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Ecos de Homero en el discurso poético contemporáneo. La Odisea en verso

Conde Parrado, Pedro Pablo

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Producción Científica

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ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA 3 ORFEO XXI POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA 4 ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA Y LO DEMÁS ES LITERATURA [I] Colección dirigida por JOSÉ RAMÓN GONZÁLEZ ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA 5 ORFEO XXI POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA Edición de PEDRO CONDE PARRADO JAVIER GARCÍA RODRÍGUEZ LLIBROS DEL PEXE CÁTEDRA MIGUEL DELIBES 2005 6 ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA 79 ECOS DE HOMERO EN EL DISCURSO POÉTICO CONTEMPORÁNEO. LA ODISEA EN VERSO PEDRO CONDE PARRADO 80 ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA 81 …la Odisea que cambia como el mar. Algo hay distinto cada vez que la abrimos. Jorge Luis BORGES, Nubes Hoy quiero hablarles, aunque desde una perspectiva muy actual, de ese prodigio literario en el que, hace ya más de dos milenios y medio, alguien que hoy convenimos en llamar Homero relató las aventuras de un peregrino, del «héroe» sin duda más popular de toda la mitología griega. Diré, de entrada, que estoy absolutamente convencido de que, si del edificio de la literatura occidental suprimiéramos de repente la piedra de la Odisea, lo más seguro es que ese edificio se nos derrumbara literalmente (nunca mejor dicho), desde el momento en que nos quedaríamos sin obras tales como la Eneida y la Divina Comedia, seguramente el Don Quijote, y, por supuesto, el Ulises de James Joyce, entre otras muchas obras: es decir, y pasando del símil arquitectónico al anatómico, la columna vertebral de nuestra literatura. Podríamos justificar la elección de la Odisea y de su protagonista para rastrear su huella en la poesía actual afirmando que, de entre todos los casi innumerables asuntos que ofrece el mundo clásico, es el más presente, con mucho, en las obras que conforman el conjunto de dicha poesía. Y es difícil que alguien rebatiera tal aserto, por la sencilla razón de que probablemente nadie se haya puesto a la tarea de comprobarlo. Se aceptaría, por decirlo así, como una especie de «apriorismo» típico de orador o, en este caso, de conferenciante: «si usted lo dice, así será…». Pero resulta que quien les habla sí que ha llevado a cabo esa labor, o, mejor dicho, la está llevando a cabo en estos momentos. Interesado como estoy por la poesía contemporánea en general, y particularmente por la presencia en ella del mundo clásico greco-latino, me dedico actualmente 88 ECOS DE HOMERO EN EL DISCURSO POÉTICO CONTEMPORÁNEO podríamos contar el viaje de Ulises sirviéndonos de esos textos (de ahí el subtítulo de la presente exposición: «La Odisea en verso»); otra cosa es que tal viaje coincidiera exactamente con el que se nos relata en la obra homérica… Así, podemos encontrar poemas dedicados a personajes de «segunda y tercera filas» en el relato homérico como Elpénor, el compañero de Ulises que muere en el palacio de Circe y luego se aparece al héroe en el Hades, o incluso al perro Argo, único ser que lo reconoce a su llegada a Ítaca. Hay, así mismo, poemas basados en los episodios que podríamos denominar más «fantásticos» de la aventura odiseica, como el del Cíclope o el de los Lotófagos. Son estos poemas que se prestan en gran medida a realizar una especie de «transposición» mítica a temas actuales, con una voluntad de total anacronismo —entiéndase sin ningún sentido peyorativo— por parte del poeta: así, por ejemplo, los comedores de la flor del olvido, los lotófagos, son en el poema homónimo de Juana Castro110 los inmigrantes que compran y consumen el pan del país que los «acoge» para olvidar la tierra que tuvieron que dejar, seguramente para siempre; o en el magistral «Fotografía»*, del asturiano José Luis Piquero, donde encontramos al Cíclope convertido en el fotógrafo que con el único ojo de su cámara nos está, paradójicamente, «inmortalizando» al tiempo que nos