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De Iberia a Hispania: la formación de una identidad en la Antigüedad (I)

Blanco Robles, Fernando

Abstract

En el presente trabajo se aborda el estudio de la identidad en Hispania, tema éste de plena actualidad investigadora. En esta primera parte, se analizará el proceso de creación y de transformación de la identidad de Hispania atendiendo a la evolución de la visión que las fuentes clásicas tuvieron de la Península, desde la Iberia mítica de los griegos a la Hispania provincia del Imperio Romano, momento éste clave en la conformación de una auténtica identidad hispana intrínsecamente vinculada a su papel en ese Imperio.

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HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 De Iberia a Hispania: la formación de una identidad en la Antigüedad (I) From Iberia to Hispania: the formation of an identity in Antiquity (I) FERNANDO BLANCO ROBLES1 Universidad de Valladolid [email protected] Recibido: 8-4-2020. Aceptado: 30-5-2020. Cómo citar: Blanco Robles, Fernando, “De Iberia a Hispania: la formación de una identidad en la Antigüedad (I)”, Hispania Antiqva. Revista de Historia Antigua XLIV (2020): 316-338. DOI: https://doi.org/10.24197/ha.XLIV.2020.316-338 Resumen: En el presente trabajo se aborda el estudio de la identidad en Hispania, tema éste de plena actualidad investigadora. En esta primera parte, se analizará el proceso de creación y de transformación de la identidad de Hispania atendiendo a la evolución de la visión que las fuentes clásicas tuvieron de la Península, desde la Iberia mítica de los griegos a la Hispania provincia del Imperio Romano, momento éste clave en la conformación de una auténtica identidad hispana intrínsecamente vinculada a su papel en ese Imperio. Palabras clave: Identidad; Etnicidad; Hispania; Alto Imperio Romano; Élites y provincias. Abstract: The present work deals with the study of identity in Hispania, a subject which is in the focus of research. In this first part, the process of creation and transformation of Hispania's identity will be analyzed, taking into account the evolution of the vision that the classical sources had of the Peninsula, from the mythical Iberia of the Greeks to the Hispania province of the Roman Empire, a key moment in the formation of an authentic Hispanic identity intrinsically linked to its role in that Empire. Keywords: Identity; Ethnicity; Hispania; High Roman Empire; Elites and provinces. Sumario: 1. Formación y evolución. 1.1. Iberia tierra de mitos y riquezas. 1.2. La natio Hispaniorum. 1.3. Hispania capta: Roma redefine la identidad de Hispania; Conclusiones. Summary: 1. Formation and evolution. 1.1. Iberia, land of myths and riches. 1.2. The natio Hispaniorum. 1.3. Hispania capta: Rome redefines the identity of Hispania; Conclusions. 1 Investigador contratado a través del programa de Formación del Profesorado Universitario, con referencia FPU18/00503, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. De Iberia a Hispania: la formación de una identidad en la Antigüedad (I) 317 HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 La imagen de Iberia e Hispania en la Antigüedad y, en parte, en la historiografía se ha visto condicionada por lo que se conocen como las laudes Hispaniae, término que apareció por primera vez en el praefatio de la Historia Gothorum, Vandalorum et Sueborum de Isidoro de Sevilla2 y que se ha hecho extensible a todas las referencias que en un tono claramente ensalzador elogiaban de alguna forma a Hispania. Bajo esta denominación se han incluido, por tanto, desde los primeros testimonios griegos hasta las fuentes romanas y tardoantiguas3 que vinculaban a la Península Ibérica con determinados ciclos míticos y con la imagen de una tierra de riquezas, tanto metalúrgicas como agropecuarias, casi interminables, habitadas por unos pueblos cuyas costumbres sólo cabía incluir en el arquetipo del perfecto bárbaro. Pero el proceso de conquista de Roma ayudará a ir abandonando la imagen de Hispania como tierra mítica llena de riquezas para dejar