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La influencia en Francia de la poesía sepulcral inglesa del XVIII: "Les Tombeaux (Aime Feutry)", "Les Tombeaux champêtres (Chateaubriand)", "Les Sépultures (Lamartine)"

García Peinado, Miguel Angel

Abstract

El trabajo versa sobre el desarrollo de una corriente poética en Inglaterra: la poesía de los cementerios o las tumbas, su influencia en Europa y más concretamente en Francia, país al que pertenecen los tres poemas seleccionados: Les Tombeaux de Aimé Feutry, Tombeaux champétres de Chateaubriand y Les Sépultures de Lamartine, última huella de este tipo de poesía antes de que la moda sea asimilada por el Romanticismo.

Full text

Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 LA INFLUENCIA EN FRANCIA DE LA POESÍA SEPULCRAL INGLESA DEL XVIII: LES TOMBEAUX (AIMÉ FEUTRY), LES TOMBEAUX CHAMPÊTRES (CHATEAUBRIAND), LES SÉPULTURES (LAMARTINE) Miguel Ángel GARCÍA PEINADO Universidad de Córdoba 0. INTRODUCCIÓN: “The Graveyard School” El tema de la muerte en la poesía, tan antiguo como el propio género, va a resurgir en Europa a mediados del siglo XVIII de un modo singular y basado en unas premisas de rechazo a la poesía existente, que en el Siglo de La Razón y de Las Luces es prácticamente un arte menor, o al menos de categoría bastante más ínfima que serán el ensayo filosófico, el teatro y la novela. Los nombres o apelaciones en los distintos países ya nos dan una idea de la frialdad y falta de sentimiento del género: poesía neoclásica en Inglaterra, clásica en España, anacreóntica en Alemania, pastoril en Italia, didáctica en Francia, etc. Los lectores parecen echar de menos un tipo de poema que los conmueva, que los haga vibrar y soñar, que los transporte a un mundo distinto del que habitan y produzca en ellos por ejemplo el mismo efecto que producirá unos años más tarde en el público la lectura de La Nouvelle Héloïse de Rousseau; la obra venía a colmar aspiraciones nuevas y anunciaba otro tipo de corrientes e influencias de la sensibilidad y de la búsqueda artística de los siglos venideros. Pero no debemos creer que este nuevo tipo de poesía aparece bruscamente en Inglaterra, sin contar con unos antecedentes lógicos en los que basarse; así, si las primeras elegías griegas fueron marciales o amorosas, y posteriormente políticas y morales, las elegías inglesas continúan1 siendo fieles a la tradición y expresan una pena debida a la pérdida de una persona concreta, más bien que los acentos dolorosos de un dolor permanente. Lo más coherente y de sentido común indicaba que la elegía, modalidad literaria difícil de definir, debía responder a tres criterios: Amor, Añoranza y Muerte.2 Según esto, la elegía fúnebre de la época sigue un esquema relativamente exacto: 1 Exceptuando algunas de ellas, que no tienen nada que ver con el tema fúnebre convencional, como las de Shenstone. 2 Véase a este respecto la antigua monografía de J. Draper: The Funeral Elegy and the Rise of English Romanticism, Nueva York, University Press, 1929. A estos criterios se ajustaba ya Boileau en en canto II, versos 38-57 de su Art Poétique (1674), como podemos observar: “D’un ton un peu plus haut, mais pourtant sans S’érigent pour rimer en amoureux transis. Audace, Leurs transports les plus doux ne sont que phrases La plaintive Élégie en longs habits de dueil, vaines; Sait, les cheveux épars, gémir sur un cercueil. Ils ne savent jamais que se charger des chaînes, Elle peint des amants la joie et la tristesse, Que bénir leur martyre, adorer leur prison, Flatte, menace, irrite, apaise une maîtresse. Et faire quereller les sens et la raison. Mais, pour bien exprimer ces caprices heureux, Ce n’était pas jadis sur ce ton ridicule C’est peu d’être poète, il faut être amoureux. Qu’Amour dictait les vers que soupirait Tibulle, - 1 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 lamentación por una muerte repentina, idea de juventud, belleza o ánimo perdidos, alabanza del difunto(a) y, como conclusión, nueva lamentación o invocación a la razón (de nada sirve sufrir, hay que aceptar lo que nos viene, etc.) en un tono de resignación cristiana. Modalidad muy en boga, la elegía fúnebre causa furor en las revistas y “magazines” de la época; de ahí que algunos teóricos la juzguen deshonesta e indecente, reservada únicamente a aquellos escritores de baja procedencia como los provincianos, los pequeño-burgueses y las damas: The elegy seems to have been the first poetic exercice in