Bari, 1939. También prohibió Constantino o a los hijos habidos de senadores sev perfectisimus y mujeres de baja condición social como esclavas o hijas de esclavas, libertas o hijas de libertas, actrices o hijas de actrices, taberneras o hijas de taberneras, hijas de proxenetas, de gladiadores o de comerciantes (Cod. Theod. 6,3: si ex ancilla vel ancillae filia vel liberta vel libertae filia, sive Romana facta seu latina, vel scaenica vel scaenica filia, vel ex tabernaria vel ex tabernarii filia vel humili vel abiecta vel lenonis vel harenarii filia vel quae mercimoniis publicis praefuit) la adquisición de la ciudadanía romana por adopción de sus progenitores. Se trata, como señala Esteban Moreno, de mujeres, todas, afectadas por la infamia, MORENO RESANO, E.: Constantino… Op. Cit. (2007), pp. 246-247; KASER, M.: “Infamia und Ignomia in den römischen Rechtsquellen”, Zeitschrift für Rechtsgeschichte 73 (1956), pp. 220-278; CAMACHO DE LOS RÍOS, F.: La infamia en el Derecho romano. Instituto de Cultura “Juan-GilAlbert”, Alicante, 1997. 33 Al respecto, un poco más adelante, apartado 4.5. 34 DIG. 12.5.4.3 35 DIG. 5.3.27.1 106
por un elemento romano y otro foráneo36. No obstante, y retomando la realidad que nos ocupa, el hecho de que autores favorables a Helena como el ya citado San Ambrosio no fueran capaces de separarla en sus escritos del calificativo stabularia, no ayuda demasiado a resolver la duda acerca de su actividad profesional “pre-matrimonial”. Sin embargo, como se va a exponer a continuación, otra posibilidad, distinta a la prostitución e igual de hipotética pero a la vez válida que ésta, puede plantearse. Como se ha expuesto, casi todas las fuentes literarias que hacen referencia a Helena, e incluso las que “deberían” ser más favorables a su persona por cuestiones de afinidad religiosa como Ambrosio de Milán, mencionan su baja condición. Una a una, son las siguientes. Eutropio. Éste, en su Breviarium37 apunta que Constantino nació fruto de un matrimonio oscuro, ex obscuriore matrimonio. El término obscurius, que implica significados tales como incertidumbre, tinieblas, oscuridad o desconocimiento, no supone ningún halago a los miembros de la unión que gestó al primer emperador cristiano. A la luz del resto de las fuentes que critican la baja procedencia de Helena con la misma pasión con la que se dedican a alabar las maravillosas cualidades de Constancio Cloro, como en el Panegírico en honor de Maximiano y Constantino, queda bastante claro que el elemento que hacía que aquella unión fuera obscura no era el masculino, sino el femenino representado por Helena. El Anónimo de Valois. En la obra en la que se refiere al linaje del emperador Constantino, éste autor define a Helena con el término vilissima38. El adjetivo vilis en latín se utiliza para hacer referencia a algo de escaso valor, común, vulgar e incluso despreciable. Por supuesto, el uso del superlativo implicaría un desprecio o una vulgaridad todavía mayores. Filostorgio. Este autor sugiere en su Historia Ecclesiastica que el estatus social de Helena antes de su relación con Constancio Cloro, así como sus antepasados, es decir, sus progenitores, no debían ser muy honorables. Así mismo, afirma que la futura emperatriz era una mujer “del montón”, vulgar y sin nada de especial, que no se diferenciaba en ningún aspecto de las prostitutas39, muy posiblemente en alusión al 36 SANZ SERRANO, R.: “Extranjeras y mestizaje en el final del Imperio de Occidente”, en BRAVO CASTAÑEDA, G., GONZÁLEZ SALINERO, R.(eds): Extranjeras en el Mundo Romano. Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2005, p.120. 37 Brev.10.2. 38 Origo Const. 2.2. 39HE. 2.6; DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), p. 16. 107
término stabularia utilizado por Ambrosio de Milán, que pasa a ser analizado a continuación. Ambrosio de Milán. Ambrosio, pese a ser un autor favorable a Helena y al cristianismo, no se resigna a utilizar en su obra, como se expuso, el término stabularia40, al que, para contrarrestar sus efectos negativos acompaña en tres ocasiones del calificativo bona, como para mitigar así sus connotaciones “más inmorales”. El término stabularia, en una primera acepción significa posada o mujer que trabaja en ella, aunque, si se sigue mirando con detenimiento cualquiera de los diccionarios latinos básicos, uno llega rápidamente a la conclusión de que esta palabra tenía dos acepciones más: una está relacionada con los establos, con los rediles, y la otra significaría zahúrda o lupanar. Es decir, que del texto de Ambrosio se desprenden varios posibles significados para esta definición de Helena: • Mesonera de una posada en la que, además, ejercería las veces de prostituta para los clientes de la misma. • Trabajadora de un establo. Además, Ambrosio hace otra referencia más a los orígenes nada loables de Helena afirmando que ella, “proveniente del estiércol, fue elevada por Cristo hasta el poder”41. Como ocurría con el anterior intento de suavizar el término stabularia mediante el tres veces repetido bona, esta frase tampoco resulta demasiado halagadora del pasado y juventud de Helena. Finalmente, Zósimo. Pagano y contrario a todo lo que tuviera una mínima relación con el cristianismo, también mantuvo esta animadversión contra Helena, la madre, no olvidemos, del emperador que en 313 concedió la libertad de culto en el Imperio. Zósimo define a Constantino como el fruto de “relaciones sexuales ilegales de una mujer de baja condición con el emperador Constancio” y por si no quedase lo suficientemente claro que Helena era una mujer de orígenes oscuros, humildes y viles, además de este comentario añade, directamente y sin tapujos, que Constantino era hijo de una prostituta42. 40 De Ob.Theod.42. 41 De Ob.Theod.42; DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), p.16. 42 Nueva Historia, 2.8.2; 2.9.2 108
En oposición a las opiniones vertidas por los autores anteriores, tan solo una fuente literaria antigua nos habla en términos positivos de la emperatriz. Este no es otro que Eusebio de Cesarea, quien en su propósito de elogiar a Constantino alaba también las virtudes de quien le dio la vida; no olvidemos que éste dedica los parágrafos 41.2 a 47 del libro III de su Vita Constantini a encomiar la piedad de la emperatriz Helena durante su peregrinación por Oriente. Pero además de Eusebio, también las fuentes epigráficas y numismáticas expuestas en el apartado dedicado a las mismas, destacan la piedad y la devoción de Helena43. Sin embargo, y a tenor de su análisis cabe destacar que ninguna de ellas habla de sus orígenes; y es que todas prefieren omitir los datos referentes a su pasado, lo que podría significar que verdaderamente aquel había sido oscuro y turbulento y que, por ello, era mejor esconderlo. Serán las fuentes medievales, algunas de ellas enumeradas en el epígrafe dedicado a la potestas, las que atribuyen a Helena un pasado mucho más brillante y honroso. Por ejemplo, como se expuso, tanto el monje Almann de Hautvillers como la doble vida de Helena y Agricio la hacen oriunda de Tréveris así como una rica y piadosa ciudadana de esa ciudad. Almann llega incluso a atribuir a la emperatriz la posesión de un palacio en Tréveris, donde Constantino habría vivido entre los años 306 y 316, y señala que aquella habría donado el palacio al obispo de la ciudad para que allí se edificara la catedral de la villa44. No obstante, además de bastante fantasiosas, estas fuentes son demasiado tardías cronológicamente, pues por ejemplo la obra de Almann data del siglo IX, y, sin duda, ya estarían completamente influenciadas por la tradición cristiana que atribuía a Helena el ser la descubridora de la verdadera cruz de Cristo y, por ello, intentaron construirle un nuevo origen mucho más honroso. Lo que aparece como más factible, tras estudiar detenidamente las fuentes anteriores, es que Helena no provenía de una familia rica y próspera, lo que la obligaba a tener una ocupación profesional –algo que no hacían las mujeres de las buenas familias que eran educadas únicamente para desempeñar su función principal, como ya 43 “piadosa y clementísima”, CIL X 1484, CIL X 1483 y CIL X 678; “venerable señora”, CIL VI 1136; purísima, CIL X 517; “Nobilissima Femina”, COHEN, H: Description historique… Op. Cit. (1888), p.97, nº11, 13, 14; “Seguritas Reipublice”, BRUUN, P.: Roman Imperial… Op.Cit. (1966), p.383 nº183, p.476 nº60, pp. 514-517 nº134, 149, p.613 nº79-80.; DELBRÜCK, R.: Spätantike kaiserporträts… Op.Cit. (1933), p.85, pl.10 nº7,11; MAURICE, J: Numismatique Constantinienne… Op.Cit. (1908-1912), vol.II, p. 281 nº14, p.407 nº2, pl.12 nº15, vol.III p.66, nº26; “Pax Publica”, MAURICE, J: Numismatique Constantinienne… Op.Cit. (1908-1912, vol.I, p. 91; GNECCI, F : “Appunti di Numismatica Romana”, Rivista Italiana di Numismatica, 10 (1890), fasc.II, pp.187-189; STÜCKELBERG, E.A : “Nobilissimatmüntzen”, Zeitschrift für Numismatik 19 (1895), p.107-108. 44 LAURENCE, P.: “Helena, mère de Constantin. Metamorphoses d’une image”, Augustinianum 42, vol.1 (junio 2002), pp. 75-96, p. 77. 109
se ha señalado en algún otro lugar de este proyecto de tesis, la gestación de descendencia que asegurara la continuidad de la familia así como de sus propiedades y rentas45y además una no demasiado loable. Como se ha expuesto, una de las probabilidades que se barajan a partir de las fuentes es que la madre de Constantino hubiera sido stabularia, en el sentido de mesonera que realiza favores sexuales a los clientes del local. No obstante, también puede ser planteada otra posibilidad más, relacionada con la acepción que vincula con los establos y los rediles el término stabularia, y que no ha sido ni tan siquiera cuestionada por los investigadores más destacados de esta figura histórica, Drijvers, Pohlsander y Borgehammar. Esta sería su, aunque hipotética, posible, vinculación familiar a un régimen que podríamos denominar de “pre-colonato”, lo que implicaría que, el hecho de ser humilde y de baja condición, no tendría porque significar que hubiera tenido que ser una esclava o una prostituta. Como es sabido, debido a las dificultades económicas que los problemas del siglo III habían generado en el Imperio, Diocleciano estableció, en el marco de una reforma fiscal que solucionara los problemas económicos del Estado y le permitiera seguir financiando las múltiples campañas y actuaciones militares, un nuevo impuesto de capitación46. Éste, que marcó un antes y un después en la legislación fiscal del Imperio, incluso sobrevivió a la desaparición del mismo47. Este impuesto se basaba en el censo realizado en 297 y que se actualizaría cada cinco años (ciclo que se alargaría a la actualización cada 15 años). Mediante el mismo, Diocleciano consiguió realizar un exhaustivo inventario de los recursos del Imperio, en hombres, en ganado, en tierras… Y lo que se contempló en primer lugar fue el número de unidades territoriales, iuga, sometidas a impuesto. Un iugum venía a ser la extensión de tierra susceptible de ser trabajada por un hombre y suficiente para su sustento. Así, cada provincia podía ser definida por un número de unidades fiscales y se sabía de antemano el importe global a 45 en FLORES SANTAMARÍA, P.: “Las mujeres romanas, una educación para el matrimonio”, en GARRIDO GONZÁLEZ, E.: La mujer en el mundo antiguo. Actas de las Quintas Jornadas de Investigaciones Interdisciplinarias, Seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, 1986, pp. 217-224. 46 ERMATINGER, J.W.: The economic reforms or Diocletian. Scripta Mercaturae Verlag, St. Katharinen, 1996, pp. 15-18, con abundante bibliografía al respecto, pp. 142-170. 47 WILLIAMS, S.: Diocletian and the Roman recovery. London, B.T. Batsford, 1985, pp. 117-122; vid. también HENDY, M.F.: “Mint and Fiscal Administration under Diocletian, His Colleages and His Successors, A.D. 305-324”, Journal of Roman Studies 62 (1972), pp. 75-82; SUTHERLAND, C.H.V.: “Diocletian’ss reform of the coinage: a chronological note”, Journal of Roman Studies 45 (1955), pp. 116-118; SUTHERLAND, C.H.V.: “Denarius and Sestertius in Diocletian's Coinage Refor.”, Journal of Roman Studies 51 (1961), pp. 94-97. 110
recaudar, ya que la cantidad a pagar por cada uno de los iuga era siempre la misma. Este impuesto, por supuesto, no recayó sobre los habitantes de las ciudades ya que no tenían tierras, ni sobre los indigentes o los esclavos por el mismo motivo; sin embargo si gravaba a todos los campesinos inscritos en el censo. Con este sistema, se consiguió por una parte que muchas tierras baldías volvieran a ser cultivadas, o que las ya puestas en funcionamiento se trabajaran mucho más intensivamente, ya que había que pagar por ellas. Pero por otra parte también se logró la consolidación de las bases del “colonato” con el surgimiento de los patrocinia vicorum. Éstos eran grandes terratenientes que pasaron a acoger bajo su seguridad económica a estos pequeños campesinos que no podían hacer frente en solitario a las cargas económicas que el Estado les imponía, los “colonos”. Éstos, a cambio de entregar al terrateniente sus tierras y su fuerza de trabajo, no tenían que preocuparse por hacer frente a los impuestos imperiales48. Así, conservaban todos los derechos que les correspondía como hombres libres que eran, pero en realidad actuaban de facto como siervos de aquel que les había acogido bajo su protección. Es decir, vivían como los esclavos, pero con la paradoja de que eran, legalmente, libres. Tras este pequeño paréntesis y volviendo a Helena cabe plantearse que, si bien las bases del colonato se pueden situar cronológicamente en el año 297, y si bien la primera referencia del Código Teodosiano a los coloni no puede ser rastreada hasta el año 332 mediante una ley de Constantino49, no parece demasiado descabellado pensar que, años antes, ante las graves dificultades económicas que estaba viviendo el imperio, algunos campesinos libres acuciados por sus compromisos con el fisco –cada vez más gravosos debido a la necesidad de dinero para financiar las guerras, tanto internas por las constantes usurpaciones como externas debido a los problemas con los persas y con los pueblos germánicos en el limesse acogieran a un régimen similar al mencionado arriba 48 Al respecto del colonato y sus implicaciones: CASCIO, E. L.: Terre, propietari e contadini dell’Imperio romano. Dall’affitto agrario al colonato tardoantico, Roma, 1997; GARNSEY, P., WHITTAKER, C.R.: “Rural Life in the Later Roman Empire”, en CAMERON, A., GARNSEY, P. (eds.): Cambridge Ancient History XIII. The Late Empire A.D. 337-425. Cambridge University Press, Cambridge, 1998, pp. 277-311, esp. 287-294; FERNÁNDEZ UBIÑA, J.: “Del esclavismo al colonato en la Bética del siglo III”, M.H.A. II. Actas del Coloquio 1978: Colonato y otras formas de dependencia no esclavistas, 1978, pp. 171-179.; HACQUARD, G.: Guía de la Roma Antigua. Centro de Lingüística Aplicada Atenea, Madrid, 2000. p. 231; base del patronazgo que se asentaría con fuerza en la Europa post-romana, ÁVAREZ JIMÉNEZ, D.: “El monopolio de la violencia en el Imperio Romano tardío y la coparticipación ciudadana”, en ECHEVERRÍA, F., MONTES, Mª.Y., RODRÍGUEZ, A.(ed.): Actas del VI Encuentro de Jóvenes Investigadores. Historia Antigua: segunda edición nacional. Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2007, pp. 165-178, pp. 173-174; VERA, D.: “Schiavitù rurale e colonato nell’Italia Imperiale”, Scienze dell’Antichitá. Storia, archeologia, antropologia, 6-7 (1992-1993), pp. 291-339. 49 Cod.Theod. V.17.1 111
que podríamos denominar como de “pre-colonato”. Así, familias no solo de campesinos, sino de artesanos y otros grupos profesionales, incapaces de hacer frente a las cargas fiscales que les estado les imponía solicitarían la protección de alguien con recursos con lo que pasarían a ser hombres libres pero sometidos como los esclavos. Es decir, aquellos pasarían a ocupar una posición social que los haría tan insignificantes y despreciables como los propios esclavos, pese a ser hombres libres. Y es que, tras un siglo de crisis feroz en el Imperio, no deberíamos tener que esperar al 297 para imaginar a unos individuos solicitando la protección y/o ayuda financiera de otros mejor posicionados económicamente, ya que, pese a que en aquella fecha la situación se agrava para los campesinos mediante el nuevo impuesto de Diocleciano50, sin duda no podemos plantearla como si fuera una frontera que separa dos realidades económicas muy diferentes la una de la otra. Antes del año 297 los ciudadanos libres con menos recursos si bien no estarían tan asfixiados como pasarán a estarlo tras esta fecha, sin duda también soportaron unas cargas fiscales desorbitadas y difíciles de pagar y, muy presumiblemente, pidieron ayuda a quien pudiera facilitársela. De este modo, y teniendo en cuenta que lo único que conocemos de los orígenes de Helena es que eran de baja condición, a la luz de: 1el término stabularia con el que la califica Ambrosio51, 2la frase, también de Ambrosio de Milán, en la que se refiere literalmente al “estiércol” para narrarnos sus orígenes, desde los que llegaría al poder52, y 3el desprecio de una buena parte de las fuentes hacia su vida antes de su relación con Constancio Cloro, No sería descabellado plantear que Helena provendría de una familia rural, asfixiada como tantas otras por la presión del fisco imperial y cuya situación, que la obligaba a trabajar con los animales en los establos, podría ser definida como de “pre-colonato”. Es decir, que la futura emperatriz había pasado una niñez y una adolescencia, hasta conocer al padre de Constantino, en unas condiciones similares a las de una esclava, lo que hacía que fuera considerada socialmente como una de ellas, de ahí el desprecio de las fuentes, 50 ERMATINGER, J.W.: The economic reforms or Diocletian. Scripta Mercaturae Verlag, St. Katharinen, 1996. Aunque, en realidad, sería una continuación de los impuestos annonarios de los Severos, vid. ESPINOSA, U.: Los Severos. Akal, Madrid, 1991, pp. 39-40; REMESAL RODRÍGUEZ, J.: “El sistema annonario como base de la evolución económica del Imperio romano”, PACT 27, 1990 (1995), pp. 355-367, p. 365. 51 De Ob.Theod.42. 52 De Ob.Theod.42: …illam Christus de stercore levavit ad regnum…; vid. DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), p. 16. 112
