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Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad tardía: la comarca de Campoo-Los Valles

Fernández González, Alejandro

Abstract

Este estudio tiene como objetivo analizar desde la óptica de la Arqueología Espacial el territorio meridional de Cantabria durante la Tardoantigüedad, centrando nuestra atención en la red viaria romana y en los núcleos de control y habitat. El análisis de esta temática nos ha permitido vincular estos establecimientos a la vía Pisoraca ad Portum Blendium, que vertebra la región de sur a norte, y a otros ramales o variantes de esta

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Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad Tardía: la comarca de Campoo-Los Valles * Spatial Analysis in Southern Cantabria in Late Antiquity ALEJANDRO FÉRNANDEZ GONZÁLEZ Universidad de Cantabria [email protected] Recibido: 16/3/2018. Aceptado: 18/10/2018. Cómo citar: Fernández González, Alejandro, “Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad Tardía: la comarca de Campoo-Los Valles”, Hispania Antiqva. Revista de Historia Antigua XLII (2018): páginas. DOI: https://doi.org/10.24197/ha.XLII.2018.218-250 Resumen: Este estudio tiene como objetivo analizar desde la óptica de la Arqueología Espacial el territorio meridional de Cantabria durante la Tardoantigüedad, centrando nuestra atención en la red viaria romana y en los núcleos de control y habitat. El análisis de esta temática nos ha permitido vincular estos establecimientos a la vía Pisoraca ad Portum Blendium, que vertebra la región de sur a norte, y a otros ramales o variantes de esta. Palabras clave: Territorio; Cantabria romana; red viaria; puntos de control; poblamiento; Arqueología espacial. Abstract: This paper analyzes the Southern region of Cantabria for Late Antiquity using an archaeological territorial point of view and focusing on the Roman road system and on the places of control and other settlements. The analysis has allowed us to link the settlements and the strategic road Pisoraca ad Portum Blendium, which organises the area from South to North, and others secondary routes. Keywords: Territory; Roman Cantabria; Roman road network; view points; settlements; spatial Archaeology. Sumario: Introducción; 1. Área de análisis; 2. El territorio meridional de Cantabria durante la Antigüedad Tardía; 3. Análisis histórico-espacial; Conclusiones Summary: Introduction; 1. Geographical context; 2. Southern Cantabria during Late Antiquity; 3. Spatial analysis; Conclusion INTRODUCCIÓN * Este trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de Investigación "El paisaje arqueológico del norte de Hispania en la Antigüedad Tardía", financiado por el Programa de Personal Investigador en Formación Predoctoral de la Universidad de Cantabria, cofinanciado por el Gobierno de Cantabria. El autor es miembro del grupo de investigación AHIR (Arqueología e Historia del Imperio Romano) de la Universidad de Cantabria. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad Tardía… 219 Este estudio tiene como propósito analizar el territorio meridional de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria en la Antigüedad Tardía desde una óptica arqueológica. En el ámbito de España, han aumentado recientemente las investigaciones realizadas al respecto, no obstante, su carácter regional ha provocado un desequilibrio de conocimiento entre unas áreas y otras. Las obras de síntesis dan fe de esta heterogénea coyuntura territorial (López Quiroga 2009, Martin Viso 2012, Ariño Gil 2013). En el caso cántabro nos hallamos ante una de esas regiones con déficit de estudios arqueológicos tardoantiguos enfocados territorialmente. Las investigaciones más próximas a nuestra metodología se corresponden con las publicaciones de los proyectos efectuados en el valle del Asón (Marcos Martínez 2005; Muñoz Fernández, Ruiz Cobo, García Gómez 2009). Bohigas Roldán, a propósito de las actuaciones y hallazgos arqueológicos medievales en Cantabria, articula lo que en época visigoda parece haber sido el Ducado de Cantabria en torno a tres vías (oriental, central y occidental) que conectan ambas vertientes de la cordillera (Bohigas Roldán 2013: 20-71). Nuestro estudio se corresponde con un estudio pormenorizado en el segundo de esos sectores. La Arqueología tardoantigua en Cantabria ha sido, no obstante, objeto de estudio desde otros tipos de enfoques, principalmente desde el comienzo del presente siglo. En este sentido, destacan los estudios especializados sobre los yacimientos fortificados (Bohigas Roldán 2011), el cristianismo (Tobalina Pulido 2012, Bohigas Roldán 2014, Sales Carbonell 2015) o el empleo de las cuevas (Gutiérrez Cuenca, Hierro Gárate 2012a, 2012b; Hierro Gárate 2002, 2011), entre otros temas. Merece ser citada la obra realizada con motivo de la exposición “Apocalipsis: el ciclo histórico de Beato de Liébana”, que ofrece una renovada visión del contexto sociopolítico de los pueblos septentrionales en su relación con el Reino Visigodo de Toledo, y que contiene el catálogo de los materiales expuestos (Fernández Vega, coord. 