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Guardar secretos y trazar fronteras: el gobierno de la imagen en la Monarquía de España

Hernando Sánchez, Carlos José

Abstract

Producción Científica

Full text

El dibujan e ingenie o al se icio de la mona quía hispánica. Siglos XVI-XVIII LECCIONES JUANELO TURRIANO DE HISTORIA DE LA INGENIERÍA Alicia Cáma a Muñoz (ed.) LECCIONES JUANELO TURRIANO DE HISTORIA DE LA INGENIERÍA El dibujan e ingenie o al se icio de la mona quía hispánica Siglos XVI-XVIII Alicia Cáma a Muñoz (ed.)      ! " h p://dimh.hypo heses.o g/ EL DIBUJANTE INGENIERO AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA. SIGLOS XVI-XVIII Edición ealizada en el ma co del P oyec o de In es igación I+D+i HAR 2012-31117 El dibujan e ingenie o al se icio de la mona quía hispánica. Siglos XVI-XVIII (DIMH) Financiado po el Minis e io de Economía y Compe i i idad del Gobie no de España In es igado a p incipal, Alicia Cáma a Muñoz 2016 Diseño y maque ación Ediciones del Umb al © De la edición, Fundación Juanelo Tu iano © De los ex os, sus au o es © De las o og a ías y dibujos, sus au o es ISBN: 978-84-942695-6-1 Cubie a: GIUSEPPE PIOTTI «Il Vacallo». Ele a o del Po o e o ezza di Va igo i, ca. 1616. 395 x 555 mm. España. Minis e io de Educación, Cul u a y Depo e. A chi o Gene al del Simancas. MPD, 08, 077. La Fundación Juanelo Tu iano ha ealizado odos los es ue zos posibles po conoce a los p opie a ios de los de echos de odas las imágenes que aquí apa ecen y po conoce los pe misos de ep oducción necesa ios. Si se ha p oducido alguna omisión inad e idamen e, el p opie a io de los de echos o su ep esen an e puede di igi se a la Fundación Juanelo Tu iano. www.juanelo u iano.com FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO PATRONATO PRESIDENTE Vic o iano Muñoz Ca a VICEPRESIDENTE Ped o Na ascués Palacio SECRETARIO José Ma ía Goicolea Ruigómez VOCALES José Cala e a Ruiz Da id Fe nández-O dóñez He nández José An onio González Ca ión Fe nando Sáenz Rid uejo José Manuel Sánchez Ron PRESIDENTE DE HONOR F ancisco Vigue as González PRESENTACIÓN Desde que en el Renacimien o se comenzó a habla de ingenie os has a llega a la especialización de los amos de la ingenie ía en el siglo XVIII, la his o ia nos ha ido con ando mucho sob e los usos del dibujo po pa e de es os p o esionales. Algunos agmen os de esa his o ia se ela an en es as páginas, esul ado de un p oyec o de in es igación que pa ecía necesa io po que el dibujo se imponía en odas las in es igaciones sob e la his o ia de la ingenie ía en la Edad Mode na. Había que pone el oco de la in es igación sob e esas imágenes, y po ello eunimos un equipo in e disciplina pa a desa o- lla el p oyec o El dibujan e ingenie o al se icio de la mona quía hispánica. Siglos XVI-XVIII (HAR2012-31117), inanciado po el Minis e io de Economía y Compe i i idad. La colección Lecciones Juanelo Tu iano de His o ia de la Ingenie ía ecoge en es e lib o los esul- ados de la in es igación, al cual segui á p óximamen e o o con eniendo la aducción al inglés. ÍNDICE P ólogo...............................................................................................................................11 ALICIA CÁMARA I¿INGENIEROS VS. ARQUITECTOS? EL PROYECTO DIBUJADO 1Ins umen os, mé odos de elabo ación y sis emas de ep esen ación del p oyec o de o i icación en e los siglos XVI y XVIII...........................................17 ALFONSO MUÑOZ COSME 2De la aza de mon ea a la geome ía desc ip i a. La doble p oyección o ogonal en la ingenie ía mili a , de la Edad Media a la Ilus ación.........................................45 JOSÉ CALVO LÓPEZ 3Dibujos de ingenie os y a qui ec os sob e los Si ios Reales en el siglo XVIII: le an amien o y p oyec o...........................................................................................69 JAVIER ORTEGA VIDAL 4U gencias ca og á icas mili a es en la España de la p ime a mi ad del siglo XVIII. O denanza de ingenie os y Academia de Ma emá icas............................91 JUAN MIGUEL MUÑOZ CORBALÁN 5Me odología de análisis g á ico de los p oyec os de o i icación.............................119 FERNANDO COBOS II DESCRIBIR LAS FRONTERAS 6Gua da sec e os y aza on e as: el gobie no de la imagen en la Mona quía de España .........................................................................................143 CARLOS JOSÉ HERNANDO SÁNCHEZ 7Luis Pizaño y sus p oyec os pa a Rosas: idea, aza y decisión.................................181 PABLO DE LA FUENTE DE PABLO 8En e la alianza y la de ensa: es a egia mili a y diplomacia en los p oyec os de la Co ona pa a el occiden e Ligu (siglo XVII)....................................................197 CONSUELO GÓMEZ LÓPEZ 9Ciudad, gue a y dibujo en el siglo XVI: Imágenes desde T ípoli has a el A lán ico ma oquí ..............................................................................................221 ANTONIO BRAVO NIETO y SERGIO RAMÍREZ GONZÁLEZ RESUMEN Abo damos la co espondencia en e los concep os de on e a, dibujo y sec e o en la Mona quía de España bajo la Casa de Aus ia, du an e los siglos XVI y XVII. Se a an las luc uaciones en las p io idades de la de ensa e es e y ma í ima y el papel de la o - i icación abalua ada como c is alización del p oceso de cons ucción mili a , ju ídica y simbólica de la on e a has a la c isis de es e concep o en el pensamien o, la his o io- g a ía y la imagen del siglo XX. Solo desde una pe spec i a global puede econs ui se la dimensión polí ica del espacio que, como señaló B audel, supuso el máximo desa ío de la Mona quía po su dila ación. Pensa la on e a en la co e y los einos egidos po la Casa de Aus ia es pensa el pode como dialéc ica de in e eses, ecu sos y alo es que se in luyen mu uamen e. La on e a apa ece así como un concep o dúc il, luido, que, en e a la pé ea apa iencia de las o i icaciones, obliga a ela i iza la aplicación de concep os anac ónicos como el de «es a egia» y a supe a c i e ios ac uales de sobe anía o «p opaganda». Se a a de pensa el pode con a eglo a los alo es de una sociedad polí ica adicalmen e dis in a a la nues a en odas sus mani es aciones, empezando po una imagen ce emonial que acabó in oluc ando ambién las ep esen aciones de on e- as y o i icaciones. F en e a la e ó ica co esana, el sec e o de los dibujos de los inge- nie os mili a es se e ige en es imonio de una écnica de pode some ida a la compe encia con o as po encias, pe o ambién de una nue a mi ada sob e la ealidad. PALABRAS CLAVE F on e a, Dibujo, Sec e o, Fo i icaciones, Mona quía de España, Imagen, Co e, Inge- nie os, Casa de Aus ia, Pi ineos. 