paso a la Hispania real escenario de la romanización e inclusión en el Imperio. A raíz de este proceso, Roma, a medida que fue conociendo la realidad poblacional y étnica de sus pueblos, además de crear esas imágenes hasta cierto punto estereotipadas y fundamentadas en topoi literarios, fue también dotándoles de unos nombres que pretendían hacer comprensible para los romanos la realidad étnica de Hispania y que devinieron en denominaciones conjuntas que en algunos casos tuvieron una gran aceptación en la formación onomástica de los individuos, como prueba la epigrafía,4 quedando, por tanto, asumidas como parte de su propia identidad a pesar de que necesariamente no se fundamentaban, en principio, sobre ningún rasgo particular de su, otrora, origen étnico.5 2 ISID. 1.1-4. 3 Contamos con el primer estudio de conjunto llevado a cabo por Concepción Fernández-Chicarro de Dios en 1948, en el que se incluían las menciones del Antiguo Testamento y de la Crónica General de España de Alfonso X el Sabio. 4 Debido a la extensión de este trabajo, no abordaremos lo concerniente a los etnónimos ni tampoco se abordará la problemática de la numismática. Para estos campos son interesantes las contribuciones de: Untermann (1992), Chaves (2009, 2013), Estarán (2019), Pérez Almoguera (2008), Ripollés (2005) y las contribuciones contenidas en el volumen compilados por A. Caballos y S. Lefebvre (2011) y J. Santos Yanguas et al. (2007, 2013). 5 La bibliografía relativa al problema de la etnicidad y la identidad es muy extensa y amplia, tanto en el ámbito académico anglosajón y estadounidense como en el español. Deben destacarse en este sentido los trabajos de S. Jones (The Archaeology of Ethnicity, 1997), J. M. Hall (Ethnic Identity in Greek Antiquity, 1997; Hellenicity. Between Ethnicity and Culture, 2002), J. Siapkas (Heterological Ethnicity: Conceptualizing 318 Fernando Blanco Robles HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 1. FORMACIÓN Y EVOLUCIÓN 1. 1. IBERIA TIERRA DE MITOS Y RIQUEZAS El término Iberia, con el que las fuentes griegas bautizaron a estas tierras peninsulares, remite a la Iberia caucásica, sinónimo del “fin del mundo”, el extremo del septentrión lugar donde habitaban los “hiperbóreos”6 y escenario de diferentes ambientes míticos, como el jardín de las Hespérides o el país del vellocino de oro7. Este concepto e imagen de la Iberia oriental como espacio mitológico al ser entendida como el extremo del mundo conocido por su lejanía, con el paso del tiempo, parece recalar en la, denominada desde entonces, Iberia pero de la parte occidental donde desembocan muchos de los mitos griegos asociados a la antigua región caucásica, cuya vinculación se vio favorecida por la existencia de oro y de una cultura avanzada,8 en este caso Tartessos (la Cólquide occidental). No obstante, parece que ni siquiera para el siglo V a.C. los griegos tenían claro su peninsularidad por lo que la extensión del nombre Iberia para designar al conjunto de la Identities in Ancient Greece, 2003) y G. D. Farney (Ethnic Identity and Aristocratic Competition in Republican Rome, 2007) para la arqueología y la historia de Grecia y Roma, S. T. Smith (Wretched Kush: Ethnic Identities and Boundaries in Egypt’s Nubian Empire, 2003) para Egipto, y S. James (The Archaeology of Ethnicity. Constructing Identities in the Past and Present, 1997; The Atlantic Celts. Ancient People or Modern Invention?, 1999), P. S. Wells (Beyond Celts, Germans and Scythians: Archaeology and Identity in Iron Age Europe, 2001) y N. Roymans (Ethnic Identity and Imperial Power: The Batavians in the Early Roman Empire, 2004; Ethnic Constructs in Antiquity: The Role of Power and Tradition, 2009, junto con T. Derks) para la Protohistoria y la Romanización. En España son fundamentales los trabajos de M. Almagro-Gorbea y los de G. Ruiz Zapatero (como el destacado congreso de 1989, Paleoetnología de la Península Ibérica) como los pioneros en el campo de la arqueología y la protohistoria en volver a revitalizar las interpretaciones sobre etnicidad de los pueblos prerromanos, así como el trabajo de G. Cruz Andreotti y B. Mora Serrano (2004), de M. Díaz-Andreu et al. (2005), la publicación de E. Ramírez Goicoechea (2007), la amplia obra de M. A. Fernández Götz (2008, 2009, 2011 y 2014), el reciente trabajo de P. Moret (2017), la contribución de Mª. Cruz Cardete del Olmo (2009) o la más reciente editada por F. Marco Simón, F. Pina Polo y J. Remesal Rodríguez (2019), así como la obra de F. Machuca Prieto (2019), resultado de su tesis doctoral. 