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2013 115 Miguel Marco Fabre De transeúntes, vagabundos y mendigos: un estudio sociológico de la indigencia en Zaragoza en el tránsito de siglo Departamento Director/es Psicología y Sociología López Jiménez, Ángela Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA
Departamento Director/es Miguel Marco Fabre DE TRANSEÚNTES, VAGABUNDOS Y MENDIGOS: UN ESTUDIO SOCIOLÓGICO DE LA INDIGENCIA EN ZARAGOZA EN EL TRÁNSITO DE SIGLO Director/es Psicología y Sociología López Jiménez, Ángela Tesis Doctoral Autor 2000 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA
Departamento Director/es Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA
De transeúntes, vagabundos y mendigos Un estudio sociológico de la indigencia en Zaragoza en el tránsito de siglo Tesis doctoral Miguel Marco Fabre
UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA Departamento de Psicología y Sociología Tesis doctoral De transeúntes, vagabundos y mendigos Un estudio sociológico de la indigencia en Zaragoza en el tránsito de siglo Miguel Marco Fabre Directora de tesis: Dª. Ángela López Jiménez Diciembre de 1999
A los que no tienen nada y malviven entre los que tenemos de todo: a los sin techo. Con respeto.
ÍNDICE Página LISTADOS DE TABLAS Y GRÁFICOS …………………………………… IX INTRODUCCIÓN ……………………………………………………………. 1 PARTE PRIMERA PLANTEAMIENTO DE LA INVESTIGACIÓN Y TÉCNICAS CAPÍTULO 1 PLANTEAMIENTO DE LA INVESTIGACIÓN: OBJETIVOS, METODOLOGÍA Y TÉCNICAS UTILIZADAS …………………............ 15 1. Delimitación del problema a estudiar: la indigencia como manifestación de la pobreza extrema ……………………………………………………... 15 2. Los objetivos y la finalidad del estudio …………………………………… 19 3. Consideraciones de interés metodológico acerca de la posibilidad de la cuantificación del fenómeno de la pobreza ………………………………... 22 4. Características de la investigación ………………………………………… 25 5. Hipótesis de trabajo………………………………………………………... 26 6. Técnicas e instrumentos utilizados en la investigación …………………… 28 6.1. Técnicas e instrumentos aplicados en el estudio de los fenómenos del transeuntismo y vagabundismo ……………………………………... 30 6.1.1. La “recopilación y análisis documental” ……………………. 30 6.1.2. La “observación directa a distancia” ………………………… 32 6.1.3. La “cumplimentación de cuadros de trabajo” …………........ 33 6.1.4. La “entrevista grupal” ……………………………………….. 35 6.2. Técnicas aplicadas en el estudio del fenómeno de la mendicidad…… 38 6.2.1. La “observación directa a distancia” ………………………… 38 6.2.2. La “entrevista personal” mediante comunicación telefónica… 40 6.2.3. La “observación participante” …………………………......... 41 PARTE SEGUNDA DEFINICIONES, TIPOLOGÍAS Y POSICIÓN DE LOS INDIGENTES EN LA SOCIEDAD CAPÍTULO 2 HACIA UNA TEORIZACIÓN DE LA POBREZA. LOS INDIGENTES, UNA CATEGORÍA DE POBRES. TIPOLOGIA Y DEFINICIONES …. 45 1. Los precedentes históricos del fenómeno de la pobreza ………………….. 46 2. Necesidad de una nueva conceptualización de la pobreza ………………… 49 I
3. Un ensayo de tipología de la pobreza ……………………………………... 52 3.1. Pobres productivos ……………………………………………………. 52 3.2. La nueva pobreza ……………………………………………………... 53 3.3. Pobreza no productiva ………………………………………………... 54 3.3.1. Individuos que no participan o no pueden participar en el proceso productivo ……………………………………………. 55 3.3.2. Individuos que, por su deterioro social, se les excluye de tal posibilidad de participar en el proceso de producción y aquellos que, aún pudiendo, no quieren hacerlo ……………… 56 4. Identificación de la población objeto de estudio ………………………….. 57 4.1. Marginación …………………………………………………………... 58 4.2. Miseria ………………………………………………………………... 59 4.3. Indigencia ……………………………………………………………... 59 4.4. Desarraigo …………………………………………………………….. 60 4.5. Exclusión ………………………………………………………........... 60 5. Desarrollo de las definiciones de “transeúnte”, “vagabundo”, “bohemio” y “mendigo” …………………………………………………………………. 64 5.1. La noción de transeúnte ………………………………………………. 66 5.1.1. Transeuntismo coyuntual ……………………………………. 72 5.1.2. Transeuntismo emergente ……………………………………. 72 5.1.3. Transeuntismo institucional …………………………………. 72 5.1.4. Transeuntismo crónico extremo ……………………………… 73 5.2. La noción de vagabundo …………………………………………….. 73 5.3. El bohemio ………………………………………………………….. 77 5.4. El hobo, de Nels Anderson ………………………………………….. 79 5.5. La noción de mendigo ………………………………………………. 82 CAPÍTULO 3 LA ETIOLOGÍA DEL FENÓMENO DE LOS “SIN TECHO” ………… 88 1. Contextos sociales de referencia …………………………………………... 91 1.1. Pertenencia a la subcultura marginal ……………………………….. 91 1.2. Características del grupo familiar de origen y ruptura con el mismo 91 1.3. Ruptura conyugal y distanciamiento familiar ……………………… 92 2. Carencia o precariedad en el ámbito laboral ……………………………… 92 3. Factores biológicos y psicológicos ………………………………………... 93 4. Alcoholismo y toxicomanías ……………………………………………… 94 CAPÍTULO 4 POSICIÓN QUE LA POBLACIÓN INDIGENTE OCUPA EN EL SISTEMA SOCIAL …………………………………………………………. 95 1. ¿Agregados?, ¿grupos?, ¿categorías? …………………………………..... 101 2. Posición que ocupa la población indigente en la estructura de clases: ¿un debate inconcluso? ………………………………………………………... 104 2.1. Consideraciones generales acerca del concepto de clase social ……. 104 2.2. La población indigente en la estructura de clases de las sociedades II
desarrolladas ………………………………………………………... 109 3. La relación de los pobres marginales con la sociedad global según el análisis de los roles e instituciones sociales ……………………………… 117 3.1. El desempeño de roles y la participación de las instituciones …….. 117 3.1.1. La relación con la familia …………………………………... 118 3.1.2. La institución económica …………………………………… 118 3.1.3. La institución educativa ……………………………………. 119 3.1.4. La política o las instituciones del Estado ………………….. 119 3.1.5. La institución religiosa ……………………………………... 122 3.2. Los pobres social y políticamente invisibles ………………………. 124 3.3. La “pobreza individual” y la “social” de G. Simmel ………………. 125 3.4. Los pobres, una categoría de población incorporatizable ………… 126 4. El concepto de “subcultura” como referente útil para el estudio de la pobreza marginal …………………………………………………………. 130 4.1. Referencia a las aportaciones de los autores españoles …………… 138 5. La aportación de los conceptos de “conducta desviada” y de “anomia” a la cuestión de la relación de los pobres marginales con la sociedad ……. 143 6. Tratando de sintetizar y concluir …………………………………………. 151 PARTE TERCERA CONTEXTOS EN QUE SITUAR LA INDIGENCIA: ECONÓMICO Y NORMATIVO CAPÍTULO 5 LOS CONTEXTOS SOCIOECONÓMICOS EN LOS QUE SITUAR LA REALIDAD DE LA POBREZA SEVERA: DIFERENTES NIVELES DE REFERENCIA ………………………………………………………….. 155 1. Mundialización de la economía (años 1989-1993) ………………………. 156 1.1. La economía internacional entre 1989 y 1993 …………………….. 157 2. Los cambios en España reflejo de los de Europa ………………………… 162 2.1. La dinámica socioeconómica de los ochenta ………………………. 162 2.2. En los umbrales de los noventa: indicadores económicos ………… 164 2.3. La pobreza en España a finales de los ochenta …………………….. 168 3. Aragón en España: situación socioeconómica entre los años 1989-1993 171 3.1. La evolución de la economía entre los años 1989-1993 …………… 171 3.2. La población pobre en Aragón y Zaragoza ………………………… 175 4. La ciudad de Zaragoza y su contexto provincial …………………………. 177 5. Las implicaciones de los contextos socioeconómicos en el fenómeno de la pobreza severa y marginal ………………………………………………... 182 6. Significación cuantitativa del fenómeno de los sin techo en Europa y en España …………………………………………………………………….. 185 7. Recapitulando …………………………………………………………….. 188 III
Tabla 4.10. Propuesta de sistematización de las características de la población pobre marginal indicativas de la mayor o menor integración en la sociedad, según diversas dimensiones. Tabla 5.1. Evolución del salario mínimo interprofesional en España, años 1988-1993. Tabla 5.2. Clasificación de las Comunidades Autónomas de menor a mayor nivel de exclusión social. Tabla 5.3. Crecimiento del PIB en Aragón y España, en los años 1988-1993. Tabla 5.4. Temperaturas máximas y mínimas en los meses del año 1990 en Zaragoza. Tabla 5.5. Cifras de personas “sin techo” según B. Harvey y FEANTSA, en diferentes países europeos. Tabla 6.1. Disposiciones legales con carácter sancionatorio y referidas a población indigente. Tabla 6.2. Disposiciones legales referidas a población indigente que poseen carácter protector y que estaban vigentes en el periodo 1990-1993. Tabla 8.1. Memorias analizadas, por instituciones y años. Tabla 8.2. Variables estudiadas y número de memorias en que constan, por años, Tabla 8.3. Cifras de usuarios por centros y años. Tabla 8.4. Población masculina o femenina en los distintos centros, según años (%). Tabla 8.5. Edad de los usuarios por centros y años (%). Tabla 8.6. La variable estado civil en los usuarios de las instituciones, según años (%). Tabla 8.7. Nacionalidad de los usuarios, por centro y año (%). Tabla 8.8. Origen por comunidades autónomas de los usuarios, por centros y años. Tabla 8.9. Origen de los usuarios, según centros (%). Tabla 8.10. Cifras de usuarios en los respectivos centros, por año y mes. Tabla 8.11. Nivel de estudios de los usuarios del Albergue Municipal, datos correspondientes a los años 1992 y 1993. Tabla 8.12. Existencia o no de relación con la familia de los usuarios de El Refugio. Tabla 8.13. Estado general de salud de los usuarios, por centros y años (%). Tabla 8.14. Población usuaria que declara sufrir como principal problema de salud alguna de las indicadas en la tabla, por centros y años (%). X
Tabla 8.15. Ramas de actividad en que han realizado los usuarios la principal actividad, por centros y años (%). Tabla 9.1. Tipos de indigentes y su representación numérica (%). Tabla 9.2. Distribución por sexo de los transeúntes y de los pobres vergonzantes. Tabla 9.3. Distribución por categorías de edad de la población indigente (%). Tabla 11.1. Enterramientos costeados por el Ayuntamiento de Zaragoza. Tabla 11.2. Distribución de los fallecidos carentes de bienes entre 1991-1993, por edad y sexo (%). Tabla 11.3. Tipo y lugar de residencia de los fallecidos en Zaragoza en 1992 y 1993 carentes de bienes. Tabla 14.1. Tipología de centros destinados a transeúntes, características del servicio y requisitos. Tabla 15.1. Personas clasificadas como transeúntes y que fueron ingresadas en el Hospital Provincial durante los años 1992 y 1993. Tabla 15.2. Personas atendidas y clasificadas como indigentes o transeúntes en las consultas del Hospital Provincial desde mayo de 1992 hasta diciembre de 1993, según especialidades y sexo. Tabla 16.1. Técnicas aplicadas en el estudio de la mendicidad: aspectos y circunstancias de su aplicación. Tabla 17.1. Distribución de los mendigos según sexo y edad. Tabla 17.2. Personas que dieron limosna según sexo y grupos de edad. Tabla 18.1. Mendigos observados según características de edad y sexo. Tabla 18.2. Distribución de los fieles que dieron limosna, por sexo y categorías de edad. Tabla 18.3. Mendigos que recibieron limosna clasificados según el número de fieles que se la donaron. Tabla 18.4. Cantidades de la limosna y número de fieles que las dieron. Tabla 18.5. Cantidad media ofrecida como limosna, según edad y sexo. Tabla 18.6. Mendigos en los atrios de las iglesias, por edad y sexo. Tabla 18.7. Identificación de iglesias en las que se constató la presencia de mendigos y número de los mismos, en los meses de mayo de 1990 y 1992. Tabla 18.8. Datos de las variables básicas estudiadas en las observaciones de las iglesias de 1990 y 1992. Tabla 18.9. Número de mendigos en los atrios de las iglesias de Zaragoza en los meses de mayo de 1990 y 1992. XI
Tabla 19.1. Número y características de los fieles que dieron limosna en las iglesias de Santa Engracia y Sagrado Corazón, en mayo de 1990. Tabla 20.1. Ciudadanos que dieron limosna en el Pilar, según sexo y edad. Tabla 20.2. Promedio en pesetas de limosnas dadas por los ciudadanos en las puertas del Pilar, por sexo y edad. Listado de gráficos Gráfico 1.1. Técnicas aplicadas en el estudio de la población transeúnte. Gráfico 1.2.Técnicas aplicadas en la observación del fenómeno del vagabundismo. Gráfico 1.3. Técnicas aplicadas en la observación de la mendicidad. Gráfico 2.1. Tipología de la pobreza. Gráfico 2.2. Los contenidos de la investigación, según las etapas de la misma. Gráfico 3.1. Factores intervinientes en el inicio y desarrollo del proceso conducente al transeuntismo y vagabundismo. Gráfico 4.1. Grado de integración en la sociedad de los sectores de población "sin techo". Gráfico 5.1. Niveles de influencia de diversos sistemas socioeconómicos con incidencia en la pobreza extrema en Zaragoza. Gráfico 5.2. Modelo teórico de desarrollo socioeconómico. Gráfico 5.3. Tasas de paro en España y Aragón (EPA, 4º Trimestre). Gráfico 5.4. Crecimiento del PIB en Aragón y España. Gráfico 5.5. Ubicación de la ciudad de Zaragoza en relación con otras capitales. Gráfico 8.1. Población transeúnte masculina y femenina, en distintos centros de Zaragoza. Gráfico 8.2. Edad de los usuarios de "El Refugio". Gráfico 8.3. Nacionalidad de los usuarios de los centros para transeúntes en Zaragoza. Gráfico 8.4. Origen por Comunidades Autónomas de los usuarios de "El Refugio". Gráfico 8.5. Usuarios con problemas de salud, en distintos centros de Zaragoza, y años. Gráfico 9.1. Origen de los transeúntes según Comunidades Autónomas (excluidos aragoneses). Mayo 1993. (Porcentajes). XII
XIII Gráfico 9.2. Origen de los transeúntes. Gráfico 9.3. Origen de los transeúntes según áreas geográficas. Mayo 1993. Gráfico 9.4. Tipos de indigentes usuarios de las instituciones benéficas en Zaragoza (mayo 1993). Gráfico 14.1. Recursos para transeúntes en Zaragoza. Gráfico 17.1. Plano de la ciudad de Zaragoza con indicación de las zonas en las que se observó la mendicidad e iglesias con mayor número de mendigos. Gráfico 17.2. Número de personas que dieron limosna por mendigos. Gráfico 17.3. Personas que dan limosna en la calle según edad. Gráfico 18.1. Iglesias observadas y en las que se localizó algún mendigo. Gráfico 18.2. Distribución de los fieles que dieron limosna, por sexo y edad. Gráfico 18.3. Variables básicas estudiadas en las observaciones de la mendicidad en las iglesias en los años 1990 y 1992. Gráfico 20.1. Número de personas que dieron limosna a los mendigos, en la Plaza del Pilar.
INTRODUCCIÓN Los habitantes de las grandes ciudades en las sociedades desarrolladas pueden observar la presencia de mendigos en sus calles y plazas; a menudo se distinguen también grupos de personas que guardan cola ante los comedores y albergues asistenciales o en las puertas de los conventos; y se hace incluso familiar la figura del vagabundo que desde hace años deambula por nuestros barrios. Igualmente, no escapa a la atención del viandante el hecho de que algunos traten de hacer servible lo que los demás consideran desechos, y que han ido a parar a papeleras o a los contenedores de los mercadillos. Son tantas las necesidades que muchas de estas personas sufren, tal la imagen que de ciertos lugares de la ciudad proyecta su presencia a vecinos y visitantes, y tantos los temores que parecen infundir en algunos ciudadanos, que las autoridades municipales se ven impelidas a la búsqueda de soluciones. Se da el caso en que se impone la regulación e incluso la prohibición de ciertas manifestaciones de la indigencia, tales como la mendicidad. Este conglomerado formado por indigentes, mendigos y por personas que vagan por el centro de las ciudades llega a hacerse tan habitual que bien puede decirse constituye un componente más del paisaje humano de las grandes urbes. Conforman un cuadro que contrasta, por contraposición y en negativo, con el que aparentemente ofrece el ciudadano medio: su destino no está marcado por el ámbito de lo laboral, ni por las demandas familiares, ni por el uso del tiempo libre; hacen lo que los demás no hacen, también se les ve —mezclados pero fácilmente destacables— entre la multitud de peatones, y apuran, sin urgencia por ir a ninguna parte, su estancia en la calle cuando los demás la abandonan. No poseen, como la mayoría, un espacio y ámbito privados de relación y convivencia. Entrada la noche se refugian, en el mejor de los casos, en los albergues, recomponen los chamizos, o levantan sus cubiertas de cartón, en patios y soportales. Si bien esta población pobre no parece tener una especial relevancia desde el punto de vista cuantitativo, sin embargo, sus rasgos distintivos 1
(deterioro físico y psíquico, falta de higiene, desaliño) y los comportamientos manifestados, les hacen especialmente visibles, suscitando ante los ciudadanos interrogantes incómodos acerca de las razones de su presencia en nuestras calles y plazas. Para una reflexión hecha desde las ciencias sociales, y particularmente desde la sociología, los siguientes aspectos constituyen puntos de interés significativos: la supervivencia de este conglomerado humano en las sociedades desarrolladas, las características que lo distinguen y las respuestas que, a este respecto, surgen en ciertos ámbitos de la sociedad. Una respuesta que se da tanto desde los poderes públicos, como desde la sociedad civil. Se observa, por ejemplo, cómo las respectivas administraciones públicas acaban incluyendo en sus ordenamientos jurídicos normas que regulan no sólo el comportamiento de estos grupos marginales sino también la respuesta de la propia sociedad. Como garantes que son los administradores públicos de la defensa de los derechos básicos de los ciudadanos, están obligados a tratar de satisfacer sus necesidades más básicas.1 Los principios constitucionales se ven desarrollados, asimismo, en numerosas leyes que contemplan el arbitraje de medidas conducentes a la providencia de situaciones de pobreza, y que se plasman y concretan en sistemas, considero que bastante consolidados en nuestro país, de políticas y servicios sociales. Igualmente, y aunque no sean suficientemente conocidas, no por ello dejan de ser significativas, las respuestas que la sociedad civil ofrece. Así, desde las organizaciones no gubernamentales, asociaciones, entidades religiosas, o desde la colaboración de personas particulares, se moviliza un gran volumen de recursos humanos y económicos que tratan de eliminar, reducir o paliar las situaciones más extremas de pobreza y de exclusión. La pretensión de realizar una reflexión profunda y sistemática sobre la realidad de la pobreza extrema (y de la exclusión que implica la misma en nuestra sociedad) va ineludiblemente unida a la referencia al contexto y a los procesos socioeconómicos más generales en el que aquéllas se insertan. Tales fenómenos se relacionan directamente y surgen en sociedades desarrolladas 1 Tal es el contenido y el espíritu de los artículos de la Constitución Española: art. 9.2 (sobre la igualdad de los individuos); art. 10.1 (derechos de la persona); art. 35 (el trabajo, derecho y deber); art. 41 (garantía a la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo); y art. 47 (derecho a una vivienda digna y adecuada). 2
en las que las desigualdades económicas entre grupos subsisten, y donde las oportunidades de acceso al sistema educativo y al mercado de trabajo aún perduran. Desde la década de los ochenta se han producido en estas sociedades profundos cambios. Como bien señala L. E. Alonso (1999:120) se ha asistido a una "importante desindustrialización de zonas tradicionales de la sociedad industrial, al mismo tiempo que han estallado los grandes talleres clásicos de las grandes empresas fabriles, mundializados al transvasarse gran parte de las producciones industriales clásicas hacia secciones semiperiféricas de la economía mundo (...) Se ha flexibilizado la producción, buscando adaptarla a unos mercados cada vez más imprevisibles y turbulentos, sometidos a las fuertes ondas de choque de la competencia internacional (...)." Particularmente, y por lo que respecta al sistema productivo, los analistas se refieren a la importancia que han tenido los avances espectaculares habidos en el desarrollo de nuevas tecnologías (como la biotecnología, informática, la comunicación, robótica). Puede afirmarse que este desarrollo acaba por transcender el sistema productivo y está condicionando el surgimiento de nuevas estructuras sociales y nuevos hábitos sociales. Se hace mención, por ejemplo, a la necesidad de adaptar la organización del trabajo y las relaciones industriales a fórmulas más racionales; se subraya que estamos en sociedades competitivas donde los menos capaces, menos esforzados o con menos oportunidades no encuentran un lugar adecuado o quedan fuera del mercado de trabajo. Procesos como éstos han tenido sin duda especial repercusión en la conformación de la estructura ocupacional a finales de siglo. Como resultado, se constataron más concretamente fenómenos como el aumento de las tasas de desempleo, la precarización del trabajo, y el incremento de los que sufren el paro de larga duración. Con este panorama dibujado cabe preguntarse al menos si no estaremos evolucionando hacia un tipo de sociedad cuyo desarrollo lleva implícito un cierto nivel de paro estructural o de desempleo tecnológico. Estos procesos señalados están aumentando el riesgo de que los sujetos más vulnerables de la sociedad caigan en la pobreza: así, mujeres con cargas familiares, jóvenes sin formación adecuada, trabajadores no cualificados o de cierta edad. Se habla, en este sentido, y en referencia a esos nuevos factores socioeconómicos, de la existencia de una "nueva pobreza" que se distinguiría, por su etiología y características, de las situaciones y formas de pobreza 3
tradicionales. También parece fundado el juicio referido a que las situaciones de miseria y marginación tienen su origen y caldo de cultivo en las condiciones sufridas de precariedad económica; éstas son la antesala de la pobreza más absoluta. En referencia a la manifestación de la pobreza extrema, la de los indigentes "sin techo", en particular, se presenta por su número como relativamente pequeño en nuestro país a final de siglo, cifrándose en aproximadamente 40.000 los individuos que se incluirían. Con todo, las situaciones de miseria y de carencia más absolutas de muchas de estas personas destacan más aún cuando en las sociedades desarrolladas un significativo sector de la población goza de un nivel medio de bienestar y otros hacen ostentación de vivir en la opulencia. La miseria de unos contrasta con los niveles de satisfacción de otros.2 A su vez, los medios de comunicación de masas y el aparato publicitario (necesarios en el actual sistema competitivo de producción y comercialización, y a cuya influencia difícilmente puede sustraerse el ciudadano), magnifican e idealizan modos de vida y valores como la superación del poder adquisitivo, búsqueda del éxito, la competencia, ciertos cánones de belleza y la juventud. Es de esta manera como el contraste y la contradicción entre esas distintas manifestaciones de modos de vida en nuestra sociedad se acrecienta. A este respecto, el esfuerzo que ha supuesto por mi parte el intento de responder a cuestiones referentes a la relevancia numérica del fenómeno de la indigencia, cuáles eran sus manifestaciones, cuál la respuesta de la sociedad, se verá ciertamente recompensado si sirve para que al menos otros lo utilicen en sus proyectos de hacer algo para su superación. En relación a este punto, resulta verdaderamente sugerente la afirmación de M. ORSHANSKY: "No tiene sentido ni hay razón que justifique que el contar los pobres y aun menos razón hay para definir la pobreza, salvo que intentes hacer algo sobre ella."3 No se pretende en el contexto del presente trabajo introducir el debate acerca de la posibilidad o conveniencia de la neutralidad del sociólogo 2 Los títulos y obviamente el contenido de las obras de John K. Galbraith, La sociedad opulenta y La cultura de la satisfacción, se refieren y analizan estas sociedades y el lugar que ocupa la pobreza en las mismas. Ver del primero, y a modo de simples muestras, la pág. 35, y del segundo de los libros las págs. 23 y 38. 3 Nollie Orshansky ("How Poverty is Messured, Monthly Labor Review, 92; febrero de 1969); la cita corresponde a Mario Gaviria en La exclusión social en Aragón, tomo I, pág. 86. Departamento de Bienestar Social y Trabajo. Zaragoza, 1994. 4
cuando observa y analiza realidades como la pobreza y la desigualdad, que conllevan sufrimiento para una parte de los seres humanos. Hechos como los señalados demandan, para su análisis, la explicación de los factores que los originan y que, por tanto, son susceptibles de interpelar al investigador a que se posicione o emita juicios de valor. En este momento únicamente quiero explicitar cuál ha sido la perspectiva desde la que he tratado de acercarme al fenómeno social en cuestión. Deseaba, en principio, que tanto el interés mostrado por el tema como el talante de la aproximación, estuvieran imbuidos de una actitud de respeto y consideración hacia las personas observadas. A este respecto, y en estas primeras páginas, se expresa la aceptación de la perspectiva y "hábito mental" desde las que D. MATZA deseaba comprender y analizar ciertos fenómenos sociales: La actitud de la 'apreciación' es especialmente difícil cuando el objeto de la investigación está constituido por actividades que violan patrones de conducta y de moralidad (...) Sólo mediante la apreciación pueden ser comprendidos y analizados la textura de las pautas sociales. Sin apreciación y simpatía (...) nunca lograremos comprender en profundidad el significado que tiene para los sujetos involucrados en ellos, ni su lugar en el contexto más amplio (...) Estos sentimientos apreciativos se dejan resumir fácilmente: ni por un momento hemos de desear desprendernos de los fenómenos desviados. Simplemente nos intrigan, pues son una parte intrínseca, inerradicables y vital de la sociedad humana. Apreciar un fenómeno es una decisión llena de consecuencias, pues eventualmente entraña un compromiso —con el fenómeno y con los que los ejemplifican—, de dar cuenta de ellos con fidelidad y sin violar su integridad. Entrar en el mundo del fenómeno es un método radical y drástico de apreciación y el probablemente necesario cuando el fenómeno es condenado por la moral ordinaria.4 Desde el punto de vista sociológico, el fenómeno de la pobreza en general, y el de la pobreza extrema, en particular, se presentan como especialmente sugerentes. La variedad y complejidad de factores que intervienen en su origen, la necesidad de contextualizar el fenómeno en ámbitos superiores a los de la realidad social estudiada, las dificultades con las que se enfrenta el observador en su aproximación, así como las limitaciones de los instrumentos susceptibles de aplicarse, constituyen, sin duda, retos a los que el investigador debe enfrentarse. 4 Ver de David Matza, El proceso de desviación, Madrid, Taurus, 1981, págs. 26-37. 5
Por un lado, las realidades de la pobreza y la marginación constituyen un objeto de estudio muy singular. Al margen de las consideraciones que pudieran hacerse acerca de sus causas, y de las posibles responsabilidades achacables a los propios individuos pobres, el hecho evidente es que se trata de personas que sufren situaciones de gran necesidad. Por otro, la aproximación a esta realidad se hace doblemente interesante para el investigador, y ello porque éste debe tratar de ser un estudioso neutral y porque es un individuo más, inmerso en ese maremágnum que constituye nuestra sociedad. El conocimiento de los resultados obtenidos del estudio de estos fenómenos importa y es especialmente valioso para las personas que se ven implicadas de una u otra manera en los mismos: entre ellos están los administradores de la cosa pública, los responsables de la asistencia social, los profesionales de la acción social, y todos aquellos ciudadanos que se interesan y cooperan por la resolución de esta problemática realidad. El estudio que en estas páginas presento quiere ser, por lo tanto, una aproximación al fenómeno indicado de la pobreza extrema (concretado en las situaciones de la mendicidad, transeuntismo, los "sin techo" y el vagabundismo), tal y como se presentaban en la ciudad de Zaragoza en la última década del siglo XX. Tratar de hallar respuesta a preguntas tales como ¿cuál es la magnitud del fenómeno?, ¿cuáles sus manifestaciones y características?, ¿cuáles son los contextos económicos, normativos y asistenciales que condicionan su desarrollo?, constituyó, en su momento, el motivo y el punto de partida de la investigación. Era consciente como investigador de la complejidad de la realidad con que había que enfrentarse. Advertí, además, la imposibilidad de abarcar el fenómeno en su globalidad. Esa dificultad provenía, como ya se ha señalado anteriormente, de razones tales como la variedad de dimensiones que constituyen el fenómeno (sociológicas, económicas, psicológicas, históricas, etc.) y del carácter de las técnicas que se podían utilizar. El recurso a algunas de estas técnicas venía condicionado, a su vez, por imperativos de índole presupuestario y de las posibilidades de composición del equipo investigador. El resultado de todo ello fue que había que abordar la realidad de modo fragmentario, seleccionando unos aspectos y renunciando a observar otros. A este respecto procede subrayar que esta es una cuestión aceptada como una de las limitaciones inherentes a la investigación en las ciencias sociales; y que a 6
techo", de los mendigos y vagabundos. Es de esperar, además, que los datos y descripciones que en adelante van a presentarse superen al menos la categoría de "relatos chismosos" a los que nuestro autor aludía. Miguel Marco Fabre 13
PARTE PRIMERA PLANTEAMIENTO DE LA INVESTIGACIÓN Y TÉCNICAS 14
CAPÍTULO 1 PLANTEAMIENTO DE LA INVESTIGACIÓN: OBJETIVOS, METODOLOGÍA Y TÉCNICAS UTILIZADAS 1. DELIMITACIÓN DEL PROBLEMA A ESTUDIAR: LA INDIGENCIA COMO MANIFESTACIÓN DE LA POBREZA EXTREMA Un cierto número de individuos sufre en los países industrializados niveles de pobreza extremos: carecen de aquellos medios básicos que proporcionan la posibilidad de vivir una existencia digna, sin un hogar en el que relacionarse ni refugiarse, carentes del recurso del trabajo seguro y estable, sin el bagaje formativo necesario, y a los que les falta el ánimo de poseerlo, se ven abocados a echarse a la calle, a recurrir a las instituciones de asistencia social y al recurso de la demanda de la caridad. Y ello sucede en sociedades desarrolladas donde una parte significativa alcanza un nivel de satisfacción suficiente de sus necesidades; sociedades en las que también una minoría disfruta (o lo aparenta, al menos), y como situados en el extremo opuesto de los más pobres, de todas las excelencias que la riqueza proporciona. Es tal el contraste que se aprecia entre esos distintos modos de existencia, que su constatación invita también a la observación metódica y a la reflexión profunda sobre la realidad de una de esas dos situaciones: la que corresponde a la pobreza extrema. Esta en general, y la indigencia como su manifestación, en particular, se presentan al investigador, ya desde las primeras observaciones que éste realiza, como realidades complejas, configuradas por diversos factores y dimensiones, e integradas por una población asimismo heterogénea. 15
En la aproximación al conocimiento de la complejidad del fenómeno de la pobreza, los investigadores necesitan recurrir, para poder hacer su observación y sus análisis, a la definición de conceptos; aquéllos se apropiarán de la reflexión aportadas por otros, o propondrán sus propias definiciones. Cualquiera que sean los recursos utilizados por el estudioso, la delimitación de las realidades estudiadas mediante tales definiciones se presenta como ineludible. Como concepto más general, el de "pobreza" ha sido objeto del interés de los científicos sociales. Así, y tratando de avanzar en la delimitación de la realidad por la que aquí nos ocupamos, se propone en primer lugar un desarrollo de la noción de pobreza (y con el que se trata de reunir las notas más destacables de otras definiciones); ello va a suponer, a su vez, la exposición de unas notas generales que habrá que ampliar, a su vez, cuando se definan otras nociones referidas a realidades más particulares. El concepto de "pobreza" remite a aquella situación que individuos o grupos viven y que implica tal carencia, escasez y denegación de recursos, que no les permite alcanzar un nivel mínimo de existencia, no contando con lo necesario para el sustento de la vida. Dos precisiones y desarrollos procede hacer y destacar del contenido de esta definición: a) en ella está implícita la idea de que la limitación de recursos y de oportunidades se refiere a varios aspectos; el individuo o grupo ve denegada la posibilidad de desarrollo no sólo en su dimensión económica, sino también en otras como la cultural, alimentaria, sanitaria y educativa. b) se señala que la situación de carencia se valora y mide en relación a otras situaciones de referencia (intra o extra societal); así, se sugiere que existen otros niveles de satisfacción superiores en la que otros individuos y grupos se sitúan. Dada la importancia de los organismos que las proponen y el valor que como referencia teórica poseen para los estudiosos, parece oportuno recordar ahora dos definiciones: a) la definición de "pobre” que ofrecía el Consejo de Ministros de la Comunidad Europea (1984), en el Segundo Programa de Lucha contra la Pobreza: tal término lo referían a "aquellas personas, familias y grupos cuyos recursos —materiales, culturales y sociales— son tan limitados que les excluyen del mínimo nivel de vida aceptable en los Estados miembros en los que viven". b) La definición ofrecida en el "Informe sobre desarrollo humano" del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo, 16
1997, se afirma: "la pobreza humana considera que el empobrecimiento es multidimensional. Más que la falta de lo necesario para el bienestar material, la pobreza puede significar también la denegación de las oportunidades y opciones más básicas del desarrollo humano. Vivir una vida larga, saludable y creativa. Tener un nivel de vida decente. Disfrutar de dignidad, autoestima, el respeto de otros y las cosas que la gente valora en la vida. De esta manera la pobreza humana abarca más que la falta de ingreso."1 Y por lo que se refiere a definiciones que delimitan aspectos concretos de la realidad de pobreza, como es el monetario, los expertos proponen la de la "pobreza relativa" y la de "pobreza absoluta". La definición de cada una de ellas facilitará el camino, sin duda, para una delimitación más precisa de nuestro particular universo de estudio. La situación de "pobreza relativa" se define en función de un nivel relativo de rentas que las personas o grupos obtienen. Así pues, este nivel variará en tanto aumente o disminuya la renta de un país. La Comunidad Europea (en el Primer Programa de Lucha contra la Pobreza, 1975-1981) estableció ese umbral de la pobreza (es decir, definió de manera operativa la "pobreza relativa") al fijarlo en la mitad de la renta per cápita media de cada país. Este límite posee, por tanto un carácter convencional, y remitiría a un nivel de vida en cierto modo normal entre la población. La noción de "pobreza absoluta" remite, más bien, a un nivel de vida mínimo y se referiría a aquellas situaciones de personas o grupos que no tienen asegurada la cobertura que les permita la satisfacción de las necesidades básicas (alimentación, vestido, salud, vivienda). A este respecto, son pertinentes para nuestro propósito de delimitar conceptos las reflexiones que el economista francés Sergio MILANO hace sobre este término. Nuestra población objeto de estudio coincide en gran parte con la que en tal tipo de pobreza cabe incluirse. Señala este autor que tal concepto "remite a un nivel de vida mínimo (...) nivel absoluto de necesidades mínimas, invariable en el tiempo por debajo del cual los individuos son considerados como pobres desde el punto de vista de la sociedad y de los poderes públicos." Esta 1 Véase Consejo de Ministros de la Comunidad Europea. Segundo Programa de Lucha contra la Pobreza, 1984, art. 1.2.2. La segunda definición se ha obtenido del "Informe sobre desarrollo humano 1997”, pág. 15, del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo humano, pág. 25. 17
definición, añade, permite también identificar aquellas personas por las que la sociedad quiere hacer alguna cosa.2 Basándose en el criterio que la Comunidad Europea establece para definir el "umbral de la pobreza"3, los estudiosos concretan aún más y proponen cuatro niveles de pobreza, referidos únicamente a la dimensión económica, y que, con frecuencia, son utilizados en la investigación empírica: a) Precariedad social: cuyo listón estaría en el 50 % de la renta media. b) Pobreza moderada: cuyo nivel viene indicado por situarse los ingresos en el 35 % de la renta media. c) Pobreza grave: cuyo límite estaría en el 25 % de la renta media. d) Pobreza extrema: el listón se sitúa en el 15 % de la renta media. Si bien cabe relativizar un tanto el significado de los datos alcanzados con este sistema de establecimiento de niveles de pobreza económica, el mismo parece tener, sin embargo, cierto interés. Supone, por ejemplo, un intento de aproximación cuantitativo a la realidad y constituye, además, una valiosa referencia para la Administración, las instituciones y ONGs cuando tratan de aplicar sus políticas o de ejecutar sus planes de actuación. El "universo" por el que aquí nos interesamos se correspondería con aquellos sectores de población susceptibles de ser incluidos en el nivel de pobreza extrema. En ellos caben distinguirse, a su vez, diferentes situaciones y categorías de personas. El presente estudio únicamente se refiere a aquellas situaciones, sectores y sujetos que se caracterizan por encontrarse en alguna o algunas de las siguientes circunstancias: a) el no ver satisfechas las necesidades más básicas de alimentación, salud, vivienda y vestido; b) no ser 2 Ver la interesante aportación que Sergio Milano realiza acerca de la pobreza absoluta y la relativa, en su libro La pauvreté absolue, Hachette, 1988, págs. 22 y sigs. Véase, igualmente, el Documento informativo sobre la pobreza del Comité Económico y Social de la CEE, 1989, en el que se señala: "las personas y las familias afectadas por la gran pobreza ven concentrarse en ellas la pesada carga de las desigualdades y de las carencias con toda su fuerza. Excluidas de la sociedad se hallan sin apoyos y sin derechos. Todo lo más sobreviven gracias a la asistencia. A menudo no son respetadas. Las víctimas de la gran pobreza han abandonado su suerte. Sin 'red de protección'. Para ellos la expresión 'pobreza absoluta' refleja la realidad social tal cual es, tras haber caído humana y socialmente al más bajo nivel." 3 Ver Comunidad Económica Europea, primer Programa de lucha contra la pobreza (1975-1981). Entre las investigaciones en nuestro país procede reseñar el estudio realizado por EDIS, por encargo de Cáritas Española ("Pobreza y marginación" Documentación social, núms. 56-57, 1984); el V Informe Sociológico sobre la Situación Social en España, Sociedad para todos en el año 2000 (FOESSA, Madrid, 1994), y Equipo EDIS (en Las condiciones de vida de la población pobre de Aragón, FOESSA, Madrid, 1995). 18