mata, que nos congela en imagen impresa en papel para la que posamos llenos de artificio e impostura. Pero, de las aventuras que corre Ulises fuera de Ítaca, son las más recurrentes en la poesía actual aquellas en que interviene el elemento femenino, las que podríamos denominar «mujeres de Ulises»: es decir, las Sirenas, Nausica, Circe y Calipso. A propósito de las primeras, seguramente podamos escuchar hoy aquí, de viva voz, el excelente «Desolación de la sirena» con el que clausura Aurora Luque su Carpe noctem111. En lo que atañe a Nausica, la joven cándida e inútilmente enamorada del extranjero, tan adulto y tan apuesto, que arriba a la corte de su padre, el rey feacio, han sido José Luis García Martín* y Luis Alberto de Cuenca* quienes le 110 En El extranjero, Madrid, Rialp, 2000, un poemario muy uliseico que integran otros títulos como «Odiseo», «Penélope», «Nausica», «Lestrigones», etc. 111 Madrid, Visor, 1994. PEDRO CONDE PARRADO 89 han dedicado sendos poemas de muy diferente tono y perspectiva, aunque fieles ambos a lo que sobre ese asunto se nos cuenta en la Odisea. Pero son sobre todo las dos grandes tentaciones de Ulises en forma de mujer, Circe y Calipso, los personajes del relato uliseico que más atraen la atención de la poesía actual: por una parte, Circe, la Maga (y las resonancias de tal nombre en el ámbito de la literatura hispanoamericana no precisan glosa, y menos en este año de conmemoraciones cortazarianas), la mujer madura y sabia que puede poner a nuestro servicio toda su experiencia, pero también puede, en contrapartida, domesticarnos en exceso haciéndonos un cerdo más de sus zahúrdas, o, si queremos decirlo así, una pieza más de su colección. De entre los varios poemas que escogen a Circe como asunto, quiero destacar aquí dos muy notables por su calidad y que podríamos considerar, con el permiso de la profesora Ortega Villaro, epigramas, aunque sólo sea por ese verso final, esa «punta» ingeniosa y, al tiempo, inteligente, que los concluye. Me refiero a «Arrepentido Ulises»* de Juan Antonio Olmedo112 y a «Circe esgrime un argumento» de Silvia Ugidos*. La otra mujer protagonista de este viaje es la ninfa Calipso, esa diosa que tanto lo ama y con la que lo encontramos conviviendo, si bien no «con-sintiendo», en el canto V de la Odisea, cuando el héroe entra en la escena del relato. Es la mujer que le brinda un porvenir de felicidad ininterrumpida e, incluso, de inmortalidad, dones que Ulises decide rechazar con tal de regresar a su patria, aunque en ella se sepa condenado al paso del tiempo, a la decadencia y, finalmente, a la muerte. Al final de esta exposición haremos referencia a un bello poema de Federico Silva que parece estar escrito desde la perspectiva de una no nombrada Calipso. Ahora nos detendremos a señalar que dos de los mejores poetas que ha dado la lengua catalana, Francesc Parcerisas y Joan Margarit, nos han legado sendos maravillosos poemas dedicados a Calipso; y una vez más, desde dos perspectivas totalmente opuestas: el de Parcerisas113 nos cuenta poéticamente la razón por la que Ulises no puede preferir a Calipso: ésta 112 En Secreto juego, Sevilla, Renacimiento, 1992. 113 En La edad de oro (Xulio R. Trigo-Vicente Gallego, eds.), Valencia, Mestral Libros, 1989. 90 ECOS DE HOMERO EN EL DISCURSO POÉTICO CONTEMPORÁNEO no puede, con todas sus ofertas, quitarle de la cabeza al héroe «el deseo inalcanzado y el recuerdo inalcanzable» de su patria; el de Margarit*, puesto en boca de la ninfa, muestra el menyspreu, el desprecio, de esta hacia el pusilánime, ignorante y desconfiado Ulises, que, en realidad, no se atreve a escoger esa inmortalidad que realmente sería un premio y no una condena. Cuando se arrepienta y trate de encontrar ese bien perdido, esa isla de Ogigia, será ya demasiado tarde, estará solo. Pero no podemos olvidar que la Odisea es, ante todo, la historia de un retorno, de la obsesión por el retorno, que es el motor de toda la acción. Al servicio de ese objetivo pone Ulises su potencia física e intelectual, ayudado, eso sí, por su «hada madrina», la diosa Atenea. Ese viaje de retorno —y es algo muy significativo— lo inicia acompañado de la parte superviviente