2006). Por último, en la monografía de Aja, Cisneros y Ramírez dedicada al pueblo cántabro, el primero de estos autores efectúa una visión general del periodo tardoantiguo, incorporando abundante información arqueológica y un apartado en el que se esboza el patrón de poblamiento (Aja Sánchez 2008). Conscientes del reducido ámbito regional de nuestro trabajo, no pretendemos suplir la falta de estudios, sino llamar la atención acerca de esta carestía, abriendo el camino a futuras investigaciones. Mostraremos HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 220 Alejandro Fernández González aquí las principales pautas que observamos en el territorio de la Cantabria cismontana durante los siglos finales del Imperio Romano y su transición a la Alta Edad Media. 1. ÁREA DE ANÁLISIS La definición espacial de los territorios englobados dentro de los corónimos de Cantabria Antigua y Ducado de Cantabria ha suscitado abundante atención al menos desde el siglo XVI, con la disputa de las tesis vascocantabristas o montañocantabristas por asignarse el antiguo solar cántabro (Iglesias Gil 2000). Para el topónimo prerromano sus límites han sido establecidos en la medida de lo posible con una precisión más o menos detallada (González Echegaray 1999, Peralta Labrador 2000, Gómez Fraile 2001, Aja et alii 2005, 2008) y la cuestión reside ahora en su utilización como etnónimo durante la dominación romana, ante la inexistencia de un territorio jurídico o administrativo delimitado por el Imperio con tal denominación, y la consciencia identitaria de los habitantes de la región, algo que parece constatado por el empleo del gentilicio “Cántabro” en Epigrafía (Iglesias Gil, Ruiz Gutiérrez 1998). A estas puntualizaciones debemos de añadir el problema sobre la correcta ubicación del corónimo Cantabria en la Antigüedad Tardía, momento en el que posee una cierta entidad administrativa, al hacer referencia a una unidad del Reino Visigodo de Toledo (García Moreno 1974), si bien ello sigue siendo objeto de debate (Martin 2003). De igual manera, sigue abierta la cuestión en torno a la pérdida de este corónimo a partir de la integración de su territorio en el Reino de Asturias (Besga Marroquín 2006). El marco físico tampoco nos ayuda a situar un límite evidente pues nos ubicamos en la zona de transición entre la Cordillera Cantábrica y la Meseta Norte y el Valle del Ebro. Se trata de un área marcada por el leve descenso de las altitudes montañosas hacia los amplios valles del Ebro y de otros ríos tributarios del Duero, que no cuentan en este sector con marcados interfluvios. De hecho, al este del Cuchillón, máxima cota de la sierra de Híjar y de la comarca de Campoo-Los Valles con 2.174 m, la Cordillera Cantábrica no vuelve a sobrepasar los 2.000 m de altitud. La elección del extremo meridional de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria responde por tanto a la incapacidad de hallar unos límites históricos o naturales claros, que sustituyan a las divisorias administrativas actuales. Además, este mismo espacio admite el estudio HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad Tardía… 221 de un amplio territorio homogéneo. Las subdivisiones geomorfológicas internas, aunque pertenecientes a los tres grandes dominios hidrográficos peninsulares (Cantábrico-Atlántico, Meseteño y Mediterráneo), contactan sin grandes obstáculos orográficos, permitiendo conformar este espacio como un lugar de paso multisecular. Además, una serie de enclaves de la comarca están siendo objeto de trabajos arqueológicos por parte de nuestro grupo de investigación dentro del proyecto “Paisaje Histórico de Campoo Los Valles”.1 Mapa de la región analizada con la ubicación de los yacimientos, vías y miliarios tardíos citados en el texto. 1 “Paisaje Histórico de Campoo Los Valles” (2015-2017): desarrollado por el grupo de investigación AHIR (Arqueología e Historia del Imperio Romano) de la Universidad de Cantabria. IP: José Manuel Iglesias Gil; financiado por la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Cantabria. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 222 Alejandro Fernández González La comarca de Campoo-Los Valles se halla enclavada en el extremo meridional de la comunidad cántabra. Su nombre nos indica la integración en su territorio de dos realidades: al norte, el amplio valle de Campoo, por donde discurren las aguas del Alto Ebro tras su nacimiento y las de sus principales afluentes en este sector, el Híjar desde el oeste y el, hoy desaparecido bajo el embalse del Ebro, río de la Virga al este.2 Al sur del valle campurriano el encajonamiento del Ebro y el valle del Camesa forman lo que se denominan Los Valles, integrados por los municipios de Valdeolea, Valdeprado del Río y Valderredible. A esta diversidad hidrográfica debemos apuntar que, además, en el municipio de Campoo de Enmedio se ubica el nacimiento del Besaya, por lo que una pequeña porción de su territorio pertenece a la cuenca cantábrica. 2. EL TERRITORIO MERIDIONAL DE CANTABRIA DURANTE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA Para alcanzar una visión general del territorio estudiado durante los siglos V a inicios del VIII resulta necesario recabar toda la información de los elementos componentes de este paisaje histórico. Esta labor preliminar compilatoria pasa por reunir los datos procedentes tanto de intervenciones arqueológicas como de los hallazgos casuales efectuados en la zona y que podamos vincular con el periodo investigado. Conviene recordar que, en la práctica totalidad de las investigaciones arqueológicas realizadas, sus autores no han centrado sus objetivos en esta etapa histórica, considerada tradicionalmente como transicional y comúnmente tratada como epílogo desde la Antigüedad y un prefacio de la Alta Edad Media. El propósito de este trabajo, lejos de ceñirse al mero debate terminológico, constituye una oportunidad para hablar de una etapa concreta, cuyos límites no responden tanto a criterios cronológicos como a la configuración de una sociedad y unos procesos distintos, que nos permitan hablar de un periodo per se. 2 Constituyen parte del valle de Campoo los municipios de Hermandad de Campoo de Suso, Campoo de Enmedio, Reinosa, Campoo de Yuso y Las Rozas de Valdearroyo. Forman parte también de esta comarca una serie de ayuntamientos en la Cabecera del valle del Besaya: Pesquera, San Miguel de Aguayo y Santiurde de Reinosa, que no incluiremos en nuestro análisis. Como se ha mencionado arriba, completan el territorio comarcal los términos municipales meridionales de Valdeolea, Valdeprado del Río y Valderredible. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad Tardía… 223 2. 1. Las vías de comunicación: el corredor natural Meseta-EbroCantábrico Son varios los factores que se entrelazan en la gestación y conservación de un sistema viario acondicionado de gran recorrido y también en el devenir histórico de las regiones que atraviesa. En primer lugar, la existencia de una entidad política con interés en conectar diferentes parajes de su geografía. La importancia de una vía no se limita a la función como cauce de comunicación. Los caminos permiten el tránsito de individuos, pero también de todo aquello, material e inmaterial, que viaja con éstos. El otro factor clave lo constituye el marco físico. La benévola orografía de la comarca de Campoo-Los Valles, en comparación con otros sectores de la Cordillera Cantábrica, ha permitido el tránsito de gentes por ella a lo largo de muy diferentes épocas. El gran cambio en la articulación de este territorio acontece durante y tras la conquista romana del septentrión hispano. La situación prerromana al respecto de las vías de comunicación no sobrepasó el nivel de sendas para la explotación y comunicación micro-regional (Ansola Fernández 2006) y la red caminera que debió existir (Muñiz Castro 1999) estuvo constituida por caminos de esta índole. La investigación sobre las vías antiguas en Cantabria fue abordada principalmente por Iglesias y Muñiz en su monografía “Las comunicaciones en la Cantabria Romana” (1992), aunque existen diversos trabajos posteriores centrados en tramos concretos de la red viaria.3 Estos autores señalan el paso de varios itinera por esta zona, destacando la vía Pisoraca-Iuliobriga-Costa Cantábrica, ruta que consideran la “más relevante de las que enlazan la Meseta del Duero con los puertos cantábricos” (Iglesias Gil, Muñiz Castro 1992: 98). Resulta la única de las mencionadas en esta obra de la que se tiene constancia documental, epigráfica, arqueológica directa e indirecta. Esta vía es la citada en el itinerario I de las debatidas Tablillas de Barro, conservado en el Museo Arqueológico de Oviedo, y cuyo análisis por termoluminiscencia ha corroborado recientemente su autenticidad (Fernández Ochoa, Morillo Cerdán, Gil Sendino 2012). Reafirma su 3 El tramo viario mejor conocido hasta la fecha es el acceso a Iuliobriga desde el sur por el collado de Peña Cutral. Ha sido objeto de diversas descripciones desde Ángel de los Ríos a finales del XIX (1889) y García y Bellido a mediados de la centuria pasada (GARCÍA Y BELLIDO ET ALII 1956) hasta los trabajos más recientes (IGLESIAS GIL, MUÑIZ CASTRO 1995; CEPEDA OCAMPO 