De Varrón a Quevedo: sobre los nombres latinos de la ictericia
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Resumen En este trabajo nos proponemos analizar la historia de los términos latinos que designan la ictericia (icteritia) desde la Antigüedad hasta el Renacimiento. Asimismo, estudiamos la errónea atribución, en el siglo XVI, del término aurigo al enciclopedista latino Cornelio Celso. Palabras clave: latín médico, ictericia, Cornelio Celso, aurigo, morbus regius, morbus arquatus, Francisco de Quevedo. Abstract The purpose of this work is to analyze the history of the Latin terms for jaundice (ictericia) from the Antiquity to the Renaissance. We also study the erroneous attribution of the term aurigo to the Latin encyclopedist Cornelius Celsus in the XVIth Century. Key words: medical latin, jaundice, Cornelius Celsus, aurigo, morbus regius, morbus arquatus, Francisco de Quevedo. En los textos médicos elaborados durante el siglo XVI se detecta cierta variedad terminológica a la hora de designar una afección, seguramente la ictericia, cuya nota más característica era —y sigue siendo— la tonalidad amarillenta que adquiere la piel del afectado. *Este trabajo ha sido elaborado dentro del Proyecto de Investigación «Diccionario médico latino medieval y renacentista (I)», financiado por la DGICYT nº PB97-0398. Faventia 22/2, 2000 51-66 De Varrón a Quevedo: sobre los nombres latinos de la ictericia* Pedro Conde Parrado María Jesús Pérez Ibáñez Universidad de Valladolid. Departamento de Filología Latina 47002 Valladolid [email protected]a.es [email protected]a.es Data de recepció: 11/1/1999 Sumario 1. Época antigua 2. Época medieval 3. Época renacentista 4. Cornelio Celso y aurigo en el Renacimiento Faventia 22/2 051-066 22/11/2000 15:15 Página 51
Así, en las Centuriae medicinales de João Rodrigues de Castelho-Branco, más conocido como Amato Lusitano (1511-1568), leemos: Dicitur morbus iste icteros, siue icteritia, π το κτρου, hoc est miluo, quod oculi bile suffusi miluinis oculis similes videantur: dicitur quoque morbus regius iste, quoniam mulso, potionis genere in regum deliciis habita curatur, uel quod eo morbo affecti, musica et rebus cultioribus, ac regalibus, tractandi sunt, non minus quoque aurigo morbus iste appellatur, ab auri colore, quem morbus iste imitatur: ueluti arquatus, quia coelestis arcus colorem nonnihil referat.1 Por su parte, el catedrático complutense Cristóbal de Vega (1510-1573), uno de los médicos españoles más destacados del siglo, escribe en su Liber de arte medendi: Icterus morbus, a similitudine nomen accepit, quoniam aegri colore similes fiunt aui eius nominis, quae galbula dicitur: alii dicunt eo malo correptos eius auis inspectione sanari, Areteus Cappadox icterum appellatum refert, a similitudine animalium quadrupedum in specie syluestrium mustellarum, quas ictidas appellant, latine viuerras, quarum oculi praedicto afficiuntur colore. A quibusdam morbus regius dicitur, ab aliis arquatus a colore arcus caeli, et eadem ratione auriginosos eo morbo laborantes nominant, ab auri colore.2 1. Época antigua A la vista de estos pasajes, tomados de dos de los más significados médicos humanistas, debe señalarse, en primer lugar, que la variación terminológica que reflejan no es sino el resumen de toda una tradición que remonta a la época antigua. La afección está estudiada tanto en el Corpus Hippocraticum (donde ya se hace referencia al color amarillento —χλορς— que toma el enfermo) como en el galénico, y en ambos es designada siempre con el término κτερος y sus variantes (verbo κτεριω y adjetivos κτερικς e κτερ(ι)δης).3Esta misma voz es la que emplearán importantes médicos griegos posteriores: así, como señalaba Vega, puede leerse en Areteo de Capadocia (Sobre enfermedades crónicas, lib. I, cap. 5) y en Pablo de Egina (lib. III, cap. 50). Frente a esa única forma que se conoce en la tradición griega, la latina antigua recoge varias denominaciones que han sido ya estudiadas por J. André en un tra52 Faventia 22/2, 2000 Pedro Conde Parrado; María Jesús Pérez Ibáñez 1. Amati Lusitani, medici physici praestantissimi, Curationum medicinalium Centuriae quatuor (Basilea, Froben) 1556, cent. 1ª, curat. 