143 6 Gua da sec e os y aza on e as: el gobie no de la imagen en la Mona quía de España1 CARLOS JOSÉ HERNANDO SÁNCHEZ2 Uni e sidad de Valladolid «PASARÉ LOS FUERTES Y FRONTERAS» En el Cán ico Espi i ual, edac ado a pa i de 1578, San Juan de la C uz dejó cons- ancia de la conciencia del lími e e i o ial que se había apode ado de su época al e- cu i a imágenes que al e naban la e ocación de la na u aleza con la ob a del homb e: i é po esos ma es y ibe as;/ ni coge é las lo es,/ ni eme é las ie as,/ y pasa é los ue es y on e as. Los e bos i y pasa exp esan un dinamismo que enlaza la simbología es- pacial de los ma es y ibe as con la de los ue es y on e as del úl imo e so. Más allá del cue po y la ma e ia se ex iende o a ealidad que el alma quie e conoce aunque, como en odo iaje de iniciación, a a esa un lími e signi ique in e na se en la ie a incógni a donde habi a el mis e io. El poe a explica que «A los demonios […] llama ue es, po que ellos con g ande ue za p ocu an oma el paso de es e camino […] Dice ambién el alma que pasa á las on e as, po las cuales en iende […] las epug- nancias y ebeliones que na u almen e la ca ne iene con a el espí i u…»3. Un ho i- zon e más amplio desbo daba así el an iguo símbolo del cas illo del alma que ya había ac ualizado E asmo al desc ibi el asedio del demonio «con minas sec e as y hechas al a és» y Ped o Mexía al compa a «la áb ica y compos u a del cue po humano» a un « eslado o semejança del mundo odo», siendo «la cabeça del homb e supe io a los o os miemb os […] como la o aleza en la ciudad»4. La asociación del sec e o, el as- lado o diseño y la o aleza e lejaba una nue a dimensión del pode que no podía eludi ni siquie a la li e a u a espi i ual. Po ello, la isión mili a del comba e anímico –cul- i ada po San Ignacio y o os au o es a pa i del modelo de la Psycomachia de P u- dencio– se ía u ilizada po el a adis a po ugués F ancisco de Holanda pa a as igu a en misión eligiosa su ac i idad como diseñado de o i icaciones5. F en e a la más con encional exp esión del cas illo in e io –hecho de diaman es y e es ido con la sun- uosidad del palacio según una dila ada adición alegó ica6– donde Te esa de Jesús ubicó las mo adas del alma, los ue es y on e as de Juan de la C uz ebasan las me- á o as cons uc i as comunes a los lib os de caballe ías7–aun cuando en es os se ha- llen desc ipciones de ingenie ía mili a como las del Oli an e de Lau a de An onio de To quemada, publicado en 15648– y a las apelaciones c uzadas como el Cas illo inex- pugnable publicado po el benedic ino Gonzalo de A edondo en 15289. San Juan e- cu e a imágenes ac uales, que e ocan en su desnudez una ealidad polí ica y a qui ec ónica ap emian e bajo Felipe II, el ey cons uc o que se a anaba en ce a los espacios de un mundo cuyo des ino c eía ene encomendado po el C eado . Esa isión, compa ida po la mayo ía de sus súbdi os, hizo que la ma e ia de gue a se ex- endie a ambién a la poesía, como e leja el capi án F ancisco de Aldana, quien an es de mo i luchando jun o al ey don Sebas ián de Po ugal en el con ín no ea icano de Alcaza qui i , expuso una amplia eo ía de ensi a de las on e as peninsula es en un poema dedicado al mona ca español, sob e la base de que «Hace seis cosas pueden esis encia/ a oda mano a mada que gue ea:/ soldados con cabezas de expe iencia,/ plaza, oso y a és que ue e sea/ di icul ad de si io en eminencia,/ do la misma na u a es quien pelea…»10. Una Mona quía asediada, como el alma del c is iano, e igía nue os ue es pa a de ende las on e as más p óximas y las más lejanas. La ie a se ans- o maba así en cue po de una misión p o idencial, aunque la con inua supe ación de 144 EL DIBUJANTE INGENIERO AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA. SIGLOS XVI-XVIII las ba e as alzadas po la na u aleza o el a e abocaba a un dominio an ines able como el ma cuyas ibe as no dejaban de ensancha se. El desa ío mís ico al espacio plan eado po San Juan de la C uz e a pa alelo a la expe imen ación cien í ica de ca óg a os y dibujan es imbuidos de cul u a emble- má ica11. Unos y o o sublimaban el a án caballe esco exp esado po la di isa que ideó el humanis a y médico milanés Luigi Ma liano pa a el jo en Ca los I con mo- i o del capí ulo de la O den del Toisón de O o celeb ado en B uselas en 1516, PLUS OULTRE, p on o la inizado inco- ec amen e como PLUS ULTRA y adu- cido en los e i o ios ge mánicos como NOCH WEITER12. El sen ido c uzado de ese emblema se iden i icó con la expansión de la Mona quía du an e el einado del Césa , unido a la imagen del globo e áqueo que ya igu aba en e los símbolos impe iales13. Pa a exp esa la supe ación de esas me as ya de po sí ambiciosas, en una medalla acuñada después de la ag egación de Po ugal en 1580 un caballo co ía, desnudo y desbocado, sob e la es e a e áquea con los me idianos cuidadosamen e esal ados, bajo la leyenda NON SVFFICIT ORBIS. La ep esen ación simbólica del mo imien o hablaba de la unión del espacio y el iempo que, como explicó B audel14, a on ó la Mona quía de España en mayo medida que sus con endien es. Un mo imien o sin in pa ecía enca na «la insaciable ambición del ey de España y su nación», como se ap esu a on a p oclama en 1586 los co sa ios ingleses de D ake al encon a en el palacio del gobe nado de San o Do- mingo an p o ocado a imagen15. Es a ue copiada po uno de los homb es de D ake en un dibujo que ecoge ambién el p ime lema u ilizado po el Rey P uden e: NEC SPE NEC METV, cuyo sen ido mo al –«ni po espe anza ni po miedo»–, pod ía in- e p e a se como una apelación a las necesidades de ensi as en e a las polí icas de aumen o. Sin emba go, ese signi icado se ía elegado po el de la desmesu a en la ima- gen obada po los ingleses, un dibujo que –supe poniendo el emblema a las a mas es- pañolas pa a ilus a la ep esen ación ca og á ica de la capi al de La Española du an e el a aque inglés– p e endía se una denuncia polí ica. Si es a se undaba en un símbolo celeb a i o, o os dibujos ea lizados du an e la misma expedición de D ake ep oduci ían las más consis en es de ensas cos e as de las Indias Españolas. F en e al impulso dinámico del emblema ecues e, el ex emo es a ismo de las o alezas es- piadas se había con e ido en compendio del a e mili a y, po ello, en el mejo símbolo de la medición del espacio, insepa able del aslado de su imagen a di e sos sopo es. An es del iempo de las ce ezas geomé icas y los dogmas polí icos, cuando medi el espacio e a un desa ío y el pode se undaba en e dades ascenden es, el me o hecho de pensa el lími e de un e i o io, aunque ue a pa a nega lo, e a una a i mación de EL GOBIERNO DE LA IMAGEN EN LA MONARQUÍA DE ESPAÑA 145 FIG. 1 NON SVFFICIT ORBIS. Medalla de Felipe II. ca. 1580. Lisboa, Museu Numismá ico Po uguês. ue za y o ganización. De ahí que los mapas acompaña an a las azas de las o alezas. En la idea y en la p ác ica –con las dudas y con adicciones