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Mausefest. Traductoras: Laura Cantora, Ruth García-Ciaño, Agnieszka Kacprzak, Anna Warszychi. Coordinación Ana Rodríguez Domínguez

Bobrowski, Johannes

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He mēneus. Re is a de T aducción e In e p e ación Núm. 5 - Año 2003 Johannes BOBROWSKI, Mäuse es T aduc o as: Lau a Can o a, Ru h Ga cía-Ciaño, Agnieszka Kacp zak y Anna Wa szychi Coo dinación: Ana Rod íguez Domínguez Uni e sidad de Valladolid Debido al in e és mos ado po algunos alumnos sob e la aducción de ex os li e a ios, al que yo ambién me sumo, du an e el p esen e cu so 2001/02 nos animamos a abaja de mane a ex ao dina ia con es e ipo de ex os. Aquí p esen amos un ejemplo esul ado de nume osas a des de discusión. El ex o elegido pe enece al géne o cuen ís ico. A pesa de que el é mino cuen o nos emi e ine i ablemen e a las o mas li e a ias dedicadas al público in an il y de que su mención conno a, asimismo, engaño o men i a, sus e e encias nos lle an a o as muchas signi icaciones. Los cuen os son mani es aciones li e a ias adap ables a cualquie emá ica, época y egis o que se sopo an sob e unas ca ac e ís icas i mes; en e ellas des acan la b e edad, la p ecisión y la concisión. En es e caso, a oda es a in ensidad na a i a se le añade la di icul ad que o ece el siemp e p esen e juego de palab as en e Moise y Mäuse (la p ime a alude al nomb e del p o agonis a- Moisés- y la segunda es el sus an i o empleado pa a hace el plu al del sus an i o “ a ón”, en alemán Maus). Aunque en ealidad no se a a de un ela o que p esen e di icul ades léxicas ni g ama icales, más bien los p oblemas que plan ea son los p opios de un ex o na a i o, apa en emen e sencillo, que oza la lí ica. Con empo áneo a Noll y Fühmann, Johannes Bob owski, plasma en es e ela o su p o unda p eocupación po el pueblo alemán y el es e de Eu opa du an e el dominio nazi. La p osa de Mäuse es o, como han aducido las alumnas Un g an es ín, e leja hábilmen e la emá ica señalada median e impo an es cambios de pe spec i a en la na ación e incluso incu siones del p opio esc i o en la misma. - 1 - He mēneus. Re is a de T aducción e In e p e ación Núm. 5 - Año 2003 UN GRAN FESTÍN En un incón de su ienda Moise T umpe e es á sen ado en un abu e e. La ienda es pequeña y es á acía. Se á po que el sol que siemp e en a, necesi a espacio. También la luna. La luna ambién en a siemp e que pasa po aquí. Siemp e. La luna acaba de en a po la pue a, la campanilla sonó sua emen e sólo una ez, pe o quizás no po que la luna la haya ocado, sino po que los a ones co e ean y bailan de un lado pa a o o sob e el suelo de made a. La luna ya ha llegado — Buenas noches, Luna- le ha dicho Moise. Jun os se han pues o a con empla a los a ones. Cada día los a ones hacen algo di e en e, unas eces bailan así y o as asá, pe o siemp e con sus cua o pa as, su cabeza pun iaguda y su ina cola. — Pe o que ida Luna -con es a Moise- lo que es no es odo. Su pequeño cue po esconde ambién algo más. Todos los días son di e en es, aunque sean exac amen e iguales y es o, c eo yo, es lo más so p enden e. Pe o ú, quizás, no puedas en ende lo. Tú e es dis in a a cada ins an e, y siemp e se á así, aunque sigas en ando po la misma pue a y odo pe manezca oscu o has a que llegas. Pe o aho a de en e y p es a a ención. Lo es, siemp e es lo mismo. Moise ha dejado cae una co eza de pan delan e de sus pies. Los a ones se ace can, pasi o a pasi o pe o con apidez. Algunos incluso le an an el hocico y olisquean un poco al ai e. Lo es, así