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El paisaje geográfico de la provincia de Valladolid

Calderón Calderón, Basilio

Abstract

El paisaje es una construcción cambiante y extremadamente frágil, - entendiendo por fragilidad de un paisaje la susceptibilidad de un paisaje al cambio cuando se desarrolla un uso o actuación sobre él-; y no tanto por la fragilidad de cada uno de sus elementos como por el hecho de que gran parte de ellos no son percibidos en cada generación – al menos en las generaciones actuales- como valor a conservar, sino como obstáculo a eliminar. Cuanto mayor es la capacidad del sistema económico-inmobiliario para transformar un paisaje –es barato y es rápido hacerlo- mayor es su valoración social, económica o cultural -al menos en los últimos años-, por lo que los frecuentes e injustificados cambios en la fisonomía del entorno o la sobrecarga del paisaje por acción antrópica son generalmente rechazados o mal aceptados, no sólo por la pérdida de referentes en la percepción colectiva del territorio, sino también por la pérdida de elementos naturales o patrimoniales que han ido adquiriendo una alta valoración desde el punto de vista económico –turístico- o ecológico..

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I CURSO DE VERANO SOBRE EL PATRIMONIO HISTORICO ARTISTICO DE LA PROVINCIA DE VALLADOLID EL PAISAJE GEOGRAFICO DE LA PROVINCIA DE VALLADOLID Basilio Calderón Calderón Julio 2004 El paisaje geográfico de la provincia de Valladolid Basilio Calderón Calderón. Departamento de Geografía Universidad de Valladolid “El paisaje ha sido modelado por factores naturales y culturales y para gestionarlo es preciso tener conciencia de su historia y de sus características particulares”. 1 La Convención Europea del Paisaje, documento elaborado por el Consejo de Europa y presentado oficialmente en Florencia el 20 de octubre de 2000 –en vigor desde el 1 de Marzo de 2004define el paisaje como “...cualquier parte del territorio, tal como es percibida por las poblaciones, cuyo carácter resulta de la acción de factores naturales y/o humanos y de sus interrelaciones”. El paisaje es por lo tanto un aspecto de la realidad simultáneamente objetivo (la forma del territorio) y subjetivo (su percepción social e individual) que muestra la cultura territorial y la capacitación técnica de una sociedad en el pasado y en el momento presente; es, en definitiva, el resultado de procesos que tienen al mismo tiempo fundamentos naturales (que conforman el soporte inalterable) y raíces históricas y dinámicas que han introducido e introducen variedad en el paisaje). La imagen externa final de tales procesos –el paisajees siempre expresión de un conflicto derivado de la adaptación al medio de especies vegetales y animales y la adaptación del medio que secularmente ha venido realizando la especie humana. Tiene por tanto un profundo significado geográfico -cultural e históricoya que es expresión de la combinación de aquellos elementos – o técnicasque cada generación ha ido poniendo en escena, en su proceso de ocupación y explotación del territorio; y al haberse convertido en un recurso para la generación de renta y empleo se encuentra en una encrucijada de interés y contradicciones: por una parte se ha acentuado el interés 1 Segunda Conferencia de Estados Signatarios y Contratantes de la Convención Europea del paisaje Estrasburgo en Noviembre de 2002 1 por su conservación y por otra se han multiplicado los impactos derivados de la adaptación del espacio a las nuevas estrategias económico empresariales orientadas a la gestión y venta para el consumo turístico del paisaje. 1.- El paisaje geográfico de la provincia de Valladolid: algunos conceptos previos. Contemplado de forma global el paisaje es una construcción cambiante y extremadamente frágil, - entendiendo por fragilidad de un paisaje la susceptibilidad de un paisaje al cambio cuando se desarrolla un uso o actuación sobre él-; y no tanto por la fragilidad de cada uno de sus elementos como por el hecho de que gran parte de ellos no son percibidos en cada generación – al menos en las generaciones actualescomo valor a conservar, sino como obstáculo a eliminar. Paradójicamente, cuanto mayor es la capacidad del sistema económico-inmobiliario para transformar un paisaje –es barato y es rápido hacerlomayor es su valoración social, económica o cultural -al menos en los últimos años-, por lo que los frecuentes e injustificados cambios en la fisonomía del entorno en el que se vive o la sobrecarga del paisaje por acción antrópica son generalmente rechazados o mal aceptados, no sólo por la pérdida de referentes en la percepción colectiva del territorio, sino también por la pérdida de elementos naturales o patrimoniales que han ido adquiriendo una alta valoración desde el punto de vista económico –turísticoo ecológico.. 