beneficiarios de la protección social o ser su cobertura tan escasa que no les alcanza a mantener un nivel de vida digno; c) dependencia de establecimientos benéficos; es decir, ser beneficiarios de la asistencia social institucional; y d) el tener que recurrir a la práctica de la mendicidad. En estas personas, incluidas entre los pobres extremos, concurren varias o todas las formas de marginación y de exclusión (económica, política, cultural, familiar, sanitaria); son los indigentes, los marginales absolutos, aquellos que ocupan el extremo más inferior de la escala de estratificación social. Estamos hablando de los transeúntes, mendigos, vagabundos, los "sin techo". 2. LOS OBJETIVOS Y LA FINALIDAD DEL ESTUDIO En relación con lo indicado hasta ahora, y queriendo especificar el problema que nos ocupa en este estudio, se formulan los siguientes objetivos: 1. Se trata de conocer el significado numérico que las modalidades de pobreza y marginación extremas —que están representadas por la población mendiga, transeúnte y vagabunda— tenía en Zaragoza capital, durante los años 1990-1993. Es decir, nos referimos a la dimensión cuantitativa de tal fenómeno. En principio, el intento de averiguar cuál era el volumen de personas que podrían incluirse genéricamente como indigentes (y concretamente la cuantificación de las subpoblaciones indicadas) se presentaba como una de las tareas elementales de la investigación. 2. El segundo objetivo lo constituye la descripción de las características básicas de tales categorías de indigentes (como edad, sexo, estado civil, región o país de origen, situación laboral, nivel de formación, estado de salud). En relación con tales variables se configuran los modos y estilos de vida de estas personas. Su transcurrir cotidiano girará en unos casos en torno a las instituciones sociales (albergues, comedores) y en otros alrededor de la actividad mendicante. 3. Conocer la situación en que estos indigentes se hallan, descubrir sus niveles de marginalidad y de exclusión, así como el comprender la calidad de la relación que con la sociedad global mantienen van a constituir otro de 19
los objetivos. Los lazos que unen a esta población con la sociedad se especifican, por una parte, en la relación que mantiene con los grupos primarios, secundarios e instituciones sociales básicas (económicas, educativas, religiosas); y por otra, por el grado de identificación de sus valores y pautas de comportamiento con los considerados como dominantes en la sociedad. 4. Por lo que a las instituciones asistenciales se refiere, se ha estimado de gran interés la inclusión, en nuestro estudio, del análisis del nivel de cobertura institucional alcanzado en la satisfacción de las necesidades básicas de esta población; ello demandaba, obviamente, la enumeración y descripción de los recursos existentes en la ciudad de Zaragoza para los indigentes, y el intento por apreciar el coste económico que los mismos representan. 5. Con la investigación, además de tratar de plasmar algunas de estas realidades en un momento y tiempo determinados, se ha pretendido captar la posible existencia de cambios en un periodo de cuatro años para el fenómeno del transeuntismo, y de dos para el de la mendicidad. Se deseaba observar en distintos momentos, y en el caso del transeuntismo, las características de edad, sexo, estado de salud, formación, problemática laboral; y en el de la mendicidad, el foco de interés lo constituían manifestaciones tales como el volumen, rasgos de las personas y modalidades de expresión. A estos objetivos de carácter general cabe añadir otros referidos únicamente a los sectores de población indicados: 1. Sector de transeúntes: a) Determinar el alcance del transeuntismo institucionalizado en Zaragoza; b) Aproximarse al conocimiento del transeuntismo crónico y del vagabundismo; c) Apreciar la relación del fenómeno del transeunteismo con el de la mendicidad. 2. Fenómeno de la mendicidad: Distinción y conocimiento de las modalidades de la actividad mendicante en Zaragoza: mendicidad callejera, en las puertas de las iglesias, manifiesta, encubierta, infantil, según etnias. El cumplimiento de estos objetivos y la intención de conocer con rigor el estado en que se halla esta población supone, además, ampliar el análisis a otros aspectos que se considera influyen de manera significativa en su orientación y desarrollo. Me refiero más concretamente a la importancia que puedan tener como condicionantes de estas manifestaciones de la indigencia 20
el nivel de desarrollo socioeconómico alcanzado en el país, el carácter y orientación que presenta la normativa vigente (y referida particularmente a la mendicidad y vagabundismo) y la magnitud que adquiere esta población marginal en contextos geográficos próximos al estudiado (como el español y el europeo). Entre las contribuciones que con este estudio pueden hacerse a la reflexión científica sobre el tema (y que no formando parte como tales de los objetivos, sí constituyen, sin embargo, una categoría de intenciones colaterales) incluyo: a) la elaboración de tipologías de los fenómenos de la pobreza y de la indigencia; b) el interés por el examen y revisión de los conceptos básicos; c) el deseo de contribuir a desarrollar un contexto teórico suficiente con el que pueda obtener una visión teórica global de los fenómenos de la marginación y de la indigencia. Soy consciente de que la casuística propia de la población a estudiar y el carácter variable de la realidad social condicionan y relativizan el alcance de los contenidos de los conceptos y de sus definiciones. Constato también la falta de acuerdo existente para compartir unas mismas definiciones, apreciada en la revisión de diferentes estudios sobre el tema, y explicitada, incluso, por los investigadores. Por ello, parecía oportuna la aportación que a este respecto podría ofrecerse al tratar de introducir algunos elementos analíticos clarificadores desde el punto de vista conceptual. Como otras realidades sociales, la de la pobreza absoluta —concretada en las situaciones de transeuntismo, mendicidad y vagabundismo— se presenta al analista como verdaderamente compleja. Ello significaba también que únicamente podía abordarse desde diferentes perspectivas metodológicas. Asimismo, había que limitarse en el estudio a observar un cierto número de aspectos y variables, y a restringir la extensión con que los mismos podían ser tratados. En la selección de las dimensiones y en las posibilidades de aplicación de las técnicas apropiadas para su estudio han influido —y ello de manera determinante— tres circunstancias: 1) el que únicamente pudiera concurrir un investigador; 2) el tiempo con que se contaba para realizar la investigación, y 3) los recursos económicos disponibles. Hubiera sido, sin duda, de gran utilidad ofrecer una perspectiva histórica que hubiera facilitado la captación de la evolución del transeuntismo y de la mendicidad. Igualmente, la profundización en los aspectos psicosociales 21
hubiera constituido un valioso complemento. Sin embargo, y dados los condicionantes señalados, me he visto compelidos a circunscribirme a los objetivos anteriormente presentados. El otorgar a las realidades del transeuntismo y de la mendicidad tratamientos específicos (estructurándose así el trabajo en partes diferenciadas) supone que estos objetivos generales ahora presentados se ofrecerán con una mayor concreción en las introducciones de las respectivas partes (Partes IV y V, Capítulos 7 y 16). 3. CONSIDERACIONES DE INTERÉS METODOLÓGICO ACERCA DE LA POSIBILIDAD DE LA CUANTIFICACIÓN DEL FENÓMENO DE LA POBREZA Como he indicado en el apartado anterior, la población a estudiar incluye diversas subpoblaciones. De los objetivos expuestos se desprende, igualmente, que son diferentes los aspectos y dimensiones que de la realidad de la indigencia se quieren abordar. Se distinguen aspectos cuantitativos ( así, al tratar de conocer el volumen de las correspondientes categorías y de la representación numérica de sus características), y aparecen también variables de carácter cualitativo que suponen que se adopte en el estudio un enfoque cualitativo. Pretender, por ejemplo, conocer sus modos de vida, la realidad de la relación con sus entornos u opiniones requieren del recurso a técnicas apropiadas (como la entrevista grupal, la observación participante, entrevista personal) y, por lo tanto, a enfoques descriptivos e interpretativos. En general, y según se aborde uno u otro aspecto, las cuestiones planteadas y los retos encontrados por el observador serán asimismo distintos. Estos irán, para el caso del enfoque cualitativo, desde las decisiones sobre diseño de la investigación, a la selección de la metodología, la tarea de hacer operativas las variables, hasta el acceso a los colectivos y aplicación concreta a individuos o grupos seleccionados. Por lo que se refiere a la dimensión cuantitativa, el intento de determinar el número de las personas que integran las respectivas categorías tiene especiales dificultades. En este trabajo se considera que, dadas las 22
valores, pautas de comportamiento), requería el recurso a técnicas cualitativas tales como la entrevista personal y grupal. A su vez, el interés por cuantificar otras dimensiones (como el volumen de población, significación numérica de algunas de las características de los indigentes, y sus cambios a lo largo de un periodo de tiempo) requería el empleo de técnicas cuantitativas. La consideración del estudio como de cuantitativo parece, por lo tanto, igualmente ajustada.9 La variedad de situaciones estudiadas y la dificultad de acceso a ciertas informaciones demandaban el recurso en la investigación tanto a fuentes de información primarias como secundarias. Así, el tratar de cuantificar la mendicidad y del transeuntismo en un determinado momento y en un espacio geográfico concreto conllevaba necesariamente la obtención de datos inéditos, observados y elaborados por el investigador, es decir, primarios. De ahí también el carácter seccional de la investigación. El conocimiento, por ejemplo, de los posibles cambios en las manifestaciones del transeuntismo a lo largo de cuatro años, precisaba de la recopilación y tratamiento de datos ya elaborados o secundarios. En un caso (como el contenido del Capítulo 8: "Población transeúnte alberguista en Zaragoza"), se ha utilizado este tipo de datos, aprovechando la total actualidad de los mismos y la garantía de rigor que ofrecían. En este trabajo se desechó el empleo de la técnica de la encuesta ya que suponía la dedicación durante un tiempo de numerosos colaboradores, y exigía un presupuesto elevado. Estas dificultades metodológicas llevaron a que en ciertos temas, como en el estudio de la etiología de la realidad de los "sin techo", se utilizaran únicamente datos de carácter secundario. 9 En la polémica acerca del mayor o menor interés de las técnicas cuantitativas o cualitativas en las Ciencias Sociales, nuestro punto de vista coincide con el que el profesor J. I. Ruiz Olabuénaga expresa al señalar: "No todas las experiencias sociales ni todos los fenómenos ni todos los análisis de una situación pueden ser traducidos indiferentemente a números y conceptos, y aunque en no pocas ocasiones se puede recurrir a ambos tipos de codificación a la vez, no hay duda que cuanto más tienda un estudio a la profundidad interpretativa frente a la estandarización generalizadora, tanto más se tenderá a codificar los fenómenos sociales en clave de palabras, descripciones, viñetas y narraciones, en lugar de números, tablas, algoritmos y parámetros. Ahora bien, de la misma manera que resultaría inadmisible un estudio cuantitativo opuesto por principio a todo tipo de descripción o narración cualitativa, carece de sentido rechazar de plano el recurso a números, series o parámetros complementarios en los análisis cualitativos." En La descodificación de la vida cotidiana, Ed. Deusto (Universidad de Deusto), Bilbao, 1989, pág. 66. 29
Se enumeran a continuación las técnicas que se han empleado para cubrir los objetivos señalados, diferenciándolas a su vez, por los sectores de población implicados.10 Es en los capítulos y apartados correspondientes a cada sector de población donde se describirán más ampliamente las condiciones e incidencias que concurrieron en el desarrollo de su aplicación, así como los pormenores habidos durante la realización del trabajo de campo. El desarrollo de las diferentes técnicas sigue el siguiente esquema: Para cada tipo de población se presenta: 1. Técnica utilizada. 2. Unidad de observación. 3. Objetivos, variables o categorías estudiadas. 4. Coordinación y observadores. 6.1. Técnicas e instrumentos aplicados en el estudio de los fenómenos del transeuntismo y vagabundismo Por lo que se refiere al intento de aproximación a la población de los "sin techo", se ha recurrido a las siguientes técnicas: 1. La "recopilación y análisis documental" 2. La "observación directa a distancia" 3. "Cuadros de trabajo" 4. La "entrevista grupal" (dos aplicaciones) 6.1.1. La"Recopilación y análisis documental" En una definición de carácter general, se ha entendido por "recopilación y análisis documental" la técnica con cuya aplicación se facilita la obtención 10 Fueron de gran utilidad las aportaciones de autores como R. Sierra Bravo (Técnicas de Investigación Social: teoría y ejercicios, Paraninfo, Madrid, 1983), J. I. Ruiz Olabuénaga (La descodificación de la vida cotidiana, Universidad de Deusto, 1989), M. Duverger (Métodos en las ciencias sociales Ariel, Barcelona, 1981), y de C. Selltiz (Métodos de investigación en las ciencias sociales, Rialp, Madrid, 1981). Sugerentes han sido, igualmente, las aportaciones y el enfoque cualitativo de los trabajos de Angela López Jiménez, en sus investigaciones sobre la juventud en Zaragoza, La juventud en Aragón 1993. Vol. 1 y 2. Zaragoza: DGA; así como las de Jesús Ibáñez en Por una sociología de la vida cotidiana (s. XXI, Madrid 1994) 30
y análisis de datos e información a partir de documentos escritos, de carácter secundario.11 a) Objetivos: El análisis de los datos de las memorias de las instituciones que prestan sus servicios a la población transeúnte (memorias correspondientes a los años 1990-1993), respondía al interés por: 1) conocer la labor realizada por cada una de las instituciones, en cada año, y el resultado del conjunto de todas ellas en Zaragoza, 2) observar la evolución del número de usuarios y de sus características en cada centro, y en el conjunto de ellos. b) Tipo de documentos: memorias y anuarios de las instituciones que ofrecieron servicios a transeúntes, correspondientes a los años 1990-93 (en total doce memorias); véase Capítulo 8 en el que se presenta un análisis de tales memorias (Población transeúnte alberguista en Zaragoza entre 1990 y 1993). c) Variables a observar: número de personas, sexo, edad, lugar de origen, estado de salud de los usuarios de cada centro, y la captación del posible cambio habido en las mismas. d) Recopilador: El investigador principal. 11 María Teresa Anguera incluye el análisis documental dentro del tipo de "observación no participante indirecta" basado en datos estadísticos (censos, etc.) y fuentes documentales (archivos, prensa, imágenes, etc.) y su principal característica consiste en "el hecho de que el investigador no ejerce control alguno sobre la forma en que los documentos han sido obtenidos, y debe seleccionar, observando, lo que le interesa, interpretar o comparar unos materiales para hacerlos utilizables". (Metodología de la observación en las Ciencias humanas, Ed. Cátedra, Madrid, 1985, pág. 127). 31
Tabla 1.1. Unidades de observación, objetivos, variables, observadores y realización de las técnicas utilizadas en la investigación del fenómeno del transeuntismo. Técnicas empleadas Unidad de observación Objetivos Aspectos y variables Observadores Ambito temporal y realización Análisis documental Memorias de las instituciones Labor realizada. Evolución rasgos de los usuarios Número, edad, sexo, salud, origen Investigador principal Memorias 1990-1993 Observación. directa a distancia Usuarios instituciones asistenciales Estudios de características usuarios Número, edad, sexo, etnia, comportamiento Nueve mayo 1993, de 13-14 horas Cuadros de trabajo Usuarios de instituciones Conocer características usuarios Sexo, edad, tipos, etnia, nacionalidad, destino, salud Trabajadores sociales Veintiuno de mayo, 1993 Entrevista grupal a transeúntes Ocho transeúntes Conocer características y opiniones Modo de vida, actividad mendicante, relación entre ellos, identificación con la sociedad Investigador principal y dos trabajadores sociales Dieciocho de junio 1993 Entrevista grupal a miembros policía local Cuatro agentes Características vagabundos y opiniones de los agentes Visión de la policía, actuaciones Investigador principal y una trabajadora social 16 de junio 1993 6.1.2. La "Observación directa a distancia" El recurso a la técnica de la "observación directa" se ha considerado como necesario, dada la realidad que se pretendía estudiar, y que se mostraba directamente y con naturalidad ante el observador; las condiciones en que se mostraba la realidad requería la participación y coordinación de diferentes observadores. En la presente investigación se ha definido la técnica de la "observación directa simple" como "la inspección y estudio realizados por el investigador, mediante el empleo de sus propios sentidos, especialmente de la vista, de hechos de interés social, tal como son o tienen lugar espontáneamente, en el tiempo en que acaecen y con arreglo a las exigencias de la investigación científica". En el estudio del fenómeno del transeuntismo y del vagabundismo se ha aplicado este tipo de observación distante, manteniéndose al margen del 32
grupo observado, pero a su vez lo suficientemente próximos como para poder recabar información fiable.12 La utilización de esta técnica respondió tanto al objetivo específico a conseguir como por las características de la realidad a observar, y que se precisan a continuación. a) Unidad de observación: usuarios de los servicios destinados a transeúntes (comedores de la parroquia del Carmen y comedor de La Caridad), durante el tiempo en que los sujetos permanecieron en la calle en espera de recibir el servicio, y en el caso del comedor de La Caridad también durante la finalización de la recepción del mismo. b) Objetivo y aspectos del campo de observación: captación de aspectos tales como: número de usuarios, características (edad, sexo, etnia), comportamiento, lugar al que se dirigían los usuarios una vez recibido el servicio. (Véase Capítulo 9) c) Observadores: Nueve. d) Instrumento: cuadro de observación semiestructurado. e) Realización: 21 de mayo de 1993, de 13 a 14 horas. 6.1.3. La "Cumplimentación de cuadros de trabajo" El intento de recabar información sobre las características de los usuarios de los comedores y albergues, siguiendo, a su vez, un proceso que facilitara el recuento y la sistematización de los datos, condujo al diseño de unos cuadros de trabajo En el contexto de esta concreta observación los "cuadros" han sido los instrumentos de registro; la ordenación en un cuadro de las variables a estudiar ha permitido la tabulación y el análisis posterior de los datos. a) Unidad de observación: las personas que el día 21 de mayo de 1993 utilizaron los servicios de que los centros destinados a transeúntes e indigentes en Zaragoza. b) Objetivo de su aplicación y aspectos de interés: conocer el número total de usuarios de los distintos servicios, así como 12 Tal nomenclatura y definición de la técnica se corresponden con las indicadas por R. Sierra Bravo Técnicas de investigación social (texto citado), cap. 13. 33
recabar información acerca de las variables sexo, edad, tipo de transeúnte, etnia, nacionalidad, origen geográfico, destino y estado de salud. La cumplimentación de los cuadros se llevó a cabo por los trabajadores sociales de los centros, basándose en la documentación presentada por los usuarios y en las fichas ya existentes en los centros. (Ver Capítulo 9) Gráfico 1.1. Técnicas aplicadas en el estudio de la población transeúnte. TECNICAS APLICADAS EN EL ESTUDIO DE LA POBLACION TRANSEUNTE TECNICA POBLAC. OBSERVADOR Análisis Memorias y Investigador documental Anuarios principal (12) Observación directa Usuarios de Observadores: a distancia comedores (9) albergues Cuadros de Usuarios de Participan: trabajo comedores y Trabajadores albergues Sociales (9) Transeúntes Inter vienen (8) -Investigador Entrevista principal grupal -Trabajadores sociales (2) Inter vienen Policía Local -Investigador (4) principal -1 Trabajador social 34
6.1.4. La "Entrevista grupal" El estudio de aspectos cualitativos referidos a la población transeúnte (como opiniones que sustentan, valoraciones que ofrecen, actitudes que defienden) y la "curiosidad" interesada por conocer la opinión de una agencia de control, como la policía local, requerían, asimismo, de unas técnicas específicas. Se optó por el empleo de la técnica de la "entrevista grupal". Tal modalidad de entrevista se ha definido en el contexto de la investigación como "entrevista en profundidad, cualitativa, en la que un entrevistador elige a un grupo de personas como informantes. A través de la conversación profesional se pretende conocer hechos o significados relacionados con el tema y población a estudiar".13 A. Primera aplicación de la "entrevista grupal": El recurso a esta técnica facilitó el conocimiento del modo de vida de la población transeúnte y de los "sin techo" así como la captación de otros aspectos cualitativos (opiniones, valoraciones) que no podían ser obtenidos por el "análisis documental " ni por la "observación directa a distancia". a) Unidad o grupo entrevistado: ocho transeúntes integrantes de un módulo terapéutico, elegidos como representativos de la población transeúnte institucionalizada. b) Objetivos: Conocimiento de las características de los propios entrevistados y de la población transeúnte en general. c) Aspectos estudiados de la población general: modo de vida de los transeúntes, importancia de la actividad mendicante, la relación entre los transeúntes, relación e identificación con la sociedad, opiniones acerca de la actuación del Gobierno. d) Moderador: Investigador principal, apoyado en la tarea de registro manual de la información por dos trabajadores sociales. 13 Entre los términos "grupo focalizado", "grupo de discusión" o "entrevista grupal" nos hemos inclinado por el uso de "entrevista grupal", por considerar que responde mejor que los otros dos a los objetivos específicos a alcanzar con dicha técnica. El tema terminológico a este respecto no parece constituir una cuestión de debate en la literatura española. Así la traducción del libro de Richard A Krueger El grupo de discusión. Guía práctica para la investigación aplicada, en Pirámide, Madrid, 1991) el término focus groups se ha traducido como "grupo de discusión", si bien a lo largo del libro se han empleado también los términos de "entrevista a grupo de discusión" y "entrevista grupal". 35
e) Realización: 18 de junio de 1993. (Ver Capítulo 12). Gráfico 1.2. Técnicas aplicadas en la observación del fenómeno del vagabundismo. TECNICAS APLICADAS EN LA OBSERVACION DEL FENOMENO DEL VAGABUNDISMO TECNICA SECTOR OBSERVADOR Observación directa Individuos en Observador: a distancia la calle Investigador principal Entrevista Policía Realizan: grupal local invest.principal trabajador social B. Segunda aplicación de la "entrevista grupal": La aplicación de esta técnica a representantes del cuerpo de Policía Local se explica por la necesidad de obtener información complementaria sobre el número de transeúntes y vagabundos existente en nuestra ciudad, y el interés por obtener nuevos datos sobre el modo de vida de la población vagabunda. Se consideró que aquéllos, que en sus servicios de día y noche recorren toda la ciudad, constituirían una fuente fiable de información sobre estos indigentes. a) Unidad o grupo entrevistado: el grupo estuvo integrado por cuatro agentes de la policía local que se eligieron, entre el colectivo de policías, en tanto que expertos sobre el tema. b) Objetivo y aspectos a estudiar: El grupo fue la ocasión para conocer tanto temas de fuera del grupo (magnitud del fenómeno del vagabundismo, 36
comportamiento de los transeúntes y vagabundos) como aspectos relacionados con el colectivo que representaban los cuatro policías (visión que se tiene de tales realidades, la actuación de la policía). c) Moderador: El investigador principal, ayudado en las tareas de registro por una trabajadora social, experta en el tema. d) Realización: 16 de junio de 1993. (Ver Capítulo 13) Tabla 1.2. Unidades de observación, objetivos, variables, observadores y realización de las técnicas utilizadas en la investigación de la actividad mendicante. Técnicas empleadas Unidad de observación Objetivos Aspectos y variables Observadores Ambito temporal y realización 1ª Observación directa a distancia Ejercicio de la mendicidad en la calle y donantes Número de mendigos, sus características Edad, sexo, compañía, apariencia, estado físico y psíquico, habitual o no Comportamiento de donantes Ochenta observadores Diecinueve de mayo de 1990 2ª Observación directa a distancia Ejercicio de la mendicidad en las iglesias Número de mendigos y características Edad, sexo, comportamiento, aspecto, etnia Ochenta y cuatro observadores Veinte de mayo, 1990 3ª Observac. a distancia Ejercicio de la mendicidad en iglesias Número de mendigos y características Edad, sexo, comportamiento, aspecto, etnia Ochenta y cinco observadores Veinticuatro de mayo, 1992 Observación participante Participar en el fenómeno Conocim. de las circunstancias en que transcurre el fenómeno Características de los donantes Dos chicas jóvenes Veinte de mayo de 1990 Entrevista telefónica Representantes de parroquias e iglesias Localizar mendigos y su número Características de mendigos y opiniones de los entrevistados Cinco entrevistadores Mes de abril, 1990 37
6.2. Técnicas aplicadas en el estudio del fenómeno de la mendicidad Para el estudio de la actividad mendicante se recurrió, asimismo, a diferentes técnicas. Su uso respondía a la necesidad de aproximarse a varias de sus dimensiones significativas (como volumen, eficacia de la actividad, modalidades de mendicidad, opinión de agentes intervinientes) y sin cuyo conocimiento, resultaba difícil captar en su globalidad el significado del fenómeno. Se desarrollan las siguientes: 1. "Observación directa a distancia" (tres aplicaciones) 2. "Entrevista personal telefónica" 3. La "observación participante" 6.2.1. La "Observación directa a distancia" La "observación directa a distancia", tal y como ha sido definida anteriormente, era la técnica más aconsejable con la que el observador podía aproximarse a los aspectos objetivos y externos del fenómeno de la mendicidad practicada en la calle. A. Primera aplicación de la "observación directa a distancia”: a) Unidades de observación: 1) personas que ejercían la mendicidad en las calles del centro urbano de Zaragoza, el día 19 de mayo de 1990; 2) personas que daban limosna b) Objetivos: 1) conocer el número de mendigos que de 20 a 21 horas del día señalado ejercían la mendicidad en el centro de la ciudad; 2) estudiar las características de los mendigos (sexo, edad, tipo de compañía, apariencia externa, estado de invalidez, comportamiento, etnia, tipo de reclamo empleado, estado psíquico aparente, presencia habitual en el lugar); 3) características de las personas que daban limosna (edad, sexo, comportamiento). c) Observadores: 80 observadores, alumnos de la Escuela Universitaria de Trabajo Social San Vicente Paúl. d) Coordinación: Investigador principal. 38
CAPÍTULO 2 HACIA UNA TEORIZACIÓN DE LA POBREZA. LOS INDIGENTES, UNA CATEGORÍA DE POBRES. TIPOLOGÍA Y DEFINICIONES. A través de diferentes y numerosos testimonios podemos conocer en la actualidad cómo en las sociedades humanas de los últimos siglos una parte significativa de las personas que las integraban sufrían situaciones de pobreza y de miseria. Junto con sus descripciones nos han legado también las explicaciones que sobre sus orígenes se ofrecían, la justificación de su existencia, así como las propuestas de medios para paliar o erradicarlas. Las respuestas que los poderes públicos o las iniciativas privadas daban —y que encontramos en la amplia literatura existente sobre el tema— para la satisfacción de las necesidades nos sirven hoy para comprender cómo se entendían esos fenómenos.1 No hace falta ser un experto ni estar muy sensibilizado para apreciar que pobreza y la miseria subsisten hoy; sin embargo, las causas de las mismas, sus manifestaciones, su significado, el número de personas que las sufren, la visión, la sensibilidad y actitud de los poderes públicos y del ciudadano sobre ellas han cambiado radicalmente. Antes de proceder a describir en este estudio una parte de ese fenómeno de la pobreza tal y como se produce y se manifiesta a finales del siglo XX, y en nuestro país, se ha creído conveniente ofrecer un breve repaso a la historia reciente de tales realidades; ello facilitará, sin duda, la comprensión de las realidades presentes. 1 Véanse, por ejemplo, B. Geremek en su libro La piedad y la horca, quien realiza una valiosa presentación de las transformaciones que se han dado en las ideas sobre la pobreza y las reacciones colectivas en relación con ella durante los últimos siglos; o a F. Santolaria, Marginación y educación: Historia de la educación social en la España moderna y contemporánea. 45
1. LOS PRECEDENTES HISTÓRICOS DEL FENÓMENO DE LA POBREZA Por muchos cambios que se hayan producido en los dos últimos siglos en las sociedades occidentales, las de hoy son herederas de aquéllas. La tecnología, los medios de producción, la organización del trabajo, y las posibilidades de desarrollo y de extensión del bienestar a todos los ciudadanos no son los mismos, incluso, que los de hace unas pocas décadas. Con todo, se constata un hecho: las desigualdades se siguen produciendo, y una parte de nuestros conciudadanos sufren la pobreza y la miseria. Pero, cuando hoy los estudiosos se refieren a esas realidades ¿hablan de lo mismo de lo que hablaban los economistas, filósofos y novelistas, por ejemplo, del siglo pasado? En un intento de síntesis se ofrecen ahora las características más significativas del tipo de pobreza que predominó entonces. Como señala Geremek (1986), ya a finales del siglo XVIII, y en la reflexión sobre los pobres, aparecen nuevas cuestiones de discusión. Mientras que hasta entonces el problema había estribado en cómo encontrar los medios para frenar la proliferación de mendigos y vagabundos, se trataba entonces, más bien, de analizar y comprender el pauperismo como fenómeno de masas, y en determinar sus causas y su lugar en el sistema económico. A finales del siglo XVIII y durante el XIX se produjeron significativos procesos sociales, siendo los correspondientes a los de la industrialización los que provocaron profundos y bruscos cambios en el desarrollo de las sociedades europeas. Como indica B. Geremek (1986: 248) "el desarrollo de las comunicaciones y del comercio, la migración interna de la mano de obra, la injerencia de las instituciones de solidaridad, tanto por los que ofrecían trabajo como entre los obreros, introducen mecanismos que regulan y nivelan las diferencias entre salarios y precios." El pauperismo, se señala, había cambiado su carácter, y adquirido una dimensión dramática, introduciendo incertidumbres en las reflexiones sobre el progreso histórico. El problema de la pobreza en los dos últimos siglos hay que inscribirlo, por tanto, en el contexto del desarrollo industrial. La industrialización absorbía las masas de inmigrados urbanos. La población obrera que se había creado como consecuencia de los procesos de proletarización en el campo y en las ciudades, era considerada como caldo de 46
cultivo de la indigencia. Así, las condiciones de vida, la habitabilidad de las viviendas, el estado de salud, las familias numerosas, el aspecto exterior, constituían la base para una identificación entre obreros e indigentes, determinando, por lo tanto, el que la proletarización confiriese al pauperismo una dimensión de masas. En nuestro país, y como apunta F. Santolaria (1997: 237), a partir de 1830, además del pauperismo que provocaron los procesos de industrialización, se produjeron transformaciones sociales, relacionadas con los cambios habidos en el régimen liberal burgués. Así, la descomposición gremial y la proletarización de la mano de obra, el aumento de la emigración campesina (que surgió tras las desamortizaciones agrarias), y que confluyeron en los centros urbanos cuyas estructuras fueron incapaces de asumir los efectos sociales y económicos del impacto inmigratorio, dieron lugar a nuevas condiciones de pobreza. Retomando el discurso de B. Geremek, destacamos las conclusiones a las que llega tras su análisis de los siglos XIX y XX: a) la tendencia general fue la de una mejora gradual de las condiciones de vida de la población obrera y el fin de la identificación obrero-indigente (curiosamente, hasta mediados del siglo XIX, matiza nuestro autor, había perdurado el uso lingüístico de definir a los obreros con el nombre de "pobres"); b) se registró un empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores y el empobrecimiento de algunos sectores; c) el progreso económico no ha conseguido terminar con las desigualdades sociales. A principios del siglo XX el umbral de la pobreza en las sociedades occidentales se caracterizaba más bien por el temor al hambre de las masas de trabajadores. Tras la segunda guerra mundial estudiosos como el americano M. Harrington (1962) ya destacan que "las causas sociológicas y económicas de la pobreza están patentes, y tratan de convencer de que la lucha contra la miseria es posible y de que ésta constituye una de las obligaciones de la colectividad". Ya no se destaca el peligro del hambre o de la desnutrición crónica entre las masas obreras de los países industrializados, "sino un modelo de vida que se aparta sustancialmente de las normas generales de la sociedad del bienestar". Se ha asistido a la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, y se han desarrollado sistemas que garantizan la seguridad en aspectos básicos de la vida de las personas y de las familias 47
(trabajo, salud, educación), promoviéndose formas de asistencia social organizadas, reduciéndose las situaciones de miseria. La acertada formulación que hace B. Geremek del estado de la cuestión sobre los inicios de la segunda mitad del siglo XX, sugiere la reproducción literal del texto: En la evolución del concepto de pobreza en la época moderna es bien visible la gradual disminución de importancia de los móviles éticos y religiosos en favor de un análisis mediato de las categorías de la política social, del interés colectivo o de la razón de Estado. Esta tendencia también está ligada a la formación del pensamiento económico, que considera como una de sus competencias el conocimiento y la estimación de las dimensiones de la miseria y el análisis de las causas del pauperismo. La preeminencia del trabajo como condición apropiada de los pobres es el eje de la visión que fundamenta una actitud común a las diversas opiniones expresadas sobre la cuestión de los pobres (...). Garantizar la posibilidad de trabajo significa asegurar al mismo tiempo una forma de asistencia social y un método de lucha contra la relajación social.2 La etiología de las situaciones de pobreza y de miseria existentes al final del siglo XX en las sociedades desarrolladas, sus manifestaciones, los condicionamientos de su mantenimiento, así como las posibilidades de su superación, responden ya a contextos sociales, económicos y políticos, bastante distintos y nuevos a los que, en resumen, se han dibujado en los párrafos anteriores. Con la intención de introducir la contextualización socioeconómica de esas realidades (y que se concretará aún más en el capítulo cuarto) se presentan a continuación, y también con intención de síntesis, algunos de los rasgos más significativos de las sociedades avanzadas, que se considera configuran la cuestión de la pobreza. Se es consciente, a su vez, que el tema requeriría desarrollos más amplios y profundos; sin embargo, en el marco del objetivo de este trabajo, y admitiendo el riesgo de simplificar fenómenos muy complejos, esos desarrollos (al señalar las tendencias más significativas) parecen ser suficientemente explicativos. Al contrario que en el capitalismo del XIX —en el que había una unión entre el mundo del trabajo y el mundo de la pobreza— en la "sociedad del bienestar", iniciada la segunda mitad del XX, la marginación y la pobreza aparecen como el mundo del no trabajo. De esta manera, y según L. E. Alonso (1999:117), la reivindicación deja de entrar en el marco del 2 B. Geremek, op. cit. pág.255. 48
