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La Montaña Palentina

Ortega Valcárcel, José,Alario Trigueros, Milagros Estilita,Caballero Fernández-Rufete, Pedro,Delgado Urrecho, José María,García Cuesta, José Luis,Molinero Hernando, Fernando,Ortega Villazan, María Teresa,Pascual Ruiz-Valdepeñas, María del Henar

Abstract

Producción Científica

Full text

LA MONTAÑA PALENTINA LA MONTAÑA PALENTINALA MONTAÑA PALENTINA LA MONTAÑA PALENTINA (Estudio realizado en el marco del Convenio firmado entre la Consejería de Economía y Hacienda y la Universidad de Valladolid con fecha 26 de febrero de 1999) Coordinación General: José ORTEGA VALCARCEL Coordinación de la Comarca: Milagros ALARIO TRIGUEROS Autores del Informe: Milagros ALARIO TRIGUEROS Pedro CABALLERO FERNÁNDEZ-RUFETE José Mª DELGADO URRRECHO José Luis GARCÍA CUESTA Juan Carlos GUERRA VELASCO Fernando MOLINERO HERNANDO José ORTEGA VALCARCEL Mª Teresa ORTEGA VILLAZÁN Henar PASCUAL RUIZ-VALDEPEÑAS Becaria Isabel AGUÑA AGUERRI página INTRODUCCIÓN INTRODUCCIÓNINTRODUCCIÓN INTRODUCCIÓN ...................................................... 1 EL MEDIO FÍSICO DE LA MONTAÑA PALENTINA: COMPLEJIDAD, EL MEDIO FÍSICO DE LA MONTAÑA PALENTINA: COMPLEJIDAD,EL MEDIO FÍSICO DE LA MONTAÑA PALENTINA: COMPLEJIDAD, EL MEDIO FÍSICO DE LA MONTAÑA PALENTINA: COMPLEJIDAD, CONTRASTES Y ALTO POTENCIAL ECOLÓGICO CONTRASTES Y ALTO POTENCIAL ECOLÓGICOCONTRASTES Y ALTO POTENCIAL ECOLÓGICO CONTRASTES Y ALTO POTENCIAL ECOLÓGICO ........................ 7 I. EL RELIEVE DE LA MONTAÑA PALENTINA ................................. 8 1. Un espacio de alta montaña ............................................. 8 2. Un ámbito de transición en la Cordillera Cantábrica ........................ 10 3. Organización de las distintas unidades del relieve ......................... 12 3a. El sector occidental ................................................... 12 3b. El sector oriental..................................................... 16 3c. El sector meridional ................................................... 18 4. El papel fundamental de la red hidrográfica ............................... 18 5. La huella erosiva glaciar y periglaciar .................................... 20 6. Los procesos y modelado kárstico ...................................... 21 7. El relieve como factor potenciador y limitador de las actividades humanas ..... 22 7a. La vinculacion de los suelos al relieve: su variedad y pobreza generalizada ........ 22 7b. Los recursos mineros y el fuerte declive de la actividad extractiva ............... 25 7c. El relieve y el poblamiento .............................................. 26 7d. El relieve y la red viaria ................................................ 27 II. UN CLIMA DE TRANSICIÓN EN LA MONTAÑA CANTÁBRICA ................. 28 1. Principales factores del clima de la montaña palentina ..................... 28 2. Un régimen térmico de montaña ........................................ 29 2a. Unos inviernos muy fríos y muy largos .................................... 29 2b. Unos veranos de montaña muy cortos y frescos ............................. 32 3. Unas precipitaciones muy abundantes ................................... 34 3a Régimen, intensidad y días de precipitación ................................ 35 3b La importancia de las nevadas ........................................... 37 3c Un período de sequedad o de aridez estival atenuada según sectores ............ 38 4. La influencia del clima en el medio ...................................... 40 III. UNA RED HIDROGRÁFICA DE CABECERA ............................... 41 1. Factores del régimen fluvial de estos ríos ................................ 42 2. La importancia de los embalses en la Montaña Palentina .................... 43 IV. EL PAISAJE VEGETAL DE LA MONTAÑA PALENTINA ...................... 45 1. La dualidad biogeográfica de La Montaña Palentina ........................ 45 1a. Las formaciones vegetales eurosiberianas de la Montaña Palentina ............. 46 1b. Las formaciones vegetales mediterráneas de la Montaña Palentina .............. 50 2. La extensión y fisonomía actual de la vegetación en La Montaña Palentina ..... 52 3. Los espacios de singular valor fitogeográfico de la Montaña Palentina ........ 54 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN LA MONTAÑA PALENTINA: CRISIS DEMOGRÁFICA Y POLARIZACIÓN ESPACIAL .......................... 56 I. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN ........................................ 57 1. Un dinamismo natural en progresivo deterioro ............................ 59 1a. Una mortalidad cada vez más significativa ................................. 59 1b. Una caída de la natalidad cada vez más acelerada .......................... 60 1c. Un balance natural de signo cada vez más negativo .......................... 62 1d. El significado de la dinámica interna en el contexto provincial y regional .......... 65 2. Un proceso migratorio modificado pero aún de signo negativo ............... 67 3. El desequilibrio en las estructuras como resultado y como condicionante de la dinámica demográfica .................................................. 70 3a. Un desequilibrio significativo en la estructura por sexos ....................... 70 3b. Una población cada vez más envejecida .................................. 73 II. PROYECCIONES DE POBLACIÓN ....................................... 80 III. LA TRANSFORMACIÓN DEL SISTEMA DE ASENTAMIENTOS ................ 88 1. Características de la red de poblamiento ................................. 88 2. Estructura urbana de los principales núcleos ............................. 90 3. Las infraestructuras como elemento básico de integración territorial .......... 94 LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS: ENTRE LA CRISIS MINERA Y EL DESARROLLO TURÍSTICO ........................................... 101 I. ACTIVIDADES ECONÓMICAS: DETERMINANTES DE LA ORGANIZACIÓN DEL ESPACIO TRADICIONAL Y ACTUAL ...................................... 102 II. LA BASE AGRARIA Y SU PESO ACTUAL ................................ 103 1. Caracterización general .............................................. 103 2. Caracterización de estructuras y aprovechamientos ....................... 105 3. El perfil socioeconómico de los agricultores ............................. 120 4. Las condiciones sociales de la explotación agraria ....................... 123 III. EL DESARROLLO DE LAS ACTIVIDADES INDUSTRIALES .................. 126 1. La reestructuración de la minería del carbón ............................. 132 2. El crecimiento de la producción eléctrica ................................ 143 3. Los procesos de reconversión de la industria química ..................... 144 4. La estrategias de adaptación de las industrias agroalimentarias: la industria galletera ............................................................. 145 5. El tejido industrial de pequeñas empresas manufactureras ................. 151 IV. LA IMPORTANCIA DE LA CONSTRUCCIÓN .............................. 154 1. Dinámica de la actividad constructiva .................................. 155 2. Tipología y estructura de las empresas de construcción ................... 158 3. El desarrollo de servicios complementarios a la construcción .............. 162 V. EL PESO DE LAS ACTIVIDADES DE SERVICIOS .......................... 164 1. Estructura de los servicios ........................................... 164 2. Servicios a la población residente ...................................... 165 2a. Enseñanza pública .................................................. 165 2b. Servicios sanitarios públicos ........................................... 167 2c. Enseñanza y sanidad privadas ......................................... 167 2d. Actividades Comerciales .............................................. 168 2e. Otros servicios a la población .......................................... 170 3. Servicios a las empresas ............................................. 173 3a. El transporte de mercancías ........................................... 174 3b. Los servicios financieros .............................................. 176 3c. Servicios auxiliares .................................................. 177 3d. Otros servicios a la producción ......................................... 177 4. Servicios paraindustriales ............................................ 178 5. Las actividades turísticas como generadoras de servicios ................. 180 5a. Características de la oferta turística actual ................................ 181 5b. Residencias secundarias y papel del turismo familiar ........................ 185 5c. Infraestructuras de apoyo y oferta complementaria .......................... 187 5d. Valoración económica y social de las actividades turísticas ................... 188 5e. El papel de las iniciativas públicas en el desarrollo de los servicios ............. 189 RENTA Y NIVEL DE VIDA DE LA POBLACIÓN RENTA Y NIVEL DE VIDA DE LA POBLACIÓNRENTA Y NIVEL DE VIDA DE LA POBLACIÓN RENTA Y NIVEL DE VIDA DE LA POBLACIÓN ......................... 192 I. RENTAS Y NIVEL DE VIDA ............................................ 193 1. Composición y estructura de las rentas ................................ 193 II. INDICADORES DE BIENESTAR ........................................ 195 PROBLEMAS, POTENCIALIDADES Y PROPUESTAS DE ACTUACIÓN PROBLEMAS, POTENCIALIDADES Y PROPUESTAS DE ACTUACIÓNPROBLEMAS, POTENCIALIDADES Y PROPUESTAS DE ACTUACIÓN PROBLEMAS, POTENCIALIDADES Y PROPUESTAS DE ACTUACIÓN .... 200 I. LA ACCESIBILIDAD Y LA INTEGRACIÓN ESPACIAL DE LA COMARCA COMO FRENO PARA EL DESARROLLO ........................................ 201 II. DESESTRUCTURACIÓN DEL TEJIDO PRODUCTIVO Y NECESIDAD DE POTENCIACIÓN DE NUEVAS ACTIVIDADES ................................ 204 1. Actividad agrícola-ganadera: reducción de efectivos y necesidad de especialización ....................................................... 205 2. Crisis del modelo industrial minero-galletero y necesidad de diversificación . . 206 3. El desarrollo de los servicios a la producción y a la población como nuevos yacimientos de empleo ................................................ 208 4. Desarrollo turístico como opción estrella ................................ 210 4a. El enorme potencial ecológico de la montaña palentina: importante foco de atracción turística .............................................................. 211 La proliferación de impactos ambientales ................................... 212 La inevitable protección ambiental y sus problemas ........................... 214 4b. El potencial de patrimonio histórico-artístico y cultural de la comarca ............ 216 4c. Actuaciones llevadas a cabo hasta el momento actual y propuestas ............ 218 ANEXOS - Anexos 1 a 21 (Física) - Anexo 22_23 - Anexo 24 - Anexo 25 - Anexo 26 - Anexo 27 - Anexo 28 - Anexo 29 - Anexo 30 - Anexo 31 - Anexo 32 - Anexo 33 - Anexo 34 - Anexo 35 a 38 - Anexo 39 a 42 - Anexo 43 a 44 - Anexo 45 a 48 - Anexo 49 - Anexo 50 - Anexo 51 a 54 - Anexo 55 a 58 - Anexo 59 - Anexo 60 - Anexo 61 a 64 - Anexo 65 a 68 - Anexo 69 - Anexo 70 - Anexo 71 - Anexo 72 - Anexo 73 - Anexo 74 - Anexo 75 - Anexo 76 - Anexo 77 - Anexo 78 - Anexo 79 - Anexo 80 Montaña Palentina 1 INTRODUCCIÓN INTRODUCCIÓNINTRODUCCIÓN INTRODUCCIÓN Montaña Palentina 2 Figura 1 La Montaña Palentina es la denominación reciente de un área del norte de la provincia de Palencia que se ha considerado reunía caracteres de homogeneidad en orden a diferenciarla como una unidad comarcal. El término utilizado es de uso tradicional, aunque nunca haya sido empleado, históricamente, para identificar un territorio determinado. Es la adscripción territorial la que constituye un fenómeno moderno y reciente. El término Montaña Palentina ha sido usado tradicionalmente, como el de La Montaña de León, o las montañas de Reinosa y Montañas de Burgos, para identificar el sector correspondiente a la montaña cantábrica de estos territorios históricos y su ámbito ha variado de acuerdo con las distintas delimitaciones administrativas que se han sucedido a lo la largo del tiempo, desde los obispados a las modernas provincias. En su acepción más amplia, por tanto, la Montaña Palentina comprende la totalidad del área cantábrica que pertenece a la provincia de Palencia. De acuerdo con su delimitación actual, comprende el sector septentrional de la provincia, integrando una parte de los municipios que, en sentido estricto, podrían ser considerados como parte de la montaña palentina. Han quedado fuera de ella los municipios incorporados a las Loras y los municipios del contacto con las llanuras de la cuenca sedimentaria. En cualquier caso, la actual comarca de La Montaña Palentina se corresponde bien con un espacio definido, en efecto, por su configuración como un espacio ecológico de montaña en el territorio de la provincia palentina. El primer componente que le caracteriza en cuanto espacio de montaña, es que reúne una parte significativa de los relieves más destacados y diferenciados de la montaña cantábrica, tanto por su altitud como por la constitución del roquedo dominante. La definición ecológica de montaña es su rasgo actual más sobresaliente. Forma parte de la montaña cantábrica y representa, por tanto, una montaña de perfil atlántico, con los matices propios de una vertiente interior y meridional, que opera como un área de transición respecto del dominio ecológico mediterráneo propio de las tierras más al Sur. Este perfil ecológico aparece, en la actualidad, como el más preciso en la definición del espacio conocido como Montaña Palentina. En consecuencia, han sido y son sus rasgos físicos, morfoestructurales y bióticos los que tienen mayor peso en su caracterización y en su Montaña Palentina 3 identificación social como un área geográfica. El carácter de montaña le otorga, también un notable perfil histórico, en la medida en que los territorios de la montaña se configuraron, al menos desde la Edad Media, como espacios construidos de acuerdo a comunidades que explotaron la naturaleza montañosa atlántica para desarrollar un nicho económico y productivo propio en el marco regional de Castilla. Las comunidades históricas que han ocupado el área de la Montaña Palentina, desde la Edad Media hasta la implantación de la moderna sociedad industrial, utilizaron los recursos de la montaña atlántica como un factor de especialización económica, para desarrollar una economía complementaria respecto de la de las comunidades más meridionales, en Castilla. Esas comunidades se orientaron hacia la explotación ganadera, directa o indirecta, de las favorables condiciones para el pasto de la montaña, así como al uso de la madera para la elaboración y exportación de bienes y productos de transformación a partir de esta materia prima. En consecuencia, estos territorios se especializaron en la recría ganadera, sobre todo bovina, así como en el aprovechamiento de los extensos pastizales alpinos para el ganado merino. Desde la Edad Media, la Montaña Palentina, que englobaba entonces las montañas de Reinosa, adscritas al territorio de Palencia hasta el siglo XIX, se convierte en una de las sierras del sistema de pastoreo de la Mesta, punto de arranque de la cañada llamada de Segovia o segoviana. De igual manera se especializaron en la fabricación de diversos productos a partir de la madera de haya y roble, en particular aperos de labranza -carros, cambas, rodalesy utillaje doméstico, destinados a los mercados de la Castilla cerealista y vitícola. En relación con ello y con su situación intermedia respecto de las áreas litorales y cantábricas aprovecharon estas ventajas de situación para el desarrollo de actividades de transporte de largo recorrido, aprovechando sus ventajas de costos, al poder emplear carros de construcción propia y ganado de su recría. Actividad transportista que culmina en el siglo XIX, antes de la llegada del ferrocarril. Este tipo de economía de montaña, compartida con otras muchas áreas de la península ibérica y de Castilla, proporcionó a las comunidades de la Montaña Palentina un perfil o nicho propio, que unificaba los distintos territorios en que materializaron su ocupación y organización del ámbito montañés, territorios que son los que alcanzaron evidencia histórica, a distintas Montaña Palentina 10 1. CIRY, R.: "Étude géologoque d'une partie des provinces de Brugos, Palencia, León et Santander". Bull. Soc. Hist. Nat. de Toulouse. T. LXXIV. Toulouse, 1939. 528 pps + lám y mapas. Carrionas por cuyas vertientes discurre el alto Carrión. - El sector oriental de la Cordillera, y siguiendo el alto Pisuerga, es un tramo donde la característica es la de ser de relieve plegado. Si al oeste los materiales eran más antiguos, paleozoicos, hacia levante de este río los que empiezan a aflorar son los de una cobertera mesozoica, triásica en la alineación de Peña Labra y Sierra de Brañosera, para que a partir de aquí sean protagonistas los más recientes de edad cretácica. El espesor de los sedimentos y la intensidad de las deformaciones alpinas permiten la aparición de pliegues más amplios que han proporcionado, merced a una litología más blanda, valles amplios e interfluvios cortos aunque destacados. Es un relieve que pese a ser menos accidentado no pierde su carácter montañoso. Son otras Peñas de carácter más modesto que las primeras. - En el borde meridional, lugar de encuentro de la montaña con la Cuenca del Duero, también se presenta esta diferenciación zonal. Así al oeste de Cervera la Sª del Brezo cierra a modo de muralla los relieves cantábricos del Macizo Asturiano, para que al este aparezcan nuevamente los depósitos mesozoicos plegados de lo que se dio en llamar "Le Pays Plisées"(1). Es primero el Campoo de Aguilar y más allá, las Loras. El contacto con la Cuenca del Duero se resuelve por medio de páramos detríticos ya en materiales terciarios de transición. De lo señalado, se interpreta que este ámbito más que límite es un espacio de transición. Transición tanto en sentido meridiano, de las montañas cantábricas a las campiñas del Duero, como en sentido zonal entre los enhiestos relieves del Macizo Asturiano al oeste a los más modestos del este y sur. Dicha transición entre diferentes unidades ha facilitado la creación de ambientes y paisajes distintos que han permitido la individualización de diferentes comarcas. Así destacan Fuentes Carrionas y la Sª del Brezo en el Macizo Asturiano más oriental, La Pernía en el centro, el Valle de los Redondos en el tramo próximo al nacimiento del Pisuerga, La Castillería siguiendo su valle, cerrados por la alineación de Peña Labra-Sierra de Híjar y Sª de Brañosera. Más hacia el este, tras la calcárea Sª Corisa, el Valle del Rubagón en la cuenca de Santullán. La cuña mesozoica al sureste se corresponde con La Valdivia y en el borde de contacto con la cuenca, La Ojeda en ese Terciario de transición. 3. Organización de las distintas unidades del relieve El relieve actual se muestra intrincado, laberíntico, siendo fruto de una larga evolución Montaña Palentina 11 tectónica, aunque la acción erosiva fluvial sobre él se ha desarrollado contundentemente. Es pues un relieve que más que dependiente de las estructuras creadas por la tectónica lo es de la erosión diferencial de la red hidrográfica al encajarse. Este hecho permite apreciarlo con una clara dualidad entre aquellos sectores más destacados, las Peñas, que frecuentemente mal alineadas se yerguen sobre otros espacios más bajos, bien hundidos o afondados, los Valles. De este modo, Peñas y Valles, son los elementos que caracterizan el relieve en este sector de la Cordillera Cantábrica. Por otra parte el carácter fuertemente fragmentado de la zona y los continuos y coetáneos procesos sedimentarios, frecuentemente interrumpidos, han hecho que la estructura litológica de este área sea compleja, con multitud de cuencas con ambientes distintos y, por lo tanto, con formaciones litológicas diferentes (se han señalado hasta 23 formaciones distintas). Además en la larga evolución geológica padecida aparecen materiales desde el Paleozoico, cerca de 400 millones de años, hasta los actuales aluviones depositados en los lechos de los ríos (Figura 3). La Montaña Palentina debe su configuración estructural actual a la presencia de un zócalo levantado en macizo antiguo al oeste y una cadena de pliegues de cobertera al este, siendo el origen de todo ello las tensiones provocadas por la orogénesis alpina. - El sector occidental, más antiguo y menos competente al plegamiento, ante la tectónica terciaria respondió fracturándose. Las antiguas fallas hercinianas de dirección meridiana se vieron reactivadas, al tiempo que aparecieron otras nuevas, de dirección alpina (subzonal ONO-ESE). Todo ello contribuyó a fragmentar el conjunto y generar la aparición de un verdadero enrejado de fallas donde tuvo lugar un juego de bloques. Los que se levantaron -los horst-, originaron el asomo de las Peñas, los que se hundieron, entreverados, formaron fosas tectónicas o graben de número reducido y escasas dimensiones debido a la densidad de la red de fallas y a la mayor importancia de los movimientos ascensionales. Fueron las primeras depresiones que la actual red hidrográfica empezó a cursar en el Plioceno. Al mismo tiempo los materiales sedimentarios que recubrían el zócalo se deformaron complicando aún más el conjunto. Aparecieron nuevos pliegues sobre los anteriores e importantes mantos de corrimiento que incluso han llevado a los geólogos a caracterizar a ésta como «región de pliegues y mantos». En conjunto estas estructuras muestran una clara alineación de carácter zonal o subzonal ONO-ESE. Montaña Palentina 12 Figura 3 - En el sector oriental y meridional la incidencia de la tectónica alpina fue, aunque menos espectacular, también importante. La cobertera sedimentaria mesozoica respondió deformándose y generando la aparición de un relieve plegado sobre materiales menos resistentes a la erosión que los del sector occidental. Dicha cobertera reflejó en superficie las deformaciones del zócalo infrayacente, permitiendo la aparición de lo que se entiende como «cadena de pliegues de cobertera». Dicha cadena muestra en un primer momento sobre sus morfoestructuras cierta incurvación adoptando una dirección más meridiana, NNO-SSE, si bien a medida que nos dirigimos hacia el este un nuevo cambio lleva a retomar las direcciones zonales características de las deformaciones cantábricas. Con mayor detalle, pueden reconocerse diferentes unidades en el relieve en cada uno de los tres sectores individualizados: el occidental que sigue básicamente la cuenca del Carrión, el oriental que lo hace la del Pisuerga y el meridional al sur de la Sierra del Brezo (Figura 4). 3a. El sector occidental Se reconocen varias unidades de O-E y de S-N que responden a una misma dinámica tectónica y además presentan ciertos rasgos litológicos comunes. Su distribución es marcadamente zonal, desde la más meridional del Domo de Valsurvio-Sª del Brezo hasta el anticlinal geminado de Carazo en el sector de Arauz o el sinclinal de Curavacas al noroeste. .- La alineación del domo de Valsurvio-Sierra del Brezo Constituye la alineación más meridional de los afloramientos paleozoicos de este sector. Sus límites son claros: el occidental del domo de Valsurvio arranca en las proximidades de Velilla del Río Carrión, mientras que la Sª del Brezo supera en escasos metros la localidad de Cervera; el meridional es una estrecha faja de cobertera mesozoica y el contacto con los páramos detríticos terciarios, mientras que el septentrional es una gran línea tectónica formada por las fallas de León y Ventaniella que les separa de la segunda unidad, el pasillo de Cardaños-Arbejal. La solución de continuidad de ambas unidades viene dada por una importante falla que Montaña Palentina 13 pone en contacto las más antiguas cuarcitas y areniscas de la Formación Camporredondo en el sector central de Valsurvio con las más modernas Calizas de Montaña características de la Sª del Brezo. Los materiales que las integran, en uno y otro caso, son duros y resistentes, lo que ha permitido que pese a ser el sector más meridional, se levanten hasta cerca de los 2000 m. En el domo destacan las culminaciones de Peña del Fraile, Peña Cueto o Peña Mayor, en la Sierra del Brezo Peña Redonda, la Cumbre de Ramadores, o los más modestos Picos de Burrián, Campillo, los Collazos, Roblillo, Las Cruces o el Almonga que delimita el portillo del Brezo. Figura 4 Estructuralmente ambos sectores presentan caracteres distintos. El de Valsurvio tiene una estructura en forma de domo que aloja en su interior una serie de pliegues (como el anticlinal de Otero de Guardo), donde afloran materiales más antiguos en un núcleo vaciado. Una morfoestructura de grandes dimensiones, más de 150 km² donde el Carrión se embalsa en el embalse de Compuerto y lo abandona en cluse en su salida hacia la cuenca. Más compleja es la Sª del Brezo, con las características propias de las unidades de la Región de Pliegues y Mantos. Las calizas de montaña, los conglomerados y areniscas westfalienses se muestran como un intrincado conjunto de escamas (Ramadores y la Mata), deformadas por estructuras plegadas, principalmente sinclinales, que las recorren longitudinalmente. Al este, en el límite de la sierra se levanta el pico Almonga, un anticlinal volcado, cuyo flanco sur sirve de asiento a Cervera, perdiendo su flanco septentrional por la presencia de la gran línea tectónica de León-Ruesga que la separa del pasillo de Cardaños-Arbejal, contacto en que se aloja el embalse de Ruesga. .- El pasillo de Cardaños-Arbejal Es una depresión comprendida entre la anterior alineación y la que marca el EspigüeteSanta Lucía y el sinclinal de los Cintos por el norte, que parecen montar por falla inversa sobre este estrecho corredor. Esta superposición le ha hecho ser considerado geológicamente como el sector autóctono relativo al resto de las demás unidades. Los materiales que aquí afloran son principalmente las pizarras y areniscas de la formación Cervera, blandas y deleznables hasta el punto que han hecho de éste un sector de fácil egresión para la red fluvial hacia el sur, canalizando una serie de arroyos y ríos hacia el Carrión. En este pasillo explotado por la red fluvial se aprecian los restos de las más antiguas terrazas, habiéndose constituido como Montaña Palentina 14 corredor natural de acceso a las localidades más interiores de la Montaña Palentina. Destaca desde un punto de vista litológico la gran densidad de afloramientos de rocas intrusivas, pórfidos graníticos muy alterados, que se disponen de forma lineal siguiéndolo y cuyos asomos aparecen frecuentemente vinculados a algunas de las fallas derivadas de las grandes líneas tectónicas (León-Ruesga y Ventaniella). Estructuralmente en su sector oriental se trata de un sinclinal que más que colgado aparece ligeramente destacado, por la aparición en su interior de los duros conglomerados de Curavacas y las pizarras de la formación Lechada. En cambio, hacia el oeste pierde su carácter de depresión, pues superada la cola del embalse de Camporredondo su estructura se desdibuja merced a la desaparición de los materiales más duros que pudieran evidenciarla. .- La alineación del Espigüete-Santa Lucía Constituye una estrecha alineación de Peñas levantadas en las calizas de montaña situada al norte del pasillo de Cardaños-Arbejal. Tectónicamente se trata de un conjunto de escamas cuyo nivel de despegue parece ser las cuarcitas devónicas de la Formación Murcia, aunque en ocasiones son las calizas de la de Vidrieros, ambas con intercalaciones pizarrosas. Las más espectaculares de este a oeste son: la Peña de Santa Lucía (1853 m), sinclinal colgado muy fallado, con estrechos y angostos pasillos ortoclinales por los que los arroyos han escapado de la estructura a través de boquetes anaclinales. El conjunto formado por la más oriental y baja Peña de la Dehesa (1744 m), la Peña María (1879 m), y la más occidental Peña del Tejo (1988 m). Finalmente la más alta del Espigüete, escama que cabalga hacia el oeste, rota por fallas de dirección curva y deformada en dos pliegues zonales: un anticlinal, en cuyo flanco septentrional se aloja la laguna, y un sinclinal, cuyo flanco meridional constituye la segunda línea de crestas más altas de este sector con 2450 m de altitud después de las de la unidad del Alto Carrión. .