2 Sorprendentemente esta mayor sensibilidad por el paisaje todavía no se ha traducido en una mejor definición y alcance de las normas e instrumentos orientados a su protección, salvo en lo que afecta al paisaje entendido como medio natural. Y es que en España la protección se entiende básicamente como “protección de la naturaleza”, especialmente de determinados espacios forestales y la avifauna y como “protección del monumento” -y a veces también a sus entornos-. Al margen de la normativa autonómica los dos instrumentos globales de referencia son la Ley 4/89 sobre conservación de los espacios naturales y de la flora y fauna silvestre que se fija como objetivo la preservación de la variedad, singularidad y belleza de los ecosistemas naturales y del paisaje y define la figura del paisaje protegido como “...aquellos lugares concretos del medio natural que por sus valores estéticos y culturales son merecedores de una protección especial” y la Ley 16/1985 del patrimonio histórico español, una ley 2 Florencio Zoido, F.- El paisaje y su utilidad para la ordenación del territorio. En Consejería de Obras Públicas y Transporte: Piasaje y ordenación del territorio. Sevilla 2002. pág. 21.33 2 que opta por conservar los monumentos, extendiendo la protección tan sólo al restrictivo concepto de su “entorno”. 3 Y como consecuencia, todavía en la actualidad en las leyes de urbanismo y ordenación del territorio las referencias al paisaje son escasas y, en el mejor de los casos, se sigue asociando el concepto de paisaje al de paisajismo –tratamiento de naturaleza vegetal-, del mismo modo que se identifica el paisaje edificado con el monumento o que se reconoce especial valor sólo al entorno del mismo. Consecuente con estos principios, en las Directrices de Ordenación del territorio se presta una especial atención a “ la preservación de paisajes y ambientes singulares, cumpliendo una función de gran importancia en la identificación de Castilla y León como un territorio de especial interés ambiental”. En el mismo sentido, la ley de urbanismo de Castilla y león en su artículo 9 señala a este respecto que “...en áreas de manifiesto valor natural o cultural, en especial en el interior de los Espacios Naturales Protegidos y de los inmuebles declarados como Bien de Interés Cultural, no se permitirá que las construcciones e instalaciones de nueva planta, o la reforma, rehabilitación o ampliación de las existentes, o las instalaciones de suministro de servicios, degraden la armonía del paisaje o impidan la contemplación del mismo.” Paradójicamente, en una ley más específica como es la ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León se advierte todavía un mayor desdén por el paisaje, por todos los paisajes, ya que en los 91 artículos el término paisaje sólo aparece citado una vez –y de forma indirectaen el artículo 42 en el que se señala que “...la conservación de los sitios históricos y conjuntos etnológicos comporta el mantenimiento de los valores históricos, etnológicos, paleontológicos y antropológicos, el paisaje y las características generales de su ambiente”.4 Afortunadamente la mayor sensibilidad social y política por el paisaje se deja sentir en el contenido de algunos instrumentos de planeamiento como las DOTVAENT de Valladolid o en la normativa más reciente de algunas comunidades autónomas. Ejemplar resulta la ley 4/2004, de 30 de junio, de Ordenación del Territorio y Protección del Paisaje de la Comunidad Valenciana en la que se entiende por paisaje “...el territorio tal y como lo perciben los ciudadanos, cuyas características son 4 Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León. BOCYL, nº 139 (suplemento), de 19 de julio de 2002; BOE, nº 183 de 1 de agosto de 2002 3 resultado de la interacción de factores naturales y/o humanos”, y en la que se insta a los poderes