movimiento obrero y es traspasada al Estado como ejemplo de los fallos del mercado; "era justo el lugar para la intervención activa del Estado, para éste se hiciese asistencial, para legitimarse en función de un bien común que estaba por encima de los intereses de clase." Y en conexión con lo que señalaba anteriormente B. Geremek, el profesor J. Torres (1999) subraya que la situación existente hoy día en las sociedades avanzadas se caracteriza por la cada vez menor capacidad de las rentas salariales para mantener un nivel de vida digna. El desempleo afecta a millones de personas, y cuando se tiene trabajo éste se realiza en precario. El trabajo es más inseguro y temporal o inexistente, los salarios, son más bajos e irregulares, se multiplica el trabajo de baja calidad, añadiendo a todo ello el hecho de que el gasto social es menor. Con diferente grado, se ha provocado en las sociedades europeas, un aumento de la desigualdad salarial y del reparto general de la riqueza. Paradójicamente, en los años en que se ha avanzado más en coordinación macroeconómica en Europa y a pesar de que mejoran las grandes magnitudes económicas, la pobreza y la exclusión social aumentan. Nuestras sociedad, señala Torres López, más avanzadas se enfrentan hoy a gravísimos problemas de segmentación social, de falta de cohesión provocada por el incremento en las desigualdades y, en suma, de insatisfacción y frustración en grandes colectivos sociales que, en otras épocas, parecía que iban a estar ya siempre a salvo de la crisis.3 2. NECESIDAD DE UNA NUEVA CONCEPTUALIZACIÓN DE LA POBREZA A finales de la década de los ochenta y en la de los noventa ha sido muy abundante la reflexión sobre las realidades de la desigualdad y de la pobreza. Las nuevas situaciones y manifestaciones surgidas particularmente en el continente Europeo, y el intento de análisis de las causas y factores que las producen, han conducido a que sean numerosos los autores que han revisado 3 El profesor Juan Torres López, catedrático de Economía aplicada de la Universidad de Málaga, y durante los cursos de verano de 1999 organizados por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en Avila, disertó sobre "Los nuevos retos de la cohesión social.". Parte de su contenido se han resumido en el presente trabajo. 49
conceptos y propuesto otros nuevos con los que poder explicar los fenómenos surgentes. Sintomático de esto es la particular atención que ha tenido en los últimos años el debate sobre las definiciones de "pobreza" y de "exclusión", y acerca de cuáles son sus similitudes y sus semejanzas. P. Abrahamson (1997) señala, por ejemplo, que ha sido testigo "de una importante sustitución en la terminología que ha abandonado el concepto de pobreza por el de exclusión social en las últimas discusiones sobre las situaciones y procesos de privación en Europa".4 En este mismo sentido se expresa A. Bruto da Costa (1999) cuando califica de tradicionales y de no ser ya apropiados algunos enfoques del análisis y de la comprensión de la pobreza. El concepto de pobreza, señala, "que apoyaba demasiado en el aspecto económico y sobre las rentas ha sido pues abandonado en provecho de la noción de exclusión de grupos marginados en relación al modelo dominante." 5 En general, en las Ciencias sociales y sean cuales sean las definiciones que se adopten, una propuesta de las mismas, así como el desarrollo de tipologías, se presentan al investigador como necesarias. Sin estas tareas previas, difícilmente se podrá penetrar en la maraña de aspectos y dimensiones que constituye la realidad social en general y, particularmente, las de la pobreza, marginación y/o exclusión. La referencia a la definición ya presentada que de este término ofreció el Consejo de Ministros de la Comunidad Europea en su Segundo Programa de lucha contra la Pobreza (1984-88) resulta ser adecuada para los fines del presente trabajo. La necesidad de mencionarla de nuevo aquí y ahora viene dada, además, por el hecho de que son aún hoy muchos los expertos que se refieren a la misma cuando tratan analizar los fenómenos de la desigualdad. La expresión "pobre", se afirma en tal documento, se refiere "a aquellas personas, familias y grupos cuyos recursos —materiales, culturales y sociales— son tan limitados que les excluyen del mínimo nivel de vida aceptable en los Estados miembros en los que viven".6 4 Véase el artículo de P. Abrahamson "Exclusión social en Europa: ¿vino viejo en odres nuevos?" en Unión Europea y Estado del Bienestar Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1997. Una exposición del desarrollo reciente de los cambios conceptuales puede encontrarla también el lector en el artículo de Alfredo Bruto da Costa y otros: "¿Pobreza o exclusión?" en la revista de Políticas sociales en Europa, nº 3 5 A. Bruto da Costa, op. cit., pág.11. 6 Consejo de Ministros de la Comunidad Europea. Segundo Programa de Lucha contra la Pobreza, 1984, art. 1.2.2. 50
Igualmente, los investigadores, al tratar de captar y comprender el fenómeno de la pobreza, han establecido desde antiguo diferentes tipologías y categorías de pobres. Al ser diversos los criterios por los que se elaboran tales clasificaciones, éstas han sido numerosas y variadas. Y los hay que avisan de “los riegos que en un tema como éste conlleva cualquier intento clasificatorio, por lo que convendrá estar avisado y andar con pies de plomo antes de introducir el bisturí conceptual y descomponer los tipos en subtipos, las clases en subclases y los pobres en subpobres” (P. J. Cabrera, 1998: 87). En el contexto de esta investigación no interesa ni una exposición exhaustiva de las mismas ni su valoración. En el presente estudio se parte del supuesto de que toda clasificación tiene siempre una particular utilidad analítica para el autor que la establece, quedando tanto los criterios de clasificación como el número de tipos a establecer condicionados por los objetivos del estudio y unos contextos geográficos y temporales precisos. Y se reconoce, asimismo, tanto la dificultad de elaborar una tipología que incluya todas las posibles dimensiones que cualquier realidad social posee, como la dificultad de elaborar tipos que distingan y discriminen con total precisión los múltiples factores que configuran los elementos o unidades susceptibles de clasificación.7 La finalidad de las siguientes consideraciones sobre las tipologías de la pobreza es situar nuestra población objeto de estudio en el contexto y panorámica más generales del fenómeno de la pobreza; es decir, se trata de distinguir las dimensiones de la realidad que sí interesan de las que no. La clasificación que a continuación se presenta no pretende, por tanto, ser tan excluyente en sus tipos que algunas de las categorías que se señalen no puedan ser incluidas, además e indistintamente, en alguna otra. Tratando de reducir de alguna manera las limitaciones analíticas inherentes a toda tipología, y deseando ofrecer una visión comprehensiva e integradora de los diferentes intentos clasificatorios, se ha incluido en el nuestro la referencia a 7 En este mismo sentido se pronuncia P. Carasa en Metodología del estudio del pauperismo en el contexto de la revolución burguesa española. Ponencia presentada al I Congreso de la Asociación de Historia social. Zaragoza. sept. 1990. "Queremos llamar la atención sobre el abusivo recurso que se suele hacer a las tipologías de pobres; según nuestro planteamiento, una tipología no puede agotar el conocimiento de la situación de pobreza de una sociedad, no tiene otro valor que el puramente instrumental..." 51
la correspondencia con los tipos de pobres establecidos según otros criterios de clasificación.8 3. UN ENSAYO DE TIPOLOGÍA DE LA POBREZA En función de esos objetivos señalados anteriormente, se considera que la clasificación basada en el criterio de la posición que los individuos ocupan en la estructura productiva y en el mercado de trabajo es, metodológicamente hablando, y en el contexto del presente estudio, muy apropiada.9 Según esto, los tipos de pobreza quedarían establecidos en: 3.1. Pobres productivos Los pobres productivos serían aquellos individuos que están vinculados a la estructura productiva y que tienen ingresos regulares y un status reconocido. Sin embargo, la compensación económica resulta insuficiente para sí o su familia, no pudiendo alcanzar un nivel de vida mínimo aceptable. Entre otras denominaciones también usuales de este primer tipo general se encuentran las de "pobreza laboriosa", "trabajadores pobres". Se incluirían en esta primera categoría de pobres a la población trabajadora de nivel más bajo, los parados estacionales, peones de la construcción y de la industria, algunos agricultores autónomos y vendedores ambulantes. 8 Un repaso a la propuesta de clasificaciones desde el s. XVI, así como una valoración del porqué de su elaboración se pueden encontrar en P. J. Cabrera, Huéspedes del aire (1998), págs. 21 y sigs. Consideramos oportunas las reflexiones que este autor ha realizado recientemente acerca del hecho de que las clasificaciones (las de antes y las de ahora) acaben fraguando alrededor de los juicios morales sustentados por el clasificador. Más contundentemente se expresa (p. 467) cuando tacha de “recurso, manido y facilón que lleva a buscar precipitadamente una clasificación tipológica de los pobres, como supuesta vía de comprensión del problema de la pobreza extrema”. Como se ha señalado en el texto, y siendo consciente de los riesgos que supone la elaboración de tipologías, se ha visto analíticamente útil el recurso a las mismas. La intención expresa ha sido únicamente esa, y, hasta donde se puede ser consciente, está lejos de nuestro ánimo introducir (como señala Cabrera que sucede frecuentemente) “de modo subrepticio, una visión descalificadora de la pobreza.” 9 Siguiendo este criterio, han elaborado también o asumido tipologías instituciones o autores tales como La Comisión de las Comunidades Europeas (1991), D. Casado (1973, 1990), L. Fernández (1991). 52
Gráfico 2.1. Tipología de la pobreza 3.2. La nueva pobreza En este tipo se incluyen las personas que, siendo potencialmente activos, no han conseguido insertarse plenamente en el mercado de trabajo. Es la pobreza en la que caen los trabajadores que se han quedado sin empleo, los trabajadores eventuales, los que no poseen un trabajo estable, ciertos trabajadores de la economía sumergida; es decir, aquellos que no tienen unos ingresos ni regulares ni suficientes. Los que la sufren ven mermados notablemente sus recursos y asisten, impotentes, al proceso de pérdida de derechos a los diferentes sistemas de protección social. De esta manera, la 53
pobreza va apareciendo en individuos y familias en los que anteriormente no se había sufrido. D. CASADO (1990) incluye en este tipo de pobre las categorías siguientes: a) hijos de familias de activos de bajo nivel socioeconómico en larga busca y espera de su primer empleo; b) jóvenes sin protección familiar ni empleo; c) desempleados adultos, de larga duración, sin subsidios; d) adultos salidos de internados (penitenciaría, asistenciales, sanitarios) en busca de empleo; e) mujeres con cargas familiares necesitadas de empleo.10 Para J. GARCIA ROCA (1991) estos nuevos pobres toman el nombre de "pobres válidos"; esta figura, afirma, se ha convertido en un hecho masivo originado por la crisis económica. En el excluido actual hay un pobre válido que demanda algo más que los sistemas asistenciales; demanda formar parte de una sociedad activa a través de la formación, la competencia y el protagonismo. 11 Algunos sectores de los "pobres productivos", y básicamente las realidades que representa la noción de "nueva pobreza" se corresponderían con lo que viene en denominarse situación de precariedad en el empleo, en los ingresos y en las prestaciones sociales. Asimismo, y en referencia a la noción de "pobreza relativa" (según la cual la pobreza es función de un nivel relativo de ingresos del individuo, que aumenta a medida que se acrecienta la renta nacional) podría concluirse que individuos clasificados como "pobres productivos" o "nuevos pobres" se corresponderían, en cierta manera —y según ese criterio clasificatorio— con situaciones de "pobreza relativa". 3.3. Pobreza no productiva Algunos autores identifican esta pobreza con la "pobreza tradicional" o con el denominado "cuarto mundo" (debido a que el fenómeno es 10 Demetrio Casado en su obra Sobre la pobreza en España, 1968-1990, (op.cit.), presenta diversos criterios de clasificación de la pobreza (págs. 140, 157, 243 y 263; se refiere a la nueva pobreza en pág. 157). En esta categoría cabría incluir a los “pobres urbanos”, “coyunturales” dependientes de los bajos salarios y del empleo ocasional (Los pobres en la Europa moderna, de Stuart Woolf, pág. 17. Edit. Crítica, 1989, Barcelona). 11 J. García Roca, Contra la exclusión: responsabilidad política e iniciativa social. Edit. Sal Terrae, Maliaño, Cantabria, 1991; pág. 10. 54
Se ha afirmado anteriormente que cuando la situación de pobreza es extrema también es apropiado hablar de marginación absoluta; y ello es así porque se considera que en sendas realidades coinciden varias formas de exclusión. Además de esta consideración, puede añadirse la constatación de que los verbos marginar y excluir indican la existencia de unos agentes activos y de unos sujetos pasivos que soportan la acción de los primeros. La aceptación de este significado implica, por tanto, el supuesto de que en la etiología del fenómeno de la pobreza y marginalidad severas concurren en factores exógenos y ajenos a los sujetos marginados. En tanto en cuanto este supuesto sea aceptado, el calificativo de "excluidos", atribuido a nuestro sector de población, parecería ser congruente. Especialmente útil resulta la identificación que algunos autores hacen del contenido del concepto de "exclusión social" con la situación de sectores de población que poseen los niveles de menor renta y que, además, sufren simultáneamente otras carencias. J. NAVARRO (1994) señala a este respecto que al ser en lo cualitativo un concepto sociológico y dinámico identifica los sectores más pobres y vulnerables, y añade "es de gran utilidad operativa para el planeamiento y desarrollo de actuaciones prácticas [...] Sus márgenes son muy coincidentes con los grupos de población con niveles de menor renta o en pobreza severa, y sus carencias económicas correlacionan fuertemente con otros déficits (bajo nivel cultural y profesional, desempleo, enfermedad, ciertas situaciones de marginalidad)." Un desarrollo más reciente de la posibilidad explicativa de este concepto lo ha realizado J. P. Cabrera (1998). Coincide este autor con J. Navarro al señalar que no sólo correlaciona con un componente económico, sino que la exclusión social conlleva otras limitaciones referidas a las relacionales (relaciones de trabajo, las de parentesco, amistad, etc.). El énfasis en estas interinfluencias corroboraría también lo dicho anteriormente de la relevancia de los factores exógenos a los individuos. Y en referencia particular al sector de población por el que nos ocupamos este autor señala: (...) una comprensión sociológica en profundidad de las conductas individuales de quienes se ven envueltos en este problema, sólo es posible si se consideran tales conductas al interior de trayectorias biográficas típicas, encuadradas dentro del marco global de las relaciones de desigualdad existentes en un momento dado y en una sociedad concreta. Lo que implica considerar el problema del sinhogarismo como una realidad social de carácter sistémico, vinculada a la estructura de clases y a la estratificación social.19 19 J. P. Cabrera (1998), Huéspedes del aire, Madrid, Inv. Pontificia de Comillas, pág. 155. 61
En este mismo sentido, resulta también sugerente la definición que la antropóloga francesa Martine XIBERRAS (1993) ofrece de exclusión social, y en la que enfatiza la acción de agentes externos al individuo: "excluido es aquel que es rechazado fuera de nuestros espacios, de nuestros mercados materiales y/o simbólicos, fuera de nuestros valores".20 Se expone con más detalle la propuesta que A. Bruto da Costa (1998) ha realizado sobre el debate entre la utilización de los conceptos de pobreza, marginación y exclusión social, y ello debido fundamentalmente a la sistematización que ofrece del tema y a que por nuestra parte se participa del tratamiento y conclusiones que este autor alcanza. Para Bruto da Costa la pobreza tiene una relación con los recursos, la exclusión social va más allá de la pobreza, es más global y se refiere a aspectos que no están reflejados por los indicadores económicos. La exclusión social dirá "es algo más que una cuestión de dinero". Más en concreto, afirma que la exclusión social se manifiesta: Por unos bajos niveles de vida y una calidad de vida insuficiente, la discriminación y hostilidad sociales, la estigmatización, una imagen negativa de los grupos de pertenencia, la falta de acceso a la protección social, a la ciudadanía social, a la vivienda, a los equipamientos públicos y a los medios de comunicación, la ausencia de conocimientos e información, una salud frágil (a la vez causa y consecuencia de la pobreza), aislamiento y soledad fuera de la familia y la comunidad, sentimiento de haber sido olvidado.21 También sugerente es el intento de diferenciación entre "marginación" y "exclusión", y que este autor atribuye a los autores británicos, cuando afirma que aquéllos hablan más de "proceso de marginación" que de "exclusión social", pues consideran que esta última fase es extrema del proceso de marginación; asimismo, la noción de marginación tiene el mérito de introducir la idea de un estado en el cual una persona o un grupo conserva aún ciertos lazos con la familia y la comunidad. Esta última idea se correspondería con la que insinúa la interpretación literal de lo que significa 20 El concepto de "exclusión" esta siendo cada vez más utilizado entre los autores españoles. Entre otros, se pueden señalar al citado J. Navarro (Documentación Social, nº 96, Julio-Sept. 1994, en la Introducción), a J. García Roca, Sal Terrae, tomo 81/5 (nº 957, mayo 1993), y el capítulo de los autores M. Aguilar, M. Gaviria y M, Laparra "Aproximación teórica del concepto de exclusión" en el libro Desigualdad y pobreza hoy, coordinado por F. Alvarez Uría, Edit. Talasa, Madrid, 1995. La definición de "exclusión" de Martine Xiberras aparece en su libro Les théories de l´exclusion, Méridiens Klincksieck, París, 1993; pág. 21. 21 A. Bruto da Costa,"Pobreza o exclusión", en la revista Políticas sociales en Europa, nº 3 62
en castellano el término marginal, como sería la de estar o dejar en los márgenes de, no totalmente fuera de algo. En este contexto de desarrollos conceptuales (y como exponente a su vez de la complejidad de estas realidades y de los rápidos cambios que acerca de las propuestas se están produciendo en ese sentido) resulta también de interés la reflexión de R. Castel (1997) cuando considera que el concepto de "desafiliación" posee más valor explicativo que el de "exclusión". Al responder a la pregunta de cómo se alimentan los espacios de la integración, de la vulnerabilidad y de la exclusión, y al referirse a una situación de crisis económica (con generalización del desempleo), la zona de vulnerabilidad se dilata, gana terreno sobre la integración y alimenta la desafiliación, que entiende como “ausencia de participación en alguna actividad productiva y el aislamiento relacional” (llegando incluso a ser rechazado de la zona de asistencia, no existen redes de protección). La riqueza de contenido y la utilidad del concepto de desafiliación para la comprensión de la realidad que nos ocupa van unidos, obviamente, al significado del de afiliación. Tal vez heredado de la disciplina de la Psicología social, esta noción representa la tendencia humana que lleva a buscar la compañía, el contacto social de otras personas; y su función consiste en garantizar la supervivencia tanto del individuo como de la especie. La afiliación con otros sirve para reducir la ansiedad y el miedo, brinda un criterio de comparación de nuestras propias actitudes y habilidades (J. F. Morales, 1997: 410). En ese sentido, A. López Jiménez (1996: 81), y al referirse particularmente a la agrupación de voluntades para la acción colectiva, habla de cómo el sujeto, actor social, “aprovecha sus afiliaciones primarias y crea desde el marco concreto de su socialización la alianza con otros grupos. La presencia de relaciones comunitarias caracterizadas por ideas convergentes, por relaciones sociales directas y múltiples y guiadas por el principio de reciprocidad, genera lealtades esenciales para la acción social, reafirma a quienes las viven en su razón colectiva de vivir e impulsar lo que podríamos llamar el furor colectivo de vivir.” El “desafiliado”, aplicado a nuestra población indigente, no tendría o no buscaría tampoco el contacto ni alianzas sociales. Sus relaciones tampoco estarían guiadas por un principio de reciprocidad; en situación de extrema desafiliación cabría hablar de un estado de autismo, por el que el individuo queda aislado de su entorno y encerrado en sí mismo. 63
Y afirma "en lugar del tema hoy en día abundantemente orquestado de la exclusión, yo preferiría el de la "desafiliación" para designar el desenlace de este proceso. No es ésta una coquetería de vocabulario. La exclusión es inmóvil (...) Hablar de desafiliación, en cambio, no es confirmar una ruptura, sino retrazar un recorrido".22 5. DESARROLLO DE LAS DEFINICIONES DE "TRANSEÚNTE", "VAGABUNDO" "BOHEMIO" Y "MENDIGO' Si, como ha quedado patente, las categorías de transeúnte, vagabundo y mendigo, tienen en común la característica de sufrir una pobreza y marginación extremas, se hace necesario, sin embargo, tratar de subrayar más específicamente los rasgos propios de cada una de ellas. Entre los numerosos estudios que sobre el tema se han realizado en los últimos años —y que resultaría prolijo enumerar— los hay que utilizan con un significado muy amplio esas tres nociones; sirviendo, en ocasiones, cada uno de ellas, como de cajón de sastre donde caben variadas realidades marginales. Hay autores que han advertido y explicitado la carencia de análisis explicativos y sistemáticos sobre esta población indigente; y los hay, también, que a pesar de las dificultades que supone su elaboración los han realizado, y con acierto.23 La razón de que tales nociones se utilicen con ambigüedad, y de que su uso sea indistinto radica, precisamente, en el hecho de que son muy numerosos los sujetos que simultanean —dependiendo de múltiples circunstancias— la práctica del nomadismo, del vagabundismo y la de la mendicidad. 22 Robert Castel, La metamorfosis de la cuestión social, op. cit. págs. 16-19 y 447 23 Entre los autores, cabe destacar a P. J. Cabrera en los Transeúntes y el ingreso Madrileño de Integración, Escuela Universitaria de Trabajo Social, Univ. Pontificia de Comillas, Madrid. Angeles Manrique et al., , Análisis de la población transeúnte asistida por el CEDIA, Cuaderno INAS, núm. 9, marzo, 1983. Equipo IMI, Ingreso Madrileño de Integración. La Exclusión. Vol III, Comunidad de Madrid, 1991. En relación a la amplitud de contenido que se ha dado al término transeúnte, resulta ilustrativo la definición que se daba al mismo en un estudio (que se remonta al año 1974); publicado en Documentación Social, nº 20 se afirmaba que el concepto de transeúnte "es en definitiva equivalente a los de mendigo y vagabundo..." (pág. 8). 64
Con todo, la constatación de que se dan casos que responden a significados estrictos de las nociones de "transeúnte", "mendigo" o "vagabundo", y a arquetipos puros, justifica y exige el que los estudiosos traten de definirlos con mayor precisión. Hay personas que por profesión o por desarrollar una acción voluntaria con estos sectores de población saben de la existencia de individuos en los que predomina un tipo de vida trashumante (y que raramente mendigan); distinguen a otros que sobreviven principalmente gracias a la actividad mendicante (y que no cambian de lugar de residencia); y advierten, también, que hay sujetos que vagando siempre por la misma ciudad raramente mendigan. La solución a esta cuestión semántica parecería estar en hallar aquellos vocablos unívocos que fueran totalmente apropiados y ajustados a cada una de las diversas situaciones de vida. No existen en lengua castellana tantos vocablos que alcancen a definir con precisión todos los posibles subtipos a que da lugar el cruce de las variables "nomadismo", "mendicidad" y "vagabundismo"; y ello, demás, en sus diversos grados de intensidad. De ahí el que los estudiosos del tema deban recurrir a vocablos cuyo significado sigue siendo tan amplio que necesariamente resultan equívocos. Otros recurren al empleo de dos vocablos, tales como "transeúnte marginal", "sin techo", "transeúnte alberguista", para suplir tal carencia. Finalmente, el investigador debe optar —para que la observación y análisis sean posibles— por recurrir a definiciones operativas, de validez a menudo restringida al contexto de su investigación. En el lenguaje común se usan de manera indistinta los términos de vagabundo, transeúnte y mendigo. En la literatura especializada se utiliza, también, y con mayor o menor precisión, y como sinónimos del término transeúnte, expresiones tales como "los sin techo" y, en menor medida "carrilanos" y "chopanos". La expresión "sin techo" se ha introducido más recientemente con éxito en los escritos de los estudiosos del tema y está siendo también de uso muy común en la literatura periodística. En sentido estricto, el contenido de esa expresión, usado indistintamente, podría dar lugar también a equívocos. Únicamente debería ser de utilidad entre nuestros autores cuando hiciera referencia realmente a los que no tienen un techo donde pernoctar 65
(entendiendo el vocablo en su sentido literal). Con este significado, los "sin techo" serían los que de manera muy habitual viven en la calle y, al no usar los albergues, pernoctan a la intemperie, en los soportales de los edificios, bocas de metro, o en chabolas o casas semiderruidas.24 Sin embargo, dada la gran acogida que este término ha tenido, y puesto que el significado que se le otorga incluye ya otras situaciones (concediéndole así un alcance más general) se ha considerado oportuna su utilización en este trabajo para señalar también a la población indigente aquí estudiada. Más clarificadora y congruente con el modo de vida de los transeúntes parecería ser la utilización del término "sin hogar" o "sin casa" (y que equivaldría a la traducción del término usado en inglés homeless para designar a los transeúntes). El no poseer un hogar significa, no sólo no poseer un techo o alojamiento estable, sino, además, carecer de unas relaciones familiares o comunitarias. Tal denominación, sin embargo, no ha logrado establecerse entre los autores españoles.25 Finalmente, y tratando de zanjar un debate que, en el estado actual de la cuestión, no conduce a conclusiones definitivas, se ha optado, en nuestro trabajo, por definir con mayor precisión los términos de transeúnte, mendigo y vagabundo. Se establecen también los subtipos necesarios, de manera que las diversas situaciones y circunstancias de vida que configuran el fenómeno queden no sólo incluidas sino también diferenciadas. 5.1. La noción de transeúnte La definición, acepciones y sinónimos que del vocablo "transeúnte" ofrece el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia no hacen referencia alguna al significado que en las Ciencias Sociales en general, y la 24 Este es el sentido que se le da a los términos "sin techo", creemos que con acierto, por el Equipo IMI, Ingreso Madrileño de Integración. La exclusión. Vol. III, op. cit., pág. 70. 25 En este sentido, parece acertada la aportación que se hace en el "Segundo Informe del Observatorio Europeo para los 'sin techo'", (1993), y cuyo resumen presenta Mary Daly en el Dossier núm. 32, nov. 1993, del Servicio de Documentación de Cáritas, titulado “Transeúntes y colectivos sin techo”. Para una revisión detallada de los diferentes términos, tanto en lengua castellana como en la francesa e inglesa, puede recurrirse a F. García Tutor en Consideraciones sobre algunos términos relacionados con el colectivo transeúnte. Encuentro Estatal del Programa Transeúntes y Colectivos sin techo, El Escorial, 7-9 de febrero, 1992. Entre los términos más usados en los países de nuestro entorno estarían: sans abri, clochard, homeless, beggard, tramp, vagrant, hobo ( en USA), idle loafe, isensa tetto, isensa fissa dimora. 66
literatura especializada, en particular, se da a dicho término. Así "transeúnte" es definido como la "persona que transita o pasa por un lugar. Que está de paso, que reside transitoriamente en un sitio. Viandante, caminante, peatón". Como el lector puede advertir, esta definición resulta escasamente útil para los objetivos aquí planteados. De las numerosas definiciones que de la población transeúnte se han elaborado en los últimos años, unas tienen su origen en la necesidad que las distintas instituciones tienen para delimitar la población que debe y puede ser atendida. Otras definiciones las ofrecen los investigadores, normalmente para estudios que tienen un carácter aplicado. Como ejemplo de las primeras tenemos las presentadas en los proyectos o memorias de albergues y comedores (normalmente precisas y operativas); o también las elaboradas para el establecimiento de planes regionales o municipales de servicios sociales.26 Y, como muestra de las segundas, señalar las formuladas, por ejemplo, en los estudios realizados con anterioridad a la implantación, en las diferentes autonomías, de las rentas mínimas de inserción. Una constatación se hace patente ya a este nivel de la reflexión, y es la de que no existe una definición que sea comúnmente aceptada, ni siquiera por las diferentes administraciones públicas. Lo indicado hasta ahora hace suponer, asimismo, que las dimensiones y variables que se incluyen en las definiciones son, a veces, diversas, como lo han sido también los criterios para la selección de los mismos. Del análisis de los contenidos de diferentes definiciones se desprenden diversas notas y características atribuidas al fenómeno del transeuntismo y que pueden considerarse como denominadores comunes a todas ellas. Una primera característica es la de su multidimensionalidad. Significa esto que las situaciones de vida comunes a todo individuo clasificado como transeúnte — o las notas contenidas en un posible tipo ideal— harían referencia a carencias en varias dimensiones de su vida social e individual. 26 En el Mapa de la Acción Social de Aragón (Diputación General de Aragón, Departamento de Sanidad, Bienestar Social y Trabajo, 1987), se define el término transeúntes como "el grupo de personas que condicionadas por determinadas circunstancias sociales o por propia voluntad se trasladan de ciudad en ciudad buscando medios y ámbitos de vida adecuados a sus necesidades y expectativas" (Vol. I, pág. 321). Y en el Plan Municipal de Servicios Sociales, 1990-94 (Zaragoza, 1990), se incluye como "sector de transeúntes" al conjunto de personas que no estando empadronadas, no teniendo su residencia en la ciudad de Zaragoza, están en situación de desarraigo y carecen de recursos personales y económicos para afrontar su situación" (pág. 27). 67
Por lo que respecta a su vida social, tales dimensiones pueden sintetizarse en las siguientes: - la actividad productiva; - la residencia; - las relaciones familiares; - y las relaciones sociales. Las dimensiones referidas al sujeto como individuo —fácilmente distinguibles en el análisis, pero íntimamente relacionadas en su etiología con las otras— son: - el deterioro físico (falta de higiene, aparición de pluripatologías, alcoholismo); - el deterioro psíquico; - el mundo de las actitudes en su relación con el entorno, que se manifiesta en la carencia de sentimientos de pertenencia, y en la no participación en la vida social. Implícitas en el concepto de multidimensionalidad están las ideas de simultaneidad e interdependencia; es decir, la constatación de que concurren, en la mayoría de los casos, y al mismo tiempo, todas o la mayor parte de las dimensiones. A su vez, los numerosos aspectos y variables que componen tal realidad están, de hecho, íntimamente interrelacionadas; y ello de tal modo que, en el intento de establecer la etiología de las mismas, resulta difícil distinguir con precisión cuáles son las variables independientes de las intervinientes. Las carencias en la dimensión productiva se operacionaliza constatando la situaciones de ausencia de trabajo e inestabilidad o precariedad del mismo y que ocasionan, a su vez, la falta de medios económicos necesarios para subsistir. La falta de residencia remite al carácter trashumante de los transeúntes. En su mayoría son personas que no tienen establecida su residencia (y que ni siquiera están empadronadas), y recurren a veces a itinerarios fijos entre las grandes ciudades. Esta característica conlleva el que el alojamiento diario resulte inseguro, y que cuando se dispone de él no reúna las mínimas condiciones de habitabilidad. 68
El carácter itinerante supone, por tanto, un estilo de vida desarraigado, según el cual los lazos con la familia (caso de existir ésta) serían, o bien inexistentes, o muy tenues. Lo mismo cabría decir de otras redes primarias e informales de relación social, como pueden ser los amigos o vecinos. Estas personas, necesitadas con urgencia de unos mínimos para sobrevivir, se ven abocadas a recurrir y, en última instancia a depender, de los servicios prestados por las instituciones benéficas o de asistencia social (comedores, albergues, roperos, etc.) La inestabilidad laboral y la carencia de domicilio fijo están condicionando, asimismo, una posible interacción del transeúnte con diferentes grupos secundarios y, en general, todas sus relaciones sociales. Como consecuencia de todo ello, estos individuos quedan separados de la comunidad, sufriendo el aislamiento y la soledad. 27 Cualquiera que sea la explicación que se dé del proceso que ha conducido a estas personas a su situación de marginación severa, el caso es que la sociedad —excepción hecha de algunas instituciones y organismos y de un reducido número de ciudadanos— responde a la inadaptación de estos individuos con la exclusión y con la consideración de desviados sociales. Otra importante característica que se distingue en el fenómeno del transeuntismo es la de que la intensidad con que se viven las carencias referidas varía de una dimensión a otra (actividad productiva, residencia, salud, etc.). En este sentido, cabrían diferentes posibilidades, dando lugar, a su vez, a un mayor o menor grado de deterioro y de cronificación del individuo transeúnte. La consideración de la realidad del transeuntismo como un continuum es, sin duda, de gran utilidad: ayuda a comprender el hecho de que está configurada por diversidad de situaciones, advierte que en su etiología aparecen variados e interdependientes factores, y descubre que las situaciones se viven con diverso grado de intensidad (cuyos extremos ofrecen una base para el establecimiento de tipos de individuos). El concepto de continuum incluye, además, la consideración —significativa desde el punto de vista analítico— del fenómeno como un proceso. 27 Acerca de la explicación de las notas de la definición del fenómeno del transeuntismo resulta de interés hacer referencia al exhaustivo estudio presentado por la revista de Cáritas Española Documentación Social, números 60-61, julio-diembre, 1985; págs. 11, 483-485. 69
Los sujetos que inicien su andadura en este modo de vida tienen mucha posibilidad de que se impliquen en un proceso en el que, a través de diferentes fases, que han requerido un mayor o menor tiempo, se evolucione y se derive hacia situaciones de total deterioro físico, psíquico y social de los individuos. A este respecto, la calificación de dicho proceso como un proceso degenerativo vital resulta verdaderamente apropiada. La aportación que, en este mismo sentido, se hace en el Segundo Informe del Observatorio Europeo para los sin techo, 1993 es también esclarecedora: "[...] se concibe mejor el fenómeno de los sin techo cuando se lo considera como un continuum de condiciones y de necesidades. Al final de este continuum está la gente sin un techo en el que cobijarse, durmiendo, quizás, en las calles o en otros lugares públicos. En el otro extremo está la gente que vive en un alojamiento seguro y asequible, que les garantiza las condiciones para satisfacer sus necesidades sociales y emocionales. En medio se da una variedad de condiciones de vida que varían en la medida en que satisfacen las necesidades de sus residentes".28 El transeuntismo se caracteriza, además, por ser una realidad que se manifiesta y se hace visible ante el ciudadano, en todas las épocas del año, en cualquier momento del día, y en cualquier lugar de nuestras ciudades. Su presencia resulta realmente ostensible, adquiriendo en numerosos casos la apariencia de patética debido al grado de deterioro físico y psíquico que presentan. Diversas son, por otra parte, las actitudes y reacciones que tal fenómeno provoca entre los ciudadanos. En todo caso, su visión resulta extraña e inquietante; para algunas personas su encuentro llega a intimidarles e incomodarles; y los hay, también, a quienes su presencia en la calle alcanza a preocuparles y conmoverles. Como se ha afirmado anteriormente al tratar de establecer la tipología de la pobreza, también ahora, al hacerlo del fenómeno particular del transeuntismo, procede recordar que su elaboración constituye una tarea difícil —dificultad que surge de la complejidad de la misma realidad— y también arriesgada. Hay que reconocer, en principio, la imposibilidad metodológica de resumir y acotar la múltiple y variada casuística que configura el fenómeno. Tratar de agrupar los diferentes casos particulares en 28 Resumen que Mary Daly realiza en Dossier de Cáritas, núm. 32. 70