6 STR. XI.6.2. 7 STR. XI.2.19; I.3.22. 8 STR. XI.2.19. De Iberia a Hispania: la formación de una identidad en la Antigüedad (I) 319 HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 Península fue progresivo, en tanto en cuanto se fueron conociendo los bordes atlánticos.9 Una de las razones fundamentales que explican esta imagen mítica de Iberia se debe a que, hasta principios del siglo III a.C., la Península Ibérica estuvo alejada del cualquier centro relevante de poder por lo que, desde la perspectiva griega, era vista como una tierra lejana y marginal. Las primeras noticias vendrían seguramente de los comerciantes griegos que desde el siglo VII a.C. se aventuraron hacia el Mediterráneo Occidental, noticias, evidentemente, confusas y poco precisas que alimentaban ese imaginario fantasioso, pues en esta fase de exploración y colonización todo era susceptible de ser interpretado bajo los esquemas míticos, confundiendo realidad y ficción. Esta imagen legendaria e idealizada de Iberia ciertamente se mantuvo en los autores griegos10 hasta el siglo II d.C.11 e incluso perduró a través de los autores romanos, gracias a un debate que se abrió entre los autores de época helenística que trataba de buscar una localización geográfica precisa para todos los elementos de los ciclos mitológicos griegos, lo que se conoce como paradoxografía.12 Así pues, se vincularon a Iberia mitos como la Isla de los Bienaventurados,13 que Plinio el Viejo14 y Pomponio Mela15 relacionan también con la Isla de las Gorgonas, dos de los doce trabajos de Heracles, el décimo y el undécimo, consistentes en robar los bueyes de Gerión y las manzanas del jardín de las Hespérides,16 así como la erección de las famosas columnas de Hércules.17 En estos dos últimos casos son especialmente interesantes pues, al igual que en Italia,18 la presencia de Heracles en estas latitudes lejanas representaba la llegada del elemento civilizador a estas tierras y su inclusión en la terra cognita, marcada por las columnas de Hércules, límite de lo conocido y lo desconocido. Finalmente, cabe mencionar por su transcendencia, la llegada a Iberia de los héroes griegos de la guerra de Troya, aunque estas 9 Domínguez Monedero, 1983: 205-211. 10 Puede encontrarse una revisión exhaustiva de todos los autores griegos en Gascó: 1994. 11 PLU. Sert. 1. 12 Gómez Espelosín et al., 1995: 26-9, 51; Cabrero Piquero, 2009: 18-9. 13 STR. III.2.13; PLU. Sert. 8. 14 PLIN. nat. VI.36.200-201; 37.202-204. 15 POMPON. III.9.99; 10.102. 16 D. S. IV.17 y 26. 17 STR. III.5.5. 18 D. S. IV. 21. 320 Fernando Blanco Robles HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 elaboraciones míticas son tardías y su objetivo era enaltecer el origen de algunas ciudades coloniales del Occidente. Es el caso de las leyendas referentes a Odiseo, que levantó un templo dedicado a Atenea,19 o a Teucro, fundador de Carthago Nova.20 Al igual que la imagen mítica, también pervivió la imagen de Hispania como una tierra de infinitas riquezas, especialmente a su riqueza agropecuaria y mineral, aunque el progresivo conocimiento en detalle de la realidad hispana fue precisando el contenido de estas informaciones. Sin remontarnos a los textos de Heródoto21 y Timeo, las primeras noticias cronológicamente más cercanas provienen de Posidonio de Apamea, el cual puso especial énfasis en recalcar la riqueza en plata y en oro y estaño de Iberia,22 recogiendo la tradición secular de los anteriores escritores griegos, hasta el punto de que el propio Estrabón critica sus hipérboles.23 El historiador de Megalópolis, Polibio, ofrece también datos de este tipo aunque muy dependientes, de nuevo, de las fuentes