del aslado–, los ue es se ensambla on sob e un ho izon e de alles y mon añas, íos y ensenadas, pa a cus odia unas on e as más ní idas, aunque ulne ables, como el cue po p o egía al alma con a sus enemigos en la isión mís ica de San Juan. El se polí ico de las sociedades adicio- nales que la sobe bia bu guesa educi ía al despec i o nomb e de An iguo Régimen e a un se siemp e en ale a, que necesi aba mul iplica sus cen inelas pa a de ende unas posiciones con inuamen e dispu adas po o os en es polí icos a a és de la on e a pen- sada, dibujada y cons uida sob e la ie a paula inamen e con e ida en paisaje16. Tan ue e ue la simbiosis del lími e e i o ial y la labo cons uc i a que, una ez consumado el dominio del mundo, la on e a segui ía asociada con la imagen del cas illo o la o aleza como mo i o li e a io pa a exp esa el aislamien o del homb e con empo- áneo, despojado del sis ema de alo es que le an ó balua es en la ie a y el alma. Así apa ece á en 1940 la desolación del dese o dei a a i con emplado obsesi amen e po el o icial que Dino Buzza i si ua ía en una o aleza inú il, sob e «un a o di on ie a mo a […] che non da pensie o…»17. An es había su gido el labe in o exis encial del cas- illo ka kiano –publicado pós umamen e en 1935–, «cuyas almenas, insegu as, i egula- es, o as, mo dían el cielo azul y pa ecían habe sido diseñadas po un niño descuidado 146 EL DIBUJANTE INGENIERO AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA. SIGLOS XVI-XVIII FIG. 2 G abado de Bap is a Boazio de 1588 con el asal o de D ake a San o Domingo, en el que se ep esen a el emblema NEC SPE NEC METV a pa i del dibujo ealizado po uno de los homb es de D ake en 1586. Na ional Ma i ime Museum de G eenwich, Lond es. o acoba dado», en una con usa cons ucción, medie alizan e e imp egnada aún de sim- bolismo eligioso, donde el ag imenso descub ía la inu ilidad de su o icio en un mundo que había pe dido el sen ido de la medida18. F en e a es e se alza ía la me á o a humanis a de o a ob a pós uma e inacabada, la Ci adelle de Sain -Exupé y, edi ada en 1948 y am- bién ligada a la soledad del desie o, aunque en es e caso pa a oponé sele como p oyec- ción del hoga espi i ual a a és de una ac i idad cons uc i a que ol ía a emi i a las segu idades pe didas y du an e siglos iden i icadas con la agus iniana Ciudad de Dios19. El acaso de las mode nas o i icaciones en las gue as mundiales y la des ucción ma- si a de ciudades, p olongada po los d ás icos desplazamien os on e izos en Eu opa, de e mina ían ambién una nue a e lexión ilosó ica, como la expues a en 1951 po Hei- degge , donde el au o de El Se y el Tiempo in en ó pensa la elación en e el se y el espacio a a és de la idea de habi a , enma cada po los concep os g iegos de pé as y ó ismos pa a de ini las e ien es de la on e a como inal e inicio de la ealidad, que implican un den o y un ue a igualmen e necesi ados de medición20. Las con ulsiones eu opeas que gene a on esas e lexiones e igie on la on e a en obje o his o iog á ico, desde Lucien Feb e con sus pione os abajos sob e el F anco Condado y el Rin21, has a Ca l Schmi con su es udio sob e el pode de la ie a y el ma en la andadu a de los im- pe ios, bajo el signo de un nomos en endido como lími e ju isdiccional, polí ico y mo al, u o de la medida, en su época hipe o iada po la écnica y des anecida en el pensa- mien o22. Si en las p ime as décadas del siglo XX, cuando se agua on la geog a ía his- ó ica de los Annales y la nue a ciencia alemana de la geopolí ica23, el auge del nacionalismo impulsó el in e és po los lími es e i o iales, al aden a nos en una nue a cen u ia una si uación apa en emen e opues a es el o igen de la eno ada a ención p es- ada a la his o ia de la on e a y sus a ian es sociales24. La c isis del es ado nación en Eu opa ha lle ado a busca en la p esun a po osidad de lindes y con ines p uebas de la inconsis encia de unas ealidades nacionales an es conside adas inal e ables. De esa o ma, algunos his o iado es, a ogándose acul ades di inas –sob e odo en cie as e- giones españolas–, p e enden c ea la his o ia negándola, aicionándola o, simplemen e, ocul ándola, mien as la his o ia eal, ab azada con la geog a ía, se e ela en la silue a ineludible de sus co dille as. Un caso modélico es el de los Pi ineos, obje o de un in e és luc uan e bajo el que subyacen las ealidades nacionales delimi adas po la na u aleza25 y p oyec adas en el siglo XX a a és de di e sas lec u as polí ico li e a ias que p e endían supe a las enso- ñaciones omán icas26. Es as se ían e ocadas aún, en cla e me a ísica, po imágenes como Le châ eau des Py énées, compues a po René Mag i e en 1959. T asun o del ó- pico châ eaux en Espagne/ cas illos en el ai e, ese cuad o e oca ambién una idea abs ac a de la o aleza –a a és de una cons ucción sospechosamen e simila al pas iche me- die al de Ca casona–, asociada a una on e a simbólica que se des anece, como las se- gu idades del homb e mode no, al desa ia las más solidas apa iencias de la ie a y el ma . Su uelo i ónico, oxímo on de la i mi as a qui ec ónica con una la ga adición mí- ica27, ecue da el de la ciudad de Las a es de A is ó anes, El Cas illo de Lindab idis de Calde ón, la isla Lapu a de Swi o la deli an e u opía, apo eosis del desa aigo comunis a, de La ciudad olado a imaginada en 1928 po Gueo gui K ú iko . Bajo la di e sidad de lec u as y mensajes de una ep esen ación que pa ece p eludia el li e a io desga o con- EL GOBIERNO DE LA IMAGEN EN LA MONARQUÍA DE ESPAÑA 147 inen al de La balsa de pied a de Sa a- mago, se esconde la complejidad del es- pacio pi enaico, de endido du an e los siglos llamados mode nos con los más a anzados ecu sos mili a es y ca og á- icos, an o en el labe in o geológico de los pasos de mon aña como en sus es- ibaciones o i icadas, de Salsas a Fuen e abía pasando po Jaca y Pam- plona. Las azas que de aquellos ea- lizó Tibu zio Spannocchi pa a Felipe II e lejan la necesidad del dibujo pa a cons ui la on e a28. Incluso as la p e endida sup esión de la pugna polí- ica a causa del cambio dinás ico de la Casa de Aus ia po la de Bo bón, cuya o mulación se a ibuye al embajado Cas elldos ius o al p opio Luis XIV en la enc ucijada de 1700, la on e a pi- enaica ol e ía al p ime plano de la de ensa. Así lo e leja ía, décadas an es de la cons ucción del g an ue e de San Fe nando en Figue as, una pieza ea al como Las Amazonas de España, esc i a en 1720 po José de Cañiza es pa a se ep esen ada en la co e de Fe- lipe V con música de Giaccomo Faco. El mi o de unas muje es gue e as –asociadas con la idea de on e a desde la G ecia clásica– que, según Plu a co, hab ía encon ado Aníbal al c uza los Pi ineos, se ía pa a celeb a las ambiciones polí icas de Isabel de Fa nesio, al iempo que ecogía el sen ido