5.3. El bohemio También la noción de vagabundo incluye variedad de situaciones y sujetos con comportamientos y actitudes muy dispares. Se acaba de señalar el comportamiento antisocial de algunos; sin embargo, existen también personas nómadas cuyos valores y formas de vida tienen un significado opuesto. La literatura sociológica se refiere a esta variante de vagabundos con el término de "bohemios". Parece oportuno, a este respecto, citar a TALCOTT PARSONS (1985) quien, en el capítulo siete de su libro El sistema social, analiza la conducta desviada y al considerar las formas en que los factores de la conducta desviada tienden a estructurarse en tipos, afirma:34 (...) De otra parte, el conformista orientado hacia la pasividad puede estar predispuesto hacia una pauta tal como el 'vagabundo', evitando hasta el máximo la implicación en el sistema de expectativas positivas de la sociedad. El vagabundo, cabe suponer, se preocupa ante todo de proteger su libertad, y está dispuesto a pagar por ella lo que otros considerarían un precio exorbitante. Más que nada, desea que lo dejen solo para vivir su vida en la forma que le parezca, sin reconocer obligaciones para con nadie. La persona que tenga unos recursos económicos que le permitan una libertad similar sin necesidad de sacrificar su nivel de vida habitual podría ser un caso psicológicamente comparable; este es quizá un factor de la 'bohemia'[...] En nuestra sociedad, el vagabundeo, con variantes tales como la bohemia, parecen sobre todo encontrarse orientados hacia la elusión pasiva de aquellas obligaciones que significan el atenerse a las reglas. Al carácter lúdico de un tipo de vagabundismo, cuantitativamente poco significativo en nuestro país, se refiere también D. CASADO (1990) en su libro Sobre la pobreza en España (1965-1990), cuando afirma de los "bohemios" y "vagabundos": "En todas las sociedades se registra un flujo continuo de individuos que rechazan la reglas de juego del sistema económico y social. Algunos desarrollan esta actitud mediante el enfrentamiento positivo, más o menos violento, en la lucha social o política. Otros, en cambio, resuelven su conflicto dedicándose a una vida marginal [...] Rechazan participar en el intercambio convencional de la economía, la sociedad, la política y se orientan hacia el cultivo de las letras y las artes o hacia el vagabundeo lúdico o hacia la contemplación [...] Quienes, de entre éstos, carecen de recursos familiares y no logran colocar en el mercado eventual producción cultural, ven degenerar su bohemia en pobreza. Ella les presiona a procurarse medios de 34 Talcott Parsons. El sistema social. Alianza Editorial, Madrid, 1985. págs. 269 y 273. 77
subsistencia por los más diversos procedimientos [...] Los contraculturales más marginales de hoy no tienen inconveniente en financiar su vagabundeo mediante limosnas ocasionales [...]". 35 No resulta extraño ver usado en la literatura española el término francés clochard para hacer referencia en algunos casos al fenómeno del vagabundismo, en su acepción más general; y, en otros, a un tipo muy particular de vagabundo que no se caracterizaría ni por su conducta antisocial, ni por el carácter lúdico ni contracultural. Muy posiblemente, el recurso entre los autores españoles al vocablo clochard sea debido a que no existe en castellano un término que defina y remita a la situación designada por el vocablo francés: realidad y circunstancias propias de las grandes ciudades. Dado el interés que el concepto y término de clochard suscita, ha parecido procedente hacer referencia, brevemente, a dos fuentes explicativas de la literatura francesa. Una, la definición que del vocablo ofrece el Diccionario de la Lengua francesa Le petit Robert, donde se afirma que el clochard es: "Persona socialmente inadaptada, que vive sin trabajo ni domicilio en las grandes ciudades".36 La segunda de las fuentes la constituye la obra Clochard, del etnólogo francés PATRICK GABORIAU (1993). El libro es el resultado de la observación y experiencias del autor —que compartió la existencia de un grupo de vagabundos parisinos durante dos años—. En él se afirma que el clochard "se define por su lugar de vida. Para él el cobijo constituye un problema. Negativamente, es una persona que no posee espacio privado reconocido, positivamente, es el que vive en los lugares públicos".37 Merece la pena detenerse algo más en la descripción que P. GABORIAU hace de la vida de estos vagabundos, ya que, además de constituir un extenso y riguroso análisis, abunda en datos que facilitan la distinción de esa población con nuestros transeúntes o algunos de "los sin techo". 35 D. Casado, Sobre la pobreza en España (1965-1990), op. cit. págs. 264 y 265. 36 Dictionnaire de la Langue Française "Le petit Robert, de Paul Robert, Societé du Nouveau Littré. París, 1970. 37 Patrick Gaboriau, Clochard. Ed. Juliard, Lonrai, 1993, pág. 12. 78
(...) La vida del clochard parece construida alrededor de tres influencias principales que interactúan. La cultura obrera es uno de los ejes importantes que sirven de fundamento a los comportamientos y a los puntos de vista de los clochards que yo conozco, salidos del medio obrero. El contexto de su infancia parece esencial [...] En segundo lugar, el clochard perpetúa una cultura de la calle. Cualquiera que sea extensión actual, la vida marginal no es un fenómeno nuevo, específico de nuestra época; muy al contrario ella se inscribe en una continuidad que le da cuerpo y sustrato. El 'sin techo', respecto a las personas que le han precedido en la calle, hereda una tradición a la que da vida. En fin, el clochard vive una cultura condicionada. El lugar marginal que ocupa en la ciudad influye en su organización material y su visión del mundo.38 Y en otro de los apartados del libro, P. GABORIAU, refiriéndose a las lógicas del clochard afirma: (...) El clochard lleva una existencia ordenada. Vive en un mundo organizado alrededor de ritmos precisos, posee una concepción particular del tiempo y del espacio, actúa en función de esquemas mentales, con hábitos regulares. No es asocial o desocializado como lo entiende una idea preconcebida, al contrario, trata de vivir 'como todo el mundo', y se refiere a valores de normalidad[...] Lejos de vivir en un mundo de marginales sin fe ni ley, yo he descubierto un universo construido.39 5.4. El hobo, de Nels Anderson Parece obligada, en un análisis como el que se pretende realizar en este trabajo, la referencia al ya clásico trabajo del etnólogo norteamericano NELS ANDERSON (1923) sobre esta población, titulado en el original inglés The hobo.40 A pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, y de que su análisis corresponde a una sociedad muy distinta a la nuestra, la pervivencia, sin embargo, de los "sin techo" en nuestros días, las detalladas descripciones y clasificaciones que presenta, y las sugerencias metodológicas que incluye, hacen del libro —así lo creemos— un referente analítico todavía valioso. 38 Ibidem, pág. 15. 39 Ibidem,, pág. 174. 40 El libro de Nels Anderson fue publicado en 1923 por la Universidad de Chicago, y constituye uno de los trabajos de etnología urbana representativa de la Escuela de Chicago. En el presente estudio se ha recurrido a la traducción francesa de esa obra: Le hobo: sociologie du sans abri. Ediciones Nathan, Condésur-Noireau, 1993, 319 págs. El alcance de la traducción castellana aquí presentada se limita al presente estudio y es responsabilidad únicamente nuestra. 79
Aunque reconocía que no podían establecerse sus límites de contenido con precisión, N. ANDERSON distinguía la existencia de cinco tipos de los "sin techo": 1. Homeless, en la edición inglesa; sans abri, en la edición francesa; 2. El trabajador estacional, el trabajador temporero ocasional (o hobo); 3. El vagabundo; 4. El clochard, y 5. El casanier : 41 (...) Los trabajadores estacionales Son hombres que tienen ocupaciones definidas en cada estación. El itinerario anual de sus actividades les conduce a través del país, a menudo entre estados diferentes. Estos hombres pueden así trabajar durante la estación fría en la industria del vestido, pero durante el verano, se emplean en pequeños trabajos; o bien pueden tener un trabajo estable en verano, y hacer pequeños trabajos en invierno [...] El hobo: Es un trabajador trashumante en el sentido estricto del término. Trabaja dondequiera que se le presente la ocasión, en fábricas, almacenes, minas, en el campo, y acepta no importa qué empleo entre todos los que se les presentan en su camino, sin atender a la época o a la estación. Para muchos hobos el ámbito de actividades es tanto el nacional como el internacional. Puede ser que entre dos empleos él cambie de continente [...] Puede tener un oficio o incluso una profesión. Puede, incluso, mendigar entre dos trabajos, pero su subsistencia está asegurada por su trabajo, lo cual le sitúa en la categoría de los hobos. 42 El término vagabundo —matiza nuestro autor— también es utilizado con un contenido general, y puede ser aplicado a todos los tipos de los "sin techo" y personas nómadas. Sin embargo, añade, aún se puede emplear con un significado más restringido, para designar a un grupo específico. El vagabundo (vagabonde, en la edición francesa; tramp, en el original en inglés): Individuo de buena constitución, animado por el deseo romántico de recorrer el país y de enriquecerse de nuevas experiencias y que nunca trabaja(...). No es, generalmente, ni un borrachín, ni un clochard, sino un individuo despreocupado que vive al día por el simple gozo de existir. El casanier (homeguard en el original en inglés): Estos hombres hacen de manera regular o irregular trabajos no cualificados, tareas en el día y de pequeños trabajos[...]; llama la atención de las organizaciones de caridad o de policía, y raramente piden limosna en la calle. Muchos de ellos viven desde hace años en Chicago; perciben ingresos, a menudo, de alguna familia de alta posición en una comunidad lejana, que le envía regularmente una pequeña pensión alimenticia para mantenerles alejados de casa. El clochard (bum, en el original en inglés): Como el vagabundo, está poco dispuesto a trabajar y vive de limosna y de pequeños hurtos. Es relativamente sedentario. Es el más irrecuperable y que tiene menos recursos de entre los "sin 41 Ibidem, cap. VI, págs. 111-127. 42 Ibidem, cap. VI, págs. 111-127. 80
techo"; este tipo incluye el borrachín empedernido y el toxicómano. Viejos, débiles e incapaces de trabajar; son, entre los indigentes, los que dan más lástima y aversión.43 tituye la "fuente de un problema que no parece vaya a desaparecer un día."44 Tabla 2.1. T variables "actividad laboral" y "nomadismo" Estacional ocasional trabaja A pesar de los setenta años transcurridos desde que se publicó el libro de N. ANDERSON el análisis que realiza de los "sin techo" resulta de gran actualidad. Acerca, por ejemplo, de la clasificación que establece, reconoce que los tipos son intercambiables: el trabajador estacional, puede caer o acabar en hobo; éste, a su vez, puede deteriorarse hasta volverse un vagabundo. Asimismo, afirma, nunca se reconocerá suficientemente la diferencia —y que es importante— entre los tipos de nómadas y los tipos de sedentarios sin domicilio. También resulta sugerente su afirmación —y que es relativamente válida ya que son muchos los años transcurridos— de que esa masa de población integrada por los "sin techo" cons ipología de los "sin techo" según las Nomadismo “travailleur saissonier” “Hobo” “tramp” “vagabonde” Sedentarismo “homeguard” “casanier” “bum” “clochard” Elaboración propia, a partir de la tipología de Nels Anderson. opc. cit. caps. VI y VII. utilizados o el término francés correspondiente. En la tabla 2.1 se ofrece y resume la tipología que N. ANDERSON establece de los "sin techo", cruzando las variables "actividad laboral" y "nomadismo". Se ha considerado de interés mantener los términos en el original inglés, así com 43 Ibidem, cap. VI, págs. 116 y 120. 44 El lector puede encontrar un resumen y valoración del trabajo de N. Anderson en D. Matza, El proceso de desviación, (op.cit.), págs. 38 y sig., y 63. 81
5.5. La noción de mendigo El intento de aproximación al fenómeno de la mendicidad constituye, igualmente, una tarea compleja. Supone el que se haya definido lo que se entiende por tal, y distinguido las formas que adopta. Al observador riguroso no parecen serles muy útiles ni la idea común que el ciudadano tiene de la mendicidad, ni las definiciones generales que del término se ofrecen en los diccionarios. De la amplitud de contenido que se le da al vocablo mendigo y, por lo tanto, de lo ambiguo que resulta el mismo, da cuenta el hecho de que se utilice también como sinónimo de nociones tales como indigente, vagabundo y transeúnte. Incluso en los medios de comunicación aparece muy a menudo esta confusión, apreciándose cómo se utiliza el término mendigo para designar a cualquiera de las personas pobres e indigentes. Como ya se expuso al definir cada uno de esos términos, la posibilidad de que el uso sea indistinto proviene de que algunos sujetos que se incluyen dentro de tales categorías también practiquen la mendicidad (si bien con distinta dedicación y dependencia). Parece lógico entender hoy en día que el individuo que practica la mendicidad debe ser considerado pobre o indigente. Sin embargo, ya no los pobres o indigentes, en general, pero ni siquiera todos los transeúntes ni vagabundos se dedican por entero a la mendicidad ni su supervivencia depende únicamente de lo recaudado con ella. Estas consideraciones, y el dato de que haya indigentes cuyo estilo de vida habitual sea el de la mendicidad (a tal actividad dedican gran parte de su tiempo, y no buscan un trabajo, son sedentarios y no vagan de una ciudad a otra) justifica el que se le conceda en este estudio un apartado diferenciado a la actividad mendicante como tal. En el Diccionario de la Lengua de la Real Academia se define el verbo "mendigar" como: "pedir limosna de puerta en puerta". Y del término "mendigo" se afirma: es aquella "persona que habitualmente pide limosna". Si bien estas definiciones son mucho más precisas que las que se ofrecen en el mismo diccionario de los términos vagabundo y transeúnte, con todo, no reflejan tampoco la heterogeneidad que tal actividad actualmente posee. Y al definirse el vocablo de "limosna", como "lo que se da por amor de Dios para socorrer una necesidad", se hace mención a una característica que, aun 82
estando vigente hoy en día, más bien parece tener reminiscencias de un pasado en el que todas las partes (el mendigo y el que daba limosna) concebían la acción correspondiente como impregnadas de una motivación o excusas de carácter religioso. El vocablo "pordiosero" (ya poco utilizado hoy en día —y cuyo significado literal proviene del añadido "...por Dios" introducido como una cantinela en la demanda del mendigo), hace referencia, igualmente, a tal dimensión religiosa. No se puede decir que abunden hoy tratamientos sistemáticos del fenómeno de la mendicidad en la literatura sociológica española. Recientemente, D. CASADO, en su libro ya citado Sobre la pobreza en España, y al tratar un tipo de pobre —el de los autogestionarios— afirma certeramente que "la mendicidad es una técnica de autogestión de la protección a la que recurren los pobres cada vez que fracasan conjuntamente los mecanismos de integración social de la red primaria de solidaridad (la familia, amigos), del mercado, de la intervención social privada y de la política social pública."45 Las notas más destacables de los mendigos comunes en nuestro país según D. CASADO serían: . Fracasados sociales. Trabajadores frustrados por accidente, enfermedad o escasez de empleo y sin protección institucional. . Expulsados de su familia por propia incompetencia o por intolerancia. . Personas con deficiencia mental no diagnosticada o con alteraciones psicoafectivas diversas. . Gitanos portugueses herederos de una marginación secular. . Rebotados de centros cerrados de régimen incompatible con la condición adulta. 45 D. Casado, op. cit. págs. 263-266. 83
Tabla 2.2. Rasgos distintivos de la actividad mendicante Etiología Actividad Intensidad Apariencia Localización Fracasados sociales Trabajadores frustrados Enfermedad, accidente Deficiencia mental Excluidos de las relaciones familiares Etnia Transeuntismo Solos "Mafias" Con compañía de niños Infantil (niño solo) Existencia o no de reclamo. Esporádica Habitual Manifiesta Encubierta o disfrazada . artistas callejeros Calle Puertas de las iglesias Viviendas Interior de locales públicos (bares, restaurantes) Actualmente, y en el contexto socioeconómico español, la acción de mendigar adopta una gran variedad de formas: su constatación nos remite al hecho de que también son diversas las razones que llevan a un sujeto a tener que mendigar, como diferentes son las situaciones de precariedad que cada mendigo presenta. El intento de comprensión sistemática de la mendicidad parece demandar, una vez más, la presentación de algunos de los criterios más utilizados para el establecimiento de tipos que han sido expuestos en la literatura reciente sobre el tema; y que se resumen en los siguientes:46 a) Según el lugar donde se mendiga: - mendicidad en la calle - mendicidad en las puertas de las iglesias - mendicidad en el interior de los edificios. b) Según la edad: - mendicidad infantil (niños solos) - mendicidad de adultos - mendicidad de ancianos. c) Según sexo: - mendicidad masculina - mendicidad femenina. 46 IMI Ingreso Madrileño de Integración. La exclusión, Vol. III. op. cit. págs. 70, 73 y sigs. Ver también el Documento de los Obispos de Aragón sobre la mendicidad, 1992. De interés también el artículo de Javier URBANO "Tipologías de carreras de marginado transeúnte" en Marginación social, Comunidad de Madrid; Consejería de Salud y Bienestar Social (1985); Instituto Regional de Estudios; pág. 25. 84
d) Según la compañía: - solos - en compañía de niños. e) Según el grado de dedicación: - mendicidad esporádica - mendicidad crónica y habitual. f) Según su apariencia o "visibilidad" - encubierta ("disfrazada") - manifiesta. g) Según etnia de pertenencia - payos - otras etnias (gitanos) h) Según la nacionalidad - españoles - extranjeros (portugueses, Europa del Este, etc.) Tanto el recurso a esos criterios de clasificación como los tipos de mendicidad a que dan lugar se presentan como obvios para cualquier observador atento del fenómeno. Con todo, parece necesario añadir ciertas consideraciones acerca de algunas de las modalidades resultantes, tales como la "infantil" y la "encubierta". La mendicidad infantil (la ejercida en solitario como en compañía) adquiere especial relevancia, y ello porque incumple la normativa vigente (ver cap. 6) y por lo que supone de implicación de los niños en la carrera de la inadaptación y la marginación. Estos niños o muchachos, ya desde edades muy tempranas, aprenden el papel del mendigo por la observación cotidiana en su familia y por el adiestramiento a que se han visto sometidos. No debería sorprendernos en ciertos casos que para ellos tal actividad sea considerada como una tarea normal y una forma más de ganarse la vida. Resulta obvia la calificación de mendicante para ciertas conductas; sin embargo, la consideración de tal no aparece tan claramente en otras. 85
Tenemos, por ejemplo, actividades como la de los llamados artistas callejeros (músicos, pintores, mimo, malabaristas, etc.) que, al ofrecer su espectáculo, no obligan a una respuesta pecuniaria a los improvisados espectadores, pero sí que dan a entender, de manera patente, la finalidad de su actuación. Esta es una de las modalidades de mendicidad que denominábamos encubierta. Hay también ciertas actividades, como la oferta que a modo de "venta" de un artículo o de un servicio se realiza a los ciudadanos (clinex, estampas, pegatinas, bolsas de basura, limpieza de parabrisas) en las que concurren unas características que no responden ni a una definición estricta de mendicidad (como expresa petición de limosna) pero que tampoco cabe incluirla netamente como actividad económica y mercantil. Son actividades marginales cuyo significado fluctuará en función del sentido que a su vez le concedan los protagonistas. Si bien el ciudadano puede responder a los requerimientos insistentes del "vendedor", no parece deba juzgarse tal respuesta ("compra") como una acción establecida de compraventa, dada la presión que se ejerce y el carácter de dádiva caritativa que el "comprador" concede a la contraprestación. En el Cap. 16, que sirve de introducción a la parte dedicada al fenómeno de la mendicidad en nuestra ciudad, se presenta desarrollada una definición operativa de "mendicidad", de la que se ha partido en las diferentes observaciones realizadas para el presente trabajo. Se identifica al "mendigo" como "la persona que demanda públicamente el favor y ayuda, fundamentalmente de carácter pecuniario, de parte de los ciudadanos, utilizando o no algún tipo de reclamo, u ofreciendo ciertos servicios o bienes, a cuya aceptación no puede atribuírsele en sentido estricto el carácter de compraventa o de acción mercantil". A lo largo de la reflexión realizada en estas páginas tratando de delimitar todos los conceptos expuestos se han apreciado dos aspectos, que desde el punto de vista metodológico procede también ahora destacar: En primer lugar, cualquier intento en ese sentido supone una tarea que no está exenta de esfuerzo laborioso; sin embargo, y en segundo lugar, la misma se presenta, y se ha tomado conciencia de ello, como necesaria e imprescindible para poder avanzar en el conocimiento de los fenómenos sociales en general pero, particularmente, en el de la indigencia. En este capítulo segundo, y una vez introducido el fenómeno de la pobreza hoy con un apunte histórico, se ha tratado de especificar el universo 86
desplazamientos en busca de trabajo; es decir, la pobreza y el desarraigo5 . La utilización primero de pensiones baratas, y de los albergues y comedores públicos después, así como el recurso a la actividad mendicante, parecen constituir el proceso normal seguido por muchos de los transeúntes. A este respecto, y en nuestras sociedades tecnológicas y competitivas, las más vulnerables van a ser las personas que carecen de una educación básica o de una cualificación profesional. En este sentido es muy válida la aportación que hace M. A. López Jiménez (1998) al señalar cómo la sociedad actual experimenta una profunda transformación cultural que es impulsada por un valor predominante, el de la competitividad. En consecuencia, afirma, "brota un sentimiento colectivo de competición que atraviesa todas las esferas de la vida: personal, familiar, vecinal, social y que trastoca las funciones tradicionales de las estructuras de sentido y de control social". Y entre las posibles alternativas individuales de supervivencia producidas por tal situación se indica la de "las conductas desorientadas de quienes no saben quiénes son, lo que quieren, o carecen de proyecto o medios de realizarlos, que se repliegan en un narcisismo solitario, nostálgico, anómico o hedonista."6 3. FACTORES BIOLÓGICOS Y PSICOLÓGICOS Los trastornos biológicos de carácter endógeno (malformaciones, minusvalías, etc.) constituyen también handicaps que condicionan la separación temprana de lo que es considerado como "normal" por el grupo normativo, y pesarán posteriormente en su disminución social (así, la dificultad de encontrar trabajo o la realización de tareas marginales poco remuneradas). Entre las enfermedades mentales la esquizofrenia resulta ser la más frecuente entre los vagabundos y usuarios de las instituciones asistenciales. 5 Véase a este respecto desarrollos más amplios a cerca de los condicionamientos del contexto económico en las realidades de la pobreza y la marginación en Cap. 5, concretamente en el epígrafe 5 6 Véase el artículo de M. A. López Jiménez "La movilización social. Procesos de individuación y de agrupación de voluntades para la acción colectiva", publicado en Letras de Deusto, vol 28, nº 78, EneroMarzo 1998. 93
Algunos estudiosos ven en la apertura de los psiquiátricos y en la no existencia de estructuras intermedias entre el psiquiátrico y la calle, las razones por las que ciertos sujetos acaban en el vagabundismo o se convierten en clientes fijos de las instituciones caritativas. 4. ALCOHOLISMO Y TOXICOMANÍAS El consumo y dependencia del alcohol tendrán especial importancia en los inicios de la vida transeúnte y en la cronificación posterior. En muchos casos el alcoholismo ha conllevado, a edades tempranas, la pérdida del empleo, la ruptura con el medio familiar y el círculo de amigos. El aislamiento, la exclusión generalizada, la aparición con el tiempo de pluripatologías (como cirrosis, hepatitis, problemas cardiovasculares) y de trastornos psíquicos configurarán el tipo del marginal más absoluto que ya no quiere ni puede recurrir a las instituciones. La dependencia de otras drogas es un fenómeno de aparición relativamente reciente y que —como el alcoholismo y junto a él— está incidiendo también en el inicio de una vida marginal. Particularmente es entre los usuarios más jóvenes de los albergues y comedores públicos cuando aparece la adición a la droga (con sus secuelas de desarraigo familiar, marginación laboral, y pobreza) como uno de los factores más determinantes de su marginación. Finalmente, en el próximo capítulo se pretende reflexionar acerca de una cuestión que, si bien ha suscitado interés entre los estudiosos, su respuesta y aporte teórico se hallan escasamente sistematizados en la literatura sociológica: ¿en qué medida las personas "sin techo" están integradas en la sociedad? Su situación de exclusión ¿implica un estar totalmente fuera del sistema? En el contexto del presente trabajo se ha considerado oportuno explicitar la reflexión al respecto, tratando, a su vez, de articular la misma, y valiéndonos lógicamente de las aportaciones de autores significativos. 94
CAPÍTULO 4 POSICIÓN QUE LA POBLACIÓN INDIGENTE OCUPA EN EL SISTEMA SOCIAL El estudioso que pretenda conocer los fenómenos de la indigencia en general, y el de los "sin techo", en particular, —aunque sea en un ámbito reducido—, y trate de señalar los factores y condiciones sociales que los originan, debe tratar de comprender sus significados dentro del contexto más global de la sociedad en la que surge. Para muchos autores, tal intento supone, a su vez, el planteamiento de algunas cuestiones tan básicas como ¿en qué grado esta población está integrada en la sociedad?; los valores que ostentan, los modelos que les orientan y las pautas de comportamiento que practican ¿hasta qué punto se distancian de los considerados "normales" por el grupo normativo dominante?; ¿están estas personas en los márgenes de la sociedad o los han traspasado? A modo de ilustración del interés que estas cuestiones suscitan, citamos dos formulaciones recientes de las mismas, pertenecientes al contexto de la reflexión española sobre las realidades de la pobreza y de la exclusión. En primer lugar, el sociólogo J. GARCIA ROCA (1995), en su libro Contra la exclusión, señala al explicar las imágenes elaboradas en los últimos años para representar el espacio social (y que él denomina vectores, arriba/abajo, centro/periferia y dentro/fuera) que: La organización social elabora en su interior una serie de poblaciones sobrantes que pueden entenderse desde el vector dentro/fuera. El inadaptado lo es en la medida en que permanece dentro del sistema y comparte ampliamente sus finalidades y expectativas. El excluido, por el contrario, es arrojado del sistema, y su preocupación básica es la de afirmarse como viviente. La imagen ha sostenido el interés por la 95
exclusión. El problema básico ya no es si uno se ve favorecido en el interior de la escala social, sino en qué medida tiene o no lugar en la sociedad.1 En segundo lugar, citamos a M. GAVIRIA et al. (1995) quienes desde postulados similares a los de J. García Roca, y en el libro Desigualdad y pobreza hoy, afirman: Desde el punto de vista del poder los verdaderos pobres quedan excluidos de todas las instituciones (incluso del matrimonio, de la escuela, del voto, del sindicato, etc.) Los pobres forman, pues, un verdadero pueblo, fuera del tiempo, fuera de la historia, fuera de la sociedad, son extranjeros en la nación. Otros le han llamado subproletariado.2 Tratar de presentar de manera exhaustiva tales planteamientos así como las respuestas que se han dado, constituiría un cometido que superaría los objetivos marcados para el presente trabajo. Sin embargo, la constatación, por una parte, de la existencia de teorías que parecen mantener diferentes posiciones respecto al grado de participación de estas poblaciones de indigentes en la sociedad, y la apreciación, por otra, de que los expertos (ya sea desde enfoques teóricos o desde estudios empíricos), tratan de estudiar las necesidades y posibilidades de integración de estos sectores de población, parecen justificar los desarrollos teóricos, la reflexión y la valoración personales que se presentan en este capítulo. 1 Joaquín García Roca, Contra la exclusión (op.cit.). Un desarrollo del concepto de grupo psicológico puede encontrarse en J.F. Morales et. al. Psicología Social. Madrid, Mc. Graw Hill. 1997, págs. 688 y siguientes. 2 Ver el capítulo "Aproximación teórica al concepto de exclusión" del libro Desigualdad y pobreza hoy, pág. 147 (Coordinado por F. Álvarez Uría, Ed. Talasa, Madrid, 1995) en el que M. Gaviria, M. Laparra y M. Aguilar citan a M. Labbens (Le cuart monde, la pauvreté dans la societé industrielle, ed. Sciences et Service, 1969) 96
Tabla 4.1. Frases con contenidos representativos de las diferentes opiniones de los autores en relación a la posición que los pobres extremos marginales mantienen respecto a la sociedad. Forman parte de la sociedad Se distancian de la sociedad "Tampoco los sin techo se encuentran habitando un mundo diferente al ocupado por el resto de los españoles" (P. Cabrera) "La pobreza transeúnte es simplemente un subproducto de una estructura cultural y económica, global, que para subsistir se adapta a la sociedad y cultura en que vive" (Documentación social, nº 60) "El pobre pertenece a la realidad histórica de la sociedad, que vive en él y sobre él... como el funcionario, el contribuyente" (G. Simmel) "La relación entre las gentes desviadas y convencionales es una diferencia marginal y no una diferencia neta, y que se da una interpenetración importante, si bien variable, entre la cultura desviada y la convencional" (D. Matza) "El excluido es arrojado del sistema..." (J. García Roca) "Los verdaderos pobres forman un verdadero pueblo, fuera de la historia, fuera de la sociedad, son extranjeros en la nación" (M. Gaviria) "Ser pobre es ser extranjero en el propio país" (M. Harrington) "La necesidad de vivir por encima de las leyes y símbolos de la sociedad convencional lleva al vagabundo a tener una creencia propia del entorno" (L. Diez) "Los individuos que se adaptan o maladaptan de esta manera (retraimiento) están en la sociedad pero no son de ella" (R. K. Merton) Entre las posibles formas de conducir la reflexión sobre el tema —de manera que ésta sea precisa y a la vez sistemática— se ha considerado que la del recurso a ciertos conceptos sociológicos básicos cuyos contenidos remiten a realidades sociales significativas asociadas a la relación que individuos y categorías de población mantienen con la sociedad, podría ser desde el punto de vista analítico un método adecuado. Los conceptos a que nos referimos —y cuyo análisis se desea sirva de hilo conductor en la reflexión— son los de "grupo", "clase social", "rol", "institución social", "cultura" y "desviación social". Tales nociones remiten, asimismo, a otras que si bien no poseen contenidos tan generales, sí que hacen referencia a los mismos procesos y dinámicas sociales. 97
En relación, por ejemplo, con el concepto de grupo se incluye el análisis de los de "agregado", "colectivo" y el de "categoría". En referencia a la noción de clase social hay que mencionar igualmente los de "underclass" y el de "lumpenproletariado". Y en correspondencia con el concepto de "institución social" habrá que aludir a la institución "familiar", a la "económica", la "educativa", la "política" y la "religiosa". Y en relación al concepto de "cultura" la reflexión supone igualmente referirse a las realidades subculturales. Finalmente, mencionar que la noción de "desviación social" implica hablar también del concepto de "anomia". Cuando nos referimos a las subpoblaciones de indigentes ¿es adecuado hablar de que constituyen grupos, colectivos, categorías?, ¿se puede determinar la posición que ocupan en el sistema de estratificación social?, ¿en qué grado participan en las instituciones sociales?, ¿configuran una subcultura? Las respuestas a estas preguntas son las que articulan en cierta manera las reflexiones que van a configurar el presente capítulo. Los contenidos de los conceptos de "exclusión", "marginación" y el de su antónimo "integración social" remiten directamente a los procesos y realidades sociales a que se refieren aquellas preguntas. La delimitación de las nociones de exclusión y de marginación ha sido realizada en el capítulo anterior; quedaría, pues, por fijar el contenido de la noción de "integración social". Un desarrollo, con contenidos más amplios, de la definición anterior se ofrece en un estudio comparativo de los distintos sistemas de rentas mínimas implantados en nuestro país (M. MARCO FABRE, M. del RINCON, L. BETES, 1992); en él se analizó el contenido que los legisladores implícitamente concedían al concepto de inserción social —y que consideramos equivalente del de "integración"—. Y si se ha utilizado el término "implícitamente" es porque que se constató que no existía una definición expresa de tal noción en ninguna de tales normativas. Se trató de elaborar una que fuera operativa partiendo del análisis de las intenciones declaradas en los preámbulos de las leyes y en base al significado atribuido a las obligaciones y contraprestaciones que en una u otra normativa se exige del beneficiario. El resultado de la reflexión fue el siguiente desarrollo de la noción de "inserción social" de individuos o grupos, en el que se destacan estas notas: 98
a) La inserción social se entiende como la participación plena de todos los ciudadanos en la vida social. Esto significa que los individuos se incluirán en el medio social y en la vida y convivencia ciudadanas, siguiendo los principios de igualdad y de normalización. b) El proceso de integración irá orientado a facilitar el reconocimiento y la recuperación de la autonomía personal, a conseguir la integración de carácter psicológico y a la consecución de un reajuste estable por parte del sujeto. c) La unidad familiar y los respectivos miembros se constituyen, a su vez, en el ámbito reducido y próximo donde debe realizarse la integración del individuo, e igualmente en objeto y beneficiario de la inserción. d) Los procesos de participación y desarrollo se refieren a fundamentalmente a tres dimensiones: • Dimensión económica y laboral: participación de los sujetos en las estructuras productivas, mediante el ejercicio de una profesión, a la que se llegará o, en su caso, se mantendrá o perfeccionará, mediante la obtención de los conocimientos necesarios y el entrenamiento laboral. • Dimensión cultural y educativa: la inserción social incluye el aprendizaje de aquellos medios básicos que hagan posible la adquisición de nuevos y mayores conocimientos, sirvan de potenciadores de la educación y posibiliten el aprovechamiento de las capacidades y recursos personales del sujeto. • Dimensión sanitaria: que incluye el derecho a la atención sanitaria y la posibilidad u obligación de acceder a los recursos sanitarios. e) La integración social de la persona implica, asimismo, la posibilidad de permanecer en el ámbito geográfico propio, evitando situaciones de desarraigo y rupturas culturales. En el contexto del presente trabajo y en su acepción más general se entenderá también por "integración social" a "la existencia de interrelaciones cualitativamente significativas de individuos o grupos con la sociedad o grupo normativo, de manera que aquéllos participan en aspectos considerados como significativos y básicos para la sociedad (subsistemas económico, político, cultural, la salud); se produce un cierto nivel de cohesión con la misma, llegándose a obtener un grado de conformidad y concordancia con los valores 99
y pautas de comportamiento predominantes, y ello en un grado tal que puede afirmarse que el individuo, grupo o sector de población llegan a formar parte y a identificarse con él." Tabla 4.2. Desarrollo comparativo de los contenidos de las nociones de "exclusión” y de “integración”. Noción de exclusión Noción de integración Discriminación Rechazo No acceso Hostilidad Desarraigo Estigmatización Áreas o dimensiones carenciales Ciudadanía social Economía Mercado laboral Vivienda Cultura Salud física y psíquica Protección social Equipamiento públicos Medios de comunicación Ausencia de conocimientos y de información Relaciones sociales (parentesco, amigos) Mercados simbólicos De los valores Participación plena Inclusión Reconocimiento Desarrollo Recuperación Referencia a los principios de igualdad y normalización Áreas o dimensiones en las que integrar Ciudadano de pleno derecho Ingresos dignos Acceso al ejercicio profesional Vivienda digna Acceso a la educación y a la cultura Recuperación autonomía personal Cobertura sanitaria, autoestima aprovechamiento capacidades y recursos personales Permanencia ámbito geográfico Contexto y ámbito familiar Al reflexionar sobre el fenómeno de la exclusión resulta ajustada y recurrente la teoría que K. MERTON (1964) presenta en Teoría y estructura sociales. Con ocasión del análisis que realiza sobre los diferentes tipos de conducta divergente, y más concretamente de los modos de adaptación de los individuos a la sociedad, se refiere, en el primero de ellos a la adaptación por "conformidad". Señala que "en la medida en que es estable una sociedad (...) (esta adaptación) —conformidad con las metas culturales y los medios 100