de sus hombres que habían peleado en Troya; pero los va perdiendo por el camino y termina quedándose solo ante su destino y afrontando solo la tarea de recuperación de su identidad, de su reino y de su familia. Y el lugar al que quiere regresar y regresa Ulises es su patria, la isla de Ítaca, una isla, al parecer, no especialmente bella ni extensa ni fértil, pero que es donde están sus raíces y, por tanto, las esencias de su identidad como individuo, además de como soberano de dicha isla. En ella dejó, al partir, padre, madre (a la que ya no verá viva), esposa e hijo: esto es, todas sus «posesiones» humanas, por así decirlo. No parece exagerado afirmar que Ítaca es, entre todos los territorios míticos o cuasi-míticos célebres por la literatura, el más importante de todos, el de más variadas resonancias en nuestra mente e, incluso, en nuestro corazón de hombres occidentales. Y de ello, como era de esperar, no están exentos nuestros poemas, en los que encontramos a la pequeña isla simbolizando cosas tan aparentemente variadas y variopintas, pero en el fondo tan semejantes, como —un lugar innominado por el poeta y, por tanto, ignoto para el lector, pero que parece ser algo así como un paraíso perdido y que podría ser la infancia, «refugio / repentino y fugaz donde acuné mis ojos» (Josefa Parra114). Un lugar que es explícitamente la infancia en «Ítaca desde el aire» de Enrique Badosa115 y muy probablemente en Amalia Iglesias, quien 114 «Y de repente, Ítaca», en Elogio a la mala yerba, Madrid, Visor, 1996. PEDRO CONDE PARRADO 91 hace un viaje uliseico frustrado y frustrante a la casa, ahora deshabitada, en la que vivió tiempo atrás y de la que se marcha «con la desagradable sensación de haber profanado / una tumba»); de ahí el título tajante del poema: «Ítaca no existe»*116. Difícil sería encontrar dos textos como los de Badosa e Iglesias con tan diferente visión de lo que para uno puede ser la Ítaca uliseica. —pero también puede ser la madurez117, con la ancianidad ya muy presentida por próxima, que comparte un matrimonio, todavía capaz de pasión, tras una vida de esfuerzos por sacar adelante, además de ese amor, a los hijos, la casa, el trabajo, etc. Así, en el precioso «Leyendo la Odisea» recién dado a la luz por Andrés Trapiello118. —y, lógicamente, también puede ser la muerte, porque como nos dice Cristina Peri Rossi al inicio de «El regreso de Ulises a la patria»*, «regresar es morir un poco»119. —Ítaca es también la literatura: tanto la pasión de la lectura, «ese puerto feliz al que siempre regreso» (María Victoria Atencia, «Ulises»120) como la propia escritura, con todos sus cantos de sirenas, que hacen del creador, a un tiempo, un Odiseo enamorado de ellas, pero atado al mástil, y una Penélope que teje y desteje simultáneamente; porque, según Antonio Tello («Odiseo»)*, Ítaca es «la tierra que me nombra» y «la palabra que habito». —y también, ya en enumeración caótica y caprichosa, Ítaca puede ser la libertad de que se ve privado un cetáceo en la enorme pecera de un museo oceanográfico (Iván Tubau), o «una isla flotante que siempre se desvanecía / y que llevaba el nombre extraño de Penélope» (Ilya Topper), o la España de la posguerra a la que prefiere volver un exiliado, aunque 115 En Mapa de Grecia, Barcelona, Plaza y Janés, 1979. 116 En Un lugar para el fuego, Madrid, Rialp, 1985. 117 Título, por un cierto, de un excelente poema de José Cereijo (en Las trampas del tiempo, Madrid, Hiperión, 1999) en el que, al llegar a esa etapa de la vida, se nos exhorta: «Aprende a no ser Nadie, como Ulises / a no ser nada». 118 En Un sueño en otro, Barcelona, Tusquets, 2004. 119 En Europa después de la lluvia, Madrid, Fundación Banco Exterior, 1987. 120 En Las contemplaciones, Barcelona, Tusquets, 1997. 