públicos a “...procurar la integración del paisaje...en las políticas en materia de ordenación territorial y urbanística, cultural, medioambiental, agraria, social, turística y económica, así como en cualquier otra que pueda tener un impacto directo o indirecto sobre él” 5 Es cierto que todas las acciones en materia paisajística se siguen orientando en tres direcciones: la protección del paisaje, es decir a la conservación de los aspectos más significativos del mismo, a la restauración o rehabilitación paisajística especialmente en ámbitos muy deteriorados o con una alta incidencia en la ordenación del territorio y a la “..mejora paisajística de los ámbitos degradados, especialmente los existentes en las periferias de los núcleos y en las conurbaciones propias de las grandes aglomeraciones urbanas”. Pero es de lamentar que en todos los casos, la perspectiva sea defensiva -evitar, no dejar hacer-; es decir, que más que establecer algún programa de mínimos en la construcción de los nuevos paisajes se dan normas para evitar la destrucción o degradación de los paisajes ya consolidados; y, a mayor abundamiento, en lugar de defender todo el territorio como paisaje se defienden y protegen lo que se denominan paisajes naturales o culturales excepcionales. Y se olvida que entre ambos, es decir, entre la naturaleza y el monumento, se encuentra un inmenso territorio sujeto a múltiples cambios y alteraciones; un no paisaje cuyos rasgos no se reconocen como tal pese a ser el paisaje cotidiano de millones de personas. Porque, como todos los paisajes adjetivados –natural, cultural etc...- el no paisaje es la imagen formal de un espacio intervenido, en el que se suma su cultura, es decir, las formas de organización espacial y su historia, ya que guarda la memoria de otras formas de organización del territorio en el pasado; es por todo ello un paisaje desordenado y complejo, tan complejo que históricamente sólo se ha acertado a explicar mediante el recurso al tópico, es decir que ha sido sistemáticamente simplificado y ha quedado reducido a la mera descripción y reproducción de lugares comunes, que por lo general nos trasladan un cierto ideal de excepcionalidad unidad y pureza perdidas. No es infrecuente que la imagen que de un paisaje se tiene contemplado desde el exterior sea tan importante o más que el cambiante paisaje real, es más, que ignore el 5 Ley 4/2004, de 30 de junio, de Ordenación Del Territorio y Protección del Paisaje de la Comunidad Valenciana. (DOGV nº 4788 de 2 de Julio de 2004).(art. 27.2) 4 paisaje real, porque en ocasiones lo que cuenta en el paisaje no es tanto su objetividad (que lo diferencia de un fantasma) sino el valor que se atribuye a su configuración. Y este valor es y no puede ser otra cosa que cultural”6. En el significado de Castilla pueden encontrarse elementos objetivos –que forman su paisajepero también un importante grupo de atributos que el imaginario social –historiadores, poetas, políticos...- ha asignado a estas tierras tales como sobriedad, horizontalidad, aridez, desnudez y decadencia. No es infrecuente por ello que, lo que el observador externo conoce de cada paisaje no sea sino una suma de estereotipos o de lugares comunes, centrados en el valor del monumento o de las grandes “escenas” del paisaje, o de los ecos de la historia vinculados a un paisaje, a veces tan consolidados en el subconsciente colectivo que hacen olvidar que no sólo los lugares excepcionales por sus condiciones naturales, sus significados culturales, su grandiosidad escénica o su belleza extraordinaria son paisaje, sino que todo el territorio lo es en realidad. Y que éste es tan diverso frágil y cambiante que deja pronto obsoletos todos los tópicos con los que tradicionalmente se ha simplificado 7 2.