institucionalizados— es la más común y la más ampliamente difundida (...); todo orden social se sostiene por la conducta modal de sus individuos que representa conformidad con las normas de cultura consagradas (...)."3 Como vemos, nuestro autor se refiere única y genéricamente a metas culturales a y medios institucionalizados; tal referencia, sin embargo, nos resulta útil en este contexto en tanto en cuanto remite a un aspecto del hecho de la integración, el que se refiere a conformidad con los "valores básicos de la sociedad". A la adaptación —o mejor, de la posibilidad de adaptación de los individuos— en otras esferas de la vida social como la económica, política, etc., él no hace, o mejor dicho no tiene intención de hacer referencia. Recurrimos también de nuevo a las aportaciones4 que M. AGUILAR, M. GAVIRIA, y M. LAPARRA (1994) presentan respecto a esta noción, y que aquí se asumen. Para este equipo de investigadores "integración" significa: "La participación de los ciudadanos y ciudadanas en la vida social con un grado de seguridad frente al infortunio, frente a las dificultades, suficiente para disfrutar una vida digna. Significa también participar de mecanismos que le hacen a uno o a una unos miembros de pleno derecho de la sociedad, como el empleo, la educación y la cultura, la vivienda, la salud." 1. ¿AGREGADOS?, ¿GRUPOS?, ¿CATEGORÍAS? El que se empleen los vocablos de "grupo" o de "colectivo" en la comunicación cotidiana por parte del ciudadano medio o incluso en los medios de comunicación para referirse al transeuntismo, vagabundismo o a la mendicidad, no parece tener mayor trascendencia. El problema surge cuando, analizados más en profundidad esos fenómenos, se aprecia que esos términos no se corresponden exactamente con las realidades de las que quieren ser expresión y, por lo tanto, resultan ser imprecisos y poco útiles. 3 R. K. Merton, Teoría y estructura sociales, Fondo de Cultura Económica. México, 1964, pág. 150. 4 También de interés es el desarrollo que del concepto de integración se hace en La exclusión social en Aragón, Gobierno de Aragón. Departamento de Bienestar Social y Trabajo, Zaragoza, Abril, 1994 (no publicado), págs. 11 y sigs. del Volumen Síntesis; es de este volumen de donde procede la cita. 101
La opinión de los analistas sobre el tema parece ser unánime acerca de lo inapropiado de la atribución de carácter de grupo a estos sectores.5 Si desde las ciencias sociales se entiende que para que exista grupo debe existir una interrelación entre los miembros, y consciencia de la misma, con miras a conseguir unos fines y metas comunes, y con roles sociales determinados, ninguna de tales notas parecen convenir a nuestras categorías de población. Nos encontramos, en primer lugar, con individuos que mantienen entre sí un grado de interacción mínimo, limitado al encuentro fortuito y al apoyo mutuo no previsto (el tener que compartir los mismos espacios físicos, abrigos naturales, albergues, comedores, etc.). Coinciden estas personas en que sufren las mismas situaciones de necesidad y desarraigo, pero no existe una conciencia compartida de las mismas ni el ánimo como para tratar de paliarlas como conjunto. Entre los transeúntes, así como entre los vagabundos, pueden surgir grupos originados por la necesidad de compartir un mismo espacio (plaza pública o albergue) pero que generalmente poseen un carácter tan inestable que las repercusiones sobre los miembros resultan ser irrelevantes. Si, en general, estas personas no se identifican ni siquiera como grupo de pertenencia, con menos razón aún les correspondería el calificativo de grupo de referencia: ni sus preferencias (raramente declaradas), ni sus escasos ideales (por otra parte inalcanzables), ni sus pautas de comportamiento (aunque similares a las de los otros), son orientados por los de sus compañeros, de quienes lo más apropiado sería referirse como de cómplices de desventuras y colegas de infortunio. Si la iniciativa surgida entre poblaciones marginales de Londres y París (y extendida a las ciudades españolas) de editar una publicación que se constituyera en órgano de expresión y de denuncia ante la sociedad, adquiriese características de estabilidad, se prolongara en el tiempo y fuera capaz de aglutinar los intereses de un significativo número de indigentes, estaríamos, entonces ante un fenómeno nuevo y original.6 Tampoco el vocablo colectivo, en sentido estricto y tal y como se entiende en el vocabulario técnico de los expertos, se ajustaría a las 5 Así se explicita en estudios como Documentación Social. núm. 60-61; págs. 27, 299-301; y A. Rodríguez: Transeúntes e indigentes. Estados de necesidad y respuesta social. Ayuntamiento de Madrid. Concejalía de Servicios Sociales. Madrid 1986, pág. 13. 6 Periódico El País, 28 de enero de 1993. Sección Sociedad. 102
La aceptación de todo lo anterior no contradice, sin embargo, la constatación de que las desigualdades sociales persisten en las sociedades desarrolladas, que las diferencias en riqueza y en rentas son aún notables, y que la ausencia de igualdad de oportunidades aún va unida a la pertenencia de clase. Por todo ello, se considera que la noción de clase social resulta aún válida para describir el sistema de estratificación social de las sociedades desarrolladas. Para los objetivos de nuestro trabajo resultará irrelevante el debate acerca de cuál sea el número de clases existente y acerca de la denominación de las mismas, y se reconoce, asimismo, como estéril el intento de definición neta de sus límites. 2.2. La población indigente en la estructura de clases de las sociedades desarrolladas Una vez considerado como analíticamente útil el concepto de clase social, la reflexión siguiente se referirá a las cuestiones de si nuestra población puede ubicarse en alguna de ellas, o si más bien queda fuera de tal estructura. En principio —y parecería obvio— no habría dificultad alguna en incluirla de manera genérica entre las categorías que conforman la clase baja de la sociedad. Sin embargo, esta primera afirmación ya está requiriendo ser matizada. emprendido trayectorias de rectificación de esas desigualdades, algunas de las fuerzas e impulsos que concurren en la emergencia de la nueva sociedad (neoconservadurismo librecambista) están introduciendo retrocesos en las políticas de nivelación socialde las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, mientras que, a su vez, están surgiendo nuevas formas y manifestaciones de la desigualdad en el plano nacional e internacional, asociadas a la nueva lógica de organización social, económica y tecnológica. ("Nuevas formas y sistemas de estratificación social", en Tecnología y sociedad en el nuevo siglo, Edit. Sistema, Madrid, 1998. Un resumen del debate existente en la actualidad acerca de la consistencia de los análisis de clase puede encontrarlo el lector en el libro de R. Feito Alonso Estructura social contemporánea, Siglo XXI, Madrid, 1995, págs. 30 y sigs. 109
Tabla 4.4. Nociones usualmente utilizadas en la literatura contemporánea (y autores que se analizan en el texto) y que se valoran como susceptibles de incluir la realidad de la indigencia. NOCIONES AUTORES Subclase Infraclase Underclass R. Dahrendorf, A. Giddens, W. J. Wilson, P. Abrahanson Lumpenproletariat Subproletariado K. Marx, F. Engels, N. Bukharin Submundo P. Cabrera Muchos son los autores que consideran que en el sistema de clases sociales, tal y como se estructura en las sociedades avanzadas, admiten posiciones de clase inferiores a la clase baja. La variedad de conceptos manejados avalaría así tal consideración. Se utilizan, por ejemplo, en la literatura en castellano, voces tales como "subclase", "infraclase", "underclass", "lumpenproletariat", "subproletariado", "submundo", y "clase baja baja". ¿Qué significado poseen algunos de estos términos?, ¿formaría nuestra población parte de alguna de las realidades a las que remiten? De los términos anteriores, los de "subclase", "infraclase", y "underclass" se refieren todos ellos —así lo entendemos— a fenómenos muy similares. Entre otras explicaciones referidas a los términos señalados, las de R. DAHRENDORF (1990) y A. GIDDENS (1983), parecen especialmente relevantes. En primer lugar, DAHRENDORF considera que la categoría de personas que configuran la subclase (o underclass, concepto este que según él expresa no sería correcto, ya que no se trata de una verdadera clase) se encuentra por debajo de la de los "pobres trabajadores", describiendo a estos últimos como los que "no han perdido de manera irreversible sus derechos de ciudadano" y conservarían todavía algunas de las capacitaciones necesarias para salir de la miseria, aunque "su enganche con la plena participación en la vida de la sociedad es claramente débil." Y entre las características que identifican a la subclase Dahrendorf señala: el desempleo o escasas relaciones con la fuerza laboral, las ausencias de capacitaciones, la dependencia de las instituciones de bienestar, el que tienden a comportarse de manera aberrante y delictiva (abuso de drogas y alcohol), residencia en áreas más pobres de las grandes ciudades, pertenencia a minorías, y el vivir en familias incompletas. Nuestro autor añade además: 110
(...) los que pertenecen a la subclase no tienen intereses en la sociedad, y ni ésta los necesita Muchos de los de la clase mayoritaria desearían que desaparecieran sin más; y, si lo hicieran, apenas se notaría su ausencia (...) La sociedad es para ellos distante. La ven simbolizada sólo por la policía y los tribunales y, en menor grado, por las oficinas administrativas y los funcionarios. La separación de la gente de la sociedad civil no es casi nunca tan plena como podría deducirse de tales afirmaciones. La movilidad social individual continúa siendo, para muchos, una alternativa viable a la agresión y al resentimiento. Han estado y continuarán estando dentro y fuera de la subclase (...) 15 El que R. Dahrendorf conceda un contenido tan amplio al concepto de subclase, así como la referencia a la situación de las grandes ciudades de Estados Unidos, relativiza, creemos, un tanto la utilidad instrumental de tal noción aplicada a la población de los más marginales o de los excluidos. A este respecto señala: (...) los que se encuentran sin un duro en París y Londres no constituyen una subclase. Para que surja una subclase tiene que darse un proceso sistemático de reclutamiento, de definición y de comportamiento. En las ciudades americanas parece que se da esto. En Europa se ha prestado mucha menor atención a la subclase (...) Signos ocasionales y anecdóticos sugieren que en las áreas más deprimidas del interior de las ciudades hay mucha energía, capacidad y motivación y que la oportunidad es un problema mayor que cualquier 'efecto de concentración'. En cualquier parte de Europa, la concentración física, que forma parte de la definición de la subclase es rara, y, desde luego, está mucho menos extendida que en las cien mayores ciudades americanas. Incluso los que llevan mucho tiempo en paro están a menudo desparramados y dispersos, lo que puede añadirse como factor negativo a su desaliento, pero que los hace menos susceptibles de describirlas como una clase.16 La constatación de que para DAHRENDORF el concepto de "subclase" (o sus sinónimos, según él, de "underclass" o "lumpemproletariat") incluya realidades, situaciones y categorías de individuos tan variadas como jóvenes, parados de larga duración, extranjeros, madres adolescentes, cultura pop, delincuentes, mendigos y vagabundos, ocupaviviendas, provocadores de peleas en los partidos de fútbol, subrayaría justamente el amplio contenido que se le atribuye al concepto y confirmaría la idea —señalada por él— de 15 R. Dahrendorf, El conflicto social moderno. Ensayo sobre la política de la libertad. Ed. Mondadori España, S.A. Madrid. 1990; págs 180 y 181. 16 Ibidem, pág. 182. 111
que el concepto de "underclass" no es adecuado ya que no se trata verdaderamente de una clase ni formaría parte del proletariado.17 Si bien las poblaciones de transeúntes, vagabundos y mendigos coinciden en algunas características con el resto de las categorías de personas indicadas por él (así el desempleo, la ausencia de capacitaciones, la dependencia de instituciones de bienestar y el que tiendan a comportarse de manera aberrante), otros rasgos atribuidos a la underclass (como los de residir en áreas particulares, la pertenencia a minorías y el vivir en familia incompletas) y no atribuibles a nuestra población, distinguiría netamente y distanciaría a nuestros indigentes de las otras categorías que conformarían la subclase. El que DAHRENDORF incluya diferentes categorías de personas con características tan diversas hace que la noción de "subclase" resulte amplia, y por lo tanto ambigua, y no apropiada para definir en exclusiva a los pobres marginales, si bien éstos podrían considerarse como formando parte de ella. Otra cuestión a considerar sería la de que la demarcación de los límites que separan a tales categorías de individuos es tenue ya que, por ejemplo, personas paradas de larga duración y extranjeros pueden acabar cayendo en esa categoría inferior de los indigentes sin techo, y algunos sujetos que hemos denominado transeúntes incipientes podrían llegar a formar parte claramente de las otras categorías superiores. Tratando de captar si existe equivalencia en las notas del concepto de underclass con las que caracterizan a la población indigente, se expone también la explicación que el sociólogo americano W.J. Wilson da al respecto, y que ha sido tomado de la exposición de Nicolas Herpin (1993). De la underclass urbana Wilson opina que no debe confundirse con la clase inferior; ésta última no es más que un agregado contable, sin embargo, la underclass "presenta numerosos trazos de una clase social. Ella no agrupa a todos los pobres sino solamente a los que viven en el centro de la ciudad (...)". La underclass urbana constituye un grupo social muy homogéneo, limitándose las redes de relaciones a los miembros del barrio. Esta noción, si bien se aplica particularmente a la pobreza dentro de los ghettos étnicos del 17 R. Dahrendorf, Noticias obreras, nº 987, nov. 1988. Ed. HOAC, Madrid, pág. 19-26. Resulta igualmente sustanciosa la aportación realizada por el autor en su "Lección magistral", leída a los miembros del St. George House, reproducida en el periódico Ya , 28 de enero de 1988. 112
centro de las ciudades de los Estados Unidos, puede, asimismo, ampliarse a poblaciones blancas.18 Según esta nueva descripción del término underclass, así como las de los otros autores americanos incluidos en el mismo texto, puede concluirse que tampoco sería apropiado considerar a la población indigente, y que en este trabajo tratamos, como incluida en la underclass, al menos tal y como ellos la describen. También A. GIDDENS (1983) al referirse a la estructura de clase en Estados Unidos, y al describir el concepto underclass, lo relaciona con las minorías étnicas (negros, puertorriqueños, mexicanos), y afirma que las "diferencias étnicas sirven como una capacidad de mercado 'descalificadora', de forma que los pertenecientes a la categoría en cuestión se encuentran principalmente dedicados a las ocupaciones peor pagadas o entre los desempleados o semiempleados crónicos…" La infraclase, señala, se constituye en depósito, reserva de oferta de trabajo "altamente disponible. "19 De la exposición de GIDDENS (y de los autores americanos citados por él) se desprende, asimismo, que infraclase se identificaría con la "clase obrera marginal" (LEGGET), o la "nueva clase obrera" (S. M. MILLER), diferenciándola de la "vieja clase obrera" (predominantemente blanca, que trabaja en ocupaciones especializadas y semiespecializadas, más altamente sindicalizada y en sectores industriales y de construcción con niveles de ingresos elevados). Y si bien considera nuestro autor que el surgimiento de esta infraclase urbana es un fenómeno específicamente americano, sin embargo, desarrollos similares —afirma— pueden observarse en sociedades avanzadas (como Gran Bretaña o Francia) donde la presencia de minorías étnicas de color está siendo relevante. "La falta de una minoría étnica indígena conduce a la aparición —señala GIDDENS— en muchas sociedades europeas contemporáneas de una "infraclase transeúnte (que no resulta tan transeúnte después de todo) que es importada de fuera". 20 18 Ver el artículo publicado por N. Herpin, titulado “L´urban underclass chez les sociologues américains”, aparecido en Revue française de sociologie XXXIV, 1993, págs. 421-439. 19 A. Giddens, La estructura de clases en las sociedades avanzadas, Alianza Universidad, Madrid, 1983; págs. 127, 250 y sig. 20 Ibidem; op. cit. cita en particular en pág. 127 a J. C. Legget, Class, Race, and labor, Nueva York, 1968 (pág. 14); y en pág. 260 a S. Castles y Godula Kosack, Inmigrant Workers and Class Structure in Western Europe (Londres, 1973, págs. 2). Entre los autores españoles, J. F. Tezanos ("Transformaciones en la 113
Según ha quedado definida por este autor, también la noción de infraclase remitiría a diversas categorías de personas, que representarían a variedad de situaciones y grados de necesidad, entre las cuales podría incluirse la categoría de los pobres marginales (si bien no se hace mención explícita de ella ni de las subcategorías de mendigos o vagabundos). En un análisis más reciente, como el de P. Abrahamson (1997), se da una serie de semejanzas entre el uso del concepto "underclass" en los Estados Unidos y el de "exclusión social" en Europa, e intenta mostrar, incluso, que el debate estadounidense es "teoréticamente relevante para el discurso europeo": Si pobreza fue una condición de la primera época moderna para una mayoría de la población (la clase trabajadora) ocasionada por la explotación de los ricos (la burguesía), la exclusión social lo es en la postmodernidad para una minoría de gente marginada de la sociedad mayoritaria de clase media. Esta última explicación es consistente con el nuevo énfasis puesto en el desarrollo de las denominadas "infraclases" (underclass).21 Los pobres de las infraclases, afirma Abrahamson, "son los socialmente excluidos, son diferentes a sus predecesores por la ausencia de los lazos sociales y la diferencia, o carencia, de normas. Están confinados en áreas "abandonadas", inaccesibles para la acción de la mayoría de las instituciones de integración social." En el intento por tratar de situar a la población indigente dentro de algunas de las formaciones sociales clasificadas por los autores como pertenecientes a los niveles más bajos de la sociedad nos encontramos también con el concepto marxista de lumpenproletariat. Si bien el significado y alcance de tal concepto habría que limitarlo a los contextos sociales y económicos a los que K. MARX y F. ENGELS se referían, el hecho de que en la literatura actual sobre la pobreza aún se haga referencia a él —hemos visto, por ej. la referencia de R. DAHRENDORF— demanda una consideración acerca de lo apropiado del mismo y la utilidad que hoy podría tener. Estructura de clases en la sociedad tecnológica avanzada", en Socialismo del futuro, nº 6, 1992, pág. 80), utiliza el término de infraclase para indicar que "su problema es más bien el de su marginación del sistema como tal, su exclusión de la propia lógica de las relaciones económicas ordinarias. Exclusión a la que se puede llegar por razones de origen social, pero también por razones de movilidad social descendente, desempleo o edad." 21 P. Abrahamson, "Exclusión social en Europa, ¿vino viejo en odres nuevos?, op. cit. págs.119, 124 y 138. 114
Aunque el desarrollo del concepto de lumpenproletariat en las obras de Marx y Engels no es amplio ni sistemático, de sus referencias más explícitas y de desarrollos posteriores de autores marxistas puede obtenerse una idea más exacta de la realidad a la que se referían. MARX y ENGELS, en el Manifiesto comunista, y al referirse al proletariado como una clase auténticamente revolucionaria, consideran que el lumpenproletariat (la traducción literal sería la de "proletariado andrajoso") es "el producto de la putrefacción pasiva de las capas más bajas de la vieja sociedad se verá arrastrado al movimiento acá y allá, si bien(...), estará predispuesto a dejarse comprar en apoyo de maquinaciones reaccionarias."22 El político soviético Nicolai BUKHARIN (1925) especifica algo más el concepto al definirlo como "categoría de personas fuera del esquema del trabajo social y excluido de ser una clase revolucionaria... principalmente por las circunstancias de que no realiza trabajo productivo alguno". Según ese mismo autor en el lumpenproletariat se encuentra "falta de disciplina, odio a lo viejo, impotencia para construir algo nuevo, una personalidad individualista privada de clase, cuyas acciones se basan solamente en caprichos tontos."23 Ya se ha señalado anteriormente cómo R. RAHDENDORF identificaba el concepto de underclass con el de lumpenproletariat; y al explicar él detenidamente el primero puede parecer como si atribuyera, a su vez, al concepto de lumpenproletariat un contenido más amplio que el que en realidad le otorgaban los marxistas clásicos. DAHRENDORF expresamente incluye a la población indigente como "formando parte del lumpenproletariat, y así afirma: "A diferencia del proletariado, el lumpenproletariado no pasa inadvertido. La vergüenza no le hace esconder su miseria. Los vagabundos duermen bajo los puentes, los mendigos se sientan en las grandes avenidas. Esta underclass ocupa viviendas, provoca peleas en los partidos de fútbol, se pasea de noche por las calles berreando... Para esta subclase la manta de lana, la comida gratis, la limosna, son necesarias, en la misma medida en que esas prácticas son ineficaces" (en referencia a las prestaciones sociales teñidas de paternalismo).24 22 K. Marx y F. Engels; El manifiesto comunista. Ed. Alhambra, Madrid, 1985; pág. 64. 23 La definición de N. Bukharin la ofrece D. Matza en su artículo “Los pobres despreciables”, incluído en el libro de R. Bendix y S. L. Lipset Clase, status y Poder (op. cit.) pág. 243. La cita de N. Bukharin corresponde a Historical Materialism (New York: International, 1925; págs. 284 y 290). 24 Ver la revista Noticias obreras; op. cit.; págs. 19-26. 115
No parece que se fuerce en exceso el significado de los textos anteriores si entre el "producto de la putrefacción pasiva de las capas más bajas de la vieja sociedad", los que no realizan un trabajo productivo, los clásicos del marxismo incluían la categoría de pobres indigentes, el sector más depauperado. Sin embargo, y aunque también se refirieran a estas categorías de pobres, la utilización del término lumpenproletariat hoy en día para designar a los sin techo, vagabundos y mendigos no parece ser la más adecuada, pues los contextos sociales, temporales y geográficos en que se acuñó el término y la realidad a la que remitía se distancian mucho de los actuales. Tabla 4.5. Propuesta de estructura general de clases, con incidencia en la correspondiente a la clase baja. CLASE ALTA CLASE MEDIA CLASE BAJA CLASE BAJA-BAJA Subclase (infraclase, underclass) Lumpenproletariat, subproletariado Submundo, indigencia De lo expuesto hasta aquí, y en referencia al tema particular que nos ocupa, pueden destacarse a modo de conclusiones generales las siguientes consideraciones: a) Los pobres marginales no son la infraclase (o subclase o underclass), pero sí podrían considerarse como formando parte de ella. b) No parece que la noción de lumpenproletariado sea la más apropiada para referirse a nuestras tres categorías de indigentes. c) Aunque sea también una noción muy general, la de clase social "baja baja" parece válida para incluir en ella a las categorías de transeúntes crónicos, a ciertos mendigos y a los vagabundos. 116
3. LA RELACIÓN DE LOS POBRES MARGINALES CON LA SOCIEDAD GLOBAL SEGÚN EL ANÁLISIS DE LOS ROLES E INSTITUCIONES SOCIALES Se ha señalado que el mundo de la indigencia hay que colocarlo (en referencia a una imagen estratificada como la presentada en la tabla 4.5) en la parte más baja. Se incluiría dentro de lo que se entiende como clase baja, pero como una subcategoría (parte más baja) habría que distinguir a los más marginados, a los excluidos. Algunos de ellos (así, ciertos "sin techo", y según momentos del proceso de exclusión) ascenderían o descenderían dentro siempre del estrato bajo. Otros, permanecen en un submundo, componiendo ya en la sociedad el sedimento humano poco volátil caído desde o empujado por las capas superiores. A lo largo del resto de las páginas que configuran este capítulo se va a tratar de reflexionar acerca de cuáles son esos posibles nexos (tipo, calidad y características de los mismos) que unen a la población indigente con el resto de la sociedad (ese cuerpo y tejidos sociales que comprenderían la sociedad convencional y normalizada), pensando la respuesta al porqué se ocupa esa posición baja en la estratificación social. 3.1. El desempeño de roles y la participación en las instituciones El recurso en nuestro análisis a los conceptos de "rol social" y de "institución social", y la reflexión sobre la posible correspondencia de sus contenidos con la realidad de la población indigente, puede sernos también de gran utilidad para comprender la mayor o menor distancia que mantiene esta población respecto la sociedad convencional, así como para apreciar la calidad de los lazos que les unen a ella. Al ser en torno a las instituciones sociales básicas como se vertebra fundamentalmente la acción social de los individuos, la referencia a cómo se desarrolla la actividad de la población indigente en relación a tales entidades sociales (la economía, familia, educación, Estado y religión) se presenta como una manera adecuada de afrontar la cuestión general planteada. 117
3.1.1. La relación con la familia Para una parte significativa de los indigentes la familia ha dejado de ser ya no sólo el grupo de pertenencia, pero ni siquiera el de referencia; no basan en ella su seguridad económica, ni constituye la unidad básica de producción y consumo. Tampoco es a través de la familia como canalizan sus posibilidades de realización afectiva o sexual. Caso de darse, los roles de esposo o esposa, padre o madre, no son desempeñados ni en su dimensión de deberes a cumplir (o derechos a exigir), ni respecto a las funciones y tareas a realizar propias de los mismos. Si existen, los lazos con el esposo o esposa y con los hijos o son muy débiles o ya no existen, por lo que la posibilidad de su influencia en la educación de estos últimos es inexistente. Hay, sin embargo, un sector de indigentes —como los que pertenecen a la etnia gitana, portugueses, etc.— que constituirán una excepción en este análisis. 3.1.2. La institución económica La mayoría de las personas en la sociedad desempeña o se prepara para realizar algún tipo de rol ocupacional. Aunque la tasa de desempleo en nuestro país sea alta, los desempleados de alguna manera tratan de incluirse en el proceso productivo y buscan beneficiarse del sistema de remuneraciones que les puede permitir —con diferente alcance— el acceso y consumo de bienes y servicios. La posibilidad de participación en el sistema productivo se constituye en las sociedades avanzadas y tecnológicas en garantía de acceso a la participación en las otras esferas significativas de la sociedad (cultura, vivienda, salud, etc.). La integración del individuo en y por el trabajo es la clave de una seguridad y estabilidad económicas, y está también en la base del reconocimiento social. Nuestra población (claramente en los casos crónicos y extremos) no sólo no se ve implicada tenuemente en el proceso de producción sino que se siente prácticamente separada en unos casos e imposibilitada en otros para acceder a una actividad productiva regular, y, por lo tanto, a un nivel mínimo de bienestar. 118
Y es este segundo aspecto, el de la invisibilidad política, el que aquí queremos destacar, ya que —y como se ha señalado— en el caso de los pobres marginales, la invisibilidad es prácticamente absoluta: la sociedad se interesa mínimamente por ellos; ni ellos, en su abandono general, tratan de aparecer, si no es con esa apariencia acentuada y externa que únicamente sirve de reclamo de la dádiva que le va a permitir la subsistencia. Resultan ser, por lo tanto, no sólo hombres pobres sino también unos pobres hombres. A la consideración de los pobres como personas políticamente invisibles hay que añadir, además, la de socialmente invisibles, si nos atenemos al hecho de que son sujetos que no constan en ninguno de los muchos sistemas de comunicación y de control informatizados, existentes en las sociedades desarrolladas. Muchos de ellos, al no estar empadronados ni poseer residencia fija, no son sujetos con los que se cuente ni por parte de las Administraciones públicas (Hacienda, Ministerio de Interior, Seguridad Social, Justicia), ni por parte de entidades privadas (bancos, financieras, empresas de mercadotecnia). No constan en ningún archivo ni fichero informático, ni en ninguna base de datos —a no ser en los de la policía, o en los libros de entradas y salidas de usuarios de las organizaciones de beneficencia—. Para los economistas, estadísticos, demógrafos y sociólogos, constituirían la categoría de personas que se incluye entre los "no clasificados", esa especie de "fosa común" que, metafóricamente hablando, acoge de manera definitiva e irreversible a los socialmente invisibles y administrativamente ya inexistentes. 3.3. La "pobreza individual" y la "social" de G. Simmel Al hilo de la línea argumental seguida en esa sección, la aportación del sociólogo alemán G. SIMMEL (1986) resulta ser especialmente sugerente cuando explica la realidad de la "pobreza social" (que contrapone a la "individual" que entiende como simple "insuficiencia de recurso para los fines de la persona"). Para él, pertenecer a la categoría social del pobre significa recibir socorro y deber recibirlo, según las normas sociales; no el que sufre determinadas deficiencias o privaciones. La función que desempeña el pobre dentro de la sociedad no se produce por el solo hecho de ser pobre; sólo cuando la sociedad —la totalidad de los individuos particulares— reaccionan frente a él con socorros, sólo entonces representa un papel social específico(...) Sólo en el momento en que son socorridos —con frecuencia ya 125
desde que su situación lo pide normalmente y aunque no acontezca de hecho— entra en un círculo caracterizado por la pobreza. Este círculo no se mantiene unido por una acción recíproca de sus miembros, sino por la actitud colectiva que la sociedad en su conjunto adopta frente a él. (...) Sólo cuando la pobreza lleva consigo un contenido positivo, común a muchos pobres, surge una asociación de pobres como tales. Así el fenómeno extremo de la pobreza, la falta de un techo en que albergarse hace que los que se hallan en tal situación en las grandes ciudades, afluyan a determinados lugares de refugio. Es precisa una especificación de la pobreza, como la falta de albergue, para que hoy día sea eficaz aun el elemento asociativo (...) La clase de los pobres (…) constituye una síntesis sociológica muy peculiar. Posee una gran homogeneidad, por lo que toca a su significación y localización en el cuerpo social; pero carece de ella completamente en cuanto a la cualificación individual de sus elementos.29 3.4. Los pobres, una categoría de población incorporatizable Las reflexiones que S. GINER (1987) realiza acerca del imprevisto rumbo que la desigualdad entre los hombres ha tomado en el mundo moderno, constituyen, asimismo, una interesante aportación a la fundamentación teórica que ahora tratamos de desarrollar.30 Señala este autor que son tres los grandes modos sucesivos de organización general de la desigualdad social en los tiempos modernos: a) la sociedad estamental, que correspondería al periodo tardío del feudalismo; b) la sociedad clasista, que ocuparía el periodo de la hegemonía del individualismo posesivo burgués, y c) la sociedad corporativa que corresponde al periodo del capitalismo mundial maduro. Y respecto a la clase social nuestro autor señala que "continúa existiendo como componente crucial del sistema de desigualdad. No obstante, la clase queda determinada, sobre todo ahora, por la estructura ocupacional, así como por la integración de las personas en la nueva unidad de la estructuración social, la corporación." Resumiendo el desarrollo que hace de las nociones de "sociedad corporativa" y de "corporación", cabe subrayar que para él las corporaciones, hoy, son "las asociaciones predominantes, las formas cruciales de estructuración social (...) Su influjo es, de uno u otro modo, tan patente que 29 G. Simmel, Sociología. Estudios sobre las formas de socialización. op. cit. Vol. II; págs. 518 y 519. 30 S. Giner, Ensayos civiles. Ed. Península, Barcelona, 1987. Ver cap. 3. 126
parece sensato referirnos a ellas para hacer referencia a la urdimbre que traba y confiere un cierto orden a la sociedad contemporánea." Las notas que definen la corporación son: • el constituir una asociación organizada jerárquicamente, • administrativamente integrada, • su especificidad es funcional, • orientada hacia el tratamiento formalizado de conjuntos de problemas en sus esferas de competencia en la vida social, • bajo la ideología de maximación de resultados.31 Y acerca del origen de la desigualdad en nuestras sociedades (además de los factores de orden económico, político y cultural), interviene un proceso — que denomina "cierre social", por el cual "ciertas posiciones sociales son reservadas activamente por ciertas gentes para sí mismas o para otras específicas, con exclusión de los demás." La desigualdad es conformada, afirma, por dicho proceso. Y al proceso de corporatización en el mundo moderno le atribuye S. GINER una doble valoración, de signo distinto: (...) mientras que la corporatización ha reducido relativamente el desnivel general de la desigualdad, ha aumentado también la jerarquización en el seno de la sociedad de clase. La jerarquización en las redes ocupacionales ha significado la aparición de nuevos criterios de cierre y acceso al poder, privilegio e ingresos aunque haya entrañado mayor apertura para el reclutamiento inicial en muchos casos. La apertura ha ocurrido externamente, por así decirlo, en la sociedad entera. El cierre ha ocurrido internamente, dentro de las instituciones corporativas. Y el cierre del universo corporativo se extiende, además: (...) a aquellos sectores de la población cuyas capacidades no sean adecuadas para la psicología y la concepción corporatista de la vida. Así, el mundo moderno margina con frecuencia a quienes no satisfacen los requisitos del homo corporativus (...) De hecho, la población "incorporatizable" —ancianos, pobres, delincuentes, enfermos, bohemios— sufre una categorización especial y se convierte en objeto de los cuidados técnicos de equipos corporativos de expertos —médicos, policías, trabajadores sociales, burócratas, estadísticos— que pasan a 'hacerse cargo' de ellos 31 Ibidem, págs. 102 y 106. 127
e intervienen en sus vidas para resolver sus problemas en nombre de la autoridad competente.32 En la tabla 4.6 se ofrece de modo esquemático un resumen de ideas expuestas en este apartado; se ha tratado de manera comprehensiva de presentar los conceptos que han guiado la reflexión y han facilitado la comprensión de la cuestión referida a la relación de los pobres marginales con la sociedad global. 32 Ibidem, págs. 110, 111, 116. 128
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4. EL CONCEPTO DE "SUBCULTURA" COMO REFERENTE ÚTIL PARA EL ESTUDIO DE LA POBREZA MARGINAL Los conceptos de "cultura" y de "subcultura" que ahora introducimos, y que nos remiten a aspectos tan relevantes de la vida social como son los valores, normas, creencias y pautas morales, van a ser, asimismo, de gran utilidad para profundizar algo más en el conocimiento de nuestra población. La referencia a realidades culturales y subculturales y el tratar justificar la posible correspondencia con las mismas de ciertas categorías de sujetos, requieren, como mínimo, presentar —y aunque sea muy en resumen— el debate existente entre los autores en torno al modo como se estructuran los valores en las sociedades modernas complejas. Sociedades que se caracterizan por la existencia jerárquica de clases y por la coexistencia de variadas subculturas. En este sentido, el planteamiento de carácter general que F. PARKIN (1978) hace al respecto y las conclusiones a que llega pueden sernos de utilidad para introducir esta reflexión.33 Centra este autor la cuestión en torno a la pregunta sobre ¿qué es lo más plausible: hablar de un sistema común de valores compartidos por todas las clases o más bien de un sistema valorativo diferenciado para cada clase? Señala que no hay un acuerdo al respecto entre los autores: . Una escuela de pensamiento mantiene que los valores subyacentes a las grandes instituciones sociales son compartidos por todas las clases, aunque quizás con distintos grados de intensidad; y se subrayaría la unidad y no la diversidad del sistema general de valores. Se incluye en esta corriente de pensamiento a los funcionalistas (en especial T. Parsons y K. Merton); según este último, se afirma, una de las fuentes de tensión de la sociedad moderna "se deriva de la situación por la cual los componentes de la clase subordinada interiorizan los mismos valores que la clase dominante, siendo así que no poseen los medios adecuados para ponerlos en práctica." . Otra escuela sostiene que más bien 'los valores varían intensa y sistemáticamente de una clase a otra, de forma que no es posible hablar de un orden moral unificado". Compartirían este enfoque —continúa Parkin— los 33 F. Parkin, Orden político y desigualdades de clase. Ed. Debate, Madrid, 1978; págs. 115-117 y 140. 130