83, p. 109. En todas las citas de autores la cursiva es siempre nuestra. 2. Liber de arte medendi, sect. 8ª, cap. 8, p. 380a, en Christophori a Vega doct. medici, ac Complutensis Academiae publici professoris Opera..., Lyon, apud Gulielmum Rovillium, 1587. 3. Para el Corpus Hippocraticum, véase J.H. KÜHN-U. FLEISCHER, Index Hippocraticus. Cui elaborando interfuerunt sodales Thesauri Linguae Graecae Hamburgensis, Gotinga, Vandenhoeck et Ruprecht, 1989, s.v. Para el galénico, R.J. DURLING, A Dictionary of Medical Terms in Galen, Leiden-Nueva York-Colonia, E. J. Brill, 1993, s.v. Faventia 22/2 051-066 22/11/2000 15:15 Página 52
bajo de 1988, el cual nos sirve aquí como punto de partida.4Esa variedad terminológica se deduce de la lectura de las principales obras médicas latinas desde el De medicina de Cornelio Celso; el capítulo 24 (§ 1) del libro tercero, dedicado a este mal, comienza estableciendo la equivalencia de dos términos: Aeque notus est morbus quem interdum arquatum, interdum regium nominant. Poco más adelante (§ 5), el propio Celso aventura una explicación acerca de por qué la enfermedad ha recibido el nombre de morbus regius: el hecho de que al paciente debe tratársele, como certeramente describe la expresión castellana, «a cuerpo de rey»: per omne vero tempus utendum est exercitatione, fricatione, si hiemps est, balneo, si aestas, frigidis natationibus; lecto etiam et conclavi cultiore, lusu, ioco, ludis, lascivia, per quae mens exhilaretur, ob quae regius morbus dictus videtur.5Cabe señalar que, según testimonio de Plinio el Viejo (nat. 22, 114)6, ya Varrón había empleado la denominación morbus regius (véase también Horacio, ars 453).7 Por lo que atañe a la denominación [morbus]arquatus, que sería la más tempranamente atestiguada (ya en Afranio 425), Nonio Marcelo8y los glosarios (CGL V 649, 10)9coinciden en relacionarla con el arco iris (arquus /arcus), debido al cambio de coloración que, como venimos señalando, se verifica en el paciente.10 Junto a las denominaciones morbus regius y morbus arquatus, encontramos una tercera, aurugo/aurigo, ya utilizada por Varrón (según Isidoro, etym. IV 8. 13)11 De Varrón a Quevedo: sobre los nombres latinos de la ictericia Faventia 22/2, 2000 53 4. «Chronologie des noms latins de trois maladies» (G. SABBAH, ed., Mémoires du Centre Jean - Palerne VIII. Études de médecine romaine, Saint-Étienne, Université, 1988, p. 9-18). En líneas generales, partimos de este trabajo cuyas indagaciones alcanzan solamente hasta el período tardío de la latinidad. 5. Citamos por la edición de F. MARX, A. Cornelii Celsi quae supersunt, Leipzig-Berlín: Teubner, 1915. 6. Varro regium morbum cognominatum arquatum tradit, quoniam mulso curetur (C. MAYHOFF, ed., C. Plinii Secundi Naturalis Historiae libri XXXVII, Sttutgart: Teubner, 1967). 7. J. ANDRÉ, art. cit., p. 10, aventura la hipótesis de que esta denominación tuviera origen en el hecho de que los reyes y los ricos padecían afecciones hepáticas con más frecuencia que el resto de los ciudadanos a causa de los excesos en su alimentación y de la falta de actividad. 