the literary gradus of the halfeducated, and those social groups the women, the middle-classes and the provincials who were desirous of proving their culture to the polite world.3 Pero, por más que las opiniones cualificadas fueran contrarias a la moda, esta no paraba de crecer como lo atestigua un estudio realizado por el Gentleman Magazine, en el que se recensan 263 poemas fúnebres entre 1731 y 1780, con una incidencia especial en la década del cuarenta.4 Digamos que si la elegía fúnebre experimenta un desarrollo tan importante en esos años, es debido a la influencia de dos escritores: Hammond y Gray; mucho más relevante este último y autor de la obra maestra de la nueva corriente funeraria, Elegy written in a Country Churchyard. Comenzada en 1742 y publicada en 1751 esta pequeña obrita de ciento veintiocho versos se iba a convertir en la obra maestra de lo que se denominó “Graveyard Poetry” o “Graveyard School” en Inglaterra, y que tanta influencia e imitaciones iba a tener en toda Europa.5 La “École des cimetières” o “Poesía de las tumbas” invadió en La Isla las columnas de las revistas literarias de más prestigio, abriendo las puertas al éxito de Edward Young y sus Nights Thoughts (1742), Richard Blair y The Grave (1743), James Hervey y Meditations among the Tombs (1748)6, Thomas Gray y la ya citada Elegy (1751). Desarrollando la vertiente melancólica de la meditación, la poesía sepulcral se diferencia de la elegía fúnebre de circunstancia por el tono moral que lleva implícito: casi siempre se presta a reflexiones metafísicas y religiosas profiriendo el narrador constantes anotaciones sobre la muerte y la vanidad de la vida. Si el decorado pasará a la posterior novela gótica, en estas obras es sólo pretexto para la reflexión filosófica y religiosa.7 Por lo que concierne al lado propiamente melancólico de las obras, basado claro está en esa inclinación al ‘humeur noir’ o ‘vague à l’âme’ y que ha servido con frecuencia de musa a autores tan célebres como Baudelaire, Proust o Kafka, se puede afirmar que se mezcla con lo nocturno y sepulcral por primera vez en la epístola de Pope: Je hais ces vains auteurs, dont la muse forcée Ou que, du tendre Ovide animant les deux sons, M’entretient de ses flux, toujours froide et glacée; Il donnait de son art les charmantes leçons. Qui s’affligent par art, et, fous de sens rassis, Il faut que le cœur seul parle dans l’élégie». 3Ibidem, pág. 302. 4 El estudio es de Calvin Daniel Yost: The Poetry of the “Gentleman Magazine”, a study in the eighteenh century Literary Taste, Filadelfia, 1936. 5 En Francia, gracias a las traducciones de Le Tourneur de Las Noches de Young, en España con las Noches lúgubres de Cadalso y algunos poemas de Meléndez Valdés y Cienfuegos, en Alemania con Einsamkeiten de J.-Fr. Von Cronegk, en Italia con Dei Sepolcri de Fóscolo y así en cada país. 6 No se trataba en este caso de poesía, sino de cien páginas de prosa poética. 7 Hubo también antecedentes a este tipo de obras que no se basaban en la elegía fúnebre, los más tempranos: The Charnel-House de Vaughan, Midnight Meditations de Rawlet, Toom’s day Thoughts de Flatman, Death and Eternity de Watts (este ya en el siglo XVII, 1706) y la obra que puede afirmarse que inaugura verdaderamente el ciclo: A Night Piece on Death del irlandés Thomas Parnell, obra publicada en 1722, cuatro años después de la muerte de su autor y que contiene en sus noventa octosílabos los principales elementos del género. - 2 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 Eloisa to Abelard (1717)8, que volvió a poner de moda el género de la epístola en el continente y cuyo efecto en Francia veremos seguidamente. 1. REPERCUSIÓN EN FRANCIA9 En 1751 el poeta Aimé Feutry (1720-1789), imitando a los ingleses Thompson, Pope y Young, escribe una Épître d’Héloïse à Abelard según el modelo de Pope. Siete años después, Charles-Pierre Colardeau (1732-1776) recupera el mismo proyecto, pero dándole el título de heroida y revitalizando el género; veamos algunos versos de su poema: Mais quelle voix gémit dans mon âme éperdue? Ah! serait-ce...? Oui, c’est elle et mon heure est venue. Une nuit... je veillais à côté d’un tombeau; La torche funéraire, obscur et noir flambeau, Poussait par intervalle un feu mourant et sombre. À peine il disparut, et s’éteignit dans l’ombre, Que, du creux d’un cercueil, des cris, de longs accents Ont porté jusqu’à moi cette voix que j’entends: “Arrête, chère sœur, arrête, me dit-elle; Ma cendre attend la tienne, et ma tombe t’appelle. Du repos qui te fuit, c’est ici le séjour: J’ai vécu comme toi victime de l’amour; Comme toi j’ai brûlé d’un feu sans espérance. C’est dans la profondeur d’un éternel silence Que j’ai trouvé le terme à mes affreux tourments. Ici l’on n’entend plus les soupirs des amants; Ici finit l’amour, ses soupirs et ses plaintes: La pitié crédule y perd aussi ses craintes”10. 