2004). HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 224 Alejandro Fernández González existencia el hallazgo del miliario de Decio procedente de las excavaciones de Camesa-Rebolledo (Valdeolea) (Robles Gómez 1985; ERCan 45), el de Celada Marlantes (Enmedio) perteneciente al reinado de Caro o su sucesor Carino (Pérez Sánchez 1991; ERCan 35) y las noticias referentes al de Constantino en Iuliobriga y Requejo (Enmedio) (CIL II, 4889; ERCan 36). A estos testimonios epigráficos debemos añadir el conjunto de dieciocho termini pratorum que limitaba los prata de la Legio IIII del ager de Iuliobriga, indicadores territoriales que debieron de localizarse originalmente próximos a zonas de paso (Iglesias Gil, Muñiz Castro 1992: 118; Cortés Bárcena 2009: 99; 2013: 278). Finalmente, las prospecciones y sondeos efectuadas por Muñiz e Iglesias al Sur del yacimiento de Iuliobriga, evidencian arqueológicamente la existencia de la vía en este sector (Iglesias Gil, Muñiz Castro 1995). Ambos autores citan otros supuestos caminos romanos que atraviesan el territorio abarcado por nosotros. Son la variante de la vía anteriormente desarrollada por el Collado de Somahoz y el Puerto de Palombera hacia el alto Saja y los puertos de San Vicente de la Barquera o Suances y los ramales que conectan Iulióbriga con Flaviobriga (Castro Urdiales) y Iuliobriga con el valle medio del Ebro, ambas con escasa apoyatura documental y material en la zona de estudio (Iglesias Gil, Muñiz Castro 1992: 169, 170 y 171). Estos miliarios tardíos, con función honorífica y, por tanto, ubicados en lugares visibles y concurridos, revelan el uso de esta vía en época bajoimperial. Este hecho se manifiesta desde la segunda mitad del siglo III: Decio (249-251) aparece en los epígrafes de Camesa y Cordovilla de Aguilar (Aguilar de Campoo, Palencia), próximo a la frontera autonómica con Cantabria, mientras que el procedente de Celada Marlantes, bien sea de Caro o de Carino, oscila cronológicamente entre el 282 y el 285 d.C. Por último, el miliario de Iuliobriga/Requejo, el más tardío del conjunto, pertenece a Constantino I, ya con el título de Augusto y por tanto posterior al 307 d.C. Los hitos contrastan con la evolución demográfica de la región ya que, tanto para el yacimiento de Camesa-Rebolledo como para la ciudad de Iuliobriga, la bibliografía relata un aparente hiato ocupacional desde al menos el último tercio del siglo III (García Guinea 1985: 308; Iglesias Gil 2002: 46-47). No compartimos las tesis del abandono absoluto de estos enclaves, decantándonos por una ocupación menos perceptible, material y cuantitativamente, idea ésta que desarrollaremos más adelante. Quizás esta iniciativa imperial responda a un intento de reactivación económica HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad Tardía… 225 de la zona o al arreglo de un sector de la vía en semiabandono, paralelo al declive arqueológicamente atestiguado. 2. 2. Indicadores de población. Necrópolis y otros yacimientos Pese al avance técnico de las investigaciones y las novedades arqueológicas aportadas en los últimos años, el periodo abarcado entre la crisis del siglo III y las centurias ya plenamente medievales no se ha librado del calificativo de oscuro. Quizás, en parte debido a que la Arqueología no ha proporcionado estructuras u otras evidencias de hábitats. Esta coyuntura ha facilitado la interpretación tradicional del abandono de los principales yacimientos romanos del área, pasando por alto registros arqueológicos que sí pueden estar hablándonos de fijación de población, aunque de carácter más modesto. Más adelante incidiremos en la capacidad de determinar asentamientos en función de las necrópolis halladas. Creemos que, entre este periodo y la ocupación registrada de época visigoda en los yacimientos de Iuliobriga y Camesa-Rebolledo, con la creación de necrópolis datadas en los siglos VI-VII (García Guinea 2000: 46; Van den Eynde Ceruti 2002, 295; Iglesias Gil, Cepeda Ocampo 2008: 203), el abandono u ocupación de los yacimientos debe ser matizada. Resulta plausible, al menos para Iuliobriga, que el enclave fuese amortizado por otro tipo de ocupaciones, cuyos vestigios no resultan tan visibles a la óptica arqueológica. Puede tratarse en este periodo ya postimperial de pequeñas comunidades rurales, cuya huella más tangible sean los propios cementerios anteriormente citados. 2. 2. 