Las fuentes epigráficas sitúan el nacimiento de Constantino un 27 de febrero74, aunque no señalan de que año. De más ayuda para esta cuestión resulta acudir a las fuentes literarias y, principalmente, al que fue el mayor biógrafo de Constantino, Eusebio de Cesarea. En su obra, este autor afirma que Constantino comenzó su gobierno a la misma edad a la que falleció Alejandro Magno75. Dado que Alejandro falleció a los 33 años de edad, puesto que vivió entre 356 y 323 a.C.76, y dado también que Constantino alcanzó la púrpura el 25 de julio del año 306, al ser proclamado emperador por el ejército de su padre a la muerte de aquel, todo parece indicar, al restar la cifra de 33 al año 306, momento de inicio de su gobierno, que la fecha de nacimiento defendida por Eusebio, para Constantino, es el año 273. También la mayor parte de las fuentes, partiendo de la fecha de su muerte, en 337, ha establecido la edad que debía tener en el momento de su fallecimiento. Así, siguiendo a Barnes77: -Eutropio78, Jerónimo79, Sócrates80 y Focio81: Constantino habría fallecido a los 65 años, -Sozomeno82 y Zónaras83: a los, aproximadamente, 64 años. -el Epitome de Caesaribus84: a los 63 años, -Aurelio Victor85: a los 62 años, -Malalas86: a los 60 años. Estas fechas supondrían, de aceptarse la fecha del 337 para su muerte, que su nacimiento se habría producido, pues, entre los años 272 y 27787. Teniendo en cuenta 74 CIL 1², pp. 255, 258 y 259. 75 VC, 1.8 76 GREEN, P.: Alexander of Macedon, 356-323 a.C, A Historical Biography. University of California Press, Berkeley, Oxford, 1991, pp. 1-3, 473-475; HAMMOND, N.G.L.: Alexander the Great. King, Commander and Statesman. Bristol Classical Press, Bristol, 1989, pp. 35, 246-275. 77 BARNES, T.D.: The new empire… Op. Cit. (1982), p. 40. 78 Eutr., Brev. 10.8.2 79 Chron. 234b 80 Sócrates, HE 1.39.1, 40.3 81 Focio, Bibli. 234^(52) 82 Sozomeno, HE. 2.34.3 83 Zonaras 13.4 84 41.15 85 Aur. Vict, Epit. Caes. 41.16 86 324.10/11 87 otras fechas, entre los años 280 y 288, han sido también propuestas por los investigadores como posible momento de nacimiento de Constantino. No obstante, y como señala Barnes, estas fechas resultan extremadamente tardías para la carrera desarrollada por aquel, BARNES, T.D.: The new empire… Op. Cit. (1982), p.40, bibliografía en nota nº52; también acerca de la fecha de nacimiento de Constantino vid. 119
que Constancio Cloro estuvo en el lugar de nacimiento y/o residencia de Helena entre enero y junio o agosto de 272, lo más lógico parece pensar que el nacimiento de Constantino habría tenido que producirse el 27 de febrero de 273. Esta fecha aparece corroborada si se tienen en cuenta los movimientos geográficos de Aureliano y, por tanto, Constancio Cloro, su protector, durante aquellos meses; así como por el hecho de que, según las fuentes, el nacimiento de Constantino se produjo en Naissus, actual Niš, en Serbia, o un lugar cercano88. Y es que, tras finalizar la segunda campaña oriental, anteriormente mencionada, que se habría desarrollado entre finales del año 272 y comienzos del 27389, y una vez el oriente imperial ya totalmente sometido al poder de Roma, Aureliano se dirigió junto con su ejército de nuevo hacia Europa. Su destino en esta ocasión: la Galia, donde los desórdenes se multiplicaban en forma de invasiones, incremento de las actividades de piratas francos y sajones… y donde Tétrico, el en aquellos momentos praeses provinciae Aquitaniae, pese a combatir a los invasores, parecía superado por las circunstancias, entre las que cabría incluir, además, levantamientos varios contra su gobierno90. A finales del año 273 Aureliano y sus hombres arribaban a territorio galo, y derrotaban a los germanos al mismo tiempo que recomponían el poder de Roma en el territorio. Lo interesante en este capítulo, dedicado a que los años oscuros de Helena dejen, en la medida de lo posible, de serlo, es que Aureliano y su ejército, en su camino hacia los territorios galos, atravesaron el estrecho del Bósforo y, remontando el Danubio, debieron atravesar Naissus, lugar en el que Helena daría a luz al futuro emperador Constantino. Esta tesis del año 273 vendría corroborada por otro pasaje de la Vita Constantini de Eusebio de Cesarea. En IV. 53, Eusebio afirma que Constantino reinó durante 32 años, menos algunos meses y días, y que vivió dos veces aquel periodo de tiempo. Es decir, según el autor cristiano el emperador Constantino habría vivido, aproximadamente, 64 años. Al restar a la fecha de su fallecimiento, el año 337, esa cifra, LENSKI, N. (ed.): The Cambridge… Op. Cit. (2006), p. 83 nota nº1, apunta las fechas de 272, 276 y 288, pero no la fecha propuesta en este trabajo: el año 273. 88 Firmicus Maternus, Math. 1.10.13: “…apud Naisum genitos…”; Origo 2: “…natus Helenae matre vilissima in oppido Naisso atque eductus…” 89 vid supra nota nº 66. 90 vid supra nota nº 64, especialmente clarificador de las campañas de Aureliano resulta HOMO, L.: Op. Cit., 1904, pp. 116-121. 120
64, el resultado es, de nuevo, que el hijo de Constantino habría nacido en 27391. De nuevo la fecha que coincide con sus viajes orientales como escolta personal del emperador Aureliano. El hecho de que Constantino naciera el 27 de febrero de 273 implicaría que sus padres, Constancio Cloro y Helena, habrían debido conocerse, al menos, antes de mayo del año anterior, es decir, del año 272. Esto supone que debieron conocerse entre los meses de enero y mayo de aquel año, con lo que cabe recortar de uno a tres meses la hipótesis esgrimida anteriormente. Así pues, el encuentro no se habría producido entre enero y junio/agosto de 272, sino entre enero y mayo de aquel mismo año. Tras aquel encuentro, que debió durar tan solo unos pocos meses, Constancio se dirigiría hacia Palmira y Egipto, siguiendo al emperador Aureliano, al que tenía la misión de proteger, en la segunda fase de las campañas orientales de aquel. Ante esta cronología y en cuanto a la vida de Helena, en el lapso de tiempo transcurrido entre mayo de 272 y febrero de 273 caben dos posibilidades: 1. que Helena acompañara a Costancio Cloro hacia el sur en el curso de las campañas militares en las que éste estaba inmerso: Esta opción, no obstante, parece poco probable, ya que por una parte la futura emperatriz estaría embarazada y, por otra, las tropas de Aureliano se dirigían a una guerra que se preveía inminente, lo que haría poco adecuado la presencia de una mujer, y menos en estado, en el frente. 2. la segunda posibilidad es que Helena permaneciera en Drepanum hasta la vuelta de Constancio Cloro de la batalla: En este caso, una vez finalizada la segunda fase de las campañas militares de Aureliano en oriente y recuperadas Palmira y Egipto, este y sus tropas habrían deshecho el camino andado anteriormente, con lo que habrían vuelvo a pasar por Drepanum, donde Constancio y Helena hubieran vuelto a reunirse. En este caso, cabe imaginar que el estado de gestación de Helena habría sido muy avanzado, y es que de reunirse, habría sido a finales del año 272, tras la finalización de las luchas del ejército romano contra Zenobia. 91 POHLSANDER, H.A.: Helena: empress… Op. Cit. (1995), pp. 15-16; una de las opciones ya planteadas a comienzos del siglo pasado por Firth, quien propuso los años 373 y 374 como posibles para el nacimiento del futuro emperador, FIRTH, J.B.: Constantine the Great. G.P. Putnam’s Sons, London, New York, 1905, p. 43. 121
Así pues, Helena dio a luz a su hijo Constantino en Naisuss en febrero de 273 y, dado que éste también fue lugar de paso de las tropas de Aureliano en su camino hacia la Galia, todo parece indicar que Helena acompañó a Constancio Cloro y al resto del ejército de Aureliano hasta aquella ciudad, donde nacería su hijo. Sin duda, el hecho de que, tras conocerse, Constancio volviera a Drepanum y recogiera a Helena en su camino hacia el oeste del Imperio o de que ésta lo hubiera acompañado a Palmira y Egipto, algo que –hoy por hoyno podemos saber, y que después fueran juntos, estando ella embarazada, hasta Naissus, parece indicar un sólido comienzo para lo que iba a ser una relación estable de casi dos décadas de duración. Como bien apunta Drijvers, “Helena and Constantius seem to have had an enduring and stable relationship”92. Sin embargo, y tras dos décadas de relación, el poder y el deseo de abrazarlo llevaron a Constancio y Helena a la separación. Así, si la solución a la crisis del Imperio se llamó Tetrarquía, la solución a la cuestión del ascenso político de Constancio Cloro llevaría nombre de mujer y éste no fue otro que Teodora; algo que, como pasa a analizarse a continuación, excluía del camino hacia la púrpura a la que, aún así, acabaría siendo la futura Helena Augusta. 4.4. La Tetrarquía y su desenlace: Teodora. Como se ha expuesto anteriormente, los años que siguieron a la muerte del último de los Severos, el emperador Severo Alejandro, en el 235, fueron realmente críticos para el Imperio. Invasiones continuas, epidemias, hambrunas, ruina económica, abandono de tierras y, sobre todo, un verdadero caos político debido a las constantes usurpaciones. Aquella era la realidad que se vivía dentro del limes. Sin duda fueron unos años difíciles para el Imperio, años que encontrarían la solución, no obstante, mediante la instauración de un nuevo régimen político. Un tiempo en el que el futuro más público de la protagonista de estas páginas fue arrastrado, mediante una repudia que la apartaría del estatus que proporcionaba ser la esposa o compañera sentimental de un César, al rincón del olvido. En la carrera política de Constancio Helena sería dejada a un lado, aunque no por ello condenada al anonimato. Pese a su abandono por parte de Constancio debido a la existencia de otra mujer, la meteórica carrera política de su hijo haría que Helena acabase siendo el elemento femenino de la corte por excelencia. De stabularia a Augusta, gracias a su maternidad, pese a Teodora. 92 DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), pp. 18-19. 122
En el marco de las circunstancias difíciles que atravesaba el Imperio, la solución a la crisis vendría marcada por un hombre, Diocleciano, y una nueva forma de gobierno, la denominada Tetrarquía. En noviembre del año 284, tras la muerte del emperador Numeriano en Tracia, Diocleciano fue aclamado emperador en Nicomedia93. El primer problema al que tendría que enfrentarse el nuevo emperador fue al de la restauración de las fronteras, fundamentalmente en el limes occidental del Imperio. Para tal tarea y ante la magnitud de la misma, aquel echaría mano de otro soldado ilirio, como él mismo, de nombre Maximiano, al que encargó la normalización del limes occidental, primero como César y, a partir de 286 y tras la revuelta de Carausio contra este último en Britannia, también como Augusto94. Maximiano consiguió reprimir la amenaza de los bárbaros, las revueltas y el bandidaje en el limes occidental; aunque, sin duda, lo más destacable es que el Imperio había dejado de tener, como había acostumbrado desde la instauración del principado por Augusto, un solo emperador, y es que a partir de ahora tenía dos. Así, aunque hay que tener en cuenta que era Maximino se encargaba de pacificar las fronteras y guardarlas bien, y era Diocleciano el que gobernaba de facto, la realidad es que el cambio de uno a dos Augustos resulta totalmente novedoso. Sin embargo, el cambio en la forma del régimen político inaugurado por Diocleciano no iba a quedar únicamente en la existencia de dos Augustos en lugar de uno, la revuelta de Carausio se había hecho muy fuerte y difícil de sofocar y había sido un joven general quien, bajo las órdenes de Maximano, habría conseguido acabar con ella en 293. Como reconocimiento a su servicio a la pacificación del Imperio, Diocleciano lo nombró César en occidente bajo el mando de Maximiano. Este joven no será otro que Constancio Cloro, compañero de Helena y padre de su hijo Constantino. Cabe destacar que poco después Diocleciano nombraría también César a Galerio, a quien le confió el ejército de Oriente. Así pues, Constancio Cloro había sofocado la revuelta de Carausio en Britannia; mientras Maximino pacificaba las provincias africanas; Galerio, que se encargaba de oriente, sofocó una revuelta en Egipto y venció a los persas; y, finalmente, Diocleciano organizaba las operaciones y gobernaba el Imperio. Así era la Tetrarquía. Un sistema de gobierno formado por cuatro príncipes, 93 HA, Vita Cari, 13; CHASTAGNOL, A.: “L’Évolution politique du règne de Dioclétien (284-305)”, Antiquité Tardive 2 (1994), 23-31, pp. 23-24; JONES, T.B.: “The Death of Numerian and the Accession of Diocletian”, Classical Philology 35, nº3 (jul., 1940), pp. 302-303, quien concluye, pese a Pasch. Chron. 274D, que Tracia no fue el lugar de fallecimiento de Numeriano. 94 CAMERON, A.: The Later Roman Empire A.D. 284-430. Fontana Press, London, 1993, pp. 30-31; CORCORAN, S.: The Empire of the Tetrachs: Imperial Pronouncements and Government, A.D. 284-324. Clarendon Press, Oxford, 1996. p. 5-9; MITCHELL, S.: A History of the Later Roman Empire AD 284641: The Transformation of the Ancient World. Oxford, Blackwell, 2007, pp. 52-55. 123
dos Augustos y dos Césares. Un sistema perfecto para solucionar los problemas que azotaban al imperio porque, en primer lugar, con cuatro gobernantes se podía hacer frente a todos los problemas de las fronteras sin descuidar ninguna de ellas y sin descuidar tampoco la política interior de Roma; y además, en segundo lugar, al ser cuatro, les era más fácil luchar contra las posibles usurpaciones y se vigilaban entre ellos, a fin de que a ninguno se le ocurriera volar en solitario. ¿Qué fue de Helena y Constancio hasta la llegada de la Tetrarquía y el ascenso de éste último al rango de César? La última noticia que habíamos recogido acerca de la futura emperatriz fue su maternidad en Naissus, el 27 de febrero de 273. Desde este momento, y como se ha expuesto en el apartado anterior dedicado al estudio de las fuentes, éstas no se pronunciarán acerca de su vida hasta el momento en el que será repudiada por Constancio Cloro, a finales de la década de los ochenta o comienzos de la de los noventa del siglo tercero, como se expondrá a continuación. Ante esta falta de información sobre la misma cabe preguntarse, ¿qué fue de su vida durante este tiempo? ¿Qué fue de Helena entre el año 273 y el momento en el que sería repudia por Constancio? Dado que no existen datos sobre la misma, cabe acudir a los que se tienen -como ya se hizo para averiguar en que momento Constancio Cloro y ella pudieron conocerse y, por lo tanto, en que momento pudieron tener a su primogénitoacerca de su compañero Constancio y de su hijo Constantino durante aquellos años. Como ya se expuso, gracias a la Origo Constantini Imperatoris95se conoce que Constancio fue, en primer lugar, miembro de la guardia personal del emperador Aureliano, algo que ya ha sido comentado anteriormente. Tras este puesto, y de acuerdo con la misma fuente, Constancio desempeñó el cargo de tribuno y finalmente fue gobernador de Dalmacia. Aunque no se tienen datos que corroboren la segunda de sus ocupaciones, el tribunado, la Historia Augusta96 lo sitúa efectivamente como gobernador de Dalmacia durante el reinado de Carino, es decir, entre 283 y 285, lo que implica que debió de ejercer el tribunado, su ocupación anterior, en algún momento entre los años 275 y 283; es decir, entre su puesto como guardia personal del emperador Aureliano y el de director del gobierno de Dalmacia. 95 Origo 2 96 HA, Carus 17.6 124
Asimismo, el Panegírico galo en honor de Constancio del año 297 ofrece información acerca del que pudo ser su siguiente movimiento geográfico97. En el curso del elogio, el panegirista sitúa a Constancio dirigiendo una operación militar en Guntia98, en el Danubio, lo que hace pensar en la expedición llevada a cabo por Maximiano en aquel territorio entre 287-28899 y a la que se hace referencia en el Panegírico de Maximiano del año 289100. Poco antes, en 8 (5).1.5-6 el orador expone como Constancio Cloro pudo introducirlo en presencia del emperador Maximiano y como le proporcionó seguridad. Estas potestades, junto al hecho de que dirigiera operaciones militares como la de Guntia, hacen pensar que Constancio Cloro debió ocupar un alto rango101, un puesto que le permitía estar próximo al emperador y gozar de su confianza -pues fue capaz de introducir al orador del panegírico en presencia del mismo y de proporcionarle seguridaden aquellos momentos previos a recibir el título de César, es decir entre los años 288 y 293. Muy posiblemente Constancio ocuparía la prefectura de la Galia bajo Maximiano. Las cuestiones anteriores implican los siguientes movimientos geográficos para Constancio Cloro, desde el momento en el que tiene a su hijo Constantino con Helena: -27 de febrero 273: Naissus -273: Galia (operaciones con Aureliano como integrante de su guardia personal) -274: Roma (celebración del triunfo de Aureliano102, al que, como integrante de su guardia personal muy posiblemente acompañaría) -275-283: ¿? -283-285: Dalmacia -285-287: ¿? -287-288: Guntia. -288-293: Galia. Si Helena y su hijo Constantino le acompañaron en sus campañas es algo difícil de saber debido al silencio de las fuentes. No obstante, y si bien parece complicado que 97 Pan. Lat. 8 (5).2.1-2 98 actual Günzburg, en Alemania. 99 Pan. Lat. 8 (5)1.5, 8 (5)2.1 ; GALLETIER, E.: Panégyriques Latins. Belles-Lettres, Paris, 1949-1955. p. 83 nota nº3. 100 Pan. Lat. 10 (2)7 101 tesis defendida por BARNES, T.D.: The new empire… Op. Cit. (1982), p.125. 102 HA. Vita Aurelian., 32.4; Vitae XXX Tyrann., 24 (Tetric. Sen.), 25 (Tetric.Jun.); Zon., XII, 27; Eutr.,IX, 13.2; Orosio, VII, 23.5 125