8 Alexander Pope (1688-1744) está considerado como el poeta más brillante del siglo XVIII en Inglaterra, llevando a la perfección la fusión entre el neoclasicismo y la inspiración personal; su An Essay on Criticism (1711) es una exposición estilística absolutamente impecable de los principios literarios del neoclasicismo inglés, al tiempo que una defensa sistematizada de las teorías del escritor (naturaleza, preceptiva clásica e ingenio). Con doce años escribió su Ode to the Solitude y sólo compuso dos poemas de inspiración amorosa en el estilo de Las Heroidas de Ovidio: la elegía To the Memory of a Unfortunate Lady dedicada a Martha Blount y a Lady Montagu y la citada Eloisa to Abelard; en ellas anticipaba el tono nostálgico intimista y melancólico de los dos mejores elegíacos posteriores: William Collins y Thomas Gray. 9 Uno de los mejores estudios sobre la inspiración lúgubre en la literatura francesa del XVIII es, a pesar de su antigüedad de casi un siglo, el de Ferdinand Baldensperger: “Edward Young et ses Nuits en France”, Études d’Histoire Littéraire, première série, 1907, que sigue con enorme precisión el desarrollo histórico de este tipo de poesía, pero se limita -como su título indicaa Young. Es un libro de cabecera para quien se interese por estos poemas el de Paul van Tieghem: La Poésie de la Nuit et des Tombeaux en Europe au XVIIIe siècle, París, 1921 (reimpresión: Ginebra, Slatkine Reprints, 1970). Se ocupa también de la cuestión Philippe van Tieghem en el capítulo cuarto de su libro: Les influences étrangères sur la littérature française (1550-1880), París, PUF, 1961, así como R. Mortier: La poétique des ruines en France, Ginebra, Droz, 1974. 10 “Mas qué voz gime dentro de mi alma extraviada? Del reposo que eludes aquí está la morada. ¿Será acaso...? Sí, es ella y mi hora ha llegado. Como tú, yo he vivido víctima del amor; Una noche...velaba al lado de una tumba; como tú he ardido con un fuego sin sueño. - 3 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 1.1. Les Tombeaux Pocos años más tarde, en 1755, el ya citado Feutry escribe en un tono melancólico y sombrío ciento ocho alejandrinos, cuyo título es un ejemplo fehaciente de la creciente influencia de este tipo de poesía: Au pied de ces coteaux, ou, loin du bruit des cours, Sans crainte, sans désirs, je coule d’heureux jours, Où des vaines grandeurs je connais le mensonge, Où tout, jusqu’à la vie, à mes yeux est un songe, S’élève un édifice, asile de mortels Aux larmes dévoués, consacrés aux autels. Une épaisse forêt, de la demeure sainte, Aux profanes regards cache l’austère enceinte; L’aspect de ce séjour, sombre, majestueux, Suspend des passions le choc impétueux, Et portant dans nos coeurs une atteinte profonde, Il y peint le néant des plaisirs de ce monde. Leur temple, vaste, simple, et des temps respecté, Inspire la terreur par son obscurité ; Là, cent tombeaux, pareils aux livres des Prophètes, Sont des lois de la mort les tristes interprètes: Ces marbres éloquents, monuments de l’orgueil, Ne renferment, ainsi que le plus vil cercueil, Qu’une froide poussière, autrefois animée, Et qu’enivrait sans cesse une vaine fumée. De ces lieux sont bannis l’ambition, l’espoir, La dure servitude, et l’odieux pouvoir ; Là, d’un repos égal, jouissent l’opulence, La pauvreté, le rang, le savoir, l’ignorance. Orgueilleux !... c’est ici que la mort vous attend; Connaissez-vous...peut-être il n’est plus qu’un instant: Cœurs faibles ! qui craignez son trait inévitable, Osez voir, sans frémir, ce séjour redoutable; Parcourez ces tombeaux, venez, suivez mes pas, Et préparez vos yeux aux horreurs du trépas. la tea funeraria, obscura y negra antorcha, Y ha sido en lo más hondo de un eterno silencio avivaba a intervalos un fuego tenue y lóbrego. donde he hallado el límite a mi horrible tormento. Apenas disipado y apagado en la sombra, Aquí ya no se oyen los suspiros de amantes; desde el fondo de un féretro, gritos muy lastimeros termina aquí el amor, sus llantos y sus quejas: llevaron hasta mí la voz que así decía: la crédula piedad