8. Arquus non nisi qui in caelo apparet, quam Irim poetae dixerunt. unde et arquati dicuntur quibus color et oculi virent quasi in arqui similitudinem (libro V (452, 1), W.M. LINDSAY, ed., Nonni Marcelli De compendiosa doctrina libri XX, Hildesheim: G. Olms, 1964 (= Leipzig: Teubner, 1903), vol. III, p. 686). 9. Arquatus morbus regius ab arcu dictus quod viri dis [sic] faciat. 10. A pesar de la verosimilitud de ese parentesco desde el punto de vista morfológico, su relación semántica se hace bastante difícil de entender, pues, salvo excepciones (caso de purpureus), lo que se destaca en las caracterizaciones latinas del arco iris es su policromía, no su monocromía. Es posible, no obstante, que lo que se pretenda indicar con la metáfora es simplemente la mutación del color, pues el paciente no adquiere su nueva coloración de manera súbita, sino gradual, es decir, siguiendo una escala cromática similar a la del arco iris (véase J. ANDRÉ, loc. cit.). 11. Hicteris Graeci appellant a cuiusdam animalis nomine, quod sit coloris fellei. Hunc morbum Latini arcuatum dicunt, a similitudine caelestis arcus. Auriginem vero Varro appellari ait a colore auri. Regium autem morbum inde aestimant dictum, quod vino bono et regalibus cibis facilius curetur (W.M. LINDSAY, ed., Isidori Hispalensis Episcopi Etymologiarum sive Originum libri XX, Oxford, Clarendon, 19898). Faventia 22/2 051-066 22/11/2000 15:15 Página 53
y cuya equivalencia con aquéllas es señalada por Escribonio Largo, un contemporáneo de Cornelio Celso. Da la impresión de que para Escribonio es precisamente aurigo el término más «normal» para designar la enfermedad, mientras que morbus regius y morbus arquatus serían denominaciones alternativas menos habituales: Ad auruginem, quam quidam regium, quidam arquatum morbum vocant (110).12 El adjetivo auriginosus/auruginosus aparece atestiguado en autores de época más tardía, tales como el pseudo-Apuleyo (herb. 1, 32: ad ictericos id est morbo regio qui sunt auruginosi), Marcelo de Burdeos (med. 22, 13: auruginosis ex aquae mulsae cyathis duobus avellanae duplum dabitur) o Vindiciano (med. 37: ictericum ... qui apud nos auriginosus seu arquatus vocatur, nam vulgo morbum regium vocant).13 El empleo del calco icteros/icterus, -i, para designar este morbus, es un fenómeno tardío, no documentado hasta los siglos IV-VdC. Celio Aureliano nos ofrece un precioso testimonio de cómo aurigo y morbus arquatus parecen haberse consolidado como términos técnicos, mientras que morbus regius se mantiene como denominación «vulgar» y ya se empieza a introducir el citado calco icteron, que aún se siente como extranjerismo: [Tit.] De aurigine sive arquato morbo, quem vulgo morbum regium vocant, Graeci icteron appellant: Passio vocabulum sumpsit secundum Graecos ab animalis nomine, quod sit coloris fellei. fit autem ex antecedenti iugi indigestione vel medicaminibus ventrifluis potu datis atque permanentibus et minime exclusis. Sequitur in passione constitutis mutatio coloris in fellis qualitatem, quae primo appareat ac magis videatur in albidis partibus oculorum […] (Chron. III 5).14 La aclaración «para designar este morbus» presente en la primera línea del párrafo que precede se explica por el hecho de que icterus no había sido absolutamente desconocido hasta entonces en lengua latina: Plinio (nat. 30, 94) lo registra como nombre de un ave (repárese en el animal coloris fellei de Celio Aureliano) capaz de curar la enfermedad mediante un método que entra de lleno en la medi54 Faventia 22/2, 2000 Pedro Conde Parrado; María Jesús Pérez Ibáñez 12. En este punto disentimos de André, quien infiere de esa cita de Escribonio y de otra que puede leerse en 127 (ad auruginem, quod vitium arquatum quidam vocant) que aurugo