1. Yacimientos en torno a la vía principal Procedentes de Iuliobriga han sido citados varios materiales asignables al periodo de transición entre el siglo III y las necrópolis del IV (Pérez González, Illarregui Gómez 1997: 617, Iglesias Gil 2000: 41). Es citado un conjunto numismático formado por un follis de Constantino y bronces pequeños de Constancio II y Juliano cuya publicación no llegó a materializarse (Pérez González, Fernández Ibáñez 1984: 34, n.35). Solana publica un fragmento de terra sigillata Africana C, forma Hayes 73 datado en la segunda mitad del siglo V; un vidrio incoloro decorado con filamentos opacos blancos de los siglos V-VI y diversos materiales HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 226 Alejandro Fernández González metálicos entre los que destaca un cuchillo tipo Simancas4 (Solana Sainz 1981: 314). El último material publicado adscrito a este periodo intermedio es un aplique para pendiente con “una cronología precisa en el siglo IV” (Iglesias Gil, Cepeda Ocampo 2008: 201), con paralelos en Britania como los ejemplares pertenecientes a la ocultación de Thetford, de la segunda mitad de esa centuria (Johns, Potter 1983). En la última campaña de 2017 han aparecido, en el sector de la Iglesia bajo el nivel de derrumbes de los edificios romanos, TSHT de la forma 37.5 Para época visigoda resulta posible reunir un conjunto de bronces hispanovisigodos formado por dos anillos, uno con decoración incisa y otro con chatón grabado; dos alfileres de cabeza cónica; una pequeña placa inscrita con la leyenda CLARISSI[M-]; un broche de cinturón liriforme, correspondiente al tipo F del nivel V de Ripoll (1998: 138-139) y probablemente también un arnés de caballo de los siglos VI-VII.6 Además de estos útiles metálicos, se halló en la década de los cuarenta, durante las excavaciones efectuadas bajo la dirección del padre Carballo, la estela de Teudesinde, antropónimo de origen germánico. Este registro, que podemos datar en el periodo de declive de la ciudad romana, está complementado por una actividad de extracción del material de las estructuras inmuebles romanas y revuelto de tierras y derrumbes (Iglesias Gil, Cepeda Ocampo 2008: 197, 201; Iglesias Gil et alii 2016: 233, 235), donde aparecen estos materiales tardoantiguos. Estas primeras fases post-imperiales de la necrópolis aprovechan las zanjas de saqueo efectuadas para la inhumación de los cuerpos y pueden articularse en torno a un posible edificio religioso prerrománico cuyas evidencias estructurales son atribuidas a un periodo amplio entre los siglos V y XI (Iglesias Gil et alii 2016: 235). La ocupación de época tardoantigua del yacimiento juliobriguense ha sido refrendada por la datación por radiocarbono de los restos óseos humanos hallados en el 4 Además de dos cucharillas y cuatro tintinabula, todo de bronce que el autor también atribuye a los siglos IV-V. Debemos añadir también a esta nómina de objetos tardíos y post-imperiales un mango contorneado realizado en bronce similar a otros presentes en ejemplares de puñales del tipo Simancas (Solana Sainz 1981, 311-312). Menciona este autor que la hoja del cuchillo tipo Simancas apareció junto al fragmento de TSAC de mediados del V en adelante (op. Cit. 313). 5 Se trata de dos fragmentos: un borde y un perfil decorado del denominado primer estilo fechables ambos a mediados del siglo IV. Agradecemos a J. J. Cepeda Ocampo la referencia verbal de las mismas. 6 Descartamos la lectura COTILI D[I]ACONI que Solana (1981) efectúa de un mango de bronce hallado en Iuliobriga. Iglesias y Ruiz reformulan la lectura con el resultado Potili Diogeni(s) y datación altoimperial fundamentada en el análisis de la “letra capital con rasgos cursivos” empleada (ERCAN 50). HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad Tardía… 233 estudio detenido muestra que se trata de ocupaciones inéditas de época post-imperial. En los últimos años este fenómeno ha sido protagonista de un giro interpretativo. Las respuestas tradicionales han empleado la fortificación elevada como solución a la inestabilidad social y política atribuida al periodo tardoantiguo. Actualmente estas interpretaciones se combinan con aquellas que propugnan el control desde estos enclaves de unas zonas del territorio otrora marginales y explotadas por actividades económicas potenciadas en momentos tardoantiguos. Para nuestra área de estudio no contamos con un registro abundante, lo que limita la posibilidad de plantear hipótesis. En la bibliografía específica y los inventarios regionales consultados tan solo resulta posible ubicar dos fortificaciones en altura en esta zona del Sur de Cantabria, una de ellas con grandes dudas acerca de su cronología. Se trata de la fortificación ubicada en la cumbre del Monte Endino, a 1.548 m de altitud, lo que le otorga una predominancia visual sobre todo el territorio de Campoo y Valdeolea y sobre los pasos de Pozazal y Somahoz. La primera noticia fue dada por García Alonso y Bohigas Roldán calificando su momento de construcción en “momentos poco precisados de la Tardoantigüedad y de la Alta Edad Media”, en base a rasgos morfológicos (García Alonso, Bohigas Roldán 2002). Hemos de contemplar con cautela esta