- Los tópicos sobre el paisaje en la provincia de Valladolid: del paisaje simplificado a los paisajes adjetivados o inventados Prácticamente toda la concepción del paisaje que impregna el contenido de los instrumentos de información promoción y venta de un territorio, desde el punto de vista turístico, están salpicados de tópicos y manidas descripciones de lo que, por obvio, el lector o visitante espera descubrir en un territorio; el objetivo no era otro que resaltar aquellos valores o mejor virtudes “espirituales” que se suponían íntimamente asociadas al territorio en todas sus variantes ya fuesen morfológicas o culturales. En el caso que nos ocupa, el paisaje de la provincia de Valladolid aparece tradicionalmente asociado a atributos tales como la espiritualidad que se hace depender de un supuesto origen remoto a tal punto que el paisaje es más valioso cuanto más misticismo nos sugiera: “... allí donde dirijas tus pasos, desconocido amigo verás...un viento largo que estremece las almas y que nadie sabe de dónde viene.” No menos importante es la Sencillez y austeridad –desnudezya que son la expresión de autenticidad y grandeza “ ...las 6 André Coborz: El territorio como palimpsesto. En: Martín Ramos, A (ed.) Lo urbano en 20 autores contemporáneos. ETSAB. Barcelona 2004-08-26 7 Chaves, N.- La intervención anti-urbana.. Sileno, nº 14 y 15, pag. 132. 5 tierras de Medina del Campo tienen al mismo tiempo la humildad y el orgullo de una moza campesina con los brazos rendidos por una larga jornada de trabajo” Y también la búsqueda de la identidad en la diferencia y singularidad “son tierras donde el pan y el vino son más auténticos que en ninguna otra parte, donde se oyen las blasfemias más fuertes y las alabanzas más rotundas”. No es infrecuente que la valoración del paisaje esté asociada también a la predestinación y fatalismo como recurso de grandeza “...aquí, desde siempre la vida y la muerte están en la naturaleza y son aceptadas como algo inevitable que depende más de la voluntad divina que de los pitones de un toro.”, e incluso a un cierto misticismo como valor supremo: “ ...Hay en estas tierras sedientas un clima, una temperatura anímica, una tensión que marca como un termómetro el cómo y el porqué de un comportamiento que, siendo humano, tiende a las alturas”.. Es recurrente el recurso a la desmesura y extemporaneidad en la comparación “...Estas tierras son, desconocido amigo como el cuerpo de una mujer: su inmóvil y serena presencia, bajo un sol que lo inunda todo nos sobrecoge. Y como corolario es muy frecuente la identificación del paisaje tradicional con la economía rural y la exaltación y añoranza de la vida campesina: “...hallaras en estos campos de Valladolid una gama de sensaciones olvidadas que te reconciliarán con lo más íntimo de tu ser: comerás tortilla sobre la mesa de pino, beberás vino fresco en tosca jarra de barro, gustarás un chorizo a la brasa o unas chuletillas de cordero junto a unos leños que se consumen en una rústica chimenea, mientras en el corral ladran los perros. Y un cierto desprecio por la vida urbana como paradigma del no paisaje o del paisaje no auténtico “...hoy las ciudades se nos van convirtiendo en fábricas de ciudadanos –pocosen serie que comen y beben sin tener sed y han perdido el sentido espiritual de orientación”. 8 A este conjunto de tópicos, básicamente antropológicos, se venían a añadir las simplificaciones extremas que impregnan las descripciones morfológicas del territorio. En la provincia de Valladolid generalmente los tres ríos se arrastran solemnes y perezosos por la llanura, la tierra, verde en primavera pasa al amarillo y ocre en verano tornándose gris en el otoño y azul oscuro en el invierno, el sol rueda solemnemente cual moneda de oro dejando los cielos ensangrentados de púrpuras cardenalicias, la Tierra de Pinares pone una mancha verde y lujuriosa en mitad de la Meseta, la Tierra de 8 Todas las cursivas están tomadas de: Parrilla, J.M. Una provincia. Valladolid. Diputación Provincial de Valladolid 1979, 141 pp. (todos los textos en cursiva) 6 Campos es un “paisaje alucinante”, hecho para la imaginación, donde un vigía desde un altozano columbra cientos de kilómetros, los montes Torozos son un promontorio espiritual surcado por perros pastores que agrupan rebaños, en las riberas y campiñas el regadío y la tierra, con sus ciclos de mujer, marcan los trabajos de los hombres y las Tierras de Medina son tierras de mercados y ferias, en las que sorprende la luz. Sobre este substrato se han ido afianzando y creando nuevos estereotipos sobre el paisaje de la provincia de Valladolid que impregnan ya de modo incontestable todas las guías turísticas o instrumentos de información-propaganda que por definición excluyen todo lo que se considera negativo o simplemente no representativo. La aproximación al conocimiento del paisaje de un territorio a partir de estos instrumentos es parcial ya que