la futura emperatriz y su hijo recién nacido acompañaran a Constancio a la Galia en 273 o a las celebraciones del triunfo de Aureliano en Roma al año siguiente, no parece demasiado descabellado pensar que, entre 275 y 288 pudieran establecer su residencia en Naissus y posteriormente en Dalmacia (283-285), o únicamente en este último lugar, desde el cual hubiera podido desplazarse a Guntia en el marco de las campañas de Maximiano en aquel lugar en 287-288. Por supuesto, estas residencias son tan solo sugerencias posibles a partir de los movimientos de Constancio. No obstante, y teniendo en cuenta el hecho de que aquel siempre reconoció a su hijo, como se expondrá más adelante, y teniendo también en cuenta el apoyo que Constantino recibió de aquel a la hora de introducirse en las esferas de poder103, no parece demasiado ilógico pensar que pudieran residir juntos si bien no todo el año, al menos una parte del mismo o durante temporadas más o menos prolongadas. Sin embargo, y si bien desde 272 hasta estos momentos la relación entre Constancio y Helena habría mantenido su estabilidad -con una residencia que se puede imaginar más o menos comúnuna fecha que puede situarse entre finales de la década de los 80 y el año 293, marcaría su definitiva separación. Constancio Cloro contraería matrimonio con otra mujer. Una mujer de orígenes aristocráticos cuyo estatus podía proporcionarle un mayor prestigio social y político de aquel que podía darle Helena. Se trataba de Teodora, hijastra del Augusto Maximiano, y cuyo casamiento pasaba a ser un ejemplo más de alianzas políticas en el mundo romano mediante la unión por matrimonio. Y es que los romanos veían el matrimonio como uno de los modos para llevar a cabo fructíferas acuerdos. Así, fueron numerosos los matrimonios en Roma tras los cuales se escondieron la sombra del deseo de poder político o la de los beneficios financieros104. De estos matrimonios por conveniencia en los que el elemento femenino proporcionaba posición y estatus al masculino, como señala Syme, la historia romana en el tránsito de la república al Imperio está plagada de ejemplos105; no obstante no es necesario remontarse a aquellos años de tránsito para encontrarlos, basta con echar un vistazo a la política matrimonial del propio Constantino, quien repudiaría a una 103 no en vano en 293, con 20 años de edad, el ser hijo de un César lo habría convertido automáticamente en candidato al puesto de emperador en el futuro. Esto gracias al reconocimiento de su padre como hijo legítimo. 104 BUSH, A.C., MCHUGH, J.J.: “Patterns of Roman marriage”, Ethnology vol. 14, nº1 (enero 1975), pp. 25-45, esp. pp. 26, 43. 105 SYME, R.: The Roman Revolution. Oxford, Clarendon Press, 1939, pp. 12, 20, 40, 69, 189, 238, 378, 421-424. 126
concubina para contraer un matrimonio más rentable con Fausta106, o a la de su aliado y rival Licinio con Constantia, hermana del anterior107, para apreciar que aquello nunca había dejado de ser lo habitual en el sistema de alianzas entre las elites romanas. A partir de la repudia de Helena por parte de Constancio Cloro, ésta desaparecerá definitivamente del relato de aquellas fuentes que exponen los acontecimientos del siglo III, y habrá que esperar al siglo IV y al ascenso político de su hijo Constantino, para encontrarla de nuevo, aunque esta vez, como no obstante se analizará en el siguiente capítulo, lo hará con más fuerza e influencia. La cuestión radica ahora en determinar en que fecha se habría producido la separación entre ambos. Y es que aunque la mayoría de las fuentes literarias tiende a identificar el matrimonio entre Teodora y Constancio con el momento en el que éste recibió el título de César108 -lo que retrasaría la fecha hasta el año 293el panegírico en honor de Maximiano de 289109 parece indicar que aquel matrimonio habría tenido lugar cuatro años antes. Como se ha expuesto más arriba, en 293 Constancio Cloro tomó parte activa en poner fin a la revuelta de Carausio, quien se habría proclamado emperador de Britannia y norte de la Galia en algún momento entre finales de 286 y comienzos de 287110. Sería esta acción la que le hizo merecedor del título de César en 293. Sin embargo, y aunque, como se ha expuesto, son muchas las fuentes que relacionan las dos cuestiones –casarse con Teodora y alcanzar el título de César-, el panegírico de 289 parece sugerir algo distinto. En el mismo puede leerse, haciendo alusión a Maximiano: “tú que te has unido mediante el matrimonio con aquellos que ocupaban los más altos cargos de tu entorno”111 106 LUCIEN-BRUN, X.: “Minervina, épouse ou concubine?”, Bulletin de l’Association Guillaume Budé (1970), pp. 391-406, pp. 403-406; DRIJVERS, J.W.: “Flavia Maxima Fausta: some remarks”. Historia 41 (1992), pp. 500-506, p. 502. 107 Lact., Mort. Persec.43.2; Zosimo, II 17.2; SEECK, O.: “Constantia, Flavia Iulia”, in RE IV 1 (1900), p. 958; JONES, A.H.M.: Constantine and the Conversion of Europe. London, Hodder & stoughton Limited for the English Universities Press, 1948, pp. 70, 76; VOGT, J.: Constantin der Grosse und sein Jahrhundert. Munich, Bruckmann, 1960, p.157; MACMULLEN, R.: Constantine. New York, Dial Press, 1969, p. 64; POHLSANDER, H.A.: “Constantia”, Ancient Society 24, 1993, pp. 151-167, pp. 154-155; BARNES, T.D.: Constantine and Eusebius. Cambridge Mass., London, Harvard University Press, 1981. pp. 41, 62. 108 Aur. Vict., Caes., 39.24; Eutr., Brev., 9.22.1; Euseb-Hieron., Chron., 39.2 109 Pan. Lat. 10(2).11.4 110 Aur. Vich., Caes., 39.20-21; Eutr. Ann. 21; Orosio, Hist. versus pag., 7.25.2-4 111 Pan. Lat. 10(2).11.4 127
Lo que haría referencia al matrimonio acordado entre Constancio Cloro, su prefecto, con Teodora, su hijastra112. De este modo Constancio quedaba totalmente ligado a la dinastía imperial ya desde, al menos, el año 289, lo que implicaría que habría que adelantar la separación entre la futura Helena Augusta y el próximo César cuatro años antes del 293. A tenor de lo anterior, se puede afirmar que el siguiente dato conocido de la biografía de Helena no es otro que el representado por el año 289, fecha en la que la futura emperatriz dejó de ser la compañera de Constancio Cloro, el prefecto de Maximiano en la Galia, para pasar a convertirse en la ex-compañera de Constancio Cloro, el nuevo César. 4.5. Acerca de la naturaleza de su unión con Constancio Cloro y la legitimidad de su hijo Constantino. La sociedad romana, como sabemos, era una sociedad compleja y bien estructurada en la que casi ninguna situación quedaba fuera de un control normativo. Y cabe destacar que este control no se producía por el mero interés de ejercer una vigilancia sobre la ciudadanía, sino como respuesta a la necesidad constante de solucionar los problemas que cada día se iban planteando a lo largo y ancho del territorio imperial. Todas las posibilidades en prácticamente cualquier aspecto de la vida cotidiana estaban perfectamente legisladas y organizadas, fundamentalmente cuando de ellas dependían herencias, grandes fortunas y la continuidad o no del poder de alguna de las grandes familias. Por supuesto, en el campo de las uniones “maritales”, que servían para unir grandes propiedades, ámbitos de poder o, simplemente, proporcionar seguridad a los contrayentes, nada podía quedar al margen del control de la ley. Tres tipos de uniones quedaban legislados: matrimonio (= iustiae nuptiae), concubinato, (= inaequale coniugium), y contubernio, (= vulgo concepti). Cada una de ellas implicaba o suponía una situación legal diferente de la mujer en relación con su descendencia, respectivamente: “legítima”, “natural” o “espuria”113. 112 BARNES, T.D.: The new empire… Op. Cit. (1982). pp. 125-126. Especialmente interesante resulta interesante la nota 10, en la que Barnes expone las fuentes a favor de que la unión a la que se refiere el panegírico no fuera la de Constancio y Teodora sino un matrimonio anterior de la esposa del propio Maximiano, Eutropia, con Afranio Hannibaliano; DRIJVERS, J.: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), pp.18-19. 113 RODRÍGUEZ ADRADOS, J.V.: “Sistema onomástico de la mujer en el mundo romano”, en GARRIDO GONZÁLEZ, E.: La mujer en el mundo antiguo. Actas de las Quintas Jornadas de Investigaciones Interdisciplinarias, Seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, 1986, pp. 205-206. 128
Como ha sido admitido en infinidad de estudios en los que se hace referencia a las feminae del mundo romano o simplemente a aspectos sociales del mismo, la capacidad de acción de las mujeres romanas se vio limitada, tanto en la república como en el Imperio, por la figura del varón. Así, “la sociedad romana se basaba en una organización patriarcal, patrilineal y patrilocal”143. A este respecto, incluso el ejemplo que parece más claro de independencia femenina en el mundo antiguo, por supuesto alejándonos de la época en la que se centra el presente estudio, el de las Vírgenes Vestales, tampoco aparece del todo cierto. Es cierto que, al ingresar en el Colegio, escapaban de la potestas del padre, tío o hermano. Sin embargo, y en realidad, las jóvenes ciudadanas libres elegidas de entre las familias mejor situadas del imperio para encargarse de velar del culto de Vesta, pasaban de la potestas anteriormente mencionada a situarse bajo la disciplina del Pontifex Maximus. Aunque éste, si bien es cierto, podía castigarlas físicamente pero no tenía el derecho de decidir sobre la vida y la muerte de las sacerdotisas (ius vitae necisque), derecho que quedaba en manos del Colegio Pontifical144. En cualquier caso, pasaban de estar tuteladas por un individuo perteneciente a su familia, a estarlo por otro del nuevo orden en el que se integraban. El pater, siempre un varón que podía ser el padre, el abuelo u otro representante masculino de la genealogía de la Domus en cuestión, era la cabeza de la familia romana y esto implicaba que ejercía un control efectivo sobre todos los miembros de la misma: sus hijos, si los tenía, su mujer en el caso de que el matrimonio se hubiera efectuado con manus y sus esclavos. Los poderes del pater incluían el derecho a vender, repudiar e incluso castigar con la muerte a los individuos a su cargo –castigo que, por otra parte, no debió de ser demasiado frecuente145-, es decir, bajo su potestas. Ante la falta de este pater, tanto a los niños como a las mujeres se les asignaba la figura de un tutor que velase por su integridad moral y física. En el caso de la mujer, esta asignación estaba propiciada por la incapacidad innata de la misma por “la debilidad de su sexo y su ignorancia en los aspectos jurídicos”146. 143 GIL FABREGAT, C.: “Tutela Mulieris en el derecho romano”, en ALFARO GINER, C., TIRADO PASCUAL, M.: Actas del Segundo Seminario de Estudios sobre la Mujer en la Antigüedad, Valencia, 26-28 marzo, 1998, p. 65; CANTANELLA., E. : La mujer romana, Santiago de Compostela, 1991, p. 9. 144 CORNELL, T.: “Some observations on the crimen incesti”, en TORELLI, M.(ed): Le délit religieux dans la cité antique : table ronde , Rome 6-7 avril 1978. École Française de Rome, Roma, 1981, p. 31. 145 Vid. GARDNER, J.F.: Women in roman… Op. Cit. (1986), p. 7. 146 ARJAVA, A.: Women and law… Op.Cit. (1996), p. 112; Vid. También a este respecto GIL FABREGAT, C.: “Tutela Mulieris en el derecho romano”, en ALFARO GINER, C., TIRADO PASCUAL, M.: Actas del Segundo Seminario de Estudios sobre la Mujer en la Antigüedad, Valencia, 26-28 marzo, 1998, pp. 65-76. 135
En las próximas páginas se intentará analizar como el ejercicio del tal potestas tomó parte en la realidad de Helena Augusta así como en la de su hijo, siempre estudiando al mismo no en tanto que emperador, precursor del cristianismo…sino en tanto que hijo de la anterior. Sin duda alguna, Constancio Cloro ejerció la potestas sobre Constantino hasta el momento de su muerte en York en el año 306147. En el texto del Anónimo de Valois dedicado al linaje del emperador Constantino, éste hace referencia expresa a la filiación entre ambos al narrar en el capítulo II como Constancio pidió a Galerio que le devolviera a su hijo, lo que muestra, una vez más, que Constancio reconocía a Constantino como tal y ejercía la potestas que le permitía exigir al anterior el retorno de su hijo junto a él. No obstante, durante los años que Constantino pasó en la corte de Nicomedia, fue Diocleciano a quien se encomendó su supervisión y, por tanto, fue él quien ejerció las funciones tutelares sobre el mismo148. En cualquier caso, y volviendo a Constancio Cloro, si se tiene en cuenta que la potestas del padre se ejercía sobre los hijos legítimos del mismo149, esto presupondría que Constantino, efectivamente, lo fue, aunque por la vía del reconocimiento del hijo habido de la relación de concubinato previamente expuesta. Y es que, de haber sido Constantino un hijo no reconocido de tal unión su situación hubiera sido, sui iuris, es decir, de independencia de la tutela familiar, y éste no parece haber sido el caso. Si Constancio Cloro ejerció algún tipo de potestas sobre Helena sobre los años en que fueron pareja no podemos saberlo, debido a la absoluta falta de fuentes que relaten este periodo y mencionen tal circunstancia. Sin embargo, si parece que existió una cierta “tutela” entre Constantino y su madre, al menos a partir del momento en el que éste fue proclamado sucesor de su padre por los soldados en el año 306. Y es que los investigadores del periodo asumen que Helena, tras tantos años en el olvido de las fuentes vuelve a aparecer en la escena pública, ejerciendo como madre y acompañando a Constantino desde el año 306 por toda la geografía cortesana del Imperio por la que se movía el mismo, es decir, por Tréveris y Roma, las dos ciudades en las que solía encontrarse la corte imperial150. 147 HOFMANN, B.: “Les empereurs romains d’occident”. Cahier Archéologique 6 (1987), p. 16. 148 Lact., De Mort.Persec.18.10; BARNES, T.D: The new empire… Op. Cit. (1982), pp. 41-42. 149 Por ley, aunque sobre los hijos habidos de una relación de, por ejemplo, concubinato, su potestas era meramente voluntaria, en CLARK, G.: Woman in late antiquity. Pagan and Christian Lifestyles. Clarendon Press, Oxford, 1993, p. 31. 150KLEIN, R.: Helena. Op. Cit. (1987), p. 356; DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), p. 20; LECLERCQ, H.: “Hélène, impératrice”. Dictionnaire d’archéologie chrétienne et de la liturgie 6.2, 136
La cercanía geográfica entre Helena y su hijo Constantino parece, pues, clara; ante ésta realidad y volviendo al asunto que nos ocupa, cabe hacerse una pregunta, ¿en que dirección se dio la “tutela” o potestas entre ambos? Nada se conoce acerca de los antecedentes familiares de la emperatriz, a excepción que debió de provenir de una familia humilde de la parte oriental de Imperio. La única “familia” de Helena que mencionan las fuentes estaría constituida por Constancio Cloro -independientemente de que su unión hubiese sido o no perfectamente legítima, aunque todo parece indicar que ésta no adoptó sino la fórmula del concubinatoy por su hijo Constantino. A la luz de estos datos y de sus orígenes geográficos suponemos que era una mujer que se hallaba sola en Occidente, separada de sus lazos familiares primigenios, que habrían quedado en Oriente, ya que no son mencionados en ninguna fuente, ni siquiera posterior, y sin “pareja”, ya que había sido repudiada por aquel mismo, Constancio Cloro, a fin de que éste pudiera casarse con Teodora, la hija de Maximiano, en algún momento que parece anterior al 21 de abril del año 289, como se expuso, y poder así realzar su carrera política151. Si durante los años que duró la relación con Constancio Cloro éste ejerció algún tipo de potestas sobre ella -lo que, según el Panegírico del año 307 en honor de Maximiano y Constantino, no parece muy probable, puesto que si aceptamos que quizás para no disgustar al padre de su nueva esposa Teodora evitaba los contactos con la emperatriz, mantendría las distancias incluso a la hora de “tutelarla”- o si legó este papel a Diocleciano durante el tiempo que Constantino estuvo en la corte de Nicomedia, no tenemos, como ya se ha apuntado, ningún indicio152. Lo que parece claro es que a partir del año 306 Helena se queda sola con su hijo, y, a falta de un “esposo” o pater que ejercieran la potestas sobre ella parece que este papel debió de recaer en su hijo Constantino, quien sería el encargado de velar por ella hasta el momento de su muerte. Paris, 1907, p. 2127 ; MAURICE, J: Sainte Hélène. H. Laurens, Paris, 1930, pp. 8-9; POHLSANDER, H.A: Helena: empress… Op. Cit. (1995), p. 19; las residencias de Tréveris y Roma son analizadas en el apartado 5.2, del capítulo siguiente. 151Pan. Lat. 10 (2).11.4: “tantum esse in concordia bonum statuis, ut etiam qui circa te potissimo funguntur officio necessitudine tibi et adfinitate devinxeris, id pulcherrimum arbitratus adhaerere lateri tuo non timoris obsequia sed vota pietatis”; texto dirigido por Constancio Cloro a Maximiano el 21 de abril de 289, y del que se podría deducir que ambos se habrían aliado mediante una política de matrimonios que no era para nada inusual en el Imperio Romano; MYNORS, R.A.B. (ed.): XII Panegyrici Latini. Oxford, Clarendon Press, 1964, p. 252; BARNES, T.D: The new empire… Op. Cit. (1982), pp. 37, 125. 152 A partir del s.III los tutores tenían, de facto, muy poco poder sobre sus tuteladas y quizás por ello aparecen poco en las fuentes. De hecho, como meciona ARJAVA, A.: Women and law… Op.Cit. (1996), p. 113, tan solo aparecen en unos pocos papiros latinos del s.II y en al menos una inscripción del s.III. También resulta interesante al respecto GARDNER, J.F: Women in roman… Op. Cit. (1986), p. 22. 137