adscripción cronológica pues, a falta de dataciones u objetos directores, esta cuestión tan solo se presta a criterios tipológicos, llevando a diversos autores a calificarlo como romano, en comparación a la estructura defensiva de Robadorio (Vega de Liébana, Cantabria-Boca de Huérgano, León) (Serna Gancedo, Gómez Casares 2010; Fernández Acebo 2010) o a destacar su similitud con otros fuertes de época de la Guerra Civil (Bohigas Roldán 2011; García Alonso, Fraile López 2011). El otro yacimiento de estas características se halla en la cima del Monte Ornedo, enclave también conocido como Santa Marina. En este espacio se documentó una ocupación medieval cuyo comienzo, según el estudio de la cerámica, se sitúa en un intervalo entre los siglos VII y VIII (Bohigas Roldán 1978). A este periodo inicial de ocupación corresponde el fragmento de broche liriforme hallado en 2009 en la ladera Suroeste de Santa Marina (Fernández Vega, Bolado del Castillo, Hierro Gárate 2010). En esta misma ladera, que desciende hacia el collado que se desarrolla al este del monte, fue efectuada una cata fértil en 1964, con motivo de la campaña de excavaciones dirigida por García Guinea y González Echegaray. Destaca de esta procedencia exacta un cincel y una HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 234 Alejandro Fernández González hebilla de la que no se especifica tipología (Bohigas Roldán 1978). En esta misma campaña se halló un fragmento de TSHT. Es posible que existiese un poblamiento aldeano en este collado, dominado por las estructuras superiores, entre las que es posible que ya se encontrase la ermita en ruinas mencionada por A. Schulten (1942). Los restos de Santa Marina pueden situarse en el siglo VI-VIII,9 con la salvedad del fragmento de TSHT, y sin conocer la cronología de las estructuras superiores no podemos afirmar la colocación de un puesto de vigilancia de tipo turris en la cima, pese a su óptima condición visual. Peor contexto nos presenta la estructura del Monte Endino, ya que no ha proporcionado materiales arqueológicos. 3. ANÁLISIS HISTÓRICO-ESPACIAL Repasadas las evidencias arqueológicas presentes en la comarca de Campoo-Los Valles de manera sumaria, conviene ahora poner en común los elementos conformadores del paisaje histórico tardoantiguo. Colocados sobre el mapa los yacimientos y hallazgos analizados, resulta patente que éstos se distribuyen a lo largo de los corredores naturales empleados por el Imperio Romano para establecer la red viaria que unía la Cantabria marítima con la Meseta del Duero y el alto Ebro atravesando la comarca. Como ya hemos visto, cuatro rutas constituyen los ejes de esta comarca y que en buena medida hoy en día siguen en uso: de norte a sur la vía principal Pisoraca-Portus Blendium y su ramal por el Collado de Somahoz y el Puerto de Palombera; y, de este a oeste la ruta del Ebro que emplea el valle de Valderredible y la vía de unión entre Iuliobriga y Flaviobriga. Sabemos de la utilización tardía de las vías en esta región como atestiguan los citados miliarios que contrastan con el declive urbano de Iuliobriga o el abandono de Camesa-Rebolledo. Sin embargo, el hábitat se mantiene en Iuliobriga rebasado el siglo III, aunque resulta evidente que el modo de ocupación se modifica. No podemos incluso descartar un abandono momentáneo del asentamiento, aunque nos decantamos por una modesta ocupación continua hasta la constatación del uso cementerial en el siglo IV y la formación definitiva de la aldea de 9 Pese a ser considerado un broche liriforme del tipo V de Ripoll, esta guarnición de cinturón hispanovisigoda cuenta con reparaciones que hace pensar a sus investigadores una pervivencia del útil durante todo el siglo VIII (FERNÁNDEZ VEGA, BOLADO DEL CASTILLO, HIERRO GÁRATE 2010, 129). HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad Tardía… 235 Retortillo. Este mismo proceso, más acelerado por iniciarse un siglo o dos más tarde, se repetirá en el proceso de transformación de las grandes villae tardoimperiales, con la aparición de necrópolis asociadas o no a templos cristianos sobre las antiguas estancias (Chavarria Arnau 2007: 134). Dado el carácter moderado, o inferior numéricamente, de la ocupación de esta región a partir del siglo III, resulta plausible que esta iniciativa de refacciones viarias se deba a un interés por dar salida a los excedentes de las villae meseteñas, incluida la de Santa María de Hito, desde los puertos cantábricos. Una vez superado el periodo de los siglos IV y V, las cuatro extensas necrópolis con fase inicial en el siglo VI dan muestra de una recuperación demográfica, o, al menos, de unos cambios en el método funerario que vuelven más rastreables a las poblaciones. No obstante, sus lugares de hábitat aún nos resultan desconocidos. Entramos