mili a de la on e a mon añosa, asociado al diseño p o- yec i o a a és de las imágenes de un compás y una es e a, en e lib os que apa ecían en el gabine e de la eina de las amazonas como a ibu o de una majes ad iden i icada con la de ensa del espacio peninsula median e la ac i idad geomé ica y cons uc i a29. La es e a emi ía a un an iguo símbolo de sobe anía ac ualizado po la nue a idea de uni e salidad30 g acias a los a ances ca og á icos, como e lejaba la cosmología po- lí ica desplegada en a ias se ies de apices de la co e española31. Po su pa e, el com- pás, jun o a la escuad a y o os obje os, iden i icaba an o a la A qui ec u a32 como a los undamen os simbólicos del conjun o de la es publica. Como expuso Albe i, la a qui- ec u a se ía de modelo a la capacidad de espi i ualiza la na u aleza po pa e de una azón no ma i a undada en el iempo33. Es e e a el p incipal desa ío, a la pa que el es- pacio, pa a la p e ensión de e e nidad de las cons ucciones p emode nas y, sob e odo, de las o i icaciones34. La escuad a y el compás se asimilaban además a una idea de Medida35 e o zada po la adición alegó ica que ligaba la e lexión sob e la a qui ec u a con el espacio en gene al36. En 1599 la conjunción de los conocimien os cien í icos con 148 EL DIBUJANTE INGENIERO AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA. SIGLOS XVI-XVIII FIG. 3 RENÉ MAGRITTE. Le châ eau des Py énées, 1959. The Is ael Museum, Je usalén. la acción mili a se plasma ía en la po ada de la Milicia y desc ipción de las Indias del capi án Be na do de Va gas que mos aba al au o sos eniendo un compás sob e el globo e áqueo mien as asía la espada con la mano izquie da y el lema «A la espada y el com- pás,/ más y más y más y más»37. Poco an es, una de las emp esas del apa a o úneb e de Felipe II desplegado en la ca ed al de Nápoles p esen ó, bajo el lema CIRCVIT IM- MOTVS, un compás azando un cí culo, imagen geomé ica que exp esaba cómo «se bene il Re e a s a o il più della sua i a, e mo con la p esenza nella Spagna; ha e a egli nondimeno coll’al o e gene oso pensie o aggi a o u o il mondo; e con l’in i a po enza ci conda o con l’Impe o suo un compiu o gi o della Te a»38. Mo ilidad y es a ismo –con sus co ola ios de la expansión y la de ensa– se eían así undidos en una imagen de pe - ección polí ica. La línea azada sob e el papel se ol ía aya en e los einos cuando, a al a de una di isión na u al como los Pi ineos, la his o ia acumulaba lími es sob e llanu as con el único enga ce de los íos. E a ese el escena io p imo dial de las o i icaciones y, po an o, de su ep esen ación. Así sucedió en la on e a po uguesa, la más an ina u al de odas y, sin emba go, una de las más pe sis en es, aun cuando la ag egación de 1580 im- pulsó nue os uelos expansi os simbolizados po la ca e a desbocada del caballo emble- má ico. Muy p on o, las plazas de la aya ue on dibujadas pa a deja cons ancia del es ado de sus mu allas, aún medie ales, y la necesidad de su mode nización. El lib o de Dua e de A mas cons i uye un es imonio inap eciable de la concepción de la on e a en 1511, del mismo modo que su copia en 1642, al inicia se la sepa ación po la ebelión b aganzis a, e leja la con inuidad de ensi a de un en e que conci a ía nue os es ue zos en las décadas siguien es39. Los in e cambios de expe iencias en e ingenie os y a qui- ec os de ambos lados de esa on e a a i icial se e lejan en la ob a de F ancisco de Ho- landa40 pa a culmina con Filippo Te zi y o os p o agonis as de la conquis a del eino lusi ano en 158041. O as on e as más su iles y ecóndi as se agazapaban en las ciudades ans o madas po el c ecimien o humano y a qui ec ónico del siglo XVI. También en ellas se de u o la mi ada del dibujan e al encomenda Felipe II a An on Van de Wyngae de ija la imagen de sus einos españoles. Como los esc i o es que, siguiendo a Pausanias, es aban con i- gu ando un nue o géne o co og á ico, Wyngae de desc ibió con idelidad los p incipales escena ios u banos de España, aliéndose de la écnica del dibujo he edada de sus maes- os en Flandes. El a is a se aden ó en los campos pa a encon a las pe spec i as idó- neas, desen añó la g andeza de los ho izon es en las colinas y en las cos as y azó el e a o exac o de ciudades ence adas en e mu os más iscales y simbólicos que de en- si os, con la excepción de plazas cos e as como Ba celona, con los nue os amos aba- lua ados de sus mu allas42. La di e sidad en la pe cepción de in o maciones e imágenes43 explica la e olución del uso de dibujos y no icias en la cons ucción del e i o io como cue po de la sociedad polí ica que alcanza su pleni ud en la on e a. La pe i encia del signi icado más amplio de la on e a medie al, de an dila ado eco his ó ico y li e a io en la sociedad española44, hace que la on e a mode na sea de ansición, como al p incipio sucedió con las o i- icaciones abalua adas. La a i mación de la idea de on e a po encima de las elaciones clien ela es de ámbi o local –nunca consumada po comple o– se canalizó a a és de EL GOBIERNO DE LA IMAGEN EN LA MONARQUÍA DE ESPAÑA 149 un complejo en amado ju isdiccional, mili a y diplomá ico45 que llegó a pode asimila se al modelo impe ial omano del limes g acias a la incesan e ac i idad cons uc i a y de medición lle ada a cabo po la Mona quía de España46. La econs ucción del unda- men o e i o ial del pode hizo que los con ines y encla es de o igen medie al con i ie- an con la nue a geome ización del espacio47. Pe o incluso es a espondía a la lucha polí ica que, den o y ue a de la Mona quía, abocaba a es a egias dis in as, en unción del iempo –po la e olución de los ecu sos y las oscilaciones polí icas de la co e, que de e mina on la al e nancia en e la expansión y la de ensa a lo la go de los sucesi os einados– y del espacio, di idido en e la p esión expansi a de algunas éli es p o inciales y la p uden e con ención de ensi a de o as ue zas an o en la co e como en los e i- o ios48. Asimismo, las p io idades de la Mona quía ue on desplazándose desde el Me- di e áneo49 hacia el A lán ico, mien as que su g an an agonis a o omano se e ía llamado a desbo da el ma in e io , a pesa de las acilidades logís icas que le o ecía su alianza con F ancia desde 1526, pa a p oyec a se sob e los espacios asiá icos. Pese al no able desa ollo de la ingenie ía, la Mona quía de España no llega ía a abo da p o- yec os equipa ables a los g andes canales o omanos y cen a ía su de ensa en ecin os es á icos. Sin emba go, u cos y españoles compa ían una concepción con inen al del pode , que les lle aba a concebi las u as na ales como una p olongación de las e es- es, no menos i ales pa a la comunicación en e sus dominios, más allá de la al e na i a en e la cons ucción de na íos y o alezas que implicaba la elección en e la de ensa