121 Tubau: «Ulises. Cuento para niños encarcelados», en La quijada de orce, Barcelona, 92 ECOS DE HOMERO EN EL DISCURSO POÉTICO CONTEMPORÁNEO lo condenen a cinco años de cárcel (Vázquez Montalbán), o un emporio multinacional, como nos dice David Rodríguez en su ácido epigrama de dos versos «Ítaca», o el despertar tras la odisea que siempre es el sueño, pues, al dorminos ¿quién nos dice lo que hallaremos en él? ¿acaso lo recordaremos? ¿quién nos puede asegurar que despertaremos? (Lorenzo Oliván), o el orgasmo (Francisco Castaño), o «el rostro» que, a la vez, «nos salva y nos derrota» (José Gutiérrez), o, por último y por supuesto, el amor, «la fuerza ciega que te hace persistir / y eludir cada noche la locura», magníficos versos con los que Juan Ramón Barat cierra un poema cuyo título es perfecto para concluir también esta parte de nuestra exposición: «Todos los destinos se llaman Ítaca», otro texto más recién publicado en este tan odiseico 2004121. Son esta y otras infinitas, por tanto, la multiforme patria a la que se esfuerza por regresar hoy Ulises en los muchos poemas que de él nos hablan. Y no son pocas entre ellas las que no parecen colmar, ni mucho menos, las expectativas del héroe, lógicamente ansioso e ilusionado por encontrar todo aquello que dejó e, incluso, tal cual lo dejó. Pero que veinte años «no sean nada» sucede sólo en la cándida imaginación de quien protagoniza «Volver», el más odiseico de todos los tangos; un protagonista que, en realidad, somos todos aquellos que lo cantamos o lo escuchamos cantar. Porque, como se pregunta el ya citado F. Parcerisas al comienzo de su «Ulises»122, «¿Es posible que, después de veinte años, / la casa, y el padre, y la mujer / todavía lo esperen o lo lloren por muerto?». Y es que, al fin y al cabo, como nos sigue diciendo ese magnífico texto, «Su Lumen, 1997; Topper: «Mito», en Años a la deriva (inédito en 2002), recogido en J. M. García Gil. ed., 11 inicial. Última poesía en Cádiz, Cádiz, Fundación Municipal de Cultura, 2002; Vázquez Montalbán: «Ulises», en Una educación sentimental [1967; 19702], recogido en M. García-Posada, ed., Cuarenta años de poesía española. Antología 1939-1979, Madrid, Burdeos, 19882; Rodríguez: «Ítaca», recogido en VV. AA., Voces del extremo. Poesía y conflicto, Moguer, Fundación Juan Ramón Jiménez, 2001; Oliván: «El guardián de sí mismo», en Puntos de fuga, Madrid, Visor, 2001; Castaño: «Aveu posthume de la sagesse dʼun faune», de El fauno en cuarentena, Madrid, Hiperión, 1993; Gutiérrez: «Ulises», en De la Renuncia, Madrid, Trieste, 1989; Barat: en Piedra primaria, Gijón, Ateneo Jovellanos, 2004. 122 En La edad de oro (Xulio R. Trigo-Vicente Gallego, eds.), Valencia, Mestral Libros, 1989. PEDRO CONDE PARRADO 93 retorno tan sólo puede ser un recuerdo, / empequeñecido y distante, de la felicidad / que reinaba en Ítaca antes de Troya». Ese desierto, ese vacío, ese hueco «irrellenable» que es lo no vivido, cuando uno comprende que la ausencia ha hecho de él un extraño para los demás y, lo que es peor, para sí mismo, al contemplar lo que fue suyo irremediablemente transformado por el paso del tiempo, es lo que induce a preguntarse por qué y para qué quiere regresar Ulises. A ello se añade, recordémoslo, que el regreso al origen es el principio de un dejarse morir: si vuelvo es porque ya considero que he hecho todo lo que debía o podía, o bien, porque me siento tan cansado que no puedo hacer más. Pero si vuelvo, debo estar muy seguro de que no queda en mi alma afán ni confianza alguna en la aventura, porque entonces mi regreso será una frustración para mí y para quienes me esperan: siempre verán en mi mirada la nostalgia de lo otro, e, irónicamente, después de haber vuelto por tanta nostalgia de lo mío. Esos son los dos polos, mucho más complementarios que contradictorios, entre los que se mueven bastantes «relatos» sobre el regreso de Ulises en la poesía actual: el no reconocerse en lo que se encuentra al volver y la duda de si, en realidad, se desea —o se deseaba— volver. De ahí la pregunta que a Ulises le dirigen dos poetas actuales, pero con una diferencia de veintidós años entre sus respectivos poemas: son Enrique Badosa en su «Mal consejo a Ulises» y el palentino Joaquín Galán en «La vuelta de Ulises»123. Se trata de dos textos bastante similares desde su interrogación inicial: «¿Para qué quieres regresar a Ítaca?» (Badosa) y «¿Por qué vuelves, Ulises?» (Galán); y ambos poetas le plantean al héroe, uno desde la perspectiva de un tú más personal y otro más «colectivo», la duda de si ese regreso va a compensarle de lo que dejará de vivir: ¿Por qué volver a Ítaca cuando hacen tanta falta hombres de aventurar? (Badosa) ¿por qué aspirar al lino de almidón? […] 123 Badosa: en Mapa de Grecia, Barcelona, Plaza y Janés, 1979; Galán: en La perdición de Ulises, Palencia, Cálamo, 2004. 