era por entonces un término «sentido como neologismo» y que lo que Escribonio hace es aclararlo mediante sus sinónimos morbus regius y morbus arquatus. A nosotros no nos parece tan claro: a la vista de esas citas, da la impresión de que el término aurugo sería el de uso más común (tal vez «vulgar») y que morbus regius y arquatus, tal como demuestran los muy significativos quidam, se emplearían menos habitualmente (¿eran, quizá, más «técnicos»?; recuérdese que Celso los prefiere a aurugo). En todo caso, si damos el mismo crédito a Isidoro que a Plinio, aurugo y morbus regius tendrían la misma antigüedad, al menos por lo que afecta al primer autor en cuya obra se atestigua, Varrón. 13. Cf. Th. L. L., s.v. 14. G. BENDZ, ed., Caelii Aureliani Celerum passionum libri III. Tardarum passionum libri V (Corpus Medicorum Latinorum, vol. VI 1), Berlín: Akademie Verlag, 1993. Faventia 22/2 051-066 22/11/2000 15:15 Página 54
cina de tipo mágico: cuando el afectado mira al ave, él sana y ella muere (avis icterus vocatur a colore; quae si spectetur, sanari id malum [i. e. el morbum regium] tradunt et avem mori. hanc puto Latine vocari galgulum). También en Plinio (nat. 20, 87) se encuentra el adjetivo ictericus para designar al paciente. Casio Félix continuará empleándolo en este sentido, aclarando, incluso, que icterici, término al que parece empezar a conceder la primacía, son los que sufren de morbo regio (49, p. 128).15 También lo hallamos en otros textos tardíos, como el Herbario del pseudo-Apuleyo y el De herba vettonica.16 En Gargilio Marcial, por el contrario, se emplean indistintamente las denominaciones morbus regius e ictericus, sin que se señale nada acerca del carácter de préstamo de esta última (cf. med. a 151 y b 151). Ictericia, sustantivo derivado de ictericus, lo encontramos en otro texto también tardío, Aviano, fab. apol. 6: [vulpes ranae] te ipsam ab ictericia, quam croceus in te color denotat, sanare non potes. 2. Época medieval En glosarios de medicina compilados en la Edad Media encontramos tres formas para designar la afección, que son entendidas como sinónimas (morbus regius, morbus arquatus e icteron): Ycteron: morbum regium, graecum est // Ycterici, quod aliquanti arquaticum vocant, id est morbum regium, nam Graeci ycteron vocant. Sic eum agnoscimus ex colore totius corporis in fellis qualitatem converso […] unde et arquatus dictus est a colore arcus caelestis, quae Graece yris appellatur […] (91, 13-92, 14).17 La prioridad que este glosario concede a las formas icterus (ycteron) e ictericus, prácticamente ausentes de los textos médicos latinos antiguos hasta los siglos IV-V, no es un hecho aislado; antes bien, va a ser lo más frecuente durante toda la etapa medieval, en la que se observa el claro retroceso de morbus arquatus,18 aurigo/aurugo19 y morbus regius.20 En cualquier caso, el término de más amplio uso será el De Varrón a Quevedo: sobre los nombres latinos de la ictericia Faventia 22/2, 2000 55 15. Icterici dicuntur morbo regio laborantes. et est fortitudo fellis cum totius corporis insumptione. sequitur autem aegrotos ex infectione fellis pallor corporis cum aurium et oculorum crocei vel aurei coloris fantasia, unde ab aliquantis latine aurugo appellatur (V. ROSE, ed., Casii Felicis De medicina, Leipzig: Teubner, 1879). 16. Cf. Th. L. L., s.v. 17. Tomado de J.L. HEIBERG, ed., Glossae medicinales, Copenhage: Bianco Lunos Bogtrykkeri, 1924. 