Y es que, aunque desde finales de la República la tutela por parte del familiar más próximo si moría el “esposo” había sido abolida153, y ahora, en el Imperio, los tutores debían ser elegidos mediante testamento o por un magistrado154, la situación familiar de Helena hace pensar que de haber un tutor éste tuvo que ser su hijo. Sin embargo, si lo anteriormente expuesto corresponde a la teoría imperante en Roma, es decir, la potestas del varón sobre los elementos femeninos de la Domus en cuestión, en este caso, en la práctica, encontramos ciertas irregularidades que nos hacen pensar que Helena era más independiente del resto de las feminae del Imperio y que, en cierto modo, casi era ella, de facto, la que tutelaba a su hijo. Las razones que nos llevan a esta hipótesis son dos: • Las personas in potestate, como sabemos para, al menos, los primeros siglos del principado, no podían tener propiedades a su cargo y todo lo que pudieran recibir o heredar pertenecía al varón que las tutelaba155. Sin embargo, sin admitimos que en estos momentos tardíos la legislación era la misma, en el caso de Helena, como se ha apuntado en el análisis de las fuentes, ella si tenía propiedades a su nombre y esto, lejos de esconderse, era abiertamente publicitado y conocido; en cualquier caso, si realmente éstas estuvieron a nombre del emperador no podemos, por el momento, saberlo. Lo que conocemos con certeza es que el fundus Laurentus pasó a conocerse popularmente a partir del año 312 como possessio Helenae y esto parece indicar que se le reconocía el derecho a la propiedad privada, a menos de facto. • En segundo lugar, sabemos gracias a la Vita Constantini de Eusebio de Cesarea156 que en su viaje a Tierra Santa Helena dio dinero y abrigo a los necesitados, del mismo modo que liberó a individuos presos en las cárceles y a trabajadores de las minas y concedió permisos que permitieron a una cifra indeterminada de sujetos volver del destierro. En ningún momento narra Eusebio que para todo ello la emperatriz pidiera el permiso del emperador, y aunque sin duda debió de consultar todos los pasos que daba 153 GARDNER, J.F: Women in roman… Op. Cit. (1986), pp. 14-22. 154 DIG., 26.4.1 155 GARDNER, J.F: Women in roman… Op. Cit. (1986), p. 9; ésto no significaba, por supuesto, que no hubiera mujeres que arreglasen sus asuntos, ellas mismas, de un modo competente, sin embargo la tutela implicaba que, al menos “cara a la galería”, debía parecer que la propiedad, y por ende el control, eran del varón que las tutelaba, GARDNER, J.F.: Women in roman… Op. Cit. (1986), p. 22. 156 VC, III, 44. 138
con sus asesores, que le acompañarían en su viaje, leyendo la obra de Eusebio parece que son prerrogativas y beneficios que ella repartió por propia iniciativa –como parece que ella ordenó la construcción de las Thermae Helenae también por iniciativa propia, a la luz de las fuentes epigráficas157-, con lo que estaría demostrando una capacidad de actuación mucho mayor y más libre que la que gozaban la mayor parte de mujeres del Imperio que se veían mucho más limitadas, ellas si, por la potestas a la que se veían subyugadas158. Del mismo modo, el reconocimiento de su supuesta intervención en la muerte de Fausta159, si bien no directamente sino mediante la manipulación de su hijo Constantino, que fue quien habría ordenado finalmente el fin de su esposa en un baño caliente –aunque, como se expondrá más adelante, en realidad Helena no tuvo motivos para hacerlo-, resulta un indicador de la enorme influencia que ejercería sobre su hijo; de hecho, incluso el que no lo hiciera pero se haya repetido tanto que aquella tuvo influencia suficiente en su hijo para hacerlo, sería otro indicador de la misma. Esta influencia, si bien en sentido estricto no puede ser considerada como una “tutela” sobre el emperador, en realidad está reflejando como la potestas que existía entre madre e hijo no sería unidireccional. Según lo visto, o se plantea la situación de Helena–que debe ser vista más allá del estatus que le otorgaba el pertenecer a la familia imperial, aspecto que se desarrollará más adelantecomo una irregularidad en la posición general de las mujeres del Bajo Imperio, o es que ella no era tutelada por nadie y vivía sui iuris, es decir, de manera independiente y tutelada por ella misma, lo que parece poco probable desde el punto de vista si no legal, al menos si desde el punto de vista práctico. Y es que, aunque en algún momento indeterminado del s.IV la tutela tendió a desaparecer en la legislación, como apunta Antti Arjava, en la práctica el cambio no debió ser tan radical y las mujeres siguieron siendo tuteladas de facto por los miembros varones de su familia160, -aunque esto no significa que no hubiera mujeres, concretas, que desarrollaran una activa participación en el mundo de los negocios y las finanzas161-. 157 CIL VI 1136. 158 Vid. a este respecto ARJAVA, A.: Women and law… Op.Cit. (1996), 159 Zosimo, Nueva Historia. 2.29.1-2; Aur.Vict., Epit. 41.11-12 160 ARJAVA, A.: Women and law… Op.Cit. (1996), pp. 154-156. 161 GRUBBS, J.E.: Law and Family in Late Antiquity. Clarendon Press, Oxford, 1995, pp. 325-328. 139
De cualquier modo, como es sabido por todos, las normas y costumbres han sido infringidas en numerosas ocasiones a lo largo de la historia y, por ello, quizás su más que probable independencia sino en la teoría si en la práctica, no debería sorprender a nadie. Así, parece que Helena, que no estuvo bajo la sujeción de la potestas de su compañero por la repudia de aquella por éste, lo habría estado bajo la de su hijo Constantino, aunque de un modo que parece indicar que aquella habría tenido un carácter bidireccional. La relación entre madre e hijo y la potestas de facto del uno sobre el otro parecen indicar que, entre ellos, la relación era más igualitaria que jerárquica. Él velaba por la integridad moral y física de su madre, y ella, como se analizará en el capítulo siguiente, por la integridad de la familia que aquel lideraba. Constantino tenía el estatus que le otorgaba ser el varón, y Helena el de ser su madre y, con el tiempo, Nobilissima Femina, Augusta y pía. 4.7. La cuestión de la onomástica como pista de un estatus. Flavia Iulia Helena. Como es sabido, los ciudadanos romanos gozaban del ius trium nominum, es decir, del derecho a utilizar tres nombres para poder identificarse ante el resto de la sociedad. Así, los varones de edad adulta, y de clase alta, disponían de los tria nomina: el praenomen, equivalente a nuestro nombre propio –Caius, Decimus, Quintus o Titus-; el nomen, correspondiente a su gens, es decir, a su familia; y el cognomen, un “segundo apellido” que era en origen un apodo que se adjudicaba a su posesor por las más diversas razones, por un defecto físico –Caecus, ciego-, por las victorias conseguidas –Africanus, Germanicus, Hispanus-…162 Sin embargo, en el caso de las mujeres romanas, aunque fueran ciudadanas no estaban autorizadas a ejercer este derecho, aunque si, desde finales de la República, el ius nominis traditionis163. La mujer, generalmente hablando, durante la época imperial solo recibe el cognomen, en sustitución del praenomen que había ido desapareciendo progresivamente durante las últimas décadas de la época republicana164, y el nomen gentilicio, del modo: Vespasia Polla o Flavia Domitia. Su carencia del ius trium nominum es evidente y se justifica por la creencia y seguridad de que ella nunca iba a ser la cabeza de la estirpe165. Sin embargo, Helena, mencionada por la inmensa mayoría de los investigadores 162 HACQUARD, G.: Guía de la Roma Antigua. Centro de Lingüística Aplicada Atenea, Madrid, 2000, p. 41. 163 RODRÍGUEZ ADRADOS, J.V.: Sistema onomástico… Op. Cit. (1986), p. 208. 164 RODRÍGUEZ ADRADOS, J.V: Sistema onomástico… Op.Cit. (1986), p. 207. 165 DIG. L, 16, 195, 5: “la mujer es la cabeza y fin de su familia”, pero, como vemos, no de la estirpe. 140
actuales, incluido el que es hoy por hoy uno de sus mayores estudiosos, Drijvers, como Helena Augusta o simplemente como Helena166, o conocida en los ambientes de influencia eclesiástica como Santa Helena167, se llamaba en realidad: FLAVIA IULIA HELENA, tal y como aparece en CIL VI 1134 =D 709 y en numerosas monedas168. Como puede apreciarse, la emperatriz supone de nuevo una irregularidad en la norma, ya que, haciendo caso omiso a la costumbre que impedía a cualquier mujer de su tiempo –salvo las excepciones representadas por algunas féminas169poseer tres nombres para su identificación, ella si los tenía. Además los de Helena irán acompañados de los epítetos Nobilissima Femina primero y Augusta después, a medida que aumentaba su posición en la corte, posición que era reconocida mediante estos honores por parte de su hijo el emperador. Asímismo, en opinión de Rodríguez Adrados, la aparición de tres nombres para hacer referencia a una mujer en lugar de los dos tradicionales en algunos epígrafes, se explicaría como un exagerado intento de paliar un origen no demasiado ilustre y probablemente extranjero170. En el caso de Helena, cuyos orígenes bajos y oscuros – extranjera, esclava, prostituta…- han sido más que exaltados, como ya se ha expuesto, esta razón bien hubiera podido ser el motivo de su triple nominalización con el fin de vincularse a las grandes familias –la gens Flavia y la gens Juliay ensalzar así su situación social. Algo de lo anterior debió de haber, sin duda, aunque hay que tener en cuenta que Helena, en tanto que madre del emperador, ya formaba parte de la Domus imperial. Además, era la progenitora del individuo que ostentaba la cabeza del Imperio -función ésta, la de la procreación, que como ya se expuso era considerada como la primordial de 166 En DRIJVERS, J.W: Helena Augusta… Op.Cit. (1992), a lo largo de toda la obra; KLEIN, R: Helena. Op. Cit. (1987), pp. 355-375; LECLERCQ, H.: “Hélène, impératrice”. Dictionnaire d’archéologie chrétienne et de la liturgie 6.2, Paris, 1907, p. 2127; VOGHT, J: “Helena Augusta: das Kreuz und die Juden”, Saeculum 27, 1976, p. 211, 212...; idem: “Pagans and Christians in the Family of Constantine the Great”, en MOMIGLIANO, A. (ed.): The Conflict between Paganism and Christianity in the Fourth Century. Clarendon Press, Oxford, 1963, p. 46. 167 MAURICE, J: Sainte Hélène. H. Laurens, Paris, 1930. 168 “Fl.Iulia Helena”, PLRE I, 1971, p. 410. 169 Integrantes éstas de una dinastía imperial por ser hijas de emperadores o haberse ligado en matrimonio con alguno de ellos a partir de los Severos, con excepción de Annia Galeria Faustina, esposa de Antonino Pío que data de la primera mitad del s.II. Los nombres de las dinastías imperiales pueden ser consultados en HOFMANN, B.: “Les empereurs romains d’occident”. Cahier Archéologique 6 (1987). 170 RODRÍGUEZ ADRADOS, J.V: Sistema onomástico… Op.Cit. (1986), p.206; BLOCKLEY, R.C.: ”Roman-Barbarian Marriage in the Late Empire”, Florilegium 4 (1982), pp. 63-79. 141
la mujer en el mundo romano171 y función, asimismo, que servía para establecer o ensalzar el estatus de la mujer y era, incluso, impulsada desde las instancias oficiales172. Por estos motivos, Helena, e independientemente de que pudiera utilizar dos o tres nombres, debió ocupar un status preeminente, aunque quizás, como ya se expuso en la parte dedicada al estudio de las fuentes del presente proyecto de tesis y se analizará más adelante, la madre del emperador Constantino debió ocupar un estatus sometido a la damnatio memoriae de las fuentes durante décadas173. En cualquier caso, y pese a sus prerrogativas y destrezas políticas, que serán expuestas en el siguiente capítulo, la onomástica se plantea, pues, como una pista más para corroborar cual fue el estatus de aquella bona et diligenter stabularia en la corte inaugurada por su hijo Constantino y, por la parte que le toca como “madre del artista”, por ella misma. Tres nombres para ennoblecer su persona. La vinculación a dos importantes familias para borrar, quizás, un pasado poco honroso. Una fórmula, en definitiva, idónea para enaltecer no solo su reputación, sino la imagen de toda una domus174. 4.8. 289-306. Los “verdaderos años oscuros” de la vida de la madre del emperador Constantino. El nombre de este apartado, “los verdaderos años oscuros de la madre de Constantino” pretende ser ilustrativo de lo que conocemos acerca de la vida de Helena tras su separación de Constancio Cloro y hasta el momento en el que su hijo Constantino se hizo con la púrpura en Britannia tras ser proclamado Augusto por las tropas allí acantonadas. Pese a que todos los años anteriores al citado 306 son considerados como “años oscuros” en la vida de Helena, la realidad es que son concretamente aquellos de finales del siglo III acerca de los cuales nuestros conocimientos sobre la biografía de la futura emperatriz se identifican con el vacío. Y es que desde el año 289 al 306, la vida de Helena se sume en un tremendo periodo de oscuridad acerca del cual las fuentes no narran absolutamente nada. Así, si al menos, como se ha podido leer en los epígrafes 171 FLORES SANTAMARÍA, P.: “Las mujeres romanas, una educación para el matrimonio”, en GARRIDO GONZÁLEZ, E.: La mujer en el mundo antiguo. Actas de las Quintas Jornadas de Investigaciones Interdisciplinarias, Seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, 1986, p.217-224. 172 A este respecto vid. DIXON, S.: The Roman mother. Croom Helm, London, 1988, especialmente pp. 71-103. 173 Ver apartado 5.1., del capítulo siguiente. 174 Analizado en el capítulo 6. 142
anteriores, mediante el análisis de la vida de Constancio Cloro y Constantino, es posible trazar una, aunque esquemática, cronología en la vida de Helena desde su nacimiento hasta el año 289, tras su separación de Constancio Cloro y, poco después, también previsiblemente de su hijo Constantino, el silencio de las fuentes acerca de su persona tras la fecha del 289 ya no puede ser suplido por lo que aquellas narraban de quienes se hallaban en su entorno. La narración de los varones que la rodearon ya no sirve de excusa para conocer su persona, y es que las fuentes dejan de nombrarla; de ahí que nos encontremos ante los que podríamos denominar los very dark ages de los conocidos como los dark ages de Helena. Ante la oscuridad y a fin de intentar arrojar algo de luz en estos años tan desconocidos acerca de la trayectoria vital de Helena, cabe, en primer lugar, tener en cuenta que hasta el año 293 Constantino no será enviado a la corte de Diocleciano y Galerio, sita en el este del Imperio. Aquel año, como se expuso, Constancio Cloro fue nombrado César en el marco de la nueva fórmula de gobierno inaugurada por Diocleciano, la mencionada Tetrarquía. El envío de su hijo a la corte oriental vendría a demostrar la lealtad de aquel a los príncipes de Nicomedia175, Diocleciano y Galerio, y, por este motivo, hubo de producirse en aquel año 293, año en el que fue elevado al rango de César. A esto hay que sumar que algunas fuentes, como se expondrá no obstante más adelante al hacer referencia al papel de Helena en la educación del joven Constantino, aluden al bajo nivel cultural de ésta como la excusa para que su hijo fuera enviado a la corte de Nicomedia. Ante esta realidad, y si Helena no era una “buena influencia cultural” para Constantino y lo mejor era que aquel fuera a vivir a otro lugar donde pudiera recibir una educación más acorde al nuevo rango y posición de su padre, esto implicaría que Helena y Constantino habrían vivido juntos hasta, al menos, el año de la “necesaria” separación mediante el viaje de este último a Nicomedia. Es decir, que de todo lo anterior se deduce que Helena y Constantino habrían seguido residiendo juntos desde el momento de la separación de aquella con Constancio Cloro, en el año 289, hasta el 293 en el que, por motivos más políticos que educacionales, como se expondrá en el siguiente apartado, Constantino fue enviado a la Corte del Augusto Diocleciano y el César Galerio en Nicomedia. 175 LENSKI, N. (ed.): The Cambridge Companion to the Age of Constantine. Cambridge, Cambridge University Press., 2006, pp. 50-90. 143
¿Dónde residieron Helena y Constantino durante aquellos cuatro años? Al igual que para el periodo 273288 la pregunta resulta de difícil respuesta. No obstante, como ya se expuso para aquel periodo, no parece demasiado descabellado pensar que, a partir de los movimientos de Constancio, aquellos hubieran establecido su residencia en Naissus (275-282) y posteriormente en Dalmacia (283-285), o únicamente en este último lugar, desde el cual hubiera podido desplazarse a Guntia en el marco de las campañas en aquel lugar de Maximiano en 287-288. Dado que Constancio pasó a ocupar la prefectura de la Galia en el año 288, tampoco parece demasiado irracional pensar que durante los años 288 a 293 madre e hijo se hubieran mudado a aquel territorio, y si bien quizás no hubieran vivido en el mismo hasta 293, si, al menos hasta 289, año de la repudia de Helena y en el que bien hubieran podido volver a Dalmacia, punto central y anterior, desde el cual Constancio Cloro hubiera podido seguir visitando al pequeño Constantino y, por lo tanto, manteniendo el contacto con su primogénito. Por supuesto, y como ya se expuso al hacer referencia a los años anteriores, estas residencias son tan solo sugerencias posibles a partir de los movimientos de Constancio. No obstante, y pese a su carácter hipotético, cabe tener en cuenta que ante el silencio absoluto de las fuentes no solo no parece demasiado ilógico plantear los movimientos de Helena a partir de los de aquellos que la rodearon, sino que es algo que se impone como necesario a fin de reconstruir su biografía. Tras el abandono de Helena por Constancio Cloro en 289 y por su hijo Constantino en 293 cabe preguntarse, ¿qué será de la vida de la futura emperatriz desde el año 293 hasta el 306? Y es que el periodo delimitado por aquellos años, se caracteriza, como ningún otro, por el silencio más absoluto de las fuentes, ya sean literarias, epigráficas, numismáticas o iconográficas acerca de su trayectoria vital. Son años en los que, separada de los elementos masculinos que nos permitían rastrear su presencia, su rastro se pierde para no volver hasta trece años después. Nos encontramos, pues, siguiendo con nuestra denominación a la inglesa, ante los realmente very very dark ages de la vida de Helena. Dado que desde el año 289 Constancio tendrá otra esposa, Teodora, parece claro pensar que Helena y aquel estarían totalmente desvinculados a partir de esa fecha y, por tanto, el César Constancio ya no puede ser tomado como marco de referencia para intentar averiguar donde se habría ubicado la residencia de Helena durante los trece años de silencio de las fuentes. En el caso de Constantino, pese a su desplazamiento a Nicomedia, éste seguía siendo su hijo y, a tenor del papel relevante que Helena tendrá 144