94 ECOS DE HOMERO EN EL DISCURSO POÉTICO CONTEMPORÁNEO ¿por qué vuelves, Ulises, sediento de aventuras todavía? (Galán) Badosa y Galán coinciden en «amenazar» a Ulises con que, si decide volver a su patria, lo que le espera es el, llamémosle, «infierno de la cotidinaeidad», de lo monótono, rutinario, anodino y, sobre todo, lo de antes de que partiera; esto es, el rostro más desagradable del pasado proyectado en el futuro, un futuro idéntico al que vive el Ulises de Salvago. Pues bien, unos por ese no reconocerse en el regreso, otros por la amenaza de lo «bueno conocido» y otros por ambas razones, son muchos los Ulises que, en la poesía hispánica de hoy en día, deciden o pasar de largo o volver a hacerse a la mar, esa «copa de hembra que muestra su vagina suntuosa» (Mercedes Escolano). Y ello antes de que «el sueño (el de «dormir», no el de «soñar») «saquee sus andrajos» (Iván Carvajal) y antes de verse obligado a exclamar con desgarro, como el Odiseo de José Hierro, «¡Si nunca hubiese vuelto…! / ¡Cuánto mejor si nunca hubiese vuelto!» y terminar reconociendo: «Pero he vuelto / y aquí estoy otra vez, acariciando / este puñado de humo». Y así, para conjurar esos peligros, pasan de largo o dan media vuelta sin entrar a su reino los Ulises de Carlos Clementson («El viajero»*), de José Luis García Martín («Odisea»*) y de Francisco Bejarano, cuyo «Ulises»* se incluye en un poemario muy odiseico y elegíaco titulado, precisamente, El regreso124. Señalábamos más arriba la posibilidad, muy lógica por otra parte, de que en el discurso poético contemporáneo acerca de Ulises y su odisea hayan influido las visiones aportadas por la gran tradición literaria de 124 Escolano: «Ulises se embarca hacia Ítaca», recogido en R. Buenaventura, ed., Las Diosas Blancas. Antología de la joven poesía española escrita por mujeres, Madrid, Hiperión, 19862; Carvajal: «Ulises», en Poemas de un mal tiempo para la lírica, Quito, Universidad Central, 1980, recogido en Tentativa y zozobra. Antología 1970-2000, Madrid, Visor, 2001; Hierro: «Odiseo en Barcelona», en Agenda (1991), recogido en G. Corona Marzol, ed., José Hierro. Antología poética 1936-1998, Madrid, Austral, 1999; Clementson: en Archipiélagos (La sinfonía helénica), San Sebastián de los Reyes, Universidad Popular, 1995. PEDRO CONDE PARRADO 95 principios del siglo XX (Joyce, Pound, Cavafis, Kasantsakis…) y por el teatro español de la posguerra (Torrente Ballester, Buero Vallejo, etc.). Pero no podemos olivdarnos, claro está, de la propia tradición poética española reciente. Voy a apuntar aquí hacia tres textos cuya importancia radica, además de en su contenido, en el hecho de haber sido escritos por tres poetas cuya influencia en la poesía que se escribe actualmente es indudable: me refiero a Luis Cernuda, Jorge Luis Borges y Ángel González, y a sus poemas «Peregrino», «Odisea, libro vigésimo tercero» e «Ilusos los Ulises», respectivamente. PEREGRINO ¿Volver? Vuelva el que tenga, Tras largos años, tras un largo viaje, Cansancio del camino y la codicia De su tierra, su casa, sus amigos, Del amor que al regreso fiel le espere. Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas, Sino seguir libre adelante, Disponible por siempre, mozo o viejo, Sin hijo que te busque, como a Ulises, Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope. Sigue, sigue adelante y no regreses, Fiel hasta el fin del camino y tu vida, No eches de menos un destino más fácil, Tus pies sobre la tierra antes no hollada, Tus ojos frente a lo antes nunca visto125. ODISEA, LIBRO VIGÉSIMO TERCERO Ya la espada de hierro ha ejecutado la debida labor de la venganza; ya los ásperos dardos y la lanza la sangre del perverso han prodigado. 125 De Desolación de la Quimera (1956-1962), en La realidad y el deseo 1924-1962, México D.F., Fondo de Cultura Económica, 196410. 