que utilizan el término de "subcultura de la clase trabajadora", ya que dan a entender que hay un sector de la sociedad que cuenta con una serie específica de valores y pautas de comportamiento. Planteada así la cuestión, Parkin se posiciona al constatar que en la actualidad (publicó su teoría en 1971) los contrastes entre las clases no se suelen presentar en términos tan drásticos: En buena medida la respuesta dependerá del grado de generalidad con que se plantee la pregunta. Así, los estudios sobre actitudes obreras basados en preguntas referidas a términos generales y no a situaciones concretas, tienden a dar mayor énfasis al consenso valorativo de las distintas clases, puesto que en ese caso es el sistema dominante el que funciona como marco moral de referencia. Por el contrario, las investigaciones que recalcan los contextos sociales específicos de las conductas y las creencias, o que se basan en índices estadísticos de comportamiento, acusan la existencia de un sistema de valores diferenciados, ya que en esas condiciones de especificación de los contextos de la acción, es el sistema subordinado el que actúa. Por supuesto que cualquier persona perteneciente a cualquier clase distinguirá entre los valores generales y las situaciones concretas. La distinción, no obstante, no es gratuita, sino que denota —como prueba fundamental de nuestra teoría de la conducta de la clase subordinada— que en esa clase las pautas morales y los juicios globales que forman el código abstracto tienen su origen en otra clase más poderosa (...)34 La utilización en la literatura actual sobre la materia de las nociones de "cultura de la pobreza" y de "subcultura de los pobres", así como la limitada explicación que de sus contenidos se da en ciertos casos, está requiriendo, en el contexto de este estudio, una ampliación de los planteamientos y una presentación más exhaustiva de las respuestas. Dada la influencia que las ideas de autores americanos como Oscar LEWIS (1959) y de Michael HARRINGTON (1962) han tenido en los autores que han tratado el fenómeno de la cultura de la pobreza, la presentación aquí —y en resumen— del núcleo de sus teorías parece más que oportuna. Junto a las teorías de estos autores, la exposición del comentario (amplio y crítico) que Charles VALENTINE (1968) hizo de los estudiosos que de forma imprecisa usaban la noción de 'cultura", va a facilitar la respuesta sobre la adecuación o no de las nociones de "cultura" o "subcultura" de la pobreza, y orientará acerca de lo apropiado de su aplicación a nuestra población. 34 Ibidem, pág. 140. 131
En primer lugar, nos remitimos a las afirmaciones que el antropólogo O. LEWIS hace en su libro Antropología de la pobreza. Cinco familias.35 Según expresa, el objetivo del libro es el de 'brindar al lector un cuadro íntimo y objetivo de la vida diaria de cinco familias mexicanas (...) y el de contribuir a la comprensión de la cultura de la pobreza en el México contemporáneo. Y, por cuanto que los pobres de todo el mundo tienen algo en común, a la comprensión de la vida de la clase baja en general". Refiriéndose a las naciones modernas LEWIS subraya que la pobreza constituye el factor dinámico que al afectar la participación en la esfera de la cultura nacional crea una subcultura: Uno puede hablar de la cultura de la pobreza, ya que tiene sus propias modalidades, y consecuencias distintivas sociales y psicológicas para sus miembros. Me parece que la cultura de la pobreza rebasa los límites de lo regional, de lo rural y urbano, y aun de lo nacional. Por ejemplo, me impresiona la extraordinaria similitud en la estructura familiar; en la naturaleza de los lazos de parentesco, en la calidad de relaciones esposo-esposa y padres-hijos; en la ocupación del tiempo; en los patrones de consumo; en los sistemas de valor y en el sentido de comunidad encontrado en las clases bajas de los barrios de Londres; lo mismo que en Puerto Rico; asimismo, en los barrios bajos capitalinos y pueblos de México; como entre las clases bajas de negros en los Estados Unidos.36 Como puede apreciarse, y por una única cita, el pronunciamiento de LEWIS es claro a favor de la existencia ya no solamente de una subcultura, sino de una cultura de la pobreza; habría que situar a este autor entre los autores integrantes de la segunda escuela señalada por F. Parkin anteriormente. M. HARRINGTON es otro de los autores americanos cuya teoría puede considerarse representativa de la teoría de la "cultura de la pobreza". Dado el interés que este autor ha ido suscitando en los pensadores europeos, y lo adecuado de su planteamiento para la configuración del marco teórico referencial de este trabajo, ha parecido procedente presentar, también en resumen, lo más significativo de su teoría. Nuestro autor, tratando de describir en su libro La cultura de la pobreza en los Estados Unidos (1962) los "rostros que están detrás de las estadísticas", 35 O. Lewis, Antropología de la pobreza. Cinco familias. Ed. Fondo de Cultura Económica; México, 1985; págs. 16 y 17. 36 Ibidem, págs.17. 132
establece la teoría de que la pobreza contemporánea constituye netamente una cultura. Su supuesto básico —señala— parte de la consideración de que la pobreza forma "un sistema independiente... que no se pueden trazar aisladamente los varios componentes de la pobreza, cambiando esta o aquella condición, pero dejando la estructura básica intacta." La diferenciación entre este sistema y la sociedad convencional queda clara y notoriamente establecida. El pobre, afirma, crece en una cultura que difiere radicalmente de aquella que domina en la sociedad. De la singularidad de esta cultura y de su separación respecto a la del resto de los norteamericanos dan cuenta afirmaciones tales como: . "Los pobres quedan fuera de la experiencia y de la conciencia de la nación." ."Ser pobre es ser un extranjero en el propio país." . "Ser pobre no es sólo encontrarse privado de las cosas materiales de este mundo, es entrar en un universo fatal e inútil, en una Norteamérica dentro de Norteamérica." La caracterización como cultura de la pobreza vendría subrayada, además, cuando, en referencia a ella como una totalidad, establece una serie de subculturas, como la de los "viejos", las "minorías", "trabajadores agrícolas", y la de los "obreros industriales desheredados."37 Si bien HARRINGTON no hace expresa mención de la noción de "personalidad modal", del análisis de sus afirmaciones sí puede deducirse que atribuya a la de los pobres —como corresponde por otra parte a toda cultura— una característica de personalidad que son comunes (típicas) entre los miembros de la misma: "Hay un sentido, una personalidad de la pobreza, un tipo de ser humano producido por la vida triturante y consumidora de los barrios bajos(...)."38 Entre los rasgos que configurarían esa psicología propia del pobre, la del "típico ciudadano de la otra Norteamérica" destaca: a) los sentimientos, las emociones y las actividades de los pobres que son diferentes a las del resto de la nación, b) el pesimismo, como actitud básica de los pobres; 37 M. Harrington, La cultura de la pobreza en los Estados Unidos. op. cit. ; págs. 12, 29, 157, 235. 38 La definición del concepto de "personalidad modal" está tomada de P. B. Horton et. al., Sociología, op. cit., pág. 93; y se define tal concepto como "una serie de características de personalidad, gran cantidad de las cuales son compartidas por la mayor parte de los miembros de ese grupo." 133
c) el no posponer las satisfacciones; d) el no ahorrar; e) el que "cuando el placer puede conseguirse tienden a tomarlo inmediatamente"; f) la tendencia a ser desesperanzados y pasivos; g) la pérdida psicológica, y el trastorno emotivo.39 Nuestro autor hace también referencia a otro de los elementos que se considera como básico para la distinción entre culturas, y que viene dada por la consideración diferenciada de qué valores y pautas de comportamiento son tenidas por normales en una y otras culturas. A este respecto, Harrington recalca que los pobres poseen unos modos de vida y una visión del mundo propios: "En el barrio bajo, la conducta que chocaría a un vecindario de la clase media y llevaría al tratamiento es a menudo considerada normal. Incluso si alguien está constante y violentamente borracho, o si golpea brutalmente a su mujer, la gente dirá del él 'bueno, es un poco raro'." 40 Asimismo, las pandillas con su comportamiento violento son consideradas por las normas de la clase media como antisociales; sin embargo, en el contexto de un barrio bajo la violencia y la perturbación son a menudo la norma. Por el contrario, la clase media "no comprende la estrechez de sus juicios. Y peor aún, actúa según ellos, como si fueran universales y aceptados por todos." Y si en la determinación de la distancia entre las culturas la existencia de un lenguaje pose un valor relevante, también —señala HARRINGTON— este elemento se da en la cultura de los pobres, al descubrirlo como propio de la misma. Igualmente, este autor atribuye a la cultura de la pobreza otro de los rasgos definitorios de toda cultura, el de la ocupación o su demarcación a un espacio geográfico, el del barrio bajo; éste no es "meramente un área de edificios ruinosos, es un hecho social". La pobreza tiene incluso olor, la clase media en cambio, no. Una de las características de un barrio bajo es que "huele a cocina, a seres humanos aglomerados estrechamente, a malas 39 M.Harrington (op. cit.) ver especialmente el cap. VIII:"La mente trastornada." 40 Ibidem, pág. 162. 134
Argelia.- Se produce un cambio desigual: aumentan los usuarios argelinos del año 1990 al 1994 en el centro de Cáritas, pero disminuyen, a su vez, en el Albergue (según datos de los años 1992 y 1993). Africa subsaharianaLos años 1991 y 1992 pueden aparecer como relevantes por la cifra de población de color que utiliza los servicios de los tres centros; en el año 1993 parece apreciarse una tendencia hacia el descenso de dicha población. Europa del Este.- Los primeros porcentajes referidos a esta zona se refieren al año 1991, desde tal año hasta 1993, las cifras han ido en aumento en todos los centros y ello de manera manifiesta. Los cambios de regímenes políticos producidos en esos años en toda el área de anterior influencia soviética (la demolición del muro de Berlín se produjo en noviembre de 1989), con las correspondencias secuelas sociales, explicaría tal fenómeno. Países europeos occidentales.- Desde el año 1990 se produce, asimismo, un aumento de transeúntes procedentes de los países de la Unión Europea. Si bien el aumento no es tan significativo como el reflejado en los originarios de los Países del Este. Centro y Sudamérica.- Los cambios de porcentajes parecen ser de distintos signo entre el centro de Cáritas y El Refugio. Lo irregular de la evolución en el primer caso, y la escasa representación de las cifras absolutas, en el segundo, no permiten fundamentar ningún tipo de tendencia. Y si, finalmente, observamos los datos globales teniendo como referencia a todos los centros, se advierte que es en El Albergue Municipal y en Cáritas donde se produce el aumento más claro de usuarios extranjeros. 8. VOLUMEN DE DEMANDA DE SERVICIOS DE LOS DISTINTOS CENTROS DURANTE LOS MESES DEL AÑO La averiguación de la existencia de meses o estaciones del año en que la demanda de servicios varía respecto a los otros puede suministrarnos información valiosa acerca de la importancia en Zaragoza del fenómeno del transeuntismo estacional y de la movilidad de esta población. 237
Tabla 8.10. Cifras de usuarios en los respectivos centros, por año y mes* Cáritas El Refugio El Albergue 1990 1991 1992 1991 1993 1992 1993 Enero 268 310 216 154 141 81 121 Febrero 247 279 255 143 140 140 127 Marzo 285 218 233 154 152 154 160 Abril 248 259 185 140 137 136 172 Mayo 287 261 200 160 143 175 197 Junio 280 252 215 131 135 182 162 Julio 239 256 181 112 97 206 202 Agosto 244 233 146 59 - 155 141 Septiembre 242 322 251 127 111 147 129 Octubre 324 304 259 151 132 158 163 Noviembre 254 256 257 144 110 150 154 Diciembre 226 241 224 139 123 115 103 Media al mes 263 266 218 146 118 150 152 * Durante el mes de agosto El Refugio no presta servicios a los transeúntes. Las cifras de Cáritas se refieren al número de servicios prestados, y las de El Albergue al número de personas que acudió al servicio de Información y Acogida por primera vez. Con los datos disponibles referentes a los centros de Cáritas, de El Refugio y del Albergue Municipal, el análisis global de los mismos entraña cierta complejidad. Dos conclusiones de carácter general pueden, sin embargo, deducirse y que indicarían ya la dificultad para establecer con claridad las posibles tendencias existentes: 1ª, las diferencias de cifras de usuarios entre la mayoría de los meses, y para cada uno de los centros, no son significativas; y 2ª, las cifras referidas a los meses que destacan (bien por ser máximos los promedios, o por ser mínimos) varían, y para cada centro, de un año para otro. Y si aplicamos el coeficiente rho de Spearman para tratar de medir hasta qué punto están asociadas las variables "volumen de demanda" según "meses del año", por diferentes años (y una vez transformada la variable "volumen de demanda" en variable ordinal; es decir, una vez ordenados los meses según su mayor o menor demanda), se obtienen los siguientes resultados: 238
Centro de Cáritas (rs) 1991 1992 1990 0,24 0,28 1991 - 0,48 Para el caso del centro de Cáritas se aprecia que existe una cierta similitud entre los diferentes ordenamientos, escasa para el año 1990, respecto a 1991 y 1992, y algo más significativa entre los años 1991 y 1992 (0,48). Más clara es la asociación de ordenamiento entre los años 1991 y 1993 del centro El Refugio, que alcanza un valor de 0,79. Para el Albergue Municipal, y para los años 1992-1993, se aprecia también que la variabilidad es poco significativa (0,76). Realizada la comparación de la posición y orden que cada unos de los meses alcanza, por años y centros, en cuanto a la cifra de usuarios, y con las matizaciones realizadas, puede apreciarse con todo que, en conjunto, es en los meses de marzo, mayo y octubre cuando parece ser mayor la presencia de transeúntes en Zaragoza. A su vez, los meses de agosto y diciembre aparecen como aquéllos en los que detecta menor presencia en la ciudad de estas personas. En el importante número de demandas de servicios en el mes de octubre influye, sin duda, la celebración de las fiestas del Pilar, que provoca la llegada a la ciudad de una gran variedad de personas trashumantes, que tratan de encontrar o bien la desaforada diversión o ya el "aprovechamiento" pecuniario al amparo del desarrollo masivo de los actos públicos y de la multitudinaria presencia de las gentes en la calle. Puede apreciarse, asimismo, que los volúmenes de demanda por meses entre los centros de Cáritas y El Refugio son muy similares; distanciándose sendos centros, sin embargo, respecto al número de personas usuarias por meses de El Albergue Municipal. Se destacan en este último centro los meses de diciembre y enero como los de menor acogida, y los de junio y julio como los de mayor. Entre los meses de febrero y junio las cifras de demandas son más similares en los tres centros, y para los distintos años estudiados. 239
9. NIVEL DE ESTUDIOS ALCANZADO POR LA POBLACIÓN USUARIA DE LOS CENTROS La información disponible sobre el factor nivel de estudios se reduce a la suministrada por las memorias correspondientes a los años 1992 y 1993, del Albergue Municipal. Tabla 8.11. Nivel de estudios de los usuarios del Albergue Municipal, datos correspondientes a los años 1992 y 1993 1992 1993 Analfabetos 4,3 - Leen y escriben 5,1 - Estudios primarios 42,8 39,3 Graduado Escolar 30,8 53,5 Bachillerato superior 14,3 7,1 Titulación universitaria 2,4 - 100 (756)* 100 (?)** *Población encuestada, muestra no aleatoria. ** Se desconoce la población base. Cabe indicar, como dato a destacar, que aproximadamente cuatro de cada diez de estos usuarios poseen un nivel de primaria o incluso menor. Aunque se advierte cierta variación en los porcentajes de un año para otro, y que se manifiesta principalmente en el dato de que en 1993 ya no había analfabetos o analfabetos funcionales, el alcance del análisis de los datos de la tabla es, sin embargo, limitado; resultando, igualmente, forzado sacar conclusiones acerca de la evolución de este aspecto, ya que los datos se reducen a los cambios habidos entre 1992 y 1993. 240
10. LA RELACIÓN DE LA POBLACIÓN TRANSEÚNTE CON SUS FAMILIARES La falta de información sobre esta variable, en unos casos, o la poca fiabilidad de la existente, en otros, hace que nos limitemos en nuestro análisis a los datos ofrecidos para los años 1991 y 1993 por el centro de El Refugio. Tabla 8.12. Existencia o no de relación con la familia de los usuarios de El Refugio AÑO AÑO Relación 1991 1993 Existe 42,2 % 57% No existe 57,8% 43% 100 100 Como puede apreciarse, la proporción de personas transeúntes que no mantienen relación con sus familiares supera, en sendos años, la de cuatro de cada diez. Al no disponer de datos de otros centros (que podrían corroborar alguna posible tendencia en el aumento de las relaciones de un año para otro) el cambio que se advierte en el signo de la relación —positivo, y además significativo— no parece deba ser entendido como indicativo de cambio claro de tendencia. De todas maneras, esta información sí que puede servirnos de base para la formulación de una hipótesis de trabajo que orientase la investigación en este sentido en años posteriores. 241
11. EL ESTADO DE SALUD DE LOS USUARIOS 3 El conocimiento del estado de salud de los usuarios de estos centros adquiere también especial interés en nuestro estudio: el grado de carencia en la misma nos va a revelar, por un lado y fundamentalmente, la gravedad de su situación personal y social (pues se supone que no cuentan con el apoyo afectivo próximo de parientes y amigos) y, por otro, tal deterioro nos indicará la posición que se ocupa ya en el camino hacia la exclusión más absoluta. Tabla 8.13. Estado general de salud de los usuarios por centros y años (%) Refugio Cáritas Albergue 1991 1993 1990 1991 1992 1993 1990 1992 1993 Problemas 67 48 28,8 27,3 26,2 27,6 21,8 18,8 10,7 No problemas 33 52 71,2 72,7 73,8 72,4 78,2 81,2 89,3 100 100 100 100 100 100 100 100 100 (211) (263) (1358) (1378) (1457) (1317) (?) (756) (?) El primer hecho a destacar es la disparidad de porcentajes existente entre los tres centros analizados. Una explicación de tales diferencias podría estar en la constatación —avanzada anteriormente— de que la población atendida por cada centro posee características, también en esta variable, distintivas. Los usuarios de El Refugio muestran sufrir mayor deterioro tanto físico y psíquico que los usuarios de Cáritas, y estos últimos mayor que los del Albergue Municipal. Puede afirmarse que a la primera de las instituciones se dirige un tipo de transeúnte que se incluye entre los que hemos 3 Una parte de los datos ofrecidos en las respectivas memorias acerca del estado de salud no ha sido susceptible de ser explotada y aprovechada para su análisis comparativo —tal y como hubiera sido de desear— y ello debido a que tal variable se ha hecho operativa, por los diferentes centros, con algunas de las categorías no coincidentes, o con agrupaciones de las mismas asimismo diferentes. Con la finalidad de mantener el máximo de rigor y tratando de no introducir sesgos, las cifras se han simplificado, limitándolas, en primer lugar, a una dimensión general (como es la de si presentan o no estas personas algún problema de salud); y a la comparación, en segundo lugar, de aquellas problemáticas más relevantes y a la vez claramente discernibles entre las diversas categorizaciones presentadas en las memorias. La fiabilidad que se otorga a la información obtenida en esta variable queda limitada a aquélla que debe concederse al tipo de instrumento de recogida utilizado, como es el de la "entrevista personal" aplicada a usuario por parte de los profesionales de los diferentes centros. 242
denominado crónico (más de la mitad sufrirían algún problema físico o psíquico). Y si nos referimos a la población que acude al centro de Cáritas y al Albergue (que incluiría en su mayor parte un transeuntismo emergente) entre dos y tres de cada diez tendrían problemas de salud. Gráfico 8.5. Usuarios con problemas de salud en distintos centros de Zaragoza y años 0 10 20 30 40 50 60 70 91 93 Refugio 91 93 Caritas 90 93 Albergue 1990 1991 1993 Se constata, igualmente, cómo el estado de salud —al menos el declarado— de la población que frecuenta el Albergue Municipal parece haber mejorado entre los años 1990 y 1993, pasando de un 21,8 % de los sujetos con problemas en 1990, a un 10,7, en 1993. Tabla 8.14. Población usuaria que declara sufrir como principal problema de salud alguna de las indicadas en la tabla, por centros y años (%) Cáritas El Refugio Albergue 1990 1991 1992 1993 1991 1993 1992 Toxicomanía 2,72 3,6 2,33 5,0 9,5 7,6 9,0 Alcoholismo 12,7 9,9 10,0 8,0 27,0 13,3 16,8 Minusv. física 1,3 1,7 1,2 1,4 - 5,7 - Probl. psíquic. 6,8 6,1 6,5 7,1 16,7 10,6 - SIDA - 1,1 0,9 0,6 4,7 4,2 3,9 243
En todos los centros, y en los diferentes años, el problema que afecta a un mayor número de sujetos es el del alcoholismo, siguiéndole en importancia las situaciones de deterioro psíquico. Al comparar tales categorías entre El Refugio y Cáritas se advierten los superiores porcentajes del primer centro respecto al segundo. De las cifras referidas al alcoholismo, y para sendos centros, puede afirmarse la tendencia, apreciada en esos pocos años, a un descenso en el volumen de afectados. Son también reseñables las proporciones de personas que declaran estar afectados por el SIDA, más altas entre los usuarios de El Refugio. 12. RAMAS DE ACTIVIDAD EN LAS QUE HAN REALIZADO LA PRINCIPAL ACTIVIDAD LABORAL4 El tipo de "actividad laboral" desarrollada por nuestra población constituye otro de los aspectos básicos a tener en cuenta para comprender algunas de las circunstancias que intervinieron en la configuración del modo de vida que caracteriza a los transeúntes. Si bien se constata en la tabla 8.15 que los porcentajes correspondientes a la posibilidad de "otra actividad" alcanzan valores altos —y que nos obligaría a relativizar un tanto el interés de la información obtenida— y a pesar de las dificultades metodológicas citadas, la existencia, con todo, de una cierta regularidad en el peso de los porcentajes de algunas categorías en los tres centros nos indicaría la validez y utilidad de la información para nuestro análisis. Así, por ejemplo, se advierte el alto número de estas personas que han realizado su actividad principal en el sector de la "construcción" y en el de "servicios" (y concretamente en la rama de la hostelería). 4 La categorización de la variable "rama de la actividad" que se presenta en la Tabla 8.15 no se corresponde estrictamente con la categorización original que aparece en las memorias de las respectivas instituciones. Como el análisis comparativo de los datos de las memorias sólo era posible si en esta variable se unificaban los criterios de categorización, se presentó como necesaria la tarea de agrupar en ciertas categorías, obviamente más generales, las diferentes y más concretas alternativas que aparecían en aquéllas. 244
Tabla 8.15. Ramas de actividad en las que han realizado los usuarios la principal actividad, por centros y años (%) Cáritas El Refugio El Albergue 1991 1992 1993 1991 1992 1993 Agric./ganad. 8,5 7,8 14,0 12,8 22,4 16,5 Pesca/marineria 2,6 2,2 0,7 3,3 1,3 2,5 Minería - 1,4 2,0 3,3 - - Ind. metalúrgica 5,5 3,9 5,9 4,3 - - Hostelería 15,8 15,7 24,9 9,5 11,5 14,0 Construcción 24,4 37,2 15,0 20,4 19,6 20,7 Comercio 7,7 1,7 5,6 - 3,8 7,4 Transporte 6,5 4,9 3,4 3,3 3,1 8,3 Rep.vehículos 2,9 4,6 3,6 3,3 - - Administrativos 3,3 2,2 1,7 - 1,7 5,0 Titul. universitarios 1,6 2,1 3,7 - - - Partic. soc. limit.ada 4,5 2,6 - - - - Estudiantes 4,8 1,9 1,3 3,8 3,7 1,6 Jubilados pensionistas 1,9 0,6 0,3 12,8 2,1 1,7 Otros 9,4 10,5 17,8 23,2 30,8 22,3 100 100 100 100 100 100 (687) (923) (864) (211) (1.799) (1.831) En el Albergue Municipal, y para los dos años que tenemos constancia, se destacan también como significativos los porcentajes de los usuarios que declaran ser jornaleros y/o temporeros; es decir, principalmente personas que se ocupan de la recolección de ciertos productos (fruta, vid, espárrago, etc.) en determinadas estaciones del año, y en zonas geográficas diversas.5 En conjunto, y en torno a las actividades relacionadas con las ramas del transporte y reparación de vehículos, parece también agruparse una cifra significativa de personas; así al menos se desprende de los datos de las memorias de Cáritas. 5 Sobre el significado y características del trabajo temporero y estacional resulta de interés la información ofrecida por Esteban Tabares sobre “Jornaleros y temporeros”, en Acción Social. Cuadernos de Formación, nº 14, Cáritas Española. 245
13. CONCLUSIONES De los numerosos datos expuestos acerca de diferentes aspectos de la situación de los transeúntes usuarios —presentados a partir del estudio y análisis de las memorias de las instituciones—, y a modo de síntesis, cabe destacar las siguientes consideraciones: a) Volumen de usuarios: No parece que pueda concluirse con claridad que haya existido un aumento o disminución del número de usuarios desde el año 1990 al 1993. b) El transeuntismo es más propio de varones: Se observa una mayor presencia de varones entre la población transeúnte. En general, parece apreciarse un leve aumento de la presencia femenina. c) Destaca la categoría de los varones maduros: La mayor proporción de los usuarios (un tercio de los mismos) tiene una edad comprendida entre los 31 y 40 años. También es significativa la presencia de jóvenes de entre 21 y 30 años; no puede apreciarse que desde el año 1991 haya aumentado dicha cifra. d) De estado civil solteros: Aproximadamente siete de cada diez usuarios son solteros. Se hace notable la cifra de personas separadas o divorciadas (alrededor de dos de cada diez). Parece apuntarse la tendencia a aumentar entre estas personas las que son separadas o divorciadas. e) Regiones generadoras de transeúntes: Las comunidades autónomas que se destacan por ser origen de los transeúntes que transitan por nuestra ciudad son, en primer lugar, Andalucía (siendo, además, la única en la que se confirma un aumento significativo en esos años), le siguen Aragón, CastillaLeón, Cataluña, y Comunidad de Madrid. f) Los extranjeros hacen su aparición: Se advierte un aumento notable de personas extranjeras en nuestra ciudad en esos años. Por países, el mayor número tiene su origen en Marruecos, seguido de Portugal, Argelia, Países del África subsahariana, y Europa occidental. Resulta llamativo también el hecho del aumento de usuarios que provenían de los Países del Este de Europa. La desaparición del "muro de Berlín" y la apertura democrática de los antiguos países de influencia soviética, explicarían este fenómeno. 246
Abordadas estas dificultades metodológicas con la prudencia y reservas procedimentales señaladas, bien puede decirse que los resultados obtenidos reflejan de manera muy aproximada la realidad del fenómeno de la indigencia y transeuntismo (en esta ocasión institucionalizados) en su dimensión cuantitativa. La información que a continuación se presenta va a añadir datos sobre algunas variables nuevas que no se incluyeron en el capítulo anterior; así, se desglosa la población indigente entre transeúntes (distinguiéndose los crónicos y los incipientes) y pobres vergonzantes (dándose a ambas un tratamiento particularizado), y se concreta el lugar de destino de los transeúntes. Asimismo, se completa y se matiza la información de características tales como la edad, sexo, estado de salud y procedencia, quedando corroboradas las informaciones y tendencias que ya aparecieron en el estudio de carácter longitudinal; todo ello concede, creemos, a los resultados globales, precisión y un alto grado de fiabilidad. 2. TIPO Y NUMERO DE SERVICIOS CONCEDIDOS POR LOS CENTROS ASISTENCIALES EL 21 DE MAYO DE 1993 De la aplicación de las técnicas señaladas en el anterior apartado, y en relación a los servicios que prestaron los dieciséis centros aquel día veintiuno de mayo, su especificación por tipos y cifras de los correspondientes beneficiarios se obtuvieron los datos que a continuación se exponen. Fueron en total 1.121 los servicios prestados, y que se distribuyeron de la siguiente manera: Número de centros Alojamiento 202 6 Desayuno 199 5 Comida 334 9 Cena 198 5 Ropero 34 4 Ducha 25 1 Bocadillo 120 5 Asesoría general 9 1 253
Como bien puede entender el lector, los servicios de "ropería", de "ducha" y de "asesoría" se han entendido en este contexto en un sentido estricto (como aquellos que los centros ofrecen de manera regular como tales y cuyo uso está limitado a unos controles de días y horarios). Así, resulta obvio pensar que algunos de los centros que ofrecen servicio de dormitorio también respondan a necesidades puntuales de ducha, vestido, higiene y asesoramiento Esta segunda información, además de resultar imposible de precisar, no parece ser relevante para nuestro estudio. 3. CARACTERÍSTICAS DE LOS BENEFICIARIOS Una de las informaciones sobre la que se ha centrado nuestro interés, y cuya obtención responde a uno de los objetivos específicos de la investigación, es la relacionada con la cifra de personas que el día señalado fue realmente beneficiaria de alguno de los servicios. Como ya se ha indicado en páginas anteriores, los procedimientos empleados para tratar de diferenciar entre número de servicios y personas beneficiarias —aun considerándose que ha supuesto una laboriosa tarea— implican un cierto margen de error que puede ser suficiente como para atribuir a las cifras que se indican a continuación el calificativo de aproximadas. 3.1. Su número La cifra de 400 personas indigentes beneficiarias responde de manera muy aproximada a la realidad. Los sujetos que denominábamos anteriormente "pobres vergonzantes" (66 individuos) representarían el 17 % del total. El resto, 334 personas (el 83 %), corresponderían a los llamados genéricamente como transeúntes; a su vez, entre estos últimos se distinguen los "crónicos" (204 sujetos) y los transeúntes "incipientes" (130). 254
Tabla 9.1. Tipos de indigentes y su representación numérica (%) % sobre el total de indigentes % sobre el total de transeúntes Transeúntes crónicos 204 (51 %) 61 % Transeúntes incipientes 130 (32 %) 39 % Pobres vergonzantes 66 (17 %) - Total (100) 100 N = 400 334 La utilización de los servicios asistenciales por parte de sujetos pertenecientes a algún tipo de tribu urbana es prácticamente inexistente. Únicamente un individuo pudo ser catalogado como tal.3 3.2. Variable sexo La gran mayoría de los indigentes usuarios son varones, cifrándose la presencia de éstos en un 90 % y la de mujeres en un 10 %. Si distinguimos el colectivo de "transeúntes" del de "pobres vergonzantes", resulta entonces: Tabla 9.2. Distribución por sexo de los transeúntes y de los pobres vergonzantes (%) Transeúntes Pobres vergonz. Total Varones 94 75 90 Mujeres 6 25 10 100 100 100 N = 334 66 400 3 La presencia en nuestra ciudad de personas (normalmente jóvenes que provienen de puntos muy distantes de la geografía española), pertenecientes a las diferentes tribus urbanas, y que recurren a los servicios de comedor, se hace claramente visible durante las Fiestas del Pilar (primera quincena del mes de octubre). 255
3.3. Variable edad Por lo que se refiere a la variable edad, y según las tres categorías nominales establecidas de "jóvenes", "adultos" y "ancianos", y para el conjunto de usuarios, la distribución es de aproximadamente un 26 % de jóvenes, un 65 % de adultos, y un 9 % de ancianos. El análisis de esta variable sólo en el sector de transeúntes revela un cierto descenso en la proporción de personas adultas en beneficio de la representación de los jóvenes, y un notable aumento de las personas mayores entre los "pobres vergonzantes" Tabla 9.3. Distribución por categorías de edad de la población indigente (%) Transeúntes Pobres vergonz. Total Jóvenes 30 7 26 Adultos 60 68 65 Ancianos 10 25 9 100 100 100 N = (334) (66) (400) 3.4. Origen geográfico El conocimiento de los datos referidos a la variable "origen geográfico" de los usuarios se ha considerado, asimismo, como importante en este estudio ya que es indicativa del carácter itinerante de la mayoría de ellos. Se obtuvo información de 324 individuos, resultando que 269 (el 83 %) son españoles, y 55 (un 17 %) extranjeros. 256
Gráfico 9.1. Origen de los transeúntes según Comunidades Autónomas (excluidos aragoneses). Mayo 1993 (porcentajes) Rioja Cantabria Ceuta-Melilla Navarra Murcia Canarias Asturias Valencia Extremadura País Vasco Castilla La Mancha Galicia Cataluña Madrid Castilla León Andalucia 0 2 4 6 8 10 12 14 16 18 20 Por lo que a los indigentes españoles se refiere, señalar en primer lugar que 74 (un 27,5 %) son aragoneses y el resto pertenecen a otras comunidades. Los 161 no aragoneses de quienes se conoce la comunidad de origen se distribuyen: Andalucía 30 (18,6 %) Valencia 9 (5,6 %) Castilla-León 24 (15.0 %) Asturias 7 (4,3 %) Madrid 16 (9,9 %) Murcia 5 (3,1 %) Cataluña 14 (8,7 %) Navarra 5 (3,1 %) Galicia 11 (6,8 %) Canarias 5 (3,1 %) País Vasco 10 (6,2 %) Ceuta-Melilla 3 (1,9 %) Castilla Mancha 10 (6,2 %) Cantabria 2 (1,2 %) Extremadura 9 (5,6 %) Rioja 1 (0,6 %) 257
Gráfico 9.2. Origen de los transeúntes ESPAÑOLE S 83% EXTRANJERO S 17% La población transeúnte extranjera (55 personas) localizada en Zaragoza ese día 21 de mayo corresponde a 18 nacionalidades: Marruecos 20 Sierra Leona 1 Portugal 8 Holanda 1 Francia 5 Bélgica 1 Argelia 4 Polonia 1 Checos o Eslovacos 3 Rumanía 1 Alemania 2 Inglaterra 1 Hungría 2 Italia 1 Bulgaria 1 Mali 1 Argentina 1 Guinea Ecuatorial 1 Al agrupar a las distintas nacionalidades según el criterio de áreas geográficas más globales resulta que provienen de: Países del Magreb 24 Comunidad Europea 19 Países del Este de Europa 8 África subsahariana 3 Sudamérica 1 258
Gráfico 9.3. Origen de los Transeúntes extranjeros según áreas geográficas. Mayo 1993 Sudamérica 2% Africa subsahariana 5% Países del Magreb 43% Comunidad Europea 35% Este de Europa 15% La gran mayoría de estos extranjeros son varones (52), destacando entre ellos los jóvenes (42). La presencia de mujeres se limita a tres, dos de ellas jóvenes. 3.5. Lugar de destino de los transeúntes La variable "lugar de destino" únicamente se controló en el Albergue Municipal, y se refiere obviamente al sector transeúnte. El alcance de los datos que se presentan a continuación es, por lo tanto, limitado, pero no por ello pierde interés, ya que la población que pernocta en dicho centro puede ser considerada como claramente representativa de tal sector. De las 62 personas que el día 21 se alojaron se obtuvo información de 53, cuyo destino iba a ser: Destino Destino Zaragoza 22 Cáceres 1 Huesca 2 Gerona 1 Barcelona 2 Madrid 1 Lérida 20 Rep. Checa 3 Tarragona 1 259
De estas cifras destacan las que corresponden a aquellos transeúntes cuyo destino iba a ser la Comunidad Autónoma de Cataluña (24 personas), y de las que, a su vez, 20 iban a dirigirse a la ciudad de Lérida. El próximo inicio de la campaña de recogida de fruta y el equipamiento con que cuenta esa ciudad y su provincia, junto con el hecho de que se ubiquen en el camino hacia Barcelona, posiblemente fueran las razones que orientasen el destino de estas personas.4 3.6. Estado de salud de los usuarios El análisis de la variable estado de salud se realiza partiendo de la información obtenida de 286 usuarios, desconociéndose cuál sea la situación a este respecto del resto de los usuarios. Esta constatación hace que el valor de los datos ofrecidos aquí sea también relativo, no pudiéndose proyectar las conclusiones a la totalidad de la población. Con todo, la información obtenida de 286 personas parece suficientemente representativa como para, al menos, atribuir a tal información cierta representatividad. De éstos, aproximadamente un tercio presenta alguna enfermedad física o mental; y hay casos de personas que sufren pluripatología. La clasificación que se presenta responde sólo a la patología principal declarada por cada uno de los informantes. Las afecciones conocidas en los 96 casos se distribuyen: Alcoholismo 41 Aparato endocrinológico 2 Alteraciones psíquicas 17 Aparato digestivo 3 Aparato locomotor 8 Epilepsia 2 Toxicomanías 7 Aparato cardiovascular 1 Aparato respiratorio 8 Aparato genito-urinario 2 Sida y VIH 5 4 La ciudad de Lérida cuenta con un Albergue de Transeúntes, que dispone de 29 plazas de alojamiento y 80 plazas de comedor. En la provincia de Lérida disponen de albergues las localidades de Cervera, Solsona y Tárrega. 260
Es realmente llamativa la cifra de los que están afectados de alcoholismo, pues representan aproximadamente el 42 % de los que declaran sufrir alguna enfermedad. Gráfico 9.4. Tipos de indigentes usuarios de las instituciones benéficas en Zaragoza (mayo 1993) Trans. crónicos 51% Trans. incipientes 32% Pobres vergonzantes 17% 4. LOS POBRES VERGONZANTES Si bien en los apartados anteriores se ha ido haciendo referencia al sector de indigentes que hemos denominado "pobres vergonzantes", ha parecido oportuno, a modo de síntesis, destacar algunas de sus características más significativas. Las personas incluidas en esa categoría y que utilizan los servicios asistenciales estudiados representan, como ya se ha adelantado, alrededor del 17 % de los usuarios (entre 60 y 70 personas). La mayoría de estos indigentes (las tres cuartas partes) son varones, con edades que les clasifican como personas "maduras" (aproximadamente el 70 %), y como "ancianos" (el 25 %). Los cuatro jóvenes son, a su vez, varones. Entre los incluidos en la edad "madura" también predomina el sexo 261