Roma60. Llegados a Jerusalén, y una vez se hubieron desprendido de todas sus riquezas, él se habría ganado la vida transportando leña desde el desierto y ella como hilandera61. De una renta de 12000 sólidos anuales tan solo habrían conservado cincuenta al llegar a los santos lugares, y allí habrían hecho entrega de los mismos al obispo de la ciudad62. Tal habría sido su generosidad y su misericordia, al igual que ya se ha expuesto en el caso de Helena a tenor de la Vita Constantini de Eusebio de Cesarea, que pese a su holgada situación económica aquellos se habían puesto a trabajar, como cualquier mortal, a fin de poder ayudar a los más necesitados y poder estar más cerca ellos. Como también ya habría hecho Helena casi un siglo antes, Melania Minor habría realizado sendas edificaciones en Tierra Santa. En primer lugar, ordenó y financió la construcción de un monasterio para mujeres en el Monte de los Olivos63; en segundo lugar, y tras la muerte de su esposo, su hermano ante el señor64, ordenaría también la construcción de otro monasterio, aunque esta vez para hombres, una empresa para la que contó con la cantidad de 200 sólidos65. Melania, como Helena, sirvió a las vírgenes que residían del Monte de los Olivos, sin duda en un intento, todavía mayor si cabe, por preservar la virtud y excelencias de la emperatriz ante los ojos del lector66. Y se escriben aquí intencionadamente las palabras “mayor si cabe” porque todo el texto de la Vida de Melania de Gerontius está llena de referencias a la castidad de la misma y a su deseo de mantener su decoro y pureza a fin entregarse únicamente, en cuerpo y alma, al servicio del Dios de los cristianos67. También al igual que la emperatriz Helena, la piísima mujer habría sido recibida por las autoridades eclesiásticas de los lugares que visitó, así, y tal y como puede leerse en la obra de Gerontius, al menos habría sido recibida por los obispo de Alejandría, Galacia y Capadocia68. Una muestra formal de que su importancia e influencia eran 60 A fin de conocer el itinerario y cronología del viaje de la pareja merece la pena acercarse al estudio de LAURENCE, P.: Gérontius. La Vie latine de sainte Mélanie. Franciscan Printing Press, Jerusalem, 2002, pp. 41-76. 61 V. Pet. Iber. 33ff 62 Gerontius, Vit. Mel., 30. 63 Gerontius, Vit. Mel., 40. 64 Gerontius, Vit. Mel., 8, 41,49 65 Gerontius, Vit. Mel., 49. 66 Al respecto de Melania: Gerontius, Vit. Mel., 41; en cuanto al mismo servicio a las vírgenes en Helena: Tir. Ruf., HE. 1.8; Sozomeno, HE. II.2.2; interesantes resultan: CLARK, E.A.: “Piety, Propaganda and Politics in the Life of Melania de Younger”, Studia Patristica vol. XVIII/2 (1989), pp. 167-183; CLARK, E.A.: The Life of Melania the Younger: Introduction, Translation and Commentary. Lewiston, Edwin Mellen Press, 1984. 67 vid. especialmente captítulos 1 a 7, aunque referencias a esta castidad pueden ser encontradas a lo largo de toda la obra. 68 Gerontius, Vit. Mel., 34, 56. 247
reconocidas por las autoridades eclesiásticas de la zona, autoridades que, por otra parte, no querrían perder el favor de semejante fuente de ingresos. Asimismo, cabe señalar la utilización, por parte de Melania, del cursus publicus en sus desplazamientos69. Narra Gerontius que en el año 436 aquella se habría dirigido a Constantinopla utilizando este medio de transporte; un medio de transporte privilegiado y exclusivo para ser disfrutado, únicamente, por miembros de la familia imperial y por individuos con altas conexiones en las esferas de poder del Estado; un medio que ha sido definido por Lenski, como ya ha sido reseñado en alguna parte de este trabajo, como una especie de antiguo Pony Express con caballos frescos cada 15 o 20 millas para que fueran utilizados en los rápidos viajes imperiales70. Como acertadamente señala Hunt no se puede asumir que todo peregrino tuviera el derecho a utilizar este medio de transporte71, como por otra parte si afirma Kötting72. Y es que, por una parte, la utilización del mismo estaba perfectamente controlada y regulada por empleados públicos y, por otra, el número de monturas era limitado, por lo que se reservarían únicamente para los personajes acreditados como integrantes de las altas esferas del poder político, económico, militar o eclesiástico, esferas que, por otra parte, han tendido siempre a ir de la mano. Por lo tanto, la utilización por Melania Minor de este medio de transporte, como se expone, exclusivo del poder y de quienes estaban en contacto con él, más el hecho de que uno de los empleados del servicio que debía proporcionarle los animales se dirigiera a ella como “gran dama”73, unido a que aquella viajaba con escolta, recuerdan, en versión minimizada, al boato del viaje de Helena que es narrado por Eusebio. Del mismo modo, y pese a que Gerantius, la fuente principal para el conocimiento de Melania Minor hace constante referencia al hecho de que aquella habría renunciado a todos sus bienes y riquezas y habría optado por una vida ascética y humilde, la realidad es que aquella siempre debió de disponer de dinero a su servicio cuando lo necesitó. Un 69 Gerontius, Vit. Mel., 52. 70 LENSKI, N.(ed.): The Cambridge… Op. Cit. (2006), p. 61; para conocer más acerca del curus publicus resultan de gran ayuda HUMBERT, G.: “Cursus publicus”, Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines 1² (1969), pp. 1645-1672. También interesantes: BECKER, H.J.: Römische Verkehnsstressen und cursus publicus. Saarbrücken, 1933; DI PAOLA, L.: Viaggi, transporti e institución. Studi sul cursus publicus. Discam, Messina, 1999; SEECK, Otto, “cursus publicus”, Pauly-Wissowa-Mittelhaus-Kroll, Realencyclopädie der classischen Altertumswissenschaft IV (1901) 1846. 71 HUNT, E.D.: Holy Land… Op. Cit. (1982), p. 57. 72 KÖTTING, B.J.: Peregrinatio Religiosa : Wallfahrten in der Antike und das Pilgerwessen in der alten Kirche.. Regensberg, Münster, 1950. p. 345. 73 GORCE, D.: Vie de Sainte Mélanie, de Gerontius. Introducción, Traducción y Notas. Vol.90, SC. Ed. du Cerf, Paris, 1962, p. 229; Gerontius, Vit. Mel., 52. 248
ejemplo de esta realidad aparece claramente manifestado en el capítulo en el que aquella pretende tomar el cursus publicus acompañada de personas que, por no tener la acreditación para poder utilizar este exclusivo medio de transporte, no habrían estado autorizadas a gozar de tal privilegio. Ante el rechazo inicial del funcionario encargado de proporcionarle los animales para el viaje, su escolta hizo uso de su posición económica y aquel fue sobornado con cinco monedas, gracias a las cuales recibieron los servicios del cursus publicus. Así, también en el viaje de Melania, junto a su devoción y su piedad, encontramos la utilización de medios de transporte imperiales, de una escolta y la posesión de dinero suficiente para ser utilizado cuando aquella, o algún miembro de su comitiva, pudiera necesitarlo. Las recepciones por las autoridades eclesiásticas y sus edificaciones indican que, sin duda, junto al recogimiento de toda peregrinación religiosa en Melania también existía la necesidad de mostrar su posición y de ejercer su influencia lejos del control del círculo familiar y cotidiano. En este contexto la emperatriz Helena bien pudo, de nuevo y para una segunda Melania, haber ejercido de espejo en el que mirarse, o al menos de excusa para ejercer una independencia de la que difícilmente podría haber disfrutado en Roma. En tercer lugar merece mencionar el caso de Paula, una viuda adinerada perteneciente a una de las familias más influyentes de Roma. Tras enviudar y perder una hija, en el año 385 iniciaría un viaje con Roma como punto de partida y que la llevaría, en un largo recorrido74, como otrora a la madre de Constantino, a los santos lugares75. De nuevo, al igual que la emperatriz Helena, Paula haría gala de su posición económica privilegiada y llevaría a cabo diversas edificaciones. Así, tan solo en la ciudad de Belén sabemos que aquella ordenó edificar un monasterio, un convento y un hospicio para peregrinos76. Edificaciones en las que, junto con su hija Eustochium, llevaría a cabo tareas propias de una esclava77. Tal habría sido su piedad y su vocación de servicio a los necesitados. Cabe destacar al respecto de esta mujer una carta que aquella habría enviado a Marcela y que resulta de lo más interesante. En la epístola, la primera anima a la segunda a viajar a Jerusalén y a fin de convencerla, le asegura que si se decide a viajar a 74 Jer., 13.6, cf. HUNT, E.D.: Holy Land… Op. Cit. (1984), p. 172, nota 98. 75 TOBLER, T.: Palaestinae: Descripciones ex saeculo IV, V et VI. Itinerarium Burdigala Hierosolymam. Peregrinatio S. Paulae. Eucherius De Loeis Santis. Theodorus De Situ Térrea Sanctae. St. Gallen, Huber&Comp., 1869; HUNT, E.D.: Holy Land… Op. Cit. (1984), pp. 171-172. 76 CASSON, L.: Travel in the… Op. Cit. (1994), p. 305. 77 Jer., Ep. 66.3 249
los santos lugares será recibida “por cada grupo de monjes y cada grupo de vírgenes unidos en una canción de bienvenida”78. A tenor del contenido de esta carta, llama la atención en primer lugar el hecho de que son las mujeres las que promocionan estos viajes, las que los promueven, entre otras mujeres79. Efectivamente, así parece ser. Sin embargo, del texto de la carta se desprende otra idea que resulta fundamental para conocer la finalidad de los desplazamientos de este grupo de mujeres adineradas. Y es que al utilizar el recibimiento como un punto a favor para iniciar un viaje, Paula está inconsciente e indirectamente reconociendo que una de las finalidades de su viaje es disfrutar del reconocimiento de quienes visita. Por lo tanto, si bien el recogimiento y la espiritualidad cristiana son los cristales que se ponen de excusa para justificar el viaje de un modo que no pueda ser rechazado por ningún individuo del momento, la realidad es que aquellas estaban buscando un reconocimiento manifiesto a su poder e influencia. Un poder y una influencia que se derivarían de su posición económica, pero de los que no podrían disfrutar en Roma, pues allí la vida política-gubernativa estaría copada por los varones. Así, un ejemplo de este reconocimiento serían las bienvenidas con las que sus anfitriones les recibirían, unas prácticas que, a tenor de la carta a Marcela, les agradarían tanto que se habrían convertido en un punto más a favor de desplazarse a los territorios orientales. Como bien señala Dietz, el énfasis de estas mujeres -entre las que incluye a Egeria, cuyo viaje será desarrollado a continuaciónpor ver “monks and virgins”, debió superar al entusiasmo por ver “places”80; y es que, como añade la firmante de estas páginas, las personas pueden manifestar reconocimiento, no así los lugares. Resulta también interesante señalar que Paula, siguiendo su deseo de servir a Dios y a los más necesitados, había realizado la promesa de morir como una mendiga81. Todos los datos que las fuentes nos ofrecen al respecto de la misma apuntan a su vida contenida y austera, a su humildad y a su deseo de vivir en la pobreza. Valga como ejemplo su rechazo a ser hospedada en los aposentos del procónsul de Jerusalén para preferir ser alojada en una “humilde estancia”. Sin embargo, el hecho de que a su muerte su hija Eustochium tuviera que hacer frente a fuertes deudas como consecuencia del voto de pobreza de su madre vendría a implicar dos posibilidades. Una, que había gastado en los más necesitados, haciendo muestra de su generosidad supina, incluso 78 Jer. Ep. 46.12. 79 DIETZ, M.: Itinerant Spirituality… Op.Cit. (2004), pp. 132-133. 80 DIETZ, M.: Itinerant Spirituality… Op.Cit. (2004), p. 133. 81 Jer. Ep. 108.15.6-7, 30. 250
aquello que no tenía, debiendo pedirlo prestado. Dos, que había solicitado el dinero para si misma, a fin de no vivir de un modo tan mísero como quieren aparentar las fuentes. A tenor del texto de Jerónimo, quien expone que aquella siempre fue comedida y prudente en su generosidad82, parece que la primera opción quedaría descartada si bien no como espejo diseñado para el público, si como realidad efectiva. A fin de acabar las líneas dedicadas a Paula, subraya Jerónimo que aquella estaría siguiendo el reciente ejemplo de Melania Minor, también una mujer joven, viuda y desolada por la pérdida de un vástago, en el inicio de su peregrinación83; su apreciación parece de lo más acertada. Todo parece indicar que bien pudo ser el ejemplo de aquella Melania el impulso que habría necesitado Paula para embarcarse en su propia aventura oriental. Ante esta realidad, y recordando, a partir de la carta de Paula a Marcela, la importancia de las mujeres en la captación de otras mujeres para que estas iniciasen peregrinaciones por los santos lugares, bien pudo haber iniciado aquella su viaje animada por el modelo que recientemente habría representado la joven Melania. Sin embargo, y a tenor de las acciones que se siguen como un patrón en estos viajes llevados a cabo por mujeres adineradas, parece claro que aquellas estaban repitiendo el patrón iniciado por Helena a comienzos del segundo cuarto del siglo IV. Así, si bien para Paula, como bien señala Jerónimo, Melania pudo ser el ejemplo más reciente e inmediato que la habría impulsado a iniciar su viaje, sin duda modelo que subyace en sus acciones es aquel que fue desarrollado por la madre del emperador Constantino tras la derrota de Licinio. La primera mujer en desplegar, en solitario, sus armas políticas y económicas en el oriente imperial. La primera en valerse de la piedad de la nueva religión para demostrar su influencia y ejercerla efectivamente. En cuarto lugar, y en cuanto a Egeria, oriunda de Galicia o del sur de la Galia84, es sin duda la peregrina del siglo IV mejor documentada, así como la que, después de Helena, es más conocida por el grueso de la población. La extensión de su viaje y el hecho de que parte del mismo fuera recogido por escrito por la misma, ha hecho que Egeria sea hoy reconocida como una de las grandes peregrinas de la historia. De hecho, si bien el grueso de la población, aquellos que no están familiarizados con la historia antigua, no sabrían ubicar a Paula o las Melanias, sin duda asienten honestamente 82 Jer. Ep. 108.16 83 Jer. Ep. 45.4-5 84 Galicia en HUNT, E.D.: Holy Land… Op. Cit. (1982), p. 164; alguna provincial occidental, posiblemente la Galia en CASSON, L.: Travel in the… Op. Cit. (1994); para el debate en profundidad vid. MARAVAL, P.: Égérie, Journal de Voyage. SC, 296. Ed. du Cerf, Paris, 1982. pp. 19-23. 251
cuando se les habla de Helena, “la santa que descubrió la Cruz de Cristo” o de Egeria, “la monja gallega que peregrinó por Oriente”. Ya encontramos un punto en común, pues, entre ellas, y es que las dos han perdurado en la memoria colectiva gracias a una peregrinación por los territorios orientales. En lo que respecta concretamente al viaje de Egeria, aunque los movimientos descritos en el Itinerario tan solo relatan unos cuatro meses de travesía, la realidad es que la peregrinación de aquella habría durado unos tres años85. Así, entre los años 381 y 384, aquella llevó a cabo una peregrinación que la llevaría, siguiendo el esquema elaborado por Wilkinson, a los siguientes lugares86: • 381: visita a Jerusalén y alrededores, • 381-383: periodo en Egipto, con visita incluida a Alejandría, los monjes de Nitria –a los que ya se ha hecho referencia en las líneas dedicadas a Melania Maiory Tebas. • 383: visita a la zona de Galilea, hoy el norte del Estado de Israel, donde según los Evangelios ocurrió la transfiguración de Jesús. • 383-enero 384: estancia en Jerusalén, viaje a la península del Sinaí y, por segunda vez, a Egipto. • enero-febrero 384: expedición al monte Nebo, en la actual Jordania, donde el profeta Moisés falleció y fue enterrado. • febrero-marzo 384: viaje a Carneas, en la actual región de Hauran, en la moderna Siria. • marzo 384: ruta hacia la ciudad de Antioquia. • abril 384: viaje desde Antioquia a Edessa y Carrae. Vuelta a la ciudad de partida. • mayo 384: desde Antioquia, viaje por la costa mediterránea de la actual Turquía hasta Seleucia, en la región de Isauria. • junio-julio 384: regreso a Constantinopla y fin del viaje. Pese a que el fin de su viaje tenía un halo de misticismo y religiosidad, pues aquel no habría sido otro que la visita y veneración de los santos lugares así como el conocimiento de la liturgia, en el caso de Jerusalén87, son diversas las cuestiones que 85 It. Eg. 17.1 86 WILKINSON, J.: Egeria’s Travels to the Holy Land. Warminster, Aris & Phillips, 1981, pp. 27-30. 87 It. Eg. 24-49. 252