- Unidad del Alto Carrión Al norte de la alineación del Espigüete-Santa Lucía y separada por una importante falla de carácter inverso -la falla de Cardaño-, aparece esta otra unidad en la que destaca la presencia de pliegues de carácter zonal, sensiblemente paralelos y que se agrupan en dos sectores: Montaña Palentina 15 - El sector occidental de Cardaños, donde destacan separadas también por falla las estructuras del sinclinal destacado de Aguasalio y el anticlinal que conforma la culminación del Pico Murcia (2341 m), simple cresta al haber desaparecido su flanco meridional en el contacto con la estructura anterior. - El sector oriental de Arauz. Aguas arriba del Carrión y encuadrado por fallas -la de Polentinos al este y la que lo separa del sinclinal de Curavacas al oeste-, aparece una zona plegada con dos estructuras muy claras, diferenciadas a su vez por otra falla inversa zonal que pasa inmediatamente al norte de las localidades de Abadía y Lebanza. Es el cabalgamiento de Arauz que desaparece fosilizado por los conglomerados del sinclinal del Curavacas. Al norte se encuentra el anticlinal de Carazo, pliegue geminado en cuya charnela más meridional se levanta la Peña Carazo(2012 m), y en la más septentrional la Horca de Lores (2021 m). Al sur de la falla de Arauz, aparece el anticlinal de Polentinos. Una estructura simple, muy abierta, en la que el Carrión se ha encargado de desventrar su núcleo tras cortarlo en una cluse que deja al oeste el sector más levantado, el de Las Lagunillas (2122 m). Los desniveles son progresivamente menores hasta la incurvación y fracturación que presenta en su sector último, el de Peñas Negras (1301 m), al norte de Arbejal. .- La gran cresta meridional del sinclinal del Curavacas En el extremo noroeste queda una de las unidades más espléndidas de todo el conjunto de la Montaña palentina. Se trata del Curavacas, flanco meridional del sinclinal que se levanta a modo de frente de cresta hasta los 2525 m en los conglomerados silíceos westfalienses de la Formación de este mismo nombre. Sobre ella aparece hacia la charnela las pizarras y areniscas de Lechada y entre ambas se abre un pasillo ortoclinal que canaliza los arroyos de Hontanillas, las Lomas y Valmediano hacia el sur, cortando anaclinalmente los conglomerados. .- El sinclinal de los Cintos Se localiza inmediatamente al sur del anticlinal de Polentinos, al que recubre discordantemente con dirección ONO-ESE hasta las deformaciones de Peñas Negras, teniendo como levantamiento periclinal el Cerro de Las Cuestas, donde culmina a 1227 m merced a la presencia de los restos de una terraza pleistocena que ha quedado colgada en este nivel. Es un pliegue ligeramente asimétrico en el que el flanco sur se presenta más levantado en aquellos lugares en los que la falla de León no lo ha hecho desaparecer. Montaña Palentina 16 Estas estructuras señaladas, el anticlinal de Polentinos y el sinclinal de los Cintos, terminan en el sector inmediato al norte de Arbejal, un área muy interesante por su complejidad en cierta medida enmascarada por la presencia del embalse de Requejada. Algo similar le ocurre a la Sierra del Brezo, que prácticamente desaparece al este de Cervera. A partir de este meridiano y salvo el pasillo de Cardaños-Arbejal que se continúa más hacia el este, las estructuras adquieren nuevas direcciones y diferentes caracteres. 3b. El sector oriental El relieve está presidido por otras estructuras, completamente diferentes en sus direcciones e intensidad del plegamiento. Por el interior de este sector discurren las cabeceras de los ríos Pisuerga y Castillería, albergando varias unidades. Al noroeste el sinclinal de Casavegas y más a levante el de Redondos y al sur de ellos, en la Castillería, todo el haz de pliegues que conforman esas unidades y que aparecen rodeadas por una importante línea de falla, a la que se ha denominado "Despegues de San Cristóbal-San Cebrián", que cabalgan con una dirección NO-SE, sobre el sector meridional que integra la continuación de la alineación de Cardaños-Arbejal. Ésta se sigue hasta Mudá a partir de la cual se muestran una serie de mantos, de pequeñas dimensiones como son los de Mudá, San Julián y Revilla. Al este del sinclinal de Redondos aparece la cobertera triásica recubriendo discordante y deformada sendos sinclinales integrando las Sierras de Peña Labra -aquí sector de la Sª de Híjary, más al sur, la de Brañosera. .-Los Mantos de Mudá, San Julián y Revilla en la alineación de Cardaños-Arbejal Como continuación del pasillo de Cardaños-Arbejal, al este de Cervera y en los materiales de esta misma formación aparecen varios pliegues como el sinclinal al sur de Valsandornín o el sinclinal de las proximidades de Vallespinoso de Cervera. Igualmente son abundantes los afloramientos de rocas ígneas, fundamentalmente las granodioritas, como el que aparece en Gramedo. No obstante, más hacia el este aparecen tres unidades, formando mantos de corrimiento de materiales carboníferos, como el de Revilla y Mudá y el central de San Julián, en materiales devónicos y silúricos que cabalgan sobre los pliegues de la prolongación del pasillo. Son mantos deslizados hacia el norte en la formación Valdeteja y que se descomponen en numerosos klippes, como ocurre en Mudá donde se han apreciado hasta 15 de ellos en la confluencia de los arroyos del Campo y Peñalbilla y de éste con el del Molino. Montaña Palentina 17 Al este y norte del manto de San Julián y antes de entrar en contacto con la cuenca de Barruelo, aparece primero la zona plegada de Peña Cilda (1611 m), que da paso al sinclinal de Moradillo (1455 m), bien conservado al oeste de Barruelo donde aparece pinzado e incluso con su flanco septentrional volcado en el Camportillo (1478 m). En este sector las unidades son de reducidas dimensiones y muy falladas, no ocurre lo mismo al norte de la línea de despegue señalada, donde los elementos del relieve son ya de mayores dimensiones. .- Los sinclinales de Casavegas y Redondo: La Castillería En el interior del cincho que supone la continuidad entre los despegues de San Cristóbal y S. Cebrián, aparecen con dirección general NNO-SSE, varias estructuras de las cuales dos son principales: los sinclinales de Redondo al nordeste y Casavegas al noroeste, separados por un anticlinal muy fallado. El primero es más simple en su estructura y monta hacia el sureste al segundo, más complejo al que podríamos dividir en otra serie de estructuras sinclinales menores que de oeste a este son los de Casavegas, propiamente dicho (o sinclinal de Estalaya), Verdeña y Celada. Entre ellos aparecen sendos pliegues anticlinales, los de Tremaya y San Juan. Al sur aparece el área de la Castillería, que no se corresponde tanto a una sola estructura sino a la alternancia y sucesión de las terminaciones de los pliegues que conforman la gran unidad de Casavegas. Se trata de una gran cuenca sinclinal, abierta en sus horizontes por el río Castillería, y cuyos bordes lo suponen toda la suerte de elevaciones perisinclinales desde el San Cristóbal (1338 m) hasta la más oriental Sª Corisa. Un borde que sirve de clara divisoria entre el Herruela-Castillería y el Pisuerga aguas abajo de Cervera. .- El recubrimiento triásico de Peña Labra y Brañosera En el extremo nororiental aparecen dos grandes alineaciones montañosas constituidas por las Sierras de Peña Labra y Brañosera, integradas por materiales triásicos de areniscas y conglomerados silíceos. Estos últimos de gran relevancia geomorfológica dado que su dureza les ha convertido en elementos de resistencia ante la erosión, pese a su poco espesor de afloramiento. De este modo las principales culminaciones tienen su justificación en su presencia. Este depósito triásico descansa discordante sobre las calizas y areniscas westfalienses Montaña Palentina 18 y cantabrienses del sector de los Redondos, Castillería y Barruelo y se encuentra ligeramente deformado apareciendo a modo de dos grandes sinclinales. Al sur el de Brañosera cuyas culminaciones son los levantamientos periclinales del Valdecebollas o el Cerro Cueto (2083 m). Al norte y tras una falla directa que separa ambas unidades se levanta Peña Labra, en el ámbito de la más modesta Sª de Híjar. Esta última es también un sinclinal de dirección ONOESE en el que las culminaciones aparecen en el levantamiento de su flanco norte. Son las cotas de Cuesta Labra (1929 m), Peña Rubia (1931 m) o Peña Astía (1930 m), que sin alcanzar los 2000 m de altitud sirven de límite a las provincias de Palencia y Santander. 3c. El sector meridional Está ocupado en principio por una alineación de materiales mesozoicos plegados que configuran una estrecha faja de carácter jurásico en el sector más oriental y cretácica en el resto. Esta última entra en contacto en el sector occidental con los páramos detríticos, plataformas levemente inclinadas hacia el sur resultado del depósito de los aluviones de los ríos cantábricos meridionales al alcanzar la cuenca del Duero. Se extienden hacia el sur, a modo de depósito de piedemonte de los relieves destacados de Valsurvio y el Brezo, por la comarca de la Ojeda casi 30 Km hasta la línea imaginaria que une Saldaña y Herrera de Pisuerga. A diferencia hacia el este el paisaje cambia. Aparece primero el Campoo de Aguilar, espacio de amplios horizontes, sin contrastes y a una altitud relativamente baja (1000-1100 m). Le sigue el inicio de la denominada comarca de las Loras, magnífico ejemplo de relieve inverso donde la erosión diferencial ha creado amplios valles -las combesrespetando los duros estratos de las charnelas sinclinales que han quedado aún más en resalte como sinclinales colgados cuando la tectónica ha desnivelado estas moles acastilladas. Puede decirse que el relieve de esta comarca estaba ya casi constituido en el Pliopleistoceno y que desde entonces ha evolucionado muy poco, subrayando el carácter heredado que tiene este relieve que es de montaña y producto principalmente de una labor de disección fluvial por erosión diferencial. 4. El papel fundamental de la red hidrográfica La acción fluvial ha jugado un papel decisivo en la configuración morfológica de la Montaña Palentina 19 2. Especialmente representativas son a lo largo del río Pisuerga fundamentalmente en el tramo comprendido entre el sur del Embalse de Requejada y San Mamés de Zalima. Con espesores diversos, las más elevadas destacan sobre el curso actual unos 120-150 m, las intermedias 20-55 m y las más bajas poseen una altura relativa inferior a los 10 m. El análisis de sus sedimentos ha permitido averiguar las características de la antigua red que formaban estos ríos (de carácter anastomosado), su evolución y condiciones de formación (climas periglaciar, glaciar...). Algunos autores han señalado para las terrazas más bajas una edad würmiense, para las intermedias Rissiense, no siendo segura la de las más altas, probablemente Mindeliense. Montaña palentina. La labor de disección realizada por los ríos Pisuerga y Carrión desde el momento de su nacimiento ha tenido una gran trascendencia. Su encajamiento ha sido selectivo, circulando por los materiales más blandos (arcillas, margas e incluso pizarras) en los que encajarse para buscar su perfil de equilibrio. Por contra, la resistencia de las calizas de montaña, de las cuarcitas e incluso de las areniscas les ha hecho marcar en ocasiones trazados sinuosos sorteándolos, aparte de realzar las Peñas recalcando los desniveles y dejándolas más expuestas en su derredor. Su trazado en ocasiones se encuentra condicionado por la tectónica aunque hayan sido las menos de las veces. No abundan los "valles de línea de falla", sino que la adaptación a las fallas y fracturas se reduce a acodamientos o a cambios más o menos bruscos en los trazados. La norma parece indicar que se trata más bien de una red inadaptada encajada por epigénesis No todos los valles tienen el mismo aspecto. Los trazados por los ríos en el Macizo Asturiano, caso del Carrión, se ahondan más y hacen resaltar abruptos interfluvios. Sin embargo, los que discurren en el sector más oriental, tienen valles más amplios y esos interfluvios en ocasiones se reducen a peñas aisladas, exentas como verdaderas atalayas como la propia Peña Tremaya. Se trata de un relieve de horizontes más abiertos en donde la esbeltez de las peñas destaca sobre los valles (Figuras 2 y 5). También a la red fluvial se deben las numerosas acumulaciones de materiales aluviales. No siempre se ha hendido en el terreno, y en otros momentos, lejos de encajarse, han levantado su lecho. Posteriormente, nuevos encajamientos sobre estos depósitos han permitido la aparición de terrazas fluviales. Hasta siete niveles distintos se han señalado salpicando los valles interiores y es algo que ha venido ocurriendo periódicamente desde el Plioceno, edad de la terraza más antigua, hasta las actuales más bajas que apenas destacan unos metros (2). Figura 5 En este sentido, cuando los ríos Pisuerga y Carrión alcanzaron la Cuenca del Duero, tras superar la alineación domo de Valsurbio-Sª del Brezo, debido a las menores pendientes Montaña Palentina 26 Brañosera, donde se obtienen losas de arenisca limolítica del Trías (Figura 6). Podría pensarse en reiniciar la explotación de algunas de estas minas, tras estudios de rentabilidad, a fin de aquilatar el desarrollo económico de la comarca, pero no orientado a una gran producción y mercado sino pensando en la aparición de pequeñas industrias de carácter artesanal que pudieran abastecerse de estos recursos. Asimismo sería interesante aprovechar parte de estos recursos con destino a la construcción dado el auge actual que afecta a este sector. 7c. El relieve y el poblamiento Las características morfoestructurales del relieve han condicionado las formas de ocupación humana secularmente en estas montañas. Su carácter montañoso ha estipulado en general un poblamiento disperso y nuclear, ya que la población se asienta en un gran número de pequeños pueblos muy cercanos entre sí, a excepción de su sector más meridional sobre los terrenos allanados de los páramos detríticos (Figura 5) . El efecto altitud relega a los pueblos a los espacios más deprimidos, convirtiéndose la red fluvial en el polo vital de atracción del poblamiento. Y no sólo por la cercanía del agua sino porque los valles (valles de la Castillería, valle Estrecho, valle del Pisuerga, del Carrión, del Rubagón...) son espacios más protegidos desde el punto de vista climático, disponen de terrenos susceptibles de ser aprovechados agrícolamente y configuran pasos naturales que facilitan el trasiego de mercancías y gentes. Pese a todo existen numerosos núcleos asentados a relativa altitud, por encima de los 1200 m, caso de Brañosera, Lores, Camporredondo de Alba, Cardaño de Arriba, San Juan y Santa Mª de Redondo, Santibáñez de Resoba, o que superen los 1300 m como Triollo, Vidrieros, Abadía de Lebanza y Piedrasluengas. Igualmente ha existido una adaptación al terreno que se muestra mucho más fuerte donde las dificultades impuestas por el medio son mayores. En muchas ocasiones la distribución del caserío se derrama por las laderas intentando acomodarse a las estructuras del relieve y salvar las pendientes excesivas. En las construcciones tradicionales están presentes los materiales más permanentes como la piedra, bien sea caliza, arenisca, pizarra o cuarcita según los recursos ofrecidos en cada zona, y la madera, fundamentalmente la de roble, como base estructural del armazón de casas, puertas, ventanas suelos... Montaña Palentina 27 En general, donde los valles son más estrechos y las pendientes se agudizan los pueblos son menos numerosos, más pequeños y el caserío tiende a ser más disperso, mientras que en vegas o valles más amplios de fondo llano su número se incrementa, las casas se adosan siguiendo cierta ordenación urbana (Cervera, Quintanaluengos, Aguilar...), y son más dinámicos. Aunque las condiciones del medio de la Montaña palentina no sean del todo favorables para el desarrollo de una armónica evolución económica y demográfica, no hay que olvidar que gracias al aprovechamiento de sus recursos ha conseguido importantes beneficios, algunos hoy en declive, como la actividad extractiva, pero otros en pleno auge como el turismo rural y activo que aprovechan la diversidad, belleza y contrastes de sus paisajes. 7d. El relieve y la red viaria Tiene el relieve de esta comarca un carácter muy anfractuoso, pero no por ello es una montaña impenetrable, una muralla difícil de sortear, por contra, se muestra una montaña abierta, permeable al tránsito. A ello ha contribuido la red hidrográfica, y no sólo la del Duero sino la más elemental cantábrica. Ambas redes han logrado morder en la divisoria formando puertos y collados que secularmente han permitido el paso de Castilla al mar y viceversa. Son pues estas cumbres, una divisoria pero aportillada. El principal puerto que se abre hacia la Liébana cántabra es el de Piedrasluengas, siendo el resto pistas forestales. La Sierra de Híjar dispone de más collados que sortearla, pues desde Salcedillo, Valverzoso y Cordovilla se accede a Cantabria, siendo la ruta más cómoda por Aguilar de Campoo. Nuevamente es la red hidrográfica la que condiciona el trazado viario, dado que las carreteras, en su mayoría locales y comarcales, siguen fielmente las rutas abiertas por los ríos siempre evitando fuertes desniveles y adaptándose a los impedimentos del relieve. Todos los núcleos disponen de carreteras para acceder aunque en ellos mueran, como ocurre en los más adentrados en la montaña (Vidrieros, Cardaño de Arriba, Resoba, Abadía, Lores...). Por su parte, los pueblos de mayor entidad han crecido al amparo de las mejores y más frecuentadas vías de comunicación, caso de Aguilar -vinculada históricamente a las comunicaciones entre la cuenca y el puerto de Santander -, o por encontrarse en un cruce de caminos, caso de Cervera o Guardo. Las características del relieve han impedido la existencia de una red circular que uniera los puntos de la periferia, esto ha contribuido aún más a que núcleos como Cervera acentúen su carácter de centralidad. (Figura 14) Montaña Palentina 28 II. UN CLIMA DE TRANSICIÓN EN LA MONTAÑA CANTÁBRICA La misma transición apuntada para el relieve se observa desde el punto de vista climático entre el sector occidental y oriental de la Cordillera Cantábrica, y desde ésta hacia la Cuenca. Es una transición bastante clara y brusca dado que en pocos kilómetros el paso de las condiciones atlánticas a las mediterráneas es significativo. La progresiva disminución de las precipitaciones, el afianzamiento de la aridez estival, la menor rigurosidad invernal..., siempre siguen estas direcciones, la oriental y la meridional. Pese a todo, es un sector con un clima perfectamente caracterizado, destacando claramente del clima de las llanuras de Castilla y del resto de las montañas de esta Comunidad (Figura 7). - En las altas cumbres de Fuentes Carrionas (Peña Prieta, Espigüete, Curavacas...), de Peña Labra (Pico Tres Mares, Cuchillón...) y de Brañosera (Valdecebollas), el clima es de alta montaña y con rasgos más afines a los de la España Atlántica. Un clima frío y lluvioso, con numerosas nevadas, muchos días de nieblas y nubes bajas y veranos muy frescos. - En la alineación más meridional que marca la Sª del Brezo (Peña el Fraile, Peña Redonda, Peña Oracada) con la Sª Corisa el clima es más de transición al disfrutar de un ambiente más seco y continentalizado. Los inviernos son fríos y los veranos frescos, descendiendo las precipitaciones respecto al cordal anterior. - Esta transición es más perceptible al descender hacia la Cuenca por los valles del Carrión y Pisuerga, y sobre todo al dirigirnos hacia el sureste, a los espacios más abiertos y de menor altitud del Campoo de Aguilar (900-1000 m). Aquí el clima es ya mediterráneo continentalizado, con régimen térmico relativamente extremado, aridez estival marcada y precipitaciones que no pasan de la mitad o un tercio de las que se registran en la divisoria.. 1. Principales factores del clima de la Montaña Palentina Básicamente son dos, su localización en el norte de la región de Castilla y León, formando parte del cuadrante noroccidental de la Península y, de mucha mayor trascendencia, su propio relieve. - Por lo que respecta a su situación septentrional, le permite verse afectada por la dinámica atmosférica asociada a la circulación de los vientos del Oeste propia de las latitudes Montaña Palentina 29 medias. Así, durante la mayor parte del año queda bajo el influjo del Frente Polar que con sus diversas y alternantes situaciones atmosféricas generan tipos de tiempo muy variados y fundamentalmente inestables. El paso de borrascas es muy frecuente sobre todas estas montañas que no dejan de comportarse como activas pantallas condensadoras de humedad. Figura 7 - Pero más le distingue en su clima su configuración morfológica. La intensidad y duración del frío, la fuerza del viento, la abundancia de las precipitaciones, la importancia de las nevadas, la frecuencia de las nieblas y rocíos... son, en definitiva, consecuencia del influjo del relieve. Las características morfológicas de este territorio fuertemente accidentado, de elevadas altitudes, grandes desniveles, acusadas pendientes, así como la disposición de sus estructuras, han marcado sus rasgos climáticos hasta tal punto que la diversidad y complejidad de su configuración se manifiesta en su clima, apareciendo gran número de situaciones topoecológicas diferentes. El clima de las altas cumbres difiere notablemente del de sus valles, y el del sector al oeste del meridiano de Cervera de los espacios más abiertos del Campoo de Aguilar y Tierra de Valdivia. El hecho de que estas Peñas sean las más orientales del Macizo Asturiano y formando parte del territorio castellano, permite que permanezcan más al margen las influencias suavizadoras marinas. Por eso en las Sierras Alba, del Brezo, Peña Labra y Brañosera el frío es severo, el aire tiene mayor sequedad en situaciones estables, y surgen intensos procesos de inversión y fuertes oscilaciones diurnas, que no en las sierras que descienden al Cantábrico algo más atemperadas aún dentro de su rigurosidad. 2. Un régimen térmico de montaña Uno de los rasgos climáticos más característicos es el poseer un régimen térmico frío durante la mayor parte del año. Aunque no en toda la comarca se manifiesta con homogeneidad, dado que la montaña introduce matices y contrastes, el frío con distinta intensidad y frecuencia no deja de sentirse a lo largo de todo el año. Los inviernos son muy fríos y prolongados y los veranos nunca suponen una recuperación térmica compensadora de los rigores de meses atrás. 2a. Unos inviernos muy fríos y muy largos Montaña Palentina 30 Son las dos características que mejor definen a sus inviernos y una de las principales de su clima. Las temperaturas que se registran tienen la crudeza de un clima de alta montaña, sobre todo hacia las cumbres, pues los valles no dejan de ser espacios al abrigo. Hay una serie de variables que nos dan idea de la intensidad que puede alcanzar el frío. - Las temperaturas medias del mes de enero son muy reducidas (Anexo 6 y Figura 8). A una altitud de 1200-1300 m se sitúan entre 0°-1°C, aunque la mayor parte de los observatorios al estar más bajos disfrutan de unas medias inferiores, entre 1°-2°C, o bien sobrepasan en poco este último umbral, como ocurre en el Campoo de Aguilar, con valores semejantes a los del norte de la Cuenca (Aguilar de Campoo 2,3(, San Mamés de Zalima 2,1(C). Sin embargo por encima de los 1500 m, registros inferiores no sólo a 0°C sino a -2°C se alcanzan con toda seguridad. Las temperaturas a diario son bajas pues el calentamiento no es intenso ni prolongado. El sol al estar bastante bajo sobre el horizonte en esta época del año trasmonta con prontitud y no penetra bien en los fondos de valle, que sólo disfrutan de unas pocas horas de luz. En ocasiones, los desniveles existentes entre las cimas y los valles impulsan al aire frío a descender al atardecer, acumulándose durante la noche en los sectores de menor altitud surgiendo intensos procesos de inversión térmica que generan importantes heladas y nieblas. - Las temperaturas medias de las mínimas son igualmente bajas (Anexo 7). En enero por lo general oscilan entre -3° y -4°C, aunque hay enclaves como en Camporredondo que registran -5,3°C, o Triollo -4,5°C. Pero más significativo es que estos valores se mantengan negativos durante cinco meses, de noviembre a marzo, lo que da idea del rigor del frío. - Las temperaturas medias de las mínimas absolutas se comprenden entre -10° y -13°C (Apéndice nº 9). Igualmente significativos son los valores extremas alcanzados que rondan los -20°C (Camporredondo -25°C, Lores -20°C, Aguilar de Campoo -17,8°C), normalmente producidos durante una "ola de frío" o tras la irrupción de alguna profunda colada de aire ártico o circulación inversa de aire polar continental. A la intensidad del frío hay que añadir su duración, que según altitudes y localización se muestra diversa. Esto se comprueba al observar el elevado número de meses en que las temperaturas no son capaces de superar los 10(C de media mensual. En la parte más oriental, es decir, desde el sur de la Sª del Brezo hasta el de la Sª de Híjar atravesando inclu- Montaña Palentina 31 so todo el Campoo de Aguilar, el invierno se prolonga durante seis meses, de noviembre a abril. Pero en la Tierra de Cervera, en torno a los embalses de Requejada y Ruesga, el valle de Mudá y la parte más baja del de Redondos se prolonga un mes más, desde octubre. En cambio en la cabecera del Carrión, en el valle alto de Redondos y Rubagón y en toda la Montaña de las Peñas, se extiende a ocho meses y posiblemente a más. En Camporredondo y en San Juan de Redondo va de octubre a mayo, y la altitud aún no es muy elevada (1253 y 1202 m respectivamente). Figura 8 El frío comienza en la primera decena de octubre, cuando no antes, y se prolonga hasta mediados o finales de mayo, siendo habitual en todo este tiempo el riesgo de heladas. Entre un 45% a un 60% del año (165-220 días) las temperaturas mínimas son menores a 3°C. Esta proporción se eleva progresivamente al ganar altitud y en espacios donde los procesos de inversión son frecuentes. A diferencia, en el sector más suroriental de la comarca, este número se reduce considerablemente (Anexo 12). En Lores, Camporredondo y Triollo de octubre a mayo en torno al 80-90% de los días corren este riesgo. Las temperaturas mínimas inferiores a 0°C, las heladas reales, son igualmente frecuentes. Su número ronda los 150 días, un 40% del año, incrementándose y reduciéndose en los mismos supuestos anteriores (Anexo 13). Como consecuencia el período libre de heladas anual es breve, inferior a 100 días. Tampoco es extraño que se produzcan en junio y septiembre, y no deja de haber lugares que aparecen en pleno verano. Sin embargo, estas heladas estivales son más esporádicas pues no aparecen todos los años, y se reservan a los espacios más elevados de la montaña. En los valles interiores las primeras heladas tienen lugar en la primera quincena de septiembre (Triollo el 10 de septiembre, Cervera el 6), y en el sector suroriental en la primera de octubre (Aguilar el 8). Por su parte, las heladas tardías se producen normalmente en junio (Tiollo el 17 de junio, Cervera el 22), anticipándose a mayo en el Campoo (Aguilar el 19). Estos bajos registros y su continuidad hacen que los inviernos sean los típicos de montaña, condicionando el medio ecológico existente y las formas de vida de las gentes de la comarca. Mayor rigurosidad se advierte en el sector de Fuentes Carrionas que del meridiano de Cervera hacia el este a excepción de los más enérgicos relieves (Peña Labra, Híjar y Brañosera). Al mismo tiempo esta prolongación invernal acorta el desarrollo de las estaciones Montaña Palentina 32 equinocciales, que quedan reducidas a dos breves episodios transitorios. 