masculino; igualándose, sin embargo, la proporción de varones y mujeres cuando se trata de sujetos "ancianos". 5. EL PERFIL DEL TRANSEÚNTE LOCALIZADO EN NUESTRA CIUDAD La representación en el conjunto de la población transeúnte alberguista es escasamente significativa, pues su representación no alcanza el uno por mil de la misma. La persona transeúnte usuaria de los distintos servicios que nuestra ciudad ofrece presenta unas características específicas, que configuran el siguiente perfil: Generalmente es varón, y de edad madura. Si bien hay representantes de todas las regiones, lo más probable es que provenga de Andalucía y Castilla la Mancha. Seguramente permanecerá unos días en nuestra ciudad, y de trasladarse posiblemente su destino sea Cataluña. Es grande la posibilidad de que sufra alguna enfermedad, y con riesgo importante de que padezca alcoholismo. 6. UNAS HORAS EN LA VIDA DE TRES INDIGENTES Los resultados de las dos "observaciones" que a continuación se exponen, realizadas durante dos días distintos del mes de mayo de 1992, tratan de presentar cómo ocupan habitualmente una parte de su tiempo muchos de los indigentes que se localizan en nuestras grandes ciudades. Tras el análisis eminentemente cuantitativo de este capítulo, los breves pero ilustrativos relatos que se adjuntan pretenden introducir una perspectiva cualitativa, que pensamos va a conferir al mismo un mayor interés.5 a) Cuando algunos se reúnen... 5 La primera de las observaciones fue realizada por tres personas, y la segunda por dos. 262
sin duda, la capa más baja de la estratificación social. Son, de entre los pobres, los más miserables. Son aquellos sujetos que hacen a ciertos estudiosos pensar de ellos que no solo no están en la sociedad sino que tampoco son ni pertenecen a la misma. Existe también un cierto número indeterminado de indigentes sin techo —que aun siendo incluidos entre los vagabundos— no responden, sin embargo, tan netamente al perfil señalado anteriormente. Hay que incluirlos en ese momento del proceso o continuum en el que habiendo agotado la fase de transeuntismo alberguista y crónico y que antes de acabar en el máximo deterioro descrito, se sufría una situación caracterizada por: a) gran dificultad o total desánimo para la búsqueda de trabajo; b) el recurso cada vez menor a los albergues; c) afectados ya por carencias de salud, destacando ya el alto grado de alcoholismo, d) se relaciona con otros indigentes sin techo, con los que comparte la afición al alcohol y los lugares comunes de cobijo; d) indocumentado, cambia de ciudad, pero el motivo de su nomadismo ya no es la búsqueda de trabajo; y e) puede vérsele mendigando. Estos "sin techo" tienen lugares fijos donde se reúnen, compartiendo la botella o el tetra brik de vino. A comienzos de la década de los noventa se les localizaba durante el día en la céntrica plaza de los sitios; pernoctaban en la entrada del colegio Gascón y Marín, en los porches de la plaza de toros, y en viejos edificios abandonados (como el antiguo cuartel de pontoneros y la vieja estación de ferrocarril). Las personas que responden al perfil de este tipo de vagabundo suelen ser varones y sus edades están comprendidas entre los 40 y 60 años. Si se tratara de buscar a personas a las que correspondiera con toda propiedad la condición de ser marginados absolutos y estar excluidos definitivamente de la sociedad sería entre los vagabundos descritos anteriormente donde habría que reclutarlas. En el capítulo siguiente, que servirá de colofón a esta parte del estudio destinada a los "sin techo", se expondrá cómo transcurre la última y definitiva circunstancia que concurre en estos pobres: la de morir y ser enterrados en la máxima soledad y en el más terrible de los olvidos. 269
CAPÍTULO 11 CUANDO EL CARRIL ACABA... En los últimos años se han publicado en nuestro país interesantes y rigurosos estudios acerca del fenómeno de la población de los "sin techo", siendo escudriñados meticulosamente los aspectos que la caracterizan. Hay, sin embargo, una dimensión que, paradójicamente, ya no pertenece a su vida y que ha sido escasamente centro de la atención de los investigadores: la consideración de su enterramiento y las circunstancias que rodean al mismo. Como se suele entender y afirmar en nuestra cultura, el finado continúa viviendo en el recuerdo de los que le conocieron, y ello entre mayor o menor número de personas, durante más o menos tiempo, y con diferente intensidad. El reconocimiento de lo que fue la vida de los muertos prosigue tras su muerte, prolongándose, por tanto, las consecuencias sociales de aquélla. No está, por tanto, fuera de lugar la consideración de que socialmente el individuo continúa viviendo. Asimismo, el número de personas que asisten a las exequias, las costumbres y ritos que rodean el ceremonial del enterramiento, conllevan, sin duda, un significado: el de la importancia, reconocimiento y sentimiento que a los asistentes les unía con el desaparecido. Ha sido esa proyección social que aparece tras la muerte y en los enterramientos, y lo que supone de revelador de lo que fue la vida de los transeúntes "sin techo", lo que nos ha llevado a programar el presente capítulo. Para muchas de esas personas, que han vivido en la pobreza, marginación y exclusión, al alcanzar el final del carril y culminado el definitivo "tránsito", el abandono aparece como total. Resulta ajustada la afirmación de que la manera en que se muere y se considera por los demás tal muerte, manifiesta quién se fue. Como se ha ido describiendo a lo largo de este trabajo, la pobreza, el olvido y la soledad con que vivieron muchos de ellos les va a seguir acompañando ahora, en el inexistente ceremonial, y en la 270
falta de séquito. En este sentido, resulta apropiada la opinión de D. Casado (1997) cuando afirma: La exclusión también se produce en el orden moral por efecto de acciones o hechos simbólicos, como son la maldición, la degradación, la excomunión o la insepultura. Teniendo en cuenta los valores tradicionales relativos a la muerte, cabe decir que la acción o el hecho de no recibir honras fúnebres es una exclusión simbólica tan radical como lo es la muerte en el orden material; no ha de extrañar, pues, que las sociedades tomen carta en el asunto.1 La información que a continuación se presenta está recogida del trabajo La exclusión social en Aragón, que coordinó el profesor M. Gaviria.2 La abundancia de interesantes datos acerca de lo que allí se denomina "la última exclusión", y la correspondencia de las referencias de los ámbitos geográfico y temporal de los mismos con los de nuestro estudio, justifican su utilización en este momento de nuestro trabajo. El número de enterramientos realizados a cargo de los Presupuestos Municipales del Ayuntamiento de Zaragoza por tratarse de personas que carecían de todo tipo de bienes, durante los años 1990-1992, puede también ser usado como un indicador más de los niveles de pobreza absoluta existente en nuestra ciudad.3 Tabla 11.1. Enterramientos costeados por el Ayuntamiento de Zaragoza Años Enterram. costeados Fallecidos en la ciudad Tasa por 1.000 fallec. 1990 35 4.987 7,02 1991 40 5.175 7,73 1992 33 5.022 6,57 Fuente: La exclusión social en Aragón, M. Laparra, M. Gaviria y M.Aguilar, pág. 971. 1 Demetrio Casado “Apunte histórico sobre la mendicidad voluntaria ante la marginalidad” en Dossier de Cáritas, nº 43. Julio 1997 (Acta del Simposio Políticas Sociales contra la exclusión social. Cáritas, Madrid, 5-7 de junio, 1997) 2 Bajo la dirección científica de M. Laparra, Mario Gaviria y Manuel Aguilar, se elaboró el trabajo La exclusión social en Aragón, realizado para el Departamento de Bienestar Social y Trabajo del Gobierno de Aragón (abril 1994). Al no estar publicado, nos hemos servido de un ejemplar fotocopiado. Nuestro capítulo constituye una síntesis de los datos que ellos exponen en su Capitulo 11, si bien nos limitamos a aquéllos que hacen referencia a los transeúntes. 3 La Ley del Régimen Local en el Real Decreto Legislativo 781/1986, artículo 213, se señala que por parte de los ayuntamientos "no podrán exigirse tasas por los servicios de conducción y enterramiento de las personas incluidas en la beneficencia municipal". El Ayuntamiento de Zaragoza reserva nichos gratuitos para aquéllos que no tuvieron ni para costearse el entierro, ni para comprar o alquilar un nicho. Si a los cinco años nadie renueva el alquiler del nicho, los restos pasan a la fosa común. Las funerarias, a escote y por turno, pagan el traslado y la caja. 271
Al desglosarse las cifras absolutas según la variable sexo, resulta significativa la proporción según la cual siete de cada diez fallecidos cuyos enterramientos han sido costeados por el Ayuntamiento son varones. Tabla 11.2. Distribución de los fallecidos carentes de bienes entre 1991-1993, por edad y sexo. (%) Años Varones Mujeres Total De 0-4 5,26 1,05 6,32 5-14 1,05 - 1,05 15-24 - 2,11 2,11 25-34 10,53 9,47 20,00 35-44 10,53 1,05 11,58 45-54 13,68 3,16 16,84 55-64 12,63 - 12,63 65-74 12,63 3,16 15,79 75-84 3,16 7,37 10,53 85 y más 1,05 2,11 3,16 Total 70,53 29,47 100 Fuente: La exclusión social en Aragón, M. Laparra, M. Gaviria y M. Aguilar (pág. 973). Estas cifras corroboran la conclusión a que los estudiosos del fenómeno de la pobreza y la marginación llegan al afirmar que a los más pobres la muerte les llega a edades más tempranas. Es relevante el dato de que, en 1991, en Zaragoza, y en referencia a la población fallecida general, un 80 % eran mayores de 65 años. Haciendo nuestras las consideraciones de los autores citados, cabe señalar además que entre los más pobres solamente alcanzan esa edad un 29,2 %, porcentaje integrado por ancianos solitarios. Asimismo, y entre estas categorías de fallecidos sin recursos económicos, el 61,05 % tenía entre 25 y 64 años. El contraste con el porcentaje de 16,67 que se alcanza para la población general en ese mismo grupo de edad resulta por sí mismo bastante elocuente. Y es en las edades que conforman la categoría de los 25-34 años donde se da el mayor número de fallecimientos de personas carentes de bienes, siendo determinante a este respecto la incidencia de las muertes por droga y el SIDA Aproximadamente cuatro de cada diez de los enterramientos indicados son personas que tenían entre los 35 y 64 años, la mayoría de ellos varones 272
solitarios: corresponderían en gran medida a la población concreta por la que aquí nos interesamos, los transeúntes y los "sin techo". Se subraya, asimismo, que la edad media de fallecimiento de las personas catalogadas como transeúntes es de aproximadamente los 42 años, 26 años antes de lo que correspondería, según la esperanza de vida calculada para la población general. La información que se ofrece en el estudio citado acerca de la procedencia de los informes de solicitud del enterramiento gratuito señalan que aproximadamente la mitad de los informes proceden de los hospitales, en los que estas personas murieron. El resto se distribuyen básicamente entre los Servicios sociales (17 %), y un 16 % de muertes ocurridas en la calle, cuyos cuerpos no se identificaron, y cuyos trámites partieron del Instituto Anatómico Forense. Tabla 11.3. Tipo y lugar de residencia de los fallecidos en Zaragoza en 1992 y 1993 carentes de bienes Número Porcentaje En viviendas: 25 46,30 En instituciones: 15 27,78 Hermandad Sto. Refugio 4 7,41 Residencias ancianos 6 11,11 Centro acogida Las Casitas 2 3,70 Parroquia El Carmen (pisos, pensión) 3 5,56 En pensiones 2 3,70 En la cárcel 1 1,85 Sin domicilio 11 20,37 No consta 17 Total 71 100 Fuente: La exclusión social en Aragón, obra citada, pág. 979. Los porcentajes se han hallado en base a la cifra de los que consta la procedencia en los informes (54). Finalmente, en el trabajo se incluyen algunas de las características de las personas fallecidas en los años 1992 y 1993. Características que venían detalladas en los informes de solicitud de los enterramientos. Si bien se especifican todos los casos —que se agrupan en las categorías de ancianos solos sin familia, personas solas carentes de familia, familias sin recursos, 273
transeúntes y personas sin identificar—nosotros nos vamos a limitar a presentar los catalogados como transeúntes: - varón de 45 años, natural de Zaragoza; - varón de 38 años; - varón, soltero de 38 años, se hospedaba en El Refugio, transeúnte, con VIH+, percibía una pensión no contributiva del INSERSO; - varón de 47 años, habitualmente se alojaba en El Refugio; - varón de 27 años; - varón, de 56 años, habitualmente vivía en El Refugio; - varón de 33 años, natural de Cuenca; - varón de 54 años, sin domicilio fijo, carecía de pensión, muere de tuberculosis; - varón, soltero de 38 años, se hospedaba en El Refugio, transeúnte, con VIH+, percibía una pensión no contributiva del INSERSO. Como puede apreciarse, no parece que los datos que nos suministran los informes de las nueve personas fallecidas y catalogadas como transeúntes sean exhaustivos. Cabe pensar que como, tal vez, a nadie podía interesar que fueran más completos, se limitaron a cumplir única y mínimamente los requisitos que la burocracia exige en estos casos. A pesar de esta circunstancia, pueden hacerse de los mismos algunas consideraciones. Subrayamos, en primer lugar, el hecho de que todas estas personas fueran varones; ello parece, a su vez, consecuente con la proporción de uno y otro sexo que integran la población de los "sin techo", en su mayoría hombres. También cabe recalcar el dato de la edad media, los 42 años, del fallecimiento, corroborando también la constatación de que en gran parte el sector de la población transeúnte pertenece a intervalos que corresponden con la edad adulta y de la madurez. Y aunque solamente se expresa en tres casos la enfermedad que sufrían (dos con VIH+, y otro tuberculosis), se insinúa la idea de la influencia de la variable estado de salud, en este caso deteriorado, la que precipita la mortalidad a edades tempranas. En este sentido, procede recordar la alta proporción de transeúntes que sufre alguna enfermedad y que en este estudio se indicaba un porcentaje próximo al 40%; prevalencia mayor que en la población normalizada para las categorías intermedias de la 274
población global. Tampoco se nos escapa en este breve análisis la constatación del papel que juega en nuestra ciudad la institución El Refugio en la asistencia, hasta el final, a los transeúntes cronificados; así podría revelarlo el que de los nueve casos, cuatro se alojaran en dicho centro. De las setenta y una personas que entre los años 1992 y 1993 fallecieron y cuyo enterramiento fue costeado por el Ayuntamiento de Zaragoza por carecer aquéllas de bienes, veintiocho fueron clasificadas según el lugar de residencia como que "no constaba" (17) o "sin domicilio" (11). Mientras que algunos pobres extremos y "sin hogar" han poseído en sus últimos días un techo en alguna institución, una parte de ellos, en cambio, han sufrido el mayor de los abandonos: tal vez fueron recogidos sus cadáveres en la calle o murieron en un centro hospitalario. De los temores y sentimientos que a algunos vagabundos les suscitan las ideas de futuro y de la muerte da idea el estudio del etnólogo francés P. Gaboriau (1993:90) quien recogió las expresiones al respecto de un grupo de clochards parisinos. Estos vagabundos, concluye, no tienen posesiones pero reflexionan sobre la existencia y el futuro humano. Su posición social les invita a tener pensamientos soñadores. Es su sufrimiento en esta vida lo que les empuja a pensar sobre este mundo como un lugar de tránsito, donde hay que tomar el tiempo tal y como viene, y tratar de alcanzar el placer. El clochard muere y es tratado también tras su muerte en correspondencia a como vivieron. En vida se sabían detestados por la gente; como indican algunos: "se nos ve como parásitos", "somos abandonados por todo el mundo"; es más, confesaba otro, "somos pestíferos". Como muestra de ese mundo interior que se esconde también entre los más pobres de los pobres, —y que, creemos, raramente sospecha de su existencia el ciudadano a quien tipificamos como normalizado—, citamos dos frases dictadas por los vagabundos, que bien podrían constituir el epitafio general a colocar en esa fosa común en que casi todos ellos acabarán: "on verra si on ressucite, mais tant qu'a faire je voudrais revenir en P. DG, pas en clochard", "on meurt d'un rien, sur tout quand on vit sans abri. La vie c'est une étincelle écrassée sitot alumée".4 48 4 Dada la riqueza con que se emplea el idioma propio, y los matices que se esconden, se ha decidido respetar el original en el texto, y traducir (en traducción del autor del trabajo) en esta nota el texto: "se verá si 275
CAPÍTULO 12 CUANDO SE LES CONCEDE LA OPORTUNIDAD, LOS INDIGENTES TIENEN MUCHO QUE DECIR En la aproximación al conocimiento de la realidad de la indigencia nos hemos situado hasta ahora en una perspectiva que suponía ver el objeto de observación desde fuera del mismo: ello ha implicado el recurso a fuentes de información secundarias y la utilización de técnicas como la "observación directa a distancia". Se apreció, sin embargo, que esos "puntos de mira" no eran tan estratégicos como para que nos permitieran poder abarcar y captar otros aspectos también significativos de esa realidad. El acercamiento a nuestro objetivo, al lugar y a las personas que lo integran, demandaba también un cambio de perspectiva. Así, se consideró que con la aplicación de la "entrevista de grupo", técnica más cualitativa, podían escrutarse dimensiones de la población transeúnte que en principio se resistían a la observación y al análisis. (Véase capítulo 1, apartado 6.1.4.). Por sí mismo, posee un gran valor e interés el conocimiento de las circunstancias en que transcurre la vida de las personas particulares entrevistadas (así como cuáles son sus opiniones y formas de comportamiento); de esta manera también la visión de la realidad obtenida gana en concreción y los datos así conseguidos se cargan de referencias humanas, que son inapreciables desde la utilización de otras perspectivas metodológicas. Pero, además, se ha partido del supuesto de que la información sobre esos pocos sujetos podía ser también ilustrativa de los modos de vida de la población transeúnte en general. De ahí que a lo largo del análisis que se presenta a continuación se haga referencia tanto a situaciones intragrupo (las del grupo observado) como a las de extragrupo o población en general. se resucita, pero mientras tanto, yo quisiera volver como Director General, no un clochard", y "se muere por nada, sobre todo cuando se vive sin un techo. La vida es un destello apagado más que brillante". 276
La entrevista se realizó el día 18 de junio de 1993 a ocho personas que integraban de manera voluntaria un grupo terapéutico de transeúntes institucionalizados. Por su número, a este tan pequeño "universo" no le concedemos en nuestro estudio un valor de muestra, y, obviamente, tampoco podemos hablar de validez de la información en términos de representación matemática. Con todo, y al reproducirse en pequeño las características más destacables de la población transeúnte alberguista (variables sociodemográficas, estado de salud, falta de relaciones, pobreza) no parece descabellado el intento de extrapolar, aunque con las debidas reservas, la información obtenida a la población alberguista en general. De la utilidad y valor de la información obtenida da cuenta también el hecho de que estos ocho sujetos, además de hablarnos de sí mismos, nos dieran información de sus colegas, fueran estos alberguistas o no. Nadie mejor que ellos, se pensó, podían ser los interlocutores válidos sobre los compañeros de infortunio. 1. LA ENTREVISTA A UN GRUPO TERAPÉUTICO DE LOS “SIN TECHO” Los objetivos específicos que se deseaban conseguir con la aplicación de la técnica de la entrevista de grupo fueron: 1. Describir el modo de vida de los transeúntes, tratando de señalar las características y los rasgos más significativos de su comportamiento. 2. Determinar el grado de interacción —así como la calidad de la misma— existente entre las personas denominadas transeúntes. 3. Conocer el grado de identificación de las normas y valores predominantes entre ellos con las normas y valores de la sociedad organizada y convencional. Los aspectos generales señalados en estos objetivos se concretaron en unos hechos que se consideraron eran significativos como indicadores, y que traducidos a preguntas configuraron el guión de la entrevista. Por lo que se refiere a los aspectos descriptivos, se obtuvo información, en primer lugar, de variables como edad, estado civil, procedencia geográfica y la situación laboral de los miembros del grupo. Y en relación a información 277
de carácter extragrupal el interés se centró en conocer el número de transeúntes existentes en Zaragoza capital, la utilización que los mismos hacen de los recursos existentes, y cuál era su actividad como mendigos. La dimensión "calidad de la interacción" se hizo operativa a través de variables empíricas como: a) "posibilidad de hacer amigos; b) existencia o no de "comunicación" entre ellos; y c) utilización de un argot propio. Y respecto al conocimiento de la "identificación con la sociedad convencional" de los transeúntes se ha recurrido a los siguientes indicadores: a) pertenencia a grupos primarios; b) relación con personas de otro sexo; c) interés por los acontecimientos sociales; d) utilización de los medios de comunicación; e) interés por la política nacional; f) sentimiento de pertenencia a la comunidad nacional; y g) opinión sobre otras poblaciones marginales. Una vez apreciada la utilidad de realizar la entrevista de grupo, la tarea de la selección de las personas que formaran parte del mismo presentaba ciertos inconvenientes. La concreción de cuestiones tales como ¿a quién elegir?, ¿dónde localizarlos?, ¿cómo motivarles? parecían requerir, a priori, un cierto cuidado y una buena dosis de discreción, dadas las características de la población a estudiar. Estas dificultades se obviaron gracias a la colaboración de dos trabajadores sociales, conocedores del mundo del transeuntismo. La creación de un módulo terapéutico por parte de la Institución Hermandad del Santo Refugio, destinado a transeúntes con problemas de alcoholismo, y del que eran responsables tales profesionales, brindaba la oportunidad de realizar dicha entrevista. El hecho de estar representadas personas de diferentes edades (entre los 24 y 56 años), la dependencia de 6 de ellos del alcohol, la presencia de tres miembros que padecían alguna enfermedad psíquica, junto al aspecto más práctico de la seguridad de la asistencia a la reunión avalaban el interés así como la posibilidad de aplicación de esta técnica. Los ocho integrantes de la comunidad terapéutica llevaban ya conviviendo por voluntad propia 18 días, siguiendo todos tratamiento médico y psiquiátrico personalizado. Los días de convivencia establecidos para ellos iban de lunes a viernes, quedando dispensados de la misma los sábados y domingos. Exceptuando las actividades de la cena, dormir y desayunar que compartían con otros transeúntes (unos 40, y cada día distintos la mayoría de 278
pertenecieran a distintas razas y nacionalidades y el que éstos pudieran convertirse en mano de obra barata —y, por lo tanto, constituirse en competencia frente a trabajadores nacionales—, eran circunstancias que podrían alentar su vez actitudes discriminatorias hacia aquéllos por parte de nuestra población. Planteadas las preguntas, de los ocho entrevistados, seis manifestaron que "estaba muy mal que les dejaran entrar, ya que quitan el trabajo a los españoles"; a otros dos, en cambio, les daba igual el que vinieran inmigrantes a realizar estas tareas. Se consideró que no podía resultar operativo plantear preguntas que fueran muy directas acerca de cuáles eran sus sentimientos patrióticos, de ahí que se optara por "aproximarse" a tal cuestión haciendo preguntas indirectas cuyos contenidos se suponía guardaban relación con el tema objeto de estudio. Se les interrogó acerca de si llegaban a interesarse y "vivían" las competiciones deportivas en general, y particularmente en las futbolísticas, en las que participaban las selecciones de nuestro país. Los ocho interlocutores declararon su interés por el seguimiento de estos acontecimientos. La afición por algún equipo representante de su región o ciudad parecía ser menor, ya que tres señalaron que no tenían preferencias por ningún equipo, y cinco eran aficionados de alguno de ellos (tres del Barcelona, uno del Zaragoza, y otro del Real Madrid). El interés que nuestros entrevistados podían manifestar por la utilización de ciertos medios de información y de entretenimiento como son el cine, la radio, la televisión, prensa —tan comúnmente usados por el ciudadano— representaba, igualmente, un nuevo dato también indicativo del grado de participación de esta población en los modos vida considerados como cotidianos en nuestra sociedad. Por lo que a la asistencia al cine se refiere, seis de ellos respondieron que sí solían asistir, y dos que no lo hacían. Especial interés parecen mostrar por la utilización de la radio, según lo manifiesta el hecho de que cinco tienen radio propia; y son los programas musicales y los deportivos a los que más atención prestan. Del seguimiento que estas personas hacen del tema deportivo da cuenta el hecho de que para cinco sea la información que más atentamente siguen cuando leen el periódico. Durante el año 1993 se emitía por la primera cadena de Televisión Española —y en un momento y día, lunes a las 22 horas, que posibilitaba su 285
audiencia por parte de estas personas caso de permanecer en albergues, pensiones, etc.— el programa "¿Quién sabe dónde?". Este programa se distinguía por concitar la atención de una considerable audiencia, bastante superior que la que alcanzaban los demás programas del resto de las cadenas. Se consideró, además, que el contenido del mismo podía interesar o al menos atraer la curiosidad de nuestros interlocutores. El programa trataba de establecer contactos de familiares, amigos, o conocidos con personas de las que hacía un tiempo se desconocía su paradero. Si bien el éxito de tal programa se puede considerar que constituyó en aquel momento un fenómeno sociológico, y que atrajo la atención de los expertos, sin embargo, tal emisión no había despertado especial interés en cuatro de los entrevistados, que declararon no haberlo visto nunca; a dos que solían verlo no les gustaba, y solamente otros dos declararon que les satisfacía. 5. EN CONCLUSIÓN..... De la revisión de las posibilidades indagatorias que la técnica de la entrevista de grupo nos ha deparado, y del análisis de la variada información obtenida a través de ella, se han alcanzado las siguientes consideraciones que a modo de conclusiones ahora se presentan. Asimismo, el hecho de que el grupo entrevistado se haya considerado ilustrativo de la población transeúnte, supone que las reflexiones que se avanzan sean también y en cierta medida extrapolables a aquélla. Se descubre que la mayoría de los miembros del grupo entrevistado viven circunstancias similares por lo que a la esfera laboral económica y familiar se refiere. También se observa que mantienen parecidas opiniones y actitudes ante realidades y hechos significativos de la vida social. Con todo, del análisis de otros de sus rasgos no parece pueda confirmarse la conclusión de que constituyan un grupo o colectivo homogéneos. La falta de confianza entre ellos, y los temores dominantes en sus relaciones indican más bien que se trata de una población que sólo en ciertos momentos llega a constituirse en un simple agrupamiento o agregado de personas. 286
Del análisis de la información que los indicadores de la dimensión "nivel de integración" nos han suministrado no parece puedan alcanzarse conclusiones precisas en un sentido u otro. Se constata, por una parte, la existencia de actitudes, valores y pautas de comportamiento que indicarían el alejamiento de estas personas de las correspondientes al grupo considerado como normativo. Ese sería el caso de las informaciones referidas a la no pertenencia a alguno de los grupos primarios básicos como el familiar o el grupo de amigos, el estar excluidos de actividades productivas cualificadas y regulares, la falta de interés por los asuntos políticos y su escasa participación en los mismos, la evitación del cumplimiento de trámites mínimos de identificación y localización como ciudadanos. Existen, sin embargo, datos que indicarían que esta población se relaciona y mantiene a su vez lazos con la que hemos denominado sociedad convencional y organizada. Digno de reseñar es el hecho de que seis de los miembros de este grupo se beneficiaran de algún tipo de prestación económica pública. Asimismo, las opiniones manifestadas y las actitudes que mostraban ante fenómenos como el terrorismo, las tribus urbanas y la población inmigrante podrían interpretarse como coincidentes con opiniones y actitudes extendidas entre la población general. Y aunque haya que conceder un valor relativo al hecho de que se interesen y sintonicen con los resultados deportivos de los representantes de nuestro país, sin embargo —y si se otorga a estas manifestaciones un valor simbólico de pertenencia a la comunidad— bien podría hablarse de la existencia de un cierto grado de participación en la sociedad. También poseen un relativo interés los datos que se refieren a la utilización de medios de comunicación social como la radio, televisión o la prensa; su uso no tendría otra función que la de servirles de simple entretenimiento y pasatiempo. Aun reconociendo las limitaciones metodológicas que el empleo de la técnica de la entrevista de grupo tiene para observar ciertos aspectos y variables relativos a nuestra población, sin embargo, parece ser ponderada la conclusión general de que aquélla parece mantener ciertos lazos con la sociedad (si bien haya de calificarlos de escasos, tenues o incluso en ciertas esferas de insignificantes). Creemos, además, que no sería congruente con nuestro análisis la aceptación de la idea de que los transeúntes están situados tan al margen de la sociedad que ello significara la ruptura total con la misma. 287
También en el capítulo 4 (titulado "Posición que la población indigente ocupa en el sistema social") de este trabajo se trazó el marco conceptual relativo a la cuestión del grado de integración de los sin techo en nuestra sociedad, y se expusieron las teorías de algunos autores (como Matza, Merton, Valentine, Cabrera) que de manera más o menos explícita y sistemática orientaban su reflexión en el sentido de que esta población está conexionada con "nuestro mundo", el de la sociedad convencional, compartiendo con él elementos comunes. Hemos visto en capítulos anteriores cómo entre los nombres apelativos que los estudiosos proponen para designar a nuestro sector de población estaban los de "sin techo" y "sin hogar"; calificativos estos que hacen mención a la carencia de una casa, familia, en las que permanecer o con la que relacionarse. Abundando en títulos que añadir a estas personas y que denotan carencia de algo, parece congruente hablar también de ellos como los "sin voz". Recordamos en esta ocasión cómo este sector de indigentes no suele tener especial interés para los políticos, los demógrafos, los estadísticos, para los administradores de la cosa pública en general, y raramente para los sociólogos. Entran a formar parte de los universos de estudios como categoría de "otros". Ni siquiera se les da la oportunidad de señalar que "no saben" o no contestan". Al no constar en listados, en censos municipales, archivos, en las variadas bases de datos, o al ser indocumentados, al no tener un domicilio fijo, la mayoría de ellos no existen para los administradores ni para las organizaciones productivas o de la comunicación. Si socialmente "no existen", ¿cómo van a tener voz? En nuestro país, y a partir de la década de los setenta, algunos expertos se han interesado en que los "sin techo" tengan además voz, se les pueda oír directamente al ser preguntados en las entrevistas y encuestas (Documentación social, Cáritas, 1975; P. Cabrera, 1998). En este sentido, y con el empleo de la técnica de la entrevista de grupo en nuestro estudio, creemos que se ha dado una oportunidad de difundir cuál es su modo de vida, cuáles son sus demandas y sus opiniones. Hemos advertido también cómo "los sin voz", cuando se les permite hablar, tienen muchas e importantes cosas que contar. 288
CAPÍTULO 13 DE CÓMO LA POLICÍA LOCAL OPINA Y PUEDE ACTUAR 1. INTRODUCCIÓN Y ASPECTOS METODOLÓGICOS Se ha visto en capítulos anteriores cómo la realidad de la indigencia se manifiesta en su complejidad a través de diferentes y particulares fenómenos: el transeuntismo (que se presentaba, a su vez, con diferentes grados de deterioro, dando lugar a subcategorías como transeuntismo incipiente, alberguista o crónico), y el vagabundismo (que se manifestaba como forma extrema de indigencia). Como se ha venido enfatizando en este trabajo, la complejidad de estas concretas realidades sociales, revelada por la variedad de aspectos y dimensiones que los integran, estaba demandando la utilización por parte del investigador de diferentes perspectivas metodológicas y distintas técnicas de aproximación a las mismas. Asimismo, con la aplicación de la técnica de "observación directa a distancia" y el "análisis documental" hemos podido conocer algunos aspectos básicos planteados como objetivos en el estudio: como número y características básicas de estas subpoblaciones. Con todo, la necesidad, por un lado, de recabar información complementaria (que resultaba difícil de obtener con los anteriores instrumentos), y el interés, por otro, de corroborar los datos obtenidos, había aconsejado el recurso al empleo de otras técnicas. Se ha presentado en el capítulo anterior el resultado de la aplicación de la "entrevista de grupo" a transeúntes alberguistas; en este capítulo se presentan las conclusiones de la realización de una nueva entrevista de grupo, esta vez a cuatro miembros de la policía local de Zaragoza, tratando de seguir profundizando en los hechos del transeuntismo y del vagabundismo.1 Con la 1 La información que la Policía local obtiene diariamente sobre estos sectores de población marginal (denuncias de mendicidad, venta ambulante, etc.) y que se archiva sin más, podría constituir una interesante fuente de obtención de datos para los estudiosos de estos temas. 289
aplicación de esta técnica se pretendió fundamentalmente obtener información sobre los siguientes aspectos: a) información de carácter cuantitativo sobre los sectores de población transeúnte y vagabunda; b) sus modos de vida (dónde viven y cómo se comportan); c) visión que del fenómeno de la indigencia tiene la policía local; d) y la actuación de la misma al respecto (ámbitos de actuación y experiencia personales). La entrevista se realizó el día 16 de junio de 1993, en las dependencias del cuartel que dicho cuerpo policial posee en Zaragoza, siendo la duración de la misma una hora y cuarto. Participaron cuatro agentes que fueron seleccionados por sus jefes en razón de su amplia experiencia por haber realizado funciones policiales tanto en turnos diurnos como nocturnos. El moderador (investigador principal) partió de un esquema-guión “semiestructurado", que contenía los puntos básicos sobre los que recabar la información, que se concretaron en las siguientes preguntas: - volumen de indigentes; - épocas del año de mayor presencia en la ciudad, y tiempo de estancia; - lugares habituales de concentración; - presencia de indigentes extranjeros; - modo de satisfacción de necesidades; - interacción entre los transeúntes, - actitudes y comportamientos; - características del vagabundismo; - significación cuantitativa de la mendicidad y lugares de su ejercicio; - funciones que la policía local desempeña en relación con la indigencia; - actitudes de los ciudadanos hacia mendigos y transeúntes. Para dar mayor agilidad y espontaneidad a la conversación, se dejó que fuera la dinámica misma de la reunión la que marcara el momento de 290
formular cada una de las preguntas. Tampoco se siguió un orden estricto de intervenciones, ya que el número de participantes parecía muy adecuado para permitir la implicación de todos ellos. El moderador contó con la colaboración de otra persona en tareas de registro de la información, una trabajadora social conocedora del mundo del transeuntismo.2 2. LOS POLICÍAS LOCALES: OBSERVADORES DE EXCEPCIÓN Procedemos a continuación a relatar las respuestas que los cuatro participantes dieron a las preguntas indicadas anteriormente: Acerca de la cuestión del número de mendigos existente en Zaragoza los cuatro agentes coincidieron en que resultaba difícil dar cifras, si bien aventuraron que, un sábado por la tarde, podía alcanzarse la cifra de cien. Y en relación a las épocas del año de mayor afluencia de transeúntes en Zaragoza, éstas son las de primavera y verano, siendo sobre todo a finales de mayo y comienzos de junio cuando se da la mayor concentración, debido a la demanda existente de mano de obra para la recolección de frutas en zonas de las provincias de Zaragoza (como la comarca de Calatayud) y de Huesca (Fraga) y en otras de provincias limítrofes (La Rioja, Lérida). Generalmente, los mendigos ejercen la mendicidad en las calles céntricas de la ciudad; indicándose, además, lugares concretos como las puertas de las iglesias (en las que se suelen localizar dos o tres mendigos por iglesia) o en las puertas de la basílica del Pilar (en las que se reúnen 13 individuos entre mendigos y vendedores de estampitas). Se señala como un lugar habitual de concentración y reunión de transeúntes, además de las proximidades de los comedores y albergues, el de la Plaza de los Sitios. En este lugar, y con buen tiempo, suelen pernoctar unas 15 personas (concretamente, en los porches del colegio público Gascón y Marín). Dicha plaza, amplia y ajardinada, se halla situada en una zona 2 Procede señalar que la entrevista se desarrolló en un ambiente distendido, y que nuestros interlocutores se expresaron con gran espontaneidad. La conversación podía haber continuado algún tiempo más (tal fue el interés que tuvieron por el tema), pero el moderador no consideró oportuno sobrepasar en exceso el tiempo de una hora que se le había concedido. Vaya, desde estas líneas, nuestro agradecimiento a los mandos de la policía local al concedernos la posibilidad de la realización de la entrevista. 291