18. Aparece como nombre de la enfermedad, aparte de en los textos citados en este trabajo, en Aesculapius, 34 (con un pasaje casi exacto al del glosario recién citado; ambos textos tienen como fuente casi segura el pasaje, también citado, de Celio Aureliano; sobre la relación entre este último y el Aesculapius, véase F. MANZANERO, Liber Esculapii (Anonymus liber chroniorum). Edición crítica y estudio, Tesis Doctoral, Madrid: Universidad Complutense, 1996, p. 26 s.). Se lee también en el Antidotarium Augiense (43, 34, ed. H.E. SIGERIST) como nombre del enfermo. 19. Se puede leer en la Practica Petroncelli (cf. infra) como un tipo de ictericia, igual que morbus regius (cf. nota siguiente). 20. Aparte de en el citado Aesculapius, se encuentra en la Practica Petroncelli (cf. infra) como variedad de la ictericia; lo mismo ocurre en la Regula urinarum de Mauro de Salerno (cf. infra). Como Faventia 22/2 051-066 22/11/2000 15:15 Página 55
sustantivo ictericia, tal como demuestra el siguiente texto tomado de la Practica de Mateo Plateario, en el que continúan recogiéndose las variantes terminológicas habituales en la Antigüedad: Ictericia est fedatio cutis absque ipsius inequalitate. Alio nomine dicitur morbus regius vel aurigeus [sic] vel arcuatus, eo quod colorem ycteris vel reguli, vel auri, vel arcus celestis pretendat (181v).21 De forma similar, en la Clavis sanationis de Simón de Génova es ictericia el término considerado principal dentro de este grupo, puesto que es el que encabeza la entrada correspondiente: Icteritia dicta ab ave icteris crocea colore Pli. [inius] ycterus vocatur avis a colore […] hic regius morbus et arcuatus antiquitus dicebatur. a colore vero auri hanc auriginem vocant. arcuatus autem morbus dicitur ab arcu propter colorum varietatem. liber de doctrina graeca. ikteros geranosos ictericus quia arcuatus et regius latine dicitur alfus et aureus et cetera (f. 33v).22 Así pues, en los distintos textos medievales que contemplan la afección, se describe ésta, en general, como una alteración del color de la piel, que adquiere un tono cetrino e, incluso, próximo al negro, a causa de una disfunción hepático-biliosa. Tal descripción puede leerse también en autores como Avicena,23 Rasis,24 Abulcasis,25 Constantino Africano,26 y en textos como la Practica Magistri 56 Faventia 22/2, 2000 Pedro Conde Parrado; María Jesús Pérez Ibáñez sinónimo de ella se lee en las Glosulae quatuor Magistrorum super Chirurgiam Rogerii et Rolandi: unde dicunt actores quidam quod quando fel rubrum in colera rubea diffunditur per totum corpus absque putrefactione fit morbus regius, id est yctericia generatur (en S. DERENZI, ed., Collectio Salernitana ossia documenti inediti, e trattati di medicina appartenenti alla Scuola Medica Salernitana, Nápoles 1852-1859 (= Bolonia: Forni editore, 1967), vol. II, p. 586). 21. Recogido en la «antología» de textos médicos salernitanos conocida como Tractatus de aegritudinum curatione (en S. DERENZI, op. cit., vol. II, p. 293). 22. Simonis ianuensis opusculum cui nomen clavis sanationis simplicia medicinalia Latina greca et arabica ordine Alphabetico mirifice elucidans recognitum ac mendis purgatum […] (Venecia, per Gregorium de Gregoriis, 1514). 23. Ictericia est alteratio coloris corporis feda, ad citrinitatem tendens, aut nigredinem propter cursum humoris citrini, aut nigri ad cutem (Canon, liber III, fen XV, tract. I, cap. III, ed. Avicenne Liber Canonis medicine. Cum castigationibus Andree Bellunensis [trad. Gerardo de Cremona], Venecia, in aedibus Luce Antonii Junta, 1527, f. 243r). 24. Liber divisionum, cap. 64 (en Liber Rasis ad Almansorem, et Liber Divisionum translati […] a Magistro Gerardo Cremonensi de Arabico in Latinum, Venecia, per Bonetum Locatellum Bergomensem, 1497). 25. Liber theoricae necnon practicae Alsaravii in prisco medicorum conventu facile principis qui vulgo Açaravium dicitur […] Augsburgo, impensis Sigismundi Grimm et Marci Vuirsung, 1519 (18, 11). 26. Liber Pantegni Ysaac Israelita […] quem Constantinus Africanus monachus Montis Cassinensis sibi vendicavit […] (en Isaac Israelita, Opera Omnia, Lyon, Ioannes de Platea, 1512, Pars Theorica, 6, 31 y 9, 36). Faventia 22/2 051-066 22/11/2000 15:15 Página 56