entonces en el debate acerca de la validez de las necrópolis para determinar la ocupación de un lugar. Sin entrar en detalle sobre este tema, podemos admitir que la Antigüedad Tardía es una etapa que bebe directamente de la herencia clásica a la que se van sumando fenómenos que desembocarán en la génesis del mundo medieval. Los cementerios pueden servir como ejemplo de este proceso de “medievalización” del paisaje que tiene lugar en la Tardoantigüedad: de unos espacios funerarios romanos, diferenciados y aislados de la Urbs, asistimos desde el siglo V en adelante a una coexistencia o contigüidad de los espacios para los vivos y los muertos. Este fenómeno debe ponerse en relación con la polifuncionalidad de espacios que se evidencia en la etapa tardoantigua (Chavarria Arnau 2007: 125), y que rebasa todos los extremos en el caso de necrópolis. No obstante, como ya hemos aludido, en las diferentes actuaciones arqueológicas llevadas a cabo no se han podido documentar áreas habitacionales vinculadas a las necrópolis descritas. Una excepción podría encontrarse en el complejo de la Peña de San Pantaleón, donde los habitáculos rupestres, previamente a su uso funerario, pudieron haber coincidido con las primeras tumbas excavadas en la misma arenisca. También Gutiérrez Cuenca alude a la posibilidad de que la comunidad que se sirvió de la Peña de San Pantaleón para situar su necrópolis y templo estuviese ubicado en la llanada existente al sur del promontorio (Gutiérrez Cuenca 2015: 438-439). Pero es imposible precisar la cronología de este asentamiento, del que tan solo se conservan materiales constructivos en las inmediaciones. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 236 Alejandro Fernández González Esta polifuncionalidad de espacios y la complejidad para documentar estructuras de habitación dificultan la definición precisa de los establecimientos analizados arqueológicamente. El problema se acrecienta cuando los términos empleados en las fuentes escritas de la época resultan polisémicos y variables en el tiempo (Isla Frez 2001; Martínez Melón 2006; Chavarria Arnau 2007; Carrié 2012, 2013). Definir ante qué tipo de asentamientos nos encontramos contando tan solo con los espacios funerarios resulta enormemente aventurado. Iuliobriga, pierde en las centurias postimperiales su carácter urbano y consecuentemente la capitalidad de la comarca circundante, como evidencian el arruinamiento de los edificios del foro y su aprovechamiento material y espacial como necrópolis. El reciente hallazgo de TSHT en este espacio puede estar hablándonos de una última y modesta ocupación. Posteriormente, es posible que el asentamiento coetáneo al cementerio y de carácter rural, se ubicase ya en la zona del actual caserío de Retortillo, más elevado, próximo a manantiales y con mejores condiciones de insolación y aireamiento. En Camesa-Rebolledo, la modificación efectuada una de las estancias de El Conventón no se encuentra bien definida cronológicamente. Para el resto de los asentamientos vinculados a las necrópolis poco podemos añadir. En todo caso, se trata de establecimientos campesinos menores que oscilan entre las categorías de vicus y villula, aunque no podemos descartar un poblamiento aún más disperso y efímero. A este tipo de asentamiento pueden responder las ocupaciones de la cueva de Los Hornucos. Tanto la cerámica como el número de individuos hace referencia a la existencia de un asentamiento estable, quizás reocupado en varias ocasiones durante la Tardoantigüedad y vinculado a un posible aprovechamiento de los bosques y las praderas de montaña circundantes por parte de comunidades campesino-pastoriles. Un caso diferente por su ubicación puede constituirlo el yacimiento de Santa Marina, sin embargo, el hallazgo de cerámica y un fragmento de broche liriforme no resulta evidencia suficiente para ubicar en el Monte Ornedo un asentamiento anterior al siglo VIII. En este periodo, pudo existir un pequeño poblado, prácticamente invisible a la luz de la Arqueología de no ser por los hallazgos citados, vinculado a un templo dedicado a Santa Marina, que dio nombre a la cumbre oriental del Monte Ornedo, y una posible estructura de vigilancia para el control de la vía. Similar esquema habitacional en altura ya altomedieval se reconoce en HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad Tardía… 237 otros despoblados cántabros (Marcos Martínez, Mantecón Callejo 2012: 107). CONCLUSIONES Inicialmente, podemos distinguir un primer momento (siglos III-V) mal conocido. A la escasez de registros materiales de estas centurias se suma el casi total desconocimiento de estos. Los exiguos materiales publicados proceden del yacimiento de Iuliobriga, mientras que los niveles romanos de Santa María de Hito, principal yacimiento de esta