dinámica de los p ime os y la de ensa es á ica de las on e as e es es. En 1640 Saa- ed a Faja do esumi ía la necesidad de econcilia ambos mecanismos en su Emp esa 83, donde una o e medie al sob e una mode na o aleza apa ecía odeada po las olas del ma bajo el lema ME COMBATEN Y DEFIENDEN50. La uni e salidad de la Mona quía se sus en ó ambién en la ei indicación del de e- cho de exclusi idad en la na egación, que desbo dó los iniciales plan eamien os hege- mónicos en el Medi e áneo Occiden al –el Ma Español de las uen es o omanas– pa a eclama en unción de polémicas concesiones pon i icias –el Tes amen o de Adán i ó- nicamen e denunciado según la adición po F ancisco I de F ancia51– un Océano Es- 150 EL DIBUJANTE INGENIERO AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA. SIGLOS XVI-XVIII FIG. 4 DIEGO DE SAAVEDRA FA- JARDO. Idea de un p íncipe polí ico c is iano ep esen ada en cien emp e- sas. Milán, 1642. ME COMBATEN Y DEFIENDEN, Emp esa 83. pañol en el A lán ico, e incluso un Hispanis Ma e Paci icum que siguió poblando la ca - og a ía has a la segunda mi ad del siglo XVII. Sin emba go, la ue za de los nomb es se io cada ez más desbo dada po la ealidad. La c ecien e ecni icación de las a es na- ales52 y de la a qui ec u a mili a condicionó la mo ilización de los ecu sos económi- cos, écnicos y humanos. Así se ue agudizando la con adicción en e expansión y de ensa, e lejada en el desa ollo de las o i icaciones, desde las p ime as cons uc- ciones abalua adas bajo los Reyes Ca ólicos, pasando po su plena de inición en los años del Empe ado 53, has a su g an expansión y eo ización bajo Felipe II54 pa a desem - boca en la di ícil conse ación del siglo XVII55. A lo la go de ese p oceso se consolidó la concepción de los e i o ios como o alezas de endidas po las mu allas de sus mon- es y sus cos as con los balua es de sus ciudades56. La Mona quía en su conjun o se pa angonaba a una g an o aleza, con los an emu ales de sus on e as. Núcleos u ba- nos como Milán se de inían a su ez como plaza de a mas donde con luían los caminos con inen ales que ga an izaban la mo ilidad de los ejé ci os en e el Su y el No e de Eu opa57. Po o a pa e, se sucedían los p oyec os de ciudades abalua adas en las on- e as ma í imas pa a ga an iza una ed de pue os i ales en las g andes u as cos e as, como los p esidios españoles de Toscana58, las plazas del No e de Á ica o la undación de encla es como Felipeia en B asil, al inal del einado de Felipe II59. Asimismo, gale as y galeones, do ados de una a ille ía cada ez más e icaz60, e an el eje de un mecanismo na al en lucha con las dis ancias que, jun o a la ue za humana y de los ien os, llegó a p opone sin éxi o ingenios de hélices pa a p escindi de las elas61. Las na es podían con empla se como o alezas sob e el agua y las lo as como ciudades mó iles62. En el memo ial di igido a Felipe II al comienzo de su einado pa a que o ma a una g an bi- blio eca egia, Juan Páez de Cas o aludía a la u ilidad de « ene ciudades a madas y bas ecidas, las cuales sean mo ibles y se puedan lle a sus undamen os a las pa es que con inie e»63. Na es y o alezas espondían a unas necesidades geopolí icas undadas en la de ensa de co edo es o pasillos, ue an ma í imos –en unción de las cos as y los ien os, como el que unía Ba celona con Géno a, Nápoles y Pale mo en el Medi e á- neo64, la Ca e a de Indias en el A lán ico y su p olongación en el Pací ico con el galeón de Manila65– o e es es, como el amoso Camino Español en e el No e de I alia y los Países Bajos66, pa a ga an iza la comunicación en e los e i o ios. El azado y e olu- ción de esos pasillos, a e ias mili a es y económicas de la Mona quía, de e minó el con- jun o de su ac uación y, po an o, la p oducción de planos y diseños, como e lejan los p oyec os de o i icación del Es echo de Magallanes que p e endían con ola la na- egación en e el espacio a lán ico y el pací ico67. No es ex año que el ma se u iliza a como me á o a de la co e, el a chi o o el lib o –cus odios de los a canos del pode – desde la época de los descub imien os a los que ca óg a os e ingenie os con i ie on con o nos cada ez más p ecisos en oda clase de dibujos, empezando po los mapas. T aza una imagen del ma y de la ie a, a apa la en unos cen íme os de papel, condensa con el pincel y la pluma a isbos de la luz, el ai e y el agua, eco e con la mi ada las cos as de in a achonadas de manchas de colo y elucien es galla de es diminu os, esc u a la osa de los ien os como una b újula a a- pada en el ángulo del ozo de mundo, sepa ado y p óximo, que es el mapa: ales milag os de la ca og a ía habían sido ya explo ados al menos desde los lejanos iempos de la Ale- EL GOBIERNO DE LA IMAGEN EN LA MONARQUÍA DE ESPAÑA 151 152 EL DIBUJANTE INGENIERO AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA. SIGLOS XVI-XVIII FIG. 5 A las de BATTISTA AGNESE. Po ada con el águila impe ial de una sola cabeza y las a mas de España, jun o a la ima- gen de Felipe II, es ido a la omana, ecibiendo el mundo de Dios Pad e. 1544. John Ca e B own Lib a y, B own Uni e si y. FIG. 6 A las de BATTISTA AGNESE. Mapamundi con la u a de Magallanes. 1544. John Ca e B own Lib a y, B own Uni e - si y. con la ayuda de o os dibujos que dis ibuían je a quías en el espacio de la co e97. A su ez, la on e a e is ió una dimensión ce emonial, al b inda la escenog a ía de los en- cuen os eales e in e cambios ma imoniales en co ines adicionales como el ío Bidasoa, que pe mi ían asocia los desplazamien os egios con la inspección de las o i icaciones de la zona y ija los dispu ados lími es median e la disposición de los apa a os e igidos pa a la ocasión –encomendados a ingenie os mili a es como Juan de Médicis en 1615–, según e lejan los dibujos p epa a o ios y a ios cuad os celeb a i os. La p ecisión opo- g á ica de es os, pa alela a la na a i a, e oca la écnica pano ámica del dibujo mili a y ca og á ico, some ido a la ea alización del equilib io dinás ico a a és de una sime ía isual an a i iciosa como la ocul ación de las i alidades e i o iales, pa en es en las ne- gociaciones p e ias y en la ep esen ación de los cue pos de ejé ci o desplegados en o den de ba alla as los co ejos co esanos. El hecho de que algunos de los cuad os que ep e- sen aban esas escenas se colga an jun o a los mapas, ba allas y is as de ciudades que de- co aban el Salón Nue o del Alcáza mad ileño e leja la ele ancia ce emonial con e ida a las imágenes de la on e a98. Pe o, más allá de las ocasiones diplomá icas, el dominio del espacio y el iempo e a común a la dimensión co esana y a la mili a , has a el pun o de compa i en ocasiones símbolos como la escuad a y el compás que exp esaban la ne- cesidad de medición y, po an o, el ca ác e a qui ec ónico del pode 99. La ca og a