pierde también sus miedos’ ”. ‘para, querida hermana, para decía la voz; mis cenizas te esperan y mi tumba te llama. - 4 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 Quel est ce monument dont la blancheur extrême De la tendre innocence est sans doute l’emblème? C’est celui d’un enfant qu’un destin fortuné Enleva de ce monde aussitôt qu’il fut né. Il goûta seulement la coupe de la vie; Mais sentant sa liqueur d’amertume suivie, Il détourna la tête, et, regardant les cieux, À l’instant pour toujours il referma les yeux. Mère! sèche tes pleurs, cet enfant dans la gloire Jouira sans combats des fruits de la victoire. Ici sont renfermés l’espoir et la douleur D’un père qui gémit sous le poids du malheur. Il demande son fils, l’appui de sa vieillesse, L’unique rejeton de sa haute noblesse ; Il le demande en vain : l’impitoyable mort Au midi de ses jours a terminé son sort. Sa couche nuptiale était déjà parée ; À marcher aux autels l’amante préparée Attendait son amant pour lui donner sa foi, Mais la fête se change en funèbre convoi. Calme-toi, jeune Elvire! insensible à tes larmes, Dans les bras de la mort, Iphis brave tes charmes. Quels sont les attributs de cet autre tombeau? Dans un ruisseau de pleurs l’Amour plonge un flambeau. On voit à ses côtés les Grâces gémissantes Baisser un triste front, et des mains languissantes : La jeunesse éplorée, et les jeux éperdus, Semblent encor chercher la beauté qui n’est plus. Quelle main oserait en tracer la peinture? Hortense fut, hélas ! l’orgueil de la nature. Mais de cette beauté, fière de ses attraits, Osons ouvrir la tombe et contempler les traits. Ô ciel !... de tant d’éclat... quel changement funeste!... Une masse putride est tout ce qu’il en reste ; Vous frémissez... ainsi nos corps, dans ce séjour, D’insectes dévorants seront couverts un jour. Hommes vains et distraits ! quelle trace sensible Laisse dans vos esprits ce spectacle terrible ? La même, hélas ! qu’empreint le dard qui fend les airs Ou le vaisseau léger qui sillonne les mers. - 5 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 Des sépulcres des grands, voici la sombre entrée. De quelle horreur votre âme est-elle pénétrée ? Tout est tranquille ici ; suivons ces pâles feux ; Le silence et la mort règnent seuls en ces lieux. La terreur qui les suit, errante sous ces voûtes, Ne peut nous en cacher les ténébreuses routes. Descendons, parcourons ces tombeaux souterrains, Où, séparés encor du reste des humains, Ces grands, dont le vulgaire adorait l’existence, Ont voulu conserver leur triste préséance. De l’humaine grandeur pitoyables débris! Eh ! que sont devenus ces superbes lambris, Ces plaisirs, ces honneurs, ces immenses richesses, Ces hommages profonds... ou plutôt ces bassesses?... Grands ! votre éclat, semblable à ces feux de la nuit, Brille un moment, nous trompe, et soudain se détruit. À l’obscure clarté de ces lampes funèbres, Sur ces marbres inscrits voyons leurs noms célèbres; Lisons : ci-gît le grand... brisez-vous, imposteurs, Eh! quoi des os en poudre ont encor des flatteurs? Je l’ai vu de trop près : dédaigneux et bizarre, Il fut à la fois haut, rampant, prodigue, avare, Sans vertus, sans talents, et, dévoré d’ennui, Il cherchait le plaisir qui fuyait loin de lui. De cet autre, ô regrets ! l’épitaphe est sincère; Il fut des malheureux, le protecteur, le père; Affable, juste, vrai, rempli d’humanité, Il prévint les soupirs de l’humble adversité: La patrie anima son zèle, son courage, À...d ! il eut enfin tes vertus en partage. Des vrais grands, par ces traits, connaissons tout le prix, Mais leurs fantômes vains sont dignes de mépris. Dans ces lieux, un moment, recueille-toi, mon âme! Tombeaux! votre éloquence, avec un trait de flamme, A gravé dans mon coeur le néant des plaisirs; Cessons donc ici-bas de fixer nos désirs, Tout n’est qu’illusion, d’illusions suivie, Et ce n’est qu’à la mort où commence la vie. - 6 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 Al pie de estas laderas, sin el rumor del tiempo, sin temor ni deseos, paso mis días felices; de las vanas grandezas conozco la mentira: todo allí, hasta la vida, es un sueño a mis ojos, se eleva un edificio, asilo de mortales consagrado a las lágrimas, destinado a ser ara. Una espesa floresta, de esa santa morada, oculta a las miradas el austero recinto; de esta estancia el aspecto lóbrego, majestuoso, corta de las pasiones el choque impetuoso: llevando en nuestros pechos una ofensa profunda, pinta en