nos indican, en primer lugar, que en el periplo oriental de Egeria no habría imperado únicamente el recogimiento, sino que se habría desarrollado con el boato propio de una viajera de las capas económicamente más pujantes de la sociedad; y, en segundo lugar, que de nuevo únicamente el fin religioso hace que el sentido del viaje quede cojo, o no encuentre sentido en su totalidad. De este modo, en primer lugar, y en cuanto a los aspectos del viaje de Egeria que hacen pensar que aquella, en realidad, pese a la devoción piadosa del desplazamiento, llevó a cabo un viaje marcado por su más que probable elevada posición social, hay que destacar que el viaje se desarrolló durante unos tres años. Es decir, aquella se habría mantenido, junto a su comitiva, pues aparece acompañada a lo largo de todo el texto, y su escolta, compuesta por soldados a los que incluso en alguna ocasión pide los dejen solos pues no ve peligro en su ruta88, durante el periodo nada desdeñable de tres años. Tres años viviendo de rentas en pro de la devoción cristiana y siendo protegida por soldados imperiales. Una pista de que su estatus debió ser elevado. Asimismo, aquella habría realizado su viaje relativamente cómodamente, y no a pie, a tenor del punto 14.1 del Itinerario, donde Egeria relata como “descendieron de sus monturas”. Finalmente, y a tenor del contenido del mismo texto, es destacable el hecho de que aquella habría sido recibida por sacerdotes y monjes allí donde pasaba89, religiosos que siempre recibieron a Egeria y a su comitiva con total hospitalidad y se pusieron a su servicio. Así lo relata la peregrina, quien, al igual que Paula, parece haber tenido un mayor interés por ver monjes y vírgenes que lugares90; como ya expuse al hacer referencia a Paula, quizás porque las personas eran capaces de mostrar reconocimiento, y no así los lugares. En cualquier caso y como puede apreciarse, al igual que Helena medio siglo antes, Egeria también fue visible y reconocida en su peregrinación. Así, la piedad y el recogimiento cristianos de un viaje de estas características se mezclarían, de nuevo, con el reconocimiento hacia la misma de las personas a las que visitaba, que sabrían perfectamente que se encontraban en presencia de una mujer influyente y, por lo tanto, digna de su máximo respeto y devoción. En segundo lugar, y en cuanto a la finalidad del viaje, que aparece justificada en el texto de Itinerario, mediante la exposición de las visitas a los santos lugares así como de la toma de notas acerca de la liturgia en Jerusalén, como ya se ha expuesto, parece no 88 It. Eg. 7.2; 9.3. 89 It. Eg. 3,4; 8,4; 11.1; 14,1; 19,5; 20,2; 23,1; cf. MARAVAL, P.: Égerie… Op. Cit. (1982), p. 23. 90 DIETZ, J.: Itinerant Spirituality… Op.Cit. (2004), pp. 126, 129-130. 253
haber sido la única. Y es que el momento en el que Egeria realiza su viaje es un momento convulso para los asuntos religiosos en el Imperio, el conflicto entre arrianos y católicos estaría en uno de sus picos más importantes, y aquella, como ya habrían hecho otras mujeres antes y harían otras después, volvió a tomar partido con uno de los grupos. De nuevo, y al igual que Melania Maior una década antes, el de los católicos frente al de los arrianos. Sus encuentros con los obispos de Bathna91, Edessa92 y Harran93, así como su visita al monasterio de Nitria, en Egipto, mostraría su apoyo a la causa antiarraina. Como ya se expuso, en el año 365 emperador Valente, arriano, tomando partido contra los partidarios de Nicea, entre los que se encontraría Atanasio, ordenó el destierro de todos los obispos que habían sido anteriormente perseguidos por el emperador Constancio y a los que se había permitido el regreso en el año 36294. Los obispos Abraham de Bathna, Eulogio de Edessa y Protogenes de Harran, opuestos al arrianismo, habrían sufrido las consecuencias de la persecución. Los dos últimos sufrieron el exilio en Antinoé, en Egipto95, y el primero fue destituido de su puesto como obispo de Bathna. En el año 381, Teodosio I, emperador en oriente entre los años 397 y 395, convocó el I Concilio de Constantinopla, o el que sería el II Concilio Ecuménico –pues el primero se habría celebrado en Nicea en el año 325-, y allí los obispos que participaron en sus sesiones concluyeron con la condena del arrianismo, que será considerado a partir de este momento como una doctrina herética, y con la reafirmación de las resoluciones que se habían adoptado en el mencionado Concilio de Nicea del año 325. Tras el Concilio del año 381 los tres obispos mencionados y que habrían recibido a Egeria volvieron a ser ubicados en sus puestos o elevados a un mayor cargo. Así, Abraham volvió a ocupar el obispado de Bathna y Eulogio y Protogenes fueron ascendidos, respectivamente, a las sedes de Edessa y Harran. Sería por esta razón por la cual los mismos aparecen mencionados en el Itinerario de Egeria como “confessor”, término que, como recoge Maraval, se habría aplicado a las víctimas de la persecución arriana de Valente96. A tenor de lo expuesto, y como señala Hunt, no es casualidad que justo en el momento en el que ella se estaría dirigiendo hacia Tierra Santa los obispos del Este 91 It. Eg. 19.1 92 It. Eg. 19.5 93 It. Eg. 20.2 94 Socr. IV, 2; Sozom., VI, 7. 95 Theodoreto, HE., 4, 18, 6 96 vid. MARAVAL, P.: Égerie… Op. Cit. (1982), p. 30, nota 1. 254
estuvieran reunidos en Concilio en Constantinopla97. Seguro que aquella no ignoraba la asamblea del año 381. La asamblea, con Teodosio I a la cabeza pues él la habría convocado, habría establecido la cristiandad católica, es decir, el catolicismo como religión oficial del Imperio, y es entonces el momento en el que aquella habría iniciado su viaje. Un viaje que contó, en cierto modo, con el beneplácito del poder y que podría ser considerado, por lo tanto, como “semi-oficial”, y es que Egeria habría contado, como ya se ha expuesto, con el apoyo de los soldados acantonados en los lugares que atravesaba, para asegurar su seguridad así como la de su comitiva98. Soldados pagados por el estado romano y que, sin duda, no escoltarían a todos los peregrinos que se dirigirían a los Santos Lugares. Así pues, del mismo modo que el uso del cursus publicus en el caso de otras mujeres, como la expuesta Melania Minor, mostraría el estatus preeminente de las mismas, la utilización de los soldados imperiales como escolta personal bien podría servir, también, como indicador, del nivel social y económico de quienes disfrutaran de sus servicios, así como de la influencia que se derivaría del mismo. Luego, Egeria, si bien no ha pasado a la historia como una mujer constructora, ya que a tenor del contenido de su Itinerario aquella no lo habría sido, y por lo tanto no puede ser identificada en este aspecto con Helena, si recuerda a la misma en cuanto al contenido político u “oficial” de su viaje, que habría sido revestido, como medio siglo antes el de la madre del emperador Constantino, con una fina capa de devoción cristiana. Su deseo de honrar los santos lugares con su presencia y de conocer más acerca de las liturgias no fueron sino la forma que revistió un viaje de apoyo a los hombres religiosos que se habían destacado otrora por su defensa del catolicismo frente al arrianismo, que habían padecido las consecuencias de tal oposición y que tras el Concilio del año 381 se encontraban, por fin, legitimados desde el Estado para mostrar sus preferencias doctrinales sin reparos ni miedos. Así, si el viaje de Helena habría servido para consolidar unos territorios recién asimilados por su hijo tras la derrota de Licinio en 324, el de Egeria habría tenido como finalidad el apoyo in situ y en primera persona a las resoluciones del I Concilio de Constantinopla. De nuevo una mujer sirviendo de apoyo al nuevo orden. De nuevo una finalidad política en un viaje pretendidamente religioso. De nuevo el modelo creado un día por la emperatriz Helena, embajadora de excepción de la dinastía constantinana, aparece reflejado en otra mujer 97 HUNT, E.D.: Holy Land… Op. Cit. (1984), p. 166 98 It. Eg. 7.2; 9.3 255
del siglo IV, Egeria, servidora de la causa divina y, ya de paso, de la del emperador Teodosio el Grande. En lo que respecta a Poemenia, también esta mujer habría llevado a cabo un viaje, esta vez en la década de los ochenta del siglo IV, que la habría llevado a visitar Egipto y los Santos Lugares de Palestina. Soltera y bien posicionada económicamente a tenor de la fastuosidad de su viaje, como se expondrá a continuación, bien pudo tener vínculos, Poemenia, con la familia imperial99. Su viaje se habría desarrollado en dos etapas, una primera, en Egipto, que destaca por su fastuosidad y una segunda, en los santos lugares, donde lo más reseñable serían las supuestas construcciones iniciadas por la misma. En primer lugar, y en cuanto a su paso por Egipto, cabe señalar que si bien la excusa de aquella para iniciar su “peregrinación” volvió a ser la ya manida visita piadosa a los santos lugares, en su caso el envoltorio que habría recubierto la caja del fasto y la demostración de influencia habría sido mucho más transparente que en el caso de las demás féminas que se han analizado más arriba. Poemenia pretendía rendir pleitesía al Dios de los cristianos, pero su viaje, rodeado de un boato que recuerda al de la emperatriz Helena medio siglo antes que ella, no supo plasmar el recogimiento y la devoción piadosa personal como si lo habría sabido hacer la madre de Constantino. Así Poemenia, como puede leerse en el folio 18 del manuscrito 129^13 de la Biblioteca Nacional de Paris100, viajó hasta el delta del Nilo con su propia flota, lo que implica, como bien puntualiza Hunt, la existencia de más de un barco101, y da una idea de la magnitud de sus propiedades personales y, por ende, de su riqueza; y además lo hizo rodeada de un extenso y bien nutrido cortejo, compuesto por numerosos sirvientes, así como obispos y sacerdotes. Obispos que, cabe destacar, estaban también, como los sirvientes aunque a otro nivel bajo el mando de Poemia. Y es que al saber que San Juan no recibía visitas hasta el sábado, y no todos, y no hablaba con mujeres, envío tal día a aquellos a hablar con él en su nombre. Tal sería su influencia sobre los mismos. Finalmente, y en cuanto a la fastuosidad de su comitiva, cabe imaginar que el séquito iría completado con hombres armados para defensa de los 99 TEJA, R. “Poemenia: una peregrina hispana de la familia de Teodosio I”, en Homenaje a José María Blázquez, vol. 6, Madrid, Ediciones Clásicas, 1998, pp. 279-290. 100 Monuments pour servir à l’histoire de L’Égypte chrétienne (Mémoires publiés para les membres de la Mission archéologique française au Caire, t.4, 2 (1895), pp. 664-665 ; Texto y traducción al francés en DEVOS, P.: “La servante de Dieu Poemenia”, Analecta Bollandiana 87 (1969), pp. 189-212, pp. 194196. 101 HUNT, E.D.: Holy Land… Op. Cit. (1984), p. 77 256
augusta, nobilissima femina y, tal y como es presentada en la Vita Constantini de Eusebio de Cesarea, también el modelo de la perfecta emperatriz cristiana119. Todas las mujeres de esta dinastía, como grupo, parecen seguir fielmente en sus acciones el patrón marcado por la madre del emperador Constantino, fundamentalmente en el aspecto de su influencia político-gubernativa en el marco de la corte de sus respectivos esposos, hijos o hermanos. Con el objetivo puesto en seguir analizando a Helena como modelo para las peregrinaciones que se desarrollaron tras su muerte, y dado que aquellas mujeres, por su relevancia en la política imperial, serán a analizadas más delante de forma independiente, en el apartado dedicado al ejemplo de Helena más allá de la peregrinatio ad loca sancta, esto es, la emperatriz como ejemplo en los asuntos decisorios de la corte, cabe dedicar las siguientes líneas, sin abandonar el marco de los viajes y el ejemplo de la emperatriz Helena en estas lides a otras dos mujeres imperiales. Se trata de Aelia Eudocia Augusta y de su nieta Eudocia, quienes llevaron a cabo sendas peregrinaciones que recuerdan tanto a Helena, que aquellas las llevarían a ser identificadas de forma recurrente con la madre de Constantino. En cuanto a Aelia Eudocia Augusta120, esposa del emperador Teodosio II, como el resto de las emperatrices de su dinastía se destacó por su piedad cristiana, aunque llama la atención en este caso que aquella había crecido siendo educada en la religión de los paganos y que habría abrazado la fe cristiana tan solo en el momento de su matrimonio con Teodosio121. De nombre Athenais, aquella cambiaría su nombre por el de Eudocia al efectuar tal alianza matrimonial. Al igual que Helena, Aelia Eudocia fue elevada al rango de Augusta, fue el dos de enero del año 423122. Esta emperatriz, a la que las fuentes describen como inteligente123 y cultivada en letras124, habría llevado a cabo dos peregrinaciones a Tierra Santa, la primera en los años 438-439 y la segunda en el año 442125. La primera de aquellas peregrinaciones, animada por una visita de la mencionada Melania Minor a la emperatriz126, y 119 Eus. Cesarea, VC III, 41.2-47; como acertadamente señala DRIJWERS, J.W.: “Helena Augusta: Exemplary Christian Empress”, Studia Patristica 24 (1993), pp. 85-90, p. 85. 120 “Aelia Eudocia (Athenais) 2”, PLRE II, pp. 4048-409. 121 Socrates, HE. 7.21.9; Marcellinus, Chron. s.a. 421. 122 Chron. Pasch. 580 123 Chron. Pasch. a. 420 124 no en vano habría sido hija del sofista ateniense Leoncio, Soc. 7.21.8-9, cf. HOLUM, K.G.: Theodosian Empresses… Op. Cit. (1982), p. 115. 125 fecha propuesta por LENSKI, N.: The Cambridge… Op. Cit. (2004), p.117; Holum propone el año 443, HOLUM, K.G.: Theodosian Empresses… Op. Cit. (1982), p.117; finales del año 441 o comienzos de 442 según HUNT, E.D.: Holy Land… Op. Cit. (1984), pp. 235-236. 126 Marcell. Com. s. a. 439; Vita Melania. 56, 58; Soc. 747.2-3; Evagrius, HE. 2.21 263
enmarcada sin duda en la política imperial del emperador Teodosio II en los territorios considerados santos, la llevaría a Palestina en el año 348. En un viaje que recuerda en muchos sentidos al realizado por Helena algo más de un siglo antes, hasta tal punto que en el siglo VII una versión copta del hallazgo de la Vera Cruz en lugar de referirse a la madre de Constantino atribuye a Aelia Eudocia tal descubrimiento127, aquella realizó diversas donaciones a las iglesias por las que pasó en su camino hacia Jerusalén128, se postró como una humilde esclava ante la tumba vacía de Cristo en el llamado Anastasis en Jerusalén129 y, como un día Helena, se hizo con unas reliquias, aunque no en este caso con las de la Cruz sino con las de San Esteban130. Devoción cristiana y muestra de amor al prójimo. Exactamente como habría hecho un día Helena. No obstante, y pese a que la piedad también rodeo al viaje de ésta, pues la excusa para llevarlo a cabo habría sido dar las gracias al dios de los cristianos por el matrimonio de su hija, la realidad era que, de nuevo, y como en el caso de Helena, el viaje tuvo más de visita imperial oficial que de peregrinación privada cargada de recogimiento y espiritualidad. Así, a su paso por Antioquia, ciudad en la que Aelia Eudocia incluso pronunciaría un discurso, la ciudad erigió una estatua de bronce en su honor131. Y del mismo modo, aquella presidió la ceremonia de inauguración de un nuevo altar en Jerusalén levantado para albergar las reliquias de San Esteban132. Como puede observarse, aquel viaje, al igual que lo habría sido un día el de la emperatriz Helena, fue público y notorio; la emperatriz consorte se habría dejado ver, como muestra su discurso y la presidencia de la ceremonia de inauguración del altar en honor de San Esteban, y agasajar, a tenor de la edificación de la estatua de bronce en Antioquia en su honor. Se observa, de nuevo, la utilización de una cara amable de la casa imperial, de la emperatriz Aelia Eudocia, para ganar el respeto y el cariño personal de los habitantes de aquellos santos lugares. En el año 439 la emperatriz volvería a Constantinopla, pero a los pocos años, y debido a un desencuentro con el emperador del que solo se conoce la historia, poco fundamentada, del supuesto adulterio de aquella133, ésta regresaría de nuevo a los santos lugares en un viaje, o más bien un exilio, que duraría prácticamente dos décadas y que 127 DRAKE, H.A.: “A Coptic version of the Discovery of the Holy Sepulchre”, GRBS 20 (1979), pp. 381392; cf. DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op. Cit. (1993), p. 87. 128 Socr., HE. 7. 47. 129 Anth. Pal. 1.105, cf. DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op. Cit. (1993), p. 87. 130 Marcellinus, Chron. s.a. 437 131 Evagrius, HE 1.20 132 Vita Pet. Iber. 37 133 Juan Malalas, Chron. 353 ff.; Chron. Pasch. 584ss. 264