es. Siemp e lo mismo. Y allí es án los dos iejos amigos, an ensimismados que ni siquie a se dan cuen a de que la pue a se ha abie o. Sólo los a ones lo han oído, e inmedia amen e se an, desapa ecen an ápido que nadie pod ía deci dónde se han escondido. En el umb al de la pue a hay un soldado, un alemán. Moise iene buena is a; e a un jo en, casi un niño, que ealmen e no sabe nada, no sabe qué hace aquí, ni siquie a aho a que ya es á en la pue a. Vamos a e cómo i en es os judíos, hab á pensado mien as es aba ue a. El iejo judío sigue sen ado en la silla y la luna ilumina su ienda. — Si quisie a en a , enien e- dice Moise. El jo en cie a la pue a. No se so p ende de que el judío sepa alemán, se queda de pie, quie o, mien as Moise se le an a exclamando. –Acé quese, no engo o o abu e e. — G acias, puedo queda me de pie- esponde el soldado. Sin emba go da un pa de pasos hacia el cen o de la ienda y o os es más hacia el abu e e. Moise le in i a de nue o a sen a se y es a ez acep a. — Aho a quédese quie o, dice Moise apoyándose en la pa ed. El ozo de pan aún sigue en el suelo y, es, ahí ienen o a ez los a ones. Como an es, ni siquie a un poqui o más despacio, exac amen e como an es, un pasi o, o o pasi o más, le an an el hocico y olisquean, con una espi ación an sua e que solo Moise la sien e, quizás ambién la luna. Exac amen e igual que an es. - 2 - He mēneus. Re is a de T aducción e In e p e ación Núm. 5 - Año 2003 Han uel o a encon a la co eza. Un g an es ín en la pequeña ienda de Moise. Nada de ex ao dina io, aunque ampoco algo que suceda odos los días. Sen ado obse o. La gue a ya du a a ios días. El país se llama Polonia. Es o almen e llano y a enoso. Las calles es án en uinas y hay muchos niños. ¿Qué más se puede deci ? Han llegado los alemanes. Innume ables. Uno de ellos es á sen ado aquí en la ienda del judío. Es solo un chiquillo, un chiquillo al que ni siquie a le ha cambiado la oz. En Alemania iene una mad e, ambién un pad e y dos he manas pequeñas. Tiene una mad e en Alemania, y un pad e oda ía en Alemania y dos he manas pequeñas. Reco emos el mundo, le hab á dado po pensa . Hoy Polonia, mañana quizás Ingla e a y es a Polonia es o almen e polaca. El iejo judío es á apoyado en la pa ed. Los a ones con inúan al ededo del ozo de pan. Cuando sea más pequeño una mamá a ona se lo lle a á a la gua ida y los demás a ones co e án as ella. — Me engo que ma cha , le dice la luna. La luna se sien e incómoda con la p esencia del alemán. Moise lo sabe. Pe o, ¿qué quie e que haga? En onces le suplica. — Quéda e un a i o más. Aho a el soldado se le an a. Los a ones huyen y nadie puede deci po dónde han desapa ecido an dep isa. Se queda quie o un momen o pensando si debe ía despedi se, pe o luego se a. Moise no dice nada y espe a que la luna comience a habla . Los a ones han desapa ecido. Ellos pueden hace lo. — Ese e a un alemán -comienza- y ya sabes qué es lo que ocu e con esos alemanes. Como Moise sigue igual que an es, apoyado en la pa ed, sin deci nada, la luna insis e: — No quie es escapa , ampoco quie es esconde e, ¡ amos Moise! e a un alemán, lo has is o bien. Aho a no me digas que sólo e a un chiquillo o que no es malo. Ya no hay di e encia. Aho a ya no. Si in aden Polonia, ¿qué pasa á con u gen e? — Ya e he oído- dice Moise. Mien as Moise habla desde la pa ed del ondo, la luz ilumina oda la habi ación. Aho a la ienda es á comple amen e blanca. Y an blanco se uel e el judío, a cada palab a, que pod ían llega a con undi se. — Sé que ienes azón -dice Moise–. – Mi Dios se a a en ada conmigo. - 3 -