ellos la nada de los goces del mundo. Su enorme templo, escueto, que el tiempo ha respetado, infunde el espanto por su oscuridad; cien tumbas, allí afines a los libros proféticos, de las leyes mortuorias son los tristes intérpretes. Estos mármoles que hablan, túmulos del orgullo, igual que el más vil féretro, tan sólo salvaguardan un polvo frío y estéril, con vida en otro tiempo, y sin cesar henchido de un aire vanidoso De aquí están proscritos la ambición, la esperanza, la dura servidumbre y el poder execrable; con similar reposo goza aquí la opulencia, el rango, la pobreza, el saber, la ignorancia. ¡Engreídos!... aquí es donde os espera la muerte; la conocéis... quizás tan sólo es un instante: ¡alma débil que temes su dardo inevitable!, ¿osáis ver sin temblar esta temible estancia, y recorrer las tumbas?, venid, seguid mis pasos y preparad los ojos al horror de la muerte. ¿Cuál es este sepulcro cuya blancura extrema de la tierna inocencia es sin duda el emblema? Se trata del de un niño al que un destino ufano se llevó de este mundo tan pronto llegó a él. Saboreó solamente la copa de la vida; mas su licor oliendo de continua amargura, él volvió la cabeza y mirando hacia el cielo, para siempre al momento volvió a cerrar los ojos. ¡Madre, seca tus lágrimas!, este infante en la gloria gozará sin combates los frutos del triunfo. - 7 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 Aquí están encerradas la esperanza y la pena de un padre que gimió de la desgracia el peso. Reclama él a su hijo, de su vejez apoyo, el único retoño de su alta nobleza; mas lo reclama en vano: la despiadada muerte en medio de sus días ha acabado su suerte. Su tálamo nupcial ya estaba engalanado: andando en los altares la amante preparada a su amor esperaba para darle palabra; mas la fiesta se cambia en fúnebre cortejo. ¡Cálmate, moza Elvira!, insensible a tus lágrimas, en brazos de la muerte, reta Ifis tus encantos. ¿Cuáles son los poderes de esta otra tumba? En un río de lágrimas hunde Amor una antorcha. Vemos a sus costados a las gracias llorando besar un rostro triste y unas manos lánguidas: la joven afligida, con los ojos perdidos como si aún buscaran la belleza que se ha ido. ¿Qué mano atreveríase a pintar este cuadro? Hortensia fue el orgullo de la naturaleza; pero de esta belleza, fatua por sus encantos, abrir la tumba osemos y contemplar sus rasgos: ¡Oh, cielos !...,¡bella otrora... qué cambio tan funesto!, una masa ya pútrida es todo lo que hay de ella. Os aterráis... pues dentro de esta estancia, los cuerpos por insectos voraces serán un día cubiertos. ¡Vanos hombres, errados !, ¿qué huella perceptible deja en vuestros espíritus este horrible espectáculo?, la misma con que el dardo deja impregnado al aire, o el navío ligero que surca los océanos. De las fosas ilustres esta es la entrada lóbrega. ¿Vuestra alma de qué horror ha quedado invadida? Todo aquí está tranquilo; sigamos estos fuegos tenues: silencio y muerte son aquí soberanos. El terror que las sigue, errante en estas bóvedas, No puede ocultarnos las tenebrosas rutas. Bajemos, recorramos estas tumbas profundas, donde, aún separados del resto de los hombres, grandes de quien el vulgo la existencia adoraba, conservar han querido su triste preexistencia. - 8 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 ¡De la grandeza humana lastimosos vestigios! ¿En qué se han convertido estas fatuas cubiertas, los placeres, honores, las inmensas riquezas, los hondos homenajes... o, más bien, las bajezas? Vuestro fulgor, ilustres, cual fuegos de la noche, nos engaña un momento y de pronto se arruina. En la obscura blancura de estas lámparas fúnebres, veamos sus nombres célebres inscritos en los mármoles; leemos: yace aquí el noble... plegaos, impostores, ¿acaso aún las cenizas tienen aduladores? Lo he visto muy de cerca: desdeñoso y extraño, fue a la vez altanero, servil, pródigo, avaro, sin virtudes ni ingenio y de hastío devorado, buscaba el placer que lejos de él huía. De este otro, ¡oh pesar!, el epitafio es franco: fue de los desgraciados el protector, el padre; afable, justo, auténtico, lleno de humanidad, previno los suspiros de la adversidad humilde: su afán la patria anima, y también su entereza, Armand de Rohan contigo compartió las virtudes. De los grandes auténticos sabemos lo que valen, mas sus fantasmas vanos son dignos de desprecio. ¡Aquí, por un momento, recógete, alma mía! ¡Tumbas!, vuestra elocuencia, palabras inflamadas, ha gravado en mi