griegas anteriores, pues incorpora también estudios paradoxográficos,24 a pesar de haber conocido de primera mano la realidad hispana en un claro ejercicio de adaptación del escrito a la imagen previa que ya se tenía elaborada de la Península, a fin de presentarse creíble para su público. El libro XXXIV era el que dedicó por extenso a una explicación de los recursos agrícolas y minerales de la Baetica, la Lusitania y la Celtiberia, pero solo nos han llegados algunos fragmentos procedentes de autores posteriores. Destaca especialmente su descripción de la Lusitania,25 que en realidad parece asemejar a la del resto de la Península Ibérica sin particularizar demasiado, donde exalta la prosperidad de esas tierras en la producción de cereales y ganado, una abundancia que se refleja en los bajos precios de sus productos.26 Ya en los siglos I a.C. y I d.C. son bien conocidas las referencias de Estrabón y Plinio el Viejo. Estrabón divide en dos la Península y diferencia la parte septentrional de clima frío, muy montañosa, cuyas tierras apenas pueden ser cultivables y se hallan aisladas, en tanto que las 19 STR. III.2.13; 4.3. POMPON. III.8. 20 SIL. III.368; XV.192. Gómez Espelosín et al., 1995: 93-103. 21 Por ejemplo, 3.115 (THA II A, 37-B). 22 Citado en STR. III.2.9; D. S. V.35-38. 23 STR. III.2.9. 24 PLB. XXXIV.2. 25 PLB. XXXIV.8. 26 PLB. XXXIV.8.4-10. Gómez Espelosín et al., 1995: 48-52. De Iberia a Hispania: la formación de una identidad en la Antigüedad (I) 321 HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 tierras del sur son muy fértiles.27 En consecuencia, la Turdetania destaca por sus exportaciones de trigo, vino y aceite de calidad, así como de salazones, purpura, y lana de primera calidad. La ganadería y la pesca, especialmente la de los atunes, es igualmente alabada.28 No menos importante es su riqueza en minerales de todo tipo: oro, plata,29 cobre, hierro, etc. que despiertan una efusiva admiración por parte del de Amasia.30 Poca información, en cambio, ofrece sobre Lusitania de la que tan solo comenta que sus suelos son fértiles y sus ríos abundantes en peces y moluscos,31 al igual que para la región de los íberos donde destaca la ciudad de Carthago Nova por sus minas de plata y la industria de la salazón,32 las fértiles tierras de la zona de Emporion y Rhode33 o, de una manera concisa y genérica, la producción de tintes, aceite y vino de las costas mediterráneas frente a lo estéril de las regiones oceánicas.34 Es llamativa esta visión un tanto anacrónica y atávica de Estrabón que apenas se diferencia con las narraciones previas, en buena medida porque es deudor de esos textos, limitando a una escueta explicación final la situación actual, desde el punto de vista administrativo, de esas regiones ahora bajo gobierno romano.35 Si bien esta intención también es buscada, al dividir Iberia en dos partes se ocupa en resaltar la parte “civilizada”, aquella en la que desembocaron los héroes de la épica homérica del llamado ciclo de los Nóstoi ─en su viaje de regreso tras la destrucción de Troya─ y donde se fundaron las colonias griegas, frente a la parte “bárbara” que sería, en esencia, la que los romanos han conquistado a pesar de que apenas carece de interés desde el punto de vista de los recursos materiales.36 No queda muy claro, por tanto, qué hay de laudes y qué hay de retórica y utilización política. Plinio el Viejo ofrece, en cambio, una narración algo diferente ya que se centra en detallar la situación administrativa de las provincias hispanas, sus ciudades, pueblos y regiones, y las referencias sobre los productos; aunque concentradas en 27 STR. III.1.2. 28 STR. III.2.6-7. 29 STR. III.2.10. 30 STR. III.2.8. 31 STR. III.3.1. 32 STR, III.4.6. 33 STR. III.4.8. 34 STR. III.4.16. 35 STR. III.2.15; 3.8; 4.20. 36 Domínguez Monedero, 1984: 202-4; Blázquez, 2006: 240-6; Cascón Dorado, 2017: 47-8. 