Bartholomaei Salernitani,27 las Cophonis Egritudines totius corporis28 y en la Practica de Archimateo.29 Ya en período renacentista, si bien por parte de un médico, Francisco de Villalobos (ca. 1472-ca. 1545), de formación tradicional, encontramos el mismo nombre de la enfermedad, así como los mismos síntomas y etiología: Ictericia es boluerse citrino el color o muy verde o negro por yrse aza el cuero daquestos colores colerico humor. No puede extrañar lo conservador de tales ideas si se tiene en cuenta que la cita está tomada de su Sumario de la medicina (180, 1-3),30 que es prácticamente un resumen rimado del mismo Canon de Avicena. A cuanto precede hay que añadir una importante novedad: en diversos textos de la etapa medieval asistimos a una conceptualización de la enfermedad que no tiene precedentes, al menos conocidos; consiste en el establecimiento de variedades de la afección que pueden poseer un nombre específico, aunque siempre englobadas bajo la denominación genérica de ictericia. Así, la llamada Practica Petroncelli señala dos de esos tipos, llamando a uno aurigo y al otro morbus regius: Ad ictericos. Hec passio multa habet nomina, sed divisio duas habet differentias. Una est cum febre, quod Graeci oxites appellant, latini auriginem dicunt. Alia est sine febre, quod Graeci comatem vocant, latine morbum regium appellant.31 Por su parte, la Regula urinarum de Mauro de Salerno y la arriba citada Practica de Mateo Plateario plantean tres variedades: Mauro: icteritia est universalis permutatio naturalis coloris cutis in non naturalem colorem, ut in croceum, viridem vel nigrum. Cuius tres sunt species: 1. Crocea ycteritia, Regius morbus; 2. Viridis icteritia, seu agriaca pegmosilontis, vel agrestis mustela. 3. Nigra ycteritia seu melanchiron.32 Plateario: yctericia est fedatio cutis absque ipsius inequalitate. Alio nomine dicitur morbus regius, vel aurigeus, eo quod colorem ycteris vel reguli, vel auri, vel arcus celestis pretendat. Sunt autem III species yctericie, crocea ex colera naturali, agriaDe Varrón a Quevedo: sobre los nombres latinos de la ictericia Faventia 22/2, 2000 57 27. Yctericia est inmutatio naturalis coloris in cute in citrinum colorem ex felle rubeo. Vel yterica [sic] est egritudo fedationem cutis efficiens, quae aliquando fit ab epate, aliquando a felle, aliquando a splene (en S. DERENZI, ed., op. cit., vol. IV, p. 360). 28. En S. DERENZI, op. cit., vol. IV, p.488. 29. Ictericia est mutacio coloris naturalis cutis in non naturalem, scilicet croceum vel viridem vel nigrum. Fit autem ex distemperantia hepatis que quandoque fit ex colera rubea et tunc cutis et alba oculorum sunt croceo colore (en S. DERENZI, ed., op. cit., vol. V, p. 362). 30. Ed. L.S. GRANJEL [coord.], Francisco López de Villalobos. Sumario de la Medicina (1498), Salamanca: Universidad, 1998, p. 91. 31. En S. DERENZI, ed., op. cit, vol. IV, p. 254. 32. En S. DERENZI, ed., op. cit., vol. III, p. 39-40. Faventia 22/2 051-066 22/11/2000 15:15 Página 57