2b. Unos veranos de montaña muy cortos y frescos Después de un largo invierno la llegada del verano no supone el contrapunto a la rigurosidad de aquéllos. Los estíos quedan bastante alejados del umbral medio de 20(C que suele definir a los de carácter cálido. En esta época el ascenso latitudinal de las altas subtropicales sumerge a este territorio con mayor frecuencia bajo el influjo del aire tropical marino. Pero esta circulación meridiana no es la única y con frecuencia la comarca acusa la inestabilidad que se desarrolla algo más al norte. La habitual nubosidad, los numerosos días de niebla, así como las lluvias así lo confirman. Pese a todo, en este período se asiste a una cierta tregua por el mayor dominio de situaciones de estabilidad, que son capaces de provocar en algunos puntos estadios de aridez y en otros de sequedad, en cualquier caso siempre breves. La mayor parte del territorio queda comprendido entre la isoterma de 16-18(C de media para julio y agosto (Figura 9). Únicamente en torno al Embalse de Aguilar y siguiendo un pasillo hacia los de Requejada y Ruesga, así como en el contacto más oriental con la Cuenca estas medias superan, aunque por poco, los 18(C. En el interior, en la montaña propiamente dicha, los índices son inferiores a los 16(C y posiblemente a los 14(C. Tanto en Lores como en S. Juan de Redondo superan en poco los 15(C (Anexo 6). Esto nos habla de su carácter fresco que junto a su brevedad son los dos rasgos que mejor los definen. El verano no puede prolongarse más allá de estos dos meses, pues tanto en junio como en septiembre las medias no sobrepasan los 15(C, y en los valles. Además existe una acomodación térmica a la delimitación que proporcionan las precipitaciones, pues sólo en julio y agosto hay una importante reducción de las mismas. El que sean veranos frescos lo justifican una serie de variables, como las temperaturas media de las mínimas que en julio y agosto se sitúan entre los 6-8°C en los sectores de cabecera de los valles, y entre los 8-10°C en torno a Cervera y Aguilar. También da prueba de ello la media de las mínimas absolutas, con valores por debajo de los 3°C, o incluso de los 2°C en los observatorios más adentrados. Pero son las temperaturas mínimas absolutas capaces de producirse las que nos indican que el frío no está ausente en todo el año (en Camporredondo se han registrado -3,5°C, en Cervera -2,0°C y en Lores -1,5°C). Estos bajos Montaña Palentina 33 registros asociados a penetraciones de aire ártico y polar traen a la memoria el invierno y recuerdan el lugar en que nos encontramos. Con estos tipo de tiempo no sólo las mínimas son reducidas, pues los calentamientos diurnos quedan bastante comprometidos siendo difícil que alcancen los 15-20°C. Estas situaciones duran tres o cuatro días, aunque a veces se repiten o encadenan varias de ellas creándose un ambiente frío durante más de una semana. Figura 9 Es quizá en esta época cuando la configuración morfológica se muestra más efectiva como pantalla condensadora de humedad. La circulación del Oeste pese a su desplazamiento hacia el Norte sigue ocasionando importantes precipitaciones y cielos cubiertos en esta cordillera, pues los frentes fríos de las borrascas no escapan a estas elevadas peñas. Independientemente de la inestabilidad creada, su paso ocasiona períodos de menor insolación con importantes descensos térmicos. Pero como es propio de esta estación el calor está presente. Las temperaturas medias de las máximas de julio y agosto se sitúan entre los 24°-28°C, y la media de las máximas absolutas entre los 30°-34° (Anexos 8 y 10). Incluso las máximas absolutas alcanzan los 35°- 36°C y hacia el este algunos grados más (Aguilar 39,6°C). Estas fuertes subidas se asocian a potentes crestas saharianas de aire tropical continental. Cuando suceden el calor llega a ser agobiante y se crea una densa atmósfera de bochorno en los valles. Pero, estas situaciones aunque no excepcionales tampoco son frecuentes. De hecho es poco significativo el número de jornadas estivales que superan los 30°C (Anexo14). En Lores sólo una media de 4 días rebasa este umbral, y de 25 días los 25°C. En general los episodios de calor son breves por varias razones. En primer lugar, el calentamiento desde el amanecer es lento y progresivo tras las noches realmente frescas cuando no frías que se producen; en segundo lugar, el sol se oculta pronto en virtud de los fuertes desniveles existentes. Si a esto unimos la mayor sequedad del aire en esta época, pues no hay que olvidar que estamos en la vertiente meridional de la Cordillera Cantábrica y abriéndonos progresivamente hacia el este, los descensos nocturnos aparte de bruscos son fuertes. También habituales en gran número de jornadas son las típicas brisas de montaña que comienzan a soplar al ponerse el sol. Tras el enfriamiento de las cimas el aire más denso se Montaña Palentina 34 canaliza siguiendo estos valles donde se acumula. Esto, además de contrarrestar el posible calor del día, favorece procesos de inversión térmica nada despreciables a lo largo de la noche. Como consecuencia las oscilaciones térmicas diarias son muy acusadas (Anexo 11). En la mayoría de los embalses rondan los 20°C, siendo algo más moderadas a altitudes mayores (17°-18°C). Es curioso apreciar cómo llegan a ser más fuertes en las cabeceras de estos valles que no en el Campoo de Aguilar (16°C), lo que demuestra que los ascensos térmicos a diario pueden ser muy similares en todo este ámbito no ocurriendo lo mismo con los descensos nocturnos. Debido a tan acusados contrastes térmicos los rocíos son habituales. El vapor de agua existente se condensa con facilidad ayudando a mantener y prolongar el frescor por más tiempo. En estas situaciones de estabilidad, y en el caso de que sople viento del norte, como ha señalado J. García Fernández, estos enérgicos relieves influyen sobre la dinámica atmosférica al propiciar la aparición de nieblas que tienden a agolparse contra los valles. Estos flujos arrastran el aire húmedo del Cantábrico y al trasmontar esta cordillera se condensan apareciendo una densa nubosidad a base de estratocúmulos que más tarde termina en la típica boira que si no precipita si introduce humedad e impide igualmente la radiación solar. Estos días neblinosos al ser habituales durante el verano contribuyen igualmente a moderar sus temperaturas. Estas características de los veranos de la montaña palentina unido a la belleza de sus paisajes tradicionalmente han sido valoradas por un turismo que huye de los agobios del calor. 3. Unas precipitaciones muy abundantes Los índices de precipitación que se registran son los propios de un área de alta montaña y de una montaña localizada en el Norte de España. Las Peñas existentes, aunque sean las más orientales del Macizo Asturiano conservan la humedad propia de esta unidad y de las divisorias. Al ir descendiendo por el valle del Pisuerga, y en menor medida por el del Carrión, se asiste a la progresiva disminución de un espacio que comienza a estar a sotavento. No obstante los registros no son lo mermados que en las sierras más orientales de la Cordillera Cantábrica, aunque tampoco tan abundantes como en las Peñas más occidentales del Macizo. Estamos en un sector de transición que si ya se apuntó con las temperaturas, con esta variable se reafirma. Los registros son, por lo tanto, muy variados según la altitud y la localización de cada espacio respecto a las situaciones inestables de la dinámica atmosférica. Así se explica Montaña Palentina 35 3. JANSA CLAR, A.: (1971). "Investigaciones del máximo pluviométrico de España peninsular". Revista de Geofísica. 3-4. Pp. 173-249. Cfr. 246. que haya sectores que apenas rebasen los 600 mm y otros que superen el doble (Anexo 15). Difícil es estimar la precipitación real que se produce en las altas Peñas y cumbres rayanas o que sobrepasen los 2000 m (Curavacas, Peña Prieta, Tres Mares o Valdecebollas). Posiblemente alcancen los 1500 mm anuales, pues en observatorios en torno a los 1100-1200 m superan ampliamente los 1000-1100 mm, y hay buen número de indicadores ecológicos que nos acercan a los mismos (Figura 10). Algunos autores para el Macizo Asturiano y por encima de los 2000 m estiman registros en torno a los 2500 mm (3). En este entorno por su localización más oriental probablemente no se llegue a tan alto umbral, pero siguen siendo montañas muy húmedas. De hecho en algunos de los observatorios consultados, como Lores o Triollo, algunos años han registrado más de 1500-1600 mm. A medida que descendemos por los valles estos índices se reducen. En sus tramos altos aún mantienen cuantías elevadas (1000-1200 mm), apreciándose una reducción más drástica al continuar por el del Pisuerga, pues no deja de ser un valle en una posición más oriental y al abrigo de las Peñas (Apéndice nº15). Tanto en Requejada como en Cervera las precipitaciones son ya inferiores a los 1000 mm (845,3 y 994,6 mm respectivamente), al igual que en las estribaciones más orientales de la Sª del Brezo (Cantoral 983,5 mm), pero hacia el deprimido y poco accidentado Campoo la disminución es evidente (S. Mamés de Zalima 695,7 mm; Emb. Aguilar 610,1 mm; Aguilar 628,1 mm), distando poco de los valores del norte de la Cuenca (Payo de Ojeda 584,5 mm). En general, estas montañas están muy bien situadas respecto a la Circulación del Oeste, pues actúan como activas pantallas condensadoras de humedad durante todo el año, incluso en el verano para las borrascas de procedencia más septentrional. La energía del relieve se aprovecha bien de la inestabilidad de las situaciones atmosféricas del norte y noroeste, las cuales pierden eficacia una vez atravesado este gran obstáculo montañoso. Figura 10 3a Régimen, intensidad y días de precipitación La distribución de las precipitaciones a lo largo del año nos muestran un régimen de invierno o para ser más exactos de otoño-invierno, pues de octubre a marzo se recoge entre Montaña Palentina 42 1. Factores del régimen fluvial de estos ríos Los principales factores que condicionan el régimen de estos ríos son de carácter climático, si bien las características de las cuencas contribuyen a matizar el volumen y la distribución del mismo a lo largo del año. El volumen total de agua aportado depende muy directamente de las precipitaciones caídas, tanto líquidas como sólidas. Las estaciones de aforo localizadas en sus cabeceras muestran una relación no siempre directa con las medias pluviométricas mensuales, debido a un cierto retraso en la incorporación de las precipitaciones caídas a su caudal. Hay un relativo desfase entre los meses más húmedos y el período de aguas altas, en virtud de la importancia de las nevadas y en la más lenta incorporación del agua de deshielo a la escorrentía fluvial. De esta manera, meses como noviembre y diciembre, bastante húmedos, con medias mensuales por encima de los 100-150 mm, coinciden con unos caudales muy próximos a la media anual, mientras que el período de aguas altas suele corresponder a los meses de marzo-abril, existiendo buenos caudales hasta el inicio del verano (Figura 11). Por otra parte, aunque en este entorno los veranos sean frescos y relativamente lluviosos, los ríos Pisuerga y Carrión antes de su regularización si que acusaban importantes estiajes, aunque el agua no dejara de fluir. Esto confirma que las reservas níveas no son tan abundantes como en otros tramos de la Cordillera Cantábrica, y motiva que durante los meses de septiembre y octubre tenga lugar la recuperación de humedad en el suelo, mostrándose desde el punto de vista hidrológico como meses secos. Las características de las cuencas tienen un papel menos destacado aunque son capaces de reducir o favorecer el volumen de caudal aportado por estos ríos. La diversidad litológica ha permitido crear valles con perfiles transversales variados según sectores, y con vertientes diversas en función del material aflorante. Aunque no todos los materiales tengan igual comportamiento, en general facilitan la escorrentía. En los fondos de los valles bastante allanados existe una capacidad de filtración mayor, pero la presencia de rocas impermeables (pizarras muy alteradas con presencia de arcillas; cuarcitas) y de suelos poco evolucionados también contribuye al fluir del agua. No obstante, más facilita el dominio de la escorrentía superficial la accidentación del relieve con sus fuertes pendientes. Por su parte, la vegetación de estas cuencas no es muy densa, con lo que el suelo no aparece siempre bien protegido incrementándose la erosión, limitándose las posibilidades de infiltración y almacenamiento de agua. La escorrentía varía según el tipo de uso de las vertientes (bosques, matorral, prados, Montaña Palentina 43 cultivos...) dado que cada uno condiciona de modo distinto la intensidad de infiltración. Figura 11 Los caudales medios anuales son importantes a pesar de su proximidad a cabecera. El Pisuerga en Cervera lleva 6,36 m³/sg, equivalente a 193,5 Hm³. En todos ellos el caudal específico es muy elevado debido a la importancia de las precipitaciones, si bien destacan los 51,21 l/sg/Km² del río Rivera en Ruesga que se aprovecha del buen número de arroyos que descienden tanto de la Sª del Brezo como de la alineación de Santa Lucía, en una cuenca de pequeñas dimensiones. Los caudales del Carrión no son cuantitativamente válidos por su ubicación en el embalse de Camporredondo. Su caudal medio de 7,59 m³/sg es muy elevado para una cuenca algo menor que la del Pisuerga (Anexo 20). Lo que define el régimen fluvial son las oscilaciones mensuales de caudal, en vinculación con los factores señalados anteriormente. En general, el régimen de estos ríos es pluvionival con cierto matiz oceánico. Sus gráficas antes de las construcciones de los embalses siguen de cerca la evolución de las precipitaciones, quedando el papel de la nieve en segundo plano por la abundancia de las lluvias invernales. La fusión nival tiene lugar a lo largo de todo el invierno concluyendo en mayo, por lo que sus efectos de reserva hídrica no se prolongan hasta pleno verano. Ese matiz nival lógicamente es mucho más acusado en cabecera, y desaparece hacia la Cuenca donde ya son ríos pluviales. 2. La importancia de los embalses en la Montaña Palentina La densidad de la red hidrográfica, la importancia de las precipitaciones, las características de sus cuencas... han permitido la construcción de numerosos embalses en este entorno montañoso. En concreto, tres sobre el río Pisuerga -Requejada, Cervera y Aguilary dos sobre el Carrión -Camporrendondo y Compuerto-. Todos los ríos que muestran sus caudales regularizados tienen un régimen totalmente desvirtuado asociado al sistema de regulación del embalse, con lo que presentan menores irregularidades. Las reservas se sueltan en el período de aguas bajas para reducir estiajes y cubrir las necesidades agrícolas y humanas. El embalse de Ruesga aunque es el más pequeño es también el más antiguo de los Montaña Palentina 44 existentes, no sólo en este sector sino de la provincia (Anexo 21). Su primera finalidad fue la de abastecer de agua al canal de Castilla en caso de necesidad, función hoy asumida por el embalse de Aguilar. El embalse de Requejada ocupa las amplias vegas que el río Pisuerga tenía en Villanueva y Santa María de Vañes, hoy cubiertos por sus aguas. Se utiliza para la producción de energía eléctrica (3500 kw) y para el regadío a través del embalse de Aguilar, aguas abajo. El de Camporredondo y Compuerto mantienen sus caudales próximos a la media anual durante casi todo el año para el aprovechamiento hidroeléctrico y el mantenimiento de reservas para el regadío de las llanuras castellanas. Todos ellos son abastecedores temporales, utilizándose principalmente como área de esparcimiento y recreo con enorme pujanza durante el verano, lo que explica el mantenimiento de niveles altos en esta época. Las perspectivas que ofrecen de cara al turismo son numerosas, de ahí la importancia de proponerlos como una alternativa de desarrollo potenciando la mal llamada Ruta de los Pantanos, de enorme belleza paisajística e interés geográfico y ecológico. Montaña Palentina 45 IV. EL PAISAJE VEGETAL DE LA MONTAÑA PALENTINA La Montaña Palentina constituye el primer gran conjunto elevado, de Este a Oeste, de la Cordillera Cantábrica. Con los más de dos mil metros de muchos de sus picos y cuerdas resulta ser, desde un punto de vista florístico, el límite oriental en el área de distribución de ciertas especies endémicas de la Cordillera Cantábrica y el occidental de otras pirenaicas y centroeuropeas. No es éste, sin embargo, el único rasgo singular de la flora y vegetación de la comarca. Sin duda, el más importante es la existencia en ella de dos conjuntos fitogeográficos bien diferenciados, como son el eurosiberiano y el mediterráneo (Figura 12). De los dos, el mejor representado superficialmente es el primero, pero esto no es óbice para que aparezcan buenos ejemplos del segundo al Sur del ámbito de estudio definido en este trabajo. Junto a esta división, de orden estrictamente biológico y con consecuencias evidentes en la composición de las distintas comunidades vegetales de la Montaña Palentina, en la comarca aparece otra, quizás menos nítida, pero de indudable trascendencia fitogeográfica. En concreto se trata del distinto “hábito” vegetal que el área de estudio presenta al Este y Oeste de la línea meridiana que marca el trazado del río Pisuerga hasta Cervera de Pisuerga. Hacia Oriente dominan nítidamente las formaciones arboladas, mientras que hacia Occidente lo son distintos tipos de matorrales nanofanerofíticos. Esta circunstancia ha propiciado que las repoblaciones forestales con coníferas efectuadas en este conjunto montañoso se hayan localizado principalmente en este segundo sector, extendiéndose hacia el Sur por las altas plataformas rañoides y detríticas del área Guardo-Saldaña. 1. La dualidad biogeográfica de La Montaña Palentina La Montaña Palentina participa, como se ha señalado, de dos conjuntos bioclimáticos y florísticos diferenciados con comunidades vegetales características: el dominio eurosiberiano y el dominio mediterráneo. Si bien resulta difícil establecer una línea que de forma nítida separe ambos dominios, el tránsito de uno a otro se produce por el Oeste coincidiendo con la vertiente meridional de la Sierra del Brezo, mientras que hacia el Este el límite, más impreciso, recorre las estribaciones meridionales de la Sierra de Corisa, al Norte de Cervera de Pisuerga, y se prolonga por el flanco septentrional de las loras del Vernorio y Valdivia. Figura 12 Montaña Palentina 46 Estas dos grandes unidades fitogeográficas imponen dos estrategias bióticas distintas en la vegetación. Por un lado la planocaducifolia, y por otro el xerofitismo perennifolio. Entre una y otra se desarrolla un amplio conjunto de formaciones con un claro carácter transicional, que, en este caso, están bien representadas en La Montaña Palentina. 1a. Las formaciones vegetales eurosiberianas de la Montaña Palentina Una de las formaciones arboladas de más entidad es, sin duda, el hayedo. Al igual que en toda su área de distribución, este tipo de bosques suele ocupar las laderas orientadas al Norte y, en general, todas las áreas favorables por sus condiciones de humedad. Si bien puede que existan pequeños rodales aislados, las principales masas de hayedo se encuentran en torno al puerto de Piedras Luengas, en el valle de Los Redondos y en el entorno de Lores, así como en la vertiente septentrional de Peña Redonda. Por lo general, los hayedos forman masas monoespecíficas, aunque localmente entran a formar parte del estrato arbóreo algunos robles albares (Quercus petraea), abedules (Betula alba), fresnos (Fraxinus excelsior) y el tejo (Taxus baccata). En el estrato arbustivo, los taxones más abundantes son el acebo (Ilex aquifolium) el arándano (Vaccinium myrthillus) y los avellanos (Corylus avellana) si el hayedo se desarrolla sobre substrato ácidos, y Genista hispanica subsp. occidentalis si lo hace sobre básicos. El recubrimiento del estrato herbáceo no es elevado y tiene como especies principales Luzula sylvatica subsp. henriquesii, Deschampsia flexuosa y Epipactis helleborine entre otras. Una distribución similar a la de los hayedos poseen los robledales albares (Quercus petraea). Éstos compiten exitosamente con los primeros en los ambientes secos en que los hayedos no prosperan adecuadamente. Esta característica hace que en algunos sectores (La Castillería) los robledales albares marquen el límite entre la zona eurosiberiana y la mediterránea, mientras que en otros, en consonancia con lo señalado, repiten el área de distribución de los hayedos (área del puerto de Piedrasluengas, Valle de los Redondos, Lores y vertientes septentrionales de Peña Redonda y Sierra del Brezo). Si bien el roble albar es el componente fundamental, en los bosques de esta cupulífera aparecen, en mayor o menor proporción, la propia haya (Fagus sylvatica), el abedul (Betula alba) y algunos raros álamos temblones (Populus tremula). Montaña Palentina 47 El estrato arbustivo alcanza por lo general un buen desarrollo. En él no faltan macrofanerófitos como los avellanos (Corylus avellana), el serbal de los cazadores (Sorbus acuparia) o el acebo (Ilex aquifolium), y un nutrido grupo de elementos de inferior talla como el brezo blanco (Erica arborea), la escoba negra (Cytisus scoparius) y el arándano (Vaccinium myrtillus). Junto a los bosques de hayas y robles, se encuentran en el ámbito más húmedo de la Montaña Palentina otras formaciones arboladas de menor entidad superficial pero de gran interés biogeográfico. Estas comunidades son las alamedas de álamo temblón, los abedulares, los sabinares albares y los pinares de pino silvestre. Con respecto a los primeros, se trata de pequeñas masas de densidad variable, talla intermedia (10-12 m) con el álamo temblón (Populus tremula) como elemento dominante, en las que pueden aparecer algún otro elemento arbóreo como acompañante (Sorbus aucuparia, Quercus petraea y Betula alba). Los taxones más característicos del estrato arbustivo son el brezo blanco (Erica arborea), la brecina (Calluna vulgaris) y el arándano (Vaccinium myrtillus); mientras que en el herbáceo se pueden destacar Teucrium scorodonia y la gramínea Deschampsia flexuosa. Su presencia en la comarca se restringe a terrenos silíceos con suelos esqueléticos y pedregosos, ocupando normalmente localizaciones que coinciden con canchales. A pesar de estas exigencias tan frugales, son pocos los bosquetes de álamo temblón que se encuentran en la Comarca, y aún menos los que tienen una cierta significación espacial. Tan sólo algunos pequeños rodales en las laderas del alto Carrión. Los abedulares son masas dominadas por el abedul (Betula alba) que, al igual que ocurría en las alamedas anteriores, no presentan una talla elevada (10-15 m). Es frecuente que en su interior aparezcan algunos serbales (Sorbus aucuparia) y también ejemplares aislados de haya, roble albar y acebo. Presentan una composición en el estrato arbustivo similar a la de las alamedas (arándanos, brezo blanco y brecina), mientras que en el herbáceo son frecuentes los helechos (Dryopteris filix-mas, D. dilata y Blechnum spicant), Luzula sylvatica subsp. henriquesii y la ubicua Deschampsia flexuosa. Esta composición florística se ve enriquecida cuando los abedulares ocupan vaguadas muy húmedas, en cuyo caso aparecen distintos sauces (Salix caprea y S. atrocinerea), avellanos y herbáceas exigentes en humedad. Como las alamedas de Populus tremula, los abedulares no forman manchas extensas, aunque, a diferencia de los primeros, sí que son más frecuentes en todo el ámbito eurosiberiano de la Comarca, buscando, por lo general, substratos ácidos fuera de las exposiciones más soleadas, en donde es substituido por distintos robledales. Las masas más extensas de abedul se Montaña Palentina 48 pueden encontrar en la vertiente Sur del Curavacas, en las cercanías de la localidad de Vidrieros. Junto a estas formaciones de frondosas caracterizadas por su reducida presencia en el mundo eurosiberiano de la Montaña Palentina, aparecen otras de coníferas con una indudable trascendencia biogeográfica. En concreto se trata de los sabinares relictos orocantábricos de Juniperus thurifera y de los pinares naturales de Pinus sylvestris. Los primeros se localizan en las solanas calcáreas de Peña Lampa (Velilla del Río Carrión) y de la Sierra del Brezo. Su estructura no difiere de la que poseen en sus ambientes climáticos más característicos (mediterráneo). Los sabinares son formaciones abiertas, en las que los pies de sabina se encuentran considerablemente espaciados, dando lugar a claros en los que se desarrollan comunidades caméfito-terofíticas heliófilas. En el estrato arbóreo domina dicha cupresácea, si bien no son raros los tejos (Taxus baccata) y algunas encinas (Quercus ilex subsp. ballota). El arbustivo está representado por la sabina rastrera y el enebro rastrero (Juniperus sabina y J. communis subsp. alpina), la gayuba (Arctostaphylos urva-ursi) y la aliaga (Genista hispanica subsp. occidentalis). Con respecto a los pinares de pino silvestre, en este conjunto no se incluyen, obviamente, las repoblaciones efectuadas con dicha pinácea, sino las masas que se puede presuponer que tienen un origen natural en la Comarca. En concreto se trata de un pequeño rodal en la ladera de Peña Mayor, en las cercanías de Velilla del Río Carrión. Los árboles que la componen poseen una talla y un porte muy alejados de los que caracterizan a las repoblaciones artificiales; y la estructura de la comunidad difiere también de la que es característica en las repoblaciones. Acompañan al pino frondosas caducifolias como el haya y el mostajo (Sorbus aria) -éste en subsuelo arbóreo-. En el estrato arbustivo son frecuentes la gayuba y algunas matas de enebro rastrero y sabina rastrera. En el herbáceo, muy reducido, sólo aparecen algunos ejemplares de Brachypodium pinnatum subsp. rupestre y Odontites longiflora. Las formaciones arboladas no son las únicas y, en muchos sectores, tampoco las más importantes superficialmente. Junto a éstas aparecen en el dominio climático eurosiberiano de la Montaña Palentina distintas formaciones arbustivo-arborescentes, de matorrales y herbáceas. Las primeras son comunidades vegetales de carácter espontáneo, en las que dominan los arbustos con un grado de recubrimiento elevado, superior al 50 por ciento, mientras que las segundas están formadas por plantas leñosas con una talla inferior a los dos Montaña Palentina 49 metros y las últimas constituyen densos céspedes integrados por herbáceas con un alto grado de recubrimiento. Dentro de las formaciones arbustivo-arborescentes se incluye un nutrido y variado grupo de comunidades: avellanedas, mantos espinosos pluriespecíficos de espino albar (Crataegus monogyna), rosas (Rosa sp.) y endrinos (Prunus spinosa), comunidades de Rhamnus alpina, saucedas riparias (Salix cantabrica, S. atrocinerea, S. trianda subsp. discolor, etc.) y mostayares (Sorbus aria). Más importantes son los matorrales, sobre todo al Oeste de la Comarca, más allá de la línea meridiana que dibuja el trazado del río Pisuerga, en el entorno del conjunto montañoso que perfilan el Espigüete y el Curavacas. Bajo esta denominación se agrupan formaciones vegetales formadas por plantas leñosas de baja talla y con un alto grado de recubrimiento. Destacan por su importancia los piornales y los brezales. Los primeros son masas muy cerradas, formadas por matas que pueden llegar a los dos metros de altura. Las especies que caracterizan a estas comunidades son las leguminosas con aspecto retamoide: Cytisus scoparius, C. cantabricus, C. oromediterraneus, Genista obtusiramea y G.florida subsp. polygaliphylla. Si bien lo más frecuente es la combinación de dos o más de estos taxones, se pueden encontrar piornales monoespecíficos. Tanto unos como otros buscan suelos de naturaleza silícea relativamente profundos y no muy degradados. Dentro de los piornales se establece una clara división altitudinal. Los compuestos por Genista florida subsp. polygaliphylla y Cytisus scoparius ocupan una banda inferior que se corresponde con los niveles más bajos del piso montano, mientras que los integrados por Cytisus oromediterraneus y, ocasionalmente, Genista obtusiramea se desarrollan en niveles altimontanos e incluso de alta montaña. Los brezales comparten con los piornales la característica de ser formaciones cerradas, si bien en este caso el dominio está compartido por leguminosas y ericáceas. Las matas más representativas son los brezos (Erica sp.), los tojos (Ulex gallii) y la brecina (Calluna vulgaris), acompañados de un estrato herbáceo de densidad y composición muy variable. Dentro de este conjunto se engloban tres tipos de brezales. Los más extendidos son los brezales rojos de Erica australis; el brezal-tojal (mezcla de Erica sp. con Ulex gallii) tan sólo se encuentra en los sectores con más clara influencia oceánica, mientras que el brezal de brecina (Calluna vulgaris) alcanza las mejores condiciones para su desarrollo en los sectores altimontanos con suelos húmedos. Montaña Palentina 50 Por último, dentro de las formaciones herbáceas más significativas se pueden señalar los pastizales, los cervunales y los prados de siega. Dentro de los primeros se incluye un amplio número de comunidades herbáceas condicionadas por el manejo mediante el pastoreo. Si bien su composición florística posee una gran variabilidad en función de los distintos tipos de pasto, destacan todos por la abundancia de gramíneas (Arrhenatherum elatius subsp. bulbosus, Agrostis capillaris, Festuca rubra, Poa pratensis, etc.) o por el dominio de una leguminosa, el cervuno (Nardus stricta), en el caso de los cervunales. Éstos y los pastizales se pueden establecer sobre cualquier tipo de substrato y nivel altitudinal, aunque los primeros prefieren áreas de alta montaña con suelos húmedos y profundos en los que la nieve permanece más tiempo. Si la elevada humedad, junto con el ambiente montano o sus consecuencias fitogeográficas son, entre otras, las características que definen el paisaje vegetal del sector eurosiberiano de La Montaña Palentina, las adaptaciones a un entorno más seco son propias de la vegetación mediterránea de este conjunto comarcal. 