alma de placeres la nada; cesemos aquí debajo de precisar deseos: todo es sólo ilusión, ilusión continuada, y es tan sólo en la muerte cuando empieza la vida. El poema de Feutry11 es tan sólo una pequeña muestra del engolamiento y la invasión literaria que sufre la poesía francesa de Young, Hervey y Gray, que se hará aún mayor tras la traducción de Le Tourneur en prosa, Nuits d’Young en 1769, que asegurará la difusión de la obra y permitirá su influencia: de esta versión se llevarán a cabo, mucho más que del original, las traducciones en Francia y en el extranjero12. Por lo que concierne a las imitaciones y ciñéndonos al país que nos ocupa, Francia, merecen la pena citarse por orden cronológico las siguientes: Que notre âme peut se suffire à elle-même, poema escrito por Sébastien Mercier en 1768 que parece estar inspirado en un 11 Tanto en el poema de Feutry, como más adelante en Tombeaux champêtres de Chateaubriand, me he servido de la Anthologie de la Poésie française du XVIIIe au XXe siècle de la editorial Gallimard (2000), cuya selección de textos para el siglo XVIII es de Catriona Seth. 12 En la obra citada de Paul van Tieghem (La Poésie de la Nuit et des Tombeaux en Europe au XVIIIe siècle) se citan gran parte de esa traducciones. Pierre Prime Félicien Le Tourneur (1736-1788) fue un famoso traductor, adaptador e imitador que se convirtió en el intérprete por excelencia de la “Graveyard School”. - 9 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 cruzaron sin un ruido los desiertos del mundo. Una piedra al transeúnte demandando un suspiro, del naufragio de años rescató su memoria; una musa ignorante allí gravó su historia y el texto sagrado que a morir nos ayuda. ¿Al dejar para siempre los campos de la luz, quién no mira hacia atrás al final del camino? El hombre que va a entrar busca un nuevo socorro: ¡que una mano de amigo con cariño y ternura entreabra dulcemente la piedra de la tumba!, de la amistad el fuego vive en nuestras cenizas. En cuanto a mí, que honré estas tumbas sin gloria, si acaso algún viajero, atraído a estas orillas por amor al ensueño y el embrujo del llanto, se informa de mi suerte en sus meditaciones, quizá un viejo pastor, guardando sus rebaños, le hará un relato simple de mí en estas palabras: “Con frecuencia lo vimos andar tranquilamente, al despuntar el alba en el bermejo Oriente, escalar las laderas a través del rocío, para ver a lo lejos la salida del sol. Allí, cerca del río, sobre el musgo liviano, a la sombra del tilo que baña la corriente, inmóvil, meditaba durante todo el día con la mirada fija en el agua fugaz. A veces en los bosques susurraba sus versos al murmullo quejoso del follaje y del viento. Un día nuestras miradas, en el centenario árbol, lo buscaron en vano retirado en el río; reapareció la aurora: el árbol, la ladera e incluso el brezo, todo estaba solitario. Al día siguiente, ¡ay!, en alargada fila se acercó un cortejo por la ruta del templo. Acércate, viajero: lee estos versos y observa el triste monumento que el musgo ha socavado”. EPITAFIO Aquí duerme, al amparo de las ruinas del mundo, el que fue largo tiempo juguete de su ira. De los bosques buscó el retiro profundo, y la melancolía se instaló en su alma. De la amistad divina adoró su embeleso; dio a los necesitados todo lo suyo, lágrimas. Cuando pases no lleves una antorcha indiscreta al abismo en que el tránsito te la oculta a la vista: déjalo reposar en la orilla apartada, al otro lado de la tumba. - 16 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 1.3. Les Sépultures Última imitación relevante de este tipo de poesía y redactada por Lamartine en 1813. A la vuelta de un viaje a Florencia y Roma, en 1811, el poeta se retira a Milly y ocupa sus ocios escribiendo sus primeros versos ‘à l’ancienne mode’ del siglo XVIII, rimando elegías al estilo de Parny e influenciado por las incursiones en la literatura italiana e inglesa, sobre todo, que harán de él un poeta del siglo anterior más que del suyo propio: a pesar del triunfo de las Méditations en 1820, Lamartine se mantuvo siempre apartado de la nueva escuela romántica, ya que en materia de términos poéticos el vocabulario, formas y figuras que utiliza son los de generaciones anteriores –de ahí el envejecimiento de su poesía–; en cambio, si la retórica ha envejecido la música de sus alejandrinos sigue sonando maravillosamente: la combinación de las sonoridades que inventa está fuera de cualquier moda o tiempo. En esa época lee