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"La obra conjunta de la Universidad Laboral de Zamora. Arquitectura civil y religiosa de la Fundación San José", de Rafael Ángel García-Lozano

Domínguez Burrieza, Francisco Javier

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Reseñas bibliográficas 389 BSAA arte, 87 (2021): 371-398 ISSN: 2530-6359 (ed. impresa 1888-9751) Rafael Ángel García-Lozano: La obra conjunta de la Universidad Laboral de Zamora. Arquitectura civil y religiosa de la Fundación San José, Salamanca, Universidad Pontificia de Salamanca, 2019, 420 pp. Esta reseña está sujeta a una licencia “Creative Commons Reconocimiento-No Comercial” (CC-BY-NC). DOI: https://doi.org/10.24197/bsaaa.87.2021.389-390 La investigación desarrollada en este libro forma parte, tal y como indica su autor en la introducción, de su Tesis Doctoral titulada La arquitectura religiosa en Zamora (19361975), codirigida por los Doctores Esteban Fernández-Cobián y Luis Vasallo Toranzo y defendida en la Universidad de Valladolid en 2016. Constituye, en todo caso, un trabajo imprescindible para el conocimiento del conjunto arquitectónico más ambicioso proyectado en Zamora durante la segunda mitad del siglo XX. El germen de este son las Escuelas profesionales de la Fundación San José, ideadas por el equipo del prestigioso arquitecto Luis Moya Blanco a partir de 1947. Sin embargo, el libro comprende también el estudio interdisciplinar de otros espacios arquitectónicos, considerando, así, la obra conjunta de la Universidad Laboral de Zamora, la segunda de España tras la de Gijón, proyectada prácticamente al mismo tiempo y también obra del equipo liderado por Moya Blanco. La publicación se articula en torno a cinco bloques, en los que se analizan la Escuelas profesionales de la Fundación San José, el convento de Santa Clara, la Universidad Laboral femenina Nuestra Señora de las Mercedes (finalmente Colegio Rey Fernando) y la Granja Florencia. Todas ellas conforman, como se ha dicho, la obra conjunta de la Universidad Laboral de Zamora. Para concluir, se realizan breves e interesantes estudios biográficos de los artífices de todos los trabajos arquitectónicos y artísticos analizados. Tal y como señala Rafael Ángel García-Lozano en el primero de los bloques, el primer anteproyecto de escuelas salesianas llevó la rúbrica de los arquitectos municipales zamoranos Antonio Viloria Gómez-Villaboa y Enrique Crespo Álvarez (febrero de 1946). Un segundo anteproyecto fue firmado, en solitario, por el arquitecto Enrique Huidobro Pardo (abril de 1946), que formó equipo con Pedro Rodríguez Alonso de la Puente y Luis y Ramiro Moya en las obras de la Universidad Laboral de Gijón y Zamora. Es a partir de mediados del año 1947 cuando Huidobro se desvincula de la sociedad y del proyecto zamorano, tomando especial protagonismo, entonces, las ideas del equipo liderado por Luis Moya. El autor del libro se ha preocupado en recopilar, analizar minuciosamente y contextualizar la documentación manejada, dando a conocer una gran cantidad de bocetos y planos. Para ello ha procurado relacionar los trabajos ideados y llevados a cabo en Zamora con otros diseños y experiencias en torno a obras realizadas con anterioridad o posteriores al conjunto de la Universidad Laboral. En este caso, cobra sentido el radical abandono del lenguaje racionalista y la adopción del denominado clasicismo español contemporáneo. Así, García-Lozano argumenta y concluye que por encima de la ideología y de la implicación política propia del régimen franquista, en todo caso presente, el trabajo de Moya en Zamora fue una concreción arquitectónica que pretendía convertirse en “un monumento al trabajo y a una civilización nueva” (p. 85). Su investigación sistematiza y reflexiona, de igual manera, sobre la problemática de los materiales utilizados, así como de la elección de soluciones, diseños y articulación de espacios, para lo que no ha olvidado identificar y justificar 390 Reseñas bibliográficas BSAA arte, 87 (2021): 371-398 ISSN: 2530-6359 (ed. impresa 1888-9751) referencias. No obstante, la capilla de las Escuelas profesionales, núcleo central del edificio, es el apartado de este capítulo al que mayor importancia se le ha otorgado. Además de considerar los puntos en común con otras soluciones fundamentalmente barrocas, sobre todo en el interior, ya que en el exterior su portada “constituye un guiño a la arquitectura clasicista española de la que es exponente el monasterio de El Escorial” (p. 143), y realizar una comparativa con la iglesia de la Universidad Laboral de Gijón, el autor realiza un análisis integral del conjunto, incluyendo el mobiliario litúrgico, pinturas, esculturas, etc. El capítulo relativo al convento de Santa Clara, al que Luis y Ramiro Moya y Pedro Rodríguez Alonso de la Puente otorgaron una planta en forma de diapasón, describe, minuciosamente cada rincón, su proceso constructivo y algunas soluciones singulares, según indica García-Lozano, que finalmente no pudieron ejecutarse, como lo ideado para las celdas de las religiosas clarisas, literalmente abiertas frente a un gran salón orientado al mediodía. A la vez, se realiza un detallado estudio de la capilla, que incluye su cripta, considerando los puntos y elementos comunes con el espacio litúrgico de las Escuelas profesionales. El tercer bloque da cuenta del frustado intento de construir la primera Universidad Laboral exclusivamente para mujeres ideada en España, cuyo proyecto original, desaparecido, como señala García-Lozano, fue firmado en 1955 por los arquitectos Martín José Marcide Odriozola, Carlos García-San Miguel Fernández-Hermosa y Manuel Jaén Albaitero. Finalmente, con el esqueleto de hormigón en pie y paralizadas las obras durante una década, en 1966 se ideó otro edificio que sirvió como ampliación de la Universidad Laboral zamorana. En él, el estilo historicista de las Escuelas profesionales el arquitecto Marcide Odriozola da paso al “funcionalismo y la austeridad” (p. 281) del Colegio Rey Fernando. Respecto a este último, el autor analiza, fundamentalmente, sus espacios litúrgicos. El último de los edificios que termina de configurar el conjunto de la Universidad Laboral es la Granja Florencia, a cuya concepción arquitectónica y proceso constructivo dedica García-Lozano uno de los últimos capítulos del libro. Alejada 18 kilómetros de las Escuelas profesionales, el origen de la granja se remonta a 1208, tiempo en que pertenecía al Monasterio de Nuestra señora de Valparaíso. Fue en 1950 cuando el arquitecto José Luis Subirana redactó, al menos, dos proyectos. Las dificultades que García-Lozano ha tenido para la localización de estos no le han impedido realizar un interesante estudio de las edificaciones de la granja, incluyendo las viviendas de los obreros, empleados técnicos, director, administrador, guarda y otras dependencias administrativas. Con todo, la profundidad y el rigor de los interesantes puntos de vista aportados, apoyados en una ingente cantidad de documentación manejada, inédita en su mayoría, además de en una bibliografía adecuada y precisa, otorgan un valor relevante al trabajo del doctor Rafael Ángel García-Lozano en el ámbito de estudio de la historia de la arquitectura española del siglo XX. FRANCISCO JAVIER DOMÍNGUEZ BURRIEZA Universidad de Valladolid [email protected]