ca, pegalilontis ex colera viridi, melanchilon ex humore nigro, scilicet ex colera adusta.33 3. Época renacentista En los textos médicos del Renacimiento subsisten las distintas denominaciones que han ido apareciendo a lo largo de la tradición, tal como se verifica en los textos de Amato Lusitano y Cristóbal de Vega que citamos al comienzo de este trabajo. Se mantienen las formas que habían predominado en la Edad Media (icteritia, icteros) —no en vano poseían raigambre clásica— y siguen apareciendo las formas comunes de nombrar la afección en el mundo latino (aurigo, morbus regius y morbus arquatus). La diferencia más sensible con la etapa medieval es que estas últimas formas alcanzarán un uso muchísimo más amplio, a causa, sin duda, del deseo de muchos médicos escritores que intentaron elaborar tratados de medicina con la mayor cantidad de léxico latino que fuera posible, para lo cual acudieron en busca de terminología a las fuentes más clásicas y, en especial, al De medicina de Cornelio Celso, «redescubierto», tras un período de muchos siglos de silencio, en el bienio 1426-1427. Para comprobar cuál es la preferencia de los autores médicos renacentistas dentro del campo semántico de los nombres de la ictericia, hemos acudido a las versiones que ocho grandes traductores del siglo XVI ofrecieron de dos de los Aforismos de Hipócrates en que se menciona la afección. La capital importancia de esa obra y la difusión que sin duda lograron esas traducciones creemos justifica sobradamente nuestra elección. Los aforismos seleccionados son el 62 del libro IV y el 72 del libro V;34 en el primero de ellos se nombra la enfermedad y en el segundo a los afectados por ella. Antes de exponer los resultados de nuestra investigación, señalaremos que, en coherencia con lo expuesto en líneas anteriores, en la versión más difundida durante el Medievo, la que circuló unas veces a nombre de Constantino Africano (s. XI), otras al de Gerardo de Cremona (s. XII), y casi siempre de forma anónima,35 se emplean las transliteraciones icteritia e icterici.36 58 Faventia 22/2, 2000 Pedro Conde Parrado; María Jesús Pérez Ibáñez 33. Véase nota 21. 34. El morbus se nombra también en los aforismos IV 64 (κτεροι) y VI 42 (κτερικοσι). Citamos por la edición de E. LITTRÉ, Oeuvres complètes d’Hippocrate, traduction nouvelle avec le texte grec en regard, collationné sur les manuscrits et toutes les éditions […] París, 1839 (= Amsterdam: A.M. Hakkert, 1973). 35. Cf. E. MONTERO-M.C. HERRERO, «Costantino Africano e il recupero dei testi greci antichi di medicina», en prensa en Schola Salernitana-Annali (1999); P. KIBRE, Hippocrates Latinus, Nueva York: Fordham Univ. Press, 1985, p. 199-201. 36. Las ediciones de las que hemos tomado los datos con los que elaboramos el cuadro son las siguientes: versión medieval + versión de Lorenzo Lorenzano + versión de Nicolò Leoniceno en Articella cum commento. Novissime per excellentissimum doctorem domnum Hyeronimum de saliis faventinum recognita et expurgata (s. l.; s. f.; 1527; ejemplar consultado en la Biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid); versión de Leonhart Fuchs en In Hippocratis Coi Medicorum Principis septem Aphorismorum libris Commentaria (Lyon, apud haeredes Iacobi Iuntae, 1558; la primera edición apareció en 1544); versión de Jano Cornario en Faventia 22/2 051-066 22/11/2000 15:15 Página 58
Hipócrates κτερος (IV 62) κτεριδεες (V 72) Lorenzano morbus regius regius Leoniceno morbus regius regius morbus Fuchs morbus regius qui flava bile abundant Cornario morbus regius morbus regius Vega morbus regius morbus regius Cardano morbus regius morbus regius Houllier morbus regius auriginosi Föes morbus regius morbus regius Tal como puede comprobarse, la unanimidad de estos traductores es total al verter el κτερος del aforismo IV 62 mediante la expresión latina morbus regius. Por lo que atañe a V 72, hay que señalar en primer término que, contra lo que pudiera pensarse tras leer el cuadro, estos interpretes no traducen un adjetivo (κτεριδεες), que, como señalábamos, designa a los