96 ECOS DE HOMERO EN EL DISCURSO POÉTICO CONTEMPORÁNEO A despecho de un dios y de sus mares a su reino y su reina ha vuelto Ulises, a despecho de un dios y de los grises vientos y del estrépito de Ares. Ya en el amor de compartido lecho duerme la clara reina sobre el pecho de su rey pero ¿dónde está aquel hombre que en los días y noches del destierro erraba por el mundo como un perro y decía que Nadie era su nombre?126 ILUSOS LOS ULISES Siempre, después de un viaje, una mirada terca se aferra a lo que busca, y es un hueco sombrío, una luz pavorosa, tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve. Fidelidad, afán inútil. ¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte? Nadie ha sido capaz —ni aun los que han muerto—de destejer la trama de los días127. Es muy significativo que en esos tres breves textos hallemos perfectamente sintetizadas las razones que pueden inducir a Ulises a no volver o a no resignarse a permanecer en Ítaca. En el emocionante «Peregrino» de Cernuda, sobre todo en sus primeros versos, encontramos la idea del regreso como rendición y, por tanto, como segura vía hacia la lenta autodestrucción; y también el consejo de no detenerse, de hacer camino hasta el final. El redondo soneto de Borges apunta hacia 126 De El otro, el mismo (1964), recogido en Jorge Luis Borges. Obra poética, Buenos Aires, Emecé, 1998. 127 De Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan (1976-1977), recogido en Palabra sobre palabra, Barcelona, Seix Barral, 2004. PEDRO CONDE PARRADO 97 la paradoja de los dos Ulises, a cómo el que reconquista, vengador y vengativo, su reino, el que se hace «alguien» obligando a todo el mundo a reconocerlo, aniquila también, y en primer lugar, diríamos, al Ulises primero, al que era «nadie», pero libre como un perro vagabundo. Ángel González, en el poema con que cierra su célebre Muestra corregida y aumentada…, define con rotundas y certeras imágenes («hueco sombrío», «luz pavorosa») lo que se encuentra quien, iluso, regresa a buscar lo que un día, muy lejano, dejó atrás. Y es que el tiempo, «la trama de los días», es siempre implacable en su rigor: no hay vuelta atrás posible para revivirlo. El regreso es posible en el espacio, pero no en el tiempo, y el hombre, Ulises, jamás podrá ni con su astucia, ni con su fuerza, ni con su piedad recuperar su verdadera patria: lo no vivido. Personalmente, estamos bastante convencidos de que estos textos —alguno de los cuales, como el de Cernuda, está muy ligado a la experiencia de exilio vivida por el autor— ayudan en gran medida a explicar por qué hay tantos Ulises en la actual poesía que, ya nada ilusos, llegan a las puertas de Ítaca, deciden no entrar y siguen su camino. Pero también los hay que, agotando tal vez sus últimas reservas de «ilusión», sí prueban a ver qué se encuentran en su reino, qué fue de su esposa y de su pequeño hijo. Es posible que alguien haya notado en esta exposición la significativa ausencia de Penélope y de Telémaco. Digamos que la de la madre ha sido, a un tiempo, voluntaria y obligada, y la del hijo sólo obligada. Y ésta lo ha sido por el hecho de que apenas hemos hallado rastro de Telémaco en los poemas odiseicos recopilados. Pese a ser un personaje de evidente valencia «mitopoética», como la ha tenido de hecho en otras épocas (recuérdese la importancia del Telémaco de Fénelon en la Francia del rey Sol), hoy en día no parece estimular mucho la inspiración de los poetas. El caso de Penélope es muy distinto; tanto, que hemos preferido «silenciarla» (sólo por razones de tiempo, quede claro) ante la mucha voz que tiene hoy en día. Puede decirse que el personaje ha «crecido» en gran medida y se ha hecho bastante independiente. La conexión de este fenómeno literario con el proceso de la llamada «emancipación» de la mujer parece evidente y es merecedor de que se estudie. Sólo recordaremos los varios y excelentes poemas que, desde el propio personaje de Penélope, incluye Francisca Aguirre en su 294 ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA TOMÁS HERNÁNDEZ Deliciae meae puellae, los gorriones… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 164 BEATRIZ HERNANZ Yo no puedo ver la extraña melancolía de tus manos… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165 AMALIA IGLESIAS SERNA Ítaca no existe . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166 SANTOS JIMÉNEZ Me gustaría saber latín. Cinco de mayo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 168 José JIMÉNEZ LOZANO El estoico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169 CARMEN JODRA Divertimento erótico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 170 Ménin aéde, théa… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171 EDUARDO JORDÁ Cara y cruz . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 172 JON JUARISTI Del epíteto homérico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 173 ABELARDO LINARES Orfeo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 174 Cuerpo de Dafne . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 176 FERNANDO LÓPEZ DE ARTIETA Juramento (Catulo) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 177 MARTÍN LÓPEZ–VEGA Metamorfosis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 178 Despertar junto a ti . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 179 AURORA LUQUE Gel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 180 Anuncios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 181 MARÍA ÁNGELES MAESO Advertencia para un turista solitario . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 183 MANUEL MANTERO Oráculo de Atenas (Atenea) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 184 JOAN MARGARIT Desprecio de Calipso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185 RAFAEL MARÍN invasión de tu cuerpo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 186 ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA 295 CARLOS MARTÍNEZ AGUIRRE Vivamus, mea Lesbia, atque amemus . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187 LUIS MARTÍNEZ DE MERLO Lycias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 188 JULIO MARTÍNEZ MESANZA Egisto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189 Annales VII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 190 Evémero de Mesene . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191 JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ MUÑOZ Ejercicio de traición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 192 ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN Órfica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 193 INMACULADA MENGÍBAR Un Edipo complejo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 194 Ícaro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195 LUIS JAVIER MORENO Alto Homero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 196 JESÚS MUNÁRRIZ Tras haber holgado con Prócula, Prisciliano medita . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 197 ANÍBAL NÚÑEZ Gozaba sí de juventud Orfeo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 198 Anónima defensa de Narciso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 199 JUAN ANTONIO OLMEDO Arrepentido Ulises . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 200 MIGUEL DʼORS Ulises navegando . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201 TERESA ORTIZ Ítaca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 202 JUSTO JORGE PADRÓN Orfeo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 204 LEOPOLDO MARÍA PANERO Homenaje a Catulo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 206 JOSEFA PARRA RAMOS Xenócrates recuerda a una mujer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 208 ALFONSO PASCAL ROS Vae victis! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 209 296 ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA PILAR PAZ PASAMAR Knossos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211 JUAN PEÑA Malos tiempos para la épica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 212 AGUSTÍN PÉREZ LEAL Imitación de Catulo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 214 JOSÉ PÉREZ OLIVARES Reductos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 216 Minotauro. El horror . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 218 JOSÉ LUIS PÉREZ PASTOR Atque amemus . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 220 CRISTINA PERI ROSSI El regreso de Ulises a la patria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 221 JUAN VICENTE PIQUERAS Sísifo sin embargo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 222 JOSÉ LUIS PIQUERO Fotografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 223 JOSÉ LUIS PUERTO Somos Penélope que espera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 224 En los andenes, el tumulto… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225 DAVID PUJANTE Heracles vuelve a la región de los misios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 226 FERNANDO QUIÑONES Guía del consumidor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227 ÁNGELA REYES Comienzo a despojarme de estos hilos… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 230 ROSA ROMOJARO Dánae. De Agua de luna . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 232 ANA ROSSETTI Paris . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 233 FRANCISCO RUIZ NOGUEIRA La manzana de Tántalo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 234 JAVIER SALVAGO Ulises . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 235 DAVID SÁNCHEZ KUNTZ Recreación de Apolo y Dafne . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 239 ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA 297 ELOY SÁNCHEZ ROSILLO Paris y Helena (Ilíada, III) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 240 Meleagro de Gádara trenza su guirnalda . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 243 MARÍA SANZ Argonauta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 244 TERESA SHAW Berénice . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 245 JAIME SILES Himno a Venus . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 247 FEDERICO J. SILVA Mensaje en una botella . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 248 TINA SUÁREZ ROJAS Mi nombre es Clodia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 249 ÁLVARO TATO Microepopeya . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 251 Tres poemas órficos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 252 ANTONIO TELLO Odiseo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 256 ALBERTO TESÁN Platón aconseja a un guardián de la República . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 257 ILYA U. TOPPER Mito . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 258 JUAN TORRES JIMÉNEZ ¡El héroe Eteocles y el traidor Polinices! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 259 MARCOS TRAMÓN Hablará el Oráculo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 261 ANDRÉS TRAPIELLO Mientras hablamos. Horaciana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 262 Leyendo La Ilíada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 264 SILVIA UGIDOS Lecturas griegas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 265 Circe esgrime un argumento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 266 JOSÉ ÁNGEL VALENTE Anales de Volusio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 267 Eneas, hijo de Anquises, consulta a las sombras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 268 JUAN VAN HALEN Bestiario, 1. El Minotauro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 269 298 ORFEO XXI. POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN CLÁSICA LOLA VELASCO La impotencia de Narciso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 270 MIGUEL ÁNGEL VELASCO Los versos del gladiador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 271 Acerca de las heridas de los héroes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 272 Desasimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 274 JAVIER VELAZA Contra Séneca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 275 MANUEL VILAS El joven traductor de Horacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 277 LUIS ANTONIO DE VILLENA Publius Naso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 278 Al sol de Verona . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 279 ROGER WOLFE Algo más épico sin duda . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 280 PROCEDENCIA DE LOS POEMAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 281