ía y el diseño imp imen a su imagen un sen ido dinámico, p oyec i o, donde con luyen la ciencia y el a e100, el espacio y el iempo, ampliando la u ilidad de la pe spec i a al conjun o de la ac i idad mili a y, po an o, polí ica101 e inco po ando los a ances en el es udio de la óp ica a es iguados po la li e a u a del Siglo de O o102. La in- eg ación isual de sabe es, cuya máxima exp esión se iden i ica con el a e holandés del siglo XVII, se encuen a ambién en los dibujos de on e as y ciudades ealizados po los ingenie os mili a es de la Mona quía de España. Sus is as y plan as ca ecen de las con- no aciones es é icas de o as ep esen aciones del e i o io de índole deco a i a o de ce- leb ación –aun cuando es én imbuidas po su cul u a isual– y despliegan po ello con plena libe ad la capacidad de ap ehensión de la ealidad. Ob as meno es en la je a quía con encional de los géne os, son piezas cen ales de un i ine a io a ís ico, polí ico y, am- bién, cien í ico. Ve las como las eían el mona ca y los minis os o gene ales a los que es- aban des inadas implica comp ende su libe ad espec o a los códigos de ep esen ación en igual medida que su se idumb e hacia el pode . Su in e p e ación puede pa angona se a un eje cicio de ec asis isual. T a an de emula es a igu a e ó ica, pe o no en compe- encia con los poe as, como los pin o es de his o ias, sino con los his o iado es, aunque no compa ie an con es os el obje i o de la pe suasión, al menos en los mapas y is as de ca ác e sec e o. Su isión inmedia a pe mi ía desplaza el ojo del dibujan e has a la es- ancia del p íncipe pa a que es e pudie a « e con los ojos», más allá de la dis ancia. Se a aba pues de una isión en ausencia, como el gobie no que, a a és de i eyes y go- be nado es, canalizaba el eje cicio del pode en la Mona quía103. Es a se a iculaba a a és de las co es p o inciales, pe o ambién, po medio de un sis ema de imágenes simbólicas y de ep esen ación que, en el caso de los e a os egios, lle aba a endi les ce emonias de majes ad104. Como un e e so inicialmen e ese ado de la plu alidad de unciones i- suales en esa Mona quía de las imágenes, el dibujo mili a , y po an o polí ico, i umpió en el escena io co esano jun o a las demás écnicas de gobie no105. EL GOBIERNO DE LA IMAGEN EN LA MONARQUÍA DE ESPAÑA 159 La imagen apa en emen e deso namen ada, pu a, que eme ge de la cadena de p oduc- ción y consumo isual desplegada desde las on e as has a el palacio no ca ece, sin em- ba go, de ac o es es é icos condicionados po un gus o común a la co e y los e i o ios, donde las adiciones pic ó icas de Flandes e I alia uel en a encon a se, como en el ce- emonial y el conjun o de la cul u a y los espacios del pode . «A e sin a e» solo en apa- iencia, la pe spec i a y las leyes geomé icas subyacen en cada milíme o de ealidad e a ada. En esos dibujos de es ado el colo que i i ica los campos y los edi icios, el en- cuad e que los a anca de la na u aleza, el azo que eco a y je a quiza sus elemen os, son deudo es de un campo cognosci i o más amplio y capaz de desbo da la me a u ilidad ác ica. El dibujo de los ingenie os e leja esa expe imen ación a ís ica y si e an o pa a acili a « e a os u banos» con ines bélicos106 como pa a celeb a el pode a a és de una nue a o ma de imagen polí ica al aslada se al g abado o a la pin u a ca og á ica, en los escos de las g andes biblio ecas y palacios o en las es ampas y cuad os de los in e io es bu gueses que e a a ían en el siglo XVII pin o es holandeses como Ve mee . Las is as de ciudades y mapas, p ecedidas po los ho izon es eudales p esen es desde el T escien os en espacios i alianos como la epublicana Siena o el seño ial cas illo emiliano de To e- chia a –hacia 1460–, inundan desde mediados del Quinien os los mu os de algunas es- ancias palaciegas en Cap a ola, el Palazzo Vecchio de Flo encia, la Biblio eca Va icana, el pa io del palacio de Ál a o de Bazán en El Viso del Ma qués o la Sala de las Ba allas de El Esco ial, po ci a los casos más conocidos en I alia y España107. Su ge así un nue o gé- ne o áulico, complemen a io de la imagen alegó ica. Las écnicas de ep esen ación de ie as y o i icaciones acaba án po inunda los lejos de cuad os de ba allas con e idos en sín esis de la pin u a de his o ia y la imagen geog á ica. Una de sus máximas exp esiones se encuen a en los lienzos del Salón de Reinos, donde la exac i ud opog á ica es un ac o de e osimili ud pa a ensalza la polí ica de aumen o y epu ación del Conde Duque de 160 EL DIBUJANTE INGENIERO AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA. SIGLOS XVI-XVIII FIG. 13 DIEGO VELÁZQUEZ. La endición de B eda, o Las lanzas, 1634-1635. De alle. Mad id, Museo Nacional del P ado. Oli a es. En esas ob as iun a el cul o a la obse ación de una ealidad some ida al ojo del gobe nan e. La his o ia se despliega sob e un espacio geog á ico p eciso pa a plasma la consumación ce emonial y ju ídica de la endición en las igu as del p ime plano de los cuad os, sal o en el de La ecupe ación de Bahía de Todos los San os de Maíno, donde el plano in e medio es el elegido pa a ea aliza la imagen polí ica y ce emonial a a és del apiz con la e igie egia, p esen ado po el gene al a los encidos. El espacio y el iempo con luían en el Salón de Reinos bajo la mi ada uni icado a del ey, asladando al p incipal ecin o de ep esen ación co esana el eje cicio co idiano del gobie no po medio de imá- genes isuales o desc i as, en planos, is as o elaciones poblados po ue es y on e as. La os en ación de la ealidad ab azada a la idea legi imado a del pode se ex endía an e la mi ada co esana con un sen ido opues o al ecluimien o de los dibujos sec e os que cus- odiaban las azas de ie as y ba allas. Pe o unas y o as imágenes compa ían la necesidad de isualiza el nomos de la Mona quía. Los lejos de Las lanzas elazqueñas y sus compa- ñe os de ba allas no e an me os elones escenog á icos, sino agmen os de un mundo cuyo dominio descansaba en la capacidad de se ep esen ado, is o y comp endido; se a aba de imágenes de ho izon es dis an es pe o some idos po la ed de o i icaciones que asladaba al lienzo el dibujo de los ingenie os, aunque a eces con el in e medio del g abado. La elocuencia de las escenas delan e as de los cuad os, donde iun an la his o ia y la polí ica, se e e o zada po el igo desc ip i o de unos ondos que dan la au én ica medida de los einos cuya imagen he áldica cub ía la bó eda del salón. La his o ia cob aba o ma en la pleni ud del espacio y, como en algunos cuad os holandeses, la imagen em- blemá ica se yux aponía a la imagen desc ip i a o ca og á ica, in eg adas po la his o ia que, en la gue a, humanizaba a la na u aleza como ámbi o de una écnica acional de do- minio y, ambién, de ep esen ación, jus i icada po las i