la alejaría completamente de la Corte. Durante aquellos años Aelia Eudocia, como Helena el siglo anterior, dedicó su tiempo y sus esfuerzos a la edificación de iglesias, como la de San Esteban, que ampliaría el altar inaugurado por ella misma en su anterior visita a los Santos Lugares134, así como de monasterios, hospicios para enfermos y para peregrinos… 135 y demostró que ella era toda una religiosissima feminarum136. ¿Se trató este segundo viaje de una estancia meramente religiosa? La respuesta es: no. Y es que durante los años en los que aquella residió en los Santos Lugares, hasta su muerte en el año 460137, dio apoyo a los monjes monofisistas opuestos a las directrices del Concilio de Calcedonia, pues éste había rechazado el monofisismo138. Otra emperatriz, bajo el manto de la piedad y la devoción cristianas, habría participado en los asuntos políticos del Imperio, en esta ocasión, colaborando con uno de los grupos enfrentados en el conflicto entre monofisistas y ortodoxos; y enfrentándose, por tanto, con el poder del que habría formado parte, puesto que éste había aceptado Calcedonia y sus definiciones dogmáticas139. Helena parece haber sido, pues, un ejemplo en la trayectoria de la emperatriz Aelia Eudocia Augusta. Y es que, a tenor de lo expuesto, las acciones de esta última recuerdan, como dos gotas de agua, a las que habría llevado a cabo la madre del emperador Constantino tan solo un siglo antes. Una vez más es posible ver a Helena como modelo. Tanto se pareció Aelia Eudocia a Helena que, como ya se ha expuesto más arriba, en el siglo VII se llegó a asignar a la emperatriz teodosiana el descubrimiento de la Vera Cruz con los clavos de cristo140. Y es que para las emperatrices teodosianas Constantino y Helena, “padres” del nuevo orden cristiano, como no obstante se expondrá más adelante, serían dos modelos a seguir en sus actuaciones. 134 aunque su carácter constructor no se circunscribió únicamente a los santos lugares y también se manifestó en Constantinopla, donde ordenaría edificar la Iglesia de San Polyeuktos. Anth. Pal. 1.10; MANGO, C., SEVCENKO, I.: “Remains of the Church of St. Polyeuktos at Constantinople”, Dumb. Oaks Papers, 15 (1961), pp. 243-247, p. 243. cf. HUNT, E.D.: Holy Land… Op. Cit. (1984), p. 237. 135 HUNT, E.D.: Holy Land… Op. Cit. (1984), pp. 236-242. 136 Cassiodorus, Exp. In Ps. 50 (CC 97, 468); HAFFNER, M.: “Die Kaiserin Eudokia als Repräsentatin des Kulturchristentums”, Gymnasium 103 (1996), pp 216-228. 137 Cyril Scyth. Vita Euthym. 35 138 vid. al respecto CHITTY, D.J.: The Desert a City: an introduction to the study of Egyptian and Palestinian monasticism under the Christian Empire. Oxford, Basil Blackwell, 1966, pp. 89ff.; FREND, W.H.C.: The Rise of the Monophysite Movement: Chapters in the history of the Church in the fifth and sixth centuries. Cambridge, Cambridge University Press, 1972, pp. 148-154. 139 Al respecto de su influencia también en occidente, concretamente en Roma, resulta interesante LIVREA, E.: “L’imperatrice Eudocia e Roma”. Byzantinische Zeitschrift 91 (1998), pp. 70-91, esp. 7374, 86-91. 140 DRAKE, H.A.: “A Coptic version of the Discovery of the Holy Sepulchre”, GRBS 20 (1979), pp. 381392; cf. DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op. Cit. (1993), pp. 87) 265
En lo que se refiere a Eudocia141, nieta de la anterior, tras una vida dura como moneda de cambio, pues fue prometida en matrimonio hasta tres veces en función de las circunstancias políticas, y a la sombra de un marido definido por Lenski como “rebarbative and persecutorial”142, también aquella habría llevado a cabo una peregrinación a los Santos Lugares. En el año 471, Eudocia pudo huir de su esposo e inició entonces el viaje a Tierra Santa, lugar donde fallecería pocos años después no sin haber honrado antes, piadosamente, los santos lugares143. Otra emperatriz, por lo tanto, que habría seguido los pasos de Helena. Un viaje de piedad y recogimiento, la forma, con un fondo bien diferente, escapar de un matrimonio difícil y ser, por fin, libre, autónoma e independiente. De nuevo una fémina a la que el ejemplo del viaje de la madre de Constantino habría servido para vivir su libertad en solitario. Tal y como se ha expuesto más arriba, la nueva religión y la necesidad de fondos de la Iglesia, vinieran éstos de hombres o de mujeres, fueron la oportunidad perfecta para abrir a las mujeres un nuevo ámbito en el que poder utilizar su estatus, su fortuna y sus contactos y así ganar reconocimiento –el que ya ostentaban los varones de su círculoo influencia en los asuntos políticos del momento. Y es que si bien la igualdad social entre hombres y mujeres no se concebía en aquellos momentos de la historia, teóricamente si se aceptaba la igualdad ascética144. Y de esto se aprovecharían las feminae. Así, ligada a la nueva religión irían los viajes, que tendrían un atractivo especial para las mujeres. Señala Dietz que aquellos habrían venido a “desafiar los roles sociales y de género” y, pese a que quizás esta afirmación resulte categórica en exceso, puesto que es demasiado inocente atribuir a los cambios originados por la generalización del cristianismo una verdadera revolución de género, revolución cuyo comienzo no tendrá lugar hasta el reconocimiento del sufragio verdaderamente universal en las democracias europeas y norteamericanas de los siglos XIX y XX, y que todavía no ha finalizado. En otras palabras, si bien no puede afirmarse la existencia de aquella “revolución social y de género” a la que lleva a pensar la tesis de Dietz, la realidad es que viajar bajo a excusa del ascetismo permitiría a las mujeres adineradas 141 “Eudocia 1”, PLRE II, pp. 407-408. 142 se trata de Hunerico. LENSKI, N.: The Cambridge… Op. Cit. (2004), p. 118. 143 Theophanes, Chron. 118; Zon., 13.25 144 Evagrius Ponticus, Ep 8, cf. Elm, S.: “Virgins of God”: the making of asceticism in late antiquity. Clarendon Press, Oxford, 1994, pp. 311-312; vid. asimismo a este respecto ARJAVA, Antti: ”Women in the Christian Empire: Ideological Change and Social Reality”. Studia Patristica, 24 (1993), pp. 6-9; BREMMER, Jan: “Why did early Christianity attract upper-class women?”, en BASTIAENSEN, G.J.M. et alii (ed.): Fructus Centesimus, Mélanges G.J.M.Bartelink, (Instrumenta Patristica 19) 1989, pp. 37-47. 266
de la antigüedad tardía ser más independientes de lo que lo eran en el marco de su núcleo familiar y utilizar el poder e influencia que les proporcionaba su dinero. Ahora bien, estos viajes con sus construcciones y sus generosos donativos, si bien vinieron bien a la Iglesia pues alguien financiaba su causa, “pronto empezarían a resultar sospechosos para la jerarquía de la Iglesia y las autoridades seculares”. Quizás aquellas viajeras emperezaban a acumular demasiado poder, o quizás su influencia interfería demasiado en los asuntos del poder. Un ejemplo del rechazo a estos viajes tiene como protagonista a Melania Maior, a la que se ha hecho referencia más arriba. Aquella habría recibido una carta de Evagrio Póntico en la que aquel la invitaría “a dejar sus viajecitos”145. El hecho de que la institución receptora de los fondos comenzara a recelar de aquellas quienes realizaban los donativos -recelos maquillados por el deseo de preservar la integridad de las mismas en sus viajes, como parece desprenderse del texto de Evagrio Póntico-, vendría de nuevo a significar que la influencia de las mismas en aquellos habría dejado de ser anecdótica. Vaya una muestra más de que sus viajes estaban revestidos de forma espiritual pero su fondo era de gran calado, activo y más bien de índole político. Finalmente cabe destacar, como viene a señalar Lenski, que la de Helena habría sido una peregrinación hacia unos territorios que se acabarían convirtiendo en un destino de escapada de los problemas palaciegos146. Esta idea resulta de lo más sugestiva, y es que al analizar los viajes de quienes parecen seguir sus pasos en siglos posteriores, especialmente en los casos de Eutropia, Aelia Eudocia y Eudocia –nieta de la anterior-, la impresión es que aquellas también habrían utilizado las peregrinaciones más con motivaciones de índole político que religioso. Así pues, aquellas mujeres estarían copiando el mencionado envoltorio religioso al que se ha hecho referencia anteriormente; un envoltorio que estaría revistiendo de misticismo y piedad cristiana la demostración real de su poder. Un envoltorio que haría, asimismo, su independencia menos dolorosa y criticable para los varones que las rodeaban, puesto que aquellas, pese a demostrar su influencia en sus viajes mediante acciones como edificaciones varias con las que ganar el favor y la lealtad de ciertos individuos, lo hacían en aras de mantener alta su reputación como mujeres respetables en el marco de la sociedad en la que residían. 145 ELM, S.: Virgins of… Op. Cit. (1994), p. 278. 146 LENSKI, N.: The Cambridge… Op. Cit. (2004), pp. 114-117. 267
Ante esta realidad se puede añadir algo a la sentencia de Lenski, y es que la peregrinación no sería únicamente un modo de escapar de los problemas palaciegos sino también el modo que encontraron estas mujeres de mostrar su independencia y de actuar libremente, siempre bajo el manto y el permiso de la piedad de la nueva religión como había hecho la emperatriz Helena, y no incomodando, de esta manera, a los elementos masculinos de la sociedad. De este modo, y gracias a una actuación piadosa y caritativa, quedaban salvaguardadas las virtudes del elemento femenino de la domus, esto es, su clemencia, piedad y altruismo, y en consecuencia quedaban también salvaguardadas las virtudes de la domus en su totalidad. Inventio Helenae. Los varones quedarían conformes. Libertad a cambio de una buena imagen. Una cucharada más del recurrente do ut des romano. 6.2. Helena como modelo más allá de la peregrinatio ad loca sancta. Una vez expuesto el modelo que la emperatriz habría supuesto para un nutrido grupo de mujeres “religiosas y viajeras” -todas ellas con ganas de demostrar su influencia lejos de los elementos masculinos y tradicionales de su sociedad y, como se ha desarrollado, más o menos implicadas en la política del momento que les tocó vivir-, cabe destacar que no habría sido ese el único aspecto de la trayectoria de la madre de Constantino en haber dejado su impronta en las mujeres que le sucederían en el tiempo. Y es que su posición relevante en la corte en cuanto a los asuntos de índole política se refiere, como se ha expuesto más arriba, y en cuanto a la demostración de su piedad en el ejercicio de su vida cotidiana, también tendría sus réplicas en los siglos sucesivos. Como si tomando la excusa de su ejemplo la posición política de otras emperatrices futuras también quedase justificada, cabe destacar los casos de unas cuantas “nuevas Helenas”, mujeres de una nueva dinastía que toman rasgos de la madre del emperador Constantino y crean su propio estilo de gobierno y participación en los asuntos públicos. Mujeres que utilizan la imagen de la madre de Constantino para crear la de su propia casa imperial. Piedad cristiana y participación política en igual medida. Mujeres a las que podríamos denominar las “Helenas teodosianas”. En el año 378, en la conocida batalla de Adrianópolis, los godos arrasarían las tropas del emperador Valente llegando incluso a causar la muerte de aquel. Oriente necesitaba un nuevo emperador, y debía ser uno capaz de hacer frente al problema representado de nuevo por los bárbaros. En este contexto en el año 379 Graciano, emperador en occidente, nombraría como co-emperador para oriente a un joven militar, 268
oriundo de la parte occidental del Imperio. Su nombre sería Teodosio147. Aquel, al igual que un día hizo Constantino fundaría una nueva dinastía que llevaría su nombre. Y también aquel, de nuevo al igual que Constantino, contaría en su tarea de consolidación de su línea dinástica con la inestimable ayuda de un grupo de féminas que han pasado a la historia como las mujeres de la dinastía teodosiana. Mujeres que, siguiendo el ejemplo de la emperatriz Helena, pusieron su imagen y sus destrezas políticas al servicio del estado. Merece analizar, pues, a continuación, en que aspectos de sus trayectorias políticas y sociales pueden rastrearse el recuerdo y la reproducción del patrón creado por la madre de Constantino. Tanto Helena como su hijo Constantino fueron tenidos en gran estima en la corte de Teodosio148. Y es que para una dinastía que mostraba como principal bandera sus logros religiosos y fundamentalmente como distintivo el triunfo de la ortodoxia cristiana frente al arrianismo –que como se expuso pasaría a convertirse en una doctrina heréticaen el Concilio convocado por el mismo Teodosio I en Constantinopla del año 381149, aquellos, Constantino y Helena, vendrían a representar a los emperadores cristianos perfectos. Él, capaz de inaugurar una nueva dinastía y de cristianizar un Imperio que había sido pagano durante siglos. Ella, madre del primer emperador cristiano, habría derrochado piedad, generosidad y humildad en su viaje a Tierra Santa, donde se habría dejado ver en compañía de vírgenes y siempre en actitud devota y orante ante el Dios de los cristianos. Aquella habría además hallado las reliquias de la cruz en la que Cristo habría sido crucificado. Y por si lo anterior fuera poco, además de unos emperadores humanísimos y píos, aquellos habrían demostrado una capacidad de gobierno sin precedente. Él, tras el caos generado por la disolución de la tetrarquía habría conseguido, pese a los múltiples obstáculos y usurpaciones, hacerse con el control de un Imperio que, hasta la instauración de la Tetrarquía y desde su segundo relevo –fallidoen el año 306, llevaba dos siglos a merced de las invasiones, las usurpaciones y la crisis. Ella, mujer ejemplar, representaba en si misma todos los valores y virtudes de su dinastía. Tras el desprecio por parte de quien un día fue su pareja, Constancio Cloro, aquella no habría vuelto a casarse o a encontrar pareja, y habría dedicado su vida a educar a su hijo Constantino y a colaborar en el gobierno del mismo, del primer 147 LIPPOLD, A.: Theodosius der Groβe und seine Zeit. C.H.Beck, Munich, 1980, pp. 15-20. 148 DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op. Cit. (1993), p. 86. 149 LIPPOLD, A.: Theodosius… Op. Cit. (1982), pp. 21-28. 269
emperador cristiano. Además, aquella “extraordinaria mujer”150 habría resultado fundamental para la cristianización de su hijo y, por lo tanto, para la del Imperio. A tenor del texto del Concilio de Calcedonia, celebrado en aquella ciudad de Bitinia en el año 451, en el que Pulcheria, en un claro ejemplo de alabanza hacia la misma, es identificada con Helena151 -mientras su esposo y hermano Marciano lo será con Constantino152-, puede afirmarse que la madre del primer emperador cristiano habría sido considerada, en el marco de la dinastía teodosiana, como el ejemplo de la emperatriz perfecta. Helena se vería como la más fiel y celosa defensora de la ortodoxia cristiana. No obstante, y a este respecto cabe recoger la opinión de Drijvers, quien apunta que no deja de resultar curioso que en aquellos momentos Helena se convirtiera en el estandarte de la defensa de la ortodoxia cuando en vida parecía más que clara su simpatía por el arrianismo153, simpatía de la que la firmante de estas páginas duda y rebatirá en el siguiente epígrafe. No obstante e incluso de aceptarse aquella simpatía arriana, todo parece indicar que pudo más la utilización de su imagen en beneficio de la causa católica que su supuesto pequeño affaire con el arrianismo. El flirteo de Helena con la doctrina de Arrio no habría sido sino pecata minuta en el currículum de una santa. Un pecadillo perdonable por el rendimiento que la Iglesia sacaría a su imagen. En cualquier caso, y pese a esta cuestión, para los hombres y mujeres de la dinastía teodosiana Helena y Constantino fueron considerados, sin duda, como el ideal de pareja imperial cristiana, una pareja compuesta por madre e hijo en este caso. Y muestra de ello es el contenido del discurso en alabanza de Teodosio escrito por San Ambrosio con motivo de las exequias de éste último. En el mismo, San Ambrosio destaca las virtudes de Helena y lo hace subrayando los dos aspectos de su vida que, no por casualidad, han pasado a la historia: su faceta de madre del emperador Constantino y el episodio de su descubrimiento de la Vera Cruz de Cristo. Asimismo, alude Ambrosio al origen humilde de aquella, y lo hace en unos términos, stabularia hasta tres veces bona154, que como ya han sido analizados al hacer alusión a las fuentes que hacen referencia a Helena, parecen indicar que ante la creencia tan arraigada de que Helena fue stabularia y ante la imposibilidad de luchar contra esa realidad, lo mejor en 150 Término con el que es calificada por Ambrosio de Milán en el discurso de alabanza a Teodosio en el funeral de éste, como no obstante se verá mas adelante. De Ob. Theod., 41. 151 SCHWARTZ, E.: Acta conciliorum oecumenicorum II. 2, 1936, p. 101. 152 SCHWARTZ, E.: Acta… Op. Cit. (1936), p. 155. 153 DRIJWERS, J.W.: Helena Augusta… Op. Cit. (1993), p. 88; vid., asimismo, del mismo autor, Helena Augusta… Op. Cit. (1992), pp. 38, 71. 154 De.Ob.Theod. 42 270
su opinión habría sido revestir al término de su significado menos “inmoral”. Así, ante el convencimiento de que no puede negar ese pasado de la emperatriz, lo reviste de su acepción más inocente: Helena no había sido prostituta sino mesonera y además una bona et diligenter. Se hará referencia a continuación a la imagen que de la emperatriz Helena transmite Ambrosio en su texto, tanto en su faceta de madre como en la de descubridora de reliquias de Cristo; una imagen que resulta fundamental para formarse una idea de la importancia de aquella mujer en el marco de la dinastía inaugurada por el emperador Teodosio en el año 379 y cuyas mujeres siguieron, como se verá, el ejemplo de la madre de Constantino en muy diversos aspectos. Casi siete décadas después de la muerte de Helena, en el año 395, San Ambrosio utiliza la imagen de la emperatriz para describir lo que es ser una buena madre y una buena cristiana y, con ello, para describir cual es el modelo de emperatriz ideal. El capítulo 40 es dedicado por su autor a la exaltación de la bona stabularia en tanto que madre. En unas líneas en las que hace referencia a la misma como magna femina, el texto se completa en los siguientes términos: “Qué afortunado fue Constantino de tener una madre como Helena, que cuando su hijo se convirtió en emperador buscó para el protección divina, de tal modo que aquel podía ir desarmado a las batallas y estar así sin tener ningún miedo. Qué magnífica fue aquella mujer, que encontró algo que entregar al emperador, algo que sería mucho más valioso que nada de lo que ella pudiera recibir de él. Una madre preocupada por su hijo, sobre quien habría recaído el gobierno del Imperio, marchó rápidamente a Jerusalén y allí contempló el lugar de la pasión del señor”155. Helena, pues, lo habría dado todo por su hijo. Se habría dedicado a él en cuerpo y alma y tanto su piedad como su viaje virtuoso a los santos lugares no habrían tenido otra finalidad que rogar por su hijo y ganar para él el favor divino. Quizás no obvia Ambrosio tras sus palabras, que en realidad aquella marchó a Jerusalén a ayudar a su hijo, pero no solo para ayudarlo mediante la obtención del favor del Dios de los cristianos, sino también mediante la obtención del favor de los ciudadanos que 155 De.Ob.Theod. 40; traducción del texto latino al inglés en LIEBESCHUETZ, J.H.W.G.: Ambrose of Milan. Political Letters and Speeche. Liverpool, Liverpool University Press, 2005, pp. 177-203. 271