322 Fernando Blanco Robles HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 los libros III y IV, se hayan desperdigadas por el resto de su obra. De la Baetica tan solo resalta al principio de su descripción su famosa riqueza agrícola,37 de la Hispania Citerior destaca su riqueza mineral en plomo, hierro, cobre, estaño, plata, oro y mármol.38 Menciona, también, la excelente calidad de la lana de Hispania, los caballos de los galaicos y astures39 o los famosos vinos de los layetanos y los de Tarraco.40 1. 2. La natio Hispaniorum Las fuentes de este periodo cronológico, tanto las griegas como las romanas, aplican el discurso de la barbarie41 y la imagen del bárbaro a los diferentes pueblos hispanos, aunque cada autor pueda utilizar este concepto de diferentes formas o con diferentes propósitos.42 Debemos tener en cuenta, no obstante, que estos tópicos de la barbarie, que podemos encontrar utilizados para otros pueblos fuera del ámbito de la civilización clásica, que siguen siendo usados por autores del siglo I a.C. y I y II d.C. están reflejando la sociedad hispana de la época de la conquista romana, debido fundamentalmente a que se tratan de textos de naturaleza historiográfica por lo que, en ningún momento, se tiene interés en abordar el carácter actual de esos pueblos tras la conquista, en tanto se entiende que, una vez conquistados, se da por hecho su romanización y su entrada en la civilización. En general, pueden reconocerse ocho topoi aplicados genéricamente a los pueblos hispanos: En primer lugar, su belicosidad que destaca, por ejemplo, Diodoro Sículo cuando se refiere a las huestes que el rey de Iberia, Crisaor, ha reclutado para enfrentarse a Heracles,43 Plutarco al hablar de la vida de Sertorio y la anulación de la “ferocidad” y “salvajismo” de los bárbaros íberos, vinculada con la costumbre de la 37 PLIN. nat. III.3.7. 38 PLIN. nat. III.4.30; IV.34.112. 39 PLIN. nat. VIII.48.191; 67.166 40 PLIN. nat. XIV.6.71. 41 Para esta problemática sigue siendo de consulta obligada la obra de A. Momigliano (1988), así como la reciente publicación que vuelve a abordar algunos de los planteamientos de esta obra (Cruz Andreotti, 2019). 42 Habría que recordar las palabras de Flavio Josefo (Ap. I.65-68), cuando acusa a los geógrafos e historiadores de su tiempo del desconocimiento que poseen sobre los pueblos que vivían más allá de las costas del Mediterráneo. 43 D. S. IV.17.2. De Iberia a Hispania: la formación de una identidad en la Antigüedad (I) 323 HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 devotio,44 cuando les equipó a la romana y les enseñó tácticas militares o Estrabón en su descripción de los lusitanos y los pueblos montañeses donde resalta esa querencia de estos pueblos a las actividades de pillaje y bandolerismo a pesar de disponer de tierras ricas en ganado y minerales.45 En segundo lugar, el excesivo amor a las armas y a su libertad que lleva a tremendos actos de suicidio, canibalismo y locura colectiva y, en consecuencia, el barbarismo implícito de estas atrocidades.46 Especialmente recordado es el episodio numantino, aunque debe restringirse esta apreciación a los autores romanos, especialmente a las menciones de Valerio Máximo47, dado que, en otros autores como Floro48 o Apiano,49 la representación de Numancia y sus gentes se nos presenta desde una perspectiva diferente al discurso “oficial” romano. En tercer lugar, las mujeres hispanas que también participan de esta afición a guerrear con el mismo arrojo y resistencia50 que sus hombres, hasta el punto de matar a sus propios hijos o a sus compañeros de cautiverio antes que verlos en manos enemigas.51 En cuarto lugar, las costumbres funerarias como la exposición de los cadáveres de sus héroes a las aves carroñeras.52 En quinto lugar, sus costumbres alimenticias,53 de vestido54 o de culto,55 así como otras costumbres extrañas.56 En sexto lugar, su primaria ingenuidad y simplismo que facilita la tarea diplomática romana a la hora de rendir ciudades57 o buscar alianzas con los pueblos hispanos.58 En séptimo lugar, su escasa organización táctica en la guerra debido a que ésta sigue el modelo del bandolerismo.59 En octavo lugar,60 44 PLU. Sert. 14. 45 STR. III.3.5-7. 46 D. S. XXXIII.16, XXXIV.4. 47 VAL. MAX. II.7.1; VI.4. ex.1; VII.6. ex.2-3. 