udes enca nadas en los ges os de los gene ales ic o iosos. Esas imágenes p e endían se memo ia idedigna de unos he- EL GOBIERNO DE LA IMAGEN EN LA MONARQUÍA DE ESPAÑA 161 FIG. 14 FRAY JUAN BAUTISTA MAÍNO. La ecupe ación de Bahía de Todos los San os, 1634-1635. De alle. Mad id, Museo Na- cional del P ado. chos y p oyección de una idea. Quien las mi aba, an e las g adas y el dosel del ono, com- pa ía po un ins an e la mi ada sobe ana pa a la que ue on cons uidas. Imágenes ba- lua e, a es iguaban la apo eosis del diseño écnico y a la ez polí ico; imágenes mapa, desc ibían y le an aban ac a de los hechos, como ealidades desdobladas en signos, a la in e sa que los dibujos de los ingenie os, donde los signos poblaban agmen os de e i- o io, aunque pa a ans o ma los de acue do con la misma idea que guiaba la mi ada en el Salón de Reinos108. Es a es muy dis in a a la e ó ica alegó ica desplegada más a de en Ve salles, donde los lejos de on e as y o alezas solo halla ían eco en algunos paneles de la a día deco ación de la Escale a de los Embajado es109. En la co e de España el dibujo se p oyec aba sob e la ealidad pa a a a esa el espejo de la p udencia polí ica con la que el pode p e endía egi su capacidad ans o mado a al elegi qué pa e del p oyec o debía ealiza se. Así, Las Meninas, mani ies o dinás ico de la amilia de Felipe IV, in eg a ía la doc ina del pode y la imagen undiendo las ideas de majes ad, isión y ep esen ación en una c is alización pic ó ica de la concepción del gobie no como diseño, desplazada desde las on e as y los campos de ba alla has a la eclusión palaciega. En el e i o in e io , donde no en aban los co esanos que con emplaban los cuad os de ba allas y ie as ni los mapas g abados pa a isualiza la ex ensión de la Mona quía, se encon aba el espacio del sec e o, la e dade a o icina del pode , la aduana de los di- bujos que pe mi ían ma e ializa la idea de la on e a y cons ui el cue po de sus o a- lezas. Ese espacio enía ambién su i ine a io, como el del ce emonial co esano, que en es e caso lle aba desde las es ancias donde se eunía en el Alcáza de Mad id el Consejo de Gue a –desa ollado como una sección del Consejo de Es ado c eado en 1526 y donde se a endían los asun os mili a es en los es ámbi os c uciales de las gua das de Cas illa, la a ille ía y las o i icaciones on e izas110– has a el p opio es udio del mo- na ca. F en e a la di usión con olada de escos, lienzos y g abados, la ex ema ese a de los dibujos e elaba su ascendencia. Un dibujo e a algo más que una o den en di e- ido o un mo imien o congelado: e a una maniob a mili a y polí ica. Si la imagen, an es que celeb a , ac úa, gobe na es mi a , aza y cons ui . En el dibujo y po el dibujo el pode empieza a se e ec i o como gobie no de la imagen. Keple ecu ió a la imagen del magis ado y el consejo pa a desc ibi la acul ad de la isión, concebida como ep e- sen ación, al modo de la pin u a111. También Saa ed a Faja do, en su Emp esa 56 –que une el compás con la esc i u a y el sec e o–, ecu i á a la imagen del pin o y el a qui- ec o pa a ensalza la unción del sec e a io, gua dián de los a canos egios: «El Consejo dispone la idea de la áb ica de un negocio. El sec e a io saca la plan a. Y, si és a a e ada, ambién sald á e ado el edi icio le an ado po ella. Pa a signi ica es o en la p e- sen e Emp esa, su pluma es ambién compás; po que no sólo ha de esc ibi , sino medi y ajus a las esoluciones, compasa las ocasiones y los iempos, pa a que ni lleguen an es ni después las ejecuciones...»112. La amplia a adís ica sob e el sec e a io a es igua esa unción polí ica113. Gobe na es una o ma de e –más lejos y más aden o que nadie–, así como de pin a , lo que implica en p ime é mino dibuja la ealidad pa a ap opiá sela. Ve de lejos no es solo o ganiza la de ensa, sino ambién empeza a diseña una con- quis a. Si la o i icación es un ac o de ap opiación e i o ial que, como la undación u bana, ma e ializa los í ulos ju ídicos de sobe anía, cada imagen de una ciudad o una on e a se con ie e en una pue a abie a en la mu alla de un enemigo eal o posible. 162 EL DIBUJANTE INGENIERO AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA. SIGLOS XVI-XVIII Po ello e is en el máximo alo la imagen obada, la desc ipción clandes ina y sus e- p esen aciones isuales, azadas en la penumb a del ins an e o de la memo ia, aun cuando se aduzcan en al a de pe spec i a y en una apa iencia in an il que, como sucede con los diseños ealizados po cau i os, no les es an u ilidad como uen es de in o ma- ción sob e ho izon es inaccesibles po o os medios114. Pa a la men alidad ac ual, obsesionada po la in o mación, el sec e o es un concep o aún más bo oso que el de on e a, aunque cons i uye su e e so ineludible. En cambio, nume osos au o es, como Bo e o, desc ibie on desde el siglo XVI la necesidad del sec e o pa a el eje cicio del pode 115. En el P íncipe pe ec o que el jesui a And és Mendo publicó en 1662 se ecu e a la imagen de los ojos, iden i icada con la P udencia, pa a a i ma : «Sea un A gos el que gobie na pa a que nada se le esconda […] y quando con su pode ab aza las cua o pa es del Mundo, como nues o Español Mona cha, debe se OCULUS MUNDI. Todo lo ea con los ojos de la no icia»116. De hecho, el sec e o se e igía en uno de los ejes de la ciencia polí ica, insepa able de la p udencia y la igilancia. Po ello, la imagen del p íncipe igilan e, como A gos, apa ece en Saa ed a Faja do, a a és del ce o con ojos de la Emp esa 55 –HIS PRAEVIDE ET PROVIDE–, así como en Soló zano Pe- ei a, en el Emblema LXVI –«Legum munia, V bium moenia», donde los ojos –de la ley y, po an o, del pode – pueblan una ep esen ación u bana, y sob e odo en el Emblema LIV –«Adminis i P incipum»–, donde el ey po a un man o ecamado de ojos, u ilizado ambién en la imagen del espía que, con un a ol y un pe o –luz en la oscu idad y ale a– ijó Cesa e Ripa117. Todo ello o maba pa e del cada ez más complejo p oceso de oma de decisión que es aba ans o mando el eje cicio del pode . EL GOBIERNO DE LA IMAGEN EN LA MONARQUÍA DE ESPAÑA 163 FIG. 15 CESARE RIPA. Iconología. «Spia». Venecia, 1645. C is o o o Tomasini. FIG. 16 JUAN DE SOLÓRZANO PEREIRA. Emblema a cen um egio poli ica. «Emblema LIV». Mad id, 1653. Jun o al auge de las ci as y el a e de la c ip og a ía118, el desa ollo del a chi o ayudó a con igu a una concepción de la in o mación ese ada en la que e an c uciales los di- bujos de pun os y u as sensibles, den o de un complejo sis ema de espionaje que u o ambién una p oyección li e a ia119. Si el sec e o ca og á ico ue c ucial en la compe- encia con la expansión po uguesa desde el siglo XV120, el iaje po España de Je ónimo Mün ze en 1494 y el diseño de la es e a e áquea de Ma in Benheim121 cons i uyen episodios emp anos de la