céntrica de la ciudad. Se da la coincidencia de que muy próximos a ella se encuentran dos centros de ayuda al transeúnte: una institución religiosa femenina que reparte bocadillos a las 10 de la mañana, y un comedor para personas indigentes. También se localizan indigentes, por la noche, en los porches de la Plaza de Toros, en el abandonado cuartel de Montoneros, en el pórtico de la iglesia de El Carmen y en la antigua estación de Utrillas. Uno de los participantes recordó la presencia como mendigos en las calles de Zaragoza, durante los meses de abril y mayo, de un grupo de rumanos, con rasgos físicos de raza gitana e integrado por unas 20 personas; contando de ellos que, cuando se les ofrecieron los servicios del Albergue Municipal para pasar la noche, y al obligarles (cumpliendo así la normativa vigente) a que se distribuyeran en distintas dependencias los hombres y las mujeres, todos rechazaron la oferta, prefiriendo pernoctar en la calle. Si se subraya en este momento de la exposición el dato del grupo rumano es porque realmente, y durante los meses indicados, y según pudo ser constatado por el investigador, la distribución de estas personas por los lugares céntricos de la ciudad llamó la atención del ciudadano, tanto por su número como por las formas empleadas. Así, una de las jóvenes llevaba un niño en brazos y pedía limosna entre sollozos, tras haber besado con gran presteza las manos o los hombros de los peatones. También recalcaron los policías la presencia en la ciudad de ciudadanos portugueses que pedían limosna o limpiaban los parabrisas de los coches aprovechando la parada de éstos en los semáforos. Acerca del tiempo que algunos transeúntes y mendigos suelen permanecer en la ciudad, nuestros interlocutores declararon que "un buen número de ellos llevan mucho tiempo". Fue también opinión compartida entre los informantes que estas personas indigentes tienen las necesidades básicas de techo, comida y vestido satisfechas, y afirman que "no necesitan más que para sus gastos personales". La posibilidad de recurrir a más de un centro de asistencia apoyaría tal afirmación; en este sentido, se confirma que "a los que hacen uso de los comedores, luego se les ve recogiendo ropa o bocadillos en otras instituciones". Dos de los policías declararon, como experiencia personal, haber dado o pagado bocadillos a indigentes; habiendo observado cómo, al 292
poco rato, los tiraban al suelo. Querían corroborar así la consideración de que los indigentes normalmente no admiten comida cuando piden por la calle, sino lo que ellos desean es obtener dinero. Una información también valiosa para nuestro análisis —ya que se trata de una realidad difícil de observar y cuantificar— es la referida al hecho de que aproximadamente la mitad de los que utilizan los comedores públicos también practican la mendicidad. Otra de las informaciones recabadas —y de la que también se tiene constancia a través de la "observación directa a distancia" y del análisis de las fichas de los comedores públicos— es la que se refiere al tipo de usuarios de estos servicios. La expresión empleada de que "hay gente arreglada que también los utiliza", se referiría a aquellos individuos no transeúntes, que también se benefician del servicio gratuito de comida, y que en el estudio incluimos entre los "pobres vergonzantes". En el transcurso de la reunión se relató una serie de prácticas que se consideraban habituales entre los transeúntes y que pueden mostrarnos en cierta medida el tipo de interacción que se establece entre ellos. A este respecto, se indicaron comportamientos significativos como son el que "se discute por cualquier cosa dentro de los comedores"; y que el que tiene alquilado algún piso cobra ciertas cantidades a otros transeúntes. Se da también el caso de que cierran con candado los locales abandonados y luego exigen ciertas cantidades por su uso. Se subrayó, asimismo, la existencia de mafias organizadas entres los mendigos y, en particular, entre aquellos que se sitúan en las puertas de las iglesias. Llegan en ocasiones a pelearse por ocupar los lugares que mayor rentabilidad producen. Se afirmó, de estos últimos, que suelen tener el puesto normalmente asignado, exigiendo ser respetado por otros mendigos. Y es tal vez, al hilo de esta constatación, como habría que entender lo expresado por uno de los policías —y que puede resultar aparentemente contradictorio con lo expuesto hasta ahora— de que ciertos indigentes forman grupos y que son solidarios entre ellos. Del carácter picaresco de algunos comportamientos da cuenta también el hecho de que la policía llega en algunos casos a "acompañar" a estas personas a la estación para asegurarse de que suben al tren apropiado, utilizando así 293
con buen fin el billete que se les ha dado gratuitamente por alguna institución de asistencia social. Una actitud y comportamiento, de alguna manera indicativos del tipo de relación que mantienen estas personas con la sociedad convencional, nos vendrían dados por el hecho, muy común, de que se despreocupan de renovar los carnets de identidad y todo tipo de documentación; solicitándolos, eso sí, cuando se ven necesitados de ayuda sanitaria o para hacer uso de algún recurso social. Un tratamiento particular se concedió a lo largo de la entrevista al tema del vagabundismo. Nuestros interlocutores coincidieron en la consideración de que este sector posee características que le distinguen de otros indigentes. Así, entre los rasgos distintivos se enumeraron: la mayor edad, aislamiento, deterioro psíquico, alcoholismo, y su no institucionalización. Con anterioridad a la entrevista de grupo, el investigador partía del supuesto de que era precisamente la Policía Local, de entre los distintos potenciales informantes, la que con mayor precisión podía ofrecer datos sobre su número y modos de vida. Como pudo apreciarse posteriormente, tales expectativas se cumplieron satisfactoriamente. Los cuatro comunicantes estaban de acuerdo en que no son normalmente más de quince los vagabundos que se ven en las calles o parques de nuestra ciudad. De lo habitual de la presencia de estas personas y de la cierta familiaridad con que son considerados por la Policía Local habla el hecho de que ésta los identifique con apodos (tales como "el cojo", el "chato"). Los lugares más frecuentados y donde suelen pasar la noche los vagabundos —dependiendo obviamente del tiempo climatológico que haga— son los parques, pasajes comerciales, porches, pórticos de las iglesias y soportales de los comercios. Asimismo, declaran los policías que si bien no se les puede obligar a entrar en el albergue municipal (pues tienen, además, el apoyo del fiscal), en invierno no tienen inconveniente estos vagabundos en ser conducidos al mismo. La actitud más normal que mantienen los vagabundos hacia la presencia y recomendaciones de la policía es de indiferencia: "pasan de nosotros cuando se les ofrece ayuda", subrayaron nuestros interlocutores. 294
estancia, bien porque su situación psicosocial así lo recomiende o porque se vea la posibilidad de un trabajo de cara a la reinserción. Centro de reinserción. Destinados a personas con un pronóstico favorable y que se prevé una reinserción social o familiar que, definitivamente les saque de la marginación o prevenga su caída. Albergue. El Plan Concertado para el desarrollo de prestaciones básicas de Servicios Sociales en las corporaciones locales, del Ministerio de Asuntos Sociales, define los albergues como “servicios destinados a procurar con carácter temporal, la Prestación de Alojamiento a transeúntes sin medios económicos y a otras personas marginadas, atendiendo, asimismo, a su inserción personal y social” (véase capítulo quinto de dicho Plan). 1. RECURSOS EXISTENTES EN ZARAGOZA Y SU CAPACIDAD DE COBERTURA DE LAS NECESIDADES. Instituciones de carácter religioso como Cáritas diocesana, la Real Hermandad del Refugio, el centro San Vicente Paúl, las parroquias de El Carmen y Santa Mónica, ofrecían a principios de la década de los noventa todo tipo de servicios destinados a indigentes en general y en particular a transeúntes (véase Gráfico 14.1 y anexo I).3 Agrupadas estas instituciones en torno a la Coordinadora de Servicios prestaban: información y acogida (4 centros), almuerzo (2 centros, con capacidad para 170 personal), pernocta (2 centros con 120 plazas en total), tres pisos con capacidad de acogida para 26 personas, un módulo terapéutico y una graja-taller,4 un servicio de higiene y tres roperos. 3 En este trabajo, y en determinados momento, queda patente la importancia de la acción de ciertas instituciones religiosas en relación con nuestra población. Así, se destaca el esfuerzo realizado por las Hijas de la Caridad de S. Vicente de Paúl. Mención especial hay que hacer también de la labor llevada a cabo por la Organización Cáritas, y ello a nivel nacional y local. Indicativo de ese esfuerzo son no sólo la intervención directa que desarrolla sino también el volumen de reflexión sistemática ofrecido sobre la pobreza y exclusión social: de ello hay muestra en la bibliografía reseñada en este estudio. A este respecto hay que destacar publicaciones recientes tales como “Políticas sociales contra la exclusión social” (Dossier nº43, Cáritas Española, 1997) y la propuesta de Cáritas Europa “Mejorar la protección social en Europa” (Revista Cáritas, nº 379, diciembre 1997, Madrid). 4 El lector puede encontrar un desarrollo más amplio de esta experiencia de inserción en España y particularmente de la Escuela Granja Taller de Zaragoza en el libro Volver a ser: Experiencias y evaluación de reinserción social de transeúntes, que coordinó Mª Antonia Gallén, y editó Cáritas Española, Madrid, 1989. 301
Gráfico 14.1. Recursos para transeúntes en Zaragoza RECURSOS DESTINA DOS A TRA NSEUNTES Centro información y ayuda Cáritas Gran ja Taller Servicio in form. y acogida Real Hermandad Comedor y alojamiento. del Refugio Club Hogar Modulo Terapéutico COORDINADORA RED DE Cen tr o S. Com edor SERVICIOS Vicente Paúl Residencias Parroquia del Comedor Ca r m e n Minirresidencia (3) Residencia Parroquia Sta. Món ica Albergue Municipal AYUNTAMIENTO Ca sa de Soc or r o DIP. PROVINCIAL Hospital Far o CENTR OS TITULARIDAD Asociación Benéfica La Caridad PRIVADA Cen tro Asisten cial F. Ozan am Distribución de alimen tos RECURSOS DE CAR ACTER DISCRECIONAL Ropero Igualmente significativa resultaba la actuación de las instituciones públicas, que se concretaba en la oferta que el Albergue Municipal hacía para satisfacer las necesidades de la población transeúnte en nuestra ciudad; dependiente del Ayuntamiento, prestaba servicios de: información y acogida, 302
comedor y alojamiento (80 plazas) e higiene.5 También el Ayuntamiento contaba con la Casa de Socorro que facilitaba el acceso a las consultas y provisión de medicamentos. Y dependiendo de la Diputación Provincial, el Hospital Real de Nuestra Señora de Gracia atendía a personas carentes de recursos económicos, a extranjeros con o sin permiso de residencia y a indigentes (véase además el capítulo 15, 2). Centros de titularidad privada y no dependientes de la Iglesia como FARO y Federico Ozanam cubrían necesidades de asistencia sanitaria y farmacéutica. La Asociación benéfica La Caridad disponía de 70 plazas de comedor. Teniendo en cuanta todo tipo de ofertas y en referencia al servicio de comida, incluyendo en éste únicamente el almuerzo del medio día, y para esta misma población, se podían ofrecer en nuestra ciudad hasta 311 servicios en un día. En el Plan Concertado para el Desarrollo de Prestaciones básicas de Servicios Sociales, del Ministerio de Asuntos Sociales (en su capítulo sexto) y en relación a la oferta pública se señala que "El Plan Concertado financiará en cada Comunidad Autónoma hasta un máximo de 15 plazas de alojamiento y otras tantas de comedor por cada 100.000 habitantes o fracción, que se distribuirán en su territorio en el número de Albergues que la propia Comunidad determine". De acuerdo con estos propósitos, y considerando que nuestra ciudad tenía en el año 1991 una población de derecho de 594. 394 habitantes (según el Padrón Municipal), se precisarían para cubrir la cobertura mínima exigida de 90 plazas de alojamiento y otras tantas de comedor. Si comparamos estas estimaciones con la oferta pública real que existía en la ciudad podemos constatar la no adecuación respecto a lo señalado por el entonces Ministerio de Asuntos Sociales. Si incluimos en cambio la oferta de la iniciativa pública y de la privada la situación global de plazas de alojamiento adquiere características que se pueden considerar como muy positivas, ya que el número de plazas de dormitorio ascendía a 260 (de ellas 50 con carácter permanente) A este 5 La información referente al Albergue Municipal (que gran parte se presenta en Anexo I, se ha obtenido de la sección que sobre Transeúntes se presenta en el tomo 7 de la publicación del Plan Municipal de Servicios Sociales 1990-1994, titulado Sectores Minorías Etnicas, Presos, expresos, transeúntes; Ayuntamiento de Zaragoza, Area de Sanidad y Acción social. 303
respecto en el presente estudio (ver Cap. 9) se ofrece información referida a un día concreto —21 de mayo de 1993—, en el que se ocuparon 202 plazas de dormitorio y se dieron 334 servicios de comedor. Prácticamente en todos los centros que ofrecían de manera regular alguno de los servicios para los “sin techo”, éstos recibían también información y orientación de carácter general. Más particularmente, en dos de estos centros se ofrecía servicio de lavandería; en tres, los demandantes podían obtener ropa nueva, y en dos existía servicio de higiene y aseo; así mismo una de las instituciones ofrecía formación profesional y ocupacional y preparación para la obtención de graduado escolar. Para tratamiento de transeúntes con problemas de alcoholismo existía un módulo terapéutico. Finalmente las necesidades de carácter sanitario (consulta, atención, medicamentos) eran cubiertas por tres centros. Existen en nuestra ciudad unos recursos disponibles para esa población (particularmente para vagabundos y "pobres vergonzantes"), que no responden a ninguna de las características señaladas. Son generalmente el resultado de la acción independiente de unas personas (vinculadas normalmente a órdenes religiosas) y que poseen, a su vez, un cierto carácter de permanencia. Su talante discrecional, por una parte, y el escaso significado cuantitativo que tienen, por otra, hacen que no consten en ninguna de las guías de recursos para transeúntes aparecidas en las distintas publicaciones especializadas. La localización de los mismos ha sido posible gracias a la contrastación de varias fuentes de información (fundamentalmente trabajadores sociales); por ello los datos que se ofrecen sobre este tipo de recursos representan una información bastante aproximada acerca de lo realmente existente a este respecto en Zaragoza. En este sentido hay que mencionar los 13 pisos que eran dirigidos por una religiosa y que acogían diariamente entre 30 y 40 personas. Estaban situados en la zona de la ciudad denominada Casco Viejo, área que se sigue caracterizando por ser una de las más deterioradas y en la que habita una proporción importante de población marginal. Asimismo, en cuatro casas de religiosos (Convento de El Redentor, residencia de las Religiosas Terciarias Capuchinas, Hermanas de la Caridad de Sta. Ana, y colegio de Padres Franciscanos) se repartían todos los días unos 100 bocadillos. Cabe destacar, sin embargo, que en los dos primeros 304
centros, y a partir del año 1992, de dejó de distribuir bocadillos aduciendo que el reparto de los mismos constituía una ocasión de discusión entre los indigentes, se producían altercados y se llegaba a insultar a las religiosas; según declaraban éstas, hubo días que tuvo que intervenir la policía. La excesiva atomización de las iniciativas existentes para los “sin techo” en nuestra ciudad y que suele traducirse en falta de comunicación entre las instituciones y en descoordinación de la acción, conlleva finalmente a que los usuarios reciban también de manera fragmentaria y dispersa las ayudas y apoyos físicos, económicos y psicosociales que los servicios recibidos suponen. La intervención sobre los individuos no será integral, y el resultado final se caracterizará mas bien por el asistencialismo puntual y en la pérdida de eficacia de los esfuerzos por muchos y voluntariosos que éstos sean. Una parte importante de las instituciones que trabajaban para los sin techo en Zaragoza —particularmente las dependientes de la Iglesia— era consciente de las consecuencias que la extremada diversificación y descoordinación podían suponer para la prestación efectiva de sus servicios. A este respecto, la creación de la Coordinadora de la Red de Servicios destinados a transeúntes significó un avance importante, si bien limitado al ámbito de la actuación de la Iglesia. Entre sus objetivos cabe destacar el que se refiere a la coordinación de esfuerzos de todos los que trabajan con los transeúntes marginados (véase Anexo IV). Similar intención tuvo la fundación de la Plataforma Regional de Transeúntes, integrada por todas las entidades eclesiales que trabajan en el campo del transeuntismo en Aragón. Entre las tareas que se proponen subrayamos las de asegurar el intercambio de información, servir de espacio de comunicación de experiencias e inquietudes y el poner en relación los centros de Información y Acogida de los niveles diocesanos. En las conclusiones a las que llega J.M. Nerín (1988) en su trabajo sobre los recursos sociales existentes para transeúntes en España, y en particular a cerca de los de Aragón y Zaragoza, se subraya la posición destacable en cuanto a la existencia de centros para dicha población. Se indica por ejemplo que: a) Por lo que se refiere a Centros de Acogida e Información eran en aquel año las provincias de Zaragoza y Huesca las que concentraban provincialmente más centros, "resultando especialmente relevante el caso de 305
la ciudad de Zaragoza (en donde se concentran tres de ellos), juntamente con el de Madrid capital, en donde sucede lo mismo." b) Respecto a los comedores, el autor llega a la conclusión la provincia de Zaragoza con cinco comedores sigue a las de Madrid (con 9) y Barcelona (con 6) en el número de los mismos. En cambio, por lo que se refiere a ciudades Zaragoza estaba en cuanto al número de comedores, detrás de Madrid, Alicante, Bilbao, Palma de Mallorca y Sevilla. c) En lo relativo a Centros de Trabajo para Transeúntes, Cataluña era la Comunidad Autónoma con mayor número de estos centros. Esta experiencia, y en aquel año, se hallaba "polarizada en Cataluña, y también en el País Vasco, Cantabria, además de en Aragón." En resumen, se señala en el citado estudio, Andalucía y Aragón compartirían el primer lugar de la clasificación en cuanto al número de centros para transeúntes; pero, teniendo en cuenta el número de provincias andaluzas y el de las aragonesas, nuestra región se situaría por delante, solamente superada por la provincia de Madrid. Y en un estudio realizado en 1989 sobre la población transeúnte en España6 y destinado al Observatorio Europeo de los "sin techo" se indicaba, corroborando los datos anteriores, que Aragón presentaba los niveles de más fuerte concentración de centros por habitante: hay un centro por cada 36.000 habitantes. La relación menor correspondía a Galicia con 1 por 280.000, seguida de Madrid con 1 por 235.000. También los presupuestos que las diferentes instituciones e iniciativas existentes en Zaragoza destinaban para la población transeúnte así como el monto de los mismos pueden constituir un indicador útil para conocer la relevancia de la respuesta de la sociedad a la problemática social de tales personas en los años estudiados. Los cálculos realizados para llegar a las cifras globales, y que a continuación se exponen, se han basado en los datos económicos incluidos en las Memorias del año 1993 de las seis instituciones más importantes relacionadas con el mundo del transeuntismo en Zaragoza (Albergue Municipal, El Refugio, el comedor de la Parroquia del Carmen, Cáritas Diocesana, el comedor de "La Caridad", y un comedor dependiente de las 6 Gabinet d'Estudis Socials. Les sans-abri en Espagne. Vers un Observatoire Europeen des sans-abri. Barcelona, 1989; pág. 100. (Trabajo no publicado). 306
HH. de S. Vicente de Paúl). Como ya se ha constatado en los apartados anteriores, en nuestra ciudad existían, además, otras iniciativas de carácter privado que, con una mayor o menor dependencia de instituciones (órdenes religiosas y parroquias), trabajaban con esta población, y que por el volumen de personas que atendían y el montante económico que su aportación suponía había que tener también en cuenta. En este segundo bloque de actuaciones se han incluido el comedor de la parroquia de S. San Antonio, los 13 pisos dirigidos por una religiosa, el piso para transeúntes de la parroquia de Santa Mónica, y tres instituciones religiosas que ofrecen bocadillos diariamente a los indigentes. Obviamente, algunos de los datos económicos correspondientes a estas últimas iniciativas no se hicieron públicos y se han concedido al investigador con carácter de confidencialidad Dado que algunas de estas organizaciones o iniciativas trabajaban, además, con otros sectores que no eran propiamente transeúntes, se ha tenido cuidado en todo el proceso en desglosar, en unos casos, las correspondientes partidas, o de hacer especial recuento, en otros, para diferenciar la población transeúnte de otra población indigente. Tanto los presupuestos publicados como los gastos reales habidos en el año 1993 incluyen todas las partidas o capítulos presupuestarios que directa o indirectamente inciden en el servicio prestado. Así, se incluyen los gastos de personal, nóminas de profesionales, mantenimiento de edificios, alimentación, etc. Las dificultades de procedimiento inherentes al proceso mismo de cálculo — fácilmente imaginables por lo expuesto anteriormente— hacen, por otra parte, que las cifras que se ofrecen no sean absolutamente precisas; resultando en cambio útiles, si se consideran como aproximadas y como datos económicos de referencia general. La cantidad total aportada por el conjunto de iniciativas públicas y privadas señaladas, en el año 1993, ascendió a una cifra de 145.338.000 pts. De esta cantidad, 110.147. 000 pts. correspondieron a la iniciativa privada, y 35.191.000 pts. a la pública. El desglose de estas cifras en periodos de tiempo más cortos, como el mes y el día, puede hacer que las mismas adquieran nuevo significado. Así, por ejemplo, en un mes cualquiera del año, las ayudas globales podían ascender a 12.100.000 pts. Ello suponía que, en nuestra ciudad, y diariamente, se destinaron para los "sin techo" alrededor de 390.000 pts. Y si 307
tomamos como referencia el número, también aproximado, de 334 transeúntes —y que apuntábamos en apartados anterioresque se beneficiaban de los servicios en un día, ello significaría que el valor de lo percibido por cada uno de ellos estaría entre las 1.000 y 1.200 pts. En los cómputos que se realizan en este apartado no se han incluido los costes que la partida de la atención sanitaria supone. Si se tuviera en cuenta, además, el hecho de que entre siete y nueve indigentes eran atendidos diariamente en los diversos centros hospitalarios públicos el coste aparecería aún mayor. Como conclusión a este capítulo cabe señalar que según los datos obtenidos y aquí presentados sobre la oferta de servicios para los sin techo en Zaragoza, así como los referentes a la demanda (y que se detallarán en el capítulo siguiente) entre los años 1990-93 las necesidades manifestadas por estas personas (y por lo tanto su satisfacción era demandada) relativas a alimentación, alojamiento, vestido, higiene y salud, podían ser atendidas ampliamente y de manera satisfactoria. 308
CAPÍTULO 15 UTILIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS POR LA POBLACIÓN INDIGENTE: HOSPITAL REAL Y PROVINCIAL DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA Ya vimos en el Capítulo 8 (en el que se hacía el análisis de las memorias de los respectivos centros, y concretamente en el apartado 11 que se refería al "estado de salud" de los transeúntes) cómo las cifras de personas que presentaban algún problema de salud eran altas, llegando a alcanzar, por ejemplo, el significativo porcentaje del 48 % para los usuarios de "El Refugio", en el año 1993. También se advirtió que entre las carencias de salud se destacaban las relacionadas con el alcoholismo, las enfermedades mentales y las toxicomanías. También en nuestro estudio el análisis de los datos referidos a las personas clasificadas como indigentes y/o transeúntes, y que fueron atendidas en los centros hospitalarios de la ciudad de Zaragoza, alcanza especial relevancia al aportar nueva y complementaria información acerca de la situación de esta población en esas dimensiones básicas para su vida como son la de la salud y todo lo relativo a su cobertura sanitaria. Como ya expuso en el Capítulo sexto (correspondiente al "Contexto legal y normativo"), según el Real Decreto 1.088/1989, de 8 de septiembre, de la legislación de la Seguridad Social1, se "reconoce el derecho a las prestaciones de la asistencia sanitaria de la Seguridad Social a los españoles que tengan establecida su residencia en territorio nacional y carezcan de recursos económicos suficientes". Se incluyen entre estas personas aquellas "cuyas rentas, de cualquier naturaleza, sean iguales o inferiores, en cómputo anual al salario mínimo interprofesional". En el caso en que se supere tal límite, se reconoce dicho derecho "si el cociente entre las rentas anuales y el número de menores o incapacitados a su cargo fuera igual o menor a la mitad del salario 1 Este Real Decreto reguló la puesta en práctica de la Ley General de Sanidad 14/1986, de 25 de abril 309
mínimo interprofesional". Si tomamos como año de referencia el de 1992, ya que fue a partir del mes de mayo de dicho año cuando realmente empezó a aplicarse, el salario mínimo en dicha fecha era de 56.280 pts. Hasta la entrada en vigor de la nueva legislación, las personas que justificaran no poseer recursos podían disponer de la Cartilla de Beneficiencia que permitía la asistencia médica, y la gratuidad de los medicamentos. En nuestra ciudad estas personas eran asistidas en la Casa de Socorro y en el Hospital Provincial Nuestra Sra. de Gracia. En la actualidad, las personas que tienen derecho a la Tarjeta sanitaria — y que a efectos administrativos se les atribuye un código especial de identificación válido para todo el Estado (56/)— son: a) los que disponen de la antigua beneficiencia, b) menores tutelados D.G.A, c) emigrantes retornados hasta que cobran subsidio, d) personas sin recursos económicos, e) los que han perdido el derecho a la asistencia que agotaron también la prestación de desempleo y el subsidio, f) inmigrantes sin recursos de algunos países de la CEE (Islandia, Turquía, Malta, Noruega, Turquía y Suecia) sin nacionalidad española y con tarjeta de residentes y permiso en vigor, g) apátridas, h) refugiados, i) personas con pensiones asistenciales (antiguas PAES). A partir del mes de mayo de 1992 las personas que reúnen esas condiciones, y particularmente nuestra población indigente, son admitidas en cualquiera de los centros de titularidad pública existentes en nuestra ciudad (Miguel Servet, Hospital Clínico Universitario, Royo Villanova — dependientes del Instituto Nacional de la Salud— y el Hospital Clínico, de la Diputación Provincial de Zaragoza). (Ver anexo II).2 Los primeros contactos establecidos con el personal de los departamentos de asistencia social de dos de los grandes centros hospitalarios ya revelaron las dificultades existentes para la localización e identificación de las personas atendidas o ingresadas y que respondieran al perfil de individuos indigentes o transeúntes. La atribución del código 56/ no parecía ser de gran utilidad para identificar a los individuos pertenecientes a la población indigente, y ello en razón de que —como hemos señalado— tal código también incluye a otras 2 En este anexo V se recoge, además de la base legal de la nueva situación sanitaria, el proceso seguido por el Ayuntamiento de Zaragoza para la aplicación de la normativa. 310
médico que lo atendía. Cuando no tenía dinero solía frecuentar el comedor de la Parroquia del Carmen o albergarse en El Refugio. Caso 2: Mujer mendiga solitaria Nacida en Zaragoza, 66 años. Soltera. Esta mujer fue ingresada por la policía en el servicio de Urgencias con contusiones graves en las piernas y un fuerte golpe en la zona lumbar. Recuperada de sus heridas se le dio de alta, acusando dificultades para andar. Ingresó en un avanzado deterioro físico, psíquico y social. Llevaba viviendo cuatro años en la calle, moviéndose por la plaza del Pilar, dedicándose a la mendicidad Carece de asistencia sanitaria, vivienda, y cualquier tipo de ayuda económica. No tiene hermanos y se desconoce la existencia de otros familiares. Desde el servicio de asistencia social se realizaron las siguientes gestiones: - Se recabaron datos del Albergue Municipal, El Refugio, Departamento de Transeúntes de Cáritas, sin conseguir información alguna. - Se realizaron gestiones en el INSS e INSALUD para averiguar datos sobre ella, con resultado negativo. - En la Jefatura de Policía se consiguió el número del D.N.I., ya que ella lo había extraviado. La última vez que lo había renovado fue en 1962. - Se le solicitó la tarjeta de transeúnte a Cáritas. - No pudo quedarse en El Refugio porque todavía no podía valerse por sí misma, y tampoco podía ir al Albergue Municipal porque estaba empadronada en Zaragoza (ver anexo IV, 4). Se le acompañó a una pensión. Ella llevaba consigo en el momento de ingresar unas 40.000 pts. No mantiene relaciones sociales. Cuando ha poseído dinero ha habitado en pensiones "infrahumanas" de los barrios bajos de la ciudad. Hasta los 60 años estuvo trabajando en una casa al servicio de un hombre mayor; al fallecer éste se quedó sin trabajo y en la calle. 317
Anteriormente había trabajado en diversas ocupaciones, pero en ninguna de ellas llegó a cotizar a la Seguridad Social. No cobra ningún tipo de pensión ni recibe ayuda económica. Caso 3: Un joven drogadicto Varón, 28 años, sin domicilio fijo. Madre viuda que volvió a casarse; desconoce si tiene hermanos. No se relacionaba con su familia, que desde muy joven abandonó. Ingresado en urgencias por problemas hepáticos. Era drogadicto y en el momento de su ingreso se le apreció que no coordinaba bien sus constantes mentales. Se encontraba en un estado higiénico lamentable (parásitos, suciedad). En los últimos dos años había vivido en Zaragoza en casas abandonadas del Casco Viejo y dedicándose a la mendicidad. Estos tres relatos cortos referidos al historial sociosanitario de tres indigentes fueron obtenidos de la documentación existente en el departamento de asistencia social del hospital provincial. Como ha podido captar el lector, en su presentación se ha tratado de respetar la forma concisa en que se redactaron; que es propia, por otra parte, de todo documento administrativo. A pesar de la brevedad y laconismo con que son expuestas, en estas anónimas biografías se presentan netamente los rasgos de las categorías de personas que denominábamos "transeúntes crónicos" y "vagabundos". En estos testimonios involuntarios no sólo se refleja el interés y la acción de la sociedad a través de los servicios sanitarios hacia los indigentes, sino que poseen también el valor de constituir una descripción de su identidad social. Como puede apreciarse en su lectura, no existen para ellos redes de relación ni de apoyo; así, se señala, no existen contactos con la familia, ya sea porque esta no existe o porque la ruptura se produjo hace tiempo de manera definitiva. Carecen de medios económicos, recurren a la limosna, siendo su pobreza verdaderamente absoluta. No poseen un hogar, siendo fundamentalmente la calle o el cielo raso los escenarios de su devenir. Dependen totalmente de la ayuda de los servicios sociales, y ello hasta tal punto que son los representantes de estos últimos los que les conducen hasta 318
los centros y les proveen de recursos, al carecer incluso de voluntad para sobrevivir. Y además, por su estado de deterioro avanzado en su salud, ocupan ya la posición de aquellos que están dando sus últimos pasos en el carril, en ese camino que hemos descrito como un continuum hacia la exclusión más absoluta. Estas tres personas representarían a los que están alcanzando la terminal, constituyendo un ejemplo de aquellos "sin techo" que en un periodo corto serán objeto, tras su fallecimiento, de la consideración de personas sin bienes económicos, pobres absolutos, y que, por lo tanto, y por última vez, la administración pública (en este caso el ayuntamiento) se hará cargo de ellos, al posibilitar el último de los tránsitos, el del enterramiento (véase capítulo11). 319
PARTE QUINTA EL FENÓMENO DE LA MENDICIDAD EN ZARAGOZA 320
CAPÍTULO 16 INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DEL FENÓMENO DE LA MENDICIDAD EN ZARAGOZA En los capítulos anteriores (del séptimo al decimoquinto), y que han configurado la Parte IV de este trabajo, se han estudiado las manifestaciones del fenómeno más general de la pobreza extrema, y particularmente del de la indigencia: realidades como el transeuntismo alberguista, el vagabundismo — que integran, a su vez, parte de la población de "los sin techo"— así como la pobreza vergonzante. Se señaló igualmente que la actividad mendicante se hallaba relacionada con las dos primeras, si bien hay que matizar ahora que indigencia y mendicidad no van necesariamente unidas; es decir, una parte de los "sin techo", transeúntes o vagabundos, no han recurrido nunca (o no lo han hecho todavía) a tal actividad. Dado que el recurso a la mendicidad manifiesta el estado de extrema necesidad de la persona que la ejerce, y por las circunstancias que rodean al acto mismo (imagen que se ofrece, actitud adoptada, utilización del engaño), así como por la consideración social que de ella se tiene (suscitando reacciones contrapuestas de conmiseración o de rechazo), este fenómeno ha suscitado el interés de los estudiosos. También en este trabajo hemos tratado de aproximarnos a esta realidad, y la presentación de los datos y análisis correspondientes van a configurar la Parte V (que incluye, a su vez, los capítulos 16-20). Al acto de mendigar se le atribuye por parte del ciudadano en las sociedades desarrolladas —y particularmente en la española— un especial significado que seguramente no poseía hace unas pocas décadas. Tal actividad representa una situación especialmente humillante para el que acaba ejerciéndola, manifestando, a su vez, que al sujeto se le concede la posición y consideración más bajas en la sociedad. Es tal la problemática humana que 321
subyace en esta actividad que ha llamado la atención de agentes interesados en el bienestar y la acción social, como son los responsables de los servicios sociales, las agencias de control y del legislador. Con el presente estudio se ha pretendido conocer el alcance y la importancia que el fenómeno de la mendicidad tenía en Zaragoza capital entre los años 1990 y 1992. Si bien éste es un fenómeno que, entendido en su globalidad, resulta imposible de cuantificar, se ha supuesto, con todo, que algunas de sus modalidades (como la mendicidad callejera o la realizada en las puertas de las iglesias) poseían características que las hacían más fácilmente asequibles a la aproximación cuantitativa. Aunque también en estos casos el intento suponía un reto, no por ello se cejó en el empeño. Igualmente, ésta es una realidad que se presenta de distintas maneras — mendicidad manifiesta o encubierta, en compañía o en solitario, infantil, según etnias—. Tratar de distinguir y captar la importancia de estas modalidades se constituyeron en objetivos de la investigación. También nos vamos a interesar por el conocimiento de las características básicas de los mendigos (como la edad, sexo, etnia, estado físico, imagen general que ofrecen), así como por la apreciación de ciertos medios a los que recurren en su actividad mendicante (modalidades de reclamo, lugares frecuentados) Pareció, asimismo, que la observación de los ciudadanos que dan limosna o que de alguna manera contactan con el mendigo —y que se constituyen en otro de los componentes que configuran el fenómeno de la mendicidad— podría añadir matices relevantes para comprender el mismo. 1. CONSIDERACIONES EN TORNO A LA NOCIÓN DE MENDIGO: PROPUESTA DE DEFINICIÓN Antes de avanzar en la presentación de los objetivos y metodología empleada en la observación del fenómeno de la mendicidad, procede realizar algunas consideraciones de carácter semántico, que recuerdan y complementan lo avanzado en el capítulo segundo( apartado 3.3.), en el que se adelantaron la definición y propuesta de clasificación de tal realidad. Si 322
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