48 Excepción ésta no extensible a su comentario sobre la guerra contra cántabros y astures (Flor. II. 33). 49 APP. Hisp. 76-98. 50 SALL. hist. frg. II.91-92. 51 STR. III.4.17. 52 SIL. 3.340-343. 53 D. S. V.34.2; STR. III.3.7. 54 D. S. V.33.3. 55 STR. III.3.6. 56 STR. III.4.16. 57 LIV. XL.47.7. 58 LIV. XXVI.43.6, XXVII.17.1. 59 PLB. XI.32.2-4; STR. III.3.5; LIV. XXVIII.22.3, 32.9; PLU. Sert. 14. 60 LIV. XXVIII.13.1-2; 17.7; 33. 2-7. 324 Fernando Blanco Robles HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 finalmente, se insiste en su carácter traicionero, imprevisible, descontrolado y desleal que hace difícil poder fiarse de ellos, pues eran frecuentes sus deserciones e infidelidades.61 Aunque visto en conjunto, pueda parecer que las fuentes transmiten una realidad unívoca sobre los pueblos hispanos, ciertamente se requiere un análisis pormenorizado autor por autor para comprobar las posibles variables y matices que aportan en sus narraciones para caracterizarlos. También hay que tener en cuenta que estos autores de época imperial están relatando acontecimientos ya pasados y su información está condicionada por los autores contemporáneos de esa época que escribieron sobre aquellos hechos. Así pues, la vinculación de los hispanos con la imagen típica del bárbaro clásico varía en función de si el autor es de origen griego o de origen romano: mientras que la visión tradicional griega establece una relación de inferioridad con el bárbaro por una razón de lengua −entre otros motivos−, Roma, que varía enormemente los términos empleados para referirse a estos pueblos desde peregrinus, alienus, externus, hostis, etc. aplica el adjetivo barbar[ic]us de una manera más selectiva en función de los estereotipos dominantes en esos pueblos y, principalmente, como una referencia descriptiva a modo de distinción modélica con un carácter peyorativo, pues era “bárbaro” aquel que, no solo no hablara latín, sino también el que no estuviese bajo dominio romano o el que se destacase por su feritas y vanitas; así se observa en Tito Livio,62 por ejemplo, que utiliza en algunas ocasiones el término “hispano” a continuación de haber aplicado el de “bárbaro”.63 1. 3. HISPANIA CAPTA: ROMA REDEFINE LA IDENTIDAD DE HISPANIA Esta visión sobre los pueblos hispanos, genérica por otro lado, debe ser necesariamente matizada, pues si bien pueden identificarse conceptos propios del discurso de la barbarie, cada autor clásico incorpora en este discurso otros conceptos claramente ideológicos que no sólo tienen que ver con estos mismos pueblos sino con la visión política de Roma del territorio de Hispania, en tanto unidad geográfica que agrupa una realidad 61 Domínguez Monedero, 1984: 202-203; Gómez Espelosín et al., 1995: 117-127; Blázquez, 2006: 239-247; Muñoz Gallarte, 2007/2008: 44-50, 52-8. 62 LIV. XXVIII.3.2; XXI.23.4. 63 Mayorgas Rodríguez, 2014: 257-262. De Iberia a Hispania: la formación de una identidad en la Antigüedad (I) 331 HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 CONCLUSIONES La imagen de la Hispania antigua es más que las laudes que algunos autores clásicos prodigaron habitualmente. Desde que la imagen mítica de la Iberia oriental recalara en la Iberia occidental, desembocaron aquí toda una serie de mitos griegos, como los trabajos de Heracles o la presencia de los Nóstoi estableciendo colonias y edificaciones, a los que hubo de sumarse otros elementos que conformaran la imagen de Hispania como una tierra de infinitas riquezas, especialmente por su riqueza agropecuaria y mineral, como los testimonios de Posidonio o Polibio que es el primero en conocer de primera mano la realidad hispana, aunque siga siendo deudor de los estudios paradoxográficos griegos que le precedieron. Los relatos más prolijos en detalles son los de Estrabón, en particular su descripción de la Turdetania, aunque no queda muy qué hay de laudes y qué hay de retórica y política en su narración, mientras que Plinio el Viejo ofrece una relación más apegada a la situación administrativa de las provincias hispanas. Estas fuentes aplican también el discurso de la barbarie y la imagen del bárbaro sobre los diferentes pueblos