1b. Las formaciones vegetales mediterráneas de la Montaña Palentina El ámbito bioclimático mediterráneo tiene su límite Norte dentro de la Montaña Palentina, como se ha señalado, en las estribaciones meridionales de la sierra del Brezo-Sierra de Corisa y en el límite que imponen los sectores de relieve plegado de las Loras del Vernorio y Valdivia. Dentro de este ámbito adquieren especial importancia un grupo de bosques que marcan la transición entre el mundo bioclimático mediterráneo y el eurosiberiano: los rebollares. Estas masas están dominadas en el estrado arbóreo por el rebollo (Quercus pyrenaica), con árboles de buena talla (10-15 metros) que en el estrato arbustivo y subarbustivo, bien desarrollado en condiciones normales, se ve acompañado por el espino albar (Crataegus monogyna), el arraclán (Frangula alnus), distintos brezos, genistas y piornos (Erica sp. Genista polygaliphylla y Cytisus scoparius) y algunas zarzas (Rubus sp.). El estrato herbáceo no presenta un gran recubrimiento, pues queda reducido a algunos ejemplares de Teucrium scorodonia, Linaria triornitophora y Pteridium aquilinum entre otros. Si ésta es la composición florística de los rebollares más norteños de la comarca, con influjo notable del elemento eurosiberiano, hacia el Sur la presencia de Holcus mollis y Montaña Palentina 51 Melampyrum pratense denota ya su plena inserción en el mundo mediterráneo. Esta amplitud florística es el reflejo de otra más amplia de orden espacial. Los rebollares se extienden desde el entorno de Cervera de Pisuerga, Mudá y Barruelo de Santullán, donde forman las superficies más extensas, hasta los altos canturrales cuarcíticos de las plataformas detríticas del Sur de la comarca, si bien en este caso en forma de pequeños rodales muy degradados por el aprovechamiento antrópico. Los rebollares son una formación que en muchos aspectos tiene evidentes caracteres de engarce entre dos dominios bioclimáticos distintos. Dicha cualidad no la poseen los encinares. Éstos son un genuino representante del mundo mediterráneo, y como tal, alcanza sus mejores representaciones en los ámbitos favorables más típicos de aquél dentro de la Montaña Palentina. Las laderas calizas de la vertiente meridional de la Sierra de La Peña-Sierra del Brezo, o las ásperas culminaciones de las loras de Valdivia y Vernorio son, entre otros, buenos ejemplos de espacios en los que se desarrollan encinares. La talla, porte y espesura de estos montes es variable como consecuencia del intenso aprovechamiento que han sufrido, aunque lo normal es que la espesura sea la de formaciones densas y cerradas, y la talla y el porte la propia de un raquítico sardonedo. La composición florística del encinar está dominada por la encina (Quercus ilex subsp. ballota) en el elemento arbóreo. Junto a ésta aparecen algunas sabinas en los sectores más ásperos y quejigos (Quercus faginea subsp. faginea) en los enclaves más húmedos del área de distribución de los encinares, como ocurre en la lora de Valdivia -Cueva de Covalagua-. En el aspecto enmarañado que tienen estas formaciones contribuye la densidad del acompañamiento arbustivo y subarbustivo. Forman parte de él el viburno (Viburnun lantana), el espino albar (Crataegus monogyna), el guillomo (Amelanchier ovalis), las aulagas (Genista scorpius y G. hispanica subsp. occidentalis) y lianas como la madreselva (Lonicera periclymenum), la clemátide (Clematis vitalba) o la rubia peregrina. En el estrato herbáceo son frecuentes Teucrium chamaedrys y Carex halleriana. Al igual que ocurría con el aspecto actual de la vegetación eurosiberiana de la Montaña Palentina, la formaciones mediterráneas de este conjunto comarcal no están representadas exclusivamente por comunidades dominadas por árboles. Aunque menos diversas que sus equivalentes eurosiberianas, hacen acto de presencia en extensas superficies distintas formaciones camefíticas adscribibles a aulagares y herbazales. Montaña Palentina 58 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 % de habitantes 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 % de municipios 1900 1920 1940 1960 1981 1996 LA MONTAÑA PALENTINA Distribución municipal de la población Figura 14 ambos centros comarcales es además muy superior a la lograda por los dos anteriores, superando el 56 % de la población comarcal en la última década del siglo, mientras los anteriores nunca polarizaron más de un 38 %. El éxodo rural, sumado a los cambios en la dinámica económica, en especial la industrialización y potenciación como centros comarcales de servicios de los últimos núcleos citados, frente a la destrucción de empleos en aquéllos cuya base económica era la minería, explica esta evolución. La dinámica natural y saldos migratorios diferenciados, expuestos con detenimiento en otros epígrafes de este estudio, contribuyen, como consecuencia de las transformaciones económicas, a desentrañar con mayor profundidad el proceso aquí descrito. Los diagramas de Lorenz correspondientes a la distribución de habitantes según municipios reflejan perfectamente la tendencia descrita a partir de 1960, pues mientras hasta ese año las curvas muestran un trazado muy similar, en las décadas posteriores el distanciamiento con respecto a la diagonal que correspondería a una distribución homogénea resulta progresivo y considerable. Su cuantificación, a través del índice de Gini, permite concretar mejor esta afirmación. Entre los años 1900 y 1950 dicho índice se mantiene en 0,44-0,45, siendo el cero el reflejo de una distribución totalmente homogénea y el uno, el de la máxima concentración posible. Pero en 1960 comienza una curva ascendente, cuya cima se alcanza en 1996 con un 0,63. Nos encontramos, en definitiva, con una evolución caracterizada a lo largo de la última mitad del siglo XX por tres aspectos dominantes: la pérdida de efectivos a escala comarcal, la limitación del crecimiento demográfico a un número de municipios cada vez menor y, en concordancia con ambos datos, la elevada concentración de habitantes en un territorio reducido (el 56 % de la población reside en Aguilar de Campoo y Guardo, que suman un 17 % de la superficie comarcal). Montaña Palentina 59 La constante pérdida de habitantes durante los últimos cuarenta años, así como su concentración espacial, dan lugar a una densidad de población que, ya de por sí baja en los años cincuenta, ha llegado a cifras cercanas al umbral de despoblamiento, fijado por algunos autores en 15 habitantes por kilómetro cuadrado. Con 11 hab./km2 en 1900, la comarca logra su mayor densidad en 1960 (21 hab./km2), invirtiendo su tendencia en los años siguientes hasta los 16 hab./km2 de 1996, muy por debajo de la media regional de Castilla y León (27 hab./km2). A pesar de que los términos municipales no constituyen, por sus desiguales superficies, una unidad de referencia espacial adecuada para comparar densidades, los mapas basados en ellos nos muestran una imagen bastante cercana a la realidad demográfica de la Montaña Palentina. Las mayores densidades en 1996 coinciden con Guardo, Aguilar de Campoo y Barruelo de Santullán. Tan sólo Cervera de Pisuerga, pese a sus casi tres mil habitantes, presenta una densidad extremadamente baja, debido a la gran superficie de su municipio (325 km2). La superposición de un mapa de puntos representativo del número de habitantes y yuxtapuesto al mapa de densidad de 1996 permite, no obstante, hacerse una idea más certera de la situación (Figura 15). En cualquier caso, el conjunto de la cartografía aportada refleja el constante descenso de las densidades a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, así como la reducida entidad del territorio donde se superan los 75 hab./km2, que es el promedio nacional (78 hab./km2). 1. Un dinamismo natural en progresivo deterioro No por sabido y generalizado, resulta menos alarmante el hecho de que la pérdida de peso demográfico en ésta, y en la mayor parte de las comarcas castellano-leonesas, está cambiando su causa fundamental. Antes la responsabilidad del carácter regresivo recaía exclusivamente en la emigración masiva, hoy día, cuando se ha producido un cambio importante en el tipo de “esquema migratorio” a muy diversas escalas, va adquiriendo protagonismo, en tanto que responsable de esa merma en la cuantía de los efectivos, la dinámica natural, que, tal como se puede apreciar a través del análisis de la evolución de las variables, adquiere unos tintes cada vez más negativos. Figura 15 1a. Una mortalidad cada vez más significativa La variable determinante de este cambio de escenario no es, al menos durante el período Montaña Palentina 60 -200 -100 0 100 200 300 400 Cifras absolutas. 1975 1977 1979 1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 Años Nac. Def. C.V. EVOLUCIÓN DE LA NATALIDAD, MORTALIDAD Y CRECIMIENTO VEGETATIVO. 1975-1997 Figura 16 estudiado (1975-1997), la mayor pérdida de efectivos por defunción, ya que, como se puede comprobar en la figura 16, mantiene una apreciable regularidad en cuanto al número absoluto de fallecimientos anuales (en torno a 300), lo cual, en términos reales supone un incremento del significado de esta variable, al producirse sobre un total de efectivos cada vez más reducido. Un incremento de la intensidad de las defunciones que, en cualquier caso, no resulta demasiado espectacular, pues, tal como se puede constatar en el Anexo 24, la tasa de mortalidad media era, para el período intercensal 1981-1991, de 9,84 ‰, ascendiendo a 10,28 ‰, como media, en el quinquenio siguiente, lo que supone un incremento en dicho indicador de tan sólo el 4,5%. Ciertamente, esta evolución, que puede ser calificada de negativa, se produce en un contexto de mejora en las condiciones de lucha contra la muerte que, indudablemente, han permitido el mantenimiento de las cifras absolutas a pesar de los cambios registrados en la estructura por edades, que, como veremos, revelan una proporción creciente de efectivos en situación de mayor “debilidad biológica”. En definitiva, una pérdida de efectivos relativamente elevada y creciente pero que, por sí misma, no es suficiente para explicar la comprometida situación de la comarca en cuanto a su dinámica natural. 1b. Una caída de la natalidad cada vez más acelerada La evolución del número de nacimientos, al igual que ha ocurrido en todos los ámbitos de régimen demográfico contemporáneo, se constituye en el verdadero regulador del volumen de población comarcal. Si bien esta variable había registrado con anterioridad una amplia Montaña Palentina 61 6. Estas afirmaciones no pretenden invalidar, ni mucho menos, el análisis a través de cifras relativas, al que recurriremos cuando se efectúen comparaciones con otros ámbitos, pero para el análisis en sí de la comarca nos parece que se capta mejor la verdadera dimensión del problema a través de la evolución de cifras absolutas. 7. Ello justifica que hayamos centrado nuestro análisis en la evolución que presenta esta variable tomando como referencias iniciales y finales los recuentos censal y padronal de 1981 y 1996 respectivamente, tal como se recoge en el cuadro del anexo 25. disminución por causa de la emigración masiva sufrida en el período desarrollista, ha vuelto a experimentar nuevos y espectaculares descensos (véase figura 16 y Anexo27), pues el número total de nuevas incorporaciones se ha visto reducido en más del 50%, pasando de 353 en 1975 a 175 en 1997, siendo esta valoración en cifras absolutas la que, a nuestro entender refleja en mayor medida la pérdida de vitalidad demográfica de la comarca, toda vez que la progresiva disminución del stock de referencia haría que una valoración a través de tasas mostrase de forma algo atenuada esta realidad. Así, la Tasa bruta de natalidad registrada en 1981 era de 10,7 ‰, en tanto que en 1996 dicho valor se situaba en un 6,8 ‰, lo que quiere decir que la reducción de la natalidad ha sido del 36,5%, en lugar del 50% antes mencionado(6). Desde la perspectiva temporal, la trayectoria experimentada por este fenómeno demográfico no ha sido uniforme, sino que se pueden diferenciar dos etapas claramente marcadas. Una primera, que abarca los diez años iniciales del período considerado, tiene como rasgo esencial el mantenimiento del número total de nacimientos, los cuales alcanzan sus valores más elevados (unos 380) precisamente al final de esta fase, sin descender en ningún momento de la misma por debajo de los trescientos. La segunda etapa se inicia a mediados de los ochenta y viene marcada por el carácter ininterrumpido de la trayectoria descendente que, pese a la atenuación de la pendiente a principios de los noventa, no ofrece signos de querer modificar su tendencia(7). Bajo esta óptica, la ya mencionada pérdida de vitalidad demográfica en la comarca se hace aún más espectacular, ya que la disminución del número de “altas por nacimiento” alcanza proporciones del 54,1%, y se configura como una evolución muy preocupante, pues la última inflexión en la curva se registra cuando las tasas de natalidad eran ya muy bajas. Frente a esta dualidad en su desarrollo temporal, la trayectoria no ha registrado variaciones importantes desde el punto de vista espacial. Así, para constatar la existencia de desigualdades territoriales, puede ser ilustrativo tomar como referencia lo sucedido en municipios de mayor entidad (mayores de 1500 habitantes), los cuales teóricamente debían sostener un mayor dinamismo. Los datos registrados permiten apreciar cómo, a excepción de Aguilar de Campoo, éstos han registrado una caída en sus nacimientos de una entidad relativa Montaña Palentina 62 8. El coeficiente de correlación entre estas dos variables, considerando como independiente la del tamaño, alcanza valores inferiores a 0,4. similar o incluso superior a la del conjunto comarcal (Anexo 27). Así pues, nos encontramos con una natalidad acusadamente descendente en los últimos años, generalizada en todo el territorio y que se presenta como altamente preocupante por la “intensidad” existente en el momento de arranque de la última inflexión. Si a ello le añadimos el mantenimiento de unas cifras de mortalidad, situadas en valores relativos no precisamente muy bajos, se comprende perfectamente el mecanismo que ha conducido a la actual situación de dinámica natural regresiva. 1c. Un balance natural de signo cada vez más negativo Un análisis, aunque sea superficial, de los datos de movimiento natural, ya descritos en parte, nos pone ante el hecho evidente de que el saldo vegetativo adquiere progresiva notoriedad como responsable de la pérdida de entidad demográfica de la comarca, pues adopta, a partir de 1990, un signo crecientemente negativo, para alcanzar al final del período considerado unas pérdidas netas de 125, determinando que el déficit global del período 1991-1996 supere a las ganancias registradas en toda la década anterior, tal como se puede observar en el anexo 26. En cualquier caso, tampoco conviene perder de vista el valor relativo de estas pérdidas, ya que, al menos por el momento, no han adquirido proporciones tan sorprendentes como las registradas en otros ámbitos rurales de la región, toda vez que el valor medio anual para este último período es de 0,29%, cifra que, de no mediar rápidas inflexiones en las variables, puede agravarse en un futuro próximo y conducir a una situación mucho menos “recuperable”. Desde el punto de vista espacial, podemos afirmar que al situación que en estos momentos presenta la Montaña Palentina obedece a una progresiva generalización del fenómeno, toda vez que, tal como se puede comprobar a través del anexo 26, la década de los ochenta registró una variedad de situaciones apreciable; al lado de los municipios con pérdidas considerables (algunas por encima del 1% anual), encontramos otro conjunto no despreciable de ellos con signo marcadamente positivo, pasando también por situaciones en las que podemos hablar de estancamiento. A la hora de explicar esta irregularidad no podemos establecer una correlación en sentido estricto entre el tamaño del municipio y la magnitud de su crecimiento natural(8). En efecto, si bien son los núcleos más grandes los que mayoritariamente aportan Montaña Palentina 63 40 50 60 70 80 90 100 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 Montaña Palentina Provincia de Palencia Castilla y León EVOLUCIÓN COMPARADA DE LA NATALIDAD 1985 = 100 Figura 17 “ganancias de efectivos”, como ocurre en Aguilar de Campoo, Guardo o Velilla del Río Carrión, existen otros también de entidad relativamente apreciable que, ya en la década de los ochenta, presentaban una tendencia claramente regresiva, como pueden ser Barruelo de Santullán o Cervera de Pisuerga. Habría, pues, que pensar más bien en la desigual situación en cuanto al dinamismo económico (o, al menos, un volumen importante de actividad) como inductor de la vitalidad demográfica; una afirmación que, al menos en parte, puede venir avalada por la existencia de algunos pequeños municipios muy vinculados a aquéllos con balance natural positivo, que también registraron este signo durante los ochenta, como puede ser el caso de Mantinos o Villalba de Guardo. Ahora bien, durante los años posteriores se aprecia una cierta tendencia a la homogeneización de situaciones, ya que todos los municipios, a excepción de Guardo, Montaña Palentina 64 80 85 90 95 100 105 110 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 Montaña Palentina Provincia de Palencia Castilla y León EVOLUCIÓN COMPARADA DE LA MORTALIDAD 1985 = 100 Figura 18-a EVOLUCIÓN DE LA MORTALIDAD (1985 =100) Líneas de Tendencia Polinomial. Orden 4 80 85 90 95 100 105 110 115 120 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 Años Valor relativo Castilla y León Provincia de Palencia Montaña Palentina Figura 18-b registraron un balance natural negativo, dibujándose, de este modo, un escenario cada vez más sombrío, no sólo por los valores registrados a nivel global, sino porque cada vez más obedece Montaña Palentina 65 9. Como demostración de esta tendencia homogeneizadora resulta ilustrativo señalar que la serie de valores medios de Crecimiento Vegetativo para el período 1981-1991 presentaba un coeficiente de variación de 1,46; valor que se redujo a 1,03 para la serie correspondiente al período 1991-1996. -300 -200 -100 0 100 200 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 Montaña Palentina Provincia de Palencia Castilla y León EVOLUCIÓN COMPARADA DEL CRECIMIENTO VEGETATIVO. 1985 = 100 Figura 19-a EVOLUCIÓN DEL CRECIMIENTO VEGETATIVO. (1985 =100). Línea de Tendencia Polinómica. Orden 4 -300 -250 -200 -150 -100 -50 0 50 100 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 Años Valor relativo Montaña Palentina Castilla y León Provincia de Palencia Figura 19-b a una situación generalizada en el territorio(9), aunque, obviamente, todavía se pueden apreciar sensibles diferencias, estrechamente vinculadas a la situación de partida de unas u otras demarcaciones. Sea como fuere, una valoración real de la situación descrita no puede efectuarse sin tener en cuenta su “encuadramiento” en unos marcos territoriales más amplios. 1d. El significado de la dinámica interna en el contexto provincial y regional Para valorar adecuadamente el significado de los procesos y situaciones descritas conviene tener en cuenta las similitudes o discrepancias con respecto a lo que sucede en conjuntos territoriales más Montaña Palentina 66 10. Concretamente se ha representado una línea de tendencia de carácter polinomial de grado 4. amplios, en los que se inscribe la Montaña Palentina, como pueden ser el marco provincial y regional. En este sentido, podemos constatar la plena coincidencia de las trayectorias registradas en la provincia, e incluso en la región. A la vista de los gráficos de evolución comparada de las distintas variables, podemos constatar la similar trayectoria descendente de la natalidad que muestran las tres curvas, las cuales difieren, aunque no de manera excesiva, en cuanto a la intensidad de ese descenso, tanto más acusado cuanto más se concreta el espacio considerado, siendo destacable la progresiva acentuación de las divergencias a medida que nos acercamos al momento presente, así como el acusado paralelismo (aunque con progresivo distanciamiento) entre la Montaña Palentina y el contexto provincial en que se inscribe. La mortalidad, por su parte, es la que presenta una trayectoria más diferenciada en la comarca, con respecto a los marcos territoriales de referencia, pues la tónica general en la Montaña Palentina, es la irregularidad, lo cual no debe extrañar, ya que en un contexto en el que no se producen excesivas variaciones en lascondiciones de lucha contra la muerte (a diferencia de lo que ocurre en la natalidad, cuyas circunstancias sí cambian), la referencia a reducidos volúmenes de población hace que las oscilaciones interanuales modifiquen de manera importante los índices, sin que se puedan captar las “atenuaciones” y regularidades que introduce la “ley de los grandes números”. Ahora bien, en el marco de esa irregularidad, se constata una tendencia general al mantenimiento del número de defunciones totales que difiere ligeramente de la tendencia descrita por los conjuntos provincial y regional. Sea como fuere, estas ligeras diferencias en la trayectoria de la mortalidad, cuya explicación detallada requeriría estudios más pormenorizados, no parecen ser excesivamente importantes, en primer lugar, porque si, en lugar de representar los números índices, sin más, se traza una línea de tendencia (tal como se recoge en la figura 18-b(10), se puede constatar que existe, más bien, un desajuste cronológico entre lo que podríamos denominar “mini-ciclos” de la mortalidad y no unas tendencias muy diferenciadas. Además, esa reducida importancia se constata en virtud de la configuración del balance final, es decir, en su repercusión sobre el crecimiento natural. En el gráfico correspondiente a este extremo, podemos observar cómo las tres curvas presentan una trayectoria tremendamente similar, pues, aunque pueda sorprender esta afirmación a la vista del desigual trazado de la línea correspondiente a la Montaña Palentina, hemos de volver a insistir en la absoluta frecuencia de irregularidades cuando Montaña Palentina 67 referimos la observación a volúmenes reducidos, tal como ya señalábamos al hablar de la mortalidad. Esa grandísima similitud queda bien patente al contemplar el gráfico 19-b en que se representan las líneas de tendencia. En definitiva, hemos tratado de mostrar cómo la evolución experimentada por la dinámica interna en la Montaña Palentina no difiere mucho de la registrada en el contexto provincial y regional. Cabría preguntarse, no obstante, si, merced a una posible diferenciación en las condiciones de partida, se ha llegado en los momentos actuales a situaciones diferenciadas o, dicho de otro modo, si el sombrío panorama presentado para esta comarca difiere sustancialmente del existente en la provincia de Palencia y en Castilla y León. A este respecto el cuadro 1, aunque muy simple, puede resultar tremendamente ilustrativo, al mostrar cómo los valores medios de las tres variables de dinámica interna consideradas no presentan sustanciales diferencias entre la Montaña Palentina y su provincia, siendo insignificantes las desigualdades tanto en natalidad como en mortalidad y crecimiento vegetativo; en este sentido, la posición de la comarca algo menos ventajosa respecto al total de la Comunidad Autónoma, sobre todo en lo concerniente a mortalidad y crecimiento vegetativo, aunque sin excesivas diferencias. CUADRO 1. INDICADORES DE DINÁMICA INTERNA. (Media anual 1991-1996) Montaña Palentina Provincia Palencia Castilla y León Población 29,427 183,025 2,527,211 Tasa Bruta de Natalidad (1) 7.40 7.55 749 Tasa Bruta de Mortalidad (1) 10.29 10.13 955 Crecimiento Vegetativo (2) -0.29 -0.26 -21 (1) Expresado en tantos por mil (2) Expresado en porcentaje. En suma pues, hemos podido constatar una preocupante atonía en cuanto al dinamismo natural, que no es otra, tanto en trayectoria evolutiva como en gravedad, que la que envuelve al conjunto de la región, lo cual no quiere decir que la problemática no sea grave o no deba ser objeto de especial atención dentro de las acciones a emprender en la Montaña Palentina, un escenario que se ensombrece aún más si tenemos en cuenta la situación actual del otro de los elementos responsables de la pérdida de efectivos: las migraciones. 2. Un proceso migratorio modificado pero aún de signo negativo Montaña Palentina 74 Ahora bien, el significado de estos indicadores y de los cambios que experimentan deben ser valorados en su justa medida, ya que son muy sensibles a la variación de los grupos extremos, sin “resumir” en una sola cifra el panorama general de una distribución por grupos de edad más detallada; ello explica que puedan surgir grandes variaciones que, en realidad, no responden a una alteración tan intensa en la composición etaria de los efectivos. Debemos, pues, completar nuestras consideraciones refiriéndonos a algunos indicadores analíticos, como son la Edad Media y la Edad Mediana, que atenúan un tanto la visión de población tremendamente envejecida que parecían transmitirse, ya que la media de edad de la población sobrepasa algo los 40 años (42,04 exactamente), edad que, aun siendo elevada, no es excesiva; revelándose una situación incluso más favorable si atendemos a la Edad Mediana, que nos permite constatar cómo la mitad de los efectivos comarcales tienen menos de 39 años, lo cual nos hace percibir a este colectivo como una población con alto grado de madurez pero no senil. Del mismo modo, la perspectiva diacrónica aplicada a estos indicadores matiza la rapidez o intensidad de los cambios mostrada por los anteriores, ya que la comparación con las cifras de 1991, aun constatando de manera incuestionable la tendencia, muestra un incremento proporcionalmente menor, ya que la variación relativa para la Edad Media ha sido del 5,3% y para la Edad Mediana del 7,5%, tal como se puede deducir de las cifras contenidas en el cuadro 2. El análisis más detenido de las estructuras por sexo y edad a través de la pirámide nos presenta una configuración propia de áreas cuyo envejecimiento se ha producido esencialmente por emigración, factor que posteriormente actúa en combinación con las transformaciones en los comportamientos reproductores. Tal como se puede apreciar en la figura, el rasgo más sobresaliente es la profunda escotadura que afecta, sobre todo, a los grupos de edad adulto-maduros, de tal modo que las “generaciones huecas” de la guerra civil encuentran una continuidad (desde el punto de vista gráfico) en las que podríamos denominar “generaciones de la emigración”, las nacidas en los años cuarenta y cincuenta, que eran adultos-jóvenes en el período de la expansión económica experimentada en la década de los sesenta y primera mitad de los setenta. Ciertamente, pese a la pérdida de efectivos mencionada, el carácter expansivo que desde el punto de vista demográfico presentó el período desarrollista tiene su reflejo en la pirámide comarcal, cuyas generaciones más numerosas son las nacidas entre finales de los cincuenta y finales de los sesenta, debido a la existencia de unos comportamientos reproductores no restrictivos, protagonizados, además, por unas generaciones relativamente Montaña Palentina 75 -5.0 -4.0 -3.0 -2.0 -1.0 0.0 1.0 2.0 3.0 4.0 5.0 Porcentaje 0-4 5-9 10-14 15-19 20-24 25-29 30-34 35-39 40-44 45-49 50-54 55-59 60-64 65-69 70-74 75-79 80-84 85 y más Hombres Mujeres Año 1991 Montaña Palentina. 