época en la Comarca y en toda Cantabria hallado hasta la fecha, se mantienen inéditos. Estos registros se completan con las menciones hechas a aparición de TSHT en Santa Marina y a la cerámica obtenida en la cueva de Los Hornucos de Suano. Una revisión actual de todo este material, además de la publicación de los niveles romanos de la villa de Santa María de Hito resulta enormemente necesario para comprender los momentos finales del Imperio en la región. Una segunda etapa (VI-VIII), mucho mejor documentada es la que se corresponde con las primeras fases documentadas en las grandes necrópolis del sur de Cantabria y que podemos definir como de época visigoda. Pese a no proporcionarnos datos acerca de las áreas habitacionales, que sin duda existieron en las proximidades, estos cementerios nos informan de una densidad poblacional durante la Tardoantigüedad en esta región que contrasta con lo que podemos observar en la vertiente cantábrica para la misma época, pese al incremento de yacimientos tardoantiguos acontecido en las últimas décadas. Esta estructuración poblacional tiene su continuidad en sentido sur y este, con las concentraciones de yacimientos de época visigoda del noreste de Palencia y norte de Burgos.10 La localización de los yacimientos ocupados durante la Tardoantigüedad se vincula a las ubicaciones mejor comunicadas de la comarca. Este emplazamiento óptimo se obtiene por el aprovechamiento 10 Hacia el sur nos encontramos con los yacimientos del cañón de La Horadada, Monte Cildá y los broches liriformes procedentes de Aguilar de Campoo, en la consecución meridional por el Alto Pisuerga de la misma vía principal que atraviesa Campoo-Los Valles. Paralelos a este eje por el oriente hallamos los restos de Peña Amaya, que recientemente ha visto la luz una síntesis monográfica dedicada a este enclave (QUINTANA LÓPEZ 2017), y Cuevas de Amaya. Hacia el este, en el cañón, también llamado de La Horadada, formado en la confluencia de los ríos Oca y Nela con el Ebro, se ubican los yacimientos de Tartallés de Cilla, el Castillo de Tedeja, Santa María de los Reyes Godos, Santa María de Mijangos y San Juan de la Hoz de Cillaperlata. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 238 Alejandro Fernández González histórico de los favorables corredores naturales de la comarca para la instalación de infraestructuras viarias desde, al menos, época alto imperial. Estos ejes principales serán los empleados en época postimperial, como denota la situación de los yacimientos con niveles tardoantiguos y la ubicación de los conjuntos coetáneos palentino, siguiendo el eje principal ad Pisoracam, y burgalés, descendiendo la ruta del Ebro. Menos constancia arqueológica tienen los ramales del Collado de Somahoz y ad Flaviobricam. Para esta última tan solo contamos con las noticias, faltas de una labor de campo sólida que las confirme, de los hallazgos de El Corral de los Moros. Por su parte, la cueva de Los Hornucos de Suano, podemos vincularla al camino que atraviesa al Collado de Somahoz, pero se encuentra un tanto desviada hacia el este y a la misma distancia prácticamente de la vía principal que discurre paralela más al oriente. A pesar de todo lo expuesto, aún se mantienen las incógnitas en torno a los lugares concretos de habitación, como ya hemos mencionado en estas conclusiones, y sobre la cronología exacta y el significado de las estructuras elevadas del Monte Endino y Santa Marina. Sin conocer dataciones fiables no podemos más que especular con la posible instalación de estructuras encastilladas para el control de la red viaria, un fenómeno bien documentado en otras áreas durante la Antigüedad Tardía. La relevancia histórica de la comarca de Campoo-Los Valles tiene aún en la Antigüedad Tardía un periodo de más preguntas que respuestas. La focalización de los estudios en los periodos inmediatamente anterior y posterior a la conquista de la región por Augusto ha producido que este periodo se haya convertido en el mero epílogo en el que se desvanece la romanidad. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLII (2018): 218-248 ISSN: 2530-6464 Análisis territorial de la Cantabria meridional en la Antigüedad Tardía… 239 BIBLIOGRAFÍA Aja Sánchez, José Ramón (2008), “Cantabria en la Antigüedad Tardía”, en José Ramón Aja Sánchez, Miguel Cisneros Cunchillos y José Luis Ramírez Sábada, (Coords.), Los cántabros en la Antigüedad. La Historia frente al Mito. Santander, Universidad de Cantabria, pp. 191-227. Aja Sánchez, José Ramón; Cisneros Cunchillos, Miguel y Ramírez Sábada, José Luis (2005), “En la frontera meridional de los cántabros. Algunas reflexiones histórico-territoriales sobre el tránsito del mundo indígena al romanizado”, Agri Centuriari, 2, pp. 57-72. 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