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Abstract

INTRODUCCION Desde los primeros tiempos, el hombre ha buscado en la naturaleza remedios que paliaran sus dolencias y enfermedades. Empírica y casualmente debió comprobar cómo determinadas sustancias le resultaban útiles y adquirió conocimientos que fue plasmando en los distintos tratados sobre plantas, animales, minerales y rocas que nos han llegado desde el siglo XV a.C. recogidos en los papiros egipcios, como el de Ebers. El primer tratado exclusivo sobre naturaleza o también llamado de Historia Natural puede considerarse el de Teofrasto del s. III a. C. A partir de éste, ya se tiene constancia de que estos tratados se fueron diferenciando según la materia de la que tratasen en: Herbarios, Animalarios y Lapidarios (incluso dentro de los animales se distinguían tratados de peces, de aves, etc). Ya en el siglo I aparecerían las obras de Plinio y Dioscórides (primera enciclopedia con carácter farmacológico donde ya se dedica un capítulo específico a cada elemento y sus propiedades) que tanta repercusión tuvieron en los autores posteriores, no en vano, la Materia médica fue una obra de tenencia obligada en las boticas hasta el siglo XVIII. En la España visigótica aparece otra obra importante, se trata de las ¿Etimologías¿ de Isidoro, y tras ella, la traducción del caldeo del lapidario de Alfonso X. Posteriormente surgiría un amplio elenco de autores árabes y andalusíes con aportaciones fundamentales en la preparación de formulaciones y remedios complejos. Ya en los siglos XII y XIII, surge en Europa un destacado grupo de autores de obras de Historia Natural como, Arnaldo de Saxo, Alberto Magno, Tomás de Cantimpré y Bartolomé Ánglico, para culminar el s. XV con la enciclopedia Pandecta y finalmente el Hortus sanitatis. Tradicionalmente los tratados sobre plantas han sido considerados como obras con descripciones y remedios rigurosos, no ha sido así, en cambio, con las obras dedicadas a animales y piedras, a las que se les ha atribuido un fuerte carácter esotérico y han sido insuficientemente estudiadas en las diferentes parcelas científicas del saber. No parece lógico pensar que, en un mismo autor, las descripciones y los remedios obtenidos de plantas sean rigurosos y los procedentes de animales y piedras sean mágicos. Así pues, esta tesis surge con la intención de descubrir numerosos elementos naturales en los libros de Historia Natural a través de sus descripciones y su empleo como remedios terapéuticos, justificar farmacológicamente estos remedios y evaluar su permanencia en el tiempo. DESARROLLO TEÓRICO Para llevar a cabo este trabajo, se decidió seleccionar un texto enciclopédico de carácter fundamentalmente farmacológico, cronológicamente ubicado entre la Edad Media y el Renacimiento, escrito en latín, por ser ésta la lengua culta, que recopilara el mayor número posible de autores anteriores y cuyo estudio resultara innovador. La obra Hortus sanitatis cumple con todos esto requisitos y por eso se selecciona. Pero para el estudio de esta obra, primeramente era necesario traducir la parte dedicada a las piedras, puesto que ésta nunca había sido traducida al español. Consiguiendo, así, la única traducción a una lengua moderna desde la versión de 1539 del francés antiguo. Se hace la comparación del texto del Hortus sanitatis con el de las obras de referencia citadas en él, previa identificación de éstas y de sus autores. Así mismo se identifica fehacientemente el autor del Hortus sanitatis, considerada hasta ahora como una obra anónima o al menos apócrifa. Se estudian los remedios en los diferentes autores y se interpretan los ¿modi operandi¿ de las preparaciones, con el fin de identificar el compuesto farmacológicamente activo que se persigue; se trata de buscar una explicación a los procesos físico-químicos que se les aplica a las diferentes sustancias para posteriormente justificar de forma científica y razonada su empleo. Finalmente, se comparan con los usos recogidos en las farmacopeas modernas y se evalúa su pervivencia. El cuerpo de la tesis se divide en tres bloques: el primero dedicado al estudio e identificación de los animales y de los remedios procedentes de éstos y su evolución a lo largo de los siglos, lo que definimos como Zoofarmacia. Un segundo apartado centrado en los compuestos minerales, sus usos terapéuticos y la evolución de su empleo en el tiempo, estudio éste definido como Geofarmacia. Y finalmente, un tercer capítulo enfocado al estudio de la criptopaleontología, analizada desde un prisma farmacológico que nos permita identificar los fósiles a través de sus descripciones crípticas y de sus empleos terapéuticos. CONCLUSIONES Hortus sanitatis es un compendio de remedios, que incluye a los autores más relevantes desde el siglo III a.C. hasta finales del S XV. Es pues, uno de los trabajos recopilatorios de historia natural y terapéutica más completos desde Plinio y seguramente el más relevante de toda la Edad Media. La constatación aquí hecha de que la mayoría de los remedios descritos, corresponden a los autores a los que se les atribuyen, infiere que, durante al menos los primeros quince siglos de nuestra era, la farmacología se fue transmitiendo de una forma casi inalterada (salvo en el periodo de la compleja farmacia árabe). El Hortus sanitatis de Johannes de Cuba fue la primera y única obra incunable que abarcó los ámbitos del saber en las Ciencias Naturales, la Medicina y la Farmacia, constituyendo desde este momento, una clásica y obligada fuente para el estudio y la mejor comprensión de la Historia de estas disciplinas en el futuro. El autor del Hortus sanitatis fue Johannes de Cuba, como prueban las diversas razones históricas aquí aportadas y las referencias geográficas que hace el autor de los lugares donde recolectaba algunas de las piedras descritas en la obra. Los remedios atribuidos a los autores más antiguos que se citan, fueron recopilados a su vez de fuentes anteriores a ellos, hecho que se constata con las múltiples coincidencias que aparecen entre las preparaciones y los usos propuestos por Plinio y Dioscórides, que siendo éstos, autores coetáneos de distintas zonas geográficas, describen remedios y preparaciones iguales. El estudio comparado de los remedios atribuidos a 41 animales, 33 minerales y rocas y 18 fósiles, contenidos en el Hortus sanitatis, ha permitido comprobar, que tienen, en muchos casos, usos terapéuticos similares o coincidentes. Esto es debido a que la composición química de muchas de estas partes de animales, elemento geológicos y paleontológicos, es común; lo que justifica el hecho de que su uso no fuera casual o esotérico, sino que responde a una explicación científica que aunque en el siglo I no había posibilidad de probar, hoy sí estamos en condiciones de hacerlo y se ha podido realizar un número significativo de casos. Se justifica científicamente el uso de muchas sustancias en el ámbito de la terapéutica. En los animales: diversas sales y óxidos cálcicos, cantaridina, castóreo, quitosano y quitina, queratina, colágeno y gelatina, yodo, sales sódicas y potásicas de bromo. En las piedras: carbonato y bicarbonato sódico, cálcico y magnésico, filosilicatos, alumbre, oxalatos, hidróxidos sódico y potásico, borato sódico, sílice, azufre, sulfatos de calcio, zinc, cobre y hierro, antimonio, arsénico y sus sulfuros, oro, óxido de calcio, hierro y aluminio, acetato de cobre. En los fósiles: sales cálcicas, carbón, hidrocarburos, ácido succínico. Para otros elementos, sólo se pueden establecer hipótesis explicativas, debido al desconocimiento de sus composiciones o a la ambigüedad de los usos propuestos. Muchas de estas sustancias han perdurado en la farmacopea actual desde hace más de 2.000 años con similares aplicaciones. De algunas, se conserva su empleo como remedio histórico, posteriormente en desuso por su coste, por su toxicidad, por sus connotaciones esotéricas, o simplemente por su sustitución por sustancias más eficaces. Otras sustancias empleadas en la antigüedad, se siguieron utilizando incluso hasta el siglo XX pero con otros fines curativos. Entre los remedios de carácter mágico, distinguimos los atribuidos al principio simpático (escorpión, piedra del corazón del ciervo, alabandina). Y otros que se empleaban como talismanes (caballito de mar, hipopótamo, glossopetra, bezohar, coral, piedra del águila). Sólo el empleo de unos pocos, como el azabache y otros fósiles químicos como el ámbar, que fueron usados empíricamente durante más de dos milenios, tienen una base científica en farmacología y sobreviven en la farmacopea actual. Para los remedios de los fósiles carbonatados (equinodermos y moluscos) se plantean hipótesis científicas que justificarían ciertos usos. Finalmente, el estudio criptopaleontológico realizado sobre los diversos lapidarios y tratados de Historia Natural existentes desde el siglo III a.C. hasta la aparición del Hortus sanitatis en el siglo XV incluido, permite demostrar que estas obras han de ser consideradas como auténticos tratados de paleontología, que aunque escritos de forma críptica representan los primeros y más antiguos conocidos, rellenando así la laguna existente entre los datos arqueológicos y los primeros tratados clásicos impresos con figuraciones de fósiles en el siglo XVI; laguna en la que sólo existían esporádicas referencias al hallazgo de fósiles. Carrasco Fernández, Joaquín; Liñan Guijarro, Eladio

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2014 5 Joaquín Carrasco Fernández Zoofarmacia, geofarmacia y criptopaleontología en el incunable "Hortus sanitatis" y su comparación con las obras de historia natural Departamento Director/es Ciencias de la Tierra Liñán Guijarro, Eladio Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA Departamento Director/es Joaquín Carrasco Fernández ZOOFARMACIA, GEOFARMACIA Y CRIPTOPALEONTOLOGÍA EN EL INCUNABLE "HORTUS SANITATIS" Y SU COMPARACIÓN CON LAS OBRAS DE HISTORIA NATURAL Director/es Ciencias de la Tierra Liñán Guijarro, Eladio Tesis Doctoral Autor 2013 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA Departamento Director/es Director/es Tesis Doctoral Autor Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA TESIS DOCTORAL ZOOFARMACIA, GEOFARMACIA Y CRIPTOPALEONTOLOGÍA EN EL INCUNABLE HORTUS SANITATIS Y SU COMPARACIÓN CON LAS OBRAS DE HISTORIA NATURAL ƉŽƌ  :ŽĂƋƵşŶĂƌƌĂƐĐŽ&ĞƌŶĄŶĚĞnj ƌĞĂůŝnjĂĚĂďĂũŽůĂĚŝƌĞĐĐŝſŶĚĞůƌůĂĚŝŽ>ŝŹĄŶ'ƵŝũĂƌƌŽ ĞƉĂƌƚĂŵĞŶƚŽĚĞŝĞŶĐŝĂƐĚĞůĂdŝĞƌƌĂ &ĂĐƵůƚĂĚĚĞŝĞŶĐŝĂƐ hŶŝǀĞƌƐŝĚĂĚĚĞĂƌĂŐŽnjĂ       -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Memoria presentada por D. JOAQUÍN CARRASCO FERNÁNDEZ para optar al grado de Dr. en Ciencias (Geológicas) por la Universidad de Zaragoza, bajo la dirección del Dr: Eladio Liñán Guijarro, catedrático Emérito del Área de Paleontología del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Dedicado a María, mi mujer, por su apoyo, su ayuda y su compañía. A Gloria y Cecilia, mis hijas, para que esta tesis sea para ellas un estímulo para alcanzar sus sueños. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   IINTRODUCCIÓN Desde tiempos inmemoriales, el ser humano se ha preocupado por las enfermedades que le producían dolor, limitaciones orgánicas e incluso la muerte. De modo casual debió comprobar cómo algunas sustancias de su entorno paliaban sus males, por lo que pasó a interesarse por el estudio de las plantas, animales y piedras como posibles remedios para curar o aliviar las patologías. Pronto el conocimiento empírico se contaminó con otras creencias mágico-religiosas. El resultado fue la transmisión oral de estos remedios, y su posterior transmisión escrita a través de textos de plantas (herbarios), animales (animalarios) y piedras (lapidarios) que nos han llegado desde el s. XV a.C. (“Papiro de Ebers”). Los tratados acerca de la naturaleza o también llamados de historia natural, abarcaron desde un principio estos tres grupos: de plantas, animales y piedras, pero con el tiempo aparecieron textos exclusivos dedicados a cada uno de estos tres componentes esenciales de la naturaleza. El primer tratado general sobre naturaleza que nos ha llegado, aunque parcialmente, es el de Teofrasto del s. III a.C. que comprende una extensa parte sobre botánica, algunas alusiones a animales y fragmentos de un libro sobre piedras. Ya en el siglo I d.C., otras dos obras de carácter general fueron la “Materia Médica” de Dioscórides, que se presenta como la primera enciclopedia farmacológica en la que se estudia cada planta, animal o piedra de forma independiente y en la que se citan los remedios que se pueden obtener de cada una de ellas, y la “Historia Natural” de Plinio, que abarca una amplia variedad de disciplinas del conocimiento. Ambas influenciaron profundamente las obras farmacológicas posteriores. Aunque engloba también otros campos del saber, se pueden incluir dentro de estas obras generales las “Etimologías” de San Isidoro (s.VII) y las de diversos autores árabes (de los siglos X-XII) como Avicena, Serapión, Razes o Haly; además de los autores anadalusíes Abulcasis, Ibn Wâfid, Ibn Baytar, Abû l-Alâ Zuhr, Avenzoar, Ibn Buklâris o Maimónides. Ya en el siglo XIII aparecen otros trabajos como el de Arnaldo Saxo, Alberto Magno y Tomás de Cantimpré, que culminarían en el s. XV con la enciclopedia “Pandecta” y finalmente con la impresión del “Hortus sanitatis”, obra muy documentada pero poco estudiada, debido posiblemente a la escasez de traducciones del original latino. Se considera la obra “De Materia Médica” escrita por Dioscórides, como el primer tratado elaborado con una intención puramente farmacológica (conocimiento del origen, acciones y propiedades que ejercen las sustancias químicas sobre los organismos vivos) y que, como ya se dijo, estudia por separado cada ser vivo o cada sustancia inorgánica y sus -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   propiedades curativas. La obra de su coetáneo, Plinio, es extensa, exhaustiva y en general muy crítica con aquellos remedios que el autor italiano no considera plausibles, sin embargo su carácter es más bien novelesco. Tras ellos, muchos serían los autores preocupados por ofrecer un manual que pudiera paliar las enfermedades o dolencias de la sociedad. La influencia de Dioscórides y de los autores ulteriores más representativos, irá quedando patente a medida que se escriben los sucesivos tratados farmacológicos. Obviamente, las tendencias terapéuticas han ido variando con el devenir de los tiempos, influenciadas por corrientes del saber filosófico, astrológico, fisiológico y religioso, principalmente. Como afirma el Premio Nobel Corneille Heymans (1892-1968), el tratamiento de las enfermedades se ha basado desde la antigüedad en símbolos y en similitudes o diferencias entre los organismos y los remedios. Y así ha sido desde las teorías Hipocráticas como la de los humores o el “Similia similibus curentur”, lo igual cura lo igual o el principio del “Contraria contrariis curantur”, lo contrario cura lo contrario, citado por Hipócrates (s. IV a.C.) y divulgado por Galeno (s. II d.C.). A pesar de que hoy afirmamos considerarlas obsoletas, mantenemos tratamientos homeopáticos basados en ellas o incluso alopáticos que buscan moléculas análogas o antagónicas al propio organismo en función del fin terapéutico deseado. Por eso es importante conocer los primeros tratados de farmacología para comprender, en su justa medida, el momento actual en el que se encuentra esta ciencia. El saber terapéutico se fue transcribiendo de una forma más o menos constante hasta la aparición de la farmacología árabe (siglo X), mucho más compleja y minuciosa (heredera, en cierto modo, de la antigua farmacología egipcia); y que seguramente por esta complejidad no llegó a percolar del todo en los médicos y farmacólogos posteriores. Éstos hacían referencia a los remedios empleados por los árabes pero sus fórmulas nunca alcanzaría el mismo grado de complejidad. A caballo entre la Edad Media y el Renacimiento aparece, el “Hortus sanitatis”, una gran obra que aglutinaba gran parte de los conocimientos farmacológicos heredados desde los primeros escritos. De modo particular, los libros escritos exclusivamente sobre las piedras pronto tuvieron un especial significado y atracción para muchos estudiosos, al surgir éstas del interior de la tierra y estar formadas por vistosas figuras geométricas de abigarrados colores e incluso asemejar por su morfología a plantas y animales, como es el caso de los fósiles. Tenemos así, la edición de los lapidarios apócrifos griegos (s.II a.C.), el lapidario de Alfonso X “el Sabio” (s. XIII), el de Marbodeo (s XII), Gil de Zamora (s. XIII) y Gaspar de Morales (1605), entre otros. Desde el punto de vista farmacéutico, los textos sobre plantas han sido profusamente estudiados, no así los animalarios y lapidarios que han recibido atención puntual y casi siempre desde una perspectiva marcadamente esotérica. No parece razonable pensar que si -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   las obras dedicadas a plantas (herbarios) son ciertamente minuciosas y rigurosas, no lo sean también las dedicadas a los animales y a las piedras en un mismo autor. Por lo general, historiadores y farmacólogos, han dado poco crédito científico a los textos farmacológicos anteriores al s. XVIII reduciéndolos a publicaciones de interés más literario que terapéutico. Más mágico que real. Un “conocimiento transmitido de boca en boca sin una justificación racional” (Puerto Sarmiento 2009) o tratados “escritos por eruditos engreídos que vivían al margen de las necesidades sociales” (Esteva de Sagrera 2003). En mi opinión, frecuentemente se obvia la escasez de medios con los que se contaba, el desconocimiento previo de la química de los compuestos naturales y el de la bioquímica; pues el saber era adquirido a través de ensayos empíricos apoyados en nociones de anatomía básica. Y todo ello, además, muy influenciado por creencias mitológicas y doctrinas religiosas. Autores como Plinio, consciente de las incongruencias que se transmitían, reconocen en innumerables ocasiones el escepticismo que le producen muchos de los remedios que él mismo cita; como ejemplo, en el apartado del ámbar critica con vehemencia algunas de las creencias de la época: “¿No es extraño que Sófocles haya creído esto o que haya pensado que podía hacérselo creer a otros? ¿Puede haber alguien tan infantil e ingenuo que crea en unos pájaros que lloran una vez al año, en unas lágrimas tan voluminosas, o en unas aves que desde Grecia, donde murió Meleagro, se van a llorarlo a la India? Y ¿qué? ¿No cuentan los poetas muchas historias igualmente increíbles? Por supuesto. Pero, tratándose de un producto importado diariamente, tan abundante en el mercado y cuya presencia rebate cualquier embuste, que alguien diga en serio tales cosas constituye una burla suprema a la humanidad y revela una caradura intolerable” (P XXXVII 41). Es evidente que una parte de los remedios empleados o descritos parecen injustificables (no en vano, se mantiene la creencia a lo largo de los siglos, incluso hasta nuestros días, de que la mera presencia de un ente con ciertas propiedades es suficiente para transmitírselas a la persona que lo porta), pero no se puede negar que el transcurso de los siglos y el análisis de tantos autores hayan tenido que constituir un tamiz que permita separar lo racional de lo irracional. Por otra parte, en el siglo XXI, seguimos siendo testigos de la aparición de panaceas avaladas por prestigiosos investigadores y por innumerables estudios, que acaban siendo refutadas (valga como ejemplo la reciente publicación en el Journal of the American Medical Association (Rizos et al. 2012) que desmiente el efecto preventivo asociado al consumo de ácidos insaturados omega 3 en cardiopatías y ACVs). Con la intención de justificar, cuando se pueda, los remedios provenientes de animales y piedras, y a falta de un amplio estudio histórico y científico de los elementos que contienen y su comparación con el empleo actual en farmacia, surge este trabajo. En él, veremos gran cantidad de soluciones terapéuticas a base de animales y minerales que pueden llegar a ser -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   justificadas desde un punto de vista farmacológico. Algunos de ellos, incluso, perduran hasta nuestros días. Consideramos el eje fundamental de este trabajo los remedios provenientes de minerales y rocas presentes en la naturaleza (lo que posteriormente definiremos como Geofarmacia), puesto que constituyen un nexo perfecto entre los remedios provenientes de animales (que más adelante definiremos como Zoofarmacia, y esencialmente los obtenidos de las partes duras llamados biominerales), y los obtenidos de fósiles (Criptopaleontología). En el transcurso de este estudio, merece resaltarse la obra cumbre de Del Amo y Mora (1869) que resulta ser de los escasísimos textos en español en los que se trata el empleo de animales y minerales con fines terapéuticos y que representa un punto de unión entre la farmacología de este tipo, recopilada hasta el siglo XV y la de las obras más recientes. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   IIOBJETIVOS II.1Objetivos generales Los tratados antiguos de Historia Natural representan los primeros escritos sobre mineralogía, petrología, paleontología, zoología, botánica, farmacia, medicina y veterinaria que conocemos en las diferentes lenguas antiguas y modernas. Estos contienen las primeras descripciones e interpretaciones, muchas de ellas crípticas, de fósiles, animales, minerales y rocas. En este trabajo se hará hincapié en estos elementos y se descartarán las plantas por estar bien estudiadas, como se refirió anteriormente en la introducción. Estos tratados suelen presentar una parte dedicada a las piedras, los llamados lapidarios, que incluyen, junto a elementos geológicos, también esqueletos (“piedras”) de animales actuales. Sobre los tratados de las piedras existen pocos y puntuales estudios modernos (Fresquet 1999; Mayor 2000; Duffin 2005, 2006, 2008; Liñán 2005a-c, 2006, 2009, 2010; Carrasco y Liñán 2012). La mayoría de los trabajos se centran en traducciones del latín, griego o castellano antiguo a lenguas modernas en donde se abordan interpretaciones de algunas de las piedras; pero no de todas, pues en muchas de ellas se desconoce su naturaleza, ya sea porque se denominan con nombres crípticos (piedra del demonio, piedra de la luna, piedra de escorpión, piedra azufaratiz, etc.) o porque suelen carecer de auténticas descripciones salvo alusiones a sus pretendidas propiedades medicinales o mágicas, lo que dificulta conocer su identificación y significado. Además, en muchos casos, una misma piedra recibe diversas denominaciones según su procedencia geográfica o la lengua en que está escrito el lapidario; y viceversa, distintas piedras son denominadas con el mismo nombre, como la llamada “piedra orina de lince”, que se identifica en algunos lapidarios con el ámbar y en otros con el fósil belemnites o incluso se ha querido relacionar con la turmalina o con el zircón rojo, como ha constatado recientemente Duffin (2006). De la misma forma ocurre con los animales, en los que se mezclan animales mitológicos con reales y a los que se les da distintos nombres en función del autor del que se tomen. Se comprende que un estudio riguroso del significado, no sólo de los animales contenidos en los tratados de Historia Natural, sino también de las piedras, requiere un enfoque pluridisciplinar donde además de conocimientos básicos de geología y biología se posean los de farmacia. De este modo, se puede abordar cada animal y cada piedra en -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   concreto en base al nombre, a la descripción de sus atributos y a la referencia a su empleo curativo, que ha de contemplarse necesariamente a la luz de la moderna farmacopea. Este nuevo enfoque pretende desvelar, en este trabajo, muchos de los animales, minerales, rocas y fósiles que fueron citados hace más de 2.000 años con sus propiedades terapéuticas, y pretende completar, entre otras cosas, el enorme lapso de referencias históricas que tenemos sobre todos ellos desde el siglo III a.C. hasta el siglo XV, pues muchas de sus descripciones y significado se encuentran enmascaradas en los libros de Historia Natural y -sobre todo a partir del siglo treceen tratados específicos sobre lapidarios o libros de las piedras entre las que se encuentran numerosos animales actuales con esqueleto. En suma, el objetivo general de esta Tesis es completar desde un punto de vista paleontológico, geológico, zoológico y farmacológico el conocimiento y significado de los fósiles y otros elementos naturales en el interregno que va desde el siglo III a.C. hasta el siglo XV, a través del estudio de las descripciones y de los remedios medicinales atribuidos a las piedras contenidas en los textos antiguos de Historia Natural más significativos; y su posterior análisis en el marco de los datos científicos actuales de la geología y de la farmacia. Ello nos permitirá abordar también la historia farmacológica de muchos remedios simples y explicar científicamente, cuando se pueda, su permanencia en el tiempo hasta la actualidad. En esta tarea, el detallado análisis del “Hortus sanitatis” constituye la base o centro de este trabajo cuando se analiza su contenido y se compara con el de las otras obras clásicas previas. II.2Objetivos particulares 1. Realizar un catálogo de: los animales con partes mineralizadas, los fósiles, minerales y las rocas más comunes citadas en los principales lapidarios y especialmente en la obra “Hortus sanitatis”. 2. Reunirlas por sus propiedades medicinales comunes. 3. En tanto sea posible, interpretar su asignación paleontológica, zoológica, mineralógica y petrológica. 4. Analizar el carácter mágico o científico (empírico) de su empleo como remedio medicinal antiguo a través de la moderna farmacopea. 5. Obtener conclusiones sobre el significado terapéutico de los animales, los minerales, las rocas y los fósiles en los primeros quince siglos de nuestra era. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   6. Analizar cuáles de los remedios contenidos en estos tratados perviven en la farmacopea actual a través de la medicina natural, las fórmulas magistrales o los productos farmacéuticos convencionales. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   IIIMÉTODO En esta Tesis, se hará referencia al término farmacología, pues es el término más próximo a nosotros que define el fin último de los trabajos estudiados, pero conscientes de que esta denominación es relativamente moderna puesto que surge a finales del siglo XVIII y principios del XIX, con el conocimiento fisiológico experimental de los seres vivos y el conocimiento químico de sus composiciones. Por la misma razón, en ocasiones haremos referencia a los farmacólogos, que en tiempos eran considerados fisiólogos. Para conocer la historia del empleo farmacológico de animales y piedras hasta nuestros días, pareció oportuno elegir un texto enciclopédico que fuera de final de la Edad media o principio del renacimiento, escrito en latín y que recogiera la mayoría de los remedios citados en textos anteriores. De esta manera se tenía un buen nexo de unión entre los textos más antiguos y los más recientes. A este fin se eligió la obra “Hortus sanitatis” (a partir de ahora HS) por ser un compendio de plantas, animales y piedras del s. XV, poseer numerosas referencias a autores anteriores y sobre todo por estar poco estudiado y traducido. Amén de ser el único incunable de Historia Natural y también de Farmacología, por lo que constituye el enlace ideal entre las primeras farmacopeas y la farmacología actual. Para la parte de animales se ha utilizado la traducción de Hipólito Riesco Álvarez (1997 y 1998). Al faltar la traducción al castellano de la parte que trata sobre las piedras, hubo que traducir y revisar, dentro de esta tesis, dicho tratado. Para la realización de esta ingente tarea se persuadió al mismo traductor, quien amablemente accedió a retomar el HS más de diez años después de su trabajo inicial. De esta manera se consiguió la única traducción completa que existe en español de este lapidario y posiblemente la única en una lengua moderna. El estudio de la obra entraña en sí mismo cierta complejidad, no en vano Hudson (1954) en la introducción del estudio que hace sobre la versión inglesa de 1521, afirma que: “Durante uno o dos años sólo encontré el fracaso, puesto que la ausencia de fuentes originales oscurecía el significado de las descripciones. Después me fui familiarizando con numerosos autores antiguos que escribieron sobre estas materias, desde los días en que el rey Salomón importaba sus monos y pavos reales hasta el día en que Colón hizo su gran descubrimiento. Habiendo asimilado paulatinamente esta atmósfera, fui capaz de emular al estudiante que astutamente intuye la respuesta, antes de aventurarme a una traducción que resultaría vacía de significado”. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   El primer escollo que se encuentra en el análisis de la obra es interpretar qué parte era propia de Cuba y cuál del autor referido por éste, pues la organización del texto en diferentes apartados no lo dejaba claro. Después de comparar lo escrito por diferentes autores en sus obras originales y lo referido en HS para diferentes remedios, se tiene la certeza de que la intención de Cuba era que los remedios expuestos tras el nombre de un autor, fueran transcripciones de dicho autor, hasta que se hiciera mención al siguiente. Aunque veremos que, en innumerables ocasiones, los remedios no concuerdan con el autor al que se le asignan. Una dificultad añadida son las erratas en las citas de los libros citados, resultando imprescindible consultar las fuentes originales (Ej. caballito de mar cita a Plinio libro XXII, cuando realmente es el XXXII). En ocasiones, se citan remedios atribuidos a determinados autores, pero que realmente no fueron mencionados por éstos, como en el caso de Dioscórides. Errores en la impresión del texto original [en el texto aparece climia en lugar de cadmea (HS V 8)], que pueden dificultar la traducción e interpretación de la obra. O bien, términos que por las distintas acepciones que pueden tener en la traducción, dan lugar a dudas en las aplicaciones terapéuticas; es por ejemplo el caso de la sarna citada por los autores y que no siempre se correspondía con la parasitosis provocada por Sarcoptes scabiei que hoy conocemos [identificado en 1834, aunque la enfermedad era conocida desde antes, (Pérez del Pulgar 2004)], si no que en ocasiones parece tratarse simplemente de una dermatosis descamativa y queratósica. También relacionado con la sarna, aparecen en el texto, numerosas veces citadas, las escrófulas; hoy identificadas como tumefacciones de los ganglios linfáticos y que en el lapidario de Alfonso X se describen como “las hendiduras que se hacen por la sarna” (AX 232). Otro ejemplo de esta divergencia en las acepciones, lo encontramos en las enfermedades citadas, como por ejemplo el chancro; que hoy se interpreta como sífilis pero que por entonces no se conocía como tal [no fue identificada como enfermedad venerea hasta 1530 y el patógeno causante fue descrito en 1905 (Potenziani Bigelli y Potenziani Pradella 2008, también Turnes 2005)], y se referían así a patologías papulosas o ulcerosas. O como la describe García Cabero (1775, p. 290) “tumor duro, maligno con ardor... con las venas de su circunferencia más llenas de lo que deben estar... por flujo de humor melancólico” (alude a su similitud morfológica con el cangrejo, siendo el tumor redondo como el cuerpo del cangrejo y las venas circundantes asemejando a las patas). Por otra parte, al carecer de datos exhaustivos de la preparación de los remedios (por ejemplo proporciones empleadas, temperaturas en el caso de haber aplicado calor, tiempos de cocción, etc.) en muchos casos he debido suponer, de forma justificada, que el tratamiento que recibían las distintas preparaciones iba encaminado a obtener los compuestos químicos a los que, también de forma justificada, se ha recurrido para la explicación de los usos terapéuticos (por ejemplo cenizas de cangrejo cocida, para la obtención de quitosano a partir -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   a su preparación cuantitativa o cualitativa. En los más de mil capítulos con sus respectivas ilustraciones se hace un recorrido por cuantos seres vivos e inanimados le pueden resultar útiles al hombre para paliar sus dolencias. Esta ingente cantidad de referencias convierten al “Hortus” en una de las obras más minuciosas y extensas de su categoría. Aunque hace alguna aportación propia, la mayor parte es un vasto y completo recopilatorio de los autores más reconocidos de la historia de la farmacología; entre otros cita a Plinio, Dioscórides, Plateario, Serapión “el Joven”, Isidoro, Juan Mesué, Razes, Avicena, Arnaldo de Saxo, Bartolomé Ánglico o Tomás de Cantimpré. La obra, no solo fue una enciclopedia recopilatoria de antiguos autores, si no también un trabajo vanguardista en el que aparecen recogidos los tratados medicinales contemporáneos como el “Pandecta”, diccionario médico publicado en 1474. Algunos ejemplares de alguna de las ediciones del Hortus sanitatis fueron expurgados. Como muestra de ello, se incorpora a continuación, la imagen correspondiente al capítulo de la Piedra del águila de uno de los ejemplares que sufrió esta censura. Primeramente, y para que el lector pueda identificar los fragmentos expurgados, se transcribe la traducción textual de este capítulo de la edición de 1497. ĂƉşƚƵůŽϭϬ  WŝĞĚƌĂĚĞůĄŐƵŝůĂŽŵŽĚŝĐĞ^ĞƌĂƉŝſŶĞŶĞůDĂŶƵĂůĚĞůďŽƚŝĐĂƌŝŽĐĂƉşƚƵůŽ,ĂŐĞƌ ĂƚŚĂŵĂĐŚĞƐůĂƉŝĞĚƌĂĚĞůĄŐƵŝůĂƐƵŶĂƉŝĞĚƌĂĚĞůĂ/ŶĚŝĂƋƵĞĂůĂŐŝƚĂƌůĂƐĞŽLJĞĞŶƐƵ ŝŶƚĞƌŝŽƌŽƚƌĂƉŝĞĚƌĂĞƐƚĞŵŝŶĞƌĂůƐĞĞŶĐƵĞŶƚƌĂĞŶůĂƐŵŽŶƚĂŹĂƐĚĞůĂ/ŶĚŝĂĞŶƚƌĞŚŝŶĂLJ ^ĂƌĂŶĚŝĞŶůĂƐĐŽƐƚĂƐĚĞůŽĐĠĂŶŽ>ŽƐŐƌŝĞŐŽƐůĞĚĂďĂŶĚĞůŶŽŵďƌĞĚĞƉŝĞĚƌĂƋƵĞĂůŝǀŝĂĞů ƉĂƌƚŽƉƵĞƐĞƐƚĂƉŝĞĚƌĂĚĞůĄŐƵŝůĂƉŽƐĞĞĚŝĐŚĂƉƌŽƉŝĞĚĂĚ ůŵŝƐŵŽĂƵƚŽƌƚŽŵĂĚŽĚĞZĂnjĞƐůĂƚŚĂŵĂĐŚĞƐƵŶƌĞŵĞĚŝŽĚĞůĂ/ŶĚŝĂƐĞƚƌĂƚĂ ĚĞƵŶĂƉŝĞĚƌĂƉĂƌĞĐŝĚĂĂƵŶĂĐĂƐƚĂŹĂĞdžĐĞƉƚŽƉŽƌƋƵĞƚŝĞŶĞƵŶĐŽůŽƌĐŽŵŽĞůĚĞůĂůĂŶĂ ĂůĂŐŝƚĂƌůĂƐĞŽLJĞĞŶƐƵŝŶƚĞƌŝŽƌŽƚƌĂƉŝĞĚƌĞĐŝƚĂĞƐĐŽŵŽƵŶĂĂǀĞůůĂŶĂďůĂŶƋƵĞĐŝŶĂ ůƉƌŽƉŝŽZĂnjĞƐĞŶƐƵůŝďƌŽ>ĂƐƉƌŽƉŝĞĚĂĚĞƐĚŝũŽƋƵĞĞƌĂƵŶĂƉŝĞĚƌĂƉĂƌĞĐŝĚĂĂƵŶ ŚƵĞǀŽLJƋƵĞĞŶƐƵŝŶƚĞƌŝŽƌƚĞŶşĂŽƚƌĂƉŝĞĚƌĞĐŝůůĂ ůďĞƌƚŽĞŶ ƐƵ>ĂƉŝĚĂƌŝŽ >ĂƉŝĞĚƌĂ ĞĐŚŝƚĞƐĞƐůĂĚĞůĄŐƵŝůĂLJĞƐůĂŵĞũŽƌĚĞůĂƐ ŐĞŵĂƐĞƐĚĞĐŽůŽƌƌŽũŝnjŽLJƵŶŽƐůĞĚĂŶĞůŶŽŵďƌĞĚĞĂƋƵŝůĞƵƐ LJŽƚƌŽƐĞůĚĞĞƌŽĚŝĂůŝƐ ƉŽƌƋƵĞůĂƐĄŐƵŝůĂƐůĂůůĞǀĂŶĂƐƵŶŝĚŽLJůĂĐŽůŽĐĂŶĂůůĂĚŽĚĞƐƵƐŚƵĞǀŽƐƚĂŵďŝĠŶůĂŐƌƵůůĂ ůĂ ĐŽůŽĐĂ ĞŶƚƌĞ ůŽƐ ĚŽƐ ŚƵĞǀŽƐ ƋƵĞ ƉŽŶĞ ^Ğ ŚĂ ĐŽŵƉƌŽďĂĚŽ ĞŶ ŽůŽŶŝĂ ĚŽŶĚĞ ƵŶĂƐ ŐƌƵůůĂƐĐƌŝĂƌŽŶĚƵƌĂŶƚĞŵƵĐŚŽƐĂŹŽƐĞŶƵŶŚƵĞƌƚŽ>ĂƉŝĞĚƌĂĚĞůĄŐƵŝůĂƐĞĞŶĐƵĞŶƚƌĂĞŶůĂ ĐŽƐƚĂĚĞůŽĐĠĂŶŽĞŶĞůůƵŐĂƌĞŶĞůƋƵĞƐĞůŽĐĂůŝnjĂůĂŵĞũŽƌĞƐƉĞĐŝĞĚĞůŽƐŽĨŝĚŝŽƐƋƵĞƐŽŶ ĚĞƐĐĞŶĚŝĞŶƚĞƐĚĞůĂƐĂǀĞƐ^ĞĚŝĐĞƋƵĞƐĞĞŶĐƵĞŶƚƌĂĂǀĞĐĞƐĞŶWĞƌƐŝĂ,ĂLJƵŶĂĞƐƉĞĐŝĞ ƋƵĞĐŽŶƚŝĞŶĞĞŶƐƵŝŶƚĞƌŝŽƌŽƚƌĂƉŝĞĚƌĞĐŝƚĂƋƵĞƐƵĞŶĂĚĞŶƚƌŽĐƵĂŶĚŽ ƐĞ ĂŐŝƚĂ ĐŽŶ ůĂ ŵĂŶŽ    -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   ZĞŵĞĚŝŽƐ    ^ĞƌĂƉŝſŶƐƚĂƉŝĞĚƌĂƐĞĐŽŶŽĐĞĐŽŶĞůŶŽŵďƌĞĚĞƉŝĞĚƌĂĚĞůĄŐƵŝůĂƉƵĞƐ ĐƵĂŶĚŽƵŶĄŐƵŝůĂƋƵŝĞƌĞƉŽŶĞƌƐƵƐŚƵĞǀŽƐĞůŵĂĐŚŽůůĞǀĂĞƐƚĂƉŝĞĚƌĂĚĞƐĚĞƵŶĂƌĞŐŝſŶ ĚĞůĂ/ŶĚŝĂLJůĂĐŽůŽĐĂĚĞďĂũŽĚĞůĄŐƵŝůĂĐŽŶƐŝŐƵŝĞŶĚŽĂƐşƵŶƉĂƌƚŽĨĄĐŝůLJĞůĂůŝǀŝŽĚĞƐƵƐ ĚŽůŽƌĞƐƚŝĞŶĞĞůŵŝƐŵŽĞĨĞĐƚŽĐŽŶůĂƐŵƵũĞƌĞƐLJĐŽŶůŽƐĂŶŝŵĂůĞƐƐŝƐĞůĞƐĐŽůŽĐĂĚĞďĂũŽ ĚƵƌĂŶƚĞĞůƉĂƌƚŽ  ůŵŝƐŵŽĂƵƚŽƌƚŽŵĂĚŽĚĞZĂnjĞƐ^ŝƐĞƉŽŶĞĞŶƵŶƚƌŽnjŽĚĞƚĞůĂLJƐĞůĞ ĐƵĞůŐĂĂƵŶĂŵƵũĞƌĚĞůĂĐĂĚĞƌĂĐƵĂŶĚŽƐĞĂƉƌŽdžŝŵĂĞůƉĂƌƚŽĂŐŝůŝnjĂĞůƉĂƌƚŽLJůŽĨĂĐŝůŝƚĂ  zŽŵŝƐŵŽůŽŚĞǀŝƐƚŽLJĐŽŵƉƌŽďĂĚŽLJĞƐĂůŐŽĞŶůŽƋƵĞƚŽĚŽƐĐŽŝŶĐŝĚĞŶ ƋƵĞĂůŝǀŝĂLJĨĂǀŽƌĞĐĞĞůƉĂƌƚŽƐŝƐĞĐƵĞůŐĂĚĞůĂƐĐĂĚĞƌĂƐWĂƌĂĐƵƌĂƌƐĞƵƚŝůŝnjĂĞŶůƵŐĂƌĚĞůĂ ƉĞŽŶşĂ ƐƚĂ ƉŝĞĚƌĂ ƐĞ ĞŶĐƵĞŶƚƌĂ ĞŶ ŶƵĞƐƚƌĂ ƌĞŐŝſŶ LJ ĞŶ ĂďƵŶĚĂŶĐŝĂ LJŽ ŵŝƐŵŽ ůŽ ŚĞ ĐŽŵƉƌŽďĂĚŽĞŶŵƵůƚŝƚƵĚĚĞŽĐĂƐŝŽŶĞƐ  ŶĂdžĞŶƐƵ>ĂƉŝĚĂƌŝŽĐĂƉşƚƵůŽ>ĂƉŝĞĚƌĂĚĞůĄŐƵŝůĂĚŝĐĞƋƵĞƐŝƐĞĐƵĞůŐĂ ĚĞůďƌĂnjŽŝnjƋƵŝĞƌĚŽĞƐďƵĞŶĂƉĂƌĂůĂƐĞŵďĂƌĂnjĂĚĂƐLJƋƵĞĐŽŵŽĂŵƵůĞƚŽŚĂĐĞƉŽƐŝďůĞĞů ĂŵŽƌLJĂƵŵĞŶƚĂůĂƐƌŝƋƵĞnjĂƐŝŵƉŝĚĞƋƵĞůĂƐĞŵďĂƌĂnjĂĚĂƐĂďŽƌƚĞŶLJŵŝŶŝŵŝnjĂůŽƐƉĞůŝŐƌŽƐ ƉĂƌĂůĂƐƉĂƌƚƵƌŝĞŶƚĂƐ  /ŵƉŝĚĞůĂƐƌĞĐĂşĚĂƐĚĞůĂĞƉŝůĞƉƐŝĂ/ŐƵĂůŵĞŶƚĞƐŝƐĞƐŽƐƉĞĐŚĂƋƵĞƐĞůĞŚĂ ĂĚŵŝŶŝƐƚƌĂĚŽ ǀĞŶĞŶŽ Ă ĂůŐƵŝĞŶ ĞŶ ůĂ ĐŽŵŝĚĂ ŝŵƉŝĚĞ ƋƵĞ ŝŶŐŝĞƌĂ ĂƋƵĞů ĂůŝŵĞŶƚŽ Ɛŝ ƐĞ ƋƵŝƚĂůĂƉŝĞĚƌĂůŽƚƌĂŐĂƌĄĚĞĨŽƌŵĂŝŶŵĞĚŝĂƚĂ & ůďĞƌƚŽ ^Ğ ĚŝĐĞ ƋƵĞ Ɛŝ ƐĞ ĐƵĞůŐĂ ĚĞů ďƌĂnjŽ ŝnjƋƵŝĞƌĚŽ ĞƐ ďƵĞŶĂ ƉĂƌĂ ůĂƐ ĞŵďĂƌĂnjĂĚĂƐLJŚĂĐĞƉŽƐŝďůĞĞůĂŵŽƌLJƋƵĞĂƵŵĞŶƚĂůĂƐƌŝƋƵĞnjĂƐĐŽŵŽĂŵƵůĞƚŽ ' /ŵƉŝĚĞƋƵĞĂďŽƌƚĞŶůĂƐĞŵďĂƌĂnjĂĚĂƐLJŵŝƚŝŐĂůŽƐƉĞůŝŐƌŽƐĚĞůƉĂƌƚŽ dĂŵďŝĠŶĚŝĐĞƋƵĞŝŵƉŝĚĞůĂƐƌĞĐĂşĚĂƐĚĞůĂĞƉŝůĞƉƐŝĂ , >ŽŵĄƐĂĚŵŝƌĂďůĞĞƐůŽƐŝŐƵŝĞŶƚĞĚŝĐĞŶůŽƐĐĂůĚĞŽƐƋƵĞƐŝƐĞƐŽƐƉĞĐŚĂƋƵĞ ĂĂůŐƵŝĞŶƐĞůĞŚĂĂĚŵŝŶŝƐƚƌĂĚŽǀĞŶĞŶŽĞŶůĂĐŽŵŝĚĂŝŵƉŝĚĞƋƵĞƉƵĞĚĂƚƌĂŐĂƌůĂĐŽŵŝĚĂ LJƋƵĞƐŝ ƐĞƌĞƚŝƌĂůĂƉŝĞĚƌĂůĂƚƌĂŐĂĚĞĨŽƌŵĂŝŶŵĞĚŝĂƚĂŝĐĞůďĞƌƚŽƋƵĞĠůǀŝŽĂƵŶ ŚĞƌŵĂŶŽƐƵLJŽŚĂĐĞƌĞƐƚĂƉƌƵĞďĂŽĞdžƉĞƌŝŵĞŶƚŽ / >ĂƐĄŐƵŝůĂƐďƵƐĐĂŶĞƐƚĂƉŝĞĚƌĂLJůĂůůĞǀĂŶĂůŶŝĚŽůĂƐŐƌƵůůĂƐůĂĐŽůŽĐĂŶĞŶƚƌĞ ƐƵƐŚƵĞǀŽƐƉĞƌŽƉŽŶĞŶƵŶŚƵĞǀŽĐĂĚĂĂŹŽ Ŭ ,ĂLJƚĂŵďŝĠŶƋƵŝĞŶĞƐĚŝĐĞŶƋƵĞƐŝƌǀĞŶƉĂƌĂĐŽŶƚƌŽůĂƌĞůĐĂůŽƌĚĞůŽƐŚƵĞǀŽƐ ŽĚĞůĐƵĞƌƉŽĚĞůĄŐƵŝůĂƉĂƌĂĞǀŝƚĂƌƋƵĞůŽƐŚƵĞǀŽƐƐĞĐĂůŝĞŶƚĞŶĞŶĞdžĐĞƐŽƐƉƌŽďĂďůĞ ƋƵĞƐĞĂĂƐş > KƚƌŽƐƚĂŵďŝĠŶĚŝĐĞŶƋƵĞĂLJƵĚĂĂƐƵĨŽƌŵĂĐŝſŶŽĚĞƐĂƌƌŽůůŽEŽŽďƐƚĂŶƚĞ ůŽƋƵĞĚŝĐĞŶĂůŐƵŶŽƐƋƵĞŽƚƌĂƐĂǀĞƐůĂƐĐŽůŽĐĂŶĞŶƚƌĞƐƵƐŚƵĞǀŽƐ ƉĂƌĂ ĞǀŝƚĂƌ ƋƵĞ ůŽƐ ŚƵĞǀŽƐƐĞƌŽŵƉĂŶĞƐĨĂůƐŽƉƵĞƐĞƐŵĄƐĨĄĐŝůƋƵĞƐĞƌŽŵƉĂŶĐŽŶƚƌĂůĂƉŝĞĚƌĂƋƵĞƵŶŽƐ ĐŽŶƚƌĂŽƚƌŽƐ D KƚƌŽƐƉŽƌƐƵƉĂƌƚĞĚŝĐĞŶƋƵĞƐŝƐĞƐŽƐƉĞĐŚĂƋƵĞĂĂůŐƵŝĞŶƐĞ ůĞ ŚĂ ĂĚŵŝŶŝƐƚƌĂĚŽǀĞŶĞŶŽLJƐĞůĞŵĞƚĞŝŶŵĞĚŝĂƚĂŵĞŶƚĞĞƐƚĂƉŝĞĚƌĂĞŶůĂĐŽŵŝĚĂůĂĐŽŵŝĚĂůŽ ĂƚƌĂŐĂŶƚĂLJƋƵĞŶĂĚĂŵĄƐƋƵŝƚĂƌůĂƉŝĞĚƌĂƚƌĂŐĂůĂĐŽŵŝĚĂĞŶůĂƋƵĞƐĞŚĂďşĂƉƵĞƐƚŽůĂ ƉŝĞĚƌĂ  -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Capítulo dedicado a la Piedra del águila de la edición de 1536 impresa en Estrasburgo por Mathiam Apiarium. Este ejemplar está custodiado en la Biblioteca Universitaria de Sevilla. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-     Aquí se muestra el texto del ejemplar de 1497 de la Piedra del águila. Como se puede comprobar, los fragmentos eliminados se corresponden, fundamentalmente, con descripciones del empleo de las piedras a modo de amuletos. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   IV.1Autoría del “Hortus sanitatis” La autoría del “Hortus sanitatis” no ha estado clara hasta ahora; de hecho, en el prólogo de la traducción y posterior edición facsímil del ejemplar de la Biblioteca de la Basílica de San Isidoro de León se dice que es una obra de autor anónimo. Otros trabajos proponen como posible autor a Johannes de Cuba, sin confirmarlo fehacientemente y considerándola, en definitiva, como un texto apócrifo (Valledor de Lozoya y Araujo 2011). Tras el estudio pormenorizado de la obra, se puede afirmar con seguridad que ésta pertenece a Johann Wonnecke (o Dronnecke) von Caub, conocido como Johannes de Cuba, farmacólogo y médico alemán posiblemente afincado en Francfort; una identificación ya adelantada por Carrasco (2012). La pista fundamental para llegar a esta conclusión la aporta el propio autor que agradece en su libro la labor de “un hombre de alta nobleza que tras recorrer numerosos países recopiló y dibujó los seres de la naturaleza” y que fue quien le ayudó a realizar la obra, pero no da su nombre. Este misterioso personaje lo hemos identificado como Bernhard von Breydenbach (1440-1497, Maguncia); aunque el dibujante realmente debió ser Erhard Reuwich (véase Tena Tena, http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/jerusal.html), artista que acompañó a Breydenbach en su peregrinación. Breydenbach, que fue deán de la diócesis de Maguncia, narra su amistad con Cuba y su proyecto común previo a su peregrinatio in terram sanctam (Leonardas Gerulaitis 2003, p. 142; Tena Tena, comunicación escrita). En la obra de Breydenbach se recogen infinidad de ilustraciones, entre ellas 1.909 mapas, vistas de ciudades, retratos de personajes y escenas históricas que, algunas veces, responden a la realidad y otras muchas son fruto de la fantasía. Muchas de estas imágenes se repiten para ilustrar motivos distintos (en realidad sólo hay 645 diferentes). En efecto, los mismos rostros sirven para distintos personajes y las mismas vistas para varias ciudades (Cid Carmona 2000, pp. 243-244); esta particularidad es una nota común en las ilustraciones del “Hortus sanitatis” en el que una misma figura ha sido empleada para ilustrar distintos capítulos. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-      El capítulo VIII dedicado a la Piedra de Assos y el LXIII dedicado al yeso, aparecen ilustrados con el mismo grabado.  Otro dato esclarecedor de la autoría, es el lugar donde el autor, según propio testimonio también, recogió diversos tipos de piedras (HS V 39; HS V 47; HS V 67; HS V 116) y que lo sitúan en las proximidades de la frontera entre los estados de Hesse y RenaniaPalatinado al suroeste de Alemania, donde Cuba ejerció su actividad y donde también fue editado el “Hortus sanitatis” por primera vez. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   IV.2Fuentes bibliográficas del “Hortus sanitatis” Las fuentes bibliográficas fundamentales citadas en el “Hortus” en los apartados correspondientes a animales y piedras, quedan aquí recogidas ordenadas por orden alfabético utilizando el nombre con el que aparecen citadas por Cuba y separadas por autores y obras. Sin embargo, no siempre se utilizaron las fuentes directas, como prueba el hecho de que faltan muchas citas, otras están incompletas o simplemente no son propias del autor. Tampoco se recogen citas de Teofrasto ni de algunos lapidarios apócrifos griegos. Las referencias a la literatura árabe, son escasas y aleatorias, y no siempre cita a los mismos autores. El autor árabe más mencionado es Avicena de cuya obra ya existía traducción al latín por entonces. IV.2.1Autores Veamos por orden alfabético los autores y obras fundamentales que aparecen citadas en los animales y piedras del “Hortus Sanitatis”. -Alberto: (1200-1280). San Alberto Magno (Lauingen, Baviera, 1193/1206 – Colonia, 15 de noviembre de 1280) fue un destacado teólogo, filósofo y figura representativa de la ciencia medieval. Perteneciente a la Orden de los Predicadores, realizó estudios en Padua y Colonia. Fue el primer alemán en obtener el título de magister Theologiae, en la Universidad de París. Realizó una intensa actividad como intelectual escolástico, en el studium dominico de Colonia, y como obispo de Ratisbona; fue predicador de la Cruzada en los países de lengua alemana. Su figura fue biografiada desde finales del s. XIII. Su obra, que parte de la interpretación de las obras naturales de Aristóteles, es inconmensurable y abarca numerosos campos. Su fama se muestra tan sólida que se le atribuyen varias obras, de carácter apócrifo. La obra que, probablemente, Cuba toma como referencia en este autor es “De uirtutibus herbarum, lapidum et animalium quorumdam”, dedicada a glosar las virtudes de plantas, piedras y animales. Estas obras de carácter apócrifo contribuyeron a propagar la leyenda de Alberto como Magnus in magia (Martínez Gázquez y Florido 2006). Es posible que cuando Cuba hace referencia al “mago” como otra de las fuentes consultadas, también se esté refiriendo a este autor (también puede referirse a Haly como veremos). San Alberto es el patrono de los estudiantes de ciencias. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   -Ambrosio: Probablemente se trate de San Ambrosio de Milán (Tréveris, c. 340Milán, 4 de abril de 397) fue obispo de Milán, y un destacado teólogo y orador. También ejerció la medicina (Fernández de Gregorio 1833, p. 36). -Alquimista (el): Únicamente aparece citado en el lapidario, donde se menciona dos veces, una en el alulmbre y otra en el vidrio. Es difícil identificar a qué autor se refiere, pero casi con seguridad, se trata de un autor árabe, probablemente de Geber. Abu MnjsƗ JƗbir ibn HayyƗn (al-Azdi / al-Kufi / al-Tusi / al-Sufi), latinizado como Geber, (721, Tus, Persia - 815 en Kufa, Iraq), erudito iraní reconocido como químico y alquimista, astrónomo y astrólogo, ingeniero, geógrafo, filósofo, físico, farmacéutico y médico. Autor de la “Summa Perfectionis”, obra en la que se hace una recopilación de la alquimia medieval (Burckhardt 1975). -Aristóteles: (384 a. C. – 322 a. C.) fue un filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia, discípulo predilecto de Platón. Aunque no ejerció como médico, sí lo hizo su padre, Nicómaco. Su indagación práctica experimental sentaría las bases del mundo de las ciencias naturales, a lo que contribuiría de forma notoria su pupilo Teofrasto. El término Physis heredado de los intelectuales presocráticos sería ampliamente tratado por Aristóteles para referirse a las características propias de cada elemento de la naturaleza. Nace así la physiologia y los fisiólogos, término con el que se conocería a los prácticos que ejercían el arte de la observación y el tratamiento de las patologías, y que más tarde se escindiría en medicina y farmacología. -Arnaldo: Se trata de Arnaldo Saxo (“virtutibus lapidum”) (s. XIII), escritor enciclopedista alemán, sobre cuya vida no se sabe casi nada, pero del apodo "Saxo" se ha podido deducir que era sajón, seguramente originario de la Baja Sajonia. Escribió en latín la enciclopedia titulada “De finibus rerum naturalium” escrito entre 1220 y 1230 y que se divide en cinco libros. El tercero de ellos, titulado: “De virtutibus lapidum”, también denominado “De gemmarum virtutibus”, trataba sobre los poderes mágicos y las virtudes curativas de determinadas piedras o gemas. En la primera parte describe en orden alfabético 81 piedras y sus respectivos poderes y en la segunda parte, los tipos de piedras talladas y grabadas, para ser usadas como sellos personales, con sus respectivas virtudes protectoras. La obra de Saxo influyó en muchos de los autores coetáneos y posteriores, como Bartolomé Ánglico y Alberto Magno. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   -Avicena: Abu Ali al-Husain ibn Sina-e Balkhi. Nació en el año 980 en Afsana, pequeña población de la provincia persa de Jurasán, actualmente Uzbekistán. Farmacólogo, médico y filósofo persa, que desde su más tierna juventud demostró una extraordinaria capacidad intelectual. Autor de numerosos textos, en 1012, con tan sólo 32 años, comienza a escribir la monumental enciclopedia “El Canon de medicina” o también conocida como “Canon de Avicena”, en el que recopila todo el saber médico y farmacológico de la época. El “Canon” consta de 5 libros específicos: el primero consagrado al cuerpo humano, la salud, el tratamiento y la terapéutica general. El segundo comprende la materia médica y la farmacología simple. El tercero trata la patología expuesta por órganos y por sistemas; el cuarto se inicia con un tratado de las fiebres, los signos, síntomas, diagnósticos y pronósticos, cirugía menor, tumores, heridas, fracturas y venenos. Por último, el quinto, contiene una extensa farmacopea. La influencia de su obra perduraría hasta bien entrado el siglo XVIII (Riera Palmero y Albí Romero 2004). Muere en 1037 en Hamadán (entonces Persia, actualmente Irán). -Bulcasim: Abu l-Qasim Jalaf ibn al-Abbas al-Zahrawi, latinizado como Abulcasis (Zahara, Córdoba, Al-Ándalus, 936 - Córdoba, Al-Ándalus, 1013, actualmente España) Nació en la Córdoba califal de la dinastía de los Omeya y fue un afamado farmacólogo, a la vez que cirujano, oculista, odontólogo y estomatólogo. Es posible que fuera médico de la corte de Alhaken II y dirigió una prestigiosa escuela privada de medicina en Córdoba (Arvide Cambra, 2003). La obra fundamental conservada es el conocido abreviadamente como “Kitab al-tasrïf” o “Libro de la disposición médica para aquéllos que no son capaces de saberlo por sí mismos”. Concluido alrededor del año 1000 es un compendio enciclopédico teórico-práctico de farmacología y medicina que consta de 30 tratados escritos en árabe del que se conocen 39 manuscritos o copias. De algunos tratados se hicieron traducciones al latín por lo que sirvió de libro de referencia en oriente y occidente hasta el siglo XVI; sobre todo el tratado XXX de cirugía traducido al latín por Gerardo de Cremona (siglo XII) que contiene descripciones de más de 200 instrumentos quirúrgicos. Cuba cita el libro del “servidor” de Abulcasis, “Liber servitoris de praeparatione medicinarum simplicium” traducido del árabe al latín por Simon Genoues y Abraham Tortuosiensis, posteriormente sería traducido al castellano por Alonso Rodríguez de Tudela. -Constantino: Constantino “el Africano” (1017-1087). Médico Tunecino, ejerció como profesor de medicina en Salerno, y entrado el siglo XI se ordenó Benedictino. (Console y Duffin 2012). Tradujo numerosas obras del árabe al latín. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   -Dioscórides: Pedacio Dioscórides Anazarbeo (40? Anazarbo, Cilicia – 90). Fue médico militar de la armada Romana bajo los mandatos de Claudio y de Nerón, lo que, según propio testimonio, le dio ocasión de adquirir vastos conocimientos. Coetáneo de Plinio, escribió “Plantas y remedios medicinales (De Materia Medica)” que junto con la obra de Plinio constituye las bases de la farmacología posterior. Las obras de ambos autores coinciden en numerosos remedios y descripciones y puesto que los autores no conocían la obra del otro es de suponer que tuvieron una fuente común, que según García Valdés (1998) podría tratarse de Sextio Níger. -Énax: refiriéndose al Damigerón-Évax. Seguramente se trata de Éuax o Évax, rey de Arabia cuya supuesta carta a Tiberio se incluye al principio del lapidario Damigerón-Évax que ha llegado a nosotros a través de veinte manuscritos distintos. Vivió durante el reinado de Nerón (s.I). Según Liñán E. (2005a, p.136) se ha llegado a atribuir erróneamente este nombre a Marbodeo por la referencia que hace a los escritos de Évax al rey Nerón en el prólogo de su lapidario (Véase Biografía eclesiástica completa y Sebastián Castellanos de Losada 1864, p. 346). Marbodeo también recoge en otro de sus poemas la carta de Évax a Tiberio. -Galeno: Galeno de Pérgamo (Griego: īĮȜȘȞȩȢ, GalƝnos; latín: Claudius Galenus) (Pérgamo, Grecia, 130 - Roma, 200), más conocido como Galeno, fue un farmacólogo y médico griego. Heredero de la doctrina Hipocrática de los humores, supo de forma ecléctica aprovechar los conocimientos de sus predecesores e interpretarlos desde un prisma objetivo, tratando de establecer un método científico para la adquisición de los conocimientos. Desde el punto de vista de la farmacia, Galeno, puede ser considerado como uno de los padres de la farmacología; era conocedor de los efectos perjudiciales de los tratamientos prolongados de sustancias como el opio, diferenció entre medicamentos y venenos y valoró el efecto real del medicamento en el organismo (lo que hoy sería la farmacocinética y la farmacognosia) por encima de la sustancia en sí misma (Brunschwig y Lloyd 1996). -Haly: Alí Ibn al-Abbás al-Maÿusí (m. 994), su nombre fue latinizado por el Haly Abbás, farmacólogo y médico persa, nacido en Ahwaz (hoy capital de la provincia iraní del Juzistán). De ascendencia zoroastriana (cuyos miembros eran llamados magos) recibió el sobrenombre de al-Maÿusí (“el mago”); es junto con Alberto Magno, el posible autor al que Cuba se refiere como el “mago”. El “Kitab al-maliki” (“Libro real” o “Liber regius”, como lo llamaron los latinos), su trabajo principal, se lo dedicó a su mecenas y lleva como subtítulo “Kamil al-sina’a altivilla” (“lo perfecto del arte médico”). Se divide en veinte maqalas (tratados); los diez primeros centrados en los conocimientos teóricos y los restantes en los conocimientos prácticos. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   VZOOFARMACIA. En la obra se entremezclan los animales reales con los mitológicos. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   V.1Introducción El término Zoofarmacia se define aquí como el “estudio del empleo de los animales con fines terapéuticos a través del tiempo y su interpretación”. Del Amo y Mora (1869) utiliza el témino farmacozoología en el sentido actual del uso farmacológico de los componentes de origen animal con fines estrictamente terapéuticos. Este último será el aspecto más importante estudiado en esta tesis a fin de dar una interpretación científica, cuando se pueda, a los diferentes remedios recogidos en el “Hortus sanitatis” y los tratados anteriores de Historia Natural. Se incluirán en este apartado los animales de mayor relevancia en la medicina natural y en la farmacología moderna, tal y como se citan en el HS pero ordenados según su pertenencia a los filos: Echinodermata, Mollusca, Coelenterata, Porifera, Arthropoda y Chordata. Como dijimos en el apartado de metodología compararemos las descripciones y remedios del HS con el resto de las obras clásicas precedentes sobre medicina y farmacia relacionadas con los animales. V.2Animales Tratados V.2.1Filo Echinodermata El Erizo Marino (Iricius, Echinus II 77; Ericius, Erachoides, Exochinus IV 29; Icinus, Echenais IV 44). Descripción “Isidoro: El erizo toma su nombre del erizo terrestre, al que popularmente se conoce con el nombre de ericius; se dice que su caparazón está lleno de afiladas espinas, como el de las castañas cuando caen ya abiertas desde los árboles. Su carne es tierna y roja como el minio” (HS IV 44). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Remedios. “Avicena: [Hay] otra [especie de erizo] marina, que es una clase de pez… La ceniza de ambos [del erizo de mar y de tierra] tiene virtudes abstersivas [limpiar y purificar de materias viscosas, sórdidas o pútridas las superficies orgánicas] y resolutivas [terminación de una enfermedad, especialmente de un proceso inflamatorio], es incisivo y secativo” (HS II 71). En el HS no se cita a Dioscórides, sin embargo, este sí dedicó un capítulo al erizo de mar del que dice: “quemado, purifica las llagas sucias y reduce las excrecencias carnosas. Su caparazón crudo se mezcla con provecho con sustancias contra la sarna (D II 1). De lo que se deduce que Dioscórides fue seguramente una de las fuentes del trabajo de Avicena y este a su vez del HS. Se añade además, en la “Materia Médica”, que es estomacal, bueno para el vientre y diurético. Farmacología Resumiendo los usos terapéuticos comunes en ambos autores (Avicena en HS y Dioscórides en la “Materia Médica”), el caparazón del erizo de mar se ha empleado quemado como desinfectante, cicatrizante, de llagas y cáustico. A lo que añade Dioscórides, su empleo crudo como digestivo, diurético y estomacal. El tratamiento antiséptico y cicatrizante del caparazón del erizo de mar se puede justificar si tenemos en cuenta la composición de las placas que forman su endoesqueleto; están constituidas por carbonato cálcico, compuesto que ha sido empleado en uso tópico por sus beneficios en el tratamiento de úlceras, quemaduras y eczemas. (Santos Ascarza et al. 1975, p. 393; Baixauli 2001, p. 135). Su empleo en la reducción de excrecencias carnosa, infiere que debe tratarse de un producto con actividad cáustica y mordicante como es la cal, que se puede obtener de las cenizas de compuestos carbonatados, una vez quemando el caparazón del erizo de mar como citan los autores. La cal viva u óxido de cal es un compuesto abrasivo, pero que por la propia humedad del ambiente o por la adición de agua se transforma en hidróxido de cal o cal apagada. Esta cal apagada es menos cáustica y por lo tanto más fácil de manipular y menos agresiva para su empleo en la terapéutica dermatológica. En relación con el uso digestivo, del erizo, el HS menciona y atribuye esta propiedad a su carne, sin embargo Dioscórides, no especifica qué parte del erizo conviene emplear para este fin. En el caso de que se utilizara el esqueleto del animal se podría razonar su empleo puesto que, como hemos dicho, el caparazón del erizo se compone de CaCO 3 . El carbonato cálcico tiene acción antiácida, recalcificante, se emplea en la pirosis, diarreas, raquitismo y -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   osteomalacia. Por su parte la cal apagada, anteriormente mencionada, también es antiácida, astringente e incluso facilita la digestión de determinadas sustancias como la leche (Santos Ascarza et al. 1975, pp. 1040-1041). Pertenece a un grupo de compuestos inorgánicos cuya característica común, base de su acción terapéutica, es neutralizar el ácido clorhídrico tras reaccionar con él en la luz gástrica, con lo que reducen la acidez gástrica, elevando el pH. Puede además adsorber a la pepsina y a otros enzimas proteolíticos, disminuyendo la agresividad química y enzimática sobre la mucosa digestiva, especialmente en las zonas en las que ésta se encuentra deteriorada. El carbonato cálcico es también un antiácido no sistémico porque al reaccionar con el ácido clorhídrico, la parte catiónica forma una sal que no se absorbe, al tiempo que tiene una acción más lenta y sostenida, por lo general sin efecto rebote. A pesar de ser considerado un antiácido no sistémico puede sufrir absorción parcial (10%), produciendo hipercalcemia y alcalosis; por eso muchos autores desaconsejan su empleo masivo. Debe procurarse no administrar más de 160 mEq (8 g de carbonato cálcico) al día, para minimizar los riesgos derivados de la acumulación sistémica. El CaCO 3 se sigue empleando como antiácido en combinación con otras moléculas inorgánicas de iguales propiedades como el Mg(OH) 2 , y también con sustancias que inhiben la secreción de la bomba de protones como la famotidina (BOT). Hoy el CaCO 3 se utiliza fundamentalmente como remineralizante; el calcio es, junto con el fósforo, el principal componente de los huesos, en forma de cristales similares a la hidroxiapatita. Además de formar parte del hueso, inhibe de forma indirecta su desmineralización, ya que presenta un efecto antagonista indirecto de la paratohormona. Al disminuir la liberación de esta hormona se protege al hueso de la acción resortiva de la PTH. El carbonato cálcico contiene un 40% de calcio (400 mg de ion/g de sal; 10 mmol/g; 20 mEq/g) y es frecuente encontrarlo en combinación con la vitamina D (colecalciferol) pues la presencia de esta vitamina favorece la absorción intestinal del calcio y su incorporación al hueso por parte de los osteoblastos (BOT). El carbonato cálcico es además un compuesto indispensable en los procesos de coagulación sanguínea, de manera que parece lógico que fuera empleado como cicatrizante. Esta sal actúa también como segundo mensajero asociado a la activación o inhibición de distintos procesos enzimáticos. El calcio juega un importante papel biológico en la contracción muscular, en la transmisión nerviosa, tanto en la liberación de neurotransmisores como en las variaciones del potencial. Estas propiedades quedarán de manifiesto a lo largo de esta tesis por medio del estudio de las distintas fuentes biológicas de calcio y las diversas aplicaciones terapéuticas recogidas en HS. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   V.2.2Filo Mollusca De la Púrpura (Blactebisantia, Achafar, Ungula aromatica, II 12; Murix, Conchylium, Ostrum (refiriéndose al tinte que desprenden) IV 58; Purpura, Maritina, Blata, IV 74. Descripción “Plinio, libro 9: Los múrices son testáceos marinos que permanecen ocultos durante treinta días, hacia la salida de la Canícula; después de un tiempo determinado, producen un preciado líquido que sirve para teñir la ropa... Su apertura no es ni escabrosa ni redonda, y su pico no forma prominencias angulosas, sino que los dos bordes se cierran como las conchas. El mismo autor, en el mismo libro: Los animales marinos que tienen la concha más dura, como los múrices y las púrpuras, nacen de una saliva viscosa, igual que los mosquitos nacen del agua corrompida, y de la espuma del mar que fermenta después de caer la lluvia. Desovan en primavera” (HS IV 58). “Muciano dice que el múrice es el caballito de mar (echineus)” (HS IV 58). [Esta cita también está recogida en Plinio (P IX 41). No se encuentra una razón que justifique la identificación del múrice con el caballito de mar]. “Isidoro: El múrice es un molusco de mar que recibe su nombre de su forma puntiaguda y su aspereza; se conoce también con el nombre de conchylium (‘ostra purpúrea’), porque, cuando se abre con un cuchillo, deja escapar unas lágrimas de color purpúreo, de las cuales se obtiene la púrpura para teñir, que se conoce también con el nombre de ostrum, precisamente porque es una tintura que se obtiene del líquido que segrega la ostra” (HS IV 58). “Serapión, libro Aggre, capítulo Achafar: Es un molusco de la especie de las ostras, descendiente de los moluscos purpúreos. Se pesca en algunas zonas de la India y en aguas cercanas a lugares en los que se da la espiga de nardo. Desprende un olor aromático, puesto que este animal se alimenta de nardos... Serapión, libro Aggre., capítulo Ostras: Las blactebisantias pertenecen a la especie de las ostras llamadas ungulae; son las conchas con las que se cubren en su escondrijo. Son mejores las que tienden a blancas, y exhalan buen olor, el cual se asemeja un poco al olor del castóreo” (HS II 12). “Del libro La naturaleza de las cosas: Las púrpuras son conchas marinas que se reúnen en primavera y, con el roce, expulsan un líquido por la boca; algo parecido ocurre con -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   los múrices, que se ocultan durante treinta días, hacia la salida de la Canícula. Con su roce mutuo, expulsan por la boca un líquido viscoso como la cera, igual que los múrices...” (HS IV 74). Remedios “Dioscórides: Las ostras purpúreas de las que se extrae la púrpura son caracoles que, quemados, poseen virtud secativa. Su virtud es semejante a las de los demás caracoles” (HS IV 66). “Dioscórides: A la púrpura se le da también el nombre de maritina y de blata, pues se parece a un pequeño cuajarón de sangre [Esto realmente no aparece en la “Materia Médica” en el capítulo de la púrpura]. Tiene virtud secativa, por lo cual, convertida en polvo y puesta como emplasto, limpia y cicatriza las heridas ya infectadas de las encías [añade Dioscórides que es detersivo de los dientes (D II 4)]. Y, si en ellas creciese alguna excrecencia maligna, si se aplica pulverizada, la aniquila y la elimina. Estas uñas, y la cobertura blanca de la concha, fumigada, desprenden olor a castóreo, y con su fumigación curan las sofocaciones de la matriz. Curan a los epilépticos; si se beben, sueltan el vientre. La propia concha, quemada, puede contener todas las virtudes ya citadas” (HS IV 74). “Plinio, libro 32: La ceniza de concha de múrice, mezclada con miel, es útil como linimento para las heridas de la cabeza. Esta ceniza también es buena como dentífrico. Mezclada con miel y usada como linimento, elimina las manchas y las arrugas del cutis de la mujer; se aplica como maquillaje durante siete días, y al octavo se protege con clara de huevo. Con aceite es bueno para la parotiditis y las escrófulas; elimina el paño, bien que haya que curarlo cuando aún es incipiente, bien que haya que eliminarlo cuando ya está maduro. La ceniza de múrices, con aceite, cura los tumores, y la ceniza de sus conchas, con miel, es eficaz para curar los pechos de las mujeres” (HS IV 58). Más adelante, en HS, leemos: “Plinio, libro 33 [El libro de Plinio al que corresponde esta cita es el 32, recogido de forma correcta en HS IV, 58]: Las púrpuras son útiles contra los venenos. La ceniza de su concha es útil como linimento, junto con miel, para las heridas de la cabeza. Esa misma ceniza, con miel, es eficaz para curar los pechos de las mujeres, y de ambas formas se utiliza para el paño. Esa ceniza [se utiliza para el paño] cuando es necesario o bien desvanecerlo cuando aún es incipiente, o bien eliminarlo cuando ya está en un estado avanzado. [Los remedios son en definitiva coincidentes con HS IV 58, sin embargo la trascripción no es exactamente igual, lo que hace suponer que en este caso y al igual que hace con Dioscórides, Cuba probablemente no toma a Plinio como fuente directa.] De las -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   púrpuras o múrices las más eficaces son las especies más pequeñas y las que conservan la exhalación de la boca” (HS IV 74). “Galeno, capítulo Ostras: cuando se bebe blactebisantia con vinagre calma los dolores de bazo, y si se fumigan con ellas las mujeres que padecen sofoco de matriz, les es útil, y este mismo humo aleja las secundinas [placenta]. Si se fumiga con ellas a un epiléptico, le provoca excitación” (HS II 12), se puede apreciar que estos remedios aportados por Galeno (130 d.C.- 200) fueron, según Cuba, tomados de Dioscórides. Dioscórides, por su parte, engloba la púrpura y los bucinos dentro del mismo capítulo en “Materia Médica”; de los últimos dice que “producen los mismos efectos [que la púrpura] también los buccinos quemados, si bien son más cáusticos. Si, llenándolos de sal, se queman, de nuevo, en una olla de barro no cocido, se prestan a la limpieza por detersión de los dientes, y, aplicados en forma de emplasto, a las quemaduras por fuego. Hay que dejar que el remedio forme costra, pues una vez cicatrizada la quemadura, se cae por sí sola. Se hace también de ellos una cal, como hemos de mostrar al tratar de la cal viva. Se llama ‘columnillas’ (kiónia) a aquellas partes que se encuentran en las zonas medias de los múrices y los buccinos, en torno a las que está la espiral de la concha. Se queman igualmente y tienen virtud más cáustica que los múrices y los buccinos porque su naturaleza consiste en apretar” (D II 4). Dioscórides también trata la “uña olorosa” u opérculo de cañadilla pero lo hace en un capítulo distinto (D II 8), para este trabajo, las englobaremos en este mismo capítulo por tratarse de idéntica especie; de ella dice: “...es una tapa que cubre a un pequeño molusco de concha, semejante al múrice, que se encuentra en la India en las lagunas productoras de nardos. Por eso también exhalan aroma, porque sus conchitas se alimentan del nardo. Se cogen cuando las lagunas se secan por los calores... Aplicadas en sahumerio despiertan de su postración a las que sufren sofocos de matriz y a los que padecen ataques epilépticos [Efectivamente, aquí se comprueba que Galeno copia este remedio de Dioscórides y en su traducción aparece como “excitan a los epilépticos”. Parece más lógico pensar que al tratarse de un tratado de remedios curativos, la traducción apropiada sea la de “curar” en lugar de la de “excitar” a los epilépticos, aunque como veremos en algunas ocasiones los autores ofrecen medios para desencadenar crisis epilépticas y poner de manifiesto a aquellas personas que la padecen]. Bebidas molifican el vientre. La conchita misma quemada produce los mismos efectos que el múrice y el buccino”. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Farmacología El género Murex, es un género de moluscos gasterópodos de la familia Muricidae cuya concha, que es retorcida y áspera, tiene la boca o abertura ancha o con una escotadura en la base. Producen un pigmento llamado púrpura que se obtiene de un mucus procedente de la glándula hipobranquial de dos especies, Murex brandaris (cañadilla) y Murex trunculus. Con él se hace un pigmento llamado “púrpura de Tiro”, empleado en la antigüedad para teñir las prendas reales. En relación a los usos propuesto por Cuba y recopilados, en este caso, exclusivamente de Plinio y de Dioscórides se pueden reagrupar en remedios enfocados a la desinfección y cicatrización de heridas diversas, ulcerosas, heridas en la cabeza, grietas en los pechos de las mujeres o úlceras gingivales. Preparaciones cosméticas para la atenuación del paño. Antídoto de determinados venenos. La propia concha, puede contener todas las virtudes citadas 2 . Todos los remedios además de estar relacionados con los obtenidos a partir de otros moluscos y especies con esqueletos calcáreos, guardan bastante relación con los usos terapéuticos del coral de HS (HS V 42) lo cual tiene lógica pues se trata también de carbonato cálcico, esto nos sirve para confirmar que este compuesto, al menos, es uno de los que le confieren las propiedades curativas a las conchas de los moluscos. Entre las aplicaciones recogidas en HS atribuidas a Dioscórides y que son comunes a otros moluscos y especies con esqueletos calcáreos, está el poder de reducción de excrecencias carnosas, esta acción cáustica se consigue con las cenizas de la forma que el propio Dioscórides describe en su lapidario: “La cal viva se produce así: coge las conchas de los buccinos marinos y ocúltalas entre las brasas o mételas en un horno incandescente y déjalas que pasen la noche en él. Al día siguiente, si se han vuelto muy blancas, retíralas, pero, si no, quémalas de nuevo hasta que se blanqueen suficientemente. Después tras bañarlas por inmersión en agua fría, échalas en una olla nueva y, tapándolas cuidadosamente con trapos, déjalas estar allí una sola noche. Por la mañana, saca ya la cal, pues ha asimilado el resultado de esta operación, y almacénala” (D V 115). El CaO obtenido tiene las propiedades mordicantes que se buscan; Martindale (Sweetman 2005, p. 1870) recoge los usos dermatológicos del CaO y del Ca(OH) 2 , irritantes para la piel, empleados en la formulación de la conocida como “pasta de Londres” empleada como escarótico. Así se confirma que tanto la acción cáustica de la cal, como la forma de obtenerlo eran bien conocidas hace al menos 2000 años y por ende sus usos curativos.  2 Existe una curiosa coincidencia de los usos terapéuticos del Murex con los del la piedra Gagates o azabache que propone Plinio (36,141) como veremos en el estudio del lapidario. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   En relación al uso dermatológico de la púrpura, inicialmente puede parecer contradictorio el empleo del mismo remedio tanto para curar úlceras, como para reducir excrecencias (es decir, para provocar las propias úlceras). Pero como se ha visto, el responsable del efecto cicatrizante es el CaCO 3 mientras que la acción cáustica se consigue gracias al CaO. En general el uso antiséptico y astringente se consigue con el caparazón sin quemar, aunque en ocasiones también pueden referirse a él como quemado, pero interpretamos que sea solamente un proceso de destrucción de la materia orgánica, y no una total calcinación. De hecho, Caley y Richards (1956, p. 93) en su análisis de la obra de Teofrasto, afirman que los autores clásicos no establecen una diferencia clara entre los procesos de combustión real y otros procesos que se dan por tratamiento de la materia a alta temperatura o aplicación de luz. Tras obtener el óxido de calcio por medio de la obtención de cenizas, éste se puede hidratar obteniendo hidróxido de calcio con propiedades similares al carbonato. De esta manera por medio del carbonato cálcico y los subproductos resultantes de la combustión de los caparazones de moluscos podemos justificar gran parte de las aplicaciones. Su empleo en el tratamiento de heridas por su acción antiséptica y cicatrizante, ya quedaría igualmente razonado (capítulo del erizo). El uso del las conchas de estos moluscos en el tratamiento del “paño”, como veremos, está justificado en el capítulo dedicado al caballito de mar (por su poder fotoprotector y antifúngico), aunque en el caso de éste, se ha utilizado el animal “crudo” y no mediante sus cenizas como en el caso que nos ocupa; Plinio dice, sin embargo, que se puede emplear de las dos maneras. Ciertamente es más verosímil el empleo del murex sin quemar puesto que la molécula más fotoprotectora es el carbonato y no el hidróxido. Además se aportan dos nuevas indicaciones que podemos llegar a justificar gracias a la presencia de carbonato cálcico, una es su empleo como antídoto contra determinados envenenamientos y la otra es su utilización en tratamientos estomatológicos y gingivales citado por Cuba y contrastado en “Materia Médica”. En primer lugar, el uso del Murex (no especifica si es quemado) como sustancia alexifármaca se mantendrá en el tiempo quedando recogido en los manuales de farmacoterapia como el de Penzoldt (1900, p. 77) en el que dice que el carbonato de cal es un medio de valor incalculable para el envenenamiento por ácidos, pues se haya en casi todas las casa y por lo tanto puede aplicarse en seguida que es lo que importa. Como hemos visto el carbonato es un buen neutralizador de ácidos. También el agua de cal (disolución de cal en agua destilada) se ha empleado en el tratamiento de intoxicaciones por ácidos fuertes y fundamentalmente por ácido oxálico y oxalatos (Santos Ascarza et al. 1975, pp. 1040-1041). En segundo lugar, el empleo del carbonato cálcico estará muy presente en la formulación de remedios estomatológicos a lo largo de la historia, sobre todo en la -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   “La madreperla (eceola): Isidoro: Eceola es el nombre que se da al testáceo que produce las perlas, ya que en su carne va tomando consistencia una piedra preciosa” (HS IV 31). “Isidoro: En la ostra se encuentra una perla muy valiosa, puesta allí por la naturaleza, y que va tomando consistencia en ella por la acción del agua del mar. Es difícil encontrarla incluso en los palacios de los reyes, y en las costas yace como si careciese de valor. La gente la extrae con rocas ásperas y con hierros calientes” (HS IV 66). “Pandecta, capítulo 400: La perla o perna es la piedra que se encuentra en las ostras; unas están perforadas y las otras no; surgen de forma artificial, no de forma natural. Pero las que no están perforadas y son naturales son mejores que las perforadas... la que es oscura y casi blanca, no debe usarse en las recetas. El mismo autor [Serapión], tomado de Isaac: Las hay más gruesas y más pequeñas, pero las más gruesas son mejores que las pequeñas, y las claras mejores que las oscuras, y las que tienen las superficies homogéneas mejores que las que las tienen angulosas. Alberto, en su Lapidario, capítulo “Las perlas”: La perla es una piedra que se encuentra en el interior de las ostras” (HS V 78). “Del Lapidario: De las conchas marinas se extrae una especie digna de mención, conocida como “unión” debido a que sólo se recogen de una en una, y nunca se encuentran juntas dos o más. Su blanca figura es apreciada como ornato, pues adorna los vestidos y los adorna no menos que el oro. Se dice que, en determinados momentos, las conchas se mantienen abiertas hacia el cielo atrayendo el rocío celeste, del que absorben rodajas blancas. El rocío matinal produce una unión más blanca, del rocío vespertino suelen surgir frutos oscuros; las conchas jóvenes producen perlas más blancas; mientras más tiempo tienen las conchas, más oscuros son sus frutos. Mientras más cargado de rocío esté el aire, tanto más grandes es la perla que se concibe, pero ninguna crece tanto que llegue a pesar más de media onza. Pero si el convexo cielo se junta con el trueno relampagueante, las conchas, presa del miedo, se cierran súbitamente, e, interrumpida la concepción de esta forma, perece consumiéndose y lo que había empezado a crear se convierte en un aborto. El Océano Índico nos obsequia con insignes perlas, e insignes son también las que produce el mar de Bretaña” (HS V 136 “D”). Las perlas, su empleo y su comercio se remontan a varios siglos antes de nuestra era. Este comercio tuvo su auge entre los siglos II a.C. y el X d.C. aprovechando el flujo de mercancías de la “Ruta de la Seda” que conectaba China con el Mediterraneo. Fueron artículos codiciados desde los tiempos más remotos, no sólo por su valor ornamental sino también por el medicinal (Sevillano-López y Soutar Moroni 2012). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Remedios “Dioscórides: Las ostras purpúreas de las que se extrae la púrpura son caracoles que, quemados, poseen virtud secativa. Su virtud es semejante a las de los demás caracoles. En efecto, yo las he utilizado incluso para el reuma y para heridas duraderas, hondas y demasiado profundas, que cicatrizan con dificultad. Las utilicé como ungüento después de quemarlas y mezcladas con grasa vieja y mantequilla reciente” (HS IV 66). Este pasaje de HS, aunque queda recogido en el apartado de la ostra, se refiere a la cañadilla, ya estudiada. “Las ostras constituyen un remedio muy bueno contra el veneno de la liebre marina, y se les concede la palma en la mesa de los ricos. Reconstituyen el estómago y curan la repugnancia. Relajan ligeramente el vientre; cocidas con vino y miel, eliminan el tenesmo [gana frecuente de defecar o de orinar] que acaba produciendo úlcera. También limpian las úlceras de la vejiga. Cocidas dentro de sus conchas, tal como llegan cerradas, son muy buenas para las diarreas. La ceniza de sus conchas, calma la úvula y las amígdalas, si se mezcla con miel” (HS IV 66). Estos remedios pertenecen a la obra de Plinio (P XXXII 64) aunque HS no lo mencione. “Alberto: Se ha comprobado su validez para reconfortar el ánimo, contra las cardiopatías y contra el síncope. También sirven contra las hemorragias de la lientería y contra la diarrea. Algunos dicen que reconfortan los ánimos decaídos, pero no es cierto; al contrario, debido a su aspereza, eliminan las superfluidades de los miembros, y casi los constriñen y, comprimiéndolos, los mantienen en su unidad, y así reconfortan. Serapión: Las perlas actúan como secantes de las humedades; son buenas para la debilidad del corazón y son apropiadas en cohol; son frías y secas en segundo grado. El mismo autor, tomado de Athabari: Son buenas para la oscuridad de la vista y para el albugo de los ojos, así como para limpiarlos. Retienen la menstruación, limpian los dientes y secan las humedades. El mismo autor, tomado de Isaac: Son buenas para la agitación cardiaca, para los problemas causados por la melancolía y debidos a la maldad de los humores. Ello se debe a que aclaran la sangre cuando se espesa en el corazón; también secan la humedad ocular, debido a que fortalecen los nervios ópticos. Si se disuelven perlas y se usan como linimento para la morfea [albarazo, especie de lepra] conocida como baras, la elimina nada más hacer esta operación. Avicena, en Las energías del corazón, dice que fortalece el corazón” (HS V 78). Farmacología En general las propiedades enumeradas por los autores están de nuevo justificadas por la presencia del carbonato cálcico que constituye las plaquetas hexagonales de aragonito que forman el nácar de las perlas. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   En HS se atribuye erróneamente a Dioscórides una indicación de las cenizas de la concha de la ostra, que aún no hemos tratado; es el empleo en el tratamiento de la parotiditis y la inflamación de la úvula. Esta aplicación de la ceniza de algunos moluscos aparece también citada someramente entre los usos que se recopilan en el libro XXXII de Plinio acerca de las cenizas de la púrpura; en el caso de la púrpura mezclada con aceite y en el de la ostra, con miel. Las propiedades antisépticas y astringentes del agua de cal pueden justificar el empleo de pincelaciones en afecciones faríngeas. Se ha hecho mención también, en capítulos anteriores, a algún tipo de gargarismos elaborados con agua de cal. Se describe en el texto una aplicación terapéutica de las perlas que no se menciona para el resto de moluscos y que aparece referida en este capítulo en múltiples ocasiones y por diversos autores recopilados por Cuba (Alberto, Serapio, Isaac y Avicena); consiste en el empleo de las perlas en el “tratamiento de cardiopatías, debilidad del corazón, agitación cardiaca o en el fortalecimiento del corazón”. El calcio juega un papel fundamental en el funcionamiento de los miocitos (células responsables de la contracción cardiaca). Mediante un complejo proceso en el que el calcio atraviesa las membranas plasmáticas de las fibras musculares, se consigue la contracción del músculo cardiaco.En el miocardio, las modificaciones en la concentración citosólica del Ca 2+ alteran la función cardiaca; concretamente un aumento en la concentración intracelular de Ca 2+ estimula la contracción cardiaca, haciéndola más intensa y efectiva (Ulate Montero y Ulate Campos 2006). De manera que el efecto cardiotónico descrito por los autores podría quedar así justificado. No en vano, uno de los grupos de medicamentos hipotensores y antianginosos cardiacos más empleados actualmente basan su mecanismo de acción en esta propiedad del calcio; son los llamados bloqueadores de canales de calcio (derivados de la dihidropiridina como el amlodipino, nimodipino, nicardipino o nifedipino). Del Amo y Mora (1869, p. 337) mantiene en su farmacopea el uso de la perla como medicamento cordial, lo que guarda relación con el empleo cardiotónico atribuido por los autores antiguos. Describe este autor también su empleo como alexifármaco, utilidad que también describe Cuba parafraseando a Plinio. Otras de las aplicaciones que se mantienen hasta la terapéutica del el s. XIX son su empleo como sustancia alcalina y absorbente contra enfermedades pestilenciales, diarreas, hemorragias y epilepsia (propiedades, todas ellas, repetidas en este apartado dedicado a los moluscos). Describe Del Amo y Mora la confección de una “leche de perlas” empleada como absorbente y atemperante de los que padecían erupciones herpéticas. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   De los caracoles (Cochlee, IV 23) Descripción “Plinio, en el libro 9: Los caracoles son acuáticos y terrestres, y se alejan de su morada alargando o retrayendo dos especies de cuernos; no tienen ojos, por lo cual sus pequeños cuernos les sirven para caminar a tientas” (HS IV 23). Remedios “El mismo autor [Plinio], en el libro 30: Comer caracoles es bueno para el estómago... El mismo autor, en el libro 32: Las carnes de los caracoles de río, crudas o cocidas, oponen resistencia a las picaduras de escorpión. Por este motivo, algunos los conservan en sal y los colocan sobre las heridas; también aconsejan beber la carne picada de caracol crudo con agua caliente en caso de tos persistente” (IV 23). En HS no se cita ningún remedio obtenido de las partes duras del caracol. Por su parte, Dioscórides, sí le dedica un capítulo a los caracoles y de ellos dice que “…Quemados por entero, incluida su carne, majados y aplicados en forma de ungüento, en combinación con miel, limpian cicatrices de los ojos, leucomas [opacificación de la córnea, similar a lo que acontece con el cristalino en la catarata], efélides [sinónimo de pecas], y ambliopías [también llamada ojo perezoso u ojo vago, se define como una disminución de la agudeza visual sin que exista ninguna lesión orgánica que la justifique]. Crudos, con sus conchas, aplicados en forma de emplasto, desecan las hinchazones hidrópicas y no se despegan de la parte a la que se han aplicado hasta que no se deseque todo su líquido. Atenúan las inflamaciones de la podagra 3 ; aplicados igualmente en emplasto, expelen las espinas, y majados provocan la menstruación… Majado entero con concha y todo y bebido mezclado con vino y un poco de mirra, cura los cólicos y los dolores de vejiga” (D II 9). Farmacología. Se han recogido las aplicaciones terapéuticas citada por Dioscórides en la “Materia Médica” porque aportan una nueva indicación del carbonato cálcico, es su uso en opacidades corneales. Estas opacidades pueden ser causadas por sequedad ocular, siendo ésta la única    Enfermedad de gota, especialmente cuando se padece en los pies.  -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   hipotética explicación del empleo de este ungüento en oftalmología. En esta preparación, a la propiedad antiséptica de las cenizas, se le une la lubricidad aportada por el aceite. Sin embargo, dado el carácter levemente cáustico de las cenizas, no parece ser un remedio muy adecuado. De la Liebre Marina (Lepus marinus IV 49) Descripción “Plinio: No faltan temibles venenos en la liebre, que, en el mar Índico, debido a lo nociva que resulta con sólo tocarla, provoca vómitos de forma inmediata. El mismo autor, en el libro 32: La liebre marina es venenosa si se toma con alimentos o bebidas” (IV 49). “Isidoro: La liebre marina debe su nombre a la semejanza de su cabeza con la de la liebre” (IV 49). La liebre marina es un gasterópodo opistobranquio. Existe una gran variedad de especies englobadas en varios géneros, como son: Aplysia, Bursatella, Dolabella, Dolabrifera, Notarchus, Petalifera, Phyllaplysia, Stylocheilus, y Syphonota. Son moluscos que han sufrido una atrofia evolutiva de su concha, hasta quedar ésta muy reducida o desaparecer. Con algo de imaginación se podría llegar a asemejar a una liebre o un conejo. Remedios “Plinio, en el libro 32: Si las mujeres embarazadas que sufren náuseas, se rocían con una hembra de liebre marina, abortan de inmediato. Sirve como remedio el macho curado con sal y llevado como brazalete. No cabe duda de que la liebre marina es venenosa, pero su ceniza impide que nazcan los pelos inservibles de los párpados. El mismo autor: La liebre cura las escrófulas, y de tal forma que desaparecen de inmediato. Hay quienes también mandan ungir la gota con liebre marina fresca. Su sangre y su hiel (si se mata metida en aceite) es buena contra el ántrax” (HS IV 49). “Avicena, en el segundo libro del Canon: La liebre marina es un animal escamoso, fangoso y de color tendiendo a rojizo. Su sangre es caliente, y sirve para limpiar el paño. Su cabeza, quemada, hace que el calvo recupere sus cabellos, principalmente con unto de oso, y también es muy bueno para la tiña. Si se hace con ella un emplasto en su forma natural, arranca los cabellos y el vello. Limpia los ojos, colocada como emplasto o usada en forma de colirio. Sin embargo, se cuenta entre las medicinas venenosas y provoca la muerte produciendo úlcera de pulmón... La liebre marina es venenosa si se da en las bebidas: -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   produce congoja, sofocos, enrojecimiento de los ojos, tos seca, vómitos de sangre, problemas de orina, orina de color violeta y diarreas o dolor de estómago, vómitos abundantes y sangrientos, ictericia, angustia, dolor de riñones, sudor fétido y repugnancia. Si el enfermo ve peces, tiembla de miedo; en su boca encuentra el sabor fétido del pez y su eructo tiene sabor salado. Muchos que se curan de esto, enferman de tisis. Para su curación es buena la leche de cabra, que constituye el último remedio. También la leche de asno y la leche de mujer, el cangrejo de río y el erizo asado o su sangre, constituyen valiosas medicinas; también el calamento de río, caliente y fresco, la sangre de ganso y la orina atrasada de hombre, etc. El indicio de que está curado es cuando el enfermo no teme a los peces cuando los ve, y los come. Si se enferma de tisis, cúrese de tisis” (HS IV 49). Farmacología Se ofrecen diferentes remedios en función del autor consultado, pero en lo que sí coinciden es en el poder tóxico de la secreción del animal o al menos de alguna especie en concreto. Existen múltiples publicaciones acerca de la composición de la secreción de algunas especies de liebres marinas del género Aplysia. Cuando estas liberan su veneno se da una reacción química que produce como resultado la formación de peróxido de hidrógeno, amonio y diversos tipos de ácidos de efecto revulsivo para otras especies. Estos metabolitos son el resultado de la acción de distintas moléculas liberadas por diferentes glándulas. Los estudios concluyen que se liberan L-lisina, L-arginina y una proteína enzimática llamada escapina. Esta última media la reacción química con los aminoácidos citados dando lugar los compuestos tóxicos. (Derby et al. 2006, pp. 256-268). Otros trabajos, se han centrado en analizar el poder colinérgico de las secreciones de otras especies de gasterópodos marinos como la Aplysia dactylomela, la Aplysia juliana, la Bursatela leachi, la Petalifera ramosa o la Onchidella floridiana; todas ellas inhibieron de forma significativa la acetilcolinesterasa de suero equino (Castañeda Pasarón 2000). La inhibición de esta encima redunda en un incremento del neurotransmisor acetilcolina que producirá un efecto parasimpaticomimético, estrechamente relacionado con los efectos descritos de nauseas, vómitos, sudoración, bradicardia; produce también una contractura de la musculatura lisa, lo que justificaría su efecto abortivo. Produce una contracción de la vejiga y un aumento del tono y del peristaltismo intestinal que causan la diuresis y la diarrea que describen los autores. En relación al empleo oftálmico de la liebre marina, que recoge de Avicena el HS, se debe hacer referencia también al efecto colinérgico de la secreción de las especies de -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Aplasia, para poder dar alguna justificación razonada. Las sustancias colinérgicas, más concretamente la fisostigmina con pilocarpina y el ecotiopato, constituyen algunos de los fármacos de elección para la prevención del glaucoma y el tratamiento de la hipertensión ocular. Otros remedios propuestos en el HS recopilados de Plinio y de Avicena parecen contradictorios, puesto que se ha empleado tanto en el tratamiento de la alopecia como en preparados depilatorios. Sin embargo, también Dioscórides hace mención al efecto depilatorio de la liebre marina; “La liebre marina se parece a un calamar pequeño; aplicada en forma de emplasto por sí sola o combinada con ortiga de mar, tiene poder para despojar del cabello (D II 18)”. Algunas especies de liebres marinas como son las del género, Dolabella y concretamente la Dolabella auricularia produce una toxina llamada Dolastatina, que es un pentapéptido lineal con actividad antimitótica, debido a que impide la división celular al inhibir la polimerización de la tubulina. Esta actividad citotóxica está siendo estudiada para su empleo en el tratamiento de carcinomas, su bajo peso molecular también facilita su obtención por síntesis química. (Jiménez et al. 2007). Sabemos que la pérdida del cabello es un posible efecto secundario de algunos quimioterápicos, esto sucede porque la acción de algunos medicamentos contra el cáncer es la de destruir células cancerígenas de crecimiento rápido. Sin embargo, algunas células normales también se multiplican rápidamente, y la quimioterapia generalmente también las destruye. Los folículos pilosos son un ejemplo de este tipo de células de crecimiento rápido y se verán especialmente afectadas por la acción de los citotóxicos. Esta podría ser una hipotética justificación del empleo como depilatorio que propone Dioscórides. Por su parte, el HS recoge el uso de la liebre marina como depilatorio y como antialopécico, pero como veremos en los remedios de la liebre terrestre es probable que el uso como antialopécico sea un error y realmente debiera aparecer sólo en el capítulo de la liebre terrestre. De la Sepia (Sepia IV 81) Descripción “Aristóteles: La sepia tiene debajo de la boca un miembro que recibe el nombre de mastin, en el que acumula gran cantidad de esperma; cuando siente miedo, lo esparce en el agua y la enturbia. Tiene también en su interior dos sacos llenos de huevos, blancos como granizo. El cuerpo de los machos es más rugoso que el de las hembras. Sus huevos están pegados unos a otros, y la cría está pegada por la cabeza, y no puede ser de otra manera, pues la parte anterior y la posterior se unen en un mismo punto” (HS IV 81). “Del libro La -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   naturaleza de las cosas: La sepia concibe por su boca, igual que la víbora; sus huevos son duros; en el mar sólo nadan si van en parejas, el macho y la hembra; desovan en cualquier época y sus huevos se desarrollan en cuarenta noches. Cuando la hembra desova, el macho la sigue derramando su semen sobre los huevos, para darles vida” (HS IV 81). Remedios “La sepia, cocida en su tinta, es mala para el estómago; suaviza el vientre. La médula de sus espinas hay que mezclarla con colirios de azafrán. Su espina, machacada, elimina el sarro de los dientes y devuelve su color original a las manchas de la piel. Instilándola, sobre todo con sal, cura las manchas blancas de los ojos, tanto de las personas como de los animales. Su espina, triturada y bebida con agua, es muy buena para las enfermedades del tórax y para los asmáticos” (IV 81). “Plinio, libro 32: La piel de sepia, convertida en linimento con leche de mujer, cura el tumor y enrojecimiento de los ojos, y por sí sola cura los derrames. La ceniza de su piel cura las cicatrices de los ojos y el albugo de los animales de carga. Las sepias se disuelven al comerlas, y su cabeza, con agua de salmuera, extrae las flechas que están clavadas al cuerpo. Las lentejuelas y otras enfermedades se curan también con espina de sepia quemada. El mismo autor: Su ceniza elimina también las excrecencias carnosas y las heridas húmedas” (HS IV 81). “Plateario: La espina que se encuentra en el vientre de la sepia es buena para blanquear los dientes, si se frotan con su polvo fino colocado en un paño de lino. También para blanquear el rostro se elabora su polvo con ungüento de limón” (HS IV 81). HS no especifica de quien ha tomado los remedios que primero cita, pero las aplicaciones parecen muy similares en todos los autores, también Dioscórides recoge que: “Lo negro de la sepia, comido, es difícil de digerir y molificante del vientre. Su concha, modelada, es útil como medicamento oftálmico, para friccionar los párpados ásperos. Quemado con la propia concha hasta que se consuma la costra y majado, limpia por detersión los albarazos [Enfermedad de las caballerías caracterizada por manchas blancas en la piel], la caspa, los dientes y las efélides. Se mezcla también, lavado, en los medicamentos para los ojos. Es eficaz también, insuflado dentro de ellos, contra los leucomas de los ganados. Majado, mezclado con granos de sal y aplicado a las excrecencias de los lagrimales, las consume” (D II 20). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Farmacología La sepia (sepia, jibia o choco) es un molusco cefalópodo. Posee una concha modificada, característica de la mayor parte de los cefalópodos actuales, es sumamente reducida y queda oculta bajo la cara dorsal del cuerpo. Parece claro que los autores coinciden en las aplicaciones medicinales de la concha de este animal, llamada jibión, para formular preparados empleados en la limpieza dentaria, en compuestos oftálmicos, usado como exfoliante cutáneo, para eliminar las manchas de la piel, y, de nuevo, las cenizas son empleadas por su poder para reducir las excrecencias. Incluso mencionan el uso de la concha en el tratamiento de procesos asmáticos. El jibión es una estructura ligera constituida por pequeños espacios que le sirven al animal para controlar su flotabilidad, compuesta principalmente por CaCO 3 . El uso del CaCO 3 para la limpieza de los dientes, como hemos visto, ha perdurado a lo largo del tiempo. Como ejemplo podemos citar algunos preparados recogidos en los libros de formulación magistral más representativos. En Bouchardat (1920, pp. 600-601) se recogen varias fórmulas pulverulentas para la limpieza de los dientes a base de CaCO 3 . *Polvo dentífrico alcalino: Carbonato de cal 100g; Hidrocarbonato de Magnesia 50g; Esencia de menta 1g *Polvo dentífrico alcalino: Carbón vegetal lavado 20g; Carbonato de cal 20g; Quina roja pulverizada 12g; Magnesia calcinada 16g; Esencia de menta 10 gotas. Útil en las convalecencias, cuando hay inminencia de caries. Además se recoge otra fórmula en la que aparece específicamente la sepia entre sus componentes: *Bolo arménico 90g; Coral rojo 96g; Huesos de jibia 96g; Resina de sangre de drago 48g; Cochinilla 12g; Bitartrato de potasa 140g; Canela 24g; Clavo de especia 4g. Mézclese estos diferentes polvos en el pórfido. Esto corrobora la perdurabilidad del empleo del jibión en tratamientos dentarios veinte siglos después. En el Formulario Militar (Santos Ascarza et al. 1975, p. 392) se recoge un polvo dentífrico compuesto por: Carbonato de calcio 50g; Carbonato magnésico 50g; Salol 3g; Aceite volátil de menta XV gotas. El empleo de la pluma de la sepia en tratamientos dentales, queda por lo tanto justificado. Por otro lado el carbonato cálcico posee un poder exfoliante empleado desde la antigüedad para la limpieza de la piel, asperezas de los párpados producidas por queratosis o cualquier tipo de dermatosis pigmentaria. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   En el proceso de preparación de los remedios, ambos autores proponen también el uso de las cenizas de la concha de la sepia. En el proceso de quemado del carbonato cálcico, como hemos visto, se produce óxido de calcio, es decir cal y se desprende dióxido de carbono. Éste óxido de calcio se hidrata con facilidad para formar hidróxido de calcio. CaCO 3 + (21.000 calorías) CaO + CO 2 Y CaO + H 2 O Ca(OH) 2 Estos óxidos de calcio, han sido empleados a lo largo de los siglos en formulación magistral, tanto para uso cutáneo como para uso interno, su disolución acuosa, a la que ya hemos hecho mención, se conoce como Agua de cal. La preparación de este Agua de cal y de sus utilidades se describe en los formularios del s. XIX de la siguiente manera: “Hidrolado de Cal (Agua de cal): Se toma cal viva 1 libra; agua 20. Se pone cal en un barreño de arenisca u otro semejante; se rocía ligeramente por todas sus partes con agua, y cuando ésta se ha absorvido [sic] se añade otra, y así se continúa hasta que la cal hinchada y dividida esté perfectamente diluida en la totalidad del agua: esto es lo que se llama “leche de cal”. Se echa esta leche de cal en una botella grande tapada con corcho; se deja aposar; se decanta, se arroja el agua que sobrenada; se llena la vasija con agua nueva, se agita y se deja aposar. El líquido claro forma el Agua de cal, que se conserva sobre su depósito, pero se decanta y filtra cuando se necesita... Se usa interiormente en las enfermedades del pulmón, para disolver los cálculos de ácido úrico en la vejiga, y en los envenenamientos por los ácidos, especialmente por el ácido arsenioso.” (Henry y Guibourt 1830, pp. 136-137). Como vemos se mantiene el tratamiento de afecciones pulmonares con Agua de cal que se menciona en HS (aunque este no especifica si se emplean cenizas). En formularios posteriores, como el de Llopis (2001, p. 290) también aparece el uso del Agua de cal y de leche de cal, empleado para afecciones cutáneas: *Agua de cal compuesta: Guayaco raspado 100g; Sasafrás raspado 10g; Regaliz raspado 20g; Semillas de cilantro 5g; Macérese durante dos días en: Agua de cal 1500g. Cuélese. Dosis: un vaso al día en afecciones escrofulosas y cutáneas. También se ha conservado su uso en albeitería, como habían adelantado las obras de los autores clásicos; como prueba de ello, el Agua de cal se recoge en el “Diccionario de Veterinaria y sus ciencias auxiliares” (Risueño 1829, p. 324) “Es un desecante poderoso en las úlceras y heridas antiguas y un caterético suave en las de mal carácter, babosas y débiles. La leche de cal se estiende [sic] algunas veces sobre los tumores fríos, edematosos -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   del tejido erosionado. De manera, que no es de extrañar que este remedio haya perdurado siglo tras siglo y que aparezca citado por la mayoría de los autores. La adición de vinagre que algunos de ellos comentan parece mejorar la acción hemostática de la esponja o posiblemente también aportar un efecto antiséptico (quizá por la formación de bicarbonato cálcico). La acción detersiva de las esponjas permanece vigente en la actualidad, así como su capacidad para absorber exudados de úlceras. Hoy los absorbentes para úlceras se fabrican de otros materiales pero el fin buscado es similar. Se fabrican a base de alginatos, hidrocoloides, hidrocapilares o colágeno empleándose unos u otros en función del grado de protección, absorción, desbridamiento de la herida o evaporación del exudado, que se precise en cada caso. El empleo de la “piedra de la esponja” para el tratamiento de los cálculos renales que citan Plinio, Serapión y Avicena, lo comentaremos en el capítulo dedicado a la piedra pómez. V.2.5Filo Arthropoda Del Cangrejo (Cancer, IV 16) Descripción “Aristóteles: El cangrejo tiene ocho patas y las utiliza todas para moverse regularmente; no tiene sangre; por fuera es duro, pero es blando por dentro; su dureza, por otra parte, no es de temer, ya que se puede quemar” (HS IV 16). “Ambrosio: El cangrejo se alimenta de ostras... la hembra tiene los miembros más grande que los del macho y su caparazón es, con mucho, mayor que el del macho (HS IV 16)”. “Isidoro: Llamamos así a los cangrejos porque son moluscos provistos de patas... Hay dos clases de cangrejos: los de río y los de mar” (HS IV 16). “Del libro La naturaleza de las cosas: El cangrejo tiene patas, brazos y pinzas en lugar de manos; camina hacia atrás, y no se sabe que haya caminado jamás hacia adelante. Los machos tienen dos púas entre el vientre y la cola, púas que no tienen las hembras. Los huevos que llevan en su vientre curan las mordeduras de las serpientes” (HS IV 16). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Remedios “Avicena, la ceniza que se obtiene de su combustión es mejor que todas las demás; limpia los dientes y elimina el paño y las lentejuelas. También seca las heridas y es buena para la sarna. Así mismo, impide el lagrimeo y, con sal, elimina la uña. Con ella se elabora también un colirio con el que se frota la sarna de los párpados. Impide la fiebre cuartana. El cangrejo de río es muy bueno para el agotamiento. El caparazón del cangrejo marino es más fino que la pared de una tortera. Tiene virtud secativa, elimina el paño, las lentejuelas y la sarna. El cangrejo de río es difícil de digerir, pero de gran alimento, y él mismo endereza la digestión. Si se cuece con miel, extrae las espinas y los objetos afilados clavados en la carne” (HS IV 16). En el caso del cangrejo, HS curiosamente no cita remedios de ningún otro autor, a pesar de que Plinio equipara sus propiedades antitóxicas a las del caballito de mar, a las del erizo y las de la ostra (P XXXII 58). Además dice de sus propiedades terapéuticas que: “La ceniza del cangrejo de río con aceite y cera sana las grietas del ano” (P XXXII 105). “Los sabañones se curan... con ceniza de cangrejo... desleída en aceite y con grasa de siluro” (P XXXII 111). “Las quemaduras se curan con cenizas de cangrejo de mar o de río con aceite” (P XXXII 119). “La ceniza del cangrejo... hace disminuir los carcinomas...” (P XXXII 126). Por su parte Dioscórides dedica un capítulo a los remedios del cangrejo y dice “La ceniza de los cangrejos de río quemados en una cantidad de dos cucharaditas, con una cucharadita de raíz de genciana, bebida durante tres días con vino, socorre eficazmente a los mordidos por perros rabiosos. Cocida con miel alivia las grietas de los pies y del ano, así como los sabañones y lesiones cancerosas. Los cangrejos, majados crudos y bebidos con leche de burra, son útiles contra las mordeduras de serpiente y las punturas de tarántula y de escorpión. Cocidos y comidos con su caldo son beneficiosos para los que sufren consunción y los que tragaron la liebre marina. Majados con albahaca y aplicados a los escorpiones, los matan. Los cangrejos marinos tienen las mismas virtudes, pero son menos eficaces que éstos” (D II 10). A la vista de lo anteriormente expuesto se puede concluir que los remedios del cangrejo son diferentes para cada autor, lo que indica un posible origen empírico por separado, sin conexiones orales o escritas. Farmacología Los cangrejos son artrópodos dotados de un exoesqueleto cuyo componente principal es la quitina a modo de caparazón, y está endurecido por la mineralización del carbonato -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   cálcico. De manera que estos son los dos compuestos químicos que nos interesan a la hora de razonar las aplicaciones de las partes duras del cangrejo, fundamentalmente de su caparazón. Se citan, en HS, una serie de remedios, atribuidos a Avicena, que son coincidentes con los estudiados en el filo de los moluscos. Son el uso como dentífrico, en el tratamiento del paño, antiséptico y cicatrizante de heridas y grietas, astringente, exfoliante, digestivo y estomáquico. Todo esto ha quedado justificado en los moluscos a través del carbonato cálcico y los productos resultantes de su combustión, estas demostraciones terapéuticas pueden ser aplicables al caparazón del cangrejo. El otro componente fundamental del caparazón del cangrejo y de los artrópodos en general, es la quitina. La quitina es un polisacárido compuesto de unidades de Nacetilglucosamina (exactamente, N-acetil-D-glucos-2-amina). Fórmula de la quitina. Para poder analizar los remedios que proponen otros autores hemos de considerar que la obtención de las cenizas no conlleva la destrucción total de las moléculas orgánicas, si no más bien una deshidratación para facilitar el uso y la conservación de los activos útiles (en este caso la quitina), aunque las partes exteriores, sometidas a mayor temperatura, sí que pudieran quedar calcinadas. Por otra parte, para optimizar las propiedades de la quitina (al igual que se hace en la actualidad) se requiere un proceso de desacetilación de ésta para obtener el quitosano. El quitosano (del griego ȤȚIJȫȞ "coraza"), es un copolímero de ȕ(1-4)-2acetamido-2desoxi-D-glucopiranosa y 2-amino-2-desoxi-D-glucopiranosa. Se trata de un polisacárido que se obtiene generalmente por desacetilación alcalina de la quitina, obtenida del exoesqueleto de crustáceos, y de diferentes artrópodos como abejones, cucarachas, aunque también forma parte de la pared celular de diferentes tipos de hongos. La obtención de cenizas, por medio de la combustión que describen los autores, puede aportar el medio alcalino necesario para dicha desacetilación. Mientras más alcalino sea al medio y mayor la -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   temperatura de la solución, mayor será el porcentaje de quitosano obtenido (Ramírez et al. 2000, p. 82), esto justificaría que en ocasiones los caparazones fueran empleados tras su cocción. En la actualidad, se exploran otros métodos más novedosos para desacetilar la quitina por medio de tratamientos termo-mecánicos, entre otros (Pelletier 1990, pp. 310-315). En base a todo esto, se infiere que los procesos de manipulación del caparazón del cangrejo así como los del resto de los artrópodos, irían encaminados a la obtención de quitosano. Plinio hace hincapié en el empleo de las cenizas del cangrejo como cicatrizante y regenerador epitelial. Las propiedades del quitosano justifican este empleo por su efecto hemostático, al producirse una interacción entre la membrana celular de los eritrocitos y el quitosano, siendo esta interacción independiente de la cascada clásica de la coagulación (Rao y Sharma 1997, pp. 21–28). Klokkevold et al. (1999, pp. 49-52) han obtenido resultados similares al comprobar la reducción del tiempo de coagulación en heridas producidas en lenguas de conejos heparinizados por la aplicación tópica de quitosano. El quitosano se utiliza en albeitería como acelerador de la cicatrización de heridas al incrementar las funciones de las células inflamatorias e inmunes. Entre estas células y sus funciones se encuentran los leucocitos polimorfonucleares, los macrófagos y fibroblastos. Esto justifica el uso como cicatrizante de heridas, llagas, sabañones o grietas que proponen los autores; además, la capacidad que tiene para estimular mecanismos de defensa celulares corrobora su eficacia como anti-infeccioso. El quitosano microcristalino se puede usar como hemostático, puesto que produce una reducción en el tiempo de compresión normal en las arterias. Se ha propuesto la aplicación de un polímero sintético obtenido por incorporación de azida y lactosa a quitosano como adhesivo biológico para tejidos blandos, dado que no produce citotoxicidad. Otra propiedad que se puede destacar del quitosano es su acción reepitelizante y regenerante de nervios en la dermis vascular de la piel tras un injerto proveniente de un donante. Esta característica del quitosano se puede relacionar con la aplicación del caparazón del cangrejo tras mordeduras o picaduras como se propone en los tratados antiguos; los venenos inoculados tras una picadura o mordedura tienen mecanismos de acción muy variados, pero en muchos casos producen necrosis, destrucción de tejidos epiteliales y nerviosos, y con seguridad una infección si no se aplica un tratamiento. Las propiedades del quitosano pueden resultar de gran utilidad en el tratamiento de esta degeneración tisular. Se ha estudiado el efecto del quitosano sobre la úlcera gástrica causada por fármacos AINEs. Esto se explica porque el quitosano se disuelve en el medio ácido del estómago y por sus propiedades demulcentes protege la mucosa estomacal, de manera que parece un buen -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   complemento a la acción estomáquica aludida en el estudio del carbonato cálcico. Este efecto gastroprotector puede explicar la propiedad de “enderezar la digestión” que menciona Cuba. Se ha evaluado la acción antibacteriana de diversos tipos de quitosano, comprobándose que puede ser activo frente a determinados microorganismos tales como Candida albicans, Escherichia coli y diversas especies de Aeromonas y Vibrio. La actividad antimicrobiana del polímero puede deberse a la interacción electrostática entre los grupos amino del quitosano y los sitios aniónicos de las paredes celulares bacterianas con restos de ácidos carboxílicos y fosfolípidos. En el caso de E.coli, la acción bactericida del quitosano se explica por la unión de los policationes del polímero con los aniones de la superficie bacteriana, alterando la permeabilidad de la membrana y lisando la bacteria. El quitosano también previene de la adherencia de patógenos como el Streptococcus mutans a la hidroxiapatita dental; estas bacterias son las responsables de muchas caries dentales. El quitosano, además, regenera los tejidos blandos orales, protege de los efectos de los ácidos orgánicos y posee efectos bactericidas, por lo que es posible añadir quitosano en pequeñas cantidades en pastas de dientes, chicles y colutorios bucales (Veiga Ochoa y Ruiz Caro 2004, pp. 33-42). En base a todo esto, se justifica el uso dentífrico que se cita en HS. Por otra parte, con fecha 26/6/2005 se publica por la Oficina Española de Patentes y Marcas la patente de “Formulaciones oftálmicas acuosas que comprenden quitosano” para la formulación de lágrimas artificiales con actividad antimicrobiana. El empleo oftalmológico del quitosano fue recopilado por Cuba de la obra de Avicena, quien lo propone para tratar el lagrimeo, hecho que parece contradictorio con la patente citada del humectante ocular. Sin embargo puede no serlo, si tenemos en cuenta que entre la sintomatología más frecuente en el diagnóstico de sequedad ocular se encuentra el prurito con 72,6% (que generalmente produce una hipersecreción lagrimal), el excesivo lagrimeo con un 15%, el dolor un 7,1% y la sensación de cuerpo extraño, un 4,8%. La lágrima no sólo ha de ser isotónica, sino que además, tiene que constituir una película lagrimal suficientemente estable para poder humectar el globo ocular, de manera que es importante tanto un volumen adecuado de lágrima como un grado de viscosidad que permita que la lágrima esté el mayor tiempo posible en contacto con la superficie corneal. Es decir, paradójicamente el lagrimeo excesivo puede ser, en sí mismo, un síntoma de sequedad ocular, y que puede ser tratado según los titulares de la patente con colirios a base de quitosano. Esto se relaciona con la aplicación oftálmica descrita en HS. El quitosano es en definitiva, uno de los compuestos de origen animal, con mayor y más variado número de aplicaciones, no sólo en la farmacopea antigua sino también en los tratamientos más novedosos. En la actualidad, se está estudiando una importante aplicación -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   del quitosano, es su empleo como vehiculo en el transporte de principios activos hacia los órganos diana (Jordan et al. 2006, p. 8). También se evalúa su uso como excipiente para formular comprimidos (Sabnis et al. 1997, pp. 243-255). En productos dietéticos es habitual encontrar preparados adelgazantes a base de quitosano por su poder para capturar las grasas de la dieta y evitar así su absorción en el organismo. Como vemos, los estudios farmacológicos actuales apoyan científicamente el empleo que se hace del cangrejo como remedio medicinal en casi todas las obras antiguas desde el siglo I de nuestra era. Del Escorpión (Scorpio II 136) Descripción “Isidoro: El escorpión es un gusano de la tierra que se incluye entre los gusanos mejor que entre las serpientes” (HS II 136). “Del libro La naturaleza de las cosas: Se dice que el escorpión tiene un rostro delicado, casi virginal; pero en su cola nudosa tiene un aguijón cargado de veneno, con el cual pica y envenena a quien se le acerque” (HS II 136). Remedios Realmente el único remedio que recoge HS obtenido del escorpión, es su empleo en el tratamiento de su propia picadura “Del libro La naturaleza de las cosas... se cree que, cuando pica a un hombre, el remedio para curarlo es la ceniza del escorpión bebida con vino” (HS II 36). Este remedio, se puede considerar heredado de la teoría del “Similia similibus curentur”, lo semejante cura lo semejante, puesto que la composición de las cenizas del escorpión, no contienen ningún compuesto que no tengan otros artrópodos. Estas propuestas terapéuticas están fuera del objetivo de este trabajo. En el estudio que hace Dioscórides acerca del escorpión, este dice “El escorpión terrestre crudo, majado y aplicado sobre la herida, se convierte en una ayuda de su propia punzada. Se come también asado para lo mismo” (D II 11). Por su parte Plinio hace innumerables referencias a las aplicaciones del escorpión, y en muchas ocasiones también lo propone como remedio de su propia picadura. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Farmacología El remedio recogido en HS, como hemos dicho, parece ser resultado de la teoría Hipocrática, esta máxima se repetirá en muchos de los remedios propuestos. Esta teoría base de la homeopatía, puede ser tomada en consideración si pudiéramos cuantificar la concentración de las sustancias empleadas (cosa imposible en homeopatía), sólo de esa manera se puede llegar a justificar farmacológicamente el empleo de un tóxico para sanar los efectos de ese mismo tóxico, como ocurre por ejemplo en las vacunas. Por otro lado, si nos remontamos a Dioscórides, vemos que el autor del s. I propone el uso tópico del escorpión tras haber sido majado. Además de las propiedades epitelizantes y antibacterianas, citadas anteriormente en relación a la quitina y al quitosano, en el caso del escorpión parece razonable indagar en las propiedades de su veneno, particularidad que le diferencia de otros artrópodos. El veneno del escorpión contiene una toxina llamada escorpina y que se ha comprobado que tiene propiedades antimicrobianas, lo cual también confirma la posibilidad de emplearlo para prevenir infecciones provocadas por su propio efecto tóxico (Henry 2008), lo que no quiere decir que sea un antídoto del mismo. Partiendo de las propiedades antimicrobianas del veneno del escorpión, se están llevando a cabo estudios para su uso terapéutico en otros ámbitos, como es el tratamiento de la malaria (Possani 2009). El paludismo es una de las enfermedades más preocupantes en los países en desarrollo, a esto se le suma tanto la ineficacia de los tratamientos como la baja cobertura de las vacunas. El trabajo de Possani, seleccionado por la fundación Bill y Melinda Gates como uno de los merecedores de un sustancioso apoyo económico, se centra en la utilización de un péptido ya identificado del veneno de alacrán. Dicho veneno conocido como escorpina resulta de utilidad para bloquear los canales iónicos de potasio del parásito y así detener el paso del Plasmodium al mosquito Anopheles, que al picar al ser humano transmite dicha enfermedad. Partiendo de un estudio previo, en el que se comprobaba la eficacia de esta toxina como agente antimicrobiano frente al Plasmodium, se observó también que la estructura de la escorpina era muy parecida a las toxinas que bloquean los canales de potasio. En consecuencia, la escorpina puede detener la transmisión del paludismo entre el parásito y el mosquito vector. El veneno del escorpión desequilibra iónicamente al parásito Plasmodium y causa que sea inviable su transmisión. Esta novedosa investigación se incluye aquí, ademas de para constatar el efecto antimicrobiano del veneno, porque es posible que en algunos tratados de Historia Natural antiguos, no estudiados en esta Tesis Doctoral, puedan aparecer remedios relacionados con ella. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   De las Chinches (Cimice, Cimex III 31) Descripción “Isidoro: La chinche es un gusano de la carne. Recibe su nombre de cimex por su parecido con cierta hierba, cuyo mal olor posee (HS III 31)”. “Avicena, en el 2º libro del Canon: Del fresno salen cabezas hinchadas como granadas, que contienen cierta humedad, de la cual nacen las chinches, pues cuando se abren estas cabezas salen de ellas las chinches. A las chinches las ahuyenta el estiércol de toro, si se hace una fumigación con él (HS III 31)”. Remedios Cuba cita este insecto dentro del tratado dedicado a las aves sin mencionar ningún remedio obtenido de él. Dioscórides, por su parte, le dedica un capítulo, y ofrece remedios interesantes y dignos de ser estudiados aquí, puesto que serán comunes a otros artrópodos analizados de forma más amplia por Cuba. En Materia Medica podemos leer: “Las chinches del lecho, introducidas en número de 7 en cáscaras de habas y tragadas antes de la aparición de síntomas, aprovechan a los que padecen fiebres cuartanas, y, tragadas sin las habas, a los mordidos por serpiente. Si se da a oler, reaniman a las que sufren sofocos uterinos. Bebidas con [vino y] vinagre expelen las sanguijuelas. Majadas e introducidas en el conducto de la orina hacen cesar las dificultades urinarias (D II 33)”. Hay que reseñar el detalle del número 7, número con multitud de connotaciones mágicas y esotéricas, y que ya nos da un indicio de la fiabilidad del remedio. Otra curiosidad de este remedio de Dioscórides es el ingenio con el que los antiguos farmacólogos ideaban los primeros sistemas de dosificación de fármacos, encapsulados en habas. Farmacología La chinche o chinche de las camas (Cimex lectularius) es un insecto hemíptero de la familia Cimicidae que se alimenta de sangre humana y de la de otros animales de sangre caliente. Entre las aplicaciones más llamativas que aporta Dioscórides, está el empleo en el tratamiento de las fiebres cuartanas; estas fiebres se asocian a la malaria, enfermedad conocida en la antigüedad. El término malaria proviene del italiano de la edad media: mala aria (mal aire); y se le llamó también paludismo, del latín “palus” (pantano) por la relación del -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   mosquito del género Anopheles, transmisor de la enfermedad, con las zonas pantanosas. Tras la picadura, se establece una infección asintomática en las células hepáticas, después de un periodo de incubación de aproximadamente una semana, se liberan las formas sanguíneas del parásitos que se desarrollan y multiplican en el interior de eritrocitos. El parásito produce proteínas que se transportan y se sitúan en la membrana del eritrocito. Tales proteínas hacen que el eritrocito se pegue a las paredes de los vasos sanguíneos originando la obstrucción de los mismos. En la malaria cerebral, que es una complicación severa de la malaria producida por P. falciparum, el secuestro de eritrocitos infectados en los vasos sanguíneos se asocia con una pérdida del conocimiento y la afección resulta letal si no es tratada. Los parásitos de las especies P. vivax y P. ovale, se caracterizan por presentar la fase de hipnozoíto que pueden persistir durante años en el hígado y causar recidivas periódicamente, que originan las fiebres características de la malaria; la fiebre aparece al romperse los hematíes parasitados. Esta ruptura al inicio es anárquica, por lo que el patrón de fiebre es irregular. Posteriormente se sincroniza, sin conocerse el mecanismo, y se hace cíclica: fiebres cuartanas (cada tres días) en P. malariae y fiebres tercianas (cada dos días) en las otras tres especies. Suele acompañarse de escalofríos, tiritonas, cefaleas y artromialgias (Puente et al. 2005, p. 36). Históricamente el tratamiento antimalárico ha sido fundamentalmente de origen vegetal, concretamente con el uso de la Artemisia anua (de la que se obtiene la artemisina y que ha sido utilizado durante siglos en la medicina tradicional china como un tratamiento para la fiebre y la malaria) y de los compuestos extraídos de la corteza del árbol del género Cinchona, del cual se obtienen los derivados de la quinina (Pacanowska 2005). Aun hoy estos compuestos son empleados en el tratamiento de la enfermedad. En cuanto al empleo de las chinches en el tratamiento de la malaria, no se encuentra ninguna referencia bibliográfica que pueda justificarlo, sin embargo, como veremos, aparecerán otros artrópodos con propiedades terapéuticas similares. Tampoco la quitina, hasta el momento, parece ser útil en el tratamiento del paludismo, aunque sí se ha empleado como vehiculo de transporte de la artemisina, antipalúdico mencionado anteriormente (Mara et al. 2007). Ahora bien, si sólo tenemos en consideración el tratamiento de la fiebre y no el de la malaria en sí misma (realmente el autor habla de “fiebres”), podemos llegar a justificar su uso antipirético. Las chinches, como el resto de los artrópodos, presentan una cubierta quitinosa, sustancia que como se ha puesto de manifiesto en múltiples estudios, tiene la capacidad de inhibir la síntesis y liberación de prostaglandinas (Pg E2) (incidiremos en ello en el capítulo siguiente, dedicado al milpies). Entre las funciones de estas moléculas se encuentra el modular los procesos febriles (Álpizar Caballero et al. 1999, pp. 49-54). De -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   manera que esta propiedad de la quitina (y fundamentalmente del quitosano), de regular la liberación de prostaglandinas, justificaría la acción febrífuga que describen los autores. Otra de las aplicaciones propuestas por Dioscórides hace referencia al empleo de las chinches en el tratamiento de las insuficiencias renales; sobre esta utilidad del quitosano se han publicado diversos estudios. En 1997 se publica un trabajo en el que un grupo de pacientes con insuficiencia renal y hemodializados recibieron 1,35 g de quitosano repartido en tres tomas durante una semana, al cabo de 4 semanas los niveles séricos de urea y de creatinina descendieron considerablemente y su estado físico general mejoró (Jing et al. 1997, pp. 721-723). En un estudio posterior, se analiza el efecto de la ingesta de ciertos polisacáridos en la dieta como el quitosano o la celulosa en individuos con disfunción renal inducida por administración de adenina, observándose que los niveles de creatinina, ácido úrico y urea, no se incrementaban en aquellos que consumieron dichos polisacáridos (Koguchi et al. 2004, pp. 253-263). Esta propiedad, conocida por los autores clásicos, será citada por Cuba al tratar otros animales con estructuras quitinosas (como la cigarra o la langosta), lo cual, confirma dicho conocimiento y garantiza la eficacia del remedio. Estas dos últimas aplicaciones, publicadas en trabajos muy recientes, fueron descritas por Del Amo y Mora (1869, p. 315) (recogidas sin duda de autores antiguos) cuando trata las propiedades de la cubierta, también quitinosa, del alacrán: “aplicado como epicarpo para las fiebres malignas y pestilenciales: privado del último anillo del abdomen en que lleva el aguijón, seco y pulverizado lo restante se dio en las dosis de 6 a 24 granos en los casos anteriores y en las enfermedades de las vías urinarias”. Según se constata aquí, existe una evolución en cuanto a la preparación y dosidicación del remedio, lo que avala la perdurabilidad del mismo a lo largo del tiempo. En algunas sociedades más primitivas se conserva el empleo de las chinches con fines curativos, en el estado de Alagoas, nordeste de Brasil, las chinches de la familia Pentatomidae son maceradas y la masa impregnada en un algodón, se aplica en el diente para tratar odontalgias (Medeiros Costa et al. 2006, p. 398). Del Milpies (Multipes II 102; Milpies IV 60; Scolopendra IV 86) Descripción Cuba emplea este término para especies muy dispares como se puede comprobar en las siguientes citas correspondientes al tratado de peces: “El autor: Según Plinio, El milpiés es el mismo que el pulpo, sobre el cual se hablará más abajo” (HS IV 60). Más adelante y tomado también de Plinio: “Plinio, libro 9: Las escolopendras marinas son parecidas a las -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   inflamatoria (Chou et al. 2003, pp. 403-407). La acción antiinflamatoria mencionada en éste y en los artrópodos anteriormente estudiados, también puede deberse a otra molécula resultante de la desacetilación de la quitina, es la glucosamina como monómero. Tiene propiedades antiinflamatorias aunque está fundamentalmente indicado en inflamaciones de tipo artrítico. La glucosamina es un aminomonosácarido que entra a formar parte del cartílago y del líquido sinovial. Su beneficio a nivel articular se debe a que inhibe algunos enzimas destructores del cartílago tal como colagenasas y fosfolipasa A2. El sulfato de glucosamina inhibe las reacciones inflamatorias agudas y subagudas, En ensayos clínicos se ha comprobado que es capaz de reducir el dolor y mejorar la movilidad articular tras 4 semanas de tratamiento en pacientes con artrosis de rodilla leve a moderada. HS recoge de Haly el empleo de la langosta como febrífugo. Es evidente que su acción no puede ser efectiva por el hecho de estar colgada del cuello, pero como se ha visto en otros artrópodos, por ejemplo en las chinches, este empleo antifebril es justificable por la capacidad del quitosano de inhibir la liberación de Pg E2 responsable de la termorregulación corporal. De la Cantárida (Cantarides, Derarie, Irane II 19) Descripción “Pandecta, capítulo 135: Las cantáridas son unos animalitos de las cuales son muy eficaces aquellas que se encuentran en las espigas del trigo aún en flor. Son de formas variadas y como en torno a sus alas estrechas y largas. Se ahogan con vapor de vinagre y se colocan en un vaso sin tapar. Son cálidas y muy agudas, y curan la sarna de la vejiga: si se toma mucha cantidad de ellas, surgen heridas en la vejiga, y hacen que se orine sangre, hasta provocar la muerte. Pero si se toma una pequeña cantidad, son un buen remedio para provocar la orina” (HS II 19). Remedios “Dioscórides, capítulo ‘Cantáridas’: La mejores son las que tienen variedad de colores y rayas grises atravesadas en sus alas, y son gordas y largas. La virtud de aquellas que son de un solo color es escasa. Las cantáridas tienen virtud putrefactiva, calefactiva y ulcerativa, motivo por el cual se mezclan con medicinas buenas para los tumores cancerosos, para la sarna ulcerosa y para el impétigo. Si las mujeres las colocan en los genitales, provocan la -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   menstruación. Algunos creyeron que cuando se mezcla con algunas sustancias, es buen remedio para la hidropesía, debido a su eficacia para provocar la orina” (HS II 19). “Serapión, libro Aggre, capítulo ‘Cantáridas’ (derarie), o Galeno: Hemos hecho el experimento en numerosas ocasiones con las uñas de los leprosos, y hemos descubierto que si se ponen sobre ellas con un cerato da muy buen resultado, o con ungüento, pues provocan la caída de la uña totalmente. Las cantáridas se usan mezcladas con ungüentos y medicinas que se utilizan para la sarna y la enfermedad que escama la piel de la cara, y en medicinas que eliminan las orugas [verrugas?] que se conocen con el nombre de ‘clavos de la cabeza’. Algunos de nuestros maestros daban a beber una pequeña cantidad de éstas, mezclada, para provocar la orina. Y otros tomaban sus alas y sus patas solamente, diciendo que curan a quienes han comido sus cuerpos. Otros decían precisamente lo contrario, que sólo sus cuerpos curaban a aquellos que habían comido sus alas y sus patas. Yo, por mi parte, mezclé todos los cuerpos con las patas y las alas y lo di a comer. Son mejores aquellas que se encuentran en medio del trigo, en cuyas alas hay rayas grises dibujadas a lo ancho, y principalmente si las echas en una olla nueva de barro y tapas el orificio de la olla con un paño de lino, y sobre ella un vaso con vinagre hirviendo, hasta que se ahoguen y mueran. Algo parecido es preciso hacerlo con el animal conocido como xofostis, cuando queremos tener repuesto. Y, de forma parecida, existe una especie de animal semejante a las cantáridas en forma y virtud. Y también existe un gusano verde que se encuentra en los pinos. Tiene las mismas virtudes que las cantáridas. Una vez que las cantáridas hayan muerto, envuélvanse en un paño de lino y déjense reposar” (HS II 19). “Dice Galeno: La cantárida produce úlcera en la vejiga, pues, con las propiedades que hay en ella, hace que bajen allí las sustancias agudas que el cuerpo no expulsa” (HS II 19). “Avicena, libro 2, capítulo ‘Cantáridas’: Algunos defendieron que contienen un exceso de virtud calefactiva; y otros dijeron que son cálidas y secas en tercer grado, pero es más cierto lo primero. La cantárida es muy aguda, y tiene virtud putrefactiva y adustita [abrasiva]. Utilizada como linimento, elimina las verrugas; con ella se fabrica el ceroto con el que se ungen las manchas blancas de las uñas, y las cura. También elimina rápidamente las uñas dañadas, si se hace con ella un emplasto; y cura la morfea [albarazo] y el albarás, si se hace un ungüento con vinagre; y si se hace un linimento de cantárida triturada con mostaza, hace nacer los cabellos. Del mismo modo, si se cuece con aceite hasta que espese y se frotan con ella los tumores cancerosos, los elimina. También se utiliza como ungüento para la sarna y el impétigo” (HS II 19). “Dice el hijo de Mesarugia: Provoca cortes en las uñas, y una pequeña cantidad de ella provoca la orina fácilmente. En pequeñas cantidades, sirve como ayuda a las medicinas -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   de virtud provocativa, para provocar sin causar daños. Provoca la menstruación y el aborto” (HS II 19). “Dijeron algunos: Se le da de beber una cantárida a aquel que padece de la vejiga y lo cura. Si se dan de beber tres tanasgos de cantárida, produce úlcera en la vejiga” (HS II 19). En este capítulo dedicado a las cantáridas (insectos coleópteros), Cuba ofrece una de las más extensas listas de remedios obtenidos de un animal, solo superada por el castóreo. Se trata posiblemente del ejemplo más llamativo de la permanencia del empleo de una sustancia de origen animal para los mismos fines terapéuticos que hace al menos 2.000 años y por ello nos parece digna de estudio en esta Tesis. Los numerosos autores citados por Cuba pertenecen a distintas épocas y sin embargo, todas las descripciones de los remedios recopilados, hacen referencia a unos usos muy similares. También Plinio, aunque el HS no lo cita, hace una exaustiva descripción de las cantáridas y de sus curiosas aplicaciones, dice: “Las cantáridas, mezcladas con cal, abren los abscesos haciendo las veces de escalpelo” (P XXX 75). “Las cantáridas, trituradas con nuez negra, se van comiendo las verrugas, pero cuando están ya erosionadas conviene tratarlas con los otros remedios” (P XXX 81)... “Las cantáridas en sí son venenosas si se beben, con un especial daño para la vejiga... Sin embargo no cabe duda de que son muy útiles si se aplican con jugo de nuez negra y sebo de oveja o cabra. [Describe, también, el método de obtención]...Se meten en una copa de barro que no esté cubierta de pez, tapada con un paño...se sostiene por encima de vinagre hirviendo con sal, hasta que se asfixien al vapor a través de la tela” (P XIX 93-96). Farmacología El empleo de las cantáridas se relaciona con un poder ulcerante, adustito y hemorrágico; todo ello vinculado con la capacidad de destruir los tejidos orgánicos. Así pues, no es de extrañar que su denominación científica sea “Lytta vesicatoria”. No menos elocuente resulta el nombre de cantárida en inglés, “blistering beetle”. La cantaridita es el principio activo obtenido de las cantáridas, las referencias a los usos curativos de esta sustancia son innumerables y quizá sea, junto al quitosano, el ejemplo más llamativo de la permanencia del empleo de una sustancia de origen animal para los mismos fines terapéuticos que hace al menos 2.000 años, y por eso lo he considerado digno de ser comentado en esta Tesis. La forma de obtención del principio activo también tiene partes en común con la de hace 20 siglos. Casi todas las obras de farmacología recogen esta sustancia farmacológicamente activa, por ejemplo el “Tratado completo de química teórica y práctica” (Thenard 1830, p. 380) menciona que han sido muchos los investigadores que las han estudiado, cita a Thouvenel, Beaupoil y sobre todo a Robiquet, del que dice haber sido el -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   primero en extraer la materia vejicatoria pura, obteniendo además de un aceite verde, otra sustancia amarilla y otra negra de los ácidos acético y úrico y del fosfato de magnesia. Describe la forma de obtener cada una de estas sustancias de forma detallada. Cabe destacar que el primer paso para la obtención de la cantaridita es un proceso de cocción de las mismas ya descrito por Dioscórides: “Las cantáridas que proceden del trigo son apropiadas para almacenarlas. Échalas en un recipiente de barro sin empegar y tápale la boca con un paño de lienzo ralo y limpio, dale la vuelta poniéndolo boca abajo sobre vapor de vinagre, hirviente y muy acre, y mantenlo así hasta que se asfixien” (D II 54). Posteriormente, según el método de Robiquet, con el residuo de la cocción se hace una extracción alcohólica de los principios activos que nos interesan. A pesar de que no alcanzamos a justificar con exactitud cómo actúan los vapores del vinagre en el cuerpo del insecto, pero dado que el vapor del ácido acético disuelve multitud de sustancias como el alcanfor, las resinas, la albúmina y la fibrina entre otras, sería razonable pensar que es una forma de concentrar y purificar el principio activo, eliminando otros compuestos presentes. De manera que parece claro que el proceso de extracción, en el que todos los autores antiguos emplean el vinagre, no es casual. En el Tratado de Thenard (1830), se dice que la cantaridita se puede aprovechar para preparar linimentos rubificantes, como ya habían adelantado Plinio, Dioscórides y posteriormente el resto de autores. Otro método de obtención de la cantaridita es el descrito por Fumouze, que consiste en hacer macerar por tres veces el polvo de las cantáridas en cloroformo filtrando sucesivas veces. Filtrar el soluto y destilarlo hasta alcanzar una consistencia pastosa. Posteriormente tratarlo con sulfuro de carbono que disuelve las materias céreas, resinosas y grasas, quedando la cantaridita (Brunet 1867, p. 906). En relación a sus usos terapéuticos, se han descrito en obras posteriores; tomada al interior obra como un veneno muy activo; aplicada sobre la piel, levanta ampollas y produce úlceras. Posee propiedades, diuréticas, afrodisíacas y cáusticas. (Brunet 1867, p. 606). Curiosamente las propiedades afrodisíacas que se mencionan en los libros de farmacología más modernos no están recogidas en los tratados más antiguos. Sin embargo, vemos que las otras utilidades farmacológicas son coincidentes. En la obra terapéutica de Penzoldt (1900) también aparecen recogidas las propiedades de la cantaridina, dice que es un revulsivo cutáneo enérgico, empleado en pequeñísimas cantidades produce escozor, rubefacción y desarrollo de vesículas que confluyen entre sí formando una ampolla, a nivel interno producen gastroenteritis y nefritis-parenquimatosa aguda. La caída de popularidad de este remedio la justifica Penzoldt debido a su alta toxicidad y recomienda abandonar el empleo de cantaridita al exterior y en caso de requerir revulsivos cutáneos recurrir a los preparados de mostaza. En uso interno, dice, se debe -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   abandonar por completo (p. 298). Otros formularios, como el de Novellas y Moles (1909) también tratan las aplicaciones de la cantaridina, empleada para hacer supurar llagas o forúnculos, en el tratamiento de parálisis vesical, impotencia, lupus, tuberculosis de laringe. Advierte de que produce albuminuria (p. 296). En el formulario Bouchardat (1910) se dice que estimulan vivamente el aparato genitourinario. A pesar de ser extremadamente tóxico se recomienda al interior en el tratamiento de anafrodisia, algunas incontinencias de orina, en los flujos blenorrágicos rebeldes, en la epilepsia, en la rabia y en algunas enfermedades cutáneas. Ofrece una larga lista de preparados y mixturas, diuréticas y litontríticas (pp. 243244). En definitiva, a lo largo de la historia de la farmacología se ha mantenido el empleo de la cantaridita para fines muy similares. Actualmente su empleo está muy restringido, no por falta de eficacia, sino por el estrecho margen terapéutico que tiene. Las farmacopeas actuales dicen que la cantaridita se puede obtener de la Lytta vesicatoria y de otras especies de la familia Meloidae, por ejemplo algunas especies de escarabajos del género Mylabris. Empleado externamente por sus propiedades rubefaccientes y vesicantes, se emplea en la eliminación de verrugas y Molluscum contagiosum, aunque no se halla comercializado (Reynolds 1993 y Sweetman 2005, p. 1797). Probablemente constituye el tratamiento más eficaz no quirúrgico, en la eliminación de verrugas, a parte de la crioterapia. En general, una única aplicación es suficiente para desprenderlas. Su alta toxicidad ha restringido su uso; la ingestión de cantaridita produce ardor de garganta y estómago, dificultad para deglutir, nauseas, vómitos, hematemesis, diarrea sanguinolenta, tenesmo, hematuria, uremia, hipotensión e insuficiencia circulatoria. Dosis orales inferiores a 65 mg han sido mortales. En la actualidad existe alguna especialidad en el mercado americano para el tratamiento de las verrugas en uso tópico (Cantharone ®) y es de uso hospitalario. Se trata de un colodión con una concentración del 0,7% de cantaridita. Su mecanismo de acción se basa en un efecto acantolítico, provocado por la ampolla que se forma alrededor de la verruga que facilita su desprendimiento. En resumen, el uso diurético, vesicante, ulcerante, anti-verrugas, atribuido a las cantáridas hace al menos 2000 años, sigue siendo justificable hoy en día, y hasta hace no mucho, incluso de utilidad terapéutica. Aun hoy está disponible en los catálogos de principios activos para formulación, superando su precio los 200 € por gramo de cantaridina (Catálogo de productos químicos Acofarma 2012). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   De la Araña (Aranea II 11) Descripción “Isidoro, libro 12: La araña es un gusano de aire, y por alimentarse del aire (aer), se le dio este nombre. En poco tiempo va formando un largo hilo; aplicada continuamente a su tela, nunca abandona su labor, manteniendo continuamente el derroche en su obra, porque su tela se rompe al más mínimo soplo de viento o con las gotas de la lluvia, y entonces pierde por completo el fruto de su trabajo” (HS II 11). “Dice Avicena: La araña es un animal diminuto, reptil, de muchas patas, seis u ocho, que siempre son pares, jamás impares, algo que es necesario para que su marcha y el reparto del peso de su cuerpo sean siempre uniformes, algo que es común a todos los animales que tienen dos o más patas” (HS II 11). Remedios “... tal como dice Dioscórides, la tela de araña es blanca y limpia, sin mezcla alguna de polvo ni suciedad. Tiene virtudes astringentes, aglutinantes y refrescantes, por lo cual corta el flujo de sangre procedente de una herida; colocada sobre una herida, impide la infección; también cura las heridas recientes, y evita la inflamación, que retarda la curación de una herida. Del mismo modo, un buen remedio contra la picadura de cualquier clase de araña consiste en beber sesos de gallina mezclados con un poco de pimienta y con vino dulce. Así mismo, el cuajo de cordero, bebido con vino, cura la picadura de araña (HS II 11)”. “Plinio: Aunque sea venenosa la araña de cuyas entrañas surge, la tela sin embargo no lo es, e incluso es considerada como muy útil en las aplicaciones medicinales... Plinio, en el mismo libro, capítulo 6, dice: Una araña larga y cálida, con los patas finas, machacada y mezclada con aceite viejo, es buena para curar el albugo de los ojos [está recogido en (P XIX 132)]” (HS II 11). Farmacología La proteína que constituye la tela de araña se denomina espidroína y pertenece al grupo de las fibroínas, esta proteína está en estado líquido en el interior de la glándula de la araña mantenida a un pH de 6,9; en el momento de liberarla al exterior el pH desciende a 6,3 y la proteína tiende a agregarse y formar la resistente fibra de la telaraña (Casals 2010, pp. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   236-238). En el caso de las telarañas, los aminoácidos principales que la constituyen son la glicina, la alanita y la serina. (- gli -ser - gli - ala - gli - ala -) n. En la actualidad, el uso de la tela de araña para cicatrizar heridas sigue vigente entre los tratamientos de terapéutica más naturalista, el fino entramado que constituye la seda de la araña favorece la regeneración celular una vez aplicado sobre el tejido dañado. Además, existen investigaciones encaminadas a utilizar la tela de araña como fibra para suturas por su alta resistencia y por su capacidad antiinfecciosa, se considera que el hilo de la tela de araña tiene una resistencia equivalente a un hilo de acero del mismo calibre. Se investiga la manera de aplicar estas propiedades en formulaciones que faciliten su administración tópica (Flores Salas et al. 2010). V.2.6Filo Chordata Dentro del filo de los cordados se recogen multitud de especies de vertebrados en HS; diferenciándolos en grandes grupos coincidiendo con sus clases taxonómicas podemos dividirlos en: Clase Actinopterygii (de la que se describen gran cantidad de especies, sin embargo solo de unas pocas se ofrecen remedios terapéuticos), Clase Chondrichthyes, Clase Amphibia, Clase Sauropsida y Clase Mammalia. V.2.6.1Clase Actinopterygii En el tratado “piscibus” de HS aparecen recopilados multitud de seres tanto reales como mitológicos pero la gran mayoría de los remedios se obtienen de moluscos o de cordados mamíferos. Posiblemente la especie más interesante dentro de los Actinopterigios sea el caballito de mar. Del caballito de mar (Echenays, Echinus, Echenas, Mora IV 36) Descripción “Aristóteles: …algunos se sirven de él para perjudicar y para la composición de filtros amorosos. Sus aletas parecen patas…” (HS IV 36). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   “Plinio… en el libro 9: Aristóteles cree que tiene patas dispuestas a modo de aletas” (HS IV 36). “Isidoro: El echenays es un pececillo pequeño, de medio pie [15 cms.] de longitud...” (HS IV 36). “Del libro La naturaleza de las cosas: El caballito de mar es un pececillo que en lugar de patas tiene espinas, como el cangrejo; bajo el vientre tiene unas aletas que parecen patas. En la boca, en lugar de dientes tiene unos afilados aguijones…” (HS IV 36). El caballito de mar es un pez teleósteo que tienen el cuerpo comprimido lateralmente y tienen un esqueleto cutáneo formado por segmentos anulares óseos, llamado también armadura de placas o escudos óseos, que dan rigidez al tronco. Son abundantes las alusiones mágicas acerca del poder del caballito de mar para retener los barcos. Remedios: “Dioscórides: El sabor del caballito de mar es bueno para el estómago; calma el vientre y es diaforético [sudorífico]. Su piel, cruda, es útil para la sarna, si se mezcla con otras medicinas. Quemada, limpia las heridas infectadas y obliga a que se detengan las heridas que van a más” (HS IV 36). A pesar de que Cuba atribuye estos remedios a Dioscórides, éste no los cita; lo único que queda recogido en el capítulo del hippocampo, en su “Materia Médica”, es que su ceniza, una vez quemado, mezclada con pez líquida o manteca de cerdo o perfume de mejorana y aplicado como ungüento, hace brotar pelo en las calvas (D II 3). En HS se atribuye a Plinio la misma preparación y para el mismo fin. “Plinio, libro 22 [es una errata y se refiere al libro XXXII de Historia Natural de Plino]: El echenas o caballito de mar, si las embarazadas lo llevan como amuleto hasta el momento del parto, impide los partos adelantados; para ello, se conserva en sal [El uso de amuletos no se contemplará en este estudio]. Este mismo pez, retiene el vientre, por lo cual los caballitos de mar son muy buenos contra el dorycnium [Dorycnium es un género de plantas compuesto por arbustos densos de la familia Fabaceae. Algunas especies como el Dorycnium hirsutum se han empleado como diuréticos, pero tienen cierta toxicidad, que puede producir diarreas]. Para quienes han bebido jugo de carfiathum [Proviene del árabe kharif khrfyt, es un incienso que se extrae de plantas jóvenes y es de mejor calidad. Cf. Bostock et al. 1855], es muy bueno que tomen caldo de este pez. Mezclados con vinagre, curan las fístulas lagrimales. Los caballitos de mar, triturados con espinas y bebidos con vino, eliminan los cálculos; para ello, otras veces se administran como alimento sólido. Las cabezas de caballitos de mar, machacadas y administradas con agua en forma de ungüento, detienen el paño incipiente. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Los caballitos de mar, quemados vivos y bebidos con vino dulce, curan las diarreas. La ceniza de caballito de mar quemado con toda la carne y con aceite, restaura la calvicie” (HS II 36). Farmacología Puesto que Dioscórides, realmente, sólo menciona el empleo como antialopécico en “De Materia Medica”, esta será la única aplicación común en todos los autores que se citan. Sin embargo los otros remedios asignados a Plinio, son en general, coincidentes con los remedios adjudicados a Dioscórides por Cuba. Las aplicaciones del caballito de mar recuerdan en gran medida a las del erizo de mar, lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta la similar composición química de sus esqueletos. El contenido de queratina justifica, al igual que en el erizo, el uso antialopécico. Merece la pena hacer mención a la forma de preparar los remedios para el tratamiento de las calvicies, combinado las cenizas con grasa de cerdo (Dioscórides), empleado como base para la preparación del linimento o aceite de mejorana. El aceite de mejorana (Origanum majorana) es un aceite esencial, que aunque fundamentalmente se emplea como carminativo, tónico y antiespasmódico, también tiene propiedades antisépticas y antiinflamatorias. Estas últimas propiedades contribuyen al fin antialopécico, sobre todo en determinadas alopecias como es el caso de la alopecia areata. Los aceites esenciales tienen, en general, cierta acción rubefaciente; el estimulo de la irrigación local contribuye en el tratamiento de la calvicie. Algunos aceites esenciales, se siguen empleando en la actualidad en formulaciones antialopécicas como es el caso de la esencia de romero. Por otra parte la presencia de sales cálcicas, fundamentalmente fosfato y carbonato en menor proporción, que constituyen la armadura ósea del caballito de mar, evidencian las otras propiedades ofrecidas por Cuba y atribuidas a ambos autores clásicos; como son su empleo como digestivo y antidiarreico. Y en uso externo como desinfectante y cicatrizante. Propiedades que analizaremos más detenidamente en el apartado de los mamíferos y más concretamente al tratar las propiedades del colmillo del elefante. Se emplea crudo en la sarna junto con otras sustancias medicinales, la sarna a la que se refiere el autor no es la parasitosis, que hoy se conoce también con el nombre de escabiosis causada por el Sarcoptes scabiei, si no a la formación de escamas o costras sedimentadas en la piel (Pedrero Sancho 2010, p. 604). Realmente el patógeno causante de esta parasitosis no fue identificado hasta 1687, cuando Cosimo Giovanni Bonomo ayudado por el microscopio (inventado por aquella época), escribe un tratado sobre la sarna identificando el causante y describiendo los síntomas (Galván Pérez del Pulgar 2004). La -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   acepción de sarna en términos de descamación fue analizada en las “Etimologías” de San Isidoro donde se dice que “el impétigo es una roña seca que se levanta en el cuerpo, áspera y redondeada. La gente lo llama sarna (I IV 8,6)”... “La sarna y la lepra son enfermedades de la piel acompañadas de prurito y descamación, aunque en la sarna la aspereza de nombre porque desprende como roña. Así scabies (sarna), como si dijéramos squamies (escamas) (I IV 8,10)”. Así pues, esta aplicación debe hacer referencia al efecto exfoliante de los cristales del fosfato y del carbonato. La capacidad atribuida a las cenizas del caballito de mar para curar heridas, viene dada por la formación de cal apagada que se obtiene por la hidratación del óxido de cal, esta cal apagada o hidróxido de calcio se emplea al exterior como desinfectante, astringente y queratoplástico, principalmente en quemaduras y úlceras (Santos Ascarza et al. 1975, pp. 1040-1041). También se hace mención al empleo de las cabezas del caballito aplicadas como ungüento para la cura del paño incipiente. El paño es una hiperpigmentación de la piel, fundamentalmente de la cara y que a día de hoy sólo existe tratamiento preventivo con fotoprotectores. El carbonato cálcico, junto con otras sales inorgánicas, pertenece a un grupo de protectores solares llamados pantallas físicas, inorgánicas o pantallas totales; reflejan la luz por dispersión molecular produciendo un efecto pantalla, por lo que son impermeables a la radiación solar. Las pantallas físicas, son más efectivas y menos alergénicas que los filtros químicos, aunque también menos cosméticas (Morales-Molina et al. 2006, pp. 119-135). Con lo que, efectivamente, podían ser empleados en la prevención del paño y en evitar el oscurecimiento en hiperpigmentaciones incipientes. El empleo en la eliminación de cálculos, también está contemplado en los formularios modernos, puesto que disuelve el ácido úrico, por lo que se prescribe en la litiasis renal (Santos Ascarza et al. 1975, p. 393). Como conclusión, podemos decir que el empleo farmacéutico del caballito de mar que se recoge en los remedios del HS es perfectamente explicable a la luz de las modernas investigaciones farmacológicas. De la Escorpina (Scorpio IV 86) Descripción Aparecen recogidas en el mismo capítulo del HS la escolopendra y la escorpina a pesar de tratarse de especies muy diferentes, incluso pertenecientes a distintos filos. La -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Farmacología Puesto que ninguno de los remedios ofrecidos guarda relación con alguna parte dura del atún, no profundizaremos en su estudio, únicamente, destacar el curioso método cosmético ofrecido por Plinio, tanto como depilatorio o como para retocar los párpados; su elaborada preparación y conservación deberían justificar su eficacia. Conviene poner de manifiesto el gran número de veces que se emplean los peces a modo de cataplasmas para el tratamiento de heridas y mordeduras. Este empleo, seguramente responda tanto a la sensación aliviante de frescor que producen, como al el posible aporte de sustancias que facilitan la curación de la herida. Otros perciformes son analizados por Dioscórides como la mena (Spicara maena) y el smarido o caramel (Spicara smaris), pero que HS no menciona. En ambas especies Dioscórides hace referencia a la cabeza quemada y a sus cenizas, para el tratamiento de heridas y llagas y para la reducción de excrecencias carnosas. Todas estas aplicaciones están, sin duda, relacionadas con el carbonato cálcico y con los óxidos e hidróxidos de calcio, como ya hemos visto. Del Gobio (Gobius IV 41) Descripción “El autor: El gobio es un pececillo de río, de color blanco y moteado de negro; algunos autores afirmaron que se alimenta de cadáveres, pero los pescadores saben que esto es algo inventado: dicen que su hábitat preferido son los ríos más limpios, y que se alimenta de pasto” (HS IV 41). El gobio es pertenece a un género de peces de la familia Cyprinidae, que viven en aguas fluviales límpidas. Remedios Cuba separa un apartado para los remedios obtenidos del gobio, pero en él solo hace otra descripción del animal. Sin embargo, Dioscórides sí le dedica un capítulo a este pez del que dice: “El gobio fresco, si lo metes en el vientre de un cerdo, lo coses bien y lo cueces en 12 sextarios [6.5 litros] de agua hasta que se reduzcan a dos, y tras haberlo colado y enfriado -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   al aire libre, lo bebes, vaciarás el vientre sin molestias. Aplicado en forma de emplasto beneficia también a los mordidos por perros o serpientes” (D II 29). Solamente recogemos este remedio por la curiosidad de su preparación. V.2.6.2ClaseChondrichthyes Del pez Torpedo (Torpedo IV 92) Descripción Pertenecen a un género de elasmobranquios torpediniformes de la familia Torpedinidae dentro de los que se engloban los conocidos como peces o rayas torpedo o también como tembladeras. “El mismo autor [Isidoro]: El pez torpedo es así llamado porque entorpece el cuerpo del ser viviente que toca. Al igual que la lija, el pez torpedo pertenece a la especie de peces que tienen cartílagos en lugar de espinas” (HS IV 92). Poseen órganos capaces de producir descargas eléctricas que el animal utiliza para capturar sus presas y defenderse. Remedios “Plinio, libro 32: Tomado como alimento, el pez torpedo suaviza el vientre. Usado a modo de cataplasma, cura el bazo; puesto encima, impide la enfermedad que provoca la caída del intestino” (IV 92). Estos usos del pez torpedo, tomados de Plinio, coinciden con alguno de los citados por Dioscórides: “El torpedo, aplicado en los casos de dolores crónicos de cabeza, mitiga la virulencia del dolor. Y aplicado en el ano reduce su desvío o prolapso” (D II 25). Farmacología De nuevo aparece el empleo de los peces a modo de cataplasma; morfológicamente, parece que el pez torpedo se presta a ello. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   De la Raya (Rayte, raha, rahis, IV 75) Descripción Otro grupo de elasmobranquios tratados en HS son los peces raya. “Del libro La naturaleza de las cosas: ...Sus ojos son horribles, su boca lívida por su deformidad, y no la tiene donde los demás peces, sino en el vientre, pues no tiene la boca donde tiene la cabeza y los ojos. Su cola es muy alargada, como la de una culebra, y en ella tiene algunas espinas muy afiladas. A veces también tiene en la cabeza una piedra, y no creemos que la naturaleza la forme inútilmente. Sus carnes son indigestibles, como las carnes de vaca. Según Aristóteles, engorda cuando sopla el viento del sur” (HS IV 75). “Jorath: Existe un pez, llamado raya (raha), que causa estupefacción, tanta que, cuando se la lleva en una red, su estupor alcanza a la mano que la lleva. Se oculta en la arena y en el cieno. Captura todo tipo de peces que se le acerquen, porque los deja tan estupefactos que no pueden moverse. Así los alcanza y los devora” (HS IV 75). Farmacología En HS no aparecen recogidos remedios obtenidos de la raya, sin embargo Dioscórides, le dedicó un capítulo a este animal, del que dijo: “El aguijón de la pastinaca marina, que le nace en la cola, dirigido hacia arriba, entre las escamas, aplaca el dolor de dientes, pues los desmenuza y los hace caer” (D II 19). El pez al que se refiere Dioscórides probablemente sea la Trygon pastinaca. Es una especie de elasmobranquio rajiforme que posee en su cola una espina aserrada asociada a una glándula que produce una toxina termolábil. Aunque su picadura no suele ser mortal sí que es intensamente dolorosa. La cola de la pastinaca presenta unas glándulas ubicadas entre la espina ósea y el tegumento que liberan la toxina. Son ictioacantotoxinas de naturaleza proteica. El uso que propone Dioscórides, para el tratamiento de las odontalgias, está sin duda relacionado con estas toxinas presentes en la cola de la pastinaca. Las toxinas del aguijón de la pastinaca no están bien identificadas; si bien es cierto, que existen toxinas de origen marino como es el caso de las tetrodotoxinas que están siendo estudiadas como anestésicos tópicos, bien de forma aislada o en combinación con vasoconstrictores u otros anestésicos locales. (Adams et al. 1976, pp. 568-573 y Torres Morera 2001, p. 2622). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   V.2.6.3ClaseAmphibia De las Ranas (Rana, Calamita II 122; Rubetum, Crassan II 127) Descripción “Isidoro: La rana debe su nombre a su garrulería, pues en época de celo llenan con su estrépito las lagunas y dejan oír el sonido de su voz con un clamor importuno... Algunas ranas son 'acuáticas', otras 'palustres' y otras 'rubetas', porque viven en los zarzales y son las más grandes de todas” (HS II 122). “Del libro La naturaleza de las cosas: La rubeta es rica en remedios medicinales, que abandona y vuelve a recobrar cuando quiere, algo que se dice que hace con frecuencia absorbiéndolos de la hierba. Sin embargo, nunca abandona su veneno, sino que lo conserva siempre en su poder como si de sus armas se tratase: tienen dos cuernos llenos de veneno” (HS II 127). “Autor: El rubetum es un animal venenoso, perteneciente a la especie de rana que popularmente se conoce como crassan” (HS II 127). Remedios “Plinio, libro 32: Se dice que el hígado de las ranas es doble. Si se queman unas ranas vivas en una olla, su ceniza, mezclada con miel, pone remedio a las alopecias, y es aún mejor con pez líquida. El caldo de ranas cocidas en una cacerola se dice que cura la tos. La hiel de rana mata los gusanos que nacen en el interior del hombre; para la fiebre también es buena la ceniza de hiel de rana. Si se cuecen ranas con aceite y sal, y se bebe su jugo, cura el tétanos” (HS II 122). “Plinio, libro 32: La carne de la tortuga marina, mezclada con carne de rana, es un remedio muy bueno contra el veneno de la salamandra” (HS II 129). “Avicena, en el 2º Canon: La ceniza de rana colocada sobre una herida que sangra, retiene la hemorragia. También es buena para las uniones de los tendones, si se echa por encima. Si se come una rana cocida con sal y aceite, se dice que son bezahar ('antídoto') de la lepra y de los gusanos venenosos. Para el dolor de dientes, si se lavan con un hueso de una rana de río, después de cocerla, lo calma. El cuerpo de una rana de roca y, sobre todo, su grasa, desenraiza fácilmente los dientes; también hace que se caigan los dientes de los animales cuando la comen” (HS II 122). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   “Para combatir el veneno de la liebre marina y de la rubeta, es útil su ceniza bebida con agua” (HS II 127). La cita recogida por Cuba de Plinio, efectivamente corresponde a este autor (P XXXII 32 y P XXXII 92) quien además aporta otra serie de remedios obtenidos de la rana: “Contra la epilepsia se toma con flor de harina de trigo; se mezcla medio sextario de vinagre con uno y medio de sangre”. Casi de forma simultanea Dioscórides aporta remedios similares: “Las ranas, hervidas con sal y aceite hasta convertirse en caldo y tomado este caldo, son remedio contra todas las serpientes. Asimismo lo son también contra los abscesos crónicos de los tendones. Quemadas y espolvoreadas reducen las hemorragias y, aplicadas como ungüento mezcladas con pez líquida, curan las calvas. La sangre de las ranas verdes, instiladas unas gotas encima de las cejas depiladas, impide que crezcan. Cocidas con agua y vinagre y empleadas como colutorio, son de provecho también contra los dolores de dientes” (D II 25). Farmacología El uso depilatorio de la sangre de rana de Dioscórides, seguramente se debiera a la creencia de que la ausencia de pelo de las ranas estaba provocada por su sangre, puesto que a priori no encontramos una justificación clara de este uso. Hay que poner de relieve que, una vez más, Dioscórides y Plinio siendo coetáneos, y procedentes de distintas zonas geográficamente, describen un mismo empleo con fines antialopécicos de la rana, lo que nos hace pensar que ambos lo tomaron de autores anteriores. El empleo de la rana para la calvicie se ha mantenido en la terapéutica popular a lo largo de los siglos como recoge por ejemplo Domínguez (2005): “Si el aceite de oliva, preferiblemente del candil y utilizado como loción, es excelente aliado contra la alopecia en la comarca de Las Hurdes, no lo es menos para los pueblos próximos al río Salor el aceite de freír un lagarto. Aunque tratándose de pringar el cuero de la mola hay que apuntar que las fuerzas para que no se desprenda un solo pelo se encuentran en la sangre de camaleón, de la que suele hacerse buen acopio por Campo Arañuelo, y en una pomada que se consigue machacando siete ranas macho y mezclándolas con manteca, a la que también se le achaca una positiva acción favorecedora de la salida del cabello (Trujillo). Farmacológicamente no se encuentra una razón clara que justifique este uso”. Johannes de Cuba recopila el uso del hueso de rana cocido para las odontalgias. Dioscórides también menciona este remedio y a lo largo de la historia otros autores como Abulcasis también se han hecho eco del empleo de la rana para fines odontológicos; el farmacólogo cordobés (936-1013) propone el uso de la rana cocida en aceite de oliva e inyectada en la raíz del diente para facilitar su extracción (Arvide Cambra 2003, p. 106). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Posteriormente Johannes de Cuba recogería esta propiedad en el remedio “I” del Hortus Sanitatis (II 122). La cantidad de remedios ofrecidos por los autores clásicos obtenidos de las ranas (o de algún tipo de rana) es muy extensa, y aunque la mayoría no provienen de partes duras merece la pena hacer un breve análisis de ellos. Por ejemplo, otra de las aplicaciones comunes en ambos textos es el empleo como cicatrizante pues corta las hemorragias. Lo menciona Dioscórides, y Cuba lo recoge del 2º Canon del persa Avicena (S X), posteriormente encontramos menciones a cerca de estas cualidades en Mata (1857, p.74). Este autor, en relación al tratamiento y cura de las úlceras dice que algunos mendigos utilizan un trozo de piel de rana o de bazo con que se cubren la herida para tal efecto. El empleo de la rana en terapéutica se ha mantenido a lo largo de los siglos, algunos tratados lo siguieron recogiendo a pesar de no encontrar una razón farmacológica que lo justifique claramente. Sin embargo, en el S XVIII ya se intuía la presencia de un principio gelatinoso de propiedades refrescantes presente en el cuerpo de la rana, que cocida, era útil para el tratamiento de la constipiación o estreñimiento del vientre, con gran irritación de las vías intestinales (Alibert 1826, pp. 252-254). Así lo citra también Del Amo y Mora (1869, pp. 264, 265) donde dice que el caldo prepardo con ella se considera atemperante, emoliente, laxante en las enfermedades crónicas del pecho y del bajo vientre, en las fiebres lentas y en todos los casos de flogosis. Este mismo autor describe la utilidad terapéutica de lo que denomina sperniola off. Se trata una materia viscosa que envuelve los huevos de la rana que caen al fondo del agua. Es un excelente refrigerante, para oftalmías agudas, quemaduras, sarna, y para quitar los barros del rostro a manera de cosmético. Incorporada con vinagre rosado fue recomendada en las hemorragias. Por expresión se sacaba un agua mucilaginosa que se usaba contra los herpes, añadiéndole nitro y alumbre. Hervida en aceite se la juzgó poderoso emoliente. Destilada se usó su agua como colirio en el tratamiento de las úlceras de la vejiga. Desecada y reducida a polvo era la base de los polvos compuestos de Crolio, muy usados en la epistaxis y menorragia. La rana viva, dice Del Amo, se ha usado como tópico en la mordedura de las serpientes, en los anthrax y aftas malignas. Este autor afirmaba en su tratado que en aquella época se hallaba consignado en farmacopeas modernas el aceite y los emplastos de ranas, simple y compuesto. El agua destilada, las cenizas y las vísceras juntamente con la grasa, sangre, etc., gozaron de bastante predicamento. Johannes de Cuba (HS II 128) hace referencia también al poder terapéutico del veneno de la rana. No entraremos a clasificar los venenos de los distintos tipos de rana pero a grandes rasgos podemos decir que la piel de las ranas venenosas secretan un tipo de sustancias denominado batracotoxina. Son activadores de los canales de Na + que actúan afectando el funcionamiento de las células nerviosas y musculares (esqueléticas, lisas y -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   cardíacas) (Page 1998). Se cree que la presencia de estas sustancias en la piel de las ranas las protege frente a la contaminación por hongos y bacterias sobre todo en climas cálidos. Esta capacidad bactericida ha sido aprovechada en la farmacología naturalista. Las ranas, particularmente, han estado a lo largo de la historia muy relacionadas con el esoterismo y la magia, pero también con la ciencia y con la terapéutica. Han sido animales de prueba de ensayos clínicos, y hasta hace no mucho tiempo compañeras en muchas reboticas. La popular “prueba gestacional de la rana” era el medio existente hasta entrada la década de los 60 para determinar si una mujer estaba embarazada o no. La sencilla prueba consistía en inyectar a una rana hembra, bajo la piel, la orina de la paciente. La orina de una mujer embarazada contiene la hormona b-hcg (gonadotropina coriónica humana) que estimula la ovulación del animal. Si la rana desovaba en 24 horas, el test se consideraba positivo. En la actualidad se están haciendo estudios a cerca de la obtención de sustancias de acción antibiótica a partir algunas especies de ranas (Rivas-Santiago 2006, pp. 62-71). De la Salamandra (Camaleón II 67; Salamandra II 129) Descripción Incluimos a la salamandra en este trabajo por la relación que históricamente se ha establecido entre ella y el amianto. “Isidoro: La salamandra debe su nombre a que tiene poder contra los incendios. Es el más venenoso entre todos los animales de su especie” (HS II 129). “Del libro La naturaleza de las cosas: ...Es un animal cuadrúpedo, con la cabeza parecida a la de un lagarto, o -como dice Aristótelesestá entre la de un cerdo y la de un mono; sobrevive al fuego y apaga los incendios. Presenta también una cierta cantidad de lana de color pálido, la cual sirve para hacer tejidos que no arden. Carece de bazo y, contra lo que es habitual en todos los animales, tiene el hígado en la parte izquierda; también en lo que se refiere a todas las vísceras...” (HS II 129). La descripción que se cita en HS tomada del Libro de la Naturaleza de las cosas de Cantimpré y que éste a su vez atribuye a Aristóteles, también está recogido en el capítulo de HS dedicado al camaleón (HS II 28). De modo que el hecho de atribuirles, en ocasiones, el mismo nombre al camaleón y a la salamandra ha conllevado que a lo largo de los trabajos recopilatorios de estas dos especies, los datos se hayan podido entremezclar. Pese a ello, el poder de la salamandra de resistir al fuego, se ha transmitido a lo largo de los siglos, hasta el punto de que al propio amianto se le ha llegado a llamar lana de salamandra por su poder -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   ignífugo. En la iconografía, la salamandra aparece en múltiples ocasiones vinculada al fuego; tanto en la obra de Dioscórides como en la de Cantimpré la salamandra se muestra envuelta en llamas. La sustancia mucosa segregada por la salamandra como mecanismo de defensa, parece ser capaz de resistir altas temperaturas durante un corto espacio de tiempo (Barbero 1999, p. 87). Cuba, en el tratado dedicado a las piedras, describe las propiedades de la piedra iscultos (HS V 68): “Es una piedra que se puede convertir en hilo, debido a la viscosidad que se ha secado en ella. Si se fabrica con ella un traje, éste no arde; es más, el fuego lo purifica y lo limpia. Se trata de aquello a lo que los germanos llaman salamandra, porque la lana que se consigue allí es igual que la lana de una piedra húmeda”. Remedios “Dioscórides: La salamandra posee virtud astringente y calorífica, por lo cual es bueno mezclarla con las medicinas astringentes, y corta el vello desmesurado de los párpados. Se conserva del siguiente modo: Se le cortan la cabeza y las patas, y el resto se introduce en un recipiente con miel y se utiliza cuando sea necesario” (HS II 129). “Plinio, libro 32: La carne de la tortuga marina, mezclada con carne de rana, es un remedio muy bueno contra el veneno de la salamandra” (HS II 129). Cuba hace referencia a las propiedades que le atribuye Dioscórides a la salamandra, aunque este, realmente, en su obra le confería mayor poder corrosivo del que menciona Cuba. También desmiente Dioscórides, su poder ignífugo: “La salamandra es una especie de lagartija, perezosa y de abigarrados colores, que se cree, sin fundamento, que no se quema. Posee virtud corrosiva, ulcerante y calorífica. Se mezcla en medicamentos corrosivos y aptos para la lepra, como la cantárida, y se almacena de forma parecida. Fundida con aceite, hace caer los cabellos. Se conserva asimismo en miel una vez se le han extraído los intestinos y se le han amputado las patas y la cabeza para la misma aplicación” (D II 55). Farmacología En HS realmente sólo se recogen los remedios ofrecidos por Dioscórides, la mención a Plinio es sólo para citar el remedio contra su veneno (P XXXII 35). En la Historia Natural de Plinio además de esta anotación se hace una extensa descripción de las propiedades de su veneno mortífero, que tiene, además, la peculiaridad de desproveer de pelo cualquier zona que toca (P XXIX 74,75); propiedad que está en consonancia con lo aportado por HS sobre el poder de la salamandra y que también recuerda mucho a las propiedades del otro anfibio anteriormente estudiado, la rana. La relación que establecen los autores entre el poder -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   depilatorio y el poder corrosivo está en consonancia con el empleo de la cal, otra sustancia corrosiva, utilizada como depilatorio y que analizamos en capítulos anteriores. En cuanto al poder ignífugo de la salamandra, también Plinio es conocedor de esta cualidad, de la que dice: “En cuanto a su poder contra los incendios del que hablan los magos – pues según ellos es el único animal que apaga el fuego-, si fuera cierto, ya habría hecho la prueba Roma. Sextio [Sextio Nigro], cuenta que tomada en la comida, si se sirve con miel después de quitarle las entrañas, las patas, y la cabeza, la salamandra enciende el apetito sexual, pero niega que apague el fuego (P XXIX 76)”. Ciertamente, no tenemos datos que confirmen o desmientan este poder ignífugo que ha sido considerado en tantas obras a lo largo de la historia. A la vista de todo lo anterior las características del veneno producido por la salamandra recuerdan en gran medida a la cantaridita (Dioscórides también apunta este dato), tanto por su acción vesicante y ulcerante como por el poder afrodisíaco que menciona Plinio; recordemos que en los formularios hasta el siglo pasado se proponía la cantaridita como afrodisíaco a pesar de su alta toxicidad. La utilidad depilatoria que le atribuían también parece estar relacionada con su veneno. La toxina característica de los anfibios, la batracotoxina, es un activador de los canales de Na + , pero en el caso de la salamandra el tóxico es una tetrodotoxina similar a la del pez globo; el efecto de este tóxico es un bloqueo de los canales de Na + . (Page et al. 1998, p. 525). El veneno de la salamandra tópicamente no es especialmente activo, aunque produce irritación sobre todo en las mucosas; numerosos textos afirman que se ha exagerado el poder tóxico de la salamandra. Los bloqueantes de los canales de Na + son utilizados en la actualidad como anestésicos locales, anticonvulsivantes y antiarrítmicos (Velasco 2001, p. 212). Posiblemente tuvieran esa capacidad depilatoria que mencionan los autores, pero que hoy, por evitar la toxicidad haya caído en desuso. V.2.6.4Clase Sauropsida De la Víbora (Nepa II 103; Tirus II 146; Vipera II 154) y del Áspid (Aspis, Dípsada, Hipnalis, Hemórroo, Préster, Sepe, Sicca, Amodites, Cencro, Elefantías, Chercitra, Camedracontes, Somniferam II 10; Situla II 51; Hipnalis II 76; Préster II 121; Sepe II 133;) -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Descripción “Isidoro: el áspid recibe este nombre porque mata con su mordedura venenosa, pues los griegos al veneno le llaman as. Existen diversas clases y sus grados de nocividad son también diferentes” (HS II 103). “Avicena: Las víboras son serpientes que tienen la cabeza plana y ancha, el cuello diminuto y muy fino; su cola es corta, y al moverse hacen un ruido estrepitoso. Los médicos las capturan al final de la primavera y al comienzo del verano para elaborar con ellas sus trociscos” (HS II 154). Tratamos de forma conjunta en este capítulo la víbora y el áspid por que consideramos que ambos hacen referencia al mismo género de ofidios aunque se pueda tratar de especies distintas. Sus respectivos venenos pueden diferir en su composición pero al no ser el veneno el objeto de este estudio, los podemos englobar en el mismo grupo. Remedios “Dioscórides: La grasa de víbora cura las cataratas, las magulladuras y la niebla de los ojos, si se mezcla con igual peso de cedria, miel ática y aceite vieja. Si se untan con ella las axilas, impide que nazcan los pelos” (II 154). “Plinio, libro 8: Se defiende que no hay remedio alguno contra la hinchazón producida por la mordedura de áspid, excepto si se amputan inmediatamente los miembros alcanzados por el veneno. El mismo autor, libro 9: Los dientes del áspid están inclinados hacia el interior de la boca, para que no se les escape la comida, al carecer de todo tipo de órgano para retenerla; son dos, muy largos, situados en la encía superior, uno en la parte derecha y otro en la izquierda, y tienen un pequeño orificio para expulsar el veneno, como los aguijones de los escorpiones” (HS II 10). “El Fisiólogo: Cuando el áspid muerde a un hombre, lo consume al instante, hasta el punto de que se disuelve por completo en la boca de la serpiente” (HS II 10). “Glosa a Job, 20: El áspid es una serpiente pequeña. Tiene un cuerpo más sinuoso que la víbora. El veneno del áspid mata rápidamente, el de la víbora es de efecto más lento” (HS II 10). En el capítulo 10 de HS, se citan en el apartado de remedios una serie de anotaciones de carácter descriptivo del veneno y del propio animal más que terapéutico. “Del libro La naturaleza de las cosas: La teriaca, elaborada con carne de tyrus mezclada con otras, extingue todo tipo de veneno distinto, pero contra el veneno del propio tyrus no hay remedio que valga” (II 103). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   azufrados en las proporciones: Cistina 0,1g, Cisteína 0,1g, Metionina 0,1g y Carboximetil Cisteína 0,2g. Estos compuestos también se formulan en combinación con otros principios activos que favorecen el fortalecimiento del cabello para aplicaciones tópicas, como es el caso del popular Minoxidilo, un vasodilatador que estimula la irrigación del folículo piloso. Del Hipopótamo (Yppotamus II 161; Equonilus, Equus fluminis IV 32 Ypotamus, Equus fluvialis IV 103). Descripción “Aristóteles: El hipopótamo, es decir, el caballo de río, tiene crines de caballo, es fisípedo, y sus pesuños son como los de la vaca; no tiene rostro, y en las patas tiene kahab. Su cola es como la del cerdo, su relincho como el del caballo, su tamaño como el de un asno. Su piel es muy gruesa, por lo cual sirve para hacer zapatos y correajes. Sus intestinos son como los del caballo y los del asno y, aunque permanezca en tierra, sin embargo no puede vivir sin agua, igual que la tortuga, la rana marina y el cocodrilo” (HS IV 103). “Del libro La naturaleza de las cosas: El hipopótamo nace en tierra, aunque se vale tanto en el agua como en la tierra, y vive en ambos medios. Su cola es sinuosa, sus dientes castañetean, y su espalda y su relincho son parecidos a los del caballo, del cual se ha hablado ya más arriba” (H II 161). “Del libro La naturaleza de las cosas: El hipopótamo es un monstruo que nace en tierra firme pero que puede permanecer tanto en el agua como en la tierra. Es mucho mayor que los elefantes; tiene un pico levantado hacia arriba; sus dientes son encorvados. Durante la noche pace en el campo, a donde va casi caminando hacia atrás, pues prefiere recibir las heridas en las patas antes que en cualquier otra parte del cuerpo. Vive en el Nilo, y se encuentra principalmente en algunas regiones de la India. Con su piel se hacen las lanzas” (HS IV 103). También lo describe en el capítulo IV 32, pero mayoritariamente son repeticiones de lo anteriormente citado. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Remedios “Plinio, libro 11: La piel del hipopótamo es tan gruesa que sirve para hacer lanzas; sin embargo, posee cierta inteligencia médica natural. La ceniza de piel de hipopótamo, mezclada con agua y aplicada como linimento, cura el paño; su grasa cura las fiebres frías. Su piel, colgada de la parte izquierda de la frente, retiene el vientre, y su ceniza repara la calvicie. Una dracma de sus testículos, bebida con agua, protege de las serpientes; ... lo mismo que su estiércol en fumigación; los dientes del lado izquierdo curan el dolor de dientes, si se escarifican con ellos las encías” (HS IV 103). De la misma forma que hace Plinio, Dioscórides también hizo alusión al uso terapéutico de los testículos del hipopótamo: “Los compañones de hipopótamo, secos y majados, se beben con vino contra las mordeduras de las serpientes” (D II 22). Farmacología Los dos autores coinciden en el uso de los testículos del hipopótamo para tratar las picaduras de serpientes, por vía oral. No analizaremos este remedio por no estar incluido entre los objetivos de este estudio. El hipopótamo común (Hippopotamus amphibius) es un gran mamífero artiodáctilo fundamentalmente herbívoro que habita en el África subsahariana. Posee una piel lisa casi sin pelo con excepción de unas cortas cerdas en la cabeza y la cola. La epidermis es uniformemente delgada, y la endodermis varía de unos 5-6 cm en espalda y grupa a menos de 1 cm en cabeza y vientre. Su piel secreta un pigmento natural de color rojizo, que hace que en ocasiones se diga que «suda sangre»; esta secreción es inicialmente incolora, pero en contacto con el aire se oxida pasando a un color rojo anaranjado o incluso marrón. Se han identificado dos pigmentos distintos en las secreciones, uno rojo (ácido hiposudárico) y uno naranja (ácido norhiposudórico). Ambos son compuestos muy ácidos, e inhiben el crecimiento de bacterias causantes de infecciones, esto es importante en estos animales sometidos a erosiones cutáneas causadas por peleas con sus congéneres. Por otra parte, la absorción de la luz de estos pigmentos alcanza el rango ultravioleta consiguiendo un efecto de pantalla solar. Todos los hipopótamos, incluso con diferentes dietas, secretan estos pigmentos, por lo que no parece que esté relacionado con el tipo de alimentación. Estos pigmentos pueden ser sintetizados por los hipopótamos a partir de precursores proteicos, como el aminoácido tirosina. (Saikawaa et al. 2006, pp. 2535-2538). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Se describe el empleo de la piel del hipopótamo quemada en el tratamiento del “paño”. Esta hiperpigmentación oscura que varía el color natural del cuerpo, especialmente del rostro, es frecuente en embarazadas y se agrava con la radiación solar, la única manera de prevenirlo o atenuarlo es con el uso de fotoprotectores. Como hemos comentado la secreción de la piel del hipopótamo tiene este efecto de pantalla solar. En capítulos anteriores hemos analizado las propiedades fotoprotectoras de algunos compuestos minerales, como son las sales cálcicas, hoy englobadas en el grupo de fotoprotectores conocidos como “pantallas físicas”. La combinación de estos filtros físicos (cenizas de la piel del hipopótamo) y del efecto fotoprotector químico de las secreciones de la piel del hipopótamo pueden hacer de este remedio el primer fotoprotector físico-químico del que existan referencias escritas. Este dato puede ser relevante si tenemos en cuenta que la comunidad científica considera que el primer fotoprotector químico, no se formuló hasta 1928. Cuando en Estados Unidos se introdujo la combinación de benzil salicilato y benzil cinamato como fotoprotector frente a UVA, mientras que la protección química frente a UVB tendría que esperar hasta 1979 (Castelo-Branco 2010, p.108). En relación al efecto descrito de la piel del hipopótamo, colgada de la parte izquierda de la frente, no profundizaremos en remedios que son eficaces en un solo lado del cuerpo o que deben ser colgados del cuerpo para ser eficaces, por considerarlos poco científicos. Aunque el empleo del diente del hipopótamo utilizado para fines odontológicos tiene sin duda una explicación en base al aporte de calcio y al efecto rubefaciente ginigival, pero no tiene mayor interés puesto que el efecto “escarificante” del que habla, se puede conseguir con otro tipo de sustancias y no necesariamente con los dientes del lado izquierdo del hipopótamo. En cuanto a los remedios recopilados por Cuba, obtenidos de partes duras o de cenizas, se menciona de nuevo el uso de la piel quemada como antialopécico; como ya -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   hemos visto, el aporte de algunos aminoácidos presentes en la queratina de la piel son utilizados como tratamientos para la calvicie. De la Liebre (Lepus II 83) Descripción “Isidoro: La liebre recibe su nombre porque corre velozmente: es como si se dijera levipes ('pie ligero'). Es un animal veloz y muy asustadizo” (HS II 83). “Autor: La liebre es un animal muy tierno, débil, asustadizo y huidizo; tiene largas orejas, y las patas traseras más largas, lo cual le favorece para subir cuesta arriba, pero le dificulta para bajar cuesta abajo” (HS II 83). Remedios “Isaac: Aunque la liebre sea de naturaleza seca y genere una sangre densa, sin embargo es mejor que los chivos y las cabras jóvenes. Por lo tanto, es buena para los que quieren tener una complexión seca. Sin embargo, es nociva para aquellos que mantienen una dieta delicada” (HS II 83). “Avicena: La liebre silvestre es fría y seca; reconforta el estómago. Su sangre limpia el paño, y la ceniza de su cabeza cura la alopecia. Su cerebro, asado, cura el temblor que aparece a continuación de una enfermedad. Con este mismo cerebro se limpian las encías de los niños, ya que, gracias a sus propiedades, los dientes salen rápida y fácilmente y sin dolor. Su cuajo es el mejor de todos los de su especie. Bebido con vinagre es bueno para la epilepsia. Así mismo, con una teriaca y vinagre es bueno para los venenos. La carne de liebre es cálida y seca; asada es buena para las vísceras y los intestinos. En el caldo de su carne se sientan los gotosos y quienes padecen dolores en las articulaciones. Sus aplicaciones son semejantes a las del caldo de carne de zorro. Si se come el cerebelo de liebre, elimina el temblor del cuerpo. Su cabeza, asada con grasa de oso, y aplicado como cataplasma, cura la alopecia. Su cuajo, bebido, impide la menstruación. Su cuajo, con vinagre, disuelve la leche que se ha cuajado en los pechos de las mujeres” (HS II 83). Cuba cita a Avicena, y a continuación enumera una larga lista de remedios dando a entender que son propios de Avicena; sin embargo, la mayoría de ellos fueron anteriormente mencionados por Dioscórides: “El cerebro de la liebre terrestre, asado y comido, beneficia contra los temblores producidos por enfermedades. Si se frota con él las encías y se come, en el caso de los niños, beneficia su dentición. Su cabeza, quemada y aplicada en forma de -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   ungüento, mezclada con grasa de oso o con vinagre, cura las calvas. Se informa que el cuajo de la liebre, bebido tres días después del parto, hace estéril a la que lo bebe. Retiene también el flujo de la matriz y del vientre. Es beneficioso también para los epilépticos, y, bebido con vinagre, contra venenos mortíferos y, sobre todo, contra la coagulación de la leche y mordeduras de víboras. La sangre de la liebre, caliente, aplicada como unción, cura las efélides, albarazos y pecas” (D II 19). El empleo antialopécico que recoge Cuba será de nuevo citado en el capítulo de la liebre marina, sin duda por error, como constata el hecho de que Dioscórides, del que han sido tomados estos remedios, dice precisamente lo contrario en el capítulo de la liebre marina (D II 18): “La liebre marina... Majada y aplicada en cataplasma... hace caer los cabellos”. Farmacología El remedio que más nos interesa, por provenir de una parte dura del animal, concretamente del cráneo, es el empleo antialopécico que de él hace. También es relevante el método de preparación de éste. El componente orgánico mayoritario del hueso es el colágeno. El colágeno es una proteína fibrosa segregada por las células del tejido conjuntivo. Se origina a partir de un precursor proteico (monómero) llamado tropocolágeno. El tropocolágeno está formado por tres cadenas polipeptídicas llamadas cadenas alfa. Cada cadena Į está constituida por un polipéptido, formado por una repetición en tándem de tres aminoácidos. Los aminoácidos más abundantes en las cadenas Į son la prolina o hidroxiprolina y la glicina, que son fundamentales en la formación de la superhélice. La hidroxiprolina constituye alrededor de un 10 a 12 % de todos los residuos aminoacídicos del colágeno. El tipo de colágeno variará en función de dicho porcentaje. La forma química más abundante de la hidroxiprolina que forma parte del colágeno es la 4-trans-OH-L-prolina. Las cadenas de tropocolágeno establecen unas fuertes uniones entre sí que tras un largo proceso bioquímico darán lugar a una estructura resistente que es el colágeno. Las fibrillas de colágeno se ordenan y estructuran en función del tejido que vayan a formar, bien sea la piel, los tendones, el hueso, la dentina, el cartílago, la córnea, etc. En la actualidad son muy frecuentes los tratamientos cosméticos a base de colágeno y colágeno hidrolizado, fundamentalmente en aplicaciones faciales pero también son ampliamente utilizados para uso capilar; en general revitalizan el cabello dañado por agentes físicos y otros tratamientos capilares. Ayuda a restaurar y proteger el cabello castigado poroso y las puntas abiertas. Se añade a productos con fines acondicionadores que mejoran el brillo y la textura del cabello. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   El hecho de cocer el cráneo con grasa, y sobre todo, como en el caso de Dioscórides, con vinagre, responde al igual que ocurría con el vino cuando tratamos los remedios de las pieles de las serpientes, a la necesidad de acidificar el medio para la obtención tanto del colágeno como de la gelatina, proteína esta última también útil en tratamientos capilares. Aunque desconocemos el motivo, el hecho de que la grasa utilizada sea concretamente de oso, no parece una condición baladí, puesto que en otros textos antiguos se describen remedios para la calvicie en los que la grasa de oso entra a formar parte. Se dice que Cleopatra preparó un ungüento a base de grasa de oso y de gacela para tratar la calvicie de Julio Cesar (Pijoan 2005). De la comadreja (Mustela II 93) Descripción “Del libro La naturaleza de las cosas: La comadreja es un animalito astuto; cría a sus cachorros con gran esmero, y los cambia de un lugar a otro muy a menudo, para evitar que alguien los encuentre por casualidad. Vive en rocas y cuevas; duerme durante mucho tiempo. Cuando quiere enfrentarse a una serpiente, se protege con ruda silvestre: por ello, se dice que la ruda está por encima de todo el saber de los médicos, hasta tal punto que si encuentra a sus cachorros muertos, los resucita gracias a esta hierba que ha conocido de forma natural” (HS II 93). Remedios “Plinio, libro 30: La ceniza de comadreja, con cera, cura los dolores de hombros. La sangre de comadreja, con llantén, es buena para los enfermos de gota. Además, la ceniza de comadreja, bebida con agua, es buena para los que padecen frenesí, y también cura la lepra” (HS II 93). “Avicena, en el segundo Canon...El olor de la ruda ahuyenta a la comadreja” (HS II 93). “Esculapio: La ceniza y la sangre de comadreja curan la lepra” (HS II 93). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Farmacología El género Mustela es un género de mamíferos carnívoros de la familia Mustelidae, subfamilia Mustelinae. Pertenecen a este género el armiño, hurón, visón y la comadreja. El término comadreja puede referirse al menor miembro del género (Mustela nivalis), que se conoce simplemente como comadreja, comadreja común o comadreja menor. El género posee 16 especies existentes hoy día y 10 de ellas poseen la palabra comadreja en su nombre común. En relación a los remedios ofrecidos, hemos de decir que el remedio antigotoso descrito por Plinio, también quedó recogido en la obra de Dioscórides, además de otra serie de aplicaciones terapéuticas: “La comadreja casera, chamuscada, desecada con sal, una vez sin entrañas, y secada a la sombra, bebida con vino en una cantidad de 2 dracmas, es el remedio más eficaz contra toda especie de serpiente, e igualmente lo es tomada como antídoto del veneno de flechas. Su vientre relleno de cilantro, desecado y bebido sirve de ayuda a los mordidos por serpientes y a los epilépticos. Quemada entera en una olla, aplicada su ceniza mezclada con vinagre como ungüento, beneficia a los afectados de podagra. Su sangre empleada a modo de unción presta ayuda en escrófulas y aprovecha a los epilépticos” (D II 24). El empleo de la comadreja para tratar dolencias como la gota, se ha mantenido en los textos a lo largo del tiempo, vemos que Fray Bernardino de Sahagún (1830, p. 161) también lo citaba: “...y si a alguno le toca en los ojos, le ciega [la orina], y si le comen los que tienen bubas [tumor blando, purulento de la región inguinal como consecuencia del mal venéreo, y que también aparece a veces en las axilas y en el cuello], sanan y la carne si la comen los gotosos, también sanan”. Por otro lado el frenesí al que hace referencia Plinio, seguramente se podría interpretar como un brote epiléptico, como cita Dioscórides. De manera que los autores coinciden más o menos en las aplicaciones aunque no en las partes empleadas. Otra contradicción que se observa en los usos de la comadreja es, según Cuba, que mientras en el libro La naturaleza de las cosas se dice que la comadreja se sirve de la ruda (Ruta graveolens) para espantar las serpientes, Avicena dice que el olor de la ruda ahuyenta a la comadreja. La ruda ha sido empleada desde la antigüedad para espantar ofidios y roedores. Hoy, la comadreja o sus subproductos no tienen interés farmacológico. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Del Castor (Castor II 31; Fiber II 62) Descripción “...No puede mantenerse ni subsistir durante mucho tiempo si no tiene la cola en el agua; ésta es muy parecida a la de los peces, al igual que su sabor y su aspecto. Por ello, los cristianos lo comen durante los días de ayuno, pues una parte de su cola es comestible, y el resto es carne... Sin embargo, sus patas posteriores son semejantes a las del ganso, y las anteriores como las del perro; la naturaleza se las proporcionó para que en el agua nadara con las posteriores como un ave y en la tierra se moviera con las anteriores igual que un cuadrúpedo” (HS II 31). “El Fisiólogo: Cuando un cazador persigue a un castor, éste se amputa sus testículos y los arroja ante sus ojos, con lo cual el cazador, habiendo obtenido lo que buscaba, deja de perseguirlo. Si más tarde lo persigue otro cazador, se levanta sobre sus patas traseras para que vea que ya no tiene sus miembros viriles, y así se salva. Es un animal muy manso” (HS II 31). La fábula narrada en HS y atribuida al Fisiólogo, habría sido ya citada siglos antes por otros autores como Dioscórides (D II 23), quien la desmiente. También Plinio la recoge (XXXII 26): “Sextio, muy experto en medicina, dice que no es cierto que se los amputen ellos mismos al ser capturados”. Es una leyenda que se arrastra desde de las fábulas de Esopo, en la que el castor era buscado por la utilidad de sus genitales en terapéutica. También en el Bestiario de Juan de Austria (ca. 1570) se añade que si el animal se volvía a sentir perseguido, tras haberlos perdido, se tendía boca arriba para mostrar a los cazadores que carecía de los testículos y así estos hombres abandonarían su persecución (también lo describe HS) (Van den Abeele 2005). A pesar del escepticismo que generaba esta fábula, se mantuvo viva a lo largo de los siglos; en el Quijote se dice [...] que había imitado al castor, el cual, viéndose acosado de los cazadores, se taraza y harpa con los dientes aquello por lo que él por distinto natural sabe que es perseguido [...] Remedios “Dioscórides: El castóreo son los testículos de un animal que recibe el nombre de castor, y que vive a veces en el agua a veces en tierra firme. El mejor es el póntico, si contiene cera en su interior y está recubierto con pergamino natural. Algunos, por su parte, introducen los testículos alterados en bolsas con una gota de armoníaco [sic.] y una irrigación de sangre de castor. Hay que escoger aquellos que están unidos, que proceden de una -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   misma raíz, que están enteros, que son fáciles de cortar y cuya membrana se separa al tirar de ella. El castóreo tiene poder calorífico, secativo y calmante. Por ello, resulta de gran utilidad a quienes sufren fuertes espasmos o temblores nerviosos. Sin embargo, a quienes padecen estos sufrimientos por causa de inanidad o sequedad, les hace daño. También cura las enfermedades del pulmón, así como el humor húmedo del cerebro frío, mezclado con poleo. Bebido con vino elimina las inflamaciones. Calma las torsiones, impide el efecto dañino de las bebidas venenosas, y sirve de gran ayuda a los enfermos de litargia. Cura el temblor, las contracciones y todas las enfermedades nerviosas, frotándolo con una unción del mismo. Tiene virtudes caloríficas y reconfortantes. Mezclado con sustancias emolientes y lenitivos es bueno para los paralíticos, los ciáticos y aquellos que padecen enfermedades semejantes” (HS II 31). “Avicena: El castóreo cura la amnesia y la letargia, mezclado con vinagre y aceite de rosas, y disuelto en aceite de nardos cura la sordera fría y la ventosidad en el oído. Si se inspira a través de la nariz una fumigación de castóreo, cura los apostemas de pulmón y sus enfermedades. Para quitar el hipo se bebe mezclado con aceite, y produce sed. Elimina el dolor punzante de vientre si se bebe con vinagre; elimina los gases; provoca la menstruación; expulsa las secundinas y el feto. Cura las mordeduras de los pequeños ponzoñosos, y cuando tiende a un color negruzco, es veneno, que a veces mata en un solo día. La hiel de castor es útil para muchas cosas, y su cuajo calma la epilepsia” (HS II 31). “Plateario: Los testículos del castor, amputados, se ponen a secar colgados en un lugar umbroso, para reservarlos para su uso en medicina; reciben el nombre de castóreo. El castóreo es de por sí bueno, es decir, no es un remedio sofisticado; tiene un sabor medianamente agudo. Es pegajoso, y tiene un sabor muy horrible. Suelta los nervios enredados y adheridos a la piel; se puede conservar, manteniendo gran eficacia, durante seis años. No obstante, es mejor cuanto más reciente. Se utiliza en medicina tras haber raspado la parte exterior de la piel. Posee virtud disolutiva, atractiva y, sobre todo, la de confortar las partes nerviosas. Contra la epilepsia y otras dolencias frías de la cabeza, se administra castóreo con jarabe de ruda, bebido, o con agua de su cocción. Contra la parálisis de la lengua se coloca polvo de castóreo debajo de la lengua, hasta que se disuelva y se consuma por sí mismo. Contra la parálisis de todo el cuerpo se administra licor de su cocción, de ruda y de salvia. Contra la letargia se provoca el estornudo con castóreo: excita el cerebro y lo reconforta” (HS II 31). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Farmacología El castor es el animal del que más remedios terapéuticos se ofrecen en HS, de ahí que se haya considerado interesante incluirlo en este estudio. La cantidad de referencias al castor en los tratados farmacológicos a lo largo de los siglos es enorme, y en general, los remedios provienen de una única parte de este animal. Al igual que en el hipopótamo, Dioscórides, solo hace referencia a los testículos del animal como parte medicinal. En el HS ocurre lo mismo con el castor; sólo parecen resultar interesantes lo que los autores creían ser los testículos para el tratamiento de enfermedades. Aun así, la cantidad de tratamientos para un mismo órgano es muy extensa, y por eso se ha incluido en este estudio. El castor es un roedor semiacuático nativo de América del Norte y Eurasia que se caracteriza por sus amplias y escamosas colas. El castóreo que mencionan los autores, realmente no proviene de los genitales, sino de ciertas glándulas que también poseen las hembras. Dichas glándulas odoríferas tienen aspecto oblongo o piriforme, de 1,8 cm por 4 cm, son pardo-oscuras, arrugadas, y están unidas a veces por un extremo. Se situan en el abdomen y secretan una sustancia de fortísimo olor almizclado que utilizan, los castores, para marcar su territorio. Es untuosa, de color castaño, aspecto resinoso y olor fuerte y desagradable, soluble en alcohol y en éter (Santos Ascarza et al. 1975, p. 406). Los autores recopilados en HS coinciden en la aplicación del castóreo para afecciones nerviosas, neuralgias, espasmos, epilepsia, letargia, parálisis y ciática. También es común el uso en trastornos digestivos, flatulencias, retortijones e hipos. Así como de antídoto para venenos leves. Podía ser utilizado tanto al interior como tópicamente. El empleo terapéutico del castóreo se mantuvo a lo largo de los siglos; Abulcasis en el siglo X (Arvide Cambra 2003, p. 102) también propone el empleo del castóreo para fines odontológicos, mediante toques con un algodón impregnado de aceite de jazmín, opio, euforbio y castóreo; curiosamente este remedio era empleado para dolores provocados en la raíz del diente, su uso como analgésico también queda recogido por Johannes de Cuba en el S XV y en electuarios posteriores. En 1617, es decir casi 1600 años después de que Dioscórides lo adelantara, el médico Juan Luna de Vega publica la curación de la enfermedad de letargo con la administración de castóreo (Hernández Morejón 1846, pp. 260-263). El efecto espasmolítico también lo recoge Máximo Antonio Blasco a principios del siglo XIX para su uso “en las afecciones espasmódicas y convulsivas, especialmente en el histerismo convulsivo, cólico espasmódico y epilepsia: se alaba también en los tifos. La dosis es de medio escrúpulo hasta uno de cada vez” (Blasco y Jorro 1809). En Del Amo y Mora (1869, pp. 236-237) se menciona que “todos los prácticos concuerdan las virtudes medicinales del castóreo; lo consideran como calmante -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   antidiarreico y para combatir la fermentación amoniacal de la orina en la cistitis, en la diarrea de los niños, contra los sudores y manifestaciones caquéticas de los tuberculosos, etc. Por lo general en pociones o en jarabe al 2%, a la dosis de 0,25 g, repetida 3 ó 4 veces al día. - Fosfato cálcico tribásico Ca 3 (PO 4 ) 2 Acción terapéutica y posología: Antiácido y hemostático, empleado al interior en la tuberculosis, estados cloroanémicos, bronquitis, hematuria, y en especial, como recalcificante en el raquitismo, osteomalacia, caries, fracturas óseas. A la dosis de 0,25 g 4 ó 5 veces al día. Al exterior, para inyecciones parenquimatosas en la artritis fungosa”. El vasto número de aplicaciones de algunos componentes del marfil, pudiera ser una explicación razonable de por qué las limaduras de marfil se encuentran incluidas como remedio farmacológico en prácticamente todos los lapidarios y bestiarios conocidos. Del Cerdo (Porcus II, 120) Descripción “Del libro La naturaleza de las cosas: El cerdo es un animal cruel e inmundo, y disfruta permaneciendo en lugares llenos de suciedad” (HS II 120). “Autor: El cerdo no rumia, por cual sólo a veces se considera, según la ley, como un animal puro. Se mueve indiferentemente por lugares limpios o sucios; le gusta revolcarse en el barro, que escarba con su hocico; su gruñido es horroroso, y si se hiere a uno, gruñen todos los demás y, como si quisieran compartir su dolor, acuden junto a él; pero pronto se olvidan de su llanto y vuelven a revolcarse en el barro o a comer. Sin embargo, se dice que, en su interior, ningún cuerpo de un animal se parece tanto al cuerpo humano como el de un cerdo, tanto por la disposición de los miembros como por el número de los mismos. Por ello, los médicos y otros científicos que examinan las vísceras del cuerpo humano, examinan también el interior de los cerdos, como si se tratase de una copia” (HS II 120). Remedios “Avicena: La sangre de cerdo y la humana son parecidas en todo, al igual que su carne, hasta el punto de que hubo quien llegó a vender carne de hombre como si fuese de cerdo, y pasó desapercibido hasta que entre la carne aparecieron los dedos de un hombre. Sin embargo, la sangre de cerdo es más débil que la sangre humana. La hiel de cerdo es más débil que la del resto de los animales, aunque sirve para disolver el mal quimo. El unto de cerdo es bueno para los tumores y para las quemaduras. El excremento de cerdo, -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   mezclado con agua y con vino, resulta útil para los esputos de sangre y los dolores de espalda. Igualmente, su excremento seco, bebido con vinagre, es bueno para la debilidad de los brazos. El hueso de la canilla del cerdo, si se quema y se cepillan con él los dientes, les da firmeza. La orina de los cerdos es buena para las manchas blancas de los ojos, pero, sobre todo, rompe los cálculos, etc” (HS II 120). El empleo de la canilla del cerdo fue anteriormente descrito por Dioscórides: “El astrágalo de cerdo, quemado hasta que de negro pase a blanco, majado y bebido, mejora las flatulencias de colon y los retortijones de tripas” (D II 51). Farmacología En la actualidad, el cerdo sigue siendo una especie que sirve de referencia en la terapéutica humana por su similitud fisiológica y anatómica con el hombre, como ya pusieron de manifiesto los textos antiguos. Igual que antaño, el cerdo, ha sido una especie fundamental en el desarrollo de la terapéutica humana, tanto por servir de fuente de moléculas y tejidos útiles para el hombre, como por ser diana de numerosos tipos de ensayos clínicos. En los formularios del siglo pasado se recogen multitud de remedios opoterápicos a base de órganos provenientes del cerdo, así en el Formulario de Bouchardat (1912) se propone: “-Opoterapia hepática.- Indicaciones.- cirrosis (sobre todo al principio en las hemorragias) diabetes por anhepatía, hemorragias. Usar hígado fresco de cerdo picado en caldo tibio (100 a 200 g). -Opoterapia intestinal.- Indicaciones.- Trastornos digestivos de origen duodenal, estreñimiento, diarreas crónicas, enterocolitis mucomembranosa. Posología. Eukinasa, extraída de la mucosa intestinal del cerdo. En capsulas gelatinosas, 5 capsulas después de cada comida durante cuatro o cinco días, después tres capsulas. Pacreatokinasa. Tres partes de pancreatina y una de eukinasa, dos a cinco capsulas de 20 cg después de cada comida. Estos enzimas pancreáticos se siguen utilizando en especialidades farmacéuticas para favorecer las digestiones y las dispepsias. -Opoterapia renal.- Riñón de cerdo. –Indicaciones.- Nefritis aguda con predominio epitelial, nefritis crónica. Albuminurias simples, nefritis hidropigenicas. Sobre todo diurética, con buen resultado. Contraindicación.- Nefritis uremigenas. La sustancia renal es muy tóxica. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Posología.- Nefrina o extracto glicerinado de riñón. Teissier hace uso de un extracto que en 1 cc encierra todos los principios solubles contenidos en 25 cg de riñón. Inyección hipodérmica mañana y tarde 2 cc. -Pulpa de riñón crudo.- Dos o tres riñones de cerdo se descapsulan se lavan y se trituran después en 450 g de agua salada al 7 por 1000 déjese macerar cuatro horas, luego decántese. Administrar todo ello en tres o cuatro veces durante el día en un poco de leche o de caldo. Continuar así diariamente hasta diez días para suspender luego el tratamiento cuatro o cinco días por lo menos”. Otra de las grandes utilidades terapéuticas del cerdo es su empleo en trasplantes de órganos a humanos, pero este tipo de xenotrasplantes (trasplante de una especie para otra) tiene que salvar dos procesos fundamentales: la producción de cerdos transgénicos, que tengan una carga genética alterada por medio de la introducción de genes de otra especie animal, o del propio hombre y su posterior clonado. Se selecciona un cierto gen humano que se quiere copiar, y se introduce en el núcleo de un óvulo fecundado de cerdo. Así, el cerdo generado a partir de este óvulo alterado genéticamente, nacerá con un gen humano que producirá sustancias compatibles con el hombre. Los primeros cerdos transgénicos se produjeron en la década pasada. La próxima fase, después de la producción de cerdos transgénicos, es la técnica de clonar, que consiste en realizar copias idénticas de un mismo individuo. De esa manera, podremos tener innumerables cerdos transgénicos, permitiendo la producción en gran cantidad de una cierta sustancia, remedios o incluso de órganos. El uso de xenotrasplantes del cerdo para el hombre empezó en los últimos diez años cuando se realizaron estudios con éxitos esperanzadores. Los mejores ejemplos de esta evolución en la medicina humana con el uso de órganos procedentes del cerdo son: la piel, las válvulas cardiacas, el páncreas para la obtención isletas de Langherans para los injertos en personas diabéticas, células nerviosas, hígado, células cerebrales en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas como el parkinson o la epilepsia, porciones del intestino del cerdo en regeneración de tejidos humanos, etc. Además, esta similitud fisiológica entre el cerdo y el hombre ha propiciado la obtención de algunos remedios terapéuticos como son: Insulinas, ACTH (hormona adrenocorticotropa) que es una hormona usada en la medicina humana para el tratamiento de artritis y enfermedades inflamatorias, hormonas tiroideas, heparina, hemoglobina, surfactante, etc. (Luciano Roppa 2008). En ambos textos se menciona la propiedad digestiva de alguna parte del cerdo; en el caso de Dioscórides el astrágalo y en el caso del HS, tomado de Avicena, es la hiel (bilis). En éste último texto también se mencionan remedios con partes óseas del cerdo para la higiene dental. Ambos tratados resaltan el uso de la bilis o hiel del cerdo (también de otros animales) aunque con diferentes fines. La bilis es una sustancia líquida, alcalina, verde producida por el -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   hígado de muchos vertebrados. Interviene en los procesos de digestión funcionando como emulsionante de los ácidos grasos, son en definitiva detergentes. Las sales biliares son además bactericidas, y eliminan los microbios que entran con la comida, tienen también cierta acción detoxificante, en especial para el alcohol en exceso y para algún otro tipo de sustancia externa como fármacos (Ingraham 1998, p. 552). Ésta capacidad bactericida será, seguramente, la que los terapeutas antiguos utilizaban para las curas de heridas, úlceras o llagas. La bilis tiene un pH básico, con lo que neutraliza los excesos de acidez del estómago y el de sustancias ácidas como el quimo al que se hace referencia en “Hortus sanitatis”. El empleo de partes duras se centra en el uso del astrágalo del cerdo propuesto en HS como un buen dentífrico una vez quemado. Dioscórides por su parte menciona el poder digestivo de este mismo hueso. El componente mayoritario del hueso es fosfato cálcico. Esta sal ha sido empleada, como vimos en el capítulo dedicado al elefante, para la formulación tanto de pastas dentífricas como de preparados estomacales por su poder antiácido. Pero sin duda, lo más relevante del cerdo para continuar siendo tenido en consideración en los ámbitos científicos, es la semejanza que establecen los autores entre la anatomía del cerdo y del hombre. Del Ciervo (Cervus II 34) Descripción “Aristóteles: El ciervo es un animal inteligente, del cual se cree que es el más discreto de los animales cuadrúpedos” (HS II 34). “Del libro La naturaleza de las cosas: El ciervo es un animal de una velocidad digna de admiración, con una frente coronada por unos cuernos que parecen ramas. Estos nacen a los dos años, y desde entonces hasta los seis años los gajos crecen a uno por año; luego ya no le crecen más, sino que aumentan los que tiene” (HS II 34). Remedios “El Fisiólogo: Si se recogen las lágrimas de los ciervos y los huesos que aparecen en su corazón, son buenos para que los beban quienes sufren con los latidos del corazón” (HS II 34). “Plateario: En el corazón del ciervo se encuentra un hueso, en su parte izquierda, en la que existe una concavidad con la que se comunica el bazo y por donde éste derrama su sobreabundancia, la cual se convierte allí en una sustancia ósea debido a la sequedad que -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   encuentra. Toma su color rojo de la sangre del corazón. Posee la virtud de eliminar el humor melancólico. Se administra contra las cardiopatías, contra el síncope y contra las hemorroides” (HS II 34). “Esculapio: Si uno se envuelve en la piel de un ciervo, pierde el miedo a las serpientes. Así mismo, la médula de ciervo calma los dolores” (HS II 34). “Haly: El cuajo de ciervo es bueno contra la ingestión de cicuta y de hongos. La orina de ciervo alivia el dolor de bazo, y es buena para los gases del estómago y de los intestinos. Si se instila en los oídos, cura sus llagas” (HS II 34). “Avicena, en el 4º Canon: Las extremidades de la cola del ciervo son un veneno, y a quienes la beben les produce una profunda angustia, el síncope y la muerte. El remedio para ello es provocar el vómito con mantequilla y eneldo, y después debe administrarse un jarabe de avellanas y festuca preparados conjuntamente” (HS II 34). “Plinio, libro 28: El pulmón de ciervo, junto con el esófago, puesto a secar al humo y luego triturado con miel, sana la tos. El cuajo de ciervo con vinagre detiene la hemorragia de sangre. Sin embargo, el cuajo de mulo recién nacido es preferido a la mayor parte de los remedios. Plinio dice que el olor de cuerno de ciervo quemado elimina la enfermedad comicial o epilepsia. La ceniza de su cuerno, untada con vinagre o aceite de rosas, calma los dolores de cabeza. Esta misma ceniza reafirma los dientes que se mueven, frotándolos o lavándolos con ella. También calma los dolores de dientes. Esto mismo se consigue con la harina de cuerno crudo. Su ceniza cura el reumatismo y las secreciones de sangre. Si se bebe expulsa las variedades de tiña, es decir, los gusanos. Es bueno para la ictericia si se bebe con vino” (HS II 34). “Solino: El cuerno derecho del ciervo es el más eficaz como remedio” (HS II 34). “Autor: Puesto que -tal como se ha dichoel cuerno derecho del ciervo es el más eficaz como remedio, por eso dice Plinio que el ciervo, mirando con malos ojos, esconde a la mirada del hombre su cuerno derecho, este bien que porta con él, para que no pueda encontrarlo. Esto mismo dice también el libro La naturaleza de las cosas. Sin embargo, Aristóteles dice que el ciervo esconde el cuerno izquierdo, como si en él se encontrase algún remedio” (HS II 34). Cuba recoge numerosos remedios y autores que mencionan al ciervo como fuente de panaceas sanadoras. Además de estos, Dioscórides también hizo un exhaustivo estudio de los tratamientos procedentes del ciervo, y recopila un capítulo dedicado a la verga de ciervo (D II 39), el cuerno de ciervo (D II 52), el cuajo (D II 67), la grasa (D II 68), la médula (D II 69) o la sangre (D II 71). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Farmacología Las referencias al hueso del corazón del ciervo en la terapéutica antigua son innumerables. En el Diccionario teórico, práctico, histórico y geográfico de comercio (Boy 1839, p. 754) al tratar el ciervo se menciona dicho hueso del que se dice que es tal o un cartílago huesoso, que es preciso escogerlo medianamente grueso y muy blanco. En el corazón del buey se encuentra un hueso semejante y de igual virtud cardiaca. Para no ser engañados, dice, se pueden distinguir por su figura y magnitud, siendo el de buey más grande y el de ciervo más triangular. El maltrecho Pármeno, enumerando los útiles empleados por la Celestina para sus fines hechiceros también menciona el hueso del corazón del ciervo, en la obra de Fernando de Rojas (1499). Este elemento quedaba recogido en todos los manuales de magia, así como en los inventarios de procesos inquisitoriales de la época. El hueso de corazón de ciervo es un ingrediente frecuente en la farmacología medieval; corresponde a la parte arterial del corazón de este animal que se endurece cuando es viejo (Sánchez 1992, p. 85). A pesar de ser un remedio tan popular, no encontramos una explicación clara que justifique su empleo como cardiotónico. Posiblemente, como en el caso de otros elementos de procedencia curiosa como la piedra de la cabeza del águila, la piedra bezoar o la piedra del gallo, su obtención contribuya a rodearla de un aura mágica. En el HS y también en Dioscórides, el ciervo tiene en ocasiones usos mágicomedicinales contra las serpientes, como también se recoge en otros tratados antiguos como el “Picatrix” traducido en 1256 del árabe por Alfonso X (Bakhouche et al. 2003). En los antiguos bestiarios se da una interpretación cristológica, de este animal pues se reconoce en el ciervo a Cristo, que con su cuerno vence simbólicamente a cualquier forma de mal. Hasta el siglo XIX se creía que las astas de ciervo eran de madera, por lo que la cuerna de estos animales representaba la Cruz. En Galicia y León, en el medio rural, todavía se utiliza el cuerno de ciervo para alejar el mal de ojo (Mariño Ferro 1996, pp. 93-96). Este simbolismo lo hemos referenciado también al tratar el coral, al que también asemejaban con la Cruz de Cristo. Además de ahuyentar ancestralmente en sahumerio a los animales ponzoñosos, lo cual no deja de tener su lógica, como ocurría con el pelo y las pezuñas del elefante. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Pórtico de la iglesia de St. Hubert en Amboise, Francia. La Cruz aparece representada entre las astas de un ciervo. De hecho, desde el punto de vista terapéutico, será la cuerna del ciervo la que aparezca en más referencias bibliográficas. En los lapidarios orféicos se diferencia bien entre la piedra cuerna de ciervo y la cornamenta de los ciervos actuales (Liñán 2005b, pp. 133142). Esta piedra fósil es pronto sustituida por la cuerna de ciervo en la farmacopea, probablemente ante la falta de material fósil, y a la que se le asignan también otras propiedades medicinales. El empleo terapéutico de la cornamenta de ciervo, es muy semejante tanto en la farmacopea simple de Dioscórides como en la de los preparados de la medicina árabe, donde la encontramos en diferentes fórmulas magistrales en obras como la de Johannitius de Bagdag (s IX), del médico tunecino Ibn al-Yazar (s X) y del médico cordobés Abulcasis (s XXI). Este último lo incluye en diversos preparados con fines estomatológicos en combinación con alción, alumbre o sal (Arvide Cambra 2003, pp. 104-105). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Es probablemente uno de los remedios más ampliamente usados de toda la antigüedad hasta el siglo XIX. Habiendo sido profusamente utilizados hasta el s. XVIII los medicamentos preparados con cuerno de ciervo, como el Espíritu de cuerno de ciervo, que se tenía por sudorífico, alexifármaco y diurético y se empleaba para el tratamiento de la perlesía, apoplejía, calenturas malignas y viruelas; y el Espíritu de cuerno de ciervo succinado, que se administraba a los niños que padecían alferecía (Francés Causapé 2009, p. 15). El Diccionario teórico, práctico, histórico y geográfico de comercio (1839), contempla el empleo de la cuerna de ciervo: “Las astas de ciervo se rascan para componer tisanas astringentes y gelatinas; estas raspaduras son las que los droguistas llaman raspaduras de asta de ciervo”. En resumen, la cuerna rallada de ciervo se ha utilizado desde la antigüedad como astringente en la preparación de fórmulas magistrales y como remedio simple. En los libros más actuales, como el formulario de Bouchardat (1910), se menciona el “Manjar Blanco” como gelidificante donde uno sus componentes es la cuerna de ciervo. Por otra parte, tanto Dioscórides como los autores citados por Cuba proponen el uso del cuajo de ciervo como sustancia terapéutica en múltiples aplicaciones. El cuajo, está compuesto por las enzimas quimosina y pepsina que son enzimas proteolíticas. Los autores utilizan el cuajo como coagulante, y para paliar las intoxicaciones por cicuta o acónito. Si bien muchos tóxicos están constituidos por péptidos, no es el caso del alcaloide aconitina ni de la cicuta, aunque el uso del cuajo de distintos animales por su poder alexifármaco es habitual en los antiguos bestiarios (valgan como ejemplo los capítulos del “Hortus sanitatis” referidos al Cordero, Cabrito, Cervatillo, Gacela o Búfalo). También proponen la sangre y la verga del ciervo como antitóxico, pero no se encuentra ninguna razón farmacológica que explique estas indicaciones. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   V.3Resumen y conclusiones Se estudian 41 animales del Hortus sanitatis, de ellos: uno del filo Echinodermata, 6 del filo Mollusca, uno del filo Cnidaria, uno del filo Porifera, 11 del filo Arthropoda y 21 del filo Chordata. Identificándose al menos 15 sustancias farmacológicamente activas (además de los venenos y algunas partes blandas de algunas especies, en los que no se ha profundizado). A continuación, haremos un recorrido por todas las aplicaciones terapéuticas correspondientes a las sustancias que han sido identificadas en los apartados anteriores, obtenidas, en su mayoría, de partes duras de animales y que serán agrupadas por compuestos químicos. Para finalmente proponer una explicación científica a su empleo empírico, de la que se carecía hasta la elaboración de este trabajo. Veremos que se mantienen muchas de las aplicaciones de los productos obtenidos a partir de los animales, incluso algunos procesos de extracción de los principios activos, como la obtención del bromo y el yodo de los Murícidos en presencia de sal, la obtención de la gelatina por cocción en medio ácido de piel y huesos, la desacetilación de la quitina, la obtención de cal viva y su posterior reducción a bicarbonato e hidróxido. En definitiva, se pueden establecer patrones terapéuticos en función del filo al que pertenezca el animal, así podemos generalizar, por ejemplo, que todos los moluscos tiene las propiedades del carbonato cálcico o todos los artrópodos las del quitosano.  Carbonato cálcico (CaCO 3 ) Se ha justificado el empleo de esta sal, presente en las especies que se relacionan a continuación para los siguientes usos terapéuticos: - Cicatrizante: descrito en el erizo de mar, el murex, el coral y la esponja. Por ser un componente esencial en los procesos de coagulación sanguínea. - Antiséptico: erizo de mar y murex. - Estomacal, digestivo y antidiarreico: el erizo de mar, el múrex, los testaceos, el coral y el caparazón del cangrejo. También se describe el empleo de la madreperla como antidiarreico. - Antiácido: se emplea el erizo de mar y el múrex. Por su efecto absorbente y alcalino. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   - Antigotosos: en el jibión de la sepia por su capacidad para favorecer la disolución del ácido úrico. - Disolución de litiasis renales: queda descrita esta aplicación en los capítulos dedicados al jibión, al caballito de mar, a la piedra de la esponja (a pesar de tratarse de la piedra pómez esta aplicación está descrita en el capítulo de la esponja) y el caballito de mar. - Dentífrico: empleado como dentífrico por sus propiedades remineralizantes, cicatrizante, antiséptico, y levemente abrasivo (blanqueador) en los capítulos del murex, los testaceos, el jibión y las cenizas del cangrejo. Además se especifica el empleo de los murex, el coral y los dientes del lado derecho del hipopótamo en el tratamiento de la gigivitis por su poder antiinflamatorio y astringente. - En el tratamiento de paño: se aprovecha el efecto fotoprotector y exfoliante del carbonato cálcico obtenido del murex, los testaceos, el jibión, las cenizas del cangrejo y el caballito de mar. - Alexifármaco: el murex es empleado en los envenenamientos (por la acción neutralizante del carbonato cálcico, fundamentalmente frente a ácidos). - Antiepiléptico: propiedad descrita en los capítulos del murex y el coral. Este efecto se justifica, en parte, por el leve efecto sedante del sistema nervioso central que ejerce el carbonato cálcico. - Cardiotónico: propiedad mencionada sólo para las madreperlas; el aumento de concentración citosólica del Ca 2+ estimula la contracción cardiaca. - Antiasmático: cumplen con esta propiedad el jibión y posiblemente el coral, seguramente por el efecto antiinflamatorio. Posteriormente para afecciones pulmonares, se emplearía el “agua de cal”. - Tratamiento de los albarazos: en el caso del jibión por su poder detersivo. - Limpieza de ojos y evita lagrimeo: el jibión, el coral, los caracoles y las cenizas del cangrejo. Todos ellos con poder detersivo y astringente. Bicarbonato cálcico [Ca(HCO 3 ) 2 ] - Cáustico débil: el caparazón quemado del erizo de mar, fue empleado para limpieza de heridas y para reducir excrecencias carnosas. - Antiácido y digestivo: el efecto tampón del bicarbonato, obtenido de nuevo, del caparazón del erizo de mar quemado, fue empleado para este fin. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Farmacología Una característica común en todos los autores citados es el empleo del natrón como agente detersivo, resultando éste más eficaz en presencia de vinagre. El carbonato sódico y preferentemente el bicarbonato han sido empleados como antisépticos tópicos hasta nuestros días. Según el “Formulario de Farmacia Militar” (Santos Ascarza et al. 1975, p. 398) el carbonato potásico (también llamado Sal de tártaro) es empleado al exterior muy diluido en lavados oculares, enemas, pomadas para algunas afecciones cutáneas, tiña. Por otro lado, el efecto gástrico del bicarbonato es también ampliamente conocido y explotado desde los orígenes de la farmacología. Los autores clásicos conocían las ventajas del bicarbonato frente al carbonato, de ahí la conveniencia de elaborar los preparados de natrón con vinagre acidificando el compuesto y desplazando la reacción antes descrita hacia la obtención del bicarbonato. En relación al empleo del natrón para el tratamiento de la intoxicación por cantáridas (cantaridita), podría estar justificada por el efecto antiácido del carbonato y el bicarbonato; la intoxicación por esta sustancia produce ardor de garganta y de estómago (Sweetman 2005, p. 1797). El tratamiento de intoxicaciones por otras sustancias como el plomo o en la acidosis diabética se ha empleado el bicarbonato sódico a grandes dosis por su capacidad para aumentar el pH de la sangre (Santos Ascarza et al. 1975, p. 390). Otros usos más concretos del natrón como el empleo de éste en la limpieza del cabello, se contemplan en formularios modernos en los que se propone el empleo de carbonato de sodio en concentraciones de 2% para este fin (Santos Ascarza et al. 1975, p. 401). Ha sido también empleado para disolver las secreciones mucosas (con este mismo objetivo, hoy es muy frecuente el uso de “agua marina” comercial) lo cual debe estar relacionado con la “eliminación de los humores gruesos” cuando se introduce en la boca, a lo que hace referencia el autor. La limpieza de los oídos es otra de las aplicaciones que los autores clásicos mencionan y que también podemos encontrar en libros actuales, en los que se comenta la capacidad del natrón para disolver el cerumen (Santos Ascarza et al. 1975, p. 400). También proponen los autores el empleo del natrón para tratar ciertas patologías bucales; Dioscórides describe su empleo en aquellos que tienen la “lengua paralizada”. Cuba, por su parte, dice recopilar de Dioscórides (quien, en su obra, no lo cita de esta manera) el empleo de esta sustancia para reducir los “humores grasos y viscosos” y para tratar los hongos. Parece claro que ambos se están refiriendo al tratamiento de la candidiasis o muguet. Esta patología causada por el hongo Candida albicans se manifiesta con unas lesiones en forma de placas blanquecinas en la boca y en la lengua que bien se pueden -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   identificar con los síntomas descritos por los autores. En farmacopeas posteriores, puesto que el medio bucal es ácido en pacientes con candidiasis bucal, se propone el uso de sustancias alcalinizantes como el bicarbonato sódico en concentraciones del 5% empleado en toques, pincelaciones, pulverizaciones o gargarismos después de cada comida (Gogli 1934, p. 25).  De la Piedra Pómez (Pumex, samech, fanech, fenic, piedra de barchin o lipari, famech HS V 105) Descripción WƵŵĞdžĞƐŶŽŵďƌĞůĂƚŝŶŽĞŶĄƌĂďĞƐĞĐŽŶŽĐĞĐŽŵŽƐĂŵĞĐŚ ĞŶ ŐƌŝĞŐŽ ĐŽŵŽ ĨĂŶĞĐŚŽĨĞŶŝĐŽƉŝĞĚƌĂĚĞďĂƌĐŚŝŶ ^ĞƌĂƉŝſŶDĂŶƵĂůĚĞůďŽƚŝĐĂƌŝŽĐĂƉşƚƵůŽ&ĂŵĞĐŚĞƐĚĞĐŝƌůĂƉŝĞĚƌĂƉſŵĞnjƉŝĞĚƌĂ ĚĞďĂƌĐŚŝŶŽĚĞ>şƉĂƌŝ>ĂŵĞũŽƌĞƐůĂƋƵĞƚŝĞŶĞŐƌĂŶĐĂŶƚŝĚĂĚĚĞĂŐƵũĞƌŽƐĚƵƌĂĨĄĐŝůĚĞ ƌŽŵƉĞƌ ůŝŐĞƌĂ ďůĂŶĐĂ LJ ƋƵĞ ŶŽ ƚŝĞŶĞ ŽƚƌĂƐ ƉŝĞĚƌĂƐ ŝŶĐƌƵƐƚĂĚĂƐ WĂƌĂ ƋƵĞŵĂƌůĂ ĚĞďĞ ĐŽŐĞƌƐĞƵŶƚƌŽnjŽLJƉŽŶĞƌůŽƐŽďƌĞůĂƐďƌĂƐĂƐƵŶĂǀĞnjƋƵĞĞƐƚĠĂƌĚŝĞŶƚĞĚĞďĞĞdžƚƌĂĞƌƐĞLJ ĂƉĂŐĂƌƐĞĞŶǀŝŶŽĂƌŽŵĄƚŝĐŽĞƐƚĂŽƉĞƌĂĐŝſŶĚĞďĞƌĞƉĞƚŝƌƐĞƚƌĞƐǀĞĐĞƐĂůĂƚĞƌĐĞƌĂǀĞnjĂů ƐĂĐĂƌůĂĚĞůĨƵĞŐŽŶŽĚĞďĞĂƉĂŐĂƌƐĞĞŶŶĂĚĂƐŝŶŽƋƵĞŚĂLJƋƵĞĚĞũĂƌůĂĞŶĨƌŝĂƌƉŽƌƐşƐŽůĂ &ŝŶĂůŵĞŶƚĞŵĂĐŚĄƋƵĞƐĞLJƵƚŝůşĐĞƐĞ;,^sϭϬϱͿ El origen volcánico de la piedra pómez está recogido ya en el Lapidario de Teofrasto (Caley y Richards 1956, p. 47) donde se relaciona con la piedra Liparia [también tratada por Cuba (HS V 75) y que se identifica con la obsidiana] presumiblemente por su origen común. Lípari y Melso son en la actualidad centros de obtención de piedra pómez. En la obra de Teofrasto también se identifica la “espuma de mar” como un tipo de piedra pómez y se establece la diferencia entre la piedra pómez negra proveniente de los volcanes y la blanca que proviene del mar. Las emanaciones volcánicas que se solidificaban en el mar y formaban piedras de baja densidad capaces de flotar en el agua y que aparecen recogidas en la obra de Teofrasto [posiblemente tomado de Aristóteles] como espuma solidificada proveniente del mar. Esta teoría, acerca de la piedra pómez de “origen marino”, no debía convencer a Teofrasto quien textualmente dice en su obra: algunos piensan que la piedra pómez se forma como resultado de una combustión [volcánica] salvo la que se produce de la espuma del mar. Esta creencia, es el resultado de la observación de lo que ocurre en los cráteres y de las piedras porosas que se transforman en piedra pómez al ser quemadas” (Caley y Richards -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   1956, p. 49). En general, las características físico-químicas de las piedras suelen ser distintas al solidificarse lentamente en tierra o más rápidamente al entrar en contacto con el agua de mar y sus componentes, en las emanaciones submarinas, dando con frecuencia pumitas menos densas que fácilmente flotan en el agua. Probablemente, Teofrasto pretendiera establecer una diferencia entre ambos tipos de piedra dándoles distintos nombres a sabiendas de que se trataba de la misma piedra. La piedra pómez como roca y remedio farmacológico en la edad media ha sido recientemente analizada por Duffin (2012a). Remedios  ŝŽƐĐſƌŝĚĞƐWŽƐĞĞǀŝƌƚƵĚĞƐƚşƉƚŝĐĂĐĂůŽƌşĨŝĐĂLJƉƵƌŐĂŶƚĞ>ĂƉŝĞĚƌĂƉſŵĞnjůŝŵƉŝĂ ůĂƐĐŝĐĂƚƌŝĐĞƐĚĞůŽƐŽũŽƐLJƌĞůůĞŶĂLJĐŝĐĂƚƌŝnjĂůĂƐŚĞƌŝĚĂƐƚĂŵďŝĠŶ ĞůŝŵŝŶĂ ůĂ ĐĂƌŶĞ ƐƵƉĞƌĨůƵĂĚĞůŽƐŽũŽƐ^ŝƐĞŵĂĐŚĂĐĂLJƐĞĨƌŽƚĂŶĐŽŶĞůůĂůŽƐĚŝĞŶƚĞƐůŽƐůŝŵƉŝĂdĂŵďŝĠŶƐĞ ƵƐĂƉĂƌĂĞůŝŵŝŶĂƌĞůǀĞůůŽ  dĞŽĨƌĂƐƚŽ^ŝƐĞŵĞnjĐůĂĐŽŶĂŶƚşĚŽƚŽƐĚĞŶƚşĨƌŝĐŽƐLJůŝŶŝŵĞŶƚŽƐĞůŝŵŝŶĂůĂĂƐƉĞƌĞnjĂ ĂůŝƐĄŶĚŽůĂĐŽŶƐƚƌŝŹĠŶĚŽůĂLJĐŽƌƌŝŐŝĠŶĚŽůĂ  ^ĞƌĂƉŝſŶ>ĂƉŝĞĚƌĂƉſŵĞnjƉŽƐĞĞǀŝƌƚƵĚĞƐƚşƉƚŝĐĂƉƵĞƐĂƐƚƌŝŶŐĞůĂƐĞŶĐşĂƐLJůŝŵƉŝĂ ůŽƐŽũŽƐĂĚĞŵĄƐĚĞĞůŝŵŝŶĂƌƐƵƐŵĂŶĐŚĂƐƌĞůůĞŶĂůĂƐŚĞƌŝĚĂƐLJůĂƐĐŝĐĂƚƌŝnjĂĞůŝŵŝŶĂůĂ ĐĂƌŶĞƐƵƉĞƌĨůƵĂĚĞůŽƐŽũŽƐ^ŝƐĞŵĂĐŚĂĐĂLJƐĞĨƌŽƚĂŶůŽƐĚŝĞŶƚĞƐĐŽŶĞůůĂůŽƐůŝŵƉŝĂ^ŝƐĞ ĞĐŚĂĞŶƵŶǀĂƐŽĚĞǀŝŶŽŚĂĐĞƋƵĞĚĞũĞĚĞŚĞƌǀŝƌ  'ĂůĞŶŽ^ĞƵƐĂĐŽŵŽĐŽŵƉŽŶĞŶƚĞĚĞƌĞŵĞĚŝŽƐĂďƐƚĞƌƐŝǀŽƐƉĂƌĂůŽƐĚŝĞŶƚĞƐƐŝŶ ƋƵĞŵĂƌ ^ŝ ƐĞ ƋƵĞŵĂ ƐĞ ŚĂĐĞ ŵĄƐ ƐƵƚŝů ƉƵĞƐ Ğů ĨƵĞŐŽ ůĞ ƉƌŽƉŽƌĐŝŽŶĂ ƵŶĂ ŶĂƚƵƌĂůĞnjĂ ƋƵĞŵĂĚĂĐĄůŝĚĂƋƵĞƐĞĞůŝŵŝŶĂLJƐĞƌĞƚŝƌĂĚĞĞůůĂĂůůĂǀĂƌůĂ  ůĂŶƋƵĞĂůŽƐĚŝĞŶƚĞƐLJůŽƐůĂǀĂůŽĐƵĂůƐĞĚĞďĞĂƐƵĂƐƉĞƌĞnjĂLJƋƵŝnjĄƐƚĂŵďŝĠŶĂƐƵ ǀŝƌƚƵĚĂďƐƚĞƌƐŝǀĂ & WŽƌĞƐƚĞŵŽƚŝǀŽĐƵĂŶĚŽƐĞƋƵĞŵĂŶůŽƐĐƵĞƌŶŽƐůŝŵƉŝĂŶůŽƐĚŝĞŶƚĞƐ dŽĚĂƐ ůĂƐ ƉƌĞƐĐƌŝƉĐŝŽŶĞƐĚĞĞƐƚĞĐĂƉşƚƵůŽůĂƐĞŶĐŽŶƚƌĂƌĄƐĞŶWĂŶĚĞĐƚĂĐĂƉşƚƵůŽϮϱϲ;,^sϭϬϱͿ  Teofrasto en el s. III a.C, según Cuba, ensalza las propiedades medicinales de la piedra pómez e identifica su poder abrasivo como responsable de éstas. En el análisis de la obra de Teofrasto no encontramos referencias terapéuticas atribuidas a la piedra pómez, aunque sí la trata exhaustivamente. Dioscórides (D V 108), por su parte, dice: “que hay que preferir la piedra pómez muy ligera y esponjosa, dividida y sin piedra, y además pulverizable y blanca. Debe quemarse así: tomando de ella lo que quieras, cúbrela con brasas ardientes. Cuando esté prendida en -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   fuego, sácala y mátala con vino oloroso y, encendiéndola de nuevo, apágala. Encendida la tercera vez, deja que se enfríe por sí misma, almacénala y úsala [vemos que la referencia a Serapio, en el HS, proviene originariamente de Dioscórides]. Tiene virtud estíptica, detersiva de las encías, por ser calorífica, es purificadora de las nubecillas de las pupilas; rellena y cicatriza las llagas; además es constrictiva de excrecencias; majada, limpia los dientes, [escarifica el cuerpo] y ocasiona la depilación del cuerpo. Teofrasto dice que, si se echa la piedra pómez en una tinaja de vino que esté fermentando, al punto deja de fermentar”. Plinio recoge las propiedades de la piedra pómez (P XXXVI 154-156) que la “utilizan las mujeres, y hoy día los hombres, para frotar el cuerpo... (155) Las de buena calidad han de ser blancas, muy poco pesadas, lo más esponjosas y secas posible, fáciles de pulverizar y que no suelten granos de arena al frotarlas. Se aplican en medicina para reducir y secar; pero hay que quemarlas tres veces con carbones puros, para que se torren, y apagarlas otras tantas veces con vino blanco; a continuación se lavan como la cadmia y, una vez secas, se guardan en un lugar lo menos húmedo posible. (156) El polvillo que de ellas se obtiene es de gran eficacia en los medicamentos oculares: limpian con suavidad y cierran las heridas de los ojos, y hacen desaparecer las cicatrices resultantes... Da también un resultado extraordinario añadir estos polvos a los ungüentos para las úlceras de la cabeza y de las partes pudendas. Con ellos se hacen también dentífricos”. En el Lapidario de Alfonso X (AX 265), se describe la piedra “que dicen en caldeo alfeyxu otros le dicen feynac... y limpia también los dientes, y los hace blancos y hermosos; y sirve también para quitar la blancura de los ojos con otras medicinas que son para ellos, más no del todo... Y hace crecer la carne en las llagas, y rae los cabellos de cualquier lugar sobre que la pongan, y otrosí las plantas de los pies cuando la frotan sobre ellas en el baño”. En este capítulo dedicado a la piedra pómez, Cuba no hace mención al poder de reducir los cálculos renales que, como vimos en el apartado dedicado a la esponja (HS IV 91), describe entre los usos de lo que denomina “piedra de la esponja”; y que erróneamente ubica en el capítulo dedicado a la esponja en lugar de hacerlo en este. La “piedra de la esponja” (Spongia lapis), ya quedó identificada como piedra pómez en el capítulo de la esponja, y de ella, Serapio, Avicena y Plinio alabaron sus propiedades litotríticas (Ver capítulo de la esponja). Los usos y las propiedades de la piedra pómez han permanecido vigentes, al menos, desde Teofrasto y todos los autores estudiados coinciden en su descripción, incluso, la forma de quemarla es coincidente en varios de ellos. Es común en todos el empleo de la piedra pómez en la limpieza de los ojos y los dientes como sustancia abrasiva, por su “aspereza”, como astringente y como cicatrizante; además Dioscórides y Plinio añaden la indicación depilatoria. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Farmacología La pumita, pumicita o piedra pómez es una sustancia de origen volcánico (piroclastos) compuesta mayoritariamente por sílice (70% aprox.) y alúmina (13% aprox.). La mayor parte de la producción de piedra pómez es empleada en la elaboración de materiales de construcción, pero en torno a un 3% de la producción mundial se destina a la elaboración de productos abrasivos, entre ellos las pastas de dientes (Marchán Sanz et al. 2003). No en vano, el componente común presente en la gran mayoría de los dentífricos con poder blanqueador, es la sílice (Barrancos y Barrancos 2006, p. 146) obtenida de la piedra pómez micronizada. De ahí, que la piedra pómez haya sido empleada desde la antigüedad en los preparados para la higiene dental. Además del compuesto químico en sí mismo, es importante el tamaño de la partícula empleada en la elaboración de los preparados dentífricos. El 21 de Enero de 1971 se registra una patente (382290) de invención a nombre de Colgate-Palmolive Company en la que se recoge la forma de fabricación y las características de un dentífrico que contiene un material vehicular con al menos un 30% de su peso de sílice y en el que el tamaño medio de partícula de sílice empleado es de 1,1 micras y el tamaño máximo 5 micras. Partículas de mayor tamaño producirían una sensación arenosa y podrían erosionar el diente en exceso. El sílice es incorporado en la fórmula como único agente “abrillantador”. Los tratamientos microabrasivos empleados en la actualidad para eliminar manchas dentales como las producidas por fluorosis incorporan el uso de pumita en combinación con diversos ácidos como el clorhídrico y el fosfórico (Sánchez Molina 2005, pp. 118-119). El poder abrasivo de las piedras pómez sigue siendo de utilidad en la cosmética actual y es frecuente su uso en la eliminación de durezas cutáneas, y antaño para la eliminación del vello, aplicación, que como hemos visto, se arrastra desde los primeros tratados de terapéutica. En relación al uso oftálmico de la piedra pómez, no hemos encontrado ninguna referencia que justifique la supervivencia de su empleo para la eliminación de manchas oculares y la curación de las úlceras, lo cual tiene su lógica. De nuevo, se pone de manifiesto la utilidad de compuestos cáusticos suaves y de sustancias levemente erosivas para la limpieza ocular. Por último hay que hacer mención al uso de la piedra pómez en la disolución de cálculos renales, que como dijimos, esta recogida en el capítulo de la esponja pero que realmente corresponde a la pumita. Ciertamente no se encuentra una explicación clara que justifique este uso más allá de la posible creencia de que las partículas de la piedra pómez pudieran arrastrar las arenillas formadas en las vías urinarias. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Del Azufre (Sulphur HS V 123)  ĞƐĐƌŝƉĐŝſŶ  /ƐŝĚŽƌŽ ϰϲ ůĂnjƵĨƌĞĞƐƚŝĞƌƌĂƋƵĞĐŽĐŝĚĂƉŽƌĞĨĞĐƚŽĚĞůĐĂůŽƌĐĂŵďŝĂƐƵĞƐĞŶĐŝĂƉŽƌ ůĂƐƵůĨƷƌĞĂƉĂƐĂŶĚŽƉŽƌůĂĂĐƵŽƐĂůĂƚĞƌƌĞƐƚƌĞLJůĂşŐŶĞĂdžŝƐƚĞƵŶĂnjƵĨƌĞǀŝǀŽƉŽƌƋƵĞĞƐ ĐŽŵŽůĂƚŝĞƌƌĂƋƵĞůĂƉƌŽĚƵĐĞLJŽƚƌŽĂƉĂŐĂĚŽŽŵƵĞƌƚŽLJƋƵĞƐĞ ƉƌĞƉĂƌĂ ĚĞ ĨŽƌŵĂ ĂƌƚŝĨŝĐŝĂůLJƐĞĨƵŶĚĞĞŶĐĂŹĂƐĚĞŚŝĞƌƌŽ ǀŝĐĞŶĂůŝďƌŽϮĐĂƉşƚƵůŽnjƵĨƌĞůĂnjƵĨƌĞĞƐƐƵĨŝĐŝĞŶƚĞŵĞŶƚĞĐŽŶŽĐŝĚŽĞƐĐĄůŝĚŽLJ ƐĞĐŽĐĂƐŝĞŶĐƵĂƌƚŽŐƌĂĚŽLJƚŝĞŶĞƉƌŽƉŝĞĚĂĚĞƐĂƚĞŶƵĂŶƚĞƐLJĂƚƌĂLJĞŶƚĞƐ ŝŽƐĐſƌŝĚĞƐĐĂƉşƚƵůŽnjƵĨƌĞƐďŝĞŶĐŽŶŽĐŝĚŽůŵĞũŽƌĞƐĞůǀŝǀŽLJĚĞĐŽůŽƌĐůĂƌŽ ƌĞƐƉůĂŶĚĞĐŝĞŶƚĞLJďƌŝůůĂŶƚĞƐŝŶƉŝĞĚƌĂƐLJƋƵĞĐƵĂŶĚŽƐĞŝŶƚƌŽĚƵĐĞĞŶĞůĨƵĞŐŽĂĚƋƵŝĞƌĞ ĐŽůŽƌǀĞƌĚĞƋƵĞůŽƌĞĐƵďƌĞ^ĞĚĂĞŶDĞůŽƐĚĂLJ>şƉĂƌŝ;,^sϭϮϯͿ Elemento químico, S, de número atómico 16. La proporción del azufre en la corteza terrestre es de 0.03-0.1%. Con frecuencia se encuentra como elemento libre cerca de las regiones volcánicas.  Remedios  ŝŽƐĐſƌŝĚĞƐWŽƐĞĞƉƌŽƉŝĞĚĂĚĞƐƌĞƐŽůƵƚŝǀĂƐLJĂďƐƚĞƌƐŝǀĂƐƐŝƌǀĞĚĞƌĞŵĞĚŝŽĐŽŶƚƌĂ ůŽƐǀĞŶĞŶŽƐĚĞĂŶŝŵĂůĞƐŵĂƌŝŶŽƐLJŽƚƌŽƐƉĂƌĞĐŝĚŽƐƐŝƐĞŵĂĐŚĂĐĂLJƐĞƉƵůǀĞƌŝnjĂƐŽďƌĞůĂ ŵŽƌĚĞĚƵƌĂ  ^ĞƉƌĞƉĂƌĂĐŽŶĞƐƉƵƚŽƵŽƌŝŶĂĐŽŶĂĐĞŝƚĞǀŝĞũŽĐŽŶŵŝĞůŽĐŽŶĐŽůĂĚĞĂůďŽƚşŶ  ƵƌĂůĂƐĂƌŶĂLJůĂĞŶĨĞƌŵĞĚĂĚƋƵĞůĞǀĂŶƚĂůĂƉŝĞůĞůůŽƐĞĚĞďĞĂƋƵĞĂůĞũĂĞƐƚĂƐ ĞŶĨĞƌŵĞĚĂĚĞƐĚĞůĂĐĂƵƐĂƋƵĞŝŵƉĞůĞĂƐƵŵĂƚĞƌŝĂŚĂĐŝĂĞůŝŶƚĞƌŝŽƌĚĞůĐƵĞƌƉŽ  džƚƌĂĞĞůƉƵƐĚĞůƉĞĐŚŽ[entendido como expectoraciones purulentas]LJƐŝƐĞ ƐŽƌďĞLJƐĞŝŶŐŝĞƌĞĐŽŶŚƵĞǀŽŽƐĞŚĂĐĞƵŶƐĂŚƵŵĞƌŝŽĐŽŶĠůĐƵƌĂĞůĂƐŵĂ  ^ŝƐĞĨƵŵŝŐĂƵŶĂŵƵũĞƌĐŽŶĠůůĞƉƌŽǀŽĐĂĞůĂďŽƌƚŽ & ^ĞŵĞnjĐůĂĐŽŶĐŽůĂĚĞĂůďŽƚşŶŽĐŽŶƌĞƐŝŶĂĚĞƉŝŶŽLJǀŝŶĂŐƌĞLJĞƐďƵĞŶŽƉĂƌĂůĂ ƐĂƌŶĂƵůĐĞƌŽƐĂLJĞůŝŵƉĠƚŝŐŽĂƐşĐŽŵŽƉĂƌĂůĂƐŵĂŶĐŚĂƐďůĂŶĐĂƐƋƵĞŶĂĐĞŶĞŶůĂƐƵŹĂƐLJ ĐƵƌĂůĂŵŽƌĨĞĂ  46 No se ha localizado esta cita en Isidoro. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   ' ƵƌĂůĂĞůĞĨĂŶƚŝĂƐŝƐĐŽŶƌĞƐŝŶĂLJǀŝŶĂŐƌĞĐƵƌĂůĂƉŝĐĂĚƵƌĂĚĞĞƐĐŽƌƉŝſŶ , ^ŝƐĞŵĞnjĐůĂĐŽŶŶŝƚƌŽ[natrón] LJƐĞĨƌŽƚĂĞůĐƵĞƌƉŽĐŽŶĞůůŽĞůŝŵŝŶĂĞůƉƌƵƌŝƚŽ / ^ĞƚŽŵĂďĞďŝĚŽĐŽŶĂŐƵĂŽĐŽŶŚƵĞǀŽĐƌƵĚŽLJĐƵƌĂůĂŝĐƚĞƌŝĐŝĂLJĞƐďƵĞŶŽƉĂƌĂůĂ ĐŽƌŝnjĂ Ŭ ^ŝƐĞƉƵůǀĞƌŝnjĂƐŽďƌĞĞůĐƵĞƌƉŽƋƵŝƚĂĞůƐƵĚŽƌLJƐŝƐĞƵƐĂĐŽŵŽůŝŶŝŵĞŶƚŽƐŽďƌĞůĂ ƉŽĚĂŐƌĂĐŽŶŶŝƚƌŽ[natrón]LJĂŐƵĂůĂĐƵƌĂ >^ŝƐĞŚĂĐĞƵŶƐĂŚƵŵĞƌŝŽĐŽŶĠůĐƵƌĂůĂƐŽƌĚĞƌĂLJůĂĨĂůƚĂĚĞŵĞŵŽƌŝĂ D^ŝƐĞŵĞnjĐůĂĐŽŶŵŝĞůLJǀŝŶŽĐƵƌĂůŽƐƉƌŽďůĞŵĂƐĚĞŽşĚŽƐƵƐĂĚŽĐŽŵŽůŝŶŝŵĞŶƚŽ EǀŝĐĞŶĂůŝďƌŽϮĐĂƉşƚƵůŽnjƵĨƌĞƐĐĄůŝĚŽLJƐĞĐŽƐƵŶŽĚĞůŽƐƌĞŵĞĚŝŽƐƉĂƌĂĞů ĂůďĂƌĂnjŽĞƐƉĞĐŝĂůŵĞŶƚĞƐŝŶŽŚĂƚŽĐĂĚŽĂƷŶĞůĨƵĞŐŽ K^ŝƐĞŵĞnjĐůĂĐŽŶŐŽŵĂĚĞĂůďŽƚşŶĞůŝŵŝŶĂůĂƐŵĂŶĐŚĂƐĚĞůĂƐƵŹĂƐLJĐŽŶǀŝŶĂŐƌĞƐĞ ƉŽŶĞƐŽďƌĞůĂŵŽƌĨĞĂ W^ĞƉŽŶĞƐŽďƌĞůĂƐƋƵĞŵĂĚƵƌĂƐLJůĂƐƷůĐĞƌĂƐLJĐƵƌĂĞůŝŵƉĠƚŝŐŽLJĞƐƉĞĐŝĂůŵĞŶƚĞ ĐŽŶ ŵƵĠƌĚĂŐŽ LJ ƚĂŵďŝĠŶ ĐŽŶ ǀŝŶĂŐƌĞ LJ ĐŽŶŶŝƚƌŽ ĐŽŶƚƌĂ Ğů ƉƌƵƌŝƚŽƐĞůĂǀĂĐŽŶĠůĞů ĐƵĞƌƉŽ YƐ ŵƵLJ ďƵĞŶŽƵƐĂĚŽ ĐŽŵŽ ůŝŶŝŵĞŶƚŽ ĐŽŶƚƌĂ ůĂ ƉŽĚĂŐƌĂ ĐŽŶ ŶŝƚƌŽLJĂŐƵĂLJĞŶ ƐĂŚƵŵĞƌŝŽĨƌĞŶĂůĂĐŽƌŝnjĂ Z^ĞĂĚŵŝŶŝƐƚƌĂĐŽŶǀŝŶĂŐƌĞLJŵŝĞůƐŽďƌĞůĂƐŵŽůĞƐƚŝĂƐĚĞůŽƐŽşĚŽƐ;,^sϭϮϯͿ En cuanto a la obra de Dioscórides (D V 107) se recoge que: “El mejor azufre ha de considerarse el no tocado por el fuego y brillante, diáfano y sin piedras; del que ha sufrido el fuego, el mejor es el verde y bien graso. La mayor parte de él se origina en Melos y en las islas Lípari. El azufre antedicho calienta, resuelve y madura con rapidez. Tomado metido en un huevo o administrado como sahumerio, es beneficioso contra las toses, las expectoraciones purulentas y para los que sufren de jadeos. Además de esto, administrado en forma de sahumerio arranca los fetos y extirpa las lepras. También, mezclado con resina trementina, elimina las excrecencias cutáneas y las uñas de lepra. Mezclado con vinagre y aplicado en forma de unción, es eficaz también contra las lesiones de lepra y elimina los albarazos; con resina, cura la picadura de escorpión; con vinagre y aplicado como ungüento, evita las picaduras de araña de mar y de escorpión. Hace cesar también los pruritos por todo el cuerpo, si, mezclado con natrón, se aplica frotando. Espolvoreado en la bebida o metido en un huevo en cantidad de una cucharita y tomado o sorbido, es provechoso contra la ictericia y eficaz contra la coriza y el catarro; espolvoreado, reduce el sudor. Mezclado con agua y con natrón y aplicado en forma de unción, es beneficioso para los que sufren de gota y, aplicado -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   en forma de sahumerio a través de una caña, es beneficioso contra la dificultad auditiva. Aplicado en forma de sahumerio, cura también a los letárgicos. Si, mezclado con vino y con mirra, se aplica en forma de ungüento, cura las contusiones del oído”. En esta ocasión los remedios atribuidos a Dioscórides en la obra de Cuba, están prácticamente transcritos de la “Materia Médica”. En el lapidario de Plinio se no mencionan usos terapéuticos del azufre. En el lapidario de Alfonso X (AX 121) en el capítulo de “De la piedra a que dicen azufre mezclado de colores” se dice: “...si la muelen, y la mezclan con aceite, presta a la sarna y a la comezón, y al romadizo y a la tos. Y sana otrosí del mal que viene por destilamiento de la cabeza, de que se hace la tísica en el pulmón”. Farmacología En resumen, los autores estudiados coinciden en el empleo del azufre para la curación de la tos, como expectorante, en el tratamiento de la sarna, los albarazos [éstos pueden identificarse con vitíligo pero también con una pitiriasis versicolor causada por hongos], diversos tipos de dermatosis, intoxicaciones, afecciones auditivas e incluso en el tratamiento de la gota. En el transcurso de los siglos el azufre se ha mantenido como una de las sustancias oficinales más empleadas; Bouchardat (1920, p. 316) afirma que empleado a altas dosis, el azufre, actúa como purgante, a dosis bajas actúa como excitante general, con una acción especial sobre la piel. Se emplea en afecciones catarrales, infartos escrofulosos y en los accidentes producidos por el mercurio y el plomo. Pero el uso principal que se propone es externo en el tratamiento de la sarna y otras dermatosis, también en insuflaciones contra el crup o el muguet. Se comprueba que muchas de las aplicaciones descritas por los autores clásicos se han mantenido a lo largo del tiempo. Marfori (1923, pp. 128-133) recoge numerosos remedios con azufre, entre ellos, cabe destacar el empleo en el tratamiento de enfermedades bronquiales como expectorante, ya que el ácido sulfhídrico que se forma al entrar el azufre en contacto con la humedad de las mucosas, excita las fibras musculares de los bronquios y favorece la expectoración (Marfiori 1923; Santos Ascarza et al. 1975, p. 312). La capacidad del ácido sulfhídrico para estimular la contracción de la musculatura lisa ha sido aplicada en su empleo como purgante, y es probablemente esta propiedad contractiva la que los antiguos farmacólogos aprovechan para el uso del azufre como abortivo. Otros usos descritos por Marfori que coinciden con los textos antiguos, son por ejemplo, el empleo del azufre como antídoto en los envenenamientos por sales mercuriales de plomo y de arsénico con los que forma sulfuros insolubles que se eliminan sin ser absorbidos por el organismo. El empleo por vía tópica de azufre pervive a lo largo de los siglos, quedando recogido -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   en la mayoría de las farmacopeas su empleo en el tratamiento de la sarna (pomada de Wilkinson - Hebra) (Marfori 1923, p.127; Astier 1928, p. 793; Velázquez 1933, p. 952; Goglia 1934, p. 474; Buckley 1940, p. 195; Santos Ascarza et al. 1975, p. 1141). Las publicaciones más recientes, siguen contemplando la preparación de vaselina azufrada al 6%-10% para el tratamiento de la sarna como alternativa útil a la permetrina (Llambí y Torrell 2012, pp. 302304). Las aguas sulfurosas, siguen siendo hoy una alternativa popular para el tratamiento de diversas afecciones cutáneas. Son útiles en muchas enfermedades como el acné, el prurito, los eritemas o el impétigo. También son de utilidad en el tratamiento del reumatismo articular y muscular, en enfermedades hepática, en la sífilis crónica, en envenenamientos crónicos por alcaloides y metales, escrófulas tórpida, en las enfermedades del útero y sus anexos y en las de los órganos respiratorios. Tienen, en general, propiedades antisépticas capaces de detener el crecimiento de ciertos microorganismos. El azufre ha sido uno de los productos más empleados en formulación magistral en las boticas a lo largo de los siglos, se preparaban pastas en combinación con óxido de cinc para el tratamiento de la sarna, pitiriasis [posiblemente se pueda identificar con los albarazos citados desde Dioscórides]. También en el tratamiento de la tricofitia [Enfermedad producida por el desarrollo, en la superficie cutánea, de un hongo parásito del género Trichophyton. Si se localiza en las uñas produce una onicomicosis tricofítica, identificable con las manchas blancas a las que se refiere Cuba parafraseando a Dioscórides] y del herpes circinado. Se usa en las úlceras por decúbito y en el intertrigo [Inflamación erisipelatosa producida por el roce de dos superficies cutáneas, acompañada de picazón y secreción] (Santos Ascarza et al. 1975, p. 1141). La descripción de los remedios a base de azufre en formularios modernos confirma su pervivencia en la farmacología actual, aunque se puntualiza que “en progresivo desuso”, es empleado en enfermedades cutáneas de naturaleza parasitaria, fúngica y antimicrobiana, y en diversas dermatosis (Llopis Clavijo y Baixauli Comes 2001, pp. 89-90). A caballo entre los autores clásicos y las obras renacentistas, un amplio elenco de autores árabes recogen las propiedades terapéuticas del azufre, valga como ejemplo la obra de Abulcasis “Kitab al-tasrif”, quien en su tratado dedicado a remedios dentales incorpora este elemento a diversos preparados: 1.18Cita una fórmula para empastar los dientes picados. Compuesto por azufre sin quemar y jugo de licio [Carabaza Bravo et al. (2004, pp. 63, 200) comentan, acerca del “jugo de licio”, que se extraía principalmente de Ramnáceas, en el Norte de África. También se obtenía de los agracejos, pero no con demasiada frecuencia, pero además al tratar el awsay salir (tamujo, lo traducen como licio pequeño o espino pequeño), afirman que “no es de extrañar que nuestros geóponos asocien esta Euforbiácea a espinos pertenecientes a la -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   familia de las Ramnáceas. Linneo también cometió este error 500 años después”. Con lo que el “jugo de licio” al que hace referencia el autor, bien podría identificarse con el látex procedente de alguna especie de la familia Euforbiaceae]. 1.39Para la extracción dentaria con azufre sin quemar, en combinación con alumbre, entre otros ingredientes. 1.81Para la caries dental con dolor, cita un preparado a base de azufre sin quemar y manteca, se aplica directamente sobre la zona afectada con un trozo de lana. Este último remedio resulta interesante pues se puede considerar el azufre como monofármaco dentro del preparado. En la farmacología moderna las referencias a usos odontológicos del azufre son escasas; encontramos alguna fórmula como la descrita por Buckely (1940, p. 185) en la que el ácido bórico es mezclado con sulfato sódico y empleado como blanqueante. En relación al uso analgésico que propone Abulcasis y como hipotética explicación haremos referencia a su empleo en dolores reumáticos que se describe en el “Formulario Español de Farmacia Militar” (Santos Ascarza et al. 1975, p. 312) en la que se emplea espolvoreando el miembro enfermo y envolviéndolo en algodón, con lo que se producen sudores locales y una sedación de los dolores. Posiblemente la analgesia que garantiza Abulcasis se consiga aplicando la lana con el azufre y la manteca, pero no directamente en la encía sino más bien en el exterior con el fin de conseguir el mismo efecto que para los dolores reumáticos. En referencia a la curiosa aplicación del azufre en la confección de empastes dentarios, debemos decir que en la actualidad estos empastes de piezas dentarias se elaboran con amalgamas que tienen cierto contenido en azufre. Una peculiaridad del azufre es que tiene la capacidad de poder vulcanizar el caucho [hidrocarburo que se puede obtener del látex de algunas plantas lechosas] y transformarlo en una masa dura y resistente (Geissman 1973, p. 895). Teóricamente el proceso de vulcanización fue inventado simultáneamente por Thomas Hancock en Inglaterra y por Charles Goodyear en Estados Unidos en 1839; la invención fue finalmente patentada por Hancock en 1844. Podemos considerar que Abulcasis, al menos de forma empírica, conocía este proceso ocho siglos antes y utilizaba el jugo de licio obtenido de plantas con tallos lechosos mezclado con azufre para conseguir un producto con la suficiente consistencia como para formar el empaste (Carrasco y Liñán 2012). Además, la pasta elaborada por Abulcasis estaba dotada de propiedades antisépticas, debido a la presencia del azufre, que contribuirían a desinfectar la zona afectada. (Sweetman 2005, p. 1303).    -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   ĐŽůŽĐĂůĂŽůůĂƐŽďƌĞůĂƐďƌĂƐĂƐLJƋƵĠŵĂůŽůĂĐĂŶƚŝĚĂĚĚĞůĂĐŽŵďƵƐƚŝſŶĚĞƉĞŶĚĞƌĄĚĞůĂ ŚƵŵĞĚĂĚĚĞůĂĐĂƉĂƌƌŽƐĂƉƵĞƐƐŝĠƐƚĂŶŽĞƐĞdžĐĞƐŝǀĂŶŽĂƉĂƌĞĐĞƌĄŶďƵƌďƵũĂƐ Ŭ ^ĞƌĄƐĞĐĂƚŝǀŽĚĞƵŶĞĨĞĐƚŽĨƵĞƌƚĞƐŝƚƵǀŝĞƐĞŵĄƐŚƵŵĞĚĂĚĚĞďĞĚĞũĂƌƐĞƐŽďƌĞůĂƐ ďƌĂƐĂƐŚĂƐƚĂƋƵĞĐĂŵďŝĞĚĞĐŽůŽƌ >hŶĂǀĞnjƋƵĞĐĂŵďŝĞĚĞĐŽůŽƌĞŶƐƵŝŶƚĞƌŝŽƌLJƐĞǀŝĞƌƚĂĐŽŵŽƐŝĚĞŵŽŐƌĂƐĞ ƚƌĂƚĂƐĞĚĞďĞƐƌĞƚŝƌĂƌůŽĚĞůĨƵĞŐŽLJůŝŵƉŝĂƌůŽŚĂLJƋƵŝĞŶĞƐůŽĐŽůŽĐĂŶƐŽďƌĞůĂƐďƌĂƐĂƐLJ ƐŽƉůĂŶĚĞƐĚĞĂƌƌŝďĂŚĂƐƚĂƋƵĞĂĚƋƵŝĞƌĞĐŽůŽƌĐŝƚƌŝŶŽŽůŽĐŽůŽĐĂŶĞŶůĂŽůůĂLJůŽƉŽŶĞŶ ƐŽďƌĞůĂƐďƌĂƐĂƐLJůŽƌĞŵƵĞǀĞŶŚĂƐƚĂƋƵĞĐĂŵďŝĂĚĞĐŽůŽƌ;,^sϭϰϬͿ En la primera parte de los remedios descritos por Cuba se relacionan una serie de datos acerca del vitriolo que supuestamente Serapión recopiló de Dioscórides, sin embargo, no hemos encontrado en la obra del autor griego ninguna referencia del origen Babilónico del vitriolo ni tampoco del término zeg. En la Materia Medica (D V 98) se dice: “Tiene [el calcanto] virtud de astringir, de calentar, de producir costras, eliminar las tenias, tanto si se bebe el peso de una dracma de ella, como si se toma en forma de electuario con miel y provoca vómitos. Bebida con agua, socorre a los que han tomado hongos. Desleída en agua y metida en las fosas nasales mediante una torunda de lana, purga la cabeza”. Los remedios sí coinciden con los citados por Cuba. En otros lapidarios, como el de Alfonso X, se cita en el capítulo de la piedra que tiene nombre azech (AX I 128) dice: estanca la sangre que sale de las narices y de las llagas, pero queda aquel lugar negro, y daña los nervios, y aprieta los lugares que son flojos. Y si hombre bebe de ella cuantía cierta, sécale el pulmón de muy gran sequedad, de manera que muere si no le socorren enseguida...y su olor es tan fuerte [el de la variedad zory], que hace vomitar en oliéndola, y mayormente si la beben... si la molieren, y la metieren en cristal, presta a las llagas de las piernas, y esta manera de aceche es la más pedreña y más luciente de todas las otras”. De la segunda variedad de azech, dice este mismo lapidario (AX I 130): “con la gran fuerza de agudeza que ha en sí, estriñe mucho... entra en las medicinas que hacen para la humedad de los ojos, y para la lágrima que sale de ellos. Otrosí presta a las postemas calientes siendo mezclado con humo de puerros, y otrosí, entra en las medicinas que hacen para las postemas de las encías, y otrosí, en las postillas y llagas que se hacen por el cuerpo, y en las fístulas”. De la tercera variedad [calcadiz] se dice (AX I 131): “...estriñe más... y por esto enjuga las humedades de la carne más que ninguna manera de los otros aceches... sirve mucho a los dientes que se mecen, pues los aprieta y hácelos firmes. Y aun lo meten en las medicinas que hacen para teñir los cabellos prietos”. Y de la cuarta [calcant] (AX I 132): “si dieren a comer o a beber de ello con agua, mata los gusanos que se hacen en el vientre por enfermedad, y hácelos vomitar. Y otrosí presta -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   mucho contra tósigo que viene de parte de los hongos, y demás, quien lo mezcla con agua, y lo gotea en la nariz, purga las humedades que están en la cabeza”. El uso odontológico de estos sulfatos también se mantiene a lo largo de los siglos; Abulcasis, hacia el año 1000, enumera una lista de remedios dentales que contienen distintos tipos de vitriolos (Arvide Cambra 2003): 1.69Son pastillas para los dientes que se mueven en la que, entre otros compuestos, se incluye el vitriolo. Este remedio es coincidente con el recogido en el lapidario de Alfonso X. 2.23Es otro remedio para el mismo fin y composición similar: oropimente, cal, agalla, caparrosa, alumbre, flor de granado y agalla de tamarisco. 2.28Son unas pastillas beneficiosas para el chancro, compuestas por oropimente, cal, caparrosa, acacia, alumbre y cardenillo. 2.29Es un preparado para las encías ennegrecidas y desprovistas de dentadura que combinan el vitriolo con el alumbre. 1.16Para el dolor de dientes es beneficioso retener en la boca vitriolo rojo (sulfato de cobalto, es tóxico y mutagénico) y costo cocido con vinagre. 1.39Es una receta de Galeno, según el autor, es útil para la extracción de dientes con material quirúrgico y para su limpieza. 1.71Un compuesto para empastar las muelas enfermas y para untar los dientes de alrededor. Vitriolo rojo egipcio, se mezcla con resina de terebinto. Farmacología Las aplicaciones recogidas en estos tres lapidarios son, en suma, coincidentes; se habla de las propiedades cáusticas y astringentes del vitriolo, de su poder para ser empleado en intoxicaciones, fundamentalmente por su poder emético, propiedad que mencionan todos los autores estudiados. Se hace referencia también al poder tenicida y ascaricida de la caparrosa. Como consecuencia de la acción astringente del vitriolo, se propone su uso como hemostático en hemorragias nasales, en la cicatrización de úlceras, llagas y apostemas, así como su utilidad en la consolidación de piezas dentales que se mueven. Contemplan, los autores su empleo en la preparación de remedios oftálmicos y otológicos. En el estudio de los tratados de farmacología contemporáneos encontramos aportaciones que avalan la práctica totalidad de los usos descritos por los autores clásicos. El efecto emético del sulfato de cobre y del sulfato de cinc queda recogido en el manual de farmacología de Litter (1975, p. 914), también en Marfori (1923, pp. 238, 242) donde se puntualiza que tanto el sulfato de cobre como el de cinc producen el vómito incluso en los casos de narcosis o de coma con lo que es un buen emético para los casos de -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   envenenamiento; y donde se describen como sustancias inorgánicas capaces de provocar el vómito por irritación gástrica, estimulando el centro del vómito y actuando directamente sobre la zona quimiorreceptora, “gatillo”; administrados por boca producen rápidamente el vómito precedido por breves náuseas. En esta misma obra se recoge el empleo del Sulfato de cinc (o vitriolo blanco) en la composición de colirios para el tratamiento de conjuntivitis agudas y especialmente en conjuntivitis catarral subaguda y crónica producida por la Móraxella lacunata en concentraciones del 0,2 al 0,5% aunque los colirios con antibiótico y corticoides han ido desplazando a estos (Marfori 1923, p. 242; Litter 1975, p. 1477). El uso odontológico del los sulfatos de cinc y cobre también ha perdurado en el tiempo; Bouchardat (1911, p. 530) cita el poder antiséptico del sulfato de cobre en solución frente a infecciones estreptocócicas. Hace referencia a una fórmula para el tratamiento de la caries a la que le da el nombre de “Licor de Villate” compuesto por: subacetato de plomo líquido, sulfato de cinc, sulfato de cobre y vinagre blanco de vino. El sulfato de cobre es también empleado en las úlceras (Penzoldt 1900, p. 52) y aftas (Herzen 1920, p. 26); ambos autores contemplan también el empleo del sulfato de cinc para el tratamiento ambas patologías, prefiriéndose este último por su mayor poder astringente. Sin duda, las propiedades más importantes de los sulfatos de cinc y cobre son su poder astringente y antiséptico, y son éstas las que han perdurado de forma más relevante. En el “Formulario Farmacéutico Militar” (Santos Ascarza et al. 1975, pp. 1327-1328) se relacionan sus propiedades terapéuticas: El vitriolo de cobre o vitriolo azul es cáustico, astringente (cicatrizante), antiséptico y emético (produce el vómito) según concentraciones y dosis. Hace una diferenciación con el “sulfato de hierro comercial” al cual también denomina caparrosa verde, es un sulfato de hierro (II) impuro que habitualmente contiene sulfato férrico, y sulfatos de cobre, zinc, aluminio, calcio, magnesio y algunas veces arsénico. Se emplea como desinfectante y desodorante (pp. 1335-1336). En relación al sulfato de cinc, al que también denomina Polvos de San Antonio, vitriolo blanco, caparrosa blanca, recoge su acción astringente y desinfectante, empleado en colutorios y gargarismos del 0,5 al 1%. (p. 1350). En Sweetman (2005, p. 1627) leemos que el sulfato de cinc se administra para suplir deficiencias de cinc y tópicamente en el tratamiento de diversas enfermedades, por sus propiedades astringentes, como en el acné. También como astringente en colirios y diluido, por ser cáustico, en colutorios. Del sulfato de cobre (al que también denomina caparrosa azul, vitriolo azul o piedra azul) cita su indicación en estados carenciales de cobre. Tiene acción astringente sobre las mucosas y en soluciones fuertes es corrosivo. El cobre tiene un efecto anticonceptivo cuando se encuentra en el útero, es por esto que se incorpora a algunos “dispositivos intrauterinos”; tiene además una acción antimicrobiana (Sweetman 2005, p. 1582). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   También se menciona el vitriolo o zeg verde que se corresponde con el sulfato de hierro (Del Amo y Mora 1869, p. 133), esta molécula es, aún hoy, una de las más empleadas en el aporte de hierro al organismo, en los casos de anemia. Los términos vitriolo y caparrosa, siguen vigentes en la actualidad para referirse a los sulfatos (Llopis y Baixauli 2001, pp. 168-169).  -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   VI.3Resumen y conclusiones Se estudian en este apartado 33 piedras y compuestos minerales, de los cuales, 27 recogen remedios terapéuticos relevantes y que quedan expuestos en este resumen en el mismo orden en el que fueron citados. Muchos de los nombres que reciben los minerales han sido debidos al uso terapéutico que de ellos se daba; por ejemplo Androdamanta (piedra domadora de hombres), Amatista (gr. no ebrio). Otras, en función de su lugar de procedencia: piedra Gagates, piedra de Assos, piera Arménica, bolo Arménico, piedra Arábiga. A continuación se relacionan las distintas piedras con sus composiciones y usos antiguos y actuales (en el caso de que los tengan). Diamante (C) Como representante del carbono, en este apartado se propone el empleo del diamante (Adamas) introducido a través de la uretra o administrado en polvo, para romper los cálculos renales. El polvo por su poder abrasivo se empleó para la limpieza de los dientes, uso económicamente inviable en la actualidad. El efecto litotrítico se conservó hasta el s. XIX pero más como una curiosidad histórica que como una aplicación real. Alabandina (MnS) Se propone el empleo de la alabandina como hemorrágico y para aumentar el flujo de sangre; la explicación plausible de esta aplicación es la simpátetica debida a la coloración del mineral. Alabastro (CaCO 3 ó CaSO 4 ) Se contempla el uso del alabastro como laxante, estomáquico, astringente y para su incorporación a preparados gigivales. Se incluyen como alabastro minerales con textura y apariencia similar, más que una única sustancia. El contenido en carbonato cálcico justifica su empleo como estomáquico, antiácido, astringente y útil en la preparación de tratamientos gingivales por sus propiedades desinfectantes, antiinflamatorias y antisépticas. En cuanto al sulfato de calcio, actualmente sólo empleado en la confección de moldes de escayola, fue -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   descrito, con buenos resultados, su uso como filtrante, astringente, refrigerante y dentífrico, hasta el s. XIX. Androdamanta (FeS) Empleado en el tratamiento de una sintomatología un tanto ambigua; se empleaba como apaciguador del espíritu, tranquilizador de los ánimos agitados, en el tratamiento de la tristeza y la pesadumbre. Únicamente podemos establecer como hipotética justificación su empleo como aporte de hierro en la ferropenia, patología que cursa con manifestaciones clínicas que resultan ambiguas, puediendo llegar a ajustarse a las descritas. Allectorius (Colesterol + CaCO 3 ) Se describe el uso de esta piedra con propiedades terapéuticas muy dispares como la de ser: sialogogo, aumentar la líbido, hacer al hombre fuerte e invencible en la batalla, hacerle agradable locuaz y elocuente, incluso tratar las enfermedades de los ojos. Se establece la hipótesis de que una sustancia con propiedades colinérgicas puede responder perfectamente a todo este tipo aplicaciones farmacológicas. Amatista (SiO 2 ó Al 2 O 3 ) Empleado para el tratamiento de intoxiciones etílicas, incluso como amuleto para el mismo fin. Las propiedades absorbentes y alexifármacas de la sílice pueden justifiar su empleo, pero sin duda la coloración violácea de la amatista, como si el “vino se hubiera impregnado en ella”, contribuiría a la eficacia en el ámbito de la medicina simpatética. Hasta el s. XIX se recoge, aunque de forma histórica, este empleo de la amatista, también su uso como tónico, astringente y alexifármaca. En el hipotético caso de que la amatista a la que se refieren los autores se correspondiera con la llamada amatista oriental compuesta por alúmina, también se podría justificar el efecto detoxificante por la acción absorbente del óxido de aluminio, cuya forma más estable es su forma hidratada o como hidróxido. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Piedra de Assos (Na 2 CO 3 ) Era utilizada para curar úlceras crónicas, eliminar la carne superflua, como antigotosa, para limpiar y purificar los cuerpos y curar las úlceras pulmonares. Ha sido identificada como carbonato sódico, sustancia astringente, caústica débil (eficaz en el tratamiento de úlceras crónicas al producir un desbridamiento de las fibras de colágeno que impiden la correcta curación) y con capacidad para disolver el ácido úrico. Los autores proponían diversas preparaciones combinando esta piedra con vinagre, sin duda, con el fin de obtener bicarbonato sódico, molécula que mejora las propiedades del carbonato y disminuye sus efectos adversos; empleada como desinfectante, astringente y antigotoso desde tiempos remotos hasta la actualidad. Además sus propiedades estomáquicas y antiácidas justifican su empleo en la curación de úlceras estomacales, que podrían haber sido confundidas con las úlceras pulmonares que refieren los autores, al producirse en ambos casos esputos sanguinolentos. Ello ha permitido en esta tesis confirmar fehacientemente su identificación química. Arcilla [(SiO 4 ) 4y SiO 2 ] Son numerosos los tipos de arcillas empleados por los antiguos terapeutas, desde los egipcios. Dioscórides describe 11 tipos de tierras entre las que se encuentran varias arcillas. HS, por su parte, dedica un capítulo exclusivamente a la arcilla, y en él engloba diversas propiedades: hemostática, cicatrizante, alexifármaca y emética. Dioscórides, además de éstas, las amplía y propone su empleo también como exfoliante, astringente, reductor de edemas, antigotoso, tratamiento de la orquitis y como tratamiento cosmético para dar buen color a la piel (a modo de maquillaje). La estructura laminar, capaz de retener agua, que forman los silicatos contenidos en las arcillas permanece siendo de utilidad hasta nuestros días, y fundamentalmente el caolin. Se sigue empleando como astringente, absorbente, antidiarreico, antiséptico, antiinflamatorio, e incluso analgésico. Las arcillas también se continuaron empleando en el tratamiento de intoxicaciones y como antirreumático (posiblemente lo que los antiguos identificaron como gota), en albeitería para tratar la orquitis. En cosmética, el caolín es hoy empleado en la formulación de exfoliantes, astringentes, absorbentes de excesos sebáceos y como base en la elaboración de maquillajes. Por otra parte el contenido en sílice de la arcilla refuerza, como vimos, la acción absorbente, equiparable al carbón activo, lo que intensifica su poder alexifármaco. Piedra Arménica [Posiblemente azurita Cu 3 (CO 3 ) 2 (OH) 3 ] -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   HS describe su uso como abstersivo y emético, propiedades que quedaron recogidas en las farmacopeas hasta el s. XIX. Se empleó también como laxante y en el tratamiento del cólera negro (delirios y alucinaciones), en la enfermedad melancólica y la manía. Estas aplicaciones tan dispares inducen a pensar que ésta puediera tratarse, al menos, de dos piedras distintas en HS, donde una de ellas contuviera cierta cantidad de litio (ambligonita, hiddenita u otras), lo que justificaría su empleo en patologías maniaco-depresivas. El litio ejerce un efecto estabilizador de la actividad neuronal fundamentalmente en la fase maniaca. Antimonio (Sb) Empleado desde el siglo I en la cauterización de hemorroides y como hemostático (no se han encontrado referencias actuales de estos usos). Se utilizó como reductor de excrecencias y en la epilepsia. Aunque fue cayendo en desuso por su toxicidad, y en sí el estado metálico carecía de usos terapéuticos, durante el siglo XX fue frecuente su utilización como emético con el popular tartrato estibiado o tartrato emético. Se reconoce su acción expectorante y cáustica, lo cual justifica su empleo como reductor de tejido superfluo. Tópicamente aplicado en la cabeza, se describe su empleo en el tratamiento de la demencia paralizante (patología que podemos relacionar con las crisis de asusencia de la epilepsia). En los últimos tiempos, el empleo de los compuestos a base de antimonio se redujo al tratamiento de la leishmaniasis. Alumbre [KAl(SO 4 ) 2 ·12H 2 O] El empleo del alumbre como mordiente en tintorería se prolongó a lo largo de los siglos y sus usos terapéuticos fueron numerosos; se empleó como secativo, en el tratamiento de gingivitis, de infecciones y hemorragias, para prevenir el olor en axilas e ingles, cicatrización de úlceras, como sustancia estíptica, para elimina carne superflua. En oftalmología se incorporó a colirios para tratar la ceguera. A todo esto, Dioscórides añadió el uso en amigdalitis, como anticonceptivo y abortivo. El alumbre es uno de los compuestos de origen mineral más citados en los textos antiguos de farmacología, y también es, junto con el carbonato de calcio, el compuesto que ha pervivido en la farmacopea actual con mayor utilidad. Se mantienen hoy en día prácticamente todos los usos, incluso algunos de la misma forma que se empleaban antaño como la aplicación directa de alumbre en las úlceras bucales o el uso de la propia piedra como sustancia astringente, antitranspirante y desodorante (por la acción antibacteriana) en la hiperhidrosis. Se mantuvo su uso como un buen hemostásico y -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   en el tratamiento de amigdalitis, faringitis y gingivitis mediante la preparación de gargarismos con propiedades antisépticas y gingivales. Se empleó en el tratamiento de la blenorragia, enterorragia y diarreas. Se mantuvo su empleo en la formulación de colirios. Y finalmente, el alumbre calcinado (Alumen ustum) se utilizó como como cáustico. La capacidad del alumbre para precipitar las proteínas lo convierte en un potente astringente y bactericida. Hoy su uso interno, a grandes dosis, está contraindicado puesto que puede ser corrosivo, llegando a producir necrosis en las encías y hemorragias gastrointestinales. Se justifica así que sea una sustancia con caracter astringente o cáustico en función de la concentración en la que se utilice. Oro (Au) Cuba recopila el empleo del oro en la sarna, la lepra, la halitosis y también como cardiotónico y antiarrítmico. A pesar de que todas estas aplicaciones han sido abandonadas en la farmacopea actual, en los últimos tiempos, el oro ha tenido un papel destacado como antituberculoso y alexifármaco. Su incorporación a compuestos con actividad citostática está siendo investigada con resultados esperanzadores. Arsénico, Oropimente y Rejalgar (As, As 2 S 3 , AsS) HS trata de forma conjunta las tres sustancias atribuyéndoles propiedades terapéuticas pero sin diferenciar a cuál corresponde cada una. Las describe como mordicantes, antihemorroidales, antialopécicas (con resina de pino), estípticas, antitusivas en tratamiento de “toses antiguas”, antiasmáticas, para eliminar las “expectoraciones sucias”, depilatorias (mezclada con cal). Todas estas son aplicaciones coincidentes con la obra de Dioscórides, donde sí podemos diferenciar a qué molécula corresponde cada remedio. Éste diferencia el oropimente, compuesto más potente, empleado como depilatorio y mordicante y el rejalgar o sandaraca de efecto más atenuado y que se utilizaba en patologías respiratorias, como antialopécico (con resina), en el tratamiento de llagas y callos. En las farmacopeas de los últimos dos siglos se describe el arsénico como sustancia cáustica débil en tejidos sanos y enérgico en tejidos alterados, utilizado para la destrucción de tejidos enfermos (psoriasis y liquen) pero cuyo uso tiende a desaparecer. Su aplicación destacable más reciente es en el tratamiento de la sífilis. Se establece aquí la hipótesis de que el empleo de los sulfuros de arsénico como un antitusivo, pueda estar más relacionado con la presencia de azufre que con la de arsénico dentro de la misma molécula. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Piedra Bezoar (posiblemente oxalatos, entre otros) Ha sido la sustancia lexifármaca por excelencia, impidiendo la acción de los venenos tanto tópicamente como al interior, incluso aplicados al propio animal venenoso reducen el poder del tóxico. También introducidos en alimentos consiguen detoxificarlos. La presencia de oxalatos en estas litiasis presentes en el aparato digestivo de los rumiantes pueden justificar la acción alexifármaca; los oxalatos forman quelatos con sustancias tóxicas como los metales pesados precipitándolos e impidiendo que se absorban en el organismo. Bolo Arménico (SiO 2 ) Empleado como hemostático, en el tratamiento de abscesos y expectoraciones sanguinolentas que se relacionan con patologías como la tisis y la peste y en la curación de úlceras intestinales. Como arcilla que es, las propiedades hemostáticas del bolo arménico quedaron justificadas en el capítulo de la arcilla. Su empleo en afecciones pulmonares, se puede justificar por el efecto esclerosante que ejerce el sílice sobre el tejido pulmonar infectado. Bórax [Na 2 B 4 O 5 (OH) 4 .8(H 2 O)] Cuba describe su empleo como detersivo de excrecencias intestinales y como coadyuvante en el tratamiento de mordeduras por animales venenosos. De Plinio y de Dioscórides no se encuentran referencias a los usos terapéuticos del bórax, a pesar de que en los últimos tiempos ha sido una de las sustancias minerales más empleadas por su poder antiséptico, fundamentalmente en las afecciones de la cavidad bucal, así como en el tratamiento de candidiasis orales. Cal (CaO) Sustancia ampliamente conocida y usada por los más antiguos farmacólogos; tanto sus propiedades fisico-químicas como la forma de obtenerla quedan perfectamente descritas desde al menos el siglo I. HS recoge su empleo como hemostático, cosumidor de la carne superflua, útil en el tratamiento de quemaduras. Cuba menciona que lavada es secativa sin resquemar, también se atenuaba su efecto mezclándola con suero y con aceite, haciéndola útil en el tratamiento de pústulas, apostemas y heridas. Plinio y Dioscórides también suavizaban el efecto de la cal con aceite y grasa. La cal ha constituido, hasta hace apenas -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   VII.1Introducción  En este apartado nos referiremos a los fósiles contenidos en el HS, atendiendo, ineludiblemente, a sus propiedades mágico-sanatorias pues se mantiene la creencia a lo largo de los siglos, incluso hasta nuestros días, de que la mera presencia de un ente con ciertas propiedades era suficiente para trasmitirlas al que lo portaba. La mayoría de los fósiles, al igual que hemos visto en algunas rocas y minerales, aparecen fundamentalmente referidos con nombres crípticos en los lapidarios, de ahí su dificultad de reconocerlos. Los llamados lapidarios constituyen textos que fundamentalmente describen las propiedades mágico-medicinales de las piedras (Duffin 2005; Liñán 2005d; Liñán et al. 2006a). Este género pervivió hasta los inicios del siglo XIX en que fue gradualmente sustituido por los textos farmacológicos. El papiro de Ebers que data del año 1500 a.C. (correspondiente a la XVIII dinastía de Amenhotep I) puede ser considerado el lapidario más antiguo conocido. Como se ha visto en el apartado anterior de geofarmacia, estos tratados contienen descripciones crípticas de los minerales, las rocas, los fósiles y otras sustancias químicas seguidas de sus poderes curativos y a los que se hace referencia aludiendo a nombres geográficos, mítológicos, físicos o médicos. En este apartado de la tesis estudiaremos los fósiles que desde los textos más antiguos han ido permaneciendo en los diversos lapidarios y que han quedado recogidos también en el “Hortus sanitatis”. El análisis de las referencias históricas a fósiles en estos tratados arcaicos ha sido denominado Criptopaleontología una disciplina que “estudia las observaciones paleontológicas ocultas en los textos históricos y tradiciones orales de los pueblos” (Liñán 2004). Se trata de una disciplina que por su definición, además de aspectos paleontológicos también incluye aspectos médico-farmacológicos (remedios contra las enfermedades), el descubrimiento de fósiles en lugares arqueológicos y el estudio de tradiciones orales de diferentes culturas incluyendo mitos y leyendas. Se extiende, por lo tanto, desde el campo de la paleontología hacia la medicina, la farmacia, la historia, la arqueología y el folclore a través de la interpretación de los fósiles por la humanidad. Para este trabajo, como se recoge en el apartado de metodología, se estudiarán sólo los fósiles contenidos en el “Hortus sanitatis” pero se contrastará su contenido con las citas presentes en los lapidarios: “Perì líthôn” de Teofrasto (siglo III a.C.), los cuatro lapidarios apócrifos griegos (“Líthica Orphéôs”, “Orphéôs Líthica Kêrygmata”, “Socrátous Dionísou perì líthôn” y “Damigerón-Evax”: siglo II a.C.), la “Historiae Naturae” de Plinio (siglo I d.C.), “De Materia Medica”, de Dioscórides (siglo I d.C.), “Etymologiarum” de Isidoro de Sevilla (siglo VII) y el “Libro de las Piedras” de Alfonso X (siglo XIII). Todos ellos pueden ser considerados -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   como las obras más representativas en la historia de la geología y la farmacología de la cultura occidental. El lapidario de Teofrasto (372-287 a.C.) se conserva parcialmente. Las piedras tratadas en él, en general, carecen de usos terapéuticos, únicamente la esmeralda se presenta como de utilidad en el tratamiento de patologías oculares (T 32). El “lapidario Órfico”, “lapidario Órfico Kerygmata” y el “lapidario Sócrates-Dionisos” se conservan como copias griegas que presumiblemente datan del siglo IX (Halleux y Schamp 1985). El lapidario de Damigerón-Évax (posiblemente escrito por el mago Damigerón y que juntamente con una carta del rey Évax de Arabia fueron enviados al emperador Romano Tiberio) es una copia latina de un antiguo lapidario griego supuestamente escrito antes del siglo II a.C. y del que se conserva una parte en la enciclopedia del médico Etio de Amida (siglo VI) (Liñán 2005a). Estos últimos cuatro lapidarios se engloban en un grupo de manuscritos conocidos como lapidarios apócrifos griegos y han sido estudiados, sintetizados y traducidos al francés por Halleux y Schamp (1985). Los ejemplares fósiles en ellos descritos, han sido analizados por Liñán (2005a). La obra “Historia Natural” (77 d.C.; Healy 2000; Duffin 2005, 2006) del científico y naturalista romano, Plinio “el Viejo” (c 23-79 d.C.) aglutina una vasto lapidario en los libros XXXVI y XXXVII. Los fósiles en ellos descritos han sido analizados por Liñán (2005b) a partir de la traducción de Bostock y Riley (1857) y comparándolo con el texto latino original traducido al español por Domínguez García y Riesco (1993). El cirujano y botánico Pedanio Dioscorides Anazarbeo (c40-90 d.C.) escribió “De Materia Medica” en griego (5º década del siglo I d.C.). Contiene cinco libros, el último de ellos (tratado V) está dedicado al vino y a las piedras. Los fósiles en él tratados han sido estudiados por Liñán (2005c). Las “Etimologías” de Isidoro (s. VII), Obispo de Sevilla, engloba XX libros escritos durante el siglo VII. La parte correspondiente al lapidario queda incluida en el libro XVI, ésta será tratada desde un punto de vista fundamentalmente paleontológico puesto que apenas se ofrecen remedios terapéuticos. Para esta tesis hemos empleado la traducción del texto latino original de Oroz Reta y Marcos Casquero (2004). El lapidario de Alfonso X “el Sabio” de Castilla (1223-1284) es la primera obra escrita en español en la que se describen remedios terapéuticos de origen paleontológico. Se conservan de él dos códices traducidos del manuscrito Árabe original al castellano antiguo que datan aproximadamente de 1250, esta traducción se llevó a cabo por orden del rey Alfonso X y está constituido por cuatro libros; la traducción del primero y del cuarto se atribuyen a Abolays y Aben-Quiche respectivamente; ambos hacen referencia a diversos fósiles dentro de las 360 y 92 piedras descritas en ellos, respectivamente. El texto alfonsino -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   tiene la particularidad, además, de que suele dar los nombres alternativos en griego, latín, egipcio, caldeo, árabe y castellano para bastantes de las piedras tratadas. Los fósiles estudiados de estas obras se encuadrarán dentro de una sistemática paleontológica. Para la ubicación de los fósiles dentro de cada lapidario, se citará primero el nombre del fósil seguido de la inicial del autor, y a continuación el libro y el capítulo en números romanos y en el caso de los parágrafos, estos vendrán citados en números Árabes.  VII.2Fósiles Tratados VII.2.1Filo Coelenterata Los celentereos o cnidarios pertenecen a un filo que pervive desde el Paleozoico (540 millones de años) hasta nuestros días. Los corales constituyen el colectivo de celenterados más abundante en el registro geológico.  Piedra del panal (Iris HS V 67)  Descripción ůďĞƌƚŽůŝƌŝƐĞƐƉĂƌĞĐŝĚŽĂůĐƌŝƐƚĂůLJĐŽŶŐƌĂŶĨƌĞĐƵĞŶĐŝĂƚŝĞŶĞĨŽƌŵĂŚĞdžĂŐŽŶĂů ŶĂdžŝŶƐŝƐƚĞĞŶƋƵĞǀŝĞŶĞĚĞƌĂďŝĂLJŶĂĐĞĞŶĞůŵĂƌZŽũŽ[seguramente se refiere a una gema, quizá a un cuarzo] EŽƐŽƚƌŽƐ ƐŝŶ ĞŵďĂƌŐŽ ŚĞŵŽƐ ůŽĐĂůŝnjĂĚŽ ŐƌĂŶ ĂďƵŶĚĂŶĐŝĂĚĞĞƐƚĂƐƉŝĞĚƌĂƐĞŶůĂƐŵŽŶƚĂŹĂƐĚĞůĞŵĂŶŝĂƋƵĞƐĞĞŶĐƵĞŶƚƌĂŶĞŶƚƌĞĞů ZŚŝŶLJdƌĠǀĞƌŝƐLJƐŝĞŶĚŽĚĞĚŝƐƚŝŶƚŽƐƚĂŵĂŹŽƐƚŽĚĂƐƚŝĞŶĞŶĨŽƌŵĂ ŚĞdžĂŐŽŶĂů  ŽƚƌĂƐ ƉŝĞĚƌĂƐĐƵLJĂĨŽƌŵĂŶĂƚƵƌĂůĞƐƌĞĚŽŶĚĂƐĞůĞƐĚĂĨŽƌŵĂŚĞdžĂŐŽŶĂůƐĞůĞƐĚĂůĂŵŝƐŵĂ ĨŽƌŵĂ ĚĞ ŚĞdžĄŐŽŶŽ ƋƵĞ Ɛŝ ƐĞ ƚƌĂƚĂƐĞ ĚĞ ƉĂŶĂůĞƐ ĚĞ ĂďĞũĂƐ ĐŽůŽĐĂĚŽƐ ĞŶ ƐƵ ŝŶƚĞƌŝŽƌ ĂƵŶƋƵĞƐƵĨŽƌŵĂĞdžƚĞƌŶĂĞƐƌĞĚŽŶĚĂ Esta descripción de la Piedra hexagonal que se hace al final del párrafo anterior se corresponde bien con la Piedra de Panal (Liñán et al. 2012) que son corales coloniales de calcita cuyos individuo tienen forma hexagonal y que el autor seguramente confunde con la piedra Iris por su morfología. Plinio menciona la piedra Crocallis: “La crocallis es la reproducción de un panal de -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   cera” (P XXXVII 154). La piedra del panal o Crocallis (del griego krókos, amarillo) puede ser considerada un fósil de celenterados. Otros ejemplos de fósiles de celenterados que aparecen en las obras estudiadas son los corales fósiles mencionados en los lapidarios Órficos (O), Kerygmata (K), Náutico (N) y Damigerón-Evax (DE) donde se mezclan corales fósiles con corales actuales (Liñán 2005 a). En el lapidario de Alfonso X (AX I 39 120) se cita la piedra Farquidiuz: “Del trigésimo grado del signo de Cáncer es la piedra a que dicen farquidiuz. Ésta es hallada en la isla de Alcaquak, en la ribera de la mar. Y es de color amarilla, y ha en ella líneas negras, metidas unas sobre otras, en semejante de árbol. Piedra es muy pesada y fuerte, y dura de quebrantar, de manera que no quiebra sino con gran trabajo. Y si la metieren en el fuego, sale de ella un olor muy malo, que huele como carne podrida. Y si este humo oliere alguno que tuvo demonio, tómale luego; más al que no tuvo, no le hace daño ninguno”. Esta piedra ha sido identificada como una caliza bituminosa con colonias fósiles de corales en su interior (Liñán y Liñán 2006 b). La descripción de la Piedra Crocallis de Plinio y de la que describe Cuba es perfectamente compatible con las colonias de corales fósiles frecuentemente incluidas en niveles calcáreos. El esqueleto calcítico se recubre habitualmente con limonita amarilla a causa de la meteorización. Los corales fósiles son fácilmente reconocibles y son abundantes en los registros geológicos. Algunos fósiles briozoos pueden también recordar a panales de abejas o avispas, pero éstos fósiles son microscópicos. Otros fósiles como los de los equinodermos cistoides y crinoides poseen un cuerpo compuesto por una placa poligonal que una vez disuelta puede recordar al molde negativo de un panal pero la escasez de estos ejemplares fósiles los descarta como posibles Crocallis. Por último, el icnogénero Paleodyction, tiene un ligero relieve poligonal que se asemeja a una malla, sin embargo este tipo de icnotaxones son también muy escasos. En suma, la Piedra Crocallis, debía ser una antigua referencia a colonias fósiles de corales que dieron lugar a diversos tipos de leyendas (Torrubia 1758); como era el caso de los histerolitos (Cyclolites) descritos como piedras de la fertilidad por su similitud con el órgano genital femenino. En el estudio tanto de los lapidarios apócrifos Griegos como de la obra de Plinio, no se encuentran referencias mágico-medicinales de la Piedra Crocallis. Por el contrario, en Cuba, sí que aparecen descritos una serie de remedios en el capítulo de la Piedra Iris; lo que en este caso no queda claro es a qué tipo de mineral corresponden.  -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Remedios  ^ĞƚƌĂƚĂĚĞƵŶĂƉŝĞĚƌĂŵƵLJƐĞĐĂůŽĐƵĂůŝŶĚŝĐĂƋƵĞĞƐŵƵLJĂƚĞŶƵĂŶƚĞ^ƵƌŐĞĂ ƉĂƌƚŝƌĚĞůůşƋƵŝĚŽĂĐƵŽƐŽƋƵĞƐƵƌŐĞĚĞůĂƉŝĞĚƌĂƋƵĞƐĞŐĞŶĞƌĂĂƉĂƌƚŝƌĚĞƵŶďĂƌƌŽƌŽũŽ  zĐŽŵŽĞƐƚĞůşƋƵŝĚŽĂĐƵŽƐŽƐƵƌŐĞĂĨƵĞƌnjĂĚĞƐĞƋƵĞĚĂĚůĂƉŝĞĚƌĂĞƐŵƵLJƐĞĐĂLJ ŵƵLJĚƵƌĂ  ƵĂŶĚŽƵŶĂƉĂƌƚĞĚĞĞƐƚĂƉŝĞĚƌĂƐĞŵĂŶƚŝĞŶĞĂůƐŽůLJůĂŽƚƌĂĂůĂƐŽŵďƌĂĞŵŝƚĞ ƌĂLJŽƐĐŽŶůŽƐďĞůůşƐŝŵŽƐĐŽůŽƌĞƐĚĞůĂƌĐŽŝƌŝƐƐŽďƌĞůĂƉĂƌĞĚŽƉƵĞƐƚĂŽƐŽďƌĞŽƚƌŽĐƵĞƌƉŽ ĐƵĂůƋƵŝĞƌĂƉƌĞĐŝƐĂŵĞŶƚĞƉŽƌĞƐŽƐĞůĞĚĂĞůŶŽŵďƌĞĚĞŝƌŝƐ  ůŐŽƐĞŵĞũĂŶƚĞĂĞƐƚĂƉŝĞĚƌĂŶĂĐĞĞŶĞůLJĞƐŽLJĞƐƚƌĂŶƐƉĂƌĞŶƚĞĞŶůŽƐĞdžƚƌĞŵŽƐLJ ĨĄĐŝůĚĞĐŽƌƚĂƌŚĂLJƋƵŝĞŶůŽƵƚŝůŝnjĂĞŶůƵŐĂƌĚĞůĐƌŝƐƚĂůƉĂƌĂůŽƐĐƌŝƐƚĂůĞƐ;,^sϲϳͿ Así como en la descripción de la piedra podemos identificar alguna especie de coral fósil, no así en los remedios que más bien parecen hacer referencia a alguna variedad de cuarzo por su aspecto cristalino y forma hexagonal, o cualquier otra gema cristalina que produzca birrefringencia. El último punto podría identificarse con el alabastro o el yeso pero sus cristales no son hexagonales. Farmacología No está claro a qué piedra corresponden las aplicaciones terapéuticas propuestas en este capítulo, y realmente tampoco se hace una relación de ellas sino de sus propiedades ópticas.   VII.2.2Filo Echinodermata  VII.2.2.1Clase Crinoidea Los crinoideos son un tipo de equinodermos que aparecen en el periodo Silúrico. Fueron abundantes durante el Paleozoico y el Mesozoico y aún en la actualidad existen ejemplares que viven en colonias conocidas con el nombre de “lirio marino”. En los antiguos lapidarios aparecen citados como Piedra de Cabellera y/o Piedra de Cabeza (Anthropochrinus) o como Korsites y Corsoides (Liñán 2005a, b)Halleux y Champs (1985) consideran que las Korsites y Corsoides están también relacionadas con la Anthropocrinus. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Se les ha asignado otras denominaciones como Piedra de Sienes o Syringitis y quizá también Botrychitis. Erotylos, Amphicomos o Hyeronemon que probablemente también hagan referencia a fósiles de crinoides (Liñán et al. 2012) De la Piedra de Cabellos (HS V 18) Descripción En HS aparece una somera referencia a la Piedra de Cabellos dentro del capítulo del oro, identificado como uno de los diversos tipos de oro que según Cuba, Avicena describió: “ǀŝĐĞŶĂ,ĂLJŵƵĐŚĂƐĐůĂƐĞƐĚĞŽƌŽĂƐĂďĞƌŶĂƚƵƌĂůŵĂŐŝƐƚƌĂůdžŝƌĐŚŝnjĂĨƌŝŽďƌŝƐƵŵ ĐŽůŽŶĞƚĐLJĞůƋƵĞĞƐĚĞĂůĞdžŝƌĞƐŵĞũŽƌƋƵĞĞůŽƌŽŚĂĐĞƌƋƵĞŶŽƐĞƉƵĞĚĞƚƌĂďĂũĂƌƉŽƌ ŽƚƌĂƉĂƌƚĞĞdžŝƐƚĞŶƚƌĞƐƚŝƉŽƐĚĞŽƌŽĚĞ ĂůĞdžŝƌĂƐĂďĞƌĚĞƉŝĞĚƌĂĚĞĐĂďĞůůŽƐ΀ĚĞ ƉĞƚƌĂ ĐĂƉŝůůŽƌƵŵ΁ĚĞƐĂŶŐƌĞLJĚĞŚƵĞǀŽƐůŽƌŽŶŽƉƵĞĚĞĚĞƌŝǀĂƌĚĞŽƚƌĂƐƉŝĞĚƌĂƐƉĞƌŽŚĂLJ ƋƵŝĞŶĞƐĞůĂďŽƌĂŶƵŶŽƌŽĨĂůƐŽLJƵŶĂƉůĂƚĂĨĂůƐĂ;,^sϭϴͿ No se puede descartar que Cuba se refiera además del oro a ciertos fósiles o minerales con la piedra de cabellos [crinoides?], la piedra de sangre [hematites?] y la piedra de huevos [equinoideos?]; de ser así, podemos identificar, con dudas, en este pasaje otra referencia a material fósil, puesto que la llamada “piedra de huevo” también ha sido identificada como un fósil de equinodermos (Narváez Padilla y Sarris 2010, pp. 212-213). Los crinoides presentan un esqueleto calcítico blanquecino constituido por varias placas (habitualmente en forma de estrella) y en él, es posible distinguir un tallo, un cuerpo en forma de cabeza con numerosas braquiolas en forma de brazos que les confieren la apariencia de una cabellera despeinada, lo cual concuerda con la descripción que se hace de esta piedra en los distintos lapidarios y que veremos a continuación. En relación a las referencias a fósiles crinoides en otros lapidarios; aparece citada en el lapidario de Damigerón-Évax (Lapis Anthropocrinus DE LIII) la Piedra de Cabellera: “La piedra “anthropocrinus” contiene estrellas despeinadas a modo de cabellera humana. Esta piedra facilita la liberación de la magia y de las artes malévolas cuando se lleva puesto en un collar de hilo multicolor”. Los crinoides son también descritos como “piedra de cabeza” (Lithos Korsites, Orpheus v. 498-509 y Órfico Kerygmata 19; Lapis Corsoides (P XXXVII 153) que etimológicamente proviene del griego Korsé, cabeza (véase Liñán 2005a; Liñán et al. 2012). -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   En el lapidario de Orpheus se encuetra otra referencia a esta piedra: “Él tampoco había oído hablar de la piedra <korsites> puesto que si la hubiera mezclado con una cabeza de ajo picante habría privado bien pronto de su poder al escorpión, el arquero de saetas paralizantes. Esta piedra es muy semejante a las sienes de un mortal. Triturada en polvo y disuelta en vino muy agrio, pone fin, lo aseguro, a los efectos del veneno del áspid sanguinario, portador de la muerte. Y si se disuelve un fragmento de piedra en una misma cantidad de aceite de rosa cocido al fuego, el producto es un remedio contra los males del cuello. Y si se mezcla esta piedra con miel suave, elimina las bolsas malignas y los humores que se forman en el vientre de los hombres y que hacen brotar en la ingle, cuando se presiona el abdomen, bubones deformes”. En el lapidario de Kerygmata: “La piedra llamada korsites. Así llamada por su similitud con el “korsé”, en otras palabras: la cabeza humana. Se dice que cuando es triturada con ajo y bebida es buen remedio para la picadura del escorpión. Limpia el estómago, cura la hidropesía y reduce los bubones cuando se unta con aceite de rosas”. También aparece citada en Plinio (P XXXVII 153): “La corsoides [se parece] a la canicie de la cabeza”. Como vemos, la mención a cabezas, sienes y canicies en la descripción críptica de esta Piedra de Cabeza o Piedra de Cabellera en los lapidarios antiguos sugiere que se trata de esqueletos crinoideos, aunque no es posible afirmarlo en el HS. Otra piedra citada por Plinio y que también ha sido identificada como crinoideos es la Piedra de Rizo o Botryochitis (P XXXVII 150): “Zoroastro llamó botrychitis 47 a una piedra que se parece mucho a la cabellera de las mujeres”. En base a todo esto, de acuerdo con Liñán (2005a) los crinoideos probablemente están citados en la bibliografía, al menos, desde el siglo II a.C. y probablemente antes, si consideramos como real la existencia del lapidario perdido de Zoroastro (VI a.C). Remedios Los remedios citados en Cuba, en el capítulo donde se menciona esta piedra, corresponden al oro y por lo tanto no tendría sentido analizarlos aquí. En cuanto a los citados por otros autores para la Piedra de Cabellos, dado su carácter mágico y esotérico tampoco profundizaremos en ellos, sólo mencionar que han sido empleados como talismanes contra maleficios y picadura de escorpiones, en la confección de hechizos y en el alivio de molestias intestinales.    'Con forma de rizo'; del gr. bóstrychos 'rizo del pelo'.  -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   VII.2.2.2Clase Echinoidea Estos equinodermos marinos del Mesozoico tienen un esqueleto calcítico compuesto por placas y espinas. Han sido relacionados con la Piedra Judaica y con la Piedra Solvente, así llamada por su capacidad para disolver las urolitiasis (Duffin 2006a). Un estudio criptopaleontológico de los equinoideos en las fuentes más antiguas se encuentra en Liñán et al. (2012). De la Piedra Judaica (thegolithus HS V 133) Descripción Cuba (HS V 133 E) relaciona la thegolithus o Piedra Judaica con el hueso de una aceituna: ^ŽůŝŶŽůƚŚĞŽŐŽůŝƚƵƐĞƐƵŶĂƉŝĞĚƌĂƉĂƌĞĐŝĚĂĂƵŶŚƵĞƐŽĚĞĂĐĞŝƚƵŶĂ Anteriormente Plinio establece la misma comparación (P XXXVI 184) y le atribuye además otros nombres como el de Eureos (P XXXVI 161): “la gema eureos se parece al hueso de una aceituna y tiene estrías como las conchas, pero no es tan blanca”. Las estrías que menciona Plinio se corresponden con las espinas de los equinodermos. Otra denominación que probablemente se corresponda con la misma piedra en Plinio, es la de piedra Pyren (P XXXVII 188): “la pyren fue llamada así por su similitud con el hueso de una aceituna, y en su interior parece tener a veces espinas de peces”. Etimológicamente del griego pyrén, piedra de aceituna. Dioscórides dedica un capítulo a la piedra judaica (Ioudaikós Lithos D V 137): “Procede de Judea. Tiene forma de bellota, blanca, de proporciones bastante ajustadas, provista de unas líneas paralelas como salidas del torno. Desleída, queda desprovista de cualidad al gusto”. Aparece de nuevo descrita por Galeno (G XII 199). Isidoro también la cita (I XVI 4, 12): “La piedra judaica (Iudaicus) es blanca y tiene forma de bellota; presenta, una bajo otra, diferentes letras que los griegos denominan grammai”. En el lapidario de Alfonso X se describe la Piedra Iudiega (AX 109): “Ésta hallan en la tierra a que dicen Falaztim [Palestina], y es siempre hallada en forma de bellota. De color es -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   blanca y ha en ella líneas verdes de largo en largo. De su natura es fría y húmeda, y deshácese cuando la echan en el agua; y lo que de ella sale, no ha sabor ninguno. De ellas hay que son llanas de un cabo, y del otro redondas, en forma de castaña [una probable referencia al esqueleto de los equinoideos]; y son cerca de tamaño como una nuez”. La descripción de la piedra Marina en este mismo lapidario (AX 178), también se puede ajustar a la morfología de estos fósiles: “De forma es de los torteros que meten en los husos con que hilan, y es horadada en medio. Unas ya grandes y otras pequeñas, y por encima hechas todas así como a granos”. Remedios  ^ŽůŝŶŽYƵŝĞŶůĂǀĞůĂĚĞƐƉƌĞĐŝĂƉĞƌŽĐŽŶƐƵƐďƵĞŶĂƐƉƌŽƉŝĞĚĂĚĞƐƐƵƉĞƌĂůĂƐĚĞ ŽƚƌĂƐ & ^ŝƐĞƚŽŵĂĚŝƐƵĞůƚŽĞdžƉƵůƐĂůŽƐĐĄůĐƵůŽƐLJƋƵŝƚĂůŽƐĚŽůŽƌĞƐĚĞůŽƐƌŝŹŽŶĞƐLJĚĞůĂ ǀĞũŝŐĂ;,^sϭϯϯͿ  La cita ofrecida por Cuba y atribuida a Solino, está tomada de Plinio (XXXVII 184): “La tecolithos parece del hueso de una aceituna; como gema carece de prestigio; sin embargo rompe y expulsa los cálculos de quienes la chupan”. Etimológicamente proviene del griego tekein, disolver y lithos, piedra. Dioscórides también se hace eco de las propiedades sanadoras de la piedra judaica: “La cantidad de un garbanzo disgregada sobre la piedra de afilar como si se tratase de un colirio, mezclada con tres ciatos de agua caliente y bebida, tiene virtud de prestar auxilio a las dificultades urinarias y de desmenuzar los cálculos de la vejiga” (D V 137). En el lapidario de Alfonso X se describen propiedades similares de esta piedra (Piedra Iudiega): “Piedra es pesada en sí. Y ha tal virtud, que si tomaren de ella tanto como un garbanzo, y lo pulieren en aguzadera negra, y dieren de ello a beber con tres tanto de sí de agua dulce al que a retenimiento de orina, sana, y quebranta la piedra que se hace en la vejiga, y presta otrosí contra la otra que es hecha en las riñones” (AX I 109). Al citar la piedra Melizlumen (AX 364) se mencionan propiedades similares: “quiere decir [Melizlumen] «piedra que quebranta a la otra que se cría en el hombre»... Y su virtud es tal, que, si dan de ella a beber el peso de una dracma, quebranta la piedra que se hace en los riñones o en la vejiga, y hácela echar en manera de arena menuda. Y otrosí entra en los polvos que hacen para los ojos. Y hace otra cosa, que si dan de ella a beber a la bestia que tiene olivas [litiasis], sana”. La “enfermedad de la aceituna” es un arcaísmo para referirse a las urolitiasis tras la aparición -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   del lapidario. De la piedra Marina dice el lapidario Alfonsí (AX I 178): “De natura son calientes y húmedas. Y su virtud es tal, que quien bebe de ella el peso de media dracma, quebranta la piedra que se hace en la vejiga o en el riñón, y hácesela echar como arena menuda”. La similitud en el empleo de la piedra judaica descrito por Dioscórides y posteriormente en el lapidario de Alfonso X hace pensar que la obra de Dioscórides fue, sin duda, una de las fuentes para la elaboración del manuscrito caldeo primitivo, posteriormente traducido al árabe y finalmente al Castellano antiguo. La coincidencia manifiesta entre los distintos autores acerca de la acción litotrítica de la piedra judaica responde, bien a la enorme difusión de las propiedades curativas de esta piedra o bien a que todos los autores a lo largo de la historia han tomado una única fuente común. Farmacología Los cálculos en las vías urinarias son masas duras como piedras, que se forman en cualquier parte de las vías urinarias y que pueden causar dolor, hemorragia, obstrucción del flujo de la orina o una infección. Esta patología puede afectar a más del 15% de la población en algún momento de su vida. Pueden formarse bien por la saturación de la orina de determinadas sales o porque ésta carezca de los inhibidores naturales que eviten la formación de los cálculos. Aproximadamente el 80% de los cálculos están compuestos por calcio, el resto se componen de varias sustancias como: ácido úrico, cistina y estruvita (mezcla de magnesio, amoniaco y fosfato) (Berkow et al. 1997, pp. 355-358). La explicación farmacológica, si la tuviera, del empleo de la piedra judaica en la disolución de cálculos biliares requiere primeramente justificar el tratamiento de estos cálculos por medio de alguna sustancia mineral. Efectivamente, las litiasis compuestas por ácido úrico pueden llegar a ser disueltas mediante la alcalinización de la orina, hoy se puede emplear citrato potásico (Berkow et al. 1997, p. 357), pero realmente cualquier alcalinizante de la orina podría valer; éstos pueden ser: benzoato, bicarbonato, citrato o acetato de sodio, carbonato, citrato, nitrato de potasio, citrato, carbonato, benzoato de litina (Óxido de litio, que se halla combinado con algunos minerales y disuelto en ciertas aguas medicinales) (Goglia 1934, pp. 354-355). En el caso de cálculos fosfatídicos la administración de altas dosis de hidróxido de aluminio es capaz de mantener la orina con un tenor bajo de fosfatos, por la disminución de la absorción de estos en el intestino (Litter 1975, p. 902). Excepcionalmente la litiasis fosfática está relacionada con la hipoacidez humoral con lo que su tratamiento, al contrario que en el resto de las urolitiasis, se centrará en sustancias que reduzcan el pH de la orina como son el ácido fosfórico, el fosfato ácido de sodio o el ácido láctico. El bicarbonato -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   identificadas con amonites. Además, según el lapidario Damigerón-Évax, Orithes es sinónimo de Siderites (Plinio posteriormente también recogerá esta sinonimia), considerada por Liñán et al. (2012) como amonites. Damigerón-Évax (XVI): “La Piedra Orithes tiene un aspecto negro y redondeado. También es llamada siderite y protege contra la mordedura de bestias venenosas. Triturada y mezclada con ungüento de rosa cura las heridas causadas por las bestias, y cuando se lleva cura los tendones. Cuando un hombre sujeta la piedra duerme protegido del ataque de las bestias. Los magos que viajan solos portándola evitan el ataque de las bestias. Hay otra orithes... depositada en carbón ardiente... queda intacta... Existe una tercera especie...” Son múltiples las referencias a la Piedra de Serpiente (ver Duffin 2005) identificada como amonites. El lapidario Kerygmata recoge la Lithos Siderite o Piedra Animada de Montaña que es asimilada a amonites por Liñán et al. (2012). Kerygmata 16: “La Piedra Siderite que algunos llamaron Piedra Animada de Montaña. Así llamada debido a su naturaleza y la ubicación donde se localiza. En efecto, se encuentra en las montañas. Tiene un aspecto redondo o casi redondo, arrugada, sólida, negra y densa por naturaleza. La piedra está toda rodeada de surcos y crestas. Al parecer es muy útil para protegerse de las serpientes, y los que cruzan a Libia, país sin agua y plagado de reptiles venenosos, si la portan pueden caminar libremente entre ellos... Si se cuelga de la cintura de las mujeres infértiles se dice que induce la fertilidad y tendrán partos felices". Plinio (P XXXVII 176) también cita la “laoritis 48 tiene forma esférica y algunos la llaman sideritis 49 ; es insensible al fuego”. Remedios De la Dragonites se dice en el Hortus sanitatis:  dĂŵďŝĠŶƐĞĚŝĐĞƋƵĞĂŚƵLJĞŶƚĂůŽƐǀĞŶĞŶŽƐĚĞůĂƐŵŽƌĚĞĚƵƌĂƐĚĞůŽƐĂŶŝŵĂůĞƐ ǀĞŶĞŶŽƐŽƐLJƐĞĂƐĞŐƵƌĂĂƐşŵŝƐŵŽƋƵĞĂLJƵĚĂĂĐŽŶƐĞŐƵŝƌůĂǀŝĐƚŽƌŝĂ(HS V 47). En cuanto a la Piedra Orithes:  ůŵŝƐŵŽĂƵƚŽƌ΀ƌŶĂůĚŽ΁ƐƚĂƉŝĞĚƌĂůůĞǀĂĚĂĐŽŵŽĂŵƵůĞƚŽLJƉĞƌĨƵŵĂĚĂĐŽŶ ĂŐƵĂĚĞƌŽƐĂƐŝŵƉŝĚĞůŽƐĂĐĐŝĚĞŶƚĞƐLJƉƌĞǀŝĞŶĞĚĞůĂƐŵŽƌĚĞĚƵƌĂƐ ǀĞŶĞŶŽƐĂƐ ĚĞ ůŽƐ  48 Del gr. óros, montaña. 49 No confundir con la siderites, con la que tiene en común la insensibilidad al fuego. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   ƌĞƉƚŝůĞƐLJĚĞůŽƐĚĞŵĄƐĂŶŝŵĂůĞƐůŵŝƐŵŽĂƵƚŽƌůĂŵƵũĞƌƋƵĞůŽůůĞǀĂĐŽůŐĂĚŽŝŵƉŝĚĞ ƋƵĞƋƵĞĚĞĞŵďĂƌĂnjĂĚĂLJƐŝĞƐƚĄĞŵďĂƌĂnjĂĚĂĂďŽƌƚĂ & Ğů >ĂƉŝĚĂƌŝŽ >Ă ŶĞŐƌĂ LJ ƌĞĚŽŶĚĂ ŽƌŝƚŚĞƐ ŵĞnjĐůĂĚĂĐŽŶĂĐĞŝƚĞĚĞƌŽƐĂƐĐƵƌĂ ƉĞƌĨĞĐƚĂŵĞŶƚĞůĂƐŚĞƌŝĚĂƐƉƌŽǀŽĐĂĚĂƐƉŽƌůŽƐĂŶŝŵĂůĞƐƚĂŶƚŽƐŝŚĂŶƐŝĚŽĐĂƵƐĂĚĂƐƉŽƌ ƐƵƐĐƵĞƌŶŽƐĐŽŵŽƉŽƌƐƵƐĐƌƵĞůĞƐĚŝĞŶƚĞƐWŽƌĞůŝŶŵĞŶƐŽĚĞƐŝĞƌƚŽĂŶĚĂŶĚŽĞŶƚƌĞĨŝĞƌĂƐ ĐŽŶƐĞƌǀĂĂůŽƐŚŽŵďƌĞƐŝůĞƐŽƐŵĂŶƚĞŶŝĠŶĚŽůŽƐĂƐĂůǀŽĚĞůĂƐŵŽƌĚĞĚƵƌĂƐĚĞůĂƐĨŝĞƌĂƐ>Ă ƐĞŐƵŶĚĂ ĞƐƉĞĐŝĞ ĚĞ ŽƌŝƚŚĞƐ ƋƵĞ ĞƐ ǀĞƌĚĞ ĐŽŶ ŵĂŶĐŚĂƐ ďůĂŶĐĂƐ ƉƌĞƐĞƌǀĂ Ă ƋƵŝĞŶĞƐ ůĂ ůůĞǀĂŶ ĐŽŶƐŝŐŽĚĞ ƚŽĚŽƐ ůŽƐ ƐƵĐĞƐŽƐ ĂĚǀĞƌƐŽƐ ůĂ ƚĞƌĐĞƌĂ ƐĞ ůĞ ĂƚƌŝďƵLJĞ ƵŶĂ ĨĂŵĂ ĚĞ ŵƵĐŚŽŵĄƐƉĞƐŽƉŽƌƵŶůĂĚŽĞƐƌƵŐŽƐĂĐŽŵŽƐŝĞƐƚƵǀŝĞƐĞůůĞŶĂĚĞĐůĂǀŽƐƉŽƌůĂŽƚƌĂĞƐ ŵƵLJƐƵĂǀĞĐŽŵŽƵŶĂůĄŵŝŶĂĚĞŚŝĞƌƌŽůĂŵƵũĞƌƋƵĞůĂůůĞǀĂĐŽůŐĂĚĂůĞŝŵƉŝĚĞƋƵĞĚĂƌƐĞ ĞŵďĂƌĂnjĂĚĂLJƐŝLJĂĞƐƚƵǀŝĞƐĞĞŵďĂƌĂnjĂĚĂůĞƉƌŽǀŽĐĂĞůĂďŽƌƚŽĚĞĨŽƌŵĂŝŶŵĞĚŝĂƚĂ(HS V 94). Los remedios ofrecidos por Cuba son, como se puede ver, copia de lapidarios anteriores, concretamente del Damigerón-Évax y del apócrifo Kerygmata, sin embargo mientras el lapidario Kerigmata alaba el poder de hacer más fértil a la mujer, en la versión de Cuba el efecto conseguido es el contrario. Farmacología Al menos desde el siglo II a.C. los amonites por su semejanza morfológica con una serpiente enroscada han sido empleados, dentro de la medicina simpatética, para repeler las bestias venenosas. También para condicionar la fecundidad de la mujer; en ambos casos la explicación debe ser más mágica que real. Este último uso se puede vincular con el aspecto femenino de los ocho dioses egipcios que son serpientes (Narváez Padilla et al. 2010).  -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   VII.2.4Filo Chordata VII.2.4.1Clase Chondrichtyes De la Glossopetra (HS V 62) Descripción Entre los fósiles procedentes de peces, Cuba cita la Glossopetra o Piedra de diente de tiburón: “^ŽůŝŶŽ >Ă ŐůŽƐŽƉĞƚƌĂĐĂĞĚĞůĐŝĞůŽĚƵƌĂŶƚĞůŽƐĞĐůŝƉƐĞƐĚĞ>ƵŶĂĞƐƉĂƌĞĐŝĚĂĂůĂ ůĞŶŐƵĂĚĞůŚŽŵďƌĞLJƐƵǀŝƌƚƵĚʹĐŽŵŽĚŝĐĞŶůŽƐŵĂŐŽƐͲŶŽĞƐƉĞƋƵĞŹĂƉƵĞƐĐƌĞĞŶƋƵĞĞƐ ĐĂƉĂnjĚĞŵŽǀĞƌĂůĂ>ƵŶĂ” (HS V 62 C). Las menciones a fósiles de peces, Glossopetra y Piedra de pez (Scaritis y Piedra Triglitis), se remontan al siglo IV a.C. Se localizaban en Grecia, Malta, Frigia, Libia y Armenia y fueron citados por los filósofos presocráticos (Zittel 1901). La Glossopetra, proviene etimológicamente del griego glóssa, lengua y del latín petra, piedra. Fue descrita por autores clásicos como Plinio (XXXVII 164): “La glossopetra, semejante a la lengua humana, no se forma en el suelo, según dicen, sino que cae del cielo durante los eclipses de luna; es imprescindible en las prácticas selenománticas. Nuestro escepticismo con relación a esto queda afianzado por la falsedad de otra afirmación según la cual esta piedra calma los vientos”. También Isidoro la recoge (I XVI 15, 17): “La Glossopetra es parecida a la lengua humana, a lo que debe su denominación. Se dice que cae del cielo cuando falta la luna. Los magos le atribuyen unos extraordinarios poderes, ya que piensan que con ella pueden provocarse movimientos lunares”. Como se aprecia, la cita del alemán Cuba y la del autor hispalense son casi iguales y tienen una fuente común en Plinio. La Glossopetra se refiere a los grandes dientes triangulares del tiburón Carcharodes megalodon un tiburón gigante del Terciario (ver Duffin 2005). Steno (1669) es el primero en comparar la piedra con los dientes de un escualo y darle su asignación como un diente de tiburón fósil. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   Remedios Los uso propuestos por todos los autores pertenecen más al mundo de la magia que al de la ciencia por lo que no nos detendremos en ellos. Su capacidad para modificar los vientos o mover la luna ya fue puesta en duda por Plinio. Como hipótesis explicativa podemos decir que la particularidad de la Glossopetra de caer del cielo en noches oscuras y su forma afilada, nos hace pensar que los antiguos identificaran las estrellas fugaces con la aparición de esta singular piedra, y que, la fascinación producida por estos fenómenos astrológicos, indujera a la detenida observación del cielo nocturno pudiendo apreciar el movimiento de la luna y erróneamente atribuirlo a la presencia de “lenguas caídas del cielo”. De la Celonites (HS V 34), Piedra de la hiena (HS V 64) o Piedra Iena (HS V 68), Selenites (HS V 115) /ƐŝĚŽƌŽ >Ă ĐĞůŽŶŝƚĞƐ ϱϬ  ĞƐ ƵŶĂ ƉŝĞĚƌĂ ĚĞ ĐŽůŽƌ ƉƵƌƉƷƌĞŽ LJ ǀĂƌŝĂĚŽ >Ă ƉƌŽĚƵĐĞ ůĂ ƚŽƌƚƵŐĂLJĐŽŶǀŝĞƌƚĞĞŶĂĚŝǀŝŶŽĂƋƵŝĞŶůĂůůĞǀĂďĂũŽůĂůĞŶŐƵĂƉĞƌŽƐſůŽƉŽƐĞĞĞƐƚĂǀŝƌƚƵĚ ĐƵĂŶĚŽ ůĂ ůƵŶĂ ĂĐĂďĂ ĚĞ ĐŽŵĞŶnjĂƌ ůĂ ĨĂƐĞ ĚĞů ĐƵĂƌƚŽ ĐƌĞĐŝĞŶƚĞ DĞŶŽŝƚĞƐ Ăů ĨŝŶĂů ĚĞů ƷůƚŝŵŽ ĐĂƉşƚƵůŽ ŝĐĞ ĂƌſŶ ĞŶ >ĂƐ ǀŝƌƚƵĚĞƐ ĚĞ ůĂƐ ƉŝĞĚƌĂƐƋƵĞĞůĨƵĞŐŽŶŽƉƵĞĚĞ ĐŽƌƌŽŵƉĞƌĞƐƚĂƉŝĞĚƌĂ;,^sϯϰͿ  En relación a la Piedra del ojo de la hiena, Cuba recoge que según Isidoro:  >ĂŚŝĞŶĂĞƐƵŶĂƉŝĞĚƌĂƋƵĞƐĞĞŶĐƵĞŶƚƌĂĞŶůŽƐŽũŽƐĚĞůĂŚŝĞŶĂŝĐĞŶƋƵĞĐƵĂŶĚŽ ƐĞĐŽůŽĐĂĚĞďĂũŽĚĞůĂůĞŶŐƵĂĚĞƵŶŚŽŵďƌĞĠƐƚĞƉƌĞĚŝĐĞĞůĨƵƚƵƌŽƌŝƐƚſƚĞůĞƐĞŶĞůůŝďƌŽ >ŽƐĂŶŝŵĂůĞƐ>ĂƐŚŝĞŶĂƐƚŝĞŶĞŶƵŶĂŐĞŵĂĞŶůŽƐŽũŽƐŽĐŽŵŽĚŝĐĞŶĂůŐƵŶŽƐĞŶůĂĨƌĞŶƚĞ ;,^sϲϰͿ /ƐŝĚŽƌŽ>ĂƐĞůĞŶŝƚĂďƌŝůůĂĐŽŶƵŶƌĞƐƉůĂŶĚŽƌďůĂŶĐŽLJĚƵůĐĞƐĞŵĞũĂŶĚŽƐĞƌůĂŝŵĂŐĞŶ ĚĞůĂ>ƵŶĂƉƵĞƐĂƵŵĞŶƚĂŽĚŝƐŵŝŶƵLJĞƐƵďƌŝůůŽĚĞĚşĂĞŶĚşĂƐĞŐƷŶĞůĐƵƌƐŽŵŝƐŵŽĚĞ ĂƋƵĞůĂƐƚƌŽ^ĞƉƌŽĚƵĐĞĞŶWĞƌƐŝĂ;,^sϭϭϱͿ  50 Chelonitis. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   La equiparación de la Piedra de la hiena con la celonites la establecemos en base a los usos mágicos que se le atribuyen; puesto que son peculiarmente coincidentes tanto en el fin como en la manera de emplearla, de lo que se infiere que los autores se estaban refiriendo a la misma piedra. En cuanto a la selenites, es probable que se trate de otra piedra con características físicas similares, como puede ser la selenita [yeso (sulfato de calcio) en cristales transparentes (Del Amo y Mora 1869, p. 90)], sin embargo la incluimos en este grupo porque los remedios, como veremos, son coincidentes con las piedras anteriormente citadas. Es de suponer que en cada región geográfica las piedras con forma de ojo se corresponderían con distintos tipos de piedra, pero con apariencia semejante. Los autores clásicos también describen las propiedades de estas piedras; Plinio menciona la chelonia y la chelonitis:”La chelonia es el ojo de la tortuga de la India y, según las mentiras de los magos, la piedra más milagrosa. Garantizan, en efecto, que si se lava la boca con miel y luego se coloca esta piedra sobre la lengua, infunde el poder de adivinar el futuro durante un día entero, si coincide con el día decimoquinto de la luna o con la luna nueva; si coincide con la luna menguante, se puede predecir el futuro antes de la salida del sol; durante el resto de los días tal poder actúa desde la hora primera hasta la sexta. Hay también unas piedras llamadas chelonitis, que son los ojos de otras tortugas y que se parecen a la piedra precedente; con ellas los magos practican muchos ensalmos para apaciguar las tormentas; según ellos, la variedad de esta piedra salpicada de gotas doradas, si es arrojada al agua hirviendo con un escarabajo, desata tempestades” (P XXXVII 154). En relación a la Piedra de la hiena, Plinio afirma que: “Dicen que las hyaenias [Piedra de la hiena] se obtienen de los ojos de las hienas, las cuales son cazadas por esta razón; y algunos creen que, si una alguien las coloca bajo la lengua, puede predecir el futuro” (P XXXVII 168). Isidoro por su parte afirma que: “La chelonitis –ojo de una tortuga india-, es de color vario y purpúreo. Los magos la colocan en su lengua y fingen vaticinar el futuro” (I XVI 15, 23). De la misma forma que hicieron los autores anteriormente citados, Isidoro también cita la Piedra de la Hiena en los mismos términos: “La hyaenia es una piedra que se encuentra en los ojos de la hiena. Dicen que cuando se coloca bajo la lengua de un hombre, éste puede predecir el futuro” (I XVI 15, 25). De manera que aunque Cuba lo recopila de Isidoro, éste, ya lo toma de Plinio, quien es además el más escéptico con la eficacia del remedio. La Piedra de la Hiena ha sido relacionada con con una gema (Liñán 2005b) y también con fósiles de dientes palatales de peces (Liñán et al. 2012). Seguramente en estas piedras se incluirían a lo largo de los siglos tanto gemas como dientes fósiles redondeados que recuerdan a la forma del cristalino del ojo. -Zoofarmacia, Geofarmacia y Criptopaleontología en el Hortus sanitatis-   La Piedra Chelidonius, también descrita por Cuba (Celidonius HS V 33) o Piedra de la golondrina, aunque también ha sido identificada como dientes palatinos fósiles (Duffin 2012b), consideramos que no se corresponde con la anterior puesto que los usos terapéuticos propuestos para la Chelidonius en Cuba, no coinciden con los citados para la Celonites. Curiosamente los remedios descritos en la Piedra de la golondrina recuerdan en gran medida a los de la Piedra Alectorius y probablemente se tratará de la misma piedra. Remedios A. >ĂĐĞůŽŶŝƚĞƐĞƐĞůŽũŽĚĞƵŶĂƚŽƌƚƵŐĂŝŶĚŝĂĚĞĐŽůŽƌǀĂƌŝŽLJƉƵƌƉƷƌĞŽ>ŽƐŵĂŐŽƐůĂ ĐŽůŽĐĂŶĞŶůĂůĞŶŐƵĂLJĨŝŶŐĞŶǀĂƚŝĐŝŶĂƌĞůĨƵƚƵƌŽ[cita textual tomada de Isidoro].  Ğů>ĂƉŝĚĂƌŝŽhŶĂƚŽƌƚƵŐĂŝŶĚŝĂƉƌŽĚƵĐĞůĂĐĞůŽŶŝƚĞƐƵŶĂƉŝĞĚƌĂĂŐƌĂĚĂďůĞƋƵĞ ĚĞƐƉƌĞŶĚĞƵŶĐŽůŽƌƉƵƌƉƷƌĞŽLJǀĂƌŝĂĚŽƐŝƐĞĐŽůŽĐĂďĂũŽůĂůĞŶŐƵĂĐŽŶůĂďŽĐĂďŝĞŶ ůŝŵƉŝĂůŽƐŵĂŐŽƐĐƌĞĞŶƋƵĞĂLJƵĚĂĂĂĚŝǀŝŶĂƌĞůĨƵƚƵƌŽĞƐĚĞĞůĂŵĂŶĞĐĞƌĚĞůĚşĂŚĂƐƚĂůĂ ƐĞdžƚĂŚŽƌĂŵŝĞŶƚƌĂƐƐĞƉƵĞĚĞǀĞƌĂůĂůƵŶĂƐĞŐƵŝƌƐƵſƌďŝƚĂĚƵƌĂŶƚĞĞůĐƵĂƌƚŽĐƌĞĐŝĞŶƚĞůĂ ǀŝƌƚƵĚĚĞůĂĐŝƚĂĚĂƉŝĞĚƌĂƐĞĚŝĐĞƋƵĞĚƵƌĂĚƵƌĂŶƚĞƚŽĚŽĞůĚşĂdƌĂƐůĂĚĠĐŝŵĂĐŝŶĐŽůƵŶĂƐ ĐŽŝŶĐŝĚĞŶĞŶƐƵĚƵƌĂĐŝſŶƉĞƌŽĚƵƌĂŶƚĞƚŽĚĂůĂĨĂƐĞĚĞĐƌĞĐŝĞŶƚĞůĂƉŝĞĚƌĂƉŽƐĞĞƚĂůǀŝƌƚƵĚ ƐŽůŽŚĂƐƚĂĞůĂŵĂŶĞĐĞƌEŽŚĂLJĨƵĞŐŽƋƵĞĚĂŹĞĞƐƚĂƉŝĞĚƌĂ[esta cita está, al menos parcialmente, copiada de Plinio]. C. dĂŵďŝĠŶ/ƐŝĚŽƌŽ>ĂĐLJŵĞĚŝĂ ϱϭ ĞƐƵŶĂŐĞŵĂƋƵĞƐĞĞŶĐƵĞŶƚƌĂĞŶĞůĐĞƌĞďƌŽĚĞƵŶ ƉĞnjĚĞůŵŝƐŵŽŶŽŵďƌĞĞƐďůĂŶĐĂLJĂůĂƌŐĂĚĂ^ĞĚŝĐĞƋƵĞĐŽŶĞůůĂƐůŽƐŵĂŐŽƐƉƌĞƐĂŐŝĂŶ ƐĞŹĂůĞƐ ĚĞ ƚƌĂŶƋƵŝůŝĚĂĚ Ž ĚĞ ƚĞŵƉĞƐƚĂĚ (HS V 34). No queda claro si Isidoro se refiere a la misma piedra, pero, sin duda, Cuba la incorpora a este capítulo por atribuírsele poderes semejantes. En el capítulo dedicado a la Piedra de la hiena, podemos leer:  Ŷ ůŽƐ ŽũŽƐ ĚĞ ůĂ ŚŝĞŶĂ ĞdžŝƐƚĞ ƵŶĂ ŐƌĂŶ ǀĂƌŝĞĚĂĚ LJ ƵŶ ĐĂŵďŝŽ ĚĞ ĐŽůŽƌĞƐ Ăů ĞŶĐŽŶƚƌĂƌƐĞĞŶƐƵƐƉƵƉŝůĂƐƵŶĂƉŝĞĚƌĂ[Piedra de la hiena]ĚĞůĂƋƵĞƐĞĚŝĐĞƋƵĞĐŽŶƐƵ ĂLJƵĚĂƐĞƐĂďĞƉƌĞĚĞĐŝƌĞůĨƵƚƵƌŽ  Ğů>ĂƉŝĚĂƌŝŽĞůŽƐŽũŽƐĚĞůĂŚŝĞŶĂƐĞĞdžƚƌĂĞƵŶĂƉŝĞĚƌĂĚŝŐŶĂĚĞĂůĂďĂŶnjĂƐĞ ĚŝĐĞƋƵĞĂƋƵŝĞŶůĂůůĞǀĂůĞŽƚŽƌŐĂĚŽƚĞƐƉƌŽĨĠƚŝĐĂƐLJƋƵĞŝŵďƵŝĚŽƉŽƌĞůůĂƉƵĞĚĞŝŶĐůƵƐŽ ƉƌĞĚĞĐŝƌĞůĨƵƚƵƌŽƐŝůĂůůĞǀĂďĂũŽůĂůĞŶŐƵĂĐŽŶůĂďŽĐĂƚŽƚĂůŵĞŶƚĞĐĞƌƌĂĚĂ;,^sϲϰͿ  51 En (I XVI,10,8), cinaedia. [Document text truncated for crawler view.]