1996 Figura 21 amplias como eran las de preguerra, lo cual contribuyó a mantener una tónica de juventud bastante apreciable. No obstante, esas abultadas generaciones han tenido una escasa continuidad, puesto que la desnatalidad se deja sentir muy pronto, en el momento en que acceden a la edad de procreación las menguadas generaciones antes mencionadas, determinando una exigua incorporación de efectivos por la base, que se ve reforzada por el cambio experimentado en la actitud reproductora, hasta el punto que ni siquiera se percibe el “efecto de resonancia” vinculado a las amplias generaciones de los sesenta. Así pues, una conformación por edades en la que se detecta una apreciable acumulación de ancianos y una mayoría de efectivos en el tránsito de adulto-joven a adultomaduro. La tendencia ha sido, en los últimos años, hacia un envejecimiento progresivo, pero no excesivamente acelerado o, mejor dicho, todo lo acelerado que permite una inequívoca continuidad de los procesos, sin que se perciban elementos que “perturben” el progresivo ascenso de las generaciones hacia la cúspide, tal como se puede apreciar a través de la superposición de los perfiles correspondientes a 1991 en la pirámide comarcal de 1996. Desde una perspectiva más amplia, hemos de señalar que la intensidad y alcance de los procesos de transformación de las estructuras demográficas en la Montaña Palentina, con ser preocupantes, no revisten rasgos significativamente distintos de los que caracrterizan al conjunto provincial incluso regional, pues, como se puede apreciar en el cuadro, todos los indicadores, aun siendo Montaña Palentina 76 20. Tan sólo el porcentaje de población anciana se eleva de forma más apreciable en la Montaña Palentina respecto a la provincia y la región, conjuntos éstos que presentan valores prácticamente idénticos en todo. -5.0 -4.0 -3.0 -2.0 -1.0 0.0 1.0 2.0 3.0 4.0 5.0 Porcentaje 0-4 5-9 10-14 15-19 20-24 25-29 30-34 35-39 40-44 45-49 50-54 55-59 60-64 65-69 70-74 75-79 80-84 85 y más Hombres Mujeres Total Provincial Montaña Palentina. 1996 Figura 22 más elevados, presentan unas diferencias casi siempre insignificantes respecto a los valores ya comentados para la comarca(20), que también coincide totalmente en lo que se refiere a tendencias o evolución de los valores. No sólo los indicadores analíticos o sintéticos mantienen grandes similitudes para los tres ámbitos considerados, sino que una observación más detallada de los grupos de edad nos lleva a idéntica conclusión, siendo tremendamente ilustrativo a este respecto el gráfico, en el que, sobre la pirámide comarcal, se efectúa una superposición de los perfiles correspondientes a la provincia. Llama la atención la similitud que existe entre una y otra estructura por sexo y edad, donde las únicas diferencias que se perciben son absolutamente de matiz, permitiendo apreciar el carácter menos brusco de los “efectos de generación” en el conjunto provincial, lo cual es lógico si tenemos en cuenta la diferente entidad poblacional entre uno y otro ámbito, una observación que se repetiría si efectuamos la comparación con el conjunto regional, donde se percibe con más claridad la “atenuación de efectos” propia de los grandes números. Desde una óptica más territorial, se puede afirmar que, al igual que ocurre en los conjuntos regional y provincial, el resultado global responde a la suma de situaciones sensiblemente diferenciadas. En efecto, los datos contenidos en el cuadro del anexo muestran una tremenda desigualdad en los valores alcanzados por los indicadores más generales, pues el Índice de Envejecimiento varía entre 0,84 y 7,06, en tanto que la Edad Media oscila entre los Montaña Palentina 77 21. La desigualdad de los indicadores alcanzaría una mayor amplitud si se efectuase una consideración desglosada por sexos, otorgando siempre un mayor grado de envejecimiento para la población femenina. Dado que ya hemos hecho referencias a la estructura por sexo en función de la edad, no vamos a detenernos ahora en apreciaciones de este tipo. 22. Decimos, entonces, que no hay vinculación con el tamaño de los municipios porque, aparte de esta realidad, no existe una gradación de valores asociada al número de habitantes. 23. De ellos sólo Guardo y Aguilar de Campoo presentaban una Edad Media inferior a los 40 años. 24. Nos referimos al caso de Barruelo de Santullán, que, debido la evolución socio-económica, presenta unos niveles de envejecimiento sorprendentemente elevados para uno núcleo de más de 2000 habitantes. 37,65 y 54,77 años(21). Como ya hemos indicado para otras cuestiones, estas variaciones no están directamente vinculadas al tamaño de los municipios, sino más bien a la situación general o al papel que, desde el punto de vista socio-económico, desempeñan en el ámbito comarcal, aunque, obviamente, los que presentan unos indicadores más “favorables” son aquéllos de mayor entidad económica y demográfica(22). Son estos municipios los que determinan que la Montaña Palentina presente una composición por sexo y edad no excesivamente envejecida. CUADRO 3. INDICADORES GENERALES DE ESTRUCTURA POR EDAD. AÑO 1996 Demarcación Índice de envejecimiento Población de 65 y más años (%) Edad Media Edad Mediana Montaña Palentina 1.50 22.19 42.04 39.02 Aguilar de Campoo 1.12 18.38 37.84 36.95 Guardo 0.84 15.36 37.65 35.18 Municipios menores de 1.500 hab. 3.44 32.41 49.26 51.19 Tan sólo tres municipios, Aguilar de Campoo, Guardo y Velilla del Río Carrión, presentaban un índice de envejecimiento inferiores a los del conjunto comarcal(23). Unas diferencias que se pueden apreciar con gran nitidez a través de los gráficos del anexo 32 en que se superponen los perfiles de estos municipios a la pirámide del conjunto comarcal. En efecto, si bien en todos los casos se dejan sentir en la conformación estructural los procesos dominantes (desnatalidad y acumulación de ancianos), éstos se presentan de forma más atenuada en los municipios señalados, donde los mayores representan proporciones sensiblemente inferiores, al tiempo que se detecta una mayor abundancia de población joven y adulto-joven, lo que determina una estructura que, sin ser del todo equilibrada, no presenta unos rasgos tan “negativos”. Aunque puedan existir algunos casos particulares(24), son los pequeños municipios los Montaña Palentina 78 25. Es de 39,02 años en la Montaña Palentina y de 51,19 en los municipios con más pequeños. 26. Resulta muy expresivo señalar que, en función de este dato, más de la mitad de la población tiene una edad superior a casi los dos tercios de la esperanza de vida media. 27. Con el fin de que se puedan apreciar mejor las diferencias, en este gráfico hemos invertido el “modo de superposición” con respecto a las anteriores, pues sobre la pirámide correspondiente a todos los municipios de menos de 1500 habitantes se han superpuesto los perfiles de la comarca. 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 0-4 5-9 10-14 15-19 20-24 25-29 30-34 35-39 40-44 45-49 50-54 55-59 60-64 65-69 70-74 75-79 80-84 85 y más Varones Mujeres Montaña Palentina Municipios < 1.500 hab. Año 1996 Figura 23 que presentan una situación más problemática. Teniendo en cuenta que dentro de este conjunto no se puede hablar de homogeneidad, es en este tipo de núcleos donde se llegan a producir las situaciones de envejecimiento más acusadas de toda la Montaña Palentina, como se puede constatar a través de los datos contenidos en los anexos 30 y 31. Si bien no vamos a proceder a un análisis detenido de lo que ocurre en cada una de las demarcaciones municipales, puede resultar ilustrativo atender a los valores que resultan de un estudio globalizado de aquéllas con carácter más rural (inferiores a 1500 habitantes), que presentan un índice de envejecimiento bastante superior al doble del registrado en el conjunto comarcal. Del mismo modo, la Edad Media supera en 7 años el valor general y, lo que es más expresivo, esta diferencia llega a superar los 12 años para el caso de la Edad Mediana(25). Este último dato es el que, a nivel perceptivo, puede ilustrar mejor ese acusado envejecimiento, al mostrarnos cómo más de la mitad de la población ha rebasado la cincuentena(26). Todos estos aspectos, quedan patentes al contemplar la forma comparada de la distribución de los distintos grupos quinquenales de edad, tal como se recoge en la figura 23(27), que muestra una clarísima “super-abundancia” de población anciana, así como la incidencia muchísimo más acusada de la desnatalidad, que Montaña Palentina 79 configura una base mucho más estrecha; unas generaciones realmente exiguas las que en un futuro no lejano están llamadas a constituirse en la base productiva y reproductora de estos núcleos. La entidad relativa de los adultos, así como su reparto por grupos quinquenales, ofrece una mayor similitud; sin embargo, es digna de resaltar la gran disimetría entre hombres y mujeres, que representan un porcentaje mucho menor en los pequeños municipios que en el conjunto, prueba evidente de la continuidad de los procesos de abandono, ante la manifiesta desigualdad de este territorio para retener población de uno u otro sexo. Así pues, podemos constatar cómo en este tipo de ámbitos, los problemas de “descoyuntamiento” en el reparto por grupos de edad se ven incrementados por un notable desequilibrio por sexo en las edades clave. En definitiva, se ha podido comprobar cómo la dinámica tanto interna como externa de todo el período anterior han conducido, no sólo a una continuada pérdida de entidad demográfica en la Montaña Palentina, sino también a la configuración de unas estructuras que, aun coincidiendo con las que presentan el conjunto provincial y regional, no facilitan, ni mucho menos, una “revitalización” del espacio comarcal cuyas perspectivas para un futuro próximo se van a analizar a continuación. Montaña Palentina 80 0 5000 10000 15000 20000 25000 30000 1996 2001 2006 2011 0-15 16-39 40-64 65 y más POBLACIÓN DE LA MONTAÑA PALENTINA PROYECCIÓN DE GRUPOS DE EDAD (Hipótesis pesimista) Figura 24 II. PROYECCIONES DE POBLACIÓN Con una población total ligeramente inferior a los treinta mil habitantes en 1996, la elaboración de proyecciones demográficas se encuentra sujeta a serios errores de interpretación, por lo que los resultados no pueden ser muy exactos y las oscilaciones son amplias según los escenarios elegidos. El peor de los futuros posibles sería el basado en una continuación de las tendencias manifestadas en los últimos años, tanto las referidas a la dinámica natural como a los procesos migratorios. Los saldos, negativos en ambos casos, aumentarían sus cifras negativas en toda la comarca, incluyendo a la mayoría de los municipios de mayor entidad. La caída del número de habitantes, iniciada en los años setenta, se acelerará en las próximas décadas, pasando de los 29.000 habitantes de 1996 a cerca de 23.000 en el año 2011. Guardo, el municipio de mayor tamaño, pasaría de la actual situación de estancamiento demográfico a una continua y rápida pérdida de habitantes, como consecuencia de una fecundidad cada vez menor y de una mortalidad incrementada por el envejecimiento de sus poblaciones. Los flujos migratorios negativos afectarán sobre todo a la población adultajoven, entre los umbrales de 25 a 35 años, repercutiendo por lo tanto en un mayor descenso de la natalidad. En cuanto a los grupos de mayor edad, se incrementará la tendencia ya iniciada al abandono de sus viviendas habituales, desplazándose fuera la comarca, bien a residencias de ancianos, bien a pisos adquiridos en Palencia capital o bien, en menor medida, a vivir junto a los hijos. El resultado es, curiosamente, un envejecimiento menor del esperado, aunque también elevado. Aunque sufriendo parecidos síntomas, Aguilar de Campoo mantendría una población estable, en torno a los 7800 habitantes (apenas 200 o 300 menos que en el escenario más optimista) y experimentaría de 1996 a 2011 una expansión notable de los grupos de población Montaña Palentina 81 0 5000 10000 15000 20000 25000 30000 35000 1996 2001 2006 2011 0-15 16-39 40-64 65 y más POBLACIÓN DE LA MONTAÑA PALENTINA PROYECCIÓN DE GRUPOS DE EDAD (Hipótesis optimista) Figura 25 en edad activa, sobre todo de 25 a 55 años. A diferencia del resto de la comarca, Aguilar se beneficiará hasta el 2001 ó 2006 de una dinámica positiva, con cierta recuperación de la natalidad gracias a la relativamente alta proporción de parejas jóvenes y unos saldos migratorios de signo positivo, salvo los correspondientes a la población más anciana, por las causas ya explicadas. El escenario opuesto no considera la existencia de flujos migratorios extra comarcales y parte de la idea de que las tasas de fecundidad de los últimos años se mantendrán estables en el futuro. Habida cuenta de la evolución reciente del número de hijos por mujer, que ha descendido de 1,2 a 1,0 entre 1991 y 1998, el considerar índices sintéticos de fecundidad de 1,1 para los próximos 15 años nos parece incluso optimista. Aún así y puesto que es posible una ligera recuperación en un futuro inmediato, al coincidir la mayor edad media de las madres con la presencia de cohortes reproductoras relativamente numerosas, entra dentro de lo probable ese mantenimiento de la fecundidad e incluso, una ligera recuperación. En esta hipótesis, la tasa global de fecundidad oscilaría entre un 30 y 32 por mil, si bien su repercusión sobre la población final se limita, como es lógico, a los primeros escalones de la pirámide de edad y en consecuencia, el volumen total apenas varía. La eliminación de los flujos migratorios tendría, por el contrario, unos efectos mucho más importantes a medio plazo, incrementando el envejecimiento. La población de 16 a 64 años aumentaría en términos absolutos, pero los mayores de 65 lo harían aún con mayor rapidez. El resultado, de cumplirse este escenario optimista, sería un ligero aumento del número de habitantes hasta comienzos del siglo XXI, con un crecimiento ínfimo o nulo a partir del año 2006, lo cual daría en el 2011 un total comarcal de 30.300 habitantes. A diferencia del caso anterior, en éste el municipio de Guardo mantendría su dinámica positiva, si bien el crecimiento en términos absolutos sería reducido. Aguilar, en cambio, aunque con un número de habitantes ligeramente superior que el escenario anterior, perdería población activa, al no sumar a estos grupos los saldos migratorios positivos que posee actualmente. Montaña Palentina 82 La estructura por edad registra un incremento del índice de envejecimiento en todos los escenarios planteados. El punto de partida, correspondiente a 1996, es ya elevado, con un índice del 1,49 (relación entre mayores de 65 años y menores de 16), pero puede alcanzar el 2,85 de cumplirse la hipótesis pesimista e incluso, el 3,29 en el caso de la optimista. Las diferencias se deben al abandono del medio rural por parte de las personas de edad avanzada, registradas en el primer escenario pero no en el segundo. El envejecimiento por la cúspide de la pirámide se acentúa, desde un 22% de mayores de 65 años en 1996 hasta un 25-30%, dependiendo del escenario. Lo mismo con el envejecimiento por la base, al descender la proporción de jóvenes del 15% actual a un 8-9%. Junto al proceso de envejecimiento, se produce una intensa feminización de los grupos de mayor edad, vinculada a la superior esperanza de vida de la mujer. Así, mientras éstas pueden alcanzar en el 2011 índices de envejecimiento del 3,5 al 3,8, los masculinos serán sensiblemente inferiores, entre el 2,9 y 3,3. En cuanto a los efectos del envejecimiento según municipios, éste será muy intenso en las zonas rurales, duplicando los valores actuales (de no darse los desplazamientos de ancianos a las ciudades, se podría llegar a una relación de 6 ancianos por cada joven). En Aguilar y Guardo, pese a registrar también un aumento, los índices de envejecimiento no sobrepasarán el 2,4 o 2,5. Los grupos de población en edad laboral también se verán afectados por estos cambios a medio plazo. Si se consigue mantener una fecundidad estable y se frena al saldo migratorio negativo, el índice de dependencia (relación entre activos e inactivos potenciales) aumentará del 0,59 de 1996 a un 0,67 en 2011, al haber más ancianos y jóvenes. En el caso de continuar la caída de la fecundidad y el abandono del medio rural, la dependencia se reducirá a un 0,51%. En ambos casos se producirá un envejecimiento de la población activa, cuyos grupos dominantes en la actualidad son los de 16 a 39 años, invirtiéndose la relación a favor de los de 40 a 64 años. Las pirámides de población conservarán en el futuro, a grandes rasgos, unos perfiles similares a los actuales, con los cambios ya descritos y ligados al envejecimiento y la natalidad. Para conocer esta evolución a medio plazo se han realizado cuatro proyecciones de población, considerando siempre unas tasas de mortalidad por sexo y edad similares, adaptadas a los promedios de la región y basadas en el incremento de la esperanza de vida, sin duda alguna la hipótesis más segura de todas las descritas. En 1996 esta variable presentaba en Castilla y León unos valores de 82,8 años para las mujeres y 76,0 para los hombres, que alcanzarían en el 2001 los 83,6 y 76,9 años, respectivamente. Las tasas brutas de mortalidad tenderán Montaña Palentina 83 1500 1000 500 0500 1000 1500 0-4 5-9 10-14 15-19 20-24 25-29 30-34 35-39 40-44 45-49 50-54 55-59 60-64 65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95-99 100 y + LA MONTAÑA PALENTINA, 2011 Hipótesis fecundidad estable 1995-97 Figura 26 siempre a incrementarse, debido a la creciente proporción de ancianos, pero su descenso en términos relativos (por sexo y edad) explica la mayor esperanza de vida. Partiendo de este supuesto común para la mortalidad, lo primero que se ha analizado es la posible evolución de la fecundidad, dando así origen a tres escenarios posibles. Los dos primeros consideran el mantenimiento de unas tasas de fecundidad estables, que pueden responder a la media de 1991-97 (32,22 por mil) o a la de 1995-97 (29,87 por mil). Las diferencias reales son mínimas, pues se traducen en índices sintéticos de fecundidad de 1,1 o 1,0 hijos por mujer, muy bajos, pero similares al promedio regional y apenas inferiores al nacional. En Aguilar de Campoo y Guardo los valores son algo superiores, con tasas de 35,44 y 30,19 por mil para el primer municipios y de 33,39 y 30,37 por mil en el segundo, las cuales se plasman en ambos casos en 1,2 o 1,1 hijos por mujer, según la hipótesis. Aplicando una u otra hipótesis los resultados apenas varían, mostrando en el año 2011 unas pirámides dominadas por las generaciones de 35 a 59 años y un engrosamiento de los grupos de entre 75 y 89 años, con lo cual se produce el conocido efecto de envejecimiento de la población anciana. El tamaño de las nuevas generaciones experimentará una ligera reducción hasta el 2001, estabilizándose después hasta el 2011, al ser muy similar la entidad de las cohortes reproductoras durante todo el período. En un futuro más lejano, sin embargo, la reducción en el tamaño de dichas cohortes supondría una nueva caída de la natalidad, aún manteniéndose o incluso incrementándose el número de hijos por mujer. En Aguilar de Campoo la evolución es muy similar a la del conjunto comarcal, aunque el peso relativo de la población activa femenina sería mayor, mientras que en Guardo los grupos de edad dominantes abarcarían en 2011 desde los 25 hasta los 59 años, siendo comunes los demás rasgos descritos. A favor de ambos escenarios se podrían citar las pequeñas recuperaciones de la fecundidad que han tenido lugar, de forma puntual, a lo largo Montaña Palentina 90 desempeñan un importante papel en la estructuración del espacio al concentrar la mayor parte de los servicios y equipamientos y convertiéndose en núcleos comarcales de servicios de tal modo que evitan el desplazamiento de la población a la capital provincial, salvo para algunos aspectos relacionados con la Administración y las especialidades médico-sanitarias. En este sentido, podemos afirmar que se trata de una comarca con unas claras señas de identidad que se inserta perfectamente en un esquema tradicional de carácter provincial, si bien está claramente dividida en tres sectores que se corresponden, a grandes rasgos, con las áreas de influencia de Guardo, Cervera de Pisuerga y Aguilar de Campoo. 2. Estructura urbana de los principales núcleos Respecto de la estructura urbana de las poblaciones, es necesario destacar los fuertes contrastes que presentan los principales núcleos con respecto a aquellos de menor tamaño y vinculados a la tradicional actividad agraria. Los cambios que determinadas especializaciones productivas han introducido en los grandes núcleos de población han significado una importante transformación de su trama urbana dando lugar a una expansión que se ha producido principalmente durante las décadas de los años sesenta y setenta, y que ha dado como consecuencia la creación de nuevos espacios residenciales e industriales. En este sentido, cabe destacar la introducción de nuevas formas y modelos constructivos que habían sido ajenos hasta ese momento en la tradicional imagen urbana. Las calles angostas, las construcciones de piedra, los soportales y las casas solariegas dieron paso a una zonificación del espacio con reserva de suelo para uso industrial situado principalmente en torno a los principales ejes de comunicación regional o nacional y al trazado y apertura de nuevas calles, a edificios de viviendas de hasta seis alturas y a la transformación de algunos centros históricos como el de Aguilar o Cervera. Estas transformaciones tuvieron una diferenciación clara en esta comarca dependiendo de la dinámica económica de cada uno de los núcleos y del tipo de actividad predominante. Así, Guardo asistía a un importante desarrollo económico vinculado a la minería e industria química que supusieron una fuerte concentración de población que rápidamente se asentó en edificios de nueva construcción que se fueron construyendo tempranamente. A los grupos de vivienda de promoción oficial realizados por la Obra Sindical del Hogar a mediados de los años sesenta como respuesta a una intensa llegada de trabajadores que precisaban de una vivienda donde alojarse, siguieron las construcciones posteriores de promotores privados sobre un núcleo Montaña Palentina 91 inicial de pequeña dimensión y carente de un centro histórico claramente definido. De este modo, se configura un nuevo núcleo urbano que ha experimentado un fuerte y desordenado crecimiento en poco más de treinta años y que presenta un trazado desordenado y una imagen estéticamente descuidada. Esta situación se ha tratado de corregir en los últimos años a través del Plan General de Ordenación Urbana sin llegar a conseguirlo, hasta llegar a la actualidad, momento en el que la crisis de la minería está repercutiendo en un sensible descenso de la población y en una drástica reducción de la promoción inmobiliaria que presenta unos índices de actividad extremadamente bajos y circunscritos casi exclusivamente a algunas pequeñas promociones de viviendas unifamiliares a las afueras del pueblo, en la carretera hacia León. Respondiendo a una dinámica urbana similar se encuentran los núcleos de Velilla del Río Carrión y Barruelo de Santullán. La actividad minera en ambos casos ha sido la actividad predominante hasta el punto de convertirse en el motor que ha impulsado las principales transformaciones urbanas de los últimos años. El primero de ellos experimentó un importante crecimiento a partir de la instalación de la central térmica que llevó aparejada la creación de numerosos empleos, tanto directos como indirectos, que contribuyeron a modificar drásticamente la vieja estructura urbana del originario pequeño pueblo de montaña. Las primeras construcciones de viviendas para empleados de la compañía Terminor que ésta construyó, se acompañaron de posteriores edificaciones de viviendas en bloques de hasta cinco alturas que introdujeron una nueva forma urbana. Por su parte, Barruelo de Santullán, respondiendo a una dinámica similar a los casos anteriores experimenta un intenso crecimiento urbano que se distribuye a lo largo del encajonado valle sobre el que se asienta. A las iniciales construcciones situadas en torno a la carretera que sube a las minas de Sierra Braña se les van acoplando nuevos edificios construidos, primero, por los organismos estatales dedicados a la creación de viviendas, y después, por las propias empresas mineras, cooperativas de trabajadores y promotores privados. La introducción de nuevos patrones arquitectónicos que reproducen formas constructivas que se repetían en todos los centros industriales de España, la ausencia de una planificación del espacio y el recurso a las viviendas de reducido tamaño y pobreza constructiva son, todavía en la actualidad, los elementos que configuran la imagen de un pueblo que, una vez que ha perdido la intensa actividad de otrora, muestra la cara menos afable de un urbanismo desarrollado para satisfacer las necesidades de un efímero ciclo económico. Algunas actuaciones recientes han tratado de mejorar las condiciones urbanas del núcleo, como la peatonalización de la Plaza Mayor, que a pesar de la oposición de algunos vecinos, Montaña Palentina 92 se ha convertido en un espacio social de reunión y convivencia ciudadana, a pesar de que ha contribuido a acentuar uno de los principales y más recientes problemas del pueblo: la falta de aparcamientos. Presentan una dinámica similar, aunque a una considerable distancia de los anteriores, los pueblos de Santibáñez y Castrejón de la Peña. Su tradicional poblamiento concentrado de casas de piedra se ha visto expandido por medio de la construcción de edificios de viviendas de hasta tres alturas destinadas a albergar a la población minera que se asentó en los momentos de mayor actividad. En la actualidad es frecuente la rehabilitación del caserío más tradicional asociado a la segunda residencia, lo que a su vez implica una mayor ocupación estacional. Por su parte, Aguilar de Campoo ha experimentado un crecimiento urbano importante en su conjunto pero menos concentrado en el tiempo que los casos anteriores, lo que ha permitido una conservación del centro histórico y un crecimiento algo más ordenado de tal modo que se produjo una mayor planificación del espacio y una zonificación que trató de diferenciar el espacio industrial del residencial. La principal actividad económica de la villa asociada principalmente a la agricultura y la industria de transformación (fábricas de galletas) ha permitido, por una parte, la concentración de rentas agrarias y población procedente de las poblaciones más próximas y de la Ojeda, a la vez que un crecimiento poblacional impulsado por la creación de puestos de trabajo en la industria galletera. La plasmación urbana de esta realidad social y económica es claramente palpable en la forma urbana actual de Aguilar. Junto al vetusto y bien conservado caserío tradicional de piedra que conforma un bello centro histórico articulado en torno a la porticada plaza mayor y la Colegiata de San Miguel, se prolongó la ciudad a través de construcciones de viviendas que raramente sobrepasan las cuatro alturas, a la vez que se ha mantenido, en cierto modo, el crecimiento en concordancia con los principales ejes urbanos hasta unirse con las construcciones industriales que se habían asentando a lo largo de la principal vía de comunicación: la carretera nacional N-611 que supone el medio de salida de los productos industriales. En la actualidad, esta población cuenta con una normativa urbanística que responde claramente a las necesidades de ordenación espacial de su término municipal a la vez que defiende su valioso patrimonio arquitectónico. La elaboración de un PGOU y un Plan Especial para el Centro Histórico a partir de 1992, y la importante labor de reconstrucción de la iglesia de Santa María la Real (al margen de la actividad formativa de la escuela-taller), han imprimido Montaña Palentina 93 una conciencia de rehabilitación y defensa del patrimonio edificado en los poderes públicos locales y en la población, que ha supuesto un contrapunto en la progresiva tendencia de reproducción, en el medio rural, de cánones arquitectónicos que lamentablemente abundan en muchas ciudades. De este modo, la mayor parte de la actividad inmobiliaria en la actualidad está encaminada a la construcción de viviendas unifamiliares, ubicadas en las salidas del pueblo (principalmente en su dirección hacia Palencia), y en la rehabilitación de viejas casas solariegas situadas en el centro histórico, aspecto este último que debería primarse en mayor medida por medio de una implicación y participación más activa por parte de los poderes locales y regionales. Manteniendo una dinámica similar en cuanto a la conservación del patrimonio edificado, pero mostrando una menor intensidad respecto a la instalación de industrias y expansión urbana para la construcción de viviendas se encuentra Cervera de Pisuerga. La ubicación geográfica de este municipio, situado en el interior de la comarca y más alejado de las principales vías de comunicación que los dos grandes núcleos citados anteriormente, ha inducido un crecimiento más orientado a aglutinar las actividades propias de un centro de servicios hacia el que confluyen las demandas de los núcleos vecinos, lo que a su vez ha estado directamente vinculado con su desarrollo urbano. La redacción de las Normas Subsidiarias de Planeamiento municipal ha sido, hasta el momento, un instrumento suficiente para preservar el valioso centro histórico que se encuentra actualmente protegido. Pero al mismo tiempo, el futuro crecimiento previsto plantea la conveniencia de proponer la elaboración de un Plan General de Ordenación Urbana más acorde con la necesidad de clasificar nuevo suelo urbano al tiempo que se pueda realizar una planificación y delimitación de usos más acorde con la dinámica urbana de un municipio como éste. La composición arquitectónica del núcleo es, sin embargo, muy variada. El citado centro histórico, que se encuentra bien conservado, cuenta con edificios de alturas variadas que llegan a alcanzar hasta las cuatro plantas albergando soportales en la Plaza Mayor y en algunas otras calles. Mientras, en los alrededores del núcleo primitivo encontramos variadas construcciones de viviendas que van desde promociones públicas de hace varias décadas, a caserío tradicional de dos o tres alturas, entremezclado con edificios destinados a clases trabajadoras de hasta cinco plantas o urbanizaciones de chalets adosados, como los ubicados en la carretera de Ruesga. El resto de los núcleos de población existentes en la comarca muestran claramente los Montaña Palentina 94 NNSS (6 ) PGOU (2 ) SP (6 ) DSU (7 ) Instrumentos de Planeamiento por municipios en la Montaña Palentina Fuente: Planeamiento urbanístico en Castilla y León, 1998. Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Junta de Castilla y León. Bases de datos publicados en Internet. Elaboración: Departamento de Geografía, Universidad de Valladolid. Figura 30 síntomas del fuerte descenso de población que han experimentado en los últimos años y el abandono progresivo de las viviendas de tal modo que, aunque en numerosos casos el caserío todavía se encuentra bien conservado, la mayor parte de las casas sólo tienen una ocupación estacional, al tiempo que las escasas construcciones de nueva factura que se están realizando consisten en naves agrícolas y ganaderas o alguna vivienda unifamiliar aislada que no mantiene la imagen arquitectónica del conjunto en el que se integran. Sólo algunos núcleos han conseguido mantener un semblante homogéneo como es el caso de Brañosera, donde se han rehabilitado numerosas casonas y en el que las nuevas construcciones se fabrican con fachadas de piedra arenisca propia de la zona. Por último, es preciso destacar que el planeamiento urbanístico vigente en la mayor parte de los municipios es acorde con las necesidades de crecimiento y conservación propios de la actividad y dinámica de cada uno de ellos. Sólo hay dos municipios que cuentan con Plan General de Ordenación Urbana (Aguilar y Guardo) a los que debería añadirse Cervera, mientras que el resto disponen de Normas Subsidiarias y Delimitación de Suelo Urbano que, a nuestro juicio, cumplen suficientemente con los objetivos y necesidades urbanísticas de cada municipio, salvedad hecha de Dehesa de Montejo y Salinas de Pisuerga que deberían contar, al menos, con una Delimitación de Suelo Urbano en lugar de las directrices indicadas por las Normas Subsidiarias de carácter provincial. 3. Las infraestructuras como elemento básico de integración territorial Montaña Palentina 95 28. Datos referidos a 1997 y ofrecidos por el Plan Regional de Aforos de la Comunidad de Castilla y León, desarrollado durante 1998 por el Servicio de Conservación y Explotación de Carreteras de la Junta de Castilla y León. La estructura espacial de los asentamientos a la que hemos hecho referencia y que se organiza en torno a los tres núcleos principales de la comarca, condicionan en gran medida la disposición de la red viaria. Las relaciones que se establecen entre los distintos núcleos de población y de éstos con la capital de la provincia, contribuyen de manera inequívoca a establecer la jerarquía de una red viaria suficientemente desarrollada, al tiempo que las principales actividades económicas de la comarca –minería e industria alimentaria– han encontrado en ella un buen medio para la salida de sus productos. En efecto, la red viaria con que cuenta esta comarca está organizada en torno a dos ejes principales de comunicación y otro más que une ambos, además de una profusa y suficiente red de comunicación local. Las vías principales son la carretera nacional N-611 que es una de las salidas tradicionales desde la meseta castellana hacia el puerto de Santander, discurriendo entre esta ciudad y la capital palentina, y la carretera regional C-615, que comunica Palencia con Riaño. Estas dos carreteras concentran la mayor parte del tráfico de la comarca a la vez que se constituyen como los principales ejes de comunicación con el resto de la provincia y con las colindantes. Pero en su mayor parte, no se trata de un tráfico que tenga su origen o destino en algún núcleo de la comarca, sino que es debido al tránsito de mercancías y viajeros desde y hacia otros puntos de mayor relevancia. En el caso de la carretera N-611, el tráfico de mercancías es más uniforme a lo largo de todo el año, mientras el de viajeros tiene una componente estacional extremadamente acusada al ser Santander uno de los principales destinos turísticos de los castellanos durante el período estival. El futuro desdoblamiento de esta carretera convirtiéndola en autovía resolverá los numerosos problemas de tráfico que presenta en la actualidad, ya que el tránsito de camiones pesados es elevado a la vez que lo es la Intensidad Media Diaria (I.M.D.) que supera los 6500 vehículos en el tramo comprendido entre Aguilar y el límite provincial, mientras que es algo superior a 3400 entre este núcleo y Osorno, aspecto que puede ser indicativo de la necesidad de comenzar las obras desdoblando en primer lugar el tramo comprendido entre Aguilar y Torrelavega(28). Al mismo tiempo, este desdoblamiento supondrá la consolidación de esta vía como el principal acceso a esta comarca y generará unas sinergias que contribuirán a acentuar la primacía que Aguilar está desarrollando respecto al resto de los núcleos, especialmente a partir de la crisis de la minería que afecta especialmente a Guardo, Velilla y Santibáñez. Montaña Palentina 96 Por su parte, la carretera regional C-615 se constituye como el principal eje de comunicación del sector occidental de esta comarca y de todos los núcleos situados en la vega del Carrión con la capital palentina. Sin embargo, el tramo que recoge la mayor intensidad de tráfico es el que discurre entre Guardo y Velilla como corresponde a dos núcleos estrechamente relacionados en sus actividades económicas que llevan aparejado un importante trasvase diario de población trabajadora y mercancías. Así, mientras el tramo comprendido entre Saldaña y Guardo recoge una I.M.D. de 1812 vehículos, el que discurre entre aquellos núcleos alcanza los 3855 vehículos y, finalmente, entre Velilla y el límite con la provincia de León hacia Riaño desciende hasta los 568. En cuanto al estado de esta carretera, es significativa la actuación reciente que se está acometiendo consistente en ensanchar la calzada, crear arcenes pavimentados y eliminar las sinuosas curvas situadas en la salida de Guardo hacia Palencia, aprovechando los recursos procedentes del Plan Miner. No obstante, la articulación territorial de la comarca, en lo referente a la comunicación de los núcleos entre sí, se asienta sobre dos carreteras que forman conjuntamente un eje transversal que comunica Aguilar y Guardo, a la vez que ponen en relación estos dos municipios con Cervera: son la carretera provincial P-212 y la comarcal C-624. Sin embargo, es necesario resaltar que se trata de dos vías que, a pesar de las reformas actuales, no cumplen satisfactoriamente las necesidades que se les demandan. Tras sucesivas intervenciones realizadas en los últimos años, el trazado de las mismas no es el adecuado para la intensidad de tráfico que soportan (casi 2000 vehículos diarios), para las condiciones orográficas y meteorológicas de la zona, ni para conseguir una perfecta interrelación y articulación espacial que permita un movimiento fluido de personas y mercancías dentro de la propia comarca. Y ello porque todavía se siguen manteniendo curvas con reducida visibilidad, muchas de ellas situadas en umbría, cambios bruscos de rasante, peraltes insuficientes y pasos por el interior de numerosas poblaciones, algunas de relativa importancia como Santibáñez, Castrejón o Salinas. Del mismo modo, sería aconsejable el ensanchamiento del puente sobre el río Pisuerga situado a la salida de Cervera en la carretera provincial P-212. En definitiva, se trata de llevar a cabo una obra con visión de futuro que acometa de una vez por todas las actuaciones necesarias para establecer las condiciones óptimas para el tráfico de unas carreteras con la importancia que señalamos, de tal modo que las operaciones de los próximos años puedan limitarse a acondicionamiento y mantenimiento del pavimento y la señalización. Otra carretera que desarrolla una importante labor en la estructuración del espacio es Montaña Palentina 97 la comarcal C-627 que transcurre entre Herrera de Pisuerga, Cervera y Potes. Especialmente reseñables son los treinta kilómetros del último tramo en cuanto a su trazado y el estado del firme (entre Cervera y el límite de provincia). Es absolutamente necesaria la eliminación de numerosas curvas extremadamente cerradas, como las situadas entre los p.k. 112 y 116 en los que los problemas de las frecuentes nieblas (por la presencia de abundante vegetación y los embalses de Ruesga y Requejada), la escasa insolación durante varios meses a lo largo del año y la presencia de animales sueltos (generalmente vacas), implican unos elevados riesgos para los conductores. Se trata esta de una carretera que pone en comunicación a todos los pueblos de La Pernía con Cervera hacia donde acuden para realizar numerosas operaciones comerciales, administrativas, sanitarias y de ocio, pero también es el medio de comunicación con la vecina comarca de La Liébana con la que tradicionalmente se mantienen estrechas relaciones de toda índole. No se trata en este caso de mejorar el trazado para poder aumentar la velocidad y reducir el tiempo de desplazamiento, sino de mejorar la seguridad de los viajeros. Tampoco se pretende la realización de operaciones de infraestructura viaria que conlleven un elevado impacto ambiental, sino que por el contrario, debe plantearse una mejora del trazado acorde con las necesidades de comunicación de personas y mercancías entre unos núcleos y otros en una comarca con numerosas deficiencias en equipamientos y en la que la movilidad de las personas está estrechamente relacionada con el amplio número de pequeñas poblaciones y la concentración de los servicios en las cabeceras de comarca. Otras dos carreteras, de menor importancia que las anteriores, desempeñan también un papel relevante en la comarca. La primera de ellas es la comarcal P-220 que transcurre entre Aguilar, Barruelo y Brañosera y que supone la comunicación de estos pueblos mineros con la cabecera de comarca, al tiempo que ha sido la salida tradicional de su producción mineral. En la actualidad cuenta con un estado aceptable en el que la anchura y el firme presentan buenas condiciones y en la que sería recomendable la eliminación de numerosas curvas con escasa visibilidad situadas entre los p.k. 4 y 5,5. La segunda es la carretera provincial P-210, conocida popularmente como “la ruta de los pantanos”. Se trata de una carretera que además de servir de comunicación de los pueblos por los que transcurre con Cervera o Guardo, tiene una componente turística bastante acusada. Las obras de mejora del trazado y firme han permitido ofrecer unas mejores condiciones de circulación acordes con la preservación del entorno en el que se asienta, de tal modo que se ha mejorado la comunicación entre los distintos núcleos y se facilita un mejor acceso a uno de los escasos recursos con que Montaña Palentina 98 se cuenta en este sector: el turismo. Podemos concluir estos comentarios sobre las carreteras de la comarca señalando que el resto de la profusa infraestructura viaria pertenece a la red local y pretende comunicar todos los núcleos de pequeño tamaño bien entre ellos mismos, o con los principales núcleos de la comarca o con las carreteras de mayor rango. Sin embargo, en el caso de esta comarca como en otras muchas de Castilla y León, se cuenta con una amplia red de carreteras locales que abastecen a una población que cada vez es menor en estos pequeños municipios ya que se va concentrando progresivamente en pocos núcleos de mayor importancia que a su vez tampoco mantienen un índice de crecimiento intenso y constante. La otra infraestructura terrestre de comunicación que está presente en la comarca es el ferrocarril, aunque en la actualidad tiene una representación casi testimonial. En efecto, tan sólo mantiene su vigencia la línea férrea Palencia-Santander que tiene parada en Camesa, núcleo próximo a Aguilar, y en la que sólo se detienen diez unidades diarias, cuatro pertenecientes a grandes líneas y otras seis de carácter regional. En los últimos años, este tipo de transporte ha visto reducir paulatinamente el número de viajeros que lo utilizan motivado por razones de diversa índole. Entre ellas, y sin tratar de hacer un análisis pormenorizado de cada una de ellas, que por sí solas no han motivado esta situación sino que se trata de una confluencia de circunstancias en las que intervienen todas en conjunto, cabría destacar la lejanía de la estación del núcleo de población (los viajeros deben primero desplazarse en autobús, taxi o vehículos particulares hasta la estación), la inadecuación de los horarios de los trenes con las necesidades de una buena parte de la población, el dilatado tiempo empleado en realizar el trayecto frente a otros medios de transporte como el autobús, y la inexistente comunicación con otros núcleos, han ido mostrando la incapacidad de este medio de transporte para atender las necesidades cotidianas de la población que ahora sólo lo utiliza en grandes desplazamientos o cuando los horarios no imponen sus condiciones. Así, por ejemplo, se observa que el número de viajeros que utiliza el tren para acudir a Palencia es cada vez más reducido porque encuentran en el autobús un medio de transporte más cercano y más rápido. Por el contrario, son cada vez más los que utilizan el Talgo para sus desplazamientos a Madrid y los estudiantes quienes más utilizan los trenes regionales para desplazarse a Palencia o Valladolid. Otro núcleo que cuenta desde 1994 con ferrocarril para uso de viajeros es Guardo, aunque en este caso se trata de un tren de vía estrecha (FEVE) que sólo presta un servicio Montaña Palentina 99 diario de ida y vuelta entre ésta localidad y León. El resto de las instalaciones férreas tuvieron su origen asociado a la minería y el transporte del mineral procedente de las cuencas mineras leonesas y palentinas hacia la siderurgia vasca, y en la actualidad se encuentran totalmente en desuso. Algunas iniciativas recientes han tratado, sin demasiado empeño y éxito, de revitalizar estas líneas asociándolas al turismo, a las que seguramente se debería impulsar de nuevo para reutilizar unas infraestructuras todavía funcionales aprovechando la belleza de numerosos parajes por los que atraviesa la línea. Por el contrario, las posibilidades de comunicación por medio del autobús es mayor en un número importante de los pueblos de la comarca, si bien son numerosos aquellos que no cuentan con ningún tipo de transporte público. Así, Aguilar de Campoo, cuenta con líneas que hacen los recorridos Bilbao-León, Salamanca-Santander, Aguilar-Palencia, además de un servicio por los pueblos de la comarca, y con Barruelo. Sin embargo, ésta población aún no cuenta con una estación de autobuses como correspondería a un núcleo que es cabecera de comarca, y por tanto, los viajeros se concentran en un punto establecido en la vieja carretera nacional. Cervera de Pisuerga, que sí cuenta con una estación de autobuses con siete dársenas, dispone de líneas que comunican esta localidad con Palencia, Burgos, León y Bilbao, además de un servicio por los pueblos de la comarca que recogen viajeros que acuden los jueves al mercado de Cervera. Guardo, por su parte, que también cuenta con una estación de autobuses de 8 dársenas, comparte algunas de las líneas citadas anteriormente, como la de León y Bilbao, y cuenta además con comunicación directa con Palencia y Valladolid. Al igual que en la mayor parte de los restantes núcleos, en éste la mayor parte de los desplazamientos está asociada a razones médicas, administrativas y estudiantiles, siendo, por tanto, los colectivos de personas mayores –especialmente mujeres– y jóvenes los que utilizan el autobús con mayor frecuencia (con una media diaria ligeramente inferior a los 100 viajeros) al tiempo que se concentra la mayor parte de los desplazamientos en los fines de semana y los lunes. Como ya se ha apuntado, una constante que se repite en todos los núcleos de la comarca es la frecuencia de los viajes y el tipo de usuarios más comunes. Los motivos del viaje están asociados fundamentalmente a razones sanitarias, administrativas y para acudir al mercado en el caso de las personas mayores que no disponen de otro medio de transporte, mientras que los más jóvenes son generalmente estudiantes que utilizan este servicio los fines de semana para desplazarse desde y hacia las localidades donde cursan sus estudios, generalmente Palencia y Valladolid. Montaña Palentina 106 0 2 4 6 8 10 12 14 16 18 Miles de ocupados 1960 1970 1980 1990 2000 Provincia de Palencia Montaña Palentina A ñ o s Evolución de la población agraria en Palencia y en la Montaña Palentina, 1960 -1999 Figura 31 Cuadro 4. Evolución de la población ocupada agraria en la provincia de Palencia: II Trimestre de cada año. Cuadro 4a. Evolución de la población agraria en la Montaña Palentina Años Miles Por cien Años Miles Por cien 1960 1960* 12,7 1977 16,61 29,8 1977 1980 12,33 23,95 1980 1982 12,45 23,58 1982* 5,18 1985 9,93 20,56 1985 1989 11,25 18,7 1989* 3,12 1990 8,72 14,07 1990 1991 8,45 14,11 1991* 1,2 12,03 1995 6,32 12,12 1995 1996 7,24 13,87 1996 1997 9,23 16,57 1997 1998 8,99 15,72 1998* 0,85 1999 7,05 12,64 1999 Fuente: Para la provincia: INE, EPA, Banco de Datos Tempus. * Para la Montaña Palentina los datos proceden de diversas fuentes según los años. Año 1960: Reseña Estadística de la provincia de Palencia, basada en el Censo de Población. Años 1982 y 1989: Censo Agrario respectivo; los datos representan la suma de los titulares y de las ayudas familiares. Año 1998: Solicitudes de la PAC, que siempre son más numerosas que los empleos agrarios. Los datos comarcales no son fácilmente comparables, pues están hechos con métodos y fines diferentes, pero orientan sobre el sentido de la evolución. Por ejemplo, no parece lógica la caída entre 1989 y 1991, que obedece a la utilización de fuentes dispares, aunque de hecho se produzca una reducción. Montaña Palentina 107 0 200 400 600 800 1000 Nº de explotaciones >=50 20 a <50 10 a <20 5 a <10 0,1 a <5 Umbrales en hectáreas 1998 1989 Estructura de las explotaciones agrícolas en 1989 y 98 Figura 32-a 0 5 10 15 20 25 P o r c e n t a j e <5 5 a <10 10 a <20 20 a <30 30 a <50 50 a <70 70 a <100 100 a <130 130 a <180 180 a <250 250 a <500 > = 500 Umbrales en hectáreas % Nº Expl. % Nº Has. Estructura de las explotaciones agrícolas en 1998 Figura 32-b En efecto, las explotaciones agrarias han conocido un proceso análogo de reducción, con resultados ambiguos, ambivalentes y contrastados, de tal modo que, junto a los pequeños agricultores y ganaderos marginales, todavía numerosos, se ha consolidado un importante conjunto de explotaciones medias, funcionales aunque con problemas, y un escaso grupo de empresarios agrarios (agricultores y ganaderos) con vigor y capacidad de mantenerse y competir. La figura 32-a recoge estos aspectos de una manera nítida, pues la caída del número de explotaciones ha afectado drásticamente a los más pequeños y, sobre todo, marginales, mientras, en el otro extremo, ha aumentado el número de los medianos y grandes; hechos que se comprueban con mayor claridad en la figura 32-b. Montaña Palentina 108 30. La valoración del nº total de explotaciones se ha realizado a partir de los datos de Solicitudes de PAC de 1998, proporcionados por la Sección de Estadística de la Consejería de Agricultura y Ganadería. No obstante, aunque desde 1997 las solicitudes de ayudas agrícolas y ganaderas son únicas (cada solicitante hace sólo una), se graban en bases de datos diferentes, separando los solicitantes y ayudas agrícolas de los solicitantes y ayudas ganaderas. Por ello, para calcular el nº real de explotaciones, el propio Servicio de Estadística ha accedido a reelaborar las bases de datos, dando por resultado que 404 explotaciones ganaderas eran mixtas (de un total de 412), por lo que el nº total de explotaciones se distribuye entre 434 exclusivamente agrícolas, 8 exclusivamente ganaderas (sin contar el porcino) y otras 404 mixtas, que suman 846 explotaciones totales. Los cuadros sobre la evolución del número de explotaciones son bien expresivos igualmente. No vamos a valorar lo sucedido en los años 60 y 70, puesto que ya es de sobra conocido. Desde que España empieza a prepararse para entrar en la CEE, se abre un proceso dinámico, apenas perceptible en algunos momentos, pero inexorable y que, en conjunto, ha supuesto una nueva crisis de la sociedad agraria y rural, de menor entidad que la de los años 60, pero muy acusada. Así, si tenemos en cuenta tan sólo la pérdida de titulares de explotación agraria, podemos comprobar la magnitud de los abandonos durante las dos últimas décadas, magnitud que ha rebajado el número de explotaciones agrícolas a 838 y el de ganaderas a 412, aunque, descontando las mixtas, quedarían 846 explotaciones agrarias en la comarca(30). Estas cifras, por otro lado, no recogen la caída total, pues muchas de las explotaciones que aquí figuran corresponden a una fragmentación y reparto entre las personas que integran las ayudas familiares y que se declaran como titulares de explotación para solicitar las subvenciones que no podrían percibir los titulares funcionales cuando superan determinados umbrales de tamaño, si bien es cierto que todos los censos recogen un número de explotaciones estadísticas superior al real, por motivos similares. Según esto, las pérdidas irían desde las 3480 de 1982 (Datos del Censo Agrario) a las 846 actuales, lo que representa una reducción de tres cuartos (76%). Pero es que incluso considerando tan sólo la última década, las pérdidas representan un 61,5% (2196 explotaciones en 1989 y 846 en 1998). Estas cifras reflejan las profundas transformaciones y la gran presión que ha sufrido la agricultura regional, y con ella la comarcal, durante la etapa de la globalización económica. Una etapa que ha resultado fundamental para la modernización técnica y para el crecimiento dimensional de la explotación agraria, tanto agrícola como ganadera, por más que aún se repartan casi por igual las menores y mayores de 50 ha: 44 y 56% respectivamente. Pero las que superan las 130 Ha representan ya una cuarta parte del total y controlan nada menos que el 68% de la tierra, con la particularidad de que las mayores de 250 Ha controlan Montaña Palentina 109 casi la mitad de la superficie agrícola subvencionada no representando más que un 11% del total de explotaciones. Estos hechos reflejan los grandes avances que se han dado en el redimensionamiento de la explotación agrícola, que aún está en pleno proceso evolutivo, si bien, como veremos más adelante, estos datos no son fiables, por incluir numerosas “unidades de explotación” de gran tamaño (más de 250 y de 500 Ha) pertenecientes a las Juntas Vecinales. Cuadro 5. Estructura de las explotaciones agrícolas en 1989 y 1998 Umbrales (Ha) Nº en 1989 % del nº Nº en 1998 % del nº 0,1 a <5 953 41,96 32 3,82 5 a <10 347 15,28 48 5,73 10 a <20 294 12,95 84 10,02 20 a <50 402 17,70 205 24,47 >=50 275 12,11 469 55,96 Total 2271 100,00 838 100,00 Fuente: Censo Agrario de España 1989 y Solicitudes de Ayudas PAC 1998 Cuadro 6. Explotaciones Agrícolas. Montaña Palentina, 1998 Umbrales. Hectáreas NºExplotaciones %del nº Hectáreas secano Hectáreas regadío Hectáreas totales %del total de has. Total has. Retiradas % tierras retiradas <5 32 3,82 72,05 15,39 87,44 0,09 63,03 72,08 5 a <10 48 5,73 309,54 38,6 348,14 0,35 108,27 31,1 10 a <20 84 10,02 1123,02 126,88 1249,9 1,27 297,84 23,83 20 a <30 65 7,76 1426,22 182,5 1608,72 1,63 292,47 18,18 30 a <50 140 16,71 5024,4 508,65 5533,05 5,61 1195,62 21,61 50 a <70 78 9,31 4454,71 207,88 4662,59 4,73 667,6 14,32 70 a <100 90 10,74 7204,58 473,41 7677,99 7,79 1018,1 13,26 100 a <130 89 10,62 10025,29 157,43 10182,72 10,33 684,78 6,72 130 a <180 68 8,11 10068,68 155,37 10224,05 10,37 487,93 4,77 180 a <250 53 6,32 11419,51 93,09 11512,6 11,68 304,54 2,65 250 a <500 66 7,88 22789,22 88,61 22877,83 23,2 589,57 2,58 > = 500 25 2,98 22597,39 27,88 22625,27 22,95 509,04 2,25 TOTAL 838 100 96514,61 2075,69 98590,3 100 6218,79 6,31 Fuente: Solicitudes de Ayudas PAC, 1998. Consejería de Agricultura y Ganadería. JCyL. Cuadro 7a. Explotaciones ganaderas de vacuno de carne. Montaña Palentina, 1998 Umbrales (has) NºExplotaciones Nº Vacas % de explotaciones % de vacas <5 46 123 15,28 1,64 5 a <10 56 377 18,60 5,01 10 a <15 45 534 14,95 7,10 15 a <20 24 406 7,97 5,40 20 a <30 50 1206 16,61 16,04 30 a <50 44 1668 14,62 22,18 50 a < 70 15 901 4,98 11,98 70 a <100 11 888 3,65 11,81 100 a <150 6 736 1,99 9,79 150 a <200 3 475 1,00 6,32 > =200 1 205 0,33 2,73 TOTAL 301 7519 100,00 100 Fuente: Solicitudes de Ayudas Ganaderas, PAC 1998. Consejería de Agricultura y Ganadería. JCyL. Montaña Palentina 110 Cuadro 7b. Explotaciones ganaderas de vacuno de leche y cuota lechera. Montaña Palentina, 1999 Nº explotaciones Kg de cuota Kg/explotación TOTAL 165 10436372 63251 Fuente: CUINI, 1999, Consejería de Agricultura y Ganadería. JCyL. Cuadro 7c. Explotaciones ganaderas mixtas. Montaña Palentina, 1998 Umbrales (has) Nº Explotaciones UGM % de explotaciones % de UGM <5 1 4 2,44 0,16 5 a <10 1 7,3 2,44 0,29 10 a <15 3 40,8 7,32 1,62 15 a <20 6 105,7 14,63 4,19 20 a <30 4 91,5 9,76 3,62 30 a <50 5 198,8 12,20 7,87 50 a <70 9 482,9 21,95 19,12 70 a <100 5 416,4 12,20 16,49 100 a <150 5 626,7 12,20 24,81 150 a <200 1 197,5 2,44 7,82 > =200 1 354 2,44 14,02 TOTAL 41 2525,6 100,00 100,00 Cuadro 7d. Explotaciones ganaderas de ovino. Montaña Palentina, 1998 Umbrales Nº Explotaciones Nº Ovejas %Explotaciones %Ovejas <50 19 490 27,14 3,30 50 a <100 13 917 18,57 6,18 100 a <150 6 725 8,57 4,89 150 a <200 3 515 4,29 3,47 200 a <300 6 1367 8,57 9,22 300 a <500 18 7239 25,71 48,82 500 a <700 3 1631 4,29 11,00 700 a <1000 1 825 1,43 5,56 > =1000 1 1120 1,43 7,55 TOTAL 70 14829 100,00 100,00 Fuente: Solicitudes de Ayudas PAC, 1998. Consejería de Agricultura y Ganadería. JCyL. Este auge dimensional en lo agrícola se observa asimismo en lo ganadero, incluso con mayor fuerza, sobre todo en el vacuno de leche, donde la reducción ha sido drástica y decisiva, disminuyendo hasta límites desconocidos precedentemente, por mor de las exigencias de saneamiento, de control de gérmenes bacterianos, con la consiguiente instalación de tanques de frío y salas de ordeño, de la competencia con los ganaderos más eficaces..., de tal manera que en el registro de la cuota lechera, el CUINI, no han quedado más que 165 explotaciones, con una cuota total de 10,5 millones de kg de leche, lo que da una media de 63.251 kg por explotación. Montaña Palentina 111 31. Una realidad estadística que a menudo prevalece sobre la realidad objetiva, por cuanto la división de las explotaciones con fines fiscales o con fines de percepción de mayores subvenciones, es un fenómeno generalizado. Es un volumen productivo nimio, pues a las exigencias sanitarias y técnicas se ha sumado aquí la dificultad de recogida de la leche en las áreas productoras de la montaña tradicional, lo que rebajado la explotación lechera hasta su casi desaparición, como ha sucedido en algunos municipios, tales como Brañosera, Triollo, Mudá y San Cebrián de Mudá, mientras en Barruelo de Santullán, Velilla del Río Carrión o Salinas de Pisuerga, la reducción es tal que pronto acabarán despareciendo las