profusamente a Young y Gray en inglés, y en 1813 compone una epístola de trescientos versos17 sobre las sepulturas, titulada del mismo modo; sin el influjo de los citados autores Lamartine no habría dado libre curso a sus fúnebres emociones en el marco elegido, ni tampoco habría dirigido su imaginación poética hacia la meditación soñadora, melancólica y religiosa a la vez. El poema del autor francés sería el último de este tipo, ya que la corriente inglesa se fundió e integró en la poesía romántica. Veamos el comienzo del poema original y su traducción castellana.18 El reencuentro entre el cuerpo y el alma. 17 Epístola que no he logrado localizar al completo, dado que ni en la edición de las Œuvres poétiques complètes de la editorial Gallimard (coll. ‘La Pléiade’) llevada acabo por Marius-François Guyard en 1963 se transcribe enteramente, sino tan sólo sesenta y un versos que es el extracto que traduzco. 18 No he encontrado vestigios de ninguna traducción al castellano ni al catalán. - 17 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 À l’ombre des cyprès arrosés par des pleurs Le sommeil de la mort a-t-il autant d’horreurs? Ou la voix d’un ami qui pleure notre absence Peut-elle du tombeau consoler le silence? Je ne sais: de la mort nos regards indiscrets N’ont pu percer encore les terribles secrets. Vain mortels! Tout se tait à cet instant suprême; La nuit tombe, tout fuit, et l’espérance même Qui jusques au sépulcre accompagne nos pas S’arrête sur le seuil et ne le franchit pas. Lorsque échappant enfin à ma faible paupière, Mes yeux auront perdu le jour qui les éclaire, Et que, tout sentimen dans mon cœur effacé, En perdant l’avenir j’oublierai le passé, Qu’importe qu’un tombeau, dans ses ombres paisibles, Dispute aux mains du temps mes restes insensibles Et rappelle aux vivants un mortel qui n’est plus; Ou qu’au sein de la terre, au hasard confondus, Ils aillent augmenter la cendre inanimée Que la main du trépas sur ce globe a semée! Cher Aymon, c’est ainsi qu’en nos jours éclairés, Par le froid égoïsme au calcul consacrés, Ce hardi détracteur des erreurs de nos pères Vient saper sans pitié leurs antiques chimères Et que son cœur glacé par un pénible effort Désenchante à la fois et la vie et la mort. Insensé qui, rempli d’orgueil systématique, Du préjugé sacre brise le sceptre antique, Et qui, toujours armé du froid raisonnement, Donne tout au calcul et rien au sentiment! Je ne veux point, suivant sa marche audacieuse, Sonder de nos destins la profondeur douteuse, Ni tenter d’arracher le voile respecté Qui couvre du tombeau la sainte obscurité. Soit qu’une fois rendu dans son dernier asile, L’homme y dorme à jamais son sommeil immobile, Soit que sensible encore aux funèbres honneurs, Ses mânes du tombeau ressentent les douceurs. Soit plutôt que notre âme, à la fin dégagée, Méprise les liens dont elle fut chargée, Comme un esclave heureux, à jamais délivré, Voit en pitié les fers dont il fut entouré; Ces marbres, ces honneurs qu’on rend à sa mémoire, Ces monuments brillants de l’éclat de la gloire, Ou remplis quelquefois de souvenirs plus doux, Inutiles aux morts, sont consolants pour nous! Pourquoi donc, cher Aymon, cet être misérable, Pour aggraver le poids dont le destin l’accable, De nos illusions enviant les douceurs, Vient-il nous enlever nos pieuses erreurs, Renverser cette tombe à nos regrets sacrée, - 18 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 Disperser au hasard notre cendre ignorée, Et, quand à notre amour la mort vient tout ravir, Veut-il nous arracher jusques au souvenir? Souvenir! Doux présent, chimère bienfaisante, Que nous donna du ciel la pitié consolante, Tu viens, environné des songes les plus doux, Te placer sur la tombe entre la mort et nous; Ta voix sait des tombeaux vaincre l’affreux silence Et de l’être au néant nous cacher la distance. ¿Sombreado por cipreses regados por las lágrimas el sueño de la noche encierra tantos miedos?, ¿o la voz de un amigo que llora nuestra ausencia podría de la tumba consolar el silencio? No lo sé: de la muerte nuestra ojeada indiscreta no han podido horadar los terribles secretos. ¡Pueril mortal! Se acalla todo en la hora suprema; cae la noche, todo huye, e incluso la esperanza que hasta el propio sepulcro escolta nuestros pasos se para en el umbral sin osar franquearlo. Cuando al fin liberándome de mi párpado exangüe, cuando pierdan mis ojos el día que los alumbra y cualquier sentimiento de mi pecho borrado, al perder