oculta la dimensión global del mismo –y de los no paisajesasí como las agresiones de que unos y otros son habitualmente objeto. Y la sucesión de simplificaciones hecha para describir el territorio nos conduce los paisajes de consumo, construidos por acumulación de tópicos tales como : horizontalidad y horizonte: en la tierra de Campos lo más representativo es la horizontalidad y “... unas perspectivas en las que la mirada, sólo interrumpida por cerros y colinas, se pierde en el horizonte; romanticismo y vida salvaje: los montes Torozos en su día estuvieron cubiertos de espesísimo matorral de encinas y robles y fueron paraíso de bandoleros y alimañas. Y finalmente la belleza, que lo es porque es natural: en las riberas “...aparecen manchas de pinos y encinas, abundando el arbolado de chopos, álamos, fresnos y alisos que adornan este bello paisaje”. Además de los tópicos que inundan las guías que describen sectores –comarcas más o menos naturalesen los últimos años el paisaje se ha simplificado –inventado-, utilizando el recurso a la historia y a la gastronomía. para convertirlo definitivamente en un producto de consumo de masas. El paisaje se esquematiza y se adjetiva en función de su patrimonio histórico-artístico (ruta del mudéjar), de los acontecimientos o personajes históricos (Ruta del Infante o del Conde Lucanor) o, forzando los hechos, de los productos agrícolas que se quieren promocionar –el vino, el queso, el lechazo, las legumbres etc... Tras ello el paisaje se convierte en una ruta turística y puede comercializarse con este destino. Una simple aproximación a esta nueva estrategia en nos permite comprobar que la provincia de Valladolid se divide en ocho grandes rutas turísticas que en ocasiones tienen relativamente poco que ver con el paisaje provincial –salvo que 7 se adjetive como “cultural”-: la ruta del Infante D. Juan Manuel, que es también la ruta del vino tinto, la Ruta del Caballero, la ruta de las tierras de Medina y del vino blanco, la ruta de Tierra de Campos, la ruta de los Montes Torozos y del vino clarete, la ruta de los Castillos, la ruta del Valle del río Esgueva y Valladolid capital9. En todos los casos los elementos que se destacan son el arte, la artesanía, las fiestas, la gastronomía y el paisaje, descrito con los elementos al uso peligrosamente cercanos al tópico y tomados, sin la necesaria actualización crítica, de viejas guías y descripciones impregnadas de arrebatado lirismo y trascendencia. Seguimos comprobando, por ejemplo, que en Tierra de Campos la mirada, sólo interrumpida por cerros y colinas se pierde en el horizonte, que en Torozos sigue siendo un rasgo distintivo que en su día hubiese alimañas y bandoleros o que en la Tierra de Pinares los pinos formen “manchas verdes que aparecen entre los cultivos” (sic). Frente a estas inevitables simplificaciones del paisaje, orientadas básicamente a facilitar su consumo turístico, en la provincia de Valladolid es posible encontrar notables contrastes paisajísticos de índole natural –estructuraly de índole cultural, relacionados tanto con las formas tradicionales de organización del espacio agrario como con la diversidad y entidad de su llamado patrimonio cultural –poblamiento, edificios, espacios de interés patrimonial...-. Pero sobre todo es preciso recordar que el paisaje –cualquiera que sea el atributo con el que se adjetive: natural, cultural, rural, urbano...- es esencialmente dinámico y cambiante, evolucionando en función de los usos y aprovechamientos demandados en cada momento por la generación que lo sostiene. 3.- La sorprendente diversidad de lo aparentemente homogéneo: un atributo esencial del paisaje de la provincia de Valladolid. El paisaje es y se percibe siempre como resultado de la interacción de múltiples elementos; algunos tienen carácter estructural, es decir, conforman el sustrato básico y relativamente estable –la morfología, las grandes áreas de vegetación natural, los ríos....- que dan carácter a un territorio, otros en cambio pese a no tener la estabilidad de aquellos, proporcionan al paisaje, por su carácter básicamente cultural, las diferentes 9 http://www.diputaciondevalladolid.es 8 Campiña Arcillosa 1-3 (Tierra de Campos desde Urueña) y arenosa 4-6 (Tierra de Pianres desde Iscar) 15 Riberas e interfluvios (Duero, Pisuerga, Esgueva) 16 Elementos en conflicto 17