escasas y pequeñas explotaciones remanentes. No obstante, la pequeñez dimensional de la explotación lechera se debe en parte a la conjugación de una ganadería vacuna de leche con otra de carne, lo que pone de manifiesto la tradición e importancia que tuvo aquélla y la resistencia de los pocos ganaderos que quedan a abandonar una actividad productiva cada vez más controlada y que exige un mayor grado de especialización. Por el contrario, se ha mantenido o, incluso, ha aumentado la cabaña de vacuno de aptitud cárnica, pero concentrándose en pocas unidades, con tendencia a la baja en el número de explotaciones, y al alza en el número de cabezas. Es así como se ha logrado que en torno a la mitad de las vacas nodrizas estén controladas por titulares con más de 50 reses, si bien es cierto que todavía predomina el estrato de los medianos, entre 30 y 50 cabezas, en función de un doble fenómeno: por una parte, el debido a la minusvaloración de tamaño que produce la “realidad estadística”(31) y, por otra, el debido al mantenimiento de numerosas personas mayores, ya jubiladas, que no venden su ganado, sino que lo ponen a nombre del cónyuge o de los hijos, favoreciendo la permanencia estadística, y real, de pequeñas explotaciones que inexorablemente desaparecerán en unos pocos años. Este fenómeno es más visible aun en la cabaña de ovino, donde hay numerosísimos ganaderos marginales, que tan sólo disponen de un pequeño rebaño, inferior a 100 cabezas, que las mantienen exclusivamente para cobrar las subvenciones, sin cuidados sanitarios y ni siquiera dietéticos, mal cuidadas, peor estabuladas, maltratadas, con enfermedades comunes, como la glosopeda..., malvendiendo los corderos, pero conservando la ilusión de contar con un pequeño capital de ganado que les proporciona unos ingresos regulares, mínimos aunque jugosos para sus economías modestas. Montaña Palentina 112 0 10 20 30 40 50 P o r c e n t a j e <50 50 a <100 100 a <150 150 a <200 200 a <300 300 a <500 500 a <700 700 a <1000 > ó =1000 Umbrales (nº de cabezas) %Explot %Ovejas Distribución del ganado ovino según tamaño de las explotaciones. Montaña Palentina, 1998 Figura 34 0 5 10 15 20 25 P o r c e n t a j e <5 5 a <10 10 a <15 15 a <20 20 a <30 30 a <50 50 a < 70 70 a <100 100 a <150 150 a <200 > o =200 Umbrales (nº de cabezas) %Explot %Vacas Distribución del ganado bovino, según tamaño de las explotaciones. Montaña Palentina, 1998 Figura 33 Pero estas ganaderías extensivas no están reñidas con las explotaciones empresariales–familiares, es decir, con un reducido grupo de ganaderos dinámicos, que compran cuantos “derechos de prima” de nodrizas se les ofrecen y que controlan la mayor parte de las reses que pastan en cada pueblo. Este fenómeno es tanto más claro cuanto que las solicitudes PAC se fraccionan a menudo entre diversos titulares para reducir presión fiscal, para evitar tasas progresivas por grandes producciones, para superar los topes máximos de subvenciones aplicadas a determinados esquilmos... o, simplemente, para distribuir las cargas y subvenciones entre los miembros que integran la explotación, a menudo hermanos, que participan proporcional y solidariamente en sus trabajos, responsabilidades y rentas. Las figuras 33 y 34 revelan los aspectos que comentamos. En ellas se observa la distribución por umbrales de la ganadería de vacuno y ovino. En la 35 y 36 se ve la especialización ganadera, como Montaña Palentina 113 corresponde a un área de montaña, apta sobre todo para el ganado vacuno y ovino de carne, según sectores y peculiaridades de sus condiciones ecológicas, como veremos más adelante. La reorientación de aprovechamientos, con el avance del vacuno de aptitud cárnica y la contracción del de aptitud lechera, así como el firme crecimiento del tamaño medio de la explotación representan los fenómenos más llamativos de la nueva fase ganadera en la Montaña Palentina, similar a lo sucedido en otras comarcas de montaña de la región, aunque aquí con más fuerza, por la mayor implantación que había adquirido en algunos sectores montañeses el vacuno de leche. Al mismo tiempo, el ganado ovino ha conocido un proceso de crecimiento consolidado del número de cabezas, pero con una clara tendencia a la reducción de las explotaciones; reducción que ha de continuar en el futuro, pues todavía persisten ganaderos marginales, que tan sólo esperan la jubilación, junto a otros muchos ya jubilados que mantienen un hato de ovejas como forma de entretenimiento. En conjunto, estos ganaderos marginales, con menos de 100 cabezas de ovino, representan el 46% de las explotaciones, aunque no controlan más que un 10% de la cabaña. Desde una perspectiva espacial, tal como se observa en la figura 35, la ganadería se distribuye por toda la Montaña, aunque desigualmente, sobre todo teniendo en cuenta que el vacuno busca las áreas interiores, de mejores pastos, aunque de peores accesos. Se trata de un ganado más fácil de manejar que el ovino; es menos sacrificado, más cómodo y obtiene unas subvenciones generosas –en torno a 37.000 pts. por vaca nodriza–, con lo que se ha producido una cierta especialización en el vacuno de carne en la montaña alta, mientras que en la montaña media y en el piedemonte se ha buscado más el ganado ovino, por cuanto ha existido una tradición que ha favorecido la permanencia de los rebaños con doble orientación –carne y leche–, aunque con una tendencia hacia la carne, por las mayores dificultades de manejo del ovino lechero. La figura 36 recoge también la distribución del ovino, por un lado, y del vacuno lechero, por otro; o, más propiamente, de la cuota láctea en cada municipio, directamente proporcional al número de cabezas. Todavía no se ha producido en la Montaña Palentina el proceso de modernización y tecnificación que afecta a otras comarcas próximas, como las vegas medias del Carrión, en torno a Saldaña, donde la especialización es evidente, con rendimientos lecheros medios de entre 7000 y 9000 litros por vaca en lactación y año, o incluso superiores, Montaña Palentina 114 mientras que aquí esas cifras representan una excepción, situándose más bien en los 5000 litros; cifras que hacen dudar de las potencialidades de este esquilmo ganadero, claramente en declive. Figura 35 Figura 36 En suma, tras el breve comentario sobre la situación y perspectivas de las explotaciones agrarias montañesas, se puede concluir que el dato más llamativo es su inserción en la dinámica general de la región, con una clara tendencia al redimensionamiento y a la tecnificación, o sea, a la constitución de unidades rentables y viables, junto a las que subsisten las marginales y complementarias, que progresivamente tienden a ser absorbidas por las más grandes. Sin embargo, la Montaña Palentina, continúa manteniendo una importante proporción de Agricultores y Ganaderos a Tiempo Parcial, favorecidos por la existencia de empleos alternativos en la minería y la industria; todo lo cual retarda la evolución más firme y drástica que se ha dado en otras comarcas de la provincia y región. Este retraso, junto al papel de las ayudas comunitarias, está provocando un mantenimiento de una estructura disfuncional de la propiedad y de la explotación agraria. En efecto, de las 1250 solicitudes PAC tan sólo la mitad aproximadamente corresponden a ATPs (Agricultores a Título Principal), lo que pone en evidencia la desproporción entre quienes practican la actividad agraria y quienes viven de ella. Al mismo tiempo, hay que decir que la rápida evolución de los años 80 y 90 no ha resuelto sus problemas estructurales, entre los que se cuenta una base dimensional pequeña y dependiente. Así, el régimen de tenencia, continúa mostrando una dependencia excesiva de los agricultores respecto a los titulares de la propiedad, bien se trate de familiares o no familiares, con el agravante de que las subvenciones PAC han contribuido a encarecer desmesuradamente los arrendamientos, que suponen generalmente más de la mitad de las tierras de labor, aunque se aprecien diferencias abismales entre sectores, pues muchos ganaderos de vacuno disfrutan de prados y pastizales comunales o privados sin apenas contraprestaciones de arrendamiento, mientras los agricultores propiamente dichos conocen las máximas presiones al alza de las rentas, que han alcanzado niveles inusitados. Montaña Palentina 115 0 20 40 60 80 100 P o r c e n t a j e Velilla del Río Carrión San Cebrián de Mudá Triollo Brañosera Cervera de Pisuerga Santibáñez de la Peña Polentinos Villalba de Guardo Mantinos La Pernía Guardo Berzosilla Barruelo de Santullán Salinas de Pisuerga Pomar de Valdivia Aguilar de Campoó Respenda de la Peña Dehesa de Montejo Fresno del Río Castrejón de la Peña Mudá TOTA L COMARCAL TOTAL PROVINCIAL Arrend.+Aparc. Propiedad Régimen de tenencia de la explotación agraria Montaña Palentina, 1989 Figura 37 Es así cómo la comarca, en conjunto, refleja unos valores muy bajos de los arrendamientos, pues los pastos comunales de la montaña no aparecen declarados como superficies arrendadas ni figuran tampoco en “otros regímenes de tenencia”. De este modo, el Censo Agrario de 1989 aporta unas cifras de arrendamiento anormalmente bajas: en torno al 12%, si bien en los municipios más agrícolas suben a cotas del 25%, como en Aguilar, y en otros llegan hasta el 40%, como sucede en Mudá, aunque carezca de entidad la explotación agrícola. En este sentido, el arrendamiento afecta muy desigualmente a los agricultores y ganaderos; los primeros, especialmente los de las buenas tierras meridionales y orientales, dedicados a las producciones cerealistas y de patata de siembra, alcanzan elevadas cotas de tierras arrendadas y conocen alzas desmesuradas de los precios, mientras en los pastos y pastizales de la montaña el coste de las rentas es muy bajo y a veces hasta insignificante, por cuanto la falta de concentración parcelaria ha motivado una cesión general de las pequeñas parcelas a los agricultores o ganaderos residentes, que las utilizan a veces sin cargo alguno por la dificultades que encuentran los propietarios para hacer contratos de arrendamiento con parcelas del orden de los 2000 ó 3000 m2. Según las estructuras básicas que acabamos de comentar, las explotaciones agrarias de la Montaña Palentina están afectadas por una doble disfunción, ya que, por un lado, son todavía de tamaño insuficiente y, por otro, tienen una base excesivamente fragmentada, lo que Montaña Palentina 122 Figuras 41 y 42 Partiendo de una cierta ficción de la gran explotación agrícola, visible paradójicamente en las grandes extensiones de “pastos no cultivados”, el funcionamiento económico es muy similar al de otras áreas de montaña, con una ganadería predominantemente vacuna, que deja unos destacables márgenes brutos. Así, el margen económico de la explotación típica de vacas nodrizas, con unas 50 cabezas, puede situarse en las 37.000 pts/vaca de subvención más unas 80.000 pts. brutas por el ternero, de las que hay que descontar los costes, muy bajos en esta ganadería de monte, salvo en lo tocante a reposición y a los gastos ocasionados por la falta de preñez o la muerte del ternero, accidentes no infrecuentes. Así, por ejemplo, para una explotación de 40 a 50 vacas nodrizas, que podemos considerar como valor modal, las rentas netas oscilarían alrededor de 77.000 pts. por animal (37.000 de subvención y 40.000 netas de producción), lo que aportaría unas rentas totales de entre 3 y 4 millones de pesetas al año; cifras exiguas, pero que permiten economías saneadas y dinámicas, siempre que se disponga de los derechos de prima suficientes, o sea, tantos como el número de vacas nodrizas. La patata de siembra tiene unos costes muy elevados, superiores en unas 60 a 100.000 pts. a la de consumo, lo que daría un balance de ingresos próximo al millón de pts. brutas (20.000 kg de patata calibrada vendida por cada Ha, a unas 50 pts/kg), con unos gastos de entre 0,4 y 0,6 millones de pts. La ventaja de este cultivo se basa en que tanto en la cosecha como en la selección, tría y envasado exige una gran cantidad de mano de obra, a veces familiar, otras veces externa y a menudo foránea, que crea un dinamismo económico destacable, tanto más cuanto que las operaciones de selección y tría se realizan a lo largo del invierno, época en que no apremian otras labores. Otro de los grandes esquilmos, el ganado ovino, aunque de menor importancia, mantiene a 70 ganaderos, con un valor modal funcional de 400 cabezas por rebaño, que permite obtener rentas considerables, si bien a costa de un esfuerzo y sobretrabajo nunca bien remunerado. La explotación mixta de leche y carne en las áreas menos frías, así como la de ovino de carne en las más frías y montañosas representan explotaciones consolidadas, aunque en continuo cambio y con problemas de permanencia, por la incomodidad, las dificultades y la dureza de este tipo de aprovechamiento. En efecto, los derechos de prima de la oveja se venden a valores poco significativos: unas 2500 a 3000 pts/cabeza, frente a las 100.000 que cotiza una vaca nodriza, lo que demuestra el poco apego, las dificultades y la dureza de la Montaña Palentina 123 ganadería lanar, que a pesar de que puede obtener unas rentas del orden de 10.000 a 13.000 pts. por oveja y año, no encuentra muchos ganaderos con vocación suficiente para arrostrar el manejo esclavizante del ovino extensivo. Antes todas estas circunstancias, la explotación continúa con algunos lastres tradicionales, como especialmente el tamaño insuficiente para competir en una economía abierta, tanto más cuanto que la excesiva tecnificación genera producciones muy costosas, lo que, a la postre, se traduce en abandonos. Las explotaciones, sin embargo, están creciendo aceleradamente en tamaño, pero el precio de los arrendamientos provoca una erosión continuada de las rentas, lo que impide la capitalización en tierra o ganado. El mantenimiento de una estructura de la propiedad disfuncional actúa como freno a la modernización, que exige parcelas grandes, naves ganaderas modernas y de cómodo manejo y otras mejoras que indudablemente se están asumiendo, pero no con la suficiente fuerza como para provocar un vuelco a corto plazo. El cambio estructural continúa siendo una asignatura pendiente, a pesar de la entidad e importancia de la modernización, que ha motivado un proceso general de construcción de naves ganaderas, de tamaño insuficiente por lo general, con dificultades de limpieza, sin control de basuras ni purines, pero que suponen un paso importante hacia el futuro. Frente a estos frenos, no cabe duda que la Montaña Palentina está produciendo carne de vacuno de calidad reconocida, como lo demuestra la marca “Carne de Cervera, Calidad”, que no ha sido suficiente para contrarrestar la organización de los tratantes privados que se llevan las mejores terneros y novillos de la comarca, pagan a precios similares a los de las marcas reconocidas y dificultan la expansión de estos reductos de calidad, que constituirían la salvación, cara al mañana, de unos productores poco adaptados a un mercado abierto y competitivo, frente al que no cabe otra alternativa que la calidad. Por todo ello, hoy es impensable la modernización integral de esta ganadería, o de la agricultura de las áreas más bajas, por cuanto la PAC ha inducido una dinámica propia del “carpe diem”, que sólo algunos jóvenes han podido aprovechar, porque el envejecimiento general de la población agraria no impide la incorporación de algunos empresarios jóvenes, al calor de las ayudas públicas y de las cesiones de los propios padres, que están regenerando el campo, al tiempo que reducen su papel de sector empleador de mano de obra, que es cada vez menos numerosa. Montaña Palentina 124 4. Las condiciones sociales de la explotación agraria Es así cómo a través del análisis de las Indemnizaciones Compensatorias, se puede comprobar que la edad media de los agricultores y ganaderos no es tan alta como habitualmente se dice, siempre que se tengan en cuenta tan sólo las explotaciones funcionales, y no las de jubilados. De hecho, si la edad de los agricultores según el Censo de Población de 1991 daba unas cifras bastante desalentadoras, que hacían pensar en una drástica reducción por consunción biológica, eso ha sido lo que ha estado sucediendo durante la década de los años 90. Pero las mejoras estructurales han permitido la incorporación de numerosos jóvenes que están haciendo de la agricultura y ganadería una profesión sólida, aunque de pocos efectivos. Así, según los datos del cuadro 9, la edad media de los agricultores comarcales A Título Principal llegaba a 46,6 años, aunque en las titulares mujeres suele producirse una polarización en dos extremos: el de las mujeres mayores, sin futuro, y el de mujeres titulares de edad mediana, con arrestos y ganas para dirigir una explotación compartida, ya que el marido suele trabajar en actividades no agrícolas. Según el Censo de 1991, las mujeres que se declaran ocupadas en la agricultura alcanzan la cifra de 326, frente a un total de 890 hombres, por lo que la proporción de mujeres agricultoras o ganaderas llega a un 26%, cifra elevada si la comparamos con otras comarcas de la provincia de Palencia, pero comprensible si pensamos que una buena parte de estas mujeres activas lo son a tiempo parcial y que comparten con el marido –a veces minero, a veces jubilado– las tareas y la responsabilidad de la gestión. Cuadro 9. Edad media de los agricultores A.T.Principal de la Montaña Palentina en 1999 Hasta 34 añosDe 35 a 54 De 55 a 64 65 y más Total Total: nº ATPs por tramos 86 285 135 12 518 Edad media en años 29,8 44,6 59,8 65,8 46,6 % de cada tramo 16,60 55,02 26,06 2,32 100,00 Fuente: Consejería de Agricultura y Ganadería: ICs 1999 Al margen de la estructura por edad de los titulares de explotación, se debe tener en cuenta la importancia de los jubilados mineros, que normalmente dirigen en la sombra las explotaciones de vacuno de carne, trabajan a menudo en las labores y aportan capital para la modernización. El papel de estos jubilados, así como de los jubilados agrarios, es creciente, Montaña Palentina 125 por cuanto el campo y, más en concreto estas áreas de montaña, se han convertido en un refugio de jubilados o residencias de ancianos, que no, por su edad, dejan de trabajar, sino que, al contrario, cuando se jubilan y después de trasferir la titularidad de la explotación a algún miembro de la familia, mantienen un número de cabezas similar al que tenían en su etapa de activos, por lo que resulta muy difícil el progreso estructural y el redimensionamiento rápido de la explotación agraria. En suma, la actividad agraria de la Montaña Palentina afecta a un reducido grupo de personas, que no representan más que en torno a un 10 a 12% de la población activa total, con una clara tendencia hacia la reducción del contingente de agrarios, que en parte se mantiene merced a la práctica de la agricultura a tiempo parcial, compartida principalmente con la minería. Se trata de una agricultura en declive, aunque momentáneamente ha manifestado un progreso considerable debido a la pujanza de las rentas ganaderas basadas en el vacuno de carne y, secundariamente, en el ovino. Este esplendor circunstancial se basa en unas subvenciones coyunturales y no en unas estructuras competitivas, que sólo en los grandes cultivos cerealistas y, en parte, en la patata de siembra, se han conseguido. Por ello, en el momento en que las subvenciones se reduzcan la actividad agraria lo hará en la misma manera; de ahí que no se pueda pensar en esta actividad económica más que como un elemento indispensable de la sociedad rural montañesa, pero ni es el único ni es el más importante. Montaña Palentina 126 III. EL DESARROLLO DE LAS ACTIVIDADES INDUSTRIALES Junto con la actividad agraria, el dinamismo de las actividades industriales ha sido tradicionalmente uno de los pilares básicos de la economía de la Montaña Palentina, cuyo perfil productivo y personalidad geográfica han estado marcados durante décadas por la importancia económica y social de las actividades extractivas vinculadas a la riqueza carbonífera de la zona, la producción energética y la transformación agroalimentaria. El desarrollo de estos sectores industriales se erige en uno de los principales factores explicativos de la lógica que subyace en la organización territorial de la comarca y que afecta tanto a la dinámica de la población, como al crecimiento desigual de los diversos municipios y entidades de población, a la especialización productiva de los principales centros económicos, o a los flujos intra y extracomarcales de bienes, servicios y población. En este sentido, es importante tener en cuenta que los sectores manufacturero, extractivo y energético concentraban en 1991 el 34% de la población activa total de la comarca y su incidencia sobre el desarrollo de otras actividades económicas como el transporte, el comercio y la construcción ha sido muy significativo. En la actualidad, asimismo, la Montaña Palentina presenta como una de sus principales señas de identidad la importancia de los procesos de reconversión y reestructuración que, a lo largo de los últimos años, están afectando a las actividades industriales dominantes en la comarca. Podemos afirmar que se trata de un espacio inmerso en una dinámica de cambio económico asociado a las nuevas condiciones productivas de la industria y, en este contexto, las principales empresas de la comarca están aplicando estrategias de adaptación que generan transformaciones socioeconómicas y territoriales de gran alcance. Una primera aproximación al análisis de la industria comarcal nos sitúa ante una notable pérdida de dinamismo, patente en la evolución reciente de algunos indicadores. Así, es posible constatar que el empleo industrial ha experimentado una fuerte contracción, reduciéndose en casi una tercera parte desde 1991 hasta la actualidad. La desaparición de establecimientos industriales ha sido también una constante, ya que desde los primeros años de los ochenta el número de centros de trabajo industrial se ha reducido en una cuarta parte aproximadamente. La tendencia mostrada por el comportamiento de la inversión industrial pone de relieve, asimismo, la atonía en la emergencia de iniciativas industriales locales y la limitada capacidad de atracción de nuevos proyectos industriales exógenos a la comarca. Entre 1984 y 1994, los municipios que integran la Montaña Palentina apenas concentraron el 6% de las inversiones Montaña Palentina 127 ALIMENTACIÓN Y BEBIDAS (34,12%) PROD. ENERGÍA.ELÉCTRICA (7,73%) METALURGIA Y P. METÁLICOS (4,33%) TRANSF. MADERA (4,12%) MATERIALES DE CONSTRUCCION (2,94%) IND. EXTRACTIVAS (OTRAS) (2,58%) INDUSTRIAS QUÍMICAS (2,37%) MUEBLES (1,70%) TEXTIL-CONFECCIÓN (1,55%) ARTES GRAFICAS (0,57%) MATERIAL DE TRANSPORTE (0,21%) RECICLAJE (0,15%) IND. EXTRACTIVAS (HULLA Y ANTRACITA) (37,63%) EMPLEO INDUSTRIAL DISTRIBUCIÓN POR SECTORES Fuente: Censos Empresariales, Directorio de Empresas y Registro IAE, 1998. Elaboración propia. Figura 43 industriales totales de la provincia, tanto las dirigidas a la instalación de nuevos establecimientos fabriles como las orientadas a la ampliación o modernización de los existentes. El perfil productivo del tejido industrial de la Montaña Palentina muestra un conjunto de rasgos dominantes que es necesario analizar para conocer su organización interna e interpretar su dinámica actual. En primer término, destaca el notable peso que la extracción de hulla y antracita y la industria de transformación alimentaria alcanzan en los niveles de ocupación, pues conjuntamente aglutinan algo más del 70% del empleo industrial, erigiéndose así en las actividades industriales de mayor significado económico y social de la comarca. La producción y distribución de energía eléctrica constituye, asimismo, una de las actividades más representativas, no tanto por su posición en los niveles de ocupación de mano de obra -a gran distancia de los anteriorescomo por su capacidad para generar efectos inducidos de gran alcance para la economía comarcal. En la estructura sectorial de la industria de la Montaña tienen también una presencia significativa los sectores de transformación Montaña Palentina 128 0 20 40 60 80 100 120 140 Nº de empresas 1-2 3-5 6-9 10-19 20-49 50-99 100-249 250 y más Nº de empleados TAMAÑO DE LAS EMPRESAS INDUSTRIALES Fuente: Censos Empresariales, Directorio de Empresas y Registro IAE, 1998. Elaboración propia. Figura 44 metalúrgica, la preparación y primera transformación de la madera, la extracción de minerales no metálicos y su transformación en materiales de construcción y la industria química, mientras que el resto de las actividades fabriles tienen una presencia muy secundaria o meramente marginal. La organización empresarial de los sectores industriales de mayor peso en la comarca constituye también una de las claves para entender las transformaciones que se están operando en su tejido fabril. Tal y como aparece representado en la figura 44, la estructura empresarial se caracteriza por la prevalencia de la pequeña empresa bien con un solo trabajador (el titular) o con dos (dos socios, o el empresario y un asalariado). A este tipo de empresa responde casi el 70% de los establecimientos manufactureros, proporción que se eleva hasta el 82% si se incluyen las empresas que alcanzan los cinco trabajadores. En estos umbrales se integran la gran mayoría de las empresas de transformación alimentaria, aserraderos y carpinterías de madera, talleres de artes gráficas, carpinterías metálicas, empresas de extracción de piedra y áridos y algún taller de confección. Entre los establecimientos con plantillas entre 6 y 19 trabajadores, que representan el 10% de las empresas, predominan las Montaña Palentina 129 ALIMENTACIÓN Y BEBIDAS (21,58%) IND. EXTRACTIVAS (HULLA-ANTRACITA) (7,89%) IND. EXTRACTIVAS (OTRAS) (7,89%) TEXTIL-CONFECCIÓN (3,68%) PROD. ENERGÍA ELÉCTRICA (3,16%) ARTES GRAFICAS (2,63%) INDUSTRIAS QUÍMICAS (1,58%) MATERIAL DE TRANSPORTE (1,05%) RECICLAJE (0,53%) TRANSF. MADERA (17,89%) METALURGIA Y P. METÁLICOS (12,11%) MATERIALES DE CONSTRUCCION (9,47%) MUEBLES (10,53%) ESTABLECIMIENTOS INDUSTRIALES DISTRIBUCIÓN POR SECTORES Fuente: Censos Empresariales, Directorio de Empresas y Registro IAE, 1998. Elaboración propia. Figura 45 actividades de extracción de minerales no metálicos, alimentación, transformación de madera, fabricación de muebles y transformación de productos metálicos. Finalmente, los cuatro umbrales superiores corresponden a las empresas de mayor entidad de la comarca identificadas con los sectores alimentario (galletas y repostería), químico, metálico (calderería) y minero-energético (extracción de hulla y antracita y producción de energía eléctrica). La estructura empresarial dominante explica que la distribución sectorial del conjunto de establecimientos fabriles que operan en la comarca difiera sensiblemente de la distribución sectorial del empleo. Tal y como se aprecia en la figura 45, en virtud del elevado número de pequeñas empresas presentes en la mayor parte de los sectores fabriles, las actividades con un mayor número de establecimientos corresponden a la industria alimentaria, la transformación de madera, la fabricación de productos metálicos, la manufactura del mueble y la fabricación de materiales de construcción. La estructura empresarial y el perfil sectorial de la industria de la Montaña Palentina se Montaña Palentina 130 MADERA (7,04%) METÁLICAS (2,35%) MAT. DE CONSTRUCCIÓN (2,21%) EXTRACTIVAS (PIEDRA) (2,21%) MUEBLES (1,93%) OTRAS IND. MANUFACTURERAS (3,04%) ALIMENTACION (81,22%) ESTRUCTURA SECTORIAL AGUILAR DE CAMPOO Figura 46 encuentran estrechamente vinculados a la organización territorial del tejido industrial cuyos rasgos dominantes permiten establecer una jerarquización de los principales núcleos fabriles. En primer término, Aguilar de Campoo y Guardo se erigen como centros industriales de primer orden en la comarca. Los dos municipios aglutinan conjuntamente el 70% del empleo industrial si bien presentan una especialización productiva claramente diferenciada. Así, Aguilar de Campoo constituye el núcleo por excelencia del desarrollo de la industria alimentaria concentrando el 88% del empleo total de este sector en la comarca. Es la fabricación de galletas la actividad que otorga personalidad industrial al municipio, si tenemos en cuenta que aglutina el 77% de los activos fabriles totales del municipio y el 95% de los activos ocupados en la industria alimentaria. Esta acusada especialización sectorial explica que el resto de las actividades industriales de este núcleo aparezcan relegadas a una posición marginal, pues los sectores que le siguen en cuanto al