el futuro olvidaré el pasado. ¡Qué importa que una tumba, en su sombra apacible, al tiempo le dispute mis restos insensibles y recuerde a los vivos a un mortal que se ha ido; o en el seno terrestre, con el azar mezclados, vayan a aumentar las cenizas inertes que el puño de la muerte en el globo ha sembrado! Así es, querido Aymón, como en los días más claros, por el frío egoísmo consagrados al cálculo, este atrevido crítico de las faltas paternas socava sin piedad sus antiguas quimeras y que su pecho helado por un penoso esfuerzo a la vida y la muerte le quita todo encanto. ¡Insensato el que, lleno de orgullo sistemático, del prejuicio sagrado quiebra el cetro antiguo, y quien, armado siempre por el frío raciocinio, basa todo en el cálculo, nada en el sentimiento! No quiero sondear, siguiendo su audaz marcha, en cuanto a nuestro sino la hondura tan dudosa, ni intentar arrancar el velo venerado que cubre de la tumba la santa oscuridad. Ya sea que cuando llegue a su último asilo, por siempre el hombre allí duerma su sueño inerte, ya sea que, aún sensible a los honores fúnebres, sus almas de la tumba perciban las dulzuras. O más bien que nuestra alma, por fin ya desprendida, desprecie las cadenas con las que fue cargada - 19 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 como un feliz esclavo, por siempre liberado, ve con piedad los hierros con los que fue ceñido; estos honores, mármoles que honran su memoria, monumentos lustrosos del brillo de la gloria, o algunas veces llenos de recuerdos más dulces, ¡vanos para los muertos, a nosotros consuelo! ¿Por qué, pues, caro Aymón, este ser miserable para agravar el peso con que el hado lo agobia, de nuestras ilusiones ansiando las dulzuras, viene él para llevarse los piadosos errores trastocando esta tumba nuestras penas divinas, dispersando al azar nuestra ceniza olvidada, y, cuando a nuestro amor la muerte todo roba, arrancarnos pretende incluso hasta el recuerdo? ¡Recuerdo, dulce don!, benéfica quimera que nos trajo del cielo la piedad que consuela, llegas tú siempre envuelto en los sueños más dulces a situarte en la tumba entre el hombre y la muerte; tu voz sabe vencer de allí el silencio horrible y del ser a la nada la distancia escondernos 2. CONCLUSIÓN En un siglo, el XVIII, en el que emerge una nueva sensibilidad propiciada por la relación del escritor con la Naturaleza, que va en contra del modo en que esta se percibe por los poetas clásicos franceses, los anacreónticos alemanes o los poetas italianos que exaltan La Arcadia, una gran parte de los poetas ingleses fundamenta en la Naturaleza su temática, en busca de una poesía de ensoñación, de reflexión, más emotiva que la precedente. La Naturaleza se hace patente en todos los campos del conocimiento: ciencia natural, religión natural, ley natural...; el término es citado continuamente por los críticos literarios, por ello no es extraño que Alexander Pope aconseje a los poetas en su Essay on Criticism: First follow Nature, and your Judgment frame By her just Standards, which is still the same. Si es corriente afirmar que la renovación del sentimiento de la naturaleza en el siglo XVIII data de 1726, cuando el joven Thomson llegado a Londres para buscar fortuna publica la primera versión de Winter, donde ya habla de la conversación sublime con los muertos y evoca el breve destino del hombre y la vanidad de la vida terrenal, más bien parece existir entre 1700 y 1726 una germinación lenta, una transformación profunda e insensible del sentimiento de la naturaleza que conducirá al poema de Thomson. Esta transformación se teñirá de matices especiales en los poetas de la denominada “Graveyard School”, cuyos precedentes también se encuentran en ese primer cuarto de siglo, John Dart y Thomas Parnell sobre todo. La influencia de la poesía inglesa de las tumbas, con su marco característico de pequeño cementerio de pueblo, iba a ser profusa y larga en Francia, como hemos podido percibir por los ejemplos propuestos de Feutry, Chateaubriand y Lamartine, hasta el momento en que los poetas y - 20 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 7 - Año 2005 dramaturgos románticos se apropien de ese espacio, que ya había revalorizado la novela gótica. Desde ese instante, el espacio simbólico de muerte en el cual el poeta se siente como elevado a otro universo, distinto y superior, dejará de ser privativo de los bardos: o bien desaparecerá o bien se lo apropiarán los narradores y los dramaturgos. - 21 -