habitaban aquellos santos lugares. Todo aquello haría una buena madre por su, si cabe, mejor hijo. En cuanto a la faceta de Helena como descubridora de las reliquias de Cristo, ésta es desarrollada por San Ambrosio en los capítulos 43-45 de su obra, que se desarrollan en los siguientes términos: “El espíritu santo la inspiró para buscar la cruz de Cristo (…). Aquella se acercó al Gólgota y dijo: (…) Ya veo lo que has hecho, Satán, para asegurarte de que la madera que te destruyó fuera ocultada. Pero Isaac desenterró los pozos, que habían sido ocultados por extranjeros, y no permitió que el agua permaneciera escondida. (…) deja que la madera sea mostrada por aquellos que cortaron la cabeza del verdadero Goliat; deja que la tierra se abra para que en adelante brille la salvación. ¿Qué has conseguido, Satán, escondiendo la madera, si no es una segunda derrota? María te derrotó cuando dio a luz al conquistador (…) quien fue crucificado para conquistarte, quien murió para someterte. Tú vas a ser de nuevo derrotado hoy, cuando una mujer descubra tus trampas. La sagrada dio a luz al señor, yo buscaré su Cruz. Ella probó su nacimiento, yo daré prueba de su resurrección (…). Entonces ella abrió la tierra y encontró la Cruz con ayuda del espíritu santo”156 Además de una madre dedicada a su hijo, Helena habría sido, a tenor de las palabras de San Ambrosio, una mujer cristiana ejemplar. Dirigiéndose al mismísimo diablo, y sin un ápice de temor hacia el mismo, aquella se habría enfrentado a aquel y, sabedora de que contaba con el mejor de los apoyos, le habría asegurado su derrota. El propio espíritu santo la habría elegido para llevar a cabo una misión muy especial, la recuperación de las reliquias de la Cruz de Cristo, tan buena y devota cristiana habría sido aquella. Asimismo, y como puede leerse en el texto, Ambrosio pone en boca de la emperatriz una cierta asimilación de la misma con la virgen María, madre del señor y, por ello, la mujer más pura y ejemplar del cristianismo. Si aquella un día venció al diablo dando a luz al señor de los cristianos, Helena lo volvería a conseguir mediante el 156 De.Ob.Theod. 43-45 272
rendido afecto y respeto también por las reliquias de un mártir e incluso como señala la leyenda, por si solo San Esteban no fuera suficiente, de cuarenta más. Todo en Pulcheria recuerda a alguien. Más allá de estas muestra de piedad cristiana, es necesario señalar que la participación de Pulcheria en el gobierno fue más que efectiva, además de bien valorada. Así, aquella “tomó las riendas del gobierno, adoptando decisiones excelentes y llevándolas rápidamente a la práctica por escrito”187, un reconocimiento a su inteligencia política que recuerda a las sentencias que Sulpicio Severo188 y Paulino de Nola189 redactaron al respecto de Helena y su rol de cogobernante en la corte de su hijo Constantino. Una muestra del poder de aquella vendría ejemplificado por el episodio en el que Pulcheria, tras una discusión con Antiochus, habría conseguido que su hermano el emperador apartara a éste de las tareas propias de un praepositus190. Desde aquel momento en el que su potestad en la corte habría quedado más que reafirmada, Pulcheria pasaría a ser conocida por el grueso de la población como “la custodia del emperador”191. Calificativo que denotaría la imagen que de ella tendría el populus y que se vendría a unir a la opinión de las clases altas y letradas de la sociedad, que no escatimaban en elogios hacia Pulcheria por lo bien que escribía y se expresaba oralmente en las dos lenguas del Imperio192. De este modo, el respeto de facto que parecía tenerse por la hermana del emperador Teodosio II, haría que aquel reconociese legalmente su relevante posición en la corte mediante la elevación de aquella con el título de Augusta193. Así, como otras mujeres antes en su dinastía y como un día la madre de Constantino, en el año 414 Pulcheria recibiría el más alto reconocimiento que el Estado podía haberle brindado y con el que se convertiría en Aelia Pulcheria Augusta. Tres ejemplos más, uno iconográfico, otro numismático y finalmente uno epigráfico, vendrían a demostrar ese papel relevante que la Augusta Pulcheria habría desarrollado en la corte teodosiana: 187 Soz. 9.1.5-6 ; Philostorgio, 12.7 188 Chron.II.33: …mater principis Constantini, quae Augusta cum filio conregnabat… 189 Ep. 31.4: …nomini conregnans Augustae eum regnabat… 190 HOLUM, K.: Op. Cit. (1982), pp. 91-94. 191 Theoph.a.m., 5905; Soz. 9.1.2-3 192 Soz., 9.1.5 193 Chron. pasch. a. 414 ; Marcell. com. a. 414.1 (MGH: AA, XI, 71) 279
• Prueba iconográfica. La prueba iconográfica vendría planteada por el conocido como marfil de Tréveris. Un pequeño relieve de 13.1 x 26.1 cm. que parece representar el traslado de las reliquias de San Esteban. El cortejo que lleva las reliquias, presidido por el emperador, así como toda la escena parece moverse de izquierda a derecha, y lleva la atención del espectador hacia un personaje, de menor tamaño, que se encuentra a la derecha de la imagen sujetando una cruz. Este personaje no sería otro que la emperatriz, que con la mano derecha extendida estaría esperando las reliquias para recibirlas en su palacio. Se estaría produciendo una ceremonia del adventus a las reliquias del Santo194, una ceremonia en la que, pese a la presidencia del emperador, Pulcheria ocuparía el lugar central. La atención visual de la imagen se dirige hacia ella, en una clara muestra de que la atención política del Estado llevaría la misma dirección. • Prueba numismática. Vendría representada por el sólido acuñado en la ceca de Constantinopla hacia los años 420-422, en el que la emperatriz aparecería representada con una larga Cruz representando la Victoria sobre los enemigos persas, quizás intentando mostrar que aquella victoria podría también repetirse contra los enemigos de la fe. Como señala Holum, tanto el marfil de Tréveris como el sólido de la larga Cruz implicarían a los ojos del observador que una mujer también podía ser representada como “the master of victory”195. • Prueba epigráfica. La siguiente inscripción, hallada de forma fragmentaria y que se halló originalmente en la base de una estatua, fue realizada tras la invasión de Persia por Roma en el año 421. En ella se hace referencia al papel que las hermanas del emperador Teodosio II desempeñaron en la firma de un tratado de paz con el pueblo invadido, y en la misma Pulcheria estaba sin duda incluida, lo que vendría también a ser indicativo de su relevancia en la corte. Los asuntos de Estado, señala Demangel196, se solucionaban 194 HOLUM, K., VIKAN, G.: “The Trier Ivory, Adventus Ceremonial, and the Relics of St. Stephen”, DOP 33 (1979), oo. 113-133: WORTLEY, J.: “The Trier Ivory Reconsidered”, GRBS 21 (1980), pp. 381394; HOLUM, K.: Theodosian Empresses… Op. Cit. (1982), pp. 103-109. 195 HOLUM, K.: Theodosian Empresses… Op. Cit. (1992), pp. 109-110; HOLUM, K.: “Pulcheria’s Cruzade and the Ideology of Imperial Victory”, GRBS 18 (1977), pp. 153-172, esp. pp. 153-157, 165-167. 196 DEMANGEL, R.: Contribution à la Topographie de L’Hebdomon. Ed. De Boccard, Paris, 1945, p.39. 280
en familia. He aquí la inscripción y, en ella, el agradecimiento a las hermanas del emperador: D(OMINUS) N(OSTER) THEODO[SIUS PIUS FELIX AUGUST]US IMPERATOR ET [FORTISSIMUS TRIUMFATO]R [GENTIUM BARBARARUM, PERE]NNIS [ET UBIQU]E [VICTOR, PRO] VOTIS SORORUM, PACATO [ORBE ROM]ANO CELSUS EXULTAT197 Como puede apreciarse las acciones de la emperatriz Pulcheria recuerdan, más que la de ninguna otra, a las llevadas hacia poco menos de un siglo por la madre de Constantino. Por una parte, su piedad, su apoyo a los más necesitados y la financiación de proyectos caritativos con recursos propios hicieron que aquella fuera conocida como un modelo de emperatriz cristiana. Por otra parte, la participación de Pulcheria en asuntos políticos, siempre junto a su hermano y en ocasiones incluso por encima de él - no en vano nos dicen las fuentes que aquella habría tomado las riendas del gobierno198no pueden evitar que en la misma se aprecie a una nueva Helena. La nueva Helena del siglo V. En este sentido, quizás la muestra más clara de aquella asimilación de Pulcheria con la madre de Constantino, una asimilación buscada por todas las mujeres de su dinastía desde Aelia Flaccilla, venga representada por las palabras que los obispos dedicaron a la hermana de Teodosio, y esposa de Marciano-quien como se ha expuesto fue identificado con el propio Constantino199-, en el marco del Concilio de Calcedonia en el año 451 y al que se ha hecho referencia un poco más arriba: “¡…Pulcheria, la nueva Helena! ¡Has mostrado la fe de Helena! ¡Has mostrado el celo de Helena! Has defendido la Cruz de Cristo, que fue encontrada por Helena pero salvaguardada por Pulcheria”200 197 HOLUM, K.: Theodosian Empresses… Op. Cit. (1982), p. 110; DEMANGEL, R.: Contribution... Op. Cit. (1945). pp 33-40. 198 Sozomeno. 9.1.5-6 ; Philostorgio, 12.7 199 SCHWARTZ, E.: Acta… Op. Cit. (1936), p. 155. 200 SCHWARTZ, E.: Acta… Op. Cit. (1936), p. 101; DRIJWERS, J.W.: Helena Augusta… Op. Cit. (1993), p.88; HOLUM, K.: Theodosian Empresses… Op. Cit. (1982), pp. 214-216. 281
De este modo y como se ha expuesto, para los artífices de los Concilios de 381 en Constantinopla, 431 en Éfeso y 451 en Calcedonia, los promotores del de 325 fueron un ejemplo a seguir. El de 325 habría rechazado el arrianismo por primera vez, el de 381 habría establecido la preeminencia de la ortodoxia frente al arrianismo para siempre. De hecho, el Concilio de Constantinopla del año 381 fue una condena firma y decisiva del arrianismo que, desde la muerte de Constantino, no habría hecho sino prosperar bajo la protección de la política de Constancio y más aún con la de Valente201. El identificarse como un nuevo Constantino o una nueva Helena no eran, pues, sino halagos para quien recibía tal equiparación. No en vano, el modelo de Constantino y Helena como pareja cristiana ideal perduraría a lo largo de los siglos y, por ello, aunque importante, su ejemplo no debe circunscribirse únicamente a la dinastía inaugurada por Teodosio. Todo parece indicar que los nombres Constantino y Helena se convirtieron en un halago o un modo de demostrar las virtudes de aquel que lo recibía. Equipararse con su ejemplo, sin duda magnificado, se convertiría con el tiempo en un encomio reservado a los más piadosos de entre los gobernantes de los siglos posteriores. Y a este respecto merece la pena enumerar, al menos, los ejemplos de nuevos Constantinos y nuevas Helenas que la antigüedad tardía habría legado a la edad media: Constantino VI y su madre Irene en el Concilio de Nicea del año 787, el emperador Basilio y su esposa Eudoxia en el marco del octavo sínodo de Constantinopla del año 869, Justino II y su esposa Sofía en los años 565-578, Leontia en el año 603…202. 6.3. La contradicción de Helena como ejemplo religioso. Emperatriz católica y ejemplo filoarriano al mismo tiempo. A lo largo de los epígrafes anteriores, se ha expuesto como la trayectoria y actuaciones de la emperatriz Helena fueron utilizadas como modelo a seguir por mujeres fieles a la causa ortodoxa. El paradigma de madre devota de su hijo y emperatriz devota del Dios de los cristianos, sirvió como patrón para diversas mujeres que, a partir de su ejemplo, demostraron su capacidad de influencia en solitario en los asuntos político-religiosos del momento o crearon una imagen amable y efectiva para la casa imperial de la que formaban parte. 201 ORTIZ DE URBIÑA, I.: Nicée et Constantinople. Editions de l’Orante, Paris, 1963. pp. 140-141. 202 Bibliografía al respecto de estos ejemplos, así como más ejemplos en DRIJWERS, J.W.: Helena Augusta… Op. Cit. (1993), pp. 88-90. 282
Sin embargo, no debe obviarse el hecho de que, como señalan diversos investigadores, Helena habría manifestado en vida cierta simpatía hacia el arrianismo203; doctrina enfrentada a la ortodoxia que fue defendida tanto en el Concilio de Nicea del año 325 como en el de Constantinopla del año 381, y que sería totalmente rechazada por las mujeres que tomaron a Helena como modelo a seguir. Así, y como se ha expuesto en el epígrafe precedente, las féminas de la dinastía inaugurada por Teodosio basaron la imagen de su dinastía en aquella que un día había representado la madre de Constantino. Hicieron aparecen a aquella como la emperatriz perfecta, la mejor madre y la cristiana ideal. Helena representaba todas las virtudes y valores que aquellas deseaban incorporar a la imagen pública de su casa imperial. La emperatriz constantiniana fue, entonces, presentada como ejemplo de ferviente católica y defensora de la ortodoxia que había triunfado en el Concilio del año 381. A tenor de su “supuesto” filoarrianismo, nada más lejos de la realidad. Así, si bien no debe extrañar que la imagen de Helena, con el paso del tiempo, hubiera venido bien a la causa ortodoxa y ésta hubiera decidido utilizarla para ganar adeptos o simpatías a su doctrina; si llama la atención que, al mismo tiempo que la madre de Constantino fue presentada como el modelo para los seguidores de Nicea, también sirvió de modelo a tres emperatrices, filoarrianas, y dos integrantes de su propia dinastía, que aprovecharían su posición privilegiada en la corte para devolver sus sedes a personajes arrianos e incluso exiliar a obispos de Nicea. He aquí otra de las grandes contradicciones de Helena, una embajadora del poder que ha pasado a la historia como peregrina devota y piadosa. Así, fue ejemplo para defensores de Nicea y también para aquellos garantes de la doctrina de Arrio. Como se expuso en el apartado dedicado al análisis de las fuentes que hacen referencia a Helena, así como en aquel que tenía como objetivo mostrar los entresijos religiosos de la corte de Constantino en relación con su madre, los investigadores del periodo han querido ver a la emperatriz representada en las fuentes como una mujer proclive al arrianismo204. La caída de Eustathius de Antioquia supuestamente a manos de Helena ante los desencuentros de tipo ideológico que aquel habría tenido con la emperatriz205, y que le habría llevado incluso a insultarla206, habría sido la confirmación 203 DRIJVERS, J.W.: Helena Augusta… Op. Cit. (1992), pp. 10-11, 38; DRIJVERS, J.W.: “Flavia Maxima Fausta” (1992), p. 506 n 38; POHLSANDER, H.A: Helena: empress… Op. Cit. (1995), pp. 3-5, 191. 204 Vid. supra nota 203. 205 CHADWICK, H.: “The Fall of Eusthatius of Antioch”, JThS 49 (1948), pp. 27-35, esp. 29-34. 283
de su marcado arrianismo. Sin embargo, y pese a esta percepción general, debe tenerse en cuenta que las fuentes solo hacen referencia a la simpatía y el afecto de aquella hacia el mártir Luciano, no por Arrio y su doctrina. Así, en contra de la opinión general, el hecho de que aquella venerase las reliquias de tal mártir no tendría porqué implicar que la misma hubiera sentido, del mismo modo, algún tipo de inclinación hacia el bando representado por Arrio en la lucha doctrinal que se habría vivido en el Imperio desde la apertura del conflicto de éste con el obispo de Alejandría, Alejandro, en el año 318207. El mártir Luciano se había destacado por la firmeza de sus convicciones cristianas en el tiempo de la persecución instigada por de Maximiano y Diocleciano en el año 303208; y en la defensa de las mismas habría sufrido un terrible final que le habría valido ser merecedor de pasar a integrar el grupo de los mártires del cristianismo. No en vano, Eusebio de Cesarea se refiere al mismo con las siguientes palabras de elogio: “De entre los mártires de Antioquia se encuentra la figura de Luciano, excelente en todos los aspectos de su vida y padre de esta Iglesia”209. “Luciano, hombre excelente en todo, aplaudido tanto por la continencia que caracterizó su vida como por sus conocimientos sagrados, padre de la Iglesia de Antioquia…”210. Su negativa a renunciar a su compromiso con el Dios de los cristianos211, le haría padecer una muerte miserable. Así, Eusebio de Cesarea habla de decapitación, estrangulación o muerte por inanición212; la Vita Luciani, por su parte, habla de una muerte originada por las terribles torturas que aquel habría padecido y entre las cuales se encontrarían la desarticulación de su cuerpo mediante el estiramiento de sus extremidades, estando su pie sujeto por un cepo, o el aguijonamiento de su espalda con 206 Athan. Hist. Arrianorum. 4.1; BARNES, T.D.: Athanasius and Constantius: Theology and Politics in the Constantinian Empire. Cambridge, Mass.; London; Harvard University Press, 1993. p. 127; HANSON, R.P.C.: The Search for the Christian Doctrine of God: The Arian Controversy, 318-381. Edinburgh, T&T Clark, 1988, esp. pp. 209-217. 207 ORTIZ DE UBIÑA, I.: Nicée et Constantinople. Éditions de L’Orante, Paris, 1963. pp. 37-38 ; su devoción por Luciano también en BURN, A.E.: The Council of Nicaea: a memorial for its sixteenth centenary. Society for promoting Christian knowledge, London, 1925. pp 56-57. 208 BARDY, G.: Recherches sur Saint Lucien d’Antioch et son école. Paris, Beachesne, 1936. pp. 61-62. 209 Eusebio de Cesarea, HE. 8.13.2 210 Eusebio de Cesarea, HE. 7.32.3-4 211 Juan Crisost. Hom. In Lucian., 3 (PG, L, 524) 212 Eus. Cesarea, HE., 9.6.3 284
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