búsqueda de in o mación en e los g andes pode es polí icos some idos a una c ecien e ecni icación. La celosa cus odia del Pad ón Real en la Casa de Con a ación se illana e leja esa ca e a po la ep esen ación del espacio pe o, am- bién, su con inua supe ación122, que hacía en ejece los sec e os a una elocidad de é - igo, como sucede ía con los p opios diseños de o i icaciones, p on o desbo dados po una ci culación de conocimien os que lle a ía a publica los p ime os a ados en la se- gunda mi ad del siglo XVI. El espionaje de ingenios y máquinas sec e as se unió al de los mapas, como demues an las ges iones ealizadas en Po ugal po Gio an Ba is a Gesio, el ca óg a o napoli ano de Felipe II, esponsable de los más ambiciosos p oyec os de medición y ep esen ación de un mundo que no pa ecía su icien e pa a la Mona quía123. Especial ele ancia u o el espionaje ancés en España, obje o de mayo a ención his- o iog á ica124, jun o al espacio medi e áneo125, en el c ecien e ámbi o de los es udios 164 EL DIBUJANTE INGENIERO AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA. SIGLOS XVI-XVIII FIG. 17 ALBERTO DURERO. Me- lancolía I, 1514. S aa liche Kuns- halle Ka ls uhe. sob e el espionaje du an e los siglos XVI y XVII126. El dibujo de o i icaciones desempeñó un papel c ucial en ese escena io y, en ocasiones, se mezcló con el a án diseñado del gus o clásico pa a disimula sus obje i os. Es lo que sucedió con el iaje que Juan III de Po ugal enca gó ealiza a F ancisco de Holanda po I alia en e 1539 y 1540 pa a di- seña monumen os an iguos jun o a nue as o i icaciones como el cas illo de San Telmo en Nápoles, cuya p ecisión en los de alles de ensi os e leja una inalidad más p o unda que la de un simple i ine a io o ma i o127. En uno de sus g abados más amosos, una isión alegó ica de la Melancolía cuya in- e p e ación sigue en uel a en el mis e io, Du e o eunió los a ibu os simbólicos de la cons ucción, iden i icada con el pensamien o y la ac i idad geomé ica. La igu a alada que la enca na es á sen ada jun o a un edi icio sin e mina , odeada de ins umen os de medición. Al ondo se di isa el ma , un lími e que in i a a se a a esado. La igu a iene EL GOBIERNO DE LA IMAGEN EN LA MONARQUÍA DE ESPAÑA 165 FIG. 18 HANS HOLBEIN EL JOVEN. Jean de Din e ille y Geo ges de Sel e (Los embajado es), 1533. Lond es, Na ional Galle y. en la mano un compás sob e una abla en la que, sin emba go, no dibuja, sino que le an a la cabeza en ac i ud pensa i a. De su cin u a pende una g an lla e con la que puede ab i y ce a las a cas de los sec e os que gua da en su men e128. La asociación del sec e o, la aza y el cálculo e o zaban el ca ác e in elec ual del cons uc o . Po ello, el ángel pen- sa i o de Du e o es un dibujan e que cus odia ideas impene ables y, sin emba go, an amenazadas que deben esconde se. El museo de u ensilios e imágenes del conocimien o ma emá ico que lo ci cunda, como en las made as alladas de un s udiolo, se p oyec a ía en o as ep esen aciones del ac o de medi y aza el mundo cuya dimensión polí ica se hizo cada ez más explíci a. Así apa ece ía en la no menos conocida imagen de Los Em- bajado es pin ada en 1533 po Hans Holbein el Jo en, donde apa ece la es e a e áquea ma cada po la u a de Magallanes y po una on e a ma emá ica y polí ica iden i icable con la línea di iso ia del T a ado de To desillas que los mona cas de F ancia e Ingla e a se negaban a econoce . En e los muchos signi icados que lo con ie en en una de las mejo es sín esis isuales de la cul u a polí ica de su iempo, el cuad o pod ía lee se po an o como una ei indicación diplomá ica que ponía de mani ies o el pode del cálculo y la ca og a ía en la compe encia po el dominio de un mundo que empezaba a se global. Pe o en su diálogo silencioso, poblado de símbolos como la cala e a ocul a en una ana- mo osis129, esos embajado es anceses ac edi ados en la co e de En ique VIII mues an ambién la necesidad del sec e o, inhe en e a la ambición de aza el mundo y al pode de la imagen como ins umen o de gobie no que, en su sen ido más p o undo, supo en- ende la Mona quía a la que comba ían. 166 EL DIBUJANTE INGENIERO AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA. SIGLOS XVI-XVIII NOTAS 1. El p esen e es udio o ma pa e del p oyec o de in es igación MINECO HAR2012-37560-C02-02. 2. P o eso Ti ula de His o ia Mode na. Facul ad de Filoso ía y Le as. Uni e sidad de Valladolid. Pza. del Campus s/n, 47011- Valladolid. [email p o ec ed] 3. SAN JUAN DE LA CRUZ, 1957, pp. 683 y 715-716. Signi ica i amen e, San Juan ecu e a la imagen del iaje o «po nue os ca- minos no sabidos ni expe imen ados» pa a explica o os e sos de su Noche Oscu a: ibídem, p. 630. 4. ROTTERDAM, 1998, pp. 48-49; MEXÍA, 1989. 5. 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A a és, po ejemplo, de la ob a poé ica de Ramón de Bas e a y su Escuela Romana del Pi ineo o de E nes o Jiménez Ca- balle o y su isión de la co dille a como cie e his ó ico pa a celeb a el inal de la Gue a Ci il: BASTERRA, 2001; JIMÉNEZ CA- BALLERO, 1939. 27. Vid. AZARA, 2005. 28. Vid. CÁMARA MUÑOZ, 1991a. 29. Vid. LÓPEZ ALEMANY y VAREY, 2006, pp. 15-22. 30. Vid. SLOTERDIJK, 2004 y 2007. 31. Vid. CHECA y GARCÍA, 2011. 32. Vid. PEIL, 1999; BÖKER, 1999. C . GORDON, 1987, pp. 231-252. 33. Vid. ANGELINI, 2007. 34. Vid. HARRIES, 1992. 35. En 1593 la Iconologia de Cesa e Ripa p esen a a la Misu a como una «Donna di g a e aspe o», lle ando en la mano de echa una egla que ep esen a la medida del pie omano y en la izquie da la escuad a y el compás, ya que «La Misu a è ciò che col peso, con la capaci à, con lunghezza, al eza & animo si e mina & inisce» y, po los ins umen os que po a, se asocia a la Geome ía: RIPA, 1992, pp. 289-291. Es e elado a la semejanza con la Theo ia, que el mismo Ripa p esen a como una jo en mi ando hacia a iba y, sob e la cabeza, un compás con las pun as alzadas al cielo: Ibídem, pp. 530-531. En el mismo campo concep ual y simbólico puede inse a se la alego ía del O dine D i o, e Gius o: Ibídem, pp. 328-329. El compás, aso- ciado a la escuad a y a o os ins umen os de medida como pa e de un mismo campo semán ico, iden i ica a dis in as amas del sabe y las a es, así como es ados de ánimo o acul ades men ales. Vid. CORRAIN, 2010. C . PIERGUIDI, 2008. 36. Vid. CHECA, 1986. 37. Vid. ELLIOTT, 1972, pp. 69-70; PARKER, 1990, p. 165. Hay una edición mode na de la ob a de Va gas a ca go de M. Cues a Domingo y F. López-Ríos: VARGAS MACHUCA, 2003. C . MARTÍNEZ DE SALINAS, 1991. 38. Vid. HERNANDO SÁNCHEZ, 1998. 39. Vid. SILVA CASTELO-BRANCO, 1994. 40. Vid. PORRAS GIL, 2002. 41. Vid. BRESCIANI ALVAREZ, 1965; CÁMARA MUÑOZ, 2000; LÓPEZ MILLÁN, 2011. 42. Vid. GALERA i MONEGAL, 1998. 43. Vid. 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