pacientes, por medio de un sustantivo como morbus regius, sino que todos ellos optan por emplear una perífrasis semejante a la de Fuchs, casi siempre recurriendo al verbo laborare (así, qui regio laborant en Lorenzano, qui regio morbo laborant en Leoniceno, morbo regio laborantes en Vega, etc.). El propio Fuchs, de hecho, parece verse obligado en su comentario a ese aforismo a justificar por qué ha preferido no emplear morbus regius y ha optado por una expresión tan poco precisa como flava bile abundare. En cualquier caso, la imposibilidad de derivar un adjetivo a partir del giro morbus regius podría haber impelido a los demás traductores a recurrir, como en solitario hace Houllier, al adjetivo auriginosus (e, incluso, a arquaticus), atestiguado en la medicina latina antigua, aunque en época quizá ya demasiado tardía para estos médicos humanistas (cf. supra); sin embargo, prefieren en su mayoría sacrificar su fides de traductores y emplear morbus regius aun a costa de tener que recurrir a la perífrasis, lo que constituye una prueba indirecta añadida de que fue ésa la expresión que la medicina renacentista consideró, en general, como el equivalente más idóneo del griego κτερος y la mejor alternativa al «bárbaro» icteric(t)ia de los medievales. Esta misma es la conclusión que hemos obtenido de nuestro amplio recorrido por los textos médicos de la época para esta y otras investigaciones. De hecho, si se vuelve a las citas de Amato Lusitano y Cristóbal de Vega con las que empezáDe Varrón a Quevedo: sobre los nombres latinos de la ictericia Faventia 22/2, 2000 59 Hippocratis Opera Omnia ex Jani Cornarii versione una cum Jo. Marinelli commentariis ac Petri Matthaei Pini Indice (Venecia, ex typographia Radiciana; 1737; primera edición en 1546); versión de Cristóbal de Vega en Opera Omnia (Lyon, apud Gulielmum Rovillium, 1587; primera edición: 1563); versión de Girolamo Cardano en los In Hippocratis Aphorismos libros VII incluidos en sus Opera Omnia (Lyon, sumptibus I. A. Huguetan, et M. A. Ravavd, 1663, vol. VIII; la primera edición apareció en 1564); versión de Jacques Houllier en In Aphorismos Hippocratis commentarii septem. Recens per Joan. Liebautium [...] in lucem editi: eiusdemque Scholiis doctissimis illustrati (París, apud Jacobum du Puys, 1582; primera edición: 1579); versión de Anuce Föes en Magni Hippocratis Medicorum omnium facile principis Opera Omnia quae extant [...] nunc recens latina interpretatione et Annotationibus illustrata (Francfort, apud Andreae Wecheli heredes, 1595; es la primera edición). Faventia 22/2 051-066 22/11/2000 15:15 Página 59
cubrir la génesis del error que señalar al primer «culpable». Probablemente, cuando apareció la princeps del De medicina en 1478 (basada en el ms. Fy carente, por tanto, de los títulos en cuestión)59 y cuando Symphorien Champier publicó su obra de 1508 (es el primer testimonio impreso al que nos hemos podido remontar en nuestras pesquisas), ya se habría extendido esa equivocada adscripción de aurigo a Celso, la cual se mantuvo viva a lo largo del s. XVI emergiendo ocasionalmente en textos médicos de no escasa importancia e, incluso, en la prosa literaria del Siglo de Oro español. 66 Faventia 22/2, 2000 Pedro Conde Parrado; María Jesús Pérez Ibáñez 59. Lo hemos comprobado, por medio de una reproducción de microfilm, en el ejemplar que se conserva en la National Library of Medicine de los EE.UU. (agradecemos a Mr. Stephen Greenblat su diligencia y celeridad en proprocionarnos la información). Las restantes ediciones del De medicina publicadas durante el siglo XV, cuatro en total, son meras reimpresiones de la princeps. Faventia 22/2 051-066 22/11/2000 15:15 Página 66