hispanos, aunque debemos tener en cuenta que su uso por parte de los autores del siglo I a.C. y I-II d.C., está reflejando la situación de la población hispana de época de la conquista romana y en ningún momento se tiene interés en abordar el carácter actual de esos pueblos tras la conquista. Entre estos topi encontramos el de la belicosidad, su excesivo amor a las armas y a la libertad que lleva a actos tremendos de suicidio colectivo, el carácter guerrero de sus mujeres, las costumbres funerarias, su escasa organización táctica o su carácter traicionero e imprevisible. No obstante, las fuentes no transmiten una realidad unívoca y requieren de un análisis pormenorizado autor por autor para comprobar sus variables y matices. La misma connotación de “bárbaro” varía en función de si lo utiliza un autor griego o romano como puede comprobarse en Tito Livio. La reformulación de la identitas hispana pasó, en primer lugar, por la comprensión de las dimensiones geográficas reales de la Península Ibérica desde que en el 218 a.C. empezara su conquista. Este largo periodo inevitablemente afectó a la entidad y visión política que se tenía de Hispania, desde la capta o devicta de los pueblos conquistados que deben humillarse ante sus nuevos gobernantes hasta la Hispania suplicans de aquellas poblaciones fieles a Roma y la Hispania pacata que como territorio plenamente integrado en el Imperio Romano queda 332 Fernando Blanco Robles HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 inserto en el nuevo discurso político inaugurado por Augusto y en los autores latinos se manifiesta bien con desinterés o simplemente como escenario a mencionar en caso de que hubiera ocurrido algún acontecimiento de suficiente relevancia, como bien pone de manifiesta Tácito al hablar del asesinato de Lucio Pisón o como Veleyo Patérculo que no puede olvidar la dura campaña que supusieron las Guerras Celtibéricas y el asedio de Numancia. De nuevo, el testimonio de Tito Livio pone de manifiesto que la visión de Roma sobre los pueblos hispanos era más compleja y poliédrica de lo cupiera pensar, cuando el autor atribuye a los otrora prerromanos hispanos valores y actitudes que compartían con los propios romanos. Será la épica la que permita expresar de un modo más rotundo la nueva ideología imperial bajo la teoría del imperio universal y el hermanamiento de pueblos, tal y como aparece recogido en la Eneida de Virgilio, donde aparece sutilmente expresada en antropónimos y topónimos Hispania. También es el caso de la Punica de Silio Itálico que hace de Sagunto el auténtico reflejo de Roma en Hispania. Marcial es el ejemplo perfecto del acomodo de las élites hispanas a la nueva identidad generada por Roma sobre su condición de hispanos y celtíberos, como él mismo gusta en resaltar sobre su patria de origen. Una identidad que Marcial recrea con los viejos valores del mos maiorum de la Roma republicana, la que levantó el Imperio y pone a los hispanos como las gentes que los encarnan, los nuevos romanos dispuestos a conservar y fortalecer el Imperio. Así Hispania es ejemplo del modelo de vida rústico, austero y sencillo frente a una Roma que impone un modo de vida artificioso, viciado e “innatural”. La intención de Marcial, como es lógico, tiene una fuerte carga política y ayuda a entender las razones que subyacen para que algunos hispanos adoptaran las categorías etnológicas y las identidades étnicas que la propia Roma había creado. ABREVIATURAS THA II A Mangas, Julio y Plácido, Domingo (eds.) (1998), Testimonia Hispaniae Antiqua II A: La Península Ibérica en los autores griegos: de Homero a Platón, Madrid, Fundación Estudios Romanos. De Iberia a Hispania: la formación de una identidad en la Antigüedad (I) 333 HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIV (2020): 316-338 ISSN: 2530-6464 BIBLIOGRAFÍA Alvar Ezquerra, Antonio (2009), “Escritores hispanorromanos”, en Andreu Pintado, J. et al. (eds.), Hispaniae. Las provincias hispanas en el mundo romano, Tarragona, Institut Català d'Arqueologia Clàssica, pp. 237-249. 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