número de empleos ocupados, la transformación de madera, la extracción de piedra y áridos, la fabricación de materiales de construcción y la fabricación de artículos de carpintería metálica, apenas alcanzan conjuntamente el 14% del empleo industrial municipal, ya que se trata de actividades integradas por un número de empresas relativamente amplio pero de muy reducido tamaño. La orientación productiva de Guardo está indudablemente marcada por su especialización en la minería del carbón, actividad que concentra el 70% del empleo industrial del municipio. Muy vinculado al desarrollo de las industrias extractivas, Guardo cuenta también Montaña Palentina 131 QUIMICAS (6,25%) TEXTIL-CONFECCIÓN (4,22%) MAT. DE CONSTRUCCION (4,06%) MADERA (2,03%) MUEBLES (1,72%) OTRAS IND.MANUFACTURERAS (3,13%) MINERÍA CARBÓN (70,16%) TRANSF.METÁLICOS (8,44%) ESTRUCTURA SECTORIAL GUARDO Figura 47 con un sector de transformación metálica que tiene cierta entidad y en el que, junto a las actividades de carpintería metálica organizadas en pequeños talleres, aparecen también algunos establecimientos de dimensiones superiores dedicados a la metalurgia básica -fundición y forjay a la construcción de estructuras metálicas -calderería-. La industria química que tradicionalmente tuvo un peso muy significativo en el municipio, ha experimentado una fuerte contracción tras el proceso de reconversión de la antigua factoría de Explosivos Río Tinto (E.R.T.) que, entre otros efectos, ha provocado una acusada reducción del empleo ocupado en el sector. El resto de las actividades fabriles del municipio se distribuyen en pequeños talleres de carpintería de madera y muebles, algún establecimiento fabricante de materiales de construcción, una empresa de confección textil con una veintena de trabajadores y pequeños establecimientos de alimentación. Si Aguilar de Campoo y Guardo constituyen los dos centros industriales de mayor rango de la Montaña Palentina, en un segundo nivel jerárquico se sitúan tres municipios más, Barruelo de Santullán, Santibáñez de la Peña y Velilla del Río Carrión, cuyo desarrollo industrial se encuentra exclusivamente vinculado a una única actividad que les convierte en núcleos monoproductivos. La extracción de carbón concentra el 82% de los activos industriales Montaña Palentina 138 segunda etapa del Plan de Reordenación de la Minería del Carbón que se inicia en 1994, se acompaña de un conjunto de instrumentos y medidas de actuación públicas orientadas al estímulo de procesos de reactivación económica mediante el apoyo a la emergencia y desarrollo de actividades económicas alternativas que contribuyan a la diversificación de su tejido productivo. En principio tales ayudas se conciben con el propósito de complementar los apoyos que establecieran las diferentes instituciones u organismos, destinados a incentivar la generación de actividad económica en las áreas afectadas por la reconversión de la minería del carbón. Por tanto, la concesión de las ayudas puede realizarse de manera adicional a las restantes aplicadas a la promoción de inversiones en las cuencas mineras. Se contempla, asimismo, su aplicación a pequeños proyectos que, siendo viables y contribuyendo a la creación de empleo en la zona, no puedan ser apoyados por el sistema de incentivos existente, en razón de su reducido tamaño o por otras circunstancias. Figura 52 Además, los proyectos susceptibles de recibir ayudas son aquellos a realizar por empresarios individuales o sociedades, siendo prioritarios los llevados a cabo por cooperativas o cualquier otra forma de asociación, por trabajadores procedentes de la minería y los que consistan en servicios de apoyo directo a la industria y otros sectores. Entre los criterios de valoración de los proyectos se destaca el aprovechamiento de los recursos de la zona, la adquisición de materias primas y bienes intermedios locales, la capacidad para inducir actividades auxiliares en su entorno y la posibilidad de incorporar innovaciones de toda índole (productos, equipamientos, gestión, organización, etc.), valorándose especialmente su contribución a la creación de empleo (la ayuda no debe sobrepasar la cantidad de tres millones de pesetas por cada empleo creado) y la generación de iniciativa empresarial entre los trabajadores. Finalmente, estas medidas de reactivación establecen como ámbito territorial, de forma prioritaria, los municipios afectados por la pérdida de empleo en la minería, pero también aquellos otros en los que sea necesario reducir su dependencia económica de la extracción de carbón. La escasa efectividad de estas medidas, con resultados muy débiles o nulos en algunos casos, obliga, un año después de su establecimiento, a flexibilizar y ampliar los criterios de incentivación de las actividades económicas tanto por lo que se refiere a la tipología de proyectos subvencionables como al ámbito territorial de actuación y al tipo de gasto susceptible Montaña Palentina 139 de apoyo. Así, respecto al tipo de proyectos, se incorporan también todo tipo de inversiones y gastos que contribuyan a facilitar la instalación de nueva actividades económicas, tales como las creación de suelo industrial, servicios e instalaciones de apoyo a la actividad económica, planes de formación profesional, equipamientos, etc. Por su parte, el ámbito territorial se amplía uniendo a los núcleos mineros las zonas de influencia de actuación de las empresas extractivas. Por último, las ayudas no sólo se vinculan al número de empleos creados sino también a la cuantía de las inversiones proyectadas en una proporción no superior al 30% de las mismas. Las políticas encaminadas a la recuperación económica de las cuencas mineras y a su diversificación productiva se han ido ampliando y desarrollando posteriormente con otras iniciativas públicas tales como la elaboración del Programa de Actuación en la Comarcas Mineras (1996-1999), el Plan de la Minería del Carbón y el Desarrollo Alternativo de las Comarcas Mineras (1998-2005) y la creación en 1997 del Instituto para la Reestructuración de la Minería del Carbón y el Desarrollo Alternativo de las Comarcas Mineras. El Plan 1998-2005 está integrado por dos líneas de actuación diferenciadas. De un lado, las orientadas a la reactivación económica de las comarcas mineras y de otro, las establecidas para la mejora de las explotaciones mineras que se concretan en acciones como las actividades de exploración geológico-mineras, investigación y desarrollo tecnológico, medio ambiente, seguridad minera, infraestructuras, etc. Para la financiación del primer grupo de medidas el Plan contempla para la región un presupuesto global cifrado en 65.000 millones de pesetas cuyo desglose según las principales líneas de actuación aparece en el cuadro 13. Para valorar la incidencia real de todas estas iniciativas en la reactivación económica, la creación de empleo y la diversificación productiva es necesario contar con información que, lamentablemente, no nos ha sido proporcionada por los responsables de estas iniciativas. El balance hasta la actualidad de los fondos invertidos en tales objetivos, los proyectos empresariales que han sido apoyados desde la Administración Pública, la localización de las inversiones realizadas y la tipología de actuaciones financiadas con cargo a estos programas, constituyen elementos básicos para poder valorar su repercusión en la Montaña Palentina. En este sentido, tenemos constancia a través de las entrevistas que hemos realizado a numerosas empresas de la comarca, que algunas de ellas han sido beneficiarias de ayudas con cargo a estos programas. Asimismo, los responsables de diversos Ayuntamientos de la Montaña han hecho referencia en algunos casos a la cofinanciación de inversiones en equipamientos y dotaciones sociales acogiéndose a estas líneas de ayuda. No hemos podido Montaña Palentina 140 CUADRO 13: PLAN 98-05 DE LA MINERÍA DEL CARBÓN Y DESARROLLO ALTERNATIVO DE LAS ZONAS MINERAS millones ptas. Compromiso económico para los ocho años de duración del Plan (1998-2005) 520000 Inversión total prevista para 1998 65000 Proyectos empresariales generadores de empleo. 10000 Desarrollo de infraestructuras (Corporaciones Locales) 3000 Reactivación económica de las comarcas mineras y desarrollo de infraestructuras (Comunidades Autónomas) 47000 Programas de becas de enseñanza y formación profesional. 5000 De la cuantía presupuestada para el año 1999, 50.000 millones se invertirán en infraestructuras de las zonas mineras, que serán financiadas al 100% con cargo a este plan. Líneas de ayuda al sector privado para 1998: Finalidad. Promover proyectos que contribuyan a favorecer la viabilidad de las explotaciones mineras, a mejorar las condiciones de trabajo y a impulsar el desarrollo del sector minero. Tipo de ayuda. Subvenciones a los proyectos: Exploración geológico-minera. Investigación y desarrollo tecnológico. Infraestructura, preparación y equipamiento. Medio ambiente. Formación minera. Beneficiarios. Empresas o Asociaciones de empresas que tengan por objeto promover y desarrollar el aprovechamiento de materias primas minerales, siempre que actúen en el territorio de la Comunidad Autónoma. Asociaciones o instituciones sin ánimo de lucro, que desarrollen acciones destinadas a potenciar la formación y seguridad minera. Fuente: Real Decreto 2020/97 (26-12-97) de Régimen de Ayudas para la Minería del Carbón y el Desarrollo Alternativo de las Zonas Mineras, Presupuestos Generales del Estado, 1998. constatar, sin embargo, la presencia de un número mínimamente suficiente de empresas industriales o de servicios de nueva implantación en la zona que hayan surgido a partir de estas iniciativas públicas, como para valorar, ni siquiera de forma cualitativa, el alcance de estas medidas en la diversificación del tejido productivo de la comarca, pero del trabajo de campo realizado no parece desprenderse que, hasta el momento, se haya iniciado un proceso de reactivación económica en los municipios que integran la comarca. Tan sólo disponemos de los datos oficiales referidos a la cuantía de las inversiones Montaña Palentina 141 efectuadas para la dotación de infraestructuras por parte de la Consejería de Fomento y los proyectos aprobados por la Consejería de Industria, Comercio y Turismo de la Junta de Castilla y León. Tales inversiones se derivan de la firma en Enero de 1998 del Protocolo de Colaboración entre las Administraciones Central y Autonómica cuyos objetivos se extienden a la renovación o modernización de las dotaciones e infraestructuras públicas en ámbitos como el transporte, comunicaciones, suelo industrial, medio ambiente, ordenación del territorio, educación, abastecimiento y saneamiento de aguas, infraestructuras agrícolas, ganaderas y CUADRO 14: CONVENIO ENTRE EL INSTITUTO PARA LA REESTRUCTURACIÓN DE LA MINERÍA DEL CARBÓN Y DESARROLLO ALTERNATIVO DE LAS COMARCAS MINERAS Y LA CONSEJERÍA DE FOMENTO DE LA JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN PROYECTO Coste de las expropiaciones (1) Coste de la inversión directa (1) Coste total (1) Ejecución del proyecto de carretera Saldaña a Guardo C-615 79422 1345824 1425246 Ejecución del proyecto de carretera Guardo a Cervera C-626 50000 799819 849819 Ejecución del proyecto de carretera Cervera a Triollo P-210 22099 674971 697071 Ejecución del proyecto de carretera Triollo a Velilla P-210 11299 764447 775747 Ejecución del proyecto de ffcc. infraestructura León-GuardoArija 3450000 3450000 Ejecución del proyecto de carretera Cervera P-210 a cruce con C-626 4611 287671 292283 (1) Miles de pesetas Fuente: Memoria Anual. Consejería de Fomento, 1998. CUADRO 15: PROYECTOS FIRMADOS EN 31 DE MAYO DE 1999 POR LA SECRETARÍA DE ESTADO DE INDUSTRIA Y LA CONSEJERÍA DE INDUSTRIA, COMERCIO Y TURISMO Municipio Proyecto Actuaciones Presupuesto (miles ptas) Barruelo de Santullán A m pl i ac i ón d el Á r e a Industrial “Teznes” Naves industriales y depósito regulador 103306 Guardo Última fase Polígono Industrial (Erkimia) Urbanización, saneamiento, abastecimiento y aparcamiento 115508 Velilla del Río Carrión Pavimentación de acceso al Polígono Industrial Pavimentación de acceso y ajardinamiento 14077 Fuente: Consejería de Industria, Comercio y Turismo. Junta de Castilla y León. turísticas, vivienda y urbanismo. Estos proyectos han de materializarse mediante Convenios específicos individualizados para cada uno de ellos, habiéndose suscrito hasta el momento Montaña Palentina 142 algunos de los correspondientes al ámbito de las infraestructuras de comunicación por carretera y ferrocarril en las provincias de León y Palencia (Junio y Julio de 1998), así como los dirigidos a la mejora de las infraestructuras industriales en estas provincias (Mayo de 1999). No cabe duda de que la mejora de las infraestructuras de comunicación constituye un factor que puede contribuir a la recuperación económica de una comarca en franca regresión industrial. Las deficientes comunicaciones han constituido siempre un freno para el desarrollo y la diversificación económica de la Montaña Palentina, por tanto, estas actuaciones pueden incidir positivamente en el estímulo a la implantación de nuevas actividades económicas, al tiempo que la ejecución de estos proyectos, constituyen, obviamente de manera transitoria, una fuente de actividad para las empresas y trabajadores de la comarca. Con todo, la aplicación de los planes de dinamización de las cuencas mineras no debe limitarse a este tipo de actuaciones que, por otra parte, habrían de estar consignadas en los presupuestos generales de la Comunidad Autónoma como el resto de las actuaciones en materia de infraestructuras. Parecen sensiblemente descompensadas las partidas presupuestarias destinadas a estos fines en relación con los fondos que realmente se están invirtiendo en la promoción de nuevas actividades y en el apoyo a iniciativas empresariales que contribuyan al objetivo general de reactivación y el desarrollo de actividades alternativas capaces de generar empleo estable en las cuencas mineras y, en general, en toda la comarca. En este sentido, consideramos que el esfuerzo de las Administraciones Públicas ha de ser mucho mayor pues en las cuencas mineras convergen algunos de los rasgos que identifican a las regiones industriales en declive: ausencia o insuficiencia de iniciativas empresariales en espacios productivos que han sido dependientes durante décadas de una actividad hoy en declive desarrollada por capitales ajenos a la comarca, déficit de servicios de calidad y, fundamentalmente, de servicios a la producción, mano de obra especializada en un sector concreto y con dificultades de adaptación a otro tipo de trabajo, falta de flexibilidad para adaptarse con rapidez a los cambios en las condiciones productivas, marginación respecto a los ejes o núcleos de mayor dinamismo económico en la actualidad, incremento progresivo de las tasas de desempleo que provoca corrientes migratorias ante la ausencia de perspectivas, fundamentalmente entre la población joven. La superación de estos graves problemas y de la inercia social y económica inherente a este tipo de espacios productivos requiere, por tanto, la participación de todos los agentes sociales y económicos tanto públicos como privados pues se trata de comarcas que cuentan también con elementos positivos que pueden ser potenciados, entre los cuales, y por lo que Montaña Palentina 143 se refiere a las actividades fabriles, podemos destacar la tradición y la cultura industrial de estas zonas y la presencia de estructuras productivas heredadas del pasado a pesar de su actual inadaptación. 2. El crecimiento de la producción eléctrica La producción de energía eléctrica constituye asimismo una de las actividades económicas más emblemáticas de la Montaña Palentina ya que, como se ha señalado anteriormente, constituyó uno de los principales motores de expansión de la minería del carbón. La instalación en Velilla del Río Carrión de la central térmica de Terminor -empresa filial de Iberdueroen 1964 provocó un fuerte incremento de la demanda de carbón que, a su vez, generó la apertura de nuevos pozos de extracción, la ampliación de la producción de los que estaban operativos, la creación de nuevas empresas mineras y un notable ascenso de los niveles de ocupación en el sector, de tal forma que esta demanda fue cubierta en su totalidad y durante décadas por la producción de carbón de las cuencas mineras palentinas. La capacidad instalada de la central, 148 Mw en el Grupo I, se multiplica en 1984 con la instalación del Grupo II, con una capacidad de 350 Mw, lo que supone un nuevo incremento del consumo de carbón para este fin -mezcla de antracitas y hullasy un nuevo impulso en la producción de carbón de la comarca. No obstante, a partir de ese momento, la central se abastece también de carbones procedentes de otras zonas mineras nacionales y, más recientemente, está recurriendo, asimismo, al suministro de carbón importado procedente de los grandes países productores (Estados Unidos, Sudáfrica, Australia, Rusia, etc.) que entra en España a través del puerto de Santander. En la planta térmica de Velilla del Río Carrión, propiedad de Iberdrola desde la constitución de esta sociedad en 1991, la estructura del consumo de carbón en la actualidad otorga un fuerte peso al carbón nacional que representa, con 850.000 Tm, el 56% del carbón quemado en la central; la producción de las cuencas palentinas, 550.000 Tm, constituye el 37% del consumo, siendo mucho más variable el peso del carbón importado, pues éste oscila, dependiendo de los niveles de producción de energía anuales, entre 60.000 y 180.000 Tm. El incremento de la capacidad instalada y de consumo de carbón y los “picos” de producción eléctrica -como el que se produjo 1997 cuando se alcanzó un máximo histórico en la central con 3578 Gwh-, no han ido acompañados de un aumento paralelo del número de trabajadores en la planta. Antes al contrario, durante los últimos diez años la plantilla de la Montaña Palentina 144 central se ha reducido en 60 personas, estando integrada en la actualidad por 139 trabajadores, de los que tres son mujeres (personal sanitario y técnico químico). Se trata de una plantilla con una media de edad de 43 años, procedente en su gran mayoría de los municipios del entorno. En este sentido, y además de la ocupación de mano de obra, que por sí misma representa un papel importante, la presencia de la central térmica genera efectos inducidos de indudable alcance para la comarca. Por una parte, la contratación de un conjunto de servicios de carácter permanente (manejo de carbón, limpieza, mantenimiento, seguridad y vigilancia, etc.) se realiza con empresas de implantación local, fundamentalmente del municipio limítrofe de Guardo, que ocupan a unas 60 personas, que pueden ser computadas, por tanto, como empleo indirecto de la planta de Velilla. Por otra parte, la empresa ha realizado inversiones significativas en los últimos años dirigidas a la modernización de ciertos equipos y elementos de supervisión y control y al incremento de la eficiencia de las plantas, lo que ha generado también efectos de arrastre positivos para algunas empresas de la comarca. Finalmente, y en el contexto de reestructuración y declive que enmarca la situación socioeconómica de las cuencas palentinas, Iberdrola mantiene un mayor nivel de implicación con los problemas de la comarca, al menos en términos comparativos con los grupos empresariales mineros, cuya estrategia se basa exclusivamente en el aprovechamiento de los recursos locales y del sistema de subvenciones públicas a la producción. En este sentido, y con el objetivo de contribuir a paliar los efectos de la reestructuración industrial, la empresa ha constituido, conjuntamente con la Diputación Provincial de Palencia y el Ayuntamiento de Velilla del Río Carrión, una oficina de desarrollo comarcal en este municipio (ACADE). 3. Los procesos de reconversión de la industria química A los procesos de reestructuración de la minería del carbón en las cuencas palentinas se ha unido desde mediados de los años ochenta los programas de reconversión de la industria química que han afectado a la planta de Explosivos Río Tinto (E.R.T.) instalada en el municipio de Guardo. En 1986, comienza el proceso de reestructuración de esta factoría de producción de carburos con la fusión de E.R.T. y la empresa Cross, dando origen a la formación de la sociedad Ercros que ha supuesto una profunda remodelación de las divisiones industriales del grupo y su organización en seis áreas: minería, fertilizantes, petroquímica, defensa-explosivos y química, ésta última centralizada en Erkimia. Montaña Palentina 145 Sin embargo, los procesos de venta y transferencia de activos que posteriormente tienen lugar en el seno de este grupo empresarial se materializan en la desvinculación de la planta de Guardo (Erkimia) que en 1991 pasa a incorporarse a la multinacional canadiense Acetex Group que posee otras plantas de producción en España (Tarragona) y Europa (suroeste francés) transformándose en la nueva sociedad Erkol. En la actualidad la planta de Erkol en Guardo está especializada en la fabricación de alcohol polivinílico (2000 Tm/año) erigiéndose en la primera empresa española y la segunda europea en esta línea de producción; asimismo fabrica homopolímeros de acetato de vinilo sólidos y acetato de metilo/metanol. Los efectos de la reestructuración de esta factoría se han dejado sentir con especial intensidad en Guardo y en todo el sector occidental de la comarca. De un lado, el número de operarios ha quedado reducido a 40, de los 100 que integraban la plantilla en 1990, si bien ésta había llegado a alcanzar en etapas anteriores un tamaño muy superior. Por otro, la materia prima que se utiliza en el proceso de fabricación, que tradicionalmente se obtenía a partir de la piedra caliza y el carbón de la zona, actualmente proviene de suministradores franceses. En consecuencia, la reorientación de la actividad de la factoría ha provocado la formación de un polo empresarial con características de enclave económico escasamente vinculado con su ámbito territorial, hecho que se acentúa si tenemos en cuenta que la empresa tampoco establece flujos comerciales con otras factorías industriales ya que el 90% de su producción de alcohol polivinílico y el 70% de la producción de homopolímeros se dirige a los mercados exteriores donde sus principales clientes corresponden a empresas fabricantes de barnices, pinturas, pegamentos, papel, tejidos, productos farmacéuticos, etc. Tan sólo la contratación de los servicios requeridos por la actividad de esta planta mantienen alguna vinculación con la zona, distribuyéndose entre empresas de implantación local, fundamentalmente de Guardo, para los servicios de mantenimiento y limpieza, y empresas radicadas en Palencia y Valladolid para los servicios a la producción más especializados. En la actualidad, las perspectivas de la empresa tienden hacia el crecimiento -a finales de 1998 el número de empleados era de 30a través de las estrategias de especialización puestas en marcha por la empresa para abastecer a los mercados de Europa, América Latina y Asia. Montaña Palentina 146 4. La estrategias de adaptación de las industrias agroalimentarias: la industria galletera La industria galletera representa, como señalábamos en páginas anteriores, otro de los soportes sobre los que descansa la economía de la comarca y el núcleo central sobre el que ha gravitado la industria agroalimentaria. Como es sabido, Aguilar de Campoo es el centro de producción más importante no sólo de la Montaña, sino también de la región, y uno de los más representativos en el desarrollo del sector galletero a escala nacional. La expansión de la fabricación de productos derivados de la harina (pasta, hojaldres, galletas y repostería en general) constituye asimismo un proceso común a otros municipios como Cervera de Pisuerga (Pastas y Hojaldres Uko, S.A.) y Santibáñez de la Peña (Productos Virgen del Brezo, S.A.), pero el nivel de concentración de esta actividad en Aguilar de Campoo otorga a este núcleo una posición absolutamente hegemónica en el sector. El desarrollo de la industria galletera tiene su origen a finales del siglo XIX y está estrechamente vinculado al crecimiento de la producción cerealista en la región, a la expansión de la industria harinera y al crecimiento del comercio de granos y harinas en torno al Canal de Castilla y al ferrocarril. Todo ello dio lugar a la emergencia de pequeños negocios familiares dedicados a la fabricación y venta directa de productos de repostería y galletas, algunos de los cuales experimentaron a lo largo del siglo XX, y sobre todo a partir de su segunda mitad, un proceso de crecimiento ininterrumpido que permitió superar el ámbito local de mercado pasando al abastecimiento de la demanda regional y nacional, al tiempo que se producía una progresiva diversificación de los productos y un incremento de la escala de producción asociado a la construcción de instalaciones fabriles modernas y a la difusión de marcas comerciales reconocidas a nivel nacional, hasta alcanzar, como en el caso de la empresa Fontaneda, una posición líder en el mercado. De este modo, a principios de los años ochenta, Aguilar de Campoo aglutinaba las principales empresas del sector, convertido en la actividad económica motriz del municipio y, en buena medida también, de todo el sector oriental de la comarca. En las empresas galleteras, intensivas en mano de obra, trabajaban cerca de 1500 operarios con una proporción mayoritaria de mujeres, lo que contribuyó a frenar los procesos migratorios de los años sesenta y setenta en el municipio, al tiempo que se constituyó en uno de los principales focos de atracción de trabajadores y trabajadoras de los núcleos de su entorno. La actividad de las galleteras generó además efectos inducidos sobre otros sectores industriales de la comarca y de la región, fundamentalmente de sus principales proveedores de materias primas (harinas, azúcar, huevos y leche), pero también de empresas de implantación local de servicios como Montaña Palentina 147 transporte, construcción, talleres mecánicos de reparaciones y mantenimiento, servicios administrativos y gestorías, talleres de impresión gráfica, etc. A lo largo de la década de los ochenta convergen, sin embargo, una serie de factores que han provocado cambios importantes en el escenario empresarial y en la organización de los mercados. En primer término, el sector galletero había ido ajustando sus márgenes de rentabilidad progresivamente como consecuencia de la paulatina saturación del mercado y la fuerte competencia interempresarial, llegando a una situación de saturación de la oferta, caracterizada además por una escasa diversificación en la gama de productos fabricados. La apertura de los mercados y la entrada de nuevos productos de repostería (galletas, dulces, pastas, etc.) con presentaciones más novedosas y mayor número de especialidades procedentes, sobre todo, de firmas europeas, acentúa aún más la competencia provocando un sensible retroceso en las ventas de determinados productos nacionales. En directa relación con este proceso, hay que tener en cuenta también las transformaciones en los hábitos de consumo que se suceden durante estos años con la irrupción y la rápida consolidación de los cereales de desayuno en la dieta, sobre todo entre la población joven e infantil, lo que refuerza la contracción de las ventas de las galletas “tradicionales”. Los cambios que se desencadenan en el sector de la distribución alimentaria, con la implantación en España de grandes superficies, constituyen también uno de los factores que contribuyen a explicar la crisis de las empresas galleteras ya que, al convertirse en proveedoras de estos establecimientos comerciales, se ven obligadas a estrechar los márgenes entre los costes de fabricación y los precios de venta. En este contexto se enmarca también el crecimiento de los flujos de inversión extranjera en la industria alimentaria española que, sobre todo, a partir de mediados de los ochenta, se traduce en la adquisición de un elevado número de firmas nacionales por las grandes multinacionales del sector. Ante esta situación, las estrategias desplegadas por las industrias galleteras nacionales y regionales han sido muy diversas, pero sin duda, los procesos de reestructuración que se han tenido lugar en las empresas de la comarca, ejemplifican claramente tres tipos de respuestas que podrían ser extrapolables a otras regiones. En primer término, las transformaciones operadas en el sector ponen de manifiesto la inadaptación de algunas empresas familiares que no han podido superar la crisis y mantenerse